Martes, 02 Agosto 2022 05:33

¿El poliamor es para los hombres?

Reivindicación del poliamor en el Orgullo de Bruselas de 2015. Miguel Discart (CC BY-SA 2.0)

La no monogamia parte de los feminismos y las filosofías libertarias y sirve a la liberación de la mujer, pero también es capaz de ensanchar el mundo

 

Parece ser que no solo “la revolución sexual se ha inventado para los hombres”, sino que las prácticas y teorías sobre relaciones no monógamas también se han creado para mejor alimentar las expectativas sexuales masculinas. O eso se dice en redes y medios.

La conversación en redes ha arrancado con la publicación de un vídeo sexual del presentador Santi Millán en el que estaba con una persona que no es su mujer –un delito grave contra su intimidad, por cierto–. Bueno, más bien por la reacción de su pareja, Rosa Olucha, que comentó en Instagram: “No tenéis que sentir pena ni apoyar a nadie. Yo no soy una víctima y aquí no hay ni bandos ni propiedades. Ni él es mío ni yo soy suya”. Y “me da mucha pereza ver que, a estas alturas, el sexo consentido y privado siga causando escándalos. Sí, señores, ¡la gente folla! Dentro y fuera de la pareja. Y me da casi más pereza que, cuando se hace público, la mayoría se apiada de las mujeres con el clásico ‘pobrecita, no se enteraba’ o ‘qué imbécil que se lo permitía’. Mierda de sociedad católica y patriarcal”. Dan ganas de aplaudirle la verdad.

Esta situación ha desencadenado una lectura conservadora desde un sector del feminismo al nivel del comentario de una tuitera que decía: “El poliamor son los cuernos de toda la vida pero sin el derecho al legítimo cabreo. Huye del que te hable de poliamor, es el cabrón de siempre pero disfrazado de moderno”. Esta tuitera y las que piensan como ella se olvidan de que las propuestas y modos de vida no monógamas han partido del ámbito libertario o contracultural, pero también del feminismo. Tampoco son nuevos, en realidad no es nada “moderno”:  anarquistas como Emma Goldman hablaban hace más de cien años del “amor libre” –y lo practicaban a su manera–. Me pregunto qué pensarían estas nuevas conservadoras si leyesen algún Ajo Blanco del 77 o presenciasen las Jornadas Libertarias del Parc Güell de ese mismo año. ¡Escándalo! Gente desnuda retozando incluso con desconocidos mientras consumen drogas.

Más de cuarenta años han pasado, y aunque un sector de la sociedad ha digerido a su manera estas propuestas que fueron radicales en su día y ha generado nuevas formas de relacionarse más libres –véase a Rosa Olucha, o incluso muchas “cualquieras” que salen en First Dates, esa genial enciclopedia humana–; otras quieren volver a la familia nuclear y el compromiso monógamo eterno por el camino del feminismo. Pero equivocan completamente el paso.

Recordemos las aportaciones de Shulamith Firestone, Germaine Greer o Kate Millett, feministas de los 70 que también querían abolir la monogamia. Ninguna de ellas se oponían a que las mujeres tuvieran una sola pareja si lo deseaban, sino a que no pudiesen elegir por sí mismas cómo organizar su vida sexual o afectiva. (Firestone, por cierto, además de la monogamia quería eliminar los roles sexuales, el género, el sexo procreador, la maternidad, la unidad familiar, el capitalismo y el Estado. Cosas que, por otra parte, están estrechamente relacionadas.) La crítica de la época era a la monogamia como institución –que solo fuese concebible y deseable una forma de amar o de vincularse sexualmente–. También a sus derivadas: el matrimonio como cárcel para las mujeres, la familia nuclear, el espacio doméstico y la crianza como exclusivo destino, el sexo reproductivo como el único tolerable.

Criticar la monogamia era evidenciar que en el matrimonio la exigencia de fidelidad estaba al servicio del control de las mujeres y su sexualidad –de su prole, del linaje, de la herencia–. El adulterio femenino era castigado duramente –fue delito en España hasta el 78– y era considerado un atenuante si el marido decidía matar a su mujer por esta causa, mientras se toleraba ampliamente en los hombres. La violación fue considerada como un crimen contra la propiedad –de los hombres maridos o padres– antes que contra la libertad sexual de las mujeres. La exigencia de monogamia partía de la concepción de las mujeres como posesión. En fin, que los primeros y más potentes discursos contra la monogamia vienen del feminismo o de propuestas que hablan de la liberación de la mujer. ¿Hace falta recordarlo? Y no importa irse tan lejos, tenemos ejemplos recientes y cercanos como el de Brigitte Vasallo y su Pensamiento monógamo, terror poliamoroso o las narraciones hechas carne en la experiencia personal de la estupenda escritora Gabriela Wiener y su familia de tres adultos amantes y dos niñes –y de tantas otras–.

El patriarcado no tiene piernas

Otro de los argumentos que he leído es que “en una sociedad patriarcal, la libertad solo beneficiará a los hombres, que tienen más poder”. Por un lado este esquema rígido presupone que todas las relaciones son heterosexuales. Por otro, no se puede aceptar como una premisa que en todas las relaciones va a ser la mujer la que tenga menos ganas de establecer otras relaciones. Esa mirada de cartón, simplemente deja demasiadas cosas fuera. No hay que confundir el análisis de los roles y las diferentes formas de socialización con la reproducción de estereotipos. Pensar en roles de género sirve para analizar la realidad con el objetivo de cambiarla, los estereotipos son esencializaciones que solo refuerzan la situación de desigualdad.

Más allá de los roles de género, está la vida, la multiplicidad de formas en las que se hacen cuerpo. Esta es una dificultad que tenemos para pensar desde el feminismo. Ocupadas en desentrañar estructuras y generar modelos explicativos, a veces nos encontramos atrapadas en estas idealizaciones. Estos conceptos sirven para pensar, sobre todo en estructuras, pero no siempre dan cuenta de la diversidad en la que se despliegan en la realidad, ni de los procesos constantes de resistencias y negociaciones que se producen en las prácticas. No hay un rol con piernas, por así decir. Ninguna mujer y tampoco ningún hombre es la feminidad ni la masculinidad encarnadas. Somos combinaciones, mixturas y aunque hemos aprendido cómo tenemos que comportarnos para ser hombres y mujeres, cómo relacionarnos en el amor y el sexo, el margen de acción es inmenso. (Si bien no nos cuesta reconocer que las mujeres somos mucho más que el rol asignado, sí que a veces parece que no queremos pensar lo mismo de los hombres, que pasan así a ser un bloque homogéneo, esencial sin agencia sobre su propio ser y estar en mundo.) El peligro al que nos enfrentamos es el de esencializar, ratificar o fijar esas posiciones idealizadas que nos sirven para explicar, para pensar o que queremos combatir. No, el poliamor –u otras formas de no monogamia– no es para los hombres. Lo que sí es cierto, es que no puede haber amor –cualquier tipo ya sea monógamo o no– cuando hay dominación, es otra cosa. Acabar con ella en todas nuestras relaciones es parte de nuestra tarea.

Caminando por lugares poco transitados

Nuestros imaginarios afectivos están colonizados por la industria cultural, ese entramado que todavía pone el amor romántico y de pareja en la cumbre. Como ejemplo la serie Sexo en Nueva YorkSex and the city–, que se supone pretende hablar de la liberación sexual, un reflejo de las nuevas libertades de las que gozamos las mujeres respecto de la experimentación sexual y afectiva. Aunque el mensaje que subyace es que lo que desean las protagonistas en el fondo, y a pesar de sus escarceos, es casarse, encontrar el amor, dar por finalizada una etapa –quizás Samantha la que menos–. Es indudable que este ideal de pareja monógama, y aunque avanzamos, sigue dominando las producciones culturales. No hay mayor drama en canciones o series que el de la “infidelidad”, y eso modela, queramos o no, nuestros paisajes afectivos. Hace poco leí que la pareja es el único vínculo que te otorga un derecho legítimo al control sobre la vida sexual de otra persona. (Excluyendo la paternidad sobre menores de edad, podríamos decir.)

Evidentemente, este ideal de exclusividad sexual está muy ligado al de amor romántico, otro concepto ampliamente criticado por los feminismos por estar íntimamente relacionado con la reproducción de la violencia machista –el control sobre la vida de otra persona legitimado por los celos o la necesidad de posesión y lo que se nos vende como “crimen pasional”–. Es sorprendente que la ideología de la pareja monógama sea reivindicada como un “logro” feminista. Una apología de un lugar de seguridad –ficticio– basado en antiguas reglas patriarcales que se supone va a proteger a las mujeres de los abusos y las “infidelidades” de los hombres que solo desean muchas parejas sexuales o del abandono –sobre todo durante la crianza–. Pero ni las relaciones supuestamente monógamas –casi siempre lo son solo de palabra–, ni los matrimonios ni los sacramentos garantizan el compromiso afectivo, el cuidado o la corresponsabilidad en la crianza o en la enfermedad. Lo vemos cotidianamente. ¿El contrato nos protege o nos somete? Como decía, ninguna normatividad sexual ha protegido nunca a las mujeres, sino que ha sido construida contra nosotras, para nuestro control. La libertad puede hacer daño, pero las respuestas no están en un pasado idealizado.

Hablo mucho de las maestras de los 70, pero determinadas cuestiones vuelven una y otra vez. Somos hámsters dando vueltas en la rueda. El neoconservadurismo es persistente y cuanto más opciones de vida tenemos, más nos agarramos a los caminos ya trillados ante la indeterminación, las inseguridades y el miedo a la soledad. El capitalismo y su fase actual neoliberal ha quebrado y destruido muchas formas de comunidad. Pero, ¿la solución es volver a las reglas del pasado o generar en cambio nuevas formas de solidaridad y de comunidad? ¿Nuevas formas destinadas no a sujetar la estructura social sino a subvertirla? O más modestamente, nuevos caminos de libertad y experimentación. Para las que lo deseen, claro.

Amistades furiosas

De hecho, la no monogamia, o las propuestas poliamorosas suelen cuestionar también el papel que le damos a la amistad. ¿Por qué establecer una jerarquía donde el amor de pareja –y la descendencia– estaría en la cúspide y todo el resto de relaciones vendrían por detrás? ¿Por qué tiene que tener preferencia la pareja –para las vacaciones o los fines de semana– por encima de nuestros amigos y amigas? La antropóloga Mari Luz Esteban explica que en trabajo de campo los hombres entrevistados decían espontáneamente que la pareja es una parte más de sus vidas, no la central –hay también trabajo, amigos, etc. antes que la pareja o además de la pareja–. Las mujeres, en cambio, dice Esteban, suelen señalarla como el eje central de sus vidas. Quizás no todo es negativo en la masculinidad y podemos aprender a expandir nuestra vida y nuestros afectos y dar lugar a redes de sostenimiento que no pasen por una estructura destinada a la procreación como es la familia.

Podemos intentar construir formas no monógamas de relacionarnos –que incluyan la promiscuidad si es lo que deseamos– pero también la creación de vínculos fuertes que generen relaciones de apoyo mutuo basadas en el respeto y la libertad, y también en el compromiso y la reciprocidad. Es indudable que no es fácil. A las expectativas culturales en las que tenemos que encajar –y los celos y otras emociones para las que estamos programadas– se unen las desigualdades generadas por el patriarcado, también los problemas asociados a nuestra forma de organización social. El trabajo no nos permite dedicarles tiempo a los que queremos, sean amigos o relaciones sexoafectivas –o familia–; muchos tipos de trabajo, pero sobre todo los más precarios y de servicios con horarios más prolongados nos agotan. La precariedad vital, la falta de recursos y las angustias a las que dan lugar también nos ponen más difícil establecer relaciones sanas, o conseguir la energía y la voluntad de complicar nuestro paisaje afectivo. Si se tienen hijos, además, todo ello es aún más enrevesado porque las crianzas conllevan casi siempre bastante soledad y poca disponibilidad en las contrapartes amorosas para compartir tiempo con hijos no propios. Todo eso eso existe como trasfondo.

Las relaciones no monógamas no son el paraíso, ni acaban por sí solas con el patriarcado, pero si se consiguen sortear las dificultades, nuestra vida afectiva se puede hacer más rica nuestra red de cuidados más densa. (Y el sexo mejor, probablemente.) En cualquier caso, la no monogamia no sería un precepto moral o una imposición, es una puerta que podemos cruzar o no si así lo deseamos o si podemos. No va de decirle a nadie cómo vivir, ni de crear una nueva “normatividad” alternativa. Se trata de dar opciones, proporcionar espacio, ensanchar el mundo. Esa es nuestra tarea y la tarea de los feminismos emancipadores.

