Messi y Neymar intentaron interceder para que el partido siguiera su curso.

El partido de fútbol más importante que Sudamérica tiene para lucir ante el mundo iba a jugarse con un contexto extraño de antemano: un domingo por la tarde y, aunque habitual en tiempos de Covid-19, con un ínfimo puñado de público presente, solo 1500 invitados especiales. Pero el escenario del clásico sudamericano más esperado, quizá el más atractivo del mundo, potenciado exponencialmente tras el Maracanazo que le dio a Argentina la Copa América y un título después de 28 años ni más ni menos que en tierras brasileñas, siempre será una vidriera significativa. Lo que sucedió este domingo en el Arena Corinthians de San Pablo, sin embargo, fue que el estadio no fue esta vez globalizada vidriera para un partido de fútbol, sino para algo más. Principalmente, por una razón: no hubo fútbol. El partido que la Selección que conduce Lionel Scaloni debía disputar ante Brasil por la sexta fecha pendiente de las Eliminatorias Sudamericanas, como es sabido, se suspendió en medio de una escena de tintes dramáticos y espectaculares: personajes desconocidos discutiendo con figuras del fútbol mundial sobre el verde césped, fantasmas de jugadores deportados, presuntas declaraciones juradas falsas, cinco minutos de fútbol y más de tres horas de incertidumbre del plantel que ganó la última Copa América, una delegación extranjera en el Brasil gobernado por Jair Bolsonaro.

Scaloni había puesto en cancha al mismo equipo que ganó la última Copa América en el Maracaná, ese certamen polémico desde su origen y de frutos malditos en su final para el Brasil de Bolsonaro, que abrazó su realización ni bien supo que Argentina y Colombia no alojarían el torneo en unos tiempos especialmente duros de la pandemia para la región.

Lautaro Martínez había ganado una pelota a pura presión y el “Cuti” Romero le había quitado limpiamente la bola a Neymar. Esas dos jugadas y no mucho más fueron lo que se pudo ver de Argentina antes de que bajara el telón del fútbol. El partido, visto con la lejanía de unas horas, no fue más que un entremés, un entreacto, de un juego más grande y complejo, todavía confuso e indescifrable, y de múltiples actores.

Las causas de lo que sucedió en el Arena Corinthians se envuelven en una nebulosa de informaciones cuyos actores involucrados no se han encargado aún de detallar con claridad. No se comprende por qué la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria de Brasil (Anvisa) esperó hasta iniciado el partido para interrumpirlo y llevarse a los cuatro futbolistas argentinos (que estaban desde el viernes en su territorio), a quienes había denunciado por aparentemente violar las normas migratorias relacionadas con la pandemia de coronavirus, cuando según el ente ingresaron al país "infringiendo las normas sanitarias" al "declarar supuestamente, en un formulario oficial de la autoridad sanitaria brasileña, informaciones falsas", respecto de su estadía en los últimos 14 días en el Reino Unido. Tampoco la AFA se ha expresado explícitamente sobre la cuestión de tales acusaciones a sus jugadores, aun cuando su presidente Claudio “Chiqui” Tapia aseguró que “acá no se puede hablar de ninguna mentira porque hay una legislación sanitaria bajo la cual se juegan todos los torneos sudamericanos” y recordó que “las autoridades sanitarias de cada país aprobaron un protocolo que venimos cumpliendo al máximo”.

Florencia Carignano, directora nacional de Migraciones, fue una de las autoridades legitimadas en el tema que también desconfió de lo sucedido: “Todas las personas que ingresan a un país, también los jugadores de fútbol, al presentar su pasaporte a las autoridades migratorias, estas tienen las herramientas para trazar su procedencia. Si Brasil consideraba el país de dónde venían los jugadores argentinos como zona de riesgo, más allá del protocolo establecido por la FIFA, podría haber actuado en el momento del ingreso a su territorio. Esperar tres días y meterse en el campo de juego suspendiendo un partido parece más una puesta en escena que una medida sanitaria”.

https://twitter.com/premierleague/status/1430217212112089095

Pero como se ha dicho, aquello del campo de juego no pareció más que un entremés de otras motivaciones y tiempos. Que quizás empezó con la puja que enfrentó a los clubes con la FIFA y aquella decisión de la Premier League, la liga inglesa de fútbol, de avalar a los clubes que no quisieran ceder a sus jugadores para la triple fecha FIFA de Eliminatorias Sudamericanas. O, tal vez, con la determinación encontrada de los dos grandes del fútbol sudamericano: mientras que los argentinos que juegan allí (Emiliano Martínez, Giovani Lo Celso, Cristian Romero y Emiliano Buendía, los cuatro denunciados por el gobierno brasileño) desoyeron el alerta británico y se sumaron al plantel de Scaloni, Tité optó por desafectar de su convocatoria a los que que militan en Inglaterra, incluidos entre ellos Thiago Silva, Firmino, Gabriel Jesus y Richarlison.

O quizás, la cuestión escaló, en realidad, como un despliegue simbólico más de la avanzada de Bolsonaro contra el poder judicial, con el que se ha ensañado en el último tiempo, acorralado entre los efectos de su manejo de la pandemia y las elecciones del año que viene. No parece casual lo que vendrá luego de lo sucedido con el clásico sudamericano, allí donde el gobierno de Brasil actuó ante el mundo como "defensor de su pueblo", contra la supuesta "transgresión argentina": mañana 7 de septiembre, Día de la Independencia en Brasil, esperan programadas masivas movilizaciones de simpatizantes del mandatario contra los magistrados de la Corte y con el fin de promover la intervención del Ejército en el Supremo Tribunal Federal, marchas que el propio presidente animó. “Dudo que esos uno o dos que osan desafiarnos, que desafían a la Constitución y no respetan al pueblo brasileño no vuelvan a su lugar; quien da el ultimátum no soy yo, es el pueblo brasileño”, amenazó Bolsonaro el último viernes. Su hijo, el senador Flavio Bolsonaro, fue el que apuntó ante la “transgresión” en el Arena Corinthians: “Los argentinos jugaron malas pasadas. Sabían que estaban infringiendo la ley brasileña, impidieron que Anvisa se fijara en ellos y, a la fuerza, subieron a 4 (jugadores) de Inglaterra. Argentina debería ser severamente castigada”.

La AFA publicó una foto a las 21.19 del plantel ya subido en un avión rumbo a Argentina. Lo que suceda a nivel futbolístico, la Conmebol dijo que lo definirá la FIFA, pues es su área de arbitraje la clasificación rumbo al Mundial de Qatar 2022. No está claro, con la ilusión futbolera de ver brillar a Lionel Messi ante la verdeamarelha todavía tibia y escéptica, escenario de qué fue el campo de juego corinthiano en la tarde en la que lo único que brilló fue justamente el fútbol, pero por su ausencia. El ingreso intempestivo de las autoridades sanitarias a la arena paulista parece ir perdiendo a cada hora que pasa su tono de sorpresa, para dejar paso a lo que sí parece la mayor puesta en escena: el sorpresivo interés sanitarista de un gobierno que desdeñó desde sus comienzos al coronavirus, tildando la enfermedad de “gripezinha” y enarbolando la bandera negacionista hasta convertirse en el segundo país con más muertos a causa de la pandemia.

05/09/2021

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Fútbol y hegemonía. De la Superliga al fútbol popular

El fútbol es el opio del pueblo. Tras esta sentencia seudomarxiana, aparentemente tajante, se esconden múltiples contradicciones. El fútbol, como el deporte en general, formaría parte de lo que Althusser denominaba “aparatos ideológicos del Estado”, reflejando los valores de la clase dominante (competitividad, individualismo, éxito a cualquier precio), y contribuyendo a asentar y extender su hegemonía en la vida diaria. Sin embargo, el carácter social de este deporte lo convierte también, con todos sus claroscuros, en un reflejo de valores alternativos (valoración de lo colectivo sobre lo individual, solidaridad, apoyo mutuo) y un instrumento, como el ocio, para la construcción de alternativas populares. Esta contradicción entre el carácter plebeyo del fútbol y su apropiación por las élites en el marco de una economía capitalista provoca numerosos equívocos entre la izquierda. Da pie a un cierto elitismo, muchas veces condescendiente, que desconfía del llamado deporte rey por su poder narcótico sobre las masas, por la masculinidad tradicional asociada a este deporte, por todo el obsceno negocio que mueve a su alrededor.

Sin embargo, alguien poco sospechoso de embrutecimiento intelectual como el propio Antonio Gramsci, en su artículo “El fútbol y el juego de la escoba” (1918) invitaba a los trabajadores a frecuentar los estadios frente a las tabernas y reivindicaba el fútbol como símbolo de modernidad frente a la degradación de los “juegos de cartas”. Contemplaba un partido de fútbol como emblema de la democracia porque se juega a cielo abierto y a los ojos del público, “el reino de la libertad humana al aire libre” (Gramsci, 2009).

Desde nuestro punto de vista, el fútbol es un campo de disputa, en el que la hegemonía de la clase dominante se puede ver cuestionada por los valores de las clases subalternas. Se trata, por tanto, de un ámbito más de la lucha de clases, y su desarrollo histórico responde a los avances y retrocesos en este proceso.

Orígenes y evolución del fútbol, un juego reapropiado por el neoliberalismo

El 4 de enero de 2017, los seguidores del Club Africano de Túnez desplegaron una pancarta en un partido contra el Paris Saint-Germain que rezaba: “Creado por el pobre, robado por el rico”. En pocas palabras se describía la trayectoria del deporte más popular del mundo.

