Extractivismo y soberanía en América Latina

Pese a los avances en materia de redistribución de la renta, la base productiva sobre la que los gobiernos progresistas han asentado sus políticas coarta la posibilidad de avanzar en transformaciones de raíz.

Quizás uno de los puntos del balance crítico del ciclo progresista sobre el que más consenso existe sea su contradicción entre el impulso de políticas que apuntan a la recuperación de la soberanía y el modelo económico centrado en el extractivismo y la exportación de materias primas que les subyace. Pese a los avances en materia de redistribución de la renta, la base productiva sobre la que los gobiernos progresistas han asentado sus políticas coarta la posibilidad de avanzar en transformaciones de raíz. Sobre estos y otros temas conversamos con Sabrina Fernandes, Eduardo Gudynas, Michael Löwy y René Ramírez Gallegos.

Sabrina Fernandes es doctora en Sociología por la Universidad de Carleton (Canadá) y editora de Jacobin Brasil. Eduardo Gudynas es investigador en el Centro Latino Americano de Ecología Social (CLAES). Su último libro es Transiciones. Post extractivismo y alternativas al extractivismo en PerúMichael Löwy es director de investigaciones del Centre National de la Recherche Scientifique (CNRS). Autor de Ecosocialismo, La alternativa radical a la catástrofe ecológica capitalista, entre otros libros. René Ramírez Gallegos es economista, especializado en políticas públicas sociales, desigualdad, pobreza. Fue Secretario de Educación, Ciencia y Tecnología del Ecuador, durante el gobierno de Rafael Correa.

TR

Los gobiernos progresistas de las últimas décadas han hecho algunos importantes avances en materia de «políticas soberanistas»: de la banca, del gasto público, de la política externa, etc. Sin embargo, en materia socioambiental han sido cuestionados desde variados ángulos. Tal vez el asunto más espinoso es qué tipo de soberanía han podido —o pretendido— promover con un modelo económico centrado en la extracción y exportación de materias primas, es decir, en una base productiva que, como se ha señalado, conduce más a la profundización de la dependencia que a una ampliación de la soberanía. ¿Cuál es su lectura del tipo de desarrollo emprendido durante el llamado «ciclo progresista»?

Michael Löwy

El principal logro de los gobiernos progresistas ha girado en torno a la redistribución de la renta, con medidas sociales a favor de las capas mas pobres de la población. Aquí es necesario distinguir entre dos tipos de gobiernos progresistas: los «social-liberales»  (como Brasil y Uruguay), que desarrollaron una importante política social pero sin cambiar el modelo neoliberal, y los antimperialistas (Venezuela y Bolivia), que se han enfrentado con la oligarquía y el imperialismo buscando alternativas soberanistas. En ambos casos nos encontramos, sin embargo, con un modelo de desarrollo basado en la extracción y la exportación de materias primas, que ha llevado a una nueva forma de dependencia en relación al mercado internacional.

Además, el extractivismo es negativo desde otros puntos de vista: en primer lugar, es contradictorio con la soberanía alimentaria, que exige una producción de alimentos para el mercado interno y no productos de exportación. En segundo lugar, muchas veces tiene consecuencias ambientales sumamente negativas para las poblaciones locales indígenas o campesinas. Y tercero, en el caso de la extracción de energías fósiles —en particular el petróleo— contribuye al catastrófico proceso planetario de cambio climático.

Los gobiernos progresistas sin dudas han adoptado medidas sociales importantes en términos de redistribución social. Pero no han cuestionado el modelo económico capitalista exportador. Cierto, es difícil para países como Ecuador, Venezuela o Bolivia cesar de un solo golpe la producción de petróleo o gas. Pero existen medidas intermedias, como la propuesta del Parque Nacional Yasuni impulsada por el gobierno de Rafael Correa en Ecuador (aunque después la abandonó): en una región de bosques de alta biodiversidad, dejar el petróleo bajo tierra exigiendo una indemnización a los países ricos. Este proyecto era el símbolo de una opción radical: preferir la naturaleza al mercado, la vida a la ganancia. Los países capitalistas industriales no se entusiasmaron por el proyecto, no solo porque nada tiene que ver con los «mecanismos de mercado» donde tienen su preferencia, sino porque temían el efecto estimulante de esta iniciativa: otros países podrían plantear propuestas similares…

Eduardo Gudynas

La evaluación de las estrategias de desarrollo del progresismo está demostrando no ser sencilla. Al interior de los países se las reclama, pero a la vez hay muchos protagonistas de ese ciclo que las entorpecen, sea por su sincera convicción de haber hecho lo correcto como por la intención de ocultar errores. Las  recientes campañas electorales, por ejemplo en Bolivia y Ecuador, las condicionaron aún más, porque las energías estaban puestas en volver a ganar el gobierno. Pero sobre ello se superpone un entramado de opiniones y analistas transnacionalizados, tanto desde dentro de América Latina como desde fuera, que abusan de simplificaciones y eslóganes.

Por ejemplo, me dices que los progresismos lograron «políticas soberanistas» en la banca y en otros sectores. Ese tipo de dichos son muy comunes, en especial en el Norte Global. Pero están algo equivocados. En realidad, bajo los progresismos la banca privada vivió un paraíso: aumentó su cobertura sobre la población y se diversificó la financiarización. Esto ocurrió bajo los gobiernos de Correa en Ecuador, de Lula da Silva en Brasil o del Frente Amplio en Uruguay, entre otros. Así se explica la bancarización obligatoria en Uruguay o la expansión de la financiarización a sectores como el consumo popular, la educación o la salud en Brasil.

En realidad, los progresismos estuvieron repletos de claroscuros. Tuvieron avances, estancamientos y retrocesos dentro de cada sector. Hay que celebrar que redujeron la pobreza y la marginalidad, porque eso dio alivio a millones de familias; pero no por ello hay que dejar de reconocer las limitaciones que tuvieron en su marcada dependencia de las ayudas monetarias condicionadas a los más pobres o del crédito para el consumo popular. También hay que felicitar sus inversiones en infraestructura, que por ejemplo en Ecuador son evidentes en sus carreteras y puentes. Pero al mismo tiempo debemos comprender que mucho dinero se perdió dentro de los laberintos estatales, sea por medios lícitos pero ineficientes como también por la corrupción.

Esas contradicciones se debieron a que los progresismos —en términos generales y muy esquemáticos— se orientaron hacia una variedad de capitalismo que buscó capturar una mayor proporción de excedente para intentar una redistribución económica. Pero apeló a prácticas concretas que, como los extractivismos y el consumo de masas, requerían su subordinación al capital. Y ello ocurrió por varias vías: blindaron al sector financiero, profundizaron la exportación de materias primas, captaron la inversión extranjera y se adhirieron plenamente a la institucionalidad global (como la Organización Mundial del Comercio).

Tal funcionamiento se dio por medio de delgados equilibrios en los que los Estados progresistas buscaban, por un lado, regular al capital, y por otro debían ceder ante él. Esos equilibrios eran inestables, pero mientras los precios de las materias primas fueron altos el excedente apropiado pudo sostener las medidas de compensación y amortiguación. Cuando cayeron los precios de los commodities, tal cosa dejó de ser posible. Y, peor aún, ello ocurrió al mismo tiempo que la capacidad de renovación política del progresismo se agotó.

René Ramírez Gallegos

La superación del modelo extractivista, y con ello de la acumulación como tal, siempre ha sido el horizonte. Pero lo fundamental es no perder la noción de temporalidad: primero, porque es un debate que no puede dejar de lado la subjetividad; segundo, porque hay reformas del presente y reformas transicionales que apuntan al cambio cuantitativo (como la satisfacción de las necesidades) y al salto cualitativo (como la trasformación hacia la sociedad del «buen vivir»).

Bajo esta perspectiva, es necesario señalar que «otra acumulación» (que incluye la «no acumulación» como horizonte) implica y requiere que exista mucha acumulación el día de hoy (obviamente, con fines ecosociales). Esto no es algo que le guste oír a cierta izquierda. Pero vivimos dentro del capitalismo, y si bien el horizonte es superarlo, debemos pensar la «gran transición» para esa «gran transformación estructural». No pensar el puente temporal es escribir ciencia ficción.