Por Nuria Alabao, periodista y doctora en Antropología. Es miembro de la Fundación de los Comunes.

1/08/2022

Publicado enSociedad
Rita Segato: "Un juez tiene el mismo sentido común que un carnicero, porque está formateado por el patriarcado"

Madrid. La antropóloga argentina Rita Segato tiene tantos títulos y reconocimientos que intentar plasmarlos en este artículo ocuparía la mayoría del espacio. El último homenaje lo recibió la semana pasada en forma de Doctor honoris causa por la Universidad de Salamanca. En su discurso, Segato desgranó su idea de intelectual, algo de lo que conversa también en esta entrevista. Pasó por España para recibir ese galardón, participar en una clase magistral en la Fundación Reina Sofía y para asistir a un desayuno auspiciado por el eurogrupo The Left y la Fundación Espacio Público. Y es en estos contextos, pero también cuando habla para Público, cuando afirma sin pestañerar que "un juez tiene el mismo sentido común que un carnicero, porque está formateado por el patriarcado". 

Feminista convencida, dirige la cátedra llamada de Pensamiento Incómodoen la Universidad San Martín de Argentina. Autora y divulgadora de términos como "dueñidad", "mandato de masculinidad" o "colonialidad", afirma que la labor de los intelectuales es la de buscar o inventar palabras que puedan describir y nombrar la realidad cotidiana que viven las personas. "Lo que no se nombra no existe". Explica a Público que vivimos en un mundo "adueñado", porque el término desigualdad se queda corto para explicar la rápida concentración de la riqueza que vive el planeta y que esta acumulación hace que las leyes no funcionen.

Es una convencida de que las nuevas líderes están emergiendo de las estructuras comunales, como Francia Marquez en Colombia y que hay sectores del feminismo que hablan y actúan "de una forma autoritaria".

Habla de la importancia de nombrar las cosas. Incluso inventa términos para referirse a distintas realidades: como "dueñidad". ¿Por qué es importante el hecho de nombrar?

En toda sociedad, en todo pueblo, en la aldea más pequeña, la gente más rica o la gente más pobre, en cualquier grupo o colectividad humana, siempre hay algunas personas que tienen, digámoslo así, el vicio de pensar. La vocación de pensar. No se trata de ser letrados o letradas para pensar. Yo soy antropóloga y cuando llego a cualquier pueblo siempre hay algunas personas con la que hablo y te da una visión de las cosas, de la historia o alguna reflexión de cómo se vive allí.

Esas personas están en todas partes. Y yo soy una de esas personas que me gusta pensar. Es como jugar. Por eso defino al intelectual de esta forma no académica. Incluso pienso que en la academia faltan pensadores. Porque la academia va como cohibiendo el juego de pensar por diversas razones. El pensador, el intelectual, es un donador de palabras. Lo que hace en el marco de las ciencias sociales es esa dación de nombres. Son cosas que la gente conoce, pero las conoce en la práctica y les falta una retórica. Falta un nombre que permita después trabajar encima de eso. Una de las cosas que digo es que los países del norte, los países centrales, los de la modernidad avanzada y "desarrollados", así entre comillas, tienen fortísimas retóricas para lo que hay que defender en su mundo. Y nosotros en América Latina, en nuestro mundo, tenemos cosas que cuando salgo de mi pueblo no las tengo (como ahora que llevo más de un mes fuera) y las extraño muchísimo, pero no tienen una retórica que señale lo que vale la pena defender. El intelectual es el que va construyendo esas retóricas, las va nombrando, señalando lo que hay que cambiar, que transformar.

¿Qué engloba un concepto como "dueñidad"?

En ese caso, la dueñidades un nombre que utilizo porque en el mundo de hoy hablar de desigualdad como lo hacíamos en los años 60 y 70 ya es poco para nombrar lo que está pasando. Y lo que está ocurriendo es que estamos en un mundo adueñado, donde hay pocos dueños. Pero el problema no es que sean pocos, sino la velocidad de la concentración de la riqueza. Con una concentración de la riqueza como la del presente, las leyes no funcionan. Y este es uno de los problemas más graves que tenemos en el presente: que la ley no está funcionando. No está consiguiendo circunscribir o impedir la muerte, por ejemplo. Y esto no ocurre solo en América Latina. Es en el mundo. ¿Qué ley hay?. La ley del más fuerte.

Usted afirma que es necesario hablar desde los márgenes. ¿Cuáles son esos márgenes?

Yo creo que desde el margen se puede pensar con mucha más claridad. Es más, lo he constatado. Pienso que no hay inteligencia sin imaginación. Y que cuando uno está distante del lugar de la hegemonía y el prestigio, la imaginación florece más. En política esto no es una apuesta, sino que está sucediendo ya. 

Muchas de las grandes figuras de la política están saliendo de la comunidad. Francia Marquez [recientemente elegida vicepresidenta de Colombia] es el paradigma, pero hay muchísimas más. En Brasil y en el resto de América Latina están emergiendo muchas mujeres indígenas, pero no es por el hecho de ser indígenas, es porque haber salido de una gestión de la vida que es comunal. Hace tiempo lo explicaba porque lo vi venir, pero ahora es una realidad. En Mexico estuve en un seminario precioso a tres con [el filósofo] Amador Fernández Savater y una mujer indígena llamada Yasnaya. Ella era una persona con una inteligencia absolutamente deslumbrante, pero viene del mundo comunal y puede pensar la política de otra forma. He cobrado una cierta desconfianza (no en el sentido de sospecha), sobre la capacidad de los partidos políticos de volver a ser realmente representativos, porque la lucha por el poder empieza a jugar muy pesado dentro y a jugar en contra. A hacer goles en contra del proyecto cuando éste es de transformación del mundo.

¿Qué propone el multiculturalismo?

El multiculturalismo propone una política de las minorías, es decir, la minoritización: las mujeres como minoría, los negros como minoría, los indígenas como minorías, los LGTBIQ+ como minoría… lo cual fue una trampa. Porque esas minorías son los defectivos. Es decir que hay un sujeto universal y sus defectivos: la mujer es un defectivo del hombre, el blanco lo es del negro… Lo que quiere decir que son identidades incompletas y no completamente políticas. No existe un sujeto universal y sus minorías. No existe un sujeto completo plenamente político y sus defectivos, es decir, sus deficientes. No hay eso en el mundo. Hacia donde hay que ir es a un pluralismo radical. Antes que feminista soy pluralista. Una democracia no pluralista es una dictadura de la mayoría. El pluralismo es para mí en política la estrella guía, la proa hacia la dirección de un mundo mejor. Un mundo sin hegemonía, esa es mi aspiración.

¿Cuál es la situación del feminismo hoy en día?

El feminismo vive situaciones complejas. Una de ellas es la vanguardización. El intento de algunos sectores dentro del feminismo en transformarse en vanguardia y así controlar la pluralidad que es necesaria dentro de las filas del feminismo. Hay sectores que hablan y actúan de una forma absolutamente autoritaria. Si llevamos el autoritarismo al interior del feminismo se acabó. Mi cátedra en la Fundación Reina Sofía se llamó: ¿Es posible un feminismo con una episteme patriarcal?. Es decir, inquisitorial, autoritario, espurgador, linchador… La respuesta es no. No se posible. Tenemos que inventar otra manera de hacer política y otras metas de la política, no orientadas a la toma del poder. Tomar el poder es la ruina. ¿Cómo hacer política sin pensar en tomar el poder?. Para mí el secreto está ahí. Y el secreto del feminismo está ahí.

El feminismo es un movimiento plural al interior y los feminismos no pueden verse como un conjunto de movimientos contra los hombres. Es un movimiento antisistémico y el patriarcado es un sistema político. Por eso somos un movimiento antisistema, como lo era el movimiento anticapitalista de los años 60 y 70. No llegó a destino. No conseguimos crear el mundo que queríamos crear y a lo mejor fue porque nos faltaba una pieza fundamental: que es la pieza antipatriarcal.

Hablando de esta pluralidad. En España en los últimos tiempos se ve una división dentro del feminismo y un cierto divorcio entre una parte del feminismo y las personas LGTBI que siempre habían ido muy de la mano.

He visto e inclusive le he llamado la atención a algunas personas que considero mis amigas. Porque creo que no pueden adherirse a un discurso como el de la señora Amalia Valcarcel, que es una vergüenza. Ya la había escuchado en alguna ocasión cuando coincidimos en Montevideo, pero cuando la oí hablar en la mesa de la UNAM este año en una mesa redonda de mujeres a las que quiero, como Marcela Lagarde, como Alda Facio, se dejaron capturar por una actitud colonial de esa persona en el presente, autoritaria de una manera en la que no puede ser considerada feminista y con una transfobia tan aberrante. ¿Como puede ser que tenga miedo de que las mujeres trans tomen el protagonismo, le roben el movimientos?. No es aceptable su discurso. Y llega a decir en esa mesa redonda que no usemos más la categoría género. Cuando esta categoría, como nos enseñan los antagonistas de nuestro proyecto histórico, quieren cancelarla y hablan de una ideología de género. No tiene el alma del feminismo. Si vamos a hacer lo mismo que hacen los hombres de empezar a agredir a los demás, a montar una inquisición, generar una vanguardia que domine todas las opiniones. Porque saben que su discurso acaba coincidiendo plenamente con el de nuestros enemigos, los enemigos del feminismo.

Hay una frase suya que me parece muy reveladora: "Yo pienso en delantal y cocinando huevos fritos". ¿Es la cocina un lugar político?

En el mundo precolonial no intervenido, y esto lo vemos en muchos lugares América Latina y en algunos lugares de España también, es un mundo dual: existe una política de los varones que es pública, de la casa hacia afuera, de la aldea hacia fuera. Ese es el espacio de acción de los hombres. Y existe un espacio que es doméstico, pero no es ni privado ni íntimo, no tiene los muros de la familia nuclear. No es un encierro y está atravesado por muchísimas presencias.

Yo vi lo que significa la nuclearización de la familia en el proceso de Brasil trabajando ás de 10 años con las leyes contra la violencia doméstica. Al llevarla a muchos lugares e Brasil me fui dando cuenta que la violencia aumentaba porque se nuclearizaba la familia. Esta nuclearización la transforma en íntima, en privada y sobre todo la desprotege del ojo público. Ahí es cuando se despolitiza el espacio doméstico. Antes de eso, las mujeres tenían mucho más valor. Cuando en 1966 cuando yo llegué a Tilcara (Jujuy, Argentina) donde vivo ahora, las mujeres tenían infinitamente más poder económico y político de lo que tienen hoy. Ese es una caída violentísima del poder de las mujeres con el avance de la colonial modernización.

El control del cuerpo de las mujeres, aunque resulta a veces difícil verlo, es la piedra angular, la fundamental, la primera lección, la primera pedagogía de expropiación de valor, la primera forma de opresión, tanto en la historia de la especie, como en las historias personales, las biografías individuales. El lugar donde aprendemos la diferencia, la desigualdad, que es en el patriarcado. Es comprensible. Quien tiene el poder quiere permanecer en el poder en un mundo donde l apolítica se diseña y se persigue como la lucha por el poder. Algo ha visto que nuestro movimiento amenaza para que tan rápidamente se orquesta una manera de bloquearle el camino.

¿Y esto cómo sucede?

Un Estado siempre es una administración exterior a la vida de la gente. Como el policía del Estado con la pistola en el bolsillo o como la escuela racista. Algo ajeno a la propia vida de la gente. Es una gestión desde afuera de la vida. En América Latina, a no ser para un grupo pequeñísimo de personas, es un administrador que nunca perdió su exterioridad con relación a lo administrado. Esa administración externa es colonial. Este estado es la mejor definición de lo colonial inclusive hoy en día.

Lo que sucede es que al nuclearizarse la familia, el espacio de los hombres se va transformando en la esfera pública y en el Estado que es patriarcal, aunque las mujeres podamos entrar en los cargos estatales, pero el género del Estado, de las posiciones institucionales es un género masculino: la distancia, la gestión burocrática… varias características que viene de la gestión masculina en una profundidad histórica muy grande.

