El miércoles pasado los hinchas del Celtic ya habían colgado una pancarta con la inscripción "fuck the crown"

"Si odiás a la familia real, aplaudí"

"Si odiás a la familia real, aplaudí”, corearon los fanáticos del Celtic, en un partido contra St Mirren, mientras se desplegaba una pancarta con la misma frase sobre las gradas. Lo hicieron durante un minuto de aplausos que había sido pensado originalmente para honrar a la Reina Isabel II, fallecida el pasado jueves 8 de septiembre.

El homenaje a la Reina Isabel II impulsado por las autoridades de la Premier de Escocia se vio así boicoteado por los hinchas del Celtic, un equipo anti-monárquico desde sus orígenes.

Los seguidores del Celtic ya habían dejado en claro su postura el miércoles pasado cuando el equipo enfrentó al Shakhtar Donetsk por Champions League, partido en el cual colgaron una pancarta con la inscripción "fuck the crown" ("a la mierda la corona", en español).

Las imágenes de la TV mostraron a todos aplaudiendo: jugadores, cuerpos técnicos y dirigentes, todo acompañado por el canto de los hinchas del Celtic de fondo.

Finalmente, el equipo escocés perdió el partido ante St Mirren 2-0, su primera derrota en la Premiership en casi un año.

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El presidente de EEUU, Joe Biden, desciende del Air Force One a su llegada a la Base Aérea de Osan, en Pyeongtaek, en su visita a Corea del Sur. REUTERS/ Lee Jin-man/Pool

Estados Unidos ha convocado para esta semana en Los Angeles la IX Cumbre de las Américas invitando a los mandatarios de 'casi' todos los países americanos, más de treinta. 'Casi' todos pero no todos, porque siguiendo la tradición que inauguró Bill Clinton en 1994 con la primera de esas reuniones esta vez también hay gobernantes excluidos.

En la I Cumbre fue excluida Cuba, ahora, además de la eterna isla rebelde también se ha decidido excluir a los presidentes de Venezuela y de Nicaragua, porque, al igual que entonces, se invita solo a 'gobiernos democráticos´.

Tal como entonces Estados Unidos contó ahora para programar el evento con la complicidad de la OEA (Organización de Estados Americanos), su principal instrumento político en la región, y con  multinacionales, fundaciones y organizaciones civiles con intereses en la zona que participarán en foros previos a la reunión de los mandatarios del jueves 9 y viernes 10.

En 1994, cuando tuvo lugar la I Cumbre, hacía pocos años que se había acabado la Guerra Fría, el mundo se había convertido en unipolar; Estados Unidos sacaba pecho, había vencido a la única otra superpotencia mundial económica, política y militar, la Unión Soviética.

El capitalismo había derrotado al socialismo y EEUU ya podía diseñar un Nuevo Orden Mundial a su antojo.

Para seguir dominando como siempre a América Latina y el Caribe, su 'patio trasero', ya no necesitaba ni le resultaban útiles las dictaduras militares que venía ayudando a implantar y mantener en el poder a sangre y fuego desde el siglo XIX en buena parte de los países de esa amplísima región del mundo.

Bastaba ya con apoyar a gobiernos con fachada democrática -aunque tuvieran graves déficit democráticos- siempre que tuvieran un claro perfil neoliberal, dispuestos a privatizaciones generalizadas de empresas públicas, a políticas de ajustes drásticos, a abrir de par en par las puertas de sus respectivos países a las multinacionales estadounidenses, y a secundar la política exterior y de seguridad de Estados Unidos.

Bill Clinton inició en 1994 la política excluyente

Y fue así que entre los democratiquísimos mandatarios latinoamericanos invitados por Bill Clinton a la cumbre de Miami de 1994 estaban el argentino Carlos Saúl Menem; el peruano Alberto Fujimori; el mexicano Ernesto Zedillo (los tres luego enjuiciados por corrupción y autoritarismo); el guatemalteco Ramiro de León Carpio, quien años después se convertiría en estrecho colaborador del ex dictador genocida de poblaciones indígenas Ríos Montt; el colombiano Ernesto Samper, acusado judicialmente en el Proceso 8000 de haber financiado su campaña electoral con dinero del narcotráfico; el ecuatoriano Sixto Durán-Ballén, cuyo gobierno se vió envuelto en graves casos de corrupción, al igual que el uruguayo Luis Lacalle. Y la lista sigue.

Muchos de los mandatarios invitados a las posteriores cumbres tenían perfiles tan democráticos y ejemplares como los mencionados, pero Cuba seguía siendo la mala de la película. La OEA había expulsado a Cuba de su seno en 1962 y parecía coherente que EEUU la siguiera excluyendo de cualquier proyecto interamericano.

EEUU preveía que una vez atomizada la URSS en 1991 y desmoronados los gobiernos bajo su órbita de la Europa del este, el régimen cubano seguiría el mismo camino. Han pasado varias décadas desde entonces y han pasado presidentes demócratas y republicanos por la Casa Blanca... pero Cuba sigue ahí, manteniendo su soberanía y su dignidad.

Las políticas neoliberales de los '90 acentuaron drásticamente la desigualdad en América Latina hasta convertirla en la zona de mayor desigualdad social de todo el mundo.

En aquella primera cumbre de 1994 Bill Clinton lanzó su ambicioso proyecto neoliberal para la región, el ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas), pero no contaba con que pocos años después, a partir de 1998, se iniciara una ola de gobiernos progresistas en América Latina que rechazó ese proyecto y lo sepultó definitivamente en la IV Cumbre de las Américas de Mar del Plata (Argentina) en 2005.

"¡ALCA, ALCA, al carajo!", fue el estribillo con el que Hugo Chávez celebró aquel entierro.

Años después, afectados principalmente por la crisis financiera de 2008 y por la fuerte contraofensiva neoliberal, pero también por indiscutibles y graves errores propios, América Latina volvió a experimentar un brusco giro ideológico.

Biden, inmune ante los nuevos aires progresistas en la región

A través de golpes 'blandos' y también a través de las urnas, fueron cayendo uno a uno varios de los gobiernos progresistas que habían impulsado importantes pero no suficientes reformas sociales. Algunos de los pocos que lograron mantenerse en pie sufrieron desviaciones y retrocesos.

Sin embargo Joe Biden pareciera no tener en cuenta que la región experimenta en el último periodo un nuevo cambio. Otra oleada de nuevos gobiernos progresistas -aunque de muy variadas características- vuelven a cambiar el escenario político en la región, en Chile, en Bolivia, en Perú,  Honduras,  México, con la posibilidad real de ampliarse a Brasil, a Colombia, si el golpismo blando y el populismo ultraderechista no termina alterando esos procesos.

Biden pareciera ir a tiro fijo, siguiendo la tradición imperial de siempre de Estados Unidos. Ha convocado esta cumbre, en complicidad con el reaccionario secretario general de la OEA, Luis Almagro, excluyendo de la invitación a la IX Cumbre de las Américas a Cuba, Venezuela y  Nicaragua.

El emperador de turno vuelve a decidir unilateralmente quién es demócrata y quién no lo es.

Paradójicamente, ningún mandatario fue excluido en la VIII Cumbre que se celebró durante el Gobierno de Donald Trump. Fue este quien decidió no asistir.

Jair Bolsonaro sí ha sido invitado por Biden. Al parecer sí lo considera un demócrata, como lo era para Trump, y poco importa que siguiendo el ejemplo de Trump Bolsonaro ya haya anunciado que no reconocerá el triunfo de Lula da Silva si este gana las próximas elecciones presidenciales, como todo permitiría prever.

El presidente saliente colombiano, Iván Duque, hijo político de Álvaro Uribe, es otro demócrata ejemplar para EEUU. Poco importa que haya boicoteado abiertamente los Acuerdos de Paz firmados en 2016 para acabar con una guerra de décadas, ni que sus fuerzas militares y las poderosas fuerzas paramilitares de ultraderecha aliadas hayan matado a cientos de guerrilleros desmovilizados y a centenares de activistas sociales molestos para los intereses de los terratenientes y las multinacionales.

Colombia siempre ha sido considerada como una gran plataforma regional para los planes de seguridad de Estados Unidos, al punto que es el único país al que se le ha aceptado como miembro observador en la OTAN.

Pero en esta ocasión EEUU se ha encontrado con un rechazo de varios países de América Latina y el Caribe a su política de exclusiones. El hecho de que no asista a la misma López Obrador, el presidente de México, el país con el que EEUU mantiene una importantísima relación comercial además de compartir una extensísima y conflictiva frontera, ya supone de por sí un duro golpe para la diplomacia estadounidense.

El que Bolivia, Honduras y otros países manifestaran su malestar por las exclusiones y que el propio presidente de la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños), el argentino Alberto Fernández, dudara hasta último momento si asistir, augura una cumbre complicada para EEUU.

Tanto Venezuela como otros países miembros de la CELAC esperan que Fernández los represente en la cumbre y que haga llegar ese malestar a Estados Unidos.

Todos los países miembros de CARICOM (Comunidad del Caribe) y de la ALBA-TCP (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblos) han emitido comunicados expresando su rechazo a las exclusiones.

No puede extrañar que Biden haya incluido a Venezuela entre los países excluidos. El actual presidente estadounidense era vicepresidente de Barack Obama cuando éste impuso a Venezuela el primer paquete de sanciones económicas en 2016 -endurecidas drásticamente luego por Donald Trump- aduciendo razones de 'seguridad nacional'.

Paradójicamente, ahora, ante la escalada de los precios del petróleo provocada por la guerra en Ucrania Biden ha decidido flexibilizar parcialmente por primera vez las durísimas sanciones que sufre Venezuela, 'autorizando' a la petrolera estadounidense Chevron, a la española Repsol y a la italiana Eni, a operar en Venezuela.