La opción de trasformación social debe ser sostenible en el tiempo, porque acumular para el beneficio social a gran escala toma décadas pero dilapidar la acumulación para beneficio de pocos es muy fácil (y así se vio o se ve en los gobiernos neoliberales de Bolsonaro, Macri o Moreno). La opción que tenían los gobiernos progresistas para esa acumulación eran los recursos naturales. Y aquí hay que preguntarse al menos dos cosas: ¿la acumulación que obtuvieron de la explotación de recursos naturales sirvió para la redistribución de ingresos y la democratización de derechos? Claramente, sí. Según la CEPAL, bajo los gobiernos progresistas hubo una clara reducción de la pobreza, la desigualdad y la cobertura de derechos sociales. En segundo lugar, cabe preguntarse si los recursos que obtuvieron se destinaron para un cambio en la matriz productiva (el modo de producción). Desde mi punto de vista, no lo suficiente. En ciertos países, incluso, ni siquiera se discutió la necesidad de una transformación de este tipo.

Más allá de la coyuntura política, todas las economías latinoamericanas siguen compartiendo ciertas características centrales: los sectores económicos predominantes se basan en la extracción de recursos, la agricultura de monocultivo y la manufactura de bajos salarios; en términos de empleo, la región está marcada por un gran sector informal, así como por la práctica arraigada de precarización y tercerización, lo que resulta en una clase obrera que trabaja en la precariedad extrema sin una red de seguridad social; y en cuanto a su inserción en el sistema mundial, la región se encuentra en un lugar de dependencia caracterizado por las exportaciones de bajo valor agregado, la plena integración a los mercados globales y altos niveles de deuda soberana. ¿Qué ha revelado la pandemia y la crisis económica respecto al modelo de acumulación de la región? ¿Qué enfoque debe orientar la recuperación latinoamericana y a qué escala debe concebirse e implementarse?

Sabrina Fernandes

La pandemia ha revelado que las clases capitalistas del continente no tienen ningún pudor en su ánimo de maximizar sus lucros cuando la población más pobre vive el riesgo diario de morir, sea de hambre o de COVID. Con el aumento de la informalidad del empleo y de la pobreza, esperamos que las organizaciones de izquierda en todo continente perciban de una vez por todas que el actual modelo de desarrollo nos mantiene vulnerables y que no es posible derrotar a la derecha sin políticas más radicales.

Nuestra historia es una historia de golpes e intervenciones imperialistas. La memoria del ataque a Salvador Allende, por ejemplo, sigue viva a modo de aviso melancólico de que «no podemos demandar mucho». Ese es un camino peligroso de aceptación del sistema capitalista. Pero entonces, ¿qué hacer? Primero, comprender que la burguesía se fortalece cuando puede gobernar tanto con la derecha como con la izquierda. El golpe contra el gobierno de Dilma Rousseff, en ese sentido, fue un golpe doble: vino de afuera (como sabemos, por la influencia de Estados Unidos) pero también de dentro, de los mismos grupos aliados de los gobiernos de Dilma y de Lula un poco antes.

Por otro lado, es necesario convencernos de que los gobiernos de izquierda deben invertir mucho más en un proyecto de cambio ecológico como fuerza para la creación de nuevos empleos, en una red lo más autónoma posible de energía, así como en los caminos para una reforma agraria agroecológica. Las inversiones deben ser públicas, estatales o comunitarias: muy diferentes de los acuerdos desarrollistas, que estimulaban proyectos de 20 o 30 años de lucro para corporaciones que ni siquiera aseguran un buen servicio.

Para que la recuperación no sea más que un nuevo paquete de estímulos económicos en el capitalismo, las organizaciones sindicales deben ser incluidas en el proceso de planeamiento, así como la comunidad de profesores e investigadores deben opinar sobre cambios importantes en los contenidos de las universidades y de la dirección de investigación y desarrollo tecnológico. Y esa inversión con dinero público debe incluir también a las comunidades, ya que ellas son más aptas para saber si el problema local de hambre se soluciona mejor con jardines comunitarios o más comida en la escuela de los niños.

EG

La crisis actual se superpone sobre varias crisis que ya estaban en marcha en 2019 y antes. A su vez, si bien hay semejanzas, también las diferencias entre los países son muy importantes. No es lo mismo lo que ocurre, por ejemplo, en Brasil, que lo que sucede en Chile, en México o en Colombia. Tras esa advertencia, puede decirse que se observan distintos grados de colapso, derrumbe o miserias en la política y en el papel de los gobiernos. En unos casos eso es extremo, como se observa con la inacción y autoritarismo de Jair Bolsonaro en Brasil. Sin llegar a ese nivel, otras situaciones son también dramáticas; es el caso, por ejemplo, de Perú, en donde mientras avanzaban los contagios se derrumbaba la política de partidos.

En esa desesperación, los gobiernos recurren otra vez a los extractivismos como vía para paliar la crisis económica. Todos los países de América del Sur, sin excepción, intentan aumentar sus exportaciones de materias primas y al mismo tiempo sumar nuevos sectores (como la minería de litio o la expansión de los monocultivos transgénicos).

RRG

La pandemia del COVID-19 exige un cambio radical en los sistemas alimentarios de carácter agroindustrial, única manera de reducir o eliminar la posibilidad de nuevas zoonosis. Esto fue advertido hace mucho tiempo por los movimientos ecologistas. Asimismo, la importancia del rol de las mujeres en la reproducción de la vida ha sido parte de las luchas de los movimientos feministas. Más aún: todo el modelo de relación entre los seres humanos y la naturaleza debe transformarse, porque es el imperativo de la acumulación el que ha conducido a la depredación del entorno y a los desequilibrios ecológicos que permiten la pandemia actual.

Si bien la región tiene que consolidar un Estado de bienestar que ponga por delante lo público y lo común frente a lo privado o lo mercantil, conseguirlo no conduce a superar los problemas que plantea la pandemia. Dejar de ser «periferia» y conseguir ser parte del «centro» no es la solución para los países de nuestra región. Europa, siendo el continente con mayores niveles de bienestar del mundo, no ha escapado a los impactos de la pandemia.

El objetivo debe pasar por construir alternativas al desarrollo. Porque el desarrollo tal cual lo conocemos nos lleva a profundizar la crisis sanitaria, y este tipo de amenazas se volverán cada vez más frecuentes en el mundo.

TR

Más allá del momento de la recuperación, ¿cuál es el horizonte político de la izquierda? Si entendemos la pandemia del COVID-19 como la primera gran crisis ecológica a escala mundial, ¿será que llegó la hora de un paradigma que aborde de manera más explícita los problemas —entrelazados— de la extracción de recursos, el daño ecológico y el cambio climático? En otras palabras, ¿es hora de avanzar del «socialismo del siglo XXI» hacia la discusión sobre el ecosocialismo, sobre un nuevo pacto ecosocial, una economía democrática verde o alguna otra formulación? ¿Cómo definen su visión de una alternativa radical al modelo económico imperante, y cómo creen que se podrían articular las conexiones fundamentales entre la economía y la naturaleza?

SF

Vivimos en un momento frágil de la izquierda revolucionaria, y la derecha sigue avanzando sobre nuestro continente. No podemos simplemente esperar al momento de la revolución, porque el riesgo de llegar demasiado tarde es grande. Un gran pacto ecosocial o un nuevo acuerdo verde, cualquiera sea el nombre de un proyecto serio de descarbonización arraigado en la justicia social, debe ser parte de la construcción del ecosocialismo en América Latina.

Pero un pacto no será suficiente, y los ecocapitalistas lo saben e intentan apropiarse de las discusiones sobre la inversión y las políticas alrededor de ello. Entonces la tarea es empujar medidas de descarbonización enfocadas en el sector público junto con un proyecto de autonomía energética e inversión tecnológica. Un nuevo ciclo progresista podría ser capaz de hacerlo. La izquierda más radical debe partir de esa base para trabajar sobre las consciencias de la clase trabajadora rumbo a una ruptura secular. Y solo el ecosocialismo presenta la posibilidad de una síntesis entre los debates del posextractivismo, la descarbonización, el derecho a la ciudad, al buen vivir, el ecofeminismo, la soberanía y el internacionalismo, el antirracismo y el decrecimiento, para que el socialismo del siglo XXI sea más que una expresión y se transforme en una realidad concreta.