El otro espacio político era el de la gestión de la vida, porque tenía un impacto en la vida colectiva. Pero dejamos de percibirlo como una gestión política. La tarea de las mujeres se ha vuelto una vida en la intimidad, un cuerpo vinculado a lo íntimo, a lo privado y no a una forma de gestión.

Por eso muchas veces digo que maternar el político. Cuidar es político. No creo que sea asalariable, creo que se le tienen que dar las condiciones para poderlo hacer bien, pero transformar ese dar las condiciones a un salario medido en cantidad de tiempo, significaría (usando a Marx) alienar el trabajo de cuidados. Y es inalienable. El salario es una forma de alienación del trabajo, de compra del tiempo, de compra del cuerpo. Eso no se puede hacer.

Existe una discriminación de la mujer en la Justicia, un desamparo que se produce cuando las mujeres buscan protección. ¿Por qué pasa esto?

Lo voy a decir de la manera más rápida bruta que sé. Un juez, un fiscal, un promotor de justicia, un procurador, un defensor, una defensora… tiene el mismo sentido común que un carnicero, que un panadero, que un físico, un químico o un vendedor comercial. Su entrenamiento en la justicia no les ha llevado a sofisticar o a transformar de manera adecuada su sentido común, que está formateado por el patriarcado.

En mi experiencia un juez piensa de manera perfecta su garantismo cuando ante él tiene a una persona pobre y no blanca. Es decir ven la desigualdad de raza y clase. Me fui dando cuenta que esta afirmación positiva, que es darle una garantía mayor a quien por un efecto de la historia no tiene garantían en un tribunal, funciona con las personas más pobres y racializadas. Pero cuando el juicio es sobe un tema de género, esta acción positiva debería ir en dirección a la víctima, porque son las mujeres las que en una profundidad histórica enorme, casi bíblica te diría, arrastran una desigualdad. Escuché a un violador una vez hablarme de que Eva desobedeció y tomó la manzana y de que merecía un castigo porque fue la culpable de que le fuera mal a la humanidad. Y esta estructura mítica y profunda está en la mente de toda la humanidad.

Se lleva hablando mucho tiempo de que los operadores judiciales tienen que tener una formación en perspectiva de género, pero esto nunca llega.

Yo he dado clases cuando se volvió muy común que se dieran clases de derechos humanos para policías. Pero la sensación que yo tenía es que se hacía una prueba en la que sacaban muy bien diez. Pero les entraba por una oreja y les salía por la misma oreja. Sí, es necesario dar clases de género muy bien dadas con absoluta convicción a operadores de la Justicia, pero no es simplemente para asentir. Tienen que conseguir entender en profundidad el tema de la violencia como para desmontar la sospecha en relación a la mujer. Porque las mujeres estamos siempre bajo sospecha. Tenemos intenciones indebida o nos toman por menos capaces. Y eso no se ha alterado de una manera suficientemente fuerte como para que cambie el mundo.

Hay dos cosas que hay que desmontar: la sospecha sobre el cuerpo de mujer y el mandato de masculinidad. Mis pensamientos fundamentales, que nunca fueron modificados sustancialmente, pero sí fueron desdoblados, están escritos en el libro Las estructuras elementales de la violencia. Ahí a la unión entre los hombres le llamo fratria, fraternidad o cofradía. No lo descubro yo, sino un psiquiatra norteamericano cuando se le ocurre contar cuántas violaciones son hechas por hombres solitarios y cuántas por grupos. Y se da cuenta que la mayor parte son hechas en grupos de varones. Es decir, que es un crimen en sociedad, no de un individuo anónimo, malo, loco, desviado y que tiene una perturbación. Si están hechas en grupo en su gran mayoría es porque es un crimen inteligible, o sea social. Entonces me voy dando cuenta por los entrevistados que aún cuando el violador está solo, en el fondo está acompañado. En sus sombras tiene interlocutores a quienes les va demostrando algo.

El crimen sexual es un crimen de exhibición, de prueba, de titulación. El hombre exhibe lo que puede hacer. Sin los ojos de los otros hombres no tiene sentido. No es un crimen del deseo. Eso es lo que los juristas no consiguen entender. Lo siguen concibiendo como un crimen de la libido desbordada de los hombres que se mueren por penetrar a una mujer. Nunca jamás he visto por ningún lugar por donde anduve y donde investigue, incluso en crímenes de guerra contra las mujeres, el deseo como razón. Más bien la obligación como razón. Una demostración para adquirir una titulación, para permanecer como miembro de esa cofradía, de esa fratria.

Más recientemente me di cuenta de que esa fratria tiene una estructura y esta es corporativa. Esta corporación masculina tiene dos características fundamentales: la primera es que su principal valor y el único que no se puede infringir es la lealtad corporativa. Y la segunda característica es que es internamente jerárquica. Esta estructura corporativa se va a replicar en todas las otras corporaciones. Se aprende ahí y luego se replica en la corporación de la Justicia, en la corporación policial, en la corporación mafiosa, en la académica. Se replica en las corporaciones institucionales. Hay una primera corporación que las funda y donde se blinda el aprendizaje. Por eso hay que acabar con el mandato de masculinidad, que es el que va a reproducir la corporación.

Y el feminismo ¿qué papel juega o debe jugar?

Hay muchos hombres que me han venido a decir: "Muchas gracias Rita". Porque obedecer el mandato de masculinidad es un mal negocio para los hombres. Los hace morir temprano, no pueden experimentar ciertas formas de humor, de felicidad… Cuando un hombre viene y pregunta: "¿Como podemos hacer los hombres para ayudar al movimiento de las mujeres?". Yo les digo que se ayuden ellos porque les va mal. Muy mal. Hagan su movimiento, desobedezcan, enseñen. Únanse en la capacidad de desobedecer el mandato de masculinidad y no reproducirlo. Es una tarea de la política de los hombres. La nuestra es otra. Nuestro camino es de la autodefensa.

Es como lo que ocurre con el racismo. Hace poco dos profesoras negras me contaban que las habían llamado para ver cómo acababan con el racismo en una universidad de Estados Unidos. Y ellas respondieron que los que tienen un problema con el racismo son los blancos. Que ellas bastante tienen con protegerse. Francia Márquez lo acaba de decir hace pocos días en Colombia, cuando la cantante Marbelle le dijo que era una orangutana, una expresión racista muy fea y resentida. Entonces Márquez le respondió: "Yo a Marbelle le mando un abrazo para que se sane, porque los blancos se perjudican inmensamente siendo racistas. No consiguen disfrutar de la vida en un mundo diverso". ¡Qué grande!.

 Por Marisa Kohan@kohanm

11/07/2022 21:50

Publicado enSociedad
Una de las marchas contra el fallo de la Corte, en Portland. . Imagen: AFP

Una de las más multitudinarias fue la de Washington. La interrupción del embarazo ya es ilegal en nueve jurisdicciones.

 

La Policía de Phoenix, Arizona, dispersó con gas lacrimógeno a un grupo de manifestantes que se había concentrado durante la noche del viernes frente al parlamento estatal para protestar contra el controvertido fallo de la Corte Suprema que anuló los efectos de la sentencia de 1973 en favor del aborto.

Luego de la represión, las autoridades policiales emitieron un comunicado en el que reconocieron haber utilizado gas lacrimógeno, aunque aclararon que se vieron forzados a hacerlo luego de que varios protestantes "intentaran romper el cristal" de los grandes ventanales del parlamento.

Según un video publicado en Twitter por la senadora estatal republicana Michelle Ugenti-Rita, decenas de personas estaban fuera del edificio y algunas de ellas golpeaban con fuerza los vidrios, mientras los agentes les advertían que retrocedieran. Los incidentes derivaron en el uso de gas lacrimógeno y en la interrupción de la sesión

La senadora estatal republicana Kelly Townsend denunció en la red social que los manifestantes estaban manteniendo a los legisladores como "rehenes" dentro del edificio del Senado. "Se puede oler el gas lacrimógeno y los niños de uno de los miembros (del parlamento) están en su oficina llorando de miedo", se quejó.

La policía aseguró que los manifestantes atacaron algunos de los monumentos de la plaza frente al parlamento local, por lo que se volvió a usar gas lacrimógeno para detenerlos.

En el caso de Arizona, ya hay clínicas que han dejado de practicar abortos por miedo a enfrentarse a consecuencias penales. Esos centros de salud temen una ley de 1901, proclamada 11 años antes de que Arizona fuera un estado, y que establece que cualquiera que facilite un aborto puede ser sentenciado a entre dos y cinco años de prisión.

Algunos republicanos de Arizona argumentan que esa ley ha entrado en vigor automáticamente tras el fallo del Tribunal Supremo, aunque los demócratas difieren. Además, existe en el estado otra ley que prohíbe el aborto a las 15 semanas de gestación y que está previsto que entre en vigor en septiembre.

Las protestas contra el fallo que anuló la sentencia Roe vs. Wade se han sucedido por todo el país. Una de las más multitudinarias fue la de Washington, donde centenares de personas se concentraron durante horas frente al edificio de la Corte al grito de "¡Mi cuerpo, mi decisión!" o "¡Abortemos el Tribunal!".

Consignas similares se escucharon en decenas de ciudades. Algunas manifestaciones fueron organizadas por grupos como Planned Parenthood, la organización que gestiona la mayor red de clínicas de salud reproductiva en Estados Unidos; pero otras surgieron de manera espontánea.

Las protestas fueron especialmente numerosas lugares como Nueva York, donde miles de personas se concentraron en el Washington Square Park, una céntrica plaza que tradicionalmente acoge mítines políticos y manifestaciones.

En Los Ángeles, los manifestantes bloquearon el tráfico del centro de la ciudad, mientras que en Filadelfia miles se concentraron frente al emblemático Ayuntamiento y en Austin Texas, hubo una protesta frente a la corte federal. Otros cientos de personas salieron a la calle en Atlanta, Georgia, en dos manifestaciones diferentes que se unieron a los pies del parlamento estatal.

Por otro lado, en Cedar Rapids, dos personas resultaron heridas al ser atropelladas por un coche durante una protesta. En un comunicado, el alcalde de esa ciudad, Tiffany O'Donnell, dijo que la policía estaba investigando el suceso.

El aborto ya es ilegal en nueve estados: Alabama, Arkansas, Kentucky, Luisiana, Misuri, Oklahoma, Dakota del Sur, Utah y Wisconsin. Todos ellos habían aprobado con anterioridad leyes destinadas a prohibir el aborto y que entraron en vigor tan pronto como se hizo pública la decisión del Tribunal Supremo.

Planned Parenthood estima que 26 estados acabarán prohibiendo el derecho al aborto, en cuestión de días, semanas o meses.


El día después de cuando el aborto dejó de ser un derecho constitucional en Estados Unidos

Miles de personas, la mayoría mujeres, se concentran en el parque Washington Square de Nueva York. Han venido a quejarse y a gritar, porque oficialmente el aborto ya no es un derecho constitucional en Estados Unidos.

Marta Campabadal Graus

@MartaCampabadal

El Salto

26 jun 2022

Son las seis de la tarde del primer viernes de verano. Washington Square Park, el parque de Nueva York que ejerce de punto de encuentro de jóvenes, tatuadores, vendedores de marihuana y estudiantes con latas de cerveza, tiene hoy un aspecto muy diferente. Miles de personas, la mayoría mujeres, ocupan la plaza. Han venido a quejarse y a gritar, porque desde hoy oficialmente el aborto no es un derecho constitucional en los Estados Unidos.

El viernes 24 de junio, la Corte Suprema hacía público el fallo sobre el procedimiento judicial Dobbs vs Jackson Women's Health Organization, la anulación de Roe v. Wade, el caso que hace más de 50 años convirtió el aborto en una práctica legal en los Estados Unidos.

Las últimas cifras disponibles del Instituto Guttmacher, ​una organización sin ánimo de lucro que promueve la salud reproductiva son de 2020 y dicen que en ese año se practicaron 930.160 abortos en todo el país, frente a 916.460 en 2019. Cabe señalar que las cifras reportadas incluyen solo los abortos inducidos legales realizados por clínicas, hospitales o consultorios médicos, o que hacen uso de píldoras abortivas dispensadas en establecimientos certificados como clínicas o consultorios médicos. No tienen en cuenta el uso de píldoras abortivas que se obtuvieron fuera de los entornos clínicos.

