AMLO no irá a la cumbre si EU excluye países; mandará a Ebrard

Si Estados Unidos no reconsidera e insiste en no convocar a la novena Cumbre de las Américas a todas las naciones del hemisferio, el presidente Andrés Manuel López Obrador no acudirá a la cita, y enviará en su representación a una delegación encabezada por el canciller Marcelo Ebrard.

Así lo informó el mandatario en su conferencia de prensa de ayer a pregunta expresa, debido a que La Casa Blanca –anfitrión de la cumbre que se realizará en junio en Los Ángeles– no contempla la participación de Cuba, Venezuela y Nicaragua (este último ya anunció su desinterés en acudir), naciones con las que tiene diferencias políticas.

De concretarse su inasistencia al foro continental, López Obrador se convertiría en el primer presidente mexicano en tiempos recientes en rechazar una invitación del vecino del norte. "Si se excluye, si no se invita a todos, va a ir una representación del gobierno de México, pero no iría yo", advirtió, aun cuando ya había confirmado su presencia en Los Ángeles.

Descartó que su eventual ausencia en el foro impacte de forma negativa en la relación bilateral México-Estados Unidos o moleste a su homólogo Joe Biden. "Todavía falta para la cumbre y podemos llegar a un acuerdo. Pero sí, tenemos que unirnos todos, buscar la unidad de América".

Sin embargo, horas más tarde de las afirmaciones del mandatario, el embajador de Estados Unidos en México, Ken Salazar, acudió a Palacio Nacional, igual que el canciller Ebrard. Ambos se retiraron sin hacer declaraciones.

En la última llamada telefónica entre López Obrador y Biden –el 29 de abril–, el mexicano le planteó la necesidad de invitar a todas las naciones de la región, a lo que su par estadunidense respondió que lo analizaría. Fuentes de la cancillería dijeron ese día a La Jornada que eso fue motivo de un diferendo entre los dos mandatarios durante esa conversación.

–¿Sería un mensaje de protesta? – se le insistió al Presidente durante la mañanera.

–Sí, porque no quiero que continúe la misma política en América y quiero en los hechos hacer valer la independencia, la soberanía, y manifestarme por la fraternidad universal. No estamos para confrontaciones, sino para hermanarnos, unirnos. Y aunque tengamos diferencias, las podemos resolver cuando menos escuchándonos, dialogando, pero no excluyendo a nadie. Nadie tiene el derecho de excluir.

Para apoyar su posición, López Obrador se acogió a una frase de George Washington: "Las naciones no deben aprovecharse del infortunio de otros pueblos".

Consideró que la negativa a invitar a ciertos países responde al interés de grupos minoritarios en Estados Unidos que "sacan provecho de esa política facciosa, pero eso no es la mayoría del pueblo" estadunidense.

Insistió en su propuesta de la unidad de América y dejar atrás la política "intervencionista" de más de dos siglos.

Subrayó una vez más que el bloqueo económico a Cuba –firmado por el presidente John F. Kennedy en febrero de 1962– "es indebido e inhumano. Es una vileza utilizar una estrategia política de esta naturaleza con propósitos políticos-electorales", expuso.

En cambio, ponderó que en su gira por Centroamérica y Cuba, "la gente nos trató de maravilla", y eso no es un reconocimiento a su gobierno, sino al pueblo mexicano.

Contrastó con la "actitud irresponsable y servil" de Vicente Fox en el episodio del "comes y te vas", para evitar que el comandante Fidel Castro se cruzara en Monterrey con George W. Bush. Y justo en su visita a Cuba, dijo, le informaron que Castro, por su afecto a México, evitó difundir en la isla ese "vergonzoso incidente, porque no quiso que se ofendiera al pueblo de México".

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Sábado, 07 Mayo 2022 05:12

El tercer mandato de Xi Jinping

Xi Jinping. Luis Grañena

China se ha alejado de algunas preocupaciones características del ‘denguismo’ como el alargamiento de la democracia, optando por impulsar una nueva fuente de legitimación apelando al imperio por la ley

 

¿Es o no una buena idea que Xi Jinping alargue su liderazgo con un nuevo e inusual tercer mandato? Este será uno de los asuntos más destacados del XX Congreso del PCCh, previsto para otoño. Por unanimidad, en Guangxi le han elegido ya como delegado a dicho congreso. Y a partir de ahí, el rumbo parece inexorablemente trazado. Hasta entonces, con una mano irán rodando cabezas en un nuevo impulso a la lucha contra la corrupción con el propósito de evidenciar la capacidad del PCCh para autodisciplinarse; con la otra, la secuencia de nombramientos de autoridades partidarias, militares y estatales abundará en el fortalecimiento de la red de apoyos. A mayores, datos como la reciente creación de un centro de investigación sobre el pensamiento económico de Xi, que se sumaría a otros ya existentes a propósito de la diplomacia o el Estado de derecho, pongamos por caso, mostraría, junto a más indicios, la fortaleza de la posición política de Xi. 

En la lucha contra la corrupción, antes y después del Nuevo Año Lunar, se ha producido un torrente de casos con mensaje. Es, por ejemplo, el de Cai Esheng, exvicepresidente del máximo organismo regulador bancario de China; o de Meng Xiang, exjefe del departamento de aplicación del Tribunal Popular Supremo; o de Xu Ming, exsubdirector de la Administración Estatal de Cereales, un protegido de Bo Xilai, quien sigue cumpliendo cadena perpetua; o de He Xingxiang, exvicepresidente del Banco de Desarrollo de China; o de de Song Taiping, un exlegislador de alto rango en la provincia de Hebei; o de Gan Rongkun, alto funcionario de Henan; Li Guohua, exgerente general del gigante chino de telecomunicaciones China Unicom; o Tian Huiyu, expresidente del China Merchants Bank. El último caso revelador es la detención del exministro de Justicia, Fu Zhenghua, que completa una amplia limpieza en el aparato de seguridad pública. Sin duda, la corrupción también ayuda a debilitar a posibles rivales.

Solo en el primer trimestre de este año, más de 100.000 funcionarios han sido objeto de investigación y sanciones. En todos ellos, a la concurrencia de circunstancias personales (desde aceptación de sobornos a implicación en actividades sospechosas) destaca el denominador común de “haber perdido sus ideales y convicciones” o “traicionar sus aspiraciones y misión originales”.

Un caso de especial interés es el de Zhou Jiangyong, exfuncionario de alto rango en la provincia oriental china de Zhejiang, acusado, entre otros, de “conspirar con algunos elementos capitalistas y respaldar la expansión incontrolada del capital”. Zhou era secretario del Partido en Hangzhou, la base de la empresa Alibaba de Jack Ma. Hay en este expediente un significativo cambio de lenguaje que se ve reforzado con el anuncio de que los inspectores disciplinarios se centrarán en este fenómeno a partir de ahora. En una sesión de estudio del Buró Político del PCCh celebrada el 29 de abril, el propio Xi apeló a “orientar un desarrollo sano del capital” en China, reforzando esa doble idea de su reconocimiento y, a la par, sometimiento al imperativo del bien común en los términos definidos por el Partido.

¿No hay resistencias? Indudablemente, las hay. De dos tipos. Primero, la agenda, que puede complicarse a resultas de la evolución de la pandemia, ya sea en términos estrictamente sanitarios y económicos, o también de un hipotético desenlace de la guerra en Ucrania que deje en evidencia ciertas opciones en una política exterior con una fuerte impronta del propio Xi. En un artículo reciente, Jia Qingguo, exdecano de la Facultad de Relaciones Internacionales de la Universidad de Beijing y actual miembro del Comité Permanente de la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino, criticó las posiciones extremistas en política exterior, en lo que podría interpretarse como un ataque velado a la diplomacia de los “wolf warrior” de Beijing. Como informó el South China Morning Post, Jia advierte de que un énfasis excesivo en el gasto militar conducirá a una mayor inseguridad y recuerda que la excesiva concentración de la URSS en el fortalecimiento militar contribuyó a su desintegración.

Segundo, por los juegos de intereses. Y no solo entre aquellos que ven en Xi un obstáculo a la promoción de sus objetivos (desde colectivos empresariales a facciones rivales) sino también en quienes alertan desde el ejercicio académico o partidario de los riesgos de quebrar sin más la institucionalidad denguista, que estableció el límite de los dos mandatos como un dique para evitar la reiteración de los desmanes del maoísmo. Las alabanzas efectuadas en el Diario del Pueblo el pasado diciembre por el decano del Instituto de Investigación y Documentación de la Escuela Central del Partido, Qu Qingshan, a la etapa denguista, sin citar en ningún caso a Xi, ponen de manifiesto que ciertas reservas persisten y adquieren la forma inmediata de un rechazo al culto a la personalidad o a la sustitución del debate constructivo por una lealtad amordazante.

A ello podríamos sumar algunos militares como el exgeneral de las Fuerzas Aéreas del Ejército Popular de Liberación, Liu Yazhou, muy radical en su defensa de la opción militar contra Taiwán. Probablemente, habrá entre los “príncipes rojos”, los hijos de los revolucionarios de primera generación, más de una disconformidad con la ruptura de unas reglas que situaban a casi todos en una carrera de la que se verán apeados.

Xi tendría dificultades en el control total del aparato político-jurídico. Así lo demostrarían los constantes reemplazos de altos funcionarios en el Ministerio de Seguridad Pública: el viceministro y exjefe de Interpol, Meng Hongwei en 2018, o Sun Lijun en 2020, acusado de conspirar contra Xi. O también el citado Fu Zhenghua, viceministro como los anteriores. Y se especula con la inminente caída del titular del ramo, Zhao Kezhi.

¿Sin Xi no hay xiísmo?

¿Qué circunstancias devienen en exigencia de la ruptura de la regla de dos mandatos? Si el denguismo contribuyó con sus certezas a institucionalizar un mecanismo de sucesión basado en el consenso, garantizó la unidad básica del Partido, la estabilidad del país y la implementación exitosa de la reforma y apertura, en el salto que se aventura predomina la incertidumbre. Las “características chinas”, como señal diferenciadora, se expresaban también en esos términos.

Xi y su entorno esgrimen lo delicado de la coyuntura internacional y el propio momento decisivo que vive la reforma china como justificaciones para apostar por su continuidad y la de su política. 

¿Es la continuidad de Xi la premisa de la continuidad del xiísmo? Vincular la actual estrategia del PCCh con la continuidad de su secretario general deja entrever un severo temor a que se corrija el rumbo. La reforma y apertura de Deng se llevó a cabo con él entre bambalinas y hasta prácticamente ausente porque su política respondía a una convicción largamente labrada como reacción al maoísmo. En el xiísmo, son muchos los ingredientes que proceden de dicha etapa, tan sobresalientes que resulta imposible establecer una ruptura total. No obstante, las novedades incorporadas en la última década reflejan las demandas de otro tiempo y nuevas concepciones que deben contribuir a disipar las dudas ante las decisivas encrucijadas por venir. En los años de Xi, China se ha alejado de algunas preocupaciones características del denguismo, en especial, el alargamiento de la democracia, optando por impulsar una nueva fuente de legitimación apelando al imperio por la ley. 

En el sistema político chino, la existencia de tres referentes del poder (Partido, Estado, Ejército) ofrece cierto margen de holgura. La acumulación de tres cargos en una sola persona, operada tras los sucesos de Tiananmen 89, no es una característica rígida del denguismo y puede ser matizada con alternativas que podrían reforzar el constitucionalismo chino y la definición de equilibrios y contrapesos cuya ausencia puede antojarse una expresión de fortaleza pero que, sin embargo, puede derivar en una cerrazón política que agriete las costuras del propio PCCh. 

Hay, por tanto, otros mecanismos que pueden permitir la continuidad de su influencia en el corazón político del sistema sin necesidad de quebrar aspectos sustanciales de un modelo de gobernanza que ha dado frutos positivos en la modernización política del país. Cabría especular incluso con la posibilidad de recuperar la figura de la Presidencia del Partido, abolida en 1982. La cuestión es formular contrapesos que eviten la figura de un líder supremo embelesado con el culto a la personalidad que lo engrandece de forma tan exponencial y progresiva. 

Hoy por hoy, el lenguaje político apunta en una dirección clara, la de un Xi en la apoteosis de su poder. A resultas de la sexta sesión plenaria de noviembre de 202l se han abierto camino expresiones como “los dos establecimientos” (que el Partido establezca el estatus de Xi Jinping como núcleo del Partido, y que establezca el papel rector del Pensamiento de Xi de aquí a 2049) o “las dos salvaguardias” que insisten en proteger su estatus y la autoridad centralizada del Partido. Por tanto, el PCCh solo puede permanecer fuertemente unido si Xi lo lidera personalmente y sus ideas, el xiísmo, impregnan la política del Partido…. Por Guangxi ya circulan libros rojos con las citas de Xi que las autoridades invitan a leer diez minutos cada día. Imposible no evocar a Mao.

Es verdad que la apelación a la confianza nacional o el orgullo identitario y el cultivo de esa fórmula basada en una autoridad fuerte constituyen anclajes nada despreciables en el momento histórico que vive el país. Pese a ello, la visión estratégica que siempre reivindica el PCCh como signo de identidad no puede excluir la promoción a medio plazo de cierta horizontalidad en una sociedad cada vez más plural y también más autónoma en sus percepciones. 

