Entrevista a Noam Chomsky: Qué futuro tiene la paz en el mundo

Los acontecimientos se suceden a un ritmo cada vez más acelerado. Ante una alarmante escalada de las tensiones en todo el mundo, nos dirigimos a nuestros pensadores y pensadoras más respetadas y conocidas para pedirles una evaluación honesta de la política exterior y militar de EE UU y que nos expliquen qué piensan y qué datos manejan en a actualidad. Sabemos que tienen algunas ideas para mejorar las perspectivas de paz.

Noam Chomsky no precisa ninguna presentación. Ha dedicado toda su vida a denunciar los abusos de poder y excesos del imperio estadounidense. A sus 92 años de edad, sigue implicándose activamente en el debate nacional. Por supuesto que nos sentimos honrados por el hecho de que se haya avenido a hablar con nosotros y compartir sus puntos de vista.

Las cuestiones planteadas en esta entrevista no son de naturaleza filosófica o abstracta. Se centran en las vicisitudes de la lucha por el poder a escala internacional que podemos contemplar en tiempo real. Abordan directamente el papel de EE UU en la escalada de tensiones y su capacidad para mitigarlas. Preguntamos también por la influencia que puede ejercer la ciudadanía común en las relaciones que tiene y tendrá EE UU con el resto del mundo.

Esto es lo que nos dijo Noam Chomsky.

El Bulletin of Atomic Scientists (BAS) ha puesto recientemente las manillas del reloj del fin del mundo en los 100 segundos antes de medianoche. La medianoche representa la guerra total, el probable holocausto nuclear. Nunca han estado tan cerca. ¿Estás de acuerdo con este funesto augurio?

Un augurio certero, por desgracia. Los analistas del BAS mencionan tres grandes amenazas crecientes: la guerra nuclear, la destrucción medioambiental y lo que algunas personas han llamado una infodemia, el fuerte declive del discurso racional, que es la única esperanza para afrontar las crisis existenciales.

Cada año de la presidencia de [Donald] Trump, el minutero se fue acercando a la medianoche. Hace dos años, los analistas dejaron los minutos y optaron por el segundero. Trump fue potenciando constantemente las tres amenazas. Vale la pena reflexionar sobre lo cerca que estuvo el mundo de una catástrofe indescriptible el pasado noviembre. Otros cuatro años de carrera de Trump hacia el abismo podría haber tenido consecuencias incalculables. Claro que sus acólitos no lo ven de esta manera, pero curiosamente cabe decir lo mismo de ciertos segmentos de la izquierda. De hecho, las letanías liberales sobre sus abusos también eluden en gran parte sus principales crímenes. Conviene tenerlo en cuenta cuando creemos que él mismo o algún clon suyo puede recuperar pronto las riendas del poder. También conviene tener en cuenta las advertencias de miles de científicos de que estamos acercándonos a puntos de no retorno en la destrucción ambiental. Podemos leer sobre todo esto en Aljazeera.

EE UU siempre se presenta como la principal fuerza del planeta que promueve la paz, la justicia, los derechos humanos, la igualdad racial, etc. Las encuestas nos indican que la mayoría de los demás países consideran en realidad que EE UU representa la mayor amenaza para la estabilidad. ¿Dónde piensas que está la verdad?

Incluso durante los años de Obama, los sondeos internacionales mostraron que la opinión mundial contemplaba a EE UU como la principal amenaza para la paz mundial, muy lejos de cualquier otro país. Esto no trascendió a la población estadounidense, aunque cualquiera podía acceder a estos datos a través de los medios extranjeros o de fuentes disidentes. Ocasionalmente de difunden ejemplos ilustrativos. Así, hubo alguna mención del reciente voto de Naciones Unidas por el que se condenaba las salvajes sanciones contra Cuba, que prácticamente constituyen un bloqueo: 180 contra 2 (EE UU e Israel). El New York Times descalificó el dato diciendo que los críticos de EE UU habían aprovechado para abrir la válvula de escape. Muy normal. Cuando aparecen artículos sobre lo desatinado que está el mundo, suele prevalecer la curiosidad por las enfermedades mentales que provocan esa incapacidad patológica de reconocer nuestra nobleza.

No hay nada nuevo con respecto a este posicionamiento. Es muy propio de las culturas imperiales. Incluso una figura tan extraordinaria como John Stuart Mill se extrañaba de que el mundo no entendiera que Gran Bretaña era una potencia angelical que se sacrificaba por el bien del mundo… en un momento en que su país estaba cometiendo uno de sus crímenes más horribles, como él sabía muy bien.

Una pregunta que nos lleva al dilema del huevo o la gallina: EE UU acusa a Rusia y a China de reforzar rápidamente su potencial militar y afirma que su propio posicionamiento y el incremento de su armamento son una respuesta a sus adversarios hostiles, Rusia y China. Tanto Rusia como China dicen que no hacen más que responder a la intimidación y las amenazas militares por parte de EE UU. ¿Qué opinas? ¿Tienen Rusia y China ambiciones imperiales o no hacen más que defenderse frente a lo que consideran un militarismo estadounidense cada vez más agresivo?

Pueden sernos útiles algunos datos básicos. De acuerdo con la principal organización de seguimiento internacional, el SIPRI, “el crecimiento del gasto [militar] total en 2020 estuvo muy influido por los patrones de gasto en EE UU y China. EE UU aumentó su gasto por tercer año consecutivo hasta alcanzar los 778.000 millones de dólares en 2020”, frente a China, que lo ha incrementado a 252.000 millones de dólares (y mucho menos si contemplamos el gasto per capita, claro). En cuarto lugar, detrás de India, viene Rusia: 61.700 millones.

EE UU es el único país que no se enfrenta a amenazas creíbles a su seguridad, aparte de las supuestas amenazas junto a las fronteras de sus adversarios, que están rodeados de misiles nucleares apostados en algunas de los 800 bases militares estadounidenses esparcidas por el mundo (China tiene una, en Yibuti). Ha habito intentos internacionales de evitar la militarización del espacio exterior, que constituiría una grave amenaza para la supervivencia. La iniciativa al respecto vino principalmente de China y Rusia, pero Washington la bloqueó durante muchos años.

El número de misiones de espionaje, vuelos de bombarderos nucleares y juegos de guerra cerca de las fronteras de Rusia ha aumentado enormemente a lo largo del año pasado. Lo mismo ha ocurrido en China. ¿Acaso todo esto no es más que un mero postureo geopolítico normal y corriente? ¿O se trata de una escalada peligrosa y de un nuevo rumbo ominoso del plan estratégico de EE UU? ¿Cuál es la justificación de lo que Rusia y China consideran provocaciones y actos agresivos, o incluso preparativos para una guerra?

Esto es muy peligroso. La planificación estratégica se ha reorientado para centrarse en la guerra con China y Rusia. Se han producido actos provocativos junto a sus fronteras, que ya están plagadas de armas ofensivas estadounidenses. China viola el derecho internacional en el mar de China Meridional, aunque EE UU, la única potencia marítima que no ha ratificado la Convención de Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, no está legitimado para objetar. La respuesta correcta a las violaciones por parte de China no pasa por una peligrosa demostración de fuerza, sino por la diplomacia y la negociación, encabezadas por los países de la región afectados directamente. La mayor amenaza tiene que ver con Taiwán. También en este caso, una diplomacia sensata, en vez de provocaciones, puede evitar lo que sería un desastre.

En una democracia, la ciudadanía tiene, al menos en teoría, la posibilidad de influir en todos los asuntos políticos. Sin embargo, al final ninguna de las recientes campañas militares y guerras no declaradas parecen contar con el favor o apoyo popular. ¿Cuál es y cual debería ser el papel de la ciudadanía común a la hora de decidir la política exterior y las prioridades militares del país? ¿O habría que dejar estos asuntos en manos de los expertos?

De acuerdo con el artículo I de la Constitución [estadounidense], el Congreso es el único legitimado para declarar la guerra. Sin embargo, hace tiempo que esta disposición se encuentra en el fondo de la papelera, junto con las demás disposiciones molestas del documento que nos enseñan a reverenciar.

