El anticolonialismo en la tradición comunista

Ya hemos visto (este artículo es un  extracto del libro de E. Traverso Révolution. Une histoire culturelle, ndr) cómo los bolcheviques tenían una visión muy occidental del atraso de Rusia/1. A diferencia de Marx, quien al final de su vida imaginó la posibilidad de una transición de la comunidad campesina rusa (obschina) al socialismo, Trotsky no veía en la doctrina eslavófila nada más que “el mesianismo del atraso”/2. La literatura bolchevique estaba llena de referencias a la revolución francesa, a 1848 y a la Comuna de París, pero en ningún momento mencionaba la revolución haitiana o la revolución mexicana. Para Lenin y Trotsky, que apreciaban particularmente esta metáfora, la rueda de la historia giraba de Petrogrado a Berlín, no de las campiñas rusas a los campos de Morelos y a las plantaciones antillanas.

En un capítulo de su Historia de la revolución rusa, Trotsky subraya que la “civilización ha convertido al campesino en un asno que lleva las alforjas” y deplora la indiferencia de que es objeto en los libros de historia, del mismo modo que las críticas de teatro hacen caso omiso de los trabajadores y las trabajadoras que entre bastidores accionan los telones y cambian los decorados: “La participación del campesinado en las revoluciones de pasado apenas se ha estudiado hasta ahora/3.” Sin embargo, en su libro el campesinado aparece principalmente como una masa anónima. No lo pasa por alto, pero lo observa desde lejos, con un desapego analítico carente de empatía.

Trotsky no conocía muy bien el mundo rural, que seguía siendo un recuerdo de su infancia en Ianovka, en Ucrania. Vista desde Viena, París o Nueva York, las ciudades en que vivió durante su exilio, la inmensa campiña rusa se le antoja lejana. Así, esta observación permanece aislada en su libro. En el centro de su gran panorámica figuran más las masas urbanas en acción que el campesinado, y están formadas sobre todo por gente trabajadora. Los jacobinos negros eran esclavos y los revolucionarios mexicanos eran campesinos.

Los bolcheviques habían comenzado a poner en tela de juicio la idea, heredada de los escritos de Marx sobre el bonapartismo francés, según la cual el campesinado era una clase culturalmente atrasada y políticamente conservadora, pero su tropismo proletario era demasiado fuerte para que procedieran a este replanteamiento. Este último fue obra, no sin conflictos teóricos y estratégicos, del comunismo anticolonial del periodo de entreguerras. Antes de la obra histórica ya mencionada de C.L.R. James, Les Jacobins noirs, los ejemplos más destacados de esta revisión vinieron de China y de América Latina.

En China, el giro comunista hacia el campesinado fue el resultado de la derrota devastadora de las revoluciones urbanas de la década de 1920 y, al mismo tiempo, del esfuerzo encaminado a inscribir el marxismo en una historia y una cultura nacionales. Tras la represión sangrienta desencadenada por el Guomindang (GMD), las células del Partido Comunista habían quedado casi completamente desmanteladas en las ciudades y sus miembros encarcelados o perseguidos. A finales de1927, el Partido solo contaba con 10.000 miembros de los 60.000 que tenía el año anterior. Cuando se retiraron al interior del país, donde hallaron protección y pudieron reorganizar su movimiento, muchos dirigentes comunistas empezaron a ver al campesinado bajo un nuevo prisma, abandonando el punto de vista occidental que siempre habían adoptado con respecto al atraso asiático.

Este giro estratégico, que fue objeto de vivas controversias entre la Internacional Comunista y su sección china en la década de 1930, vino impulsada por Mao Zedong a comienzos de 1927, antes incluso de las masacres perpetradas por el GMD en Shanghái y Cantón en abril y diciembre de ese mismo año/4. De vuelta de su Hunan natal, Mao Zedong escribió un célebre informe en que designaba al campesinado –y no ya al proletariado urbano– como la fuerza motriz de la revolución china. El carácter subversivo de los campesinos era tan evidente a sus ojos que no era necesario demostrarlo, y aunque en esta época todavía no cuestionaba la alianza con el GMD, ya reivindicaba la importancia de un liderazgo campesino: “Sin [los campesinos pobres] no habrá revolución. Negarse a reconocer el papel de los campesinos pobres es negarse a reconocer la revolución/5.” En opinión de Mao, los campesinos eran clarividentes y capaces de asentar su propio poder. Claro que su revolución sería una explosión de violencia, a la medida de la brutalidad interminable infligida por los terratenientes. En un pasaje canonizado posteriormente, escribió:

La revolución no es en modo alguno una cena de gala, no es como si se escribiera un ensayo, se pintara un cuadro o se bordara una flor. No es posible llevarla a cabo con tanto refinamiento, desenvoltura y elegancia, con tanta suavidad, calma, respeto, modestia y deferencia. Una revolución es una insurrección, el acto violento con el cual una clase tumba el poder de otra clase. Una revolución en el campo, es el derrocamiento por el campesinado del poder feudal de los terratenientes. Si no es con el mayor de los esfuerzos, el campesinado no logrará nunca derribar el poder de los terratenientes, que se ha establecido sólidamente durante milenios. Hace falta un fuerte impulso revolucionario en el campo para movilizar a millones de campesinos que formarán una fuerza considerable/6.

Contrariamente a los agentes de Moscú, según los cuales las milicias campesinas no eran sino las que desencadenaban las insurrecciones urbanas, en 1931 Mao insistió en construir una república soviética en Jiangxi. Si no hubiera creído en la dimensión rural de la revolución china, no habría organizado, pocos años después, la Larga Marcha para hacer frente a la campaña de aniquilación lanzada por el GMD. Percibida inicialmente como una derrota trágica, dado que de los 90.000 soldados que habían salido de Jiangxi en 1934 solo 8.000 llegaron a Shaanxi al año siguiente, esta iniciativa épica sentó las bases de un combate victorioso, primero contra la ocupación japonesa y después contra el propio GMD.

Dos años más tarde, el Ejército Rojo chino recuperó su tamaño inicial y en 1947, cuando estalló la guerra civil contra el GMD, contaba con 2.700.000 soldados. La proclamación de la República Popular China en Pekín, en 1949, fue el resultado de un proceso que, de los levantamientos de 1925 a la Larga Marcha y a la lucha contra Japón, tenía necesariamente raíces en los acontecimientos de octubre de 1917, pero también era fruto de una revisión estratégica. Las revoluciones rusa y china estaban unidas por un vínculo genético complejo/7.

Las tres principales dimensiones del comunismo analizadas hasta ahora en este capítulo –la revolución, el régimen y el anticolonialismo– convergen de manera emblemática en la revolución china. En su calidad de ruptura con el orden tradicional, esta revolución quiso poner fin a siglos de opresión; en su calidad de conclusión de una guerra civil, comportó la conquista del poder por un partido militarizado que, desde el comienzo, estableció su dictadura adoptando las formas más autoritarias; y en su calidad de epílogo de un combate contra la ocupación japonesa y después contra el GMD, fuerza nacionalista sostenida por las grandes potencias occidentales, la victoria comunista de 1949 no solo marcó el fin del colonialismo en China, sino también, a escala mucho más amplia, un momento decisivo en el proceso global de descolonización.

Mientras que en Rusia la burocratización del Partido Bolchevique y el fin de la democracia soviética fueron una consecuencia de la guerra civil, en China la militarización del comunismo comenzó casi veinte años antes de la conquista del poder, cuando el Partido, compuesto de intelectuales desarraigados, abandonó las ciudades para transformarse en un movimiento de liberación campesino. No cabe duda de que este proceso revolucionario alteró el conjunto de la sociedad china y tuvo también sus episodios épicos, incluso heroicos, empezando por la Larga Marcha. Sin embargo, nunca conoció el mismo impulso utópico, casi libertario, que vivió Rusia en 1917 y durante los años siguientes.

La revolución cambió la faz de un país inmenso, pero no generó ninguna forma de autogestión o de democracia de base, como tampoco una vanguardia estética ni un amplio debate sobre la emancipación sexual, por no mencionar más que algunos momentos decisivos de los comienzos de la Unión Soviética. Resulta difícil transponer a China el relato mítico de una insurrección popular como el que creó Serguéi Eisenstein en Octubre, y todavía menos aplicar a su caso la definición de la revolución que propuso Gustav Landauer, la de una interrupción abrupta del continuo histórico por la que “todo ocurre con una rapidez increíble, exactamente como en los sueños, donde la gente parece haberse desprendido de la gravedad/8”.

La revolución china no supuso una ruptura social y política que liberara de golpe las energías y los deseos reprimidos de la sociedad. Fue el epílogo de veinte años de guerras que dejaron una China devastada y ya sin aliento. Ni insurrección emancipadora, como en 1917, ni “revolución por arriba” bajo la égida del proceso de asimilación estructural de la URSS que tuvo lugar en los países de Europa Central ocupados por el Ejército Rojo en 1945, la revolución china fue la síntesis original de una movilización por abajo, el autoritarismo impuesto desde arriba por un Partido militarizado y una potente ofensiva contra el imperialismo.

La imagen de Mao Zedong proclamando la República Popular China en la plaza Tienanmen, en Pekín, el 1º de octubre de 1949, posee el aura de un acontecimiento histórico, lo que sin duda lo diferencia de una parada rutinaria de un régimen totalitario. Sin embargo, no tiene mucho que ver con el furor caótico de Berlín en enero de 1919, cuando la ciudad quedó paralizada por barricadas improvisadas, ni con la alegre excitación de las multitudes que invadieron las calles de La Habana en diciembre de 1958 para recibir al ejército rebelde de Fidel Castro y del Che Guevara.

El maoísmo era un movimiento revolucionario sui generis, no la versión china del bolchevismo ruso. Mao impuso su línea estratégica contra la Komintern, cuya orientación –ardientemente defendida por sus agentes– no hacía más que aplicar la experiencia rusa a China. Moscú impuso una vía similar en América Latina. En las décadas de 1920 y 1930, la III Internacional estableció su centro dirigente en Buenos Aires. La elección de Argentina, el más europeo de los países latinoamericanos, revelaba cierta indiferencia con respecto a las tradiciones revolucionarias continentales, apenas unos años después de la revolución mexicana, así como al potencial subversivo de las poblaciones indígenas.

La rebelión brasileña encabezada por Carlos Prestes, cuya columna legendaria cruzó el país entre 1924 y 1928 antes de organizar un levantamiento en 1935 contra la dominación de Getulio Vargas, no fue el equivalente latinoamericano de la Larga Marcha china. En la década de 1920, la bolchevización de los partidos comunistas reforzó el control ruso sobre sus equipos dirigentes y, a lo largo de los decenios siguientes, la estrategia internacional de Frentes Populares sustituyó el antiimperialismo por el antifascismo, lo que explica, entre otras cosas, por qué en 1958 la revolución cubana no surgió de la tradición comunista/9.

En las décadas de 1920 y 1930, el bolchevismo llegó a América Latina y transformó su paisaje político introduciendo a un nuevo actor junto al nacionalismo, al populismo y a un liberalismo agotado. La cultura y el imaginario revolucionarios continentales se transformaron en profundidad y el bolchevismo refundó sus códigos estéticos mezclando símbolos europeos e indígenas.

La revolución de Octubre se convirtió en un paradigma universal. Los artistas mexicanos creaban obras que traducían las formas europeas de la guerra al contexto latinoamericano. Muralistas pintaban frescos como La Trinchera (1926) de José Clemente Orozco y Reparto de armas de fuego (1928) de Diego Rivera, mientras que Tina Modotti realizaba fotos como Sombrero mexicano con hoz y martillo (1928), donde la revolución mexicana –una guerra campesina por la tierra y el poder– estaba representada por los emblemas del comunismo soviético.

Mientras que la revolución rusa aparecía como una especie de estrella polar a los ojos de los rebeldes del continente, no podía surgir ninguna forma auténtica de marxismo latinoamericano sin alejarse de la ortodoxia de la Komintern. José Carlos Mariátegui, el más importante de los pensadores marxistas latinoamericanos de la primera mitad del siglo XX, se negó a seguir las instrucciones procedentes de Moscú. Estaba convencido de que la historia de las civilizaciones precolombinas no podía asimilarse a la del feudalismo europeo y, por consiguiente, que no era posible importar simplemente el socialismo del viejo mundo. Debía fundirse con la tradición ancestral del comunismo inca, que él comparó con la de la comunidad rural rusa. Según él, la clave de una revolución socialista en Perú se hallaba en la resolución del problema de la tierra, que era el de la opresión de los pueblos indígenas. Entre los incas, la tierra era fuente de vida, no un objeto de conquista y explotación:

La fe en el resurgimiento indígena no proviene de un proceso de occidentalización material de la tierra quechua. No es la civilización, no es el alfabeto del blanco, lo que levanta el alma del indio. Es el mito, es la idea de la revolución socialista. La esperanza indígena es absolutamente revolucionaria. El mismo mito, la misma idea, son agentes decisivos del despertar de otros viejos pueblos, de otras viejas razas en colapso: hindúes, chinos, etc. La historia universal tiende hoy como nunca a regirse por el mismo cuadrante. ¿Por qué ha de ser el pueblo inkaico, que construyó el más desarrollado y armónico sistema comunista, el único insensible a la emoción mundial? La consanguinidad del movimiento indigenista con las corrientes revolucionarias mundiales es demasiado evidente para que precise documentarla. Yo he dicho ya que he llegado al entendimiento y a la valorización justa de lo indígena por la vía del socialismo/10.

Después de la revolución rusa, el socialismo cruzó las fronteras de Europa y pasó a ser una cuestión central en los debates del Sur y del mundo colonial. Este fue el nuevo contexto en que Mao y Mariátegui repensaron el papel del campesinado como fuerza insurreccional. Su replanteamiento teórico y estratégico tuvo lugar en un momento en que Octubre de 1917 sentaba las bases de la descolonización. En virtud de su posición intermedia entre Europa y Asia, de su gigantesco territorio a caballo entre los dos continentes, poblado por una gran variedad de comunidades nacionales, religiosas y étnicas, la URSS se convirtió en un puente entre Occidente y el mundo colonial. El bolchevismo podía dirigirse a las clases proletarias de los países industrializados y a los pueblos colonizados.

Hay que retroceder más de un siglo, hasta el vínculo simbiótico entre las revoluciones francesa y haitiana, para hallar un acontecimiento histórico con un impacto similar. A lo largo del siglo XIX, el anticolonialismo prácticamente había desaparecido en Occidente, con excepción del movimiento anarquista, cuyos activistas y cuyas ideas circulaban profusamente entre Europa meridional y oriental, América Latina y Asia. Tras la muerte de Marx, el socialismo fundó sus esperanzas y sus expectativas en la fuerza creciente del proletariado industrial, compuesto principalmente de hombres blancos y concentrado en los países capitalistas desarrollados (principalmente protestantes) del mundo occidental.

En todos los partidos socialistas había poderosas corrientes que defendían la misión civilizadora de Europa en el mundo. Por mucho que denunciaran la extrema violencia del colonialismo, como el exterminio de los hereros en la Namibia alemana en 1904, no se ponía en tela de juicio el derecho histórico de los imperios europeos a colonizar África. Los partidos socialdemócratas aplazaban la liberación colonial a después de la transformación socialista de Europea y de EE UU. En 1907, en su congreso de Stuttgart, la II Internacional aprobó una resolución que defendía el principio colonial. La mayoría de pensadores socialistas percibían el colonialismo como una forma de progreso y una tarea civilizadora que había que llevar a cabo con medios pacíficos. Este fue el sentido de la “política colonial positiva” propuesta por el socialista belga Émile Vandervelde, que quería evitar la violencia y la inhumanidad del imperialismo/11.

