Romper con la monogamia para vivir más felices

Primero fueron los mensajes virales por otras redes sociales, avisando a desconocidas de potenciales infidelidades por parte de sus parejas. Después las loas a los amores para toda la vida, esos que todo resisten y siempre perdonan. Por último, la reivindicación de los celos como demostración de amor verdadero. ¿Está volviendo el peor de los amores posibles, el de la exigencia y sacrificio, el que marca el territorio conquistado como propiedad privada y salta ante cualquier posible injerencia externa? No lo sé. En cierto modo quiero creer que el poso del estallido feminista de los últimos años todavía funciona como muro de contención contra tendencias de ese tipo. El recrudecimiento de los discursos familiaristas y la movilización política de la impotencia aspiracional de las clases medias, sin embargo, hacen que sea posible pensar en ese sentido.

Los problemas a los que la idealización del amor exclusivo y dependiente busca dar respuesta son problemas reales. Y aunque adopten formas nuevas o se expresen a través de fenómenos propios de este siglo XXI, ni la falta de tiempo ni la sensación acuciante de cansancio y soledad son angustias recientes. En 1911, Alexandra Kollontai describía cómo “la terrible soledad que cada persona siente en las inmensas ciudades populosas, en las ciudades modernas, tan bulliciosas y tentadoras; la soledad, que no disipa la compañía de amigos y compañeros, es la que empuja a las personas a buscar, con avidez malsana, a su ilusoria alma gemela en un ser del sexo contrario, puesto que sólo el amor posee el mágico poder de ahuyentar, aunque sólo sea momentáneamente, las tinieblas de la soledad”.

Nos aferramos al pack completo del amor romántico como la tabla de salvación que va a librarnos de todo lo duro de nuestras vidas. Sobre ella surfeamos la frustración, la asunción de unas expectativas imposibles, la autoexigencia y la sospecha siempre presente como requisitos necesarios para un éxito que nunca llega. Y no lo hace porque la monogamia es incapaz de proporcionarnos los apoyos, los placeres, las emociones y los afectos que necesitamos para vivir vidas plenas, felices y emocionalmente sanas. No lo hace porque el estado permanente de alerta y competencia (cualquier persona puede venir a quitarte lo que es tuyo; y lograr lo que quieres implica pasar por encima del resto) nos bloquea la posibilidad de establecer alianzas, afinidades y solidaridades honestas con la mayor parte de gente que nos rodea. No lo hace porque la culpa, el sufrimiento y el drama aguardan tras cada palabra fuera de sitio, cada pensamiento no contenido, cada acción no censurada. No lo hace porque la monogamia limita nuestras posibilidades de desarrollo personal y nos convierte en seres enjaulados, siempre con miedo al goce y a la expansión de nuestro bienestar sexual y afectivo.

No se trata de follar más. Como bien dice Na Pai, el propio sistema monógamo no niega la promiscuidad sexual ni los encuentros sexuales fuera de la pareja: sólo los estigmatiza, los recubre de un halo de vergüenza y los convierte en algo bochornoso que realizar a escondidas y con medio a generar dolor a terceras personas. O, como dice Brigitte Vasallo: “La monogamia no se desmonta follando más, ni enamorándose simultáneamente de más gente, sino construyendo relaciones de manera distinta que permitan follar más y enamorarnos simultáneamente de más gente sin que nadie se quiebre en el camino”. Romper con la monogamia es un paso necesario para construir relaciones verdaderamente sanas no sólo con nuestras parejas, sino también con el resto de personas presentes en nuestra vida y con nosotras mismas. Para desarrollar al máximo eso que Kollontai llamó nuestro potencial de amor: la capacidad para amar no en un sentido puramente sexual, sino de un amor entendido en el sentido más amplio y más profundo de la palabra.

Llamo “sistema monógamo” o “cultura de la monogamia” al tándem compuesto por varios elementos, de entre los que destaco como principales la jerarquía relacional (con la pareja en lo alto de la pirámide, seguida por los vínculos de consanguinidad y dejando el resto de relaciones para el último lugar) y la exclusividad sexual (real o no, pero siempre aparente). Otras autoras incluyen también aquí la arquitectura social que hace prácticamente imposible no aspirar a vivir en pareja: viviendas unifamiliares, dependencia económica mutua (o, de manera hegemónica hasta hace pocos años, de la mujer hacia el hombre dentro de la heteronorma), no reconocimiento de otros vínculos en lo que a permisos laborales y aceptación pública se refiere, etc. Sin negar la importancia de todo esto, considero que enfrentar este tercer nivel del sistema monógamo requiere haber roto previamente el consenso social en torno a los dos primeros.

¿Qué pasos podemos dar en este sentido? ¿Cuáles son los resortes que tocar para dejar a la vista la irracionalidad de un modelo que nos quiere aisladas e infelices? ¿Cómo dejamos de sufrir por amor para empezar a disfrutarlo gozosas? Van a continuación algunas ideas.

  1. La sexualidad como trauma: desacralizar el sexo para disfrutarlo (o no) sin culpa

La cultura de la monogamia nos enseña a entender el sexo como el hecho diferencial de nuestras vidas, eso que tiene la capacidad de transformar el sentido de todo lo que toca. No se trata de una obsesión aislada, sino de una visión heredada de la base judeocristiana de lo que comúnmente denominamos “cultura occidental”. Ninguna primera vez tiene la relevancia que le otorgamos a la primera vez (esa que no necesita apellidos para ser reconocida), las amistades corren el riesgo de romperse si se mete el sexo de por medio, tus parejas pueden aceptar la existencia de otros vínculos importantes en tu vida con la condición de que no estén mediados sexualmente, etc. La presencia o ausencia de sexo tiene el poder de categorizar nuestras relaciones, de establecer fronteras entre lo que antes era una cosa pero ahora ya es otra.

La tremenda importancia que le concedemos al hecho sexual no tiene comparación con ningún otro elemento presente en nuestras relaciones sociales. No sentimos la necesidad de aclarar las cosas, de distanciarnos por precaución ni de cambiar el tipo de relación que teníamos con alguien tras haberle contado un secreto íntimo, dormido en su hombro o llorado en su presencia, por poner tres ejemplos que pueden suponer un alto grado de exposición y vulnerabilidad. La dualidad casi paranoica con la que follamos se explica por esto: o lo hacemos con nuestra pareja (o con quien aspiramos a que acabe siéndolo) y es entonces algo emocional y trascendente, o con personas a las que casi nada nos une y con quienes nos permitimos actuar de manera aséptica y distante.

Culturalmente, el sexo está tan unido al amor romántico que cuando lo buscamos sin más (cuando sólo queremos follar) tenemos que resguardarnos en un sexo carente de afecto que aleje de nosotros el riesgo de enamorarnos. La confusión emocional es, claro, tremenda: cualquier gesto de ternura por parte de la otra persona es visto como una alarma, si alguien nos pone cachondas revisamos con pánico la pervivencia de lo que sentimos hacia nuestra pareja, etc. Un desastre. El reverso de todo esto es también siniestro. Si amor y atracción sexual son dos caras de una misma moneda, ¿cómo asumir que no nos apetezca follar con nuestra pareja?, ¿cómo sobrellevar relaciones de larga duración donde la libido fluctúa y donde pueden darse periodos más o menos largos sin excitación mutua?, ¿cómo no pensar que algo va mal ante fenómenos que son en realidad perfectamente normales? La cultura de la monogamia hace del sexo, ya sea por su presencia o por su ausencia, un drama.

Comprender que el sexo no es en realidad tan importante es un paso fundamental para quitarnos de encima el drama. Necesitamos bajarlo del pedestal de lo sagrado, arrancarle la capacidad que le atribuimos para definir y transformar la forma y el sentido de nuestras relaciones y verlo como lo que realmente es: algo que disfrutar gozosas, que contribuye a nuestra felicidad y bienestar, que refuerza nuestra autoestima y que fortalece los vínculos humanos. O también una demostración de afecto y de amor, por supuesto, pero eso no significa que el amor no esté presente si no se expresa con sexo.

La exigencia monógama de exclusividad sexual sólo puede ser entendida desde la sacralización del sexo. Su desacralización nos permite no sólo disfrutarlo más y mejor, sino también y sobre todo construir relaciones más amables y seguras, donde la confianza en la mutua elección personal no dependa de la capacidad de predisposición (dentro de la pareja) ni de contención y represión sexual (fuera de ella) de las partes. Relaciones libres de culpa y de vergüenza, donde la inseguridad y los celos sean, para empezar, mucho menos posibles. Y también: relaciones de amistad más sólidas, afinidades temporales más íntimas, encuentros puntuales más felices y satisfactorios. En donde el sexo sea una posibilidad y una posibilidad bonita, sin tener al día siguiente que cambiar el gesto en la cara.

  1. Descentrar la pareja para querer más y ser más queridas

En su forma convencional, la pareja monógama forma un todo indivisible que funciona como unidad no sólo para asuntos económicos, sino también en lo que a definición de la identidad personal y aspiraciones de vida se refiere. Aunque la norma se ha vuelto menos rígida en las últimas décadas, la primera persona del plural sigue siendo común en todo lo relacionado con viajes, concepción del ocio, gustos musicales y gastronómicos, planes para fechas relevantes como la navidad o las vacaciones de verano, etc. Es casi como si la persona desapareciera como tal, como si desaparecieran sus gustos y aspiraciones propias. Relacionarse desde la no existencia, claro, es tremendamente difícil. A las viejas amistades se las ve cada vez menos, los nuevos vínculos que puedan surgir pasan en seguida a tener relación con ambos, y proliferan los planes de parejas donde socializar, al menos, con otra unidad de dos como la tuya. Muy lejos de su promesa de salvarnos de la soledad, la pareja monógama nos aísla.

El problema aquí es doble. En primer lugar, es absolutamente irracional pretender que una sola persona colme todas nuestras necesidades, no ya sexuales, sino estrictamente emocionales. La jerarquía relacional que sustenta el sistema monógamo nos permite tener aficiones, espacios y proyectos compartidos con otras personas, sí, pero éstas devienen secundarias y se nos exige poder romper con ellas si la pareja nos reclama. Nuestra dedicación al resto de vínculos está siempre supeditada a que no entren en competencia con lo verdaderamente importante. Dónde se pone esa barrera es, en la actualidad, algo relativamente flexible, pero siempre acabamos topando con ella. En monogamia vivimos queriendo poco y mal, porque permitirnos desbordarnos emocionalmente y dedicar tiempo y cuidados a varias personas conlleva siempre el riesgo de ser visto como una traición, un “ya no me quieres”, un abandono de la pareja, una dejación de responsabilidades.

En segundo lugar, e íntimamente relacionado con esto, la pareja monógama supone una carga de responsabilidad y disponibilidad constante imposible de sobrellevar por una sola persona. Por nuestra pareja nos desvelamos, pero seguimos sin ser capaces de entregar todo lo necesario para su bienestar emocional y su plenitud afectiva. El resultado es la frustración personal, el aumento de las inseguridades y el descenso de la autoestima, así como un sentimiento de exigencia y agobio que puede volverse tanto contra la pareja como contra nosotras mismas. En el caso de que alguna vez te lo hayas preguntado: efectivamente, no eres suficiente. Pero el problema no eres tú, no somos cada una de nosotras. El problema es un sistema que nos fuerza a aspirar a imposibles y que nos cierra las puertas a escenarios realistas de bienestar y seguridad afectiva.

Descentrar la pareja es el paso fundamental para ser capaces de establecer vínculos más profundos y sanos, que no se miren entre sí como competencia sino que se complementen y nos enriquezcan. Romper con la jerarquía relacional que impone la monogamia nos permite otorgar una importancia equivalente a relaciones diversas, con todo lo que ello implica en cuanto a disposición (de tiempo, de cariño, de cuidados) y expectativas. De repente, la responsabilidad de sostenernos emocionalmente se distribuye entre varias personas que son, ahora sí, mucho más capaces de cumplir con su parte.

Sin pretenderlo, el estallido feminista de los últimos años y la importancia concedida a las amigas y a las redes afectivas ha hecho más por las no monogamias que cualquier catálogo de prescripciones individuales. Querer bien, querer bonito, querer de verdad, implica no considerar ninguna relación como de segunda, sino ver el conjunto como un mapa fundamental en nuestra vida. Solamente el amor hacia la madre y determinado tipo de amistad entre mujeres son en la actualidad capaces de situarse a la altura de la relación de pareja, y ambas pueden y suelen devenir también en relaciones extremadamente tóxicas: las mejores amigas son seguramente el vínculo más exigente y exclusivo que muchas de nosotras hemos tenido nunca, y el mutuo chantaje y dependencia emocional de los lazos madre-hija son algo más que conocido. Como si el amor fuera a acabársenos, como si tuviéramos reservas limitadas de afecto y para ofrecerlo a una persona tuviéramos que arrebatárselo a otra. Cuando, en realidad, es justo al contrario: el amor no se acaba y cuanto más lo ejercemos más se hincha, más se expande, más capaces somos de sentirlo y de demostrarlo.

  1. Romper con la monogamia, o sobre cómo vivir más felices

Romper con la monogamia no significa (no puede significar) recaer en el otro polo del imaginario sexoafectivo, ese protagonizado por la frivolidad, la indiferencia y el cálculo egoísta. Cada polo existe porque existe el otro: ambos se necesitan y refuerzan mutuamente. Son, al final, las dos caras de una misma moneda. Romper con la cultura de la monogamia nos permite ver otras opciones y es el único camino posible para construir relaciones de afecto, respeto, cuidado y afinidad diversas. Donde querer y ser queridas no desde la inseguridad y la constante competencia sino desde la celebración. Donde disfrutar nuestra sexualidad de manera libre y gozosa, sin culpa ni censuras. Donde nos sintamos menos solas y donde nos rodeemos de una red afectiva que nos aporte la diversidad de emociones placenteras, gratificantes y positivas que necesitamos para vivir felices.

En la vida real, relacionarnos de forma distinta a como el sistema monógamo impone no es un camino de rosas. Hay que querer aprender, querer aceptar, trabajar el propio dolor, estar dispuesta a hablarlo mil veces todo, responsabilizarse de las consecuencias de nuestros actos. Pero tampoco lo es el intento desesperado por encajar en la imposible senda aspiracional del amor romántico, y quien te haya dicho lo contrario te miente. Todas hemos hecho cosas mal, pero nuestros errores no derivan del caminar por fuera de la norma sino de nuestra absoluta falta de guías para hacerlo. De eso, y de que somos humanas. Se ha escrito ya mucho sobre algunos temas clave: cómo las redes sociales reducen las inseguridades y el miedo al abandono, cómo abordar los celos, etc. Para mí lo fundamental es comprender que cada uno de los vínculos que establecemos es importante en sí mismo, independientemente de su duración, contenido y forma. Que con quién follamos no pone en peligro a quién queremos (ni a la inversa), y que el cariño y la intimidad no son riesgo de nada sino un regalo que abrazar con agradecimiento.

Hay, por supuesto, mucho más que todo esto. También está el horizonte de esa forma de vivir, de relacionarnos y de habitar que anhelamos convertir en presente. Lo sabemos: el amor es un poderoso organizador social. Y si no queremos perpetuar una sociedad que nos mantiene aislados y tristes, más nos vale ir desde ya poniendo en práctica otras formas de querer que no nos hagan vernos mutuamente como competencia sino como aliados y aliadas. Decía un cartel del 1º de Mayo: “Trabajar menos, ver a tus amigas”. De eso debería ir la vida.

07/06/2022

Publicado enSociedad
¿Hacia dónde está mutando la derecha?

La derecha contemporánea ha heredado de la era neoliberal dos impulsos aparentemente contradictorios: la política antidemocrática y una ética personal libertaria. Wendy Brown, autora de En las ruinas del neoliberalismo, lo explica en esta entrevista.

 

Gran parte de su trabajo reciente se ha centrado en analizar el neoliberalismo como una forma específica de razón normativa y gobierno, un resultado de la modernidad capitalista que no puede reducirse a ella. ¿Qué cree usted que ha cambiado en el orden neoliberal desde que publicó Undoing the Demos? Las crisis sociales, ecológicas y políticas que vivimos actualmente ¿han dejado más claro qué elementos de la vida social se han integrado plenamente a la lógica del neoliberalismo y qué elementos no?

Sabemos que el neoliberalismo tiene que ver con el desmantelamiento del Estado social, la desregulación, la privatización, los impuestos regresivos y la sospecha hacia los bienes públicos, en favor de emprendimientos empresariales, privatizados y con fines de lucro. Sin embargo, hay otras dos cosas que quiero mencionar.

Foucault, entre otros, nos enseñó a pensar en el neoliberalismo como algo que excede un conjunto de políticas, más bien como una forma de razón gobernante. Con eso se refería a una forma de razón que moldea nuestra conducta en todas las dimensiones de la vida, desde la educación hasta la atención de la salud, cómo pensamos el ocio, el retiro o la mera supervivencia. Por ejemplo, ¿entendemos la educación como un bien orientado a construir democracia o como una inversión que hace un individuo para mejorar su capital humano? Al concebir el neoliberalismo como una forma de razón gobernante, podemos entender cómo orienta a los individuos como sujetos que invierten en ellos mismos.

Pero el neoliberalismo también rehace el Estado y la sociedad. Una de sus características cruciales como forma de razón es su idea del Estado como facilitador o sustentador de la economía. El neoliberalismo a menudo es entendido como antiestatista, pero a lo que se opone es al Estado regulador. El Estado es usado todo el tiempo para apuntalar o crear mercados en determinados campos. Eso está perfectamente legitimado en un orden de cosas neoliberal. Pero es más un Estado desdemocratizado que un Estado representativo, un Estado donde la igualdad política entre los ciudadanos se organiza en instituciones y prácticas a través de las cuales nos gobernamos. El Estado es un administrador de la vida económica y de lo que solemos llamar en la actualidad vida biopolítica.

