Miércoles, 15 Diciembre 2021 05:36

Las múltiples encrucijadas de Pedro Castillo

Las múltiples encrucijadas de Pedro Castillo

Aunque fue finalmente rechazado, Pedro Castillo enfrentó un pedido de destitución parlamentario por parte de la oposición de derecha. A pocos meses de iniciado el mandato, mantiene un rumbo zigzagueante que lo debilita frente a su base y no le suma por ahora nuevas adhesiones.

Cuatro meses después de que Pedro Castillo Terrones recibiese la banda presidencial, el Congreso de la República asistió al primer intento de destituirlo de su cargo. Al final de la sesión, la balanza se inclinó de manera definitiva a favor de la continuidad del mandatario. Además de los miembros de los tres partidos políticos que impulsaron la medida —Fuerza Popular, Renovación Popular y Avanza País, los mismos que poco tiempo antes pretendieron desconocer los resultados de la segunda vuelta electoral, alegando «fraude»—, solo votaron a favor de admitir la vacancia presidencial tres congresistas más. Este resultado, sin embargo, está lejos de significar la existencia de un Ejecutivo fuerte y con alianzas sólidas. La realidad es que Castillo se ha ido volviendo cada vez más débil y solo en su propio gobierno.

Durante la sesión para admitir el pedido de vacancia, la congresista Patricia Chirinos (del partido Avanza País), autora de la iniciativa, hizo su último esfuerzo para conseguir los votos que le hacían falta, hablándole a cada una de las bancadas que habían dejado abierta la posibilidad de apoyar la moción semanas atrás. «¿Van a proteger a un presidente con claros indicios de corrupción, a pesar de que sus propias bases lo señalan como desleal por entregar el poder a los caviares que nos gobiernan desde hace años? Reflexionemos y pensemos en los que están afuera, en el pueblo», fueron las palabras que Chirinos le dedicó a la bancada de Perú Libre, que llegó al Parlamento de la mano del mandatario solo unos meses atrás.

La ruptura con Perú Libre

La tarde del 6 de octubre pasado y en un mensaje a la nación, Pedro Castillo anunció que «poniendo al Perú por encima de toda ideología y posiciones partidarias aisladas», había aceptado la renuncia de Guido Bellido al cargo de presidente del Consejo de Ministros. La decisión ya era un rumor desde varios días antes. Bellido no era un primer ministro especialmente impopular entre la población —su aprobación se encontraba en el promedio de quienes han ostentado el cargo en el pasado—, pero era rechazado por los grandes medios de comunicación, el establishment político, los grupos empresariales y un sector antifujimorista liberal. Además de los antecedentes con los que cargaba —una denuncia por apología al terrorismo y una serie de declaraciones homófobas y machistas—, su liderazgo en el Ejecutivo causaba el disgusto de los grupos mencionados porque significaba la presencia de Perú Libre en el gobierno.

Y es que después de que Castillo fuera proclamado oficialmente como presidente de la República, los sectores opositores que aceptaron los resultados, los partidos políticos que se mantuvieron al margen de la campaña —manifestando su rechazo por los dos candidatos en contienda— y un sector de la población que votó por él en rechazo a Keiko Fujimori, apostaron por la «desradicalización» del programa de gobierno del nuevo jefe de Estado.

Tomando en cuenta la historia política del país, aquella expectativa no era descabellada. El politólogo Yusuke Murakami se ha referido a la dinámica de «entrar por la izquierda y salir por la derecha» de la política peruana, en referencia a la distancia entre las promesas electorales y las políticas gubernamentales de varios presidentes a partir de la década de 1980. La diferencia era que, en este caso, la presión por el abandono de un proyecto de cambio radical se concretizó en la demanda de apartar al partido oficialista del gobierno. Sin ese alejamiento, sostenían quienes la reclamaban, el respeto a la institucionalidad y a la estabilidad macroeconómica que Pedro Castillo aseguraba que sería garantizada durante su mandato, era solo una farsa, ya que Perú Libre, liderado por el cuestionado Vladimir Cerrón, se autodefinía abiertamente como un partido de izquierda socialista, con una adscripción «marxismo leninismo» bastante sui géneris y sus cuadros no desaprovechaban ninguna oportunidad para recordar que su objetivo mayor era el de redactar una nueva Constitución mediante la convocatoria de una Asamblea Constituyente. 

En los hechos, desde la campaña de segunda vuelta Perú Libre fue perdiendo cada vez más protagonismo en el proyecto liderado por Pedro Castillo. Con el objetivo de convencer a un electorado más moderado, su programa de gobierno inicial fue reemplazado por el «Plan de Gobierno Perú al Bicentenario-Sin corrupción», un documento en el que se planteaban medidas para los primeros 100 días y que tomaban varias de las propuestas de Juntos por el Perú —el partido que postuló a Verónika Mendoza durante la primera vuelta—, que se sumó a apoyar la candidatura de Castillo. Si bien este nuevo plan fue consensuado entre las dos fuerzas de izquierda —el mismo Roger Najar, brazo derecho de Vladimir Cerrón fue quien coordinó el equipo de trabajo— poco a poco se fue generando recelo en Perú Libre, que se iba sintiendo desplazado.

Por otro lado, ante los constantes ataques de la fujimorista Fuerza Popular que aseguraba que debido al amateurismo del profesor sería Vladimir Cerrón –el secretario de Perú Libre— quien «gobernaría en las sombras», Castillo optó por alejarse de él y de su núcleo cercano. En sus apariciones se le veía básicamente con sus nuevos aliados. El rechazo a Cerrón llegó a tal punto que algunos aliados, en declaraciones a medios de comunicación, condicionaron u apoyo a la lejanía del líder de Perú Libre.

Bellido, congresista oficialista y dirigente del partido, fue, junto a otros dos correligionarios, la cuota de Perú Libre en el primer gabinete. La influencia del partido oficialista no llegó a más. Durante sus 69 días de gestión, la debilidad de Bellido se hizo evidente: no tuvo la autoridad para definir una línea de gobierno, por lo que cada uno de sus ministros trabajó en su cartera sin ningún tipo de organización con otros sectores, y los pedidos de remoción de un par de ministros, que hizo al presidente, fueron ignorados.

Fueron dos escándalos los que definieron su salida. El primero fue la invitación a apartarse de su cargo que le hizo al ministro de Relaciones Exteriores  Óscar Maúrtua a través de Twitter, después de que su viceministro sostuviera que el país no reconocía ninguna autoridad legítima en Venezuela. El segundo fue la advertencia que le hizo al Consorcio Camisea de nacionalizar los yacimientos de gas natural que explotaba si no aceptaba renegociar los contratos en favor del Estado peruano, a pesar de que Castillo había reiterado que su gobierno no recurriría a dicha medida.

La salida de Guido Bellido no causó sorpresas, pero sí lo hizo la composición del nuevo gabinete, ya que no solo el Consejo de Ministros tenía como titular a alguien que no pertenecía a Perú Libre, sino que no había ninguna representación del partido en él. Dentro del nuevo gabinete se había designado como ministra de Trabajo a Betsy Chávez, una parlamentaria que, si bien formalmente pertenecía al partido, en la práctica se encontraba separada de este. Chávez no era la cuota de Perú Libre, sino más bien una afrenta para ellos. 

La abogada, ambientalista y defensora de derechos humanos Mirtha Vásquez Chuquilín fue la elegida para reemplazar a Bellido. Vásquez tenía como antecedente haber ocupado el cargo de presidenta del Congreso desde noviembre de 2020 hasta julio de este año, durante la gestión de Francisco Sagasti en la Presidencia de la República. Era una figura de izquierda que proyectaba una imagen consensual, pues durante su liderazgo el Parlamento mantuvo una relación cordial con el Ejecutivo, una situación inusual en la política peruana de los últimos años. La aprobación de Mirtha Vásquez dieron, en un primer momento, la sensación de un mayor respiro para el gobierno de Castillo. La nueva primera ministra contó con una aprobación del 49% en los niveles socioeconómicos A y B y con el 41% en la ciudad de Lima, cifras mucho más altas de las que tenía Bellido y con las que contaba el propio Castillo. En el mismo sentido, los gremios empresariales y varios medios de comunicación saludaron el nombramiento.

