El Parlamento Europeo habilitó el ingreso de Ucrania a la Unión Europea tras ovacionar a Zelenski

La sesión extraordinaria del PE y la intervención del presidente ucraniano ocurren con el telón de fondo de bombardeos rusos en la ciudad de Jarkov y anuncios de rearme en la Unión Europea.

 

Este martes el Parlamento Europeo aprobó en una sesión extraordinaria para tratar la cuestión de la guerra en Ucrania, una resolución que abre la puerta de la Unión Europea para el ingreso de Ucrania. El presidente de ese país, Volodimir Zelenski, se dirigió al pleno y fue ovacionado por la mayoría de los parlamentarios.

La votación es un importante apoyo para el presidente Zelenski, aunque no significa el ingreso en lo inmediato de Ucrania a la Unión Europea.

El presidente ucraniano exhortó a las y los parlamentarios: "[los ucranianos] han demostrado que son iguales que los europeos", pidió a las instituciones comunitarias que demuestren que "están con el pueblo ucraniano", que está "dando su vida por unos valores". Dijo además que "Sin ustedes, Ucrania estará sola. Hemos demostrado nuestra fuerza, hemos demostrado que somos iguales que ustedes. Demuestren que están con nosotros, que no nos dejarán de lado".

Roberta Metsola, presidenta del Parlamento Europeo, dijo que "el mensaje que envía Europa es claro: resistiremos, no miraremos hacia otro lado cuando hay gente en las calles luchando por nuestros valores contra la masiva maquinaria de guerra de Putin". Por su parte, la presidenta de la Comisión Europea Úrsula Von der Leyen dijo que "Proteger nuestra libertad tiene un precio y vamos a pagarlo".

Josep Borrell, alto representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores, dijo que la Unión Europea no va a “cambiar derechos humanos por su gas”, y que va a empezar a trabajar para “cancelar” la dependencia comunitaria de los hidrocarburos rusos, y señaló que “No vamos a abandonar la defensa de nuestros derechos humanos y libertad porque seamos más o menos dependientes de Rusia”.

Pero el camino de la membresía es largo e incierto. El pedido para la integración de Ucrania en la Unión Europea mediante un procedimiento acelerado de adhesión fue presentado por Zelenski este lunes y fue secundado por al menos nueve países de Europa central y del Este, con Polonia a la cabeza, al que se le sumó Hungría este martes.

El pedido fue aprobado a pesar de que muchos países lo consideran un paso prematuro, que corre el riesgo de empantanarse. Así lo expresara el propio Borrell el lunes: “Tenemos que trabajar en cosas más prácticas”, había señalado el lunes. “La membresía sería algo que, en cualquier caso, tardaría muchos años en producirse y lo que necesitamos son respuestas para las próximas horas, no para los próximos años (...) Ucrania tiene una perspectiva que es claramente europea, pero ahora lo que toca es luchar contra la agresión”.

La decisión del Parlamento Europeo ocurre con el telón de fondo de bombardeos rusos en la ciudad de Jarkov. La brutal agresión rusa contra Ucrania está siendo utilizada por las potencias imperialistas para rearmarse. Este domingo Alemania anunció un aumento de 100 mil millones de euros al presupuesto militar. Las grandes empresas de armas celebran.

En forma remota desde Moscú, el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, intervino en la Conferencia de Desarme de la ONU exigiendo a Estados Unidos la retirada de suelo europeo de sus armas nucleares: "Para nosotros es inaceptable que, contrariamente a las disposiciones fundamentales del Tratado de No Proliferación de las armas nucleares, las armas nucleares de los Estados Unidos sigan estando ubicadas en el territorio de varios países europeos".

Lavrov volvió a reclamar también garantías de seguridad a la OTAN, frente a las declaraciones del secretario general de la alianza militar, Jens Stoltenberg, que reiteró que la Alianza no enviará tropas a Ucrania, pero sí dará todo el apoyo militar necesario.

Martes 1ro de marzo

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La guerra financiera contra Rusia: ¿es el fin de la globalización neoliberal yanqui?

Guerra en Ucrania

De entre las opciones posibles en el conflicto ucraniano, retrotraerse a un régimen autárquico al estilo soviético o plegarse al tutelaje económico de Occidente, Rusia se ha decantado por la primera. No pueden estimarse las consecuencias financieras, pero provocará una alineación total con la estrategia geoeconómica del hegemón chino.

 

Las sanciones iniciadas por Occidente tras la invasión de Ucrania por parte de Rusia no tienen precedentes históricos. En tan sólo un par de días, las potencias europeas se han movido radicalmente: desde oponerse a, literalmente, aislar a los bancos más importantes del país del sistema de pagos internacionales hasta imponer sanciones al Banco Central de Rusia a fin de congelar sus activos y evitar que las reservas internacionales (el país tiene 630.000 millones en el exterior, las estimaciones dicen que cerca del 30 % están en Alemania y Francia) se utilicen para eludir las sanciones. Sberbank, la entidad bancaria más importante de Moscú, ha sido excluido de la red de corresponsalía bancaria de Estados Unidos y no puede realizar o recibir pagos internacionales en dólares. Por así decirlo, los medios financieros rusos para continuar con la guerra se han congelado. Desde Washington incluso se ha especulado con imponer controles a las actividades en el mercado de las criptomonedas, en caso de que pudieran evitar parcialmente las sanciones.

Si bien ninguna de estas medidas afecta directamente al suministro de gas (la mitad de los ingresos del Estado ruso depende del sector energético), Vladimir Putin podría encerrarse a la interna en un sistema autárquico y utilizarlo como elemento de negociación con sus enemigos. Ello dañaría considerablemente las economías de dos actores clave en la Eurozona (Italia y Alemania), ampliamente dependientes de sus reservas, lo cual explica el anuncio alemán de que construirá dos nuevas terminales de gas licuado para reducir su dependencia. Sin embargo, fuera de la intensa propaganda occidental, está por ver si las acciones de Estados Unidos y la Unión Europea tendrán éxito o si, por el contrario, promoverán la búsqueda de una mayor autonomía rusa, un contacto aún más estrecho con sus aliados euroasiáticos y la alineación geoeconómica con China, quien está extrayendo valiosas lecciones de este conflicto sobre cómo desafiar la hegemonía estadounidense.

La economía política del capitalismo financiero global

La caída del telón de acero significó el auge exorbitante de los flujos de capital transnacionales, quienes se vieron libres del control ejercido por las economías planificadas de los países soviéticos para fluir hacia todos los países del mundo. Ello dio lugar a la liberalización (democratización, en la jerga neocon del Consenso de Washington) de los sectores financieros de dichos enclaves geográficos y su dependencia sobre la moneda del hegemón yanqui (el dólar) que emergió como ganador de la Guerra Fría. Ninguna televisión explicó en prime time a aquellos territorios vírgenes del Este que comenzaban a privatizar sectores estratégicos que la muerte del comunismo como alternativa sistémica al capitalismo también implicaría el nacimiento de una infraestructura de pagos internacional y la centralización del poder financiero en Estados Unidos, cuyos gigantescos bancos se convirtieron en los principales intermediarios para llevar a cabo las transacciones bancarias transfronterizas o registrar intercambios de una manera eficiente.

Esta ha sido una de las caras menos visibles –pero igualmente importantes– en el proceso de financiarización, es decir, la vía occidental por defecto hacia la integración en la globalización neoliberal. Si bien la potencia encabezada por Vladimir Putin ha tratado de fomentar un capitalismo interconectado estructuralmente con Estados Unidos y la Unión Europea, aunque con unas finanzas independientes de ambos en términos funcionales y un sector energético poderoso, tanto la apertura a los mercados internacionales de capitales como las sucesivas privatizaciones han colocado a Rusia en tierra de nadie ante la posible activación del botón nuclear financiero de sus antiguos aliados.

Como señalaba Daniela Gabor, está de moda criticar a Putin ahora, pero la situación actual es una consecuencia histórica de la ideología neoliberal procedente de los muchachos de Harvard, con Jeffrey Sachs a cargo, y fue la doctrina del shock de Estados Unidos lo que destrozó la economía rusa en la década de 1990, cuando se contrajo a la mitad en solo tres años. En el primer año de la reforma de mercado, la producción industrial se derrumbó en un 26 por ciento. El resto de los datos también resultan demoledores y dan cuenta de que la fallida integración del país en el capitalismo global bebe de Estados Unidos. Entre 1992 y 1995, el PIB de Rusia cayó un 42 por ciento y la producción industrial cayó un 46 por ciento, mucho peor que la contracción de la economía estadounidense durante la Gran Depresión. Los ingresos reales se desplomaron en un 40 por ciento desde 1991; el 80 por ciento de los rusos dejó de tener ahorros. El desempleo se disparó, particularmente entre las mujeres. A mediados y finales de los noventa, más de cuarenta y cuatro millones de los 148 millones de habitantes de Rusia vivían en la pobreza (definida como vivir con menos de treinta y dos dólares al mes), mientras que las tres cuartas partes de la población viven con menos de cien dólares al mes. Los suicidios se duplicaron y las muertes por abuso de alcohol se triplicaron a mediados de los noventa.

En contraste, el capitalismo chino no ha seguido estas pautas en su integración hacia los procesos de financiarización global, como demostró ampliamente Giovanni Arrighi en Adam Smith en Beijing (Akal, 2007). El Estado que controla Xi Jinping, desde las instituciones monetarias hasta el Banco Central, ostenta un rol central en la gestión de las finanzas, la regulación del capital privado (un ejemplo reciente son las empresas de tecnología financiera, como WeChat y Alibaba), la basculación del poder de su moneda y la planificación de la economía. Ello le ha permitido orientar la acumulación de capital hacia objetivos geoestratégicos más elevados que la obtención de beneficios a corto plazo, algo que los Estados capitalistas occidentales no pueden lograr debido a la privatización y liberalización de los sectores públicos. Como muestran los estudios más recientes sobre la economía política del capitalismo global, tras la crisis del coronavirus, China ha asumido el papel de creador de mercados externos en el mundo, reforzando la creciente diferencia entre el carácter estatista y liberal en el espectro internacional, así como atrayendo a sus aliados hacia la primera órbita. Un dato: el comercio bilateral entre ambos se ha más que duplicado desde 2015, cuando Occidente impuso sanciones por primera vez tras la anexión de Crimea.

“Para que el régimen resista incluso a una versión más suave de un bloqueo al estilo iraní, tendría que moverse en una dirección autárquica, más cerca de una economía dirigida de sello soviético”, escribió Perry Anderson en la New Left Review hace siete años. “Regresión o humillación: tales, en términos del sistema construido por Putin, parecen ser las alternativas.” 

Un software para el colonialismo y la vigilancia digital

Una de las infraestructuras más importantes que sostienen a las finanzas en su expansión global y dan forma a las armas económicas de Occidente es la Sociedad para las Comunicaciones Interbancarias y Financieras Mundiales (Swift, por sus siglas en inglés). Fundada en 1973, Swift es una sociedad cooperativa supervisada por los bancos centrales del G10, así como por el Banco Central Europeo y el Banco Nacional de Bélgica, país en donde está radicada la organización que representa aproximadamente a 3.500 empresas de todo el mundo. En términos prácticos, el Swift sería una suerte de software para facilitar la comunicación entre las instituciones financieras de todo el planeta y la realización de transferencias o pagos transfronterizos minoristas, conocidos como remesas, que generalmente eluden el sistema bancario. En 2020, por ejemplo, se realizaron alrededor de 38 millones de transacciones cada día a través de esta plataforma, lo que facilitó movimientos financieros por valor de varios billones de dólares. 

Aunque tiene su sede en Bélgica, Swift es propiedad de empresas privadas y su participación mayoritaria está controlada por bancos estadounidenses. Esto es, los protocolos de mensajes son abiertos y están disponibles como estándares ISO 20022, pero el software para utilizarlo está privatizado por el monopolio global bancario, que cobra una tarifa por cada correo electrónico enviado. Resulta curioso observar al respecto que se trata de una infraestructura privada que ofrece un bien público, pero que se ha nacionalizado para servir a los fines geopolíticos de Occidente. Digamos que el objetivo de este software es canalizar buena parte de las transacciones transfronterizas del mundo e imponer un peaje que obliga a la intermediación de los grandes bancos mundiales estadounidenses, como JPMorgan o el Wolfsberg Group, un grupo de trece megabancos que realiza transacciones internacionales a través del Consejo de Estabilidad Financiera, órgano internacional que promueve la estabilidad del sistema financiero internacional ergo la dependencia a las potencias occidentales.

En palabras de Andrés Arauz, economista y ex ministro ecuatoriano, el sistema Swift es una expresión del colonialismo digital contemporáneo y representa las lógicas contemporáneas de vigilancia del imperio yanqui, ya que no solo está dirigido por empresas estadounidenses sino que también proporciona datos a las agencias gubernamentales de inteligencia de este país, un hecho ampliamente documentado en la literatura académica. Han existido varios incidentes con el Swift que ponen de manifiesto la naturaleza geopolítica de este sistema, su encaje en la jerarquía del sistema financiero global y la manera en que se ha expresado la soberanía digital o monetaria a través de este.

El primer incidente con el Swift ocurrió entre 2006 y 2010, cuando la Unión Europea se vió obligada a compartir los datos de los ciudadanos comunitarios con un programa estadounidense que monitorizó la financiación de actividades terroristas (Terrorism Financing Tracking Programme). Si bien en 1990 se produjeron los primeros intentos por parte de los reguladores financieros estadounidenses para acceder a los datos presentes en el Swift, ello no se consiguió hasta después de los atentados del 11 de septiembre. Entonces, Estados Unidos invocó el discurso de la seguridad para violar las leyes de protección de datos europeas. Ello fue posible porque Swift operaba en un centro de datos situado en el país norteamericano, donde todos los mensajes quedan registrados durante 124 días. No obstante, desde aquel incidente se ha trabajado en un acuerdo para regular el acceso de Estados Unidos a Swift en el marco de las operaciones de contraterrorismo.

El segundo incidente del Swift habla de cómo Estados Unidos lo ha utilizado como arma geopolítica para reforzar su hegemonía militar y como moneda de cambio durante las negociaciones sobre el programa nuclear de Irán. El think tank consevador Atlantic Council estimó que las sanciones financieras de 2012-2015 impuestas a este país, junto a la prohibición de acceder al Swift como punta de lanza de las medidas anteriores contra los bancos iraníes, provocaron una pérdida de 241.000 millones, equivalente al 64,8 % del PIB iraní en 2012. Otros trabajos señalan que el costo de la implementación total de las sanciones (2012-15) para el PIB iraní fue, en promedio, de aproximadamente 60.400 millones por año, o alrededor del 16,2 % de lo que realmente fue el PIB durante ese tiempo y el 13,9 % de lo que habría sido si no se hubieran impuesto las sanciones. 

Sea como fuere, cuando el Swift volvió a suspender el acceso de los bancos iraníes a su sistema de mensajes en noviembre de 2018, aquello que la literatura científica venía demostrando se mostró de manera clara: es una forma de hacer converger las sanciones y la agenda en seguridad internacional de Estados Unidos con las tecnologías de pago globales, privando a los ciudadanos y a las empresas de todo el mundo de la infraestructura básica para enviar dinero a Irán. Esto es, un asunto de soberanía digital y monetaria de primer orden. Por eso, el Banco Central de Irán entró en acción a principios de este año, formalizando un sistema para permitir que las empresas realicen pagos en criptomonedas. Aunque posiblemente exista más ficción mediática que realidad geopolítica en esta visión, Estados Unidos y la mayoría de los gobiernos aliados han acusado durante mucho tiempo a este país de usar bitcoin para eludir las sanciones impuestas para castigarlo por su programa nuclear. Al respecto, la consultora Elliptic estimó en su día que el 4,5% de toda la minería de Bitcoin tiene lugar allí, lo que le permitiría al país eludir algunos embargos comerciales y ganar cientos de millones de dólares en criptoactivos que pueden usarse después para comprar importaciones y eludir las sanciones.

