En imagen del pasado 4 de junio, el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, en el Centro de convenciones de Rehoboth Beach, Delaware. Foto Ap

El presidente Joe Biden tendrá tres cumbres cruciales del 11 al 16 de junio: 1) con el G-7 en Cornwall (Inglaterra); 2) con la OTAN en Bruselas, y 3) con el zar Vlady Putin en Ginebra. Biden intenta restaurar las alianzas transatlánticas que han sufrido un fuerte golpe a la confianza mutua debido al ciberespionaje de la Agencia de Seguridad Nacional a los mandatarios de Alemania y Francia con la complicidad de Dinamarca.

El G-7 intenta recuperar su relevancia financierista y acaba de realizar un acuerdo histórico para gravar las transacciones digitales en los paraísos fiscales del Big Tech de Silicon Valley (https://bit.ly/34Y75ZS).

Por salud mental dialéctica es importante conocer la antítesis que enuncia Yang Xiyu (YX), investigador del Instituto de Estudios Internacionales de China, en el rotativo oficioso Global Times: "Adiós a los días del G-7 en la etapa de la desamericanización" (https://bit.ly/3x8ttvK).

YX juzga que ni siquiera vale la pena ver la "influencia y poder" del G-7: "una criatura de la edad pasada", debido a que "el centro de gravedad político y económico del mundo ha girado al Este".

A juicio de YX, el ascenso de las economías asiáticas y mecanismos como el G-20 –producto de la grave crisis financierista de 2008– "han reducido la influencia del G-7", que antecedió a la crisis petrolera de 1973.

Si la misión del G-7 fue "fortalecer la gobernación financiera internacional, pues habrá sido un fracaso absoluto", ya que su peor error fue haber excluido a los "países en vías de desarrollo o a otras plataformas para la gobernación multilateral" cuando la “política global y las estructuras de seguridad (sic) y el orden financiero y económico internacional se han vuelto cada vez más insostenibles”, mientras "un nuevo orden mundial está lejos de ser configurado".

La participación nada desdeñable este año de India, Corea del Sur y Australia tiene como objetivo "incrementar el peso de Estados Unidos en las áreas financiera y económica del mundo" y “expandir los valores (sic) estadunidenses” para “conformar un bloque "democrático" global” (sic). El problema subyace en que "la influencia de Estados Unidos ha declinado en las áreas financiera y económica del mundo".

YX juzga que "EU y los países europeos tienen sustanciales diferentes puntos de vista hacia China" cuando “los europeos no apoyan convertir al G-7 en un bloque "democrático" contra China.

¿Contempla la dupla anglosajona de EU y Gran Bretaña expandir el G-7 a un G-10 con la incorporación de India, Corea del Sur y Australia, tres miembros del QUAD, el grupo cuatripartita que encabeza EU en la región Indo-Pacífico? El tal "bloque democrático global", que subsume el proyectado G-10, va dirigido contra China.

¿Dejó Biden a Rusia fuera para no entorpecer su próxima cumbre en búsqueda de un etéreo G-2 geoestratégico contra China?

Para YX, el G-20 –donde participan China y países en vías de desarrollo– "juega un papel más importante en la economía internacional". Al haber sido superado en el ámbito de la competitividad geoeconómica, EU ahora eleva su puja mediante sus cartas geopolíticas: "pasa de configuraciones de coalición a abiertas tácticas de supresión".

YX vaticina que se trata de una “viciosa (sic) competencia” cuando el "resultado final será una sistemática desamericanización en el mundo": en el largo plazo "no será China la que estará aislada en el mundo, sino que será EU el que se aislará del mundo". Concluye que "después de todo, EU es un país hegemónico que ha destruido el edificio del orden internacional".

¿Es el G-7, fundado hace 48 años, una reliquia del pasado, de lo que Biden no se da cuenta o simula no percatarse?

Yo matizaría: el G-7 ya no domina financiera ni políticamente al mundo, cuya paroxística influencia la alcanzó con la globalización financierista y el colapso de la ex-URSS cuando China todavía no aparecía en el radar. Pero, en caso de seguir todavía cohesionado, lo cual no está nada garantizado, el G-7 todavía representa más de 45 por ciento del PIB nominal global frente al 18 por ciento de China sola.

