Foto: Nicolas Pousthomis / Subcoop

El máximo tribunal norteamericano ordenó que Bayer-Monsanto pague una condena de 25 millones de dólares a un ciudadano que contrajo linfoma no-Hodgking por el uso habitual del herbicida Roundup. A pesar del fallo, el órgano de control ambiental estadounidense mantiene la aprobación del uso de glifosato. En Argentina hay 44 eventos transgénicos aprobados resistentes al agrotóxico.

La Corte Suprema de Estados Unidos rechazó el último recurso de Bayer-Monsanto, sin necesidad de revisión, y dio sentencia definitiva al emblemático caso de Edwin Hardeman, ciudadano norteamericano demandó a la empresa farmacéutica alemana por contraer linfoma no-Hodgkin a partir del uso habitual de Roundup, herbicida a base de glifosato. La condena indemnizatoria por 25 millones de dólares sienta jurisprudencia para otras 30.000 denuncias presentadas en el Poder Judicial norteamericano contra el agrotóxico estrella del modelo transgénico. 

En Argentina —donde se estima la tasa de uso de agrotóxicos más alta del mundo—, existen fallos similares como el caso de la docente Estela Lemes. Tanto en Estados Unidos como en la Argentina, los organismos de control estatal siguen sosteniendo la habilitación comercial del agrotóxico, a pesar de las pruebas científicas sobre su impacto en la salud y el ambiente. 

El Ministerio de Agricultura autorizó en la Argentina 44 eventos transgénicos resistentes al glifosato. El primero fue la soja de la empresa Nidera, en marzo de 1996. El último es un maíz transgénico resistente a glifosato, dicamba y glufosinato de amonio —agrotóxico que generó debate por la aprobación del trigo transgénico HB4— de nada menos que Monsanto Argentina S.R.L. Monsanto cuenta con la última aprobación de un evento transgénico en el país, emitida por resolución en noviembre de 2021.

Las demandas contra Bayer-Monsanto comenzaron a multiplicarse en los tribunales norteamericanos en 2015, cuando la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC), organismo especializado de la Organización Mundial de la Salud (OMS), confirmó la vinculación entre el herbicida y el cáncer. Y lo categorizó como “posiblemente cancerígeno para los seres humanos”. 

Hardeman, a quien la Corte Suprema le dio la razón este martes, vio la noticia de la IARC en su casa, cuando estaba atravesando las sesiones de quimioterapia por linfoma no-Hodgkin —tipo de cáncer que ataque el sistema linfático—, que le fue diagnosticado ese mismo año. La causa del hombre de 70 años —que usó el herbicida durante 26 años en su jardín— y otras cientos fueron tramitadas por el juez Vince Chhabria del Tribunal de San Francisco.

La de Hardeman fue elegida como la causa testigo y la investigación destapó los denominados Monsanto Papers, una serie de documentos internos —desclasificados por orden del juez de San Francisco— en los que se observa cómo era el modus operandi de la empresa para aprobar el uso del herbicida en las agencias de control estatales con estudios hechos por la propia Monsanto y cómo se organizaba el lobby ante los gobiernos y la propia IARC.  

Tras el fallo de la Corte Suprema de Estados Unidos —de mayoría conservadora—,  Bayer-Monsanto dijo “discrepar” con la decisión judicial y anunció contar con un fondo especial de 16.100 millones de dólares para seguir enfrentando el “riesgo legal” de la comercialización del agrotóxico de Monsanto (empresa que el grupo alemán compró por 63 mil millones de dólares en 2018). 

La empresa dispuso 11.600 millones en el inicio de los juicios y, en julio de 2021, anunció un incremento de esos fondos en 4.500 millones ante la posibilidad de que se rechazara su intento de un acuerdo colectivo por las demandas presentes y futuras. En su informe anual de marzo pasado, Bayer-Monsanto informó que resolvió unos 107.000 casos de un total de 138.000 demandas. 

En el comunicado del martes 21, replicado en las agencias Reuters y AFP,  la farmacéutica sostuvo “no admitir ningún fallo ni responsabilidad” y anunció que continuará vendiendo sus productos Roundup por ser “una herramienta valiosa para una producción agrícola eficaz en el mundo”. El argumento más relevante de la empresa es que no debería estar siendo juzgada por un herbicida que mantiene la aprobación de la Agencia de Protección Medioambiental (EPA) de los Estados Unidos. “Espero que este sea un cambio significativo en la historia de Monsanto”, se había ilusionado Hardeman en una entrevista con The Guardian en 2019, tras el fallo de primera instancia. 

El glifosato y la complicidad de los Estados

La aprobación vigente del Rondup por parte del EPA también comienza a ser cuestionada. En la previa del fallo de la Corte Suprema, el viernes pasado, el Tribunal de Apelación del 9º Circuito de Estados Unidos, con sede en San Francisco, hizo lugar el reclamo de varios grupos de defensa del medio ambiente, de trabajadores agrícolas y de la seguridad alimentaria que denuncian que la EPA no consideró adecuadamente si el glifosato provoca cáncer y amenaza a especies en peligro de extinción, por lo que exigió que examine de nuevo si el ingrediente activo glifosato plantea riesgos irrazonables para los seres humanos y el ambiente. 

El glifosato, base del herbicida patentado por Monsanto en 1974, fue clasificado como “posible cancerígeno” por la OMS en 2015 basándose en una amplia prueba científica de que es cancerígeno para los animales. “Hay pruebas convincentes de que el glifosato puede causar cáncer en animales de laboratorio y hay pruebas limitadas de carcinogenicidad en humanos”, sostuvo la OMS al recategorizar al herbicida y su vínculo con el cáncer. 

Gran parte de la prueba científica acumulada está presente en el informe Antología Toxicológica del Glifosato +1000, recopilado por Eduardo Martín Rossi y editado por la ONG Naturaleza de Derechos, que reúne 1100 estudios científicos que dan cuenta de los efectos del glifosato en el ambiente y en la salud. Entre ellos, más de 200 trabajos científicos son de universidad públicas de la Argentina. 

La antología recoge informes que vinculan el glifosato al cáncer, malformaciones, encefalopatía, autismo y parkinson. También investigaciones que lo asocian a mecanismos de fisiopatología celular (promotor el cáncer), apostosis celular (muerte celular programada), genotoxicidad y trastornos en el sistema endocrino. Y, por último, su afectación en los sistemas reproductivo, inmunitario, digestivo, nervioso, renal y cardiovascular.

En el caso de Argentina, la creciente documentación de estudios científicos y casos relevados por los pueblos fumigados frente a la falta de control estatal sobre los agrotóxicos comenzó a generar luchas ciudadanas para conseguir ordenanzas municipales que alejen el uso de agrotóxicos de cascos urbanos, escuelas rurales y espejos de agua y demandas judiciales. Entre 2003 y 2019, se lograron al menos 28 fallos judiciales que prohíben o limitan las fumigaciones con agrotóxicos en ocho provincias. 

A nivel global, según la ONG Sustainable Pulse, existen más de una veintena de países que limitan su uso. Italia lo prohibió en áreas públicas y en rociados de precosecha; Francia lo retiró de los espacios verdes. Bélgica, República Checa, Dinamarca, Portugal y los Países Bajos también pusieron barreras. 

También hay restricciones adicionales en Asia (Tailandia, Vietnam, Sri Lanka, Omán, Arabia Saudita, Kuwait, Emiratos Árabes, Bahrein y Qatar), África (Malawi, Togo) y en Latinoamérica (Colombia, Costa Rica, El Salvador, Bermudas, San Vicente y las Granadinas). El último caso en la región es el de México, que prohibió el uso de glifosato y maíz transgénico para 2024. El glifosato también está prohibido en distintas zonas de Estados Unidos, Canadá, Inglaterra, Escocia, España, Australia, Nueva Zelanda, Malta, Eslovenia y Suiza.

Por | 27/06/2022


Fuente: https://agenciatierraviva.com.ar/glifosato-la-corte-suprema-de-estados-unidos-confirmo-la-condena-contra-monsanto/

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Descubren red cerebral vinculada a las adicciones

Logran hallazgo por medio de un estudio de personas que dejaron el cigarrillo de forma abrupta tras sufrir daños en el cerebro

 

Mediante la técnica conocida como mapeo de redes de lesiones, investigadores de la Escuela de Medicina de Harvard cartografiaron una red cerebral vinculada a las adicciones a través del estudio de fumadores que dejaron abruptamente el cigarrillo tras sufrir daños de este tipo.

Los expertos captaron la remisión de la adicción en circuitos cerebrales completos en lugar de regiones específicas, apuntando a nuevos objetivos para el tratamiento. Las afecciones humanas conducen a un circuito cerebral que podría ser el punto para tratar las adicciones.

Sus resultados se publicaron en Nature Medicine.

En opinión de Juho Joutsa, uno de los autores del estudio y neurólogo de la universidad finlandesa de Turku, "la red identificada proporciona un objetivo que puede ser probado para los intentos de terapia".

Los tratamientos de neuromodulación, como la estimulación cerebral profunda y magnética transcraneal, así como la ecografía guiada por resonancia magnética, permiten ir directamente a los circuitos del cerebro y mejorar los síntomas de maneras que tal vez no sean posibles con medicamentos. Pero conocer la ubicación del objetivo es fundamental, según dicta un boletín emitido por la institución.

En una investigación anterior, especialistas usaron el mapeo de la red de lesiones para examinar a los pacientes cuyos temblores esenciales estaban resueltos, confirmando los logros del tratamiento con estimulación cerebral profunda.

Los autores del estudio se propusieron aplicar el mismo enfoque a la remisión de la dependencia. "Aunque sabemos mucho sobre los mecanismos neurobiológicos de la adicción, las opciones de tratamiento aún son muy limitadas. Nuestros hallazgos con el temblor esencial hicieron que nos dieramos cuenta del potencial de este enfoque para localizar los circuitos cerebrales claves que median en la mejora de los síntomas", agregó Joutsa, miembro del Centro de Cerebro y Mente y Neurociencias Clínicas, de Turku.

Una de las causas de muerte entre jóvenes en EU

En Estados Unidos, los trastornos por uso de sustancias son una de las principales causas de muerte entre los jóvenes. Los tratamientos como la estimulación cerebral profunda son prometedores para ayudar a las personas a superar la adicción. El nuevo trabajo aumenta el conocimiento obtenido de los pacientes que no son adictos a la nicotina después de sufrir una lesión cerebral, como un derrame.

Los investigadores estudiaron a 129 pacientes que fumaban a diario y que sufrieron una lesión cerebral. Más de la mitad siguió con el cigarrillo después de la afección y una cuarta parte lo dejó inmediatamente sin dificultad.

Las lesiones asociadas a la remisión se ubican en varias zonas del cerebro, pero estarían vinculadas a la "red de remisión de la adicción", indicaron.

Hallaron que una lesión que llevaría a una persona a renunciar a una adicción probablemente afectaría a partes del cerebro como el córtex cingulado anterior dorsal, el córtex prefrontal lateral y el córtex insular, pero no al córtex prefrontal medial.

Análisis anteriores habían mostrado que las lesiones en la corteza insular reducían la adicción, pero no tomaron en cuenta otras partes del cerebro, identificadas en este nuevo estudio. Para confirmar los resultados, examinaron a 186 pacientes con daños en ese órgano que se habían sometido a una evaluación del riesgo vinculado al alcohol. Hallaron que las lesiones de la red cerebral relacionadas con la adicción que descubrieron en los fumadores también reducían el riesgo de alcoholismo, "lo que sugiere una red compartida de adicción a través de estas sustancias".

"Al mirar más allá de las regiones cerebrales individuales y, en cambio, en el circuito cerebral, hemos encontrado objetivos para la remisión de la dependencia y estamos ansiosos por probarlos a través de ensayos clínicos", agregó Michael D. Fox, profesor asociado de neurología en el Hospital Brigham y Mujeres, donde se ubica la escuela de medicina de Harvard. "En última instancia, nuestro objetivo es dar pasos más grandes a fin de mejorar las terapias existentes para la adicción y abrir la puerta a la remisión", precisó.