Lo cierto es que el fútbol, en su origen, fue creado por las élites británicas, pero se vio rápidamente conquistado por las clases trabajadoras a la par que se arrancaba una conquista de la lucha, el fin de semana. Aparecía así como un espacio de ocio y sociabilidad de la clase obrera, “un juego de caballeros disputado por villanos”, como reza el célebre aforismo anglosajón. De hecho, el origen de muchos clubes tiene mucho que ver con la fábrica, como es el caso del Manchester United, fundado por ferroviarios, o el West Ham, por trabajadores del puerto de Londres.

El fútbol se transformó en una vía para salir del ambiente viciado de la fábrica, para trabajar en equipo e, incluso, para algunos trabajadores, en un medio para mejorar sus condiciones de vida. Todo ello bajo la mirada cada vez más despectiva de las clases dominantes, que observaban la identificación de la clase trabajadora inglesa con el fútbol en un marco social y político que simultáneamente encasillaba a la clase media en la práctica de otros deportes como el cricket, el rugby y el tenis. Estos orígenes y el debate sobre el falso amateurismo defendido por la aristocracia británica quedan bien reflejados en la serie de Netflix “Un juego de caballeros”.

A través de las relaciones comerciales tejidas por los ingleses, el fútbol se fue extendiendo por todo el mundo a finales del siglo XIX, convirtiéndose en un espacio de ocio con fuertes vínculos simbólicos y orgánicos con el movimiento obrero. Véase el caso de Argentinos Juniors, club porteño que procede del equipo Mártires de Chicago, fundado por obreros socialistas argentinos en homenaje a las víctimas de Haymarket.

A lo largo del siglo XX se crearon fuertes vínculos entre equipos de fútbol y ciudades o barrios obreros

De esta forma, a principios del siglo XX, el fútbol comenzó a formar parte esencial de la cultura obrera y asociativa, y de su tiempo de ocio, tanto en el césped como en las gradas. La clase obrera fue conquistando este espacio de manera paralela a la conquista de sus derechos, como el derecho al descanso dominical. El fútbol se convirtió así en el espacio de ocio y sociabilidad central de la clase obrera durante el fin de semana, una liturgia alternativa a la de las iglesias, estableciendo una comunión en las gradas.

Por eso las élites desconfiaron del fútbol, porque consideraron que un deporte que creían les pertenecía por derecho se transformaba en el deporte plebeyo de masas por excelencia. Debido a ese carácter plebeyo, el fútbol acabó convertido en algo más que goles y fueras de juego, devino un espacio de resistencias, de antirracismo, de anticolonialismo, de reivindicaciones de nación, de género y de clase. Un espacio de permanente disputa, tal como lo entendió el fascismo intentando instrumentalizarlo (véase el caso del Mundial organizado y ganado por la Italia de Mussolini en 1934). Un espacio complejo y contradictorio, de avances y retrocesos, tal y como le ocurrió al emergente fútbol femenino en el primer tercio del siglo XX en Francia y Gran Bretaña, que ante su éxito fue visto como una amenaza a los valores femeninos consagrados por la burguesía y, por tanto, se vio primero marginado y finalmente perseguido y desterrado.

A lo largo del siglo XX se crearon fuertes vínculos entre equipos de fútbol y ciudades o barrios obreros; la identificación con el club formaba parte de los imaginarios de esa cultura obrera, y esta identidad impregnaba de valores a la propia estructura del club. Por ejemplo, es muy conocido el caso del Liverpool, relatado por su exjugador Michael Robinson: “En el Liverpool está prohibido exteriorizar que tienes dinero. No puedes tener un coche opulento porque se entiende como una afrenta a la afición que trabaja duro para poder entrar en Anfield. A Robbie Fowler le hicieron devolver un Ferrari amarillo” 1/.

A finales del siglo XX, en paralelo con la contrarrevolución neoliberal de Thatcher y Reagan, las élites intentaron recuperar el fútbol como instrumento de control social, disciplinando el estadio, distanciando al aficionado, e imponiendo sus valores individualistas y mercantilistas a los equipos, convertidos en marcas que compiten en un mercado global. Los precios de las entradas se hicieron cada vez más caros (entre 1990 y 2008, el precio medio de una entrada de fútbol subió un 600% en Inglaterra). Los estadios, que antes eran centros de comunidad, acaban convertidos en centros comerciales que llevan el nombre de alguna multinacional de telefonía o aerolínea de Emiratos del Golfo. En su programa para el futuro del fútbol, la Federación de Fútbol afirmó que este debe atraer a “más consumidores pudientes de clase media” 2/.

El tránsito desde el fútbol como deporte popular al fútbol como negocio se ha visto acelerado en el siglo XXI. Ha habido una transformación, en paralelo con la derrota del movimiento obrero y la destrucción de las culturas obreras, en la que el deporte se ha convertido en un negocio y en un vehículo cultural neoliberal al servicio de la idea del éxito a cualquier precio. El peso de la afición en los clubes cada vez es menor, como bien dice Marcelo Bielsa, “el mundo del fútbol cada vez se parece más al empresario y menos al aficionado”.

El capitalismo, por tanto, capaz de convertir en mercancía cualquier aspecto de nuestras vidas, y por supuesto también la sociabilidad y el ocio, en su deriva neoliberal, se ha apropiado del mundo del fútbol con equipos que funcionan como multinacionales que cotizan en bolsa. Los jugadores se convierten en mercancías que generan millonarios ingresos por publicidad y cuantiosas comisiones a fondos de inversión que se hacen con sus derechos, utilizándolos como si fueran acciones en el mercado de valores. El arraigo del equipo con la comunidad deja de existir, solo cuenta el dinero, como muestran de forma descarnada los partidos sin público celebrados durante la pandemia. Uno de los ejemplos más grotescos de la aparición de clubes franquicia que funcionan como meras firmas comerciales es el del R.B. Leipzig alemán. La multinacional de bebidas Red Bull, que además posee otros cuatro equipos en Austria, Brasil, Ghana y EE UU, se hizo con el equipo local, el SSV Markranstädt, cambió su nombre por el de la empresa (Rasen Ballsport oficialmente, pero con las siglas R.B. de RedBull) y a golpe de talonario lo fue ascendiendo desde Quinta División hasta jugar la Champions League y alcanzar el subcampeonato de la Bundesliga. Eso sí, en cada partido como visitante tiene que soportar las iras de las aficiones rivales, que protestan contra este producto de marketing que representa todo lo contrario a transparencia, historia y participación de las aficiones.

La Superliga como expresión más cruda del fútbol negocio

Es en este contexto en el que surge la propuesta de Superliga, auspiciada por Florentino Pérez, presidente del Real Madrid y dueño de una de las mayores empresas constructoras del mundo, ACS, contando con el apoyo financiero del banco estadounidense J.P. Morgan. Inicialmente doce clubes de fútbol (Real Madrid, Barcelona, Atlético, Milán, Arsenal, Chelsea, Inter, Juve, Liverpool, Manchester City, Manchester United y Tottenham) lanzaron la idea, largamente acariciada, de crear una Superliga europea,  un club exclusivo y elitista de quince equipos que se repartirían el pastel del negocio, en una nueva vuelta de tuerca en la mercantilización del fútbol y su alejamiento de las clases populares. Un fútbol de ricos y para ricos. Una propuesta vendida con un discurso que explicita de forma directa los valores del neoliberalismo hegemónico con estas palabras de Florentino Pérez: “Si los de arriba tenemos dinero, fluye hasta todos”.

Fueron realmente las aficiones las que hicieron descarrilar el proyecto la misma semana de su anuncio

La propuesta desató una oleada de indignación, con el antagonismo de las organizaciones que dirigen las ligas nacionales europeas, la UEFA y la propia FIFA, llegando a escandalizar incluso al ministro de Cultura del Reino Unido: “Si la Premier y la UEFA no actúan, lo haremos nosotros”, declaró. Contrasta con la respuesta tremendamente laxa que dio el Gobierno español, en boca de José Manuel Franco, presidente del Consejo Superior de Deportes: “Es prematuro pronunciarse, vamos a escuchar primero a todas las partes”. Pero ni gobiernos ni estamentos futbolísticos seudomafiosos, con sus amenazas, consiguieron enterrar la Superliga. Fueron realmente las aficiones las que hicieron descarrilar el proyecto la misma semana de su anuncio, especialmente las de Chelsea y Liverpool, que salieron a las calles haciendo presión para que sus clubes se retiraran de la Superliga. Se puso de manifiesto esa relación contradictoria y compleja entre clubes en manos de fondos de inversión estadounidenses (como el Liverpool) o de magnates del gas sionistas (como Roman Abramovich, dueño del Chelsea) y aficiones formadas por clases populares que no aceptan que les roben su equipo en nombre de intereses económicos. También es un reflejo de la  capacidad movilizadora que aún tiene el fútbol, de su capacidad para generar identidades y repertorios de intervención política y social. De hecho, esta movilización del fútbol británico a raíz de la fracasada Superliga tuvo continuidad en la toma del estadio del Manchester United, Old Trafford, por parte de seguidores que pedían que los dueños estadounidenses, los Glezer, abandonaran el club y que este volviera a manos de sus socios.