Por Xulio Ríos 6/05/2022

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Sergio Dávila, Prueba tipo PISA, https://www.flickr.com/photos/sergiodavila/8049235056/

El proceso de aprendizaje es un suceso dinámico y complejo, una vivencia que tiene que ver con las etapas de la vida y los entornos que se habitan, dinamizadas por medio de experiencias interdisciplinarias en el aula. Reducir esta dinámica y compleja experiencia a un suceso lineal, posible de evaluar y controlar por una máquina, es un imposible. Y evaluar tales experiencias, por medio de procesos como Pisa, sometido a un monopolio evaluativo a cargo de una multinacional, es un disparate.

Liquidar el monopolio absurdo de la evaluación es condición necesaria para transformar la actividad del aula en una experiencia interdisciplinaria de investigación a partir de la cual desarrollar los pertinentes recursos de evaluación y valoración. En ese orden, resulta un despropósito mantener la rutina institucional de aplicar las pruebas Pisa.

Confluencia de ciencias

En la década del 50 del siglo XX, confluyeron en las universidades norteamericanas un conjunto de programas de investigación: cibernética, inteligencia artificial, lingüística generativa, teoría de sistemas, sociología crítica. Se creó, entonces, la necesidad de repensar los problemas del conocimiento, su desarrollo histórico cultural y el modo íntimo y socialde construirlo. La psicología fue una de las disciplinas a vincular en ese emergente campo de investigación interdisciplinaria.

Noam Chomsky, quien desencadenaba en esos años una renovación en la investigación lingüística, interpeló a los psicólogos norteamericanos de la época. El lingüista había demostrado que todo enunciado dependía de la aplicación de un conjunto finito de reglas, las que, sin embargo, permiten una elaboración infinita de enunciados. Postuló, entonces, que tras cada desempeño lingüístico existía una competencia linguística.

Estas conceptualizaciones planteaban interrogantes que debían ser trabajados en cooperación con otras disciplinas. En lo concerniente con las competencias linguísticas la interpelación a la psicología era indispensable. Al buscar la cooperación de los psicólogos norteamericanos, constató que el programa de investigación dominante en la psicología de su país (el conductismo) era precario. En 1957 Skinner, la personalidad más destacada de la psicología norteamericana, había publicado su obra mayor: Conducta verbal, obra que criticó Chomsky ºmostrando la imposibilidad de investigar desde el conductismo funciones psíquicas complejas como el lenguaje y el pensamiento. Ante la ausencia de otro programa de investigación reivindicó la psicología racionalista cartesiana del siglo XVII. Estos debates fueron catalizadores del surgimiento de la llamada revolución cognitiva.

En debate

Veinte años después (1975), se organizó en Francia un debate entre Chomsky y Piaget. El propósito era, en el marco de la revolución cognitiva, encontrar consensos de principio entre la psicología y la lingüística que permitieran desarrollos investigativos significativos. Piaget, para iniciar el debate con Chomsky, planteó un acuerdo inicial, y sostuvo: “En un principio, estoy de acuerdo con él en lo que me parece su aportación básica a la psicología: que el lenguaje es un producto de la inteligencia o de la razón y no de un aprendizaje en el sentido behaviorista del término”1. Sin embargo, el encuentro no logró avanzar más allá de este punto inicial. El asunto que se tornó insuperable fue el relativo al carácter innato o construido de las competencias linguísticas. Las investigaciones y la teoría genética de Piaget fueron consideradas por Chomsky insuficientes para explicar el desarrollo del desempeño y la competencia linguística que él considera innatas.

Hoy, al inicio de la segunda década del siglo XXI, queremos rescatar la tesis de Piaget que asume el lenguaje y el pensamiento como una experiencia de la razón y de la inteligencia y no del aprendizaje. Esta conclusión que tiene implicaciones de diferente orden para las prácticas y disciplinas que se ocupan de investigar la génesis y el funcionamiento del lenguaje, el pensamiento, el intelecto y la razón no ha fructificado, sin embargo, en programas de investigación significativos. Sostenemos, entonces, que esto ha sido así, porque al diálogo entre psicólogos y lingüistas les falta un tercer interlocutor: los maestros.

Ahora, una perspectiva de trabajo que interpele efectivamente los aportes de Chomsky y Piaget a partir de programas de investigación en el aula, permitiría comprender la experiencia de conocer y las transformaciones en las competencias y desempeños lingüísticos en la niñez, la infancia y la primera juventud. Esta interlocución sólo la puede adelantar la comunidad pedagógica pero para hacerlo, maestras y maestros tendrían que romper con el esquema Enseñanza- Aprendizaje que regula toda práctica de enseñanza en el aula. Este esquema, hoy universal, muestra sus profundas limitaciones cuando se asume el punto de vista de Chomsky y Piaget. Al romper con el esquema la enseñanza sería pensar, conceptualizar y experimentar.

En Colombia se discute en ocasiones sobre la evaluación por competencias. ¿Por qué surge ese debate? Con propósitos de ubicación temporal, es necesario recordar que durante el último año del gobierno de Andrés Pastrana (1998-2002) se inició un proceso de contrarreforma legal en la educación colombiana. Recordemos que durante la década del 90 se llevaron a cabo un conjunto de transformaciones legales impulsadas por la comunidad académica ligada al movimiento pedagógico iniciado en el Congreso de Fecode realizado en Bucaramanga en 1982.

El primer acto de esas transformaciones se llevó a cabo en la Constituyente de 1991. Los enunciados constitucionales sobre educación, tuvieron un primer desarrollo en la Ley general (115 de 1994), la cual proporcionó los presupuestos legales para el Plan decenal de educación (1996). Y el Plan, a su vez, para la formulación de la propuesta de Expedición pedagógica (1999-2000). Estas acciones, aquí sumariamente reseñadas, crearon una situación nueva en la sociedad colombiana respecto a las políticas públicas en educación. Algunas instituciones y rutinas que eran funcionales en el pasado, tuvieron que ser repensadas. Una de esas rutinas fue el examen del Icfes, que respodia al viejo esquema de los tests de inteligencia, por lo cual tuvo que ser repensado.

Compentencia y desempeño

Para discutir la nueva propuesta de examen, el Icfes llamó a investigadores de distintas universidades pero especialmente de la Universidad Nacional. El proceso de trabajo concluyó en la necesidad de elaborar un examen que tuviera como eje conceptual la distinción chomskiana entre competencia y desempeño y, en consecuencia, la evaluación se adelantara por competencias.

El carácter genérico del examen colocó las preocupaciones sobre el tema de la evaluación por competencias en primer plano. El emergente debate en Colombia sobre las competencias tiene en ese hecho su antecedente inmediato. Pero la lógica del debate se ha definido por la función que las autoridades gubernamentales le han dado a la idea de evaluación, levantada a la condición de tribunal supremo. Y desde esa condición se justifican una serie de medidas de control administrativo, concebidas por tecnócratas de planeación nacional que piensan los asuntos educativos con el mismo esquema con el que se ordena el servicio domiciliario de agua, de teléfono o de recolección de las basuras.

Las tensiones derivadas de ese modo de utilizar por parte de la burocracia gubernamental la propuesta de evaluación por competencias, desencadenó una serie de alegatos absurdos. Se escucha decir, por ejemplo, que las competencias son un engendro neoliberal tendiente a imponerle a los maestros las tesis del mercado. Es evidente que es necesario sacar la discusión de ese terreno y ubicarla en el campo de programas de investigación, en los cuales cooperan lingüísticas y psicólogos, para resolver problemas que surgen de la acción de enseñar.

Se trata de comprender que la tarea de enseñar en la perspectiva de crear y enriquecer competencias implica comprometerse con un programa de investigación en el sentido de Imre Lakatos2. Hoy, cuando ya es una evidencia universal que la humanidad ha comenzado a vivir una nueva época histórica, que ya no es sostenible la vieja antinomia entre trabajo intelectual y trabajo físico, que existen objetos tecnológicos que nos liberan de las rutinas algorítmicas, la tarea de enseñar no puede seguir adelantándose con las inercias contenidas en el esquema Enseñanza- Aprendizaje (E-A).

En una perspectiva de trabajo que incorpore los aportes de Chomsky y Piaget a sus programas de investigación en el aula, los maestros no podrían mantenerse en el esquema E-A. El punto de partida sería una enseñanza sin aprendizaje (ESA), una enseñanza para pensar y conceptualizar.

Volviendo al debate: en el texto con el cual inicia las deliberaciones Piaget formula lo que considera el asunto central a debatir en los siguientes términos: “El problema reside, en elegir entre dos hipótesis: construcciones auténticas con aperturas sucesivas a nuevas posibilidades, o actualizaciones sucesivas de un conjunto de posibles presentes desde el principio” (p. 53). Es decir, se trata de aceptar un innatismo como lo hace Chomsky o de asumir unos supuestos constructivistas.

Si se asumen unos supuestos constructivistas, indica Piaget, es necesario tener en cuenta la siguiente dificultad: las formas linguísticas se tornan necesarias una vez culminada la experiencia de su construcción pero su desarrollo es singular y azaroso. Por su parte, Piaget sostiene: “[...] las construcciones que exige la formación de la razón se hacen progresivamente necesarias, mientras que cada una de ellas se inicia gracias a intentos diversos, en partes contingentes y que comportan una parte importante de irracionalidad.” (p. 57).

Piaget precisa su conceptualización cuando plantea que: “[...] las estructuras lógicas matemáticas, en su infinidad, no se pueden localizar ni en los objetos, ni en el sujeto en su origen. Así, pues, únicamente resulta aceptable un constructivismo cuya ardua tarea consiste en explicar a la vez el mecanismo de formación de las novedades y el carácter de necesidad lógica que estos adquieren en su desarrollo”. (p. 54).

Piaget insiste en diferentes momentos sobre este núcleo problemático. De modo sintético lo formula en las siguientes líneas: “El problema central es el de comprender, cómo se efectúan tales creaciones y por qué, siendo consecuencia de construcciones no predeterminadas, pueden durante el camino hacerse lógicamente necesarias”. (p. 51). Delimitado el asunto central a resolver, esboza sus conceptos centrales sobre el funcionamiento de la inteligencia, de la cual indica que tiene una función (la adaptación) que se alcanza por la mediación de dos ciclos que actuan de modo diferenciado pero que existen simultáneamente: el de asimilasión y el de acomodación.

Estas funciones se dan en la persona desde los primeros días de su existencia y su ejercicio va generando transformaciones que constituyen etapas de formación. En el lapso que va desde el momento del nacimiento hasta aproximadamente los dos años, la inteligencia es sensorio-motriz. Las estructuras lógicas construidas en ese lapso proporcionan la base sobre la cual se construye, a su vez, la inteligencia reflexiva, la cual está mediada linguísticamente. En ese sentido, la construcción de la función semiótica es decisiva para el desarrollo de la inteligencia reflexiva. Un rasgo central de la emergencia de esa función es el uso de significantes diferenciados de su significado. A ese respecto Piaget señala: “[...] la función semiótica debuta [...], cuando los significantes aparecen diferenciados de los significados y pueden corresponder a multiplicidad de estos”. (p. 56).

La finalidad última de la inteligencia reflexiva es la de asimilar el universo al yo y acomodar el yo al universo, dice Piaget. Las cosmologías tendrían una función orientadora básica en la actividad formadora de las nuevas generaciones, premisa que planteó Rodolfo Llinás hace un cuarto de siglo (1994) cuando la Misión de Sabios convocada por el presidente de entonces, César Gaviria, presentó su informe con el título “Colombia en el filo de la oportunidad”.

En ese proceso, la persona es simultáneamente espectador y protagonista de transformaciones sucesivas. La primera de ellas, es el tránsito de la inteligencia práctica a la inteligencia reflexiva. En la periodización de Piaget, la inteligencia reflexiva se inicia con una primera fase o estado de tipo preoperatorio (2 a 5 años), una segunda fase que llama de las operaciones concretas (de 7 a 12 años) y una fase donde el proceso llega a un estado estacionario, al que denomina de las operaciones formales (12 a 15 años). La función adaptativa y el doble ciclo de asimilasión y acomodación es para Piaget : “[...] enteramente general y se encuentra en los diferentes niveles del pensamiento científico”. (p. 52).

La fuente dinámica de los tránsitos de un estado a otro lo proporciona el ciclo de asimilasión. En términos de Piaget, la asimilasión “[...] se erige en motor del acto cognoscitivo” (p. 52). En el doble movimiento de asimilasión y de acomodación se construye el yo del sujeto, proceso que no fue motivo de investigación sistemática por parte de Piaget, pero sí es un proceso siempre presente en su conceptualización.

Un ejemplo claro de esa presencia es la siguiente reflexión de Piaget acerca de los esquemas de asimilasión construidos por el niño hacia los siete años: “[...] el niño reinventa para sí, alrededor de los 7 años, la reversibilidad, la transitividad, la recursividad, la reciprocidad de las relaciones, la inclusión de las clases, la conservación de los conjuntos numéricos, la medida, la organización de las referencias espaciales (coordenadas), los morfismos y ciertos functores, etc.; en otras palabras, todas las bases de la lógica y las matemáticas”. (p. 54).
Por último, en este texto Piaget postula la existencia de una función general de autoregulación intrínseca a los organismos y a la experiencia de conocer. En lo relativo al organismo, esa función general procura mantener su integración en cada momento y situación; el resultado es un estado de equilibrio homeostático. En el caso de la experiencia cognitiva, esa función general se orienta no a mantener un equilibrio sino a construir nuevos equilibrios. En su libro Biología y conocimiento, Piaget denomina homeorrético a ese equilibrio. Las personas que conocen tenderían a pasar de estados de menor a mayor equilibrio, de estados de menor complejidad conceptual a estados de mayor complejidad.

