Fotografía cedida por la Agencia Andina que muestra al primer ministro peruano, Guido Bellido, este viernes 27 de agosto de 2021 en el Congreso. — EFE

Un discurso pronunciado en quechua fue interrumpido en el Congreso peruano por ser un idioma "no predominante" en dicho espacio. La Academia Mayor de la Lengua Quechua ha anunciado una denuncia por discriminación.

 

Perú cuenta con 48 lenguas originarias reconocidas de manera oficial, 41 de ellas tienen un alfabeto, pero ninguna de ellas es permitida en el Congreso del país andino. O al menos fue ese el mensaje que se dejó entrever el jueves pasado, cuando la presidenta de la mesa directiva, la derechista Maricarmen Alva, cortó un discurso del primer ministro Guido Bellido, que inició su intervención en aimara y en quechua, dos de las lenguas nativas más vivas del país.

"Premier, como se acordó con la mesa (directiva), le agradecería que traduzca inmediatamente y que no sea tan larga su exposición en quechua", dijo Alva, del partido de centroderecha Acción Popular, en el primer día del debate del pleno del Congreso, de mayoría opositora de derechas, para la obtención del voto de confianza al primer gabinete del izquierdista y maestro rural Pedro Castillo (2021-).

"Señora presidenta y señores vicepresidentes, esto es una muestra de que aún todavía nuestro país no ha entendido que hay pueblos profundos que tienen cultura, que tienen idioma (…). Cuando nosotros no hablamos el quechua y nuestros hermanos no hablan castellano y solo hablan el quechua, estamos prácticamente dejándolos de lado. Ustedes, el día de hoy, han sentido como muchos que solo hablan quechua y no hablan castellano. Lo único que hemos hecho es saludarle en aimara, en quechua, y ahora pasaremos a intervenir en castellano", respondió Bellido.

Una situación tensa que avivó la división de la sociedad peruana, profundamente fracturada desde el último recuento en las elecciones presidenciales, en las que Castillo ganó a la derechista Keiko Fujimori por apenas 44.263 votos, entre acusaciones sin pruebas de fraude en mesa y vínculos de Castillo y su entorno con grupos de remanentes terroristas. Por un lado, estuvieron quienes señalaban el uso que el oficialismo hacía del idioma más extendido por los incas, como una "provocación" o una "estrategia" para "distraer" a la opinión pública de sus propuestas de Gobierno. Mientras que, por el otro, quienes calificaron la conducta de Alva de "discriminadora" y "racista".

"El hecho de que genere tanta controversia que un político hable quechua en el Parlamento es un indicador de que definitivamente somos una nación bastante dividida", sostuvo a Público la politóloga Alexandra Ames, quien criticó la falta de herramientas para que se haya logrado una traducción simultánea del aimara y el quechua en el Congreso.

El quechua en el discurso público

En el gabinete de Bellido, que obtuvo finalmente la confianza del Congreso por 73 votos a favor, 50 en contra y 0 abstenciones, al menos cuatro de sus integrantes son quechuablantes. Algo que algunos de ellos pusieron de manifiesto desde el día de la jura de su cargo, en julio, entre voces opositoras que criticaban la inclusión de integrantes con investigaciones fiscales que van desde delitos como apología al terrorismo (entre ellos el propio presidente del Consejo de Ministros), lavado de dinero y denuncias por acoso sexual.

Una discusión a la que el oficialismo ha restado importancia y ha pedido que sea observada bajo el prisma del racismo y el clasismo que le atribuye a la derecha peruana y a los medios de comunicación que apoyaron abiertamente a Fujimori en la segunda vuelta.

Este desencuentro entre periodistas políticos y el Ejecutivo se agudizó después de que Bellido se despidiera de una entrevista televisiva en vivo en quechua, con una burla sobre su interlocutor: "Hermanos y hermanas, hasta otro día que nos encontremos. A nuestro hermanito (al periodista), hasta sus plumitas hicimos que se plieguen", refirió. Una conducta que causó polémica y que llevó a que en dos entrevistas posteriores a otro de los integrantes quechuahblantes del gabinete, el ministro de Cultura Ciro Gálvez, las dos presentadoras de televisión exigieran una traducción inmediata.

