Alemania refuerza su Ejército ante la "amenaza" rusa: 100.000 millones de euros y un 2% más del PIB defensa

El canciller Olaf Scholz anuncia en la Cámara Baja que su Gobierno invertirá más del 2% anual de su Producto Interior Bruto en Defensa. "Se hará lo que haga falta para garantizar la paz en Europa", subrayó.

 

El Gobierno alemán ha anunciado este domingo que destinará 100.000 millones de euros adicionales a sus Fuerzas Armas e invertirá más del 2% anual de su producto interior bruto en defensa para enfrentar el "desafío" que representa una Rusia liderada por Vladímir Putin.

"Tenemos que hacernos la pregunta de qué capacidades tiene la Rusia de Putin y qué capacidades necesitamos nosotros para enfrentar esta amenaza, hoy y en un futuro", dijo el canciller alemán, Olaf Scholz, este domingo en una declaración de Gobierno ante el Bundestag (Cámara baja).

El objetivo, subrayó, es contar con una Bundeswehr (Fuerzas Armadas) "eficiente, de última generación y avanzada", lo que implica "mejor equipación, equipos modernos, más personal". "Eso cuesta mucho dinero", concedió, pero debería ser posible para un país del tamaño e importancia en Europa como Alemania, añadió.

Ante este "cambio de era" que supone la invasión rusa de Ucrania, "se hará lo que haga falta para garantizar la paz en Europa", y Alemania será solidaria en su contribución, para lo cual, no obstante, la Bundeswehr necesita "nuevas y grandes capacidades", reconoció.

En este sentido, Scholz se dirigió a todos los grupos parlamentarios para pedirblindar en la Ley Fundamental esta partida adicional destinada a modernizar las fuerzas armadas. "A partir de ahora, cada año, invertiremos más del 2 % de nuestro PIB en nuestra defensa", no sólo por un el compromiso adquirido con la Alianza Atlántica, sino "por nuestra propia seguridad", anunció, además.

Scholz advirtió al jefe del Kremlin en contra de subestimar la determinación de Alemania de defender junto a sus aliados "cada metro cuadrado del territorio de la Alianza".

Entre los grandes desafíos está el de "evitar que la guerra de Putin se traslade a otros países de Europa", señaló y agregó que con la invasión de Ucrania, el presidente ruso "no quiere sólo borrar un país independiente del mapa", sino que "destruye el orden de seguridad europeo" cimentado desde hace casi medio siglo en el Acta Final de Helsinki.

Según informó Efe, el primer ministro señaló que "se hará lo que haga falta para garantizar la paz en Europa", incluyendo en su ejército armamento "eficiente, de última generación y avanzado". De la misma forma aclaró que Alemania sí intervendrá en su seguridad para proteger la libertad y la democracia.

27/02/2022 15:13 Actualizado: 27/02/2022 18:42

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Un vehículo militar ruso incendiado cerca de la ciudad de Sumy, este de Ucrania . Imagen: AFP

Estalló la guerra en el este de Europa y Kiev dice que sus aliados lo dejaron solo

La invasión de Ucrania por parte de las tropas rusas es, hasta ahora, el escalón más elevado del conflicto que opone a Rusia y Occidente desde hace más de tres décadas. 

 

Desde París

El ultimo reducto aún encendido de una guerra en Europa giró de pronto hacia un conflicto de perfil gigantesco. La invasión de Ucrania por parte de las tropas rusas es, hasta ahora, el escalón más elevado del conflicto que opone a Rusia y Occidente desde hace más de tres décadas en torno tanto a la ampliación de la Alianza Atlántica, al conflicto en las regiones separatistas situadas en el este de Ucrania o la configuración política del mundo.

Se trata, además, de la embestida militar más importante que se haya producido en Europa desde el fin de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). Ya no es más la Guerra Fría o la post Guerra Fría sino una guerra frontal, cara a cara, visión del mundo contra visión del mundo, sin palabras edulcoradas que envuelvan las intenciones. Cuando anunció el inicio de la ofensiva, el presidente ruso Vladimir Putin dijo: ”cualquiera que pretenda interponerse en nuestro camino o amenazar a nuestro país o a nuestro pueblo debe saber que la respuesta rusa será inmediata y tendrá consecuencias jamás vistas en nuestra historia”. 

El avance ruso

Con una "superioridad aérea absoluta", el ejército ruso se acercaba el jueves a Kiev, la capital de Ucrania, con la intención de "decapitar al gobierno" para colocar uno prorruso, según fuentes militares occidentales. Tras haber disparado más de 160 misiles contra objetivos militares ucranianos, las fuerzas rusas avanzaron rápidamente desde Bielorrusia hacia el sur y "se fueron acercando a Kiev" a lo largo del día, dijo un alto funcionario del Pentágono. "Básicamente tienen la intención de decapitar al gobierno e instalar su propia forma de gobierno, lo que explicaría este avance inicial hacia Kiev", estimó. Según un alto funcionario de inteligencia occidental, "las defensas aéreas de Ucrania han sido eliminadas y no les queda fuerza aérea para protegerse".

El presidente ucraniano Volodimir Zelenski lamentó el viernes que su país ha quedado "solo" para defenderse ante la invasión rusa, que se cobró al menos 137 vidas en las primeras 24 horas. "Nos han dejado solos para defender nuestro Estado", dijo Zelenski en un video publicado en la cuenta presidencial. "¿Quién está dispuesto a combatir con nosotros? No veo a nadie. ¿Quién está listo a dar a Ucrania la garantía de una adhesión a la OTAN? Todo el mundo tiene miedo", lamentó.

La reacción de los aliados

Horas antes el mandatario estadounidense Joe Biden había reconocido la falta de  unidad entre las potencias occidentales para darle una respuesta contundente al ataque ruso, a la vez que anunciaba nuevas sanciones económicas que convertirán a su homólogo ruso en un "paria".  En un discurso desde la Casa Blanca, Biden dijo que Occidente sancionará a otros cuatro bancos rusos y que las restricciones a la exportación suprimirán "más de la mitad de las importaciones tecnológicas de Rusia.  Esto impondrá un costo alto a la economía rusa, tanto de inmediato como a largo plazo", dijo. Sin embargo, agregó que no enviará tropas a Ucrania.

En Londres, el primer ministro Boris Johnson dijo que el Reino Unido congeló haberes de grupos bancarios y de fabricantes de armas, sancionó a cinco oligarcas más y cerró su espacio aéreo a la aerolínea rusa Aeroflot. El vicecanciller de Alemania, Robert Habeck, señaló que las sanciones occidentales "aislarán la economía rusa del progreso industrial, atacará y congelará activos y participaciones financieras y limitará drásticamente el acceso a los mercados europeos y estadounidenses".

En su alocución televisada, quien fuera hasta hace apenas tres días el principal rostro de la opción diplomática a la crisis, o sea, la, negociación con Rusia, el presidente francés, Emmanuel Macron, admitió que el momento era un salto hacia el vacío: ”es un giro en la historia de Europa y de nuestro país”. Macron calificó la invasión como un "acto de guerra”, advirtió que se responderá “sin debilidades y con sangre fría” y acusó al mandatario ruso de haber cometido una falta imperdonable: ”al renegar de su palabra, al rechazar la vía diplomática, al elegir la guerra, Vladimir Putin no sólo atacó a Ucrania: decidió llevar a cabo el más grave atentado contra la paz en nuestra Europa desde hace décadas”.

Cumbre de Europa

Palabras para condenar la invasión no faltaron, los actos para responder aún no se plasmaron. La Unión Europea se reunió en una cumbre urgente de jefes de Estado y de gobierno a fin de aprobar una nueva salva de sanciones que se agregan a las ya pactadas hace tres días cuando Putin reconoció por decreto la independencia de las regiones separatistas de Donetsk y Lugansk, en el Donbás. Las sanciones serán “graves y de enormes consecuencias” dijo la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, quien agregó que “el presidente Putin está intentando volver a los tiempos del Imperio Ruso”. Layen también precisó la doble base de las sanciones: primero, se apunta a poner a Rusia de rodillas mediante el “fin del crecimiento, el aumento de las financiaciones y la inflación, así como apurar la fuga de capitales”; en segundo lugar, cortarle a Moscú el acceso a las tecnologías. Cabe recordar no obstante que las sanciones que se adoptaron contra Rusia desde 2014 nunca disuadieron a Moscú de retener sus ambiciones en Ucrania. Además, esas sanciones fueron “medidas”, es decir, calculadas para no causar demasiado daño a Moscú y, por consiguiente, a las economías de los países que las adoptaron. 