Planificar las experiencias

Ahora, una de las competencias inherentes a la función general de autoregulación es la abstracción. Para Piaget toda abstracción es, simultaneamente, una generalización. El psicológo y epistemólogo distingue tres tipos de abstracciones: La primera, la que opera sobre los objetos. En ella se abstraen (generalizan) las propiedades físicas de los objetos. A esta la denomina abstracción empírica. La segunda es la que opera sobre las acciones. En ella se abstraen (generalizan) las propiedades lógicas de la acción, A esta la denomina abstracción reflectora. La tercera es la que opera sobre los resultados de las dos primeras. En ella, dice Piaget, “[...] aunque se actué sólo sobre elementos ya construidos, constituye naturalmente una nueva construcción, puesto que dota de simultaneidad, mediante correspondencias transversales, a lo que hasta entonces estaba elaborado por vinculaciones sucesivas”. (p. 56). A esta abstracción Piagetre la llama flejada.

Este proceso es de orden psicogenético e histórico cultural, y desde el punto de vista de la enseñanza de las ciencias y las tecnologías pone en correspondencia los procesos biográficos y la historia de las ciencias. La enseñanza tendrá sus especificidades en cada ciclo de la historia personal, en correspondencia con las instituciones educativas y sus modos de funcionamiento. Los desarrollos que se han dado en el sistema educativo nuestro respecto a los ciclos es una premisa de gran importancia para adelantar procesos de investigación en el aula.

En el caso de la enseñanza de las ciencias, las artes y las profesiones en las universidades, esta puede ser asumida como investigación de los paralelismos entre el proceso psicogenético de los alumnos y el proceso histórico de configuración de las redes conceptuales que sostienen la existencia y transformación de las ciencias, las artes y profesiones.

La idea de la historicidad de las ciencias es un acontecimiento histórico reciente. Hasta mediados del siglo XX, la ciencia se asumió como la búsqueda de conocimientos absolutos y definitivos. Esta idea del conocimiento como un estado fue dando paso a la idea del conocimiento como una experiencia histórica asumida por las personas y la sociedad con sus instituciones. El programa de investigación de Piaget sobre la epistemología genética es uno de los momentos culminantes de ese cambio en el modo de pensar las ciencias. Así mismo el programa de investigación de Thomas Kuhn sobre la estructura de las revoluciones científicas.

En este nuevo orden de existencia, la actividad mediante la cual las nuevas generaciones enriquecen sus competencias y desempeños linguísticos para poder pensar las ciencias, las artes y las tecnologías, y poder así integrarse como miembros activos de las comunidades artísticas, científicas o profesionales, se convierte en una tarea decisiva de la sociedad.

Se trata, pues, de planificar las experiencias que permiten al estudiante que, por ejemplo ingresa a la universidad, asimilar los conocimientos y prácticas propias de una profesión o de una ciencia o un arte y lo convierten en integrante de las comunidades académicas respectivas. En síntesis, tenemos que el entorno institucional de esa experiencia es la universidad, su acción reguladora la enseñanza, su propósito enriquecer las competencias linguísticas de los estudiantes para pensar las ciencias, las profesiones y las tecnologías, y el horizonte temporal es el programa de formación o currículo y el programa de cada cátedra o asignatura.

El momento en el cual el conjunto de esas acciones y sus respectivos horizontes temporales se coordinan, es el trabajo de aula, en cuyo espacio la lógica del intercambio entre maestros y alumnos es fundamental. En ese acto se pone en movimiento el acumulado histórico de la profesión, las artes y las ciencias, y el modo como ese acumulado se expresa por el equipo de profesores que enseña. Esta lógica de trabajo investigativo es también pertinente para la formación de los estudiantes en el ciclo básico (primario y secundario) y en los grados 10 y 11 previos a la formación profesional, artística o científica.

En el debate actual acerca de las transformaciones de la institución escolar y universitaria, algunas agencias empresariales sostienen que el maestro puede ser sustituido por un dispositivo tecnológico. Skinner en la década del 50 del siglo pasado propuso una máquina de enseñar. Hoy se proponen máquinas virtuales de aprendizaje. En efecto, si se trata de organizar entornos de aprendizaje, esa tarea la pueden asumir máquinas (Machine Learnings). Las situaciones en las que el control de las ejecuciones puede instrumentarse, en correspondencia con las propiedades físicas de las superficies de los objetos y la reactividad de los organismos, se configuran en laboratorios de física y fisiología.

Los laboratorios de cibernética construyen robots que aprenden. Pero si se trata de enriquecer las competencias lingüísticas para pensar esos laboratorios y construirlos, esa tarea sólo la pueden asumir personas y grupos. El modo de evaluación de programas de investigación de la enseñanza de este tipo, no puede ser estandarizado al modo como lo hacen los exámenes Pisa.

El actual debate sobre los resultados alcanzados en esa evaluación, parte de presupuestos propios del Taylorismo, el Fordismo y el Skinerismo. Lo sorprendente es cómo la burocracia internacional, y empresas como Pearson, pueden imponerle a la sociedad global esas evaluaciones sin que se repare en lo insostenible de sus presupuestos conceptuales.

Pero existen otros presupuestos que mantienenen funcionamiento el entramado institucional local y global del proyecto: la codicia y la voluntad de control planetario de toda la educación. En su edición del 15 de agosto del año 2015 la revista The Economist informó que Pearson, su socio por décadas, había decidido retirarse. La razón: su tránsito hacia la industria de la educación. Sucedió que a Pearsons le entregaron la gestión, via plataforma digital, de los exámenes
Pisa, en aplicación desde el año 1998.

Liquidar ese monopolio absurdo es condición necesaria para transformar la actividad del aula en una experiencia interdisciplinaria de investigación a partir de la cual desarrollar los pertinentes recursos de evaluación y valoración. En ese orden, resulta un despropósito mantener la rutina institucional de aplicar las pruebas Pisa.

1 Piaget J., Chomsky N., Teorías del lenguaje. Grijalbo, Barcelona, 1979, p. 89.
2 Imre Lakatos. Matemático y filósofo de la ciencia nacido en Hungría. Propuso los programas de investigación como idea orientadora para investigar la experiencia científica.

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Viernes, 22 Abril 2022 05:53

La disputa estratégica en Bolivia

La disputa estratégica en Bolivia

La polarización política y social que atravesó al país desde noviembre de 2019 ya no muestra la virulencia de ayer, pero continúa. Hoy asistimos a una nueva fase, en la que una serie de fisuras internas parecen anticipar divisiones más profundas.

En Bolivia acostumbrábamos a vivir terremotos políticos con cada cambio de orientación económica; nuestros hábitos mentales establecían una causalidad casi lineal entre la economía y la política. La crisis política desatada a fines de 2019, que dio lugar a un peculiar golpe de Estado, trituró tal esquema. El descontento y la desconfianza de una parte de la sociedad hacia el gobierno del MAS no estaba movilizado por la carestía material.

Había, ciertamente, cifras algo menores de crecimiento macroeconómico. También existía un descenso de las exportaciones clave (sobre todo el gas). Pero de ninguna manera se podía hablar de una crisis económica. El núcleo social que articuló la oposición callejera al entonces gobierno de Evo Morales surgió de la pequeña burguesía urbana blanca y mestiza. Y aunque esta clase media haya podido sumar a algunos sectores más plebeyos a la histeria antimasista, no hubo demandas económicas levantadas durante sus movilizaciones. La articulación política giró en torno al «Fuera Evo».

Aquel 2019 mostró un país fracturado en dos. Ante el desgaste del proyecto hegemónico del MAS, el bloque social de la burguesía agroindustrial, la burguesía financiera y las clases medias desató una ofensiva animada por la aspiración de patrimonializar —otra vez— el Estado.

La derecha social y política logró tomar el gobierno con favor de la policía, el Ejército y las fábricas de opinión pública que son los grandes medios de comunicación, pero su instinto oligárquico le jugó en contra. En lugar de desarrollar una política inteligente hacia los sectores populares, la gestión gubernamental del golpismo concentró rápidamente a trabajadores, campesinos e incluso la pequeña burguesía plebeya en su contra, mostrando su completa estulticia estratégica. Por su lado, el Movimiento Al Socialismo, que vio a sus líderes huir y su aparato desbandarse, logró reencauzar su camino no tanto en virtud de algún mérito propio sino a partir de la capitalización de los errores de la derecha.

La polarización política y social que atravesó al país desde noviembre de 2019 ya no muestra la virulencia de ayer, pero continúa. Hoy asistimos a una nueva fase, en la que una serie de fisuras internas parecen anticipar divisiones más profundas.

La crisis del MAS

El pasado mes de marzo, en la ciudad de Oruro, el MAS convocó a un acto masivo para conmemorar los 27 años de su fundación. Al centro de la tarima se acomodaron David Choquehuanca (Vicepresidente del Estado), Luis Arce Catacora (Presidente del Estado) y Evo Morales (Presidente del partido), queriendo reflejar en el escenario la imagen de un MAS que, lejos de agrietarse, se encuentra «más unido que nunca».

La escenificación no es gratuita. Por medio de declaraciones subidas de tono y amplificadas por la prensa opositora, se han ido ventilando públicamente una serie de conflictos internos. Un diputado suplente de Santa Cruz, por caso, llamó «vieja rosca» a la cúpula partidaria, resultando en su expulsión del partido. 

La bancada oficialista de la Asamblea Legislativa Plurinacional, para poner otro ejemplo, ha programado una interpelación (una lectura de informe en el pleno de la Asamblea) contra su propio Ministro de Gobierno, Eduardo del Castillo, debido a sus declaraciones públicas acerca de «algunos dirigentes cocaleros» que «se hacen ricos con el negocio de la coca» (el propio Morales, dirigente de los campesinos productores de coca además de presidente del partido, salió a pedir explicaciones). 

Está claro que la interpelación funciona como escarnio público contra el Ministro. A todo el escándalo deben sumarse las recientes declaraciones de Morales, quien sostuvo que «hay que tener cuidado con el Ministerio de Gobierno», sugiriendo el involucramiento de altos funcionarios de ese ministerio y de oficiales de alto rango de la policía en actos de encubrimiento al narcotráfico. 

Las tensiones del «grupo Choquehuanca» (liderado por el actual Vicepresidente del Estado) con Evo Morales, finalmente, no son nuevas ni desconocidas. Aunque estos signos de crisis interna del MAS todavía pueden ser disimulados con declaraciones públicas y escenificaciones para la pantalla, lo cierto es que son indicio de la existencia de una serie de tensiones irresueltas, que obedecen a conflictos políticos de mayor alcance. La derecha política y mediática, por demás interesada en profundizar las grietas en el oficialismo, asume posturas que en lo posible procuren aislar y menoscabar la imagen del líder cocalero y ex presidente del Estado.

¿Masismo sin Evo?

El MAS es una articulación de bloques sociales y políticos. Durante los 15 años de gestión del gobierno, la figura del caudillo fue fundamental para fungir como pegamento de ese conjunto de corporaciones que conforman el «instrumento político»: Confederaciones de campesinos indígenas, clase media «profesional» que copa gran parte de los cargos públicos, dirigencia de gremios laborales, etc.

Fundado sobre la base de organizaciones sociales campesinas e indígenas, el MAS obtuvo como recurso importante para la construcción de hegemonía sobre las clases subalternas la capacidad de monopolizar simbólicamente la representación de los indios como un hecho de proyección nacional, es decir, más allá de las propias corporaciones que lo conforman orgánicamente.

Este recurso funcionó bien en momentos en los que el MAS desarrolló, negoció e impuso a la oligarquía su proyecto de Estado plurinacional, etapa que duró desde el año 2006 al 2010, aproximadamente. En este recorrido, la amplia base social y el aparato político del MAS entrevieron que la unidad era su único camino para mantenerse en el gobierno. 

Además, el equilibrio entre acumulación de capital y consumo de las clases subalternas que materializó la tan mentada estabilidad económica se expresó en una política y un discurso que aunó ideológicamente al bloque. La necesidad del proceso de cambio como política capaz de reconstruir un Estado quebrado económicamente por el neoliberalismo fue la argamasa que selló tal comunidad de intereses.

Actualmente, el sentido común dominante dentro del MAS es que el periodo de transformaciones ha concluido. Queda mucho por hacer, se dice, pero la visión de conjunto es administrativa antes que transformadora. Se pueden reconocer «errores» o «limitaciones», pero lo que queda es avanzar sobre los cimientos que ya han sido establecidos. Tales cimientos giran en torno a dos cuestiones: la bien intencionada lista de deseos llamada Constitución Política del Estado, de un lado, y la participación del Estado en la captación y reparto de recursos provenientes de la explotación en bruto de recursos naturales, de otro. La noción general es que ambos factores alcanzan para seguir empujando adelante el «proceso de cambio». 

De lo que se trata, entonces, es de mantener la estabilidad política y «reactivar» la economía del capitalismo semicolonial boliviano. Brilla por su ausencia una estrategia política, emocional y simbólica que le dé sentido a la amenazada unidad del partido. En tiempos de paz —que son los tiempos que desean los militantes del MAS— cualquiera puede ser el líder; el actual gobierno de Arce, hasta ahora eficiente gestionando la crisis sanitaria y sus efectos económicos, es la muestra.

La figura del caudillo ya no parece ser imprescindible; casi todos en el partido reconocen (a posteriori, por supuesto) que las maniobras reeleccionistas fueron un error, y los susurros de «renovación» que recorrían los pasillos ahora son gritos en los micrófonos de la prensa. Para una importante porción de la militancia, evismo ya no es sinónimo de masismo.

