Palestinos lanzan piedras a los soldados israelíes durante los enfrentamientos vividos en la madrugada de este sábado en Hebrón. — Abed Al Hashlamoun / EFE

La tirantez en la Cisjordania ocupada parece estar a punto de desencadenar una guerra. La coincidencia del Ramadán con la Pascua Judía incrementa una tensión que lleva las provocaciones de Israel y los palestinos más radicales al límite.

La tensión entre Israel y los palestinos ha experimentado un repunte considerable en las últimas semanas, que se ha agravado estos días con la coincidencia de las festividades de la Pascua Judía y el Ramadán Musulmán, y que tiene su punto de ebullición más próximo en la Explanada de las Mezquitas de Jerusalén, donde en la antigüedad estuvo el Templo judío.

Desde principios de abril han muerto más de una veintena de palestinos en la Cisjordania ocupada, donde hay un enorme despliegue del Ejército y de la Policía israelí, todo ello en respuesta a varios ataques de milicianos palestinos que se han cobrado la vida de más de una decena de israelíes en el interior de Israel.

La cuestión de si esta tensión va a conducir a un nuevo choque bélico con Hamás está abierta y dependerá de lo que ocurra en los próximos días, especialmente durante la semana en curso, en la que los judíos continúan celebrando la Pascua, así como en las dos semanas siguientes en las que se celebra también el Ramadán.

El problema de fondo, que se renueva periódicamente, continúa siendo la brutal ocupación de los territorios palestinos, un horizonte que no va a cambiar, como han dejado claro los dirigentes israelíes con el primer ministro Naftalí Bennett a la cabeza, quienes a diario dan por sentado que la ocupación y la anexión forma parte de su estrategia a largo plazo y por ello envían continuamente a más colonos a los asentamientos que implantaron a partir de la guerra de 1967.

Una situación nueva se produjo el domingo, cuando el líder del partido islamista Raam (Lista Árabe Unida), Mansour Abbás, anunció que "congela" temporalmente su apoyo al Gobierno de Bennett. Abbás ha facilitado una ajustada gobernabilidad del país durante casi un año, permitiendo que Bennett cuente con el respaldo de 61 de los 120 diputados que hay en la Kneset.

Esta "congelación" tiene previsto prolongarse durante dos semanas, es decir hasta después de la Pascua Judía y coincidiendo con el final del Ramadán, cuando Abbás se replanteará su apoyo en función de lo que ocurra estos días. Es evidente que el líder del partido islamista no quiere romper la coalición, de ahí que no haya tomado una decisión radical, pero también es obvio que una parte de su electorado no ve muy bien la fuerte represión de las últimas dos semanas.

La congelación es por lo tanto una decisión contemporizadora, especialmente si se tiene en cuenta su carácter simbólico puesto que la Kneset permanecerá cerrada por vacaciones durante varias semanas, es decir que durante este tiempo no habrá votaciones.

Una tensión peligrosa para la coalición

Pero la situación de Bennett no se presenta fácil a corto plazo, aunque Abbás decida continuar en la coalición, ya que hace solo unos días una diputada del partido del primer ministro se sumó a la oposición, de manera que la correlación en el Parlamento es ahora de 60 a 60, un empate que dificulta cualquier acción legislativa.

La tensión en Jerusalén y en otros puntos de Cisjordania es peligrosa para la estabilidad de una coalición que podría seguir perdiendo apoyos. Si perdiera a otro diputado, Bennett ni siquiera podría aparentar que gobierna, e incluso podría perder una moción de censura. Sin embargo, la oposición está dividida y Benjamín Netanyahu no cuenta con el respaldo necesario para gobernar, lo que significa que podríamos estar cercanos a las quintas elecciones en un periodo de tres años.

La tensión en la Explanada de las Mezquitas, es decir la entrada de judíos radicales fuertemente protegidos por las fuerzas de seguridad, que las televisiones reproducen a diario podría desencadenar una guerra con Hamás, de la misma manera que una situación similar condujo el año pasado a una guerra de 11 días. La organización islamista que gobierna Gaza desde 2007 considera que Jerusalén es una línea roja que Israel no debe cruzar.

Millares de palestinos se concentran a diario en la Explanada para defender la mezquita Al Aqsa y el Domo de la Roca, así como la misma Explanada, adonde suben colonos radicales con la intención de practicar ritos talmúdicos coincidiendo con la pascua judía.

Aunque Israel asegura que defiende la libertad de culto, en la práctica siempre hace lo que va bien a sus intereses e interpreta que la libertad de culto es permitir que los extremistas judíos provoquen a los musulmanes con la clara intención de echarlos en cuanto se presente una oportunidad y construir en la Explanada el tercer templo.

Detenciones y heridos en territorio ocupado

En Hebrón, al sur de Cisjordania, por ejemplo, el Ejército ha cerrado estos días al culto de los musulmanes la mezquita de Abrahán, que sin embargo ha sido habilitada para que los judíos puedan celebrar la pascua. Antes que defender la libertad de culto de judíos fanáticos, Israel debería respetar el derecho internacional y abandonar los territorios ocupados, poniendo fin al brutal apartheid que practica contra los palestinos.

En los últimos días el Ejército y la Policía israelí han detenido a cientos de palestinos y han herido a muchas decenas, tanto en Jerusalén como en el resto de los territorios ocupados. La actitud de soldados y policías fuertemente armados es una provocación constante y en cualquier momento puede prender la chispa que conduzca a un conflicto bélico.

Los días más inflamables son los viernes. El pasado viernes, el segundo de ramadán, más de 50.000 musulmanes llegaron a la Explanada de las Mezquitas. Aunque habitualmente hay restricciones que impiden la visita de los más jóvenes, los incidentes están garantizados y cualquier suceso en el momento más inoportuno puede desencadenar una guerra.

18/04/2022 21:35

Por Eugenio García Gascón

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Estados Unidos insiste en sus programas de guerra en el espacio

Un informe de Covert Action Magazine, suscrito por su editor jefe, Jeremy Kuzmarov, señala que la nueva guerra fría sigue siendo el telón de fondo de la mala distribución de los recursos públicos en armamento sacado de las películas de ciencia ficción

Mientras las tasas de indigencia se disparan y la educación pública se tambalea, la administración Biden propuso un presupuesto récord de 27.600 millones de dólares para la militarización del espacio exterior en 2023, un aumento del 25% respecto al presupuesto de 2022.

Adoptado en violación del Tratado del Espacio Exterior de 1967 que reserva el espacio “para fines pacíficos”, el programa espacial de Biden está diseñado para mantener ventajas estratégicas sobre Rusia y China, que presuntamente desarrollan lo que las agencias de inteligencia estadounidenses consideran “armas antisatélite destructivas”, incluyendo misiles balísticos, que podrían ser “utilizados contra Estados Unidos”.

El miércoles 6 de abril, el Comité de Servicios Armados de la Cámara de Representantes celebró audiencias en las que se dieron a conocer las actividades espaciales de seguridad nacional del Departamento de Defensa, incluidas las de la Fuerza Espacial de Estados Unidos (USSF), la Oficina Nacional de Reconocimiento (NRO) y la Agencia Nacional de Inteligencia Geoespacial (NGA).

La carrera estadunidense responde a los temores del Congreso de que China y Rusia desarrollen ingenios que superen las capacidades de respuestas del Pentágono.

El plan contempla  4.700 millones de dólares que se destinaran al desarrollo de una nueva arquitectura de alerta y seguimiento de misiles, 1.800 millones de dólares al desarrollo de satélites GPS y a la integración de equipos militares de usuarios de GPS; 1.600 millones de dólares al desarrollo de capacidades de comunicación por satélite de resistencia a las interferencias; y 1.600 millones de dólares a lanzamientos espaciales de seguridad nacional.

