El conflicto de Ucrania y la nueva guerra fría

La confrontación con Rusia le interesa especialmente a EEU U pues con ella da sentido al organismo multilateral OTAN, que siempre ha utilizado para ejercer presión sobre Europa occidental frente a un competidor geopolítico como es Rusia.

 Para entender que pasa en Ucrania hay que retroceder a las grandes perturbaciones que atravesó este país y que son en buena parte las causantes del conflicto actual. Y es que la historia siempre cuenta, y, como en este conflicto, condiciona el presente. Conocer la historia de Ucrania es a la vez conocer los orígenes de la Rusia contemporánea. No se entiende Rusia sin los mitos que surgen del corazón de Ucrania y de la península de Crimea. El puerto de Odessa, la batalla de Balaklava, la base militar rusa de Sebastopol o los acuerdos de Yalta tras la Segunda Guerra, éstos son nombres en los que se asienta parte de la mitología de la nación rusa, una nación de naciones, la multicultural e inmensa Rusia que tiene varios millones de personas de procedencia rusa fuera de sus fronteras y una buena parte en Ucrania.

En la Ucrania de hoy, la población está dividida entre los partidarios de la Europa occidental y la oriental. Las barbaridades cometidas por unos y otros en suelo ucraniano condicionaban y mucho el posicionamiento de la población a la hora de inclinarse hacia uno u otro bando. No se puede olvidar que Stalin sometió a la población ucraniana a una hambruna, tras el despojo de sus cosechas en 1932, que mató de hambre a millones de personas y que deportó a diversas minorías, entre otras, judías y polacas, provocando un gran resentimiento entre la población ucraniana hacia Rusia. Tampoco se olvida que durante la 2ª Guerra Mundial los ejércitos de la Alemania nazi con la colaboración de grupos nacionalistas ucranianos exterminaron a varios millones de personas prorrusas, en parte, como represalia a las hambrunas infringidas por la URSS de Stalin.

Respecto a Crimea también sufrió dramáticas vicisitudes: una limpieza étnica por parte de Stalin, que deportó en 1944 a Asia central a la población tártara por el apoyo de sus dirigentes a los nazis, y repobló con rusos Crimea; y más adelante, en 1954, Nikita Jrushchov decidió regalar de forma arbitraria Crimea a Ucrania, sin pensar que algún día la URSS podía colapsar y desintegrarse y que Ucrania se convertiría en una república independiente.

Una vez mostrados estos antecedentes, seria pecar de ingenuos pensar que Rusia se cruzaría de brazos viendo cómo la revuelta de Maidán de 2014, en Kiev, auspiciada por el bloque euroatlántico, hacía caer un gobierno prorruso y se lanzaba en brazos de la UE y pedía la entrada en la OTAN. Sobre todo, pensando que la parte oriental el Donbás (Luganks y Donnetsk) y el sur de Ucrania, junto a Crimea, son de población mayoritaria rusa y que comparten lazos culturales y de lengua muy estrechos con Rusia. Además, en Crimea, Rusia tiene en Sebastopol una base militar para su armada desde donde tiene acceso al Mediterráneo. Una península de vital importancia para los intereses geoestratégicos de Rusia.

Obviar todo eso es no querer entender el conflicto de Ucrania. Un conflicto que en buena parte vienen provocado desde el exterior. Una UE que ha actuado con manifiesta mala fe intentando que Ucrania se incorporara a su bloque económico; Estados Unidos que deseaba su entrada en la OTAN; Rusia que no piensa abandonar unos territorios que considera por historia suyos. Cierto es que la respuesta rusa ocupando Crimea es una violación del derecho internacional, porque esta península formaba parte del Estado de Ucrania. Pero se debe recordar que nuestra OTAN hizo lo mismo en Kosovo y EE UU en Iraq. Por tanto, es de un enorme cinismo acusar a Rusia de violar la legalidad cuando EE UU lo ha hecho en innumerables ocasiones en el pasado. Y de una ingenuidad absoluta pensar que Rusia se quedaría de brazos cruzados ante los ataques del ejército ucraniano para recuperar el Donbás; o de que EE UU enviara ayuda militar a esta región sin que Rusia respondiera con la misma moneda. Aunque cierto es que el envío de un ejército de 100.000 militares a la frontera con Ucrania por parte de Rusia es una amenaza. Pero es insensato pensar que Rusia invadirá Ucrania pues la OTAN respondería ayudando a la Ucrania occidental, empezando una guerra en el centro de Europa de insospechadas consecuencias para todas las partes. Especialmente porque los intereses de Europa occidental y de Rusia son interdependientes, especialmente por la dependencia energética de Europa occidental de Rusia que hace inimaginable una confrontación armada.

Rusia, primero por pasiva y ahora por activa (la presión en la frontera de Ucrania) está reclamando a Europa Occidental y a EE UU que la OTAN no la amenace en sus fronteras. ¿Qué respuesta daría EE UU si Rusia instalará misiles o un escudo antimisiles en Cuba o Venezuela?

La confrontación con Rusia le interesa especialmente a EE UU pues con ella da sentido al organismo multilateral OTAN y que siempre ha utilizado para ejercer presión sobre Europa occidental frente a un competidor geopolítico como es Rusia. Como lo demuestran las varias crisis anteriores generadas por la instalación del escudo antimisiles en Polonia y Rumania (también está en Rota, Cádiz); o cuando Georgia inició un ataque militar en Osetia del Sur y pretendía incorporarse a la OTAN. Unas actuaciones que se deben considerar cómo una amenaza para la seguridad de Rusia y que explican su reacción de entonces y de ahora.

Lo deseable sería que los gobiernos europeos se distanciaran del alineamiento al lado los intereses particulares de EE UU, tampoco situándose al lado de Rusia, pero sí buscando una neutralidad que rebaje las tensiones entre ellas en Ucrania y en otros puntos. Pero escuchando las lastimosas declaraciones de José Borrell como representante de Exteriores de la UE y de otros cancilleres europeos, hay que temer que Europa occidental se alineará una vez más al lado de Estados Unidos para dar paso a una nueva guerra fría, aunque eso sí, de mucha menor gravedad que la anterior.

20 ene 2022 06:03

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Lunes, 17 Enero 2022 05:37

De espectros y vencidos

De espectros y vencidos

 

Tres espectros se encontraron en Colombia en la conmemoración de los cinco años de la firma de los acuerdos de paz, a finales de 2021. Un primer espectro viene del pasado y llegó como un comentario reiterado de los ex combatientes de las FARC: "¿Y todos los que cayeron en esta guerra?¿Los muertos que dieron su vida para terminar en esto?". La primera vez que lo escuché fue con un ex guerrillero que recordó a su compañera asesinada en un bombardeo del que él se salvó por minutos. La última vez, en diciembre, como en forma de autorreproche, cómo se iba a justificar toda la sangre de sus camaradas que habían caído en combate ante esto.

