Putin le dio a Washington exactamente lo que quería

La última escalada de la crisis en Ucrania nos obliga a sostener dos ideas al mismo tiempo: que Vladimir Putin tiene mucha responsabilidad inmediata, y que la prolongada negativa de Estados Unidos a aceptar los límites de la expansión de la OTAN contribuyó a provocarla.

Esta semana se ha producido la escalada más dramática de la crisis que se cuece a fuego lento en Ucrania hace tiempo: el presidente ruso Vladimir Putin ha reconocido formalmente la independencia de las regiones escindidas del este del país, Donetsk y Luhansk, y ha enviado tropas rusas a la zona, supuestamente para mantener la paz.

Lo primero que hay que decir sobre esto es que es imprudente e ilegal. En virtud de los acuerdos de Minsk, que tanto Rusia como Occidente han impulsado durante años como solución a la miniguerra civil que ha asolado el este de Ucrania durante los últimos ocho años, estas regiones debían ganar autonomía sin dejar de formar parte de Ucrania. La medida de Putin rompe de hecho ese pacto.

En segundo lugar, de acuerdo con el derecho internacional, existen procesos para llevar a cabo misiones de mantenimiento de la paz; el envío unilateral de tropas a un país vecino con el que se está peleando no lo es. Por ello, el representante de Kenia en la ONU, que se había abstenido en la votación para debatir las acciones de Rusia a principios de este mes, dijo anteayer que la medida «viola la integridad territorial de Ucrania», comparándola con la forma en que las fronteras de los países africanos habían sido trazadas y redibujadas por imperios moribundos. El «orden internacional basado en normas» puede tener sus problemas y ser invocado de forma selectiva, pero en su esencia es un principio fundamentalmente bueno: que el fuerte no puede hacer simplemente lo que quiera con el débil.

Y Putin ha dado bastantes señales de que está dispuesto a intensificar su intervención. Enviar «fuerzas de paz» es una cosa. Hacerlo después de reconocer la independencia de regiones controladas por separatistas que respalda —algo que Putin había rechazado la semana pasada— y después de un discurso en el que efectivamente sugiere que el país en el que se encuentran es en verdad su territorio, es una señal de ambiciones menos que benignas.

Reconocer todo esto, sin embargo, no deja a Occidente libre de culpa en lo que está sucediendo ahora. O como dijo recientemente el politólogo Stephen Walt: «uno puede creer que las acciones actuales de Rusia son totalmente ilegítimas y también creer que un conjunto diferente de políticas estadounidenses durante las últimas décadas las habría hecho menos probables».

O un conjunto diferente de políticas estadounidenses en los últimos meses. El ejército de expertos belicistas que ha estado prediciendo —salivando, tal vez sea más exacto— una invasión rusa ya ha aprovechado este último movimiento como reivindicación de sus argumentos habituales: Putin es Hitler, busca revivir la gloria de la Unión Soviética, no se puede razonar con él, y solo una demostración de fuerza (no más «apaciguamiento» o negociaciones que «premien» su comportamiento) puede hacer que se detenga. Este es, por cierto, el enfoque que Washington y sus aliados, principalmente el Reino Unido, han adoptado para llegar a este punto.

A lo largo de esta crisis, la posición occidental ha sido la de adoptar una línea caricaturescamente dura contra la negociación. En diciembre, Putin presentó su oferta inicial, de máxima, en la que pedía sobre todo un compromiso legal por escrito de que los países vecinos, Ucrania y Georgia, no entrarían en la OTAN, y que Washington volviera a entrar en el Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (INF), del que Trump se había retirado imprudentemente, así como una serie de exigencias menos realistas sobre las actividades de la OTAN en las antiguas repúblicas soviéticas.

Pero lo que realmente buscaba Putin era el primer punto de la lista. Los límites a la deriva de la OTAN hacia el este, después de todo, habían sido durante mucho tiempo un punto doloroso no solo para él, sino incluso para las élites rusas proccidentales durante años, algo que varios funcionarios y pensadores estadounidenses habían reconocido abiertamente como comprensible.

Así que, sabiendo que Moscú amenazaba ahora con una acción militar contra Ucrania si se seguían ignorando sus objeciones a la ampliación de la OTAN, ¿qué hicieron los funcionarios occidentales? Se negaron a ceder en el asunto una y otra vez a medida que pasaban los meses, incluso cuando absurdamente reconocieron que Ucrania no se iba a unir a la alianza en breve, y dejaron claro que no lucharían para defenderla.

El equivalente geopolítico de un pistolero que agita una pistola ante tu amigo exigiéndote que descartes cualquier plan futuro para escalar el Monte Everest, solo para que te cruces de brazos y te niegues.

La necesidad de Occidente de mostrarse duro e intransigente a toda costa alcanzó cotas especialmente tontas a principios de este mes, cuando la ministra de Asuntos Exteriores británica, Liz Truss —que había celebrado previamente una elegante cena con la esposa de un designado por Putin que había pagado una pequeña fortuna a su partido— se sentó a conversar con el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Sergey Lavrov. Cuando Lavrov, en respuesta a las exigencias de Truss de que Rusia retirara las tropas de su territorio fronterizo con Ucrania, le preguntó si reconocía la soberanía de Rusia sobre las regiones de Rostov y Voronezh, Truss respondió que el Reino Unido «nunca reconocería la soberanía rusa sobre esas regiones», lo que provocó que un diplomático más informado interviniera para explicarle que esas eran regiones rusas.

Fue un episodio embarazoso, pero reveló muchas cosas sobre la posición negociadora de Estados Unidos y el Reino Unido: estaban comprometidos a adoptar una irreflexiva línea dura en las negociaciones, incluso cuando aquello no tenía ningún sentido.

Mientras tanto, al negarse efectivamente a negociar, Estados Unidos y el Reino Unido recurrieron a una «campaña de comunicación estratégica» en la que, a lo largo de semanas y meses, hicieron innumerables predicciones sobre una «inminente» invasión rusa que repetidamente no se produjo, y alimentaron a los periodistas con oscuras profecías de falsas banderas e incluso de un golpe de Estado. Las pruebas de estas predicciones no estaban claras porque los funcionarios se negaron a publicarlas, pero el pánico que provocaron condujo a la retirada de los observadores del alto el fuego del este de Ucrania, lo que a su vez hizo que se dispararan las violaciones del alto el fuego en la región, creando el mismo pretexto que Rusia ha utilizado ahora para enviar tropas, que los funcionarios occidentales han señalado naturalmente para afirmar que tenían razón todo el tiempo.

Tal vez el Kremlin realmente estaba haciendo exactamente lo que los funcionarios occidentales afirmaban. Pero como las pruebas siguen ocultándose, en este momento es igual de probable que esos funcionarios hayan contribuido a desencadenar lo mismo que trataban de evitar, ya que la retirada de los observadores condujo a un aumento de los combates que Putin aprovechó.

Todo ello nos ha llevado hasta aquí. No está claro lo que Putin está planeando ahora. ¿Simplemente está subiendo la apuesta para arrancar concesiones a Occidente? ¿Está planeando crear una zona de amortiguación independiente y prorrusa en Ucrania, o incluso anexionar esta parte del país? ¿O está planeando la más exagerada de las predicciones occidentales, la de marchar a Kiev y derrocar al gobierno ucraniano, cargando con un dolor de cabeza que podría convertirse fácilmente en su propio Afganistán? A estas alturas, no podemos decirlo.

Lo que sí podemos decir es que las acciones de Putin no han llegado hasta el punto de una invasión a gran escala, como reconocen incluso los funcionarios estadounidenses, lo que significa que todavía es posible una solución diplomática. Y las élites occidentales harían bien en buscarla antes de que Putin pase el punto de no retorno, porque la alternativa no será buena para nadie.

Consideremos las posibles ramificaciones solo para Biden. Si los combates en Ucrania dañan las infraestructuras energéticas, o si los gobiernos occidentales acaban sancionando los combustibles fósiles rusos, esto podría hacer que la inflación se disparara aún más en Estados Unidos, especialmente teniendo en cuenta que Rusia es ahora el segundo mayor proveedor de petróleo extranjero de Estados Unidos.

La situación podría empeorar aún más si, ya sea por las sanciones o por las represalias rusas, se agotan las exportaciones de trigo y productos básicos rusos, lo que afectaría a los precios de los alimentos, así como a la industria de los semiconductores (cuyas dificultades han provocado un aumento de los precios y los robos de automóviles en Estados Unidos) junto con una serie de otras industrias que dependen de las materias primas y los consumidores rusos. Lo mismo ocurre con Ucrania, que también es un importante exportador mundial de grano y materias primas utilizadas para fabricar chips semiconductores y otros productos.

Incluso si Estados Unidos encuentra una forma de escapar a estos impactos, otros países no lo harán, alimentando potencialmente la desestabilización en todo el mundo y creando una serie de incendios que Washington tendrá que apagar. Europa, uno de los principales compradores de petróleo y gas ruso, se verá especialmente afectada, las remesas a los países euroasiáticos se agotarán y el precio de los alimentos para países como Egipto, muy dependientes de Ucrania y Rusia, se disparará, aumentando el riesgo de agitación política. Cuando la gente tiene hambre, tiende a rebelarse.

Además, existe la posibilidad de que la guerra se intensifique. Los combates entre Ucrania y Rusia podrían extenderse fácilmente más allá de las fronteras de la primera, atrapando a otros países, incluso a los aliados de la OTAN, preparando el terreno para una escalada nuclear catastrófica. Incluso el escenario «menos malo» y más probable de que Rusia luche indefinidamente contra una insurgencia entrenada por Estados Unidos en Ucrania no es bueno, con militantes de extrema derecha haciéndose de armas y experiencia de lucha en un lugar que, como Siria, ya tiene los ingredientes de un enclave global para los extremistas violentos (en Ucrania, de la variedad de la supremacía blanca). El hecho de que en este caso todo esto esté ocurriendo a las puertas de Europa debería ser aún más alarmante para los occidentales.

