Unidades de la Guardia Nacional de Ucrania realizan ejercicios cerca de la frontera con Rusia en enero de 2022. Foto cortesía del Ministerio del Interior de Ucrania

Rusia manda 100.000 soldados a la frontera ucraniana y realiza maniobras militares en Bielorrusia. EEUU responde con 600 millones de dólares en armamento militar para Ucrania. Lo que se disputa detrás de esta crisis es el papel que deben jugar los países exaliados del Pacto de Varsovia y del espacio postsoviético: si deben aliarse con la OTAN, Rusia o permanecer neutrales.

 

La crisis ruso-ucraniana alcanzó una nueva dimensión el 17 de diciembre después de que Rusia enviara dos borradores de acuerdo a EE UU en los que Moscú exige detener la expansión de la OTAN hacia Europa del Este (incluyendo Ucrania y Georgia), devolver a las fuerzas armadas de la Alianza al lugar donde estaban estacionadas en 1997 y el compromiso de que ni EE UU ni Rusia desplieguen misiles de corto o medio alcances fuera de sus territorios. Tanto para Washington como para la OTAN, las demandas rusas son “inaceptables”.

Rusia no quiere que más países de la órbita postsoviética ingresen en una alianza militar contraria a sus los intereses geopolíticos y exige que los países bálticos y de los Balcanes, algunos de ellos exaliados del Pacto de Varsovia, salgan de la Alianza. Mijaíl Gorbachov asegura que recibió garantías de que esa expansión no se iba a producir (un acuerdo no plasmado por escrito) y ahora Putin reclama que esas garantías se firmen en sendos documentos.

Sin embargo, Jens Stoltenberg, secretario general de la OTAN, defiende que la organización “nunca ha prometido no expandirse” en torno a Rusia, y cita su texto fundacional en el que se establece que todos los Estados europeos pueden convertirse en miembros. Pese a ello, Rusia se siente amenazada y para hacer creíble su misiva; Putin incluso ha anunciado que negociará con Cuba y Venezuela la instalación de bases militares en dichos territorios. EE UU se ha comprometido a responder por escrito esta semana a las exigencias rusas.

Escalada de tensión

Durante los últimos dos meses, Rusia ha ido acumulando hasta 100.000 soldados en la frontera ucraniana, lo cual ha desatado el temor de Kiev, que recuerda el antecedente de 2014, cuando el Kremlin anexionó a su territorio la península de Crimea. Como respuesta, EE UU ha mandado en los últimos días armamento militar y de defensa por valor de 600 millones de dólares.

España también se ha sumado a la estrategia de Washington, con el envío de un cazabombarderos del Ejército del Aire a Bulgaria y la incorporación de la fragata Blas de Lezo a la flota de la OTAN que navegará por el mar Negro. Por su parte, el presidente Joe Biden acusa a Rusia de querer llevar a cabo algún tipo de ataque o invasión sobre el país ucraniano de manera inminente. Putin niega todas las acusaciones. En caso de que ocurriera, Washington, Londres y Bruselas amenazan con sanciones internacionales sin precedentes sobre Rusia y que, según El País, podrían abarcar desde la suspensión de cualquier tipo de cooperación económica con Moscú a un drástico recorte de las relaciones comerciales, incluida la importación de gas y petróleo ruso. Sin embargo, ninguno de los expertos y expertas consultados por El Salto cree que vaya a producirse una guerra en territorio europeo.

Posibles escenarios futuros

“Si Rusia se anexiona Donetsk y Lugansk, dos regiones del este de Ucrania relativamente pobres [aunque Donetsk sí que tiene algo más de riqueza por la industria del carbón y del acero], la comunidad internacional va a aplicar sanciones internacionales muy duras a Rusia y, de manera indudable, va a inclinar la balanza de Ucrania hacia el lado pro-occidental”, apunta a El Salto Fernando Arancón, director de El Orden Mundial. Además, según el analista, Suecia y Finlandia ya se están planteando entrar en la OTAN y, un nuevo enfrentamiento entre Ucrania y Rusia, podría empujarles definitivamente.

En palabras de Arancón, es una jugada poco rentable, pues el coste por conseguir dos regiones pequeñas y de poco valor, sería “inmenso”. Por eso, Arancón cree que Rusia no va a entrar, pero que si lo hace, tiene que tener una estrategia muy clara y definida, para que la victoria sea arrolladora. “Si entran, no ocupan toda Ucrania sino que llegan hasta el río Dniéper”, que es la zona, con muchos matices, “rusófila” del país, quedando a las puertas de Kiev.

Según esta hipótesis, por la dificultad de llevar a cabo una operación de semejante magnitud y que contaría con una gran resistencia por parte de Ucrania, la UE y EE UU, llegados a este punto, Rusia podría aprovechar esta posición para retirarse de la zona y negociar. “Si te pasas y luego cedes, tu planteamiento parece mucho más razonable. Me retiro del Dniéper si me dejáis quedarme con Donetsk y Lugansk”, plantea Arancón.

No obstante, las condiciones no parecen precisamente favorables a una invasión. Habría que tomar ciudades importantes y Rusia podría quedarse estancada en un asedio grande, prosigue Arancón. “Llegar a Kiev podría llevar medio año, Occidente daría armas a Ucrania y estos a lo mejor lanzarían un contraataque. Y en medio del verano, Rusia igual no ha llegado todavía a la capital, mientras mueren soldados suyos. Por eso, si entran, “lo tienen que tener clarísimo”, continúa Arancón, que apunta entre otros inconvenientes el hecho de que Ucrania no tiene buenas infraestructuras, hay muchos caminos de tierra y, a partir de marzo, el hielo se va a fundir, filtrándose y volviéndose barro.

Pese a la superioridad militar rusa, Arancón se plantea también la hipótesis de qué pasaría con las unidades pesadas y blindadas en caso de deshielo y barro y lanza un recordatorio: además de la insurgencia contraria a la invasión, Ucrania no es Georgia ni Chechenia. Así que la única manera de  reducir la tensión del conflicto, considera Arancón, es dejar a un lado las posiciones maximalistas y negociar una solución asumible para Moscú, Kiev y la OTAN.

Presión con las tropas

“No creo que nadie quiera la guerra, tampoco creo que la quiera Putin. Pero nadie renuncia tampoco a sus objetivos y ese es el problema”, explica a El Salto Pilar Bonet, corresponsal de El País durante 34 años en la URSS, Rusia y el espacio postsoviético, quien define el texto enviado por Rusia a EEUU en el que exige a la OTAN volver a sus fronteras de 1997 como “un ultimátum”. Cuando se le pregunta sobre cómo desescalar en el conflicto, se muestra frustrada. Sin embargo, el movimiento de tropas en la frontera ucraniana y el interior de Bielorrusia no necesariamente significa que Rusia vaya a invadir territorio ucraniano. “Es un elemento de presión y negociación, un constante mantenimiento de la tensión”, asevera. Entre las opciones: renunciar al Donbás (algo que cree que no puede hacer porque su electorado se le pondría en contra), declararlo independiente o anexionárselo, “lo que es una apuesta política arriesgada”. Cree que Putin necesita, de cara a las elecciones de 2024, una nueva victoria, que podría ser zamparse un trozo de Ucrania “en nombre de la reunificación de las tierras rusas”, creando un corredor entre Crimea y Donbás. El movimiento de tropas podría indicar eso, pero, “si lo hará o no, no lo sabemos”, insiste.

Después de la anexión de Crimea, Putin tuvo mucho apoyo popular en Rusia, pero Bonet no tiene claro que ahora sucediera lo mismo. Define a Rusia como un país con “una conciencia nacional muy clara que se pliega muy bien a las estructuras autoritarias”, y en este sentido, al frente del Estado ruso hay una élite con “mentalidad perversa”, que aprovechará “cualquier error” de Ucrania para “aplastar” al país. Sobre Crimea, Bonet explica que “no se puede discutir con un ruso que Crimea no es Rusia”. Sin embargo, recuerda, la península fue conquistada durante la Rusia zarista por Catalina La Grande en 1783. A día de hoy, la población local es mayoritariamente favorable a tender lazos con Rusia, sin embargo, insiste Bonet, eso no significa que Crimea sea rusa.  “La población es mayoritariamente prorrusa porque ahí están todos los jubilados de la flota del Mar Negro. Es una enorme población de carácter militar. El interior agrícola, en cambio, siempre ha estado ocupado por los ucranianos, que cultivaban la tierra”, concluye.

Limitación de los derechos lingüísticos

Por otro lado, critica con dureza al gobierno ucraniano, “tan ineficaz como el anterior o más”. Uno de los asuntos en los que el gobierno ucraniano comete errores es en su política lingüística. Partiendo de concepciones diferentes, Bonet ve ciertas similitudes en la política lingüística de Rusia y de Ucrania. En el caso ruso, “parte de la desconfianza y temor de las pequeñas lenguas nacionales de las repúblicas, que tenían estatus oficial en sus respectivos territorios”. Es decir, es un miedo que viene de “los fantasmas del separatismo” que rondan la cabeza de los dirigentes del Kremlin, pese a que, aclara Bonet, el ruso como idioma no tiene nada que temer. En el caso ucraniano, “parte de la necesidad de asentar y hacer arraigar un idioma que no está lo suficientemente arraigado, lo que se traduce en una política lingüística que conculca los derechos de las minorías reconocidos por el Consejo de Europa”, explica. 

Ucrania, sigue explicando Bonet, es un país con muchísima diversidad y muchas comunidades culturales, pero al igual que Rusia aunque en menor medida, en lugar de integrarlas, cercena sus derechos. “Los Estados que son débiles tienen problemas para aceptar la diversidad y el federalismo y tienden hacia un Estado unitario, porque piensan que así tendrán más controlada la situación. Hay que tener en cuenta también las diferencias entre Oeste y Este, por sus diferentes trayectorias históricas”, sostiene.

Estas tensiones empeoraron con dos hechos. Primero, la derogación de la ley de 2012, que declaraba oficial el ruso en las regiones donde el idioma formara parte de más de un 10% de los habitantes. “Turchínov (presidente ucraniano en febrero del 2014) abolió una ley que era bastante equilibrada y eso fue aprovechado por Rusia. Después de su abolición, no solo los rusos, otras muchas minorías se cabrearon, entre ellos los húngaros y los rumanos”, sostiene Bonet. Segundo, con la aprobación en el Parlamento ucraniano en abril de 2019 de una ley que convertía al ucraniano en el único idioma estatal y de uso obligatorio para los funcionarios del Gobierno.

Entre otros problemas que han acentuado el conflicto, Bonet critica fuertemente el bloqueo comercial que inició Ucrania en 2017 para impedir el tráfico de mercancías entre las autodenominadas repúblicas populares de Donetsk y Lugansk (RPD y RPL, que ocupan un tercio de las provincias) y el resto de Ucrania. “La gente que está en el poder en Ucrania no necesita la zona del Donbás (Donetsk y Lugansk) porque no les votan. Por tanto, no tienen ningún interés. Pero Rusia tampoco”, aclara. El Donbás es una zona con mucha cultura minera e industrial venida a menos que, según Bonet, necesita una reconversión industrial importante, que es muy costosa. Para destensar la situación, cree que Kiev debería intentar facilitar la vida de los ciudadanos del Donbás. Y pone un ejemplo. Hay familias de la región de Donetsk y Lugansk en las cuales parte de la familia vive en la zona ucraniana y otra parte en la rusa. Para cobrar la pensión, los jubilados ucranianos que viven en la zona rusa tienen que pasar al otro lado de la frontera, pero tardan mucho tiempo en hacerlo porque la frontera se ha endurecido todavía más con la crisis del covid.

En cuanto a una posible intervención rusa en la zona, Bonet considera que no necesitan tener tropas en el Donbás, solo controlar la situación y si se descontrolara, ya intervendrían. Por tanto, subraya, es muy importante que Ucrania actúe “con la máxima transparencia posible” y que haya “testigos y observadores” en la zona. Asimismo, recuerda los errores “garrafales” que Georgia cometió en 2008 y que condujeron a que Rusia reconociera como Estados independientes Osetia del Sur y Absajia.

Expansión de la OTAN al Este

Cuando se disuelve la URSS, la OTAN, aprovechando la debilidad del presidente ruso Boris Yeltsin, fue incorporando países de Europa del Este a su Alianza, remarca Jordi Calvo, investigador del Centre Delàs d'Estudis per la Pau. “Esto durante muchos años no ha sido un problema, pero ahora es uno de los elementos que está usando Putin, que simplemente quiere legitimar su liderazgo y conseguir apoyo popular para ganar las elecciones (de 2024)”, asegura. Para un personaje político como Putin, el nacionalismo y la identificación de un enemigo externo como la OTAN ayudan mucho, aunque no se puede perder de vista que en 1989 la OTAN estaba en un punto y en 2022 está en otro muy diferente.

