Miércoles, 06 Julio 2022 05:29

Las cuatro causas de Aristóteles

Las cuatro causas de Aristóteles

Estados Unidos, que no tiene problemas de seguridad propios, lanza regularmente guerras en el exterior y fomenta procesos de militarización por delegación sin pagar ningún precio por ello y sin aprender nada en absoluto de sus errores. El resultado es la arrogancia.

 

De acuerdo con Aristóteles no podemos entender algo a menos que entendamos lo que lo causa, pero la “causa” para Aristóteles era un concepto complejo y multiestratificado. En el caso de la actual guerra entre Ucrania y Rusia, Aristóteles habría descrito la invasión rusa de Ucrania como la causa eficiente –el precipitante inmediato–, pero habría argumentado que una comprensión más exhaustiva del acontecimiento debe incluir la historia material de Europa; la forma dada a esa historia por la Segunda Guerra Mundial y sus dilatadas y persistentes consecuencias, que otorgaron a Estados Unidos el control efectivo del continente; y la dirección final o general de la historia que está en juego en el conflicto.

Quiero concentrarme aquí en la forma dada al conflicto por el papel preponderante desempeñado por Estados Unidos en la política europea. Me centraré en cinco cuestiones interrelacionadas entre sí: la relación general de Estados Unidos con Europa; el autogobierno europeo; la cuestión alemana; la cuestión rusa; y Eurasia.

El punto de partida para comprender el papel de Estados Unidos en Europa debe ser la Doctrina Monroe de 1823. Provocada por las revueltas latinoamericanas contra España, la doctrina pretendía impedir la intervención europea en el hemisferio occidental, pretensión reequilibrada, sin embargo, por la promesa, expresada en palabras del presidente Monroe, de “no interferir en los asuntos internos de ninguna potencia [europea]”, es decir, “considerar de facto a todo gobierno [europeo existente] como el gobierno legítimo a nuestros ojos”.

La doctrina se modificó en el siglo XX, primero por el rechazo de Woodrow Wilson a la política de equilibrio de poder y su apelación al “internacionalismo”, pero este cambio fue siempre unilateral. Estados Unidos conservó su “derecho”, basado en la Doctrina Monroe, a excluir la injerencia “extranjera” en el hemisferio occidental, pero asumió un nuevo derecho a interferir en cualquier otra parte del mundo, lo cual despejó el camino a la situación actual: Estados Unidos no sólo es preponderante en Europa a día de día, sino que esta preponderancia refleja un enorme desequilibrio global.

En segundo lugar, el poder desproporcionado de Estados Unidos refleja las antiguas dificultades que ha tenido Europa para organizar sus propias relaciones. En efecto, los gobiernos europeos han sido infantilizados desde la Segunda Guerra Mundial. El ejemplo más evidente es el hecho de que el Comandante Supremo Aliado de la OTAN en Europa tenga que ser un general estadounidense. Los gobiernos europeos desconfían unos de otros, pero en lugar de resolver sus diferencias, se apoyan en Estados Unidos. También desde el punto de vista financiero, la seguridad europea está respaldada por la riqueza estadounidense a costa de la autonomía europea. La Declaración de la Cumbre de Bucarest de 2008 a tenor de la cual “la OTAN da la bienvenida a las aspiraciones euroatlánticas de Ucrania y Georgia”, se topó con la oposición de Francia y Alemania, pero fue en vano. Esto tiene enormes consecuencias para la crisis actual.

En tercer lugar, el poder estadounidense en Europa ha ocupado el lugar de la solución a largo plazo de la “cuestión alemana”. En virtud de su tamaño, su posición geográfica y su poder económico, Alemania debería desempeñar un papel destacado en la mediación entre el Este y el Oeste, es decir, entre Rusia y Europa Occidental, pero, en buena parte debido a la catástrofe del nazismo, se ha mostrado reacia a tenerlo, lo cual ha provocado un vacío, que Estados Unidos ha llenado de forma negativa mediante la perpetuación de la división entre Europa Occidental y Oriental, iniciada como una forma de colonialismo tras la Segunda Guerra Mundial. Sin duda, Estados Unidos ha sido fundamental para fomentar el desarrollo económico de Europa del Este, pero a costa de potenciar los grupos más rusófobos de la región, que históricamente se han situado en la derecha. El papel de Polonia en la organización de los “centros clandestinos de detención y tortura” de la CIA es un ejemplo de lo que quiero decir.


En cuarto lugar, las posibilidades de paz que la Unión Soviética ofreció tanto a Europa como a Estados Unidos en 1989-1990 durante el mandato de Gorbachov fueron de un tipo que se presenta muy raramente, tal vez ni siquiera una vez cada cien años. Gorbachov habló de ”nuestro hogar común europeo“. Sin embargo, bajo el liderazgo estadounidense, la respuesta de Occidente fue ampliar la OTAN, una alianza antirrusa tanto en sus orígenes como en la actualidad, e imponer el modelo de la terapia de choque a la economía rusa. Históricamente, Rusia siempre ha tenido elementos democráticos y estatistas. El papel preponderante de Estados Unidos fomentó el lado estatista de su política, que no era en absoluto inevitablemente dominante. Nadie puede decir realmente cómo se habría desarrollado la Rusia después de 1989 si no hubiera sido tratada con desdén y hostilidad, pero esas son las condiciones que produjeron a Putin.

En quinto lugar, el “internacionalismo” estadounidense, como demuestra su desproporcionado papel en Europa, tiene implicaciones globales, especialmente para Asia Oriental. A finales del siglo XIX y principios del XX, cuando la política exterior estadounidense empezó a pasar del equilibrio de poder implícito en la Doctrina Monroe a su grandioso y vago “internacionalismo”, pensadores como Halford Mackinder (1861-1947), posiblemente el geógrafo favorito de Theodore Roosevelt, empezaron a considerar el valor de mantener la península europea dividida de Rusia. Para Mackinder, esa división era preferible a formas de paz y cooperación que harían de Eurasia, el “corazón del mundo”, el centro de la geopolítica, lo cual reduciría el poder marítimo estadounidense a un papel secundario. De forma consciente o no, los pensadores estadounidenses se guiaron por esta idea no sólo en 1989, sino también en 1917 y 1945. En otras palabras, han tratado de mantener a Europa y a Rusia divididas, lo cual tiene implicaciones para las actuales relaciones de Estados Unidos no sólo con Rusia, sino también con China.

Para concluir, creo que no cabe duda de que Estados Unidos ha contribuido a la paz mundial, especialmente por el papel desempeñado en la derrota del fascismo alemán e italiano y del militarismo japonés, y por llenar el vacío creado en Europa tras la Segunda Guerra Mundial. Pero esta historia ha dejado la política mundial con un problema fundamental en su centro: el papel desproporcionado de Estados Unidos. Este problema no es meramente contingente, es estructural. Estados Unidos, que no tiene problemas de seguridad propios, lanza regularmente guerras en el exterior, como en Vietnam, Iraq o Afganistán, y fomenta procesos de militarización por delegación, como en Europa del Este y Ucrania, sin pagar ningún precio por ello y sin aprender nada en absoluto de sus errores. El resultado es la arrogancia. Esto tiene implicaciones inmediatas para el conflicto de Ucrania, porque los dirigentes estadounidenses tienen interés en que la guerra continúe. Como argumentó Aristóteles, no podemos entender ningún acontecimiento simplemente en su contexto inmediato, sino que necesitamos comprender las causas a largo plazo, tanto en el sentido de lo que provocó el acontecimiento como en el sentido de la ”causa final" a la que este sirve.

6 jul 2022

London Review of Books

Artículo original: Aristotle four causes, publicado por London Review of Books y traducido con permiso por El Salto.

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  Imagen de militares ucranianos se dirigen en un autobús a sus posiciones cerca de la ciudad de Severodonetsk de la zona de Luhansk, Ucrania, 19 de junio de 2022. — Oleksandr Ratushniak / EFE. — Oleksandr Ratushniak / EFE

La invasión rusa de Ucrania cumple cuatro meses. 121 días marcados por bombardeos constantes y cambios de estrategia.

 

Este viernes se cumplen cuatro meses desde el inicio de la guerra en Ucrania. Son 121 días marcados por la invasión de Rusia, que, lejos de terminar, no para de incrementar el número de muertos, heridos y refugiados. 

Lejos del frente de guerra, en los despachos de Bruselas, Ucrania ha conseguido convertirse en país candidato a la Unión Europea. Casi al mismo tiempo, las fuerzas ucranianas tenían que retirarse de la sitiada ciudad de Severodonetsk. A continuación, repasamos los hitos más relevantes desde que las tropas rusas iniciaran la invasión de Ucrania el 24 de febrero

Primeras semanas de guerra

Lo que ocurre a día de hoy entre Rusia y Ucrania viene de lejos. Hace ocho años que el conflicto entre ambos países se avivó debido a los enfrentamientos por las dos regiones orientales de ucrania. La zona del Donbás, muy relevante en el transcurso de estos cuatro meses de guerra, es un enclave geoestratégico para el Kremlin. 