De todos modos, medios de pago como Swift son aún una herramienta importante en la política exterior. Un estudio publicado este mes por Andreas Nölke, profesor de la Universidad Goethe en Frankfurt, analizaba la genealogía de este sistema para afirmar que el Swift es un elemento central en los llamados procesos de financiarización de las economías occidentales, pues entrega a los megabancos estadounidenses la centralidad en la globalización neoliberal. Indicaba además algunas consecuencias de que los países sino-eurasiáticos hayan otorgado al Estado y a los bancos de su propiedad un peso más importante en la gestión de estas infraestructuras geoeconómicas. “No deja de ser irónico que el proceso de financiarización neoliberal [estadounidense] pueda comenzar y terminar con consecuencias no deseadas” para este país, avisa Nölke. Tras fallidas intervenciones militares en medio mundo, la hegemonía de la potencia yanqui se encuentra en plena crisis. Si bien una política exterior férrea con Rusia puede ahogar a este país, difícilmente pueda hacer frente a China, su enemigo directo y una de las fuentes de poder que explican sus enfrentamientos con Vladimir Putin.

Armamento nuclear financiero contra Rusia

Las sanciones no dejan de ser poderosas herramientas de los Estados Unidos y los países europeos para influir en el comportamiento de las naciones que no consideran aliados. Estados Unidos, en particular, trata de usar el Swift como una herramienta diplomática porque el dólar es la moneda de reserva mundial y se usa en pagos en todo el mundo. Esto es lo que se llama el “armamento de las finanzas”, en palabras del FT Alphaville, “donde Washington usa el dominio del dólar para promover los objetivos de la política exterior de los EE. UU.” Los datos de un estudio pormenorizado sobre esta herramienta resultan cristalinos: el dólar representa el 62 % de las reservas de divisas asignadas, el mismo porcentaje de los pasivos locales en moneda extranjera de los bancos están denominados en dólares, representa el 40 % de los pagos internacionales y las estimaciones colocan la participación del comercio global facturado en dólares en alrededor del 50 %.

La administración de Joe Biden dio alas el martes a la hipótesis de aplicarlo tras promulgar nuevas sanciones con el objetivo de impedir su acceso al capital extranjero, aunque rechazó aplicarlo hasta considerar la magnitud de la intervención rusa. Rusia invadió Ucrania y nadie le tembló el pulso. El sábado por la noche, Francia, Italia, Grecia, Chipre, España y Hungría expresaron su apoyo a esta medida financiera, adoptada por el Reino Unido. “Swift es el arma nuclear financiera y lo que permitiría a las instituciones financieras rusas aislarse de otras instituciones financieras en todo el mundo”, dijo Bruno Le Maire, ministro de Finanzas. Por su lado, el ministro de Relaciones Exteriores de Ucrania, Dmytro Kuleba también se sumó a los gobiernos occidentales al pujar para que la comunidad internacional saque a Rusia del sistema Swift. Y así ocurrió.

Estados Unidos y sus aliados tomaron la decisión el sábado de bloquear el acceso de ciertos bancos rusos al sistema de pago internacional Swift. Las medidas incluyen restricciones a las reservas internacionales del Banco Central ruso, paralizando sus activos y “congelando sus transacciones”, en palabras de Úrsula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea. Esto es un ataque histórico al rublo ruso. Así se desprende de un comunicado conjunto que contempla más acciones por venir. A su vez, Washington ha impuesto sanciones de corresponsalía y cuentas de pago a Sberbank y 25 de sus subsidiarias, limitando severamente la capacidad del banco para realizar transacciones en dólares estadounidenses. Además, las instituciones financieras de este país deben rechazar formalmente (negarse a procesar) transacciones futuras que involucren a Sberbank o sus subsidiarias de instituciones financieras extranjeras. Este banco se suma a VTB Group, Sovcombank, Novikombank, Promsvyazbank y Otkritie, cuyos clientes no podrán usar sus tarjetas en el extranjero, ni realizar pagos en línea, prohibiendo así los servicios de Apple Pay y Google Pay.

La viabilidad de estas sanciones, sin embargo, ha sido criticada desde las páginas de la revista Foreign Affairs por ser demasiado poco efectivas. En su lugar se ha propuesto escalar las restricciones a las empresas financieras, energéticas y de defensa rusas, hasta el punto de incluirlas en una lista negra y el compromiso de la OTAN de acelerar la modernización de los ejércitos en el flanco oriental de la OTAN (como los que defienden Bulgaria, Polonia, Rumania y los estados bálticos), pues continúan dependiendo del material militar adquirido de entidades rusas. 

¿La Primera Guerra Mundial en la era de las criptomonedas?

Si a la dimensión geopolítica del Swift se agregan las cuestiones relacionadas con el mundo digital, entonces vemos cómo el Gobierno de los EE. UU. y los reguladores belgas no sólo tienen un poder absoluto para determinar que las transacciones transfronterizas se efectúen en el marco del dólar, sino también acerca de las posibilidades que ofrecen las criptomonedas. Una vez que se crea una alternativa al Swift, como puede ser el Bitcoin u otras monedas digitales de un banco central que permiten pagos internacionales transfronterizos sin estar registrados en la base de datos de este software, explicaba Andrés Arauz, los apostatas del neoliberalismo financiero y la liberalización comienzan a ponerse nervioso. Por eso, en el pasado decidieron fomentar alternativas al Swift, a saber, la stablecoin de Facebook (Diem) hace dos años y en la actualidad la de PayPal o JPMorgan, así como o iniciativas filantrópicas al estilo Better Than Cash Alliance, que incluyen a Visa y MasterCard, cuyo objetivo es reducir el uso de efectivo pero atar toda moneda digital al dólar.

Hasta qué punto podrá verse este hecho que la administración Biden se encuentra en las primeras etapas de exploración sobre cómo ampliar las sanciones hacia las criptoactividades de Rusia. Por ejemplo, otorgando a los gobiernos occidentales influencia, por ejemplo, para solicitar a las plataformas de intercambios y grandes corredores de criptomonedas que bloqueen transacciones en ciertos países o con ciertas monedas emitidas por los gobiernos, como el rublo.

La cuestión no es baladí. Según estimaciones rusas citadas por The Washington Post, habría más de 12 millones de billeteras de criptomonedas, donde se almacenan los activos digitales, abiertas por ciudadanos rusos y el monto de los fondos que gestionan es de aproximadamente 2 billones de rublos, equivalente a alrededor de 23,900 millones de dólares. Además, Rusia es el tercer país más grande para la minería de bitcoins.

Si bien el banco central del país propuso prohibir las operaciones con criptomonedas el mes pasado, pidiendo la prohibición de la emisión y bloqueando el intercambio de criptomonedas por monedas respaldadas por el gobierno, así como la prohibición de la minería de criptomonedas, algunos sectores en Rusia han visto en las criptomonedas una herramienta potencial para eludir otras sanciones que se enfocan en el sistema bancario y de pagos tradicional. En octubre de 2020, representantes del banco central de Rusia dijeron a un periódico de Moscú que el nuevo “rublo digital” haría que el país fuera menos dependiente de Estados Unidos y pudiera resistir mejor las sanciones, pues permitiría a las entidades rusas realizar transacciones fuera del sistema bancario internacional con cualquier país dispuesto a comerciar con moneda digital. De momento, las criptomonedas sirven eminentemente para que los multimillonarios eviten las sanciones, ya que se pueden mover miles de millones de dólares fácilmente a través de las fronteras.

Sea como fuere, esta es una realidad que está ganando peso de manera apresurada en el escenario geopolítico. Recientemente, el Tesoro estadounidense revisó el último programa de sanciones y exigió una modernización de estos para mantener su eficacia tras afirmar que las monedas digitales podrían debilitar las sanciones de EE. UU. “El desafío para la economía rusa es que la inmadurez de las criptomonedas como parte de su sistema financiero no les permite eludir a gran escala las sanciones multinacionales que se imponen”, matizó Juan Zarate, ex secretario adjunto del Tesoro y asesor adjunto de seguridad nacional en la administración de George W. Bush.

Nada de ello ha evitado que el banco central de Ucrania tomara medidas sobre las transferencias de dinero digital, convirtiéndose en el primer Estado nación de la historia en aceptar bitcoin (BTC) ether (ETH) y la stablecoin o moneda estable Tether (USDT, en su versión de la red Ethereum) vinculada al precio del dólar estadounidense, para financiar la guerra contra Rusia. Las entidades de blockchain de todos los tamaños también han comenzado a participar y a donar a la causa ucraniana. Además, las plataformas DAO más grandes como Aave ya han presentado propuestas a sus comunidades para donar cantidades significativas al pueblo ucraniano. Tampoco olvidemos que Ucrania es el principal actor europeo de criptomonedas y el cuarto más grande del mundo. En septiembre, el país legalizó las criptomonedas, y su nuevo Ministerio de Transformación Digital emprendió una enorme campaña de atracción de inversiones procedentes de empresas tecnológicas en este sector.

La contrahegemonía del eje asiático

Aunque no son tan importantes como otros acuerdos, los estudios en materia eurasiática indican que las iniciativas soberanas para impulsar sistemas de pagos conjuntos pueden ayudar a evitar o dificultar la captura de mercados rentables por parte de competidores occidentales y bloquear los intentos de ejercer influencia política a través de las finanzas. Desde hace varios años se viene reconociendo desde diversas instituciones que la cooperación económica de Rusia y China estaría sujeta a las percepciones de que existen amenazas para la acción antagónica conjunta mediante el uso de monedas digitales distintas a las de Estados Unidos.

No extraña, por este motivo, que ambos países hayan impulsado sistemas nacionales de pago. Por un lado, a medida que crece el comercio y la inversión con el resto del mundo, China ha reforzado su sistema de pagos para permitir transacciones transfronterizas en yuanes y no ha cesado en su esfuerzo para globalizar la moneda local. También el renminbi transfronterizo chino se ha finalizado con éxito y, aunque la moneda en términos de valor está muy por debajo (menos del 3 por ciento) de las participaciones de las principales monedas de reserva occidentales en el mundo, los avances en soberanía monetaria de este país han atraído la atención mundial. Más aún desde que ha sido pionero en impulsar el yuan digital, una criptomonedas conectada al Estado chino. A mediados de septiembre del año pasado, además, el Banco Popular de China envió instrucciones detalladas a 19 bancos para implementar cuanto antes el Sistema de Pago Interbancario Transfronterizo, administrado por el llamado CIPS Co. Ltd., lanzado por el banco central en 2015 para liquidar reclamos internacionales en yuanes, lo cual aumentará el número de bancos que utilizan el sistema a casi 80.

Por su parte, Rusia también ha estado trabajando en la implementación de su propio sistema desde que la tramitación del pago a través de Visa, Mastercard y otras tarjetas estadounidenses fueron incluidas en el régimen de sanciones de la potencia occidental contra Rusia en 2014. De hecho, un año más tarde impulsó su tarjeta de pago electrónico “Mir”, obligando a ambas tarjetas a participar del sistema de pagos ruso. En este contexto también se entiende que desarrollara el sistema denominado como SPFS (Sistema para la Transferencia de Mensajes Financieros) para uso transfronterizo, el cual debería comenzar a utilizar tras quedar aislada del Swift. Si bien se limita principalmente a la utilización dentro del territorio ruso, el gobierno lo ha promovido intensamente su adopción en cumbres internacionales, como las de la Organización de Cooperación de Shanghái y los BRICS, donde negoció con Irán y Venezuela.

Además de desarrollar el SPFS, Rusia también dispone de otras herramientas para protegerse contra posibles sanciones financieras, por ejemplo, acumulando enormes cantidades de reservas extranjeras y difundiendo de manera integral el sistema de tarjetas de crédito ruso (“Mir”) que limitaría las repercusiones de las medidas de Occidente. Al igual que China, Rusia ha desarrollado un rublo digital independiente de Swift que fue aprobado por el banco central en octubre de 2020 y testado como prototipo en la región de Crimea un año después. Si bien las sanciones occidentales provocarán distintos inconvenientes para las transacciones con Rusia (por ejemplo, volver al arcaico sistema télex para la mensajería financiera internacional, y una enorme volatilidad), hasta los observadores de Washington reconocen que la moneda digital del banco central, los sistemas de pagos transfronterizos que este país ha impulsado o la cooperación con China y el resto de la región euroasiática puede devolver el control de la economía al Estado, reducir la dependencia del dólar estadounidense, impulsar el rublo a nivel mundial y minimizar el riesgo de sanciones.

De hecho, algunos trabajos académicos afirman que “si los estados logran materializar este potencial emitiendo sus propias criptomonedas y convirtiéndolas en dinero de curso legal, estas herramientas podrían funcionar como medios de pago internacionales y medios de acumulación quizás de manera más eficiente que el dinero de crédito”. Aunque, de momento, Rusia recibe más euros que dólares por sus exportaciones a China, el nuevo dinero digital del país de Putin podría competir con el dólar estadounidense como moneda de reserva internacional.

Ahora bien, de fondo se encuentra la preocupación que comparten Estados Unidos y la Unión Europea: esta estrategia puede reafirmar la tendencia que muestran los estudios en economía política, es decir, que el sistema financiero de Rusia se haga más dependiente de China. Existen dos factores fundamentales que refuerzan esta hipótesis. Primero, porque la integración del país de Vladimir Putin a los mercados financieros globales (es decir, a la globalización neoliberal) se encuentra cada vez más subordinada a la potencia de Xi Jinping, lo cual aumentará la vulnerabilidad de las finanzas nacionales rusas, y más aún en medio de una escalada de las sanciones por parte de Occidente. Segundo, como bien ha descrito el periodista Rafael Poch, los desastres del neoliberalismo en este país, la privatización en nombre de la “libertad de mercado” aceptada como dogma de progreso, así como la posterior restauración violenta de su sistema autocrático, tienen una relación directa con la dependencia sobre China, en lugar de hacia Estados Unidos. En otras palabras, la elección de una política macroeconómica abierta a la financiarización del sector bancario ruso, principalmente de propiedad estatal, dificulta la transformación de las entradas de liquidez en créditos para las empresas del Estado.

Qué tremenda paradoja, la implementación de la agenda deseada por el Consenso de Washington ha provocado que la mayoría de los sectores productivos de la economía rusa no sean capaces de competir en buenas condiciones. La farsa del dogma de la globalización neoliberal, junto a la extensión de las bases militares hacia su territorio, ha colocado a Rusia cada vez más cerca del modelo de capitalismo chino y el mundo post-dollar que tiene en mente. La carrera entre las dos grandes superpotencias de nuestra era será larga, pero Putin tendrá pocas salidas distintas a la de atar sus finanzas, monedas y flujos de capital a la Ruta de la Seda china. La Unión Europea también ha confirmado quién será su aliado en este viaje, y probablemente solo Alemania gane con esa elección.

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Una imagen satelital muestra un convoy militar cerca de Invankiv. — Reuters / TECNOLOGÍAS MAXAR

Moscú y Kiev se reunirán de nuevo mientras continúa la ofensiva rusa

Putin puso condiciones en el diálogo con Macron: el reconocimiento de la soberanía rusa en Crimea y la desmilitarización y desnazificación de Ucrania. París pidió el alto el fuego

 

Desde París

Triple billar en torno a la ocupación rusa de Ucrania. El ejército ruso intensificó su ofensiva en varios puntos de Ucrania al mismo tiempo que Rusia y Ucrania mantenían las primeras negociaciones en Bielorrusia y que el presidente francés, Emmanuel Macron, volvía a entrevistarse por teléfono con Vladimir Putin para pactar las condiciones que podrían poner fin al conflicto. Tanto la negociación directa como lo hablado por Macron y Putin no contienen, hasta ahora, elementos que bajen el escepticismo. Moscú incrementó sus acciones militares en la segunda ciudad del país, Jarkov, con la perspectiva del diálogo entre las delegaciones rusas y ucranianas. El exministro de Cultura ruso, Vladímir Medinski, encabeza las negociaciones y ha dicho que se busca llegar a un acuerdo que “contemple los intereses de las dos partes”. El ministro de Defensa ucraniano, Oleksii Reznikov, al frente de la delegación de su país recalcó que la condición consistía en un “alto el fuego” inmediato y la partida de las tropas rusas de su país. Las conversaciones proseguirán este martes primero de marzo.