Desgraciadamente, parece que la Casa Blanca ha decidido ahora que la incursión de Putin, tanto si acaba siendo «limitada» como si es algo aún más peligroso, significa que la diplomacia está ahora fuera de la mesa. Cualquiera que sea la explicación de la obstinación occidental, son los ucranianos de a pie los que van a sufrir, junto con todos los que sienten los efectos de la onda expansiva del conflicto, entre ellos la presión del Congreso para inundar Ucrania de armas donde inevitablemente llegarán a manos de los neonazis y otros extremistas.

Putin es el responsable último de cualquier horror que desate. Pero guarden algo de indignación para los gobiernos y funcionarios occidentales que decidieron hacer inevitable la guerra al negarse a transigir, sacrificando un país que consideran poco más que una pieza de ajedrez.

Por Branko Marcetic  Redactor de Jacobin Magazine y autor de Yesterday’s Man: The Case Against Joe Biden (Verso, 2020).

25/02/2022

 

Publicado enInternacional
Conflicto Rusia - Ucrania: El discurso de Vladimir Putin que más asusta en Kiev

"Ucrania no tiene legitimidad histórica como nación"

Un enviado especial a Kiev cuenta cómo se vivió en Ucrania el discurso de Putin donde fundamentó los motivos por los que Rusia reconoció a los independentistas del Donbass.

Desde Kiev

Vladimir Putin dio a conocer la decisión de reconocer a las llamadas Repúblicas Populares de Donetsk y Luhansk en un discurso de una hora en la televisión rusa. Los titulares de la prensa internacional del martes estuvieron dominados por el reconocimiento del Kremlin a unos territorios que, hasta ahora, incluso el gobierno ruso había sostenido que eran parte de Ucrania.

Pero en Kiev, más allá del reconocimiento de las repúblicas, asustó mucho el contenido del discurso televisado de Putin. En una larga diatriba, el presidente ruso sostuvo la tesis de que "Ucrania no tiene legitimidad histórica como país independiente".

Alina, una camarera de 29 años, siguió el discurso desde la cafetería en Kiev donde trabaja: "No entiendo qué quiere Putin de nosotros. Ya se quedó con Crimea en 2014. Yo pasaba allí todos los veranos. ¿Ahora qué pretende? ¿Quedarse con el resto de nuestro país?"

https://content.jwplatform.com/previews/x2bZqcXg

Putin culpa a Lenin de construir artificialmente Ucrania

"Ucrania fue un invento de los Bolcheviques. Lenin y sus asociados cometieron un crimen histórico dividiendo territorio que pertenecía al Imperio Ruso".

Gran parte del discurso de Putin estuvo dedicado a exponer su interpretación histórica de la Revolución Bolchevique de 1917 y la decisión de los líderes soviéticos de formar una "Unión de Repúblicas". Según Putin, Ucrania nunca debió ser reconocida como una república diferente de Rusia dentro de la Unión Soviética.

En Cherkasy, a 200 kilómetros del sur de Kiev, María siguió el discurso sentada frente al televisor junto a su madre. "Estamos muy asustadas. Nos pasamos el día viendo las noticias. Ya tenemos las maletas hechas y nos hemos buscado una ruta para escapar si nos invaden".

Rusia, Ucrania y el Cristianismo

"Desde tiempos inmemoriales, a los habitantes del territorio sureste de Rusia [lo que hoy es Ucrania] se les ha conocido como rusos y cristianos ortodoxos".

Las menciones al cristianismo y a la "unidad ortodoxa" estuvieron presentes de forma continúa en el discurso del líder ruso.

"Es importante subrayar que para nosotros Ucrania no es un país vecino. Es una parte inalienable de nuestra historia y de nuestro espacio espiritual".

La reacción desde Ucrania

Aunque no es la primera vez que Putin expresa su interpretación histórica sobre la naturaleza nacional de Ucrania, el discurso televisado de este lunes desde el Kremlin se convirtió en uno de los principales temas de conversación en los medios de Kiev.

Con miles de soldados rusos desplegados en la frontera, para gran parte del público ucraniano el discurso de Putin demuestra que el líder ruso llegará hasta las últimas consecuencias antes que permitir que Kiev salga de la órbita de Moscú.

Artur Kustyniuk, un investigador en la Universidad de Kiev respondía así al discurso: "La historia de lo que hoy es Ucrania es muchísimo más compleja de lo que Putin pretende. Los territorios que constituyen nuestro país hoy han sido, parte de las tribus eslavas que se cristianizaron durante el Rus de Kiev, luego de la Unión Polonia-Lituania que duró siglos, del Imperio Austro-Húngaro y del Imperio Ruso antes de la Primera Guerra Mundial. Y algunos territorios occidentales se incluyeron tras la victoria en la Segunda Guerra Mundial".

"El discurso de Putin sigue la narrativa clásica del imperialismo ruso. El problema es que Putin no es un historiador, sino comandante en jefe de las Fuerzas Armadas".

Por Alberto Sicilia

23 de febrero de 2022

*Del diario español Público, especial para Página/12

Publicado enInternacional
EU y la OTAN calientan frontera colombo-venezolana

Cambian las administraciones de republicanos y demócratas en la Casa Blanca, pero las estrategias de tensión y desestabilización sistemática del Estado profundo (la estructura secreta que se sitúa por encima de las apariencias democráticas y a espaldas de la opinión pública estadunidense) contra países considerados "enemigos" de Washington, permanecen. Una constante en las últimas dos décadas han sido las políticas de "cambio de régimen" contra Venezuela. Objetivo: el petróleo. Y eliminar un modelo político alternativo a la dominación estadunidense en América Latina y el Caribe.

En la coyuntura, siguiendo el esquema del conflicto ucraniano en Europa, la administración demócrata de Joe Biden continúa la política de su antecesor, el republicano Donald Trump, utilizando a Colombia como plataforma para la agresión a Venezuela. Desde finales de 2021, Wa­shington ha venido utilizando al gobierno cipayo de Iván Duque, en la activación de líneas de tensión en la frontera del río Arauca entre Colombia y Venezuela, importante región geopolítica y geoestratégica por ser acceso a reservas de petróleo y gas, agua dulce, minerales, biodiversidad y otros recursos naturales.

La sucesión de hechos violentos provocados por grupos armados no estatales colombianos infiltrados en el Estado venezolano de Apure, fronterizo con el departamento de Arauca, Colombia, busca atraer al gobierno de Nicolás Maduro a una guerra similar a la que la OTAN ha estado provocando en la frontera entre Rusia y Ucrania. Al respecto, no se puede ocultar la profunda relación existente entre el gobierno del uribista Iván Duque con los grupos narcoparamilitares Los Rastrojos, Los Urabeños, las Autodefensas Gaitanistas de Colombia y Águilas Negras −bajo supervisión de la DEA y del embajador de EU, Philip Goldberg, quien desestabilizó a la ex Yugoslavia en 1999 y fue expulsado de Bolivia en 2008 por conspirar contra el gobierno de Evo Morales−, parecida a la que sostiene el presidente ucranio, Volodymir Zelensky, con grupos paramilitares neonazis.

En 2013, el entonces presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, suscribió un acuerdo con la OTAN como "socio global" (o “extra OTAN), erigiendo al país sudamericano en un caballo de Troya regional de esa fuerza militar multinacional comandada por Estados Unidos, que se atribuye al derecho de intervenir en cualquier parte del mundo.

En enero pasado, el ministro de Defensa venezolano, general Vladimir Padrino López, denunció la proyección latinoamericana de la OTAN, con Colombia y su red de bases militares como "peón", y la presencia cada vez más resuelta de medios castrenses y navales de la alianza atlántica en el "área de influencia" de Venezuela. Padrino se refería no sólo al acuerdo entre Colombia y la OTAN, sino también al segundo entrenamiento conjunto entre militares de Brasil y Estados Unidos, en el marco de la iniciativa CORE (siglas en inglés de Operaciones Combinadas y Ejercicios de Rotación), firmada en octubre de 2020 para "aumentar la interoperabilidad" entre sus ejércitos.

Las recientes revelaciones sobre las maniobras militares del Ejército argentino en 2019, para una invasión a Venezuela bajo el mando del Comando Sur del Pentágono, vienen a demostrar que Trump y su trío de sicópatas: John Bolton, Mike Pompeo y Elliot Abrams, estuvieron a punto de generar un conflicto bélico en el corazón de América del Sur. En esa coyuntura, tras la fabricación del títere Juan Guaidó como "presidente encargado" de Venezuela (reconocido por el entonces presidente argentino, Mauricio Macri) y en el marco de una campaña de intoxicación mediática propagandística, típica de la guerra híbrida y/o de cuarta generación −que empleó recursos diplomáticos, militares, de inteligencia y económico-financieros−, Wa­shington, con apoyo de la OTAN y el Grupo de Lima, intentó derrocar al gobierno legítimo de Maduro mediante un fracasado golpe de Estado que sería seguido por una "intervención humanitaria" de algunos ejércitos del área. Una maniobra imperial para tercerizar la guerra, donde la tarea del Ejército argentino era garantizar la seguridad de un "corredor humanitario" en la frontera de Colombia y Venezuela, mientras su homólogo brasileño cubriría el corredor desde las ciudades de Boa Vista y Pacaraima, en el estado de Roraima, fronterizo con Venezuela.

Como parte de la actual estrategia de tensión, no es ajeno a Washington el foro anticomunista organizado el pasado fin de semana en Bogotá, por el ultraderechista partido español Vox, con participación de sectores conservadores de varios países del área y disidentes cubanos y venezolanos. Como tampoco lo son los encuentros patrocinados por la red de lobbies ultracapitalistas Atlas Network (Red Atlas), que apoya a los presidentes Duque, de Colombia, y Guillermo Lasso, de Ecuador, así como a la Fundación Internacional para la Libertad, del escritor Mario Vargas Llosa, y la Fundación Friedrich Naumann de Alemania.