Son días convulsos en el alto tribunal. Esta misma semana publicaban la resolución por la cual las armas son permitidas en la calle, para defensa propia, en estados como Nueva York, un “oasis” de las armas. El Tribunal, que espera a la última semana de trabajo antes de verano para publicar sus resoluciones más controvertidas, ha hecho pública la decisión de desproteger el aborto esta semana, aunque era ya un secreto a voces. El fallo fue “filtrado” y publicado el pasado 3 de mayo por el medio Politico, que sigue de cerca la vida gubernamental del país.

El think tankPew Research Center determinó en su última encuesta que el 61 % de los adultos estadounidenses dice que el aborto debería ser legal todo o la mayor parte del tiempo, mientras que el 37 % dice que debería ser ilegal todo o la mayor parte del tiempo.

Carol Sanger, profesora de derecho de Columbia University, especializada en derechos reproductivos, apunta que “esta es la primera vez en la historia moderna, y tal vez incluso en toda la historia de los Estados Unidos, que se anula un precedente establecido para rescindir los derechos de las personas”. La profesora añade que “los conservadores han estado esperando mucho tiempo, 50 años, para tener suficientes jueces de su ideología para que puedan salirse con la suya. Y se opusieron y odiaron a Roe V. Wade desde 1973. Así que este es su momento”.

De hecho, uno de los miembros más controvertidos, el juez Clarence Thomas ya ha dicho que el Tribunal Supremo “debería reconsiderar la contracepción, y las leyes sobre matrimonios del mismo sexo”.

“En 2015 tuve un aborto. Sin él, probablemente no me habría graduado de la universidad, y no estaría donde estoy hoy. Estoy muy triste y enfadada”, dice Annelise Eden en un tuit. Eden acaba de graduarse con matrícula de honor de un máster de periodista de la Universidad de Columbia.

La escritora Tiffany D. Jackson compartía en Twitter un pensamiento que también se palpaba en las protestas: “Vivimos en un país que nos obliga a parir pero que no tiene baja por maternidad obligatoria ni atención médica universal”.

Amanda Paige, una joven de Florida que vive y trabaja en el mundo editorial en Nueva York, reaccionó rápidamente ante la resolución del tribunal y publicó en sus redes el siguiente mensaje. “Hola, si conoces a alguien que necesite un lugar donde quedarse en el estado de Nueva York para abortar, puedo encargarme de darle una habitación, transporte y comida. Vivo en una ciudad pequeña a una hora de la ciudad de Nueva York. No me importa si casi no te conozco, o si no te conozco de nada. Puedes contar conmigo”.

Carol Sanger dice que “la gente con menos recursos necesitará ayuda de fuentes privadas, o posiblemente de sus empleadores”. De hecho ya hay varias empresas, como Amazon, Apple o Bumble, que han anunciado ayudas económicas y laborales a sus trabajadoras para poder abortar si así lo desean.

Símbolos como los pañuelos verdes —inspirado por la marea verde, la lucha de las proabortistas argentinas—, los pantalones blancos con manchas rojas y muchos carteles con mensajes claros. “My body, my choice” (Mi cuerpo, mi decisión), “Abortion is a human right” (Abortar es un derecho humano), y “Being pro life is regulating guns, no women’s bodies” (Protejer la vida es regular armas, no el cuerpo de las mujeres).

La manifestación de Nueva York y de la mayoría de ciudades del país fue organizada por Rise Up for Abortion Rights. Merle Hoffman es una de sus fundadoras y lleva vinculada al movimiento desde que en los años 80 empezó a colaborar con la clínica Choice’s Womens Medical Center del barrio de Queens, al este de la ciudad de Nueva York, que atiende en una variedad de servicios alrededor de la reproducción a más de 34.000 pacientes al año. “Ya no podemos ver al Tribunal Supremo como el Olimpo y a las personas que lo integran como dioses. Creo que la credibilidad de la corte se está perdiendo”.

Ryan Bess Winnick, vecina de Brooklyn de 34 años, lleva escrito en su camiseta “My body, my f* choice” (My cuerpo, mi jodida decisión). Desde Washington Square Park cuenta cómo tomará acción, participando en una asociación que llama a ciudadanos registrados como demócratas o independientes de los estados con empate, para que vayan a votar. “Cuando lo leí por la mañana en las redes y en medios, me sentí muy triste. Esto es muy trágico. Pero justo después mi reacción ha sido de enfurecimiento, y por eso estoy aquí”. Bess Winnick añade que “esto es solo el principio de un ataque a los derechos fundamentales”.

El revocamiento de Roe v. Wade no significa que a partir de ahora sea ilegal abortar en los Estados Unidos, pero ya no es un derecho universal y, por lo tanto, su regularización dependerá de cada estado. Los más liberales como Nueva York o California, ya han anunciado que van a blindar el derecho al aborto, y no solo eso, sino que van a poner facilidades a mujeres de otros estados que quieran abortar.

Hasta 26 estados tienen leyes que restringen o prohíben el aborto y que han entrado en vigencia o lo harán en los próximos días. Aun así, lo más probable que la demanda de abortos no cambie. Un análisis del NYT determinó que con la anulación de Roe, la distancia media de viaje para realizar el procedimiento aumentaría de 56 a 450 kilómetros. Lo que significa que los estados, incluidos Kansas, California e Illinois, verán sus clínicas inundadas con pacientes de otros estados. Illinois espera que su número de pacientes aumente entre dos y cinco veces, según ha calculado Bloomberg.

En las últimas semanas, también ha habido acción política proabortista. Y es que anticipando que muchos estados restringirán el acceso al aborto, los políticos en algunos estados con leyes de aborto permisivas como Nueva York, California y Oregón, han aprobado nuevas instancias para proteger y blindar aún más el derecho al aborto y esperan que más mujeres de estados con menos acceso al aborto viajen a sus estados para abortar.

Helmi Henkin es una joven activista que vive en Sant Louis, Missouri, uno de los estados que ha anunciado que prohibirá el aborto. Henkin empezó su activismo en 2016, como acompañante de mujeres que querían abortar en Tuscaloosa, donde hay una de las únicas tres clínicas de aborto de Alabama. Ahora se decida al activismo digital. “Me hice famosa en Twitter porque durante años si veía una noticia sobre algo relacionado con el aborto, respondía con un listado de lugares donde las personas podían donar para promocionar el aborto”. Luego lo convirtió en un documento, que hace aproximadametne un mes Squarespace le pidió si podía convertir en un sitio web que pudiera mantener gratis para siempre. Así que ahora es un sitio web, un documento creciente y vivo.

Las respuestas vienen también de organizaciones seculares que están reaccionando rápido. Nori Rost salió del armario en 1978. Tenía 16 años y vivía en el estado de Kansas, conversador y muy rural. Ahora es la presidenta de la New York Ethical Society, una alternativa secular a la religión, que se basa en la ética y los valores. “Aunque estemos en retroceso, la diferencia entre antes de Roe v. Wade y ahora es que las mujeres no recibían la atención médica adecuada y además estaban solas y avergonzadas en el proceso”. Rost explica que tras la decisión del tribunal, quiere crear una red entre las diferentes sociedades culturales e iglesias unitarias universales, para que las mujeres que están en estados que han perdido su acceso al aborto puedan acceder a fondos y ayudar con el viaje y la vivienda, y venir a un estado que lo permita como Nueva York.

En este sentido, Carol Sanger cree justamente que “si algo puede salir de esto, es una mayor solidaridad en temas reproductivos, porque tendremos que empezar de nuevo y volver a la década de 1950. Es increíble”. Sanger pone palabras a lo que ya se ha ido viendo en los últimos años. “Creo que Estados Unidos ha perdido estatus como líder en el mundo en muchos temas. Y creo que eso comenzó con Trump”.

Por su parte, Hoffman opina que “la libertad nunca es gratis y siempre hay que estar alerta, porque nada está escrito en piedra y nos han quitado el único lugar donde las mujeres tienen el poder de vida y muerte. Ahora vivimos en un estado de esclavitud”.

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Aborto eeuu

Las norteamericanas no dejarán de abortar, pero en muchos estados ahora lo harán de forma ilegal e insegura. La anulación del derecho al aborto es un triunfo del supremacismo blanco y las más perjudicadas serán las mujeres más vulnerables.

 

La decisión del Tribunal Supremo de Estados Unidos de anular la protección al derecho al aborto, dejará en manos de cada estado decidir sobre los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres. En 26 de ellos, que están en manos de gobernadores conservadores o republicanos, ya han aprobado leyes  contrarias al aborto o que lo prohiben totalmente listas para ser aplicadas cuando la máxima corte de Justicia del país tumbara la mítica sentencia Roe contra Wade, cosa que ocurrió este viernes. De hecho, solo una hora después de que el Supremo tumbara el derecho al aborto, al menos tres estado ya habían prohibido el aborto en todas sus formas.

En Estados Unidos no existe una legislación nacional sobre el derecho al aborto. La protección de este derecho a la salud reproductiva la abrió una sentencia del Tribunal Supremo (el mismo que ahora la tumba). La sentencia, que se conoce como  Roe contra Wade, es de 1973. Es decir que data de hace casi 50 años. Los magistrados de la Corte Suprema en su fallo justifican la medida, afirmando que la Constitución, un texto escrito en el siglo XVIII cuando no existían los derechos humanos ni las mujeres eran sujetos de derecho, "no otorga" este derecho.

La decisión de la Corte Suprema, tendrá un efecto devastador sobre millones de mujeres, pero especialmente sobre las más pobres y sobre todo en las racializadas: las negras, latinas y en general en las de origen migrante. Según datos de la Federación Internacional de Planificación Familiar (IPPF), la decisión del Supremo afectará a unas 40 millones de  mujeres y niñas en edad reproductiva, que podrían dejar de tener acceso al aborto. Esta organización calcula que la mortalidad de las mujeres podría incrementarse un 14%. La peor parte, añaden, la sufrirán las mujeres afroamericanas, en las que el riesgo de morir durante el parto se multiplica por tres en la actualidad.

La prohibición del aborto no supone que se realicen menos abortos, tal como han constatado los expertos en planificación familiar y de las organizaciones que luchan por los derechos sexuales y reproductivos, sino que éstos serán más difíciles de realizar, ilegales y de alto riesgo para la vida de las mujeres.

"Sabemos con certeza que prohibir el aborto no significa menos abortos y que cuando se promulgan prohibiciones, mueren mujeres y personas embarazadas, como hemos visto en todo el mundo, más recientemente en Polonia. También sabemos que aquellas que no pueden acceder a la atención del aborto legalmente se verán obligada a utilizar métodos no regulados e inseguros, lo que podría provocar daños graves o incluso la muerte", afirma Dr. Álvaro Bermejo, director de IPPF.

A partir de este fallo cada estado podrá decidir sus propias medidas y esto puede suponer que millones de mujeres no solo no tengan derecho a interrumpir sus embarazos, sino que pueden ser perseguidas, investigadas y criminalizadas, tal como ocurre en la actualidad en países como Nicaragua o el Salvador, donde muchas mujeres han acabado en prisión por sospecha de aborto. A partir de este fallo en muchos estados mujeres y niñas serán obligadas a llevar a término sus embarazos aunque éstos sean fruto de violación o incesto. A pesar de que el feto tenga malformaciones incompatibles con la vida o de que la madre necesite tratamiento o un aborto por tener un enfermedad como un cáncer. Leyes de distintos estados republicanos permitirán la investigación de las mujeres, que pueden incluir las búsquedas que realicen en redes sociales o el uso de aplicaciones online para seguir su ciclo menstrual, o tener que comparecer ante a justicia por un aborto espontáneo en incluso acabar en prisión.

Un triunfo del supremacismo blanco

La decisión de la Corte Suprema de Estados Unidos no ha cogido por sorpresa a las organizaciones de derechos sexuales y reproductivos. A principios de mayo de este año, el diario Politico, filtró un borrador de la propuesta del Alto Tribunal favorable a anular la histórica sentencia.

Para Almudena Rodríguez, de la Asociación de Derechos Sexuales y Reproductivos de Catalunya, el sentido del voto de la Corte era previsible "debido a la ideología de los magistrados que la componen, que es ultraconservadora. Esta fue una estrategia bien diseñada por [Donald] Trump, que ha metido a magistrados de esa ideología hasta el último día de su mandato, como fue el caso de Amy Coney Barret, en sustitución de la progresista Ruth Bader Ginsburg". [fallecida poco antes de las elecciones en las que Trump fue derrotado]. 

