Viernes, 19 Noviembre 2021 06:09

Economía y declinación relativa

Economía y declinación relativa

Los datos del Banco Mundial (BM), la Organización Mundial de Comercio (OMC), la Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (Unctad) y del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM permiten calibrar la declinación de Estados Unidos (EU). Si en 1950 EU representaba 50 por ciento del producto mundial bruto y 60 por ciento de la producción industrial del mundo, en 1999 las cifras ya eran de 20 y 25 por ciento, respectivamente. Su participación en las exportaciones de servicios comerciales, el sector de crecimiento más rápido de la economía mundial era de 24 por ciento en 2001, mientras la de la Unión Europea llegaba a 23 por ciento, pero si se incluyen las exportaciones intraeuropeas, la cifra ascendería a 40 por ciento.

En 2002 las firmas no estadunidenses ya dominaban las principales industrias, incluyendo nueve de las 10 empresas del sector eléctrico y electrónico del mundo; ocho de las 10 mayores productoras de vehículos motorizados y comercializadoras de gas y electricidad; siete de las 10 principales refinadoras de petróleo; seis de las principales 10 empresas de telecomunicaciones; cinco de las 10 principales firmas farmacéuticas; cuatro de las primeras seis productoras de químicos; cuatro de las principales siete aerolíneas. De los 25 bancos más grandes del mundo, 19 no eran de EU, aunque los dos más grandes en 2002 y 2003 fueron Citigroup y Bank of America.

En 2000, de las primeras 100 corporaciones del mundo, según su control de activos en el exterior, 23 eran de EU. Alemania, Francia, Reino Unido y Holanda, con un PNB siete décimos del de EU, tenían 40 y 16 eran firmas japonesas. En la década de los 90 las ventas al exterior de grandes empresas de EU, entre las primeras cien, pasaron de 30 a 25 por ciento y las de la UE pasaron de 41 a 46 por ciento . En 2001, el 21 por ciento de las acciones en inversión extranjera directa (IED) provenía de EU, en contraste con 47 por ciento que controlaban las firmas de la UE en 1960. Entre 1996 y 2001 el 15 por ciento de toda IED provenía de EU y 16 por ciento de Inglaterra. Juntas Francia, Bélgica y Luxemburgo manejaban 21 por ciento de las 25 fusiones y adquisiciones (F&A) más importantes en EU realizadas entre 1998 y 2000, cinco fueron hechas por firmas extranjeras (tres británicas, dos alemanas) Y de las principales 20 empresas realizando F&A internacionales entre 1987-2001, sólo dos eran de EU (General Electric y Citigroup) representando 5 por ciento del valor de toda las F&A del periodo

La sólida evidencia de analistas como Alejandro Dabat y Paulo Leal en torno a la declinación histórica, pone en evidencia algunos de los supuestos de los que en otra oportunidad califiqué como "globalismo pop" a saber:

  1. A) que el impacto del Estado se ha diluido ante el ímpetu de la globalización, al punto de que ya es crecientemente una presencia virtual,
  1. B) con igual falta de documentación se asume que se han constituido "empresas globales" desvinculadas del Estado, ya sea metropolitano o periférico proponiendo que las grandes firmas deambulan desarraigadas en el ámbito internacional con matrices y subsidiarias desreguladas, sin ordenamientos o espaldarazos estatales de corte económico, fiscal, contable o político-militar.

No existen referentes empíricos que apuntalen la noción de que se ha constituido un sistema mundial autorregulado y que, por tanto, la economía escapa a los controles políticos. Ya la debacle económico-financiera iniciada en 2007/2008 por enésima vez hizo trizas esa "sabiduría convencional".Tampoco hay base para afirmar que en "tal sistema global" las economías nacionales están subsumidas y rearticuladas en el sistema por medio de procesos y transacciones de un ente "global" que se autonomiza y desapega del medio ambiente social, en especial de la dinámica y creciente confrontación de clase que tiene su base en la explotación de la fuerza de trabajo de los recursos naturales, de los ecosistemas hasta su extinción.

Esa "sabiduría convencional" también sostiene que los mercados y la producción sólo son regulados por ellos mismos y que en general la economía global se autosistematiza, se autorreglamenta y se autorregula, por lo que el Estado nacional, sus mecanismos reguladores y de apoyos en torno a los actores económicos (primordialmente me refiero a la gran corporación, a los monopolios), el territorio y las fronteras así como la soberanía serían crecientemente irrelevantes u obsoletas. Este discurso del poder, desgastado por la misma dinámica de la crisis y de las realidades de la "presidencia imperial" en lo referido a la relación Estado/empresa en EU impulsó desde los años 80 del siglo XX una atmósfera de "inevitabilidad", de que se trata de "fuerzas de la naturaleza" como la gravedad y que la globalización es algo espontáneo, indiscernible de la estructura de poder.

Hoy ese discurso se ve letal: con el capitalismo vamos al abismo.(continuará).

Por John Saxe-Fernández

www.jsaxef.blogspot.com

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Jueves, 18 Noviembre 2021 06:04

Clima y economía verde militar

Clima y economía verde militar

Uno de los mayores emisores de gases de efecto invernadero (GEI) del planeta son las fuerzas armadas, especialmente las de Estados Unidos. No obstante, sus emisiones no son tomadas en cuenta en las negociaciones de cambio climático. Por ejemplo, el proyecto Cost of War de la Universidad de Brown estimó que entre 2001 y 2017, las fuerzas militares de ese país emitieron 1200 millones de toneladas de dióxido de carbono, la tercera parte fuera del país y en guerras como las de Iraq y Afganistán. Esto es equivalente a las emisiones anuales de 257 millones de autos, más del doble de todos los autos que circulan en Estados Unidos.

El Pentágono es además el mayor consumidor institucional de combustibles fósiles del planeta. Un grupo de científicos que han estado colaborando en investigación sobre los impactos ambientales y climáticos del militarismo denunciaron en el marco de la conferencia de Naciones Unidas sobre el clima (COP26) realizada este noviembre, que el Pentágono es responsable de causar más emisiones GEI que 140 países juntos, incluyendo a países industrializados como Suecia, Dinamarca y Portugal. Pese a ello, las emisiones GEI provenientes de las actividades militares no son tema en la agenda de negociaciones y ni siquiera se reportan como tales. Esto debido a que el ejército de Estados Unidos se opuso temprana y activamente a cualquier análisis o informe sobre éstas. En 1997, en las discusiones que llevaron a crear el Protocolo de Kyoto sobre control de emisiones de gases de efecto invernadero, Estados Unidos obstaculizó firmemente que se reportara sobre las emisiones GEI militares alegando razones estratégicas y de seguridad, que logró imponer al resto de la comunidad internacional. En 2015, con la firma del Acuerdo de París sobre cambio climático, se incluyó por primera vez que las emisiones militares debían ser reportadas pero solo en forma voluntaria, por lo que en la mayoría de los casos no sucede y ello no tiene consecuencias. Aún así, investigadores independientes estiman que las actividades militares globales son responsables de entre el 5 y 6 por ciento de todos los gases que causan el caos climático, más que lo emitido globalmente por todos los aviones y barcos comerciales combinados. La principal fuente de emisiones GEI militares conocidas proviene de los combustibles usados en sus aviones, barcos y vehículos terrestres, pero hay que sumar las emisiones del vasto complejo militar industrial, por lo que aún ese porcentaje es probablemente muy bajo.

Ante esta opacidad, una colaboración de centros de investigación presentó en actividades paralelas a la COP26 el mapa interactivo https://militaryemissions.org/, que muestra la información disponible sobre emisiones GEI de los países con mayor gasto militar a nivel global. De América Latina incluyen Argentina, Brasil, Chile, Perú, Ecuador, Colombia y México, pero en todos los casos la información de emisiones relacionadas a lo militar no existe, no se reporta o no está desagregada.

El Centro de Estudios por la Paz J.M. Delàs publicó en 2021 dos importantes informes sobre el impacto medioambiental y climático del militarismo. El informe Militarismo y crisis medioambiental. Una reflexión necesaria coordinado por Pere Brunet y Chloé Meulewaeter con investigadoras e investigadores del Centro Delàs, analiza de qué manera el militarismo es una de las causas relevantes del calentamiento global y los daños ecológicos en el planeta. Pone sobre la mesa datos de impactos ambientales y climáticos y plantea su vínculo con la violencia que genera el militarismo y la amenaza que representa el uso creciente de la fuerza militar para imponer un modelo económico capitalista, extractivista y depredador de comunidades y ambiente, así como para reprimir las resistencias de quienes se oponen a éste.

