Sábado, 12 Febrero 2022 06:18

Las realidades debajo del griterío

Las realidades debajo del griterío

Imperios combatientes

El verdadero objetivo del puñetazo ruso podría ser la reactivación de los acuerdos de Minsk. La cumbre Putin-Xi en Pekín provoca acidez de estómago en

 

En los últimos días hemos asistido a un verdadero concierto diplomático de encuentros, declaraciones y medidas. Todos los occidentales han pasado por Kiev. A Moscú han viajado la ministra de Exteriores alemana, el presidente de Francia, el secretario de Estado americano y el presidente iraní. Por Washington han desfilado el canciller alemán y los europeos para hablar del desacuerdo sobre el gasoducto Nord Stream 2, al que Alemania no piensa renunciar. Los americanos han respondido públicamente (la “filtración” casi nunca es casual) al catálogo de Rusia con la fórmula “No, no y quizás”. No a las dos cuestiones centrales de Moscú: no a excluir a Ucrania y Georgia de toda perspectiva de ingreso en la OTAN, no a la retirada de ese bloque a las posiciones anteriores a su ampliación al Este. Y, quizás, posible disposición a negociar los desarmes de los que Washington se retiró unilateralmente y a eventuales inspecciones mutuas de lo que hay desplegado en Rumanía y Polonia, siempre y cuando Moscú retire las tropas que tiene apostadas cerca de la frontera ucraniana (“cuestiones secundarias”, según Moscú). A eso, la OTAN añade su propio catálogo de retiradas militares rusas de Transnistria, Osetia del Sur, Abjasia y Crimea.

Paralelamente, los anglosajones han enviado más armas y asesores militares a Ucrania, y refuerzan con soldados el entorno ruso –de momento poca cosa– mientras producen patrañas baratas, como la del gobierno títere que Moscú prepara para Kiev, divulgada en Londres, pero cocinada en Washington, o la del supuesto vídeo con actores para escenificar una falsa masacre que proporcione un casus belli, como la OTAN hizo en Bosnia y Kosovo con la masacre del mercado de Sarajevo y la matanza de Rachac, preludio de sus dos intervenciones militares allí. Todo ello de acuerdo a esa fuente de información, que llamaremos SelojuroNews (en inglés, US officials), que nuestros periodistas compran con disciplinado entusiasmo.

Parece evidente que el puñetazo en la mesa que acompañaba el documento de máximos de Moscú del 17 de diciembre ha movido las cosas. Esa es la noticia que oculta el griterío de “¡Rusia puede invadir Ucrania en cualquier momento!”, (la portavoz de la Casa Blanca, Jen Psaki), y que el Estado mayor anglosajón, Estados Unidos, y su perrito faldero londinense han interpretado para salir al paso del gruñido del oso.

Lo más curioso no es que Rusia repita, una y otra vez, con descarado cinismo, que no piensa “invadir” y que sus medios oficiales ridiculicen la “histeria” creada (como si Moscú no hubiera contribuido), sino que las presuntas víctimas así lo confirman. Tras una reunión del Consejo de Seguridad Nacional de Ucrania, el presidente Zelensky subrayó la semana pasada que “no hay motivo para el pánico” y ha discutido por ello con Joe Biden, a quien ha pedido que EE.UU baje el tono, mientras los propios militares ucranianos explican que no se dan las condiciones técnicas para una invasión de parte rusa. Ukraínskaya Pravda, medio nacionalista-liberal vinculado al anciano especulador George Soros, explica con detalle la ausencia de esas condiciones. La histeria ya ha hecho caer un 10% el valor de la moneda ucraniana y los bonos, así que el ambiente amenaza con arruinar la delicada economía nacional.

En el campo occidental, hay diversas posiciones. Estados Unidos, Inglaterra, los polacos y los bálticos mantienen el griterío. Como los dos primeros dominan el complejo mediático, su actitud da el tono a la “información”. Luego están los franceses y alemanes, que intentan moderar el gallinero y, en tercer lugar, están los pequeños europeos que gesticulan y cumplen en diferente medida el expediente de vasallos en la OTAN. Todo esto es bastante anecdótico al lado de la cuestión fundamental en este conflicto, que es la línea de Estados Unidos.

En Washington hay varias líneas de actuación, pero, poco a poco, parece que se impone una. Podríamos formularla así: contener a Rusia, sólo en la medida en que eso no impida, o complique lo principal que es contener a China. Si eso es así, el puñetazo en la mesa de los rusos, que obviamente no van a conseguir lo que se exige en el documento del 17 de diciembre, está bastante bien dirigido, y de todas las cumbres diplomáticas de los últimos días, la más destacable ha sido la del 4 de febrero, en Pekín, entre Putin y Xi Jinping.

Hace años que en Washington preocupa la profundización de la alianza entre China y Rusia, forjada a pulso por su propia estupidez estratégica. Hace más de un año, fuentes del mundo de los expertos bien conectadas con los servicios secretos advirtieron a Biden de que una alianza entre China y Rusia podría resistir mucho mejor las represalias de Estados Unidos. Es algo que ya estamos viendo en las medidas que ambos países están tomando para independizarse de los sistemas de transferencias financieras, del uso del dólar y de los monopolios digitales, recursos todos ellos que Washington utiliza políticamente a conciencia. El mismo think tank Atlantic Council ha apelado a “equilibrar las relaciones con Rusia”, con el objetivo de “separar a Rusia de China”, en uno de sus documentos programáticos, significativamente titulado “The Longer Telegram”, en un intento de solemnizar el disparatado documento de George F. Kennan de 1946. 

El 4 de febrero, en Pekín, se hicieron realidad algunas de las peores pesadillas de Washington. China ha declarado su apoyo a las “garantías de seguridad a largo plazo jurídicamente vinculantes en Europa” que pide Moscú, así como su rechazo a cualquier nueva ampliación de la OTAN. Los dos países están preocupados por los planes de Washington de construir un sistema global antimisiles, por la militarización del espacio y por el despliegue de misiles nucleares de corto alcance, escenario, hay que decir, mucho más probable en Asia Oriental que en Europa. La lectura de la declaración conjunta ruso-china del 4 de febrero ha debido de producir acidez de estómago en Washington.

A la luz de todo esto se entienden las fuertes presiones que todos los occidentales (gritones, moderados y comparsas) están ejerciendo sobre el presidente ucraniano para que Ucrania cumpla los acuerdos de Minsk, que firmó el 12 de febrero de 2015 con miras a pacificar el Donbass. Esos acuerdos contemplan el alto el fuego con retirada de armas pesadas, elecciones y estatuto de autonomía para las regiones rebeldes de Donetsk y Lugansk, amnistía general, restablecimiento del control de la frontera nacional por Ucrania, retirada de unidades y armas extranjeras y reforma constitucional “descentralizadora” (léase federalizante).

“La crisis ucraniana solo puede solucionarse políticamente, los acuerdos de Minsk pueden pacificar la crisis”, dijo Macron el lunes 7 de febrero en el Kremlin. Putin prometió, a cambio, no realizar nuevos movimientos militares y retirar sus tropas de Bielorrusia en cuanto finalicen las actuales maniobras. Mientras tanto en Washington, el secretario de Estado, Antony Blinken, y Josep Borrell se sumaron con declaraciones parecidas: “Los acuerdos de Minsk tratan sobre un estatuto especial para el Donbass y creo que los ucranianos estarán dispuestos a avanzar”, dijo Blinken. El Gobierno ucraniano no quiere saber nada de los acuerdos de Minsk porque teme que, por esa puerta, Rusia pueda volver a tener voz en Ucrania, pero la presión de “todo Occidente” va a ser fuerte. Es complicado para el presidente Zelensky, porque si cede será acusado de traición por sus adversarios más nacionalistas, pero si no lo hace la crisis continuará y, con ella, el conflicto interno en Ucrania, aspecto que nuestros “expertos” niegan contra toda evidencia.

Una vez más hay que insistir en el hecho de que Ucrania es un Estado que contiene diferentes identidades nacionales, culturales y lingüísticas. Eso no es resultado de las “interferencias de Rusia” en sus asuntos, sino de la historia, de la azarosa y accidentada forma en que el país se creó, a partir de diferentes trozos sometidos a distintos centros de poder político, cultural y religioso. Esa diversidad no impide que Ucrania llegue a ser una nación bien cohesionada algún día, pero hoy no lo es, y convertirla en exclusivo satélite occidental contra Rusia es apartarla de toda perspectiva de estabilidad y cohesión, de la misma forma en que lo sería configurarla como un mero satélite ruso.

La actual separación de Crimea y gran parte del Donbass es consecuencia de la imposición de una Ucrania sobre otra. La aplastante mayoría de la población no quiere ser rusa sino ucraniana, pero millones de ucranianos rechazan aspectos fundamentales de esa imposición.

Tras el cambio de régimen de 2014, se aprobaron leyes lesivas para los rusoparlantes, se enterró el precepto constitucional de neutralidad, se prohibieron fuerzas políticas como el Partido Comunista de Ucrania, que hasta 1998 era el más votado, junto con dos partidos más. Los 32 diputados comunistas fueron expulsados del Parlamento por considerar lo sucedido como un “golpe de Estado”. Un año después, se impuso una ley de “descomunización” que demolió monumentos, forzó el cambió de nombre de 22 ciudades y 44 pueblos y criminalizó los símbolos, banderas e himnos en los que millones de ucranianos creyeron, murieron y vivieron con diferente fortuna, mientras otros, sobre todo en Galitzia, los sufrían y maldecían. El líder del partido Comunista, Petró Symonenko, fue excluido como candidato en las elecciones presidenciales de 2019 en aplicación de  aquella infame ley, y la imagen de colaboracionistas con los nazis, como Stepan Bandera, ha llegado a los sellos de correos. En febrero del año pasado, los populares canales de televisión en lengua rusa, 112 Ukrania, ZIK y NewsOne, todos ellos adversarios de la particular línea nacionalista del Gobierno, fueron prohibidos y desconectados. Sus periodistas han sido objeto de agresiones y desde el poder se les considera “propagandistas extranjeros”, fórmula que recuerda mucho a la utilizada en Rusia. Con todo eso, y después de que tres regiones del país se independizaran de facto, todo el este y el sur de Ucrania, de mayoría ruso parlante, sigue votando (entre el 50% y el 20% del voto, según las zonas en las elecciones de 2020) por fuerzas políticas opuestas al gobierno de Kiev. Es ridículo presentar al gobierno de Kiev como una banda de filonazis, pero la simple realidad es que Ucrania nunca será un país cohesionado ni próspero sin unas estrechas relaciones con Rusia, con un estatuto de neutralidad y con un gobierno federal en el que las diferentes identidades e intereses puedan actuar y expresarse de forma democrática.

