¿Por qué es importante el litio para los saqueadores de Chile?

El miércoles se anunció la adjudicación de 160 mil de las 400 mil toneladas del llamado "oro blanco" que Piñera a poco de terminar su mandato, puso en licitación. La Izquierda Diario de Chile (parte de la Red Internacional) entrevistó al Biólogo Ambiental y Magister en Medio Ambiente y Desarrollo Sustentable Domingo Lara, quien explica la importancia mundial que tiene ese mineral y quienes son los saqueadores de la riqueza natural de ese país.

 

Chile tiene la mayor reserva mundial de este mineral, fundamental para diversas áreas productivas, sobre todo la electromivilidad. En sus últimos meses de gobierno, Piñera abrió una licitación para que los saqueadores de siempre de las riquezas naturales del país trasandino sigan beneficiándose.

¿Por qué genera tanto interés la extracción del litio en Chile?

Actualmente, Chile representa el 32 % de la producción global del Litio y posee la mayor reserva mundial ubicada en el Salar de Atacama, dentro de una cuenca en el desierto más árido del planeta, junto a Argentina y Bolivia forman el denominado Triángulo del litio.

El litio juega un rol fundamental para el desarrollo tecnológico principalmente para la elaboración de baterías, lo que, en el boom del uso de autos eléctricos, como respuesta ante los autos convencionales, como una tecnología limpia de emisiones de dióxido de carbono, amigable frente al cambio climático, pero detrás se esconde un gran negocio y la destrucción de un ecosistema único, como son los salares.

Esta perspectiva de electromovilidad ha generado un aumento creciente del precio del litio, durante 2020 cerca de dos tercios del litio fue utilizado en la fabricación de baterías de ion-litio. El Bank of American pronostica que el llamado oro blanco se cotizará en US$ 25.550 la tonelada en 2022, con un incremento de 61,5%.

Las principales empresas responsables de la extracción del litio en Chile son SQM y Albemarle. La primera, obtuvo ganancias por US$ 263,8 millones al tercer trimestre del 2021, lo que es un incremento de 170,5% en relación con el año pasado, esta empresa además es célebre por su rol en el financiamiento ilegal de la política y por ser del yerno de Pinochet Ponce Leru. Todo este mega negocio implica un enorme impacto social, ambiental y cultural sobre las comunidades y las condiciones.

¿Cuál es el impacto sobre el ecosistema, en particular sobre el agua?

La cuenca del Salar de Atacama donde está la principal reserva de litio del planeta, para obtenerlo se utiliza un método de extracción de salmuera y evaporación de grandes cantidades de agua en un ecosistema frágil, donde se combinan agua dulce en su margen este y un núcleo hidro salino, donde se encuentra la salmuera. De esta cuenca se extraen casi 2000 litros por segundo de agua en forma de Salmuera y sumado a alrededor de 2000 litros por segundo de agua fresca, afectando el ecosistema. Esto lo hace la gran minería SQM, Albemarle en el litio, pero también Minera Escondida y Zaldívar, extraen agua dulce.

Pese a que hay varias zonas que tienen reconocimiento por su importancia ambiental, Reserva Nacional Los Flamencos, Sistema Hidrológico de Soncor (sitio Ramsar), Valle de la Luna (santuario de la Naturaleza), sólo hay un área bajo Protección Oficial perteneciente al Sistema Nacional de Áreas Silvestres Protegidas por el Estado, que es la Reserva Nacional Los Flamencos. Este sitio posee una superficie de 20.806 hectáreas, equivalentes apenas al 1,3% de la cuenca, hábitat de Parinas, (flamencos).

El núcleo del salar es un sitio que es considerado único por su ecología microbiana, que habita la costra salina, en condiciones que son producto de millones de años de evolución, que con el impacto hídrico y la intervención extractivista se dañan de forma irreversible.

El agua también ha significado un impacto cultural y social para los pueblos que habitan alrededor del Salar, su agricultura y necesidades hídricas básicas, se han visto mermadas, y los habitantes originarios, Licanantay han visto afectado su modo de vida, se ha sembrado la desigualdad y dañado sus prácticas ancestrales.

¿Cuál ha sido la política frente a esta situación de los distintos gobiernos y qué opinas de la respuesta del presidente electo Gabriel Boric frente a esta problemática?

Todos los gobiernos post dictadura lo único que han hecho es fomentar el saqueo, si bien hay impuestos y ciertas regulaciones, son finalmente las propias empresas extractivistas las que monitorean las variables ambientales.

Ya es más que conocido el rol de SQM en el financiamiento ilegal de la política, con implicados tanto de la derecha como de la ex concertación, el simple hecho de que esta empresa la maneja el yerno de Pinochet ya es algo que muestra la impunidad con la que se actúa.

En el Caso del próximo gobierno de Boric, si bien hay mucha gente que tiene expectativas, estas se han venido desinflando porque el mismo Boric y su equipo se han encargado de hacerlo, y es que su propio encargado de minería afirmó que no se puede hacer nada contra la licitación.

Pero el problema de fondo es que su proyecto de campaña de una empresa nacional del litio, sin expropiar parte de las actuales cuotas de extracción y sin cambiar la relación con las comunidades y sus trabajadores, donde sean estos actores quienes decidan sobre la producción y la protección del salar, es sumar un actor más a la depredación ambiental.

¿Es reversible esta situación, se puede hacer algo ante esto?

Hasta ahora tanto el Frente Amplio, el Partido comunista y la ex Concertación han decretado medidas para revertir esta licitación, dijeron que la oposición insistiría por vía judicial, con un recurso de protección, por vía administrativa a contraloría y por la vía legal con el proyecto de ley del Partido Comunista y la Democracia Cristiana.

El problema es que la única fuerza que puede frenar esto, es la organización de las comunidades y los trabajadores, así como se paró HidroAysén en el Sur, o como se ha protestado contra diversos proyectos extractivistas, esta es la vía que realmente permitirá no solo frenar esta licitación si no avanzar en el anhelo de nacionalizar el litio y que sean las comunidades y los trabajadores quienes decidan cómo proteger el salar sin ningún tipo de chantaje económico, al servicio de esto debemos estar quienes nos preocupa el medio ambiente y hemos estudiado el salar.

Es un buen símbolo que en la convención, más de 15 mil personas apoyaron la iniciativa de norma de la nacionalización del litio el cobre y el oro, pero es fundamental pasar del debate a lograr cambiar realmente esta situación y para esto debemos organizarnos.

Viernes 14 de enero

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Fotógrafo de Paisajes Naturales del Año. Ganador absoluto. Foto: Eric Bennett / Natural Lansdcape Photography Awards 2021

“Como fotógrafo que se esfuerza por mostrar a la gente el valor de la naturaleza, siempre me ha gustado observar y crear fotografías más sutiles y personales. Fotografías que retrataran la naturaleza de una manera realista", explica el fotógrafo estadounidense de paisajes y naturaleza, Eric Bennettcuya serie de fotografías le ha valido para alzarse entre las más de 13.350 fotografías presentadas al concurso por fotógrafos de casi 50 países, con el título de Fotógrafo del Año en la primera edición del recién nacido Natural Landscape Photographer of the Year.

Fotógrafo de Paisajes Naturales del Año. Ganador absoluto. Foto: Eric Bennett / Natural Lansdcape Photography Awards 2021

Fotógrafo de Paisajes Naturales del Año. Ganador absoluto. Foto: Eric Bennett / Natural Lansdcape Photography Awards 2021

Fotógrafo de Paisajes Naturales del Año. Ganador absoluto. Foto: Eric Bennett / Natural Lansdcape Photography Awards 2021

Fotógrafo de Paisajes Naturales del Año. Ganador absoluto. Foto: Eric Bennett / Natural Lansdcape Photography Awards 2021

Fotógrafo de Paisajes Naturales del Año. Segundo Premio Mi corazón está lleno de enorme alegría por ser reconocido por este trabajo y por la capacidad de mostrar la belleza tranquila y natural que nos rodea a todos. Foto: Ben Horne / Natural Lansdcape Photography Awards 2021

Fotógrafo de Paisajes Naturales del Año. Segundo Premio. Foto: Ben Horne / Natural Lansdcape Photography Awards 2021

Fotógrafo de Paisajes Naturales del Año. Segundo Premio. Foto: Ben Horne / Natural Lansdcape Photography Awards 2021

(Tomado de National Geographic)

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Colapso climático y capitaloceno, una visión desde América Latina y el Caribe

El mundo poscovid-19: ¿cambio de paradigma?

La economía se encuentra en una encrucijada cada vez más compleja. Los problemas que le acosan y los retos que tiene que resolver son cada vez mayores y más difíciles de asumir. Y lo que desespera es ver cómo la economía se ha transformado en una suerte de gran totem al que se le rinde permanente y sumisa pleitesía. Se desplieguen acciones para protegerla, presentándolas como alternativas para intentar resolver justamente los problemas que la economía, tal como la conocemos, provoca. Así emergen las economías “sustentables”, “circulares” o de colores: sean “verde”, “azul”, “naranja”, “violeta” o como se las quiera denominar o pintar, pero que, sin desconocer algunas buenas intenciones, terminan por no cuestionar la esencia perversa del economicismo y menos aún del capitalismo.