Un segundo espectro llegó en forma de unas FARC acusadas de "esclavismo" por la justicia transicional, cuando la Sala de Reconocimiento de la Justicia Especial para la Paz concluyó que esta guerrilla había obligado a trabajos forzados a secuestrados y poblaciones que estaban en zonas donde operaban.

El tercer espectro llegó del futuro en forma de un laboratorio de guerra recreado por ejércitos contrainsurgentes conformados por ex combatientes desertores, entrenados por militares nacionales y extranjeros, ubicados estratégicamente en áreas de interés geopolítico, como Arauca, Cauca o Putumayo. En unas áreas sería el petróleo, en otras las economías de la cocaína, en una más proyectos económicos como los puertos privados en el Urabá colombiano. Nacidos como una escisión política a los acuerdos, posteriormente aprovechados como una fuerza paramilitar, éstos disputan no sólo con los insurgentes que quedan, sino con la población, aplastada en la mitad. En el futuro, más que nunca, se sentían como ejércitos invasores.

En el libro Melancolía de izquierda, de Enzo Traverso, transitamos de la utopía a la memoria. Vamos leyendo cómo, tras la última gran derrota encarnada en la caída del Muro de Berlín, parece haberse aplastado el horizonte de expectativa de la izquierda, por lo menos de la europea. Y surge, en este escenario, un nuevo sujeto histórico: la víctima. Ese maniquí despolitizado, amorfo, limpio de contradicciones, carente de agencia, objeto de inversión. Bajo esta sombra, se enterró la discusión antifascista, anticolonial, revolucionaria, arrodilladas ante el "deber de la memoria", advierte. Yo agrego que apareció el otro actor, "el terrorista".

El tema es que en un país como Colombia, donde el humanitarismo internacional ya es un rubro del PIB y la injerencia de Estados Unidos ha transformado la narrativa y el oficio de la guerra, la comprensión de la nuestra, como una pelea entre buenos y malos, es insuficiente.

Se ha discutido que lo que se negoció no fue tan radical como se creía, cómo lo que se negoció no se cumplió, cómo el país se rearma y sigue habiendo botas para la guerra, cómo la paz no importa en el debate electoral, lo que no fue, lo que no será. Urge alejarse de la nostalgia de la guerra perdida, sin sentido y cultivar un proyecto revolucionario en una era no revolucionaria –como dice Traverso–, o en este caso, en una transición adversa en la que la izquierda –la armada, la no armada o la desmovilizada–, vuelve a recibir tratamiento de "terrorista". Pensar en tiempos del pos-Muro de Berlín, en el que la búsqueda de una paz justa es revolucionaria y la agenda imperial es la guerra.

Aún hay guerra en los campos en Colombia y tres actores tienen responsabilidades diferentes. Una institucionalidad transicional que parece sembrar los cimientos de la siguiente confrontación al estrechar los espacios de comprensión del conflicto armado y volver al marketing del "terrorismo". Intentar aplastar y negar desobediencias siempre será una forma de alimentarlas.

En otra orilla, pienso en el relato de Walter Benjamin cuando rememora los disparos contra los relojes en las torres que hacen los revolucionarios de la Comuna de París. Los espectros del tiempo pasado, presente y futuro de una u otra forma requieren ser demolidos. La izquierda armada y no armada sabrá que eso no pasa con un disparo, sino con reconocer que el horizonte de la expectativa seguirán siendo las luchas. Y éstas no están representadas en la víctima abstracta y negociada, sino desde la intensidad del duelo concreto, el despertar de unos vencidos y vencidas emancipadas, invencibles.

Estefanía Ciro*

* Doctora en sociología, investigadora del Centro de Pensamiento de la Amazonia Colombiana AlaOrillaDelRío. Su libro más reciente es Levantados de la selva

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Pie de foto: Militantes palestinos participan en un ejercicio militar en Rafah, en el sur de la Franja de Gaza. — Ibraheem Abu Mustafa / REUTERS

A lo largo de 2021 se han dado continuaciones de los frentes históricos, como el palestino-israelí, u otros más recientes, como el que enfrenta a Rusia con Ucrania y el resto de la Unión Europea, que continuarán siendo protagonistas en el año venidero.

La política internacional ha dejado en 2021 multitud de conflictos que cierran el año con sus frentes abiertos. Algunos son de carácter histórico, como el palestino-israelí. Este, sin embargo, no ha sido el único. Al otro lado del Atlántico, Biden se ha encontrado con la misión de resolver los acuerdos que su predecesor rompió y se enfrenta a los retos tradicionales de la potencia norteamericana representados por China, Irán o Israel.

Latinoamérica también tiene sus frentes abiertos, aunque a nivel interno. Haití, por ejemplo, que ha sido históricamente castigada por las crisis económicas, políticas y los desastres naturales. O África, donde las fuerzas islamistas han encontrado su sitio. Estos son algunos de los conflictos que han acontecido durante 2021 y que continuarán latentes en 2022, según el informe de la organización International Crisis Group

  1. Ucrania

Desde que Rusia, durante el pasado mes de noviembre, moviera a una parte considerable de sus tropas a la frontera con Ucrania, los gobiernos de Occidente están preocupados por la posibilidad de un nuevo ataque contra la región.

Este conflicto, sin embargo, se remonta a 2014, cuando el Kremlin de Putin anexionó a su país la península de Crimea y dio su apoyo a los separatistas en la región oriental de Donbass, en Ucrania. La derrota militar llevó a los ucranianos a aceptar dos acuerdos de paz: los acuerdos de Minsk. Estos fueron redactados conforme a los intereses de Moscú y, desde que se firmaron, las fuerzas separatistas de Donbass han afianzado su poder ocupando dos áreas de dicha región.

Durante los últimos años el conflicto ha continuado latente, hasta que ha terminado por estallar durante este 2021: Moscú, molesto por la falta de cumplimiento de los acuerdos de Minsk por parte de Ucrania, ha tensado, además, sus relaciones con la OTAN. Por su parte, Occidente, que teme un nuevo intento de invasión por parte del gobierno ruso, debe perfilar su plan de apoyo a Ucrania. El presidente estadounidense, Joe Biden, ya ha amenazado a Putin con sanciones y un refuerzo militar en el flanco este de la OTAN.

  1. Etiopía

La llegada del actual primer ministro de Etiopía, Abiy Ahmed, al poder dio alas para pensar que el contexto de represión que vivía el país llegaría a su fin. Y así fue hasta que en 2020 Ahmed ordenó una ofensiva militar en la región de Tigray que devolvió al Estado etíope al contexto de violencia y desestabilidad de antaño. 