Casi todas las cartas parecen estar en las manos de Putin, y ello pese al inédito paquete de sanciones adoptado en las últimas horas por la Unión Europea y el grupo de los países más industrializados, el G7. Las medidas ya provocaron un desplome del rublo con una caída del 20% y el Banco Central ruso multiplicó por dos su tasa de intereses (9,5 a 20%). A este cañoneo de sanciones se sumó la FIFA cuando, este lunes, excluyó a Rusia del Mundial de fútbol de Qatar (2022). Pese a este cerco, el jefe del Estado ruso tiene la ventaja militar, por partida doble: la primera es que está por tomar el control de la ciudad de Berdiansk y ello ubica a las fuerzas rusas muy cerca de apoderarse de Mariupol. Se trata de la localidad portuaria del mar de Azov. Si Moscú consigue controlar Mariupol tendría a su alcance el famoso corredor que comunica con Crimea, la cual Moscú anexó en 2014, y el Donbás, que es el objetivo prioritario de Rusia. Ese es el sentido de la conversación telefónica entre Macron y Putin. La presidencia rusa emitió un comunicado con el nuevo pliegue de condiciones que presentó a Macron en el cual figura el “reconocimiento de la soberanía rusa en Crimea”, no reconocida por Occidente. Putin también exigió “la desmilitarización y la desnazificación del Estado ucranio” así como un “estatuto neutro” previo a toda solución. París, a su vez, adelantó que se le había solicitado a Putin que no se bombardeara a los civiles, que no se destruyeran las infraestructuras civiles y que no se vulneraran las rutas. 

Según el Palacio presidencial del Elíseo, el mandatario ruso “confirmó su voluntad de comprometerse” con esos puntos. París también insistió sobre “la necesidad de un alto el fuego” y la importancia de mantener un canal de diálogo abierto. El presidente francés propuso “seguir en contacto en los próximos días. Volveremos a intercambiar”. Putin ha ido sumando muchas piezas poderosas sobre este tablero bélico con una anticipación muy eficaz. No es menor el hecho de que, el domingo pasado y en toda discreción, tuvo lugar un referendo en Bielorrusia que abre la puerta una modificación de la Constitución para poner término a la “neutralidad” de Bielorrusia y a la prohibición de que en su territorio se instalen armas nucleares. El 65% de la población aprobó la consulta.

Europa está a la vez orgullosa de sus decisiones inéditas y el mismo tiempo bloqueada para ir más lejos. No puede recurrir a la Alianza Atlántica (OTAN) y como carece de una defensa común tampoco intervenir en conjunto. El reparto de responsabilidades entre la OTAN y la UE limita una respuesta militar, tanto más cuanto que la vocación de la UE es no volver a los tiempos de guerra que ya conoció el continente. La “activación” de la respuesta nuclear anunciada el lunes por Putin hace también temer un conflicto abisal.

La OTAN y la ONU

La OTAN participó en varias misiones que tampoco le competían y dejó a su paso una siembra de muertos y naufragios: lo hizo en Kosovo (1999), en Afganistán (2003) y, más recientemente, participó en la coalición internacional que puso fin al régimen libio del presidente Muamar Gadafi (2011). En Afganistán perdió la guerra junto a Estados Unidos y en Libia, en 2011, decapitó un país y desencadenó la mayor crisis humanitaria del Siglo. De esa intervención (Unified Protector (OUP) , solicitada por las Naciones Unidas, derivó la huida de millones de personas a través del mar Mediterráneo rumbo a Europa. Antes, en Kosovo, a partir de 1999, asumió otra misión a pedido de la ONU cuyo resultado puede resumirse en la frase que dejó ese conflicto: "daños colaterales”. Cada vez fue el Consejo de Seguridad quien solicitó su intervención. No lo hizo esta vez por tres razones: Rusia es una potencia nuclear: ni Europa ni la OTAN quieren un enfrentamiento directo con Rusia: para intervenir, entre otras condiciones, la OTAN requiere que se lo pida el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. En este mes de febrero, el Consejo estaba presidido por Rusia y, por consiguiente, Moscú no iba a solicitar una intervención contra si misma.

Ucrania pide entrar a la UE

La UE y la OTAN se dividen las tareas; la UE se encarga de gestionar las crisis fuera de la Unión y la OTAN se ocupa de defender los territorios de los 30 países de la Alianza Atlántica. Ucrania no es miembro ni de la UE, ni de la OTAN. El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, reiteró el lunes 28 de febrero su pedido con vistas a que la Unión Europea acepte a su país como miembro mediante “un procedimiento especial”. Habrá que esperar. De hecho, la UE golpeó a Rusia como lo que es, un gigante económico, y se quedó atorada en su pequeñez geopolítica y militar. Con todo, este conflicto si trastornó el rumbo: por primera vez en su historia reciente, la UE salió de su molde cuando acordó entregar armas a Ucrania mediante un fondo de ”asistencia” por un monto de 450 millones de euros. El conflicto en Ucrania empujó a Europa a ingresar en otro mundo. 77 años después de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) los europeos dejaron de lado su credo de paz sobre el cual se construyó la Europa que conocemos. El giro es gigantesco, incluso si la ayuda puede parecer modesta. Los países de Europa del Este desempeñaron un papel decisivo en este cambio. Ocupada por los nazis primero y por los soviéticos después, Europa del Este ve resurgir el espectro de una nueva ocupación. Hasta países como Suecia rompieron la doctrina que consistió en no suministrar armas a un país en guerra. La última vez que lo había hecho fue en 1939, cuando Finlandia fue atacada por la Unión Soviética. Este lunes 28 de febrero la UE amplificó su rango de acción. Accedió a coordinar la compra de las armas que Ucrania le solicite y habilitar sus satélites para respaldar con “inteligencia” a Kiev.

El gas

Las urgencias energéticas también condicionan a la UE. La Comisión de Bruselas y los Estados miembros bloquearon los haberes del Banco Central de Rusia, sacaron a ciertos bancos rusos del sistema internacional de intercambios bancarios SWIFT y hasta propusieron prohibir que canales rusos como Rusia Today y Sputnik emitieran en los países de la UE (medida, por otra parte, muy difícil de aplicar). Sin embargo, lo único que hubiese hecho retroceder a Rusia no lo tocaron: el gas. Es un ingrediente tanto más decisivo cuanto que ni siquiera en los momentos más tensos de la Guerra fría Rusia dejó de suministrar gas a Europa y esta de comprarlo. Las exportaciones de gas ruso son tan claves para Rusia como para Occidente. Europa es el primer cliente de Moscú, para quien las exportaciones de gas representan 60% de las divisas que obtiene. A su vez, Europa es el primer cliente gasífero de Rusia con una dependencia global del 40%. El porcentaje alcanza el 65% en Alemania y 75% en países como Austria y la corona de naciones que fueron antaño satélites de la URSS: países bálticos, Hungría, Polonia, Republica Checa, Eslovaquia. El canciller alemán, Olaf Scholz, decidió detener el proceso mediante el cual se iba a poner en funcionamiento el gasoducto ruso Nord Stream 2, el cual pasa por debajo del mar Báltico y llega directamente a Alemania y, de allí, a Europa. Sin embargo, este pipe-line, cuya construcción acabó en 2021 y al que siempre se opuso Estados Unidos, aún no estaba en funcionamiento. En cambio, el otro gasoducto, el Nord Stream 1, sí suministra gas desde 2012 y nadie, ni en Alemania ni en otro país, evocó suspender los suministros. Hay, además, otros tres gasoductos ruso-europeos en actividad: Yamal, Brotherhood y Soyouz. Ni Argelia, ni Turquía, ni Azerbaiyán ni Estados Unidos están en condiciones de reemplazar todo el gas proveniente de Rusia.

El futuro viene con otro problema inmenso. La gestión de los refugiados y desplazados. Para la UE es un rompe cabezas. La magnitud de lo que se espera no tiene ejemplos recientes: cuatro millones de refugiados, 7 millones de desplazados y 18 millones de personas afectadas por la guerra. Esas son las proyecciones que surgen de la reunión del pasado domingo entre los Ministros de Interior de la UE. ” La guerra será larga”, dijo Macron. Y como todas, imposibles de prever. Una catástrofe mayor acecha a Europa. Sin embargo, hubo tiempo y medios diplomáticos para evitarlo.

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En el quinto día de la invasión rusa se intensificaron los ataques sobre Mariupol y Jarkov

Pese a las negociaciones entre Rusia y Ucrania, hubo más muertes de civiles y sigue el asedio a Kiev

El ministerio del Interior informó de 352 civiles y decenas de militares muertos desde el jueves, incluyendo a 14 niños. Por su parte la ONU registró 102 civiles muertos y a 304 heridos, pero advirtió que las cifras reales pueden ser más altas.

Rusia mantuvo el lunes, en el quinto día de su invasión a Ucrania, el asedio sobre Kiev e intensificó su ataque sobre Mariupol y Jarkov, la segunda ciudad del país, con el resultado de varias bajas civiles, mientras en paralelo diplomáticos de las dos naciones mantenían la primera reunión en busca de una salida que frene el enfrentamiento bélico. La presidencia ucraniana agregó que la ciudad de Berdiansk, en el mar de Azov, está "ocupada" y el ejército ruso afirmó que tiene rodeada a la localidad de Jersón. Ambas ciudades están cerca de la península de Crimea, que Rusia anexó en 2014 y desde la cual lanzó una de sus varias fuerzas de invasión.

Kiev resiste

En el terreno, los ucranianos parecen aumentar su resistencia frente a los rusos, que todavía no logran anunciar ninguna victoria contundente. El lunes, las autoridades locales afirmaron que repelieron varios asaltos contra Kiev, en donde el toque de queda se levantó por la mañana. En la capital del país se formaron largas filas fuera de los supermercados. En las calles, brigadas de voluntarios con lazos amarillos y azules con los colores nacionales levantaron barricadas improvisadas. 

"Los recibiremos con cócteles molotov y balas en la cabeza, así los recibiremos", aseguraba armando una de esas barricadas Viktor Rudnichenko, empleado bancario. "Las únicas flores que recibirán de nuestra parte serán para sus tumbas", agregaba este hombre de unos 30 años que salió por provisiones cuando el toque de queda fue levantado. Esta corta pausa, gracias a las negociaciones en curso entre ambos países en la frontera bielorrusa, da tiempo a los habitantes de Kiev, después de la conmoción de las primeras ofensivas contra su ciudad, para organizar su defensa.

Bombardeos a Jarkov

"El enemigo ruso bombardea barrios residenciales" de Jarkov, escribió por su parte el gobernador regional Oleg Sinegubov en las redes sociales, en las que expresó: "A causa de los bombardeos, que se siguen produciendo, no podemos utilizar los servicios de rescate". Sinegubov detalló que "actualmente hay 11 muertos y decenas de heridos", una situación a la que consideró "un crimen de guerra".

Además aviones rusos bombardearon la ciudad de Brovary, cerca de Kiev, poco después de que terminara la primera ronda de las negociaciones de paz bilaterales en la frontera de Bielorrusia. La muerte de civiles profundizó la discusión sobre el ataque de Rusia a barrios residenciales, aunque Moscú insiste en su discurso de que solo tiene objetivos militares.

El vocero del Kremlin, Dmitri Peskov, afirmó en su aparición diaria ante los medios que los militares rusos "hacen todo lo posible" para "garantizar la seguridad de los civiles" y denunció que existen “grupos nacionalistas ucranianos que usan a la población civil como escudo humano".

Rusia reivindicó su "supremacía aérea" en toda Ucrania, dijo que controla la central nuclear de Zaporozhie, en el sudeste ucraniano, y señaló que ocupa Berdiansk, una ciudad portuaria ubicada al sudeste del país. Durante toda la madrugada hubo cruentos combates en los alrededores de la portuaria Mariupol, según informó el jefe de la administración regional de Donetsk, Pavlo Kirilenko.

Balance incierto

El balance del conflicto sigue siendo incierto y el ministerio del Interior de Ucrania informó de 352 civiles y decenas de militares muertos desde el jueves, incluyendo a 14 niños. Por su parte la ONU registró 102 civiles muertos, incluyendo a siete niños y a 304 heridos, pero advirtió que las cifras reales pueden ser más altas. 

En tanto, el éxodo de refugiados continúa y según la agencia de la ONU para los refugiados (Acnur), desde el jueves cerca de 500 mil personas huyeron hacia los países vecinos. La Unión Europea espera que este conflicto deje siete millones de desplazados.

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Una escuela en Jarkov, ciudad a unos 50 kilómetros de la frontera con Rusia, muestra los estragos de la guerra. Foto Afp

Moscú. El presidente Vladimir Putin, al hablar por teléfono este lunes con su colega francés, Emanuel Macron, afirmó que la solución de este conflicto armado “es posible sólo si se toman en cuenta de manera incondicional los legítimos intereses de seguridad de Rusia”, según un comunicado del Kremlin.

Como exigencias preliminares, Putin mencionó “reconocer la soberanía rusa sobre Crimea, desmilitarizar y desnazificar el Estado ucranio, y el compromiso vinculante de su declaración de neutralidad”, agregó su servicio de prensa.

La llamada telefónica se conoció después de que la primera reunión de delegaciones de Rusia y Ucrania concluyó en la frontera ucranio-bielorrusa, como era previsible, sin poder acordar un alto el fuego, pero al menos ambos lados no descartaron que pronto, tal vez dentro de un par de días, sea posible celebrar una “segunda ronda” en la frontera polaca-bielorrusa.

Al término de las cinco horas de negociaciones, el jefe de la delegación rusa, Vladimir Medinsky, ex ministro de Cultura y actual asesor del presidente Vladimir Putin, declaró a la prensa: "Hubo varios puntos en los que podemos pronosticar posiciones comunes, y lo más importante es que estuvimos de acuerdo en continuar negociando".

Su contraparte, Mikhailo Podolyak, asesor del presidente Volodymir Zelensky, afirmó que “cada una de las partes esbozamos nuestras prioridades y en algunos puntos se vislumbran ciertos avances por lo cual nos volveremos a reunir muy pronto en la frontera polaco-bielorrusa”.

Las delegaciones dejaron Bielorrusia con destino a sus capitales para informar a los mandatarios lo que se trató a puerta cerrada y, si Putin y Zelensky, dan luz verde fijar la fecha de la siguiente reunión.

Mientras, en el quinto día de la ofensiva rusa, los combates no cesaron y ambas partes continuaron reportando éxitos, mezclando noticias ciertas con falsas, haciendo muy difícil corroborar la veracidad de lo que aseguran.

Impacto de la guerra en Rusia

Los rusos –la gente común y corriente, no los que toman las decisiones en nombre de los demás– despertaron este lunes en una nueva realidad: un país que no era el suyo, que de repente se convirtió en encarnación de lo peor que uno pueda imaginar y que sanciones económicas sin precedentes quieren asfixiar y que está, no sólo en el sentido directo con el cierre del espacio aéreo europeo a los aviones rusos, cada vez más aislado por la comunidad internacional.

Y si una persona quiso sacar dinero como solía hacer se encontró de repente con largas filas en los cajeros automáticos, con la imposibilidad de retirar sus ahorros de los bancos, con la escasez de divisas que ahora sólo puede adquirir por encargo en caso de que desembolse cantidades impensables hace tan sólo unos días, resultado inevitable de la devaluación en 30 por ciento del rublo.

Al buscar noticias en Internet, aunque muchos países prohibieron las emisiones de la cadena de televisión RT y los servicios de la agencia noticiosa Sputnik, verá el desplome de la bolsa, el éxodo de los primeros políticos europeos que cabildeaban los intereses rusos y renunciaron a sus asientos en los consejos de administración de las corporaciones públicas rusas donde recibían remuneraciones astronómicas.

Dentro de poco comenzará a sufrir los efectos de la exclusión de los primeros bancos del sistema internacional de transferencias, SWIFT, y el embargo de los activos del Banco Central: habrá menos productos importados y todo será más caro. Algunos magnates cercanos al Kremlin ya no son bienvenidos en otros países y pueden ver congeladas sus cuentas bancarias y sus propiedades. La industria petrolera resentirá que British Petroleum anunció su decisión de vender sus acciones de RosNeft y de abandonar los proyectos conjuntos, igual que Shell rompió con Gazprom.

