En una manifestación para exigir al presidente de Estados Unidos, Joe Biden, que se comprometa a crear un plan global de vacunación contra el Covid-19, que incluya compartir fórmulas para garantizar que todas las naciones tengan acceso a la inmunización, se rindió homenaje a los muertos por la pandemia, ayer en el National Mall, en Washington.Foto Afp

Rusia y China dejan atrás a EU en la "diplomacia de la inmunización"

 

Nueva York., El gobierno de Joe Biden, presionado por una masiva campaña social y política, anunció su apoyo a la suspensión de patentes de las vacunas contra el Covid-19 para facilitar la producción mundial de inmunólogicos ante la emergencia sanitaria.

Con este anuncio, Washington revierte la política del ex presidente Donald Trump de impedir una exención temporal de las barreras de protección de propiedad intelectual y se suma a más de 100 países que buscan negociar sobre la exención inicialmente impulsada por Sudáfrica e India.

Katherine Tai, representante de Comercio de Estados Unidos, anunció la decisión y afirmó que "esta es una crisis sanitaria mundial y las circunstancias extraordinarias de la pandemia del Covid-19 exigen medidas extraordinarias".

La decisión se da a conocer después de una campaña nacional e internacional con el fin de presionar al gobierno de Estados Unidos para revertir su oposición a la exención temporal de las patentes. Hasta ahora, Estados Unidos y un pequeño grupo de países ricos con vacunas estaban impidiendo la solicitud de más de 100 naciones pobres para dar inicio a negociaciones ante la Organización Mundial de Comercio en busca de la exención temporal de emergencia de las patentes.

Lori Wallach, directora del proyecto para comercio mundial de Public Citizen, y una de las organizadoras de la campaña de presión, declaró ayer: "gracias, presidente Biden, por dar prioridad a salvar vidas humanas y rechazar las mentiras y amenazas de las grandes farmacéuticas". Agregó que al luchar para que el resto del mundo acceda a las vacunas que tenemos aquí en Estados Unidos, el gobierno de Biden está reconociendo que eso de "nadie está a salvo hasta que todos estemos vacunados" es más que una consigna.

Más de 400 organizaciones de salud, de defensa del consumidor, religiosas, sindicatos, la mayoría de la bancada demócrata de la cámara y varios prominentes senadores como Bernie Sanders y Elizabeth Warren se habían sumado al llamado por el cambio anunciado por el gobierno de Biden.

Ayer los líderes de 110 legisladores demócratas que se sumaron a la campaña –entre ellos Jesús Chuy García, Jan Schakowsky, Adriano Espaillat, Earl Blumenauer y Barbara Lee– aplaudieron la decisión. "El anuncio comprueba que como nación nos importa más salvar vidas y ayudar a países más pobres, que la avaricia y ganancias empresariales", afirmaron.

A nivel internacional, más de 170 ex mandatarios y premios Nobel habían llamado, en una carta abierta enviada en abril, a que Biden apoyara la exención de las patentes para producir lo que llaman "una vacuna del pueblo". (https://www.jornada.com.mx/2021/04/ 24/mundo/022n1mun).

Las empresas farmacéuticas intensificaron sus esfuerzos para evitar que la OMC suspenda temporalmente las protecciones, advirtiendo que esa medida sentaría un precedente "desastroso" para la "innovación" e investigación y ayer condenaron la decisión. "En medio de una pandemia mortal, el gobierno de Biden ha dado un paso sin precedente que mirará nuestra respuesta global a la pandemia y pondrá la seguridad en entredicho", declaró Stephen Ubi, presidente de la asociación de empresas farmacéuticas Pharmaceutical Research and Manufacturers of America. Otras asociaciones empresariales de esa rama también expresaron su disgusto, advirtiendo que podría tener consecuencias severas.

Aunque el valor de las acciones de las farmacéuticas que elaboran la vacuna Pfizer y Moderna se desplomaron tras el anuncio del gobierno de Biden, más tarde se recuperaron.

Pero ante las dimensiones de la pandemia, las noticias recientes de descontrol de la pandemia en India, Sudáfrica y Sudámerica y el argumento de que muchos en los países pobres no tendrán acceso a una vacuna hasta 2024 si las cosas siguen como hasta ahora, es cada vez más difícil argumentar en defensa de los intereses económicos de las empresas.

El doctor Anthony Fauci, principal asesor médico para la pandemia del gobierno estadunidense, reconoció que las empresas tienen preocupaciones legítimas para mantener sus negocios, pero, agregó: "no puedes tener a personas muriéndose en el mundo porque no tienen acceso a un producto que los ricos sí poseen".

Mientras, algunos observadores indicaron que esta decisión ayudará a Estados Unidos a competir en el juego de "la diplomacia de vacunas", donde ha sido la última potencia mundial en entrar a esa "carrera", con Pekín y Moscú dejando atrás a Washington. China ha entregado o vendido sus vacunas a unos 90 países y ha exportado más dosis que todos los demás. Unos 70 países están recibiendo o han contratado la vacuna rusa, incluidos casi todos los países latinoamericanos, informa el Economist Intelligence Unit.

La Casa Blanca recién anunció que, después de exportar casi nada comparado con otros países productores, al menos 10 por ciento de las dosis obtenidas por Estados Unidos serán vendidas al exterior para el 4 de julio.


EE.UU. llama a liberar las patentes de vacunas contra el covid-19 y caen las acciones de empresas farmacéuticas

Por, Rusia Today

La representante comercial de EE.UU., Katherine Tai, informó que su país participará "activamente" en las negociaciones que se realicen en la Organización Mundial del Comercio (OMC) sobre la liberación de patentes.

El Gobierno de Joe Biden manifestó este miércoles su respaldo a la liberación temporal de las patentes de las vacunas contra el covid-19, ante las "circunstancias extraordinarias" que presenta la actual pandemia del coronavirus. 

"La Administración cree firmemente en las protecciones de la propiedad intelectual, pero, en función de poner fin a esta pandemia, apoya la exención de esas protecciones para las vacunas covid-19", afirmó la representante comercial de EE.UU., Katherine Tai, en un comunicado de prensa

Tai apuntó que el Gobierno de Biden tomó esta decisión debido a las "circunstancias extraordinarias" que ha traído la actual crisis de salud global. 

Asimismo, la representante comercial informó que EE.UU. participará "activamente" en las negociaciones que se realicen en la Organización Mundial del Comercio (OMC) sobre la liberación de patentes, con el objetivo de hacer las gestiones necesarias "para que eso suceda".

En concreto, Tai adelantó que las negociaciones al interior de la OMC podrían llevar tiempo, debido a "la complejidad de los temas involucrados" y a que las decisiones se aprueban por consenso entre los miembros de la organización. 

La noticia fue celebrada por el director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, quien calificó el anuncio como un "momento grandioso en la lucha contra el covid-19". 

Caída de acciones de farmacéuticas  

Luego del anuncio del Gobierno estadounidense se desplomaron en el mercado las acciones de las grandes farmacéuticas que producen las vacunas contra el covid-19. 

Las de la compañía estadounidense Moderna cayeron un 6,2 % durante la jornada, según reportó Bloomberg. El valor de los títulos de Pfizer bajaron un 2,6 %, mientras que las acciones de la alemana BioNTech cayeron en 8,9 %. 

La compañía estadounidense Novavax también vio que sus acciones bajaron hasta 11 % durante la jornada. 

"Una respuesta simple, pero equivocada"

Mientras, desde la Federación Internacional de Fabricantes Farmacéuticos y Asociaciones (IFPMA, por sus siglas en inglés) criticaron la iniciativa y tacharon de "decepcionante" el hecho de que fuera apoyada por EE.UU.

Desde el organismo opinaron que la exención de las patentes es "una respuesta simple, pero equivocada a lo que es un problema complejo". El paso "no aumentará la producción, ni proporcionará soluciones prácticas, necesarias para combatir esta crisis de salud global", sino "probablemente" llevará a una interrupción.

"Mientras la decisión de la Administración de EE.UU. no aborda los desafíos reales en la vacunación en el mundo, la industria no renunciará a su compromiso para proporcionar vacunas seguras, eficaces y de calidad y tratamientos", destacó la entidad.

Publicado: 6 may 2021 02:53 GMT

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¿Cuál será el mensaje sobre la "nueva época" de Putin que sacudirá al mundo el 21 de abril?

Un día después de que el Wall Street Journal diera a conocer la creación del ciber-yuan (https://on.wsj.com/3mTV4wP), Russia Today anunció que el zar Vlady Putin "se prepara a presentar su visión del futuro en un dramático discurso" que sus aliados juzgan será “el más importante hecho político del mundo (sic)”. Se trata de la detonación de una "nueva época" conforme desvanece la pandemia del Covid-19 en Rusia (https://bit.ly/32quTUR).

El ciber-yuan constituye un genuino game changer (punto de inflexión) y se moverá fuera de la dolarización y del sistema Swift de Estados Unidos que controla las transacciones financieras en más de 21 mil (sic) bancos del mundo. Swift y dólar son los dos verdaderos pilares del poder financierista omnipotente y omnímodo de Washington.

La poderosa presidenta del Consejo de la Federación, Valentina Matviyenko, adelantó que el discurso del 21 de abril daría respuestas a un sinnúmero de desafíos (sic) en el planeta: "será un mensaje para una nueva época", en medio del "ambiente difícil que enfrenta el mundo".

Russia Today rememora la conferencia realista de Putin en el Foro Económico Mundial de Davos de enero, donde expuso que la medida de "incrementar deuda para estimular las economías" es "obsoleta", ya que "sirve para ensanchar la brecha entre ricos y pobres", cuando “el costo de la educación y los servicios médicos ha aumentado en la mayoría de los países desarrollados (sic) en los pasados 30 años (https://bit.ly/2RLbHzd)”. En esa ocasión Putin sonó como epígono del economista francés Thomas Piketty, quien propone ideas creativas sobre la imperante desigualdad, la imperativa necesidad de fiscalizar los paraísos fiscales y la urgencia de elevar los impuestos a los multimillonarios de Forbes.

Hace 18 días (cinco antes del artículo perplejo del Wall Street Journal sobre el ciber-yuan y seis días antes del dramático "cambio de época" de Putin el 21 de abril), Bajo la Lupa ya había adelantado que “China tiene ya su sistema alternativo al Swift: el China International Payments System, al que algunos bancos rusos, asfixiados por las sanciones, han empezado a adherirse. Pronto seguirán el 15-RCEP y los países incrustados a las tres rutas de la seda que encabeza China. Rusia y China ya olieron sangre en el vulnerable dolarcentrismo y su insostenible Swift (https://bit.ly/3sqxOHN)”.

El pasado 13 de abril el canciller ruso Sergei Lavrov, durante su visita a Irán –21 días después de haber visitado a su homólogo chino Wang Yi, en Guilin–, en una entrevista a la agencia iraní Irna dio luz sobre las medidas a tomar para contrarrestar las asfixiantes sanciones masivas de Estados Unidos, con el fin de “adoptar pasos graduales hacia la desdolarización de las economías nacionales y a la transición (sic) de pagos con divisas nacionales o alternativas, así bien como cesar de usar el Sistema Internacional de Pagos Swift controlado por Occidente (https://bit.ly/2RK4krR)”.

