ALAI AMLATINA, 25/08/2009.- Se ha puesto de moda hablar de la necesidad de desalambrar los latifundios mediáticos (Viglietti/Aram dixit), de la “necesaria democratización” de la comunicación y de la información y del llamado “terrorismo mediático” (Chomsky dixit). Y muchas veces, todo eso no pasa de consignas o, peor, de lamentos.

Y mientras desde por aquí declamamos, desde el Norte siguen usando a los medios de comunicación masiva –trasnacionales y sus “repetidoras” nacionales- como arietes de la globalización neoliberal a través del impacto combinado de la información, la publicidad y el entretenimiento, como poderosas armas que imponen su estilo de vida y sus intereses, aumentando el individualismo, el consumismo, la pérdida de identidad, y la dependencia cultural, social, económica, política.

Estas consignas y lamentos también incluyen declamaciones instando a cambiar la legislación. Claro, desde arriba, sin debate ni participación y sin siquiera identificar cuál es la problemática y cual es la estrategia a implementar.

Es necesario identificar con claridad cuáles son las razones por las cuales es necesaria una nueva legislación, y establecer con precisión los objetivos que se buscan con dicha normativa legal.

Qué es lo que se quiere

Todos parecen estar de acuerdo en la necesidad de “democratizar” los medios, pero cada uno tiene su propia idea de para qué debemos hacerlo. Hay demasiadas fisuras en este reclamo colectivo.

Cuando se habla de la necesidad de democratizar los medios, las frecuencias y las comunicaciones, hay que saber para qué se quiere tomar esas medidas, qué significa realmente esa “democratización”. En definitiva, si las nuevas medidas respetan el derecho a informar y estar informados, si fomentan la formación de ciudadanía, si impiden monopolios y oligopolios, si garantizan la recuperación de le memoria y la cultura propias.

La peor de las situaciones que podría ocurrir consistiría en que se pagase el costo político de una normativa que fuese denunciada como autoritaria y restrictiva de la libertad de expresión sin que en realidad se produzca con una nueva normativa legal ningún avance significativo desde el punto de vista de los objetivos que deberían orientarla. Ejemplo sobran en nuestra región.

Y cuando hablamos de “democratizar” no debemos olvidar que la Ley venezolana de Telecomunicaciones es considerada como las más neoliberal de América Latina. Es imprescindible comenzar por una revisión de esta ley madre, para seguir con la Ley de Responsabilidad Social de Radio y TV (alias Resorte), con los reglamentos que impiden la difusión libre y en igualdad de condiciones de las radios y televisoras comunitarias...

Lo que hace falta es una Constituyente Comunicacional, donde participe el pueblo todo y no quede la normativa en el libre albedrío de unos funcionarios. Para no seguir recitando “socialismo”, hay que garantizar que las decisiones sean colectivas. No hay nada que se construya desde arriba: sólo un pozo.

Una nueva normativa debiera facilitar la democratización del acceso plural a la información, a las opiniones y a las opciones culturales como condición para la democracia. Sin una esfera pública democrática, plural, no es posible la democracia. Debe, asimismo, garantizar la libertad de expresión, sin que quede abierta la posibilidad de la censura, sea ésta previa o a posteriori.

Una democratización significa normar restricciones a los monopolios y oligopolios en los medios y avanzar en la democratización de la propiedad y el control de los medios, porque si no, 80% de la audiencia seguirá controlada por la estructura monopólica de los medios corporativos.

Una nueva normativa debe avanzar en la contraloría social de los medios, sin duda un objetivo democratizador, dado que los medios juegan un papel vital en la construcción del imaginario colectivo y de la reproducción cultural, en la educación y en el acceso a la información.

En materia de los medios audiovisuales, es necesario recordar que las ondas radioeléctricas son patrimonio de la humanidad, administradas por cada Estado. Ningún particular puede ser propietario de una frecuencia, pues solo tiene derecho a usufructuar una concesión otorgada por el Estado. El uso de las ondas radioeléctricas es para la nación en su totalidad y corresponde al Estado tomar las medidas administrativas acorde con los marcos legales establecidos.

