Pilotos y trabajadores de United y American Airlines recuerdan a sus colegas muertos en 2001, en el Memorial del 11 de Septiembre en Nueva York.Foto Afp

En ese lapso, Washington ejecutó operaciones antiterroristas en 85 países y violó libertades de árabes y musulmanes en su propio territorio

 

Nueva York. Pedacitos de papel llovían del cielo, llevados por el viento desde las Torres Gemelas en Manhattan a Brooklyn, como mil mensajes sin sentido de la torre de Babel en esta ciudad de más de 200 idiomas, en esa transparente mañana del 11 de septiembre con la cual amanecería algo llamado "la guerra global contra el terror".

Todos sentían la inmensa gravedad de lo que había sucedido, pero nadie sabía quién, cómo, por qué, ante la tragedia que poco a poco sumaría más de 3 mil trabajadores, patrones, limpiadores, bomberos, estudiantes, artistas, hijos, padres, hermanos.

Y a pesar del estallido de solidaridad y abrazos entre desconocidos para salvar a otros durante los primeros días, del apoyo mutuo y la fraternidad que inundó la ciudad, también ya se sentía la ominosa sensación de que se preparaba la muerte para cosechar a miles, decenas de miles, cientos de miles más trabajadores, patrones, limpiadores, bomberos, estudiantes, artistas, hijos, padres, hermanos, que perecerían en otros lados del mundo como consecuencia, primero en Afganistán, después en Irak y otros frentes de esa "guerra contra el terror".

Noam Chomsky, entrevistado por La Jornada 48 horas después de los atentados, sintetizó las implicaciones inmediatas: “El ataque terrorista (a Estados Unidos) fue un asalto mayor contra los pueblos pobres y oprimidos de todo el mundo. Los palestinos serán aplastados por esto. Es un regalo a la derecha dura jingoísta estadunidense, y también a la de Israel. Y la respuesta planeada será lo mismo, será un regalo a Bin Laden... el tipo de acción de represalia que se está planeando es justo lo que él y sus amigos están buscando. Exactamente las cosas que promoverá un apoyo masivo y que llevará a más, y tal vez peores, ataques terroristas, lo cual entonces llevará a una creciente intensificación de la guerra” (https://www.jornada.com.mx/2001/09/15/006n1mun.html).

Más tarde advirtió: "En general, las atrocidades y la reacción ante ellas fortalecen a los elementos más brutales y represivos en todas partes".

Casi de inmediato, Washington proclamó su nueva "guerra global contra el terror" a nombre de los que perecieron en la llamada zona cero en Nueva York, los héroes de un tercer avión que dieron sus vidas al hacerlo caer sobre un campo en Pensilvania, y en el Pentágono.

Pero de los escombros también surgió una creciente ola de opositores a esa nueva aventura imperial que, encabezada por familiares de las víctimas, proclamó en respuesta a Washington: "No en nuestro nombre". Las movilizaciones antiguerra más masivas de la historia moderna –algunos calculan que el 15 de febrero de 2003 participaron casi 15 millones alrededor del mundo– no fueron suficientes para frenar la ampliación de la nueva guerra "sagrada" contra "el mal".

¿Qué cambió con lo que fue el primer ataque bélico desde el extranjero contra el territorio de Estados Unidos desde 1812? El superpoder no podía tolerar nunca un ataque desde el exterior y de inmediato la maquinaria de guerra, incluyendo su propaganda, fue encendida. Casi toda la cúpula política de ambos partidos promovieron, o fueron obligados, a subordinarse al canto bélico patriótico, con el presidente George W. Bush dejando claro: "Quien no esté con nosotros está con el enemigo".