Esos encuentros son utilizados por los círculos de la inteligencia estadunidense para fabricar y potenciar operadores mediáticos que sirven a sus campañas de desestabilización contra Venezuela, Cuba, Bolivia, México y Nicaragua. A manera de ejemplo, está el caso de Agustín Antonetti, joven argentino de 21 años, promovido por la Red Atlas en varios medios regionales (Infobae, CNN Radio Argentina, el diario fujimorista Expreso, de Perú) y nombrado la personalidad del año de la Fundación Libertad, ligada a Macri, quien ha tenido un peso importante en las campañas en Twitter contra el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, con la etiqueta #AMLOVeteYa; contra el gobierno cubano con #SOSCuba y #15NCuba ; antes y durante el golpe de estado contra el ex presidente de Bolivia Evo Morales con #EvoDictador) y el actual Luis Arce #SOSBolivia.

En ese contexto, Estados Unidos busca reposicionar la narrativa de Venezuela como "Estado fallido", y utilizando al narcotráfico colombiano como punta de lanza, generar un conflicto multiforme en el eje fronterizo colombo-venezolano, que justifique la presencia de la OTAN con la difusa doctrina de la Responsabilidad de Proteger (R2P).

Publicado enColombia
Colombia quiere ser la Ucrania de Sudamérica

El alineamiento de los Gobiernos de Colombia con Estados Unidos ha sido una constante a lo largo de su historia, prácticamente sin fisuras. Lo novedoso es que Bogotá se está convirtiendo no sólo en aliado, sino en el peón de las jugadas geopolíticas de Washington, en pieza clave de su estrategia regional.

Por un lado, Colombia, es el único país latinoamericano miembro asociado de la OTAN. Pero la subordinación llega a tal punto que parece competir con la que viven algunos países europeos en su apoyo a la política de EEUU hacia Rusia, en particular Ucrania.

"La ratificación del acuerdo de Colombia con la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) este 14 de febrero, afianza al país como instrumento de ofensiva militar bajo la dirección y comando de los intereses de Estados Unidos", asegura la página Colombia Informa.

Prueba de ello es la visita realizada los días 7 y 8 de febrero, por la Subsecretaria de Estado para Asuntos Políticos, Victoria Nuland, quien se reunió en Bogotá con funcionarios del Gobierno nacional, en el marco del Diálogo Estratégico de Seguridad de Alto Nivel entre Estados Unidos y Colombia.

Nuland aseguró en una entrevista radial que "Venezuela está movilizando tropas a la frontera con Colombia con el apoyo y la asistencia técnica de Rusia e Irán". La diplomática que jugó un papel destacado en el cambio de régimen en Ucrania en 2014, vincula la presencia rusa en Venezuela con una imaginaria influencia en las elecciones presidenciales de mayo, en las que por vez primera podría ganar una fuerza progresista.

Días después, en el marco de su gira europea, luego de la entrevista con el secretario de la OTAN, Jeans Stoltenbeg, el presidente Iván Duque dijo: "Apoyamos de manera decidida la integralidad del territorio ucraniano y también hemos dicho que si llegara a haber cualquier tipo de acción contra esa integralidad territorial vamos a unirnos a la comunidad internacional respecto a todas las acciones que se dan en su momento".

En este sentido, acierta el analista Fernando Dorado al señalar que "tanto el presidente Duque como la vicepresidente (Marta Lucía) Ramírez, hacen grandes esfuerzos por relacionar la situación que se presenta entre Rusia y EEUU y la Unión Europea alrededor de la problemática de Ucrania, con el conflicto que se vive en la frontera entre Venezuela y Colombia".

En efecto, la vicepresidenta y canciller, en entrevista con el diario El Tiempo mientras Duque viajaba por Europa, dijo que su Gobierno tiene como "principal preocupación" que el armamento que Rusia vende a Venezuela pueda caer en manos de las guerrillas que operan en la frontera y que pueden interferir en las elecciones.

La dificultad de Colombia para desatornillarse de la dependencia de EEUU será muy visible si, en efecto, ganara las elecciones Gustavo Petro. Esta dependencia tiene varias causas: históricas, militares y económicas, y son lo suficientemente potentes como para demandar un largo proceso histórico para ser desmontadas.

Desde el punto de vista histórico, la clase dominante colombiana, formada como todas en la región al calor de las luchas de independencia, se formateó en torno al poder de la tierra. Una potente oligarquía formada por la alianza entre terratenientes, militares de alta graduación y una iglesia conservadora, se mantiene hasta el día de hoy sin grandes cambios y sostiene a la ultraderecha de Álvaro Uribe.

Hubo dos momentos en la historia reciente en que fue posible un viraje, pero en ambos casos la impidió el poder violento de los grandes hacendados. En 1948 fue asesinado el líder liberal Jorge Eliécer Gaitán, quien fuera alcalde de Bogotá y defensor de causas popular como la de los afectados por la Masacre de las Bananeras en 1928. Su asesinato impidió su casi seguro triunfo electoral en las presidenciales de 1949.

La segunda fue la fallida reforma agraria a comienzos de la década de 1970. En 1972 políticos y empresarios firman lo que se conoce como Pacto de Chicoral, un gran acuerdo de las clases dominantes y el poder político para liquidar el reformismo en materia agraria.

El presidente Carlos Lleras Restrepo (1966-1970) quería impulsar una tímida reforma agraria en el marco de la Alianza para el Progreso, para debilitar los apoyos sociales a las guerrillas. En sintonía con la política de EEUU, Lleras intentó hacer cambios e impulsar la organización del campesinado, bajo control estatal, a través de la ANUC (Asociación Nacional de Usuarios Campesinos).

Fue demasiado para las elites dominantes. Así como los intentos reformistas encabezados por Gaitán fueron neutralizados con su asesinato (dando inicio a una sangrienta guerra civil que causó entre 200 y 300.000 muertos), el fracaso de la reforma agraria de Lleras, abandonada por su sucesor, Misael Pastrana, implicó la militarización de regiones enteras para contener a los campesinos.

La relación militar de Colombia en EEUU se solidificó con el Plan Colombia. Implementado desde 2001 e impulsado por los presidentes Bill Clinton y Andrés Pastrana, permitió una modernización y profesionalización sin precedentes de las fuerzas armadas.

Según Le Figaro, "entre 2001 y 2016, Estados Unidos han invertido 10.000 millones de dólares en Colombia en ayuda militar, el mayor presupuesto de ayuda militar de Estados Unidos después del concedido a Israel".

La Embajada de EEUU en Bogotá se convirtió en la mayor del mundo en ese momento, donde llegaron a trabajar 4.500 personas. Se estima que fueron entrenados 100.000 soldados colombianos en quince años, siendo en el mayor Ejército de tierra sudamericano.

Uno de los resultados del Plan Colombia son las ocho bases militares de EEUU en el país, desde donde es posible hostigar a cualquier vecino, como sería el caso de Venezuela.

Por último, Colombia presenta un comercio exterior diferente al de sus vecinos y al resto de la región sudamericana. Pese al crecimiento del comercio con China, su principal socio sigue siendo EEUU. Según datos oficiales, en 2021 las exportaciones hacia EEUU fueron tres veces superiores a las que fueron a China.

Las importaciones son algo más equilibradas, pero en su conjunto, como estima un estudio de publicado en Nueva Sociedad, China toda está "atrapada en la política exterior de Colombia". Pese al crecimiento del comercio bilateral, "China todavía necesita recorrer un buen camino para reemplazar a Estados Unidos como el principal socio comercial".

En suma, Colombia es una sólida base de la política exterior y militar de EEUU. Fue el principal tapón de iniciativas como el Banco del Sur y la Unasur, y está llamada a ser la plataforma para desestabilizar a Venezuela, si es que no lo impide el Gobierno que salga de las urnas en mayo próximo.

Publicado enColombia
Un hombre fotografía a un niño con una bandera siria en la zona de los Altos del Golán hace unos días. — Atef Safadi / EFE

Desde hace tres semanas Moscú envía a Israel advertencias públicas para que ponga fin a sus incursiones en Siria, que desde hace años ocurren con gran frecuencia. Los israelíes perderían parte de su reputación si atienden a las advertencias.

 

 Mientras las tensiones en Ucrania siguen en lo más alto, Rusia no se olvida de Oriente Próximo y ha enviado a Israel señales claras y públicas, tanto verbales como militares, y no solo a través de canales diplomáticos, para que ponga fin a los habituales bombardeos aéreos en territorio sirio, en el último de los cuales, el miércoles de la semana pasada, murió un soldado de Damasco.

Moscú ha advertido que esas agresiones a las que Israel se ha acostumbrado pueden conducir a una "escalada" militar, lo que se interpreta como una amenaza abierta y sin precedentes a la que las autoridades israelíes han preferido no responder públicamente hasta ahora.

Justo después de la última incursión del miércoles, el embajador de Moscú en Damasco emitió una rotunda condena del bombardeo en un gesto totalmente inusual. La condena del embajador fue seguida unas horas después, el jueves, por una advertencia más seria, no menos clara e inusual, de la portavoz del ministerio de Exteriores, Maria Zakharova.

"Los continuados bombardeos israelíes contra objetivos en territorio sirio son causa de grave preocupación", comentó Zakharova con palabras que fueron recogidas en la página web del ministerio de Exteriores Ruso y por la agencia Sputnik.

"Se trata de una violación flagrante de la soberanía siria que puede provocar una aguda escalada de la situación", continuó Zakharova, que destacó que esas actuaciones crean riesgos al tráfico aéreo internacional y constituyen un impedimento para que el ejército sirio pueda combatir con eficacia a los grupos yihadistas que operan en el país.

La portavoz rusa enfatizó que su país se opone enérgicamente a que Siria se convierta en un teatro de confrontaciones armadas entre terceros países, palabras que veladamente parecen referirse a EEUU y Turquía. El caso de Irán es distinto puesto que tiene luz verde de Damasco. “Instamos otra vez al lado israelí a que se abstenga de esa clase de acciones violentas”.

A estas decisivas condenas hay que sumar el ejercicio aéreo que el 23 de enero ejecutaron cazas rusos y sirios en el Golán, junto al sector del Golán ocupado por Israel en la guerra de 1967, unas maniobras que suscitaron preocupación en el estado judío y que asimismo carecen de precedentes.