La ofensiva vino motivada por un ataque perpetrado por los fieles al antiguo partido gobernante: el Frente de Liberación del Pueblo de Tigray (TPLF) que ha terminado por desencadenar una guerra civil. Fruto de ella decenas de miles de personas han muerto en combate y millones de etíopes se han visto en la obligación de abandonar sus hogares.

A ello se suman las disputas de Etiopía con Sudán por las tierras fronterizas de al-Fashqa y la Gran Presa del Renacimiento Etíope en el Nilo, caracterizadas por ser un suelo fértil

Por el momento, un pequeño rayo de esperanza atisba el principio del fin del conflicto. Pues los líderes de Tigray han retirado sus tropas de las regiones colindantes y han apostado por poner fin a las hostilidades y dar paso a una negociación. Un paso que, según International Crisis Group, "el gobierno federal de Etiopía debería aprovechar esta oportunidad para poner fin a los combates". 

 

  1. Afganistán

 La toma de Afganistán por parte de los talibanes comenzó a principios del pasado 2020, con el acuerdo entre Estados Unidos y las fuerzas talibanes por el que Washington se comprometía a retirar sus tropas. Este sirvió a los fundamentalistas para ir avanzando poco a poco y, a partir de la primavera y el verano de 2021, tomar ciudades y pueblos. La capital afgana, Kabul, no les resultó difícil y el Gobierno terminó por colapsar a mediados de agosto.

El fin del conflicto, sin embargo, no supuso el fin de la tragedia. Ahora Afganistán se enfrenta a una "profunda crisis humanitaria", según la Organización de Naciones Unidas (ONU). "Con la llegada del invierno, mujeres, hombres, niños y niñas hacen frente a una grave pobreza y hambre", explicaba desde la Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Nada al Nashif, en declaraciones recogidas por Europa Press.

Occidente, en su negativa a respaldar el gobierno talibán, en primera instancia optó por no destinar ayuda económica internacional al país. Sin embargo, después de haber liberado "una pequeña parte de los casi dos mil millones" de dólares a Afganistán, según International Crisis Group, "deberían dispensar el resto". La organización opina que "la alternativa es dejar morir a los afganos, incluidos millones de niños. De todos los errores que ha cometido Occidente en Afganistán, éste dejaría la mancha más fea".

  1. Estados Unidos y China

La política internacional estadounidense se centró, una vez abandonado el territorio afgano, en disuadir a China. El objetivo que se persigue desde Washington es el de mantener al país norteamericano como potencia predominante en la zona indo-pacífica. 

A diferencia de Biden, desde Pekín, en principio, esperaban una mejor relación internacional con la llegada del presidente demócrata. Pues busca, según el informe de la organización International Crisis Group, "una esfera de influencia en la que sus vecinos sean soberanos pero respetuosos"

El pasado mes de noviembre, los presidentes de ambos países, Biden por parte de Estados Unidos y Xi Jinping desde China, se reunieron de manera telemática. Fruto de ese encuentro, las relaciones entre ambos Estados son menos frías que anteriormente; sin embargo, la rivalidad entre ambos persiste e influye en distintos asuntos internacionales. 

  1. Irán contra Estados Unidos e Israel

Después de que Donald Trump abandonara el acuerdo nuclear con Irán durante su legislatura, su sucesor aseguró que, durante la suya, el país volvería a unirse. Y, aunque el equipo de Biden tardó en dar el paso, ambos países lograron durante unos meses algunos avances. 

La victoria de Ebrahim Raisi en las presidenciales de Irán y su apuesta el el duro control de los centros estratégicos de poder de la República Islámica hicieron que estas negociaciones se pausaran durante cinco meses. Y, una vez se retomaron, lo hizo de manera más dura. 

Aunque el país de Raisi no se ha retirado del acuerdo de manera unilateral, si no restablecen un pacto en los meses venideros, el acuerdo original terminaría por sufrir variaciones. Por lo tanto, los países tienen dos opciones: llegar a un pacto más integral o dar con un acuerdo provisional. 

Habría una alternativa: que Estados Unidos diera el visto bueno a los ataques israelíes que pretenden hacer retroceder la capacidad nuclear de Irán. Si esto pasase, el programa nuclear de los iraníes podría seguir sin ningún tipo de obstáculo. De esta manera, en caso de no llegar a un acuerdo, todos los peligros que propiciaron la firma del acuerdo en 2015 volverían a estar latentes.

  1. Yemen

Los rebeldes hutíes que derrocaron en 2015 al gobierno de Yemen continúan avanzando. Por el momento, ya se han acercado a Shabwa, lo que les ha permitido asediar la cercana ciudad de Marib, cuya gobernación han rodeado. Se trata de otra ciudad de Yemen rica en gas y petróleo, próxima a Al-Bayda, cuyo control les pertenece.

Son lugares estratégicos, por lo que tomar dichas ciudades haría que la guerra estuviera a su favor, pues supondría una victoria no sólo militar, sino que también a nivel económico. Mientras tanto, los apoyos del presidente yemení reconocido internacionalmente, Abed Rabbo Mansour Hadi, van cayendo.

Sin embargo, una victoria militar y económica no traería consigo el final de la guerra. Por el momento, las facciones anti-hutíes continúan su lucha en los pequeños bastiones que todavía quedan repartidos por el país, como los separatistas del sur de Yemen, que cuentan con el respaldo de Emiratos Árabes Unidos. 

  1. Israel-Palestina

Un conflicto que no parece llegar a su fin, dado que cada cierto tiempo surgen nuevos brotes que lo impiden. El último ha sido la cuarta guerra entre Israel y Gaza, provocada por la amenaza de desalojo de los vecinos palestinos del barrio de Sheikh Jarrah. 

Este episodio, que se dio durante las jornadas de Ramadán, propició un nuevo acontecimiento entre la habitual violencia motivada por ambos bandos: por primera vez en décadas, los palestinos trascendieron su fragmentación para unirse no sólo en Israel, también en Cisjordania, Jerusalén Este y Gaza. Además, Occidente vio con ojos críticos el bombardeo acontecido por el país israelí. 

La tregua, sin embargo, no parece que llegue y "una solución de dos Estados que está casi fuera de alcance le da cobertura a Israel para avanzar en la anexión de facto de Cisjordania", explican desde International Crisis Group. Por lo tanto, la mejor opción que propone la organización es la de "tratar de poner fin a la impunidad israelí por las violaciones de los derechos palestinos", abordando "la situación sobre el terreno tal como está". 

  1. Haití

La región caribeña ha sido históricamente castigada por las crisis económicas y políticas, así como por las rencillas entre pandillas y los desastres naturales, como el acontecido el pasado mes de agosto que arrasó gran parte del sur del país. 