Uno de los principales ganadores del nuevo presupuesto de Biden -y, por ende, de la nueva Guerra Fría- es el contratista de defensa L3 Harris, con sede en Florida. Este al igual que otros contratistas del complejo militar son las grandes beneficiarios de las apuestas por la guerra, tal como sucede hoy con Ucrania donde las empresas militares hacen su “zafra” financiera.

El pasado mes de octubre, L3 Harris obtuvo un contrato de 120,7 millones de dólares para fabricar inhibidores de comunicaciones terrestres utilizados para bloquear las transmisiones por satélite de los adversarios, el “primer sistema de armas ofensivas de la Fuerza Espacial de los Estados Unidos”, señaló Covert Action Magazine.

L3 Harris es también el principal contratista del Pentágono en el sistema de seguimiento de misiles basado en el espacio que está siendo generosamente financiado por la administración Biden.

Según opensecrets.com, L3 Harris figura como el principal contribuyente del legislador  Jim Cooper durante el ciclo electoral de 2020: Le proporcionó 15 500 dólares que ayudaron a Cooper a ganar su 16º mandato. No es de extrañar, pues, que Cooper estuviera tan satisfecho con el nuevo presupuesto de Biden, indicó Kuzmarov.

Tanto los líderes de los gobiernos chino y ruso han manifestado públicamente su deseo de que se establezca un tratado vinculante que prohíba el despliegue de “cualquier tipo de armas” en el espacio, algo que Estados Unidos ha rechazado.

Los beneficios para la industria militar son demasiado elevados, y los estadounidenses consideran desde hace tiempo que las superarmas son la clave para derrotar a los imperios del mal y asegurar un mundo de paz y prosperidad dominado por Estados Unidos, citó la publicación.

Al respecto de estas políticas, Tonya P. Wilkerson, subdirectora de la Agencia Nacional de Inteligencia Geoespacial, declaró en una  audiencia de la Cámara de Representantes el pasado miércoles que los satélites estadounidenses basados en el espacio han demostrado ser valiosos en la guerra de Ucrania al proporcionar al público imágenes de la devastación causada por la invasión rusa.

En la actualidad, aseveró  la publicación, Estados Unidos está desarrollando algunos sistemas de armas realmente fantásticos que se cree que ayudarán a ganar futuras guerras.

Uno de ellos, la “Varilla de Dios”, es una varilla de proyectil de tungsteno de 230 millones de dólares que mide seis metros de largo y 30 centímetros de diámetro y que puede lanzarse directamente desde la órbita en el espacio exterior y lograr la fuerza de impacto de un ataque nuclear pero sin la lluvia radioactiva.

18 abril 2022

(Tomado de Al Mayadeen

El poder ruso está decidido a mantener un gran conflicto con Occidente

Seis semanas después de que Rusia entrara en guerra contra Ucrania, empieza a aclararse el significado de este conflicto de una magnitud sin precedentes en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. Más allá del destino de Ucrania, se trata de que el gobierno ruso derrote al "Imperio de la mentira", es decir, a Occidente, como dijo Vladímir Putin el 24 de febrero, para construir un orden mundial radicalmente nuevo. 

Los que en la mañana del 24 de febrero, cuando los primeros misiles cayeron en Ucrania, y luego en los días siguientes, negaron a Vladímir Putin toda "racionalidad", se equivocaron. Calificado a su vez de "enfermo", "aislado", "paranoico", "mal informado", el presidente ruso acababa de tomar la "incomprensible" decisión de una guerra calificada de "disparate" y de "error estratégico".

Un error tan grande, añaden otros expertos, que Putin tendría pocas posibilidades de sobrevivir políticamente. De las tres fuerzas que organizan el poder ruso –los servicios de seguridad, los oligarcas y el ejército–, algunas no podrían seguir apoyando una presidencia que convertiría a su país en el paria del mundo...

Seis semanas después, Vladímir Putin ha reforzado su posición como líder todopoderoso de una Rusia transformada en un campo militar. No se ha alzado ni una sola voz discordante entre las élites políticas, económicas y de seguridad. No cabe duda de que existen desacuerdos, algunos de los cuales se expresaron a medias en los primeros tiempos. Ahora están obstinadamente callados. La guerra no da lugar a un debate, sino a un enfrentamiento bélico y nacionalista con tintes fascistas.

Al mismo tiempo, toda la sociedad ha sido sometida a un yugo: prohibición de los últimos medios de comunicación independientes y de las redes sociales, control de Internet, detenciones de los miles de opositores a la guerraleyes liberticidas, organización de campañas de denuncias anónimas. La propaganda desenfrenada completa esta construcción de un estado totalitario.

Incluso el vocabulario ha cambiado, al igual que los discursos de Putin, especialmente el del 16 de marzo, que no tiene nada que envidiar a la retórica de los peores momentos del estalinismo. "El pueblo ruso es capaz de distinguir a los verdaderos patriotas de la escoria y los traidores, y de escupir a estos últimos como un mosquito que se ha posado accidentalmente en su boca. Estoy convencido de que esta depuración natural y necesaria de la sociedad no hará sino fortalecer nuestro país", dijo aquel día.

Los numerosos fracasos del ejército ruso sobre el terreno no han servido de nada. Los bombardeos de poblaciones civiles, la destrucción de ciudades, las revelaciones de posibles crímenes de guerra a gran escala no han debilitado más el poder. Por el contrario, estos acontecimientos han unido aún más a las élites rusas. Y la población, según los sondeos de opinión más o menos creíbles (los del centro Levada), apoya masivamente al régimen.

Por lo tanto, se dan todos los parámetros para que esta guerra de invasión de un país independiente dure meses, o incluso se convierta en una guerra total que supere el marco ucraniano. Desde el 24 de febrero, numerosos textos y discursos de dirigentes rusos o de personas cercanas al gobierno han descrito lo que realmente está en juego en este conflicto. Estos son tres de ellos.

La construcción de un "orden mundial futuro".

La primera cuestión la expone claramente una figura clave de la política exterior rusa desde hace casi treinta años, Sergei Karaganov, ahora cercano a Sergei Lavrov, ministro de Asuntos Exteriores. Tras haber presidido numerosos centros de investigación, haber asesorado a Boris Yeltsin, pero sobre todo a Vladimir Putin, y haber dejado su nombre a varias doctrinas, Karaganov lleva mucho tiempo teorizando sobre el declive ineluctable de Occidente, la necesidad de crear la "Gran Eurasia" y de acercarse a China.

Entrevistado en profundidad el 28 de marzo por la revista británica The New Statesman, Sergei Karaganov pone el listón muy alto. "Para la élite rusa, lo que está en juego en esta guerra es muy alto, es una guerra existencial", afirma. "Esta guerra es una especie de guerra por delegación entre Occidente y el resto del mundo –Rusia es el "resto" por excelencia– por un futuro orden mundial. Rusia no puede permitirse el lujo de 'perder', así que necesitamos algún tipo de victoria. Y si hay una sensación de que estamos perdiendo la guerra, entonces creo que hay una posibilidad real de escalada".

Sergei Karaganov insiste en que "la derrota es impensable", y si surge esta perspectiva, Rusia tomará "la opción de la escalada" ya que se trata de "una guerra existencial". La fórmula es muy precisa, ya que la doctrina rusa autoriza el uso de armas nucleares en caso de "amenaza existencial". Preguntado por este recurso, el asesor responde: "Yo no lo excluiría. Vivimos una situación estratégica absolutamente nueva".

Estos son los nuevos objetivos declarados por el ejército ruso. El objetivo es tomar el mayor número posible de territorios, ciudades y puertos en el este y el sur de Ucrania. Las negociaciones de paz pueden entonces avanzar sobre la base de un equilibrio de poder militar que imponga esta partición del país.

Acabar de una vez por todas con Ucrania

Cuando Dmitri Medvédev asumió la presidencia de Rusia en 2008, antes de devolverla a Vladímir Putin cuatro años después, los diplomáticos occidentales se mostraron entusiasmados. Por fin un hombre moderno, abierto, dispuesto a negociar sólidamente con Europa y Estados Unidos... Diez años después, Medvédev es uno de los halcones más reivindicativos del régimen.

