Sábado, 18 Septiembre 2021 06:15

Ayuda en ruinas

Ayuda en ruinas

Cuando hace 11 años el terremoto pulverizó a Haití, junto con miles de casas –y más de 200 mil víctimas– cayó, como un castillo de naipes, todo el Estado haitiano. Literalmente. Todas las sedes de los ministerios –junto con el emblemático Palacio Presidencial– quedaron en ruinas, salvo una. Más allá de lo anecdótico, la verdad es que el mundo nunca estuvo interesado en que en Haití existiera un organismo estatal fuerte. Sólo un servil “centro colonial”.

Por eso desde hace décadas –ya cuando finalmente se aceptó la sola existencia de este país– se privilegiaba “la ayuda internacional” canalizada por fuera del Estado mediante el incontable número de organismos internacionales y oenegés. Así, éstas, al ir suplantando las funciones que correspondían al Estado, lo minaban aún más. Y cuando se le daba el dinero a los gobiernos “útiles” –para el “desarrollo”, para la “infraestructura”, etcétera– como el de Jean-Claude Baby Doc Duvalier (1971-1986) o los de los “neo-duvalieristas”, como Michel Sweet Micky Martelly (2011-2016) y el recientemente asesinado Jovenel The Banana Man Moïse (bit.ly/3CgTgEo), el mundo cerraba los ojos cuando éstos se forraban los bolsillos (bit.ly/3zdK7uj).

Cuando hablé hace unos años de esto con Alex Dupuy, el sociólogo haitiano, autor de un estudio denominado Haiti and the world economy, the fault of the Haitian underdevelopment, éste apuntaba a razones estructurales del subdesarrollo: “no es que ‘el mundo le haya dado la espalda al país’; todo lo contrario: la pobreza haitiana es consecuencia directa de los intereses de los imperios –Francia, Estados Unidos– y de los perversos vínculos con los mercados internacionales: desde la colonia hasta la desregulación neoliberal”. Durante esta última, iniciada por Baby Doc, se alentó p.ej. migración masiva del campo a las ciudades para proporcionarles a las maquiladoras mano de obra barata, la misma “solución” que fue ofrecida después del terremoto de 2010 (bit.ly/2XkaIsw).

Se forzó la privatización de casi todas las áreas de economía y esfera social, junto con la abolición de aranceles, algo que ató a Haití completamente a la importación de granos desde Estados Unidos. Cuando hacía falta –cuando al poder llegaba una fuerza que en ojos de los haitianos representaba el cambio, como Jean-Bertrande Aristide con su Fanmi Lavalas (1991 y 2004)–, el mundo literalmente sacudía al Estado haitiano. Venían los coups d’etat.

De hecho, la “oenegenización” de Haití fue diseñada antes como estrategia de asfixia y bullying, “para no darle chance a Aristide” (bit.ly/3nxOiiD). “Si sólo en décima parte el mundo estuviera tan eficiente en (re)construcción del Estado en Haití, como lo ha sido en su destrucción...”, decía Dupuy.

La prometida, tras 2010, por la “comunidad internacional” reconstrucción –ideada por Paul Collier, el “especialista en combate a la pobreza” e implementada por... Bill Clinton– que privilegió el modelo de la exportación por encima p.ej. de la reactivación del campo para garantizar la seguridad alimenticia, era en sí misma, una catástrofe.

Los esquemas de “ayuda” diseñadas desde una lógica neolocolonial marginalizaron a los haitianos. De cada 100 dólares que donó el gobierno estadunidense, 98.40 regresaron a Estados Unidos en forma de contratos o sueldos. “Tras el terremoto, Haití se convirtió en una ‘Republica de las oenegés’, dónde el inexistente Estado no tenía ninguna capacidad para responder a las necesidades de sus ciudadanos”, decía Dupuy. El argumento de la “corrupción” –para no financiar al gobierno–, tras el caso de Duvalier (cuando p.ej. el Fondo Monetario Internacional sabía que sus fondos acababan directamente en bolsillos de los tonton macoutes), –y luego Martelly o Moïse–, sonaba aún más hueco ante el escándalo que involucró a los empleados de Oxfam en una red de prostitución (bit.ly/2XkI62a).

Así que cuando el mes pasado, cuando todavía no bajó el polvo después del asesinato del presidente, otro terremoto golpeó al país –esta vez con “apenas”algo más de 2 mil víctimas (bit.ly/3kcZLlF)– nuevamente han sido expuestos todos los puntos ciegos del modelo dominante de “ayuda” (bit.ly/3960Ntn).

“Haití necesita ayuda, pero no de los oenegeros que no bajan de sus camionetas blancas” era una de las críticas más suaves (bit.ly/3CjdcGX).

A pesar de que ahora –como las veces pasadas– los haitianos han sido siempre los primeros en organizar y brindarla (bit.ly/3k9PkPM), el mundo, por más increíble que parezca, seguía ignorando la necesidad de articularse con organizaciones locales –viendo al país como un “desierto social”, cuando en realidad cuenta con riquísima experiencia de autorganización desde abajo– y mostrándose incapaz de abandonar el modelo de asistencia que prioriza las ganancias de los que la ofrecen.

La única vía –como bien apuntaban en este contexto unos activistas– es: i) parar “la pornografía del desastre”; ii) invertir en la capacidad de los haitianos; iii) apoyar las prioridades identificadas localmente; iv) enfocar los proyectos en los contrapartes locales y la relación con ellos; v) coordinar o notificar sus pasos a los oficiales locales y al ministerio correspondiente (bit.ly/3hvMz9J). El hecho de que su sede –como el propio Palacio Presidencial, el mejor ejemplo del fracaso de las promesas de hace 11 años– pueda continuar aún en ruinas, no es ninguna excusa para no hacerlo.

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Jueves, 16 Septiembre 2021 05:22

El camino de Damasco

La conversión de San Pablo (Luca Giordano, 1690). Musée des Beaux-Arts de Nancy

Las cosas pequeñas no salvan, pero sostienen. Agarran. Por eso constituyen una garantía de supervivencia y un peligro

 

Como todos sabemos, Paulo de Tarso, San Pablo para los cristianos, se cayó del caballo camino de Damasco y se convirtió así en el verdadero fundador de la Iglesia de Cristo. ¿Pero acaso sabemos cuántos más, antes y después de él, se cayeron en ese mismo tramo del camino? Quizás fueron decenas que no han dejado la menor huella en la memoria. Quizás miles se cayeron, se sacudieron la ropa y reanudaron la marcha, ignorando la llamada de Dios porque preferían acudir a la llamada de la amada, de la taberna o del partido de los domingos. Quizás muchos reemprendían la marcha llevando cautelosamente el caballo de la brida, no fuera que a Dios se le ocurriera llamarlos de nuevo. Quizás todo el mundo sabía que Dios se había instalado precisamente en ese punto del camino de Damasco y por eso algunos elegían una calzada alternativa y los que no tenían más remedio que pasar por allí lo hacían a pie o en un asno lento y plebeyo, para amortiguar la costalada. Quizás había incluso un letrero en la cuneta que advertía del riesgo, como los que hoy en nuestras carreteras indican “curva peligrosa”; y San Pablo lo tomó a sabiendas de lo que hacía, atraído, como era propio de él, por todas las experiencias extremas e irregulares.

La expresión “caída de Damasco” se utiliza para referirse a esa revelación inesperada que parte en dos una vida; al –así llamado– “momento de la verdad” en el que se decide el curso de la existencia. Es lo que, en los aledaños del concepto, los griegos y luego los cristianos denominaron kayros, término traducido a menudo como “oportunidad”; y no deja de ser curioso –o inevitable– que esta idea muy filosófica se la haya apropiado hoy la gestión empresarial para localizar y transmitir a sus soldados el momento “verdadero” en el que, cautivo en las redes del agente de viajes, el cliente decide comprar el producto: la oportunidad, en definitiva, de un negocio. Kayros era para los griegos, frente a Cronos, el tiempo corto, intenso, decisivo, en el que el Destino, por así decirlo, aflojaba la mano; y en el que, por tanto, el Carácter, según la reflexión de Walter Benjamin, se hacía cargo, por unos instantes o por unos días, de la propia experiencia vital. Para los creyentes, digamos, Dios es el Carácter del Mundo que, en el camino de Damasco, deshace el Destino de Saulo y lo reencarrila en un nuevo fatum ya sin retorno o, si se quiere, despojado a partir de ahora de todo Carácter propio. Para los no creyentes, en cambio, lo que los cristianos llaman “revelación” no es más que la manifestación más radical del Carácter frente al acoplamiento rutinario a ese Destino común siempre al trote, sin caídas estrepitosas, que preside las vidas normalas y norbuenas de los seres humanos de a pie: el Carácter, en definitiva, que derriba el caballo llamado Destino. Lo bonito de las hagiografías cristianas es que nos hablan de una época maravillosa en la que la gente se “convertía”; es decir, se sustraía de pronto, en un kayros fulminante, a su destino familiar, social y religioso. La idea misma de “conversión”, expresión de un volteo disruptivo y radical, nos recuerda dos cosas muy importantes: la primera, que es posible e inevitable cambiar; la segunda, que en la vida humana son más frecuentes (¡y no digamos bajo el capitalismo!) los accidentes que los cambios.

