Separados por una larga mesa, Putin y Guterres negociaron cara a cara en Moscú.. Imagen: EFE

El Kremlin insiste en llamar "operación militar especial" mientras Naciones Unidas mantiene que se trata de una invasión. A pesar de la discrepancia, Moscú asegura que confía en la vía diplomática mientras las tropas rusas se aseguran el control de Jerson (sur) y renuevan combates en el Donbass.

 

El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, pidió crear las condiciones necesarias para un alto el fuego en su primera visita a Moscú desde el inicio del conflicto entre Rusia y Ucrania. Guterres se reunió con el canciller Serguei Lavrov y con el presidente Vladimir Putin, quien admitió que la situación en el puerto de Mariupol es crítica. En tanto, el ejército ruso confirmó que destruyó más de 2.500 tanques y vehículos blindados de las fuerzas ucranianas.

La ONU al Kremlin

A 62 días del inicio de la invasión rusa en territorio ucraniano, Guterres llegó a Moscú como parte de una pequeña gira que el jueves lo tendrá reunido con el presidente Volodimir Zelenski en Ucrania. A su llegada Guterres abogó por lograr un alto el fuego lo antes posible. "Lo que nos interesa mucho es encontrar los medios para crear las condiciones para un diálogo eficaz, crear las condiciones para un alto el fuego lo antes posible", precisó.

Durante la reunión con Guterres el gobierno ruso  discrepó de la valoración del secretario general de la ONU quien llamó invasión a lo que el Kremlin considera una “operación militar especial”. "Es totalmente evidente que existen dos posiciones distintas sobre lo que ocurre en Ucrania", constató Guterres en rueda de prensa.

Putin rechazó esta postura y defendió la legitimidad de la llamada operación militar para apelar al derecho de autodeterminación de los pueblos. En cuanto a las negociaciones, el mandatario ruso dijo que no aprobaría un acuerdo sobre las garantías de seguridad para Ucrania hasta que estén resueltas las disputas territoriales en Crimea (anexado por Moscú en 2014), y en las separatistas Donetsk y Lugansk donde se votaron referéndums a favor de su independencia de Kiev.

El jefe del Kremlin citó a Kosovo como ejemplo y aseguró haber leído todos los documentos del Tribunal Internacional de la ONU. "Recuerdo perfectamente el veredicto del Tribunal Internacional, que afirmó que determinado territorio de un Estado no está obligado a pedir permiso para declarar su soberanía a las autoridades centrales del país", indicó.

“Si este precedente existe, las repúblicas del Donbass también podían hacerlo. Por nuestra parte, recibimos el derecho a reconocerlos como Estados independientes", precisó Putin. "Teníamos derecho el derecho a hacerlo en total correspondencia del artículo 51 de los estatutos de la ONU", concluyó el presidente ruso.

La vía diplomática

Por otro lado, Putin le dijo a Guterres que todavía confía en la posibilidad de una solución diplomática al conflicto con Ucrania. "A pesar de que la operación militar (rusa en Ucrania) se está desarrollando, seguimos teniendo esperanzas en la capacidad de alcanzar acuerdos por la vía diplomática. Estamos negociando, no rechazamos (negociar)", afirmó el jefe de Estado.

Según Putin, las negociaciones se descarrilaron tras los señalamientos que responsabilizaban a Rusia por la matanza registrada en Bucha, una localidad ubicada cerca de la capital ucraniana. "Hubo una provocación en Bucha, con la cual el ejército ruso no tuvo nada que ver. Sabemos quién organizó esa provocación, a través de qué medios y quiénes fueron las personas que la realizaron", aseguró. "De cualquier manera, las conversaciones están en curso, y en un formato virtual", añadió el líder ruso.

Antes de llegar a Moscú, Guterres estuvo en Ankara, donde se reunió con el presidente Recep Tayipp Erdogan. Turquía lidera actualmente los esfuerzos de diálogo entre la exrepública soviética y la federación rusa para detener el conflicto.

El secretario general de la ONU habló sobre la "crisis dentro de la crisis" en referencia al asedio del puerto a orillas  del mar de Azov. Putin admitió ante Guterres que la situación en Mariupol es trágica. "Allí la situación es difícil y, puede ser, que incluso trágica", dijo el presidente ruso que a su vez negó que sus tropas mantienen el asedio a la ciudad portuaria según le había reclamado Erdogan en una llamada telefónica. "Allí no hay acciones militares. Se han terminado", insistió.

Según el mandatario cerca de 1.300 soldados ucranianos depusieron las armas y se rindieron. Además, aseguró que dio la orden de no realizar acciones de asalto a la metalúrgica en Azovstal donde según Ucrania más de mil soldados y civiles permanecen atrincherados hace semanas. En este sentido, el jefe de Estado ruso aseguró que "las autoridades de Kiev deben asumir su responsabilidad política y, por motivos humanitarios, darles la orden de deponer las armas".Respecto a los civiles atrapados en la acería, Putin le dijo a Guterres que los militares ucranianos están en la obligación de liberarlos. “De lo contrario, estarían actuando como los terroristas del Estado Islámico", señaló.

Por otro lado, Putin rechazó el reclamo de Guterres que había señalado que los corredores humanitarios abiertos por Rusia no funcionan. “Señor secretario general le han informado mal. Funcionan. De Mariúpol han salido con nuestra ayuda más de 100.000. Unos 130.000 o 140.000 han salido. Y pueden ir a donde quieran", dijo. El ministro de Relaciones Exteriores, Serguei Lavrov, afirmó que Rusia está dispuesta a cooperar con Naciones Unidas para aliviar a la población civil en Ucrania

Ataques rusos

En tanto, las fuerzas rusas anunciaron la conquista de la Jersón, al sur de Ucrania. "El Ejército ruso ha tomado el control de toda la región de Jerson, partes de las regiones de Jarkov, Zaporiyia y Mikolaev, así como partes significativas de las Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk", afirmó el coronel Mijail Mizintsev. En tanto las autoridades ucraniana en el Donbass dieron cuenta de bombardeos rusos que dejaron al menos cinco muertos en las repúblicas separatistas

El ministerio de Defensa ruso aseguró que destruyó más de 2.500 tanques y vehículos blindados de Kiev. "En total desde el inicio de la operación especial han sido destruidos 141 aviones de combate, 110 helicópteros, 583 drones, 269 lanzaderas de misiles, 2.576 tanques y otros vehículos blindados", precisó el portavoz de la institución, Igor Konashenkov. Además, indicó que sólo en la última jornada destruyeron 87 instalaciones militares ucranianas, entre ellas 37 centros de mando y  21 almacenes de armas.

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Nicaragua se retiró anticipadamente de la OEA y cerró su oficina en Managua

"No tendremos presencia en ninguna de las instancias de ese diabólico instrumento del mal", señaló el gobierno de Ortega a través del canciller Denis Moncada.

El gobierno de Daniel Ortega cerró la oficina de la Organización de Estados Americanos (OEA) en Managua y adelantó la salida de los representantes de Nicaragua ante ese organismo, del cual ya había anunciado su retiro en noviembre de 2021. "Retiramos las credenciales de nuestros representantes, los compañeros Orlando Tardencilla, Iván Lara y Michael Campbell. No tendremos presencia en ninguna de las instancias de ese diabólico instrumento del mal llamado OEA", señaló el gobierno de Nicaragua en una declaración pública.

"Nicaragua no es colonia de nadie"

En una carta leída a través de una transmisión oficial, el canciller nicaragüense Denis Moncada anunció que "a partir de esta fecha" Nicaragua deja de formar parte "de todos los engañosos mecanismos de este engendro, llámense Consejo Permanente, llámense comisiones, llámense reuniones, llámense Cumbre de las Américas". Moncada agregó que "tampoco tendrá, este infame organismo, en consecuencia, oficinas en nuestro país: su sede local ha sido cerrada".

"Nicaragua no es colonia de nadie, por lo tanto no es parte de un ministerio de colonias. Al denunciar y renunciar a ese mecanismo infernal del cual nos retiramos inmediatamente en absoluta dignidad, ratificamos, eso sí, nuestro respeto, cariño y reconocimiento, a Cuba y Venezuela, heroicos, y a los pueblos que valientemente libran sus luchas, y que nos han acompañado y acompañan en las batallas", expresó el canciller nicaragüense.

Minutos después del anuncio, la policía nacional rodeó las oficinas de la OEA en Nicaragua, ubicadas a las afueras de Managua, mientras sus símbolos eran desmontados. La secretaría de la OEA, por su parte, denunció la "ocupación ilegítima" de sus oficinas, que calificó como una violación de las normas internacionales, según un comunicado.

Una decisión anticipada

El gobierno de Ortega, un exguerrillero de 76 años en el poder desde 2007, había anunciado a finales del año pasado el retiro de Nicaragua de la OEA, que desconoció su elección para un cuarto mandato consecutivo en noviembre de 2021, con sus rivales y opositores presos. Sin embargo, de acuerdo a los protocolos, la salida debía ocurrir en un lapso de dos años para que Nicaragua culminara con los compromisos pendientes que pudiera tener con el organismo.

"Hasta tanto, Nicaragua es miembro pleno y debe cumplir con todos sus compromisos", recordó el organismo y exigió a Managua "respeto a las obligaciones que hoy rigen su relación con la OEA", precisó el comunicado del foro regional, que también destacó que "sus oficinas, archivos y documentos gozan de la más absoluta inviolabilidad", por lo que "su violación por las autoridades nicaragüenses les hace internacionalmente responsables por sus consecuencias".