Vicepresidente del Consejo de Seguridad Nacional, publicó el 5 de abril un texto incendiario en la primera red social rusa VKontakte, en el que repetía varios elementos del artículo de Vladimir Putin de julio de 2021 en el que explicaba que la nación ucraniana no existe y que, por tanto, no puede haber un Estado independiente.

Sergei Karaganov dice que no sabe "si Ucrania vaya a sobrevivir, porque tiene una historia de Estado muy limitada o inexistente y no tiene una élite capaz de construir ese Estado". Dmitri Medvedev es categórico: Ucrania no existe.

"En lugar de estar orgullosos de los logros comunes de sus antepasados, desde 1991 se ha escrito una pseudohistoria del Estado ucraniano 'sobre la rodilla' y se ha destruido la idea de un único pueblo ruso [...] El ucranismo profundo, alimentado por el veneno antirruso y una mentira total sobre una pseudoidentidad, es una enorme falsedad. Este fenómeno no ha existido nunca en la historia. Hoy tampoco existe", escribe Dmitri Medvédev.

Ayudados por Occidente para destruir mejor a Rusia, los batallones nazis habrían tomado el país. "Durante treinta años, los fanáticos ucranianos han estado rezando por el Tercer Reich [...], así que no debería sorprendernos que, transformada mentalmente en el Tercer Reich, Ucrania sufra su destino", añade.

Medvédev recuerda dos objetivos de guerra fijados por Vladímir Putin: la "desmilitarización y desnazificación de Ucrania". "El objetivo es la paz para las futuras generaciones de ucranianos y la posibilidad de construir por fin una Eurasia abierta, desde Lisboa hasta Vladivostok", concluye el ex presidente, citando de nuevo esta Eurasia, obsesión de la clase política rusa desde hace veinte años.

Sólo dos días después del inicio de la guerra, la agencia oficial RIA Novostipublicó un artículo (fue retirado unas horas más tarde, pero puede leerse aquí y en francés en el sitio web Desk Russie) que ya reconocía la victoria de Moscú y sus consecuencias. Titulado "El advenimiento de Rusia y un nuevo mundo", su autor es Piotr Akopov, nacionalista y ferviente partidario de Putin.

"Rusia ha recuperado su unidad: la tragedia de 1991, esa terrible catástrofe de nuestra historia, esa dislocación antinatural, ha sido superada", escribe Akopov, celebrando el acto histórico de Putin. Es el regreso del mundo ruso, "es decir, tres Estados, Rusia, Bielorrusia y Ucrania, que ahora están unidos geopolíticamente", afirma entusiasmado, lo que permitirá redefinir las relaciones con Occidente.

"La construcción de un nuevo orden mundial se acelera, y sus contornos son cada vez más claros a través de los jirones de la globalización anglosajona. El mundo multipolar se ha convertido por fin y para siempre en una realidad", añade Piotr Akopov.

La construcción de un nuevo Estado totalitario

"Quien no se arrepienta de la URSS no tiene corazón; quien quiera restaurarla no tiene cabeza", declaró Vladímir Putin en 2005. Diecisiete años después, no es tanto la URSS como el poder imperial ruso lo que Putin quiere recuperar. Convencido de que el "Imperio de la mentira" ha hecho de Ucrania su marioneta para atacar a Rusia, el presidente ruso nunca ha abandonado la cultura del KGB, de la que fue uno de los reclutas en Alemania del Este.

En una nota del Ifri (Instituto Francés de Relaciones Internacionales), el investigador Dimitri Minic detalla la comprensión de las amenazas estratégicas por parte de las élites rusas y los distintos servicios de seguridad:

"La iniciativa rusa forma parte de una percepción radicalmente hostil del entorno estratégico: Moscú se enfrentaría a una guerra indirecta y no declarada en todos los frentes, salvo en una lucha armada interestatal que sus enemigos -Occidente- no se atreverían a lanzar todavía contra Rusia", escribe. "La percepción que tienen las élites político-militares rusas está alimentada por dos creencias centrales: que el mundo exterior es profundamente hostil a Rusia y que Estados Unidos es omnisciente y omnipotente".

De ahí esta guerra contra Ucrania para liquidar de una vez por todas lo que se describe como una "amenaza existencial". Pero esta liquidación implica, contra los individuos y los pueblos, la construcción de un nuevo estado totalitario. Esto está casi hecho en Rusia, donde el control de las mentes mediante la propaganda, y de los cuerpos mediante el encarcelamiento o el asesinato, está a punto de completarse.

Habrá que hacerlo en Ucrania, al terminar una guerra de la que se dice que Rusia sólo puede salir victoriosa, salvo que se produzca un cataclismo europeo o mundial, como explica Sergei Karaganov. Los intelectuales ultranacionalistas y fascistas que rodean al Kremlin se apoderaron inmediatamente de esta cuestión: una vez ganada la guerra, ¿cómo se puede someter al pueblo ucraniano, o mejor dicho, "desnazificarlo"?

Así, la agencia oficial RIA Novosti publicó el 3 de abril un increíble artículo del ensayista y politólogo Timofei Sergueïtsev (que puede leerse aquí en francés). Un texto así, por su violencia y su carácter explícitamente fascista, no podía publicarse sin la luz verde política del gobierno. Esto da una idea de la "atmósfera" ideológica que reina hoy entre las élites rusas.

Timofei Sergeyev cree que "el nazismo ucraniano representa una mayor amenaza para la paz y para Rusia que el nazismo en su versión hitleriana". Además, "Occidente es en sí mismo colectivamente el creador, la fuente y el patrocinador del nazismo ucraniano".

Se trata, por tanto, de un vasto plan que deberá llevarse a cabo "al menos durante una generación", ya que resulta que "la población es masivamente nazi", anuncia. Un plan hecho de liquidación de las élites y de todos los combatientes, de "reeducación" de la población, de represión sistemática. Un 1984, de George Orwell, a partir de 2022...

En la página web Desk Russia, la historiadora Françoise Thom señala otro texto, esta vez del politólogo ruso Vladimir Mojegov. Nos permite comprender mejor cómo esta guerra contra Ucrania desatada por Moscú tiene implicaciones más amplias para la seguridad internacional. "Nuestro objetivo en Ucrania no es trasladar el foco antirruso mil kilómetros hacia el oeste, sino crear en nuestras fronteras occidentales un puente y un trampolín hacia una nueva Europa, no hacia la actual Europa del caos y la decadencia, sino hacia la Europa de la tradición", escribe.

También aquí encontramos el rastro de los discursos de Vladímir Putin, denunciando un Occidente decadente, presa de "la teoría del género", mientras que Rusia, con su religión ortodoxa, su eterno conservadurismo y su autoritarismo de principios, salvaría al mundo cristiano. Desde hace mes y medio, la guerra del presidente ruso se desarrolla en este universo ideológico, navegando entre el ultranacionalismo bélico y el fascismo.

Hace unos años, pocos especialistas, diplomáticos y observadores se tomaban en serio esta fanática vestimenta ideológica. Prefirieron ver a Vladímir Putin como un hombre maniobrable y pragmático que entendía el equilibrio de poder. La guerra en Ucrania no sólo invalida definitivamente esta visión, sino que nos dice que puede ocurrir lo peor y que el régimen ruso está preparado para una explosión que haría arder toda Europa.

16/04/2022

Versión española : infoLibre, socio editorial de Mediapart en España.

François Bonnet

Periodista, ha trabajado en Liberation, Monde y Marianne. Cofundador de Mediapart.

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  La policía israelí se enfrenta a los palestinos dentro del complejo de la mezquita de Al-Aqsa después de que la policía israelí ingresara al complejo antes del amanecer mientras miles de musulmanes se reunían para rezar durante el mes sagrado del Ramadán, Jerusalén, 15 de abril de 2022. — JAMAL AWAD / EFE/EPA

La tensión comenzó el 22 de mazo cuando cuatro civiles israelíes murieron en un ataque con cuchillo y continúa este 15 de abril con más de 150 palestinos heridos durante enfrentamientos con la Policía israelí en Jerusalén.