Para Ames, el periodismo político "está cayendo en la trampa de sus propios sesgos centralistas limeños y esto impide que se pueda hacer las preguntas correctas" sobre las políticas del Gobierno, que reconoce que "el periodismo más independiente sí está haciendo". "Nos estamos distrayendo con símbolos que deberían ser prácticas normales para nosotros. Por ejemplo, chacchar coca es tan normal como tomar una taza de café en el Parlamento", señaló la politóloga en relación a masticar hojas de coca, una costumbre ancestral que Bellido realizó el jueves después de culminar su discurso por el voto de confianza.

El círculo vicioso de la predominancia

Pese a que Perú cuenta ya doscientos años de Independencia de España, las lenguas originarias fueron reconocidas como oficiales en 1975, con la instauración del "Día del Idioma Nativo en el Perú", creado mediante un decreto ley durante el gobierno del general Juan Velasco Alvarado (1968-1975), cuyo gobierno militar incluyó diversas políticas de reivindicación del indígena, como la reforma agraria más radical de la historia peruana, que significó -en la práctica- la eliminación de un régimen semifeudal en el campo.

A partir de entonces y con el avance global de políticas públicas con enfoque multicultural e intercultural, la vigente Constitución de 1993, que el gobierno de Castillo busca cambiar mediante un proceso de consulta popular, incluye en su artículo 48 que "son idiomas oficiales el castellano y, en las zonas donde predominen, también lo son el quechua, el aimara y las demás lenguas aborígenes, según la ley".

"En este Congreso nadie discrimina a nadie. Ninguno de los que están acá presentes y menos la mesa directiva. Por favor, relator, lea el artículo 48 de la Constitución", pidió Alva a modo de justificar los "límites" que le impuso al uso del quechua en el Congreso, y ante el reclamo de congresistas oficialistas por haber "herido" a los miles de quechuahablantes en el país.

"La Constitución dice que todas las lenguas son oficiales en los lugares donde predominan. Esto es algo bastante cuestionable porque esa frase te da a entender que no hay forma de que una lengua originaria peruana pueda ser oficial en la mayoría del territorio porque es evidente, en cifras, que el castellano predomina siempre. Y si no le vamos a abrir espacios a otras lenguas, cómo así se podría lograr que predominara. Es como un círculo vicioso", explicó a Público la sociolingüista Claudia Crespo.

De la controversia social a la acción judicial

Una interpretación de la ley sobre la que se discutirá probablemente también en algún juzgado peruano, pues la Academia Mayor de la Lengua Quechua del Cusco ha anunciado una denuncia contra la presidenta del Congreso y demás congresistas "que han tenido la osadía de decir ‘nosotros no sabemos o no entendemos esta lengua’, haciendo una marginación a los pueblos originarios", apuntó Fernando Hermosa, representante de dicha institución en declaraciones a La República.

"En el bicentenario, nos han restregado que los quechuahablantes seguimos siendo excluidos. De un porrazo, y en cuestión de segundos, los que se hacen llamar los padres de la patria han destruido el trabajo de años a favor de las culturas", expresó Hermosa.

Una denuncia que sería válida, según la interpretación de la expresidenta del Congreso y abogada Mirtha Vásquez. "Jurídica y legalmente, el artículo 2, inciso 19 de la Constitución habla del derecho a la identidad étnica y cultural de las personas. Eso significa incluso usar su idioma o lengua originaria ante cualquier autoridad. Lo dice explícitamente", apuntó a Público.

"Se puede tomar como un acto de discriminación el hecho de que censures a una persona o, como se hizo en el Congreso, se intente evitar que siga expresándose en su lengua", agregó Vásquez.