El neoliberalismo, como en la célebre formulación de Margaret Thatcher (parafraseando a Hayek), busca desintegrar la noción de sociedad o de lo social. La famosa frase de Thatcher es: «No existe como tal la sociedad. Hay hombres y mujeres individuales y hay familias». En otras palabras, somos reducidos a unidades individuales no ligadas ni conectadas socialmente, ya sea en términos de ser responsables ante los asociados o de enfrentar los poderes de la sociedad (ya sean los poderes del capital, la raza, el género y la sexualidad). Solo hay individuos, y nuestra libertad radica en poder hacer lo que queramos como individuos.

Hay dos cosas importantes para decir aquí sobre los cambios más recientes. Uno es el surgimiento de formaciones y regímenes de extrema derecha, asociados con personajes como Donald Trump, Recep Tayyip Erdoğan, Narendra Modi, Viktor Orbán y Jair Bolsonaro. También vemos esas formaciones en movilizaciones y partidos políticos tanto en el Norte como en el Sur globales, incluso donde no han alcanzado el estatus de regímenes gobernantes. Estas formaciones populistas y nacionalistas son interpretadas a menudo como una reacción frente al neoliberalismo porque se oponen a la globalización y al libre comercio y defienden el etnonacionalismo. Se presentan como oponentes al ideal imaginado por el neoliberalismo: el flujo absolutamente libre de bienes, mano de obra y capital en todo el mundo.

Quiero impugnar esa idea. William Callison y Quinn Slobodian han afirmado con acierto que es un terrible error ver estos regímenes de derecha como abiertamente antineoliberales, como opuestos a una forma de lo que ellos llaman «neoliberalismo mutante». En En las ruinas del neoliberalismo sostengo que es necesario comprender la fuerza antidemocrática de estos regímenes de derecha. Como movilizaciones políticas, nacen en gran medida de la racionalidad neoliberal. Lo que los distingue del fascismo clásico es que son autoritarios en lo político y libertarios en lo cívico y lo personal.

Califico esto como una forma de liberalismo autoritario, que para muchas personas es una contradicción en términos. Sin embargo, creo que debemos verlos como una forma de liberalismo antidemocrático que valora las libertades y los derechos individuales casi ilimitados, ya sea el derecho a rechazar obligaciones sanitarias, el derecho a comprar cualquier tipo de objeto que se desee, independientemente de cómo deprede la Tierra, o el derecho a decir lo que uno quiera sin importar cuán violento y dañino pueda ser. Esa herencia libertaria nos viene del neoliberalismo. Estos regímenes de derecha tienen una fe absoluta en el capitalismo y un antisocialismo feroz, y suscriben un estatismo autoritario heredado del ataque neoliberal a la soberanía popular y al Estado democrático representativo.

Obviamente, la pandemia desafió las premisas de lo que deben ser «el Estado» y «la economía» en un orden neoliberal. Se apeló a los Estados de todas partes, ya fueran de derecha o izquierda, para que respondieran a la pandemia, hicieran testeos sanitarios, proveyeran vacunas, etc. Ni los antivacunas se oponen radicalmente al suministro por parte del Estado. La pandemia forjó una mezcla de torpes desafíos al neoliberalismo. Pero no creo en absoluto que haya acabado con el neoliberalismo.

Por otro lado, tenemos el surgimiento de movimientos sociales de izquierda que se oponen muy explícitamente a la privatización y despolitización neoliberal. Por ejemplo, en las elecciones más recientes en Chile, Gabriel Boric presentó un programa antineoliberal y un referéndum de 2020 estableció la necesidad de una nueva Constitución consagrada a borrar el legado neoliberal de la era de Pinochet.

En En las ruinas del neoliberalismo, usted caracteriza el neoliberalismo como facilitador de la creación tanto de un poder estatal antidemocrático desde arriba como de una cultura política antidemocrática desde abajo. ¿Cómo se potencian entre sí estos dos procesos y qué contradicciones existen entre ellos? Pareciera que a estos nuevos movimientos de derecha les parece bien desplegar el poder estatal con fines represivos, siempre y cuando su poder no se dirija hacia personas como ellos, los miembros de la comunidad política y social supuestamente auténtica, sino hacia el otro interno.

Yo diría que es un error considerar al neoliberalismo responsable de todo lo que asociamos con la derecha. Un análisis totalizador que sugiera que el neoliberalismo está en la base de todos los problemas sociales no nos ayudará a pensar nuestros dilemas actuales, desde el cambio climático hasta la política exterior de Estados Unidos, el ascenso de China, el continuo apoyo estadounidense a la ocupación de Palestina, etc.

Pero también es un error no entender la estructura o el marco neoliberal de una serie de posturas de derecha de la actualidad, o excluir por completo el neoliberalismo de nuestra idea de que, por ejemplo, en Estados Unidos está bien hacer redadas contra los inmigrantes, usar la brutalidad policial contra quienes no son blancos, usar la fuerza del Estado en todo tipo de formas para limpiar ciudades y barrios, y regular los cuerpos de las mujeres. El interrogante es cómo este rasgo antidemocrático del neoliberalismo, tanto en el plano del Estado como del ciudadano, condiciona la estructura y la energía de la derecha.

Me parece bastante significativo que, en la actualidad, cuando el periodismo habla de ciudadanía y votación, la mayoría de las veces use el lenguaje del electorado en lugar del de la ciudadanía. Es un lenguaje de votantes que deben ser organizados, administrados, dirigidos, manipulados, creados y orientados, en lugar de educados. Creo que la deseducación de la democracia en este momento crucial es fundamental para entender cómo se produce la desintegración de la sociedad. Una vez que la educación abandona la tarea de crear una democracia educada y se transforma en una inversión individual para tener un ingreso de dinero y un futuro, se empieza a perder la capacidad de educar a los ciudadanos para la ciudadanía. En su lugar, se produce la capacidad del poder –poder económico, poder político, poder tecnológico, poder financiero– para manipular, administrar y organizar a aquellos que son considerados incapaces de ser ciudadanos. Actuamos como si el voto –el derecho a votar y la legalidad– fuera lo que constituye la ciudadanía. Lo que hace valiosa a la ciudadanía en un orden democrático es que sea lo suficientemente reflexiva, deliberativa y educada como para poder decidir con otros quiénes debemos estar juntos y qué debemos hacer.

Debo agregar que hoy hablamos de neoliberalismo y financiarización sin desarticularlos. Está cada vez más claro que, aun cuando el neoliberalismo fuera rotundamente rechazado por naciones enteras o partes del mundo, no solo como política económica sino como una forma de gobierno de la razón, todavía estaríamos lidiando con las bestias que ha desatado, entre las que se encuentran la desregulación del dinero y los bancos. La financiarización es tanto un orden dominante como una forma de razón neoliberal, y que no fue anticipada por Hayek ni por ninguno de los arquitectos neoliberales de la Sociedad Mont Pelerin. Pero es algo que nuestra época puede ver claramente. The Asset Economy [La economía de activos], de Lisa Adkins, Melinda Cooper y Martijn Konings, ofrece la mejor discusión sobre este asunto. Es el mejor libro de introducción al tema de cómo el capital financiero está estructurando la política, la desigualdad y el porvenir para todo el mundo.

¿Qué tan exitosa ha sido la derecha en asegurarse un espacio autónomo a partir de la lógica neoliberal predominante? ¿Sigue fundada en la misma racionalidad social del neoliberalismo, aunque en un registro diferente?

Cuando hablamos de la derecha y la izquierda hoy, es extremadamente importante para nosotros ver que ambas están en total desorden. Puede parecer que la derecha tiene un proyecto coherente porque lo está haciendo terriblemente bien. Nosotros, en la izquierda, preguntamos: con una base demográfica que se reduce y esos idiotas en sus márgenes, ¿cómo ha tenido tanto éxito en las palancas del poder: poder económico, poder social, poder político? No puede ser solo la Iglesia evangélica, porque eso no nos ayuda a explicar otros casos, como la derecha musulmana o la derecha hindú, es decir, el ascenso de la derecha más allá de Estados Unidos. Y no puede ser solo el neoliberalismo, porque el neoliberalismo se ha resquebrajado de muchas maneras: la crisis financiera, la pandemia y las continuas recesiones han resaltado la necesidad obvia del Estado.

Es importante ver que no solo la derecha no es coherente, sino que existe una increíble fluctuación entre la inversión en canales globales de poder, especialmente el poder financiero, y el nacionalismo apasionado. Trump, como empresario de bienes raíces que convirtió deuda y quiebra en riqueza, trató de construir un nacionalismo a partir del capital financiero. Entonces, ¿dónde se sitúa la derecha en relación con la globalización y la financiarización? Está tratando de avanzar en el proyecto de reafirmar los intereses nacionales y jugar fuerte por esos intereses. Al mismo tiempo, las mejores mentes de la derecha están tratando de mantenerse al tanto de las formas en que funcionan las finanzas y otras fuerzas internacionales y transnacionales. No se hacen ilusiones de poder volver a meter al genio de la globalización en la lámpara. El racismo, el etnonacionalismo acérrimo, es una manera de movilizar una base, pero los plutócratas de la derecha se mueven entre un reavivamiento nacionalista de la política de poder en el escenario mundial y un ajuste de cuentas con Davos como el futuro.

En su ensayo “We Are All Democrats Now” [“Ahora somos todos demócratas”], señaló que uno de los efectos del neoliberalismo ha sido la cooptación y disolución del lenguaje de la democracia; ahora es un significante que puede ser usado para una cantidad de proyectos políticos incompatibles. ¿Cómo han afectado las condiciones de la emergencia pandémica y climática sus pensamientos sobre este tema? ¿Puede ser recuperada la «democracia» –o, para el caso, términos relacionados como soberanía popular, socialismo o comunismo– para un proyecto político emancipador, o estamos en el punto en que el legado de estos términos se ha agotado y necesitamos un nuevo vocabulario político?

Si renunciamos a la democracia, renunciamos a la aspiración a la democracia, la aspiración a gobernarnos a nosotros mismos. Democracia siempre significa posibilidad de que el pueblo se gobierne a sí mismo (incluso si sus diversas formas dificultan esa posibilidad), en lugar de ser gobernado por otro, ya sea a través del colonialismo, la tiranía, el despotismo o la dominación. Tampoco es lo mismo que ser gobernados por lo que soñaron los neoliberales: las fuerzas del mercado y la moral tradicional, esos «órdenes espontáneos» que tienen sus propias jerarquías y formas de dominación, pero que, según Hayek, nos dan libertad porque el Estado no nos obliga a estar de acuerdo con ellas.

Por lo tanto, soy reticente a renunciar al lenguaje o a la lucha por la democracia, pero no soy tan fetichista como para pensar que tiene que ser la palabra operativa. En muchos lugares del mundo, democracia equivale a hipocresía del imperialismo del Norte global, racismo, explotación y varios tipos de saqueo. Entiendo por qué la gente más joven la acoge con resignación. Y no tengo apego a lo que convencionalmente hemos llamado democracia constitucional o liberal: la he criticado durante mucho tiempo. Pero sí creo que vale la pena aferrarse y seguir luchando por la aspiración a que las personas se gobiernen a sí mismas.

Hay muchas preguntas difíciles: ¿qué nivel?, ¿qué lugar? ¿Cómo puede operar la democracia en un mundo globalizado? El experimento de la Unión Europea muestra el sinsentido de llamar democrático a ese foro transnacional: no lo es. Incluso a escala de Estado-nación, las limitaciones son enormes.

La democracia funciona mejor en pequeños órdenes de cercanía. Nos damos cuenta cuando nos sentamos en una habitación, ya sea un aula, un lugar de trabajo o una cooperativa colectiva, y decidimos juntos cómo tomaremos decisiones y cómo viviremos respetándolas. Esa fue la concepción de Rousseau. ¿Se puede ampliar ese orden de cosas de alguna manera modesta o conectarlo con otras formas democráticas? ¿Podemos tener muchas cápsulas democráticas conectadas entre sí que nos permitan un control honesto de las condiciones, los términos y principios, y las reglas que nos damos a nosotros mismos y al mismo tiempo lidiar con un mundo verdaderamente globalizado?

Esto es extraordinariamente importante para hacer frente a la crisis climática. Leviatán climático, de Geoff Mann y Joel Wainwright, intenta exponer diversos dilemas para reflexionar sobre la democracia en el contexto del cambio climático. Las probabilidades de que exista una respuesta democrática para ellos son bastante bajas. Pero algunas de las respuestas a la crisis climática más interesantes y prometedoras están ocurriendo en el nivel local. Sí, necesitamos estándares transnacionales y acuerdos serios para detener las emisiones de carbono, dejar los combustibles fósiles en el subsuelo y pensar en fuentes de energía renovables a las que podamos recurrir de modo que no haya un nuevo saqueo del Sur global. Pero también necesitamos formas de vida sostenibles en las que la gente pueda participar con alegría y entusiasmo, sin odios reaccionarios. Los nuevos modelos para este tipo de cosas son los lugares más pequeños, como Costa Rica, o partes de Montana o California, o lugares del Caribe, que luchan por proteger sus ecosistemas. No quiero que digamos que la democracia es incompatible con los estándares transnacionales exigibles para las emisiones. Pero la mayor parte de la tarea que tenemos por delante en la crisis climática va más allá.

Usted ha mostrado su profunda preocupación por la teoría y la política feministas en prácticamente toda su obra. ¿Cómo ve su relación con la teoría feminista ahora? ¿Cuál es el futuro de la política y el activismo feministas, particularmente dada la capacidad de los Estados y las corporaciones para cooptar el lenguaje feminista y los marcadores de identidad hacia fines neoliberales, y el carácter diverso y heterogéneo de las luchas feministas?

Ninguno de estos dilemas –la diversidad e incluso quizás el antagonismo entre las distintas luchas feministas, y la susceptibilidad a ser cooptado– es nuevo para el feminismo. Los peligros de la cooptación y la dificultad para generar un movimiento feminista «unificado» ya fueron discutidos interminablemente por las primeras feministas de la segunda ola. Desde el derecho a la educación de las niñas y la liberación de la violencia sexual hasta la renovada lucha en este país por el derecho a controlar nuestra vida reproductiva, todas pueden existir en sus respectivas realidades locales sin tener que estar integradas en un movimiento feminista unificado. Habrá antagonismos, como los hay hoy, entre ciertas luchas feministas y cierto afán queer y trans por repensar o renombrar lo que algunas de esas luchas feministas deberían estar haciendo o deberían enfatizar. Eso es parte de la política de izquierda.

Espero que no tengamos que reinventar la rueda cada vez que nos enfrentemos a este tipo de dificultades, pero también he terminado por aceptar que probablemente terminemos haciéndolo. Ahora entiendo mejor que cuando tenía 20 años por qué la vieja izquierda estaba tan irritada con la nueva izquierda. Pensábamos que estábamos haciendo una forma de política emancipadora, igualitaria, socialista democrática, feminista, ecológica. Los de la vieja izquierda pensaban que ya la habían hecho ellos, y nosotros creíamos que eran un montón de viejos leninistas, estalinistas y patriarcas blancos. Era un error; había más cosas allí, y nosotros estábamos reinventando la rueda. Pero eso es parte de lo que hacen los movimientos sociales.

Creo que lo que está pasando ahora mismo con el género y la sexualidad en los movimientos sociales es apasionante. La mayoría de los actuales movimientos feministas, desde #MeToo hasta las luchas en Afganistán y Turquía y, en realidad, en todo el mundo, pertenece a una generación más joven. Tenemos probablemente la mayor movilización feminista en la historia del mundo en los países latinoamericanos con el movimiento Ni Una Menos y todos sus derivados, que obviamente están peleando consigo mismos y pasando por luchas internas. Esas luchas pueden demoler esta ola, pero sigue siendo algo que, en parte a través de las redes sociales, ha generado acciones y movilizaciones similares en todo el mundo y ha logrado unir causas como los derechos reproductivos, la liberación de la violencia sexual y los derechos LGBTQ, con una agenda antineoliberal y socialista. Probablemente no vaya a tener éxito mañana, pero es una movilización feminista de izquierda no menor.

Su punto sobre las diferencias generacionales también es relevante para el renacimiento de la izquierda estadounidense durante la última década, que se produjo como consecuencia de una pérdida de conocimiento institucional, político y organizativo. Hemos perdido mucho conocimiento teórico y práctico desde el declive de la nueva izquierda, a fines de la década de 1970, hasta la primera década del siglo XXI. A medida que se deshacían los movimientos y las organizaciones, esa pérdida de memoria institucional creó también una brecha generacional.

Esa pérdida tuvo pros y contras. La desventaja es que cuando usted tiene entre 20 y 30 años, por lo general no sabe tanto como debería sobre cómo funcionan el mundo y los movimientos sociales. Noté eso en Occupy Wall Street. La gente no podía creer que se evaporara después de haber sido considerada como una fuerza revolucionaria que iba a transformar el mundo. Las personas experimentadas estaban menos sorprendidas porque habían visto cómo funcionan los movimientos espontáneos no institucionalizados, y tenían formas de explicar esa evaporación que no apelaban a la cooptación, el duro invierno o el agotamiento producido por demasiadas reuniones deliberativas. Por otro lado, hay una gran energía, creatividad e inventiva en las generaciones que están creando movimientos sociales, desde el Movement for Black Lives hasta los movimientos indígenas y feministas, Extinction Rebellion y, por supuesto, los Socialistas Democráticos de Estados Unidos. Hay una explosión de energía y determinación política de la izquierda. Y se debe, en parte, a que muchas personas de entre 20 y 30 años no ven un futuro económico o ecológico. Para ellas solo queda luchar por un mundo diferente. La única forma de terminar con esa desesperación es a través de la actividad política.