También se enterará de la negativa de los países postsoviéticos a sumarse a la aventura bélica de Rusia, salvo de alguna manera Bielorrusia que busca prestar todo lo que necesite el Kremlin y, a la vez, ofrece su territorio para situarse como mediador entre rusos y ucranios. Ninguna otra república ex soviética ha querido apoyar a Rusia y mucho menos, como Kazajistán, que debería estar agradecida por el respaldo que recibió de Rusia en enero anterior, aceptaron enviar unidades militares contra Ucrania. Sabrá que su gran aliado China prefiere mantenerse al margen y no formar un frente común contra Estados Unidos y abstenerse en las votaciones de la ONU.

Para muchos rusos, al margen de lo que piensen o dejen de pensar sobre la guerra, también hay de los últimos, resulta difícil de entender por qué sus músicos, aún los más brillantes, no son bienvenidos en las mejores salas del mundo, igual que el famoso Bolshoi no podrá realizar giras internacionales; por qué muchos jóvenes que estudian en otros países son expulsados por el hecho de ser rusos por qué sus equipos de futbol y baloncesto quedaron excluidos de los torneos europeos y su selección nacional no podrá jugar las eliminatorias del mundial de futbol en Qatar; por qué no puede pasar sus vacaciones en muchos países y no sólo de Europa, ni siquiera tan lejanos como México, ya que los aviones rusos tendrían que dar la vuelta al mundo para poder llegar.

Justificaciones y rechazos

Todo esto, y mucho más, porque quienes sólo ven la televisión oficial, la generación mayor, están convencidos de que su ejército no está en guerra contra un pueblo fraterno, sino realiza, como sostiene la propaganda del Kremlin, una “operación militar especial” contra una “junta de nacionalistas” que es una amenaza intolerable para la seguridad nacional de Rusia.

Pero dentro de las propias familias de ese sector de la población –de sesenta años para arriba– que odia con razón todo lo que suene a nazismo cree que sus soldados cumplen una misión de liberación de un pueblo hermano que sin embargo no los recibe con flores y vítores, hay fuertes discusiones con los hijos y nietos que tienen otras fuentes de información y que no apoyan la guerra.

No todos, pero cada vez más de esos inconformes, a pesar de la represión con que la policía y la guardia nacional tratan de impedir las protestas, salen a la calle cada día a dejar constancia de que no están de acuerdo con la decisión del Kremlin de atacar a Ucrania.

Aunque los afecta directamente, son conscientes de que estas sanciones sin precedentes pretenden no sólo que el presidente Vladimir Putin detenga la guerra –y eso es muy difícil porque, como se sabe, cuando se desata una guerra sólo hay dos opciones: ganarla o perderla, y por ahora no puede lograr lo primero y no quiere reconocer lo segundo–, sino que la élite gobernante en Rusia le dé la espalda.

Signos de fractura

Empiezan a aparecer los primeros signos de fractura entre los magnates que se benefician de su cercanía con el Kremlin, tres de los hombres más ricos de Rusia hicieron saber en las redes sociales que lo que sucede en Ucrania “es una tragedia y la guerra no es la solución” (Mijail Fridman), “hay que cambiar la política económica y acabar con este capitalismo de Estado en Rusia” (Oleg Deripaska), “todos los días mueren personas inocentes, estoy en contra de la guerra” (Oleg Tinkov).

Entre tanto, los miembros de la bancada del Partido Comunista en la Duma, que presentaron la iniciativa de ley para reconocer la independencia de la República Popular de Donietsk (RPD) y de la República Popular de Lugansk (RPL), declaran sin tapujos que no votaron por iniciar una guerra y sembrar la muerte y devastación en toda Ucrania y hablan de “un serio error de los gobernantes de Rusia”.

Incluso la prensa que toleran las autoridades, aunque tiene prohibido describir lo que pasa en Ucrania como una “guerra”, comienza a dudar de las decisiones de Putin. El editorial del diario Nezavisimaya Gazeta de este lunes salió con un titular que dice más que muchos textos: “Putin quiere reformatear no sólo Ucrania, sino cambiar el orden legal internacional” y anota:

“Lo que empezó hace una semana como reconocimiento de la RPD y la RPL se transformó en una operación militar especial cuyo objetivo es tomar Kiev, derrocar a Zelensky y reformatear en Ucrania todo el Estado y hacerlo amistoso a Rusia”.

Todo esto, dice el periódico, “llevará a un cambio radical del destino, en términos de bienestar económico, que tocará a la puerta de la mayoría de los rusos. Es un factor que, sin duda, influirá en los ánimos de la sociedad. Y en los índices de popularidad…”.

Por Juan Pablo Duch, corresponsal

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Mapa sobre los bombardeos y avances de Rusia en territorio ucraniano. — JUAN ECHANOVE

La guerra ha obligado a 368.000 personas a abandonar Ucrania, según ACNUR. Las partes han acordado reunirse en la frontera de Bielorrusia y Moscú responde a las sanciones internacionales con la activación de sus fuerzas nucleares disuasorias

 

PRZEMYSL (polonia) / Madrid

 

En Kiev no hay un sólo alma. Las autoridades han decretado un toque de queda que se extenderá hasta la mañana del lunes y las calles se han adentrado en una calma intermitente, con silencios y ráfagas de disparo entre rusos, que siguen sin hacerse con la capital, y ucranianos, cuyas filas se han visto reforzadas por civiles armados con fusiles y cócteles molotov

Pero la guerra no se concentra en Kiev. De hecho, la batalla por la capital permanece en un segundo plano, pues los esfuerzos de Moscú están puestos en algunos enclaves que lindan con Crimea y con los que se pretenden abrir  corredores hacia el este para conectar con el Donbás y hacia el oeste. En las últimas 24 horas, los rusos, según su Ministerio de Defensa, han conseguido bloquear la ciudad de Jersón, donde han acontecido batallas cruentas desde el viernes. Estas informaciones también apuntan a que Berdyansk ha caído en manos rusas, lo que abriría las puertas de Mariúpol, una de las urbes más importantes para que las columnas militares puedan conectarse con Donetsk y Lugansk.

En el noreste, las tropas ucranianas resisten la ofensiva de Rusia para hacerse con Járkov, un enclave que permite abrirse camino hacia el Donbás. En este punto, los soldados y las milicias armadas llevan resistiendo más de dos días a pesar de que Moscú ha intensificado los ataques y ha logrado entrar en la ciudad. El Servicio Estatal de Comunicaciones Especiales y Protección de la Información de Ucrania, no obstante, informa de que sus tropas han acabado con uno de los blindados rusos

Durante este domingo, el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, ha hecho un llamamiento para que los ciudadanos extranjeros se presenten voluntariamente a filas y se unan a la lucha "codo a codo con los ucranianos" por "la defensa de la seguridad en Europa y en el mundo". Por el momento, no hay constancia de tropas internacionales, pero sí parece haber un incremento de ciudadanos ucranianos en el extranjero que tratan de regresar para combatir en primera línea.

En la frontera polaca se puede ver el contraste de quienes cruzan hacia la zona segura con sus maletas y enseres y aquellos que pretenden volver a la zona de conflicto. En la estación de Przemysl, uno de los enclaves de paso, centenares de ucranianos acuden a la llamada a filas de Zelenski. La mayoría hombres, aunque también mujeres, regresan de otros países de Europa donde trabajaban y tenían su vida asentada, según ha constatado Público. Los trenes que llegan a este punto desde Ucrania no sólo vuelven a Kiev cargados de futuros e inexpertos soldados, también lo hacen a rebosar de ayuda humanitaria y durante todo el día se han visto hileras de personas que se pasan en cadena suministros –medicamentos, botas, sacos de dormir, cajas de agua y comida– desde fuera de la estación hasta el interior de los vagones.

Un primer acercamiento

Mientras la guerra sigue su curso, las dos partes del conflicto han abierto una pequeña grieta para la diplomacia. El sábado la posibilidad de un acercamiento quedó dinamitada después de que Moscú acusara a Zelenski de haber rechazado el diálogo y éste dijese que el jefe del Kremlin estaba tratando de llevar el diálogo hacia un callejón sin salida. Pero este domingo algo ha cambiado y los dos gobiernos han anunciado que se reunirán en la frontera bielorrusa. 

Ucrania había rechazado varias veces esta opción, ya que los bielorrusos son aliados de Putin, y, de hecho, han permitido que las tropas rusas se asentaran en su territorio para traspasar la frontera y tomar Chernóbil durante el primer día de guerra. Zelenski ha hablado con Alexander Lukashenko, el líder de Bielorrusia y le ha exigido que no haya rastro de armamento ni personal militar en la frontera como condición a reunirse con las autoridades de Moscú. "No quiero cohetes, aviones y helicópteros", ha dicho el presidente ucraniano en un vídeo difundido a través de Facebook. 

"Lukashenko me ha propuesto que las delegaciones rusas y ucranias se reúnan en el río Pripiat. Os confieso que no creo demasiado en el resultado de esta reunión, pero debe ocurrir. Para que la población ucraniana no tenga ninguna duda de que yo, como presidente, no intenté detener la guerra cuando tuvimos, aunque pequeña, una oportunidad de hacerlo", ha informado. 

Putin activa su fuerza nuclear en respuesta a las sanciones 

La noche del sábado terminó con una decisión importante. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, anunciaba que iba a proponer congelar todos los activos del Banco Central Ruso y excluir a las entidades bancarias más importantes del país del sistema financiero SWIFT, lo que impediría que pudieran realizar transacciones internacionales. Además, la Unión Europea ha propuesto cerrar definitivamente todo el espacio aéreo y vetar la emisión de Russia Today (RT) y Sputnik, al considerarlos medios propagandísticos de Moscú. 

El Kremlin no ha tardado en mover ficha. Vladimir Putin, tras considerar las sanciones internacionales como "medidas ilegítimas", ha informado de que se activarán las fuerzas nucleares "en modo especial de combate". Además, el presidente ha considerado que los mandatarios de la OTAN están realizando "declaraciones agresivas" contra Rusia y ha apelado a trasladar "las fuerzas de disuasión" a un régimen de servicio especial. El concepto de "fuerzas de disuasión" quiere decir en términos bélicos que, en caso de ataque, Moscú se reserva la opción de utilizar toda su fuerza armamentística, incluido su arsenal nuclear. Es una medida de presión que busca inmovilizar a las fuerzas de la OTAN y de la UE e impedir su entrada en territorio ucraniano.

Al otro lado del Atlántico, EEUU ha calificado el anuncio de Putin como un intento de "justificar mayores agresiones" y le ha acusado de "fabricar amenazas". Jen Psaki, portavoz de la Casa Blanca, ha cargado contra Moscú en una entrevista para la cadena ABC. "Es un patrón que hemos visto por parte de Putin a lo largo de este conflicto", ha remarcado. "En ningún momento Rusia ha estado bajo la amenaza de la OTAN o bajo la amenaza de Ucrania. Todo esto es un patrón del presidente Putin".

La crisis humanitaria se agrava

La guerra sigue dejando un éxodo de refugiados hacia las fronteras del oeste de Ucrania. Según los últimos datos del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), desde el 24 de febrero hasta la mañana de este domingo, al menos 367.893 personas abandonaron el país hacia Europa y otras 125.000 habrían migrado hacia la Federación Rusa desde Donetsk y Luhansk, al este del país. 

Polonia se ha convertido en el mayor receptor de refugiados, donde han llegado 156.300 personas. En esos pasos fronterizos, el frío empieza a dejar su huella, ya que la nieve no ha cesado en las últimas horas, lo que dificulta la espera en las largas colas para entrar al país. A Polonia le siguen de lejos Hungría, con 71.158 migrantes; Rumanía, con 43.184; Moldavia, con 41.525; Eslovaquia, con 17.648; y Bielorrusia y Letonia, que han recibido 263 y 163 personas, respectivamente. Además, unos 37.600 refugiados habrían huido de la guerra a otros países europeos más alejados del conflicto.

ACNUR advierte de que estas cifras aumentan cada hora que pasa y las Naciones Unidas (ONU) ya han denunciado que, si la guerra prosigue, las cifras de refugiados ucranianos podrían elevarse hasta los 5 millones. Ante estos flujos migratorios, la Unión Europea ha informado este domingo que dará protección temporal a todas las personas que arriben de Ucrania en su huída de la guerra.

27/02/2022 21:59 Actualizado: 28/02/2022 09:45

Pablo González@PabVis / Alejandro Tena@AlxTena


La UE impone a Rusia las sanciones más duras nunca vistas y rearma a Ucrania para la guerra

Bruselas golpea a Putin succionando su acceso a los mercados financieros globales, aprueba la medida inédita de pagar con dinero europeo las armas a un país en guerra y veta a Russia Today.

bruselas

27/02/2022 22:21 Actualizado: 28/02/2022 09:45

María G. Zornoza@MariaGZornoza

Las sanciones económicas más duras de su historia. El cierre del espacio aéreo a las compañías rusas. El fin de los canales rusos Sputnik y Russia Today en territorio europeo por "desinformar". La financiación con dinero comunitario del envío de armamento a un país en guerra. La activación de las tropas de despliegue rápido de la OTAN. El fin de la política pacifista de Alemania y de la neutralidad sueca en los envíos de material bélico. La cancelación del gasoducto Nord Stream II. Son medidas sin precedentes de Occidente a una situación que hace tan solo una semana, si bien temida, era casi impensable: el regreso de la guerra al corazón de Europa.

La respuesta occidental a la invasión desatada por Vladimir Putin, que en Bruselas describen como "cínica, bárbara e injustificada", ha dado paso a una respuesta europea inusualmente rápida, unida y contundente. Las sanciones masivas y sin precedentes a los sectores estratégicos rusos como la energía, la aviación o la tecnología asfixiarán la economía del país. El doble objetivo es empujar al régimen de Putin al ostracismo internacional convirtiéndolo en un Estado paria y cortar las vías por las que financia esta guerra. El Kremlin está cada vez más aislado en todos los frentes de la comunidad internacional: diplomático, financiero, comercial, cultural o deportivo. Todas estas medidas y vetos tendrán un efecto en la sociedad y en su tejido productivo en el largo plazo. Pero, ¿qué ocurrirá en el corto?

Difícilmente las medidas adoptadas por Occidente tendrán efecto disuasivo en los planes inmediatos de Putin para Ucrania. El interrogante es cómo va a reaccionar el líder ruso: dando pasos de repliegue y sentándose en la mesa de negociación o, por el contrario, envalentonado por estos castigos. En Bruselas, que ponen en valor la sorprendente resistencia de la sociedad y el Ejército ucraniano, temen un escenario en el que el choque militar sobre el terreno se estanque provocando una respuesta todavía más feroz de un Moscú que evitará por todos los medios sentirse acorralado.

El único mensaje positivo que la UE saca de la crisis actual es que nunca antes ha estado tan unida. "Vivimos un momento histórico. Y sé que en muchas ocasiones se abusa del término histórico. Pero de veras lo es. Primero porque es la primera vez desde el fin de la Segunda Guerra Mundial que una potencia miliar ataca un país soberano violando el Derecho Internacional. Y segundo porque la UE ha reaccionado de una forma que ha sorprendido a muchos, incluidos a los rusos", ha señalado Josep Borrell, jefe de la diplomacia europea, en rueda de prensa.

En apenas unos días ha dado más pasos en su política de seguridad y defensa que en la última década. Los 27 ministros de Asuntos Exteriores han acordado la activación del Instrumento Europeo para la Paz. Es decir, por primera vez en su historia, la Unión, que es un proyecto de paz, pagará las armas enviadas a un país en guerra. La medida tendrá efecto retroactivo y cuenta con un fondo inicial de 450 millones de euros. En paralelo, la OTAN enviará en los próximos días a miles de soldados al flanco oriental. La respuesta de ambas organizaciones es armar a Ucrania para que resista, pero el envío de soldados europeos o estadounidenses al campo de batalla no está sobre la mesa.

"Queremos la paz pero debemos estar preparados para defender esta paz", advierte del jefe de la diplomacia europea. La otra medida controvertida es la prohibición de la emisión de Russia Today y Sputnik en suelo europeo. En el marco de la otra guerra, la de la desinformación, la Comisión Europea ha dado este paso, que ha desatado enormes críticas por ser visto como un ataque a la libertad de expresión. Bruselas estima que son instrumentos al servicio del Kremlin para "intoxicar". "Putin no solo quiere conquistar lugar, también mentes", ha justificado Borrell.

