La "desglobalización neoliberal política (sic)" impacta a Francia y Colombia

La desglobalización neoliberal financierista en curso tiene su reflejo en la "desglobalización neoliberal política (sic)" como se detectó en las elecciones de Francia y Colombia, pero también en la erupción de la revuelta indígena contra el globalista neoliberal Guillermo Laso en Ecuador: vulgar artefacto del efímero TikTok (https://bit.ly/3y3qNlh).

En sólo dos meses el presidente francés, Emanuel Macron –anterior empleado del banco Rothschild–, relegido para otro quinquenio, sufre una “cachetada (Washington Post dixit), al perder su mayoría absoluta (245 escaños con 38.6 por ciento de votos), que pone en riesgo sus reformas globalistas neoliberales ante el ascenso de la coalición de izquierda –NUPES con 131 escaños (31.6 por ciento), encabezada por Jean Luc Mélenchon (JLM)–, y el tsunami de la extrema derecha de Marine Le Pen (MLP) que arranca por primera vez 89 escaños (17.3 por ciento). Fue la revancha de los chalecos amarillos. Así Macron, criticado acerbamente por ser elitista y estar alejado de los problemas citadinos y rurales de los ciudadanos, se encuentra atrapado entre el Escila de la "coalición de izquierda" y el Caribdis de la extrema derecha que, según los hermeneutas de la política doméstica, augura una ingobernabilidad, si es que no desemboca en caos.

Pese a obtener una mayoría legislativa –que no le otorga la facilidad de pasar sus controvertidas reformas neoliberales a contracorriente histórica–, el descalabro de Macron sacude a toda Europa, ya que Francia es la única potencia nuclear de la Unión Europea de 27 países que pueden quedar huérfanos y a la deriva para ser presas del arsenal nuclear de la dupla anglosajona de EU/Gran Bretaña (GB) dentro de la OTAN. ¿Ganó Putin y perdió el comediante Zelensky en las elecciones legislativas en Francia, cuando tanto Mélenchon como Le Pen son antieuropeos y anti-OTAN?

No le produjo beneficio alguno a Macron su demagógica visita electorera a Kiev, donde tuvo un abrazo, catalogado de "muy extraño", con Zelensky, lo cual, en última instancia, resultó contraproducente en la sique rebelde del electorado francés. En forma insólita, más que inédita, la asamblea exhibe tres polos totalmente opuestos entre sí, a grado de que el rotativo Le Figaró, de la llamada "derecha", alega que “Macron tiene la prueba de una Francia ingobernable (https://bit.ly/3zTtTL6)”.

Le Soir asienta que el resultado es "inquietante también para Europa", ya que la única potencia nuclear europea sale debilitada frente a “crisis mayores (guerra en Ucrania, recuperación económica, crisis ambiental) con una asamblea tan dividida que sin duda jamás había sido tan antieuropea (https://bit.ly/3n4uim2)”.

La elección en Francia exhibe que la dicotomía añeja entre "izquierda" y "derecha" del siglo XVIII –curiosamente emanada de la definición topográfica de los realistas girondinos, que se sentaban a la derecha, y los jacobinos que lo hacían a la izquierda– ha quedado rebasada en la misma Francia –donde prospera más la dicotomía hoy vigente entre "globalistas neoliberales" y “soberanistas nacionalistas (https://bit.ly/3HGspWg)”.

En Francia y Colombia se gestó una revuelta ciudadana, con diferentes entonaciones, contra el antropófago modelo globalista neoliberal. En Colombia es más dramático, porque desde la primera vuelta fue humillado el uribismo de Medellín, hermano simbiótico del fugaz y rapaz calderonismo en México.

Más allá del triunfo apretado del izquierdista Gustavo Petro frente al empresario de extrema derecha Rodolfo Hernández, que sepulta militar y teóricamente el paramilitarismo del narcouribismo, llamó poderosamente la atención la felicitación inmediata del secretario de Estado, el jázaro Antony Blinken, cuando EU detenta "nueve cuasi-bases" militares (https://bit.ly/3QEdIag)” que todavía no han sido motivo de cuestionamiento alguno (https://bit.ly/3bkQlm9). Todo lo contrario: asombrosamente Blinken "desea estrechar (sic)" sus relaciones con Petro, quien, por cierto, promete una "agenda ambientalista verde" nada disímbola del Partido Demócrata de EU.

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Lunes, 20 Junio 2022 09:19

Zurcir con la totalidad que somos

Zurcir con la totalidad que somos

El mapa lo dice todo. La cartografía electoral que arroja el mapa de Colombia, producto de las elecciones del 29 de mayo es una nítida fotografía de la realidad social y política que padecemos: en el centro del país, con pocas extensiones sobre departamentos de los denominados periféricos, se congrega el país que votó por Rodolfo Hernández. Es casi un círculo ampliado de los departamentos que cuentan con mayor desarrollo económico y en los que habitan –si no lo hacen en Estados Unidos u otros países de sus ensueños– los sectores más pudientes de nuestra sociedad, una minoría que se ha beneficiado de las políticas de Estado que protegen, financian, apadrinan, acolitan, a quienes “crean la riqueza nacional”.

Bordeando este círculo, en forma de óvalo, con extensiones hacia el norte, el occidente, el sur y el oriente del país, en un porcentaje superior a favor del Pacto Histórico, y con apoyo mayoritario en los departamentos que más han padecido los efectos negativos de las políticas económicas y sociales de Estado que marcan nuestro ser nacional, los sectores marginados, una mayoría de connacionales que sufren la exclusión, el desconocimiento y los efectos, además, de la política militar que prevalece como recurso para resolver la conflictividad social.

En estas dos Colombias, con presencia significativa pero no detallada en su configuración por la cartografía electoral, habita otro país, constituido por más de una tercera parte de quienes están en edad de votar pero no lo hacen y cuyos motivos pueden ser diversos, como lo son los millones que allí están sumados. Aquellos no tienen confianza en la clase política, no los convoca el canto de un prometido cambio institucional que entona la izquierda, tienen rabia con el establecimiento, pues lo único que reciben del mismo es palo y promesas incumplidas; no se sienten recogidos en los programas que abanderan las campañas electorales… Tenemos, por tanto, no uno ni dos sino por lo menos tres países, cada uno motivado por circunstancias disímiles y opuestas entre sí.

La lógica política, económica, social, militar, en boga, indica que –de salir electo el candidato que promete ahondar las políticas neoliberales, achicando el Estado como principal empleador, por ejemplo– esto continuará, y la sociedad que resumimos no estará convocada a reencontrarse y permanecerá dividida entre polarizaciones y tensiones.

De salir elegida la candidatura que ofrece la superación de lo construido hasta hoy, en tanto en el eje de su programa está la inversión social acrecentada, mayores impuestos para los más pudientes, reconocimiento de grupos excluidos, y similares, encontrará sintonía y empezará a bordar un país para las mayorías pero no para la totalidad.

En su ejercicio de cambio, de ponerse en boga un amplio proyecto cultural y educativo, además de económico y no militar para contener la inconformidad social, alimentará energías para que muchas de las personas que no sienten sintonía alguna con el establecimiento se acerquen, al menos, para ver qué está pasando y “metan el dedo en la llaga” y así comprueben su veracidad.

Tenemos aquí un zurcido que empieza a unir pedazos de país. Tal vez el secreto para que eso permanezca y no se descosa al primer jalón sea hilar en Z, quizás en M. Las opciones son varias pero encontrar cuál es la que une con más fortaleza es labor de quienes estarán en los años que vienen como funcionarios de lo público.

Lo cierto es que esas puntadas tienen que pasar con su hilo por la concreción efectiva de una reforma agraria que sea integral, acompañada por una política de protección a la producción y el mercado nacionales, con una red para acercar los productos del campo a las barriadas, en clara disputa con las redes de mercadeo que ahora intentan monopolizar este sector de la economía del país. Es un esfuerzo en el cual se deberá citar y lograr la concurrencia de pequeños y medianos tenderos, como de micro, pequeños y medianos productores urbanos de bienes destinados al consumo diario, para que se asocien y faciliten este proceso y se beneficien del mismo –en calidad de trabajo, en precios favorables, en líneas de crédito para operativizar su labor, en proceso de capacitación, etcétera.

Aquel es un hilar que deberá cruzar y tensar el cumplimiento de los acuerdos de paz, a fin de crear así un ambiente regional para la participación y el liderazgo social sin correr riesgo de muerte; a la par de otras muchas hiladas que recojan, por ejemplo, la creación de una industria nacional con ejes en diversos segmentos estratégicos de una economía de punta y en sintonía con la revolución industrial en curso, pero también que haga sentir sus puntadas en la política educativa, garantizando el soñado anhelo de educación superior para toda aquella persona que lo anhele y cumpla con los mínimos académicos que exijan en uno u otro centro de estudios.

El recorrido de las agujas es mucho más amplio y diverso, pues el tamaño de lo aplazado en el país es mayúsculo para que se pueda hablar de reducción sustancial de la pobreza y eliminación de la miseria. ¿Qué decir de una política de paz para el diálogo y la apertura política con quienes estén dispuestos a aunar esfuerzos, de modo que el país viva una oportunidad de reencuentro? ¿Qué de una política ambiental en realidad consecuente con todo lo que implica no aportar al incremento del cambio climático? ¿Qué de una política urbana que vaya al fondo de la crisis que sobrelleva la ciudad del mercadeo y el consumo?

En ese zurcir con delicadeza, y con la alegría de quienes están construyendo una pieza por vestir engalanados, hay quienes desde un principio se sentirán excluidos, pero en esta ocasión no son los de siempre sino quienes desde décadas atrás no han dejado de beneficiarse de las políticas de Estado que priman en el país.

Con el solo hecho de cobrarles más impuestos, de llamarlos a pagar mejor a sus trabajadores y empleados, con el efecto de que el chorro de beneficios estatales dirigidos hacia ellos se corte o reduzca, estas y otras realidades los llevarán a conspirar contra el nuevo gobierno y atizar asimismo el descontento social, incrementado, seguramente, por la fuga de capitales que propicien, por el bloqueo de la agenda legislativa y –esto no es extraño– por el estímulo al ahondamiento del conflicto armado que hoy padece el país. El factor Estados Unidos calentando el ambiente político podrá estar en el trasfondo de algunas de esas reacciones.