Vladimir Putin firmó el 21 de febrero los decretos que reconocían a las Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk. Este primer movimiento de Putin fue visto con recelo por parte de Occidente. Tres días después, comenzaron los bombardeos a las principales ciudades ucranianas

El miedo a una escalada del conflicto con implicaciones nucleares tomó forma cuando las tropas rusas atacaran y tomaran la planta de Zaporiyia, la mayor de Europa. Los militares de Putin también se hicieron con el control de la central Chernóbil, que, según Ucrania, abandonaron a finales de marzo.

Durante el mes de marzo se comenzó a entender la magnitud de la invasión por las grandes pérdidas humanas y materiales. Cientos de miles de civiles ucranianos salieron del país convirtiéndose ahora en refugiados de guerra. Las ciudades claves durante la ofensiva este mes fueron: Járkov (segunda ciudad del país), Jersón y la ciudad portuaria de Mariúpol (principal foco de los ataques rusos. 

La matanza de Bucha

Abril tiene un nombre propio: Bucha. Esta ciudad cercana Kiev sufrió una de las peores matanzas vividas en Europa en los últimos 27 años. Las imágenes de los cadáveres en las calles de la pequeña localidad conmocionaron al mundo entero. Unos días después, Rusia era expulsada del Consejo de Derechos Humanos de la ONU.

A partir de ese momento, Moscú centró sus esfuerzos en "liberar el Donbás", región en la que las tropas rusas tenían un gran objetivo: Mariúpol. El Kremlin centró sus esfuerzos en conquistar este enclave estratégico situado a orillas del mar de Azov. Finalmente, el Ejército de Putin se hizo con el control total de la ciudad tras acabar con la resistencia ucraniana en la planta de Azovstal, donde llegaron a estar atrapados cientos de civiles.

El presidente ruso tenía prisa por ofrecer un triunfo importante de cara a la celebración del Día de la Victoria del 9 de mayo. Y es que lo que no se esperaba Putin es la resistencia de Ucrania, cuyos militares no lo han puesto nada fácil en el campo de batalla. Que Suecia y Finlandia rompiesen su neutralidad histórica en favor de ingresar en la OTAN no sentó tampoco muy bien a Rusia.

La situación en Severodonetsk

Este mismo viernes, Serhiy Haidai, el jefe de la Administración Militar de la región de Lugansk, una de las dos que componen el Donbás, ha anunciado a través de su cuenta de Telegram que "lamentablemente" los ucranianos van a tener que retirar sus tropas de este enclave, ya que las posiciones están "rotas" y el número de muertos estaba creciendo. 

Prosiguió su mensaje diciendo que: "Los rusos bombardean Severodonetsk casi todos los días desde hace cuatro meses" y que "la infraestructura de la ciudad fue completamente destruida, el 90% de las casas fueron dañadas o destruidas por completo". 

Mientras tanto, la ofensiva en Lugansk prosigue: "Las tropas rusas continúan las operaciones ofensivas en la zona operativa oriental para obtener el control total de la región de Donetsk y Lugansk", informó este viernes el Estado Mayor General de las Fuerzas Armadas de Ucrania en su página oficial de Facebook.

No es Severodonetsk el único territorio al que tienen que resignarse a rechazar las tropas ucranianas, pues desde que comenzó la guerra Rusia ejerce el control militar sobre una quinta parte del país invadido. 

Desde mediados del mes de mayo, su avance se ha quedado estancado pero ha permitido a Moscú que ejerza un control efectivo en toda la costa ucraniana del mar de Azov. También en regiones del este y el sur del país, controlando principalmente las provincias de Jersón, Zaporiyia, Donetsk, Lugansk, Mariúpol y, ahora también, Severodonetsk.

La situación humanitaria del país es desastrosa. La ONU ha reportado más de 4.000 civiles fallecidos y alerta de que las cifras reales son considerablemente más altas. La guerra ha provocado unos cinco millones de refugiados ucranianos, que han tenido que huir a otros países europeos, y más de siete millones de desplazados internos, según datos de ACNUR.

Una nueva etapa para Kiev

Este jueves 23 de junio se abrió una nueva etapa para Kiev, que cada vez más cerca su ingreso en la Unión Europea. Bruselas otorgó formalmente el estatus de candidato a entrar en el bloque a Ucrania después de que el Gobierno de Volodímir Zelenski lo pidiera apenas cuatro después del inicio de la guerra.

La reunión de los jefes de Estado europeos estuvo marcada por una predecible unanimidad, pero sin obviar las reformas que el bloque comunitario reclama a Kiev. Estas se centran en la independencia judicial, en la lucha contra la corrupción y el crimen organizado, así como legislar para limitar el poder de los oligarcas.

Al respecto, Rusia espera que el paso dado por la UE no cause más problemas al país, según ha declarado el portavoz de la Presidencia rusa, Dmitri Peskov. Peskov ha expresado también su esperanza en que esta medida "no conduzca a un futuro empeoramiento de nuestras relaciones con la UE, aunque es muy difícil estropearlas más, ya están bastante deterioradas".

Zelenski, en la cumbre de la OTAN en Madrid

La cumbre de la OTAN en Madrid tomará decisiones "importantes", según ha señalado el secretario general de la Alianza, Jens Stoltenberg. La cumbre se llevará a cabo los próximos 29 y 30 de junio. Y en ella participará Zelenski por videoconferencia, tal y como ha anunciado el ministro de Exteriores, José Manuel Albares.

Todo apunta a que el presidente ucraniano estará presente en la sesión inaugural. En la cumbre se abordará la cuestión ucraniana y se aprobará una declaración final en la que se abordará un nuevo concepto estratégico en materia de defensa.

Por María Crespo

madrid

24/06/2022 22:50

 

 

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Ucrania, cada vez más cerca de ser parte de la Unión Europea. Imagen: AFP

El tablero geopolítico en medio de la guerra en Europa

La decisión fue una resolución en tiempo récord como respuesta política a Rusia.

Los países de la Unión Europea (UE) acordaron conceder a Ucrania y Moldavia el estatus de candidatos a la adhesión al bloque, una decisión adoptada en tiempo récord como respuesta política a Rusia. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, sostuvo que se trata de una señal de fortaleza "frente al imperialismo ruso" abrir el proceso de incorporación de las dos ex naciones soviéticas, a pesar de que el proceso de ingreso a la UE puede demorar años. 

A pesar de ser solo un primer paso para ingresar al bloque económico, el presidente ucraniano, Vladimir Zelenski, lo celebró como "un momento único e histórico en las relaciones entre Ucrania y la UE" y agregó que "el futuro de Ucrania se encuentra en el seno de la UE".

"Esta decisión nos fortalece a todos. Fortalece a Ucrania, Moldavia y Georgia, frente al imperialismo ruso. Y fortalece a la UE. Porque demuestra una vez más al mundo que estamos unidos y somos fuertes frente a las amenazas externas", se sumó Von der Leyen, mientras que el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, coincidió en calificarlo como un "hecho histórico". 

En la misma reunión, se decidió dejar un paso atrás a Georgia -otra ex república soviética-, que deberá avanzar con ciertas reformas para alcanzar el estatus de país candidato, según decidió la cumbre del bloque. Charles señaló que se trata de "prioridades pendientes" que, una vez resueltas, le permitirá al país donde nació Joseph Stalin alcanzar el estatus de candidato para ingresar a la UE.  

La cumbre de este jueves en Bruselas fue la primera de tres que se celebrarán en una semana en Europa, que pondrán a prueba el grado de unidad de Occidente para apoyar a Ucrania en medio de tensiones geopolíticas en aumento y del creciente impacto económico del conflicto.

Del domingo al martes, los líderes del Grupo de los Siete (G7) protagonizarán su cumbre anual en Alemania y, tras ella, los gobernantes de la OTAN se reunirán en España para debatir, en medio de diferencias, el ingreso de Finlandia y Suecia.

"Espero que los ucranianos no se hagan ilusiones" 

El caso de adhesión de Ucrania reavivó más temprano la frustración de países de los Balcanes Occidentales que desde hace años son candidatos a ingresar a la UE y cuyo proceso de adhesión chocó con escollos difíciles de salvar. Macedonia del Norte, Albania, Montenegro y Serbia llevan varios años esperando, sin grandes avances en su adhesión al bloque, el mismo bloque que no escondió la prisa en conceder el estatus de país candidato a Ucrania y a Moldavia.

Líderes de la UE y de los Balcanes occidentales mantuvieron una reunión en Bruselas, que terminó sin que haya sido posible verificar cualquier avance. "No hemos obtenido nada", resumió el Alexandar Vucic, presidente de Serbia, tras el encuentro. En tanto, el primer ministro de Albania, Edi Rama, dijo que la situación actual es "verdaderamente muy, muy preocupante". 