Los pilotos rusos participaron en el ejercicio al lado de los sirios. Los rusos se sirvieron de aparatos Su-34, Su-35 y un A-50 de alerta temprana, mientras que los sirios utilizaron aviones MiG-23 y MiG-29, según informó la agencia TASS citando al ministerio de Defensa. Los aviones rusos partieron de la base de Hmeymim y los sirios de una base próxima a Damasco.

Durante la patrulla, los aviones de los dos países "controlaron el espacio aéreo" y "dieron cobertura aérea", según el comunicado del ministerio de Defensa de Moscú. "Las tripulaciones rusas practicaron ataques sobre objetivos terrestres y aéreos". Pero lo más preocupante para Israel es que el comunicado se remataba diciendo: "Esta clase de misiones conjuntas tendrán lugar a partir de ahora regularmente".

Interesante es que la patrulla conjunta se desarrolló el 23 de enero, y que desde entonces hasta el pasado miércoles los aviones israelíes se abstuvieron de sobrevolar territorio sirio. El ataque israelí del miércoles coincidió con la escalada de la crisis ucraniana, lo que sugiere que en Tel Aviv se pudo pensar que Moscú estaba demasiado ocupada como para atender al caso sirio, pero no fue así.

En el aire está la cuestión de si Israel va a continuar con los bombardeos, es decir si no va a hacer caso a las explícitas advertencias de Moscú. En Tel Aviv sostienen desde hace años que esos ataques son necesarios para frenar a Irán, aliado de Siria, con el fin de no tener a fuerzas iraníes o proiraníes del otro lado de la verja del Golán ocupado.

Si Tel Aviv interrumpe de golpe los bombardeos su prestigio ante los países árabes aliados, que admiran y secundan el militarismo israelí, se deteriorará. Por lo tanto, es probable que Israel esté negociando con Moscú sobre esta cuestión, es decir buscando la manera de salvar la cara de alguna forma que le permita seguir bombardeando Siria, aunque solo sea en circunstancias muy concretas y no tan frecuentes como hasta ahora.

Todos estos problemas se derivan de la histórica negativa israelí a retirarse de los territorios palestinos y sirios ocupados en la guerra de 1967. Si desapareciera este factor las cosas volverían a su cauce con mayor facilidad, pero la prioridad de Israel es justamente la contraria, o sea consolidar la ocupación por todos los medios a su alcance y le cueste lo que le cueste.

Desde el mandato de Donald Trump, que terminó hace un año, Israel se ha convertido en la gran potencia hegemónica desde Irak hasta Marruecos, apoyándose en autocracias y monarquías cuyos líderes consideran que nadie puede proporcionarles mayor protección que el estado judío. Las actuales incidencias con Rusia sobre Siriapodrían socavar su prestigio.

 14/02/2022 21:36

Publicado enInternacional
Buques de la Armada Real Australiana, la Armada India, la Fuerza de Autodefensa Marítima de Japón y la Armada de Estados Unidos participan en los ejercicios navales Malabar 2020.U.S. Navy / www.globallookpress.com

Se centrará en el trabajo conjunto con sus aliados, especialmente en el marco del Diálogo Cuadrilateral de Seguridad (QUAD), que incluye a Japón, la India y Australia.

La administración del presidente de EE.UU., Joe Biden, hizo pública este viernes su primera estrategia para el Indo-Pacífico, después de que el secretario de Estado, Antony Blinken, completara su gira de una semana por los países de la región.

Tiene como objetivo principal moldear el entorno estratégico en torno a China, construyendo un equilibrio de influencias favorable, y frenar a Pekín mientras "busca convertirse en la potencia más influyente del mundo". 

De esta manera, Biden se convierte en el tercer líder estadounidense consecutivo en designar a Asia como la principal prioridad geoestratégica. La nueva estrategia sostiene que "ninguna región será más vital para Estados Unidos en el futuro y que la seguridad y la prosperidad estadounidenses dependen fundamentalmente del Indo-Pacífico" indicó un alto funcionario de la Casa Blanca.

Trabajo conjunto con aliados estratégicos

En este sentido, la administración de Biden se centrará en el trabajo conjunto con sus aliados, especialmente en el marco del Diálogo Cuadrilateral de Seguridad (QUAD), que incluye a Japón, la India y Australia. Simbólicamente, la nueva estrategia se publicó justo después de que Blinken participará en un QUAD con los jefes de los departamentos diplomáticos de esos países.

Otra herramienta para implementar la estrategia Indo-Pacífico es la triple unión AUKUS (Australia, el Reino Unido y Estados Unidos). Esto ha permitido que, por primera vez en 7 décadas, Washington se haya comprometido a compartir la tecnología de submarinos nucleares más sensible con otro país, Australia.

EE.UU. planea profundizar sus cinco alianzas regionales con Australia, Japón, Corea del Sur, Filipinas y Tailandia, al mismo tiempo que busca construir relaciones sólidas con los principales socios regionales, incluidos la India, Indonesia, Malasia, Mongolia, Nueva Zelanda, Singapur, Taiwán, Vietnam y las islas del Pacífico. Además, los planes de la Casa Blanca incluyen la expansión de la presencia diplomática de EE.UU. en la región, especialmente en el sudeste asiático y en las islas del Pacífico.

Taiwán y la península de Corea

Asimismo, se trabajará para mantener "la paz y la estabilidad dentro y fuera del estrecho de Taiwán". "Declaramos explícitamente que trabajaremos con socios de dentro y fuera de la región para mantener la paz y la estabilidad en el estrecho de Taiwán, incluso apoyando las capacidades de autodefensa de Taiwán", dijo un funcionario de la administración estadounidense.

En cuanto a Corea del Norte, Washington señaló que, mientras se sigan desarrollando programas nucleares y de misiles desestabilizadores en ese país, seguirán buscando un diálogo "serio y sostenido", con el objetivo de lograr la desnuclearización completa de la península de Corea

Al mismo tiempo, la estrategia prevé reforzar la disuasión ampliada y la coordinación con Corea del Sur y Japón para responder a las provocaciones de Pionyang, "estando preparados para disuadir -y, si es necesario, derrotar- cualquier agresión a Estados Unidos y a nuestros aliados".

Rusia y China aumentan la cooperación

La nueva estrategia de Washington tiene lugar en medio del fortalecimiento de las relaciones entre Moscú y Pekín y una semana después de la reunión celebrada entre el presidente de Rusia, Vladímir Putin, y su homólogo chino, Xi Jinping, donde emitieron una declaración conjunta en la que criticaron la expansión de la OTAN y pidieron a la Alianza respetar "la soberanía, la seguridad y los intereses de otros países".

En este contexto, Putin y Xi Jinping afirmaron que tales estructuras fomentan la competencia geopolítica, aumentan el antagonismo y la confrontación y socavan la estabilidad estratégica global, incluida la región Asia-Pacífico. Igualmente, Moscú y Pekín se expresaron en contra de los "intentos" de ciertos países de imponer "normas democráticas" a otros Estados y de "trazar líneas divisorias por motivos ideológicos, incluso mediante la creación de bloques estrechos y alianzas coyunturales".

Los mandatarios de ambas naciones también afianzaron la cooperación en materia económica, comercial, energética, financiera, humanitaria, científica y técnica. Asimismo, se comprometieron a intensificar el trabajo para aumentar la cooperación entre la Unión Económica Euroasiática y Pekín.

Publicado: 14 feb 2022

Publicado enInternacional
Sábado, 12 Febrero 2022 06:18

Las realidades debajo del griterío

Las realidades debajo del griterío

Imperios combatientes

El verdadero objetivo del puñetazo ruso podría ser la reactivación de los acuerdos de Minsk. La cumbre Putin-Xi en Pekín provoca acidez de estómago en

 

En los últimos días hemos asistido a un verdadero concierto diplomático de encuentros, declaraciones y medidas. Todos los occidentales han pasado por Kiev. A Moscú han viajado la ministra de Exteriores alemana, el presidente de Francia, el secretario de Estado americano y el presidente iraní. Por Washington han desfilado el canciller alemán y los europeos para hablar del desacuerdo sobre el gasoducto Nord Stream 2, al que Alemania no piensa renunciar. Los americanos han respondido públicamente (la “filtración” casi nunca es casual) al catálogo de Rusia con la fórmula “No, no y quizás”. No a las dos cuestiones centrales de Moscú: no a excluir a Ucrania y Georgia de toda perspectiva de ingreso en la OTAN, no a la retirada de ese bloque a las posiciones anteriores a su ampliación al Este. Y, quizás, posible disposición a negociar los desarmes de los que Washington se retiró unilateralmente y a eventuales inspecciones mutuas de lo que hay desplegado en Rumanía y Polonia, siempre y cuando Moscú retire las tropas que tiene apostadas cerca de la frontera ucraniana (“cuestiones secundarias”, según Moscú). A eso, la OTAN añade su propio catálogo de retiradas militares rusas de Transnistria, Osetia del Sur, Abjasia y Crimea.

Paralelamente, los anglosajones han enviado más armas y asesores militares a Ucrania, y refuerzan con soldados el entorno ruso –de momento poca cosa– mientras producen patrañas baratas, como la del gobierno títere que Moscú prepara para Kiev, divulgada en Londres, pero cocinada en Washington, o la del supuesto vídeo con actores para escenificar una falsa masacre que proporcione un casus belli, como la OTAN hizo en Bosnia y Kosovo con la masacre del mercado de Sarajevo y la matanza de Rachac, preludio de sus dos intervenciones militares allí. Todo ello de acuerdo a esa fuente de información, que llamaremos SelojuroNews (en inglés, US officials), que nuestros periodistas compran con disciplinado entusiasmo.

Parece evidente que el puñetazo en la mesa que acompañaba el documento de máximos de Moscú del 17 de diciembre ha movido las cosas. Esa es la noticia que oculta el griterío de “¡Rusia puede invadir Ucrania en cualquier momento!”, (la portavoz de la Casa Blanca, Jen Psaki), y que el Estado mayor anglosajón, Estados Unidos, y su perrito faldero londinense han interpretado para salir al paso del gruñido del oso.