(Con información de agencias)

Sábado, 04 Junio 2022 05:51

Tuberculosis, la pandemia de los pobres

Phenduka Mtshali, una paciente con tuberculosis resistente a los medicamentos, en su casa en Mbongolwane, Sudáfrica, con un trabajador de campo de MSF. — Tadeu Andre / Médicos sin Fronteras

Mientras que la covid mata a dos de cada mil infectados, la tuberculosis, a 180 de cada mil. Y eso sin contar a los pacientes que no reciben tratamiento: entonces, la probabilidad de sobrevivir a la tuberculosis es solo del 30%. O del 0%, si además tienen VIH.

 

De cada mil personas enfermas por covid, dos morían, según la tasa media de letalidad global que publicó la OMS a principios del año pasado. Mientras en el mundo desarrollado no se hablaba de otra cosa y científicos y gobiernos se dejaban la piel en resolver el problema, con medidas sanitarias e investigación acelerada para dar con una vacuna en menos de un año, en esas partes del mundo que no salen nunca en televisión otra pandemia mataba a 180 de cada mil personas infectadas. Y eso sin contar a los pacientes que no reciben tratamiento: entonces, la probabilidad de sobrevivir a la tuberculosis es solo del 30%. O del 0%, si además tienen VIH.

En el mejor de los casos, es 100 veces más letal que la covid. Y son ya mil millones las personas que se ha llevado por delante en los últimos 200 años. Sin embargo, por cada 1.000 dólares invertidos en encontrar una vacuna para el coronavirus, se ha destinado solo un dólar a encontrar otra que sea eficaz contra la tuberculosis. ¿Tendrá que ver con quiénes son los que mueren?

Según la OMS, el 98% de los tuberculosos viven en países de ingresos bajos o medianos. India (con un 25% de los casos mundiales), China, Indonesia, Filipinas, Pakistán, Nigeria, Bangladesh y Sudáfrica se llevan la palma.

"Personas atrapadas en el círculo de la pobreza, con pésimas condiciones de vida, hacinamiento, inseguridad alimentaria, estrés provocado por desplazamientos forzosos y conflictos armados, y un sistema sanitario frágil o inexistente". Son las presas favoritas de la tuberculosis, según dice a Público la doctora Laura Moretó, referente de VIH, TB y hepatitis de Médicos Sin Fronteras, que ha trabajado en Sudán del Sur y Sudán atendiendo a poblaciones desplazadas por el conflicto. "Es un círculo vicioso, porque cuanto más enfermos están, menos trabajan y más pobres son", explica. Cuando conviven veinte personas en una misma chabola de cartón y hojalata y una tose, el contagio es casi inevitable, más cuando la desnutrición multiplica por tres las probabilidades de enfermar.

"En Malakal, en Sudán, diagnosticamos a más de 400 paciente al año. A la hora de curarlos, el reto es que se queden, que sigan manteniendo el tratamiento, porque es una población móvil. O, al menos, que vayan al otro centro de atención en su punto de destino donde continuar tratándose", nos dice Moretó. Por ellos y por todas las personas que pueden contagiar por el camino.

La cura de la tuberculosis existe: es una mezcla de fármacos que deben tomarse a rajatabla durante seis meses. Y esto es lo malo. "Si no se sigue bien el tratamiento, nacen cepas resistentes", explica a PúblicoCarlos Martín Montañés, catedrático de Microbiología en la Universidad de Zaragoza y miembro del Comité Asesor de Tuberculosis Vaccine Initiative de la UE. Estas variantes inmunes a los medicamentos se hallaron a principios de los años 2000 y son las más peligrosas. "Nos han hecho retroceder a la era anterior a los antibióticos. La única opción en los casos totalmente resistentes es el aislamiento del paciente para que no contagie a nadie más", nos dice Martín.

El problema es que "el diagnóstico no es fácil, requiere de test moleculares que no siempre están disponibles, y la cura es una quimioterapia muy tóxica y con muchos efectos secundarios, durante 20 o 24 meses", apunta Moretó. El precio, 1.200 euros por paciente (un gasto que es asumido por el Fondo Mundial). En este sentido, la OMS ha anunciado que seguirá las recomendaciones de un estudio reciente de Médicos Sin Fronteras, donde se demuestra que con ayuda de un cóctel de nuevos fármacos el tratamiento podría acortarse a seis meses (igual que en el caso de la tuberculosis no resistente). Y a 800 euros por paciente.

Aunque la OMS la considera la enfermedad infecciosa más mortífera por detrás de la covid; según como se valoren las cifras, la tuberculosis podría merecer el dudoso honor del primer puesto. Más cuando, lejos de estar controlada, a día de hoy ha vuelto a crecer. "En 2021, por primera vez en diez años, ha subido el número de contagios", señala Carlos Martín. "El avance de la enfermedad es muy lento, puede tardar un par de años en desarrollarse, y también se tarda en hacer el diagnóstico, empezar el tratamiento... En uno o dos años, veremos cuáles han sido las consecuencias de la pandemia de covid, durante la que han subido los casos de tuberculosis, al mismo tiempo que bajaba el acceso a la atención médica para tratarla", se lamenta. Por el momento, no parece que la cosa vaya a acabarse en un futuro cercano. "En 1982, la OMS dijo que se erradicaría en 2000. Ahora dice que será en 2035, si se encuentra una nueva vacuna. Si no, en 2050", comenta este experto.

Va a ser difícil lograrlo con dinero insuficiente (5.300 millones de dólares anuales en 2020, en vez de los 13.000 millones que harían falta, según la OMS). En el mundo desarrollado, la amenaza de una epidemia de cepas no tratables es el aguijón que anima a invertir (tímidamente) en investigación científica contra la tuberculosis. Sobre todo, Estados Unidos, que aporta el 50% de la financiación de donantes internacionales.

"El miedo que tenemos en Occidente es que las cepas multirresistentes a los tratamientos lleguen hasta aquí. En España, se detectan entre 20 y 30 casos de este tipo cada año", nos dice Carlos Martín. Y, aunque España tiene, por cierto, las cifras más altas de tuberculosis de Europa Occidental, es una menudencia comparada con los casos de variantes resistentes a los fármacos que arrasan países como India, donde solo uno de cada tres paciente con la enfermedad farmacorresitente recibieron tratamiento en 2020.

El laboratorio del doctor Martín está volcado en la genética de estas cepas rebeldes desde hace 30 años. "Es una investigación muy lenta. Solo con la vacuna llevamos los últimos diez años. Parece que solo nos acordamos de invertir en ciencia básica cuando vienen los problemas, como ha pasado con la covid", explica. MTBVAC se llama la vacuna viva con cepas humanas atenuadas que ha desarrollado su equipo en la Universidad de Zaragoza. Su logro es ofrecer protección contra la tuberculosis multirresistente con una sola inyección.

Sudáfrica, Senegal y Madagascar son algunos países donde están causando más estragos las variantes inmunes a los antituberculosos, por eso, es allí donde el equipo de Martín está probando su vacuna hecha 100% en España. "Ya estamos en la fase tres de ensayos clínicos, con 7.000 pacientes. Es la hora de la verdad", dice.

Pero tampoco hace falta coger un avión para codearse con la Mycobacterium tuberculosis que, según Carlos Martín, "es una bacteria perfectamente adaptada a la vida humana". Nada menos que una de cada cuatro personas en todo el mundo (incluida España) está infectada por el bacilo de la tuberculosis.

Porque, aunque nos suene a anacronismo romántico, "nunca ha dejado de ser endémica en Europa", nos recuerda Laura Moretó. La buena noticia es que el 90% de los infectados nunca sufrirán la enfermedad. Ni tampoco la contagiarán porque, como aclara Martín, "para la transmisión, tiene que haberse desarrollado la enfermedad respiratoria". Es decir, solo te puedes contagiar a través de la saliva (con la tos) de alguien que está ya enfermo.

En nuestro mundo, a pesar de la ubicuidad del bacilo, mantenerse ahí, sin caer enfermo, es fácil cuando comemos a diario, tenemos un grifo por el que sale agua limpia o un médico a dos manzanas de casa al que acudir para hacernos una radiografía... Mientras, en la otra parte del mundo, de los 200.000 niños que mueren cada año de tuberculosis, el 90% de ellos no recibió tratamiento. Y es que no se ha inventado aún la pastilla que cure la pobreza, el verdadero caldo de cultivo donde triunfa esta enfermedad.

03/06/2022 21:42

Laura G. De Rivera@LauraGDeRivera

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Diez circunstancias que nos abocan a una nueva pandemia

 

 

23 mayo 2022

Que existan epidemias y pandemias no es nada nuevo. Basta un repaso a la historia de la humanidad para comprobar que la lucha de las personas contra las enfermedades infecciosas ha sido constante. La peste negra, el cólera, la tuberculosis, la gripe, el tifus o la viruela son tan solo algunos ejemplos de enfermedades que nos han dejado cicatrices imborrables.

Cada enfermedad requiere una actuación específica y la puesta en marcha de distintos mecanismos de prevención, respuesta y tratamiento. Por esta razón, es fundamental identificar los orígenes y los patrones de aparición de los patógenos.

En este sentido, alrededor del 60 % de las enfermedades infecciosas emergentes que se notifican a nivel mundial son zoonosis (que se transmiten entre animales y humanos). Las estimaciones apuntan que, en todo el mundo, cada año, alrededor de mil millones de personas enferman y millones mueren a consecuencia de eventos zoonóticos. Y de los más de 30 nuevos patógenos humanos detectados en las últimas décadas, el 75 % se han originado en animales.

La emergencia reciente de diversas enfermedades de origen zoonótico –la influenza aviar H5N1, la influenza aviar H7N9, el VIH, el Zika, el virus del Nilo Occidental, el síndrome respiratorio agudo severo (SARS), el síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS), la enfermedad por el virus Ébola o la covid-19 (SARS-CoV2)– han planteado serias amenazas para la salud humana y el desarrollo económico mundial.

En general son impredecibles, ya que muchas se originan en animales y son causadas por virus nuevos que solo son detectados una vez producido un brote. Sin embargo, hay al menos diez factores que ya sabemos a ciencia cierta que están vinculados a la aparición de una futura epidemia o pandemia. Los enumeramos.

  1. Guerras y hambrunas

Los daños causados por la guerra son muchos y complejos. La muerte, las lesiones y el desplazamiento son los más obvios. Pero la aparición de epidemias infecciosas también está estrechamente relacionada con los conflictos bélicos.

En el año 2006, se informó de brotes de cólera en 33 países africanos, y en el 88 % de los casos los informes procedían de países afectados por conflictos bélicos. En los últimos años, diferentes países de Oriente Medio y África han sufrido brotes infecciosos como efecto directo de la guerra, agravados por la escasez de alimentos y agua, el desplazamiento y los daños a la infraestructura y a los servicios de salud.

  1. Cambio de uso del suelo

El cambio en el uso de la tierra es una modificación en el ecosistema inducida por el ser humano. Estas alteraciones pueden afectar a la abundancia y distribución de la vida silvestre, y la hacen más susceptible a la infección por patógenos. Además, al crear oportunidades de contacto nuevas, facilitan la circulación de patógenos entre especies, lo que en última instancia conduce a la infección humana y a una mayor propagación de los patógenos.

  1. Deforestación

Con la deforestación y la fragmentación de los bosques favorecemos la extinción de especies especialistas en hábitats, permitiendo que prosperen las generalistas. Se ha comprobado que las especies de vida silvestre que son anfitrionas de patógenos, particularmente en el caso de murciélagos y otras especies de mamíferos como los roedores, son relativamente más abundantes en paisajes manipulados por el ser humano, como los ecosistemas agrícolas y las áreas urbanas, que en sitios adyacentes no perturbados.