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Domingo, 11 Octubre 2020 05:17

Europa, Estados Unidos y China

Europa, Estados Unidos y China

Las declaraciones del embajador estadounidense en entrevista con el diario Expresso del 26 de septiembre ofenden a los portugueses y violan los códigos diplomáticos. Amenazó que los Estados Unidos dejarían de considerar a Portugal como un aliado en cuestiones no solamente económicas sino también de seguridad si Portugal adoptara (así sea parcialmente) la tecnología 5G de Huawei. Sabemos que este es el estilo agresivo de injerencia en los asuntos internos de los países vasallos o "repúblicas bananeras". Las declaraciones del embajador, sin embargo, tienen un tiempo y un contexto precisos.

Como el objetivo geoestratégico de Estados Unidos es debilitar o desmantelar la UE (comenzó con el Brexit) para obligar más fácilmente a los países europeos a alinearse en la nueva guerra fría -la guerra contra China- Portugal es el objetivo exacto, no sólo porque se considera uno de los eslabones débiles de la UE, sino también porque presidirá la UE en los próximos meses. Las autoridades portuguesas han reaccionado de la única manera posible, pero las grandes decisiones son de la UE. ¿Qué decisión tienen que tomar? Europa se enfrenta a una bifurcación decisiva: o se fragmenta o profundiza su integración.  El análisis que propongo se basa en la idea de que la integración es mejor que la fragmentación, suponiendo que sólo es posible profundizar la integración respetando la autonomía de cada país y democratizando las relaciones entre ellos.

No viene al caso mirar aquí toda la larga tradición histórica que conecta Europa (especialmente el Mediterráneo) con China e India, miembros del mismo supercontinente, Eurasia, donde surgió la Edad de Bronce y dio lugar a la primera revolución urbana, unos tres mil años antes de nuestra era. Es suficiente recordar que durante muchos años ha habido comercio y tecnología en esta región y que, si en ciertos períodos prevaleció Occidente, en otros prevaleció Oriente. Esta alternancia pareció romperse a partir del siglo XV con el péndulo apuntando a la región europea. Con la expansión bloqueada por tierra por el Imperio Otomano, Europa se convirtió en el lugar de nacimiento de los imperios transatlánticos que tuvieron sucesivamente como protagonistas a Portugal, España, Holanda, Francia e Inglaterra. Un largo período que terminó en 1945 (en el caso de las colonias de Portugal, en 1975). Desde entonces, el único imperio digno del nombre ha sido el de los EE. UU. Hace unos años se ha hablado del declive de este imperio y del surgimiento del imperio chino, aunque sea discutible si China ya es (de nuevo) un imperio. Durante varios años, estudios de los servicios de inteligencia de los EE. UU (CIA) han previsto que China en 2030 será la primera economía del mundo.

Todo nos lleva a creer que nos enfrentamos a un imperio descendiente y a un imperio ascendente. La pandemia ha llegado a dar una nueva intensidad a los signos que apuntan a esto. Entre ellos señalo los siguientes. En primer lugar, China fue una de las principales economías del mundo durante varios siglos hasta el comienzo del siglo XIX. Representaba entonces del 20% al 30% de la economía mundial. Desde entonces, su declive comenzó y en 1960 China representó sólo el 4% de la economía mundial. A partir de la década de 1970 China comenzó a resurgir, y hoy representa el 16%. La pandemia ha hecho aún más evidente que China es la fábrica del mundo. Mientras Donald Trump vocifera contra el "virus chino", el personal médico y de enfermería está esperando ansiosamente la llegada del nuevo suministro de material de protección personal de China. Los estudios de dos grandes bancos alemanes, el Commerzbank y el Deutsche Bank muestran que China recuperará las pérdidas del PIB causadas por la pandemia a finales de este año, mientras que Europa y Estados Unidos seguirán enfrentando una severa recesión. El peso del consumo interno de China en el PIB es ahora del 57,8 por ciento (en 2008 fue del 35,3 por ciento), es decir, un peso cercano al de los países más desarrollados. Se ha escapado de los medios occidentales que, ante la intensificación de la guerra fría por parte de los Estados Unidos, China propone adoptar una política de mayor autosuficiencia o autonomía que le permita seguir exportando al mundo sin depender tanto de las importaciones de alta tecnología. Entre los países europeos, Alemania puede ser una de las más afectadas, junto con Japón y Corea del Sur.