"Macedonia del Norte es candidato desde hace 17 años, si no perdí la cuenta. Albania, desde hace ocho. De forma que bienvenida, Ucrania. Es bueno que se le reconozca a Ucrania el estatus. Pero espero que los ucranianos no se hagan ilusiones", expresó el mandatario albanés.

Albania y Macedonia del Norte están frustrados porque Bulgaria usó su estatus de miembro de la UE para bloquear sus adhesiones. Los tres son países de la OTAN.

Bulgaria tiene una disputa con Macedonia del Norte relativa a cuestiones étnicas y lingüísticas, y esa pulseada ha trabado también el proceso de adhesión de Albania, porque la UE considera a los tres dentro del mismo paquete.

"Es una vergüenza que un país de la OTAN, Bulgaria, secuestre a dos países de la OTAN, Albania y Macedonia del Norte, en medio de una guerra en el patio de Europa, mientras los otros 26 países permanecen sentados en demostración de impotencia", dijo Rama.

El jefe de la diplomacia de la UE, Josep Borrell, dijo en Bruselas que la regla que requiere la aprobación unánime de los actuales miembros de la UE "es un gran problema" a la hora de tomar decisiones.

"Por lo tanto, tenemos que pensar cómo tomamos decisiones en la UE, porque no podemos seguir con un solo país que bloquea durante meses y meses", agregó.

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Jueves, 23 Junio 2022 05:52

Hablemos de China, ahora que podemos

Los soldados del Ejército Popular de Liberación (EPL) de la guarnición de Hong Kong se sientan firmes mientras escuchan los discursos durante una ceremonia de despedida a la que asistió el vicepresidente de la Comisión Militar Central, Liu Huaqing, en Tong Le Camp en Shenzhen el 30 de junio de 1997 antes de cruzar la frontera en medianoche para marcar el traspaso de Hong Kong del dominio británico al chino. Manny CENETA / AF

Visto lo que se ha visto –y sigue viendo- con Rusia por ‘lo’ de Ucrania, puede uno imaginarse qué pasará cuando estalle ‘lo’ de EEUU con China. Así que toca aprovechar que aún se puede hablar de China y del tema sin que surjan guillotinas y alambradas. Ya saben que, en esta feliz, docta y esbelta Europa del gallinero, se defiende la libertad de expresión censurándola y los derechos humanos cerrando los ojos ante crímenes como los de Israel en Palestina y los de Arabia Saudita –la garganta profunda del mercado de armas- en Yemen. Considerando que la UE ha declarado a China "rival sistémico" y que está a un paso de incorporarse a las mesnadas de EEUU en Asia-Pacífico, debemos aprovechar el espacio existente para contar cosas que deben contarse.

Aunque no es tema que se mencione en los relatos periodísticos, por razones que usted, dilecto y sagaz lector podrá imaginar, EEUU lleva décadas manteniendo ‘cercada’ marítimamente a China, si bien, hasta hace poco tiempo, dentro de unos parámetros, digamos, aceptables, por eso de hacer de la ofensa una virtud. No obstante, a partir de 2017 y, especialmente, de 2018, luego de oficializarse la doctrina militar aprobada ese año, EEUU pasó a calificar a China como su mayor amenaza mundial y a considerarla el único país capaz de desafiar el poder estadounidense en todos los ámbitos. En suma, la única potencia que amenazaba su hegemonía en el océano Pacífico, que es, para EEUU, el área más vital y estratégica del mundo (tomen notan, atlantitos). De la nueva estrategia de ‘contención’ de China nacieron distintas iniciativas, de las comerciales a las más abiertamente militares, sin otro objetivo que crear dos anillos de fuego que dejaran a China recluida en su territorio continental. China, de lo más ‘feliz’ con eso.

En épocas pretéritas y recientes, China observaba esas maniobras desde la prudencia y reaccionaba con iniciativas de orden económico y comercial, sin recurrir a alardes de fuerza o a plantear retos con espadas desenvainadas. Su prioridad eran continuar con su espectacular crecimiento económico y con la expansión de su comercio. No obstante, la nueva doctrina militar y política de EEUU le dejaba a China pocos espacios, de forma que, o callaba y tragaba los anillos de fuego, como una república bananera más, o bien reaccionaba con energía y plantaba cara a EEUU. Decidió, como es entendible, la segunda opción y aprobó un programa militar sin precedentes, con resultados notorios.

Como en estos temas en mejor dar los datos y documentos oficiales, para que se sepa que no andamos en plan tertulianos de lengua larga y conocimientos cortos, procedemos a ello. Puede que el documento más relevante sea el titulado Advantage at Sea, de diciembre de 2020, firmado, todos a una, por el general David Berger, comandante del Cuerpo de Marines, el almirante Michael M. Gilday, jefe de Operaciones Navales, y el almirante Karl L. Schultz, comandante de la Guardia Costera, es decir, los más altos jefes de la Fuerza Naval estadounidense. Si ya no les creen a ellos, entonces vean telenovelas. En el documento en cuestión se lee lo siguiente:

"Estados Unidos es una nación marítima. Nuestra seguridad y prosperidad dependen de los mares. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos ha construido, dirigido y promovido un sistema internacional basado en reglas a través de compromisos compartidos con nuestros aliados y socios. Las fuerzas desplegadas de la Armada, el Cuerpo de Marines y la Guardia Costera de EEUU, conocidas colectivamente como el Servicio Naval, han garantizado la seguridad de este sistema. El acceso libre y abierto a los océanos del mundo ha fomentado una extraordinaria era de riqueza y paz para muchas naciones. Ese sistema ahora está en riesgo."

Traducido a román paladino, con el cual se suele fablar a los vecinos, quiere dejar sentado que la paz, prosperidad y seguridad de EEUU depende de su dominio del mar y que ese dominio no es tema que pueda negociarse con nadie. Que EEUU debe seguir dominando los mares y océanos del mundo, única forma de garantizar sus intereses.

Importa también el informe salido a la luz pública en octubre de 2021, con el título China Naval Modernization: Implications for U.S. Navy Capabilities – Background and Issues for Congress (puede leerse en [https://sgp.fas.org/crs/row/RL33153.pdf]), elaborado por la Oficina de Inteligencia Naval (ONI, en sus siglas en inglés), donde se expresa –y no pasen por alto ninguna línea, por favor- lo siguiente:

"En una era de renovada competencia entre las grandes potencias, el esfuerzo de modernización militar de China, incluido su esfuerzo de modernización naval, se ha convertido en el foco principal de la planificación y del presupuesto de defensa de Estados Unidos. La Armada china, que China ha estado modernizando constantemente durante más de 25 años [...] se ha convertido en una fuerza militar formidable dentro de la región próxima al mar de la China, y está llevando a cabo un número creciente de operaciones en aguas más distantes, incluyendo aguas abiertas del Pacífico Occidental, el océano Índico y aguas de Europa.

"Se considera que la Armada de China representa un gran desafío para la capacidad de la Marina de EEUU de mantener el control, en tiempo de guerra, de las áreas oceánicas de aguas azules en el Pacífico Occidental, en el primer desafío de este tipo que ha enfrentado la Marina de EEUU desde el final de la Guerra Fría. La Armada china constituye un elemento clave de un desafío chino al estatus de larga data de Estados Unidos como la principal potencia militar en el Pacífico Occidental. Algunos observadores estadounidenses expresan preocupación o alarma con respecto al ritmo del esfuerzo de construcción naval de China y las tendencias resultantes con respecto a los tamaños y capacidades relativos de la Armada china y la Marina de EEUU."

Aclaramos ciertos conceptos, para que nuestros fieles y doctos lectores no pierdan la pista ni la señal. En léxico marinero anglosajón, la expresión ‘aguas azules’ hace referencia a la capacidad de una fuerza naval de realizar operaciones de combate mar afuera (esto se analiza más ampliamente en nuestro último libro). Actualmente, sólo EEUU, China, Rusia y –de lejos, Gran Bretaña-, tienen capacidad de operar en ‘aguas azules’. Esto sirve para medir qué potencias representar un reto y peligro para otras.

"Control en tiempos de guerra de las áreas oceánicas". EEUU indica que la –posible y probable- guerra con China será naval y dirimiría el control del Pacífico Occidental. Eso explica el vasto plan de desarrollo naval chino, así como que el presupuesto militar de EEUU, en el capítulo desarrollo e inversiones, esté destinado masivamente a reforzar cuanto sea posible su poder naval (lo que está teniendo sus repercusiones en Ucrania, pues EEUU se está quedando sin municiones y, cuando preguntaron qué pasaba, los ‘amunicionadores’ respondieron que habían dejado de fabricar bombas y proyectiles terrestres porque el presupuesto estaba dedicado a construir artefactos navales).