Adiós a los «grandes relatos»

En su discurso para conmemorar el aniversario del partido, Evo Morales aludió la necesidad de comenzar una «segunda revolución democrática y cultural». Acto seguido, giró hacia Arce Catacora para decirle: «hay que discutir con los técnicos, hermano presidente». Recapituló también la agenda de la «primera revolución», señalando la «recuperación de los hidrocarburos» y la Asamblea Constituyente como sus puntos más altos. ¿Cuál sería la agenda política de la hipotética «segunda revolución»? «Hay que debatir, hermanos y hermanas…», fue la respuesta que ofreció al interrogante.

 

Este fragmento de la intervención de Evo retrata muy bien la situación política del MAS y del gobierno. Tienen mucho trabajo en la gestión: una agenda económica que apuesta por la «sustitución de importaciones», invirtiendo recursos fiscales para el desarrollo de empresas industriales que agreguen algún valor agregado a materias primas, y se proponen además aumentar significativamente el autoabastecimiento alimentario. Los objetivos fundamentales del gobierno estriban en los datos macroeconómicos: de ahí que la lógica política del MAS tenga un sesgo tecnócrata. 

Esta lógica, además, supone que el Estado interviene en la economía para evitar la inestabilidad social y política, pero no para iniciar procesos de transformación más profundos. Allí donde la presión social es débil o no es lo suficientemente significativa, como en el mundo laboral, el Estado sigue siendo «la junta de administración de los negocios de la burguesía».

Miles de trabajadores de todo el país, pese a tener respaldo legal, no pueden cobrar salarios devengados ni ser reincorporados en su fuente laboral debido a la acción de consorcios en los juzgados, apadrinados por la patronal, que hacen uso de toda artimaña para impedir el ejercicio de derechos laborales ganados. De la misma forma, el propio sistema judicial ha sido puesto en evidencia al ejecutar acciones que favorecen la intensificación de la violencia machista en el país, dejando libres a feminicidas sentenciados (por hablar de lo peor).

Aunque el escandaloso manejo de la justicia ha provocado manifestaciones callejeras y mucha indignación de la opinión pública, no se ha conformado un movimiento social que ponga en agenda la transformación del podrido sistema judicial boliviano. Si bien el gobierno central promete reformarlo, hasta ahora no ha delineado ninguna orientación progresiva para llevar a cabo tal reforma, y mantiene una complicidad activa y pasiva con la corrupción institucionalizada de los tribunales de justicia.

El modelo neodesarrollista de capitalismo semicolonial del MAS no tiene hasta ahora ninguna presión por izquierda. En el sector de la minería, por ejemplo, las exportaciones de oro en 2021 superaron a las del gas, sumando 2500 millones de dólares, y dejaron como regalías al Estado solo 70 millones, cifra muy inferior a lo que dejan los hidrocarburos. La minería en Bolivia sigue estando en manos privadas bajo un circuito mal llamado «cooperativista», que se trata en realidad de empresas tercerizadas que trabajan para grandes capitales nacionales y extranjeros. En un rubro donde la intervención del Estado sería clave para enfrentar los embates de las fluctuaciones del capitalismo global, el gobierno del MAS no tiene la intención de cambiar nada.

Toda crisis es, por definición, ambigua en su devenir y soluciones. Más aún si hablamos de una crisis —que denominamos «estratégica»— del Movimiento Al Socialismo boliviano, un actor político de una dimensión tal que, literalmente, su presente y futuro definen a corto y mediano plazo los escenarios sociales y políticos del país. 

Un factor determinante del «Instrumento» son las organizaciones populares de base que lo sustentan. De hecho, la derrota electoral del golpismo, que devolvió al poder al MAS con el 55% de los votos, solo fue posible gracias a la derrota callejera del gobierno de facto. En un contexto internacional altamente inestable, la apuesta tecnócrata del gobierno de Arce de gestionar «con estabilidad» el Estado puede ser un castillo de naipes. Pero tal debacle estratégica, que puede llegar a significar el cierre del ciclo antioligárquico abierto hace dos décadas, puede ser evitada. Todo depende de la capacidad política de quien lo inició y motorizó: el movimiento de masas.

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Un mes de Gabriel Boric: gobernabilidad precaria y ausencia de hegemonías en la lenta transición pos revuelta

Hay que retomar el camino de la organización y la movilización independiente en las calles. Y la unidad de la clase trabajadora –sin divisiones- y junto a movimientos sociales, estudiantes y sectores populares, para que nuestras demandas no queden frustradas.

 

“Despegue con turbulencias”

Así caracterizó el Presidente Gabriel Boric el primer mes de su gobierno. El cuestionamiento y debilitamiento de su ministra del Interior, Izkia Siches, quien anunció una millonaria inversión en más represión en el Wallmapu y la creación de un nuevo sistema de inteligencia del Estado, es muestra de la debilidad más general del nuevo gobierno “anti neoliberal”, de una gobernabilidad precaria que se afirma en “dos coaliciones” potencialmente contradictorias, y de la inexistencia aún de bases sólidas para una “transición” política pos revuelta pacífica e institucional.

Las presiones en el régimen, en los medios y en el empresariado, buscan correr el cerco de la situación y del gobierno hacia la derecha. Los pedidos de renuncia a Siches, los cuestionamientos para fortalecer el orden público y las policías, la criminalización de la protesta, la instalación del discurso delincuencia, terrorismo en el sur. Los golpes a la Convención Constitucional por parte de todos los grandes personajes del régimen como Ricardo Lagos. Las amenazas –por parte de Hacienda, de banqueros, medios y empresas- de una inflación desatada de aprobarse un nuevo retiro de pensiones, el discurso de “austeridad” y de ajustarse los cinturones. Todo ese movimiento en las alturas se dirige hacia la derecha: a moderar las reformas y hacerlas con gradualidad, para no joder a las grandes empresas. Lo mismo en la Convención: presión in extremis para una Constitución “moderada” o “de centro” que agarre cambios simbólicos pero manteniendo la estructura del capitalismo dependiente y rentista chileno. El coro de “los grandes acuerdos” del régimen de la transición pactada es la música de la “nueva transición”. Los coristas del FA y el PC están asumiendo dicha melodía.

Como hemos señalado en estas columnas, la fórmula “un Gobierno, dos coaliciones”, que en su momento fue la clave para construir alguna gobernabilidad, es hoy una de las principales fragilidades y fuente de contradicciones. Ha sido motivado en gran parte por una minoría parlamentaria de un tercio solamente con la coalición inicial de Apruebo Dignidad. El proyecto de Boric está como el jamón del sándwich, entremedio del reformismo PC y del progresismo neoliberal PS, como expresión de fuerzas económicas, sociales, políticas y culturales que cruzan el Chile pos revuelta. No casualmente en una de las primeras reuniones en Cerro Castillo, Boric señaló: “Debemos avanzar a una sola coalición (…) en la medida en que logremos construir unidad estratégica. (…) se requiere que compartamos una dirección estratégica. Nos hemos propuesto y le planteamos al pueblo de Chile encabezar el esfuerzo de superar el neoliberalismo, pero no podemos tener una definición que sea contrario a algo”.

El PS es claramente la correa de transmisión hacia la gran burguesía y el establishment del viejo régimen. La revuelta del 2019 no enterró a los muertos que debían morir. Pero la frase de Marx que “la tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos” aplica bien como el viejo orden resucita de la mano del FA para que pueda gobernar, para oprimirle como una “pesadilla” –junto al viejo régimen- para que pueda gobernar… para sus intereses.

Las “dos almas” expresan de forma distorsionada fuerzas sociales externas al gobierno que presionan en sentido contrario: o hacia la agenda popular (resolver demandas de la rebelión e históricas), o hacia la agenda burguesa (reformas parciales que no cuestionen el sistema). Por derecha y por izquierda.

Es expresión de la ausencia de “hegemonías” de Boric, pero podríamos decir, de prácticamente todas las fuerzas políticas. Aunque se intenta construirlas, en particular Boric y Apruebo Dignidad, la falta de bases sociales y económicas sólidas implican negociaciones todo el tiempo, sin dejar contento, por ahora, a nadie. De esta debilidad asoma la fortaleza “simbólica” y generacional de Boric (su gran base social, fracturada en los sectores adultos) o los “atributos blandos” que eran la fuerza también de Bachelet. Podrían funcionar, pero no bastan para consolidar una nueva transición con tensiones sociales, económicas y políticas contradictorias, antagónicas en potencia.

Que Boric está respondiendo fundamentalmente por derecha, funcional al viejo régimen y al modelo, lo puede debilitar más aún, como aquel personaje que llegó a ser Presidente gracias a las condiciones sociales y políticas de una revuelta –traicionada-, pero que liquidándolas, agota sus mismas bases. Un movimiento de pasivización juega a favor de la derecha, y a favor de asentar un gobierno más parecido al segundo mandato de Michelle Bachelet o a una Concertación 3.0 como han señalado otros actores.

El proyecto “progresista anti neoliberal” que por ahora, es más neoliberal progresista que otra cosa, está chocando además con condiciones económicas desfavorables. No hay súper ciclo del cobre que garantice muchos dólares, tampoco hay viento de cola favorable, más bien la inversión retrocede. Hay inflación histórica en 30 años, en Chile, y en el mundo. Hay tendencias a la recesión mundial, también en Chile. El capitalismo está iniciando una nueva crisis y el agotamiento de la última década está dando paso a contradicciones mayores. ¿Cómo enfrenta Boric el escenario? Con las viejas recetas neoliberales pero “progresistas”. Hacienda quiere “enfriar” la economía a costa de bajar el consumo de masas. Podríamos decir que hay poco margen para un reformismo. Mientras cada símbolo de Boric busca dialogar con el pueblo con “su” izquierda; cada gesto real, cada hecho, gira a “su” derecha. Como pedir perdón a la policía asesina o pedir perdón a los genocidas del Wallmapu.

¿Crisis en la Convención?

El desarrollo de la Convención no está dejando contento a nadie. Sin dios ni el diablo, puede llevar a una nueva crisis. ¿En qué terminará? Por ahora no sabemos.

La elite del viejo régimen, los dueños del país y los poderes fácticos se están jugando todo para una Constitución de “centro” o “moderada”. Aceptando símbolos “de izquierda”, se juegan a que los pilares del modelo y del viejo régimen, herederos del pinochetismo, se mantengan. Por ahora la campaña del rechazo, la intervención de viejas figuras, las presiones, etc., todo va al objetivo de moderar (en pleno o en comisión de armonización). Si no resulta, claramente podrían ir al Rechazo, y en ese caso, buscan vías de salida como resucitar la vieja idea bacheletista vía congreso. La defensa de las viejas atribuciones del Senado oligárquico y conservador, hoy principal bastión de poder de la centroizquierda y derecha, es una de las claves. Aún está abierto, y la cocina operando.

¿Lograrán un acuerdo con la derecha y la centro izquierda? El llamado de Boric fue a eso, “a buscar la mayor transversalidad y amplitud posible para construir una constitución que sea un punto de encuentro para todos los chilenos y chilenas.”

Si logran, pese a muchos símbolos que no les gusta –mucho menos a esa vieja rancia oligarquía capitalista chilena, racista, xenofóbica y conservadora - podría salir humo blanco, una “casa de todos”. Sería una Constitución “moderada”, de “derechos” sociales y de las identidades, con las bases del “modelo” y el viejo régimen. De ser así, ¿se ampliaría una especie de “segundo Acuerdo por la Paz” con una Constitución bendecida por la derecha, la centro izquierda burguesa de los Lagos y Frei, el socialismo bacheletista, el FA y el PC, hasta los Movimientos Sociales y la ex Lista del Pueblo en un gran “Apruebo de todos”?

Está por verse. Pero el péndulo gira hacia derecha. Y hacia allí también gira el Frente Amplio, el Partido Comunista. Lamentablemente también hacia allí gira la “izquierda” de la Convención, los Movimientos Sociales y la ex Lista del Pueblo, con puro parlamentarismo.

Todo ello configura una situación indefinida, en el sentido que queda aún por verse si se logra consolidar el “pacto de transición” abierto con el acuerdo por la paz, hoy incierto con la Convención Constitucional. El futuro de Boric está atado a ello. Pero además, por las condiciones internacionales, económicas y por un ánimo social inquieto, la “vía institucional” del desvío de la rebelión, que se ha asentado, tiene varias fragilidades abiertas.

La crisis orgánica y de representación, la crisis de la autoridad estatal –que Boric busca restaurar-, la crisis económica y el ánimo social fluido y contradictorio, aún no tienen una resolución definida.

Los desafíos: desde las luchas y por la izquierda

Pareciera ser entonces, que la agenda se inclina hacia derecha, motivada por la ruptura inicial de la luna de miel. Pero es más contradictoria la situación. Hay fuertes presiones “por izquierda”. Si bien las grandes mayorías trabajadoras y populares, de jóvenes y mujeres siguen teniendo expectativas y cierta confianza en Boric y su gobierno, también en la nueva constitución, muchos sectores de ellos han salido a reclamar sus derechos en las calles. Otros sectores, con menos confianza, también han salido a luchar.

Veamos. El caso de los obreros de la construcción de Ñuñoa que encendieron barricadas y ocuparon la Municipalidad santiaguina de Ñuñoa reclamando salarios. En Antofagasta, al norte del país, más de 20 escuelas auto convocadas están en lucha con sus docentes. Vimos a secundarios y universitarios que se movilizaron en las calles. Hemos visto las trabajadoras del supermercado Líder, los despedidos de la papelera CMPC en Puente Alto. También siguen ciertas luchas por los presos políticos, aunque se han debilitado.