La imagen que nos llega de los Estados Unidos es casi lo contrario de todo esto. El extraordinario dinamismo de los Estados Unidos a finales de la década de 1940 y en las dos décadas siguientes ha desaparecido hace mucho tiempo. Históricamente inclinado a considerar la guerra como un medio para resolver conflictos, Estados Unidos ha estado gastando en aventuras militares la riqueza que se podría invertir en el país. Desde 2001, el gasto militar ha ascendido a 6 trillones de dólares.  Recientemente, el expresidente Jimmy Carter lamentó que en 242 años de existencia Estados Unidos sólo había estado en paz durante 16 años. Por el contrario, desde la década de 1970 China no ha estado en guerra con ningún país (aunque haya tensiones regionales), y se estima que hoy en día produce tanto cemento en tres años como Estados Unidos a lo largo del siglo XX. Mientras China construye una gran clase media, Estados Unidos la destruye. Los tres estadounidenses más ricos tienen tanta riqueza como los 160 millones de estadounidenses más pobres. En el ranking de libertad de prensa del World Press Índex, Estados Unidos ha estado cayendo y ahora ocupa el puesto 45 (varios países europeos están en la cima de la tabla, Portugal ocupa el décimo lugar y China el puesto número 177). La conducta política de Donald Trump es lo opuesto a todo lo que hemos aprendido de positivo de los Estados Unidos y ahora corre el riesgo de poner al país al borde de una guerra civil. Pero, por peligroso y caricaturado que sea, Trump no es la causa del declive de Estados Unidos, es más bien un producto de esto.

Europa (especialmente la que tiene la mejor tasa de desarrollo humano) se ha beneficiado de la apertura de China al comercio internacional y de las relaciones pacíficas que se han establecido desde entonces entre Estados Unidos y China.  Estos hechos han eximido a la UE de tener una verdadera política exterior.  Todo indica que este período ha llegado a su fin y que Europa se verá obligada a elegir. Europa, históricamente muy violenta, tanto internamente como mundialmente, no tiene velas imperiales hoy en día y parece querer preservar un patrimonio creíble de defensa de los valores democráticos, la convivencia pacífica y los derechos humanos. Los imperios siempre son malos para las regiones que están sujetas a ellos. Se puede decir que las regiones que no pueden disputar el poder imperial ganan más al aliarse a un imperio ascendente que a un imperio descendiente. Pero, por otro lado, nada nos garantiza que el imperio chino sea mejor para los europeos que el imperio americano. La única manera de preservar los valores de la democracia, la convivencia pacífica y los derechos humanos parece ser mantener una autonomía relativa hacia ambos. Sólo esta relativa autonomía permitirá a Europa profundizar su integración discutiendo los términos de su inserción en la nueva era, que parece ser menos una nueva era de globalización que una era de muros tecnológicos (y muchos otros muros no menos peligrosos). Esto significa que ningún país europeo debe ser chantajeado. La experiencia internacional de la última década nos dice que China acepta la idea de una autonomía relativa y que, cuando es necesario, sabe retirar sus ánimos expansivos. Por el contrario, las presiones muy poco diplomáticas en curso son una advertencia de que los Estados Unidos no aceptan la idea de autonomía relativa. Si Europa no sabe resistirse/resistir, estará iniciando un doloroso viaje hacia su fragmentación.

Por Boaventura de Sousa Santos

10 octubre, 2020 Banderas de EEUU, China y la UE.

Traducción de Bryan Vargas Reyes

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Sábado, 26 Septiembre 2020 05:54

EE.UU. perdió el rumbo estratégico ante China

Bases militares de EE.UU. en el mundo. Wikipedia CC BY-SA 4.0

Decadencia del imperialismo estadounidense

 

El imperio estadounidense parece no querer aprender de la historia. Ha extendido su poder militar a todos los rincones del planeta, con alrededor de 850 bases militares desplegadas en los cinco continentes.