Tres años antes, en el congreso de Ámsterdam, algunos socialistas estadounidenses, neerlandeses y australianos habían propuesto una resolución que llamaba a restringir la inmigración en los países desarrollados de los “obreros de raza inferior”, mencionando en particular a chinos y negros. Daniel De Leon, el líder del Partido Obrero Socialista de América, nacido en Curaçao en el seno de una familia judía con antepasados neerlandeses, españoles y portugueses, criticó duramente esta posición xenófoba y racista con palabras sangrantes:

¿Dónde se halla la línea que separa las razas inferiores de las superiores? […] A los ojos del proletariado estadounidense nativo, los irlandeses aparecen como una raza inferior; para los irlandeses, los inferiores son los alemanes; para los alemanes, son los italianos; y así sucesivamente con los suecos, los polacos, los judíos, los armenios y los japoneses, hasta el final de la cadena. El socialismo es ajeno a estas distinciones  insultantes e injustas; no hay razas inferiores y superiores en el seno del proletariado. Es el capitalismo el que atiza las brasas de esta clase de sentimientos para mantener dividido al proletariado/12.

Los bolcheviques rompieron radicalmente con esta tradición. En Moscú, en julio de 1920, el segundo congreso de la Internacional Comunista aprobó un documento programático que propugnaba revoluciones coloniales contra el imperialismo: el propósito era crear partidos comunistas en el mundo colonial y apoyar los movimientos de liberación nacional. El congreso marcó un giro que implicó el abandono de viejas concepciones socialdemócratas en materia de colonialismo.

Poco después, los bolcheviques organizaron el Congreso de los Pueblos de Oriente en Bakú, en la República Socialista Soviética de Azerbaiyán, que reunió a cerca de dos mil delegados procedentes de 29 nacionalidades asiáticas y se inauguró con un encendido discurso de Grigori Zinoviev llamando a la yihad contra el imperialismo/13. Al reunir a representantes de movimientos comunistas todavía embrionarios, dirigentes de sindicatos y asociaciones campesinas y líderes de varias corrientes nacionalistas surgidas de los escombros del imperio otomano, este congreso era en realidad un acto propagandístico que cumplía varias funciones.

En plena guerra civil rusa, pretendía reforzar la influencia soviética en Asia Central y presionar a Gran Bretaña forzando a Lloyd George a negociar con la URSS bajo la amenaza de impulsar movimientos revolucionarios/14. N. Roy, el marxista indio que había discutido con Lenin las tesis sobre la cuestión colonial, se negó as asistir a esta conferencia, que en sus memorias calificó de “circo Zinoviev/15”. Según varios testimonios, el congreso se celebró en una atmósfera confusa y excitada. Durante su estancia en Bakú, ciertos delegados exhibían sus armas con ostentación y aprovecharon su visita para cerrar negocios en la capital azerí.

A pesar de las proclamas rituales contra el imperialismo, la cuestión del nacionalismo no se abordó realmente. Enver Pasha, uno de los jefes de la revolución de los Jóvenes Turcos de 1908, no obtuvo la autorización para participar, pero envió un largo mensaje que fue leído y aplaudido. Si bien tanto turcos como armenios estuvieron muy representados, con 235 y 157 delegados, respectivamente, el genocidio armenio no se mencionó en ningún momento en los debates. Alfred Rosmer, una de las personalidades occidentales que asistieron al congreso, describió en sus memorias un auditorio “sumamente pintoresco”, compuesto de “todos los trajes típicos de Oriente”, formando de este modo un “cuadro sorprendentemente diverso y colorido”/16.

Más allá de su confusión ideológica y sus propósitos propagandísticos, el congreso de Bakú era el reflejo de un cambio significativo que experimentó la cultura revolucionaria. A pesar de su exigua presencia en las delegaciones, las mujeres desempeñaron un papel importante en los debates. La feminista turca Nadyia Hanum subrayó que no puede haber liberación nacional sin emancipación de las mujeres y reclamó la plena igualdad civil y política para las mujeres de Oriente. Su lucha, insistió, iba mucho más allá del “derecho a salir sin velo”/17. En una época en que las mujeres no tenían derecho de voto en la mayoría de países occidentales, Hanum planteó sus reivindicaciones:

Plena igualdad de derechos. Derecho de las mujeres a recibir del mismo modo que los hombres la instrucción general o profesional en todos los establecimientos dedicados. Igualdad de derechos del hombre y de la mujer en el matrimonio. Abolición de la poligamia. Admisión sin reservas de las mujeres en todos los empleos administrativos y en todas las funciones legislativas. Organización en todas las ciudades y pueblos de comités de protección de derechos de la mujer/18.

Como destaca Brigitte Studer, el congreso de Bakú fue el primer acto público en cuyo transcurso el movimiento comunista trató de articular, con su propio lenguaje, las categorías de raza, género y clase en un mismo discurso político (prefigurando lo que hoy se denomina interseccionalidad)/19.

En la prensa occidental, las repercusiones del acto tuvieron un tono muy distinto. El 23 septiembre, el Times calificó el congreso de “el espectáculo de dos judíos [Zinoviev y Radek], entre ellos un carterista condenado, llamando al mundo del islam a una nueva yihad/20. Escribiendo desde Moscú en calidad de reportero inglés, H. G. Wells habló de “un congreso en Bakú” en cuyo transcurso “Zinoviev y sus acólitos” habían reunido “a gente de piel blanca, negra, morena y amarilla” con el fin de “jurar el odio eterno al capitalismo y al imperialismo británico”/21.

Sin embargo, más allá de estos reportajes desdeñosos y xenófobos, el gobierno inglés consideró que el congreso representaba una seria amenaza: en marzo de 1921, una de las condiciones que puso para firmar un acuerdo comercial con la URSS era que esta última pusiera fin a su agitación antibritánica en Oriente, perfectamente ilustrada por la asamblea de Bakú/22. Confusión estratégica e ideológica, realpolitik soviética, objetivos diplomáticos, asociaciones ambiguas y paradojas culturales –llamamientos a la emancipación de las mujeres alternándose con elogios al islam tradicional– marcaron este acto, cuyas consecuencias inmediatas fueron insignificantes. Estaba claro que los bolcheviques marcaban el paso y las delegaciones seguían sus instrucciones; cinco años antes de los levantamientos comunistas de Shanghái y Cantón, los ocho delegados chinos no desempeñaron ningún papel en los debates de Bakú.

Sin embargo, un examen retrospectivo no puede pasar por alto la dimensión simbólica de este congreso. En su discurso inaugural, Zinoviev afirmó explícitamente que la Internacional Comunista rompía con las antiguas concepciones de la socialdemocracia sobre el colonialismo, según las cuales “la Europa civilizada” podía y debía “tutelar la Asia bárbara/23. A partir de entonces, la revolución ya no se consideraba dominio exclusivo de la clase obrera europea y estadounidense de piel blanca, y no cabía imaginar el socialismo sin la liberación de los pueblos colonizados:

Decimos que en el mundo no solo hay hombres de raza blanca, que no solo hay europeos, los únicos por los que se preocupaba la Segunda Internacional. Además de los europeos, hay cientos de millones de personas de otras razas que pueblan Asia y África. Queremos poner fin a la dominación del capital en todo el mundo. Estamos convencidos de que no podremos abolir definitivamente la explotación del hombre por el hombre si no propagamos el incendio revolucionario, no solo en Europa y en América, sino en el mundo entero, si nos sigue esta parte de la humanidad que puebla Asia y África/24.

En su discurso, Radek subrayó que “nada [puede] detener el torrente de obreros de Persia, de Turquía, de India, si [se unen] a la Rusia soviética… La Rusia soviética [puede] producir armas y armar no solo a sus propios obreros y campesinos, sino también a los campesinos de India, de Persia y de Anatolia, a todos los oprimidos, y conducirlos hacia una lucha común y una victoria común. Y añadió: “La política oriental del gobierno soviético no es una maniobra política… Nos une a vosotros un destino común/25.” La relación conflictiva entre comunismo y nacionalismo iba a concretarse en el curso de las décadas siguientes, pero la revolución de Octubre fue un momento inaugural: en la década de 1920, el anticolonialismo pasó rápidamente del terreno de la posibilidad al campo de la estrategia política y de la organización militar. La conferencia de Bakú anunció este cambio histórico/26.

Ahora bien, este cambio tenía varias dimensiones, tanto estratégicas como epistemológicas. En el seno de la izquierda, implicaba la reconfiguración de la relación entre raza y clase, ampliando así a los pueblos colonizados el estatuto de sujetos políticos. Este cambio tuvo lugar en el marco teórico del marxismo e hizo del comunismo del siglo XX una nueva etapa en la trayectoria de la Ilustración radical: el comunismo reunía en sí, redefiniéndolos, el humanismo, el anticolonialismo y el universalismo.

En la derecha, este giro estuvo en el origen de una racialización del propio bolchevismo. Desde la guerra civil rusa y los levantamientos revolucionarios de Europa Central, la propaganda nacionalista había comenzado a calificar a los bolcheviques de salvajes, de encarnación de una forma peligrosa de barbarie asiática que amenazaba a Occidente/27. Durante la República de Weimar, el pangermanismo contemplaba los pueblos eslavos como una raza inferior y calificaba a los bolcheviques de jefes de una gigantesca revuelta de esclavos, rememorando una antigua profecía de Nietzsche. Los estereotipos racistas, que iban del origen asiático de Lenin al mito de una Cheka china/28, inundaron la literatura anticomunista.

En el transcurso de la década siguiente, el nacionalsocialismo completó el cuadro calificando al bolchevismo de coalición de una subhumanidad no blanca dirigida por una intelectualidad judía revolucionaria. En un célebre discurso pronunciado en Düsseldorf en 1932 ante una audiencia de industriales alemanes, Hitler presentó la URSS como una amenaza importante para la “raza blanca” y la “civilización occidental”/29. Durante varias décadas, el colonialismo, el antisemitismo y el anticomunismo fueron componentes esenciales de la cultura política conservadora, abarcando todo un abanico de personajes, desde Churchill hasta Hitler.

La alianza entre comunismo y anticolonialismo conoció varios momentos de crisis y tensión, asociados tanto a los conflictos ideológicos como a los imperativos de la política exterior de la URSS. En la década de 1930, el giro antifascista del Partido Comunista francés produjo una extraña simbiosis de estalinismo y nacionalrepublicanismo que inscribía la revolución rusa en la tradición del jacobinismo y el internacionalismo socialista en la misión civilizadora universal de Francia. De este modo abandonó el anticolonialismo. Al término de la segunda guerra mundial, el PCF participó en un gobierno de coalición que reprimió violentamente las revueltas anticoloniales en Argelia (1945) y en Madagascar (1947), y en la década siguiente, apoyó al primer ministro Guy Mollet al comienzo de la guerra de Argelia/30. En India, el movimiento comunista quedó marginado por haber suspendido su lucha anticolonial durante la segunda guerra mundial a fin de apoyar al imperio británico, aliado de la URSS contra las fuerzas del Eje.

Si estos ejemplos muestran claramente las contradicciones del anticolonialismo comunista, no cuestionan el papel histórico desempeñado por la URSS como base de apoyo en un gran número de revoluciones anticoloniales. El proceso de descolonización se desarrolló en el contexto de la guerra fría, al amparo de una correlación de fuerzas creada por la existencia de la URSS. Retrospectivamente, la descolonización aparece como una experiencia histórica en la que estaban siempre entremezcladas las dos dimensiones del comunismo ya mencionadas: emancipación y autoritarismo, revolución y dictadura.

En la mayoría de los casos, las luchas anticoloniales se concibieron y organizaron como campañas militares dirigidas por ejércitos de liberación y los regímenes políticos que instauraron fueron desde el comienzo dictaduras de partido único. En Camboya, al término de una guerra feroz, la dimensión militar de la lucha anticolonial sofocó completamente toda política emancipadora: la conquista del poder por los Jemeres Rojos comportó desde el comienzo la instauración de un poder genocida/31. La alegría en las calles de La Habana insurrecta, el 1º de enero de 1959, y el terror en los arrozales camboyanos constituyen así los dos polos dialécticos del comunismo como anticolonialismo.

07/06/2022

Por Enzo Traverso, historiador. Este artículo es un extracto de su libro Révolution. Une histoire culturelle, París, La Découverte, 2022.

Notas

/1 Véase Karl Korsch, “The Marxist Ideology in Russia” (1938), Living Marxism, vol. 4, n° 1, febrero de 1938. Eric Hobsbawm destacó “la paradoja del marxismo ruso”: por un lado, fue heredero de la tradición revolucionaria del populismo; por otro, utilizó escritos de Marx, en la estela de los llamados marxistas legales, para demostrar que “Rusia debía pasar por la etapa del capitalismo: “The Influence of Marxism 1880-1914”, en How to Change the World. Reflections on Marx and Marxism, New Haven, Yale University Press, 2011, p. 220.

/2 León Trotski, Historia de la revolución rusa, tomo 1. Sobre los debates entre Marx y los populistas rusos, véase Theodor Shanin (dir.), Late Marx and the Russian Road. Marx and the Peripheries of Capitalism, Nueva York, Monthly Review Press, 1983.

/3 León Trotski, Historia de la revolución rusa, tomo 2.

/4 Para un relato sintético del proceso revolucionario en China, véase Rebecca Karl, Mao Zedong and China in the Twentieth-Century World, Durham, Duke University Press, 2010, cap. 3, 4 y 5.

/5 Mao Zedong, “Rapport sur l’enquête menée dans le Hounan à propos du mouvement paysan” (1927), en Œuvres choisies de Mao Tsé-toung, vol. 1 (1926-1937), Pekín, Éditions en langues étrangères, 1966, p. 33.

/6 Ibid., p. 28. Es interesante señalar que en 1932 Trotsky subrayó la necesidad de reconstruir células comunistas en las ciudades y expresó un gran escepticismo con respecto al Ejército Rojo campesino creado por Mao en Jiangxi. Véase León Trotsky, “La guerre des paysans en Chine et le prolétariat (Lettre aux bolcheviks-léninistes chinois du 22 septembre 1932)”, Écrits 1928-1940, París, Éditions Marcel Rivière, 1955, vol. 1. Sobre la importancia de la intuición maoísta de 1927, “por oposición a la tradición marxista, a todos los marxismos”, véase Roland Lew, 1949. Mao prend le pouvoir, Bruselas, Complexe, 1999, p. 112-114.

/7 Según Perry Anderson, “la revolución china surgió directamente de la revolución rusa y seguirá vinculada a ella, viendo en ella una inspiración y una lección, hasta que llegó su momento de la verdad común a finales de la década de 1980”. Véase Perry Anderson, “Two Revolutions. Rough Notes”, New Left Review, n° 61, 2010, p. 60.

/8 Gustav Landauer, La Révolution, trad. Margaret Manale y Louis Janover, Arles, Sulliver, 2006, p. 153.

/9 Véase Manuel Caballero, Latin America and the Comintern, Cambridge, Cambridge University Press, 1986.

/10 José Carlos Mariátegui, Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, Lima, Amauta, 2005 (1928), p. 35-36. Véase Robert Paris, La formación ideológica de José Carlos Mariátegui, México, Pasado y Presente, 1981, y la introducción de Michael Löwy a su antología Le Marxisme en Amérique latine.

/11 Véase Georges Haupt, La Deuxième Internationale et l’Orient, París, Cujas, 1967, p. 25-34.

/12 Daniel De Leon, “Flashlights on the Amsterdam Congress, Daily People, 27/11/1904, citado en David S. Herreshoff, The Origins of American Marxism. From the Transcendentalists to De Leon, Nueva York, Monad Press, 1973, p. 169.

/13 Véase el informe taquigráfico del discurso inaugural de Zinoviev en L’Internationale communiste et la libération de l’Orient. Le premier congrès des peuples de l’Orient, Bakou 1920, Petrogrado, Éditions de l’Internationale communiste, 1921; reedición en facsímil, París, La Brèche et Radar, 2019, p. 50. Véase también Pierre Broué, Histoire de l’Internationale communiste 1919-1943, Paris, Fayard, 1997, p.181-182; Serge Wolikow, L’Internationale communiste (1919-1943). Le Komintern ou le rêve déchu du parti mondial de la révolution, París, L’Atelier, 2010, p. 35-37; y Pierre Frank, Histoire de l’Internationale communiste 1919-1943, París, La Brèche, 1979, vol. 1, p. 104-107.

