El logotipo de la empresa NSO Group en la fachada de una de sus sucursales en el valle de Aravá, en el sur de Israel, a 8 de febrero de 2022. — Menahem Kahana / AFP

En un intento de bloquear una demanda de Facebook, la compañía israelí ha solicitado a la Corte Suprema de EEUU que se le reconozca como "agente de un gobierno extranjero". NSO busca desesperadamente de esta manera no tener que pagar una indemnización millonaria y no verse obligada a revelar el nombre de sus clientes ni sus capacidades tecnológicas.

 

La compañía israelí NSO Group, propietaria de programas de espionaje telefónico como Pegasus, ha solicitado a la Corte Suprema de EEUU que la reconozca como "agente de un gobierno extranjero" con el fin de eludir los procesos que la han llevado ante los tribunales americanos y blindar sus responsabilidades en todo el mundo.

En su petición argumenta que la Corte Suprema debería reconocerla como "agente de un gobierno extranjero" y reconocerle inmunidad en base a la ley estadounidense que limita los pleitos contra otros países. Recientemente dos tribunales federales han rechazado esa argumentación por lo que los expertos consideran que es muy difícil que la Corte Suprema atienda la petición.

Los expertos señalan que se trata de una decisión desesperada de NSO mediante la que trata de contrarrestar un pleito presentado por el servicio de mensajería de WhatsApp, perteneciente a Facebook, que ahora lleva el nombre de Meta Platforms Inc. La Corte Suprema solo da trámite al uno por ciento de las solicitudes que recibe.

En 2019 Facebook presentó una demanda acusando a NSO Group de aplicar sofisticados medios de espionaje contra 1.400 usuarios de su servicio de mensajería encriptado. Meta Platforms Inc. solicita a los tribunales que se le permita bloquear a NSO de las plataformas de Facebook y de sus servidores, así como una indemnización suculenta que no se ha especificado.

Si NSO Group consigue que la Corte Suprema le dé la razón y le concede la inmunidad, lo que parece improbable, la compañía israelí lograría frenar la demanda de Facebook. Además evitaría tener que revelar la identidad de sus clientes y sus secretos tecnológicos (que tienen su origen en el ejército israelí) en otros pleitos potenciales que otras partes podrían presentar más adelante.

En su rebuscada petición, NSO dice que en el pasado, y durante años, otros tribunales inferiores han dado opiniones diferentes sobre la inmunidad soberana, por lo que es importante que la Corte Suprema se pronuncie con claridad ante un asunto que tiene grandes implicaciones para la seguridad nacional y para gobiernos de todo el mundo.

"Muchos países, incluidos los Estados Unidos, confían en contratistas privados para conducir o apoyar actividades gubernamentales centrales", dice NSO en su petición de este mes de abril. "Si esos contratistas nunca pueden buscar inmunidad, (...) los Estados Unidos y otros países podrían ver cómo se entorpecen sus operaciones militares y de inteligencia mediante pleitos contra sus agentes".

Otro argumento en el que se escuda NSO es que Pegasus y otros programas de espionaje únicamente se venden a agencias gubernamentales con el fin de combatir la delincuencia y el terrorismo, y que todos los contratos son aprobados por el ministerio de Defensa de Israel. Pero esos programas se han usado con frecuencia contra disidentes en países totalitarios o semidemocráticos.

De hecho, Facebook señala que más de un centenar de sus clientes espiados por los programas israelíes son periodistas, activistas de derechos humanos o miembros de la sociedad civil. La compañía israelí responde que no puede controlar el uso que sus clientes hacen de sus programas en el extranjero.
Facebook sostiene que es necesario detener completamente las actividades ilegales que se cometen con esos programas. "El espionaje de NSO invade los derechos de ciudadanos, periodistas y activistas de derechos humanos de todo el mundo y esos ataques deben terminar", ha dicho WhatsApp en un comunicado.

Muchos grupos de derechos humanos y compañías tecnológicas sostienen que sería "peligroso para el mundo" que la Corte Suprema dé inmunidad a NSO. El año pasado Apple calificó de "inmorales" las actividades de la compañía de Tel Aviv y funcionarios de EEUU han dicho que esas actividades representan una "represión transnacional".

Paralelamente, investigadores citados por varios medios, han confirmado que NSO está infectando y espiando teléfonos iPhone de altos funcionarios de la Unión Europea. La denuncia se apoya en el testimonio de funcionarios de la UE así como en documentos, si bien Bruselas oficialmente mantiene un perfil plano tal y como suele suceder con todo lo relacionado con Israel.

Hay al menos cuatro personalidades espiadas, entre ellas el comisario de Justicia, el belga Didier Reynders. Se da la circunstancia, que podría no ser fortuita, de que Reynders lleva asuntos de violaciones de derechos humanos, una cuestión que preocupa e inquieta a Israel. Bruselas ha comunicado a título privado a algunos funcionarios que sus aparatos están o pueden estar en el objetivo de los espías "de un estado", pero se ha cuidado de señalar a Israel.

Como suele ocurrir en estos casos, cada vez más frecuentes, NSO ha publicado una declaración en la que dice que no es responsable de los intentos de espionaje denunciados, y que está a favor de que se investiguen. La semana pasada el parlamento europeo creó una "comisión de investigación" para examinar el uso que hacen de los programas de espionaje Pegasus países como Hungría y Polonia, dos estrechos aliados de Israel.

Israel obtiene beneficios políticos en Europa y en otros lugares del mundo vendiendo programas de espionaje que se usan con "objetivos políticos contra, por ejemplo, periodistas, políticos y abogados", según el parlamento europeo. Pegasus es capaz de convertir los teléfonos inteligentes en herramientas de espionaje capaces de leer los mensajes, identificar la localización o incluso activar la cámara y el micrófono de los aparatos sin que se entere su dueño.

13/04/2022 23:23

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El secretario de Estado de EEUU, Antony Blinken, y el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, posan en una foto de familia con los ministros de Exteriores en Bruselas. — Evelyn Hockstein / Reuters

Los dos países bálticos podrían recibir su invitación en la cumbre que la Alianza celebra en junio en Madrid. El Kremlin, que lo ve una provocación, advierte de consecuencias graves.

 

La guerra en Ucrania constituye un "cambio tectónico" en la historia de Europa. En un mes y medio de invasión rusa, muchas cosas ya han cambiado para siempre en el orden global. Dentro de la UE se han roto numerosos tabúes. Dos hechos en dos países son especialmente notables: el fin a la política no armamentística en Alemania y el posible adiós a la neutralidad no alineada de Finlandia y Suecia.

Una de las consecuencias directas de la contienda en Ucrania podría ser la adhesión a la Alianza Atlántica de los dos países bálticos, que tradicionalmente se han mantenido alejados del foro militar. En Estocolmo, el apoyo a formar parte del mayor foro de defensivo del mundo ha pasado del 35% al 46%; en Helsinki supera ya el 60%. Por primera vez desde la Guerra Fría, los dos países debaten seriamente la unión a la OTAN.

¿Cuándo?

La última reunión que los ministros celebraron esta semana en los cuarteles generales ya debatió este paso. Fuentes aliadas afirman que la cita de junio en Madrid, a la que se refieren como la cumbre de la OTAN "del siglo", podría representar la invitación oficial. Eso sí, solo se hará si los dos países expresan previamente a Jens Stoltenberg su voluntad y su deseo de dar este paso. No se darán pasos de ciego. Finlandia prevé tomar una decisión al respecto antes de verano y lo que hagan los suecos estará muy influenciado por su vecino.

¿Cómo es el proceso?

Mucho más rápido que, por ejemplo, la incorporación a la UE, cuyo procedimiento se prolonga de medio una década en medio de reuniones maratonianas, incontables reformas y miles de páginas de análisis. La incorporación a la OTAN podría formalizarse en poco más de cuatro meses. Se necesita unanimidad de los Treinta, pero en la Alianza confían en que todos apoyarían la decisión. El mayor impedimento vendría de la necesidad de ratificarlo en los 30 Parlamentos nacionales.

¿Por qué?

Ucrania es un país socio y en 2008 la OTAN le abrió la puerta. Pero su entrada no se prevé como un escenario realista en el corto plazo. Tampoco lo era en la antesala de la guerra. Ser miembro de la Alianza Atlántica implica estar bajo el paraguas del Artículo 5, la cláusula de defensa colectiva (solo activada tras los atentados del 11 de septiembre en Nueva York). Si Ucrania hubiese sido parte del foro defensivo, el resto de países habrían estado obligados a intervenir de manera directa en el conflicto y en el cuerpo a cuerpo bélico con Rusia. Esta situación de inestabilidad global y de vecino cada vez más amenazante e imprevisible ha impulsado un cambio de paradigma en la sociedad y en la política finlandesa y suecas. El miedo a un ataque futuro ha derribado la tradicional postura no alineada de los dos países.

¿Cuál es la situación actual?

Finlandia y Suecia son países de la UE, pero no de la OTAN. Una coyuntura que comparten con Austria, Malta, Chipre e Irlanda. Finlandia es el único caso que, además, comparte frontera con Rusia: más de 1.300 kilómetros. El bloque comunitario cuenta con su propia cláusula de defensa: el Artículo 42.7 de los Tratados. Pero es mucho más limitado. Establece que ante el ataque a un Estado miembro, el resto de países europeos deben proporcionarle ayuda. Pero este instrumento es más débil que el de la Alianza, principalmente por la ausencia de los ejércitos estadounidense, británico o turco.

Tras la Guerra Fría, los países adoptaron una postura no alineada, que le permitió consagrar su independencia a cambio de mantener un estatus de neutralidad. De hecho, poco antes de que comenzase la invasión rusa, el propio Emmanuel Macron, presidente francés, planteó la vía de la "finlandización" (un término peyorativo en el país) para Ucrania como vía para apaciguar a Moscú.

Pero lo cierto es que desde la agresión a Crimea y al Donbás de 2015 los dos países han estrechado sus lazos con el foro militar participando en entrenamientos conjuntos.

Posibles consecuencias

Rusia ya ha avisado de graves consecuencias si este movimiento se consuma. El Kremlin ha advertido recientemente de que la entrada de Finlandia y Suecia supondría un "reequilibrio de la situación", aunque ha rebajado la tensión asegurando que no sería una "amenaza existencial" para el país. Una de las razones que Vladimir Putin alegó para invadir Ucrania fue su rechazo a la entrada de este país a la OTAN y a la expansión de esta organización cerca de sus fronteras. Desde la desintegración de la Unión Soviética, cada vez más países del Este se han unido al foro.

La gran incógnita es cómo reaccionará Rusia a este hecho, cada vez más próximo e inimaginable hace unos meses. Es difícil imaginar que a Putin, con una guerra que parece no estar saliendo todo lo bien que preveía y esperaba, le interese atacar uno de estos países y propiciar una guerra abierta y frontal con la OTAN.

De momento, en la Alianza se jactan de que el presidente ruso está consiguiendo lo contrario de lo que anhelaba: acercar a Ucrania a Occidente; empujar a Suecia y Finlandia hacia la OTAN; y rearmar las fronteras del flanco oriental y un despliegue militar a niveles no vistos desde la Guerra Fría.

Bruselas

11/04/2022 07:20

Por María G. Zornoza@MariaGZornoza

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Lunes, 11 Abril 2022 05:09

El silencio sobre las bajas rusas

El silencio sobre las bajas rusas

¿Podía Putin desconocer que los reclutas rusos estaban siendo enviados a Ucrania sin entrenamiento?

A Ivan le faltaba un día para cumplir 22 años. Cayó el primer día de la guerra. Su madre, Irina, recibió el comunicado de su muerte a través de Internet, del comandante, informándola que su hijo había caído durante los combates. No respondió a sus llamadas, no le explicó nada, pero Irina no podía creerlo. Porque su hijo nunca ha peleado, y solo ha empuñado un arma dos veces en su vida: para una foto de recuerdo del ejército, que pensó le mostraría a sus nietos más tarde.

El Ministerio de Defensa, la fiscalía militar e incluso el comandante de la unidad donde Iván hacía el servicio militar obligatorio desde octubre de 2021, no tenían nada que decirle a Irina. “En la oficina de reclutamiento militar nos dijeron que nos enviaron la noticia de su muerte demasiado rápido, y que tuvimos suerte, porque otros todavía no saben qué está pasando con sus hijos”, dijo la madre de Iván a “Novaya Gazeta” a principios de marzo, todavía con su nombre real.

¿Por qué crear confusión?

Dado que las autoridades rusas, por temor a "la difusión de noticias falsas", obligaron a la redacción de "Novaya Gazeta" a retirar los textos sobre las bajas del ejército ruso, Irina teme que hablar con los medios incomoda a las autoridades. Pero no piensa en esos 15 o 20 años de prisión por criticar o decir la verdad sobre el "operativo militar especial" no reconocido por las autoridades, o por traición a la patria, de la que cualquiera podría ser acusado por cuestionar la eficacia o la idoneidad de las operaciones militares rusas. Tiene miedo de no volver a ver a su hijo. Porque el cuerpo de Vania no ha sido devuelto y no sabe dónde está. La oficina de reclutamiento militar informó de inmediato a Irina que "el cuerpo no será devuelto hasta que finalice la operación militar, para no crear pánico".

Los funcionarios de las regiones rusas e incluso los periodistas reciben instrucciones similares. Un amigo reportero, que trabaja para un periódico en Siberia, me dijo: "Nosotros y muchas otras salas de redacción hemos recibido la orden de no publicar información sobre soldados muertos en nuestra región. Nos dicen que no debemos crear confusión y que los entierros se realizarán más tarde. Muchas editoriales han tenido que retirar estas noticias de sus publicaciones".

La familia de Iván se despide de él sobre una tumba vacía. La fosa, de varios metros de profundidad, está ahora protegida por una lona.

Perros salvajes

El presidente de Ucrania, Volodymir Zelensky, alertado de la situación, ha pedido ayuda a la Cruz Roja para evacuar los cuerpos de los soldados rusos. Sus palabras son confirmadas por Valentina Mielnikova, fundadora del Comité de Madres de Soldados de toda Rusia: "Los nuestros nunca han tenido la costumbre de recoger los cuerpos de los muertos. Y no siempre recogen a los heridos. Es más barato escribir que el soldado desapareció sin dejar rastro. Las autoridades se ahorran el transporte de los restos a las familias de los fallecidos. En caso de "desaparición", estos últimos no tienen derecho a las prestaciones estatales".

En su libro "Ataúdes de zinc", Svetlana Alexievitch describió cómo, hace 40 años, las madres y esposas rusas recibían ataúdes de zinc, atornillados y sellados, lastrados con tierra para que pesaran como restos humanos.

En sus informes del Donbass en 2014, Elena Kostyuchenko reveló que las autoridades, para ocultar el alcance de las pérdidas a la sociedad y los medios, no devolvieron los cuerpos de sus seres queridos a las familias durante semanas, a menudo permitiendo que se descompusieran. Dmytro Tymchuk, bloguero y soldado ucraniano, afirmó que los rusos estaban lanzando los cuerpos de los soldados muertos a pozos de minas en desuso en Donbass.

Hoy, la redacción de "The Telegraph" informa que el ejército ruso utiliza masivamente los llamados crematorios móviles, en realidad instalaciones diseñadas para destruir desechos biológicos peligrosos, producidos por una empresa en San Petersburgo. Los cuerpos de los soldados, a los que no pueden evacuar ni incinerar, son despojados de sus documentos y cédulas militares para impedir su identificación.