En realidad, no es cierto. En realidad cambiamos sin cesar, pero no nos damos cuenta, salvo retrospectivamente, porque los cambios no suelen ser consecuentes a una conversión; incluso los accidentes se incorporan blandamente a una vida cuya monótona continuidad es la centralidad del yo. No nos damos cuenta porque después de afiliarnos a una nueva iglesia o a un nuevo partido –valga decir– nos seguimos reconociendo en el espejo. Quizás en el recuerdo, a los sesenta años, localizamos en nuestro pasado dos o tres “momentos de la verdad” en los que –enseguida reparamos– intervinimos poco o nada o intervinimos de tal modo que, en ese momento crucial, nos parecía estar cediendo más al Destino que imponiendo nuestro Carácter. Frente a la idea de “conversión”, que ilumina un kayros o “momento de la verdad”, las vidas normalas y norbuenas van acumulando decisiones, si se quiere, homeopáticas. Es verdad: en algún sentido muy radicalmente existencialista podríamos decir, sí, que en las vidas normalas y norbuenas cada momento es el momento de la verdad porque cada momento es el momento en el que, contra la náusea y el cansancio, decidimos no cambiar de vida; cada momento es, aún más, el momento de la verdad porque cada momento es el momento en que decidimos no suicidarnos, pues es también el momento en que suena el teléfono móvil, borbotea la olla en el fogón o queda una cerveza en la nevera. Lo que ocurre es que, si cada momento es el momento de la verdad, no hay en puridad ningún momento más verdadero que otro. No hay “momentos de la verdad”. Por muy deprisa que cambien nuestras costumbres y nuestras opiniones (¡y bajo el capitalismo altamente tecnologizado cambian casi cada día!) ninguno de esos cambios, mientras lo vivimos, podemos fecharlo o anclarlo en una experiencia de revelación paulina.

Nuestras vidas, por tanto, se componen de decisiones y transformaciones homeopáticas. La homeopatía es completamente inútil para curar enfermedades, pero provee, frente a la “conversión”, una buena metáfora para describir la normalidad y norbonidad de la existencia humana, y ello en la medida en que invierte el conocido adagio: “a grandes males grandes remedios”. La homeopatía, en efecto, nos sugiere más bien lo contrario, la idea de que a grandes males hay que oponer pequeños o pequeñísimos remedios, los cuales, a veces, como el famoso “recuerdo del agua”, no mantienen ya ninguna relación con el mal original. De hecho, nuestras decisiones homeopáticas discurren casi siempre completamente en paralelo al Destino de cuya entraña surgen. Es lo que en otro tiempo llamábamos “supersticiones” y “neurosis”: dos fenómenos casi indiferenciados que convergen en un gesto diminuto, concreto y reglado, que nos relaja de una tensión estructural, abstracta y gigantesca. Pondré un ejemplo negativo y otro positivo. El negativo: un hombre (o una mujer), abrumado por el paro y la pobreza, privado de todo poder y que acaba de escuchar una noticia realista y apocalíptica sobre el cambio climático, propina con alivio un bastonazo al perro que se acerca a lamerle la rodilla. El positivo: un hombre (o una mujer), abrumado por el paro y la pobreza, privado de todo poder y que acaba de escuchar una noticia realista y apocalíptica sobre el cambio climático, acude a la cama donde duerme su hijo de cuatro años (ahora que precisamente no hace frío) y lo arropa y le ahueca la almohada para protegerlo de todo mal.

Las cosas pequeñas no salvan, pero sostienen. Agarran. Por eso constituyen una garantía de supervivencia y un peligro. Miles de millones de personas haciendo gestos pequeños en paralelo a la Historia que trabaja contra ellos ofrece la imagen más tierna, esperanzadora y preocupante que cabe concebir en un mal momento.

¿Cuáles no lo son? ¿Cuáles no lo han sido? Porque no es ya el Destino sino la Historia la que preside, como un destino, nuestras vidas. Curiosamente, si la vida humana, la normala y la norbuena, está compuesta de decisiones homeopáticas sin “momentos de la verdad”, percibimos la Historia, en cambio, cada vez que bregamos en ella, como compuesta sólo de “momentos de la verdad” a cuya llamada sería irresponsable o criminal no responder. Pero ni la normalidad-norbonidad es puramente reproductiva u homeopática ni la Historia, ya totalmente absorbida en el capitalismo, es el camino de Damasco. Podemos percibir como un peligro la normalidad y norbonidad de los que, derribados del caballo, se sacuden el polvo y reemprenden a pie su monótono avatar. Pero podemos percibir como no menos peligrosa la concepción de la política que considera la Historia un permanente sobresalto de kayros de emergencia, frágiles, apremiantes y finalmente desperdiciados. Es como si no hubiera enlace posible entre la homeopatía humana, sin la cual la vida social no es posible, y la intervención en la Historia, sin la cual la salvación no es posible. Ahora bien, la única solución para la especie es que haya alguno: que el lujo –pues es un gesto innecesario y hermoso– de arropar a un niño cambie, y no sólo sostenga, el mundo y que cada kayros desperdiciado se funda con la vida y no se pierda para siempre.

Pensemos en la política española de la última década.  ¿No nos queda un poco la sensación de que hemos perdido muchas oportunidades por el temor a perder la oportunidad irrepetible en que se decidía nuestro destino? Y esa impaciencia, en la medida en que ha dejado fuera muchos gestos homeopáticos, ¿no ha abierto una “ventana” –aún más que la normalidad del que no atiende la llamada– a la política del enemigo?

Los grandes remedios son también grandes males. Ni siquiera la urgencia del cambio climático debería llevarnos a olvidar esa gran enseñanza del siglo XX. No debemos dar bastonazos al perro; no debemos dejar de arropar al niño.

Por Santiago Alba Rico 15/09/2021

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Marta Gómez: "Es muy triste ser de Colombia en este momento"

La cantautora presenta este domingo por streaming el espectáculo "Cuando todo pase"

El espectáculo hacía referencia originalmente a la pandemia, pero ahora adopta un nuevo sentido. Pese al desencanto frente a la crisis que vive su país, Gómez señala: "ahora los jóvenes en las calles están dando sus vidas para que nuestro futuro tenga algo de dignidad en un país tan injusto".

La cantautora colombiana Marta Gómez sigue con mucha preocupación lo que sucede en su país. Desde abril, la crisis social, económica y política se agravó en Colombia luego de que el presidente, Iván Duque, intentara imponer una reforma tributaria en plena pandemia. Organizaciones sociales, sindicales y estudiantiles, agrupadas en el Comité Nacional del Paro, salieron a las calles para protestar e impidieron el impuesto. Pero denuncian abuso de poder, violaciones a los derechos humanos, desaparición de personas y militarización de parte del gobierno. “Por un lado, es una situación horrible de miedo y desesperanza. Y por otro, los jóvenes que están en la calle reclamando cosas tan lógicas, tan humanas y tan básicas, como el derecho a la salud y a la educación pública, inyectan esperanza y ganas de luchar”, dice Gómez desde Barcelona, donde reside desde hace más de diez años.

“Pero es muy triste y doloroso ver desaparecidos y torturas; son cosas que nosotros habíamos visto en Colombia siempre desde lejos, en el campo y en la guerra. Pero verlo ahora en las ciudades ha sido un golpe muy duro. Y para los que estamos lejos es muy frustrante ver a la población armada, con complicidad de la policía”, reflexiona la cantautora. “Y gracias a que las personas en la calle están filmando con el celular todo lo que sucede se han salvado muchas vidas, pero aun así hay muchos desaparecidos. Es muy triste ser de Colombia en este momento”, dice. Y la forma que encuentra de acompañar es seguir creando canciones, estar en contacto permanente con sus coterráneos y difundir el conflicto desde sus redes sociales. “El arte es lo que nos va a salvar como especie”, sostiene.