/14 Véase Stephen White, “Communism and the East. The Baku Congress, 1920”, Slavic Review, vol. 33, n° 3, 1974, p. 492-514.

/15 M.N. Roy, Memoirs, op. cit., p. 392.

/16 Alfred Rosmer, Moscou sous Lénine, París, Pierre Horay, 1953, cap. XVI.

/17 L’Internationale communiste et la libération de l’Orient, op. cit., p. 180.

/18 Ibid., p. 182.

/19 Brigitte Studer, Reisende der Weltrevolution. Eine Globalgeschichte der Kommunistischen Internationale, Fráncfort, Suhrkamp, 2020, p. 125.

/20 Citado en Stephen White, “Communism and the East”, loc. cit., p. 502.

/21 H. G. Wells, La Russie telle que je viens de la voir, París, Éditions du progrès civique, 1921, p. 89.

/22 Véase Stephen White, “Communism and the East”, loc. cit., p. 493 y p. 503.

/23 L’Internationale communiste et la libération de l’Orient, op. cit., p. 38.

/24 Ibid, p. 21-22.

/25 Citado en The Communist International 1919-1943. Documents, ed. Jane Degras, Londres, Oxford University Press, 1956, vol. 1, p.105.

/26 Según Matthieu Renault, quien banaliza el alcance del congreso de Bakú, sí que confirmó el abandono, ya operado por Lenin en 1914, de una “lógica cronotrópica, evolucionista”, a favor de una concepción “multilineal” del proceso histórico. Véase Matthieu Renault, L’Empire de la révolution. Lénine et les musulmans de Russie, París, Syllepse, 2017.

/27 Para Hitler, el bolchevismo era “una doctrina humana con tintes asiáticos o bárbaros”. Citado en  Ernst Nolte, Streitpunkte. Heutige und künftige Kontroversen um den Nationalsozialismus, Berlín, Propyläen, 1993, p. 371.

/28 El origen del mito de la “jaula de ratas” –tortura que supuestamente practicaba una Cheka china– se remonta a un panfleto de los Guardias Blancos, publicado por Serguéi P. Melgunov en 1924 y que se tradujo rápidamente a varias lenguas occidentales: La Terreur rouge en Russie, 1918-1924, trad. Wilfrid Lerat y Antoinette Roubichou-Stretz, Ginebra, Éditions des Syrtes, 2019. Durante la Controversia de historiadores alemanes de la década de 1980, fue exhumado por Ernst Nolte, Der europäische Bürgerkrieg 1917-1945. Nationalsozialismus und Bolschewismus, Fráncfort, Ullstein, 1987, p. 115, así como una larga nota a pie de página, p. 564. Véase también Hans-Ulrich Wehler, Entsorgung der deutschen Vergangenheit? Ein polemischer Essay zum Historikerstreit, Múnich, Beck, 1988, p.147-154.

/29 Citado en Ernst Nolte, Streitpunkte, op. cit., p. 356.

/30 Jakob Moneta, Le PCF et la question coloniale, París, François Maspero, 1971.

/31 Véase Ben Kiernan, The Pol Pot Regime, op. cit.

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Noam Chomsky analiza el papel de los medios de comunicación en la guerra de Ucrania

Propaganda, información confusa, mentiras y engaños

El reconocido intelectual Noam Chomsky analiza quién está ganando la guerra comunicacional en Ucrania. Examina cómo las redes sociales dan forma hoy día a la realidad política y opina sobre el caso de Julian Assange, a punto de ser extraditado a EE.UU. por el “crimen” de revelar información acerca de las guerras de Afganistán e Irak.

De La Jornada de México, especial para Página/12

Desde la Primera Guerra Mundial, la propaganda ha tenido un papel crucial en la guerra. Los gobiernos lanzan campañas para ganar apoyo entre sus ciudadanos, influir en la opinión pública y en la conducta dentro de las naciones con las que están en guerra, así como en la opinión internacional. En esencia, la propaganda se refiere a técnicas de manipulación de la opinión pública basadas en información incompleta o confusa, mentiras y engaños. Durante la Segunda Guerra Mundial, tanto los nazis como los aliados emprendieron operaciones de propaganda.

La guerra en Ucrania no es diferente. Los líderes de Rusia y Ucrania han emprendido una diseminación sistemática de información bélica que puede fácilmente designarse como propaganda. Otros países con intereses en el conflicto, como Estados Unidos y China, también han lanzado campañas, que van de la mano con su aparente falta de interés en los esfuerzos diplomáticos por poner fin a la guerra.

En esta entrevista, el destacado académico y disidente Noam Chomsky, quien construyó junto con Edward Herman el concepto de “modelo de propaganda”, indaga en la pregunta de quién está ganando la guerra de propaganda en Ucrania. Adicionalmente examina cómo las redes sociales dan forma hoy día a la realidad política y analiza si el modelo de propaganda aún funciona. Por último, expresa su opinión acerca del caso de Julian Assange, que está a punto de ser extraditado a Estados Unidos por el “crimen” de revelar información acerca de las guerras de Afganistán e Irak.

La propaganda como arma de guerra

–La propaganda de guerra en el mundo moderno es un arma poderosa para ganar apoyo a la guerra y darle una justificación moral, por lo regular resaltando la naturaleza “maligna” del enemigo. También se usa para debilitar la voluntad de las fuerzas enemigas. En el caso de la invasión rusa a Ucrania, la propaganda del Kremlin parece hasta ahora estar funcionando dentro de Rusia y domina las redes sociales en China, pero al parecer Ucrania está ganando la guerra de información en la arena global, en especial en Occidente. ¿Está de acuerdo con esta evaluación? ¿Hay algunas mentiras o mitos de guerra significativos en torno a este conflicto?

–La propaganda de guerra ha sido un arma poderosa por mucho tiempo, sospecho que desde que tenemos registro histórico. Y a menudo un arma con consecuencias a largo plazo, que requieren atención y análisis.

“Para no ir lejos, en tiempos modernos, en 1898, el barco de guerra estadunidense Maine se hundió en el puerto de La Habana, probablemente por una explosión interna. La prensa del magnate Randolph Hearst logró crear una ola de histeria popular sobre la naturaleza maligna de España, que dio el sustento necesario a una invasión a la que en Estados Unidos se conoce como ‘la liberación de Cuba’. O, como debería llamarse, la prevención de la autoliberación de Cuba, que convirtió a la isla en una virtual colonia estadunidense. Así permaneció hasta 1959, cuando Cuba fue realmente liberada, y Estados Unidos, casi de inmediato, emprendió una perversa campaña de terror y sanciones para poner fin al ‘victorioso desafío’ cubano a los 150 años de dominio estadunidense sobre el hemisferio, como explicó el Departamento de Estado hace medio siglo.

“En 1916, Woodrow Wilson fue electo presidente con el lema ‘Paz sin Victoria’, que pronto se convirtió en Victoria sin Paz. Una oleada de mitos de guerra convirtió rápidamente a una población pacifista en una consumida de odio por todo lo alemán. La propaganda emanó primero del ministerio británico de información; sabemos lo que eso significa. Intelectuales estadunidenses del círculo liberal de John Dewey la sorbieron con entusiasmo y se declararon líderes de la campaña para liberar al mundo. Por primera vez en la historia, explicaron con sobriedad, la guerra no fue iniciada por élites militares o políticas, sino por los considerados intelectuales –ellos– que habían estudiado cuidadosamente la situación y después decidido racionalmente el curso correcto de acción: entrar en la guerra, llevar libertad al mundo y poner fin a las atrocidades inventadas por el ministerio británico.

“Una consecuencia de las muy efectivas campañas de odio a Alemania fue la imposición de una paz del vencedor, con un duro trato a la derrotada Alemania. Algunos objetaron con firmeza, entre ellos John Maynard Keynes. No les hicieron caso. El resultado fue Hitler.

“En una entrevista previa vimos cómo el embajador Chas Freeman comparó el acuerdo de posguerra de odio a Alemania con el triunfo de estadistas que no eran buenas personas: el Congreso de Viena de 1815. El Congreso buscó establecer un orden europeo después de que el intento napoleónico de conquistar Europa había sido derrotado. Con buen juicio, el Congreso incluyó a la derrotada Francia. Eso condujo a un siglo de relativa paz en Europa. Hay ciertas lecciones.

 “Para no quedarse atrás de los británicos, el presidente Wilson estableció su propia agencia de propaganda, el Comité de Información Pública (Comisión Creel), que prestó sus propios servicios.

“Estos ejercicios tuvieron también un efecto a largo plazo. Entre los miembros de la Comisión estaban Walter Lippmann, que llegó a ser el intelectual público más destacado del siglo XX, y Edward Bernays, que fue uno de los fundadores de la moderna industria de relaciones públicas, la mayor agencia propagandística del mundo, dedicada a socavar mercados al crear consumidores desinformados que tomaban decisiones irracionales: lo opuesto a lo que uno aprende de los mercados en los cursos de economía. Al estimular el consumismo rampante, la industria también empuja al mundo al desastre, lo que es otro tema.

“Tanto Lippmann como Bernays dieron crédito a la Comisión Creel por demostrar el poder de la propaganda para ‘manufacturar consenso’ (Lippmann) y ‘construir consenso’ (Bernays). Este ‘nuevo arte en la práctica de la democracia’, explicaba Lippmann, podría usarse para mantener pasivos y obedientes a los ‘elementos ajenos ignorantes y entrometidos’ –el público en general–, mientras los autodesignados ‘hombres responsables’ atendían los asuntos importantes, libres del ‘pisoteo y el rugido de un rebaño enloquecido’. Bernays expresaba opiniones parecidas. No estaban solos.

“Lippmann y Bernays eran liberales al estilo Wilson-Roosevelt-Kennedy. La concepción de democracia que elaboraron está muy a tono con las concepciones liberales dominantes, entonces y ahora.

“Esas ideas se extendieron ampliamente hacia las sociedades más libres, en las que ‘las ideas impopulares pueden ser suprimidas sin el uso de la fuerza’, como expresó George Orwell en su (inédita) introducción a Rebelión en la granja con respecto a la ‘censura literaria’ en Inglaterra.

Las fábricas de consenso

“Y así continúa. En particular en las sociedades más libres, donde los medios de violencia del Estado han sido constreñidos por el activismo popular, es de gran importancia idear métodos para fabricar consenso, y asegurar que sean interiorizados al volverse tan invisibles como el aire que respiramos, sobre todo en los círculos de personas de cierta cultura. Imponer mitos de guerra es un rasgo regular de estas empresas.

“A menudo funciona de manera espectacular. En la Rusia actual, según informes, una gran mayoría acepta la doctrina de que en Ucrania Rusia se defiende contra una embestida nazi reminiscente de la Segunda Guerra Mundial, cuando Ucrania, de hecho, colaboró en la agresión que por poco destruye a Rusia y causó bajas terribles.

“La propaganda es tan absurda como todos los mitos de guerra, pero, como otras, se basa en fragmentos de verdad, y al parecer ha tenido éxito en fabricar consenso. No podemos estar seguros del todo a causa de la rígida censura vigente, sello distintivo de la cultura política estadunidense desde hace tiempo: el ‘rebaño enloquecido’ debe ser protegido contra las ‘ideas equivocadas’. Conforme a ello, los estadunidenses deben ser ‘protegidos’ de propaganda que, según se nos dice, es tan ridícula que sólo personas a las que se ha lavado el cerebro podrían no reír de ellas. Según esta visión, para castigar a Vladimir Putin se debe evitar que cualquier material procedente de Rusia llegue a oídos estadunidenses. Eso comprende el trabajo de destacados periodistas y comentaristas políticos estadunidenses, como Chris Hedges, cuyo largo historial de valeroso periodismo incluye su servicio como jefe de la corresponsalía del New York Times en Medio Oriente y los Balcanes, y astutos y perceptivos comentarios de entonces a la fecha. Los estadunidenses deben ser protegidos de su influencia maligna, porque sus reportes aparecen en RT. Ahora han sido suprimidos.

 “Como es de esperar en una sociedad libre, es posible, con cierto esfuerzo, aprender algo sobre la posición oficial de Rusia sobre la guerra… o, como la llama Rusia, la ‘operación militar especial’. Por ejemplo, a través de India, donde el ministro del Exterior Sergéi Lavrov tuvo una extensa entrevista con India Today el 19 de abril.

"Invasión no provocada" en Ucrania y en Irak

“Constantemente observamos los instructivos efectos de este rígido adoctrinamiento. Uno de ellos es que es de rigor referirse a la criminal agresión de Putin a Ucrania como ‘invasión no provocada de Ucrania’. Una búsqueda de esta frase en Google encuentra ‘unos 2 millones 430 mil resultados’ (en 0.42 segundos).

“Por curiosidad, podemos buscar ‘invasión no provocada de Irak’. La búsqueda produce ‘unos 11 mil 700 resultados’ (en 0.35 segundos), al parecer de fuentes opuestas a la guerra, según sugiere una breve búsqueda.

“El ejemplo es interesante no sólo en sí mismo, sino por su total inversión de los hechos. La guerra de Irak no fue provocada en absoluto: Dick Cheney y Donald Rumsfeld tuvieron que luchar mucho, incluso recurrir a la tortura, para tratar de encontrar alguna partícula de evidencia que ligara a Saddam Hussein con Al Qaeda. Las famosas armas de destrucción masiva desaparecidas no habrían sido una provocación para agredir, aun si hubiera habido alguna razón para creer que existían.

“En contraste, la invasión rusa de Ucrania fue en definitiva provocada… aunque, en el clima actual, es necesario añadir la perogrullada de que la provocación no justifica una invasión.

“Un conjunto de diplomáticos de alto nivel y analistas políticos estadunidenses han advertido a Washington durante 30 años que era insensato e innecesariamente provocador hacer caso omiso de las preocupaciones de seguridad de Rusia, en particular sus líneas rojas: ni Georgia ni Ucrania, ubicadas en el corazón geoestratégico ruso, deberían ser miembros de la OTAN.

“Con pleno conocimiento de lo que hacía, desde 2014 la OTAN (es decir, básicamente Estados Unidos) ha ‘brindado apoyo significativo (a Ucrania) con equipo y entrenamiento, decenas de miles de soldados ucranianos han sido entrenados, y luego, cuando vimos que la inteligencia indicaba una alta probabilidad de invasión, los aliados aumentaron el apoyo en el otoño pasado y este invierno’, antes de la invasión, según el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg.

“El compromiso estadunidense de integrar a Ucrania en el mando de la OTAN también se incrementó en el otoño de 2021, con las declaraciones políticas oficiales que ya hemos examinado, ocultas por la ‘prensa libre’ al rebaño enloquecido, pero sin duda leídas con cuidado por la inteligencia rusa. La inteligencia rusa no tenía que ser informada de que ‘antes de la invasión rusa a Ucrania, Estados Unidos no hizo ningún esfuerzo por atender una de las preocupaciones de seguridad que con más frecuencia expresaba Vladimir Putin: la posibilidad de que Ucrania entrara en la OTAN’, como concedió el Departamento de Estado, aunque poco se notó en este país.

“Sin entrar en mayores detalles, la invasión de Putin a Ucrania fue claramente provocada, en tanto que la invasión estadunidense de Irak no fue provocada. Esto es exactamente lo opuesto a la información y los comentarios convencionales, pero es también exactamente la norma de la propaganda de guerra, no sólo en Estados Unidos, aunque es más instructivo observar el proceso en las sociedades libres.

“Muchos creen que está mal plantear estos asuntos, que incluso son una forma de propaganda a favor de Putin; deberíamos más bien enfocarnos como láser en los crímenes actuales de Rusia. En contra de esta creencia, esa postura no ayuda a los ucranianos: los perjudica. Si se nos impidiera por decreto aprender acerca de nosotros mismos, no seríamos capaces de desarrollar políticas que beneficien a otros, los ucranianos entre ellos. Eso parece elemental.

