"Representamos aire fresco, juventud, novedad, pero con conciencia del encadenamiento histórico de los procesos"

El presidente electo de Chile, Gabriel Boric, en diálogo con la BBC

Habló de la conformación de su gabinete, del leguar de su gobierno en la historia chilena y de su vinculación con los gobiernos progresistas de Latinoamérica.

El anuncio de un gabinete integrado por 14 mujeres y 10 hombres viene a romper con la tradición política en Chile, afirmó el mandatario electo, Gabriel Boric, de 36 años, en diálogo con el portal de noticias de la BBC. “Representamos aire fresco, juventud, novedad, pero con conciencia del encadenamiento histórico de los procesos. Representamos también que el statu quo o el conservadurismo es lo que peor le puede venir a Chile en estos momentos”, señaló.

Boric, habló esta semana con la cadena estatal de Gran Bretaña en su primera entrevista con un medio internacional después de las elecciones en las que derrotó al candidato de la ultraderecha José Antonio Kast. El mandatario electo habló sobre su nuevo gabinete y sobre sus cercanías y distancias con algunos gobiernos progresistas de la región. "Representamos la fuerza de una época", apuntó.

Boric reconoció que durante su primer mandato la expresidenta socialista Michelle Bachelet “hizo un esfuerzo por mantener un gabinete paritario y las fuerzas del conservadurismo se lo aserrucharon rápidamente”.  Por eso agregó: “no quiero presentarnos como pioneros, sino como que estamos recogiendo un legado que va mucho más allá de nosotros”.

El mandatario electo también se refirió a sus expectativas para su gobierno y resaltó la importancia de la descentralización. “Yo soy magallánico, nacido y criado a orillas del Estrecho y desde que tengo uso de razón vengo escuchando la palabra descentralización sin que haya tenido mayores efectos en la vida cotidiana de las personas. Y en donde las decisiones se terminan tomando por una élite santiaguina, de clase alta, por sobre las realidades que se viven en las comunas, en los barrios” sostuvo. “Espero que al final de nuestro mandato tengamos un Chile descentralizado, que en los barrios, en las comunas, en las regiones, puedan decidir su futuro más que desde La Moneda o el barrio alto de Santiago”, añadió.

El presidente electo además fue consultado si se reconoce en alguno de los gobernantes de la izquierda latinoamericana. “Me da mucha esperanza y espero tener un trabajo codo a codo con Lucho Arce en Bolivia, si Lula gana las elecciones en Brasil con Lula, la experiencia de Gustavo Petro si se consolida en Colombia. Creo que ahí se puede armar un eje tremendamente interesante”, afirmó. Aunque se desmarcó de dos gobiernos de izquierda. “Yo entiendo que la pregunta va muy relacionada con Venezuela y Nicaragua. En el caso de Nicaragua no logro encontrarle nada ahí, y en el caso de Venezuela es una experiencia que más bien ha fracasado y la principal demostración de su fracaso son los seis millones de venezolanos en diáspora”, precisó.

Con respecto a su objetivo como gobernante, Boric afirmó: "Toda organización requiere de algún tipo de orden.  Yo diría que el problema de Chile hoy día es que ese orden no existe. El contrato social ha sido roto. Y desde mi punto de vista por las élites. Y, por lo tanto, para poder recuperar el orden, se requieren nuevas formas y no repetir lo mismo del pasado.

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El ganador de la elección presidencial en Chile, Gabriel Boric, publicó el siguiente tuit: Hoy visitamos el Palacio de la Moneda por invitación del presidente (Sebastián) Piñera. Cuando estuve frente al busto de Salvador Allende pensé en los que, como él, estuvieron antes que nosotros. Sus sueños de un Chile mejor son los que vamos a seguir construyendo junto a todos ustedes. Foto tomada de Twitter

Se consolida el proceso constituyente // Épica, la reacción popular ante una posible regresión pinochetista // El país, en el umbral de un cambio profundo, señala analista

 

Santiago. Al día siguiente de la espectacular victoria de Gabriel Boric en las elecciones presidenciales de Chile, que con 11.74 puntos de ventaja y 4 millones 620 mil votos lo convierten en el más votado de la historia, el primero proveniente de una región que no sea la capital y el más joven en ser elegido, los analistas ensayan explicaciones acerca de la combinación de sucesos que llevaron a este momento de recambio generacional en la política.

Simultáneamente, Boric, quien en su discurso la noche del domingo comenzó a asumir la dimensión republicana que implica conducir al país, continuó con el rito de las formas correctas y participó este lunes en una reunión de dos horas con el presidente Sebastián Piñera, para acordar la coordinación de la transferencia del poder.

Tras ese encuentro, que ocurrió después del mediodía, el presidente electo buscó dar señales para despejar incertidumbres, habida cuenta de que los mercados financiero, accionario y el tipo de cambio, reaccionaron histéricamente: los títulos preferentes cayeron 6.2 por ciento –los más perjudicados fueron los de las mineras y de las administradoras de pensiones– y el peso perdió poco más de 4 por ciento para anotar su peor registro histórico (876 por dólar). Según los operadores, más que por el triunfo de Boric, que estaba internalizado, lo que revolvió las aguas fue la amplitud de su ventaja frente al ultraconservador José Antonio Kast (55.87 por ciento de los votos frente al 44.13).

Tras referirse brevemente al encuentro con Piñera –"fue una reunión con altura de miras, hoy estamos más conscientes de los tremendos desafíos que debemos abordar"–, el presidente electo afirmó: "estamos iniciando las conversaciones" para la integración del gabinete, y agregó que anunciará los nombres en no más de un mes.

"Hay que llevar adelante un proceso de chequeo y contra chequeo, para no equivocarse", explicó, prometiendo paridad de género y no de cuota entre los partidos; "vamos a incorporar a las personas más capacitadas, seguramente varios independientes".

Insistió en que habrá responsabilidad y convergencia fiscal porque "Chile requiere cuentas claras, una macroeconomía ordenada, porque si no, se termina retrocediendo. Gastos permanentes tienen que ser con ingresos permanentes, vamos a avanzar en reformas estructurales, pero paso a paso, para no desbarrancarnos".

Nuevo ciclo

Para Ernesto Águila, académico de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile, el triunfo nítido del izquierdista sobre el candidato de la extrema derecha tiene importantes significados.

"Consolida el proceso constituyente en marcha y ratifica un camino de cambios progresistas de signo antineoliberal. Lo que viene no es fácil para el nuevo presidente porque el Parlamento se encuentra empatado y deberá hacer grandes esfuerzos para construir las mayorías necesarias para viabilizar su programa", dice.

También destaca que "la reacción y movilización popular ante el riesgo de una regresión pinochetista fue épica frente a un intervencionismo electoral del gobierno sin precedente".

Considera que el país "queda con este triunfo en el umbral de iniciar cambios profundos en manos de una nueva generación de políticos. Jóvenes que han demostrado capacidad para enfrentar situaciones adversas y que pueden abrir un nuevo ciclo en la política chilena".

También para Mauricio Morales, académico de la Universidad de Talca, el resultado electoral "implica un quiebre generacional y político crucial en la historia reciente de Chile, porque elegimos al presidente más joven, con más votos y que no proviene de los pactos políticos tradicionales dominantes desde los años 90".

Se produjo, dice, "un cambio muy brusco, apareció una coalición de izquierda con el Frente Amplio y el Partido Comunista que ahora se consolida poderosamente, que fue capaz de derrotar a la izquierda tradicional y a la derecha más radical, por tanto, la esperanza que encarna Boric pasa como ideario de izquierda por generar un país mucho más igualitario, con acceso a los recursos básicos y con mejoras sustantivas en pensiones, salud y educación".

"El recambio generacional es muy evidente, pasan a dominar la escena política personas en torno a los 35 y 40 años que vinieron desde los movimientos sociales y estudiantiles. Eso no lo consiguió la ex Concertación, lo cual es un fracaso para generar militancia que les permitiera sobrevivir".

Así, mientras el desempeño electoral de los partidos clásicos de la centroizquierda va a la baja –tres de ellos (la DC, los radicales y el PPD) están cerca de la muerte electoral– el Frente Amplio y el PC produjeron un cambio significativo, la construcción de un polo de izquierda muy desarrollado electoralmente.

Coincide en que la victoria de Boric es crucial para viabilizar el avance de la Convención Constitucional, que debe terminar su trabajo a más tardar en julio del próximo año para después ir a un plebiscito ratificatorio.

"En esta nueva etapa van a convivir un gobierno de izquierda con una Convención que tiene las misma características, hay congruencia programática e ideológica, por tanto debiera ser una relación de convivencia sana, lo cual no habría ocurrido con Kast", explica.

El mayor desafío para el nuevo gobierno será ampliar su base política en el Parlamento, porque la izquierda, desde marzo próximo, no tendrá las mayorías suficientes para aprobar proyectos de ley por sí sola.

"Boric tendrá que ser lo suficientemente hábil para ampliar su coalición incluyendo a personas de los partidos Socialista, del PPD, Radical e incluso de la DC, esa es la estrategia que debe utilizar: ampliar la coalición para tener un congreso mucho más favorable".

Pero advierte que "el presidente debe ser cuidadoso en no elevar demasiado las expectativas porque si los resultados no lo acompañan, puede haber una espiral de desaprobación y eso no va a contribuir al plebiscito de salida pronosticado para septiembre".

Al respecto, no se trata de minimizar o reducir los objetivos de gobierno por cuanto "hay un compromiso por escrito", sino que las personas entiendan que "los tiempos pueden variar, que el programa se cumplirá en un calendario que no será todo lo acelerado que quisiéramos".

Para el sociólogo Axel Callis, la inmensa votación de Boric se debe a que la gente despertó en términos políticos, cuando percibió que ciertas conquistas sociales corrían riesgo de perderse.

“Hay una apoliticidad peligrosa, el voto pragmático, la abstención, donde las personas dan por descontado que la democracia avanza, aunque sea lentamente. Después de la primera vuelta, sobre todo jóvenes, sintieron que algo de sus vidas podía cambiar, pero en un sentido negativo, si ganaba la ultraderecha, entonces muchos dijeron ‘atinemos, hay que impedir que Kast sea presidente’ y salieron a votar”.

Las manifestaciones de celebración, espontáneas, múltiples y muy numerosas, fueron "expresiones de esperanza pero también de alivio, de haber evitado que naciera algo que podía ser regresivo en términos valóricos y de derechos".

Asimismo, la inmensa votación que obtuvo Boric implica una gran responsabilidad, porque "en democracia cuando las cosas no se dan rápidamente te dejan caer. Mientras más acumulas a favor, también puedes acumular en contra, pasar del amor al odio y a la frustración es algo que está en el ser humano, su gran legitimidad de origen lo obliga a responder a esa enorme masa de votantes".