Sin embargo, como usted dice, hubo un periodo en las décadas de 1980 y 1990 que se perdió, lo que hace que parezca que la era de la digitalización ha estado aquí desde siempre, como si fuera el suelo que pisamos y el aire que respiramos. Sabemos que no va a desaparecer, pero esta forma de ser humanos juntos es muy novedosa y no nos permite ver otras formas en que los humanos podríamos vivir, trabajar y cuidarnos. Haber perdido esas décadas anteriores le ha hecho algo perverso al pensamiento político contemporáneo.

La educación superior ha sido una de las instituciones más afectadas por la neoliberalización de la vida social. Si hace una evaluación en retrospectiva, ¿cuánto de su punto de vista en Undoing the Demos se basó en su experiencia en la educación superior? ¿Cree que la actual movilización de estudiantes de posgrado y docentes no titulares para ser reconocidos como trabajadores académicos esté acaso haciendo de la universidad un lugar de lucha social contra la racionalidad neoliberal?

Mi pensamiento sobre el neoliberalismo se ha visto muy afectado al observar la neoliberalización casi total de una gran universidad pública, a saber, la Universidad de California en Berkeley, y el sistema de la Universidad de California en su conjunto. El sistema de educación superior de la Universidad de California fue algo increíble. Nos llegó a través del llamado Plan Maestro de principios de la década de 1960, que iba a ofrecer una educación absolutamente gratuita a todos los estudiantes de secundaria del estado que la quisieran. Iba a hacerlo a través de un plan en tres niveles de universidades comunitarias, universidades estatales y la Universidad de California. Podías moverte con fluidez entre ellos. E iba a ser una infraestructura totalmente pública, pagada por los contribuyentes de California.

Funcionó brillantemente, hasta que el neoliberalismo comenzó a desmantelarlo. Precarizó la fuerza laboral, tanto de docentes, catedráticos y estudiantes de posgrado, por un lado, como de todos los demás trabajadores de la universidad, que perdieron puestos seguros con todos los beneficios, ya que esos trabajos fueron subcontratados y hechos de tiempo parcial. La desinversión pública reemplazó la inversión, el costo de matriculación de los estudiantes subió y subió, y eso cambió la orientación de los estudiantes a la educación. Se convirtieron en consumidores y luego en inversores. Lo que esperaban e imaginaban que era la educación también se transformó: de convertirse en una persona con habilidades más diversificadas a ganar más dinero (y estar dispuesta a endeudarse para ello). Temas como negocios, economía, ingeniería y otros campos CTIM se volvieron más deseables, mientras que las humanidades, las artes y el resto fueron trivializadas. Todos conocemos la historia, pero yo viví esos años: enseñé en la Universidad de California en Santa Cruz durante la década de 1990, y en Berkeley en las décadas de 2000 y 2010. Había una indiferencia general ante este fenómeno por parte de la mayoría de los docentes, a pesar de que quienes participábamos en la asociación de protosindicatos de docentes estábamos constantemente tratando de alertar a la gente de este fenómeno. Las personas empezaron a preocuparse cada vez más por su propio estatus, puntaje y remuneración. Mi perspectiva se vio afectada al presenciar cómo nos dominaba el lenguaje neoliberal y cómo la desinversión delegaba la responsabilidad de sobrevivir a los departamentos.

También agregaré un detalle personal, y es que provengo de un entorno de clase media baja del centro de California. Mis padres estaban divorciados y eran incapaces de negociar entre sí. Si la educación no hubiera sido gratuita cuando fui a la universidad, yo no habría podido concurrir y tener acceso a la universidad y a la vocación que, por fortuna, tengo. He sido muy consciente, a lo largo de mi carrera docente en la Universidad de California, de la diferencia entre la educación esencialmente gratuita a la que tuve acceso en la década de 1970 y la extremadamente costosa, sobrepoblada y degradada educación actual.

Aun así, la universidad es un lugar de lucha social. Es realmente importante que luchemos por salarios y condiciones para aquellos que están en la parte inferior de la jerarquía y para proteger lo que queda de las universidades públicas, incluso en un momento en el que están, en su mayoría, totalmente privatizadas. Pero también creo que es muy importante pensar en lo que podría ser la universidad en términos de educación para la democracia, y eso no siempre significa remitirse a enseñar lo que uno quiere o le interesa, o lo innovador. Es hora de que la izquierda se una al centro para pensar cuál es el lugar de las universidades en el trabajo de educar para el futuro, y no solo a través de la especialización y en los campos CTIM, ni solo a través de la protección de campos bajo coerción, como los lenguajes especiales y la poesía. Todo eso es importante, pero tenemos que tomar en cuenta lo que realmente creemos que los estudiantes universitarios necesitan saber, y cómo podemos tomar un lugar en la mesa para dar forma a los umbrales curriculares y de especialización para ese proyecto, más que limitarnos a estar a la defensiva sobre nuestra libertad académica, nuestra libertad de expresión y nuestro derecho a impartir las clases que queramos impartir. Tenemos que ver la degradación de la educación superior como un problema nuestro.

Dados los desafíos que enfrentamos, como ciudadanos, sociedades y especies, ¿cuál debería ser la misión y el propósito de la teoría crítica? ¿Cómo podría dar forma a las luchas sociales actuales y cómo esas mismas luchas pueden permanecer abiertas a aprender de sus ideas?

La teoría crítica, tal como la entiendo, es cualquier trabajo teórico que no considera las relaciones de poder existentes –social, económico, político, psicológico– como dadas, sino que las entiende como contingentes, históricas y maleables. Tiene como tarea diagnosticar los peligros y los daños de esos poderes, y describir las posibilidades inmanentes a estos poderes que podrían llevarnos a otro lugar.

Es muy tentador en los círculos de teoría crítica, y yo misma me incluyo, hablar entre nosotros. Hemos leído más o menos los mismos libros, tenemos los mismos fundamentos y nos guiamos por las mismas estrellas. Es tentador, como lo es en todos los nichos académicos, permanecer dentro de ese orden lingüístico y disciplinario, pero es muy importante para nosotros salir de él. Necesitamos hacer esto para poder pensar mejor en lo que los estudiantes, aquellos para quienes escribiríamos y enseñaríamos, podrían necesitar aprender o saber para tener un efecto en este mundo.

También es importante no quedarse dentro de nuestros pequeños círculos porque la mayoría de las tradiciones de teoría política que hemos heredado, incluida la teoría crítica, contiene en su seno el masculinismo, la cuestión blanca, el colonialismo y, sobre todo, el antropocentrismo, que nos han llevado a nuestros dilemas actuales con el racismo, con la crisis planetaria, con la democracia y con el género, que sigue siendo siempre una consideración secundaria. Necesitamos tener encuentros profundos con las obras y los movimientos que presionan contra estas cosas para desprendernos nosotros mismos de esas tradiciones.

La teoría crítica es una órbita de la academia que resiste el positivismo predominante en la academia, pero quiero que sea una órbita que no patrulle sus fronteras, que permanezca porosa y se aleje de su centro todo el tiempo y aprenda de otros tipos de conversaciones.

Fuente: Dissent

Traducción: Carlos Díaz Rocca

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Extradición de Assange amenaza la libertad de prensa: Amnistía Internacional

“Reino Unido tiene la obligación de no enviar a nadie a un lugar donde su vida o su seguridad corra peligro, y el gobierno no debe abdicar de esa responsabilidad”: Agnès Callamard.

 

LONDRES – La posible extradición a Estados Unidos de Julian Assange, la cual quedó en manos del gobierno británico este miércoles 20, pone al fundador de WikiLeaks en grave peligro y sería una grave amenaza para la libertad de prensa, advirtió la organización humanitaria Amnistía Internacional (AI).

“La confirmación por la ministra del Interior de Reino Unido de la solicitud de extraditar a Julian Assange violaría la prohibición de la tortura y sentaría un alarmante precedente para editores y periodistas de todo el mundo”, declaró AI.

El Tribunal de Magistrados de Westminster, que ventilaba el caso de Assange, solicitado por la justicia estadounidense, puso la decisión en manos de la ministra Priti Patel, del gobierno conservador británico, quien podría resolver la entrega en las próximas semanas.

Assange es buscado en Estados Unidos por 18 cargos penales, incluida la violación de una ley de espionaje, después de que el sitio web WikiLeaks publicó miles de archivos secretos estadounidenses en 2010. La suma de sus penas pudiera montar hasta 175 años de prisión.

Reino Unido “tiene la obligación de no enviar a nadie a un lugar donde su vida o su seguridad corra peligro, y el gobierno no debe abdicar de esa responsabilidad”, dijo la secretaria general de AI, Agnès Callamard.

AI recordó que “la reclusión prolongada en régimen de aislamiento es algo frecuente en las prisiones de máxima seguridad de Estados Unidos”, y esa práctica “constituye tortura u otros malos tratos, prohibidos por el derecho internacional”.

Las autoridades estadounidenses “han declarado de forma categórica que modificarán las condiciones de reclusión de Assange en un centro federal cuando lo consideren oportuno”, lo cual podría causar “un daño irreversible al bienestar físico y psicológico” del activista, según la organización.

La extradición “también sería devastadora para la libertad de prensa y para la ciudadanía, que tiene derecho a saber lo que están haciendo los gobiernos en su nombre”, sostuvo Callamard.

“Publicar información de interés público es una piedra angular de la libertad de prensa. La extradición de Assange para que enfrente acusaciones de espionaje por publicar información clasificada sentaría un precedente peligroso y pondría en riesgo a los profesionales del periodismo de todo el mundo”, agregó.

La tesis de AI es que si Londres permite que otro país ejerza la jurisdicción penal extraterritorial para juzgar a una persona que publica material desde Reino Unido, otros gobiernos podrían usar el mismo mecanismo legal para encarcelar a periodistas y silenciar a la prensa más allá de las fronteras de su propio país.

“Para empezar, nunca deberían haberse formulado cargos contra Assange. No es demasiado tarde para que las autoridades estadounidenses corrijan la situación y retiren los cargos”, declaró Callamard.

“Mientras tanto, dado el carácter político del caso y sus graves implicaciones para la libertad de expresión, en el futuro, Reino Unido debería abstenerse de representar a Estados Unidos en una apelación”, agregó la responsable.

La defensa de Assange prevé continuar la lucha para impedir la extradición y tiene plazo hasta el 18 de mayo para presentar alegatos ante Patel.

El activista australiano de 50 años está en prisión desde 2019. Anteriormente estuvo refugiado en la embajada de Ecuador en Londres durante siete años.

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“Francesca Gargallo seguirá viviendo en cada paso de nuestra lucha”: mujeres kurdas

Desde el Movimiento de Mujeres de Kurdistán se difundió un comunicado en memoria de la pensadora feminista italo-mexicana Francesca Gargallo Celentini, fallecida en México el 3 de marzo de este año.

A continuación publicamos la declaración completa:

Desde el Movimiento de Mujeres de Kurdistán recibimos con dolor, ayer (3 de marzo) a la mañana, desde la Ciudad de México, la noticia de la muerte de la activista, académica, escritora y poeta Francesca Gargallo Celentani.

Francesca Gargallo era para nosotras una hermana y acompañó, desde el internacionalismo y con sus profundas reflexiones, nuestro movimiento a través de los continentes.

Nuestros pensamientos de amor más profundos van en esto momentos a su hija Helena y a todos sus seres queridos, que abrazamos mientras están reunidos en una red transnacional de afectos; nuestros sentimientos más comprometidos son sin fronteras para tener viva la memoria de vida y el ejemplo de nuestra compañera Francesca Gargallo, desde su alegría y vitalidad, que hacía de cada reflexión compartida una apertura sincera de horizontes y caminos.

Nacida en el sur de Italia, en Sicilia, en el 1956, y habitando México desde el 1979 como toda Abya Yala en su profundidad rebelde desde las luchas de las mujeres y disidencias, Francesca Gargallo caminaba la palabra desde un sentipensar que transcendía fronteras y tejía comunidades amorosas y autónomas, indígenas y populares, desde un internacionalismo feminista sensible y generoso en defensa de los derechos humanos. En su obra figuran cuentos para la infancia, poesías, narraciones y en sus trabajos, como en “Ideas Feministas Latinoamericanas” y después en “Feministas de Abya Yala”, criticaba la modernidad capitalista hegemónica y planteaba, practicándolas colectivamente, otras formas de ser, por fuera de esa, del feminismo radical. Ella recordaba en sus escritos que una lucha de mujeres que no construye autonomía sino que solo pide equidad, asimilando el mundo masculino, en un contexto de occidentalización acelerada del mundo, se pliega a políticas públicas globales estatales, y así tiende a forzar a todas las mujeres a una supuesta liberación individual, impulsando solo sus intereses en el ámbito del sistema capitalista, publicitado así como “el único sistema que funciona”.

La búsqueda de Francesca Gargallo hacia una modernidad democrática y anti-patriarcal en su investigación militante y académica ha abierto tanto señalamientos a los feminismo hegemónicos institucionalizados, como rutas para abarcar y entender con más atención las luchas llevadas adelante entre Abya Yala y Kurdistán, otras formas no occidentales de lucha anti-patriarcal desde donde construir mundos de sentidos y practicas comunitarias en defensa del planeta en autentica pluriversidad.

La entera vida de Francesca Gargallo ha sido este actuar colectivamente en una constante despatriarcalización de la comunidad y de la vida. Lectora y conocedora de las autobiografías escritas por la dirigente kurda Sakine Cansiz, como ella, sentimos que Francesca Gargallo abrazó la idea de tener que construir libertad no en un futuro próximo, sino en el aquí y en el ahora, comunalmente. Esto emerge cada momento en su obra escrita como en cada palabra que haya compartido desde la convivialidad. Dando énfasis con su creatividad a la potencia liberadora de la poesía, poco meses antes de irse, Francesca había escrito en el prologo de “Otoño”, una publicación de poesías sobre el Kurdistán: “La poesía es la forma literaria que adoptamos cuando necesitamos contar lo indecible porque, precisamente, accede al instante en el que podemos detenernos y gritar. Expresa nuestra fantasía de forma tal que devela el recuerdo de un relámpago que nos empuja, a pesar de la cotidianidad global, a reconstruir la libertad, ese anhelo tan personal que solo se hace realidad cuando compartimos su construcción y sus frutos.”

Su compromiso feminista internacionalista caminante para la libertad llegó hasta romper los muros de las cárceles de Turquía, cuando hizo resonar internacionalmente sus palabras contra el arresto de nuestra compañera kurda Leyla Güven, la cual inició una huelga de hambre en prisión y a la cual Francesca dirigió estas palabras, que en espejo, ahora le devolvemos: “Tu vida es importante para las feministas. Porque nos recuerda que tenemos que poner nuestro cuerpo en las primeras lineas si queremos desertar el patriarcado, y levantarnos contra la tortura, el aislamiento frente al rechazo de que las personas puedan vivir en paz”.

¡Francesca Gargallo seguirá viviendo cada paso en nuestra lucha!

!Jin Jiyan Azadi!

Movimiento de Mujeres de Kurdistán / 04-03-2022

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Francesca y Lorena, 9 y 10 de marzo 2018. Fotografía GHT

Si yo acabara de reencontrarme con la amiga que dejé al salir de la secundaria pública Alessandro Manzoni de Roma, si el reencuentro fuera muy emotivo –digamos entre un vuelo mío a Bolivia y uno suyo de Haití– y si ella me pidiese que le contara en una carta qué ha sido de mi vida durante los cuarenta años en que no nos vimos, probablemente le escribiría lo siguiente:

Como sabes, yo nunca he obedecido mandatos. En un principio fue una actuación involuntaria: recuerda cómo me molestaban los vestidos que me imponía mi madre, lo poco que cuidaba la bata de la escuela, el miedo ante mis padres que me paralizaba y, a la vez, me arrojaba a enfrentarlos, los primeros cigarros al salir de la escuela y los tragos de vino que nos echábamos a la sombra de un álamo cercano a la parada del bus, a las dos de la tarde, teniendo que hacerlo de prisa porque nos esperaban de vuelta en casa. Nos sentíamos rebeldes, tú venías de Calabria y yo de Sicilia, teníamos doce años y era 1968.

Quizás más que desobedecer yo no podía evitar ver y sentir lo que los demás fingían o pretendían que no existiera. Como cuando dije en voz alta durante una comida al muy rico amigo de mi tío que dejara de molestar a mi prima. Era más chica que yo y me sentía en deber de protegerla; el viejo la dejaba llorando cuando por las noches decía que iba a “despedirse de los niños” y le pasaba la mano bajo su pijama. Mi tía, la muy pendeja, fingió no haber oído, pero yo me fui a dormir al cuarto de mi prima y cada vez que el carcamán entraba, yo armaba un escándalo tan grande que al poco tiempo él dejó de “visitar a los niños”.

Por supuesto para la cultura de disimulación de las clases altas yo resultaba insoportable, una mujer incapaz de guardar la compostura. Sin embargo, a mis abuelos maternos yo les caía bien, en particular a la abuela Gilda. Ella había quedado huérfana de madre desde muy temprana edad y había sido educada por hombres, así que buscaba en todas las mujeres algo que le recordara quien era ella misma. Y era simpática, mi abuela Gilda. Decía que todo lo que yo hiciera estaba bien, siempre y cuando lo hiciera sonriendo. Para mi abuela la sonrisa manifestaba dos cosas: la propia felicidad, lo cual era importante, pero aún más importante era el agrado de hacer algo con, frente o por las otras personas. Decía que quien sonríe está demostrando que los otros seres humanos le importan.