La medida fue respaldada por la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), que la describió como "la digna, soberana y coherente" decisión de Nicaragua de expulsar a la OEA. También Venezuela saludó como "valiente" la renuncia de Nicaragua al foro hemisférico, al que calificó como "instrumento del imperialismo estadounidense".

"Cerrar la puerta a la paz"

El 23 de marzo, el entonces representante permanente de Nicaragua ante la OEA, Arturo McFields, durante su intervención en una sesión del Consejo Permanente calificó de "dictadura" a la gestión de Ortega y denunció las precarias condiciones en las que sus opositores estaban detenidos.

"No puedo entender los motivos del gobierno, pero este retiro se realiza al cumplirse un mes de mi discurso ante la OEA", manifestó McFields el domingo, quien también sostuvo que la decisión de Ortega de retirarse anticipadamente "es una gran victoria moral para el pueblo de Nicaragua y para los presos políticos que están en la cárcel de El Chipote". 

La OEA pidió en reiteradas ocasiones la libertad de los opositores. Las oficinas del foro regional "han estado históricamente en nuestro país y fueron parte de un proceso histórico de pacificación en Nicaragua. El gobierno está cerrando una puerta a la paz", agregó el diplomático nicaragüense.

La permanencia de Nicaragua en la OEA estaba en duda desde que el organismo aprobó el proceso de aplicación de la Carta Democrática Interamericana por los señalamientos contra Ortega sobre violaciones a los derechos humanos en 2018, en el marco de las manifestaciones contra el gobierno que, según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), dejaron 355 muertos. 

Hasta el momento la OEA no ha aplicado la Carta Democrática Interamericana. El retiro de Nicaragua se hará oficial en noviembre de 2023, una vez que se cumplan dos años desde el anuncio de su decisión.

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China exige que EU aclare sus planes biomilitares

Pekín. Estados Unidos debe ofrecer una aclaración integral y detallada de sus actividades biomilitares y poner fin a su postura solitaria de oponerse al establecimiento de un mecanismo multilateral de verificación de armas biológicas, aseguró ayer Zhao Lijian, vocero del Ministerio de Relaciones Exteriores de China.

Zhao respondió en conferencia a una pregunta sobre la reiteración de la vocera del Ministerio de Relaciones Exteriores ruso, María Zajárova, del descubrimiento por parte de Moscú de documentos e información sobre el plan biomilitar implementado en Ucrania por el Departamento de Defensa estadunidense.

La parte rusa informó sobre su hallazgo a la Organización de Naciones Unidas (ONU) y a otras organizaciones internacionales, exigiendo explicaciones detalladas de la parte estadunidense, indicó un reportero.

Zhao aludió que Washington no ha ofrecido una explicación convincente de sus actividades y añadió que existen ambigüedades e incluso contradicciones, lo que agrava las preocupaciones de la comunidad internacional.

Además, como uno de los Estados depositarios de la Convención sobre Armas Biológicas, Washington, por un lado, conmemoró el 50 aniversario de la apertura a la firma de ese acto y habló de reforzar el mecanismo, mientras, por otro lado, se opuso en solitario al establecimiento de un mecanismo multilateral de verificación de la convención, añadió Zhao.

En tanto, la Unión Europea y Estados Unidos reclamaron más claridad a China para que se posicione con la mayoría de la comunidad internacional y denuncie expresamente la agresión rusa contra Ucrania, además de que garantice que no ayudará a Moscú a sortear las sanciones.

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La invasión de Ucrania, crisis no sólo de energía sino de supervivencia

El gas no es sólo energía, es estrategia, política y diplomacia. Y también, en el futuro inmediato, pura supervivencia de nuestra economía.

La  guerra paralela a la que hay sobre el terreno. Nos daremos cuenta cada vez más más de ello, y más ahora que la batalla por el gas ruso está llegando al corazón del asunto, mientras se interrumpe el suministro (fuente: Reuters) del  gasoducto Yamal (uno de los tres directos a Europa), con una alerta preventiva de Alemania y Austria, y con el Kremlin aplazando, de momento, los pagos de sus materias primas en rublos. Putin avanza y retrocede en la campaña militar, pero también en el frente del gas, para poner a prueba la dependencia de los europeos.

Las perspectivas para europeos e italianos son, con todo, poco tranquilizadoras.

No es posible sustituir de la noche a la mañana el gas ruso, que cubre el 38% de todas las importaciones (unos 28.000-29.000 millones de metros cúbicos de un total de 76.000 millones de metros cúbicos de consumo anual). Según algunas estimaciones (Nomisma Energia) – a pesar de las contramarchas y de un poco de gas licuado norteamericano – podría faltar en última instancia, ya durante el verano, una cuota de entre 10 y 12 mil millones de metros cúbicos. En el próximo invierno, una vez quemadas las reservas, se perfila el racionamiento.

Se entiende bien, con estas cifras, la importancia de la llamada telefónica de ayer entre Draghi y Putin. Estratégica para nosotros, pero también para Moscú. Desde que Putin ha invadido Ucrania, Europa ha gastado más de 17.000 millones de euros en comprar gas, petróleo y carbón a Rusia.

Alemania e Italia son especialmente dependientes del gas ruso, y en 2021 han gastado respectivamente 14.000 y 10.000 millones de euros. La batalla del gas en nuestro país se desarrolla en dos frentes. Uno, en Ucrania, una tragedia, a ojos vista de todos, que comenzó, primero  subterránea y luego cada vez más abiertamente, a lo largo de las rutas de los gasoductos, y acompañada por la expansión de la OTAN hacia el Este. Otro, en Libia -un teatro que nadie quiere mencionar- tiene un aspecto casi de comedia, con una tragedia, real, que se quiere mantener oculta.

El lado libio de la comedia es principalmente italiano. Draghi se reunió con Erdogan en la OTAN y no pronunció ni una palabra sobre Libia, donde se disputan el poder dos primeros ministros, Daibaba y Bashaga.

Nadie se atreve a preguntar: ¿qué está pasando en Libia? Como si no fuera éste el país del oleoducto Greenstream y de los pozos del ENI [Ente Nazionale Idrocarburi, la mayor empresa petrolera italiana, originariamente pública]. Y sin embargo, Libia -donde los huidos de la diáspora africana han desaparecido de los medios de comunicación, pese a que siguen sufriendo una violencia inaudita en la más completa  impunidad- sería nuestro surtidor de gasolina y energía debajo de casa. El condicional es obligatorio: el Greenstream, en funcionamiento desde 2004, tiene una capacidad de 30.000 millones de metros cúbicos, cuando esté a pleno rendimiento, pero hoy desempeña un papel casi insignificante en nuestros suministros.

De Libia preferimos no hablar, porque la han perdido dos veces nuestros estrategas. Una vez, en 2011, con las incursiones decididas por Francia, Gran Bretaña y los Estados Unidos, a las que se unió Italia bajo bandera de la OTAN. La segunda, en 2019, cuando -con Trípoli bajo asedio de Haftar- la defensa del gobierno de Sarraj, que nos había pedido una modesta ayuda, se dejó en manos de la Turquía de Erdogan. Así que nadie ha invertido más en Libia, que tiene muchas más reservas de gas que Argelia, por poner un ejemplo.

El otro frente de gas es como descubrir el Mediterráneo. ¿Hacía falta una guerra para saber que Europa dependía de Moscú? La atroz  iniciativa de Putin ha convulsionado Ucrania, pero también ha dejado fuera de juego a Europa, que obtiene de Rusia entre el 40 y el 50% de su gas. Ahora son los Estados Unidos los que nos venderán gas con precios superiores a los de los rusos, un 20% más de media.

El caso del Nord Stream 2 es emblemático de cómo entran en conflicto los intereses norteamericanos y europeos. No se trata sólo de una cuestión económica, sino estratégica. Fuertemente deseado por la ex canciller Angela Merkel, el Nord Stream 2 era la verdadera palanca política y económica que disuadía a Putin de llevar a cabo acciones insensatas como la guerra. Muchos no lo habían entendido porque atribuían al gas ruso un valor solamente económico: tenía, por el contrario, un enorme valor político para mantener a Moscú enganchado  a Europa.

Con Merkel fuera de escena, los Estados Unidos se han encontrado con el campo libre. La guardiana de Putin y del gas ya no estaba, y los norteamericanos han comprendido que el presidente ruso se había vuelto más peligroso, pero también más vulnerable. Durante dos meses, los Estados Unidos han advertido de la invasión de Ucrania, porque sabían que, oponiéndose al Nord Stream 2, como han hecho, se abría una brecha en el corazón del continente. Los gasoductos han sido el cordón umbilical que unía a Moscú con Europa, nuestra dependencia daba a Putin una sensación de seguridad, el instrumento para condicionar a los europeos y hacerlos más flexibles e interesados en la suerte de Rusia.

Cuando Moscú ha comprendido que, con el débil canciller Scholz, el Nord Stream 2 no sería algo seguro, empezó a amenazar a Ucrania, a la que rusos y alemanes habían pagado previamente para que no protestara demasiado por la construcción del gasoducto, tan temido por Polonia, en tanto en cuanto lo veía como instrumento de expansión de la influencia de Putin. Además, los norteamericanos ya habían puesto a Merkel contra las cuerdas, obligándola a comprar incluso gas licuado norteamericano, del que Berlín no tenía entonces necesidad alguna,  ya que ni siquiera disponía de regasificadores.