Los vetos del Congreso

Si bien el veto del quechua en el Congreso ha cobrado una dimensión simbólica importante en el debate público la última semana, no se trata de un hecho aislado. En el 2006, la entonces congresista cusqueña María Sumire (2006-2011) fue víctima de discriminación lingüística al ser obligada a jurar a su cargo en castellano, pese a que lo hizo tres veces en quechua.

Asimismo, en el 2017, la excongresista izquierdista Tania Pariona, denunció que el Congreso no admitió a trámite un proyecto de ley que buscaba oficializar el 27 de mayo como el Día de las Lenguas Originarias, por estar enteramente en idioma quechua. Solo tras hacer el caso público, y cinco días después, este fue admitido a trámite.

Una muestra de que las políticas públicas de reconocimiento lingúistico son importantes no solo en la Educación y en la Salud, sino también donde precisamente se crean las políticas

LIMA (PERÚ)

29/08/2021 21:49

Mercedes Palomino@mercepalm

Publicado enInternacional
 América Latina no es la región con mayor número de lenguas, ni de hablantes, pero sí es la que presenta más diversidad. Pablo Linde

Desde la Patagonia hasta Mesoamérica, un atlas actualiza las lenguas originarias de pueblos indígenas, amenazados hoy por todo tipo de presiones económicas y culturales, que luchan por mantenerlas vivas

De las comunidades más recónditas de la Amazonía a los barrios de las grandes ciudades sudamericanas como Lima o Buenos Aires, las naciones originarias y sus idiomas nativos atraviesan todo el territorio de América Latina. Memoria viva de saberes que han sobrevivido a lo peor de las conquistas europeas, las lenguas originarias perviven amenazadas por la presión económica sobre sus territorios, el éxodo rural y la falta de apoyo público.


Por el patrimonio cultural que representan y la vulnerabilidad que llega al peligro de extinción inminente en muchos casos, la Unesco declaró 2019 como Año internacional de las lenguas indígenas. Para la institución, el derecho de una persona a utilizar el idioma que prefiere es “un requisito previo para la libertad de pensamiento, de opinión y de expresión”.


América Latina no es la región con mayor número de lenguas, ni de hablantes —una estimación muy aproximativa podría arrojar 25 millones—, pero sí es la que presenta más diversidad. Los alrededor de 500 idiomas nativos que se hablan se agrupan en 99 familias que se extienden desde la Patagonia hasta Mesoamérica, según el Atlas sociolingüístico de pueblos indígenas de América Latina, publicado en 2009 bajo el auspicio de Unicef y la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Aecid) y que se mantiene como uno de los trabajos más completos para mapear esta realidad.


Esa diversidad es la principal riqueza lingüística de la región, pues es un reflejo de la diversidad cultural y étnica de sus pueblos y permite investigar la historia del poblamiento del territorio a lo largo de los milenios, según explica Inge Sichra, sociolingüista austriaca radicada en Cochabamba (Bolivia), coordinadora del Atlas y fundadora del Programa de Formación en Educación Intercultural Bilingüe para los Países Andinos (PROEIB Andes).


Lenguas sin Estado


Para la escritora mixe y lingüista Yásnaya Elena Aguilar, no existen características lingüísticas comunes a todos los idiomas originarios, pero sí una sociopolítica. “Son lenguas de pueblos que han sufrido colonización, pero también que no formaron un Estado propio”, explica.


Aguilar, que recientemente fue protagonista de un histórico discurso en mixe en el Congreso mexicano, destaca que en fechas de la independencia, en 1810, alrededor del 65% de la población de México hablaba una lengua indígena y actualmente solo el 6,5% lo hace. Todo un proceso de homogeneización cultural que se apoyó en el sistema educativo desde los tiempos de la Revolución (1910-1921) y que continúa hoy en el trato con las instituciones públicas, que funcionan casi exclusivamente en español.