Se podría decir, entonces, que en este punto, ante un cuero duro, la aguja se partirá y el país seguirá roto, tal vez en menos pedazos pero roto. La pregunta que corresponde hacerse a quienes diseñen las políticas de Estado, ojalá en diálogo dinámico con toda la sociedad, es: ¿Qué se debe hacer para neutralizar esta realidad de fractura, entre minorías y mayorías, entre ricos y pobres, entre quienes desean el cambio y quienes aspiran a prolongar al status quo?

La tarea no es sencilla de resolver pero, seguramente, revisando nuestro profundo ser nacional, sus valores y mejores tradiciones, así como las experiencias vividas en otras coordenadas, se encontrarán luces y material para reforzar las agujas y el hilo necesarios para reencontrar al país como una sola pieza. Con detalles, con bolsillos y ojales que significan clases e intereses dispares pero que integran una sola pieza que, bien tejida, debe ser cómoda en su uso, de manera que a la vuelta de algunas décadas la realidad de vida digna y democracia participativa, directa, radical, plebiscitaria, haya echado raíces en todo el territorio nacional y en lo más profundo de nuestro ser cultural. Tremendo reto. ¡Ojalá no se frustre nuestro destino posible! n atizar nuevas protestas sociales.

 

 

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La izquierda de Mélenchon será la primera fuerza de la oposición en Francia y le complica la legislatura a Macron

El partido del presidente pierde la mayoría absoluta en la Asamblea Nacional y la ultra Marine Le Pen consigue formar grupo parlamentario en unas elecciones legislativas con una abstención histórica del 54%.

 

El partido de Macron y sus aliados han ganado las elecciones con 230 escaños, seguido por la alianza de izquierdas liderada por Mélenchon, 149, que sin embargo no consigue el desafío de forzar la cohabitación. Le Pen obtiene, con 85 diputados, grupo parlamentario por primera vez desde 1986 en unas elecciones con una abstención tremenda del 54%, según datos aún no definitivos.

Se trata de un batacazo electoral para el presidente Emmanuel Macron quien en 2017 había arrasado con su partido y sin aliados con más de 300 diputados de los 577 que tiene la Asamblea Nacional francesa. "Es un primer lugar decepcionante, pero es un primer lugar", reaccionó nada más conocerse las primeras estimaciones la portavoz del Gobierno, Olivia Grégoire.

"Desde que las elecciones presidenciales y legislativas se celebran el mismo año, es la primera vez que el presidente no consigue mayoría absoluta", nos explica Guillermo Arenas, docente e investigador en Derecho de la Universidad de Estrasburgo.

"Macron va a tener que cambiar de primer ministro y poner a alguien más familiarizado con el Parlamento, porque nos olvidamos de que Francia es un régimen parlamentario porque el presidente tiene muchos poderes, pero ahora la dimensión parlamentaria va a resurgir", analiza Arenas.

Los malos resultados de la alianza oficialista se deben en parte a que Emmanuel Macron, que en 2017 arrasó porque encarnaba el cambio, ahora encarna la continuidad. Además, no ha acertado en la campaña. "Casi no han hecho, entraron muy tarde con una campaña del miedo, hablando de caos y anarquía si ganaba Nupes", dice Arenas, que recuerda que su mayoría empezó a resquebrajarse hace tiempo porque no hizo "un trabajo doctrinal" para construir el partido y perdió a muchos diputados como Aurélien Taché o Cédric Villani, quienes en esta ocasión se presentaron por la alianza de izquierdas.

"Trabajaremos con todos aquéllos que quieran que el país avance, la mando está tendida", declaró la portavoz del Gobierno. Y la mano ya está tendida hacia una dirección, Los Republicanos, el partido del expresidente Nicolas Sarkozy. Buscaremos "una mayoría de acción", dijo por su parte la primera ministra Elisabeth Borne.

Los conservadores tienen la llave de la gobernabilidad

Aunque los conservadores hayan perdido 22 escaños, Los Republicanos prefieren ver el vaso medio lleno y con 76 diputados ya se ven como la fuerza indispensable para garantizar la gobernabilidad de la macronía. Esto indica que el presidente va a tener que correr el cursor hacia la derecha durante los próximos cinco años para obtener el apoyo en la Asamblea a sus leyes. Y no hay nada más incierto porque entre los conservadores, que están en plena reconstrucción del partido, cada vez hay más voces que se levantan afirmando que no van a ser "la rueda de repuesto" de Macron.

Que Macron no tenga mayoría absoluta quiere decir que va a tener que negociar todas las leyes con otros partidos para adoptar las reformas. "Los Republicanos van a ser los árbitros y puede ocurrir que, aunque la oposición sea más de izquierdas que nunca, el Gobierno tenga que gobernar más a la derecha de lo que quisiera, es una paradoja democrática", asegura Guillermo Arenas.

Disputa por el liderazgo de la oposición

La Nupes (Nueva Unión Popular Ecologista y Social) será la principal fuerza de oposición en la Asamblea Nacional, pero su capacidad real de acción dependerá de que esa unidad perdure, ya que los partidos que la componen son muy heterogéneos: van desde Los Verdes a los izquierdistas de La Francia Insumisa, pasando por el Partido Comunista o lo que queda del Partido Socialista. Y cada partido tiene la intención de conservar su grupo parlamentario, por lo que la Nupes, si bien ha demostrado que la unión hace la fuerza, corre el riesgo de que su breve historia termine en las primeras sesiones de la Asamblea Nacional.

La Francia Insumisa tendrá 83 diputados, muy cerca de los 85 de la extrema derecha. "Mi mensaje esta noche, insisto, es un mensaje de combate", dijo durante la noche electoral Jean-Luc Mélenchon, quien llamó a los jóvenes a seguir movilizados. Una franja de edad del electorado que cuando vota, vota a la izquierda, pero que este domingo ha vuelto a liderar la abstención.

Mélenchon, que esta vez no se presentaba a diputado, había hecho de estas legislativas la tercera vuelta de las presidenciales. No ha logrado ganar su apuesta y se queda muy lejos de la mayoría de 289 diputados. Fracasa en su intento de forzar una cohabitación, pero confirma su buena dinámica, ya que pasa de 17 a 83 diputados.

Aun así, si sumamos los diputados de LREM de Macron, los de los conservadores y los de la extrema derecha, el hemiciclo francés es claramente mayoritariamente de derechas. Y esto es importante, no tanto para que se decida quién es el jefe o la jefa de la oposición, sino por la Comisión de Finanzas, que tiene una gran influencia en el hemiciclo y que históricamente la preside un opositor. ¿De qué partido será? ¿Republicanos? ¿Nupes? O ¿Agrupación Nacional?

Resultado histórico de Marine Le Pen: de 8 a 85 escaños

Nunca en 35 años, la Agrupación Nacional (ex Frente Nacional) había alcanzado tantos escaños. Con 85 diputados ha superado las previsiones de los sondeos. Es "de lejos el grupo más numeroso de la historia" de la Agrupación Nacional, declaró Marine Le Pen desde su feudo de Hénin-Beaumont, en el Pas-des-Calais, donde es diputada.

"Encarnaremos una oposición firme y respetuosa con las instituciones", agregó la líder de la extrema derecha, quien debe parte de su éxito a que muchos votantes macronistas que votaban en circunscripciones donde el escaño se jugaba entre la extrema derecha y la izquierda se han quedado en casa.

Y esto es justamente lo que criticaban en la noche electoral los candidatos de la Nupes. De las 62 circunscripciones en las que se enfrentaban a candidatos de Le Pen en esta segunda vuelta, los macronistas no llamaron a votar en nombre de la República contra la extrema derecha en 55.

"Tal vez no lo veamos en las portadas de los diarios, pero es importante decirlo. El partido de Le Pen va a multiplicar por 10 el número de diputados. Es impresionante porque Marine Le Pen casi no ha hecho campaña, acabó muy cansada de las presidenciales", afirma Guillermo Arenas.

Más allá de los resultados, la abstención vuelve a ser de vértigo. El 54% de los electores no se desplazaron a las urnas y con más del 90% de los votos escrutados, el 7% de los electores votaron en blanco o nulo, esto es más de un millón y medio de personas.

parís

19/06/2022 23:41

Aída Palau Sorolla@AidaPalau78


Macron queda en ultra minoría: se abre un período de gran inestabilidad

Si bien se esperaba una caída de Macron en esta segunda vuelta de las legislativas en Francia, el resultado superó las peores previsiones. El gobierno no solo perdió la mayoría absoluta en la Asamblea Nacional, sino que quedó en ultra minoría. Se abre así una gran crisis política y un quinquenio explosivo.

Révolution Permanente

La izquierda diario

Domingo 19 de junio

Cataclísmica. Se esperaba que la segunda vuelta de las elecciones legislativas debilitaría a Macron, pero el resultado final superó las peores expectativas. De hecho, el Gobierno perdió largamente su mayoría absoluta, con un estimado de 238 escaños. Un resultado que condena a Macron a gobernar en ultra minoritaria, buscando apoyarse en la derecha, y abre un periodo de profunda inestabilidad política.

Frente a él, NUPES se convirtió en la primera fuerza de oposición, pero su resultado es mixto. Los resultados finales están, en efecto, muy lejos de la demagogia electoral de Jean-Luc Mélenchon que, de nuevo el viernes, aseguró que sería primer ministro a pesar del sentido común.

Al igual que en la primera vuelta, el nivel de abstención que alcanzó el 54 % a pesar de la campaña de movilización realizada desde la elección presidencial, marca la dificultad de su coalición con partidos burgueses como el PS o los Verdes para convencer a las clases trabajadoras y la juventud. Casi 3 de cada 4 jóvenes no votaron en estas elecciones legislativas.

Frente a NUPES, la extrema derecha hizo un gran avance y se constituyó como la segunda oposición al gobierno. RN sí podría multiplicar por 10 su número de diputados, repitiendo su histórico resultado de la primera vuelta. El partido de Le Pen capitaliza así el profundo odio al macronismo, pero también la incapacidad de NUPES para convencer a amplios sectores de las clases populares seducidas por la RN.