Amenaza nuclear versus diplomacia

En medio de unas horas de altísimo voltaje en el Viejo Continente, Putin sigue jugando al gato y al ratón. Por un lado, amenaza con emplear cabezas nucleares contra Ucrania y, por el otro, acuerda comenzar las negociaciones con Kiev en Bielorrusia. Los europeos son cuanto ni menos escépticos a este paso. Creen que las intenciones del ex agente del KGB pasan por derrocar al Gobierno de Volodimir Zelenski y pronostican que solo aceptará la claudicación de Ucrania. En el largo plazo, temen que sus planes no se limitan a Ucrania, sino a extender su influencia, si es necesario por la fuerza, a Georgia, Moldavia o los Balcanes Occidentales.

Europa llega así al cuarto día del escenario que llevaba meses evitando. La guerra ha regresado a su suelo. Las primeras respuestas a la invasión rusa fueron tímidas. La UE quería adoptar un enfoque gradual guardándose munición. También jugó un papel fundamental el miedo de países muy dependientes del comercio con Moscú, como Italia, Alemania o Chipre, al impacto de estas medidas en sus economías. Pero el rápido deterioro de la situación sobre el terreno ha empujado al bloque comunitario a adoptar medidas casi inconcebibles hace unas semanas, como la exclusión de los bancos rusos del sistema financiero global SWIFT. Sus consecuencias se palparán en unas economías europeas que comienzan a reponerse de la sacudida de la pandemia. Pero la agresividad rusa ha propiciado que Bruselas saque ya toda su artillería en respuesta a Putin.

La gran incógnita que surgen ahora son es hasta dónde será capaz de llegar el presidente ruso. Comenzar una guerra es lo fácil, terminarla lo difícil. Con buena parte de la munición ya disparada, a los europeos se le agotan los recursos para frenar a Putin y devolverlo a una mesa de negociación que no solo deberá poner fin a la guerra en Ucrania, sino determinar un nuevo marco de seguridad europea. El temor es que el conflicto de enrosque y se produzca una larga guerra de desgaste.

Estos refugiados sí

Bruselas cree que las personas que huyen del conflicto de Ucrania son "de los suyos". "No son migrantes, son refugiados que huyen de la guerra", afirman en la capital comunitaria. Las cifras de la Comisión Europea estiman que más de 300.000 ucranianos estarán ya en suelo europeo. Aunque en el futuro podría dispararse hasta los cinco millones.

En este escenario, el Ejecutivo comunitario se prepara para activar una Directiva que permite conceder asilo de forma automática y temporal a las personas que huyen de una guerra. En 20 años desde su nacimiento, nunca ha sido activada.

La UE, ahora sí, cuenta con unanimidad para acoger a los ucranianos que huyen del embate de Putin. Incluso Hungría y Polonia, países anti-inmigración que se han negado en rotundo a recibir a sirios, afganos o somalíes, han sido de los primeros en reaccionar. Todo ello contrasta con la división y la tibieza con la que la UE ha lidiado con el drama migratorio durante los últimos años. La política de refugiados ha sido la no política con soluciones ad hoc en el Mediterráneo o con una retórica cada vez más dura con lo que consideran la "inmigración irregular". Desde la crisis de refugiados de 2015, la UE carece de una política de asilo común.

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EE UU, preocupado ante el avance de China en Latinoamérica

Washington presiona a la nueva presidenta de Honduras, Xiomara Castro, para que mantenga las relaciones con Taiwán, tras la ruptura del régimen de Daniel Ortega con la Isla y el acercamiento de otros países latinoamericanos a Pekín

La embajadora nominada por el Gobierno de Joe Biden para representar a su país en Honduras, Laura Dogu, llegará a Tegucigalpa con una misión que Washington considera estratégica: convencer a la presidente Xiomara Castro de que mantenga sus relaciones con Taiwán, la isla que China considera rebelde y cuya diplomacia ha estado centrada en repartir millones de dólares a los países centroamericanos a cambio de que reconozcan su soberanía. A pesar de ese apoyo, Centroamérica cada vez más vuelve a ver a China y Taiwán pierde poco a poco sus aliados en la región. El último en romper relaciones con la isla ha sido el régimen de Daniel Ortega, que incluso embargó la sede diplomática taiwanesa en Managua. Ortega, desesperado por hallar apoyos tras el aislamiento impuesto por la comunidad internacional, incluso ha enviado a sus hijos a China como emisarios, con la esperanza de obtener un nuevo salvavidas que le permita mantener su régimen autoritario.

La abrupta ruptura de Ortega tomó por sorpresa al Gobierno taiwanés, que se había convertido en el principal aliado del régimen, en una relación muy criticada en Nicaragua: mientras la comunidad internacional aislaba a Ortega, Taiwán mantuvo su financiamiento en Managua a pesar de la brutal represión contra multitudinarias manifestaciones que exigían un cambio de timón, el asesinato de centenares de manifestantes, el encarcelamiento de opositores, el cierre de medios de comunicación y las denuncias sucesivas de violaciones a los derechos humanos.

La sede diplomática taiwanesa, interesada en mantener el reconocimiento de Managua, mantuvo un elocuente silencio frente a estas atrocidades. Taiwán financiaba 27 proyectos en áreas de producción de alimentos, cultivos de frutales y cría de cerdos de calidad superior, por valor de entre 30 millones y 50 millones de dólares, según datos del Gobierno nicaragüense. “Lamentamos que el Gobierno del presidente Ortega haya hecho caso omiso de los muchos años de amistad entre los pueblos de Taiwán y de Nicaragua”, expresó el ministerio de Exteriores taiwanés. “Como miembro de la comunidad internacional, Taiwán tiene el derecho a intercambios y al desarrollo de relaciones diplomáticas con otros países”, agregó. Washington fue el primer país en criticar la decisión de Ortega y aseguró que Taiwán da “beneficios económicos y de seguridad significativos a los ciudadanos de aquellos países” con los que mantiene lazos diplomáticos.

La ruptura fue violenta y humillante, a tal punto que Ortega ordenó la confiscación de la sede diplomática de Taiwán en Managua, que la Isla había vendido de forma simbólica a la Iglesia católica nicaragüense. “Taiwán emprenderá los procedimientos legales internacionales apropiados para proteger su propiedad diplomática y garantizar que Nicaragua rinda cuentas por su acto, ilícito desde el punto de vista del derecho internacional”, informó el Ministerio de Relaciones Exteriores en un comunicado. Para Taipei, la confiscación de su embajada “forma parte de la intención explícita y agresiva de China de anexionarse Taiwán, lo que contraviene gravemente las normas internacionales y daña la paz y la estabilidad regionales.

Aunque las relaciones con una potencia como China pueden traer beneficios económicos a Nicaragua (se trata de un mercado inmenso de 1.400 millones de personas y con una industria que exporta productos a un menor costo), Tiziano Breda, analista para Centroamérica del International Crisis Group, estima que también puede tener ventajas políticas para un régimen autoritario como el de Ortega. “China ofrece una oportunidad de respaldo en foros multilaterales como el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, o la misma ONU. También puede hacer contrapeso a la crítica internacional sobre ciertas cuestiones internas de parte de Estados Unidos o Europa”, explica Breda, en referencia a las exigencias de Washington y Bruselas de liberar a los presos políticos, denunciar los abusos a los derechos humanos y exigir elecciones libres y transparentes en Nicaragua. “Cuando se intentó llevar a Nicaragua ante el Consejo de Seguridad de la ONU, China y Rusia se opusieron, vetaron un proyecto de resolución”, recuerda Breda. “Creo que al final de cuentas lo que busca Daniel Ortega es insertar a Nicaragua en esta contienda geopolítica entre estas tres potencias [EE UU, China y Rusia] e incomodar a Estados Unidos”, advierte el analista.

A Taiwán le ayuda cada vez menos su diplomacia del dólar y el derroche de millones entre sus aliados, principalmente latinoamericanos. Nicaragua es el octavo país que abandona a Taiwán por China en cinco años, después de Burkina Faso, República Dominicana, Sao Tomé y Príncipe, Panamá, El Salvador, las islas Salomón y Kiribati. Ello deja al Gobierno de Taipei con solo catorce países con los que mantiene relaciones diplomáticas formales, concentrados principalmente en América Latina y el Caribe, informa Macarena Vidal Liy. A inicios de febrero, el presidente de Argentina, Alberto Fernández, inició una gira de cinco días por Rusia y China para atraer inversiones. China aspira a invertir miles de millones de dólares en el país sudamericano, en proyectos que incluyen desde represas en la Patagonia a una central nuclear en la provincia de Buenos Aires.

México - 27 feb 2022 - 23:45 COT

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Rusia intensifica su ofensiva sobre Kiev y trata de crear corredores desde Crimea ante la férrea resistencia ucraniana

 

Los pasos fronterizos de Polonia y Hungría están colapsados por la llegada masiva de refugiados que huyen de la guerra en Ucrania, mientras la comunidad internacional impulsa más sanciones a Rusia.

 

Sobre las ocho de la mañana, un misil impactaba en un edificio residencial ubicado a las afueras de Kiev, a escasa distancia del aeropuerto internacional de Sikorsky. El proyectil, que dejaba un estruendo más en la capital ucraniana, desvestía la fachada del edificio y anunciaba un nuevo día marcado por bombardeos y disparos. Este sábado, las ráfagas de rifles de asalto se han intensificado y la capital se ha sumergido en una batalla urbana en la que rusos y ucranianos pelean cada centímetro de calle.

La guerra relámpago que dominó durante el primer día de invasión parece haberse ralentizado en una jornada de asedio en la que Putin ha ordenado a sus tropas intensificar los ataques sobre Kiev, mientras los militares ucranianos, reforzados por civiles armados, han volado varios puentes de acceso al centro de la ciudad y colocado barricadas en las calles para retrasar la marcha de los rusos.

Con la mayor parte de la población civil evacuada de la capital, el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, ha hecho un llamamiento para armar a quienes aún permanecen en Kiev. "Daremos armas a quienes quieran ayudarnos", ha dicho en un discurso a la nación, respaldando así esta suerte de leva popular que desde el viernes empezó a dejar imágenes de ciudadanos con fusiles de asalto y cócteles molotov en las calles.

Fuera de Kiev, Rusia ha lanzado una ofensiva con proyectiles y artillería pesada contra Simi, Poltava y Mariupol, ubicada en el mar de Azov, donde la guerra también se ha recrudecido en las últimas horas. Esta última ciudad es un enclave crucial para Moscú, pues tomarla supondría disponer de un corredor amplio que conecte Crimea con las regiones del Donbás. 

En la ciudad de Jersón (Kherson), también al sur del país, se está librando una batalla importante con intensos bombardeos rusos que permitieron a una columna de blindados tomar la ciudad el viernes. Este sábado las defensas de Ucrania han conseguido reconquistar la urbe, según las autoridades. Paralelamente, se han desarrollado intensos combates en Járkov (Kharkiv), donde las tropas rusas se han encontrado con una férrea resistencia. Estas dos ciudades son los otros dos grandes objetivos de Moscú, en tanto que su ocupación permitiría abrir otro corredor para avanzar desde Crimea hacia el oeste.

Durante la jornada se han vivido cruces de acusaciones entre ambas partes. El anuncio de Rusia de intensificar los ataques llegaba luego de que Ígor Konashénkov, portavoz del Ministerio de Defensa, acusara a Zelenski de dar la espalda a un acercamiento diplomático. "Después de que la parte ucraniana rechazara el proceso de conversaciones, hoy se le dio a todas las unidades la orden de iniciar la ofensiva en todas las direcciones en correspondencia con el plan de operación", dijo. Estas palabras, sin embargo, fueron desmentidas por la Oficina de la Presidencia de Ucrania, que acusó a Vladimir Putin de "llevar las negociaciones a un callejón sin salida incluso antes de que comiencen".

Éxodo de refugiados hacia las fronteras del oeste

La guerra ya ha dejado un éxodo multitudinario de refugiados que huyen hacia las fronteras del oeste. Según ACNUR, entre 50.000 y 100.000 personas han salido del país en sólo 24 horas y la ONU cree que esa cifra podría elevarse hasta los 5 millones de personas si la guerra prosigue.

Este sábado ha sido la frontera con Hungría la que más trasiego ha registrado, con miles de ucranianos, en su mayoría mujeres y niños, que llegan a pie con maletas y carritos. La mayoría ha accedido por Beregsurány y la entrada a coche se ha convertido en una tarea imposible, con largas colas que alcanzan un día de espera. Muchos deciden abandonar sus turismos en la carretera y caminar los últimos metros hasta el otro lado.

En Polonia, la estación fronteriza de Przemysl se ha convertido en un enclave importante para los refugiados que huyen de la guerra. Allí se están organizando convoyes de autobuses para repartir a los ucranianos por otras ciudades del país. El flujo de personas, sin embargo, es incesante y grupos de voluntarios se concentran a las puertas para ayudar a llevar en sus coches a quienes han conseguido cruzar el paso fronterizo. 

La presión de las sanciones 

La comunidad internacional mantiene las presiones. Este sábado han sido los países bálticos quienes han decidido cerrar el espacio aéreo a todas las aerolíneas rusas. Una línea de actuación que ha sido respaldada por Lituania, Letonia, Estonia y Rumanía, además de Polonia, República Checa, Bulgaria y Reino Unido, que ya aprobaron estas sanciones en la jornada del viernes. 

Desde el Kremlin han respondido con reciprocidad y, por el momento, han cerrado el espacio aéreo a las aerolíneas de Bulgaria, Polonia y República Checa, tres países con una postura crítica a la escalada bélica. "Las compañías aéreas de estos estados o las registradas en ellos están sujetas a restricciones en los vuelos a territorio ruso", ha informado la Agencia Federal de Transporte Aéreo de Rusia.

La Unión Europea, por su parte, anunció en la noche del viernes que extendería a Vladímir Putin y a Serguei Lavrov, responsable de Exteriores, las sanciones económicas que ya habían aprobado para el resto de la cúpula rusa. De esta forma se han congelado los activos y las cuentas bancarias que estas personas tengan en los países de la zona europea.

Bruselas no ha conseguido arrancar un acuerdo para excluir a Rusia del SWIFT, el sistema de comunicación para las transacciones financieras. Esta medida tendría repercusiones importantes para Moscú, pues le impediría realizar transferencias bancarias internacionales. Algunos países como Alemania sólo contemplan una sanción parcial de este sistema financiero para los jerarcas del régimen ruso, mientras que Italia ha reclamado una actuación contundente para obligar a Putin a parar la guerra. Y EEUU ha anunciado que se prohibirá el uso de dólares para transacciones internacionales con los principales bancos rusos, al tiempo que limitará la importación de bienes y servicios procedentes de Rusia.

Por el momento, la OTAN y la UE solo contemplan actuaciones basadas en la diplomacia y las sanciones ejemplares para Rusia y la intervención militar, pese a las peticiones de Zelenski, no están sobre la mesa, más allá de las armas y el equipamiento bélico que se ha enviado en las últimas horas.


Rusia entra en la segunda ciudad de Ucrania y ataca instalaciones petroleras

En el cuarto día de guerra, Rusia choca con la resistencia ucraniana y empieza a hacerse a la idea de que la invasión no será un paseo militar.

Redacción El Salto

27 feb 2022

Tras una “noche dura”, según palabras del presidente Volodímir Zelenski, de combates y grandes explosiones que iluminaron el cielo de Kiev, ha quedado claro que la invasión no va ser el paseo militar que se imaginaba su homólogo ruso, Vladimir Putin. 

A pesar de que el grueso de las tropas rusas se encuentra a pocos kilómetros de Kiev y ya hay combates y tiroteos en sus barrios periféricos, el asalto definitivo todavía no se ha producido, como tampoco la rendición de Ucrania.

Según el Gobierno ucraniano, su ejército ha conseguido hasta ahora contener “al agresor en todas las áreas operativas” y asegura haber causado 3.000 bajas y destruido 100 tanques y 540 blindados, unas cifras tan difíciles de comprobar como los 821 “objetivos militares” que este sábado el Kremlin aseguraba haber aniquilado. La guerra por el relato y la propaganda bélica se ha centrado en la propiedad del misil que impactó en un bloque de viviendas del centro de Kiev el pasado viernes: Ucrania afirma que el misil es ruso y Moscú defiende que se trata de un misil antiáreo ucraniano que impactó por error en el edificio.