Aún así les ha impuesto dos condiciones: la primera, que solo pueden transportar petróleo a Europa, dado que lo que pretende es paliar el freno al suministro del petróleo ruso. La segunda condición, que en esas operaciones no haya dinero de por medio, sino que el petróleo venezolano sirva solamente para pagar deudas contraídas con países europeos o intercambiar por otras mercaderías.

De esta manera EEUU seguirá controlando para que Venezuela no pueda recibir divisas extranjeras, cruciales para que ese país pueda atenuar la asfixia económica que sufre desde hace años.

Y la Unión Europea, agradecidísima de que el emperador Biden le haya hecho semejante concesión.

Tan agradecida como ha estado siempre a EEUU por haber aceptado -tras duras negociaciones- no  aplicar a los países miembros de la UE las duras sanciones previstas desde 1996 por la bipartidista Ley Helms-Burton -aprobada durante el Gobierno de Bill Clinton- contra todo país que ose invertir o comerciar con Cuba.  Trump alarmó a la UE en 2019 cuando pretendió no respetar el acuerdo de excepción.

Con la vista puesta en las elecciones legislativas de noviembre

Biden sabe que no tiene aseguradas las elecciones legislativas de medio mandato de noviembre próximo y aunque la guerra en Ucrania le supone un balón de oxígeno en el escenario político interno estadounidense, con el apoyo del Partido Republicano a su política de mano dura y con la reactivación de la industria militar, ni puede asegurar su victoria en el pulso que mantiene con Putin, ni es seguro que esta fuera suficiente para frenar un avance republicano en las urnas.

Por eso Biden perpetúa la política imperial tradicional de todos los inquilinos de la Casa Blanca.

Ni siquiera se atreve a imitar el discurso del carismático Obama, que con su seductor talante  dialogante en política exterior consiguió que ocho meses después de iniciar su mandato el 20 de enero de 2009 se le concediera el Premio Nobel de la Paz de ese año a pesar de no haber  concretado ninguna de sus promesas electorales estrella. Bastaron sus promesas para que lo lograra.

No solo Biden se juega mucho en esta IX Cumbre de las Américas. También los nuevos mandatarios latinoamericanos de corte progresista tendrán que demostrar el grado de coherencia que mantienen con sus postulados y qué defensa hacen de la independencia y dignidad de sus países.

Por Roberto Montoya

Periodista y escritor

09/06/2022

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Fuentes: Tierra viva [Foto: Bruno Kelly / ISA /Télam]

La pandemia y la crisis climática y civilizatoria marcan el tiempo de cambiar el modelo sociopolítico extractivista, que condena al sur global a ofrecer materias primas a cambio de un sueño de bienestar que solo se traduce en deuda y daño ambiental y sanitario. Sin embargo, los Gobiernos aparecen como socios del modelo, mientras las comunidades construyen y exigen alternativas de buen vivir.

La pandemia que estamos atravesando —de origen zoonótico, o sea, transmitida de los animales al ser humano— es una de las manifestaciones más explícitas del colapso civilizatorio que vivenciamos. El coronavirus dejó a flor de piel muchas de las deficiencias de este modo de organización económico y social. La emergencia climática y ambiental es una realidad que estamos padeciendo y vemos cómo situaciones que debieran ser excepcionales —temperaturas extremas, la emergencia ígnea declarada en el país por la proliferación de incendios en casi la mitad de las provincias o incluso las no tan lejanas inundaciones— se reeditan y se vuelven cotidianas. Esto tiene una vinculación directa con el avance de los extractivismos sobre los territorios.

Por ejemplo, en Santiago del Estero se registró en enero pasado la temperatura más alta del mundo, que llegó a una sensación térmica de 60 grados. Esa provincia lidera el ránking de provincias con mayor deforestación en las últimas dos décadas. Allí la superficie de bosque nativo mermó de manera alarmante, arrasando el monte y las comunidades que allí habitaban, destruyendo esos territorios y esas formas de vida.

La principal causa de los desmontes es el avance de la frontera de la agricultura industrial y del modelo del agronegocio en el país. Se ve claramente cómo la profundización del extractivismo genera un mayor deterioro en la salud de los ecosistemas y en la salud de los cuerpos-territorios. Estos problemas reclaman acciones colectivas para contradecir las bases de estos extractivismos. Sin embargo, vemos que las principales respuestas de las fuerzas políticas continúan evaluando todo con criterios de corto plazo y de ganancia electoral. De esta forma reeditan estos imaginarios extractivos.

Estas actividades extractivas avanzan construyendo lo que se conoce como zonas de sacrificio ambiental. Se afecta a las comunidades que viven allí y la degradación de los ecosistemas es tal que los procesos vitales se ven interrumpidos. Se minan y se socavan las bases materiales que sustentan los procesos productivos y económicos. Se pone a la biodiversidad en peligro de extinción. Así se refuerza la crisis climática que ya atravesamos, con la potencialidad de agravarse porque la llevamos al inicio de lo que se llaman los bucles de retroalimentaciónuna aceleración de los efectos del cambio climático a nivel global.

El extractivismo, una herencia colonial

El modelo extractivo asociado al rol primario exportador se impuso a los países de la región desde la Conquista, con el régimen colonial que conformó la primera economía-mundo capitalista en la que los países de América Latina se integraron de manera periférica y como proveedores de materias primas a los países centrales. 

También se remonta a estos tiempos la promesa del desarrollo, en la cual la idea de desarrollo se asocia a lo que Maristella Svampa y Enrique Viale denominan como una visión “eldoradista”, en la que se impone un sentido común de bienestar asociados a ideales de consumo que jerarquizan y valoran un modo de vida occidental, moderno e imperial. El origen de esta promesa de desarrollo, si bien tiene sus reediciones y el término de “desarrollo” surge después de la Segunda Guerra Mundial, pero mantiene sus raíces en los tiempos de la colonia.

En esa forma de organización global, las economías del sur se someten a los centros de poder mundial que imponen sus necesidades sobre las necesidades locales, ordenando qué se produce y cómo, qué negocios se privilegian y cuáles no. Esto se da con distintos matices, pero en función de esto fue que América latina se consolidó como exportadora de materias primas, especialmente de productos agropecuarios, metalíferos y forestales con un procesamiento básico. En este esquema fue clave la falta de pautas o estándares ambientales y la flexibilización laboral de las regulaciones respecto del trabajo.

¿Qué entendemos por extractivismo?

La mirada más reducida es la que alude a la explotación a gran escala de los bienes naturales que son comercializados de forma estandarizada, generados a partir de proyectos de gran escala e intensivos en capital en los cuales se obtienen productos de bajo valor agregado destinados normalmente a la exportación. Sin embargo, también podemos entender por extractivismo a toda una manera de organización social. Es un régimen sociopolítico: eso es lo que es necesario comprender para poder pensar alternativas de políticas y la transformación de estos modelos de organización sociales y la construcción de alternativas.

Un concepto más reciente es el de neoextractivismo, que da cuenta de explotaciones a gran escala de los bienes naturales, pero en los que hay una complementación con una fuerte participación del Estado que captura una parte de la renta que generan estas actividades extractivas para generar políticas sociales que, en términos de régimen político, contribuyen a otorgarle consenso político y social a este esquema macroeconómico.

Responsabilidades del Estado: ¿el fin justifica los medios?

En la Argentina, la orientación exportadora se defiende como un medio para pagar la deuda externa y lograr una economía “sustentable”, acorde a los mandatos de los organismos internacionales de crédito. El neodesarrollismo, aunque siempre afirma la necesidad de agregar valor y de generar empleo sobre la base de las ventajas que generan las materias primas, no se cuestiona la preeminencia de este mandato exportador. Por lo que se omite una mirada crítica sobre cuáles son las condiciones en las que se generaron esas deudas a afrontar. 

Tampoco se revisa de manera crítica cuáles son las consecuencias de la explotación de los ecosistemas y de la fuerza de trabajo a partir de estos extractivismos, incluyendo las desigualdades de género que se ven reforzadas con los extractivismos en los territorios e impactan principalmente a las mujeres en las tareas de cuidado. Por último, tampoco se considera la proliferación de los conflictos territoriales ante la expansión de las zonas de sacrificio que significa la reedición de este mandato exportador. 

Hay que decir también que estas actividades son rentables porque el Estado las subsidia: se les garantizan mercados, se les otorgan créditos, se las exonera del pago de algunos impuestos. Al mismo tiempo, el impacto en la salud y el ambiente que generan están consideradas como “externalidades” del modelo.

Esto se vio en el envío de las propuestas de proyectos de ley que hizo el gobierno nacional durante el último llamado a sesiones extraordinarias. Una vez más, leyes urgentes que hubieran permitido garantizar la salud ambiental de ciertos territorios y de ecosistemas frágiles como la Ley de Humedales o garantizar los derechos humanos de la población como la Ley de Acceso a la Tierra quedaron relegadas frente a los intereses y urgencias que marcan los sectores más concentrados del capital extractivo como las petroleras, las automotrices y el agronegocio. 

La agenda legislativa –aunque finalmente no se debatieron en extraordinarias– incluyó la Ley de Hidrocarburos, de Promoción de la Agroindustria y de Promoción de Inversiones en la Industria Automotriz. En paralelo continuó la crisis de las economías regionales y la proliferación de conflictos territoriales, en los que se advierte el creciente rechazo y la falta de licencia social frente a estas actividades extractivas.

