Viernes, 25 Marzo 2022 05:36

Para Washington la guerra nunca termina

Escrito por Diana Johnstone
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Capitolio de los Estados Unidos (Washington D.C.). Pxfuel Capitolio de los Estados Unidos (Washington D.C.). Pxfuel

El objetivo bélico de Estados Unidos no es salvar a Ucrania, sino arruinar a Rusia. Y eso lleva tiempo

 

Y va para largo. La “guerra para acabar con la guerra” de 1914-1918 derivó en la guerra de 1939-1945, conocida como la Segunda Guerra Mundial. Y esta tampoco ha terminado nunca, principalmente porque para Washington fue la Guerra Buena, la guerra que originó el Siglo Estadounidense: ¿por qué no el Milenio Estadounidense?

El conflicto de Ucrania puede ser el detonante de lo que ya llamamos Tercera Guerra Mundial. Pero no se trata de una guerra nueva. Es la misma guerra de siempre, una extensión de la que llamamos Segunda Guerra Mundial, que no fue la misma guerra para todos los que participaron en ella.

La guerra rusa y la estadounidense fueron muy muy diferentes.

La Segunda Guerra Mundial de Rusia

Para los rusos, la guerra fue una experiencia de sufrimiento, destrucción y dolor colectivo. La invasión nazi de la Unión Soviética fue absolutamente despiadada, impulsada por una ideología de desprecio a los eslavos y odio a los bolcheviques judíos. Se calcula que murieron 27 millones de personas, aproximadamente dos tercios de ellas civiles. A pesar de las pérdidas y el sufrimiento abrumadores, el Ejército Rojo logró cambiar el rumbo de la conquista nazi que había sometido a la mayor parte de Europa.

Esta gigantesca lucha para expulsar a los invasores alemanes de su tierra es conocida por los rusos como la Gran Guerra Patriótica, la cual alimentó un orgullo nacional que ayudó a consolar al pueblo por todo lo que había pasado. Pero, independientemente del orgullo generado por la victoria, los horrores de la guerra suscitaron un auténtico deseo de paz.

La Segunda Guerra Mundial en Estados Unidos

La Segunda Guerra Mundial de Estados Unidos (al igual que la Primera Guerra Mundial) ocurrió fuera de sus fronteras. La diferencia es enorme. La guerra permitió a Estados Unidos emerger como la nación más rica y poderosa del planeta. A los estadounidenses se les enseñó a no transigir nunca, ni para evitar una guerra (Múnich) ni para ponerle fin (“rendición incondicional” era el estilo americano). La intransigencia justa era la actitud adecuada del Bien en su batalla contra el Mal.

La economía de guerra sacó a Estados Unidos de la depresión. El keynesianismo militar surgió como la clave de la prosperidad. Nació el Complejo Militar-Industrial. Para seguir ofreciendo contratos del Pentágono a todos los miembros del Congreso y beneficios garantizados a los inversores de Wall Street, necesitaba un nuevo enemigo. El miedo a los comunistas –el mismo miedo que había contribuido a crear el fascismo– sirvió para ello.

La Guerra Fría: la continuación de la Segunda Guerra Mundial

En resumen, después de 1945, para Rusia la Segunda Guerra Mundial había terminado; para Estados Unidos, no. Lo que llamamos Guerra Fría fue la voluntad de los dirigentes de Washington de que continuara. Se perpetuó con la teoría de que el “Telón de Acero” defensivo de Rusia constituía una amenaza militar para el resto de Europa.

Al final de la guerra, la principal preocupación de Stalin en materia de seguridad era evitar que volviera a tener lugar una invasión de ese tipo. En contra de las interpretaciones occidentales, el control permanente de Moscú sobre los países de Europa del Este que había ocupado en su camino hacia la victoria en Berlín no estaba motivado tanto por la ideología comunista como por la determinación de crear una zona de amortiguación a modo de obstáculo a una nueva invasión desde Occidente.

Stalin respetó los límites de Yalta entre el Este y el Oeste y se negó a apoyar la lucha a vida o muerte de los comunistas griegos. Moscú advirtió a los líderes de los grandes partidos comunistas de Europa Occidental de que evitaran la revolución y acataran las reglas de la democracia burguesa. La ocupación soviética podía ser brutal, pero era decididamente defensiva. El respaldo soviético a los movimientos pacifistas era absolutamente genuino.

La formación de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y el rearme de Alemania confirmaron que, para Estados Unidos, la guerra en Europa no había terminado del todo. La displicente “desnazificación” estadounidense de su sector de la Alemania ocupada estuvo acompañada de una fuga organizada de cerebros alemanes que podían ser útiles a Estados Unidos para su rearme y espionaje (desde Wernher von Braun hasta Reinhard Gehlen).