Como dice el popular comentarista ucraniano Mijaíl Chaplyga, “a los occidentales les interesa el territorio de Ucrania y sus recursos privatizados y gestionados por sus empresas, a Rusia le interesa, sobre todo, la distancia con la OTAN”. El futuro de una Ucrania estabilizada pasa por el diálogo con el Donbass, una organización federal del país, la abolición de las leyes lingüísticas discriminatorias para los rusoparlantes, la derogación de la ley de “descomunización”, la privatización de la tierra y el establecimiento de un estatuto internacional de neutralidad con el que Ucrania podría jugar a dos manos con sus vecinos del Este y del Oeste, obteniendo ventajas de ambos. A Finlandia, que también formó parte del Imperio Ruso hasta 1917, no le fue nada mal en ese mismo papel. Retomar los acuerdos de Minsk parece una perspectiva en esa dirección.

9/02/2022

Publicado enInternacional
Fuentes: De Wereld Morgen [Foto: Putin y Xi (http://en.kremlin.ru/)]

Significado de la cumbre entre Putin y Xi

La cumbre entre Putin y Xi en vísperas de los Juegos Olímpicos de Invierno solo se mencionó de pasada en los principales medios de comunicación. Sin embargo, se trata de una reunión muy importante, con consecuencias que pueden ser muy trascendentes. ¿Estamos en el inicio de un nuevo orden mundial? Una interpretación histórica del experto en China Marc Vandepitte.

 

Declaración conjunta

Justo antes del inicio de los Juegos Olímpicos de Invierno en Pekín, Putin y Xi emitieron un declaración conjunta sobre las relaciones internacionales y la cooperación entre ambos países. Se trata de un documento de diez páginas que llega en un momento de gran tensión con la OTAN debido a Ucrania y de boicot diplomático a los Juegos Olímpicos de Invierno.

El texto se puede leer como un alegato a favor de un nuevo orden mundial en el que Estados Unidos y sus aliados ya no sean los protagonistas, sino que se busque un mundo multipolar, que respete la soberanía de los países.

«Ambas partes se oponen a una nueva ampliación de la OTAN. Piden a la Alianza del Atlántico Norte que abandone su concepción ideológica de la Guerra Fría; que respete la soberanía, la seguridad y los intereses de otros países, así como la diversidad de su civilización y de sus antecedentes culturales e históricos; y que adopte una actitud honesta y objetiva hacia el desarrollo pacífico de otros Estados».

En el pasado se han enviado señales similares, como una declaración conjunta en 1997, pero es la primera vez que ambos presidentes se pronuncian con tanta claridad y refuerzan sus vínculos de forma tan estrecha. También es la primera vez que China se declara explícitamente contra la expansión de la OTAN.

Para comprender el alcance de este documento, es útil echar un vistazo a la historia reciente.

 

Hegemonía

En la primera mitad del siglo XX se produjo, por un lado, el ascenso de dos nuevas superpotencias: Estados Unidos y la Unión Soviética. Por otro lado, se produjo la relativa desaparición de las antiguas potencias coloniales.

Estados Unidos salió como el gran vencedor de la Segunda Guerra Mundial. Tanto las antiguas superpotencias como la Unión Soviética estaban completamente en quiebra. En Washington soñaban con un nuevo orden mundial en el que sólo ellos gobernaran.

«Optar por algo menos que la hegemonía absoluta sería elegir la derrota», dijo Paul Nitze, alto asesor del gobierno de Estados Unidos. Por desgracia, estos planes se vieron frustrados por la rápida reconstrucción de la Unión Soviética y la ruptura del monopolio nuclear.

Medio siglo después ese sueño sí se hizo realidad con la caída del Muro de Berlín en 1989 y el desmantelamiento de la Unión Soviética dos años después. A partir de aquel momento no hubo más barreras a la supremacía absoluta. Estados Unidos por fin se convirtió en el líder indiscutible de la política mundial y quiso mantener esa posición.

El Pentágono no dejó lugar a dudas en 1992: «Nuestro primer objetivo es evitar que aparezca un nuevo rival en la escena mundial. Debemos evitar que los competidores potenciales incluso aspiren a jugar un mayor papel a escala regional o mundial” (la cursiva es nuestra).

En ese momento todavía no tenían a China en el punto de mira. La economía china estaba bastante subdesarrollada y su PIB era solo un tercio del de Estados Unidos. Militarmente el país tampoco valía nada. En ese momento Washington pensaba principalmente en Europa como potencial rival y en un posible resurgimiento de Rusia.

 

Sin frenos

Tras la caída de la Unión Soviética Estados Unidos levantó el pie del freno. La invasión de Panamá a finales de 1989 fue un ensayo para lo que seguiría después. Poco después fue el turno de Irak, Yugoslavia y Somalia. Más tarde seguirían Afganistán, Yemen, Libia y Siria.

Además de las intervenciones militares abiertas, Estados Unidos emprendió cada vez más «guerras híbridas» (1) o «revoluciones de colores” (2) para provocar un cambio de régimen, lo que no funcionó en todas partes. Así lo intentaron en Brasil, Bolivia, Venezuela, Cuba, Honduras, Nicaragua, Georgia, Ucrania, Kirguistán, Líbano y Bielorrusia. Por otra parte, más de veinte países fueron objeto de sanciones económicas.

La OTAN, creada para afianzar militarmente la hegemonía de Estados Unidos, también se amplió constantemente tras el desmantelamiento de la Unión Soviética. Desde la década de los noventa 14 Estados del continente europeo se han convertido en miembros de la organización del tratado. Otros países, como Colombia, se convirtieron en ‘socio’ de la OTAN.

Leyenda: En morado, países que se unieron antes de 1997; en amarillo, desde 1997.
 

El cerco a China

Así, Estados Unidos parecía ser el dueño del mundo después de la Guerra Fría. Pero se olvidaron de China. Por primera vez en la historia reciente un país pobre y subdesarrollado se ha convertido en una superpotencia económica en poco tiempo.

En los últimos 30 años China ha experimentado una notable expansión económica. Desde su adhesión a la OMC en 2001 el tamaño de la economía china se ha multiplicado por más de cuatro. El salto hacia adelante no solo fue económico, sino también tecnológico.

Hasta hace poco Occidente, con Estados Unidos a la cabeza, tenía un monopolio absoluto sobre la tecnología, las armas de destrucción masiva, los sistemas monetarios y financieros, el acceso a los recursos naturales y los medios masivos de comunicación. Con ese monopolio podía controlar o subyugar a los países, especialmente del Sur. Occidente, donde Estados Unidos hace de policía, corre ahora el riesgo de perder ese monopolio.

Por eso Estados Unidos identifica a la República Popular China como su principal enemigo. En el marco de los debates presupuestarios para 2019 el Congreso declaró que «la competencia estratégica a largo plazo con China es una prioridad clave para Estados Unidos». Se trata de una estrategia global que debe llevarse a cabo en varios frentes. Estados Unidos intenta frustrar, o como ellos dicen, «sofocar», el ascenso económico y tecnológico de China.

Si es necesario, lo harán también por medios extraeconómicos. La estrategia militar hacia China sigue dos vías: una carrera armamentística y un cerco al país., Estados Unidos dispone ya de más de 30 bases militares que rodea China, bases de apoyo o centros de entrenamiento (puntos morados en el mapa). El 60% de la flota total está estacionada en la región. Ya llevan años trabajando en este cerco militar.

En abril de 2020 el Pentágono publicó un nuevo informe que aboga por una mayor militarización de la región. El plan es instalar misiles balísticos en sus propias bases militares o en las de sus aliados (flechas rojas). Si después también instalan misiles de crucero en submarinos (véase mapa), pueden llegar a la China continental en 15 minutos. Son pasos muy peligrosas.

 

Como parte de esta estrategia de encierro el Pentágono también está reforzando los lazos militares con los países de la región. Por ejemplo, en 2021 concluyó un pacto de seguridad con Australia y Gran Bretaña para contener a China.

 

Ya es suficiente

Putin y Xi consideran que ya basta. El avance de la OTAN hacia el este, el aumento de la guerra militar e híbrida en todo el mundo, las numerosas sanciones económicas y el cerco a China, todo eso debe terminar. El tiempo en que la OTAN, los G7 y el FMI dominado por Occidente estaban al mando ha terminado. El mundo unipolar debe dejar paso a un mundo multipolar.

La agresión cada vez mayor contra China y Rusia está llevando a ambos países a echarse en brazos mutuamente. China alberga casi una quinta parte de la población mundial, es una potencia económica global y es el socio comercial más importante de la mayoría de los países. Rusia es el país más grande del mundo y es una superpotencia nuclear.

Una alianza entre ambos países constituye un importante contrapeso a la supremacía estadounidense. Según The Guardian, “el nacimiento de este eje chino-ruso, concebido como una resistencia a las democracias occidentales lideradas por Estados Unidos, es el acontecimiento estratégico global más importante desde el colapso de la Unión Soviética hace 30 años. Determinará la era que viene».

Sin embargo, no se trata solo de estos dos países. Rusia es miembro de varias alianzas regionales y multinacionales. Una de ellos, una alianza militar, es la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), que actualmente participa en operaciones de «mantenimiento de la paz» en Kazajistán. Otra es la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS), que es una alianza euroasiática en los ámbitos político, económico y de seguridad. Además de Rusia y China, también son miembros India y Pakistán, entre otros.

China se ha unido recientemente a la mayor asociación económica del mundo, la Asociación Económica Integral Regional (RCEP sigla en inglés). Esta asociación en el sudeste asiático llega al 30% de la población mundial. La nueva Ruta de la Seda significa cientos de inversiones, préstamos, acuerdos comerciales y decenas de Zonas Económicas Especiales por valor de 900.000 millones de dólares. Están repartidos en 72 países, con una población de unos 5.000 millones de personas o 65% de la población mundial.

 

¿Nuevo orden mundial?

Con su artículo El fin de la historia y el último hombre publicado poco después de la caída del Muro de Berlín Fukuyama anunció una nueva era basada en la hegemonía occidental. Las debacles en Irak, Afganistán, Siria, Libia y Yemen, entre otras, demuestran que se trataba de una arrogancia enorme.

Si la recién concluida alianza entre Rusia y China se consolida y otros países se unen a ella, sí es posible que estemos ante el comienzo de una nueva era. No es el fin de la historia, sino el comienzo de una nueva etapa, en la que el poder en el mundo esté más descentralizado; un nuevo orden mundial, en otras palabras. Vienen tiempos emocionantes, pero también peligrosos. Ahora más que nunca necesitamos un fuerte movimiento por la paz.

 

Véase también:

Trump y China: ¿hacia una guerra fría o caliente?