Sigamos. Para situar este el tema en su justa perspectiva, debemos recurrir otro documento clave de la estrategia marítima de EEUU. En el Advantage at Sea, de diciembre de 2020, las fuerzas navales estadounidenses establecieron este objetivo:

"Los mares disputados requieren un énfasis renovado en el control del mar. Negar a nuestros adversarios el uso de los mares frustra sus objetivos bélicos directos y desbarata sus esfuerzos por amenazar a nuestros aliados y a la patria estadounidense desde el dominio marítimo. Debemos aumentar nuestro énfasis en el control de los mares en los conflictos para proporcionar a las fuerzas conjuntas y aliadas la libertad de maniobra para atacar a las fuerzas adversarias e imponer costes a nivel mundial."

Volviendo otra vez al román paladino, EEUU considera como objetivo central de su estrategia anti-china impedir que la fuerza naval de China pueda acceder a los mares de ‘aguas azules’, que deben permanecer –léase al costo que sea- bajo control de la Marina de Guerra de EEUU. El "control de los mares en conflicto" sería la espina dorsal de la estrategia de guerra estadounidense. Aquí tenemos definido el teatro de operaciones de guerra, que serían los mares de la China y los espacios marítimos entre el primer anillo de fuego (que va de Corea del Sur a Singapur) y el segundo anillo, entre las islas Hawái y Australia, con Guam y la isla Drake como epicentros. "Negar a nuestros adversarios el uso de los mares" debe traducirse como hundir la flota adversaria y replegarla a la costa.

Está la situación tan clara que, a finales y mayo y principios de junio pasados, el ministro de Exteriores chino, Wang Yi, realizó una gira por los Estados archipelágicos de los poéticos Mares del Sur (Islas Salomón, Kiribati, Samoa, Fiyi, Tonga, Vanuatu, Papúa Nueva Guinea, Micronesia y Timor Oriental), países de escaso valor económico y comercial por su pequeñez, pero –ahora, merced a su señoría, EEUU- con un inmenso valor estratégico y geopolítico. China busca, simplemente, aliados que, de formas varias, le permitan disponer de infraestructuras más allá de los anillos de fuego –el talón de agua que construye EEUU- para, en caso dado, poder atacar por la retaguardia. EEUU y su fiel y segura servidora Australia, pusieron el grito en el cielo y más allá, y, desde entonces, están enviando delegaciones a todos y cada uno de estos países, para alejarlos de la "amenaza china". Entenderán, avispados lectores, cómo la estrategia hegemonista de EEUU convertirá esta vasta región, hasta hoy irrelevante, en campo de batalla entre esas dos grandes potencias. Es el Frente Pacífico. El Atlántico es Ucrania. En tal coyuntura y teniendo EEUU los planes que tiene, es natural el interés de China por fortalecer su Marina, que ya dispone, desde este mes, de su tercer portaaviones, el Fujian, a la espera del cuarto y del quinto, previstos para antes de 2030.

El pasado 15 de junio, los presidentes de Rusia y China conversaron por teléfono, para repasar la situación internacional y dar un nuevo espaldarazo a sus relaciones bilaterales. Entre otras cuestiones, acordaron ampliar la cooperación energética, financiera, comercial e industrial, recordando que, en 2021, sus intercambios alcanzaron la cifra récord de 200.000 millones de dólares. La conversación se ha producido después del más duro, prolongado y abierto enfrentamiento entre EEUU y China en la región de Asia-Pacífico, rebautizada por EEUU como Indo-Pacífico, como expresión de su nueva estrategia anti-china, que ha obligado a Beijing a olvidar su tradicional prudencia para, como se dice popularmente, enseñar los dientes con todo el filo de los colmillos. No piensen que Putin y Xi no habían conversado antes. Posiblemente lo hagan cada dos por tres. Lo destacable es el momento escogido para dar a conocer públicamente que han conversado. Han querido enviar un mensaje para quien quiera recibirlo: Rusia y China siguen siendo socios estratégicos y siguen juntos para enfrentar a EEUU y la OTAN.

Queda apuntar que EEUU, como no siente que con sus propios recursos pueda con China –menos aún si China y Rusia van de la mano- quiere que el gallinero europeo se una a su Frente Pacífico. Es decir, que vayan al otro lado del mundo a morir para mayor gloria de Washington. Este plan está tan madurado, que a la reunión de la OTAN en Madrid asistirá el ministro de Defensa de Japón, lo que no había ocurrido nunca.

La reunión madrileña de la OTAN será una auténtica misa negra con aquelarre final para crear un frente anti-chino y anti-ruso, preparatorio del primer conflicto auténticamente global de la historia humana. Pero, don't worry, be happy. ¿Para qué ocupar el tiempo en esas minucias si lo que importa es fichar a ‘cracks’ futbolistas? ¿Para qué, si toca discutir del sexo de los ángeles, que es lo que hacen las almas puras? Cuando la retreta llame a la recluta para los Mares del Sur no se sorprendan, angelitos.

Por Augusto Zamora R. Exembajador de Nicaragua en España. Autor de “De Ucrania al Mar de la China” (Akal)

23/06/2022

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Fuentes: Rebelión - Foto: Liberación de Saigón: evacuación cerca de la embajada de EE.UU., 30 de abril de 1975

Las guerras contra Vietnam, Irak y Afganistán fueron derrotas para Estados Unidos. Sin embargo, los medios dominantes y la industria cultural las presentaron no solo como victorias morales, sino también como victorias militares.

El experto en propaganda computacional, Samuel Woolley, en 2020 publicó en su libro The Reality Game la historia de Jascha, quien se había instalado en Ucrania en 2013, un año antes del golpe de Estado. Durante este período, “fue testigo de nuevas formas de manipular la opinión pública usando información de muy baja calidad destinada a determinados grupos en el país. Más tarde nos dimos cuenta de que Ucrania era la avanzada de la propaganda computacional en el mundo. Ahora [2020] cuando queremos tener una idea de hacia dónde va el futuro de las fake news y de los bots políticos, simplemente miramos hacia Ucrania usamos Ucrania como caso de estudio”. En Computacional Propaganda, libro en el que reunió en 2019 una decena de expertos, reiteró la idea: la manipulación de la opinión pública a través de la propaganda computacional ha sido una guerra entre Rusia y Occidente en Ucrania desde los primeros años del siglo XXI.

Aparte de la CIA, desde 1997 la OTAN se aseguró de fundar agencias en Ucrania, para que las milicias cibernéticas aprendan el arte de la guerra moderna, es decir, de la propaganda computacional, con la fundación del “Centro de Información y Documentación (NIDC)”. Según sus declaraciones de principios, se trataba de un mecanismo que apuntaba a “crear conciencia y comprensión sobre los objetivos de la OTAN en Ucrania”, formando por décadas a “periodistas independientes”.

Los diagnósticos de los expertos han sido abundantes y consistentes, pero ninguno ha alcanzado los titulares de los grandes medios occidentales. El 16 de marzo de 2022, Sean McFate, integrante del Atlantic Council, fue directo: “Rusia puede estar ganando la guerra en el campo de batalla, pero Ucrania está ganando la guerra de la información. Esa es la clave para obtener el apoyo y la simpatía de los aliados”. Un oficial del Departamento de Estado señaló que “los ucranianos han dado una clase magistral en guerra de información”. Otro alto funcionario de la OTAN, en calidad de anonimato, le reconoció al Washington Post que el gobierno de Ucrania estaba haciendo un “excelente trabajo de comunicación” y de “operación psicológica” junto con un centenar de compañías publicitarias y medios internacionales. Es probable que esta funcionaria anónima sea Natalia Popovych, presidenta de One Philosophy, poderoso grupo que gestiona la imagen de gigantes como Microsoft, McDonald’s, MasterCard y Opel, financiadas, a su vez por varios gobiernos europeos, por la embajada de Estados Unidos en Ucrania, la USAID y el Institute for Statecraft de Inglaterra.

La guerra de Washington en Vietnam, como en Irak o en Afganistán más recientemente, fue una vergonzosa derrota que los medios dominantes y la industria cultural se empeñaron en presentar como una victoria moral. Más que eso, se vendió como una victoria militar, sobre todo en las películas, al extremo que hasta estudiantes universitarios aún hoy se sorprenden cuando escuchan que su país perdió la mítica guerra de Vietnam, recordada en millones de gorras de baseball que usan los “héroes ancianos” en McDonald o en Walmart para que los dejen pasar primero en la fila de la caja y, de ser posible, se arrodillen y les repitan aquello de “gracias por su servicio”, “gracias por proteger la libertad de nuestra nación”. 

Al igual que la humillación de Bahía Cochinos en 1961, en Vietnam la derrota se basó, en alguna medida, en un defecto de la propaganda, pese al tsunami de millones de dólares inyectados por la administración de Johnson para demonizar a los disidentes más conocidos (Martin Luther King, Mohammed Ali, Noam Chomsky, Edward Said…) y a estudiantes que protestaban contra la guerra, hasta el extremo de reprimirlos a tiros en varias universidades. El resultado fue parcial pero sintomático: los padres de los estudiantes masacrados en universidades como Kent State University justificaron la violencia policial para evitar alguna forma de antipatripitsmo. 