Sin embargo, en la correlación de fuerzas entre Ejecutivo y Legislativo, el cambio de gabinete no fue beneficioso para el presidente. El nuevo Consejo de Ministros logró la investidura en el Congreso con apenas 68 votos, cinco menos de los que logró el liderado por Bellido. En la bancada oficialista, 16 miembros pertenecientes a la facción de Perú Libre votaron en contra de la cuestión de confianza. Perú Libre ha denunciado que la conformación de lo que denomina un «gabinete caviar» es una traición al partido y al pueblo. Ya antes de este hecho mayor, varios de los dirigentes habían tenido expresiones similares sobre algunos aliados. Sin embargo, las hostilidades fueron creciendo conforme su influencia en las decisiones de gobierno se fueron reduciendo. «Caviar», a decir de los miembros de Perú Libre, se trataría de una categoría que entrecruza ideología, clase y raza: la izquierda reformista, cultural y étnicamente alejada de las mayorías populares, que no sabría cómo incorporar los cambios que reclama el pueblo por no conocerlos. Los cambios solo serían posibles con un gobierno «con olor, color y sabor a pueblo». El partido del lápiz se ha referido al Ejecutivo como «gobierno caviar» incluso en comunicados oficiales.

Los cálculos

En sus primeras semanas de funcionamiento, los diez grupos políticos que conforman el Congreso de la República definieron sus posturas con respecto al gobierno. El resultado fue un escenario de equilibrio entre las fuerzas progubernamentales y opositoras. El nuevo gobierno contaba con los 42 votos que sumaban Perú Libre y los aliados de Juntos por el Perú. La oposición más dura, compuesta por Fuerza Popular, Renovación Popular y Avanza País, contabilizaba 44.

El gobierno necesitaba ganar parte de los 45 votos de los otros cinco partidos políticos presentes en el Parlamento que aún no tenían una postura definida. Aquella era una tarea imprescindible no solo para avanzar en una agenda de cambio, sino también para garantizar su supervivencia, pues la figura de la vacancia presidencial fue deslizada por la oposición solo tres días después de que Castillo juramentara en el cargo. Así pues, la primera tarea era asegurar los 44 votos que frenarían cualquier intento de destituir al mandatario.

Fue con el objetivo de ganar el apoyo de estos grupos que reclamaban moderación que Pedro Castillo decidió conformar un gabinete sin la presencia del partido oficialista. Varios elementos se aparentemente escaparon en su cálculo político, como que aquella iniciativa lo haría perder el respaldo de Perú Libre y, con ello, el estratégico equilibrio de fuerzas con el que contaba en el Congreso. Otro dato que pasó por alto es que estos partidos que algunos han llamado «de centro» no ofrecen el apoyo incondicional que brindaba el partido del lápiz, sino que suelen moverse en función de sus intereses. Efectivamente, a pesar del gesto de moderación de Castillo, estas bancadas manifestaron que evaluarían su apoyo a la vacancia presidencial cuando fue presentada. Al final, casi de forma unánime, la rechazaron. 

Y es que si bien Castillo ha visto reducirse fuertemente su popularidad durante el último mes —según el estudio de opinión de noviembre del Instituto de Estudios Peruanos, solo 25% de la población aprueba su gestión—, la vacancia no es avalada por la mayoría de la población. En Lima, el 54% de las personas apoya la destitución, pero en provincias un contundente 62% la rechaza.

Es cierto que la figura de la vacancia se decide solamente en el Congreso y podría hacerse de espaldas a la población —como se demostró con la destitución del expresidente Martín Vizcarra en noviembre de 2020, que en ese momento contaba con un 77% de respaldo popular—. Sin embargo, varios de estos partidos cuentan con una fuerte presencia regional y ya se encuentran haciendo campaña para las elecciones regionales y municipales del próximo año. Proyectar la imagen de «obstruccionistas», que ha perseguido a los diferentes Congresos desde 2016, no es hoy lo más conveniente. Pero este escenario podría cambiar.

El entorno cajamarquino

Con la separación de Perú Libre, el gobierno de Castillo se encuentra vulnerable políticamente, pues en la práctica solo cuenta con los cinco votos seguros que le ofrece Juntos por el Perú en el Congreso. Sin embargo, no se encuentra solo en el poder: diferentes investigaciones periodísticas han expuesto al grupo de personas que tomaban altas decisiones gubernamentales junto al presidente. Este es un núcleo familiar-amical-regional, sin afiliación político-partidario definida, que acompañó al profesor desde la primera vuelta electoral, pero que fue adquiriendo mayor influencia conforme Perú Libre la perdía. Como ha apuntado el investigador Silvio Rendón, en Perú, donde las identidades políticas suelen ser muy débiles, las dinámicas identitarias, en este caso el paisanaje, suelen tener un peso fundamental.

En las últimas semanas se han descubierto escándalos alrededor de estos personajes, la mayoría provenientes de Cajamarca y desconocidos en la política nacional. Se supo, por ejemplo, que el empresario cajamarquino Alejandro Sánchez, de la mano de los sobrinos del presidente, organizaban reuniones entre Castillo y empresarios en una casa particular, sin los registros que implica reunirse en la residencia oficial. Asimismo, salieron a la luz chats del ahora ex-secretario Bruno Pacheco en el que se veía cómo presionaba al jefe de la Superintendencia Nacional de Aduanas y de Administración Tributaria (SUNAT) para favorecer a empresas que tenían deudas pendientes.

Estos escándalos han golpeado duramente al presidente. La caída de su popularidad, que nunca fue alta, ha coincidido con estas denuncias. La mayoría de la población pudo ver, a partir de un reportaje televisivo, cómo el presidente entraba a escondidas a una casa del distrito limeño de Breña, quitándose su característico sombrero y poniéndose un gorro para no ser reconocido. Además, se supo que la fiscalía descubrió 20.000 dólares escondidos en el baño del despacho de Pacheco.

La oposición y la polarización

En los últimos cinco años, el escenario político peruano se ha caracterizado por el enfrentamiento abierto entre Ejecutivo y Congreso, que hizo que ambos actores se valieran de figuras constitucionales para su ataque político. El Ejecutivo tenía en sus manos la cuestión de confianza, un mecanismo que podía plantear al Congreso de la República para que apruebe alguna medida de gobierno. La Constitución estipula que si el Congreso niega en dos ocasiones la cuestión de confianza, el presidente puede disolverlo. Esto es lo que hizo el expresidente Vizcarra en 2019. Por su parte, el Congreso cuenta con la figura de la vacancia presidencial por incapacidad moral permanente. En la Carta Magna peruana se plantean motivos puntuales para destituir al jefe de Estado. Una de ellas es la «permanente incapacidad moral o física, declarada por el Congreso». Actualmente, existe un debate constitucional sobre cómo interpretar «incapacidad moral». Hay quienes sostienen que esta debe entenderse como enfermedad mental, mientras que otros argumentan que se trata de una figura de corte político que permite al Congreso vacar al presidente por alguna conducta que se considere grave. Fuera de debates legales, en la realpolitik la vacancia por incapacidad moral permanente significa lo que deseen quienes consigan juntar 87 votos en el Congreso.

El conocimiento —del Ejecutivo y el Parlamento— de que estas figuras podrían ser usadas en su contra, servía como contención de un actuar extremadamente hostil contra el otro poder del Estado. Con el actual Congreso esto cambió. El pasado octubre, el Legislativo publicó una ley que recortó los alcances de la cuestión de confianza. Si bien el Ejecutivo ha presentado una demanda ante el Tribunal Constitucional con el fin de que se anule la norma, actualmente ha perdido su arma de defensa. En ese contexto, la legisladora Patricia Chirinos puso sobre la mesa la vacancia presidencial sorprendiendo incluso a sus compañeros de bancada. Y es que si bien impulsar una vacancia se encontraba en los planes de la oposición, los elementos para llevarla a cabo exitosamente aún no se encontraban presentes. Prueba de ello son los argumentos presentados en el documento que sustentaba el proyecto, que se limitaba a describir los errores del gobierno y las críticas que se habían formulado durante los cuatro meses pasados, tales como la «designación de altos funcionarios vinculados al terrorismo y acusados de apología al terrorismo», el «debilitamiento del sistema democrático al fortalecer las relaciones con gobiernos antidemocráticos como Venezuela y avalar la intervención de personajes extranjeros en asuntos internos (el ex-presidente boliviano Evo Morales y el «lobista israelí» Ari Ben-Menashe)» y la «permisibilidad a la violencia contra la mujer», por haber nombrado a Guido Bellido como primer ministro.