La victoria ideológica de Estados Unidos

Durante la Guerra Fría, Estados Unidos dedicó su ciencia e industria a la construcción de un gigantesco arsenal de armas mortíferas que causó estragos en Corea o Vietnam sin lograr la victoria estadounidense. Pero la derrota militar no eliminó la victoria ideológica de Estados Unidos.

El mayor triunfo del imperialismo estadounidense ha sido la difusión de imágenes e ideología para justificarse, principalmente en Europa. El dominio de la industria del entretenimiento estadounidense ha difundido su particular mezcla de autoindulgencia y dualismo moral por todo el mundo, especialmente entre los jóvenes. Hollywood convenció a Occidente de que la Segunda Guerra Mundial básicamente la ganaron las fuerzas armadas de EE. UU. y sus aliados en la invasión de Normandía.

Estados Unidos se vendió como el poder definitivo del Bien, así como el único lugar divertido para vivir. Los rusos eran monótonos y siniestros.

En la propia Unión Soviética, mucha gente se sentía atraída por la autoglorificación estadounidense. Al parecer, algunos incluso pensaban que la Guerra Fría había sido un gran malentendido y que si éramos muy amables y simpáticos, Occidente también lo sería. Mijaíl Gorbachov era propenso a este optimismo.

Jack Matlock, exembajador de Estados Unidos en Moscú, cuenta que, en la década de 1980, el deseo de liberar a Rusia del lastre que suponía la Unión Soviética estaba muy extendido entre la élite rusa. Fueron los dirigentes, y no el pueblo, los que lograron la autodestrucción de la Unión Soviética y dejaron a Rusia como Estado sucesor con las armas nucleares y el veto de la ONU a la URSS bajo la presidencia empapada de alcohol de Boris Yeltsin y la abrumadora influencia de Estados Unidos durante la década de 1990.

La nueva OTAN

La modernización de Rusia durante los últimos tres siglos ha estado marcada por la controversia entre los “occidentalizadores” –los que ven el progreso de Rusia en la emulación del Occidente más avanzado– y los “eslavófilos”, que consideran que el atraso material de la nación queda compensada por algún tipo de superioridad espiritual, quizá basada en la democracia sencilla de la aldea tradicional.

En Rusia, el marxismo fue un concepto occidentalizador. Pero el marxismo oficial no eliminó la admiración por el Occidente “capitalista” y en particular por Estados Unidos. Gorbachov soñaba con que “nuestra casa común europea” viviera una especie de democracia social. En la década de 1990, Rusia sólo pedía formar parte de Occidente.

Lo que ocurrió después demostró que todo el “miedo comunista” que justificaba la Guerra Fría era falso. Un pretexto. Una falsedad diseñada para perpetuar el keynesianismo militar y la guerra especial de Estados Unidos para mantener su propia hegemonía económica e ideológica.

Ya no había Unión Soviética. Ya no había comunismo soviético. No había bloque soviético ni Pacto de Varsovia. La OTAN ya no tenía razón de ser.

Sin embargo, en 1999, la OTAN celebró su 50 aniversario bombardeando Yugoslavia y, de este modo, pasó de ser una alianza militar defensiva a una agresiva. Yugoslavia había sido un país no alineado que no pertenecía ni a la OTAN ni al Pacto de Varsovia. No amenazaba a ningún otro país. Sin autorización del Consejo de Seguridad ni justificación para la autodefensa, la agresión de la OTAN violó el derecho internacional.

Exactamente al mismo tiempo, violando promesas diplomáticas no escritas pero manifiestas a los líderes rusos, la OTAN acogió a Polonia, Hungría y la República Checa como nuevos miembros. Cinco años después, en 2004, la OTAN acogió a Rumanía, Bulgaria, Eslovaquia, Eslovenia y las tres Repúblicas Bálticas. Mientras tanto, los miembros de la OTAN se veían arrastrados a la guerra de Afganistán, la primera y única “defensa de un miembro de la OTAN”, es decir, de Estados Unidos.

Entender a Putin, o no

Entretanto, Yeltsin había elegido a Vladímir Putin como su sucesor, en parte sin duda porque, como antiguo oficial del KGB en Alemania del Este, tenía ciertos conocimientos sobre Occidente. Putin sacó a Rusia del caos causado porque Yeltsin aceptó el tratamiento de choque económico diseñado por Estados Unidos.