Centenario del Partido Comunista de China

China hará temblar al mundo entero: sobre agricultores e inteligencia artificial

 

Por Marc Vandepitte | 11/02/2022. Traducido del neerlandés por Sven Magnus

 

Notas:

(1) La guerra híbrida es una forma de guerra encubierta que utiliza toda una serie de medios: noticias falsas, manipulación a través de las redes sociales, presión diplomática, artificios legales contra líderes políticos (lawfare), manipulación y dirección del descontento popular, presión nacional y extranjera sobre las elecciones, etc.

(2) Según el manual de las revoluciones de color, se financia, forma y adiestra a las ONG, las organizaciones estudiantiles y las organizaciones locales para organizar disturbios callejeros con la mayor eficacia posible. La violencia callejera debe desestabilizar el país hasta el punto de que el gobierno se vea obligado a dimitir o el ejército intervenga y destituya al gobierno.

Fuente: https://www.dewereldmorgen.be/artikel/2022/02/06/is-de-crisis-in-oekraine-het-begin-van-een-nieuwe-wereldorde-achtergrond-bij-de-top-tussen-poetin-en-xi/

Publicado enInternacional
Los iraníes ondean la bandera nacional mientras celebran en la capital, Teherán, el 27 de enero de 2022, después de clasificarse para la final de la Copa del Mundo de 2022 en Qatar.- AFP

El presidente de Ucrania Volodímir Zelenski ha denunciado que, bajo el pretexto de que Rusia se prepara para invadir Ucrania, EEUU ha creado un clima bélico sin un fundamento real provocando no sólo pánico innecesario entre la población sino también graves daños a la economía del país.

Después de varios años sin grandes guerras, los generales aburridos de la OTAN, que odiaban a Trump por ello, piensan en divertirse y esta vez han optado por ir a bailar sobre los escombros ensangrentados de Ucrania. Su peligrosa jugada está siendo vetada incluso desde las propias filas amigas: la ministra de Asuntos Exteriores alemana, Annalena Baerbock, en un intento de parar una catástrofe bélica generada por los halcones de EEUU y Europa, anunció que "la adhesión de Ucrania a la OTAN no está ahora sobre la mesa". ¡Lo que habría ahorrado al mundo si lo hubiera dicho hace unas semanas!

La irreal "crisis de Ucrania" ha irrumpido de forma artificial en otro escenario en tensión y muy real: Irán. Una guerra de la OTAN contra Rusia (y China), o sea, una III Guerra Mundial, es imposible de ganar para ninguna de las partes. Sin embargo, los costos de un conflicto bélico con Irán son menores (o eso piensan). Por otro lado, hay un pequeño pero poderoso país llamado Israel que empuja a EEUU y Europa hacia la destrucción de Irán con todos sus medios. Ha conseguido el desmantelamiento de poderosos estados árabes como Irak, Siria y Libia y ahora va a por Irán y Turquía.

Las negociaciones sobre el programa nuclear de la República Islámica (RI) y los 5+1 —China, EEUU, Rusia, Francia, Reino Unido y Alemania—, en Viena, Austria, han alcanzado un punto crítico, tanto que el Ayatolá Jameneí ha descubierto que "negociar, hablar e interactuar con el enemigo en algún momento no significa rendirse a él" autorizando a la delegación de Irán un diálogo directo con EEUU para firmar cuanto antes un acuerdo nuclear que ponga fin a las sanciones contra la población iraní. Sin embargo, la Escuela Teológica de Qom, el Vaticano del chiismo, y el diario Keihan, representantes del sector más intransigentes de la RI, —que consideran a Ali Jameneí y Ebrahim Raisi como "traidores al islam"—, se han opuesto tanto a saludar a los "infieles" como a firmar un acuerdo con ello aunque la consecuencia sea una brutal guerra.

Que el general Kenneth McKenzie, comandante del Mando Central de los Estados Unidos, afirmase que "los misiles de Irán se han convertido en una amenaza más inmediata que su programa nuclear" demuestra que Washington sacará otra cara de la manga para destrozar el juego independientemente de cuantos acuerdos firme Irán. El objetivo de Estados Unidos es desintegrar Irán que no derrocar a la RI.

La lentitud del avance de las negociaciones está acabando con la paciencia de EEUU. Pues, la RI, que es el único estado del mundo que, desde un actitud irracional e inaudito en la diplomacia, se niega a hablar con la superpotencia, utiliza al resto de los participantes como "mensajeros", quienes transmiten sus propuestas a los estadounidenses, que están en la sala contigua, y luego traen sus respuestas para los iraníes, y así día tras día, desde el noviembre pasado.

 Urge un acuerdo

A Jameneí, por los siguientes motivos: 

- El aumento de las protestas sociales con un fuerte tinte económico: millones de trabajadores (privados de sindicatos y partidos políticos), y de todos los sectores (incluido el petrolífero), y a pesar de la prohibición de manifestarse contra el "gobierno de Dios", están ocupando las calles del vasto territorio del país exigiendo el cobro de su salario atrasado, el fin de la corrupción, la inflación, el desempleo y las discriminaciones étnicas, religiosas y de género. Cerca del 60% de la población, según el gobierno, vive por debajo de la línea de la pobreza, en chabolas y casas humildes levantadas sobre un mar de Oro Negro. El propio Jameneí acaba de reconocer por primera vez que la grave situación económica no se debe "solo" a las sanciones.

- El fracaso del proyecto del "imperio chiita" que iba a proteger a la teocracia. En Siria e Irak la identidad nacional árabe ha regresado para apartar la "hermandad religiosa": así, Bashar al Asad "chiita", que cohabita en Siria con las tropas ocupantes de EEUU, Francia, Reino Unido y Turquía, entre otros, se acerca a Emiratos Árabes y Arabia Saudí, mientras las fuerzas iraníes van desapareciendo debido a los continuos ataques de cohetes israelíes. En Irak, los chiitas árabes anti-iraníes, representados por el gran ayatolá Sistani y el clérigo Moqtada Al Sadar, ganaron las elecciones del octubre pasado. En el Líbano, la profunda crisis política de la teocracia corrupta, que ha convertido el país en un Estado Fallido, también salpica al Partido de Dios, Hizbolá. Y así en Gaza, Bahréin, Kuwait, Yemen, etc.

- El temor a que su hipotético fallecimiento, antes de la firma del acuerdo, amenace la propia existencia del nacional-chiismo, desde dentro y desde fuera.

Por lo que, la RI para salvarse, en vez de invertir en los paramilitares de extrema derecha islámica, deberá evitar una sublevación popular, (¡y que tampoco será una "revolución naranja!) puesto que esta vez sería imposible aplastarla, no solo por su magnitud  sino sobre todo por el agotamiento del propio totalitarismo religioso.

Por lo que ha tenido que:

- Renunciar a la indemnización que pedía a Biden por los daños sufridos por la ruptura del pacto (que firmó a pesar de sus perjuicios para Irán)  por Trump.

- Dejar de exigir un acuerdo "duradero y estable" que sobreviva al presidente Biden. El propio Jameneí no puede garantizar el respeto al acuerdo por su sucesor, en caso de que lo llegue a tener.

- Renunciar al levantamiento de todas las sanciones permanentes y/o no definitivas. Biden sólo suprimirá las impuestas por Trump y preservará las decretadas por el gobierno de Obama.

- Incluir las instalaciones nucleares de Karaj en la lista de los lugares inspeccionados por el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) tras las amenazas de EEUU de enviar el "expediente iraní" al Consejo de Seguridad de la ONU y ampliar las sanciones.

A Biden, por:

  • La cercanía de las elecciones  intermedias de noviembre. Cae en las encuestas: el primer año del presidente se recordará por las graves deficiencias de un sistema de salud de pago, el aumento de la inflación, una deuda de casi 30 billones de dólares, el fiasco de Afganistán, el drama de los inmigrantes de América Central y por no poder impedir nuevas pruebas nucleares de Corea del Norte, entre otros. Por lo que el presidente Biden necesita una victoria. ¿La conseguirá en Viena? El gobierno de Biden no para de repetir que baraja "otras opciones" si Irán no se doblega, algo que sin la mediación de Beijing y Moscú no lo va a lograr: ¿qué tal si a cambio la OTAN se olvida de Ucrania y EEUU rompe el acuerdo de AUKUS? A ambos, que aplican un pragmatismo sin ideología en su política exterior, les interesa que la Alianza esté distraída con otros focos de tensión. La prioridad de la política exterior de Rusia es garantizar la seguridad del país en sus 16 fronteras; no tiene mucho que ganar ni perder en Viena, ni tampoco si Irán se convierte en un estado nuclear.

Aunque, el conflicto ucraniano reduce la presión sobre Irán, también puede desviar la atención mundial de una posible operación militare israelí-estadounidense contra Irán.

- La presión de Israel (que cuenta con el apoyo del secretario de Defensa de EEUU y el ex director de una empresa militar-nuclear Loyed Aoustin) a cualquier acuerdo con Irán. Biden ha pospuesto hasta 2024 la entrega de los aviones cisterna Boeing Kc46 (3.100 millones de dólares) a Israel, imprescindibles si pretende atacar las instalaciones nucleares de Irán.

La propuesta rusa

A pesar de la intención de Biden y Jameneí, ha sido imposible resucitar el acuerdo lleno de defectos del 2015.

La RI ha rechazado (de momento) la propuesta del canciller ruso Sergie Lavrov de firmar un pacto provisional, que implique el levantamiento de parte de las sanciones contra Irán a cambio de la paralización total del programa nuclear de la RI, como ruta para ir hacia uno íntegro. Pues, si EEUU no cumple con su parte, -que no lo hará-, Irán no podrá volver fácilmente al punto donde dejó su programa.

A Israel, que tiene material ilegal para al menos 80 bombas ilegales, tampoco le gusta un acuerdo de "firmar y tirar": considera que cualquier concesión le dará a Teherán la oportunidad para fabricar su bomba.

Quizás solo un conflicto serio entre EEUU y China en el Estrecho de Taiwán o el Mar de China Meridional, por ejemplo, obligue a todas las partes a aceptar un "acuerdo de mínimos".

EEUU e Israel tienen previstas realizar una megamaniobra militar conjunta para el mayo de 2022, en la que usarán aviones combate F-35, F-16 y F-15 y naves espía Gulfstream G550 para ensayar un ataque a gran escala contra las plantas nucleares de Irán.

El mercado de una carrera nuclear

¿Con qué autoridad moral EEUU exige a un Irán, rodeado de enemigos, mantenerse desarmado si no para de vender o regalar armas más avanzadas a Arabia Saudí, Israel o Emiratos Unidos?

Las presiones de los 5+1 contra Irán levantan una sospecha: ¿No será que se benefician más de una carrera nuclear en Oriente Próximo que de una región libre de dichas armas? La negativa de Europa, Rusia y China a poner en marcha mecanismos para desactivar las sanciones de Trump contra Irán, empujó a la RI hacia la reanudación de su programa, además de perder la confianza hacia todos las partes.