En Cuba se debió a la observación del médico argentino Ernesto Guevara, quien en 1954 se encontraba en Guatemala cuando la CIA destruyó esa democracia manipulando los medios. Cuando la Revolución cubana triunfó en 1959, una anomalía histórica en América latina, Guevara aseguró: “Cuba no será otra Guatemala”. Las enigmáticas palabras revelaban mucho para quienes tenían algún conocimiento de la realidad, como el agente de la CIA David Atlee Phillips quien, luego de la vergonzosa derrota, afirmó: “Castro y Guevara aprendieron de la historia; nosotros no”. Una década después, ocurrió algo similar en Vietnam. La millonaria maquinaria propagandística de Washington había regado ese país no sólo con armas de destrucción masiva, como el Agente Naranja, sino también con seis mil millones de panfletos para convencer a la población de su superioridad moral. El resultado fue catastrófico: los vietnamitas usaron los panfletos como papel higiénico.

Tanto en las Guerras Bananeras, como en la Primer Guerra Fría, como en esta Segunda Guerra Fría, las estrategias de la propaganda imperial son las mismas. Una de las consecuencias directas de la guerra psicológica consiste en el objetivo maniqueo que el presidente George W. Bush resumió en su paranoia belicista: “O están con nosotros o están contra nosotros”. Como decía la CIA en los años 50, “nuestra principal arma escupe palabras, no balas”. De esta forma se secuestran los pueblos para que se identifiquen con sus gobiernos que, básicamente, son instrumentos de las multimillonarias corporaciones. Ese “nosotros” apela a lo que hace dos décadas llamamos “La enfermedad moral del patriotismo” (ver también, “Las fronteras mentales del tribalismo”). Nada diferente al lema de la dictadura brasileña: “Brasil, ame-o ou deixe-o”. Por “Brasil” querían decir “nuestra ideología, nuestra oligarquía, los dueños del país”. Bajo este lema expulsaron al pedagogo y teórico Paulo Freire, “por ignorante” y antipatriota. 

Esta estrategia de la propaganda convierte a cualquier crítico en un enemigo, tal como lo definiera la socialista convertida en halcón conservador del gobierno de Ronald Reagan, Jeane Kirkpatrick (no hay seres más resentidos que los conversos). Según la consejera y luego embajadora ante las Naciones Unidas, “aquellos que nos definen como una fuerza imperialista, racista, colonialista, genocida y guerrera, no son auténticos demócratas, no son amigos; se definen como enemigos y deben ser tratados como enemigos”.

Por esta lógica profundamente antidemocrática, gente decente que podría hacerle algún bien real a su propio país y al mundo se convierte con extrema facilidad en ciudadanos dóciles, autocensurados y funcionales a los intereses ajenos—en nombre de sus propios intereses, claro, porque en eso consiste cualquier tipo de propaganda.

Según mi modesto entender, no existe democracia sin dos requisitos fundamentales:

1) Tanto el poder político, económico como mediático deben estar supervisados y controlados por el pueblo (en el caso de las redes sociales, a través de comités internacionales);

2) Una democracia verdadera se mide por su tolerancia a la crítica radical, porque el pueblo también puede equivocarse, aún en un estado ideal donde su opinión no ha sido manipulada por el poder de turno.

Por Jorge Majfud | 22/06/2022 .

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. Imagen: AFP

Apuro para que Colombia sea aliado extra OTAN

El triunfo de Gustavo Petro no toma por sorpresa al establishment de los Estados Unidos. La posibilidad de que la izquierda finalmente llegara al gobierno en Colombia era una probabilidad cada vez más concreta, sobre todo, cuando desde el norte advirtieron que ni el oficialista Federico “Fico” Gutiérrez ni el otro candidato derrotado en el balotaje, Rodolfo Hernández, podían alcanzar a Petro en popularidad y votos.

De ahí el interés por amarrar acuerdos fundamentales antes de que se produjera un cambio de gobierno que muchos consideraron como inevitable. Los doscientos años de relaciones diplomáticas entre ambos países se presentó como la ocasión propicia para llevar adelante un acuerdo de esta naturaleza.

En efecto, el 26 de mayo, tres días antes de la primera vuelta electoral que consagraría a Petro como el candidato más votado, en Washington se presentó un proyecto que buscaba codificar como ley la actual designación de Colombia como “aliado extra OTAN”. Desde el gobierno estadounidense, se remarcó que éste era el tercer país latinoamericano en recibir esta distinción y que en la actualidad, la OTAN contaba con sólo 17 aliados en todo el planeta.

Por otro lado, se trata de una condición geopolítica de enorme importancia cuyo tratamiento resultaba por demás urgente ante la eventualidad de la expansión global de la crisis entre Rusia, Ucrania y el bloque del Atlántico Norte.

Concebido como el proyecto de “Ley del Bicentenario”, fue publicado de manera oficial hace menos de un mes por el poderoso dirigente demócrata Bob Menéndez, jefe del Comité de Relaciones Exteriores del Senado. Además de la firma de Menéndez, el proyecto fue presentado por el senador demócrata Tim Kaine, presidente del Subcomité sobre el Hemisferio Occidental.

El proyecto “Alianza entre Estados Unidos y Colombia” establece así la lucha en común contra la corrupción, que se presenta como el eje articulador de un acuerdo estratégico que pretende, además, “expandir el compromiso en cuestiones como el crecimiento económico inclusivo, la paz y la gobernanza democrática”.

Un papel no menor en este acuerdo lo cumple la necesidad de establecer criterios comunes en materia de “seguridad internacional", más aún, si toma en cuenta que la participación en la OTAN le proporciona a Colombia beneficios adicionales en términos de defensa y de comercio exterior.

Otros aspectos del acuerdo entre ambos países incluyen la formación de un comité consultivo para avanzar en la cooperación bilateral en materia de seguridad y de defensa cibernética, la donación de 200 millones de dólares para apoyar las inversiones en el sector tecnológico de Colombia y la elaboración de “nuevos informes clasificados sobre los disidentes de las FARC y las actividades malignas de países en el extranjero”.

Sin duda, el creciente desacople de la política exterior de Colombia de la de Estados Unidos se convertirá en el primer y principal desafío del gobierno de Gustavo Petro. Prácticamente de ese impulso deberá nutrirse una gestión que nace condicionada desde el vamos por poderosos factores externos.

En tanto que desde Washington, las principales espadas demócratas harán lo imposible para mantener las relaciones tal como se establecieron hasta ahora, en la conciencia de que cualquier derrota en este plano implicará un mayor debilitamiento para el gobierno de Joe Biden.

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Anuncia Biden otro envío de armas a Ucrania por mil mdd

El jefe de la OTAN apremia a los aliados a dotar de arsenales modernos al país eslavo // En asistencia humanitaria EU donará más de 200 mdd

 

Washington. El presidente estadunidense, Joe Biden, anunció ayer un nuevo envío de armamento a Ucrania, tras una conversación telefónica con su homólogo ucranio, Volodymir Zelensky, quien se dijo “agradecido” por la ayuda.

El paquete valuado en mil millones de dólares incluye artillería, sistemas de defensa antibuque, municiones y sistemas avanzados de misiles que Ucrania ya está utilizando, afirmó Biden.

El Pentágono precisó que el material militar incluye 18 obuses Howitzers con sus vehículos de transporte y 36 mil obuses, así como dos lanzadores de misiles antinavíos Harpoon, destinados a la defensa costera de Ucrania en el Mar del Norte.

Estados Unidos también planea enviar cohetes guiados de precisión para los cuatro sistemas Himars prometidos a Ucrania a comienzos de junio y deberían llegar al campo de batalla a finales de mes, señaló un alto funcionario que pidió el anonimato.

Biden anunció, además, 225 millones de dólares en asistencia humanitaria, que se destinarán a alimentos, agua potable, suministros médicos y otros bienes de primera necesidad en Ucrania.

“Estoy agradecido por este apoyo, las armas son importantes para nuestra defensa en el Donbás”, expresó Zelensky.

Horas antes, el secretario estadunidense de Defensa, Lloyd Austin, urgió a sus aliados a mantener su compromiso con Ucrania enviando armas que reclama para resistir la invasión rusa. “Tenemos que intensificar nuestra solidaridad con la autodefensa de Ucrania y poner mayor empeño aún para garantizar que pueda defender a sus ciudadanos y a su territorio”, afirmó durante una reunión en Bruselas de medio centenar de países que respaldan al país eslavo.

“No podemos darnos el lujo de bajar los brazos. Lo que está en juego es demasiado grande”, aseveró.

El secretario general de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, Jens Stoltenberg, subrayó la “necesidad urgente” de aumentar las entregas de armas modernas a Ucrania. Advirtió que hace falta tiempo para entrenar a las fuerzas ucranias en su utilización.