La doble cara de las democracias occidentales siempre asoma por algún conflicto donde la intensidad pone en juego sus intereses. En cuanto a la alianza militar Occidental de la OTAN, el organismo se reunió el jueves 25 para activar el artículo 5 del Tratado de la Alianza, el cual contempla la respuesta militar de la OTAN en caso de que se produzca un ataque desde el exterior contra alguno de sus miembros. Por ahora no ha sido el caso. Ucrania no integra la OTAN.

La reacción de China

Mientras tanto China adoptó una postura equidistante. Por un lado su canciller, Wang Yi, dijo que “comprende las preocupaciones razonables de Rusia en materia de seguridad”. Pero por otra parte “China siempre ha respetado la soberanía y la integridad territorial de todos los países, señaló el diplomático. "La cuestión ucraniana tiene una historia especial y complicada”, concluyó Wang.

País bisagra

Ex República soviética que accedió a la independencia en 1991, Ucrania es un país bisagra de 44 millones de habitantes situado entre Rusia y Europa. El país está dividido en una zona pro occidental al Oeste ---mayoritaria—y los separatistas pro rusos al Este que se niegan a ser absorbidos por el Oeste. El 17 por ciento de la población es de origen ruso y la parte oriental es rusófona en su mayoría. Las fricciones actuales derivan de esa configuración, en particular de la elección de un dirigente pro occidental en 2005, Viktor Louchtchenko. Fue él quién entabló el giro de Ucrania hacia Europa y la OTAN. En 2010, la elección del pro ruso Viktor Ianoukovitch puso fin a ese acercamiento y volvió a inclinarse hacia Rusia. Ello dio lugar a manifestaciones gigantescas en la Plaza de la Independencia (Maidan), en Kiev, donde los pro europeos pedían la renuncia de Ianoukovitch. Esa revolución que dejó 80 muertos precipitó la renuncia del jefe del Estado en febrero de 2014 así como la anexión de Crimea decidida por Putin.

 La confrontación entre Rusia y Occidente se focalizó en Ucrania. Los europeos veían un paraíso para sus valores y Putin una intromisión en un territorio esencial. La ruptura se plasmó en el Donbás, concretamente en las provincias de Donetsk y Lugansk, cuya independencia Moscú reconoció en febrero pocos días antes de invadir Ucrania. Los combates encarnizados hicieron intervenir a la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) como mediadora (2015) y luego, en 2016, a Francia y Alemania, bajo cuyo arbitraje se reactivaron las negociaciones. En 2015 se pactó un alto el fuego y se firmaron los acuerdos de Minsk. El cese de las hostilidades apenas duró 10 días y en estos 8 años de conflicto murieron más de 15 mil personas.

Las guerras de Putin

La guerra es el sol más negro que puede iluminar a Europa y sus dirigentes la alejan como a una maldición. Dos Guerras Mundiales, 1914-1918 y 1939-1945, diez millones de muertos en la primera y 50 en la que siguió, dejaron una profunda huella entre los dirigentes para los cuales, al menos en Europa, la guerra nunca puede ser una opción. La ocupación de Ucrania es una copia certificada de lo que también ocurrió en 2008 en Georgia, cuando Rusia reconoció a dos repúblicas separatistas, Abjasia y Osetia del Sur, luego de que Georgia atacara brutalmente a Osetia del Sur. Después, Moscú ocupó el 20 por ciento del territorio de Georgia. El contexto espectacular del conflicto de hoy esconde, de hecho, otros antagonismos armados alejados del teatro europeo a través de los cuales Occidente y Rusia protagonizaron sucesivas confrontaciones. 

En sus 22 años de poder, el presidente ruso Vladimir Putin estuvo al frente de varios conflictos, empezando el que asentó su influencia y su aura, la guerra en Chechenia (la segunda fase, 1999, cuando Putin era Primer Ministro), la República independentista de mayoría musulmana situada en el Cáucaso Norte. Siria y Malí son los dos teatros donde, en el Siglo XXI, la participación de Rusia hizo retroceder a Europa y Estados Unidos. En 2015, Rusia se desplegó militarmente en Siria en respaldo al presidente Bachar al-Assad. El jefe del Estado enfrentaba una revuelta interna derivada de la Primavera Árabe y respaldada con armas y consejeros por Estados Unidos y Europa. Putin ordenó la intervención de su aviación y con ella y los 63 mil hombres que sirvieron en la campaña siria derrotó a la coalición local e internacional que enfrentaba al poder de al-Assad. El último “frente a frente” es más reciente. Se trata de Malí, donde los mercenarios rusos del grupo Wagner aceleraron el fin de la presencia militar francesa y europea en ese país. En 2014, Francia intervino en Malí mediante la operación Barkhane con respaldo secundario de los aliados para luchar contra los grupos armados salafistas de Al-Qaeda y el Estado Islámico instalados en la región del Sahel, en la llamada “zona de las tres fronteras” donde convergen Malí, Burkina-Faso y Níger.

De todas esas guerras entre los dos adversarios, ninguna habrá cambiado el rumbo de la historia con tanta virulencia como la ocupación de Ucrania. Tal vez estemos en la frontera de lo que China y Rusia definieron como “la nueva era” en el documento que ambos países firmaron el pasado 4 de febrero. Emmanuel Macron llamó anoche a Vladimir Putin para exigirle “el fin inmediato de las operaciones militares en Ucrania”. Putin ya lo traicionó dos veces. No lo oirá seguramente una tercera.

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Europa afronta una ofensiva militar sin precedentes desde la II Guerra Mundial

Las tropas Rusas han penetrado por algunos puntos fronterizos durante la primera jornada bélica. La aviación ha bombardeado prácticamente todo el país y el presidente ucraniano, Valodímir Zelenski, alerta de que la guerra está ya a las puertas de Europa.

kiev/Madrid

A las seis de la mañana del 24 de febrero, hora de Moscú, comenzaba la guerra. Rusia lanzaba oficialmente un ataque contra Ucrania que se centraba, en un primer momento, en algunos enclaves militares estratégicos. Las primeras bombas se sintieron en Kiev. Luego los bombarderos dejaron su mella sobre Járkov, al este del país ucraniano, y Dnipró una ciudad de interior. Putin apenas dio tiempo para asimilar el envite. Tan sólo habían pasado unos minutos entre las primeras explosiones y el discurso a la nación que anunciaba el estallido del que posiblemente será el mayor conflicto bélico en Europa desde la II Guerra Mundial.

"Rusia no puede vivir tranquila y segura con la constante amenaza que emana de la actual Ucrania. [...] He ordenado una operación cuyo objetivo es la desmilitarización y la desnazificación de Ucrania. Cualquier interferencia de terceros países tendrá consecuencias como nunca se han visto", anunciaba Putin en un discurso emitido en la televisión. Después, las bombas y muertes. 

Lo que Rusia llamó en un primer momento "operación militar especial", pronto se tornó en la guerra que toda la comunidad internacional temía que estallara. Valodímir Zelenski, el presidente de Ucrania, declaraba la Ley Marcial en todo el país y rompía todas las relaciones diplomáticas con Rusia. Las órdenes para las fuerzas ucranias eran claras: causar "el mayor número posible de bajas" al invasor. "Ucrania ha entrado en modo de defensa total. Cualquiera que esté listo y sea capaz de sostener un arma puede unirse a las Unidades de Defensa Territorial en su región". 

Durante todo el día, Kiev y las grandes ciudades de Ucrania han vivido un éxodo. Miles y miles de ciudadanos han tomado las carreteras en las primeras horas del día para regresar a sus pueblos y reunirse con sus familias o para tratar de traspasar la frontera. Al menos 2.000 refugiados ucranianos han cruzado hasta Moldavia, según las autoridades del país.