Putin puso fin a las estafas más flagrantes, lo cual provocó la ira de los oligarcas desposeídos que utilizaron sus problemas con la ley para convencer a Occidente de que eran víctimas de una persecución (un ejemplo: la ridícula Ley Magnitsky).

El 11 de febrero de 2007, el occidentalizador ruso Putin acudió a un centro de poder occidental, la Conferencia de Seguridad de Múnich, y pidió la comprensión de Occidente. Es fácil de entender, si hay voluntad. Putin cuestionó el “mundo unipolar” que imponía Estados Unidos y subrayó el deseo de Rusia de “interactuar con socios responsables e independientes con los que pudiéramos colaborar en la construcción de un orden mundial justo y democrático que garantizara la seguridad y la prosperidad no sólo de unos pocos elegidos, sino de todos”.

La reacción de los principales socios occidentales fue la indignación, el rechazo y una campaña mediática de 15 años en la que se presentaba a Putin como una especie de criatura demoníaca.

De hecho, desde ese discurso no ha habido límites en los insultos de los medios de comunicación occidentales dirigidos a Putin y a Rusia. Y en este trato despectivo vemos las dos versiones de la Segunda Guerra Mundial. En 2014, los líderes mundiales se reunieron en Normandía para conmemorar el 70º aniversario del desembarco del Día D por parte de las fuerzas estadounidenses y británicas.

En realidad, esa incursión de 1944 encontró ciertas dificultades, a pesar de que las fuerzas alemanas se concentraban principalmente en el frente oriental, donde estaban perdiendo la guerra frente al Ejército Rojo. Moscú lanzó una operación especial precisamente para alejar a las fuerzas alemanas del frente de Normandía. Aun así, los avances aliados no pudieron derrotar al Ejército Rojo hasta llegar a Berlín.

Sin embargo, gracias a Hollywood, muchos en Occidente consideran el Día D como la operación decisiva de la Segunda Guerra Mundial. Para honrar el acontecimiento, Vladímir Putin estuvo allí y también la canciller alemana Angela Merkel.

Al año siguiente, los líderes mundiales fueron invitados a un fastuoso desfile de la victoria que se celebraba en Moscú para conmemorar el 70º aniversario del final de la Segunda Guerra Mundial. Los líderes de Estados Unidos, Gran Bretaña y Alemania decidieron no asistir.

Esto era consecuente con una serie interminable de gestos occidentales de desprecio hacia Rusia y su contribución decisiva a la derrota de la Alemania nazi (acabó con el 80% de la Wehrmacht). El 19 de septiembre de 2019, el Parlamento Europeo adoptó una resolución sobre “la importancia del recuerdo europeo para el futuro de Europa” que acusaba conjuntamente a la Unión Soviética y a la Alemania nazi de desencadenar la Segunda Guerra Mundial.

Vladímir Putin respondió a esta afrenta gratuita en un largo artículo sobre “Las lecciones de la Segunda Guerra Mundial” publicado en inglés en The National Interest con motivo del 75º aniversario del final de la guerra. Putin respondió con un cuidadoso análisis sobre las causas de la guerra y la profunda incidencia en las vidas de las personas atrapadas en el homicida asedio nazi de 872 días en Leningrado (actual San Petersburgo), incluidos sus propios padres, cuyo hijo de dos años fue uno de los 800.000 que perecieron.

Es obvio que Putin estaba profundamente ofendido por la continua negativa de Occidente a comprender el significado de la guerra en Rusia. “Profanar e insultar la memoria es mezquino”, escribió Putin. “La mezquindad puede ser deliberada, hipócrita y bastante intencionada, como las declaraciones que conmemoran el 75º aniversario del final de la Segunda Guerra Mundial, que mencionan a todos los partícipes de la coalición antihitleriana excepto a la Unión Soviética”.

Y durante todo este tiempo, la OTAN continuó expandiéndose hacia el este, apuntando cada vez más abiertamente a Rusia con sus profusas maniobras bélicas en sus fronteras terrestres y marítimas.

La toma estadounidense de Ucrania

El cerco a Rusia dio un salto cualitativo cuando Estados Unidos tomó Ucrania en 2014. Los medios de comunicación occidentales relataron este complejo acontecimiento como un levantamiento popular, pero los levantamientos populares pueden caer en manos de poderes con sus propios objetivos, y este fue el caso. El presidente electo Viktor Yanukovich fue derrocado con violencia un día después de haber aceptado la celebración de elecciones anticipadas en un acuerdo con los líderes europeos.

 22/03/2022

Información adicional

  • Autor:Diana Johnstone
  • País:Estados Unidos
  • Región:Norteamérica
  • Fuente:Público
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