Por Aldo Anfossi

Especial para La Jornada

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La izquierda vuelve al poder en Chile de la mano de Boric : “Hoy día la esperanza venció al miedo”

Primeras definiciones del nuevo presidente

Con el 55,87 de los votos, el político chileno se convierte en el más joven y más votado de la historia chilena. En su primer y multitudinario discurso habló de cuidar la nueva constitución, construir acuerdos y nunca más declararle la guerra a los chilenos, como lo hizo Piñera.

Desde Santiago

La izquierda más progresista hace historia en Chile tras el triunfo de Gabriel Boric que obtuvo un 55,87% (4.618.480 votos) frente al 44,13% (3.648.394) del ultraderechista José Antonio Kast con el 99,94% de las mesas escrutadas. Casi 12 puntos de ventaja que ponen fin a uno de los procesos más polarizados e inciertos desde el retorno a la democracia en 1989. en una jornada extremadamente calurosa y con una notoria baja de la locomoción pública que no impidió que la ciudadanía fuera en masa a votar por su futuro. 

Los records de Boric

Una suma de hitos rodea al nuevo presidente de Chile: a sus 35 años es el más joven (el 11 de marzo cuando asuma tendrá 36) y el más votado de la historia chilena, con un inédito 55% de participación electoral, otro récord más. También es la primera vez que un diputado en ejercicio como él se vuelve presidente. 

Además, acompañará el proceso del plebiscito ratificatorio de la Nueva Constitución que debería hacerse durante el primer semestre del próximo año. Todo, a una década de las grandes protestas estudiantiles de 2011 donde Boric, entonces dirigente de la Universidad de Chile, fue uno de los liderazgos más destacados.

Calor y falta de transporte

Fue una jornada compleja, ya que el país atravesaba una ola de calor que llegó a los 34 grados a la sombra en Santiago en recintos como colegios y gimnasios que no cuentan con aire acondicionado. 

Un problema que fue menor al lado de la falta de locomoción pública. Imágenes de micros (colectivos) estacionados, a pesar de que el gobierno de Sebastián Piñera aseguró que iba a implementar un plan especial de transporte público sólo potenciaron las sospechas de intervencionismo electoral, ya que justamente las comunas populares, donde el voto es tradicionalmente de izquierda, fueron las principales afectadas. Por eso, a pesar de que lo rápido del trámite, lo difícil era llegar a los locales de votación lo que generó, nuevamente grandes filas.

El reconocimiento de Kast y de Piñera

Pero incluso antes de ese cómputo —y la reacción de Boric— el derrotado reconoció en su Twitter haberlo llamado. “Lo he felicitado por su gran triunfo. Desde hoy el presidente de Chile merece todo nuestro respeto y colaboración constructiva Chile siempre está primero”. Luego vino el propio presidente Sebastián Piñera quien entre “consejos” y “alabanzas” le dijo: “Es una de las más grandes participaciones ciudadanas en mucho tiempo. La democracia cumplió y los chilenos han dado un nuevo ejemplo de democracia, usted fue parte de eso así que lo felicito”.

Boric le dijo: “Quiero que sepa usted que voy a dar lo mejor de mí para estar a la altura de este tremendo desafío, nuestro país saca lo mejor de sí, cuando nos unimos”. Hacia el final Piñera le dijo: “Sáquese una foto cuando entre a La Moneda y otra cuando salga, porque gobernar es muy difícil”. “Espero hacerlo mejor que usted”, le dijo, en una sorprendente salida que no logró perturbar al presidente.

Mientras, en prácticamente en todas las ciudades de Chile, la gente empezaba a celebrar, como en el sector de la Plaza de la Dignidad —rebautizada tras el estallido social de octubre de 2019— con banderas chilenas y mapuche y gritos como “¡Ganó el pueblo!” y “Ni un paso al fascismo”. No es menor: con la ola de calor y la notoria falta de locomoción pública había demasiadas razones para descorchar botellas de champaña, enarbolar banderas o simplemente abrazarse con los seres queridos.

La izquierda más progresista

Políticamente, esto significa la vuelta de la izquierda más progresista al poder en Chile tras cuatro años de Piñera, representante de una derecha levemente inclinada al centro, pero que no dudó en beneficiar a la clase empresarial durante la pandemia y a reprimir enérgicamente durante el estallido social de 2019. 

El programa de Boric aboga por un nuevo modelo de desarrollo, centrado en las energías renovables, los impuestos a las grandes fortunas y el fomento a la ciencia y tecnología; además de fortalecer los derechos de la mujer y las minorías sexuales, la salud (incluyendo la mental), el medio ambiente y la cultura.

Una propuesta que era lo opuesto a Kast, un nostálgico de la dictadura y fanático del neoliberalismo, quien proponía achicar al Estado, beneficiar a los grandes empresarios, cerrar el Ministerio de la Mujer (medida de la que luego se arrepintió), establecer zanjas para impedir la migración y dejar en libertad a los militares condenados por violaciones de DD.HH. en dictadura, por razones humanitarias.

El festejo multitudinario

Ante una multitud enorme, que recordaba el millón de personas que se reunió durante octubre de 2019 en Santiago, se dirigió en su primer discurso público en un escenario cercano a la Biblioteca Nacional (a unas cuadras de la Plaza de la Dignidad). De hecho el mismo Boric no pudo subir al escenario debido a que su caravana de auto no podía desplazarse durante largos minutos, hasta que él mismo decidió subirse caminando junto a su pareja, la cientista política Irina Karamanos, quien ya ha señalado sobre la necesidad de redefinir el cargo de “primera mano”. Finalmente tuvo que subir la reja que separaba la multitud, literalmente como una estrella de rock, mientras de fondo sonaba “El derecho de vivir en paz” de Víctor Jara, el himno del estallido social.

Entre fuegos artificiales y aplausos, comenzó saludando en mapudungun, la lengua mapuche, agradeciendo a los chilenos que “honraron su compromiso con la democracia”. “No importa en este momento si (votaron) por mí o mi contrincante. Lo importante es que mostraron su compromiso con este país que es de todas y de todos. También a quienes quisieron asistir a votar y no pudieron por la falta de transporte público. No puede volver a ocurrir que en un día tan relevante como este se prive a la gente de ejercer su derecho a voto”.

Los compromisos del nuevo presidente

Boric habló de comprometerse en “este proceso de cambios” que se extenderá por los próximos años y agradeció a todos los equipos que se sumaron, destacando a la doctora Izkia Siches la vocera de esta última etapa de la campaña; pero sobre todo a las mujeres, a las diversidades y a los niños y niñas “que nos llenaron de cariño y dibujos este viaje, con dibujos hermosos que expresaban la inocencia del Chile que aspiran, un Chile verde y de amor (…) Sé que no podemos fallarles”.

“Tengo 35 años y sé y tengo claro que la historia no empieza con nosotros. Siento que nuestro proyecto es heredero de una larga trayectoria histórica, la de quienes desde diferentes posiciones han buscado incasablemente la justicias, la ampliación de la democracia y la defensa de los derechos humanos (…) Porque estamos en un nuevo ciclo histórico. Seré el presidente de todos los chilenos y chilenas”.

Reconoció que “los tiempos que vienen no serán fáciles” y que deberá hacerle frente a las consecuencias de la peor pandemia del último siglo, pero también del Estallido Social. Y con respecto a esto último señaló enérgico: “Nunca, por ningún motivo debemos tener a un presidente que le declare la guerra a su propio pueblo”. Esto último es significativo ya que alude a una frase desafortunada de Piñera, en medio de los disturbios de Santiago de 2019, asegurando que “estábamos en guerra”. Luego repitió el cántico que surgió entre el público: “Justicia, verdad, no a la impunidad”.

Después se refirió al movimiento de donde surgió: “¿Cuántos de ustedes marcharon el 2006, el 2011, el 2012? Somos de una generación que emerge a la vida pública demandando que la educación sea un derecho y no un bien de consumo”. También habló de terminar con la AFP (lo que lo hace volver a su programa original), el particular sistema de pensiones chileno que hace a privados invertir con los dineros que la gente impone obligatoriamente para la jubilación sin hacerlos participar de las ganancias. “No queremos que sigan haciendo negocios con nuestras pensiones”

También habló sobre defender los derechos humanos, defender la nueva constitución y luchar contra proyectos que destruyan el medio ambiente “No a Dominga... No podemos mirar para al lado cuando la avaricia de unos pocos destruye ecosistemas únicos”.

Hacia al final selló su primer discurso con “Hoy día la esperanza le ganó al miedo. Chilenos y chilenas hemos llegado con un proyecto de gobierno, que se puede sintetizar en avanzar con responsabilidad en los cambios estructurales que Chile necesita. Nuestro gobierno va a ser un gobierno con los pies en la calle”.

Un hito histórico

Además de ser el presidente más joven de la historia del país, a sus 35 años Boric logró otro hito: es la primera vez que un candidato que no ganó la primera vuelta logra imponerse en la segunda. Pero pasará a la historia como el presidente que estará acompañando el proceso de la nueva constitución que debería votarse en un plebiscito de salida durante el primer semestre de 2022, sellando un nuevo ciclo en la historia de Chile donde ya el fantasma de Pinochet terminará por extinguirse.

De todas formas, el flamante presidente chileno deberá enfrentar también un momento económico post-pandémico que se traducirá en una recesión a nivel global que Chile deberá aprender a enfrentar sin sacrificar el proyecto económico reformista impulsado por el candidato y ante un Senado y Cámara de Diputados sin mayoríasni para la derecha ni para la izquierda.Sus primeras medidas, la conformación del gabinete y el papel de los partidos son incógnitas que comenzarán a despejarse en los próximos meses, tanto como los liderazgos que emergerán en la oposición.

Un desafío para una izquierda representada por el conglomerado Apruebo Dignidad, conformado por el Frente Amplio junto al Partido Comunista que, en Chile, además de ser un partido democrático ya gobernó durante el segundo mandato de Michelle Bachelet (2014-2018). Y aunque en un principio fueron críticos del rol de la Concertación que gobernó a Chile desde el retorno a la democracia en 1989, lograron sumar apoyo de figuras como la misma Bachelet y el expresidente Ricardo Lagos, además de partidos que conformaron esa etapa como la Democracia Cristiana, el PPD, el Partido Socialista y el Partido Radical. Una alianza que, sin duda, modificará el mapa político chileno.