Desde el 22 de marzo, 39 personas han fallecido en Israel y Cisjordania ocupada en incidentes violentos entre las autoridades israelíes y ciudadanos palestinos, que comenzaron con una ola de ataques y siguieron con una serie de redadas y enfrentamientos, antes de desembocar este viernes en graves incidentes en la Explanada de las Mezquitas de Jerusalén.

El 22 de marzo, cuatro civiles israelíes murieron en un ataque con cuchillo y atropello en la ciudad de Beer Sheva, en el sur del país. El atacante era un israelí de origen beduino y fue abatido por un civil. El ataque fue luego reivindicado por el Estado Islámico.

El 27 de marzo, dos policías israelíes murieron en un ataque con armas de fuego en la ciudad de Hadera, en el norte del país. Los atacantes eran palestinos con ciudadanía israelí y fueron abatidos por las fuerzas de seguridad. El ataque fue luego reivindicado por el Estado Islámico y coincidió con el comienzo de una cumbre en el sur del país, que contó con la presencia de los jefes de la diplomacia de Emiratos Árabes Unidos, Marruecos, Baréin, Egipto y Estados Unidos.

El 29 de marzo, cinco personas murieron en un ataque con arma de fuego en la ciudad ultraortodoxa de Bnei Brak, en el centro de Israel. Las víctimas fueron dos trabajadores extranjeros ucranianos, dos civiles israelíes y un policía. El atacante, un palestino proveniente de una aldea del norte de Cisjordania, fue abatido por la Policía. El ataque recibió una inusual condena por parte del presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Mahmud Abás.

El 30 de marzo, tras vivir una de las semanas más violentas desde la Segunda Intifada, las fuerzas de seguridad israelíes intensificaron sus operaciones tanto dentro de su territorio contra personas vinculadas al Estado Islámico como en Cisjordania ocupada. Se desplegaron más de mil tropas adicionales y el primer ministro, Naftali Benet, instó a la población a portar armas.

El 31 de marzo, dos palestinos murieron durante enfrentamientos armados con las tropas israelíes durante una redada del Ejército en el campo de refugiados de Jenín, en Cisjordania ocupada. Cerca de Belén, un palestino apuñaló e hirió gravemente a un israelí -que finalmente sobrevivió- antes de ser abatido.

El 1 de abril, un palestino murió por disparos de las fuerzas de seguridad israelíes durante enfrentamientos en la ciudad de Hebrón, en Cisjordania ocupada. Según el Ejército, las tropas le dispararon tras lanzarles un cóctel molotov durante una protesta.

El 2 de abril, tres milicianos palestinos pertenecientes al grupo Yihad Islámica murieron durante una operación de arresto por parte de las fuerzas de seguridad de Israel cerca de la ciudad de Jenín, en Cisjordania ocupada. Durante el incidente, cuatro policías israelíes resultaron heridos, uno de ellos grave.

El 3 de abril, al menos 10 palestinos fueron arrestados y 20 resultaron heridos durante choques con la Policía israelí en la Puerta de Damasco de la Ciudad Vieja de Jerusalén, en lo que representó la segunda noche consecutiva de incidentes en el sitio en el marco de las celebraciones del mes sagrado musulmán de Ramadán.

El 7 de abril, un ataque con arma de fuego en el centro de la ciudad de Tel Aviv se saldó con la muerte de tres civiles israelíes. El atacante se dio a la fuga, generando el pánico de los residentes de la ciudad durante horas. La policía lo encontró y abatió junto a una mezquita cerca del lugar del ataque. El atacante era un palestino de la ciudad cisjordana de Jenín.

El 9 de abril, un palestino murió por disparos del Ejército israelí en el campo de refugiados de la ciudad de Jenín, en Cisjordania ocupada, durante enfrentamientos armados en el marco de una amplia operación de las tropas siguiendo el ataque en Tel Aviv.

El 10 de abril, dos mujeres palestinas murieron por disparos del Ejército israelí en Cisjordania ocupada en dos incidentes distintos. En el primero, las tropas abrieron fuego contra una mujer que corrió hacia ellas. Más tarde se confirmó que estaba desarmada. La segunda fallecida fue abatida por la Policía antes de apuñalar y herir a un oficial en la ciudad de Hebrón.

El 11 de abril: Dos palestinos murieron por disparos del Ejército israelí en dos incidentes en Cisjordania ocupada. El primero de ellos fue abatido tras presuntamente lanzar cócteles molotov contra vehículos civiles cerca de Belén. El segundo murió por las heridas sufridas el día anterior durante una operación militar israelí en la ciudad de Jenín.

El 12 de abril, un palestino de la ciudad de Hebrón murió por los disparos de un policía israelí al que intentó apuñalar durante una operación de arresto en la ciudad de Ashkelón, en el sur de Israel.

El 13 de abril, tres palestinos murieron por disparos de las fuerzas de seguridad israelíes en distintos incidentes en Cisjordania. El primero fue un abogado en la ciudad de Nablus, durante una redada militar. El segundo fue un menor de 14 años, en el marco de enfrentamientos cerca de Belén, durante los cuales habría lanzado un cóctel molotov hacia las tropas. El tercero fue un joven en la aldea de Silwad, al norte de Ramala, también durante enfrentamientos con las tropas israelíes.

El 14 de abril, tres palestinos murieron por disparos israelíes durante una operaciones del Ejército en el norte de Cisjordania ocupada. Uno de ellos había sido herido el día anterior en la aldea de Beita y los otros dos fueron abatidos en enfrentamientos cerca de Jenín.

El 15 de abril, más de 150 palestinos resultaron heridos durante enfrentamientos con la Policía israelí en la Explanada de las Mezquitas, además de tres policías. Un menor palestino de 17 años murió producto de las heridas ocasionadas por disparos de las tropas israelíes durante enfrentamientos en Jenín.

jerusalén

16/04/2022 13:29

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Sábado, 16 Abril 2022 06:47

Putin e ideología (cinco tesis)

Putin e ideología (cinco tesis)

1. La manera en la que muchos, incluso los propios putinólogos (bit.ly/3vgBIGP, bit.ly/37my3iG), han sido −y hemos sido− sorprendidos por la decisión de Putin de invadir a Ucrania emula un patrón más amplio de "inhabilidad" con la cual solemos acercarnos a Rusia. No fue el prolongado bluff, el "ruido de los sables", el "juego estratégico" ni la "tensión sin fin en la frontera" −algo que permitía a Putin "hacer su punto acerca del expansionismo de la OTAN" o “presumir su ‘mano fuerte’ siempre que... no invadía” (bit.ly/3vnM9IK)− que prevaleció. Todo esto a pesar de las insistencias desde Washington, vistas en su momento como "incendiarias", según las cuales "la invasión estaba por ocurrir cualquier día" ("una cosa que atinaron y una sobre la que no nos mintieron", bromeó después uno de los observadores). Algo parecido −como apuntaba hace tiempo Zygmunt Bauman− ocurrió en su momento con todos, casi, sovietólogos que a pesar de ir describiendo y estudiando por décadas el declive de la URSS, han sido sorprendidos por su repentina implosión y desintegración en 1991.

2. Es precisamente este tropiezo en predecir lo que venía que animó a muchos a buscar la "verdadera ideología", las "profundas raíces mesiánicas" o la "mística cosmología" detrás de la decisión de Putin. Si era algo que no se veía venir, igualmente sus motivos tenían que ser "misteriosos" y "ocultos". Ahora Ivan Ilyin, un olvidado pensador ruso filofascista "blanco" reivindicado varias veces por Putin (bit.ly/3KG8uaB) o Aleksandr Dugin, un reaccionario y ultranacionalista "gurú geopolítico" (bit.ly/3vjz8zE) eran las −supuestas− fuentes ideológicas de la invasión, a pesar de que ésta se explicaba bastante bien por el nacionalismo conservador, imperialismo y el chovinismo gran-ruso pregonados de manera abierta por toda la élite de poder en Rusia.