Entre los 23 principales países exportadores de armas (97,8% de ese comercio bélico) que tienen el 35,48% de la población mundial, concentran el 82% del gasto militar global y son responsables de dos terceras partes de las emisiones mundiales de GEI (67,1 %). Esos mismos países acogen a los 50 mayores agentes económicos que a su vez controlan 63,000 corporaciones transnacionales en todo el planeta, que son las que se benefician del enfoque militar-represivo que protege sus intereses.

El segundo informe Crisis climática, fuerzas armadas y paz medioambientalresume “La seguridad militarizada tiene un papel esencial en el empeoramiento constante de la crisis ambiental a nivel planetario que consiste en proteger a todos los agentes de poder no democráticos (corporaciones transnacionales extractivas, grandes entidades financieras, industria militar), para beneficio y lucro de sus minorías dirigentes, rompiendo equilibrios sociales y eco-planetarios. Una protección de los pocos que deja al margen a las grandes mayorías de población, a través de la llamada seguridad nacional. Una protección que es esencial, porque sin ella, el sistema depredador de recursos que amenazando el planeta y su sistema biológico, no podría existir (…) Los esquemas de seguridad nacional, bajo el pretexto de preservar los “intereses nacionales”, en realidad lo que realmente protegen son los intereses económicos de determinadas élites de grandes corporaciones, junto con los intereses lucrativos de aquellos que mueven los hilos del complejo militar-industrial”.

A las emisiones militares por uso de combustibles fósiles, se suman los impactos por los restos tóxicos y destrucción de hábitats que se producen a lo largo del ciclo del conflicto, que contaminan tierra, aguas y atmósfera, con efectos que en general duran largos períodos de tiempo con graves impactos en la vida humana y la salud de ecosistemas, flora y fauna, incluidos sobre los sistemas agrícolas, pastoriles y forestales que son sustento de muchas comunidades.

El tema es grave y no es nuevo, pero ante las crecientes e innegables evidencias de la crisis climática y las catástrofes que conlleva, y sobre todo, por las protestas de diversos movimientos y más evidencias de investigación, existe una creciente presión para reconocer el alto impacto climático del militarismo. Incluso en la propia COP26, se nombró -pero no se tomó ninguna acción- que debe ser revisado el tema de los reportes de sus emisiones en la COP27, algo que en sí mismo no cambiaría la situación, pero aún así es resistido.

No obstante, los altos mandos militares ya han comenzado una perversa tarea de recuperación de imagen. El 2 de noviembre, al comienzo de la COP26, el secretario general de la OTAN Jens Stoltenberg declaró “Necesitamos encontrar un camino para reconciliar que las fuerzas armadas sean fuertes y efectivas con que sean verdes y amigables con el ambiente.”

Como no podía ser de otra manera, también desde la OTAN se refieren a que las fuerzas armadas deben ir a “cero emisiones netas”, no reales. Justamente, porque este paquete de tecnologías y mercados de carbono, les permite continuar sus actividades y aumentar el lucro de los intereses que protegen.

17 noviembre 2021

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Lunes, 04 Octubre 2021 05:53

A color

A color

Para un país fundado sobre la exterminación de los indígenas y la explotación de esclavos africanos y después inmigrantes para su desarrollo económico, el color sigue siendo factor determinante para explicar su presente.

Hoy día los defensores de un pasado definido por la hegemonía blanca tienen razón en estar alarmados. Según cifras recientes del Buró del Censo de Estados Unidos, el país se diversificó de manera significativa esta última década con todo crecimiento en población conformado completamente por latinos, asiáticos, afroestadunidenses y los que se identifican como de más de una raza. Más aún, la población blanca por primera vez se redujo durante esta última década. De acuerdo con el censo, el número de los que se identifican como blancos se desplomó en 8.6 por ciento, a sólo 58 por ciento de la población. Demógrafos calculan que aproximadamente para 2045 los blancos serán una minoría más en Estados Unidos.

A la vez, a pesar de conquistas y reformas logradas por luchas sociales, el racismo no ha sido superado, de hecho, algunos argumentan que la justicia racial ha retrocedido en años recientes. Proclamaciones políticas sobre la igualdad racial son contestadas por datos nada ambiguos: los afroestadunidenses son el grupo más grande de los encarcelados (33 por ciento, casi triple del 12 por ciento que representan en la demografía nacional); uno de cada tres hombres afroestadunidenses nacidos en 2001 será encarcelado por un tiempo durante su vida; uno de cada mil hombres y jóvenes negros morirán a manos de la policía; uno de cada tres niños negros viven en la pobreza, ocho de cada 10 adultos negros con algún nivel de estudio universitario reportan haber sido víctima de discriminacion racial. Para los latinos, los datos son sólo un poco menos terribles.

En casi cualquier rubro socioeconómico, los afroestadunidenses, latinos e indígenas están, como siempre, muy por debajo de todos los demás. Y el racismo sigue siendo una de las principales herramientas de políticos para dividir a los trabajadores.

Más aún, no se puede entender el debate sobre migración –ahora y a lo largo de la historia del país– sin el lente de raza. Es casi imposible recordar noticias sobre redadas, arrestos masivos, detenidos y deportados de migrantes blancos, y eso que existen, por supuesto (6 por ciento provienen de Europa y Canadá, según el Migration Policy Institute).

Más de 44 millones de residentes en Estados Unidos nacieron en otro país, el número más alto de inmigrantes en cualquier nación del mundo, según Pew Research Center. Pero los inmigrantes indocumentados de hoy, sobre todo latinos y otros de "color", padecen de un trato dramáticamente diferente al que recibieron la mayoría de los millones de inmigrantes blancos que ingresaron sin papeles entre 1900 y la década de los 60, los cuales no fueron sometidos a redadas y deportaciones (https://www.brookings.edu/blog/how-we-rise/ 2021/03/26/us-immigration-policy-a-classic -unappreciated-example-of-structural-racism/).

Los cientos de agrupaciones de odio –incluidos neonazis, el Ku Klux Klan y otros supremacistas blancos– son las tropas de choque de la derecha republicana, y las filas más fervientes de Trump, que sigue cultivando el racismo y el movimiento antimigrante. Las más de 250 medidas promovidas por republicanos en 45 estados están diseñadas para suprimir el voto de color –de afroestadunidenses, latinos e indígenas– así como de blancos pobres. Son los mismos que acusan que los migrantes indocumentados están votando de manera ilegal como parte del gran "fraude" inexistente que dicen haber robado la elección de Trump. Están asustados, incluso listos para destruir a a su propia democracia para "salvarse" y mantener “su America”.

El intento de golpe de Estado del 6 de enero, las maniobras para suprimir el voto, la cultivación del odio contra migrantes, son todo parte de una ofensiva derechista tal vez sin precedente en este país, una que representa la peor amenaza a lo que se llama democracia en Estados Unidos.

Pero el futuro de este país es a todo color.

Sly & The Family Stone. Everyday People.https://www.youtube.com/watch?v=YUUhDoCx8zc

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Miércoles, 18 Agosto 2021 05:28

Las raíces del movimiento talibán

Las raíces del movimiento talibán



La toma de Kabul por parte de los talibanes no supone la primera vez que el grupo terrorista controla la capital afgana. Son varios los factores que originaron esta facción política-paramilitar y es importante tenerlos en cuenta para comprender la esencia talibán.

 

Durante más de 40 años, Afganistán ha sido un tablero de ajedrez de las grandes potencias internacionales. Uno de los momentos clave en esta partida geoestratégica fue 1979, cuando se produjo la entrada de la Unión Soviética en Kabul, bajo el mandato de Leonid Brézhnev.

Así empezaba el remate de la Guerra Fría y una nueva escalada de tensión entre la URSS y Estados Unidos. Lo que comenzó como una operación destinada a mantener el control y la influencia soviética en el país se convertiría entonces en un conflicto que duraría diez años y que supuso un avispero para la URSS: la retirada de las tropas soviéticas ha sido históricamente comparada con la manera en la que los americanos abandonaron Vietnam.

Por otra parte, si a mediados de los años 70 había comenzado en la región una tendencia de querer recuperar la pureza del islam basándose en aspectos fundamentalistas, en los años 80 lo que unió a los diferentes países fue la búsqueda de la expulsión de los soviéticos. En este contexto nacía en Pakistán, concretamente en agosto de 1988, al Qaeda (en árabe, La Base), un nombre que hace referencia a un campo de entrenamiento de jóvenes muyahidines creado para luchar contra la URSS, entre ellos un joven líder de 31 años llamado Osama bin Laden.