El cronograma es seminal: reunión de China y Estados Unidos en Anchorage 18/19 de marzo (https://bit.ly/3mURrqe); tres días después, Lavrov en China 22/23 de marzo (https://bit.ly/3tFvA97); Wang Yi, el 27 de marzo en Irán (https://bit.ly/2Reo6LN); Lavrov, el 13 de abril en Irán (https://bit.ly/2QCsljK): ¡26 vibrantes días de recomposición geopolítica!

Un día después de la alerta sísmica del canciller Lavrov, el portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, aseveró que el “Kremlin no descarta la desconexión de Rusia del sistema de pagos occidental (https://bit.ly/32BRVsh)”, dada la “actitud hostil de varios (sic) países contra Rusia”. Dmitry Peskov expuso que el sistema de pagos ruso MIR "ha madurado lo suficiente y con el tiempo tendrá distribución global".

Cinco días antes del bombástico anuncio sobre la "nueva época" de Putin, el muy influyente Sputnik da vuelo al “yuan digital chino: una reinvención del dinero que sacudirá el poder del dólar estadunidense (https://bit.ly/3giJ2M1)”.

¿El "cambio de época" de Putin pondrá el acento en su salida del Swift y en su desdolarización, bajo la cobertura de sus hasta hoy insuperables “armas hipersónicas (https://bit.ly/3e8G9e9)”?

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Pfizer, Moderna y AstraZeneca fracasan ante la "variante sudafricana" del Covid-19

Un servidor ya había advertido sobre las ominosas "nuevas variantes" del Covid-19 que emergieron en Gran Bretaña (GB), Sudáfrica y Brasil (https://bit.ly/3aQHwhb).

Washington Post reporta que las dos vacunas de EU, Pfizer y Moderna, "mostraron una capacidad disminuida para neutralizar la cepa ahora dominante en Sudáfrica" (https://wapo.st/3dJHmdh).

New York Times confirma que la vacuna de AstraZeneca "no funciona bien (sic) contra la variante de Sudáfrica" y sufre un "fuerte tropiezo", tras el arribo, una semana después, del millón de dosis (provenientes de India) de la vacuna británica a Sudáfrica que “cesó su uso después de que emergió la evidencia de que no protegía a los voluntarios en pruebas clínicas, con enfermedad leve o moderada, causada por la más contagiosa variante (https://nyti.ms/3ks90Nd)”.

Financial Times (FT, 17.02.21) no tiene más remedio que admitir que "la vacuna Pfizer es menos potente frente a la variante de Sudáfrica" cuando "produce solamente (sic) la tercera parte de los anticuerpos que produjo para el virus original". El rotativo británico globalista FT cita al respecto a la excelsa publicación de EU The New England Journal of Medicine (https://bit.ly/2MlS52e).

La variante de Sudáfrica ahora se encuentra presente en 32 países (https://bit.ly/3bDymDM) y "se ha vuelto la forma dominante del virus en otros lados", lo cual se complica en los "países más pobres" que "podrían convertirse en focos infecciosos de las nuevas mutaciones" (https://nyti.ms/3bAlnmv).

Una mala noticia: las dos nuevas vacunas muy prometedoras de EU, Novavax y Johnson & Johnson, "tienen menos eficacia contra la cepa sudafricana" (https://bit.ly/3uwd3ww).

El problema en Sudáfrica, con una población de 57 millones, se complica por la prevalencia del sida –¡el cuarto del mundo, con 17.3 por ciento!–, que se exacerba con la inoculación de las vacunas contra el Covid-19 cuando los primeros sitiales en el mundo del sida pertenecen al continente africano (https://bit.ly/2Pahtco).

A propósito, funcionarios de Sudáfrica se le fueron a la yugular al Big Pharma por acaparar las vacunas contra el Covid-19 en detrimento del resto del mundo (https://bit.ly/3urZnTj).

Perturba que no se atienda la nueva variante de Brasil, el país más poblado de Sudamérica con más de 213 millones de habitantes, cuya gran parte ha sido asolada y desolada por el virus original y ahora por su reciente mutación.

En un corte de caja reciente, no existen datos concluyentes sobre el desempeño de la vacuna rusa Sputnik V frente a las tres nuevas variantes de Sudáfrica, Brasil y GB (https://bit.ly/3bQLN3B). Sputnik V usa un "doble vector viral", cuyo adenovirus reduce sustancialmente el riesgo de que el sistema inmunológico desarrolle resistencia al vector inicial, lo cual ayuda a crear una respuesta más vigorosa.

En franco contraste, la vacuna china Sinovac exulta "tener buenos resultados contra las nuevas variantes de Sudáfrica y Gran Bretaña" que han puesto de cabeza a los fabricantes de los biológicos.

SCMP, con sede en Hong Kong, expone la versión del mandamás de Sinovac de que las "vacunas atenuadas ofrecen un amplio espectro de protección", pero "sin exhibir los datos que respalden su aserto" (https://bit.ly/3kn2nvq).

Independientemente de los ajustes obligados a sus vacunas, que los fabricantes anglosajones ya empezaron a implementar, el vendedor globalista de vacunas, el apocalíptico Bill Gates (BG, http://bit.ly/2ZXVuYc), quizá para paliar los recientes descalabros propone ahora una tercera (sic) inoculación de las cinco empresas de vacunas de EU sin aportar pruebas fehacientes para ello (https://bit.ly/2MncqEt).

Al rato, quizá para vender más biológicos, el controvertido BG –dueño de la vacuna Inovio, que ha quedado muy rezagada– propondrá una inoculación anual de por vida.

Lamentablemente, el eje anglosajón de EU y GB ha optado por la "guerra de propaganda" de sus vacunas, en el umbral de una guerra total, en lugar de la tan anhelada colaboración internacional con China y Rusia.

Fue mucho soñar. Ahora quien se adueñó de la ideología anglosajona es BG.

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Lunes, 22 Febrero 2021 06:16

Las GAFAM y el poder del pueblo

Las GAFAM y el poder del pueblo

Aliadas con grandes firmas de Wall Street y el influyente lobby empresarial agrupado en la Cámara de Comercio de Estados Unidos, la poderosa organización sindical AFL-CIO, funcionarios republicanos y demócratas integrantes del establishment institucional en los aparatos ejecutivo, legislativo y judicial tanto a escala federal como en los estados de la unión y organizaciones de la sociedad civil, las corporaciones tecnodigitales del Silicon Valley habrían jugado un papel importante en la derrota de Donald Trump en los comicios del 3 de noviembre pasado.

Lo anterior, según un reportaje publicado por la revista Time titulado "La historia secreta de la campaña en la sombra que salvó las elecciones de 2020", que utiliza expresiones tales como "una conspiración detrás de la escena" y "pacto" o "alianza informal" entre sectores tradicionalmente antagónicos como son las grandes corporaciones y los sindicatos, que entre otras actividades habría influido en las percepciones del electorado y presionó a quienes dirigen la cobertura de los grandes medios de difusión masiva y controlan el flujo de información, incluidos ejecutivos de las plataformas de redes sociales, para que cumplieran sus políticas contra ciertos tipos de comportamientos tóxicos, eliminando contenidos y cuentas que difunden noticias falsas ( fake news). Según la publicación, en noviembre de 2019 (un año antes de los comicios) Mark Zuckerberg, fundador de Facebook, invitó a nueve líderes de derechos civiles a cenar en su casa y allí determinaron aplicar reglas y un cumplimiento más riguroso de los contenidos, situación que se habría repetido con el CEO de Twitter, Jack Dorsey, y otros.

Ello explicaría que las cadenas de televisión más poderosas de EU (ABC, CBS, NBC y MSNBC, enlazadas en sus plataformas de YouTube, Facebook, Twitter y otras redes de Internet) le hayan apagado el micrófono de manera brusca a Trump el 5 de noviembre pasado, aduciendo que estaba acusando fraude sin pruebas. Desde entonces, también, comenzó a discutirse si fue correcta la decisión de los medios hegemónicos de censurar de manera orquestada el mensaje en vivo de Trump cuando la contienda electoral estaba cerrada y todavía lejos de concluir, y si correspondía a medios privados establecer la censura previa y determinar de manera paternalista si un mensaje específico debe llegar a la audiencia.

Según aduce TIME ahora, la "conspiración" tuvo como objetivo reafirmar la democracia estadunidense. Y en sus propias palabras, la democracia fue salvada por "the power of people" (el poder del pueblo). Sin embargo, tras la incursión al Capitolio el pasado 6 de enero, la expulsión de Trump del "paraíso de las plataformas de redes sociales" (Rosa Miriam Elizalde dixit) tiene más que ver con la "práctica discrecional" de los monopolios privados en Internet, que con la democracia y los mensajes de odio racista del antiguo inquilino de la Casa Blanca contra los negros, musulmanes, mexicanos y centroamericanos. En mayo de 2011, a pedido de Israel, Zuckerberg borró las cuentas de medio millón de usuarios que en Facebook defendían la causa palestina.

El veto a las cuentas del magnate neoyorquino por el gobierno paralelo y empresarial del Silicon Valley en alianza con las grandes corporaciones de Wall Street y el Estado profundo (la CIA, la FBI, etcétera), devela una articulada estructura de poder suave ( softpower) dirigida a poner en la Oficina Oval a un funcionario del establishment como Joe Biden.

La tecnología no es neutral; forma parte de las estructuras de poder, riqueza y dominación. Junto con Twitter, las GAFAM (Google, Amazon, Facebook, Apple, Microsoft) son una suerte de cártel del complejo digital-financiero vinculado a la comunidad de inteligencia. Las corporaciones digitales y el poder infocomunicacional concentrado cuentan con un tremendo arsenal de tecnologías en informática y comunicaciones (TIC) y el Big Data a escala global.

Durante años los algoritmos de Facebook y Google (YouTube) han actuado como árbitros de la política estadunidense. Pero las plataformas de las redes sociodigitales no son sólo herramientas comunicativas, sino también un arma del "capitalismo de la vigilancia" (Shoshana Zuboff). En función de sus propios intereses plutocráticos, las redes operan como una prolongación de las industrias culturales tradicionales, uno de cuyos objetivos principales es la producción de una cultura de masas. Es decir, no sólo contribuyen a la construcción de la hegemonía capitalista, sino que cumplen una función de simplificación espiritual y de manufacturación de la ignorancia. Y según plantea José Ernesto Nováez Guerrero, como herramientas del capitalismo, las redes hegemónicas son instrumentos de la derecha ideológica: el carácter de empresa privada capitalista determina el funcionamiento ideológico de los algoritmos, tendiente a neutralizar de diversas formas el pensamiento crítico disidente del actual sistema de dominación.

Las redes digitales forman parte del dispositivo para disciplinar sociedades enteras. Sin olvidar que en sus orígenes en plena guerra fría, la red de redes surgió como un sistema de intercomunicación militar del Departamento de Defensa de EU: Arpanet (1967), antecedente de Internet (1983), y que el encriptado para los teléfonos celulares fue acordado con el conjunto de sus fabricantes en el Pentágono por la Agencia Nacional de Seguridad. Años después Julian Assange diría que Facebook era la máquina de espionaje más terrible del mundo, jamás inventada. Entre otros temas, es lo que no le perdonan sus obsecuentes carceleros.