En una democracia plena, la ciudadanía debería tener la última palabra en los asuntos del Estado. No es nuestro caso. Y debería se una ciudadanía informada. No es nuestro caso. La primera guerra mundial es un ejemplo clásico. En 1916, [Woodrow] Wilson ganó las elecciones esgrimiendo el lema de “paz sin victoria”. Después lanzó una impresionante campaña de propaganda para inflamar a una población pacifista e infundirle el odio a todo lo alemán, acompañada de falsas noticias sobre atrocidades cometidas por los germanos, fabricadas por el Ministerio de Información británico; la visión orwelliana estaba viva y coleando mucho antes de Orwell. Fue todo un éxito. No fue el primer ejemplo, ni el último. La propaganda estatal sigue siendo sumamente eficaz, dondequiera que miremos, reforzada por los medios de comunicación leales y la clase intelectual.

Un ejemplo sorprendente, con importantes connotaciones, se ha conocido justo unas horas antes de que me sentara a escribir: “Más estadounidenses creen que Irán posee armas nucleares que los que piensan que las tiene Israel. Se sabe que Israel posee armas nucleares desde hace decenios (aunque no lo reconozca oficialmente) y no está demostrado que Irán las haya tenido jamás, pero la percepción del público estadounidense presume una realidad diferente: el 60,5 %, incluido el 70,6 % de los Republicanos y el 52,6 % de los Demócratas, dicen que Irán posee armas nucleares, frente al  51,7 % que dice que Israel las tiene, incluido el 51,7 % de los Republicanos y el 51,9 % de los Demócratas.”

Los logros de la propaganda incesante pueden ser pasmosos.

Una vez más, los medios ayudan de diversas maneras. Para citar un caso muy relevante, hace poco los editores del New York Times unieron virtualmente al mundo entero, incluido Irán, con el llamamiento a la creación de una zona libre de armas nucleares en Oriente Medio. Esto pondría fin a la supuesta amenaza del armamento nuclear iraní y reduciría radicalmente las graves tensiones regionales, que encierran un gran peligro. En la propuesta de los editores se omitió un detalle: Israel, la única potencia de la región que tiene armas nucleares. También se omitió el motivo por el que esta propuesta sumamente importante no se haya implementado: EE UU la bloquea, para asegurar que los copiosos armamentos israelíes no vayan a ser inspeccionados. De hecho, EE UU se niega a reconocer oficialmente que Israel cuenta con armas nucleares, pese a que no cabe ninguna duda de ello. Si lo hiciera, podría tener que aplicar la ley estadounidense y bloquear previsiblemente toda ayuda a Israel.

A la multitud no le conviene saber que sus vidas están amenazadas por mor de proteger las fechorías de Israel y la participación de EE UU en las mismas.

En relación con esto, a la ciudadanía y a la mayoría del Congreso se les oculta la verdad en relación con misiones especiales, operaciones cibernéticas, intervenciones para cambiar regímenes, todo ello realizado en nombre de la ciudadanía estadounidense. Los fondos que financian esta metástasis del mundo oscuro de sabotaje y terror en el resto del mundo también son un secreto. Actualmente se espía a fondo a ciudadanos y ciudadanas de EE UU, aquí mismo, en casa. ¿Cómo encaja cualquiera de estas cosas en “el país de los libres”? ¿Significa que aquello del gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo no es más que una farsa?

Si dejamos que sea un timo. En el pasaje inicial de una de las primeras obras modernas importantes de ciencia política, un hombre sabio –David Hume– señaló que “el poder está en manos de los gobernados”. Siempre que opten por ejercerlo. Si se proponen tomar las riendas del Estados en sus propias manos dentro de una comunidad cooperativa, como pretendían la clase trabajadora y el campesinado de EE UU a finales del siglo XIX. Pero fueron aplastados por la violencia del Estado y del capital.

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15 septiembre 2021 |

 

Traducción: viento sur

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Mark ZuckerbergErin Scott / Reuters

Asimismo, compartió su visión sobre el desarrollo de las tecnologías digitales en el futuro próximo.

 

El director ejecutivo de Facebook, Mark Zuckerberg, dijo este lunes en una entrevista con la revista digital The Information, que para el 2030 las personas podrían usar gafas inteligentes para asegurar su presencia virtual en cualquier lugar.

Facebook inventará unas gafas que pueden mostrar el contenido gráfico junto con el mundo real a través de pantallas transparentes. "Esto podría llevar a tantas cosas increíbles, [...] en lugar de llamar a alguien, tener una videoconferencia, en un abrir y cerrar de ojos te teletransportas, y estás sentado allí y ellos están en su sofá y todos se sienten como si estuvieran juntos", explicó el multimillonario. De este modo, la creación de los avatares podría revolucionar la comunicación humana.

Esta invención podría contribuir a la reducción de los viajes por negocios o placer, lo que ayudaría a revertir los efectos del cambio climático. "Obviamente los coches y aviones y todo eso no desaparecerá, [...] Pero cuanto más nos podamos teletransportar, mejor será para la sociedad y para el planeta en general", señaló Zuckerberg. 

Según su punto de vista, otra ventaja consiste en la posibilidad de  expandir el modo de trabajo remoto para los empleados, reduciendo el tiempo y el costo de viajes cotidianos, porque será posible "simplemente teletransportarse al trabajo". 

Actualmente las grandes empresas tecnológicas como Apple, Microsoft y Google están trabajando en la tecnología de realidad aumentada, que implica la interconexión entre gráficos generados por computadora e imágenes del mundo real. Facebook está involucrada en el desarrollo de los cascos de realidad virtual a través de la empresa Oculus, adquirida en el 2014.

Publicado: 13 mar 2021 00:58 GMT

Lunes, 16 Noviembre 2020 06:32

¿A dónde va la China de Xi?

¿A dónde va la China de Xi?

Para intentar comprender hacia dónde se dirige la China del presidente Xi Jinping, lo primero es echar una mirada hacia atrás, en concreto, a 1921.

Una de las campañas ideológicas más intensas de su mandato es la que lleva por título “permanecer fieles a la misión fundacional”. El relevo que debe acompañarle en la dirección del PCCh a partir de 2022, la sexta generación, tendrá en su bagaje haber vivido la China de la reforma de Deng Xiaoping pero la experiencia de Mao, la más dura y agria, constituirá para muchos un relato remoto.

El énfasis de Xi en sintetizar y nunca contraponer las Chinas de Mao y Deng pretende resaltar el hilo de continuidad de un mismo ideario. En buena medida, lo que algunos califican de manifestaciones de retorno a la época maoísta responden a esa lógica. Xi vivió esa etapa. Tenía 23 años cuando Mao falleció. La insistencia en rescatar términos o exaltar conmemoraciones de circunstancias de aquella etapa a modo de coqueteo con cierto neomaoísmo, tanto que pareciera sugerir la consideración del denguismo como un “desvío”, apunta a no perder de vista la motivación inicial del proyecto, donde radica el “espíritu” del PCCh. Es verdad que líderes anteriores también secundaban esta práctica pero con un sentido más ritual y plagado de advertencias.

De ese empeño surge el “nacionalismo rojo” como marca distintiva del xiísmo. De una parte, el propósito de revitalización nacional; de otro, la prosperidad común. El modelo político inaugurado en 1949 permanece prácticamente intacto; por el contrario, la realidad económica y social ha cambiado drásticamente, como también la significación de China en el concierto mundial. El hecho más notorio en esta trayectoria es la reconciliación operada con la propia cultura, también el más reciente de su metamorfosis ideológica.

Pesan por tanto en este desarrollo una ingente infinidad de claves locales, las singularidades chinas que el PCCh reivindica como justificación de una originalidad diferenciadora. Y aunque podemos contraponerlas a la experiencia occidental, ya sea en su formulación liberal o marxista, lo más que podemos inferir es el orgullo del PCCh por tener al alcance de la mano lo que la URSS no pudo alcanzar. Y lo manifiesta, sobre todo, desde la exhibición de la eficiencia, no desde la santificación de un dogma alternativo con vocación irradiadora de alcance global.

La argamasa que moldea la China de Xi viene conformada por dichas tres corrientes: la fundacional, la histórica y la cultural. A la postre, el PCCh no ha podido evitar dejarse influir por la fuerza de la cultura de su propio país. Ahí está el Instituto Confucio como mascarón de proa de su poder blando tras desatar, una tras otra, campañas ideológicas en su contra. No sorprende incluso que se llegue a defender la planificación económica atendiendo a la inspiración confuciana y huyendo de la lógica soviética.