En síntesis, precisamos otra economía, no simplemente un nuevo apellido para la actual. Otra economía pensada y sustentada en la vigencia plena de los Derechos de la Naturaleza y de los inseparables Derechos Humanos, en este caso estructurada y proyectada desde y para Nuestra América. Una economía para otra civilización que empiece por entender que no vivimos un simple cambio climático. Estamos frente a un colapso climático en el marco de lo que se conoce como antropoceno, que en realidad debería considerarse como capitaloceno, sustentado en el faloceno y el racismoceno.

Es evidente que no será fácil superar tantas supersticiones y falacias disfrazadas de ciencia. Nos toca vencer tanto visiones miopes como reticencias conservadoras y prepotentes que esconden y protegen varios privilegios. Eso, a contrapelo del mensaje dominante, no puede ocultar que se siguen construyendo estrategias de acción diversas y plurales en el mundo entero.[2]

 

Del desarrollo sustentable a la economía verde

Lo que nos interesa es destacar que, como consecuencia de muchas reflexiones desatadas especialmente desde inicios de los años setenta del siglo XX, se produjo la entrada en escena a nivel global de la preocupación ambiental. Como fecha referencial tenemos1992, durante la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo, celebrada en Río de Janeiro. Entonces la “comunidad internacional” se propuso articular un modelo de desarrollo que trace parámetros comunes para asegurar el ansiado crecimiento económico, el deseado bienestar social incluyendo el bienestar ambiental de la Humanidad. El punto inicial de esta decisión es el Informe Brundtland, elaborado en 1987, que confrontó el desarrollo con las demandas ambientales.

Proponerse satisfacer las necesidades del presente sin comprometer las necesidades de futuras generaciones, fue un cambio importante. Aún más, se planteó que el uso de los recursos naturales pueda sostenerse en el tiempo. Este fue un punto de inflexión para empezar a reflexionar -en serio- sobre los límites del desarrollo tradicional, luego del impacto que provocó el Informe del Club de Roma en 1972. Y de hecho fue evidente la urgencia de revisar el papel que cumple la economía.

Resumiendo, al hablar de desarrollo sustentable se abrió la puerta para buscar un equilibrio entre economía, sociedad y ecología. Sin haber resuelto el reto de fondo, sin embargo, lo que se logró significó un paso trascendente. El tema ambiental ganó terreno, pero, a la vez y esto es lo preocupante, quedó expedita la vía para el capitalismo verde, es decir intentar resolver los problemas por la vía de una creciente mercantilización de la Naturaleza.

Desde entonces la tarea fue introducir el tema ambiental en la economía pero sin afectar su esencia, ni interiorizar aquellos complejos elementos que configuran el marco en donde se desenvuelven los procesos económicos. Veamos algunos ejemplos. No se consideraron las pesadas herencias coloniales o los desproporcionados niveles de consumo de recursos por parte de unos pocos países, que son, además, los principales responsables de los gases de efecto invernadero o de la contaminación con plástico, para mencionar apenas dos fuentes de distorsiones ambientales cada vez más complicadas y preocupantes.

Inclusive esta aproximación al tema ambiental afincada también en soluciones tecnológicas, no solo que margina a aquellos grupos humanos -los pueblos originarios- que no están integrados en los procesos de modernización capitalista, sino que los considera casi como los causantes de los problemas, al ser vistos inclusive como “enemigos del progreso”.

Las respuestas económicas verdes, ya en tiempos neoliberales, aparecieron casi como la panacea para resolver estas cuestiones respaldando el crecimiento económico y la liberalización del comercio, ignorandolos inocultables conflictos entre esa economía, la justicia social y la sostenibilidad ambiental.

 

Las imposibles promesas del capitalismo verde

Asumidos como válidos los principios de un equilibro tripartito, la economía ambiental ofrecía y ofrece aún asegurar un crecimiento económico permanente, resolviendo los problemas sociales sobre todo de pobreza y da cuenta también de las cuestiones ambientales; esta es la esencia de la “economía verde”.

Desplegando ese instrumentario económico se asumió el reto de enfrentar los destrozos ambientales. Desde la política fiscal, por ejemplo, apareció el moto que “quien contamina paga”. Además, para poner en marcha esta aproximación nada mejor que asegurar las salidas de mercado, que establezcan los precios “adecuados”, y así -garantizando por supuesto la propiedad privada- conseguir los resultados de eficiencia y sostenibilidad propuestos, como reza el mensaje dominante. Esto se complementa con la fascinación por la ciencia y la tecnología.

Tampoco se ha tomado en consideración lo que representa en el mundo “el modo de vida imperial”[3], que es posible sofocando la vida de otros pueblos y de la Naturaleza. No se consideran las estructuras patriarcales que ahogan la posibilidad de la vigencia plena de los Derechos Humanos. No encuentra espacio en estas consideraciones “verdes” la misma colonialidad con todas las cargas históricas que de ella se derivan o los proyectos extractivistas con sus enormes destrucciones de territorios y comunidades o la mismísima transición energética corporativa que demanda más y más minerales como el litio para seguir inflando el monstruo urbano exacerbado por millones de vehículos eléctricos particulares… La economía verde, en suma, busca soluciones a los problemas que emergen del sistema capitalista al cual procura proteger, pero, al acelerar la mercantilización de la Naturaleza, ha profundizado los desequilibrios gemelos: ecológicos y sociales.

Tal como el desarrollo sostenible, la economía verde es un oxímoron utilizado para legitimar los intereses de los grupos de poder. Sus límites están a la vista.

 

Los límites insalvables de la economía…

Siempre habrá quienes argumentan que el problema radica en la ausencia de coherencia en la aplicación de las medidas económicas -que ellos consideran adecuadas, las que, por lo demás, son presentadas como técnicas. Es decir, carentes de juicios de valor. Así, los defensores de la economía verde o ambientalmente responsable o de las otros economías convenientemente bautizadas o pintadas argumentan pidiendo que se profundicen sus recetas y que se las cumpla a cabalidad; lo que representa ampliar las lógicas de una economía socioambiental de mercado. No les importa que este pedido sea un imposible, pues lo que proponen es que la realidad se ajuste a sus teorías.

Los resultados de estas pretensiones están a la vista.La acumulación material –mecanicista e interminable de bienes–, asumida como progreso, carece de futuro. Tampoco tiene futuro el desarrollo, que es un derivado de dicho progreso. Los límites de los estilos de vida sustentados en la bonanza antropocéntrica son cada vez más notables y preocupantes.

Los orígenes profundos de una crisis multifacética, agravada por la pandemia sanitaria, son fáciles de avizorar. Mencionemos algunos. Consumismo y productivismo. Tecnologías que aceleran la acumulación del capital. Estados cada vez más autoritarios. Ambición y egoísmo desaforados. Individualismo a ultranza transformado en enfermedad social. Hambre de millones de personas, no por falta de alimentos. Extractivismos desbocados. Flexibilización/precarización laboral. Predominio de las finanzas, sobre todo en su trajinar especulativo. Culto a la religión del crecimiento económico permanente. Inclusive el coronavirus, por sus orígenes zoonóticos, resulta de la destrucción de la biodiversidad alentada por la codicia de riqueza y poder.

Toda esta complejidad, desde una perspectiva ecológica, se grafica en la fecha de la Sobrecapacidad de la Tierra, que se acerca cada vez más al 1 de enero. El día 28 de julio se agotaron los recursos disponibles en el 2021. El primer registro, en 1970, se ubicó el 29 de diciembre, en el 2019 fue el 29 de julio y en el 2020, el 22 de agosto. El retroceso del Día de la Sobrecapacidad de la Tierra en 2020 se debió a la pandemia del coronavirus. Se registró tres semanas más tarde que el año anterior, o sea el 22 de agosto, como resultado de la desaceleración económica, pero ya en el 2021volvimos nuevamente a la senda de la normalidad, que era una verdadera anormalidad. Por cierto hay una enorme desigualdad entre los países. Por ejemplo, los EEUU ya cumplieron su “cuota” el 14 de marzo. En Europa, España el 25 de mayo: así, si toda la humanidad adoptara un estilo de vida similar al del español promedio, necesitaría 2,5 planetas para mantenerse.

En América Latina esta presión es menos dramática, salvo en el caso de Chile que fue el primer país de América Latina en agotar su “cuota” del 2021 y lo hizo el 17 de mayo. En Brasil, Colombia, Perú, Venezuela, México, Argentina, Costa Rica y el resto de países, el sobregiro comienza más tarde. En países como Cuba, Nicaragua y Ecuador, la sobrecapacidad se alcanza cerca de fin del año. Tomando como referencia el indicador de las emisiones totales, esta región es responsable de solo el 8,3% de las emisiones mundiales; ubicándose cerca de la media global, alrededor de un tercio de las emisiones de Europa o EEUU.

Sin embargo, estos indicadores -como muchos otros- no son suficientes para graficar la gravedad de la situación en América Latina. Tomemos, a modo de ejemplo, que Centro y Sudamérica han sufrido una dramática disminución del 89% de poblaciones de especies en comparación con 1970. La creciente destrucción de sus selvas es más que preocupante. La perdida de cantidad y calidad del agua es otro punto a considerar. La creciente desaparición de biodiversidad tampoco puede pasar inadvertida. Además, América Latina y el Caribe son particularmente vulnerables: las afectaciones al equilibro ecológico global en otras partes del planeta, por ejemplo debido a la masiva contaminación en los países del norte global o la perdida de permafrost en Siberia o la deforestación en África o Asia, impactan en la Amazonía y esto a su vez repercute en el mundo.