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Lunes, 18 Enero 2021 05:52

Militar la patente

Planta de Pfizer en Amboise, Francia AFP, ALAIN JOCARD

Cómo las farmacéuticas se aseguraron el monopolio sobre la vida y la muerte

Pfizer encabeza una dura oposición a la propuesta de suspender los derechos de propiedad intelectual para las vacunas contra el covid-19. En el pasado, la misma empresa lideró el lobby que hoy impide el acceso de los pobres a medicamentos cruciales.

 

La vacuna contra el covid-19 desarrollada por el gigante farmacéutico Pfizer junto con su socio alemán Biontech fue la primera en ser aprobada por varios Estados para su uso de emergencia y su aplicación ya se encuentra en estado avanzado en varios países. No obstante, mientras esto sucede, Pfizer ha mostrado una vehemente oposición a uno de los esfuerzos globales más importantes realizados en pos de garantizar que los países pobres puedan acceder a la inmunización contra la enfermedad.

En octubre, India y Sudáfrica presentaron una propuesta para que la Organización Mundial del Comercio (OMC) suspendiera de forma temporal la vigencia de las patentes de los tratamientos contra el covid-19, en virtud del acuerdo de propiedad intelectual conocido como Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio (ADPIC). Apoyada ahora por casi un centenar de países, la iniciativa permitiría la producción asequible de tratamientos genéricos durante lo que dure la pandemia.

Si se aprueba, la propuesta podría salvar innumerables vidas en el Sur global, en momentos en que los países ricos acaparan los stocks de vacunas (véase «Sálvese quien pague», Brecha, 18-XII-20) y cuando un estudio realizado por científicos de la Universidad Johns Hopkins advierte que una cuarta parte de la población mundial no recibirá el pinchazo hasta 2022 (British Medical Journal, 15-XII-20). Pero, hasta ahora, Estados Unidos, la Unión Europea, Reino Unido, Noruega, Suiza, Japón y Canadá han bloqueado la moción, a pesar de que en el contexto actual las demoras en el acceso a las vacunas significan, en los hechos, más muertes.

Con Pfizer a la cabeza, la industria farmacéutica, preocupada por proteger sus ganancias, es un socio poderoso de este frente opositor. «La propiedad intelectual es la sangre del sector privado y es la que trajo una solución a esta pandemia. En este momento, no es una barrera», declaró a comienzos de diciembre Albert Bourla, su director ejecutivo. Días antes, Pfizer había registrado oficialmente su oposición a la propuesta de India y Sudáfrica en un artículo del 5 de diciembre en The Lancet, en el que afirmaba que «un modelo global único [de acceso a las vacunas] ignora las circunstancias específicas de cada situación, de cada producto y de cada país».

En los alegatos de la empresa, el marco actual de las normas de propiedad intelectual y de los monopolios farmacéuticos es presentado como un orden planetario basado en el sentido común y cuyos beneficios para la sociedad serían evidentes. En realidad, estas normas internacionales son relativamente recientes y fueron moldeadas, en parte, por la propia Pfizer. Desde mediados de la década del 80 hasta principios de la del 90, la empresa desempeñó un papel fundamental en el establecimiento de las mismas reglas de propiedad intelectual de la OMC que ahora invoca para argumentar en contra de la liberación del suministro de vacunas para los países pobres. La «sangre del sector privado» mentada por Bourla no corresponde a un orden natural, sino que refleja una estructura comercial global que la compañía ayudó a crear en detrimento de los pobres de todo el mundo.

UNA CAMPAÑA CORPORATIVA

A mediados de la década del 80, el entonces presidente de Pfizer, Edmund Pratt, tenía una misión: asegurar que se incluyeran fuertes protecciones para la propiedad intelectual en la Ronda Uruguay del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT, por sus siglas en inglés). Aquellas fueron las negociaciones multinacionales de comercio que resultarían en el establecimiento de la OMC en 1995. El razonamiento de Pratt era simple: semejantes protecciones eran vitales para proteger la «competitividad» global de su empresa y de otras industrias estadounidenses.

Pratt tenía un poder institucional considerable más allá de su puesto corporativo. Como señalan los investigadores de Harvard e Insead Charan Devereaux Robert Z. Lawrence y Michael D. Watkins en su libro Case Studies in US Trade Negotiation, Pratt formó parte del Comité Asesor sobre Negociaciones Comerciales de los gobiernos de Jimmy Carter y Ronald Reagan. En 1986, cofundó el Comité de Propiedad Intelectual, un organismo que se dedicaría a construir vínculos con corporaciones de Europa y Japón, se reuniría con funcionarios de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual de la ONU y llevaría adelante un agresivo lobby para garantizar que se incluyera la propiedad intelectual en las negociaciones comerciales.Ya en aquellos años, tanto a nivel mundial como estadounidense, Pfizer jugaba un rol importante en la promoción de la idea de que el comercio internacional debía depender de unas determinadas reglas de propiedad intelectual: según su concepción, los países que no siguieran las reglas de propiedad intelectual estadounidenses se dedicaban a la piratería. Los expertos en regulación comercial internacional de la Universidad Nacional de Australia Peter Drahos y John Braithwaite señalan, en su libro Information Feudalism, que «como el batir de un tambor, el mensaje sobre la propiedad intelectual se fue replicando por las redes empresariales, las cámaras de comercio, los consejos directivos, los comités de negocios y los organismos corporativos. Progresivamente, los ejecutivos de Pfizer que ocupaban puestos clave en las gremiales empresariales estratégicas lograron reclutar el apoyo de esos grupos a una concepción de la propiedad intelectual que estaba basada en el comercio».

Por aquel entonces, la idea de que la propiedad intelectual debía ser parte de las reglas comerciales internacionales no era algo universalmente aceptado. Muchos países del tercer mundo se resistieron a su inclusión, con el argumento de que, si se establecían normas más estrictas de propiedad intelectual, se iba a estar protegiendo el poder monopolístico de las corporaciones y se socavarían los controles internos de precios.

En 1982, la primera ministra de India, Indira Gandhi, decía a la Asamblea Mundial de la Salud, el máximo órgano de decisión de la OMS, que «un mundo mejor ordenado será aquel en el que los descubrimientos médicos estén libres de cualquier patente y donde no se haga negocio a partir de la vida y la muerte». Y en 1986, el Christian Science Monitor informaba que «Brasil y Argentina encabezan un grupo que ha bloqueado los intentos de Estados Unidos de incluir la protección de la propiedad intelectual en la nueva ronda de conversaciones de comercio».

Pero el presidente de Pfizer tenía aliados poderosos, entre ellos el presidente del gigante tecnológico IBM, John Opel. Sus esfuerzos combinados desempeñaron un papel clave para asegurar que finalmente se incluyeran reglas de propiedad intelectual en las negociaciones del GATT. Pratt nunca dudó en atribuirse ese éxito. «Esta victoria en el GATT, que establece disposiciones para la propiedad intelectual, resultó en buena parte de los esfuerzos a brazo partido hechos por el gobierno de Estados Unidos y las empresas estadounidenses, incluida Pfizer, durante las últimas tres décadas. Hemos estado en esto desde el principio, asumiendo un rol de liderazgo», declaró por entonces, tal como lo recogen los investigadores Lori Wallach y Patrick Woodall en su libro Whose Trade Organization? The Comprehensive Guide to the WTO.

Durante las negociaciones para la protección de la propiedad intelectual en el GATT, el grupo de lobby cofundado por Pratt jugó un papel activo como organizador de empresarios de Estados Unidos, Europa y Japón decididos a conseguir una regulación fuerte en la materia. Cuando, a mediados de los años noventa, se estableció formalmente la OMC y se firmaron los acuerdos internacionales, Pratt ya no era presidente de Pfizer, pero su contribución y el papel de la empresa que había dirigido todavía se hacían sentir. Fueron Pratt y Opel quienes, desde un comienzo, «diseñaron, presionaron y engatusaron al gobierno estadounidense para que incluyera la propiedad intelectual como uno de los temas de negociación», en palabras de uno de los miembros del equipo negociador de Estados Unidos citado por Devereaux, Lawrence y Watkins.

El acuerdo sobre los ADPIC de la OMC, que entró en vigor en 1995, se convertiría en el «acuerdo sobre propiedad intelectual más importante del siglo XX», escriben por su parte Drahos y Braithwaite. Ese tratado puso a la mayor parte del mundo bajo estándares mínimos de propiedad intelectual, parte de los cuales significaron el establecimiento de un monopolio global de patentes en manos de las empresas farmacéuticas. Para Dean Baker, economista y cofundador del think tank izquierdista Center for Economic and Policy Research, «el acuerdo sobre los ADPIC de la OMC requirió que países de todo el mundo adoptaran normas de patentes y derecho de autor de tipo estadounidense. Anteriormente, ambos temas habían estado fuera de los acuerdos comerciales internacionales y los países podían tener las reglas que quisieran al respecto. India tenía una industria farmacéutica bien desarrollada en la década del 90. Antes del acuerdo, el Estado no permitía que las empresas farmacéuticas patentaran medicamentos. Podrían patentar procesos, pero no medicamentos».

ACCESO LIMITADO

El acuerdo sobre ADPIC trajo fabulosas ganancias a las compañías farmacéuticas y «elevó los costos farmacéuticos en Estados Unidos, al tiempo que restringió aún más la disponibilidad de medicamentos vitales en los países en vías de desarrollo de la OMC», según afirma la ONG Public Citizen, dedicada al contralor de prácticas corporativas. Esta dinámica se manifestó de forma brutal durante la crisis del sida, que se encontraba en su apogeo cuando se creó la OMC. «Le tomó al gobierno sudafricano casi una década romper los monopolios de las compañías farmacéuticas extranjeras que mantenían al país como rehén y condenaban a su gente a la muerte», recordaban hace poco en The New York Times (7-XII-20) Baker, el activista por la salud pública Achal Prabhala y el economista Arjun Jayadev.

Es difícil pensar en un escenario más propicio para defender una suspensión de las leyes de propiedad intelectual que el de una pandemia mundial, un argumento que ciertamente no es marginal en el contexto político actual. Además de una larga lista de activistas globales, los principales grupos de derechos humanos y los expertos en la materia de la ONU han sumado sus voces a la demanda de suspender las leyes sobre patentes. Sus llamamientos continúan lo iniciado por el movimiento por la justicia global de la década del 90 y principios de la del 2000, que puso en cuestión el papel que tuvo la OMC –junto con otras instituciones globales, como el Banco Mundial y el FMI– en la destrucción, a manos de las corporaciones, de las regulaciones nacionales en materia laboral, ambiental y de salud pública. Un punto clave de su crítica fue el enorme poder de las corporaciones estadounidenses en la OMC, que se revela hoy en su bloqueo de la propuesta para suspender las patentes de las vacunas contra el covid-19.

Pfizer no es la única que se opone a pausar por un momento las reglas de propiedad intelectual. Las gremiales de la industria farmacéutica y empresas individuales, se han manifestado con toda su fuerza en contra de estas propuestas. «La influencia de la industria farmacéutica es enorme», señala Baker. «No hace falta decir que Trump apoyará estas corporaciones. Incluso Biden será presionado por la industria farmacéutica y tendrá enormes dificultades para hacer algo que a esta no le guste».