En el caso venezolano, no sólo es procedente sino necesario democratizar el uso de ese bien público, mediante una reingeniería de frecuencias y licencias, que permita una distribución equitativa entre el sector estatal, el privado y el espacio público. Por lo menos, ese es el criterio que prima en las legislaciones más adelantadas en el continente. Pero si esta sociedad avanzara hacia el socialismo, ¿no se debiera hablar de un solo y gran espacio público? Asimismo, es necesario establecer una vigilancia de su uso a través de un marco regulatorio que garantice su uso democrático.

No es suficiente realizar una nueva redistribución de las licencias efectivamente democrática y limitar la cantidad de emisoras que pueden participar en una red. Es necesario tener presente que la cartelización de los medios privados venezolanos no se basa tanto en el régimen de transmisión (redes) como en la difusión unívoca de mensajes. De allí la necesidad de establecer un marco regulatorio preciso que, en ningún caso, debería atentar contra la libertad de expresión, principio considerado como el valor absoluto en un sistema democrático.

Comunicación y democracia

Hoy somos concientes de que el tema de los medios de comunicación social tiene relación directa con el futuro de nuestras democracias, porque la dictadura mediática pretende suplantar a las dictaduras militares de tres décadas atrás. Hoy no hacen falta bayonetas: los medios llevan el bombardeo ideológico hasta la sala o el dormitorio, en su propia casa.

Desde el Norte, nos bombardean con una gran cantidad de información-basura que solo sirve para desinformarnos y sentirnos dependientes. Sabemos de Afganistán y los talibanes, pero no conocemos siquiera nuestro reflejo y mucho menos a nuestros propios vecinos.

Son los grandes grupos económicos, que usan a los medios y deciden quién tiene o no la palabra, quien es el protagonista y quién el antagonista. Y plantean una realidad virtual, invisibilizando la realidad adversa a sus intereses. La democracia sigue instalada como sistema formal, sin apropiación ciudadana, razón por la cual su institucionalidad es precaria. Construir democracia es construir ciudadanía, empoderar a los pobres.

También somos concientes del necesario cambio de paradigmas. Hemos sido entrenados para pensar que prensa alternativa significa comunicación marginal. Hoy sabemos que la única forma de plantearse la batalla de las ideas es con una estrategia comunicacional masiva, que sea realmente alternativa al bombardeo constante, hegemónico, que nos llega desde el Norte.

No cabe duda de que los medios comunitarios, populares, alternativos, son un paso en el camino a la democratización, pero por sí mismo no son suficientes. Podemos tener centenares de medios comunitarios, pero si el 93% de la audiencia está controlada por una estructura monopólica y/o oligopólica de los medios corporativos comerciales, poco será lo que habremos avanzado en la dirección de la democratización.

Debemos tener conciencia de que lo que se está librando es una guerra cultural, la batalla de las ideas. Es una guerra que no se agota en consignas, sino para la cual hay que prepararse adecuadamente. Para ello debemos adueñarnos de la tecnología, aprender a usarla mejor –o tan bien- como el enemigo y, sobre todo, tener en claro para qué queremos esas armas, para que, en definitiva, no se sumen al arsenal hegemónico en contra de nuestros propios pueblos.

Las últimas experiencias nos indican, asimismo, que de nada sirve tener medios nuevos, televisoras nuevas, si no tenemos nuevos contenidos, si seguimos copiando las formas hegemónicas. De nada sirven nuevos medios si no creemos en la necesidad de vernos con nuestros propios ojos. Porque lanzar medios nuevos para repetir el mensaje del enemigo, es ser cómplice del enemigo.

Por Aram Aharonian, periodista y docente uruguayo-venezolano, director del mensuario Question, fundador de Telesur, director del Observatorio Latinoamericano en Comunicación y Democracia (ULAC)

Publicado enInternacional
"Una de las formas de socavar a la agricultura mexicana es inundando el mercado con exportaciones de Estados Unidos, que sobreviven con subsidios que datan del período Reagan. Eso no es libre comercio".
 
Con 80 años, el académico estadounidense también advierte contra los peligros de repetir términos sin preguntarnos realmente qué significan. Por ejemplo, ¿es el Tratado de Libre Comercio para América del Norte realmente un tratado de libre comercio? Chomsky contestó a los radioescuchas y lectores de BBC. La entrevista fue conducida por Dalia Ventura.
 