Y así con la guerra, estamos en rendición de cuentas. Europa tendrá que pagar más por su cuota de la OTAN, comprando evidentemente más armas y aviones de combate norteamericanos, y también más gas estadounidense. Todo en beneficio de las corporaciones y del complejo militar-industrial. Esta es la receta de Biden, tentado de prolongar un conflicto que desgasta a Putin y llena las arcas norteamericanas. Un mundo perfecto para «exportar» una vez más la democracia.

16/04/2022

Por Alberto Negri, prestigioso periodista italiano, ha sido investigador del Istituto per gli Studi degli Affari Internazionali y, entre 1987 y 2017, enviado especial y corresponsal de guerra para el diario económico Il Sole 24 Ore en Oriente Medio, África, Asia Central y los Balcanes. En 2007 recibió el premio Maria Grazia Cutuli de periodismo internacional y en 2015 el premio Colombe per la Pace. Su último libro publicado es “Il musulmano errante. Storia degli alauiti e dei misteri” del Medio Oriente, galardonado con el Premio Capalbio.

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Pantallas muestran la aprobación de una resolución de condena contra la invasión rusa de Ucrania, llevada a cabo por la Asamblea General de la ONU, con el apoyo de 141 de los 193 Estados miembros de Naciones Unidas este miércoles 2 de marzo de 2022. — Justin Lane / EFE

La iniciativa promovida por Estados Unidos tuvo el voto favorable de 93 países, 24 votos en contra y 58 abstenciones.

 Rusia catalogó de ilegal a su suspensión del organismo y denunció que Ucrania modificó los acuerdos previamente consensuados durante las negociaciones en Estambul que se realizaron a fines de marzo.

Rusia fue removida del Consejo de Derechos Humanos de la ONU por las denuncias de presuntas masacres en la ciudad de Bucha en el contexto de su invasión a Ucrania. La iniciativa obtuvo el voto favorable de 93 países, entre ellos Argentina (ver aparte), 24 en contra y 58 abstenciones. El Kremlin catalogó la medida como ilegal. En tanto, el canciller ruso Serguei Lavrov, acusó a Kiev de modificar las propuestas que había realizado durante las negociaciones en Turquía. A su vez, el diplomático dijo que mantiene la disposición a seguir negociando con Ucrania. Moscú además denunció que ya recibieron más de seis mil sanciones, aunque aseguraron que pueden resistir. La OTAN aseguró que la guerra en Ucrania podría prolongarse por años.

Suspensión

Bajo acusaciones de violencias graves y sistemáticas de los derechos humanos, la Asamblea General de Naciones Unidas aprobó la iniciativa de Washington para suspender la participación de Rusia en el Consejo de Derechos Humanos. La propuesta superó la mayoría de dos tercios necesaria (las abstenciones no cuentan) y obtuvo 93 votos a favor, 24 en contra y 58 abstenciones.

Se trata de la segunda suspensión del Consejo de DDHH desde su creación en 2006. En 2011 la primera expulsión fue a Libia, entonces liderada por Muamar al Gadafi. Esta vez la decisión implica suspender a un país que además es uno de los cinco miembros del Consejo de Seguridad, donde tiene poder de veto.

"Rusia no sólo está cometiendo violaciones de los derechos humanos, sino que está sacudiendo los cimientos de la paz y seguridad internacionales", dijo previo a la votación el embajador ucraniano ante la ONU, Sergiy Kyslytsya. Por su parte, la embajadora estadounidense, Linda Thomas-Greenfield, aseguró que con la medida de hoy se envía "un claro mensaje de que Rusia tendrá que rendir cuentas".

Tras la suspensión, Rusia anunció su retiro voluntario del Consejo de DDHH al considerar que éste se ha convertido en un instrumento de Occidente. "Nuestra decisión no significa que Rusia renuncie a sus obligaciones internacionales en el campo de la defensa de los derechos humanos", explicó Guennadi Kuzmín, embajador adjunto ruso ante la ONU. El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, lamentó la decisión de la ONU y volvió a rechazar las acusaciones de haber perpetrado una masacre en Bucha. "Los cadáveres allí encontrados no fueron víctimas de militares rusos", aseguró en entrevista con la cadena británica Sky News.

Los votos

Entre los países latinoamericanos que apoyaron la medida, además de Argentina, están Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Guatemala, Haití, Honduras, Paraguay, Perú, República Dominicana y Uruguay. Mientras que Brasil, El Salvador y México se abstuvieron al considerar que es importante realizar una investigación sobre los presuntos crímenes antes de tomar medidas contra Rusia que podrían quebrantar un posible diálogo con Moscú.

En tanto, 24 países votaron en contra de la expulsión de Rusia, entre ellos Bolivia, Cuba, Nicaragua, China, Vietnam y Corea del Norte. Beijing por su parte denunció el “uso político” del Consejo y el doble rasero en el ámbito de los derechos humanos, en este sentido, se mostró en contra de "ejercer presión sobre otros países en nombre de los derechos humanos".

Mientras tanto este jueves el Papa recibió al nuevo embajador ucraniano ante el Vaticano, Andrei Yurash, que estuvo cerca de media hora con el Francisco. El encuentro fue en la Biblioteca Privada del Palacio Apostólico y se dio en medio de una sostenida condena del argentino Jorge Bergoglio a la invasión rusa, a la que ese jueves sumó su denuncia de "nuevas atrocidades".

Negociaciones sin acuerdo

Rusia acusó a Ucrania de modificar algunas de las propuestas que presentaron durante las negociaciones en Turquía. Según el ministro de Exteriores, Serguei Lavrov, Kiev quiere que el diálogo se alargue o fracase. El canciller además aseguró que las autoridades ucranianas están controladas por Washington y sus aliados.

"La incapacidad de llegar a acuerdos caracteriza una vez más las auténticas intenciones de Kiev y su política de alargar e incluso abortar las negociaciones a través de la renuncia a los entendimientos ya alcanzados", afirmó Lavrov en una declaración grabada. Según el jefe de la diplomacia rusa el proyecto de acuerdo presentado por Ucrania esta semana renuncia a los entendimientos previamente alcanzados y abandona puntos importantes consensuados en Estambul.

"En ese documento los ucranianos formularon claramente que las futuras garantías de seguridad de Ucrania no se extenderían a Crimea y Sebastopol. En el proyecto de ayer esa clara afirmación está ausente", explicó. "Figura la idea de que los asuntos de Crimea y el Donbás se abordarán en la reunión de los presidentes de Rusia y Ucrania. Todos recordamos cómo el presidente Zelenski aseguró más de una vez que dicha reunión es posible solamente después del cese de las acciones militares", subrayó.

Lavrov indicó que Kiev modificó sobre el estatus neutral, así como la necesidad de un acuerdo previo a la realización de cualquier ejercicio militar con la participación de “contingentes extranjeros”. Según el ministro de Exteriores ruso, ese punto fue modificado en la nueva propuesta y Kiev podría celebrar maniobras "con el beneplácito de la mayoría de los países garantes, sin ninguna alusión a Rusia".

Por su parte, Mijail Podoliak, integrante de la delegación ucraniana en las negociaciones, respondió a los dichos de Lavrov. "Lo importante es la fórmula de garantías de seguridad propuesta por Ucrania. Una fórmula clara, ponderada y con una gran cantidad de contrapesos", dijo. “Si Rusia quiere mostrar que está dispuesto al diálogo, debe reducir su hostilidad", declaró en su cuenta de Twitter.

"Nosotros hemos resistido"

Rusia además se expresó sobre las sanciones que recibió de occidente desde el inicio de la invasión a Ucrania. según el primer ministro, Mijail Mishustin, Moscú logró resistir el efecto negativo de las sanciones económicas y financieras.

"Los autores de esa estrategia esperaban que la tormenta de sanciones hundiría nuestra economía en unos pocos días. Su guion no se hizo realidad. Casi ningún otro Estado, excepto Rusia, hubiera podido haberle hecho frente a eso. Nosotros hemos resistido", subrayó Mishustin, al presentar un informe a la Duma (cámara baja del Parlamento). "La economía necesita tiempo para adaptarse. Es imposible no tener como mínimo medio año para adecuarse a un golpe como ese", dijo.

Mishustin se refirió a las más de 6.000 sanciones impuestas contra Rusia y aseguró que no tiene precedentes. "Se trata de sanciones individuales y sectoriales contra el Estado, pero lo más importante consiste en que van dirigidas contra todos los ciudadanos", precisó.

"Su objetivo era retrasarnos años o incluso décadas. Aislarnos del mundo. Forzar a Rusia a abandonar proyectos económicos y sociales prometedores. Atacar el nivel de vida de nuestros ciudadanos. Ellos están haciendo todo lo posible para impulsar la inflación, crear un déficit de bienes de consumo y, en última instancia, provocar una tensión social", señaló el primer ministro.

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¿Cuáles son los "progresos" que anuncia Rusia en el diálogo con Ucrania?

El Canciller ruso Sergei Lavrov anunció desde su visita a la India que se habían logrado progresos en el diálogo con Ucrania, aunque aún son limitados. Sobre la mesa está el compromiso de Ucrania de no ingresar a la OTAN, el diálogo sobre la región de Donbass y el retiro de las tropas rusas.