Por su parte, la senadora rusa Loudmila Naroussova ha declarado que en Ucrania “los perros callejeros salvajes olfatean los cuerpos de los soldados rusos que no han sido devueltos al suelo”.

Vania, el genial manitas

En sus entrevistas con "The Telegraph", medios locales e internacionales, activistas y defensores de los derechos humanos han informado que los soldados rusos están enterrados en tumbas sin marcar para ocultar que habían luchado en Ucrania. Por su parte, "The Washington Post" publicó que una de las secciones del Comité de Madres de Soldados acusó a Vladimir Putin de violar el derecho internacional. El editorial cita la declaración del Comité: "Los comandantes rusos obligaron a los soldados a luchar ilegalmente en Ucrania. Y ahora nosotras, las madres, recibimos anónimamente los ataúdes con nuestros hijos".

“Esto es lo que necesitas saber sobre la actitud del enemigo hacia sus propios soldados. Mientras tanto, los soldados ucranianos muertos son acompañados en su último viaje como héroes”, comentó el Comando Operativo “Pivnitch”.

Pero Irina aún no es consciente de estas prácticas. Todavía tiene la esperanza de poder despedirse de su hijo. Cuanto más hablamos, más se ahoga en lágrimas. "¿Dónde está mi hijo? Dijo que iría a Bielorrusia para entrenarse. ¿Cómo pueden enviar a un recluta a la guerra? No sabe pelear. No quería. ¡Lo engañaron!".

Conozco algo más de este chico en las redes sociales, y en algunos textos raros de publicaciones independientes rusas -borrados de la web bajo la presión de las autoridades- que lo describían como un manitas capaz de hacer de todo, graduado de una escuela secundaria vocacional, Vania es decrito como trabajador, que hacía horas extras en obras y talleres en los pueblos de los alrededores. No era raro -como contó su abuela a "Novaya Gazeta"- que para llegar al trabajo tuviera que caminar de 10 a 20 kilómetros. Estaba ahorrando para su boda, pues un año antes le había declarado su amor a Katia, de la misma edad. Se conocían desde la infancia. En otoño, antes de partir para el ejército, le pidió a la familia que le enviara la foto del cachorro que había recogido unas semanas antes. "Quería ver cómo estaba creciendo", dijo la abuela del chico. En la foto, en su perfil en el sitio VK, un chico de cabello oscuro sonríe, con ojos grandes y rasgos faciales aún tiernos, algo infantiles.

Los muchachos que hacen el servicio militar obligatorio inmediatamente después de la escuela secundaria, o entre el primer y segundo nivel de estudios, a menudo terminan en el ejército, porque no tienen medios ni posibilidades de escapar. En internet, guías como "¿Cómo evitar ir al ejército de forma legal?" gozan de enorme popularidad, y los médicos, por sumas que van desde varias decenas hasta varios cientos de miles de rublos, emiten certificados de incapacidad para los chicos de buenas familias.

"Hace unos años, a mis padres les costó alrededor de 5.000 euros", dice Pavel, de 29 años, de Volgogrado, que tiene miedo al ejército, consciente de la violencia, la persecución y las torturas a las que son sometidos los reclutas, lo que se conoce como 'dédovchtchina' (novatadas crueles). Pero solo pueden escapar al servicio militar un puñado de privilegiados que no solo tienen dinero sino también contactos.

Reclutas, por lo tanto profesionales

Todos los días, las familias de los conscriptos se presentan ante el Comité de Madres de Soldados, una organización que se ocupa de la protección de los derechos de los soldados. El número de llamadas telefónicas aumentó hacia fines de febrero. Sus hijos fueron obligados a firmar urgentemente un acuerdo contractual que preveía un cambio de estatus de "reclutas" a "profesionales", o fueron enviados a los campamentos de las unidades militares ubicadas cerca de la frontera con Ucrania. El Comité ha comenzado a recopilar pruebas para presentar denuncias ante la fiscalía militar. Las autoridades tradicionalmente no dicen nada, solo aseguran que "en la operación militar especial sólo participan soldados profesionales".

Los periodistas de las publicaciones rusas independientes han hablado repetidamente con las madres de conscriptos desde el primer día de la guerra. Alona, ​​​​entrevistada por Meduza, dice a los editores que, en este momento: "Estoy en pánico. ¿Dónde está mi hijo? Me llamó por última vez el 22 de febrero, dijo que no podía hablar, que las conversaciones estaban siendo grabadas".

Los comentarios de padres y madres, publicados por los sitios independientes Meduza, "Novaia Gazeta", Mediazona y Zerkao.io, entre otros, muestran que las autoridades utilizaron el mismo esquema con los soldados recién reclutados. Primero, con el pretexto de participar en ejercicios organizados a mediados de febrero de forma conjunta por Rusia y Bielorrusia, fueron transportados desde varias unidades, incluso de las más alejadas de Rusia, hasta la frontera con Ucrania. Luego se les daban órdenes, cuya complejidad algunos soldados empezaron a percibir sólo a posteriori, porque los ejercicios eran demasiado reales y hacían pensar en la ejecución de un plan de invasión. Les confiscaron los teléfonos y les entregaron armas.

A los que tenían dudas, como escribe el escrito de Zerkalo.io, se les recordó las penas previstas para la "deserción" y la "traición a la patria".

¡Mamá, es la guerra!

No todos los padres creyeron a sus hijos, quienes los llamaron a escondidas y hablaron de sus temores de que "algo se estaba gestando", mientras los ejercicios de entrenamiento se prolongaban y el mando los acercaba cada vez más a la frontera. Léna, la madre de Pavel, de 18 años, le dijo a la redacción de Svoboda: "Vi las noticias y me reí de ese estúpido y falso Occidente que anunciaba la guerra. Después de todo, sabía por mi hijo que eran unos meros ejercicios", exigentes tal vez, pero es tan joven, sin entrenamiento y enfermizo. Pensé que estaba exagerando. Le expliqué que Occidente estaba mintiendo, y que no se preocupara, que no habría guerra. Solo me preguntaba por qué estaban durmiendo en camiones. Cuando me llamó la noche del 24 de febrero, gritó: "¡Mamá, nos traicionaron! ¡Nos engañaron! Esto es la guerra !"

Durante los "entrenamientos", los comandantes alentaron u obligaron a muchos reclutas a firmar contratos de alistamiento de 20 a 30.000 rublos [aprox. 200 € - NdT], prometiendo que podrían rescindirlos fácilmente. Olga Larkina, presidenta del Comité de Madres de Soldados, comentó a fines de febrero: "Las madres dicen que sus hijos las llaman diciendo que les obligan a firmar contratos. No sabemos cómo. Las que han logrado contactar a sus familias han dicho que les habían quitado las libretas militares, les habían puesto sellos, y los recalificaban como soldados profesionales”.

"Novaya Gazeta" reveló que si los comandantes no convencian a los reclutas, firmaban los contratos ellos mismos en lugar de los soldados que tenían bajo su mando. Los maltrataban física o psicológicamente, enviándolos a los campos de entrenamiento y ordenando ejercicios más allá de las fuerzas de los jóvenes, para quebrarlos.

También utilizaban provocaciones. "Mamá, nos rodearon y dijeron que eramos enviados voluntariamente a Bielorrusia. El comandante dijo que teníamos que estar estacionados en Bryansk, aunque fueron ellos quienes nos trajeron aquí a toda prisa. Dijo que somos desertores, y que o atacabamos a los ucranianos o seríamos transferidos a un batallón disciplinario de criminales. Yo firmé”. Así contó a "Novaya Gazeta" la madre de un militar de 23 años la conversación con su hijo.
La última vez que tuvo contacto con su hijo fue el 24 de febrero a las 4:30 am. Detrás, escuchabamos disparos y el sonido de aviones. "Mamá, nos subimos a los camiones y nos vamos. Te amo. Si recibes un comunicado de muerte, no lo creas de inmediato" – le había dicho.

A los jóvenes soldados, que muchas veces no sabían en qué había consistido "la reconquista de Crimea", ya que entonces eran niños, los comandantes les explicaron que su objetivo era "la liberación del pueblo ucraniano de manos de los nazis" y "la protección de la población ucraniana de habla rusa víctima de un genocidio". "Estamos por la paz. Estableceremos la paz en Ucrania. Hay que salvarla", declararon unos soldados rusos de 19 años reunidos en Crimea en enero por periodistas de "Novaya Gazeta". La transcripción de las entrevistas muestra que ninguno de estos soldados se daba cuenta de las verdaderas intenciones de las autoridades.

Esto lo confirma la parte ucraniana, que ha pedido repetidamente a las autoridades rusas que perdonen a "sus hijos". También Serhiy Kyslytsya, embajador de Ucrania ante la ONU, informó sobre el grado de conocimiento que tienen los soldados rusos de las operaciones que realizan sus ejércitos. Durante la sesión especial de la ONU, leyó los mensajes de texto que un soldado ruso fallecido envió a su madre antes de morir: "Mamá, estoy en Ucrania. Es la guerra de verdad. Tengo miedo. Estamos disparando a todo, incluso a los civiles. Dijeron que seríamos bienvenidos, pero se tiran debajo de nuestros vehículos. Nos llaman fascistas. Mamá, me siento fatal”.

Putin asombrado

Durante días, las autoridades rusas cuestionaron estas informaciones. Informaron de los soldados muertos dos veces: el 2 de marzo, el Ministerio de Defensa declaró que 498 soldados murieron durante la "operación militar especial", y el viernes siguiente 1.351. A su vez, el portavoz del Kremlin destacó que el presidente de Rusia, como " comandante en jefe", conoce las cifras precisas, pero "no puede divulgarlas".

Los activistas rusos son irónicos y llaman la atención sobre el hecho de que uno puede tener algunas dudas sobre el grado de conciencia de Vladimir Putin.

En su tradicional discurso a las mujeres pronunciado el 8 de marzo, Putin, el presidente de Rusia, dijo claramente: "Los soldados que hacen su servicio militar no participan en el combate... Tales obligaciones las llevan a cabo soldados profesionales". Al hacerlo, ignoró por completo la intervención de la senadora Ludmila Naroussova quien, cuatro días antes, durante la sesión del Consejo de la Federación de Rusia -con base en datos obtenidos del departamento militar- informó de las importantes pérdidas entre los soldados reclutados que cumplían su servicio militar obligatorio. "Los obligaron a firmar un compromiso, o se firmó por ellos. De una compañía de 100 soldados solo sobrevivieron cuatro", explicó.

El 9 de marzo, en reacción al comunicado de prensa del Ministerio de Defensa -que reconocía que "se ha descubierto la presencia de conscriptos en el territorio de Ucrania"-, Vladimir Putin exigió a la Fiscalía Militar Superior que explicara por qué un ejército no profesional se encuentra en una zona de combate, y que se impongan sanciones a los responsables de enviar reclutas a Ucrania. Aunque han pasado más de dos semanas desde entonces, el portavoz del Kremlin informó que el presidente de Rusia aún no ha recibido una explicación sobre los motivos de la presencia de conscriptos en el frente.
La mayoría de las veces, es a través de Internet como los padres se enteran de que sus hijos se encuentran prisioneros en Ucrania, por ejemplo, en el sitio 200rf.com creado por las autoridades ucranianas, donde publican fotos y videos de los prisioneros. El hermano de Danilo Vorobyov, uno de estos militares, dijo durante una entrevista a Radio Svoboda que la familia, tras alertar a las autoridades, fue objeto de burlas. "Se rieron de nosotros. Nos dijeron que nos equivocábamos. Sin embargo, lo vemos claramente en el video. Por cierto, los ucranianos le permitieron llamar a  casa de su madre y hablar un rato. Ni siquiera sabía a dónde lo habían enviado, o con qué propósito. Debe haber sido un ejercicio con las tropas bielorrusas".

Por las grabaciones publicadas por las autoridades ucranianas, nos enteramos de que los chicos no entienden "por qué los enviamos allí". Muchos de ellos repiten que fueron enviados a ejercicios, y pocas horas antes del inicio de la guerra les dijeron que iban al frente. "Mamá, papá, no quería ir a Ucrania. Nos dijeron que íbamos a hacer ejercicios con la Brigada 25. Luego, en la noche del 25 de febrero, dijeron que íbamos a Ucrania y cruzamos la frontera, dijo uno de los prisioneros.

Las palabras de los prisioneros son confirmadas por Albert Sachibgarieyev, un soldado profesional de 25 años, el primer desertor conocido con nombre y apellido, que se negó a participar en los combates contra Ucrania y regresó a casa desde el frente. En una entrevista con el portal Meduza, dice: "No nos explicaron nada. Nos ordenaron cargar la munición en los camiones. Dijeron que íbamos a cambiar de posición. Dedujimos que era la guerra, cuando comenzaron a dispararnos y nosotros devolvimos el fuego. Antes pensábamos que eran ejercicios. No sabíamos que disparábamos contra los ucranianos. En el ejército no hay lugar para preguntas. Cuando recibes una orden, la ejecutas”.

El muchacho -como explica Meduza a partir de los documentos mostrados a la redacción- tras huir del frente para volver a su ciudad natal de Ufa, escribió una carta exigiendo su exclusión del ejército. "La participación forzada en la operación militar especial es contraria a mis creencias", dijo. En opinión de los abogados, no evitará la cárcel.

Cuando llamo a la sede del Comité de Madres de Soldados sobre este asunto, escucho que desde marzo ya no conceden declaraciones a los medios occidentales. En el Ministerio de Defensa de Rusia, una persona con una voz agradable, después de escuchar mi pregunta, colgó delicadamente.


Al mismo tiempo, la sección rusa de la BBC publicó los resultados de la investigación. Los periodistas lograron confirmar que "cargamentos 200" - así es como en la jerga militar hablamos de los cuerpos de los soldados muertos - llegarán a por lo menos 70 de las 85 regiones rusas. En algunas de estas regiones ya se habían realizado entierros individuales al comienzo de la guerra. Como escribió la redacción de Radio Svoboda, las madres de los soldados muertos habrían recibido cartas de agradecimiento de las autoridades con estas palabras: "Te agradecemos haber criado a tu hijo".

Es imposible estimar el número exacto de muertos, al igual que el número de reclutas obligados a participar en esta guerra. Probablemente nunca sea posible, dada la forma en que las autoridades rusas protegen la información sobre sus bajas. Según estimaciones de la inteligencia estadounidense, basadas en análisis de medios, fotos satelitales, fotos de soldados y equipos expuestos al fuego, perecieron al menos siete mil miembros del ejército ruso.

Generación P

Gimnasio de una escuela en el Óblast de Kamerovo. En la sala, los familiares de los soldados reclutas, que llegaron el 5 de marzo para una reunión con el gobernador Sergei Tsyviliov.

"¡¿Dónde está mi hijo?! Los engañamos a todos. Se suponía que iban a entrenar a Bielorrusia. ¿Por qué enviaron a nuestros muchachos allí? No tienen preparación. ¡Solo tienen 20 años! Y tu hijo, ¿dónde está?" ?! ¡¿Él está estudiando?!" - grita una de las madres. Los demás la siguen: "¡Usaste a nuestros hijos como carne de cañón!" Molesto, el gobernador responde: "Es un operativo militar especial. No hacemos comentarios. Mientras dure este operativo, está prohibido criticar a nadie". Y sale de la habitación.