La reacción de los pueblos frente al extractivismo, hacia una transición justa y popular

Las comunidades se oponen a estos modelos de “maldesarrollo”, como también dicen Svampa y Viale, y demandan justicia ambiental y exigen la participación en la toma de decisiones respecto del uso del territorio como una deuda democrática. Lo que pasó en Chubut da cuenta del intento extremo de la elite política por imponer estos megaproyectos en formas que desafían los canales democráticos. Lo mismo se ve en los esfuerzos para no limitar el uso de agrotóxicos que hace al paquete tecnológico del agronegocio, cuya expansión nos llevó a ser el país con mayor carga per cápita promedio de litros de agrotóxicos utilizados

La creciente lucha por poner freno a las fumigaciones, en cada vez más localidades de diferentes puntos del país, en muchos casos ha llevado a la judicialización de estos conflictos. En otros, se dan disputas por el ordenamiento territorial local para generar zonas de resguardo del uso de venenos mediante ordenanzas municipales.

Pero, en muchos casos, estas ordenanzas que proponen las comunidades no prosperan o se terminan imponiendo ordenanzas afines al agronegocio, organizadas en torno al discurso de las Buenas Prácticas Agrícolas que tiende a minimizar los impactos sobre los efectos letales de los agrotóxicos. 

Estas ordenanzas son aprobadas a espaldas del pueblo, en los tiempos y formas que exigen los poderes económicos concentrados y sin respetar los canales democráticos. En Tandil, por ejemplo, fue aprobada en una sesión extraordinaria en diciembre pasado con custodia policial una ordenanza muy cuestionada por la población porque disminuye las distancias que hasta entonces garantiza una medida cautelar.

Otro ejemplo de cómo se imponen estos modelos extractivos y cómo reaccionan las comunidades se vio en el rechazo a la explotación petrolera offshore frente a las costas bonaerenses. Se transformó en el Atlanticazo, muestra de organización social y de que no queremos los costos de que se extienda la frontera petrolera hacia el mar. 

Por todo esto, uno de los grandes dilemas a los que nos enfrentamos en la actualidad es poner en el centro de las preocupaciones del Estado la garantía de los derechos humanos en toda su dimensión. Que las metas de la economía estén al servicio de una economía de cuidados. Que se priorice la salud ambiental, entendiendo a los seres humanos como parte de ese ambiente, y que permita una verdadera transición energética justa y popular acorde a los desafíos que impone la crisis climática a nivel planetario.

No es el momento de seguir gastando recursos y renovando los negocios vinculados a actividades que ya mostraron sus consecuencias terriblemente dañinas, sino que es el momento para realmente desafiar la política y pensar en alternativas económicas que nos generen una mayor diversificación, que sean intensivas en el trabajo humano y que garantice realmente el bienestar de la gente, en lugar de seguir abonando a ese imaginario “eldoradista” del desarrollo.

Tenemos muchos ejemplos de organización popular que emergen desde los territorios, mostrando por dónde pueden venir las bases y las semillas de esas alternativas civilizatorias. Es tiempo de que los políticos, las políticas, las organizaciones políticas estén a la altura de estos desafíos que impone este presente de colapso civilizatorio y que se generen propuestas realmente alternativas para avanzar hacia un modelo de buen vivir, como dicen los pueblos originarios. Es necesario un verdadero diálogo para salir de estas trampas del extractivismo.

Por Virginia Toledo | 10/05/2022

Virginia Toledo.Licenciada en Relaciones Internacionales (UNICEN), doctora en Ciencias Sociales (UBA), diploma superior en Estudios Sociales Agrarios (FLACSO), investigadora asistente del CONICET e integrante de la Red de Cátedras Libres de Soberanía Alimentaria.

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A la derecha de la fotografía, publicada por el periódico New York Times, vestidos rojos y ocres de niñas cuelgan de cruces al lado de una autopista en Kamloops, pequeña ciudad en Columbia Británica. Al fondo se observa un arcoíris que termina cerca del lugar donde fueron descubiertos los restos de los más de 200 pequeños nativos. Foto Afp

Amber Bracken captó vestidos que cuelgan en cruces cerca del internado donde se hallaron los restos de cientos de niños indígenas

 La Haya. Una foto de cruces de las que cuelgan vestidos, colocadas cerca de un "internado" canadiense donde el año pasado se hallaron los restos de 215 niños indígenas, ganó el premio del World Press Photo (WPP) de 2022, dado a conocer ayer.

La imagen capturada por la fotógrafa documentalista basada en Edmonton, Amber Bracken, es "un momento calmo de reflexión (...) sobre la historia no sólo de la colonización en Canadá, sino en el mundo entero", declaró Rena Effendi, integrante del jurado.

En la izquierda de la fotografía, publicada por el diario New York Times, vestidos rojos y ocres de niñas cuelgan de cruces al lado de una autopista en Kamloops, pequeña ciudad en Columbia Británica.

A la izquierda, un arcoíris termina su curva cerca del lugar donde fueron descubiertos los restos, en la sede del "internado", creado hace un siglo para asimilar por la fuerza a la población indígena. Esta imagen "inspira una suerte de reacción sensorial", declaró un jurado.

Este descubrimiento fue el primero de una serie que obligó a los canadienses a enfrentar su pasado colonial. Actualmente, se llevan a cabo investigaciones y tareas de búsqueda en muchos antiguos internados para nativos en el país.

Las autoridades estiman que más de 4 mil niños podrían estar en túmulos o fosas sin identificar. Otras fotografías premiadas este año también destacan la visibilidad de comunidades autóctonas del mundo.

El documentalista australiano Matthew Abbott ganó el primer premio en la categoría Historia del año con una serie de imágenes que muestra de qué manera el pueblo nativo de Nawarddeken, en el lejano territorio de Arnhem, empleó el fuego como herramienta eficaz de gestión de las tierras contra el cambio climático.

Gracias a una práctica llamada "combustión en frío", los indígenas encienden pequeños fuegos durante la temporada fresca, quemando el sotobosque y los matorrales muy inflamables, lo que ayuda a prevenir incendios de bosques, que han devastado a Australia, afectada por un aumento de las olas de calor.

Los ganadores reciben unos 6 mil 500 dólares y sus trabajos serán exhibidos a partir del 15 de abril en Ámsterdam antes de ser mostrados en otros países.

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Mundos otros y pueblos en movimiento. Debates sobre anti-colonialismo y transición en América Latina

Buena parte de las ideas que siguen moldeando la práctica anti-sistémica, se han convertido en barrotes que encierran la lucha en una cárcel político/conceptual que impide desplegar las energías emancipatorias. La centralidad de la lucha por el poder, por ejemplo, supone que todas las movilizaciones y luchas deben apuntar en esa dirección, subordinando las peleas concretas al objetivo “final”. El mismo concepto de “lucha final”, como reza la letra de La Internacional, que no puede sino estar ligado a la toma del poder, es quizá el entramado de ideas más longevo y menos creativo que se pueda imaginar.

Este libro es la recopilación de varios artículos que abordan un mismo tema: los pueblos organizados como sujetos colectivos de la resistencia al capitalismo neoliberal y a la vez como creadores de mundos nuevos. En los siete trabajos que lo integran, la experiencia viva de los pueblos es la brújula para la reflexión teórica y para proyectar el tipo de transición que estamos viviendo hacia los mundos otros que se están construyendo y los modos como cada pueblo los está defendiendo.

 

Edición 2022, 178 páginas

 

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Miembros de Hizbola ondean sus banderas.- AFP.

Las actividades de Hizbolá son una permanente penitencia para Israel. La organización chií posee una creciente capacidad militar con la que practica una disuasión equivalente a la del estado judío. En el incidente más reciente ha lanzado un dron de reconocimiento que durante cuarenta minutos ha recorrido el espacio aéreo enemigo sin que los cazas y helicópteros israelíes fueran capaces de interceptarlo.

 

Hace unos días un dron despegó de la región oriental del sur del Líbano, cruzó la frontera, sobrevoló Israel durante 40 minutos y regresó a Líbano sano y salvo después de completar una prolongada operación de reconocimiento del terreno que el ejército israelí no pudo desbaratar pese a intentarlo repetidamente.

El desafío ha suscitado un debate en el estado judío. Expertos militares pronostican que incidentes como este se repetirán con frecuencia a partir de ahora dado que los drones son armas baratas que están al alcance de cualquiera y han dejado de ser patrimonio de los estados, una tendencia que también se observa en otros lugares de Oriente Próximo.

El general Eitan ben Eliahu, exjefe del ejército del aire, explicó al Canal 12 que existen tres maneras de derribar a un dron: mediante el sistema antiaéreo Cúpula de Hierro, mediante helicópteros o mediante aviones, aunque tanto con helicópteros como con aviones es bastante complicado. Aparentemente Israel utilizó los tres sistemas pero ni Cúpula de Hierro ni los helicópteros ni los cazas consiguieron derribar su objetivo.

Hizbolá se ha convertido en el mayor incordio para la seguridad de Israel, y su líder, Hasan Nasrallah, aparece regularmente en los medios hebreos, especialmente cuando realiza declaraciones que enervan a la clase política y militar israelí, lanzando amenazas a las que Tel Aviv responde con sus propias amenazas, a la espera de que la situación no conduzca a una guerra, como ocurre con cierta periodicidad.

Después del incidente del dron, Hizbolá aclaró que el aparato penetró hasta una profundidad de 30 kilómetros en el espacio aéreo enemigo. Había despegado a las 11:40 horas de la mañana y, según el mapa publicado por distintos medios libaneses, bajó por la Galilea oriental hasta el mar de Galilea, donde giró hacia occidente, llegó hasta las proximidades de la ciudad de Safed y desde ahí volvió a subir a Líbano.

Para realizar su recorrido, consiguió eludir los avanzados sistemas de alerta temprana que hay a lo largo de la frontera, así como los radares del sistema de defensa aéreo Cúpula de Hierro. Los medios hebreos que informaron sobre el incidente señalaron que esos sistemas no estuvieron operativos probablemente porque el dron era "demasiado pequeño" para ser detectado.