Mientras, Donald Trump mandó fabricar bombas nucleares de mochila y firmó licencias para que seis empresas estadounidenses vendiesen tecnología de energía atómica a Arabia Saudita. Westinghouse o Toshiba consiguieron suculentos proyectos para construir, en la Ciudad del Rey Abdullah, varias plantas nucleares, y llevarse parte del presupuesto asignado por los jeques para construir 16 reactores de energía nuclear en 25 años que es de 80.000 millones de dólares. Si bien Arabia ha financiado las bombas nucleares de Pakistán está desarrollando sus propias capacidades tecnológicas para alcanzar la "latencia nuclear" y poder construir rápidamente sus armas gracias a la instalación construida por China en 2020 para extraer torta amarilla, según afirma la prensa estadounidense que no aclara si los misiles que han comprado los saudíes a China podrían llevar o no ojivas nucleares.

Por el momento, la guerra entre Israel e Irán mantendrá su actual formato: ciberataques, atentados, asesinatos selectivos y el bombardeo de las posiciones de Irán en Irak y Siria.

El objetivo de Israel, que acusa a Irán de avanzar hacia la ruptura nuclear, -lograr la capacidad de fabricar arma nuclear-, es forzarle a salir del Tratado de Proliferación de Armas Nucleares. Al igual que en 2015, cuando consiguió retener a las tropas de EEUU en Oriente Próximo -, Tel Aviv esta vez también hará todo lo posible para empujar a Washington a otra guerra en esta zona: El Estado Islámico está de regreso en Irak, Siria y Afganistán.

La crisis de Ucrania, a todas luces, hará que los términos del posible acuerdo con Irán sean más perjudiciales para este país que el del 2015. La pregunta es: ¿cuál será la respuesta de Teherán?

 1 febrero 2022

Publicado enInternacional
Lunes, 31 Enero 2022 05:46

Un poco de respeto, a cambio de gas

Olaf Scholz, 26 de enero en el parlamento alemán, en un debate sobre el futuro de Europa y la presidencia del G7 AFP, STEFANIE LOOS

ALEMANIA ATRAPADA EN LA TENSIÓN ENTRE RUSIA Y ESTADOS UNIDOS

En un coloquio celebrado el viernes 21 de enero en Nueva Delhi, el vicealmirante Kay-Achim Schönbach, jefe de la Marina alemana, dijo que era una «tontería» suponer que Rusia estaba interesada en invadir Ucrania y aseguró que los territorios de la península de Crimea «nunca volverán» a ser controlados por Kiev. En la ronda de preguntas de la actividad organizada por el Instituto Manohar Parrikar de Estudios y Análisis de Defensa, el militar alemán habló sobre las intenciones detrás del aumento de tropas rusas en la frontera con Ucrania. Opinó que el presidente ruso «está presionando porque sabe que puede hacerlo, eso divide a la Unión Europea [UE]», y sostuvo que Vladimir Putin «quiere respeto» y que «darle el respeto que exige y probablemente merece» tiene un «costo bajo, incluso nulo».

Schönbach, que asumió el mando de la fuerza naval alemana hace menos de un año, también opinó que aumentar los lazos comerciales con Rusia –país al que destacó como «país cristiano, aunque Putin sea ateo»– y tener «a este gran país, aunque no sea una democracia, como socio bilateral» seguramente servirían para alejar a Moscú de la influencia china.

Tras hacerse público el video del coloquio en las redes sociales, la reacción ucraniana en Berlín y Kiev fue inmediata. Entrevistado por el periódico alemán Die Welt, el embajador ucraniano en Alemania sostuvo que las apreciaciones de Schönbach muestran la «arrogancia alemana y los delirios de grandeza que uno de los jefes de más alto rango de la Bundeswehr [Fuerzas Armadas alemanas] demuestra al soñar con una santa alianza con un criminal de guerra como Putin y una moderna cruzada germano-rusa contra China». El diplomático aseguró que el episodio deja «muy cuestionada» la credibilidad y la fiabilidad de Alemania. Mientras tanto, en Kiev, el Ministerio de Asuntos Exteriores ucraniano convocó a la embajadora alemana en ese país para pedir explicaciones por las «inaceptables declaraciones».

Pocas horas después, el vicealmirante Schönbach hizo público un comunicado en el que califica sus comentarios como «un claro error», ya que se trataban, dice la misiva, de opiniones personales «poco meditadas y mal calculadas». Además, el militar informó que había solicitado a la ministra de Defensa, la socialdemócrata Christine Lambrecht, que lo relevara de inmediato de sus funciones, ya que consideraba que su salida era «necesaria para evitar más daños a la Marina alemana, pero sobre todo a la República Federal de Alemania». Por su parte, el Ministerio de Defensa, además de aceptar la renuncia del vicealmirante, declaró que los comentarios no reflejaban en absoluto la posición oficial alemana.

LA CAUTELA

Las declaraciones de Schönbach son un problema para el flamante gobierno alemán del socialdemócrata Olaf Scholz. No solo contradicen la posición adoptada oficialmente por Alemania y sus socios de la UE y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), sino que también se producen en un momento en que la postura alemana en el conflicto entre Ucrania y Rusia es observada con recelo desde Kiev y Washington.

Tanto el canciller federal, que hasta ahora ha mantenido un bajo perfil en el conflicto de Ucrania, como la ministra alemana de Asuntos Exteriores, Annalena Baerbock, han instado a Rusia a dar pasos claros hacia una desescalada y han advertido que una agresión militar tendría graves consecuencias. Sin embargo, el gobierno alemán ha evitado establecer líneas rojas y mantiene firme su política de no enviar armamento letal a zonas de conflicto, como es el caso de Ucrania. Esta reticencia coloca a Berlín en una situación incómoda frente a varios de sus socios que ya han dado este paso.

Durante los 16 años de gestión de Angela Merkel la posición alemana con respecto a Rusia siempre fue cautelosa y estuvo sostenida por un vínculo comercial de conveniencia mutua y el buen relacionamiento que la excanciller tenía con el presidente ruso. Esa cautela parece haber sido heredada por el nuevo gobierno, liderado por los socialdemócratas en coalición con verdes y liberales.

La apuesta al diálogo y la reticencia a imponer sanciones económicas –como la desconexión de los bancos rusos del sistema internacional de transferencias financieras o la prohibición de exportar a Rusia semiconductores, tal como ha sugerido Washington– también parecen ser el camino elegido por el nuevo canciller alemán. En este sentido, el martes, después de una reunión conjunta con el presidente francés, Emmanuel Macron, en Berlín, Scholz expresó su satisfacción por el reinicio de las conversaciones del denominado Formato de Normandía. La iniciativa, en la que participan Alemania, Francia, Ucrania y Rusia, logró en 2015 la firma del Acuerdo de Minsk II, que sirvió para frenar la escalada bélica en el este de Ucrania; sin embargo, buena parte de lo acordado por Moscú y Kiev no se ha cumplido.

EL GAS RUSO

Según informaciones publicadas por el semanario Die Zeit, días antes de que el secretario de Estado estadounidense, Antony Blinken, visitara Alemania la semana pasada, el canciller Scholz ya se había reunido en Berlín con el jefe de la CIA, William Burns. En esa reunión Burns había dado detalles del despliegue de las unidades rusas en la frontera ucraniana. Burns, considerado en Washington uno de los mejores conocedores de Putin, también le había transmitido al canciller alemán la preocupación que tienen los servicios de inteligencia estadounidenses por un posible ataque ruso de bandera falsa en suelo ucraniano. En Washington temen que una operación de ese tipo pueda servir de pretexto a Moscú para hacer avanzar sus tropas más allá de la frontera con la excusa de defender sus propios intereses.

Según Die Zeit, Berlín teme que uno de los objetivos de ese posible sabotaje sea el gasoducto que atraviesa Ucrania y que lleva el gas ruso desde Siberia hasta Alemania. En ese escenario, Europa dejaría de recibir, en pleno invierno, unos 40.000 millones de metros cúbicos de gas. Actualmente Rusia proporciona más de una tercera parte del gas que se consume en todo el continente europeo. Llegado ese punto, Alemania tendría que decidirse entre estrenar el flamante gasoducto Nord Stream 2 o incluirlo en un paquete de sanciones contra Rusia.

El Nord Stream 2 es un gasoducto que conecta Rusia con Alemania sin pasar por suelo de terceros países. Recorre más de 1.200 quilómetros bajo las aguas del mar Báltico y conecta al mayor exportador mundial de gas natural del mundo con la mayor economía de Europa. Desde el segundo semestre de 2021 el caño está listo para operar y solo resta la aprobación del ente regulador alemán. La inversión, de 11.000 millones de euros, fue realizada por Gazprom, la empresa estatal rusa que tiene el monopolio de las exportaciones de gas de ese país y es la propietaria y operadora exclusiva del gasoducto.

La construcción del Nord Stream 2 comenzó a principios de 2018 y estuvo plagada de polémicas. La obra siempre fue vista con recelo por el gobierno estadounidense, que entendía que la interconexión suponía incrementar la dependencia europea del suministro ruso. Además de la evidente dimensión geopolítica, los temores de Washington también encerraban una lógica comercial, ya que el nuevo gasoducto representa una amenaza para las exportaciones de gas natural licuado estadounidense al mercado europeo. La entrada en funcionamiento del Nord Stream 2 –capaz de transportar 55.000 millones de metros cúbicos de gas por año– significaría un golpe a la economía tanto de Ucrania como de Polonia. Para ambos países, el cobro de tarifas por el tránsito del gas ruso a través de sus territorios significa un importante ingreso de divisas y un factor de estabilidad geopolítica.

Este martes, el primer ministro británico, Boris Johnson, que en esta crisis viene actuando como portavoz del sector más guerrerista de la OTAN, disparó en la Cámara de los Comunes: «Creo que esta asamblea necesita entender que uno de los grandes temas que todos enfrentamos al lidiar con el tema de Ucrania, al lidiar con Rusia, es la tremenda dependencia de nuestros amigos europeos con respecto al gas ruso». El mensaje fue inmediatamente decodificado tanto por la prensa inglesa como por la alemana como una alusión velada a la ambivalente posición de Berlín, que hasta ahora no permite que los vuelos británicos con armamento destinado a Ucrania pasen por el espacio aéreo alemán.

Por Guzmán Morales desde Berlín 


27 enero, 2022

Publicado enInternacional
Lunes, 31 Enero 2022 05:31

Locuras

Un instructor militar enseña a civiles que sostienen réplicas de madera de rifles Kalashnikov, durante un entrenamiento ayer en una fábrica abandonada en Kiev, capital de Ucrania. A medida que crecen los temores de una posible invasión rusa, Washington suena de nuevo los tambores bélicos a ritmo nostálgico de tiempos de la guerra fría con letra ya conocida sobre la grave amenaza de Rusia a la paz estadunidense. Foto Afp

Apenas unos cuatro meses después de retirarse de la guerra más larga de su historia en Afganistán, Washington suena de nuevo los tambores bélicos con el mismo ritmo de siempre, pero ahora con una canción nostálgica de los mejores tiempos de la guerra fría con letra ya conocida sobre la grave amenaza de Rusia a la pax americana.