Los muyahidines, o guerrilleros islámicos, también contaron con un importante apoyo económico de Estados Unidos y de Arabia Saudí, que no iban a permitir que un país con la importancia estratégica de Afganistán quedase en manos de soviéticas. Así, la milicia sin fronteras de los muyahidines, apoyada por los servicios secretos de Pakistán, la CIA y de la inteligencia saudí, logró en 1989 la retirada soviética.

La marcha de los soviéticos dejó a unos combatientes islámicos orgullosos que habían luchado no por ninguno de los países que les apoyaban, sino por Dios, al que atribuyeron su victoria. Fue justo en ese momento cuando el embrión talibán comenzaba a tomar forma.

El vacío de poder

Una vez que los soviéticos abandonaron Afganistán, el país sufrió una guerra civil en la que distintos grupos políticos lucharon por el poder central. Al mismo tiempo, diversos señores de la guerra aprovechaban la situación y se enriquecían a costa de las luchas entre etnias y tribus.

En medio de un escenario fuertemente marcado por el vacío de poder, los veteranos muyahidines que ya habían luchado contra los soviéticos fueron organizándose siguiendo una doctrina islamista modernista, que rechazaba tanto la anarquía de aquellos años como la influencia occidental. En 1994, en la provincia meridional afgana de Kandahar, este movimiento integrista adquiría el nombre oficial que sigue utilizándose a día de hoy: talibán.

Componentes cruciales: la etnia pastún, la vertiente sunita y el nacionalismo

El nombre viene de talib (estudiante en árabe y pastún), ya que muchos de los integrantes son pastunes, una etnia sunita y predominante en Afganistán, que habían sido estudiantes en madrazas de Pakistán.

El proyecto nacionalista pastún de los talibanes buscaba instaurar un emirato en Afganistán. Para ello contó con el apoyo de Pakistán, país en el que viven entre 25 y 30 millones de pastunes, y también de Arabía Saudí, la monarquía sunita por excelencia.

Los talibanes tomaron el poder en Kabul en 1996, y cabe señalar que en un principio fueron apoyados por el pueblo afgano, harto de disputas entre los señores de la guerra. Sin embargo, su conservadurismo radical reflejado en ejecuciones públicas, la destrucción de los budas gigantes de Bamiyán o la vulneración sistemática de los derechos de la mujer propició su impopularidad local, regional e internacional.

Los talibanes gobernaron Afganistán desde 1996 hasta 2001, un periodo en el que las mujeres pasaron a estar completamente relegadas a un papel figurante en el hogar, pues tenían prohibida cualquier actividad laboral o que tuviera que ver con la educación. Durante el gobierno talibán, las afganas no pudieron salir de sus casas sin acompañar y trataban de vivir entre múltiples prohibiciones, como la de cantar o reírse en voz alta, por no hablar de mostrar su rostro. La vulneración de derechos de las mujeres era el aspecto que más chocaba con la realidad internacional, una sensación de alarma que desafortunadamente se repite.

El turno de Bush

No fue para garantizar la seguridad y derechos de las mujeres por lo que se movilizaron las fuerzas. Tuvo que ocurrir un atentado de la magnitud del ataque a las Torres Gemelas para que la esfera internacional actuase. Se habían acumulado sospechas de que Afganistán podía ser un campo de entrenamiento para al Qaeda y que Osama bin Laden se encontraba en el país bajo protección de los talibanes, dada su cercanía yihadista. Fue este recelo ligado al terrorismo el que provocó que en 2001 se produjera la invasión estadounidense en Afganistán, un mes y una semana después del 11 de septiembre.

En poco más de tres meses, la OTAN liderada por Estados Unidos hizo retroceder a los talibanes instaurando el Gobierno de transición de Hamid Karzai en diciembre de 2001. Era el momento de George Bush de elegir un enemigo con el que saciar la sed de venganza por el mayor atentado terrorista que ha sufrido la sociedad estadounidense. Dos años tarde, el país elegido para ser el gran enemigo de Estados Unidos, y de todo Occidente, sería Iraq.

Tras dos décadas, los talibanes vuelven a Kabul

No obstante, ni esta operación llamada “Libertad Duradera”, ni la muerte del mulá Omar, hecha pública en 2015, hizo que los talibanes desaparecieran de Afganistán. El grupo se ha mantenido presente durante dos décadas reivindicando su presencia por todo el territorio afgano.

El lunes 15 de agosto tuvo lugar un nuevo hito para este movimiento: los talibanes han vuelto a tomar Kabul, esta vez sin demasiado esfuerzo. Después de 20 años, las tropas estadounidenses han abandonado el país, dejando un escenario repleto de proyectos fantasma y de deserción de fuerzas afganas que los talibanes han aprovechado para avanzar sin pausa desde el pasado mes de mayo. Voces expertas en el tema, como la de Ahmed Rashid, escritor paquistaní y especializado en yihadismo, aseguran que la ofensiva actual de los talibanes es la más dura desde su creación en 1994.

El reciente avance talibán ha dejado imágenes que probablemente pasarán a la historia: desde la entrada de los milicianos al palacio presidencial de Kabul sin ninguna resistencia, hasta la desesperación de los civiles que se agarran a ruedas y alas de aviones con tal de salir del país.

Ana Cabirta Martín

17 ago 2021 11:30

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Diálogo en México por Venezuela, un revés más para la OEA de Almagro

En la agenda, ni cambio de gobierno ni intervención militar

Los empeños de la secretaría general de la OEA por tratar de imponer en Venezuela durante casi cinco años soluciones de fuerza –sanciones, aislamiento diplomático y amenazas de "suspensión" del organismo– se desvanecieron este fin de semana, ante la escena que se concretó en el Museo Nacional de Antropología de la Ciudad de México, con la firma de un memorando de entendimiento para dar comienzo a las muchas veces postergadas negociaciones entre el gobierno de Nicolás Maduro y una plataforma unitaria de la oposición.

Durante estos años de polarización, crisis económica, desplazamientos y conflictos políticos y sociales, el organismo interamericano nunca intentó implementar la opción de una negociación. En el trasfondo de la agenda de la secretaría general siempre estuvo la vieja intención de EU de sacar al chavismo y sus sucesores del Palacio de Miraflores.

En una sola ocasión la OEA invocó los mecanismos de mediación para Venezuela. Eso fue en abril de 2002, cuando se perpetró un golpe de Estado contra el presidente Hugo Chávez, revertido 48 horas después. En esa ocasión, la Asamblea General y el Consejo Permanente de la OEA condenaron la ruptura del orden institucional y propusieron la promoción de un diálogo nacional.

En los años de gobierno de George Bush, Chávez fue la encarnación del mal y se echó mano de todos los recursos para aislarlo.

Durante los años de Obama en la Casa Blanca, el tema venezolano pasó a un segundo plano: sus esfuerzos diplomáticos se concentraron más en tender puentes para la normalización de relaciones con Cuba.

Con la llegada de Donald Trump, el secretario general al fin tuvo el eco deseado. Trump llegó a decir que, para derrocar a Maduro, todas las opciones estaban sobre la mesa, incluso la de la intervención militar. Almagro, electo para la secretaría general en 2015, tenía la misma agenda.

Entre tanto, la polarización en Venezuela se agudizó a partir de controvertidas decisiones del gobierno de Maduro, quien en 2015 suspendió un referendo revocatorio, aplazó elecciones regionales para cambios de gobernador y finalmente desconoció los resultados de las elecciones parlamentarias. Los elementos de la oposición más radicales y violentos, como Leopoldo López, llamaron a manifestaciones callejeras para exigir lo que llamó "la salida" y grupos de choque protagonizaron rudos enfrentamientos con la Guardia Nacional.

En ese contexto, Almagro pidió a la Asamblea General "acciones concretas" para suspender a Venezuela de la OEA. Sin embargo, cada vez que convocó a los países con ese fin falló en alcanzar dos tercios (24 votos) de aprobación. Ese intento perdió sentido cuando el gobierno de Caracas envió en abril de 2017 una "carta de denuncia" de la OEA, que significa su autoexclusión del organismo a concretarse en dos años. Así, desde abril de 2019, Venezuela ya no es miembro activo de la OEA y por lo tanto no es sujeto a sanciones.