Según Hizbolá, la detección del intruso solo se produjo a las 12:10, es decir media hora después de que hubiera entrado en el cielo israelí, cuando ya se encontraba a 30 kilómetros de la frontera, aunque según Israel, la detección ocurrió a las 11:52, y a las 11:58 el sistema Cúpula de Hierro disparó un misil que no alcanzó el objetivo.

El ejército dijo que varios helicópteros y cazas despegaron para hacer frente a la amenaza una vez que el misil de Cúpula de Hierro no logró derribar el aparato. Pero tampoco los helicópteros y los aviones pudieron hacer nada. Hizbolá dijo que los cazas F-16 viajaban demasiado rápido para detectar el dron.

Mucho más tarde, a las 12:47 el ejército anunció que había perdido contacto con el dron después de que Cúpula de Hierro disparara el misil. Y tuvo que pasar otra hora y media para que los militares confirmaran que el dron había regresado a Líbano.

Al día siguiente Hizbolá reveló que el aparato operaba en una misión de reconocimiento, si bien no explicó si había estado grabando el territorio israelí, algo que tampoco los israelíes fueron capaces de determinar.

El mismo miércoles, Hasan Nasrallah señaló que desde hace tiempo Hizbolá está fabricando sus propios drones. "Hemos estado fabricando drones en Líbano desde hace mucho tiempo, y quien quiera comprarlos puede hacer un pedido", dijo desafiante.

En enero Nasrallah manifestó que Hizbolá posee tecnología que le permite destruir los drones que regularmente envía Israel a Líbano, de manera que Israel ha tenido que suspender la mayoría de esos vuelos. El ejército hebreo no se refirió a esta circunstancia aunque algunos responsables confirmaron que Hizbolá ya dispone de capacidad antiaérea para derribar drones.

Distintos medios hebreos refirieron que el ejército está preocupado por las acciones de estos drones, algunos de los cuales realizan operaciones de vigilancia, pero otros, más avanzados, son capaces de realizar "ataques complejos" incluso usando explosivos.

Según el diario Haaretz, tanto los responsables militares como los responsables políticos son conscientes de la singularidad de Hizbolá en relación con el conjunto de los países de Oriente Próximo, y admiten que la situación no es fácil de gestionar.

Fuentes militares estiman que Hizbolá dispone de "cientos de miles" de cohetes y misiles que cada vez son más avanzados, una circunstancia que actúa como elemento de disuasión y hace que Israel se lo piense dos veces antes de lanzar un ataque contra la organización chií, especialmente porque podría desencadenar una guerra que aunque Israel ganaría, le causaría enormes pérdidas.

La evolución de los hechos ha creado una situación en la que las dos partes poseen una capacidad de disuasión equivalente, un cuadro que no tiene comparación con otros países que Israel considera enemigos, como Siria o Irán, donde los israelíes operan con mayor libertad que en Líbano.

Frente a Hizbolá, Israel se halla en una posición incómoda puesto que no puede utilizar su superioridad militar ya que una guerra abierta sería bastante costosa para el estado judío. En lugar de ello, prefiere agitar la política libanesa lanzando contra Hizbolá a las fuerzas antichiíes que cuentan con el respaldo de países como Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos.

madrid

27/02/2022 09:20

 

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Puerto Rico: el pobre subsidiando al millonario

Protestas callejeras multitudinarias llevaron este mes a más de 35 mil maestros, bomberos y otros trabajadores a inundar las calles de San Juan. En relación al estallido, la senadora del Partido Independentista de Puerto Rico, María de Lourdes Santiago Negrón, declara a la agencia MCM en nota que resumimos: "Ante la entrada de más de mil inversionistas aventureros para apuntalar la dominación colonial de Puerto Rico por parte de Estados Unidos, los puertorriqueños tienen dos caminos, que son, la pasividad y el exilio, o, la reacción política de desafío".

La senadora más votada en los pasados comicios y presa durante las protestas por la retirada de la marina yanqui de Vieques, afirma que "estos ricos aventureros individuales vienen a sustituir lo que en otra época fue la exención de impuestos en Estados Unidos de que gozaban las subsidiarias de corporaciones estadunidenses en la isla. Así, el privilegio pasa de grandes corporaciones productivas a particulares que no tienen que producir algo".

La política estadunidense se encuentra atascada luego de fracasar los anteriores modelos de Washington y la élite política puertorriqueña. Los puntales de la estrategia actual son la emisión por el gobierno de Puerto Rico de una nueva deuda impagable con los inversionistas buitres de Wall Street y la protección de más de un millar de ricos aventureros que llegan a comprar las tierras y las propiedades de los puertorriqueños "a sobreprecio", porque no tienen que pagar ni un centavo de impuestos por sus ganancias personales, además de otros beneficios.

Santiago rechazó que eso sea un desarrollo propio del capitalismo y dijo que el gobierno colonial, con tal de buscar una manera de estabilizar el dominio estadunidense, está "distorsionando las reglas del mercado" para favorecer a los capitalistas que llegan del extranjero.

"Esto no es la libre empresa", dijo Santiago, "es el desbalance que, a conciencia, crea el Estado en contra de los pobres". El resultado: "la gente pobre subsidiando al millonario"( https://bit.ly/3JEtf5B).

Twitter: @aguerraguerra

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Palestinos queman neumáticos durante los enfrentamientos con las tropas israelíes en la ciudad de Hebron. — ABED AL HASHLAMOUN / EFE

El nuevo informe que Amnistía Internacional ha publicado este martes documenta los padecimientos que causa a los palestinos el comportamiento de Israel tanto dentro como fuera del estado judío. Tras una investigación de cinco años se determina que Israel aplica el apartheid contra todos los palestinos y se exige a la comunidad internacional que intervenga y deje de lado las habituales "condenas anodinas y declaraciones ambiguas".

 

Un informe divulgado este martes por Amnistía Internacional documenta detalladamente el apartheid que Israel aplica a los palestinos dentro del país israelí, en los territorios ocupados en la guerra de 1967 y a los refugiados que residen fuera de Israel y de los territorios ocupados, aportando datos que confirman la naturaleza y el alcance de una brutal segregación.

Amnistía Internacional no es la primera gran organización no gubernamental que llega a esa conclusión. Su investigación se inició en 2017 y se ha desarrollado hasta hoy, pero con anterioridad Human Rights Watch y otras ONG, así como investigadores independientes, han llegado a la misma conclusión sobre la dominación y la opresión que día y noche experimenta la población palestina.

Amnistía Internacional insta a la comunidad internacional a que intervenga y no sea cómplice de un sistema construido en torno a la opresión racista institucionalizada y prolongada de millones de personas; y que recurra a las numerosas vías existentes para que "se haga justicia".

Pero esta petición no cuenta con ninguna posibilidad de prosperar mientras EEUU y Europa sostengan el apartheid con una hipocresía palmaria. Como EEUU, las potencias europeas, con Alemania y Francia a la cabeza, se niegan a inmiscuirse y financian a los palestinos para lavar su conciencia sabiendo perfectamente que las ayudas económicas que les dispensan contribuyen a mantener e incrementar la injusticia, la discriminación y el apartheid.

El exhaustivo informe, que consta de 182 páginas, documenta las confiscaciones masivas de tierras y propiedades palestinas, los homicidios ilegítimos, los traslados forzosos, las restricciones a la circulación de las personas o la negación de nacionalidad y ciudadanía a la población palestina, "elementos de un sistema, que, según el derecho internacional, equivale al apartheid".

El informe califica las consecuencias de la ocupación de crímenes de lesa humanidad, un sistema que se mantiene con constantes violaciones de derechos humanos que vulneran el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional y la Convención contra el Apartheid.

Amnistía Internacional pide a la Corte Penal Internacional que incluya el crimen de apartheid en la investigación que está realizando sobre la situación en los territorios ocupados, e insta a los estados miembros a que apliquen la jurisdicción universal para llevar ante la justicia a los israelíes que perpetran crímenes de apartheid.

"Vivan en Gaza, Jerusalén oriental, Hebrón o en la propia Israel, los palestinos y palestinas son tratados como un grupo racial inferior al que se priva sistemáticamente de sus derechos", afirma Agnès Callamard, secretaria general de Amnistía Internacional. "Las crueles políticas de segregación, desposesión y exclusión en los territorios que están bajo control de Israel constituyen sin duda apartheid" y "la comunidad internacional tiene la obligación de actuar".

El informe se basa en gran parte en los trabajos de distintas ONG palestinas, israelíes e internacionales que durante años han confeccionado un detallado corpus de datos relativos a los constantes abusos de Israel. "No hay justificación posible para un sistema construido en torno a la opresión racista institucionalizada y prolongada de millones de personas", sostiene Callamard.

La secretaria general de Amnistía Internacional subraya que "el apartheid no tiene cabida en nuestro mundo" y denuncia a los estados que colaboran, apoyan y protegen el sistema de apartheid de Israel… exacerbando el sufrimiento del pueblo palestino. Para acabar con ello se precisa una enérgica intervención de la comunidad internacional.

El informe denuncia algunas obviedades sobre las que habitualmente se hace la vista gorda, como el hecho de que desde su creación en 1948, Israel trata de establecer y mantener una mayoría demográfica judía y de maximizar el control sobre las tierras y los recursos para beneficiar a la población judía en detrimento de los palestinos. A partir de 1967 esa misma política se empezó a aplicar en los territorios ocupados ese año, incluida Jerusalén oriental.

Todos los gobiernos israelíes han considerado consistentemente que la población palestina es una amenaza demográfica y han aplicado medidas coercitivas para reducir su presencia y su acceso a la tierra, tanto dentro de Israel como en los territorios ocupados, para lo que han "judaizado" de facto el territorio que controlan.