El establecimiento de pastos, plantaciones o granjas de ganadería intensiva cerca de los márgenes del bosque también puede aumentar el flujo de patógenos de la vida silvestre a los humanos.

  1. Urbanización descontrolada y aumento poblacional

Los cambios demográficos en el tamaño y la densidad de la población a través de la urbanización afectan a la dinámica de las enfermedades infecciosas. Por ejemplo, la gripe tiende a exhibir brotes más persistentes en regiones urbanas más pobladas y densas.

  1. Cambio climático

El cambio climático aumenta el riesgo de transmisión viral entre especies. Muchas especies de virus son todavía desconocidas, pero es probable que tengan la capacidad de infectar a los humanos. Por suerte, en la actualidad la gran mayoría circula silenciosamente en los mamíferos salvajes. Sin embargo, el aumento de las temperaturas provocará migraciones masivas de animales que busquen condiciones ambientales más suaves, facilitando la aparición de puntos críticos de biodiversidad. Si llegan a áreas de alta densidad de población humana, principalmente en Asia y África, surgirán nuevas oportunidades para la propagación zoonótica al ser humano.

Predicciones recientes bajo escenarios de cambio climático apuntan que, para el año 2070, la transmisión de virus entre especies aumentará unas 4 000 veces.

  1. Globalización

La globalización ha facilitado la propagación de numerosos agentes infecciosos a todos los rincones del planeta. La transmisión de enfermedades infecciosas es el mejor ejemplo de la creciente porosidad de las fronteras. La globalización y el aumento de la conectividad aceleran la posible aparición de una pandemia por la movilización constante de los microorganismos a través del comercio y el transporte internacional.

  1. La caza, el comercio y el consumo de carne de animales silvestres

La transmisión de enfermedades zoonóticas puede ocurrir en cualquier punto de la cadena de suministro de carne de animales silvestres, desde la caza en el bosque hasta el punto de consumo. Los patógenos que se han propagado a los humanos a partir de la carne de animales silvestres son numerosos e incluyen entre otros el VIH, el virus del Ébola, el virus espumoso de los simios o el virus de la viruela del mono.

  1. Tráfico ilegal de especies y mercados de animales salvajes

Un ecosistema natural con un alto grado de riqueza de especies reduce la tasa de encuentro entre individuos susceptibles e infecciosos, disminuyendo la probabilidad de transmisión de un patógeno. Por el contrario, los mercados de animales vivos y los recintos dedicados a ocultar animales destinados al comercio ilegal son lugares donde especies animales de todo tipo son enjauladas y hacinadas.

En esas circunstancias no solo comparten el mismo espacio insalubre y antinatural, sino también los ectoparásitos y endoparásitos vectores de enfermedades. Los animales sangran, babean y se defecan y orinan unos sobre otros, lo que lleva al intercambio de microorganismos patógenos y parásitos, forzando interacciones entre especies que nunca deberían ocurrir.

  1. Evolución microbiana

Los microorganismos están en constante evolución en respuesta a las presiones de selección indirectas y directas en su entorno. Un claro ejemplo son los virus influenza tipo A, cuyo reservorio ancestral son las aves acuáticas, a partir de las cuales han conseguido infectar a otros tipos de animales.

Otro ejemplo evidente de la capacidad de los microorganismos para adaptarse rápidamente es el desarrollo mundial de muchos tipos de resistencia antimicrobiana en patógenos humanos comunes.

  1. Colapso del sistema de salud pública

En las últimas décadas, en numerosos países, ha acontecido una retirada paulatina del apoyo financiero a los sistemas de salud pública. Esta situación ha diezmado la infraestructura esencial y necesaria para hacer frente a brotes epidémicos sorpresivos. La rápida aparición reciente de nuevas amenazas de enfermedades infecciosas como la covid-19, unida al resurgimiento de afecciones antiguas como el sarampión o la tuberculosis, tiene implicaciones importantes para los sistemas de salud públicos mundiales.

Debemos ser conscientes de que la preparación contra posibles futuras epidemias y pandemias requiere de un estudio profundo y concienzudo de los potenciales factores que facilitan la emergencia de enfermedades infecciosas. El análisis sosegado y crítico permitirá diseñar futuras estrategias de previsión y prevención.

Fuente: https://theconversation.com/diez-circunstancias-que-nos-abocan-a-una-nueva-pandemia-182868

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El científico David Riaño, durante la entrevista en su casa. Daniel Sánchez

A David Riaño le diagnosticaron este tipo de esclerosis en el otoño de 2009. “Es una sentencia de muerte. Básicamente, decirte que no te queda mucho tiempo”, afirma. Su historia lo refuta y, tras grabar el documental ‘7 lagos, 7 vidas’, su próximo proyecto es casarse. Con su silla de ruedas.

 

David Riaño tenía 33 años cuando en verano de 2008, durante sus vacaciones en España, empezó a notar que algo no iba bien. Se preocupó porque había desaparecido un músculo de la palma de su mano izquierda. Lo comentó con una amiga médica y ahí empezó todo. Mirando hacia atrás comprendió que los síntomas habían empezado antes. Jugando al fútbol había tenido un par de caídas. “Vas al choque y de repente sales disparado. La cabeza va a una velocidad diferente que el cuerpo. Es como una desconexión de la noche a la mañana entre la orden de la mente y los movimientos de los músculos”, recuerda. Aquel mismo verano empezaron las consultas. “En Estados Unidos [donde residía], fui al médico. Me dijeron que sí, que probablemente tenía ELA (Esclerosis Lateral Amiotrófica), pero que había que descartar otra posibilidad, la neuropatía multifocal”. Esa enfermedad es autoinmune y con unas infusiones mensuales el enfermo puede recuperarse. “Estuve con esas infusiones un año y vieron que no mejoraba”. Le diagnosticaron como persona con ELA en otoño de 2009. “Es una sentencia de muerte. Básicamente, decirte que no te queda mucho tiempo”.

La conversación con David Riaño tiene lugar una mañana del mes de marzo de 2022. Nos recibe en su casa, en Alcalá de Henares. Lleva catorce años conviviendo con la enfermedad. Cuando le comunicaron que tenía ELA, vivía en Michigan (Estados Unidos) con su mujer y el hijo de esta. Riaño había logrado en 2007 una plaza de científico titular del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y acababa de convertirse en investigador principal de un proyecto de la NASA. “Era competitivo dentro de Estados Unidos y me gustaba lo que hacía”. Pero, poco a poco, a consecuencia de la enfermedad, notó que no podía seguir el ritmo. “Vas desapareciendo”. Recuerda aquella etapa como un proceso de aceptación de la enfermedad: “Una enfermedad de dos a cinco años de esperanza de vida. Hoy puedes andar, mañana no. Y hoy puedes hablar, mañana no. Entonces es difícil que la cabeza se ajuste a los cambios que suceden en tu cuerpo”.

Como en su caso la enfermedad le ha dado más tiempo, Riaño cree que ha tenido la oportunidad de aceptarla. “Ya estoy curado de la ELA”, afirma. Y esta convicción la desarrolla con detalle: “Sigo haciendo lo mismo que hacía antes de la ELA. He vuelto a participar en proyectos de investigación, reinventándome. Ahora igual más dirigidos a resaltar la importancia de la inclusión y aporte de personas con diversidad funcional en la ciencia, no ya solo como científicos, sino también como ciudadanos. He vuelto a bañarme en lagos. No renuncio a jugar al fútbol algún día con mis amigos, cuando tenga una silla un poquito más rápida. Voy a seguir haciendo las mismas cosas que antes. Lo que me hace falta es usar la cabeza para, de una manera diagonal, hacer lo mismo que hacía antes, pero con ayuda o reinventándome”.

Riaño cree que asumir la enfermedad fue incluso más difícil para su familia. De aquellos años en Michigan recuerda cómo estuvo trabajando de asistente de un equipo de fútbol, recuerda la terapia psicológica y “una montaña rusa de cuestiones muy difíciles”.

En 2011 el hijo de su mujer falleció en un accidente de tráfico. Tenía 18 años. “Era una mezcla entre mi hijo y mi amigo. Yo era el que me encargaba de llevarle al colegio, de todo lo que conllevaba la logística con él. Era un tipo muy alegre, con un gran corazón. Claro, para mí es difícil, pero para una madre.... Eso nunca se supera”. Y en algún momento, en esa montaña excesiva, su relación de pareja se fue deteriorando. “Creo que lo que nos pasó es que no nos ayudábamos. No sumábamos el uno al otro. Entonces cada uno tiene que seguir su vida. Yo en Estados Unidos estaba porque estaba ella. No podía mantener una vida independiente”. En 2018 se divorciaron y Riaño regresó a España. Llevaba quince años en Estados Unidos. “Siempre es mucho más difícil que la ida porque no te queda nada por idealizar”, señala.

Nos situamos en septiembre de 2018. Volver significa regresar a la casa de sus padres. Pero Riaño tiene un proyecto que en esa fecha se convierte en una realidad: grabar un documental que cuente su viaje para bañarse en lagos de Europa. El baño es un momento de libertad: su cuerpo se mueve ligero. El resultado se estrenó en 2021 en el Festival de Cine de Málaga. Se titula 7 lagos, 7 vidas. Lo dirigió Víctor Escribano y lo produjo José Luis López-Linares. Cuenta el viaje en furgoneta, el baño en los lagos, las relaciones entre Riaño y quienes le acompañan en la aventura, las dificultades que afronta, las incomprensiones, los momentos de plenitud. “Era una ilusión que tenía y una manera de buscar una excusa para seguir vivo y no darle muchas vueltas a seguir pensando en la enfermedad”.

Junto a Riaño, uno de los protagonistas del documental es uno de sus asistentes, Serigne Mbacke Ndiaye, un joven senegalés que, en ocasiones, parece el único capaz de seguir el ritmo y las necesidades que el viaje y el propio Riaño plantean. El documental muestra la relación entre ambos, los aprendizajes compartidos. Riaño, que se refiere siempre a Mbacke como el Capi —de capitán—, es consciente de que tiene a su lado a alguien que nunca le falla: “La historia del Capi es más interesante que la mía… Todos estos años hasta que consigue su documentación y consigue volver a Senegal, a ver a sus hijos. Su hija pequeña tenía once meses cuando él se vino a vivir a España”. Pero Riaño también sabe que su relación con quien siempre está ahí, con quien le ayuda en todo momento, se mueve en un equilibrio difícil. “Yo estoy muy contento con el Capi y le quiero un montón, pero entiendo que en algún momento de su vida le va a tocar tomar otro rumbo, porque no puedes estar anulándote como persona toda la vida. Tener un ayudante que tenga la capacidad de sufrimiento del Capi, la empatía, el anularse a uno mismo para tus necesidades… está muy bien, pero también es importante tratar de buscar un equilibrio y es muy difícil poder encontrar ese equilibrio”.

El día en que tiene lugar la entrevista, el Capi se encuentra en Senegal. Cuando él se vino a vivir a España su hija menor tenía once meses y acaba de cumplir trece años. Durante la jornada de la entrevista, acompaña a Riaño su ayudante, una mujer sonriente, de movimientos precisos. Es ella quien le ayuda a caminar unos pasos, quien sigue sus indicaciones para encender y apagar la cámara que Riaño lleva instalada en su silla, quien cuida cada detalle. Es ella quien nos acompaña en un paseo por Alcalá de Henares, en el que podemos apreciar los obstáculos que afronta una persona con ELA al tratar de moverse en silla de ruedas por la ciudad.