La conjugación de estos factores define tanto el ritmo y orientación de su transformación interna como su papel en el mundo. Cuando Joseph Needham trataba de explicar la imposibilidad del nacimiento de la ciencia moderna en la China imperial centró su atención en la eficaz actuación de una burocracia confuciana que organizó el país creando un marco general de estabilidad e impidiendo la emergencia de una clase mercantil que compitiese con su hegemonía. Es lo mismo que hoy practica el PCCh a respecto de ese entorno que pulula alrededor de los sectores emergentes, impidiéndoles el asalto a un Estado que defiende a capa y espada como última garantía de un rumbo alternativo. El estricto control de la economía por parte del aparato del Partido tiene fuertes reminiscencias en la ideología imperial.

Por otra parte, lo queramos o no, el gigantismo chino hace inevitable la reestructuración del orden mundial. Hay quien ve en ello un propósito de revancha o quizá esa interpretación es mero producto de nuestra mala conciencia. En cualquier caso, acabamos de ser testigos de una importante inflexión. Del discurso de China campeona de la mundialización frente al unilateralismo y el proteccionismo de EEUU hemos pasado en un santiamén a las loas a la autosuficiencia económica y tecnológica para resistir las presiones occidentales. China se enroca para defender su soberanía y el derecho a transitar por una senda propia.

Este nuevo rumbo deja más en claro si cabe que no aspira a expandir su modelo, por lo demás difícilmente comprensible para terceros, ambiguo en muchas cuestiones y fuertemente impregnado de una cultura de escasa proyección global. Trasplantar mecánicamente valores del sistema político chino a Occidente no funcionaría como tampoco está claro que puedan funcionar sin más los valores políticos occidentales en China. En las experiencias históricas recientes en estos empeños predominan más los fracasos que los aciertos y, sobre todo, las tragedias.

Ahora, como consecuencia de la pandemia y las tensiones globales liderada por unos Estados Unidos temerosos de verse ultrapasados, el nuevo patrón de desarrollo que presidirá el impulso económico chino en los próximos años sugiere tomar distancias de un exterior en el que crece la hostilidad. Y no es probable que eso cambie con la nueva presidencia de Joe Biden.

Por Xulio Ríos | 16/11/2020

Xulio Ríos es director del Observatorio de la Política China

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Franco Berardi ‘Bifo’: “Tenemos que entrar en sintonía con el caos”

El filósofo italiano Franco Berardi Bifo presentó su libro El umbral. Crónicas y meditaciones, donde comparte su diario durante la pandemia y analiza la situación geopolítica que cristalizó el coronavirus.

 

Bifo dice que el comienzo de la pandemia le produjo una soledad eufórica: “Se desató un tiempo tan terrible como útil. Escribir sobre mi experiencia personal ha sido una manera casi involuntaria de analizar muchos acontecimientos que pasan en el psiquismo global”. Sobre la portada del libro El umbral. Crónicas y meditaciones (Tinta Limón, 2020), donde destaca una ilustración de su autoría, cuenta que es resultado de momentos donde está “un poco nervioso” y necesita conectarse con “una esfera menos racional”. Referente del movimiento de la autonomía obrera italiana y fundador de importantes experiencias de comunicación alternativa, Bifo se transformó en una de las voces más influyentes para leer la coyuntura internacional.

¿Qué significa que el coronavirus pasó de ser un biovirus a un infovirus y por qué eso nos coloca como humanidad ante un umbral?


Tengo que anticipar el discurso a un período anterior a la explosión de la pandemia. Al final del año 2019, durante la explosión de revueltas en todo el mundo. De Hong Kong a Quito, La Paz, Santiago de Chile, Barcelona, París, Beirut. En el otoño de 2019 me pareció que se estaba verificando algo de nuevo muy espasmódico. Me pareció que estábamos ante una confusión del cuerpo global. Como si el cuerpo de las nuevas generaciones, especialmente de la generación precarizada, hubiese nacido en el interior de la aceleración telemática.

Esta generación estaba produciendo un rechazo muy violento, muy corpóreo a la sofocación. Esa sofocación es el punto de partida de todo esto. La imposibilidad de respirar que el movimiento negro expresa con las palabras “I can’t breathe”. Es el símbolo y el síntoma al mismo tiempo del efecto que 40 años de dictadura neoliberal ha producido sobre el cuerpo y el cerebro, entendido de una manera neurofisiológica casi. Es esta corporeidad conectiva la que explota sin proyecto, sin estrategia. Desde mi perspectiva, el centro de la revuelta de otoño de 2019 es Chile. Porque en Chile todo empezó. En Chile todo puede terminar. La dictadura fascista y neoliberal.

Pero la explosión fue como un estallido de locura, una convulsión. Y la convulsión anticipaba el colapso que llegó en febrero con la pandemia. En este momento es el caos lo que tenemos que interpretar. No podemos interponer fórmulas políticas del pasado. Tenemos que entrar en sintonía con el caos. Cuando se verifica una situación de caos es inútil y peligroso pensar que tenemos que hacer la guerra contra el caos. El caos se alimenta de la guerra.

Es la primera vez que se puede usar la palabra extinción en un sentido político y no biológico. Porque la extinción se ha vuelto muy probable. Lo que tenemos que hacer es captar un nuevo ritmo, a nivel sensible, a nivel de formas de vida. Es un proceso que puede ser muy largo y muy doloroso. Yo creo que la pandemia obliga a la sociedad global a buscar un ritmo sintónico con la situación caótica que 40 años de locura neoliberal han producido. Estamos en el umbral. El pasaje de la oscuridad a la luz y de la luz a la oscuridad.

¿Y qué evidenció el virus?


Cada vez más la fuerza dominante ha sido la abstracción tecnofinanciera que ha impuesto sus reglas y que ha destrozado unos estructuras de la vida social. Pero durante la pandemia nos damos cuenta de que el problema no es el dinero. Lo importante son cosas muy concretas como las estructuras sanitarias, las mascarillas, la comida. Lo que necesitamos básicamente se impone como lo que está al centro de la atención.

Entonces, la frugalidad es la palabra que mejor expresa esta vuelta a lo concreto. Frugalidad no significa pobreza significa una relación buena, feliz, entre lo que necesitamos y lo que podemos tener. Pero hay un punto que vamos a ver claramente en el futuro: solo una redistribución de la riqueza, de los recursos a nivel planetario y local podrá permitir una salida de la crisis espantosa que se está desarrollando en el mundo. Redistribución de la riqueza, frugalidad, igualdad.

Lejos de esta posibilidad, las crecientes expresiones de derecha en el mundo han negado la pandemia y pujan desde el comienzo por volver a “encender la máquina”. Lo vemos en Brasil y en Estados Unidos, donde cada vez más se habla de un proceso de guerra civil.


El fenómeno Bolsonaro es tan extremo en su vulgaridad que me hace pensar en una especie de Berlusconi en una fase de senilidad extrema. Creo que la senilidad y la impotencia son claves muy importantes para entender la ola de violencia machista y racista. En cuanto a Estados Unidos, la guerra civil se está desarrollando. Es un potencial que no se desarrolla en las calles, se desarrolla en las grandes instituciones del imperialismo estadounidense. Pero existe también una guerra racial y social que ha explotado en los últimos cuatro meses y no parará con las elecciones. Es una crisis psíquica.

Un dato esencial es la subida ininterrumpida del consumo de drogas oficiales que lleva a una intoxicación masiva, sobre todo de la población blanca senilizante. En junio se vendieron tres millones de armas de fuego, que fue una de las mercancías más vendidas durante la pandemia: hay 300 millones de armas de fuego bajo los colchones. La insurrección del movimiento norteamericano después del asesinato de George Floyd se explica en términos de reactivación psíquica del organismo pensante de la organización colectiva. Un intento subconsciente por evitar una depresión suicida en el largo plazo.

¿Cómo vivir ante la posibilidad de la extinción en el horizonte?


El problema es que el colapso no puede ser superado al interior del paradigma neoliberal. La cuestión principal que yo me pongo es la siguiente: ¿se puede imaginar vida feliz en el horizonte de la extinción? La respuesta es sí. Es la única manera para escapar de la extinción. Seguir imaginando ternura, imaginando erotismo, imaginando aventura. 