A todo ello se ha unido este 2021 el asesinato del presidente Jovenel Moïse durante el mes de julio en su domicilio a manos de sicarios. La clase política haitiana escogió al que habría sido el primer ministro de Moïse, Ariel Henry, como su sucesor en funciones. Este permanecerá en el cargo hasta las elecciones de 2022, como han acordado varios partidos del Parlamento. Una decisión que no comparten las pandillas haitianas, que tienen influencia política y que han exigido su renuncia

Por otro lado, desde la Comisión para una solución haitiana de la crisis buscan que la transición se lleve a cabo de una manera más pausada, en un plazo de dos años y con un consejo en el que la sociedad se vea más representada hasta que se convoquen nuevas elecciones. Su objetivo es el de dar a Haití la estabilidad que consideran que precisa. 

Algunos sectores de la sociedad haitiana, además, se han opuesto a la misión de mantenimiento de la paz que ha lanzado la ONU y lo mismo ocurre con la intervención militar cortesía de Estados Unidos. 

  1. Myanmar

En febrero de este año se produjo una sublevación militar en el país de Myanmar que derrocó al gobierno democrático de Aung San Suu Kyi y lo sustituyó por una Junta Militar, que ha tomado medidas como la cancelación del acceso a Internet, entre otras. 

Los grupos armados del país han optado por distintas estrategias. Algunos se han adaptado, mientras que otros han preferido mantenerse al margen y un tercer grupo ha escogido enfrentarse al ejército, conocido como Tatmadaw. 

Sin embargo, el Tatmadaw se ha duplicado y en las zonas rurales tiene uno de sus frentes más complejos: nuevos grupos de resistencia que emplean los viejos métodos de contrainsurgencia. Su plan consiste en dejar sin fondos, alimentos, inteligencia y reclutas al bando insurgente. 

Los líderes que habían sido elegidos democráticamente se enfrentan a un futuro "devastador", según International Crisis Group. Aung San Suu Kyi, por ejemplo, ha sido condenada a dos años de prisión, aunque podría terminar convirtiéndose en una cadena perpetua. 

  1. Militancia islamista en África

Desde que en 2017 el Estado Islámico perdiera el que denominaba su califato en el Medio Oriente, en África se han disparado las revueltas vinculadas a este grupo y al Qaeda

Los últimos frentes de estas características son el que se sitúa al norte de Mozambique y al este de la República Democrática del Congo. Además, desde el Estado Islámico reivindican una nueva provincia en la la región de Cabo Delgado en Mozambique, por lo que los ataques contra la población civil y los cuerpos de seguridad se han visto incrementados. 

En Somalia y el Sahel, sin embargo, cuentan con el apoyo de Occidente. Fuerzas como a Misión de la Unión Africana en Somalia financiada por la UE, o AMISOM, entre otras, están tratando de contener a las fuerzas yihadistas. 

"Si los esfuerzos extranjeros disminuyen", opinan desde International Crisis Group, "la dinámica del campo de batalla sin duda cambiaría, quizás de manera decisiva, a favor de los militantes". Sin embargo, "el enfoque centrado en el ejército ha generado mayoritariamente más violencia", argumentan y, "si las potencias extranjeras no quieren que el mismo dilema los atormente dentro de una década, deben preparar el terreno para las conversaciones con líderes militantes". 

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"Hay que entender a la Unión Soviética tratando de prestar atención a su complejidad, a todas sus dimensiones.". Imagen: Bernardino Avila

A 30 años del fin de toda una era, el historiador analiza el proceso que llevó a la desaparición del coloso soviético y el rol de Gorbachov y Yeltsin en la aparición de un modelo capitalista.

En diciembre se cumplen treinta años de la disolución de la Unión Soviética, donde la puerta que abrió Mijaíl Gorbachov a una serie de profundas reformas pensadas para consolidar la URSS frente al fin del siglo XX, terminaron por producir la caída de ese modelo de sistema en diciembre de 1991. Con una precisión histórica conceptual y que no ahorra críticas bien fundamentadas, el Doctor en Historia Martín Baña desmenuza los pormenores de aquel suceso en Quien no extraña al comunismo no tiene corazón (Editorial Crítica, Grupo Planeta).


Baña* llega incluso a analizar cuáles fueron las principales consecuencias de las privatizaciones post-soviéticas, y cómo la denominada “terapia de shock” terminó por desmantelar el sistema económico soviético. El recorrido histórico llega hasta la actualidad de Vladimir Putin: el autor entiende que el ex agente de la KGB basó su gobierno en un modelo neoconservador, un análisis que pretende explicar el presente de Rusia a partir de ese pasado reciente.


Historiadores como Eric Hobsbawm sostuvieron que la disolución de la Unión Soviética marcó el fin del siglo XX. Otros fueron un poco más lejos y directamente dijeron que era el fin de la historia. “Yo no sería tan terminante”, dice Baña, que es profesor de Historia de Rusia en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. “Sí marcaría que algunos aspectos o algunas dimensiones efectivamente se terminaron con la disolución de la Unión Soviética como, por ejemplo, el ordenamiento del mundo bajo dos polos. Bajo la Guerra Fría, por ejemplo. También esa amenaza constante que suponía la Unión Soviética en términos de que el capitalismo tenía que otorgar mejoras porque la Unión Soviética aparecía como una alternativa viable y potable hacia el capitalismo, como fue el Estado de bienestar. O incluso, lo que la Unión Soviética suponía en términos de una amortización de lo que fueron después las políticas neoliberales en los '90. En ese sentido, la disolución supuso el fin de una etapa conflictiva, pero no el fin de los conflictos. Los conflictos se reconvirtieron en otros”, agrega el historiador.


-¿Cuánto influyeron la realidad económica de la Unión Soviética y la realidad de un mundo que giraba para otro lado en la disolución?
-El económico fue un gran problema. Una de las grandes reformas de Gorbachov apuntaba a tratar de mejorar el sistema económico que estaba muy oxidado, y tenía grandes problemas porque sobre todo era una economía que crecía a costa del derroche y donde prácticamente se planificaba todo: desde qué se producía hasta la demanda. Planificar la demanda generó problemas porque es muy difícil de planificar qué va a querer cada consumidor. En la medida en que en comparación con Occidente era escasa, eso podía ser más o menos efectivo, pero cuando los productos de Occidente empezaron a llegar a la Unión Soviética y la comparación era más obvia, eso terminó jugando un papel importante porque muchos empezaron a desear esos objetos, esas mercancías que entendieron que eran de mejor calidad o estaban mejor realizadas. La economía jugó un papel importante en la disolución, sobre todo por no haber podido resolver ese problema. Podemos agregar que en los '70 las economías capitalistas se fueron volcando más hacia una producción sin stock. Y en el caso de la Unión Soviética fue todo lo contrario. De hecho, uno tiene la imagen de que era una economía de desabastecimiento y, en realidad no. Sólo que había un problema para consignar esa oferta con los deseos de la demanda y con la distribución de esa producción. Eso no se pudo resolver. Incluso, con las reformas que quiso introducir Gorbachov, abrió un camino para que surgiera una coalición más procapitalista.