Sergei Medvediev, politólogo y periodista ruso que escribe sobre la guerra en Ucrania, comenta: "Todos mis pensamientos están ahora con Ucrania, pero no puedo evitar pensar en esos chicos rusos nacidos en los años 2000-2002, que hacían ejercicios militares y de repente se convirtieron en soldados profesionales. De reclutas se convirtieron en carne de cañón. Esta es la generación P, nacida durante el reinado de Putin, y que ni siquiera sabía que había un mundo sin Putin. A menudo escribí sobre ellos y hablé con sociólogos que estudiaron sus preferencias políticas y modelos culturales. Pensamos que eran nativos digitales, nacidos con smartphones en la mano; hablamos de zoomers, tiktokers. Y ahora la Generación P arde dentro de los tanques y permanece enterrada en la tierra virgen ucraniana, sin haber podido darse cuenta de que había un mundo sin Putin".

Se han cambiado algunos nombres por razones de seguridad.

07/04/2022

Wiktoria Bieliaszyn

periodista de "Gazeta Wyborcza". Se especializa en temas relacionados con Europa del Este. También publicado en "Polityka", "Tygodnik Powszechny", OKO.press, Die Welt, La Repubblica y Meduza. Reportaje publicado el 24 de marzo de 2022 en "Gazeta Wyborcza", el principal diario polaco. - Traducido del polaco por Stefan Bekier.

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Noam Chomsky: El papel de Estados Unidos en la guerra Rusia - Ucrania y el fantasma del holocausto nuclear.

El lingüista, filósofo, escritor y analista político, considerado un referente intelectual en todo el mundo, analiza la crisis desatada en el este europeo y, sobre todo, se pregunta, y responde, qué se puede y debe hacer para detenerla.

 

Noam Chomsky es profesor emérito del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), el lingüista vivo más importante del mundo y el intelectual comprometido con su tiempo más reconocido a nivel internacional. Hace muchos años el centro de sus preocupaciones sociales está concentrado en el papel que juega su país, Estados Unidos, en el tablero político internacional. Por eso era tan esperada su voz alrededor del conflicto entre Rusia y Ucrania.

Chomsky fue invitado a participar en el "Seminario Internacional sobre Resolución de Conflictos en el marco del Derecho Internacional ante la invasión de Ucrania", organizado por la Universidad Carlos III de Madrid. 

En su conferencia, realizada el 30 de marzo pasado, Chomsky explica los limitados alcances que tienen la condena a "la violencia criminal, la miseria y la catástrofe en potencia" o las sanciones internacionales y se concentra en dos preguntas fundamentales: "¿qué se puede hacer para acabar o al menos mitigar esos horrores? y ¿cómo surgió la situación, qué podemos aprender de ello?

Con ese punto de partida, analiza las "reglas" que caracterizan el derecho internacional, los antecedentes de Estados Unidos en el mundo en general y en Ucrania en particular y la necesidad de movilizarse para conseguir una salida diplomática al conflicto, la única posible si se tienen en cuenta los sufrimientos de los ucranianos y la posible escalada hacia un holocausto nuclear. Sus posiciones se reproducen completas a continuación:

Noam Chomsky sobre el papel de Estados Unidos en la guerra Rusia - Ucrania

La cuestión más importante a la que nos enfrentamos es, por mucho, qué deberíamos estar haciendo para aliviar la violencia criminal, la miseria y una catástrofe en potencia. Lo detallaré más adelante, pero antes pueden venir bien unas aclaraciones.

Un comentario que debería ser superfluo, pero que desafortunadamente no lo es, afecta a uno de los principios morales más elementales: habría que centrar la energía y la atención en lo que más sirve para el hacer bien. Con respecto a los asuntos internacionales, significaría fijarse en lo que hace tu propio Estado, sobre todo en sociedades más o menos democráticas en las que los ciudadanos tienen alguna posibilidad de influir en los resultados finales. Decir que lo que ocurre no responde a ese principio elemental sería quedarse muy corto.

Hay un comentario que se le atribuye a Gandhi cuando le preguntaron lo que pensaba sobre la civilización occidental. Su respuesta fue que creía que estaría bien. Lamentablemente, esa respuesta también vale para el derecho internacional. Estaría bien si le interesara a los estados.

El estado más importante es, irrefutablemente, Estados Unidos, que lleva dominando la sociedad mundial desde la Segunda guerra mundial, reemplazando al Reino Unido y Francia. Como cabe esperar, ha adoptado las políticas de sus antecesores: desdén absoluto por el derecho internacional, tanto de palabra como de hecho, combinado con alabanzas a su propia nobleza.

Estados Unidos tiene una Constitución que se supone que deberíamos venerar todos. El Artículo VI declara que todos los tratados válidos son la "ley suprema del país". Aquí se incluye la Carta de Naciones Unidas, pilar del derecho internacional moderno. La Carta prohíbe la "amenaza o el uso de la fuerza", excepto en condiciones que casi nunca se dan. Cada presidente de los EE.UU. vulnera alegremente la Constitución. Lo he mencionado alguna vez en facultades de derecho. A nadie le importa. 

Moral, derecho y política internacional

A menudo escuchamos proclamas sobre la santidad del derecho internacional. Sin embargo, los que hacen las proclamas adoptan el principio creado por Atenas al enfrentarse a Melos, mucho más débil: ríndete o serás destruido. La moralidad y el derecho son irrelevantes: "El fuerte hace lo que puede y el débil sufre lo que debe", como resumió Tucídides en el principio imperante. En la práctica, eso es el derecho internacional.

Eso no quiere decir que debamos ignorar la moralidad y el derecho como Atenas y sus imitadores contemporáneos. La moralidad y el derecho pueden ser útiles con fines educativos y como directrices para contribuir a un mundo mejor, un mundo bastante distinto de este mundo.

Fijémonos en este mundo. Lamentablemente es demasiado fácil hacer un inventario de historias horribles. En cada caso, la pregunta crucial es ¿qué se puede hacer para acabar o al menos mitigar esos horrores? Otra pregunta sería ¿cómo surgió la situación, qué podemos aprender de ello?

Los casos de Afganistán, Yemen y Gaza

Un ejemplo verdaderamente aterrador es Afganistán. Millones de personas literalmente se enfrentan a la inanición, una tragedia colosal. Hay comida en los mercados, pero con todos sus fondos bloqueados en los bancos internacionales, la gente con poco dinero tiene que ver cómo sus hijos mueren de hambre.

¿Qué podemos hacer? No es ningún secreto: Presionar al gobierno de los EE.UU. para que libere los fondos de Afganistán, custodiados en bancos de Nueva York para castigar a los pobres afganos por osar resistirse a los 20 años de guerra de Washington. La excusa oficial es aún más vergonzosa: los EE.UU. deben retener los fondos de los afganos hambrientos por si los estadounidenses quieren resarcirse por los crímenes del 11-S de los que los afganos no son responsables. 

Recuerdo aquí que los talibanes ofrecieron su total rendición, lo que habría implicado entregar a los sospechosos de al-Qaeda, pero los EE.UU. respondieron rotundamente que "no negociamos rendiciones". Fue el secretario de defensa, Donald Rumsfeld, principal artífice de la guerra, secundado por George W. Bush.

Podemos hacer muchas cosas y aprender muchas lecciones si logramos despojarnos de los poderosos sistemas de propaganda occidentales y mirar a los hechos como son.

Pasemos a otro caso. Lo que la ONU describe como la peor crisis humanitaria del mundo: Yemen. El número oficial de víctimas alcanzó el año pasado las 370.000 personas. El número real no se conoce. El país, destrozado, se enfrenta a la hambruna generalizada. Arabia Saudita, la principal culpable, ha ido intensificando el bloqueo al único puerto que se usa para la importación de alimentos y combustible. La ONU está emitiendo advertencias extremas de que cientos de miles de niños se enfrentan a una inanición inminente. Esto viene secundado por especialistas estadounidenses, entre los que destacan Bruce Riedel de la Brooklings Institution, antiguo analista principal de la CIA para Oriente Medio durante cuatro presidencias, quien sostiene que las ofensivas saudíes se deberían investigar como crímenes de guerra. 

¿Podemos hacer algo? Sí. Todo. Las fuerzas aéreas saudíes y emiratíes no pueden funcionar sin aviones, formación, inteligencia o repuestos estadounidenses. Eso se puede acabar. Una orden de los EE.UU., salvaría cientos de miles de niños de una muerte de hambre inminente. El Reino Unido y otras potencias occidentales también participan del crimen, pero los EE.UU. están muy adelante.

Por tanto, podemos salvar a la población de un sufrimiento indescriptible y podemos aprender algo, sí así lo queremos. Pero en lugar de ello, preferimos declaraciones grandilocuentes sobre crímenes y enemigos, lo que resulta mucho más fácil y práctico. Nada nuevo. No lo ha inventado los EE.UU., pero como poder hegemónico mundial, EE.UU. está al frente de la desgracia.

No es difícil encontrar más ejemplos. Veamos la mayor prisión a cielo abierto del mundo, Gaza, donde dos millones de personas, la mitad de ellos niños, viven "a dieta", como lo llaman sus carceleros: suficiente para sobrevivir, porque un genocidio en masa no quedaría bonito, pero poco más. Tienen poca agua potable. Se han destrozado el alcantarillado y las centrales eléctricas con repetidos ataques de los que no se libran hospitales, residencias, población civil en general y todo sin un pretexto creíble. El despliegue cotidiano de violencia sirve para advertir a los súbditos para que no se rebelen. Las autoridades internacionales predicen que pronto la prisión será literalmente inhabitable.

Las cosas no van mejor en la otra parte de los territorios ocupados, donde colonos y ejército no solo someten a los palestinos a un terror diario, sino que también les expulsan de sus aldeas destrozadas para hacer sitio a más asentamientos ilegales. Ya ni se habla de la anexión de los Altos del Golán o la gran ampliación de Jerusalén, que vulneran las estrictas órdenes del Consejo de Seguridad, pero fueron reconocidos oficialmente por la administración Trump, que también autorizó la ocupación del Sahara Occidental por Marruecos, quebrantando órdenes del Consejo de Seguridad y la Corte Internacional de Justicia. Así que es totalmente normal que, al día de hoy se festeje una reunión entre Israel, Marruecos y las dictaduras asesinas árabes como un maravilloso paso hacia la paz y la justicia gracias a la benevolencia estadounidense.

¿Podemos hacer algo? No hay más que decir. ¿Podemos aprender algo? No es difícil.

La invasión de Ucrania

Podríamos seguir tranquilamente, pero vamos a dejar la lista de historias de terror para concentrarnos en el tema actualmente candente, y con razón: la invasión rusa de Ucrania que, por su carácter, aunque no por su escala, se sitúa junto a otros grandes crímenes de guerra como la invasión de Irak por parte de EEUU y Reino Unido, la invasión de Polonia por Hitler y Stalin y otros sombríos episodios de la historia moderna.

La tarea inmediata es acabar con los crímenes que están devastando Ucrania. Si le preocupase en lo más mínimo el destino de las víctimas ucranianas, lo que EE.UU. debería hacer es acceder a participar en los esfuerzos diplomáticos para poner fin al ataque y plantear un programa constructivo para facilitar este resultado. Y se le debe presionar para que lo haga.

Es bien sabido cómo sería un programa constructivo. Su elemento principal es la neutralidad de Ucrania: sin adhesión a alianzas militares hostiles, ni albergar armas que apunten a Rusia, ni ejecutar maniobras con fuerzas militares hostiles. Un estatus bastante parecido al de México y, de hecho, de todo el hemisferio occidental que no puede entrar en una alianza militar dirigida por China, instalar armamento chino apuntado a los EE.UU. en la frontera ni ejecutar maniobras con el Ejército de Liberación Popular chino.

En resumen, un programa constructivo sería lo contrario a la política oficial actual de EE.UU. formalizada en una declaración conjunta sobre la alianza estratégica EE.UU.-Ucrania firmada en la Casa Blanca el 1 de septiembre de 2021. Este documento, críticamente importante, suprimido en EE.UU. y supongo que en todos lados, declaraba que Ucrania debía ser libre de adherirse a la OTAN. Para justificarlo, Washington utilizaba la teoría sobre la santidad de la soberanía que ruboriza a los círculos civilizados, particularmente del Sur Global, que saben bien por amarga experiencia que EE.UU. es el abanderado del desprecio a la soberanía.

Sigamos con la Declaración conjunta. La cito: "se ha construido un marco estratégico de defensa que sienta los cimientos para intensificar la cooperación estratégica de defensa y seguridad entre EE.UU. y Ucrania", ofreciendo a Ucrania armas avanzadas antitanques, entre otras, junto con un "sólido programa de formación y entrenamiento para mantener el estatus de Ucrania como socio de la OTAN". Esto es de septiembre pasado.

Este sorprendente documento, que no es público (sí es público, pero no está registrado), incrementa el desdeñoso desprecio de Washington por las preocupaciones rusas desde que Clinton quebrantara en 1998 la firme promesa de George H. W. Bush de no ampliar la OTAN hacia el Este, una decisión que desató las advertencias de diplomáticos de alto nivel como George Kennan, Henry Kissinger, el embajador Jack Matlock, el director de la CIA William Burns y muchos otros; e hizo que el secretario de defensa William Perry casi dimitiera como protesta. Esto se suma por supuesto a las medidas agresivas de Clinton y sus sucesores que afectaron directamente a intereses rusos (Serbia, Irak, Libia y otros crímenes menores), realizadas para que se maximizara la humillación.

Ya que ha habido mucho encubrimiento y disimulo sobre las promesas de Bush y Baker a Gorbachov, tal vez convenga citar literalmente al Archivo de Seguridad Nacional:

«El secretario de estado, James Baker, concuerda con la declaración de Gorbachov en respuesta a la declaración de que "la expansión de la OTAN es inaceptable". Barker aseguró a Gorbachov que "ni el Presidente ni yo tenemos la intención de sacar rédito unilateral de los acontecimientos" y que los estadounidenses han comprendido que "no solo es importante para la Unión Soviética, sino también para otros países europeos, que se garantice que si los EE.UU. mantienen su presencia en Alemania en el marco de la OTAN, la jurisdicción militar actual de la OTAN no se extenderá al este ni una pulgada más".

Sin reservas, sin ambigüedades, directo y claro.

Volviendo a la Declaración conjunta de Septiembre de 2021 fue, por supuesto, muy incendiaria. Es muy posible que haya influido en la decisión de Putin de intensificar la movilización anual de fuerzas en la frontera ucraniana para atraer la atención sobre los intereses de seguridad rusos, llegando en este caso a una agresión criminal directa.

Por qué Estados Unidos no apoya la salida diplomática

Un elemento central en un programa constructivo es la neutralidad, que de hecho ya ofreció Zelensky y no respaldó EE.UU. Es sabido que no se puede saber si funcionará la diplomacia si no se la intenta. Por ahora los EE.UU., con el apoyo de sus aliados, se niegan a hacerlo condenando a los ucranianos condenándolos a un destino sombrío.

Solo se puede especular sobre los motivos para ello, pero es importante reconocer que Putin le ha dado a Washington un regalo maravilloso. Metió a Europa hasta el fondo del bolsillo de Washington. Y este ha sido un tema de primer orden en los asuntos globales desde la Segunda Guerra mundial.