 

La caída de los grandes imperios se debió siempre a una combinación de causas externas e internas. Cuando fueron conquistados o destruidos por ejércitos invasores, ya vivían un proceso de deterioro irreversible. En gran medida, por no haber comprendido las fuerzas, a menudo ocultas, de su decadencia.

El imperio estadounidense parece no querer aprender de la historia. Ha extendido su poder militar a todos los rincones del planeta, con alrededor de 850 bases militares desplegadas en los cinco continentes, para controlar mares y océanos, cielos y tierras, incluyendo el espacio, intentando abarcarlo todo, sin dejar resquicios por donde puedan colarse otras potencias. ©

En ese empeño desmesurado, ha generado lo que un analista iraní denomina como «aislamiento silencioso». El abuso de las sanciones económicas a todo aquel que no se pliegue a su esfuerzo imposible para mantenerse como superpotencia única, lo ha llevado a atacar incluso a sus aliados, como sucede con Alemania a raíz del gasoducto Nord Stream 2, que llevará gas desde Rusia hacia Europa.

El abuso de la política de sanciones está dando resultados opuestos a los deseados por la Casa Blanca. La primera ministra del estado Mecklemburgo-Pomerania occidental, Manuela Schwesig, declaró días atrás: «Las amenazas de EE.UU. a los directores y empleados del pequeño puerto de Mukran, que no hicieron nada ilegal y se ocupan del tendido del gasoducto que es legal, así como el hecho de que las amenazas proceden de la nación amiga a la que debemos este año el 30 aniversario de la reunificación de Alemania, son terribles». Lo más ridículo y grotesco han sido las sanciones a opositores del gobierno de Nicolás Maduro, por participar en los que EE.UU. considera «farsa electoral». Estos venezolanos antichavistas han sido sancionados por el Departamento de Estado «por su complicidad en apoyo a los esfuerzos de Maduro de privar al pueblo de Venezuela del derecho a elegir a sus líderes a través de elecciones libres y justas».

Extender en demasía las ambiciones imperiales y enemistarse incluso con sus aliados, forma parte de lo que el diplomático Alfredo Toro Hardy define en el Observatorio de la Política China, como falta de «consistencia estratégica». En su opinión, dicha consistencia pasa por «un curso de acción sostenido en la persecución de objetivos claros», que implica «la presencia de un mapa de ruta» y además «la capacidad para evitar la distracción y el desvío».

​Una de las distracciones innecesarias para quien está embarcado en una dura competencia estratégica, es la política hacia Irán, que el diplomático define como «absolutamente innecesaria». Después de diez meses de ausencia en el Golfo Pérsico, esta semana la Quinta Flota anunció que un grupo de ataque liderado por el portaaviones USS Nimitz pasó por el Estrecho de Ormuz, con los cruceros USS Princeton y USS Philippine Sea y el destructor USS Sterett.

Según el exembajador indio MK Bhadrakumar, «si la campaña del presidente Donald Trump para las elecciones estadounidenses no avanza, podría recurrir a algunos trucos desesperados». Citando a Trita Parsi, fundador del Consejo Nacional Iraní Americano, el Plan B de Mike Pompeo «consiste en provocar que Irán use la fuerza, lo que proporcionaría una coartada para que el ejército estadounidense lleve a cabo ataques de represalia».

La segunda cuestión es la fractura social de la sociedad estadounidense, que se viene agravando por la creciente e insostenible desigualdad y por la guerra entre demócratas y republicanos, que ganó varios escalones desde el triunfo electoral de Donald Trump en 2016.

Ya en mayo de este año, el Laboratorio Europeo de Anticipación Política (LEAP), sostuvo que existe un riesgo significativo de descarrilamiento del proceso electoral estadounidense, con el probable «bloqueo en el nombramiento del próximo jefe del Poder Ejecutivo de los Estados Unidos».