“De una manera u otra, lo que está pasando también viene animado por una OTAN que no ha mirado de buscar soluciones que no pasen por una lógica militar”, argumenta. Y en el otro lado está la Organización de Cooperación de Shanghái (China, Rusia, Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán, Uzbekistán, India, Irán y Pakistán), que podría dar apoyo militar a Rusia en caso de conflicto. Sin embargo, Calvo descarta esta confrontación. “Este conflicto tiene una complejidad enorme, con intereses económicos muy concretos, entre ellos tener acceso a mayor cantidad de recursos y materias primas. No tendría ningún sentido que se embarcaran en un enfrentamiento militar en el sentido tradicional”, explica y puntualiza, que lo que sí que se está produciendo es el enfrentamiento en otros ámbitos, como en las fake news, influir a través de medios de comunicación e internet, desestabilizar la democracia o utilizar Bielorrusia para provocar una crisis migratoria en Polonia, sabiendo que estos acontecimientos crearán confrontación e inestabilidad entre los países de la UE. Del aspecto de las fake news alerta Bonet constantemente. “Uno de los grandes problemas de Ucrania es que la narrativa rusa cala muchísimo en Occidente”, advierte. Calvo coincide con Arancón y Bonet en que Rusia no puede aceptar perder el control del Donbás porque eso le sirve a Putin para mantener su discurso de la “Gran Rusia”, que tiene con todos los países del espacio postsoviético. Eso no quiere decir, aclara, que se anexione el territorio oficialmente.

Alemania, el gasoducto ruso y la posición europea

Otro de los elementos que juega un papel clave en esta crisis es el gasoducto Nord Stream II que conecta Rusia con Alemania sin pasar por Ucrania, pero que no ha entrado en funcionamiento todavía, a la espera de recibir las certificaciones para poder operar. Josep Borrell, Alto Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores, avisó hace unas semanas: “No se puede imaginar que, por un lado, pensamos en imponer sanciones y, por otro lado, abrir una infraestructura (Nord Stream II). Está ciertamente ligado a la situación militar de Ucrania”, advirtió. Un proyecto que estaría operado por el gigante gasístico estatal ruso Gazprom, y que Alemania necesita por su dependencia energética, pese a que no gusta a EE UU ni a los países del Este.

“Creo que puede ser una ventana de oportunidad para dejar de hablar de enfrentamiento militar y empezar a hablar más de intereses, de dependencia. Crear espacios de paz es generar interdependencia”, analiza Calvo. Cortar el gasoducto, argumenta, no interesa a nadie y es una postura que no durará mucho. Tal vez, detrás de todo este conflicto, también se esté negociando un acuerdo en torno a los precios del gas que satisfagan a todo el mundo. La política exterior alemana respecto a Rusia es diferente, sostiene Calvo, debido a esta dependencia energética y a la historia reciente, la Segunda Guerra Mundial y el Muro de Berlín.

Otros analistas, en cambio, creen que Rusia tiene poder con los gasoductos especialmente en invierno, pero cuando llega marzo empieza a hacer buen tiempo y los precios de la energía se empiezan a reequilibrar. “Evidentemente, puede afectar, pero Europa tiene otras herramientas que puede utilizar. A malas, Alemania puede poner en funcionamiento las centrales de carbón. Contaminan, pero al menos no das dinero a Rusia, si decide invadir Ucrania”, opina Arancón.

Por otro lado, Calvo cree que detrás de la retórica de la UE de tener más autonomía estratégica respecto a la OTAN y fijar sus propias posiciones, está “crear el consentimiento en la población de que es necesario tener un ejército europeo o una defensa europea reforzada”, que estaría controlado básicamente por Alemania y Francia. De este modo, Europa duplicaría esfuerzos y recursos destinados a la militarización, no solo a las Fuerzas Armadas, sino a la producción de armamento. “La industria armamentística europea es la que está detrás de este cambio de mentalidad”, asegura Calvo. A esta idea del hard power Calvo contrapone volver al soft power que hasta hace una década imperaba en la UE, es decir, conseguir sus objetivos de otra manera: crear una unión con avances democráticos, libertad de movimientos, ser un ejemplo en cuanto al respeto de los Derechos Humanos y promover la paz y el diálogo. Tanto Calvo como Bonet lamentan que la retórica belicista que estamos presenciando se parece demasiado al clima que había antes de la Primera Guerra Mundial. “La carrera armamentística, las capacidades militares, los presupuestos de defensa y las exportaciones de armamento están aumentando”, advierte Calvo.

Los meses del Maidán

El 21 de noviembre del 2013 comenzaron una serie de protestas en la Plaza de la Independencia de Kiev (Maidán), un día después de que el Gobierno ucraniano bajo el mando del presidente rusófilo Víktor Yanukóvich, suspendiera la firma del Acuerdo de Asociación y el Acuerdo de Libre Comercio con la UE. Las protestas, iniciadas por grupos de estudiantes universitarios a los que se fueron uniendo diferentes sectores de la población, empezaron siendo pacíficas. Sin embargo, en enero, grupos ultranacionalistas ucranianos y de extrema derecha empezaron a instigar a los disturbios y la violencia callejera. Entre estos grupos estaba el partido Pravy Sektor (Sector Derecho), ultra-nacionalista ucraniano y de extrema derecha y el partido parlamentario Svoboda (Libertad), ideológicamente similar, englobado en el ultranacionalismo ucraniano y la extrema derecha.

Como consecuencia de los disturbios y los enfrentamientos entre la policía, la oposición y los grupos paramilitares, el 22 de enero murieron cinco personas, que se empezaron a contar por decenas en las siguientes semanas. La noche del 19 al 20 de febrero hubo un intento de alto el fuego entre el Gobierno ucraniano y la oposición que se rompió a las pocas horas. El 20 de febrero fue considerado el día más violento de los disturbios, con más de 60 fallecidos. Un día después, Yanukóvich y la oposición llegan a un acuerdo, con la mediación de tres ministros de Exteriores de la UE (Radosław Sikorski, de Polonia, Laurent Fabius de Francia y Frank-Walter Steinmeier de Alemania) para formar un gobierno de coalición, elecciones anticipadas y volver a la Constitución de 2004 para frenar la violencia. Sin embargo, Yanukóvich no ratificó los acuerdos y huyó del el país.

La mañana del 22 de febrero los opositores ocuparon las principales instituciones de Kiev. La oposición acusa a Yanukóvich de dejación de sus funciones presidenciales y el Parlamento aprobó su destitución con una mayoría aplastante, haciendo presidente a Turchínov. Estos hechos crearon controversia, porque como describió Pilar Bonet en su crónica de El País de aquel día, desde el punto de vista constitucional, “la destitución del presidente es más que cuestionable, ya que, además de una mayoría de dos tercios de la cámara (450 diputados), se requiere también la formación de una comisión investigadora de los motivos por los que se pretende destituirlo. A todo eso se superponía la ambigüedad sobre el marco jurídico, entre la constitución de 2010 y la constitución de 2004, a la que Ucrania retorna en función de un acuerdo firmado la víspera entre los jefes del la oposición parlamentaria y Yanukóvich”. Rusia y el propio Yanukóvich denuncian un golpe de Estado, pero Turchínov cogió el cargo como presidente interino de un gobierno provisional. Meses después se celebraron elecciones en las que resultó ganador Petró Poroshenko, quien podría enfrentarse a 15 años de cárcel por “alta traición”, después de haber sido acusado por la fiscalía ucraniana el pasado 20 de diciembre. ¿La razón? Comprar carbón en los territorios de las repúblicas autónomas de Donetsk y Lugansk. Con esa compra, Ucrania sostiene que Poroshenko ha financiado la lucha de los rebeldes prorrusos.

Contexto histórico del conflicto

“Son dos visiones (OTAN-Rusia) antagónicas, pero tienen una razón para ambos. El Imperio Ruso y la Unión Soviética después fueron un conglomerado multiétnico, incluyendo la zona este de Europa”, explica Arancón. El asunto es bien complejo y tiene muchos matices. Cuando se disuelve la URSS en 1991, todas las nacionalidades que estaban integradas en ella, y que no eran étnica y lingüísticamente rusos, quisieron formar sus propios Estados. Para conseguir su independencia, continúa Arancón, necesitaban aliados que les permitieran defenderse de las conquistas que habían sufrido históricamente por parte del Imperio ruso y, durante la Segunda Guerra Mundial, por la ocupación nazi-fascista. “Esa organización defensiva que les proteja, pensaron, es la OTAN”, añade Arancón. Así, entraron a formar parte de ella Estonia, Letonia, Lituania, Polonia, Eslovaquia, Eslovenia, Hungría, Rumanía y Bulgaria. No todos ellos formaban parte de la URSS, pero todos ellos formaban parte del espacio de influencia soviética, que llegaba hasta Alemania Oriental (República Democrática Alemana). Por este motivo, a Rusia no le gusta que esos países se estén alineando con Occidente, expone Arancón. “Confían en esa Rusia como un ente multiétnico: no es una cuestión de que los ucranianos tengan que ser rusos, sino que los lituanos, bielorrusos, letones, kazajos, tienen cabida dentro de Rusia”, prosigue. Según la cosmovisión rusa, su origen nacional es la Rus de Kiev (Estado que existió desde el año 882 —conquista de Kiev— hasta el año 1240 —invasión de los mongoles—), que comprendía territorios de Bielorrusia, Ucrania y Rusia.

En la cosmovisión rusa, tener líderes fuertes equivale a esplendor de Rusia. “Da igual que sea Pedro El Grande, Catalina La Grande, Stalin o Putin. Es cuando el país ha sido respetado internacionalmente. Y cuando el líder ha sido débil, como Yeltsin, el país ha sido un cachondeo”, sostiene Arancón. Si Ucrania o Bielorrusia empujan hacia Europa, ya solo quedarían ellos. “Y ellos, como se conciben a sí mismos como un imperio, con todo el esplendor y el orgullo que conlleva, ven una posible entrada en Europa como una cuestión absolutamente deshonrosa”, aclara Arancón.

Este conflicto se mantuvo, sin solución, durante el siglo XX y continuó después del colapso de la URSS, con periodos más pacíficos y otros más conflictivos. “La Ucrania más proeuropea, que tiene centros cosmopolitas como Kiev, intenta decantar la balanza hacia la UE y el este del país, más rusófilo, se decanta más hacia Rusia”, argumenta Arancón. Una inestabilidad que, concluye, continuó en el siglo XXI con la Revolución Naranja, una serie de protestas que tuvieron lugar en Ucrania desde finales de noviembre de 2004 hasta enero de 2005, en el contexto de las elecciones presidenciales, en las que hubo acusaciones de corrupción, intimidación y fraude electoral directo y en las que se impuso Víktor Yanukóvich, conservador-rusófilo, sobre Víktor Yúshchenko, conservador-europeísta. Después de una serie de manifestaciones y huelgas que tuvieron en Kiev su foco principal, el Tribunal Supremo de Ucrania ordenó convocar nuevas elecciones el 26 de diciembre 2004, dando la victoria al candidato pro-europeísta. Seis años después, Yanukóvich se convirtió en el sucesor de Yúshchenko, en unas elecciones que fueron calificadas como justas por las autoridades ucranianas y los observadores internacionales. 

Sobre el asunto de la corrupción, es interesante consultar el índice de percepción que elabora Transparency International. El último, que data del año 2020, sitúa a Ucrania en el puesto 117 y a Rusia en el 129.

Acuerdos de Minsk

El 11 de febrero de 2015 se celebró una cumbre en Minsk entre Ucrania, Rusia, Francia y Alemania, con la supervisión de la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE), para firmar un acuerdo que aliviara la guerra ruso-ucraniana en Donetsk y Lugansk. Todos los analistas consultados por El Salto coinciden en que no ha habido voluntad por parte de Rusia y Ucrania de respetar los acuerdos.