El presidente francés, Emmanuel Macron, lo decía este sábado y el tablero en el cuarto día de guerra parece confirmarlo: la guerra va para largo y sus consecuencias son imprevisibles. Periodistas sobre el terreno informaban de feroces combates en la capital que conseguían frenar el avance ruso, de colas en los centros de alistamiento y reparto de armas entre civiles. Ya el 24 de febrero, el Gobierno ucraniano había prohibido a los hombres entre 18 y 60 años abandonar el país. Mientras, Zelenski hacía este domingo un llamamiento a los “ciudadanos del mundo” para “unirse a la defensa de Ucrania”. 

Más allá de un Kiev desierto, en toque de queda continuado hasta la mañana del lunes, el ejército ruso ha atacado las instalaciones petroleras de Vasylkov, a pocos kilómetros de Kiev, provocando un incendio en la terminal petrolera de la zona que pudo verse durante la noche en la capital. Los misiles alcanzaron uno de sus diez depósitos, que estalló en llamas. Las autoridades locales advirtieron de que si el fuego se propaga a los otros depósitos podría producirse una catástrofe ecológica y pidieron a los vecinos que no salieran de sus casas y cerraran las ventanas para evitar los tóxicos.

Por la mañana del domingo, las tropas rusas entraban en la segunda ciudad más grande del país, Járkov, con 1,4 millones de habitantes, situada en el noreste del país, a pocos kilómetros de la frontera de Rusia. Los combates calle a calle estuvieron acompañados de un ataque de misiles que impactaron en un gasoducto cercano a la localidad.


La Izqioera Diario

Sanciones.EE. UU. y la Unión Europea desconectan del sistema financiero internacional Swift a bancos rusos

Un alto cargo estadounidense dijo que "Rusia se ha convertido en un paria económico y financiero mundial", y ahora su banco central "no puede apoyar al rublo".

La Izquierda Diario@izquierdadiario

Sábado 26 de febrero  

Estados Unidos y la Unión Europea (UE), junto a otros socios occidentales, acordaron este sábado sacar a "determinados" bancos rusos del sistema internacional Swift, una medida económica en respuesta a la invasión militar de Ucrania por parte de Rusia, que golpeará sobre la población rusa.

"Nos comprometemos a asegurar que determinados bancos de Rusia son sacados del sistema de mensajes Swift. Esto garantizará que estos bancos quedan desconectados del sistema financiero internacional y alteran su capacidad para operar globalmente", señaló un comunicado conjunto difundido por la Casa Blanca, y también suscrito por Canadá y el Reino Unido.

Si bien queda definir el alcance y la implementación de la medida, se trata de la respuesta “no bélica más importante que se pueda tener” y podría afectar al PBI ruso haciéndolo caer al menos 5 por ciento.

La expulsión de este sistema financiero tiene un antecedente como herramienta de castigo utilizado en 2012, a través de una directiva de la UE que permitió apartar a Irán como represalia por el desarrollo de su programa nuclear.

¿Qué es el SWIFT?

La Society for World Interbank Financial Telecommunication, más conocida por sus siglas Swift, es una cooperativa de sociedades financieras, fundamentalmente bancos, a los que presta servicio y que dirige desde el 1 de julio de 2019 el español Javier Pérez-Tasso.

El sistema de transacciones Swift es la base del sistema financiero global y lo usan 11.000 bancos en 200 países o territorios para poder hacer transferencias.

Junto a esa medida, Estados Unidos y la UE pactaron "imponer medidas restrictivas" contra el Banco Central de Rusia con el objetivo de "prevenir el uso de sus reservas internacionales para socavar el impacto" de las sanciones.

En una llamada telefónica con periodistas para explicar estas sanciones, un funcionario de la Casa Blanca aseguró a la agencia EFE, que "los efectos de estas medidas serán sentidos de manera inmediata en los mercados financieros rusos" y apuntó que como consecuencia la divisa rusa, el rublo, "entrará en caída libre", lo que significará un golpe a los trabajadores y el pueblo ruso.

Si las entidades financieras de Rusia quedaran fuera del sistema Swift, la operativa de su banca se vería seriamente complicada porque no podrían hacer ni cobros ni pagos internacionales con el resto de entidades que utilizan este sistema.

A todos los efectos se produciría un bloqueo de las transferencias bancarias con el país, lo que tendría a su vez efectos colaterales, ya que cualquier empresa extranjera que necesite hacer pagos en Rusia no tendría opciones de hacerlo por esta vía.

Algunos expertos señalan que Rusia podría recurrir al Sistema de Pagos Internacional de China, conocido como CIPS, que empezó a funcionar en 2015 con 19 bancos tanto chinos como extranjeros que se establecieron en China continental y 176 participantes indirectos que cubrían 6 continentes y 47 países y regiones.

El gobierno ucraniano celebró la medida, aunque originalmente había solicitado que se sacara a toda la economía rusa del sistema. Un pedido que habrió brechas dentro de los países de la Unión Europea por sus diversos lazos y negocios con Rusia.

Por otra parte al ser Swift con consorcio privado, también tiene sus reparos ya que eliminar a Rusia del sistema podría hacer que los sistemas de mensajería rivales, como el CIPS chino, ganen usuarios de forma que también podría llegar a erosionar el poder del dólar estadounidense si las transacciones se empiezan a realizar en otras monedas.

Además, Swift comparte datos con el Departamento del Tesoro de los EE. UU. relacionados con "cuestiones antiterroristas" que, según señala Brian O’Toole, miembro sénior del Atlantic Council y ex funcionario del Tesoro "han demostrado ser enormemente valiosos". En otras palabras, Estados Unidos obtiene información mediante Swift de las transacciones que se realizan en todo el mundo, y al prohibir a Rusia estaría perdiendo esa información.

La medida presentada como un "golpe" contra el gobierno rusa, tendrá otro efecto golpeando a la economía del país, un efecto que recaerá sobre la mayoría de la población.

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Ucrania-Rusia: las raíces de la espiral belicista

Entrevista a Ilyá Budraitskis

 

El ataque ruso contra Ucrania dejó de lado las razones defensivas con las que el Kremlin justificó la movilización de tropas, para pasar a esgrimir argumentos imperiales. Al mismo tiempo, la política belicista hacia el exterior se vincula directamente con un aumento de la represión interna.

Realizada poco antes de la invasión rusa a Ucrania, esta entrevista (publicada en el diario esloveno Dnevnik y reproducida en francés en la revista Inprecor) ofrece una perspectiva sumamente esclarecedora sobre los nexos profundos entre el proyecto político global de Vladímir Putin y la agresión militar a la vecina Ucrania. Ilyá Budraitskis es uno de los jóvenes pensadores más originales y sofisticados de la actualidad en Rusia. Vive en Moscú y combina su profesión de historiador con el activismo cultural y la militancia en las filas de la izquierda antiautoritaria. Es profesor en la Escuela de Ciencias Económicas y Sociales de Moscú y en el Instituto de Arte Contemporáneo. La editorial Verso acaba de publicar su libro Dissidents among Dissidents [Disidentes entre los disidentes], que analiza los desafíos de la izquierda democrática rusa después  de la caída de la Unión Soviética.

Además de ofrecer un retrato extremadamente instructivo del estado ideológico y psicológico de la sociedad y de la opinión rusa bajo el régimen de Putin, Budraitskis pone de relieve, con ejemplos elocuentes, el nexo profundo entre tres aspectos fundamentales de la situación: la feroz ola de represión del año 2021, de la que podemos entender ahora que tenía una crucial función preventiva; el carácter fundamentalmente «imperial gran-ruso» de la visión de Putin, que este acaba de confirmar con su extraordinario discurso del 21 de enero de 2022; y la escalada bélica a la que estamos asistiendo. El historiador moscovita también alertaba antes mismo que Putin lo expresara crudamente en este famoso discurso que una de las raíces del problema es que el presidente ruso simplemente no acepta la existencia de un sujeto o de una subjetividad nacional ucraniana de cualquier tipo. El análisis de Budraitskis demuestra así que la cuestión va mucho mas allá de la supuesta «legitima defensa de Rusia defraudada por la extensión y el cerco de la OTAN», como lo siguen repitiendo ciertos sectores de la izquierda. 

En los pases finales de este diálogo, precisamente, Budraitskis hace un llamado a la izquierda occidental para que abandone ojeras y prejuicios geopolíticos desinformados y avance en su comprensión y su solidaridad hacia las corrientes democráticas y progresistas que combaten el nacionalismo autoritario y el belicismo en Rusia y en Europa oriental, a menudo al precio de una terrible represión.

Usted está en Moscú y yo en Liubliana, ¿será que estamos hablando a través de una futura línea de frente? Se habla de guerra. ¿Cómo se vive esto desde Moscú?

¿Se refiere a cómo percibe la situación la gente de a pie o en el imaginario que crea el régimen? 

Empecemos con cómo presentan los medios de comunicación rusos las tensiones en la frontera ruso-ucraniana...

Los medios oficiales rusos, en particular todos los canales de televisión, son controlados por el Kremlin. Las alternativas son casi inexistentes. Cuando hablan de Ucrania, estos medios estatales usan un lenguaje de guerra desde 2014. En los últimos meses no hubo modificaciones en esta manera de referirse al tema de Ucrania. Es siempre el mismo vocabulario. 

¿Qué quiere decir con «lenguaje de guerra»? 

Interminables debates sobre la profunda grieta entre nuestro país y Occidente, con el que estaríamos en un conflicto histórico. Se usa una retórica militar extremadamente agresiva. Nos hablan siempre de nuestras bombas, nuestros tanques, nuestros aviones y otras armas. Nos dicen que podemos destruir a Estados Unidos en dos o tres minutos, o que podemos volver a ganar fácilmente una guerra mundial. Esto se ha convertido en el lenguaje común de los medios de comunicación oficiales. 

¿Qué efecto tiene esto en la opinión pública? 

En Rusia, para ayudar a los niños a conciliar el sueño, siempre les contamos el cuento del niño que gritó «¡Lobo!». Conoce esta historia, ¿verdad? El niño corría por el pueblo gritando «¡Viene el lobo!, ¡viene el lobo!» solo para llamar la atención. Lo logró: todo el pueblo se movilizó varias veces. Cuando finalmente el lobo llegó a la aldea, ya nadie le prestó atención. Al menos desde 2014, los medios de comunicación oficiales han estado hablando incesantemente y en un tono muy fantasioso sobre un conflicto inevitable con Ucrania, que nunca se materializó. Ahora quieren dar la alarma. En las últimas semanas, los medios de comunicación oficiales han intentado transmitir que la situación se ha vuelto muy grave. Que este enfrentamiento militar es real. Sin embargo, el público no percibe este anuncio como algo diferente. La reacción común a estos mensajes es decir: «Sabemos que estamos en conflicto con Ucrania, sabemos que estamos en conflicto con Estados Unidos, ustedes nos lo repiten todo el tiempo, así que esto es normal». 

¿No produce ninguna reacción emocional específica? 

Es más complicado que eso. Por un lado, la gente lo ve como una continuación de la estrategia habitual vinculada a los extraños caprichos de las elites gobernantes. Están tan familiarizados con el lenguaje del conflicto que ya no se conmueven. Pero, al mismo tiempo, crece el temor a la posibilidad de una escalada real. El miedo a la guerra se va imponiendo poco a poco.

¿Se nota este malestar también en los medios de comunicación oficiales? 

No, según ellos ya hemos ganado. Pero la gente está cada vez más preocupada. Esto no es solo mi sensación. En Rusia, el miedo a la guerra siempre ha sido el segundo mayor temor, después del miedo a la enfermedad y la consiguiente preocupación por el funcionamiento de las instituciones públicas y su atención a las personas. Sin embargo, recientes encuestas de opinión muestran que al menos 60% de la población teme la posibilidad de un conflicto armado, y que este temor es mayor que la preocupación por la pandemia. Ambos elementos están presentes simultáneamente en la conciencia colectiva. La gente está tan acostumbrada a la retórica militarista que no se la toma demasiado en serio, pero por otro lado, hay una preocupación creciente. Personalmente, creo que el miedo proviene de los acontecimientos que hemos presenciado en el último año. Un miedo relacionado con la creciente represión del Estado, la creciente violencia que la acompaña y el clima de ansiedad que genera. Yo diría que esta cuestión está en el centro del pensamiento político de la población sobre nuestra situación. Pero hay que tener en cuenta que en la sociedad rusa no hay reacciones políticas serias, ni manifestaciones, ni protestas. Ya no hay manifestaciones masivas de descontento, ni ocupaciones de calles o plazas. Nada. 

¿Cómo lo ha conseguido Putin? 

Mediante un año de golpes directos a los núcleos de la oposición. El régimen político es cada vez más represivo. Tras la detención de Alekséi Navalny, líder del partido de la oposición Rusia del Futuro, y la dispersión de las manifestaciones que siguieron, la opinión pública fue silenciada. Toda la oposición se encuentra ahora en una situación muy deprimente. El año pasado, fuimos blanco de una represión total. Todas las estructuras de Navalny han sido declaradas organizaciones extremistas y sus colaboradores son considerados extremistas. Cualquier persona que le exprese su apoyo puede ser detenida. La organización de derechos civiles más antigua, Memorial, reconocida en 1989, fue disuelta por una sentencia del Tribunal Supremo porque supuestamente entraba en el marco de la ley sobre agentes extranjeros. 

Simbólicamente esto fue muy destructivo: la organización de derechos humanos más antigua se convierte de repente en una entidad ilegal. También atacaron a todos los medios de comunicación independientes con una agresividad extrema. La ley sobre agentes extranjeros puede utilizarse contra cualquiera. Ya no hay un solo medio de comunicación independiente en Rusia que no pueda ser acusado de ser una agencia extranjera. La acusación es una advertencia. Esto significa que pueden ser liquidadas en cualquier momento, al igual que Memorial. Gran parte de la represión está relacionada con lo que está ocurriendo ahora en la frontera con Ucrania. Querían asegurarse de que no hubiera sorpresas desagradables, oposición, reacciones o resistencia en el frente interno. 

¿La gente común solo conoce la versión oficial? 

Más o menos, sí. La gente está preparada psicológicamente para la guerra. Puedes seguir la televisión estatal y creer en la propaganda. No es difícil. Pero sobrevivir en caso de conflicto es otra cosa. En este ámbito, la situación es muy diferente porque vivimos en un país muy pobre, que ha visto cómo se deterioraba la calidad de vida en los últimos años, dando la impresión de ser un país en decadencia en todos los ámbitos. Solo si la situación, ya de por sí mala, se deteriora muy rápidamente, y si la gente no ve ninguna salida, podríamos esperar un cambio y demandas más apremiantes para una política diferente. Sin embargo, hasta ahora no hay nada de eso a la vista. 

Además, la situación no está realmente clara. El discurso oficial mantiene sistemáticamente esa ambigüedad. Por un lado, utilizan un lenguaje militarista agresivo e intransigente. Por otro lado, también se habla del deseo de paz, de conversaciones entre Rusia, Estados Unidos y los países europeos. Atribuyen esta tensión a la histeria antirrusa de los medios de comunicación occidentales y a la política que hay detrás. Viene diciendo que Rusia no tiene planes de ataque, que no planea ninguna invasión armada, que el ejército solo está haciendo maniobras normales en territorio soberano ruso y que en Occidente están creando pánico por sus propios problemas. Mucha gente se pregunta qué está pasando realmente. ¿Deberíamos realmente prepararnos para la guerra, o se trata de otra tormenta propagandística sin consecuencia concreta? Este dilema nos resulta familiar. ¿Es solo una ola de desinformación tras otra, o el peligro de una confrontación militar está realmente cerca? 

Estados Unidos y algunos países europeos envían material militar a Ucrania. ¿Usted está al tanto del tema? 