-Dice que aunque autoritario, el sistema soviético no era totalitario. ¿Esa es la diferencia entre la crítica y el fanatismo anticomunista?
-Es una manera de entender a la Unión Soviética tratando de prestar atención a su complejidad, a todas sus dimensiones y tratando de salirse de lo que son las interpretaciones dominantes y más extremas. Hay una interpretación más vinculada al liberalismo que sostiene que la Unión Soviética fue un totalitarismo, donde prácticamente no existió la vida individual, donde no hubo resistencia y donde se imponía la ideología a través del terror y del líder. Y, por otro lado, la interpretación asociada a un marxismo más clásico, que entendía que era la república de los trabajadores. Lo que se ve en los documentos no es ni una cosa ni la otra. No podemos decir que fue un totalitarismo porque hubo resistencias al poder durante toda su existencia, como también apoyos genuinos. No hay que perder de vista que hubo una gran cantidad de población que tuvo un ascenso social importante durante esos años y era lógico que apoyara al sistema. Podemos decir que tenía características dictatoriales (de hecho, fue un sistema de partido único), pero dentro de ese sistema había formas de ejercer la resistencia, como también se pueden encontrar apoyos genuinos.


-¿Cuál fue el principal acierto y el principal error de Gorbachov al plantearse la necesidad de reformas?
-El acierto fue entender que había que ensayar algún tipo de reformas, pero no solo económicas sino culturales, sociales y también políticas. Gorbachov fue consecuente con su programa de reformas que era, de alguna manera, intentar reflotar los principios de la Revolución de 1917. El error fue -o al menos, así lo estiman algunos investigadores-haber abierto el juego político, pensándolo en términos de Gorbachov porque eso le quitó al partido la posibilidad de controlar el destino de esas reformas. Le permitió que surgiera una coalición procapitalista que pudiera participar de ese juego político y que terminara decidiendo el reemplazo del sistema soviético por uno capitalista. El talón de Aquiles del proceso de Gorbachov terminó siendo la apertura del juego político.

-La implosión de la Unión Soviética no estaba en el plan de reformas de Gorbachov. ¿Allí es donde entra Boris Yeltsin con sus ideas promercado?
-Exactamente. Yeltsin va a ser el representante político de esa coalición formada por miembros de la élite comunista, pero también por directores de fábricas o emprendedores en la Perestroika que van a ver no tanto la posibilidad de seguir reformando el sistema y van a ver con buenos ojos la posibilidad de reemplazar al sistema soviético por uno capitalista. Yeltsin va a jugar el rol de unificador, o representante político de esta coalición, que es la que va a terminar disolviendo a la Unión Soviética.

-¿Qué impacto simbólico tuvo la caída del Muro de Berlín en 1989 en el futuro soviético?
-El impacto fue más a nivel global, en el sentido de que le ponía fin o terminaba una de las dimensiones que dominaron el siglo XX, que fue la Guerra Fría. En el caso de la URSS, la propia dirigencia soviética ya había asumido y les había dicho a los líderes de Europa Oriental que no iba a intervenir en ningún tipo de conflicto, como había sucedido, por ejemplo, en Checoslovaquia en 1968. La dirigencia soviética se había concentrado más en el aspecto interno y, de hecho, a la URSS le convenía que descendiera ese conflicto, bajar la intensidad del conflicto con Estados Unidos en la Guerra Fría porque, a pesar de que gastaba una gran cantidad de recursos en mantener el arsenal militar, se sabía en inferioridad de condiciones. En ese sentido, la Caída del Muro de Berlín pudo haber sido incluso un alivio para la dirigencia soviética porque no tenía que preocuparse por seguir manteniendo ese conflicto de la Guerra Fría que le costaba bastante.

Autor del libro "Quien no extraña al comunismo no tiene corazón"

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Reunión cumbre entre Joe Biden y Xi Jinping termina sin acuerdos concretos

Los líderes de las dos principales potencias mundiales se limitaron a declaraciones demagógicas sobre desacelerar la guerra comercial con foco en la tecnología 5G, y la carrera armamentista que protagonizan.

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, y su homólogo chino, Xi Jinping, realizaron su primera cumbre virtual. La reunión más de tres horas y fue "respetuosa y directa", según la Casa Blanca, pero ninguno de los dos dio el brazo a torcer sobre las líneas rojas de sus respectivos países, particularmente en lo que atañe a Taiwán, isla sobre la que China reclama su soberanía.

Biden habló sobre las prácticas chinas en el Tíbet, Hong Kong y también Xinjiang, así como otros temas en los que el gobierno chino está acusado de crímenes contra los derechos humanos.

Xi, por su parte, no apaciguó la disputa geopolítica y dijo que tendría que tomar "medidas decisivas" si las fuerzas "independentistas" de Taiwán cruzaban la "línea roja", según afirmó la agencia informativa estatal china. Además de un conflicto político de larga data en el que ambas potencias miden fuerzas, Taiwán es estratégico para la producción de semiconductores, necesarios para la tecnología de quinta generación y otras tecnologías de vanguardia.

Biden "defiende" interesadamente la independencia de Taiwán para influir sobre la Taiwan Semiconductor Manufacturing Company, la principal fábrica de microchips del planeta, y otros gigantes como Foxcon. La isla está fuertemente militarizada por Estados Unidos, China y el propio Taiwán, y Beijing ha prometido que, si es necesario, pondrá la isla bajo control chino por la fuerza.

Por otro lado, según dijo este martes el asesor de seguridad nacional de la Casa Blanca, Jake Sullivan, los mandatarios acordaron impulsar un diálogo bilateral sobre control de armas.

"Los dos líderes acordaron que buscaríamos impulsar conversaciones sobre estabilidad estratégica", apuntó Sullivan, utilizando un término común en los círculos diplomáticos para describir el control de armas. En realidad, palabras vacías sobre que la competencia no se convierta en un conflicto o que se necesita incrementar la comunicación y la cooperación, porque ambos saben que las enormes tensiones van en aumento.

El asesor de Biden respondió así durante una conferencia este martes en el centro de estudios Brookings a una pregunta sobre el potencial de China de ampliar notablemente su arsenal nuclear y sobre el reciente lanzamiento por parte de Pekín de un misil hipersónico, con capacidad para rodear la tierra.