La lucha sin cuartel de la industria farmacéutica por acaparar información que permitirá salvar vidas en plena pandemia contrasta con el gigantesco papel que ha tenido la financiación pública en el desarrollo de las vacunas (véase «Sálvese quien pague», Brecha, 18-XII-20). Sin embargo, con un costo estimado de 19,50 dólares estadounidenses por dosis en sus primeras 100 millones de dosis, la vacuna de Pfizer es demasiado costosa para muchos países pobres, particularmente a la luz de sus requisitos de almacenamiento. La compañía farmacéutica Astrazeneca, que produjo una vacuna junto con la Universidad de Oxford, se comprometió, en 2020, a facilitar el acceso de los países pobres a su producto y afirmó que no obtendrá ganancias durante lo que dure la pandemia. Pero, al mismo tiempo, «se ha reservado el derecho a declarar el fin de la pandemia a partir de julio de 2021», según señalan en el Times Prabhala, Jayadev y Baker.

Se podría tomar un mapa de la pobreza mundial, colocarlo sobre un mapa de acceso a las vacunas y se obtendría una coincidencia virtual de uno a uno. «Estados Unidos, Reino Unido, Canadá y otros países están reservando dosis en proporciones que superan con creces el tamaño de sus poblaciones», informó en diciembre The New York Times, «mientras que muchas naciones pobres luchan por asegurarse apenas lo suficiente» (15-XII-20). Es el resultado lógico de un sistema diseñado desde el principio para reforzar estructuras de poder existentes desde hace mucho tiempo y heredadas de un sistema colonial. Independientemente de las intenciones que se haya tenido, se dejará morir una vez más a las naciones negras y pardas, mientras que los países ricos del Norte global exceden con creces sus propias necesidades. Dado el riesgo de que podamos ver un apartheid global de la distribución de vacunas, en el que los países pobres continúan enfrentando pérdidas devastadoras mientras que los países ricos persiguen la inmunidad colectiva, no parece que alcance con vagas garantías de benevolencia empresarial. Como dice Baker, «¿no querría usted que todas las vacunas estuvieran disponibles tanto como sea posible?».

(Publicado originalmente en In These Times con el título «Pfizer Helped Create the Global Patent Rules. Now it’s Using Them to Undercut Access to the Covid Vaccine». Traducción y titulación en español de Brecha.)

Por Sarah Lazare
15 enero, 2021

Publicado enSociedad
Lunes, 18 Enero 2021 05:46

Que te cure Lola

Aplicación de la vacuna contra la covid-19 en fase de prueba en Sudáfrica. AFP, SIPHIWE SIBEKO

El uso que el big pharma hace de los países pobres

Principales empresas del rubro se benefician de bajos costos para hacer experimentos en el Sur global. Pero una vez descubiertos los medicamentos, su acceso suele estar vedado para esas naciones.

Albert Bourla, director general de Pfizer, ha tenido palabras de elogio para «las casi 44 mil personas que de forma desinteresada levantaron la mano para participar en nuestras pruebas». «Cada uno de ustedes ha contribuido para que el mundo esté un paso más cerca de nuestro objetivo común de desarrollar una vacuna contra esta pandemia devastadora», escribió Bourla en una carta pública a los voluntarios que formaron parte de las investigaciones de la vacuna de Pfizer contra el covid-19 hechas en Argentina, Sudáfrica, Brasil, Alemania, Turquía y Estados Unidos. La misiva fue publicada el 9 de noviembre de 2020, el mismo día en que Pfizer anunció que su vacuna superaba el 90 por ciento de efectividad en la prevención de la enfermedad. Bourla atribuyó este logro a los voluntarios: «Ustedes son los verdaderos héroes. El mundo entero tiene con ustedes una tremenda deuda de gratitud».

Argentina, Sudáfrica, Brasil y Turquía tendrán que conformarse con estas muestras de gratitud de Pfizer, porque no recibirán, al menos no en el corto plazo, suficientes vacunas para vacunar a sus poblaciones. Mientras tanto, Estados Unidos y Alemania –junto con Canadá y el resto de la Unión Europea (UE)– se han asegurado suficientes dosis de varias vacunas contra el covid-19 como para inocular varias veces a sus poblaciones. Aunque Estados Unidos enfrenta problemas logísticos en su campaña de vacunación, se estima que eventualmente alcanzará un stock suficiente. Durante el verano boreal, encargó 100 millones de dosis de la vacuna de Pfizer a cambio de 1.950 millones de dólares. En los últimos días de diciembre, el Departamento de Salud y Servicios Humanos anunció un acuerdo para comprar 100 millones de dosis adicionales de vacunas de aquí a julio de 2021 y el gobierno tiene la posibilidad de adquirir 400 millones más de dosis. Washington compró además 200 millones de dosis de la vacuna de Moderna, que llegarían el segundo trimestre de 2021, y se reserva la opción de comprar hasta 300 millones de dosis extras. También firmó con Ology, Sanofi, Novavax y Johnson & Johnson para comprar dosis suplementarias, aunque estas vacunas se encuentren aún en las primeras etapas de su desarrollo.

CONEJILLOS DE INDIAS

Las empresas farmacéuticas y sus directivos ya cosechan grandes ganancias. El mismo día que envió su carta abierta, Bourla, cuyo patrimonio neto se estima en más de 26 millones de dólares, vendió más de 5 millones de dólares de sus acciones de Pfizer. La farmacéutica obtuvo en 2020 ganancias de al menos 975 millones de dólares debido a su vacuna y se espera que recaude 19.000 millones de dólares más en 2021, de acuerdo a estimaciones de Morgan Stanley. El margen de ganancia de Pfizer sobre la vacuna se estima entre un 60 y un 80 por ciento. Morgan Stanley también ha proyectado que en 2021, gracias a su vacuna, Moderna ganará como mínimo 10.000 millones de dólares.

Los 100.000 millones de dólares en ventas de vacunas contra el covid-19 que ha estimado la consultora Evercore ISI sin duda son parte de lo que atrajo a las empresas farmacéuticas al desarrollo de estos inmunizantes. Pero el cálculo es diferente para los participantes en las investigaciones. En los países en vías de desarrollo «encontrás personas que no tienen cobertura de salud, están desesperadas por atención médica y sólo les quedan disponibles las migajas de la investigación científica», dice Harriet Washington, experta en ética médica de la Universidad de Las Vegas.

Esa desesperación es sólo parte de la razón por la que las compañías farmacéuticas llevan a cabo la mayoría de sus pruebas en países pobres. Según Washington, la relativa falta de control y los menores costos operativos son razones adicionales por las que la industria farmacéutica se siente atraída por esos países. Los participantes en las investigaciones de la vacuna contra el covid-19 en Argentina, Brasil, Sudáfrica y Turquía «trabajan más barato que la gente en Estados Unidos o Alemania», afirma.

El problema ético que esto crea –la gente en los países en vías de desarrollo tiene menos acceso a los avances médicos, a pesar de que asume una parte desproporcionada de los riesgos que permiten su descubrimiento– es mucho más viejo que la pandemia de coronavirus. «Hay desigualdades inherentes que se repiten en cada epidemia», dice Washington. «Es un patrón constante; lo vas a encontrar cualquiera sea el caso en que te fijes».

Participen o no en investigaciones sobre medicamentos, los habitantes de los países con ingresos medios y bajos suelen carecer de acceso a avances médicos que pueden salvar vidas, pero cuyos precios están fuera de su alcance. Gilead, que tiene la patente del sofosbuvir, un medicamento clave contra la hepatitis C, ofrece una ilustración clara y trágica de lo mortal que puede ser esta dinámica. En Brasil, en junio de 2019, sólo una de cada siete personas que necesitaban este medicamento vital lo había recibido. En ese país, miles de personas han muerto por esta enfermedad curable, según la organización sin fines de lucro Make Medicines Affordable.

Aunque eventualmente muchos medicamentos terminan estando disponibles, para la gente de los países en vías de desarrollo el acceso a ellos suele retrasarse, como ha ocurrido con los medicamentos para el VIH, a los que todavía no pueden acceder unas 15 millones de personas infectadas en todo el mundo. En algunos países pobres estos medicamentos llegaron más de una década después de haber sido utilizados en los países ricos.

«Observamos retrasos en casi todas las intervenciones en el mundo entero, se trate de un nuevo medicamento o de un dispositivo médico», dice el doctor Krishna Udayakumar, director fundador del Centro de Innovación de Salud Global de la Universidad de Duke, y agrega: «Los productos que llegan a los mercados de los países de ingresos bajos y medios no producen tanto dinero». Como resultado, en gran parte del mundo, la posibilidad de contar con esas novedades vitales suele depender de la financiación de donantes, «que es siempre inferior a la que quisiéramos», sostiene Udayakumar.

Las consecuencias mortales del atraso en el acceso a la vacuna contra el covid-19 serán evidentes durante 2021. La cantidad de personas vacunadas en todo el mundo dependerá en parte del éxito de otras posibles vacunas candidatas y de la necesidad de administrarlas en una o dos dosis. Pero ya está claro que la mayoría de los países no tendrá dosis suficientes, mientras que los países ricos acaparan las reservas. Una iniciativa internacional tendiente a garantizar el reparto equitativo de las vacunas, denominada COVAX Advance Market Commitment, regida por la público-privada alianza de salud GAVI, busca proporcionar a los países participantes vacunas suficientes para inmunizar hasta el 20 por ciento de su población para finales de 2021. Pero, incluso en el mejor de los casos, este objetivo dejaría a la gran mayoría de la población sin vacunar. Y está «supeditado a la disponibilidad de fondos», como lo dice con claridad el sitio web del grupo (véase «Sálvese quien pague», Brecha, 18-XII-20).

Algunos activistas de la salud pública internacional han mostrado su frustración con respecto a GAVI. «El día uno, cuando se vacunó a la primera persona en Reino Unido, deberíamos haber visto el equivalente en un país en vías de desarrollo», afirma Kate Elder, asesora principal de políticas de vacunación de Médicos sin Fronteras. «Pero eso no pasó. Y no tenemos ningún dato concreto de cuándo llegarán las dosis necesarias para estos países». Elder señala que, a pesar del objetivo declarado de facilitar un acceso igualitario, el esfuerzo internacional para la distribución de vacunas se ve afectado por el desequilibrio mundial en materia de poder y de riqueza. «GAVI nunca denunciará el “nacionalismo de vacunas”, porque sus mayores donantes –como el Estado británico– son los miembros más poderosos de su junta directiva», sostiene.

El Banco Mundial aporta ayuda adicional para la entrega de vacunas, pero lo hace bajo la forma de préstamos que los países pobres tendrán luego que pagar. Debido a las demoras, es muy probable que mucha gente en países de bajos ingresos no reciba la vacuna antes de 2023 o 2024, lo que resultaría en un número desconocido de muertes.

UNA HISTORIA DE ÉXITO QUE NO CIERRA

«Estamos ante un apartheid mundial de vacunas», denuncia Zain Rizvi, investigador de derecho y política en la ONG Public Citizen, que predice que el retraso en la vacunación tendrá consecuencias «calamitosas». Public Citizen ha propuesto varias soluciones para que Estados Unidos amplíe el acceso a las vacunas, entre ellas la construcción de nuevas instalaciones de producción y el recurso a una oscura norma (sección 1498 del título 28 del Código de Estados Unidos, referida a casos de patentes y derechos de autor) que le permite al gobierno saltarse las patentes privadas en el caso de invenciones financiadas por el Estado. Mientras tanto, Kenia, India y Sudáfrica presentaron a la Organización Mundial del Comercio una medida que permitiría renunciar a ciertos derechos de propiedad intelectual sobre los productos relacionados con el coronavirus, incluidas las vacunas. La propuesta, apoyada por 99 países, aún no ha sido adoptada después de haber sido rechazada por Estados ricos como Estados Unidos, los miembros de la UE, Japón, Reino Unido y Australia (véase «Militar la patente» en este número).