Estos resultados dibujan un quinquenio sumamente inestable, donde la capacidad de gobernar de Emmanuel Macron se verá duramente puesta a prueba. En medio de una guerra reaccionaria en Ucrania y mientras la presencia francesa en África está en crisis, esta situación debilitará aún más la posición del imperialismo francés, el pilar de la Unión Europea, en el escenario internacional.

En un discurso de crisis, la primera ministra Elisabeth Borne llamó a construir una "mayoría de acción", apostando a la posibilidad de acuerdos con la derecha. Pero esto podría ser más difícil de lograr de lo esperado y, en el mejor de los casos, podría obligar a Macron a gobernar más a la derecha de lo que desea.

Si la crisis sanitaria congeló temporalmente el impulso ascendente de la lucha de clases ininterrumpida entre 2016 y 2020, esta inestabilidad política, en un contexto internacional marcado por el aumento de las tensiones en el campo geopolítico, la profundización de la crisis económica y las tendencias recesivas, podría desembocar rápidamente en grandes explosiones sociales. Una situación en la que las "guerrillas parlamentarias" pregonadas por NUPES quedarán impotentes, mientras podría ponerse rápidamente a prueba la durabilidad de esta coalición. Fabien Roussel, líder del Partido Comunista Francés, ya ha comenzado a distanciarse este domingo por la noche.

Al revés de la perspectiva parlamentaria que está en el corazón del discurso de la izquierda institucional, es urgente prepararse para un combate en el terreno de la lucha de clases, buscando aprovechar las brechas que puede abrir la crisis política. Para ello, necesitamos una izquierda revolucionaria a la ofensiva, capaz de intervenir en las luchas por venir y construir un frente de resistencia contra Macron y la extrema derecha.

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Exclusiones y lenguajes, violencias y esperanzas en una Colombia electoral

Todos sabemos que las palabras expresan conceptos, pero además cargan con historias, a veces muy largas, donde hay ideas que permanecen pero otras se olvidan. Un ejemplo de ello ocurre con el término exclusión, cuya importancia nadie puede desatender y más en una Colombia inmersa en el debate electoral.

La exclusión no puede negarse ya que está ante nuestros ojos; se la encuentra en las calles de las ciudades, en los senderos rurales o incluso en lugares naturales alejados. Si así se mira, también es inevitable que la exclusión está entrelazada en sus distintas expresiones: es la de unas personas sobre otras, sobre las mujeres, los jóvenes o los viejos, sobre los negros, los campesinos, los indígenas, los más pobres, sobre cualquiera que es diferente. Pero es además una exclusión de la Naturaleza, inseparable de aquella que es social y explica que se tolere la deforestación, la contaminación o los extractivismos depredadores. Nos rodean exclusiones socioambientales.

Abordando la historia del término exclusión, la palabra deriva de excludere que invocaba sacar o retirar a algo o alguien de un recinto interior a uno exterior, cerrándole las puertas o vías, para así impedir que regresara. Es un vocablo directamente emparentado con la idea de clausurar o cerrar, que no sólo implica remover a alguien sino también una sostenida actitud en impedir que regrese o retorne. Debe quedar en claro que la exclusión no es una acción acotada en el tiempo sino que impone una continua repetición.

Tener presente esos antecedentes no es una cuestión menor porque la exclusión en América Latina carga con una historia que se inicia en la colonización que se corresponde directamente con ese sentido original. Dicho de otro modo, la exclusión de hoy es inseparable, y a la vez resulta, de esa historicidad, y en todo ello las palabras juegan papeles determinantes.

La exclusión original

Puede argumentarse que la exclusión se inició en las Américas en los primeros actos de los colonizadores de anular otros lenguajes para imponer el propio, y el hacerlo pasaron a denominar como salvaje a casi todo lo que les rodeaba. Salvaje era la Naturaleza, con todos sus animales, sus plantas, sus cerros o sus ríos, pero también lo eran los distintos pueblos originarios.

En un texto de su juventud, Walter Benjamin, sostuvo, en 1916, que “no existe evento o cosa, tanto en la naturaleza viva como en la inanimada, que no tenga de alguna forma participación en el lenguaje”(1). Es por ello que palabras como salvaje, sirvieron para determinar cómo se pensaba y sentían eventos o cosas, vivas como inanimadas. Toda la diversidad latinoamericana, los más distintos paisajes y todos sus pueblos originarios, quedaron inmersos en un término que, para los entendimientos europeos, aludía al peligro, a la condición inculta, hostil e inentendible. Lo salvaje era una condición que provocaba el temor.

El poder el lenguaje del colonizador fue tal que ese enorme conjunto de diferencias americanas, y de las distintas lenguas que incluía, quedaron encerrados dentro de la palabra salvaje y unas pocas otras mas. Constituyó un acto de exclusión original que no dejó de reproducirse hasta hoy.

Benjamin, en aquel mismo texto, agregó que estaba en la esencia de todos las cosas, los eventos, vivos o inanimados, la participación del lenguaje para “comunicar su contenido espiritual”. Esa expresión espiritual, y con ello la diversidad de emociones, sensibilidades, espíritus o fantasmas, quedaban excluidos de la misma manera.

La uniformidad que impusieron términos como salvaje y otros, como atrasados, ignorantes, peligrosos, etc., naturalizó la dominación y la conquista. Esa postura persistió, aunque la exclusión esgrimía otras etiquetas como las de pobres, negros o indígenas, y así sucesivamente. En cada momento que la voz de alguno de ellos rompía el umbral de la indiferencia, rápidamente se los perseguía como peligrosos. Lo mismo ocurrió con múltiples problemas ambientales, como la deforestación, que nunca se detuvo a pesar de la pérdida de biodiversidad y que además desembocaba en destruir el hogar de las comunidades indígenas. Podría decirse que en toda la historia reciente operaron la violencia, la segregación y la colonización de las almas, como afirma Silvia Rivera Cusicanqui para Bolivia (2).

Un debate tan actual como el enfocado en continuar o no con la explotación petrolera remite a estas mismas condiciones. Las concepciones generalizadas entienden que los hidrocarburos son una riqueza, que es una tontería no explotarlo, o en aquellos pocos que reconocen que puede haber riesgos de todos modos insisten en la necesidad de extraerlo por todo el dinero que brindaría. No hacerlo sería propio de infantilismos, reaccionarios ambientalistas o enamorados del primitivismo, por no decir salvajes.

A pesar de la enorme evidencia de información de todos los impactos negativos de la petrolización, desde los efectos locales en los enclaves de extracción, hasta la quema de sus productos como generadores de gases invernadero, de todos modos se sigue apostando a los hidrocarburos. Estamos ante creencias muy arraigadas, inmunes a informaciones y evidencias racionales, cristalizadas en una fe en el progreso que para lograrlo devora a personas y naturalezas.

Si el lenguaje se comunica a sí mismo, para continuar con la inspiración de Benjamin, cuando los colonizadores señalaban lo salvaje, en ese mismo acto imponían una exclusión automática a los otros lenguajes, los saberes y sentires de otros modos, que esos supuestos salvajes albergaban. Era una exclusión que al mismo tiempo, y muy enérgicamente, impedía cualquier encuentro, y podían hacerlo porque eran los que portaban las espadas.

Los procedimientos contemporáneos pueden ser más complejos y laberínticos pero la esencia se ha mantenido. Los diferentes son excluidos una y otra vez, y la violencia está siempre presente para asegurar esa marginalización, sin dudar en apelar a la policía en las grandes ciudades o con militares, paramilitares o bandas criminales en las zonas rurales. No entender ni aceptar los otros lenguajes de esos indígenas, campesinos e incluso de esos paisajes, es una condición necesaria para poder disciplinarlos, castigarlos, encerrarlos o destruirlos. En cambio, comprender sus lenguajes resultaría en escuchar sus reclamos, oír sus llantos y sus dolores, una situación que llegaría ser insoportable y por lo tanto se la evitaba a toda costa.

Democracias habitadas por el terror

Hemos llegado a unos estilos e institucionalidades políticas que han consolidado esa sordera a otros lenguajes. Los países se congratulan en explicar que son democracias, pero esconden que excluyen a buena parte de su diversidad. En Colombia, el presidente Iván Duque al momento de votar, el pasado 29 de mayo, alababa el “fortalecimiento institucional” del país, agregando que se tenía una de las democracias “más antiguas del hemisferio” y de las “más sólidas”, donde en “paz y tranquilidad” se cede el poder al resultado de las urnas (3).

El sistema político colombiano tiene, como ya decía el intelectual Estanislao Zuleta en 1987, “todos los rasgos de la democracia clásica”. Ese juicio puede extenderse a la actualidad ya que repitieron las elecciones, se eligen las autoridades nacionales y los legisladores, se escogen autoridades locales, se dice que hay una separación entre los poderes estatales, se enumeran diversas libertades, y que, como advertía Zuleta, en cierto modo funcionan.

Pero Zuleta inmediatamente advertía que esa democracia “está auténticamente habitada por el terror en toda la trama de sus relaciones y en todo el territorio nacional” (4). Se reconocía la libertad de prensa pero había periodistas amenazados y asesinados, se admitía la libertad de organización y participación política, pero se habían matado a militantes y dirigentes, docentes o artistas también eran amenazados o perseguidos, y así se repetían en otros ámbitos.

En la Colombia de hoy, esa que el presidente Duque gobierna y que presenta a la prensa como ejemplo democrático, en las protestas de 2021, la represión policial y militar desembocó en la muerte de por lo menos 84 personas, 1790 heridos, y 298 militantes de derechos ciudadanos atacados (5). Mas de 500 defensores de los derechos ciudadanos, incluidos varios líderes ambientales, han sido asesinados desde 2016, y decenas de miles han sido desplazados de sus territorios (6). Persiste la violencia interna en muchos sitios del país, entremezclándose el narcotráfico con los extractivismos mineros y petroleros y con los agronegocios. Esas y otras circunstancias hacen que la participación democrática se vuelva un riesgo insoportable, ya que las posibilidades de ser perseguido, desplazado, torturado o asesinado son ciertas (7). Una democracia sana es, bajo estas circunstancias, imposible.