Sí, claro. El miedo a la guerra tiene dos caras. La gente tiene miedo por naturaleza de los conflictos militares. Si Occidente da un verdadero apoyo militar a Ucrania, podría haber una gran guerra. Por otro lado, existe un fuerte temor a nuevas sanciones económicas, que podrían socavar una economía ya de por sí en mal estado. Puede ser que Occidente vea realmente a Ucrania como un país en el que finalmente puede enfrentarse a Rusia en todos los frentes y que se convierta en un campo de batalla. Pero en Rusia es difícil lanzar un debate un poco más serio sobre el tema. Los medios de comunicación oficiales están controlados y no hay posibilidad de realizar un análisis serio de la situación y una confrontación de opiniones. Es pura propaganda, la información es secundaria. Todavía hay algunos medios de comunicación de la oposición liberal. Siguen existiendo, pero cada día son menos numerosos y están sometidos constantemente a una terrible presión por parte del Estado. Todavía existe un cierto sentimiento de revuelta entre la población. Pero el régimen sigue enviando señales contradictorias.

El mensaje oficial es que, a diferencia de Occidente, Rusia quiere negociaciones y no planea una guerra, pero que está preparada para cualquier eventualidad. En esta visión, el agresor es Ucrania –apoyado por Occidente–. A pesar de toda la retórica belicista, los medios de comunicación oficiales transmiten el mensaje del Kremlin de que esta batalla se librará mediante negociaciones y que se evitará la guerra. 

¿Cómo justifican ese mensaje? 

Está en la memoria la experiencia de 2014, cuando el ejército ruso ocupó Crimea y la reacción de Occidente fue principalmente retórica. Rusia anexó Crimea, hubo alguna que otra protesta, se impusieron sanciones, pero a nadie se le ocurrió intentar devolver Sebastopol y Yalta a Ucrania mediante la guerra. El Kremlin puede señalar el Mar Negro y decir que ha establecido su autoridad allí sin que a nadie le moleste seriamente.

Los medios de comunicación liberales intentan contar una versión diferente, pero hay mucha desorientación. La oposición política también está confundida. Nadie sabe cuál es el contenido secreto de las conversaciones entre Rusia y Occidente. La mayoría de los ciudadanos tienen la impresión de que las relaciones entre Rusia y Occidente se han roto por completo. Sin embargo, la ruptura no se produjo el año pasado, sino mucho antes. Quienes viven en las grandes ciudades y viajan a otros países saben que las relaciones son malas desde hace mucho tiempo. La situación es clara: la embajada de Estados Unidos en Moscú lleva tres años sin expedir visados a los ciudadanos rusos. Si quieres ir a Estados Unidos, tienes que ir primero a otro lugar, como Zagreb o Liubliana, y solicitar allí el visado. Esto comenzó en la era de Donald Trump y continúa bajo Joe Biden.

Pero si hay una guerra, ¿por qué objetivo se va a luchar? En 2014, los ucranianos cedieron Crimea sin luchar. El ejército ucraniano ni siquiera hizo un disparo al aire. ¿Usted tiene claro el objetivo del conflicto?

Esa es la cuestión principal, ¿no? ¿Por qué luchamos? No hay ningún dilema para las autoridades rusas. Durante el último año ha quedado claro que los acuerdos de Minsk no están funcionando. En Donetsk, la situación está bloqueada. La idea de que las repúblicas populares [prorrusas] de Donetsk y Lugansk podrían ser utilizadas para controlar al gobierno ucraniano se ha derrumbado. Putin pensó que encontraría en el Donbás (en el este de Ucrania) un pilar sobre el cual construir una política sobre Ucrania. El acuerdo debía impedir al menos la cooperación de Ucrania con la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), pero fracasó. Mientras tanto, se celebraron elecciones en Ucrania y rápidamente quedó claro para Putin que sería imposible llegar a un entendimiento con el nuevo presidente, Volodimír Zelensky. 

Cuando fue elegido en mayo de 2019, había cierta esperanza en el Kremlin de que se pudiera llegar a un acuerdo con él para la normalización de las relaciones. Pero luego resultó ser, en muchos aspectos, un nacionalista aún más duro que su predecesor, Petro Poroshenko. Putin tenía que encontrar una forma de salir del callejón sin salida del acuerdo de Minsk, que no tenía futuro. Decidió desplazar el centro de gravedad del Donbás a toda Ucrania. Comenzó a preguntarse qué lugar se reservaba para Ucrania en los planes de la OTAN. ¿Sería Ucrania al menos un país neutral o un aliado militar abierto? Entonces, Putin quiso desviar la atención de la situación congelada en el Donbás y empezar a hablar de relaciones interestatales y globales. 

¿Cómo lo hizo? 

Muy simple: empezó a mover tropas a la frontera. La idea era obligar a Occidente a reaccionar. Putin planteó a Occidente un desafío muy sencillo: ¿hasta qué punto apoyará militarmente a Ucrania en caso de conflicto militar? O más sencillo aún: ¿irá a la guerra si invado el país? Quería ver qué ocurre en las fronteras de la Unión Europea en caso de intervención militar. Hizo la pregunta a su manera preferida. A Putin le gusta desafiar a su oponente. Se pone delante de él, lo mira a los ojos: «Bueno, ¿qué vas a hacer? ¿Vas a golpearme, o solo eres pura labia?» ¿Quién se echará atrás primero? Lo hizo en Crimea en 2014, y luego en el Donbás. En realidad, no se trataba de preparar una invasión, sino de forzar las negociaciones. Pero la respuesta de Occidente en enero pasado fue sorprendente para Putin. Él percibe Occidente como una sociedad de degenerados que siguen predicando los derechos humanos y no están preparados para un conflicto real. Siempre son los primeros en retirarse antes de ser desafiados. Pero en las últimas semanas el tono ha cambiado en Occidente, primero en Estados Unidos, luego en el Reino Unido y después en muchos otros países. 

Putin debe tomar nota ahora de que Occidente ha aceptado su desafío y ha comenzado a desafiarlo. Primero, la diplomacia occidental comenzó a decir que Putin ya era el agresor y que había cruzado las fronteras. Putin solo movía los tanques a lo largo de la frontera y Occidente tenía la impresión de que ya había ocupado Ucrania. Políticos, diplomáticos y medios de comunicación entraron en pánico en Occidente al afirmar que Rusia estaba a punto de lanzar una gran ofensiva en Ucrania. Ahora envían armas a Ucrania y hablan de intervenir ellos mismos. Putin no esperaba esto. 

¿Quiere decir que Putin vio todo este carrusel de tanques como una herramienta de negociación? 

Eso es lo que pienso. Cuando Rusia prepara una invasión, suele tener claros sus objetivos militares. ¿Cuáles podrían ser los objetivos militares de un ataque frontal a Ucrania? Solo se oyen respuestas políticas. Por un lado, el deseo de cambiar el gobierno en Kiev. Por otro lado, existe la voluntad de crear una atmósfera para una guerra híbrida, es decir, la voluntad de dividir la alianza occidental, dividir Ucrania en dos y tomar el control político de una parte. Supongamos que de una intervención militar pudieran surgir beneficios políticos. Pero ¿cómo se lleva a cabo la parte militar de la operación? ¿Ocupar Kiev? ¿Para ganar qué? El éxito militar traería más problemas de los que ya tiene Rusia. El resultado solo podría llevar a una confusión total. Incluso la ocupación de una gran parte de Ucrania no daría a Rusia ninguna garantía de seguridad frente a Occidente. Habría resistencia, se necesitaría un gran número de tropas y Moscú se podría olvidar de cualquier perspectiva de estabilidad. Los sentimientos nacionalistas de los ucranianos se verían reforzados y Rusia perdería definitivamente el país. 

Actualmente, los dirigentes rusos también sobrestiman la popularidad de Rusia en Ucrania. Sueñan con que la mayoría de la población hable ruso y no tenga problemas en aceptar a Rusia como su patria. Esto es un puro delirio. Por mi parte, no he visto un plan militar claro para la invasión, ni grandes preparativos del país para la guerra. El único efecto práctico de la guerra sería desestabilizar la situación en Rusia. 

Pero quizás Putin piensa que Rusia está amenazada

Sí. Creo que hay mucha ansiedad en la cumbre del poder. Están convencidos de que Estados Unidos y sus aliados europeos quieren un cambio de régimen en Rusia. Perciben que Rusia está rodeada de países hostiles. Y Putin ha declarado públicamente en muchas ocasiones que no reconoce las fronteras creadas después de 1989. En su opinión, las fronteras son el resultado de un error histórico, que considera una tragedia. Desde 1991, Rusia ha perdido territorios que, según Putin, le pertenecen históricamente. Ucrania es uno de estos territorios.

¿Qué hace que Ucrania sea tan importante? ¿Por qué no Tayikistán, Uzbekistán o los países bálticos? Putin nunca menciona a Polonia. ¿Por qué Ucrania? ¿Es por razones estratégicas y económicas o por otros motivos? 

Las razones estratégicas y económicas son definitivamente importantes para él. Después de Rusia, Ucrania tenía la mayor población de todas las repúblicas soviéticas y era su centro económico más importante. Sigue siendo el mayor país postsoviético después de Rusia. Ucrania es también el enlace entre Rusia y Europa occidental, el país clave para el control del Mar Negro. El gas y el petróleo rusos fluyen hacia el oeste a través de Ucrania. Hay muchas razones objetivas por las que esto es importante. Pero hay otro aspecto. El problema es la idea de que una Ucrania independiente solo puede ser un Estado antirruso. Ucrania es el país que más se parece a Rusia en cuanto a cultura: lengua, religión, comida, costumbres. No hay grandes diferencias. Empero, solo puede existir como Estado independiente siendo un oponente de Rusia. Esto no lo digo yo. Esto es lo que escribió Putin el pasado verano en un documento programático de 20 páginas sobre la historia de Ucrania desde la época de la dominación asiática hasta el siglo XX, que publicó en el sitio web del gobierno. «Rusos y ucranianos son un solo pueblo». 

La idea principal del artículo es que Ucrania no es solo una parte específica de Rusia, sino también una parte orgánica de ella. Por lo tanto, para él, el proyecto de una Ucrania independiente sigue siendo un plan de las potencias occidentales, que utilizaron este país como arma contra Rusia. La doctrina de Putin dice que hoy no es diferente, que Occidente quiere convertir a Ucrania en un Estado antirruso. Putin también cree que una Ucrania independiente no tiene ningún valor positivo, sino que es un proyecto negativo para socavar a Rusia. Esto no es una especulación mía, está escrito en este artículo publicado por Putin en julio de 2021. Para él, el debate sobre la capacidad de agencia de Ucrania es inútil. Por ello, Rusia está negociando con Estados Unidos, Alemania y la Unión Europea, pero no directamente con Ucrania. 

¿Podemos concluir que para Putin, Ucrania no es un tema de política internacional? 

Es complicado sacar conclusiones. Putin escribió esto como su contribución a la comprensión del país. Está negociando sin la presencia de Ucrania. Para Putin, se trata de una presentación adecuada de la realidad. Ucrania no es un sujeto en esta historia, Rusia y Occidente sí lo son. Estados Unidos es el centro de gravedad de Occidente. Esta es la visión del mundo de Putin.

¿Podría esta controversia derivar en un enfrentamiento militar entre Rusia y la OTAN? 

Seamos realistas: no se puede comparar la OTAN con Rusia. La OTAN es una alianza de 30 países, Rusia no tiene aliados en Occidente. Rusia está sola en esta historia y no tiene ninguna posibilidad de ganar en una confrontación directa. En su análisis, Putin llegó a la conclusión de que la OTAN está fragmentada y no podría formular una estrategia común contra Moscú. Más que nada, que la OTAN no podría tomar la decisión de defender militarmente a Ucrania contra una invasión. Por lo tanto, él podía lanzar su desafío. No esperaba que Estados Unidos, tras su demostración de impotencia en Afganistán, pudiera restablecer tan rápidamente su monopolio de decisión sobre sus aliados. No creía que pudiera recuperar el protagonismo en los asuntos europeos y reconstituir la OTAN como una alianza militar funcional, solo un año después de Trump. Putin vio la derrota en Afganistán como un signo de debilidad de la OTAN y un nuevo frente unido le parecía improbable. Pero en pocas semanas, la situación ha dado un giro y la OTAN parece mucho más unida que antes. Si esta situación continúa, la OTAN solo puede beneficiarse. 

En los últimos días, países neutrales como Suecia y Finlandia han reabierto el debate sobre la posibilidad de ingresar en la OTAN. Finlandia puede volverse más preocupante para Putin que Ucrania. La neutralidad de Finlandia fue una victoria para la Unión Soviética tras la Segunda Guerra Mundial. Es muy posible que el resultado del intento de alejar a la OTAN de las fronteras rusas sea la entrada de Finlandia en la OTAN. 

¿Tiene razón Putin cuando dice que Occidente quiere expulsar a Rusia de Ucrania y hacerla aún más débil? ¿O es sólo paranoia? 

Es una pregunta crucial. Si por una Rusia débil se entiende un país que no puede desempeñar el mismo papel que la Unión Soviética en un orden mundial liderado por Estados Unidos, Putin tiene razón. Si usted se refiere a que no se permitirá a Rusia formar parte del orden mundial en sus propios términos como potencia soberana, creo que él lo ve también así. El problema de Putin es que no entiende la política como algo más que una competencia entre potencias mundiales. Para él, la oposición política a su poder es también una forma de que Occidente haga que Rusia parezca débil en las relaciones internacionales. Para él, defender los derechos humanos significa lo mismo: una Rusia débil. Por eso prohíbe los movimientos de defensa de los derechos humanos. El hecho de que en las elecciones presidenciales en Ucrania haya ganado un candidato que no contaba con el apoyo de Putin es también una derrota para Rusia. No creo que nadie pueda hacerlo cambiar de opinión.

¿Volvemos a la Guerra Fría? ¿Cualquier avance de una parte es un fracaso de la otra? 

Estamos en una situación peor que durante la Guerra Fría. En comparación con la Guerra Fría, hay una gran diferencia entre las elites globales. La Guerra Fría y la política de distensión estuvieron influenciadas por lo que Max Weber llamó la ética de la responsabilidad. Ambos bandos pensaban lo mismo durante la Guerra Fría: «Somos cínicos y no escatimamos golpes en la política. Pero nuestro cinismo tiene un propósito. Queremos evitar la guerra nuclear a toda costa». Esta era la lógica de políticos como Leonid Brezhnev y Richard Nixon. Ambos se mostraron insensibles y cínicos hasta el final en sus políticas, pero lo que realmente querían era evitar el despegue de los misiles con ojiva nuclear. Toda la construcción de la Guerra Fría se basó en la prevención de la destrucción del mundo por las armas nucleares. Las elites de Rusia, de Estados Unidos y probablemente de Europa ya no actúan según los principios de esta ética de la responsabilidad. 

La segunda diferencia es igualmente importante. A diferencia de la Unión Soviética durante la Guerra Fría, la Rusia moderna no tiene ningún proyecto con el que pueda dirigirse al mundo. No puede pretender ofrecer ninguna alternativa ideológica, política, social o económica al orden estadounidense. No hay ningún modelo político, social o económico ruso que pueda oponerse a la democracia liberal estadounidense. Putin ni siquiera ha sido capaz de exportar la forma rusa de hacer política a Ucrania. Por eso se apoderó de Crimea en 2014. En la historia reciente, la posición rusa de Putin es débil. Mucho más débil que la posición de la Unión Soviética durante la Guerra Fría. 

Rusia no tiene amigos en Occidente. ¿Los tiene la oposición? 

Los liberales rusos están en la oposición. A Occidente le gustan. Muchos ya están en el extranjero. Cientos de figuras liberales de la oposición han abandonado recientemente el país por motivos políticos. Los liberales tienen muchos amigos en Occidente, y son bien vistos por la Unión Europea y la administración estadounidense. En este caso, no hay ningún problema. Desde el punto de vista de la izquierda, la situación es completamente diferente. A la izquierda europea ya no le interesa el internacionalismo. Ven el mundo como un conflicto entre el imperialismo estadounidense y quienes se oponen a él. La posición antiimperialista es dominante entre muchas fuerzas de izquierda en Europa. Entre ellos, sorprendentemente, hay simpatía por Putin, porque se resiste a la dominación política de Estados Unidos. Me parece que, a la luz del conflicto en Ucrania, es urgente renovar el enfoque internacionalista de la izquierda europea en la política internacional. Sería muy útil para nosotros.