En el documental y en su vida diaria, Riaño se rebela contra las barreras: “Lo que más me afecta son las barreras mentales de la gente que toma las decisiones y de la gente con la que tengo que relacionarme. Las leyes están ahí, y el problema es que no se aplican y la gente no entiende cómo se tienen que aplicar”. Pone varios ejemplos: un escalón que consideran parte del patrimonio, un coche mal aparcado que le impide acceder a su furgoneta, una piscina de nado en la que le dicen que no puede entrar porque es demasiado lento. Señala que los edificios son seres vivos, que han de cambiar para ser accesibles. Y subraya la incomprensión que encuentra: “Es imposible que la gente entienda, porque no van en silla de ruedas. Somos otro animal. Entonces se buscan excusas para excluirte en vez de encontrar soluciones para quedar incluidos. Y ese es el problema que nadie entiende. Y, cuando reclamas y peleas por tus derechos, al final quedas excluido e incluso criminalizado. Es doloroso porque existen razones de peso para quedar incluidos: artículo 14 de la Constitución Española, la Convención Internacional de los Derechos de las Personas con Discapacidad del año 2006…”.

Durante el paseo por las calles de Alcalá de Henares, Riaño se detiene para agradecer al propietario de una tienda de fotos y marcos que haya instalado una rampa en su establecimiento. También le paran a él para preguntarle cuándo se podrá ver el documental en Alcalá. Y Riaño agradece la pregunta y explica que muy pronto. 7 lagos, 7 vidas está teniendo un recorrido intenso, con proyecciones acompañadas de debates.

Regresamos a la casa y, durante la comida, nos acompañan además su padre, su hermana y su cuñado. Todo resulta esmerado y cálido. Nos adentramos en una conversación sobre viñedos y viajes por hacer. Si algo queda claro después de un día con David Riaño es que su vida está llena de proyectos y que no piensa detenerse por muchos impedimentos que encuentre.

Tras el estreno del documental en junio de 2021, siguió viajando. “7 lagos, 7 vidas expandió los límites de lo que creíamos que era posible. Y eso es muy potente. Estoy haciendo cosas que nunca pensaba que iba a hacer. Cuando estaba en Estados Unidos fui de San Diego a Detroit en avión, hablo de hace cuatro años, y aquello me pareció el límite, mi límite. Y ahora estamos haciendo cosas increíbles. Acabo de estar en Japón”. En el último trimestre de 2021, gracias a una beca de la Japan Society for Promotion of Science y el apoyo del CSIC, pudo estudiar en Japón cómo evoluciona la humedad de la vegetación en el contexto de los incendios forestales y el cambio climático. Su investigación, que sigue en marcha, analiza el impacto de los incendios a partir de imágenes de satélite, datos meteorológicos y proyecciones de modelos climáticos a futuro.

En enero de este año, Riaño viajó al Festival de Palm Springs, en California, donde se presentaba 7 lagos, 7 vidas. La crisis del coronavirus provocó la suspensión de las proyecciones del festival, pero aun así el protagonista del documental mantuvo su viaje y 7 lagos, 7 vidas fue galardonada con una mención especial en la categoría de cine iberoamericano.

Su próximo proyecto es casarse. “Me caso”, dice. Y sabe que provoca el interés y la sorpresa de su interlocutor. Luego entra en detalles: “Me caso con mi silla de ruedas. Va a ser una historia que quiero grabar”. Explica entonces que piensa ir al registro civil con la factura de la silla y que quiere seguir todos los trámites y ritos que acompañan a una boda. Quiere hablar así del derecho a la vida de las personas con discapacidad, del derecho a una vida digna y del derecho al amor. Confía en poder celebrar la boda este año y en que, en el viaje posterior, cuando quieran separarle de su silla al entrar en un avión, pueda explicar —y grabar— que se acaba de casar con su silla, que no tienen derecho a separarle de ella. “Se va a liar”, pronostica.

También tiene proyectos para el próximo verano: viajar a Cabo Norte, en Noruega. Quería ir a Vladivostok e iniciar la vuelta al mundo, pero reconoce que ahora resulta complicado. Y tal vez el año que viene —“si se abren un poco las fronteras”, matiza— intentará ir a Senegal por carretera para conocer la tierra del Capi.

Dice que no es ningún héroe, que todos los días son muy duros. “Somos personas a las que nos hace falta apoyo social y que se cumpla la ley para poder seguir vivos”, argumenta. Quisiera que las personas con ELA pudieran, si lo desean, continuar siendo lo que eran antes de tener ELA. “A mí me gustaría eso: seguir investigando, seguir bañándome hasta el último día en un lago, seguir estando con mis amigos. Cuando queden para jugar un partido de fútbol, ir con ellos con una silla un poquito más rápida. Seguir siendo yo”.

Imagen de la boina de contaminación en Madrid, a 10 de febrero de 2022.— Jesús Hellín /EUROPA PRESS

Una de cada seis muertes en el mundo se debe a la polución. El 92% de los fallecimientos por este problema se producen en los países de ingresos bajos y medios.

Las repercusiones de la contaminación en la salud siguen siendo enormes, y los países de ingresos bajos y medios son los que más sufren esta carga, afirma Richard Fuller, autor principal de un informe que se publica esta semana en The Lancet Planetary Health. En este trabajo, se destaca que la polución fue responsable de nueve millones de muertes en 2019, esto es: una de cada seis muertes se debió a este problema.

Fuller destaca que, "pese a las graves consecuencias sanitarias, sociales y económicas, la prevención de la contaminación se pasa por alto, en gran medida, en la agenda internacional de desarrollo".

El nuevo informe es una actualización del que publicó en la misma revista en 2015. En él se pone de relieve que el número de muertes por fuentes de contaminación asociadas a la pobreza extrema (como la contaminación del aire en interiores y del agua) ha disminuido. Sin embargo, han aumentado los fallecimientos atribuibles a la contaminación industrial (del aire ambiental y la contaminación química).

Según Fuller, "pese al incremento bien documentado de la preocupación pública por la contaminación y sus efectos en la salud, la atención a estos problemas y la financiación han aumentado mínimamente desde 2015".

La mayor amenaza para la salud humana y planetaria

"La contaminación es la mayor amenaza para la salud humana y planetaria y pone en peligro la sostenibilidad de las sociedades modernas". Su prevención también puede frenar el cambio climático, indica por su parte Philip Landrigan, coautor del informe y director del Programa de Salud Pública Global y del Observatorio de la Contaminación Global del Boston College. Por ello, subraya Landrigan, el actual informe "reclama una transición masiva y rápida para abandonar todos los combustibles fósiles y sustituirlos por energías limpias y renovables".

La Comisión Lancet sobre Contaminación y Salud de 2017, que utilizó datos del estudio de la Carga Mundial de la Enfermedad (GBD, por sus siglas en inglés) de 2015, descubrió que la contaminación era responsable de unos nueve millones de muertes, el 16% de todos los decesos en el mundo.

El nuevo informe ofrece estimaciones actualizadas de los efectos de la contaminación sobre la salud, basadas en los datos más recientes del GBD de 2019 y en actualizaciones metodológicas, así como una evaluación de las tendencias desde el año 2000.

De los nueve millones de muertes atribuibles a la contaminación en 2019, la contaminación del aire (tanto doméstica como ambiental) sigue siendo responsable del mayor número de muertes, con 6,67 millones en todo el mundo. La contaminación del agua fue responsable de 1,36 millones de muertes prematuras. El plomo contribuyó con 900.000 muertes, seguido de los riesgos laborales tóxicos con 870.000 muertes.

El descenso de las muertes por contaminación tradicional desde el año 2000 (contaminación del aire en los hogares por combustibles sólidos y agua no potable) es más evidente en África. Esto puede explicarse por las mejoras en el suministro de agua y el saneamiento, los antibióticos y los tratamientos, y los combustibles más limpios, indican los autores.

Contaminación industrial y envejecimiento de la población

Sin embargo, este descenso de la mortalidad se ha visto contrarrestado por un aumento sustancial de las muertes por exposición a la contaminación industrial —como la polución atmosférica, la contaminación por plomo y otras formas de contaminación química— en todas las regiones durante los últimos 20 años. Esto es especialmente evidente en el sudeste asiático, donde el aumento de los niveles de contaminación industrial se combina con el envejecimiento de la población y el aumento del número de personas expuestas.

La contaminación ambiental del aire fue responsable de 4,5 millones de muertes en 2019, frente a 4,2 millones de muertes en 2015 y 2,9 millones en 2000. Las muertes por contaminantes químicos peligrosos aumentaron de 0,9 millones en 2000, a 1,7 millones en 2015, y a 1,8 millones en 2019, con 900.000 muertes atribuibles a la contaminación por plomo en 2019.

En general, las muertes por la contaminación actual han aumentado un 66% en las últimas dos décadas, pasando de unos 3,8 millones de muertes en 2000 a 6,3 millones en 2019. Es probable que las cifras de muertes por contaminantes químicos estén subestimadas, ya que solo un pequeño número de productos químicos fabricados en el comercio han sido sometidos a pruebas adecuadas de seguridad o toxicidad.

Perdidas y desigualdad

El informe destaca que el exceso de muertes debido a la contaminación provocó pérdidas económicas por un total de 4,37 mil millones de euros en 2019, lo que equivale al 6,2% de la producción económica mundial.

También pone de manifiesto la profunda desigualdad de la contaminación, ya que el 92% de las muertes relacionadas con la polución y la mayor carga de pérdidas económicas por este motivo se producen en los países de ingresos bajos y medios.

Los autores concluyen con ocho recomendaciones. Entre ellas, se pide la creación de un grupo científico y político independiente, al estilo del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), así como un aumento de la financiación para el control de la contaminación por parte de gobiernos, donantes independientes y filántropos, y la mejora del control de la contaminación y la recogida de datos.

Las organizaciones internacionales también deberían aprobar y establecer una mejor conexión entre la ciencia y la política en materia de contaminación, al igual que las que se ocupan del clima y la biodiversidad, en un principio de los productos químicos, los residuos y la contaminación atmosférica.

"Está claro que la contaminación es una amenaza planetaria y que sus causas, su dispersión y sus efectos sobre la salud trascienden las fronteras locales y exigen una respuesta global. Es necesario una actuación global sobre todos los principales contaminantes actuales", destaca Rachael Kupka, coautora y directora ejecutiva de la Alianza Mundial sobre Salud y Contaminación.

madrid

18/05/2022 09:41

Sinc

Publicado enMedio Ambiente
Colombia fue el primer país de Latinoamérica en despenalizar la eutanasia. Imagen de archivo. EFE/Martin Divisek/

La decisión del alto tribunal fue tomada teniendo en cuenta que este mecanismo no califica como delito y que, por el contrario, está amparado por la Constitución Política

 

La Corte Constitucional, a través de un fallo histórico debido a la discusión suscitada en diferentes sectores sociales y políticos, legalizó el Suicidio Médicamente Asistido como procedimiento permitido en Colombia para tener una muerte digna.

La decisión fue tomada teniendo en cuenta una ponencia presentada por el magistrado Antonio José Lizarazo que registró una votación de seis votos a favor y tres en contra. Al togado lo acompañaron en su tesis, Diana Fajardo, Natalia Ángel, Gloria Ortiz y Alejandro Linares, quienes a través del fallo, sacaron del Código Penal una prohibición que pesaba sobre los médicos al momento de asistir a personas con el deseo de morir dignamente

Cabe señalar que esta determinación de la Corte se produjo tras el estudio de una demanda presentada por los ciudadanos Camila Jaramillo Salazar y Lucas Correa Montoya, ambos miembros del Laboratorio de Derechos Económicos, Sociales y Culturales -DescLAB-, contra el inciso segundo del artículo 107 del Código Penal, el cual castiga la inducción al suicidio otorgando penas carcelarias de entre 16 y 36 meses a quienes guíen a una persona hacia el suicidio con el fin de terminar con intenso sufrimiento producto de enfermedades graves o incurables.

Ante esto, el alto tribunal ratificó que el hecho de asistir a un paciente que desea morir dignamente no se configura como un delito y que, por el contrario, es un proceso amparado por la Constitución en las condiciones ya mencionadas.

Asimismo, la demanda precisaba que penalizar el suicidio médicamente asistido vulnera el derecho a morir con dignidad, así como el libre desarrollo de la personalidad por impedir el acceso a una ayuda médica para poner fin a la vida del paciente bajo consenso.