NAFTA Y EL MITO DEL LIBRE COMERCIO
 
Algunos lectores preguntan qué piensa usted de los acuerdos de libre comercio.
 
Cuando la gente me pregunta sobre libre comercio, me acuerdo de un comentario que hizo Gandhi cuando le preguntaron qué pensaba de la civilización occidental. Y su respuesta fue : "sería una idea interesante", y lo mismo sucede con el libre comercio.
 
Lo que se suele llamar libre comercio en realidad tiene muy poco que ver con libre comercio. De hecho, a veces una gran parte nisiquiera tiene que ver con comercio.
 
Consideremos, por ejemplo, el tratado de libre comercio entre EE.UU. y México, (Tratado de Libre Comercio para América del Norte, TLCAN o NAFTA por sus siglas en inglés). Tiene toda clase de elementos altamente proteccionistas para beneficio corporativo. Incluye medidas que no tienen que ver con comercio, como las condiciones especiales de derechos de inversión.
 
El comercio, en el sentido de intercambio a través de fronteras, sí aumentó después del NAFTA, pero ese comercio es en gran medida una construcción ideológica.
 
En los tiempos de la Unión Soviética si una fábrica manufacturaba componentes de autos en Leningrado, los mandaba a Varsovia para ser montados y luego a Moscú para ser vendidos, nosotros no llamábamos a eso comercio, aunque se atravesaban fronteras. Todo se daba dentro de una economía dirigida.
 
Y una parte sustancial del comercio entre EE.UU. y México es dentro de economías dirigidas. Así que si General Motors fabrica componentes en Indiana, los envía al norte de México para ser montados y luego venden los autos en Los Angeles, a eso le llaman comercio en ambas direcciones, pero todo tiene lugar dentro de una economía dirigida.
 
No tenemos cifras exactas, las corporaciones guardan secretos, pero probablemente más de la mitad de lo que se llama comercio, no es libre comercio.
 
Aparte de eso, una de las formas de socavar y probablemente destruir a la agricultura mexicana es inundando el mercado con exportaciones agrícolas de Estados Unidos, que sobreviven con importantes subsidios del gobierno que datan del período Reagan. Eso no es libre comercio.
 
Es más, una buena parte de la economía estadounidense está basada en el sector estatal, incluyendo sus sectores líderes como la computación e Internet, que fueron desarrollados en el ámbito estatal durante décadas. La fabricación y exportación de aviones es, por ejemplo, una industria surgida en gran medida a partir de la Fuerza Aérea.
 
DE HAITÍ A MÉXICO
 
Así que lo que se llama libre comercio, es un cierto intercambio con elementos de mercado, pero no es libre comercio.
 
Y esto se nota. El año pasado, por ejemplo, la gran crisis de alimentos en gran parte del mundo en desarrollo, en el primer lugar donde se dio en forma severa fue en Haití, donde hubo disturbios porque la gente no tenía qué comer.
 
Hasta hace no demasiado tiempo Haití era autosuficiente en su producción de alimentos, pero esta producción se destruyó por medidas de libre comercio que le fueron impuestas, por ejemplo, cuando Clinton decidió acabar con el terror en Haití, que él mismo había apoyado, decidió que no podía permitir el regreso de Aristide e impuso medidas muy estrictas, neo liberales. No se le permitió a Haití establecer tarifas arancelarias para proteger su economía.
 
Los agricultores haitianos son productores de arroz bastante eficientes, pero no pueden competir con las industrias de alimentos de EE.UU. que obtienen gran parte de sus ganancias de subsidios estatales.
 
En el caso de México esto sucede con la producción de maíz.
 
No deberíamos dejarnos engañar por el termino "libre comercio". Es como dijo Gandhi, tal vez el libre comercio sea una buena idea, pero no es el régimen que se está imponiendo.
 
PROTECCIONISMO DE E.E.UU.
 
De hecho, el verdadero libre comercio nunca ha sido puesto en práctica por los países ricos salvo por períodos muy cortos cuando les convenía.
 
EE.UU. por ejemplo, durante su período de rápido desarrollo en el siglo XIX y hasta después de la Segunda Guerra Mundial era probablemente el país más proteccionista del mundo con tarifas muy altas para bloquear el ingreso de bienes de calidad superior del Reino Unido o Japón u otros países.
 