Este repliegue ha dejado en la capital una estampa atípica de comercios cerrados y silencio. Las compras son ya parte del pasado en Kiev, pues hasta las tiendas de alimentación han bajado la verja en una ciudad desalmada. Quienes no han encontrado una salida rápida, se cobijan bajo tierra en los túneles del metro, que se han convertido en un refugio antiaéreo al que centenares de personas acuden mientras suenan las sirenas antiaéreas.

Putin se lanza a tomar el país entero

Lo que durante semanas se especulaba que iba a ser una escaramuza muy focalizada en el este de Ucrania –los territorios fronterizos con Rusia– se ha convertido rápidamente en una guerra total de invasión. Las fuerzas militares de Putin se han lanzado en menos de 24 horas sobre prácticamente todo el país. De hecho, las tropas han aprovechado la alianza con Bielorrusia para acometer una operación desde esta frontera para conquistar la zona de exclusión de Chernóbil, ubicada a un centenar de kilómetros de Kiev. Otra avanzadilla que partía desde la península de Crimea ha tomado parte de la región de Jersón y el Servicio Guardafrontera de Ucrania ha informado de que unas tropas rusas han cruzado el punto fronterizo de Vilcha, ya en la región de Kiev. 

Además, los ataques aéreos se han desplegado por prácticamente todo el mapa ucraniano. Se ha bombardeado el aeropuerto de Ivano-Frankivsk, ciudad ubicada a menos de 200 kilómetros de distancia de Rumania. La presteza de los militares rusos en su ataque y la asimetría de esta guerra, con unas fuerzas ucranianas sobrepasadas, hace prever que el país pueda caer en manos de Putin. 

Putin se ha lanzado a tomar Ucrania al completo. Al menos así lo entiende el presidente Zelenski que ha reclamado ayuda a la Unión Europea y al resto de la comunidad internacional. "Si ustedes, estimados líderes europeos, líderes mundiales, líderes del mundo libre, no nos ayudan bien, mañana la guerra tocará a sus puertas", alerto el político en un mensaje que ha sido emitido a través de las redes sociales. 

Ucrania comparte frontera con Bielorrusia, aliada de Putin, pero también con cuatro países de la UE –Polonia, Eslovaquia, Hungría y Rumanía– y con Moldavia, un país aliado de Europa y con pretensiones de pasar a formar parte de la Unión. Los líderes del viejo continente, por el momento, mantienen una política basada en sanciones hacia Rusia y, por el momento, sólo EEUU ha mostrado su intención de responder por la vía militar. Biden ya dispone de 8.000 soldados en estado de alerta en Europa, aunque todavía no hay orden de actuación bilateral sobre el territorio ucraniano. Además hay otros 40.000 militares norteamericanos en diferentes países del entorno que podrían intervenir en caso de que la escalada bélica prosiga. 

En este contexto, Putin se aferra a una guerra que, bajo su óptica, es una defensa de los intereses rusos y no un ataque militar. "Debe quedar claro: las cosas que están ocurriendo son una medida forzada", ha dicho el presidente ruso en la noche del jueves. "Ellos simplemente no nos dejaron otra opción [...]. Los riesgos en la esfera de la seguridad son tales que era imposible responder con otros medios", sostuvo.

Tras una primera jornada en la que los muertos son ya incontables, la escalada militar acerca a Europa a un abismo que recuerda al peor de sus pasados recientes. La guerra ha estallado.

24/02/2022 21:40 Actualizado: 25/02/2022 08:56

Por Alberto Sicilia / Alejandro Tena

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Conflicto Rusia - Ucrania: George Bush, Vladimir Putin, y la tercera ley de Newton

Las similitudes entre los discursos de George W. Bush, antes de la invasión de Estados Unidos a Irak, y Vladimir Putin, previo a la ofensiva rusa sobre Ucrania. 

 

A toda acción corresponde una reacción”, sería la síntesis de la tercera ley de Newton. Esta ley de la física clásica es fundamental en la dinámica social y política de los pueblos, con la diferencia de que la reacción nunca es proporcional a la acción. Si agregamos la regla de oro de la diplomacia y la ley moral más antigua de la humanidad (“No hagas a los demás lo que no quisieras que hagan contigo”) tendremos la explicación de muchos fenómenos a lo largo de la historia y a lo ancho del presente.

Para comenzar, tomemos solo un elemento, el retórico, sobre las dos importantes intervenciones militares de la última generación: la invasión en Irak y la invasión en Ucrania.

Invasión de Estados Unidos a Irak

El lunes 17 de marzo de 2003, desde el Cross Hall de la Casa Blanca, el entonces presidente estadounidense George W. Bush leyó un discurso justificando la masiva invasión de Irak. Un mes antes, desde España, publicamos artículos dando por hecho esta invasión y el posterior empantanamiento en el caos de Medio Oriente. Por entonces pensábamos que el discurso era una mentira descarada. Hoy, luego del reconocimiento de su falsedad, tanto por el presidente Bush como por su escudero, el presidente Aznar, está claro que todo fue una fabricación. Tan claro como es casi imposible encontrar un estadounidense que esté enterado de estos hechos.

El discurso de George W. Bush

“Durante más de una década, Estados Unidos y otras naciones han realizado esfuerzos pacientes y honorables para desarmar al régimen iraquí sin iniciar una guerra (pero) han fracasado una y otra vez”. En realidad, los inspectores de la ONU solo fracasaron en su búsqueda de armas de destrucción masiva.

“La inteligencia reunida por este y otros gobiernos no deja dudas de que el régimen de Irak continúa poseyendo y ocultando algunas de las armas más letales jamás inventadas (…) El régimen tiene un historial de agresión en Medio Oriente y tiene un profundo odio hacia Estados Unidos y nuestros amigos. Y ha ayudado, entrenado y albergado a terroristas, incluidos agentes de Al Qaeda”. Todos sabemos que fue la CIA quien ayudó y entrenó a Osama bin Laden en Afganistán. Saddam Hussein era enemigo de bin Laden. También sabíamos que el “historial de agresión” del régimen fue sostenidos por Washington e, incluso, con armas biológicas vendidas por Europa en los 80 y con aprobación de Ronald Reagan.

“Estados Unidos y otras naciones no hicieron nada para merecer esta amenaza”. Seguro que no. Ahora, “todas las décadas de engaño y crueldad han llegado a su fin. Saddam Hussein y sus hijos deben abandonar Irak en 48 horas. Su negativa a hacerlo dará lugar a un conflicto militar, que comenzará en el momento que elijamos. Por su propia seguridad, todos los ciudadanos extranjeros, incluidos los periodistas e inspectores, deben abandonar Irak de inmediato (…) La campaña militar será dirigida contra los hombres sin ley que gobiernan su país y no contra el pueblo iraquí (…) Les pedimos a las fuerzas armadas iraquíes que actúen con honor y protejan a su país al permitir la entrada pacífica de las fuerzas de la coalición para eliminar las armas de destrucción masiva. (…) Los criminales de guerra serán castigados. Y no será una defensa decir ‘Solo estaba siguiendo órdenes’”. Obviamente, los crímenes de guerra en Irak nunca fueron castigados ni lo serán, como en tantos otros países invadidos por las superpotencias.

“Seguiremos tomando más medidas para proteger nuestra patria. Nuestros enemigos fracasarían. Ninguno de sus actos puede alterar el rumbo o cambiar la determinación de este país. Somos un pueblo pacífico (…) Si nuestros enemigos se atreven a atacarnos, enfrentarán terribles consecuencias. A diferencia de Saddam Hussein, creemos que el pueblo iraquí merece y es capaz de ser libre. Y cuando el dictador se haya ido, pueden dar ejemplo a todo el Medio Oriente de una nación vital, pacífica y autónoma. Estados Unidos, con otros países, trabajará para promover la libertad y la paz en esa región”.

El discurso de Vladimir Putin antes de invadir Ucrania

El 23 de febrero de 2022, el presidente ruso, Vladimir Putin, anunció su decisión de lanzar “una operación militar especial” para defender una provincia separatista de Ucrania.