Lo más curioso no es que Rusia repita, una y otra vez, con descarado cinismo, que no piensa “invadir” y que sus medios oficiales ridiculicen la “histeria” creada (como si Moscú no hubiera contribuido), sino que las presuntas víctimas así lo confirman. Tras una reunión del Consejo de Seguridad Nacional de Ucrania, el presidente Zelensky subrayó la semana pasada que “no hay motivo para el pánico” y ha discutido por ello con Joe Biden, a quien ha pedido que EE.UU baje el tono, mientras los propios militares ucranianos explican que no se dan las condiciones técnicas para una invasión de parte rusa. Ukraínskaya Pravda, medio nacionalista-liberal vinculado al anciano especulador George Soros, explica con detalle la ausencia de esas condiciones. La histeria ya ha hecho caer un 10% el valor de la moneda ucraniana y los bonos, así que el ambiente amenaza con arruinar la delicada economía nacional.

En el campo occidental, hay diversas posiciones. Estados Unidos, Inglaterra, los polacos y los bálticos mantienen el griterío. Como los dos primeros dominan el complejo mediático, su actitud da el tono a la “información”. Luego están los franceses y alemanes, que intentan moderar el gallinero y, en tercer lugar, están los pequeños europeos que gesticulan y cumplen en diferente medida el expediente de vasallos en la OTAN. Todo esto es bastante anecdótico al lado de la cuestión fundamental en este conflicto, que es la línea de Estados Unidos.

En Washington hay varias líneas de actuación, pero, poco a poco, parece que se impone una. Podríamos formularla así: contener a Rusia, sólo en la medida en que eso no impida, o complique lo principal que es contener a China. Si eso es así, el puñetazo en la mesa de los rusos, que obviamente no van a conseguir lo que se exige en el documento del 17 de diciembre, está bastante bien dirigido, y de todas las cumbres diplomáticas de los últimos días, la más destacable ha sido la del 4 de febrero, en Pekín, entre Putin y Xi Jinping.

Hace años que en Washington preocupa la profundización de la alianza entre China y Rusia, forjada a pulso por su propia estupidez estratégica. Hace más de un año, fuentes del mundo de los expertos bien conectadas con los servicios secretos advirtieron a Biden de que una alianza entre China y Rusia podría resistir mucho mejor las represalias de Estados Unidos. Es algo que ya estamos viendo en las medidas que ambos países están tomando para independizarse de los sistemas de transferencias financieras, del uso del dólar y de los monopolios digitales, recursos todos ellos que Washington utiliza políticamente a conciencia. El mismo think tank Atlantic Council ha apelado a “equilibrar las relaciones con Rusia”, con el objetivo de “separar a Rusia de China”, en uno de sus documentos programáticos, significativamente titulado “The Longer Telegram”, en un intento de solemnizar el disparatado documento de George F. Kennan de 1946. 

El 4 de febrero, en Pekín, se hicieron realidad algunas de las peores pesadillas de Washington. China ha declarado su apoyo a las “garantías de seguridad a largo plazo jurídicamente vinculantes en Europa” que pide Moscú, así como su rechazo a cualquier nueva ampliación de la OTAN. Los dos países están preocupados por los planes de Washington de construir un sistema global antimisiles, por la militarización del espacio y por el despliegue de misiles nucleares de corto alcance, escenario, hay que decir, mucho más probable en Asia Oriental que en Europa. La lectura de la declaración conjunta ruso-china del 4 de febrero ha debido de producir acidez de estómago en Washington.

A la luz de todo esto se entienden las fuertes presiones que todos los occidentales (gritones, moderados y comparsas) están ejerciendo sobre el presidente ucraniano para que Ucrania cumpla los acuerdos de Minsk, que firmó el 12 de febrero de 2015 con miras a pacificar el Donbass. Esos acuerdos contemplan el alto el fuego con retirada de armas pesadas, elecciones y estatuto de autonomía para las regiones rebeldes de Donetsk y Lugansk, amnistía general, restablecimiento del control de la frontera nacional por Ucrania, retirada de unidades y armas extranjeras y reforma constitucional “descentralizadora” (léase federalizante).

“La crisis ucraniana solo puede solucionarse políticamente, los acuerdos de Minsk pueden pacificar la crisis”, dijo Macron el lunes 7 de febrero en el Kremlin. Putin prometió, a cambio, no realizar nuevos movimientos militares y retirar sus tropas de Bielorrusia en cuanto finalicen las actuales maniobras. Mientras tanto en Washington, el secretario de Estado, Antony Blinken, y Josep Borrell se sumaron con declaraciones parecidas: “Los acuerdos de Minsk tratan sobre un estatuto especial para el Donbass y creo que los ucranianos estarán dispuestos a avanzar”, dijo Blinken. El Gobierno ucraniano no quiere saber nada de los acuerdos de Minsk porque teme que, por esa puerta, Rusia pueda volver a tener voz en Ucrania, pero la presión de “todo Occidente” va a ser fuerte. Es complicado para el presidente Zelensky, porque si cede será acusado de traición por sus adversarios más nacionalistas, pero si no lo hace la crisis continuará y, con ella, el conflicto interno en Ucrania, aspecto que nuestros “expertos” niegan contra toda evidencia.

Una vez más hay que insistir en el hecho de que Ucrania es un Estado que contiene diferentes identidades nacionales, culturales y lingüísticas. Eso no es resultado de las “interferencias de Rusia” en sus asuntos, sino de la historia, de la azarosa y accidentada forma en que el país se creó, a partir de diferentes trozos sometidos a distintos centros de poder político, cultural y religioso. Esa diversidad no impide que Ucrania llegue a ser una nación bien cohesionada algún día, pero hoy no lo es, y convertirla en exclusivo satélite occidental contra Rusia es apartarla de toda perspectiva de estabilidad y cohesión, de la misma forma en que lo sería configurarla como un mero satélite ruso.

La actual separación de Crimea y gran parte del Donbass es consecuencia de la imposición de una Ucrania sobre otra. La aplastante mayoría de la población no quiere ser rusa sino ucraniana, pero millones de ucranianos rechazan aspectos fundamentales de esa imposición.

Tras el cambio de régimen de 2014, se aprobaron leyes lesivas para los rusoparlantes, se enterró el precepto constitucional de neutralidad, se prohibieron fuerzas políticas como el Partido Comunista de Ucrania, que hasta 1998 era el más votado, junto con dos partidos más. Los 32 diputados comunistas fueron expulsados del Parlamento por considerar lo sucedido como un “golpe de Estado”. Un año después, se impuso una ley de “descomunización” que demolió monumentos, forzó el cambió de nombre de 22 ciudades y 44 pueblos y criminalizó los símbolos, banderas e himnos en los que millones de ucranianos creyeron, murieron y vivieron con diferente fortuna, mientras otros, sobre todo en Galitzia, los sufrían y maldecían. El líder del partido Comunista, Petró Symonenko, fue excluido como candidato en las elecciones presidenciales de 2019 en aplicación de  aquella infame ley, y la imagen de colaboracionistas con los nazis, como Stepan Bandera, ha llegado a los sellos de correos. En febrero del año pasado, los populares canales de televisión en lengua rusa, 112 Ukrania, ZIK y NewsOne, todos ellos adversarios de la particular línea nacionalista del Gobierno, fueron prohibidos y desconectados. Sus periodistas han sido objeto de agresiones y desde el poder se les considera “propagandistas extranjeros”, fórmula que recuerda mucho a la utilizada en Rusia. Con todo eso, y después de que tres regiones del país se independizaran de facto, todo el este y el sur de Ucrania, de mayoría ruso parlante, sigue votando (entre el 50% y el 20% del voto, según las zonas en las elecciones de 2020) por fuerzas políticas opuestas al gobierno de Kiev. Es ridículo presentar al gobierno de Kiev como una banda de filonazis, pero la simple realidad es que Ucrania nunca será un país cohesionado ni próspero sin unas estrechas relaciones con Rusia, con un estatuto de neutralidad y con un gobierno federal en el que las diferentes identidades e intereses puedan actuar y expresarse de forma democrática.

Como dice el popular comentarista ucraniano Mijaíl Chaplyga, “a los occidentales les interesa el territorio de Ucrania y sus recursos privatizados y gestionados por sus empresas, a Rusia le interesa, sobre todo, la distancia con la OTAN”. El futuro de una Ucrania estabilizada pasa por el diálogo con el Donbass, una organización federal del país, la abolición de las leyes lingüísticas discriminatorias para los rusoparlantes, la derogación de la ley de “descomunización”, la privatización de la tierra y el establecimiento de un estatuto internacional de neutralidad con el que Ucrania podría jugar a dos manos con sus vecinos del Este y del Oeste, obteniendo ventajas de ambos. A Finlandia, que también formó parte del Imperio Ruso hasta 1917, no le fue nada mal en ese mismo papel. Retomar los acuerdos de Minsk parece una perspectiva en esa dirección.

9/02/2022

Publicado enInternacional
Fuentes: De Wereld Morgen [Foto: Putin y Xi (http://en.kremlin.ru/)]

Significado de la cumbre entre Putin y Xi

La cumbre entre Putin y Xi en vísperas de los Juegos Olímpicos de Invierno solo se mencionó de pasada en los principales medios de comunicación. Sin embargo, se trata de una reunión muy importante, con consecuencias que pueden ser muy trascendentes. ¿Estamos en el inicio de un nuevo orden mundial? Una interpretación histórica del experto en China Marc Vandepitte.

 

Declaración conjunta

Justo antes del inicio de los Juegos Olímpicos de Invierno en Pekín, Putin y Xi emitieron un declaración conjunta sobre las relaciones internacionales y la cooperación entre ambos países. Se trata de un documento de diez páginas que llega en un momento de gran tensión con la OTAN debido a Ucrania y de boicot diplomático a los Juegos Olímpicos de Invierno.

El texto se puede leer como un alegato a favor de un nuevo orden mundial en el que Estados Unidos y sus aliados ya no sean los protagonistas, sino que se busque un mundo multipolar, que respete la soberanía de los países.