 

Se cumplieron dos semanas desde que el diario Financial Times publicó una lista de 15 puntos, supuestamente filtrada por altas fuentes intervinientes en el conflicto, que permitirían arribar a un diálogo para poner fin a la guerra. Desde ese momento las negociaciones avanzan a cuentagotas, pero ya se conocen algunos elementos que podrían incluir un primer preacuerdo.

Mientras el Gobierno de Zelenski denuncia que Rusia aprovecha el tiempo para reagrupar sus tropas en el este del país y comenzar una nueva ofensiva en la región del Donbass, algo muy probable por cierto, el Canciller ruso Sergei Lavrorv anunció desde un viaje a la India que se están llevando adelante "progresos" en el diálogo.

Algunos puntos del preacuerdo serían la renuncia de Ucrania a pedir el ingreso a la OTAN, la apertura de una mesa de diálogo sobre Crimea y el Donbass (la primera anexionada por Rusia en 2014 pero no reconocida internacionalmente ni por Ucrania, y la segunda en juego en la actual ofensiva). Esto no implicaría que Ucrania reconozca que esas regiones sean autónomas o que estén bajo control Ruso, pero sí se comprometerían a no atacan militarmente esas posiciones durante un diálogo que deberá ser bilateral (sin intervención de otros países). A cambio de esto Rusia replegaría sus sus tropas, sobre todo de Kiev. Ayer comenzó a hacerlo de a poco y también retiró sus tropas de la central nuclear de Chernobyl. Sin embargo, Ucrania advierte que puede ser una distracción para reagruparse y reabastecerse.

En ese marco, Lavrov aseguró este viernes durante su visita oficial a la India que se han producido ciertos progresos en las negociaciones sobre el estatus neutral de Ucrania, incluyendo un acercamiento de posturas con respecto a la situación de las regiones del Donbass.

"Estos acuerdos deben ser completados (...), hay cierto progreso admitiendo la imposibilidad de que Ucrania forme parte de cualquier bloque", aseguró el jefe de la diplomacia rusa, agregando que han encontrado "un entendimiento" sobre la situación en la disputada región de Donbass.

India se ha mantenido con un perfil de neutralidad desde el comienzo de la invasión rusa de Ucrania, absteniéndose de condenar la agresión en la Asamblea General de la ONU.

El ministro de Exteriores ruso se reunió este viernes con su homólogo indio, Subrahmanyam Jaishankar, al que agradeció su postura neutral en el conflicto por contemplar el asunto "en su totalidad, no solo desde una de las partes".

Hacer frente a las sanciones

Además de discutir la situación en Ucrania, la reunión entre Lavrov y Jaishankar también debía servir para que ambos países desarrollasen mecanismos efectivos de pago para continuar con sus transacciones comerciales pese a las sanciones internacionales que pesan sobre la economía rusa.

La mayor de estas dificultades versa sobre la imposibilidad de gran parte de los bancos rusos de acceder al sistema de comunicación interbancario internacional SWIFT, así como el bloqueo de la reserva de divisas del Banco Central de Rusia, lo que limita ampliamente su actividad financiera.

Ante la devaluación abrupta del rublo y las restricciones sobre el sistema SWIFT, Putin había amenazado con exigir el pago en rublos a los países a los que les vende gas. Sin embargo, ante la negativa de muchos de esos países a pagar en la moneda local rusa el Kremlin tuvo que salir a aclarar este viernes que "el gas ya exportado está fuera del nuevo esquema de pagos en rublos".

El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, señaló que "El decreto no es retroactivo" y que "el desembolso por los envíos que se hacen ahora, no se realiza hoy mismo. El pago debe hacerse a finales, en la segunda mitad del mes, en abril o incluso a principios de mayo", buscando ganar tiempo para lo que serían las nuevas condiciones.

Al mismo tiempo Estados Unidos anunció abrirá su reserva estratégica de petróleo y por qué libera un millón de barriles por día. Esto tiene el doble objetivo de intentar frenar la creciente inflación sobre los hidrocarburos al interior del propio país, pero también de avanzar en lo que espera sea un negocio multimillonario: el de suministrar estos commodities a Europa, buscando reemplazar lo que hoy se importa desde Rusia.

El sábado pasado, Biden estuvo en la cumbre de la Unión Europea y cerró un acuerdo para que Estados Unidos se convierta en el principal proveedor de gas hacia Europa -exportando solo este año 15 mil millones de metros cúbicos de Gas Natural Licuado (GNL)- como parte del plan para cortar la dependencia energética de Rusia.

Rearme imperialista

A la reestructuración de la exportación de hidrocarburos, se suma una mucho más peligrosa. Tiene que ver con el rearme histórico que están aprobando uno tras otro los países imperialistas que forman parte de la OTAN y que significan un incremento en el militarismo y el guerrerismo no vistos desde la segunda guerra mundial. Esta tendencia que la comenzó Alemania a poco de iniciada la guerra en Ucrania, fue seguida por varios países europeos y coronada esta semana por Estados Unidos con el anuncio de Biden de presentar un aumento histórico del gasto militar.

De esta manera, la reaccionaria invasión de Rusia a Ucrania ya tuvo repercusiones desastrosas no solo entre las poblaciones de ambos países, sino que ayudó a consolidar el bloque imperialista de la OTAN comandado por Estados Unidos y junto a ello un incremento del gasto militar y de guerra sin precedentes en décadas, que no puede significar nada bueno para la población mundial.

 Viernes 1ro de abril


 

Rusia prueba en Ucrania los misiles más rápidos del mundo

Moscú utiliza por primera vez los misiles hipersónicos Kinzhal desde aviones, una avanzada tecnología que solo poseen Rusia y China, y en la que EEUU anda entre cinco y diez años por detrás. La velocidad de estos misiles multiplica por diez la velocidad del sonido, pueden transportar ojivas nucleares y todavía no existe tecnología para interceptarlos.

29/03/2022 01:07 Actualizado: 01/04/2022 21:10

Eugenio García Gascón

Diario Público

En cada guerra, especialmente cuando anda por medio una gran potencia, los países punteros examinan con minuciosidad el uso que se hace de las armas con el fin de saber hasta dónde ha llegado la tecnología del enemigo y mejorar su propia producción de armas. Como no podía ser de otra manera, eso también está ocurriendo en el conflicto de Ucrania.

Hasta ahora el arma estrella de la guerra, aunque apenas se ha usado, es un misil hipersónico que puede alcanzar los 150 kilómetros de altitud con un radio de más de 2.000 kilómetros, que es hasta diez veces más veloz que la propagación del sonido y que es capaz de llevar ojivas nucleares. Aunque se ha usado con anterioridad, en la guerra de Ucrania se ha disparado en dos ocasiones y por primera vez desde aviones de combate y no desde tierra.

Se trata de un misil de unas capacidades exclusivas que solamente poseen Rusia y China, pero no los Estados Unidos, que andan a la zaga en esta materia. Cazas MIG-31 dispararon recientemente dos de estos misiles hipersónicos Kinzhal, que están considerados los más rápidos del mundo, contra sendos objetivos en el sur de Ucrania: un depósito de combustible y un almacén de armas subterráneo.

El hecho más destacable es que hasta ahora solo se habían usado en su versión terrestre, que es más fácil de detectar, y no en su versión aérea. Expertos israelíes citados por el Yediot Ahronot señalan que es posible detectar esos misiles hipersónicos, especialmente en su versión terrestre, pero en cambio no es posible interceptarlos cuando se disparan desde un avión MIG.

Los expertos califican estos misiles Kinzhal (que en ruso significa "daga" o "puñal") de "estratégicos", es decir les atribuyen unas características que están por encima de los tanques avanzados T-80, que también se han usado en Ucrania pero tendrían unas características meramente "tácticas" y no "estratégicas". Los carros T-80 disponen de capacidades de defensa activa contra misiles antitanque.

Expertos occidentales consideran que el uso de misiles hipersónicos no solo es importante desde el punto de vista militar, sino que conlleva aparejado e implícito un mensaje de disuasión para Ucrania y para Occidente en general. En la práctica el mensaje va dirigido especialmente a la OTAN, que no posee un misil equivalente en su arsenal.

En la jerga militar se conoce como hipersónico al misil que es capaz de alcanzar una velocidad por lo menos cinco veces superior a la del sonido. Un misil subsónico sería el que vuela a una velocidad inferior a la del sonido mientras que un misil supersónico viaja a una velocidad de entre una y cinco veces la velocidad de propagación del sonido.

A diferencia de los balísticos, los misiles hipersónicos pueden maniobrar en el aire, es decir no tienen una trayectoria lineal prevista desde el principio. Se estima que la fabricación de cada unidad cuesta "varios millones de dólares", lo que explica que Moscú los haya usado en solo dos ocasiones puntuales y probablemente solo vuelva a utilizarlos cuando haya un objetivo que compense su elevado coste.

A diferencia de los balísticos, para los que se han desarrollado sistemas antimisiles, la tecnología occidental todavía no ha logrado la capacidad de hacer frente a los misiles hipersónicos. EEUU no posee misiles hipersónicos y no fue hasta 2021 cuando Washington dio instrucciones para fabricar esta clase de misiles. Los expertos estiman que EEUU va entre cinco y diez años por detrás de Rusia y China en esta innovadora tecnología.