RRG

Los paradigmas no nacen de grandes think tank, sino de luchas históricas, de procesos democráticos, de resistencias creativas. Pero se necesitan marcos de análisis que acompañen y otorguen herramientas para esas grandes disputas civilizatorias. En Ecuador, en un movimiento constituyente entre 2007 y 2008, el pacto social que se denominó «del buen vivir» o Sumak Kawsay surgió del intelecto social colectivo. Desde mi perspectiva, esta propuesta va más allá del denominado «socialismo del siglo XXI» e incluso del ecosocialismo: es una propuesta nacida de un amplio proceso constituyente.

Se trata de una propuesta de cambio social epistémico y es, retomando lo anterior, una alternativa social al desarrollo. No surgió de ninguna cabeza, de ningún think tank. Tiene sus raíces en un frente social antineoliberal que fue canalizado en un proceso constituyente, el cual se nutrió de los saberes ancestrales de pueblos originarios, del feminismo, de la economía social y solidaria, del ecologismo, de las luchas de los estudiantes, de las clases medias, de los pobres, etc. Este marco analítico plantea que el concepto del «buen vivir» o vivir bien debe ser leído desde lo que consagra el pacto de convivencia firmado por los ecuatorianos en la Constitución de 2008. Algo similar sucedió en Bolivia, en tanto se construyó un proceso constituyente con paradigmas alternativos.

TR

Las políticas públicas, por supuesto, no surgen en el vacío ni son concedidas libremente por élites políticas. Los Estados son condensaciones de la lucha de clases, y las políticas que promulgan reflejan el equilibrio de poder imperante en la sociedad en general. Dadas sus respuestas anteriores, ¿cómo podría producirse tal cambio de paradigma? ¿Qué actores colectivos, fuerzas de clase y movimientos sociales están preparados para actuar como protagonistas en la próxima batalla por el modelo de recuperación económica y social, y más allá? ¿Qué alianzas y bloques podrían reunir a grupos distintos en una fuerza con potencialidad hegemónica, capaz de transformar el modelo de acumulación imperante?

RRG

Un problema gravitante en estas dos décadas del siglo XXI es que en América Latina se ha dado un proceso de desindustrialización con la transición a una sociedad centrada en el sector de servicios, muchas veces deslocalizados (esto en el marco de una economía heterogénea, informal, con altos niveles de subempleo). Esto complejiza mucho más la lógica de acción colectiva alrededor de las luchas por un trabajo digno.

Hace un par de semanas leí un tuit que, siguiendo a Chico Mendes, decía: «el ecologismo sin lucha de clases es jardinería; el feminismo sin lucha de clases es la guerra de los sexos; el anticolonialismo sin lucha de clases es (potencial) fascismo». Claro está que la lógica también debe ser leída al revés; es decir, no se debería pensar lucha social sin lucha feminista, ecologista o poscolonial, como tampoco ecologismo sin lucha feminista, etc. Lo que se necesita es la convergencia de todas estas luchas sociales. La forma que adopte la convergencia depende de cada contexto: en Argentina, por ejemplo, viene protagonizada por los trabajadores y las mujeres; en Ecuador, ahora, por el movimiento indígena. Y estos sectores deberán articular con los movimientos políticos que disputan electoralmente el Estado, porque la contienda debe ser tanto en el ámbito social como estatal.

ML

Actualmente, pienso que las fuerzas mas activas en la lucha por un cambio de paradigma en América Latina son la juventud, las mujeres, los campesinos y las comunidades indígenas. Movimientos como Vía Campesina cumplen un papel muy importante, porque procuran asociar la lucha campesina por la tierra con una perspectiva ecológica. Y las comunidades indígenas están en la primera línea del combate al extractivismo, en defensa de los bosques y los ríos. «¡Agua sí, oro no!» es la consigna de campesinos e indígenas de Perú en contra de la minería de oro que envenena los ríos. Muchas veces son las mujeres las más activas en estas movilizaciones, incluso a costa de sus propias vidas, como Berta Cáceres en Honduras.

Sin embargo, no lograremos crear una fuerza hegemónica capaz de romper con el modelo dominante sin el apoyo de la clase trabajadora, del proletariado del campo y de la ciudad. Necesitamos también incluir  a los intelectuales, a los artistas, a los cristianos de la liberación y a la masa del «pobretariado», los excluidos del sistema. La tarea fundamental de la izquierda socialista es organizar este bloque de clases y capas sociales. Y hacerlo desde abajo: en los barrios, las fábricas, las escuelas, el campo, los bosques. Comenzando por demandas concretas e inmediatas, como el no al pago de la deuda externa, la reforma agraria, etc., pero tratando de dar impulso, en el mismo movimiento, a una dinámica antisistémica, anticapitalista.

TR

Por último, ante la posibilidad de un nuevo superciclo de commodities y con el retorno de varios gobiernos progresistas, ¿qué consejo ofrecerían a los gobiernos de izquierda o centroizquierda —tanto actuales como futuros— de la región? ¿Cómo deberían orientarse en un contexto de crisis multidimensional, en el que otro auge de los commodities puede traer consigo una mayor presión para expandir la frontera agrícola y extractiva? ¿Cómo podrían cambiar sus economías nacionales para hacer una transición hacia la energía renovable, una mayor protección social, una agricultura regenerativa y otras alternativas económicas al extractivismo? ¿Se podría financiar una transición de este tipo? ¿Es posible forjar un camino en este sentido sin la coordinación de los gobiernos de todo el Sur Global para poner fin al régimen de deuda y austeridad impuesto por las instituciones financieras?

SF

Si no hay socialismo en un solo país, tampoco puede haber ecosocialismo, dado que este reconoce que para la naturaleza no hay fronteras. Por otro lado, es peligroso que el progresismo vea un nuevo superciclo de commodities como una ventana de posibilidad para más inversión en los sectores extractivistas, en colaboración con los grandes capitalistas.

No debemos abandonar nunca la lucha por distribución justa de la propiedad de tierra y los derechos originales y tradicionales a los territorios. Los gobiernos de izquierda deben comenzar por arreglar la enorme desigualdad en el acceso a la tierra si realmente quieren evitar que el superciclo resulte en más concentración de riquezas y bienes. Y eso también se relaciona con la discusión sobre el mercado financiero y el papel que cumple en garantizar ganancias con las commodities, cuando las diferencias en el precio y las barreras de competición ponen a los trabajadores rurales en riesgo.

Pero hay otra cosa que necesitamos discutir: por qué la transición hacia energías renovables es tan importante. Toda producción energética a gran escala tiene impactos ambientales y sociales. Nuestra tarea es minimizar los impactos atendiendo a las demandas de las comunidades amenazadas. No es posible pensar —como creen algunas de las grandes potencias económicas hoy— que se trata simplemente del crecimiento y desarrollo económicos, pero ahora con renovables. Así se olvidan los impactos que el sistema extractivista industrial tiene incluso cuando se trata de inversiones en tecnología verde.

Para algunos de esos gobiernos, la búsqueda de litio y otros minerales ya es vista como una nueva oportunidad de crecimiento. En Bolivia, Luis Arce ha dicho desde su campaña que aspira a hacer del país una gran potencia solar con su propio litio. Declaraciones como esas no tienen en cuenta los límites del litio boliviano, las demandas de protección ambiental en el área y el gran desafío de transferencia tecnológica. Explotar el litio y exportarlo sin acceso directo a la tecnología no redunda en el desarrollo verde de Bolivia sino en el de los otros, sea la Unión Europea o China.