Qué fracaso más espectacular de la política exterior del gobierno de Joe Biden. Más allá de eso, y más esencial, es que debería ser inaceptable para todos en este mundo que dos líderes de naciones armadas con suficientes bombas nucleares para destruir al planeta varias veces estén jugando a la guerra. ¿Aún el mundo tolera tal cosa? Más allá de sus intereses geopolíticos, ¿no es demasiado absurdo, obsceno y hasta criminal que esos señores puedan tener estas opciones a estas alturas de la historia humana?

Tan enredados están en su retórica bélica que hasta el propio gobierno ucranio que Biden está "defendiendo" le pidió públicamente a Washington que de favor le bajara con el tono guerrero, que dejaran "de gritar tanto" ya que “no somos el Titanic”. Esto, sólo horas después de que el jefe del estado mayor estadunidense, general Mark Milley, advirtió en conferencia de prensa que las fuerzas militares rusas en la frontera con Ucrania amenazaban con una invasión de todo el país, agregando que “uno tendría que regresar bastante a la guerra fría para ver algo de esta magnitud”.

En Washington, legisladores progresistas y diversas organizaciones antiguerra advirtieron a su gobierno que el envío de cientos de millones más en armas a Ucrania, nuevos despliegues de tropas y amenazas de sanciones severas "sólo incrementarán las tensiones" y que "no hay una solución militar de esta crisis; el enfoque tiene que ser la diplomacia".

Mientras de nuevo elevan a Moscú a sus anteriores alturas de amenaza, de repente convierten a Ucrania en un epicentro geopolítico donde se definirá el futuro del planeta. Biden declaró que si Rusia procede contra Ucrania "será la invasión más grande desde la Segunda Guerra Mundial" y que "eso cambiaría al mundo".

Su secretario de Estado, Antony Blinken, afirma que la defensa estadunidense del "derecho soberano (de Ucrania) de escribir su propio futuro" (está hablando de integrarse a la OTAN) frente a Rusia es un asunto moral. Proclamó que “un país no tiene el derecho de dictar las políticas de otros o decirle a ese país con quién puede asociarse… un país no tiene el derecho de ejercer una esfera de influencia. Esa noción debería de ser relegada al basurero de la historia”.

¡Eso sí es noticia! O sea, ¿ya tiraron la doctrina Monroe al basurero? ¿Ya se suspendieron operaciones militares y clandestinas estadunidenses en el hemisferio, están por cerrar Guantánamo y desmantelar el Comando Sur? ¿Washington ya acepta responsabilidad por las invasiones, intervenciones y golpes todos justificados por los llamados "intereses nacionales" y "seguridad nacional" de Estados Unidos?

Mientras esperamos respuesta, el hecho es que donde hay una grave crisis para unos, hay negocio para otros. “Estamos viendo, yo diría, oportunidades para ventas internacionales… tensiones en Europa Oriental, tensión en el Mar de China… estoy plenamente esperando que veamos un beneficio de eso”, comentó el ejecutivo en jefe de Raytheon –uno de los principales contratistas militares de Estados Unidos– en una llamada con accionistas. No es el único de los ejecutivos de la industria militar que ve con optimismo "las tensiones" en el mundo; sus empresas absorben casi la mitad del astronómico presupuesto militar estadunidense de 740 mil millones de dólares este año. (https://responsiblestatecraft.org/2022/01/28/big-war-ceos-theres-chaos-in-the-world-and-our-prospects-are-excellent/).

La vieja doctrina nuclear se llamaba "destrucción mutua asegurada" o "MAD" en la que los superpoderes aceptaban que nadie podría ganar una guerra nuclear porque todos quedarían destruidos. Mad, por cierto, es otra palabra para "loco".

Tom Lehrer. Who’s Next? https://youtu.be/oRLON3ddZIw

Bruce Springsteen. War https://www.youtube.com/watch?v=mn91L9goKfQ

Publicado enInternacional
Una representación del Reloj del Juicio Final fue develada el 20 de enero de 2022 en Washington. Foto Afp

El 20 de enero el Boletín de los Científicos Atómicos –fundado en 1945 por Albert Einstein y los científicos de la Universidad de Chicago que desarrollaron las primeras armas nucleares del Proyecto Manhattan, hoy conformado por 11 premios Nobel– publicó que el Reloj del Día del Juicio Final (Doomsday Clock) este año se encuentra a sólo 100 segundos de medianoche, pese a que el "cambio de liderazgo en Estados Unidos" acordó "una extensión del nuevo control de armas Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (START)" e inició su Diálogo sobre Estabilidad Estratégica con Rusia, además de que Estados Unidos busca resucitar el acuerdo del contencioso nuclear con Irán, mientras retornó al Acuerdo del Cambio Climático de París.

Lo anterior "no fue suficiente para revertir las tendencias negativas de la seguridad internacional": las "relaciones de Estados Unidos con Rusia y China permanecen tensas cuando los tres países están comprometidos en una serie de esfuerzos compartidos y de modernización nuclear", además del triple ímpetu para "desarrollar misiles hipersónicos", no se diga las "pruebas continuas de armas antisatelitales por varios países".

Advierte que se puede dar inicio a "una peligrosa nueva carrera nuclear armamentista" y señala que Ucrania "es un potencial punto inflamable". Comenta que "más allá de la pandemia, existen preocupantes fallas de bioseguridad", por lo que se requiere "seria atención sobre el manejo de la investigación biológica global" cuando "se ha iniciado una nueva carrera armamentista biológica" (sic).

Reconoce que haber colocado a 100 segundos las manecillas de su Reloj del Juicio Final "constituye lo más cerca que se ha encontrado el apocalíptico fin de la civilización, como su nueva anormalidad" (https://bit.ly/33zUi2S).

El muy influyente portal Sputnik, de una de las dos máximas superpotencias nucleares del planeta, pone en relieve el diagnóstico del boletín que, debido a una mezcla de amenazas globales que incluye las armas nucleares y el cambio climático, llegó a la fatídica conclusión de que el planeta se encuentra al borde de una catástrofe que dé fin a la civilización (https://bit.ly/3Kv4FFJ).

Como medidas atenuantes, el boletín exhorta a Estados Unidos y Rusia identificar los límites a sus armas nucleares y a sus sistemas de lanzamiento, mientras los conmina, junto con China, a comprometerse a una política de "no usar en primera instancia las armas nucleares".

Impulsa que Irán y Estados Unidos regresen a su acuerdo nuclear previo (nota: derogado en forma unilateral por Donald Trump).

Un punto nodal del boletín se centra en el "ambiente de información corrupta que socava las decisiones racionales y exacerba las amenazas".

Un particular rubro del boletín se centra en la "cuerda del equilibrista nuclear" y saluda como "desarrollo positivo" la renovación del nuevo START por cinco años entre Estados Unidos y Rusia, lo cual "crea una ventana de oportunidad para negociar un futuro acuerdo de control de armas entre los dos países que poseen 90 por ciento de las armas nucleares del planeta".

"Estados Unidos y Rusia también acordaron iniciar dos conjuntos de diálogos sobre cómo mantener mejor la estabilidad nuclear en el futuro". Asimismo, saluda el retorno de Joe Biden para negociar el contencioso nuclear con Irán, mientras "ofrece entablar charlas de estabilidad estratégica con China".

Si bien es cierto que Corea del Norte ha continuado sus pruebas de misiles de corto alcance, "no ha reanudado sus pruebas de armas nucleares o de misiles intercontinentales de largo alcance (ICBMs, por sus siglas en inglés)". También festeja el anuncio por la administración Biden del objetivo específico para "reducir el papel de las armas nucleares" en la política de seguridad nacional de Estados Unidos, conforme al proceso de la Revisión de su Postura Nuclear (NPR, por sus siglas en inglés).

Cabe recordar que 100 segundos equivalen a un poco más de un minuto y medio. Ojalá las manecillas empiecen a retrasarse antes de que sea demasiado tarde.

http://alfredojalife.com

Facebook: AlfredoJalife

Vk: alfredojalifeoficial

Telegram: AJalife

https://www.youtube.com/channel/UClfxfOThZDPL_c0Ld7psDsw?view_as=subscriber

TikTok: https://vm.tiktok.com/ZM8KnkKQn/

Publicado enSociedad
Sábado, 29 Enero 2022 06:25

La OTAN como religión

La OTAN como religión

La controversia entre Estados Unidos, la OTAN, Ucrania y Rusia no es totalmente nueva. Ya vimos la posibilidad de que se produjeran graves problemas en 2014, cuando Estos Unidos y los Estados europeos interfirieron en los asuntos internos de Ucrania y de forma encubierta o abierta contribuyeron al golpe de Estado contra el presidente elegido democráticamente de Ucrania, porque no jugaba el juego que Occidente le había asignado. Por supuesto, nuestros medios de comunicación aplaudieron el golpe como una “revolución de colores” con todos los oropeles de democracia.

Tal como señalan muchos profesores de derecho internacional y de relaciones internacionales, entre los que se incluyen Richard Falk, John Mearsheimer, Stephen Kinzer y Francis Boyle, la crisis de 2021/22 es una continuación lógica de las políticas expansionistas que ha seguido la OTAN desde la desaparición de la Unión Soviética. Esta estrategia de la OTAN lleva a la práctica la pretensión de Estados Unidos de tener la “misión” de exportar su modelo socioeconómico a otros países, con independencia de las preferencias de Estados soberanos o la autodeterminación de los pueblos.

Aunque los relatos de Estados Unidos y de la OTAN han demostrado ser inexactos y muchas veces deliberadamente falsos, el hecho es que la mayoría de los ciudadanos del mundo occidental cree de forma acrítica lo que se les dice. La “prensa de calidad”, como New York Times, Washington Post, The Times, Le Monde, El País, Neue Zürcher Zeitung y FAZ, es una eficaz caja de resonancia de las opiniones de Washington y apoya con entusiasmo la ofensiva de relaciones públicas y de propaganda geopolítica. Creo que se puede afirmar sin miedo a equivocarse que la única guerra que ha ganado la OTAN es la guerra de la información. Unos medios de comunicación corporativos dóciles y cómplices han logrado persuadir a millones de personas en Estados Unidos y Europa de que los tóxicos relatos de los Ministerios de Asuntos Exteriores son realmente verdad. Creemos en el mito de la “Primavera Árabe” y del “EuroMaidan”, pero nunca oímos hablar del derecho de autodeterminación de los pueblos, incluidos los rusos de Donetsk y Lugansk, ni de lo que se podría llamar “Primavera Crimea”.