En la década del 50 EE.UU. tenía la mitad de la riqueza del mundo, ganaba en cualquier competencia, así que se movió en dirección del libre comercio pero temporalmente.
 
A Reagan se lo ha considerado el profeta del libre comercio cuando en realidad fue el presidente más proteccionista en la historia de posguerra en EE.UU. Duplicó las barreras proteccionistas para intentar salvar a la industria estadounidense de bienes de mejor calidad provenientes de Japón.
 
Mucho de lo que se dice sobre estos temas es mito y realmente es necesario desmantelar estos mitos antes de siquiera comenzar a hablar seriamente sobre estos temas.
 
Especialmente en el caso de Reagan hay una organización que se llama El legado de Reagan que ha inventado una figura magnífica, un poco como Kim Il Sung (el líder norcoreano), que no tenía nada que ver con la realidad.
 
Reagan también fue responsable de muchas muertes, prácticamente destruyó cuatro países en América Central y apoyó las atrocidades cometidas por Sudáfrica en Mozambique y Angola, que causaron la muerte probablemente de un millón de personas. Es un récord bastante espantoso.

BBC Mundo
 
http://www.bbc.co.uk/mundo/participe/2009/06/090618_participe_chomsky_librecomercio_3.shtml
Publicado enInternacional
A Rusia le ha salido el tiro por la culata. El éxito obtenido por el Kremlin en su codiciosa estrategia para acaparar y revender el gas que exporta Asia Central le está creando hoy serios problemas debido a la crisis económica mundial. La drástica disminución de las exportaciones de gas desde Rusia a Europa neutraliza la posibilidad de emplear la energía como arma política, la filosofía que Vladímir Putin, el actual primer ministro, comenzó a aplicar cuando era presidente y los precios de los hidrocarburos iban en aumento, a diferencia de lo que sucede hoy.

El descenso de las exportaciones de gas ruso es notable. En el primer trimestre de 2009, Gazprom, el monopolio exportador con participación estatal mayoritaria, suministró a Europa 29.100 millones de metros cúbicos menos que en igual periodo de 2008, lo que supone 39% menos, según informaba el diario económico Védomosti. Fuentes de Gazprom, por su parte, calculaban la disminución en un 20%. La participación del gigante ruso en el mercado europeo (Turquía incluida) se redujo del 30% al 18% en el mismo periodo, señalaba el analista Mijail Korchemkin, citado por el diario.

La crisis ha hecho disminuir también la producción y el consumo de gas en el mercado interior. En los primeros cuatro meses de este año, Rusia produjo 197.665 millones de metros cúbicos de gas, lo que es un 17,1% menos que en el mismo periodo de 2008. De enero a marzo, la producción de gas en su conjunto disminuyó un 15%, pero mientras la de Gazprom descendía en un 18,3%, la de otras empresas independientes, que venden en el mercado interior o al monopolio exportador, aumentó en un 4,3%.

El descenso del consumo de gas en Rusia se inició en octubre pasado con un bajón del 3% y continúa hasta hoy, habiendo sido noviembre y diciembre los peores meses, con descensos del 15% y el 10%, respectivamente, según el directivo de Mezhregiongaz, Nikolái Isákov. La causa es la caída de la producción industrial. En el primer trimestre, la metalúrgica ha consumido 10% menos de gas; la química, 7% menos y la fabricación de cemento, 50% menos.

El vicepresidente ejecutivo de Gazprom, Valeri Gólubev, ha pronosticado que la compañía producirá 492.000 millones de metros cúbicos en 2009, según Kommersant, lo que supone un 11,5% menos que en 2008. Otras fuentes calculan una producción de 460-470.000 millones de metros cúbicos, en lugar de los 561.000 millones planeados. Los recortes en la exportación podrían llegar hasta 87.000 millones de metros cúbicos, señalaba Interfax.

Guerra de precios

Por de pronto, Gazprom ha pedido a los productores independientes que se limiten y les ha restringido el acceso al sistema de distribución. El interés de Gazprom en minimizar los flujos de gas ajenos para potenciar los propios se extiende al gas de Asia Central, que Rusia tanto se esforzó por monopolizar durante la presidencia de Putin (2000-2008). Turkmenistán es el principal productor de gas de Asia Central y junto con Uzbekistán, y en menor medida Kazajistán, está vinculado a Rusia por contratos a largo plazo, cuyo contenido es en gran medida opaco.