Pero el objetivo final no era la suspensión, sino el "cambio de gobierno". Washington y la secretaría general impulsaron la formación del llamado "Grupo de Lima" –se integró durante la realización de la asamblea en la capital peruana, en 2017– con la participación de México (con Luis Videgaray, el último canciller priísta), Argentina, Brasil, Estados Unidos, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Honduras, Panamá, Paraguay, Perú, Guyana y Santa Lucía.

En ese contexto de cerco diplomático y aunado a las fuertes sanciones económicas y comerciales impuestas por Estados Unidos y la Unión Europea, estos países reconocieron en 2019 a Juan Guaidó como autoproclamado "presidente encargado" en su calidad de líder de una asamblea nacional que fue desconocida por el Ejecutivo. La OEA incluso aceptó el nombramiento de un embajador de Guaidó, Gustavo Tarre, que todavía a la fecha conserva su escaño, pese a que Guaidó ya no ostenta su autoasignado título presidencial.

El Grupo de Lima y su alineamiento con Washington no logró mover el tablero en Venezuela. A partir de 2018 ese alineamiento se diluyó con la llegada de Andrés Manuel López Obrador al gobierno mexicano y el de Alberto Fernández a Argentina al año siguiente. Más recientemente, con el retorno del Movimiento al Socialismo en Bolivia, bajo la presidencia de Luis Arce y, hace apenas unas semanas, la llegada de un gobierno popular en Perú con Pedro Castillo, el Grupo de Lima, ya sin Lima, encalló definitivamente.

A partir de una iniciativa de México y Noruega, desde este fin de semana dialogan una delegación del gobierno de Maduro y una asignada por la oposición venezolana, atomizada en una veintena de partidos políticos.

En representación a los opositores asisten miembros de la Plataforma Unitaria. Guaidó, quien hasta hace algunos años catalizaba la aspiración de muchos opositores de ver en Venezuela un cambio de régimen, no asistió a la primera ronda.

A diferencia de los representantes de la plataforma, Guaidó reservó en su mensaje divulgado en redes sociales elementos de confrontación. Dijo que "del otro lado de la mesa hay un dictador" y aseguró que "sólo con sanciones y un esquema de presión" sería posible una solución.

En la agenda de las negociaciones figura, por la parte oficial, el tema del levantamiento de sanciones, el reconocimiento de las autoridades constitucionales y la renuncia a actos de violencia y conspiración. Por la parte opositora se busca obtener condiciones para participar en elecciones "libres, justas y transparentes" y la liberación de políticos presos.

Ni cambio de gobierno, ni intervención militar ni castigo. Ante este giro de la historia, Almagro suma un fracaso más en su carrera.

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Viernes, 06 Agosto 2021 06:03

Semejanzas y coincidencias

Semejanzas y coincidencias

Después de que en 1914 una expedición de los marines desembarcó en Puerto Príncipe y, forzando su entrada al Banco Nacional de Haití, se llevó la mitad de sus reservas de oro (500 mil dólares) −entregándoselos luego a Citibank en Nueva York− el presidente en turno, incapaz entre otros de pagar sus milicias (los cacos), resignó (bit.ly/37izlrh). Su sucesor, Vilbrun Guillaume Sam, a pesar de todo, siguió un firme −en lo político y en lo económico− curso proestadunidense. Incluso estuvo a punto de entregar a Washington las aduanas, una de las pocas fuentes del ingreso del gobierno, desatando una rebelión soberanista en la provincia. Su respuesta: una feroz represión. Pero cuando Sam ordenó la masacre de casi 200 prisioneros políticos en una cárcel capitalina −incluido otro ex presidente−, también la gente en Puerto Príncipe ya tuvo demasiado de él y se fue a buscarlo a su casa. El presidente logró huir a la embajada francesa, pero la turba lo alcanzó de todos modos: linchó, descuartizó y "paseó" sus extremidades por las calles. Para EU, a cuyo gobierno (Wilson) no le costó nada convencer a su opinión pública sobre “la necesidad de ‘restablecer la orden’ en aquella nación”, fue un pretexto perfecto para invadir y ocupar al Haití (1915-1934) introduciendo leyes raciales tipo Jim Crow y corvea, en práctica indistinguible de la esclavitud (bit.ly/3lq8dib).

Cualquier semejanza con el asesinato de Jovenel Moïse el mes pasado, un presidente ilegítimo, corrupto, autoritario y represivo que ocupaba su puesto sólo gracias al visto bueno de Washington, fuerza muda y una red clientelar de "amigos" que al final se volcaron contra él, cuando un comando de ex militares colombianos lo ametralló en su casa en Puerto Príncipe (o tal vez sus propias escoltas, con colombianos más en calidad de "chivos expiatorios"...), es desde luego pura coincidencia. O igual y no.

De hecho, una de las más interesantes teorías (bit.ly/3ywhEQQ) que tratan de explicar lo ocurrido −más allá de la llena de huecos "versión oficial" (bit.ly/2VsDk1N, bit.ly/3ikRcE8)− apunta a un "asesinato preventivo" ideado por las familias más ricas de Haití que optaron por deshacerse del mandatario inepto que desde hace meses enfrentaba una poderosa ola de descontento popular (bit.ly/37eCqZn), a fin de evitar que fuera depuesto por la propia gente o como Sam, asesinado −la represión de Moïse arrojó anteriormente decenas de muertos (y en efecto lo que no se logró por meses, se llevó a cabo en cuestión de minutos)−, frenar el proceso político desde abajo y la movilización del lumpenproletariado haitiano liderado, ante la sistemática destrucción de izquierda en Haití, por figuras criminales que se hicieron del discurso "revolucionario" y "antisistémico" (Jimmy Barbecue Chérizier), redoblar la represión (bit.ly/2WAZK1l) y abrir la puerta incluso a una invasión yanqui: el primer ministro haitiano efectivamente les solicitó una intervención militar (bit.ly/3igNYBB).

En un momento culminante de su conjunto de ensayos sobre la política brasileña (Brazil apart: 1964-2019, Verso, 2020, 240 pp.), Perry Anderson une en forma de "parábola" la participación militar de Brasil en la misión de la OEA en República Dominicana en tiempos de la dictadura militar (1965) y la participación de los militares brasileños en la misión de la ONU en la otra parte de la isla, Haití, bajo el gobierno de Lula (2004), ambas en función de intereses estadunidenses.

Para Anderson, el actual ascenso de los militares y su omnipresencia en todos los niveles del gobierno de Bolsonaro donde ocupan puestos claves, incluyendo los normalmente asignados a los civiles −algo sin precedentes, ni siquiera en tiempos de la dictadura− tiene sus raíces en aquella segunda misión (hoy, paralelamente, y de modo sintomático, Iván Duque, presidente de Colombia, tras el asesinato de Moïse, llamó a la intervención militar de la OEA en Haití al estilo de la primera, con participación de otros países reaccionarios de la región, como Brasil, Honduras o Ecuador, aunque su núcleo, como en aquel entonces, de todos modos hubiesen sido los marines). Los militares brasileños que una vez flirtearon con el "neodesarrollismo" y al final abandonaron sueños de ser una potencia, enviados por Lula a Haití al menos para hacer de Brasil un global player al lado de Estados Unidos, volvieron aún más desilusionados. Su única preocupación era cómo evitar una "haitinización" de Brasil y frenar el (limitado) ascenso político de los pobres que tuvo lugar en tiempos del Partido de los Trabajadores (PT), e imponer una gestión militarizada de la vida social, algo que finalmente pudieron hacer bajo la égida de un ex capitán: Bolsonaro.

Cualquier semejanza con otra nación latinoamericana gobernada hoy por la socialdemocracia donde los militares ganaron una posición sin precedentes incluso en la época de la dictadura en aquel país y donde avanza la militarización de la vida social, con ex oficiales a cargo de algunos asuntos normalmente gestionados por los civiles y con el ejército directamente a cargo de obras y facilidades públicas en un proceso de una verdadera "acumulación militarizada" −de acuerdo con un trend mundial dentro del neoliberalismo en crisis de "empresarios en uniformes" (bit.ly/3rQTqyc)− y dónde este empoderamiento junto con una estéril política de "conciliación de clases" al estilo del PT, podría fungir como el "huevo de la serpiente" para un futuro régimen (pos)fascista, es desde luego pura coincidencia. O igual y no.