Son luchas parciales, es cierto, y que no cambian por ahora la dinámica general. Pero son sectores que junto a una pequeña franja que ha roto con Boric por izquierda –sobre todo aquellos votos más críticos de Boric- podrían configurar un espacio para la emergencia de luchas obreras y populares y para la construcción de una alternativa de izquierda de las y los trabajadores y revolucionaria. Un gran peligro es que una desilusión con Boric o el proceso constituyente terminen capitalizado por derecha, ya sea en nuevos populismos o cosas peores.

Y el ánimo popular está más contradictorio. Suben los precios, sube la UF, suben las tasas de interés y los créditos, sube el dólar. Lo única que baja son los salarios reales. Y el aumento del sueldo mínimo de Boric, lo deja bajo la línea de la pobreza. Cristián Valdivieso dice que sigue existiendo una olla a presión, contenida con algo de esperanzas. Tomando algunos datos (que hace solo 1 año un 61% se identifica con la idea que movilizaciones sociales son positivas y ayudan a que mejore el país, y un 64% que el estallido social fue positivo) señala "Una adhesión mayoritaria a la movilización social y su potencial transformador que se mantuvo prácticamente igual cuando a pocos días de asumir el presidente Boric replicamos la misma encuesta. La movilización social sigue latiendo y el presidente lo sabe."

Por eso, hay que unificar y coordinar esas luchas parciales. Hay que retomar el camino de la organización y la movilización independiente en las calles. Y la unidad de la clase trabajadora –sin divisiones- y junto a movimientos sociales, estudiantes y sectores populares. La derecha y la centro izquierda quieren orden. El Gobierno de Boric les concede todo ello mientras obtiene una desmovilización general, con la ayuda del FA y el PC, y de las burocracias.

En la Convención, la supuesta izquierda de los MSC y ex Lista del Pueblo, buscan pactos y acuerdos que sellen símbolos democráticos y de derechos sociales, plurinacionalidad, etc., que no son cualquier cosa; pero que no rompen con la vieja estructura y el viejo régimen. Bajo esos símbolos de una nueva república, paritaria, etc. se esconderán las bases del viejo Estado y estructura económica del capitalismo dependiente chileno. No solo ello, sino que abandonaron cualquier ruptura con aquello, y han hecho “puro parlamentarismo” ayudando a la estrategia del PC-FA de debilitar la organización de base y los movimientos en las calles. Y ahora se disponen a negociar todo, y una campaña del “Apruebo de Salida” sin saber qué constitución decantará.

Pareciera que la ilusión de la República Social y La Marsellesa entonaran el himno de la Convención. Pero son girondinos, no los jacobinos que algunos derechistas delirantes dicen de la Convención. Ilusiones así pueden terminar o completamente domesticadas en favor del poder real; o peor aún, en salidas más reaccionarias.

En la Convención, han contribuido a su descrédito por derecha, pues se alejaron completamente de las necesidades y demandas obreras y populares. Es falso el cuento que el “distanciamiento” de la Convención viene todo por derecha. No resolvieron ninguna de las demandas de octubre que venían por izquierda.

Por eso hay que retomar la unidad de las luchas, la coordinación, organización y movilización independiente. Y con un pliego común para luchar por nuestras demandas. Por salario mínimo de 650 mil pesos, que permita llegar a fin de mes, como acaba de votar el Sindicato Starbucks. Por el quinto retiro y el fin de las AFP. Por salud, educación y pensiones dignas. Para poner fin al saqueo y la explotación.

La salida viene por las luchas; y viene por la construcción de una alternativa de izquierda, de trabajadores, anticapitalista y revolucionaria.

Pablo TorresComité de redacción La Izquierda Diario Chile

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Pedro Castillo, sin el sombrero chotano que lo acompañó como su sombra desde la campaña electoral. Presidencia de Perú

Sin apoyo entre los grupos de poder que miraron con desprecio de clase su desembarco en Lima, ni entre los sectores populares, que no encuentran motivos para sostenerlo, la gestión del presidente peruano parece agotada

 

“En el Perú todo es posible, esto no es una novedad”. La respuesta a la pregunta de si el presidente Pedro Castillo podría terminar renunciando en medio de la actual ola de protestas no habría sido extraña en boca de un analista. Pero quien la pronunció es nada menos que el presidente del Consejo de Ministros, Aníbal Torres.  

Aunque decir eso es un sincericidio poco político, el ministro tiene razón: en estos últimos años, todos los presidentes peruanos –muchos de ellos “vacados” (destituidos)– terminaron procesados, prófugos, presos o suicidados (como ocurrió con Alan García, el alguna vez emblemático líder del Apra).  

Los coletazos del caso Odebrecht –la constructora brasileña que repartió sobornos a diestra y siniestra en Brasil y América Latina– hizo estragos en un país donde el sistema de partidos había implosionado en los primeros años 90. De esa implosión, tras años de violencia demencial de Sendero Luminoso y una creciente legitimación del terrorismo de Estado como estrategia antisubversiva, emergieron varios presidentes inesperados de diferentes signos ideológicos: el “chino” Alberto Fujimori fue el primero de la saga y dio un autogolpe; el “profe” Pedro Castillo es el último y podría no terminar su mandato.  

Hoy, el presidente de origen campesino se ve doblemente acorralado: por las elites y la derecha, que amenazan con destituirlo desde el Congreso, y por la movilización social que comenzó contra el aumento del precio de los combustibles y los fertilizantes y se extendió a múltiples sectores con diferentes demandas, en un país que fue especialmente azotado por la pandemia. Las torpezas oficiales para responder a los reclamos sociales, que incluyeron un toque de queda extremadamente impopular y proyectaron una extendida imagen de desgobierno, ponen sobre la mesa, una vez más, la posibilidad de que Castillo deba renunciar antes de cumplir un año en el cargo o sea vacado por el Congreso. 

Castillo proviene de la localidad de Chota, en la región norteña de Cajamarca y postuló por el partido Perú Libre luego de un intento de armar un “partido de maestros” frustrado por la pandemia. Surgido como el candidato menos esperado, del lugar más inesperado, quedó a la cabeza del batallón de candidatos en la primera vuelta de las presidenciales del 11 de abril de 2021 con solo un 18,9% de los votos. Y luego ganó la segunda por la mínima. 

Como cuenta su esposa Lilia Paredes en un documental, Castillo se fue a inscribir como candidato a Lima y ya en campaña los vecinos le preguntaban a ella, casi con desconfianza, “por qué Pedro no aparecía en los medios” si era postulante presidencial. En efecto, Castillo comenzó sin ninguna posibilidad, pero con un lápiz gigante y un sombrero chotano que nunca abandonaba, se fue haciendo fuerte en las zonas andinas y sobre el final de la campaña empezó a aparecer en todos los radares de Lima –y en los medios que miraban sus vecinos de pueblo–. Ya era tarde para frenarlo. Como su escalada en las encuestas fue sobre el tramo final de la elección, no lograron “bajarlo” con la guerra sucia que lo asociaba al grupo armado Sendero Luminoso. 

En la campaña, Castillo apeló a su identidad de profesor rural y de “rondero”, en referencia a las rondas campesinas creadas en Cajamarca en los años 70 para enfrentar el robo de ganado, que en los años 80 se replicarían en el resto del país para hacer frente a Sendero. Estas rondas se solapan a menudo con la propia autoridad estatal en zonas rurales alejadas, donde la presencia del Estado es débil. 

Fogueado como dirigente sindical en la radicalizada huelga del magisterio de 2017, Castillo solo pudo llegar a ser presidente en una configuración electoral única. La misma que explica que la desprestigiada Keiko Fujimori –varias veces candidata– quedara otra vez a las puertas del poder.  

En el balotaje, la mitad del país votó contra el comunismo y la otra contra el fujimorismo. Y en esa disputa, los segundos ganaron por poco más de 40.000 votos y llevaron al “profe” a la presidencia. Pero a diferencia de Evo Morales en Bolivia, quien cuando llegó al Palacio en 2006 ya había hecho dos campañas presidenciales (la primera en 2002), había ejercido desde 1997 como diputado y jefe de la bancada del Movimiento al Socialismo (MAS), y había recorrido el mundo como referente “alterglobalización”, Castillo pasó de la noche a la mañana del Perú profundo a una Lima ajena y hostil. Y su olfato político estuvo lejos del que tuvo el líder boliviano. 

Su gestión fue desde el inicio errática. El actual presidente nunca fue militante del partido que lo llevó al poder como “invitado” en sus listas (sin imaginar que podía ganar). Si miramos su página en Wikipedia, Perú Libre aparece como un partido “marxista leninista mariateguista”, pero en la práctica se trata de una fuerza con base en el departamento de Junín, donde su polémico líder Vladimir Cerrón fue gobernador, con una mezcla de posicionamientos bolivarianos y no poco pragmatismo, además de varias denuncias de corrupción sobre sus funcionarios. 

Cerrón contrapone esta “izquierda provinciana” a la “izquierda caviar” urbana de Verónika Mendoza. Como escribió Hernán Maldonado, “más allá del exhibicionismo radical, de cierta arrogancia doctrinaria, e incontinencia y decisionismo tuitero, las disputas de Perú Libre y sus líderes se han dirigido principalmente a defender o alcanzar espacios de poder, un típico juego de la silla, pero con música de protesta y frases de manual de marxismo soviético de los 70”. Esta sobreactuación fue más eficaz para alimentar las ansiedades y fantasmas conservadores que para proveer un programa efectivo al gobierno. 

Sin mayoría legislativa, Castillo se vio abrumado por un Congreso que, según la Constitución, debe dar su voto de confianza a los gabinetes presidenciales y puede echar fácilmente al presidente si junta suficientes votos. De hecho, el fujimorismo intentó primero desconocer la elección mediante denuncias de fraude hasta el último momento y tras fracasar en ese intento, comenzó a promover una “coalición vacadora” desde el minuto cero, junto a diversos grupos de poder. 

Pero también debilitó a Castillo su permanente indecisión entre tres grupos de apoyo: Perú Libre, la izquierda urbana y su propio entorno (sectores provenientes de Cajamarca). Así, armó diferentes gabinetes motivados más por equilibrios esquivos, el objetivo de calmar a los mercados y la intención de evitar su destitución parlamentaria que por un proyecto programático más o menos definido. 

De este modo, como ya se podía anticipar, más que la instauración de un comunismo casi camboyano, como temía o fingía temer la derecha, el objetivo de Castillo terminaría siendo, más bien, poder permanecer los cinco años de su mandato en la Casa de Pizarro. Los cambios de presidente del Consejo de Ministros –desde Guido Bellido a Mirtha Vásquez, con perfiles contrapuestos y niveles de apoyo social muy diferentes– le impidió al gobierno construir una personalidad política para transitar una gestión que ya se anticipaba compleja, en medio de los estragos de la pandemia de la covid. Incluso hubo un presidente del Consejo de Ministros que duró cuatro días en febrero pasado: Héctor Valer, un ex adherente al partido de extrema derecha Renovación Popular. 

Castillo pasó, así, de gabinetes más subordinados a Perú Libre a otros más “equilibrados”, para terminar en armados ministeriales de mera supervivencia. Las declaraciones de varios exministros sobre la dificultad que habían tenido para acceder a audiencias con el presidente dejan ver el estilo poco convencional de la gestión castillista. Sin agenda política, su popularidad fue cayendo en picado. Su único consuelo es que el resto de los políticos no están mejor en adhesión popular. De hecho, las encuestas reflejan que el Congreso genera aún más desaprobación que el presidente. 

En febrero pasado, al parecer por consejo de asesores de imagen, Castillo se deshizo del sombrero chotano que lo acompañó como su sombra desde la campaña electoral. Un detalle revelador de sus dificultades para encontrarse consigo mismo en el rol de presidente de la República. 

Las actuales protestas surgieron en Huancayo, capital del departamento de Junín, cuna de Perú Libre. Allí los transportistas iniciaron una huelga con bloqueos de caminos que coincidió con las movilizaciones del Frente de Defensa de los Productores Agropecuarios de la Región Junín. Entre las demandas están, entre otras, la bajada de precio de los combustibles y de los fertilizantes e insumos agrícolas. Y a las protestas iniciales se irían sumando otras a lo largo y ancho del país. Algunas con saqueos y violencia. Se incorporarían también sectores urbanos con consignas racistas. 

De esta manera, siguiendo una dinámica habitual en los Andes, diferentes sectores aprovecharon el momento para sumar sus propias demandas. Una “lógica de la equivalencia” que puede terminar por transformar un conflicto corporativo local en un estallido social nacional si no se interviene a tiempo con habilidad negociadora. 

Lejos de eso, el Gobierno reaccionó tarde y mal. Las declaraciones de Castillo, hablando de bloqueadores “malintencionados y pagados por algunos dirigentes y cabecillas”, fueron el combustible para una “indignación moral” difícil de desactivar. La llegada de informes de inteligencia sobre inminentes saqueos en Lima llevó al Gobierno a decretar el toque de queda y la “inamovilidad social”, lo que generó un amplio rechazo de quienes quedaron varados para ir o regresar de sus trabajos, además de quienes se vieron afectados por la abrupta suspensión de las clases.  

Así, mientras la derecha denunciaba el desgobierno y trataba de volver a poner en agenda la salida anticipada de Castillo, la izquierda denunciaba las medidas represivas “desproporcionadas”, al tiempo que le recriminaba al mandatario haber abandonado la agenda de cambio.  

La referente de izquierda urbana Verónika Mendoza –cuyo espacio también se transita una crisis severa– tuiteó que el Gobierno no solo traicionó las promesas de campaña sino que “repite el método de resolución de conflictos de la derecha”. Y el jefe de Perú Libre Vladimir Cerrón proclamó que “¡Si en el país no hay cambio de Constitución, no hay cambio de nada!”. 