Desde aquel momento, los problemas se han agravado, estima el LEAP, en participar por la previsible masiva utilización del correo en el contexto de la pandemia de coronavirus. «Los demócratas ven en ello una oportunidad para modificar la base electoral en su beneficio, extendiendo el acceso al voto a poblaciones que fueron hábilmente mantenidas a distancia por sus antiguas características electorales; mientras que los republicanos creen que los servicios postales americanos no son suficientemente fiables, abriendo así el camino al fraude».

La guerra interna es tan feroz, que incluso el nombramiento de un nuevo integrante de la Corte Suprema enerva los ánimos y provoca hondas divisiones en la sociedad. En efecto, Trump quiere nombrar a quien suceda a la jueza Ruth Bader Gingsburg, fallecida días atrás, antes de las elecciones del 3 de noviembre, mientras los demócratas se oponen porque torcerá el relativo equilibro existente en la Corte.

La guerra por el control de la Corte tiene estrecha relación con las elecciones. En la medida en que el voto por correo será muy disputado y no cuenta con garantías, «el papel de la Corte se acrecienta, como se demostró en la disputa de Florida en 2000, zanjada por una sentencia dictada por la propia Corte», que puede además anular leyes del Congreso y de asambleas estatales y forzar incluso al presidente a tomar determinadas medidas.

Una parte de la sociedad acusa a Trump de estar pergeñando un golpe de Estado durante la campaña electoral. En una conferencia de prensa en la Casa Blanca, se le preguntó a Trump si «se comprometería hoy aquí para una transferencia pacífica del poder después de las elecciones». Respondió: “Vamos a ver qué pasa. Sabes que me he quejado mucho de las papeletas. Y las papeletas son un desastre». El entrevistador insistió y le preguntó si habría una transición pacífica: «Francamente, no habrá una transferencia. Habrá una continuación».

Como señala Toro Hardy, «tales divisiones se han fusionado con las identidades partidistas, desatando una profunda polarización social. Dos sociedades enfrentadas coexisten lado a lado, demonizándose y buscando destruirse. El país evidencia, como resultado, una gigantesca fractura horizontal que está tornando cada vez más inoperativas a sus instituciones».

Mientras China tiene muy claro su objetivo estratégico y lo está transitando, EE.UU. se ha convertido en una potencia impredecible y, según el diplomático, «crecientemente ineficiente».

En palabras del analista David Goldman en Asia Times, uno de los más lúcidos del momento, EE.UU. juega al Monopoly, «en el que los jugadores intentan extraer rentas». Por su parte, «China está jugando el antiguo juego de estrategia Go, con el objetivo de la supremacía tecnológica»

Por Raúl Zibechi | 26/09/2020 .

Fuente: https://mundo.sputniknews.com/firmas/202009251092906956-eeuu-perdio-el-rumbo-estrategico-ante-china/

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El mundo está cambiando y es posible que estemos ante el nacimiento de un "siglo asiático", dice el artículo. Foto: Reuters

EEUU, que está tratando de poner a todo el mundo en contra de China, corre el riesgo de perder a Europa, advierte el diario Foreign Policy. El autor señala que el mundo está cambiando y es posible que estemos ante el nacimiento de un "siglo asiático".

Los medios estadounidenses no paran de declarar que la pandemia del coronavirus "abrió los ojos del mundo a la verdadera naturaleza del régimen chino". Pero las estadísticas muestran que los europeos están mucho más preocupados ahora por el comportamiento de Estados Unidos durante la crisis que por las políticas de Pekín, escribe Foreign Policy.

El diario hace referencia a un estudio realizado por la Fundación Korber que muestra que los alemanes están casi igualmente divididos en cuanto a la cuestión sobre el socio más importante: el 37% de los encuestados eligieron a Estados Unidos y el 36% a China. Los datos son sorprendentes y muestran un cambio significativo con respecto a la encuesta de septiembre de 2019, destaca el artículo. En ese momento, EEUU tenía una ventaja impresionante sobre China del 26% de los votos.

Esto no significa que los alemanes estén dispuestos a apoyar a Pekín en todo, explica el autor de la publicación, Noah Barkin. En particular, el 71% de los alemanes encuestados cree que un comportamiento más abierto por parte de las autoridades chinas podría haber limitado el impacto del coronavirus o incluso detenido la propagación de la pandemia. Sin embargo, solo el 36% de los encuestados dijo que su opinión sobre China ha empeorado en medio de la crisis, mientras que el 73% lo dijo en cuanto a EEUU. Y eso debería servir de advertencia para Washington, según el columnista.