Entre otras medidas, el acuerdo plantea dotar de cierta autonomía a las regiones del Donbás por parte de Ucrania y la retirada de todas las formaciones armadas extranjeras, equipo militar, mercenarios y desarme de todos los grupos ilegales, bajo la supervisión de la OSCE. “Para conseguir esa autonomía hay que abrir un proceso constitucional en Ucrania y Ucrania no quiere”, apunta Arancón. Del mismo modo, prosigue, Rusia debería retirar tropas pero no quiere hacerlo, quiere proteger sus zonas de influencia del Donbás porque “teme que Ucrania incumpla como intentó hacer Georgia en el año 2008 invadiendo Osetia del Sur”. Es decir, que si Rusia se retira a su frontera y deja esas tropas de protección que disuaden a Ucrania de atacar a los paramilitares de las repúblicas populares autónomas de Donetsk y Lugansk, cree que los ucranianos podrían aprovechar para recuperar el control que está bajo dominio ruso. Por tanto, ninguna de las dos partes da un paso para que el otro pueda avanzar, debido a la desconfianza mutua.

“Estaba claro desde el primer día que no se iban a cumplir porque, ¿qué va primero, elecciones de acuerdo a los estándares de la OSCE o retirada de las tropas rusas de la frontera?”, plantea Bonet. Las partes llevan años discutiendo el texto, pero los acuerdos no se cumplen, tampoco el alto el fuego. Las direcciones políticas lo han aceptado debido a las presiones internacionales, pero sobre el terreno se da una dinámica de fronteras. En opinión de Calvo, los acuerdos son “papel mojado” porque Rusia no quiere renunciar a su influencia en los antiguos territorios de la URSS y en los países exaliados del Pacto de Varsovia.

Las negociaciones continuarán

Las negociaciones para evitar un conflicto de mayor gravedad en Ucrania continúan. La guerra de baja intensidad en el Donbás, también. Y en caso de que se agrave, los principales afectados serán los ucranianos. Entre los asuntos que los ucranianos consideran más importantes, un 45% señala la corrupción en las instituciones públicas; un 34% la inflación; un 31% el incremento de los precios de la energía; un 30% el desempleo; un 20% el conflicto militar del Donbás y otro 20% señala a su gobierno como incompetente, según recoge un estudio reciente elaborado por el Sociological Group “Rating” junto al Center for Insights and Survey Research (CISR) y el International Republican Institute (IRI). El estudio arroja otro dato muy importante: en los últimos diez años, el apoyo de los ucranianos a ingresar en la UE ha subido 22 puntos: pasando de un 36 a un 58%. En la misma medida, 22 puntos, ha caído el apoyo a establecer relaciones con Rusia: solo un 21 por ciento apoya una unión aduanera con Rusia, Bielorrusia y Kazajistán. Una ocupación en el país podría decantar definitivamente la balanza ucraniana en el lado europeo.

Como dice Pilar Bonet, de momento hablan, por lo tanto, “lo militar es un elemento más que forma parte de un conjunto presidido por la diplomacia”. Arancón asegura que la solución pasa por encontrar una postura asumible para Rusia, Ucrania y la OTAN. Y Calvo, opina que “para crear espacios de paz debemos generar interdependencia”. Esperemos que esa deseada diplomacia se imponga.

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No lo llames "cerco": Washington tensa el lazo alrededor de China

La palabra cerco no aparece en la Ley de Autorización de la Defensa Nacional (NDAA) de 2022, ratificada por el presidente Joe Biden el 27 de diciembre, ni en otras declaraciones recientes del gobierno sobre su política exterior y militar. Tampoco figura ese clásico término de la guerra fría que era contención. No obstante, los máximos dirigentes de EE UU han consensuado una estrategia encaminada a cercar y contener a la nueva gran potencia, China, a base de alianzas militares hostiles, a fin de impedir que ascienda a la categoría de plena superpotencia.

La voluminosa ley de defensa de 2022 ‒aprobada con el apoyo aplastante de ambos partidos‒ contiene un esquema detallado del cerco a China mediante una red potencialmente asfixiante de bases y tropas militares estadounidenses y países aliados cada vez más militarizados. El propósito es capacitar a Washington para encerrar al ejército chino dentro de su propio territorio y posiblemente paralizar su economía en una hipotética crisis futura. Para los dirigentes chinos, que sin duda no pueden tolerar que el país quede rodeado de esta manera, esto es una invitación abierta a… bueno, no hay razón para quitar punta a la expresión… a romper como sea el confinamiento.

Al igual que todas las leyes de defensa precedentes, la NDAA de 2022, que fija un gasto de 768.000 millones de dólares, está repleta de obsequios sumamente generosos a los proveedores del ejército en forma de pedidos de las armas predilectas del Pentágono. Estos incluirían cazas F-35, submarinos de la clase Virginia, destructores de la clase Arleigh Burke y un amplio surtido de misiles guiados. Tal como señala la comisión de asuntos militares del Senado en un resumen de la ley, también incorpora una serie de partidas concretas e iniciativas políticas destinadas a cercar, contener y potencialmente subyugar a China. Entre estas figura una cantidad extra de 7.100 millones de dólares para la Iniciativa de Disuasión del Pacífico, o PDI, un programa iniciado el año pasado con vistas a potenciar las fuerzas estadounidenses y aliadas en el Pacífico.

Tampoco se trata de partidas aisladas en esta ley de 2.186 páginas. La ley de autorización incluye una medida de “sentido cooperativo” centrada en tejer “alianzas y colaboraciones de defensa en la región indopacífica” que proporcione un programa conceptual de cara a esta estrategia de cerco. De acuerdo con dicha ley, el ministro de Defensa ha de “reforzar las alianzas y colaboraciones con EE UU en la región indopacífica a fin de reforzar la ventaja comparativa de EE UU en la competencia estratégica con la República Popular China” (PRC).

El hecho de que la NDAA de 2022 se aprobara sin apenas oposición en el Congreso y el Senado indica que el apoyo a estas medidas y otras similares es sólido en ambos partidos. Algunos Demócratas progresistas trataron de reducir la cuantía del gasto militar, pero sus colegas de la comisión de asuntos militares de ambas cámaras votaron, por el contrario, a favor del aumento de la asignación de este año al Pentágono, que de por sí ya resulta abrumadora, en otros 24.000 millones de dólares, particularmente para contener (o combatir) mejor a China. La mayor parte de esos dólares de la población contribuyente que se han añadido se destinarán a la construcción de misiles hipersónicos y otras armas avanzadas que apuntarán contra la RPC, a la realización de más maniobras militares y al refuerzo de la cooperación en materia de seguridad con los aliados de EE UU en la región.

Para los gobernantes chinos no puede haber ninguna duda sobre el significado de todo esto: diga lo que diga Washington sobre la competencia pacífica, el gobierno de Biden, como el de Trump bajo la anterior presidencia, no tiene intención de permitir que la RPC alcance la paridad con EE UU en el escenario mundial. De hecho, está dispuesto a utilizar cualquier medio, incluida la fuerza militar, para impedir que esto ocurra. Así, a Pekín solo le queda una alternativa: o bien ceder a la presión estadounidense y aceptar ser un país de segunda en los asuntos globales, o bien desafiar la estrategia  de contención de Washington. Resulta difícil imaginar que el liderazgo actual del país acepte la primera opción, mientras que la segunda, si se aprobara, conduciría con toda seguridad, pronto o tarde, al conflicto armado.

La sempiterna tentación del cerco

De hecho, la idea de rodear a China mediante una cadena de potencias hostiles se postuló por primera vez como política oficial durante los primeros meses de la presidencia de George W. Bush. En aquel entonces, el vicepresidente Dick Cheney y la consejera de seguridad nacional  Condoleezza Rice decidieron establecer un sistema de alianzas antichinas en Asia, siguiendo las directrices expuestas por Rice en un artículo publicado en enero de 2000 en la revistas Foreign Affairs. En el mismo, la autora lanzó una advertencia frente a los esfuerzos de Pekín por “alterar el equilibrio de fuerzas en Asia a su favor”, una dinámica a la que EE UU debía responder profundizando “la cooperación con Japón y Corea del Sur” y manteniendo “su compromiso con una presencia militar robusta en la región”. Además, señaló que había que “prestar más atención al papel de India en el equilibrio regional”.

Esta noción ha seguido formando parte desde entonces del guion de los sucesivos gobiernos de EE UU, aunque en el caso del gabinete de Bush su aplicación quedó aparcada abruptamente el 11 de septiembre de 2001, cuando combatientes islámicos atentaron contra las torres gemelas de Nueva York y la sede del Pentágono en Washington, D.C. y el gobierno declaró la “guerra global contra el terrorismo”.

Pasó una década hasta que en 2011 la política oficial de Washington recuperó la estrategia de Rice-Cheney de rodear a China y cercenar o suprimir su creciente poder. En noviembre de aquel año, en un discurso ante el parlamento australiano, el presidente Barack Obama anunció el “giro a Asia” de EE UU: una iniciativa encaminada a restablecer el predominio de Washington en la región induciendo a sus aliados de allí a intensificar los esfuerzos por contener a China.“Como presidente, he… tomado una decisión deliberada y estratégica”, declaró Obama en Canberra. “Como nación ribereña del Pacífico, EE UU desempeñará un papel más activo y a largo plazo en la configuración de esta región y de su futuro… He ordenado a mi equipo de seguridad nacional que a medida que concluyamos las guerras actuales [en Oriente Medio], dé prioridad a nuestra presencia y nuestra misión en la parte asiática del Pacífico”.

Sin embargo, al igual que anteriormente el equipo de Bush, la presidencia de Obama se vio absorbida por los acontecimientos en Oriente Medio, concretamente la conquista en 2014 de partes importantes de Irak y Siria por el Estado Islámico, viéndose forzada a dejar en suspenso su giro al Pacífico. Tan solo en los últimos años de la presidencia de Donald Trump volvió  cobrar protagonismo la idea de rodear a China en el pensamiento estratégico estadounidense.

Dirigido por el secretario de Estado Mike Pompeo, el esfuerzo de Trump resultó ser mucho más sustancial, pues comportó la ampliación de las fuerzas estadounidenses acantonadas en el Pacífico, la intensificación de la cooperación con Australia, Japón y Corea del Sur en el terreno militar y una mayor atención a India. Pompeo incorporó además varios nuevos elementos a la panoplia: una alianza cuatrilateral de Australia, India, Japón y EE UU (llamada Quad); lazos diplomáticos más estrechos con Taiwán; y la demonización explícita de China como enemiga de los valores occidentales.

En un discurso pronunciado en julio de 2020 en la Biblioteca Presidencial Richard Nixon, Pompeo expuso con claridad la nueva política con respecto a China. Para impedir que el Partido Comunista Chino (PCC) acabe con el “orden basado en reglas que nuestras sociedades se han esforzado tanto en construir”, declaró, “hemos de dibujar en la arena líneas comunes que no puedan ser borradas por los tratos o halagos del PCC”. Esto no solo exigía incrementar las fuerzas estadounidenses en Asia, sino también crear un sistema de alianzas similar al de la OTAN para frenar el crecimiento ulterior de China.

Pompeo lanzó asimismo dos iniciativas cruciales dirigidas contra China: la institucionalización de la Quad y la expansión de las relaciones diplomáticas y militares con Taiwán. La Quad, cuyo nombre formal es Diálogo de Seguridad Cuatrilateral, se había formado inicialmente en 2007 por decisión del primer ministro japonés, Shinzo Abe (con el apoyo del vicepresidente Dick Cheney y de los dirigentes de Australia e India), pero quedó en suspenso durante años. Se reavivó en 2017, cuando el primer ministro australiano, Malcolm Turnbull, se reunió con Abe, el primer ministro indio Narendra Modi y Trump con ánimo de impulsar un mayor esfuerzo por contener a China.

Con respecto a Taiwán, Pompeo subió la apuesta aprobando el envío de misiones diplomáticas a su capital, Taipei, compuestas por altos cargos del gobierno, como el secretario de Salud Alex Azar y el subsecretario de Estado Keith Krach, los miembros de mayor rango del gobierno estadounidense que visitaban la isla desde 1979, cuando Washington rompió las relaciones formales con el gobierno taiwanés. Ambas visitas fueron criticadas rotundamente por las autoridades chinas, que las calificaron de graves violaciones de los compromisos contraídos por Washington ante Pekín al amparo del acuerdo por el que establecía relaciones con la RPC.

Biden adopta la estrategia de cerco

Al acceder a la Casa Blanca, el presidente Biden prometió revertir muchas de las políticas impopulares de su predecesor, pero estas no incluían la estrategia con respecto a China. En efecto, su gobierno ha hecho suya de buena gana la estrategia de cerco diseñada por Pompeo. A resultas de ello, los preparativos de cara a una posible guerra con China constituyen ahora, por desgracia, la máxima prioridad del Pentágono, como en el caso del departamento de Estado el aislamiento diplomático de Pekín.