Pero, en este caso, también debemos tener en cuenta las tensiones intracapitalistas que se dan en el marco del fútbol negocio, la lucha intestina por salvar beneficios amenazados, como reflejó de forma cruda el propio Florentino Pérez: “Hacemos esto para salvar el fútbol, que está en un momento crítico”. El órdago de la Superliga, fracasado de momento, forma parte de un conflicto entre élites financieras con vínculos políticos ante unos ingresos menguantes. Desde luego, estructuras clientelares y corruptas como la UEFA o la FIFA , con dirigentes procesados y encarcelados, no son ni mucho menos salvaguardas de la pureza del deporte rey frente a los doce clubes europeos que exigieron una parte mayor del pastel del fútbol negocio, sino responsables directas de su mercantilización.

Sin ir más lejos, la FIFA ha entregado la organización del Mundial de fútbol de 2022 a Qatar, un Estado de dudosas credenciales democráticas y nula tradición futbolística, a cambio seguramente de cuantiosos sobornos y comisiones. Además, según el diario The Guardian, en la construcción de los estadios para este evento han fallecido 6.500 trabajadores, todos ellos migrantes 3/. Podemos imaginar las condiciones en las que trabajaron, a más de 50 grados y sin ningún tipo de medida de seguridad. Los petrodólares se lavan con sangre.

Este ejemplo de degeneración del fútbol en manos de dirigentes para los que el calificativo de sátrapa se queda corto, resulta tan escandaloso que incluso un campeón del mundo con Alemania, como el jugador del Real Madrid Tony Kross, denunció las condiciones laborales en este país cuestionando la decisión de organizar un Mundial allí, y la federación noruega de fútbol propuso un boicot a la celebración de este Mundial. Sería interesante extender esta idea del boicot como denuncia de este modelo y lanzar una campaña de movilización entre clubes, jugadores y aficiones que visibilice la otra cara de este Mundial.

Alternativas: el fútbol popular, la democratización del fútbol y la construcción de comunidad frente al fútbol negocio 

En este panorama de fútbol globalizado e hipemercantilizado, ¿es posible imaginar alternativas? Hay contraejemplos que ponen sobre la mesa que otro fútbol es posible. Los clubes de fútbol popular autogestionados están cobrando un cierto auge en el fútbol español en los últimos tiempos como alternativa al fútbol negocio. Estos clubes se definen por su carácter asambleario, horizontal y democrático, cada socio es un voto y se toman decisiones sobre todos los aspectos, desde los fichajes hasta los patrocinios. Un ejemplo práctico de cómo la democracia se puede extender a todas las relaciones sociales. También se caracterizan por su conexión con el territorio y las clases populares, ya que en muchos casos se trata de clubes de barrio que ayudan a construir comunidad y transmitir valores a través de iniciativas antirracistas, antihomófobas o solidarias.

Los ejemplos son múltiples y diversos: Ceares, Unionistas, Ourense, Orihuela, Independiente de Vallecas, Ciudad de Murcia, Xerez, Rosal de Oviedo. Todos tienen en común que representan un deporte desde abajo frente al deporte mercantilizado, son propiedad de sus socios, no de constructoras, bancos o inmobiliarias. Es cierto que su número es pequeño, que son experiencias incipientes y que está por ver si el modelo se puede mantener con el ascenso a categorías superiores, pero el movimiento que se genera en torno a estos equipos, con una importante capacidad de arrastre a nivel local, con miles de socios y aficionados, con la capacidad de tejer redes, marcan el camino hacia un modelo alternativo de fútbol, máxime teniendo en cuenta que algunos de ellos surgen de las ruinas de históricos arruinados por seguir el modelo del fútbol negocio. Podrían jugar un papel similar al de la llamada economía social, como es el caso de las cooperativas, lo que muestra sus posibilidades pero también sus límites en el marco de una economía capitalista. En cualquier caso, contribuyen a generar la conciencia de que otro fútbol es posible, lo cual no es poco. 

También nos genera optimismo mirar hacia América Latina, donde el fútbol es casi más que una religión, que puede actuar como un factor de movilización e irrupción de masas en procesos constituyentes o incluso como contrapoder. Es el caso de Chile, en cuyas revueltas de 2019 fue destacado el papel que jugaron las aficiones del Colo Colo (con un importante grupo de mujeres organizadas) o Universidad de Chile. En el proceso que llevó a la elección de una Convención Constitucional participaron colectivos de aficionados organizando asambleas en las que se discutía desde el cambio de modelo de gestión de los clubes hasta un nuevo modelo político y social para el país. Mientras escribo estas líneas, plataformas de aficionados de los distintos clubes de Colombia participan en la primera línea de la revuelta contra la reforma tributaria del gobierno oligárquico de Iván Duque.

El fútbol actúa como vector de movilización, como tuvimos ocasión de comprobar durante la Primavera Árabe de 2011. Los ultras de clubes de fútbol egipcios como el Al Ahly estuvieron a pie de calle en las luchas que derribaron a Mubarak. El régimen nunca se lo perdonó y, en 2012, 72 de ellos fueron masacrados en el estadio de PortSaid. Las revueltas contra Erdogan del Parque Gezi consiguieron algo inédito, hermanar a las aficiones rivales de los tres grandes clubes de Estambul en la reivindicación de democracia: Fenerbahce, Galatasaray y Besiktas. Este mismo año, los jugadores de la selección de Myanmar participaron en las manifestaciones contra el golpe de Estado, llevando balones incluso, y decidieron renunciar a jugar en el combinado nacional mientras siga en el poder la Junta Militar: “Solo jugaremos en la calle mientras no consigamos la democracia” 4/.

El fútbol a pie de calle nos enseña el poder de este deporte. En los descampados de Senegal o en las playas de Brasil se desarrollan campeonatos alternativos de un fútbol desde abajo que llegan a tener más popularidad y a congregar más seguidores que las competiciones oficiales. Un ejemplo de que bajo la superficie, subterráneamente a ese fútbol mainstream de Superligas, FIFAs y UEFAs, el fútbol mantiene ese carácter esencial de disfrute, de elaboración colectiva y descaro plebeyo que nos remite a sus orígenes y que a pesar de la capacidad depredadora del capital, no nos podrán robar.

Que el fútbol moderno, o al menos la parte más visible y superficial de este fenómeno, está al servicio de las élites y del mantenimiento del statu quo es algo innegable. Pero también lo es que este deporte es un poderoso altavoz para las luchas de las clases populares que –y los diversos espacios, costumbres e instituciones que lo conforman– nos brindan múltiples oportunidades para la construcción de alternativas comunitaristas o para el ensayo de prácticas culturales contrahegemónicas. El deporte es un campo de disputa. Las canchas, trincheras desde las que imaginar y luchar por otro mundo posible.

Por Xaquín Pastoriza

19 agosto 2021 | VientoSur nº 176,

Xaquín Pastoriza es historiador y miembro del Consejo Asesor de viento sur

Notas

1/“La leyenda del Liverpool contada por Michael Robinson” en  Mundo Deportivo, 29/04/2019.

2/Jason Cowley, “The Last Game: Love, Deathand Football”, Londres, 2009. Citado en  Chavs, Owen Jones.

3/“Revealed: 6,500 migrant workers have died in Qatar since World Cupawarded”, en  The Guardian, 23/02/2021

Referencias

Colectivo Lucha de Pases, “Trincheras en la cancha”, artículo en El Salto, enero de 2018.

Correia, Michael (2019) Una Historia popular del fútbol. Asturies: Hoja de Lata.

Fernández, Brais y Pastoriza, Xaquín, “La Superliga europea o cómo el capitalismo sigue robándonos el fútbol”, disponible en: https://vientosur.info/la-superliga-europea-o-como-el-capitalismo-sigue-robandonos-el-futbol/.

Gramsci, Antonio (2009) Bajo la Mole: fragmentos de civilización. Madrid: Sequitur.

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 Nasser Al-Khelaifi, presidente del PSG, presenta a Messi en París.. Imagen: EFE

La geopolítica detrás de la contratación de la estrella del fútbol

Qatar es el principal exponente del sportswashing, un concepto acuñado en 2015. Es el intento de utilizar al deporte como un lavado de cara, algo que muchas naciones realizaron en los últimos años.

En el distrito XVI de París, a once minutos en Metro desde la Torre Eiffel, el Parque de los Príncipes es la sede del primer club-Estado de la posmodernidad.Un nuevo concepto de la geopolítica que hizo posible el PSG de Messi, Neymar y Mbappé. Detrás de este rey Midas futbolístico hay un emirato tan rico como diversificado en inversiones por todo el planeta: Qatar. De 11,571 km cuadrados - casi la mitad de la superficie de Tucumán - tiene uno de los ingresos per cápita más altos del mundo y la tercera reserva de gas.

Su fondo soberano, el QSI, pone la plata que haga falta para practicar el sportswashing, un concepto acuñado en 2015. Es el intento de utilizar al deporte como un lavado de cara, algo que muchas naciones realizaron en los últimos años. Rusia organizó el Mundial de la FIFA e Israel el Giro de Italia que partió de Jerusalén en 2018, Azerbaiyán la final de la Europa League en 2019 y Arabia Saudita programó para diciembre próximo su Gran Premio de Fórmula Uno en Jeddah. ¿Qué tienen en común estos eventos? Se dan cuando determinados gobiernos reciben críticas de organismos internacionales por violar los derechos humanos. Qatar lidera esta política de enjuague. Ya fue la sede de los mundiales de handball (2015), atletismo (2019) y en 2022 recibirá al de fútbol.