Legalización de la tortura

Desde entonces, Estados Unidos ha generado guerras y realizado operaciones "antiterroristas" en unos 85 países, que han incluido programas de asesinato con drones, acciones encubiertas y el uso de fuerzas especiales clandestinas, incluyendo secuestros y desapariciones de "sospechosos" en cualquier parte del planeta. Se legalizó y se empleó la tortura en centros clandestinos en lugares como Afganistán y otros países, y se levantó el campo de concentración en Guantánamo, que sigue existiendo. Ese primer año después del 11-S, el Pentágono detuvo a más de 2 mil 700 personas en el extranjero, y unas 600 de ellas fueron trasladadas a Guantánamo.

Esa guerra global tiene un frente interno también. Se promovió la Ley Patriota, con la cual se empezó a condicionar y hasta violar las libertades civiles dentro del país. En los primeros días, cientos –tal vez miles– de inmigrantes árabes y musulmanes fueron detenidos de manera arbitraria y se les incomunicó. Una reforma migratoria que estaba a punto de ser celebrada por Estados Unidos y México fue destruida por los atentados, y ahora los inmigrantes en general se volvieron sospechosos de ser "terroristas". Los crímenes de odio contra todos ellos proliferaron por todo el país, nutridos por la retórica oficial. Comercios árabes, incluyendo carritos de comida y taxis, colocaban enormes banderas estadunidenses como escudos sobre sus tiendas y vehículos.

Se estableció una nueva entidad federal masiva –la más grande después del Pentágono– llamada Secretaría de Seguridad Interna (DHS), la cual incluye las agencias de control migratorio y de fronteras, entre otras. Se elaboraron listas de sospechosos, a quienes no se les permitía ir en vuelos comerciales o ingresar al país.

Espionaje masivo

De ahí se desarrollaron y pusieron en marcha los masivos sistemas de espionaje ciudadano dentro y fuera de Estados Unidos, revelados después por Edward Snowden y otros. "El pánico nos hizo políticamente vulnerables, y esa vulnerabilidad fue explotada por nuestro propio gobierno para darse la autorización de ampliar sus poderes de manera radical", comentó Snowden a The Guardian recientemente.

Esa "guerra contra el terror" continúa 20 años después. El presidente Joe Biden proclamó el fin del combate sólo en Afganistán el 30 de agosto, pero no de la "guerra contra el terror", la cual, dejó claro, procedería en toda esquina del mundo.

A pesar de lo ocurrido a lo largo de estas dos décadas, la derrota de Estados Unidos en Afganistán –aunque no todos "perdieron": el complejo militar-industrial ganó más de 2 billones en contratos durante esa guerra–, la invasión de un país, Irak, que no tuvo nada que ver con el 11-S, bombardeos y operaciones clandestinas en decenas de lugares alrededor del planeta, Wa-shington alerta que no sólo persiste la amenaza terrorista internacional, sino ahora es acompañada por una aún más peligrosa que proviene desde dentro del país, encabezada por estadunidenses ultraderechistas, entre ellos, neonazis.

Mas de ocho de cada 10 estadunidenses opinan que el 11-S cambió a su país de una manera duradera; 46 por ciento cree que el cambio fue para mal, y sólo 33 por ciento opina que ese cambio fue positivo, según una encuesta de The Washington Post/ABC News de esta semana. Sólo 49 por ciento cree que el país está más seguro ante el terrorismo que antes del 11-S.

O sea, en el vigésimo aniversario del 11-S y su "guerra global", cientos de miles de muertos, millones de desplazados y billones en costos, nadie está más seguro. Tal vez, dentro y fuera de este país, todo lo contrario.

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Lunes, 30 Agosto 2021 05:07

Tres aniversarios

El reverendo William Barber (al centro) después de un mitin en el Lincoln Memorial el fin de semana en Washington, donde resaltó que las mismas fuerzas que quieren suprimir el voto en Estados Unidos, también "suprimen los salarios dignos, la salud universal, los derechos de los inmigrantes..."Foto Afp

“La feroz urgencia del ahora. Este no es momento para empeñarnos en el lujo de la calma o de tomarnos la droga tranquilizante del gradualismo. Ahora es el tiempo de hacer realidad las promesas de la democracia”, declaró el reverendo Martin Luther King Jr, desde las escalinatas del Monumento a Lincoln al culminar la histórica Marcha a Washington Por Empleo y Libertad en 1963.