De acuerdo con esta perspectiva, el requerimiento presupuestario del departamento de Defensa para  2022 señala que “China constituye el principal desafío a largo plaza para EE UU” y que por tanto “el departamento dará prioridad a China como nuestro desafío número uno y desarrollará los conceptos, recursos y planes operativos adecuados para reforzar la capacidad de disuasión y mantener nuestra ventaja competitiva”.

Mientras tanto, como instrumento clave para reforzar los vínculos con sus aliados en la región  Asia-Pacífico, el gobierno de Biden ha hecho suya la Iniciativa de Disuasión del Pacífico (Pacific Deterrence Initiative, PDI) impulsada por Trump. El gasto propuesto para la PDI se incrementó un 132 % en el requerimiento presupuestario del Pentágono para 2022, pasando de los 2.200 millones de dólares de 2021 a 5.100 millones este año. Y si se quiere calibrar el clima actualmente imperante con respecto a China, tómese nota de lo siguiente: incluso este aumento resultaba insuficiente para la mayoría de congresistas Demócratas y Republicanos, que han añadido otros 2.000 millones de dólares a la asignación al PDI en 2022.

A fin de dejar todavía más claro el compromiso de Washington con una alianza antichina en Asia, los dos primeros jefes de Estado o de gobierno extranjeros invitados a la Casa Blanca para reunirse con el presidente Biden fueron el primer ministro japonés Yoshi Suga y el presidente surcoreano Moon Jae-in. En sus respectivas entrevistas, Biden subrayó la importancia de unir esfuerzos frente a Pekín. Tras su reunión con Suga, por ejemplo, Biden insistió públicamente en que su gobierno está “comprometido a cooperar para hacer frente a los desafíos planteados por China… a fin de asegurar un espacio indopacífico libre y abierto”.

El 24 de septiembre, líderes de la Quad se reunieron en primicia con Biden en una cumbre en la Casa Blanca. Aunque el gobierno de EE UU destacó iniciativas no militares en su informe oficial sobre los resultados de la reunión, el principal punto del orden del día fue sin duda el refuerzo de la cooperación militar en la región. En este sentido es revelador que Biden aprovechara la ocasión para sacar a relucir un acuerdo que acababa de firmar con el primer ministro de Australia, Scott Morrison, con el fin de facilitar a este país la tecnología de propulsión para una nueva flota de submarinos de propulsión nuclear, una iniciativa que evidentemente apunta contra China. Hay que señalar asimismo que pocos días antes de la cumbre, EE UU constituyó una nueva alianza con el Reino Unido y Australia, llamada AUKUS, que también apunta contra China.

Finalmente, Biden ha seguido incrementando los contactos diplomáticos y militares con Taiwán, incluso en su primer día en el cargo, cuando Hsiao Bi-jim, el embajador de facto de Taipei en Washington, asistió a su toma de posesión. “El presidente Biden estará al lado de amigos y aliados para impulsar nuestra prosperidad compartida, nuestra seguridad y nuestros valores comunes en la región Asia-Pacífico, y esto incluye a Taiwán”, declaró un portavoz de la presidencia por aquellas fechas. Pronto siguieron otros contactos de alto nivel con autoridades taiwanesas, inclusive personal militar.

Una estrategia general de contención

De lo que han carecido hasta ahora todas estas iniciativas es de un plan general para frenar el ascenso de China, asegurando de esta manera la supremacía permanente de EE UU en la región indopacífica. Los autores de la NDAA de este año han prestado especial atención a esta deficiencia y varias disposiciones de la ley contemplan la elaboración precisamente de este plan general. Se trata de una serie de medidas encaminadas a incorporar a Taiwán en el sistema de defensa estadounidense alrededor de China y de la exigencia de elaborar una estrategia general de contención de este país en todos los frentes.

Una medida oficiosa prevista en esta ley otorga una coherencia general a esas iniciativas inconexas, estipulando la creación de una cadena ininterrumpida de Estados centinela armados por EE UU que se extiende desde Japón y Corea del Sur en el norte del Pacífico hasta Australia, Filipinas, Tailandia y Singapur en el sur, con India en el flanco suroccidental de China, con el fin de rodear y contener a la RPC. Taiwán también está incluida en la proyectada red antichina.

El futuro papel que se contempla para esta isla en el plan estratégico previsto se pone de manifiesto en una disposición titulada “Proposición no vinculante sobre las relaciones con Taiwán en materia de defensa”. Esencialmente, esta medida insiste en que la promesa hecha por Washington en 1978 de poner fin a sus lazos militares con Taipei y el tratado subsiguiente entre EE UU y China, suscrito en 1982, en que el primero se compromete a reducir la calidad y la cantidad de sus suministros de armas a Taiwán, han dejado de tener validez debido al “comportamiento cada vez más coercitivo y agresivo” de China con respecto a la isla. Así, la proposición aboga por reforzar la coordinación militar entre los dos países y la venta a Taiwán de sistemas de armas más sofisticados, junto con la tecnología para su fabricación.

Sumando todo esto tenemos la nueva realidad de la presidencia de Biden: la disputada isla de Taiwán, a un tiro de piedra del territorio continental de China y considerada una provincia por la RPC, se convierte ahora en una aliada militar de facto de EE UU. Difícilmente puede haber una transgresión más directa de una línea roja china: el principio de que pronto o tarde la isla debe aceptar la integración pacífica con el continente o enfrentarse a una acción militar.

Además de reconocer que la política expuesta en la NDAA de 2022 representa una amenaza fundamental para la seguridad de China y su deseo de desempeñar un papel más importante en el ámbito internacional, el Congreso indicó asimismo al presidente que presentara una “estrategia general” con respecto a las relaciones de EE UU con China en los próximos nueve meses. Dicho documento debería incluir una evaluación de los objetivos globales de este país y un inventario de sus recursos económicos, diplomáticos y militares que requiere EE UU para frenar su ascenso. Por otro lado, insta al gobierno de Biden a examinar “los supuestos y el resultado o los resultados finales de la estrategia estadounidense a escala global y en la región indopacífica con respecto a la RPC”. No se explica el significado de la expresión “el resultado o los resultados finales”, pero es fácil imaginar que los autores de esta propuesta estaban pensando en el posible colapso del gobierno comunista chino o alguna forma de guerra entre los dos países.

¿Cómo responderán los gobernantes chinos a todo esto? Nadie lo sabe todavía, pero el presidente Xi Jinping dio al menos una pista sobre lo que podría ser la respuesta en un discurso del 1 de julio, pronunciado con motivo el centenario del PCC. “Nunca permitiremos que una fuerza extranjera nos acose, oprima o subyugue”, declaró mientras desfilaban los blindados, misiles y cohetes más nuevos de China. “Quienquiera que lo intente se situará en un rumbo de colisión con una gran muralla de acero forjada por más de 1.400 millones de personas chinas.”

Bienvenidas a la guerra fría del siglo XXI en un planeta que necesita desesperadamente otra cosa.

13/01/2022

https://tomdispatch.com/none-dare-call-it-encirclement/

Traducción: viento sur

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Una foto del folleto proporcionada por el sitio web oficial del ejército iraní el 21 de enero de 2022 muestra a los soldados rusos durante un ejercicio conjunto en el Océano Índico. — EFE/EPA/IRANIAN ARMY

Las maniobras navales en curso a la entrada del golfo Pérsico refuerzan la alianza entre Irán, Rusia y China, tres países que se oponen a los dictados de Washington. Aunque las maniobras tienen un carácter simbólico, ponen de manifiesto el interés de Rusia y China por una zona que constituye el segundo círculo defensivo de esas dos grandes potencias.

 

 Con la crisis de Ucrania en plena efervescencia coinciden las maniobras militares que estos días realizan en el Océano Índico Irán, Rusia y China, cuyo objetivo declarado es proteger las rutas comerciales de navegación en la zona, y en las que participan más de una docena de buques de Irán, Rusia y China. Se trata de las terceras maniobras de esta naturaleza en las que intervienen los tres países mencionados en los últimos años.

Las maniobras hace tiempo que se anunciaron, de manera que no guardan una relación directa con la crisis en Ucrania, aunque es evidente que desde el punto de vista de Moscú son importantes en tanto que la zona del Índico donde se desarrollan, en el acceso al golfo Pérsico, se encuentra geográficamente en el segundo círculo defensivo de Rusia.

El acoso permanente de EEUU y sus aliados ha conducido a Rusia a una situación extrema que parece planificada desde Washington. El caso de Ucrania es justamente una vuelta de presión casi definitiva de la OTAN a Rusia, presión que viene de lejos y con la que se busca estrangular completamente a Vladimir Putin.

Otros países que, aunque sea desde su pequeñez, se han atrevido a plantar cara a los dictados de EEUU lo han pagado y lo siguen pagando caro, como es visible en Cuba, Venezuela, Irán o Siria, todos ellos aliados a la fuerza de Moscú y al mismo tiempo despreciados y castigados por la comunidad occidental.

Las maniobras del Índico tienen mucho de simbólicas puesto que no constituyen ninguna amenaza, ni siquiera pequeña, contra la hegemonía de EEUU en la región. Baste recordar que los americanos disponen de decenas de bases militares, varias de considerable tamaño en el golfo Pérsico.

La superioridad militar de los americanos es tal que con seguridad no se habrán inmutado por los ejercicios navales de Irán, Rusia y China. Naturalmente, el solo hecho de celebrar las maniobras constituye un amago de desafío que podría indicar una tendencia de futuro ahora que Washington está descuidando un poco Oriente Próximo y dejando que Israel tome el relevo como potencia directamente más influyente en la región.

Mientras en el primer círculo de Rusia, el más cercano, siguen avanzando EEUU y la OTAN, en el segundo círculo, dentro del cual hay que considerar el Golfo Pérsico, rusos y chinos realizan sus pinitos. Estrangulado política, económica y comercialmente por Occidente, Irán mantiene unas excelentes relaciones con ambos países.

Los chinos buscan incrementar su influencia en Oriente Próximo en una guerra soterrada que solo trasciende cuando se realizan maniobras militares o se firman acuerdos comerciales. Los americanos fiscalizan cada movimiento de Pequín pero Teherán tiene un gran interés en convertirse en su aliado estratégico con unas relaciones que van más allá del petróleo y prometen un futuro floreciente.

Israel juega a todas las cartas que se ponen delante con excepción de la de los palestinos, la que debería jugar con urgencia, pero sabe que el naipe con más valor es el de EEUU, de ahí que no le interese que decline el enorme despliegue americano en Oriente Próximo. Mientras los soldados americanos continúen allí para dar la cara cuando se tercie, Israel podrá seguir con sus lucrativos juegos con los países de la región.

Esta semana se ha dado una situación bastante curiosa, de la que han informado los medios hebreos. El presidente ucraniano ha solicitado a Israel que medie en la candente crisis entre Kiev y Moscú. Volodymyr Zelensky, cuya elección fue saludada por los medios de Israel destacando que es judío, no ha tenido mejor idea que recurrir a Israel como mediador (si es que la idea no ha salido directamente de Israel), una propuesta que Vladimir Putin ha rechazado ipso facto.

Las relaciones entre Rusia e Israel son correctas. El hasta hace poco primer ministro Benjamín Netanyahu cogió el hábito de volar con frecuencia a Moscú, y su sucesor, Naftalí Bennett, que asumió el cargo en junio, ya ha estado en Moscú. Pero aunque los intereses de Rusia e Israel se cruzan en muchos sitios, Putin desconfía de Tel Aviv en cuestiones profundas, como ha quedado manifiesto con el rechazo de su mediación en el conflicto de Ucrania.

Al haberse desentendido de una implicación directa en ciertos conflictos, Washington ha facilitado cierta penetración de Rusia, por ejemplo en Libia. Pero el caso más notorio es el de Siria, donde los rusos salvaron al presidente Bashar al Asad y a cambio han establecido un pie en el Mediterráneo oriental que obra como una válvula de escape en tanto la OTAN no para de acorralarlos en el perímetro de sus fronteras.

En Siria, donde hay una limitada presencia de tropas de EEUU, se ha hecho evidente que la política de Washington pasa por destrozar de arriba abajo a cualquier país que no se avenga a jugar con las reglas del juego que les impone. Pero por más interés que tenga, Putin no tiene capacidad para reconstruir un país como Siria que está siendo castigado por EEUU desde mucho antes que se iniciara la guerra civil en 2011.