Biden indicó que esas conversaciones deberían estar "guiadas por los líderes y lideradas por equipos de alto nivel", que tengan poder para tomar decisiones y sean expertos en "seguridad, tecnología y diplomacia", explicó Sullivan.

"Ahora nos corresponde a nosotros (los asesores de Biden y Xi) pensar en la forma más productiva de llevar esto a cabo", añadió.

El asesor reconoció que ese posible diálogo no será probablemente tan "maduro" como el que comparte desde hace años Estados Unidos con Rusia, la otra gran potencia nuclear, porque las conversaciones con Moscú están más "arraigadas".

Lo cierto es que Estados Unidos se encuentra enfrascado en una carrera armamentística con China y Rusia en el campo de las armas hipersónicas, que por su velocidad son más difíciles de detectar por los sistemas de defensa de misiles.

A finales de octubre, el Pentágono confirmó que está en busca de tecnología hipersónica para contrarrestar los avances de China en esta materia, y aseguró que al mismo tiempo quiere mejorar sus "capacidades defensivas".

Washington ha reconocido su inquietud ante los avances castrenses de China, que, según el Pentágono, van emparejados con una política exterior y de defensa que "intimida y ejerce coerción sobre sus naciones vecinas". Un tono que no prevé justamente un futuro armónico y pacífico.

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Venezuela denunció en el Consejo de Seguridad de la ONU a gobiernos de Colombia y EEUU de preparar una agresión militar en su contra

11.10.21 - Venezuela denunció este lunes ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, la estrategia combinada de los gobiernos de Colombia y Estados Unidos para justificar una agresión militar contra el gobierno constitucional del presidente Nicolás Maduro..


Refiere la Cancillería que en carta dirigida al presidente del Consejo de Seguridad de la ONU, el embajador de Venezuela ante las Naciones Unidas, Samuel Moncada, expuso las evidencias que prueban el propósito de generar un clima artificial de tensión militar por parte de los gobiernos de Colombia y Estados Unidos para involucrar a Venezuela en un conflicto armado.

“El gobierno colombiano está convencido que con la ayuda de Estados Unidos puede exportar su guerra interna a la República Bolivariana de Venezuela y lograr tres objetivos simultáneamente: el primero, eximir su responsabilidad por el fracaso del proceso de paz; el segundo, impedir el trabajo electoral y pacífico de la oposición democrática en Colombia y; el tercero, el derrocamiento violento del gobierno constitucional de la República Bolivariana de Venezuela", reza la comunicación.

La misiva dirigida por Venezuela al Consejo de Seguridad denuncia además que "el peligro es creciente y los signos de desesperación en el gobierno colombiano son claros”.

Los señalamientos contra Venezuela y sus autoridades constitucionales se generan cuando el Gobierno y las oposiciones avanzan en el proceso de diálogo en México, el cual pretende pacificar a sectores extremistas.

Pese al reconocimiento por parte de los países garantes y de la misma ONU a Venezuela por su avance en el diálogo, el presidente colombiano haciendo uso de acciones injerencistas cuestiona la posibilidad de que sectores políticos en Caracas diriman sus diferencias mediante el consenso.

Por, Aporrea, martes 12 de octubre

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Jueves, 07 Octubre 2021 06:05

La sucesión hegemónica

La sucesión hegemónica

¿Qué distingue al actual proceso de sucesión hegemónica, de Estados Unidos a China, que rompe de manera profunda con eventos similares observados desde hace siglos? Todo evento histórico es único en el tiempo, el espacio y lo que es su circunstancia, su encuadre multidimensional. Lo que contenga de generalizable se somete a escrutinio y discusión. Para algunos, como John Ikenberry en El ascenso de China y el futuro de Occidente (Foreign Affairs, 2008), si China mantiene su impresionante crecimiento económico en las próximas décadas –dice Ikenberry citando a John Mearsheimer analista del realismo histórico– es probable que Estados Unidos y China entren en una intensa competencia de seguridad con un considerable potencial para la guerra.

Algo semejante le oí decir a Giovanni Arrighi en conferencia magistral dictada en el Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM poco antes de morir en 2009. Con razón profunda Arrighi centró la atención en el presidente Harry Truman (1945-1953), el sucesor de Franklin D. Roosevelt.

El arribo de EU a la supremacía global ocurrió luego de un vertiginoso ascenso hegemónico después de las guerras (en realidad masacres) del siglo XIX contra las naciones indígenas de América del Norte. Agrega a la lista el conflicto contra México, la guerra civil y la guerra hispanoamericana, seguidas en el siglo XX por la primera y segunda guerras mundiales, así como las perennes guerras "antiterroristas".

El terrorismo de Estado desplegado por Truman fue abiertamente rechazado por los altos mandos militares. Almirantes y generales. Marshall, MacArthur y Eisenhower estuvieron de acuerdo con el almirante William D. Leahy en el sentido de que: "el uso de este bárbaro armamento en Hiroshima y Nagasaki no fue de ayuda material en nuestra guerra contra Japón. Los japoneses ya estaban derrotados y listos para rendirse". Le aseguraron a la Casa Blanca que lanzar la bomba a la población no era una necesidad militar. (evidencia documental en The Decision to use the Bomb, Gar Alperovitz, 1996). Para los mandos militares de EU, el estallido de una bomba atómica en un desierto sería una opción suficiente sin necesidad de incinerar a decenas de miles de personas.

El uso de la bomba además de innecesario fue cruel: ambas ciudades estaban repletas de viudas, huérfanos y los hombres en retirada de los campos de batalla. A Truman en los hechos le importó más la transición hegemónica vía una diplomacia de fuerza con la que EU aspiraba impactar el periodo de posguerra mostrando al mundo y a José Stalin, entonces líder soviético, así como a China, que sólo EU poseía la bomba y la utilizaría contra la población. Al terror de Estado atómico siguió una carrera armamentista. En agosto de 1949 la Unión Soviética (URSS) estalló su primera bomba atómica y en agosto de 1953, una bomba H, un arma termonuclear mil veces más destructiva en choque y radiación que la lanzada en Hiroshima. El mundo arribó en lo referido a la modernización y a los sistemas de balística intercontinental a la edad de la destrucción mutua y asegurada (MAD, por sus siglas en inglés).

Después de grandes éxitos militares en su carrera, Douglas MacArthur, arrogante, valiente y popular, sufrió fuertes reveses en varias batallas de la guerra de Corea ante oleadas de soldados chinos mal armados, pero respaldados por la aviación soviética. Humillado, MacArthur propuso a Truman usar 26 bombas atómicas contra China.