Rodriguez afirma que con esta medida el aborto inseguro aumentará y que tendrá consecuencias principalmente sobre las afrodesencidentes, las mexicanas, las mujeres migradas, porque las blancas o las que tengan medios podrán viajar o recurrir a otros medios".

del supremacismo blanco y tiene mucho que ver con el racismo. Es también una medida ejemplarizante para todo el mundo y nos dice muchas cosas de la geopolítica. Esto no solo ocurre en Estados Unidos, sino que se trata de grupos fundamentalistas y son acciones colectivas y se deciden en espacios internacionales donde planifican campañas y acciones. En este caso lo han conseguido. Esto es un aviso a navegantes, a todas", añade Rodríguez.

 Desde IPPF coinciden con este análisis. Para Elizabeth Schlachter, esto no se trata solo del movimiento contra el aborto en los EEUU, sino de un esfuerzo global concertado y calculado por parte de extremistas religiosos y conservadores anti-mujeres, anti-género, anti-LGBTQI+ y anti-negritudes, que están usando dinero opaco y medios antidemocráticos para negar a las personas su derecho humano a la atención médica, la igualdad, la autonomía corporal y, en última instancia, la libertad".

Para Rodríguez en Europa tenemos metida a esta extrema derecha en los parlamentos desde hace años en algunos países y tenemos también el ejemplo de Polonia, que es el extremo paradigmático. Por ahora tanto el Parlamento Europeo como el Consejo de Europa han conseguido resistir, pero el auge de la extrema derecha es un hecho y acabar con el aborto es uno de sus grandes objetivos. En España hemos ampliado derechos, pero se trata de una victoria en un contexto que es peligroso y abierto. Por eso repito que es un aviso a navegantes".

 

24/06/2022 19:47

Marisa Kohan@kohanm

 

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Norma McCorvey (izq.), quien fue Jane Roe en el caso Roe v. Wade de 1973, con su abogada, Gloria Allred, en 1989.

El equilibrio de poderes entre Washington y los Estados se ve amenazado en EE.UU., donde la ultraderecha religiosa se ha unido a la élite conservadora para poner límites a unas libertades civiles que tachan de libertinaje

 

De los tres poderes –Ejecutivo, la espada; Legislativo; la cartera; y Judicial, los jueces–, el encargado de administrar justicia nació como el hijo tonto de la joven democracia estadounidense. Alexander Hamilton ya lo advirtió a primera hora: “el [poder] judicial carece de influencia sobre la espada o la cartera. No tiene capacidad de acción sobre la fuerza o sobre la riqueza de la sociedad, por lo que no puede actuar decididamente sobre ningún asunto de importancia”. Es decir: no puede imponer sus decisiones. Corría el año de 1789.

La vista del número uno de la First St NE de Washington D.C. es imponente: primero la escalinata flanqueada por dos estatuas: a la izquierda una mujer, Contemplation of Justice; a la derecha, una figura masculina, The Guardian or the Authority of Law, también llamado The Executor of Law, ambas obras de James Earle Fraser. Después, las dieciséis columnas corintias que sostienen el frontón; y finalmente impresas sobre el arquitrabe, cinco palabras: Equal Justice Under the Law. El Tribunal Supremo de Estados Unidos (SCOTUS en sus siglas en inglés) ocupa este impresionante edificio desde 1935, 146 años después de que fuera establecido como máxima autoridad judicial de la nación mediante la ratificación de la Constitución de los Estados Unidos en 1789. 

Hasta 1935, la historia de SCOTUS es singular y accidentada: desde constituirse en una especie de consejo de sabios nómada, atendiendo casos de ciudad en ciudad en los primeros años de la nueva nación, hasta la oscuridad de los sótanos del Capitolio, pasando por breves periodos en Nueva York o Filadelfia. Su originario papel secundario y sus más de doscientos años de historia son la lucha continuada por consolidar su poder sobre la tierra; esto es: constituirse en the law of the land, el último órgano de decisión, no solo capaz de decir qué es constitucional sino de imponerse sobre sus hermanos. 

Primer acto: SCOTUS 1-mujeres 0. La sede de SCOTUS, también llamada El palacio de mármol, se levanta sobre el solar que ocupaba el Old Brick Capitol, histórico cuartel hasta 1929 del National Woman’s Party –la compró el Gobierno federal a insistencia del expresidente William Howard Taft, en ese momento primer magistrado del Alto Tribunal–, el partido que abogó incansablemente por el sufragio femenino en EE.UU. hasta su consecución en 1920 (Enmienda 19 de la Constitución) y que, desde entonces, se entregó a las luchas por los derechos civiles desde su feminismo militante. Fue una compra, sí. Pero digamos que aquellas primeras feministas fueron invitadas a abandonar su casa. Las ironías de la historia.

Segundo acto: SCOTUS 0-mujeres 1. 1973, Roe v. Wade. La archiconocida sentencia por la que el máximo órgano judicial estadounidense declaraba inconstitucional cualquier restricción al acceso de la mujer a la posibilidad de abortar en condiciones sanitarias adecuadas y de forma legal. La argumentación sobre la que se basaba Roe contra Wade poco tenía que ver con la moral y mucho menos con la biología (ambos pilares que sostienen las posiciones de los autodenominados pro-vida): se trataba única y exclusivamente de salvaguardar el “derecho a la intimidad” de cada persona en relación a una de las cláusulas de la 14º Enmienda de la Constitución. Es decir: el gobierno (ninguno) no es quien para decidir qué puede hacer cada uno con su cuerpo. Ese uno era una mujer, Norma McCorvey, la camarera de Texas que se escondía bajo el pseudónimo de Jane Roe, quien tras quedarse embarazada de su tercer hijo en 1969 quiso abortar. El problema era que en Texas, donde residía, el aborto era ilegal salvo riesgo para la vida de la madre. No era la primera vez, pero sí una de las más importantes en las que SCOTUS volvía a poner de manifiesto la fuente de su poder: la confirmación del concepto de judicial review del que emana su supremacía judicial. En resumen: la decisión sobre un caso específico se aplica y afecta a todos los demás casos semejantes en cualquier lugar del país. Una vez más, SCOTUS marcaba la única distancia posible entre el suelo y el techo de la casa común estadounidense. 

En realidad, Roe contra Wade fue el canto del cisne de una época que en 1969 estaba a punto de cerrarse con la llegada de Nixon a la presidencia: la gran expansión de los Derechos Civiles iniciada una década antes y que había sido consecuencia de la madre de todas las batallas en EE.UU.: el enfrentamiento entre la Casa Blanca (con o sin el Capitolio) y SCOTUS, es decir, la espada contra la toga. Una batalla ganada por los liberales, cuyo punto culminante habían sido las grandes sentencias en favor de los Derechos Civiles auspiciadas bajo un Tribunal (la llamada Warren Court Era) que había empezado a perfilarse bajo la presidencia de Franklin Delano Roosevelt. En la mente del Partido Republicano solo era cuestión de tiempo, de paciencia. Y de colocar en la Casa Blanca al hombre adecuado. La derecha y la ultraderecha estadounidense habían entendido por fin que la política de un país no se cambia tanto en el Capitolio como desde la sala noble del Palacio de Mármol.

Por eso no es casualidad que este tercer acto empiece precisamente por Roe contra Wade. La filtración del borrador publicado en la noche del pasado lunes por el diario Politicoy firmada por el juez Samuel Alito (conservador) reflejaba una opinión predominante de cinco de los nueve magistrados que integran la Corte a favor de la revocación del derecho a la interrupción del embarazo. Hacía meses que había sospechas de que esto ocurriría, no es ningún secreto que el propio tribunal vive tiempos convulsos con acusaciones de corrupción sobre algunos de sus miembros y enemistades personales entre otros. Incluso la pandemia y su politización ha sido motivo de discordia entre el grupo patricios togados: algunos de los jueces más jóvenes y conservadores se han mostrado reticentes a ponerse mascarillas en las reuniones con sus compañeros más veteranos.

La única sorpresa aquí ha sido que la bomba explotara vía filtración, acto sin precedentes en la historia de la institución y que ha desatado una caza de brujas con los ojos puestos en los magistrados liberales y, especialmente, su staff. El martes, el presidente de la Corte Suprema, el conservador –fue nombrado por George W. Bush, y últimamente se posiciona con sus compañeros más progresistas, lo que indica hacia dónde se ha movido el tribunal en los últimos cuatro años– John Roberts confirmó el contenido del documento de 98 páginas conocido el lunes, aunque señaló que se trataba de un “primer borrador”. Hay que indicar que la filtración en sí no es delito, pero si se descubre a su autor supondría el final de su carrera, amén de otro tipo de actos disciplinarios. 

El texto no deja lugar a dudas: según el voto privado emitido el pasado febrero, la mayoría conservadora cree necesario derogar el precedente sentado por la sentencia de 1973 (y confirmado en el caso Planned Parenthood contra Casey, de 1992): “[La sentencia de] Roe estaba terriblemente equivocada desde el principio”, escribe Alito, para el que “su motivación fue excepcionalmente endeble y aquella decisión ha tenido consecuencias perjudiciales. Lejos de lograr un consenso nacional en torno al tema del aborto, Roe y Casey atizaron el debate y profundizaron en la división”. Decenas de personas se han concentrado a las puertas del edificio del Alto Tribunal desde la publicación del borrador para protestar. Según un estudio reciente del Pew Research Center, seis de cada diez estadounidenses creen que el aborto debería ser legal en todas o casi todas las circunstancias, mientras que un 54% se manifiesta contrario a la derogación de Roe contra Wade.

“La Constitución no hace ninguna referencia al aborto, y ningún derecho de este tipo está protegido implícitamente por ninguna disposición constitucional”, argumenta Alito en una posición que secundan los magistrados Clarence Thomas, Brett Kavanaugh, Amy Coney Barrett y Neil Gorsuch, estos tres últimos nombrados durante la presidencia de Donald Trump. El fallo definitivo no se espera hasta finales de junio o principios de julio. La mayoría conservadora, seis contra tres, hace poco probable un cambio en la argumentación de la misma.

Una aclaración: si finalmente Roe contra Wade es revocada, eso no significa que el aborto se vuelva ilegal en EE.UU.. Solo que el poder de decisión tornará a los Estados y, por tanto, los más conservadores ya no tendrán obstáculo federal para prohibirlo en su territorio. La distancia entre las dos Américas, una liberal y otra conservadora, se agrandará todavía más.

El GOP y Trump, historia de un amor de conveniencia

Para entender un poco el origen de lo que está ocurriendo hay que irse al último año de legislatura de Obama. A un año de las elecciones, Obama pretendió llenar la vacante dejada por el fallecimiento del juez Anthony Scalia con el moderado Merrick Garland (hoy Fiscal General de Joe Biden). El entonces líder del GOP en el Senado, Mitch McConnell se negó incluso a reunirse con Garland y bloqueó cualquier intento de nominación durante 293 días. El tiempo justo para que Donald Trump se hiciera con la presidencia de EE.UU..

Con Trump en la Casa Blanca, fue el ultraconservador Neil Gorsuch quien ocuparía la vacante de Scalia en el Alto Tribunal. No sería el único. En solo cuatro años, Trump colocaría dos jueces conservadores más: Brett Kavanaugh y Amy Coney Barrett. Los tres en la cincuentena, para una posición que, recordemos, es vitalicia salvo renuncia voluntaria –es el caso de Stephen Breyer cuyo asiento será ocupado por la jueza Ketanji Brown Jackson (51 años) en algún momento de este verano y confirmada por el Senado a propuesta del presidente Biden el pasado 7 de abril. 

Aquel fue el verdadero legado de Trump, un presidente que para hacerse con el poder en el GOP se alió con el ala más conservadora del movimiento republicano estadounidense, la misma que llevaba décadas esperando la oportunidad para asaltar SCOTUS. Un quid pro quo necesario para iniciar la estrategia de demolición de lo conseguido desde la década de los Derechos Civiles. En definitiva, una partida de póker en la que en Estados Unidos siempre se apuesta en una doble vertiente. Por un lado, a medida que crece el poder de SCOTUS decrece el de la Casa Blanca, y viceversa. Por el otro, a medida que decrece el poder del Gobierno federal, crece el de los Estados; también y viceversa. 

Y aquí estamos otra vez: “Es hora de hacer caso a la norma fundamental y devolver el tema a los representantes elegidos por el pueblo”, sentencia el borrador de Alito, en una clara referencia a los gobiernos estatales. En la práctica, la derogación de Roe contra Wade supondría la libertad de los Estados para decidir sobre los derechos reproductivos de 166 millones de mujeres. Insisto, el GOP lleva décadas fraguando esto, y la derrota de Trump hace dos años simplemente potenció el cambio de paradigma en los estados controlados por los republicanos donde sus gobernadores han preparado leyes restrictivas que entrarán en vigor inmediatamente.