22/01/2022 21:12

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Una foto del Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia con el Secretario de Estado de los Estados Unidos, Antony Blinken (izq.), y al Ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Sergei Lavrov (der.), antes de su reunión. en Ginebra, Suiza, 21 de enero de 2022. - EFE

Washington enviará en los próximos siete días a Moscú una respuesta oficial a la petición de Putin de que la OTAN congele su expansión hacia el este de Europa. Durante el encuentro de este viernes, Lavrov ha asegurado que no quieren invadir Ucrania y Blinken ha respondido que, si es así, retire las tropas de la frontera.

 

La reunión entre el el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, con su homólogo estadounidense, Antony Blinken, ha terminado con un tímido acercamiento, pero sin ningún acuerdo. De hecho, las ruedas de prensa de ambos han constatado sus diferencias. Lavrov ha insistido en que Rusia no quiere invadir Ucrania. Blinken ha vuelto a amenazar a Vladimir Putin y ha aseverado que, si de verdad no quieren hacer un ataque, retiren las tropas de las fronteras.

Lavrov dijo, no obstante, que Blinken le ha prometido que la próxima semana Moscú recibirá las respuestas por escrito que reclama a sus propuestas relacionadas con la congelación de la expansión de la OTAN hacia el este de Europa. En concreto, Vladimir Putin exige que se retiren las tropas de Rumanía y Bulgaria.

Rusia esperaba que EEUU llegase a la reunión de Ginebra con esas respuestas, las que considera que podrían servirle de garantías formales.

El ministro ruso indicó también que luego de que se reciban esas respuestas escritas y de que su Gobierno las examine se verá cuál es el camino indicado a seguir, aunque en principio habrá nuevos contactos diplomáticos entre ambos países, pero no se puede adelantar a qué nivel. En el aire dejó la posibilidad de un encuentro entre Joe Biden y Vladimir Putin.

Lavrov, además, señaló a los periodistas que había reiterado al jefe de la diplomacia estadounidense que Rusia no tiene la intención de atacar a Ucrania y que la inestabilidad en este país no es consecuencia de las acciones rusas, sino de sus propios problemas internos, recoge Efe.

"No he escuchado ningún argumento hoy que sostenga la postura estadounidense sobre lo que ocurre en la frontera ruso-ucraniana. Sólo preocupación, preocupación y preocupación, pero nuestra preocupación alude a hechos reales que nadie oculta: el suministro de armamento a Ucrania, el envío de cientos de instructores militares occidentales", declaró.

En este sentido, criticó la intención de la Unión Europea de crear una misión de entrenamiento militar en Ucrania. "Eso ya es un interesante giro en las ambiciones de la UE", dijo.

Blinken, por su parte, ha insistido de que ha trasladado a Lavrov que van a defender la frontera de Ucrania. "Vamos a ser firmes, si Rusia invade, responderemos de manera severa", ha afirmado en rueda de prensa.

"Estados Unidos y Europa están listos para encontrarse con Rusia en cualquiera de estos dos caminos", advirtió Blinken en la rueda posterior al encuentro. "Hemos escuchado (a Lavrov) repetir que no tienen la intención de invadir Ucrania, pero hay cosas que todos vemos, por lo que le dije que para convencer al mundo podrían llamar de vuelta a las fuerzas que tienen en la frontera y seguir comprometidos con la vía diplomática", aseguró Blinken.

La reunión "fue más un intercambio de puntos de preocupación más que una negociación", añadió sobre el encuentro.

Además, en relación a la demanda rusa de que la OTAN se comprometa a que Ucrania nunca entrará en este Alianza, Blinken insistió en que "el pueblo ucraniano es quien debe escribir su futuro y en este sentido no hay espacio para la discusión". Aunque Blinken admitió que no se han logrado grandes avances en el diálogo de hoy, sí afirmó que "Lavrov tiene ahora una mejor comprensión de nuestra posición y viceversa".

 

21/01/2022 13:21

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El regreso de la guerra nuclear “limitada” con las “bombas de mochila”

Aumenta la tensión entre la OTAN y Rusia y, aunque ambos lados poseen armas nucleares "clásicas", no las van a utilizar. Si lo hizo EEUU en 1945 contra 250.000 japoneses desarmados fue porque entonces era el único que poseía esas armas y, por ende, no tenía miedo a la represalia, situación que cambió cuando la Unión Soviética fabricó en 1949 la suya.

Al inicio del 2022, y un año más, las cinco superpotencias mundiales poseedoras "legales" de las armas de destrucción masiva nucleares -EEUU, Rusia, Reino Unido, Francia, China- nos volvieron a prometer que respetarán el Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares, que firmaron en 1968, junto con otros 186 estados. Al club se unieron después India, Pakistán, Israel y Corea del Norte, demostrando que nadie ha podido parar el proceso de la aniquilación de la gran parte de la humanidad a manos de unos cuantos.

Las estadísticas nos dicen que, el arsenal nuclear mundial se ha reducido, pasando de 70.000 cabezas nucleares en 1990 a unas 15.000 en 2017. Nada que celebrar: por un lado, incluso un tercio de esta cantidad es más que suficiente para enviar a la Tierra al agujero negro del Cosmos, y por otro, se está destinando más presupuesto a fabricar más y "mejores" armas nucleares, año tras año. En 2020, los nueve Estados destinaron 72.000 millones de dólares a sus proyectos nucleares, 1.400 millones más que en 2019: no era asunto suyo que la pandemia arrancase la vida de cientos de miles de personas por no tener acceso a sanidad.

"Beijing pronto podría tener la capacidad de lanzar un ataque nuclear sorpresa contra EEUU", alerta el general John Hyten, vicepresidente del Estado Mayor Conjunto del país americano. Una de dos: o ha percibido, no se sabe cómo, que los chinos se han vuelto locos, o se burla de la inteligencia de su audiencia. Se trata del "¡Que viene el coco!", y tras el rentable negocio del "terrorismo islámico" encabezado por el agente de la CIA, Osama bin Laden, y los grupos de extremaderecha religiosos, desde 2012 se ha inventado otro: China. Así, el Complejo Industrial-Militar de EEUU sigue haciendo fortuna organizando conflictos, que además le permite mantener el control sobre la política mundial y de paso exportar la profunda crisis social que está sufriendo la superpotencia en esta fase de su decadencia. No debe sorprender que la compañía Raytheon -que en 2020 recibió el contrato para diseñar y fabricar el misil nuclear de largo alcance (LRSO), producirá 1.000 unidades y cobrará por cada uno 10 millones de dólares- colocase en 2021 a uno de sus directivos, Lloyd Austin, en gobierno de Biden como Secretario de Defensa.

El acuerdo de AUKUS, firmado entre EEUU, Reino Unido y Australia el 14 de agosto -un día antes de que Biden entregase Kabul a los Talibán, en la frontera sur de China-, planea equipar los submarinos australianos con misiles nucleares en el Mar de China Oriental. Por lo que, según los rumores filtrados de las conversaciones secretas -en curso en Viena- entre Irán y los 5+1 para firmar un acuerdo nuclear, China ha impuesto a EEUU la  condición de cooperar en el expediente iraní si anula el AUKUS.

Las armas nucleares miniaturizadas

El uso de las armas de destrucción masiva es un acto terrorista (de un Estado contra cientos de miles de civiles), tenga el tamaño que tenga.

Durante su mandato, Donald Trump reanimó el desarrollo de Mini Bombas Nucleares (MBN) o "Pelotas nucleares" (por su tamaño), y en 2019 nació la criatura: una nueva generación de ojiva termonuclear llamada W76-2, de solo 164 kilogramos y una potencia explosiva de cinco kilotones -"sólo" un tercio de la bomba arrojada sobre Hiroshima de 100 kilotones de TNT-, que podrá ser lanzado desde un submarino Trident. La Guerra de Galaxias, financiada por Trump en su odisea espacial, planea colocar estas bombas en el espacio.

Se trata del arma más peligrosa del mundo

- Hacer que sea más probable el uso del arma nuclear. Alegan que las "antiguas" tienen un poder tan destructivo que hace imposible su uso y que simplemente sirve para disuasión. ¡Falso! EEUU es el primero y único Estado que sí ha empleado estas bombas, en Japón, y no las lanzó sobre los mandatarios del país (que tampoco hacía falta), sino sobre millones de civiles desarmados de Hiroshima y Nagasaki en un acto de "pedagogía del terror", con el mero fin de exhibir su poderío ante sus rivales y enemigos. La idea de recurrir a las MBN es provocar  mini-infiernos en las lejanas tierras y recibir un menor daño en caso de que la víctima aplicase el "ojo por ojo".

- Es fácil de transportar por su tamaño, una bomba portátil: un solo soldado puedo colocarla en lugares estratégicos, aunque luego fuese imposible saber si un edificio emblemático o un puente ha sido volado por determinados Estados o por un grupo terrorista "yihadista". Podrá ser lanzada por unos paracaidistas o disparada por tanques y aviones en forma de proyectiles de uranio empobrecido, como sucedió en Irak y Yugoslavia.

- Las MBN no entran en la contabilidad del número declarado de dichas armas por los Estados.

- Al no estar en silos, el enemigo no podrá localizarlas. EEUU piensa que podrá servir, por ejemplo, para destruir los almacenes subterráneos de armas químicas y biológicas del enemigo (¡muy inteligente! ¡imaginen el impacto de una bomba nuclear sobre un depósito de armas químicas!). Si planea utilizarlas contra las instalaciones nucleares de Irán, parece que no sirven: según la organización estadounidense Physicians for Social Responsibility, un arma con un kilotón de potencia requiere adentrarse en la tierra por lo menos 60 metros para que su explosión sea contenida, y esas MBN no penetran más de 10 metros, por lo que no afectarían a las supuestas "ciudades subterráneas" iraníes creadas a 50 metros de profundidad. Su estallido, simplemente, crearía una tierra quemada a un kilómetro a la redonda. Pero, si la Agencia de Inteligencia de Defensa afirma que en el mundo hay unos 1.400 objetivos subterráneos estratégicos, la industria es capaz de fabricar las MBN a la medida de cada uno: hay negocio para rato.

- No puede ser detectada antes de ser lanzada: en estos ataques, el "tiempo es oro".

- Su supuesta "escasa" capacidad de radicación: "un poquito" menos que Little Boy en Hiroshima, y aun así causaría gravísimas enfermedades a los supervivientes. Un ejemplo de lo que significa "hacer menos daño" para los fabricantes de armas, es el mini Sistema de Armas M-29 Davy Crockett, construido a finales de 1950, para usarlas contra las tropas soviéticas y norcoreanas. Era el más pequeño construido hasta entonces: pesaba 23 kg, tenía una potencia de 20 toneladas de TNT, pero una capacidad de radiación de más de 100 Sv (Sv es la sigla de Siveret, unidad de medida para indicar la peligrosidad de una radiación. Un Sv entre 0,25 y 3 provoca la pérdida de médula ósea, daños en ganglios linfáticos, bazo y la muerte).

- Y, para reducir los tiempos de vuelo de los misiles nucleares, el Pentágono planea instalarlos en la base de Diego García en el Océano Índico, cerca de China, Irán e India.

El principal ganador: la industria nuclear

En EEUU, los fabricantes de armas nucleares reciben un trato privilegiado:

- Su comprador en exclusivo es el propio gobierno.

- Al estar prohibido subcontratar otras empresas para fabricarlas, dichas compañías tienen el monopolio de hacerlo.

- Ganan una cantidad ingente de dinero sobre el contrato, aunque su producto no llegase a ser utilizado o sea defectuoso. Para los cazas F-35 -el sistema de armas más caro de la historia-, por ejemplo, los fabricantes ya han cobrado 11 millones de dólares, y ahora que no vuelan cuando su combustible se recalienta (entre otros fallos), exigen más presupuesto a los contribuyentes en vez de indemnizarlos.

EEUU ha destinado 2 billones de dólares para actualizar los componentes de la tríada nuclear (los dispositivos disparados desde tierra, mar y aire) para los próximos 25 años. Los dos principales encargados de realizar tal misión son el Laboratorio Nacional de Los Álamos, con 10.000 empleados, y el Lawrence Livermore National Laboratory, con un personal de 7.400 en la plantilla, que trabaja en 2,6 kilómetros cuadrados y dispone de otros 28 kilómetros (conocido como Sitio 300) donde realizar las pruebas.