ML

No hay «receta milagrosa» para salir de los impases de la crisis actual. Pero hay algo que queda en claro: los gobiernos progresistas no tomarán el camino de un cambio de paradigma si no hay una presión social y política «desde abajo» que los conduzca a hacerlo. Es por eso que la tarea prioritaria de los ecosocialistas pasa por la organización del movimiento, la alianza de clases y grupos sociales interesados en un cambio radical.

Pero para eso no podemos sentarnos a esperar que se unan todos los gobiernos del Sur Global. Con uno o dos gobiernos más avanzados, que sirvan de ejemplo y estimulen otras experiencias, ya habremos dado un gran paso hacia el objetivo final: una agenda latinoamericana de cambio de paradigmas, capaz de crear una relación de fuerzas a nivel continental.

Publicado enPolítica
Martes, 11 Enero 2022 06:21

La biotecnología

La biotecnología

La gran revolución científica y tecnológica en el siglo XXI es biotecnológica. Gracias a sus avances se identificó el coronavirus, se descubrió su genética, se desarrollaron pruebas para identificarlo y se frenó la muerte masiva con la aplicación de vacunas. Todo esto se logró en menos de dos años, cosa que en el pasado tardaba siglos.

La biotecnología como ahora la conocemos tiene apenas 50 años. Comenzó con la manipulación genética en 1972, a través de ADN recombinante con Paul Berg, luego se creó la insulina artificial, más adelante el ADN manipulado para llegar a técnicas como el CRISP-Cas9, con la manipulación del ARN mensajero. Suena a ciencia ficción o a términos poco claros para los no especialistas, pero gracias a estos avances no sólo cambia la medicina, también se transforma el código de la vida.

Los costos de este desarrollo son multimillonarios. Se calcula que la investigación biotecnológica para crear un nuevo fármaco cuesta 2 mil 100 millones de dólares. Pero en este proceso participan investigadores, universidades, gobiernos y empresas. Hay gambusinos o buscadores de oro tecnológico que se vuelven multimillonarios al asociarse con algún laboratorio universitario de Harvard, MIT, Berkeley o con investigadores chinos.

Quien controla las patentes de un descubrimiento tiene el poder económico, político y de transformar al mundo y esta lucha ahora se desarrolla principalmente entre Estados Unidos y China, aunque de este último país se difunde poco el avance logrado.

Actualmente el sector salud es el segundo más importante en valor de mercado en las bolsas de Estados Unidos. La industria farmacéutica representa 40 por ciento del total, los equipos médicos 25 por ciento, los servicios médicos 15 por ciento y la biotecnología 15 por ciento. A finales del siglo pasado este último rubro no era relevante, pero año con año crece.

También hay que señalar que como producto de la pandemia y de los avances tecnológicos, las seis farmacéuticas más grandes del mundo aumentaron su valor 350 mil millones de dólares, recursos que equivalen al gasto público total de México durante este año, según lo reportó Braulio Carbajal hace unos días en La Jornada.

El mundo cambia con gran rapidez gracias a la ciencia y la tecnología y por el momento vivimos tiempos nunca vistos a lo largo de la historia para resolver enfermedades que parecían incurables.

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Jueves, 16 Diciembre 2021 06:18

El turbocapitalismo, Amazon, y la muerte

Un coche pasa junto a restos de una nave destruida por el tornado en Edwardsville (Illinois, Estados Unidos). ABC 7 NEWS

Una tragedia en tres actos

Primer acto

Se abre el telón. Vemos un descampado lleno de escombros. Un paisaje desolado y desolador. Nos encontramos en el estado de Illinois. En la ciudad de Edwardsville, donde no recuerdan un tornado así. Menos aún en diciembre. Un mes habitualmente más tranquilo. Vemos los restos de lo que hasta hace unas horas era un almacén de Amazon. Seis cuerpos yacen entre los restos. Eran trabajadores del almacén. Uno de ellos es el de Larry Virden. 46 años. Cuatro hijos. En su teléfono, uno de los últimos mensajes que pudo enviar es a su pareja, Cherie Jones, que es quien lo ha hecho público: “Amazon no nos deja irnos”.

Los peores tornados en la historia de Kentucky nos dejan otra espantosa postal turbocapitalista. A los empleados de una fábrica de velas en Mayfield también les pilló el tornado trabajando para la campaña de ese ritual –primero pagano, luego católico, ahora consumista– que llamamos navidad. Son ocho las personas fallecidas allí. 74 de momento en todo el estado. Hay varias personas sin localizar.

Mientras caía el telón, me dio por pensar en la Gran Dimisión, y en que ojalá hubiera mecanismos de redistribución de la riqueza para que fuese aún más grande. Pero, claro, más que desearlo habría que exigirlo. Imponerlo.

Segundo acto

Al abrirse nuevamente el telón, aparece, visiblemente afectado, el gobernador del estado de Kentucky, el demócrata Andy Beshear, que declara: “Me gustaría entender por qué nos ha afectado tanto la pandemia, la histórica tormenta de hielo, las inundaciones y ahora el peor tornado de nuestra historia todo en un lapso de 19 meses”.

Quizá el gobernador, abrumado, no puede o no quiere recordar que en esos mismos 19 meses se han batido los récords de temperatura del Ártico (38°), Europa (48,8°), Canadá (casi 50°) y tantos otros lugares. Que los últimos siete años son los más calientes de la historia conocida. Que por primera vez desde que hay registros, llovió, en lugar de nevar, en la cima del manto de hielo de Groenlandia, y que eso es a todas luces una señal clara de muy malos augurios, un punto de no retorno para la isla más grande del mundo. Que recientemente han saltado todas las alarmas en la Antártida también. Que el Amazonas, antiguo santuario de la vida, emite ya más carbono del que puede absorber. Que crecen los incendios, inundaciones, olas de frío y calor, tornados hasta en lugares tan poco habituales como el Mediterráneo, en definitiva, que los hijos del caos climático cuyo padre es el turbocapitalismo, cada vez vienen más a visitarnos. Y que cada vez su potencia es y será mayor. Y aunque él, quizá debido a la tensión del momento no quiera recordarlo, no quiera entender, nosotros haríamos bien en hacerlo. Y en decirlo. Gritarlo a los cuatro endiablados vientos: la estabilidad climática se está acabando. Cuanto más tiempo dejemos pasar sin actuar con determinación, peor será el final de esta historia.

Tercer acto

Al alzarse por última vez el telón vemos a un hombre inquieto. Masculla algo ininteligible, cabizbajo. Se encuentra en su mansión, o en uno de sus yates, o en el interior de uno de sus cohetes. Qué más da. Desde allí, tras un largo silencio por el que ha sido muy criticado, lanza una orden para que su gabinete de comunicación publique un tuit, que será doble. En él reza: “Las noticias de Edwardsville son trágicas. Tenemos el corazón roto por la pérdida de nuestros compañeros de equipo allí, y nuestros pensamientos y oraciones están con sus familias y seres queridos.”

“Todos los habitantes de Edwardsville deben saber que el equipo de Amazon se ha comprometido a apoyarles y estará a su lado durante esta crisis. Extendemos nuestra más profunda gratitud a todos los increíbles miembros del equipo de primeros auxilios que han trabajado incansablemente en el lugar”.

Tira el móvil. Está visiblemente cabreado. Unas horas antes le dio por publicar en su cuenta de Instagram una foto con personal de otra de sus empresas, la dedicada a los vuelos espaciales, al turismo para ricos. Y por eso está siendo juzgado en el tribunal en que se convierte en ocasiones la red. Ese ignorar a los muertos, a aquellos que ya son tierra y cenizas, mientras juega a escapar de la Tierra con sus sueños megalómanos, no podía sentar bien.

Casi todos somos víctimas de un cierto tipo de negacionismo blando. Aquel que nos permite seguir sin inmutarnos mientras el sistema se dirige hacia el precipicio

Y sí, es megalomanía, no simplemente negocio. Estamos hablando del hombre que tiene construido un reloj de 42 millones de dólares para que funcione 10.000 años sin que nadie intervenga. “El reloj durará más que nuestra civilización”, declaró una vez. Estamos hablando del hombre que con un solo vuelo de su empresa, de once minutos, emite tanto como una de las mil millones de personas más pobres durante toda su vida.