Estas circunstancias presentes hacen que la descripción de Zuleta, de hace 35 años, en muchos sentidos sigua siendo válida, y por ello sus palabras deben ser consideradas con toda atención. Véase que indicaba que esa democracia formal en realidad estaba “auténticamente” ocupada por el “terror”, y que éste alcanzaba a todas las relaciones sociales y se extendía por toda la geografía del país. Era un terror, el miedo extremo, que todo lo invadía (8). Es el terror reproducido en los indicadores de persecución y muerte que se acaban de señalar.

El miedo es el instrumento más potente para mantener la exclusión. Es la condición que reemplaza a las espadas de los conquistadores, el látigo o la bayoneta, de siglos pasados. Es el modo que impide cualquier retorno de aquellos que han sido excluidos y marginalizados. El miedo nos hace sordos a otros lenguajes.

El orden político que se construye alternando el formalismo de instituciones y prácticas que parecen funcionar pero en realidad no lograr asegurar sus fines esenciales, con el terror que se disemina por todas las relaciones sociales y en todo el territorio, hace que las exclusiones persistan. No es solamente una sordera a otros lenguajes en sus contenidos más evidentes, como pueden ser los reclamos de indígenas que exigen por sus derechos ciudadanos a la participación, o las de líderes barriales que claman por al menos contar con servicios básicos como saneamiento o agua potable. Es también una incapacidad espiritual y sensible en asumir, intuir o respetar esas otras expresiones.

Enfrentar la exclusión exige acabar con las cotidianas y repetidas acciones que impiden escuchar esos otros lenguajes, que mantienen las puertas cerradas para los que han quedado en ese afuera. La voluntad para anular los encierros no siempre se concreta porque el terror lo impide, y en tanto repetido por décadas termina siendo naturalizado.

Esperanzas y democracias

Es apropiado regresar una vez más a Zuleta porque ilumina sobre esta problemática, cuando alertaba que una de los aspectos más tristes de la miseria es aquella que es “vivida como una fatalidad natural”. Es abandonar la esperanza por una lucha como “suma de fuerzas en una empresa común” para caer en la desesperación o la resignación.

En ese fatalismo, en ese miedo y en esta desesperanza, es que se derrumba la formalidad democrática exhibiendo todas sus limitaciones. Una condición que es incomprensible para políticos que piensan como el presidente Duque, lo que explica que se regodee con el formalismo institucional, justamente porque esa condición es la que le permite alimentar con el temor la exclusión cotidiana.

Esa resignación, ese fatalismo es “una de las virtudes menos democráticas”, mientras que la “esperanza es precisamente una de las virtudes más democráticas”, ahondaba Zuleta, en una conferencia en el Cauca en 1989 (8).

No puede negarse que ante la inminente elección presencial en Colombia, fortalecer la esperanza se vuelve una prioridad. Recuperarla entre los que la perdieron, alimentarla allí donde se debilitó, e incluso mantenerla ante los mercaderes del miedo que la carcomen en este momento. Ello es necesario porque el candidato Rodolfo Hernández alimenta ese terror que ahoga la esperanza, lleva a una democracia fallida y asegura la exclusión. Ese riesgo queda en claro a por su desparpajo ante las formalidades de la ley y la política, su gestión pasada inmersa en denuncias de corrupción y nepotismo, su incapacidad en dialogar.

Colombia enfrenta una posible bolsonarización de su política, en el sentido de caer en un gobierno de extrema derecha, que seguramente será desordenado en varios sentido pero enfocado en debilitar la justicia y los derechos, agravando aún más la exclusión. Es una bolsonarización también por lidiar con un candidato que no es el promovido desde los sectores conservadores, sino que escapó a ellos, llevando a un extremo la banalización de la política, pero al que terminan adhiriendo porque ellos mismos también están atrapados en el miedo, aunque sea distinto, porque es el temor a que se derrumben las exclusiones.

Ante esta situación no debe abandonarse la esperanza que permita abrir las ventanas y puertas que anulen los encierros de la exclusión, y que nos sirvan para comenzar a escuchar, y entender, otras lenguas.

Notas

1. Uber Sprache Ueberhaupt und über die Sprache des Menschen, W. Benjamin, manuscrito de 1916, publicado póstumamente; las citas corresponden a la traducción de R. Blatt en Para una crítica de la violencia y otros ensayos, Iluminaciones IV, Taurus, Barcelona, 1991.
2. Violencias (re)encubiertas en Bolivia, S. Rivera Cusicanqui, La Mirada Salvaje, La Paz, 2010.
3. “Que viva la democracia”: presidente Iván Duque ejerció su derecho al voto, Semana, Bogotá, 29 mayo 2022, https://www.semana.com/nacion/articulo/que-viva-la-democracia-presidente-ivan-duque-ejercio-su-derecho-al-voto/202233/
4. La violencia política en Colombia, E. Zuleta, originalmente redactado en 1987, y publicado en la revista Foro No 12, 1990; reproducido en Colombia: violencia, democracia y derechos humanos, Ariel, Bogotá, 2015.
5. Colombia, Informe 2021/22, Amnistía Internacional, https://www.es.amnesty.org/en-que-estamos/paises/pais/show/colombia/
6. Colombia, Eventos 2021, Human Rights Watch, https://www.hrw.org/es/world-report/2022/country-chapters/380715
7. La situación reciente se ilustra por ejemplo en Teatro de Sombras, Informe Anual 2021, Sistema de Información sobre Agresiones contra Personas Defensoras de Derechos Humanos en Colombia, Programa Somos Defensores, Bogotá, 2022.
8. Sobre la violencia en Colombia desde mediados del siglo XX véase por ejemplo Violencia pública en Colombia, 1958-2010, M. Palacios, Fondo Cultura Económica, Bogotá, 2012.

 

Eduardo Gudynas es analista en el Centro Latino Americano de Ecología Social (CLAES).
Algunas secciones del presente texto fueron presentadas en la mesa redonda sobre Desaprender la exclusión y abrazar la diversidad, organizado por el Instituto Distrital para la Participación y Acción Comunal (IDPAC) de Bogotá, el 4 de junio 2022.

 

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Jueves, 16 Junio 2022 07:23

Dignificando a los ausentes

Dignificando a los ausentes

que traspasan arena, ríos y montañas dejando florecer sus semillas en generaciones de pensamiento, política, arte y cultura

 

Desde una “perspectiva anacrónica” e “internacional”, Didi Huberman planteó una relación entre los distintos periodos históricos al demostrar que, aun teniendo las peculiaridades cada uno de su “historia precisa”, compartían un denominador común. Y es que, aunque la historia nunca se repite -escribía Trullén Floría- existe en ella “una tendencia circular a la rima”.

Si reflexionamos de la mano de estas premisas, observamos que con el paso de las décadas la violencia física y verbal contra la izquierda, y su proyecto social, ha sido diseñada, planificada y ejecutada de manera ininterrumpida. Explicaba el historiador Francisco Espinosa que el modelo de represión utilizado en las dictaduras latinoamericanas imitó al que se inauguró en España, donde los hallazgos de Serrulla Rech estiman que podrían existir alrededor de 14.755 fosas, en las que estarían inhumadas 130.000 víctimas de la represión franquista durante la guerra: maestras, jornaleros, menores de edad...

Siguen ahí, arrojados, frente al corazón encogido de las generaciones de sus seres queridos que continúan sin poder darles cobijo.

Fue en el territorio de la llamada Iberoamérica -designada recientemente como “Iberoesfera” por una ultraderecha española íntimamente vinculada a la extrema derecha latinoamericana-, que las desapariciones forzosas poblaron de pupitres vacíos las universidades, de madres velando en la oscuridad, y cuerpos bajo los montes.

Desafortunadamente, basta con cambiar el método: los modelos de opresión se adaptan; sobreviven vociferando una falsa libertad y aplican la represión de forma encubierta, aunque las prácticas de corte pinochetista que se ejercieron con sevicia contra los manifestantes de Colombia, retrocedieron décadas.

A sí mismo, en esta “tendencia circular a la rima”, la violencia verbal se nutre inyectando odio a través de campañas de desinformación -maquilladas de rigor periodístico por grandes grupos mediáticos-, que tergiversan las ideas de izquierda y difaman a quienes las llevan. Ya cuestionaban Noam Chomsky y Edward S. Herman en Los guardianes de la Libertad la supuesta actuación “desinteresada” del sistema periodístico al explicar su imbricación en las élites políticas y empresariales.

Otra “tendencia circular a la rima” es el plan de ocultación y negación de la verdad, que se erige como una violencia añadida al revictimizar a los ausentes y a sus seres queridos; una estrategia del olvido diseñada para borrar la historia de las víctimas, y acallar futuras canciones de libertad y justicia social.

Inmersos en este bucle de la historia, nos plantamos en una actualidad donde el atardecer sigue acariciando, sigiloso, las cunetas de las carreteras, las explanadas de los valles, el reflejo de los ríos, la hierba mojada: la tierra. Allí están, hablando a través del viento... “ven pasar árboles y pájaros”, el susurro de Benedetti se hace presente: “cuando empezaron a desaparecer como el oasis en los espejismos a desaparecer sin últimas palabras tenían en sus manos los trozos de cosas que querían”. Permanecen entre la savia, en algunos lugares más que en otros, aferrados a esos pequeños “trozos de cosas que querían”; destellos que perduran, entre la tierra y sus huesos, para hablarnos de ellos en vida: de su presente arrebatado y desahogar su verdad.

Son los ausentes, los desaparecidos, aquellos que vivieron la experiencia hasta el final, los que tocaron fondo y no sobrevivieron para contarlo, nombrados por Giorgio Agamben como “los verdaderos testigos”. Aquí o allá: están en todas partes, silenciados por defender los derechos del otro -que también fueron los suyos-, por querer construir solidaridad y caminar con una mirada inquieta, rebosante de dignidad.

Recuperar su voz rota, liberar su cuerpo atado y sacar a la luz lo negado, lo oculto, lo demasiado doloroso para ser creíble: los restos de quienes fueron sumergidos en un silencio obligado, en la profundidad de un hueco impersonal, con su cuerpo secuestrado y el esqueleto enraizado en un subsuelo que no eligió, se torna una responsabilidad social.