El mundo está cambiando y es posible que estemos ante el nacimiento de un "siglo asiático", dice el artículo.

Los políticos de Alemania y otros países europeos ven "un cambio en las líneas geopolíticas" que afectan sus cálculos, escribe Foreign Policy.

Cuando los europeos miran a EEUU, ven un "caos", subraya el autor. "En este país, donde más de 91.000 estadounidenses murieron por la pandemia del coronavirus, los políticos son incapaces de dejar de lado sus divergencias y actuar juntos. Ven una administración que evita contactar con la ciencia y cooperar con el mundo, cuando es lo que más se necesita. Y ven a un presidente que parece dispuesto a aplicar la táctica de la tierra quemada a las relaciones entre EEUU y China si eso es lo que se necesita para rescatar sus decaídas esperanzas de ser reelegido".

Mientras tanto, Donald Trump no se percibe en Europa como la causa de la disfunción de Estados Unidos, sino más bien un síntoma o catalizador, observa el autor. Si Joe Biden llega al poder, la paralizante división partidaria continuará, al igual que la devastación económica, que las autoridades son cada vez menos capaces de afrontar.

Alemania no es el único país europeo cuya población está cambiando su opinión sobre EEUU.

Según una encuesta del British Foreign Policy Group, solo el 28% de los británicos opinan que Estados Unidos actúa responsablemente en el mundo, es una caída de 13 puntos porcentuales respecto a los datos de enero.

La empresa Ifop preguntó a los franceses qué países están mejor preparados para hacer frente a los desafíos de las próximas décadas. Solo el 3% eligió a EEUU.

Un triángulo de países sustituiría la hegemonía de EEUU tras la pandemia
Una encuesta realizada en abril por el instituto de investigación SWG mostró que el 36 por ciento de los italianos encuestados creían que su país debía centrarse en el desarrollo de vínculos estrechos con China, frente al 30 por ciento que eligió a Estados Unidos.

Esto no significa que Europa se dirija hacia una política de equidistancia entre Estados Unidos y China. Pero Europa está tratando de asegurarse.

Actualmente está negociando con Pekín un acuerdo global de inversiones y medidas conjuntas para combatir el cambio climático. Si se concreta justo cuando se están celebrando las elecciones en Estados Unidos, será otra señal de que Estados Unidos está perdiendo a Europa, cediendo su prioridad en la política exterior a China, concluye el autor.

24 mayo 2020

(Tomado de Sputnik)

 

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Viernes, 03 Agosto 2018 07:32

El próximo imperialismo

El próximo imperialismo

Hacia finales de este siglo China será el nuevo hegemón, sustituyendo a Estados Unidos como líder del mundo, siendo la única duda si habrá guerra nuclear durante el proceso. Resulta curioso que buena parte de las izquierdas del mundo observen con simpatía o neutralidad este ascenso que tiende a convertir a China en una nueva forma de imperialismo.

Los modos como viene ascendiendo China en el escenario global son diferentes a los que mantuvo Estados Unidos en una etapa similar, en particular en los primeros años del siglo XX, cuando intervino militarmente en sus zonas aledañas o patio trasero, en particular en el Caribe, México y Centroamérica. Por el contrario, China se está convirtiendo en superpotencia sin violencia ni guerras, lo que marca una diferencia notable; según las reiteradas declaraciones de sus dirigentes, seguirá por el camino de la paz.


En segundo lugar, la historia de China es bien diferente a la de las potencias hegemónicas anteriores, Estados Unidos, Inglaterra, Países Bajos y Venecia. El país del dragón sufrió invasiones de las potencias coloniales durante el siglo XIX y de Japón en el siglo XX, lo que nos habla de una sociedad que sufrió los embates del colonialismo y el imperialismo.