Pero Boric, diputado desde 2014, representado siempre a su Magallanes natal, es hábil y capaz de tomar decisiones arriesgadas como cuando impulsó el acuerdo de la paz tras un mes de estallido social en 2019 que allanó el camino al plebiscito por la nueva constitución que logró imponerse un año después, con un 80% de aprobación, para reemplazar la carta magna de Pinochet de 1980. El costo, que él asumió fue “salvar” de alguna forma el gobierno de Piñera.

Aunque ganó la primera vuelta con 27,91% dejando a Boric en segundo lugar con 25,83%, Kast viajó a EE.UU. a reunirse con políticos republicanos, dueños de las AFP (administradoras de pensiones) que en el particular modelo chileno invierten internacionalmente el dinero que los ciudadanos imponen mensualmente para la vejez sin que estos participen de las ganancias y de paso, corrió el rumor que se reunió con la tercera mayoría —y sorpresa de las elecciones— el economista Franco Parisi (12,80%) quien hizo campaña sin moverse de Alabama, donde se radicó debido a una orden de arraigo en Chile por el no pago de pensiones alimenticias.

Boric en cambio, redefinió su discurso, potenciando temas como la seguridad, migraciones y la mirada al futuro, sumando a Izkia Siches, presidenta del colegio Médico como vocera, una de las líderes más carismáticas y queridas durante la pandemia. También logró eludir las provocaciones de la gente de Kast que tanto en debates televisivos como en redes sociales fueron pródigos en fake news y rumores, incliuyendo desde montajes fotográficos hasta acusarlo indirectamente consumo de drogas (que Boric desmintió en pleno debate mostrando en vivo un test anti drogas), una estrategia que nunca antes en Chile había llegado a ese nivel de profesionalismo político. 

20 de diciembre de 2021

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Chile: multitudinario acto de Gabriel Boric: entre las demandas de la rebelión y la moderación

Una multitud acudió a escuchar el discurso del recientemente presidente electo Gabriel Boric, que hizo muchas promesas sobre las demandas más sentidas de las mayorías populares, sin plantear cómo realizarlas. Se escuchó el grito por la libertad de los presos políticos de la revuelta del 2019, algo que 

Con amplia distancia Gabriel Boric ganó la candidatura presidencial por sobre José Antonio Kast. Los resultados no dejaron de sorprender por la diferencia de más de 10 puntos, superando el 55,8% del total de los votos.

Gabriel Boric se convertirá en el presidente más joven de la historia de Chile, quien comenzó su carrera política en las movilizaciones estudiantiles del 2011 a través de la presidencia de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile.

En Santiago y en varias comunas del país se realizaron caravanas y actos para festejar los resultados. El acto central se realizó en las cercanías de Metro Universidad de Chile, en un acto multitudinario que expresó las amplias expectativas para quienes acompañaron las demandas de la rebelión contra el "Chile de los 30 años". Aunque muchos votaron para que no salga el ultraderechista José Antonio Kast, quien es una amenaza directa para los derechos de los trabajadores, mujeres y diversidad sexual. Otros votaron sin mucho entusiasmo tras el rol de Boric en el “Acuerdo por la Paz y la Nueva Constitución” que le salvó el pellejo a Piñera y propició la impunidad.

El discurso de Boric

"No puede volver a ocurrir que en un momento tan importante como este se prive a la gente por cualquier motivo", comenzó Boric aludiendo a la falta de transporte durante la jornada de votación. Saludó a Izkia Siches (ex presidenta del Colegio de Médico de Chile, autodefinida como feminista) quien en las últimas semanas de campaña electoral se sumó al comando de Boric para ser su jefa de campaña. Saludó a las mujeres aludiendo al derecho a decidir por el aborto. Aunque recientemente no estuvo presente durante la votación de una ley para despenalizarlo, que después el senado rechazó.

"El futuro de Chile nos necesita a todos, espero que podamos a contar con sus ideas", señaló Boric con guiños a los programas de los ex candidatos presidenciales, incluyendo a José Antonio Kast: “Sean civiles o militares. Sí, señores. Sí, compatriotas. Civiles o militares”.

Pero, también señaló: "no nos encerremos a las trincheras", haciendo guiños a los distintos sectores políticos y empresariales. "Llegamos acá para conversar con quiénes opinan diferentes, la colaboración con el mundo empresarial, construir alianzas", puntualizó.

Liberar, liberar a los presos por luchar

En su discurso, un fuerte grito por la libertad a los presos políticos de la revuelta se sostuvo a lo largo de su acto. En su discurso, Boric respondió con ambigüedad: “He hablado con las familias y sé bien lo que hay que hacer”. Con esto, se abre una contradicción en su próximo gobierno con los sectores que luchan por las demandas de la rebelión y la libertad de los presos políticos de la revuelta.

Guiños políticos

Desde el comando de campaña Boric e Iskia Siches, señalaron estar "muy contentos y esperanzados para reconstruir Chile". Giorgio Jackson, jefe del comando de Boric y reconocida figura del Frente Amplio indicó "Esto no se hace sólo de un comando, se hace desde la ciudadanía y con el resto de las agrupaciones". Ante el reconocimiento de Kast a este resultado: "mostró ponerse a disposición... así que se verá de alguna manera un momento de conversación, que dejamos que exista un espíritu cívico que anime la conversación"

Esto expresa más el giro hacia el centro que realizó Boric durante la campaña, quien tuvo sus guiños políticos con los ex presidentes Ricardo Lagos y Michelle Bachelet. Lagos, en uno de sus twitt felicitó a Boric para luego plantearle algunas pautas próximo gobierno: "En medio de los desafíos del presente con una crisis económica y una pandemia, tanto el gobierno como la oposición deberán encontrar algunos puntos en común para dar una señal de unidad al país. Además tendrá el honor de firmar y poner en marcha la próxima Constitución de Chile".condicionará su próximo gobierno.

Domingo 19 de diciembre

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Viernes, 26 Noviembre 2021 05:58

El voto de la Colombia inconforme

El voto de la Colombia inconforme

La definición de las candidaturas para la próxima elección presidencial de 2022 marca la nueva escena política colombiana: una derecha uribista que apuesta a las mismas recetas, un centro político que se hace fuerte en los sectores medios metropolitanos y una izquierda que apuesta a un proyecto de transformación más radical. El eco de las protestas sociales de 2021 resulta clave para entender lo que sucede en el país.

«La historia la escriben los vencedores y la narran los vencidos», afirmó hace algo más de dos décadas el escritor argentino Ricardo Piglia. La frase, perteneciente a su novela Respiración Artificial, hace eje en la forma en la que el conjunto de sectores subalternos, excluidos y vencidos por el Estado, apuestan a construir narrativas alternativas y paralelas a las oficiales. El Pacto Histórico, la coalición colombiana de partidos y movimientos de izquierda liderados por el candidato presidencial Gustavo Petro, recoge parte de ese acervo y esas luchas apostando a que, en 2022, se consiga traducirlas en una victoria en los comicios presidenciales.

Aunque la apuesta del Pacto Histórico es, sin dudas, interesante, su problema estriba en que la estrategia es pensada en una clave puramente electoral. En tal sentido, resulta difícil que, en un corto plazo, la propuesta de Petro logre articular un imaginario nacional-popular hegemónico que le dispute al establishment el sentido común de la sociedad. En tal punto, es necesario resaltar que muchos de los electores que ahora se identifican con el Pacto Histórico y con la candidatura de Petro impugnan el pasado y se sienten defraudados con las promesas de los anteriores gobiernos, pero no necesariamente apuestan a una narrativa  alternativa. Y es que muchos de quienes podrían optar por Petro apostaron en el pasado por los gobiernos de Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos. Esto no resulta ilógico: los comerciantes y los pequeños empresarios lograron, durante esos gobiernos, beneficios económicos tangibles a partir de la bonanza de los commodities, que jalonaron el crecimiento sostenido del PIB nacional durante una década. Por lo tanto, la impugnación que muchos de ellos hacen ahora del pasado no necesariamente implica una ruptura radical con el orden existente. La ruptura es coyuntural.

El apoyo a Petro dista mucho de ser un apoyo puramente de izquierda. Aunque logró 8 millones de votos en la segunda vuelta presidencial de 2018 defendiendo una agenda «antiuribista» y a favor de la paz, sus nuevos electores están constituidos por un amplio sector de opinión que votó con el uribismo en el plebiscito de 2016 y que apostó por Iván Duque en 2018. Dicho conglomerado está conformado por millones de defraudados con el eslogan «seguridad democrática y confianza inversionista», defendido históricamente por Uribe. Parte de la ciudadanía percibe que la promesa de «prosperidad económica» del proyecto uribista fue incumplida y que, por tanto, ese ciclo de gobierno debe llegar a su fin.

A pesar de que el núcleo duro de votantes del Proyecto Histórico procede de nuevos y antiguos votantes de la izquierda, no deja de ser paradójico que la mayoría de sus electores se encuentre más a la derecha que los militantes y candidatos de la coalición. Esto se vincula directamente con el sentido común que domina en Colombia, con su historia de violencia acumulada y la posición antinacionalista de la clase política tradicional. De ahí la importancia para el Pacto Histórico de las formas, los nuevos símbolos, la manera de dirigirse a esta ciudadanía despolitizada, atomizada, e influenciada por esa lógica del «sálvese quien pueda» que ha dominado a Colombia desde el auge del narcotráfico en la década de 1980. Como bien lo expresó Fernando Dorado, «el verdadero problema es clarificar qué imaginario estamos construyendo para enamorar a las mayorías de la sociedad y cómo nos va leyendo la gente del común».

Sin lugar a dudas, el fenómeno de esta alianza suprapartidista y nacional-popular desborda a la izquierda misma sin socavar sus principios y sus luchas históricas. Reconocer al Pacto Histórico como una nueva versión de agrupamientos de izquierda tradicional es repetir los errores de los momentos de mayor ascenso de la Unión Patriótica (1985-1996), del Frente Social y Político (1997-2002) y del Polo Democrático (2005-2015).

Pacto Histórico: trampas y desafíos

Es innegable que el país vive un auge democrático que recoge el acumulado de luchas sociales de la última década: el paro agrario de 2013, la firma del Acuerdo de paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en 2016, las movilizaciones ciudadanas de 2019 y el gran paro nacional de 2021. No es redundante volver a repetir que el Pacto Histórico alberga una simbología que va mucho más allá de los ejes discursivos de la izquierda. Es más, frente a la deriva antidemocrática de los ocho años del gobierno de Uribe, ha venido creciendo un movimiento supraideológico que busca radicalizar la democracia destituyendo del poder al uribismo.