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A pesar de la pandemia de coronavirus miles de jóvenes se dieron cita en las calles de Viena convocados por Fridays for Future. Foto Afp

Bruselas. Miles de jóvenes se manifestaron ayer desde Suecia hasta Australia para exigir acciones urgentes destinadas a detener el cambio climático, con motivo del día internacional de acción climática del movimiento Fridays for Future, en su primera protesta global desde que comenzó la crisis del coronavirus.

Con un clima que está causando estragos en todo el mundo, desde incendios que asolan el oeste de Estados Unidos hasta olas de calor anormales en el Ártico siberiano e inundaciones récord en China, los organizadores dijeron que su objetivo era recordar a los políticos que mientras el mundo se enfoca en el Covid-19, la crisis climática ha sido más aguda que nunca.

La activista sueca Greta Thunberg, quien sostenía su famoso cartel "Huelga escolar por el clima" y portaba mascarilla, encabezó la protesta frente al Parlamento en Estocolmo, con el objetivo de "aumentar la presión sobre los que están en el poder".

La pandemia del coronavirus ha impedido que el movimiento Fridays for Future, inspirado por Thunberg, celebre manifestaciones multitudinarias en meses recientes, rebajando su perfil público.

"Nuestra principal esperanza, como siempre, es tratar de influir en la conciencia y la opinión pública para que la gente empiece a tomar conciencia de la crisis climática y aumentar la presión a los que están en el poder para que cambien las cosas", declaró la joven de 17 años a los periodistas, rodeada de una decena de activistas.

Desde Islandia hasta Australia y Jamaica, más de 3 mil acciones ocurrieron en el mundo –en Internet o en la calle– en respuesta al llamado de Thunberg para reiniciar el movimiento contra el cambio climático. Hace un año, dos huelgas mundiales atrajeron a más de 6 millones de personas a las calles, en lo que los organizadores afirmaron que fue la mayor movilización climática de la historia.

Debido a las restricciones por la pandemia, muchos actos se organizaron en línea y los participantes publicaron fotos en redes sociales o se unieron a una llamada global en Zoom de 24 horas.

En Alemania, unas 10 mil personas protestaron en Berlín, según la policía, mientras los organizadores hacen referencia a unos 21 mil participantes. En su mayoría con mascarillas, los jóvenes desafiaron la lluvia y se reunieron frente a la emblemática Puerta de Brandeburgo.

"La protección del clima no puede esperar más", "No hay un planeta B" o "No quemen mi futuro" se leía en algunas de las pancartas alzadas por los manifestantes. Los organizadores berlineses denunciaron la política del gobierno de Angela Merkel, en particular la continuación hasta 2038 de la explotación de minas de carbón.

En Hamburgo, 6 mil personas participaron en esta primera movilización por el clima desde que inició la pandemia, 7 mil en Colonia, 6 mil en Friburgo y 3 mil en Bonn, según los recuentos de la policía. Sin embargo, las autoridades locales habían limitado el número de participantes en varias ciudades debido al brote de Covid-19.

En India, estudiantes y jóvenes activistas se unieron a las manifestaciones globales para reclamar medidas contra la crisis climática, en momentos que el coronavirus azota al país con casi 100 mil casos diarios.

Decenas de manifestantes se reunieron en el parlamento de Australia en Canberra, con carteles que pedían a los políticos que "financiaran nuestro futuro, no el gas", y recordaban los catastróficos incendios forestales que asolaron la región a principios de este año, informó el diario inglés The Guardian.

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El vehículo, desarrollado por la empresa japonesa SkyDrive, estuvo en el aire unos 4 minutos con una persona a bordo.

La compañía japonesa SkyDrive Inc. informó este viernes que llevó a cabo una prueba exitosa de vuelo del nuevo modelo de su automóvil volador SD-03 con una persona a bordo.

El vuelo tuvo lugar este martes en un campo de pruebas de Toyota. Tras despegar, el monoplaza dio una vuelta por el predio, de 10.000 metros cuadrados, durante unos cuatro minutos. El piloto estaba a cargo de los controles, pero un sistema de mando asistido ayudó a asegurar la estabilidad y seguridad del vuelo, mientras que el personal técnico monitoreaba las condiciones de vuelo y el rendimiento de la aeronave.

"Queremos crear una sociedad en la que los coches voladores sean un medio de transporte accesible y conveniente para el cielo y en el que las personas puedan experimentar una nueva forma de vida segura y cómoda", afirmó el director ejecutivo de la empresa, Tomohiro Fukuzawa.

El SD-03 es el vehículo volador eléctrico "más pequeño del mundo" de despegue y aterrizaje vertical: requiere tanto espacio en el suelo como dos coches aparcados, reza el comunicado.

Hasta ahora, la aeronave solo puede volar entre cinco y diez minutos, pero si pudiera hacerlo durante 30 minutos tendrá más potencial, afirmó el gerente a AP y agregó que espera que el coche volador pueda ser lanzado para el 2023.

"De los más de 100 proyectos de coches voladores del mundo, solo un puñado tuvo éxito con una persona a bordo", subrayó Fukuzawa.

El proyecto SkyDrive comenzó como una 'start-up' llamada 'Cartivator' en el 2012, con financiación de las principales empresas japonesas, incluyendo a Toyota, la empresa de electrónica Panasonic y el desarrollador de videojuegos Bandai Namco.

30 agosto 2020

H. G. Wells: socialismo y ciencia para cambiar el mundo

El 13 de agosto de 1946, falleció uno de las figuras literarias más importantes del Reino Unido. Sus obras abordaban la ciencia ficción y las desigualdades sociales, además de ser un ferviente defensor de la corriente humanista. Al menos, hasta que las guerras mundiales terminaron sepultando su optimismo.

 

Herbert George Wells se autodefinió como un socialista demócrata en 1886 y, durante toda su vida, profesó unos ideales que buscaban la igualdad total. Para ello, promulgó la eliminación de clases y la libre competición en la sociedad, siempre y cuando las personas tuviesen derecho a las mismas oportunidades, sin importar su origen. 

En sus obras literarias, destacó su pasión por los avances científicos y plasmó de manera explícita las diferencias sociales. Por ejemplo, en La Máquina del Tiempo ofrece un paradigma muy ilustrativo sobre ambas temáticas, a través de una historia en la que figuran dos razas descendientes de los seres humanos, los Eloi y los Morlocks. En la novela, basada en un futuro muy lejano, las desigualdades sociales son fehacientes: mientras los Eloi viven en verdes praderas, iluminados por la luz del sol y en armonía pura, los Morlocks habitan bajo tierra, denostados y sin vestigios de su antigua humanidad.

De manera similar, Cuando el Durmiente Despierta presenta una realidad futurista, concretamente en el año 2100. A diferencia de La Máquina del Tiempo, no existe un dispositivo para viajar en el tiempo, sino que Graham, el protagonista de la narrativa, duerme durante 200 años, y al despertar, contempla aterrorizado el deterioro de la sociedad.

En esta realidad, los proletarios son oprimidos de manera incesante, la policía utiliza continuamente la violencia contra los civiles, y las mujeres que dan a luz, tienen que entregar a sus bebés, que pasarán a ser alimentados por robots con forma de mujer. Para horror de Graham, se da cuenta que, a través de una sucesión de eventos inicialmente inexplicables, él se ha convertido, mientras dormía, en la persona más poderosa del mundo. 

Nuevamente, la pasión de H. G. Wells por el desarrollo tecnológico queda plasmado en la novela, aunque a través de Graham, muestra el peligro que entraña el uso de la ciencia para fines ególatras. A través de un método de vigilancia extremadamente preciso, se ilustra una sociedad donde se ha establecido una esclavitud sistémica. En este aspecto, el escritor británico siempre remarcó la importancia del derecho a la privacidad de las personas.

Una sociedad en la que “riqueza es poder”, y enseñar “solamente produce descontento y problemas”, es la historia sobre la que versa Cuando el Durmiente Despierta. A pesar de no ser una de las obras más famosas, ofrece una imagen muy lúgubre acerca del excesivo control y la represión ejercida sobre los habitantes, temáticas adoptadas por George Orwell en 1984 o Czeslaw Milosz en La Mente Cautiva.