Expertos occidentales cuestionan algunos datos facilitados por Moscú en relación con el Kinzhal. Según los rusos, el misil puede alcanzar en ciertas condiciones una velocidad de hasta 15.000 kilómetros por hora, es decir diez veces la del sonido. Por el contrario, los occidentales estiman que su velocidad máxima es en realidad de solo siete u ocho veces la velocidad del sonido. En cualquier caso, esta velocidad reducida constituye un récord mundial para este tipo de proyectiles.

Según un experto israelí citado por el Yediot Ahronot, "en los dos últimos lanzamientos el Kinzhal alcanzó la velocidad de siete u ocho veces el sonido durante entre 40 y 50 segundos a una altitud de entre 100 y 150 kilómetros, y a partir de ese momento el misil empezó a descender, perdió velocidad, e iba a tres o cuatro veces la velocidad del sonido antes de alcanzar su objetivo".

El experto cuestiona el radio de 2.000 kilómetros que le atribuye Moscú. "Se trata de un misil relativamente pesado que ya se ha lanzado desde una plataforma en tierra, especialmente en la guerra de hace un año y medio entre Armenia y Azerbaiyán. En su versión terrestre el alcance es de unos 500 kilómetros, de manera que hay que tomar con precaución la estimación rusa de un radio de 2.000 kilómetros".

Otros expertos indican que la ojiva del misil hipersónico se guía por GPS, pero que los rusos pueden guiarlo también mediante una ojiva electro-óptica en función de la imagen del objetivo, evitando de esta manera que el enemigo interfiera con medios electrónicos el GPS.

"Las fuerzas occidentales podrían ser capaces de detectar el vuelo de este misil, pero en un estadio relativamente tardío, y de ninguna manera podrían interceptarlo pues es un misil muy veloz que tiene capacidad de realizar maniobras violentas" en el aire, a diferencia de un misil normal, recalca el experto israelí.

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Miércoles, 30 Marzo 2022 05:51

Una tarima engalanada

Una tarima engalanada

Cao Jianming es uno de los 14 vicepresidentes del comité permanente de la Asamblea Nacional Popular de China, y ha sido enviado a Nicaragua para estar presente en la cuarta toma de posesión consecutiva de Daniel Ortega. Es un largo viaje, desde el otro lado del mundo, hacia un país que acaba de entrar en la órbita de las relaciones expansivas del nuevo celeste imperio de Xi Jinping. Pocos son los invitados que habrán de acudir, la mayoría de bajo nivel.

Por eso su sorpresa debe haber sido mayúscula cuando al bajar del avión advierte que lo espera una guardia de honor, como si fuera jefe de Estado. En un país de estrictas jerarquías como el suyo, tal anomalía protocolaria es imposible. Pero representa a China y eso es suficiente, así fuera ujier de la Ciudad Prohibida.

Pero lejos de allí se da otra escena también inusual, por no decir extraña. Ese mismo 10 de enero, el presidente López Obrador comparece en una de sus mañaneras, y un periodista le pregunta si su gobierno enviará algún representante a la toma de posesión de Ortega.

−Todavía no se decide −responde, bastante desconcertado−. ¿Cuándo es… la toma de posesión?

−Hoy −le informa el periodista.

−Ah… ¿Hoy? No sabía.

El periodista le dice entonces que la noche anterior la cancillería ha anunciado que no enviaría a nadie.

−¿Y a qué horas es la toma de posesión? −pregunta el Presidente.

−No sé la hora −responde el ­periodista.

−Vamos a ver si da tiempo de que llegue alguien… Porque nosotros tenemos buenas relaciones con todos. Con todos. Y no queremos ser imprudentes.

−¿Sería una imprudencia que no fuera ningún funcionario mexicano a la toma de posesión? −continúa el periodista.

Entonces el Presidente responde que México no puede hacer a un lado su política de autodeterminación de los pueblos. Y recuerda cómo la administración pasada, por quedar bien con otro gobierno, expulsó al embajador de Norcorea.

Seguramente estaba consciente de la imposibilidad de que un enviado llegara a tiempo, ya que ha dispuesto que tanto él como sus funcionarios sólo pueden utilizar vuelos comerciales. Y a la tarima de los invitados en Managua terminó subiendo el encargado de negocios de la embajada mexicana, ya que no hay ­embajador.

A este episodio tan singular, se le ha dado el cariz de una desautorización bastante ruda a su propio canciller, Marcelo Ebrard, quien habría buscado sumarse a la inmensa mayoría de los países latinoamericanos que dejaron solo a Ortega en su farsa. Pero también merece otra lectura.

Si el Presidente de México ni siquiera sabe cuándo toma posesión Ortega, y tampoco sabe, en consecuencia, la hora de la ceremonia, no es que esté desinformado nada más. Lo que demuestra es la nula importancia que Nicaragua tiene en su política exterior, un cero a la izquierda. Será por eso mismo que al canciller Ebrard no le pareció necesario informarle que no enviaría a Managua a nadie, ni siquiera a un funcionario de tercera categoría.

Y así se saca en claro que jamás se le había ocurrido al presidente López Obrador asistir él mismo, invitado como estaba; o enviar a su canciller, o a alguien de su gobierno.

Al contrario, lo que hace es tomar distancia, y colocar a Nicaragua en un lugar poco privilegiado: al lado de Corea del Norte. Buenas relaciones con todos, dice, y recalca la palabra todos, es decir, demócratas y dictadores. Por eso reprocha al gobierno de Peña Nieto, haber expulsado en 2017 al embajador del dictador hereditario Kim Jong-un.

Y de imprudencias hablando, Argentina, que tampoco envió a ningún delegado, se hizo representar por su embajador en Managua, Daniel Capitanich, entusiasta hincha de Ortega, quien se sentó en la misma tarima de honor en que se encontraba el vicepresidente para Asuntos Económicos de Irán, Mohsen Rezai.

El personaje está acusado en los tribunales argentinos de ser responsable, nada menos, del atentado terrorista contra la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), perpetrado en 1994, en que murieron 80 personas y más de 300 resultaron heridas, un crimen de lesa humanidad. Hay una orden de captura internacional librada por la Interpol contra él.

Al concluir la ceremonia, hubo una foto de familia en la que Ortega aparece junto al propio Rezai, el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, y el de Venezuela, Nicolás Maduro. Es la foto que debe haber sorprendido ingratamente al presidente Fernández de Argentina, y en la que López Obrador jamás hubiera querido estar.

La cancillería argentina dirigió una nota diplomática a la de Nicaragua por la presencia de Rezai, que "constituye una afrenta a la justicia y a las víctimas del brutal atentado terrorista". Un lamento, no una protesta: "El gobierno argentino lamenta profundamente tomar conocimiento de la presencia en la República de Nicaragua del señor Rezai".

Y la tarima en Managua se queda en su lugar, sin desarmar, hasta la próxima toma de posesión, cuando Ortega vuelva a traspasarle el poder a Ortega.

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Erdogan le habla a la delegación rusa (izq.) y la ucraniana (der.) en Estambul.. Imagen: EFE

Kiev está dispuesta a renunciar formalmente a buscar su ingreso a la OTAN

Los anuncios de la negociación fueron recibidos con escepticismo por las potencias occidentales, que tras el inicio de la guerra impusieron un arsenal de sanciones económicas a Moscú. 

 

Rusia se comprometió este martes a reducir la actividad militar en torno a Kiev luego de las "significativas" conversaciones mantenidas con Ucrania en Estambul, aunque Estados Unidos y otras potencias occidentales pusieron en duda la "seriedad" de Moscú en esas negociaciones. Según anunció la delegación ucraniana, Kiev está dispuesta a renunciar formalmente a buscar el ingreso en la OTAN, si a cambio recibe garantías firmes de un grupo de diez países, entre ellos los cinco miembros del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, de protección contra toda agresión militar. 

Los combates en terreno ucraniano ya obligaron a más de diez millones de personas a abandonar sus hogares y, según el presidente Volodimir Zelenski, dejaron al menos 20 mil muertos. Al menos nueve personas murieron y 28 resultaron heridas este martes en un ataque ruso que destruyó parcialmente la sede del gobierno regional en Mikolaiv, una ciudad cercana a Odessa, según un balance de la fiscalía general ucraniana.

Esperanza de desescalada

El jefe de la delegación rusa, Vladimir Medinski, aseguró que las negociaciones fueron "significativas" aunque aclaró que la decisión rusa no significa un alto el fuego. "No es un alto el fuego, sino nuestra intención de alcanzar gradualmente una desescalada del conflicto, al menos en estas zonas", explicó en declaraciones a la cadena rusa de noticias RT.

Sobre los términos de la negociación, Medinski señaló que Kiev renuncia a intentar recuperar Crimea y la región separatista del Donbass por la vía militar, versión que hasta ahora no fue confirmada por fuentes ucranianas. Por su parte, el negociador ucraniano David Arajamia presentó un detallado conjunto de propuestas con vistas a firmar un acuerdo de paz en virtud del cual su país renunciará a ingresar a la OTAN y permanecerá neutral tal como exige Moscú. 

Arajamia reiteró que Ucrania quiere que varios países, entre ellos la propia Rusia, Estados Unidos, Reino Unido, Francia, China, Turquía y Polonia, sean garantes del acuerdo de paz definitivo, que los obligará a prestar ayuda militar a Ucrania en caso de un ataque exterior, luego de un máximo de tres días de consultas.