Además si es cierto que “el solo lenguaje de Putin −más allá de sus ‘trasfondos ideológicos’− nos decía todo lo que necesitábamos saber” (bit.ly/3rqlzNE), el núcleo de su fijación en Ucrania estaba igualmente −más que en algún "misticismo"− en su antileninismo reaccionario: previo a la invasión Putin culpó a Lenin por "inventar a Ucrania" e introducir la cláusula de la secesión que hizo estallar a la URSS ("el más grande desastre geopolítico del siglo XX" según él).

3. Mientras la agenda de Putin es mejor expresada en sus propias palabras y decisiones −la guerra con Georgia en 2008, cuando este país se movió hacia la órbita de la OTAN, viene a la mente−, sus motivaciones con raíces en su anticomunismo y la nostalgia por el imperialismo zarista prerrevolucionario son mucho más internalizadas en toda la cultura rusa, diseminadas por todo el espectro político y no limitadas sólo a sus "creencias propias". Esto se refiere tanto a una suerte del "negacionismo" y menosprecio respecto a Ucrania −que "no existe" y "es parte inherente/histórica de Rusia"−, típicos para todo el pensamiento postsoviético dominante, como a la centralidad del pensamiento contrarrevolucionario –"de Pushkin y Chaadáyev hasta Pasternak, Sájarov, Solzhenitsyn y Zinóviev"− que, viendo, de manera contradictoria, tanto a 1917 como a 1991 como traumas y momentos de humillación nacional "salta" siempre cuando alguno de los países de su "extranjero cercano" intenta salirse de su órbita (bit.ly/3xHqa2f).

4. Un afán de centrarse en la ideología de Putin detrás de la invasión tiende a oscurecer las cosas más que esclarecerlas. A "personalizar" e "individualizar" el análisis, lo mismo que aplica a las explicaciones que apuntan a sus "obsesiones": con la OTAN −cuando esta "aversión" es un conocido continuo en la política rusa (bit.ly/3Eeq1Ey)− o con el "ejemplo democrático de Ucrania" (bit.ly/3M3Mozk), siendo éste un argumento "egótico" y (auto)complaciente. El pensamiento de Putin ha sido formado a lo largo de muchos años más que nada por su resentimiento a Occidente, no por ninguna influencia ideológica particular (para justificar la invasión a Ucrania Putin habló tanto de la "traición por los bolcheviques", como de la "traición por Occidente"). No hay un solo gurú ni una sola ideología. Todo ha sido mediado por diferentes ideas y tópicos políticos comunes (bit.ly/3uF0C3G), siendo una mezcla tanto de un cálculo racional −atinado o no−, como de las delusiones de la grandeza imperial (bit.ly/3jCSgmY).

5. Frente a las insistencias en una "repentina ideologización de Putin" y su "fanatismo ideológico" detrás de la invasión en contraste con su "pragmatismo" de hace unos años (bit.ly/3O93Bcl), hay que recordar que en toda política postsoviética los líderes con creencias ideológicas eran y siguen siendo algo atípico: "todos eran más bien unos cínicos que construían regímenes cleptocráticos desprovistos de cualquier ideología y si incluso fuera la verdad que Putin se volvió un fanático, se necesitarían más explicaciones sobre cómo esto se llevó a cabo" (bit.ly/3Jzrzdi). A lo que tal vez apunta la invasión a Ucrania, no es a un particular giro ideológico, sino una "mutación política", donde el cesarismo postsoviético putiniano que se mostró incapaz de contener la ola de las "revoluciones"-insurrecciones en las ex repúblicas está siendo remplazado por un régimen político conservador-imperialista −represivo, reaccionario y centrado aún más en uso de fuerza interna y externamente− "más eficiente" en dominar las clases y naciones subalternas (bit.ly/3xsFY8U).

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Sábado, 16 Abril 2022 06:01

Neutralidad

Neutralidad

Los países de la antigua Unión Soviética, sin incluir a los tres bálticos que desde su ingreso a la OTAN dejaron de formar parte del espacio postsoviético, rechazan los argumentos del Kremlin para invadir Ucrania, salvo Bielorrusia, cuyo gobernante se mantiene en el poder gracias al respaldo económico y militar de Rusia.

Algunos condenan lo que califican de agresión, pero ninguno votó en favor de la resolución de la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas (ONU) que exige a Rusia retirar de inmediato y sin condiciones sus tropas del territorio ucranio: la mayoría, menos Bielorrusia que votó en contra, optaron por la abstención o de plano no participaron en la votación, como Azerbaiyán y Uzbekistán.

Ninguno se ha sumado a las sanciones contra Moscú y todos prefieren mantener intactos sus nexos económicos y comerciales con la antigua metrópoli. Incluso lo hacen los países que más critican al Kremlin, Georgia y Moldavia, y tienen motivos para estar preocupados, el primero por su intención de ingresar a la OTAN desde que perdió Abjazia y Osetia del Sur, y el segundo por su identificación con Rumania, vecino y miembro de la alianza noratlántica.

Kazajistán, cuyo presidente recibió el pasado enero el apoyo de Moscú en la revuelta que enfrentó a los clanes que gobiernan ese país centroasiático, no se alineó con el Kremlin y se pronunció por respetar la integridad territorial de Ucrania, consciente de que un sector de la élite rusa considera que parte de su territorio debería pertenecer a Rusia.

Kirguistán, Turkmenistán y Uzbekistán promueven que las controversias deben resolverse mediante el diálogo, sin el uso de la fuerza, Tayikistán evita comentar la guerra entre Moscú y Kiev, Azerbaiyán envía ayuda humanitaria a Ucrania y Armenia sólo aclara que no está en sus planes reconocer la independencia de Donietsk y Lugansk.

En síntesis, la decisión de desatar la guerra en Ucrania alejó de la órbita de Moscú a sus vecinos de la ex Unión Soviética y, a partir del 24 de febrero pasado, la casi unánime neutralidad de éstos anticipa que el Kremlin ya no puede esperar un apoyo incondicional, como el de Bielorrusia, lo cual pone en entredicho la aspiración de Rusia de ostentar en el espacio postsoviético el liderazgo que debería tener por extensión, población, economía y arsenal nuclear

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Acto durante las celebraciones por el Tratado de Prohibición de las Armas Nucleares el 22 de enero de 2021. Carmen Ibarlucea

El vicepresidente del Consejo de Seguridad ruso ha amenazado con desplegar armamento nuclear en el Báltico tras el anuncio conjunto de las primeras ministras finesa y sueca sobre la posible incorporación de sus países a la Alianza Atlántica.

 

Rusia ha contestado a la posibilidad de un ingreso de Finlandia y Suecia en la OTAN con la amenaza de una escalada armamentística nuclear en el mar Báltico. Un día después de la rueda de prensa conjunta de las primeras ministras finesa y sueca, en la que, con distintos matices, ambas planteaban la posibilidad de unir sus países a la OTAN, el vicepresidente del Consejo de Seguridad ruso, Dmitry Medvedev, respondía el jueves que en dicho caso “No se puede hablar más de estatus libre de armas nucleares en el Báltico; el equilibrio deberá ser restablecido”.

En concreto, Medvedev declaró que “Habrá que reforzar a la agrupación de fuerzas de tierra, la defensa antiaérea, desplegar importantes fuerzas navales en las aguas del golfo de Finlandia”. Además del golfo de Finlandia, desde 2016 Rusia viene advirtiendo de la posibilidad de instalar cabezas nucleares en los misiles instalados en la ciudad báltica de Kaliningrado, cercana a la frontera con Polonia. La entrada de Finlandia y Suecia en la OTAN significaría duplicar la longitud de la frontera terrestre de la Alianza Atlántica con Rusia.