Castillo pidió perdón a la población, recordó que proviene del mismo pueblo que ahora está en las calles en su contra y busca, otra vez, esquivar la crisis. El problema es que sin apoyo entre los grupos de poder (que miraron con desprecio de clase y raza su desembarco en Lima) ni entre los sectores populares (que no encontraron motivos para sostener al presidente) las reservas de energía para reencuadrar su gestión parecen agotadas y las palabras del presidente del Consejo de Ministros peligrosamente reales. 

En los siguientes días y semanas, en efecto, “todo es posible” y la crisis seguirá de manera más abierta o soterrada. O quizás todo menos una real recuperación del gobierno. Ello será un golpe severo para quienes se proponen un cambio de modelo –económico y social– y un debilitamiento del colonialismo interno peruano. Nadie sabe qué puede surgir del clima “que se vayan todos” que vive la política peruana.

9/04/2022

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Estados Unidos. "La rebelión de una generación de trabajadores está en marcha

A partir de hoy, la relación de fuerzas en la lucha de clases en Estados Unidos parece haber cambiado ligeramente.

¿Lucha de clases? ¿Qué lucha de clases? Más bien una interminable y unilateral guerra relámpago. Las grandes y pequeñas empresas, las corporaciones y las empresas de capital privado, los accionistas y los empleadores han estado apaleando a los trabajadores durante décadas. La oposición feroz y unificada del empresariado estadounidenses a reconocer a sus trabajadores y trabajadoras un mínimo de poder ha sido la base de la vida económica estadounidense durante los últimos 40 años. Pero puede que eso haya cambiado a partir de ahora.

El recuento final de los votos para constituir un sindicato en la JFK8, el gigante almacén de Amazon en Staten Island, ha dado que un resultado favorable de 2654 frente a 2131 [con 67 abstenciones]. La empresa más rica, poderosa y aparentemente indispensable de Estados Unidos perdió frente a una coalición espontánea de trabajadores y trabajadoras que hizo campaña sin afiliación ni ayuda de ningún sindicato existente. Está claro, que hay una nueva generación en movimiento[1].

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Los rumores venían de lejos, pero hasta hace poco se limitaban a sectores privilegiados de la economía. El hecho de que las y los trabajadores jóvenes se hayan llevado la peor parte del disfuncionamiento económico de Estados Unidos quedó claro desde la crisis de 2008. El deseo de que el capitalismo estadounidense tendría que transformarse radicalmente si querían obtener alguna seguridad económica se expresó claramente en su apoyo a Bernie Sanders en 2016 y 2020, así como en su entusiasmo por Alexandria Ocasio-Cortez en 2018. El año pasado, en la encuesta de Gallup, se mostraron a favor de los sindicatos en un 77%; un porcentaje superior al del conjunto de las personas encuestadas (68%); se trata, a su vez, del mayor porcentaje a favor de los sindicatos en los últimos 50 años.

Pero la dirección podría consolarse aún pensando que los restos de la Ley Nacional de Relaciones Laborales, que ya no protege a los trabajadores sindicados de ser despedidos (es ilegal, pero es una ilegalidad por la que ningún empleador ha sufrido consecuencias significativas en el último medio siglo), le permitiría echar por tierra las campañas a favor de sindicalizarse, independientemente de la voluntad de las y los asalariados por sindicarse. Es así como ha venido funcionando el mundo empresarial estadounidense desde principios de los años 80, con una práctica ilegal tan desarrollada que la mayoría de los sindicatos renunciaban a organizar campañas de sindicación en las empresas.

Sin embargo, en los últimos dos años, los trabajadores y trabajadoras que pensaban que sus habilidades particulares les protegía de ser  despedidos, comenzaron a sindicalizarse (para un puñado de trabajadores verdaderamente indemnes y establecidos -atletas profesionales, actores de cine, pilotos de aerolíneas- esto ha sido así incluso en los años de vacas flacas). En los últimos años, los periodistas y quienes conforman los llamados grupos de expertos, así como profesores asistentes y ayudantes de investigación, o animadores y el personal de los museos se han sindicado en masa. Se trata de una revuelta de las y los profesionales, a la que se han unido los millennials [Generación Y, nacidos en los años 80 y 90], que disfrutan al menos de cierta seguridad laboral, y los miembros de la Generación Z [nacidos a finales de los 90 y principios de los 2000], que no pueden ser sustituidos. A principios de esta semana, las y los estudiantes universitarios que trabajan en los comedores del Dartmouth College votaron, en una elección supervisada por la NLRB (Junta Nacional de Relaciones Laborales) a favor de fundar un sindicato. La votación fue de 52 a 0.

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En los últimos meses, sin embargo, la revuelta se ha extendido a los millennials que no son profesionales, a quienes los empresarios podrían sustituir fácilmente. Y lo que es más importante, la revuelta se ha extendido a los camareros y camareras de Starbucks, una mano de obra desproporcionadamente joven y formada, pero sujeta a los caprichos de horarios y a las amenazas de despido que despliega la dirección. Y sí, Starbucks ha cultivado una imagen de empresa bondadosa, que no podía arriesgarse a empañar demasiado públicamente, aunque ha jugado el clásico juego de las empresas: amenazas implícitas transmitidas en reuniones antisindicales obligatorias y similares cuando pensaba que nadie le prestaba atención.

Pero las y los empleados de Starbucks ganaron en suficientes establecimientos como para que hoy en día, miles de baristas en cientos de tiendas hayan solicitado la sindicalización.

Pero Starbucks no es Amazon. Y Amazon dejó claro en Bessemer, Alabama, y en todas partes en las que su organización del trabajo fuera cuestionada, que su personal de almacén es sólo un mal necesario hasta que la empresa pueda robotizar toda su plantilla. Con su forma de actuar, Amazon ha dejado claro que no hay ningún problema con que la rotación anual en sus almacenes supere el 100%, que de hecho los puestos de trabajo están diseñados para provocar una tasa de rotación anual superior al 100%. La empresa quiere que sus trabajadores y trabajadoras se vayan; esta es una alternativa mucho mejor que la de quedarse y luchar.

Además, Amazon es la segunda mayor empresa empleadora del sector privado en el país, después de Walmart, la campeona del antisindicalismo. Hasta hace poco, la idea de que un trabajador o trabajadora de los almacenes de Amazon votara para afiliarse a un sindicato era prácticamente impensable. Pero ahora se ha pensado y se ha hecho.

Con esa victoria, se han roto muchas de las reglas estándar tanto de la sindicalización como del antisindicalismo, lo que sugiere que está ocurriendo algo más profundo en el mundo del trabajo. Reflexionemos un poco. Los trabajadores del Sindicato de Trabajadores de Amazon (ALU) que se encargaron de la organización del referéndum para constituir un sindicato] -recuérdese que ningún sindicato les proporcionó activistas profesionales; los líderes activistas fueron los propios trabajadores- sólo consiguieron las firmas del mínimo de trabajadores legalmente requerido para convocar la votación, que fue el del 30% [de la plantilla]. Prácticamente ningún sindicato celebra unas elecciones si no cuenta con las firmas del 70% de las y los trabajadores, porque prevén que las amenazas y la oposición de la empresa harán que esa cifra disminuya en el momento de la votación.

[Con esta votación] también se pone en cuestión la eficacia de la amenaza de la dirección de despedir a quienes reclaman su opinión sobre las condiciones de trabajo. En este sentido, la situación del mundo empresarial parece reforzar el valor de las y los empleados. [Actualmente] el número de personas empleadas que abandonan sus puestos de trabajo es el más alto de todos los tiempos. Muchas empresaras están desesperadas por contratar, lo que ha hecho subir los salarios en las habitualmente bulliciosas ciudades que intentan recuperar su dinamismo.

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Es el caso de Nueva York, donde Amazon se ha visto obligado a subir los salarios para mantener a los trabajadores y trabajdoras que tiene, si bien otras empresaras los han subido aún más. No es así, debo añadir, en Bessemer, Alabama, donde el salario de Amazon supera al de otras empresas que ofrecen empleos locales comparables. Sin embargo, incluso en Bessemer, el resultado de la segunda votación sobre la sindicalización -después de que fracasase la primera - sigue siendo demasiado ajustado [a 31 de marzo] y se decidirá mediante el recuento de las papeletas en disputa. Esto tampoco tiene precedentes; la segunda votación no suele cambiar mucho respecto a la primera.

Además, en Amazon podrían aprender del ejemplo de Starbucks: como ellas, son personas sometidas a las tensiones e indignidades del un sistema salarial ordinario, sin sindicatos, pero que superaron la oposición de la dirección para ganar el derecho a sindicarse en uno, luego en dos, luego en tres locales, y que, sin inmutarse, hicieron campaña a favor de la sindicación en cientos de otros. Si es posible en Starbucks, ¿por qué no en Amazon?

Y ahora, si es posible en Amazon, ¿por qué no en otros lugares? A veces, una sola victoria puede desencadenar una ola de victorias. Eso es lo que ocurrió en 1937, cuando la gran huelga de brazos caídos de la UAW (United Auto Workers) en las plantas de General Motors en Flint, Michigan, les hizo ganar un contrato con General Motor e inspiró a docenas de campañas similares y cientos de campañas de organización exitosas en todo el país.

Por supuesto, los trabajadores de Staten Island del almacén JFK8 de Amazon tienen ahora que negociar un contrato con su obstinada empresa (aunque el nuevo régimen de la Junta Nacional de Relaciones Laborales parece decidido a penalizar a las empresas que dan largas con la esperanza de que los trabajadores y trabajadoras se rindan). Hace casi 20 años, la plantilla de una tienda de Walmart en Quebec votó a favor de la sindicalización y al cabo de seis meses la empresa cerró la tienda. Pero Amazon, en virtud de sus compromisos de entrega en un día, simplemente no puede cerrar grandes almacenes que emplean a miles de personas en las principales ciudades donde viven muchos de sus clientes. Al contrario, la empresa necesita más infraestructura, no menos. La ubicuidad de Amazon le obliga a emplear una mano de obra que exige algo más por su trabajo.

Así que tal vez, sólo tal vez, la división económica y política entre la América urbana y la rural tiene hoy una nueva dimensión. Tal vez los millones de trabajadores y trabajadoras de servicios, del comercio minorista, de la cadena de suministro, de la hostelería y de la restauración de las ciudades se sientan no sólo lo suficientemente enfadadas, sino también lo suficientemente seguras como para hacer lo que están haciendo sus colegas de Starbucks y de Amazon, y organizarse en un sindicato. Por supuesto, esta sensación de seguridad podría desvanecerse si la Fed sube los tipos de interés lo suficiente como para detener el auge de la contratación en las ciudades. En las zonas fuera de las grandes ciudades de EE UU, donde los buenos empleos siguen siendo escasos, todavía es difícil imaginar que ocurra esto, pero en las ciudades, los trabajadores y trabajadoras de Starbucks y Amazon han mostrado el camino.

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Sin embargo, no puedo evitar pensar que esto podría presagiar el ascenso no sólo de un sector de la población activa, sino de una generación, cuya actitud política es al menos tan izquierdistas como las de cualquier otra generación en la historia de Estados Unidos. Los asalariados y asalariadas organizadores del último gran impulso sindical en el sector privado, los organizadores del CIO (Congreso de Organizaciones Industriales) que en los años 30 construyeron el único movimiento obrero verdaderamente poderoso que hemos visto en este país, eran también desproporcionadamente jóvenes. Los hermanos Reuther (socialistas) y Bob Travis (comunista), que ayudaron a dirigir la huelga de brazos caídos de la UAW, eran veinteañeros. Chris Smalls, el principal organizador del JFK8 en Staten Island, tiene treinta años; las y los camareros que dirigen las campañas de Starbucks son igual de jóvenes.

Cuanto antes desarrollen sus funciones de liderazgo trabajadores como éstos, ya sea dentro del movimiento sindical existente o en nuevos sindicatos que puedan surgir junto a los antiguos, mejor. Algunos sindicatos existentes -como el Sindicato Internacional de Empleados de Servicios (SEIU), que apoya a las y los camareros de Starbucks y ha liderado la lucha por un salario mínimo de 15 dólares durante la última década- pueden ser más receptivos a dicha transformación. Otros pueden ser más desconfiados. Estoy pensando en la UAW, que, incapaz de organizar las fábricas de automóviles no sindicalizadas del sur de Estados Unidos, recurrió a la organización de los campus universitarios, y ahora se encuentra con que casi una cuarta parte de sus miembros son estudiantes graduados.

Ahora bien, [el ejemplo de] Staten Island nos dice que algo ha cambiado. Si se toman en cuenta los agravios que han estado latentes durante mucho tiempo en una generación y las sensibilidades políticas de algunos de sus miembros, y se le añaden (por ahora)  los sectores favorables [a la sindicación] en el mercado de trabajo en las ciudades estadounidenses, y relación de fuerzas que ha regido los lugares de trabajo y las vidas de las y los estadounidenses durante los últimos 40 años se podría ver alterada. Por el bien del país, esperemos que así sea.