“Un análisis más a fondo produce otros ejemplos instructivos. Hemos hablado del elogio de Lawrence Tribe, profesor de derecho de Harvard, a la decisión de George W. Bush en 2003 de ‘ayudar al pueblo iraquí’ al decomisar ‘fondos iraquíes depositados en bancos estadunidenses’ y, dicho sea de paso, invadir y destruir el país, demasiado poco importante para mencionarlo. Más aún, los fondos fueron decomisados ‘para ayudar al pueblo iraquí y compensar a las víctimas del terrorismo’, del cual el pueblo iraquí no tenía ninguna responsabilidad.

Sanciones y genocidio

“No preguntamos de qué manera esto iba a ayudar al pueblo iraquí. Es de suponerse que no es una compensación por el ‘genocidio’ estadunidense previo a la invasión en Irak.

“‘Genocidio’ no es término mío. Más bien, es el término usado por los distinguidos diplomáticos internacionales que administraron el ‘programa Petróleo por Alimentos’, el lado suave de las sanciones de Bill Clinton (técnicamente, por conducto de la ONU). El primero, Denis Halliday, renunció en protesta porque consideraba que las sanciones eran ‘genocidas’. Fue remplazado por Hans von Sponeck, quien no sólo renunció en protesta por el mismo motivo, sino también escribió un libro muy importante que aporta extensos detalles de la indignante tortura a que fueron sometidos los iraquíes por las sanciones de Clinton, A Different Kind of War (Una guerra de otro tipo).

 “Los estadunidenses no estamos del todo protegidos de esas revelaciones desagradables. Aunque el libro de Von Sponeck nunca fue reseñado, hasta donde puedo discernir, puede ser adquirido en Amazon por cualquiera que haya oído hablar de él. Y el pequeño editor que produjo la edición en inglés pudo incluso recabar dos comentarios para la contraportada: el de John Pilger y el mío, apropiadamente alejados de la corriente dominante.

“Existe, desde luego, un torrente de comentarios acerca del ‘genocidio’. Según las normas usadas, Estados Unidos y sus aliados son señalados como culpables de ese cargo una y otra vez, pero la censura voluntaria evita cualquier reconocimiento de esto, así como protege a los estadunidenses de conocer encuestas Gallup internacionales que muestran que Estados Unidos es con mucho percibido como la mayor amenaza a la paz mundial, o que la opinión pública mundial se opuso de manera abrumadora a la invasión estadunidense de Afganistán (también ‘no provocada’, si prestamos atención), junto con otra información inapropiada.

Los crímenes de los otros

“No creo que existan ‘mentiras significativas’ en la información de esta guerra. En general, los medios estadunidenses están haciendo un trabajo sumamente creíble al informar sobre los crímenes rusos en Ucrania. Eso es valioso, así como es valioso que se preparen investigaciones internacionales para posibles juicios de crímenes de guerra.

“Esa forma de proceder también es normal. Somos muy escrupulosos en desenterrar detalles de los crímenes de otros. Desde luego, hay invenciones, que a veces alcanzan el nivel de comedia, temas que el finado Edward Herman y yo documentamos en detalle. Pero, cuando los crímenes del enemigo se pueden observar directamente, en el terreno, es típico que los periodistas hagan un excelente trabajo de reportarlos y exponerlos. Y se les examina a fondo en la academia y en extensas investigaciones.

“Como hemos visto, en las muy raras ocasiones en que los crímenes de Estados Unidos son tan patentes que no se les puede descartar o ignorar, también se informa de ellos, pero a manera de ocultar crímenes mucho mayores, de los que aquéllos son apenas una nota al pie de página. La masacre de My Lai, por ejemplo.

“En cuanto a que Ucrania esté ganando la guerra de información, la calificación ‘en Occidente’ es exacta. Estados Unidos siempre ha sido entusiasta y riguroso en exponer crímenes con sus enemigos y, en el caso actual, Europa le sigue la corriente. Pero, fuera de Estados Unidos y Europa, el cuadro es mucho más ambiguo. En el Sur global, hogar de la mayor parte de la población mundial, la invasión se repudia, pero el marco de propaganda estadunidense no es adoptado de manera acrítica, hecho que ha conducido a considerable perplejidad acá en cuanto a que están ‘fuera de la sintonía’.

“Eso también es normal. Las víctimas tradicionales de violencia brutal y represión suelen ver el mundo de manera muy diferente de aquellos acostumbrados a sostener el látigo. Incluso en Australia, existe cierta medida de insubordinación. En la revista Arena, especializada en asuntos internacionales, el director, Simon Cooper, revisa y deplora la rígida censura e intolerancia de la disidencia incluso leve en los medios liberales estadunidenses. Concluye, con bastante razón, que ‘esto significa que es casi imposible, dentro de la corriente de opinión dominante, reconocer al mismo tiempo las insoportables acciones de Putin y forjar un camino de salida de la guerra que no implique el agravamiento del conflicto y una mayor destrucción en Ucrania’.

“No hay ayuda para el sufrimiento de los ucranianos, desde luego.

“Tampoco eso es nada nuevo. Esa ha sido la pauta dominante por mucho tiempo, de manera notable durante la Primera Guerra Mundial. Había unos cuantos que sencillamente no se conformaban a la ortodoxia establecida después de que Wilson se unió a la guerra. El principal líder laboral del país, Eugene Debs, fue encarcelado por atreverse a sugerir a los trabajadores que pensaran por sí mismos. Tanto lo detestaba el gobierno liberal de Wilson, que se le excluyó de la amnistía de posguerra decretada por el presidente. En los círculos intelectuales liberales que apoyaban a John Dewey, también había algunos desobedientes. El más famoso fue Randolph Bourne. No fue encarcelado, pero se le excluyó de los diarios liberales, de modo que no pudo difundir su mensaje subversivo de que ‘la guerra es la salud del Estado’.

“Debo mencionar que, unos años después, Dewey mismo dio marcha atrás a esa postura, lo cual es de ­reconocerse.

“Es comprensible que los liberales estén particularmente emocionados cuando hay oportunidad de condenar los crímenes del enemigo. Por una vez, están del lado del poder. Los crímenes son reales, y ellos pueden marchar en el desfile de los que los condenan y ser elogiados por su (correcta) conformidad. Es muy tentador para quienes a veces, aun con cierta timidez, condenan crímenes por los que compartimos la responsabilidad y son castigados por adherirse a elementales principios morales.”

El papel de las redes sociales

–¿La proliferación de redes sociales ha hecho más difícil tener un cuadro preciso de la realidad política, o menos?

–Es difícil decirlo. En particular lo ha sido para mí, porque evito las redes sociales y sólo cuento con información limitada. Mi impresión es que es un asunto mezclado.

“Las redes sociales aportan oportunidades de escuchar una variedad de perspectivas y análisis, y de encontrar información que a menudo no se ofrece en los medios dominantes. Por otro lado, no está claro cómo se explotan esas oportunidades. Ha habido un gran volumen de comentarios –confirmados por mi propia experiencia limitada– que aseguran que muchas tienden a gravitar hacia burbujas que se dan sustento a sí mismas, y que escuchan poco más allá de sus propias creencias y actitudes y, peor aún, que las arraigan con más firmeza y en formas más intensas y extremas.

“Haciendo eso a un lado, las fuentes básicas de noticias siguen siendo en general las mismas: la prensa dominante, que tiene reporteros y corresponsales en el terreno. La Internet ofrece oportunidades de muestrear una gama mucho más amplia de esos medios, pero mi impresión, nuevamente, es que esas oportunidades se utilizan poco.

“Otra consecuencia dañina de la rápida proliferación de redes sociales es el fuerte descenso de los medios tradicionales. Hasta tiempos recientes, había muchos excelentes medios locales en Estados Unidos. La mayoría han desaparecido. Pocos tienen hoy corresponsables incluso en Washington, ya no digamos en otras partes, como muchos tenían hasta hace poco. Durante las guerras de Ronald Reagan en Centroamérica, que alcanzaron extremos de sadismo, parte de la mejor información era aportada por reporteros del Boston Globe, entre ellos algunos amigos cercanos míos. Eso prácticamente ha desaparecido.

“La razón principal es la dependencia en los anunciantes, una de las maldiciones del sistema capitalista. Los fundadores de esta nación tenían una visión diferente. Ellos estaban a favor de una prensa realmente independiente y la fomentaron. La Oficina Postal se fundó en buena medida con este propósito, para permitir un acceso fácil a la prensa independiente.

“El hecho, hasta cierto punto poco usual, de que ésta sea una sociedad gobernada por las empresas, produce otro hecho poco usual: este país prácticamente no tiene medios públicos: nada como la BBC, por ejemplo. Los esfuerzos por desarrollar medios de servicio público –primero en la radio, luego en la televisión– fueron derrotados por intenso cabildeo empresarial.

“Existe excelente trabajo académico sobre este tema, que se extiende también a iniciativas activistas serias que buscan vencer estas graves violaciones a la democracia, en particular por Robert McChesney y Victor Pickard.

La economía política de los medios masivos

–Hace casi 35 años, usted y Edward Herman publicaron Manufacturing Consent: The Political Economy of the Mass Media (Fabricando consenso: la economía política de los medios masivos). El libro presentó el “modelo de propaganda” de la comunicación, que opera a través de cinco filtros: propiedad, publicidad, los medios de élite, la crítica y un enemigo común. ¿La era digital ha cambiado el modelo de propaganda? ¿Todavía funciona?

–Por desgracia, Edward –el autor principal– ya no está entre nosotros. Se le extraña mucho. Creo que él estaría de acuerdo en que la era digital no ha cambiado gran cosa, más allá de lo que acabo de describir. Lo que sobrevive de los medios convencionales en una sociedad gobernada en gran parte por las empresas sigue siendo la principal fuente de información y está sujeto a las mismas presiones que antes.

“Ha habido otros cambios aparte del que mencioné brevemente. Como muchas otras instituciones, incluso dentro del sector corporativo, los medios han sido influidos por los efectos civilizadores de los movimientos populares de la década de 1960 y su secuela. Es muy iluminador ver lo que ocurrió con la información y la opinión apropiadas en los primeros años. Muchos periodistas han pasado por estas experiencias liberadoras. Naturalmente, existe una gran corriente adversa, entre ellos los apasionados denunciantes de la cultura del ‘despertar’, la cual reconoce que existen seres humanos con derechos, aparte de los varones blancos cristianos. Desde la ‘estrategia del sur’ de Nixon, el liderazgo del Partido Republicano ha entendido que, como no puede ganar votos con sus políticas económicas de servir a los ricos y al poder corporativo, debe tratar de desviar la atención hacia ‘asuntos culturales’: la falsa idea un ‘Gran Remplazo’, es decir, armas, o cualquier otra cosa que oscurezca el hecho de que están trabajando duro para darnos una puñalada por la espalda. Donald Trump era un maestro de esta técnica, a veces llamada la técnica de ‘al ladrón, al ladrón’: cuando te pesquen con la mano en el bolsillo de alguien, grita ‘¡al ladrón, al ladrón!’ y señala a alguien más.

“Pese a estos esfuerzos, los medios han mejorado en este aspecto, reflejando cambios en la sociedad en general. Eso de ningún modo carece de importancia.”

–¿Qué piensa del “ustedes también”, que está generando una controversia estos días con respecto a la guerra en Ucrania?

–Aquí también hay una larga historia. En los inicios del periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial, el pensamiento independiente podía ser silenciado con acusaciones de defender los crímenes de Stalin. A veces se condena esa práctica como macartismo, pero esa no fue sino la punta del iceberg. Lo que ahora se denuncia como “cultura de la cancelación” era rampante y lo sigue siendo. Esa técnica perdió algo de su poder cuando el país empezó a despertar del letargo dogmático en la década de 1960. A principios de la década de 1980, Jeane Kirkpatrick, importante intelectual reaganista de las relaciones exteriores, ideó otra técnica: la equivalencia moral. Si uno revelaba y criticaba las atrocidades que ella respaldaba en el gobierno de Reagan, uno era culpable de “equivalencia moral”. Uno estaba afirmando que Reagan no era distinto de Stalin o de Hitler. Eso sirvió durante algún tiempo para disminuir la disidencia de la línea del partido.

“El ‘ustedes también’ es una nueva variante, apenas diferente de sus predecesoras.

“Para la mente verdaderamente totalitaria, nada de esto basta. Los líderes republicanos trabajan duro para limpiar las escuelas de cualquier cosa que sea ‘divisionista’ y cause ‘incomodidad’. Eso incluye virtualmente toda la historia, fuera de los lemas patrióticos aprobados por la Comisión 1776 de Trump, o cualquier otra cosa que sea ideada por esos lideres cuando asuman el control y estén en posición de imponer una disciplina más estricta. Vemos muchos signos de eso ahora, y hay todas las razones para esperar que vendrán más.

Las palabras "prohibidas"

“Es importante recordar lo rígidos que han sido los controles doctrinales en Estados Unidos, lo que tal vez refleja el hecho de que es una sociedad muy libre en términos comparativos, lo que plantea problemas a los directivos doctrinales, que deben estar alerta a los indicios de desviación. Por ahora, después de muchos años, es posible musitar la palabra ‘socialista’, queriendo decir un demócrata social moderado. En ese aspecto, Estados Unidos se ha zafado finalmente de la compañía de las dictaduras totalitarias. Remontémonos 60 años, e incluso las palabras ‘capitalismo’ e ‘imperialismo’ eran demasiado radicales para pronunciarlas. Paul Potter, presidente de Estudiantes por una Sociedad Democrática, hizo acopio de valor en 1965 para ‘nombrar al sistema’ en su discurso presidencial, pero no logró pronunciar las palabras.

“Hubo algunos avances en la década de 1960, lo que preocupó mucho a los liberales estadunidenses, que advirtieron de una ‘crisis de la democracia’, cuando muchos sectores de la población trataron de entrar en la arena política para defender sus derechos. Aconsejaron más ‘moderación en la democracia’, un retorno a la pasividad y a la obediencia, y condenaron a las instituciones responsables de ‘adoctrinar a los jóvenes’ por no cumplir con su deber. Desde entonces las puertas se han abierto un poco más, lo que sólo reclama medidas más urgentes para imponer disciplina.

“Si los autoritarios del Partido Republicano logran destruir la democracia lo suficiente para establecer el dominio permanente de una casta supremacista blanca cristiana que sirva a la riqueza extrema y al poder privado, es probable que disfrutemos actos grotescos como los del gobernador de Florida Ron DeSantis, quien prohibió 40 por ciento de los textos de matemáticas para niños en ese estado a causa de ‘referencias a la Teoría Crítica de las Razas, inclusiones del Común Denominador, y la adición no solicitada del Aprendizaje Social Emocional en las matemáticas’, de acuerdo con el decreto oficial. Bajo presión, el estado presentó algunos ejemplos aterradores, por ejemplo, un objetivo educacional de que ‘los estudiantes adquirirán eficiencia con la conciencia social al practicar la empatía con sus compañeros de clase’.

“Si el país en conjunto asciende a las alturas de las aspiraciones republicanas, será innecesario recurrir a artilugios como la ‘equivalencia moral’ y el ‘ustedes también’ para reprimir el pensamiento ­independiente.”

El caso Julian Assange

–Una última pregunta. El Reino Unido ha aprobado formalmente la extradición de Julian Assange a Estados Unidos, pese a las fuertes preocupaciones de que tal acción lo pondría en riesgo de “graves violaciones a sus derechos humanos”, como Agnès Callamar, ex relatora especial de la ONU sobre ejecuciones extrajudiciales, sumarias o arbitrarias, advirtió hace dos años. En el caso de que Assange sea realmente extraditado a Estados Unidos, lo cual parece muy seguro ahora, enfrenta hasta 175 años de prisión por revelar información al público acerca de las guerras en Irak y Afganistán. ¿Podría comentar sobre el caso de Assange, sobre la ley que se usó para perseguirlo y lo que su persecución dice acerca de la libertad de expresión y el estado de la democracia estadunidense?