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Lunes, 10 Mayo 2021 06:26

Tres cuentos enterrados

Tres cuentos enterrados

I

Strange Fruit, la canción de desafío y condena primero cantada por la legendaria Billie Holliday en 1939 volviéndose en la más famosa y peligrosa de su repertorio, cuenta sobre la fruta extraña que se colgaba de árboles álamo en referencia a los linchamientos de afroestadunidenses en Estados Unidos. Holliday canta suave y lentamente de uno de los actos violentos racistas más brutales y frecuentemente públicos que manchan la historia estadunidense.

La canción recientemente retomó el escenario con la película Estados Unidos contra Billie Holiday este año, la cual se centra sobre los esfuerzos del gobierno de Estados Unidos en suprimir la canción. Andra Day por su papel estelar como Holiday fue nominada para un Oscar.

La canción no fue escrita por Holiday, sino por Abel Meeropol, judío blanco comunista que era maestro de educación pública en el Bronx, y quien la escribió después de ver una foto famosa de un linchamiento de dos jóvenes afroestadunidenses en 1930 en un pueblo de Indiana, sus cuerpos colgados rodeados de un grupo de blancos, incluyendo niños, algunos de los cuales estaban sonriendo. La canción fue primero publicada como un poema en la revista del sindicato de maestros de Nueva York en 1937.

Meeropol fue mejor conocido como el padre adoptivo de los dos hijos de Julius y Ethel Rosenberg, ejecutados en 1953 por el gobierno estadunidense que los acusó de ser espías comunistas de la Unión Soviética, caso clave en impulsar el macartismo en Estados Unidos.

Entre 1882 y 1968, se tiene registro de casi 5 mil linchamientos en Estados Unidos (la gran mayoría eran de afroestadunidenses), muchos de los cuales fueron castigados por su activismo político, sindical o nada más por su insolencia. Estos datos no incluyen los linchamientos de miles de latinos de ascendencia mexicana, sobre todo en Texas y California, entre mediados del siglo XIX y buena parte del siglo XX.

II

La celebración del 5 de mayo en Estados Unidos tiene sus orígenes con latinos en California como parte del movimiento de abolición de la esclavitud durante la Guerra Civil. Los latinos en California estaban preocupados por el posible interés de Napoleón III en apoyar a la Confederación sureña pro esclavitud en la Guerra Civil, y por lo tanto percibieron el triunfo mexicano en la Batalla de Puebla como una victoria contra las fuerzas pro esclavistas estadunidenses. Los inmigrantes latinos mexicanos y centroamericanos se oponían a la esclavitud, a las intervenciones imperiales y la supremacía blanca; por ello apoyaban las fuerzas de Lincoln y las de Juárez.

III

Uno de los orígenes del Día de las Madres en Estados Unidos fue la resistencia contra el militarismo y en favor de la salud pública de los pobres. Anna Reeves Jarvis fue la primera en convocar a un festejo, en 1858, creando clubes de madres para promover esfuerzos comunitarios con el fin de prevenir enfermedades y mejorar condiciones sanitarias. En 1870, Julia Ward Howe amplió la idea como parte de un movimiento internacional por la paz y escribió una Proclamación del Día de las Madres en la cual insta a las mujeres con corazón, a que sus “maridos no lleguen con nosotras apestando a masacre… buscando aplausos” y que los hijos no sean arrancados de nosotras para desaprender todo lo que hemos sido capaces de enseñarles sobre caridad, misericordia y paciencia.

Agregó en su llamado internacionalista que nosotras, mujeres de un país, seremos demasiado compasivas con aquellas de otro país como para permitir que nuestros hijos sean entrenados para herir a los de ellas. El primer Día de las Madres que organizó Howe fue el 2 de junio de 1872 y durante varios años fue festejado, pero poco a poco desapareció. El que hoy día se celebra fue proclamado el 9 de mayo de 1914 para expresar el amor y reverencia a las madres del país por el presidente Woodrow Wilson, quien llevaría a Estados Unidos a la Primera Guerra Mundial.

Billie Holiday. Strange Fruit. https://www.youtube.com/watch? v=Web007rzSOI

Prince. Welcome 2 America. https://www.youtube.com/watch? v=HJtxSdTL488

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Jueves, 08 Abril 2021 05:44

Crece el peligro de guerra

Crece el peligro de guerra

Un análisis de la demencial estrategia de EEUU y sus servidores europeos

Para todas aquellas personas que se alegraron de la victoria electoral de Biden, me temo que hay malas noticias. Quienes ya advertimos que con los demócratas el peligro de guerra se dispararía parece que no hemos fallado. Los peores augurios que del discurso del nuevo presidente se pudieron extraer tras su toma de posesión se han ido materializando.

  1. Ha advertido (amenazado) a Alemania de no seguir adelante con su proyecto de abastecimiento energético (Nord Stream 2), y da marcha atrás en la retirada de tropas del territorio germano, lo que de paso deja claro que sigue siendo un país colonizado (la administración USA, riéndose una vez más del “libre comercio”, acaba de amenazar directamente con represalias a las compañías que participan en la construcción del gaseoducto, detectándose incluso hostigamiento militar al mismo).
  2. Ha llamado “asesino”a Putin, lo que en términos diplomáticos equivale a solamente medio escalón previo a una declaración abierta de guerra. Presiona cada vez más las fronteras rusas a través de la OTAN, poniendo en alarma tanto al Báltico (e incluso las latitudes polares) como a la Europa oriental, también desestabilizando el Cáucaso.
  3. Se permite invitar a China a su casa (Alaska) para acto seguido ponerse a insultar a los diplomáticos chinos sobre supuestas violaciones de derechos, sobre todo en territorio uigur (claro, los emisarios norteamericanos se cuidaron mucho de comentar cómo EE.UU. lleva infiltrando desde hace años redes terroristas y paramilitares en ese territorio para desunir China).
  4. Ha amenazado con sanciones a India si no revierte la compra y despliegue de misiles rusos S-400.
  5. Quiere renovar la unión contra Irán para doblegar a ese país y cortar el núcleo vital de la Ruta de la Seda china.
  6. Asedia a la propia China en el mar que la envuelve.
  7. Amenaza a Corea mediante nuevas maniobras militares navales.
  8. Frena la retirada de tropas de Asia occidental, y en el caso concreto de Siria (donde ocupa ilegalmente sus pozos petrolíferos), pretende reactivar la guerra con nuevas infiltraciones de paramilitares y yihadistas en el país.
  9. Está gestando una intervención contra Venezuela a través de tropas irregulares, paramilitares, narco-bandas y grupos delincuentes armados, con la colaboración del ejército colombiano, en la frontera entre ambos países.
  10. Pero lo más descabelladamente peligroso de todo es que está activando una nueva escalada bélica en Ucrania, de ominosas consecuencias. El ejército ucraniano ha comenzado a desplegar masivamente sus sistemas de cohetes de lanzamiento múltiple en Donbass, para atacar las Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk, a las que vuelve a hostigar desde hace semanas. Y, más grave aún, ya ha declarado su intención de ir a por Crimea. Todo eso tras recientes conversaciones de alto nivel entre funcionarios estadounidenses y ucranianos. EE.UU. está abasteciendo de armas a Ucrania, al tiempo que despliega algunas de sus más mortíferos aparatos de combate en la zona.

Esto marca un peligro inminente de guerra total, especialmente sobrecogedor para las sociedades europeas, dado que Rusia parece tener superioridad militar sobre la OTAN. De desencadenarse un enfrentamiento podría destruir Europa en breve tiempo. Mientras, EE.UU. quedaría una vez más lejos del escenario bélico.

Antes de seguir, dejemos claras unas cuantas cosas:

En un capitalismo globalizado pero carente de una entidad política territorial global (algo así como un Estado mundial), buena parte de las estrategias de mando vienen ejercidas directa o indirectamente por la potencia dominante, un hegemón que se encarga en mayor medida que ningún otro de crear o recrear, organizar y dirigir el conjunto de instituciones mundiales necesarias para la regulación global del sistema.  Este sistema, el capitalista, sólo muy casualmente puede procurar “bienestar” y mejoras a las poblaciones del mundo, puesto que su principal fin es la reproducción ampliada de capital a través de altas tasas de beneficio empresarial. EE.UU. como potencia hegemónica, es el principal valedor de esa acumulación de capital y del beneficio privado de la clase capitalista, al coste que sea. Por eso, entre otras muchas cosas, a EE.UU. lo único que le preocuparía de los DD.HH. es que en realidad se cumplieran. De ahí que haya promovido y mantenido dictaduras en todo el planeta, desde las del Cono Sur americano, hasta las monarquías salvajes del Golfo, pasando por la Sudáfrica del “apartheid”. Por eso su principal aliado y destinatario de apoyo financiero-político-estratégico es Israel, el Estado que comete más violaciones de resoluciones de la ONU, que practica un sistemático ‘apartheid’ y limpieza étnica, que se basa en una constitución racista, que practica sistemáticamente el terrorismo y que es un continuo peligro para toda Asia occidental. Por eso tiene como aliado a Turquía, miembro de la OTAN, otro plusmarquista en limpiezas étnicas y en terrorismo contra su propia población y las adyacentes. Por eso su principal receptor de “ayuda” en América es Colombia, campeón del terrorismo de Estado, con matanzas sistemáticas de su población, y causa de un creciente riesgo de desestabilización de toda la región (ver este excelente informe al respecto: https://isrobinson.org/investigaciones/la-construccion-de-una-zona-de-guerra-difusa-en-la-frontera-colombo-venezolana/).