No lo queremos reconocer, pero casi todos somos víctimas de un cierto tipo de negacionismo blando. Aquel que nos permite seguir prácticamente sin inmutarnos mientras el sistema se dirige cada vez a mayor velocidad hacia el precipicio. Seguimos con la inercia de nuestras vidas sin percibir que esa misma inercia, aparentemente salvadora para nuestra vida individual, es la que nos va a condenar como colectivo. Por eso necesitamos un punto de ruptura. Un lugar, tal vez un suceso, desde el que poder decir: hasta aquí. Al menos un discurso disruptivo y valiente parece estar ganando fuerza y espacio. Aunque falta recorrido hasta que sea tan evidente que por fin se traduzca en avances concretos. El problema es que quizá falte, pero no hay tiempo.

O paramos pronto el ritmo de ese Moloch que es el sistema actual o vamos a exponernos a sufrimientos incalculables. Y para parar bien, también habría que redistribuir mejor. Detener el turbocapitalismo de gigantes como Bezos, o el flamante hombre del año para la revista Time, Musk –una civilización enferma solo puede encumbrar a sujetos perversos–, para evitar tener cada vez más sucesos y malas noticias, para evitar vivir historias con finales tan tristes e injustos como el de Larry Virden. 

Por Juan Bordera 15/12/2021

Publicado enMedio Ambiente
Necropolítica: dejar morir a la gente y la naturaleza para mantener viva la economía

La situación social, económica, política y medioambiental de América Latina es «dramática». Así se refiere a la situación actual Eduardo Gudynas, que durante más de tres décadas ha seguido los problemas del desarrollo, el medio ambiente y los movimientos sociales en la región. «Hay más de 22 millones de pobres, lo que eleva la pobreza total en América Latina a 210 millones de personas. Se han perdido al menos 43 millones de empleos, ha aumentado la informalidad, ha vuelto la inseguridad alimentaria en varios países, más de 160 millones de estudiantes han sufrido interrupciones en sus clases y la atención sanitaria, en lugar de mejorar, ha empeorado. Estos y otros problemas están interconectados», afirma.

Eduardo Gudynas es investigador del Centro Latinoamericano de Ecología Social – CLAES. Fue el primer latinoamericano en recibir la Cátedra Arne Naess de Justicia Global y Medio Ambiente de la Universidad de Oslo (Noruega). Recientemente se ha incorporado a la Comisión para la Transformación de la Economía del Club de Roma. Sus últimos libros son sobre el extractivismo y los derechos de la naturaleza, publicados en Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador y Perú. En inglés, su obra más reciente es «Extractivisms» (Fernwoord, 2021).

– ¿Cuáles son los principales aspectos de las crisis vividas en los países latinoamericanos?

Es necesario entender que estamos inmersos en múltiples crisis. La insistencia en que sólo sufrimos de Covid-19 se utiliza para minimizar otras crisis igualmente graves. Los problemas de la sanidad pública han agravado las dificultades que ya estaban presentes desde años anteriores. Hay dificultades económicas, desempleo y aumento de la pobreza. Ninguno de estos problemas comenzó con la pandemia. Esto explica a su vez que estas crisis afectan a todas las dimensiones sociales, económicas, políticas y medioambientales, y que sus componentes están interconectados. No se pueden tratar por separado.

La situación es dramática: más de 22 millones de personas viven en la pobreza, lo que eleva la pobreza total en América Latina a 210 millones de personas. Se han perdido al menos 43 millones de empleos, ha aumentado la informalidad, ha vuelto la inseguridad alimentaria en varios países, más de 160 millones de estudiantes han sufrido interrupciones en sus clases y la atención sanitaria, en lugar de mejorar, ha empeorado. Estos y otros problemas están interconectados.

– ¿Cuáles son las principales expresiones de este conjunto de crisis?

Hay algunos análisis que consideran la situación actual como una etapa o expresión de la «crisis del capitalismo». Estos planteamientos son a veces muy simplistas porque no entienden que el capitalismo, en cualquiera de sus versiones, implica «crisis». Por tanto, el hecho de que existan estas crisis no significa que el capitalismo esté amenazado, ni que vaya a colapsar mañana. Por el contrario, el capitalismo se reproduce aprovechando las crisis y, en algunos aspectos, esto sirve para reforzar sus versiones más primitivas. Lo que está en marcha en América Latina y en otras regiones son brutales transferencias de excedentes que se captan como dinero, mientras que al mismo tiempo se derivan otras como externalidades de todo tipo, sanitarias, sociales, económicas y culturales.

– Usted propuso la idea de la necropolítica para abordar esta situación. ¿Por qué esta idea nos ayuda a entender estas situaciones?

La pandemia aceleró un cambio más profundo en las formas de entender la política. Los grupos políticos y los Estados aprovecharon la pandemia para reforzar los mecanismos de vigilancia, control y disciplina. Utilizaron la crisis sanitaria para justificar estos altos niveles de pobreza y desempleo. A su vez, argumentando que necesitan salir de la pandemia de la crisis económica, aplican medidas de protección a las empresas e inversores que hasta hace poco eran injustificables.

La necropolítica surge bajo esta condición. Se trata de dejar morir a las personas y a la naturaleza para mantener viva la economía. Todos estamos más controlados y vigilados, la pobreza ha aumentado, cientos de miles de personas han muerto por Covid y el medio ambiente se ha destruido aún más. Pero de alguna manera esto ha sido aceptado por los políticos y gran parte de la sociedad.

Es en este cambio donde el concepto de necropolítica pone su énfasis. Se está produciendo un cambio en la esencia de la forma de entender la política, lo que hace que se acepten y naturalicen todas estas crisis. Hay miedo entre varios sectores de la ciudadanía, una creciente resignación entre otros, y hay quienes exigen aún más control, más facilidades para las corporaciones, más destrucción ecológica.

La idea de la necropolítica también indica que lo que consideran aceptable o inaceptable en las políticas públicas está cambiando, en sus demandas a los gobiernos y en relación con lo que creen que sería vergonzoso tolerar. En el pasado también hubo crisis económicas, pobreza y violencia, pero al mismo tiempo hubo grupos de partidos políticos que consideraron esto inaceptable y buscaron alternativas, y todo esto fue alimentado por fuertes movilizaciones ciudadanas. El debate político estuvo presente en las diferentes formas de defender la vida, de intentar superar estas crisis.

Por el contrario, en la necropolítica hay un fatalismo en dejar morir a las personas y a la Naturaleza, aunque estén obsesionados por mantener vivas las economías. Parece que no nos damos cuenta de que al menos 1,5 millones de latinoamericanos han muerto a causa de la pandemia. Es una cifra asombrosa. Es una ola de muertes que en otros tiempos habría hecho caer a gobiernos y presidentes, pero que no ocurrió, echando la culpa, una y otra vez, al Covid-19. El virus se ha convertido en una excusa para reforzar la necropolítica.

– Algunos componentes de esta necropolítica, como la pobreza y la violencia, están presentes en América Latina desde hace mucho tiempo.

Correcto. La violencia es un problema muy grave, no sólo hoy, sino que se arrastra desde la época colonial. Muchas de sus expresiones conocidas se han reforzado con la pandemia. Por ejemplo, la violencia del Estado al imponer medidas de cuarentena y confinamiento apelando a la policía y al ejército. La escala de todo esto era inmensa. Por ejemplo, estimamos que al menos 300 millones de latinoamericanos experimentaron alguna forma de confinamiento. También se han fortalecido los grupos ilegales, como los que se dedican a la extracción de oro o a los cultivos para las redes de narcotráfico, que controlan los territorios mediante la violencia.

La condición necropolítica se apoya en esta difusión de la violencia. Sin embargo, la necropolítica no se refiere a la violencia en actos concretos, como en el caso de los grupos armados en Colombia o las maras centroamericanas. No es una política que ordene la ejecución de personas. Sin embargo, es una política que permite que mueran, ya sea por Covid-19, o por estos grupos armados o por la criminalidad tradicional, y se resigna a ello. Es la inacción. Es una aceptación resignada. Como si asumiera que se han agotado todas las alternativas para resolver el drama de la violencia.