Gran parte de ese «antiuribismo» lo conforma electoralmente un nicho de opinión que se autodenomina de «centro», el cuál votó por Sergio Fajardo y Humberto de la Calle en 2018. Dicha corriente de centro podría definirse como un «reformismo liberal de nuevo tipo» que ha emergido con fuerza ante la inminente crisis de liderazgo de toda la derecha tradicional desprestigiada. Este sector, que apela a la meritocracia y a la tecnocracia, fue bastión principal del gobierno de Santos durante sus ocho años en el poder.

Este bloque político está conformado por el Partido Verde y las demás agrupaciones que conforman la denominada Coalición de la Esperanza: los liberales disidentes de En Marcha —encabezados por Humberto de la Calle, Juan Fernando Cristo y Guillermo Rivera—, el Nuevo Liberalismo de Juan Manuel y Carlos Fernando Galán, Dignidad de Jorge Enrique Robledo, y Compromiso Ciudadano del ex alcalde de Medellín Sergio Fajardo.

El «centro» ha ganado en las últimas dos décadas incidencia ante la creciente polarización y agudización de las contradicciones resultantes del proceso de paz y la supremacía política del uribismo. El centro se sitúa como una opción «decente», antirradical, que defiende el statu quo, los derechos individuales, las instituciones y la lucha contra la corrupción. Este último punto permitió que una de sus referentes, la actual alcaldesa de Bogotá Claudia López, liderara una consulta nacional con más de 11 millones de votos que le permitieron la visibilidad y credibilidad suficientes para ganar en la capital de Colombia. Este bloque, con amplia sintonía con los intereses y anhelos de la clase media de las ciudades principales e intermedias del país, encuentra en la apatía ciudadana y la antipolítica factores de adherencia a su proyecto. El «centro», liderado por el Partido Alianza Verde en 2019, fue el gran ganador de las elecciones regionales de ese año al lograr las alcaldías de Bogotá, Cali, Manizales, Cúcuta, Florencia y Popayán, así como la Gobernación de Boyacá.

Aunque a ambos sectores los une la regeneración democrática representada por la defensa de la Constitución de 1991 y la salvaguarda de los derechos humanos, la diferencia de fondo entre la Coalición de la Esperanza y el Pacto Histórico radica en la impugnación continua de este último al modelo económico y social que ha regido a Colombia durante las últimas cuatro décadas. Ese modelo se expresa en la mercantilización de los derechos sociales y colectivos, la firma de múltiples tratados de libre comercio que han desequilibrado desfavorablemente la balanza comercial nacional y en la privatización gradual del Estado, con la cual la Coalición de la Esperanza está parcialmente de acuerdo.

Lo que más temen los sectores moderados y radicales del establishment, ligados a los sectores que contribuyeron a mercantilizar la salud, la educación, la vivienda, y los servicios públicos, es que aparezca un agente público eficiente que desprivatice, gestione exitosamente y logre buenos resultados. También temen que el Pacto Histórico, más allá de sus veleidades internas y las contradicciones de Petro, logre movilizar a millones de personas empobrecidas con necesidades más reales e inmediatas que las de la clase media.

Yezid Arteta caracterizó correctamente esa frontera material y de clase que divide a ambas coaliciones. «La gente del medio no tiene estos problemas. Razón para no comprender a los de abajo. Se duchan con abundante agua caliente, desayunan frutas y cereales, trabajan con el computador desde casa y solo salen a la calle para llevar al perro a cagar. Convencer, organizar y movilizar a los pobres tiene más valor político y moral que sumergirse en una polémica sobre una fotografía en la que aparece Petro con un charlatán de iglesia».

Pacto Histórico, posneoliberalismo y transición democrática

La impugnación continua al fracaso de tres décadas del capitalismo neoliberal deslinda radicalmente la agenda del Proyecto Histórico de los demás proyectos políticos en disputa por la Presidencia de la República. Indudablemente, la ruptura del Proyecto Histórico con el consenso entre las elites por la continuidad de este modelo establece en el mapa político un único límite entre un «nosotros» popular y cotidiano, antepuesto a un «ellos» representado por los sectores de poder que siempre han controlado el país. La apuesta del Proyecto Histórico es la de producir un consenso posneoliberal.

En Ecuador, Uruguay, Argentina y el mismo Brasil, la llegada de gobiernos posneoliberales de carácter progresista permitió que estos países renegociaran la deuda externa con los organismos multilaterales. Esta decisión política facilitó el cambio de prioridades presupuestales, lo que se tradujo en bienestar y aumento de calidad de vida para millones de personas. De lograrse dicho viraje político en Colombia, se podría avanzar en la disminución de los índices de pobreza, en la reducción de las tasas de desempleo, en el aumento del gasto en educación, salud y vivienda pública, en la generación de infraestructura para el desarrollo y en un mejor marco de competitividad para el país.

Es necesario precisar, sin embargo, que parte de la financiación de la política social de los gobiernos posneoliberales fue posible debido al boom de los precios de los commodities (petróleo, gas, minerales) entre 2005 y 2013. La caída varios de estos  precios, sumada crisis de la pandemia de covid-19, revirtió los avances de este periodo de prosperidad social. Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), la emergencia sanitaria hizo retroceder diez años esas conquistas sociales.

En suma, las condiciones objetivas marcadas por el flujo ascendente de una década de descontento y movilización social nacional (2011-2021), el desgaste sufrido por los gobiernos regionales elegidos en 2019 y liderados por la Coalición de la Esperanza, la emergencia sanitaria, el descrédito de la política tradicional, el declive del proyecto político hegemónico en Colombia encabezado por Álvaro Uribe (2002-2022) y el agotamiento del modelo neoliberal en el país, plantean un escenario único que podría acabar en una eventual victoria del Pacto Histórico en los comicios generales de 2022 y dar al traste con aquella célebre frase que Humberto De la Calle hizo popular durante el proceso de paz con las FARC: «El modelo económico no es materia de discusión en La Habana»

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Chile: malos tiempos para la ética política

En Chile la ilusión de estar viviendo un proceso constituyente radical, de transformación democrática se desvanece. Las macroelecciones dejan un resultado poco esperanzador. Dentro de un mes, el posible triunfo de la extrema derecha pinochetista es un mal presagio. Pero no podemos dejar pasar el nuevo mapa que se dibuja tras las elecciones parlamentarias. La derecha controla ambas cámaras. El pacto de transición (1988-90), entre las fuerzas armadas y los representantes políticos que le dieron vida, llega a su fin. El parlamento, ya en crisis, tiene nuevos actores y hay que reinventar alianzas y pactos. Si hablamos de la derecha, la coalición hegemónica Chile Podemos Más cohabitará con una derecha neofascista, cuya presencia ha dejado de ser marginal. Se trata del Frente Social Cristiano, encarnado en la figura de José Antonio Kast, y formado por el Partido Republicano y el Partido Conservador Cristiano. En este contexto, UDI, RN y Evópoli, con 59 diputados, seguirán siendo la principal fuerza parlamentaria, pero deberán pactar a su derecha con el Frente Social Cristiano. Sus 15 diputados serán necesarios para articular mayorías. El chantaje será el arma política para mantener atada en corto a la derecha que negoció la transición, y según Katz abandonó sus postulados para plegarse a los designios de la izquierda marxista. Asistiremos, con seguridad, a un discurso más beligerante y anticomunista. Pero no ha sido este el único desprendimiento en la derecha, el Partido por la Gente, con seis diputados, creado ad hoc y legalizado en julio de 2021, inaugura su andadura. Para ello candidateó a Franco Parisi, economista conocido por sus programas de radio y televisión, adulador de la economía de mercado, quien ha fijado su residencia en Estados Unidos, sin participar en los debates. Cuesta creer que 891 mil 566 chilenos le otorgasen su voto, convirtiendo a Parisi en el tercer candidato más votado, por delante de Sebastián Sichel, de Chile Vamos. Sus motivos para "pedir asilo", según sus declaraciones, se deben al proceso judicial que le condena a pagar una millonaria deuda de pensión alimentaria a sus hijos.

Por el otro lado, los partidos que han configurado la Concertación, hoy Nuevo Pacto Social, acaban haciendo aguas. Aunque se mantiene la alianza entre socialistas, democratacristianos, Partido Radical y Partido por la Democracia, sus resultados no han sido mejores que Apruebo Dignidad, donde se agrupan el Frente Amplio, el Partido Comunista, Comunes y Verdes. Ambas coaliciones han obtenido igual número de escaños: 37. La novedad es la juventud de sus diputados. La vieja generación de líderes y dirigentes ha sido desbancada, lo cual supone un cambio que acabará repercutiendo en los discursos, los comportamientos y actitudes a la hora de enfrentar los pactos, lo cual no necesariamente debe traducirse en un ideario más a la izquierda, anticapitalista y contra el neoliberalismo.

Así, en segunda vuelta, a pesar de en­tender que el triunfo de Kast, el 19 de diciembre, sería la confirmación de la peor de las opciones posibles, el probable triunfo de Gabriel Boric, dejaría un presidente debilitado. La derecha, con mayoría en ambas cámaras, podrá desarrollar una política de cortapisa, retrotrayendo el país a los años más oscuros del pinochetismo político y, de paso, convertirse en un dique a la Convención Constituyente, aislando a sus convencionales situados a la izquierda y decididos a cambiar el modelo. En esta tarea contaría con la colaboración de una parte importante de los independientes, socialdemócratas y democristianos de los partidos que firmaron el 15 de noviembre de 2019 el pacto de la traición.

Si dentro de un mes, votar a Gabriel Boric se piensa como freno a José Antonio Kast, sus opciones están en buscar alianzas con la socialdemocracia y la democracia cristiana, en otros términos, con la vieja Concertación, y atraerse los votos del progresista Marco Enrique Ominami (7.61 por ciento) y de Unión Patriótica, Eduardo Artés (1.47), secretario general del Partido Comunista Chileno (Acción Proletaria). Sin olvidar la necesidad de movilización social. Los índices de abstención se elevan a 52 por ciento. De los 15 millones 30 mil 973 ciudadanos con derecho a voto, lo ejercieron 7 millones 93 mil 303. En pocas palabras, uno de cada dos chilenos se abstuvo. La despolitización, la corrupción, el descrédito de los partidos, la pérdida de confianza en las instituciones públicas, la falta de una opción ilusionante en la izquierda, un proyecto real, por encima de discursos grandilocuentes, genera desafección y desinterés. Ahí está otro triunfo cultural del neoliberalismo chileno, relegar la política a un espacio emocional de marketing electoral, desligándola de su sentido ético de construcción de dignidad y ciudadanía plena.