En cuanto al capítulo de invasiones y destrozo de países, estas han sido las intervenciones militares directas de EE.UU. (solo o con la OTAN) tras la caída de la URSS:           

Irak (1991): con sanción de la ONU

Somalia (1993): EE.UU. y algunos “aliados”, con sanción de la ONU

Yugoslavia (1995): OTAN, sin sanción de la ONU

Afganistán y Sudán (1998): ataque unilateral de EE.UU.

Yugoslavia (1999): OTAN, sin sanción de la ONU

Afganistán (2001): OTAN, sin sanción de la ONU [dura hasta hoy]

Irak (2003): EE.UU. y algunos “aliados”, sin autorización de la ONU

Pakistán, Yemen, Somalia (2002): ataques con aviones no tripulados, sin autorización de la ONU [dura hasta hoy]

Libia (2011): intervención de la OTAN, con sanción de la ONU

Siria (2014): EE.UU. – OTAN  [dura hasta hoy]

Intervenciones que Arthur K. Cebrowski, almirante y director de la Office of Force Transformation in the U.S. Department of Defense, concibió hechas sobre “países desechables” a los que había que destruir sus estructuras estatales. 

Fundamentalmente están en el punto de mira del hegemón aquellas formaciones sociales que se encuentran dentro del espacio territorial o la zona de seguridad de lo que fue la URSS y de sus alianzas. También los países susceptibles de consolidar la Ruta de la Seda china.

En cuanto al propio continente americano, recientemente, EE.UU. ha promovido golpes de Estado judiciales, con intervención de fuerzas policíaco-militares, en Paraguay, Brasil, Bolivia y Honduras. Ha destruido casi toda Centroamérica (a la que invadió o dio golpes de Estado en repetidas ocasiones en el siglo XX), con guerra contrainsurgencia, bandas paramilitares, promoción de Estados de terror y bandas de delincuencia armada por doquier, consiguiendo un empobrecimiento brutal de las poblaciones que ahora se le vuelve en forma de “caravanas migrantes”, masas desesperadas huyendo de la miseria y la muerte.

Dentro de esa estrategia de muerte se incluyen las llamadas guerras de cuarta generación o “híbridas”, que combinan el uso de la presión político-económica, los “levantamientos populares” y el terrorismo en sus diferentes expresiones (operaciones subversivas, actuaciones clandestinas y de falsa bandera, guerra por delegación…), incluida la utilización de cuerpos armados irregulares y redes terroristas potenciadas o creadas ad hoc. Se usa también la propaganda mediática, la cibernética y la inteligencia artificial. En buena parte con la inestimable ayuda de Gran Bretaña y su BBC.

Todo esto en un contexto histórico de decadencia capitalista, de crisis estructural sistémica sin perspectivas de recuperación sostenida.

Tenemos, entonces, un capitalismo degenerativo más una potencia hegemónica en declive: una situación perfectamente explosiva. Máxime si consideramos que esa potencia se niega a ser superada y se ha convertido en un monstruo que se revuelve contra todo, incluida su propia población, cada vez más parte de la cual queda ajena los mínimos derechos de ciudadanía [un peligro para el mundo como ya se indicó en EEUU contra el mundo (y contra sí mismo) – Dominio público (publico.es)].

Pero hay también un actor secundario, a la par triste y vil: la UE. Este “supra-Estado” paradigma de la institucionalidad del capitalismo financiarizado, ha decidido seguir sumisamente todos los planes del decadente hegemón, aun a costa de sus intereses vitales. Uno y otros están haciendo de las sanciones político-económicas su principal razón contra países emergentes a los que ya no pueden dominar con el “libre mercado”. Un arma de guerra sucia.

Alegan los líderes y lideresas de la UE que esas sanciones son para hacer respetar los Derechos Humanos. Sería para reír si detrás de eso no hubiera tanta muerte y dolor.

Si quieren sancionar a alguien por no cumplir con los Derechos Humanos, ahí tienen a EE.UU. por las acciones descritas. Si quieren un caso como el de Navalni, pero esta vez cierto, ahí tienen a Assange, perseguido, encarcelado y torturado por denunciar con pruebas los crímenes de EE.UU. (ante el apabullante silencio y complicidad de la mayor parte de la “prensa libre occidental”). Si quieren hablar sobre torturas, ahí tienen Guantánamo (además de las decenas de centros de tormento “clandestinos” que USA mantiene en todo el mundo, a veces a bordo de barcos de guerra). Pero parece que a la servil dirigencia europea no le salen los colores cuando se inventa excusas.

Desesperadas ante el caos sistémico que generan, con debacle económica incluida, y ante su inocultable ineptitud para salvaguardar ni siquiera la salud de sus poblaciones frente a la actual pandemia, las elites del capital global han anunciado en el último Foro Económico Mundial, el Gran Reinicio del capitalismo. Una vuelta de tuerca a la pérdida de democracia, al control poblacional, a la precarización de los mercados laborales, al empobrecimiento generalizado, al deterioro ambiental. Las mismas elites lo anuncian como la convergencia de los sistemas económicos, monetarios, tecnológicos, médicos, genómicos, ambientales, militares y de gobierno. En términos económicos y de política monetaria, el Gran Reinicio implica una consolidación de la riqueza, por un lado, y la probable emisión de una renta básica universal, por otro, para “mantener” a poblaciones sin empleo. Podría incluir el paso a una moneda digital, con una centralización de las cuentas bancarias y de los Bancos, una fiscalidad inmediata en tiempo real, tipos de interés negativos (cobrando cada vez más por tener dinero en el Banco) y una vigilancia y un control centralizados del gasto y la deuda. El Gran Reinicio significa también la emisión de pasaportes médicos, pronto digitalizados, incluyendo la historia médica, la composición genética y los estados de enfermedad. La covid-19 está suponiendo un entrenamiento ideal para que las poblaciones acepten cosas así. El Gran Reinicio acentúa además la guerra como instrumento económico, geoestratégico y de relaciones internacionales, especialmente contra Rusia y China.

Como es obvio, lo que está provocando de momento, por reacción, es un mayor acercamiento entre esos dos países, que intentan tejer también una diplomacia constructiva como contrapeso al caos. China acaba de estrechar lazos estratégicos con Irán; ha propuesto una coordinación con los países árabes, tentando también a Turquía para que se vuelva hacia Asia, y mostrando a India el interés de la Ruta de la Seda, basada en el comercio, la economía productivo-energética y, en definitiva, el beneficio mutuo. Rusia es una potencia energética, fulcro ya insoslayable de Eurasia.

Lamentablemente, todo indica que la UE ha decidido suicidarse al lado del hegemón en decadencia. Irse por el mismo sumidero de la historia que él. Eso quiere decir que la diplomacia “occidental” queda confinada cada vez más a acciones de guerra. Es decir, se niega a sí misma como “diplomacia”. Una loca “estrategia” que acerca precipitadamente al enfrentamiento militar y que pone en riesgo al planeta entero. Una nueva “Guerra Fría” con cada vez más posibilidades de convertirse en caliente y que se ceba en las propias poblaciones europeas como víctimas de otra guerra que acompaña indisociablemente a la anterior: la guerra de clases.

Por Andrés Piqueras | 08/04/2021

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Miércoles, 07 Octubre 2020 05:30

“Asesinato colateral”. Posdata

Reflexiones sobre el video destapado por Wikileaks que desató las iras de Washington

 

Antes de acabar con su vida en Dodge Center, Minnesota, el veterano de 30 años de la guerra de Irak Danny Holmes solía sentarse delante de la pantalla de su ordenador a mirar las fotografías guardadas en un archivo llamado “Irak/Imágenes”.