–Assange ha sido retenido durante años bajo condiciones que equivalen a la tortura. Eso es evidente para cualquiera que haya podido visitarlo (yo fui una vez) y fue confirmado por el relator especial de la ONU sobre tortura (y otros tratos y castigos crueles inhumanos o degradantes), Nils Melzer, en mayo de 2019.

 “Días después, Assange fue consignado por el gobierno de Trump conforme a la ley de espionaje de 1917, la misma que el presidente Wilson utilizó para encarcelar a Eugene Debs, entre otros crímenes de Estado cometidos con esa ley.

“Haciendo a un lado las minucias legalistas, las razones básicas para la tortura y enjuiciamiento de Assange son que cometió un pecado mortal: dio a conocer al público información de los crímenes estadunidenses que el gobierno, por supuesto, hubiera preferido que permanecieran ocultos. Esto es una ofensa en particular para extremistas autoritarios como Trump y Mike Pompeo, quien inició los procedimientos conforme a la Ley de Espionaje.

“Sus preocupaciones son entendibles. Fueron explicadas hace años por Samuel Huntington, profesor de ciencia de gobierno en Harvard, quien observó que ‘el poder se mantiene fuerte cuando permanece en la oscuridad; expuesto a la luz comienza a evaporarse’.

“Esto es un principio crucial de la política de Estado y se extiende también al poder privado. Por eso la fabricación de consenso es una prioridad de los sistemas de poder estatales y privados.

“Esto no es un descubrimiento nuevo. En una de sus primeras obras de lo que hoy se llama ciencia política, hace 350 años, David Hume escribió, en sus Primeros principios de gobierno, que:

“‘Nada parece más sorprendente a quienes consideran los asuntos humanos con una mirada filosófica, que la facilidad con que los muchos son gobernados por los pocos; y la sumisión implícita, con que los hombres renuncian a sus propios sentimientos y pasiones a favor de los de sus gobernantes. Cuando preguntamos por qué medio se logra esta maravilla, encontraremos que, como la Fuerza siempre está del lado de los gobernados, los gobernantes no tienen nada que los soporte, más que la opinión. Por lo tanto, el gobierno se funda únicamente en la opinión; y esta máxima se extiende a los gobiernos más despóticos y militares, así como a los más libres y populares’.

“La fuerza, de hecho, está del lado de los gobernados, en particular en las sociedades más libres, y es mejor que no se den cuenta, o las estructuras de la autoridad ilegítima se derrumbarán, sea estatal o privada.

“Estas ideas han sido desarrolladas durante años, de manera importante por Antonio Gramsci. La dictadura de Mussolini entendía la amenaza que Gramsci representaba. Cuando fue encarcelado, el fiscal anunció: ‘Debemos evitar que este cerebro funcione 20 años’. Hemos avanzado considerablemente desde la Italia fascista. La persecución de Trump y Pompeo busca silenciar a Assange por 175 años, y los gobiernos de Estados Unidos y Gran Bretaña ya le han impuesto años de tortura al criminal que se atrevió a exponer su poder a la luz del día.”

* Esta nota fue publicada originalmente en Truthout. Traducción: Jorge Anaya

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Biden inaugura la Cumbre de las Américas.. Imagen: EFE

En una sesión paralela, un activista acusó a Almagro de ayudar a instalar una dictadura en Bolivia, en referencia al golpe de estado en contra de Evo Morales.

 

Desde Los Ángeles

El presidente estadounidense, Joe Biden, inauguró oficialmente este miércoles la IX Cumbre de las Américas en Los Ángeles, California. Lo hizo con un discurso en el que calificó a la democracia como el “ingrediente esencial” para el futuro del continente y anunció una nueva iniciativa económica, la Alianza para la Prosperidad Económica en las Américas. Una propuesta alineada con su visión para Estados Unidos, en la que la economía crezca “desde abajo y desde el centro”. “La economía del derrame no funciona”, enfatizó.

En su discurso, Biden sostuvo que la democracia es “una marca” de la región y que esos valores están “bajo ataque” alrededor del mundo. “Nuestra región es grande y diversa. No estamos siempre de acuerdo en todo, pero como somos democracias lo solucionamos con respeto mutuo y diálogo”, agregó.

La ceremonia de inauguración duró aproximadamente una hora y contó con un show musical organizado por Emilio Estefan. Después del ingreso de las delegaciones, el alcalde de Los Ángeles, Eric Garcetti, y el gobernador de California, Gavin Newsom, dieron la bienvenida a los asistentes. También habló la vicepresidenta Kamala Harris. “Para lograr un futuro más próspero e inclusivo, una sociedad entre quienes estamos reunidos aquí es esencial”, dijo.

Biden aterrizó este miércoles en Los Ángeles, después del mediodía local. Antes de llegar a California, habló con Juan Guaidó, a quien Estados Unidos reconoce como presidente interino de Venezuela. El mandatario estadounidense “expresó su apoyo a negociaciones” que lleve adelante el país caribeño “como el mejor camino hacia una restauración pacífica de las instituciones democráticas, elecciones libres y justas y el respeto por los derechos humanos y las libertades fundamentales de todos los venezolanos”, según dio a conocer la Casa Blanca. Biden también reafirmó que el país norteamericano “está dispuesto a calibrar” su política de sanciones “según se desprenda de los resultados de las negociaciones que empoderen al pueblo venezolano”.

No invitados

La Casa Blanca consideró invitar a Guaidó en una lista preliminar de asistentes a la cumbre, pero finalmente desistió. “Hay gobiernos que tienen otras miradas y les consultamos. En última instancia, la potestad del anfitrión es importante, pero también queremos facilitar una discusión amplia en el hemisferio y asegurarnos de que estamos incluyendo todas las miradas”, había dicho la semana pasada Juan González, principal asesor de Biden sobre América Latina.

Estados Unidos no invitó a los gobiernos de Cuba, Nicaragua y Venezuela, por considerarlos “no democráticos”, lo que causó que los jefes de Estado de Bolivia, Honduras y México se negaran a viajar a Los Ángeles para participar de la cumbre.

Agenda económica

Este miércoles, la cumbre continuó con un foco puesto en economía. En el primer día del presidente Joe Biden en el encuentro, el tema estuvo puesto en inversiones en salud y “prosperidad” en la región, según lo denomina la Casa Blanca. La intención del Gobierno estadounidense es la de proponer una “nueva agenda económica para el hemisferio”, basada en “una visión de la región que sea segura, de clase media y democrática”, describió un alto funcionario de la administración.

El Gobierno de Biden lo considera una “contraparte adecuada” a la última vez que Estados Unidos organizó la Cumbre de las Américas. En 1994, en Miami, el entonces presidente Bill Clinton también propuso una visión económica: los orígenes del Área de Libre Comercio de las Américas, una propuesta que naufragó en la edición de 2005 en Mar del Plata.

Esta vez, Estados Unidos propone un “acuerdo histórico” que permita profundizar la cooperación económica en la región y “se enfoque en los principales generadores de crecimiento”. Lo llama la Alianza para la Prosperidad Económica en las Américas.

“Vamos a fortalecer nuestras cadenas de suministros para que sean más resilientes ante shocks inesperados. Vamos a promover la innovación tanto en el sector público como en el privado, para que los gobiernos puedan encarar mejor los desafíos más acuciantes de la sociedad y que las empresas puedan incrementar su productividad. Y vamos a atacar la crisis climática haciendo crecer las industrias relacionadas que generen empleos de alta calidad”, dijo la Casa Blanca en una hoja informativa que distribuyó sobre esta propuesta.

Sin dar demasiados detalles, la Administración de Biden también dijo que, una vez que termine termine la Cumbre de las Américas, Estados Unidos mantendrá consultas iniciales con los socios en el hemisferio y representantes de las siguientes áreas: revitalizar las instituciones económicas regionales y movilizar inversiones, con una reforma del Banco Interamericano de Desarrollo incluida; hacer que las cadenas logísticas sean más resilientes, actualizar acuerdos básicos, crear puestos de trabajo relacionados con energías renovables y avanzar en descarbonización y biodiversidad y, finalmente, garantizar un comercio sostenible e inclusivo.

Libertad de prensa

En un evento paralelo a la Cumbre de las Américas, el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, fue cuestionado por su rol en 2019 durante el golpe de Estado en Bolivia contra Evo Morales en Bolivia. Un activista interrumpió el panel de la Cumbre de Medios de las Américas, un encuentro con estudiantes de periodismo en el que participaba Almagro, para acusarlo de haber ayudado “a instalar” la dictadura de Jeanine Añez.

“Luis Almagro, tenés sangre en tus manos. Por tus mentiras, hubo un golpe en Bolivia, un golpe contra un gobierno elegido democráticamente. Y esa dictadura que vos ayudaste a instalar masacró a 36 personas”, le dijo el integrante de la organización Partido para el Socialismo y la Liberación. El hombre también gritó que Almagro había ayudado a destruir la democracia en Bolivia, algo que, dijo, sucedió porque “Estados Unidos quería saquear los recursos, el litio, el oro, todos los recursos minerales, el gas de Bolivia”. “Ayudaste a instalar una dictadura que facilitaría ese saqueo”, insistió.

Con el evento dedicado a la libertad de prensa y seguridad de periodistas como fondo, el activista también recordó a Sebastián Moro, el periodista argentino que colaboraba con Página|12 en 2019 y que anticipó el golpe de Estado. “Era un periodista que estaba mostrando las mentiras que vos decías y mostrando la verdad del golpe que vos orquestraste y lo golpearon en su departamento hasta matarlo. ¿Y ahora venís y nos das una clase sobre libertad de prensa?”, señaló en su intervención. Almagro negó las acusaciones y le dijo que estaba “totalmente equivocado”.

En el mismo evento hubo un episodio parecido momentos después, cuando comenzó la intervención del secretario de Estado de Estados Unidos, Antony Blinken. En el marco de un panel titulado “Un compromiso con la libertad periodística”, el funcionario de Joe Biden iba a anunciar iniciativas para el continente, cuando un periodista del público le preguntó por qué el país norteamericano había invitado a la cumbre al primer ministro de Haití, Ariel Henry.

Tras el asesinato del presidente haitiano Jovenel Moïse en julio de 2021, Estados Unidos ha mantenido su apoyo a Henry, quien todavía tiene que organizar nuevas elecciones en su país. Hace solo tres meses, un grupo de congresistas demócratas le pidió a Biden que retire ese respaldo y calificaron a la actual gestión en Haití como un “gobierno de facto”.

El periodista que increpó a Blinken en Los Ángeles también hizo referencia al riesgo que corren los periodistas en el país caribeño, en el que en lo que va del año fueron asesinados tres periodistas. “En Haití, continuamos trabajando por una transición que lleve a elecciones apropiadas”, le contestó el funcionario estadounidense.

Aliados incómodos

En la misma línea, Blinken fue consultado sobre los asesinatos de la periodista palestina-estadounidense Shireen Abu Akleh de la cadena Al Jazeera en mayo y del columnista del diario The Washington Post Jamal Khashoggi en 2018. “¿Por qué Israel y Arabia Saudita no tienen que rendir cuentas por asesinar periodistas?”, le preguntó una documentalista.

Blinken se limitó a decir que espera una investigación independiente sobre el crimen de Abu Akleh y continuó con su participación en el evento. No respondió más preguntas de la audiencia; solo contestó las que las moderadoras ya tenían preparadas y que no hacían ninguna referencia a aliados de Estados Unidos. “En Cuba, Nicaragua, Venezuela, el simple acto de dedicarse al periodismo investigativo es un crimen”, había dicho el secretario de Estado al comienzo de su intervención.

9 de junio de 2022

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El presidente de EEUU, Joe Biden, desciende del Air Force One a su llegada a la Base Aérea de Osan, en Pyeongtaek, en su visita a Corea del Sur. REUTERS/ Lee Jin-man/Pool

Estados Unidos ha convocado para esta semana en Los Angeles la IX Cumbre de las Américas invitando a los mandatarios de 'casi' todos los países americanos, más de treinta. 'Casi' todos pero no todos, porque siguiendo la tradición que inauguró Bill Clinton en 1994 con la primera de esas reuniones esta vez también hay gobernantes excluidos.

En la I Cumbre fue excluida Cuba, ahora, además de la eterna isla rebelde también se ha decidido excluir a los presidentes de Venezuela y de Nicaragua, porque, al igual que entonces, se invita solo a 'gobiernos democráticos´.

Tal como entonces Estados Unidos contó ahora para programar el evento con la complicidad de la OEA (Organización de Estados Americanos), su principal instrumento político en la región, y con  multinacionales, fundaciones y organizaciones civiles con intereses en la zona que participarán en foros previos a la reunión de los mandatarios del jueves 9 y viernes 10.

En 1994, cuando tuvo lugar la I Cumbre, hacía pocos años que se había acabado la Guerra Fría, el mundo se había convertido en unipolar; Estados Unidos sacaba pecho, había vencido a la única otra superpotencia mundial económica, política y militar, la Unión Soviética.

El capitalismo había derrotado al socialismo y EEUU ya podía diseñar un Nuevo Orden Mundial a su antojo.

Para seguir dominando como siempre a América Latina y el Caribe, su 'patio trasero', ya no necesitaba ni le resultaban útiles las dictaduras militares que venía ayudando a implantar y mantener en el poder a sangre y fuego desde el siglo XIX en buena parte de los países de esa amplísima región del mundo.

Bastaba ya con apoyar a gobiernos con fachada democrática -aunque tuvieran graves déficit democráticos- siempre que tuvieran un claro perfil neoliberal, dispuestos a privatizaciones generalizadas de empresas públicas, a políticas de ajustes drásticos, a abrir de par en par las puertas de sus respectivos países a las multinacionales estadounidenses, y a secundar la política exterior y de seguridad de Estados Unidos.

Bill Clinton inició en 1994 la política excluyente

Y fue así que entre los democratiquísimos mandatarios latinoamericanos invitados por Bill Clinton a la cumbre de Miami de 1994 estaban el argentino Carlos Saúl Menem; el peruano Alberto Fujimori; el mexicano Ernesto Zedillo (los tres luego enjuiciados por corrupción y autoritarismo); el guatemalteco Ramiro de León Carpio, quien años después se convertiría en estrecho colaborador del ex dictador genocida de poblaciones indígenas Ríos Montt; el colombiano Ernesto Samper, acusado judicialmente en el Proceso 8000 de haber financiado su campaña electoral con dinero del narcotráfico; el ecuatoriano Sixto Durán-Ballén, cuyo gobierno se vió envuelto en graves casos de corrupción, al igual que el uruguayo Luis Lacalle. Y la lista sigue.

Muchos de los mandatarios invitados a las posteriores cumbres tenían perfiles tan democráticos y ejemplares como los mencionados, pero Cuba seguía siendo la mala de la película. La OEA había expulsado a Cuba de su seno en 1962 y parecía coherente que EEUU la siguiera excluyendo de cualquier proyecto interamericano.

EEUU preveía que una vez atomizada la URSS en 1991 y desmoronados los gobiernos bajo su órbita de la Europa del este, el régimen cubano seguiría el mismo camino. Han pasado varias décadas desde entonces y han pasado presidentes demócratas y republicanos por la Casa Blanca... pero Cuba sigue ahí, manteniendo su soberanía y su dignidad.

Las políticas neoliberales de los '90 acentuaron drásticamente la desigualdad en América Latina hasta convertirla en la zona de mayor desigualdad social de todo el mundo.

En aquella primera cumbre de 1994 Bill Clinton lanzó su ambicioso proyecto neoliberal para la región, el ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas), pero no contaba con que pocos años después, a partir de 1998, se iniciara una ola de gobiernos progresistas en América Latina que rechazó ese proyecto y lo sepultó definitivamente en la IV Cumbre de las Américas de Mar del Plata (Argentina) en 2005.

"¡ALCA, ALCA, al carajo!", fue el estribillo con el que Hugo Chávez celebró aquel entierro.

Años después, afectados principalmente por la crisis financiera de 2008 y por la fuerte contraofensiva neoliberal, pero también por indiscutibles y graves errores propios, América Latina volvió a experimentar un brusco giro ideológico.