Reino de contrastes

El emirato tiene contrastes notables. Cuando sus vecinos - las demás monarquías del Golfo Pérsico- lo acusaban hasta hace poco de financiar el terrorismo, mantuvo una base aérea de Estados Unidos en su minúsculo territorio a 30 kilómetros de Doha, su capital. En 2016 se lanzaron desde ahí operaciones contra el Estado Islámico en Irak y Siria. Al Udeid no es cualquier instalación militar. Contiene al Centro de Operaciones Aéreas Conjuntas (CAOC, por sus siglas en inglés) de EE.UU, vital para sus operaciones de inteligencia en la región.

La familia gobernante qatarí ya cruzó tres siglos en el poder. Cuando el régimen del emir Tamim bin Hamad Al Thani fue aislado por el bloqueo del reino saudí – levantado en enero de este año – se recostó en una alianza con Irán y Turquía. Tampoco resignó su política de inversiones explosivas ni su alto perfil de jugador global. Incluso mantuvo a su cadena de noticias Al Jazeera, cuyo cierre le exigían sus vecinos porque la acusaban de haber alentado la Primavera Árabe que acabó con gobiernos como los de Tunez, Egipto y Libia.

Qatar se salió con la suya, no acató ninguna de las trece exigencias de la monarquía saudita y ésta admitió su derrota diplomática. En ese entramado de aparentes piezas sueltas, y muy lejos del Golfo Pérsico, el PSG se transformó con el tiempo en su principal producto de cosmética. Lo utilizó como un lápiz labial para escribir su historia en el corazón cultural – y ahora, gracias a Messi-, epicentro futbolístico de Europa.

De tenista a magnate

Nasser Al-Khelaïfi, NAK para sus amigos, es el presidente del París Saint Germain, un qatarí sin títulos de nobleza pero amigo del emir Al Thani. De un discretísimo nivel como tenista profesional – llegó a estar en el puesto 995° del ranking ATP en 2002 – escaló hasta manejar el Qatar Sports Investments (QSI). El Fondo que hará posible pagarle el contrato a Messi por 40 millones de euros al año, en un vínculo por dos temporadas con opción a una tercera.

“Si firmamos con Messi es porque tenemos la capacidad de hacerlo” respondió NAK cuando le hicieron la pregunta incómoda que viene escuchando desde que maneja al PSG. Al empresario lo persiguen las sospechas de falta de transparencia financiera. Tanto o más que las acusaciones recibidas por el emirato por explotación despiadada contra los trabajadores en las obras del Mundial 2022. Hay quienes denunciaron la contratación de Messi en la Justicia francesa. El abogado Juan Branco, defensor de Julian Assange y de una peña del club Lyon – rival en la Liga del PSG – dijo: “La Liga de Francia decidió posponer a 2023 las sanciones a los que no cumplen esas reglas, o sea después del mundial de Qatar. Hasta entonces el PSG puede hacer lo que le dé la gana, mientras que el Barça tiene que acatar esa normativa”.

Trabajo esclavo

Lo que gasta el club-Estado en refuerzos para su plantel lo pudo haber ahorrado Qatar en la construcción de sus estadios para la Copa del Mundo. Las acusaciones contra el emirato por trabajo esclavo surgieron cuando se conoció la Kalafa. Así se llamaba el régimen jurídico que rigió hasta 2015 y permitía a las constructoras tomar migrantes por cinco años o más, aunque bajo una condición: los asalariados debían pedirles permiso para cambiar de empleo o salir del país. Sometidos a la voluntad de los desarrolladores que, en muchos casos, les retenían el pasaporte. Las denuncias por falta de pago también abundaban.

Una de ellas partió desde la ciudad donde nació Messi. La Fundación Argentina para la Democracia Internacional tiene su sede en Rosario y llegó hasta el Papa Francisco con un informe sobre Qatar en 2017. Entre sus acusaciones figuraban que los inmigrantes vivían hacinados en precarias viviendas, rodeados por moscas y cucarachas y en condiciones higiénicas lamentables. También sostenía que no existían sindicatos que los defendieran. “Ahí pude ver, apilados y amuchados, a cientos de los obreros de la construcción que llegan mayormente desde India, Nepal, Bangladesh, aunque también los hay de Sri Lanka, Filipinas o Uganda. No se ven mujeres. Sólo hay hombres, sólo fuerza de trabajo” contó el periodista argentino Santiago Menicheli, uno de los pocos que comprobó in situ lo que pasaba en el emirato.

El último 1° de mayo en Qatar, su ministro de Desarrollo Administrativo, Trabajo y Asuntos Sociales, Yousef bin Mohamed al-Othman Fakhroo, se ufanó de los “incansables esfuerzos encaminados a promover y proteger los derechos de los trabajadores”. Una de las medidas que tomó el emirato fue interrumpir las actividades laborales si la temperatura supera los 32,1 grados al aire libre e impuso la obligación de los controles de salud anuales.

A casi siete horas de vuelo de Qatar, en las calles de París donde ya se vendieron más de un millón de camisetas de Messi con el número 30, Al-Khelaïfi se acerca a cumplir una década al frente del PSG. Asumió como presidente del Fondo QSI en junio de 2011 y el 7 de octubre de ese año llegó al club francés. Durante su mandato invirtió alrededor de 1300 millones de euros y su poder creció hasta integrar el comité ejecutivo de la UEFA (Unión Europea de Fútbol).

Según el británico Simón Chadwick, profesor de Geopolítica Económica del deporte, “los comentarios sobre Messi, la venta de camisetas y los acuerdos con patrocinadores son necesarios, ya que Qatar es un estado rentista. Sin embargo, esto refleja típicamente la noción neoclásica de lo que es el negocio del fútbol. El fútbol del siglo XXI es ahora una economía geopolítica en la que el ROI (Índice de Retorno de la Inversión) se mide en algo más que términos financieros”.

Kagame

Es tan amplio el universo de negocios y tráfico de influencias que promueve la llegada de Messi al PSG, que hasta un pequeño país africano potenció su campaña de turismo junto a los colores del equipo francés. Visite Ruanda, se lee en la espalda de la camiseta desde 2019. Qatar es uno de los inversores más fuertes en esa nación donde se cometió el último genocidio del siglo XX. Hace un tiempo, su presidente Paul Kagame, le asignó la construcción del nuevo aeropuerto de Kigali. Las visitas al Parque Nacional de los Volcanes donde hay un santuario de gorilas son el máximo atractivo del país. Neymar y otros futbolistas ya lo promocionaron antes de la llegada de Messi. “This is Rwanda”, dijeron a cámara en un inglés forzado para el spot publicitario.

Por Gustavo Veiga

14/08/2021

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Domingo, 15 Agosto 2021 05:22

Las Juegas Olímpicas

Corredoras preparadas para tomar la salida en una pista de atletismo. PIXABAY

El barón tenía un plan y un bigote larguísimo y necesitaba contar su plan a otros señores de bigotes larguísimos. Acuciados por la inminente llegada del siglo XX, los hombres se escuchaban unos a otros con reverencia, pues les gustaba aparentar que todas sus ideas eran geniales. Por eso, cuando Pierre de Coubertin les habló de la posibilidad de estrenar una competición que aunase los valores del deporte, la paz y la comprensión entre los pueblos, algunos se entusiasmaron y otros no las tenían todas pero no se atrevieron a negarse. Así fue, a grandes rasgos, como decidieron dar inicio a los Juegos Olímpicos modernos.

Esos hombres de ideales nobles y mirada limpia no querían pasarse de modernos, por lo que resolvieron que las damas quedaran al margen de las Olimpiadas. Por favor, no crean que actuaron así movidos por el machismo ya que, como suele suceder con los misterios a priori inescrutables, había una explicación: alguien tenía que aplaudir a los atletas y otorgarles un trofeo al terminar sus gestas, y quién mejor que las mujeres.

Contra todo pronóstico, no se resignaron a ese papel simbólico. Las muy obtusas quisieron correr, saltar, nadar y trotar como los hombres y por eso cuatro años después se les permitió tomar parte, de forma no oficial, en un par de deportes aptos para señoritas con la esperanza de que se callasen de una vez. Cualquier persona con sentido común se habría conformado pero las mujeres, ya se sabe. Tanto dieron la tabarra que en 1928 concurrieron oficialmente a los Juegos y se les abrieron las puertas a seis disciplinas, además de cinco modalidades de atletismo. ¿Tuvieron suficiente? No. Siguieron erre que erre hasta que les permitieron participar en todas las disciplinas, capricho que se les otorgó en poco más de un siglo. Cien años de nada.

"Por fin se habrán quedado a gusto", pensarán ustedes. Qué va. En los Juegos que acabaron hace unos días se mostraron más subiditas que nunca y algunas llegaron incluso a olvidar que su principal misión como atletas es alegrar la vista del espectador. Es el caso de las jugadoras de balonmano playa noruegas, que se enfurruñaron porque no querían competir en bragas. Su Federación, lógicamente, les impuso una multa que las habrá dejado bien domaditas, de todos es sabido que no hay nada como la represión irracional para que la gente se conforme con lo que sea.

Otras atletas insisten en recordarnos que de vez en cuando llevan a cabo acciones de dudoso gusto como menstruar, quedarse embarazadas, abortar, parir o amamantar. Tremendo descaro el de Ona Carbonell, que solicitó presentarse en Tokio con su hijo de pocos meses para no verse obligada a interrumpir su lactancia. Los miembros del COI, comprensivos, concedieron el permiso para que el bebé viajase a Japón con la condición de que permaneciese tres semanas encerrado con su padre en la habitación de un hotel, a lo que la nadadora se negó porque las mujeres, y sobre todo las madres, son unas tiquismiquis.