La carrera nuclear desenfrenada

El 16 de noviembre de 1952, EEUU, en otra demostración de su mortífera capacidad, probó la llamada Mark-18 Ivy King, detonándola en el Atolón Enewetak, en Islas Marshall, Océano Pacífico: tenía 500 kilotones de potencia, 37 veces más potente que la de Hiroshima. El éxito destructivo de la prueba robó otros miles de millones de dólares del bolsillo de los trabajadores estadounidenses para fabricar otras noventa bombas iguales. Nueve años después, la URSS construirá la RDS-220 Tsar, de ocho metros, 27 mil kilos y 50 megatones. El complejo militar de EEUU, que había encontrado la gallina de los huevos de oro, construyó la Munición Atómica Especial MK-54, para usarla contra la Unión Soviética, en caso de que "invadiera Europa": pesaba unos 25 kilos, tenía una potencia de un kilotón (la de Hiroshima tenía 16 kilotones), era transportable en una mochila, y llevaba un temporizador, para que el agente tuviese tiempo para escapar. La URSS respondió fabricando la RA-115, la "bomba atómica de maletín", de 30 kilos y una potencia de un kilotón.

Sin duda, la carrera armamentística fue uno de los principales factores de acabar con la superpotencia socialista, sin que EEUU disparase una sola bala contra Kremlin. Por lo que vuelve a recurrir a esta táctica para hundir a China y Rusia, mientras sus mercaderes de la muerte hacen su festín.

Cuando Donald Trump lanzó la bomba termobárica MOAB -Mother Of All Bombs (Madre de todas las bombas) no nucleares-, de unos 10.000 kgs, sobre Afganistán, país ubicado en las proximidades de Rusia, China e Irán, ¿qué objetivos perseguía? Aquello creó un infierno alrededor del lugar del impacto: el contacto del gas con el oxígeno primero provocó una enorme presión, para después convertir el oxígeno en fuego. La vida desapareció del lugar, ningún edificio permaneció en pie: su efecto (salvo en la radiación) ha sido similar a una bomba nuclear táctica y el único objetivo de Washington fue demostrar el poder destructivo de una bomba similar a la nuclear a los enemigos, y recibir pedidos a los aliados para tener una MOAB en su colección.

Recientemente, el Pentágono confirmó, por vez primera, que ha dotado a algunos de sus submarinos misiles de largo alcance con las MBN.

La nanotecnología militar no solo hace que la guerra nuclear sea posible, sino que esté más cerca de lo que imaginamos.

"Actualmente Estados Unidos está degradando el umbral nuclear y está aceptando la posibilidad de librar una guerra nuclear limitada y acaso ganarla", advierte el viceministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Sergey Riabkov.

¿Por qué a EEUU no le disgustaría un Irán "medio-nuclear"? La respuesta, en la siguiente entrega.

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Los ejércitos han ido delegando espacios y tareas a entidades militares privadas.
La privatización de las labores tradicionalmente asumidas por los ejércitos nacionales supone una amenaza a la democracia y una peligrosa infiltración de la gobernanza neoliberal en las guerras.

Actualmente, las estructuras básicas de gestión del Estado están cambiando. Con el fin de la guerra fría y la victoria de la dinámica de libre mercado, observamos una realidad en la que el sector privado está penetrando en funciones que hasta hace relativamente poco habían pertenecido al Estado. Este proceso de privatizaciones, que abarca desde el control de fronteras o contratación de compañías mercenarias tiene que ver también con el triunfo de la lógica neoliberal, tendencia ideológica bajo la que se defiende que el sector privado es el mejor garante de los servicios y que bajo la regulación de la mano invisible, gestiona de manera competitiva y mejor de lo que el Estado es capaz de conseguir mediante la planificación.

Lo preocupante de esta lógica son los problemas derivados de intentar aplicar las premisas de mercado y de intereses empresariales privados a las dinámicas públicas, pues las prioridades del primero residen en el beneficio económico, mientras que la segunda en proveer servicios de acuerdo a valores que no priman el lucro. Así, hay que analizar la externalización de las funciones de defensa nacional y de la seguridad mediante la contratación de servicios a través de compañías privadas de seguridad militar, la externalización de servicios de control de fronteras y las consecuencias que ello conlleva

El auge del mercenariado

Las compañías militares privadas (CMP) se han convertido en uno de los negocios empresariales del sector bélico que alcanzan un auge imparable desde hace ya más de dos décadas. El funcionamiento, naturaleza y simple existencia de estas corporaciones militares es un negocio mantenido en una incómoda discreción, tanto por las propias empresas, como por los contratistas de las mismas, contratistas que por su parte son variados, pasando por los más esperables; los estados, hasta corporaciones o individuos millonarios. 

El “renacimiento” de los cuerpos mercenarios puede achacarse a varios motivos, desde los sociales a los político-económicos. El primero podría atribuirse a la caída del bloque soviético y con él, al fin de la guerra fría, periodo caracterizado por un monopolio total de los Estados desarrollados de cada bloque de las fuerzas armadas y del monopolio de la violencia (en el caso del bloque soviético, también del monopolio de la gestión armamentística). El segundo tiene que ver con lo que se define como sociedad post heroica; el cambio de mentalidad del nuevo siglo, junto al cambio de dinámicas políticas, de estructura democrática, implica que los Estados ya no están dispuestos (ni están legitimados por su ciudadanía) a sacrificar a su población por determinados objetivos que, por ejemplo en el siglo XX y XIX sí habrían estado justificados, tales como el patriotismo, expansionismo, o incluso cuestiones políticas o revolucionarias que suponen costes humanos. De hecho, en base a esta filosofía los Estados occidentales están observando problemas en reclutar soldados dispuestos a exponerse a la muerte, apostando por la contratación de extranjeros a las filas o la firma de las CMP, dos opciones en alza en estos casos.

Pero es posible aventurar que el principal motivo del auge de los ejércitos privados reside en un crecimiento descontrolado de lo que Dwight Eisenhower denominó en su discurso de despedida como presidente, el complejo industrial militar (CIM). Esta idea hace referencia a una economía estatal enfocada a la producción militar, en un contexto como el EEUU de la guerra fría, en el que el mandatario denunciaba el interés de las empresas armamentísticas de mantener un crecimiento en la producción bélica que ofreciera beneficios privados. El peligro del CIM fue señalado por el expresidente por su justificada preocupación de que ese nuevo modelo económico no desapareciera –como la medida temporal para la que se había creado, originándose para que la producción económica se enfocara hacia la guerra a fin de vencer contra el Eje en la Segunda Guerra Mundial- sino que se convirtiera en la dinámica de funcionamiento a perpetuidad, primando los intereses militares, con el temor de que eso conllevara un peligro para la democracia.

Lo cierto es que este elemento de militarización económica implicó a su vez una simultanea militarización política, todo estructurado para hacer frente al conflicto soviético que se avecinaba, formándose así una elite conformada por la clase política, la clase militar y la clase empresarial, todos ellos con una línea común e intereses compartidos. Así, podemos decir que si bien este modelo del CIM es fruto de la guerra fría, se mantiene en la actualidad como una estructura político-económica que, finalizado el conflicto de bloques, se niega a desaparecer. Esto supone un problema, y también un peligro, pues a fin de retroalimentarse y perpetuarse, ha desarrollado desde los noventa una visión de intervención extranjera en nombre de la “seguridad” estadounidense, a falta de un enemigo permanente bajo el que justificar su producción de armas, armamento que también deben comprar terceros países.

De hecho, la máxima de la seguridad como eje central estadounidense en las relaciones internacionales es un punto justificativo de este entramado, lo que unido a su lógica de funcionamiento de la escuela realista (anarquía internacional, búsqueda nacional por el poder y recursos, Estados como actores únicos en el panorama internacional, etc.) y su clara línea económica neoliberal, han degenerado en un híbrido conceptual de ambas formas de pensamiento por el que la seguridad se materialice y se entienda en el sentido estrictamente militar y que la gestión de esa fuerza militar se gestione, de acuerdo a la lógica neoliberal, de la forma más racional y económica posible, es decir, mediante su externalización en base a las CMP.

Problemas de las CMP

Las empresas privadas multinacionales presentan en la actualidad un papel de importancia en el campo de la seguridad internacional, convirtiendo el campo de seguridad, y bélico, en un servicio sujeto al lucro. Esta lógica supone la aparición de un modelo de seguridad paralelo a los ejércitos y cuerpos de seguridad nacionales: el ejército privado. Ésta es una estructura que, si bien no se reconoce estatalmente, mantiene características efectivamente militares, y que opera en base a contratos para los campos gubernamentales (Estados y departamentos de defensa) y privados (multinacionales y corporaciones). 

El ejército privado, por su carácter externo al Estado, mantiene enormes diferencias con los ejércitos nacionales, separándose de la lógica territorial y la propia seguridad de la ciudadanía. La legitimación de estas CMP radica en los intereses económicos de las partes actuantes que promueven su existencia, algo bien distinto de la legitimación del ejército regular, basada en la cesión voluntaria de una fracción de derechos individuales, valores, creencias e intereses compartidos. El funcionamiento de las CMP se basa en procesos productivos, no históricos.

Preocupa también el cuerpo integrante de estas CMP, las cuales, tienden a estar dirigidas por antiguos altos cargos militares que, debido a la naturaleza que requiere una empresa mercenaria, acostumbran a ser individuos ligados a cuerpos militares de dudosa o nula ética, tales como policía secreta del apartheid, líderes de comandos fascistas de Pinochet, veteranos de Vietnam, etc.

Las ventajas que supone para los estados la contratación de estas CMP son varias, y de hecho, ayudan a comprender el porqué de su creciente número. En lo que respecta a los gobiernos, se benefician de las CMP valiéndose de ellas en el plano internacional, consiguiendo desligarse a nivel nacional de las operaciones militares que estas compañías lleven a cabo en su nombre, y evitando tensiones internacionales —o,al menos tensiones oficiales y sanciones internacionales—. Económicamente suponen también una ventaja, al ser los ejércitos nacionales una institución financieramente costosa (desde el despliegue de las tropas, mantenimiento del equipo, sueldo y pensiones de los militares y de viudedad, costes médicos y un larguísimo etc.) frente a un costo elevado en la contratación de las CMP, pero que elimina todo lo anterior, unido a un gasto basado en la temporalidad, es decir, en la duración del contrato. La amortización del costo político también tiene que ver, en tanto en cuanto un mercenario no tiene la representatividad ni unión cultural de un soldado, ni relación alguna con el Estado contratante, además de no contabilizarse como bajas en las estadísticas nacionales, lo que suaviza considerablemente una operación militar frente a la opinión pública.

La propia naturaleza empresarial de las CMP les lleva a una fuerte dinámica de coste-beneficio. Por un lado, se niegan a llevar a cabo más funciones que las especificadas en el contrato, buscando maximizar beneficios con el menor número de pérdidas materiales (y humanas), o una inversión extra que no estaría planteada en un principio. También pueden decidir rescindir el contrato en cualquier momento si ven que la peligrosidad del conflicto va a ser demasiada como para compensar la paga recibida. Tampoco es raro encontrar cobros por servicios no prestados cuando el contrato no especifica exhaustivamente las funciones de las CMPs, haciendo además muy difícil descubrir los sobrecostos e inflaciones de precios que estas compañías puedan llevar a cabo por sus servicios, pues, al contrario que el ejército, no necesitan dar cuenta de sus facturas y gastos, haciendo de su gestión algo opaco.

Al ser un modelo de empresa relativamente joven, las CMP aún no cuentan con un reglamento claro sobre qué entidades pueden requerir sus servicios y cuáles no (huelga decir que precisamente su limbo legal es parte de las ventajas por las que los estados y empresas les contratan). Así como la mayoría de CMP busca dar servicios a Estados democráticos y organizaciones humanitarias, principalmente para mantener una legitimidad del negocio, lo cierto es que el abanico de contratistas de estas compañías no son siempre de este tipo.

Hay CMP como Logistics Group que fueron acusadas de instigar un golpe de estado en países como Guinea ecuatorial, además de saberse que las compañías tienden a dar servicios a dictaduras, carteles de la droga y grupos rebeldes, como el ejército de liberación de Kosovo (KLA) al que dieron entrenamiento táctico. Tampoco existe un control riguroso del personal contratado ni normas que excluyan de las CMP a individuos potencialmente peligrosos. Esto se puede explicar no solo por la necesidad de estas empresas de mantener constantemente personal en nómina para encarar los contratos, sino porque el perfil de los soldados que llevan a cabo las operaciones dentro de las compañías requiere de una personalidad concreta. 