Biden, inmune ante los nuevos aires progresistas en la región

A través de golpes 'blandos' y también a través de las urnas, fueron cayendo uno a uno varios de los gobiernos progresistas que habían impulsado importantes pero no suficientes reformas sociales. Algunos de los pocos que lograron mantenerse en pie sufrieron desviaciones y retrocesos.

Sin embargo Joe Biden pareciera no tener en cuenta que la región experimenta en el último periodo un nuevo cambio. Otra oleada de nuevos gobiernos progresistas -aunque de muy variadas características- vuelven a cambiar el escenario político en la región, en Chile, en Bolivia, en Perú,  Honduras,  México, con la posibilidad real de ampliarse a Brasil, a Colombia, si el golpismo blando y el populismo ultraderechista no termina alterando esos procesos.

Biden pareciera ir a tiro fijo, siguiendo la tradición imperial de siempre de Estados Unidos. Ha convocado esta cumbre, en complicidad con el reaccionario secretario general de la OEA, Luis Almagro, excluyendo de la invitación a la IX Cumbre de las Américas a Cuba, Venezuela y  Nicaragua.

El emperador de turno vuelve a decidir unilateralmente quién es demócrata y quién no lo es.

Paradójicamente, ningún mandatario fue excluido en la VIII Cumbre que se celebró durante el Gobierno de Donald Trump. Fue este quien decidió no asistir.

Jair Bolsonaro sí ha sido invitado por Biden. Al parecer sí lo considera un demócrata, como lo era para Trump, y poco importa que siguiendo el ejemplo de Trump Bolsonaro ya haya anunciado que no reconocerá el triunfo de Lula da Silva si este gana las próximas elecciones presidenciales, como todo permitiría prever.

El presidente saliente colombiano, Iván Duque, hijo político de Álvaro Uribe, es otro demócrata ejemplar para EEUU. Poco importa que haya boicoteado abiertamente los Acuerdos de Paz firmados en 2016 para acabar con una guerra de décadas, ni que sus fuerzas militares y las poderosas fuerzas paramilitares de ultraderecha aliadas hayan matado a cientos de guerrilleros desmovilizados y a centenares de activistas sociales molestos para los intereses de los terratenientes y las multinacionales.

Colombia siempre ha sido considerada como una gran plataforma regional para los planes de seguridad de Estados Unidos, al punto que es el único país al que se le ha aceptado como miembro observador en la OTAN.

Pero en esta ocasión EEUU se ha encontrado con un rechazo de varios países de América Latina y el Caribe a su política de exclusiones. El hecho de que no asista a la misma López Obrador, el presidente de México, el país con el que EEUU mantiene una importantísima relación comercial además de compartir una extensísima y conflictiva frontera, ya supone de por sí un duro golpe para la diplomacia estadounidense.

El que Bolivia, Honduras y otros países manifestaran su malestar por las exclusiones y que el propio presidente de la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños), el argentino Alberto Fernández, dudara hasta último momento si asistir, augura una cumbre complicada para EEUU.

Tanto Venezuela como otros países miembros de la CELAC esperan que Fernández los represente en la cumbre y que haga llegar ese malestar a Estados Unidos.

Todos los países miembros de CARICOM (Comunidad del Caribe) y de la ALBA-TCP (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblos) han emitido comunicados expresando su rechazo a las exclusiones.

No puede extrañar que Biden haya incluido a Venezuela entre los países excluidos. El actual presidente estadounidense era vicepresidente de Barack Obama cuando éste impuso a Venezuela el primer paquete de sanciones económicas en 2016 -endurecidas drásticamente luego por Donald Trump- aduciendo razones de 'seguridad nacional'.

Paradójicamente, ahora, ante la escalada de los precios del petróleo provocada por la guerra en Ucrania Biden ha decidido flexibilizar parcialmente por primera vez las durísimas sanciones que sufre Venezuela, 'autorizando' a la petrolera estadounidense Chevron, a la española Repsol y a la italiana Eni, a operar en Venezuela.

Aún así les ha impuesto dos condiciones: la primera, que solo pueden transportar petróleo a Europa, dado que lo que pretende es paliar el freno al suministro del petróleo ruso. La segunda condición, que en esas operaciones no haya dinero de por medio, sino que el petróleo venezolano sirva solamente para pagar deudas contraídas con países europeos o intercambiar por otras mercaderías.

De esta manera EEUU seguirá controlando para que Venezuela no pueda recibir divisas extranjeras, cruciales para que ese país pueda atenuar la asfixia económica que sufre desde hace años.

Y la Unión Europea, agradecidísima de que el emperador Biden le haya hecho semejante concesión.

Tan agradecida como ha estado siempre a EEUU por haber aceptado -tras duras negociaciones- no  aplicar a los países miembros de la UE las duras sanciones previstas desde 1996 por la bipartidista Ley Helms-Burton -aprobada durante el Gobierno de Bill Clinton- contra todo país que ose invertir o comerciar con Cuba.  Trump alarmó a la UE en 2019 cuando pretendió no respetar el acuerdo de excepción.

Con la vista puesta en las elecciones legislativas de noviembre

Biden sabe que no tiene aseguradas las elecciones legislativas de medio mandato de noviembre próximo y aunque la guerra en Ucrania le supone un balón de oxígeno en el escenario político interno estadounidense, con el apoyo del Partido Republicano a su política de mano dura y con la reactivación de la industria militar, ni puede asegurar su victoria en el pulso que mantiene con Putin, ni es seguro que esta fuera suficiente para frenar un avance republicano en las urnas.

Por eso Biden perpetúa la política imperial tradicional de todos los inquilinos de la Casa Blanca.

Ni siquiera se atreve a imitar el discurso del carismático Obama, que con su seductor talante  dialogante en política exterior consiguió que ocho meses después de iniciar su mandato el 20 de enero de 2009 se le concediera el Premio Nobel de la Paz de ese año a pesar de no haber  concretado ninguna de sus promesas electorales estrella. Bastaron sus promesas para que lo lograra.

No solo Biden se juega mucho en esta IX Cumbre de las Américas. También los nuevos mandatarios latinoamericanos de corte progresista tendrán que demostrar el grado de coherencia que mantienen con sus postulados y qué defensa hacen de la independencia y dignidad de sus países.

Por Roberto Montoya

Periodista y escritor

09/06/2022

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Sábado, 16 Abril 2022 06:47

Putin e ideología (cinco tesis)

Putin e ideología (cinco tesis)

1. La manera en la que muchos, incluso los propios putinólogos (bit.ly/3vgBIGP, bit.ly/37my3iG), han sido −y hemos sido− sorprendidos por la decisión de Putin de invadir a Ucrania emula un patrón más amplio de "inhabilidad" con la cual solemos acercarnos a Rusia. No fue el prolongado bluff, el "ruido de los sables", el "juego estratégico" ni la "tensión sin fin en la frontera" −algo que permitía a Putin "hacer su punto acerca del expansionismo de la OTAN" o “presumir su ‘mano fuerte’ siempre que... no invadía” (bit.ly/3vnM9IK)− que prevaleció. Todo esto a pesar de las insistencias desde Washington, vistas en su momento como "incendiarias", según las cuales "la invasión estaba por ocurrir cualquier día" ("una cosa que atinaron y una sobre la que no nos mintieron", bromeó después uno de los observadores). Algo parecido −como apuntaba hace tiempo Zygmunt Bauman− ocurrió en su momento con todos, casi, sovietólogos que a pesar de ir describiendo y estudiando por décadas el declive de la URSS, han sido sorprendidos por su repentina implosión y desintegración en 1991.

2. Es precisamente este tropiezo en predecir lo que venía que animó a muchos a buscar la "verdadera ideología", las "profundas raíces mesiánicas" o la "mística cosmología" detrás de la decisión de Putin. Si era algo que no se veía venir, igualmente sus motivos tenían que ser "misteriosos" y "ocultos". Ahora Ivan Ilyin, un olvidado pensador ruso filofascista "blanco" reivindicado varias veces por Putin (bit.ly/3KG8uaB) o Aleksandr Dugin, un reaccionario y ultranacionalista "gurú geopolítico" (bit.ly/3vjz8zE) eran las −supuestas− fuentes ideológicas de la invasión, a pesar de que ésta se explicaba bastante bien por el nacionalismo conservador, imperialismo y el chovinismo gran-ruso pregonados de manera abierta por toda la élite de poder en Rusia.

Además si es cierto que “el solo lenguaje de Putin −más allá de sus ‘trasfondos ideológicos’− nos decía todo lo que necesitábamos saber” (bit.ly/3rqlzNE), el núcleo de su fijación en Ucrania estaba igualmente −más que en algún "misticismo"− en su antileninismo reaccionario: previo a la invasión Putin culpó a Lenin por "inventar a Ucrania" e introducir la cláusula de la secesión que hizo estallar a la URSS ("el más grande desastre geopolítico del siglo XX" según él).

3. Mientras la agenda de Putin es mejor expresada en sus propias palabras y decisiones −la guerra con Georgia en 2008, cuando este país se movió hacia la órbita de la OTAN, viene a la mente−, sus motivaciones con raíces en su anticomunismo y la nostalgia por el imperialismo zarista prerrevolucionario son mucho más internalizadas en toda la cultura rusa, diseminadas por todo el espectro político y no limitadas sólo a sus "creencias propias". Esto se refiere tanto a una suerte del "negacionismo" y menosprecio respecto a Ucrania −que "no existe" y "es parte inherente/histórica de Rusia"−, típicos para todo el pensamiento postsoviético dominante, como a la centralidad del pensamiento contrarrevolucionario –"de Pushkin y Chaadáyev hasta Pasternak, Sájarov, Solzhenitsyn y Zinóviev"− que, viendo, de manera contradictoria, tanto a 1917 como a 1991 como traumas y momentos de humillación nacional "salta" siempre cuando alguno de los países de su "extranjero cercano" intenta salirse de su órbita (bit.ly/3xHqa2f).

4. Un afán de centrarse en la ideología de Putin detrás de la invasión tiende a oscurecer las cosas más que esclarecerlas. A "personalizar" e "individualizar" el análisis, lo mismo que aplica a las explicaciones que apuntan a sus "obsesiones": con la OTAN −cuando esta "aversión" es un conocido continuo en la política rusa (bit.ly/3Eeq1Ey)− o con el "ejemplo democrático de Ucrania" (bit.ly/3M3Mozk), siendo éste un argumento "egótico" y (auto)complaciente. El pensamiento de Putin ha sido formado a lo largo de muchos años más que nada por su resentimiento a Occidente, no por ninguna influencia ideológica particular (para justificar la invasión a Ucrania Putin habló tanto de la "traición por los bolcheviques", como de la "traición por Occidente"). No hay un solo gurú ni una sola ideología. Todo ha sido mediado por diferentes ideas y tópicos políticos comunes (bit.ly/3uF0C3G), siendo una mezcla tanto de un cálculo racional −atinado o no−, como de las delusiones de la grandeza imperial (bit.ly/3jCSgmY).

5. Frente a las insistencias en una "repentina ideologización de Putin" y su "fanatismo ideológico" detrás de la invasión en contraste con su "pragmatismo" de hace unos años (bit.ly/3O93Bcl), hay que recordar que en toda política postsoviética los líderes con creencias ideológicas eran y siguen siendo algo atípico: "todos eran más bien unos cínicos que construían regímenes cleptocráticos desprovistos de cualquier ideología y si incluso fuera la verdad que Putin se volvió un fanático, se necesitarían más explicaciones sobre cómo esto se llevó a cabo" (bit.ly/3Jzrzdi). A lo que tal vez apunta la invasión a Ucrania, no es a un particular giro ideológico, sino una "mutación política", donde el cesarismo postsoviético putiniano que se mostró incapaz de contener la ola de las "revoluciones"-insurrecciones en las ex repúblicas está siendo remplazado por un régimen político conservador-imperialista −represivo, reaccionario y centrado aún más en uso de fuerza interna y externamente− "más eficiente" en dominar las clases y naciones subalternas (bit.ly/3xsFY8U).

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Boris Johnson conversa con Zelenski en Kiev.. Imagen: AFP

La invasion de Rusia ha causado más de 15 mil desaparecidos

Mientrar el premier británico se reunía con su par Ucraniano, se anunció el hallazgo de una fosa común con soldados rusos en Viljivka, a las afueras de Jarkov.

El primer ministro del Reino Unido, Boris Johnson, anunció este sábado tras reunirse en Kiev con el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, que el Reino Unido entregará a las fuerzas armadas ucranianas 120 vehículos blindados y sistemas de misiles antibuque. Durante el encuentro, del que Downing Street decidió no informar con antelación, el jefe de Gobierno mantuvo un "diálogo en profundidad" con Zelenski "sobre ayuda económica y militar", indicó uno de sus portavoces oficiales en un comunicado.

"Hazaña Bélica"

Londres anunció asimismo una nueva partida de financiación de 500 millones de dólares (460 millones de euros) para Ucrania a través del Banco Mundial, lo que eleva el monto total de los fondos comprometidos por esa vía a 1.000 millones de dólares (920 millones de euros). La ayuda económica, sujeta todavía al visto bueno del Parlamento británico, contribuirá a "continuar manteniendo en funcionamiento servicios humanitarios vitales", señaló el Gobierno.


Por motivos de seguridad, el despacho oficial de Johnson rehusó ofrecer más detalles sobre el viaje de este sábado, que se hizo público cuando la embajada de Ucrania en el Reino Unido divulgó en su cuenta de Twitter una fotografía de ambos mandatarios ya reunidos. "Ucrania ha desafiado a la probabilidad y ha hecho retroceder a las fuerzas rusas de las puertas de Kiev", dijo el primer ministro británico, que calificó la resistencia ucraniana como "la mayor hazaña bélica del siglo XXI".

Johnson, que había visitado la capital ucraniana por última vez a principios de febrero, pocas semanas antes de que Rusia iniciara su invasión, alabó el "decidido liderazgo" de Zelenski y el "invencible heroísmo y coraje de los ucranianos", que han logrado oponerse a los "monstruosos propósitos" del presidente ruso, Vladimir Putin. "Hoy he dejado claro que el Reino Unido se mantiene incondicionalmente a su lado en esta lucha y que estamos aquí con vistas al largo plazo", recalcó.

Misiles y bindados

Downing Street detalló que los nuevos blindados y misiles anunciados hoy para fortalecer al ejército ucraniano se suman a los 100 millones de libras (120 millones de euros) en equipos militares que ayer ya había adelantado Johnson durante una rueda de prensa en Londres junto al canciller alemán, Olaf Scholz. Ese primer paquete de ayuda comprende, entre otro material, misiles antiaéreos Starstreak y 800 proyectiles antitanque, además de munición de "alta tecnología" para operaciones de "precisión".

Por su parte el Ejército de Ucrania anunció este sábado el hallazgo de una fosa común con soldados rusos en Viljivka, a las afueras de Jarkov, en el este del país, a poco más de una semana del descubrimiento de las fosas comunes y los cadáveres de civiles ejecutados en Bucha. "Finalmente queda destruido el mito de que los rusos no dejan atrás a sus muertos. Durante la limpieza de la localidad de Viljivka, se ha descubierto una fosa común de soldados ocupantes", informó el Departamento de Comunicación Estratégica de las Fuerzas Armadas, en su cuenta de Facebook.

Cuerpos de militares rusos

En el mismo mensaje, la institución también publicó una fotografía en la que pueden verse los cuerpos de 10 militares en una zanja, informó la agencia de noticias Europa Press. El 30 de marzo pasado, las fuerzas ucranianas destruyeron dos batallones tácticos de la 138 Brigada de Fusileros y un batallón táctico del 59 Regimiento Acorazado rusos cerca de Jarkov, ciudad que alberga unos 1,4 millones de habitantes y donde gran parte de la población es rusoparlante. En el mismo procedimiento, el Ejército se hizo con toda la documentación de los batallones y detuvo a más de 60 militares.