En definitiva, la disyuntiva en Gabriel Boric y Jose Antonio Kast pierde relevancia si entra en la ecuación la nueva composición parlamentaria, sin por ello restarle importancia. No son lo mismo. Pero la realidad es tozuda. Boric, si quiere recuperar terreno, deberá buscar la confianza de los sectores medios, los empresarios, las trasnacionales y los organismos internacionales, lo cual le conduce a posicionarse en favor de la economía de mercado, los tratados de libre comercio y suavizar su rechazo al neoliberalismo. Entre la espada y la pared, si triunfa, su gobierno dará tumbos entre el desencanto y la frustración. José Antonio Kast es el candidato de la derecha, todas las derechas, y harán lo posible para suavizar el discurso xenófobo, racista y violento, maquillando sus declaraciones. Si lo consiguen, tendrán mucho ganado. El Chile real dista mucho de aquel imaginado hace apenas un año con el proceso constituyente. La tendencia es a reconstituir el proceso neoliberal bajo nuevas formas y para ello, da lo mismo ocho que 80.

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Elecciones en Chile: Boric y Kast, proyectos antagónicos, pasan a ballottage

La nueva izquierda y la derecha reaccionaria

Por un estrecho margen ambos candidatos llegaron a la segunda vuelta. En tercer lugar irrumpió Franco Parisi, presidenciable que ni siquiera estuvo en Chile haciendo campaña.

 

Finalmente se despejó la incertidumbre electoral en Chile: Gabriel Boric representante de la nueva izquierda encarnada por el Frente Amplio junto al Partido Comunista y José Antonio Kast rostro de la ultraderecha más conservadora (Partido Republicano-Frente Social Cristiano) serán los candidatos de la segunda vuelta programada para cuatro semanas más, el 19 de diciembre. Dos proyectos políticos y formas de ver el mundo prácticamente sin puntos en común.

Con un 88,52% de mesas escrutadas, Kast obtuvo un 28% (1.725.653 votos) y Boric, 25,5% (1.573.004 votos). Una leve ventaja que para el candidato de la ultraderecha es sin duda un éxito considerando el 7,93% (523.213 votos) que obtuvo en las presidenciales de 2017. Algo que lo envalentonó en el discurso dado a sus adherentes en el barrio alto de Santiago a eso de las 22:00 horas donde agradeció a Dios, prometió mayor seguridad y luchar contra “el comunismo” y “el terrorismo”. Casi como siguiendo el guión de Bolsonaro y Trump. De momento, Sebastián Sichel, el candidato del oficialismo y favorito de Piñera que obtuvo apenas 12% lo felicitó y aseguró estar abierto a conversar con él.

Boric, que ya obtuvo el apoyo inmediato del Partido Socialista y Marco Enriquez Ominami (que quedó en sexto lugar con 7,6% en su cuarta aventura electoral), tomó la palabra más tarde, remarcando aún más la distancia con el populismo evangelista de esta versión de Kast. De hecho, partió diciendo que, a diferencia de su rival, él no quiere hablar mal de éste y que “la esperanza le ganará al miedo”.

“Hoy hemos recibido un mandato y una responsabilidad que es tremenda. Se nos ha encomendado liderar una disputa por la democracia, la inclusión, la justicia y el respeto a la dignidad de todos y de todas”, señaló visiblemente emocionado. “Tenemos que trabajar por la unidad de los demócratas. Quiero contagiarlos hoy día de energía y esperanza. Que se sienta esa energía y esperanza. Los resultados se siguen ajustando pero no va a ser la primera vez que partimos desde atrás. Lo hicimos cuando luchamos por la educación y no nos creían. Lo hicimos cuando rompimos el binominal. Lo hicimos para la junta de firmas, para la primaria. Y no me cabe ninguna duda que lo haremos para esta segunda vuelta con unidad. Pueblo de Chike: Vamos a ganar esta segunda vuelta.”.

Calor, colas y reordenamiento del Congreso

La jornada electoral estuvo marcada por el calor en la zona central. Cerca de 32 gratos y una alta radiación sumada a ciertos problemas de organización en los locales de votación, con zonas no habilitadas por protocolos Covid-19, generó malestar en los votantes que tuvieron que esperar en la calle lo que hizo que las mesas cerraran mucho más tarde que a las 18:00 horario donde generalmente se estaban cerrando los locales se votación. Sumémosle las cuatro papeletas que además de la presidencial incluía senadores, diputados y consejeros regionales.

Aunque el conteo de senadores y diputados ha sido más lento (a las 22:00 sólo estaba el 40% de la mesas escrutadas) hay al menos dos conclusiones básicas: en la Cámara baja hay una mayoría de izquierda con 35 integrantes del conglomerado Apruebo Dignidad, 35 de Nuevo Pacto Social, 3 de Dignidad Ahora y 3 del Partido Ecologista Verde. La derecha, tendría ya 56 integrantes bajo el conglomerado Chile Podemos + y el Frente Social Cristiano 14.

En la Cámara Alta, hay 24 senadores de Chile Podemos + más uno del Frente Social Cristiano frente a 18 del Nuevo Pacto Social y 5 de apruebo Dignidad. Un mapa que quedará más claro conforme avance el escrutinio.

Sin embargo se abren serios interrogantes. El principal: ¿Cómo un país que, hace apenas dos años, tuvo un estallido donde más de un millón de personas salió a la calle para protestar contra el modelo neoliberal heredado de la dictadura tiene como primera mayoría a un pinochetista declarado como Kast?

Además está el inesperado tercer lugar de Franco Parisi con 13% (802.212), un economista libertario, anti-elite, que hizo toda su campaña desde EE.UU. (se conoció hace un par de meses una orden de arraigo por el no pago de pensión alimenticia) sin figurar en encuestas y desplazando al favorito del oficialismo (y del presidente Sebastián Piñera), Sebastián Sichel (12,6%) y a la DC, Yasna Provoste (11,8%), la candidata de la centroizquierda con los partidos de la otrora exitosa Concertación que gobernó al país por veinte años desde el retorno a la democracia: Partido Socialista, Partido por la Democracia y Partido Radical. Justamente un conglomerado que la generación de Boric buscó desplazar primero en las grandes protestas estudiantiles de 2011 y luego en el Congreso a través del Frente Amplio que agrupaba a los partidos jóvenes de una nueva izquierda. Casi testimonailemente, el profesor representante de la izquierda más dura, Eduardo Artés un 1,5%.

La amenaza ultraderechista

Sólo hay una cosa que a Kast le molesta más que le digan “José”, omitiendo el “Antonio” (contrariando una costumbre arraigada en la clase alta chilena, como le hizo ver Boric en los debates televisados): que lo llamen ultraderechista y pinochetista.

Sin embargo, hay demasiada evidencia que demuestra lo contrario: su programa propone achicar el estado, perseguir a disidentes políticos, cerrar el Instituto de Derechos Humanos junto al Ministerio de la Mujer y achicar el Estado sin profundizar bien de qué manera lo haría. También ha defendido públicamente el legado económico de Pinochet, se ha reconocido amigo del bestial militar Miguel Krassnoff (con cerca de 700 años de condena por diversos asesinatos y violaciones de DD.HH.), se opone al aborto, al matrimonio homosexual y, como si esto no fuera poco, defiende al rodeo y justifica la militarización de la Araucanía.

“Creo que hay varios factores que inciden en el alto nivel de preferencias obtuvo Kast”, señala Mariana Ardiles Thonet, integrante de la Red de Politólogas y docente de la Universidad de Chile. “Tradicionalmente en el país, la gente señala que la primera preocupación del gobierno debería ser la seguridad y los delitos”. Esto se grafica, dice la académica, en la encuesta CEP que sólo tras el Estallido Social, en la medición de diciembre de 2019, aparecieron en los primeros lugares temas ligados a derechos sociales, pero ya en 2021 volvió a aparecer el problema de la seguridad. “Y ese es exactamente uno de los principales temas de Kast. Él tiene una agenda de orden, de mano dura, de crear más cárceles, de criticar la situación de la Araucanía y de frenar la inmigración. Creo que esas ideas le resultan atractivas a un sector de la ciudadanía que resiente el estallido social, y que además tiene temor en el actual contexto de incertidumbre política y de crisis económica, ligada a la pandemia”.

Para el científico social y economista Ramón E. López que Kast lidere la primera vuelta es, sin dudas una mala noticia en un país que necesitaba cambios radicales y urgentes. “Es algo terrible. Chile es un país en la búsqueda de su propia destrucción y la tendrá. Una amiga me dice que esto es un Síndrome de Estocolmo: el pueblo apañando a aquellos los están abusando y empobreciendo. Un país con la desigualdad social y destrucción ambiental que ocurre en Chile no tiene buen fin. Este es un sistema social y ambientalmente insostenible. Un país que se da el lujo de regalarle miles de millones de dólares a los explotadores de sus recursos naturales y a la oligarquía dueña de los monopolios que asfixian a consumidores y pymes, no puede tener un buen vivir. En fin, la historia lo dirá claro, pero cuando ya sea demasiado tarde”.

Sobre la irrupción de Parisi para Ardiles tiene que ver conque ese tipo de candidatos logra atraer a un electorado que rechaza a los partidos y la política tradicional, que ve la independencia de estos espacios como una virtud per sé. “En Chile es muy alto el rechazo a los partidos y al Congreso, y la gran mayoría de las personas dice no identificarse con la izquierda ni con la derecha. Parisi se plantea como algo distinto a la élite y critica la idea de "los poderosos", trata de mostrarse en una relación directa con la gente, en una lógica neopopulista. Probablemente esto ha contribuido a su nivel de apoyo, pese a que resulta insólito que haya hecho su campaña sin estar en el país”.

La esperanza de Boric

A sus 35 años Gabriel Boric acumula una enorme experiencia política desde la vereda de la dirigencia estudiantil en la escuela de derecho de la U. de Chile para luego convertirse en diputado por el extremo sur de Chile, desde donde llegaron sus ancestros desde Croacia. Hábil en lograr acuerdos —aún a riesgo de ser criticado por su propio sector político— fue clave en articular el Acuerdo por la Paz en noviembre de 2019 allanando el camino para el plebiscito que finalmente aprobaría el cambio de Constitución un año después. Su programa está centrado en un cambio del modelo neoliberal a través de una matriz productiva tecnológica y científica (más allá del clásico modelo exportador de cobre y salmón que ha caracterizado al país), revisar las brechas en la distribución del ingreso y establecer el feminismo, el medio ambiente y la salud mental como prioridades de un Estado “cuidador”. Para López, el programa económico de Boric “debe mantenerse en una posición de izquierda. Por muchas volteretas que se de hacia el centro y la derecha no le va a resultar. Mejor caer con dignidad q arrodillarse ante la oligarquía”.