Pero la quita de las patentes es sólo un primer paso para permitir el acceso mundial a las vacunas. «El know-how es, a corto plazo, un problema mucho más grande», señala James Love, que dirige el grupo sin fines de lucro Knowledge Ecology International. Love cita el caso de Moderna, el fabricante de vacunas financiado por el gobierno federal estadounidense, que ha prometido que no aplicará la patente de su vacuna. «Pero, aun así, no podés fabricarla si no sabés los detalles de cómo la hicieron», dice Love. «Hay que obligar a quienes tienen el know-how a compartirlo, porque estamos en una puta pandemia», insiste.

Mientras que el gobierno de Estados Unidos y las empresas que este ha financiado para fabricar vacunas ya reciben el crédito por poner fin a la pandemia, Love señala que algo no cierra en esa historia de éxito: los contribuyentes terminaron siendo obligados a pagar por acuerdos que limitaban el acceso mundial a las vacunas. «Hay quienes van a decir que esto es un tremendo éxito por la innovación lograda», piensa Love. «Pero la realidad es que el Estado tomó nuestro dinero, se lo dio a las empresas y redactó contratos desastrosos por los que terminamos con muy pocos derechos sobre inventos que nosotros mismos financiamos», se lamenta.

El problema podría haber sido evitado «si el gobierno hubiera incluido un intercambio obligatorio del know-how en cada uno de sus contratos, de manera tal que la transferencia de tecnología habría podido comenzar apenas esas vacunas estuvieran en la fase de pruebas», dice Love. «Pero no fue así. Y una de las consecuencias de esas concesiones es que terminamos condenando a los países en vías de desarrollo a acceder tarde a las vacunas», concluye.

Lo cierto es que la administración de Donald Trump ha sido particularmente generosa con la industria farmacéutica, ha eliminado de algunos de sus contratos las protecciones estándar en materia de acceso que favorecían a la población y ha bloqueado los esfuerzos internacionales para mancomunar recursos en la lucha contra la pandemia. «Joe Biden tiene el poder de cambiar esto», sostiene Rizvi. «Puede pensar más allá, compartir la receta de la vacuna y ayudar a aumentar la producción y la capacidad de fabricación para incrementar el aprovisionamiento rápidamente». Por su parte, Washington cree que también son solucionables los dilemas éticos planteados por la investigación sobre las vacunas contra el covid-19 en países que tal vez no accedan a ellas durante años. «Las desigualdades son fáciles de corregir –plantea–, sólo tenés que tratar a las personas de los países pobres de la misma manera en que tratás a las demás».

(Publicado originalmente en The Intercept, bajo el título World Faces Covid-19 «Vaccine Apartheid». Brecha traduce y publica con autorización.)

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La cantante colombiana, durante un concierto en Miami el pasado febrero: su catálogo está ahora en manos de Mercuriadis- AFP

Un bombazo en la industria musical

El empresario canadiense Merck Mercuriadis tiene mil millones de dólares para adquirir los derechos de temas musicales

Rafael Ramos

18/01/2021 07:00Actualizado a 18/01/2021 09:29

Cuando Merck Mercuriadis tenía ocho años, un primo mayor llegó de Grecia (de donde emigraron sus antepasados) para instalarse con él y su familia en la provincia canadiense de Nueva Escocia, y trajo en su equipaje un auténtico arsenal de discos de vinilo, presumiendo que lo sabía todo de mujeres, de drogas y de música. “Nos llevamos muy bien, porque las tres cosas me interesaban sobremanera”, dice el fundador de Hipgnosis Songs Fund Limited, el fondo de inversión que acaba de comprar los derechos del catálogo de canciones de Shakira.

Casi medio siglo después, es de suponer que a Merck le ha ido razonablemente bien con las mujeres (está casado y tiene cuatro hijos) y su relación con las drogas (si es que la tiene) es cosa suya, pero lo que está claro es que aprendió mucho de su primo en lo que a música se refiere, porque ha revolucionado la industria con una empresa que cotiza en la bolsa de Londres y es cruce entre un fondo de inversión y una firma de gestión de talentos.

Gracias a una personalidad desbordante, a la capacidad de entusiasmar y a una larga y formidable lista de contactos de su época como mánager de artistas, Mercuariadis, un canadiense de 57 años nacido en Quebec, lanzó hace tres años su Hipgnosis e inmediatamente captó mil millones de dólares de capital para adquirir propiedad intelectual (canciones), con inversores de todo tipo, algunos tan inesperados como la Iglesia de Inglaterra. Su promesa es que la música es un valor de referencia, como el oro o los diamantes, seguro en tiempos de crisis y bastante ajeno a las fluctuaciones. Y que quien le siga, se hará rico, obscenamente rico.

El empresario musical de origen griego ha sabido adaptarse como pocos al nuevo universo de la publicación online, la descarga y el streaming, fenómenos alentados aún más si cabe por la pandemia. Paga los derechos a precio de oro (hasta el triple que los competidores, las casas discográficas están que se suben por las paredes), pero de esa manera está consiguiendo hacerse con un catálogo fabuloso del que Shakira es la última perla, y en el que también figuran Neil Young (compró el 50% de los derechos de su obra), Barry Manilow, Dave Stewart de los Eurythmics, Andy Marvel, Blondie, Chrissie Hynde, Enrique Iglesias o los Kaiser Chiefs. Cada vez que se reproduce un tema, en la radio, en un bar, un supermercado o en una película, cobra royalties. Su socio es Nile Rodgers, productor, compositor y cofundador del grupo Chic, y el objetivo de ambos es llegar a controlar entre el 15% y el 20% del mercado.

Cuando tenía diecinueve años, y con el gusanillo de la música en el cuerpo desde la llegada de su primo de Grecia, se puso a llamar cada día a las oficinas de Virgin Records en Toronto hasta conseguir que le diera un empleo en el departamento de marketing. Pero lo que de verdad quería era operar en el lado creativo del negocio, en contacto con los artistas, de modo que se trasladó a Londres, meca de la música pop, donde entró en Sanctuary Music, una empresa en expansión que manejaba la carrera de la banda de heavy metal Iron Maiden. Pese a llevarse a matar con su compositor y con su cantante principal, acabaron siendo amigos: lanzó a todo trapo su álbum de 1992 Fear of the Dark.

En el 2000 cambió la capital inglesa por Nueva York como presidente de la rama norteamericana de la compañía, encargado del desarrollo de la marca. Para eso añadió a la lista de clientes a Beyoncé, Axl Rose y Guns N’Roses entre otros, pero los gastos aumentaban, los ingresos no respondían a las expectativas, buena parte del personal fue despedido, y eventualmente Sanctuary fue adquirida por Universal Records por 41 millones de dólares. Mercuriadis se lo tomó como un fracaso personal y aprendió las lecciones. Cuando nació Spotify, vio una mina de oro en el streaming y la posibilidad de que los suscriptores creasen sus listas de temas favoritos mezclando géneros y artistas.

Tras fundar Hipgnosis y lanzar la firma a bolsa en el 2018, lo primero que hizo fue comprar un 75% del catálogo de The Dream, y tan sólo el primer año las acciones subieron un diez por ciento, y los beneficios alcanzaron los quince millones de dólares. En pleno proceso de expansión y con el propósito de diversificarse, tiene una plantilla de diecinueve empleados en las oficinas del barrio londinense de Notting Hill, e inversores variopintos, algunos fanáticos de la música, otros solo de hacer dinero. Mucho dinero.

En tres años, desde el lanzamiento a bolsa de Hipgnosis, Merck Mercuaridis y su socio Nile Rodgers han comprado más de ocho mil canciones, un millar de las cuales fueron en su día number ones. Mientras la mayoría de sus rivales procura descubrir talentos y adquirir baratos los catálogos de promesas en las que ve potencial para desarrollarlas y encontrar oro de vez en cuando, al empresario canadiense sólo le interesan valores probados, por los que no le importa pagar más que nadie. Suyos son los derechos de Uptown Funk de Bruno Mars, Shape of You de Ed Sheehan, Closer de los Chainsmokers, Girls Like You de Maroon 5, Despacito de Luis Fonsi, Daddy Yankee y Justin Bieber. Su primera adquisición fue Neil Young, a quien compró el 50% de su catálogo, y después han seguido otros como Timbaland, Jack Antonoff, Steve Winwood, The Chainsmokers, Poo Bear, Rick James, los Kaiser Chiefs, Brian Kennedy, Lindsey Buckingham y Shakira.


 Pagar más que nadie y comprar solo lo mejor

En tres años, desde el lanzamiento a bolsa de Hipgnosis, Merck Mercuaridis y su socio Nile Rodgers han comprado más de ocho mil canciones, un millar de las cuales fueron en su día number ones. Mientras la mayoría de sus rivales procura descubrir talentos y adquirir baratos los catálogos de promesas en las que ve potencial para desarrollarlas y encontrar oro de vez en cuando, al empresario canadiense solo le interesan valores probados, por los que no le importa pagar más que nadie.

Suyos son los derechos de Uptown funk de Bruno Mars, Shape of you de Ed Sheeran, Closer de los Chainsmokers, Girls like you de Maroon 5, Despacito de Luis Fonsi, Daddy Yankee y Justin Bieber. 

Su primera adquisición fue Neil Young, a quien compró el 50% de su catálogo, y después han seguido otros como Timbaland, Jack Antonoff, Steve Winwood, The Chainsmokers, Poo Bear, Rick James, los Kaiser Chiefs, Brian Kennedy, Lindsey Buckingham y Shakira.

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Domingo, 17 Enero 2021 05:36

Un poder en la sombra

Un poder en la sombra

Pfizer, Moderna, Johnson&Johnson, Novartis, Roche, Merck, GSK…

 

“Procurar el bien de una persona es algo deseable, pero es más hermoso y divino conseguirlo para un pueblo y para las ciudades”.

Aristóteles, Ética a Nicómaco

 

El mayor éxito del 2020 fue sin duda el descubrimiento de varias vacunas contra la covid-19; a la cabeza estuvieron las grandes de la industria farmacéutica. El tiempo logrado entre la irrupción de la pandemia y las primeras vacunas fue tan solo de diez meses; esto es, sin duda, un enorme logro para la humanidad y para la ciencia médica en particular. Sin embargo este éxito indiscutible contiene multitud de lados oscuros. El conflicto de intereses entre las empresas y la sociedad en su conjunto es el punto central de este artículo.