La CEPAL[4] reconoce esta asimetría fundamental entre las emisiones y la vulnerabilidad. Igualmente este organismo de Naciones Unidas destaca la gravedad de los problemas sociales profundizados en medio de la pandemia de la Covid-19, al estimar que el total de personas pobres ascendió a 209 millones a finales de 2020, 22 millones de personas más que el año anterior; también destaca el empeoramiento de los índices de desigualdad en la región y en las tasas de ocupación y participación laboral, sobre todo en las mujeres.

A pesar de esas constataciones, no se puede desembocar en la torpe conclusión de que América Latina y el Caribe pueden continuar por la misma senda de crecimiento económico y de extractivismos desbocados para intentar alcanzar un fantasma que ya ha ocasionado terribles destrozos: ¡el desarrollo![5]

Tampoco se puede caer en la trampa de la soluciones tecnológicas. Muchas veces las mejorías que se pueden conseguir con avances tecnológicos, solo se reducen a pocos espacios locales, sobre todo urbanos. Las “sociedades de la externalización”[6], las de los países del capitalismo metropolitano e incluso de los espacios de privilegiados en el sur global, mejoran sus niveles de sostenibilidad ambiental y de bienestar social a costa del sacrificio ambiental y social de otros territorios. En paralelo debemos considerar las inequidades socioeconómicas, propias del capitalismo.

Tanta barbarie exacerba cada vez más las brechas entre ricos y pobres, deteriorando la alimentación, la salud, la educación y la vivienda de las actuales generaciones, algo que limitará sus expectativas y oportunidades de futuro. Sin ser la causa de los problemas actuales, la pandemia del coronavirus, también a través del inequitativo acceso a las vacunas, ha exacerbado esta realidad. Por su origen, todos estos desequilibrios son múltiples y crecen aceleradamente, provocando procesos sociales que superan las fronteras nacionales, por ejemplo, a través de crecientes flujos migratorios. Todas estas duras realidades, por otro lado, explican el aumento de los niveles de represión y exclusión existentes, con el consiguiente deterioro de la institucionalidad política.

Vistas así las cosas, es vital asumir la crisis socioambiental como parte de una crisis multifacética, que a todas luces configura una crisis civilizatoria, que acarrea también la crisis del pensamiento: si somos honestos y vemos las soluciones planteadas a nivel gubernamental y de casi todos los organismos internacionales -la Cumbre de Paris del año 2015 obra como muestra fehaciente de esta aseveración- se ha menoscabado la construcción -o siquiera discusión- de las grandes soluciones que el mundo necesita en muchos aspectos, especialmente en el ámbito de la economía.

 

La imperiosa necesidad de pensar en otra economía[7]

En definitiva, es preciso iniciar la discusión reconociendo los límites ecológicos que tiene el ambiente que nos alberga, aceptando que los seres humanos forman parte de la Naturaleza y por igual cuestionando al sistema de reproducción del capital como base de crecientes inequidades socioeconómicas y culturales. Sintetizando, es preciso plantearnos otros objetivos y otras acciones. Más de lo mismo será cada vez más de lo peor.

De ninguna manera puede creerse que todo el sistema económico debe estar inmerso en la lógica dominante de mercado, pues hay muchas relaciones inspiradas en otros principios de indudable importancia; por ejemplo, la misma solidaridad dentro de la seguridad social o las prestaciones sociales, a más de las diversas formas de relacionamiento solidario y recíproco en las economías de los pueblos y nacionalidades ancestrales. Similar reflexión se podría hacer para los servicios de educación, salud, transporte público, financieros y otras funciones que generan bienes públicos y comunes que no se producen y regulan vía oferta y demanda. En este punto, para recuperar una de las tantas lecciones de la pandemia del coronavirus, la salud no puede ser ni un privilegio ni una mercanc´ía: la salud -íntegramente replanteada- es un derecho. No todos los actores de la economía, por lo demás, actúan movidos por el lucro, ni todos los problemas se resolverán con la intervención estatal.

Un manejo diferente y diferenciador en lo económico exige cambiar las demás dimensiones sociales, que no se agotan en la racionalidad y calidad de las políticas sociales. Su reformulación debe basarse en la eficiencia tanto como la suficiencia y la solidaridad, fortaleciendo las identidades culturales de las poblaciones locales (empezando desde los barrios y comunidades), promoviendo la interacción e integración entre movimientos populares y la incorporación económica y social de las masas diferenciadas.

Amplios segmentos de la población, tradicionalmente marginados, pasarían de su papel pasivo en el uso de bienes y servicios colectivos a propulsores autónomos de los servicios de salud, educación, transporte, etc., impulsados desde la escala local-territorial; asumiendo el reto en cada comunidad. En lo político, este proceso conformaría y fortalecería instituciones representativas de las mayorías desde espacios locales, municipales y parroquiales, ampliándose en círculos concéntricos hasta cubrir el nivel nacional. Solo así se puede enfrentar la dominación del capital y de las burocracias estatales, ambos reacios al cambio. Si en este empeño se cuenta con el concurso consciente y activo del gobierno central, tanto mejor, pero no se debe jamás ser dependiente de este. La autonomía comunitaria es vital en este proceso.

Bajo un enfoque autocentrado, esto implica una emancipación concertada desde lo local, el real espacio para que emerjan los verdaderos contrapoderes de acción democrática política, económica, social, medioambiental y cultural. Desde ellos se podrán forjar embriones de una nueva institucionalidad estatal, de una renovada lógica de mercado y de una nueva convivencia social. Esos contrapoderes serían pilares para materializar una estrategia colectiva que construya un proyecto de vida en común, participativa y solidaria.

Lo que sí debe quedar claramente establecido es que una economía extractivista, es decir prioritariamente primario-exportadora, solo nos conduce a una situación de permanente postración y de creciente destrucción de los equilibrios socioambientales. Así, se requieren estrategias de transición, a desplegarse mientras se siguen extrayendo los recursos naturales de alguna manera portadores de la “maldición de la abundancia”[8]. El éxito de la salida dependerá de la coherencia de la estrategia alternativa y, sobre todo, del grado de respaldo social que tenga una estrategia postextractivista.[9]

Eso nos conmina a superar la civilización capitalista transitando del antropocentrismo al biocentrismo. Una nueva civilización no surgirá por generación espontánea, ni será el resultado de la gestión de un grupo de personas iluminadas. Se trata de una construcción y reconstrucción paciente y decidida, especialmente desde ámbitos comunitarios, que empieza por desmontar varios fetiches (empezando por el fetiche del dinero, la ganancia, el crecimiento económico, entre otros temas asumidos como verdades indiscutibles) y en propiciar cambios radicales a partir también de experiencias existentes.

Este es el punto. Contamos con valores, experiencias y prácticas civilizatorias alternativas, como las que ofrece el Buen Vivir o sumak kawsay o suma qamaña de las comunidades indígenas andinas y amazónicas.[10] A más de las visiones de Nuestra América hay otras muchas aproximaciones a pensamientos filosóficos de alguna manera emparentados con la búsqueda de una vida armoniosa desde visiones filosóficas incluyentes en todos los continentes. Aunque mejor sería hablar en plural de buenos convivires, para no abrir la puerta a un Buen Vivir único, homogéneo, imposible de realizar, por lo demás. Y este esfuerzo de recuperación de memorias largas en el mundo de los pueblos originarios debe darse también rescatando todas aquellas valiosas y todavía vigentes lecturas y propuestas formuladas desde las diversas teorías de la dependencia, superando, por cierto, su sesgo antropocéntrico y modernizador. Este esfuerzo demanda también recuperar el enorme potencial del paradigma feminista de los cuidados y las visiones decoloniales.

Si no hay espacio para “vanguardias” que asuman un liderazgo privilegiado, tampoco es una tarea que se resuelve exclusivamente en el espacio nacional. La conclusión es obvia, la acción para por todos los ámbitos estratégicos posibles, sin descuidar el nivel global.[11] Para América Latina es cada vez más urgente un regionalismo autónomo expresado en otras formas de integración, que debería pensarse contra-hegemónica, multidimensional, solidaria, autónoma y autocentrada, no simplemente volcada al mercado mundial.

Sin una sociedad mucho más igualitaria y equitativa es imposible que funcione a cabalidad la economía, ni los mercados, y mucho menos la democracia. Por ello es preciso reformular la esencia misma del Estado desde visiones y prácticas de equidad, igualdad y plurinacionalidad..

En suma, nos toca construir -en clave de pluriverso- un mundo donde quepan otros mundos, sin que ninguno de ellos sea víctima de la marginación y la explotación, y donde todos los seres humanos vivamos con dignidad y en armonía con la Naturaleza.

 

Notas:

[2] Recomedamos el libro de Ashish Kothari, Ariel Salleh, Arturo Escobar, Federico Demaria, Alberto Acosta (editores; con contribuciones de 110 personas de todos los continentes, Pluriverso – Un Diccionario del Posdesarrollo, ICARIA – Abya Yala (2019), con ediciones en España (ICARIA), Perú – Bolivia (CooperAcción, CEDIB), Colombia (CENSAT), Italia (OrthotesEditrice) y Brasil (EditorialElefante).La primeraediciónfueeninglés: (2019), Pluriverse: A Post-Development Dictionary, Nueva Delhi: Tulik Books and AuthorsUpFront. Disponible en https://www.radicalecologicaldemocracy.org/pluriverse/

[3]Ulrich Brand y Markus Wissen (2021); Modo de vida imperial. Vida cotidiana y crisis ecológica del capitalismo, Tinta Limón, Buenos Aires.