A menudo me pregunto cómo es posible esto cuando sabemos que Estados Unidos mintió deliberadamente en el caso de conflictos anteriores para hacer que un agresión pareciera una “defensa”. Se nos mintió respecto al incidente del “Golfo de Tonkin” y a las supuestas armas de destrucción masiva en Irak. Hay muchas pruebas de que la CIA y el M15 han organizado acontecimientos de “falsa bandera” en Oriente Próximo y otros lugares. ¿Por qué estas masas de personas instruidas no toman cierta distancia y se hacen más preguntas? Me atrevo a formular la hipótesis de que la mejor manera de entender el fenómeno de la OTAN es entenderlo como una religión laica. De este modo se nos permite creer sus relatos inverosímiles, porque podemos aceptar que son ciertos por una cuestión de fe.

Por supuesto, la OTAN no es precisamente una religión de las Bienaventuranzas y del Sermón de la Montaña (Matías V, 3-10), excepto por una Bienaventuranza típicamente occidental: Beati Possidetis, esto es, bienaventurados quienes poseen y ocupan. Lo que es mío, es mío; lo que es tuyo es negociable. Lo que ocupo lo he robado con todas las de la ley. Si consideramos la OTAN como una religión, podemos entender mejor determinados acontecimiento políticos en Europa y Oriente Próximo, Ucrania, Yugoslavia, Libia, Siria e Irak.

El credo de la OTAN es un tanto calvinista, un credo por y para los “elegidos”. Y, por definición, nosotros, Occidente, somos los “elegidos”, lo que significa “los buenos”. Solo nosotros nos salvaremos. Todo esto se puede aceptar por una cuestión de fe. Como cualquier religión, la religión de la OTAN tiene sus propios dogmas y su propio vocabulario. En el vocabulario de la OTAN una “revolución de colores” es un golpe de Estado, democracia es sinónimo de capitalismo, intervención humanitaria implica “cambio de régimen”, “imperio de la ley” significa NUESTRAS normas, el “Satán número uno” es Putin y el Satán número dos es Xi Jinping.

¿Podemos creer en la religión de la OTAN? Desde luego. Como escribió el filósofo romano-cartaginés Tertuliano en el siglo III d.C., credo quia absurdum: lo creo porque es absurdo. Y lo que es peor que el absurdo común y corriente, exige mentir constantemente al pueblo estadounidense, al mundo, a la ONU.

¿Ejemplos? El montaje propagandístico de las armas de destrucción masiva en 2003 no fue una simple “pia fraus” o mentira piadosa. Estuvo bien organizado y hubo muchos artífices. Lo triste es que un millón de personas iraquíes lo pagaron con sus vidas y su país quedó devastado. Como estadounidense, tanto yo como muchas otras personas gritamos “no en nuestro nombre”, pero ¿quién nos escuchó? El entonces Secretario General de la ONU Kofi Annan afirmó muchas veces que la invasión era contraria a la Carta de la ONU y cuando los periodistas le instaron a ser más preciso, afirmó que la invasión era “una guerra ilegal”. Peor que meramente una guerra ilegal era la violación más grave de los Principios de Nuremberg desde los juicios de Nuremberg, una auténtica revuelta contra el derecho internacional. No solo Estados Unidos sino también la llamada “Coalición de Voluntarios”, 43 Estados aparentemente comprometidos con la Carta de la ONU y con el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, atacaron deliberadamente el estado de derecho internacional.

Se podría pensar que después de que te hayan mentido en cuestiones de vida o muerte, habría un sano escepticismo, un cierto grado de precaución; es de supone que las personas racionales pensarían “¿no hemos oído este tipo de propaganda antes?”. Pero no, si la OTAN es realmente una religión, aceptamos a priori sus dictámenes por una cuestión de fe. No ponemos en duda a [el actual secretario general de la OTAN] Jens Stoltenberg. Parece que existe un acuerdo tácito de que mentir en asuntos de Estado es “honorable” y que cuestionarlo es “antipatriótico”, de nuevo el principio maquiavélico de que el supuesto buen fin justifica los malos medios.

La apostasía es uno de los problemas de cualquier religión. Ocurre a menudo cuando los líderes de una religión mienten descaradamente a los fieles. Cuando las personas pierden la fe en los dirigentes actuales, buscan otra cosa en la que creer, por ejemplo, la historia, la herencia, la tradición. Me atrevo a considerarme un patriota estadounidense y un apóstata de la religión de la OTAN, porque rechazo la idea de “apoyo a mi país actúe bien o mal” (1). Quiero que mi país actúe correctamente y haga justicia, y que cuando el país vaya por el camino equivocado, quiero que vuelva a los ideales de la Constitución, de nuestra Declaración de Independencia, del discurso de Gettysburg (2), algo en lo que todavía puedo creer.

La OTAN se ha convertido en la religión perfecta para los matones y los belicistas, al igual que otras ideologías expansivas del pasado. En el fondo los romanos estaban orgullosos de sus legiones, los granaderos franceses morían gustosamente por las glorias de Napoleón, miles de soldados aplaudieron las campañas de bombardeo sobre Vietnam, Laos y Camboya.

Considero que la OTAN está dentro de la tradición del matón del pueblo. Pero la mayoría de los estadounidense no pueden saltar sobre sus propias sombras. La mayoría de los estadounidenses carece emocionalmente de la temeridad de rechazar a nuestros dirigentes, quizá porque la OTAN afirma ser una fuerza positiva para la democracia y los derechos humanos. Yo preguntaría a las víctimas de los drones y del uranio empobrecido en Afganistán, Irak, Siria y Yugoslavia qué opinan del historial de la OTAN.

Muchas religiones son solipsistas, autocomplacientes, se basan en la premisa de que ella y solo ella posee la verdad y de que el demonio amenaza esa verdad. La OTAN es una clásica religión solipsista, autosuficiente, interesada, basada en la premisa de que la OTAN es por definición la Fuerza buena. Un solipsista es incapaz de reflexionar sobre sí mismo, es incapaz de autocrítica, es incapaz de ver a los demás como a sí mismo, con fortalezas y debilidades, y posiblemente con algunas verdades también.

La OTAN se basa en el dogma de la “excepcionalidad” que Estados Unidos ha practicado durante más de dos siglos. Según la doctrina de la “excepcionalidad”, Estados Unidos y la OTAN están por encima del derecho internacional e incluso del derecho natural. “Excepcionalidad” es otra forma de expresar el dicho latino “quod licet Jovi, non licet bovi”: lo que Júpiter puede hacer no está permitido al común de los mortales. Nosotros somos los “bovi”, los bovinos.

Por otra parte, en Occidente estamos tan acostumbrados a nuestra “cultura del engaño” que reaccionamos sorprendidos cuando otro país simplemente no acepta que le hemos engañado. Esta cultura del engaño se ha convertido en algo tan natural para nosotros que ni siquiera nos damos cuenta cuando engañamos a otro. Es una forma de comportamiento depredador que la civilización todavía no ha logrado erradicar.

Pero, honestamente, ¿acaso la OTAN no es también un reflejo del imperialismo del siglo XXI, muy cercano al neocolonialismo? La OTAN no solo provoca y amenaza a los rivales geopolíticos, sino que en realidad saquea y explota a sus propios Estados miembros, no por la seguridad de esos, sino a beneficio del complejo militaro-industrial. A todo el mundo le debería parecer obvio, aunque no lo es en absoluto, que la seguridad de Europa radica en el diálogo y el compromiso, en comprender los puntos de vista de todos los seres humanos que viven en el continente. La seguridad nunca fue idéntica a la carrera de armamento y al ruido de sables.

Según el relato dominante, los crímenes cometidos por la OTAN en los últimos 73 años no son crímenes, sino lamentables errores. No solo como jurista, sino también como historiador reconozco que puede que estemos perdiendo la batalla por la verdad. Es bastante probable que dentro de treinta, cincuenta, ochenta años la propaganda de la OTAN se imponga como la verdad histórica aceptada, sólidamente consolidada y repetida en los libros de historia. En parte se debe a que la mayoría de los historiadores, al igual que los abogados, son plumas de alquiler. Olviden la ilusión de que a medida que pasa el tiempo aumenta la objetividad histórica. Bien al contrario, todos los bulos que los testigos presenciales pueden desmontar hoy se acaban convirtiendo en el relato histórico aceptado una vez que han muerto todos los expertos y ya no pueden cuestionar ese relato. Olviden los documentos desclasificados que contradicen el relato, porque la experiencia nos enseña que solo muy raras veces pueden acabar con una mentira política bien arraigada. En efecto, la mentira política no morirá hasta que haya dejado de ser útil políticamente.

Por desgracia, muchas personas en Estados Unidos y Europa siguen asumiendo el relato de la OTAN, quizá porque es fácil y reconfortante pensar que nosotros somos “los buenos” y que los “graves peligros” que hay “fuera de aquí” hacen que la OTAN sea necesaria para nuestra superviviencia. Como escribió Julio César en su De bello civile, quae volumus, ea credimus libenter”, esto es, creemos lo que queremos creer; dicho de otro modo, “mundus vult decepi”, es decir, en realidad el mundo quiere ser engañado

Objetivamente, la expansión de la OTAN y las constantes provocaciones a Rusia fue y es un peligroso error geopolítico, una traición a la confianza que le debemos al pueblo ruso y, lo que es peor, una traición a la esperanza de paz que comparte la gran mayoría de la humanidad. En 1989-1991 tuvimos la oportunidad y la responsabilidad de garantizar la paz del mundo. La arrogancia y la megalomanía mataron esa esperanza. El complejo militaro-industrial-financiero se basa en la guerra perpetua para seguir haciendo miles de millones de beneficios. 1989 podría haber marcado el comino de una era de aplicación de la Carta de las Naciones Unidas, de respeto del derecho internacional, de convertir las economías que dan prioridad a lo militar en economías de seguridad de los seres humanos y de servicios para ellos, de recorte de los inútiles presupuestos militares y de orientar los fondos liberados a erradicar la pobreza, la malaria y las pandemias, y de dedicar más fondos a la investigación y a desarrollar el sector sanitario, a mejorar hospitales e infraestructuras, a luchar contra el cambio climático, al mantenimiento de carreteras y puentes …

¿Quién es responsable de esta enorme traición al mundo? El difunto presidente George H.W. Bush y la difunta primera ministra británica Margaret Thatcher, junto con sus sucesores y todos sus asesores neoconservadores y defensores del “excepcionalismo”, además de los think tanks y los expertos que les alentaron.

¿Cómo fue posible esta traición? Solo por medio de la desinformación y la propaganda. Solo con la complicidad de los medios corporativos, que aplaudieron las ideas del “final de la historia” y del “ganador se queda con todo” de Fukuyama. Durante un tiempo la OTAN se deleitó con la ilusión de ser la única potencia hegemónica. ¿Cuánto duró esta quimera de un mundo unipolar? ¿Y cuántas atrocidades cometió la OTAN para imponer su hegemonía al mundo, cuántos crímenes contra la humanidad se cometieron en nombre de la “democracia” y de los “valores europeos”?