«Ambas partes se oponen a una nueva ampliación de la OTAN. Piden a la Alianza del Atlántico Norte que abandone su concepción ideológica de la Guerra Fría; que respete la soberanía, la seguridad y los intereses de otros países, así como la diversidad de su civilización y de sus antecedentes culturales e históricos; y que adopte una actitud honesta y objetiva hacia el desarrollo pacífico de otros Estados».

En el pasado se han enviado señales similares, como una declaración conjunta en 1997, pero es la primera vez que ambos presidentes se pronuncian con tanta claridad y refuerzan sus vínculos de forma tan estrecha. También es la primera vez que China se declara explícitamente contra la expansión de la OTAN.

Para comprender el alcance de este documento, es útil echar un vistazo a la historia reciente.

 

Hegemonía

En la primera mitad del siglo XX se produjo, por un lado, el ascenso de dos nuevas superpotencias: Estados Unidos y la Unión Soviética. Por otro lado, se produjo la relativa desaparición de las antiguas potencias coloniales.

Estados Unidos salió como el gran vencedor de la Segunda Guerra Mundial. Tanto las antiguas superpotencias como la Unión Soviética estaban completamente en quiebra. En Washington soñaban con un nuevo orden mundial en el que sólo ellos gobernaran.

«Optar por algo menos que la hegemonía absoluta sería elegir la derrota», dijo Paul Nitze, alto asesor del gobierno de Estados Unidos. Por desgracia, estos planes se vieron frustrados por la rápida reconstrucción de la Unión Soviética y la ruptura del monopolio nuclear.

Medio siglo después ese sueño sí se hizo realidad con la caída del Muro de Berlín en 1989 y el desmantelamiento de la Unión Soviética dos años después. A partir de aquel momento no hubo más barreras a la supremacía absoluta. Estados Unidos por fin se convirtió en el líder indiscutible de la política mundial y quiso mantener esa posición.

El Pentágono no dejó lugar a dudas en 1992: «Nuestro primer objetivo es evitar que aparezca un nuevo rival en la escena mundial. Debemos evitar que los competidores potenciales incluso aspiren a jugar un mayor papel a escala regional o mundial” (la cursiva es nuestra).

En ese momento todavía no tenían a China en el punto de mira. La economía china estaba bastante subdesarrollada y su PIB era solo un tercio del de Estados Unidos. Militarmente el país tampoco valía nada. En ese momento Washington pensaba principalmente en Europa como potencial rival y en un posible resurgimiento de Rusia.

 

Sin frenos

Tras la caída de la Unión Soviética Estados Unidos levantó el pie del freno. La invasión de Panamá a finales de 1989 fue un ensayo para lo que seguiría después. Poco después fue el turno de Irak, Yugoslavia y Somalia. Más tarde seguirían Afganistán, Yemen, Libia y Siria.

Además de las intervenciones militares abiertas, Estados Unidos emprendió cada vez más «guerras híbridas» (1) o «revoluciones de colores” (2) para provocar un cambio de régimen, lo que no funcionó en todas partes. Así lo intentaron en Brasil, Bolivia, Venezuela, Cuba, Honduras, Nicaragua, Georgia, Ucrania, Kirguistán, Líbano y Bielorrusia. Por otra parte, más de veinte países fueron objeto de sanciones económicas.

La OTAN, creada para afianzar militarmente la hegemonía de Estados Unidos, también se amplió constantemente tras el desmantelamiento de la Unión Soviética. Desde la década de los noventa 14 Estados del continente europeo se han convertido en miembros de la organización del tratado. Otros países, como Colombia, se convirtieron en ‘socio’ de la OTAN.

Leyenda: En morado, países que se unieron antes de 1997; en amarillo, desde 1997.
 

El cerco a China

Así, Estados Unidos parecía ser el dueño del mundo después de la Guerra Fría. Pero se olvidaron de China. Por primera vez en la historia reciente un país pobre y subdesarrollado se ha convertido en una superpotencia económica en poco tiempo.

En los últimos 30 años China ha experimentado una notable expansión económica. Desde su adhesión a la OMC en 2001 el tamaño de la economía china se ha multiplicado por más de cuatro. El salto hacia adelante no solo fue económico, sino también tecnológico.

Hasta hace poco Occidente, con Estados Unidos a la cabeza, tenía un monopolio absoluto sobre la tecnología, las armas de destrucción masiva, los sistemas monetarios y financieros, el acceso a los recursos naturales y los medios masivos de comunicación. Con ese monopolio podía controlar o subyugar a los países, especialmente del Sur. Occidente, donde Estados Unidos hace de policía, corre ahora el riesgo de perder ese monopolio.

Por eso Estados Unidos identifica a la República Popular China como su principal enemigo. En el marco de los debates presupuestarios para 2019 el Congreso declaró que «la competencia estratégica a largo plazo con China es una prioridad clave para Estados Unidos». Se trata de una estrategia global que debe llevarse a cabo en varios frentes. Estados Unidos intenta frustrar, o como ellos dicen, «sofocar», el ascenso económico y tecnológico de China.

Si es necesario, lo harán también por medios extraeconómicos. La estrategia militar hacia China sigue dos vías: una carrera armamentística y un cerco al país., Estados Unidos dispone ya de más de 30 bases militares que rodea China, bases de apoyo o centros de entrenamiento (puntos morados en el mapa). El 60% de la flota total está estacionada en la región. Ya llevan años trabajando en este cerco militar.

En abril de 2020 el Pentágono publicó un nuevo informe que aboga por una mayor militarización de la región. El plan es instalar misiles balísticos en sus propias bases militares o en las de sus aliados (flechas rojas). Si después también instalan misiles de crucero en submarinos (véase mapa), pueden llegar a la China continental en 15 minutos. Son pasos muy peligrosas.

 

Como parte de esta estrategia de encierro el Pentágono también está reforzando los lazos militares con los países de la región. Por ejemplo, en 2021 concluyó un pacto de seguridad con Australia y Gran Bretaña para contener a China.

 

Ya es suficiente

Putin y Xi consideran que ya basta. El avance de la OTAN hacia el este, el aumento de la guerra militar e híbrida en todo el mundo, las numerosas sanciones económicas y el cerco a China, todo eso debe terminar. El tiempo en que la OTAN, los G7 y el FMI dominado por Occidente estaban al mando ha terminado. El mundo unipolar debe dejar paso a un mundo multipolar.

La agresión cada vez mayor contra China y Rusia está llevando a ambos países a echarse en brazos mutuamente. China alberga casi una quinta parte de la población mundial, es una potencia económica global y es el socio comercial más importante de la mayoría de los países. Rusia es el país más grande del mundo y es una superpotencia nuclear.

Una alianza entre ambos países constituye un importante contrapeso a la supremacía estadounidense. Según The Guardian, “el nacimiento de este eje chino-ruso, concebido como una resistencia a las democracias occidentales lideradas por Estados Unidos, es el acontecimiento estratégico global más importante desde el colapso de la Unión Soviética hace 30 años. Determinará la era que viene».

Sin embargo, no se trata solo de estos dos países. Rusia es miembro de varias alianzas regionales y multinacionales. Una de ellos, una alianza militar, es la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), que actualmente participa en operaciones de «mantenimiento de la paz» en Kazajistán. Otra es la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS), que es una alianza euroasiática en los ámbitos político, económico y de seguridad. Además de Rusia y China, también son miembros India y Pakistán, entre otros.

China se ha unido recientemente a la mayor asociación económica del mundo, la Asociación Económica Integral Regional (RCEP sigla en inglés). Esta asociación en el sudeste asiático llega al 30% de la población mundial. La nueva Ruta de la Seda significa cientos de inversiones, préstamos, acuerdos comerciales y decenas de Zonas Económicas Especiales por valor de 900.000 millones de dólares. Están repartidos en 72 países, con una población de unos 5.000 millones de personas o 65% de la población mundial.

 

¿Nuevo orden mundial?

Con su artículo El fin de la historia y el último hombre publicado poco después de la caída del Muro de Berlín Fukuyama anunció una nueva era basada en la hegemonía occidental. Las debacles en Irak, Afganistán, Siria, Libia y Yemen, entre otras, demuestran que se trataba de una arrogancia enorme.

Si la recién concluida alianza entre Rusia y China se consolida y otros países se unen a ella, sí es posible que estemos ante el comienzo de una nueva era. No es el fin de la historia, sino el comienzo de una nueva etapa, en la que el poder en el mundo esté más descentralizado; un nuevo orden mundial, en otras palabras. Vienen tiempos emocionantes, pero también peligrosos. Ahora más que nunca necesitamos un fuerte movimiento por la paz.

 

Véase también:

Trump y China: ¿hacia una guerra fría o caliente?

Centenario del Partido Comunista de China

China hará temblar al mundo entero: sobre agricultores e inteligencia artificial

 

Por Marc Vandepitte | 11/02/2022. Traducido del neerlandés por Sven Magnus

 

Notas:

(1) La guerra híbrida es una forma de guerra encubierta que utiliza toda una serie de medios: noticias falsas, manipulación a través de las redes sociales, presión diplomática, artificios legales contra líderes políticos (lawfare), manipulación y dirección del descontento popular, presión nacional y extranjera sobre las elecciones, etc.

(2) Según el manual de las revoluciones de color, se financia, forma y adiestra a las ONG, las organizaciones estudiantiles y las organizaciones locales para organizar disturbios callejeros con la mayor eficacia posible. La violencia callejera debe desestabilizar el país hasta el punto de que el gobierno se vea obligado a dimitir o el ejército intervenga y destituya al gobierno.

Fuente: https://www.dewereldmorgen.be/artikel/2022/02/06/is-de-crisis-in-oekraine-het-begin-van-een-nieuwe-wereldorde-achtergrond-bij-de-top-tussen-poetin-en-xi/

Publicado enInternacional
Los iraníes ondean la bandera nacional mientras celebran en la capital, Teherán, el 27 de enero de 2022, después de clasificarse para la final de la Copa del Mundo de 2022 en Qatar.- AFP

El presidente de Ucrania Volodímir Zelenski ha denunciado que, bajo el pretexto de que Rusia se prepara para invadir Ucrania, EEUU ha creado un clima bélico sin un fundamento real provocando no sólo pánico innecesario entre la población sino también graves daños a la economía del país.