La vacancia presidencial ha sido presentada en varias oportunidades durante los últimos años, a tal punto que ya se pueden reconocer los dos requisitos que deben estar presentes para que esta prospere. Por un lado, el presidente debe encontrarse aislado políticamente; por otro, debe salir a la luz un escándalo de corrupción que melle seriamente su imagen. Esto último tiene el objetivo de legitimar la medida entre la población, posicionar a los impulsores de esta como luchadores contra la corrupción y convencer a los parlamentarios escépticos de apoyar una medida tan extrema. Estas dos condiciones estaban presentes con Pedro Pablo Kuczynski y Martín Vizcarra: el primero renunció antes de que fuera vacado y el segundo terminó destituido, aunque su popularidad y las delicadas circunstancias en las que se encontraba el país —en medio de una pandemia que lo había posicionado, a escala mundial, como el primero en muertes por millón—, levantaron la indignación popular.

La primera moción de vacancia contra Castillo fue suscrita sin ninguna esperanza de éxito por los legisladores de Avanza País, Renovación Popular y Fuerza Popular, debido a la pugna que actualmente existe entre los tres partidos y sus líderes por encabezar la oposición. La realidad es que la popularidad del mandatario se desploma, pero ningún grupo opositor ha sabido capitalizar esa situación. 

 «La congresista Chirinos hizo un anuncio sobre vacancia que no había sido ni coordinado ni preguntado ni comentado con nadie, para nosotros fue la primera impresión cuando lo escuchamos. (…) Ahora temprano he hablado con la congresista Chirinos y me está enviando la moción de vacancia, recién la voy a ver y vamos a adherirnos», explicó el vocero de Renovación Popular Jorge Montoya, un día después de que Chirinos presentara la propuesta, agregando que era poco probable conseguir los votos suficientes para lograr la vacancia. Fue la revelación de las reuniones secretas que el presidente celebraba con empresarios, algunos de los cuales después ganaron licitaciones estatales, lo que hizo que aquel intento originalmente condenado al fracaso se convirtiera en un verdadero peligro para el gobierno. El escándalo de corrupción se sumó así a la fórmula.

El fin de semana anterior a la sesión en la que se iba a discutir la moción de vacancia, el medio que expuso el escándalo que había puesto en aprietos al Ejecutivo anunció un «audio bomba» que causó una gran expectativa entre el sector político. Sin embargo, al final solo fue una noticia irrelevante que no logró hacer cambiar la opinión de las bancadas «centristas» y que terminó jugando en contra del sector que promovía la vacancia.

Perspectivas

Sin duda habrá otros intentos más coordinados contra el presidente. Por lo pronto, el receso parlamentario le ofrece al gobierno tres meses de tranquilidad política. Después de haber superado esta primera ofensiva parlamentaria, Castillo cuenta con evidencias de que es necesario enmendar los primeros pasos que ha dado su gestión.

Posiblemente Castillo se beneficiaría del alejamiento del «núcleo chotano» (en referencia a Chota, su pueblo natal) que estuvo tomando las decisiones gubernamentales sin una agenda política clara y del que se han descubierto indicios de corrupción, y también de un acercamiento a Perú Libre y a partir de un espacio interno más ordenado tratar de conseguir apoyos externos. La realidad es que, dejando de lado la retórica revolucionaria, Mirtha Vásquez le ha dado continuidad a los temas más importantes que se gestaron durante la gestión de Bellido, tales como la renegociación del gas y la reforma tributaria, impulsada por el ministro de Economía Pedro Franke. Y también esta en la agenda de la campaña la convocatoria a una Asamblea Constituyente. Alejarse de un programa de izquierda no hará que el escenario en el que se desenvuelve sea menos hostil. El riesgo de golpes de timón sin estrategia es que termine por perder a sus bases sin ganar a quienes no lo votaron. Entre sectores de izquierda hoy tiene el 48% de desaprobación y el sur del país 56%. Aun no es tarde. 

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Honduras: pierde Taiwán, gana China y empata Biden

El resultado de la elección presidencial en Honduras se escenificó como planteé: 19 por ciento de ventaja de Xiomara Castro –aquí avancé 17 por ciento–, además de que “en medio de una vecinal ambientación hostil a los demócratas y más favorable al trumpismo, a Biden le conviene paradójicamente más el triunfo de Castro, pese a su mayor afinidad con China. De paso, Biden podría resarcirse del golpe de Estado teledirigido contra el ex presidente Manuel Zelaya, esposo de Castro (https://bit.ly/3phg9mi)”.

Más allá de la dicotomía que se maneja de un triunfo de la candidata Castro de "izquierda", no pocas veces banalmente reduccionista, mediante las trascendentales dicotomías geopolítica y geoeconómica se deducen hallazgos muy ilustrativos que colocan en su justa dimensión y su nueva correlación de fuerzas a la novedosa situación emergente que trasluce el abordaje multidimensional del país centroamericano, sin soslayar el reflejo de la lucha intestina entre Biden y Trump cuando los republicanos juegan en forma maximalista la carta migratoria para recuperar el control de la Cámara de Representantes y del Senado en 2022.

Honduras –asolado por la miseria (catalogado por el Banco Mundial como el tercer país más pobre de América Latina), el desempleo, la violencia, el narcotráfico y la perturbadora corrupción del gobierno posgolpista de 12 años de grave retroceso del Partido Nacional (gran aliado del PAN calderonista en México y del uribismo en Colombia)– en el año fiscal reciente fue el país latinoamericano que más migrantes envió a EU: 320 mil, casi 3 por ciento de la población total de Honduras, de más de 10 millones.

Si definiera en la clásica dicotomía topográfica de "izquierda-derecha" a la presidenta Castro, la colocaría como centroizquierda moderada y de apertura a la empresa privada, además del diálogo constructivo con EU, como refirió el ex presidente Manuel Zelaya, depuesto teledirigidamente por Obama/Biden/Hillary Clinton (https://bit.ly/3EcPjSB).

Deng Xiaoci y Wan Hengyi del Global Times, portavoz del Partido Comunista Chino, asientan que “los secesionistas de Taiwán, los injerencistas de EU sufren un ‘golpe severo’ en medio de una votación ‘masiva’ en la elección de Honduras (https://bit.ly/3pbqu3j)”.

Mientras la isla renegada de Taiwán sigue perdiendo adeptos en Centroamérica y ahora sólo contaría con 14 países en el mundo, a Honduras se le abre la oportunidad de la llegada de inversiones de los pudientes comunistas de China continental cuando EU prosigue su declive geoeconómico que le impide "ayudar" masivamente al "triángulo norte" de Guatemala/Honduras/El Salvador con el fin de frenar la masiva migración a la transfrontera de México y EU. Las inversiones chinas en Honduras ayudarían paradójica e involuntariamente a Biden, quien no ha sabido lidiar con esta inhumana situación. Desde el punto de vista geoeconómico, la derrota de Taiwán la deslegitiman humillantemente a escala universal, mientras la probable llegada de inversiones chinas aprovecharía logísticamente el singular atributo bioceánico de Honduras desde el golfo de Fonseca hasta el Puerto de Cortés.

Los pudientes comunistas chinos continentales resultarían vencedores con su política diplomática de "una sola China", mientras EU restañe sus heridas para invertir en su abandonada infraestructura que sacrificó, en aras de su globalismo neoliberal financierista. Desde el punto de vista geopolítico, hasta donde se sabe y se percibe, China no tiene ningún interés en colocar bases en Latinoamérica como las que ostenta ya EU en Colombia y Honduras.

Veo sumamente difícil que el gobierno de coalición de Castro/Salvador Nasralla modifique o desmantele la omnipotente presencia militar de EU que cuenta con una base aérea en Soto Cano/Palmerola, además de sus búnkers diplomático-militares.

Vale la pena señalar que la cotización de la divisa local, la lempira, se mantiene significativamente estable a 24.17 por dólar: un barómetro nada despreciable.

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Perú: Pedro Castillo le dejó claro a su propio partido que hará alianzas con la derecha

En la perspectiva de gobernar con un sector de la derecha política pro empresarial, el presidente electo Pedro Castillo confronto a Vladimir Cerrón y a un sector de su partido Perú Libre, dejando en claro que no permitirá la imposición partidaria en la designación de los nuevos funcionarios públicos ni en la línea política del nuevo gobierno.

 

Esta primera escaramuza publica entre Castillo y Cerrón se dio en el marco del primer Congreso Nacional de Perú Libre, el cual se desarrolló el pasado sábado 24 de julio en la ciudad de Lima. En este evento, denominado: “expectativas, objetivos y metas irrenunciables del gobierno”, participaron los máximos dirigentes de Perú Libre y el conjunto de sus Congresistas electos en el pasado proceso electoral.