Los medios corporativos siguieron dócilmente el juego al declarar a Rusia y China nuestros enemigos jurados. Cualquier discusión razonable con los rusos y los chinos era y es condenada como “[política de] apaciguamiento”. Pero ¿no deberíamos mirarnos al espejo y reconocer que los únicos que deberíamos “apaciguarnos” somos nosotros? En efecto, tenemos que calmarnos y dejar de agredir a todos los demás: tenemos que parar las ofensivas tanto militares como informativas.

Si hay un país al que le importa muy poco el estado de derecho internacional (que también se conoce como el “orden internacional basado en normas” de Blinken) es, por desgracia, mi país, Estados Unidos de América.

Algunos de los tratados que Estados Unidos no ha ratificado son la Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados, el Estatuto de la Corte Penal Internacional, la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, el Acuerdo de Cielos Abiertos, el Protocolo Facultativo de la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas, el Protocolo Facultativo de la Convención de Viena sobre Relaciones Consulares, la Convención sobre los Derechos del Niño de las Naciones Unidas, la Convención sobre los Trabajadores Migrantes, la Convención sobre Derechos Económicos, Sociales y Culturales…

Finalmente comprendemos que ni Huntington ni Fukuyama acertaron respecto al siglo XXI, quien acertó fue Orwell.

Por Alfred de Zayas | 29/01/2022

Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos

Alfred de Zayas es profesor en la Geneva School of Diplomacy y desempeñó el cargo de Experto Independiente de la ONU para la Promoción de un Orden Internacional Democrático y Equitativo 2012-2018.

Notas de la traductora:

(1) En el original “my country right or wrong”, una expresión de patrioterismo atribuida a un militar estadounidense del siglo XIX, Stephen Decatur.

(2) El discurso de Gettysburg es el discurso más famoso de Lincoln. Lo pronunció en la ciudad de Gettysburg el 19 de noviembre de 1863, cuatro meses y medio después de la Batalla de Gettysburg de la guerra civil estadounidense. Invocando los principios de igualdad de los hombres consagrados en la Declaración de Independencia, Lincoln redefinió la guerra civil como un nuevo nacimiento de la libertad para Estados Unidos y su ciudadanía.

Fuente: https://www.counterpunch.org/2022/01/24/nato-as-religion/

Publicado enInternacional
El "alto el fuego" en Ucrania expone grietas y debilidades del imperialismo

Estados Unidos ha intentado mostrar liderazgo y una alianza fuerte ante la crisis en Ucrania. Sin embargo, rápidamente surgieron grietas que parecen irreconciliables en su interior.

 

Los asesores de los jefes de Estado de Rusia, Ucrania, Francia y Alemania, que el miércoles se reunieron para mantener conversaciones en París, reafirmaron en un comunicado conjunto su compromiso de mantener el alto el fuego acordado en los llamados acuerdos de Minsk.

Antony Blinken durante semanas estuvo de gira por Europa para mostrar un “frente unido” ante lo que considera una posible invasión rusa a Ucrania. Sin embargo en la alianza de Occidente hay muchas grietas que es necesario desmenuzar.

Recientemente en una declaración conjunta del grupo conocido como el Formato de Normandía, creado en 2014 para buscar una salida a la crisis en Ucrania, reafirmó su apoyo a los Acuerdos de paz de Minsk "como base de trabajo" y se comprometió a intentar "mitigar" los desacuerdos. Desde allí han funcionado como mediadores entre Kiev y Moscú para poner, al menos temporalmente, paños fríos a la crisis abierta.

El encuentro en París buscaba una desescalada de la tensión, tras una serie de conversaciones entre Rusia y Estados Unidos. Washington acusa a Moscú de preparar un ataque inminente, tras haber desplegado miles de soldados en la frontera con Ucrania.

"Pese a todas las diferencias de interpretación", los participantes estuvieron de acuerdo en que "todas las partes deben mantener el alto al fuego" en el este de Ucrania "en virtud de los acuerdos", agregó el enviado ruso.

Esta maniobra de Francia y Alemania (que se negó a enviar armas a Ucrania) muestra las divergencias que existen, no solo dentro de la Unión Europea, sino también en la OTAN. Sobre todo expone la dificultad y debilidad de Estados Unidos para liderar una coalición occidental ante una crisis de gran relevancia mundial.

Algunos países tienen una historia problemática con Rusia, prefiriendo una respuesta transatlántica, en lugar de una propuesta separada de la UE. Por otro lado, mientras que algunas naciones de la UE han enviado apoyo militar a Ucrania, movilizado tropas y realizado ejercicios militares, otras siguen presionando por una solución diplomática. Los países Bálticos se han dispuesto a enviar equipos al gobierno de Kiev, la OTAN ha desplegado batallones en Estonia, Lituania, Letonia, que tienen fronteras cercanas con Rusia. El Estado español gobernado por la coalición PSOE - Unidas Podemos, ha enviado sus buques de guerra al Mar Negro.

Polonia ha dado un fuerte apoyo al gobierno de Volodymyr Zelensky, entre otras cuestiones por la crisis migratorio en sus fronteras con Bielorrusia, al tiempo que se enceuntra en tensión con la UE. Por su parte Viktor Orban, el primer ministro húngaro ultracoservador, no apoyará a Ucrania ante el actual conflicto con Rusia mientras Kiev siga privando de derechos a la minoría magiar que vive en su territorio.

El Reino Unido, que ya no forma parte de la Unión Europea desde la concreción del Brexit, ha estado enviando ayuda militar a Ucrania sin sobrevolar el espacio aéreo de Alemania. Boris Johnson podría estar buscando escapar de algunas crisis internas.

Francia y Alemania una política común hacia Ucrania

Lo que más preocupa a estos países son las consecuencias de las posibles sanciones duras a Rusia que agita Estados Unidos. Macron y Scholz se están enfocando en revivir las discusiones en el "Formato de Normandía" (Ucrania, Rusia, Francia y Alemania), que esperan que contribuya a una forma de "desescalada", palabra que ambos hicieron hincapié durante una conferencia de prensa conjunta. Los asesores diplomáticos de los mandatarios de los cuatro países se reunieron este miércoles en el Palacio del Elíseo para intentar desbloquear estas conversaciones.

Hablando sobre el futuro de la seguridad de Europa en un evento en Bruselas esta semana, Borrell reiteró la unidad de la UE con los EE. UU. y la OTAN. “Una mayor responsabilidad estratégica europea es la mejor manera de reforzar la solidaridad transatlántica. No es ni la UE ni la OTAN: es ambos”. Pero lo que importan son los hechos, y sobre los intereses.

Los líderes de la UE han estado discutiendo sobre la imposición de sanciones en caso de una agresión rusa: prohibiciones comerciales, sanciones energéticas y el aislamiento de Rusia de los mercados financieros y de alta tecnología.

Sin embargo, las sanciones necesitan la unanimidad de 27 países de la UE y deben discutirse con EE. UU. y otros aliados occidentales, una cosa en la que la UE puede estar de acuerdo es que si cae Ucrania, también cae toda la arquitectura de seguridad europea, y buena parte de su economía.

Como decíamos en un artículo anterior, excluir a Rusia del sistema global de pagos SWIFT (es lo que mueve el dinero de un banco a otro) o cortar el gasoducto Nord Stream 2, entre otras, medidas que dañarían las economías tanto de Rusia como de la Unión Europea. Esto implicaría, por ejemplo, que no se podrá pagar por el gas, y por tanto no habría suministro (en estos momentos las reservas de gas están en mínimos históricos), lo que traería fuertes aumentos de los precios de la energía.

El gasoducto Nord Stream 2 en el centro de la grieta

El oleoducto de propiedad del gigante ruso Gazprom está en el centro del desacuerdo entre Alemania y EE. UU., que ve el proyecto como una forma de que Moscú aumente su influencia en Europa, y un posible acercamiento estratégico a largo plazo entre ambos países.

Esta obra de infraestructura de 11 mil millones de dólares, alimentaría el aparato productivo alemán, principal socio comercial del resto de Europa, y 26 millones de hogares sin pasar por Ucrania o Bielorrusia que cobran un impuesto por transporte. O sea, se reduciría considerablemente el costo de la energía. Algo que Estados Unidos quiere evitar para favorecer a sus empresas de Gas Natural Licuado (GNL) o de sus aliados como Qatar (el segundo exportador de GNL del mundo), con quien ha tenido conversaciones en caso de sanciones a Rusia.

Desde que inició la crisis un número récord de cargamentos de GNL salió de EE. UU. con destino a puertos europeos durante el último mes, y EE. UU. tiene un fuerte incentivo a largo plazo de forzar a Europa a renunciar a la dependencia de Rusia, y el proyecto de gasoducto Nord Stream 2 , a favor de sus propias reservas de gas de esquisto (hidrocarburos no convencionales).

Esta iniciativa comenzó con Donald Trump cuand anunció en 2017 reforzar, con el impulso de Polonia y en contra de la opinión de Alemania, la alimentación Norte-Sur de Europa transportando gas desde la terminal GNL de Świnoujście (Polonia) hacia el resto de Europa Central, para de este modo hacerle competencia a los gasoductos rusos provenientes del Este.

Esto explica porqué para Unión Europea es un objetivo clave lograr mayor autonomía estratégica de Estados Unidos a largo plazo. Si bien la capacidad de bajar las tensiones al mínimo del Formato de Normandía están cuestionadas al dejar afuera a Estados Unidos como socio directo en las negociaciones, muestra las grietas dentro del imperialismo ante la crisis en Ucrania.

El Gobierno ucraniano busca que Washington desempeñe un papel más firme porque teme que, de lo contrario, se tenga demasiado en cuenta a Moscú y pierda parte de los negocios energéticos.

Para Rusia la guerra en Ucrania es parte de un proceso de pérdida de influencia sobre su antigua esfera de influencia que ha impactado fuertemente en sus ingresos y ha reforzado su dependencia de la venta de hidrocarburos. Sin embargo, Europa y sobre todo Alemania dependen del gas de ruso. El conflicto actual muestra que Nord Stream 2 se ha convertido tanto en un elemento disuasorio para la guerra en Ucrania como en una opción de castigo en caso de una. La crisis en Ucrania se ha transformado en una problema que alcanza las fronteras del imperialismo y expuso sus debilidades, y aunque hayan logrado enfriar las situación todo indica que será momentáneo.

Santiago Montag@SalvadorSoler10

Publicado enInternacional
Los militares ucranianos verifican la situación en las posiciones en la línea del frente cerca de la aldea de Avdiivka, no lejos de la ciudad de Donetsk, Ucrania, controlada por militantes prorrusos, el 25 de enero de 2022. — Efe

EEUU y la OTAN entregan sus esperadas respuestas por escrito a Rusia. Todos los ojos viran ahora a la reacción del Kremlin, que podría utilizar este fracaso como base para una escalada bélica, continuar negociando o perpetuar la tensión sine die.