A lo largo de la Guerra Fría, Europa tuvo una opción. ¿Debería estar subordinada a los EE.UU. en el marco OTAN-Atlantista? ¿O debería perseguir la visión de un "hogar común europeo" del Atlántico a los Urales o incluso de Lisboa a Vladivostok, sin alianzas militares, que se convertiría en una "tercera potencia", un actor independiente en asuntos mundiales? Esta es la propuesta que hizo Charles de Gaulle, estaba implícita en la Ostpolitik de Willy Brandt y Gorbachov la dejó muy clara cuando se derrumbó la Unión Soviética.

Por supuesto, EE.UU. se opuso frontalmente, a menudo de forma muy esclarecedora. Se dio un caso hace 50 años cuando los EE.UU. preparaban el golpe militar que derrocaría la democracia parlamentaria en Chile e instauró el despiadado régimen de Pinochet. El artífice del crimen, Henry Kissinger, lo explicó así: el "virus" de la reforma social democrática de Allende podría "contagiarse" a otros sitios y llegar a España o Italia amenazadas por iniciativas reformistas de izquierdas. Dichas consideraciones han sido un principio rector para la política exterior estadounidense, igual que para la de sus predecesores imperialistas. De hecho, volviendo a Atenas, su ultimatum a Melos tenía motivaciones similares: que su "neutralidad" no se extendiera a otras islas griegas. Este es un principio fundamental en asuntos mundiales

Por ahora, las iniciativas de Putin sirvieron para descartar la perspectiva de una Europa independiente. Eso es un regalo inconmensurable para la política imperial de EE.UU. Puede que Washington esté muy satisfecho con cómo se están desarrollando los crímenes en Ucrania. Tal vez, como ha sugerido recientemente Hillary Clinton, se dé la posibilidad de apoyar una insurgencia como la de Afganistán, que devastó el país mientras bloqueaba los intentos rusos de retirarse (como intentaban hacer desde un principio según queda claro en los archivos rusos liberados), y que también contribuyó al hundimiento de la Unión Soviética.

Nunca se atribuyó el mérito por haber instigado a Rusia a invadir Afganistán, pero el asesor de Seguridad Nacional de Carter, Zbigniew Brzezinski, un célebre analista estratégico, explicó que el destino de millones de afganos apenas se puede comparar con la caída de la economía mundial o con el destino de millones de ucranianos. 

Qué se puede hacer

Volviendo a las preguntas principales ¿Podemos hacer algo para evitar la masacre? ¿Podemos aprender algo? Parece obvio que la respuesta a ambas preguntas es un "sí" rotundo.

Aparte de los horrores que se muestran cada día en las portadas y que se visibilizan bien cuando el enemigo es el responsable, hay sucesos en camino mucho más macabros. Algunos ya están ocurriendo, otros están demasiado cerca para que estemos tranquilos.

Ya se siente el agudo retroceso en los intentos de reducir el uso de combustibles fósiles, lo que constituye prácticamente una sentencia de muerte. La euforia en las sedes de las petroleras es incluso mayor que la alegría desatada en las oficinas de los fabricantes de armas. Las petroleras exigen que se les reconozca como salvadores de la civilización mientras se los autoriza a dedicar cada vez más esfuerzos en destruir el futuro de la vida humana en la Tierra. Por no hablar de la ingente cantidad de especies que estamos destrozando desenfrenadamente.

Esto está ocurriendo mientras nos llega el análisis más acuciante hasta ahora del IPCC, la agencia internacional que vifila la evolución del clima. En su presentación de agosto, advierte que tenemos que reducir de inmediato el uso de combustible fósil, y luego avanzar sustancialmente cada año, si queremos evitar puntos de no retorno que ya no quedan muy lejos. Ni un demonio perverso habría elucubrado una situación como la actual: por un lado, intentos enormes de aumentar el uso de combustibles fósiles "para salvar la civilización" y por el otro el reconocimiento de que hay que reducirlo sin demora para evitar una catástrofe inimaginable.

El fantasma de la guerra nuclear

Esa es la situación actual. Y eso no es todo. La crisis de Ucrania amenaza con una guerra nuclear; lo que significa una guerra terminal. No se escapa nada. El país que lance el primer ataque quedará destrozado hasta tal punto que los afortunados serán los que mueran rápido. Y eso no es una perspectiva remota. Putin ya eimitió una alerta nuclear, probablemente simbólica, pero no sabemos dónde podría acabar.

Rusia tiene un sistema de alerta muy débil. Depende del radar, que solo llega al horizonte, a diferencia de EE.UU. que usa detección por satélite y advierte a la primera señal de ataque inminente. Rusia apenas tiene alertas de ataque y, por lo tanto, podría hacer un ataque devastador incluso en caso de accidente, como los que han ocurrido muchas veces y en los que la intervención humana ha evitado la destrucción total. 

La amenaza empeoró mucho cuando Trump desmanteló el Tratado INF entre Reagan y Gorbachov, dejando a Moscú a pocos minutos de misiles nucleares colocados cerca de sus fronteras. Tras la expansión de la OTAN realizada por Clinton y sus sucesores, el desmantelamiento del tratado ABM que hizo George W. Bush tuvo consecuencias similares.

Según las encuestas, más de un tercio de los estadounidenses están a favor de "tomar medidas militares (en Ucrania) aunque esté en juego la guerra nuclear con Rusia". Eso significa que más de un tercio de los estadounidenses obviamente no tienen la menor idea de lo que significa un conflicto nuclear y escuchan proclamas heroicas en el Congreso y los medios sobre crear una zona de exclusión aérea, algo que hasta ahora está evitando el Pentágono porque entiende que eso requeriría destruir instalaciones antiaéreas en Rusia y, probablemente, pasar a una guerra nuclear.

Dejando de lado esta locura, resulta obvio para cualquiera que tenga un cerebro funcionando que, nos guste o no, habrá que ofrecer a Putin algún tipo de salida, al menos si nos preocupa algo el destino de los ucranianos y del mundo. Desafortunadamente, parece que los atrevidos y descerebrados imitadores de Winston Churchill son más atractivos que preocuparse por las víctimas de Ucrania y más allá.

¿Qué podemos hacer? La única opción es trabajar con fuerzo educando, organizando y realizando acciones que consigan comunicar las amenazas que enfrentamos y movilizar al conjunto. No es una tarea sencilla. Pero es necesaria para sobrevivir.

Publicado enInternacional
Sábado, 09 Abril 2022 05:53

Son tiempos de contradicciones

Fuentes: Instituto Tricontinental de Investigación Social [Imagen: Henry Moore (Gran Bretaña), Grey Tube Shelter [Refugio del tubo gris], 1940]

Esta no es la época de las certezas

Es difícil desentrañar las profundidades de nuestro tiempo, las guerras terribles y la información confusa que circula sin mucho criterio.

Es fácil encontrar certezas en las transmisiones de los medios y en Internet, pero ¿se basan en una evaluación honesta de la guerra en Ucrania y de las sanciones contra los bancos rusos (que forman parte de una política de sanciones más amplia de Estados Unidos, que actualmente afecta a unos treinta países)? ¿Reconocen la horrible realidad del hambre que ha aumentado debido a esta guerra y a las sanciones? Parece que gran parte de las «certezas» están ancladas en la «mentalidad de la Guerra Fría», que entiende que la humanidad está irremediablemente dividida en dos bandos opuestos. Sin embargo, este no es el caso; la mayoría de los países están luchando por elaborar un enfoque no alineado ante la «nueva Guerra Fría» impuesta por Estados Unidos. El conflicto de Rusia con Ucrania es un síntoma de batallas geopolíticas más amplias que se han librado durante décadas.

El 26 de marzo, el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, definió algunas certezas desde su punto de vista en el Castillo Real de Varsovia (Polonia), calificando la guerra en Ucrania como «una batalla entre la democracia y la autocracia, entre la libertad y la represión, entre un orden basado en reglas y otro gobernado por la fuerza bruta». Estos binarios son totalmente una fantasía de la Casa Blanca, cuya actitud hacia el «orden basado en normas» no se basa en la Carta de la ONU, sino en las «normas» que dicta Estados Unidos. Las antinomias de Biden culminaron en un objetivo político: «Por el amor de Dios, este hombre no puede seguir en el poder», dijo, refiriéndose al presidente ruso Vladimir Putin. La estrechez de miras de Biden ante el conflicto de Ucrania ha provocado un llamamiento público al cambio de régimen en Rusia, un país de 146 millones de habitantes cuyo gobierno tiene 6.255 cabezas nucleares. Con el violento historial de Estados Unidos en el control del liderazgo en varios países, sus imprudentes declaraciones sobre el cambio de régimen no pueden quedar sin respuesta. Deben ser contestadas universalmente.

El eje principal de la guerra de Rusia no es en realidad Ucrania, aunque hoy se lleve la peor parte. Se trata de si se puede permitir que Europa forje proyectos independientemente de Estados Unidos y su agenda para el Atlántico Norte. Entre la caída de la URSS (1991) y la crisis financiera mundial (2007-08), Rusia, las nuevas repúblicas postsoviéticas (incluida Ucrania) y otros Estados de Europa del Este intentaron integrarse en el sistema europeo, incluida la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Rusia se incorporó al proceso de la Asociación para la Paz de la OTAN en 1994, y siete países de Europa del Este (entre ellos Estonia y Letonia, fronterizos con Rusia) se unieron a la OTAN en 2004. Durante la crisis financiera mundial, se hizo evidente que la integración en el proyecto europeo no sería totalmente posible debido a las vulnerabilidades de Europa.

En la Conferencia de Seguridad de Múnich de febrero de 2007, el presidente Vladimir Putin cuestionó el intento de Estados Unidos de crear un mundo unipolar. «¿Qué es un mundo unipolar? No importa cómo embellezcamos este término, significa un único centro de poder, un único centro de fuerza y un único amo”, dijo. Refiriéndose a la retirada de Estados Unidos del Tratado de Misiles Antibalísticos en 2002 (que ya había criticado entonces) y a la guerra ilegal de Irak en 2003, Putin dijo: «Ya nadie se siente seguro porque nadie puede resguardarse detrás del derecho internacional». Más tarde, en la Cumbre de la OTAN de 2008 en Bucarest (Rumania), Putin advirtió sobre los peligros de la expansión de la OTAN hacia el este, presionando contra la entrada de Georgia y Ucrania en la alianza militar. Al año siguiente, Rusia se asoció con Brasil, China, India y Sudáfrica para formar el bloque BRICS como alternativa a la globalización impulsada por Occidente.

Durante generaciones, Europa ha dependido de las importaciones de gas natural y petróleo crudo, primero de la URSS y luego de Rusia. Esta dependencia de Rusia ha aumentado a medida que los países europeos han tratado de poner fin a su uso del carbón y la energía nuclear. Al mismo tiempo, Polonia (2015) e Italia (2019) se adhirieron a la Iniciativa de la Nueva Ruta de la Seda (BRI, por su sigla en inglés) liderada por China. Entre 2012 y 2019, el gobierno chino también formó la Iniciativa 17+1, que vincula a diecisiete países de Europa Central y Oriental en el proyecto BRI. La integración de Europa en Eurasia abrió la puerta a su independencia en política exterior. Pero esto no estaba permitido. Toda la farsa de la «OTAN global» —articulada en 2008 por el secretario general de la OTAN, Jaap de Hoop Scheffer— fue un elemento para impedir esta evolución.

Temeroso de los grandes cambios que se estaban produciendo en Eurasia, Estados Unidos actuó en los frentes comercial y diplomático/militar. Desde el punto de vista comercial, EE. UU. trató de sustituir la dependencia europea del gas natural ruso prometiendo suministrar a Europa gas natural licuado (GNL) procedente tanto de proveedores estadounidenses como de los Estados árabes del Golfo. Dado que el GNL es mucho más caro que el gas por tubería, no se trataba de un acuerdo comercial atractivo. Las empresas de Silicon Valley no podían sostener los desafíos a los avances chinos en soluciones de alta tecnología —sobre todo en telecomunicaciones, robótica y energía verde—, por lo que Estados Unidos recurrió a dos instrumentos de fuerza: en primer lugar, el uso de la retórica de la Guerra contra el Terrorismo para prohibir las empresas chinas (alegando consideraciones de seguridad y privacidad) y, en segundo lugar, las maniobras diplomáticas y militares para desafiar el sentido de estabilidad de Rusia.

La estrategia de Estados Unidos no fue del todo exitosa. Los países europeos pudieron constatar que no había un sustituto eficaz para la energía rusa ni para las inversiones chinas. Prohibir las herramientas de telecomunicaciones de Huawei e impedir la certificación de NordStream 2 solo perjudicaría a los pueblos europeos. Esto estaba claro. Pero lo que no estaba tan claro era que, al mismo tiempo, Estados Unidos comenzó a desmantelar la arquitectura que mantenía la confianza en que ningún país iniciaría una guerra nuclear. En 2002, Estados Unidos abandonó unilateralmente el Tratado de Misiles Antibalísticos y, en 2018-19, se retiró del Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (INF, por su sigla en inglés). Los países europeos desempeñaron un papel clave en el establecimiento del Tratado INF en 1987 a través del movimiento por la «congelación nuclear» (nuclear freeze), pero el abandono del tratado en 2018-19 fue recibido con un relativo silencio por parte de los pueblos europeos. En 2018, la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos pasó de centrarse en la Guerra Global contra el Terrorismo a la prevención de la «reaparición de la competencia estratégica a largo plazo» de «rivales cercanos» como China y Rusia. Al mismo tiempo, los países europeos comenzaron a realizar ejercicios de «libertad de navegación» a través de la OTAN en el Mar Báltico, el Mar Ártico y el Mar del Sur de China, enviando mensajes amenazantes a China y Rusia. Estas maniobras acercaron a China y a Rusia.

Rusia indicó en varias ocasiones que era consciente de estas tácticas y que defendería sus fronteras y su región con la fuerza. Cuando Estados Unidos intervino en Siria en 2012 y en Ucrania en 2014, estas maniobras amenazaron a Rusia con la pérdida de sus dos principales puertos de aguas cálidas —en Latakia (Siria) y Sebastopol (Crimea)—, razón por la cual Rusia se anexionó Crimea en 2014 e intervino militarmente en Siria en 2015. Estas acciones sugerían que Rusia seguiría utilizando su ejército para proteger lo que considera sus intereses nacionales. Ucrania cerró entonces el canal de Crimea del Norte que aportaba a la península el 85% de su agua, lo que obligó a Rusia a abastecer a la región con agua a través del puente del estrecho de Kerch, construido con un enorme coste entre 2016 y 2019. Rusia no necesitaba «garantías de seguridad» de Ucrania, ni siquiera de la OTAN, pero las buscaba en Estados Unidos. En Moscú se temía que Estados Unidos colocara misiles nucleares de alcance intermedio alrededor de Rusia.

A la luz de esta historia reciente, las contradicciones sacuden las respuestas de Alemania, Japón e India, entre otros. Cada uno de estos países necesita el gas natural y el crudo ruso. Tanto Alemania como Japón han sancionado a los bancos rusos, pero ni el canciller alemán, Olaf Scholz, ni el primer ministro japonés, Fumio Kishida, pueden reducir las importaciones de energía. India, a pesar de formar parte junto con Japón del Quad respaldado por Estados Unidos, se ha negado a sumarse a la condena de Rusia y a las sanciones a su sector bancario. Estos países tienen que gestionar las contradicciones de nuestro tiempo y sopesar las incertidumbres. Ningún Estado debe aceptar las denominadas «certezas» que refuerzan la dinámica de la Guerra Fría, ni descuidar los peligrosos resultados de los cambios de régimen y el caos con influencia externa.