Acá quedo demostrado lo que ya diversos sectores de la prensa venían especulando desde hace un tiempo atrás, o sea, que existirían dos facciones en el seno de Perú Libre: quienes seguirían a Pedro Castillo y quienes se alinean con Vladimir Cerrón, secretario general de esta agrupación política. Esta división, al parecer, también se expresaría en el bloque parlamentario.

En su intervención Pedro Castillo empezó agradeciendo el apoyo de Perú Libre en la campaña presidencial pasada, pero dijo que “no estaba obligado a seguir posiciones radicales”, esto para cuestionar los planteamientos que algunos seguidores de Cerrón han venido haciendo y que, a pesar de sus límites, escandalizan a los medios de comunicación.

Sobre el cambio de Constitución vía Asamblea Constituyente, Castillo fue muy enfático al señalar que “la Constitución se cambiará (solo) si el pueblo lo pide”. Sobre la denominada “gobernabilidad”, el presidente electo manifestó que “él está hablando con todas las fuerzas políticas dispuestas a dialogar”, esto incluye, obviamente, a los diversos partidos de la derecha pro empresarial como Somos Perú de Salaverry, el Partido Morado de Julio Guzmán o el nacionalismo de Ollanta Humala. En esa perspectiva y en función de construir el ya anunciado gobierno de unidad nacional o de “todos los peruanos”, Castillo dijo también que “no puede aceptar planteamientos de un solo partido y que no puede designar funcionarios en el Gobierno solo por ser de Perú Libre”.

De esta manera, oficializó ante los militantes de Perú Libre y ante sus seguidores, sus intenciones políticas de gobernar junto a la derecha. Esto ya lo había mencionado antes, sin embargo, el hecho de que ahora lo haya dicho en un evento institucional del partido y frente a Vladimir Cerrón – incluso desafiando su autoridad - pone en evidencia la determinación del profesor cajamarquino para llevar a la práctica su orientación política.

Al parecer, la posición de Castillo seria la mayoritaria en el seno de la bancada de Perú Libre la cual cuenta con 37 Congresistas, por esa razón, en la mañana del domingo 25 de julio se formalizo su lista parlamentaria para dirigir la mesa directiva del Congreso, la cual está encabezada por un representante de Somos Perú (partido del empresario y político Daniel Salaverry); un representante de Perú Libre; una representante de Juntos por el Perú y una representante del Partido Morado del derechista Julio Guzmán. Y para que no queden dudas de su apoyo a esta lista y de su política de unidad con la derecha parlamentaria, horas más tarde, Pedro Castillo hizo público a través de sus redes sociales lo siguiente: “Anunciamos la formación de una coalición por la gobernabilidad con la presentación de una lista para la mesa directiva plural, paritaria y descentralizada. Integran José Enrique Jeri (Somos Perú), José María Balcázar (Perú Libre), Ruth Luque (Juntos por el Perú) y Flor Pablo (Partido Morado)”.

Con esto, la propuesta que Vladimir Cerrón y sus seguidores venían voceando para presidir el Congreso, quedo desestimada por el mismo presidente electo. Recordemos que Vladimir Cerrón y sus allegados manifestaron públicamente su intención que Valdemar Cerrón (hermano de Vladimir Cerrón) presida la lista para dirigir la mesa del congreso acompañado mayoritariamente del partido Perú Libre.

Este proceder de Castillo ha causado revuelo en las filas de Perú Libre, quienes bajo la dirección de su secretario general, se aprestaban a dirigir el nuevo gobierno (poniendo a los nuevos funcionarios públicos), bajo una orientación política basada en la conciliación de clases y en el respeto al estado burgués, muy similar a la que ahora está llevando a la práctica Pedro Castillo, pero donde ellos pretendían ser la voz cantante o, como se dice coloquialmente, “los que cortan el jamón”. No es por tanto una diferencia estratégica o de principios lo que separa a Cerrón de Castillo, es más bien una disputa por el control del aparato público, donde Castillo, para quedar bien con la gran burguesía y sus medios de comunicación a empezado a separarse de Cerrón y de sus delirios políticos barnizados de radicalismo verbal.

De concretarse esta ruptura, definitivamente tendrá una expresión en el bloque parlamentario donde seguramente los 37 votos con los que hoy cuenta Castillo se reducirían, esto lo haría mucho más permeable y frágil de lo que ya es ahora.

Al parecer, y pensando precisamente en construir una popularidad y un liderazgo fuerte que le permitan sortear estas limitaciones, es que Castillo anuncio en el ya citado congreso de Perú Libre que durante su gestión como presidente de la Republica se bajará el sueldo y que hará lo propio con los sueldos de los Congresistas y los Ministros.

Esta medida seguramente caerá bien en el grueso de la población que mayoritariamente deplora el accionar de la denominada “clase política” y en la mayoría de sus votantes, sin embargo, no le será suficiente para superar las diferencias que ya se han abierto en el seno de Perú Libre, las cuales volverán a manifestarse en los próximos días cuando se anuncien los nombres del primer Consejo de Ministros del denominado gobierno del “Perú profundo”, para lo cual, Vladimir Cerrón y sus seguidores ya han anunciado a Roger Najar como el nuevo premier, sin que este aun goce de la venia de Castillo.

Dos posibilidades empiezan a flotar entonces en el devenir a corto plazo de Perú Libre: la primera tiene que ver con que Cerrón y sus seguidores se asimilen al rol secundario que Castillo y sus nuevos aliados les pretenden dar en su gobierno de ancha base y de conciliación con la burguesía, y la segunda es que pasen a la ofensiva y confronten al nuevo presidente, lo cual significaría una eventual ruptura en un partido de raíces provincianas que llego al gobierno en un momento de alta crisis orgánica y mostrándose como la novedad, sin embargo, en la práctica vemos que reproduce la misma fragilidad y los vicios de los viejos partidos de la izquierda reformista y conciliadora.

Por José Rojas Militante de la Corriente Socialistas de las y los Trabajadores "CST" de Perú

Lunes 26 de julio

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ordi Cuixart (d) y Jordi Sánchez (i), saludan a simpatizantes después de ser excarcelados.. Imagen: EFE

La jugada más arriesgada de Pedro Sánchez

El presidente del Gobierno español apuesta por sacar de la cárcel a los líderes independentistas para buscar una salida negociada a la crisis en Cataluña.

Pedro Sánchez atesora una reputación bien ganada de ser un sobreviviente nato. Ganó contra pronóstico sus primeras elecciones internas para acceder a la secretaría general del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), al ser destituido de ese cargo y cuando prácticamente todo el mundo lo consideraba un cadáver político, comenzó una gira en coche por toda España para recorrer agrupaciones socialistas e imponerse en las siguientes primarias a Susana Díaz, la candidata del aparato y de las viejas glorias encabezadas por Felipe González. Así volvió a hacerse con el poder en el PSOE y desde allí llegó al Palacio de La Moncloa, primero con una moción de censura y después tras ganar unas elecciones generales y pactar con Unidas Podemos y otras fuerzas políticas de izquierda y nacionalistas, entre ellos los separatistas de Esquerra Republicana de Cataluña.

Esa capacidad de supervivencia se enfrenta ahora a una nueva prueba con los indultos a los 11 líderes secesionistas que su Gobierno acaba de aprobar con el criterio en contra del Poder Judicial, las descalificaciones de la oposición de derecha y las dudas en el propio seno del PSOE, cuyos líderes regionales temen que la decisión les haga pagar una dura factura en las urnas en la mayor parte de los territorios, donde la cuestión catalana es mirada con distancia y antipatía.

Herencia

Cuando Sánchez llegó al poder, el conflicto catalán y su posterior judicialización ya estaban desatados. Desde La Moncloa, Sánchez vio cómo los líderes secesionistas que en 2017 habían desafiado al Estado español y a su entonces presidente, Mariano Rajoy, con un referéndum ilegal y la posterior declaración unilateral de independencia, eran condenados a duras penas de cárcel por los delitos de sedición y malversación de caudales públicos.

Las condenas contra los 11 responsables de esos hechos que optaron por permanecer en España y no huir a otros países europeos, como lo hizo el expresidente de la Generalitat (gobierno de la autonomía catalana) Carles Puigdemont, revistieron especial dureza. Fueron desde los nueve a los 13 años de cárcel.