En su opinión, los casos más graves son la sanidad y el sistema de justicia, que casi nunca cuentan con intérpretes, algo que pone en riesgo la libertad y la vida de las personas. No siempre fue así. Frente a un Estado “que se comporta monolingüe”, Aguilar reivindica la experiencia histórica de Oaxaca —el estado del suroeste mexicano donde se asienta el pueblo mixe—, donde en el siglo XIX los profesores de las escuelas municipales eran empleados de las comunidades y enseñaban en las lenguas propias.


Cuando la cultura oficial solo se redacta en español y apenas existe educación formal fuera de eso, escribir literatura contemporánea en una lengua originaria es casi un acto de heroísmo. Eso hace la poeta maya Briceida Cuevas Cob desde inicios de los años noventa. Su poesía se fija en “las cosas sencillas que nos van deslumbrando”, como “un amanecer, que es un proceso” o “el comportamiento de un árbol”, explica en una entrevista. Su método de creación es bilingüe: primero escribe en maya y luego en español, dando vida a un segundo proceso creativo que es también “un puente” para llegar a quienes no pueden leer los originales.


Cuevas Cob es originaria de la comunidad de Tepakán en Campeche, México. En esa zona, participando en talleres de escritura y creando una suerte de movimiento cultural, se formó un grupo de autores mayas a finales del siglo XX. “Hablar de la importancia de la escritura en lengua originaria es hablar de este proceso y palpar un resultado que se mira a través del gran número de escritores que escriben actualmente”, explica.


Recursos y éxodo rural


El bastión de las formas de vida indígenas ha sido tradicionalmente el medio rural, con poblaciones culturalmente más homogéneas. Hoy, la pervivencia de estas culturas y sus medios de expresión están amenazadas por las presiones económicas sobre los territorios y la migración hacia las ciudades.
Según Aguilar, “el reto más fuerte para los pueblos indígenas es el neoextractivismo”, ya que la lucha por los recursos produce ataques sobre sus territorios y bienes comunes. La activista lamenta que, mientras que las instituciones y la sociedad mexicana aplauden las expresiones culturales de los indígenas, quienes se involucran en las luchas en defensa del territorio se enfrentan a la represión e incluso al asesinato.


“La mayoría de los activistas que han sido asesinados en México en defensa del territorio y los recursos han sido activistas de pueblos indígenas”, señala. Según la ONG Global Witness, la agroindustria y la minería son los principales negocios vinculados al asesinato de líderes ecologistas en el mundo y América Latina es la región que más sufre este tipo de ataques.
Otra amenaza para la diversidad lingüística es el éxodo rural, algo que hace que incluso algunos idiomas tan hablados como el quechua o el aymara estén en peligro. Sin las políticas adecuadas de refuerzo del bilingüismo, la vida en la ciudad interrumpe en muchos casos la transmisión de la lengua de madres a hijos.


Para Sichra, se deben oficializar los idiomas originarios más hablados y hacerlos equiparables al castellano, pero eso debe implicar políticas efectivas: que en las instituciones públicas funcione el bilingüismo, que los funcionarios tengan las competencias necesarias y que se utilicen en la educación de manera integral.


Cuevas Cob también reclama que en las comunidades indígenas el idioma propio sea la lengua vehicular de la educación, pero reconoce que estudiar en maya no ofreceautomáticamente mejores condiciones de vida y opina que la promoción del lenguaje originario y las oportunidades de desarrollo para su pueblo tienen que ir a la par.

En tiempos de globalización e Internet, el español se vuelve más atractivo. “Es complicado porque un niño crece, está en el Face, en las redes sociales, y pocas veces se interesa en un texto en lengua indígena”, dice la escritora. “Cuando estudié la primaria en los setenta todos los niños hablábamos en maya, no podíamos hablar en español porque nos daba risa y no sabíamos”, recuerda.


Lo digital y las buenas prácticas


Quizás una forma de revitalizar los idiomas originarios es llevarlos al ámbito digital, coinciden algunos expertos, y son numerosas las iniciativas para ello. En El Alto (Bolivia), los jóvenes bilingües del colectivo Jaqi Aru han traducido Facebook, están desarrollando un curso de aymara para Duolinguo y crean artículos para la versión de Wikipedia en su lengua, que ya tiene 4.410 entradas.