De este modo, la cantautora realizará este domingo al mediodía un concierto por streaming a través de la plataforma Passline. El espectáculo se llama "Cuando todo pase" y originalmente hacía referencia a la pandemia, pero ahora adopta un nuevo sentido. “Es muy bello, porque la canción surgió en la pandemia. Y cada vez que la canto pienso en la situación en Colombia y me encanta porque la música permite eso”, cuenta quien también está repasando veinte años de trayectoria. “En estos días se está celebrando el cumpleaños de Violeta Parra y buscando canciones de ella para cantar, me encontré con ‘La carta’ y pensé: ‘¡Parece que hubiera sido escrita hoy para Colombia!’. Por un lado, qué triste que la historia se repita; pero por otro, qué bello que la música tenga esa atemporalidad y nos dé fuerzas. Y que de las cosas más horrendas pueda salir algo de belleza”.

La compositora colombiana estará acompañada por el pianista Antonio Mazzei y el show se podrá ver en Argentina, Chile y Uruguay. La idea es repasar canciones de todos sus discos: desde Marta Gómez (2001) hasta El corazón y el sombrero (2011), en el que musicalizó doce poemas de Federico García Lorca en clave folklórica, además de canciones infantiles. “Quería que fuera un momento de unión en la familia. Y vamos a aprovechar las redes para leer todo lo que me dicen y componer juntos los versos de la canción ‘Cuando todo pase’”, adelanta esta cantora que profundiza en la canción popular latinoamericana. “Tengo tatuada una frase de una canción argentina en un brazo, ‘Canción para un niño en la calle’ (Armando Tejada Gómez), y en el otro tengo un dibujo de Violeta Parra”, resalta sobre su amor por Sudamérica. “A Uruguay nunca fui, pero escucho hace mucho tiempo la música de Rubén Rada, Jorge Drexler y Jaime Roos ¡Me muero por conocer!”, confiesa.

  -¿Y la música puede ser un buen canal para comunicar el conflicto en Colombia?

  -Yo espero que sí, siempre lo he pensado. De hecho me emociona cada vez que me mandan videos de las manifestaciones de personas cantando "Para la guerra nada". Que es una canción muy directa, que no tiene manera de desviarse. Por supuesto que la música es un bálsamo y espero que sirva como un abrazo, pero en días como estos a mí se me parte el corazón. La orquesta de jóvenes estudiantes de Cali, de mi ciudad, hizo un cacerolazo sinfónico y también se reunió a tocar algunas de mis canciones. Espero que la esperanza me vaya volviendo, pero la situación es muy dolorosa. Desde hace muchísimos años la población está absolutamente olvidada. Y ahora los jóvenes en las calles están dando sus vidas para que nuestro futuro tenga algo de dignidad en un país tan injusto.

Por Sergio Sánchez

06 de junio de 2021

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Lunes, 30 Diciembre 2019 07:17

Luces

Luces

Las luces que irrumpen, interrumpen, enfrentan la oscuridad que inunda este país, deben ser la noticia más importante en esta coyuntura estadunidense.

Aunque se tiene que usar la palabra “neofascismo” para describir de manera objetiva lo que sucede en esta nación, sorprendentemente también se tiene que usar la palabra “socialismo” (en las tres décadas de reportar sobre este país, nunca me imaginé que algún día tendría que usar esas dos palabras para informar sobre una coyuntura aquí).

La labor periodística de cubrir al régimen trumpista es incesante, pero esa no es la única nota. La otra igual, o tal vez, más importante, es sobre aquellas luces que desafían el asalto más siniestro y cruel en tiempos recientes, y que en gran medida brotan como respuesta a dos problemas fundamentales de nuestros tiempos: la desigualdad/injusticia económica producto de políticas neoliberales y el cambio climático.

Algo inédito este año es que la mayoría de los jóvenes y un amplio sector de la población aquí dicen favorecer el “socialismo”, y ahora hasta las cúpulas políticas y mediáticas admiten que ya no pueden descartar que Bernie Sanders, quien se define como un “socialista democrático”, gane la nominación como candidato presidencial del Partido Demócrata.

El fenómeno de Sanders es nutrido por diversos movimientos y luchas anteriores, que se suman a su llamado por una “revolución política” para recuperar esta democracia de las manos del uno por ciento más rico y devolverla a las mayorías.

Este fenómeno ya está ganando a nivel local y estatal, y en elecciones recientes una nueva generación de políticos, no pocos de ellos llamándose “socialistas”, fueron electos a gobiernos locales en varios puntos del país (en Chicago, seis concejales socialistas ganaron escaños).

A la vez, movimientos encabezados o impulsados por jóvenes están cambiando la dinámica política de Estados Unidos. Sorprendió a todos: adolescentes encabezaron y organizaron una de las movilizaciones más grandes del año, con más de 250 mil en las calles de Nueva York, y millones más en el mundo, inspirados por Greta Thunberg. A la vez, otras vertientes de esa expresión se organizaron en el Sunrise Movement, que está obligando a candidatos y políticos a definirse en torno a la crisis ecológica y adoptar una agenda progresista sobre la propuesta de un New Deal Verde (https://www.sunrisemovement.org). En las últimas semanas, artistas como Jane Fonda y Lily Tomlin se han sumado a las acciones de desobediencia civil de estos movimientos para denunciar la falta de respuesta al cambio climático por las cúpulas políticas y empresariales del país.

March for our Lives, encabezado por jóvenes que han sobrevivido tiroteos masivos en sus escuelas, no han dejado de asustar a políticos con su perseverancia y esfuerzos de organización nacional para exigir controles sobre las armas en manos privadas en Estados Unidos, en alianza con otras agrupaciones contra la violencia (https://marchforourlives.com).

Durante 2019 continuó un resurgimiento sindical en este país, y por segundo año una de sus vanguardias fue el magisterio, con los sindicatos de maestros de Chicago, Los Ángeles, Oakland, Denver y West Virginia en huelgas no sólo en busca de sus beneficios y salarios, sino por el “bien común”, al defender las escuelas públicas. En el sector privado, más de 30 mil trabajadores de una cadena de supermercados en Nueva Inglaterra realizaron una huelga de 11 días, otros 20 mil hicieron lo mismo en el noroeste poco después, mientras 49 mil trabajadores automotrices de General Motors realizaron la huelga más grande de ese sector en décadas durante seis semanas, entre otras luchas.

Y ante la ofensiva antimigrante más agresiva en décadas, el mosaico de organizaciones inmigrantes y sus aliados no han descansado en confrontar al régimen que ha colocado a niños y familias en campos de concentración y generado un clima de persecución en toda comunidad inmigrante.

De todas estas luces, se alumbra la esperanza para el Año Nuevo.

https://www.youtube.com/watch?v=d6szT5NnwTY

https://www.youtube.com/watch?v=UJJ8y4lQru

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El papa Francisco lanza una nueva iniciativa convocando a economistas de todo el mundo

El encuentro se realizará en marzo del próximo año. En una carta, el Papa sostiene que mientras el actual sistema económico y social produzca una víctima no podrá haber fraternidad universal.

 

El papa Francisco es la cabeza visible de una iniciativa a nivel global que lanzó y con la que busca promover el cambio del modelo económico actual. La propuesta ya comenzó a trabajarse y tendrá como expresión concreta un encuentro previsto para marzo del próximo año en la localidad de Asís, donde aspira a que participen economistas de todo el mundo.


La apuesta de Francisco es lograr un “pacto común” a partir del cual modificar la economía actual y otorgarle un alma a la economía. En la carta de convocatoria al encuentro que se denomina "Economía de Francisco", propone la necesidad de iniciar un proceso de cambio global donde participen "todos los hombres de buena voluntad, más allá de las diferencias de creencia y nacionalidad, unidos por un ideal de fraternidad atentos sobre todo a los pobres y excluidos”.


La reunión en Asís será entre el 26 al 28 de marzo de 2020 donde Francisco aspira a juntar a una buena cantidad de economistas pero también de estudiantes para que se animen a "practicar una economía diferente, una que da vida y no mata, incluye y no excluye, humaniza y no deshumaniza”, según la misiva.

La convocatoria del Papa también abarca a académicos. “Mientras nuestro sistema económico y social todavía produzca una víctima y haya una sola persona descartada no podrá existir la fiesta de la fraternidad universal”, señala el Papa en la carta.