Tanto las sentencias como la entrada en prisión de los líderes condenados provocaron en su día los más graves incidentes callejeros que recuerda la democracia española y no fueron comprendidos en los países europeos, especialmente en aquellos, como Bélgica, donde los dirigentes huidos permanecen sin que prosperen las peticiones de extradición cursadas desde España. Se trata de una situación singularmente anómala en el espacio comunitario europeo, que presume de ser algo más que una mera alianza comercial y que comparte instituciones políticas, económicas y también judiciales.

Jugada de alto riesgo

En las últimas elecciones catalanas, celebradas este año, Sánchez lanzó una de sus acostumbradas jugadas de alto riesgo. Colocó como candidato a Salvador Illa, el hasta entonces ministro de Sanidad que se había forjado por su gestión de la primera etapa de la pandemia una reputación de político dialoguista.

La buena imagen de Illa devolvió al Partido de los Socialistas de Cataluña (PSC, filial catalana del PSOE) la condición de formación más votada después de haber sido relegado al cuarto lugar en los comicios anteriores, pero Illa no consiguió formar gobierno. Los independentistas de Esquerra Republicana (izquierda), JuntsXCat (conservadores) y CUP (izquierda antisistema) unieron sus votos para nombrar presidente al candidato de Esquerra, Pere Aragonés. Los socialistas entendieron en carne propia que su estrategia de imponer la dicotomía izquierda-derecha para conseguir un gobierno progresista estaba lejos de convertirse en realidad. Con los líderes independentistas aún tras las rejas seguía imperando el mismo marco que lleva más de una década rigiendo en la política catalana, la que pone en trincheras enfrentadas a los secesionistas de un lado, sean de izquierda o de derecha, y a los constitucionalistas, progresistas o conservadores, del otro.

Ahora Sánchez ha vuelto a redoblar su apuesta para intentar empezar a resolver el conflicto y al mismo tiempo seguir al frente del Gobierno de España.

En contra del criterio del Tribunal Supremo (que dictó sentencia contra los líderes secesionistas y ahora emitió un duro informe en contra) el Gobierno aprobó indultar a los 11 líderes presos, que ya llevaban cuatro años en prisión. Lo hizo, según argumentó, en aras de la concordia y con el respaldo inesperado de la Iglesia y los empresarios, para quienes devolver la estabilidad a una de las comunidades que es locomotora económica de España es también una cuestión de supervivencia.

Reconstrucción

Sánchez se juega mucho. Después de un año y medio de pandemia, hay encuestas que ya lo sitúan por debajo del Partido Popular. Europa acaba de aprobar un plan de reconstrucción que regará a España con 70.000 millones de euros de subsidio directo y la posibilidad de obtener otros 70.000 millones en préstamo. Para gestionar esos fondos y volver a acudir a las urnas en un contexto económico radicalmente distinto al que ha dejado la pandemia necesita completar el año y medio que aún queda de legislatura. Y para ello es fundamental que cuando las cuentas lleguen al Congreso pueda contar con los 13 votos de Esquerra Republicana.

El objetivo de la reelección todavía se ve lejos. Pero la experiencia ha demostrado que subestimar la capacidad de Pedro Sánchez de reponerse a las mayores dificultades puede ser un grave error

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Biden quiere transformar el Quad en una miniOTAN para neutralizar a China

El presidente de EE UU, Joe Biden, está estos días de visita oficial en Europa. Uno de los propósitos de la visita es concertar con los aliados europeos una estrategia común para contrarrestar la creciente actividad militar de China en Asia y de Rusia en el este de Europa.

[El presidente de EE UU, Joe Biden, está estos días de visita oficial en Europa. Uno de los propósitos de la visita es concertar con los aliados europeos una estrategia común para contrarrestar la creciente actividad militar de China en Asia y de Rusia en el este de Europa. El siguiente artículo, publicado hace ya varios meses, explica cuáles son los planes de la nueva presidencia estadounidense en la región de Asia-Pacífico. Ndt.]

Con China como telón de fondo y su creciente potencial militar en el centro de sus preocupaciones, el presidente estadounidense Joe Biden y su gobierno organizan la respuesta entablando conversaciones en este sentido con las principales cabezas de la diplomacia europea. Están preparando asimismo una próxima cumbre del Quad, ese foro estratégico que reúne a EE UU, Japón, Australia e India y que Washington quisiera convertir en una nueva OTAN en Asia.

El pasado 5 de febrero, los jefes de la diplomacia de Alemania, Francia, Reino Unido y EE UU declararon su intención de “relanzar” los vínculos transatlánticos con motivo de su primer encuentro telemático desde la toma de posesión de Biden en Washington el 20 de enero. “Los ministros de Asuntos Exteriores han convenido en que desean relanzar la asociación transatlántica tradicionalmente fuerte y afrontar conjuntamente los retos globales en el futuro”, afirmaron en un comunicado del gobierno estadounidense. “Este primer intercambio en profundidad entre los ministros de Asuntos Exteriores desde la investidura del presidente Biden se ha caracterizado por una atmósfera confiada y constructiva.”

Estas reuniones telemáticas han brindado la ocasión de abordar una serie de cuestiones, entre ellas la de Irán, la pandemia de coronavirus, así como las relaciones con China y Rusia, precisó la cancillería de Berlín. El secretario de Estado Antony Blinken “ha subrayado el compromiso estadounidense a favor de una acción coordinada para superar los retos mundiales”, declaró el portavoz de la diplomacia estadounidense, Ned Price. Propósitos que rompen con la política de lobo solitario y América primero del gobierno de Donald Trump. Blinken y sus homólogos “han afirmado el papel central de la relación transatlántica para afrontar las cuestiones de seguridad, climáticas, económicas, de salud y otros retos a que se enfrenta el mundo”, añadió Ned Price.

Asia-Pacífico abierta”

Por encima de todo, el entorno del presidente Joe Biden está preparando la celebración de una primera reunión telemática en la cumbre del Quad, el foro que reúne a Washington, Tokio, Canberra y Nueva Delhi, cree saber la agencia Kyodo. Sería su primera reunión en el más alto nivel desde que el gobierno de Trump transformó el Diálogo cuatrilateral sobre la seguridad en un mecanismo cuyo objetivo reconocido es el de contrarrestar la creciente influencia de China en la región Asia-Pacífico. Según la agencia japonesa, el temario de esta reunión incluye en particular discusiones sobre el respeto de una “Asia-Pacifico abierta”, así como sobre las inquietudes que suscitan las actividades de China en la región, concretamente la militarización emprendida en el mar del Sur de China, reivindicado por Pekín.

“Una cumbre del Quad no sería una sorpresa, ya que la alianza de seguridad frente a China en la región Asia-Pacífico es una estrategia constante de EE UU”, señala Shi Yinhong, un experto en relaciones internacionales de la Universidad Renmin en Pekín, citado por el South China Morning Post. Sin embargo, este especialista prevé una probable evolución del Quad hacia una miniOTAN de Asia-Pacífico, después de que el Reino Unido hubiera manifestado su deseo de formar parte de esta alianza. Este plan del gobierno estadounidense ya se ha aireado en repetidas ocasiones estos últimos meses. Sin confirmar explícitamente la próxima celebración de esta cumbre, el ministerio japonés de Asuntos Exteriores ha informado de que el primer ministro Yoshihide Suga y el presidente de EE UU han mantenido una conversación telefónica y se han puesto de acuerdo en el principio de un refuerzo del Quad. Este último mantuvo su primera reunión a nivel de ministros de Asuntos Exteriores en 2019 en Nueva York, y una segunda en octubre de 2020 en Tokio.

Llamada en espera a Xi Jinping

Mientras que Joe Biden ha telefoneado a casi todos sus principales interlocutores extranjeros, todavía no lo ha hecho al presidente Xi Jinping, tres semanas después de su investidura. En una entrevista en la cadena de televisión estadounidense CBS, difundida el domingo 7 de febrero, el presidente de EE UU ha explicado que no había motivo para que los dos presidentes no hablaran por teléfono. Pekín, ha dicho, “ha enviado señales” en este sentido. “No tenemos necesidad de un conflicto, pero habrá una competencia extrema”, ha prevenido Biden. “No seguiré el método Trump y vamos a ceñirnos a las reglas internacionales en la elección del camino a seguir.”