Nuestra última conversación fue a finales de la primavera pasada, cuando la activista ambientalista Anastasia Ponkina, que tiene solo 20 años, fue encarcelada en Siberia. En aquel momento, parecía estar surgiendo en Rusia una nueva generación que aportaba un imaginario diferente a la política. Luego desapareció. ¿Qué ha pasado? 

No ha desaparecido. Esta generación sigue ahí. Pero todas las estructuras políticas a través de las cuales podía expresar sus ideas han sido casi completamente destruidas. Ahora nos encontramos en una situación similar a la de los kazajos. 

¿Tan mala será la situación? 

¿No lo cree? Conozco muy bien Kazajistán. He estado allí varias veces recientemente. Los acontecimientos del último mes han sido muy complejos. Se han presentado en el exterior de forma demasiado simplista. Se ha producido una verdadera revuelta popular en este país. Es cierto que ha habido muchos provocadores y gente que ha saqueado tiendas, pero en el fondo se trató de una rebelión masiva de la gente común y corriente: los trabajadores, los pobres, gente muy diversa, armaron una resistencia. Una clásica revuelta popular. Tuvo lugar en un país gobernado durante décadas por un régimen totalmente represivo. Mucho más represivo que el de Putin. 

Nursultan Nazarbayev llegó a la Presidencia del país en 1990, tras haber sido secretario general del Partido Comunista. Gobernó hasta el 5 de enero de este año, cuando dimitió como jefe del Consejo de Seguridad del país. Inmediatamente después de tomar el poder, disolvió todos los partidos y organizaciones de la oposición. En primer lugar, proscribió al Partido Comunista y todos los sindicatos independientes. Desmanteló a los grupos liberales organizados y prohibió de hecho toda actividad política independiente. Excluyó cualquier forma de organización, cualquier actividad. En enero de este año, hubo una revuelta que no tuvo representación política. Porque no podía tenerla. No había organización ni líderes. No había símbolos claros, ni activistas políticos, ni partidos o movimientos visibles con programas y líderes. Todo esto fue destruido hace mucho tiempo. Gente desterrada, quebrada, líderes olvidados o exiliados. Solo quedaba gente enfadada en las calles. Si Rusia sigue por el camino actual, nos encontraremos en una situación similar. 

Ustedes desde Moscú ¿se dan cuenta de que los países de Europa del Este siguen el mismo camino y que las autoridades, desde Polonia hasta Hungría y Eslovenia, cayeron en la tentación de convertir la democracia en regímenes autoritarios?

Sí, nos damos cuenta de muchas cosas. Creo que entendemos lo que les pasa. En muchos sentidos, compartimos una experiencia común, ¿no es así?

Nota:  Este artículo fue publicado originalmente, en una versión levemente más extensa, en el periódico esloveno Dnevnik. Traducción de la versión francesa: Marc Saint-Upéry.

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El conflicto entre Rusia y Ucrania es expresión del desorden mundial

La incertidumbre de la política y la economía mundial se agravan con los acontecimientos actuales en el conflicto entre Rusia y Ucrania.

Es una situación que nos permite pensar las tensiones al interior del capitalismo a treinta años del derrumbe del socialismo en el este de Europa.

La unilateralidad capitalista emergente con el fin de la historia de los 90 mutó a una disputa por la hegemonía que involucró en principio a China como potencia económica emergente contra EEUU, y más recientemente, especialmente desde el 2013, a Rusia, con su poderío militar y su potencial de reservas de energía.

Así, las sanciones unilaterales de EEUU y sus socios en occidente contra China, Rusia y otros países generó condiciones para la articulación internacional de esos protagonistas, proceso hasta hace poco impensable.

Destaco en ese plano los fuertes vínculos acrecentados entre China y Rusia y entre estos y otros países sancionados, entre otros, Irán, Cuba o Venezuela.

Esos cambios en el tablero de las relaciones internacionales constituyen señales del “desorden” del orden vigente desde 1991, e indicios de búsquedas de nuevos rumbos en la conducción del sistema mundial.

Algunos desavisados del nuevo tiempo reclaman acciones más enérgicas desde el comando del sistema mundial, incluida la acción militar directa sobre Rusia, en “defensa de la democracia”, como si esta fuera compatible con el capitalismo.

No se trata de la vuelta a la bipolaridad entre capitalismo y socialismo, pero si a una discusión sobre la hegemonía en el capitalismo, quitando fuerza ideológica y política al ideario sobre el “destino manifiesto” de EEUU y de la eternización y naturalización del régimen del capital.

Pero también, habilita a pensar en estrategias de acumulación de poder popular que rompan con la imposibilidad, instalada en el imaginario social, de la lucha en contra y más allá del orden capitalista.

La globalización o mundialización impulsada desde los 80/90 del siglo pasado se sustentaba en la “cooperación” global para el “libre comercio”, afirmada en la base del desarrollo de las fuerzas productivas impulsadas por la innovación tecnológica, la informática, la inteligencia artificial y la difusión de la digitalización.

Esa base material supuso un crecimiento de la productividad del trabajo que interviene en la disputa del ingreso a favor de la ganancia y en contra de los ingresos populares, especialmente ante los problemas económicos del 2020/22, cierre económico y pandemia mediante.

La situación se expresa en el alza de los precios, que se manifiesta como inflación y que preocupa al poder mundial ante la desestabilización y aliento al conflicto social que ello puede generar.

Tendencias nacionalistas y de obstaculización de la mundialización

De ese modo, lo que aparece en la coyuntura de los últimos años del sistema mundial, es una dinámica de “no cooperación” que viene desde antes de la pandemia.

Por eso no sorprende que ante el accionar actual de Rusia en Ucrania, la respuesta de “occidente”, bajo liderazgo estadounidense sean las sanciones económicas, desandando todo camino de “cooperación” anunciado en foros internacionales, caso reciente del G20, coordinado por Indonesia.

El común denominador en los discursos en la ONU y otros organismos y foros internacionales apuntan a cooperar para culminar con la pandemia y otros problemas globales, caso del cambio climático.

La convocatoria a la cooperación se asocia a la búsqueda de soluciones compartidas en tiempos de mundialización. La realidad desmiente el discurso y lo que se hace visible es la tendencia a la ruptura de procesos de universalización y mundialización, en aras de defender la dominación.

No hay respuesta militar desde la OTAN en territorio ucraniano, y no podría haberla por ocurrir el conflicto en territorio sin incumbencia del organismo militar. Actuar en ese sentido tendría consecuencias dramáticas en tiempos de poderío militar nuclear.

Claro que puede también interpretarse como acción militar las tareas previas de cercamiento de la Federación Rusa, favorecida por la incorporación de países de la ex URSS a la organización militar, incluso desoyendo acuerdos de no incorporación previamente establecidos.

La OTAN expresó la manifiesta defensa de “occidente” en tiempos de “guerra fría”, y continuó aportando a la lógica de la “liberalización económica” y la “unilateralidad del régimen del capital” luego de la ruptura de la bipolaridad.

Hoy queda claro que no había fin de la historia ante los procesos de 1989/1991.

Todo hacía parecer entonces orientado a políticas de ampliación de la apertura económica, la liberalización y la universalización de los procesos de producción y circulación de mercancías, servicios y capitales, identificado con la globalización o mundialización.

Es la dinámica que estimuló la OMC desde 1995 y las políticas económicas enunciadas desde el paradigma “neoliberal”, que en los noventa se identificó en nuestra región como “Consenso de Washington”.

Sin embargo, la crisis se hizo manifiesta entre 2007/09 y el “nuevo credo” de política económica desde el poder pareció ser el retorno del “nacionalismo”, ejemplarmente explicitado desde la presidencia Trump en EEUU, o desde el Brexit para Europa.

Las sanciones económicas unilaterales ejercidas desde algunos países con suficiente poder para definirlas, más allá de cualquier debate en ámbitos institucionales globales, son parte de ese cambio o desorden en el sistema mundial, que contribuyen a la obstaculización de la dinámica de la liberalización y la mundialización.

Incluso llevan a pensar en la transición hacia un nuevo orden mundial. Son diversos los países sancionados en los últimos años, sea China, Rusia, Irán, Cuba, Venezuela o Nicaragua, entre otros muchos. Ahora todo se concentra en Rusia. Por cierto, las sanciones son limitadas, ya que afectan a los países propiciadores de las sanciones.

Se afectan ciertos activos físicos o financieros, incluso a personas, pero se restringen en otros casos, como en el SWIFT. Al respecto dice CNN: “Estados Unidos y la Unión Europea se abstuvieron de excluir a Rusia del SWIFT, una red de mensajería de alta seguridad que conecta a miles de instituciones financieras de todo el mundo”[1]

La prohibición británica de que Aeroflot acceda al espacio aéreo del Reino Unido fue respondida por Rusia con el cierre del espacio aéreo a las aeronaves británicas. En este sentido se restringe la circulación de bienes y servicios, de las cargas de mercancías y del turismo, afectando la actividad económica.

Todo ello ya está impactando en suba de precios, especialmente de alimentos y energía.

La no habilitación del Nord Stream II supone un mayor costo para Alemania y Europa en el abastecimiento de gas, con beneficio de los proveedores, especialmente EEUU.

Incertidumbres del presente

Hace pocos días, en la inauguración de la reunión de ministros de economía y finanzas del Grupo de los 20 realizada en Indonesia, el presidente del país anfitrión afirmó que la crisis de Ucrania pone en riesgo la economía global, aludiendo a un tema que escalaba y que en estas horas ya tienen impacto importante.[2]

La preocupación central en Yakarta apuntaba a cómo superar los efectos de la pandemia (2020-22) y la recesión provocada por el cierre deliberado de la economía, aún con la recuperación del pasado año que se ralentiza en el presente.

Como insumo a ese cónclave, la titular del FMI, antes de la “acción militar especial” ejecutada desde la Federación Rusa, señalaba los desafíos en el debate del G20 que el organismo había disminuido el pronóstico de crecimiento para el 2022 al 4,4% y apuntando las incertidumbres que genera la inflación creciente en varios países.[3]

Ya en curso la acción militar especial de Rusia en Ucrania, uno de los gobernadores de la Reserva Federal de EEUU, analizando la situación de su país mencionó el mismo día que si bien es “demasiado pronto para juzgar cómo afectará este conflicto al mundo, a la economía mundial, y cuáles serán las implicaciones para la economía estadounidense. Pero esta situación agrega incertidumbre a mi perspectiva y será algo que estaré monitoreando muy de cerca”[4]

La preocupación por la pandemia continua y la inflación volvió a la agenda de los problemas en la economía mundial, en un marco no resuelto de cambio climático.

Es un combo explosivo agravado por tendencias a la “no cooperación” resultantes de tendencias “nacionalistas” que insisten en sanciones unilaterales que alimentan las incertidumbres de un presente que tiene tres décadas de antigüedad.

Los cambios acecidos en los 90 desataron resistencias diversas e incluso ensayos de cambio político que entusiasmaron el imaginario colectivo por las transformaciones anticapitalistas, antiimperialistas y anti patriarcales, por lo que las incertidumbres actuales también convocan a pensar un poco más allá del día a día, incluso en perspectivas liberadoras en contra y más allá del régimen del capital.

Notas:

[1] https://cnnespanol.cnn.com/2022/02/25/occidente-rusia-swift-sancion-trax/ (25/02/2022)

[2] https://www.dw.com/es/reuni%C3%B3n-del-g20-en-indonesia/av-60822476 (18/02/2022)

[3] https://www.imf.org/es/News/Articles/2022/02/16/blog021622-three-policy-priorities-for-a-robust-recovery (16/02/2022)

[4] https://www.federalreserve.gov/newsevents/speech/waller20220224a.htm (24/02/2022)

Julio C. Gambina. Doctor en Ciencias Sociales, UBA. Profesor Titular de Economía Política, UNR. Premio 2021 de la World Association of Political Economy, WAPE.

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La portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, Hua Chunying, responde preguntas durante la conferencia de prensa diaria en el Ministerio de Relaciones Exteriores en Beijing el 24 de febrero de 2022. Noel Celis / AFP

El agravamiento de la crisis en torno a Ucrania con la invasión rusa supone un fracaso de los envites a la moderación efectuados por parte de China. Cierto que, en esta ocasión, Beijing se ha mostrado más cercano a las tesis del Kremlin, dando pábulo a su reclamo de que la seguridad debe ser indivisible, culpando a Washington de desestabilizar la zona y a los países occidentales en general de desinterés en la aplicación efectiva de los acuerdos de Minsk.

En la cumbre mantenida por Vladimir Putin y Xi Jinping en los JJOO de Invierno se evidenció un acercamiento estratégico importante partiendo de la premisa compartida de la condena de la expansión de la OTAN. ¿Cuánto pudo influir este contexto bilateral en la decisión final de Putin? ¿Ya entonces había decidido invadir? ¿Supuso un espaldarazo a la invasión?

Todavía ahora, cuando la invasión es ya un hecho consumado, la portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores Hua Chunying ha puesto el acento en la condena expresa A EEUU como el culpable de la crisis por azuzar las tensiones. Y es que para China, esa dinámica en Europa no es ajena a la que vive en  Asia-Pacífico: la activación del QUAD, la creación del AUKUS y la nueva estrategia anunciada por la Administración Biden para el Indo-Pacífico, que incluye la definición de China como el "principal desafío regional", y, subsiguientemente, la firme apuesta por lo que califica de políticas de "asedio y contención". Cuando las barbas de tu vecino veas cortar… Moscú y Beijing comparten el mismo interés de alejar a EEUU de su entorno inmediato.

Pero la acción rusa, para China, resulta muy incómoda. En primer lugar, Beijing proclama el respeto a la soberanía e integridad territorial como pilares básicos de su política exterior. No reconoció la anexión de Crimea en 2014 ni tampoco reconocerá las de Donetsk y Lugansk, de llegar a confirmarse. Su temor es que un paso en falso en este terreno pueda justificar algún día que las potencias occidentales opten por el reconocimiento de Taiwán como un país soberano.

China procurará mantener la calma, reproduciendo los llamamientos al diálogo y el cese de hostilidades, sin condenar ni apoyar abiertamente el desarrollo de los acontecimientos. En una situación muy incómoda, a Beijing le inquieta especialmente que se le vea como un mero comparsa de Moscú y procurará tomar distancia. No tomando partido desde luego, cosa que no será tan fácil como en la crisis de 2014, especialmente en el orden del auxilio que pueda prestar a Rusia para compensar las duras sanciones por llegar de Occidente.

Una de sus mayores preocupaciones es como impactará en sus relaciones con la UE, que lleva meses intentando reconducir. Se ha hablado mucho de la torpeza estratégica de Washington de confrontar a la vez con Rusia y China pero lo acontecido también acentuará la alianza occidental, que a China le gustaría diluir. En una reciente conversación con E. Macron, al frente de la presidencia rotatoria de la UE, Xi, con alabanzas al formato de Normandía (Alemania, Francia, Rusia, Ucrania) como vía para hallan una solución política y global a la crisis, instaba en paralelo a impulsar una agenda positiva que incluyera avanzar en la ratificación del acuerdo de inversiones, que sigue en el alero. Y seguirá.

China, por tanto, camina sobre la cuerda floja. La hipotética alegría de que esta crisis puede desviar la atención de sus diferendos con EEUU, pasando Rusia a primer plano, puede ser efímera si de ella resulta un fortalecimiento de la determinación del mundo occidental contra sus rivales.

La prueba del algodón será la actitud ante las sanciones. Cabe imaginar que China no las desafiará y que opte por alternativas que no supongan un enfrentamiento directo, con medidas que mitiguen el impacto de aquellas, quizá recurriendo a las compras energéticas, que es la principal fuente de riqueza de Moscú.

Pero cuanto más se caliente el conflicto en Ucrania, más difícil será para China caminar sobre el filo de la navaja. Las ventajas estratégicas de esta crisis son limitadas y podrían traducirse en dolorosas pérdidas de ponerse abiertamente a favor de Putin contra Occidente. El riesgo de ampliar la brecha con los países occidentales es cada vez más alto y la única posibilidad de conjurar esa tendencia sería que las reservas existentes respecto a las acciones de Putin se plasmaran en un distanciamiento que le ayudara a recomponer su imagen global. Por eso también, Ucrania pone muy a prueba el entendimiento estratégico Moscú-Beijing.

Por Xulio Ríos

Director del Observatorio de la Política China.

24/02/2022

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