[4] Consultar en CEPAL (2020); “La emergencia del cambio climático en América Latina y el Caribe ¿Seguimos esperando la catástrofe o pasamos a la acción?”. Disponible en https://www.cepal.org/es/publicaciones/45677-la-emergencia-cambio-climatico-america-latina-caribe-seguimos-esperando-la

[5] Sobre este tema se pueden consultar las reflexiones plasmadas en varios artículos en el libro Posdesarrollo – Contextos – contradicciones – futuros, editado por Alberto Acosta, Pascual García, Ronaldo Munck (2021), UTPL – Abya-Yala. Disponible en: http://obela.org/system/files/POSDESARROLLO%20digital.pdfcontradicciones

[6]Es recomendablela lectura de Stephan Lesenich (2019); La sociedad de la externalización, Herder Editorial, Barcelona.

[7]Consultar los textos de Alberto Acosta y John Cajas Guijarro (2018); “Reflexiones sobre el sin-rumbo de la economía – De las “ciencias económicas” a la posteconomía”, Revista Ecuador Debate 103, CAAP, Quito, 2018. Disponible en https://repositorio.flacsoandes.edu.ec/xmlui/handle/10469/15391 y (2020); “Naturaleza, economía y subversión epistémica para la transición”, en el libro Voces latinoamericanas: mercantilización de la naturaleza y resistencia social, editado por Griselda Günther y Monika Meireles, Universidad Autónoma Metropolitana, México. Artículo disponible en https://www.cadtm.org/Naturaleza-economia-y-subversion-epistemica-para-la-transicion

[8]Ver en Acosta, Alberto (2009); La maldición de la abundancia, CEP, Swissaid y Abya–Yala, Quito. Disponible en https://rebelion.org/docs/122604.pdf

[9]Consultar en Acosta, Alberto; Brand, Ulrich (2017); Salidas del laberinto capitalista – Decrecimiento y Post-extractivismo, ICARIA, Barcelona. Disponible en https://www.rosalux.org.ec/pdfs/Libro-Salidas-del-Laberinto.pdf

[10]La lista de textos que abordan este tema es cada vez más grande. Como referencia se menciona el libro del autor de estas líneas, El Buen Vivir Sumak Kawsay, una oportunidad para imaginar otros mundos, ICARIA, Barcelona, 2013; publicado también en portugués, francés, alemán, holandés.

[11]Consultar, por ejemplo, en Acosta, Alberto y Cajas Guijarro, John (2020a); “Del coronavirus a la gran transformación – Repensando la institucionalidad de la económica global”, en el libro de varios autores y varias autoras: Posnormales – Pensamiento contemporáneo en tiempos de pandemias, editado por Pablo Amadeo. Disponible en https://www.academia.edu/43722890/Posnormales_ASPO

Alberto Acosta. Economista ecuatoriano. Compañero de luchas de los movimientos sociales. Profesor universitario. Ministro de Energía y Minas (2007). Presidente de la Asamblea Constituyente (2007-2008). Autor de varios libros.

Publicado enMedio Ambiente
Domingo, 19 Diciembre 2021 06:11

Una ventana a la gran escasez

Una ventana a la gran escasez

La escasez de materias primas y de energía que ha experimentado la economía global en los últimos meses es una pequeña muestra de lo que puede ocurrir en los próximos años si no se cambian los patrones de consumo.

 

Primero fue el gel hidroalcohólico, las mascarillas, los respiradores e incluso, en algún supermercado, el papel higiénico. Durante unos pocos meses, la población de los países más desarrollados del mundo observó pasmada —con la misma incredulidad con la que miraba en directo cómo se extendía una pandemia global— que en las sociedades de la abundancia podían faltar cosas. 

A medida que la vida comenzaba a normalizarse, cada vez resultaba más evidente que algo había fallado en el reseteo de la economía después del parón de la economía. La era de la escasez no estaba finalizando. Más bien al contrario, acababa de comenzar.

Un año después del fin del confinamiento más duro y del reinicio de la actividad, la escasez y los problemas de suministro ya afectaban en diferentes grados a casi todas las materias primas y a todos los sectores. En septiembre de 2021, la escalada en los precios de la energía iniciada antes de verano adoptaba la forma de apagones en toda China y el cierre de fábricas en EE UU y Europa. El aumento del precio de la electricidad, del gas, de la gasolina, del diésel y del carbón no tardó en trasladarse a toda la economía y ha generado unas tasas de inflación inéditas en los países ricos desde la última gran crisis energética, en los años 70.

La explicación oficial a este caos generalizado es el desajuste entre la oferta y la demanda, unos “cuellos de botella” de una recuperación rápida, agravados por las tensiones geoestratégicas con China, Rusia o Argelia. Según estos análisis, se trata de una crisis coyuntural que se irá resolviendo en cuestión de meses. Sin embargo, cada vez son más las voces desde la comunidad científica que advierten de los aspectos estructurales que hay detrás de estos desbarajustes, unos cortocircuitos que solo pueden ir a más a medida que el crecimiento exponencial del consumo choca con los límites físicos del planeta. 

Pasen y vean, la gran escasez

A mediados de octubre, algunos indicadores empezaban a señalar que lo peor había pasado, con descensos en el precio del transporte marítimo o en la cotización de la madera. Sin embargo, al cierre de esta edición la crisis energética continúa agravándose y la falta de materiales básicos para el funcionamiento de la economía sigue siendo un problema de primer orden. La industria tecnológica prevé problemas en el suministro de chips hasta 2023 y el cierre de las fábricas de fertilizantes compromete las cosechas de 2022. A la vez, la falta de materias primas vitales para la industria mundial, como el magnesio, el papel o el acero, entre una larga lista, sigue sin tener una solución a la vista.

Las escenas de desabastecimiento seguirán en 2022 y serán cada vez más habituales, sostiene Antonio Turiel, científico del CSIC en una conversación con El Salto. Cuando ya ha pasado más de un año desde el inicio de la recuperación económica, la excusa de los “cuellos de botella” ya no cuela, sostiene este investigador. Los cortocircuitos en la economía global se deben, continúa, sobre todo a motivos estructurales, en especial, a una crisis energética que viene de lejos y va para largo. 

Para Turiel, el “efecto más directo” de la pandemia ha sido que las petroleras han acelerado un proceso de desinversión que no es nuevo y “ha precipitado hacia el vacío” el sistema económico mundial, basado en los combustibles fósiles. Las previsiones de escasez de energía y de materiales ya estaban contempladas en diversos estudios científicos, pero estos se han visto superados por la realidad: “No tendríamos que caer tan deprisa”, resume.

Estamos a las puertas de lo que Turiel llama “la gran escasez”, un proceso que amplios sectores de la comunidad científica llevan décadas documentando. “Hemos tocado el punto máximo y, a partir de ahora, lo que nos espera es un proceso de declive que en algunos momentos irá más rápido, en otros momentos irá más lento, pero en cualquier caso es una bajada que durará mucho tiempo. No es que los recursos se acaben de hoy para mañana, pero cada vez habrá menos, cada vez tendremos que aprender a hacer las cosas con menos”, sostiene el autor de Petrocalípsis (Alfabeto, 2020).

Un punto de inflexión

Alicia Valero es investigadora de la Universidad de Zaragoza y directora del grupo de Ecología Industrial en el instituto Circe. Ha escrito más de cien publicaciones sobre el agotamiento de los recursos del planeta y trabaja también como consultora de diversas empresas, Seat entre ellas, a las que asesora sobre la disponibilidad de materias primas.  

Durante años, cuenta a El Salto, hablar sobre escasez de recursos era un tabú, pero esto ha cambiado en el último año después de que la gente y muchos sectores económicos “vivieran en primera persona el desabastecimiento”. Para la coautora del Thanatia, los límites minerales del planeta (Icaria, 2021), esta crisis de materiales y suministros es una “ventana” hacia un mundo en el que “los problemas de escasez serán el pan nuestro de cada día”. 

Muchos de los problemas coyunturales irán desapareciendo, sostiene, en especial aquellos provocados por una demanda disparada y unas fábricas y cadenas logísticas limitadas. Pero quedará la crisis de fondo: “Al igual que las fábricas tienen un límite, si extrapolamos el problema a la gran fábrica que es la naturaleza, tarde o temprano toparemos con esos límites”. Y esos límites “están muy cerca”, si se continúa con este “consumo exponencial”, dice. 

Entre los múltiples ejemplos a mano, Valero habla del cobre: en los últimos 20 años se ha extraído tanto de este material como en toda la historia de la humanidad. Y ocurre lo mismo con todos y cada uno de los elementos clave de la economía mundial: en las próximas décadas habrá problemas de suministro de cromo, germanio, estaño, cobalto, níquel, litio, cadmio, galio, indio, plata, platino, selenio, teluro, titanio, vandanio, zinc o de los 17 elementos de las tierras raras. Dicho de otro modo, las baterías de los móviles y los coches eléctricos, las pantallas táctiles y los paneles fotovoltaicos, las lámparas led y los semiconductores, es decir, prácticamente todo lo que se necesita para la revolución digital y verde depende de unos material finitos que, al ritmo actual de consumo, no se puede garantizar su suministro en la segunda mitad de siglo. Mucho menos si se cumplen las previsiones y en 25 años el mundo consume el doble que ahora. 