Aunque es difícil sonreír ante las adversidades propias y las injusticias y las discriminaciones que la mayoría de las personas sufren en el mundo. Mucho antes de ver a los militares salvadoreños apuntar a la puerta de una iglesia donde el cura había refugiado a una entera comunidad rural, mucho antes de entender cómo las autoridades mexicanas manipulaban los derechos laborales de los trabajadores para convertirlos en dádivas de partido, cuando todavía vivía en Italia, me era difícil sonreír a los profesores que, entre bromas, pero en clases y frente a mis compañeros hombres, me daban a entender que estudiaba en balde, porque mi destino era casarme y tener hijos. Apretaba duro las mandíbulas cuando agregaban: “bonita como eres, no va a ser difícil… ”. Antes de encontrarme con otras mujeres tan desobedientes como yo, no creía posible decirles que se equivocaban, que su lógica, su ética y su estética eran pedantes definiciones de quien no abría los ojos a la realidad.

Gracias a ellos y a las reglas de mis familiares nunca me casé, viajé bajo cualquier pretexto, escribí lo que quise, armé diálogos con todas las mujeres rebeldes con las que me topé en la vida y tuve una hija. Sí, el nacimiento de mi hija está ligado a la historia de cómo me liberé en México, de cómo le dije al padre de mi hija que no quería casarme, que quería vivir con él mientras durara y cómo con mis amigas construimos un mundo –un micromundo quizá, pero mundo al fin– de muchas familias posibles. Todas estas cosas acontecieron después de que saliera de la Universidad de Roma con mi título de licenciada en filosofía cum laude. Estudié mucho porque también era una forma de desobedecer los mandatos de la cultura de mis maestros.

Llegué a vivir a México con un libro de cuentos recién publicado bajo el brazo, cuando acababa de cumplir 23 años. Las burocracias italiana y mexicana se cruzaron y no pude inscribirme en una maestría de inmediato: siempre faltaba algún papel. Así que empecé a hacer diversos trabajos, daba clases de lengua, traducía documentos al italiano y al francés, y me inscribí a unos cursos en una universidad privada, la Iberoamericana, de jesuitas. Yo que en Italia me cambiaba de acera para no pasar cerca de una monja o de un cura, porque según yo traían mala suerte, en México me di cuenta que había gente involucrada en la realidad a partir de sus creencias religiosas. Y que eran muy desobedientes con los mandatos de Roma. No me convirtieron, pero me abrieron la visión del mundo. Por lo demás, recibí buenas clases de historia y de arte mesoamericano, un curso de sociología latinoamericana y mis primeras lecciones de economía política.

Mientras llegaba el papelote con el título de filosofía, la revolución sandinista que acababa de triunfar en julio de 1979 llenaba todas mis ansias y fantasías. Así que un día tomé un camión –en mexicano, un autobús y no una máquina de carga– y me fui tres mil kilómetros más al sur.

En Nicaragua todo mundo sonreía, hasta los militares, que eran muchachitos y muchachitas de ojos negros, bellos como el sol, frívolos como un día de viento y dispuestos a hacer lo que fuera para ayudar en lo que fuera a cualquiera de sus connacionales. Los nicaragüenses tenían una forma especial de manifestar a una mujer que le gustaba. Le espetaban, en la cola del bus, en medio del campo, en la oficina o mientras bailaban apretadito, la frase que más excitaba mi rebelión contra el destino manifiesto de todas las mujeres: “Quiero tener un hijo con vos”. Una noche, bastante temprano para mis horarios italomexicanos –las fiestas iban de las 4 de la tarde a las 11 de la noche, luego todos a dormir–, durante los festejos por la finalización de una cosecha colectiva de hojas de tabaco, bailaba yo bien pegadita con un comandante guapísimo, heroico como Ares, por lo menos según él y sus acólitos. Estaba fascinada, por supuesto. Cuando al muy bruto se le salió que quería tener un hijo conmigo. Entonces, repentinamente liberada de todos los miedos a decir explícitamente lo que deseaba decir desde hacía años, empecé a debatir sobre la frase: que desde que existían los condones las relaciones sexuales no estaban necesariamente vinculadas a la reproducción, que las mujeres teníamos derecho al placer libres del riesgo de quedar embarazadas y, finalmente, que aprendiera a masturbarse. En todo eso, hasta la música se había callado y mujeres y hombres me miraban con pánico unos e interés las otras. La mañana después, se organizó el primer grupo de autoconciencia feminista de Matagalpa.

Con los años me di cuenta que la necesidad de explicitar las diferencias de todo modelo impuesto, las mujeres la tenemos inscrita en el cuerpo, que es un cuerpo histórico y un cuerpo materialmente simbólico. Las mujeres podemos controvertir una norma no cuestionada sobre cómo deben ser las mujeres y los hombres (lo cual implica relaciones económicas, arreglos políticos, la organización social del trabajo, el derecho a los afectos y cualquier otra cosa), porque sólo nosotras hemos vivido en cada situación de nuestras vidas las consecuencias de haber sido excluidas de la autoridad que avala las normas. Y esas consecuencias pueden ser tanto nefastas como muy liberadoras, porque nos permiten ver a la autoridad, a su poder desde fuera. En fin, en Nicaragua aprendí a contestar a los hombres que me espetaban que todos los machos han sido educados por su madre, que esa madre no los había educado, sino que les había transmitido sin posibilidad de cambiarlas las pautas de comportamiento que el sistema le había impuesto desde niña. La educación necesita de libertad de investigación y expresión, se basa en la creatividad, pero estas acciones elementales son las desautorizadas a las mujeres.

Meses después, el calor de Nicaragua me derrotó. Era húmedo y duraba todo el año. No pude con él. No sabía que la “contra”, es decir las tropas contrarrevolucionarias financiadas por el gobierno de Reagan, según un programa de su jefe de la CÍA, George Bush padre, estaban por accionar, sembrando la muerte ahí donde antes crecía el tabaco y el café. A los comandantes de la contra, así como a Bin Laden por sus acciones terroristas contra los soviéticos en Afganistán, Reagan los llamaba “combatientes de la libertad”.

Volví a México. Escribí mi primera novela. Encontré editor. Me vinculé a la solidaridad con la lucha del pueblo salvadoreño para su liberación. Me acerqué, siempre desde una perspectiva muy independiente, a las feministas mexicanas e ingresé a un grupo de autoconciencia feminista con exiliadas chilenas, argentinas, uruguayas y guatemaltecas. De ahí fundamos un grupo de apoyo a las mujeres centroamericanas. También me enamoré de una poeta uruguaya, pero era demasiado intimista en sus expresiones y tenía novia. Yo necesitaba de la logorrea de la narrativa, estaba en un momento revolucionario y, para mis sentidos, México en esos años parecía una fiesta.

Por supuesto estaba muy equivocada. México tapaba la represión a los pueblos indígenas y campesinos, a los movimientos populares, a los sindicatos independientes, a las lesbianas, a los homosexuales y a las mujeres solas con una retórica fenomenal y su histórica solidaridad con los refugiados del mundo. Pero yo tenía 25 años y acababa de ingresar a la Universidad Nacional Autónoma de México donde estudiaba lo que quería y donde todas las estudiantes teníamos el derecho de decir, proponer lecturas, emprender análisis. Nunca había estudiado tan bien, ni con tanta pasión. Un maestro, Jorge Ruedas de la Serna, me dijo que estaba destinada a escribir en español y decidió enseñarme cómo hacerlo: durante un año, cada semana me dio un clásico de la literatura latinoamericana, desde María de Jorge Isaac hasta Estaba la pájara pinta sentada en el verde limón de Albalucía Ángel. Cada semana debía yo llevarle mi reporte de lectura en tres hojas para que él lo corrigiera. Nunca le agradecí lo que hizo por mí. Sólo Marta Lamas, la feminista mexicana con la que más he debatido, porque tenemos algunas posiciones muy encontradas, hizo algo parecido conmigo: una tarde me explicó cuándo “aún” va acentuado y cuándo no. Y mi amigo Coquena, es decir a Rosario Galo Moya, y al enamorado traductor y poeta argentino Eduardo Molina y Vedia: con ellos y con el dibujante y cronista Luis de la Torre leíamos en voz alta los textos de narrativa que producíamos. Era una labor apasionante, a la que se sumó un gran número de mujeres y hombres jóvenes en el sótano de un club de ajedrez, El Alfil Negro. Un encuentro semanal que duró un lustro.

De esa forma tan colectiva el español se convirtió en mi lengua. La lengua en que me doy a entender, escribo, arrullo a mi hija, me sumo a redes de escritoras, les digo a mis amantes cuánto me gustan.

Terminé una maestría, publiqué una segunda y una tercera novela, me inscribí al doctorado. Siempre en Estudios Latinoamericanos, la matriz de la disciplina que en Estados Unidos adquiriría el nombre de Estudios Culturales, es decir estudios realmente interdisciplinarios, donde la filosofía tiene la posibilidad de pensar desde otros instrumentos conceptuales de acercamiento a la realidad para entablar un diálogo transformador. Tuve dos grandes maestros y una maestra: don Leopoldo Zea, con su sorprendente filosofía de la historia nacionalista-antiimperialista-latinoamericanista y algo existencialista; Horacio Cerutti, que sigue siendo mi referente intelectual más admirado; y la feminista Graciela Hierro, una filósofa de la ética utilitaria que propugnaba la superación de la discriminación de las mujeres para beneficio de la humanidad entera, cuya muerte todavía me ofende. La verdad es que los tres eran muy sonrientes; quizá de ahí su contundencia.

México me parecía una fiesta también porque por aquellos años inicié a escribir en Excélsior y a preparar una tesis sobre las transformaciones de la conducta femenina provocadas por la participación en la guerra en El Salvador. Al ir y venir de Centroamérica donde un asesino como el guatemalteco Ríos Montt pudo llevar a cabo un genocidio de más de 200 mil personas en ocho meses, y donde gobiernos y militares mataban civiles y militantes como si hacerlo fuera normal, llegar a Belice o volver a México era como alcanzar un oasis después de atravesar el desierto. Recuerdo el hambre, el miedo, la rabia, la voluntad de la gente que reporté durante esos años. Las maestras salvadoreñas me hablaban de sus estudiantes y de su voluntad de transformar la sociedad; las campesinas lencas de Honduras me relataban la historia de la represión militar en su país, donde las organizaciones ni siquiera podían levantar la cabeza porque sus dirigentes eran asesinados apenas se perfilaban; las madres de familia y las jovencitas cachiqueles y quichés de Guatemala me impresionaban porque podían narrar historias de masacres brutales de las que habían sido testigos o víctimas, con la mirada perdida de quien ya no puede llorar. Desde entonces empecé a reivindicarme mesoamericana, a sentir el territorio de la tortilla como mío, a preferir el debate con las trabajadoras de mi tierra a cualquier repetición académica.

Cuando durante la década de 1990 las guerrillas centroamericanas firmaron tratados de paz con los gobiernos de sus países, mi vida se volvió mucho más mexicana, urbana y relajada; empecé a deambular entre galerías y estudios de pintores y pintoras. Yo que no puedo dibujar ni una casita, puedo perderme tras el trazo de un brazo que se desplaza sobre el lienzo o escurre pigmentos sobre un piso. Horizontes trazados con una sola línea, en las síntesis pictóricas de Carlos Gutiérrez Angulo; la curva opacidad de un cuerpo recargado en su gesto, como la plasma en sus murales Patricia Quijano; el movimiento que se vuelve baile sobre el papel empapado de tinta china en los dibujos de Guillermo Scully; la cocina del color y las arenas para expresar una finalidad ecológica en las pesadas telas de Gabriela Arévalo: no hay pintora o pintor que en su quehacer no me haya enamorado.

Ni intento de diálogo entre pintura y literatura que no haya ensayado. Desde inventar cuentos para niñas y niños para acompañarlos de dibujos significativos, hasta recorrer biografías de la vida plástica de creadores telúricos como Carlos Gutiérrez Angulo. Yo renuncio a toda la música del mundo por un buen trazo, me quedo sorda con tal de poder seguir viendo cómo el significado del mundo se expresa en una mancha. Siempre he concebido un buen cuadro como un poema: una síntesis en cuyo equilibrio nada tiene derecho a sobrar.

De ahí a que el padre de mi hija fuera un pintor no hay sino un paso. Y la maternidad, cuestionada y rechazada durante el embarazo, se volvió un canto de alegría una vez que hube parido. Luego vinieron los viajes con mi hija, mi deseo de que conociera el mundo y sus contrastes brutales, acompañada de mí y de otras mujeres, amigas mías, tías suyas: la familia cuando no es una convención, es una red de afectos. Durante nueve años compartimos la casa con la poeta hondureña Melissa Cardoza quien le contaba a Helena unos cuentos siempre nuevos que la niña dibujaba sobre el pizarrón que le había regalado la tía Montse, es decir la editora beliceña Montserrat Casademunt, otra de las figuras entrañables de su infancia.

Las mujeres que usan la maternidad como excusa para no realizarse le hacen un gran daño a las otras mujeres, pues las empujan a rechazar una experiencia totalmente femenina, telúrica, vital, generosa, aunque no necesaria ni necesariamente deseada por todas, y a convertir la realización personal en un espacio de masculinización. Lo sé porque odié estar embarazada por el miedo que me provocaba la figura de la madre sin posibilidad de trascendencia. Desde mi infancia, yo había afirmado que no quería ser madre, que no lo sería nunca. Fue difícil luego explicarme por qué me quedé embarazada, por qué no aborté y cómo escogí un parto natural y amamantar a mi hija por año y medio. Por supuesto amamantar fue la elección más fácil: provoca el más intenso, orgásmico placer físico que he experimentado en mi vida.

Con Helena de año y medio nos fuimos a recorrer el arco de la Gran Chichimeca para que yo pudiera escribir La decisión del capitán, mi novela sobre Miguel Caldera, un personaje masculino con el que me identifiqué por sus fracasos: vivió en búsqueda de la paz y haciendo la guerra, desgarrado entre ser el hijo de un soldado castellano o de la madre chichimeca, un mestizo incapaz de elegir a un progenitor, pero en diálogo con sus hermanas, amigos y hermanos. Helena al año y medio cabalgaba mulas y burros sin cansarse jamás y si no había animal a su disposición, yo la cargaba en los hombros para andar cerros, hondonadas y zonas desérticas del Tunal Grande. Desde entonces viajar juntas nos encanta y lo que yo no percibo, ella me lo hace notar.

Luego vinieron Marcha seca, una novela ambientada en el mismo territorio 450 años después, la que he escrito con más angustia; y los cuentos de Verano con lluvia. Enseguida un gran vacío literario, una desolación de la palabra, la muerte de las ideas….

Melissa intentó consolarme; dos queridas amigas, Eli Bartra en México y Edda Gabiola en Guatemala, me exigieron largos artículos sobre la historia de las ideas feministas para impulsarme a volver a escribir; con la estrujante poesía del kosovar Xhevdet Bajraj volví a sentir la emoción de la lectura; pero, con todo, no volví a sentirme feliz. Ni siquiera cuando terminé un libro que considero muy importante, Ideas feministas latinoamericanas, que ha tenido dos ediciones en cinco países. No hay ensayo, por inteligente que sea, que provoque el placer exaltado de una buena ficción. La narrativa dice más que la filosofía.

Quizá para no sentirme derrotada, volví a un viejo amor: la enseñanza. Participé de la fundación de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México porque su rector pregonaba la enseñanza universitaria para todas y todos, sin exámenes de exclusión para quienes no tuvieran un nivel de conocimientos superior al que exige el estado al otorgar un certificado de terminación de escuela media superior. Una universidad que representaba un reto para sus maestras, el de una calidad que no se sustentara en competitividades, una universidad popular y no jerárquica. Durante la organización del programa de la carrera de Filosofía e Historia de las Ideas peleé la existencia de una materia indispensable: Filosofía Feminista. Más aún: filosofía feminista con perfil latinoamericano. Cuando los colegas me cuestionaron la existencia de una materia que “excluía el saber de los hombres”, no pude más y les espeté en la cara: “La suya, amigos míos, es una filosofía de la verga. En francés se dirá falologocentrismo, pero en México se llama filosofía de la verga”.

Ahora, después de nueve años de dar clases en la UACM, y con Helena convertida en una joven, las ganas de escribir están volviendo a mí, poco a poco, como la salud a una convaleciente. Busco espacios, tiempos vacíos en los que las fantasías puedan poblar una escena…

Por supuesto no estoy dispuesta a renunciar al diálogo con otras mujeres, sobre todo con las que viven cotidianamente el racismo de la hegemonía del pensamiento y las leyes de un occidente que se formó hace quinientos años con la invasión de las tierras de pueblos diversos por algunos países europeos. La tierra, la Madre Tierra de la mayoría de las naciones americanas, la portadora y dadora de vida, además, me parece tan brutalmente amenazada por la cultura hegemónica, que la narración -el acto de narrar, es decir de dar a conocer- se me hace cada día más urgida de contenido ecológico y agrícola. No sé dónde publicaré mis próximas novelas, ni siquiera dónde las escribiré, pero sus historias ya están en mí y las conforman muchas historias escuchadas.

Publicado también en: Francesca Gargallo, en Silvana Serafín, Emilia Perassi, Susanna Regazzoni y Luisa Campuzano (Coords.), Más allá del umbral: autoras hispanoamericanas y el oficio de la escritura, Ed. Renacimiento, Colección Iluminaciones n. 61, Sevilla, 231 pp., pp. 294-306. ISBN 978-84-8472-587-9.

Foto: Archivo Amecopress, cedidas por Traficantes de Sueños

Tomado del blog de Francesca Gargallo

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La experiencia de Bélgica reconoce antecedentes en muchos países.