La demanda señala que, “Algunas personas pueden preferir la eutanasia, unas veces porque no pueden causar su propia muerte y otras veces porque no quieren. En otros casos, las personas prefieren poner ellas mismas fin a sus vidas (suicidio médicamente asistido) y al hacerlo buscan tener la ayuda necesaria para lograrlo de forma segura, acompañada y protegida”, añadiendo que la legalización del SMA lo vuelve un acto transparente y seguro.

¿Qué diferencia hay entre el Suicidio Médicamente Asistido y la eutanasia?

Básicamente, mientras que en el primer mecanismo el paciente se autoadministra el medicamento para causar la muerte, en la eutanasia, el médico es quien facilita el deceso. En ese sentido, los demandantes promovieron varias iniciativas indicando que, así como la eutanasia se puede ejecutar bajo determinados parámetros, para el suicidio médicamente asistido deben cumplirse las mismas normas.

Vale resaltar, además, que durante el estudio de la demanda el ministro de Salud Fernando Ruiz, dijo que, en Colombia, “la inclusión de otra opción de muerte médicamente asistida en el país, requiere una discusión a profundidad, cuya competencia recae en el Legislador”.

El jefe de la cartera de la salud añadió en su momento que el Congreso debe abordar este tema “con un desarrollo por vía estatutaria, en especial, teniendo en cuenta la complejidad que supondría la inclusión del SMA como proceso asistencial en el Sistema General de Seguridad Social en Salud”. Misma conclusión tuvo la Procuraduría.

Para el Ministerio Público, el SMA no es una alternativa desconocida; sin embargo, es el legislativo el que debe reconocerlo como válido, pero teniendo en cuenta la decisión tomada este miércoles por la Corte, Colombia se convierte en el primer país de América Latina en despenalizar el suicidio asistido y la eutanasia.

En el mundo, los países que tienen ambos procedimientos reglamentados son Suiza, Canadá, Luxemburgo, España, los estados de Western Australia y Victoria, en Australia y Suiza, así como también Países Bajos y Luxemburgo.

11 de Mayo de 2022

Publicado enColombia
Decesos por sobredosis alcanzaron cifra récord en Estados Unidos en 2021

Se eleva el consumo de fentanilo, heroína y cocaína

 Nueva York. Más de 107 mil personas murieron por sobredosis de drogas en Estados Unidos el año pasado, informaron ayer los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés), cifra sin precedente que refleja la magnitud de la epidemia que aqueja al país.

Eso quiere decir que en promedio un estadunidense muere por sobredosis cada cinco minutos. La cantidad, además, es 15 por ciento mayor al récord anterior, fijado en 2020.

Los CDC revisan las partidas de defunción y hacen un estimado para tomar en cuenta certificados demorados o incompletos.

Nora Volkow, directora del Instituto Nacional para el Combate al Abuso de Drogas, calificó la cifra de realmente espeluznante.

Las muertes por sobredosis de drogas en Estados Unidos han aumentado casi todos los años desde hace más de dos décadas. La tendencia empezó en los años 90 debido a la prevalencia de analgésicos opioides, aunque en años más recientes han dominado la heroína y el fentanilo.

Este último, un opioide sintético desarrollado para tratar los síntomas del dolor crónico, fue por lejos el mayor causante de 71 mil 238 muertes el año pasado, un aumento de 23 por ciento comparado con 2020. Le siguieron las metanfetaminas cristalinas, que tuvieron un alza de 34 por ciento, la cocaína con un aumento de 23 por ciento, y los opioides naturales (heroína y morfina).

En ocasiones las muertes por sobredosis se deben a más de una droga. Hay quienes ingieren distintas sustancias y a veces los traficantes combinan el fentanilo barato con otros estupefacientes, incluso sin el conocimiento del comprador, aseguran expertos.

“El efecto neto es que muchas personas –incluidos quienes consumen drogas ocasionalmente e incluso adolescentes– están expuestas a estas potentes sustancias, capaces de causar una sobredosis incluso con una pequeña cantidad”, dijo Volkow en una nota de prensa.

De acuerdo con los expertos, la pandemia agravó la crisis, ya que muchas personas quedaron aisladas y la atención médica fue difícil de conseguir.

Las muertes por sobredosis variaron de región en región. En Alaska aumentaron 75 por ciento, el índice más alto de todos los estados, mientras en Hawai disminuyeron 2 por ciento.

Los especialistas dicen que las personas con trastornos por uso de sustancias se han visto muy afectadas por las alteraciones de la vida diaria provocadas por la emergencia sanitaria; en tanto, las autoridades están incautando cantidades récord de medicamentos falsificados provenientes de México.

El gobierno del presidente Joe Biden anunció en abril una estrategia nacional de control de drogas para abordar la crisis por adicciones no tratadas y el narcotráfico.

La administración está buscando ampliar el acceso a tratamientos que salvan vidas, como el medicamento naloxona, las pruebas reactivas de drogas y los programas de suministro de jeringas.

También ha solicitado un aumento de presupuesto para las agencias encargadas de detener el flujo de drogas ilegales en el país.

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“Epidemia” de sobrepeso causa 1.2 millones de muertes al año en Europa

Copenhague. Una "epidemia" de sobrepeso y obesidad, que causa más de 1.2 millones de muertes al año, castiga a Europa, alertó el martes la Organización Mundial de la Salud (OMS) en un nuevo informe.

"La tasa de sobrepeso y de obesidad han alcanzado niveles epidémicos en toda la región y siguen progresando", lamentó en un comunicado la sección europea de la Organización, que agrupa a 53 Estados.

En Europa, cerca de un cuarto de los adultos son obesos, cifras solo superadas por la región Américas, según la OMS.

Ningún país de la región puede parar el avance y la magnitud del problema, que se incrementó durante la pandemia del covid-19, durante la cual se favoreció el sedentarismo y una dieta poco saludable.

Además, la obesidad es un factor de riesgo adicional en el covid-19 y en otras enfermedades graves.

"El aumento del índice de masa corporal es un factor de riesgo mayor de enfermedades no transmisibles como el cáncer y las enfermedades cardiovasculares", dijo el director de la OMS Europa, Hans Kluge, citado en el informe.

Europa está deforestando sus bosques a un ritmo alarmante

La obesidad sería la causa de 1.2 millones de muertes por año, es decir del 13% de las muertes en la región, según este estudio.

En concreto, el sobrepeso origina al menos 13 tipos de cáncer y sería el origen de 200 mil nuevos casos de cáncer al año, según la OMS.

Y "esta cifra aumentará en los años venideros", previó la organización.

Los últimos datos completos disponibles, que se remontan a 2016, muestran que el 59% de los adultos y casi un niño de cada tres (29% de los chicos y el 27% de las chicas) tienen sobrepeso en el Viejo Continente.

En 1975, apenas un 40% de los adultos europeos tenían sobrepeso.

La prevalencia de la obesidad en los adultos se ha disparado un 138% desde esa fecha, con una progresión del 21% entre 2006 y 2016.

Según la OMS, la pandemia de covid-19 permitió tomar consciencia del impacto de la epidemia de sobrepeso en la región.

En paralelo, las restricciones (cierre de escuelas, confinamiento) "comportaron un aumento de la exposición a ciertos factores de riesgo que influyen en la probabilidad de que una persona padezca obesidad o sobrepeso", subrayó Kluge.

La pandemia está en el origen de unos cambios nefastos en los hábitos alimentarios y deportivos cuyos efectos, duraderos, deberían invertirse, defendió la OMS.

"Las intervenciones políticas que apuntan contra los determinantes medioambientales y comerciales de una mala alimentación […] son susceptibles de ser los más eficaces para darle un giro a la epidemia", consideró la organización.

Según la OMS, también conviene gravar las bebidas azucaradas, subvencionar los alimentos saludables, limitar la venta de alimentos nocivos a niños y apoyar los esfuerzos para incentivar la actividad física a lo largo de toda la vida.

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La crisis de valores de la psiquiatría mundial: Entrevista a Dainius Pūras

[El doctor Dainius Pūras, psiquiatra lituano y defensor de los derechos humanos, fue relator especial de las Naciones Unidas sobre el derecho de toda persona al disfrute del más alto nivel posible de salud de 2014 a 2020. En esta entrevista de “Conversaciones en psiquiatría crítica”, en Psychiatric Times, plantea la necesidad de un cambio en el statu quo de la atención a la salud mental. Como defensor de los derechos humanos, el doctor Pūras lleva más de 30 años haciendo campaña para reformar las políticas y los servicios de salud pública para las personas con enfermedades mentales, discapacidades y otros grupos vulnerables. Antes de ser relator especial de la ONU, fue miembro del Comité de los Derechos del Niño de la ONU de 2007 a 2011. Ha actuado como experto independiente y consultor de numerosos gobiernos, ONG y organismos de la ONU en relación con la promoción de los derechos humanos en los servicios de salud mental y física. Sus informes a la ONU como relator especial han criticado la excesiva dependencia sistémica de los enfoques biomédicos y las prácticas coercitivas en la psiquiatría en todo el mundo, abogando por un énfasis muy necesario en los enfoques basados en la salud pública y los derechos humanos.]

Awais Aftab: Háblenos un poco de la función del relator especial de la ONU y de lo que esperaba conseguir cuando aceptó este papel. Para los psiquiatras que puedan no estar familiarizados con sus informes de la ONU, ¿puede resumir cuál fue su principal mensaje para la comunidad psiquiátrica?

Dainius Pūras: La ONU tiene un mecanismo único de procedimientos especiales. El Consejo de Derechos Humanos de la ONU nombra relatores especiales sobre diferentes cuestiones relacionadas con los derechos humanos. Son expertos independientes. Trabajan gratuitamente, y la idea principal es que los relatores especiales, aunque tengan el mandato de la ONU, son independientes tanto de la ONU como de los Estados miembros (gobiernos). A través de sus informes y otros métodos de trabajo, los relatores especiales informan a la ONU, a los Estados miembros y a otras partes interesadas sobre las oportunidades, los retos y los obstáculos en el camino hacia la plena realización de los derechos humanos. Los relatores especiales también pueden hacer públicas las violaciones de los derechos humanos en un determinado país o, por ejemplo, los fallos sistémicos en el ámbito de las leyes y las políticas que conducen a violaciones de los derechos humanos.

De 2014 a 2020, tuve un mandato que se considera uno de los más amplios: el derecho a la salud física y mental. La salud mental fue mi prioridad, aunque también trabajé en diferentes temas relacionados con el derecho a la salud en general. En realidad, creo que esta separación de la salud física y mental ha allanado el camino a la discriminación y la estigmatización. Uno de mis objetivos era abordar la disparidad histórica y contribuir a la paridad de la salud mental y la salud física.

Mi principal mensaje a las partes interesadas (en primer lugar, a los Estados miembros) fue que el statu quo en las políticas y servicios de salud mental ya no es aceptable, y que ya es hora de abandonar las leyes y prácticas discriminatorias. En otras palabras, ha llegado el momento de un nuevo cambio de paradigma en este campo.

A.: ¿Cómo ha evolucionado su propio pensamiento en el transcurso de los últimos seis años como relator especial de la ONU? ¿Ha habido algún cambio en su perspectiva?

P.: Han sido años difíciles, inspiradores y gratificantes. El derecho a la salud mental era mi prioridad, y todo el mundo, incluidos los funcionarios de alto nivel de la ONU, apoyaba la idea de que había llegado el momento de sacar la salud mental de la sombra. Recuerdo mi reunión con el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, en octubre de 2018 en su despacho de Nueva York. Yo era entonces el presidente del Comité de Coordinación de los Procedimientos Especiales (unos 80 expertos independientes pertenecen a este mecanismo). Estábamos hablando de la situación mundial en materia de derechos humanos y el secretario general me pidió, entre otras cosas, que hiciera todo lo posible por la salud mental, señalando su apoyo a la causa.