Precisamente una de las acusaciones contra estas compañías es las numerosas violaciones de derechos humanos que perpetran, habiendo múltiples ejemplos archivados. Entre los casos que se pueden destacar está la supuesta compraventa y violación de menores durante la guerra de Bosnia por parte de integrantes de la compañía Dyncorp. El desenlace de este suceso se saldó con los despidos de los encausados, pero ninguno recibió penas judiciales. Lejos de suponer el fin de Dyncorp, esta empresa fue después contratada por el pentágono para el adiestramiento de la policía iraquí. Tampoco hubo repercusión alguna para los mercenarios acusados de torturas en la cárcel de Abu Ghraib en Irak.

La utilización de CMP en lugar de fuerzas militares nacionales puede dañar el vínculo ejército-pueblo por varias razones:El ejército es una institución que está controlada en las democracias occidentales porque hay estructuras que priman el poder civil sobre el militar, así por una dinámica democrática –a priori- tanto en el interior del ejército como entre éste y la sociedad civil. La supeditación de las fuerzas armadas como simple herramienta de las instituciones democráticas dista mucho, y puede verse alterada gravemente por la intrusión del modelo contratista de las CPM: Al encontrarse al margen de la cadena de mando militar y ajena al control de los gobiernos, su control en las actuaciones es más difícil.

Además, el vínculo entre el Estado y el ejército funciona no solo porque el estado es la razón misma de la existencia del ejército, sino que existe una conexión entre éste y la ciudadanía, en el sentido de que los militares “representan” a la población, y es de ella de la que reciben la legitimidad para actuar. Frente a eso, las CMP trabajan para los gobiernos bajo contrapartidas económicas, y su obligación para con ellos reside únicamente en el contrato, lo que no solo mercantiliza la cuestión de la defensa nacional, sino que vuelve su legitimidad más dudosa que las del ejército. Los propios valores de defensa de los principios democráticos y la instrucción en normativa internacional que las fuerzas armadas reciben, son para las CPM innecesarios para sus prioridades, que como empresas que son, se resume a las cuentas y beneficios de su negocio (y que, dadas las actuaciones para las que se les contrata, tampoco tienden a seguir, ni se les exige que sigan).

Este es, por tanto, un preocupante retroceso en la regulación de las fuerzas armadas y del derecho internacional, que amenaza con “feudalizar” de nuevo el panorama de los conflictos (entendiéndolo como la vuelta de ejércitos privados contratados por países o reyes, como ocurría en el pasado), facilitando el descontrol en las operaciones militares y sus consecuentes crímenes de guerra, un panorama en el que conviene analizar quienes son los ganadores de este modelo, pues queda claro quiénes somos los perdedores.

 
 
-Azellini, D. (4 Julio 2013). America Latina y la privatización de la guerra. Cuadernos de Marte, 3, 247-262.
-Gadea, G. El Ejército Privado: Nuevo Modelo de Seguridad Internacional. 20/3/2018, de Congreso de Relaciones Internacionales.
-Laboire, M. (2008). La privatizacion de la guerra. El auge de las compañías militares privadas. Dialnet, Nº 307, 83-119. 22/3/2018, De Dialnet Base de datos.
-Rovira, C. (2005). Nuevas y viejas guerras: asimetría y privatización de la violencia. 30/4/2018, de Siglo XXI Editores.
- Shah, R. (Mayo, 2014). Beating Blackwater: Using Domestic Legislation to Enforce the International Code of Conduct for Private Military Companies. Yale Law Journal, 123
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Cumbre de emergencia de Putin/Xi y borrador de tratados de seguridadde Rusia con EU y OTAN

La candente situación desde Ucrania hasta Taiwán, donde Biden ha pasado a una ofensiva retórica propagandista –salpicada de amenazas de empleo de armas nucleares de Estados Unidos para propinar un "primer golpe" contra Rusia para "defender" a Ucrania, según el belicismo atómico del senador republicano de Misisipi, Roger Wicker, influyente segundo de a bordo de la omnipotente Comisión del Ejército (https://bit.ly/3yH0p0s)–, obligó a que se reunieran de urgencia en una cumbre virtual de 90 minutos el zar Vlady Putin y el mandarín Xi Jinping.

La ominosa amenaza de propinar sanciones catastróficas a Rusia, en caso de su inexistente "invasión" a Ucrania, entre las cuales se ubica la "opción nuclear" de expulsar a Rusia del sistema financiero internacional de pagos Swift (https://bit.ly/3shW8PD) –como advirtió la amazona subsecretaria de Estado israelí-estadunidense Vicky Nuland (https://bloom.bg/3p9l1eq): responsable del caos en Ucrania mediante su golpe contra el presidente ucranio Yanukovich en 2014–, quizá propició también la cumbre virtual de emergencia entre Putin y Xi (https://bit.ly/3e76ycw).

Por lo visto, los mandatarios Putin y Xi no tomaron en cuenta las notables conclusiones del connotado analista militar estadunidense Scott Ritter de que Biden está bluffeando en el tema de Ucrania (https://bit.ly/3Fm8Z6Y), y prefirieron colocar nítidamente sus "líneas rojas" compartidas desde Ucrania hasta Taiwán.

Desde 2013, Putin y Xi se han reunido, principalmente en forma presencial, 37 veces y ahora enfatizaron el supremo axioma soberanista, fundacional de la Carta de la ONU, sobre la "no interferencia" en los asuntos domésticos de otros países, así como resolver en forma conjunta y acoplada los contenciosos internacionales que el mandarín Xi califica de un "periodo de cambio turbulento" (https://reut.rs/33HVXTC).

Rusia apoya la postura de China en Taiwán, mientras que Pekín defiende la política de Rusia en Ucrania.

Más aún, según Yuri Ushakov, consejero del zar Vlady Putin en política exterior, ambos mandatarios acelerarán sus esfuerzos para la configuración de una infraestructura financiera independiente, con el fin de apuntalar sus operaciones comerciales bilaterales, en clara alusión a la ominosa amenaza de expulsar a Rusia del sistema Swift (https://bit.ly/3GURvz1).

Como un servidor había previsto, la triunfal visita de Putin a su homólogo Narendra Modi (https://bit.ly/3spUcEG) resucita el concepto del núcleo geoestratégico del RIC (Rusia/India/China), cuyos mandatarios podrían pronto realizar su espectacular cumbre (https://bit.ly/3qbtfSu). Dos días después de la cumbre virtual de emergencia de Putin y Xi, debido a la grave crisis geoestratégica frente a Estados Unidos y la OTAN desde Ucrania hasta Taiwán, la cancillería rusa hizo públicos dos borradores que servirán de base para definir las "estructuras de seguridad" geoestratégicas del siglo XXI y llenarán el vacío en el que naufraga el caduco "viejo régimen" unipolar/globalista/neoliberal que ha llevado al mundo al borde de una tercera guerra mundial de corte nuclear.

A mi juicio, para una seguridad estratégica global deben cesar las actividades hostiles de Estados Unidos/OTAN en el nuevo "arco de la crisis" del siglo XXI que engloba también a Europa oriental, el Cáucaso-Sur y Asia Central.

El borrador del "tratado de Estados Unidos y Rusia" prohíbe las actividades militares de cualquier género donde Washington y Moscú las perciban como "amenaza a su seguridad nacional" (https://bit.ly/30Fa2jz) y cuya resolución podría ser similar a la crisis de los misiles de 1962 en Cuba. Ambos borradores ameritan una mayor profundización analítica.

La principal aseveración de los dos borradores rusos promulga que "una guerra nuclear no puede ser ganada y nunca debe ser librada" (https://bit.ly/3siWkyi), lo cual detendría el irrefrenable irredentismo de la OTAN desde hace un cuarto de siglo y que pretende en forma provocativa otorgar su membresía atlantista a Ucrania y Georgia, en las sensibles fronteras de Rusia. Sucede que Putin no es Gorbachov ni Yeltsin.

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Miércoles, 15 Diciembre 2021 05:45

Tendencias y prospectivas bélicas para el 2022

 © Sputnik / Sergey Averin

La escalada de tensión en la frontera entre Rusia y Ucrania hace presagiar que Estados Unidos y sus socios de la OTAN no están dispuestos a ceder más terreno a quienes consideran sus rivales militares.

Con la noticia de que China se ha convertido en este 2021 en el principal socio comercial de la Unión Europea, una desgastada Casa Blanca reflexiona sobre sus opciones para contener la acentuada debacle de lo que otrora fue la superpotencia global.

El especialista en geopolítica internacional Oswaldo Espinoza le concede una entrevista a Sputnik para analizar lo que serán las tendencias más importantes en el plano militar para el año que se avecina y el empuje que dará el Pentágono a las fricciones militares para no perder relevancia en el tablero mundial.

Lugares de tensión

Espinoza considera que, en el mar Negro, especialmente alrededor de Crimea y la región de Donbás, las tensiones serán cada vez más altas. A su juicio, la OTAN suministra armamento a Ucrania, al tiempo que la mantiene ilusionada con su apoyo automático en caso de la supuesta agresión rusa.

"Estados Unidos y sus aliados europeos se acercan peligrosamente a las costas de Crimea en abierto desafío a la soberanía rusa sobre la península, en tierra la presencia de equipo y personal (asesores e instructores) de la alianza atlántica aumenta en la zona de contacto con Donbás, poniendo en riesgo no solo a la población mayoritariamente rusa de la zona, sino que compromete la seguridad vital de la Federación Rusa, por lo que los rusos acumulan fuerzas en su propio territorio para encarar una defensa ante una posible ofensiva occidental", considera el experto.

siendo la frontera entre Bielorrusia y Polonia y la zona del Cáucaso, sumando a ellas la tensión permanente entre Armenia y Azerbaiyán, sin olvidar el centro de Asia y las exrrepúblicas soviéticas vecinas de un Afganistán, ahora de nuevo bajo control Talibán.

El Asia Pacífico por sí sola contiene tres, e incluso 4 zonas candentes, opina Espinoza, “la más importante es el mar de China, el muy disputado cuerpo de agua en el que seguramente se está jugando el futuro del nuevo orden mundial”.

"En una estrategia más amplia que llama de contención, aunque en mi opinión es más de dilación para retrasar el ascenso inevitable de China, EEUU han creado alianzas militares y de inteligencia como QUAD, 5 ojos y AUKUS que alinean a fuerzas cada vez más importantes contra la RPCh, como Japón, la India, y sus hermanos anglosajones Reino Unido, Canadá, Nueva Zelanda y Australia, dejando un papel más marginal asignado a la OTAN, sobre todo a Francia y Alemania", apunta el especialista.

Dentro del cuadro que plantea Espinoza, otros frentes de conflictos potenciales se ubican en el norte de la India, tanto en la línea de control real con China en Ladakh, donde ya ha habido enfrentamientos y víctimas mortales en escaramuzas entre el personal militar de ambos países, como en la región de Cachemira con Pakistán.

De la misma forma en las propias islas Kuriles, donde el abandono de Japón de su doctrina “constitucional estrictamente defensiva” ha servido para incrementar su gasto militar, “puede llevar a una confrontación con la Federación de Rusia”, destaca.

Guerras para el reacomodo geopolítico

Para Espinoza, desde que se instalara la doctrina Rumsfeld-Cebrowski, como un enfoque del Pentágono para rediseñar los territorios a nivel mundial, Asia occidental y el norte de África han sido los lugares de experimentación por antonomasia.

Tal como ocurrió con Libia, dicho enfoque busca dejar a las naciones sumergidas en guerras intestinas y en desestabilización permanente, absolutamente “vulnerables y sin la capacidad de asumir el control de sus recursos ni la defensa de su soberanía e integridad territorial”.

A lo largo de la década pasada, esta región ha dejado conflictos que no han concluido. Ya sea Siria o Yemen, la ocupación ilegal de territorio por parte de Estados Unidos y sus aliados regionales, solo pudo ser contenida por la acción de Rusia e Irán.

"En Yemen las monarquías del golfo, aliadas de EEUU, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos agredieron a la nación más pobre de la región, en una guerra genocida que las fuerzas yemeníes están logrando revertir con acciones asimétricas tan efectivas que los EAU han dejado solos a los sauditas y sus mercenarios; al igual que Siria, el de Yemen es un conflicto en desarrollo", destaca Espinoza.

En el recorrido planteado por el analista, hay que prestar atención a la fricción histórica en el norte de África entre Marruecos, aliado del occidente colectivo y Argelia, socio histórico de defensa de Rusia.