La idea es promover “un proceso de cambio global que vea en comunión de intenciones no solo a los que tienen el don de la fe, sino a todos los hombres de buena voluntad, más allá de las diferencias de creencia y nacionalidad, unidos por un ideal de fraternidad atentos sobre todo a los pobres y excluidos”. De allí que se haya elegido a Asís, la ciudad de San Francisco, dado que es “el símbolo y el mensaje de un humanismo de fraternidad”. En ese sentido, el Papa argentino señaló que si “San Juan Pablo II la eligió como ícono de una cultura de paz, a mí me parece también un lugar que inspira una nueva economía”.
Sobre el santo de Asís, el Pontífice remarcó que “se despojó de toda mundanalidad para elegir a Dios como la estrella guía de su vida, haciéndose pobre con los pobres” y que puede dar “esperanza a nuestro mañana, en beneficio no solo de los más pobres, sino de toda la humanidad”.


En otro pasaje, Francisco recordó que en la Carta Encíclica Laudato “subrayé que hoy más que nunca, todo está íntimamente conectado y que la protección del medio ambiente no puede separarse de la justicia para los pobres y de la solución de los problemas estructurales de la economía mundial”. Por ello, insta a “corregir los modelos de crecimiento” aunque, “lamentablemente el llamado a tomar conciencia de la gravedad de los problemas sigue sin ser escuchado”.

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Domingo, 10 Marzo 2019 05:34

Sanders conecta con los jóvenes

Sanders conecta con los jóvenes

La revolución del que fue rival de Hillary Clinton en las primarias demócratas sigue viva cuatro años después


Cuando lanzó su primera intentona a la Casa Blanca, en abril de 2015, Bernie Sanders era una rareza. Un senador independiente, autodeclarado socialista en un país que asociaba el término al comunismo, retaba a la perfecta candidata de manual, Hillary Clinton. Con el paso de los meses, el veterano izquierdista empezó a reunir multitudes en los mítines. Al grito de una “revolución política”, se estaba convirtiendo en un imán para los jóvenes y su éxito tomó tal envergadura que obligó a la campaña demócrata a virar a la izquierda.


Perdió las primarias ante Clinton, pero cambió el escenario. O, más bien, plasmó que el escenario había cambiado. Cuatro años después, Sanders vuelve a presentarse para derrotar a Donald Trump en 2020. Ahora tiene 77 años, su mensaje ya no resulta tan heterodoxo y se enfrenta a más de una docena de aspirantes, algunos tan progresistas como él. El viejo político de Vermont, sin embargo, mantiene su aureola.


Entre los votantes de entre 18 y 34 años, independientemente de su género o sus inclinaciones políticas, Sanders alcanzaba el 57% de popularidad el pasado diciembre, según la encuesta de Quinnipiac University. Su ratio de apoyo queda a años luz del 30% en ese mismo sondeo de la senadora por Massachusetts Elizabeth Warren, que también se ha lanzado a la carrera y representó durante años el gran referente del ala izquierda del Partido Demócrata. Sanders es, gracias también a que es más conocido, el segundo aspirante más valorado por los mileniales, solo superado por el exvicepresidente Joe Biden, moderado.


“Muchos votantes estadounidenses, pero los jóvenes especialmente, están descontentos con la política en el país y quieren un candidato que les parezca auténtico”, reflexiona Craig Varoga, estratega demócrata. “Bernie Sanders, lo ames o lo odies, es auténtico, no esconde en lo que ha creído a lo largo de toda su vida adulta. Además, muchas de sus ideas, como la sanidad garantizada o ayudar a los jóvenes a pagar su formación, tienen el apoyo de muchos demócratas, independientemente de la etiqueta política que se le quiera dar a esas posturas”.


El senador por Vermont anunció que se presentaba el pasado 19 de febrero y ese mismo día ya recaudó 5,9 millones de dólares, según comunicó su equipo de campaña, casi 20 veces más que Warren en su primer día o cuatro veces más que la senadora californiana Kamala Harris.


En seis días, según los datos publicados por The New York Times, ya contaba con 10 millones procedentes de 359.914 donantes cuya edad ronda los 30 años. El dinero, sin embargo, no siempre supone la clave, como bien muestra el caso de Hillary Clinton y su derrota en las presidenciales de 2016.


Las primarias demócratas decidirán si la batalla por derrotar a Donald Trump se libra con un mensaje más o menos escorado a la izquierda. Pero el hecho de que los dos aspirantes más queridos por los mileniales tengan 77 y 76 años —Sanders, con una importante derrota a la espalda, y Biden, con una vicepresidencia— evidencia que para seducirles no hace falta necesariamente ser joven, ni siquiera nuevo.

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Asumió López Obrador con la promesa de cambio

Propuso bajar el precio de los combustibles, subir el salario mínimo, otorgar diez millones de becas a estudiantes y crear cien universidades públicas. También, contratar a 2,3 millones de jóvenes como aprendices pagos en empresas.

 

El nuevo presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, asumió ayer el enorme desafío de impulsar un cambio radical en el país que acabe con la corrupción, la impunidad y la inseguridad al tiempo que aplicaría costosas medidas sociales en beneficio de las clases más desfavorecidas. La magnitud del reto es descomunal por los graves problemas que arrastra México con un 43 por ciento de la población en situación de pobreza a lo que se une un sistema de corrupción público y privado que atenaza el crecimiento y desarrollo del país.
La ceremonia se realizó en la sede de la Cámara de Diputados, donde el diputado Porfirio Muñoz Ledo colocó la banda presidencial que antes el mandatario saliente, Enrique Peña Nieto, le había entregado al legislador y ex alcalde de la Ciudad de México, al igual que su amigo López Obrador. “No tengo derecho a fallar”, afirmó el nuevo presidente en su discurso, en el que prometió además trabajar 16 horas, reunirse con su gabinete a partir de las seis de la mañana y trabajar sin descanso. “El poder político y económico se han nutrido mutuamente y se ha implantado como modus operandi el robo de los bienes del pueblo y de la nación”, afirmó.


López Obrador, de 65 años, prometió también someterse a una consulta de revocación dentro de dos años y medio para que el pueblo decida si prosigue su mandato o se vuelve a casa. Entre las promesas se incluyen, por ejemplo, bajar el precio de los combustibles, construir una nueva refinería de petróleo, otorgar diez millones de becas a estudiantes y crear cien universidades públicas. También, contratar 2,3 millones de jóvenes como aprendices remunerados en empresas, aumentar la pensión de adultos mayores al doble y con carácter universal, dar un millón de pensiones por discapacidad y ayudas sociales a las clases más necesitadas y sin intermediarios. También prometió aumentar el salario mínimo y dijo que no volverá a fijarse por debajo de la inflación.


López Obrador apuesta que todo ello lo conseguirá con un trabajo desmedido y la confianza absoluta en el pueblo mexicano. A ello se suma acabar con la violencia en un país con casi doscientos mil asesinatos en los últimos seis años y un poder de los carteles del narcotráfico cuyos tentáculos llegan a todo el país. El nuevo mandatario se comprometió a crear una nueva Guardia Nacional para combatir la inseguridad y la violencia en México.


“A partir de ahora se llevará a cabo una transformación pacífica y ordenada, pero al mismo tiempo profunda y radical, porque se acabará con la corrupción y la impunidad que impiden el renacimiento de México”, subrayó ante un pletórico Congreso, dominado por su partido, el Movimiento Regeneración Nacional (Morena).En su discurso de investidura, López Obrador prometió resolver los males del país comenzando por la corrupción y la impunidad, además de hacer inversiones millonarias en proyectos de infraestructuras y aplicar programas sociales para los jóvenes y las clases más desfavorecidas.


Todo ello, además, con la promesa de no aumentar la deuda pública del país, que se ha multiplicado de manera exponencial en los últimos 18 años.


López Obrador arremetió en su discurso contra las políticas neoliberales de las ultimas décadas que han provocado, aseguró, “un desastre y una calamidad” para el país, causal de una “inmunda corrupción pública y privada”. Las recetas del nuevo presidente para tamaña empresa se basan en una mezcla de medidas distributivas y la apuesta de imponer la decencia en la toma de decisiones para acabar con la corrupción.


La austeridad es parte de la marca política de López Obrador: desde vender el avión presidencial para viajar en vuelos regulares a la rebaja de un 40 por ciento en su sueldo o garantizar que será castigado de inmediato cualquiera de su Gobierno, comenzando por su familia, que comenta la mínima felonía.