“He tomado la decisión de llevar a cabo una operación militar especial para proteger a las personas que han sido objeto de abusos y genocidio por parte del régimen de Kiev durante ocho años. Para ello, nos esforzaremos por desmilitarizar y desnazificar Ucrania. Y también para llevar ante la justicia a quienes han cometido numerosos y sangrientos crímenes contra la población civil, incluidos los ciudadanos de la Federación Rusa. Rusia no puede existir con una amenaza constante que emana del territorio ucraniano. No nos ha quedado otra opción”.

Para hacerlo más parecido al discurso de Bush, como si se tratase de un recurso retórico deliberado:

“Los acontecimientos de hoy no están relacionados con el deseo de atentar contra los intereses de Ucrania y del pueblo ucraniano, sino con la protección de Rusia frente a quienes han tomado a Ucrania como rehén y tratan de utilizarla contra nuestro pueblo”. Se trata de “un derecho a la defensa ante las amenazas de una desgracia aún mayor que la actual. Nuestros planes no incluyen la ocupación de territorios ucranianos, no vamos a imponer nada a nadie por la fuerza. Nuestra política se basa en la libertad (…) Es importante que todos los pueblos que viven en el territorio de la actual Ucrania puedan ejercer este derecho: el derecho a elegir libremente”.

Para los enemigos que se atrevan a atacar, Putin, como lo hiciera Bush, les advierte que enfrentarán terribles consecuencias:

“Un ataque directo a Rusia conduciría a la derrota y a consecuencias nefastas para el agresor potencial (…) No pasa un solo día sin bombardeos en las localidades de Donbass (…) La matanza de civiles no se detiene, ni el hostigamiento de personas, incluidos niños, mujeres, y ancianos (…) No nos han dejado ninguna otra oportunidad para proteger a Rusia, a nuestra gente, excepto la que nos veremos obligados a usar hoy”.

Similitudes

Los dos discursos que inician ambas intervenciones militares son casi una copia. Es posible que esto haya sido deliberado por parte de Moscú, pero está claro que es una reacción diplomática y militar de crucial importancia. La arrogancia de Washington de no detener la expansión de la OTAN, contra el compromiso adquirido décadas antes y violado repetidas veces, se ha estrellado con el muro ruso (mejor dicho, “sino-ruso”).

La ineficiencia militar del ejército de Estados Unidos

Putin es demasiado listo para los lideres de Occidente. Por otra parte, se encuentra en el momento de quiebre de la influencia avasallante de la OTAN y su aterrizaje. Los ejemplos de ineficiencia militar del ejército más caro de la historia(Estados Unidos invierte tanto como los primeros diez países del mundo) son interminables. Desde las guerras de expansión del siglo XIX, pasando por las guerras bananeras y todas las invasiones de la Guerra fría, siempre se invadió o intervino países minúsculos o pobres. Aun así fue derrotado en Cuba, en Vietnam y, más recientemente, en Afganistán. Ahora, ante la invasión del ejército ruso a Ucrania, Washington retiró su presencia militar en Ucrania. Pues, para eso estaban, para intimidar.

Aunque Putin se retire de Ucrania, aunque se quede con una parte o invente un nuevo país, será el ganador inevitable en esta disputa. La lección ya la había aprendido Kim Jong-un luego de que colgaran a Sadam Hussein: el único argumento que escuchan los poderes hegemónicos son las bombas atómicas.

Tristemente, es así de simple, y esa es otra reacción de una acción largamente ejercida por Washington.

25 de febrero de 2022

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Putin le dio a Washington exactamente lo que quería

La última escalada de la crisis en Ucrania nos obliga a sostener dos ideas al mismo tiempo: que Vladimir Putin tiene mucha responsabilidad inmediata, y que la prolongada negativa de Estados Unidos a aceptar los límites de la expansión de la OTAN contribuyó a provocarla.

Esta semana se ha producido la escalada más dramática de la crisis que se cuece a fuego lento en Ucrania hace tiempo: el presidente ruso Vladimir Putin ha reconocido formalmente la independencia de las regiones escindidas del este del país, Donetsk y Luhansk, y ha enviado tropas rusas a la zona, supuestamente para mantener la paz.

Lo primero que hay que decir sobre esto es que es imprudente e ilegal. En virtud de los acuerdos de Minsk, que tanto Rusia como Occidente han impulsado durante años como solución a la miniguerra civil que ha asolado el este de Ucrania durante los últimos ocho años, estas regiones debían ganar autonomía sin dejar de formar parte de Ucrania. La medida de Putin rompe de hecho ese pacto.

En segundo lugar, de acuerdo con el derecho internacional, existen procesos para llevar a cabo misiones de mantenimiento de la paz; el envío unilateral de tropas a un país vecino con el que se está peleando no lo es. Por ello, el representante de Kenia en la ONU, que se había abstenido en la votación para debatir las acciones de Rusia a principios de este mes, dijo anteayer que la medida «viola la integridad territorial de Ucrania», comparándola con la forma en que las fronteras de los países africanos habían sido trazadas y redibujadas por imperios moribundos. El «orden internacional basado en normas» puede tener sus problemas y ser invocado de forma selectiva, pero en su esencia es un principio fundamentalmente bueno: que el fuerte no puede hacer simplemente lo que quiera con el débil.

Y Putin ha dado bastantes señales de que está dispuesto a intensificar su intervención. Enviar «fuerzas de paz» es una cosa. Hacerlo después de reconocer la independencia de regiones controladas por separatistas que respalda —algo que Putin había rechazado la semana pasada— y después de un discurso en el que efectivamente sugiere que el país en el que se encuentran es en verdad su territorio, es una señal de ambiciones menos que benignas.

Reconocer todo esto, sin embargo, no deja a Occidente libre de culpa en lo que está sucediendo ahora. O como dijo recientemente el politólogo Stephen Walt: «uno puede creer que las acciones actuales de Rusia son totalmente ilegítimas y también creer que un conjunto diferente de políticas estadounidenses durante las últimas décadas las habría hecho menos probables».

O un conjunto diferente de políticas estadounidenses en los últimos meses. El ejército de expertos belicistas que ha estado prediciendo —salivando, tal vez sea más exacto— una invasión rusa ya ha aprovechado este último movimiento como reivindicación de sus argumentos habituales: Putin es Hitler, busca revivir la gloria de la Unión Soviética, no se puede razonar con él, y solo una demostración de fuerza (no más «apaciguamiento» o negociaciones que «premien» su comportamiento) puede hacer que se detenga. Este es, por cierto, el enfoque que Washington y sus aliados, principalmente el Reino Unido, han adoptado para llegar a este punto.

A lo largo de esta crisis, la posición occidental ha sido la de adoptar una línea caricaturescamente dura contra la negociación. En diciembre, Putin presentó su oferta inicial, de máxima, en la que pedía sobre todo un compromiso legal por escrito de que los países vecinos, Ucrania y Georgia, no entrarían en la OTAN, y que Washington volviera a entrar en el Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (INF), del que Trump se había retirado imprudentemente, así como una serie de exigencias menos realistas sobre las actividades de la OTAN en las antiguas repúblicas soviéticas.

Pero lo que realmente buscaba Putin era el primer punto de la lista. Los límites a la deriva de la OTAN hacia el este, después de todo, habían sido durante mucho tiempo un punto doloroso no solo para él, sino incluso para las élites rusas proccidentales durante años, algo que varios funcionarios y pensadores estadounidenses habían reconocido abiertamente como comprensible.

Así que, sabiendo que Moscú amenazaba ahora con una acción militar contra Ucrania si se seguían ignorando sus objeciones a la ampliación de la OTAN, ¿qué hicieron los funcionarios occidentales? Se negaron a ceder en el asunto una y otra vez a medida que pasaban los meses, incluso cuando absurdamente reconocieron que Ucrania no se iba a unir a la alianza en breve, y dejaron claro que no lucharían para defenderla.

El equivalente geopolítico de un pistolero que agita una pistola ante tu amigo exigiéndote que descartes cualquier plan futuro para escalar el Monte Everest, solo para que te cruces de brazos y te niegues.