En contraste, desde 1823 cuando la Doctrina Monroe proclamó que América Latina era la “esfera de influencia” de Estados Unidos, la potencia ascendente realizó 50 intervenciones militares en la región, la mitad de ellas en la primera parte del siglo XX. El objetivo era derrocar gobiernos que Washington consideraba enemigos e impedir que personalidades o partidos contrarios a sus intereses llegaran al poder.


La tercera cuestión es que en su historia China nunca fue una potencia imperialista y se limitó a defenderse más que a conquistar territorios. Fue un imperio relativamente frágil y con graves problemas de orden interno, que debió abocarse a resolverlos sin la capacidad de proyectarse hacia el exterior.


Sin embargo, debemos atender otras razones que apuntan en sentido contrario.


La primera es que China se ha convertido en una gran potencia presente en todos los rincones del planeta, en una gran exportadora de capital con poderosos monopolios estatales y privados, orientados por el Estado. Aunque en China no existe aún una oligarquía financiera, como en los países occidentales, que representa el dominio del capital financiero sobre el productivo, se registra una fuerte tendencia en esa dirección, toda vez que el capitalismo chino se orienta por la misma lógica que el capitalismo global.


Sin embargo, la tendencia al predominio del capital financiero y a proteger las cuantiosas inversiones en el exterior mediante formas por ahora diplomáticas de intervención, se registran más allá de la voluntad declarada de sus gobernantes. El ascenso pacífico de China mediante iniciativas como la Ruta de la Seda y el plan Made in China 2025 para convertirse en líder tecnológico mundial, están chocando con la respuesta de Washington que ha declarado una guerra comercial.


El país asiático está forzado a meterse en esa guerra, del mismo modo que debe insertarse en el sector financiero global para internacionalizar su moneda, ya que debe jugar con las reglas vigentes. A lo largo de este largo proceso de ascenso, China va modificando su perfil, construyendo unas fuerzas armadas cada vez más poderosas con capacidad de intervenir en todo el mundo, como lo demuestra la rápida construcción de una flota de portaviones y cazas de quinta generación.


La segunda es que la cultura china es profundamente conservadora, con un sesgo patriarcal muy potente. Sobre esta base está construyendo un gran Estado para el control de su población, que llegará a instalar hasta 600 millones de cámaras de vigilancia en su propósito de formar parte de lo que William I. Robinson denomina como “Estado policiaco global”.


El capitalismo digitalizado chino necesita sobrepasar a Estados Unidos en la revolución industrial en curso, “basada en la robótica, la impresión en 3D, el Internet de los objetos, la inteligencia artificial, el aprendizaje automático, la bio y nanotecnología, la computación cuántica y en nube, nuevas formas de almacenamiento de energía y los vehículos autónomos”. China ya es la principal fuerza pro-globalización, que agudiza las tendencias hacia el Estado policial global.


Por último, creo que resulta imprescindible analizar la relación de la cultura política china con los movimientos antisistémicos del mundo. Las tres fechas que los movimientos celebramos en todo el mundo (8 de marzo, 1º de mayo y 28 de junio), nacieron por las luchas populares en Estados Unidos y en países europeos, lo que debe hacernos reflexionar.


No pretendo insinuar que en China no existan tradiciones revolucionarias. La revolución cultural orientada por Mao Tse Tung es un buen ejemplo. Pero esas tradiciones no están jugando un papel hegemónico en los movimientos. Estamos ante un recodo de la historia que nos impone buscar referencias, profundizando las luchas.

 

 

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Miércoles, 21 Marzo 2018 07:06

Crisis profunda, recuperación mediocre

Crisis profunda, recuperación mediocre

La prensa internacional de negocios se encuentra confundida. Por una parte festeja las noticias económicas que parecen indicar que vivimos una recuperación firme y duradera. Por ejemplo, recientemente celebró la nueva de que la economía de Estados Unidos había cumplido 92 meses de crecimiento económico ininterrumpido. Los titulares se escribieron en automático: La recuperación se consolida.

Pero, por otro lado, esa misma prensa recibe con desaliento todas aquellas informaciones susceptibles de mostrar que el desempeño económico sigue siendo mediocre.