Las esperadas negociaciones entre la delegación rusa y la ucraniana empezaron el martes temprano en Estambul, con un pedido del presidente turco Recep Tayyip Erdogan a que "pongan fin a la tragedia". Aunque se había anunciado una ronda de dos días de negociaciones, los avances alcanzados este martes permitieron concluir las conversaciones el primer día, por lo que no habrá reunión el miércoles. 

Turquía, que comparte costas en el mar Negro con los dos países beligerantes, viene realizando gestiones desde el inicio de la crisis para mantener vínculos fluidos con las dos partes y se ha esforzado para mediar en el conflicto.

Escepticismo occidental

Los anuncios de la negociación, especialmente los de la parte rusa, fueron recibidos con escepticismo y recelo por las potencias occidentales, que tras la invasión impusieron un arsenal de sanciones económicas a Moscú. En una conversación telefónica, los presidentes y jefes de gobierno de Reino Unido, Estados Unidos, Francia, Alemania e Italia urgieron a sus aliados a no bajar la guardia.

Boris Johnson, Joe Biden, Emmanuel Macron, Olaf Scholz y Mario Draghi "afirmaron su determinación de continuar elevando los costos para Rusia por sus brutales ataques en Ucrania, así como de continuar brindando a Ucrania asistencia en materia de seguridad para defenderse", indicó un comunicado conjunto de esos países. "Veremos si los rusos cumplen", declaró Biden a periodistas.

El Pentágono indicó que algunos contingentes rusos "parecen estar alejándose de Kiev", sin que eso pueda llamarse "un retroceso o una retirada". "No he visto nada que sugiera que se esté avanzando de manera efectiva, porque no hemos visto señales de una seriedad real" por parte de Rusia, dijo el secretario norteamericano de Estado, Antony Blinken, en una conferencia de prensa en Marruecos.

Desescalada militar en Kiev

Al margen del anuncio de una hoja de ruta hacia un posible acuerdo, el resultado más concreto sobre el campo de batalla fue el anuncio de la delegación rusa de que sus tropas reducirán su presión militar sobre Kiev y otras ciudades en Ucrania. Apenas concluidas las conversaciones, celebradas en un anexo del histórico palacio de Dolmabahçé, a orillas del Bósforo, Moscú anunció que aliviaría drásticamente su acoso sobre la capital ucraniana y la asediada ciudad septentrional de Chernigov.

Sin embargo el camino aún puede ser largo, porque la decena de países mencionada por el ucraniano Arajamia aún deben aceptar formalmente el papel de garantes y Kiev debe someter a un referéndum popular los acuerdos firmados, para que puedan pasar a formar parte de la Constitución. El negociador jefe de Ucrania insistió que esa consulta solo podrá celebrarse tras la retirada completa de las tropas rusas, ya que un acuerdo firmado bajo presión es inválido bajo la legislación internacional.

Nueve muertos en ataque en Mikolaiv

En Ucrania, los combates continúan en muchas regiones. El gobierno anunció que nueve personas murieron por un bombardeo ruso contra un edificio del gobierno regional en Mikolaiv, una ciudad portuaria del sur. "Según la investigación, las fuerzas armadas rusas lanzaron un ataque con misiles" contra este edificio y "actualmente se registran nueve muertos y 28 heridos", anunció el servicio de prensa de la fiscal general Iryna Venediktova. 

No se atacó ningún objetivo militar, "los habitantes de Mikolaiv no representaban ninguna amenaza para Rusia. Y sin embargo, como todos los ucranianos, se convirtieron en objetivo de las tropas rusas", repudió el presidente Volodimir Zelenski durante una intervención ante el Parlamento danés. La Fuerza Aérea de Ucrania, en tanto, aseguró que en las últimas 24 horas derribó 17 objetivos aéreos "enemigos", incluidos ocho aviones y tres helicópteros.

Putin y la operación humanitaria en Mariupol

Las fuerzas ucranianas contraatacan en el norte y luchan por mantener el control de la ciudad portuaria de Mariupol, en el sur. Las fuerzas rusas rodearon esa ciudad y la bombardean de manera constante e indiscriminada, dejando atrapadas a unas 160 mil personas con escasa comida, agua y medicinas.

Al menos cinco mil personas han muerto hasta ahora en Mariupol, según un alto funcionario ucraniano que estimó que el número real de víctimas podría acercarse a las diez mil. El presidente Volodimir Zelenski dijo que el asedio ruso constituía un "crimen contra la humanidad, que está ocurriendo en directo ante los ojos del mundo". 

Su par ruso, Vladimir Putin, subordinó la "solución" de la situación humanitaria en Mariupol al desarme de los grupos "nacionalistas" ucranianos, durante una conversación telefónica con su par francés, Emmanuel Macron, informó el Kremlin. Francia, que la semana pasada anunció su intención de organizar junto a Turquía y Grecia una operación humanitaria para evacuar a los civiles, estimó este martes que las condiciones para realizarla "no están reunidas por el momento".

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¿Por qué la izquierda debe apoyar el derecho de Ucrania a defenderse?

Para parte de la izquierda el poder responsable, en última instancia, de todas las guerras, es Estados Unidos y la OTAN. Desconociendo procesos particulares del espacio postsoviético, alimentan análisis geopolíticos que pasan por alto el derecho a la autodefensa. Detrás de ciertos saludos pacifistas, hay una invitación más o menos abierta a la rendición.

No soy una especialista, en el sentido académico del término, ni en relaciones ruso-ucranianas, ni en cuestiones geopolíticas. Estoy escribiendo una tesis en filosofía. Pero nací en Kiev, donde viví durante 20 años antes de llegar a Francia. Mi familia se encuentra actualmente en Ucrania. Mi madre abandonó Kiev el 28 de febrero psado, pero muchos amigos y familiares de amigos permanecen aún en la capital ucraniana, ya sea porque tienen a cargo personas ancianas y enfermas, o porque decidieron defender su ciudad y ayudar a quienes se quedaron allí. Otros amigos ya escaparon y están tramitando pedidos de asilo en Polonia, Alemania o Francia. Desde el primer día de la invasión, he seguido sobre todo la información local, a través de los medios de comunicación ucranianos y diferentes canales de Telegram, o directamente a través de los testimonios de mis familiares. Es una de las razones por las cuales decidí escribir este texto, para hablar de la magnitud de la destrucción, las condiciones de vida y de supervivencia de las personas que se encuentran actualmente en el lugar, y las redes de solidaridad y resistencia en las cuales se involucra masivamente la población ucraniana.

Tras el fracaso de la guerra relámpago, el ejército ruso intensificó los bombardeos en los centros urbanos, especialmente en Járkov, Mariupol y Kiev, sin dejar a salvo los barrios residenciales y la infraestructura civil como las escuelas y los hospitales. Lo que sucede se parece cada vez más a una guerra punitiva. Las imágenes de los suburbios del noroeste de Kiev pueden dar fe de ello: Irpín, Borodyanka, Bucha, Gostomel, así como varios pueblos situados a lo largo de la ruta Kiev-Zhitomir ya están semidestruidos. En esos suburbios donde los combates continúan, la población carece de electricidad, calefacción y red de telefonía desde los primeros días de la guerra. Deben pasar varios días seguidos en sótanos fríos y húmedos, que no están preparados para protegerse de los misiles tipo Grad o Iskander utilizados por el ejército ruso. La situación es absolutamente dramática. Ni la Cruz Roja se arriesga a ingresar en los territorios donde está instalado y circula el equipamiento militar ruso. 

A pesar de los acuerdos sobre los «corredores humanitarios», el alto el fuego es apenas respetado por el ejército ruso. Los militares disparan con frecuencia contra los automóviles de civiles que tratan de escapar de estas zonas de combate. El 6 de marzo fue asesinada en Irpín una familia que se dirigía a pie hacia uno de los autobuses de evacuación. Por el momento, el medio más seguro para abandonar la capital sigue siendo el tren que sale de la estación central. Ahora bien, esta última también fue dañada por una explosión que se produjo frente a la estación el miércoles 2 de marzo. Circular por la ruta en automóvil se ha vuelto cada vez más peligroso, y la gasolina escasea: los soldados rusos ya destruyeron varios depósitos de petróleo, especialmente en la región de Kiev, y actualmente se da prioridad a las necesidades del ejército. Por ahora, los trenes de evacuación circulan con regularidad, pero están repletos y las personas se amontonan de a cuatro en los asientos individuales, e incluso se ven obligadas a viajar paradas o sentadas en el piso durante más de 10 horas. En la estación de Lviv, donde los refugiados esperan los trenes que se dirigen a Polonia, la situación se vuelve cada vez más tensa. Viniendo por la carretera, debe esperarse hasta 24 horas para cruzar la frontera polaca.

Pero es en la sitiada Mariupol -una ciudad rusoparlante situada en el sur de la región administrativa de Donetsk- donde la hipocresía de la «operación especial» destinada a liberar estos territorios del yugo de los «nazis de Kiev» se revela en su extrema brutalidad. Esta urbe, que posee actualmente 360.000 habitantes, sufre bombardeos masivos que ya causaron al menos 1.500 víctimas civiles, que comienzan a ser enterradas en fosas comunes. Los habitantes de la ciudad están completamente aislados de todos los medios de comunicación, sin agua, electricidad ni calefacción. La ayuda humanitaria no puede llegar hasta allí y los corredores humanitarios siguen siendo inseguros. Un canal de Telegram comenzó a hacer un listado de las personas vivas, para que las familias y los amigos puedan tener información sobre sus parientes con los que no pueden contactarse desde hace nueve días.