1/94/2022

Por Harold Meyerson

9 abril 2022

Fuente: Al'Encontre

Notas:

[1] ] Un informe del New York Times del 2 de abril ofrece una visión de la brutalidad con la que la dirección de Amazon han combatido a los activistas sindicales. Amazon ha creado un equipo de combate completo, que incluye guardias de seguridad militares y especialistas en vigilancia, para acabar con la campaña de sindicalización. El primer objetivo del ataque fue Christian Smalls, que fue despedido con un pretexto, justo cuando se estaba produciendo el primer movimiento de organización; fue por la cuestión de la salud en el momento del covid. Christian Smalls pudo apoyarse en un amigo, Derrick Palmer -que había conservado su trabajo-, y organizando una verdadera red de contactos, mediante vídeos en TikTok, multiplicaron los vínculos con los empleados, en un almacén que funciona 7 días a la semana, 24 horas al día; JFK8 tiene 8000 personas empleadas. Por ejemplo, organizaron lugares de encuentro antes de que la gente volviera a casa al amanecer, con carteles que decían "Hierba y comida gratis", y los trabajadores inmigrantes llevaban sus especialidades culinarias. Christian Smalls explica: "Empezamos sin nada, con dos mesas, dos sillas y una carpa”. Recibieron una pequeña ayuda de los sindicatos. Por el contrario, según el New York Times, "Amazon gastó más de 4,3 millones de dólares sólo en consultores antisindicales en todo el país, según documentos federales [nde].

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Ucrania y la lucha contra la invasión. Entrevista a Vitaliy Dudin

 Vitaliy Dudin, dirigente de la organización socialista democrática ucraniana Sotsyalnyi Rukh (Movimiento Social), habló desde Cherkasy, Ucrania, el 6 de abril, sobre la crítica coyuntura ucraniana y el papel de la izquierda en la lucha contra la invasión rusa.

 

Es muy difícil obtener información confiable de lo que está sucediendo en Ucrania. ¿Podríamos comenzar con tu evaluación de la situación actual, seis semanas después de la invasión de Putin? ¿Ve alguna perspectiva probable del fin de la guerra en las próximas semanas?

La invasión de Rusia ha creado una gran amenaza para la existencia de Ucrania como Estado independiente. Sin duda, podemos decir que la guerra actual es la guerra más devastadora que hemos visto en Ucrania desde la Segunda Guerra Mundial. Varias regiones —Chernigiv, Donetsk, Kharkiv, Kherson, Luhansk, Mykolaiv, Sumy y Zaporizhia —se han convertido en escenarios de acciones militares, con tanques y artillería bombardeando ciudades. El ejército ruso incluso ha atacado ciudades en el oeste de Ucrania, en las regiones de Lviv, Rivne y Volyn, disparando misiles letales desde el aire y el mar.

Cerca de 6.000 civiles han muerto. Las acciones militares han cobrado la vida de miles de soldados de ambos lados. Alrededor de cinco millones de personas han perdido sus trabajos, principalmente porque muchos lugares de trabajo han sido bombardeados. Casi 10 millones de personas se han visto obligadas a huir en busca de seguridad y cientos de miles han perdido sus casas.

Muchos pueblos en el norte, este y sur están actualmente, o estuvieron hasta hace poco, bajo una brutal ocupación rusa. Pero los invasores no han logrado alcanzar sus objetivos estratégicos. Solo han ocupado una gran ciudad, Kherson, y están tratando de asaltar Mariupol, que está sufriendo una inhumana campaña de bloqueo y bombardeos. Casi todos los edificios de la ciudad han sido atacados, incluida la infraestructura médica.

En varias partes del país, las tropas rusas han sido detenidas y han sufrido pérdidas significativas en términos de soldados y vehículos. Los ucranianos han demostrado que están dispuestos a contraatacar con valentía, incluso sin armas modernas como sistemas antiaéreos, aviones de combate y misiles. Por eso creo que el ejército ruso carece de fuerza para aplastar al ejército ucraniano y por eso las acciones militares podrían detenerse, al menos en algunas regiones. El gobierno de Putin tiene muchos recursos, pero el pueblo ucraniano está dispuesto y listo para resistir.

En este momento, el ejército ucraniano está haciendo retroceder a las fuerzas invasoras en varias direcciones, principalmente en las regiones de Kiev y Chernigov. Ciudades como Ivankiv, Bucha y Hostomel, que fueron ocupadas y saqueadas en las primeras semanas de la guerra, han sido liberadas. Pero no debemos subestimar el peligro: la invasión rusa ha causado una gran destrucción, sus ataques con misiles continúan causando provocando destrozos a gran escala y han revitalizado la ofensiva en el Donbas.

Creo que la guerra continuará mientras [el presidente ruso Vladímir] Putin esté en el poder. Hasta su derrocamiento, por ahora solo podemos contemplar un alto de fuego parcial. Ahora, el destino de Ucrania depende de la batalla por Mariupol.

¿Podría darnos una idea de los tipos de resistencia, armada y desarmada, en la que participan los ucranianos? ¿Qué papel juegan la izquierda, como Movimiento Social, y los sindicatos en ella?

En primer lugar, cientos de miles de ucranianos se han unido a las Fuerzas Armadas de Ucrania y la Defensa Territorial, que está integrada en las Fuerzas Armadas. Estas están luchando actualmente en primera línea con todas las armas disponibles, mientras que la defensa territorial protege principalmente las ciudades.

Algunos activistas de Movimiento Social, así como muchos miembros de los sindicatos, se han unido a la Defensa Territorial como voluntarios. Cabe mencionar que decenas de anarquistas y socialistas han formado su propia unidad de esta fuerza, denominada //medium.com/@blackheadquarterinua/resistance-committee-9c290e2a8b66">Comité de Resistencia.

En segundo lugar, muchos militantes de izquierda están ayudando como voluntarios para abastecer al ejército o satisfacer las necesidades humanitarias de la población. Una de las iniciativas más eficaces en este sentido es la Operación Solidaridad, que ha conseguido dotar de víveres a la izquierda militante. También estamos trabajando para satisfacer las necesidades de los sindicalistas que sirven en el ejército. Y hemos estado trabajando con la ONG de enfermeras Be Like Nina, ayudándolos a obtener medicamentos para los hospitales que atienden a los soldados heridos.

Tercero, vemos que mucha gente está protestando contra la invasión en las ciudades ocupadas. No estamos involucrados en esa actividad, pero lo apoyamos. Por supuesto, es muy peligroso porque las protestas pacíficas pueden ser reprimidas por soldados rusos armados. Esa resistencia demuestra que la gente está en contra de la «liberación» que busca convertir sus ciudades en «zonas grises».

En cuarto lugar, nosotros como Movimiento Social seguimos actuando como organización política. Buscamos contrarrestar la propaganda rusa y llamamos a nuestro pueblo a luchar por una Ucrania libre y justa.

Se ha prestado mucha atención al batallón Azov y otras fuerzas neonazis. ¿Podría hablarnos sobre su nivel real de influencia y el papel que juegan? ¿Les preocupa que la extrema derecha, en Ucrania y en el extranjero, salga fortalecida de esta guerra, particularmente cuanto más se prolongue?

Creo que se ha sobreestimado el papel de la extrema derecha. Esto se ha puesto de manifiesto en la forma fantasmagórica en que Rusia trató de justificar su invasión y sus crímenes de guerra.

Antes del 24 de febrero, Azov reunió a unas mil personas que estaban ubicadas en Mariupol y no hacían nada, porque Azov está integrado en la Guardia Nacional de Ucrania. Después de la invasión rusa, sus integrantes han sido convertido en héroes debido a su papel en la defensa de Mariupol, junto con las unidades del ejército. Esta es una forma extraña de desmantelar una agenda nacionalista de extrema derecha, lo que supuestamente es la intención de Putin, ¿no?

Los militantes de extrema derecha han cometido actos de violencia en las calles, pero ¿pueden estas acciones compararse de alguna manera con los asesinatos en masa que han resultado de los bombardeos y la campaña de terror llevada a cabo durante la ocupación? Por supuesto, podrían volverse más fuertes, pero si esto ocurre, sería mayormente culpa de Rusia.

Los nacionalistas radicales existen en Ucrania, en su nicho específico, como en muchos otros países. Sus actividades plantean sin duda un problema para la sociedad ucraniana, pero no para Rusia ni para la paz internacional. La extrema derecha en Ucrania fue tolerada principalmente debido a las necesidades de defensa del Estado. El gobierno hizo la vista gorda ante los ataques de los nacionalistas radicales mientras estos ayudaban a satisfacer las necesidades de defensa.

Estos nacionalistas radicales han desempeñado un papel de servicio y protección para la elite oligárquica y su régimen. Pero su influencia política es muy pequeña y en su mayoría tienen un papel muy limitado. Por ahora, los nacionalistas radicales están jugando un papel menos importante que el que tuvieron en las protestas de Maidan de 2014, porque miles de personas comunes y corrientes están tomando las armas. Cuantos más ucranianos tengan las armas necesarias para defenderse, y cuanto más la izquierda internacional apoye a Ucrania, menos influencia tendrá la extrema derecha en el país.

La mejor manera de neutralizar el problema del nacionalismo radical en Ucrania es debilitando las intenciones imperialistas de Rusia. Aquellos que se niegan a expresar su solidaridad con Ucrania debido a la existencia de nacionalistas radicales no tienen nada en común con los principios e ideas de rechazo a la guerra.

Se habló mucho sobre el conflicto en el este de Ucrania que comenzó mucho antes de la invasión. ¿Cuál ha sido el impacto de la invasión en este conflicto y, más generalmente, en las relaciones entre los ucranianos de origen ruso y el resto?

La invasión de Putin ha dañado gravemente las relaciones entre los pueblos ruso y ucraniano, pero, al mismo tiempo, ha supuesto una especie de consolidación de la sociedad ucraniana. Después del 24 de febrero, incluso las personas que tenían algunas ilusiones políticas sobre el papel progresista de Rusia se convirtieron en enemigos convencidos de Moscú. Podemos decir que esta tragedia común ha unido a los pueblos. Las personas de la parte occidental de Ucrania están dispuestas a ayudar a los refugiados del este y están demostrando su apoyo en acciones concretas.

Sin duda, algunas personas han seguido una agenda excluyente y extremista, afirmando que los rusoparlantes son «agentes de Putin». Sabemos que la cultura rusa estará asociada con la cultura de los opresores durante mucho tiempo (hasta que el régimen de Putin sea derrocado por los propios rusos). Pero estamos dispuestos a oponernos a cualquier tipo de discriminación lingüística o cultural y esperamos que prevalezca la solidaridad.

También hemos visto que la gente corriente de las autoproclamadas repúblicas de Donbas está cansada de que Moscú los utilice en la guerra contra los ucranianos. Por supuesto, la mayoría de ellos consideran el ruso como su idioma nativo, pero tampoco desean renunciar a sus vidas. Incluso en medio de esta horrible historia, el potencial de reintegración permanece.

Como están las cosas, algunos creen que el mejor resultado posible es que Ucrania negocie y renuncie a sus ambiciones de unirse a la organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) ¿Cómo respondería a ese argumento? Y, en términos más generales, ¿cómo ve Movimiento Social el tema de la OTAN y su papel en esta guerra?

En primer lugar, pensamos que cualquier intención de unirse a la OTAN no puede justificar la invasión rusa. Este es un tema que se encuentra en el campo del debate interno y de la soberanía nacional. En segundo lugar, vemos a la OTAN como un club de los países más ricos y sus aliados. Para Ucrania, sería mejor desarrollar relaciones con todos los países y garantizar una independencia real. Tercero, es importante darse cuenta de cómo el tema de la OTAN ha impactado la vida política ucraniana. La perspectiva de membresía era muy vaga: la OTAN nunca ha garantizado la incorporación de Ucrania. Entonces, una «orientación atlántica» siempre fue más bien un caso de ilusión de parte del gobierno, mientras que para la ciudadanía fue una reacción al trauma colectivo y al miedo a la guerra en 2014.

La OTAN podría haber ofrecido la membresía de Ucrania hace mucho tiempo, pero en cambio prometió algún tipo de cooperación, lo que solo dejó a Ucrania vulnerable. Creemos que la OTAN ha jugado el papel de espectador pasivo en esta guerra. Desde finales de 2021, no han hecho nada decisivo para apoyar a Ucrania con las armas. Parece que están más interesados en evaluar la fuerza del ejército ruso.

Se han producido debates sobre el tema del envío de armas a Ucrania. Algunos se oponen a esto diciendo que solo contribuiría a la remilitarización de Europa y al empoderamiento de la OTAN. Otros dicen que conducirá a un escenario como el de Afganistán en la década de 1980, con los ucranianos siendo utilizados para lograr el objetivo de los Estados Unidos de socavar a Rusia. ¿Cuál es su posición sobre esta cuestión?

No veo ninguna razón para un debate como este. Hablar de los riesgos de la remilitarización en Europa es algo totalmente mal fundamentado, porque existe una asimetría impresionante entre Ucrania y Rusia. El futuro de la desmilitarización radica en detener la maquinaria de guerra de Rusia ahora.

Las cuestiones de seguridad deben ser motivo de gran preocupación. Cualquier desmilitarización que ignore la seguridad de los pueblos, su derecho a defenderse, y justifique acciones de bloqueo a la resistencia contra la agresión imperialista es moralmente incorrecta. Ucrania necesita armas para defenderse a sí misma y al resto de Europa. Necesitamos armas antiaéreas y aviones para proteger a los civiles, porque la gente está muriendo por causa de los misiles y ataques aéreos rusos.

Quiero enfatizar que tales armas no cambiarán la naturaleza de la guerra: no permitirán que el ejército de Ucrania elimine enemigos lejanos, sino que mejorará su potencia de fuego en el combate cuerpo a cuerpo. Cuantas más unidades militares rusas se destruyan, más estable será la paz que obtendremos. Es simple, como durante la guerra contra el Tercer Reich. Rusia también justifica su agresión con una ideología de etnonacionalismo. Es una amenaza real a la que debemos hacerle frente.

También es importante saber que muchos trabajadores ucranianos se están alistando en el ejército. Deberíamos armarlos para que puedan regresar a sus hogares con vida y, a su vez, empoderados para continuar la lucha de clases contra los oligarcas codiciosos.