Ardiles dice que es muy difícil saber qué va a pasar en la segunda vuelta. “Tradicionalmente vota menos gente que en la primera vuelta. Parisi tiene una alta votación pero con un discurso antipartidos, antipolítica y no necesariamente todos sus votantes participarán en segunda vuelta. Sin embargo, creo que Kast podría atraer a parte de ese sector”.

Y concluye: “Estos resultados muestran una vez más la volatilidad del electorado chileno. También muestran el peso de la agenda de orden y seguridad que representa Kast, a pesar de que sus propuestas son contrarias a agendas progresistas que se han discutido bastante últimamente (aborto, matrimonio igualitario, alzas de impuestos, reforma policial, etc.). Kast además ya tiene el apoyo de Renovación Nacional. Otro aspecto que se ve en esta elección, y que se confirma una vez más, es el fin de la ex Concertación, que fue el conglomerado que gobernó Chile por 20 años tras el retorno de la democracia. Por último, el resultado muestra una segunda vuelta incierta, y que Boric, si bien ya tiene el respaldo del Partido Socialista, tiene un desafío muy grande para sumar apoyos desde el centro y la centro izquierda”. 

22 de noviembre de 2021

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Pedro Castillo en una ceremonia con sus aliados bolivianos.. Imagen: AFP

Buscan votos para destituir a Castillo por "incapacidad moral"

En su enfrentamiento con el gobierno de izquierda de Pedro Castillo, el Congreso controlado por la derecha maniobra para maniatar al presidente. El Legislativo ha dado un importante paso en esa dirección promulgando una ley que limita las facultades de Castillo y debilita al mandatario frente a un Parlamento opositor y en buena parte hostil y golpista. Esta ley, que es un ataque directo al presidente, ha sido promulgada cuando en el Congreso sectores radicales de la derecha encabezados por el fujimorismo, complotan para dar un golpe parlamentario. Para eso tienen la ambigua figura de la destitución del presidente por “incapacidad moral”, que puede aplicarse sumariamente en un proceso de pocos días sin necesidad de un juicio político y sin otro argumento que la fuerza de los votos. Se necesitan dos tercios del Congreso unicameral, 87 votos de 130. La derecha golpista todavía no alcanza esos votos, pero trabaja para sumarlos, con apoyo de un sector importante de los medios. La nueva ley le quita opciones al presidente para defender su gobierno.

El sistema político peruano es una combinación de presidencialismo con elementos de los modelos parlamentarios. Además de la posibilidad de destituir al presidente sin pasar por un impeachment, el Parlamento tiene la facultad de interpelar y censurar ministros, obligándolos a renunciar, y todo nuevo gabinete debe recibir el voto de confianza del Congreso, si la confianza le es negada el gabinete cae. El Ejecutivo, como contrapeso a esas facultades parlamentarias, puede pedir una cuestión de confianza si considera que el Congreso obstruye su trabajo y le impide llevar adelante sus políticas, y si el voto de confianza le es negado dos veces queda habilitado para disolver el Congreso y llamar a nuevas elecciones legislativas.

La cuestionada ley sacada por la derecha, aprobada por insistencia con 79 votos luego que el Ejecutivo la observara, limita las facultades del gobierno frente al Congreso, prohibiéndole utilizar el pedido del voto de confianza para lo que se considere “facultades del Congreso” y para defender reformas constitucionales. Entre otras limitaciones, ahora el gobierno no podrá utilizar el voto de confianza para defender su propuesta de una reforma constitucional para habilitar un referéndum para elegir una Asamblea Constituyente que cambie la Constitución heredada de la dictadura de Alberto Fujimori. Se limita la cuestión de confianza que puede pedir el Ejecutivo, pero se mantienen intocables todas las facultades del Congreso frente al gobierno, entre ellas la de destituir al mandatario por “incapacidad moral”. El equilibrio de poderes se ha roto, la cancha ha quedado inclinada a favor del Parlamento, donde la ultraderecha golpista tiene importante fuerza.

“Esta ley implica un debilitamiento de la presidencia, precariza la figura del presidente Castillo, lo hace más frágil. Esto se suma a otros problemas congénitos que tiene el sistema peruano, como el hecho que un presidente puede ser destituido en un proceso exprés de quince días porque aquí no existe juicio político. Esta ley se ha dado para mediatizar al presidente, a la presidencia de la república como institución, para neutralizar al gabinete y toda posibilidad de cambio, y es un aviso de la vacancia (destitución del presidente) que los sectores de la ultraderecha quieren presentar en el Congreso. Al restringir el criterio de amplitud del voto de confianza lo que se hace es empoderar al Parlamento sobre el presidente de la República y eso es una fractura histórica. Hay un fuego cruzado entre el Ejecutivo y el Congreso, con esta ley el Parlamento toma ventaja”, le señaló a Página 12 el abogado y politólogo Juan de la Puente, director del portal de análisis político Pata Amarilla.

“Esta ley -indica De la Puente- ya está teniendo efecto. Mi impresión es que Castillo está gobernando de cara al Parlamento, diría de cara a la enorme influencia que en el Congreso tiene la ultraderecha. La consecuencia de esto podría ser que Castillo tenga gabinetes menos suyos y más interesados en quedar bien con el Parlamento, caer en el juego que postula la derecha que quiere un consenso pero sin cambios, cuando el mandato de las elecciones es que haya consenso y cambio”.

En los últimos años, con estas figuras de la destitución del presidente por “incapacidad moral” y la disolución del Congreso, el país ha estado en permanente inestabilidad política. En el último quinquenio, antes que asuma Castillo en julio pasado, hubo cuatro presidentes y dos Congresos. En diálogo con Página 12, el abogado constitucionalista Luciano López, profesor de la Universidad Católica, opina sobre los efectos de esta ley en este escenario de inestabilidad.

“Si se quisiera dar estabilidad -señala López- se debería eliminar la posibilidad de disolver el Congreso y reemplazarla por la renovación parcial a mitad de mandato como existe en Argentina y otros países, y del otro lado eliminar también la destitución del presidente por incapacidad moral, que no se ha tocado, y establecer un juicio político con todas las garantías para una falta grave. Pero con esta ley no se ha querido dar estabilidad, sino debilitar al presidente. El trasfondo de esta ley es que el Congreso está tratando de neutralizar la posibilidad de su disolución al limitar la cuestión de confianza y está dejando abierta la puerta de la vacancia del presidente por una causal amplia como la incapacidad moral que se presta a la arbitrariedad. La Constitución le da un revolver al Ejecutivo para que le dispare al Parlamento disolviéndolo si se le niega dos veces la confianza, y le da otra pistola al Parlamento con la figura de la vacancia del presidente por incapacidad moral. Esta ley le quita ese revolver al Ejecutivo, pero le deja al Parlamento el revolver para que le dispare al Ejecutivo”.

El gobierno ha presentado una demanda ante el Tribunal Constitucional (TC) para que esta norma sea declarada inconstitucional por modificar irregularmente la Constitución. “La Constitución -precisa López- no pone límites a la cuestión de confianza que puede usar el Ejecutivo y así lo ha establecido el TC en dos sentencias, de 2018 y 2019. Esta ley es inconstitucional porque ha hecho una reforma de la Constitución limitando el pedido de confianza a través de una ley ordinaria que no es la vía para reformar la Constitución. Si el TC aprueba esta ley sería por razones políticas y no jurídicas”, señala López. El proceso en el TC, dice el constitucionalista, podría tomar unos cuatro o cinco meses, mientras tanto la ley sigue vigente.

Con un Congreso opositor que limita sus facultades, una derecha golpista con fuerza en el Parlamento y apoyo mediático y en sectores empresariales, y su frente interno dividido, Castillo se enfrenta a un panorama complicado. El analista Juan de la Puente señala que la respuesta del maestro rural y sindicalista que ha llegado a la presidencia debe pasar por movilizar las bases populares que votaron por él.

“Lo primero que puede hacer Castillo, que me parece está comenzando a hacer, es acudir al pueblo. En los últimos días la reacción del presidente ha sido volver a sus bases, viajar por el país, y está dejando que corra la idea que este es un Parlamento abusivo que está obstruyendo su trabajo. El principal sostén del presidente está en las calles, porque la coalición oficialista está muy deteriorada”, dice Juan de la Puente.

 

1 de noviembre de 2021

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El primer discurso de Castillo como presidente de Perú: "Es la primera vez que este país será gobernado por un campesino"

El jefe de Estado no ocupará el Palacio de Gobierno de Lima, cederá el edificio al nuevo Ministerio de las Culturas para que sea un museo de historia. "Tenemos que romper con los símbolos coloniales", dijo en su primer mensaje a la Nación.

 

Pedro Castillo asumió este miércoles la presidencia de Perú ataviado con un terno azul oscuro bordado con motivos indígenas y su tradicional sobrero chotano de paja y ala ancha. Recibió los símbolos del poder del Estado de manos de la presidenta del Parlamento, María del Carmen Alva, e inauguró su discurso de investidura con un anuncio inesperado: no gobernará desde el Palacio de Gobierno de Lima. En su lugar, cederá el edificio al nuevo Ministerio de las Culturas para que sea un museo sobre la historia nacional.​

"Yo no gobernaré desde la 'Casa de Pizarro'", dijo Castillo en referencia a la sede de la Presidencia de Perú, un palacio erigido en 1938 en el mismo lugar donde el conquistador Francisco Pizarro fijó su residencia al fundar Lima como la capital del virreinato del Perú. "Creo que tenemos que romper con los símbolos coloniales para acabar con las ataduras de la dominación que se han mantenido vigentes por tantos años", añadió.

Castillo, el primer presidente de la historia de Perú de origen campesino, aseguró que se necesita un ministerio que reconozca las diversas culturas y ejecute políticas donde los propios pueblos originarios participen en su elaboración. "Los peruanos y peruanas de sectores populares han sido invisibilizados en la formulación de las políticas públicas, como hace 200 años. Es necesario también interculturalizar al Estado y establecer que, cuando se tomen decisiones relevantes, se consideren las voces de las comunidades originarias y del pueblo afroperuano", insistió Castillo.

Asimismo, el nuevo jefe de Estado de Perú anunció un plan para "transformar lingüísticamente el Estado peruano, con el objetivo de que todas las instituciones públicas donde predominan lenguas originarias se comuniquen oficialmente en dichas lenguas". En Perú están reconocidos 48 idiomas distintos, y entre los originarios más hablados están el quechua y el aimara en la zona andina, mientras que en la Amazonía las lenguas con más hablantes son el asháninka, el awajún y el shipibo-konibo.