El informe muestra que las autoridades israelíes tratan a los palestinos como un grupo racial inferior, una discriminación cimentada en leyes. En Cisjordania y Gaza, Israel controla el registro civil desde 1967 impidiendo que la población tenga ciudadanía; a la mayoría se la considera apátrida. Se observa que Israel segrega a los palestinos geográficamente en diversos niveles de discriminación "en función de su condición y de su lugar de residencia".

Pero la investigación muestra que toda la población palestina, incluida la del interior de Israel, "está sometida al mismo sistema general". "El trato que da Israel a la población palestina en todas las zonas persigue el mismo objetivo: privilegiar a la población israelí judía en el reparto de tierras y recursos, y reducir al mínimo la presencia y el acceso a la tierra de la población palestina".

Los más afectados son los refugiados palestinos que fueron desplazados durante los conflictos de 1948 y 1967, a quienes se les niega el derecho a regresar a sus antiguos lugares de residencia, en una "violación flagrante del derecho internacional que ha dejado a millones de personas en la incertidumbre perpetua del desplazamiento forzado".

Entre los ejemplos que pone Amnistía Internacional está que a la población palestina se le impide el arrendamiento del suelo en el 80% de las tierras del estado "como resultado de confiscaciones racistas de tierra y de una red de leyes discriminatorias sobre asignación, planificación y zonificación de las tierras".

La magnitud y gravedad de las violaciones documentadas "exigen un cambio drástico en el enfoque de la comunidad internacional", que los estados ejerzan la jurisdicción universal, para lo que tienen la obligación a la vista de la Convención contra el Apartheid, dejando a un lado las habituales "condenas anodinas y declaraciones ambiguas", señala Callamard.

"Israel debe desmantelar el sistema de apartheid y empezar a tratar a la población palestina como a seres humanos con iguales derechos y dignidad. Hasta que eso ocurra, la paz y la seguridad seguirán estando lejos para una y otra parte", concluye la secretaria general de Amnistía Internacional.

01/02/2022 10:00

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Una historia colonial detrás del lanzamiento del telescopio espacial Webb

La emoción de ver despegar el telescopio espacial James Webb contrasta con el poco espacio que se ha dado a informar de las características de su emplazamiento en la Guayana Francesa, un olvidado departamento ultramarino Francés en Latinoamérica.

 

El reciente lanzamiento del Telescopio Espacial James Webb, el más potente de la historia, ha sido uno de los momentos más esperados del siglo tanto para la comunidad astrofísica como para quienes admiran el espacio exterior. De hecho, la prometida ampliación del campo visual del universo observable que el Webb representa es un avance tecnológico emocionante sobre todo para quienes anticipan que la realidad pronto superará la ciencia ficción. Sin embargo, la gran conmoción del logro científico oculta las luchas sociales y políticas en la Guayana Francesa, un olvidado departamento ultramarino francés en Latinoamérica donde se ha llevado a cabo el despegue.

A medida que el tiempo se iba acortando para el lanzamiento del Webb la fama de este telescopio se incrementaba. Cada paso del proceso —desde la finalización de su construcción, el peligroso transporte marítimo, la denominación controvertida, y hasta el largo historial de retrasos— se convirtieron en un evento mediático. Desde que el 25 de diciembre se llevó a cabo el despegue, el equipo de lanzamiento sigue cumpliendo una ardua labor al guiar el telescopio a su órbita y dirigir su despliegue motorizado.

La historia del Centro Espacial Guayanés, sin embargo, sigue sin conocerse. Y ello, a pesar de ser el puerto espacial más utilizado por la Agencia Espacial Europea. Antes de constituirse como base espacial ubicada en la comuna de Kourou, en la Guayana Francesa, el lugar funcionaba como una colonia penitenciaria.

 
En los años sesenta, el desierto del Sahara de la Argelia colonizada fue usado como reserva para pruebas de cohetes y base de investigación de la Agencia Espacial Francesa. Con bastante respaldo multinacional, la agencia llego a desarrollar un exitoso programa: los cohetes Ariane, capaces de transportar miles de kilos de carga hacia una órbita geoestacionaria. Pero, a raíz de la descolonización de Argelia la agencia tuvo que reubicarse desde Hammagui, su base original donde se lanzó el primer satélite francés, y también el lugar donde se probaban misiles que servirían de defensa antiaérea.

Uno de los criterios fundamentales que la agencia consideró para los posibles puertos espaciales fue la estabilidad política del lugar. Entre los objetivos buscados primó que la base espacial estuviera disponible sin depender de los cambios de poderes políticos locales. La elección final de la Guyana Francesa estuvo acompañada por varias olas de inversión financiera que trajeron esperanza de desarrollo a la región. Sin embargo, de acuerdo a lo que observa Peter Redfield en su obra Space in the Tropics (2000), desde sus inicios el programa espacial francés estuvo más enfocado en el desarrollo de los satélites y los cohetes que del entorno ambiental-social de la base espacial.

La Guyana Francesa viene soportando décadas de negligencia colonial del gobierno francés, el cual hasta ha restringido su posibilidad de fortalecer vínculos con países latinoamericanos. Debido a esta política de aislamiento, cuya raíz se remonta al legado colonial del système de l'exclusif, la Francia metropolitana ha mantenido el estatus europeo de la Guyana Francesa dentro de Latinoamérica de manera artificial, y en consecuencia ha asegurado su dependencia territorial y económica.

En 2017, como resultado de las enormes manifestaciones en la Guyana Francesa, coaliciones de numerosos sindicalistas, grupos de autodefensa, y colectivos activistas ocuparon el Centro Espacial Guayanés a lo largo de un mes.

El paro de tráfico de aeronaves ha sido una estrategia de poder local utilizada en varias instancias. Esta vez, la mayoría de los manifestantes demandaron al gobierno del presidente François Hollande la inversión de recursos económicos hacia la infraestructura que podría mejorar las vidas de los habitantes locales en lugar de concentrarse exclusivamente en el puerto espacial. Los manifestantes reclaman la necesidad de un sistema de salud, infraestructuras eléctricas, protecciones ambientales, incrementos de sueldos, así como modificaciones a la política migratoria, regulación de la minería ilegal, y disminución del crimen violento en la región. 

Alrededor del planeta el crecimiento de las industrias aeroespaciales ha dado paso a serios cuestionamientos en su proceder. En los Estados Unidos, ambientalistas del Valle del Río Grande han llamado la atención hacia la contaminación del Valle como resultado de la explosión del cohete Starship, lanzado por la compañía SpaceX desde su base tejana. Por otro lado, en Brasil, comunidades quilombolas, ancestros de los cimarrones negros que se autoliberaron de la esclavitud, vienen luchando contra el desplazamiento de su pueblo debido a la expansión del Centro de Lanzamiento de Alcântara. En Hawái, los Kānaka Maoli encabezan una lucha de hace más de siete años en contra del establecimiento de los observatorios espaciales en el muy apreciado volcán ancestral de Mauna Kea.

Aunque la tecnología moderna, así como la privatización de tierras ancestralmente ocupadas por comunidades, en conflicto con la ecología y temáticas sociales no son nuevos fenómenos, alrededor del mundo estos se han intensificado y han alcanzado una atención crítica.

11 ene 2022

Michael Reyes Salas. Es profesor asistente de estudios africanos en el Vassar College.

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La teoría de la dependencia desde el mirador de Galeano

Las Venas Abiertas de América Latina comienza con una frase que resume la esencia de la Teoría de la Dependencia. "La división internacional del trabajo consiste en que unos países se especializan en ganar y otros en perder. Nuestra comarca del mundo, que hoy llamamos América Latina, fue precoz: se especializó en perder desde los remotos tiempos". Esta breve oración ofrece una imagen concentrada y altamente ilustrativa de la dinámica de la dependencia. Por esa razón ha sido citada en infinidad de oportunidades para retratar el status histórico de nuestra región.

El libro de Galeano es un texto clave del pensamiento social latinoamericano, que confluyó con la gestación de la Teoría de la Dependencia y contribuyó a popularizar esa concepción. La primera edición de ese trabajo coincidió con el auge general del enfoque dependentista. Pero en todas sus páginas exhibió una especial afinidad con la vertiente marxista de esa teoría, que desenvolvieron Ruy Mauro Marini, Theotonio Dos Santos y Vania Bambirra. Esa mirada postuló que el subdesarrollo latinoamericano obedece a la pérdida de recursos que genera la inserción internacional subordinada de la región.

Galeano difundió precozmente ese enfoque en Uruguay y su libro repasa la historia latinoamericana en clave dependentista. Ilustra en forma muy acabada cómo el "modo de producción y la estructura de clases han sido sucesivamente determinados desde fuera, mediante una infinita cadena de dependencias sucesivas…que nos llevaron a perder incluso el derecho de llamarnos americanos". Recuerda que "como parte del vasto universo del capitalismo periférico", la región "quedó sometida al saqueo y a los mecanismos del despojo".

Esa caracterización del desenvolvimiento frustrado de América Latina empalmaba en los años 70 con una amplia producción historiográfica de mismo signo. Esos estudios detallaban los impedimentos que impuso la dependencia a la repetición de la expansión lograda por la economía estadounidense. Galeano retomó una óptica muy semejante a la expuesta por las investigaciones de Agustín Cueva y Luis Vitale.

El pensador uruguayo desarrolló una sintética historia de la región focalizada en los cuatro componentes del marxismo latinoamericano de la época. Denunció el despojo de los recursos naturales, criticó la explotación de la fuerza de trabajo, remarcó la resistencia de los pueblos y adscribió a un proyecto socialista de emancipación.

Galeano desenvolvió su texto combinando varias disciplinas y alumbró un relato que impacta por su belleza literaria. Su calidez conmociona al lector y genera un efecto explícitamente buscado por el libro.