Algunas han intentado pasarse de la raya. El lema olímpico más alto, más fuerte, más rápido está bien para los hombres pero cuando se trata de las chicas conviene marcar unos límites, ya que la naturaleza, otra insensata, a veces se equivoca. Por eso, si una se excede con el Citius, Altius, Fortius, se la somete a un test para certificar que es, efectivamente, una mujer. Uno de los casos más sonados es el de Caster Semenya, y los de las namibias Christine Mboma y Beatrice Masilingi, a las que se ha impedido competir en Tokio, son dos de los recientes. Hay unas cuantas perjudicadas y casi todas (siéntense, no les vaya a dar un soponcio con la sorpresa) son mujeres no blancas.

Entre todo el batiburrillo de ingratas, atrevidas, gruñonas y lloricas, sale Simone Biles y, boom, pone sobre la mesa el tema de los cuidados y la salud mental. La audacia. ¿Desde cuándo competir por un deporte tiene que ver con la salud? ¿Cómo que hay que cuidarse?

Con la finalidad de recordar a las chicas cuál es su sitio, algunos diarios patrios nos han ido regalando titulares para que nos quede claro que el éxito deportivo de una mujer nunca es completamente suyo: siempre tienen a mano un hombre al que admiran, un entrenador, un novio y hasta un exnovio al que deben sus logros. Menos mal que alguien les echa el freno. Imagínense unos Juegos en los que los bebés pudiesen permanecer al lado de sus madres, las mujeres demostrasen ser atletas extraordinarias sin dejar por ello de ser mujeres, las curvas de las participantes no formasen parte del negocio, y la salud y el bienestar de las y los participantes estuviese por encima de los récords mundiales. Si presenciamos ese sindiós en un futuro, capaces son de renombrar los juegos del pobre barón de Coubertin, que podrían pasar a denominarse Juegas Olímpicas.

 

Por Otis Corona

15/08/2021  

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La ciclista Olivia Podmore en los Juegos Olímpicos de Río en 2016. — ERIC FEFERBERG / AFP

La ciclista, que no pudo clasificarse para los Juegos Olímpicos de Tokio, explicaba cómo el deporte era  "una lucha muy gratificante", pero no alcanzar las expectativas era "una sensación muy diferente".

 

La presión de los deportistas de alto rendimiento se ha convertido en bandera estos Juegos Olímpicos de Tokio. Ahora, el mundo del deporte se viste de luto por la pérdida de la ciclista Olivia Podmore, que todavía sin confirmar apunta a un suicidio. 

Primero, la tenista Naomi Osaka abandonó Roland Garros porque enfrentarse a los medios de comunicación dañaba su salud mental, después Simone Biles se retiró de varias pruebas en los Juegos Olímpicos de Tokio por la presión, y hace apenas unos días la jugadora de baloncesto Marta Xargay denunció al exseleccionador femenino Lucas Mondelo por causarle bulimia y ortorexia. De esta forma intermitente no dejan de salir a la luz casos en los que la salud mental se ve perjudicada por la presión deportiva.

Olivia Podmore tenía 24 años, formaba parte del equipo de ciclismo neozelandés desde 2015 y participó en los Juegos de Río donde sufrió un choque con la española Tania Calvo. Consiguió el tiempo mínimo para asistir a las Olimpiadas de Tokio, pero no la seleccionaron para el equipo.  

Podmore escribía en Instagram unas horas antes de su muerte: "El deporte es una salida increíble para mucha gente. Una lucha muy gratificante. El sentimiento cuando ganas no se puede comparar a cualquier otro, pero las sensaciones cuando pierdes, cuando no eres elegido ni te has clasificado, cuando te lesionas, cuando no cumples con las expectativas de la sociedad, como tener una casa, casarte, tener hijos porque lo has intentado dar todo por tu deporte, esas sensaciones también son diferentes". Este mensaje fue borrado a posteriori

Las condolencias llegan de todos los países y los deportistas piden una mayor actuación para que nadie más termine con su vida. "Hemos perdido una hermana, una amiga y una luchadora que perdió el deseo de luchar dentro de ella", dijo el excampeón olímpico neozelandés de remo Eric Murray, amigo cercano de la neozelandesa. Por su lado, la directora ejecutivo de Deporte Nueva Zelanda, Raelene Castle, aseguró que el organismo brindó apoyo a Podmore antes de su muerte y se comprometían a asistir con ayuda psicológica a más deportistas para que no volviese a suceder una tragedia como esta.

madrid

11/08/2021 11:12 Actualizado: 11/08/2021 12:37

Público

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A partir del 20 de agosto comienza la subaste de imágenes digitales artísticas de Lionel Messi que se venderán como NFT.

Tecnología, finanzas y fanatismos en la construcción de una impresionante burbuja especulativa

El astro del fútbol mundial anunció la próxima la subasta de ilustraciones digitales de arte basadas en él. Para ello utilizará Non-Fungible Tokens, un sistema que permite registrar de manera confiable como propio algo que, de cualquier manera, todo el mundo podrá "usar".

 

El fervor de los hinchas siempre se asoció a los colores del club y se tradujo en la compra de camisetas, gorros, llaveros, cadenitas, escudos y más que permitieran identificar a los fanáticos. Más recientemente los colores trocaron en marcas asociadas a jugadores famosos para vender botines, aprovechando que la decisión sobre el calzado, a diferencia del resto de la indumentaria, es patrimonio de cada jugador.

Ahora se están ofreciendo obras enteramente digitales que resultan, al mismo tiempo, una ruptura y una continuidad respecto de esta tendencia a comprar objetos que certifiquen la identificación con un equipo o jugador: es por ahí por dónde se puede comprender el lanzamiento de imágenes digitales artísticas de Lionel Messi que se venderán como NFT.

El extraño mercado de Non-Fungible Tokens (NFT)

Hace pocos días Lionel Messi anunció por sus redes sociales que ofrecerá piezas digitales de una colección llamada Messiverse en el sitio Ethernity. Las obras son del artista digital Australiano Kode Abdo, más conocido como Booslogic

A partir del 20 de agosto los interesados podrán entrar a la galería y hacer su oferta por las primeras cuatro obras: "Hombre del futuro" que muestra un Messi cibernético, "Vale su peso" en la que se la compara con el Atlas que sostiene el mundo, "El Rey trebejo" con una estética ajedrecista, mientras que el cuarto será una sorpresa realizada por el estudio Impossible Brief.

¿Dónde podrán exhibirse estas piezas únicas que costarán, seguramente, varios miles de dólares o más? Es que a diferencia de la camiseta que se luce en el cuerpo o el banderín que cuelga del retrovisor, las piezas digitales necesitan una pantalla donde verse. 

La ventaja y, al mismo tiempo, el problema de los bienes digitales es la facilidad con la que pueden copiarse: cualquier persona sabe cómo utilizar una imagen de internet para ubicarla como fondo de pantalla o, incluso, imprimirla. Entonces: ¿qué obtendrá el "comprador" de una imagen digital de Messi que todos podrán "usar"? Ahí es donde entran a tallar los NFT (Non-Fungible Tokens), una moda reciente que alcanzó la fama hace unos meses cuando Christie’s subastó una obra del artista Beeple, por 69 millones de dólares.

Cómo se compra 

Los NFT prometen resolver un serio problema en la era de la reproductibilidad técnica digital, en la que los originales no existen y, para peor, hacer copias es muy fácil. 

La solución que ofrecen los NFT está basada en blockchain o cadena de bloques, una tecnología criptográfica que se hizo famosa gracias a bitcoin">bitcoin (BTC). El mecanismo de este sistema está basado en un control distribuido de las transacciones que se hacen y protegido por un sistema criptográfico que hace que ningún registro pueda ser modificado sin que la cadena pierda su coherencia matemática. 

Así, si alguien asegura haber comprado tal o cuál pieza o haber recibido un bitcoin de otra persona, el sistema debe hacer una serie de cálculos que permitan ratificar la validez matemática de ese movimiento y que ambas partes estuvieron de acuerdo. Al finalizar ese proceso comparte el resultado en la red para que los demás comprueben esa validación y sumen el nuevo bloque a la cadena. 

Cambiar un bloque anterior para, por ejemplo, indicar que una de las ilustraciones de Messi pertenece a tal persona, sería muy complicado porque requeriría modificar los registros de todos los nodos. Para peor la cadena perdería coherencia matemática ya que cada nuevo bloque depende del anterior. De allí su inviolabilidad de esta tecnología que, de cualquier manera, tiene algunas debilidades para el uso de los NFT.

Para comprar los NFT de Messi habrá que transformar el dinero en ERN, la criptomoneda de la plataforma, para así cargar una billetera virtual con el dinero necesario para la transacción.

La idea de propiedad

Lo que está ofreciendo Messi y que ya ofrecieron otros famosos como Pelé o Mohammed Alí, es la posibilidad de registrar una obra que todos podrán ver, copiar, imprimir como propia. 

Sí, parece una contradicción comprar algo que todos podrán tener de la misma manera que aquel que pagó miles o millones de dólares. De allí surge la pregunta de por qué alguien podría estar dispuesto a hacer semejante cosa.

La primera es que ya hay experiencia de objetos que son revestidos de valor por consenso social. El caso más evidente es el dinero, el cuál lleva siglos siendo aceptado a cambio de objetos útiles aunque ya ni siquiera represente, como en otra época, una cantidad de oro. El dinero es una convención aunque está asentado sobre la legitimidad histórica del Estado.