La necesidad de Occidente de mostrarse duro e intransigente a toda costa alcanzó cotas especialmente tontas a principios de este mes, cuando la ministra de Asuntos Exteriores británica, Liz Truss —que había celebrado previamente una elegante cena con la esposa de un designado por Putin que había pagado una pequeña fortuna a su partido— se sentó a conversar con el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Sergey Lavrov. Cuando Lavrov, en respuesta a las exigencias de Truss de que Rusia retirara las tropas de su territorio fronterizo con Ucrania, le preguntó si reconocía la soberanía de Rusia sobre las regiones de Rostov y Voronezh, Truss respondió que el Reino Unido «nunca reconocería la soberanía rusa sobre esas regiones», lo que provocó que un diplomático más informado interviniera para explicarle que esas eran regiones rusas.

Fue un episodio embarazoso, pero reveló muchas cosas sobre la posición negociadora de Estados Unidos y el Reino Unido: estaban comprometidos a adoptar una irreflexiva línea dura en las negociaciones, incluso cuando aquello no tenía ningún sentido.

Mientras tanto, al negarse efectivamente a negociar, Estados Unidos y el Reino Unido recurrieron a una «campaña de comunicación estratégica» en la que, a lo largo de semanas y meses, hicieron innumerables predicciones sobre una «inminente» invasión rusa que repetidamente no se produjo, y alimentaron a los periodistas con oscuras profecías de falsas banderas e incluso de un golpe de Estado. Las pruebas de estas predicciones no estaban claras porque los funcionarios se negaron a publicarlas, pero el pánico que provocaron condujo a la retirada de los observadores del alto el fuego del este de Ucrania, lo que a su vez hizo que se dispararan las violaciones del alto el fuego en la región, creando el mismo pretexto que Rusia ha utilizado ahora para enviar tropas, que los funcionarios occidentales han señalado naturalmente para afirmar que tenían razón todo el tiempo.

Tal vez el Kremlin realmente estaba haciendo exactamente lo que los funcionarios occidentales afirmaban. Pero como las pruebas siguen ocultándose, en este momento es igual de probable que esos funcionarios hayan contribuido a desencadenar lo mismo que trataban de evitar, ya que la retirada de los observadores condujo a un aumento de los combates que Putin aprovechó.

Todo ello nos ha llevado hasta aquí. No está claro lo que Putin está planeando ahora. ¿Simplemente está subiendo la apuesta para arrancar concesiones a Occidente? ¿Está planeando crear una zona de amortiguación independiente y prorrusa en Ucrania, o incluso anexionar esta parte del país? ¿O está planeando la más exagerada de las predicciones occidentales, la de marchar a Kiev y derrocar al gobierno ucraniano, cargando con un dolor de cabeza que podría convertirse fácilmente en su propio Afganistán? A estas alturas, no podemos decirlo.

Lo que sí podemos decir es que las acciones de Putin no han llegado hasta el punto de una invasión a gran escala, como reconocen incluso los funcionarios estadounidenses, lo que significa que todavía es posible una solución diplomática. Y las élites occidentales harían bien en buscarla antes de que Putin pase el punto de no retorno, porque la alternativa no será buena para nadie.

Consideremos las posibles ramificaciones solo para Biden. Si los combates en Ucrania dañan las infraestructuras energéticas, o si los gobiernos occidentales acaban sancionando los combustibles fósiles rusos, esto podría hacer que la inflación se disparara aún más en Estados Unidos, especialmente teniendo en cuenta que Rusia es ahora el segundo mayor proveedor de petróleo extranjero de Estados Unidos.

La situación podría empeorar aún más si, ya sea por las sanciones o por las represalias rusas, se agotan las exportaciones de trigo y productos básicos rusos, lo que afectaría a los precios de los alimentos, así como a la industria de los semiconductores (cuyas dificultades han provocado un aumento de los precios y los robos de automóviles en Estados Unidos) junto con una serie de otras industrias que dependen de las materias primas y los consumidores rusos. Lo mismo ocurre con Ucrania, que también es un importante exportador mundial de grano y materias primas utilizadas para fabricar chips semiconductores y otros productos.

Incluso si Estados Unidos encuentra una forma de escapar a estos impactos, otros países no lo harán, alimentando potencialmente la desestabilización en todo el mundo y creando una serie de incendios que Washington tendrá que apagar. Europa, uno de los principales compradores de petróleo y gas ruso, se verá especialmente afectada, las remesas a los países euroasiáticos se agotarán y el precio de los alimentos para países como Egipto, muy dependientes de Ucrania y Rusia, se disparará, aumentando el riesgo de agitación política. Cuando la gente tiene hambre, tiende a rebelarse.

Además, existe la posibilidad de que la guerra se intensifique. Los combates entre Ucrania y Rusia podrían extenderse fácilmente más allá de las fronteras de la primera, atrapando a otros países, incluso a los aliados de la OTAN, preparando el terreno para una escalada nuclear catastrófica. Incluso el escenario «menos malo» y más probable de que Rusia luche indefinidamente contra una insurgencia entrenada por Estados Unidos en Ucrania no es bueno, con militantes de extrema derecha haciéndose de armas y experiencia de lucha en un lugar que, como Siria, ya tiene los ingredientes de un enclave global para los extremistas violentos (en Ucrania, de la variedad de la supremacía blanca). El hecho de que en este caso todo esto esté ocurriendo a las puertas de Europa debería ser aún más alarmante para los occidentales.

Desgraciadamente, parece que la Casa Blanca ha decidido ahora que la incursión de Putin, tanto si acaba siendo «limitada» como si es algo aún más peligroso, significa que la diplomacia está ahora fuera de la mesa. Cualquiera que sea la explicación de la obstinación occidental, son los ucranianos de a pie los que van a sufrir, junto con todos los que sienten los efectos de la onda expansiva del conflicto, entre ellos la presión del Congreso para inundar Ucrania de armas donde inevitablemente llegarán a manos de los neonazis y otros extremistas.

Putin es el responsable último de cualquier horror que desate. Pero guarden algo de indignación para los gobiernos y funcionarios occidentales que decidieron hacer inevitable la guerra al negarse a transigir, sacrificando un país que consideran poco más que una pieza de ajedrez.

Por Branko Marcetic  Redactor de Jacobin Magazine y autor de Yesterday’s Man: The Case Against Joe Biden (Verso, 2020).

25/02/2022

 

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Conflicto Rusia - Ucrania: El discurso de Vladimir Putin que más asusta en Kiev

"Ucrania no tiene legitimidad histórica como nación"

Un enviado especial a Kiev cuenta cómo se vivió en Ucrania el discurso de Putin donde fundamentó los motivos por los que Rusia reconoció a los independentistas del Donbass.

Desde Kiev

Vladimir Putin dio a conocer la decisión de reconocer a las llamadas Repúblicas Populares de Donetsk y Luhansk en un discurso de una hora en la televisión rusa. Los titulares de la prensa internacional del martes estuvieron dominados por el reconocimiento del Kremlin a unos territorios que, hasta ahora, incluso el gobierno ruso había sostenido que eran parte de Ucrania.

Pero en Kiev, más allá del reconocimiento de las repúblicas, asustó mucho el contenido del discurso televisado de Putin. En una larga diatriba, el presidente ruso sostuvo la tesis de que "Ucrania no tiene legitimidad histórica como país independiente".

Alina, una camarera de 29 años, siguió el discurso desde la cafetería en Kiev donde trabaja: "No entiendo qué quiere Putin de nosotros. Ya se quedó con Crimea en 2014. Yo pasaba allí todos los veranos. ¿Ahora qué pretende? ¿Quedarse con el resto de nuestro país?"

https://content.jwplatform.com/previews/x2bZqcXg

Putin culpa a Lenin de construir artificialmente Ucrania

"Ucrania fue un invento de los Bolcheviques. Lenin y sus asociados cometieron un crimen histórico dividiendo territorio que pertenecía al Imperio Ruso".

Gran parte del discurso de Putin estuvo dedicado a exponer su interpretación histórica de la Revolución Bolchevique de 1917 y la decisión de los líderes soviéticos de formar una "Unión de Repúblicas". Según Putin, Ucrania nunca debió ser reconocida como una república diferente de Rusia dentro de la Unión Soviética.

En Cherkasy, a 200 kilómetros del sur de Kiev, María siguió el discurso sentada frente al televisor junto a su madre. "Estamos muy asustadas. Nos pasamos el día viendo las noticias. Ya tenemos las maletas hechas y nos hemos buscado una ruta para escapar si nos invaden".