La declaración conjunta de las dos primeras ministras finesa y sueca, ambas del Partido Socialdemócrata, abre la puerta, con distintos matices, a la incorporación de sus países a la OTAN tras décadas de neutralidad. La primera ministra finesa, Sanna Marín, fue más explícita y se refirió a que esta incorporación podría decidirse “en semanas” tras un debate parlamentario. Más precavida la premier sueca Magdalena Andersson, que pidió cautela. ”Es una situación muy grave que tenemos que tratar con mucha seriedad”. En ambos países las encuestas realizadas tras la invasión de Ucrania por parte de Rusia muestran que una mayoría de la población apoyaría dicha postura.

En el caso de Finlandia, el ministro de Defensa, Atti Kaikkonen, ya ha anunciado un aumento del presupuesto de Defensa en 2.200 millones de euros en cuatro años. Este año el presupuesto ya aumentaría en 700 millones de euros más. Por otro lado, la prensa sueca ha puesto fecha al anuncio de incorporación de ambos países: lo sitúa en el mes de junio, coincidiendo con la cumbre de la OTAN que se celebrará en Madrid.

15 abr 2022 10:45

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La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, durante una visita a la ciudad de Bucha, a 8 de abril de 2022. — Valentyn Ogirenko / REUTERS

La crisis del coronavirus y la invasión rusa monopolizan la primera mitad de la actual legislatura europea. La UE que dejará Von der Leyen en 2024 no seŕá la misma, pero sí lo es la gran asignatura pendiente: crear una política de asilo común.

 

"Una Unión que lucha por más". Así resumió Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, su agenda para la legislatura de 2019-2024. Cinco pilares sostenían sus prioridades políticas: la transición ecológica; el pilar social; la transformación digital; los valores europeos; una Europa más fuerte en el mundo; y la democracia europea.

Pero la pandemia global y el regreso de la guerra en Europa han revertido las ambiciones y el programa de la que está llamada a ser una Comisión geopolítica. La alemana recogió el testigo de su predecesor, Jean-Claude Juncker, con un proyecto europeo asentado en la policrisis. En la última década, la UE ha lidiado con la crisis financiera global, la casi salida de Grecia del euro, la primera marcha de uno de sus Estados miembros, el Reino Unido; la crisis de refugiados de 2015; y la amenaza interna de Polonia y Hungría al Estado de Derecho.

La gran ambición en la Bruselas de 2019 era impulsar la transición verde y convertir a Europa en el primer continente neutralmente climático a mitad de siglo. El gran reto es ahora canalizar la independencia energética de Rusia a través de la apuesta por las energías renovables.

Pocos meses después de aterrizar en el piso 13 del Berlaymont, Von der Leyen se topó con la peor pandemia del último siglo. La crisis sanitaria ha monopolizado la agenda y las energías de la capital comunitaria durante más de dos años y ha dejado hitos impensables antes de su irrupción: la compra conjunta de vacunas, la emisión de deuda común, la flexibilización de las reglas fiscales y el plan de recuperación Next Generation EU.

Cuando el coronavirus comenzaba a pasar a las páginas de la historia y la vida volvía a trasladarse de las pantallas a las calles, llegó la guerra a Ucrania. Un temor que venía calentándose durante meses, pero que los europeos pensaban que no llegaría a materializarse. Tal ha sido el shock y la vorágine de sanciones, reuniones y medidas, que el paso de la pandemia a la gripalización del virus apenas ha encontrado espacio en los discursos de políticos europeos o medios de comunicación.

La guerra se ha comido a la pandemia en términos informativos y de agenda europea. Y también está provocando un cambio tectónico en la seguridad europea y en la esencia del proyecto comunitario. La UE que dejará Von der Leyen dentro de dos años no será la misma que la que tomó en 2019. La Unión es ya un proyecto más militarizado. Por primera vez en su historia financia -con 1.500 millones de euros- el envío de armas a un país en guerra. Son muchos los que hablan de un despertar de la seguridad y la defensa europea, tradicionalmente caracterizada por su potencial diplomático y no belicista, lo que le llevó a ganar el Premio Nobel de la Paz en 2012.

"Para la generación de mis padres, Europa era una aspiración de paz en un continente dividido durante demasiado tiempo. Para mi generación es una aspiración de paz, prosperidad y unidad", asegura la líder del Ejecutivo comunitario en su carta de presentación. Tras más de un mes y medio de guerra es ya una aspiración con un gasto de defensa más elevado, más tropas en los países del Este y más discurso belicista. "Esta guerra se ganará en el campo de batalla", aseguraba recientemente Josep Borrell, Alto Representante de Asuntos Exteriores, marcando la prioridad para la nueva ofensiva que se anticipa en el Donbás: más armas a Ucrania y más pesadas.

Los olvidados y los eclipsados

Una de las grandes asignaturas de la Comisión anterior fue la de impulsar una política de asilo común. La UE suma siete años sin ella, resolviendo los dramas migratorios en sus fronteras y en sus mares con soluciones ad hoc y dejando a solicitantes de asilo durante años atrapados en procesos sin fin. Una de las promesas de la alemana fue acelerar las conversaciones para consumar un nuevo pacto migratorio, algo que ha quedado en el cajón de sastre cuando ha pasado el ecuador de su legislatura.

El 27 de febrero, una barcaza partió del puerto libio de Sabratah con 40 personas a bordo. Los cuerpos de 15 personas, incluido el de un bebé, fueron hallados poco después tras naufragar. Los 35 restantes nunca aparecieron. Tres días después, la Comisión Europea aprobó la Directiva Temporal de Asilo, una herramienta cocinada durante la guerra de los Balcanes y que nunca había sido puesta en marcha. El detonante fue la guerra en Ucrania. A través de esta legislación, los refugiados procedentes de Ucrania tendrían en cuestión de días todos los derechos garantizados para trabajar, vivir y desplazarse por la UE. En paralelo, los refugiados con pasaporte de Siria, Afganistán o Somalia sumaban y suman años en el limbo para obtener su protección internacional.

En términos económicos, las dos grandes crisis -sanitaria y bélica- también han eclipsado los avances en la Unión Bancaria, en la Unión Monetaria y en la reforma de la Organización Mundial del Comercio (OMC).

También pendiente se encuentra el compromiso de añadir la violencia contra las mujeres en la lista de eurodelitos. El Parlamento Europeo ya lo pidió en septiembre, en una resolución que contó con la abstención del Partido Popular español. Dentro del colegio de comisarios habría reservas de algunos de sus miembros para elevar este lastre social a los crímenes definidos en los Tratados. Y las resistencias de países como Hungría o Polonia en el seno del Consejo Europeo hacen muy difícil que vaya a consolidarse. Una de cada tres mujeres europeas han sufrido en su vida algún tipo de violencia machista física o psicológica. La Comisión Europea sí presentó recientemente un proyecto de directiva que busca unificar el "no es no" en los Veintisiete para penalizar la violación en cualquier relación sexual no consentida.

La última pata de la agenda Von der Leyen es el "empujón a la democracia europea". Para ello se buscaba escuchar la voz de los ciudadanos a través de la Conferencia sobre el Futuro de Europa, una iniciativa que consagró muchas expectativas durante su arranque pero que se anticipa muy descafeinada en términos de resultados concretos.

El Estado de Derecho, la crisis interna más punzante para la estabilidad de la UE, es otra de las víctimas de las macro-tensiones actuales. El líder iliberal y ultraconservador Víktor Orbán acaba de revalidar su cuarto mandato en Hungría. Bruselas, tras meses aplazando la decisión, ha anunciado que aplicará el mecanismo de condicionalidad contra el país, privándole de millones de euros de fondos europeos por sus desmanes con la corrupción. Quien está saliendo más triunfante de esta crisis en Ucrania es el otro país rebelde, Polonia. La invasión rusa ha proyectado a los de Kaczynski como los alumnos privilegiados de la clase pasando de un choque frontal con Bruselas a ser uno de los grandes aventajados por acoger a millones de refugiados ucranianos y ser la voz más tenaz contra Vladimir Putin.