La segunda razón, basada en la primera, es que en la medida en que más gente sepa de la existencia de los NFT de Messi es probable que aumente la demanda por ellos. Así la compra sería, en realidad, una inversión especulativa.

Una tercera razón proviene de quienes desconfían de las criptomonedas en general, entre ellas bitcoin y ethereum, y las consideran burbujas que necesitan inflarse permanentemente. Desde este punto de vista los NFT son burbujas subsidiarias que permiten atraer dinero nuevo o entretener los activos criptográficos para generar otros negocios.

Se está inflando una burbuja insólita

Una cuarta razón posible tendría que ver con un fenómeno que puede verse como fanatismo u obscenidad, según la perspectiva. Una cosa es gastar unos cientos de pesos en un gorro, algo distinto comprar una remera "original" de un equipo por varios miles, pero los NFT de millones de dólares dan un salto al vacío de la obscenidad lisa y llana: en marzo alguien "compró" como NFT el primer tuit de la historia por 2,9 millones de dólares.

Messi está haciendo algo que ya ocurría de distintas formas. Por ejemplo, la NBA vende jugadas para que los fans puedan registrarlas como propias. Eso no significa siquiera que tengan derechos para comercializarlas o restringir su acceso: siguen disponibles en las plataformas. 

Incluso el PSG, el equipo al que se sumará Messi, tiene su propia criptomoneda que, seguramente, verá aumentar su cotización con la llegada del astro por razones que tienen mucho de profecía autocumplida: si mucha gente cree que van a aumentar, lo harán.

Los NFT, de manera similar a algunas criptomonedas, empujan los activos financieros a niveles de abstracción insólitos que encandilan con tecnología y cifras millonarias desde los titulares de los medios. 

Por Esteban Magnani

09/08/2021

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Las campeonas durante la ceremonia de premiación del BMX femenino en los Juegos Olímpicos 2020. — José Méndez / EFE

Las deportistas luchan en Tokio 2020 por unos juegos sin sexismo y con la mirada puesta en la igualdad de género.

 

El movimiento feminista está creciendo continuamente, haciéndose más visible, incordiando a quienes no quieren un cambio en el patriarcado. Esta lucha se ha internacionalizado y extendido a todas las áreas de la sociedad, entre ellas el deporte, y por ende los Juegos Olímpicos.

Las mujeres en el deporte han hecho historia, desde la primera vez que pudieron participar en las Olimpiadas de 1900 celebradas en París, hasta la inclusión de deportistas en 1928 en disciplinas como atletismo, esgrima, natación y gimnasia. Después de 121 años desde la participación de las féminas, los Juegos Olímpicos de Tokio cuentan con una participación femenina del 49%, rozando la paridad. 

 "Cada país tiene unas discriminaciones diferentes, pero la igualdad es una premisa que se busca conseguir en el deporte" expone Mar Mas, presidenta de la Asociación para Mujeres en el Deporte Profesional (AMDP). "El Comité Olímpico está haciendo mucho esfuerzo en conseguir la igualdad: competiciones mixtas, abanderados paritarios, incluso se rechaza a los países que lleven un equipo masculino, por ejemplo de baloncesto, y no uno femenino".

La marea morada ha renacido en la era de las redes sociales; sumando apoyos bajo una misma consigna, unas pocas palabras que se convertían en las abanderadas de toda una batalla. Un lema para luchar contra las agresiones sexuales y el acoso como fue el #MeToo o un grito frente al Ministerio de Justicia cuando se puso en duda el testimonio de la víctima de la ‘Manada: Yo sí te creo. Esta ola feminista que ha aparecido en los últimos años se ve reflejada en los Juegos Olímpicos.

Si las deportistas se visten con una prenda larga es un problema, pero si es más corta de lo habitual también

Hay una necesidad creciente de abordar todas las desigualdades, de hacerlo de una forma tajante. Sin preguntar. Por eso las jugadoras de balonmano playa no tuvieron miedo ante las penalizaciones por llevar un pantalón que no las sexualizara, por eso las gimnastas alemanas vistieron un mono entero para evitar que su disciplina fuera vista desde la mirada depredadora del sexismo. Y si se visten con una prenda larga es un problema, pero si es más corta de lo habitual también, como la crítica de una jueza de los Juegos Olímpicos a Olivia Breen, campeona paralímpica de salto de longitud, por usar un pantalón "demasiado corto". Mas sentencia que el comité olímpico "debe seguir avanzando" porque si no las Olimpiadas terminarán siendo simplemente "una gran inversión a nivel infraestructuras y un evento comunicativo, si las mujeres no estamos en igualdad de condiciones".

Nuevas generaciones de deportistas

"Ahora las patinadoras se están atreviendo a lanzarse, antes no se les entrenaba, no se les motivaba a intentarlo"

Las deportistas más jóvenes, aquellas que están en la adolescencia o su veintena, han crecido con la insurgente oleada feminista, es por ello que luchan por la igualdad en el deporte. Lucía del Prado Montero, excampeona de España Novice en patinaje artístico, explica como últimamente multitud de mujeres están realizando saltos que solo hacían los hombres: "Al principio se pensaba que las mujeres no podían hacerlos porque no tenían suficiente fuerza". Es el caso de Alexandra Trusova, la primera mujer en hacer un cuádruple axel en competición. "Ahora todas las patinadoras se están atreviendo a lanzarse y hacerlo, antes no se les entrenaba para ello, no se les motivaba a intentarlo".

El patinaje artístico, al igual que la gimnasia rítmica son dos deportes muy feminizados y donde el sexismo permanece todavía. Marta González, entrenadora de rítmica, ha notado a lo largo de su carrera esta diferenciación entre mujeres y hombres compitiendo en su disciplina: "Cuando yo entré a hacer rítmica había un chico más mayor en el equipo, era buenísimo, le teníamos como referente" -explica la gimnasta- "al crecer y competir en el equipo conjunto contra otros chicos aparecieron los comentarios sexistas".

El camino hacia la igualdad

"Hemos tenido problemas con las mujeres que están en estado de lactancia, no han podido entrar en los Juegos con su bebé"

Sin embargo, pese a esos esfuerzos todavía queda una larga retahíla de problemas que solucionar como las políticas de conciliación en el deporte. "Hemos tenido problemas con las mujeres que están en estado de lactancia -denuncia Mas- no han podido entrar en los Juegos con su bebé". Al igual que la maternidad, existe una desigualdad mucho más visible: la salarial. La presidenta de la AMDP recuerda que el dinero público debe garantizar la no discriminación de la ciudadanía y en el deporte no se cumple con las mujeres: "Estados Unidos abrió una batalla muy fuerte en el fútbol con el equal play, equal pay (mismo juego, mismo salario) ¿Por qué si entreno lo mismo, me lesiono lo mismo, juego lo mismo, por qué voy a cobrar mucho menos? Hay una Ley de Igualdad del año 2007 en España que a nadie se le ocurre aplicar, les interesa seguir ganando ese dinero y no perder sus privilegios. Es una cuestión política que ningún partido ha abordado".

La clave para conseguir la igualdad en el deporte la tiene Mas: "Todo eso pasa por tener una independencia económica, un Estado que regule y proteja esos derechos, y sobre todo, una ciudadanía en la que confiar para que cuando salga un titular machista hacia las mujeres deportistas, se condene. Las mujeres debemos de tener la mitad de dinero, la mitad de tiempo, la mitad de las infraestructuras. La mitad de todo porque somos la mitad de la población; y la mitad de todo es nuestro".

madrid

01/08/2021 13:42

Sara Pardo García@pardosarag

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Viernes, 30 Julio 2021 05:56

Biles ha ganado

Biles ha ganado

Quién no se ha roto alguna vez. Máxime si soportas una presión y cargas profesionales no aptas para seres humanos. La historia de Simone Biles no es solo la historia de una de las mejores deportistas de la historia, sometida a una disciplina y perfección propias de otro mundo. La historia de Biles es la historia del abuso sexual, de la ausencia de sus padres, de la pobreza. No hablar de todas las complicaciones vitales que ha tenido, es negar gran parte de las razones  de su retirada en estos Juegos Olímpicos.

Simone Biles ha dado un golpe en la mesa, ha bajado de las alturas y nos ha puesto en nuestro sitio. Mientras nosotros observábamos sus múltiples e imposibles piruetas, y mirábamos hacia donde no es, ella bajaba para regalarnos su salto mortal más difícil. Hay que ser muy valiente para ser Biles. Rozar la medalla de oro, una vez más, y dejarla a un lado para centrarse en lo importante, en ella misma, en el autocuidado. ¿Hay algo más feminista que esa decisión?

Nadia Comanetchi también lo hizo cuando en la noche del 27 de noviembre de 1989 acabó escapando de Rumanía, justo después de cumplir 28 años, cruzando a pie, guiada por un pastor de ovejas, la frontera con Hungría, desde donde viajó a Austria y de ahí a EE.UU. Nadia había aguantado años de opresión en los que se le obligaba a entrenar lesionada, se le prohibía comer por períodos de hasta tres días para que pudiera competir con el peso que se esperaba de ella. La primera 10 de la historia fue sometida a todo tipo de vejaciones, controles y vigilancia, hasta que decidió escapar y apostar por sí misma.