Rusia, Ucrania y el Cristianismo

"Desde tiempos inmemoriales, a los habitantes del territorio sureste de Rusia [lo que hoy es Ucrania] se les ha conocido como rusos y cristianos ortodoxos".

Las menciones al cristianismo y a la "unidad ortodoxa" estuvieron presentes de forma continúa en el discurso del líder ruso.

"Es importante subrayar que para nosotros Ucrania no es un país vecino. Es una parte inalienable de nuestra historia y de nuestro espacio espiritual".

La reacción desde Ucrania

Aunque no es la primera vez que Putin expresa su interpretación histórica sobre la naturaleza nacional de Ucrania, el discurso televisado de este lunes desde el Kremlin se convirtió en uno de los principales temas de conversación en los medios de Kiev.

Con miles de soldados rusos desplegados en la frontera, para gran parte del público ucraniano el discurso de Putin demuestra que el líder ruso llegará hasta las últimas consecuencias antes que permitir que Kiev salga de la órbita de Moscú.

Artur Kustyniuk, un investigador en la Universidad de Kiev respondía así al discurso: "La historia de lo que hoy es Ucrania es muchísimo más compleja de lo que Putin pretende. Los territorios que constituyen nuestro país hoy han sido, parte de las tribus eslavas que se cristianizaron durante el Rus de Kiev, luego de la Unión Polonia-Lituania que duró siglos, del Imperio Austro-Húngaro y del Imperio Ruso antes de la Primera Guerra Mundial. Y algunos territorios occidentales se incluyeron tras la victoria en la Segunda Guerra Mundial".

"El discurso de Putin sigue la narrativa clásica del imperialismo ruso. El problema es que Putin no es un historiador, sino comandante en jefe de las Fuerzas Armadas".

Por Alberto Sicilia

23 de febrero de 2022

*Del diario español Público, especial para Página/12

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EU y la OTAN calientan frontera colombo-venezolana

Cambian las administraciones de republicanos y demócratas en la Casa Blanca, pero las estrategias de tensión y desestabilización sistemática del Estado profundo (la estructura secreta que se sitúa por encima de las apariencias democráticas y a espaldas de la opinión pública estadunidense) contra países considerados "enemigos" de Washington, permanecen. Una constante en las últimas dos décadas han sido las políticas de "cambio de régimen" contra Venezuela. Objetivo: el petróleo. Y eliminar un modelo político alternativo a la dominación estadunidense en América Latina y el Caribe.

En la coyuntura, siguiendo el esquema del conflicto ucraniano en Europa, la administración demócrata de Joe Biden continúa la política de su antecesor, el republicano Donald Trump, utilizando a Colombia como plataforma para la agresión a Venezuela. Desde finales de 2021, Wa­shington ha venido utilizando al gobierno cipayo de Iván Duque, en la activación de líneas de tensión en la frontera del río Arauca entre Colombia y Venezuela, importante región geopolítica y geoestratégica por ser acceso a reservas de petróleo y gas, agua dulce, minerales, biodiversidad y otros recursos naturales.

La sucesión de hechos violentos provocados por grupos armados no estatales colombianos infiltrados en el Estado venezolano de Apure, fronterizo con el departamento de Arauca, Colombia, busca atraer al gobierno de Nicolás Maduro a una guerra similar a la que la OTAN ha estado provocando en la frontera entre Rusia y Ucrania. Al respecto, no se puede ocultar la profunda relación existente entre el gobierno del uribista Iván Duque con los grupos narcoparamilitares Los Rastrojos, Los Urabeños, las Autodefensas Gaitanistas de Colombia y Águilas Negras −bajo supervisión de la DEA y del embajador de EU, Philip Goldberg, quien desestabilizó a la ex Yugoslavia en 1999 y fue expulsado de Bolivia en 2008 por conspirar contra el gobierno de Evo Morales−, parecida a la que sostiene el presidente ucranio, Volodymir Zelensky, con grupos paramilitares neonazis.

En 2013, el entonces presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, suscribió un acuerdo con la OTAN como "socio global" (o “extra OTAN), erigiendo al país sudamericano en un caballo de Troya regional de esa fuerza militar multinacional comandada por Estados Unidos, que se atribuye al derecho de intervenir en cualquier parte del mundo.

En enero pasado, el ministro de Defensa venezolano, general Vladimir Padrino López, denunció la proyección latinoamericana de la OTAN, con Colombia y su red de bases militares como "peón", y la presencia cada vez más resuelta de medios castrenses y navales de la alianza atlántica en el "área de influencia" de Venezuela. Padrino se refería no sólo al acuerdo entre Colombia y la OTAN, sino también al segundo entrenamiento conjunto entre militares de Brasil y Estados Unidos, en el marco de la iniciativa CORE (siglas en inglés de Operaciones Combinadas y Ejercicios de Rotación), firmada en octubre de 2020 para "aumentar la interoperabilidad" entre sus ejércitos.

Las recientes revelaciones sobre las maniobras militares del Ejército argentino en 2019, para una invasión a Venezuela bajo el mando del Comando Sur del Pentágono, vienen a demostrar que Trump y su trío de sicópatas: John Bolton, Mike Pompeo y Elliot Abrams, estuvieron a punto de generar un conflicto bélico en el corazón de América del Sur. En esa coyuntura, tras la fabricación del títere Juan Guaidó como "presidente encargado" de Venezuela (reconocido por el entonces presidente argentino, Mauricio Macri) y en el marco de una campaña de intoxicación mediática propagandística, típica de la guerra híbrida y/o de cuarta generación −que empleó recursos diplomáticos, militares, de inteligencia y económico-financieros−, Wa­shington, con apoyo de la OTAN y el Grupo de Lima, intentó derrocar al gobierno legítimo de Maduro mediante un fracasado golpe de Estado que sería seguido por una "intervención humanitaria" de algunos ejércitos del área. Una maniobra imperial para tercerizar la guerra, donde la tarea del Ejército argentino era garantizar la seguridad de un "corredor humanitario" en la frontera de Colombia y Venezuela, mientras su homólogo brasileño cubriría el corredor desde las ciudades de Boa Vista y Pacaraima, en el estado de Roraima, fronterizo con Venezuela.

Como parte de la actual estrategia de tensión, no es ajeno a Washington el foro anticomunista organizado el pasado fin de semana en Bogotá, por el ultraderechista partido español Vox, con participación de sectores conservadores de varios países del área y disidentes cubanos y venezolanos. Como tampoco lo son los encuentros patrocinados por la red de lobbies ultracapitalistas Atlas Network (Red Atlas), que apoya a los presidentes Duque, de Colombia, y Guillermo Lasso, de Ecuador, así como a la Fundación Internacional para la Libertad, del escritor Mario Vargas Llosa, y la Fundación Friedrich Naumann de Alemania.

Esos encuentros son utilizados por los círculos de la inteligencia estadunidense para fabricar y potenciar operadores mediáticos que sirven a sus campañas de desestabilización contra Venezuela, Cuba, Bolivia, México y Nicaragua. A manera de ejemplo, está el caso de Agustín Antonetti, joven argentino de 21 años, promovido por la Red Atlas en varios medios regionales (Infobae, CNN Radio Argentina, el diario fujimorista Expreso, de Perú) y nombrado la personalidad del año de la Fundación Libertad, ligada a Macri, quien ha tenido un peso importante en las campañas en Twitter contra el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, con la etiqueta #AMLOVeteYa; contra el gobierno cubano con #SOSCuba y #15NCuba ; antes y durante el golpe de estado contra el ex presidente de Bolivia Evo Morales con #EvoDictador) y el actual Luis Arce #SOSBolivia.

En ese contexto, Estados Unidos busca reposicionar la narrativa de Venezuela como "Estado fallido", y utilizando al narcotráfico colombiano como punta de lanza, generar un conflicto multiforme en el eje fronterizo colombo-venezolano, que justifique la presencia de la OTAN con la difusa doctrina de la Responsabilidad de Proteger (R2P).