Bruselas

14/04/2022 21:36

Por María G. Zornoza@MariaGZornoza

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Viernes, 15 Abril 2022 07:05

Hacia una escalada bélica

El sitio de Sebastopol. Franz Roubaud

La debilidad militar rusa en la primera fase de la guerra ucraniana determina mayor presión militar en la segunda fase e incentiva el impulso occidental para una gran contienda

 

Asistimos en Ucrania a una repetición de la situación vivida en la Guerra de Invierno de la URSS contra Finlandia, de noviembre de 1939 a marzo de 1940. El fracaso de la “guerra relámpago”, que los rusos parecían contemplar como primer escenario de su invasión de Ucrania, está teniendo como claro efecto incentivar el intervencionismo militar occidental en el conflicto. 

Precedente finlandés

En lugar del esperado desmoronamiento, la confraternización y masiva deserción del ejército regular ucraniano, de la huida del Gobierno hacia Ucrania Occidental ante la proximidad de las tropas rusas en Kiev y de una escasa resistencia en el este y sur del país, Moscú se encontró con otro cuadro que le ha obligado a cambiar de plan e incrementar la presión militar. 

Como ahora en Ucrania, Moscú buscaba distancia en aquella Guerra de Invierno. Leningrado, actual San Petersburgo, quedaba entonces a unos 40 kilómetros de la frontera finlandesa. Finlandia, como Polonia, había logrado salirse del Imperio ruso con la quiebra del zarismo y la posición de la antigua capital imperial estaba geográficamente demasiado comprometida y expuesta a una invasión. La guerra buscaba ampliar la zona de seguridad, algo que los dirigentes rusos mencionan ahora referido a Ucrania y que desde hace siglos ha sido uno de los motivos básicos del expansionismo defensivo ruso en un país de enormes espacios sin barreras ni límites geográficos. 

También entonces las cosas salieron mal –o “como siempre”, según el dicho ruso popularizado por el ex primer ministro Viktor Chernomyrdin en los noventa– y lo que debía ser una “corta guerra victoriosa” ante un pequeño adversario, se cobró un enorme precio de centenares de miles de bajas rusas. El ataque estuvo pésimamente planeado, sin tener en cuenta el escenario, el clima ni problemas logísticos básicos. Los prisioneros soviéticos se quejaban de falta de material y municiones. Muchos años después, Nikita Jrushov calificó de “peligrosa” aquella derrota  de los finlandeses, precisamente porque “la evidencia de que la URSS era un gigante con los pies de barro animó a nuestros enemigos”, dijo. Quince meses después de la firma de la paz con Finlandia, Alemania invadía la URSS.  

Sangrar al oso

Ahora Estados Unidos, la OTAN y la Unión Europea, que en el inicio de la campaña aseguraron que no intervendrían, se están animando. No solo son los ojos y oídos tecnológicos del ejército ucraniano, lo que permite a este golpear con precisión, limitar la superioridad aérea del adversario y matar a sus generales, sino que incrementan el suministro de armas con la manifiesta intención de sangrar al oso en la trampa en la que él mismo se ha metido

2.500 millones de dólares desde el inicio del conflicto, solo por parte de Estados Unidos, que se suman a los envíos previos a la invasión y al intenso entrenamiento de cuadros del ejército y los servicios secretos ucranianos a cargo de la CIA que comenzó en 2015, inmediatamente después del cambio de régimen en Kiev.  

En Europa, el consenso es que “este conflicto se ganará en el campo de batalla”, en palabras de Josep Borrell tras anunciar otros 500 millones de euros del Fondo Europeo en Apoyo de la Paz (FEAP) para proveer de más armas a los ucranianos. La OTAN ha puesto 40.000 hombres más en su flanco oriental, establecerá más bases militares permanentes en Europa Oriental y suministrará misiles tierra-aire para abatir aviones rusos y misiles contra naves rusas en el Mar Negro. De Eslovaquia han llegado baterías antimisiles de fabricación rusa S-300, que los rusos dicen haber destruido ya en Dniepropetrovsk (Dnipró). Los más insensatos del club europeo, es decir, los polacos, insisten en llevar a cabo una intervención militar terrestre en Ucrania Occidental, aunque sea sin la bandera de la OTAN. Washington no enviará tropas a Ucrania (los cuadros de las SAS británicas y los Delta americanos están allí “desde el principio de la guerra”, dice el corresponsal de Le Figaro, Georges Malbrunot) pero está dispuesto a apoyar a los países de la OTAN si alguno de ellos lo decide, declara la embajadora de Estados Unidos ante la ONU, Linda Thomas-Greenfield.  

Presión informativa

En el fomento de esta escalada, el papel del complejo mediático es clave. Los crímenes de la soldadesca, que en las guerras de Occidente son considerados excepciones en los contados casos en los que son desvelados, están siendo considerados norma y debidamente amplificados, incluso en los casos en los que no hay evidencia independiente de su verosimilitud. Por desgracia, algunos de ellos han sido demostrados y nos retrotraen a escenas ya conocidas como las vividas en la localidad chechena de Shamashkí en abril de 1995. 

“Todos los rusos son ahora nuestros enemigos”, “Tanques para la ofensiva”, titula el Frankfurter Allgemeine Zeitung, principal diario alemán. “Una intervención militar de la OTAN ya no debe ser tabú”, señala Die Welt. Poco después de un mes de iniciada la invasión rusa, la negociación ha desaparecido por completo del horizonte occidental: “Nuestro objetivo es que Rusia no gane esta guerra”, dice el canciller Olaf Scholz. “Eso es lo que hay detrás de nuestros envíos de armas, de nuestra ayuda financiera y humanitaria, de las sanciones y de la recepción de refugiados”, explica.

El presidente Biden, que puede tener en sus bajos niveles de popularidad y en la inflación, que achaca “a los rusos”, un motivo político para la guerra exterior, está sometido a influencias de sentido diverso. Desde el Pentágono y la CIA se le aconseja prudencia, desde el complejo mediático y el Departamento de Estado se le invita a implicarse más. En sus declaraciones, Biden ya habla de un conflicto de años por delante “entre democracia y autocracia, libertad y represión” y se le escapa en un discurso la voluntad de cambiar el régimen en Moscú al afirmar que Putin (“criminal de guerra” y autor de “genocidio”) “no puede seguir mandando” allá. Una mayoría de americanos apoyan en las encuestas el establecimiento de una “zona de exclusión aérea” si la guerra persiste, pese a que los militares advierten que eso supone derribar aviones rusos y que los rusos derriben los propios, así como la necesidad de atacar defensas antiaéreas en territorio ruso. En su editorial del 10 de abril, The Observer aboga por la intervención militar directa en Ucrania Occidental, que los polacos desean, suministrar tanques y aviones y destacar fuerzas navales en el Mar Negro que disuadan de cualquier propósito de tomar Odesa. “Los riesgos son obvios, pero su única alternativa es una carnicería sin fin. Si Occidente es serio en su propósito de detener la guerra, esas medidas fuertes pueden ser la única vía”. 

Preparativos contra China

En Washington el dilema “o contra Rusia o contra China” que tantas divisiones creó en el establishment durante la presidencia de Donald Trump se ha resuelto definitivamente: contra ambas. “La mejor manera de actuar contra China es derrotar a Rusia”, dice un conocido analista local, expresando el nuevo consenso.

En su última reunión de ministros de exteriores, el día 8 de abril en Bruselas, la OTAN señaló claramente los preparativos de guerra contra China que se reflejarán en el anunciado “nuevo concepto estratégico” que debe aprobarse en la cumbre del próximo junio en Madrid. Por primera vez en su historia los ministros de exteriores de Corea del Sur y de Japón participaron en un cónclave de la OTAN de ese nivel en Bruselas, además de los de Australia y Nueva Zelanda. Japón se ha sumado a las sanciones contra Rusia y ha deshecho en cuestión de días todos los avances en la complicada relación bilateral con Rusia trabajosamente logrados bajo el mandato de Shinzo Abe. El Aukus (Australia, Inglaterra y Estados Unidos) ha anunciado el desarrollo de nuevos misiles hipersónicos para el escenario asiático. “Las políticas coercitivas de China a nivel global son un desafío sistémico a la seguridad de la OTAN”, ha dicho su secretario general, Jens Stoltenberg. 