Dejar una rosa roja, amarilla y azul, o violetas, sobre ese pedazo de tierra fértil, sembrado de ideas, donde permanecieron los ausentes, demanda escucharlos y reivindicar su historia. De lo contrario, cobrarían vigencia las palabras de Walter Benjamin cuando pronosticó: “ni siquiera los muertos estarán seguros si el enemigo vence”. Efectivamente, la estrategia de negación y tergiversación de la verdad que impulsaron los victimarios, todavía, en algunos países: “no ha cesado de vencer”.

Si bien, la estela de los ausentes ha logrado traspasar la arena, los ríos y montañas, dejando florecer sus semillas en generaciones de pensamiento, política, arte y cultura: impulsando ese renacer perseverante y vivo, de conciencia social.

Hemos escuchamos a Francia Márquez animando a cambiar la historia con un lapicero: un objeto, de poderoso simbolismo, cuyo potencial ha demostrado ser el vehículo más eficaz contra la sumisión: aquel que tiene pálpito y pensamiento. Esos lapiceros que sueñan ideas y crean democracia quizás logren, con su voto, dignificar a los ausentes; a la bruma de aquellas hermosas y profundas montañas de Colombia donde tanto dolor merece ser arropado por el amor de todo un pueblo.

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Miércoles, 15 Junio 2022 14:42

Zurcir con la totalidad que somos

Zurcir con la totalidad que somos

El mapa lo dice todo. La cartografía electoral que arroja el mapa de Colombia, producto de las elecciones del 29 de mayo es una nítida fotografía de la realidad social y política que padecemos: en el centro del país, con pocas extensiones sobre departamentos de los denominados periféricos, se congrega el país que votó por Rodolfo Hernández. Es casi un círculo ampliado de los departamentos que cuentan con mayor desarrollo económico y en los que habitan –si no lo hacen en Estados Unidos u otros países de sus ensueños– los sectores más pudientes de nuestra sociedad, una minoría que se ha beneficiado de las políticas de Estado que protegen, financian, apadrinan, acolitan, a quienes “crean la riqueza nacional”.

Bordeando este círculo, en forma de óvalo, con extensiones hacia el norte, el occidente, el sur y el oriente del país, en un porcentaje superior a favor del Pacto Histórico, y con apoyo mayoritario en los departamentos que más han padecido los efectos negativos de las políticas económicas y sociales de Estado que marcan nuestro ser nacional, los sectores marginados, una mayoría de connacionales que sufren la exclusión, el desconocimiento y los efectos, además, de la política militar que prevalece como recurso para resolver la conflictividad social.

En estas dos Colombias, con presencia significativa pero no detallada en su configuración por la cartografía electoral, habita otro país, constituido por más de una tercera parte de quienes están en edad de votar pero no lo hacen y cuyos motivos pueden ser diversos, como lo son los millones que allí están sumados. Aquellos no tienen confianza en la clase política, no los convoca el canto de un prometido cambio institucional que entona la izquierda, tienen rabia con el establecimiento, pues lo único que reciben del mismo es palo y promesas incumplidas; no se sienten recogidos en los programas que abanderan las campañas electorales… Tenemos, por tanto, no uno ni dos sino por lo menos tres países, cada uno motivado por circunstancias disímiles y opuestas entre sí.

La lógica política, económica, social, militar, en boga, indica que –de salir electo el candidato que promete ahondar las políticas neoliberales, achicando el Estado como principal empleador, por ejemplo– esto continuará, y la sociedad que resumimos no estará convocada a reencontrarse y permanecerá dividida entre polarizaciones y tensiones.

De salir elegida la candidatura que ofrece la superación de lo construido hasta hoy, en tanto en el eje de su programa está la inversión social acrecentada, mayores impuestos para los más pudientes, reconocimiento de grupos excluidos, y similares, encontrará sintonía y empezará a bordar un país para las mayorías pero no para la totalidad.

En su ejercicio de cambio, de ponerse en boga un amplio proyecto cultural y educativo, además de económico y no militar para contener la inconformidad social, alimentará energías para que muchas de las personas que no sienten sintonía alguna con el establecimiento se acerquen, al menos, para ver qué está pasando y “metan el dedo en la llaga” y así comprueben su veracidad.

Tenemos aquí un zurcido que empieza a unir pedazos de país. Tal vez el secreto para que eso permanezca y no se descosa al primer jalón sea hilar en Z, quizás en M. Las opciones son varias pero encontrar cuál es la que une con más fortaleza es labor de quienes estarán en los años que vienen como funcionarios de lo público.

Lo cierto es que esas puntadas tienen que pasar con su hilo por la concreción efectiva de una reforma agraria que sea integral, acompañada por una política de protección a la producción y el mercado nacionales, con una red para acercar los productos del campo a las barriadas, en clara disputa con las redes de mercadeo que ahora intentan monopolizar este sector de la economía del país. Es un esfuerzo en el cual se deberá citar y lograr la concurrencia de pequeños y medianos tenderos, como de micro, pequeños y medianos productores urbanos de bienes destinados al consumo diario, para que se asocien y faciliten este proceso y se beneficien del mismo –en calidad de trabajo, en precios favorables, en líneas de crédito para operativizar su labor, en proceso de capacitación, etcétera.

Aquel es un hilar que deberá cruzar y tensar el cumplimiento de los acuerdos de paz, a fin de crear así un ambiente regional para la participación y el liderazgo social sin correr riesgo de muerte; a la par de otras muchas hiladas que recojan, por ejemplo, la creación de una industria nacional con ejes en diversos segmentos estratégicos de una economía de punta y en sintonía con la revolución industrial en curso, pero también que haga sentir sus puntadas en la política educativa, garantizando el soñado anhelo de educación superior para toda aquella persona que lo anhele y cumpla con los mínimos académicos que exijan en uno u otro centro de estudios.

El recorrido de las agujas es mucho más amplio y diverso, pues el tamaño de lo aplazado en el país es mayúsculo para que se pueda hablar de reducción sustancial de la pobreza y eliminación de la miseria. ¿Qué decir de una política de paz para el diálogo y la apertura política con quienes estén dispuestos a aunar esfuerzos, de modo que el país viva una oportunidad de reencuentro? ¿Qué de una política ambiental en realidad consecuente con todo lo que implica no aportar al incremento del cambio climático? ¿Qué de una política urbana que vaya al fondo de la crisis que sobrelleva la ciudad del mercadeo y el consumo?

En ese zurcir con delicadeza, y con la alegría de quienes están construyendo una pieza por vestir engalanados, hay quienes desde un principio se sentirán excluidos, pero en esta ocasión no son los de siempre sino quienes desde décadas atrás no han dejado de beneficiarse de las políticas de Estado que priman en el país.

Con el solo hecho de cobrarles más impuestos, de llamarlos a pagar mejor a sus trabajadores y empleados, con el efecto de que el chorro de beneficios estatales dirigidos hacia ellos se corte o reduzca, estas y otras realidades los llevarán a conspirar contra el nuevo gobierno y atizar asimismo el descontento social, incrementado, seguramente, por la fuga de capitales que propicien, por el bloqueo de la agenda legislativa y –esto no es extraño– por el estímulo al ahondamiento del conflicto armado que hoy padece el país. El factor Estados Unidos calentando el ambiente político podrá estar en el trasfondo de algunas de esas reacciones.

Se podría decir, entonces, que en este punto, ante un cuero duro, la aguja se partirá y el país seguirá roto, tal vez en menos pedazos pero roto. La pregunta que corresponde hacerse a quienes diseñen las políticas de Estado, ojalá en diálogo dinámico con toda la sociedad, es: ¿Qué se debe hacer para neutralizar esta realidad de fractura, entre minorías y mayorías, entre ricos y pobres, entre quienes desean el cambio y quienes aspiran a prolongar al status quo?

La tarea no es sencilla de resolver pero, seguramente, revisando nuestro profundo ser nacional, sus valores y mejores tradiciones, así como las experiencias vividas en otras coordenadas, se encontrarán luces y material para reforzar las agujas y el hilo necesarios para reencontrar al país como una sola pieza. Con detalles, con bolsillos y ojales que significan clases e intereses dispares pero que integran una sola pieza que, bien tejida, debe ser cómoda en su uso, de manera que a la vuelta de algunas décadas la realidad de vida digna y democracia participativa, directa, radical, plebiscitaria, haya echado raíces en todo el territorio nacional y en lo más profundo de nuestro ser cultural. Tremendo reto. ¡Ojalá no se frustre nuestro destino posible! n atizar nuevas protestas sociales.

 

 

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Publicado enEdición Nº292
Domingo, 12 Junio 2022 06:21

Derrotemos el entrampamiento

Derrotemos el entrampamiento

A propósito de la candidatura presidencial de Rodolfo Hernández,

 

Las trampas ocultas

En un anterior artículo, adelanté la tesis sobre la fabricación, por parte del Uribismo y de la ultraderecha colombiana, de un entrampamiento a Gustavo Petro.1 La “jugadita” consistió en poner a debatir al candidato del Pacto Histórico con Sergio Fajardo y con el que era supuesto ganador para la segunda vuelta presidencial, Federico Gutiérrez. Lo que muy poco se veía venir era que el verdadero contrincante estaba detrás de bambalinas, oculto bajo la sombra de los Uribistas, esperando dar el zarpazo a la campaña del Cambio Histórico, misión que, muy probablemente, ya estaba definida.