El primer lugar de los titulares con las buenas noticias está invariablemente reservado para el crecimiento del PIB en Estados Unidos. Sin embargo, el crecimiento en 2017 apenas alcanzó 2.3 por ciento y ese nivel de expansión fue más bajo que el rebote que siguió a la pasada recesión. Muchos comentaristas piensan que los recortes a los impuestos introducidos por la administración Trump permitirán alcanzar un crecimiento superior. La realidad es que el efecto se dejará sentir por una única ocasión el año que viene y, además, con las cicatrices que ha dejado la crisis financiera no es del todo seguro que ese efecto sea significativo.

Otra muy bien recibida pieza de información es la que concierne a la caída del desempleo a niveles históricos. Desgraciadamente, casi nunca se informa que una parte importante de los nuevos empleos generados por la recuperación corresponde a puestos de baja calidad, sin beneficios y sin perspectivas de largo aliento. Y tampoco hay espacio en las noticias, salvo raras excepciones, para decir que esa medida de desempleo es la más estricta y que si se consideran los demás aspectos del mercado laboral se podrá observar que la reducción en la tasa de desempleo también depende en buena medida de la salida de mucha gente de la fuerza de trabajo. Es decir, muchos que han buscado empleo infructuosamente durante demasiado tiempo han preferido abandonar la búsqueda activa de empleo y, de acuerdo con las estadísticas laborales, han dejado de calificar como desempleados en sentido estricto. Para decirlo como los nuevos macroeconomistas clásicos, esos ya no son desempleados y hoy están de vacaciones.

El boletín de noticias casi nunca tiene espacio para informar que los salarios siguen estancados. Esta preocupante tendencia, que perdura desde la primera mitad de la década de los 70, no es revertida por las fuerzas que hoy nos llevan por el camino de la recuperación. La deficiencia crónica en la demanda agregada que este comportamiento de los salarios ha traído aparejada ha tenido que ser compensada mediante múltiples episodios de inflación en los precios de diferentes tipos de activos o burbujas. Pero aún ese tipo de episodios no fue suficiente y los hogares tuvieron que recurrir al endeudamiento para mantener sus niveles de consumo y de vida. Hoy, el mediocre ritmo de crecimiento que marca esta recuperación se debe en buena medida al desendeudamiento que practican los distintos agentes de la economía mientras buscan equilibrar sus hojas de balance.

La prensa de negocios tampoco elabora sobre el tema una postura de política monetaria, que ya cumple nueve años de mantenerse en la región de las tasas de interés cercanas a cero. El acrónimo en inglés para esta postura, ZIRP, ha estado presente en todo el debate sobre la recuperación. Pero ahora que la Reserva Federal (Fed) ha comenzado a incrementar la tasa de interés de referencia, tal pareciera que el tema de la normalización ha desplazado al ZIRP.

Todavía no se alcanza la meta de inflación que la Fed considera adecuada para una expansión saludable, y cualquier signo que parezca indicar fragilidad en la recuperación es visto con recelo. Todo mundo contiene la respiración mientras el Comité de Operaciones Abiertas de la Fed ajusta su calendario de incrementos futuros de la tasa de interés. Otra señal de que todavía estamos lejos de los festejos para celebrar el fin de la crisis.

Además, si bien es cierto que en Estados Unidos se detuvo el programa de flexibilización cuantitativa desde octubre de 2014, para esa fecha la Reserva Federal ya había acumulado más de 4.5 billones (castellanos) de dólares en su hoja de balance. Ese programa de compras de activos sirvió más que nada para apuntalar a los bancos y para canalizar recursos hacia la especulación. No se utilizó para incrementar el crédito al consumo y la inversión productiva. De todos modos, toda esa liquidez que se inyectó al sistema financiero no se ha podido reabsorber y sigue impulsando los espíritus animales en la bolsa de valores. Y a todo esto, habría que señalar también que en Europa todavía ni siquiera se termina la flexibilización (aunque el Banco Central Europeo ha bajado el ritmo en la compra de activos) y se está más lejos de comenzar el periodo de normalización.

El escenario no es brillante para el futuro inmediato de la economía mundial, por más que la prensa de negocios quiera ofrecer un bonito paisaje para hacernos olvidar las cicatrices profundas que quedan después de la crisis.

Twitter: @anadaloficial

 

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