1.- La gran industria farmacéutica

Vivimos en un mundo dominado por una economía capitalista. Por lo tanto, la lógica que la impulsa es la ganancia. El motor del Capital, de sus inversiones tecnológicas, científicas o los recursos humanos es la acumulación y el crecimiento de sus beneficios. La producción capitalista transforma todo el proceso económico en producción de mercancías (ya sean cosas o servicios) destinadas al consumo en un mercado inundado por ellas. Dentro de esta lógica no hay sitio para los prejuicios o la moralidad (como la podríamos entender muchas personas). El más grande y único estímulo de todas las empresas que se mueven en las Bolsas de todo el mundo es incrementar en cada ejercicio las ganancias del año anterior. Por eso esta famosa frase de un sindicalista británico del siglo XIX, Thomas Dunning, que Karl Marx cita en su libro El Capital:

“El capital experimenta horror por la ausencia de ganancia o por una ganancia muy pequeña, como la naturaleza siente horror por el vacío. Si la ganancia es adecuada, el capital  se envalentona. Un 10% seguro, y se lo podrá emplear donde quiera; el 20% y se pondrá impulsivo; el 50% y llegará positivamente a la temeridad; por un 100% pisoteará todas las leyes humanas; el 300% y no hay crimen que lo arredre, aunque corra el riesgo del patíbulo. Cuando el tumulto y las riñas suponen ganancias, allí estará el capital encizañándolas”.

El caso de la gran industria farmacéutica o de los servicios privados de la salud no es ninguna excepción en esta lógica. Por el contrario los datos con los acabaron sus balances en el 2020 fueron escandalosamente positivos. Podemos afirmar, sin riesgo a equivocarnos, que la pandemia de la  covid-19, ha sido el mejor año en resultados del sector privado de la salud.

Como decía el diario El País con fecha 2 de enero de 2021:

“Tecnológicas y farmacéuticas capitalizan en Bolsa su gran año…. Al calor de la vacuna y la renovada importancia de la salud en el  imaginario colectivo, la industria añade un nuevo representante en las 50 mayores  empresas del mundo: Abbott, que se une así a Roche, Novartis, Merck, Pfizer.”.

Según el periódico El Economista Digital con fecha 12 de diciembre de 2020: “Pfizer y Moderna (marcas descubridoras de las dos primeras vacunas comercializadas en el mundo occidental), ingresarán 26.500 millones de euros en un solo año”. Para el año 2021 las previsiones son que Pfizer ingrese 16.000 millones más y Moderna entre 10 y 15.000 millones. Como todo el mundo sabe, Pfizer es una marca norteamericana que comparte con BioNTech (alemana) el privilegio de haber sido los primeros en salir al mercado. Por eso a lo largo del 2020 las acciones de Pzifer subieron en Bolsa un 12%, las de BioNTech un 300% (ahora su capitalización es de 25.0000 millones de euros). La diferencia de porcentaje entre ambas se explica porque mientras Pfizer ya era un gigante del mundo del capitalismo antes de la vacuna contra la covid-19, la otra es, digamos, una advenediza. Por su parte, otra marca con sede en EE UU, Moderna, también mucho más pequeña que Pfizer, Roche, Novartis o Merck, está teniendo un crecimiento -según Morgan Stanley- del 700%, con una capitalización de 62.000 millones de dólares.

Podemos concluir diciendo que durante la pandemia de la covid-19 la Bolsa mundial ha registrado ganancias en los grandes mercados de Estados Unidos, impulsados por los rendimientos y expectativas futuras de los gigantes tecnológicos (Apple, Microsoft, Facebook…, por el conglomerado de los servicios Amazon, y por el negocio de la salud). Este último vive sus mejores momentos no solo por el descubrimiento de varias vacunas contra el virus covid-19, sino también por el caldo de cultivo que genera la pandemia. Muchas personas se están haciendo seguros privados ante el atasco y desmantelamiento de los hospitales o centros de salud públicos (lo que se ha reflejado en un aumento del 4,7% de nuevas pólizas); también está en auge la propuesta de tratar enfermedades o síntomas corrientes mediante video-llamadas (hasta Movistar está mandando a sus clientes ofertas para que los pacientes consulten sin moverse de su casa). Algunas empresas se preparan para el auge de la Telemedicina que, además de su dudosa utilidad, puede suponer el desmantelamiento mayor de los centros de salud.

2.- Las bases económicas y comerciales de un negocio muy poco ético pero muy seguro

Llegados a este punto algunos se pueden preguntar si es lícito hacer negocios con las enfermedades de los seres humanos. Mi opinión es que no, pero obviamente vivimos en una sociedad dominada por el capital y debatir acerca de la legalidad moral o jurídica es superfluo. No obstante, las mismas empresas infringen las reglas del juego cuando son tan poderosas o más que los propios países en donde residen.  El conflicto entre las tecnológicas norteamericanas y la UE o el gobierno federal de EE UU responde a eso.

La industria de la salud no es una excepción. No se amasan miles de millones de dólares gestionando empresas sobre los valores de la solidaridad o la cooperación; al contrario, las fortunas se construyen en una guerra abierta donde la competencia es mortal y en donde si es preciso no existe ninguna regla moral que impida el desenfreno de los beneficios. Para amasar esos capitales hace falta, además de contingencias dolorosas y dramáticas como la covid-19, algunas otras cuestiones interrelacionadas: una posición de privilegio en el mercado; acuerdos con los gobiernos y organismos internacionales y una demanda social continúa que, en el caso de la sanidad -con pandemia o sin ella- es permanente y a escala planetaria.

En un excelente artículo publicado en viento sur por Jorge Luis Díaz y Álvaro Arador titulado “La propiedad intelectual farmaceútica y su amenaza para la salud pública”, estos planteaban varias líneas de reflexión muy a tener en cuenta:

  1. Los derechos de patentes, propiedad intelectual, que tienen estas grandes empresas les otorgan la exclusividad en el desarrollo, producción y comercialización de todas las innovaciones (por supuesto las vacunas anti-covid)  a lo largo de los próximos 20 años. Esto quiere decir que los rendimientos para las próximas décadas son inconmensurables si tenemos en cuenta que el virus estará entre nosotros y ya no digamos las posibles nuevas mutaciones.
  2. La llamada arquitectura de las patentes les otorga un mayor blindaje ya que se patenta no solo el producto, sino todos los procesos y modificaciones moleculares. Esto dificulta, cuando no impide, el desarrollo de genéricos. De esta manera, el monopolio del mercado de vacunas ha estado copado históricamente por cuatro empresas: Sanofi, Merck, Pzifer y GlaxoSunthikline (GSK).
  3. Utilizan además para estas y otras vacunas, un lanzamiento secuencial basado en la falta de transparencia y desabastecimientos. Las cadenas de producción y comercialización están controladas según sus propios intereses. Por ese motivo primero llegan a los países ricos (pactando precios muy altos con EEUU y la UE), lo que les garantiza a ellos unos beneficios mucho mayores que si tuvieran que negociar con los países más pobres. Esta experiencia ya la vivimos en España con los tratamientos contra la hepatitis C. El precio de salida de los antivirales era disparatado y sin embargo los costes eran mínimos; hizo falta una gran movilización de los afectados para obligar a una negociación entre el gobierno español y la industria farmacéutica. Además, como indicábamos más arriba, los acuerdos con los Estados o los Tratados Internacionales están basados en  la obligación de mantener el secreto comercial y por lo tanto un oligopolio de su comercialización.
  4. Lo que la opinión pública desconoce es que estas grandes empresas que se benefician de una manera tan descarada de la legislación y de su posición privilegiada en el mercado, están respaldadas además por inversiones públicas de los propios gobiernos; es decir, el Estado mete dinero público en las empresas y establece planes de colaboración científica para que, más tarde, los rendimientos económicos vayan a parar a esas empresas. Las investigaciones que se han llevado a cabo estos diez meses hasta conseguir las vacunas no han sido una excepción. En la información que nos ofrece un reportaje de la BBC recogido por Magnet el 28 de diciembre del 2020 se dice lo siguiente:

Moderna. “La farmacéutica estadounidense recibió 2.500 millones de dólares provenientes de distintos departamentos federales… desde que la vacuna es un éxito el presupuesto se completó con inversiones privadas de Dolly Parton y Vanderbit… La mayoría del dinero proviene de arcas públicas.”

¿Y Pfizer?  “Según ellos no recibieron ayudas, pero su socio BioNTech recibió en septiembre una ayuda federal de 500 millones de dólares.”

Pero no solamente son las ayudas. Los contratos que se firman para la distribución de esas vacunas, los Estados, están obligados a firmar cantidades cerradas sin tener del todo claro la efectividad de esas vacunas en la población (más allá de las pruebas experimentales). En el momento actual millones de dosis están vendidas en los principales países: EE UU, UE, Australia, Canadá, Japón, etc. Según las fuentes a las que nosotros hemos podido acceder, quitando el caso de la vacuna de Astra-Zeneca (que recibe una ayuda pública del 20%) y que se ha comprometido a mantener los precios de coste (alrededor de 3 o 4 euros por vacuna), el resto está vendiendo las vacunas a unos precios -al menos- diez veces mayor de lo que cuesta todo el proceso de fabricación, transporte y refrigeración. Es decir,  las vacunas de  Moderna y Pfizer se han fijado entre 15 o 30 euros.

“Cerrando el círculo (lo que nos devuelve a las acciones de Pfizer y Moderna): el hecho de que se han convertido en un caramelo muy codiciado por los inversores, se debe no solo a la vacuna, sino a su propia proyección. Y en eso hay que tener en cuenta el regreso a la vida normal, un premio mucho más jugoso que los potenciales 32.000 millones de dólares de beneficios”. (Citado por los autores del artículo de la BBC).

3.- Otras modalidades en el negocio con recursos públicos

Bajo el nuevo paradigma  ¡colaboración público-privada! multitud de pequeñas y grandes empresas, así como fondos de inversión de dimensión global, se trasladan -como buitres- para el reparto del botín. Grupos económicos que, por ejemplo, ven mermados sus beneficios en otros sectores como la construcción, la hostelería o la alimentación, se desplazan en la búsqueda de tasas de ganancias más elevadas o, en numerosos casos, intentan resarcirse de sus propias pérdidas. La gran diferencia entre los nichos de beneficios que ofrece la salud y otros como por ejemplo la vivienda, es que el primero siempre tiene una demanda más constante que el segundo.

La introducción de estas empresas en la sanidad pública o servicios públicos no es siempre la misma. En unos casos puede ser a través de grandes operaciones de fusión de empresas como es el caso de Fresenius (un gigante alemán) que compró Quirón por 5.760 millones de euros en el 2017. En otros es a través del llamado capitalismo de amiguetes, muy propio de los gobiernos de Esperanza Aguirre, Ignacio González, Cristina Cifuentes o Isabel Diaz Ayuso. Estos gobiernos corruptos del PP lo que hacen es una pantomima de concursos de obras y servicios para entregar la explotación de los mismos a sus amigos empresarios como Florentino Pérez, Villar Mir, etc.