 

- "¿Estamos más cerca de la guerra ahora que hace dos semanas?"

– "Las tensiones están aumentando y vemos más tropas rusas, no solo en Ucrania sino también en Bielorrusia. Esto añade tensión y preocupación y demuestra que no hay desescalada, pero al mismo tiempo hace más necesario encontrar una solución política y pacífica", ha contestado Jens Stoltenberg, secretario general de la OTAN, tras anunciar que la Alianza Atlántica ha entregado la respuesta a las peticiones rusas.

Los aliados y Estados Unidos, en coordinación, han remitido a Moscú la respuesta por escrito a los tratados que Vladimir Putin presentó en diciembre exigiendo un compromiso sobre la no expansión de la OTAN al Este, en especial alusión a la no incorporación de Ucrania y Georgia al foro.

Los documentos remitidos son fieles a la postura que Occidente lleva clamando desde hace semanas. No hacen ninguna concesión: mantienen que la puerta de la Alianza se queda abierta y que cada Estado soberano es dueño de su propio destino. Este esperado movimiento, sin embargo, llega en un momento de alto voltaje.

Estados Unidos ha advertido hoy mismo, de nuevo, que la invasión a Ucrania se produciría a mitad de febrero aunque, también durante esta jornada, Kiev ha señalado que las tropas movilizadas en su frontera son "insuficientes" para un gran ataque.

En la UE se distancian del alarmismo norteamericano reduciendo el tono de Washington. No perciben como tal la inminencia del ataque. De hecho, Francia abandera en estos momentos al bloque comunitario para impulsar la vía diplomática. El Elíseo ha reunido a representantes galos, alemanes, ucranianos y rusos para resucitar el formato de Normandía y mantener una línea directa con el Kremlin, después de que los europeos se quedasen marginados en las negociaciones de desescalada previa. El propio Emmanuel Macron mantendrá una importante conversación telefónica con Putin el viernes.

Fuentes diplomáticas descartan que la UE y Estados Unidos hayan orquestado una especie de estrategia de "poli bueno y malo" con Putin porque la "situación es demasiado tensa como para ese juego".

Al final del día, la visión del mundo, los intereses en juego y la maquinaria diplomática son diferentes para Washington y Bruselas, que por su parte sí coinciden en que de producirse la agresión rusa, las consecuencias económicas serán "masivas".

La buena noticia es que la vía diplomática continúa abierta. La mala es que este mar de reuniones inconcretas no puede durar para siempre. Y la realidad sobre el terreno es que el cruce de acusaciones, el despliegue de material bélico en el flanco oriental y las amenazas están dejando un escenario sombrío. Lo que hay en juego no es para nada banal. Josep Borrell, Alto Representante de Exteriores de la UE, habla del momento más peligroso desde la Guerra Fría. Y el presidente estadounidense, Joe Biden, ha señalado que "si avanza con todas las fuerzas sería la mayor invasión desde la Segunda Guerra Mundial y podría cambiar el mundo".

"Mientras que trabajamos por una buena solución por la desescalada, también nos estamos preparando para lo peor", ha afirmado el líder de la Alianza. Desde 2014, la OTAN ha incrementado su presencia en los países del Este de Europa. Y está preparada para intensificar su material bélico en el Mar Negro y en el Báltico. Pero el envío de tropas a Ucrania está directamente descartado. Un escenario que cambiaría si el país vecino de Rusia fuese miembro de la OTAN. El sagrado Artículo 5 establece que si uno de los aliados es atacado, lo son todos. Y como tal deben responder. Solo se activó durante los ataques del 11-S.

La OTAN tiende la mano al "diálogo y a la transparencia"

Los cruciales documentos remitidos a Moscú no son ni propuestas ni una base a la negociación. Son una declaración por escrito de cuál es el margen de maniobra en estos momentos. Y no es muy amplio, al menos para Rusia.

Aunque se mantienen con cuidado hermetismo, la OTAN ha revelado que ofrece al Kremlin el diálogo en base a tres ejes: el regreso a las oficinas en Moscú y Bruselas; restablecer los canales de comunicación para fomentar la transparencia y rebajar las tensiones; y un nuevo acuerdo de armas que reduzca los riesgos de un choque nuclear, químico, cibernético o biológico.

El noruego, que representa a los 30 países aliados, ha exigido, además, la retirada de las tropas rusas de Ucrania, Georgia y Moldavia reiterando que la suya es una "alianza defensiva que no busca la confrontación" pero advirtiendo de que "no comprometerá sus valores" ni "su seguridad".

Y, ¿ahora qué?

El choque de trenes continúa. Y nadie sabe a ciencia cierta si la palanca de freno va a activarse in extremis. En Bruselas y en Washington defienden que todo está en el tejado de Rusia. La tensión en Ucrania entra en horas y en terreno clave. Y también desconocido. Porque nadie sabe cuál va a ser la reacción de Vladimir Putin. Un escenario es que perciba la respuesta occidental como una afrenta, la rechace y se convierta en el pretexto de una escalada bélica de consecuencias impredecibles. Otro es que el presidente ruso acceda a continuar las negociaciones y la tensión comience a rebajarse, algo que no sería un cheque en blanco. Y un tercero es que la situación se empantane durante meses y años con picos como los que se están produciendo en estos momentos.

Medio mundo mantiene ahora la respiración y todos los ojos viran a la reacción del Kremlin. Las próximas citas serán determinantes. Anthony Blinken, secretario de Estado estadounidense, prevé reunirse con su homólogo ruso Sergey Lavrov durante los "próximos días". La OTAN y EEUU dicen que son serios en su ofrecimiento a "la vía diplomática" y que es el turno de Rusia de elegir cuál es su postura. De la forma que la crisis tome estos días pende el tablero de ajedrez de los próximos años y la vida de muchas personas.

Por María G. Zornoza@MariaGZornoza

26/01/2022 21:33

 

Publicado enInternacional
El presidente de Rusia, Vladimir Putin (izquierda), charla con su homólogo de Irán, Ebrahim Raisi (derecha), el miércoles pasado en Moscú.Foto Afp

Se activaron las visitas de los mandatarios de las cuatro máximas potencias euroasiáticas: Rusia, China, India e Irán. Antes de concluir 2021, el zar Vlady Putin realizó una triunfal visita a India (https://bit.ly/3rLH7Uf).

Ya se ha perdido el conteo de las veces que se han reunido Putin y el mandarín Xi Jinping.

Ahora Putin visitará, con motivo de la inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno en Pekín, a su homólogo chino.

Hace unos días, el flamante presidente chiíta iraní Ebrahim Raisi, visitó a su homólogo ruso, donde se asentó el giro de Irán "hacia el Este" cuando las potencias de EU/OTAN lo tienen bloqueado a partir de la parte oriental del mar Mediterráneo (con la excepción de las costas de Siria y Líbano).

Se configura un trascendental "rectángulo geoestratégico euroasiático", donde Rusia opera sus óptimas relaciones con los otros tres vértices: China, India e Irán. Las relaciones de Irán con los otros tres vértices son también excelentes, cuando solamente falta limar asperezas entre China e India (a punto de ser seducida por el eje anglosajón para ser arrojada al fuego de una guerra contra Pekín (https://bit.ly/3Iv2CQ9).

La consolidación del "rectángulo geoestratégico euroasiático" será gradual. Tras el espectacular "acuerdo estratégico" de China e Irán por 25 años –la colisión de la Ruta de la Seda con el gran Reset anglosajón–, marcó la pauta para una nueva asociación estratégica por 20 años entre Rusia e Irán, cuyo objetivo principal, desde el punto de vista financiero, es darle la vuelta al sistema bancario SWIFT que domina EU y, desde el punto de vista geoeconómico y geopolítico, converger los anhelos de la Organización de Cooperación de Shanghái (https://bit.ly/2W3XhMX), la Unión Económica Euroasiática, el 15-RCEP (https://bit.ly/3tOAFyJ) y el BRICS, según el connotado geopolítico brasileño Pepe Escobar (https://bit.ly/35lEstf), quien abunda los proyectos financieros de China (CIPS) y Rusia (SPFS), para evitar la asfixia del SWIFT.

Desde hace cinco años ningún mandatario iraní se reunía con su homólogo ruso. Hoy el presidente iraní calificó su presencia en el Kremlin como un "momento decisivo" de la relación bilateral, mientras Teherán prosigue sus negociaciones trianguladas en Viena con Biden para rectificar la ruptura de Trump del acuerdo nuclear, orillado por las intrigas insidiosas de su otrora aliado y hoy enemigo Netanyahu (https://bit.ly/3tQXamx).

El canciller iraní, Amir-Abdollahian, definió la cosmogonía geopolítica de Irán como una "política centrada en la buena vecindad (sic), con un enfoque de política asiática viendo al Este y una diplomacia centrada en la economía".

En su vibrante discurso ante la Duma, el presidente Raisi fulminó que "ahora la estrategia de dominio ha fracasado, EU se encuentra en su posición más débil y el poder de los países independientes está experimentando un crecimiento histórico", mediante el "concepto de resistencia (sic)", como "parte central de las ecuaciones de disuasión", que "izó la bandera del nacionalismo, independencia y desarrollo científico", pese a todas las asfixiantes sanciones. Al concluir la relevante visita de Raisi a Rusia, empezaron de inmediato los ejercicios militares trilaterales de Rusia/China/Irán en el golfo de Omán. Global Times, portavoz oficioso del Partido Comunista Chino, anunció el fin de los tres días de ejercicio militar en el golfo de Omán entre las armadas de Rusia,China e Irán (https://bit.ly/3tQTaT3). Es la segunda ocasión en que el ejercicio militar trilateral se realiza cuando EU confronta simultáneamente a China en el estrecho de Taiwán y a Rusia en Ucrania/mar Negro/Bielorrusia.

El golfo de Omán es muy sensible, ya que conecta al superestratégico estrecho de Ormuz, donde atraviesa la tercera parte del petróleo mundial, con el norte del océano Índico.

En la cumbre de Putin-Raisi, ¿se perfiló la firma de hace 20 años entre Rusia, Irán e India del “Corredor multimodal Norte-Sur (https://bit.ly/3fOcWqf)” de 7 mil 200 kilómetros que conforma los tres vértices del "rectángulo geoestratégico eurasiático"?

http://alfredojalife.com

Facebook: AlfredoJalife

Vk: alfredojalifeoficial

Telegram: AJalife

https://www.youtube.com/channel/UClfxfOThZDPL_c0Ld7psDsw?view_as=subscriber

https://vm.tiktok.com/ZM8KnkKQn/

Publicado enInternacional