De todos modos, el sábado 6 de febrero ha tenido lugar un primer contacto oficial entre China y EE UU con motivo de una conversación telefónica entre el secretario de Estado Blinken y el responsable de política exterior del Partido Comunista Chino, Yang Jiechi. El sucesor de Mike Pompeo ha aprovechado esta entrevista para afirmar que EE UU seguirá defendiendo los derechos humanos y los valores democráticos en el mundo. “He dejado claro que EE UU defenderá nuestros intereses nacionales, luchará por nuestros valores democráticos y responsabilizará a Pekín de todo abuso contra el sistema internacional”, ha tuiteado el secretario de Estado al término de esta conversación telefónica. EE UU “seguirá defendiendo los derechos humanos y los valores democráticos, inclusive en Xinjiang, en Tíbet y en Hong Kong”, ha declarado Blinken según un comunicado del departamento de Estado.

Por su parte, Yang ha pedido a EE UU que no atente contra los “intereses fundamentales” de China y que “corrija sus políticas erróneas”. El responsable chino ha invitado a Washington a colaborar con Pekín con el objetivo de crear un entorno que evite la confrontación, según la agencia Nueva China (Xinhua).

Capacidad nuclear de Pekín

Mientras tanto, estos últimos días se han multiplicado las declaraciones a propósito de China por parte de la nueva administración estadounidense. Así, el nuevo secretario de Defensa, Lloyd Austin, ha calificado en una comparecencia ante el Senado al país asiático de “amenaza constante” para el Pentágono. Su adjunta, Kathleen Hicks, ha declarado a su vez que frente a la amenaza creciente de China contra Taiwán, el compromiso de EE UU con la isla rebelde debería ser “transparente como el cristal”. En cuanto al consejero de Seguridad Nacional de Biden, Jake Sullivan, ha dicho que China representa “una competidora estratégica fundamental”.

Por lo demás, según el Mando Estratégico Nuclear estadounidense, el almirante Charles Richard, EE UU debe prepararse “para una posibilidad muy real” de un ataque nuclear, ahora que tanto China como Rusia están reforzando rápidamente sus capacidades nucleares. China, ha escrito en un artículo publicado en el número de febrero de la revista Proceedings del Instituto de Fuerzas Navales, está convirtiéndose en una “competidora estratégica de EE UU en este terreno, mientras que su compromiso adquirido en la década de 1960 de no ser la primera en lanzar un ataque nuclear “podría cambiar en un abrir y cerrar de ojos”. Y ha añadido: “Pekín está estudiando capacidades y operaciones estratégicas que no son coherentes con una disuasión mínima, adquiriendo una panoplia completa de opciones, incluido un uso limitado y una capacidad de ataque preventivo.”

China nunca ha revelado la envergadura de su arsenal nuclear, aunque los expertos occidentales suelen cifrarlo en 200 a 300 cabezas nucleares, es decir, más o menos el equivalente al del Reino Unido o de Francia, muy alejado por tanto del arsenal de Rusia o de EE UU. El 25 de enero, la portavoz de la Casa Blanca, Jen Psaki, había sido de lo más explícita: “Lo que hemos visto estos últimos años es una China cada vez más autoritaria en el interior y agresiva en el exterior. Pekín desafía ahora nuestra seguridad, nuestra prosperidad y nuestros valores de tal manera que nos exige adoptar un nuevo enfoque.”

 Pierre-Antoine Donnet

11 junio 2021

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Miércoles, 31 Marzo 2021 05:33

Bolsonaro, gobierno agotado

Bolsonaro, gobierno agotado

Un día después de haber cesado al ministro de Defensa, el presidente brasileño, Jair Bolsonaro, anunció la destitución del pleno de la cúpula de las fuerzas armadas, una decisión sin precedente en la historia de Brasil. A las salidas del ex ministro Fernando Azevedo e Silva, el general Edson Pujol (ejército), el almirante Ilqes Barbosa (marina) y el brigadier Antonio Carlos Bermudes (aeronáutica), se suman los despidos del canciller Ernesto Araújo, así como de los titulares de Justicia, de la Abogacía General de la Unión (AGU) y de la Secretaría de la Presidencia. Apenas el 15 de marzo, el cardiólogo Marcelo Queiroga se convirtió en el cuarto ministro de Salud desde que se inició la pandemia.

Esta cascada de movimientos en las fuerzas armadas y el gabinete civil debe interpretarse en tres direcciones. En primer lugar, responde a las crecientes presiones para que se dé un cambio de rumbo en la desastrosa gestión de la pandemia, que ha llevado al país a convertirse en el foco central de propagación del coronavirus, hasta el punto de que hoy proviene de Brasil uno de cada siete nuevos casos reportados a escala mundial. En un contexto en que casi cada día se baten récords de contagios –con más de 100 mil el jueves 25– y muertes –3 mil 780 el lunes 29–, resultaba ya insultante para la población mantener en el cargo al canciller Araújo, cuya alineación fanática a los dictados de Washington impidió la llegada de vacunas desarrolladas en China y Rusia, con un costo incalculable en vidas.

Por otra parte, las sustituciones parecen reflejar la necesidad del mandatario ultraderechista de crear espacios en la estructura gubernamental para sus nuevos aliados en el Congreso, un bloque conservador oportunista conocido como centrão (gran centro), el cual se caracteriza por facilitar votos legislativos al mejor postor. Por último, pero relacionado con lo anterior, se anticipa que Bolsonaro buscará rodearse de incondicionales de cara a una turbulenta segunda mitad de su mandato, en la cual deberá sortear tanto la acelerada erosión de su popularidad entre la ciudadanía, como la pérdida de apoyos entre una parte de la derecha tradicional que lo aupó al poder en las elecciones de 2018.

Está por verse si estas maniobras permitirán al presidente sortear la debacle causada por su rotunda incapacidad para entender la función de un gobernante y para ejercer su cargo como algo más que el jefe de una empresa familiar mafiosa. De persistir en las actitudes desplegadas hasta ahora, ningún cambio de cuadros impedirá que la mayor economía latinoamericana se suma en una crisis política de consecuencias imprevisibles, en la cual incluso está sobre la mesa la posibilidad de que Bolsonaro no logre mantenerse en el Palacio de Planalto hasta el final de su mandato.

Más allá de las excentricidades personales del jefe de Estado, la tragedia que ha significado su gestión es un contundente recordatorio de que el modelo neoliberal está agotado y de que cualquier intento por revivirlo se encuentra abocado al fracaso, como ya mostraron los casos de Mauricio Macri en Argentina, la traición de Lenín Moreno a la Revolución Ciudadana en Ecuador y el efímero gobierno de facto encabezado por Jeanine Áñez en Bolivia. Estos experimentos para reimplantar el neoliberalismo, mediante diversas combinaciones de golpeteo mediático, judicialización de la política y uso de la fuerza, han sido removidos por el voto popular, pero el sufrimiento humano y el desmantelamiento del Estado que han dejado tras de sí subrayan la importancia de cerrar el paso a los proyectos ansiosos de volver a lógicas de saqueo de los bienes públicos, sumisión a los designios de Washington y concentración criminal de la riqueza.

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Bolsonaro cedió a las presiones de un sector del Parlamento y cambió a seis ministros

El presidente de Brasil realizó un fuerte cambio en su gabinete, entre ellos los de sus ministros de Defensa y de Relaciones Exteriores y consolidar de paso su alianza con el llamado "Centrao".

 

El cambio en el gabinete del Gobierno brasileño comenzó con la renuncia del ministro de Relaciones Exteriores, Ernesto Araújo. Luego de un ataque a la senadora Katia Abreu del Partido Progresista. El primer trago amargo para Bolsonaro, con el jefe del Itamaraty pidiendo su renuncia, resultado de la presión del parlamento que se movía para pedir su juicio político.

En total dejaron su cargos los ministros Ernesto Araújo (Relaciones Exteriores), Fernando Azevedo e Silva (Defensa), André Mendonça (Justicia), Luiz Eduardo Ramos (Secretaría de Gobierno), Walter Souza Braga Netto (Jefatura de Gabinete) y José Levi (Fiscalía General, o AGU).

La caída de Ernesto Araújo fue un duro golpe para el bolsonarismo. El ahora excanciller, había llegado a decir que "Trump había llegado para salvar a Occidente". Su partida debilita al presidente y allana el camino para una mayor domesticación de Bolsonaro cediendo al Centrão, un sector de la derecha y centro derecha del parlamento que comanda Diputados y el Senado, que permanece como base de apoyo para el presidente a costos cada vez mayores.

Luego llegó la salida del ministro de Defensa, el general Azevedo, que fue despedido del cargo por Bolsonaro. "Preservé a las Fuerzas Armadas como instituciones de Estado", dijo el ministro de Defensa saliente en un comunicado difundido luego de reunirse con el presidente en el Palacio del Planalto.