El entusiasmo y la fe de sus seguidores era palpable ayer durante la ceremonia de cambio de mando. Frente a ello permanece el escepticismo de la población que no votó por su partido, Morena, que propugna políticas de izquierdas y de beneficio a los más desfavorecidos. Frente a la reserva de empresarios y una parte de la población, López Obrador recibió ayer el enorme respaldo internacional al acudir a la ceremonia de investidura la mayor representación internacional que ha asistido a la toma de posesión de un presidente mexicano.
Desde el vicepresidente de EE.UU., Mike Pence, la hija del presidente Donald Trump, Ivanka, al rey Felipe VI de España y los presidentes de Colombia, Ecuador, Bolivia, Venezuela, Cuba y otros representantes de más de 50 países, incluyendo la vicepresidenta argentina Gabriela Michetti, le dieron a López Obrador un fuerte respaldo.


También acudió a la ceremonia el poderoso e influyente empresario mexicano Carlos Slim, considerado uno de los hombres más ricos del mundo. Cuando López Obrador agradeció la presencia de los representantes extranjeros y nombró al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro (quien no se encontraba en el recinto), varios personas presentes en la sala empezaron a gritar “dictador, dictador”.


López Obrador se mostró convencido del éxito de su gestión. “Nos vamos a convertir en una potencia económica mundial y, sobre todo, en un país modelo que habrá de demostrar al mundo que acabar con la corrupción es posible”, concluyó.

 

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Pentecostalismo y movimientos sociales en Brasil

A raíz de los últimos acontecimientos en Brasil, publicamos este artículo de Raúl Zibechi sobre las Iglesias evangélicas en ese pais sudamericano, con el fin de abonar al análisis de la actualidad


Entre diversos movimientos sociales latinomericanos se abre paso una nueva lectura sobre el papel que están jugando las iglesias pentecostales en las barriadas pobres de las periferias urbanas, y las consecuencias políticas que pueden tener.

“El pentecostalismo es el mayor movimiento autoorganizado de los pobres urbanos de todos el mundo”, asegura el urbanista estadounidense Mike Davis. Sus opiniones sobre este movimiento religioso suelen ser rechazadas de plano por muchos intelectuales de izquierda. Sin embargo, Davis está convencido que “mucha gente de izquierda ha cometido el error de dar por supuesto que el pentecostalismo es una fuerza reccionaria, y no es así” (Davis, 2006).


Mike Davis no sólo provoca. Abre las mentes para investigar sin prejuicios ideológicos y para mirar la realidad desde las necesidades de la gente. Se explica: entre los pobres urbanos de América Latina, el pentecostalismo es una religión de mujeres que produce beneficios materiales reales. “Las mujeres que se integran en la iglesia y que pueden arrastrar a sus maridos a que también se impliquen en las mismas, a menudo disfrutan de notables mejoras en sus niveles de vida: los hombres reducen sus propensión a emborracharse, o a ir con prostitutas, o a gastarse todo el dinero en el juego”.


Habría que sumar que disminuye también la violencia doméstica. Davis considera que uno de los grandes atractivos del pentecostalismo, es que “se trata de una especie de sistema sanitario paralelo”. Para los pobres, la salud implica una situación de crisis permanente, capaz de desestabilizar sus vidas, toda vez que el neoliberalismo desestructuró los servicios estatales de salud y las medicinas tienen precios inalcanzables. Constata que en las barriadas periféricas los pentecostales han conseguido buenos resultados en la reducción del alcoholismo, las neurosis y las obsesiones. Con algo de ironíal, lo define como un “sistema de reparto a domicilio de salud espiritual”.


Brasil, paraíso de los pentecostales


A mediados de agosto de 2008, un grupo de activistas de movimientos sociales urbanos convocó un encuentro en Brasilia denominado “Curso de Pensamientos Heterodoxos”. Durante tres días un centenar de jóvenes debatieron sobre el trabajo social en las periferias urbanas. Marco Fernandes, historiador y sicólogo social que participa en Comuna Urbana Dom Hélder Câmara[1], mostró su interés en profundizar la cuestión de las iglesias pentecostales y llegó a conclusiones muy similares a las de Mike Davis.


En Brasil la religión católica está en crisis. En 1980, el 89 por ciento de la población brasileña se declaraba católica; en el censo de 2000 la cifra bajó a 74 por ciento para caer al 64 por ciento en 2007, cuando el Papa visitó el país. En 1980, Juan Pablo II congregó dos millones de personas, pero en 2007 Benedicto XVI apenas llegó a los 800 mil.


Estuvo lejos de batir los récords de otras concentraciones de masas. Tres millones congregó en Sao Paulo el último día del orgullo gay; 1,5 millones asistieron al show de Rolling Stones en Rio de Janeiro y, para escarnio del Vaticano, las iglesias evangélicas congregan todos los años un millón de fieles en la Marcha por Jesús.


Brasil es a la vez el país con mayor número de católicos pero también con el mayor número de pentecostales del mundo. Son 24 millones de fieles, frente a sólo 5,8 millones en Estados Unidos, donde surgió esa vertiente del protestantismo.


Pero los pentecostales no son sólo una fuerza religiosa sino también social y política. Ironía de la historia, el mayor partido de izquierda del continente, el PT (Partido de los Trabajadores) que fue creado junto a la iglesia católica, llegó al gobierno con un vicepresidente pentecostal, José Alencar. La Iglesia Universal del Reino de Dios, a la que pertenece, controla 70 emisoras de televisión, más de 50 radios, un banco, varios diarios y tiene 3.500 templos (Esnal, 2006). La Red Record disputa el primer lugar de la audiencia con la mítica Globo, y factura mil millones de dólares al año.


Los pentecostales cuentan con 61 diputados frente a 91 que se declaran católicos militantes, en un total de 550 diputados. El Partido Republicano Brasileño (PRB), vinculado a la Iglesia Universal, creado en 2005, al que pertenece el vicepresidente, es la fuerza política con mayor crecimiento en el país.


“Cualquiera que viva en las periferias urbanas del Brasil de hoy, y yo hace años que vivo allí, puede constatar que este es un fenómeno importante. Muchos compañeros del movimiento sin techo también participan en la iglesia pentecostal del barrio. No podemos olvidar que la religión jugó un papel importante en la formación de nuestra izquierda”, dice Marco (Zibechi, 2008).


Para acercarse al desafío que representan los pentecostales para los movimientos sociales, sostiene que hay que abandonar prejuicios ideológicos. Por algo, dice, el PRB pasó en apenas un año “de mil afiliados a cien mil”, algo que ningún otro partido ha podido hacer. Su intención, en primer lugar, es comprender porqué consiguen movilizar tanta gente, superar incluso la convocatoria de los recitales de los Rolling Stones en Brasil. “La Iglesia Universal hace un par de meses convocó un acto en la playa de Botafogo, en Rio, para recolectar fondos para ampliar su red de radio y fueron 650 mil personas, en una ciudad que tiene 10 millones. En Sao Paulo la Marcha por Jesús que organizan todas las iglesias pentecostales, convocó el año pasado 2,5 millones de personas”.


Una alternativa en la favela


Marco asegura que en las favelas los pentecostales no sólo consiguen que mucha gente abandone el alcohol, sino que en ocasiones logran que se aparten del narcotráfico y de la delincuencia. Y lo consiguen sin presiones. “Todo consiste en darle alternativas a la gente y esperanzas de un futuro mejor. Anoche escuché la radio pentecostal, una de tantas. Llamó por teléfono un tipo que estaba desocupado y bebe mucho. El pastor le dijo: Yo quiero que sepas que yo también tuve este problema”. Los pastores se colocan en el lugar de la gente, antes de darles consejos.


Marco relata una historia personal. Hace un año sufrió una fuerte depresión ante la muerte de uno de sus mejores amigos, asesinado en la favela, que coincidió con un accidente que sufrieron varios compañeros del movimiento. “Estaba solo en casa, me sentía muy mal y salí a la calle y unos amigos me dicen de ir a la iglesia pentecostal del barrio. Como no sentía bien, fui con ellos. Lo normal en estos casos es que te sientes a un costado para pasar disimulado. Pero se me acercó una mujer de la iglesia y nos dijo que éramos invitados especiales y nos puso en el frente, delante de todos. Nos presentaron, nos llamaron por nuestros nombres y nos dieron la bienvenida con cantos, eran unas 50 personas”.


Sintió un trato directo y personal, y una acogida muy cálida, algo que se le resultó inesperado. “Comenzó el culto con tres pastores. Primero llega un grupo de chicas jóvenes cantando y dando gracias a dios. Cantan muy bonito porque ensayan mucho, con palmas, con movimientos rítmicos. Después un grupo de señoras de unos 40 años, con la banda de la iglesia y bailan un ritmo de samba pero con letras pentecostales. Al final un duo de chicas muy jóvenes, adolescentes, cantando y bailando. Todo eso duró como dos horas y luego los tres pastores hablaron, pero apenas veinte minutos, leyendo la Biblia. O sea, fue una fiesta popular, una peña, donde el mensaje pentecostal no era lo central”.