La petición fue rechazada por un Truman realista y cauteloso frente al poderío atómico de la URSS. Después ante la fuerte insistencia, mordaces críticas e insubordinación del popular general, en abril de 1951 Truman retira a MacArthur de su comando en lo que es la primera crisis civil-militar públicamente conocida en la historia de Estados Unidos. Para Arrighi, síntoma de declinación hegemónica. Con Trump la ecuación civil-militar podría haber sido letal para el planeta, incluido EU.

El 9 de septiembre de 2021 la prensa informó que el general John E. Hyten, vicepresidente del Estado Mayor Conjunto de EU, advirtió que "una guerra con Rusia y China destruiría el mundo". Agregó que "EU debe encontrar vías para la paz con estos rivales de Oriente". En su presentación en el Brookings Institution, en Washington DC, el general Hyten dijo que con los arsenales nucleares del mundo en aumento y con países mejorando las cabezas nucleares y los cohetes de lanzamiento, existe una necesidad sin precedente de bajar la intensidad de las tensiones y de evitar un armagedón atómico.

El mundo no es "unipolar",-actuar como si lo fuera es letal para la biosfera. Las fuerzas de la multipolarización del sistema son estructurales a lo largo del siglo XX y lo que va del actual.(Ver Gabriel y Joyce Kolko en The Limits of Power, 1972)

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Miércoles, 14 Julio 2021 06:06

Del muro de Berlín al muro de Ucrania

En imagen de 2019, Vladimir Putin (centro) y el presidente de Ucrania, Volodymyr Zelensky (izquierda), al inicio de una sesión de trabajo en el Palacio del Elíseo, en París, Francia. Foto Ap

El muro de Berlín de ayer de la ex URSS frente a Occidente ha sido sustituido hoy por el nuevo muro de Ucrania entre Rusia y el mismo Occidente.

Llamó la atención que el zar Vlady Putin se refiera a las relaciones entre Rusia y Ucrania como un muro, en un extenso artículo en su portal oficial que versa sobre la "Unidad (sic) histórica de rusos y ucranios" (https://bit.ly/3ee0q2N), donde acusa a Occidente de haber interferido en los asuntos domésticos de Ucrania en 2014 con el fin de promover una "rusofobia agresiva".

Aduce que el "muro en las relaciones entre ambas partes, cuya esencia constituye un único espacio histórico y espiritual (sic)" ,en alusión a la religión ortodoxa y como evocación de la "cuarta teoría política" del ideólogo neoeuroasiático Alexander Dugin (https://bit.ly/3yWblWW).

Rememora que los pueblos eslavos orientales –rusos, ucranios y bielorrusos–son “herederos de la antigua Rus, uno de los países más extensos de Europa”, unidos por un lenguaje común, lazos económicos y el reinado de los príncipes de la dinastía Rurik.

Juzga que el líder cosaco Bohdan Khmeinitsky –quien se rebeló contra el condominio polaco-lituano y formó un tratado con el zar de Moscú en 1654– llevó a la reunificación de Ucrania y Rusia, lo cual significó un "punto de inflexión".

Comenta que durante "casi 30 años, el partido comunista de la URSS fue encabezado por los ucranios (¡mega-sic!) Nikita Khrushchev y Leonid Brezhnev" y juzga que –después de haber repasado el colapso del imperio ruso y el protectorado alemán en Ucrania– “la moderna Ucrania es completamente (sic) la creación de la era soviética (…) creada, en gran medida, a expensas de la histórica Rusia”.

De ser una potencia nuclear, aeronáutica, tecnológica y agrícola de primer orden, mientras cooperaba con el Kremlin, hoy "Ucrania es el país más pobre (¡mega-sic!) de Europa". debido a que Estados Unidos y la Unión Europea (UE) empujaron a Ucrania a restringir su cooperación con Moscú mucho antes que en 2014: "Ucrania fue jalada a un peligroso juego geopolítico, cuya finalidad fue convertirla en una barrera (sic) entre Europa y Rusia, como cabeza de puente contra Rusia", lo cual, enfatiza Putin, "nunca (sic) aceptará".

Ilya Tsukanov, del influyente portal Sputnik, expone el papel golpista de la israelí-estadunidense Victoria Nuland, secretaria asistente para Asuntos Europeos y Euroasiáticos de Estados Unidos, y de Geoffrey Pyatt, embajador de este mismo país en Ucrania (https://bit.ly/3hzkYVo).

La toxicidad de Victoria Nuland es legendaria desde Ucrania hasta Centroamérica (https://bit.ly/3AZgwah), cuando se expuso su financiamiento de 5 mil millones de dólares para defenestrar al presidente legalmente elegido Yanukovich, con el fin de imponer al títere Petro Poroschenko, que tiene lazos obscenos con el rusófobo George Soros, mandamás de la Fundación Open Society.

Victoria Nuland perteneció al equipo de Strobe Talbott (ST) –subsecretario de Estado con Clinton, asociado con la revista Time y anterior presidente de Brookings Institution, íntimamente vinculado con George Soros.

Después de la disolución de la URSS, ST tenía como avieso objetivo la balcanización de Rusia.

Después de acusar a la triada EU/OTAN/UE de instigar el golpe contra Yanukovich para instalar a Poroschenko, el zar Vlady Putin detalla la completa dependencia de Ucrania "bajo control externo directo (sic), que incluye la supervisión de consejeros foráneos (sic) sobre las autoridades de Ucrania, sus servicios especiales y sus fuerzas armadas", además del "despliegue de la infraestructura de la OTAN".

¿Cuál habrá sido la razón para que Putin haya sacado a colación la indisolubilidad histórica de Ucrania y Rusia, pese al nuevo muro que ha erigido la tríada EU/OTAN/UE? A lo largo de la historia los muros acaban por ser demolidos. En esta ocasión las tendencias geopolíticas apuntan a que el muro occidental construido en Ucrania no sea tan inexpugnable como pretenden y sea derrumbado como lo fue el muro de Berlín, erigido curiosamente por los ucranios soviéticos Khrushchev y Brezhnev.

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Domingo, 18 Abril 2021 06:25

Última advertencia

Última advertencia

Que los nexos entre Rusia y Estados Unidos no podrían haber caído más bajo es indisputable, aunque tras conocer el reciente paquete de sanciones de Washington contra Moscú queda la esperanza de que aún es posible recomponer la deteriorada relación bilateral y, a la vez, se percibe que la confrontación entre ambos no deja opción: o buscan entendimientos en áreas de interés común, a pesar de mantener sus diferencias en otras, o será inevitable la ruptura definitiva.

Las medidas anunciadas esta semana por Estados Unidos contra Rusia hacen más ruido que daño; son indignantes en lo político, inadmisibles como presión para dialogar, carentes de tacto unos días después de proponer celebrar una cumbre de los dos mandatarios y todo lo que se quiera, pero no afectan de verdad la economía rusa.