En este caso, ambas naciones se encuentran enfrentadas por la situación del Sáhara Occidental, con Argelia apoyando la justa causa del pueblo saharaui y Marruecos ejerciendo como potencia neocolonial y desconociendo el derecho soberano de autodeterminación de la nación saharaui. Sin embargo, no son las únicas problemáticas de dicha región, pues hay que sumarles la disputa “entre Egipto y Turquía por los recursos del Mediterráneo oriental, o de la nación de los faraones con sus vecinos del Sur del Nilo por el proyecto de la Represa del renacimiento de Etiopía”, puntualiza Espinoza.

El contexto armamentístico: ¿para qué deberíamos estar preparados en este 2022?

El experto en geopolítica considera que en la actualidad las armas hipersónicas, la inteligencia artificial, la tecnología espacial con aplicaciones militares y el armamento basado en nuevos principios físicos como los láseres de alta potencia y los cañones de rieles electromagnéticos, vienen a calificarse como "cambiadores de juego".

Para Espinoza, la preocupación principal de Estados Unidos es que por primera vez desde el final de la II guerra, "ha perdido el liderazgo tecnológico, la iniciativa está ahora en manos de sus rivales estratégicos que lo han adelantado en todos estos terrenos".

Desde los adelantos rusos con el desarrollo de misiles balísticos y de crucero que van de Mach 9 a Mach 20, hasta la puesta en marcha del Laser Perevest que "transforman diferentes formas de energía en un haz de radiación polarizada" con el fin de proteger los sistemas antimisiles de drones mientras se desplazan, es inevitable que quede claro quién está perdiendo la carrera por la innovación.

"Cuando Putin presentó en 2018 los diseños de las armas hipersónicas, en Occidente se le acusó de farolero, de mostrar dibujos animados sobre desarrollos que la 'atrasada' Rusia no podía de ninguna manera conseguir. Hoy en día ya el misil balístico hipersónico Kinzhal está en servicio limitado con aviones Mig 31K y en 2022 deberían aumentar el número de escuadrones en servicio, el hipersónico antibuque Zirkon entrará en servicio con la flota de superficie, y en los próximos años con los submarinos, con el misil estratégico con deslizador hipersónico Avangard se equiparan nuevas divisiones a partir de 2022, y el torpedo nuclear Poseidón ya está en el agua a bordo del submarino Belgorod, en espera de nuevos portadores; por su parte el escudo antimisiles y antiaéreo ruso, que ya constituye la zona de negación de acceso de área más formidable del mundo comienza a recibir el S-500 en unidades de prueba alrededor de Moscú, y los sistemas de medio alcance S-350 y Buk M3 en mayores cantidades para sustituir los sistemas más antiguos superando por mucho las capacidades instaladas", destaca Espinoza.

Las previsiones del analista para este 2022, es que simplemente debemos prepararnos no solo para que las tendencias se vayan cumpliendo en cuanto al declive del imperio militar estadounidense, sino para que sus rivales geopolíticos terminen de consolidar un poderío que ya es inocultable.

Desde el J-16D, el poderoso avión antirradar chino, hasta la puesta en funcionamiento de buques 072 III con el esperado prototipo del cañón de riel electromagnético, el futuro apunta a que será China quien marcará la agenda.

"China se ha adelantado en el 5G y avanzan rápidamente al 6G, están dominado las aplicaciones de la inteligencia artificial y su meteórico ascenso espacial plantea una nueva carrera en el espacio exterior, hacia las estaciones orbitales en la Luna y Marte. La continuidad en el crecimiento de la flota china es innegable. El tercer UDC portahelicópteros tipo 075 fue lanzado para pruebas en el mar, los otros dos ya fueron puestos en servicio, el tercer portaviones de China, el tipo 003 está en las etapas finales de construcción. Dos nuevas variantes de aviones de quinta generación ya fueron vistas este año, el primer ejemplar de su generación con doble cabina, el J-20, y una versión del avión J-31 para despliegue desde portaaviones. La combinación de todo convertirá a China en la segunda potencia de portaviones del mundo y la capacidad de proyectar poder más allá de la primera cadena de islas", finaliza el experto.

Por José Negrón Valera

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Lunes, 06 Diciembre 2021 06:13

Desarme

El diputado federal republicano Thomas Massie difundió una foto con su familia que decía: Feliz Navidad y la posdata: Santa, por favor, envíanos municiones, dos días después de que un adolescente de 15 años asesinó a cuatro compañeros en una preparatoria en Michigan. Estados Unidos es el mayor fabricante y vendedor de armas de fuego en el mundo.Foto tomada de Twitter

Dos días después de que un adolescente de 15 años asesinó a cuatro de sus compañeros e hirió a otros siete en una preparatoria en Michigan, con una pistola semiautomática que recién le habían comprado sus padres de regalo, el diputado federal republicano Thomas Massie difundió un mensaje: una foto de él y sus seis familiares frente a un árbol navideño, todos armados con rifles de alto poder, sonriendo, y con el mensaje "Feliz Navidad" y la posdata: "Santa: por favor, envíanos municiones" (https://twitter.com/RepThomasMassie/ status/1467197523127422979/photo/1).

Un dia antes, la oficina del sheriff de El Paso envió su propia tarjeta navideña con una imagen de Santaclós en la oficina del sheriff solicitando su permiso para portar un arma de fuego oculta. El mensaje informaba que esa oficina ya había otorgado 49 mil 750 permisos para portar armas ocultas. (https://twitter.com/EPCSheriff/status/ 1466845021995421698/photo/1). Esto, en la misma ciudad que en agosto había marcado el aniversario de uno de los tiroteos masivos más grandes en la historia reciente por un joven que viajo ahí con el propósito explícito de matar a "invasores" mexicanos.

"¿El propósito es atormentar a familias cuyos hijos han sido asesinados, o a comunidades como la mía, cuyos habitantes han sido masacrados?", preguntó la diputada federal Veronica Escobar, de El Paso, en referencia a la foto difundida por el diputado Massie.

El número total de muertos por violencia de armas de fuego en Estados Unidos en el año en curso es ya de 41 mil 574 (incluyendo más de 22 mil suicidios). La cifra de tiroteos masivos –aquellos en donde hay más de cuatro víctimas (muertos o heridos)– ahora incluido el de Michigan, la semana pasada, suman hasta la fecha 654. (https://www.gunviolencearchive.org). La cantidad de incidentes con armas en escuelas en Estados Unidos en lo que va del 2021 es de 144, con 26 muertes y 86 heridos. En promedio, cada día más de 100 personas mueren y 200 son heridas por balas. (https://everytownresearch.org).

En Estados Unidos circulan más de 400 millones de armas de fuego en manos privadas, suficiente para armar a cada habitante de este país. Se calcula que cerca de 40 por ciento de los hogares estadunidenses tienen armas.

Una vez más queda en el aire la pregunta: ¿cómo es posible que estos eventos espantosos se hayan "normalizado" hasta el punto donde los políticos –o varios de ellos– y amplios sectores de esta sociedad no se sienten obligados a hacer lo necesario para evitar que se repitan incesantemente estas escenas? Pero si no sucedió con Columbine en 1999 (desafortunadamente sigue más que vigente el famoso documental de Michael Moore sobre el tema, aunque fue estrenado hace casi 20 años (https://michaelmoore.com/movies/bowling-for-columbine/) y no sucedió nada después la tragedia espantosa de la primaria Sandy Hook en Connecticut en 2012, cuando perecieron 20 niños, como cientos más de estos eventos cada año, ¿qué se puede esperar ahora, mas que la próxima tragedia en cualquier momento y en cualquier parte del país?

"Cada día tenemos miedo de que vayamos a recibir un disparo. Cada día que vamos a la escuela. Cada día que nos subimos a un autobús o un tren. Cada día que vamos al parque. Cada día que estamos vivos. Tenemos miedo de recibir un disparo", reiteran los activistas jóvenes de March for Our Lives que fue organizado por víctimas de tiroteos en escuelas (https://marchforourlives.com).

Estados Unidos es el mayor fabricante y vendedor de armas de fuego en el mundo, y es a la vez, el número uno en violencia de armas de fuego entre los países desarrollados; la tasa de muerte por armas es 25 veces más alta que otros países desarrollados. También es el país que más emplea su fuerza militar contra otros países. Todos saben a estas alturas (y hablando de mensajes navideños, incluido Jesucristo) que la violencia propaga más violencia.

Por lo tanto, es obvio que urge desarmar a Estados Unidos por su propio bien, y por el de todos a su alrededor.

The Beatles. Happiness is a warm gun. https://www.youtube.com/watch?v=vdvnOH060Qg

Steve Earle. The Devil’s Right Hand. https://open.spotify.com/track/3Cu0o5CEIvLBBFIbFIBviE?si=2f4031b010d541ff

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Un maniquí en la Feria Internacional de Defensa y Seguridad (FEINDEF) que se celebró en IFEMA, Madrid, el pasado 3 de noviembre de 2021. — Marta Fernández / EUROPA PRESS

Un informe del Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI) establece que las ventas de material militar por parte de las 100 compañías más importantes ascendieron a 531.000 millones de dólares en 2020. Navantia está entre ellas.

La crisis mundial desatada por la pandemia no ha podido con el negocio armamentístico, que ha demostrado su capacidad de seguir facturando inmensas cantidades de dinero incluso en una recesión económica planetaria. Así se desprende del informe que acaba de dar a conocer el Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI) con datos de 2020, otro año de grandes beneficios para la industria militar mundial.  

Según consta en el dossier elaborado por este prestigioso centro de investigación, "las ventas de armas y servicios militares de las 100 empresas más importantes ascendieron a 531.000 millones de dólares en 2020, lo que supone un aumento del 1,3% en términos reales en comparación con el año anterior". 

En esa línea, señala que 2020 fue el sexto año consecutivo de crecimiento de las ventas de armas de las denominadas "Top 100". "Las ventas de armas aumentaron incluso cuando la economía mundial se contrajo un 3,1% durante el primer año de la pandemia", remarca el organismo en su informe.

Alexandra Marksteiner, investigadora del Programa de Gasto Militar y Producción de Armas del SIPRI, sostiene que "los gigantes de la industria se vieron protegidos en gran medida por la demanda sostenida de bienes y servicios militares por parte de los gobiernos".

"En gran parte del mundo, el gasto militar creció y algunos gobiernos incluso aceleraron los pagos a la industria armamentística para mitigar el impacto de la crisis de la covid-19", afirmó. 

En cualquier caso, el documento destaca que "operar en el mercado militar no garantiza la inmunidad a los efectos de la pandemia". Por ejemplo, el fabricante de armas francés Thales "atribuyó una caída en las ventas de armas del 5,8% a
las interrupciones inducidas por el cierre en la primavera de 2020". "Algunas empresas también informaron de interrupciones en la cadena de suministro y retrasos en las entregas", añade.

En cuanto al ranking de las 100 principales compañías de este sector, el informe señala que Estados Unidos "fue de nuevo el país con más empresas clasificadas en la lista Top 100". En conjunto, las ventas de armas de las 41 empresas estadounidenses ascendieron a 285.000 millones de dólares –un aumento del 1,9% en comparación con 2019– y representaron el 54% de las ventas totales de armas de ese listado. "Desde 2018, las cinco primeras empresas del ranking tienen su sede en Estados Unidos", subraya el SIPRI.

Por su parte, las empresas chinas representaron el 13% del total de las ventas de armas en 2020, "por detrás de las compañías estadounidenses y por delante de las del Reino Unido, las terceras más importantes".

Entre otros datos, el informe señala que Navantia es la única compañía española que figura en el ranking de los 100 grandes vendedores de equipamiento militar. El astillero español ha logrado consolidarse en ese sector al calor de los negocios alcanzados con el régimen de Arabia Saudí para la construcción de cinco corbetas. De acuerdo al listado del SIPRI, se ubica actualmente en el puesto 84 del Top 100.

El estudio indica que "las 26 empresas armamentísticas europeas de la Top 100 representaron en conjunto el 21% del total de las ventas de armas, con 109.000 millones de dólares", mientras que las siete empresas británicas registraron unas ventas de armas de 37.500 millones de dólares en 2020, un 6,2% más que en 2019.

Las ventas de de BAE Systems –la única empresa europea que se ubica entre los 10 principales operadores– aumentaron un 6,6% hasta los 24.00 0millones de dólares. Asimismo "las ventas de armas de las seis empresas francesas que figuran en la lista de las Top 100 cayeron en su conjunto un 7,7%", afirma Lucie Béraud-Sudreau, directora del Programa de Gasto Militar y Producción de Armas del SIPRI.

06/12/2021 00:10

Por Danilo Albin@Danialri

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