Siempre es una buena idea reflexionar sobre el tranquilo encanto de los poemas de Tōge Sankichi, que vio caer la bomba atómica sobre su Hiroshima natal en 1945, y luego se unió al Partido Comunista Japonés para luchar por la paz. En su «Llamado a la acción», Sankichi escribió:

estira esos brazos grotescos
a los muchos brazos similares
y, si parece que ese destello puede volver a caer,
sostén el maldito sol:
incluso ahora no es demasiado tarde.

Por Vijay Prashad | 09/04/2022

Publicado enSociedad
Greg Yudin, profesor de filosofía política en la Universidad de Moscú.

Este politólogo se muestra muy pesimista sobre el curso que puede tomar la guerra y llama a cortocircuitar el sistema financiero como vía para acabar con el conflicto.

 

Greg Yudin es filósofo y sociólogo de la Escuela de Ciencias Sociales y Económicas de Moscú. Dos días antes de que comenzara la invasión rusa de Ucrania, anticipó exactamente lo que iba a suceder, en un artículo para Open Democracy. Greg Yudin sigue en Moscú; fue hospitalizado por las fuerzas de seguridad durante una protesta en los días posteriores al inicio de la guerra. Yudin lleva tiempo advirtiendo sobre la agresiva pretensión de poder de Putin, que hace cada vez más probable un enfrentamiento militar con la OTAN. En la entrevista, describe los mecanismos de poder en los que se basa el sistema de Putin, la rápida transformación de la sociedad rusa en un orden prefascista y las perspectivas del movimiento antiguerra.

Dos días antes de que comenzara oficialmente la guerra, usted fue uno de los pocos intelectuales que advirtió de un conflicto de esta envergadura. Mientras muchos izquierdistas seguían pensando que se iba a tratar de la anexión del Donbás, usted predijo una guerra que se centraría en Kiyv, Járkiv y Odessa. ¿Cómo llegó a esta valoración?
Llevo dos años advirtiendo sobre esta guerra, pero ciertamente no era el único que la veía acercarse; al principio había gente que estudia la política rusa y más tarde los expertos en el ejército ruso también llamaban la atención sobre esa posibilidad. Pero muchos expertos descartaban o incluso ridiculizaban la posibilidad real de una guerra de gran envergadura, y la razón no es que sean incompetentes, sino que partían de supuestos erróneos. Desgraciadamente, no parece que estén aprendiendo la lección, ya que hoy descartan a gritos una escalada nuclear, partiendo de las mismas premisas erróneas. 

El principal error fue la suposición de que Putin estaría definitivamente peor después de invadir Ucrania que antes, y que esto iba a influir en sus cálculos. Sin embargo, Putin sopesó el coste de la guerra frente al coste de la inacción. Tenía muy claro que muy pronto se encontraría en una situación desesperada si no iniciaba esta operación militar en ese momento.

La Rusia actual es un régimen bonapartista, muy similar al régimen francés de 1848-1870 descrito por Marx, pero también a la Alemania de entreguerras. Se apoya en los plebiscitos beneficiándose de una introducción brusca del sufragio universal y potencia agresivamente el resentimiento y el revanchismo en la sociedad tras una gran derrota (en el caso de Rusia, tras la Guerra Fría). Gobernados por un líder con un poder casi ilimitado, estos regímenes tienden a degenerar en monarquías electorales que reprimen todas las divisiones internas y son hostiles a sus vecinos. Son económicamente estables, lo que les ayuda a despolitizar a las masas, cambiando el desentendimiento total respecto a lo cívico por el bienestar relativo y el potenciamiento del escapismo hacia la vida privada. Todo ello les lleva a ser agresivos militarmente, externalizando los conflictos internos, exagerando las amenazas del exterior y, finalmente, reforzando fuertes alianzas militares contra ellos. Se dejan llevar por tendencias suicidas y se dirigen inevitablemente hacia la derrota, pero eso tiene un alto precio para todos, especialmente ahora, en la era nuclear.

Después de que Putin convirtiera a Rusia en una monarquía virtual con su referéndum constitucional de 2020 e intentara asesinar a su único oponente político, Alexei Navalny, me quedó claro que estaba alimentando un plan para una gran guerra. Dado que la mera existencia de un Estado grande y culturalmente cercano con un régimen político respaldado militarmente por Estados Unidos es vista por Putin como una amenaza existencial, resultó obvio que iniciaría una guerra para conquistar Ucrania si no lograba someterla pacíficamente. Ningún precio es demasiado alto para que Putin se haga con el control de Ucrania, ya que cree estar en peligro existencial por lo que él llama una “anti-Rusia” junto a sus fronteras. Además, Putin se enfrenta a una popularidad en declive en su país, sobre todo entre los jóvenes, y es probable que se enfrente a un movimiento de resistencia muy pronto. Necesita estar seguro de poder reprimirlo a cualquier precio.

¿Qué puede decir sobre la represión y las perspectivas del movimiento antiguerra?
El movimiento antiguerra ha conseguido mostrar una división en la sociedad rusa. Las personas que han protestado en las calles o han hecho declaraciones públicas contra la guerra han puesto de manifiesto que hay una parte importante de la sociedad rusa que rechaza esta guerra y la considera no sólo un crimen contra Ucrania, sino también una traición a los intereses de Rusia. En los primeros días, cuando las encuestas de opinión todavía tenían algún sentido (ya no lo tienen cuando uno se enfrenta a hasta 20 años de prisión por el simple hecho de llamar guerra a esta “operación militar especial”), sugerían que hasta el 25% de los rusos se oponían a esta acción militar. Creo que es un éxito considerable. Pero las protestas se han estancado. Ni siquiera es la represión lo que las impide, sino la falta de organización. Putin fue lo suficientemente inteligente como para destruir todas las organizaciones y redes políticas o civiles antes de iniciar la guerra. Es increíblemente difícil organizarse aquí; enseguida te detiene la policía o te golpean los matones patrocinados por el Estado. La falta de organización es desmoralizante. La gente está dispuesta a arriesgar su vida, a pesar de las nuevas leyes y el aumento de la violencia policial. Pero es difícil hacerlo cuando uno no ve la forma de conseguir algo. Putin siempre gana fomentando la impotencia.


En una entrevista con Robin Celikates para TAZ, usted comparó la situación actual con la de 1938, cuando Alemania se anexionó los Sudetes. Esta comparación es muy controvertida ya que alimenta la narrativa que pone a Putin en línea con Hitler, mientras que George Bush nunca fue descrito de la misma manera cuando invadió Iraq y mató a cientos de miles de personas.
La comparación con Hitler fue desafortunada durante muchos años y nunca la apoyé. Pretendía asustar al público identificando a Putin con el mal radical. Putin estaba mucho más cerca de Napoleón III o tal vez de Franco, si se quiere enfatizar su crueldad. Esto no significa que “no fuera lo suficientemente malo”, sino que se trataba de un tipo diferente de régimen autoritario represivo.

Pero ahora la situación en Rusia ha cambiado, y no estoy seguro de que todo el mundo fuera de Rusia lo entienda. Aquí se está pasando del autoritarismo al totalitarismo. Es una cuestión de cómo se estructura políticamente la sociedad y en qué se basa el poder. En otras palabras, no es una cuestión de cantidad, sino de calidad. Y en este sentido, sí, desde hace muy poco hay claramente más similitudes con lo que se describe clásicamente como fascismo.

En Alemania tenemos una conceptualización muy estricta del fascismo y del nazismo, este último siempre vinculado a un antisemitismo eliminatorio. Intelectuales en Alemania como Felix Jaitner analizan más bien el régimen de Putin con el marco de Marx y Poulanzas del “bonapartismo”, algo entre la dictadura militar y el fascismo.
La obsesión por la esencia de la nación ucraniana y su equivalencia con la nación rusa es lo que destaca como un elemento particularmente nazi y no sólo fascista. Como prueba anecdótica, debo añadir que hace tiempo que se sabe que hay muchos admiradores de Mussolini entre las élites rusas. También recomendaría leer el artículo de Putin en el National Interest de 2020 en el que explica las causas de la Segunda Guerra Mundial. Intenta encontrar cuántas veces culpa a Alemania de esta guerra en este artículo, en comparación con las que lo hace con Polonia. En cuanto al antisemitismo, ahora mismo no hay ningún elemento antisemita explícito en el régimen. Pero hay mucho antisemitismo tácito en Rusia, y se concentra sobre todo en los servicios secretos, que ahora tienen la sartén por el mango.

¿Considera que el Movimiento Z es un indicador del cambio cualitativo hacia el fascismo?
El signo Z fue adoptado de los vehículos militares rusos en Ucrania (los vehículos pertenecientes al distrito militar occidental tienen signos Z debido a la palabra rusa para referirse a Occidente: “Zapad”) y fue promovido por los propagandistas del Estado que ciertamente saben que se parece a una media esvástica. A algunas personas mayores les aterrorizaba este signo, que les recordaba inmediatamente a su infancia. Ahora los signos de la Z se encuentran en las puertas de los activistas contra la guerra, junto con amenazas, lo que indica que hay un grupo de nazis entre los siloviki [miembros de la policía secreta y las fuerzas de seguridad; nota del editor], y que ahora tienen el respaldo para hacer tales cosas.

Aún más escalofriante son las instalaciones en forma de Z que la gente de toda Rusia está formando con sus cuerpos. No sólo los funcionarios, sino también los niños de las escuelas y guarderías, reciben la orden de reunirse en forma de Z y aclamar a Putin. Al ver esa “Z”, formada por niños enfermos terminales o por niños pequeños arrodillados, es difícil no pensar en la Alemania nazi. Otra dinámica preocupante es la introducción de la propaganda descarada en las instituciones educativas, desde las universidades hasta los jardines de infancia. La visión de Putin sobre la historia de Ucrania se está metiendo ahora en la cabeza de los niños. Esto nunca fue así antes: a pesar de algunos avances preocupantes en la enseñanza de la historia, nunca se exigió compartir el juicio oficial de la historia, y mucho menos las teorías delirantes de Putin.

¿La movilización fascista de la sociedad tiene lugar principalmente en el plano de la simbología política?
Hay que añadir a este cuadro la violencia desatada. Desde el comienzo de las protestas contra la guerra, ya hay numerosas pruebas de palizas, torturas y agresiones sexuales en las comisarías. Aunque la violencia policial no es ciertamente nueva en Rusia, estos acontecimientos indican un posible cambio a un nuevo nivel. También hay una represión total de los medios de comunicación independientes: justo el lunes [28 de marzo] cerró el último diario independiente, Novaya Gazeta, cuyo director recibió el premio Nobel el año pasado, por lo que prácticamente ya no hay medios independientes. Los que quedan son inaccesibles desde Rusia y son calificados oficialmente como “agentes extranjeros” u “organizaciones extremistas”.

Por último, el elemento más alarmante de esta nueva configuración potencialmente totalitaria es el giro ideológico que ha dado Putin desde los primeros días de la guerra: su nueva narrativa de la “desnazificación” de Ucrania.
La acusación de que las autoridades ucranianas están apoyando a la extrema derecha ha sido omnipresente en el discurso oficial ruso durante algún tiempo, y no es del todo infundada. Sin embargo, en febrero se convirtió en una retórica puramente esencialista, dando a entender que la esencia ucraniana, supuestamente rusa por naturaleza, ha sido contaminada por algún elemento nazi. Por lo tanto, es tarea del ejército ruso purgar a Ucrania de este elemento nazi. El Ministerio de Defensa ruso ya habla de establecer procedimientos de “filtración” en los territorios ocupados. Y como los ucranianos se resisten obstinadamente, la única explicación posible es que estaban aún más “nazificados” de lo esperado, lo que podría llevar fácilmente a la conclusión de que merecen ser eliminados. La misma narrativa de la “pureza” fue utilizada por Putin hace apenas unos días cuando habló del “enemigo interior”, los llamados “traidores a la nación” que deben ser “escupidos como una polilla” por la sociedad rusa para preservar su salud.

¿Es posible cuantificar el movimiento Z?
Depende de cómo se defina. El número de personas que han participado en las instalaciones del organismo público, que llevan el signo Z, lo ponen en sus coches o lo utilizan en las redes sociales es enorme. Mi estimación es que podría acercarse al 30-40% en todos los sectores de la sociedad. Sin embargo, llamar a todos ellos un solo movimiento no es correcto. Muchos de ellos han sido obligados a mostrar el cartel por sus empleadores, a menudo estatales. Muchos no están contentos con ello, pero he oído decir: “Haré lo que quieran que haga si eso salva mi trabajo”. Las personas que lo hacen voluntariamente son mucho menos numerosas. Sin embargo, algunos son realmente agresivos.

Para ser claros, aquí es exactamente donde se encuentra la línea entre el buen y viejo autoritarismo de Putin y un nuevo tipo de estado totalitario. Mientras este movimiento se escenifique mayoritariamente en contra de la voluntad del pueblo, la línea permanece sin cruzar. Sin embargo, la pasividad de las masas es realmente ilimitada, pueden convertirse fácilmente en una turba agresiva.

Hemos visto cómo la bolsa se desploma un 40% en dos semanas, pero el rublo ya se ha recuperado desde mediados de marzo. ¿Cuánto tiempo puede funcionar una economía de guerra en Rusia? ¿Las consecuencias sociales de la caída económica no provocarán un gran descontento?
Putin no se quedará de brazos cruzados y esperará a que la crisis golpee lo suficientemente fuerte como para que los rusos se vuelvan contra él. Es consciente del riesgo y, por tanto, lo más probable es que intente culpar de la crisis a los “traidores” que actúan de forma concertada con Occidente para perjudicar a Rusia. Sin embargo, si por alguna razón Putin no consigue poner en marcha el terror y pierde impulso, es probable que las partes de la sociedad que ahora están más perjudicadas por la crisis se alíen con las élites en su contra. Esto podría ocurrir relativamente pronto.


¿Cómo es la base de poder de Putin en términos económicos? ¿Existe una división dentro de las élites económicas en pro/contra la guerra?
Putin ha sido capaz de construir una economía neoliberal fuerte y robusta al atenerse al modelo de mercado desencadenado de los años noventa. De hecho, los neoliberales que estaban en el poder con Yeltsin siguen a cargo de la economía con Putin. La figura clave es Elvira Nabiullina, la directora del Banco Central de Rusia. Este montaje neoliberal tiene algunas peculiaridades, como, por ejemplo, la mezcla de empresas privadas y públicas como Gazprom o Rosneft, que teóricamente pertenecen al Estado, pero que en realidad canalizan los ingresos hacia los bolsillos de los compinches de Putin. Este modelo económico aseguró un impresionante crecimiento económico durante la primera década de Putin en el poder y una relativa resistencia a las sanciones extranjeras en la segunda década.

Sin embargo, el crecimiento se tradujo en una enorme desigualdad. Hoy, Rusia es uno de los países más desiguales del mundo, rivalizando con Estados Unidos en este aspecto: en 2019, el 58% de la riqueza pertenecía al 1% de la población, mientras que el 10% más rico poseía el 83% de toda la riqueza, según Credit Suisse. Al mismo tiempo, Putin ha construido un sistema de goteo similar al que creó Ronald Reagan en su momento. Mientras las élites se hacían increíblemente ricas y se compraban un sinfín de lujosos yates y palacios, la población en general podía elevar su nivel de vida mediante hipotecas y créditos al consumo. Rusia tiene unos niveles de deuda privada desproporcionadamente altos, y una parte importante de las familias más pobres gasta la mitad de sus ingresos en el pago de intereses a los bancos o a las entidades de microcrédito.