Si de mentiras y engaños se trata, la campaña de Hernández está colmada de tan fatídicas, perversas y nada éticas estrategias. Así, por ejemplo, se nos ha hecho creer que es un político outsider, anti-establecimiento, anti-oficialista, contra uribista, anti-corrupto, lejano de los clanes políticos y económicos, anti-partidista. Sin embargo, dichas cualidades, impuestas y machacadas en las redes y medios de élites, se caen de su pedestal al sólo observar las reacciones que los seguidores del uribismo mostraron tan solo unos minutos y horas después de conocerse el paso de Rodolfo Hernández a la segunda vuelta. Tanto José Obdulio Gaviria, como Paloma Valencia, María Fernanda cabal y otros tantos jefes de clanes, carteles políticos y económicos, felicitaron al beneficiado, vieron en él al continuismo de su accionar nocivo y poderoso.2

Así Hernández lo niegue, él también, y desde mucho tiempo, hace parte de este entrampamiento al pueblo colombiano, el cual, en un buen porcentaje, lo cree fuera de las líneas del oficialismo, lo asume como alguien que se ha desmarcado de esa “tropelería politiquera” que ha “polarizado” al país. Vaya argucias tan sutilmente montadas en la era de las contra-verdades. Más que fuera de las líneas, Hernández está es bien alineado. Y más que independiente, lo que muestra es su oportunismo y sus dotes de camaleón, sin darle vergüenza alguna, sin ruborizarse. Ingenuos seríamos si creyéramos que después de las elecciones los clanes y las maquinarias uribistas, con sus carteles, no le van a cobrar en grandes prebendas políticas y económicas su apoyo. Tal es el maléfico y soterrado plan con un real peligro.

Para colmo, este entrampamiento, gestado y controlado por las élites, se une a lo que he denominado en otros espacios, una idiocia ideológica o la derrota de una conciencia política, reflexiva, de una memoria colectiva analítica y crítica, medianamente conocedora de su historia. Esta “derrota de la inteligencia” ha llevado a que algunos crean en la palabrería ligera, fácil, impactante, agresiva, inmediatista y vacía de argumentos que el señor Hernández pone a funcionar por las redes.

Ello es un buen síntoma de la actual digito-política promovida, alimentada y transmitida por todas las redes, especialmente por Tik-Tok. Mientras Gustavo Petro es quizás uno de los últimos líderes colombianos que ven la importancia de su presencia física en las plazas públicas y en los debates para promover y defender con rigor y lucidez el discurso político, Rodolfo Hernández, falto de argumentos sólidos, rigurosos y con deficiencia en sus conocimientos sobre el país y el Estado de Derecho, sobre la Constitución Política y las leyes (de lo que se ufana de poder violarlas y limpiarse con ellas el trasero) es el típico representante de la digitalización política puesta a navegar por redes sin mayores análisis ni reflexiones, sin explicaciones ni discernimientos respecto a los asuntos más álgidos de Colombia, convenciendo por su fragilidad, facilismo e impactante rapidez.

La fábrica de mentiras

En las condiciones actuales los jerarcas de la ultraderecha colombiana organizan sus trampas y juegos, arrojan las cartas cargadas, siempre a su favor, con artimañas y estrategias de réprobos. Su impulso destructivo de lo social y lo comunitario se pone en funcionamiento para legalizar el engaño, establecerlo como hecho normativo. Al arrojar sus dados cargados de fraude, odio, crueldad, venganza, exclusión y violencia, alimentan la brutalidad contra la creatividad y la inteligencia; elevan en un pedestal el quebranto y la muerte. La eficacia rentable es su ley, la eficiencia de la violencia su marca.

De igual manera, el miedo se utiliza como uno de los mayores entrampamientos para obtener rentabilidades pasionales, emocionales. Miedo como devastación de la convivencia, generador de alejamientos e insolidaridades, como impedimento para crear un clima de diálogo y reflexión. Miedo promotor de individuos vigilándose los unos a los otros, como extraños y enemigos entre sí. Miedo al cambio, a cuestionar lo institucional, a la maquinaria de mentiras. La campaña de Rodolfo Hernández, junto con los clanes uribistas, ha utilizado varias formas de producir miedos sobre la figura de Gustavo Petro: se le desprestigia por haber pertenecido al M19, se insiste en la calumnia de la expropiación de los bienes más elementales de los colombianos, se advierte de que Petro va a destruir la familia tradicional, las creencias religiosas y la propiedad privada. Dichos montajes han sido organizados y planeados desde tiempo atrás tanto por uribistas, como por la campaña de Hernández.

Los medios de comunicación hegemónicos y las redes digitales, siguiendo este guion funesto, muchas veces alimentan odios a través de engaños, convierten a la muerte en un proceso estadístico, atizan el fuego del desprecio, los insultos, la ira, envían falsos mensajes que construyen ambientes de desinformación o malformación de los acontecimientos, lo que influye en las decisiones de los ciudadanos. Los fake news, a través de una estrategia de repetición propagandística, se imponen como verdades indiscutibles. El síndrome de las falsas noticias nos vuelve cada vez más insolidarios y sordos; más banales, ignorantes y obedientes. He aquí su monstruoso objetivo.

La fábrica de argucias se constituye así en una poderosa máquina para inventar inexistentes enemigos y adversarios, como también existentes cómplices de las perversidades políticas de las élites; proyecta sospechosas verdades que se asumen como certeras y justas. Sabemos que estas falacias históricamente han sido utilizadas, pero hoy por hoy se han impuesto como fin supremo, magnificando su sistemática ignominia. De resultas, en los últimos años, la mayoría de los procesos electorales han sido sacudidos por una masificación digital de montajes ideológicos que tergiversan la realidad a través de la técnica del rumor, del chisme, la calumnia, consiguiendo resultados en las urnas realmente sorprendentes.

De dichos espejismos, escenificados sin fundamento real, vive el poder; son garantía de éxito, lucro y victoria. Su perversidad está en conservarlos y reutilizarlos tantas veces se necesiten, no importando las consecuencias éticas, culturales y políticas. Así, el cinismo es símbolo de triunfo en nuestro tiempo y, junto a él, la astucia, la farsa y el crimen.

Para que estas condiciones no se repitan debemos rasgar los velos de los entrampamientos, poner al descubierto las mentiras y artificios que nos inventan sobre el “eficiente”, “emprendedor” empresario y multimillonario de derechas Rodolfo Hernández, supuesto “anti corrupto” actualmente imputado por corrupción. Debemos conocer las audaces y asolapadas tácticas y estratagemas que ocultan sus verdaderas intenciones; descubrir en sus actos dónde habita la trampa, el cinismo que lo vuelve guardián de los más temibles corruptos.

Bogotá, junio 6 de 2022. [i]

Por CARLOS FAJARDO FAJARDO

*

 

* Poeta y ensayista colombiano.

1 Ver: Colombia: elecciones presidenciales 2022:emocracia, idiocia y entrampamiento: https://www.desdeabajo.info/colombia/item/45420-colombia-elecciones-presidenciales-2022-emocracia-idocia-y-entrampamiento.html

2 Muchos nos acordamos del slogan político de Álvaro Uribe: “Mano fuerte, corazón blando”. Hernández lo representa y lo asume con creces: abofetea al adversario, pero limpia su violento accionar con una cínica sonrisa de abuelito bonachón; grita, vocifera, insulta a su opositor y de inmediato expresa un fingido arrepentimiento tierno y caritativo. Mano fuerte que en un momento azota y en otro manifiesta una bondad malévola, con la que cree poner orden en la casa.

 

Publicado enColombia
El éxito de la investigación se podrá medir "si somos capaces de preservar la democracia estadunidense", afirma Jamie Raskin, integrante del comité que investiga los hechos. En la pantalla se presenta testimonio de Ivanka Trump. Foto Ap

Trump, en el centro de la conspiración

 El comité legislativo presenta avances de su pesquisa sobre la insurrección de seguidores del magnate // Prominente republicano detenido por su participación en el levantamiento

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Nueva York., Un comité legislativo dedicado a investigar el intento de golpe de Estado y otras maniobras del equipo de Donald Trump para descarrilar la transición pacífica del Poder Ejecutivo, por primera vez en la historia estadunidense, empezó a divulgar sus evidencias y conclusiones en la primera de una serie de audiencias públicas, alertando que la democracia permanece bajo riesgo en Estados Unidos.

El comité especial sobre el 6 de enero de la Cámara Baja ha investigado la llamada "insurrección" en el Capitolio del 6 de enero de 2021 durante casi un año, entrevistando a más de mil testigos, examinó 140 mil documentos, videos, audios y otras evidencias, y ayer comenzó a presentar en público por primera vez lo que ha encontrado con el propósito de demostrar que el asalto violento a la sede legislativa por miles de simpatizantes del entonces presidente, junto con esfuerzos para invalidar resultados electorales en varios estados, fue parte de un intento deliberado y coordinado de Trump y sus cómplices para anular la certificación del triunfo electoral de Joe Biden.

El jefe del comité, el diputado Bennie Thompson, al abrir la sesión, declaró: "el 6 de enero y las mentiras que llevaron a la insurrección han puesto en riesgo dos y medio siglos de democracia constitucional", y advirtió que "nuestra democracia permanece en peligro. La conspiración para anular la voluntad del pueblo no ha acabado".

Agregó que “el mundo está observando lo que hacemos aquí… Estados Unidos ha sido un faro de esperanza y libertad, un modelo para otros… ¿Cómo podemos jugar ese papel cuando nuestra casa está en tal desorden?”

Thompson proclamó que el 6 de enero "fue la culminación de un intento de golpe de Estado" y afirmó: "Donald Trump estaba al centro de esta conspiración". Ese día, acusó, "enemigos domésticos" de la Constitución actuaron y el "presidente de Estados Unidos intentó frenar el traslado pacífico del poder".

En esta primera audiencia pública –trasmitida en vivo en hora pico por casi todas las cadenas y noticieros nacionales del país, con la excepción de Fox News–, el comité compuesto por siete demócratas y dos republicanos ofreció un primer resumen de la amplia investigación, presentó testimonios y videos nunca antes vistos. Dos testigos, Nick Quested, documentalista (quien ha realizado documentales sobre la guerra en Afganistán y otro sobre un cártel mexicano) que estaba filmando las actividades del grupo derechista Proud Boys –quienes participaron en el asalto al Capitolio–, y Caroline Edwards, policía del Congreso que fue herida –al igual que otros 100 de sus colegas– por quienes tomaron por asalto la sede legislativa, declararon lo que vivieron ese día.

El ex presidente quería seguir en el poder

Durante las dos horas de la audiencia se mostraron fragmentos de entrevistas videograbadas de varios testigos a lo largo de los últimos meses por el comité, incluyendo una al ex procurador de Trump, Bill Barr, afirmando que nunca hubo evidencia de un fraude, como funcionarios de la Casa Blanca y hasta la hija del ex presidente señalaron.