Dos países y una puerta hacia el abismo

Hay un país azul demócrata a punto de convertirse en santuario de los derechos de las mujeres y preparándose para acoger una ola de turismo reproductivo. Hay otro rojo republicano, en el que más de una veintena de estados aguardan la confirmación de lo filtrado esta semana. Estados como Oklahoma, cuya Cámara de Representantes aprobó la semana pasada una estricta norma que prohíbe las intervenciones después de la sexta semana de gestación, antes incluso de que la mayoría de las mujeres sepan de su embarazo. O Texas, siempre a la vanguardia de la reacción y no solo en el ámbito sanitario, cuya nueva legislación, promulgada en septiembre y conocida como la “Ley del latido”, propone la persecución de los ciudadanos particulares que ayuden a una persona a poner fin a un embarazo no deseado. Se trataría de una puerta hacia un abismo: según sea interpretada la norma, un taxista que lleve a una mujer a una clínica abortiva, aunque sea en otro Estado, podría ser perseguido judicialmente con penas de hasta 10 años de prisión. Tras Texas y Oklahoma, Florida, Ohio y otros Estados del sur anuncian su intención de convertirse en “santuarios de la vida”. 

Este abismo no tendría por qué circunscribirse a las cuestiones reproductivas. Por ejemplo: en Lawrence contra Texas (2003), SCOTUS usó el mismo argumento de Roe contra Wade (derecho a la privacidad) para determinar que era inconstitucional castigar a las personas por cometer sodomía. Obergefell contra Hodges (2015), que legalizó el matrimonio entre personas del mismo sexo y utilizó el derecho a la privacidad y la cláusula de igual protección para hacerlo. Esto podría abrir la puerta para que un Estado trate de desafiar las leyes de matrimonio entre personas del mismo sexo y las distintas legislaciones en relación a la comunidad LGTBQ, que ya están en el punto de mira de los legisladores republicanos. De nuevo Texas, donde se ha llegado a plantear la posibilidad de poner a cargo de las autoridades a los niños trans si estos son apoyados por sus padres en su proceso de transición. Pero hay más: Griswold contra Connecticut (1965), que protege la capacidad de los matrimonios para comprar anticonceptivos sin restricciones gubernamentales. No se trata solo del aborto. O Meyer contra Nebraska (1923), que permite que las familias decidan si quieren que sus hijos aprendan un idioma que no sea inglés. Esto podría abrir la puerta para que Estados antinmigración intenten prohibir el aprendizaje de otros idiomas que no sean el inglés en las escuelas públicas. Incluso, la obligación estatal de ofrecer un sistema público de enseñanza (Plyler contra Doe, 1982), como ha anunciado que va a estudiar el gobernador republicano de Texas, Greg Abbott. La educación pública nunca ha dejado de estar en el punto de mira republicano. 

También Skinner contra Oklahoma (1942), el fallo que declaró inconstitucional la esterilización forzosa de personas (se hizo con miles de mujeres afroamericanas). Hay quien ha señalado estos días que la caída de Roe contra Wade podría abrir la puerta para que algunos Estados determinaran la esterilización de delincuentes, personas discapacitadas o minorías de todo tipo. Sin duda, también el derecho al voto en un momento en el que en muchos Estados republicanos están aprobándose legislaciones encaminadas a restringir o dificultar el sufragio y que tienen a minorías raciales como principal objetivo.

En el origen de todo está la condición del juez Alito como ‘originalista’ constitucional. Con ese término se conoce a los magistrados que defienden que la Constitución debe interpretarse tal y como fue pensada por sus creadores hace más de dos siglos. Originalistas son también los jueces Thomas, Barrett, Gorsuch e, incluso, Kavanaugh también son originalistas. Los tres nominados por Trump.

Biden contra la Corte Suprema 

Muchos dicen que los senadores son los patricios del imperio americano. No es del todo cierto. Son los miembros de la Corte Suprema, depositarios de un poder casi omnipotente y sin aparente fecha de caducidad. Una situación sin paralelismo en ninguna otra democracia occidental.

El número de asientos en el Alto Tribunal permanece inalterado desde la presidencia de Ulysses S. Grant (1864-1865), y ante la herencia de Trump, no pocas voces llevan defendiendo la idea de que ha llegado el momento de ir a una nueva guerra contra la máxima institución judicial del país. En política estadounidense esto se conoce como Court Packing: que un presidente trate de incrementar –a veces reducir– el número de jueces del Supremo para lograr un tribunal con cierto equilibrio ideológico. En la práctica lo que se busca es una Corte más alineada con la Casa Blanca o el mismo Capitolio. En 1801, John Adams redujo el número de miembros de seis a cinco para evitar que su sucesor, Thomas Jefferson, pudiera nombrar a su propio magistrado. Poco después, el Congreso incrementó de cinco a siete el número de asientos. Andrew Jackson sumó dos más hasta conformar un Tribunal con nueve sillas. Más tarde, Lincoln añadiría una más; mientras que su sucesor, Andrew Johnson, volvería a reducir la alineación a siete, hasta que el mencionado Grant conformara los nueve actuales. 

La posibilidad de sumar nuevos jueces al actual SCOTUS, es algo que cuenta con la oposición frontal del GOP, muy cómodo con la situación actual, mientras que tampoco se ve claro en los círculos de poder más cercanos al presidente. No tanto por su problemática, es completamente legal y hay precedentes, sino porque supondría que la Administración Biden abriera un nuevo frente de batalla –sin cuartel y a todos los niveles, Partido Demócrata incluido–, y con la cita electoral de las elecciones de medio mandato –legislativas– el próximo noviembre. 

El enfrentamiento más sonado entre SCOTUS y la Casa Blanca data de 1933. EE.UU. vivía inmerso en la Gran Depresión y el entonces presidente, Franklin Delano Roosevelt, puso encima de la mesa su primer New Deal, la mayor expansión del Gobierno Federal de la historia de EE.UU. hasta la fecha. Su agenda populista(como fue calificada entonces, algunos dirían hoy socialista) chocó con la oposición frontal de un Tribunal muy conservador y receloso de un poder de Washington en expansión a costa del de los Estados. Todas las iniciativas contenidas en aquel primer New Deal fueron tumbadas por los togados, una tras otra. SCOTUS acababa de mudarse a su nueva y flamante sede y, en 1935, en un editorial publicado por The New Yorker se podía leer: “el nuevo edificio [de SCOTUS] dispone de unas grandes y maravillosas ventanas desde las que arrojar el New Deal”. 

Franklin Delano Roosevelt decidió cambiar de estrategia y reescribir las reglas del juego: amenazó con nominar un nuevo juez por cada miembro mayor de 70 años que se negara a retirarse. Esto suponía añadir seis nuevos magistrados hasta un total de quince. Todos ellos, claro, receptivos, cuando no directamente favorables, a las políticas del presidente. No fue necesario. El Alto Tribunal aflojó, y para 1937 un segundo paquete del New Deal pasó el dictamen de SCOTUS. Fruto de aquella victoria, los ciudadanos de EE.UU. contaron por vez primera con salario mínimo federal, seguridad social (nada que ver con la española) o el derecho de los trabajadores a formar sindicatos. En los siguientes dos años, la mayor parte de los jueces más conservadores optó por retirarse y Roosevelt fue sustituyéndolos. Un nuevo SCOTUS se centraría desde entonces en el ámbito de los llamados “derechos individuales”, un rincón al que nadie había hecho demasiado caso desde el punto de vista constitucional. Este sería el germen de lo que se consumaría en los años sesenta, y cuyas bases comenzaron a asentarse en 1952 con la sentencia de Brown contra Board of Education, que supuso el inicio del fin de la segregación racial en el sistema educativo y, por extensión, en todo el país. 

El problema hoy es que Biden no es Roosevelt, y sí un presidente mucho más débil, con un partido más dividido y una oposición mucho más escorada hacia la derecha. 

No se trata del aborto, insisto. Se trata, una vez más, de derechos civiles y en último término del equilibrio de poderes entre Washington y los Estados. Un sector de la sociedad estadounidense, la ultraderecha religiosa, ha unido sus fuerzas a la élite más conservadora y libertaria a nivel económico, y ha decidido que ya basta. Que hay que poner orden en unas libertades civiles que tachan de libertinaje, contrarias incluso al modo de vida americano. El derecho al aborto es el primer asalto. 

McCorvey, la Jane Roe original, no pudo beneficiarse de su lucha: fue madre de una niña en junio de 1970 que acabaría dando en adopción. Se convirtió, sin quererlo, en un símbolo de la lucha por los derechos reproductivos de las mujeres en Estados Unidos. Con posterioridad cambió de idea, y se convirtió en una convencida antiabortista. Ello no impidió que su caso garantizase constitucionalmente el derecho a interrumpir un embarazo hasta la semana número 23, en la que se fija la viabilidad del feto, y el derecho de millones de mujeres a decidir sobre su propio cuerpo en condiciones de legalidad y salubridad. 

“En muchas otras ocasiones, este Tribunal ha anulado importantes decisiones constitucionales…”, dice el texto de Alito. “Sin esas decisiones, la ley constitucional estadounidense tal y como la conocemos sería irreconocible, y este sería un país diferente”. Lo que nadie podría sospechar es que el país podría regresar en 2022 a un tiempo en el que una mujer debía cambiar de Estado o jugarse la vida y la libertad en la clandestinidad si decidía no ser madre.

Por Diego E. Barros 8/05/2022

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Feministas de izquierda rechazan declaraciones de Maduro en el Congreso de la Mujer del PSUV

3 de abril de 2022.- Voceras de distintas organizaciones feministas de izquierda han expresado su rechazo a la alocución presidencial realizada en el marco de la apertura del Congreso de la Mujer venezolana realizado por el PSUV-Gobierno en la que el presidente Nicolás Maduro afirmó que "La mujer, sabemos, tiene grandes tareas en la vida, la tarea de parir, de gestar, de parir, la tarea de forjar, formar, criar, construir valores. Todas las mujeres tienen en su inocencia profunda un sentido innato para proteger y amar a la humanidad, a los niños y a las niñas. Mucho, pero mucho más elevado, de lejos, que el que tenemos los hombres…"

Zuleika Matamoros, coordinadora de Juntas y a la Izquierda afirmó a través de un artículo que "Lo que debemos dejar claro es que Maduro no pronunció un discurso en estos términos machistas, patriarcales por torpeza, o porque su vena machista no le deja disimular expresiones que le delatan como tal. Esta afirmación es la expresión clara de una política directa en contra de la campaña levantada por la legalización del aborto. Es una política que lo pone de cara a la iglesia católica y demás sectores religiosos. Es una política en contra de la mujer de los sectores más vulnerables: las trabajadoras y las de los sectores populares."

Asimismo Claudia Gilly del Movimiento Mujeres en Lucha afirmó también de manera pública que "No es la primera vez que el Maduro nos manda a parir, ya hace dos años se dirigió a la mujer venezolana diciendo: «a parir, todas las mujeres, a parir seis hijos". Una vez más queda plasmada la ideología patriarcal que caracteriza a este gobierno de falso socialismo, que concibe a la mujer como cuerpo sexualizado y maternizado, para uso, goce y disfrute del sistema patriarcal que requiere de relaciones verticales para la dominación, saqueo de bienes, recursos y medios de producción, para lo cual es imprescindible que la mujer cumpla con el mandato sexista en su condición de madre, cuidadora y reproductora, y aporte la mano de obra barata, incluso esclava, para que se perpetúen las condiciones de opresión, discriminación y explotación necesaria para la acumulación capitalista."

Aporra, abril 3/2022

Puedes leer las notas completas en los siguientes links

https://www.aporrea.org/actualidad/a311254.html

https://www.aporrea.org/actualidad/a311220.html

Publicado enPolítica
“Francesca Gargallo seguirá viviendo en cada paso de nuestra lucha”: mujeres kurdas

Desde el Movimiento de Mujeres de Kurdistán se difundió un comunicado en memoria de la pensadora feminista italo-mexicana Francesca Gargallo Celentini, fallecida en México el 3 de marzo de este año.