Los oligarcas de Putin pueden dividirse en dos grupos. Algunos de ellos son amigos de Putin desde hace mucho tiempo del KGB. Comparten su visión imperialista del mundo y probablemente contribuyeron a empujarlo hacia esta guerra. Otro grupo está formado por aquellas personas que se hicieron súper ricas en los años 90 y pudieron multiplicar sus fortunas bajo el mandato de Putin. Es evidente que no están contentos con esta guerra, y algunos incluso se atreven a decirlo públicamente, aunque de forma sutil. Sin embargo, tanto los superricos como los tecnócratas a cargo de la economía rusa están completamente desprovistos de toda subjetividad política. Putin les ha hecho jurar que nunca se meterán política y no se atreven a desafiar sus decisiones. Le tienen miedo y aceptan que esta guerra es el destino que van a compartir con su país simplemente. De hecho, se dice que Nabiullina intentó dimitir tras el inicio de la guerra, pero Putin amenazó a su familia y la obligó a quedarse. Estas personas se sienten muy cómodas siendo rehenes.

Cuando escribimos antes de la conversación, usted dijo que Putin invadirá Polonia a continuación.
Si eso sucede, hay dos opciones: O los EE UU y la OTAN dejarán que Putin se haga con el control de Europa del Este o posiblemente estaremos abocados a la Tercera Guerra Mundial. Todavía me cuesta imaginar tal escenario, ya que el ejército de la OTAN parece muy superior al de Rusia. El objetivo de Putin no es una guerra con Ucrania ni con Polonia. Para él, estos países son inexistentes o sólo títeres de Estados Unidos. A los ojos del mando militar ruso, la guerra es una guerra defensiva contra los Estados Unidos/OTAN/Occidente, términos que se utilizan indistintamente. El territorio ucraniano es sólo el primer paso de esta gran guerra. Las tropas rusas en Transnistria [región separatista en Moldavia; nota del editor] ya están movilizadas y a la espera de establecer una conexión con el ejército ruso si toma Odessa, lo que significaría que una invasión de Moldavia sería posible.

Los Estados bálticos y Polonia son sin duda objetivos a medio plazo. No es casualidad que Putin haya exigido la retirada total de las tropas de la OTAN de los países del antiguo Pacto de Varsovia. Su estrategia militar es sencilla: amenazar con armas nucleares y apoderarse del territorio. Cree que Occidente es fundamentalmente débil, corrupto y cobarde. Esta actitud es extremadamente popular en Rusia, y Putin la refuerza.

Existe una profunda convicción en Rusia de que Occidente nunca se arriesgará a un conflicto nuclear con Rusia por un país del Este, ya sea Ucrania o Polonia. Lo que estamos viendo ahora en Ucrania confirma en general su apreciación: a Putin le basta con invocar un conflicto nuclear para que Europa Occidental reconsidere lo que está dispuesta a hacer para ayudar a Ucrania. Putin también cree que ahora mismo tiene cierta ventaja militar sobre Estados Unidos en materia de armas hipersónicas. Probablemente cree que esto sería suficiente para disuadir a EE UU de entrar en una posible confrontación nuclear. Según el ejército ruso, ya ha utilizado misiles hipersónicos en Ucrania sin ninguna necesidad militar, lo que parece un mensaje a Occidente. Lo importante es que Putin ha dicho en repetidas ocasiones que esta ventaja no durará demasiado, ya que los estadounidenses pronto se pondrán al día. Esto significa que tiene que aprovecharla ahora.

¿Cómo puede la izquierda de Alemania apoyar a la izquierda de Ucrania y Rusia en sus luchas actuales?
Creo sinceramente que el mundo corre un gran peligro. Conocemos a esta bestia desde dentro y nos hacemos pocas ilusiones de que se detenga por sí sola. La izquierda conoce la importancia de los movimientos internacionales durante las grandes guerras. Por lo tanto, debe resistirse a enmarcar este conflicto en términos de estados-nación, por ejemplo, Rusia y Ucrania, porque eso sólo fortalecería a los estados y debilitaría aún más a los pueblos. Sólo a través de la solidaridad internacional se puede detener a esta bestia. Y hay que detenerla ahora, antes de que sea demasiado tarde.

Una cosa importante que hay que hacer ahora es apuntar al dinero de los súper ricos. Esta brutal agresión ha dejado claro que el capital se vuelve loco cuando no está sujeto a control. El éxito de Putin a la hora de corromper a las élites políticas y económicas de todo el mundo se debe a que sabe que la codicia y el interés propio son las piedras angulares del capitalismo. Cree firmemente que el dinero puede comprarlo todo. Sabe que la democracia liberal es una farsa. Putin es un ultraneoliberal, ha destruido toda la solidaridad en Rusia y la ha sustituido por un cinismo desenfrenado. Por eso está seguro de que nadie va a interferir realmente en sus planes militares y de que todas las sanciones acabarán levantándose, pues al capital sólo le importan los beneficios. Tiene suficientes pruebas de ello, y la política de Merkel respecto a Rusia es un ejemplo de libro de cómo la codicia domina el poder político en el capitalismo.

7 abr 2022

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La hoja de ruta de Putin: hacia la partición de Ucrania

Los combates siguen con la mayor dureza en el este de Ucrania, especialmente sobre la ciudad de Mariúpol, prácticamente el último bastión ucraniano que se interpone ante la evidente intención rusa de unir con una media luna los territorios del Donbás con Crimea.

La "hoja de ruta" del presidente ruso, Vladímir Putin, y su invasión de Ucrania se va perfilando poco a poco. Con el desgaste de sus tropas en el asedio a varias de las principales ciudades ucranianas, Putin se concentra ya sin tapujos en el origen de este conflicto y trata de asegurar el control del Donbás y las zonas aledañas, una vez conseguidos otros objetivos de la ofensiva.

Entre estos logros figura el reconocimiento final por el Gobierno de Kiev de que Ucrania no podrá formar parte de la OTAN, al menos a corto y medio plazo. Esta renuncia, planteada por el propio presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, asesta un mazazo a quienes, en Bruselas y Washington, defendieron a capa y espada el derecho de Ucrania a apostar "libremente" por un futuro dentro del actual sistema de seguridad europeo liderado por la OTAN, aún a riesgo de acorralar al Kremlin y provocar su violenta respuesta. Como así ocurrió.

El anuncio del Ejército ruso de que centrará su campaña en asegurar el dominio del oriente del país parece reforzar en ese sentido la apuesta del Kremlin por una Ucrania dividida y fortalecer así su posición ante un eventual proceso de paz, que, de concretarse, cambiará radicalmente el mapa geoestratégico europeo.

Los últimos contactos celebrados en Estambul con el Gobierno turco como mediador de cara a un posible alto el fuego han constatado que Ucrania aceptaría convertirse en un estado neutral entre la OTAN y Rusia, sin presencia militar extranjera, sin la posibilidad de reinstalar bombas atómicas en su territorio y con ciertas garantías de seguridad que le deberían ofrecer países como Alemania, Canadá, China, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Israel, Polonia y la propia Turquía, según la propuesta ucraniana. La península de Crimea, anexionada por Rusia con un dudoso referéndum apoyado por la población rusófona en 2014, y el Donbás quedarían sujetos a ulteriores negociaciones.

En este contexto, Rusia se ha comprometido a relajar su cerco en torno a ciudades como la capital ucraniana y el área metropolitana de Chernígov, cerca de la frontera con Bielorrusia, la aliada principal de Moscú en esta invasión de Ucrania.

La "finalidad" de la invasión: la "liberación" del Donbás

El general y primer jefe adjunto del Estado Mayor del Ejército ruso, Serguéi Rudskoi, ya había adelantado la semana pasada que Rusia ha completado esos principales objetivos de una "primera fase" de la invasión de Ucrania, con la reducción del potencial de combate ucraniano y la destrucción de muchas de las infraestructuras militares, el equipamiento y los efectivos del Ejército del país invadido. Ya entonces, Rudskoi adelantó que los principales esfuerzos rusos se dirigirían a lograr "la finalidad principal" de la invasión: la "liberación" del Donbás.

En el año 2014, tras caer en Kiev el Gobierno del presidente prorruso Víctor Yanukóvich por la revuelta de Maidán, grupos de milicianos lanzaron en ese territorio del este de Ucrania una revuelta armada ante la represión ejercida por las tropas ucranianas y con el deseo de poder integrarse en la Federación Rusa o al menos conseguir la independencia de Ucrania. Esas milicias prorrusas tuvieron desde un principio el apoyo militar de Moscú y se enzarzaron en una violenta lucha contra las fuerzas ucranianas que causó cerca de 14.000 muertos en esos pequeños territorios fronterizos con Rusia. Los acuerdos de Minsk, en 2014 y 2015, no sirvieron para traer la paz, pues desde un primer momento fueron violados por ambas partes: continuó la represión en el lado ucraniano contra la población rusófona y se incrementaron las acciones militares rusas para lograr la secesión de facto de buena parte de las regiones de Lugansk y Donetsk.

Pero pese al acercamiento de Estambul, la guerra continúa. Y si Kiev puede haber constatado ya cierto repliegue militar ruso, los combates siguen con la mayor dureza en el este del país, especialmente sobre la ciudad de Mariúpol, prácticamente el último bastión ucraniano que se interpone ante la evidente intención rusa de unir con una media luna los territorios del Donbás con Crimea. De completar este objetivo, la partición de Ucrania sería un hecho. Es cierto que la zona arrebatada a Ucrania es bastante más exigua que el resto del país y que no se ha alcanzado otra de las aparentes metas iniciales rusas, esto es, asegurar posiciones en la cuenca media del río Dniéper. Pero si Rusia conserva esa larga franja oriental desde Crimea al Donbás, su capacidad de presión sobre un futuro estado ucraniano neutral podría muy grande. También sería una espada de Damocles sobre la cacareada posibilidad de incorporación ucraniana a la Unión Europea.

Rusia pretende fragmentar Ucrania en dos partes

El jefe de la inteligencia militar de Ucrania, Kirilo Budanov, fue muy claro hace unos días: lo que pretende Rusia es fragmentar Ucrania en dos partes, en un llamado "escenario coreano". Budánov hacía referencia a la partición de la península coreana tras la guerra de 1950-1953. Ese conflicto, sustentado aún hoy día por un armisticio endeble, convirtió a la Zona Desmilitarizada que separa las dos Coreas, la del Norte comunista y la capitalista del Sur, en la última frontera de la Guerra Fría.

La invasión de Ucrania lanzada por Rusia el pasado 24 de febrero plantea la posibilidad de que se levanten en los próximos tiempos fronteras semejantes en el corazón de Europa y que estemos en el umbral de una nueva etapa de esa Guerra Fría dada por finiquitada, quizá muy apresuradamente y solo de palabra, con la caída de la Unión Soviética en 1991.

Se cumplirían así los más negros pronósticos lanzados durante las últimas tres décadas por políticos y académicos en Europa y Estados Unidos ante el imparable avance de la OTAN hacia las fronteras de Rusia, y que, en los años noventa, llevó al seno de la Alianza Atlántica a los compañeros de antaño de Moscú en el Pacto de Varsovia. Las propuestas en 2008 del entonces presidente estadounidense, George W. Bush, a Ucrania y la república transcaucásica de Georgia para que aceleraran los pasos de su integración en la OTAN desataron el pánico en Moscú ante el riesgo real de que la Alianza plantara sus estandartes (y sus silos de misiles) ante las fronteras meridionales rusas.

Uno de estas voces fue la del actual director de la CIA, William Burns, quien fuera embajador estadounidense en Moscú entre 2005 y 2008. En un mensaje filtrado por Wikileaks ese año de 2008, Burns enviaba información confidencial sobre Ucrania y Georgia a mandatarios de la OTAN, el Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos, el Pentágono y la Secretaría de Estado de este país. Burns mostraba su preocupación de que las aspiraciones de Ucrania de entrar en la Alianza pudieran tener "consecuencias impredecibles e incontrolables que afectarían gravemente la seguridad de la región".

"Los expertos explican que Rusia está muy preocupada por las profundas divisiones que está causando el asunto del eventual ingreso en la OTAN de Ucrania, al que se opone gran parte de su comunidad étnica rusa. Ello podría dar lugar a una importante ruptura que implique violencia o, en el peor de los casos, una guerra civil. Ante tal situación, Rusia podría verse conminada a intervenir (en Ucrania), decisión que Moscú no quiere tomar", escribía entonces el diplomático.

Lo que ocurra en los próximos meses y que podría confirmar la escisión de Ucrania, depende aún del curso de la actual contienda, de ahí que Moscú pretenda asegurarse una buena porción del este de Ucrania cuya ocupación no le cueste su propia ruina, como ocurriría si pretendiera subyugar todo el país. "Lo que va a pasar se va a decidir en el campo de batalla", señaló hace unos días Rafael Poch, escritor, excorresponsal en Moscú, Pekín, Berlín y París, y uno de los mejores conocedores de los asuntos del Kremlin. En una conferencia pronunciada en el centro cultural La Casa Encendida, en Madrid, Poch abogó por una solución negociada que evite a toda costa "la quiebra de Rusia", lo que sería "mucho peor que la guerra de Ucrania".

Tal y como subrayó Poch, no parece estar en la voluntad de Estados Unidos que se logren acuerdos de paz definitivos, si eso aliviara el desgaste que está sufriendo Rusia con esta guerra. En diciembre, cuando Washington alertó sobre los planes rusos de invasión, "¿por qué no negoció para evitarla?", inquirió Poch. El analista advirtió contra el riesgo de cerrar todas las salidas a Putin, e incluso de buscar su reemplazo, como ha sugerido el propio presidente estadounidense, Joe Biden. "Cualquier dirigente ruso que llegue al poder se encontrará con el mismo problema de la seguridad existencial de Rusia, que defiende Putin. Confiar en un mero cambio de figura (en el Kremlin) es muy ingenuo", agregó.

30/03/2022 22:00 Actualizado: 01/04/2022 21:09

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¿Cuáles son los "progresos" que anuncia Rusia en el diálogo con Ucrania?

El Canciller ruso Sergei Lavrov anunció desde su visita a la India que se habían logrado progresos en el diálogo con Ucrania, aunque aún son limitados. Sobre la mesa está el compromiso de Ucrania de no ingresar a la OTAN, el diálogo sobre la región de Donbass y el retiro de las tropas rusas.

 

Se cumplieron dos semanas desde que el diario Financial Times publicó una lista de 15 puntos, supuestamente filtrada por altas fuentes intervinientes en el conflicto, que permitirían arribar a un diálogo para poner fin a la guerra. Desde ese momento las negociaciones avanzan a cuentagotas, pero ya se conocen algunos elementos que podrían incluir un primer preacuerdo.

Mientras el Gobierno de Zelenski denuncia que Rusia aprovecha el tiempo para reagrupar sus tropas en el este del país y comenzar una nueva ofensiva en la región del Donbass, algo muy probable por cierto, el Canciller ruso Sergei Lavrorv anunció desde un viaje a la India que se están llevando adelante "progresos" en el diálogo.