Marco, que es ateo, confesó que salió muy bien de la iglesia, que había desparecido la angustia y se sentía más “liviano”. “Me sorprendió la disposición de las sillas, no es como la iglesia tradicional, sino un círculo grande como hacemos en los movimientos, la gente se mira mientras canta, mientras hace toda esa catarsis colectiva. Y mientras estaba allí pensaba que nosotros podíamos hacer esas cosas en nuestros movimientos”.


Cuando nos dispusimos a analizar las relaciones a escala micro entre las iglesias pentecostales y los vecinos de los barrios, aparecieron algunos detalles que explica el éxito de estas religiones. “La gente tiene en sus barrios una vida monótona, donde los domingos no hay nada para hacer, porque el barrio es feo, no tiene servicios, ni cine, ni teatro ni cancha de fútbol. En esos barrios la única posibilidad de tener una experiencai agradable es ir a la iglesia pentecostal, donde va a tener una experiencia estética impresionante, con música, con baile, porque no van en busca de la verdad sino para vivir un momento agradable, encontrar o ahcer amigos, sentirse parte de una comunidad”.


Por otro lado, las iglesias pentecostales tienen guarderías donde las madres pueden dejar a sus niños mientras participan en el culto. No debe olvidarse, que tanto en los movimientos de las periferias como en las iglesias de esos barrios las personas más activas son, siempre y en todos los casos, las mujeres madres. En general, son mujeres jóvenes, menores de 30 años, con varios hijos, sin pareja o con parejas ocasionales, sobre ellas recae la sobrevivencia de la familia. Y también necesitan divertirse.


“Por otro lado”, dice Marco, “en el culto hay colores, los olores del incienso, además del canto y la música, que facilitan la catarsis. La gente se viste muy tradicional, por supuesto las jóvenes no usan minifalda sino faldas largas y los varones muchas veces de traje al culto. Un alabañil de traje se siente de otra manera”. Por catarsis entiende una conmoción interna que produce una sensación de bienstar, similar a la que puede vivirse en un recital de rock o en un partido de fútbol.


Más allá de la religión


En otros países de América Latina se pueden constatar preocupaciones similares a las de Marco entre los activistas sociales. Entre piqueteros argentinos y entre campesinos organizados de Guatemala, se registran intentos por comprender als razones por las cuales tantos activistas de los movimientos asisten a las iglesias pentecostales.


Lo cierto es que los discursos anticlericales de la izquierda parecen funcionar sólo para los intelectuales, que tradicionalmente se resistieron a comprender la función simbólica de las religiones, pero ahora también las consecuencias materiales positivas para sus miembros. La Iglesia Universal, por ejemplo, tiene especialistas en micro emprendimientos, que orientan a los fieles para instalar sus pequeñas empresas y de alguna forma las ayudan a resolver el problema del desempleo.


Marco explica las enormes diferencias existentes entre las realidad actual y la que existía en la década 1960 entre los sectores populares en el período en el que las comunidades eclesiales de base (CEBS), contribuyeron al nacimiento de varios movimientos, entre ellos los sin tierra, la central de trabajadores (CUT) y el propio PT. “Las CEBS tenían una práctica muy racional, adecuada para personas escolarizadas. Por eso separaron de sus rituales la religiosidad popular más catártica, como la que se da en los cultos afro, por prejuicios que dicen que se trata de formas de alienación, que en su opinión desviaban el foco de la concientización política”.


La matriz racional de las comunidades de base implica métodos de lectura colectiva de la Biblia como forma de comprensión de la realidad. “Era adecuado para un período en el que predominaban la familia nuclear más o menos estructurada, el trabajador de la industria o los servicios con un empleo fijo, los niños en la escuela y un futuro por delante. Con el neoliberalismo todo eso se terminó para los sectores populares y aquellos métodos no funcionan. Acá el protagonista ya no es el obrero calificado, sino la mujer y sus hijos, que no tienen futuro en esta sociedad”, asegura Marco.


Por otro lado, la religión pentecostal permite que cualquier persona tenga un contacto directo con el espíritu santo sin la mediación del pastor. “Ese contacto directo es la catarsis, la fiesta, que es lo que desea la gente cuando no tiene futuro en una sociedad que no le deja ningún lugar”.


La mayor parte de los fieles de los barrios no pertenece las grandes iglesia, como la Universal o la Asamblea de Dios, sino a las pequeñas iglesias ocn fuerte arraigo territorial. “Uno puede pensar que cuanto más pequeñas son las iglesias las relaciones son más directas, cara a cara. La gente que vive en la misma cuadra no se conoce, pero se descubre en el culto del domingo”. En muchos barrios de la periferia, la única construcción pintada, bonita pero no ostentosa, es la iglesia pentecostal, que a menudo las pinta la propia gente del barrio. La iglesia pentecostal crae sentido de pertenencia, de comunidad.


Muchos activistas sienten cierto pesimismo a la hora de poder hacer compatible el trabajo de organización de los movimientos sociales con las iglesias pentecostales. Recuerdan que las comunidades eclesiales de base de la iglesia católica nacieron en un contexto político muy diferente, y en el marco del Concilio Vaticano II que promovía la justicia social y defendía la “oipción por los pobres”.


“Mientras los católicos nunca aprobaron la riqueza, y esto puede verse incluso en un papa conservador como Benedicto XVI, aunque puede decirse que este es un doble discurso, los pentecostales hacen un culto del enriquecimiento individual. Por eso creo que es difícil que se vinculen a los movimientos sociales, aunque hay pequeños sectores que sí o hacen”, dice Marco.


Lo interesante es que la reflexión ideologizada va quedando atrás. El deseo de belleza, de comunión a través de la música y la danza, es parte de la práctica del Movimiento Sin Tierra (MST) de Brasil, lo que ellos denominan “mística” y que juega un papel relevante en la consolidación de los colectivos que ocupan tierras. Pero no ha sido incoporada por la mayor parte de los movimientos sociales, sobre todo en las periferias urbanas. “Cada vez estoy más convencido –añade Marco- que si los movimientos sociales no somos capaces de comprender que la gente tiene hambre de belleza, de alegría, no vamos a crecer ni vamos a llegar a la población que más necesita los cambios”.


Un discurso crudamente materialista, ha hecho de los problemas económicos una preocupación casi excluyente para la mayor parte de las izquierdas, que provienen de las clases medias universitarias que tienen la convicción de que los pastores pastores pentecostales explotan la ignorancia del pueblo, en referencia al dinero que aportan los fieles. Desde su experiencia como sicólogo, Marco lo ve de otro modo: “Se olvidan que la gente cuando empieza a ir a las iglesias empieza a sentirse mejor, reconstruyen sus vidas, y claro, quién no pagaría algún dinero por eso. A la clase media no le parece absurdo pagar mucho dinero por una sesión de sicoanálisis, por sólo 50 minutos con un señor que apenas te habla y ni te mira. Pero eso parece correcto, es una práctica reconocida, ‘científica’. Pero eso no funciona para las clases populares”.


Referencias


Raúl Zibechi (2008) entrevista a Marco Fernandes, Brasilia, 9 de agosto.
Davis, Mike (2006) “De la ciudad de Blade Runner a la de Black Hawk derribado”, entrevista, 30 de julio en http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=689 (Consulta, 30 de mayo de 2014).
Esnal, Luis (2006)“Brasil: la hora de los pentecostales”, Buenos Aires, La Nación, 20 de agosto.
*Publicado en Programa de las Américas en setiembre de 2008.
[1] Es un empredimiento urbano del Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) en el municipio Jandira, de São Paulo, donde viven 128 familias que construyeron sus viviendas mediante trabajos colectivos.

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Jair Bolsonaro y sus colaboradores con el lema de campaña: Brasil por encima de todo, Dios por encima de todos.

La investigadora franco-marroquí habla de cómo funciona la lógica de la “teología de la prosperidad” en el vecino país. Los evangelistas están en todas las esferas de poder: en el aparato judicial, en la política, en la policía.