Una pequeña exposición de las variantes de esa supuesta colaboración público-privada puede verse muy bien en la Comunidad de Madrid:

  • Hospitales integrados en la red pública pero con una mayor intervención de capital privado. Este es el caso por ejemplo de la Fundación Jiménez Díaz en Madrid que pertenece a Fresenius-Quirón (además también tiene hospitales en otras localidades como Móstoles, Valdemoro, Villalba). La particularidad es que la Comunidad de Madrid les otorga una cuota de mercado, es decir, un porcentaje de la población para que atiendan y a cambio reciben dinero de los Presupuestos de la Comunidad. Hoy esto supone un 17% de dichos presupuestos. Además la empresa Fresenius-Quirón contrata a su personal laboral tanto sanitario como no sanitario a los que, como es de suponer, impone convenios propios. Se da el caso además que -como en estos lugares se aumenta la productividad media del sector- tienden a absorber más pacientes de los suyos propios y con ello reciben más transferencias del  gobierno autonómico. La Fundación Jiménez Diaz es un parásito de la sanidad pública madrileña no solo por los recursos que absorbe, sino porque el propio gobierno del PP facilita su competencia en perjuicio de hospitales como el Clínico San Carlos.  Así tenemos como ejemplo que cuenta con una población atendida de nada menos que 450.000 personas, lo que ha conducido al Clínico a perder en varios años cientos de camas.
  • Hospitales o centros sanitarios privados. En ese caso son empresas dedicadas a la salud con capital exclusivamente privado y no adheridos a la red pública. Muchos con convenios con la administración pública de las que obtienen una parte de su petróleo además de buscar otras vías de acceder al mercado.  En Madrid representan un porcentaje muy elevado (hasta un 30%) en relación con lo público. La mayoría están construidos en zonas de rentas altas o muy altas y suelen encargarse de intervenciones menores (cataratas, traumatología, cirugía estética, rehabilitaciones,…), para recibir esos servicios el usuario tiene que tener su póliza ( Sanitas, Asisa, Adeslas…),  o bien a veces también se establecen convenios de colaboración como por ejemplo el que tenía  el hospital de la Beata Mariana de Jesús con el hospital público de La Princesa para las rehabilitaciones de pacientes de traumatología. Además el personal laboral tiene unas condiciones económicas y de jornada inferiores al sector público por lo que los beneficios que obtienen estas empresas suelen ser muy elevados y los precios que cobran a sus pacientes por determinadas intervenciones también.
  • Hospitales y centros sanitarios públicos con servicios privatizados. Este es el caso de la totalidad de centros tanto en Madrid como en el resto de España. Los siete grandes hospitales de Madrid con más peso público (La Paz, Gregorio Marañón, Puerta de Hierro, Doce de Octubre, Ramón y Cajal, La Princesa, Clínico), tienen todos ellos subcontratados los servicios de hostelería, limpieza y la mayoría mantenimiento y otros. Esto ha sido también una transferencia de recursos públicos a empresas privadas como Ferrovial, Clece, OHL, que pertenecen a los amigos del PP. La corrupción y las puertas giratorias campan a sus anchas. Pero no solo eso, sus servicios suelen ser muy deficitarios ya que es muy difícil compatibilizar una buena calidad asistencial con el abaratamiento de los costes laborales. Cada vez que una empresa subcontrata un servicio (limpieza por ejemplo) lo primero que hace para sacar más rentabilidad es reducir el personal que había anteriormente.

Además de estas modalidades y algunas otras derivadas, nos encontramos también con el inmenso negocio que representa la implantación de nuevas y sofisticadas tecnologías o del consumo dirigido de fármacos estimulados por los lobbys de la sanidad privada.

El apartado tecnológico es sin duda una de las más importantes y futuras rentabilidades del Capital en el sector de la salud. Ya lo es pero con el paso del tiempo aumenta sin parar. El Estado -aconsejado por expertos– invierte en aparatos con unos costes altísimos que fabrican los grandes del sector: Johnson & Johnson (nada menos que con una capitalización de 328.280.000 millones de dólares es la primera del sector y la número 11 de todas las empresas del mundo); GE Heakthcare, Medtronic, Siemens, Philips, …. y otras, son los fabricantes de aparatos médicos de altísima tecnología (resonancias, scanner, rayos, inteligencia artificial, quirófanos, …) cuyo costoso y delicado mantenimiento solo puede estar a cargo de sus propios especialistas. El caso de los fármacos es parecido, los grandes laboratorios comercializan miles de marcas y patentes ofreciéndoles a los médicos (a los que no dudan en recompensar) si aconsejan a sus pacientes o en sus servicios que consuman un determinado producto.

El futuro de sector sanitario -nos dicen-, como el de la energía o el ocio o la comunicación, reside en dos paradigmas: la colaboración público-privada y la inversión tecnológica.  Es decir, el dinero público que proviene de nuestras rentas del trabajo o impuestos, se transfiere al Capital privado para que éste lo utilice para aumentar sus beneficios y de paso hacer mucha publicidad sobre las bondades de las nuevas tecnologías y de la colaboración del Estado con el Capital.

Todas nuestras críticas no se deben confundir con una oposición a esas nuevas tecnologías, ni muchísimo menos a todas las colaboraciones necesarias en las investigaciones para seguir avanzando en la lucha contra la covid-19 u otro tipo de enfermedades. Vacunas y tecnologías son necesarias pero debe regularse la colaboración entre las empresas y el sector público para que esto no se convierta en la ley de la selva donde lo que priman son los intereses privados y no el bien público. Pues en última instancia ¿qué es la salud? ¿qué son los servicios públicos de salud? Nada más y nada menos que conquistas y derechos que no se pueden perder. Ni se pueden poner permanentemente a subasta como si se tratara de un cuadro. Los servicios de salud son un valor social que no deberían estar sometidos en ningún caso a las inclemencias del capitalismo, a la especulación, o al ventajismo de una tragedia mundial como la que estamos viviendo desde hace meses.

4.-  Cuatro propuestas a debate

Más que un detallado programa alternativo a esta situación, me gustaría introducir cuatro puntos muy breves para la reflexión:

  1.  Ante la inmensa gravedad de la pandemia, los organismos e instituciones internacionales y los Estados nacionales deberían llegar a un acuerdo para la fabricación, comercialización, transporte y distribución de todas las vacunas. Es imprescindible que todas las vacunas lleguen por igual a todas las poblaciones del mundo (ricos y pobres) en el menor tiempo posible. Se debe actuar como en tiempos de guerra. Hoy es inaudito que cuatro empresas controlen la propiedad y las patentes de las vacunas contra la covid-19.
  2. Dominio 100% público de los medios y recursos sanitarios que son del Estado. Las organizaciones políticas, sociales y sindicales deberían comprometerse a iniciar un proceso conjunto de reversión del patrimonio público en manos privadas. Hoy el 60% de los presupuestos de la Comunidad de Madrid están destinados a la sanidad, de ese porcentaje cerca del 20% se va a la privada (sin contar los gastos de farmacia). Es necesario trabajar hacia un plan de transferencias cero de lo público a lo privado. De esa manera se podrá utilizar el presupuesto público para recursos humanos en atención primaria y especializada que es lo más urgente y lo que verdaderamente se necesita.
  3.  Establecimiento de protocolos claros sobre el uso de nuevas tecnologías médicas, en particular las que se quieran aplicar en sustitución de la atención directa del profesional con el enfermo. Ninguna llamada telefónica (y mucho menos de una empresa privada) puede reemplazar el contacto humano que tradicionalmente se da en la atención primaria.
  4. Estas reflexiones no pasarán de la pantalla de un ordenador si no conseguimos que la sociedad en su conjunto se involucre, como otras tantas veces, en la defensa de la sanidad pública y universal. Nuestros valores basados en la solidaridad y la cooperación no sirven de nada si la gente no se moviliza y participa. En ese sentido es fundamental que las trabajadoras y trabajadores sanitarios se pongan delante de esta lucha. Es en beneficio suyo y de toda la sociedad. En estos tiempos la historia ha querido que la lucha por la salud pública ocupe un papel estelar. Miles y miles de profesionales de la salud están haciendo un esfuerzo enorme por mantener en pie el sistema público. La unidad de acción entre estos profesionales y el conjunto de la población es el camino para defender una sanidad pública, universal y de calidad.

15/01/2021

Por Jesús Jaén

16 enero 2021

Jesús Jaén es miembro del Movimiento Asambleario de las Trabajadoras/es de la Sanidad (MATS)

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La privacidad de los datos ante la corporación Facebook

Con más de 1.000 millones de usuarios/ciudadanos en 180 países, WhatsApp (WSP) es la aplicación de mensajería preferida de todo el mundo. ¿Por qué? Bueno porque las funcionalidades de la aplicación aportan sencillez a las personas que organizan sus redes sociales, laborales, personales, etc. ¿Además es gratuito? Bueno en principio parece, pero ya las compañías de telecomunicaciones europeas están cobrando a WSP las comunicaciones IP (Internet Protocolo). Otra novedad es que el celular se utiliza poco como teléfono, ahora llamada o video llamadas por WSP / IP, si le sumamos el boca a boca de “pásame tú WSP” los propios usuarios/ciudadanos fuimos promoviendo su uso para alcanzar la cifra citada.

Pero nosotros no pagamos por su uso, eso sí entregamos nuestros datos de perfil y nuestros datos (textos, audios, imágenes y videos) del chat. Este es el punto para reflexionar como ciudadanos consumidores sobre el territorio digital nuestros derechos y privacidades ante las nuevas disposiciones de WSP que serán aplicadas a partir del próximo 8 de febrero.

Es una oportunidad para que busquemos independencia, cuidemos nuestros datos y comencemos lentamente a emanciparnos.

La adquisición de WhatsApp por parte de Facebook en 2014 suscitó preocupación entre los expertos en privacidad y aquellos usuarios/ciudadanos preocupados por la seguridad de sus datos; después de todo, Facebook y sus aplicaciones de terceros se han visto envueltos en múltiples situaciones de seguridad, en las que se filtró gran cantidad de información privada de los usuarios/cuidadnos como los casos del Brexit y elección de Trump y Cambiemos en Argentina. La compra de WSP terminó con su eslogan de ser una aplicación independiente, dedicada a crear y mantener un servicio de mensajería seguro.

Recientemente, Facebook anunció que a partir del 8 de febrero los usuarios de la aplicación deberán aceptar las nuevas condiciones para el uso de WSP. Es que el Big data se ha convertido en una producción de información que genera mucho dinero. Por lo cual Facebook va a combinar tres plataformas distintas de mensajería: Facebook Messenger, WhatsApp e Instagram, haciendo convergente los contenidos que circulan en cada una de modo de integrar los datos en una única plataforma para aplicar los métodos y modelos del Big data.

Los términos y condiciones establecen que a partir de ahora WSP compartirá información personal del usuario/ciudadano con Facebook y otros servicios que maneja el grupo de Mark Zuckerberg. Las actualizaciones y su aceptación, permite que el servicio de software recolecte contactos, datos comerciales cuando se usa Facebook e, inclusive, la IP, dirección geográfica del usuario/ciudadano, información sobre cómo el usuario /ciudadano interactúa con los demás, incluyendo empresas. “Aunque no uses nuestras opciones relacionadas con la ubicación, usamos la dirección IP y otra información, como los códigos de área de números de teléfono, para estimar cuál es tu ubicación general (por ejemplo, ciudad y país). Además, señala el texto de privacidad, que no solo recopilará información del usuario/ciudadano principal, sino también de sus contactos o terceras personas. Apunta que serán reunidos cuando los otros cibernautas tengan interacción con el usuario principal, como conversaciones en grupos, reportes o por los proveedores de servicios de otras empresas distintas a Facebook.

La privacidad de los datos nos pone a los ciudadanos/usuarios de las aplicaciones mencionadas, en pensar si aceptamos y continuamos siendo usuarios o rechazamos y nos mudamos a destinos de software como Signal o Telegram. Arthur Messaud, abogado de La Quadrature du net, asociación francesa que defiende a los usuarios de internet, dijo que «si la única forma de rechazar (la modificación) es dejar de usar WhatsApp, entonces el consentimiento es forzado ya que el uso de datos personales es ilegal».