Pese a tener el dominio mundial, el protagonista de Cuando el Durmiente Despierta nunca llega a corromperse y, por el contrario, se une a las clases más denostadas para eliminar la desigualdad en el planeta

Además de ciencia y socialismo, en La Isla del Doctor Moreau y El Hombre Invisible, se detalla una clara lucha interna en el propio ser humano, entre lo éticamente correcto y la importancia del progreso. La idea se basa en que la capacidad para inventar es prácticamente ilimitada, al igual que la facilidad para caer en actos inmorales y perversos. 

En El Hombre Invisible, H. G. Wells desafía al lector, a través de una cuestión formulada de manera indirecta durante la narrativa, a que se imagine con un poder semejante, y que sea capaz de no caer en la tentación de cometer actos malignos.

Por otra parte, la duda sobre las barreras que están dispuestas a atravesar los seres humanos en sus ansias por expandirse, la responde de manera explícita en La Guerra de los Mundos. La idea del relato surgió de una conversación que tuvo con su hermano Frank, mientras hablaban de la llegada de los europeos a la isla de Tasmania, y la destrucción de los nativos. 

 “Imagina que, desde el cielo, vienen seres de otro planeta, y se ponen a vivir entre nosotros”, dijo Frank. Y años más tarde, H. G. Wells explicó que, antes que criticar a los invasores de la novela, “hemos de recordar la implacable y absoluta destrucción que los seres humanos hemos causado”, y mencionó la hostilidad de los europeos hacia los nativos de la isla de Tasmania. Con su ironía habitual, lanzó una pregunta al aire: “¿Somos tan misericordiosos, como para quejarnos si los marcianos apareciesen con el mismo espíritu conquistador?”.

Al final de “La Guerra de los Mundos”, la humanidad parece condenada a la extinción, tras la hecatombe producida por la llegada de los invasores. Sin embargo, a diferencia de los humanos, el sistema inmunológico de los extraterrestres, no estaba preparado para defenderse de las enfermedades de la Tierra. De esta forma, la pandemia aniquiló a una especie que estaba causando estragos en el planeta.

Su optimismo en la capacidad soñadora de los seres humanos para inventar era una continuación de las ideas promulgadas a través de la Ilustración, y que se habían expandido a través de los movimientos modernistas.

 

Libertad total e igualdad sin restricciones

 

Antes de la Primera Guerra Mundial, H. G. Wells era, posiblemente, el escritor que mejor captaba la esencia de la época. Su optimismo en la capacidad soñadora de los seres humanos para inventar era una continuación de las ideas promulgadas a través de la Ilustración, y que se habían expandido a través de los movimientos modernistas.

De esta manera, muchos de sus escritos se enfocaban en la posibilidad de investigar, en las aventuras que aguardaban a aquellas personas con capacidad y determinación para descubrir. Y no solamente en el ámbito científico, también en el aspecto social, pues para él, la libertad debía extenderse a todos los ámbitos. 

De hecho, era muy crítico con los movimientos conservadores cristianos y los códigos de conducta de la época. Entre sus reivindicaciones, destacó su apoyo incuestionable a la libertad sexual, a la necesidad de una educación global, y al movimiento sufragista. De hecho, en su novela Ann Veronica, escrita en 1909, habla sobre los futuros movimientos de liberación de la mujer, en la lucha para conseguir la igualdad de género.

Para él no existía duda posible. Si la humanidad quería alcanzar un futuro próspero, el camino debía trazarse a través de la igualdad, la cooperación, y la paz mundial. Estos ideales fueron plasmados a comienzos del siglo XX en Mankind in the Making, novela en la que destaca la igualdad entre sexos, y en sus convicciones de la necesidad de crear un proyecto social, al que calificó como Nuevo Republicanismo. 

Siendo uno de los escritores más famosos de la época, también participó activamente en las campañas socialistas, y criticó a la burguesía. En 1903, se unió a la Sociedad Fabiana, formada por un grupo de intelectuales socialistas, que incluía a personajes ilustres como George Bernard Shaw, Beatrice Webb, y Sidney Webb.

No obstante, desde los inicios, se mostró decepcionado con muchas acciones tomadas por la organización, y en 1906, redactó un artículo, donde criticó abiertamente la falta de ambición de sus integrantes para hacer reformas importantes, de aspecto más radical. Uno de los principales desacuerdos, era la negativa de los miembros de la Sociedad Fabiana, a reconocer la libertad para amar y tener sexo.

 

Ciencia para el progreso social

 

A lo largo de los años, las novelas de H. G. Wells han perdurado, gracias en parte por la sencillez en sus narrativas de ciencia ficción. Adelantó muchos avances tecnológicos a través de sus novelas, y la fascinación que el escritor británico tenía sobre la ciencia, tras sus años de estudio, era evidente. A ello se unía su creencia de que el socialismo y el progreso científico eran dos aspectos que debían permanecer juntos. A través de su estudio en la biología, comprendió que la unión de los seres humanos era esencial para poder adaptarse a una realidad cambiante, y así poder mejorarla por el bien común.

Por ello, no sorprende que en Anticipaciones, publicada en 1902, el escritor británico muestre una idea de que, para prosperar, los seres humanos han de confiar en la ciencia. Años más tarde, en 1905, escribió Una Utopía Moderna, novela en la que se ilustra un mundo donde la propiedad es regulada por el estado, en la que la igualdad entre hombres y mujeres es patente.

Aunque su obra parece una analogía del comunismo, al igual que la obra Utopía, publicada en 1516 por Thomas More, la realidad es que, por aquel entonces, H. G. Wells rechazaba el comunismo como ideología de estado.

Precisamente, se observa una crítica al sistema en el hecho de que los Samurai, que son los líderes de la sociedad de la novela, gobiernan sin haber sido elegidos. Sobre el sistema de gobierno implementado en Una Utopía Moderna, Michael Sherborne, escritor de la biografía H. G. Wells: Another Kind of Life, explica que se trata de “un Estado unipartidista antidemocrático, en el que la verdad no se establece mediante una discusión crítica, sino a través de una creencia compartida”.

Pero con el transcurso de los años, H. G. Wells viajó a Rusia en tres ocasiones, y tras su encuentro con Lenin, su percepción sobre el comunismo cambió drásticamente. Prueba de ello son sus experiencias recogidas en el libro Rusia en las Sombras, donde detalla su entrevista con el líder de la Revolución Bolchevique.

De aquel encuentro, el escritor británico se mostró impresionado con la doctrina de Lenin, y declaró que “gracias a él, a pesar de Marx, entendí que el comunismo podía ser enormemente creativo”. Era obvio su rechazo al filósofo alemán, como había demostrado en escritos anteriores. Para él, la expansión del marxismo no se debió al mérito de esta corriente ideológica, más bien a que la opción contraria, el capitalismo, es “estúpida, egoísta, excesiva y anárquica”.

Por sus críticas al marxismo, se granjeó la enemistad de gran parte de los comunistas, mientras que, por su desprecio al capitalismo, fue duramente criticado por los conservadores. Entre ellos, Winston Churchill, que le había otorgado el crédito de concebir en sus obras, la idea de usar aeroplanos y tanques antes de la Primera Guerra Mundial.

Habiéndose reunido durante décadas para discutir sobre diversos temas de actualidad, finalmente la relación entre ambos se deterioró. H. G. Wells le consideraba un miembro ilustrado de la clase gobernante, y Winston Churchill repudiaba sus ideales socialistas.

 

Las guerras mundiales y el pesimismo de H. G. Wells

 

Con el paso de las décadas, y el transcurso de las guerras, su firme creencia en la corriente humanista fue debilitándose. Primero fue la Guerra de los Boers en 1899, el conflicto a través del cual empezó a entender la complejidad de la naturaleza violenta en los seres humanos.

Después de la primera Guerra Mundial, inevitablemente, el optimismo del escritor británico, al igual que el de muchos humanos, empezó a desvanecerse

Y después de la Primera Guerra Mundial, para H. G. Wells y gran parte de los intelectuales de la época, confiar en una raza que había causado tanta devastación, dependía prácticamente de un acto de fe sin fundamentos en los que sostenerse. Inevitablemente, el optimismo del escritor británico, al igual que el de muchos humanos, empezó a desvanecerse.