La ficción es una disciplina que depende de la realidad. Esta, a veces, suele ser más impresionante que todas las ficciones juntas. El Brasil que está a punto de elegir a Jair Bolsonaro como próximo presidente de la República es una de las historias reales más ficticias que se puedan conjeturar. La periodista franco marroquí y especialista de América Latina Lamia Oualalou la cuenta desde su más insólita raíz: el movimiento evangélico que se apoderó del primer país católico del mundo y, desde allí, mucho antes de las elecciones presidenciales,derrotó a la izquierda brasileña en la intimidad de los templos de las múltiples iglesias evangélicas que pululan en el país. Su investigación periodística publicada en francés por les Editions du Cerf, Jésus t’aime, (Jesús te ama) es la crónica resplandeciente y rigurosa de un movimiento de vagos arraigos teológicos que fue trepando por la columna vertebral del país humilde y periférico abandonado por el Estado, la Iglesia Católica y la misma izquierda. La nación que en los años 60 vio nacer la teología de la liberación perdió ante lo que la autora llama “la teología de la prosperidad” y sus elocuentes y disparatadas escenificaciones: la Juda Cola remplaza a la Cola Cola, Bolsonaro es un un santo al lado de Satanás, es decir, el PT, los pastores de las iglesias evangélicas son los nuevos millonarios del Brasil y los propietarios de los principales medios de comunicación que pusieron al servicio del candidato que salió a la cabeza de la primera vuelta.


Lejos de las radiografías fáciles, la investigación periodística de Lamia Oualalou demuestra que el auge del evangelismo es una forma de respuesta a la ausencia del Estado, que su arraigo en la urbanidad periférica responde al alejamiento de la Iglesia Católica de esas áreas y que su pavorosa influencia política se apoya en el abandono de las clases más vulnerables por parte de una izquierda que las dejó huérfanas. Jesús Te ama es un libro oriundo de la raíz más profunda del Brasil, donde la periodista (Le Figaro, Mediapart, Europe 1, Le Monde Diplomatique) vivió muchos años. En esta entrevista con PáginaI12, Lamia Oualalou recorre el camino paradójico de una doble victoria, la de los evangelistas y Bolsonaro, paralela a la derrota de la izquierda y de la Iglesia del papa Francisco.


–Con los resultados de la primera vuelta de las elecciones en Brasil y el peso considerable que han tenido en ella los evangelistas ¿se puede decir que hay una expansión del evangelismo en América Latina?


–Sí hay una expansión en México, en Argentina, en Chile. En Brasil vemos la consecuencia de la influencia de los evangelistas directamente en las elecciones: los pastores evangelistas llamaron a votar por Bolsonaro. Hoy tenemos una buena parte de la población brasileña que no sólo es evangélica sino que también sigue lo que le dice el pastor. Esto ha tenido y tendrá un impacto muy complicado porque el PT no sabe hablar con los evangélicos. Ese ha sido uno de los grandes errores que ha cometido en el pasado.


–Usted demuestra en su investigación que esa expansión del evangelismo es una respuesta a la ausencia del Estado…y algo más.


–Hubo varios factores combinados. Por un lado, poco a poco la Iglesia Católica fue desapareciendo de los lugares más populares, sobre todo de las nuevas ciudades y las favelas que se crearon con una velocidad enorme después de los años 70. La Iglesia Católica tiene aquí un problema de presencia urbana: en las favelas y las ciudades emergentes la Iglesia Católica no entra. En ese mundo suburbano, pobre, con gente oriunda por ejemplo del Nordeste, no hay lugares de sociabilización. Lo único que existe es el templo evangélico: allí pueden cantar, hacerse de amigos, dejar a sus hijos. No están presentes ni el Estado con sus ayudas (salud, trabajo, educación), ni la Iglesia Católica, pero sí los evangelistas que suelen prestar algunos de esos servicios. Los evangelistas, en Brasil, ocuparon el espacio del Estado con el consiguiente impacto cultural y político que ello acarrea: la gente sólo escucha la radio evangélica, ve la televisión evangélica, acude a los grupos evangélicos de Facebook y WhatsApp. La gente vive encerrada en ese mundo. Y claro, viven en ese círculo porque los partidos y movimientos progresistas, el PT por ejemplo, abandonaron a esta gente. Al final, lo que ocurrió es que se cortaron los puentes para dialogar con la gente humilde.


–¡Qué enorme y dolorosa paradoja!:Brasil fue la tierra donde se forjó la Teología de la Liberación y hoy se ha vuelto la cuna del evangelismo, al que usted define como una “teología de la prosperidad”.


–La lógica de la teología de la prosperidad es fascinante porque le dice al miembro de la Iglesia que, básicamente, tiene derecho a todo: a la salud, a una buena vida material. ¡ Y eso ahora mismo y no en la próxima vida !. Y si no lo tiene ya es porque no sabe exigir. Esto implica un cambio con respecto a la relación con Dios: Dios tiene que darte eso y sólo tienes que saber pedírselo. Y para pedírselo debes formar parte del grupo evangélico, pagar y rezar. Y al final, de alguna forma funciona: cuando los evangelistas dicen “deja de beber y vas a encontrar un trabajo”, la gente termina trabajando más y mejor sin estar borracha. Por eso la gente termina viendo que hay un impacto positivo en su vida, aunque lo que obtengan sea mínimo.


–La izquierda brasileña parece que tampoco entendió el tema de la teología de la prosperidad.


–No, claro que no y eso ha sido otra tragedia. La izquierda interpretó la teología de la prosperidad de forma muy básica. La leyó únicamente como una adaptación del neoliberalismo. Es cierto que hay una parte de consumismo, pero también existe una fuerte lógica de solidaridad. Hoy se pagan las consecuencias: lo que empezó con Dios se convirtió en un enorme movimiento moralista, anti PT, anti intervención del Estado.


Los evangelistas están en una lógica de consumo capitalista. No obstante, es preciso resaltar que ese era el discurso de todo el país. Incluso en los años de Lula se decía “ahora todos los brasileños pueden ser ciudadanos porque tienen acceso a una tarjeta de crédito” (Guido Mantega, ex ministro de Hacienda). Para mucha gente, los años de Lula le dieron más legitimidad a la teología de la prosperidad. Ese discurso se apoderó de todo el país. El evangelismo también es una forma de ascenso en la escala social. Ni el trabajo, ni la política ni el sindicalismo lo permiten.


–Los evangelistas hicieron un trabajo de penetración sector por sector: sedujeron a los deportistas, a los actores, a los surfistas, a la policía, al crimen organizado, etc, etc. Sectorizaron su expansión.


–De hecho no hay una Iglesia evangélica sino muchas. Su único punto en común es la fuerte personalidad de los pastores. Los evangelistas tienen una visión de marketing sobre la sociedad. Hacen una Iglesia que interesa a la gente que juega al futbol, otra Iglesia para los gays porque están excluidos, otra Iglesia más rigurosa y una más permisiva. Esto termina teniendo una fuerza increíble porque siempre acabas encontrando una Iglesia a tu gusto. Están igualmente en todas las esferas de poder: en el aparato judicial, en la política (tienen 90 diputados), en la policía. Si van a la página de la policía militar verán que una parte de las ayudas sociales están organizadas por los evangelistas. Hasta son mayoritarios en las cárceles. En Río de Janeiro, de las 100 representaciones religiosas que están presentes en las cárceles 92 son evangélicas. El Estado lo permite porque ha perdido si capacidad de intervención..


–Con Bolsonaro y sus respaldos evangélicos estamos ante una doble derrota: la del PT y la del Papa Francisco.


–Creo que cuando vino a Brasil el papa Francisco se dio cuenta de que era demasiado tarde. Las imágenes del viaje del Papa con millones y millones de personas correspondían a barrios católicos. Cuando les preguntaba a los evangelistas qué pensaban de Francisco, muchos de ellos no sabían quién era el Papa. Y estamos hablando del primer país católico del mundo. Además, para no perder terreno, una parte de la Iglesia Católica termina en muchos casos imitando a la Iglesia Evangélica. El Papa tuvo que aceptarlo. La única manera de cambiar la situación actual es con un trabajo de terreno. Pero la gente que está en Brasil fue nombrada por los dos papas anteriores (Benedicto XVI y Juan Pablo Segundo) y hoy no repercute lo que ordena Francisco. Derrota también del PT, claro. Como la izquierda brasileña abandonó a las poblaciones pobres esta población se fue cada vez más a la derecha. Encima la campaña se articuló en torno a WhatsApp, detalle que el PT tampoco entendió.


–En suma, Bolsonaro no estaría donde está sin los aportes de los evangelistas. Estos derrotaron al PT en los templos antes de las elecciones.