Tras su adopción en Bélgica

Bélgica sorprendió esta semana al anunciar una reforma laboral que incluye la posibilidad de reducir la jornada laboral a cuatro días por semana. La noticia fue presentada como una oportunidad de dar mayor libertad a los trabajadores, aunque lo cierto es que en el caso belga no se reducen las horas laborales sino que se pueden organizar de otra forma.

La posibilidad de achicar la semana laboral se empezó a discutir en muchos países a raíz de las nuevas formas de trabajo que trajo la pandemia, aunque decenas de empresas en todo el mundo ya lo venían experimentando, cada una a su manera.

Los casos de Bélgica y España

Según el acuerdo alcanzado entre los ministros de la coalición gobernante, que tiene asegurada su aprobación en el Parlamento, el trabajador podrá elegir concentrar sus 40 horas semanales en cuatro días o podrá optar por un régimen semanal variable, trabajando más horas una semana y teniendo más tiempo libre a la siguiente.

El caso de España, uno de los primeros países en hablar de semana de cuatro días, es diferente porque a lo que se apunta es a reducir las horas de trabajo, tal como señaló el diputado español Íñigo Errejón, impulsor del proyecto en su país.

"Trabajar 10 horas diarias para librar un día es un atentado a la conciliación y a la calidad de vida. Han ido por el camino contrario" alertó Errejón, aunque se alegró de que la posibilidad de tener tres días de descanso ya no sea un tabú y cada vez más empresas o países lo estén intentando.

El proyecto que impulsa Más País, el partido que dirige Errejón, supone una rebaja de las horas y se le está dando impulso mediante proyectos piloto acordados con el Ejecutivo.

El Gobierno español aportará 10 millones de euros a unas 200 empresas que participarán de la prueba para implantar, este año, la jornada laboral de 32 horas semanales o cuatro días. Se estima que alcanzará a entre 3.000 y 6.000 trabajadores.

Los principales gremios apoyan la medida impulsada por Errejón subrayando que se trata de una "reivindicación histórica del movimiento sindical". La patronal española, en cambio, rechaza ese modelo de trabajo porque teme que afecte la productividad.

Las ventajas de la semana reducida

Sin embargo, según la ONG 4 Day Week Global (4DWG, Semana de cuatro días mundial), aquellos que lo hicieron mejoraron no solo la productividad sino también la salud de los trabajadores y sus familias.

Además, comprobaron que ese esquema también sirve para resolver problemas de igualdad de género, permitiendo un reparto más equitativo de las tareas de cuidado entre madres y padres y favorecieron el camino hacia un trabajo más sostenible.

En diálogo con la agencia Télam, un representante de 4DWG reveló que un resultado inesperado para las empresas fue que les resultó más fácil atraer y retener talento.

El primer país en implementar la jornada reducida fue Islandia, tras una prueba de cuatro años (2015-2019) entre los empleados del sector público de la capital, Reikiavik.

Las 2.500 personas que trabajaron menos horas sin que se les reduzca el salario tuvieron menos estrés y agotamiento, mejoraron su salud y su equilibrio de vida y empleo sin disminuir la productividad y la recaudación del Estado.

Hoy, el 86% de los islandeses trabaja menos horas o puede solicitar el nuevo patrón horario, algo que los sindicatos ya están negociando.

Más experiencias en todo el mundo

En Nueva Zelanda, la empresa Perpetual Guardian aprobó la semana laboral de cuatro días desde 2018 y Unilever lo hizo en 2021. En plena pandemia y con las fronteras del país selladas, la primera ministra, Jacinda Ardern, prometió extenderlo a todo el territorio para fomentar el turismo interno y la economía.

En el Reino Unido, en tanto, está en marcha la iniciativa a través de 30 empresas que, si logran su cometido, podrían ayudar a que el Parlamento adopte por ley la semana laboral de 32 horas a nivel nacional.

Suecia, por su parte, probó reducir la jornada laboral en 2015 en varios centros de cuidados de ancianos, un sector al que le cuesta reclutar personal.

Las 70 enfermeras que participaron de una prueba registraron menos licencias por enfermedad, mejores condiciones de salud y aumentaron la productividad. Además, se crearon empleos adicionales y se redujeron los costos de cobertura por problemas de salud.

Sin embargo, los resultados fueron cuestionados por sus altos costos y fue descartado por el Gobierno, aunque algunas empresas, entre ellas Toyota, lo mantienen hasta el día de hoy.

En Japón, Microsoft es la primera en aplicar la jornada laboral de cuatro días y comprobó que los trabajadores mejoraron su productividad en hasta un 40% y aumentaron las ventas, a la vez que redujeron los gastos de electricidad y de tinta y papel, entre otros.

En Estados Unidos y Alemania también son las empresas las que han estado impulsando la reducción horaria, cada una con sus diferencias, como la estadounidense Basecamp, que lo hace solo durante el verano.

En España, en cambio, la empresa que atrajo todas las miradas es DelSol Software, que hace varios años viene practicando este esquema, que se tradujo en mayor rendimiento, más facturación y menor ausentismo.

La situación en Argentina

En el país, donde el tope de horas de trabajo a la semana es de 48 horas, hay en curso dos proyectos para reducir la jornada laboral:

  • El de la diputada del Frente de Todos y dirigente de la Asociación Bancaria Claudia Ormaechea, que propone una jornada máxima de 6 horas y un tope de 36 horas semanales. 
  • El del legislador también del oficialismo y secretario general de la CTA, Hugo Yasky, que propone una semana laboral con un máximo de 8 horas diarias y no más de cuarenta horas semanales.

Los problemas del exceso de trabajo

Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el exceso de trabajo genera pérdidas de hasta un 3% del PBI.

La falta de descanso impacta de distintas maneras: baja la productividad, aumenta el ausentismo, aumenta el riesgo de contraer enfermedades crónicas, cardíacas, cáncer, abortos espontáneos en el primer trimestre y nacimientos prematuros.

Para 4DWG, está demostrado que reducir la semana laboral de 40 a 32 horas funciona para empleados y empleadores.

"Hace 100 años pasamos de trabajar seis días a la semana a cinco", recordó la ONG antes de subrayar que no se debe perder tiempo en esa discusión: "Ya estamos atrasados para una actualización".

Publicado enSociedad
Sábado, 19 Febrero 2022 17:09

La Larga Marcha por la libertad de Öcalan

La Larga Marcha por la libertad de Öcalan
Una protesta que ha recorrido desde Frankfurt a Estrasburgo ha pedido la libertad del líder kurdo, Abdulah Öcalan, encarcelado y aislado en la cárcel de la isla de Imrali, entre el hostigamiento de las autoridades alemanas que han prohibido la exhibición de su imagen.
 

Del 5 al 12 de febrero se ha celebrado la Larga Marcha por la libertad del líder kurdo Abdulah Öcalan, encarcelado y aislado en la cárcel de la isla de Imrali. 150 militantes internacionalistas participaron en esta protesta solidaria que transcurrió de Frankfurt a Estrasburgo, ciudad en la que se celebró una multitudinaria manifestación en la que participaron miles de personas, entre las cuales se encontraba una parte muy importante de la comunidad kurda en la diáspora.


Durante el transcurso de la Larga Marcha, la represión y el hostigamiento del Estado alemán tuvieron una presencia muy notoria. Desde la prohibición de mostrar fotos de Abdulah Öcalan, hasta la censura de poder gritar incluso su nombre fueron varias de las medidas represivas, llegando incluso a proceder a la detención de tres activistas internacionalistas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Publicado enFotorreportajes
Dora María Téllez, dirigente opositora sometida a un cruel juicio en Nicaragua

El gobierno de Daniel Ortega la acusó de “conspirar para cometer menoscabo a la integridad nacional”

 

Enfundada en el uniforme de algodón azul que portan los reos de El Chipote, la cárcel de Nicaragua que encierra a los más de 100 presos políticos del régimen orteguista, la dirigente opositora Dora María Téllez compareció a su juicio el 3 de febrero y contó con cuatro minutos para hablar en su defensa por los cargos de “conspirar para cometer menoscabo a la integridad nacional”.

Interrumpida en tres ocasiones por el juez, quien fuera conocida durante la guerra insurreccional de los años 70 como Comandante Dos esgrimió contra las acusaciones del régimen el argumento de que “la soberanía de las naciones no recae en las personas, sino en el pueblo”; que ni Daniel Ortega ni Rosario Murillo, presidente y vicepresidenta, “son Nicaragua”, y que ese país “no es una monarquía, sino una república”.

 

No conocía a su abogado

 

Antes del juicio, programado sin aviso previo, su defensa no tuvo acceso siquiera al número de su expediente y nunca tuvo oportunidad de visitar a la acusada ni para conocerla. Cuando fue trasladada al juzgado, la dirigente no sabía que era ya el día de su audiencia. “¿Qué hago yo aquí?, ¿dónde estoy?”, preguntó a la persona que tenía al lado, sin saber que era su abogado defensor. El 10 de febrero fue declarada “culpable”.

Como en casi todos los casos de los cerca de 170 presos políticos que hay en las prisiones de Nicaragua, 46 de ellos detenidos en las semanas previas a las elecciones de noviembre del año pasado (varios precandidatos, líderes de organizaciones opositoras, dirigentes campesinos y estudiantiles y dos periodistas), ningún proceso judicial siguió las mínimas bases de un juicio justo. A cinco ya les fueron dictadas sentencias similares, con argumentos idénticos.

 

“Fusilamiento judicial”

 

“Ha sido un fusilamiento judicial”, declaró otro ex comandante de la revolución sandinista, Luis Carrión, quien quedó al frente del partido Unamos, que fundó junto con Dora María, Víctor Tinoco y varios presos más.

Otro de los jefes históricos del Frente Sandinista de Liberación Nacional y reconocido por generaciones anteriores como héroe nacional, general de brigada en retiro Hugo Torres, también preso político, murió la semana pasada. El gobierno informó del deceso 15 horas después, sin precisar las causas de la muerte y sin haber informado a su familia que había sido trasladado a un hospital.

Torres y la Comandante Dos protagonizaron en 1979, antes de la caída de la dictadura somocista, una acción guerrillera que permitió, en un intercambio de prisioneros, la libertad de hoy presidente Ortega.

 

Operación Danto

 

En El Chipote, junto con Téllez, están presas otras tres mujeres dirigentes de Unamos, que se llamó Movimiento de Renovación Sandinista hasta que la dupla Ortega-Murillo les prohibió el uso de ese nombre: Ana Margarita Vijil, Tamara Dávila y Suyén Barahona. Todas fueron arrestadas durante los últimos días de mayo de 2021 en una acción que se llamó Operación Danto con un mismo patrón: sin orden de aprehensión fueron trasladadas a un paradero desconocido donde estuvieron 60 días sin acceso a ninguna persona. Después, en El Chipote, se les asignó un defensor de oficio que no objetó el decreto de otros 90 días de arresto en aislamiento.

También fue detenido Pedro Joaquín Chamorro, hijo de la ex presidenta Violeta Barrios, hermano de la precandidata Cristiana Chamorro (bajo arresto domiciliario) y del periodista Carlos Fernando Chamorro, cuyo periódico, Confidencial, fue allanado y saqueado. Para poder seguir operando este medio de comunicación de manera digital, tuvo que salir al exilio.

Al cabo de ese periodo, los presos políticos tuvieron derecho a contadas visitas familiares, cuatro en un periodo de ocho meses. En vista del severo deterioro de su salud y la pérdida de peso, las familias de las cuatro mujeres formaron un colectivo para llevarles cada día suplementos alimenticios y agua. Todas están confinadas en aislamiento.

 

Penumbra permanente

 

A Dora María le han impuesto un castigo adicional: la penumbra permanente. Condenada a la semioscuridad durante todo el día, cuenta que cuando se mira los pies sólo ve el contorno de sus chinelas (chanclas) y en la regadera no puede distinguir las etiquetas de los frascos. Por lo tanto, leer está fuera de su alcance. “Y eso –cuentan testigos que han podido verla– es lo que la ha lastimado más”.

El día del juicio, según algunos testimonios, se le veía “no pálida, traslúcida como una hostia”; muy delgada, un poco desorientada al principio y con un marcado tic nervioso que sacudía uno de sus brazos. Cuando finalmente pudo tomar la palabra durante cuatro cortos minutos, pudo hacer el recuento detallado de los derechos que le fueron negados para contar con un debido proceso. Hasta pocos días antes, refirió, le habían permitido a su familia hacerle llegar una cobija. El juez la interrumpió en tres ocasiones.

Las principales pruebas que se presentaron en su contra para sustentar los cargos de conspiración y menoscabo a la soberanía nacional fueron: dos retuits que hizo desde su cuenta de Twitter, uno sobre un pronunciamiento del director de Human Rights Watch y otro de una carta enviada por seis senadores de Estados Unidos al presidente Joe Biden. También, una comparecencia virtual ante el Parlamento Europeo y una entrevista con un parlamentario de la Unión Europea. Todos los testigos en su contra eran policías. No hubo declarantes de descargo.

Lo último que alcanzó a decir Dora María Téllez ante el tribunal fue: “Detenida o en libertad, seguiré luchando por Nicaragua”. El día que se dictó sentencia, siete días después, no se permitió acceso a la sala a ningún familiar: ocho años de prisión e inhabilitación para ocupar cargos públicos.

Para Víctor Hugo Tinoco y otros detenidos, la pena fue de 13 años. Se teme que todas las demás sentencias que emita este juzgado sean en el mismo tenor. “Este procedimiento fuera de la ley se va a replicar en cada uno de los casos de los presos políticos”.

La entrevista que Téllez concedió a este diario poco antes de su arresto el año pasado puede consultarse en https://bit.ly/3LHAzPV.

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Diez postulados sobre ciencia y anticiencia[1]

La pandemia de Covid-19 y la aceleración de fenómenos relacionados con la crisis climática reactualizaron en los últimos años de forma dramática el debate sobre la ciencia, sus posibilidades y límites, sus usos y los intereses sociales que la motorizan y que expresa, con posiciones tan diversas como divergentes, que van desde una celebración acrítica hasta una impugnación absoluta. Como aporte desde el marxismo publicamos este artículo del biólogo evolutivo, genetista y profesor retirado de la universidad de Harvard Richard Levins (1930-2016), que forma parte del libro La biología en cuestión. Ensayos dialécticos sobre ecología, agricultura y salud, escrito junto a Richard Lewontin y publicado recientemente por primera vez en castellano por Ediciones IPS.

 

Desde que los intelectuales de izquierda comenzaron a considerar a la ciencia como una fuerza de emancipación, los marxistas, en su doble papel de críticos sociales y de científicos participantes, han lidiado teóricamente con su naturaleza contradictoria. Como existe una rica diversidad de reflexiones marxistas sobre la ciencia, no puedo afirmar que las líneas que siguen a continuación son “la” posición del marxismo. Me limito a presentar en forma esquemática algunos postulados sobre la ciencia que han guiado mi trabajo como científico marxista.

  1. Todo el conocimiento proviene de la experiencia y de la reflexión sobre ella, a la luz del conocimiento previo. La ciencia no es única ni diferente de otras modalidades de aprendizaje, al menos en este aspecto.

Lo que hace especial a nuestra ciencia es que constituye un momento particular en la división del trabajo, por la cual se destinan recursos, se designan personas y se crean instituciones de un modo específico para organizar la experiencia con el propósito de efectuar descubrimientos. De acuerdo con esta tradición, se ha hecho un esfuerzo autoconsciente por identificar fuentes y tipos de error, y por corregir distorsiones que son fruto del capricho. Esta empresa ha sido a menudo exitosa. Hemos aprendido a estar alertas frente al posible influjo de factores que inducen a error y a la necesidad de efectuar comparaciones controladas; hemos aprendido que la correlación no significa que haya causalidad y que las expectativas del experimentador pueden afectar al experimento; también hemos aprendido a lavar los recipientes de vidrio del laboratorio para evitar la contaminación, y a vislumbrar tendencias y distinciones a partir de una cantidad gigantesca de números. Nuestra autoconciencia reduce ciertos tipos de error, pero no alcanza a eliminarlos a todos, ni tampoco protege a la empresa científica de los prejuicios propios de quienes se dedican a ella.

Por el contrario, el denominado conocimiento tradicional no es estático ni irreflexivo. Los africanos (probablemente en su mayoría mujeres) traídos como esclavos a América rápidamente desarrollaron una medicina afroestadounidense. Fue elaborado en parte a partir de la evocación del conocimiento de plantas que se encontraban tanto en África como en América, de un conocimiento que en parte fue tomado prestado de la sabiduría sobre plantas de los nativos americanos, y en parte a partir de experimentar sobre la base de reglas oriundas de África sobre cómo debían ser las plantas medicinales. La enseñanza de la medicina tradicional siempre requiere de cierta experimentación, incluso aunque sea presentada como la transmisión de un saber preexistente. Por último, es probable que los criterios usados para prescribir diversas terapias con hierbas en la medicina no europea/no estadounidense estén mejor fundamentados que los criterios que guían las decisiones sobre cesáreas, implantes de marcapasos o mastectomías radicales que se toman en el ámbito de la práctica médica científica en Estados Unidos.

Incluso aquello que se describe como conocimiento intuitivo (en oposición al intelectual) proviene de la experiencia: nuestro sistema nervioso/endócrino es un mecanismo de integración maravilloso que aglutina nuestras ricas y complejas historias en una comprensión holística, la cual aparece desgajada de sus orígenes o elementos constituyentes. Los conocimientos científico e intuitivo no son fundamental y epistemológicamente diferentes; más bien difieren en los procesos sociales que intervienen en su gestación, y no se excluyen entre sí. De hecho, una de mis metas cuando enseño matemáticas a los científicos de la salud pública es educar su intuición, de modo tal que lo esotérico se vuelva obvio, e incluso trivial, y la complejidad pierda su poder de intimidarnos.