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Colombia quiere ser la Ucrania de Sudamérica

El alineamiento de los Gobiernos de Colombia con Estados Unidos ha sido una constante a lo largo de su historia, prácticamente sin fisuras. Lo novedoso es que Bogotá se está convirtiendo no sólo en aliado, sino en el peón de las jugadas geopolíticas de Washington, en pieza clave de su estrategia regional.

Por un lado, Colombia, es el único país latinoamericano miembro asociado de la OTAN. Pero la subordinación llega a tal punto que parece competir con la que viven algunos países europeos en su apoyo a la política de EEUU hacia Rusia, en particular Ucrania.

"La ratificación del acuerdo de Colombia con la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) este 14 de febrero, afianza al país como instrumento de ofensiva militar bajo la dirección y comando de los intereses de Estados Unidos", asegura la página Colombia Informa.

Prueba de ello es la visita realizada los días 7 y 8 de febrero, por la Subsecretaria de Estado para Asuntos Políticos, Victoria Nuland, quien se reunió en Bogotá con funcionarios del Gobierno nacional, en el marco del Diálogo Estratégico de Seguridad de Alto Nivel entre Estados Unidos y Colombia.

Nuland aseguró en una entrevista radial que "Venezuela está movilizando tropas a la frontera con Colombia con el apoyo y la asistencia técnica de Rusia e Irán". La diplomática que jugó un papel destacado en el cambio de régimen en Ucrania en 2014, vincula la presencia rusa en Venezuela con una imaginaria influencia en las elecciones presidenciales de mayo, en las que por vez primera podría ganar una fuerza progresista.

Días después, en el marco de su gira europea, luego de la entrevista con el secretario de la OTAN, Jeans Stoltenbeg, el presidente Iván Duque dijo: "Apoyamos de manera decidida la integralidad del territorio ucraniano y también hemos dicho que si llegara a haber cualquier tipo de acción contra esa integralidad territorial vamos a unirnos a la comunidad internacional respecto a todas las acciones que se dan en su momento".

En este sentido, acierta el analista Fernando Dorado al señalar que "tanto el presidente Duque como la vicepresidente (Marta Lucía) Ramírez, hacen grandes esfuerzos por relacionar la situación que se presenta entre Rusia y EEUU y la Unión Europea alrededor de la problemática de Ucrania, con el conflicto que se vive en la frontera entre Venezuela y Colombia".

En efecto, la vicepresidenta y canciller, en entrevista con el diario El Tiempo mientras Duque viajaba por Europa, dijo que su Gobierno tiene como "principal preocupación" que el armamento que Rusia vende a Venezuela pueda caer en manos de las guerrillas que operan en la frontera y que pueden interferir en las elecciones.

La dificultad de Colombia para desatornillarse de la dependencia de EEUU será muy visible si, en efecto, ganara las elecciones Gustavo Petro. Esta dependencia tiene varias causas: históricas, militares y económicas, y son lo suficientemente potentes como para demandar un largo proceso histórico para ser desmontadas.

Desde el punto de vista histórico, la clase dominante colombiana, formada como todas en la región al calor de las luchas de independencia, se formateó en torno al poder de la tierra. Una potente oligarquía formada por la alianza entre terratenientes, militares de alta graduación y una iglesia conservadora, se mantiene hasta el día de hoy sin grandes cambios y sostiene a la ultraderecha de Álvaro Uribe.

Hubo dos momentos en la historia reciente en que fue posible un viraje, pero en ambos casos la impidió el poder violento de los grandes hacendados. En 1948 fue asesinado el líder liberal Jorge Eliécer Gaitán, quien fuera alcalde de Bogotá y defensor de causas popular como la de los afectados por la Masacre de las Bananeras en 1928. Su asesinato impidió su casi seguro triunfo electoral en las presidenciales de 1949.

La segunda fue la fallida reforma agraria a comienzos de la década de 1970. En 1972 políticos y empresarios firman lo que se conoce como Pacto de Chicoral, un gran acuerdo de las clases dominantes y el poder político para liquidar el reformismo en materia agraria.

El presidente Carlos Lleras Restrepo (1966-1970) quería impulsar una tímida reforma agraria en el marco de la Alianza para el Progreso, para debilitar los apoyos sociales a las guerrillas. En sintonía con la política de EEUU, Lleras intentó hacer cambios e impulsar la organización del campesinado, bajo control estatal, a través de la ANUC (Asociación Nacional de Usuarios Campesinos).

Fue demasiado para las elites dominantes. Así como los intentos reformistas encabezados por Gaitán fueron neutralizados con su asesinato (dando inicio a una sangrienta guerra civil que causó entre 200 y 300.000 muertos), el fracaso de la reforma agraria de Lleras, abandonada por su sucesor, Misael Pastrana, implicó la militarización de regiones enteras para contener a los campesinos.

La relación militar de Colombia en EEUU se solidificó con el Plan Colombia. Implementado desde 2001 e impulsado por los presidentes Bill Clinton y Andrés Pastrana, permitió una modernización y profesionalización sin precedentes de las fuerzas armadas.

Según Le Figaro, "entre 2001 y 2016, Estados Unidos han invertido 10.000 millones de dólares en Colombia en ayuda militar, el mayor presupuesto de ayuda militar de Estados Unidos después del concedido a Israel".

La Embajada de EEUU en Bogotá se convirtió en la mayor del mundo en ese momento, donde llegaron a trabajar 4.500 personas. Se estima que fueron entrenados 100.000 soldados colombianos en quince años, siendo en el mayor Ejército de tierra sudamericano.

Uno de los resultados del Plan Colombia son las ocho bases militares de EEUU en el país, desde donde es posible hostigar a cualquier vecino, como sería el caso de Venezuela.

Por último, Colombia presenta un comercio exterior diferente al de sus vecinos y al resto de la región sudamericana. Pese al crecimiento del comercio con China, su principal socio sigue siendo EEUU. Según datos oficiales, en 2021 las exportaciones hacia EEUU fueron tres veces superiores a las que fueron a China.

Las importaciones son algo más equilibradas, pero en su conjunto, como estima un estudio de publicado en Nueva Sociedad, China toda está "atrapada en la política exterior de Colombia". Pese al crecimiento del comercio bilateral, "China todavía necesita recorrer un buen camino para reemplazar a Estados Unidos como el principal socio comercial".

En suma, Colombia es una sólida base de la política exterior y militar de EEUU. Fue el principal tapón de iniciativas como el Banco del Sur y la Unasur, y está llamada a ser la plataforma para desestabilizar a Venezuela, si es que no lo impide el Gobierno que salga de las urnas en mayo próximo.

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Un hombre fotografía a un niño con una bandera siria en la zona de los Altos del Golán hace unos días. — Atef Safadi / EFE

Desde hace tres semanas Moscú envía a Israel advertencias públicas para que ponga fin a sus incursiones en Siria, que desde hace años ocurren con gran frecuencia. Los israelíes perderían parte de su reputación si atienden a las advertencias.

 

 Mientras las tensiones en Ucrania siguen en lo más alto, Rusia no se olvida de Oriente Próximo y ha enviado a Israel señales claras y públicas, tanto verbales como militares, y no solo a través de canales diplomáticos, para que ponga fin a los habituales bombardeos aéreos en territorio sirio, en el último de los cuales, el miércoles de la semana pasada, murió un soldado de Damasco.

Moscú ha advertido que esas agresiones a las que Israel se ha acostumbrado pueden conducir a una "escalada" militar, lo que se interpreta como una amenaza abierta y sin precedentes a la que las autoridades israelíes han preferido no responder públicamente hasta ahora.

Justo después de la última incursión del miércoles, el embajador de Moscú en Damasco emitió una rotunda condena del bombardeo en un gesto totalmente inusual. La condena del embajador fue seguida unas horas después, el jueves, por una advertencia más seria, no menos clara e inusual, de la portavoz del ministerio de Exteriores, Maria Zakharova.

"Los continuados bombardeos israelíes contra objetivos en territorio sirio son causa de grave preocupación", comentó Zakharova con palabras que fueron recogidas en la página web del ministerio de Exteriores Ruso y por la agencia Sputnik.

"Se trata de una violación flagrante de la soberanía siria que puede provocar una aguda escalada de la situación", continuó Zakharova, que destacó que esas actuaciones crean riesgos al tráfico aéreo internacional y constituyen un impedimento para que el ejército sirio pueda combatir con eficacia a los grupos yihadistas que operan en el país.