Pero si Kiev, Járkov, Mariupol y otras ciudades resisten al ejército ruso aun cuando este posea una clarísima ventaja militar, es porque, frente a esta invasión, se interpuso una vasta movilización popular que supera ampliamente los aparatos estatales, incluso en las ciudades rusoparlantes que deberían, según la lógica, tanto de Putin como de cierta izquierda occidental, recibir con los brazos abiertos al ejército de liberación. Esta movilización adquiere múltiples formas: en Energodar y en otras ciudades, gente desarmada sale a formar cadenas humanas para impedir el avance de los tanques rusos; en las ciudades ya ocupadas, como Jersón y Melitópol, se produjeron grandes manifestaciones para protestar contra el ejército invasor. En otras ciudades, los grupos de defensa territorial y los grupos de solidaridad autoorganizados garantizan la seguridad y el abastecimiento de la población. Según las palabras de una amiga que permanece en Kiev, todo el mundo participa de una manera u otra en los movimientos de solidaridad a través de los miles de canales de Telegram especializados: se trata de organizar puntos de distribución y la entrega de alimentos, medicamentos u otros productos de primera necesidad, especialmente a las personas aisladas y a los más frágiles; encontrar u ofrecer alojamiento; solicitar o indicar la disponibilidad de lugares en los automóviles para evacuar a las personas a Ucrania Occidental. Cada ciudad propone una lista de sitios (iglesias, gimnasios, restaurantes) que pueden recibir gratuitamente a refugiados y personas en tránsito. El canal de Telegram «Ayuda para partir» tiene actualmente 94.000 miembros, incluyendo conductores y pasajeros. Todas estas iniciativas son horizontales y no dependen del Estado: síntoma a la vez de la quiebra del Estado ucraniano, tomado por sorpresa por una guerra de semejante magnitud, pero también del impulso de solidaridad y resistencia del pueblo ucraniano frente al invasor.

En esta situación, me sorprendió realmente la persistente incapacidad de buena parte de nuestros compañeros en Francia y otras partes para superar una visión del mundo donde el poder responsable, en última instancia, de todas las guerras, es Estados Unidos y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Es la razón por la cual muchos análisis sobre la situación en Ucrania, sorprendentemente, buscan remontarse a las «causas profundas» bastante lejanas, histórica y geográficamente. Un enfoque geopolítico semejante oculta en parte el desconocimiento de los procesos políticos y sociales del espacio postsoviético, alimentando especialmente la idea según la cual, en el fondo, todos los gobiernos oligárquicos de esta parte del mundo son iguales, cualquiera sea el grado de represión que ejerzan sobre su propia población y la población de Estados vecinos. Es en nombre de esta visión reduccionista de las realidades complejas que prácticamente se invita a los ucranianos a rendirse, ya sea directamente, o -de manera más indirecta y bajo el pretexto de un antimilitarismo revolucionario- oponiéndose a toda ayuda militar a Ucrania provista por países miembros de la OTAN. Enviando a los ucranianos un saludo internacionalista, se sugiere así que deberían aceptar la ocupación militar y un gobierno impuesto por Putin.

Por supuesto, desde la invasión, pocos compañeros se permiten negar que se trata de una agresión militar alimentada por las pretensiones imperialistas de Rusia. Pero las posiciones campistas siguen siendo sin embargo legibles en diferentes tomas de posición a través del orden en el cual se presentan los argumentos (sí, la inaceptable agresión a Ucrania por parte de Rusia, «pero por otro lado» el asedio a Rusia por parte de la OTAN...), que siguen sosteniendo la imagen de Rusia como una potencia imperialista subalterna y esencialmente reactiva. Hace varios días en Francia, en el anuncio en Facebook de la manifestación «por la paz» organizada por los jóvenes del Nuevo Partido Anticapitalista (NPA) al margen de la gran manifestación de apoyo al pueblo ucraniano que se realizaba en la Plaza de la República, podía leerse que la invasión militar a Ucrania por parte de Rusia era una reacción de Rusia a la política agresiva de la OTAN. Podía leerse que los organizadores apoyan a aquellos que «tanto en Ucrania como en Rusia luchan contra la guerra». Ahora bien, los ucranianos no luchan contra la guerra: están, a su pesar, en guerra contra Rusia. ¿Es esto pues otra cosa que una invitación a rendirse?

Cuando estalló la guerra, dada la aplastante superioridad de las fuerzas rusas, yo misma esperaba que Kiev fuese ocupada en 48 horas, para que al menos el precio a pagar por una derrota segura fuera el menor posible. Pero quedé asombrada, y creo que todos quedamos asombrados por la resistencia del ejército y la población ucraniana. Es importante que los compañeros comprendan que actualmente esta no incumbe solo a los neonazis, ni siquiera al Estado capitalista ucraniano, ni a los Estados imperialistas occidentales. Mis amigos y amigas anarquistas, socialistas y feministas participan en grupos de solidaridad, organizan colectas para el ejército ucraniano, se movilizan en grupos de defensa territorial. La población en su conjunto parece muy decidida a defender el simple derecho a vivir en paz en su país, país donde manifestarse y expresar públicamente posiciones divergentes se volvió quizás más complicado estos últimos años, pero no imposible, como sucede en Rusia.

Ciertamente, no hay que cerrar los ojos a las oscuras perspectivas de todos los posibles desenlaces de esta guerra. Como ucraniana, rusoparlante y marxista, observaba con preocupación la evolución política de mi país desde 2014, desde el desmantelamiento de las estatuas de Lenin y las leyes de descomunización hasta la proliferación de los grupos paramilitares de extrema derecha y la guerra en el Donbas. La guerra de Putin en Ucrania corre el riesgo de acentuar fuertemente estas tendencias y sentimientos antirrusos en todas las esferas de la vida. Todas las guerras, todos los movimientos de la llamada «liberación nacional» conllevan riesgos semejantes. Prevenir el avance de un nacionalismo imbécil que busca eliminar el multilingüismo y la herencia soviética en Ucrania, dificultando el desarrollo en este país de los movimientos anticapitalista, feminista y ecologista, será la tarea que tiene por delante la izquierda ucraniana e internacional. Pero en este momento, debemos expresar una total solidaridad con la resistencia ucraniana contra los invasores. La solidaridad con Ucrania es al mismo tiempo una solidaridad con las voces que, en Rusia, se elevan cada vez más fuerte contra la guerra y contra el gobierno. Al mismo tiempo que la represión, se intensificarán las fracturas políticas y sociales en Rusia. El poder quiere ocultarle a su población las imágenes de los bombardeos a los barrios civiles de Kiev, Járkov y Mariupol, pero ¿cuánto tiempo podrá hacerlo? Cualquiera sea el desenlace de esta guerra, estoy cada vez más convencida de que Ucrania será el fin de Putin.

Desde luego, con esta invasión, la izquierda occidental se ve enfrentada a serios dilemas. Solo abordaré aquí dos de ellos: ¿cómo apoyar a la resistencia ucraniana -y ello implica, a mi modo de ver inevitablemente, el apoyo a la provisión de armas y otros equipamientos al ejército ucraniano, dada la incomparable superioridad del ejército ruso- denunciando de manera general la industria armamentista y el anunciado aumento de los presupuestos militares? ¿Cómo apoyar a los refugiados ucranianos y alegrarse del impulso de la sociedad civil al respecto, recordando el tratamiento infligido desde hace décadas a los refugiados no blancos que huyen de conflictos que no afectan directamente al continente europeo, sin caer en una postura que consiste, desde la posición de un militante occidental, en señalar con el dedo al «refugiado privilegiado»?

Entre los argumentos mencionados por la izquierda para oponerse a la provisión de armas, se encuentran tres grandes categorías. La primera, al parecer, refiere a la preocupación por limitar el conflicto a Ucrania. La izquierda, al igual que la derecha, tiene miedo de incitar a Rusia a extender el conflicto, reconociendo sin decirlo que Occidente podría legítimamente sacrificar Ucrania para preservar la paz en el «mundo civilizado». A pesar de las grandes declaraciones de apoyo, Estados Unidos se mantiene muy prudente en esta cuestión, rechazando no solo la concesión de la No fly zone, que implicaría que los aviones de la coalición occidental derriben aviones rusos, sino también la provisión de aviones de combate solicitados por el gobierno ucraniano. En efecto, parece más que prudente hacer una clara distinción entre la implicación directa de los países de la OTAN en la guerra contra Rusia y el suministro de armas defensivas al ejército ucraniano. Del lado del invasor, Bielorrusia ya participa abiertamente en la guerra en Ucrania, sin que ello incite a Occidente a cruzar la línea roja. Pero también debe tenerse en cuenta el hecho de que toda intervención de Occidente, incluso bajo la forma de sanciones económicas, que Putin ya ha calificado como «declaración de guerra», podría servir de pretexto para una ampliación del conflicto, si esa fuera su intención.