Después de varios años sin grandes guerras, los generales aburridos de la OTAN, que odiaban a Trump por ello, piensan en divertirse y esta vez han optado por ir a bailar sobre los escombros ensangrentados de Ucrania. Su peligrosa jugada está siendo vetada incluso desde las propias filas amigas: la ministra de Asuntos Exteriores alemana, Annalena Baerbock, en un intento de parar una catástrofe bélica generada por los halcones de EEUU y Europa, anunció que "la adhesión de Ucrania a la OTAN no está ahora sobre la mesa". ¡Lo que habría ahorrado al mundo si lo hubiera dicho hace unas semanas!

La irreal "crisis de Ucrania" ha irrumpido de forma artificial en otro escenario en tensión y muy real: Irán. Una guerra de la OTAN contra Rusia (y China), o sea, una III Guerra Mundial, es imposible de ganar para ninguna de las partes. Sin embargo, los costos de un conflicto bélico con Irán son menores (o eso piensan). Por otro lado, hay un pequeño pero poderoso país llamado Israel que empuja a EEUU y Europa hacia la destrucción de Irán con todos sus medios. Ha conseguido el desmantelamiento de poderosos estados árabes como Irak, Siria y Libia y ahora va a por Irán y Turquía.

Las negociaciones sobre el programa nuclear de la República Islámica (RI) y los 5+1 —China, EEUU, Rusia, Francia, Reino Unido y Alemania—, en Viena, Austria, han alcanzado un punto crítico, tanto que el Ayatolá Jameneí ha descubierto que "negociar, hablar e interactuar con el enemigo en algún momento no significa rendirse a él" autorizando a la delegación de Irán un diálogo directo con EEUU para firmar cuanto antes un acuerdo nuclear que ponga fin a las sanciones contra la población iraní. Sin embargo, la Escuela Teológica de Qom, el Vaticano del chiismo, y el diario Keihan, representantes del sector más intransigentes de la RI, —que consideran a Ali Jameneí y Ebrahim Raisi como "traidores al islam"—, se han opuesto tanto a saludar a los "infieles" como a firmar un acuerdo con ello aunque la consecuencia sea una brutal guerra.

Que el general Kenneth McKenzie, comandante del Mando Central de los Estados Unidos, afirmase que "los misiles de Irán se han convertido en una amenaza más inmediata que su programa nuclear" demuestra que Washington sacará otra cara de la manga para destrozar el juego independientemente de cuantos acuerdos firme Irán. El objetivo de Estados Unidos es desintegrar Irán que no derrocar a la RI.

La lentitud del avance de las negociaciones está acabando con la paciencia de EEUU. Pues, la RI, que es el único estado del mundo que, desde un actitud irracional e inaudito en la diplomacia, se niega a hablar con la superpotencia, utiliza al resto de los participantes como "mensajeros", quienes transmiten sus propuestas a los estadounidenses, que están en la sala contigua, y luego traen sus respuestas para los iraníes, y así día tras día, desde el noviembre pasado.

 Urge un acuerdo

A Jameneí, por los siguientes motivos: 

- El aumento de las protestas sociales con un fuerte tinte económico: millones de trabajadores (privados de sindicatos y partidos políticos), y de todos los sectores (incluido el petrolífero), y a pesar de la prohibición de manifestarse contra el "gobierno de Dios", están ocupando las calles del vasto territorio del país exigiendo el cobro de su salario atrasado, el fin de la corrupción, la inflación, el desempleo y las discriminaciones étnicas, religiosas y de género. Cerca del 60% de la población, según el gobierno, vive por debajo de la línea de la pobreza, en chabolas y casas humildes levantadas sobre un mar de Oro Negro. El propio Jameneí acaba de reconocer por primera vez que la grave situación económica no se debe "solo" a las sanciones.

- El fracaso del proyecto del "imperio chiita" que iba a proteger a la teocracia. En Siria e Irak la identidad nacional árabe ha regresado para apartar la "hermandad religiosa": así, Bashar al Asad "chiita", que cohabita en Siria con las tropas ocupantes de EEUU, Francia, Reino Unido y Turquía, entre otros, se acerca a Emiratos Árabes y Arabia Saudí, mientras las fuerzas iraníes van desapareciendo debido a los continuos ataques de cohetes israelíes. En Irak, los chiitas árabes anti-iraníes, representados por el gran ayatolá Sistani y el clérigo Moqtada Al Sadar, ganaron las elecciones del octubre pasado. En el Líbano, la profunda crisis política de la teocracia corrupta, que ha convertido el país en un Estado Fallido, también salpica al Partido de Dios, Hizbolá. Y así en Gaza, Bahréin, Kuwait, Yemen, etc.

- El temor a que su hipotético fallecimiento, antes de la firma del acuerdo, amenace la propia existencia del nacional-chiismo, desde dentro y desde fuera.

Por lo que, la RI para salvarse, en vez de invertir en los paramilitares de extrema derecha islámica, deberá evitar una sublevación popular, (¡y que tampoco será una "revolución naranja!) puesto que esta vez sería imposible aplastarla, no solo por su magnitud  sino sobre todo por el agotamiento del propio totalitarismo religioso.

Por lo que ha tenido que:

- Renunciar a la indemnización que pedía a Biden por los daños sufridos por la ruptura del pacto (que firmó a pesar de sus perjuicios para Irán)  por Trump.

- Dejar de exigir un acuerdo "duradero y estable" que sobreviva al presidente Biden. El propio Jameneí no puede garantizar el respeto al acuerdo por su sucesor, en caso de que lo llegue a tener.

- Renunciar al levantamiento de todas las sanciones permanentes y/o no definitivas. Biden sólo suprimirá las impuestas por Trump y preservará las decretadas por el gobierno de Obama.

- Incluir las instalaciones nucleares de Karaj en la lista de los lugares inspeccionados por el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) tras las amenazas de EEUU de enviar el "expediente iraní" al Consejo de Seguridad de la ONU y ampliar las sanciones.

A Biden, por:

  • La cercanía de las elecciones  intermedias de noviembre. Cae en las encuestas: el primer año del presidente se recordará por las graves deficiencias de un sistema de salud de pago, el aumento de la inflación, una deuda de casi 30 billones de dólares, el fiasco de Afganistán, el drama de los inmigrantes de América Central y por no poder impedir nuevas pruebas nucleares de Corea del Norte, entre otros. Por lo que el presidente Biden necesita una victoria. ¿La conseguirá en Viena? El gobierno de Biden no para de repetir que baraja "otras opciones" si Irán no se doblega, algo que sin la mediación de Beijing y Moscú no lo va a lograr: ¿qué tal si a cambio la OTAN se olvida de Ucrania y EEUU rompe el acuerdo de AUKUS? A ambos, que aplican un pragmatismo sin ideología en su política exterior, les interesa que la Alianza esté distraída con otros focos de tensión. La prioridad de la política exterior de Rusia es garantizar la seguridad del país en sus 16 fronteras; no tiene mucho que ganar ni perder en Viena, ni tampoco si Irán se convierte en un estado nuclear.

Aunque, el conflicto ucraniano reduce la presión sobre Irán, también puede desviar la atención mundial de una posible operación militare israelí-estadounidense contra Irán.

- La presión de Israel (que cuenta con el apoyo del secretario de Defensa de EEUU y el ex director de una empresa militar-nuclear Loyed Aoustin) a cualquier acuerdo con Irán. Biden ha pospuesto hasta 2024 la entrega de los aviones cisterna Boeing Kc46 (3.100 millones de dólares) a Israel, imprescindibles si pretende atacar las instalaciones nucleares de Irán.

La propuesta rusa

A pesar de la intención de Biden y Jameneí, ha sido imposible resucitar el acuerdo lleno de defectos del 2015.

La RI ha rechazado (de momento) la propuesta del canciller ruso Sergie Lavrov de firmar un pacto provisional, que implique el levantamiento de parte de las sanciones contra Irán a cambio de la paralización total del programa nuclear de la RI, como ruta para ir hacia uno íntegro. Pues, si EEUU no cumple con su parte, -que no lo hará-, Irán no podrá volver fácilmente al punto donde dejó su programa.

A Israel, que tiene material ilegal para al menos 80 bombas ilegales, tampoco le gusta un acuerdo de "firmar y tirar": considera que cualquier concesión le dará a Teherán la oportunidad para fabricar su bomba.

Quizás solo un conflicto serio entre EEUU y China en el Estrecho de Taiwán o el Mar de China Meridional, por ejemplo, obligue a todas las partes a aceptar un "acuerdo de mínimos".

EEUU e Israel tienen previstas realizar una megamaniobra militar conjunta para el mayo de 2022, en la que usarán aviones combate F-35, F-16 y F-15 y naves espía Gulfstream G550 para ensayar un ataque a gran escala contra las plantas nucleares de Irán.

El mercado de una carrera nuclear

¿Con qué autoridad moral EEUU exige a un Irán, rodeado de enemigos, mantenerse desarmado si no para de vender o regalar armas más avanzadas a Arabia Saudí, Israel o Emiratos Unidos?

Las presiones de los 5+1 contra Irán levantan una sospecha: ¿No será que se benefician más de una carrera nuclear en Oriente Próximo que de una región libre de dichas armas? La negativa de Europa, Rusia y China a poner en marcha mecanismos para desactivar las sanciones de Trump contra Irán, empujó a la RI hacia la reanudación de su programa, además de perder la confianza hacia todos las partes.