Más allá de la cuestión de las armas, ¿qué tipo de solidaridad cree que se requiere para garantizar una paz genuina para Ucrania?

Pedimos que todos presionen a sus gobiernos para garantizar la cancelación de la deuda y para brindar ayuda financiera incondicional para la reconstrucción de Ucrania, como parte de un «Nuevo Plan Marshall». También pueden ayudarnos enviando cualquier tipo de ayuda (incluidos botiquines, chalecos antibalas, cascos).

Pero lo más específico que puede hacer la izquierda es cambiar fundamentalmente el análisis de la guerra en sus organizaciones. No deben tolerar el imperialismo de Putin y deben apoyar plenamente el derecho del pueblo ucraniano a la autodeterminación.

Nota: esta entrevista fue originalmente publicada, en inglés, en la revista Green Left, de Australia.

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El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, participa en una rueda de prensa matutina en Palacio Nacional, de la Ciudad de México, a 10 de febrero de 2022. — EFE

El presidente mexicano, con una alta popularidad, se somete este domingo a un inédito referéndum revocatorio promovido por sus partidarios. Las encuestas dan por hecho que será ratificado en el cargo y la oposición llama a no participar en la consulta.

 

Exiliado en México y atrincherado en su casa-búnker de Coyoacán, León Trotsky asistió con interés al proceso de expropiación petrolera emprendido por el general Lázaro Cárdenas a finales de los años 30 del siglo pasado. En sus Escritos Latinoamericanos, el ideólogo de la revolución permanente definió el cardenismo como un "bonapartismo sui géneris", apoyado en la fuerza de obreros y campesinos. Andrés Manuel López Obrador ha resucitado ese espíritu bonapartista desde su arrolladora victoria electoral en 2018. El mandatario progresista fue entonces el candidato presidencial más votado de la historia de México, con más de 30 millones de votos (53%). Aunque ya no goza de la inmensa popularidad del inicio de su mandato, continúa con una valoración muy positiva entre la población. Este domingo se enfrenta a una prueba inédita en México, un referéndum revocatorio promovido por sus partidarios que lo desalojaría de la presidencia en el caso, altamente improbable, de que una mayoría votase a favor de su destitución.

Validado por una reforma constitucional en 2019, el referéndum es para los seguidores de López Obrador un claro ejercicio de participación democrática. Sus detractores argumentan, por contra, que el presidente solo busca mirarse en el espejo de las urnas para reafirmar su popularidad cuando todavía faltan algo más de dos años para que se celebren las elecciones presidenciales. En cualquier caso, el referéndum solo será vinculante si votan al menos el 40% de los inscritos en el censo electoral (unos 37 millones de personas). Si se alcanza ese porcentaje (improbable, según las encuestas) y hay una mayoría a favor de la revocación, AMLO, como se le conoce popularmente en México, deberá abandonar el Palacio Nacional. Convencido de que será ratificado en las urnas, el mandatario ha asegurado que dejará el poder si pierde, aunque el resultado no llegue a ser vinculante.

El Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) de López Obrador continúa siendo la principal fuerza política de México, como quedó patente hace casi un año en las elecciones legislativas y regionales, en las que el oficialismo se impuso de nuevo a las dos grandes formaciones de la oposición (el Partido Revolucionario Institucional, que gobernó durante siete décadas, y el derechista Partido de Acción Nacional). Morena y sus socios parlamentarios, sin embargo, vieron reducida su presencia en el Congreso y perdieron la mayoría cualificada de dos tercios necesaria para aprobar las reformas constitucionales previstas en la denominada Cuarta Transformación, el proyecto de renovación estructural del país que tiene en mente López Obrador. El Congreso votará la semana que viene una ley de reforma eléctrica que, entre otras medidas, otorgaría al Estado el control mayoritario en la generación y distribución de la electricidad y en la explotación del litio.

Después de más de tres años en el poder, el líder progresista se mantiene vigoroso en las encuestas que miden su popularidad. Un sondeo de la consultora Mitofsky divulgado hace unos días estimaba su aprobación en el 60%. Otra encuesta del diario El Financiero le otorgaba en marzo una valoración positiva del 57%, tres puntos más que en febrero. El referéndum figuraba entre las promesas electorales de López Obrador y estaba supeditado a la recolección de 2,7 millones de firmas y a su aprobación en el Congreso, dos premisas que se cumplieron. Las urnas son, para López Obrador, la mejor expresión de la democracia participativa que defiende. En su afán de imparcialidad, el mandatario ha decidido no decantarse el domingo por ninguna opción. Su voto será nulo pues incluirá una alusión a uno de esos héroes de la Revolución Mexicana que tanto admira. "Viva Emiliano Zapata", escribirá AMLO en su papeleta electoral, según adelantó esta semana en una rueda de prensa: "No puedo votar ni por una cosa ni por la otra, pero sí tengo que ir a votar porque un demócrata tiene que participar siempre que se trata de tomar decisiones".

Los sectores que defienden la revocación del presidente consideran una incongruencia el hecho de que haya sido el propio gobernante y su entorno político los que hayan impulsado la consulta como una cuestión de ratificación más que de revocación. "Revocafraude", ha llamado al proceso Gustavo de Hoyos, impulsor del movimiento "Sí por México", para quien "se está desvirtuando el espíritu de la figura del derecho ciudadano a pedir la cesación constitucional del encargo del presidente de la República". Los dirigentes de Morena contraponen que el revocatorio es un derecho de todos los ciudadanos, también de aquellos que apoyan a un gobernante. Y será, sin duda, un poderoso dispositivo para que la sociedad evalúe a futuros mandatarios en un sistema que prolonga las presidencias durante seis años.

La oposición, contra la consulta

Los partidos tradicionales han visto en la campaña por el sí un regalo a López Obrador y han apostado directamente por la no participación. Esa postura esconde, sin embargo, la gran debilidad de la oposición y su incapacidad de batir en las urnas a un líder con un gran apoyo popular. Se da por descontada su ratificación el domingo (alrededor del 70% votaría a favor de esa opción, según los sondeos). Lo que está en juego es la cantidad de votos que puede arrastrar el mandatario y la fortaleza electoral de Morena, una heterogénea plataforma política fundada hace una década por López Obrador y en la que están encuadrados exdirigentes del PRI y, principalmente, del Partido de la Revolución Democrática (PRD), la antigua formación progresista (hoy muy desdibujada electoral e ideológicamente) en la que se forjó el presidente. En la carrera por la sucesión de López Obrador, quien no puede ser reelecto según la Constitución, ya se alistan algunos dirigentes, como la alcaldesa de Ciudad de México, Claudia Sheinbaum; el canciller, Marcelo Ebrard, y un político emergente, el ministro de Gobernación, Adán Augusto López, muy activo en la campaña del referéndum.

Algunos ensayistas mexicanos, como Manuel Aguilar Mora, han criticado desde la izquierda al gobierno de López Obrador, reprochándole la falta de concreción de una auténtica agenda social. El discurso del presidente mexicano bebe del progresismo latinoamericano, pero algunas de sus políticas, como el megalómano proyecto del Tren Maya, tienen un rancio sabor neoliberal. Su arrasadora llegada al poder en 2018, con más de 30 millones de votos, fue fruto del deseo de cambio de amplias capas de la sociedad hartas de la corrupción y el nepotismo del PRI y el PAN. Hay una mayoría social que hoy sigue apoyando al mandatario. Y desde el Palacio Nacional, AMLO siente ese respaldo como la mejor herramienta política contra sus oponentes. Como sugiere Aguilar Mora, el bonapartismo sui géneris al que se refirió Trotksy en los años 30 parece haberse restaurado en el México del siglo XXI.

08/04/2022 22:32

Por César G. Calero

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  El presidente de Rusia, Vladimir Puti, recibe al primer ministro israelí, Naftali Bennett, antes de su reunión conjunta el 22 Octubre de 2021. — Kremlin / dpa / Europa Press

El primer ministro Naftalí Bennett está en contacto continuo con los presidentes Vladimir Putin y Volodymir Zelensky. Con el segundo mantiene unas excelentes relaciones mientras que con el primero hay un choque de intereses y una aparente desconfianza mutua.

 

La actitud de Israel respecto a la crisis de Ucrania no deja de ser curiosa y contradictoria. Mientras el primer ministro Naftalí Bennett mantiene hilo directo con el presidente Vladimir Putin, habla con él con regularidad, y hasta ha sido el único mandatario "occidental" que ha visitado Moscú en una ocasión durante la guerra, otros ministros, empezando por el titular de Exteriores Yair Lapid, se muestran muy críticos con Rusia.

Un reciente sondeo muestra que más del 80% de los israelíes, con un porcentaje más elevado entre los israelíes judíos, que son los que cuentan, apoyan a Ucrania. Pero esto no impide que Bennett siga haciendo equilibrios con unos y otros.

Quizás el hecho de que el presidente Volodymir Zelensky sea judío, como repiten a menudo los medios hebreos, tenga algo que ver, aunque no es el único judío en la cúpula de poder de Ucrania. El mismo ministro de Defensa, Oleksiy Reznikov, también lo es, así como un nutrido grupo de asesores del presidente, algunos de los cuales incluso hablan hebreo, como bien les consta a los israelíes que siguen las televisiones locales.

Los contactos entre Bennett y Putin no impiden que se observe un recelo entre las partes. No debe olvidarse, que pese a sus más y sus menos ocasionales con Washington, Israel impulsa de una manera definitiva las políticas norteamericanas en el llamado mundo libre, es decir el mundo occidental que baila al unísono al compás de lo que dicta la partitura de EEUU.

Rusia es el mayor enemigo de los intereses del tándem EEUU-Israel que se presenta como defensor del llamado mundo libre y defiende la democratización forzosa y a su gusto del planeta. Sin embargo, a diferencia de EEUU, Israel cuida el trato con Rusia, algo que no es nada nuevo y que ha sido así por lo menos desde la caída de la Unión Soviética hace tres décadas.

Al igual que ocurre con miles de ucranianos, judíos y en menor medida no judíos, millares de rusos judíos, y algunos no judíos, incluidos oligarcas y personas muy relevantes de la cultura y la televisión rusa, han buscado refugio en Israel durante esta crisis. Se trata de un goteo constante del que los medios hebreos dan cuenta puntualmente.

El viernes el Yediot Ahronot reveló que "ex-militares" israelíes están adiestrando a los ucranios en una base secreta del oeste de Ucrania y que las autoridades israelíes lo saben y no han querido interferir. El periódico de Tel Aviv confirmó tanto la existencia de los "ex-militares" israelíes en Ucrania como el conocimiento que las autoridades israelíes tienen de esas actividades nada amistosas para con Moscú.

Un elemento no menor de la ecuación, que en su momento pasó casi desapercibido, pero del que sin duda tomaron nota en Tel Aviv, fue el anuncio del ministerio de Defensa ruso de que ha enviado a su base en la localidad siria de Hmeimim tres bombarderos Tu-22M3 con capacidad para armas nucleares.

Esto ocurrió el pasado 25 de mayo. Ciertamente a ningún país le gusta tener por su barrio aviones con capacidad para armas nucleares e Israel no es una excepción. Una circunstancia similar ha desencadenado la guerra en Ucrania, ya que Moscú dejó claro que la no nuclearización de su vecino es prioritaria para su seguridad. Aunque Israel debió tomar buena nota del anuncio de Moscú, prefirieron no crear una crisis en aquel momento.

Es evidente, aunque no lo manifieste públicamente, que entre los intereses de Israel está la debilitación de Rusia, lo que está sucediendo con la guerra y va a seguir sucediendo en el futuro más inmediato, con la vista puesta en el desgaste de Putin, considerado por Occidente como el mayor enemigo del llamado mundo libre solo por detrás de China.

Que las relaciones entre Moscú y Tel Aviv son peculiares quedó demostrado el jueves de esta semana, cuando el embajador ruso en Damasco, condenó de la manera más clara posible las actividades del estado judío. Lo hizo en unos términos sin precedentes y con la amenaza de responder de manera apropiada.

El embajador Alexander Efimov no estableció un vínculo con la guerra de Ucrania, aunque no puede descartarse que el vínculo esté implícito. Efimov dijo que las continuas actividades de Israel en Siria están "provocando una reacción" de Rusia. Si bien Moscú ha advertido a Israel repetidamente en las últimas semanas contra sus incursiones, nunca lo había hecho de una manera tan explícita y determinante. Por parte de Israel no ha habido reacción oficial.

Poco después de esta seria advertencia, el secretario de Estado de EEUU, Antony Blinken, anunció una visita a Israel para este fin de semana. Distintos medios hebreos han indicado que el principal objetivo del viaje consiste precisamente en explorar las posibilidades de la "mediación" israelí entre Rusia y Ucrania. No debe descartarse que Rusia esté usando la baza de su presencia en Siria con elemento de presión en la negociación.

Sin embargo, esa mediación depende tanto de Israel como de EEUU. Los americanos están interesados en el desgaste de Putin y el desarrollo de la guerra todavía juega a su favor, de manera que lo más lógico es que continúen sin responder a las demandas de Moscú respecto de su seguridad. Por su parte, Israel, aunque mantiene buenas relaciones formales con Putin, también está interesada en un debilitamiento de Rusia.

La guerra no solo está reforzando políticamente al presidente Joe Biden y a Occidente en general, sino que a esas ganancias políticas hay que sumar las enormes ganancias que tendrá la industria armamentista americana durante la guerra y muy especialmente en la posguerra. Esto significa que en las actuales circunstancias Washington tiene poco interés en poner fin al conflicto.

26/03/2022 21:39

Publicado enInternacional
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