A continuación publicamos la declaración completa:

Desde el Movimiento de Mujeres de Kurdistán recibimos con dolor, ayer (3 de marzo) a la mañana, desde la Ciudad de México, la noticia de la muerte de la activista, académica, escritora y poeta Francesca Gargallo Celentani.

Francesca Gargallo era para nosotras una hermana y acompañó, desde el internacionalismo y con sus profundas reflexiones, nuestro movimiento a través de los continentes.

Nuestros pensamientos de amor más profundos van en esto momentos a su hija Helena y a todos sus seres queridos, que abrazamos mientras están reunidos en una red transnacional de afectos; nuestros sentimientos más comprometidos son sin fronteras para tener viva la memoria de vida y el ejemplo de nuestra compañera Francesca Gargallo, desde su alegría y vitalidad, que hacía de cada reflexión compartida una apertura sincera de horizontes y caminos.

Nacida en el sur de Italia, en Sicilia, en el 1956, y habitando México desde el 1979 como toda Abya Yala en su profundidad rebelde desde las luchas de las mujeres y disidencias, Francesca Gargallo caminaba la palabra desde un sentipensar que transcendía fronteras y tejía comunidades amorosas y autónomas, indígenas y populares, desde un internacionalismo feminista sensible y generoso en defensa de los derechos humanos. En su obra figuran cuentos para la infancia, poesías, narraciones y en sus trabajos, como en “Ideas Feministas Latinoamericanas” y después en “Feministas de Abya Yala”, criticaba la modernidad capitalista hegemónica y planteaba, practicándolas colectivamente, otras formas de ser, por fuera de esa, del feminismo radical. Ella recordaba en sus escritos que una lucha de mujeres que no construye autonomía sino que solo pide equidad, asimilando el mundo masculino, en un contexto de occidentalización acelerada del mundo, se pliega a políticas públicas globales estatales, y así tiende a forzar a todas las mujeres a una supuesta liberación individual, impulsando solo sus intereses en el ámbito del sistema capitalista, publicitado así como “el único sistema que funciona”.

La búsqueda de Francesca Gargallo hacia una modernidad democrática y anti-patriarcal en su investigación militante y académica ha abierto tanto señalamientos a los feminismo hegemónicos institucionalizados, como rutas para abarcar y entender con más atención las luchas llevadas adelante entre Abya Yala y Kurdistán, otras formas no occidentales de lucha anti-patriarcal desde donde construir mundos de sentidos y practicas comunitarias en defensa del planeta en autentica pluriversidad.

La entera vida de Francesca Gargallo ha sido este actuar colectivamente en una constante despatriarcalización de la comunidad y de la vida. Lectora y conocedora de las autobiografías escritas por la dirigente kurda Sakine Cansiz, como ella, sentimos que Francesca Gargallo abrazó la idea de tener que construir libertad no en un futuro próximo, sino en el aquí y en el ahora, comunalmente. Esto emerge cada momento en su obra escrita como en cada palabra que haya compartido desde la convivialidad. Dando énfasis con su creatividad a la potencia liberadora de la poesía, poco meses antes de irse, Francesca había escrito en el prologo de “Otoño”, una publicación de poesías sobre el Kurdistán: “La poesía es la forma literaria que adoptamos cuando necesitamos contar lo indecible porque, precisamente, accede al instante en el que podemos detenernos y gritar. Expresa nuestra fantasía de forma tal que devela el recuerdo de un relámpago que nos empuja, a pesar de la cotidianidad global, a reconstruir la libertad, ese anhelo tan personal que solo se hace realidad cuando compartimos su construcción y sus frutos.”

Su compromiso feminista internacionalista caminante para la libertad llegó hasta romper los muros de las cárceles de Turquía, cuando hizo resonar internacionalmente sus palabras contra el arresto de nuestra compañera kurda Leyla Güven, la cual inició una huelga de hambre en prisión y a la cual Francesca dirigió estas palabras, que en espejo, ahora le devolvemos: “Tu vida es importante para las feministas. Porque nos recuerda que tenemos que poner nuestro cuerpo en las primeras lineas si queremos desertar el patriarcado, y levantarnos contra la tortura, el aislamiento frente al rechazo de que las personas puedan vivir en paz”.

¡Francesca Gargallo seguirá viviendo cada paso en nuestra lucha!

!Jin Jiyan Azadi!

Movimiento de Mujeres de Kurdistán / 04-03-2022

Publicado enSociedad
Francesca Gargallo

Recuento de la vida y la obra de Francesca Gargallo (Siracusa, Italia, 1956-Ciudad de México, 2022), novelista, poeta, historiadora, traductora, ensayista y teórica del feminismo, y autora de ‘La decisión del capitán’, ‘Al paso de los días’, ‘Los extraños de la planta baja’, ‘Ideas feministas latinoamericanas’ y ‘Estar en el mundo’, entre otros títulos.

“El verdadero lugar del nacimiento es aquel donde por primera vez nos miramos con una mirada inteligente”. Plasmada en boca del emperador Adriano por Marguerite Yourcenar, esta sabiduría define, en paralelo, a una escritora italiana que decidió hacerse mexicana cuando a principios de los ochenta llegó, por azar, a Concepción del Oro, Zacatecas, e hizo de ésta su Ítaca. Aunque por cuestiones relacionadas con su labor docente Francesca Gargallo residió, hasta su prematuro fallecimiento, acaecido el 3 de marzo de 2022, en Ciudad de México, hizo de su obra maestra, La decisión del capitán (Era, México, 1997, reeditada en 2021 por el Fondo de Cultura Económica), una carta de amor a esa entidad: “Me sedujo a través de no hacer nada, esos son los verdaderos seductores, los que no necesitan mover un dedo”.

Nacida en Siracusa, Italia, el 25 de noviembre de 1956, Francesca Isabella Gargallo di Castel Lentini Celentani es un personaje tan o más fascinante que los creados por ella: Isabella, Lucía, Mariana, Begonia, Constanza de Andrada y “la escritora” de Marcha seca (Era, 1999), apasionadas, autosuficientes, aventureras, en las que, simultáneamente, conviven Ulises y Penélope; capaces de defender a un amigo en un pleitode cantina y surcar los mares con sólo una mochila. De amar abnegadamente, no nada más al amante, también al hijo, al hijo del hermano, al amigo.

Novelista, poeta, historiadora y una de las más progresistas teóricas del feminismo; licenciada en Filosofía por la Universidad de La Sapienza en Roma y doctora en Estudios Latinoamericanos por la Unam, empezó a escribir desde que, a los seis años, le enseñaron a hacerlo. Estaba enamorada de su maestra y pensaba que algún día le escribiría lo que sentía por ella. A los doce años se propuso reescribir la Constitución italiana porque no le gustaba. Su abuela paterna, Ada Sdrin Comnena, griega y exaltadamente romántica, pobló su mundo de sentimientos heroicos alucinados tras leerle La Ilíada. La abuela materna, Gilda Cosmo, era sobrina del más importante dantista de sus tiempos. No es coincidencia, pues, que la nieta lleve el nombre de la heroína oscura de Dante, antítesis de Beatrice, Francesca de Rimini, castigada en el Infierno con la melancolía eterna de mirar a su amado Paolo sin llegar a tocarlo. Gilda, a decir de Francesca, era una mujer fría que, sin embargo, adoró a su nieta, “era la más amorosa, viva, vital y empujadora mujer del mundo; la que me decía que durante las menstruaciones se puede comer todo lo que una quiere porque no se engorda; teoría que me hizo amar el menstruar”. Su madre, en cambio, era una bióloga que se frustró porque tuvo seis hijos. Su padre, Gioacchino Gargallo-Sdrin (1923-2007), era un escritor de filosofía de la historia, de quien la propia Francesca tradujo al español su entera Historia de la Historiografía moderna, en cuatro volúmenes, no obstante la cordial enemistad que los enfrentó toda la vida.

De Siracusa a Zacatecas

El nomadismo lo llevaba en la sangre y en los astros. Necesitaba desbaratar el estigma de su nombre: dejar de anhelar, salir a tocar. Aunque su familia era rica, más aún, aristócrata, viajó en calidad de estudiante pobre, quedándose en casas de pueblo y comiendo en fondas. Recorrió los Balcanes y el Mediterráneo, pasó por Nueva York, donde trabajó como baby sitter. Un día, harta de esta aséptica ciudad, se montó, mochila al hombro, a un camión Greyhound que la depositó en Texas. Fue ahí donde pidió aventón a un camionero mexicano: “lléveme a donde vaya usted”, le dijo, valiente o demasiado ingenua. Pero llegó a Zacatecas: el mejor lugar del mundo. Para entonces ya había publicado dos libritos en italiano: Itinerare (poesía, 1980) y Le tre Elene (cuento, 1980), pero en México no sólo se reafirmó en su pasión por la escritura: enamorada del idioma, adoptó el castellano como lengua literaria. “Llegar a escribir español me costó cinco años de silencio. Le debo al maestro Jorge de la Serna, en la Unam, haberme obligado a hacerlo. Me hizo leer, hasta el placer absoluto, a Quiroga, a Jorge Isaacs, a todo Riva Palacio y a Josefina Vicens. En un principio creí que sufriría limitaciones para expresar todo lo que quería, pero dos amigos, Rosario Galo Moya y Eduardo Molina y Vedia, me dijeron que no tuviera miedo, que ellos corregirían el estilo”. Su primera novela en castellano y publicada en México fue Días sin Casura (Leega Literaria, México, 1986), donde aborda la dura experiencia de una periodista italiana inmersa en la guerrilla de un país extranjero. Nos sorprendió con personajes femeninos que se asumen potencialmente libres. Mujeres que estudian, aman, desean y, sobre todo, viajan. Ejercen, además, una bisexualidad como búsqueda de sí y de las otras.

La libertad, la experiencia, la ecología, el humanismo, la solidaridad y la maternidad son los temas predominantes en su narrativa. La mejor de sus novelas, la que la consagró como una de las más destacadas escritoras mexicanas –Juan Villoro la ubicó entre Rosa Beltrán y Carmen Boullosa– es una de corte histórico cuyo protagonista es un varón: La decisión del capitán. Ambientada en el siglo xvi, narra el itinerario bélico, vital y pasional de Miguel de Caldera, fundador de San Luis Potosí, y de quien Francesca aporta una visión que no por personal se aleja de la verdad histórica.

Al paso de los días: la tragedia del mundo

Ninguna, sin embargo, tan radical y apasionante como Al paso de los días (Terracota, México, 2013). Recoge un poco de las demás; la tragedia ecológica de Marcha seca; los dilemas existenciales de Estar en el mundo y la crítica y denuncia sociopolítica de Los pescadores del Kukulkán… tiene, además, a los pasajeros de un avión secuestrado y, posteriormente, abandonados a su suerte en el desierto. Siete sobrevivientes de un singular acto terrorista, perpetrado, al parecer, por la propia tripulación de aquel vuelo Marsella-París, entre los que destacan un famoso escritor con una fatwa pendiendo sobre su cabeza (¿Salman Rushdie?), un afamado galán de cine de acción, un exmilitar serbio, una profesora y escritora que es una especie de amazona –como la propia autora– y una niña de trece años. Su periplo será captado por una cámara de ubicación desconocida que proyecta estas imágenes al mundo gracias al estertor del único satélite que se mantiene en funciones… un mundo que parece a punto de desmoronarse por un apocalipsis forjado a conciencia por la ambición desmesurada de algunos. El mundo, como señala uno de los personajes, se ha transformado en un cadáver que sigue vivo porque sus uñas siguen creciendo. Y esta es la única transmisión televisiva que se puede sintonizar y que algunos, particularmente los involucrados con estos personajes, la siguen como si se tratara de una telenovela. No hay un protagonista definido, ni siquiera la amazona que, ya muy avanzada la narración, descubriremos que se llama Irene y cuyo firme carácter la convierte en líder. Cada personaje, tanto las víctimas del ataque como aquellos que siguen su periplo a través de televisión, incluso los políticos y funcionarios de países remotos que deben coordinarse para resolver aquel problema que podría propiciar un desastre diplomático, así como los científicos, responsables indirectos del desastre ecológico que tiene íntima relación con el suceso, todos, tienen voz. Posteriormente, en una interesante editorial colombiana, Desde Abajo, publicó Los extraños de la planta baja, su novela más personal, cuyo origen es el cambio de un hermoso departamento de la Condesa, herencia de su padre, por un gran terreno en Santa María la Ribera donde, de a poco, erigió una comuna para artistas marginales. “La Santa María –explica– me ofreció una ruina de casa hermosa, señorial, de 450 metros, construida originalmente en 1901 para dos hermanos panaderos devotos de

San Pascual Bailón. Esos muros a medio caer, que hemos reconstruido entre muchos, respetando su diseño original, nos ofrecen vivir y llevar a cabo proyectos artísticos, proyectos que hacen barrio”.