Justo 58 aÑos después, el sábado pasado miles marcharon hacia ese mismo lugar y en unas 40 ciudades del país, con veteranos del gran movimiento por la justicia racial encabezado por King –el cual evolucionó a incorporar la lucha contra la injusticia económica del capitalismo y el militarismo imperial– abrazados de nuevas generaciones, haciendo eco de sus palabras y su compromiso moral.

La demanda central y unida del mosaico de esta movilización fue algo que no deja de ser asombroso dentro del propio país que no deja de proclamarse el "faro de la democracia" en el mundo: el derecho pleno al voto.

El reverendo William Barber, quien con otros resucitó la Campaña de los Pobres –la última iniciativa de King antes de ser asesinado– comentó en los actos del aniversario que “todo estadunidense debería estar pre-ocupado… puede ser que ya es una oligarquía civil y no una democracia, y el próximo paso es una autocracia”. Al encabezar marchas, manifestaciones y acciones de desobediencia civil por todo el país para defender el derecho al voto ante casi 400 iniciativas promovidas por republicanos para suprimir el voto sobre todo de minorías y pobres en 48 estados (por lo menos 18 estados ya han implementado leyes con ese propósito). Barber resaltó que las mismas fuerzas que están suprimiendo el voto, “están suprimiendo los salarios dignos, la salud universal, los derechos de los inmigrantes… todo está vinculado”.

A la vez, está por marcarse el 20 aniversario del 11-S y la proclamación de la "guerra contra el terror". Como en su momento advirtió Howard Zinn, el término es absurdo, ya que "toda guerra es terrorismo". Más aún, la declaración bélica aparentemente eterna fue también una declaración de guerra contra libertades civiles y derechos humanos dentro de este país y en cualquier parte del mundo donde deseaba operar Washington al realizarse detenciones masivas arbitrarias, lanzar nuevos sistemas de espionaje masivo de ciudadanos, desapariciones, tortura, y campos de concentración (Guantánamo), asesinatos y más –todo supuestamente prohibido por ley. Y el temor empleado para justificar todo.

Viente años después, todos son testigos al desastroso fin de la aventura bélica estadunidense en Afganistán, el primer frente de esa guerra contra el "terror". Circula una broma: "si alguna vez te sientes inútil, recuerda que tomó 20 años, billones de dólares y cuatro presidentes estadunidenses para remplazar al Talibán con el Talibán".

A la vez, en otro rudo recordatorio más de la emergencia del cambio climático, el mega-huracán Ida está azotando la región devastada por el huracán Katrina hace exactamente 16 años este domingo.

A diferencia de Katrina, Ida llega ahora a un territorio sitiado por el Covid-19. En Nueva Orleáns, los hospitales no podían evacuar pacientes a otras partes de la región porque no hay cupo, reporta Ap. Si la tormenta obliga a la gente a refugiarse en centros masivos como la vez pasada, los expertos de salud pública pronostican una pesadilla de contagios. Como siempre, las consecuencias más severas del cambio climático, como de la pandemia, son padecidas por los más pobres y vulnerables.

Tres aniversarios marcan la coyuntura estadunidense. Es como que los fantasmas del pasado se unieron para enviar un mensaje claro y directo al presente: los ataques contra los derechos democráticos, las guerras y el cambio climático están poniendo en jaque al futuro de todos.

Los que siempre han rescatado a este país desde abajo necesitan más que nunca de la solidaridad de fuerzas progresistas alrededor del mundo para actuar ante esta "feroz urgencia del ahora".

The Rolling Stones. Gimme Shelter. https://www.youtube.com/watch?v=clGX_J19_9o

Tom Morello, Bruce Springsteen, Eddie Vedder. Highway to Hell. https://www.youtube.com/watch?v=ZuNlA6BB28E

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