Esta actualización no afectará a los usuarios/ciudadanos europeos, según un comunicado que Facebook difundió el pasado 8 de enero, en el que dice que no habría cambios en la «región europea», que cubre la UE, el Espacio Económico Europeo y Reino Unido. «Para evitar cualquier duda, sigue siendo cierto que WhatsApp no comparte los datos de sus usuarios de la región europea con Facebook con el propósito de que Facebook use estos datos para mejorar sus productos o anuncios», señala Facebook y agrega que no usa la información de WSP para ese tipo de propósitos en Europa, debido a que, en los últimos años, los organismos europeos de protección de datos han decretado estrictas regulaciones de privacidad en Europa.

13 enero 2021 | Sin categoría, Tecnología

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Shoshana Zuboff: "Las grandes tecnológicas de Silicon Valley han dado un golpe de Estado contra la humanidad"

Este año, las grandes empresas tecnológicas se enfrentan a importantes batallas judiciales tanto en Estados Unidos como en Europa. Responderán, entre otras cosas, por la desinformación y por su situación de monopolio. Esta socióloga fue una de las primeras voces que nos advirtió del enorme poder de estas compañías. Y ya es considerada una de las personas más influyentes de este siglo.

 

Silicon Valley ha perpetrado un golpe de Estado contra la humanidad. Así lo cree la socióloga y economista estadounidense Shoshana Zuboff. «Se ha hecho sin que nos percatemos y sin sangre».

Zuboff explica que los usuarios de la tecnología ya no son meros clientes, sino la materia prima de un nuevo sistema industrial; a los que se exprime para extraer sus datos, hacer predicciones sobre su conducta y vender productos a terceros. Este es el hilo conductor que recorre La era del capitalismo de vigilancia (Paidós), considerado ya como uno de los libros más influyentes de este siglo. A Zuboff se la compara con el economista Thomas Piketty, que alertó de que la creciente concentración de la riqueza es inevitable si no se modifica el sistema, pero, a diferencia de Piketty, Zuboff concita el aplauso del Financial Times y The Wall Street Journal.

XLSemanal. Hay una idea muy potente en su libro y es que nuestras vidas digitales no tienen por qué ser como son ahora, que podrían, y deberían, ser de otra manera…

Shoshana Zuboff. No solo me refiero a lo que hacen Google o Facebook, sino a toda una lógica económica que condiciona muchos aspectos de nuestras vidas. El capitalismo de vigilancia demanda nuestra atención continua con técnicas de persuasión y de ingeniería de la conducta que antes habían sido probadas y perfeccionadas por las empresas de juego, porque cualquier casino sabe que no hay nada más rentable que un adicto. Y el capitalismo de vigilancia se agarra al poder de muchas formas. Una de ellas es la retórica. Ha aprendido a confundir a todo el mundo durante veinte años. Cuando te quejas de algo de lo que hacen, ellos te responden que es la consecuencia inevitable de la tecnología digital.

¿Y no lo es?

S.Z. Para nada. Le pondré un ejemplo. Cuando el público descubrió que Google se quedaba con todos esos datos de nuestras búsquedas, Eric Schmidt –el antiguo CEO– reconoció que era verdad que los motores de búsqueda retenían información. ¡Pero eso es retórica! Porque en el fondo está diciendo: «Hey, no soy yo; es la máquina». Y no es verdad. Son ellos los que se quedan con los datos para alimentar a la inteligencia artificial y hacer predicciones.

¿No es un peaje razonable a cambio de un servicio gratuito?

S.Z. Es que estamos hablando de dos cosas totalmente diferentes. Una es la tecnología digital. Y otro es la lógica económica basada en extraer datos en secreto, apropiárselos y venderlos. Esa lógica económica no puede sobrevivir sin lo digital, pero es muy fácil imaginar la tecnología digital sin capitalismo de vigilancia.

Perdone que sea un aguafiestas, pero a estas alturas dudo de que sea fácil…

S.Z. En 2000, un grupo de ingenieros de Georgia Tech diseñó un proyecto que llamaron Aware Home, un precedente de lo que hoy conocemos como ‘hogar inteligente’: con teleasistencia para ancianos, eficiencia energética… Pero los datos circulaban en un bucle cerrado. Los aparatos de la casa le proporcionaban información exclusivamente a los que residían en ella. Porque son datos muy privados. Esa tecnología era respetuosa. Pues bien, pasó el tiempo, y en 2017 dos expertos legales de la Universidad de Londres analizaron algunos altavoces inteligentes, tipo Google Home (o Nest), de los que puedes poner en tu salón. Y calcularon que un consumidor informado debería revisar un mínimo de mil contratos de privacidad, porque ese dispositivo recoge datos de lo que hablan los inquilinos, en qué habitación están, los ruidos… Y se comunica a su vez con otros aparatos inteligentes de la casa. Y envía esos datos a Google. Y Google los vende a terceros. Y estos los revenden…

No hace falta comprarse un altavoz, mucha gente se va a la cama con el móvil. Y es lo primero que consulta cuando se levanta.

S.Z. No queda ahí la cosa. Google dice que no asume ninguna responsabilidad de lo que hagan esos terceros con los datos. Y cada contraparte dice lo mismo. Así que hay cientos de compañías que tienen un dominio completo sobre tus datos. Toman lo que quieren y lo usan como quieren, sin transparencia y sin control. Y esto viene a cuento porque hace 17 años teníamos un futuro prometedor: un hogar inteligente para vivir mejor. Y esa idea ha sido traicionada. Y en nuestro hogar, que debería ser un santuario, no solo entran Google, Apple, Amazon y Facebook, entran cientos de compañías que no conocemos. No puedes cerrar la puerta de tu casa. Y, aunque la cierres, da igual porque ya están dentro. Y esto no debería ser así; se nos ha impuesto de manera unilateral, ilegítima y secreta. Pero no es inevitable.

Muchos niños manejan el móvil mejor que sus padres. ¿De verdad cree que se le puede dar la vuelta a esto?

S.Z. Sí, pero va a llevar algún tiempo… Si hubiéramos estado los últimos veinte años intentándolo y no lo hubiéramos conseguido, sería pesimista, como usted, pero la verdad es que no lo hemos intentado. El capitalismo de vigilancia ha tenido barra libre. La democracia se ha dormido al volante. Tenemos una oportunidad porque ahora conocemos sus peligros. Es hora de remangarse y hacer una labor crucial para nuestro futuro y el de nuestras democracias.

¿Pero estamos por la labor?

S.Z. A principios del siglo XX había niños trabajando en las fábricas. Las grandes compañías tenían todo el poder en Estados Unidos. Ni los trabajadores ni los consumidores podían enfrentarse a ellas. Sus abogados ganaban todos los pleitos. Pero fuimos capaces de utilizar la democracia, la ley y la política para crear nuevos derechos y contener los excesos del capitalismo industrial. Y ¿sabe qué? La segunda mitad del siglo XX fue muy próspera en muchos países. Nada es perfecto, pero ahora tenemos una oportunidad similar. Entramos ahora en una década en la que se va a decidir el futuro del siglo XXI. Y creo que veremos emerger un paradigma nuevo que va a poner freno o, por lo menos, a limitar los aspectos más perniciosos del capitalismo de vigilancia. Y creo que será necesario que algunas de sus actuaciones se ilegalicen porque son conductas criminales.

Ya se está investigando a las grandes tecnológicas. Mark Zuckerberg y Jeff Bezos han tenido que responder ante el Congreso, pero de ahí a considerarlos delincuentes va un trecho.

S.Z. Yo considero a los ejecutivos de Silicon Valley como emperadores. Ejercen un poder que no da cuentas a nadie. No queremos a estos ejecutivos poderosos a los que les importan un bledo nuestras vidas, que son radicalmente indiferentes a los problemas reales de la gente. ¡No los queremos!

¿Cómo convence a la gente de que Google o Facebook son peligrosos, aunque nos hagan la vida más fácil?

S.Z. No creo que tenga que convencer a nadie. Recientemente se ha publicado una gran encuesta en Estados Unidos. Se les preguntó a los norteamericanos si los riesgos de que las compañías recopilen sus datos eran mayores que los beneficios. Y es la primera vez que el 81 por ciento considera que los riesgos exceden a los beneficios. Es un punto de inflexión. Estábamos acostumbrados a preocuparnos por cómo manejan nuestros datos los gobiernos y no tanto las corporaciones, pero ahora las cosas han cambiado.

Pero entre los ganadores de la pandemia están las tecnológicas. Bezos ha duplicado su fortuna desde marzo y es el ser humano más rico de la historia.

S.Z. Las encuestas detectan otra tendencia. El 84 por ciento de los norteamericanos no confían en que las compañías que poseen las redes sociales arreglen los problemas que han creado. Y un estudio global de Pew Research señala que once países consideran que la desinformación es la mayor amenaza contra la democracia. Lo que estamos viendo es una pérdida de fe en estas corporaciones. La gente ahora se moviliza. Ve el riesgo.

¿Qué hay de malo en que Netflix y Amazon conozcan nuestros gustos y nos recomienden libros o series?

S.Z. Los gigantes tecnológicos quieren que creamos que la privacidad es privada. Que nosotros tenemos el control de lo que queremos exponer y lo que no. Yo les doy unos pocos datos a Facebook a cambio de un servicio que es gratis.

Se supone que ese es el trato, ¿no? Las condiciones de servicio que pocos leen y casi todos aceptan para tener correo, mapas, hacer búsquedas, compartir fotos…

S.Z. Pero lo que hemos aprendido es que, cada vez que consentimos darles datos, ellos toman muchos más de los que creemos. Si publicas algo en Facebook, no les importa lo interesante o veraz que pueda ser, pero lo desmenuzan. Examinan si usas signos de admiración para sacar conclusiones sobre tu estado emocional. Porque las emociones son comportamientos fáciles de predecir. Y muy rentables. La inteligencia artificial de Facebook examina billones de esos datos cada día y es capaz de producir seis millones de predicciones por segundo. Y muy pocos de esos billones de datos los damos a sabiendas ni por propia voluntad. Los cogen sin que nos enteremos. Cada vez que utilizamos las redes sociales, alimentamos a un sistema cuyas asimetrías de poder y de conocimiento están minando nuestras democracias y aumentando la desigualdad.

¿A qué se refiere cuando habla de asimetrías?

S.Z. A que hay una gran diferencia entre lo que ellos saben de nosotros y lo que nosotros sabemos de ellos; entre lo que podemos hacer y lo que ellos nos pueden hacer. El conocimiento y el poder son inextricables.

Siempre lo han sido…

S.Z. Pero ahora vemos, por ejemplo, que el sistema de reconocimiento facial de Microsoft, desarrollado con fotos de Facebook, no se utiliza solo con propósitos académicos, como nos habían contado, sino que Microsoft lo vendió a clientes militares, incluido el Ejército chino, que mantiene a los uigures musulmanes sometidos a una vigilancia constante. Nuestras fotos de Facebook están sirviendo para encarcelar a gente inocente en una campaña genocida contra una minoría religiosa. No es algo trivial. Estamos exponiendo no solo a nuestra sociedad, sino a todas las sociedades, a estos sistemas. Y la gente empieza a entenderlo. Es un desafío político y legal. Nos están robando una parte de nuestras vidas sin nuestro permiso. Tenemos que parar esto. Y creo que podemos.

 

Por Carlos Manuel Sánchez / Fotografía: Bernd Von Jutrczenka

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