Además, a través de su novela de ficción El Mundo Liberado, escribió acerca de un potencial atómico de catastrófica magnitud. Publicada en 1914, este escrito fue una oda a los posibles avances tecnológicos, al igual que un aviso sobre los peligros del uso indebido de la ciencia.

Paradójicamente, la exhaustiva imaginación que H. G. Wells muestra en la novela, especialmente al describir una granada de uranio capaz de provocar explosiones de manera indefinida, cautivó a Leo Szilard. Posteriormente, el físico húngaro reconoció que, a través de la obra del escritor británico, entendió “lo que significaría la liberación de la energía atómica a gran escala”.

Y eventualmente, en 1934, plasmó esta realidad en forma de reactor nuclear. En 1939, El propio Leo Slizard y Albert Einstein escribieron una carta al presidente Franklin Delano Roosevelt, que comenzó el Proyecto Manhattan, y que terminó con el bombardeo de Estados Unidos sobre Hiroshima y Nagaski. Precisamente, en otra novela de H. G. Wells, La forma de las cosas que vendrán, publicada en 1933 y que fue adaptada al cine, se pronosticó con precisión el lanzamiento de bombas durante un conflicto global, provocando una devastación inminente. Por su parte, el propio Leo Slizard quedó atormentado al comprobar el poder destructivo de las bombas atómicas, y en 1950, pronosticó que una bomba de cobalto destruiría a todos los seres vivos.

Pasando de la ficción escrita a la realidad vivida, para H. G. Wells, la Segunda Guerra Mundial fue una ilustración definitiva de un panorama desalentador. La humanidad, que parecía incapaz de aprender de sus errores, quedó retratada.

De manera simbólica, como una broma macabra del destino, la última obra del escritor británico fue Mente al final de su atadura. Publicada en 1945, en el año de la conclusión del conflicto armado, el escritor inglés ofrece una visión oscura y desalentadora del mundo, donde tras la destrucción ocasionada, los seres humanos no pueden seguir viviendo.

Finalmente, el 13 de agosto de 1946, tendido en su lecho, H. G. Wells se despidió de sus seres queridos, a los que dedicó sus últimas palabras. “Podéis iros. Estoy bien”. 

 

El legado humanista de Wells y la Declaración de Derechos Humanos

 

El escritor británico se despidió de un mundo que debía continuar sin él, pero que nunca le olvidaría. No es casualidad que un socialista de convicciones igualitarias tan efusivas como él, y siendo una de las figuras literarias más influyentes de la época, fuese esencial en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948.

Durante sus últimos años de vida, su visión crítica y sagaz sobre el mundo seguía intacta. De esta forma, en 1940 escribió un borrador titulado “La Declaración de Derechos del Hombre”, que él mismo reconoció que incluía de igual a manera a “mujeres y hombres, niños o adultos”.

A través este escrito, su objetivo era encontrar “un código de Derechos Humanos fundamentales, que fuese accesible a todas las personas”. Años más tarde, este documento sirvió de inspiración para la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Las premisas del borrador se centraban en la necesidad de crear un documento, a través del cual se pudiese establecer una ley internacional, con el fin de acabar con los conflictos. Remarcó la importancia del derecho a la privacidad de las personas, la necesidad de preocuparse por cualquier acto de crueldad que aconteciese en el mundo, y abogó por una “profunda reconstrucción de los métodos de la vida humana”. 

De manera similar a José Saramago, quién en Ensayo Sobre la Lucidez explicó que “los derechos no son abstracciones, tienen existencia incluso cuando no son respetados”, H. G. Wells resaltó que “la ley debe incluir a la totalidad de las personas”. Según el escritor inglés, teniendo en cuenta la evolución social y el continuo nacimiento de seres humanos, “no puede existir una generación particular que sea capaz acaparar todo el poder legislativo, sino que este debe ser inherente a toda la humanidad”.

Desde que avisara de los peligros del aumento de las desigualdades de clases en “La Máquina del Tiempo”, hasta que se resignó a la capacidad destructiva de la raza humana en “Mente al final de su atadura”, transcurrieron 50 años. Durante su vida y a través de sus escritos, profundizó sobre temas que tienen resonancia en el siglo XXI, como el peligro de un conflicto nuclear, los métodos de vigilancia, el poder de manipulación de los medios, la creación de una red de conexión global y el calentamiento global.

De hecho, durante una conferencia en Australia en 1939, alertó de los peligros que entraña la explotación frenética de los recursos ambientales. “Los seres humanos queman bosques, talan árboles, destruyen terrenos, extinguen animales”, explicó. También ofreció una idea para concienciar a los seres humanos acerca de la necesaria protección del ecosistema: “Si en cada atlas se mostrasen las regiones devastadas por las actividades del ser humano, la gente quedaría atónita”. 

El legado de Herbert George Wells es asombroso, y sus desalentadoras advertencias sobre el futuro, demasiado reales en el presente.

Por Juanjo Andrés Cuervo

13 ago 2020 09:00

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Nouriel Roubini: "Es demasiado lo que se ha venido abajo"

El famoso economista norteamericano Nouriel Roubini es uno de los analistas más polémicos del mundo. Lo llaman el Doctor Doom (‘Doctor Muerte’). No suele traer buenas noticias. En esta entrevista hace añicos toda esperanza de una rápida recuperación de la economía.

 

A sus 62 años, Nouriel Roubini es uno de los economistas más prominentes y polémicos del mundo. Profesor en la Stern School of Business de Nueva York, anticipó el estallido de la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos y la crisis financiera de 2008. También fue de los primeros en anunciar el hundimiento de la economía por la crisis del coronavirus.

 

XLSemanal. La pandemia ha puesto de rodillas a la economía mundial, millones de personas han perdido su empleo. ¿Esta crisis es tan grave como la Gran Depresión de los años treinta?

Nouriel Roubini. La debacle es aún mayor que entonces. Aquella vez, la verdadera dimensión de la crisis solo se empezó a vislumbrar años después del crack de 1929. Comparada con la situación actual, fue como una caída a cámara lenta. Esta vez, la economía mundial ha colapsado en cuestión de semanas, 40 millones de personas se han ido al paro solo en Estados Unidos. Muchos creen que la recuperación será igual de rápida, pero es una falacia.

 

¿No cree que vaya a producirse una recuperación en forma de uve, a pesar de los importantes paquetes de estímulo que se están aprobando? Sin ir más lejos, en mayo se crearon 2,5 millones de nuevos puestos de trabajo en Estados Unidos…

N.R. Sí, pero eso después de que 42 millones de personas hayan perdido el suyo. Como es lógico, veremos una recuperación en la segunda mitad del año, pero no será una recuperación real, será solo una ilusión. La economía se ha desplomado de tal manera que es prácticamente inevitable que acabe repuntando otra vez, pero esa recuperación no compensará en absoluto la caída. A finales de 2021, la economía estadounidense todavía seguirá por debajo de los niveles de 2020, es demasiado lo que se ha venido abajo. La tasa de desempleo oscilará entre el 16 y el 17 por ciento, mientras que durante la pasada crisis financiera se quedó en un máximo del 10 por ciento.

 

Los mercados de valores parecen verlo de otra manera, las acciones cotizan casi al mismo nivel que a comienzos de año.

N.R. Los mercados se engañan. Los inversores están apostando por que habrá más paquetes de estímulo y una recuperación de los beneficios, pero eso, aquí, a la gente de la calle no le dice nada.

 

¿Que a los norteamericanos les da igual la Bolsa? Eso sí que sería una novedad.

N.R. Matizaré mi afirmación: en Wall Street, las que marcan el rumbo son las grandes empresas; en particular, los bancos y las tecnológicas. Ellas sobrevivirán a la crisis porque el Estado nunca dejará que se hundan. Despedirán a trabajadores, reducirán costes y al final tendrán más poder que antes. Pero lo que conocemos como Main Street, es decir, las pequeñas y medianas empresas, no pueden hacer lo mismo, estas simplemente irán a la quiebra. Calculo que la mitad de los restaurantes de Nueva York acabarán teniendo que echar el cierre, pero McDonald’s sobrevivirá. Y eso no es todo.