El gran problema, cuenta Valero, es que no hay reservas explotables suficientes y abrir un nuevo yacimiento tarda unos 16 años de media, detalla. A esto se suma una gran dependencia de los países suministradores de componentes y materias primas. Taiwán produce el 90% de los chips más avanzados. Las reservas de litio —vital para las baterías de todo tipo— están concentradas en Australia y en el triángulo del litio en Sudamérica, aunque es China quien monopoliza su refinado. También es China quien controla el 86% de la producción de tierras raras —imprescindibles para los electrodomésticos, los ordenadores, móviles o vehículos— y controla una proporción similar del magnesio, imprescindible en toda la industria que utiliza aluminio. La decisión de China de dejar de exportar algunos de estos materiales para garantizar el suministro de sus propias fábricas es clave para entender la actual crisis de desabastecimiento. 

 “Estamos cerca de alcanzar los límites geológicos del planeta. Y no digo que agotemos todos los recursos, sino que agotemos los recursos accesibles. Prácticamente, ya hemos extraído lo que es más accesible y ahora se habla de ir hacia los océanos, hacía la Amazonía, hacia la Antártida… Pero, ¿a qué coste?”, se pregunta. 

La crisis de escasez de recursos corre paralela a las otras dos grandes crisis que atraviesan el planeta: el cambio climático y la pérdida de biodiversidad. “Tenemos un problema de cambio climático por una sobreexplotación de recursos fósiles y si hoy hay escasez de petróleo es porque lo hemos consumido de forma exagerada y esto ha provocado a su vez los problemas que tenemos de cambio climático”, señala Valero. El consumo exponencial de recursos naturales también ha llevado a la pérdida de biodiversidad con consecuencias tan graves como las crisis de los polinizadores o la misma pandemia del coronavirus, provocada en última instancia por el avance de la actividad humana sobre los ecosistemas naturales.

La madre de todas las crisis

A pesar de que el debate sobre la escasez de recursos ha entrado en la agenda pública, Turiel reconoce que sigue habiendo “cierto malditismo” que condena a quienes señalan razones estructurales detrás de la crisis de suministro. “En la comunidad científica, entre los investigadores que trabajan con recursos esto es un tema bien conocido, bien discutido... Pero en el debate público es diferente. Cuando empiezas a hablar de que no se puede seguir incrementando el consumo de materiales y energía entras en contradicción con la idea de mantener un sistema económico basado en el crecimiento continuo”, dice Turiel. “Si aceptas que hay un problema de escasez, aceptas que el capitalismo se está acabando y hay gente que podría perder mucho dinero porque no va a haber inversores para sus negocios”, añade.

De hecho, esto es exactamente lo que lleva ocurriendo con el petróleo desde antes de la pandemia, en concreto desde 2014, cuando la industria renunció a buscar nuevos pozos petroleros. 

Ya en 1998, los geólogos Colin Campbell y Jean Laherrere, en un artículo publicado en la revista Scientific American, justificaban con datos de la industria que el petróleo convencional, aquel que es más fácil de extraer, con mayores rendimientos energéticos, se estaba agotando a toda velocidad. Al mismo tiempo, el crudo que quedaba por explotar, el petróleo no convencional, el que está bajo el mar, mezclado en arenas bituminosas o que se debe extraer mediante la contaminante inyección hidráulica o fracking, sería tan caro de extraer que tarde o temprano habría problemas de suministro. 

Y así ocurrió, explica Turiel. En 2005, se alcanzó el pico del petróleo convencional o, dicho de otra manera, en 2006 la humanidad comenzó a consumir la segunda mitad de las reservas mundiales del mejor petróleo. Entre 1998 y 2014, las petroleras multiplicaron por tres sus inversiones para buscar nuevos yacimientos, pero obtuvieron un “magro resultado”: la producción solo creció un 26% en el mismo periodo. Lo que vino después era esperable: redujeron su inversión en nuevas prospecciones en un 60%. Algunas empresas petroleras, como Repsol, han abandonado por completo la búsqueda de nuevos yacimientos. “Lo que pasa es que se cansaron de perder dinero”, dice. Los efectos de esta desinversión provocó que en 2018 se alcanzara el pico en la extracción de todos los tipos de petróleo. Al cierre de esta edición, el precio de la gasolina y del diésel estaba cerca de superar su máximo histórico, alcanzado en la crisis de 2008.

Historias y futuros parecidos se repiten con los otros combustibles fósiles. “Hemos llegado a los máximos de extracción de petróleo, de carbón, de uranio y pronto llegaremos al del gas. Teniendo en cuenta que estas cuatro materias primas no renovables aportan casi el 90% de toda la energía primaria que se consume en el mundo, esto nos deja en una situación complicada. Y no tiene remedio”, argumenta Turiel.

Para este doctor en Física Teórica por la Universidad Autónoma de Madrid, todavía no hay sobre la mesa ninguna tecnología que pueda sustituir a los combustibles fósiles. La revolución de las renovables, al menos tal como se concibe actualmente, choca con los límites materiales del planeta y solo podría reemplazar una parte de la energía fósil que se utiliza actualmente. La prometida energía de fusión —la que alimenta las estrellas— es un “experimento a 35 años que llega tarde”. Y los intentos de resucitar la energía nuclear vuelven a chocar con la realidad: las centrales son peligrosas, caras, tardan años en construirse, cuentan con una enorme oposición ciudadana y necesitan de un combustible fósil, el uranio, cuya producción ha caído un 20% desde 2016.

Valero también identifica límites en la transición ecológica anunciada: “Lo que no podemos hacer es seguir creciendo en consumo energético y sustituir los fósiles por energías renovables. No hay suficiente cobalto, no hay suficiente litio, no hay suficiente teluro, y así sucesivamente. Pintar de verde la economía actual va a ser imposible”.

Pero no todo son malas noticias. La gran escasez es “inevitable”, pero, al menos según defienden Antonio Turiel y Alicia Valero, no está escrito cómo termina la historia. La forma en la que los Gobiernos y la ciudadanía se enfrenten a este nuevo desafío determinará si este declive lleva a un colapso del sistema o a un reajuste de los estándares de consumo que nos permita vivir dentro de los límites físicos del planeta.

¡Decaigamos!

Las guerras por los recursos, la pérdida de población o de interconexión, las hambrunas y el ascenso de soluciones autoritarias, entre un largo abanico de posibilidades que podría traer un colapso, son evitables. Lo que no es evitable, afirma Turiel, es el decrecimiento.

Todos los caminos llevan a decrecer, sostienen tanto Turiel como Valero. La diferencia “es si pilotas el proceso o no”, señala el primero. “O lo hacemos a las buenas o al final los límites físicos nos impondrán recular a las malas”, indica la segunda. 

 “Con el conocimiento científico-técnico que tenemos hoy en día podemos garantizar un nivel de vida igual al actual, e incluso superior, consumiendo muchísima menos energía y muchísimos menos materiales”, defiende este científico del CSIC. Aunque no todos los países ni todos los sectores sociales deberían decrecer al mismo ritmo, añade. Según Oxfam, el 1% de la población mundial es responsable del 16% de las emisiones globales.

Sin embargo, para Turiel, el camino está lejos de estar despejado y el problema es social y cultural: “No se concibe nada fuera del capitalismo. La gente se cree que el final del capitalismo es el final del mundo, pero no es verdad. El capitalismo solo tiene dos siglos de existencia y lo que hay que hacer es superar esta etapa”.

El autor de Petrocalipsis compara el capitalismo con la adolescencia de la humanidad. “Nosotros estamos teniendo una adolescencia difícil, un periodo en el que se crece rápidamente. Pero lo que hay que hacer es madurar y llegar a una situación de equilibrio con la naturaleza. Podemos seguir viviendo en este planeta si lo hacemos a partir de lo que se puede regenerar cada año, de una forma realmente sostenible”. Los tres grandes desafíos de la humanidad y del planeta pasan por el mismo cuello de botella, el decrecimiento. “El decrecimiento es inevitable, pero estamos a tiempo, podemos reaccionar, tenemos conocimientos para adaptarnos a él”. Tal como recuerda Turiel, el colapso de las civilizaciones “siempre es un daño autoinfligido”. ¿Seremos capaces de superar la adolescencia de la humanidad?

Por Martín Cúneo

@MartinCuneo78

19 dic 2021

Publicado enEconomía
Jurassic Bark. Fotografía ganadora en la categoría: Dogs, our best friends. Foto: Carmen Cromer / Animal Friends Comedy Pet Photo Award Winners 2021.

De mano de los creadores del mundialmente conocido Comedy Wildlife Photography Awards y en colaboración con la organización benéfica Animals Friends Insurance, con el propósito de recaudar fondos destinados a la búsqueda de un hogar feliz para miles de mascotas abandonadas en todo el Reino Unido, el certamen de fotografía Animal Friends Comedy Pet Photo Awards, nos presenta un año más sus instantáneas más hilarantes.

Whizz pop. Fotografía ganadora absoluta de la competición. Foto: Zoe Ross / Animal Friends Comedy Pet Photo Award Winners 2021.