La Comisión Internacional Independiente de Investigación sobre Ucrania, de la Organización de Naciones Unidas, recibió abundante información en diversos lugares de Ucrania sobre posibles crímenes de guerra presuntamente cometidos por las fuerzas rusas en el país, pero aún es prematuro sacar conclusiones, estimó ayer su presidente, Erik Mose.

“En Bucha e Irpin la comisión recibió información sobre asesinatos de civiles, destrucción, saqueo de bienes y ataques contra infraestructuras civiles, sobre todo escuelas”, detalló Mose en Kiev.

Tras el retiro de las tropas rusas, cientos de cuerpos de civiles fueron descubiertos en estas localidades situadas al noroeste de Kiev. Las autoridades ucranias acusan desde entonces a Rusia de crímenes de guerra, algo que Moscú niega.

Una primera misión de expertos de esta comisión visitó varias localidades desde el 7 de junio y se reunió con autoridades locales, representantes de la sociedad civil y recogió diversos testimonios. En las regiones de Járkov y Sumi, en el noreste, asediadas por las tropas rusas, estos observadores constataron “destrucción de vastas zonas urbanas”.

Alemania ha congelado activos rusos por valor de 4 mil 664 millones de dólares por la guerra en Ucrania, informó ayer el ministro de Finanzas Christian Lindner. Se trata de depósitos de bancos centrales, así como participaciones empresariales.

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Viernes, 27 Mayo 2022 05:54

Bienvenidos a Occidente

Bienvenidos a Occidente

El abandono de la neutralidad profesada como opción moral es consecuencia del cambio de significado del internacionalismo, especialmente entre la izquierda de los países nórdicos.

 

Desde la invasión rusa de Ucrania, la famosa cita de Desmond Tutu —“si eres neutral en situaciones de injusticia, estás eligiendo el lado del opresor”— se ha utilizado hasta la saciedad. En numerosos foros, se ha recurrido a ella para arengar a los países a fin de que abandonen su neutralidad y se alineen con la OTAN. No importa que el opresor al que se refería Tutu fuera la Sudáfrica del apartheid, un régimen apoyado activamente por la Alianza militar atlántica. Tanto en Rusia como en Occidente, el momento actual se caracteriza por una amnesia constantemente realimentada.

A mediados de mayo, Finlandia y Suecia optaron por revocar sus antiguas políticas de neutralidad. La iniciativa de ambos países de presentar sus respectivas solicitudes de ingreso en la OTAN ha sido calificada, con toda la razón, de histórica. Finlandia ha sido neutral desde que fue derrotada por la Unión Soviética durante la Segunda Guerra Mundial, tras la cual firmó un Tratado de Amistad, Cooperación y Asistencia Mutua con los soviéticos en 1948. Suecia, por su parte, libró numerosas guerras con Rusia entre los siglos XVI y XVIII, pero consiguió mantenerse al margen de cualquier otro conflicto después de 1814. El ingreso en la OTAN descarta una tradición centenaria, que ha llegado a definir la identidad nacional del país.

La cobertura mediática de la ampliación de los miembros de la OTAN ha sido eufórica. Mientras que en Suecia se ha producido un debate limitado pero de todos modos intenso, en Finlandia ha habido poco espacio para la disidencia pública. A principios de esta semana, la portada del periódico más leído de Finlandia, el Helsingin Sanomat, mostraba una ilustración de dos figuras azules y blancas (los colores de la bandera finlandesa) remando en un barco vikingo hacia un horizonte iluminado en el que se ve la estrella de cuatro puntas de la OTAN saliendo como si fuera el sol. El barco de madera es representado dejando atrás una estructura oscura y voluminosa decorada con una estrella roja. El simbolismo no podía ser más claro. O quizás sí. Hace varias semanas, la versión en línea del periódico sueco Dagens Nyheter mostraba una animación emergente del emblema de la OTAN transformándose en un signo de la paz.

En este entorno mediático, quizá no resulte sorprendente que el apoyo a la pertenencia a la OTAN sea alto: alrededor del 60% en Suecia y del 75% en Finlandia se muestran partidarios de la adhesión. Sin embargo, un análisis demográfico más detallado revela algunas grietas en la narrativa pro-OTAN. Para la prensa atlantista, “la cuestión de la OTAN” representa un cambio generacional en virtud del cual los jóvenes se muestran supuestamente deseosos de unirse a la Alianza en contra de los deseos de sus padres, quienes, según se nos dice, están irremediablemente ligados a la anticuada posición del no alineamiento característica de la Guerra Fría. “Después de haberse opuesto firmemente a cualquier iniciativa de la OTAN hace tan solo unas semanas”, escribía el antiguo primer ministro sueco Carl Bildt, convertido ahora en entusiasta participante en diversos think tanks liberales, la clase política “se enfrentará ahora a la disputa entre la generación de más edad y las generaciones más jóvenes, que miran al mundo con ojos nuevos”.

En realidad, sin embargo, lo cierto es lo contrario: la cohorte de edad que más se opone a la pertenencia a la OTAN en Suecia es la de los varones jóvenes de entre 18 y 29 años. Y no es de extrañar. Son el segmento de la población que estaría llamado a unirse a cualquier futura expedición militar. Contrariamente a la presunción de que la agresión rusa ha conmocionado a los suecos para que apoyen unánimemente la Alianza, la oposición a esta parece ir en aumento. El 23 de marzo, el 44% de los jóvenes encuestados estaba a favor de la OTAN y el 21% en contra. La semana pasada, el 43% estaba a favor de la OTAN y el 32% en contra: un salto de dos dígitos. El apoyo a la adhesión aumenta con cada tramo de edad, siendo las personas de mayor edad las que están más firmemente a favor de la misma. Las últimas encuestas realizadas en Finlandia muestran un patrón similar. Las encuestas del Helsingin Sanomat describen al típico partidario de la OTAN como una persona con estudios, de mediana edad o mayor, de sexo masculino, que trabaja en un puesto de dirección y gana al menos 85.000 euros anuales y que es políticamente de derechas, mientras que el típico escéptico respecto a la misma tiene menos de 30 años, es trabajador o estudiante, gana menos de 20.000 euros al año y es políticamente de izquierda.

Algunos de los más fervientes partidarios de la pertenencia a la OTAN se encuentran entre los dirigentes empresariales de Suecia y Finlandia. El mes pasado, el presidente finlandés Sauli Niinistö organizó una “reunión secreta de la OTAN” en Helsinki. Entre los asistentes se encontraban el ministro de Finanzas sueco, Mikael Damberg, oficiales militares de alto rango y poderosas figuras de las comunidades empresariales sueca y finlandesa. El principal de ellos era el multimillonario industrial sueco Jacob Wallenberg, cuyas propiedades familiares suman un tercio del valor de mercado de la Bolsa de Estocolmo. Wallenberg, el más entusiasta partidario de la OTAN entre los ejecutivos suecos, participa regularmente en los encuentros del Grupo Bilderberg, un club de élite dedicado a difundir el evangelio del atlantismo y el libre mercado. En las semanas previas a la decisión de Suecia de solicitar su ingreso en la OTAN, el Financial Times predijo que la postura de la dinastía Wallenberg respecto a la adhesión de Suecia “pesaría mucho” sobre los socialdemócratas en el poder, dada la considerable influencia que se le atribuye sobre estos.

En la cumbre de Helsinki, se advirtió a los funcionarios del gobierno sueco de que su país sería menos atractivo para el capital extranjero si seguía siendo “el único Estado del norte de Europa no integrado en la OTAN”. Esta advertencia, junto con la elevada presión ejercida sobre Finlandia, fue uno de los factores decisivos que llevaron al ministro de Defensa, Peter Hultqvist, a cambiar de rumbo y apoyar el ingreso de su país en la Alianza. El diario sueco Expressen informó de que la reunión había demostrado que la comunidad empresarial tenía mucho más poder sobre las decisiones de política exterior de lo que se pensaba. No es difícil comprender por qué las empresas están tan interesadas en la adhesión de Suecia a la OTAN.

El gigante sueco de la industria de la defensa, Saab, espera obtener grandes beneficios de ella. La empresa, cuyo accionista mayoritario es la familia Wallenberg, ha visto cómo el precio de sus acciones casi se duplicaba desde la invasión rusa de Ucrania. Su director ejecutivo, Micael Johansson, ha afirmado que la entrada de Suecia en la OTAN abrirá nuevas posibilidades para Saab en las áreas de la defensa antimisiles y la vigilancia. La empresa espera obtener enormes beneficios a medida que los países europeos aumenten su gasto en defensa y entretanto los informes del primer trimestre revelan que sus beneficios operativos ya han aumentado el 10% respecto al año pasado hasta alcanzar los 32 millones de dólares.