Algunos puntos del preacuerdo serían la renuncia de Ucrania a pedir el ingreso a la OTAN, la apertura de una mesa de diálogo sobre Crimea y el Donbass (la primera anexionada por Rusia en 2014 pero no reconocida internacionalmente ni por Ucrania, y la segunda en juego en la actual ofensiva). Esto no implicaría que Ucrania reconozca que esas regiones sean autónomas o que estén bajo control Ruso, pero sí se comprometerían a no atacan militarmente esas posiciones durante un diálogo que deberá ser bilateral (sin intervención de otros países). A cambio de esto Rusia replegaría sus sus tropas, sobre todo de Kiev. Ayer comenzó a hacerlo de a poco y también retiró sus tropas de la central nuclear de Chernobyl. Sin embargo, Ucrania advierte que puede ser una distracción para reagruparse y reabastecerse.

En ese marco, Lavrov aseguró este viernes durante su visita oficial a la India que se han producido ciertos progresos en las negociaciones sobre el estatus neutral de Ucrania, incluyendo un acercamiento de posturas con respecto a la situación de las regiones del Donbass.

"Estos acuerdos deben ser completados (...), hay cierto progreso admitiendo la imposibilidad de que Ucrania forme parte de cualquier bloque", aseguró el jefe de la diplomacia rusa, agregando que han encontrado "un entendimiento" sobre la situación en la disputada región de Donbass.

India se ha mantenido con un perfil de neutralidad desde el comienzo de la invasión rusa de Ucrania, absteniéndose de condenar la agresión en la Asamblea General de la ONU.

El ministro de Exteriores ruso se reunió este viernes con su homólogo indio, Subrahmanyam Jaishankar, al que agradeció su postura neutral en el conflicto por contemplar el asunto "en su totalidad, no solo desde una de las partes".

Hacer frente a las sanciones

Además de discutir la situación en Ucrania, la reunión entre Lavrov y Jaishankar también debía servir para que ambos países desarrollasen mecanismos efectivos de pago para continuar con sus transacciones comerciales pese a las sanciones internacionales que pesan sobre la economía rusa.

La mayor de estas dificultades versa sobre la imposibilidad de gran parte de los bancos rusos de acceder al sistema de comunicación interbancario internacional SWIFT, así como el bloqueo de la reserva de divisas del Banco Central de Rusia, lo que limita ampliamente su actividad financiera.

Ante la devaluación abrupta del rublo y las restricciones sobre el sistema SWIFT, Putin había amenazado con exigir el pago en rublos a los países a los que les vende gas. Sin embargo, ante la negativa de muchos de esos países a pagar en la moneda local rusa el Kremlin tuvo que salir a aclarar este viernes que "el gas ya exportado está fuera del nuevo esquema de pagos en rublos".

El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, señaló que "El decreto no es retroactivo" y que "el desembolso por los envíos que se hacen ahora, no se realiza hoy mismo. El pago debe hacerse a finales, en la segunda mitad del mes, en abril o incluso a principios de mayo", buscando ganar tiempo para lo que serían las nuevas condiciones.

Al mismo tiempo Estados Unidos anunció abrirá su reserva estratégica de petróleo y por qué libera un millón de barriles por día. Esto tiene el doble objetivo de intentar frenar la creciente inflación sobre los hidrocarburos al interior del propio país, pero también de avanzar en lo que espera sea un negocio multimillonario: el de suministrar estos commodities a Europa, buscando reemplazar lo que hoy se importa desde Rusia.

El sábado pasado, Biden estuvo en la cumbre de la Unión Europea y cerró un acuerdo para que Estados Unidos se convierta en el principal proveedor de gas hacia Europa -exportando solo este año 15 mil millones de metros cúbicos de Gas Natural Licuado (GNL)- como parte del plan para cortar la dependencia energética de Rusia.

Rearme imperialista

A la reestructuración de la exportación de hidrocarburos, se suma una mucho más peligrosa. Tiene que ver con el rearme histórico que están aprobando uno tras otro los países imperialistas que forman parte de la OTAN y que significan un incremento en el militarismo y el guerrerismo no vistos desde la segunda guerra mundial. Esta tendencia que la comenzó Alemania a poco de iniciada la guerra en Ucrania, fue seguida por varios países europeos y coronada esta semana por Estados Unidos con el anuncio de Biden de presentar un aumento histórico del gasto militar.

De esta manera, la reaccionaria invasión de Rusia a Ucrania ya tuvo repercusiones desastrosas no solo entre las poblaciones de ambos países, sino que ayudó a consolidar el bloque imperialista de la OTAN comandado por Estados Unidos y junto a ello un incremento del gasto militar y de guerra sin precedentes en décadas, que no puede significar nada bueno para la población mundial.

 Viernes 1ro de abril


 

Rusia prueba en Ucrania los misiles más rápidos del mundo

Moscú utiliza por primera vez los misiles hipersónicos Kinzhal desde aviones, una avanzada tecnología que solo poseen Rusia y China, y en la que EEUU anda entre cinco y diez años por detrás. La velocidad de estos misiles multiplica por diez la velocidad del sonido, pueden transportar ojivas nucleares y todavía no existe tecnología para interceptarlos.

29/03/2022 01:07 Actualizado: 01/04/2022 21:10

Eugenio García Gascón

Diario Público

En cada guerra, especialmente cuando anda por medio una gran potencia, los países punteros examinan con minuciosidad el uso que se hace de las armas con el fin de saber hasta dónde ha llegado la tecnología del enemigo y mejorar su propia producción de armas. Como no podía ser de otra manera, eso también está ocurriendo en el conflicto de Ucrania.

Hasta ahora el arma estrella de la guerra, aunque apenas se ha usado, es un misil hipersónico que puede alcanzar los 150 kilómetros de altitud con un radio de más de 2.000 kilómetros, que es hasta diez veces más veloz que la propagación del sonido y que es capaz de llevar ojivas nucleares. Aunque se ha usado con anterioridad, en la guerra de Ucrania se ha disparado en dos ocasiones y por primera vez desde aviones de combate y no desde tierra.

Se trata de un misil de unas capacidades exclusivas que solamente poseen Rusia y China, pero no los Estados Unidos, que andan a la zaga en esta materia. Cazas MIG-31 dispararon recientemente dos de estos misiles hipersónicos Kinzhal, que están considerados los más rápidos del mundo, contra sendos objetivos en el sur de Ucrania: un depósito de combustible y un almacén de armas subterráneo.

El hecho más destacable es que hasta ahora solo se habían usado en su versión terrestre, que es más fácil de detectar, y no en su versión aérea. Expertos israelíes citados por el Yediot Ahronot señalan que es posible detectar esos misiles hipersónicos, especialmente en su versión terrestre, pero en cambio no es posible interceptarlos cuando se disparan desde un avión MIG.

Los expertos califican estos misiles Kinzhal (que en ruso significa "daga" o "puñal") de "estratégicos", es decir les atribuyen unas características que están por encima de los tanques avanzados T-80, que también se han usado en Ucrania pero tendrían unas características meramente "tácticas" y no "estratégicas". Los carros T-80 disponen de capacidades de defensa activa contra misiles antitanque.

Expertos occidentales consideran que el uso de misiles hipersónicos no solo es importante desde el punto de vista militar, sino que conlleva aparejado e implícito un mensaje de disuasión para Ucrania y para Occidente en general. En la práctica el mensaje va dirigido especialmente a la OTAN, que no posee un misil equivalente en su arsenal.

En la jerga militar se conoce como hipersónico al misil que es capaz de alcanzar una velocidad por lo menos cinco veces superior a la del sonido. Un misil subsónico sería el que vuela a una velocidad inferior a la del sonido mientras que un misil supersónico viaja a una velocidad de entre una y cinco veces la velocidad de propagación del sonido.

A diferencia de los balísticos, los misiles hipersónicos pueden maniobrar en el aire, es decir no tienen una trayectoria lineal prevista desde el principio. Se estima que la fabricación de cada unidad cuesta "varios millones de dólares", lo que explica que Moscú los haya usado en solo dos ocasiones puntuales y probablemente solo vuelva a utilizarlos cuando haya un objetivo que compense su elevado coste.

A diferencia de los balísticos, para los que se han desarrollado sistemas antimisiles, la tecnología occidental todavía no ha logrado la capacidad de hacer frente a los misiles hipersónicos. EEUU no posee misiles hipersónicos y no fue hasta 2021 cuando Washington dio instrucciones para fabricar esta clase de misiles. Los expertos estiman que EEUU va entre cinco y diez años por detrás de Rusia y China en esta innovadora tecnología.

Expertos occidentales cuestionan algunos datos facilitados por Moscú en relación con el Kinzhal. Según los rusos, el misil puede alcanzar en ciertas condiciones una velocidad de hasta 15.000 kilómetros por hora, es decir diez veces la del sonido. Por el contrario, los occidentales estiman que su velocidad máxima es en realidad de solo siete u ocho veces la velocidad del sonido. En cualquier caso, esta velocidad reducida constituye un récord mundial para este tipo de proyectiles.

Según un experto israelí citado por el Yediot Ahronot, "en los dos últimos lanzamientos el Kinzhal alcanzó la velocidad de siete u ocho veces el sonido durante entre 40 y 50 segundos a una altitud de entre 100 y 150 kilómetros, y a partir de ese momento el misil empezó a descender, perdió velocidad, e iba a tres o cuatro veces la velocidad del sonido antes de alcanzar su objetivo".

El experto cuestiona el radio de 2.000 kilómetros que le atribuye Moscú. "Se trata de un misil relativamente pesado que ya se ha lanzado desde una plataforma en tierra, especialmente en la guerra de hace un año y medio entre Armenia y Azerbaiyán. En su versión terrestre el alcance es de unos 500 kilómetros, de manera que hay que tomar con precaución la estimación rusa de un radio de 2.000 kilómetros".

Otros expertos indican que la ojiva del misil hipersónico se guía por GPS, pero que los rusos pueden guiarlo también mediante una ojiva electro-óptica en función de la imagen del objetivo, evitando de esta manera que el enemigo interfiera con medios electrónicos el GPS.

"Las fuerzas occidentales podrían ser capaces de detectar el vuelo de este misil, pero en un estadio relativamente tardío, y de ninguna manera podrían interceptarlo pues es un misil muy veloz que tiene capacidad de realizar maniobras violentas" en el aire, a diferencia de un misil normal, recalca el experto israelí.

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Jueves, 31 Marzo 2022 05:18

Desertad

Totem. La boca del lobo

No está claro cómo saldremos de esta guerra. En el peor de los casos no saldremos de ella del todo. En el mejor, una ola de nacionalismo fragmentará el continente europeo en un mosaico de ejércitos fascistas en guerra entre sí

Leo las palabras de viejos compañeros 

Leo las palabras de viejos compañeros que instan a enviar armas al pueblo ucraniano que lucha contra el invasor. Como dice Gad Lerner en un discurso reciente sobre el tema, “estamos caminando descalzos sobre vidrios rotos”, así que respeto los sentimientos de esos viejos compañeros míos, pero espero no parecer cínico si los invito a reflexionar sobre el contexto y el sentido general del proceso del que la guerra de Ucrania es el catalizador. 

Parece que hoy está prohibido pensar. Hay que tomar posición, hay una guerra de agresión desatada por la Rusia stalino-zarista, y hay una resistencia que involucra a la gran mayoría del pueblo ucraniano. Lo sé y parece innegable.

Sin embargo, antes de pronunciarme, si se me permite, me gustaría conocer el contexto histórico: desde la hambruna que mató millones de ucranianos en los años de Stalin, hasta el apoyo que la mayoría de los ucranianos dieron a Hitler durante la guerra, hasta la eliminación de 1,2 millones de judíos por las SS ucranianas, hasta la política de expansión de la OTAN hacia las fronteras de Rusia.

¿Se me permite estudiar historia, se me permite comprender? O, queridos viejos compañeros que ahora son intervencionistas, ¿sólo es lícito tomar una posición, sin comprender, sin saber?

Conocí a esos compañeros míos en las ocupaciones contra la guerra estadounidense en Vietnam, juntos crecimos en la cultura del internacionalismo, creyendo que estábamos viviendo el amanecer de una época más feliz y no, como sabemos ahora, el ocaso de la civilización humana.

Juntos pensábamos que la nación era un concepto brutal y estúpido, herencia de una era bestial de la que la cultura podía emanciparnos.

Juntos pensamos que la nación era una máscara de depredadores competidores que envían a los niños a morir para obtener ganancias.

Ingenuamente juntos, pensamos que la cultura podía emancipar a mujeres y hombres de esa bestialidad. No sabíamos que la cultura estaba destinada a disolverse a raíz del darwinismo neoliberal que restauró la ley natural de la selva en la que sólo puede vivir quien sabe matar. No sabíamos que la bestia estaba destinada a resurgir como un monstruo de dos cabezas que ahora se muerden entre sí. Las dos cabezas son el globalismo capitalista y el nacionalismo soberano: de sus mordiscos proliferan pequeños monstruos nacionales.

Hace veinte años, las multitudes se unieron bajo el grito patriótico “todos somos estadounidenses”, y agitaron sus pañuelos para saludar a la gran empresa afgana que finalizó el 21 de agosto de 2021, ya sabemos cómo. Ahora, las 24 horas del día en las redes unificadas hay una demostración de heroísmo a través de terceros. La persona interpuesta es el pueblo ucraniano, incitado, instigado, exaltado por una multitud de simpatizantes emocionados que siguen agitando sus pañuelos. Pero esta vez el espectáculo puede extenderse a la audiencia, involucrar al público y aplastar lo poco que queda de la vida civil. 

Vi ‘Invierno de fuego’

Vi Invierno de fuego del director ruso-israelí Afineevsky. Una película que narra, sin dibujar el contexto nacional e internacional, la resistencia del pueblo, la solidaridad ciudadana, el orgullo nacional, la determinación implacable. Aunque me resulta difícil compartir el nacionalismo como se presenta, entiendo esto: si los ucranianos pudieron resistir la violencia brutal de los Berkuts de Yanukovych con sus propias manos, hoy, con las armas que les enviamos, podrán resistir como leones al ejército de Putin. Y morirán por miles. Y matarán a miles de soldados rusos, veinteañeros enviados a morir por la locura criminal de Putin.

Nosotros enviamos a los ucranianos al frente. Les prometimos la OTAN, Europa y la libertad. La libertad de la que goza Julian Assange, de la que disfrutan los estadounidenses negros y los trabajadores precarios de todo el mundo. Les prometimos democracia, la que vivieron los griegos en el verano de 2015.

A cambio de su libertad, les pedimos que mueran por la OTAN, aunque la llamen Unión Europea.

Pero ahora Zelenski nos llama: “Ucrania está dispuesta a morir por Europa. Veamos si Europa está lista para morir por Ucrania".

Europa está dispuesta a enviar armas, no a morir. Tampoco está preparada para encontrarse de la noche a la mañana sin calefacción y sin gasolina.

Animaremos desde las gradas.

Como en los días de los gladiadores.  

Es el momento Anders en la historia del mundo

Es el momento Anders en la historia del mundo. En la década de 1960, cuando la bomba atómica se apoderó de la imaginación, Günther Anders reflexionó sobre los efectos políticos y psíquicos de esa innovación tecno-militar. Judío, filósofo de educación heideggeriana, que emigró a América en los años del exterminio de su pueblo, Anders escribió, en artículos y libros que nunca tuvieron la circulación merecida, que el Tercer Reich era sólo el ensayo general de un espectáculo que (él lo dijo) verán nuestros nietos cuando el nazismo esté en todas partes. Ahora los nietos de Anders son testigos del triunfo del Nuevo Tercer Reich, el monstruo bicéfalo del supremacismo blanco que no acepta su declive.