Varios analistas brasileños indican que el ahora exministro se habría opuesto a un plan de Bolsonaro para declarar toque de queda en todo el país. Lo cierto es que una parte de la cúpula militar busca que el Ejército se involucre de forma menos visible en la política, en parte fruto de un realineamiento de los militares con la nueva administración en la Casa Blanca, del actual presidente Joe Biden.

Los militares fueron un sector clave en el régimen surgido del golpe institucional contra Dilma Roussef y las arbitrariedades posteriores, pero ahora, ante las presiones de Washington, no quieren parecer tan próximos a Bolsonaro. En ese sentido se entiende la posición del jefe del Ejército, general Edson Pujol, en favor de las cuarentenas declaradas en algunos Estados del país.

Este es el segundo general que echa el ex capitán Bolsonaro: la semana pasada cayó el hasta entonces ministro de Salud, Eduardo Pazuello.

La modificación en el gabinete fortalece la presencia y ascendencia del "Centrao" en el Gobierno. Es posible que la elección del nuevo ministro de Relaciones Exteriores no esté solo en manos de Bolsonaro.

Detrás de la salida de Araújo se vio otra disputa. Su permanencia en el Gobierno era insostenible luego de que el ministro acusó a la senadora Kátia Abreu, presidenta de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, de presionar a favor de los chinos por la implementación del 5G en el país.

El discurso dirigido al sector más duro que apoya al Presidente fue evidente, movilizando a las tropas a través del elemento anti-China. En las redes sociales los bolsonaristas salieron en defensa del ministro, denunciando la intervención china. Sin embargo, la táctica del canciller solo logró inflar el parlamento en su contra de una vez por todas, especialmente el “centrao” del que Kátia Abreu es parte.

En su denuncia a la simpatía de la Senadora con China, sobre en el tema del 5G, Araújo buscó enfatizar el componente funcional de la política bolsonarista, de subordinación en primer lugar a Washington, incluso para la nueva diplomacia de Biden.

Sin embargo hay un elemento a tener en cuenta, desde la perspectiva del futuro nombramiento de un titular del Itamaraty. Kátia Abreu, en su respuesta a Araújo, no negó que defendió que "las licitaciones no pueden incluir vetos ni restricciones políticas", asumiendo una posición más pro China. La que fuera ministra de Agricultura de los gobiernos del PT expresa los compromisos de la agroindustria, de pensar pragmáticamente en primer lugar para sus clientes, el mayor de los cuales es China.

La modificación en el gabinete abrió lugares para el "Centrao". El titular de Diputados, Arthur Lira, hombre clave del sector de los parlamentarios que apoya al Gobierno, amenazó la semana pasada con "remedios amargos" frente a la criminal política de Bolsonaro ante la pandemia, de la cual el país es el centro mundial con más de 2.500 muertos diarios en promedio por semana y el 80% del país bajo colapso.

Lo que nuevamente resalta son las grietas y disputas por arriba y el colapso del gobierno de Bolsonaro. En este momento de debilidad del régimen, el surgimiento de la clase trabajadora como actor independiente de estas disputas sería fundamental. Sin embargo, Lula y las centrales sindicales actúan una vez más para garantizar la pasividad y la unidad de intereses, perdonando el golpe y abriendo el camino de la conciliación para el 2022.

Lo fundamental sería levantar una fuerza de trabajadores en cada lugar de trabajo y estudiar para sacar no solo Araújo, sino para oponerse a Bolsonaro, los militares y todos los golpistas en su conjunto. Una fuerza de trabajadores para garantizar una salida ante la crisis que vive el país.

Por Diego Sacchi@sac_diego

Lunes 29 de marzo | 21:54
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Elecciones en Bolivia: la derecha se une para intentar frenar al MAS 

Preocupados por la preeminencia del Movimiento al Socialismo (MAS) en todas las encuestas serias, la derecha boliviana se prepara a unir fuerzas contra el partido de Evo Morales. Así, la presidenta de facto de Bolivia Jeanine Áñez está intentando conformar un frente unido con Carlos Mesa para las elecciones presidenciales del 6 de septiembre. El ministro de Gobierno Arturo Murillo precisó que Áñez le hará “muy buenas propuestas” al actual candidato de Comunidad Ciudadana (CC). Por su parte, el expresidente Evo Morales recalcó que se trata de un frente conformado por la vieja derecha boliviana. “Se juntan en conveniencia para reeditar la megacoalición del neoliberalismo”, sostuvo el líder del MAS.

Coalición "antipopulista"

Los partidos de derecha ya habían coincidido en su apoyo al golpe de Estado apañado por la OEA en noviembre pasado, cuando Morales superó ajustadamente la diferencia de 10 puntos necesaria para ganar en primera vuelta. Luego volvieron a dividirse de cara a las próximas elecciones, cada uno con la aspiración de colocar al nuevo presidente. Pero ahora las encuentras indican que Luis Arce, el candidato del MAS y exministro de economía de Morales, les saca una amplia ventaja a Mesa y Áñez. De esa manera corre riesgo el objetivo central del golpe: que las fuerzas populares queden definitivamente fuera de cualquier instancia de poder. Así fue como, con el poco disimulado empuje de la embajada de Estados Unidos, empezaron los contactos entre las diferentes fuerzas de la derecha para llegar a candidaturas unificadas. El objetivo es lograrlo de cara a la primera vuelta.

Fue el ministro de Gobierno Arturo Murillo el encargado de hacer pública la posibilidad de un acercamiento entre Áñez y Mesa, según informó el diario El Deber. “Yo creo que no es difícil. Habrá sorpresas en los próximos días... veremos cuál es la apertura del señor Mesa", indicó Murillo. Al ser consultado sobre la posibilidad de conformar una alianza que presente candidato único, señaló que habrá grandes sorpresas en los próximos días. “Nuestra presidenta realizará muy buenas propuestas”, sostuvo el funcionario. Murillo advirtió que esta vez no solo está en juego quién será presidente y quién no, sino los próximos 30 años de democracia. "Eso deben saberlo todos los candidatos que dicen ser de la línea democrática", insistió el ministro. Mesa es el principal oponente de la presidenta interina dentro las fuerzas "antipopulistas". El candidato de CC había quedado segundo en las elecciones de octubre pasado, en las que la dupla Morales-García Linera le sacó más de diez puntos de ventaja en la segunda vuelta.

Quemen el archivo

Desde que la pandemia se instaló en Bolivia, Mesa se había convertido en uno de los principales críticos a las medidas tomadas por el gobierno de facto. Por su parte Añez había manifestado presiones del líder de CC al momento de promulgar la ley con la que convocó a elecciones. “La Asamblea Legislativa, controlada por el MAS, ha aprobado la ley para elecciones el 6 de septiembre. He recibido presiones del MAS, de Carlos Mesa y otros políticos para ir a elecciones”, había denunciado en un tweet la presidenta interina. Estos hechos hacían pensar a la mayoría de los analistas políticos que sería muy difícil conformar un frente común. Sin embargo Murillo adelantó que la presidenta está trabajando en ese sentido. "Áñez está dando todo por su país, por la patria y por la democracia, y lo seguirá haciendo. Por eso vendrán las sorpresas”, enfatizó el funcionario.

Consultado sobre una posible alianza, el jefe de campaña de CC Ricardo Paz no quiso adelantar nada. "Es muy difícil hablar en base a suposiciones", indicó Paz. El portavoz sostuvo que el tiempo para acuerdos preelectorales ya había pasado. Sin embargo ratificó que Mesa está abierto para conversar con todas las fuerzas democráticas y construir espacios de confluencia. Antes de la crisis desatada por la pandemia, en febrero de este año, la CNN le había preguntó Mesa si para evitar el retorno de Morales consideraría ir con Áñez en una sola fórmula. “Siempre hay una posibilidad, negarlo sería cerrar las puertas al desafío que debemos enfrentar. El MAS tiene una opción de voto muy importante y uno no puede descuidarla”, había señalado el expresidente boliviano en aquél entonces.

En paralelo, Morales criticó a los miembros de la posible coalición y señaló el recorrido de los dos candidatos. “Se viene la alianza entre quien, antes que enfrentar a las transnacionales pedía limosnas, y quien, en medio de la pandemia y antes de salvar vidas hace negociados hasta con los respiradores”, escribió el expresidente en Twitter. Además señaló la mano de Estados Unidos detrás de ambos candidatos. “Cumpliendo las instrucciones del gobierno de Trump, Mesa y Áñez acordaron un pacto para ir 'Juntos' en las elecciones del 6 de septiembre en Bolivia con asesores que apoyaron la campaña de Sánchez de Lozada. ¡El pueblo digno y soberano será primero!”, enfatizó el líder cocalero.