La considerable influencia de los líderes empresariales sobre el asunto de la OTAN contrasta con la del público en general. Aunque Suecia ha celebrado referendos sobre todas las decisiones importantes de su historia reciente —la adhesión a la UE, la adopción del euro—, no consultará a sus ciudadanos sobre la OTAN. La política más destacada que ha pedido una votación es la líder del Partido de Izquierda, Nooshi Dadgostar, pero sus peticiones han sido rechazadas de plano. El gobierno sueco, temiendo que la adhesión a la OTAN pueda ser rechazada una vez que pase la histeria de los tiempos de guerra, ha adoptado por su parte el planteamiento característico de la “doctrina del choque”, imponiendo su política mientras Ucrania está todavía en los titulares de los periódicos y la ciudadanía se halla presa del miedo. El gobierno también ha dicho que un referéndum requeriría una amplia organización y no podría celebrarse hasta dentro de unos meses. Esto significa que la cuestión de la pertenencia a la OTAN figuraría en la campaña electoral de septiembre: un escenario que los socialdemócratas suecos quieren evitar toda costa.

En Finlandia, sin embargo, hay poca oposición a la OTAN por parte de las fuerzas políticas, económicas y sociales convencionales. El tema se ha visto impregnado por el sentimiento nacionalista, siendo acusados quienes se oponen a la adhesión de no preocuparse por la seguridad de su país. El Parlamento votó esta semana de forma abrumadora a favor de la adhesión, con 188 votos a favor y solo ocho en contra. De estos ocho votos, uno era de un diputado del Partido de los Finlandeses (populista de derecha), otro era un antiguo miembro de la misma formación, y los seis restantes pertenecían a la Alianza de la Izquierda. Los otros diez diputados de la Alianza de Izquierda, sin embargo, votaron a favor. Uno de los representantes del partido llegó a proponer la aprobación de nueva legislación, que criminalizara los intentos de influir en la opinión pública en nombre de una potencia extranjera: un precedente que, en teoría, podría dejar a los críticos de la OTAN expuestos a ser procesados.

Recep Tayyip Erdoğan ha frenado parte de este impulso vertiginoso. Calificando a Finlandia y Suecia de “incubadoras” del terror kurdo, el presidente turco ha prometido bloquear la adhesión de los dos países nórdicos a la OTAN hasta que cumplan sus exigencias. (La alianza requiere la aprobación unánime de todos los Estados miembros para que un nuevo país se adhiera). Erdoğan ha arremetido contra Finlandia y Suecia por su negativa a extraditar a 33 miembros del Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK) y del movimiento gülenista, culpando a este último de un sangriento intento de golpe de Estado perpetrado en 2016. También ha exigido que Suecia levante el embargo de armas que el país impuso como respuesta a las incursiones de Turquía en Siria en 2019.

Las cuestiones kurdas han tenido recientemente una presencia extraordinaria en la política sueca. Cuando los socialdemócratas perdieron su mayoría parlamentaria el año pasado, la primera ministra Magdalena Andersson se vio obligada a negociar directamente con una diputada kurda y excombatiente de los peshmerga llamada Amineh Kakabaveh, cuyo voto decidiría la suerte del gobierno. A cambio de mantenerlo a flote, Kakabaveh exigió que Suecia prestara su apoyo a las Unidades de Protección Popular (YPG) kurdas en Siria y los socialdemócratas accedieron. Ahora, desde esta semana, Kakabaveh ha reprendido a Andersson por “ceder” ante Erdoğan y ha amenazado con retirar su apoyo al gobierno. Tal vez los socialdemócratas hayan evitado convertir las elecciones de otoño en un referéndum no oficial sobre la pertenencia de Suecia a la OTAN, pero su gobierno sigue siendo extremadamente débil y se enfrentará a un intenso escrutinio durante los próximos meses. Muchos temen que el gobierno sueco llegue a un acuerdo privado con Erdoğan en el que sacrifique a los activistas kurdos y a los disidentes turcos, si éste acepta aprobar su candidatura a la OTAN. Mientras tanto, el cada vez más audaz presidente de Croacia, Zoran Milanović, ha levantado otro obstáculo menor: ha prometido bloquear el ingreso de Suecia y Finlandia en la Alianza a menos que se modifique la ley electoral de Bosnia y Herzegovina para que los croatas bosnios estén mejor representados.

Los medios de comunicación, tanto extranjeros como nacionales, han descrito con frecuencia la adhesión de Finlandia y Suecia a la OTAN como su “incorporación a Occidente”, es decir, como la prueba de su elección de un bando en una lucha civilizatoria concebida al estilo de Huntington. Esta retórica no es nueva. Poco antes de que Montenegro se uniera a la Alianza en 2017, el primer ministro del país, Milo Đukanović, dijo que la división no era “a favor o en contra de la OTAN”, sino “civilizatoria y cultural”. Sin embargo, es especialmente extraño, y revelador, encontrar esta misma orientación endógena en Escandinavia. Un comentarista de derechas escribió recientemente que, al entrar en la OTAN, Suecia estaba convirtiéndose por fin en un “país occidental normal”. A continuación, se detuvo a considerar si el gobierno iba a abolir pronto el Systembolaget, o monopolio estatal de licores. Aquí tenemos una idea de lo que significa realmente “unirse a Occidente”: vincularse a un bloque de poder dirigido por Estados Unidos y, al mismo tiempo, eliminar cualquier institución nominalmente socialista, un proceso que ya está en marcha desde hace décadas en Suecia y otros lugares.

El abandono de la neutralidad profesada como opción moral es consecuencia del cambio de significado del internacionalismo, especialmente entre la izquierda de los países nórdicos. Durante la Guerra Fría, los socialdemócratas suecos expresaron el principio de solidaridad internacional a través de su apoyo a los movimientos de liberación nacional activos en el llamado Sur global. Ninguna figura encarnó mejor este espíritu que Olof Palme, que posó para ser fotografiado fumando puros con Fidel Castro y criticó el bombardeo aéreo estadounidense de Hanoi y Haiphong, comparándolos con “Gernika, Oradour, Babi Yar, Katyn, Lidice, Sharpeville [y] Treblinka”. Sin embargo, durante la desintegración de Yugoslavia en la década de 1990, este “internacionalismo activo” se reconceptualizó como la “responsabilidad de proteger” a ciertas víctimas no occidentales de la agresión. Siguiendo la misma lógica, ahora se espera que los Estados se unan en una “alianza de democracias” para hacer frente a la tiranía y el terrorismo, optando por el cambio de régimen cuando sea necesario.

Pero la decisión de unirse a la OTAN no solo se basa en un discurso de solidaridad vacío, sino que también se presenta como un acto vital de interés propio, como una respuesta defensiva ante la “amenaza rusa”. En el caso de Suecia, se nos pide que creamos que el país se enfrenta actualmente a mayores riesgos de seguridad que los arrostrados durante las dos Guerras Mundiales y que la única forma de abordarlos es entrar en una alianza militar dotada de mayor fuerza. Aunque Rusia está supuestamente encontrando serias dificultades para avanzar contra un oponente mucho más débil en Ucrania —incapaz de ocupar la capital, sufriendo una enorme pérdida de tropas y suministros—, se nos dice que ello supone una amenaza inminente para Estocolmo y Helsinki. En medio de un pánico tan elaborado, se han ignorado las verdaderas amenazas al modo de vida nórdico: el debilitamiento del Estado del bienestar, la privatización y la mercantilización de la educación, el aumento de la desigualdad y el debilitamiento del sistema sanitario universal. Aunque los gobiernos sueco y finlandés se han apresurado en su alineamiento con “Occidente”, han mostrado mucha menos urgencia a la hora de abordar estas crisis sociales.

Por Lily Lynch

27 may 2022

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Jueves, 26 Mayo 2022 08:11

¿La segunda guerra fría?

¿La segunda guerra fría?

A unque tímidamente, la idea de la posibilidad de una segunda guerra fría surgió en la prensa occidental durante la crisis de Ucrania en 2014. Las sanciones económicas que impuso Occidente a Rusia después de la anexión de Crimea evocaban, de alguna manera, el congelamiento de las relaciones económicas característico del orden bipolar que privó al conflicto entre Estados Unidos y la Unión Soviética durante cuatro décadas. No se han estudiado con detalle los estragos que produjeron esas sanciones en la economía rusa. En tan sólo dos años, el PIB descendió 25 por ciento, el desempleo aumentó 17 por ciento y centenares de empresas locales se fueron a la ruina. Fue Angela Merkel quien supo lidiar con un reorden europeo que, distanciándose de Estados Unidos, logró mantener las relaciones abiertas con Moscú. El establishment ruso jamás olvidaría el efecto devastador de esa primera ola de sanciones, y a partir de 2015 empezó a prepararse masivamente para una segunda confrontación. La que hoy observamos a raíz de la intervención militar en Ucrania.

La siguiente ocasión que el término de la guerra fría cubrió a los análisis políticos del momento ocurrió durante el conflicto entre la Casa Blanca y Pekín en la administración de Donald Trump. La batalla de los aranceles, el intento de desacoplar a China de la economía europea, las cancelaciones tecnológicas trajeron de nuevo el fantasma. Finalmente, China derrotó a la política de Trump, y Occidente descubrió que dependía mucho más de la fábrica china que China de los mercados europeos.