Anders fue tratado con cierto desapego por parte de los académicos: un pesimista, decían de él los ensalzadores de las glorias de la democracia liberal.

Ahora es evidente: el culto a la nación, a la raza, ha vuelto por todas partes a dominar la escena, y lo que se libra en Ucrania es una guerra de Hitler contra Hitler. Guerra interna de exterminio en Occidente.

No es la primera vez que un poder blanco (por ejemplo los Estados Unidos de América) lanza campañas de exterminio contra poblaciones indefensas.

Gracias a las sanciones contra Irak en la primera guerra del Golfo, la mortalidad infantil pasó del 56 por mil en 1990 al 131 por mil en 1999. En 1996, el programa Sixty Minutes entrevistó a la embajadora estadounidense ante la ONU Madeleine Albright: “Parece que 500.000 niños iraquíes murieron a causa de los embargos. Es más que Hiroshima. ¿Es un precio justo a pagar?”. La respuesta fue digna del Putin que ahora vemos en acción: "Fue una elección muy difícil, pero sí, eso creemos”.

Pero esos muertos eran iraquíes, no pesaban mucho en la conciencia occidental. Los muertos de Mariupol nos impresionan particularmente porque la masacre ocurre dentro del mundo blanco, dentro de Occidente, ya que Rusia es Occidente, en el sentido de que es parte de la raza carnívora.

Lo que es Occidente no está claro. En términos geográficos, Rusia no forma parte de él. En términos políticos, Occidente es el mundo libre opuesto a la autocracia. Y, por supuesto, la geopolítica importa, y la política importa. Pero lo que más importa es la pertenencia cultural al mundo cristiano, blanco e imperialista. Desde este punto de vista, Rusia es Occidente. Occidente es la tierra del declive, la tierra del futuro que ahora está en declive. El futurismo ruso y el futurismo occidental tienen raíces diferentes pero el mismo significado: expansión. Y tienen la misma suerte: el agotamiento en que ni siquiera somos capaces de pensar, ya que el culto a la expansión nos ciega, y nos impide comprender que la expansión ha terminado y que Occidente se está extinguiendo.

Oeste es Rusia, América, Europa, un mundo de viejos que exorcizan la demencia con prótesis cognitivas e inteligencia artificial, de viejos que exorcizan la impotencia con proclamas de exterminio mutuo.

Esta es una guerra dentro de la raza carnívora que no se resigna a desaparecer, y como Sansón quiere llevarse al planeta entero al carajo. Aquí estamos en el último acto de la civilización blanca, rusa, europea americana: la destrucción de la civilización. 

Ilimitado es el poder del estúpido

Ilimitado es el poder del estúpido y se dice que ni los dioses contra él pueden hacer nada.

Macron declaró recientemente que la OTAN está en estado de muerte cerebral. Sin embargo, se ha levantado y como un zombi ha tomado el lugar de Europa, destruyendo definitivamente su misión constitutiva. Polonia es, de hecho, su vanguardia. La Polonia de Kazinski.

Biden ordenó a Alemania que rescindiera el contrato de Nord Stream. No sabemos cómo terminará la guerra en curso, pero sí sabemos que Biden ya ganó en este punto. Después de renunciar a Nord Stream, Alemania accede a armarse. Contra los rusos, de momento, quién sabe mañana.

El poder del estúpido es ilimitado, porque el estúpido está dispuesto a dañarse a sí mismo para dañar al otro.

No está claro cómo saldremos de esta guerra. En el peor de los casos no saldremos de ella del todo: en vez de perder (todo), el Autócrata podría usar toda su fuerza y ​​destruir (todo). En el mejor de los casos, una ola de nacionalismo fragmentará el continente europeo en un mosaico de ejércitos fascistas en guerra entre sí y especialmente contra los inmigrantes no blancos. Las líneas divisorias son borrosas, porque los nacionalistas no conocen la lógica y no saben nada de universalidad.

No está claro cómo saldremos de esta guerra, pero lo cierto es que la miseria se extenderá, ya que la sociedad tendrá que pagar los costos de un rearme general. Y el aire será cada vez más irrespirable: las minas de carbón están reabriendo para satisfacer la creciente necesidad de energía. El Holocausto climático se precipitará.

Los gobiernos europeos incitarán a las mujeres a tener hijos por la patria blanca, pero el cáncer y el asma se extenderán junto con una pandemia de depresión suicida.

Sometida a una violencia ininterrumpida, la naturaleza ha recuperado el dominio: la naturaleza desatada de los mares crecientes y los fuegos devoradores, la naturaleza bélica de los humanos que han convertido la inteligencia en artificio y ahora son presa de la (il) lógica natural de la pasión por la identidad. Pasión asesina.

Pero ahora, también pasión suicida. 

En un pueblo en la frontera

Una docena de desertores llegan cada noche a un pueblo en la frontera con Polonia. No quieren quedar atrapados en una guerra de nación, quizás porque la idea de nación no les convence como no me convence a mí. Miles de jóvenes rusos huyen a Escandinavia y quién sabe dónde. No quieren ser reclutados por Putin para ir a matar a sus pares ucranianos, no quieren vivir en un país donde se persigue la libertad de expresión.

Se llevaron algunas cosas con ellos y se fueron para nunca volver. Son pocos, malditos como traidores a su patria, pero se van: quizás están enamorados y no quieren morir, quizás están asustados por el horror y no quieren matar. En todo caso, mi solidaridad, mi amistad va para ellos. Solo a ellos. Mi amistad va para todos los que desertan.

A los que desertan de la patria y de la guerra, a los que desertan del trabajo asalariado, a los que desertan de la procreación, a los que desertan de la participación política. A aquellos que han entendido que el cáncer ahora ha devorado el cuerpo y están buscando áreas de supervivencia y compartir en los márgenes de un mundo que se desintegra rápidamente.

Por todos los demás, rusos y ucranianos, estadounidenses e italianos, solo siento una compasión desesperada.

 29/03/2022

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Por Franco Bifo Berardi (Bolonia, 1949) es escritor y filósofo. Actualmente es profesor de Historia social de los medios de comunicación en Milán. Autor de numerosas obras, como La fábrica de la infelicidad (Traficantes de sueños, 2003), El sabio, el mercader y el guerrero (Acuarela, 2007) y los recientes El umbral (Tinta Limón, 2021) y Tercer inconsciente (Caja Negra, 2022).

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Biden propone tener el mayor presupuesto militar de la historia de Estados Unidos

 Ante la proximidad de las elecciones legislativas y el aumento de la inflación, el presidente de EE. UU. Joe Biden, propone una suba de impuestos a los ricos y a las empresas. Pero el aumento masivo del gasto en defensa y Policía, que contará con apoyo bipartidista, es lo que realmente debería llamar la atención del nuevo presupuesto del país.

 

Este lunes el presidente de EE. UU. Joe Biden dio a conocer su proyecto de presupuesto nacional para el año fiscal 2023, diciendo que está diseñado para "reflejar tres valores importantes: la responsabilidad fiscal, la seguridad en casa y en el extranjero y el compromiso de construir un país mejor".

El gobierno de Biden, que enfrenta una economía con poco crecimiento marcada por el aumento de la inflación, los índices de aprobación más bajos de su presidencia hasta ahora, las próximas elecciones de mitad de mandato y a una agenda legislativa interna estancada, está utilizando el proyecto de presupuesto para dar a su administración un impulso político en el contexto de una crisis creciente.

Su enfoque con este presupuesto es ganar apoyo lanzando una mezcla de propuestas para abordar tanto las preocupaciones progresistas como las moderadas, al tiempo que pregona que sus inversiones podrían reducir los costos para las familias que se enfrentan a la inflación, con algunos fondos adicionales para combatir el cambio climático y la atención sanitaria (aunque los detalles son vagos), así como una propuesta de suba de impuestos a los ricos y las empresas. Y para apaciguar al ala más moderada de su partido y de su electorado, financiación adicional para la Policía como parte de la campaña demócrata de mano dura contra la delincuencia que se puso de manifiesto en el reciente discurso del Estado de la Unión.

Pero la guerra en curso en Ucrania ha tenido prioridad sobre algunas de estas cuestiones, ya que ha puesto a la OTAN y a Estados Unidos más cerca de la línea de fuego con un país que es, en muchos sentidos, uno de los aliados más importantes del mayor competidor de Estados Unidos, que es China. Por eso no sorprende que el gobierno de Biden siga el ejemplo de otros gobiernos imperialistas y utilice el pretexto de la invasión reaccionaria de Rusia a Ucrania como una oportunidad para aumentar el presupuesto militar y promover el rearme en el caso de países como Alemania.

En concreto, Biden planea hacer "una de las mayores inversiones en seguridad nacional de nuestra historia, con los fondos necesarios para garantizar que el ejército siga siendo el mejor preparado, mejor entrenado y mejor equipado del mundo". Esto se traduce en un aumento de aproximadamente 31.000 millones de dólares, lo que elevará el gasto total para la “defensa nacional” a 813.000 millones de dólares. De todo esto, 6.900 millones de dólares se destinan a la OTAN, a la defensa europea, a Ucrania y a contrarrestar la agresión rusa, según la Casa Blanca.

Aunque el presupuesto militar ha ido aumentando de forma constante a lo largo de los años y durante las administraciones tanto republicanas como demócratas -lo que subraya la naturaleza bipartidista del imperialismo- la nueva propuesta será el mayor presupuesto militar de la historia de Estados Unidos, superando con creces los de enemigos estratégicos como Rusia y China. Ajustado por PIB, el presupuesto es más de lo que se gastó en el momento álgido de las guerras de Corea o Vietnam y 100.000 millones de dólares más de lo que se gastó en el momento más caliente de la Guerra Fría en el gobierno de Ronald Reagan.

Mientras tanto, la clase política estadounidense dice que no hay dinero para la salud, la educación u otros gastos sociales que beneficiarían a la clase trabajadora, pero siempre tendremos el dinero, cientos de miles de millones de dólares para ser exactos, para mantener violentamente los intereses capitalistas en el extranjero o, como mínimo, hacer una amenaza creíble.

Estos presupuestos, y el apoyo bipartidista que reciben, reflejan cómo el imperialismo no es simplemente una cuestión de "una política" o "de malicia particular", como explicó Lenin: es una parte integral de asegurar que el imperialismo estadounidense pueda apoyarse en métodos violentos para conseguir más beneficios para los capitalistas o mantener su hegemonía en el mundo. En lugar de defender al "pueblo estadounidense", el presupuesto militar de Biden está destinado a tranquilizar a las corporaciones norteamericanas al tiempo que hace disparos de advertencia a China y Rusia.

¿Biden va contra los millonarios?

En un esfuerzo por reducir el déficit presupuestario federal de más de 1 billón de dólares en los próximos 10 años, que sin duda está inflado por el enorme gasto militar, Biden planea introducir medidas fiscales destinadas al segmento más rico y a congraciarse con los votantes progresistas.

Concretamente, propone un nuevo impuesto mínimo del 20% sobre los ingresos y los aumento de patrimonio (pero no de la riqueza en sí) para el 0,01% de los que más ganan y de los hogares que tienen más de 100 millones de dólares. También propone aumentar el impuesto a las sociedades comerciales del 21% al 28%. Antes de que Trump lo llevara al actual 21%, existía un sistema escalonado que oscilaba entre el 15% y hasta el 39% en función de la renta imponible. Así que al final este “aumento” podría incluso ser menor que lo que se pagaba antes del 2016.

En cualquier caso, aunque un aumento de los impuestos a los ricos es bienvenido, los capitalistas y sus representantes en el gobierno probablemente harán todo lo posible para no hacerlo realidad. E incluso si la propuesta se aprueba en el congreso, los capitalistas siempre encuentran una manera de evitar pagar.

Las lagunas legales hacen que empresarios como Donald Trump, por ejemplo, no paguen impuestos, sin siquiera esconder su dinero fuera de Estados Unidos. Y vemos que esto ocurre en todo el mundo, como han puesto de manifiesto los llamados Pandora Papers. Eso es porque los grandes empresarios controlan el Estado y, por tanto, el Estado defiende el dominio del capital. Y es también por eso que al final los trabajadores son los que pagan el costo del funcionamiento del estado y las bombas que se lanzan por todo el mundo para defender sus intereses.

Aunque nosotros los trabajadores creamos toda la riqueza y vale la pena luchar por mayores impuestos a los ricos, al final, la expropiación de los grandes monopolios de la industria y los servicios y una democracia obrera nos acercará a resolver el problema de la desigualdad que invade este sistema.

De la desfinanciación de la policía a la duplicación de la financiación

Otro de los aspectos más alarmantes de este presupuesto es el aumento de los presupuestos policiales tanto estatales como federales. Biden propone más de 32.000 millones de dólares para hacer frente al "aumento de la delincuencia". Después de la explosión del movimiento Black Lives Matter, Biden y el régimen bipartidista trabajaron arduamente para reparar la imagen pública de la policía. Más recientemente, el Senado votó por unanimidad retener los fondos de cualquier gobierno local que intente desfinanciar a la policía, contando con los votos de figuras supuestamente progresistas como Bernie Sanders, Cory Booker y Elizabeth Warren.

Y lejos de abolir el ICE (la odiada patrulla fronteriza, NdelT) o detener la construcción del muro fronterizo de Trump, Biden le asigna 8.100 millones de dólares, con 15.300 millones adicionales para Aduanas y Protección Fronteriza, 309 millones para tecnología de seguridad fronteriza y 19 millones para vallas fronterizas y otras infraestructuras.

Estos fondos, junto con los aumentos en el gasto militar, ponen de manifiesto la necesidad de los capitalistas de reforzar el aparato represivo que ataca a los trabajadores en el extranjero y también en casa. Claramente, Biden no es un mal menor: sostiene el mismo sistema capitalista e imperialista que reprime y explota a los trabajadores en todo el mundo.

El presupuesto refleja la necesidad urgente de la lucha contra el imperialismo estadounidense

Este presupuesto récord es sólo el último ejemplo de las peligrosas realidades de un mundo marcado por las crisis capitalistas, las guerras y conflictos reaccionarios, que los trabajadores acaban pagando con su dinero y sus vidas. Estos presupuestos reflejan los intereses de quienes los redactan, ya sean demócratas o republicanos de todo signo, ambos partidos refuerzan los intereses de la clase dominante.

El obsceno gasto militar no terminará hasta que los trabajadores de Estados Unidos, aquí en el corazón del imperialismo denuncien la financiación bipartidista del Pentágono y lleven la lucha a las calles y a nuestros lugares de trabajo, donde tenemos el poder social y no sólo las urnas.

Ahora más que nunca, con la guerra en Ucrania y una crisis económica que corre el riesgo de convertirse en una crisis más profunda, necesitamos un movimiento militante que conecte la lucha contra el capitalismo con la lucha contra la máquina de guerra que es tan central para las ganancias capitalistas de Estados Unidos. 813 mil millones de dólares no es sólo una cifra abstracta, cada centavo se destinará a empeorar la vida de los miembros de nuestra clase en el extranjero y a mantener la dominación capitalista en casa.

Por eso decimos: ¡Abajo el presupuesto militar de Joe Biden! ¡Ni un solo centavo para sus guerras imperialistas! ¡Ni una persona y ni un centavo para el militarismo!

Martes 29 de marzo

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