  1. Todas las modalidades de descubrimiento enfocan lo nuevo tratándolo como si fuera parte de lo viejo. Como a menudo sucede que lo nuevo se parece a lo viejo, nos es posible hacer ciencia. Pero lo nuevo a veces es muy diferente de lo viejo: cuando la simple reflexión sobre la experiencia no basta, necesitamos una estrategia de descubrimiento más autoconsciente. Entonces se torna necesario hacer ciencia creativa. En el largo plazo, estamos destinados a que la novedad nos termine por parecer más extraña de lo que imaginábamos, por lo que las ideas previas, por más bien fundamentadas que estén, se mostrarán erróneas, limitadas o acabarán siendo irrelevantes. Esto es verdad en todos los casos, ya sea que se trate de sociedades modernas o tradicionales, clasistas o sin clases sociales. En consecuencia, tanto la moderna ciencia europea/estadounidense, al igual que el saber de otras culturas, son falibles y están destinados a errar eventualmente.

Llamar “científica” a una cosa no significa que esta sea verdad. En el lapso de mi existencia, ciertos postulados científicos sobre el carácter inerte de los “gases nobles”, la forma en que agrupamos a los seres vivos en grandes categorías, las visiones sobre cuán antigua es nuestra especie, los modelos que consideraban al sistema nervioso como un conmutador telefónico, así como las nociones de estabilidad ecológica, todos estos conceptos han sido puestos en tela de juicio por nuevos descubrimientos o perspectivas. Además, grandiosas iniciativas técnicas basadas en la ciencia han terminado por producir resultados desastrosos: pesticidas que incrementan las plagas; hospitales que son focos de infección; antibióticos que han generado nuevos agentes patógenos; control de inundaciones que incrementa el daño de las inundaciones y desarrollo económico que redunda en un aumento de la pobreza. Tampoco podemos dar por sentado que los errores pertenecen al pasado y que ahora tenemos todo claro; esto sería una suerte de doctrina del “fin de la historia” aplicada a la ciencia. El error es intrínseco a la ciencia realmente existente. El presente no tiene un estatus epistemológico único, exclusivo; sucede que sencillamente vivimos inmersos en él.

Por lo tanto, debemos considerar la noción de la “vida media” de una teoría como un descriptor regular del proceso científico, y poder preguntarnos (aunque sin responder necesariamente): ¿en qué condiciones podría invalidarse la segunda ley de la termodinámica?

  1. Todas las modalidades del saber presuponen un punto de vista. Esto es válido para nuestra especie como para otras. Cada punto de vista define lo que es relevante en la vorágine de los estímulos sensoriales, qué preguntas hacer sobre los objetos relevantes y cómo encontrar las respuestas.

El punto de vista está condicionado por la modalidad sensorial de la especie. Por ejemplo, los primates y las aves dependen totalmente de la visión. Con la información visual, los objetos tienen contornos claramente delimitados. Pero eso no sucede cuando la principal fuente de información es el olor, como es el caso de las hormigas. Las lagartijas Anolis perciben a los objetos en movimiento como cosas del tamaño correcto para comer, o bien como una amenaza. Un mosquito hembra percibe una reunión académica como gradientes de dióxido de carbono, humedad y amoníaco, todos indicios de que tendrá una buena ingesta de sangre, mientras que la anémona de mar confía en que la cantidad de glutatión disuelta en el agua es un indicio de que tiene que extender sus tentáculos para capturar su alimento. El hecho de que vivimos sobre la superficie de la Tierra nos hace ver natural que el foco de nuestra astronomía sean los planetas, las estrellas y otros objetos, mientras ignoramos los espacios que existen entre ellos. La escala temporal de nuestras vidas hace que las plantas parezcan inmóviles, hasta que la fotografía en cámara rápida nos revela esos cambios que antes eran imperceptibles. Interactuamos en forma más cómoda con objetos que poseen la misma escala de tiempo y tamaño que nosotros, y tenemos que inventar métodos especiales para lidiar con lo muy pequeño o lo muy grande, lo que es muy veloz o demasiado lento.

  1. Un punto de vista es algo absolutamente esencial para sobrevivir y poder darle algún sentido a un mundo rebosante de potenciales estímulos sensoriales. La mayor parte del aprendizaje consiste en definir lo que es relevante y determinar qué es lo que hay que ignorar. Por lo tanto, la respuesta adecuada al descubrimiento de la universalidad de los puntos de vista en la ciencia no es el vano intento de eliminar el punto de vista, sino reconocer en forma responsable nuestros puntos de vista y usar ese conocimiento para contemplar críticamente nuestras propias opiniones y las de nuestros pares.
  2. La ciencia tiene una naturaleza dual. Por un lado, nos instruye acerca de nuestras interacciones con el resto del mundo, ayudando a nuestra comprensión y guiando nuestras acciones. Realmente hemos aprendido un montón sobre la circulación de la sangre, la geografía de las especies, el plegado de las proteínas y la deriva de los continentes. Podemos leer registros fósiles de miles de millones de años de antigüedad, reconstruir los animales y los climas del pasado y la composición química de las galaxias, trazar las vías moleculares de los neurotransmisores y el rastro de olor de las hormigas. Y podemos inventar herramientas que seguirán siendo útiles hasta mucho tiempo después de que las teorías que ayudaron a crearlas se hayan convertido en pintorescas notas al pie de la historia del conocimiento.

Por otra parte, en tanto producto de la actividad humana, la ciencia refleja las condiciones de su producción y los puntos de vista de quienes la crearon. La agenda de la ciencia, el hecho de que algunas personas se capaciten y lleguen a ser científicas, mientras que otras quedan excluidas, las estrategias de investigación, los instrumentos físicos de investigación, el marco intelectual dentro del cual se formulan los problemas y se interpretan los resultados, los criterios para resolver un problema en forma exitosa, y las condiciones de aplicación de los resultados científicos, son a la vez un subproducto de la historia de la ciencia y las tecnologías generadas por ella, y de las sociedades que las producen y las poseen. El patrón de conocimiento e ignorancia en la ciencia no está dictado por la naturaleza, sino que obedece a factores como el interés y la creencia. Con mucha facilidad extrapolamos nuestra propia experiencia social a la vida social de los babuinos, nuestra comprensión del orden en los negocios, que se apoya en una jerarquía de controladores y controlados, a la regulación de los ecosistemas y el sistema nervioso. Las teorías, respaldadas por toneladas de datos, a menudo caen en el dogmatismo y generan confusión sistemáticamente.

La mayor parte de los análisis de la ciencia pasan por alto esta naturaleza dual, ya que se focalizan solamente en un aspecto u otro de la ciencia. Algunos hacen hincapié en la objetividad del conocimiento científico, y sienten que representa el progreso del género humano en cuanto a la comprensión. Acto seguido, hacen caso omiso de la determinación social obvia de este, y de los usos antihumanos de la ciencia –que todos conocemos–, considerándolos “usos indebidos”, o “mala” ciencia, mientras mantienen intacto su modelo de la ciencia en tanto búsqueda desinteresada de la verdad.

Otros prestan oídos a la creciente conciencia de la determinación social de la ciencia para rechazar sus pretensiones de validez. Se imaginan que las teorías no guardan relación alguna con sus objetos de estudio, y que no son más que un taparrabos al servicio de fines espurios, como las carreras individuales, o un instrumento del dominio de clase, género o bien de algunas naciones sobre otras.

Al destacar el anclaje cultural de la ciencia, estos análisis ignoran los rasgos comunes que poseen la astronomía babilónica, maya, china y británica, así como la similitud de sus calendarios. Cada uno de ellos proviene de un contexto cultural diferente, pero describe (más o menos) el mismo cielo. Reconocen años de la misma longitud, dan cuenta de los mismos planetas y lunas, y calculan los mismos eventos astronómicos usando medios muy diferentes.

Los partidarios del determinismo social también ignoran los usos simi¬lares de plantas medicinales en Brasil y Vietnam, el sistema para designar plantas y animales que se corresponde en forma aproximada con lo que nosotros llamamos especies animales. Todos los pueblos han buscado plantas curativas y han tendido a descubrir usos similares para las mismas hierbas.

Otras tradiciones diferentes a la nuestra también poseen sus propios contextos sociales. Los sacerdotes de Babilonia, o los administradores chinos, no eran burgueses liberales, pero no eran más sabios ni estaban menos sujetos a determinados puntos de vista. Ni tampoco la frase “los antiguos dicen” nos revela algo acerca de la validez de lo que ellos afirman. Los antiguos, al igual que los modernos, pertenecen a ciertos géneros, a veces a clases sociales, siempre están inmersos en una cultura y expresan esas posiciones desde su punto de vista. Aquellos antiguos cuyo pensamiento ha sido preservado en el papel tampoco eran una muestra tomada al azar de los antiguos pensadores.

No obstante, el hecho de que el punto de vista esté socialmente determinado y sea de índole condicional, no significa que sea arbitrario. Aunque todas las teorías acaban por ser erróneas, algunas no están en lo cierto ni siquiera de manera temporal. La determinación social de la ciencia no implica una defensa o actitud tolerante hacia doctrinas que son flagrantemente falsas, como la superioridad racial o de género, o incluso la categoría de raza en sí, ya sea que estas adopten la forma académica convencional, o se expresen en nociones como las del “hombre adámico” y “el pueblo del barro” que defiende el Movimiento de Identidad Cristiana. El racismo es un objeto más real que la raza y es lo que determina las categorías raciales.

Por ende, la tarea del analista de la ciencia es dar cuenta de las interacciones e interpenetraciones que existen entre el trabajo intelectual y los objetos a los que se aplica esa labor bajo diferentes condiciones de trabajo y en diferentes estructuras sociales. El arte de la investigación radica en tener la sensibilidad para decidir cuándo una simplificación útil y necesaria se ha tornado una noción simplista que solo genera confusión.

  1. La ciencia contemporánea que se practica en Europa y América del Norte es un subproducto de la revolución capitalista. Comparte con el capitalismo moderno la ideología liberal progresiva que rige su práctica y que a su vez ayudó a moldear. Al igual que el liberalismo burgués en general, ha soltado amarras con sus principios y está deshumanizada. Proclamó ideales universales que no abrazó en forma sincera, acabó por violarlos en la práctica y a veces reveló que esos ideales eran opresivos, incluso en el plano teórico.

En consecuencia, hay varios tipos de críticas que pueden hacerse a la ciencia. La vertiente conservadora hace suya la crítica precapitalista. Está en un aprieto por el desafío que el conocimiento científico plantea a las creencias religiosas tradicionales, así como a las reglas sociales y a quienes detentan el poder. Además, tampoco aprueba el juicio independiente de las ideas y los valores, no exige la presentación de evidencias allí donde la autoridad ha emitido su juicio y por ende la perturba el aspecto más subversivo de la ciencia. Los creacionistas identifican el contenido ideológico de la ciencia en forma bastante precisa, al cual tildan de humanismo secular, contra el postulado liberal de que la ciencia es el opuesto neutral de la ideología. Pero más allá de sus denodados esfuerzos por detectar conflictos entre los partidarios de la evolución en las revistas científicas, y flancos débiles en la moderna teoría de la evolución, su desafío no es en favor de tornar a la ciencia más “científica”, más democrática, menos sometida a ideologías opresivas y por darle un cariz más abierto. Al contrario, proponen volver a la fe, a la variante más grosera de autoridad, y a las certidumbres antiintelectuales. Su rechazo visceral del ámbito intelectual se expresa a menudo en cierto deleite que manifiestan frente a las estupideces de los científicos, a las que contraponen la sabiduría del “hombre de la calle”, una actitud que a primera vista podría parecer seductoramente democrática. Pero no se trata aquí de la afirmación de que todo el mundo es capaz de arribar a un pensamiento riguroso y disciplinado, sino que al revés, niegan de cuajo la importancia que reviste el pensamiento serio, complejo, y privilegian las intuiciones espontáneas que nos brindan las certidumbres no probadas. Los críticos conservadores aceptan la dicotomía del conocimiento versus los valores, y optan por los suyos particulares cuando surge el conflicto.

Al mismo tiempo, los críticos conservadores rechazan el reduccionismo y la parcelación que imperan en la ciencia contemporánea, y se pronuncian en favor de una visión holística, “orgánica”, del mundo. En un nivel estético y emocional, su holismo en parte se asemeja a la crítica radical de la ciencia, pero su holismo es jerárquico y estático, reafirma la armonía y el equilibrio, la ley y el orden, la corrección ontológica acerca de cómo son las cosas, como fueron, o como imaginamos que pudieron haber sido.

Los críticos liberales más consecuentes de la ciencia aceptan el postulado de que esta tiene metas válidas, pero critican las prácticas que violan esas metas. Aprueban la ciencia en tanto conocimiento público y deploran el secreto que imponen los militares y los intereses comerciales sobre ella. Quieren que haya un acceso democrático a la ciencia, determinado tan solo por la capacidad, y deploran las barreras de clase, género y raza que se oponen a la capacitación científica, al acceso a los puestos y la credibilidad que otorga la ciencia. Están de acuerdo con que las ideas deben ser juzgadas solamente en base a sus méritos y a las pruebas, sin importar de dónde provengan las ideas, pero acaban por reforzar las jerarquías que rigen la credibilidad mediante un amplio vocabulario que usan para rechazar las ideas no ortodoxas y a sus adeptos como “exagerados”, “charlatanes”, “ideológicos”, “no convencionales”, “desprestigiadas”, “anecdóticas” o bien “no demostradas”. Puede que se horroricen frente a los usos de la ciencia para producir mercancías perjudiciales o armas mortíferas, o cuando esta es usada para justificar la opresión, pero sin renunciar a la creencia de que el pensamiento y la emoción deben mantenerse separados.

En razón de la creciente ceguera, estrechez de miras, dogmatismo, intolerancia e intereses ocultos que imperan en la ciencia oficial, han surgido movimientos alternativos, especialmente en los campos de la salud y la agricultura. Estos deben ser evaluados con las mismas herramientas que usamos para ponderar a la ciencia “oficial”. ¿Quiénes son sus dueños, de dónde provienen, qué puntos de vista expresan, cómo se validan estos, qué prejuicios teóricos reflejan? Al estar inmersas en un contexto capitalista, estas alternativas también son un campo fértil para la explotación, la producción de mercancías y, a menudo, sucede que tienen un perfil comercial desmedido. También tienen raíces de clase que conducen a algunos a separar las causas individuales de las sociales (por ejemplo, critican las curas mágicas de la industria farmacéutica pero venden sus propias curas milagrosas y “naturales”, o promueven tratamientos holísticos para el cáncer ignorando el origen industrial de muchos de ellos). Las comunidades alternativas son ámbitos donde la crítica radical incisiva se mezcla con el espíritu emprendedor típico de la pequeña y mediana empresa.

La crítica marxista intenta ver a la ciencia, tanto en su aspecto liberador como opresivo, junto con sus portentosos hallazgos y su ceguera obstinada, como una expresión mercantilizada de los intereses e ideologías masculinistas típicas del capitalismo liberal europeo, organizada para abordar los fenómenos reales del mundo natural y social. Su ideología es tanto un subproducto del liberalismo europeo como una contribución autónoma a esa ideología, más que un mero reflejo pasivo de ella.

Las críticas de la izquierda a la agricultura, la medicina, la genética, el desarrollo económico y a otras áreas de ciencia aplicada apuntan a los aspectos internos y externos que limitan la capacidad de la ciencia para alcanzar las metas que se propone. Lo externo se refiere a la posición social de la ciencia como industria del conocimiento, que tiene sus dueños, quienes la dirigen con el propósito de obtener ganancias y poder, según lo que dictan creencias compartidas, en su mayoría hombres. Las modalidades de inclusión y exclusión del campo de la ciencia, las diversas subdivisiones entre las disciplinas, las condiciones de límites ocultas que frenan la investigación, todo ello sale a la luz cuando examinamos su contexto social. Podemos comprender el recurso predominante a la quimioterapia en la medicina, y el uso de pesticidas en la agricultura, como expresiones de la mercantilización del conocimiento por parte de la industria química. Pero el recurso a las curas mágicas moleculares es algo que va de la mano con la filosofía reduccionista que ha dominado la ciencia europea/norteamericana desde sus orígenes en el siglo XVII, y a su vez es refrendado por la experiencia atomizada que tenemos de la vida social burguesa. (A medida que reconstruimos los vínculos, vemos que lo “interno” y lo “externo” no son, de hecho, explicaciones alternativas rígidamente contrapuestas, sino otro ejemplo más del principio general de que no hay subdivisiones completas y separadas de la realidad. Pese a esto, la ciencia está plagada todavía por falsas dicotomías como organismo/ ambiente, naturaleza/crianza [nature/nurture], determinado/azaroso, social/individual, psicológico/fisiológico, ciencia dura/ciencia blanda, variables independientes/variables dependientes, y así sucesivamente).

Lo interno se refiere a las ideologías reduccionistas, fragmentarias, descontextualizadas y mecanicistas (opuestas a lo holístico o lo dialéctico) y a la política liberal-conservadora hacia la ciencia. Los marxistas, junto con otros críticos de izquierda, siempre han defendido la necesidad de ampliar el alcance de las investigaciones, situándolas en un contexto histórico, reconociendo la interrelación existente entre los fenómenos y la prioridad que tienen los procesos por sobre las cosas. Por su parte, la ideología conservadora por lo general defiende la precisión elegante en torno a objetos estrechamente delimitados y acepta las condiciones marco sin siquiera reconocerlas.

  1. La crítica radical de la ciencia también se extiende a los procedimientos que se aplican en el proceso de investigación. Al enfocar un nuevo problema, el marxismo hace que yo me formule dos interrogantes básicos: ¿por qué las cosas son como son en vez de ser un poquito diferentes, y por qué las cosas son como son en lugar de ser muy diferentes? Aquí, la palabra “cosas” tiene un doble significado, ya que se refiere a los objetos de estudio y al estado de la ciencia que los estudia.