Mi mandato era elevar la salud mental al nivel más alto posible de importancia, y hacer que pasara de los márgenes al centro de las políticas nacionales, regionales y mundiales. Con los esfuerzos concertados de muchos aliados, creo que pudimos tener un impacto global. Al principio, me preocupaba que hacer de la salud mental una prioridad se entendiera como el deseo egocéntrico de un profesional de la salud mental de impulsar su propio campo, e incluso podría haberse visto como un mal uso del mandato. En cambio, en Ginebra, en Nueva York y en muchas capitales se me pidió que siguiera con esta prioridad y que hiciera más. Mi percepción es que la salud mental se está convirtiendo por fin en una de las prioridades mundiales de la ONU, y este éxito es el resultado de los esfuerzos concertados de muchas personas y organizaciones.

Otra parte de mi plan, desde el principio, fue navegar por el amplio espectro de puntos de vista de la salud mental en todo el mundo, incluidos los desacuerdos obvios, y averiguar cómo avanzar. Especialmente si –y cuando– la salud mental recibe más recursos financieros, ¿cuál es la mejor manera de utilizar estos recursos? ¿Debemos apoyar el statu quo o intentar hacer las cosas de forma diferente? Tengo mucha experiencia regional y mi sueño durante muchos años ha sido que la subregión de Europa Central y Oriental, así como muchos países del sur global, se pongan al nivel de la calidad de los servicios de los países occidentales, o lo que ahora se llama el norte global.

Aunque sigo siendo crítico con los efectos de los regímenes totalitarios y autoritarios en la salud mental y en el bienestar de la sociedad, y estoy convencido de que la democracia es una necesidad para promover una buena salud mental, también me he vuelto más crítico con la situación en el norte global, donde el derecho a la salud mental no siempre se cumple. También me he vuelto crítico con los mensajes sobre salud mental global que se formulan y envían a la comunidad mundial desde los centros académicos del norte global. El cambio global hacia la adopción de un enfoque basado en los derechos humanos está siendo bloqueado principalmente por los centros de poder del norte global.

El cambio global hacia un enfoque basado en los derechos humanos está siendo bloqueado principalmente por los centros de poder del norte global 

Estos centros académicos tienden a apoyar el statu quo e ignoran sus efectos negativos cada vez más evidentes en muchas partes del mundo. Sostienen y apoyan la opinión de que la sombría situación en el campo de la salud mental y los derechos humanos puede mejorarse simplemente apoyando los sistemas y modelos actuales con más recursos. Los mismos mensajes provienen de las asociaciones psiquiátricas mundiales, regionales y nacionales. Estos mensajes se utilizan de forma creativa y se malinterpretan en muchas partes del mundo, pero en general suenan así: sí, hay problemas, pero primero tenemos que abordar la brecha de tratamiento con más recursos financieros para la salud mental. En otras palabras, los enfoques basados en los derechos humanos no se toman en serio, y se permiten excepciones que pasan por encima de los principios básicos de los derechos humanos, incluido el del consentimiento informado. Estas excepciones se convierten en la norma en muchas partes del mundo. De hecho, convierten los servicios de salud mental en entornos en los que se violan los derechos humanos de forma rutinaria. De ahí que el campo de la salud mental mundial siga siendo rehén de un legado de leyes y prácticas discriminatorias. Este triste hecho ha sido reconocido como una preocupación muy seria en tres resoluciones del Consejo de Derechos Humanos de la ONU (2016, 2017, 2020) sobre salud mental y derechos humanos.

Mis informes al Consejo de Derechos Humanos de la ONU (también algunos informes a la Asamblea General de la ONU) han advertido a los Estados miembros de la ONU y a otras partes interesadas de que todo el campo de la salud mental mundial debe liberarse de los obstáculos que refuerzan el círculo vicioso de la discriminación, la estigmatización, la institucionalización, la coerción, la sobremedicalización y el desamparo. El problema no es tanto la carga global de los trastornos mentales (que es otro mensaje que refuerza la excesiva medicalización). Más bien, el problema radica en los obstáculos que impiden la realización de los derechos en materia de salud mental. Estos son los obstáculos más graves que hay que abordar: las asimetrías de poder, el uso excesivo del modelo biomédico y las intervenciones biomédicas, y el uso sesgado del conocimiento y la evidencia. Esto no lo he descubierto yo, ni mucho menos. Me limité a recopilar estas crecientes preocupaciones en mis informes y a informar a las partes interesadas, instándolas a abordar estas situaciones inaceptables y a actuar en consecuencia.

A.: Usted tiene experiencia de haber vivido y trabajado como psiquiatra en la Unión Soviética. ¿Cuáles son sus observaciones sobre cómo las trayectorias de la psiquiatría como profesión médica han sido influidas por el comunismo y el capitalismo en Oriente y Occidente, respectivamente?

P.: Para tratar de resumir una larga historia, en Occidente el colonialismo y el capitalismo condujeron a un aumento de las desigualdades y la pobreza. Esta violación sistémica de los derechos económicos y sociales ha tenido un impacto negativo y generalizado en la salud mental y el bienestar, llevando a la medicalización y criminalización de los problemas sociales. Al otro lado del muro, el socialismo de estilo soviético se convirtió en un sistema totalitario, con intentos de igualar a los individuos por la fuerza a costa de los derechos políticos y civiles, destruyendo cualquier espacio para la sociedad civil y la iniciativa privada. Ese tipo de experimento social tuvo un impacto muy perjudicial en la salud mental del individuo y de la sociedad, con efectos duraderos. Incluso después de las revoluciones pacíficas y la llegada de la democracia a Europa Central y Oriental (ECE), esta región con 400 millones de individuos sigue sufriendo. La región tiene tasas muy elevadas de suicidio y otras formas externas de muertes prematuras, que pueden explicarse como reacciones al estrés social prolongado y como consecuencia de la falta de control de la población sobre su propia vida y salud bajo el régimen totalitario. La atención soviética a la salud mental era extremadamente reduccionista y utilizaba brutalmente la psiquiatría biológica, sin apenas intervenciones psicosociales eficaces.

Pero, ¿qué ocurrió cuando se derrumbó el muro y se abrieron finalmente las fronteras? Aunque muchos de nosotros en el Este esperábamos que el desarrollo de la salud pública y las intervenciones psicosociales contaran ahora con el apoyo de los socios occidentales, las cosas se desarrollaron de manera muy diferente. Muchos consultores, entre ellos famosos psiquiatras occidentales, vinieron e informaron a los políticos y psiquiatras de esta región, a menudo con el apoyo de la industria farmacéutica, de que la única forma eficaz de hacer frente a las epidemias de suicidio y otros problemas relacionados con la salud mental era invertir en medicamentos psicotrópicos. Esto coincidió con un cambio de paradigma en la psiquiatría occidental, el paso del psicoanálisis a la era del Prozac. Lamentablemente, esto dio lugar a una segunda ola masiva de medicalización de la atención a la salud mental en la región de Europa Central y del Este.

Incluso después de 30 años, los efectos de este error sistémico están presentes. Los sistemas de salud mental de esta región siguen sufriendo la institucionalización, la exclusión social y la sobremedicalización. Las reformas suelen estar bloqueadas por la idea predominante de que la atención a la salud mental consiste en arreglar las enfermedades mentales con intervenciones biomédicas. Esto es lo que ocurre cuando intentamos utilizar la química del cerebro para gestionar sociedades que atraviesan transiciones difíciles y complicadas.

Lituania, el país en el que vivo y trabajo, no es el único. En la región de la UE, muchos países tienen legados y escenarios similares. Lamentablemente, en muchos casos la psiquiatría académica se ha vuelto demasiado dependiente del statu quo y es reacia a transformar los servicios de salud mental. Las organizaciones de la sociedad civil han sido los verdaderos líderes.

Desde 2018 trabajo como director del Instituto de Vigilancia de los Derechos Humanos (HRMI), una de las organizaciones de la sociedad civil de derechos humanos de Lituania, que exige a las autoridades que respeten, protejan y cumplan sus obligaciones en materia de derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales. Las regiones de Europa Central y Oriental y Asia Central tienen una historia única y la realización de los derechos de salud mental aquí forma parte de la transición más amplia a la democracia. El legado del autoritarismo persiste en nuestras instituciones democráticas y es quizás más visible en nuestros sistemas de salud mental, que se basan en la exclusión y la institucionalización, siendo la biomedicalización reduccionista una solución común, pero ineficaz. En mi anterior función como relator especial de la ONU y en mi actual trabajo con la HRMI, me complace fortalecer la red de expertos y organizaciones que están dispuestos a abandonar el legado de la discriminación y avanzar hacia la plena aceptación de la atención a la salud mental como un derecho humano.

A.: Su informe de 2017 para el Consejo de Derechos Humanos de la ONU[1] provocó un debate bastante animado en revistas académicas como el Australian & New Zealand Journal of Psychiatry, donde se le acusó de tener un sesgo antipsiquiátrico[2]. Defendiendo esta caracterización, uno de los comentarios de Dharmawardene y Menkes fue el siguiente: “La medicina científica progresa en el contexto de un debate sólido, y las críticas legítimas a la psiquiatría son bienvenidas; la ciencia se basa en la evidencia y en la evolución de su utilidad... Por el contrario, la antipsiquiatría desacredita el papel de la biomedicina en la salud mental como una cuestión de principios y, al hacerlo, privilegia la política basada en valores sobre la evidencia científica”[3].

No creo que tenga mucho valor debatir las acusaciones de antipsiquiatría. Me temo que algunos de nuestros colegas tienen el gatillo fácil cuando se trata de hacer tales acusaciones. Sin embargo, ¿qué opina de la relación entre la política basada en valores y la evidencia científica? ¿Cree que una tiene un papel más privilegiado que la otra?

P.: El rasgo más preocupante de la psiquiatría es que su liderazgo, bajo la influencia de los partidarios de la línea dura, tiende a etiquetar como antipsiquiatras a los expertos que denuncian y abordan críticamente el statu quo. Por muchos capítulos dolorosos de la historia de la psiquiatría y la medicina, sabemos lo que ocurre con los descubrimientos en biomedicina cuando están desconectados de los valores y socavan los derechos humanos. Pueden llegar a ser peligrosos y dañinos. Y si los psiquiatras influyentes siguen repitiendo que los valores no son una prioridad en la atención de salud mental, no debería sorprendernos que la salud mental global y la psiquiatría global se enfrenten a una crisis que en gran medida es una crisis moral, o una crisis de valores.

Los avances de la medicina, incluida la psiquiatría, se basan en dos conceptos modernos. Estos conceptos son, en mi opinión, lo mejor que ha conseguido la humanidad. El primero es la medicina basada en la evidencia, y se trata de apoyarse en el método científico. Solo para aclarar, esa evidencia proviene de muchas ciencias, incluyendo las ciencias sociales. Muchas de las ciencias sociales nos dicen que el statu quo de la salud mental mundial no se basa necesariamente en la evidencia. Por ejemplo, el uso de medidas involuntarias para tratar cuestiones de peligrosidad y de necesidad médica: la evidencia dice que estas medidas pueden hacer más daño que bien.

El segundo concepto poderoso es el del enfoque basado en los derechos humanos. El enfoque de los derechos humanos protege a la medicina, incluida la psiquiatría, de hacer daño. No debemos olvidar muchos episodios tristes en la historia de la psiquiatría, y a menudo se produjeron porque se socavaron los valores en nombre de evidencias dudosas o arbitrarias. El enfoque de los derechos humanos y el científico se complementan. Pero las evidencias, como sabemos por la historia de la psiquiatría, pueden ser frágiles y tendenciosas, o producidas de forma deshonesta, y cuestionadas posteriormente. Y por eso los derechos humanos sirven como una poderosa barrera de protección.