Un país sin corrupción

Pedro Castillo comenzaba su primer mensaje a la Nación con la mano sobre la Biblia. "Juro por dios, por mi familia, por mis hermanos y hermanas, campesinos, ronderos, pescadores, docentes, profesionales, niños, jóvenes y mujeres, que ejerceré el cargo de presidente en el periodo constitucional 2021-2026. Juro por los pueblos del Perú, por un país sin corrupción y por una nueva constitución", dijo con solemnidad.

Esta será una de las claves de su mandato y reiteró en mensaje en diversas ocasiones. "Debemos contar una legislación que desaliente la criminalidad de todo tipo; no como la actual, que la alienta. La corrupción desfalca más de 20 mil millones de soles al año. Tendremos que potenciar la Contraloría General de la República, a la Fiscalía de la Nación y al sistema judicial anticorrupción", resaltó al referirse a las tramas que incluso se han vinculado con varios jefes del Ejecutivo.

Expansión de las rondas campesinas

Pedro Castillo, de 51 años, fue rondero durante su juventud (miembro de una organización comunal rural de defensa) y ha pedido el fortalecimiento de estos grupos que funcionan en las regiones de Perú desde los años 70 y se dedican a administrar justicia en sus jurisdicciones. "Debemos expandir el sistema de las rondas en Perú, que no es otra cosa que la población organizada. Nos comprometemos a formarlas donde no existen y a incluirlas al sistema de seguridad ciudadana", apuntó Castillo.

Gran parte de su mensaje fue una oda al "gobierno del pueblo para el pueblo". "Es la primera vez que este país será gobernado por un campesino. Es la primera vez que un partido político formado en el interior del país gana las elecciones democráticamente, y que un maestro rural es elegido para ser presidente de la república", destacó al asumir la presidencia peruana.

Crisis sanitaria

Castillo asume la presidencia en un momento crítico para el Perú, asolado por la crisis sanitaria y económica desatada por la pandemia de covid y en medio de una enorme polarización e inestabilidad política.

"Los sistemas públicos y privados de pensiones están en crisis. La protección social en el Perú debe pasar por las políticas de aseguramiento. Ningún peruano debe hacer boletas, denigrarse en programas de espectáculos para tener una pensión digna. La salud y las pensiones serán universales. Propondremos una comisión ejecutiva para la creación de un nuevo sistema de protección social. Impulsaremos un solo sistema de salud unificado", remarcó Castillo e hizo su compromiso aún más específico: "Impulsaremos la conformación de 5.000 equipos de atención comunitaria integral, para que ninguna familia peruana quede sin cobertura médica. Al término de mi mandato, entregaré hospitales especializados por región: materno infantil, neoplásico, clínico-quirúrguco, de medicina tropical y salud bucal".

En esta primera intervención al mando de la presidencia, dejó sobre la mesa su receta frente a la pandemia. "Ante una tercera ola de contagios, tenemos al 16%  la población vacunada con dos dosis y un primer nivel de atención muy débil. Nuestra finalidad es llegar a fin de año con el 70% de la población vacunada. Convocaremos de inmediato a todos los gobernadores regionales y a sus directores regionales a evaluar acciones ante la pandemia", aseguraba el presidente peruano y mencionaba la medida de ampliar el horario de los establecimientos de vacunación.

"Rentabilidad social"

Durante la campaña presidencial, uno de los temores de los críticos de Castillo era que no respetaría los ahorros ni la propiedad privada. El jefe de Estado ha querido despejar dudas desde el principio y declaró que es posible realizar los cambios que espera la población "con responsabilidad, respetando la propiedad privada y poniendo adelante los intereses de la nación". "Lo que nosotros propugnamos es que se acaben los abusos de los monopolios, de los consorcios que corrompen y cobran sumas artificialmente elevadas por los bienes y servicios básicos, como el gas doméstico y las medicinas", indicó.

En ese sentido, Castillo anunció que implementará el criterio de rentabilidad social en la actividad minera y otras industrias, que significa que todo proyecto debe contribuir con dinamizar la economía local, regional y nacional, incrementar realmente el ingreso nacional propiciando el ingreso neto de capitales y que los beneficios se contabilicen localmente.

Una nueva Constitución

La carta magna vigente en Perú fue promulgada en 1993, durante el gobierno de Alberto Fujimori, meses después de que este mandatario disolviera el Congreso en el episodio conocido como el "autogolpe". Una de las principales propuestas de Pedro Castillo durante su campaña presidencial fue cambiar esa Constitución y la ha vuelto a reiterar en su toma de posesión. "Estamos dispuestos a recuperar la soberanía. Muchos de nuestros recursos están en manos extranjeras. Esa es una de las razones que nos motivan a buscar una nueva constitución política que, entre otras cosas, permita garantizar los ingresos del Estado", proclamó.

"Una de nuestras principales banderas políticas, convertida ahora un bandera de la mayoría del pueblo es la convocatoria de una Asamblea Constituyente", dijo Castillo durante su primer mensaje a la nación. Pero la actual Constitución peruana no prevé un mecanismo para convocar dicha asamblea, por lo que primero habría que reformarla y aprobar esa reforma mediante un referendo.

Innovación Tecnológica

Castillo anunció igualmente la creación del ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Tecnológica para potenciar la generación de conocimiento necesario para la independencia tecnológica en el país, especialmente en el campo de la salud pública y las exportaciones.

De otro lado, el mandatario anunció que la empresa estatal Petro Perú participará en todos los aspectos de la industria petrolera, la exploración y explotación de los yacimientos de petróleo y gas natural, el transporte hacia las refinerías y la comercialización de los derivados.

"Así podremos regular los precios finales y evitar que se explote al ciudadano (...), no estamos hablando de subsidios públicos, pues esta empresa deberá participar plenamente en el mercado con sus recursos propios, pero con una tasa de ganancia razonable y sin ningún tipo de abuso", concluyó.

28/07/2021 21:25 Actualizado: 28/07/2021 22:38

Publicado enInternacional
Castillo asume el poder en Perú con promesas de cambio y escaso margen de actuación

Tras una larga espera de los resultados oficiales y en medio de un clima político convulso, el pueblo peruano por fin tiene a su presidente electo que tendrá que asumir el desafío de gobernar un país dividido.

 

Este 28 de julio, Pedro Castillo, del partido Perú Libre, se convertirá en el nuevo presidente de Perú. En la ceremonia de investidura estará presente, entre otros dignatarios extranjeros, el rey de España, Felipe VI. Será una investidura especial, pues coincide con la celebración del Bicentenario de la Independencia de la Corona española. Es la primera vez en décadas que el candidato electo es confirmado con tan poco tiempo, y es que la proclamación de Castillo como presidente de la República por parte de las autoridades electorales se efectuó solo unos días antes, cuando lo normal es que se haga un mes antes de asumir el poder.

Para entender lo que ha ocurrido hay que remontarse al 6 de junio, la fecha de la segunda vuelta de las elecciones, cuando frente a todo pronóstico, Castillo se enfrentó a Keiko Fujimori, la hija del exdictador Alberto Fujimori y candidata de Fuerza Popular. En una entrevista realizada en diciembre de 2020, el periodista Marco Sifuentes le preguntó a Castillo por quién votaría en la segunda vuelta, dando por hecho que él no pasaría. Castillo contestó, entre risas, que eso no ocurriría porque serían los otros candidatos los que no llegarían a la segunda vuelta. Marco Siguientes, sorprendido, le contestó: “Pero si usted solo tiene el 0,001% de tendencia de voto…”. Castillo replicó con seguridad: “Eso dicen las encuestas de arriba, pero cuando bajo y voy al pueblo, no encuentro a los señores que quedan primeros en los sondeos”. 

Aquí está la base para entender la campaña de Castillo. Mientras el resto de candidatos empleaban todas sus energías para convencer al electorado acomodado limeño, él hacía campaña en los rincones más remotos del país, ganándose la confianza de los sectores menos favorecidos de Perú. 

El papel de los medios

Desde que se supo que Castillo pasaba a la segunda vuelta se inició una “guerra mediática”, catapultada cuando se conocieron los resultados electorales. Los principales medios de comunicación se posicionaron claramente a favor de la candidata de Fuerza Popular, Keiko Fujimori. Alonso Zambrano, periodista de El Foco, un medio independiente, cree que la polarización es más evidente que nunca.

“Los medios tomaron una postura política para perjudicar al candidato que no querían ver en el poder. Esto muestra una clara interferencia en cómo uno media la información y desde qué ángulo se pretende informar. Los medios se desacreditaron a sí mismos por completo”, denuncia. Se llegaron a ver amenazas hacia los propios periodistas. Un ejemplo de esto fueron los reporteros de un conocido programa dominical de investigación llamado Cuarto Poder que renunciaron a sus puestos de trabajo porque estaban interviniendo directamente en el material en el que trabajaban.

Los grandes medios recurrieron como parte de la campaña contra Castillo a la desinformación y las fake news, al no haber sanciones administrativas por difundir información falsa, comenta Alonso. Frente a este caos informativo, estaba la prensa independiente, que ha crecido mucho en el país desde comienzos de la pandemia. “Los medios independientes han salido muy fortalecidos de esto, El foco es uno de ellos, pero debido a que no tenemos una gran infraestructura, nos hemos visto afectados por la polarización, porque cuando investigábamos a uno de ellos, para los lectores ya significaba que automáticamente apoyábamos al contrario. Ha habido muchos insultos y ataques a periodistas, tanto en la TV como en los eventos”, relata. Esa división derecha-izquierda que tanto ha afectado a la sociedad peruana será la que para Alonso pueda desestabilizar el próximo Gobierno de Castillo. “Las propuestas que da Castillo y sus grupos afines son más sociales, están en sintonía con los derechos humanos básicos, pero los del lado contrario serán un muro de piedra. Las propuestas del ejecutivo no saldrán adelante. Van a estar en constante conflicto y por lo tanto se darán a la improvisación y no me sorprendería ver que el Congreso se convierte en una herramienta para desarmar al poder ejecutivo, como con la vacancia presidencial”, añade, en referencia al recurso constitucional que permite desarmar un ejecutivo apelando a la ”incapacidad moral permanente“ del presidente. 

El 43% de los peruanos, según una encuesta de Ipsos, votó por Castillo porque esperaba ver un cambio. Pedro Castillo ofrecía en campaña un lema demoledor para aquellos veían peligrar sus privilegios: “No más pobres en un país rico”. Esa fue la consigna a la que la mayoría de la población se agarró porque vive ahogada en una profunda desigualdad. En estas elecciones se ha visto cómo la sociedad peruana tiene muchas cuestiones pendientes en las que trabajar en materia de igualdad, racismo y unidad. En el discurso que realizó después de ser designado presidente, Castillo dio la bienvenida a todos los peruanos a un gobierno “de todas las sangres” donde “nadie se quede atrás”. Sin embargo, el hecho de que Perú Libre no vaya a tener una mayoría consolidada en el Congreso es un problema que preocupa a la mayoría de la población, y más aún cuando han sido testigos de como los congresistas han llegado a echar a presidentes electos y colocado a otros. Por eso hay tanta expectación en la toma de poder del nuevo presidente, de la presentación de su equipo, las alianzas y del conocimiento de sus planes de trabajo, porque de eso dependerán los próximos años. 