 

I said 'Good Morning'. Fotografía ganadora en la categoría: The Mighty Horse. Foto: Mary Ellis / Animal Friends Comedy Pet Photo Award Winners 2021.

 

Photobomb. Fotografía ganadora en la categoría: Cats, our favourite feline friends. Foto: Kathryn Trott / Animal Friends Comedy Pet Photo Award Winners 2021.

 

The Eureka Moment!. Fotografía ganadora en la categoría: All other Creatures Category. Foto: Sophie Bonnefoi / Animal Friends Comedy Pet Photo Award Winners 2021.

 


"...That was a good one!!". Fotografía ganadora en la categoría: Pets Who Look Like Their Owners Category. Foto: Jakub Gojda / Animal Friends Comedy Pet Photo Award Winners 2021.

 
Muttford and Chum. Fotografía galardonada con una mención de honor. Foto: Luke O'Brien / Animal Friends Comedy Pet Photo Award Winners 2021.
 
 
Crazy in love with fall. Fotografía galardonada con una mención de honor. Foto: Diana Jill Mehner / Animal Friends Comedy Pet Photo Award Winners 2021.
 
 
Boing. Fotografía galardonada con una mención de honor. Foto: Christine Johnson / Animal Friends Comedy Pet Photo Award Winners 2021.
 

So what? Fotografía galardonada con una mención de honor. Foto: Lucy Slater / Animal Friends Comedy Pet Photo Award Winners 2021.


A Warm Spot on a Cold Day. Fotografía galardonada con una mención de honor. Foto: Corey Seeman / Animal Friends Comedy Pet Photo Award Winners 2021.

 

Wine Time. Fotografía galardonada con una mención de honor.Foto: Kathryn Clark / Animal Friends Comedy Pet Photo Award Winners 2021.


Photo Bomb. Fotografía galardonada con una mención de honor. Foto: Mollie Cheary / Animal Friends Comedy Pet Photo Award Winners 2021.

 

Hugo the Photobomber. Fotografía galardonada con una mención de honor. Foto: Chloé Beck / Animal Friends Comedy Pet Photo Award Winners 2021.

 

Sit. Fotografía ganadora en la categoría: Junior. Foto: Suzi Lonergan / Animal Friends Comedy Pet Photo Award Winners 2021.

Nosy Neighbour. Fotografía galardonada con una mención de honor. Foto: Colin Doyle / Animal Friends Comedy Pet Photo Award Winners 2021.

 

Ostrich Style. Fotografía galardonada con una mención de honor. Foto: Manel Subirats Ferrer / Animal Friends Comedy Pet Photo Award Winners 2021.

(Tomado de National Geographic)

Publicado enFotorreportajes
SpaceX inicia un programa para extraer dióxido de carbono de la atmosfera y convertirlo en combustible para cohetes

Según afirmó el director ejecutivo de la compañía, Elon Musk, la nueva tecnología "también será importante para Marte".

El director ejecutivo de Tesla y SpaceX, Elon Musk, anunció este 13 de diciembre que su compañía aeroespacial se propone extraer dióxido de carbono de la atmósfera y convertirlo en combustible para cohetes.

"SpaceX está iniciando un programa para sacar CO2 de la atmósfera y convertirlo en combustible para cohetes. Por favor, únase si está interesado", planteó el empresario a través de su cuenta oficial en Twitter, agregando que la nueva tecnología "también será importante para Marte".

Cabe recordar que Musk no abandona la idea de colonizar el planeta rojo y tiene como objetivo construir allí para el año 2050 una ciudad autosuficiente de un millón de habitantes. Esas personas llegarían a Marte en naves Starship, vehículo interplanetario reutilizable que SpaceX está desarrollando.

Entre tanto, la Organización Meteorológica Mundial alertó en octubre de este año que las concentraciones de gases de efecto invernadero alcanzaron un nuevo récord el año pasado y aumentaron a un ritmo más rápido que el promedio anual de la última década. La agencia, dependiente de la ONU, señaló que estas tendencias se dieron pese a la reducción temporal de emisiones debido a la pandemia de covid-19.

"La concentración de dióxido de carbono (CO2), el gas de efecto invernadero más importante, alcanzó las 413,2 partes por millón en 2020 y está al 149 % del nivel preindustrial", anunció el informe. Por otro lado, la organización también puntualizó que la capacidad de los ecosistemas terrestres y oceánicos para actuar como "sumideros" de CO2 puede volverse menos efectiva en el futuro debido a su sensibilidad a los cambios climáticos.

Sin embargo, sus predicciones no terminaron ahí. El Megatron Transformer vaticinó que "la capacidad de proporcionar información, más que la capacidad de proporcionar bienes y servicios, será la característica que defina la economía del siglo XXI". "Podremos ver todo sobre una persona, dondequiera que vaya, y [la información] se almacenará y utilizará de formas que ni siquiera podemos imaginar", agregó posteriormente, incapaz de refutar sus palabras previas ni de negar que los datos iban a ser el más vital de los recursos.

Los autores del artículo apuntan que las situaciones descritas por el sistema se basan principalmente en los propios miedos de las personas, que son generalmente irracionales, y concluyeron que la inteligencia artificial se está convirtiendo no solo en un tema de debate, sino en un participante de pleno derecho en él.

Publicado: 14 dic 2021 02:34 GMT

La FAO alerta sobre crisis medioambiental: Ecosistemas terrestres y acuáticos están llegando “a un punto crítico”

Más del 95% de nuestros alimentos se producen en la tierra. Hoy apenas se puede ampliar la superficie de tierra productiva. Foto: Tomada de sciencing.com.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) se sumó este jueves a las advertencias sobre la crisis medioambiental que vive el planeta y señaló que el progresivo deterioro del estado de los recursos del suelo, la tierra y el agua a nivel global dificultará la alimentación de una población que se prevé alcance los 10 000 millones de personas en 2050.

La FAO subrayó que los actuales modelos de producción agrícola y alimentaria no son sostenibles y que la seguridad alimentaria futura dependerá de la protección de nuestros recursos de tierras, suelos y aguas.

“Las presiones actuales sobre los ecosistemas de tierras y aguas son intensas y muchos de ellos están sometidos a tensiones que los están llevando a un punto crítico”, alertó el director general del organismo especializado de la ONU en el prólogo de un informe presentado este jueves, el cual analiza los recursos terrestres y acuáticos en relación con la alimentación y la agricultura.

Durante la presentación del estudio, el director general de la organización, Qu Dongyu, sostuvo que “los modelos actuales de producción agroalimentaria demuestran no ser sostenibles”, pero “los sistemas agroalimentarios pueden desempeñar un papel importante para aliviar estas presiones y contribuir positivamente a los objetivos climáticos y de desarrollo”.

De mantenerse las tendencias actuales, producir un 50% extra de alimentos esenciales se traduciría en un aumento de la extracción de agua para la agricultura de hasta un 35%, según el informe.

Ese incremento podría llegar a provocar desastres medioambientales, aumentar la competencia por los recursos y alimentar nuevos retos y conflictos sociales.

“En este contexto, está claro que nuestra seguridad alimentaria futura dependerá de la protección de nuestros recursos de tierras, suelos y aguas. El aumento de la demanda de productos agroalimentarios nos exige que busquemos formas innovadoras para lograr los Objetivos de Desarrollo Sostenible en el contexto del cambio climático y la pérdida de biodiversidad”, dijo el director general de la FAO.

El informe sostiene que el éxito de esta empresa dependerá de una buena gestión “de los riesgos que afectan la calidad de nuestros ecosistemas de tierras y aguas, la forma en que combinemos las soluciones técnicas e institucionales para atender a las circunstancias locales y, sobre todo, la medida en que podamos centrarnos en mejorar los sistemas de gobernanza de la tierra y el agua”.

Según datos de la FAO, la degradación del suelo provocada por el ser humano afecta el 34% de las tierras agrícolas, unos 1 660 millones de hectáreas, y más del 95% de nuestros alimentos se producen en la tierra. Sin embargo, apenas se puede ampliar la superficie de tierra productiva.

Aunque las zonas urbanas ocupan menos del 0.5% de la superficie terrestre, el rápido crecimiento de las ciudades está afectando significativamente los recursos terrestres e hídricos, contaminando e invadiendo tierras agrícolas de buena calidad que son cruciales para la productividad y la seguridad alimentaria

Además, la escasez de agua pone en peligro la seguridad alimentaria y el desarrollo sostenible del mundo, y pone en riesgo a 3 200 millones de personas que viven en zonas agrícolas.

La FAO advierte que, ante la actual limitación de tierras cultivables y recursos de agua dulce, es “vital” un rápido aumento de los recursos tecnológicos y de la innovación.

La gobernanza de la tierra y el agua debe ser más inclusiva y adaptada para beneficiar a millones de pequeños agricultores, mujeres, jóvenes y pueblos indígenas, ya que son los más vulnerables a los riesgos climáticos y socioeconómicos, y los que más sufren la inseguridad alimentaria, apunta el informe de la organización especializada de Naciones Unidas.

Agrega que la sostenibilidad de los suelos, las tierras y las aguas constituye la base de los sistemas agroalimentarios resilientes. “El uso sostenible de estos recursos es fundamental para lograr los objetivos de adaptación al cambio climático y mitigación de sus efectos.

A modo de ejemplo, el uso racional de los suelos puede absorber por sí solo una tercera parte de las emisiones de gases de efecto invernadero procedentes de las tierras agrícolas”, señala.