El futuro moral y científico de la psiquiatría depende de que se tomen los valores tan en serio como las pruebas científicas

No es una coincidencia, creo, que la psiquiatría sea más sensible a los derechos humanos en algunos países que en otros. Pondré el ejemplo de Alemania. El diálogo más maduro que mantuve como relator especial sobre salud mental y derechos humanos fue con los líderes de la psiquiatría alemana. Ellos iniciaron una reunión conmigo durante el Congreso Mundial de Psiquiatría en Berlín, 2018, y luego organizaron una reunión muy importante en Berlín en 2019, invitando a la presidenta de la Asociación Europea de Psiquiatría (EPA), Silvana Galderisi, PhD, MD, y a mí como ponentes. (Es relevante aquí señalar que la respuesta de la EPA a mi informe de 2017 fue muy crítica). A esta reunión asistió un gran grupo de figuras importantes de la psiquiatría alemana. Fue bueno ver un deseo genuino de avanzar hacia una reducción radical de la coerción y un deseo de comprender la gravedad de las preocupaciones que estaba planteando sobre la violación de los derechos humanos en la psiquiatría en todo el mundo. En muchos otros países, sus líderes evitan las duras discusiones sobre salud mental y derechos humanos. Sospecho que los psiquiatras de Alemania son más conscientes de su historia y de lo que puede ocurrir cuando las pruebas supuestamente científicas se desconectan de los valores.

Para concluir, estoy convencido de que el futuro moral y científico de la psiquiatría depende de que se tomen los valores tan en serio como las pruebas científicas, y este futuro puede ser bastante brillante si se adoptan plenamente los derechos humanos.

A.: Usted considera que la eliminación de todo confinamiento y tratamiento psiquiátrico forzado es el ideal al que deberíamos aspirar. Tengo curiosidad por conocer su opinión sobre el tratamiento y el confinamiento involuntarios de personas con enfermedades neuropsiquiátricas en las que la capacidad de decisión se ha visto afectada; por ejemplo, el delirio y la demencia. Me resulta difícil ver cómo podemos mantener éticamente el objetivo de eliminar el tratamiento coercitivo en su totalidad cuando se trata de estas situaciones, a menos que quizás redefinamos coercitivo e involuntario para excluir las situaciones en las que hay un sustituto que toma decisiones. Pero si reconocemos la incapacidad de decisión como una justificación ética para condiciones como la demencia, entonces, ¿qué es diferente de la incapacidad de decisión como una justificación ética para el tratamiento involuntario en varios trastornos psicóticos?

P.: Esta cuestión forma parte de un difícil debate que debemos mantener como profesión y que contribuye a la situación de impasse. Reconozco los serios argumentos de los profesionales que advierten de la prohibición del tratamiento forzoso. Insisten en mantener el permiso legal para tratar a personas con enfermedades mentales graves de forma involuntaria en circunstancias excepcionales, de manera que se preserve la dignidad y la autonomía. Sin embargo, estas buenas intenciones están fallando.

En mis informes, y en algunas otras publicaciones (como este artículo de 2019 para World Psychiatry[4]), comparto las preocupaciones de expertos en diversos campos, como la filosofía, la neurociencia, la psicología y la economía, que cuestionan cada vez más los fundamentos de las excepciones que legitiman la coacción en la atención a la salud mental. La Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (CDPD) ha elevado este desafío al nivel del derecho internacional de los derechos humanos. De hecho, la CDPD pone en tela de juicio siglos de prejuicios legalmente sancionados. Sin embargo, sigue habiendo excepciones a nivel nacional en la legislación, la política y la práctica. Estas excepciones influyen en la norma, fomentando las asimetrías de poder, el uso excesivo de intervenciones biomédicas y el desempoderamiento de una población ya marginada. De ello se derivan violaciones sistémicas.

Para los psiquiatras y todas las profesiones sanitarias, un giro hacia los derechos humanos requeriría dejar de lado la toma de decisiones sustitutiva y ofrecer apoyo según la voluntad y las preferencias del individuo y, cuando no se conozcan, la mejor interpretación de su voluntad, sus preferencias y sus derechos.

Las prácticas coercitivas están tan extendidas que parecen inevitables, pero sugiero que demos la vuelta a nuestra forma de pensar y actuar. Asumamos que cada caso de uso de medidas no consensuadas es un signo de fracaso sistémico, y que nuestro objetivo común es liberar la atención sanitaria mental global de las prácticas coercitivas. Deberíamos buscar, con esfuerzos concertados, formas creativas de sustituir la toma de decisiones por el apoyo según la voluntad y las preferencias del individuo. Y esto se aplica a todos los individuos con psicosis. Si no avanzamos en esta dirección, los argumentos para la coerción seguirán siendo utilizados, y mal utilizados.

Entiendo que esta sugerencia puede sonar ingenua y poco realista para los psiquiatras pragmáticos. Pero si echamos un vistazo a la historia de la salud mental, ha habido muchos casos de cambios de paradigma. Comprendo que no es un camino fácil, pero tenemos que intentarlo, porque la otra perspectiva –mantener y reforzar el statu quo– ya no es una opción, dados los fracasos del statu quo.

Hay algunas señales prometedoras entre los líderes de la psiquiatría; por ejemplo, la declaración de posición de la Asociación Mundial de Psiquiatría sobre la necesidad de reducir la coerción en la atención de salud mental[5]. Sigo convencido de que la psiquiatría tiene un buen futuro si se une a otros actores importantes en el cambio hacia servicios de salud mental basados en los derechos y orientados a la recuperación.

A.: Usted ha criticado la división arbitraria de la salud física y mental y el consiguiente aislamiento y abandono de la salud mental, algo con lo que estoy muy de acuerdo. ¿Puede explicar con más detalle cómo su enfoque de la salud mental encaja con el rechazo a la división entre salud física y mental? Esto es crucial, porque tal distinción es a menudo mantenida de forma tajante por muchos en la comunidad crítica, que sostienen que la salud y la enfermedad son cuestiones aplicables solo al cuerpo físico y abogan por la completa desmedicalización del malestar, el deterioro y la discapacidad mentales.

Creo que no solo la salud mental, sino también la salud física deben ser razonablemente desmedicalizadas  

P.: Creo que no solo la salud mental, sino también la salud física deben ser razonablemente desmedicalizadas. La excesiva biomedicalización, con algunas tendencias hacia la nueva eugenesia, está amenazando a todo el sector sanitario y a los sistemas de salud. La psiquiatría y la salud mental están en una buena posición para recordar al resto del mundo médico que la medicina es en realidad una ciencia social, un sentimiento expresado relevantemente por el doctor Rudolf Virchow. Muchas personas en todo el mundo sufren la falta de servicios sanitarios esenciales que necesitan desesperadamente, pero la otra cara de la moneda es que muchas intervenciones diagnósticas y terapéuticas son excesivas y derrochadoras. He apoyado y promovido la iniciativa Elegir sabiamente (choosing wisely), una iniciativa de médicos de muchas partes del mundo que educa al público para que no abuse de la medicina y los servicios sanitarios.

Uno de mis informes a la Asamblea General de la ONU (en 2019) trataba sobre la educación médica. Lamentablemente, en muchas facultades de medicina, los futuros médicos se forman con demasiada frecuencia en torres de marfil. Esto no es una buena inversión para el futuro de la salud pública. Los derechos humanos en la atención al paciente, o la importancia de los determinantes sociales de la salud, no se priorizan en la educación médica. Volviendo a la salud mental, durante las últimas décadas el principal mensaje que han recibido los futuros médicos es que las afecciones de salud mental tienen que ver principalmente con anomalías biogenéticas o bioquímicas en el cerebro y que, por tanto, dichas afecciones deben tratarse predominantemente con intervenciones biomédicas. Mi deber era informar a los interesados de que este pensamiento simplificado y reduccionista no funciona.

Me preocupa cuando hablo con jóvenes psiquiatras. El marco de los derechos humanos les es desconocido o es un obstáculo para su sueño de curar los trastornos mentales, o para impedir los descubrimientos de la genética moderna. La psiquiatría académica debería replantearse qué tipo de conocimientos reciben los futuros médicos. Aunque el doctor Arthur Kleinman dio la voz de alarma sobre la necesidad urgente de cambios en la psiquiatría académica hace casi una década, las cosas no han cambiado mucho hasta ahora[6].

A.: Su asombro y admiración por el movimiento de usuarios de servicios es evidente en sus informes. En un punto de su informe de 2017, usted escribe: “Lo más importante ha sido los esfuerzos organizados de la sociedad civil, en particular los movimientos liderados por los usuarios y exusuarios de los servicios de salud mental y las organizaciones de personas con discapacidad, para llamar la atención sobre los fracasos de los servicios tradicionales de salud mental para satisfacer sus necesidades y garantizar sus derechos. Han puesto en tela de juicio las causas de las violaciones de los derechos humanos, han desarrollado tratamientos alternativos y han reconstruido una nueva narrativa para la salud mental”[7]. El auge de los movimientos de personas usuarias de los servicios es uno de los acontecimientos más significativos de las últimas décadas, y probablemente uno de los que más potencial tiene para la reforma a largo plazo. ¿Quiere explicar por qué es así?

P.: Efectivamente, el auge de los movimientos de personas usuarias y exusuarias de los servicios de salud mental es uno de los signos más impresionantes y prometedores de cambio en la salud mental mundial. Yo compararía su activismo con el de los activistas que luchaban y siguen luchando por los derechos de las mujeres o por los derechos de las personas de color. Las personas con discapacidades psicosociales son discriminadas en todo el mundo, y son discriminadas dentro y fuera de los servicios de salud mental. Creo que ha llegado el momento de acabar con esta discriminación y de apoyar a este grupo que ha sido oprimido durante tantos años y de tantas formas brutales. En gran medida, siguen siendo discriminados dentro de los sistemas de salud mental, porque tanto las leyes como las prácticas han creado enormes asimetrías de poder entre proveedores y usuarios de los servicios. Lo que se suele llamar el radicalismo del movimiento es que insisten en acabar con este legado de discriminación. La psiquiatría aún no ha abordado seriamente esta petición. Como ha sucedido en el resto de la medicina, la psiquiatría debería aceptar que ha llegado el momento de la asociación y las relaciones de colaboración entre dos grupos de expertos: los profesionales y los expertos por su experiencia vivida. Esta asociación debería reemplazar la anticuada visión paternalista de que el psiquiatra es el experto que sabe lo que es mejor para el paciente. Pero en muchos países, los grupos de usuarios y exusuarios de los servicios de salud mental o no existen, o son débiles y están controlados por los psiquiatras y las empresas farmacéuticas. Esto significa que el movimiento de usuarios y exusuarios de los servicios de salud mental todavía necesita tiempo para convertirse en un movimiento fuerte e independiente.

Los testimonios más impresionantes y dolorosos fueron los que escuché de mujeres, y a menudo tenían historias muy similares

Una cosa que quiero decir –y esto puede explicar mejor por qué los mensajes que formulé mientras ejercía el mandato de la ONU recibieron el apoyo de muchos usuarios y exusuarios de servicios– es que durante mis viajes conocí a personas que usan o han usado los servicios de salud mental y que compartieron su experiencia personal. Los testimonios más impresionantes y dolorosos fueron los que escuché de mujeres, y a menudo tenían historias muy similares, a pesar de ser de regiones muy diferentes. Por lo general, la historia es que la mujer es llevada por sus familiares a ver a un especialista debido a alguna condición de salud mental, y en algún momento comienza a darse cuenta de que está sola entre extraños y comienza a insistir en volver a casa. Pero entonces le dicen que se ha tomado la decisión de que necesita un tratamiento hospitalario para su problema de salud mental. Y entonces, tras sus desesperados intentos de disentir, la someten a medidas involuntarias. Al ser sometida a medidas de contención, se siente igual que cuando fue violada hace uno, cinco o diez años. Y entonces algunas de estas mujeres me imploraban, por favor, “diga a los psiquiatras y al resto del personal de los centros psiquiátricos que dejen de hacer esto”.