Mientras, Donald Trump mandó fabricar bombas nucleares de mochila y firmó licencias para que seis empresas estadounidenses vendiesen tecnología de energía atómica a Arabia Saudita. Westinghouse o Toshiba consiguieron suculentos proyectos para construir, en la Ciudad del Rey Abdullah, varias plantas nucleares, y llevarse parte del presupuesto asignado por los jeques para construir 16 reactores de energía nuclear en 25 años que es de 80.000 millones de dólares. Si bien Arabia ha financiado las bombas nucleares de Pakistán está desarrollando sus propias capacidades tecnológicas para alcanzar la "latencia nuclear" y poder construir rápidamente sus armas gracias a la instalación construida por China en 2020 para extraer torta amarilla, según afirma la prensa estadounidense que no aclara si los misiles que han comprado los saudíes a China podrían llevar o no ojivas nucleares.

Por el momento, la guerra entre Israel e Irán mantendrá su actual formato: ciberataques, atentados, asesinatos selectivos y el bombardeo de las posiciones de Irán en Irak y Siria.

El objetivo de Israel, que acusa a Irán de avanzar hacia la ruptura nuclear, -lograr la capacidad de fabricar arma nuclear-, es forzarle a salir del Tratado de Proliferación de Armas Nucleares. Al igual que en 2015, cuando consiguió retener a las tropas de EEUU en Oriente Próximo -, Tel Aviv esta vez también hará todo lo posible para empujar a Washington a otra guerra en esta zona: El Estado Islámico está de regreso en Irak, Siria y Afganistán.

La crisis de Ucrania, a todas luces, hará que los términos del posible acuerdo con Irán sean más perjudiciales para este país que el del 2015. La pregunta es: ¿cuál será la respuesta de Teherán?

 1 febrero 2022

Publicado enInternacional
Lunes, 31 Enero 2022 05:46

Un poco de respeto, a cambio de gas

Olaf Scholz, 26 de enero en el parlamento alemán, en un debate sobre el futuro de Europa y la presidencia del G7 AFP, STEFANIE LOOS

ALEMANIA ATRAPADA EN LA TENSIÓN ENTRE RUSIA Y ESTADOS UNIDOS

En un coloquio celebrado el viernes 21 de enero en Nueva Delhi, el vicealmirante Kay-Achim Schönbach, jefe de la Marina alemana, dijo que era una «tontería» suponer que Rusia estaba interesada en invadir Ucrania y aseguró que los territorios de la península de Crimea «nunca volverán» a ser controlados por Kiev. En la ronda de preguntas de la actividad organizada por el Instituto Manohar Parrikar de Estudios y Análisis de Defensa, el militar alemán habló sobre las intenciones detrás del aumento de tropas rusas en la frontera con Ucrania. Opinó que el presidente ruso «está presionando porque sabe que puede hacerlo, eso divide a la Unión Europea [UE]», y sostuvo que Vladimir Putin «quiere respeto» y que «darle el respeto que exige y probablemente merece» tiene un «costo bajo, incluso nulo».

Schönbach, que asumió el mando de la fuerza naval alemana hace menos de un año, también opinó que aumentar los lazos comerciales con Rusia –país al que destacó como «país cristiano, aunque Putin sea ateo»– y tener «a este gran país, aunque no sea una democracia, como socio bilateral» seguramente servirían para alejar a Moscú de la influencia china.

Tras hacerse público el video del coloquio en las redes sociales, la reacción ucraniana en Berlín y Kiev fue inmediata. Entrevistado por el periódico alemán Die Welt, el embajador ucraniano en Alemania sostuvo que las apreciaciones de Schönbach muestran la «arrogancia alemana y los delirios de grandeza que uno de los jefes de más alto rango de la Bundeswehr [Fuerzas Armadas alemanas] demuestra al soñar con una santa alianza con un criminal de guerra como Putin y una moderna cruzada germano-rusa contra China». El diplomático aseguró que el episodio deja «muy cuestionada» la credibilidad y la fiabilidad de Alemania. Mientras tanto, en Kiev, el Ministerio de Asuntos Exteriores ucraniano convocó a la embajadora alemana en ese país para pedir explicaciones por las «inaceptables declaraciones».

Pocas horas después, el vicealmirante Schönbach hizo público un comunicado en el que califica sus comentarios como «un claro error», ya que se trataban, dice la misiva, de opiniones personales «poco meditadas y mal calculadas». Además, el militar informó que había solicitado a la ministra de Defensa, la socialdemócrata Christine Lambrecht, que lo relevara de inmediato de sus funciones, ya que consideraba que su salida era «necesaria para evitar más daños a la Marina alemana, pero sobre todo a la República Federal de Alemania». Por su parte, el Ministerio de Defensa, además de aceptar la renuncia del vicealmirante, declaró que los comentarios no reflejaban en absoluto la posición oficial alemana.

LA CAUTELA

Las declaraciones de Schönbach son un problema para el flamante gobierno alemán del socialdemócrata Olaf Scholz. No solo contradicen la posición adoptada oficialmente por Alemania y sus socios de la UE y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), sino que también se producen en un momento en que la postura alemana en el conflicto entre Ucrania y Rusia es observada con recelo desde Kiev y Washington.

Tanto el canciller federal, que hasta ahora ha mantenido un bajo perfil en el conflicto de Ucrania, como la ministra alemana de Asuntos Exteriores, Annalena Baerbock, han instado a Rusia a dar pasos claros hacia una desescalada y han advertido que una agresión militar tendría graves consecuencias. Sin embargo, el gobierno alemán ha evitado establecer líneas rojas y mantiene firme su política de no enviar armamento letal a zonas de conflicto, como es el caso de Ucrania. Esta reticencia coloca a Berlín en una situación incómoda frente a varios de sus socios que ya han dado este paso.

Durante los 16 años de gestión de Angela Merkel la posición alemana con respecto a Rusia siempre fue cautelosa y estuvo sostenida por un vínculo comercial de conveniencia mutua y el buen relacionamiento que la excanciller tenía con el presidente ruso. Esa cautela parece haber sido heredada por el nuevo gobierno, liderado por los socialdemócratas en coalición con verdes y liberales.

La apuesta al diálogo y la reticencia a imponer sanciones económicas –como la desconexión de los bancos rusos del sistema internacional de transferencias financieras o la prohibición de exportar a Rusia semiconductores, tal como ha sugerido Washington– también parecen ser el camino elegido por el nuevo canciller alemán. En este sentido, el martes, después de una reunión conjunta con el presidente francés, Emmanuel Macron, en Berlín, Scholz expresó su satisfacción por el reinicio de las conversaciones del denominado Formato de Normandía. La iniciativa, en la que participan Alemania, Francia, Ucrania y Rusia, logró en 2015 la firma del Acuerdo de Minsk II, que sirvió para frenar la escalada bélica en el este de Ucrania; sin embargo, buena parte de lo acordado por Moscú y Kiev no se ha cumplido.

EL GAS RUSO

Según informaciones publicadas por el semanario Die Zeit, días antes de que el secretario de Estado estadounidense, Antony Blinken, visitara Alemania la semana pasada, el canciller Scholz ya se había reunido en Berlín con el jefe de la CIA, William Burns. En esa reunión Burns había dado detalles del despliegue de las unidades rusas en la frontera ucraniana. Burns, considerado en Washington uno de los mejores conocedores de Putin, también le había transmitido al canciller alemán la preocupación que tienen los servicios de inteligencia estadounidenses por un posible ataque ruso de bandera falsa en suelo ucraniano. En Washington temen que una operación de ese tipo pueda servir de pretexto a Moscú para hacer avanzar sus tropas más allá de la frontera con la excusa de defender sus propios intereses.

Según Die Zeit, Berlín teme que uno de los objetivos de ese posible sabotaje sea el gasoducto que atraviesa Ucrania y que lleva el gas ruso desde Siberia hasta Alemania. En ese escenario, Europa dejaría de recibir, en pleno invierno, unos 40.000 millones de metros cúbicos de gas. Actualmente Rusia proporciona más de una tercera parte del gas que se consume en todo el continente europeo. Llegado ese punto, Alemania tendría que decidirse entre estrenar el flamante gasoducto Nord Stream 2 o incluirlo en un paquete de sanciones contra Rusia.

El Nord Stream 2 es un gasoducto que conecta Rusia con Alemania sin pasar por suelo de terceros países. Recorre más de 1.200 quilómetros bajo las aguas del mar Báltico y conecta al mayor exportador mundial de gas natural del mundo con la mayor economía de Europa. Desde el segundo semestre de 2021 el caño está listo para operar y solo resta la aprobación del ente regulador alemán. La inversión, de 11.000 millones de euros, fue realizada por Gazprom, la empresa estatal rusa que tiene el monopolio de las exportaciones de gas de ese país y es la propietaria y operadora exclusiva del gasoducto.

La construcción del Nord Stream 2 comenzó a principios de 2018 y estuvo plagada de polémicas. La obra siempre fue vista con recelo por el gobierno estadounidense, que entendía que la interconexión suponía incrementar la dependencia europea del suministro ruso. Además de la evidente dimensión geopolítica, los temores de Washington también encerraban una lógica comercial, ya que el nuevo gasoducto representa una amenaza para las exportaciones de gas natural licuado estadounidense al mercado europeo. La entrada en funcionamiento del Nord Stream 2 –capaz de transportar 55.000 millones de metros cúbicos de gas por año– significaría un golpe a la economía tanto de Ucrania como de Polonia. Para ambos países, el cobro de tarifas por el tránsito del gas ruso a través de sus territorios significa un importante ingreso de divisas y un factor de estabilidad geopolítica.

Este martes, el primer ministro británico, Boris Johnson, que en esta crisis viene actuando como portavoz del sector más guerrerista de la OTAN, disparó en la Cámara de los Comunes: «Creo que esta asamblea necesita entender que uno de los grandes temas que todos enfrentamos al lidiar con el tema de Ucrania, al lidiar con Rusia, es la tremenda dependencia de nuestros amigos europeos con respecto al gas ruso». El mensaje fue inmediatamente decodificado tanto por la prensa inglesa como por la alemana como una alusión velada a la ambivalente posición de Berlín, que hasta ahora no permite que los vuelos británicos con armamento destinado a Ucrania pasen por el espacio aéreo alemán.

Por Guzmán Morales desde Berlín 


27 enero, 2022

Publicado enInternacional