Rusia actúa como intermediario monopolista en la venta del gas asiático a Europa, especialmente del gas de Turkmenistán que en parte revende a Ucrania. El gran negocio de Gazprom basado en la diferencia de precios en la compraventa se redujo cuando los suministradores asiáticos exigieron -y consiguieron- que los precios de compra se orientaran hacia la "fórmula europea" que depende de los precios del crudo con un desfase temporal de seis meses. Sin embargo, a diferencia del mercado europeo, donde los precios del gas se revisan cada trimestre y tienden hoy a bajar, los precios del gas centroasiático se fijan cada año, lo que supone que Rusia compra hoy gas en sus fronteras surorientales a precios muy superiores a los de mercado. En enero, Rusia pagaba el gas de Asia Central a 340 dólares por mil metros cúbicos, según Putin. Mientras, Gazprom le vende gas a Ucrania por 230 dólares por mil metros cúbicos y a Europa por menos de 300 dólares. A tenor de los contratos existentes, Gazprom debería comprar a Turkmenistán este año entre 70.000 y 80.000 millones de metros cúbicos de gas, pero en el primer trimestre de 2009, compró un total de 14.500 millones de metros cúbicos en Asia Central (de ellos 10.500 millones a Turkmenistán).

Los suministros de gas de Turkmenistán están interrumpidos desde el 9 de abril debido a una avería en el gasoducto de aquel país y los dirigentes turcomanos acusan a Moscú de haberla provocado al disminuir drásticamente las importaciones sin avisar con suficiente antelación. Para Moscú, que quería negociar una reducción del suministro de gas asiático, el cese temporal del suministro de gas de Turkmenistán supone un enorme ahorro y una posibilidad de colocar su propio gas.

Nuevas rutas

Pero esta situación puede tener consecuencias negativas en la relación con los susceptibles dirigentes turcomanos, que se están abriendo hacia nuevos horizontes. Turkmenistán ha firmado un contrato con la empresa alemana RWE, para realizar exploraciones en su sector del Caspio y ha anunciado también que construirá depósitos de gas en su territorio. Entre las cartas de Turkmenistán frente a Rusia están un gasoducto a China que debe entrar en funcionamiento en 2010 y la posibilidad de incorporarse a Nabucco, la ruta de exportación de gas del Caspio a la UE, que evita el paso por Rusia y que compite con el proyecto Corriente del Sur defendido por el Kremlin.

De momento los dirigentes turcomanos se muestran precavidos y, junto con los de Kazajistán y Uzbekistán, no firmaron la declaración sobre Nabucco a principios de mayo en Praga. El Kremlin tendrá que llegar a un compromiso con Turkmenistán y éste puede incluir la posibilidad de que Rusia se convierta también en un país de tránsito para el gas turcomano y no sólo en un comprador de ese gas, según admitió Valeri Yazev, el presidente de la Sociedad Rusa del Gas. Si esto es así, la política rusa experimentaría un nuevo giro, ya que hasta ahora el Kremlin ha apostado por la compra del gas en sus propias fronteras con Asia Central y se ha negado a aceptar el papel de "país de tránsito" del gas de otros países. Yazev manifestó la semana pasada que Rusia debe plantearse si quiere asumir temporalmente el Tratado de la Carta de la Energía, que firmó pero no ratificó.

Actualmente, los depósitos de almacenaje de gas están situados sobre todo en Europa, lo que en parte explica que los países europeos hayan podido mantener bajas sus importaciones de gas ruso en espera de que se abarate. En abril, el viceprimer ministro Igor Sechin, trasmitió al comisario de Energía de la EU, Andris Piebalgs, su malestar por la actitud de Ucrania que, según dijo, ha vaciado sus almacenes de gas y puede propiciar una nueva crisis energética. En lugar de los 13.000 millones de metros cúbicos que apalabró con Gazprom, Kiev ha recibido 2.500 millones de metros cúbicos de gas procedentes de Rusia y por lo visto espera al tercer trimestre para llenar sus depósitos de nuevo.
PILAR BONET
Publicado enInternacional
Página 14 de 14