Y así, muy a menudo, durante numerosas reuniones con representantes de la psiquiatría, compartía esta historia. Las reacciones eran diferentes. Algunos se lo tomaban en serio. Pero la reacción de muchos profesionales, incluidos los psiquiatras académicos, fue que no debemos tomar en serio lo que dicen los pacientes psiquiátricos, y que las intenciones de las medidas involuntarias son siempre buenas, por lo que es un error ver paralelismos entre ellas y la violación. Si tal voluntad de descartar los sentimientos y testimonios está extendida, no puedo evitar pensar que la psiquiatría está realmente en una grave crisis.

De todos modos, el problema de la rendición de cuentas en la salud mental y la psiquiatría mundial sigue siendo muy grave. Si existe un acuerdo, incluso a nivel de las resoluciones del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, de que las violaciones de los derechos humanos siguen siendo generalizadas en los sistemas de salud mental, ¿quién debe rendir cuentas? La rendición de cuentas por los daños graves es importante, pero yo optaría por un cambio estructural. El cambio estructural garantizará que los días de discriminación y de abusos de los derechos humanos han terminado, y que los daños no se repetirán.

A.: Dado que usted es una figura bien considerada en la comunidad de usuarias de servicios, ¿qué consejo les daría respecto a cómo pueden seguir haciendo el buen trabajo que están haciendo sin perder la credibilidad científica?

P.: Las personas usuarias de los servicios que han sufrido coacciones y actitudes irrespetuosas pierden la esperanza, y pierden los nervios, cuando observan que la psiquiatría no está dispuesta a reflexionar seriamente y abordar los fallos del statu quo. Pero algunos representantes de las usuarias y exusuarias de los servicios de salud mental tienden a demonizar a la psiquiatría y a los psiquiatras. No estoy de acuerdo con eso. Si se demoniza al oponente, y si se insiste en llamar a los psiquiatras criminales que deberían ser llevados ante la justicia, entonces se pierde toda oportunidad de entablar un diálogo. No es de extrañar que los líderes de la psiquiatría utilicen a menudo esas declaraciones como excusa para mantenerse en una posición defensiva y no abrirse a una autorreflexión crítica.

A.: Como corolario de mi pregunta anterior, ¿qué consejo daría a los psiquiatras que ven a la comunidad de consumidores/supervivientes/expacientes con recelo y desconfianza? ¿Cómo pueden los psiquiatras desarrollar más relaciones de colaboración con los usuarios de los servicios?

P.: Me gustaría destacar el lado positivo de la situación actual, aunque estoy de acuerdo en que las tensiones existen. Hay muchos psiquiatras en todo el mundo que están trabajando en colaboración y con éxito con las usuarias de los servicios y sus organizaciones. Estas asociaciones pueden ser muy productivas. Mis informes destacan algunos de estos modelos innovadores. Para responder a su pregunta, recomendaría que los psiquiatras estuvieran más abiertos a las iniciativas que se basan en prácticas no coercitivas y que liberan a ambas partes, proveedores y usuarias de servicios, de la trampa de las relaciones paternalistas.

A.: Asyou señaló en su informe de 2017: “En algunos países, el abandono de los manicomios ha creado un camino insidioso hacia la falta de hogar, el hospital y la prisión”. Eso es ciertamente así en EE UU, donde las personas enfermas mentales graves experimentan tasas mucho más altas de falta de vivienda y encarcelamiento. Por el contrario, en muchas otras partes del mundo las condiciones no son mejores, como informa Human Rights Watch. Un número escandalosamente elevado de personas con enfermedades mentales en todo el mundo pasan sus vidas encadenadas como si fueran ganado. Yo mismo, cuando vivía en Pakistán, vi a un individuo con una enfermedad psicótica encadenado a un árbol en un pueblo, sin acceso a la atención médica y con la familia poseyendo una concepción premédica de la locura. Esto me sugiere que centrarse exclusivamente en los diagnósticos y tratamientos biomédicos como el hombre del saco es ingenuo, y subestima gravemente el esfuerzo colectivo que se requiere de la sociedad para garantizar una atención humanista y eficaz a los enfermos mentales. ¿Qué opina de esta dinámica?

P.: Tengo muchas ideas sobre esta dinámica. En primer lugar, es cierto que los derechos humanos de las personas con enfermedades mentales se violan fuera de los servicios de salud mental. Sufren en las calles, en las cárceles y son discriminados. Es interesante que la psiquiatría mundial, incluida la AMP y las asociaciones psiquiátricas regionales y nacionales, haya hecho mucho en este sentido y debe ser elogiada por plantear estas cuestiones y luchar por los derechos humanos, no solo para las personas con problemas de salud mental, sino también para muchos otros grupos en situaciones vulnerables (por ejemplo, las personas LGBTQ+). Veo aquí una paradoja. La profesión psiquiátrica ha estado muy comprometida y ha tenido éxito en la promoción de los derechos humanos más allá de las paredes del sistema de salud mental, mientras que dentro de los sistemas de salud mental la historia ha sido más complicada, en donde la psiquiatría ha mantenido su propia interpretación de los derechos humanos dentro de los sistemas asistenciales.

Todos debemos ser conscientes de que el virus del nacionalismo populista sigue atacando los principios universales de los derechos humanos, y necesitamos la unidad de muchas fuerzas progresistas de todo el mundo para defender lo mejor que ha conseguido la humanidad: la protección y la promoción de los derechos humanos, que son indivisibles e interdependientes. ¿Cómo podemos esperar que los gobiernos protejan los derechos de las personas con discapacidades psicosociales y otros problemas de salud mental si no se toman en serio los derechos humanos de todas?

A.: En medicina, no hay que hacer ninguna distinción fundamental entre los enfoques biomédicos y los enfoques de salud pública. Felizmente, ambos coexisten. Los expertos en salud pública pueden centrarse en los determinantes sociales de, por ejemplo, la tuberculosis o la disentería, mientras que los médicos pueden tratar a las personas afectadas con intervenciones médicas; el objetivo de los responsables políticos es garantizar que se proporcionen recursos tanto para las medidas de salud pública como para el tratamiento individual (algo que, por desgracia, no suele ocurrir). Sin embargo, cuando se trata de la psiquiatría, el tono del debate parece cambiar drásticamente. En lugar de abogar por enfoques de salud pública y abordar los determinantes sociales de la salud como complemento de la atención individual, vemos que algunos críticos argumentan que el propio modelo médico es el culpable, y que deberíamos abandonar los diagnósticos porque estos sitúan el problema dentro del individuo. ¿A qué cree que se debe esta diferencia?

P.: En mi opinión, la tensión existe también en el resto de la medicina. Pero sí, estoy de acuerdo en que la tensión es mayor en el ámbito de la salud mental. Una posible explicación sería que hay más claridad sobre la eficacia de las intervenciones biomédicas en aquellas áreas de la medicina en las que se han identificado marcadores de patología. En algunas áreas, como la oncología, los logros de la biomedicina han sido notables. Podría haber más coherencia en cuanto a la financiación de los esfuerzos dirigidos a la prevención y el tratamiento del cáncer.

En cambio, si tomamos la mayoría de los problemas de salud mental, hay una grave falta de claridad. Si decimos que la depresión se encuentra entre las afecciones sanitarias más prevalentes y con enormes costes para la sociedad, no está claro cuál es la mejor manera de abordar esta cuestión. ¿Con un enfoque de salud pública o dirigiéndose al cerebro de los individuos? De acuerdo, podemos intentar encontrar una solución diciendo que es necesario un amplio espectro de diferentes intervenciones basadas en la población y orientadas a los individuos, pero esto no minimiza las tensiones subyacentes. En este momento, por ejemplo, no hay acuerdo entre los expertos sobre si el tipo de intervenciones psiquiátricas que predominan en el norte global para el tratamiento de la depresión (como los antidepresivos y las terapias individuales) son las intervenciones más adecuadas para su aplicación en el sur global. De ahí la tensión.

A.: El discurso en torno a la psiquiatría está muy polarizado, como se puede juzgar por las reacciones a sus informes. ¿Cómo debemos entender esto? ¿Cómo podemos ayudar a las personas bien intencionadas que se encuentran en lados opuestos a encontrar un terreno común? Debido a la naturaleza polarizada del discurso, tendemos a olvidar que a menudo es más lo que nos une que lo que nos separa. Por ejemplo, podemos estar en desacuerdo sobre si es posible la eliminación completa de la atención involuntaria, pero podemos estar de acuerdo en que debemos tomar medidas para reducir la necesidad de atención involuntaria tanto como podamos, y en lo que debe ocurrir para tomar esas medidas. Del mismo modo, en lugar de insistir en que se abandonen los diagnósticos psiquiátricos, podemos encontrar un terreno común en el reconocimiento de las limitaciones de los diagnósticos psiquiátricos y la necesidad de reestructurar la educación, la investigación y la prestación de servicios para ayudar a abordar esas limitaciones.

P.: ¡Esta pregunta probablemente resume toda nuestra discusión! Sí, la polarización es bastante grave, y sí, nos hace aún más difícil superar los impases y avanzar. Pero esta dinámica también es muy significativa. El proceso tiene mucho sentido. El doctor Stefan Priebe y sus colegas han escrito que “los paradigmas no son verdaderos ni falsos, simplemente son más o menos útiles para generar hipótesis comprobables y fomentar el progreso”[8]. Probablemente, el éxito de un modelo puede predeterminar su fracaso, ya que el modelo se convierte en víctima de su propio éxito. La era psicoanalítica fue sustituida por el paradigma biomédico, y ahora ha llegado el momento de preguntarse qué tipo de paradigma sustituirá el dominio del modelo biomédico.

A.: Gracias.

 

Awais Aftab es psiquiatra. Es miembro del consejo ejecutivo de la Asociación para el Avance de la Filosofía y la Psiquiatría y ha participado activamente en iniciativas para educar a los psiquiatras y aprendices sobre la intersección de la filosofía y la psiquiatría. También es miembro del Consejo Asesor de Psychiatric Times

https://www.psychiatrictimes.com/view/global-psychiatry-crisis-values

Traducción: viento sur

29 abril 2022

 

Notas:

[1] Pūras, Dainius (2017) “Informe del relator especial sobre el derecho de toda persona al disfrute del más alto nivel posible de salud física y mental”. Office of the High Commissioner for Human Rights, United Nations Human Rights.

[2] Dharmawardene, Vajira; Menkes, David B. (2019) “Responding to the UN Special Rapporteur’s anti-psychiatry bias”. Aust N Z J Psychiatry, 53(4): 282-283; Cosgrove, Lisa; Jureidini, Jon (2019) “Why a rights-based approach is not anti-psychiatry”. Aust N Z J Psychiatry, 53(6): 503-504; McLaren, Niall (2019) “Criticising psychiatry is not antipsychiatry”. Aust N Z J Psychiatry, 53(7): 602-603.

[3] Menkes, David B.; Dharmawardene, Vajira (2019) “Anti-psychiatry in 2019, and why it matters”. Aust N Z J Psychiatry, 53(9): 921-922.

[4] Pūras, Dainius; Gooding Piers (2019) “Mental health and human rights in the 21st century”. World Psychiatry, 18(1): 42-43.

[5] Rodrigues, María; Herrman, Helen; Galderisi, Silvana; Allan John, et al. (2020) “Implementing alternatives to coercion: a key component of improving mental health care”. World Psychiatric Association. Octubre.

[6] Kleinman, Arthur (2012) “Rebalancing academic psychiatry: why it needs to happen-and soon”. The British Journal of Psychiatry, 201(6): 421-422.

[7] Pūras, Dairius. (2017) “Informe del relator especial sobre el derecho de toda persona al disfrute del más alto nivel posible de salud física y mental”. Office of the High Commissioner for Human Rights, United Nations Human Rights.

[8] Priebe, Stefan; Burns, Tom; Craig, Tom K. (2013) “The future of academic psychiatry may be social”. The British Journal of Psychiatry, 202(5): 319-320.

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