La vieja política presentaba discursos y medidas para intentar solucionarlo, independientemente de que pudiéramos estar o no de acuerdo con esas propuestas. Estas cuestiones fueron objeto de debate político y amplios sectores de la ciudadanía exigieron soluciones, porque no podían tolerar y estaban indignados por los asesinatos. Sin embargo, tras la pandemia, se produce una transformación en la moral pública: esto ya no genera tanta indignación, ya no produce vergüenza ni angustia, y se acepta cada vez más. Este es el triunfo de la necropolítica.

Así, la necropolítica es el resultado de una ruptura en el campo de la moral. Esto se debe a que la opresión opera ahora en este nivel más profundo y es capaz de anular otras opciones morales. Antes, las condiciones morales consideraban inaceptable que la gente muriera, las muertes generaban angustia e indignación. Durante años, todo esto se ha ido erosionando, pero con la pandemia el proceso se ha acelerado y empeorado. La opresión ha dado un paso más, actuando ahora en este campo antes que las ideologías políticas, para modificar los mandatos morales que alimentan todas las principales corrientes políticas.

– ¿Qué valoración hace de las negociaciones de la convención sobre el cambio climático que acaban de terminar en Glasgow?

Muchos líderes ofrecieron discursos y promesas radicales para hacer frente al cambio climático. Por ejemplo, Iván Duque, de Colombia, prometió la neutralidad en las emisiones netas de carbono para 2050, y el gobierno de Jair Bolsonaro firmó un acuerdo para detener la deforestación. Pero sus prácticas concretas, dentro de cada país, están lejos de cumplir estas promesas; al contrario, empeoran las emisiones de gases de efecto invernadero. Así es como Duque promueve la exploración de petróleo y gas mediante el fracking y defiende la minería del carbón, y en Brasil se acaba de confirmar un aumento del 22% de la deforestación en la Amazonia, alcanzando el nivel más alto en 15 años.

Brasil, junto con países como Argentina y Uruguay, ha firmado incluso un compromiso para reducir las emisiones de metano, que es un potente gas de efecto invernadero que se origina, por ejemplo, en la agricultura y la ganadería. Si realmente actuaran así, golpearían a la poderosa agroindustria de esos países. Pero firmaron ese acuerdo en Glasgow porque no impone medidas para garantizar su cumplimiento. Son sólo declaraciones de intenciones que sirven para la publicidad y para calmar las demandas de los ciudadanos, pero no garantizan una reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero.

Todos los gobiernos son responsables. Es cierto que algunos son más responsables que otros, pero en este momento, todos tienen algunas responsabilidades. Por otro lado, los países industrializados evitan asumirlas en todos sus aspectos, especialmente en la ayuda financiera. Pero al mismo tiempo, muchas naciones del Sur aprovechan su baja proporción de emisiones de gases de efecto invernadero para seguir contaminando y continuar exportando combustibles fósiles, como es el caso de Colombia, Bolivia y Venezuela. O utilizan la excusa de la necesidad de desarrollarse para ser aún más contaminantes, como India y México.

Así llegamos al documento final firmado por todos los gobiernos, el Pacto de Glasgow, en el que reconocen que el objetivo debe ser reducir las emisiones de CO2 en un 45% para 2030, y a cero para 2050. Pero en el mismo pacto, unos párrafos después, confiesan que las acciones de los gobiernos no conducen a estas reducciones, sino que actúan en sentido contrario, aumentando los gases de efecto invernadero en un 13,7% para 2030.

Esto hace que el documento firmado en Glasgow sea llamativo porque es una confesión escrita de su fracaso. Y no pasa nada. No hay ningún cataclismo político, ningún ministro de medio ambiente ha dimitido. Gran parte de la prensa internacional ni siquiera entiende el contenido de este pacto, y hay organizaciones que incluso lo han apoyado. Esto es necropolítica. El Pacto de Glasgow muestra claramente que la naturaleza y las personas pueden morir.

– ¿La situación política de los distintos países permite afrontar esta crisis? Por ejemplo, los cambios de gobierno en Ecuador y Perú, o las recientes elecciones legislativas en Argentina y presidenciales en Chile, ¿ofrecen oportunidades o son retrocesos?

Por un lado, hay muchos cambios en marcha, pero por otro lado hay que tener cuidado en el análisis para no caer en simplificaciones. En Ecuador, el banquero Guillermo Lasso ganó la presidencia, aplicando un programa muy conservador. Sin embargo, sigue activo el progresismo, que tiene similitudes con la agenda política del «lulismo» en Brasil y que en Ecuador se inspira en Rafael Correa. Pero al mismo tiempo, hay una renovación de la izquierda que busca dejar atrás las limitaciones progresistas y explora una plataforma comunitaria, territorial, ambientalista, feminista e indígena, liderada por Yaku Pérez. –

Se dice que Perú ha girado hacia lo que algunos llaman progresismo o izquierda, tras la victoria del profesor Pedro Castillo. Pero, de hecho, el progresismo retrocedió mucho, ya que el partido Nuevo Perú, liderado por Verónika Mendoza, perdió buena parte de sus votantes. La renovación del ala izquierda del Frente Amplio, con Marco Arana, se redujo aún más. Perú Libre, el partido que llevó a Castillo como candidato presidencial, defiende un programa dogmático del siglo pasado, ideológicamente anterior al progresismo, e incluso se ha distanciado del gobierno.

Por lo tanto, se puede ver que los sectores conservadores mantienen una presencia y un poder en estos países. Esto alimenta la necropolítica y, a medida que se extiende, refuerza aún más el conservadurismo.

Algo similar ocurrió con la renovación legislativa argentina, donde el progresismo que corresponde al actual presidente Alberto Fernández y a la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner ha retrocedido. Los partidos clásicos de izquierda han aumentado su presencia, pero los sectores conservadores vinculados a la anterior presidencia de Mauricio Macri han aumentado aún más. No sólo eso, también ha surgido una extrema derecha, similar a la bolsonarista, que ha ganado votos para entrar en el congreso.

El miedo ante la extrema derecha es aún más evidente en las elecciones de Chile. El candidato de extrema derecha, José Antonio Kast, obtuvo la mayoría en la primera vuelta para presidente. Pero lo más alarmante es que la derecha controlará la mitad del Senado y, en la práctica, también la Cámara de Diputados.

Este resultado sorprendió a muchos, porque desde el estallido social de finales de 2019, todo indicaba un giro a la izquierda. Además, en la elección de los miembros de la Convención Constituyente, el progresismo obtuvo una buena votación, pero aún más esperanzadora fue la elección de muchos miembros que representaban una renovación de la izquierda más allá del progresismo. Entre ellos se encontraban reconocidos activistas territoriales, indígenas, ecologistas y feministas. El segundo puesto en la carrera presidencial fue para el candidato de centro-izquierda, Gabriel Boric, procedente del progresismo. Se genera una situación muy tensa, ya que nadie quiere un presidente de extrema derecha, pero al mismo tiempo Boric representa un progresismo que la renovación de la izquierda desea dejar atrás.

En resumen, se puede decir que estamos viendo diferentes tensiones entre al menos tres perspectivas. Hay corrientes de derecha, que pueden ser más moderadas, como en Uruguay, o extremistas, como Bolsonaro y Kast. Ahí se alimenta la necropolítica. Los progresistas gobiernan en Argentina y Bolivia, pero su actuación es aún más criticada, sin avanzar en una renovación de ideas, como ocurriría también en Perú y Chile.

En la dimensión política, siguen atascados con el caudillismo, en la dimensión económica, con el extractivismo, y todavía hay obstáculos, según el caso, con demandas como las feministas, indigenistas y ambientales.

Por lo tanto, no son antídotos eficaces contra la necropolítica.

Por último, se mantienen los intentos de renovar una izquierda plural decolonial y, por tanto, intercultural, ecologista y, de esta manera, postextractivista, feminista y democrática. Son alternativas que trascienden el progresismo, que se enfrentan a la necropolítica, y su avance más reciente se ha producido en Ecuador y Chile, pero ha retrocedido en Perú y es marginal en países como Brasil y Argentina.