 

¿Qué más hay?

N.R. El 10 por ciento de los norteamericanos más ricos son dueños del 90 por ciento del capital bursátil, mientras que un 75 por ciento no tiene ni una sola acción. Hay un estudio de la Reserva Federal que dice que el 40 por ciento de los estadounidenses no dispone ni de 400 dólares en efectivo para afrontar posibles emergencias o imprevistos. Y una emergencia es lo que estamos viviendo en estos momentos. El sistema está enfermo, y por eso la gente está echándose a las calles.

 

¿Quiere decir que las revueltas provocadas por la muerte violenta de George Floyd también tienen un trasfondo social?

N.R. Por supuesto. En la zona en la que yo vivo, Bowery, en el Bajo Manhattan, las tres cuartas partes de los manifestantes son blancos. Muchos de ellos son jóvenes y forman parte del precariado urbano: empleados a tiempo parcial, autónomos, personas que trabajan por horas a pesar de que bastantes cuentan con estudios superiores. La mayoría de los trabajadores que no tienen contrato a jornada completa deja de recibir transferencias estatales pasados tres meses. Ya no pueden seguir pagando el alquiler ni la factura del teléfono, les cortan el agua y la electricidad.

 

Esta situación reducirá considerablemente las posibilidades de que Donald Trump salga reelegido, ¿no es así?

N.R. Sí, así es. Pero Joe Biden tendrá que ganar con una diferencia enorme para que Donald Trump se marche de Washington él solo. Y no creo que eso sea lo que vaya a ocurrir. Veo dos escenarios diferentes: o bien Trump conserva el cargo por poco margen -a pesar de que se está desvaneciendo el respaldo que tenía de las clases trabajadoras blancas-, o bien pierde por poco y se niega a aceptar el resultado.

 

¿En serio cree que se atrincherará en la Casa Blanca?

N.R. Por supuesto que sí. Si los resultados son apretados en algunos distritos, Trump no irá a los tribunales para exigir un recuento de votos, lo que hará será culpar a China, a Rusia, a los negros o a los emigrantes, y actuará igual que el dictador de una república bananera. Llamará a sus seguidores a tomar las armas; de hecho, ya hay muchos fascistas blancos armados sueltos. Por eso cita tantas veces la Segunda Enmienda, la que permite portar armas.

 

En la enumeración de presuntos culpables ha olvidado usted mencionar a la Reserva Federal. Trump quiere que baje aún más los tipos de interés.

N.R. La Reserva Federal ya ha hecho todo tipo de cosas que no tenía que hacer. Ha rescatado bancos, fondos de riesgo, a inversores financieros y a gestores de fondos patrimoniales inundando de liquidez los mercados. Ha sido una medida correcta a corto plazo para evitar el peligro de deflación, pero la deuda pública es tan elevada que los gobiernos y las empresas solo pueden refinanciarse si los tipos se mantienen ultrabajos. La Reserva Federal tiene que asegurarse de que esto sea así comprando deuda y, por lo tanto, impulsando las cotizaciones y ejerciendo presión a la baja sobre los tipos. A largo plazo no funciona. En ese sentido, la Reserva Federal se encuentra en la misma situación que todos los grandes bancos centrales del mundo.

 

¿Quiere decir que los bancos centrales han perdido su independencia?

N.R. Totalmente. Mire, en diciembre de 2018, Jerome Powell -el presidente de la Reserva Federal- anunció que subiría los tipos de interés y reduciría el balance del banco central suspendiendo la compra de deuda. La respuesta de las Bolsas fue una fuerte caída. Powell tuvo que dar marcha atrás rápidamente, y hoy el balance general de la Reserva Federal es el doble que entonces. A largo plazo, esta situación conducirá a una subida de la inflación.

 

¿Cómo es eso posible, con tanta gente sin empleo y con la economía sin terminar de despegar?

N.R. Porque tendremos un shock de oferta negativo. Puede que suene muy técnico, pero es fácil de explicar.

 

Pues adelante.

N.R. La globalización ha mantenido los costes laborales y de producción muy bajos durante años, aunque solo haya sido por los 2500 millones de trabajadores baratos que hay en la India y China. Pero la globalización ya dejó atrás su punto más alto durante la última crisis financiera, y la pandemia del coronavirus no ha hecho más que reforzar esa tendencia. Últimamente estamos asistiendo a episodios de renacionalización, al desmantelamiento de cadenas de suministro, a un conflicto comercial entre China y Estados Unidos…

 

¿Y por eso es por lo que espera una subida de precios en todos los frentes?

N.R. Tomemos el caso del 5G, por ejemplo. Nokia y Ericsson son en torno a un 30 por ciento más caras y un 20 por ciento menos eficientes que Huawei. Por lo tanto, si un país no se decanta por Huawei para desplegar su red 5G -decisión para la que hay buenas razones de política de seguridad-, automáticamente suben los precios de todo tipo de productos finales, desde tostadoras hasta microondas, porque el 5G va a estar en todas partes. Y eso, en última instancia, acaba derivando en inflación.

 

Pero entonces los tipos de interés tendrían que subir.

N.R. Según los manuales de economía, sí, pero no es lo que va a pasar, porque entonces los estados y las empresas verían saltar por los aires sus presupuestos y balances.

 

¿Le sorprende la enorme cantidad de dinero que los europeos están movilizando para estabilizar sus economías?

N.R. No, realmente no. De lo que se trata en el fondo es de mantener unida la eurozona. Sin un acto de solidaridad, algunos países, especialmente Italia, colapsarían y tendrían que salir de la zona euro. Y entonces todo se habría acabado.

 

Olaf Scholz -el ministro alemán de Finanzas- dijo, con respecto al paquete de ayudas de 500.000 millones de euros que Berlín y París quieren cerrar, que era el momento Hamilton de Europa, en referencia al primer secretario del Tesoro de Estados Unidos, Alexander Hamilton, el hombre que sentó las bases financieras de la república. ¿Cree que Scholz exagera?

N.R. Claro que exagera. Es un buen paquete de ayudas, pero todavía faltan dos requisitos para poder hablar de unos Estados Unidos de Europa. El primero, la mutualización de las obligaciones: la deuda de Italia sigue siendo la deuda de Italia. Y el segundo, un presupuesto común con un montante significativo, de entre el 20 y el 30 por ciento del PIB, y no del uno por ciento como en la actualidad.

 

Parece que esta vez Alemania está tomando decisiones revolucionarias.

N.R. No se puede decir siempre que no a todo. Berlín no puede oponerse a que el presupuesto europeo crezca y el Banco Central Europeo tenga un papel más relevante y al mismo tiempo sorprenderse si todo se va al garete. Si no se hace nada, Europa está muerta. Por suerte, la canciller Merkel se ha dado cuenta a tiempo de lo mucho que está en juego. Y en estos momentos goza de una popularidad tan alta que es capaz de sacar adelante estas propuestas. Dudo mucho que siga siendo posible con su sucesor, da igual quién acabe siendo presidente de su partido y canciller federal.

 

A todo esto se une que ya hay otra crisis esperando a la vuelta de la esquina: la del brexit. ¿Cree que los británicos acabarán solicitando una prórroga del periodo de transición?

N.R. Hablo mucho con representantes del Gobierno británico y tengo la impresión de que van a optar claramente por un brexit duro. Londres no quiere un acuerdo de libre comercio como el que existe entre la Unión Europea y Canadá, lo que quiere es cortar amarras de una forma nítida. Y eso, obviamente, es una auténtica locura. Los camiones se amontonarán en las aduanas, las Bolsas de Europa se hundirán, la economía británica también, igual que la europea, aunque no con la misma intensidad.

 

¿Hay algo que le haga albergar esperanzas?

N.R. ¿Esperanzas? Déjeme que lo piense… Me parece positivo que los gobiernos hayan reaccionado de forma rápida y enérgica a la pandemia. ¿Pero al margen de eso? Me temo que la próxima década va a estar marcada por la ruina y el desastre. Puede que al final la economía global acabe siendo más sostenible, pero por el momento lo que va a ser es más sombría.

Roubini nació en Estambul hace 62 años. De origen judío-iraní, ha vivido en Irán, Israel e Italia. Doctor en Economía Internacional por Harvard, hoy es ciudadano de Estados Unidos. Trabajó en el Departamento del Tesoro, fue docente en Yale y ahora en Nueva York, donde preside Roubini Global Economics Monitor, una firma de consultoría y análisis financiero.