Sin embargo, nunca habíamos estado tan cerca de una nueva edición de otro tipo de bipolaridad como la que hoy se vive a raíz de la guerra entre Rusia y Ucrania. El tsunami de sanciones económicas ha desacoplado prácticamente a la economía rusa de sus contrapartes occidentales –con excepción de las exportaciones de gas y petróleo–. La Organización del Tratado del Atlántico Norte continúa su expansión y se refuerza cada día –ahora con presupuesto alemán–. Una vez más, tanques germanos disparan contra soldados rusos. El intento de aislar a Moscú alcanza a la mayor parte de los organismos internacionales y la rusofobia ha creado ya, en el imaginario europeo, el fantasma de un enemigo mortal.

Washington decidió repetir una estrategia que, hace 40 años, le rindió evidentes frutos. Sin embargo, la situación no resulta tan sencilla. La guerra en Ucrania no parece favorecer la estrategia estadunidense. La Casa Blanca cometió acaso un error largamente anunciado y muchas veces reiterado: nunca enfrentes a Rusia por tierra. Las tropas rusas ocupan ya el este del país, el ejército de Volodymir Zelensky dista de mostrar la cohesión de los primeros días, las deserciones se multiplican, la emigración de jóvenes es irreversible y la situación económica se ha vuelto más que precaria. Tan sólo el bloqueo de las exportaciones de trigo y del transporte del gas ruso han derrumbado el PIB de Ucrania en 60 por ciento. ¿Cuánto tiempo resistirá Kiev? El ejército ucranio es de leva obligatoria y además los soldados reciben paga. La mayor parte de la población rechaza la invasión, pero no ve en la oligarquía que representa Zelensky una razón necesariamente suficiente para soportar los sacrificios.

Por su parte, Europa ha empezado a dudar de la estrategia del Pentágono. Hoy la mayor parte de sus fuerzas políticas empiezan a orientarse por una solución diplomática. El costo de las sanciones sobre la propia economía europea está causando estragos. ­Washington podría quedar aislado. Lo cierto es que, a diferencia de lo que sucedió en el siglo XX, ya no cuenta ni con la economía ni con los grandes relatos para mantener en marcha a la maquinaria europea. Por lo pronto, ni siquiera puede abastecerla con gas.

La realidad es que la nueva ola de sanciones a Rusia no ha afectado sensiblemente a su economía. Por el contrario, en binomio con China, parece orientarse a una nueva definición de fronteras con Occidente. Tampoco parece intimidarle la posibilidad de un aislamiento prolongado. Ya pasó por eso, ahora tiene otras salidas.

Una nueva guerra fría sería muy distinta a la primera. No estaría entrecruzada por el choque de ideologías, sino por los grandes relatos nacionales –o, si se quiere, nacionalistas–. Pekín no promovería revoluciones ni cambios de régimen, sino tan sólo la expansión de su economía. Y el destino de Rusia es incierto. De facto, las sanciones occidentales expropiaron a su oligarquía, y Putin podría aprovechar la situación para reorientar todo el modelo económico interno. Sin embargo, Occidente provocó un agravio difícil de enmendar: la rusofobia hirió muchos de los hilos más sensibles del actual imaginario ruso. Eso que derribó a la Unión Soviética, las expectativas y los fetiches de la modernidad europea, son hoy vistos, por una parte considerable de la población rusa, como una suma vacía de promesas fatuas.

En realidad, todo depende del desenlace de la guerra en Ucrania. Lo que Estados Unidos ha descubierto es que ya no es capaz de ostentar una hegemonía unipolar. Lo demás son preguntas abiertas.

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Miércoles, 25 Mayo 2022 05:09

¿Hacia dónde camina Europa?

Una mujer toma una foto de las banderas de los países miembros de la UE, en frente del Palacio de Versalles, cerca de París, antes de la cumbre europea del pasado mes de marzo. E.P./DPA/Kay Nietfeld

La guerra en Ucrania está reconfigurando los equilibrios geopolíticos no sólo a nivel global, también dentro de la UE. Ha transcurrido, casi sin darnos cuenta, tres meses desde que comenzara la invasión rusa de Ucrania. Tres meses en los que el mundo ha cambiado radicalmente y en dónde, tras un primer shock inicial, se comienza a poder ver el escenario en el que nos movemos desde una perspectiva más amplia.

Ya casi nadie piensa que esta es una guerra que se pelea sólo en Ucrania y las recientes declaraciones de Biden desde Japón dejan pocas dudas al respecto. La lucha entre el bien del mal está dejando ver, ahora, que hay otros intereses involucrados en esta guerra más allá de consideraciones morales o nacionalistas, según de quien estemos hablando.

En Europa se continua con las aproximaciones del conmigo o contra mí que sólo llevan a la simplificación de una situación que ya no es reversible, y a la que, por tanto, habrá que buscar alternativas.  Los debates que se viven en estos días en Berlín, París o Roma contrastan con el discurso dominante procedente de la Europa del Este y del Norte que se encuentra perfectamente alineada con EEUU y la OTAN, la línea que critica el editorial del NYT. Dos son las aproximaciones confrontadas y ambas toman como ejemplo episodios históricos que les sirven para justificarlas. Por un lado, Francia plantea que Rusia no debería ser castigada con dureza para no repetir el proceso de radicalización vivido por Alemania tras la Primera Guerra Mundial. Bálticos y Escandinavos consideran que Rusia debe ser castigada, debe pagar reparaciones y se debe conseguir un cambio de régimen en Moscú, y solo entonces se entendería alcanzada una victoria.

Este debate, además de ser sumamente interesante, es fundamental ya que, de la confrontación de las ideas en liza, saldrán las líneas sobre las que la Unión Europea va a comenzar a reajustarse de cara a esos cambios globales que se han acelerado con la guerra.  Se suceden las conferencias a lo largo y ancho de Europa donde se debate cómo enfrentar el nuevo contexto por venir. Se plantea la construcción de una Europa geopolítica sin matices en donde no se debata nada que no tenga que ver con cuestiones vinculadas a todo aquello que tenga que ver con la seguridad y la defensa. El resto pasa a un segundo plano. Estos días se escucha como se aboga, sin pudor, por la desideologización de conceptos tales como la política de defensa, las pensiones, la riqueza o la educación para poder alcanzar la tan ansiada unidad europea sin fisuras, puesto que nada es ni de izquierdas ni de derechas. Se trata, por tanto, de avanzar en la unidad frente a Rusia y a las amenazas de seguridad sin debate interno, sin ideología. Esto nos recuerda, sin demasiado esfuerzo, a la guerra contra el terror de Bush, donde toda censura y reducción de derechos y libertades quedaba justificada por el riesgo de seguridad.

Pues bien, en Europa ahora nos encaminamos hacia algo similar. La ausencia de reflexión, la impaciencia por mostrar lo unida que está la UE está comenzando a generar sus propios monstruos. La crisis por la que atraviesa el eje franco-alemán y su pérdida de auctoritas es cada vez más evidente y se comienzan a ver atisbos de cambio en los equilibrios de poder en el seno de la UE. La guerra en la frontera oriental europea ha hecho que ganen cada vez más peso específico las alianzas que se tejen más allá del Rin en el marco de una nueva liga hanseática que quiere reconstruir el proyecto europeo con el punto de gravedad más hacia el Este y perfectamente coordinada con Washington en materia de seguridad y defensa. Estos países siempre consideraron a la OTAN como su gran garante en materia de seguridad, y ahora, con Finlandia y Suecia incorporados a las estructuras atlánticas, ya estarían todos.

A lo anterior, se suma, la relevancia que, cada vez más está tomando Polonia que quiere liderar el impulso hacia el Este que incluiría la adhesión de Ucrania. Se crearía de este modo un eje Varsovia-Kyiev difícil de contrarrestar en el marco de la institucionalidad europea. Por su parte, Italia, Francia y Alemania, han intentado reaccionar proponiendo alternativas a las posiciones más inflexibles, intentando modular un discurso que no consigue convencer a nadie. Quedan semanas y meses de importante debate europeo en el que se van a adoptar decisiones que tendrán un gran impacto social de cara al futuro. Se hablará de ampliación de la UE, se hablará de concepto estratégico de la OTAN, se hablará de una Europa más fuerte, de reforzar la disuasión, pero también la defensa como algo existencial. Pero, sin embargo, no se hablará de cómo impedir los recortes del Estado de Derecho, de cómo defender los derechos y libertades, o de cómo diseñar políticas públicas más redistributivas y justas.

Este es, sin duda, el gran debate que tendríamos que estar teniendo, pero que, nadie se atreve a plantear.

Por Ruth Ferrero-Turrión, profesora de Ciencia Política y Estudios Europeos en la UCM

25/05/2022

Publicado enInternacional
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