–El entendió muy bien cómo hablar con ellos. No es evangélico (su mujer sí) pero aceptó toda una parte del circo evangélico: pidió a un Pastor que lo bautizara y acude con frecuencia a los actos evangélicos. En este momento de crisis y de miedo él viene con este discurso de orden, de matar a los bandidos. A esto se le agrega el trabajo de demonización del PT que emprendieron los pastores. En los templos se dice que la crisis y la recesión son culpa de satanás, y ese satanás es el PT. Presentan al PT como si fuera un partido radical cuando en realidad es de centro- izquierda. Distribuyen una retórica que nada tiene que ver con la realidad y la gente cree. Además, los evangelistas trabajaron el tema de los medios. La segunda televisión del país es propiedad de Edir Macedo, el Obispo de La Iglesia Universal del Reino de Dios (IURD). Macedo puso todo su aparato mediático al servicio de Bolsonaro. El poder de Bolsonaro va a depender mucho del poder de los pastores evangelistas. El PT intenta a la apurada acercarse a ese electorado, pero es tarde. Lo que habría que hacer es deconstruir la imagen de los pastores y demostrar que son bandidos, que son las principales fortunas del país. Pero esto no se lleva a cabo en un par de semanas.

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La sociedad mexicana frente al proyecto político de AMLO.

México vivió una elección presidencial histórica en la que una multitudinaria ciudadanía ejerció su derecho a castigar las políticas neoliberales que tienen a más de 50 millones de mexicanos viviendo en la pobreza y pobreza extrema. Fue un voto también por el fin de la guerra que desde hace 12 años azota prácticamente todo el territorio y que al momento tiene un saldo de más de 35 mil desaparecidos y 200 mil asesinados. Una guerra que tiene al ejército en las calles supuestamente contra el crimen organizado, pero que en realidad ha sido contra el pueblo, con un histórico índice de violaciones a los derechos humanos.

Más de 30 millones de mexicanos y mexicanas se aferraron a las urnas para expresar su hartazgo. Sabían que tenían que lograr un triunfo masivo y contundente, pues las experiencias anteriores, 2006 y 2012, vaticinaban un fraude del aparato del Estado. La gente rebasó las intenciones fraudulentas (que las hubo) y al momento de escribir estas líneas se cumplen cuatro días de la legítima celebración de una victoria que llevó, en su tercer intento, a Andrés Manuel López Obrador a la presidencia de México.


La alegría ciudadana es del tamaño de su expectativa, pero no hay señales de cambios estructurales a las políticas neoliberales que han entregado los recursos naturales del país a la inversión privada nacional y extranjera. Desde su primer discurso la noche del domingo 1 de julio, López Obrador ha sido enfático en su afán de calmar a los mercados. Respeto a la autonomía del Banco de México y disciplina financiera y fiscal, sin confiscación de bienes, y reconocimiento de los compromisos contraídos con empresas y bancos extranjeros, lo prometió desde el principio para generar confianza.
Los cambios visibles están, entre otros ámbitos y por lo pronto, en la probada austeridad personal de un candidato electo que ingresa por la puerta principal al Palacio Nacional en su modesto automóvil y que anuncia que dejará a un lado el avión presidencial y viajará en líneas comerciales, además de que no habitará la casa presidencial de Los Pinos (inaugurada en 1934 por el presidente Lázaro Cárdenas del Río, quien a su vez decidió no ocupar el Castillo de Chapultepec). Su esposa, Beatriz Gutiérrez, ha dicho que no será la “primera dama”, pues eso implicaría que hay mujeres de segunda y de tercera. Duplicar la pensión a los adultos mayores y garantizar que todos los jóvenes tendrán educación y trabajo fueron las promesas en su segunda alocución, esta vez al frente de un Zócalo colmado de gente que no dejó de aplaudirlo.


El nuevo presidente de México no ha escondido su baraja. El adelanto de su gabinete y las alianzas pragmáticas anunciaron lo que vendría, o lo que no vendría: Alfonso Romo, empresario y coordinador de su plan de gobierno, además de futuro jefe de la Oficina de la Presidencia, ha esbozado un proyecto que él mismo califica de centro, reformista. Las palabras “izquierda” o “anticapitalista” no han sido dibujadas, las promesas se centran en la atención a los pobres y el combate a la corrupción, no en una refundación del Estado.


Los más de sesenta pueblos indígenas que conforman la nación mexicana prácticamente quedaron fuera de la campaña y del proyecto. Una breve mención sobre ellos se hizo en la celebración, pero hasta el momento no hay un planteamiento que se comprometa con los derechos y la cultura indígena, plasmados en los Acuerdos de San Andrés que firmaron en 1996 el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (Ezln) y el gobierno de México. En 2001 todos los partidos políticos traicionaron estos acuerdos con una ley que desconoce la autonomía ganada.


En las últimas décadas se recrudeció el despojo y la represión contra los pueblos, naciones, tribus y barrios indígenas del país. Minas, hidroeléctricas, acueductos, parques eólicos, carreteras, proyectos turísticos e inmobiliarios se han impuesto con el discurso del progreso en sus territorios. No son pocas las batallas que se libran contra los llamados mega proyectos de muerte, y en prácticamente todas la represión ha sido la respuesta. El Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra (Fpdt) lleva 17 años resistiendo al proyecto del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (Naicm). Es un movimiento emblemático de la lucha social en México y el próximo presidente ha sido ambiguo y cambiante en su postura. Primero que no, luego que sí, luego que puede ser. “No concebimos que un gobierno como el que usted reivindica, y por el que este 1 de julio el grueso del pueblo mexicano votó, acuerde o negocie con los interesados en el negocio el futuro y la vida de la gente humilde del país, sin el consentimiento y decisión de los mismos pueblos, sin siquiera haberlos escuchado”, advirtieron ya los campesinos.


Por su parte, el Congreso Nacional Indígena (Cni) y el Ezln dejaron claro en un pronunciamiento hecho en abril de este año que no permanecerán quietos “mientras se destruyen y nos arrebatan la tierra que heredamos de nuestros abuelos y que se la debemos a nuestros nietos, y mientras contaminan los ríos y perforan los cerros para sacar minerales. No nos quedaremos quietos mientras convierten la paz y la vida que venimos construyendo diariamente en guerra y muerte mediante los grupos armados que protegen sus intereses. Nuestra respuesta, no tengan duda, será la resistencia organizada y la rebeldía para sanar al país”.


AMLO asumirá la presidencia de un México sumido en la mayor crisis de derechos humanos de las últimas décadas: incremento de feminicidios (siete cada día); segundo lugar de asesinatos de periodistas en el mundo y el lugar más peligroso del continente americano para ejercer el periodismo; asesinatos, secuestros y extorsiones a los migrantes centroamericanos en su paso por estas tierras, más de 30 mil desapariciones en el marco de la guerra contra el narco y 200 mil muertos, entre otras calamidades que tienen en común el marco de la absoluta impunidad y en no pocos casos la participación del Estado. Los padres y madres de los 43 normalistas de Ayotzinapa desaparecidos irrumpieron en un acto de campaña al que no fueron convidados y exigieron la presentación con vida de sus hijos, verdad y justicia. El nuevo gobierno tiene una gran oportunidad de legitimación en este rubro, pues no hay reconciliación posible sin justicia y garantías de no repetición.


Las reformas estructurales (energética y educativa) y la ley de seguridad interior, que legaliza la permanencia del ejército en las calles en labores de seguridad pública, son algunos de los grandes temas en los que hasta hoy no hay pronunciamientos contundentes. “No habrá gasolinazos” y se revisarán los contratos a las empresas es lo que ha dicho el presidente electo. Nada de echar para atrás lo que ya está plasmado y que garantiza el despojo y la explotación. Convertir los territorios del sureste de México en zonas económicas especiales (Zee), es decir, continuar la neocolonización, es una de las banderas de Alfonso Romo, coordinador de su proyecto.


La alianza con el Partido Encuentro Social (Pes), de origen evangélico ultraconservador, es otro de los cuestionamientos al nuevo presidente de México. El derecho al aborto (al menos en la Ciudad de México, donde es legal desde el 2007), el respeto a la diversidad sexual, los derechos de la mujer, entre otros, son temas que tendrán que ser vigilados en una sociedad de por sí conservadora.
La sociedad mexicana, la que le dio el triunfo y su confianza, la que por fin echó del poder a los derechistas Partido Revolucionario Institucional (Pri) y al Partido Acción Nacional (Pan), y la movilización de los sectores que desde la izquierda son un contrapeso crucial para el poder, al igual que una prensa crítica y vigilante, tienen la enorme tarea de coprotagonizar esta historia que se seguirá escribiendo en las calles.

 

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