Además, existen versiones de la enciclopedia digital en quechua (con más de 21.000 artículos), náhuatl y guaraní, así como proyectos para desarrollar versiones en maya o wayuunaiki. Otro tanto puede decirse de Firefox, el navegador de Internet de código libre: bajo el proyecto Mozilla nativo, distintos grupos trabajan en la traducción de sus aplicaciones para Android y escritorio a CH’ol (México), mixteco, paipai purépecha, tének, triqui, tojolobal, tostil, zapoteco y dos variedades de náuhatl en México, al guaraní en Paraguay, al ixil y kaqchikel en Guatemala o al náuhuat pipil en El Salvador.


También hay experiencias positivas desde el Estado. Paraguay se acerca a una situación de bilingüismo total con enseñanza de guaraní en las escuelas y uso habitual en las instituciones públicas, los negocios y la vida cotidiana. El 77% de sus habitantes habla guaraní paraguayo, según su censo de 2012, una variedad que utiliza la mayoría criolla y mestiza del país, de modo que algunas clasificaciones no lo consideran una lengua originaria.


Sichra destaca el buen ejemplo de Perú, donde el Ministerio de Cultura está encauzando acciones “desde la comunidad”, haciendo participar a los hablantes y generando políticas de estímulo entre los funcionarios para aprender y usar el quechua. En Perú también se estrenó en 2017 la película Wiñaypacha, la primera del país rodada íntegramente en aymara.


Algunas de las lenguas más habladas


Quechua: se habla en Perú, Bolivia, Ecuador, y, en menor medida, en Colombia, Argentina y Chile. El Atlas sociolingüístico de pueblos indígenas en América Latina, de 2009, estima que en el área andina viven más de seis millones de quechuas, aunque no todos son hablantes.


Aymara: se habla principalmente en Bolivia y Perú, y el Atlas sociolingüístico estima que casi dos millones y medio de aymaras viven en la zona andina. Como el quechua y otros idiomas nativos de Sudamérica, fue medio de evangelización desde el siglo XVI hasta finales del XVIII, lo que contribuyó a una fijación normativa temprana, explica la sociolingüista Inge Sichra. “Las leyes de la Corona más los afanes republicanos han ido luego contra esas lenguas generales y en favor de la castellanización. Se ha difuminado esa fuerza normativa y las lenguas han vuelto a su estado natural de alta variabilidad”, explica.


En México se hablan 55 idiomas originarios distintos, según el Atlas. Entre estos, destacan por su número de hablantes el náhuatl (1,3 millones), el maya (759.000), las lenguas mixtecas (423.000) y las zapotecas (411.000), entre muchas otras.


El guaraní: existen pueblos que hablan idiomas de la familia tupí-guaraní en Bolivia, Brasil, Paraguay y Argentina, pero la variedad más hablada es el guaraní paraguayo. En el censo de 2012 de Paraguay, eran más las personas que declaraban hablar esa variedad guaraní que quienes hablaban español.


Lenguas (y pueblos) en riesgo


Muchos de los idiomas originarios cuentan con pocas decenas o centenares de hablantes, o ya se han extinguido y solo quedan registros. Según el Atlas, hay 122 idiomas con cien hablantes o menos en los países de América Latina, como el chortí en Honduras, el paraujano en Venezuela, el culina en Brasil o el leco en Bolivia.


En la Amazonia, donde viven alrededor de 800.000 indígenas de casi 250 pueblos o naciones, perviven muchas de las lenguas en situación de peligro. Muchas de sus comunidades, especialmente las que viven de manera más tradicional o en aislamiento voluntario, son los más vulnerables a la explotación petrolera, la minería ilegal, la explotación forestal y la construcción de infraestructuras carreteras y energéticas. Las mismas fuerzas que amenazan con acabar con su biodiversidad amenazan gravemente sus culturas originarias.

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