El escritor oriental decidió difundir un "manual de divulgación que hable de economía política con el estilo de una novela de amor". Y logró un éxito arrollador para esa sorprendente empresa. Galeano comentó que siguió el camino de "un autor no especializado", que se ha embarcado en la aventura de desentrañar los "hechos que la historia oficial esconde". Abordó ese objetivo con un lenguaje alejado de las "frases hechas" y distanciado de "las fórmulas declamatorias". Consiguió consumar en un impactante ejemplar ese ambicioso propósito.

Galeano dejó atrás el acartonamiento, el academicismo y el discurso frío. Utilizó un lenguaje que sacudió a millones de lectores e inauguró un nuevo código para visibilizar la dramática realidad latinoamericana. La Venas Abiertas inspiró a una legión de escritores que adoptaron, desarrollaron y enriquecieron esa forma de retratar el despojo y la opresión que sufre nuestra región.

AFINIDADES CONCEPTUALES Y POLÍTICAS

Galeano se alineó con la corriente radical de la dependencia liderada por Marini y Dos Santos, en franca contraposición con la vertiente ecléctica y descriptiva que encabezó Fernando Henrique Cardoso. La afinidad de las Venas Abiertas con la primera concepción se verifica en todos los enunciados del libro.

En ese trabajo no se limitó a describir retrasos económicos resultantes de modelos políticos desacertados, ni observó a la dependencia como un rasgo ocasional o meramente negativo. Tampoco auspició las asociaciones con el capital extranjero que Cardoso promovía como solución al atraso de la región. Cuando ese intelectual asumió la presidencia de Brasil se desdijo de sus viejos textos, repudió su pasado y objetó sus propios escritos. Pero la semilla de su involución neoliberal estaba presente en el abordaje de la dependencia que postuló polemizando con Marini y Dos Santos.

La visión de Galeano fue también distante de la CEPAL. En ninguna parte del libro se esbozan ilusiones heterodoxas en la superación del subdesarrollo regional, mediante una industrialización capitalista comandada por la burguesía nacional. El proteccionismo y la regulación estatal no son ponderados como los caminos a transitar, para erradicar los padecimientos económicos de América Latina.

La oposición a ese curso se verifica también en las incontables críticas a la impotencia de las clases dominantes locales, para encarrillar alguna modalidad efectiva de desenvolvimiento regional. Se resalta esa incapacidad para comandar un crecimiento industrial semejante al conseguido por las poderosas economías centrales.

Ese cuestionamiento era el eje del programa político inaugurado por la revolución cubana, y conceptualizado por la teoría marxista de la dependencia. Este enfoque propiciaba un tránsito directo y sin interrupciones hacia el socialismo, soslayando cualquier etapa intermedia de capitalismo nacional.

Las Venas Abiertas se inscribe en esa corriente de pensamiento y comparte el entusiasmo generado por el éxito inicial de la revolución cubana. En numerosos párrafos irrumpe el espíritu del Che, la tónica romántica y la esperanza en el triunfo de los proyectos radicalizados. También enfatiza las raíces históricas de las luchas populares en toda la región.

Galeano no olvida en ningún momento el cimiento económico estructural de la dependencia que remarcaban los estudios Gunder Frank. Pero a diferencia de esos trabajos subraya la gravitación de las resistencias populares. No habla sólo de estaño, minería, latifundio y plantaciones. Remarca la gesta de Louverture en Haití, la rebelión de Tupac Amaru en Perú y la acción de Hidalgo en México.

El libro rescata esas tradiciones de lucha popular destacando cómo la historia oficial diluye la visibilidad de esas resistencias. Recuerda que ese operativo de ocultamiento, frecuentemente empuja al propio oprimido a asumir como suya "una memoria fabricada por el opresor".

Galeano no sólo detalla de qué forma América Latina se estructuró durante siglos a partir de la explotación de los indios y la esclavitud de los negros. También resalta que los sujetos afectados por esa expoliación reaccionaron con revoluciones y levantamientos. Esas sublevaciones abrieron un horizonte alternativo de liberación.

Las Venas Abiertas recuerda, además, el nexo de esas rebeliones con la asignatura pendiente de la integración regional, que legó el proyecto inconcluso de Bolívar. Ese énfasis en el papel insurgente de los pueblos ilustra la afinidad de Galeano con el proyecto político revolucionario de la Teoría de la Dependencia.

PRIMARIZACIÓN Y EXTRACTIVISMO

La sintonía de un libro escrito hace cincuenta años, con una concepción marxista en boga en esa época no constituye ninguna sorpresa. Pero resulta más problemático desentrañar la actualidad de ambas miradas. ¿En qué terrenos se verifica la vigencia de las Venas Abiertas y del dependentismo?

Hay muchos fragmentos de un libro escrito en 1971 que parecen aludir a situaciones del 2021. Esos aspectos perdurables del texto (y de la teoría que lo inspiró) obedecen a la condición dependiente de América Latina y se corroboran ante todo en el extractivismo.

La especialización exportadora de la región en productos básicos -que bloqueó su desenvolvimiento en el pasado- continúa obstruyendo el despegue de la zona. Ese impedimento confluye, además, con un inédito agravamiento del deterioro del medio ambiente. La minería a cielo abierto concentra gran parte de esas calamidades y se ha convertido en el epicentro de numerosos conflictos en todos los países.

Primarización y extractivismo son los dos términos actualmente utilizados, para denunciar la obstrucción al crecimiento productivo e inclusivo, que Galeano destacaba hace cinco décadas. En las Venas Abiertas se describe cómo la sumisión de la región al mandato externo de los precios de las commodities genera ese ahogo.

Pero esa vulnerabilidad ya no es vista en la actualidad como un simple efecto de inexorables procesos de desvalorización de las exportaciones básicas. Muchos economistas han desentrañado la dinámica cíclica de esos precios en el mercado mundial y han estudiado el complejo proceso de sucesivos encarecimientos y abaratamientos de las materias primas. El gran problema radica en que esas fluctuaciones siempre obstruyen el desenvolvimiento por la condición dependiente de toda la región.

América Latina nunca aprovecha los momentos de valorización de las exportaciones e invariablemente padece los períodos opuestos de depreciación. En la coyuntura actual de altos precios, esas adversidades se verifican por ejemplo en el encarecimiento de los alimentos. La exportación de trigo y carne se ha tornado una desgracia para adquisición cotidiana de pan y el consumo de proteínas.

Galeano describió una desventura económica resultante del adverso manejo de la renta agraria, minera y energética en toda la región. La gravitación de esa remuneración a la propiedad de los recursos naturales se acentuó en las últimas décadas. Las grandes potencias disputan -con la misma intensidad que en el pasado- el apreciado botín de las riquezas latinoamericanas. La región continúa sufriendo la confiscación sistemática de ese excedente, en una dinámica que combina la erosión de la renta con su expropiación.

Actualmente Estados Unidos disputa con China (y en menor medida con Europa) la apropiación de los recursos naturales de la región. Los colosos mundiales ya no acaparan sólo excedentes de granos o carne. También capturan minerales estratégicos como el litio y depredan sin ninguna freno la fauna marina.

A diferencia de otras economías no metropolitanas (como Australia o Noruega) que aprovechan la renta para su desenvolvimiento, América Latina sufre el drenaje de ese excedente. No logra transformarlo en inversión productiva por el lugar subordinado que ocupa en la división global del trabajo. Ese sometimiento explica también el comercio desfavorable con los grandes adquirientes de las exportaciones de la zona.

América Latina no negocia en bloque sus intercambios con China y los resultados de las tratativas país por país son invariablemente adversos. Las desventuras que retrató Galeano hace cincuenta años vuelven a reciclarse en la actualidad.

REPLIEGUES DE LA INDUSTRIA

En las Venas Abiertas se describe cómo los procesos históricos de industrialización quedaron obstruidos en América Latina por las políticas librecambistas. Ese "industricidio" aniquiló las manufacturas del interior en Argentina y destruyó el incipiente desenvolvimiento de Paraguay, que buscaba introducir los cimientos de una estructura fabril independiente. Posteriormente las redes ferroviarias gestadas en torno a los embudos portuarios afianzaron el ahogo industrial. La mano visible del estado no intervino -como en Estados Unidos- para asegurar el despunte de un poderoso tejido fabril.

Ese ahogo industrial fue parcialmente modificado en la segunda mitad del siglo XX por los procesos de sustitución de importaciones. Ese modelo alumbró el surgimiento de estructuras industriales frágiles, pero ilustrativas de la potencial expansión manufacturera. Galeano escribió su libro en el ocaso de ese esquema y al cabo de cincuenta años, el panorama industrial es nuevamente desolador en el grueso de América Latina.

La actividad fabril se ha replegado en Sudamérica y tiende a especializarse en Centroamérica en los eslabones básicos de la cadena global de valor. Este adverso escenario es frecuentemente descripto con retratos de una "desindustrialización precoz" de la región, que difiere por su mayor nocividad de las deslocalizaciones prevalecientes en las economías avanzadas. En todos los rincones de América Latina se ha profundizado el distanciamiento con la industria asiática y muchos emprendimientos fabriles desaparecen antes de alcanzar su madurez.

En los países medianos ese deterioro afecta al modelo forjado para abastecer el mercado local. En Brasil el aparato industrial perdió la dimensión de los años 80, la productividad se ha estancado, el déficit externo se expande y los costos aumentan al compás de una creciente obsolescencia de la infraestructura. En Argentina el declive es mucho mayor.