Este descubrimiento se produce poco más de una semana después del hallazgo de fosas comunes y cuerpos de civiles ejecutados en Bucha, a las afueras de Kiev, tras la retirada de las fuerzas rusas. Según la Defensora del Pueblo y comisaria de Derechos Humanos del Parlamento ucraniano, Liudmila Denisova, al menos 360 civiles fueron asesinados en Bucha, escenario de una matanza de la que Ucrania y sus aliados responsabilizan a Rusia, que niega las acusaciones.

Miles de desaparecidos

Mientras tanto el Gobierno de Ucrania denunció que más de 15.000 personas se encuentran desparecidas y que más de una veintena de hospitales fueron destruidos desde el comienzo de la invasión rusa, el pasado 24 de febrero. "Hemos contado más de 15.000 casos con nombres identificados y el último lugar donde fueron vistos", precisó la defensora del Pueblo, Ludmila Denisova, informaron las agencias de noticias Ukrinform y Europa Press.

Asimismo, el ministro de Salud, Viktor Liashko, denunció que 307 centros médicos y 21 hospitales fueron destruidos por ataques rusos. "Estos hospitales no se pueden reconstruir y habrá que construir otros nuevos en su lugar", declaró el funcionario. También remarcó la necesidad de desplegar más hospitales de campaña en las regiones occidentales. De acuerdo con el funcionario, en la zona de combate del este de Ucrania, las personas heridas solo pueden reciben primeros auxilios antes de ser evacuadas, por lo que muchas no sobreviven al traslado.

Desde el inicio de la ofensiva rusa, en Ucrania se constató la muerte de 1.766 civiles, mientras que 2.383 resultaron heridos, según un balance publicado este sábado por Naciones Unidas, que suele advertir que estima que la cifra real es superior.

Por su parte, la Fiscalía de Menores de Ucrania denunció hoy que al menos 176 niños murieron y 324 resultaron heridos en ataques perpetrados por Rusia desde el comienzo de la invasión. Asimismo, la Fiscalía denunció que 928 instituciones educativas reportaron daños materiales desde el principio de la guerra, 84 de las cuales quedaron completamente destruidas.

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Martes, 29 Marzo 2022 18:30

Desde la Amazonía llamamos a la paz

Desde la Amazonía llamamos a la paz

La actual guerra en Ucrania es un hecho de dimensión histórica que ya está reconfigurando el sistema internacional a nivel económico, comercial, geopolítico, social y ambiental. En el planeta existen otras guerras y agresiones armadas que también condenamos (Palestina, Somalia, Siria, etc.), sin embargo, ninguna tiene la posibilidad de escalar y desencadenar una catástrofe nuclear de consecuencias impredecibles.

Esta es una guerra que se da en el contexto del resurgimiento de las pugnas inter-imperialistas. Desde la Amazonía hacemos un llamado a la paz, demandamos el inmediato cese del bombardeo y el retiro de las tropas rusas de Ucrania y nos solidarizamos con el pueblo de Ucrania. No tenemos ninguna duda de que la OTAN, con su política expansionista y militarista, contribuyó fuertemente a crear las condiciones para esta guerra, pero quién hoy bombardea, masacra y obliga a un éxodo de millones de ucranianos es Putin. La invasión rusa tiene que parar para que cese la muerte y las negociaciones entre las partes lleven al restablecimiento de la paz posibilitando la reconstrucción de Ucrania.

Nosotros no estamos con ninguna de las potencias imperialistas. Abogamos por el desarme de todas las armas nucleares y de destrucción masiva a nivel de Estados Unidos, Rusia, la OTAN, China y todos los sub-imperialismos regionales. La idea de que se puede garantizar la paz a través de las armas es un absurdo que ha fracasado. Abogamos por el desmantelamiento de la OTAN y de todas las alianzas e iniciativas militares que promueven el armamentismo y la expansión de sus áreas de influencia para supuestamente garantizar la paz. Llamamos a crear un bloque mundial por la paz desde la perspectiva de los pueblos contra todas las guerras y por la distención mundial.

Queremos denunciar a toda la comunidad internacional que la guerra en Ucrania está siendo utilizada para profundizar la agresión a la Amazonía y sus pueblos. La Amazonía está sufriendo la exacerbación de las prácticas más conservadoras: nacionalismos, machismos, racismos, fanatismos religiosos, individualismos y otros que engendran y fortalecen regímenes autoritarios para mejor explotar a los pueblos y la naturaleza.

Recientemente la Cámara de Diputados de Brasil aprobó la Ley N° 191/20 para que sea tratada y votada con carácter de urgencia la autorización para la extracción minera, hidrocarburífera y de otra índole en territorios indígenas. El justificativo de Bolsonaro es que la guerra en Ucrania está poniendo en riesgo el abastecimiento de fertilizantes para el sector agroindustrial a pesar de que es conocido que los actuales stocks de potasio, en su gran mayoría localizados fuera de territorios indígenas, son suficientes para abastecer a Brasil por varias décadas. Lo que en realidad se busca a través de estas leyes es la expansión de la explotación minera, en particular del oro, que se ha extendido por toda la Amazonía.

La Amazonía viene profundamente fragilizada por la crisis sanitaria y climática a la cual los poderes nacionales e internacionales no han sabido dar respuestas de fondo. La pandemia profundizó el extractivismo y ahora la guerra acelera aún más la expansión de la frontera agropecuaria y el agronegocio. Los altos precios de ciertos commodities (petróleo, oro, aluminio, zinc, cereales, soya, carne y otros) están fortaleciendo el autoritarismo y el accionar anti-indígena para despojar a los pueblos amazónicos de sus territorios y apoderarse de los recursos naturales. Nuestra casa común está bajo ataque. Asistimos a una violación a gran escala de los derechos de la Naturaleza en la Amazonía y a nivel mundial. La guerra está exacerbando el ecocidio, el etnocidio y provocando un nuevo genocidio.

La militarización del planeta está fortaleciendo las estructuras patriarcales donde impera la ley del más fuerte y el autoritarismo. La explotación de la naturaleza y los territorios es también la explotación de los cuerpos de las mujeres y comunidades feminizadas. Presenciamos la masculinización patriarcal de la sociedad, a través de la guerra, en lugar de avanzar hacia una ecosociedad de los cuidados en respeto y reciprocidad con todas las vidas.

La guerra en Ucrania está provocando un retroceso de la agenda climática y consumiendo miles de millones de dólares que son necesarios para hacer frente a la crisis climática. Abogamos por el recorte de los presupuestos de guerra y defensa en el mundo para destinar dichos recursos a enfrentar la crisis ecológica y la pobreza que se agrava en el planeta.  El último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), que es una grave advertencia para la humanidad, ha pasado invisibilizado por la crisis humanitaria que provoca el bombardeo a Ucrania. Países como Alemania discuten ampliar la explotación del carbón para afrontar la crisis energética. El conflicto bélico da aliento a las industrias sucias de los combustibles fósiles y posterga el accionar de todo el planeta contra la crisis climática.

La búsqueda de la paz tiene que darse a todos los niveles. No puede haber paz en la Tierra si no hay paz con la Tierra, si no hay paz con los pueblos indígenas, si no hay paz con las mujeres, si no hay paz con todas las culturas, si no hay paz con la naturaleza. En este camino queremos hacer un llamado a todas las organizaciones sociales del mundo a participar activamente del proceso hacia el X Foro Social Pan amazónico que se realizará del 28 al 31 de Julio en Belem do Pará, Brasil.

La terrible crisis de la guerra debe hacernos reflexionar sobre alternativas estructurales y sistémicas que lleven a una reingeniería del multilateralismo de las Naciones Unidas que se ha demostrado anacrónico para hacer frente a un conflicto entre las potencias que cuentan con derecho a veto en el Consejo de Seguridad de la ONU. Así como después de la segunda guerra mundial surgió una nueva organización multilateral, después de esta guerra y frente al agravamiento de la crisis climática y ecológica debemos construir un multilateralismo que incorpore no sólo a los estados en condiciones de igualdad, sino también a los pueblos y a la naturaleza. Nuestro llamado a la paz es un llamado a repensar y reconstruir las estructuras internacionales, nacionales y locales que desencadenan y alimentan la guerra y el autoritarismo a todos los niveles.

ASAMBLEA MUNDIAL POR LA AMAZONIA

28 de marzo de 2022

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Publicado porAdmin28 marzo, 2022Publicado en Destacado EspañolEspañol Etiquetas :Llamamiento a la paz

Publicado enInternacional
Viernes, 25 Marzo 2022 05:36

Para Washington la guerra nunca termina

Capitolio de los Estados Unidos (Washington D.C.). Pxfuel

El objetivo bélico de Estados Unidos no es salvar a Ucrania, sino arruinar a Rusia. Y eso lleva tiempo

 

Y va para largo. La “guerra para acabar con la guerra” de 1914-1918 derivó en la guerra de 1939-1945, conocida como la Segunda Guerra Mundial. Y esta tampoco ha terminado nunca, principalmente porque para Washington fue la Guerra Buena, la guerra que originó el Siglo Estadounidense: ¿por qué no el Milenio Estadounidense?

El conflicto de Ucrania puede ser el detonante de lo que ya llamamos Tercera Guerra Mundial. Pero no se trata de una guerra nueva. Es la misma guerra de siempre, una extensión de la que llamamos Segunda Guerra Mundial, que no fue la misma guerra para todos los que participaron en ella.

La guerra rusa y la estadounidense fueron muy muy diferentes.

La Segunda Guerra Mundial de Rusia

Para los rusos, la guerra fue una experiencia de sufrimiento, destrucción y dolor colectivo. La invasión nazi de la Unión Soviética fue absolutamente despiadada, impulsada por una ideología de desprecio a los eslavos y odio a los bolcheviques judíos. Se calcula que murieron 27 millones de personas, aproximadamente dos tercios de ellas civiles. A pesar de las pérdidas y el sufrimiento abrumadores, el Ejército Rojo logró cambiar el rumbo de la conquista nazi que había sometido a la mayor parte de Europa.

Esta gigantesca lucha para expulsar a los invasores alemanes de su tierra es conocida por los rusos como la Gran Guerra Patriótica, la cual alimentó un orgullo nacional que ayudó a consolar al pueblo por todo lo que había pasado. Pero, independientemente del orgullo generado por la victoria, los horrores de la guerra suscitaron un auténtico deseo de paz.

La Segunda Guerra Mundial en Estados Unidos

La Segunda Guerra Mundial de Estados Unidos (al igual que la Primera Guerra Mundial) ocurrió fuera de sus fronteras. La diferencia es enorme. La guerra permitió a Estados Unidos emerger como la nación más rica y poderosa del planeta. A los estadounidenses se les enseñó a no transigir nunca, ni para evitar una guerra (Múnich) ni para ponerle fin (“rendición incondicional” era el estilo americano). La intransigencia justa era la actitud adecuada del Bien en su batalla contra el Mal.

La economía de guerra sacó a Estados Unidos de la depresión. El keynesianismo militar surgió como la clave de la prosperidad. Nació el Complejo Militar-Industrial. Para seguir ofreciendo contratos del Pentágono a todos los miembros del Congreso y beneficios garantizados a los inversores de Wall Street, necesitaba un nuevo enemigo. El miedo a los comunistas –el mismo miedo que había contribuido a crear el fascismo– sirvió para ello.

La Guerra Fría: la continuación de la Segunda Guerra Mundial

En resumen, después de 1945, para Rusia la Segunda Guerra Mundial había terminado; para Estados Unidos, no. Lo que llamamos Guerra Fría fue la voluntad de los dirigentes de Washington de que continuara. Se perpetuó con la teoría de que el “Telón de Acero” defensivo de Rusia constituía una amenaza militar para el resto de Europa.

Al final de la guerra, la principal preocupación de Stalin en materia de seguridad era evitar que volviera a tener lugar una invasión de ese tipo. En contra de las interpretaciones occidentales, el control permanente de Moscú sobre los países de Europa del Este que había ocupado en su camino hacia la victoria en Berlín no estaba motivado tanto por la ideología comunista como por la determinación de crear una zona de amortiguación a modo de obstáculo a una nueva invasión desde Occidente.

Stalin respetó los límites de Yalta entre el Este y el Oeste y se negó a apoyar la lucha a vida o muerte de los comunistas griegos. Moscú advirtió a los líderes de los grandes partidos comunistas de Europa Occidental de que evitaran la revolución y acataran las reglas de la democracia burguesa. La ocupación soviética podía ser brutal, pero era decididamente defensiva. El respaldo soviético a los movimientos pacifistas era absolutamente genuino.

La formación de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y el rearme de Alemania confirmaron que, para Estados Unidos, la guerra en Europa no había terminado del todo. La displicente “desnazificación” estadounidense de su sector de la Alemania ocupada estuvo acompañada de una fuga organizada de cerebros alemanes que podían ser útiles a Estados Unidos para su rearme y espionaje (desde Wernher von Braun hasta Reinhard Gehlen).

La victoria ideológica de Estados Unidos

Durante la Guerra Fría, Estados Unidos dedicó su ciencia e industria a la construcción de un gigantesco arsenal de armas mortíferas que causó estragos en Corea o Vietnam sin lograr la victoria estadounidense. Pero la derrota militar no eliminó la victoria ideológica de Estados Unidos.

El mayor triunfo del imperialismo estadounidense ha sido la difusión de imágenes e ideología para justificarse, principalmente en Europa. El dominio de la industria del entretenimiento estadounidense ha difundido su particular mezcla de autoindulgencia y dualismo moral por todo el mundo, especialmente entre los jóvenes. Hollywood convenció a Occidente de que la Segunda Guerra Mundial básicamente la ganaron las fuerzas armadas de EE. UU. y sus aliados en la invasión de Normandía.

Estados Unidos se vendió como el poder definitivo del Bien, así como el único lugar divertido para vivir. Los rusos eran monótonos y siniestros.

En la propia Unión Soviética, mucha gente se sentía atraída por la autoglorificación estadounidense. Al parecer, algunos incluso pensaban que la Guerra Fría había sido un gran malentendido y que si éramos muy amables y simpáticos, Occidente también lo sería. Mijaíl Gorbachov era propenso a este optimismo.

Jack Matlock, exembajador de Estados Unidos en Moscú, cuenta que, en la década de 1980, el deseo de liberar a Rusia del lastre que suponía la Unión Soviética estaba muy extendido entre la élite rusa. Fueron los dirigentes, y no el pueblo, los que lograron la autodestrucción de la Unión Soviética y dejaron a Rusia como Estado sucesor con las armas nucleares y el veto de la ONU a la URSS bajo la presidencia empapada de alcohol de Boris Yeltsin y la abrumadora influencia de Estados Unidos durante la década de 1990.

La nueva OTAN

La modernización de Rusia durante los últimos tres siglos ha estado marcada por la controversia entre los “occidentalizadores” –los que ven el progreso de Rusia en la emulación del Occidente más avanzado– y los “eslavófilos”, que consideran que el atraso material de la nación queda compensada por algún tipo de superioridad espiritual, quizá basada en la democracia sencilla de la aldea tradicional.

En Rusia, el marxismo fue un concepto occidentalizador. Pero el marxismo oficial no eliminó la admiración por el Occidente “capitalista” y en particular por Estados Unidos. Gorbachov soñaba con que “nuestra casa común europea” viviera una especie de democracia social. En la década de 1990, Rusia sólo pedía formar parte de Occidente.

Lo que ocurrió después demostró que todo el “miedo comunista” que justificaba la Guerra Fría era falso. Un pretexto. Una falsedad diseñada para perpetuar el keynesianismo militar y la guerra especial de Estados Unidos para mantener su propia hegemonía económica e ideológica.

Ya no había Unión Soviética. Ya no había comunismo soviético. No había bloque soviético ni Pacto de Varsovia. La OTAN ya no tenía razón de ser.

Sin embargo, en 1999, la OTAN celebró su 50 aniversario bombardeando Yugoslavia y, de este modo, pasó de ser una alianza militar defensiva a una agresiva. Yugoslavia había sido un país no alineado que no pertenecía ni a la OTAN ni al Pacto de Varsovia. No amenazaba a ningún otro país. Sin autorización del Consejo de Seguridad ni justificación para la autodefensa, la agresión de la OTAN violó el derecho internacional.