El segundo argumento consiste en oponer la solución diplomática a la solución militar, un discurso por la paz al discurso belicista. Olvidan al parecer que el proceso de negociaciones con las fuerzas de ocupación depende actualmente, en gran medida, de las relaciones de fuerza en el terreno militar. Por otra parte, el desconocimiento de los objetivos en torno a Crimea y Donbas, y de las circunstancias históricas reales en las cuales las poblaciones locales debieron expresar su derecho a la autodeterminación -lo que implica una injerencia activa de Rusia a través de la ocupación en Crimea o la campaña de desinformación sobre las supuestas intenciones del «gobierno nazi» de Kiev de exterminar a las poblaciones rusoparlante en Donbas, por no hablar del carácter poco transparente de los referéndos- hace que las condiciones bajo las cuales Rusia dice estar dispuesta a sentarse seriamente a la mesa de las negociaciones se vuelvan aceptables a los ojos de algunos compañeros. Mientras Rusia se niegue a retirar sus tropas, la protección de las poblaciones civiles dependerá también, ante todo, de la capacidad defensiva del ejército ucraniano.

Finalmente, surge el temor respecto de los destinatarios de la ayuda militar occidental, teniendo en cuenta la existencia de Azov, una brigada de extrema derecha, en el seno del ejército ucraniano. Su armamento genera con justa razón serias preocupaciones. Pero significa también reducir la resistencia de todo un pueblo a su franja más minoritaria, compuesta por unos miles de combatientes, y negarse a ver que la sociedad ucraniana es una sociedad tan compleja como cualquier otra, en la que se entretejen identidades sociales, culturales y políticas heterogéneas. Cuando se habla del armamento de la resistencia ucraniana, debe pensarse ante todo en las necesidades de los grupos de defensa territorial surgidos de la movilización general, así como en la necesidad de protección de las poblaciones civiles con armas que permitan derribar cohetes y repeler los ataques aéreos de los que son blanco. En síntesis, una posición antimilitarista abstracta debe dejar lugar a un movimiento concreto por la paz en Ucrania, que tenga en cuenta tanto las necesidades militares como las no militares de la resistencia a la invasión. Cuanto más dure y más se fortalezca, más posibilidades de éxito tiene el movimiento por la paz tanto en Rusia como en el extranjero.

Respecto de la cuestión de los refugiados, los compañeros señalan con justa razón la hipocresía y los dobles estándares racistas de Europa, de los cuales la frontera polaca, donde miles de personas sufrieron tratos inhumanos hace apenas unos meses, se vuelve hoy uno de los símbolos flagrantes. Contrariamente a nuestros adversarios que buscan discriminar entre buenos y malos refugiados, se trata para nosotros de reafirmar nuestro apoyo a todas las resistencias y a todas las víctimas de las potencias imperialistas, basándose en el precedente ucraniano para exigir que la apertura de las fronteras y la «protección temporal» se vuelvan norma para todas las personas que buscan asilo en los países europeos, cualquiera sea su nacionalidad, su color de piel o la proximidad del conflicto con respecto a las fronteras europeas. Y habrá además que asegurarse de que, en lo que atañe a los propios ucranianos, las grandes declaraciones no se vuelvan, al cabo de unas semanas, simples fórmulas vacías, y que las ayudas prometidas permitan instalaciones duraderas en condiciones dignas.

Nota: este artículo fue publicado originalmente en francés en la revista Contretemps. Puede leerse el original aquí. Traducción: Gustavo Recalde.

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  El presidente de Rusia, Vladimir Puti, recibe al primer ministro israelí, Naftali Bennett, antes de su reunión conjunta el 22 Octubre de 2021. — Kremlin / dpa / Europa Press

El primer ministro Naftalí Bennett está en contacto continuo con los presidentes Vladimir Putin y Volodymir Zelensky. Con el segundo mantiene unas excelentes relaciones mientras que con el primero hay un choque de intereses y una aparente desconfianza mutua.

 

La actitud de Israel respecto a la crisis de Ucrania no deja de ser curiosa y contradictoria. Mientras el primer ministro Naftalí Bennett mantiene hilo directo con el presidente Vladimir Putin, habla con él con regularidad, y hasta ha sido el único mandatario "occidental" que ha visitado Moscú en una ocasión durante la guerra, otros ministros, empezando por el titular de Exteriores Yair Lapid, se muestran muy críticos con Rusia.

Un reciente sondeo muestra que más del 80% de los israelíes, con un porcentaje más elevado entre los israelíes judíos, que son los que cuentan, apoyan a Ucrania. Pero esto no impide que Bennett siga haciendo equilibrios con unos y otros.

Quizás el hecho de que el presidente Volodymir Zelensky sea judío, como repiten a menudo los medios hebreos, tenga algo que ver, aunque no es el único judío en la cúpula de poder de Ucrania. El mismo ministro de Defensa, Oleksiy Reznikov, también lo es, así como un nutrido grupo de asesores del presidente, algunos de los cuales incluso hablan hebreo, como bien les consta a los israelíes que siguen las televisiones locales.

Los contactos entre Bennett y Putin no impiden que se observe un recelo entre las partes. No debe olvidarse, que pese a sus más y sus menos ocasionales con Washington, Israel impulsa de una manera definitiva las políticas norteamericanas en el llamado mundo libre, es decir el mundo occidental que baila al unísono al compás de lo que dicta la partitura de EEUU.

Rusia es el mayor enemigo de los intereses del tándem EEUU-Israel que se presenta como defensor del llamado mundo libre y defiende la democratización forzosa y a su gusto del planeta. Sin embargo, a diferencia de EEUU, Israel cuida el trato con Rusia, algo que no es nada nuevo y que ha sido así por lo menos desde la caída de la Unión Soviética hace tres décadas.

Al igual que ocurre con miles de ucranianos, judíos y en menor medida no judíos, millares de rusos judíos, y algunos no judíos, incluidos oligarcas y personas muy relevantes de la cultura y la televisión rusa, han buscado refugio en Israel durante esta crisis. Se trata de un goteo constante del que los medios hebreos dan cuenta puntualmente.

El viernes el Yediot Ahronot reveló que "ex-militares" israelíes están adiestrando a los ucranios en una base secreta del oeste de Ucrania y que las autoridades israelíes lo saben y no han querido interferir. El periódico de Tel Aviv confirmó tanto la existencia de los "ex-militares" israelíes en Ucrania como el conocimiento que las autoridades israelíes tienen de esas actividades nada amistosas para con Moscú.

Un elemento no menor de la ecuación, que en su momento pasó casi desapercibido, pero del que sin duda tomaron nota en Tel Aviv, fue el anuncio del ministerio de Defensa ruso de que ha enviado a su base en la localidad siria de Hmeimim tres bombarderos Tu-22M3 con capacidad para armas nucleares.

Esto ocurrió el pasado 25 de mayo. Ciertamente a ningún país le gusta tener por su barrio aviones con capacidad para armas nucleares e Israel no es una excepción. Una circunstancia similar ha desencadenado la guerra en Ucrania, ya que Moscú dejó claro que la no nuclearización de su vecino es prioritaria para su seguridad. Aunque Israel debió tomar buena nota del anuncio de Moscú, prefirieron no crear una crisis en aquel momento.

Es evidente, aunque no lo manifieste públicamente, que entre los intereses de Israel está la debilitación de Rusia, lo que está sucediendo con la guerra y va a seguir sucediendo en el futuro más inmediato, con la vista puesta en el desgaste de Putin, considerado por Occidente como el mayor enemigo del llamado mundo libre solo por detrás de China.

Que las relaciones entre Moscú y Tel Aviv son peculiares quedó demostrado el jueves de esta semana, cuando el embajador ruso en Damasco, condenó de la manera más clara posible las actividades del estado judío. Lo hizo en unos términos sin precedentes y con la amenaza de responder de manera apropiada.

El embajador Alexander Efimov no estableció un vínculo con la guerra de Ucrania, aunque no puede descartarse que el vínculo esté implícito. Efimov dijo que las continuas actividades de Israel en Siria están "provocando una reacción" de Rusia. Si bien Moscú ha advertido a Israel repetidamente en las últimas semanas contra sus incursiones, nunca lo había hecho de una manera tan explícita y determinante. Por parte de Israel no ha habido reacción oficial.

Poco después de esta seria advertencia, el secretario de Estado de EEUU, Antony Blinken, anunció una visita a Israel para este fin de semana. Distintos medios hebreos han indicado que el principal objetivo del viaje consiste precisamente en explorar las posibilidades de la "mediación" israelí entre Rusia y Ucrania. No debe descartarse que Rusia esté usando la baza de su presencia en Siria con elemento de presión en la negociación.

Sin embargo, esa mediación depende tanto de Israel como de EEUU. Los americanos están interesados en el desgaste de Putin y el desarrollo de la guerra todavía juega a su favor, de manera que lo más lógico es que continúen sin responder a las demandas de Moscú respecto de su seguridad. Por su parte, Israel, aunque mantiene buenas relaciones formales con Putin, también está interesada en un debilitamiento de Rusia.

La guerra no solo está reforzando políticamente al presidente Joe Biden y a Occidente en general, sino que a esas ganancias políticas hay que sumar las enormes ganancias que tendrá la industria armamentista americana durante la guerra y muy especialmente en la posguerra. Esto significa que en las actuales circunstancias Washington tiene poco interés en poner fin al conflicto.

26/03/2022 21:39

Publicado enInternacional