En esas ocasiones, según cuenta su novia, su labio inferior se contraía en un tic nervioso. Las imágenes habían sido tomadas para un informe a posteriori sobre el ataque realizado por un helicóptero Apache, el 12 de julio de 2007. El ataque adquirió una infausta fama en 2010, cuando Julian Assange y Wikileaks publicaron el video de la masacre con el título “Asesinato colateral”.

Como Vijay Prashad escribió en Counterpunch hace unos días, de todos los crímenes cometidos por el gobierno de Estados Unidos que son la auténtica razón de la persecución, encarcelamiento y actual juicio contra Assange, ninguno avergonzó tanto a los apologistas de la guerra como la publicación de dicho video, que registra con despiadado detalle el ataque contra doce hombres y dos niños.

Entre los muertos estaba el fotógrafo de Reuters de 22 años Namir Noor-Elden y su conductor y ayudante de 40 años Saeed Chmagh. Los artilleros del Apache no habrían visto a los niños; iban en el interior de una camioneta conducida por un hombre, su padre, quién con otros dos buenos samaritanos intentaron ayudar al herido Chmagh. Les llamo samaritanos porque no hay ninguna razón para llamarles de otra manera. No devolvieron los disparos y no iban armados. Los artilleros estadounidenses especularon con la idea de que eran insurgentes, igual que especularon que Noor-Eldeen y Chmagh llevaban armas. El informe posterior determinó que todo lo que provocó esta atroz carnicería había estado justificado. Lo mismo hizo David Finkel, un reportero del Washington Post que acompañaba al ejército de EE.UU. y narró este ataque en su libro de 2009 “The Good Soldiers” (Los buenos soldados). Aunque la descripción de los hechos es la de un crimen de guerra, él concluye que los 140 disparos con el cañón de 30 milímetros del Apache son parte de la realidad de una guerra que el resto de nosotros, cómodos con nuestras opiniones, a salvo en nuestras casas y sin poder hacernos cargo del contexto, nunca podremos entender y no deberíamos cuestionar.

Pero el caso de Danny Holmes nos obliga a plantearnos su relato.

También conocemos su historia por Finkel, que siguió a algunos de los miembros del batallón con los que había convivido cuando volvieron a casa, y sobre cuyas tribulaciones escribió en otro libro, publicado en 2013, “Thank You for Your Service” (Gracias por vuestro trabajo).

El pelotón se aproximó orgulloso tras el ataque, y al menos uno de los soldados que acompañaban a Holmes hizo fotos para documentar lo sucedido. Se supone que esas fotografías eran material reservado, pero los soldados suelen llevarse a casa fotografías reservadas de Irak, que en ocasiones muestran como si fueran trofeos de guerra. Finkel describe de este modo las fotos posteriores a la acción que obsesionaron a Danny Holmes:

“Cabezas medio desaparecidas, torsos completamente abiertos derramando sangre, con las entrañas fuera.

Primeros planos, bien enfocados, con la luz perfecta y el color perfecto.

En otras palabras, la guerra tal como la experimentan los soldados que la vivieron”.

Las imágenes granulosas en blanco y negro de “Asesinato colateral”, por muy perturbadoras que sean, no tienen nada que ver con esas fotografías.

Danny se las enseñó a su novia de 19 años, Shawnee, dos años antes de suicidarse. Le dijo que él había matado a “unas cuantas” personas y que eso no le causaba problemas. Pero ella había visto como le temblaba el labio al decirlo. Él no hablaba mucho de la guerra. La historia que contaba más a menudo era la de estar metido en un tiroteo con un hombre que sujetaba a una niña pequeña. Danny decía que disparó al hombre y también a la niña; que no tenía otra opción. Los detalles de la historia has sido narrada algunas veces, una niña de tres años con cabello largo, pero el lugar y el momento de los hechos está poco claro; nadie del batallón podía confirmarla. Pero Danny se despertaba una y otra vez de sus pesadillas diciendo a Shawnee: “veo niños por todas partes”.

La niña pequeña a la que sacaron de la camioneta de su padre tenía 3 o 4 años. Llevaba cristales en los ojos y en el pelo y había sufrido una herida en el vientre. Uno de los soldados que descubrió a los niños en el vehículo volcado vomitó y echó a correr, según el entonces soldado especialista Ethan McCord, quien sacó a la niña y luego volvió a por su hermano, de 7 u 8 años, que tenía una herida en la cabeza. McCord contó años después al sitio web World Socialist que cuando llevaba a la niña en brazos pensó en su propia hija. El jefe de su pelotón le gritó: “¡Deja de preocuparte por esos putos niños!”. De regreso a la base, después de limpiarse la sangre de los niños del uniforme, McCord acudió a su sargento primero y le dijo que necesitaba ver a alguien de salud mental. “No seas mariquita”, dice McCord que le contestó.

Muchos meses más tarde, cuando regresó a Estados Unidos, McCord consideró meterse una bala en la cabeza, “pero cada vez que lo pensaba, miraba las fotos de mis hijos y pensaba en aquel día y en cómo se llevaron al padre de esos niños y lo horrible que debió ser para ellos”.

Cuando Wikileaks publicó el video en 2010, McCord empezó a tener pesadillas otra vez, y “la ira, la sensación de haber sido utilizado volvió de nuevo”. Él y otro miembro de la compañía, el soldado especialista Josh Stieber, que no estuvo en el lugar de los hechos ese día, escribieron una carta abierta de reconciliación y asunción de responsabilidad al pueblo iraquí. En ella reconocían su responsabilidad “por llevar el combate a su barrio” y solicitaban el perdón porque “hicimos con ustedes lo que no querríamos que hicieran con nosotros”.

Danny Holmes tenía una hija con su novia. Tras su nacimiento, según Shawnee, empezó a contar la alucinada historia del asesinato de la niña pequeña en Irak con más frecuencia. En su segundo libro, David Finkel desdeña los “absolutos y las certeza” de quienes observan horrorizados el video de Wikileaks pero él mismo no hace nada por poner en duda su propia certeza, expresada en el primer libro, de que el ataque estuvo justificado. En cualquier caso, de todas las historias de veteranos con secuelas de la guerra que cuenta Finkel en su libro, Danny Holmes es el único a quien vemos obsesionado por las imágenes de personas con los cuerpos reventados por las balas de un cañón de 30 milímetros.

Danny tenía 32 años cuando acabó con su vida. Se había deteriorado mucho desde la época en que Shawnee lo conoció en una fiesta. Se enfadaba con frecuencia y daba miedo. Le pidió a ella que escondiera su colección de cuchillos. Shawnee le sugirió que buscara ayuda, él dijo que lo haría, pero nunca lo hizo. Una historia familiar. El último día de su vida ella había hecho planes para salir por la noche con amigos. “Necesito hablar”, le dijo él esa mañana, pero ella tenía que hacer la colada, luego teñirse el pelo; “Quiero hablar… ¿Serías tan amable de hablar conmigo?”… mientras ella limpiaba la casa, lavaba el coche, se duchaba y se preparaba para salir. Esa noche ella bebió demasiado, la policía le paró el coche y pasó la noche en la cárcel. Cuando llegó a casa de madrugada se encontró a su pareja ahorcada en las escaleras con su cordel del paracaídas militar.

Shawnee se figuró que ató un extremo del cordel en lo alto de la escalera, hizo un lazo en el otro extremo y se lo colocó alrededor del cuello, para luego echar a correr y dar un salto. La operadora del 911 le pidió que lo bajara cortando la cuerda. Según explicó a Finkel, se produjo un sonido, un “boing”, que resuena en su cabeza una y otra vez. El forense dijo que probablemente tardó 10 minutos en morir. Cuando subió a la habitación del bebé encontró una almohada en el suelo, junto a la cuna. Ella se pregunta si Danny lo había dejado allí antes de saltar, al despedirse de su hija.

Ese día lleno de distracciones Shawnee, entonces con 21 años, podría haber sido cualquier estadounidense y Danny cualquier soldado angustiado. Desde entonces, las distracciones en todo el país se han multiplicado muchas veces, lo que solo explica en parte por qué no se ha producido una protesta masiva por Chelsea Manning, la primera que vio y luego filtró el video del Apache, que vuelve a estar en prisión por negarse a colaborar con Estados Unidos para procesar a Assange; tampoco se ha producido ninguna protesta masiva por Assange; ni movimientos de masas contra la guerra; ni una preocupación particular por los muertos y mutilados, incluyendo los 60.000 veteranos de guerra de EE.UU. que se suicidaron entre 2008 y 2017, según un informe del año pasado del Departamento de Asuntos de los Veteranos.