La portavoz rusa enfatizó que su país se opone enérgicamente a que Siria se convierta en un teatro de confrontaciones armadas entre terceros países, palabras que veladamente parecen referirse a EEUU y Turquía. El caso de Irán es distinto puesto que tiene luz verde de Damasco. “Instamos otra vez al lado israelí a que se abstenga de esa clase de acciones violentas”.

A estas decisivas condenas hay que sumar el ejercicio aéreo que el 23 de enero ejecutaron cazas rusos y sirios en el Golán, junto al sector del Golán ocupado por Israel en la guerra de 1967, unas maniobras que suscitaron preocupación en el estado judío y que asimismo carecen de precedentes.

Los pilotos rusos participaron en el ejercicio al lado de los sirios. Los rusos se sirvieron de aparatos Su-34, Su-35 y un A-50 de alerta temprana, mientras que los sirios utilizaron aviones MiG-23 y MiG-29, según informó la agencia TASS citando al ministerio de Defensa. Los aviones rusos partieron de la base de Hmeymim y los sirios de una base próxima a Damasco.

Durante la patrulla, los aviones de los dos países "controlaron el espacio aéreo" y "dieron cobertura aérea", según el comunicado del ministerio de Defensa de Moscú. "Las tripulaciones rusas practicaron ataques sobre objetivos terrestres y aéreos". Pero lo más preocupante para Israel es que el comunicado se remataba diciendo: "Esta clase de misiones conjuntas tendrán lugar a partir de ahora regularmente".

Interesante es que la patrulla conjunta se desarrolló el 23 de enero, y que desde entonces hasta el pasado miércoles los aviones israelíes se abstuvieron de sobrevolar territorio sirio. El ataque israelí del miércoles coincidió con la escalada de la crisis ucraniana, lo que sugiere que en Tel Aviv se pudo pensar que Moscú estaba demasiado ocupada como para atender al caso sirio, pero no fue así.

En el aire está la cuestión de si Israel va a continuar con los bombardeos, es decir si no va a hacer caso a las explícitas advertencias de Moscú. En Tel Aviv sostienen desde hace años que esos ataques son necesarios para frenar a Irán, aliado de Siria, con el fin de no tener a fuerzas iraníes o proiraníes del otro lado de la verja del Golán ocupado.

Si Tel Aviv interrumpe de golpe los bombardeos su prestigio ante los países árabes aliados, que admiran y secundan el militarismo israelí, se deteriorará. Por lo tanto, es probable que Israel esté negociando con Moscú sobre esta cuestión, es decir buscando la manera de salvar la cara de alguna forma que le permita seguir bombardeando Siria, aunque solo sea en circunstancias muy concretas y no tan frecuentes como hasta ahora.

Todos estos problemas se derivan de la histórica negativa israelí a retirarse de los territorios palestinos y sirios ocupados en la guerra de 1967. Si desapareciera este factor las cosas volverían a su cauce con mayor facilidad, pero la prioridad de Israel es justamente la contraria, o sea consolidar la ocupación por todos los medios a su alcance y le cueste lo que le cueste.

Desde el mandato de Donald Trump, que terminó hace un año, Israel se ha convertido en la gran potencia hegemónica desde Irak hasta Marruecos, apoyándose en autocracias y monarquías cuyos líderes consideran que nadie puede proporcionarles mayor protección que el estado judío. Las actuales incidencias con Rusia sobre Siriapodrían socavar su prestigio.

 14/02/2022 21:36

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Buques de la Armada Real Australiana, la Armada India, la Fuerza de Autodefensa Marítima de Japón y la Armada de Estados Unidos participan en los ejercicios navales Malabar 2020.U.S. Navy / www.globallookpress.com

Se centrará en el trabajo conjunto con sus aliados, especialmente en el marco del Diálogo Cuadrilateral de Seguridad (QUAD), que incluye a Japón, la India y Australia.

La administración del presidente de EE.UU., Joe Biden, hizo pública este viernes su primera estrategia para el Indo-Pacífico, después de que el secretario de Estado, Antony Blinken, completara su gira de una semana por los países de la región.

Tiene como objetivo principal moldear el entorno estratégico en torno a China, construyendo un equilibrio de influencias favorable, y frenar a Pekín mientras "busca convertirse en la potencia más influyente del mundo". 

De esta manera, Biden se convierte en el tercer líder estadounidense consecutivo en designar a Asia como la principal prioridad geoestratégica. La nueva estrategia sostiene que "ninguna región será más vital para Estados Unidos en el futuro y que la seguridad y la prosperidad estadounidenses dependen fundamentalmente del Indo-Pacífico" indicó un alto funcionario de la Casa Blanca.

Trabajo conjunto con aliados estratégicos

En este sentido, la administración de Biden se centrará en el trabajo conjunto con sus aliados, especialmente en el marco del Diálogo Cuadrilateral de Seguridad (QUAD), que incluye a Japón, la India y Australia. Simbólicamente, la nueva estrategia se publicó justo después de que Blinken participará en un QUAD con los jefes de los departamentos diplomáticos de esos países.

Otra herramienta para implementar la estrategia Indo-Pacífico es la triple unión AUKUS (Australia, el Reino Unido y Estados Unidos). Esto ha permitido que, por primera vez en 7 décadas, Washington se haya comprometido a compartir la tecnología de submarinos nucleares más sensible con otro país, Australia.

EE.UU. planea profundizar sus cinco alianzas regionales con Australia, Japón, Corea del Sur, Filipinas y Tailandia, al mismo tiempo que busca construir relaciones sólidas con los principales socios regionales, incluidos la India, Indonesia, Malasia, Mongolia, Nueva Zelanda, Singapur, Taiwán, Vietnam y las islas del Pacífico. Además, los planes de la Casa Blanca incluyen la expansión de la presencia diplomática de EE.UU. en la región, especialmente en el sudeste asiático y en las islas del Pacífico.

Taiwán y la península de Corea

Asimismo, se trabajará para mantener "la paz y la estabilidad dentro y fuera del estrecho de Taiwán". "Declaramos explícitamente que trabajaremos con socios de dentro y fuera de la región para mantener la paz y la estabilidad en el estrecho de Taiwán, incluso apoyando las capacidades de autodefensa de Taiwán", dijo un funcionario de la administración estadounidense.

En cuanto a Corea del Norte, Washington señaló que, mientras se sigan desarrollando programas nucleares y de misiles desestabilizadores en ese país, seguirán buscando un diálogo "serio y sostenido", con el objetivo de lograr la desnuclearización completa de la península de Corea

Al mismo tiempo, la estrategia prevé reforzar la disuasión ampliada y la coordinación con Corea del Sur y Japón para responder a las provocaciones de Pionyang, "estando preparados para disuadir -y, si es necesario, derrotar- cualquier agresión a Estados Unidos y a nuestros aliados".

Rusia y China aumentan la cooperación

La nueva estrategia de Washington tiene lugar en medio del fortalecimiento de las relaciones entre Moscú y Pekín y una semana después de la reunión celebrada entre el presidente de Rusia, Vladímir Putin, y su homólogo chino, Xi Jinping, donde emitieron una declaración conjunta en la que criticaron la expansión de la OTAN y pidieron a la Alianza respetar "la soberanía, la seguridad y los intereses de otros países".

En este contexto, Putin y Xi Jinping afirmaron que tales estructuras fomentan la competencia geopolítica, aumentan el antagonismo y la confrontación y socavan la estabilidad estratégica global, incluida la región Asia-Pacífico. Igualmente, Moscú y Pekín se expresaron en contra de los "intentos" de ciertos países de imponer "normas democráticas" a otros Estados y de "trazar líneas divisorias por motivos ideológicos, incluso mediante la creación de bloques estrechos y alianzas coyunturales".

Los mandatarios de ambas naciones también afianzaron la cooperación en materia económica, comercial, energética, financiera, humanitaria, científica y técnica. Asimismo, se comprometieron a intensificar el trabajo para aumentar la cooperación entre la Unión Económica Euroasiática y Pekín.

Publicado: 14 feb 2022

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