Son, de hecho, la última advertencia de lo que puede pasar si Moscú no acepta las reglas del juego que Washington quiere imponerle: para empezar, podría excluir a Rusia del sistema de transferencias bancarias Swift, prohibir que las tarjetas de pago Visa y Mastercard trabajen con bancos rusos o bloquear sectores clave de su economía, como son el petrolero y el del gas natural, por mencionar tres ámbitos en los que las sanciones causarían estragos.

Al mismo tiempo, es quimérico pensar que se puede hablar con Rusia –más débil en lo económico, pero igual de poderoso en términos de arsenal nuclear– desde posiciones de fuerza. El Kremlin jamás va a tomar una decisión que parezca obligada por otro: ni dejará a su suerte las regiones separatistas del sur de Ucrania ni mucho menos devolverá Crimea, ni tampoco pondrá en libertad al opositor Aleksei Navalny ni aceptará cualquier otra exigencia que provenga del exterior y que, si la cumple, se interprete como prueba de que lo hizo contra su voluntad.

La relación entre Rusia y Estados Unidos depende de qué tan lejos esté dispuesto a llegar Washington en materia de sanciones contra Moscú. Mientras, transmitida ya la respuesta rusa a la afrenta más reciente, que por el principio de reciprocidad se sabía inevitable, los diplomáticos de ambos países, sin perder la cara nadie, deben sentarse a negociar la necesaria cumbre de sus presidentes y, de no existir aún condiciones, al menos contribuir a evitar que la creciente tensión termine en hecatombe nuclear.

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Viernes, 11 Septiembre 2020 10:14

Colombia, lava ardiente

Foto: Juan BARRETO / AFP

Septiembre 10. día dos. La explosión volcánica del 9 de septiembre, que le recordó al país la existencia de un intenso conflicto social, estructural, pendiente de resolución, mantiene su ebullición. Las evidencias de la lava, con cenizas, piedras, casquillos de bala, esparcidas por varios sectores de Bogotá, ciudad donde impactó con mayor fuerza, pueden apreciarse sin dificultad por varios de sus barrios.

Aunque desde el alto gobierno, apoyado por los medios oficiosos tratan de calmar al volcán en ebullición, regando agua fría por todos sus contornos, minimizando la violencia cotidiana que ejerce sobre grandes capas sociales, justificando los procederes de la injusticia gubernamental, lo cierto es que el volcán, aunque de día recobra tranquilidad, al llegar el crepúsculo expulsa de nuevo la rabia contenida. En Bogotá, cerca a decenas de CAIs, se congregan numerosas personas que a lo largo del día arengan contra la policía, recordándoles que son “asesinos”. El ambiente es tenso, y con el paso de las horas, la lava salta de nuevo por el aire, estallido de rabia acumulada por tanta violencia y humillaciones sufridas a diario por cientos de excluidos a manos de la policía; violencia también propiciada por las negaciones de que son objeto por parte de la banca, el gran comercio, los gobiernos de todo tipo.

 

 

Pero ahora la lava impacta más allá de Bogotá. Como fuego ardiente que es, cargada de energía, baja por el país para dejar evidencia de su calor vital, incluso, en ciudades como Cali, Medellín, Manizales, Ibagué, alrededor de gran parte de la Sabana de Bogotá (Fusagasugá, Madrid, Chía, El Rosal, Soacha), y otras ciudades menores del interior del país.

Expulsada por el volcán Colombia, montaña con grandes rocas en todos sus alrededores, ahora removidas por el intenso calor, así como sus aguas y tierras internas que como magma quema o deteriora todo lo que toca, en ello buses de Transmilenio, sedes bancarias, supermercados adscritos a grandes cadenas, CAIs motos y patrullas de la policía. Claramente es energía desbordada, impactando contra todo aquello que identifican como parte del poder, de los ricos, de la injusticia. Su fluir, hacia la sima, no busca la puerta del gobierno.

En su afán para contenerla, con métodos que el poder colombiano siempre ha utilizado aunque sin reconocerlo, algunos agentes del Esmad, más civiles camuflados a su alrededor, accionan no solo sus armas antidisturbios, sino también las no permitidas por las convenciones internacionales para contener este tipo de energías, acción registrada por las redes sociales que transmiten los momentos en los cuales los civiles (que también las usan) entregan armas cortas a los uniformados las que una vez accionadas van dejando un río de heridos (209 en todo el país, algunos graves) y hasta 11 muertos reconocidos por la institucionalidad. Las edades de quienes fueron batidos por los homicidas, así como los sitios y la manera como fueron impactados, testimonian la espontaneidad de los sucesos. Realidad reforzada por el afán de saquear, de lograr algo para la casa, ¿o tal vez son provocadores? Solo el tiempo despejará la nube de polvo que por ahora cubre la montaña Colombia.

Protestas en Villa Luz, 10 de septiembre de 2020, Inaldo Pérez-RCN Radio

 

En este bullir de energía volcánica, y de quienes pretenden contenerla, quienes disparan, como lo registran las redes sociales, seguramente piensan como el Coronel aquel que un 5 de noviembre de 1985, en medio del combate por el control del Palacio de Justicia, cuando le preguntaron por su misión, no dudó en responder: “defender la democracia, maestro”. Una defensa en la cual, no importa que hagan todo lo contrario, reventando por sus varios costados la montaña que dicen proteger.

Actúan como lo hace el poder por doquier, que en su afán por prolongar los beneficios de quienes lo usufructúan, desatan todo su potencial para atemorizar, para desmovilizar, para producir caos, para generar miedo. La muerte, las heridas sobre decenas de cuerpos, las golpizas sobre otros muchos, las detenciones de cientos, no son más que su marca, el sello del autoritarismo, de la violación de los derechos humanos, del irrespeto a la vida, del odio contra la diferente, del convencimiento que los embarga que la injusticia es natural.

Son fuerzas accionadas para lo que realmente fueron constituidas: para defender el poder, en todas sus expresiones y manifestaciones. Dicen que se someten en cada ciudad a la autoridad de turno, pero es la simple formalidad, esas fuerzas, policiales, civiles o uniformadas, junto con todo el aparataje militar, son parte sustancial del mismo poder que protegen y no se someten sino a su mando inmediato, la autoridad civil es para mofarse de ella, pese a lo cual esa autoridad es incapaz de denunciar tal evidencia, para educar a la ciudadanía, para insistir en la necesidad que la sociedad misma se haga poder y controle todo aquel aparataje que se coloca por fuera de su control.

El volcán mantendrá su ebullición, tal vez con menor potencia, para irse apagando. Algún día dejará salir de nuevo toda su energía, y tal vez en esa ocasión el poder, a pesar de toda su brutalidad, no logre contenerla.

 

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