La diputada republicana Liz Cheney, copresidenta del comité y quien ha sufrido feroces ataques del liderazgo de su partido por participar en la investigación, ofreció adelantos de lo que los legisladores investigadores presentarán a lo largo de la serie de audiencias públicas que han programado para las próximas semanas. Presentó fragmentos de entrevistas con testigos que se mostrarán para documentar que "la intención de Trump fue permanecer como presidente en violación de la Constitución".

Concluyó que "la sagrada responsabilidad del traslado pacífico del poder ha sido respetada por todo presidente con la excepción de uno". Y en un mensaje a sus colegas republicanos que han seguido apoyando al ex mandatario afirmó: "llegará un día en que Donald Trump ya no esté presente, pero el deshonor de ustedes permanecerá".

Con nuevas revelaciones y más pruebas sobre cómo Trump personalmente intentó bloquear el traslado del poder para seguir en él, lo más preocupante, subrayan los investigadores, es que este esfuerzo sigue con el magnate y fuerzas extremistas promoviendo la llamada "gran mentira" del fraude y la narrativa de que el sistema electoral y las instituciones democráticas ya no son legítimas.

Habrá más revelaciones

Entre los más de mil testigos entrevistados por el comité, incluidos varios ex asesores y funcionarios de Trump, decenas de figuras claves han rehusado las invitaciones del comité, incluyendo al ex jefe de gabinete Mark Meadows, el asesor político Steve Bannon y el actual líder de la bancada republicana en la Cámara Baja, Kevin McCarthy, entre varios otros legisladores republicanos implicados en participar de alguna manera en el asalto o en coordinarse con las agrupaciones que intentaron tomar el Capitolio y con ello frenar el proceso de certificación de la elección que se realizaba ante el Congreso ese día.

Desde el año pasado, el liderazgo republicano y aliados de Trump buscan descalificar el comité como un esfuerzo demócrata dedicado a desacreditar al magnate como posible candidato en 2024. Más aún, varios diputados republicanos que se atrevieron a votar para aprobar la creación del comité han sido víctimas de represalias electorales de su partido, y los dos integrantes republicanos de la comisión legislativa, la diputada Cheney y su colega Adam Kinzinger, han sido aislados por el liderazgo de su partido y atacados como traidores.

La investigación del Comité ha abordado varios aspectos de esta conspiración que seguirá revelando en las próximas semanas, incluyendo lo que ayer presentaron, una estrategia de siete puntos para descarrilar el proceso electoral, entre ellos el papel de fuerzas extremistas domésticas –como los Proud Boys y los Oath Keepers– en el asalto al Capitolio.

Por cierto, esta misma semana el Departamento de Justicia anunció nuevos cargos criminales contra el cubanoestadunidense Enrique Tarro, líder de los Proud Boys, y varios de sus colegas por conspiración sediciosa. Ayer, antes de la primera audiencia, la FBI arrestó a Ryan Kelley, candidato republicano a la gubernatura de Michigan, por sus acciones durante el 6 de enero en el Capitolio.

Más de 850 personas han sido arrestadas en relación con los actos violentos de ese día. Sin embargo, Trump y la mayoría de sus asesores y cómplices más cercanos –señalados de autores intelectuales de esa conspiración antidemocrática– aún no han sido formalmente acusados.

El Congreso no puede dictar cargos criminales, pero puede instar al Departamento de Justicia a investigar a los responsables y usar las evidencias de la investigación.

El diputado demócrata Jamie Raskin, otro integrante del comité, comentó a medios que el éxito de esta investigación y presentación de evidencia al público estadunidense se podrá medir "si somos capaces de preservar la democracia estadunidense y nuestra instituciones: es una prueba de largo plazo".

La siguiente audiencia será la próxima semana.

Publicado enInternacional
ACTUALIZADO. Del 29 de mayo al 19 de junio

Y llegó el día. El 29 de mayo, tan esperado por las militancias del Pacto Histórico, y con seguridad de las otras coaliciones y campañas.

Un día en el que, como se difundió por unos y otros conductos, se rompería el legado de dos siglos de dominio oligárquico, abriendo una nueva etapa para la sociedad colombiana, de justicia, prosperidad y articulación con la región con gobiernos progresistas de nueva época.

A las 8 am, como es norma, las urnas fueron abiertas para empezar a recepcionar los votos que fueran en ellas depositados y a las 4 pm, como también lo dicta la norma, los puntos de votación, y con ellos las urnas fueron cerradas. Menos de dos horas después los resultados arrojados por el rápido conteo realizado a lo largo y ancho del país confirmaban que lo anunciado no por pocas personas, cargadas de una ideologización que las hace proclives a errar, así como por lo menos una institución que entregó resultados de sus encuestas incluso hasta un día antes de los comicios, no se habían consumado (ver imagen): el Pacto Histórico, en cabeza de Gustavo Petro y Francia Márquez habían quedado 10 puntos atrás de los necesarios para vencer en primera vuelta.

 

 

Los guarismos oficiales también confirmaban que el 19 de junio la otra campaña que disputará el favor de la sociedad colombiana para elegir quién dirija el país entre 2022-2026 será el movimiento Liga de Gobernantes Anticorrupción en cabeza de Rodolfo Hernández. Aunque la mayoría de encuestas atinaron en mostrar su cerrada disputa con Fico Gutiérrez, denunciado por unos y otros como alfil del uribismo, pocas aseguraban su derrota. La de Sergio Fajardo sí estaba cantada. En este caso la polarización que siempre buscan las campañas cumplió su propósito.

Un triunfo agridulce

No se obtuvo más del 50 por ciento de los votos, tampoco el 48, ni el 45 ni el 43 por ciento como variadas encuestas lo anticipaban pero sí el 40,32 por ciento, que con 8.527.628 votos es otro récord que bate la izquierda colombiana aglutinada en el Pacto Histórico. Otros resultados de igual índole se habían alcanzado en elecciones anteriores, que unidas a los de marzo anterior en los comicios para el Congreso llevaron a no pocas personas a soñar y hacerle eco a un hipotético y arrollador triunfo en la primera y única vuelta que tendría la elección presidencial.

Un triunfalismo multiplicado por la prensa internacional, que en su variedad de artículos sobre estas elecciones registraban ese mismo ambiente y ese posible resultado (Ver enlaces).

- Gustavo Petro, la Colombia que quiere ser un pueblo

https://blogs.publico.es/juan-carlos-monedero/2022/05/28/gustavo-petro-un-colombiano-que-vuelve-a-ser-un-pueblo/

- Vientos de cambio para Colombia
https://ctxt.es/es/20220501/Firmas/39748/colombia-elecciones-presidenciales-gustavo-petro-izquierda.htm

Un triunfalismo que en nada favorece al activismo sereno, persistente y abierto a comprender la cultura que determina las formas de ser, actuar, comprender, y con ellas los deseos de ese inmenso cuerpo social de connacionales que viven al margen de vida digna, justicia, integración política y otras exclusiones.

Un triunfalismo que lleva a desdeñar las virtudes del contrincante por superar en segunda vuelta, entre ellas su capacidad para diseñar y enviar mensajes sencillos, directos, conectados con la forma de hablar, pensar, odiar y soñar del pueblo. Desprecio a su reiterada denuncia de la corrupción, y con ella de la clase dominante, confrontada como los mismos de siempre, los que han hecho de la cosa pública su botín y fortín. Discurso, denuncias y confrontación que lo colocan en el filo del candidato antipartidos tradicionales y antisistema, alcanzando con ello sintonía con las mayorías de quienes lo votaron y que anhelan un cambio de sistema. político y económico.

Sencillez llevada al extremo, así parece ser, pero que conecta de inmediato con el despolitizado raciocinio de millones que no sintonizan con los discursos ni las formas de hablar rayanas en el intelectualismo que parece marca a la campaña con mayoría de votos. A la que también le cobran la pérdida de ardor en la denuncia de quienes tienen a la mayoría de la sociedad al margen de justicia y calidad de vida.

Si nos servimos de los resultados de la elección, esas mayorías sí desean un cambio efectivo, profundo, y ese giro, en este caso en la superficie del sistema, puede venir como producto de una consulta electoral y no es posible que lo concrete una sola persona, en este caso el Presidente, como lo reitera el discurso liberal, adoptado por un sector de la izquierda amoldada a la democracia formal y que olvida que toda confrontación con el poder y cambio que se espere de ella, concita y obliga a la participación de miles de miles, organizados de diversa manera, participando y viviendo procesos educativos llevados a cabo en sus territorios, ejerciendo poder directo en los mismos a través de formas de economía solidaria, de educación propia, y de otras muchas formas de concretar el sueño de cambiar sus precarias e injustas condiciones de vida. Un cambio para el cual las elecciones pueden ayudar pero que, como lo evidencia la historia, no son garantía total.

Pero también, y esto es fundamental si se quiere que trascienda más allá de la piel del sistema, tras su epidermis, debe adelantar una confrontación directa con la oligarquía, y para ello el mensaje cotidiano de la segunda vuelta presidencial, como lo enseña la campaña de Rodolfo Hernández, y así lo esperan millones, debe ser directo, ardiente, satírico, burlón, buscando atizar la confrontación social –como fogonera que es la izquierda– y no lleno de entelequias ni grandes explicaciones, sin la burla que desacredita al contrario y puede volverse viral de inmediato por redes, con fuego y no con líquidos apaciguadores pues la izquierda no debe ser bombera de las contradicciones sociales.

Son imágenes y enseñanzas de lo ocurrido el 29 de mayo, como también lo es que los más de 8 millones son muchos pero no alcanzan a lo proyectado por la campaña del Pacto Histórico que ahora esperaba superar en varios miles los 9 millones de votos y así sellar la contienda con broche de oro.

El resultado quedó lejos de ello, con un indicador de 40,32 por ciento, inferior, incluso, al 41,81 por ciento alcanzado en la segunda vuelta de las elecciones del 2018. Es decir, a pesar que el censo electoral entre ambos periodos se acrecentó en tres millones de personas el Pacto Histórico no logró conectarse con ellas; ausencia de sinergia con importantes capas sociales, que también resalta en el persistente abstencionismo (45%), en los votos en blanco, en los anulados; desconexión prolongada a pesar del alzamiento social, del extendido empobrecimiento que persiste en el país, de los efectos a todo nivel de la pandemia, del denunciado mal gobierno de Duque, de la menor eficacia del maquinaria tradicional, de la quiebra del uribismo, y otro cúmulo de realidades que deberían obrar en favor de la izquierda. La gran pregunta es, ¿Por qué no es así? ¿Qué falla en su decir y hacer?