– En la última entrevista que nos concedió, dijo que las «alternativas» para América Latina «van más allá del desarrollo capitalista, y para ello contamos con la inspiración del Buen Vivir». En la práctica, ¿qué significa eso en tiempos de necropolítica?

En concreto, el punto en común de estas renovaciones de la izquierda es que tienen componentes que se corresponden con el Buen Vivir. Son de izquierdas porque defienden, por ejemplo, la justicia social y rechazan las aventuras de la derecha y la extrema derecha. Pero también reconocen las limitaciones de progresismos como los de Lula da Silva, con su «nuevo desarrollo». De este modo, el Buen Vivir y otras propuestas similares son alternativas al desarrollo en todas sus variedades. Aparecen de vez en cuando, y el ejemplo más llamativo se da en la Convención Constituyente de Chile. Allí, la comisión de medio ambiente se llama incluso «derechos de la naturaleza y modelo económico». Esto deja claro que apuntan a los derechos de la Naturaleza, que es un componente crucial del Buen Vivir y que, a su vez, corresponde a un cambio en la forma de entender el valor y, por tanto, la asociación con los modelos económicos.

Por lo tanto, no se trata de una discusión filosófica, sino de una izquierda que quiere repensar todas las estrategias económicas desde otros puntos de partida. Los componentes pueden ser muy concretos, como nuevos procedimientos de evaluación de costes y beneficios, herramientas para hacer valoraciones explícitas que no sean utilitarias, otra organización del gasto estatal e incluso propuestas alternativas de integración entre países.

Estos son los antídotos contra la necropolítica. Necesitamos una reconstrucción de la política que proteja la vida, que considere inaceptable que las personas mueran y también la Naturaleza. Este es precisamente el mandato de la Buena Vida. Y, por así decirlo, una política de la vida que parte de la valoración de la vida, no sólo por su utilidad, sino también por su belleza, sus historias e incluso por sus propiedades intrínsecas. Este aprecio alimenta el compromiso moral de defenderla. La política de la vida en la Buena Vida está en la forma en que la practicamos.

Entrevista por Patricia Fachin y Wagner Fernandez de Azevedo, traducida por CEPAT, al portugués, publicada en Revista IHU (Unisinos), 1 diciembre 2021 –  aquí…

Traducción del original en portugués al español por  Correspondencia de Prensa, y publicado en su sitio el 2 diciembre 2021,  aquí…

13 diciembre 2021

Publicado originalmente en Acción y Reacción

Publicado enMedio Ambiente
Sábado, 11 Diciembre 2021 08:58

La ciencia contra sí misma

La ciencia contra sí misma

Cada día, recibimos un alud de noticias desde el mundo de la ciencia. Alcanzan todos los lados y aspectos de la vida cotidiana. Desde el último tratamiento contra la epilepsia, la dieta ideal o las disquisiciones sobre el calentamiento global. A partir del siglo XVII, la ciencia se fue abriendo camino cimentando su función de descifrar la relación entre los seres humanos y la naturaleza y, simultáneamente, la de encontrar salidas a los desafíos y peligros inscritos en esta relación.

En el siglo XX, la construcción de la vida social dejó de estar basada en las creencias para dar paso en su lugar a las convicciones. Sólo que éstas se encuentran en poder de los “hechos”. No es casual que, cada vez que surge un problema, un peligro o una amenaza, se recurra a los científicos. Son ellos los encargados de recubrir con un aura de facticidad y, por ende, veracidad las estrategias y los dispositivos para hacer frente a lo que afecta, cuestiona o sitúa en el límite a la vida misma.

Como afirma Ives Gringas, un sociólogo dedicado a estudiar el funcionamiento interno de la Big Science (las instituciones científicas públicas y privadas encargadas de la investigación masiva), los científicos han devenido una suerte de “árbitros” o “jueces” que dictaminan sobre las opciones ideales para garantizar el bienestar y la seguridad de una población. Pero con ello, su actividad se ha visto ya entrecruzada por los dilemas del poder político, la lógica de la rentabilidad de los mercados y, por ende, la corrupción.

Desde hace tiempo, el concepto de “hecho“ expresa más bien la realidad de un hoyo negro comunicativo. El caso del descubrimiento de la relación entre el uso de cigarrillos y el cáncer representa una historia significativa al respecto. Es un escándalo bien conocido. En 1954, un grupo de biomédicos estadunidenses revelaron que la aplicación constante de alquitrán sobre tejido humano podría producir cáncer. Sólo 10 años después, en 1964, el director general de Salud Pública de la Casa Blanca, Luther Terry, confirmó el hallazgo con base en miles de estudios. Pero no fue hasta 1974 cuando se expidieron las primeras leyes para advertir al público sobre el peligro de sus consumo y definir áreas libres de humo. Y no sería sino hasta principios del siglo XXI, cuando las campañas antitábaco adquirirían su actual radicalidad. ¿Por qué transcurrió tanto tiempo entre el descubrimiento y el diseño de leyes y políticas para prevenir el tabaquismo?

En diciembre de 1953, cuando empezaron a escucharse las primeras noticias sobre la posible relación entre el cáncer y el alquitrán, los CEO de las compañías tabaqueleras se reunieron en Nueva York. Se convencieron de que no podían simplemente refutar el hallazgo. Decidieron apoyar financieramente las investigaciones para “garantizar la salud de los fumadores”. Destinaron millones de dólares a estudios que distrajeran deliberamente la atención sobre la relación entre el cigarrillo y el cáncer. Se realizaron miles de trabajos, algunos verosímiles y otros simplemente inverosímiles: la relación entre la calvicie o el color de los ojos o la edad y el cáncer; se investigaron a poblaciones desnutridas o sobrenutridas; a quienes padecían de insomnio o dormían demasiado; a las diversas racialidades.

Es evidente que, en la estadística, siempre aparecía algún grupo canceroso. Se recurría así a los métodos previstos por la propia ciencia para relativizar y, digamos, boicotear la relevancia de sus hallazgos. Durante medio siglo, la opinión pública quedó así confundida, enfrentada a un halo de incertidumbre sobre las consecuencias de fumar. La ciencia revertida en contra de sí misma para socavar sus conclusiones.

La misma estrategia de producción de incertidumbre (algunos historiadores de la ciencia le llaman “la producción de una nueva ignorancia”) se aplicó a los estudios sobre las posibles causas de la muerte de las abejas. Una vez que se detectó que los nuevos pesticidas y los transgénicos eran los causantes principales del deceso de las abejas, se multiplicaron los estudios que fragmentaban el problema en centenares de temas: las abejas y el cambio climático, o su relación con el eje magnético de la Tierra. No faltaron los que imputaban la crisis a la impericia de los apicultores. Cuando súbitamente comienzan a multiplicarse masivamente las investigaciones, es probable que se trata de un caso de “estudios de distracción”, afirma Stanton Glantz, en el documental que produjeron Pascal Vaseline y Frank Cuiveller (“¿Por qué dudamos de la ciencia?”).

La crítica que dirigió Theodor Adorno contra la razón científica en la década de los 40, se basó en la verdad inapelable sobre la cual se constituyó en el siglo XIX y la primera mitad del XX. Sobre los hombros de esta verdad se construyó la retórica del evolucionismo social que envío a millones a los campos de exterminio. Hoy el montaje de la verdad científica ha dado un giro de 180 grados. Se emplea a la ciencia contra la propia ciencia para continuar con la masacre silenciosa de los cuerpos.

El cautiverio ideológico de las nuevas tecnologías

Comúnmente se define la tecnología como los conocimientos, desarrollos técnicos o prácticas que ayudan a mejorar la vida de las personas. Así pues, la tecnología sirve para resolver de manera más efectiva, rápida y eficiente algunos de los problemas que día a día se presentan creando instrumentos, utensilios y conocimientos que permiten modificar favorablemente el entorno o adaptarse a él.