 

Fuente: https://www.xlsemanal.com/personajes/20200721/nouriel-roubini-crisis-economica-coronavirus-recuperacion.html

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Elizalde llamó a la creación de espacios de resistencia frente a tales estrategias de dominación en el ámbito digital. Foto: Cubaperiodistas.

La misión de las nuevas generaciones en América Latina es lograr la soberanía tecnológica, afirmó el catedrático español Ignacio Ramonet durante un debate en el Pabellón Cuba, en La Habana.

El doctor en Semiología e Historia de la Cultura disertó sobre el colonialismo 2.0 y los desafíos de la izquierda latinoamericana junto a la periodista e investigadora cubana Rosa Miriam Elizalde, quien abordó el surgimiento e impulso de internet y su progresión desde el entorno militar hasta el contexto universitario y civil.

Ramonet recordó que Fidel Castro fue uno de los primeros que entendió la importancia de internet y dispuso en Cuba la fundación de la Universidad de Ciencias Informáticas para el desarrollo de una ciencia y tecnología nacionales.

Internet nos plantea, por una parte, el enfrentamiento cultural y la presencia activa en el ciberespacio, que ocupa todo un universo simbólico, económico y cultural, liderado por grandes potencias, las cuales pujan por ese territorio digital, puntualizó.

El autor de El imperio de la vigilancia señaló que el colonialismo digital de Estados Unidos limita el ascenso de otros países e industrias cuyos contenidos pueden seducir a las grandes masas y citó los múltiples intentos para frenar a la empresa china Huawei.

Igualmente, reconoció varios ejemplos que demuestran la carrera de Corea del Sur por lograr la descolonización, entre estos, la expansión de la cultura K pop, los doramas y producciones como la multipremiada cinta Parásitos, ganadora del premio Óscar a la mejor película.

Por su parte, la doctora en Ciencias de la Comunicación Rosa Miriam Elizalde mencionó cifras relevantes para la región latinoamericana, señalada como la más dependiente en términos de infraestructura, plataformas y contenidos estadounidenses; en tanto, precisó que el 90% de todo el tráfico de datos del continente pasa por servidores de la superpotencia norteamericana.

Destacó, además, la expansión simbólica del imperio norteamericano, cuyos contenidos, estructuras y mensajes monopolizan la red de redes, devenida territorio ideal para la ciberguerra, el espionaje y la manipulación.  “El totalitarismo estadounidense utiliza este escenario para reforzar sus apetencias coloniales”, aseguró.

Las naciones latinoamericanas ocupan el ranking entre los diez países que consumen más tiempo en las redes sociales, el 81% de los jóvenes del continente utilizan regularmente Facebook y el 50% de las personas que carecen de agua potable o no acceden a los servicios básicos tienen perfiles en alguna red social norteamericana, según estudios recientes del Banco Interamericano de Desarrollo.

La también vicepresidenta de la Unión de Periodistas de Cuba describió el actual panorama regional sujeto a ser el polígono de prueba en el contexto digital con ejemplos como Bolivia, donde se crearon 6 000 cuentas falsas a través de la inteligencia artificial para generar la percepción de un supuesto respaldo al reciente golpe de Estado.

En consecuencia, Elizalde llamó a la creación de espacios de resistencia frente a tales estrategias con ejemplos como Venezuela y Argentina, que han demostrado la posibilidad, desde la izquierda, de enfrentar a la gran maquinaria de manipulación de la derecha.

Creado en 2013, el espacio Dialogar Dialogar es una plataforma para el debate con las nuevas generaciones en la nación caribeña y rinde homenaje a su inspirador, el intelectual cubano Alfredo Guevara, reconocido por sus ideas y capacidad para polemizar con los jóvenes.

20 febrero 2020 

(Tomado de Cubaperiodistas)

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Lunes, 27 Enero 2020 06:32

Contrastes

Analistas consideran que el aspirante "socialista democrático" Bernie Sanders tiene posibilidades de ganar la candidatura demócrata para enfrentar a Donald Trump en los comicios presidenciales de este año. La imagen, ayer en Iowa.Foto Ap

El socialista democrÁtico Bernie Sanders, precandidato presidencial demócrata, está ganando –ocupa el primer lugar en las encuestas en los dos primeros estados en realizar elecciones internas del Partido Demócrata, así como en algunas encuestas nacionales, cuenta con más fondos que todos sus contrincantes (de contribuciones individuales de más de 5 millones de donantes, sin un millonario), y de repente todo el elenco de analistas, comentaristas y periodistas del llamado mainstream que lo habían descartado durante meses ahora afirman que, pues fíjense que el candidato más progresista podría ganar la nominación presidencial demócrata.

Al mismo tiempo, el populista derechista Donald Trump está ganando. Todo indica que será exonerado en el juicio político, lo cual proclamará como un triunfo contra los diabólicos izquierdistas del Partido Demócrata que deseaban anular los resultados de la pasada elección, así como su relección este año. A pesar de pruebas abrumadoras del uso corrupto y abusivo de su puesto para intereses propios, y la obstrucción de las investigaciones sobre su comportamiento ilegal, Trump ha mantenido fieles a sus filas y de manera sorpresiva sigue con la misma aprobación pública desde que llego a la Casa Blanca, alrededor de 40 por ciento, que aunque es históricamente baja para un presidente, es suficiente para mantener el poder, por ahora.

Trump intenta imponer su marca sobre el mundo, al anunciar en Davos que en su mando, Estados Unidos está ganando de nuevo como nunca antes y que por eso sus aliados en el mundo están mejor. Su secretario de Estado, Mike Pompeo, afirmó hace unos días que “a pesar de lo que algunos leen en otras partes de que a la gente no le gusta America, donde yo vaya veo un profundo amor por nuestro país… El mundo sabe lo que representamos… la libertad… y lo quieren también”.

Pero resulta que no –un sondeo reciente del Centro de Investigación Pew entre personas de 32 países registra que una amplia mayoría, 64 por ciento, no tienen confianza en que Trump haga lo correcto en política exterior–; en México, 89 por ciento no le tiene confianza ( https://www.pewresearch.org/global/2020/ 01/08/trump-ratings-remain-low-around- globe-while-views-of-u-s-stay-mostly-favorable/ ).

Y aquí, mientras todos repiten que el país está polarizado, integrantes destacados de la cúpula de ambos partidos y sus patrocinadores cenan juntos. Jeff Bezos, jefe de Amazon y del Washington Post –frecuentemente atacado como medio enemigo– y el hombre más rico del país, hizo una gran fiesta en su nueva mansión de 23 millones de dólares en Washington a la cual asistieron varios ejecutivos, incluido el segundo hombre más rico del país, Bill Gates, la hija de Trump, Ivanka, y su marido Jared Kushner, la consejera presidencial Kellyanne Conway, los secretarios de Transporte y Comercio, la conductora del noticiero nacional de CBS News, el ex secretario de Defensa de Trump, Jim Mattis, los ejecutivos en jefe de Goldman Sachs y JP Morgan Chase, un ex secretario de prensa de Obama, y así.

Mientras se habla de la grave polarización en este país, parece que hay suficiente consenso entre la élite como para poder impulsar políticas rechazadas por las mayorías, como el libre comercio, anulación de regulaciones ambientales, reducción de impuestos sobre empresas y multimillonarios, y el negocio de guerras interminables.

Hace recordar esa famosa frase del escritor y crítico Gore Vidal: “hay un solo partido en Estados Unidos, el Partido de la Propiedad… y tiene dos alas derechas: republicanos y demócratas”.

Tal vez lo más importante es quién no asistió a la fiesta, por ejemplo, no invitaron a Sanders ni a sus aliados.

Los contrastes sirven para saber lo mas importante: de qué lado estás.

https://www.youtube.com/watch?v=9X EnTxlBuGo"https://www.youtube.com/watch?v=9XEnTxlBuGo

https://www.youtube.com/ watch?v=Sx-ATtinIj4

https://open.spotify.com/track/ 4rzhyomGxgWvvXQSdcZbCA?si=23M-GrHLS0OwCDqowja7Ng

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