Según la FAO:

–La agricultura de secano produce el 60% de los alimentos del mundo y ocupa el 80% de las tierras cultivadas. La de regadío produce el 40% en el 20% de las tierras.
–Cerca del 33% de nuestros suelos sufren una degradación entre moderada y grave.
–A escala mundial, la agricultura representa el 72% de todas las extracciones de aguas superficiales y subterráneas, principalmente para fines de riego.
–La pesca de captura continental alcanzó los 11.9 millones de toneladas en 2019, un registro que representó el 13% de la producción total mundial de la pesca de captura.
–Solo 17 países produjeron el 80% del total de las capturas mundiales de pescado.
–Asia registra la mayor captura pesquera continental que representa un 66% de la pesca de captura mundial total.

9 diciembre 2021

Publicado enMedio Ambiente
Criptomonedas: solo especulación que acelera el desastre climático

Las llamadas criptomonedas se están convirtiendo en una de las expresiones más fieles de la lógica y la ética que dominan el capitalismo de nuestros días.

El número de todas las que existen en el mundo es ya impresionante. A última hora del 10 de este mes de noviembre la web coinmarketcap.com registraba 13.969. Veinticuatro horas más tarde, ya registraba 14.055, 86 más.

El valor de todas ellas en los mercados tampoco para de crecer. En ese mismo periodo de un día, ha pasado de 2,79 billones de dólares a 2,84 billones, según los datos de la misma web. Y hace justo un año el valor total era de 440.000 millones, lo que quiere decir que en estos últimos doce meses se ha multiplicado por 6,4.

Pero si es grande el número y el valor de las criptomonedas que se han creado y circulan por todo el mundo, mayor aún es la confusión que existe sobre su auténtica naturaleza.

Dicho de la forma más elemental posible, las criptomonedas son anotaciones digitales obtenidas por diferentes procedimientos, todos los cuales se basan en la utilización de cifras o códigos muy complejos para crearlas y controlar su circulación de modo descentralizado.

Se dice que esas anotaciones digitales son dinero, lo mismo que lo es la anotación que los bancos hacen en las cuentas de sus clientes, y por eso se denominan criptomonedas. Pero esta es una idea errónea porque no es verdad que las criptomonedas estén desempeñando las funciones que siempre desempeña cualquier cosa que sea utilizada como dinero: ser medio de pago de aceptación generalizada, unidad de cuenta y depósito de valor.

El dinero es cualquier cosa que es generalizadamente aceptada como medio de pago, para saldar las deudas. Y, al contrario, se puede decir que no es dinero lo que no haya sido aceptado generalizadamente para esa función.

Si yo le debo a mi vecina 500 euros, puedo saldarle la deuda con una moneda del reinado de Isabel II de mi propiedad que para ella tenga el valor de esos 500 euros. Sin embargo, aunque haya saldado una deuda con ella, esa moneda no se puede considerar como dinero si no es aceptada como tal por todas las personas. Ahora bien, si al día siguiente el Estado declarase que esas antiguas monedas de Isabel II pasan a ser de curso legal, es decir, de obligada aceptación para saldar deudas, la moneda que le di a mi vecina sería ya dinero. Por tanto, para que algo se convierta en dinero no basta que alguien lo acepte como pago de una deuda. Es necesario que la aceptación sea generalizada, bien por imposición del Estado o por decisión colectiva (eso es lo que ocurría en los campos de concentración, donde se aceptaban cigarrillos como medio de pago, convirtiéndose así en dinero en ese espacio).

Las criptomonedas que se han creado hasta la fecha no son dinero por la sencilla razón de que su aceptación no es generalizada para saldar deudas y, además, porque eso no ocurre debido a otras circunstancias quizá todavía más relevantes.

Hoy día, la inmensa mayoría de la gente o de las empresas que necesitan disponer de medios de pago para intervenir en los intercambios normales y corrientes de la vida económica no aceptaría como pago un axie infinity, un quant, un ardor o un prometeus, por poner algunos ejemplos. Sencillamente, porque saben que no es seguro que otras personas o empresas acepten esas criptomonedas como pago en otro momento o intercambio; entre otras cosas, porque no sabrían ni a qué se refieren esos términos.

La segunda razón de por qué las criptomonedas actuales no se pueden considerar dinero es todavía más decisiva: no se usan como medio de pago generalizado sencillamente porque no conviene usarlas para ello. Su valor es tan volátil, incierto e inseguro que resultan materialmente inútiles como dinero. Nadie en su sano juicio utilizaría hoy para pagar sus deudas una "moneda" que mañana puede tener mucho más valor, ni sabiendo que es posible que, en unas horas, puede perder gran parte de él. Nadie firmaría hoy un contrato suscrito en alguna de esas criptomonedas porque sería como hacerlo a precio indeterminado.

Sea lo que sea que se utilice como medio de pago, para que pueda cumplir esa función debe tener un valor con cierta estabilidad.

La realidad es que el precio de las criptomonedas es muy volátil y esto también impide que puedan desempeñar la otras dos funciones del dinero que he mencionado antes, la de depósito de valor y unidad de cuenta. Usar cualquier de ellas para esto último sería como establecer como unidad de medida un metro de extensión variable que cada vez que se usara tuviese una longitud diferente.

Además, hay que tener en cuenta que la oferta de criptomonedas es fija (de bitcoin se emitirán 21 millones de unidades y ya se han creado 18,6 millones) y, su precio, además, fácilmente manipulable por pocos poseedores (a finales de 2020 los 100 mayores poseedores de bitcoins disponían del 13% de los que circulan). Eso hace que no se pueda garantizar ni su disponibilidad en un momento dado, ni su estabilidad, ni su posible utilización para corregir los desequilibrios de la economía, como puede hacer y es necesario que haga la política monetaria.

Por último, el procedimiento tecnológico y algorítmico que ha de seguirse para producirlas y controlar su circulación hace que sea prácticamente imposible que alcancen la capacidad que sería necesaria para hacer frente a las transacciones que se realizan en la economía mundial.

El sistema de funcionamiento del bitcoin, por ejemplo, impide que pueda llevar a cabo más de 7 transacciones por segundo, lo que supone un máximo de 220 millones al año. Una cifra ínfima comparada con los 700.000 millones de pagos digitales que se efectúan en el sistema financiero global anualmente. O con las 65.000 operaciones por segundo que puede realizar VISA.

Las criptomonedas son hoy día registros digitales de los que solo conviene o interesa disponer para obtener beneficios gracias a las variaciones de su precio, es decir, para especular con ellas. Pero no porque convenga utilizarlos como medios de pago habituales o unidades de cuenta, es decir, no porque sean dinero.

Esta es la primera razón por la que dije al principio que las criptomonedas se han convertido en una de las expresiones más fieles de la naturaleza del capitalismo de nuestros días, basado preferentemente en la obtención de ganancias a través de la especulación financiera y no del desarrollo de la actividad productiva que crea bienes y servicios para satisfacer nuestras necesidades.

Las criptomonedas no sirven hoy día nada más que para especular con ellas, para ganar dinero comprándolas y vendiéndolas sin realizar ninguna de las actividades productivas que satisfacen necesidades humanas.

Es posible que dentro de un tiempo alguna de las criptomonedas actualmente existentes se haya ganado la confianza de los sujetos económicos, que se utilice generalizadamente porque su valor se haya estabilizado y que las limitaciones técnicas actuales que he señalado hayan desaparecido. No niego que, entonces, pudieran ser consideradas como dinero. Aunque, en todo caso y si llegaran a serlo, sería a costa de un gasto de energía tan desorbitado que cuesta mucho creer que fuese posible asumirlo.

Es así porque la creación y control de todas estas criptomonedas necesita que haya miles de ordenadores dedicados a realizar continuamente operaciones muy complejas que requieren mucha electricidad y ser renovados, como media, en unos 18 meses. Los datos que lo demuestran producen escalofrío.

Se estima que la huella anual de carbono que genera la producción de bitcoin (más o menos la mitad del valor de todas las criptomonedas) equivale a la de un país como Chile; su consumo de electricidad anual (116,7 TWh, según el Indice de Cambridge) está entre el de Países Bajos (111 TWh) y el de Argentina (121,1 TWh) y es la mitad del que realiza España (233 TWh); y los residuos electrónicos que genera equivalen a los producidos por Países Bajos.

La ineficiencia de las criptomonedas y el despilfarro que conllevan se perciben todavía más claramente si se considera el gasto de energía que lleva consigo realizar una sola transacción con el bitcoin: produce una huella de carbono equivalente a la de 2 millones de transacciones con tarjetas VISA y requiere la misma cantidad de electricidad que 1,2 millones de esas transacciones. Y el desecho de material electrónico que lleva consigo una sola transacción de bitcoin es el mismo que producen 1,69 iPhones de últimaa generación o 0,56 iPads (datos aquí)

Hasta ahora y según el cálculo que realiza la Universidad de Cambridge, el 61% de la energía que consume la producción y control de las criptomonedas procede de energías no renovables es decir, de las más costosas y contaminantes.