McCord y Stieber hicieron hincapié en su carta abierta en que “lo que se mostraba en el video de Wikileaks solo es una pequeña muestra del sufrimiento que hemos causado”. La enormidad de ese sufrimiento es lo que devoró a Danny Holmes. Eso es lo que querían expresar Manning y Assange al revelar los secretos de la maquinaria bélica de EE.UU, arriesgando su libertad y su vida al hacerlo. Eso es, en realidad, lo que Finkel hace en sus libros, aunque Finkel dice que él no pretende otra cosa que explicar las realidades de la guerra a los estadounidenses. Su labor le valió una “beca para genios” [de la Fundación MacArthur]. Por su parte los soldados, que no recibieron elogios, denunciaban “las políticas destructivas de los líderes de nuestra nación” y hacían un llamamiento a honrar “nuestra humanidad común”.

Eso pasó hace una década. No hemos avanzado nada. Assange es un enemigo público.

De alguna manera, la carta escrita por los soldados llegó hasta Ahlam Abdelhussein Tuman, la viuda del hombre que conducía la camioneta en Irak y la madre de los niños que McCord había llevado en brazos. En 2010 esta mujer declaró al Times de Londres: “Puedo aceptar sus disculpas porque salvaron a mis hijos y, de no ser por ellos, tal vez mis dos pequeños estarían muertos”.

Luego añadió: “Me gustaría que el pueblo estadounidense y el mundo entero comprendieran lo que ha ocurrido aquí, en Irak. Hemos perdido nuestro país y han destrozado nuestras vidas”.

Por Joann Wypijewski | 07/10/2020

Traducido para Rebelión por Paco Muñoz de Bustillo

Fuente: https://www.counterpunch.org/2020/09/07/collateral-murder-post-script/

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Miércoles, 25 Marzo 2020 06:11

A las puertas de un nuevo orden mundial

A las puertas de un nuevo orden mundial

El hecho de que las “democracias” europeas hayan copiado los modos chinos de abordar la epidemia de coronavirus es una muestra de que el dragón ya es referente y ejemplo en cuanto al control social de la población.

 

La pandemia supone la profundización de la decadencia y crisis del sistema que, en el tiempo corto, habría comenzado en 2008, y en el largo se extiende desde la revolución mundial de 1968. Entramos en un período de caos del sistema-mundo, que es la condición previa para la formación de un nuevo orden global.

En efecto, las principales tendencias en curso —militarización, declive hegemónico de Estados Unidos y ascenso de Asia Pacífico, fin de la globalización neoliberal, reforzamiento de los Estados y auge de las ultraderechas— son procesos de largo aliento que se aceleran en esta coyuntura.

Desde una mirada geopolítica, China ha mostrado capacidad para salir adelante, sobreponerse a las dificultades y continuar su ascenso como potencia global que en pocas décadas será hegemónica. La cohesión de la población y un Gobierno eficiente son dos aspectos centrales que explican en gran medida la resiliencia/resistencia china.

La dura experiencia vivida por su pueblo en los dos últimos siglos —desde las guerras del opio hasta la invasión japonesa— ayuda a explicar su capacidad para sobrellevar tragedias. La revolución socialista de 1949, además de la nacionalista de 1911, y la notable mejora en la calidad de vida del conjunto de la población, explican la cohesión en torno al Partido Comunista y al Estado, más allá de las opiniones que se tengan de esas instituciones.

Por el contrario, la división interna que vive la población estadounidense —evidenciada en las últimas elecciones y en la epidemia de opiáceos que ha disminuido la esperanza de vida— se conjuga con un Gobierno errático, imperial y machista, del que desconfían incluso sus más cercanos aliados.

La Unión Europea está aún peor que Estados Unidos. Desde la crisis de 2008 perdió su brújula estratégica, no supo despegarse de la política de Washington y del Pentágono y evitó tomar decisiones que incluso la benefician, como la finalización del gasoducto Nord Stream 2, paralizado por presiones de Trump. El euro no es una moneda confiable y la nunca concretada salida del Reino Unido de la Unión Europea enseña la debilidad de las instituciones comunes.

La financiarización de la economía, dependiente de la gran banca corrupta e ineficiente, ha convertido la eurozona en una “economía de riesgo”, sin rumbo ni orientación de larga duración. La impresión es que Europa está destinada a acompañar el declive estadounidense, ya que ha sido incapaz de romper el cordón umbilical amarrado desde el Plan Marshall.

Tanto Estados Unidos como la Unión Europea, ni qué decir de los países latinoamericanos, sufrirán los efectos económicos de la pandemia con mucha mayor intensidad que los asiáticos. Estos han mostrado, desde Japón y China hasta Singapur y Corea del Sur, una notable capacidad para superar esta adversidad.

Una reciente encuesta de Foreign Policy entre doce intelectuales destacados concluye que Estados Unidos perdió su capacidad de liderazgo global y el eje del poder mundial se traslada a Asia. La pandemia es la tumba de la globalización neoliberal, en tanto la del futuro será una globalización más “amable”, centrada en China y Asia Pacífico.

Hegemonía tecnológica

En las principales y decisivas tecnologías, China está a la cabeza. Se mantiene al frente en la construcción de redes 5G, en inteligencia artificial, computación cuántica y superordenadores. El economista Óscar Ugarteche, del Observatorio Económico de América Latina (Obela), sostiene que “China es la fuente de cinco ramas de la economía mundial: farmoquímica, automotriz, aeronáutica, electrónica y telecomunicaciones”. 

De modo que el cierre de las fábricas frena la producción de estas cinco ramas en el mundo. China producía ya en 2017 el 30% de la energía solar del mundo, por encima de la UE y el doble que Estados Unidos. La lista Top500 de los mayores superordenadores del mundo revela que China posee 227 de 500 (el 45%), frente a solo 118 de Estados Unidos, su mínimo histórico. Diez años atrás, en 2009, China tenía solo 21 superordenadores frente a 277 de la entonces superpotencia.

El triunfo chino en la carrera tecnológica no quiere decir que su sociedad sea la deseable desde el punto de vista de quienes deseamos una sociedad poscapitalista, democrática y no patriarcal. El control social en China es asfixiante: desde las millones de cámaras que vigilan a las personas hasta el diabólico sistema de “crédito social” que otorga y quita puntos según el comportamiento correcto de sus ciudadanos, así como la estigmatización y discriminación de las personas LGBTI.

En el resto del mundo las cosas no van mejor. El hecho de que las “democracias” europeas hayan copiado los modos chinos de abordar la epidemia de coronavirus es una muestra de que el dragón ya es referente y ejemplo en cuanto al control social de la población. “El mundo ha aprendido del país asiático”, destaca el periódico empresarial El Economista.

El auge de los fascismos en Europa y en Américas Latina —no solo a nivel de partidos, sino ese fascismo social difuso pero contundente, focalizado contra disidentes y emigrantes porque lucen comportamientos distintos y otro color de piel— va de la mano del vaciamiento de las democracias. Estas van quedando apenas como ejercicios electorales que no garantizan el menor cambio, ni la menor influencia de la población en las políticas estatales.

La experiencia del Gobierno de Syriza en Grecia, así como del Partido de Trabajadores en Brasil, debería ser motivo de reflexión para las izquierdas del mundo sobre las dificultades para mover la aguja de la economía y la política. Aun concediendo que se llevaron adelante con las mejores intenciones, el saldo de sus gestiones no solo es pobre, sino regresivo en los aspectos macroeconómico y respecto al empoderamiento de las sociedades.

El panorama para los movimientos es más que complejo, pero no es uniforme. Los que han hecho de la manifestación y otras acciones públicas su eje central son los más afectados. Sin embargo, los de base territorial tienen una situación potencialmente mejor. A todos nos afecta, empero, la militarización.

Los pueblos originarios y negros de América Latina, con destaque del zapatismo, los nasa-misak de Colombia y los mapuche, están en mejores condiciones. Algo similar puede suceder con los proyectos autogestionados, las huertas o los espacios colectivos con posibilidades de cultivar alimentos.

En todo caso, el militarismo, el fascismo y las tecnologías de control poblacional son enemigos poderosos que, aunados, pueden hacernos un daño inmenso, al punto de revertir los desarrollos que han tejido los movimientos desde la anterior crisis.

25 mar 2020 06

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