Ideas feministas latinoamericanas, ensayo filosófico sobre el feminismo latinoamericano, puede ser también una guía para comprender su narrativa, en principio porque aborda ampliamente a autoras cuya influencia se advierte en su prosa: Graciela Hierro, Rosario Castellanos, la colombiana Marvel Moreno y las poetas mexicanas Dolores Castro y Enriqueta Ochoa. Se identifica más con ellas que con Simone de Beauvoir –podría decirse incluso que le simpatiza más el entrañable amigo de ésta... no, Sartre no, sino Maurice Merleau-Ponty–, pese a que, como la francesa, se define feminista integral.

América Latina y más

El latido de su narrativa, no obstante, no es exclusivamente latinoamericano: imposible no asociarla con Elsa Morante, con Doris Lessing… con Fatima Mernissi en su faceta ensayística. Testigo presencial de las más devastadoras guerrillas sudamericanas, en medio de las cuales elaboró su tesis de doctorado y de las que se nutre gran parte de su narrativa, en particular su novela Estar en el mundo (Era, México, 1994), nos hace una descripción terrible, poética y sorprendente de un continente que visualiza como a una esposa sometida esforzándose por levantar cabeza. Sus últimos libros fueron Plan campesino de mujeres, amorosa edición realizada en Oaxaca por una editorial pequeñita –y feminista– de nombre Campamocha, que logró sacar un tiraje de mil ejemplares. La otra, La costra de la tierra, impreso en “zona autónoma” (sic), aparece bajo el enigmático sello Cisnenegro (lectores de alto riesgo), con apenas cien ejemplares. Plan campesino de mujeres, pese a su título panfletario, es una novela tan espléndida como las anteriores, complementaria con La costra de la tierra y el thriller Al paso de los días. Extraordinarias aventuras con un trasfondo de crítica política global y, por lo mismo, más “peligrosas”. Plan campesino… es muy informativa, no menos literaria, no menos novela; de hecho, Francesca vuelve poesía cuanto toca, detalles sobre los riesgos de que el maíz transgénico termine mezclándose con el natural; o cómo la ayuda humanitaria a los países pobres ha terminado por servir de puente a compañías de agroquímicos para filtrar organismos genéticamente modificados, mientras que en La costra de la tierra, una médica forense, un chamán, un pintor y un geólogo libran una lucha contra la modernidad depredadora que amenaza con colonizar las libertades individuales… algo tan simple como caminar a placer, en espacios abiertos. No es de extrañar su confesa afinidad con ecofeministas como Ibone Guevara y Vandana Shiva y, estéticamente, con la canadiense Margaret Atwood.

Por Eve Gil -13 Mar 2022 07:29

Publicado enCultura
Martes, 08 Marzo 2022 06:06

Una causa justa para las mujeres

El colectivo Causa Justa delante del Palacio de Justicia en Bogotá (foto: https://causajustaporelaborto.org/un-ano-de-una-causa-justa/)

En este 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, un reconocimiento especial al logro que supone la despenalización del delito de aborto en Colombia

Un año más llega el momento de reivindicar lo que tendría que ser norma y normalidad en cualquier sociedad democrática. De entre los numerosos acontecimientos acaecidos en el último año con la mujer como protagonista, hay que destacar uno: la legalización del aborto en Colombia durante las primeras veinticuatro semanas de gestación.  

A nadie se le escapa que la consecución de derechos para las mujeres es mucho más difícil que aquellos que “no tienen género”. Ellas necesitan luchar más y por más tiempo, sobre todo porque quienes determinan, desde las leyes y desde los gobiernos, los posibles triunfos femeninos son mayoritariamente hombres.

Naciones Unidas reconoce que las mujeres padecen “una mayor vulnerabilidad derivada de factores sociales, económicos y culturales”. Por eso, este logro en Colombia es un paso más en la consecución de la “igualdad de género hoy para un mañana sostenible” que demanda la ONU en este 8 de marzo de 2022.

La sentencia C-055 de 21 de febrero de 2022 declara “exequible la tipificación del delito de aborto consentido, en el sentido de que no se configura el delito cuando la conducta se practique antes de la semana 24 de gestación y, sin sujeción a este límite, cuando se presenten las causales de que trata la sentencia C-355 de 2006”. En la misma se solicita finalmente, tanto al Congreso de la República como al Gobierno nacional, que formulen e implementen “una política pública integral en la materia”.

El fallo de la Corte Constitucional colombiana abre un nuevo panorama para ellas y sus derechos en el país y por extensión en la región latinoamericana. Con esa decisión se subsanan años de reclamar en el desierto por un derecho reiteradamente ignorado por parte de un Congreso de la República netamente macho, blanco y conservador.

Nombrar siempre supone dejar a alguien fuera de la lista, por eso no queremos poner nombres y apellidos a este día memorable. Sin embargo, hay un colectivo que merece ser recordado por su tesón y lucha para conseguir tan importante decisión jurídica: Causa Justa “un movimiento que busca la libertad y la autonomía reproductiva de todas las mujeres”. Impulsado por la Mesa por la Vida y la Salud de las Mujeres, está compuesto por “otras organizaciones de mujeres, feministas y de derechos humanos y diferentes actores entre quienes se encuentran activistas, prestadores de servicios de salud, referentes de la academia y centros de investigación de todo el país”.

En el proceso, la entidad colombiana ha contado con el apoyo de Human Rights Watch. Esta ONG internacional presentó un escrito amicus curiae en el que solicitaban a la Corte “tener en consideración los estándares de derechos humanos en materia de aborto”; señalando que “la criminalización del aborto es incompatible con las obligaciones internacionales de Colombia en materia de derechos humanos”, y destacando que, tal como se recoge en sus informes de los últimos 15 años, “los marcos jurídicos que penalizan el aborto generan un entorno en el cual las mujeres y niñas recurren a procedimientos inseguros que ponen en peligro su salud y sus vidas”.

El dictamen es, le pese a quien le pese, incluido el pelele presidente del país, un hito para las mujeres, para la autonomía sobre su propio cuerpo y su salud sexual y reproductiva. Pero también es un triunfo de la democracia, un logro para que ese cincuenta por ciento de la población sienta que realmente forman parte de la sociedad a la que aportan y pertenecen, que hay equidad y justicia social.

Porque el derecho al aborto no significa el deber de abortar, supongo que para nada un trago agradable. Es dar la opción a las mujeres de que decidan sobre su cuerpo sin el estigma del delito y del señalamiento social.

Publicado en Mundo Obrero el 07/03/2022

08 Mar 2022

Publicado enColombia
Un triunfo de los movimientos feministas. Colombia. Despenalizan el aborto, posible incluso hasta la semana 24


El fallo cayó como crema refrescante sobre una herida que por momentos da muestras de mejoría pero que pese al paso del tiempo no sana del todo. En la tarde del lunes 21 de febrero la Corte Constitucional, luego de meses de dilación (debido a variedad de causas, entre ellas el impedimento de un juez por haber adelantado ante un medio de comunicación su opinión sobre el particular), falló sobre una demanda interpuesta por Causa Justa, movimiento que “[…] busca la libertad y la autonomía reproductiva de todas las mujeres sobre sus cuerpos y sus proyectos de vida”. Además, Causa Justa “[…] reconoce la urgente necesidad de eliminar el delito de aborto del Cógido Penal como un avance para los derechos de las mujeres”. El movimento es una confluencia de organziaciones, entre ellas: La mesa por la vida y la salud de las mujeres, otras organizaciones de mujeres, feministas y de derechos humanos, entre otras y otros que integran esta coalición.


El fallo de la Corte Constitucional, con sorpresa para muchas y muchos, no solo refrendó el derecho al aborto sin estar condicionado como hasta ahora a malformación del feto o que la mujer corriera peligro o hubiese sido abusada sexualmente, y solo posible hasta la 8 semana de gestación, sino que fue mucho más allá y amplió el tiempo para la interrupción del embarazo hasta la semana 24. Pensando en prevención del embarazo, los jueces también entregaron una serie de recomendaciones que deben concretarse a través de políticas educativas y de salud pública. (Ver recuadro)


Con este fallo, en un país donde la Iglesia católica como parte del poder que ha propiciado violencia, exclusión, empobrecimiento generalizado, y otros muchos males que marcan al país, ha determinado y deformado por siglos la vida diaria de millones de personas, la máxima instancia judicial marca una tendencia por seguir en América Latina y gran parte del mundo. Una decisión que hace honor a la lucha de las mujeres, lideradas por variedad de organizaciones feministas, por el derecho a decidir sobre sus cuerpos.


Como lo aseguró Causa Justa, organización que interpuso la demanda que llevó al alto tribunal al fallo acá comentado, y una vez conocido el mismo: “La decisión supone un avance en el reconocimiento de la libertad y autonomía reproductiva y sitúa a Colombia como el país con el modelo de plazos más amplio de todo el continente. El fallo también trae beneficios a las y los prestadores de servicios de salud, pues podrán realizar el procedimiento de aborto/IVE hasta la semana 24 sin enfrentar la amenaza de una persecución penal”.


Causa Justa enfatizó a través de Ana Cristina González Vélez, una de las pioneras del movimiento, que: “Seguiremos insistiendo hasta que deje de usarse este delito que es injusto, ineficaz y contraproducente. Los plazos sin duda reconocen en cierta medida la autonomía de las mujeres hasta una cierta etapa del embarazo, pero no se sustentan en razones científicas y niegan la capacidad de las mujeres para decidir como sujetos morales plenos”.


Lo decidido por los jueces da cuenta de la situación de violencia que afecta a la mujer colombiana, país donde la marca del patriarcado aún se siente en el día a día por todos sus poros, y en particular por medio de violaciones, país donde menores de edad son madres precoces. Por ejemplo, según datos oficiales, en 2020, al menos 4.268 niñas de entre 10 y 14 años fueron madres, en muchos casos por acto sexual no consentido. Colombia, país donde el aborto es la cuarta causa de mortalidad materna y donde el 10 por ciento de los 400.000 abortos que se realizan al año, son llevados a cabo en condiciones de clandestinidad y sin garantía de condiciones sanitarias.


Por último, llamó la atención de este fallo que entre los 4 votos emitidos en contra de reconocer este derecho figuran los de tres mujeres, las magistradas: Cristina Pardo, Paola Meneses y Gloria Ortiz. Evidenciando, de esta manera, que no por el simple hecho de ser mujeres se lucha a favor de ellas. O lo que es lo mismo, que el feminismo no es una prolongación del género sino, y esto es lo fundamental, una construcción social, cultural, política, una opción ante la vida, en lucha contra el poder, el capitalismo, el patriarcado, el sexismo, la instrumentalización y mercantilización del cuerpo femenimo, lucha por igualdad de derechos y condiciones de vida que su par masculino. Una lucha que se libra a la par de otras muchas y en unión de todas las personas por erradicar de la faz de la Tierra la opresión, la explotación, la injusticia, la desigualdad social, entre otros muchos males que son consustanciales al capitalismo y al poder en general.

 



La Corte Constitucional no solo decidió despenalizar el aborto hasta la semana 24 de gestación, sino que también llamó al poder legislativo y al gobierno nacional para que diseñen y pongan en marcha una política pública frente al derecho aprobado. La Corte llamó a que este proceso se surta en el menor tiempo posible, sin que el tiempo que se tomen para ello implica la no realización del derecho que instituyeron. Derecho para hacer real la dignidad y los derchos de las mujeres gestantes.


Para el diseño de esa política pública la Corte marcó seis aspectos básicos por tener en cuenta:


— La divulgación clara de las opciones disponibles para la mujer gestante durante y después del embarazo
— La eliminación de cualquier obstáculo para el ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos que se reconocen en esta sentencia.
— La existencia de instrumentos de prevención del embarazo y planificación
— El desarrollo de programas de educación en materia de educación sexual y reproductiva para todas las personas.
— Medidas de acompañamiento a las madres gestantes que incluyan opciones de adopción, entre otras.
— Medidas que garanticen los derechos de los nacidos en circunstancias de gestantes que desearon abortar.

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