La respuesta que dio Newton a la primera pregunta es que las cosas son como son porque no hay nada que les suceda.

Pero nuestra respuesta es que las cosas son como son a causa de la acción de procesos opuestos. La primera cuestión tiene que ver con la autorregulación de los sistemas, la homeostasis. Frente a influencias que están en constante movimiento, ¿cómo es que las cosas permanecen iguales a sí mismas, hasta el punto en que podemos reconocerlas? Una vez planteada, esa cuestión ingresa al ámbito de la teoría de sistemas en sentido estrecho, el modelaje matemático de sistemas complejos. Esa disciplina parte de un conjunto de variables, y de las conexiones entre ellas, y se pregunta: ¿es estable el sistema?, ¿con qué rapidez se recupera después de una perturbación?, ¿cómo responde a los cambios permanentes en su entorno?, ¿cuánto cambio puede tolerar? Se pregunta, cuando los eventos externos impactan sobre el sistema, ¿cómo es que estos se propagan por todo el sistema?, ¿cómo es que hay vías que los amplifican y otras que los disminuyen? Trabajamos con nociones como circuitos de retroalimentación positiva y negativa, vías, conectividad, sumideros, retraso, barreras reflectantes y absorbentes. En sus propios términos, este análisis es “objetivo”. Pero las variables en sí son productos sociales. Por ejemplo, la noción aparentemente no problemática de densidad de población tiene al menos cuatro definiciones diferentes que conducen a fórmulas distintas para efectuar mediciones y llevan a resultados diferentes, cuando las mediciones son comparadas entre distintos países o clases. Podríamos simplemente dividir el número total de personas por el área (o recurso) total:

D = Σ personas/ Σ área

Podríamos preguntar, ¿cuál es la densidad promedio en que viven las personas? Entonces podríamos usar la siguiente fórmula:

D = Σ (personas/área) (personas en esa área) / Σ personas

que nos muestra la desigualdad en el acceso a los recursos. O podríamos hacer lo mismo, pero desde la perspectiva de los recursos. El recurso total por persona es:

D = Σ área / Σ personas

La intensidad promedio de explotación de un recurso queda expresada así:

D = Σ (área / personas) (área) / Σ área

Por ende, incluso aquello que parece ser una medición objetiva está influido por el punto de vista, ya sea que opere como un factor consciente o bien permanezca oculto. Nancy Krieger, profesora de la Universidad de Harvard, ha usado la metáfora de la autosemejanza de los fractales para destacar que lo social y lo biológico son inseparables en todos los niveles, desde lo más macro hasta los detalles finos de lo micro en la epidemiología [2].

La segunda pregunta hace a la cuestión de la evolución, la historia y el desarrollo. La respuesta básica es que las cosas son como son porque acabaron por ser así, no porque tengan que ser de ese modo, o porque siempre fueran así, o porque es la única forma de ser. Desde esta perspectiva, volvemos a examinar la primera pregunta y nos preguntamos: ¿qué variables pertenecen al sistema, y cómo fue que arribaron allí?, ¿qué es lo que nosotros queremos dilucidar acerca del sistema?, ¿qué quiere decir “nosotros”?, ¿quién lo dice?, ¿aparecen nuevas conexiones mientras las viejas relaciones desaparecen?, ¿las variables se unifican entre sí o se subdividen?, ¿las ecuaciones cambian también?, ¿deberíamos usar ecuaciones u otros medios de descripción? Y como sabemos que los modelos que usamos no son fotografías precisas de la realidad, ¿cómo cambian los resultados cada vez que nos apartamos de los supuestos?, ¿cuándo resulta importante eso?

Los supuestos de los que partimos en la primera formulación se convierten ahora en preguntas. Es en este terreno donde los decisivos aportes de la dialéctica marxista, combinados con un conocimiento cabal de los objetos de interés y de las habilidades técnicas que requiere un oficio, han dado sus mejores frutos. Aquí nos encontramos con postulados familiares, como el de la unidad e interpenetración de los opuestos, la conexión universal, el desarrollo a través de la contradicción, los niveles de integración y otros conceptos semejantes, tan áridos en los listados de los manuales de dialéctica, pero pletóricos de implicancias y rebosantes de potencial creativo.

Por último, estos mismos métodos se pueden usar reflexivamente para examinar las limitaciones históricas que han actuado sobre el marxismo como consecuencia de las circunstancias históricas que atravesó y la composición de los movimientos marxistas. Pero estos métodos no deberían ser usados de un modo mecanicista, esencialista, rechazando algunas nociones por el hecho de que se originaron en Europa y son ajenas a América Latina, o fueron creadas por hombres y son por lo tanto irrelevantes para las mujeres, o surgieron en el siglo XIX y por lo tanto no aplican al siglo XXI. Al fin de cuentas, todas las ideas son ajenas a la mayoría de los lugares donde viven sus adeptos, y en todos los lugares del mundo la mayoría de las ideas vigentes son de origen extranjero. Más bien, el contexto histórico puede ser usado para evaluar las ideas críticamente, para descubrir los aportes, las limitaciones y las transformaciones necesarias. Los aportes del feminismo y del movimiento ecologista, particularmente de aquellas ramas que ya han convergido con el marxismo, son especialmente valiosas para tomar cierta distancia y hacer esta evaluación. Hay ciertos temas que habían sido relegados a la periferia de la visión marxista predominante, que ahora pueden volver a ocupar el lugar que les corresponde en el materialismo histórico, y podemos estudiar con más riqueza las sociedades y los modos de producción y reproducción sociales/ecológicos.

  1. Aunque las diferentes teorías usan términos diversos, estudian objetos diferentes y tienen metas distintas, no son inconmensurables entre sí. Linneo consideraba que las especies habían sido fijadas de una vez para siempre en el momento de la creación, y que cada ejemplo particular era una versión degradada de un diseño arquetípico. Los biólogos evolucionistas consideran a las especies como poblaciones que son intrínsecamente heterogéneas, sujetas a las fuerzas del cambio. La descripción de lo típico es considerada una abstracción que se hace a partir de un conjunto de animales o plantas reales. No obstante, yo todavía uso los nombres latinos acuñados por Linneo para los géneros y las especies, muchos de los cuales el propio Linneo reconocería, y podría hablar con él sobre plantas y debatir acerca de su anatomía o distribución geográfica. Seguramente estaría encantado de saber que nuestra tecnología nos ha brindado nuevas formas de distinguir entre plantas similares. No estaríamos de acuerdo sobre la importancia que tiene la variación dentro de una especie, y no sé cómo reaccionaría ante la estrafalaria idea de que la similitud a menudo delata un origen común. Pero podríamos hablar.

Esto es válido también para culturas muy distintas entre sí. Todos los pueblos tienen nombres para las plantas y animales. La mayoría de los pueblos les asignan nombres diferentes a plantas que corresponden a diferentes especies identificadas por Linneo, y dividen el mundo botánico en diferentes categorías, al igual que nosotros. También tienden a distinguir más finamente entre organismos que tienen que ser categorizados en forma diversa. Y, al igual que sucede con nuestras propias teorías, las suyas también “funcionan”, ya que sirven de guía a acciones que a menudo conducen a resultados aceptables. Ya sea que se trate de un taxonomista universitario que reconoce que la mitad de las serpientes de la provincia de Darién son venenosas, o un aborigen choco que nos dice que todas las serpientes son venenosas, pero que solo resultan mortales el 50 por ciento de las veces, la conclusión práctica es similar: cuando usted camina por la selva, tenga cuidado con las serpientes.

Además, las herramientas de investigación tienen una vida más larga que las teorías. Galileo quedaría impresionado al ver nuestros modernos y sofisticados telescopios, pero no estaría completamente perdido en un observatorio actual. Aunque un economista marxista podría no estar interesado en los modelos de equilibrio de oferta y demanda de la teoría neoclásica, o en las técnicas de análisis de costos y beneficios tan caras a la mentalidad empresarial, estos serían perfectamente comprensibles para él. El postulado de que las diferentes perspectivas son inconmensurables, hablan lenguajes diferentes y no tienen puntos de contacto entre sí es una grosera distorsión de la comprensión del punto de vista social. La existencia de barreras teóricas no redunda en la soledad existencial que imaginan los observadores distantes.

  1. La diversidad existente en la naturaleza y la sociedad no impide la comprensión científica. Cada lugar es claramente diferente, y cada ecosistema tiene características que lo hacen único. Por lo tanto, la ecología no va en busca de reglas universales, tales como “la diversidad de plantas está determinada por los herbívoros”, ni busca predecir la flora de una región a partir del estudio de los patrones de lluvia. Lo que sí puede hacer es buscar los patrones de la diferencia, los procesos responsables de ese carácter único y ex¬clusivo. Así, el número de especies que habitan en una isla depende de los procesos de colonización y especiación, que aumentan el número de individuos, y de los procesos de extinción, que lo reducen. Podemos ir más allá y relacionar la colonización con la distancia de una fuente de migración, la extinción con la diversidad de hábitats y áreas, y con la estructura de la comunidad, y también tratar de explicar por qué los migrantes son de un tipo particular, y así sucesivamente. Los resultados serán muy diferentes en islas muy pequeñas, donde las poblaciones no duran el tiempo suficiente como para dar lugar a nuevas especies, o que están tan cerca de las fuentes de migrantes que acaban por bloquear cualquier chance de diferenciación local, de aquellos que se observan en islas muy remotas que cuentan con una gran diversidad en su hábitat.

Es erróneo recurrir a la especificidad local con el fin de rechazar las generalizaciones abusivas. Lo que estamos buscando es identificar los procesos opuestos que impulsan la dinámica de un tipo de sistema (por ejemplo, las selvas tropicales, o una isla, o la economía capitalista), absteniéndonos de postular un resultado único y universal.

  1. Quienes defendemos a la ciencia desde la izquierda no podemos defender a la ciencia tal cual es. Por el contrario, tenemos que adoptar una postura crítica, tanto hacia la ciencia liberal como hacia sus enemigos reaccionarios. El ataque actual lanzado por la derecha contra la ciencia es parte de una ofensiva más general contra el liberalismo, ahora que el derrumbe del socialismo a nivel mundial lo torna innecesario, y la intensificación de la competencia durante un período de prolongado estancamiento hace aparecer al liberalismo como una opción demasiado costosa. Aunque su oposición al liberalismo es una oposición a los aspectos liberadores de esa doctrina, el ataque reaccionario contra el liberalismo tiende a hacer hincapié en los aspectos opresivos o poco efectivos del liberalismo.

Tenemos que exigir la apertura de la ciencia a aquellos que han sido excluidos, democratizando lo que es una estructura autoritaria modelada según las necesidades de las corporaciones, e insistir en que la meta de la ciencia debe ser la creación de una sociedad justa compatible con la riqueza y diversidad de la naturaleza. No debemos ocultarnos detrás del culto a los expertos, sino ponerlo en entredicho, en favor de enfoques que combinen la participación de profesionales y legos. La condición óptima para la ciencia es tener un pie en la universidad y otro en la comunidad en lucha, de modo tal que podamos contar con la riqueza y la complejidad de la teoría, que emana de lo particular y de una visión comparativa, y con las generalizaciones que solamente la distancia de lo particular puede aportarnos. Esto también nos permite ver la combinación de relaciones de cooperación y conflicto que tenemos con nuestros colegas, y explorar de qué forma el compromiso político cuestiona el sentido común que impera en las comunidades profesionales.

No debemos pretender o aspirar a una neutralidad imparcial, sino proclamar como hipótesis de trabajo lo siguiente: todas las teorías yerran al promover, justificar o tolerar la injusticia.

No debemos hacer la vista gorda, o lamentarnos en privado por la trivialidad que anida en muchos papers de investigación, sino denunciar que esa trivialidad emana de la mercantilización de carreras sostenidas por becas y de agendas de dominación que nos llevan a descartar muchas de las cuestio¬nes realmente interesantes.

Debemos cuestionar el individualismo y el espíritu de competencia que reina en la ciencia en favor de un esfuerzo cooperativo por resolver los problemas reales.

Debemos rechazar la estrategia de vender soluciones mágicas reduccionistas, al servicio de la ciencia mercantilista, en favor del respeto hacia la complejidad, el carácter relacional, el dinamismo, la historicidad y el carácter contradictorio del mundo.

Debemos repudiar la estética del control tecnocrático en favor del regocijo que nos provoca la espontaneidad que reina en el mundo, riéndonos de la incapacidad de los índices para capturar la vida, paladeando lo inesperado y lo anómalo, y considerar que el éxito no radica en dominar lo que es realmente indómito, sino en dar una respuesta humana, visionaria y noble a aquello que nos toma inevitablemente por sorpresa.

La mejor defensa de la ciencia frente al ataque de los reaccionarios es insistir en una ciencia al servicio del pueblo.

NOTAS AL PIE


[1] Este capítulo fue publicado por primera vez, con algunas modificaciones, como Levins, R., “Ten Propositions on Science and Antiscience”, Social Text 46-47, 1996, pp. 101-112.


[2] Krieger, N., “Epidemiology and the Web of Causation: Has Anyone Seen the Spider?”, Social Science of Medicine 30, N.º 7, 1994, pp. 887-903.

China: ¡Libertad para los Seis de Fujian! Carta abierta de un joven maoísta a las puertas de la prisión

Justo cuando comenzaba 2022, el mundo recibió la noticia de que el repartidor y organizador Chen Guojiang, conocido como Mengzhu (盟主), había sido liberado después de casi un año detenido. Pero la liberación de Mengzhu de ninguna manera significó la relajación del control sobre los activistas laborales, izquierdistas u otros disidentes en China. Justo cuando Chen fue liberado, salieron a la luz noticias sobre el destino de otros seis presos políticos.

A continuación publicamos nuestra traducción de una carta publicada el 4 de enero de 2022 por el escritor maoísta Yu Yixun (余宜), anunciando la noticia de su arresto formal y la sentencia contra otros cinco jóvenes izquierdistas con sede en Fujian que fueron arrestados la primavera pasada. La repentina detención de un grupo de oscuros maoístas es en sí misma un testimonio de estos años de fuerte represión contra los disidentes de todo tipo, especialmente contra organizaciones, redes y grupos afines de izquierda y de orientación obrera. Hace una década, la caída de Bo Xilai sacudió el suelo bajo los pies de los izquierdistas que simpatizaban y criticaban a Bo. A medida que se reducía el espacio para la discusión política a lo largo de la década de 2010, el Estado tomó medidas enérgicas contra las redes feministas, ONGs reformistas de apoyo a los trabajadorers, organizaciones LGBT+ y, por supuesto, la juventud marxista. Muchos izquierdistas habían decidido mantener un perfil bajo, hasta que un grupo de ellos hizo una demostración de fuerza audaz y, en última instancia, desastrosa en el conflicto laboral de Jasic de 2018.

Con los importantes riesgos de exposición pública que impiden cualquier intento de organización abierta, la izquierda clandestina de China (que sigue dominada por varios tipos de grupos maoístas1 ) ha sido completamente marginada, tanto que, de hecho, el arresto de los Seis de Fujian nos tomó a nosotros y a muchos en la izquierda china por sorpresa. ¿Quiénes son? ¿Qué han estado haciendo? En este caso y en otros, a veces parece que la policía rastrea a los activistas más rápido de que puedan formar redes importantes. Como resultado, las redes que existen se han visto obligadas a ser tan clandestinas que es casi imposible saber quién está en ellas y qué hacen, más allá de algunas pistan que dejan en internet.

Que quede perfectamente claro para cualquiera que defienda a la administración de Xi: el nominalmente Partido Comunista de China continua cantado alabanzas a Mao y Marx, mientras que al mismo tiempo persigue sistemáticamente a los activistas maoístas y marxistas más activos del país. Tomemos, por ejemplo, Qiu Zhanxuan, presidente de la Sociedad Marxista de la Universidad de Pekín, quien fue detenido por la policía como una "advertencia" en 2018 cuando se dirigía a celebrar el cumpleaños de Mao, y que fue detenido nuevamente en febrero de 2019, después de lo cual grabó un video diciendo que había sido torturado mientras estaba bajo custodia. Finalmente, en abril de 2019 desapareció por tercera vez mientras visitaba un distrito fabril “para experimentar la vida de los trabajadores”, y no se ha vuelto a saber de él desde entonces.

Es probable que nunca hubiéramos oído hablar de los seis prisioneros maoístas de Fujian si no fuera porque uno de ellos publicó la carta abierta que se traduce a continuación. Cualquier otra información que tengamos hoy sobre los Seis de Fujian son fragmentos en el mejor de los casos. Algunos están disponibles en publicaciones en foros de izquierda y grupos de Telegram, mientras que otras pistas provienen de capturas de pantalla guardadas antes de que pudieran eliminarse. Algunos de los detalles básicos del caso son confusos o inesperados, según lo que podemos encontrar en los documentos judiciales (archivados en RedChinaCn ). Estos muestran que cinco jóvenes relacionados con Yu fueron detenidos por la policía en Pingdingshan, Henan, el 3 de mayo de 2021, bajo sospecha del delito de "buscar peleas y provocar problemas".2 arrestados formalmente el 1 de junio y finalmente sentenciados el 30 de diciembre a hasta dos años de prisión.