Hace unos meses, la tenista japonesa Naomi Osaka, ganadora de cuatro torneos de Grand Slam y número dos del mundo, tomó la decisión de retirarse del Abierto de Francia por la misma razón que Simone Biles. Osaka sintió por un momento el peso del mundo sobre sus espaldas y la pérdida más dura, pero al mismo tiempo empoderante. Ahora, tras la derrota en la tercera ronda de los Juegos Olímpicos, las críticas de sus compatriotas sobre la salud mental han sido durísimas y nada comprensivas. "Se ‘deprimió’  convenientemente, se curó convenientemente y se le dio el honor de ser la última portadora de la antorcha", escribió un comentarista en Twitter.

Ahora, Simone Biles ha vuelto a poner sobre la mesa los problemas de salud mental y la necesidad de tratarlos y de acabar con un estigma aún férreo. De haberse tratado de una lesión física, el mundo lo habría comprendido y a otra cosa. Al ser un tema que aún no se quiere comprender ni interiorizar ni hacerse cargo es mucho más fácil tacharla de débil, como ha insinuado el jefe de opinión de uno de los medios de comunicación de este país, a quien no citaré por no dar publicidad gratuita.

Ese tipo de comentarios ante la retirada de la gimnasta no hablan de lo difícil y valiente de su decisión, sino de las carencias emocionales y empáticas de quienes los profieren. Señoros que se dedican a opinar sobre el parón de una super heroína cuando no son capaces ni de correr 100 metros a la redonda. Estos mensajes de señores acomplejados dedicados únicamente a hablar sobre las mujeres y sus cuerpos no son más que mensajes caducos machistas de otro tiempo. Biles, y otras como ella, marcan el nuevo mundo. Allá cada uno en la decisión de a cuál de los dos mundos quiere pertenecer.

Simone Biles ha ganado y ha hecho historia. Nos ha regalado un mensaje claro y ha tocado la fibra sensible de muchos. Se espera de nosotros que seamos máquinas irrompibles en un sistema competitivo y perfeccionista, y la realidad es que no somos más que personas que tratamos de salir adelante en un mundo que espera demasiado de nosotros. Muchas de estas gimnastas sufrieron abusos, ¿quién no se rompe después de algo así? Biles nos ha puesto en nuestro sitio y nos ha dicho, eh, que soy humana y tengo derecho a descansar. Gracias, Simone, por tanto.

 

30/07/2021

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ferrAn de vargas

 Inaugurados el viernes pasado los Juegos Olímpicos de Tokio 2021, leemos, escuchamos y vemos mucha información sobre una sociedad tan desconocida en nuestro país como la japonesa. Para deshacer algunos de sus mitos y conocer los aspectos más políticos de Japón, hablamos con Ferran de Vargas, doctor en traducción y estudios interculturales, máster en estudios de China y Japón y especialista en política y estudios culturales en Asia oriental y especialmente en Japón y que ha publicado recientemente el libro ‘Izquierda y revolución. Una historia política del Japón de posguerra (1945 a 1972)’.

 

Hace una semana se inauguraron los Juegos Olímpicos de Tokio 2021, en Japón. Leemos, escuchamos y vemos mucha información deportiva, pero también, quizás por primera vez en mucho tiempo, nos llegan noticias sobre una sociedad y una cultura tan desconocida en nuestro país. Aunque pueda parecer lo contrario por la cantidad de anime (dibujos japoneses), suhsi y ramen que consumimos.

Para huir de los mitos occidentales sobre Japón y entender mejor la sociedad japonesa más allá de los tópicos, hemos hablado con Ferran de Vargas (Barcelona, 1989). De Vargas es doctor en traducción y estudios interculturales, máster en estudios sobre China y Japón y especialista en política y estudios culturales en Asia oriental y especialmente en Japón. De Vargas ha estudiado cómo se conjugan los movimientos sociales con el arte y especialmente en cómo todos estos movimientos influyeron en la izquierda japonesa, la otra gran desconocida de Japón.

De Vargas ha publicado recientemente uno de los pocos libros, si no el único, donde se trata la historia de la aparición y la caída de la izquierda japonesa. Izquierda y revolución. Una historia política del Japón de posguerra (1945-1972) abarca la historia política de Japón desde 1945, al finalizar la Segunda Guerra Mundial, hasta el 1972. Un periodo donde la izquierda japonesa fue la gran protagonista.

El libro forma parte de la Colección Estudios Japonesas de Edicions Bellaterra y ha sido financiado por el Centre d’Estudis i Recerca sobre Àsia Oriental, con el apoyo del Grup de Recerca GREGAL. En él se habla de la evolución de la izquierda japonesa y de su papel a través de diferentes hechos históricos, prácticamente desconocidos en España y en todo occidente. Ocupaciones de fábricas y empresas durante la posguerra; el Partido Comunista enviando guerrillas a las montañas para intentar sublevar a los campesinos siguiendo el ejemplo de la revolución maoísta; la movilización de masas más grande de la historia japonesa contra el Tratado de Seguridad entre EEUU y Japón; o las grandes luchas del 68 japonés, olvidadas siempre cuando se habla de 1968 desde occidente, con masivas movilizaciones contra la Guerra de Vietnam.

O como la llaman en Vietnam, la Guerra Americana. Después de todo, tal como explica De Vargas, Japón fue durante muchos años, el lugar del mundo con más bases americanas.

"La motivación principal del libro fue contrarrestar la imagen que tenemos habitualmente de Japón", explica De Vargas. Principalmente los tópicos occidentales en torno a la sociedad japonesa, como pueden ser el hecho de ser una sociedad conservadora, sumisa, pasiva o poco politizada. "Japón, dependiendo del momento histórico, demuestra todo lo contrario", afirma el autor del libro.

Para De Vargas, era importante hacer este libro porque varias generaciones de jóvenes han crecido con el anime o más recientemente con la gastronomía o el cine japonés. Esto, explica De Vargas, "ha sido una puerta de entrada a la cultura japonesa muy despolitizada". Aunque, como explica el autor, Japón fue el epicentro del marxismo en Asia (todas las obras que influyeron en el maoísmo fueron primero traducidas al japonés y después al chino).

Mitos de un país desconocido

Cuando se trata de hablar de mitos occidentales, Japón se lleva el pleno. "Lo primero que me viene a la cabeza es eso que alguien se inventó de la huelga a la japonesa. Incluso cuando hacen huelga se supone que trabajan más. Es un mito totalmente falso", explica de Vargas. De hecho "es un mito con sus orígenes aquí, desconocido totalmente en América Latina o el mundo anglosajón".

Otro mito de la sociedad japonesa es la supuesta tendencia a la armonía y la no confrontación de los japoneses. De Vargas matiza en este caso. Mientras hay una parte de cierto en ello, realmente se magnifica más de lo que es en realidad. "Es cierto que cuando vas a Japón experimentas menos conflicto social cotidiano con la gente, pero hay otras formas de expresar el descontento y la no conformidad".

En Japón, explica el autor del libro, "se han visto episodios donde los japoneses, como cualquier otra cultura, o incluso con formas más radicales, demuestran su disconformidad de forma violenta cuando ha sido necesario". Las imágenes de las manifestaciones japonesas con los cascos y los largos palos para enfrentarse a la policía es, seguramente, de las más conocidas por aquellas personas interesadas en el país nipón. Japón, reconoce De Vargas, "es una sociedad de muchos contrastes con, a veces, muy pocos matices".

Otro de los grandes mitos sobre Japón, afirma De Vargas, es que es un país conservador. Esto en realidad, como en cualquier otro lugar del mundo, siempre ha dependido del momento histórico. "Si se ha vendido en occidente a Japón como un país conservador, ha sido por intereses políticos o geoestratégicos". En los EEUU, afirma De Vargas, le convino mucho que Japón fuera un país conservador. "Puso muchos recursos y dinero para que en Japón gobernara la derecha".

Unos Juegos poco populares

El buen recuerdo de los Juegos Olímpicos de Tokio 1964 ha persistido durante todos estos años. Pero el Japón actual no tiene nada que ver con el de aquella época. En 1964 hacía pocos años que había salido de la posguerra y no existía aún la crítica al modelo olímpico y lo que conlleva en términos de especulación y destrucción del territorio.

Ahora, afirma De Vargas, Japón hace tiempo (desde los años 90) que está en un periodo de decadencia, del que todavía no se ha recuperado. Esto ha hecho que estos Juegos Olímpicos, y más tras el desastre de Fukushima, "se estén viviendo con mucho escepticismo". "Había una cierta ilusión al principio", pero con la crisis sanitaria mundial, y también por diversas polémicas que han rodeado los Juegos, "esto se ha ido disipando a medida que se acercaba la fecha de inauguración". "La población japonesa está mayoritariamente en contra de los JJOO", afirma De Vargas. Además, el Gobierno "no ha gestionado muy bien la crisis sanitaria. Han ido bastante lentos en todo. Actualmente todavía hay muy poca gente vacunada".

Los JJOO por otra parte, han sido salpicados por varias polémicas sexistas, a las que se le han sumado las dos últimas. La dimisión del compositor de la música de la ceremonia de inauguración, después de que se descubriera una antigua entrevista en que admitía haber realizado acoso escolar a discapacitados. Y la última dimisión el pasado 22 de julio, de uno de los directores artísticos de la ceremonia inaugural para bromear sobre el holocausto.