También el modelo de las maquilas mexicanas afronta graves problemas. Continúa ensamblando partes de las grandes fábricas estadounidenses, pero ha perdido gravitación frente a los competidores asiáticos. La renegociación del tratado de libre comercio con Estados Unidos dio simplemente lugar a otro convenio (T-MEC), que renueva la adaptación de las fábricas fronterizas a las necesidades de las compañías del Norte.

El grueso de los países de la región continúa negociando (y aprobando) convenios de libre comercio que erosionan el tejido económico local. En todos los casos se afianza la desprotección interna frente a la incontrolable invasión de importaciones. Esa adversidad no ha frenado las tratativas del MERCOSUR para suscribir un convenio de libre-comercio con la Unión Europea, ni tampoco las negociaciones de acuerdos unilaterales con China.

La regresión industrial que afecta a la región actualiza todos los desequilibrios del ciclo dependiente que estudiaron los teóricos de la dependencia. En los años 70 resaltaban el sistemático drenaje de recursos que afectaba al sector manufacturero, a través del giro de utilidades. El mayor predominio de los capitales foráneos acentuó en las últimas décadas esa obstrucción al proceso local de acumulación.

Pero a diferencia de los años 70 el retroceso actual de la industria latinoamericana coexiste con el gran despunte de sus equivalentes asiáticos. Basta observar el ensanchamiento de la brecha que separa a Corea del Sur con Brasil o Argentina para notar la magnitud de ese cambio. Mientras que América Latina era funcional al viejo modelo de mercados internos del capitalismo de posguerra, el Sudeste Asiático tiende a optimizar el salto registrado en la internacionalización de la producción.

Muchos autores heterodoxos suponen que la divergencia entre ambas zonas sólo obedece a la implementación de políticas económicas contrapuestas. Estiman que los asiáticos optaron por el camino acertado que desecharon por sus pares de América Latina. Pero esa mirada olvida todos los condicionamientos estructurales que impone la maximización de la ganancia en la división mundial del trabajo.

Las tesis dependentistas resaltan ese condicionamiento que el libro de Galeano también detalla. Allí se explican las adversidades históricas estructurales que afronta la región.

DESPOSESIÓN Y EXPLOTACIÓN

Las Venas Abiertas denuncia los sufrimientos de la población explotada en todos los rincones de América Latina. No habla sólo de la esclavitud y el servilismo del pasado. Describe las condiciones inhumanas de trabajo que imperaban hace cinco décadas. La actualidad de esas observaciones es particularmente impactante en el dramático contexto actual de deterioro social.

El neoliberalismo no sólo agravó el desempleo y la informalidad laboral. Afianzó además un terrible ensanchamiento de las brechas de ingresos, en la región más desigual del planeta. Esa polarización explica la aterradora escala de la violencia que impera en las grandes ciudades. De las 50 urbes más peligrosas del planeta 43 se localizan en América Latina.

La degradación social que afecta a la región, en gran medida obedece a la renovada expulsión de campesinos que impuso la transformación capitalista del agro. Esa mutación potenció la descontrolada expansión de una masa de excluidos que arriba a las ciudades para ensanchar el ejército de los desocupados. La carencia de trabajo en las grandes urbes y la bajísima remuneración de los empleos existentes explican el enorme acrecentamiento de la informalidad. En este marco se ha masificado la narco-economía como refugio de supervivencia.

La especialización latinoamericana en exportaciones básicas es complementada en algunas economías de Centroamérica por el desarticulado crecimiento del turismo. Es la única actividad creadora de empleos en muchas localidades de esa región. En todos los casos, la ausencia de puestos de trabajo multiplica la emigración y la consiguiente dependencia familiar de las remesas. Enormes contingentes de jóvenes desempleados tienen simultáneamente vedado el arraigo y la emigración. No encuentran ocupación en sus localidades de origen y son perseguidos al ingresar en Estados Unidos

Los promedios regionales de pobreza continúan desbordando en América Latina al segmento precarizado y afectan a una enorme porción de los trabajadores estables. Esos datos no han cambiado desde la aparición del libro de Galeano.

También persiste la fragilidad de la clase media, en una región con reducida presencia de ese estrato. En comparación a los países avanzados, los sectores intermedios aportan un colchón muy exiguo, al abismo que separa a los acaudalados de los empobrecidos. Ese segmento está mayoritariamente integrado por pequeños comerciantes (o cuentapropistas) y no por profesionales o técnicos calificados.

Este adverso escenario se agravó en forma dramática durante la pandemia del último bienio. En términos porcentuales, América Latina fue la región con más contagios y fallecidos del planeta y sufrió también el mayor impacto económico-social de la infección.

La caída del PBI duplicó en la zona los promedios internacionales y ese deterioro profundizó la desigualdad. El 50% de la masa laboral (que sobrevive en la informalidad) fue severamente afectado por la retracción económica que impuso el coronavirus. Esos sectores debieron acrecentar sus deudas familiares para contrarrestar la brutal caída de ingresos.

También la brecha digital se acentuó en toda la región e impactó con gran dureza a los niños empobrecidos que perdieron un año de escolaridad. Ese deterioro de la educación genera efectos explosivos por su entrelazamiento con la creciente precarización laboral. Las grandes empresas aprovechan el nuevo escenario para reducir costos laborales, con nuevas formas de teletrabajo que multiplican la explotación de los asalariados.

En las últimas cinco décadas los capitalistas recurrieron a numerosos mecanismos, para compensar su debilidad internacional con mayor explotación de la fuerza de trabajo. Por esa razón la brecha de salarios que separa a la región con las economías centrales se expandió en forma muy significativa. La tendencia mundial a la segmentación laboral -entre un sector formal-estable y otro informal-precarizado- presenta en América Latina una escala pavorosa.

Esa disparidad corrobora la vigencia del diagnóstico dependentista y confirma la continuidad de los mismos problemas que Galeano observó en el mundo trabajo. Cincuenta años después todas sus observaciones se corroboran a otra escala.

LA VIEJA PESADILLA DEL ENDEUDAMIENTO

En las Venas Abiertas se denunciaba la triplicación de la deuda externa entre 1969 y 1975 y el consiguiente afianzamiento de un círculo vicioso que ahoga a la economía de la región. Ese encadenamiento obliga a Latinoamérica a seguir un libreto de aumento de las exportaciones, extranjerización industrial y auditoría de los banqueros que impone el FMI. Galeano señalaba que esas exigencias consolidan a su vez la acción de los capitalistas estadounidenses, que controlan gran parte de la región mediante el manejo de las finanzas.

En los últimos cincuenta años esa pesadilla se mantuvo sin cambios estructurales y acentuó los desequilibrios fiscales y los déficits externos, que engrosan los pasivos y precipitan nuevas crisis.

Durante la era neoliberal se registraron períodos de distinta gravedad de ese vasallaje financiero. En la década pasada la apreciación de las materias primas y el ingreso de dólares permitieron cierto alivio, pero cuando el respiro comercial desapareció el endeudamiento resurgió con gran intensidad. En la actualidad el FMI (y los fondos de inversión) intervienen nuevamente en forma protagónica, en la administración de una deuda inmanejable.

En los momentos más dramáticos de la pandemia el FMI emitió hipócritas mensajes de colaboración. Pero en los hechos se limitó a convalidar un irrisorio alivio del pasivo entre un grupo minúsculo naciones ultra-empobrecidas. Repitió la actitud asumida frente a la crisis del 2008-2009, cuando combinó convocatorias formales a la regulación internacional de las finanzas con mayores exigencias de ajuste para todos los deudores.

La tradición dependentista ha evitado el análisis del endeudamiento en simple clave de especulación financiera. Destaca que el creciente peso de los pasivos expresa la fragilidad productiva y comercial del capitalismo dependiente. La vulnerabilidad financiera de América Latina sólo complementa esas inconsistencias.

Hay agobio con el pago de intereses, con refinanciaciones compulsivas y con cesaciones de pagos por el perfil subdesarrollado de economías primarizadas, signadas por la flaqueza de la industria y la elevada especialización en servicios básicos. El endeudamiento no se dispara sólo por el "saqueo de los financistas". Refleja la creciente debilidad estructural de los procesos de acumulación.

La región no está exenta del proceso de financiarización que caracteriza a todas las clases dominantes del planeta. Pero la mutación central que se ha verificado en América Latina ha sido la transformación de las viejas burguesías nacionales en nuevas burguesías locales.

El texto de Galeano estaba aún inscripto en el primer período. Desde ese momento han perdido gravitación los grupos capitalistas que privilegian la expansión de la demanda con producciones orientadas al mercado interno. Ganaron peso los sectores que priorizan la exportación y prefieren la reducción de costos a la ampliación del consumo.

Ese giro confirmó también todos los diagnósticos dependentistas sobre el entrelazamiento del gran capital latinoamericano con sus pares del exterior. La localización de grandes fortunas locales en los paraísos fiscales y la estrecha asociación gestada por las principales compañías de la región con empresas transnacionales, ilustran esa simbiosis. El endeudamiento que denunciaba Galeano apuntaló esa mutación de las clases dominantes.

CRISIS TORMENTOSAS

El libro del escritor uruguayo conmueve por el desgarrador retrato que presenta de la realidad cotidiana de América Latina. Ese escenario está condicionado por la sistemática irrupción de las agobiantes crisis que impone el capitalismo dependiente. Estas convulsiones derivan, a su vez, del estrangulamiento externo y del periódico recorte interno del poder adquisitivo.

La era neoliberal que sucedió a la aparición de las Venas Abiertas estuvo signada por crisis económicas más frecuentes e intensas, que precipitaron mayores recesiones e indujeron gigantescos socorros de los bancos. Esas turbulencias fueron invariablemente desencadenadas por los estrangulamientos del sector externo, que generan los desequilibrios comerciales y la pérdida de recursos financieros.