Los documentos alegan que el grupo, al que se hace referencia allí como "Asociación de Cultura Roja" (红色文化会),3había registrado al menos 4 empresas y controlaba más de 20 cuentas de WeChat y 10 grupos de chat de WeChat, además de gestionar un sitio en la web. Los fiscales dijeron que los acusados ​​tenían un total de más de 30.000 amigos de WeChat y “publicaron artículos que mancharon la historia del partido”, produciendo más de 1.100 textos que generaron ingresos de alrededor de 170.000 yuanes (26.655 dólares estadounidenses), principalmente a través de pequeñas donaciones de los lectores a través de WeChat (打赏). Algunos de los artículos que presuntamente habían difamado la historia del PCCh incluían títulos como: “Históricamente, XXX es un traidor” y “¿Quién está incriminando a XXX: la verdad sobre el 50 aniversario del Gran Salto Adelante” (con los nombres de las figuras históricas omitido de los títulos). Si bien otros comentaristas en línea han señalado que las sentencias y los arrestos en provincias parecen inusualmente estrictos para un caso que no va más allá de publicaciones en línea,

La carta de Yu sugiere que el caso de los Seis de Fujian es solo la punta de un enorme iceberg de represión antiizquierdista que ha continuado en silencio, incluso cuando los medios internacionales perdieron interés en las consecuencias del Incidente de Jasic de 2018 y los arrestos posteriores de otros izquierdistas, sindicalistas,feministas en 2019. En el contexto de abogar por sentencias de prisión más cortas, Yu escribe: “Este año, en toda China, muchas personas como nosotros han sido arrestadas, pero todas sus sentencias han sido inferiores a un año”, citando un ejemplo de la cercana ciudad de tercer nivel de Xuchang. Nos preguntamos cuántos otros casos se han escapado en los últimos dos años, dejando poco o ningún rastro en línea. Sin embargo, esto también muestra que el sistema aún está lejos de ser hermético y que la gente no ha perdido la esperanza por completo. Todavía encuentran formas de reunirse y, presumiblemente, poner sus ideas en práctica fuera de línea. Si este grupo logró publicar 1.100 artículos subversivos leídos por 30.000 amigos en WeChat, nos preguntamos cuántos anticapitalistas, feministas y otros disidentes que tienen mas cuidado con su seguridad son capaces de operar sin atraer la atención de las autoridades.

Por ahora, ofrecemos la siguiente traducción con un grado de buena fe en la historia de Yu, templada con un grado de escepticismo sobre los detalles del caso y algo del lenguaje, que suena oficial como “rejuvenecimiento nacional” y la promesa de publicar artículos con más “energía positiva” en el futuro. El autor suplica explícitamente la clemencia de las personas con poder, por lo que tales frases pueden haber sido adoptadas con ese propósito en lugar de reflejar su propia ideología. Solo podemos hacer conjeturas por el momento, ya que los otros escritos de Yu han sido eliminados de Internet, y entre el amplio espectro de maoístas chinos contemporáneos hay muchos que adoptan posiciones nacionalistas.4 Sin embargo, en el contexto de las restricciones cada vez más estrictas del estado sobre el pensamiento crítico, creemos que esta carta resuena con la situación que enfrentan todo tipo de disidentes, y realmente cualquiera que exprese su descontento con la via capitalista en China hoy. Ilustra tanto la perspectiva sombría de quienes cruzan públicamente los límites oficiales como el hecho de que, sin importar cuán profunda sea la represión, siempre hay quienes continúan pensando, trabajando y organizándose bajo el radar. Chuang

10/02/2022

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Queridos camaradas 5,

Buenas noches a todos, mi nombre es Yu Yixun. Soy del condado de Minqing, Fujian. Mi número de DNI es XXXXXXXXXXXXXXXXX. Mi número de teléfono es XXXXXXXXXX.6 Soy el principal culpable entre los seis amigos rojos7 con base en Fujian que fueron arrestados al otro lado de las fronteras provinciales. El 30 de abril de 2021,El 8 de octubre fuimos detenidos por la Policía de Internet del distrito de Xinhua en Pingdingshan, Henan, bajo sospecha de “buscar peleas y provocar problemas” debido a la publicación de grandes cantidades de “información falsa” en línea.

Debido a una enfermedad, todavía no me han llevado al centro de detención y estoy temporalmente en casa.

Hoy es 31 de diciembre de 2021 (20:35). Es con profundo pesar que escribo esta carta, diciendo adiós a mis camaradas en toda China por el momento.

Esta mañana, cinco de mis seis compañeros fueron sentenciados, siendo la sentencia más grave de dos años de prisión, y las demás de menos de un año.

Desde que entré en el camino de la propagación del pensamiento de Mao Zedong en 2019, supe que llegaría este día. No hay nada de malo en propagar la cultura roja, así que tal vez el problema era que éramos “políticamente incorrectos”. ¿Por qué digo esto? Los amigos que a menudo leen mis escritos pueden haber adivinado algunas razones, ya que mientras propagaba el pensamiento de Mao Zedong, también comparé al presidente Mao con la segunda generación de líderes. No puedo negar que en el transcurso de tres años, bajo seudónimos como Sr. Bai Yun (Nube Blanca) y Sr. Wu Yun (Nube Negra), publiqué más de mil artículos desacreditando a cierto líder de apellido Deng, con alguna "influencia".

Según el estado, soy culpable de una serie de delitos que incluyen “buscar peleas y provocar problemas”, “distorsionar la historia” y “blanquear personajes negativos”.

Mirando hacia atrás, al principio porque leí muchos artículos antiguos de Deng Liqun.9 me sentí atraído por el pensamiento de Mao Zedong y desarrollé un gran anhelo por el socialismo de la era de Mao. Empecé a intentar comprender a Mao y aprender de él. Durante estos tres años de estudio me reuní con varios jóvenes que también estaban interesados ​​en la cultura roja.

Pero fue porque me escucharon que, en última instancia, todos llegamos a este final. ¡Les hice daño! Para mí, dos años en prisión pueden no ser tan aterradores, ya que puedo leer libros en el centro de detención y en prisión puedo escribir. Pero los demás aún son niños, por lo que será mucho más difícil para ellos sobrellevarlo psicológicamente.

Desde que fuimos arrestados el 30 de abril de 2021, estas palabras han estado ocultas en mi corazón. Hoy por fin siento algo de alivio al expresarlas.

Todos ellos son de familias pobres. Dos de las niñas pertenecen a una familia designada oficialmente como “empobrecida”, y su hogar está en las montañas. Por mis ideales de propagar la cultura roja, ahora están en prisión. Sus nombres [los seis compañeros, de los cuales cinco fueron arrestados] son: Zhang Zhijing, Qiu Pingqin, Yu Chaoquan, Qiu Pinghui, Huang Yao y Huang Xiaochun. Cuatro de ellas son niñas, la más joven, Huan Xiaochun, tiene solo 18 años. Qiu Pingqin y Qiu Pinghui son hermanas de la zona rural de Zunyi en Guizhou, de un hogar designado oficialmente como "empobrecido". Qiu Pinghui y Yu Chaoquan están casados ​​y tienen dos hijos en casa. Sus dos hijos aún son menores de edad, por lo que ahora deben ser criados por sus abuelos ancianos, que no gozan de buena salud. Lo más importante, aparte de Zhang Zhijing, ninguno de los otros había trabajado para mí durante más de tres meses.10

Durante estos últimos meses, he consultado con nuestro abogado sobre todo tipo de formas de defenderlos.11 Tenía la esperanza de que pudiéramos tener un juicio justo, pero eso no fue lo que obtuvimos al final. 

Este año, en toda China, muchas personas como nosotros han sido arrestadas, pero todas sus sentencias han sido de menos de un año, mientras que las nuestras se extienden hasta los dos años.

Me pregunto si sus sentencias de prisión no son demasiado largas.

En un caso similar este año en la cercana ciudad de Xuchang, cuatro camaradas fueron sentenciados a diez o seis meses cada uno, así que ¿por qué nuestras sentencias son tan largas? Todo lo que hicimos fue publicar nuestras opiniones en línea. Incluso si eso estuvo mal, ¿es justa una pena de dos años?

¿No es bueno que los jóvenes se preocupen por los asuntos nacionales? Incluso si sus palabras son radicales, creo que el [castigo] principal debería ser educativo, en lugar de apresurarse a aplastarlos con puño de hierro desde el comienzo.

¿Podría ser que [usted/ellos] quieren que todos los jóvenes simplemente se “tumben” (躺平), sin decir nada ni se preocupen por nada? Si las únicas voces que quedan en esta sociedad son solo aquellas que cantan alabanzas, ¿no sería eso algo horrendo para la nación en su conjunto? 

El secretario general Xi ha solicitado en múltiples ocasiones que estudiemos los nobles ideales de la generación anterior de revolucionarios, incluido Mao Zedong, a veces incluso citando dichos, poemas y anécdotas de Mao. Creo que finalmente ha llegado el mejor momento de que nuestra generación sea testigo del gran rejuvenecimiento de la nación china. Mis acciones al propagar el pensamiento de Mao fueron justas. Aunque mis opiniones llevaron a nuestra situación actual, ya que critiqué a cierto líder central de la segunda generación [es decir, Deng Xiaoping], después de todo esto solo puede considerarse una contradicción interna en el seno del pueblo. Si pudieran darme la oportunidad de hacer las paces y comenzar de nuevo, revisaría seriamente mis errores e insuficiencias del pasado, me mejoraría activamente y publicaría más artículos con energía positiva . .

Considero que el derecho penal es el tipo de ley más estricto, por lo que al aplicarlo debemos considerar el concepto de “modestia y moderación”. Es decir, debe evitarse el derecho penal a menos que sea necesario, en cuyo caso debe aplicarse con la mayor ligereza posible.

Tal como se expresa en el derecho penal, esto se denomina “el principio de que el castigo debe ser acorde con el delito y con la responsabilidad del delincuente por ese delito”.

Cuando la ley da paso a la tiranía (恶法), naturalmente pierde su autoridad y las acciones judiciales basadas en ella se ven comprometidas. Esto contradice los objetivos básicos del derecho penal.

La fuerza disuasoria del derecho penal no radica en la severidad del castigo, sino en la certeza (必然性) del castigo. Sería un gran error sustituir la certeza por la severidad.

Volviendo al tema de las penas de prisión [de mis empleados], en este caso, ¿el derecho penal ha perdido su intención original?

Un tribunal de justicia debe ser un lugar donde los sospechosos puedan sentirse cómodos. Si la decisión del tribunal fuera convincente, utilizando las leyes más apropiadas para llevar a cabo un juicio justo, ¿no ayudaría eso a la rehabilitación de los sospechosos? ¿No es el objetivo básico del derecho penal prevenir los delitos, más que castigar?

El presidente Mao dijo una vez: “Dejen que la gente hable, el cielo no se derrumbará”. Creo que los ministerios pertinentes han sobreestimado mi importancia. Solo soy un joven común nacido en la década de 1990 que publica algunos artículos en línea. El cielo realmente no se va a caer. Realmente me han tomado demasiado en serio.

Hoy tengo que escribir todas estas cosas para que todos puedan saber nuestra situación. Al menos dentro de unos años, alguien sabrá que hubo algunos jóvenes en Fujian que amaban a Mao Zedong, que estaban llenos de vitalidad, que se atrevieron a decir la verdad y que fueron a prisión con dignidad.

También espero que las amplias masas de amigos rojos evalúen qué significa "buscar peleas y provocar problemas": ¿es eso lo que hicimos? ¿Qué dice el artículo tercero de la Constitución?12  Si no puede resolverse un problema, ¿deberían ocuparse de las personas que lo causaron?

Para cuando se publique esta carta, probablemente ya no tendré comunicación. La siguiente parada es el centro de detención, luego la prisión. ¡Pero no tengo miedo! Si esta confesión (呐喊) puede ayudar a mis empleados a salir de prisión solo un día antes, valdría la pena.

Ruego un juicio justo para mis empleados. Si los ministerios pertinentes pueden leer esto, espero que [usted/ellos] puedan tomar una decisión de acuerdo con casos similares en toda China que pueda disipar nuestras dudas.

¡Cuidado, amplias masas de amigos rojos! Es difícil evitar contratiempos en el camino de propagar la cultura roja. Todos, relájense. ¡Aunque sea en el centro de detención, continuaré estudiando e investigando el pensamiento de Mao Zedong, contribuyendo con mis últimas fuerzas al gran proyecto de rejuvenecimiento nacional!

Nos vemos en unos años, camaradas. Ahora me voy a prisión.

Yu Yixun

31 de diciembre de 2021

Notas de los traductores al inglés:

1-La izquierda clandestina de China sigue dominada por varios tipos de grupos maoístas y otras formaciones leninistas, a pesar de la silenciosa proliferación de varias corrientes de izquierda antiautoritarias durante la última década. Planeamos delinear las diferentes corrientes y debates que caracterizan el panorama político no oficial de China de manera más sistemática en trabajos futuros. Mientras tanto, consulte “Un estado adecuado para la tarea: Conversaciones con Lao Xie ” en el segundo número de nuestra revista, Chuang 2: Fronteras , y varias publicaciones en nuestro blog, como “ Ver a través de aguas turbias, Parte 2: Una entrevista sobre Jasic & Maoist Labor Activism ” y el prefacio de “ Smart, Disaffected & Unseen”.

2-Este es probablemente el cargo más común que se aplica a los disidentes en China, explorado en nuestro artículo "Buscar peleas".

3-No sabemos si el grupo usó este nombre o si simplemente se lo asignó la policía, pero la redacción sugiere que era el nombre real de una empresa o plataforma de medios.

4-Una de las divisiones clave entre los maoístas chinos desde la década de 1990 que exploraremos en un trabajo futuro es la división entre nacionalistas e internacionalistas, una división que generalmente, pero no siempre, se corresponde con las posiciones "reformistas" versus "prorrevolucionarias" que econtraponen a "verdaderos socialistas” dentro del PCCh (o en algunos casos “campesinos”) versus “trabajadores” (y estudiantes de origen pobre) como sujeto político potencial que lucha por el cambio que los maoístas defienden. Aunque los debates sobre esto se endurecieron en una clara polarización alrededor de 2012, con los nacionalistas generalmente brindando un apoyo crítico a la administración Xi y los internacionalistas convirtiéndose en sus enemigos jurados, todavía hay algunos que se encuentran a ambos lados de la valla, y el lenguaje ambiguo de Yu puede reflejar tal ambigüedad ideológica. —si no es mera retórica destinada a obtener la misericordia del estado.

5-"Seis camaradas de Fujian arrestados: una carta abierta de despedida de un joven maoísta": esta es una traducción del título bajo el cual la carta fue publicada en línea por un autor desconocido el 4 de enero. Suponemos que se trata de una reproducción de la original de Yu, ya que la carta está fechada el 31 de diciembre y las dos últimas líneas fueron repetido en la parte superior (omitido aquí).

6-Hemos eliminado el número de identificación y el número de teléfono del autor, aunque ambos están disponibles en la carta original. Es muy probable que se ofrezcan para mostrar la sinceridad del autor y para probar su identidad. Sin embargo, esta información privada no tiene importancia real para nuestra traducción.

7-“Amigos rojos” (红友) es un término nuevo y aún poco común que también traducimos indistintamente como “camaradas” a lo largo de esta carta. Solo podemos suponer que se acuñó para distinguirlo del uso ahora casi universal del antiguo término para "compañero" (同志) para referirse a LGBTQ+, y por ser más específico políticamente que otros sinónimos que han sido populares en los últimos años, como "personas que comparten aspiraciones en un camino común” (志同道合的人).

8-Esta fecha difiere de los documentos judiciales que hemos encontrado, que dicen que fueron detenidos el 3 de mayo, arrestados formalmente el 1 de junio y sentenciados el 30 de diciembre. No estamos seguros de cómo explicar esta discrepancia.

9- Deng Liqun (邓力群, 1915 -2015) fue un teórico y también una de las principales figuras de la “vieja izquierda” del PCCh en la década de 1980. “Depurado durante la Revolución Cultural, Deng emergió en la década de 1980 como uno de los miembros más vocales del ala izquierdista del partido en el período previo a las protestas de la Plaza de Tiananmen en 1989. Abogó por la economía planificada de estilo comunista ortodoxo y se pronunció en contra de las reformas económicas de mercado y la liberalización política. Se retiró de la política activa en 1987, después de no poder obtener suficiente apoyo interno para obtener un puesto en el Politburó, lo que se atribuyó en parte a su dura postura ideológica, pero continuó agitando a favor de la línea de izquierda”.

10-La copia del texto del documento judicial que tenemos disponible en este momento contiene más información sobre los cinco detenidos. Aquí hay un breve resumen de parte de su información personal en el documento: Zhang Zhijing (hombre, 31) de Sanming, Fujian, graduado de secundaria; Yu Chaoquan (hombre, 31) del condado de Minqing, Fujian, graduado de secundaria; Qiu Pingqin (mujer, 27) de Zunyi, Guizhou, graduada de secundaria; Qiu Pinghui (mujer, 28) de Zunyi, Guizhou, nivel educativo desconocido; Huang Xiaochun (mujer, 19 años), de la escuela secundaria de Fuzhou, Fujian. Parecería, entonces, que el individuo llamado Huang Yao puede no haber sido arrestado.

11-Esta oración dice literalmente: "He pensado en todo tipo de formas, consultar con un abogado, defenderlo, etc.". Aún no está claro si realmente consultaron con un abogado.

12-Esto puede ser un error tipográfico por parte del autor, ya que el artículo tercero de la Constitución trata sobre el centralismo democrático, mientras que el artículo trigésimo quinto se refiere a la libertad de expresión.

Yu Yixun

Uno de los dirigentes de los "Seis de Fujian", grupo de jovenes maoistas chinos.

Chuang

colectivo comunista internacional que publica una revista epónima y un blog. Su contenido incluye entrevistas, traducciones y artículos originales sobre el ascenso de China a través de los escombros de la historia y las luchas de quienes se arrastran debajo de ellos.

Fuente:

https://chuangcn.org/2022/01/free-the-fujian-six-open-letter-from-a-young-maoist-awaiting-prison/

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