De Vargas sitúa el interés de acoger los Juegos por parte del Partido Liberal Democrático de Japón (jiyu-Minshuto, abreviado PLD) -derecha conservadora en el poder desde hace tiempo- en el hecho de querer aprovechar un momento de euforia nacional "para intentar imponer su principal objetivo, que es cambiar la Constitución. Concretamente el artículo 9, el cual no permite a Japón tener un ejército convencional". "La sociedad japonesa está bastante dividía en este punto y se necesitan dos terceras partes de ambas cámaras, la alta y la baja, para hacer esta reforma". Al PLD le faltan las dos terceras partes de la cámara alta. "Tenían la intención de aprovechar toda la euforia olímpica para volver a ganar las elecciones y conseguir las dos terceras partes en las dos cámaras". Esto, argumenta De Vargas, es también lo que quieren los EEUU, "un Japón con un ejército fuerte para tener un aliado en la zona en un momento que China comienza a ser una amenaza".

La respuesta a los JJOO por parte de la sociedad japonesa ha sido sorprendente según De Vargas. "Ha habido un cierto movimiento, teniendo en cuenta lo dormida que está la sociedad japonesa, con un par de episodios que incluso han salido en los medios de comunicación". Pueden parecer cosas menores, afirma el especialista, pero tratándose de Japón, "que hayan intentado apagar la llama olímpica", muestra un rechazo a los Juegos probablemente mayor de lo que se puede percibir. "Desde el 2019 ha habido movimientos organizados, que a pesar de no ser masivos, se han opuesto a los JJOO".

De Vargas recuerda que actualmente todavía hay mucha gente sin casa a causa del tsunami que mató alrededor de 20.000 personas en 2011. "La gente todavía no tiene casa y esto ha sido un fuerte contraste con todo el dinero que se han gastado en los Juegos". Después de todo, Tokio 2021 serán los JJOO más caros de la historia.

Barcelona

28/07/2021 16:24 Actualizado: 30/07/2021 08:53

Por Manel Ros

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El costo humano de los juegos olímpicos bajo la pandemia

La pesadilla que muchos responsables médicos temían sobre los Juegos Olímpicos, se viene cumpliendo, tal como lo predijeron también muchos responsables médicos.

Se necesitaría una hoja de cálculo Excel para enumerar todos los casos de Covid-19 que ya están afectando los Juegos, incluso dentro de la villa olímpica. Y hemos podido apreciar la triste indiferencia del presidente del Comité Olímpico Internacional (COI), Thomas Bach, ante la posibilidad de que el virus perturbe los Juegos o infecte a la población vulnerable de Tokio. La doctora Annie Sparrow resumió la opinión de muchos expertos reducidos al silencio en un tuit: «Sólo palabras y nada de acción». Sobre el COI, Annie Sparrow dijo: «en todo el proceso, la ciencia ha sido ignorada».

Esta «indiferencia» pone en peligro vidas humanas no sólo dentro del recinto olímpico, sino también fuera de él. Según las estadísticas del gobierno, sólo el 22% de la población japonesa está totalmente vacunada. A medida que se acerca la ceremonia de inauguración de Tokio 2020, el viernes 23 de julio, los niveles de Covid en la ciudad anfitriona siguen aumentando en lo que constituye una quinta oleada, agravada por la invasión de la cepa Delta, altamente transmisible. Las olimpiadas son sumamente impopulares en el área metropolitana de Tokio, de 37 millones de habitantes,  por una muy buena razón: podrían provocar una cantidad de muertes y enfermos totalmente evitables.

Mientras tanto, para esquivar los llamados a la anulación de los Juegos, Thomas Bach utilizó a los atletas participantes en las Olimpiadas como escudos humanos: «El COI no abandonará nunca a los atletas, si hubiéramos anulado los Juegos habríamos perdido a toda una generación de deportistas. Por lo tanto, para nosotros, la cancelación  no era realmente una opción». Sin embargo, muchos atletas ya quedaron «perdidos» para estos juegos por culpa del Covid, entre ellos un miembro del equipo de gimnasia de Estados Unidos, la estrella del tenis Coco Gauff y varios jugadores de básquetbol estadounidenses, entre los cuales las estrellas Bradley Beal y Zach Lavine. Y no hablemos de la pérdida de vidas que podría producirse en Tokio después de que los 80.000 «invitados» olímpicos hayan vuelto a sus casas y que las lentejuelas y oropeles hayan sido barridos.

Por una parte, Thomas Bach admitió que, con respecto al Covid, «no alcanzaremos el 100% de eficacia». Eso sería poner el nivel demasiado alto. El asombro de los responsables médicos y de los defensores del sentido común fue grande cuando afirmó que el riesgo de que un atleta que haya contraído el virus lo transmita a otros en la villa olímpica o en otras partes del país es «nulo».

Thomas Bach añadió: «Estamos convencidos de que una vez que el pueblo japonés vea a los atletas japoneses desempeñarse en estas Olimpiadas, la actitud va a ser menos agresiva.» En otras palabras, es probable que algunas

personas tengan que sacrificar su salud -y tal vez incluso su vida-, pero los Juegos deben continuar.

El COI insiste en que su papel es «celebrar a los atletas» y dice que los pone en primer lugar. Pero la realización de los Juegos Olímpicos durante una pandemia sanitaria mundial los deja en último lugar. Como un loro ensayando para el «Día de la Marmota» [una comedia fantástica de Harold Ramis, 1993, también llamada «El hechizo del tiempo»], el COI dice que los Juegos Olímpicos de Tokio son «seguros». Que se lo digan a los futbolistas sudafricanos que dieron positivo por coronavirus en la villa olímpica. O a las 71 personas -atletas o miembros de delegaciones olímpicas [87 oficialmente el 21 de julio]- a las que se les diagnosticó el virus desde que aterrizaron.

El COI es responsable de poner en peligro la vida de los participantes en los Juegos. Sólo el COI tiene la facultad de cancelar los Juegos, gracias al contrato leonino firmado con la ciudad anfitriona. Thomas Bach dijo: «Lo que hará que estos Juegos sean históricos es la demostración de que pueden celebrarse con seguridad, incluso en las circunstancias planteadas por esta pandemia».

Decir que esto suena a hueco para los japoneses es quedarse muy corto. Satoko Itani, profesora de la Universidad de Kansai (Japón), declaró a The Nation: «Estoy muy preocupada por el desastre que estos Juegos Olímpicos ya han provocado en la sociedad japonesa. Todas las pruebas circunstanciales sugieren que, por ser Japón el país anfitrión de los Juegos Olímpicos, el gobierno minimizó la gravedad de esta pandemia y por lo tanto, no logró frenar la propagación del virus cuando tenía la posibilidad de hacerlo, lo que ya ha causado demasiadas muertes. Ahora, la población japonesa observa cada día nuevos casos de Covid-19 relacionados con los visitantes olímpicos. También estamos viendo que la llamada «burbuja» olímpica no funciona. Estoy consternada. Tokio 2020 está poniendo en peligro vidas humanas porque propaga el virus y porque absorbe los recursos públicos que necesitamos desesperadamente para recuperarnos de la pandemia y de otras catástrofes naturales que tienen lugar con frecuencia en nuestro país.» [Por no mencionar la política gubernamental que multiplica los esfuerzos, pero son esfuerzos para ocultar los efectos aún muy presentes de la catástrofe de Fukushima, como ilustran los documentales emitidos en el canal franco alemán Arte – Nota de A l’encontre].

Los Juegos de Tokio tendrían que servir de advertencia a los anfitriones olímpicos de todo el mundo. Los Juegos no sólo llamaron la atención sobre los problemas olímpicos endémicos (los gastos, el desplazamiento de los habitantes populares, la militarización del espacio público y el «greenwashing»), sino que también pusieron de manifiesto la supresión de toda ética por parte de la banda itinerante de los barones del deporte que dirige el COI y la corrupción, tanto legal como ilegal, permitida por ese grupo. Con la organización de los Juegos, el COI le demuestra al mundo entero el carácter microscópico de su ética.

Satoko Itani, refiriéndose a Thomas Bach, refleja un amplio sentimiento en Japón cuando dice: «La gente aquí estaba furiosa por su arrogancia y su negligencia. Lo que resulta particularmente chocante es que fue a Hiroshima y a Nagasaki sin respetar un periodo de cuarentena de dos semanas, pese a la oposición de los hibakusha [sobrevivientes de las bombas atómicas lanzadas por EE.UU. en Hiroshima y Nagasaki]. No quieren que su experiencia sea utilizada para «pacificar» los Juegos Olímpicos. Si Bach quiere de verdad crear un mundo pacífico, debe empezar por escuchar a la gente. El hecho de imponer su propia voluntad a alguien o de hablar sin conocer lo que siente profundamente la gente no es más que lo contrario de cualquier pacificación».

Lejos de ser un acto de «pacificación», se trata de un probable caso de contagio masivo que puede afectar a una población que, en su mayoría, no está vacunada. No es un acto de paz. Es un acto de guerra. (Artículo publicado en The Nation, 21-7-2021 https://www.thenation.com/)

 

Por Dave Zirin, Jules Boykoff | 28/07/2021

Dave Zirin es redactor responsable de deportes en The Nation y es también autor de varios libros, entre los que podemos citar Game Over: How Politics Has Turned the Sports World Upside Down (The New Press, 2013).

Jules Boykoff es profesor de Ciencias Políticas en la Universidad del Pacífico en Oregón. Ha publicado cuatro libros, el más reciente es NOlympians: Inside the Fight Against Capitalist Mega-Sports in Los Angeles, Tokyo (Fernwood Publishing, abril 2020)

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