Es una realidad compleja y por lo cual ahora la campaña deberá enfrentar el todos contra Petro. Las matemáticas elementales indican que la suma de votos del segundo, tercero y cuarto en esta votación arroja un total superior a los 11 millones, y para evitar que tal escenario se concrete el progresismo colombiano deberá desplegar sus mejores cualidades, no para ganar a la dirección de esos procesos, lo cual es poco factible, pero sí para ganar una parte de su electorado.

¿Será posible esto? Una primera avanzada se dará con la Coalición por la Esperanza, ahora con manos abiertas las distintas fuerzas que la integran para decidir el rumbo a tomar. otros escenarios también se abrirán pero, si de un proyecto de cambio se trata el reto está en no ceder más hacia el centro y mantener en alto banderas antisistema, con raíz histórica y popular, lo cual sintoniza con el pueblo aunque no con sectores del empresariado y afines a éste.

Por ahora la dirigencia del Pacto Histórico confía en que un posible debate entre las cabezas de la campaña arrojará, por su mejor estructuración académica y agilidad argumentativa, un arrollador resultado petrista. Sin embargo, olvidan que una de las enseñanzas del 29 de mayo es que acá no pesa la erudición sino el sentimiento. Y, de ser así, la capacidad argumentativa de Petro reafirmará a los convencidos pero difícilmente le quitará votos a su contrincante.

Estamos, por tanto, ante un fenómeno cultural y no académico. Y ahí toca sintonizarse y estar a la altura. Es el fenómeno de la era de las redes sociales.

 

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De libros, palabras y sueños para despercudir el alma de Colombia

Casi siempre leo los libros que me apasionan de una sentada, o dedicándoles unas sesiones intensivas. Presa de esta suerte de enamoramiento, duermo poco porque la trama en curso interrumpe mis sueños y altera mis horarios de comida. Casi dejo de vivir mi propia vida para llorar, reír y gozar la de esos personajes que se salen del libro y me invaden: me sumerjo en la trama. Así que cuando me vean caminando por ahí, les prevengo: solo soy una especie rara, que camina invadida por los personajes superpuestos de esos tantos libros que me han engullido.

Bueno, pues así había discurrido mi relación con los libros desde que tuve la dicha de convertirme en adicta lectora. Claro que también me he atascado en algunos textos, viéndome obligada parar, a investigar, o incluso, a abandonarlos.

Sin embargo, en este año 2022, ocurrió lo impensado… Sin que pudiera ponerme en guardia frente a lo que se avecinaba, caí en las redes de “El Infinito en un junco” de Irene Vallejo. Descubrí cuan ingenuo resultaba considerar como únicas opciones la lectura de corrido o el abandono del texto.

Con "El Infinito en un junco" la experiencia es muy distinta: no hay manera de leerlo en una o varias sentadas largas para llegar a su final (poco importa realmente como termine) y tampoco se deja abandonar. Así que estoy atrapada en una especie de bucle del tiempo, única descripción adecuada para la extraña sensación que padezco y gozo. Confieso que no quiero terminar de leer este libro, ni salir de sus páginas porque me está sacando de mis rutinas como lectora, me obliga a revisar lo vivido y lo leído desde y con otras perspectivas. Irene ejerce este tipo de influencia: arrastra a quien la lee en un insólito recorrido por la historia humana, siempre de la mano del junco con el cual, según ella, nació el libro. Para hacer justicia al monumental trabajo de la autora, quien nos habla desde miles de canciones películas, libros y consultas bibliográficas, debo reconocer que me ha tocado “despercudir” mi alma de los hábitos de lectura de tantos años, de toda la vida.


Siguiendo su didáctico y encantador rigor, me dirijo entonces a mi consejera diaria, la muy respetada María Moliner quien nos define en el numeral 2. la palabra percudir: "ensuciar hasta tal punto una prenda o penetrar tanto la suciedad en ella que ya es imposible ponerla del todo limpia…”. Nos informa, además, que viene del latín percutere, que es golpear o herir. Así que despercudir sería algo así como quitar la huella de esos golpes constantes, quitar esas heridas que han marcado al objeto.


Este trabajo de despercudir, es una tarea cotidiana en los hogares, en especial en tierra caliente, donde se usa mucha ropa blanca. El uso continuado deja en las prendas una sombra, el sudor en la parte de las axilas y muchas otras huellas de nuestra existencia corpórea impregnan la bota del pantalón, las sábanas, la ropa interior. Ante estos rastros, no decimos que la prenda está manchada, porque no fue algo insólito lo que la marcó, decimos que está percudida y sabemos que será muy difícil que desaparezca lo que se instaló en la profundidad del tejido. Personas devotas de la pulcritud, podrían considerar casi un insulto el uso de una prenda en esta situación. Así que a través de la televisión se venden variedad de líquidos, límpidos y detergentes para despercudir la ropa y transformar una prenda opaca en una que resplandece de limpieza.


Viviendo el día a día de la carestía desatada, de la inseguridad en las calles, y después de que el gobierno de Duque desoyera las propuestas del Pliego de Emergencia del Comité Nacional de Paro, que recogían el clamor de la ciudadanía movilizada desde el año 2019, ante la brutal represión contra la muchachada y la población participante en el Paro del 2021, intento quedarme con la dulce compañía del texto de Irene Vallejo, para descurtir el alma. Mientras despercudo la ropa en mi casa, pienso que al igual que nuestras prendas, también los espíritus, el alma de este país y de cada persona está invadida por una pátina o rémora: 200 años de gobiernos supuestamente republicanos, nos han mantenido bajo el impacto constante de la corrupción, el crimen organizado, el paramilitarismo, la violencia contra las mujeres, el exterminio de indígenas y afrodescendientes y de quienes defienden los derechos humanos, de las y los firmantes del Acuerdo de Paz. Luego de más de quinientos años de la violenta conquista, seguimos viviendo bajo el miedo, la incertidumbre, la rabia por la desigualdad y las pobrezas, la belicosidad, las hambrunas. Tanto dolor acumulado nos ha empañado ese tejido profundo, esa trama íntima de nuestra identidad, ha percudido el alma de nuestra gente. Esto explicaría en parte, el largo cautiverio y adhesión a los partidos tradicionales de millones de personas, aún, de muchos de esos 21 millones que malviven hoy bajo el flagelo de la pobreza extrema.


Este percudido ético y moral se expresa en la contienda electoral, especialmente, en la actuación de un sector de la sociedad. En lugar de aportar a la construcción de una opinión pública democrática, pacifista y pluralista, RCN Caracol, CMI, El tiempo y otros medios que la gente ahora llama prepagos –como la revista Semana–, se han dedicado a ocultar la verdad, a manipular las consciencias.


Durante la campaña para elección del Congreso y en la presidencial, que bien podría culminar el 29 de mayo si la voluntad del electorado otorgase a alguno de los aspirantes más del 50 por ciento de los votos o bien podría irse a una segunda vuelta –si ninguna alcanza ese porcentaje– se destacan tres prácticas de las campañas progobiernistas, de sus aliados empresariales y de los medios de comunicación:

  • - Amenaza y miedo. Además de los panfletos que envían los grupos paramilitares, se promueve un sentimiento de terror frente a la posibilidad de que gane la oposición al duquismo-uribismo. A la gente se la intimida con hipotéticas pérdidas de empresas, de sus pertenencias, de la posibilidad de que las empresas nacionales puedan contratar con otros países.
  • - Compra de voluntades con dinero, bonos, recompensas y promesas de garantías, si se vota por el continuismo.
  • - Engaño y distorsión frente a las propuestas de quienes se oponen a los poderes institucionalizados del empresariado y la política tradicional. Los continuistas, copian , sin vergüenza alguna, las mejores iniciativas de la oposición, amañándolas y apropiándoselas para confundir al electorado.


En resumen, la élite en el poder, luego de cuatro años de destruir el aparato productivo, desmantelar el Estado, robar el erario, romper la división de poderes, sumir millones de personas en el hambre, imponer a sangre y fuego su control, volver trizas el Acuerdo Paz, continúa imponiendo una narrativa contra el bien común, por medio de la más confusa retórica, de la provocación y agresión pasiva en los debates, de las amenazas de muerte contra Gustavo Petro y Francia Márquez, voceros de la oposición política al gobierno. La campaña electoral del 2022 ha adquirido matices realmente nauseabundos, pese a que creíamos que nada podría superar la violencia que ha caracterizado las últimas décadas de control de las élites más corruptas del continente y quizás del mundo, que se beneficiaron del asesinato, entre 1987 y 1990, de cuatro candidatos presidenciales de la oposición.


En respuesta, desde hace más de cuatro décadas las feministas y otros grupos y movimientos sociales hemos impulsado narrativas, proyectos y prácticas políticas orientadas a la ética del cuidado de la vida y al mayor bien posible para el mayor conjunto de personas posibles. Hemos exigido la preservación de la memoria histórica, la construcción de la paz con verdad justicia, reparación y garantías de no repetición, hemos reclamado democracia profunda con igual dignidad para todas y todos y hemos enarbolado el amor como fuente de sanación y recuperación de una vida digna de ser vivida para toda la colombianidad.


Al igual que Irene Vallejo nos conduce en la búsqueda del origen del libro, de ese artilugio mágico que nos acompaña y consuela durante toda la vida, miles de personas con nuestros sueños y luchas por la justicia para las mujeres y las poblaciones subalternizadas, también hemos mantenido un camino invisible, un junco Infinito para cuidar de la vida humana y no humana.


Yo también, como Martin Luther King y como Francia Márquez, tengo un sueño: que la esperanza de vivir bien, sea el hilo central en la urdimbre del alma nacional, y también, el poderoso detergente espiritual y material que limpie tantos años de percudido ético y moral para que al fin podamos vivir sabroso.

 

Mamá 1era Línea, Comité Nacional de Paro.

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