“Un gobierno inestable”

Daniel Tello, fotógrafo y creador de contenido de 31 años, cuenta cómo vivió este cambio tan radical en el panorama electoral y cómo decidió su voto en el último momento. Al principio, como tantos otros, “no sabía quién era Castillo”. En la primera vuelta votó por un candidato de derechas porque le parecía el mejor currículum profesional para dirigir el país. Sin embargo, ya con el voto depositado, se arrepintió: “Después me di cuenta de que quería votar por Verónika Mendoza, pero los medios habían hecho una campaña muy fuerte contra ella”.

Con la prensa conservadora del país ocupada en desprestigiar la campaña de Mendoza (Juntos Por El Perú), de izquierda progresista, Castillo se libró momentáneamente de los ataques de la derecha. En la segunda vuelta, con Fujimori y Castillo como únicas opciones, este fotógrafo se planteó en primer lugar votar en blanco, y no cambiaría de opinión hasta que presenció la “asquerosa” campaña contra Castillo llevada a cabo por los grandes medios de comunicación. “Me puso muy triste darme cuenta de que después de 200 años de independencia, los peruanos, en especial los limeños, seguían siendo racistas”, dice. Así que finalmente votó por Castillo. “Lima tuvo mucho voto escondido hacia Castillo, daba vergüenza decir que votabas por él, pero al final es el que reflejó las necesidades de la mayoría de los peruanos”, explica. Daniel también reflexiona sobre el papel de Fujimori: “Ella decía que iba a respetar la democracia, pero luego no fue así, quiere estar en el poder como sea porque tiene muchos favores que devolver”. Este es uno de los motivos por los que Daniel piensa que Castillo no podrá gobernar con tranquilidad: “Ya han dicho que no lo aceptarían como presidente, lo van a sacar”. 

En cuanto la candidata de Fuerza Popular vio que Castillo ganaba las elecciones las declaró fraudulentas y llegó a gastar hasta un millón de soles (217.000 euros) en recursos legales que demostraran que las mesas electorales habían cometido fraude. No contenta con estas declaraciones también animó a sus votantes a salir a las calles a reclamar sus derechos y a luchar contra “el comunismo”.

El día de la segunda vuelta, el 6 de junio, los peruanos utilizaron sus cuentas oficiales en redes sociales para desmentir todas las noticias falsas que hablaban de fraude. Después, se enfrentaron a los continuos ataques de los fujimoristas que amenazaban con atentar contra los funcionarios y alentaban a los militares a tomar cartas en el asunto. Finalmente, la autoridad electoral del país rechazó todas las peticiones de Keiko Fujimori por falta de evidencias y proclamó a Pedro Castillo como nuevo presidente legítimo de Perú. 

Daniela Montejo, graduada en Administración con 25 años, fue una de esas personas que en la primera vuelta quería una opción moderada de izquierdas: “No pude ir a votar, pero lo hubiera hecho por Julio Guzmán o Verónika Mendoza, no tanto por ellos como candidatos sino por las propuestas de sus partidos y planes de Gobierno”, pero en segunda vuelta se decidió finalmente por Keiko: “Voté por Keiko casi que tapándome la nariz, porque jamás hubiera pensando votar por ella ni por su partido. Pero viendo todo lo que podía suceder a nivel económico con Castillo, era la única opción que garantizaría una estabilidad económica”. No obstante, Daniela es crítica con las declaraciones públicas de Keiko sobre el fraude electoral: “Keiko llego a hacer el ridículo, no supo aceptar la derrota. Detesto a la gente que salió a la calle a decir que era fraude porque llega un punto en el que están sobrepasando la voluntad de medio país que quiso a Castillo”, explica. Aunque votara por Keiko, sus expectativas con Castillo no son tan desastrosas como la de otros votantes. Daniela cree que el nuevo Gobierno no será como el de Venezuela porque “no dará tiempo a eso”, como tanto se ha mencionado en campaña, y tampoco cree que “se vayan a hacer los cambios estructurales que la gente necesita y no porque él no quiera sino porque su partido no tendrá esa capacidad de gestión para lograrlo”. 

Muchos peruanos manifestaron su intención de votar en blanco o nulo durante la segunda vuelta aunque no fueron tantos —solo el 6%— como inicialmente se pensó. Alexis Sipán, trabajador de Recursos Humanos de 26 años, al igual que Daniela, se decantó por la izquierda moderada en la primera vuelta, pero en la segunda decidió votar en blanco. “Los dos candidatos me parecían pésimos, la improvisación vs la impunidad, estuve tentado de votar por Keiko, pero básicamente porque leí que Castillo proponía el cierre de importaciones y eso no le hace ningún bien al país, pero cuando Keiko dijo en TV que su padre no fue un dictador, decidí invalidar mi voto”. Sobre el Gobierno que se avecina, Alexis espera moderación por parte de Castillo, “el plan de Castillo básicamente nos llevaría a una crisis económica dentro de una crisis sanitaria, yo espero moderación por su parte, no es una persona cerrada al intercambio de ideas, y creo que ha dejado ciertas propuestas radicales para tratar de mejorarlas, pero seguramente sea un gobierno inestable y con muchos intentos de vacancia”.

Lucía Muñoz Miranda

27 jul 2021 12:54


Será el primer presidente proveniente de un partido de izquierda 

Perú: asume Pedro Castillo en medio de una crisis social y económica

El maestro rural y líder campesino ganó con un discurso de cambio del modelo neoliberal, pero será un Congreso controlado por la derecha quien le tome juramento.

Por Carlos Noriega

27/07/2021

Desde Lima 

Este miércoles, en el día del bicentenario de la independencia, con toda la carga simbólica que eso tiene, juramentará como presidente Pedro Castillo. Será una jornada histórica. No solo por coincidir con el bicentenario, sino también por el significado que como reivindicación histórica para los sectores rurales, andinos y populares excluidos durante doscientos años de República tiene la llegada a la presidencia de un campesino, maestro rural y sindicalista que viene de una región andina que está entre las más pobres del país. Y por tratarse del primer presidente elegido proveniente de un partido de izquierda. Castillo, que ganó con un discurso de cambio del modelo neoliberal, juramentará ante un Congreso controlado por la derecha. El nuevo presidente llega al día de su jura sin que se conozca su gabinete ministerial.

A la histórica toma de mando de Castillo asistirá el presidente argentino Alberto Fernández. Ambos se reunirán luego de la asuncióción del presidente peruano. Hace unas semanas tuvieron un encuentro por zoom, en el que participaron otras personalidades progresistas de la región, en el que hablaron sobre la unidad regional y trabajar juntos en esa línea. A la jura de Castillo también asistirán los presidentes de Bolivia, Luis Arce; de Colombia, Iván Duque, de Chile, Sebastián Piñera; y de Ecuador, Guillermo Lasso; y el rey de España, Felipe VI. 

Obstáculos

El primer gran reto de Castillo será darle estabilidad y gobernabilidad a su gestión, en un contexto de polarización y movidas golpistas de una extrema derecha que no acepta su triunfo. Deberá hacerlo con un Congreso opositor, en buena parte hostil, en el que tendrá problemas para hacer aprobar sus propuestas de cambio, y con los poderes económico y mediático en contra. Otros retos inmediatos serán enfrentar la grave crisis sanitaria y económica por la pandemia. Hay más de dos millones de nuevos desempleados, en 2020 el PIB cayó 11 por ciento y la pobreza subió de 21 a 31 por ciento, lo que significa 3,3 millones de nuevos pobres. El gobierno saliente ha anunciado una recuperación económica con un crecimiento de 10 por ciento para este año, pero ha admitido que la recuperación del empleo marcha a un ritmo más lento que este crecimiento del PIB.

Programa

Castillo ha indicado que sus prioridades serán salud, educación y agricultura. El economista Pedro Francke, principal asesor económico de Castillo y voceado como ministro de Economía, ha señalado que se renegociarán los contratos con las empresas mineras para crear una sobretasa impositiva a las ganancias extras que vienen teniendo por el aumento de los precios internacionales de los minerales. Ha indicado que se debe incrementar la inversión pública, ampliar los créditos a la agricultura y a las micro y pequeñas empresas, y que las políticas públicas deben tener un importante componente redistributivo. Se ha anunciado que se priorizarán obras de infraestructura en salud, educación y caminos rurales. Castillo ha asegurado que no habrá estatizaciones.

La pandemia del coronavirus ha dejado en evidencia la precariedad del sistema de salud, desfinanciado por tres décadas de neoliberalismo. En el nuevo gobierno tienen claro que avanzar con la vacunación para controlar los contagios es fundamental para la reactivación de la economía. El gobierno saliente deja un proceso de vacunación que ha tomado un buen ritmo y 98 millones de dosis de vacunas, de distintos laboratorios, aseguradas. El objetivo es vacunar a toda la población para fin de año. El voceado ministro de Salud, el médico Hernando Cevallos, ha anunciado una importante inversión en la salud pública con el objetivo principal de mejorar el primer nivel de atención, muy deteriorado. Los casos de contagios y muertes por el coronavirus vienen descendiendo, pero Cevallos ha advertido que el país debe prepararse para una posible tercera ola de la pandemia.

La propuesta de Castillo de una Asamblea Constituyente para cambiar la Constitución que viene de la dictadura de Fujimori ha encontrado la cerrada oposición de la derecha política, económica y mediática, que se ha puesto en pie de lucha para defender la Constitución fujimorista que da una serie de beneficios a la inversión privada y reduce al Estado a un rol subsidiario de lo privado. La derecha tiene los votos para bloquear la propuesta en el Congreso. El gobierno podría convocar un referéndum sobre el tema con las firmas del 10 por ciento del padrón electoral, es decir 2,5 millones de firmas.

El líder izquierdista reemplaza al saliente presidente Francisco Sagasti, un intelectual de centro que asumió el cargo hace ocho meses designado por el Congreso en medio de una grave crisis política. Sagasti cierra un convulso quinquenio que ha tenido cuatro presidentes -uno de ellos duró menos de una semana- y dos Congresos. Con Castillo se abre una nueva etapa, con la esperanza del cambio.    

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