Es cierto que hay un acuerdo internacional para lograr en 2025 que el 100% de la energía que consuman sea renovable, pero se trata de una previsión que ni es realista ni positiva. No es realista porque las energías renovables son de provisión normalmente intermitente mientras que las criptomonedas necesitan un suministro constante. Y, por otra parte, es inevitable que su demanda de electricidad siga creciendo exponencialmente para poder suministrar criptomonedas (de 2015 a marzo de 2021, el consumo de energía de Bitcoin aumentó casi 62 veces). Por tanto, aunque toda esa nueva demanda procediera de energías renovables, lo cierto es que supondría un gasto en producción de energía despilfarrador, sobre todo, si se tiene en cuenta que solo sirve para multiplicar la especulación que debilita la actividad económica productiva y destroza los incentivos que puede hacer que los sujetos se dediquen a crear empleo y riqueza.

En resumen, las criptomonedas solo son una pieza más del "gran casino" financiero, como lo llamaba el gran economista liberal francés Maurice Allais, en que se ha convertido el capitalismo de nuestros días.

Son pura especulación financiera, despilfarro que impulsa el incremento de la deuda y destruye la economía productiva y unas de las principales responsables del desastre climático de nuestros días. Además de servir, para colmo, como una una vía por la que pueden transitar los grandes criminales del planeta para ocultar su dinero y sacar mucha más rentabilidad de lo que roban.

En los años sesenta, viendo venir el desastre que iba a provocar la especulación financiera que se abría paso, James Tobin propuso "echar arena en las ruedas de las finanzas internacionales" para, al menos, frenarla. No se le hizo caso y hemos pagado las consecuencias: casi seis décadas de menos actividad económica, más desempleo, más deuda y crisis económicas y financieras recurrentes. Si no se quiere seguir por ese camino, se debería desinflar cuanto antes la burbuja financiera de las criptomonedas y evitar el gigantesco daño ambiental que están provocando.

Publicado enEconomía
Imagen parcial de la planta piloto para producir combustible a partir del aire y del sol. — ETH

Una planta piloto en un tejado de Zúrich demuestra el ciclo completo de síntesis de hidrocarburos con huella cero de carbono.

 Quién no ha dicho alguna vez, ante una situación de escasez: "¿Qué quieres, que lo saque del aire?". Pues es lo que se plantean ahora los ingenieros y científicos para conseguir que los combustibles de los barcos y los aviones dejen de ser una gran fuente de contaminación en la crisis climática.

Que la energía no se crea ni se destruye, sino que solo se transforma, es una de las leyes más populares del mundo que habitamos. Sin embargo, en muchos casos resulta muy difícil conseguir esa transformación, como se está viendo en los intentos por obtener energía de fusión nuclear a partir de elementos abundantes como el agua, o simplemente en los de optimizar la que se obtiene directamente del Sol. Lo que ahora se plantea es extraer del aire, con la ayuda del Sol, combustible que serviría, por ejemplo, para los aviones y los barcos. Un queroseno o un fueloil pesado con una inimaginable, hasta ahora, huella cero de carbono.

Como es habitual en ingeniería, el sistema piloto para demostrar que la técnica es viable se ha construido a pequeña escala, en este caso en una terraza de la prestigiosa Escuela Politécnica Federal (ETH) en Zúrich. Para su aplicación real habría que optimizar el proceso y realizarlo a escala industrial, algo que nunca resulta fácil, pero este primer paso puede abrir una vía crucial para la producción de combustibles de hidrocarburos neutros en emisiones de carbono. Se llaman así porque cuando se queman emiten la misma cantidad de carbono que la que previamente se extrajo del aire para su producción.

El sistema consta de tres elementos esenciales, el primero de ellos una unidad de captura de aire que extrae dióxido de carbono e hidrógeno del ambiente y que ya se comercializa. El segundo consta de dos reactores de reducción oxidación (redox) que utilizan la energía solar captada por un reflector parabólico que concentra la luz para convertir estos elementos en una mezcla de monóxido de carbono e hidrógeno, un gas de síntesis (syngas en inglés). Finalmente se convierte el syngas en hidrocarburos líquidos o metanol.

El transporte aéreo y marítimo contribuye actualmente en un 8% al total de emisiones de gases de efecto invernadero

Como recuerdan los autores de este trabajo en la revista Nature, donde publican sus resultados, el transporte aéreo y marítimo contribuye actualmente en un 8% al total de emisiones de gases de efecto invernadero derivados de la actividad humana y se espera que esta aportación aumente en el futuro cercano. Los motores eléctricos con baterías recargables son una opción, pero impracticable en el caso de los vuelos y rutas marítimas de largo recorrido. Una solución serían los combustibles sintéticos producidos con procesos solares y a eso se dedican grandes esfuerzos con enfoques diferentes.

En este caso la vía es la termoquímica y, explican los investigadores: "Aunque se han conseguido pasos parciales de tal proceso, ahora demostramos la operatividad de una cadena entera solar termoquímica de producción de combustible, desde el agua y el CO2 capturados directamente del aire a la síntesis de combustibles para el transporte, como metanol y queroseno, en una planta piloto de cinco kilovatios térmicos". El sistema ha funcionado de forma estable con una irradiación solar intermitente y en un día típico de 7 horas de funcionamiento produce 32 mililitros de metanol.

Para hacer industrial el proceso se necesitarían muchas centrales termosolares, como las de concentración con torre central. Un ejemplo en España es Solucar PS10, cerca de Sevilla, que fue la primera del mundo que se explotó comercialmente. Para producir los 414.000 millones de litros que quemaron los aviones en 2019, se calcula que se necesitarían 45.000 kilómetros cuadrados de centrales solares equipadas con los elementos de producción de combustible, una superficie equivalente al 0,5% del área que ocupa el desierto del Sahara.

Puede parecer un sueño imposible, pero los autores del estudio, liderados por Aldo Steinfeld, creen que el estado de desarrollo de los combustibles solares de aviación se puede comparar en algunos aspectos con el de la energía solar hace unos 30 años. Dado que resultarían más caros que los tradicionales, necesitarán una política de estímulos reguladores para obtener inversiones, alcanzar el ámbito comercial y conseguir una gran reducción de costes, como está pasando en el caso de la energía solar.

08/11/2021 23:15

Publicado enMedio Ambiente
Sábado, 06 Noviembre 2021 06:30

Las alarmantes heridas del cambio climático

Las alarmantes heridas del cambio climático
                         
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China / Algas invasoras

Las algas invaden el lago Taihu. Es un problema muy serio porque abastece de agua potable a 30 millones de personas. Las algas irrumpen por el calentamiento del clima y la contaminación de fábricas próximas. A menudo hay que cortar el agua a las poblaciones cercanas. Un hombre, Wu Lihong, lo ha denunciado. Como respuesta, ha sido arrestado.

 
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Bangladés / A merced del agua

El agua impera en Bangladés. La nación se asienta sobre el inmenso delta del río Ganges a escasa elevación sobre el nivel del mar. Además, una quinta parte de su territorio está surcado por ríos y afluentes. Y por lo menos una vez al año las tormentas monzónicas provocan trágicas inundaciones que cubren hasta la mitad de los distritos del país. En Dacca (en la imagen), la última gran tromba de agua se llevó por delante a centenares de habitantes. Los afectados por las inundaciones en Bangladés se cuentan, cada año, por millones.

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California, Estados Unidos / Vientos secos y mortales

California acaba de vivir un incendio que ha calcinado 62.000 hectáreas y ha provocado la muerte de 85 personas. El año pasado, el barrio residencial de Coffey Park, en Santa Rosa (en la imagen), quedó absolutamente devastado tras otro incendio que mató a 30 personas y arrasó casi 4000 edificios. El clima tiene mucho que ver con estas oleadas de fuego. A menudo se desatan porque el viento seco y potente derrumba líneas eléctricas. Así salta la chispa. La hierba seca -producto de la sequía- arde como la estopa azotada por un viento que recuerda a un secador de pelo. Si además tras los incendios vienen lluvias torrenciales, llegan los desprendimientos porque no hay vegetación para sujetar la tierra.

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Las alarmantes heridas del cambio climático
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Mauritania / La arena se come la ciudad

Nuakchot es la capital de Mauritania desde 1958. Arrancó con 1500 habitantes y ahora supera el millón. La vida es muy difícil allí porque cada vez llueve menos y la arena del desierto lo invade todo. La ciudad se abastece de agua con camiones cisterna. Y la lucha contra la invasión de la arena es desesperante. avanza, se acumula, impide que se circule por carreteras, cubre las entradas de las viviendas, entierra casas… El desierto se está comiendo la ciudad.

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Suiza / Deshielo en los Alpes

Hace 20 años el valle de Trift, en los Alpes suizos, estaba cubierto por hasta 30 metros de hielo de su glaciar. Nada que ver con la actualidad: hasta los Alpes se derriten. La lengua de hielo que bajaba hasta las aguas del lago se ha retirado. Se ve muy bien desde el puente colgante, que se construyó en 2009. Los 20.000 visitantes anuales de este valle son testigos de la desaparición de uno de los grandes glaciares alpinos.

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Groenlandia / Su superficie helada se derrite

Un equipo de geólogos de Estados Unidos ha coloreado los ríos que recorren la superficie helada de Groenlandia para estudiar cómo y por qué se forman y qué consecuencias tienen. Uno de sus efectos es que lubrican las placas de hielo y hacen que se desprendan más icebergs. La pérdida de hielo es un grave problema. Desde hace una década, en el noreste de Groenlandia, la capa helada disminuye en 10.000 toneladas al año. Es un vertido que contribuye notablemente a la subida del nivel del mar.

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