Exactamente al mismo tiempo, violando promesas diplomáticas no escritas pero manifiestas a los líderes rusos, la OTAN acogió a Polonia, Hungría y la República Checa como nuevos miembros. Cinco años después, en 2004, la OTAN acogió a Rumanía, Bulgaria, Eslovaquia, Eslovenia y las tres Repúblicas Bálticas. Mientras tanto, los miembros de la OTAN se veían arrastrados a la guerra de Afganistán, la primera y única “defensa de un miembro de la OTAN”, es decir, de Estados Unidos.

Entender a Putin, o no

Entretanto, Yeltsin había elegido a Vladímir Putin como su sucesor, en parte sin duda porque, como antiguo oficial del KGB en Alemania del Este, tenía ciertos conocimientos sobre Occidente. Putin sacó a Rusia del caos causado porque Yeltsin aceptó el tratamiento de choque económico diseñado por Estados Unidos.

Putin puso fin a las estafas más flagrantes, lo cual provocó la ira de los oligarcas desposeídos que utilizaron sus problemas con la ley para convencer a Occidente de que eran víctimas de una persecución (un ejemplo: la ridícula Ley Magnitsky).

El 11 de febrero de 2007, el occidentalizador ruso Putin acudió a un centro de poder occidental, la Conferencia de Seguridad de Múnich, y pidió la comprensión de Occidente. Es fácil de entender, si hay voluntad. Putin cuestionó el “mundo unipolar” que imponía Estados Unidos y subrayó el deseo de Rusia de “interactuar con socios responsables e independientes con los que pudiéramos colaborar en la construcción de un orden mundial justo y democrático que garantizara la seguridad y la prosperidad no sólo de unos pocos elegidos, sino de todos”.

La reacción de los principales socios occidentales fue la indignación, el rechazo y una campaña mediática de 15 años en la que se presentaba a Putin como una especie de criatura demoníaca.

De hecho, desde ese discurso no ha habido límites en los insultos de los medios de comunicación occidentales dirigidos a Putin y a Rusia. Y en este trato despectivo vemos las dos versiones de la Segunda Guerra Mundial. En 2014, los líderes mundiales se reunieron en Normandía para conmemorar el 70º aniversario del desembarco del Día D por parte de las fuerzas estadounidenses y británicas.

En realidad, esa incursión de 1944 encontró ciertas dificultades, a pesar de que las fuerzas alemanas se concentraban principalmente en el frente oriental, donde estaban perdiendo la guerra frente al Ejército Rojo. Moscú lanzó una operación especial precisamente para alejar a las fuerzas alemanas del frente de Normandía. Aun así, los avances aliados no pudieron derrotar al Ejército Rojo hasta llegar a Berlín.

Sin embargo, gracias a Hollywood, muchos en Occidente consideran el Día D como la operación decisiva de la Segunda Guerra Mundial. Para honrar el acontecimiento, Vladímir Putin estuvo allí y también la canciller alemana Angela Merkel.

Al año siguiente, los líderes mundiales fueron invitados a un fastuoso desfile de la victoria que se celebraba en Moscú para conmemorar el 70º aniversario del final de la Segunda Guerra Mundial. Los líderes de Estados Unidos, Gran Bretaña y Alemania decidieron no asistir.

Esto era consecuente con una serie interminable de gestos occidentales de desprecio hacia Rusia y su contribución decisiva a la derrota de la Alemania nazi (acabó con el 80% de la Wehrmacht). El 19 de septiembre de 2019, el Parlamento Europeo adoptó una resolución sobre “la importancia del recuerdo europeo para el futuro de Europa” que acusaba conjuntamente a la Unión Soviética y a la Alemania nazi de desencadenar la Segunda Guerra Mundial.

Vladímir Putin respondió a esta afrenta gratuita en un largo artículo sobre “Las lecciones de la Segunda Guerra Mundial” publicado en inglés en The National Interest con motivo del 75º aniversario del final de la guerra. Putin respondió con un cuidadoso análisis sobre las causas de la guerra y la profunda incidencia en las vidas de las personas atrapadas en el homicida asedio nazi de 872 días en Leningrado (actual San Petersburgo), incluidos sus propios padres, cuyo hijo de dos años fue uno de los 800.000 que perecieron.

Es obvio que Putin estaba profundamente ofendido por la continua negativa de Occidente a comprender el significado de la guerra en Rusia. “Profanar e insultar la memoria es mezquino”, escribió Putin. “La mezquindad puede ser deliberada, hipócrita y bastante intencionada, como las declaraciones que conmemoran el 75º aniversario del final de la Segunda Guerra Mundial, que mencionan a todos los partícipes de la coalición antihitleriana excepto a la Unión Soviética”.

Y durante todo este tiempo, la OTAN continuó expandiéndose hacia el este, apuntando cada vez más abiertamente a Rusia con sus profusas maniobras bélicas en sus fronteras terrestres y marítimas.

La toma estadounidense de Ucrania

El cerco a Rusia dio un salto cualitativo cuando Estados Unidos tomó Ucrania en 2014. Los medios de comunicación occidentales relataron este complejo acontecimiento como un levantamiento popular, pero los levantamientos populares pueden caer en manos de poderes con sus propios objetivos, y este fue el caso. El presidente electo Viktor Yanukovich fue derrocado con violencia un día después de haber aceptado la celebración de elecciones anticipadas en un acuerdo con los líderes europeos.

 22/03/2022

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Europa avanza en el rearme imperialista y busca terminar con la dependencia energética de Rusia

La UE destinará hasta 1.000 millones de euros en armas para Ucrania y aumentará el presupuesto conjunto de defensa. La reunión de los 27 miembros de la UE buscará también sortear la dependencia energética respecto a Rusia.

 

"Pedimos a Rusia que cese sus acciones militares y retire a todas sus fuerzas y equipos militares de la totalidad del territorio ucraniano, inmediatamente y sin condiciones, y respete completamente la integridad territorial, la soberanía y la independencia de Ucrania", apuntaba la declaración emitida al término de la primera jornada de la Cumbre de la Unión Europea en Versalles.

Este viernes, el alto representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores, Josep Borrell, adelantaba a la prensa que ha propuesto a los líderes europeos destinar 500 millones de euros más del presupuesto comunitario para entregar más armamento a Ucrania.

"He propuesto esto a los líderes y la Facilidad Europea de Paz doblará su apoyo hasta 1.000 millones de euros", dijo Borrell a su llegada, en el segundo día de la cumbre.

Hace dos semanas, la UE acordó por primera vez en su historia destinar 500 millones de euros del presupuesto europeo para financiar el envío de armamento a un país [Ucrania], una decisión que se tomó tres días después del inicio de la invasión rusa. Al mismo tiempo, varios Estados imperialistas han utilizado la excusa de la guerra de Ucrania para incrementar de forma notoria sus presupuestos militares.

La Unión Europea (UE) tendría entre 65.000 y 70.000 millones de euros más cada año para defensa si aumenta su gasto militar al 2 % de su PIB, dijo este viernes el comisario europeo de Industria, Thierry Breton. Los Estados miembros de la UE gastan de media el 1,5 % de su PIB en defensa, y el objetivo de la OTAN es, como mínimo, del 2 %. Tras la invasión rusa de Ucrania, algunos países como Alemania o Dinamarca han anunciado un aumento muy importante de su gasto militar.

A su vez, desde que empezó el ataque contra Ucrania el pasado 24 de febrero, la UE ha aprobado ya cuatro paquetes de sanciones contra Rusia y Bielorrusia. Entre ellas, se han congelado los fondos que los bancos centrales de ambos países tienen en la UE, ha sacado a siete entidades rusas y tres bielorrusas del sistema de comunicación interbancario SWIFT y ha sancionado a un total 862 individuos y 53 empresas, entre ellos el presidente ruso, Vladimir Putin.

Estas sanciones están ahogando la economía rusa, impactando en el bolsillo de los sectores más empobrecidos. Y el cierre de empresas occidentales en Rusia está provocando miles de despidos o la falta de pago de salarios, dando lugar allí a las primeras huelgas de protesta.

La cumbre también debate sobre cómo terminar con la dependencia energética respecto a Rusia, algo que no es sencillo de conseguir. Mientras tanto, la inflación y el aumento del combustible ya están afectado la economía de varios países europeos.

Una parte importante de la discusión fue la presentación por Von der Leyen de los detalles del plan de la CE para poner fin a la dependencia energética europea de Rusia, que es más fuerte en el gas natural. "Dependemos demasiado de los combustibles fósiles rusos, especialmente del gas. Debemos diversificar proveedores, sobre todo pasando al GNL. Y debemos incrementar nuestra cuota de renovables", afirmó en Twitter.

La propuesta de la Comisión para que en 2027 se haya llegado a un final progresivo de la dependencia energética de Rusia se presentará a mediados de mayo. La UE "debe prepararse para ser independiente del gas ruso, para asegurar sus propia defensa... porque nos hemos dado cuenta de que nuestra democracia está amenazada", advirtió Macron.

El plan de la CE se centra en diversificar los proveedores y el uso de fuentes de energía, de forma que para finales de 2022 se pueda prescindir de 100.000 millones de metros cúbicos de gas ruso (100 bcm), de los 155 bcm que importó en 2021.

En concreto, el objetivo es obtener 60 bcm (60.000 millones de metros cúbicos) de otros países. La UE y sus Estados miembros discuten desde hace meses con productores como EE.UU., Noruega, Catar o Argelia. La Comisión cree que se pueden suplir otros 10 bcm desarrollando el hidrógeno y 17 bcm más con la producción europea de biometano.

La Comisión Europea aspira a reducir en un 66 % en un año la dependencia del gas que la UE consume de Rusia, según el plan que ya adelantó en el Parlamento Europeo el pasado martes. Von der Leyen también indicó que a finales de este mes la CE propondrá que los Estados miembros tengan una reserva del 90 % de su capacidad de almacenamiento de gas para el 1 de octubre de cada año, a fin de evitar problemas de suministro.

Además del gas, el bloque europeo importó de Rusia el 27 % del petróleo y el 46 % del carbón que consumió en 2021. Las compras energéticas de la UE a Rusia supusieron 148.000 millones de euros en ingresos para Moscú. "No deberíamos vernos obligados a financiar las bombas que caen sobre Ucrania", afirmó de forma gráfica la presidenta del Parlamento Europeo, Roberta Metsola, en su intervención inaugural ante los Veintisiete.

Sin embargo, un plan de esta envergadura no será llevado adelante sin contradicciones, por el nivel de dependencia acutual y los negociaos que implica para los diferentes imperialismos. Así quedó demostrado en la negativa de Alemania al anunció de Estados Unidos de prohibir por completo el sumnistro de hidrocarburos provenientes de Rusia, mostrando de esta manera fisuras entre los países de la OTAN.

Fisuras que sin embargo, por ahora, no se muestran en lo concerniente al rearme de las potencias imperialistas, como no se vió desde la segunda guerra mundial.

El rumbo de la UE reafirma las tendencias guerreristas de los Estados imperialistas. Algo que solo puede traer nuevas catástrofes para los pueblos del mundo entero.

Viernes 11 de marzo

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Estados Unidos analiza permitirle a Venezuela exportar petróleo

Washington busca aislar aún más a Rusia en medio de la invasión a Ucrania

Una delegación encabezada por el principal asesor de la Casa Blanca para América latina y el embajador en Venezuela habló con Maduro este fin de semana en Caracas.

Funcionarios de Estados Unidos y Venezuela discutieron este fin de semana la posibilidad de aliviar las sanciones petroleras al país caribeño, aunque lograron pocos avances hacia un acuerdo en su primera reunión bilateral de alto nivel en años. Una delegación estadounidense encabezada por Juan González, el principal asesor de la Casa Blanca para América latina, y James Story, embajador en Venezuela, sostuvo conversaciones en el palacio de Miraflores con el presidente Nicolás Maduro y su vicepresidenta, Delcy Rodríguez, buscando determinar si Caracas está preparada para distanciarse de Rusia, uno de sus principales aliados, en medio de la operación militar en Ucrania.

El gobierno de Estados Unidos pone sobre la mesa una posible reducción de las sanciones a Venezuela que permitiría a este país, entre otras cosas, producir más petróleo y venderlo en el mercado internacional, con el objetivo indirecto de aislar aún más al gobierno de Vladimir Putin. Mientras tanto, Washington sigue considerando a Venezuela una "amenaza a la seguridad nacional y la política exterior" de acuerdo una orden ejecutiva de 2015 que acaba de ser extendida por el presidente Joe Biden.

El petróleo como eje del diálogo

Estados Unidos rompió las relaciones diplomáticas con Venezuela y cerró su embajada en Caracas en 2019, después de acusar Maduro de fraude electoral en las elecciones presidenciales. Sin embargo, la invasión rusa de Ucrania está llevando a Estados Unidos a prestarle una mayor atención a los aliados del presidente Putin en América latina, que Washington considera que podrían convertirse en amenazas a la seguridad si el enfrentamiento con Rusia se profundiza, según estimaron funcionarios estadounidenses citados por el New York Times.

Estados Unidos también busca garantizar suministros alternativos de petróleo en caso de decidir sanciones más amplias a la industria energética de Moscú. Washington impuso en 2019 sanciones sobre el petróleo venezolano, lo que ha derivado en una dependencia mayor de Moscú. El secretario de Estado de Estados Unidos, Antony Blinken, reveló el domingo que tanto su país como sus aliados europeos valoran la posibilidad de un embargo total sobre el petróleo ruso.

Los pedidos de ambas partes

El gobierno venezolano aprovechó las conversaciones del fin de semana para exigir el alivio de las sanciones económicas, mientras que Washington buscó garantías de elecciones presidenciales libres, reformas amplias de la industria petrolera de Venezuela para facilitar la producción y las exportaciones de empresas extranjeras y la condena pública a la invasión de Ucrania. El pasado 25 de febrero, el gobierno de Venezuela culpó a Estados Unidos y la OTAN por el conflicto en Ucrania, aunque expresó "preocupación por el empeoramiento de la crisis".

Una concesión de Estados Unidos sería permitir que Venezuela use temporalmente el sistema SWIFT, el cual facilita transacciones financieras entre bancos de todo el mundo. Para Maduro lo primordial es el levantamiento total de las sanciones que prohíben exportar petróleo venezolano así como las que están dirigidas a funcionarios del gobierno, de acuerdo al diario El Nacional.

En la reunión, los funcionarios estadounidenses también reiteraron su demanda por la liberación de seis exfuncionarios de la petrolera Citgo detenidos en Venezuela. Pero no se ofreció ningún tipo de canje que involucre a un aliado clave de Maduro, el empresario colombiano Alex Saab detenido en Estados Unidos. Se trata de una demanda del mandatario venezolano para volver a México, donde sostenía conversaciones con la oposición venezolana.

Miembros del equipo del jefe de la oposición venezolana, Juan Guaidó, solo fueron notificados sobre la reunión entre altos funcionarios de Washington y Caracas el sábado por la mañana. Guaidó fue reconocido por Estados Unidos y otros países como el presidente interino de Venezuela después de que consideraran que la reelección de Maduro en 2018 fue fraudulenta, pero varias naciones le han retirado ese reconocimiento en los últimos tiempos.

"Amenaza de seguridad nacional"

En los instantes previos al inicio de las reuniones entre ambos países, el gobierno venezolano repudió la nueva extensión de la "Orden Ejecutiva" del ocho de marzo de 2015, firmada por el entonces presidente Barack Obama y ahora continuada por Joe Biden, que define al país del Caribe como una amenaza a su seguridad nacional.

Un comunicado de la Cancillería de Venezuela advierte que, tras siete años de "agresiones injustificadas", la orden es "la excusa para que la Casa Blanca continúe aplicando las criminales medidas coercitivas unilaterales, que se constituyen en crímenes de lesa humanidad contra los derechos humanos de los venezolanos y venezolanas".

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