Los chinos toman buena nota de todo ello. “Estados Unidos siente que la fuerza de sus aliados en el Pacífico occidental no es suficiente y quiere implicar a toda la OTAN en su diseño indopacífico”, estima el diario chino Global Times.

Los resultados de la primera fase de la invasión, tan ambiguos para Moscú y tan desastrosos para la imagen internacional de Rusia en Occidente, han incrementado la expectativa de un segundo desastre ruso en la batalla del Donbass que ahora se anuncia y en la que los rusos esperan rodear y aniquilar al mayor y más combativo cuerpo de ejército ucraniano. Habrá que ver si las armas y recursos occidentales, así como el empeño ucraniano, logran torcer de nuevo el propósito.

En Moscú el revés de la primera fase ha generado una mezcla de mal humor, contrariedad y jactancia entre los propagandistas de la guerra que salen por la televisión. El inquietante endurecimiento del discurso, contra Ucrania, contra la nación ucraniana y contra los ucranianos en general, es la consecuencia. También la emigración: 100.000 jóvenes rusos, en gran parte especialistas cualificados, abandonaron el país en marzo y se espera que las cifras de abril sean similares.

Podemos preguntarnos hasta dónde llegará esta locura en Rusia, sin perder de vista esa demencia mucho más general que empuja inequívocamente al mundo hacia una gran guerra.

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Civiles aprovechan una tregua en los bombardeos en Mariupol,. Imagen: Télam

La tropas rusas ya ocupan gran parte de la región del Donbass, este de Ucrania 

El jefe de los separatistas prorrusos de Lugansk aseguró que sus tropas controlan la mayor parte de esta región. Moscú amenazó con atacar "centros de mando."

El avance de tropas rusas continuó este miércoles en Ucrania. Rusia anuncióla caída del puerto de la estratégica ciudad portuaria de Mariupol, sitiada desde hace semanas, tras rendición de más de mil marinos ucranianos. Mientras tanto el jefe de los separatistas prorrusos de Lugansk, en el este de Ucrania, aseguró que sus tropas controlan la mayor parte de esta región, uno de los objetivos prioritarios del Kremlin. Además el ejército ruso amenazó el con atacar centros de mando en la capital ucraniana y denunció que tropas ucranianas están atacando territorio ruso.

En el frente, los combates se concentraron ahora en la zona industrial de Mariupol, cuya conquista es considerada vital para las autoridades rusas dado que posee un puerto que da al mar de Azov, y que, de quedar en su poder, las fuerzas invasoras controlarían el territorio del sudeste, desde Crimea hasta la región del Donbass, donde se hallan las provincias separatistas de Donetsk y Lugansk.

Sabotajes y bombardeos

"Vemos intentos de sabotaje y bombardeos de las fuerzas ucranianas contra posiciones en el territorio de la Federación de Rusia", dijo el portavoz del ministerio ruso de Defensa, Igor Konashenkov. "Si estos hechos continúan, el ejército ruso atacará centros de toma de decisiones, también en Kiev, lo que el ejército ruso se ha abstenido de hacer hasta ahora", añadió. Las tropas rusas se retiraron de la región de Kiev a finales de marzo. Durante un mes, trataron de rodear la capital y la bombardearon. Moscú dispone entre otros de misiles hipersónicos, imposibles de destruir en vuelo debido a su velocidad, y dice haberlos utilizado ya en Ucrania. El pasado 1 de abril Moscú había denunciado que dos helicópteros ucranianos atacaron un depósito civil de combustible cerca de la ciudad de Bélgorod, a lo que se suman otros incidentes menores como los disparos efectuados este miércoles contra un puesto fronterizo en la región de Kursk, dijo el portavoz ruso. 

Konashenkov también anunció que la zona del puerto de Mariupol, una ciudad estratégica del sureste de Ucrania, había sido conquistada. El lunes, el jefe de los separatistas prorrusos de Donetsk, que combaten junto al ejército ruso en Mariupol, había hecho el mismo anuncio. "Los restos de las unidades ucranianas y de los nazis [del batallón] Azov presentes en la ciudad están bloqueados y privados de la posibilidad de salir del cerco", dijo Konashenkov el miércoles. También aseguró que Moscú había destruido 36 objetivos militares ucranianos durante ataques en las últimas 24 horas.

Rendición de marinos

El vocero militar ruso aseguró que más de 1.000 infantes de marina ucranianos se rindieron en la estratégica ciudad portuaria de Mariupol, sitiada desde hace semanas, aunque Ucrania afirmó "no tener informaciones" sobre esto. "En la ciudad de Mariupol, en la zona de la fábrica metalúrgica Ilich (...) 1.026 militares ucranianos de las 36ª brigada de marina depusieron de manera voluntaria las armas y se rindieron", anunció Konashenkov. El funcionario precisó que entre los militares que se rindieron hay 162 oficiales y 47 mujeres. De los militares rendidos, señaló, 151 heridos recibieron primeros auxilios en el sitio y más tarde fueron trasladados al hospital de Mariupol para recibir tratamiento, reportó la agencia de noticias rusa Sputnik.

Ante los anuncios del Kremlin el Ministerio de Defensa ucraniano afirmó no tener informaciones acerca de la presunta rendición de Mariupol. "Desconocemos esas informaciones", aseguró un portavoz de Defensa, en un mensaje difundido por el portal "Kyiv Independent". Las autoridades regionales del sudeste de Ucrania habían calculado este martes en al menos 20.000 el número de muertos en Mariupol, bombardeada desde hace 40 de los 49 días que lleva la invasión rusa a Ucrania.

Control de Lugansk

Al norte de esa ciudad, en el noreste de Ucrania, durante una conferencia de prensa  el líder independentista Leonid Pasechnik dijo que "entre el 80 y el 90 por ciento" de la región de Lugansk había sido conquistada. Cerca de la central eléctrica en Chtchastia, una ciudad que estaba bajo el control de Kiev antes de la ofensiva rusa del 24 de febrero, Pasechnik dijo que los "nazis" ucranianos aún controlan "la ciudad de Kreminna, una parte de la de Rubizhne, Severodonetsk, Lisichansk y una parte de Popasnaia" en la región.

 "Tan pronto como hayamos liberado (toda la región), tomaremos la decisión de proporcionar una posible ayuda a nuestros hermanos de Donetsk, y eventualmente a la Federación de Rusia", continuó Pasechnik. Si dichos intentos continúan, agregó, "las Fuerzas Armadas de Rusia lanzarán ataques contra los centros de toma de decisiones, inclusive en Kiev, de lo que hasta ahora el Ejército ruso se había abstenido".

Objetivos militares

En su habitual reporte diario el portavoz de Defensa agregó que "las fuerzas de misiles y artillería destruyeron 693 objetivos del enemigo, de los cuales 676 son grupos militares y equipos, 11 puntos de gestión, cinco almacenes de mantenimiento". El fuego de las fuerzas rusas, indicó, también alcanzó 46 instalaciones militares, incluidos dos puestos de mando, una estación de radar, dos sistemas de lanzacohetes múltiple, así como cuatro áreas de concentración de equipos de combate. Además, relató, los sistemas rusos de defensa aérea derribaron dos drones ucranianos sobre la localidad de Afanasievka en la provincia de Nikolaev (sur). El ministerio informó de cuatro helicópteros derribados en el aeródromo militar de Mirgorod (dos Mi-8 y dos Mi-24), y dos almacenes de armamento de artillería destruidos desde mar y aire.

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