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Trump propone un G11 para contrarrestar a China: ¿un G2 subrepticio de EU con Rusia?

Arden 40 ciudades en EU, que vive su segunda guerra civil multifactorial, a la que se agrega el homicidio de George Floyd, mientras el atribulado Trump, quien así –como puede perder puede ganar con dos escenarios: el Rinoceronte Gris y el “momento Nixon (https://bit.ly/3cBKu6J)”–, el presidente de EU no ceja su cerco contra China, cuya electorera inculpación pandémica considera le puede redituar dividendos de aquí al 3 de noviembre.

La cumbre del disfuncional G7, que le toca apadrinar este año a EU, ha sido aprovechada por Trump para avanzar su agenda ya nada subrepticia de coquetear con Rusia, para formar un G2 contra China, de acuerdo con el esquema geoestratégico de Henry Kissinger, de 97 años. Ahora Trump desea ir más allá del caduco G7 y propone invitar a Rusia –a la que nunca ha dejado de respetar como superpotencia–, además de sus dos aliados Australia y Sud­corea, y a una India perplejamente dubitativa, lo que en suma estaría creando un G11 contra China, como lo bautiza el portal chino SCMP, con sede en Hong Kong y propiedad de Alibaba (https://bit.ly/2Y6hoHn). El G7 fue una creación conceptual en 1975, en pleno auge de la alianza noratlántica, del entonces presidente galo Valéry Giscard d´Estaing, de 94 años, curiosamente nacido en Coblenza (Alemania).

Luego con sus consabidas mañas, Bill Clinton, después del colapso de la URSS, invitó en forma pérfida a su cándido homólogo Boris Yeltsin para que Rusia formase parte adicional como un G8, que, en realidad, era un G7.5, ya que Moscú nunca fue admitida en forma humillante en sus trascendentales cónclaves financieristas (https://bit.ly/2APHbvp). Ulteriormente, Obama –quien cometió uno de los peores errores estratégicos en la historia de EU al haber empujado a Rusia a los brazos de China– expulsó con la mano en la cintura en 2014 a Moscú del formato G8 debido a la anexión de Crimea.

Según The Economic Times de India, la temeraria propuesta de Trump exasperó a China. Pekín comentó que tal propuesta estaba condenada al fracaso, además de ser “impopular (https://bit.ly/3795ErR)”. El rotativo indio comenta que Trump también empuja para desacoplar a China de las cadenas de suministro globales que pudieran perjudicar a Pekín a largo plazo.

El portal oficioso chino Global Times recuerda en referencia a la estrategia Indo-Pacífico resultó un fracaso al no poder seducir a India (https://bit.ly/3dIzW7o). La aceptación de Australia y Sudcorea es más bien ritualista, mientras muy hábilmente la canciller alemana, Angela Merkel, informó que no asistiría a la cumbre debido a la pandemia –curiosamente Alemania ha sido uno de los principales países en haber lidiado exitosamente con ella, lo cual ha resucitado a su canciller de su inopia popular.

A juicio de Ni Feng, director del Instituto de Estudios Americanos en la Academia China de Ciencias Sociales, la intención es simple: aislar a China y agregó que es justo el inicio, ya que seguirán más medidas de contención. Wang Wen, decano del Instituto Chongyang en la Universidad Renmin, argumentó que sería imposible para EU formar una línea frontal de guerra fría global contra China cuando otros países no desean tomar partido entre China y EU: es una fantasía de Washington que pueda formar una alianza contra China. Wu Xinbo, de la Universidad Fudan, adujo que la idea de crear una cuña entre Rusia y China era un pensamiento ilusorio. Gran Bretaña y Canadá se oponen furibundamente al regreso de Rusia al G7, mientras Trump conversó por teléfono con el zar Vlady Putin para invitarlo a la cumbre. La presencia de Rusia es más trascendental, dicho sea con respeto, que el restante de los otros nueve países debido a su estatura geoestratégica de superpotencia militar, lo cual no significa que tenga que romper su asociación estratégica con China cuando el destino multidimensional de ambos se ha vuelto complementario.

Más vale que Trump no se haga ilusiones con el esquema kissingeriano de un G2 de EU y Rusia contra China.

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Un impeachment deslactosado y un Trump renergizado

El voto para avanzar en el proceso del impeachment con Nancy Pelosi, vestida de luto circunstancial, tuvo tintes dramáticos unipartidistas en la Cámara de Representantes. Pelosi sufrió tres deserciones demócratas, mientras los republicanos exhibieron su compactación monolítica.

La muy hábil amazona Pelosi se ha guardado hasta nuevo aviso los dos artículos sentenciados –abuso de autoridad y obstrucción de la justicia, sin el menor estigma sobre criminalidad alguna– que valieron el impeachment monocromático para intentar impedir que la mayoría republicana del Senado deseche fulminantemente su impeachment deslactosado –cuya lista de felonías pudo haber sido infinita al disponer de un mayoriteo automático en la Cámara de Representantes–.

En términos jurídicos estrictos, el impeachment deslactosado se podrá quedar en el cajón de sastre y desastre de Pelosi, si no conviene a sus intereses partidistas. Se puede asegurar que hasta el 5 de febrero de 2020 Trump no será defenestrado, ya que la misma Pelosi invitó al todavía presidente a dar su discurso sobre el estado de la unión el 4 de febrero (https://politi.co/2Q6HCpn).

Los Republicanos tienen escondido un as jurídico bajo la manga, según la Constitución, para absolver a Trump (https://bit.ly/2M9AgQQ).

Pareciera que no existió la fase primera del impeachment deslactosado, ya que los dos partidos, hoy fratricidas, han aprobado en forma expedita el T-MEC –que resultó perjudicial para Canadá y México (https://bit.ly/2SgpCLZ)–, el gasto militar por 738 mil millones de dólares con la creación de una nueva fuerza en el espacio y un presupuesto de egresos de 1.4 billones de dólares (trillones en anglosajón), mientras Wall Street escalaba niveles antigravitatorios.

Steve Bannon, ideólogo del trumpismo, en una entrevista a The Guardian, comentó que los donativos por 110 millones de dólares del multimillonario Mike Bloomberg, anterior alcalde de Nueva York y hoy candidato a la nominación del demócrata a la presidencia, que literalmente puede comprar –octava fortuna del ranking de Forbes (https://bit.ly/2MfYc4L)–, consiguió el triunfo de 21 de 24 candidatos en la Cámara de Representantes, donde brilla la camarera Alexandria Ocasio Cortez, lo cual fue el picaporte para el impeachment de Trump, quien no hubiera sido juzgado si no fuera por Bloomberg (https://bit.ly/2sRcSAC).

Desde el inicio de la investigación para defenestrar a Trump hasta el veredicto unicamaral/unipartidista/monocromático, Trump obtuvo el incremento de 6 por ciento que no desea su impeachment, fuese deslactosado o no, lo cual se refleja en la perplejidad de un amplio segmento de los votantes independientes que pueden definir la relección de Trump y pueden sepultar muchas carreras de los congresistas.

Cuando faltan 11 meses de campaña feroz en el frente del evangelismo sionista (https://bit.ly/38WfmhT), considerado inexpugnable para los trumpófilos, a mi juicio existe un escollo de alto riesgo para Trump, quien fue sorprendido por una muy influyente revista evangelista Christianity Today, fundada por el pastor Billy Graham, cuyo virulento editorial, firmado por Mark Galli, conminó a que Trump debería ser defenestrado (https://bit.ly/34LqVVJ), lo cual ha causado trémulos y convulsiones en la Casa Blanca, mucho peores que las del mismo impeachment.

Galli mancilló a Trump como infractor consuetudinario de los 10 mandamientos bíblicos. El mismo Trump pasó al control de daños infligido por la revista evangelista y le propinó dos sendos tuits al arremeter contra la revista de extrema izquierda, mientras se autoalabó de que nadie había hecho más para la comunidad evangélica que él (https://bit.ly/35Met9x).

El también pastor Franklin Graham, hijo de Billy Graham (considerado el Papa de los evangelistas), difundió que su padre había votado por Trump y fustigó la conducta de los demócratas en la cámara (https://bit.ly/2SiBRY7).

El Cinturón Bíblico (Bible belt) aseguró el triunfo de Trump en 2016. Si no lo preserva, perderá su relección en 2020: mucho más grave que el impeachment deslactosado de Pelosi. As simple as that!

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