Como las economías latinoamericanas dependen del vaivén de precios de las materias primas, en los períodos de valorización exportadora afluyen las divisas, se aprecian las monedas y se expanden los gastos. En las fases opuestas los capitales emigran, decrece el consumo y se deterioran las cuentas fiscales. En el pico de esa adversidad irrumpen las crisis.

Esas fluctuaciones magnifican a su vez el endeudamiento. En los momentos de valorización financiera los capitales ingresan para lucrar con operaciones de alto rendimiento y en los períodos inversos se generaliza la emigración de los capitales. Estas operaciones se consuman engrosando los pasivos del sector público y privado.

Otro determinante de las crisis regionales son los periódicos recortes del poder adquisitivo. Esas amputaciones agravan la ausencia estructural de una norma de consumo masivo. La debilidad del mercado interno y el bajo nivel de ingreso de la población explican esa carencia. La expansión de la informalidad laboral, los bajos salarios y la estrechez de la clase media acentúan la fragilidad del poder de compra.

Las dos modalidades de la crisis -por desequilibrio externo y por retracción del consumo- se han verificado en todos los modelos de las últimas décadas. Irrumpieron en forma inicial durante la sustitución de importaciones (1935-1970) y reaparecieron con mayor virulencia en la "década perdida" de estancamiento e inflación (años 80). Alcanzaron una mayor intensidad en el posterior debut del neoliberalismo, como consecuencia de la desregulación financiera, la apertura comercial y la flexibilidad laboral.

La teoría de la dependencia siempre estudió esas tensiones con criterios multicausales y subrayó la ausencia de un sólo determinante de la crisis. Las convulsiones que padece la región son desencadenadas por fuerzas diversas, que combinan los desequilibrios externos con las restricciones del poder de compra.

Esa combinación de determinantes externos e internos tuvo un impacto demoledor en los últimos dos años de pandemia. América Latina padeció la mayor contracción planetaria de horas de trabajo, en consonancia con retrocesos del mismo porte de los ingresos populares. Al cabo de un quinquenio de estancamiento, el Covid acentuó un descomunal deterioro de la estructura productiva. Para colmo de males los indicios de recuperación son tenues y los pronósticos de crecimiento son inferiores al promedio mundial. Otro capítulo de las Venas Abiertas ha padecido la región en el "Gran Confinamiento" del último bienio.

EL ESCENARIO POLITICO

La afinidad de las Venas Abiertas con la Teoría de la Dependencia no se limita al estrecho ámbito de la economía. En la tradición expositiva de esta última concepción, el libro evita abrumar al lector con meras cifras e intrincadas estadísticas. Subraya con ejemplos la incidencia de la dominación imperialista sobre el subdesarrollo regional. Denuncia especialmente los golpes de estado, que siempre han manejado las embajadas estadounidenses para instalar gobiernos favorables a las grandes empresas del Norte.

Al cabo de 50 años esa intromisión de Washington persiste con más disfraces, pero con el mismo descaro del pasado. Estados Unidos intenta actualmente recuperar su deteriorada hegemonía mundial reforzando su control de América Latina, a fin del contener la creciente gravitación de China. La primera potencia está embarcada en utilizar su enorme poder geopolítico-militar para recuperar las posiciones económicas perdidas. Por esa razón la región es nuevamente tratada como un "patio trasero", sujeto a las normas de sometimiento que estableció la doctrina Monroe.

Estados Unidos busca reducir el margen de autonomía de los tres países medianos de la región. Exige que Brasil entregue la supervisión del Amazonas, que México refuerce la penetración de la DEA y que Argentina acepte los mandatos del FMI. Como las invasiones directas (tipo Granada o Panamá) ya no son factibles, el Pentágono refuerza sus bases en Colombia y auspicia incontables conspiraciones contra Venezuela.

Trump implementó ese libreto con brutalidad y Biden se apresta a continuarlo con buenos modales. Necesita recomponer la deteriorada dominación de Norte y reduce los excesos verbales de su antecesor para rearmar alianzas con el establishment latinoamericano. Pero al igual que Trump prioriza la disminución de la presencia de China en la región. Todas las iniciativas de la Casa Blanca desmienten la ingenua percepción "que a Estados Unidos ya no le interesa América Latina". Recuperar la dominación plena del hemisferio es la gran prioridad de Washington.

Por esa razón sostiene a los gobiernos derechistas que actúan como herederos de las dictaduras que denunciaba Galeano. Al igual que los teóricos dependentistas, el pensador oriental indagaba en los años 70 el pilar coercitivo de todos los sistemas políticos latinoamericanos. Retrataba cómo las tiranías implementaban distintos modelos de totalitarismo y remarcaba la primacía ejercida por las burocracias militares en la gestión del estado.

En el período pos-dictatorial de las décadas siguientes ese esquema fue sustituido por diversas modalidades de constitucionalismo, que combinaron políticas económicas neoliberales con la forzada aceptación de las conquistas democráticas.

Pero al cabo de varias décadas, los regímenes derechistas intentan recuperar nuevamente predominio al compás de una restauración conservadora. Actúan a través de gobiernos reaccionarios continuados, novedosas capturas electorales y reiterados golpes institucionales. En el último bienio de pandemia militarizaron sus gestiones e instauraron estados de excepción con creciente protagonismo de las fuerzas armadas.

La derecha regional opera actualmente en forma coordinada para establecer regímenes autoritarios. No promueve las tiranías militares explícitas de los años 70, sino formas disfrazadas de dictadura civil. Entre sus exponentes persiste una visible división entre personajes extremistas y moderados, pero todos unifican fuerzas en los momentos decisivos.

Los derechistas implementan una estrategia común de proscripción de los principales dirigentes del progresismo. Recurren a imaginativos mecanismos para inhabilitar opositores e instrumentan golpes parlamentarios, judiciales y mediáticos. Aspiran a lograr el brutal control de los gobiernos que retrataba el texto de Galeano. Han recreado, además, los discursos primitivos de la guerra fría y las campañas delirantes contra el comunismo que propagaban cuando se publicó la primera edición de las Venas Abiertas.

Pero todas las figuras de la derecha regional afrontan una gran erosión política por su responsabilidad en las desastrosas gestiones del estado. Deben lidiar además con el gran resurgimiento de la movilización popular.

En tres bastiones del neoliberalismo (Colombia, Perú y Chile) se han verificado revueltas callejeras de enorme masividad y en otros casos, las protestas permitieron reinstalar el gobierno progresista desplazado por un golpe militar (Bolivia). En distintos rincones del hemisferio despunta una tendencia convergente al reinicio de las rebeliones, que convulsionaron a Latinoamérica a principio del milenio.

UN SÍMBOLO DE NUESTRAS LUCHAS

En las Venas Abiertas hay una repetida convocatoria a construir una sociedad no capitalista de igualdad, justicia y democracia. Ese mensaje está presente en varios pasajes del texto. Galeano compartía con los teóricos de la dependencia el objetivo de apuntalar un proyecto socialista para la región.

En los años 60-70 se esperaba avanzar hacia meta al cabo de victoriosas revoluciones populares. Esa expectativa tuvo corroboración en las rebeliones anticoloniales, el protagonismo del Tercer Mundo y los triunfos de Vietnam y Cuba.

Posteriormente predominó una etapa inversa de expansión del neoliberalismo, desaparición del denominado "campo socialista" y reconfiguración de la dominación global. Pero en América Latina resurgieron las esperanzas con las rebeliones que singaron el inicio del nuevo siglo, facilitando el despunte del ciclo progresista y la aparición de varios gobiernos radicales. El contexto actual está signado por una disputa irresuelta y por la persistente confrontación entre desposeídos y privilegiados.

Ese choque incluye revueltas populares y reacciones de los opresores. En un polo aflora la esperanza colectiva y en el otro el conservadurismo de las elites. Las victorias significativas coexisten con preocupantes retrocesos, en un marco signado por la indefinición de los resultados. Está pendiente el resultado de la batalla que opone los anhelos de los pueblos con los privilegios de las minorías.

Las Venas Abiertas es texto representativo de esa lucha y por esa razón es periódicamente redescubierto por la juventud latinoamericana. Lo mismo ocurre con la Teoría Marxista de la Dependencia. Ese instrumento teórico recobra auditorio por la explicación que aporta para entender la dinámica contemporánea de la región. Suscita el interés de todos los interesados en cambiar la agobiante realidad de la región.

El libro de Galeano y el dependentismo comparten la misma recepción entre las nuevas generaciones que recuperan los ideales de la izquierda. Las Venas Abiertas es un verdadero emblema de los ideales transformadores. Por esa razón en abril del 2009 durante la Quinta Cumbre de las Américas, el presidente Chávez le regaló públicamente un ejemplar del libro a Barak Obama. Con ese gesto subrayó cuál es el texto que sintetiza los sufrimientos, los proyectos y las esperanzas de toda la región.

Galeano personificaba esos ideales y también generaba una inigualable fascinación entre el público. Transmitía calidez, sinceridad y convicción. Sus palabras convocaban a forjar un futuro de hermandad e igualdad y la renovación de ese compromiso es el mejor homenaje a su obra.

RESUMEN

Las Venas Abiertas resume y populariza con una extraordinaria belleza literaria las principales tesis de la Teoría Marxista de la Dependencia. Sintoniza con esa vertiente en la crítica al capitalismo y en la gravitación que asigna a las rebeliones populares. El libro anticipó denuncias actuales del extractivismo y la primarización y subrayó la regresión industrial que generan las políticas liberales. La degradación del trabajo, la escala del endeudamiento y la gravedad de la crisis confirman los diagnósticos expuestos en el texto. El imperialismo y la derecha continúan acosando a la región y la resistencia popular recrea las tradiciones políticas descriptas por Galeano. Su libro es un símbolo de la esperanza que preservan muchos latinoamericanos.

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