Hay un discurso dominante que alaba las nuevas tecnologías porque dice que dan un acceso más rápido a la información y a las fuentes de conocimiento, estimula la innovación, facilita la comunicación, contribuye a la eficiencia de los sectores productivos, simplifica tareas (laborales, domésticos. ..), favorece el emprendimiento, aumenta las opciones de entretenimiento, facilita el acceso a la educación, dan capacidad a nuestros hijos para adaptarse a entornos cambiantes ... y augura que las nuevas tecnologías que están surgiendo cambiarán el mundo: gafas de Google, impresoras en 3D, juegos de realidad virtual, el seguimiento ocular o eye tracking, el coche sin conductor ...

Este discurso dominante muestra una gran fe en estas nuevas tecnologías porque dice que tienen un carácter procedimental que no te compromete con una agenda institucional determinada o con un programa político, sino que establece una serie de procedimientos técnicos a través de los que saldrán resultados correctos; las tecnologías son asépticas no hay intencionalidad particular son un bien para la humanidad.

La tecnología en la sociedad actual

“La tecnología no es mala. Si sabes lo que quieres hacer en la vida, tal vez te ayude a obtenerlo. Pero si no lo sabes, a la tecnología le será facilísimo modelar tus objetivos para ti y tomar el control de tu vida. Sobre todo porque la tecnología es cada vez más sofisticada a la hora entender los humanos, por lo que puedes verte sirviéndola cada vez más, en lugar de que ella te sirva. Has visto a estos zombis que vagan porcalles con la cara pegada a sus teléfonos inteligentes? Crees que controlan la tecnología, o que ésta los controla a ellos?” Yuval Noah Harari (20 lecciones para el siglo XXI).

Hoy, en general, cuando hablamos de nuevas tecnologías a menudo sólo hablamos de teléfonos móviles, ordenadores, videoconferencias... que funcionan problemas, incluso de la educación, la ecología o la democracia. Se sobreestima la capacidad real de las tecnologías para ofrecer soluciones a todo cuando, ciertamente, muchas de las situaciones con las que nos enfrentamos requieren otro tipo de medidas.

Sin embargo, hablamos muy poco de las amenazas y peligros a la libertad y a la privacidad, del control sobre nosotros de unos cuantos agentes tecnológicos, de la dependencia que nos crea unas nuevas tecnologías completamente herméticas que no se puede manipular, personalizar totalmente o reparar. No se es consciente de que cualquiera de nuestros datos que aparecen en el censo, encuestas, formularios, Web... pueden utilizarse para diferentes fines y con diferentes propósitos; la dimensión del desarrollo que está tomando las nuevas tecnologías digitales nos sobrepasa, incluso, cuando creemos que todo "es gratis", realmente lo pagamos con la información que voluntaria o involuntariamente proporcionamos.

La sociedad precisa una reflexión sobre la importancia, la consistencia y la eficacia real para las personas de nuevos ingenios y prácticas basadas en la nueva tecnología; quizás buena parte de éstas están llenas de incertidumbres o de intenciones no dichas.

La ideología y las nuevas tecnologías

“La voz que sentimos en nuestra cabeza nunca fue digna de confianza, porque siempre reflejaba la propaganda del Estado, el lavado ideológico del cerebro con la publicidad comercial, por no mencionar los virus bioquímicos. A medida que la biotecnología y el aprendizaje automático mejoren, será más fácil manipular las emociones y los deseos más íntimos de la gente, y resultará más peligroso que nunca seguir simplemente nuestro corazón. Cuando Coca-Cola, Amazon, Baidu o el gobierno sepan como tirar de los hilos de nuestro corazón y pulsar los botones de nuestro cerebro, ¿podrás seguir apreciando la diferencia entre tu yo y sus expertos en marketing? Para tener éxito en una tarea tan abrumadora deberás esforzarse mucho en conocer mejor tu sistema operativo. Para saber qué eres y qué quieres de la vida. Este es, por supuesto, el consejo más antiguo del libro: conoce a ti mismo. Durante miles de años, filósofos y profetas han animado a la gente a conocerse a sí misma. Pero este consejo nunca fue más urgente que en el siglo XXI, porque, a diferencia de lo que ocurría en la época de Lao-Tse o de Sócrates, ahora tienes una competencia seria. Coca-Cola, Amazon, Baidu y el gobierno se aprestan a piratear hacerte, a hackearlo té. No hackear tu teléfono inteligente, ni tu ordenador ni tu cuenta bancaria: están inmersos en una carrera para hackear a ti ya tu sistema operativo orgánico. quizás hayas sentido de que vivimos en la época de hackear ordenadores, pero esto apenas es una parte de la verdad. En realidad, vivimos en la época de hackear a humanos. Ahora mismo los algoritmos te están observando. Observan donde vas, qué compras, con quien te ves. Pronto supervisarán todos tus pasos, tu respiración, los latidos de tu corazón. Para llegar a conocerte cada vez mejor, se basan en macrodatos y en el aprendizaje automático. Y cuando estos algoritmos te conozcan mejor de lo que te conoces tú, conseguirán controlarte y manipularte, y tu poco podrás hacer al respecto. Vivirás en Matrix, o en El show de Truman. Al fin, se trata de una cuestión empírica sencilla: si los algoritmos entienden de verdad lo que pasa dentro de ti mejor que tú mismo, la autoridad pasará a ellos. Por supuesto, podrías ser perfectamente feliz cediendo toda la autoridad a los algoritmos y confiando en ellos para que decidan por ti y por el resto del mundo. Si es así, limítate a relajarte y disfrutar del viaje. No es necesario que hagas nada: los algoritmos se encargarán de todo. Si, en cambio, vuelos conservar cierto control de tu existencia personal y del futuro de la vida, deberás correr más deprisa que los algoritmos, más que Amazon y el gobierno, y conseguir conocerte a ti mismo antes de que lo hagan ellos. por correr deprisa, no lleves contigo mucho equipaje.” Yuval Noah Harari (20 lecciones para el siglo XXI).

Hay que distinguir que una cosa es la tecnología como herramienta y otra cosa es que una ideología, que no es más que una visión de la realidad, haga una interpretación del uso que se debe hacer con la tecnología. Puede haber otra ideología que haga una interpretación diferente.

Detrás de los usos de las actuales nuevas tecnologías podemos ver el interés por los beneficios económicos, una inoculación de un individualismo exacerbado y una promoción de la responsabilidad particular en labrarse un futuro socioeconómico; esto es el producto de una visón de cómo debe ser la realidad, es decir, de una ideología.

* El beneficio económico de los grandes capitales. Las grandes corporaciones tecnológicas, están invadiendo los sistemas educativos, a menudo consentidas o apoyadas por las Administraciones públicas, imponiendo sus herramientas y visiones de mundo. Podemos ver como la llamada EdTech (tecnología educativa), es de los sectores tecnológicos más prósperos. Entre 2010 a 2017 se invirtieron más de 2.000 millones de dólares en compañías de tecnología educativa para la Educación obligatoria. Esta inversión para el negocio se fundamenta en las nuevas posibilidades para la educación y en la difusión de la idea de que la enseñanza ha quedado inadecuada para responder a los retos de la sociedad actual. Esto no ha empezado ahora. En los años setenta comenzó en diferentes países este aterrizaje de las nuevas tecnologías (por ejemplo: Development Programme in Computer Assisted Learning en Inglaterra) sin la necesidad inmediata, por parte de las escuelas, de introducir ordenadores y su uso no mejoro ninguna de las enseñanzas en las que se utilizaron; sólo mejoraron las cuentas de las compañías informáticas. Desde entonces, en prácticamente todos los países, han proliferado las políticas públicas de introducción de las nuevas tecnologías en los centros o las iniciativas promovidas, de manera filantrópica, como la impulsada en su día por la Fundación Bill y Melinda Gates, considerada un fracaso educativo, o la directamente economicista Samsung Smart Class. Además de los beneficios, hay que tener en cuenta su visión tecnocrática de la educación y la enorme cantidad de datos que están obteniendo gratuitamente de los estudiantes.

En la misma línea del negocio hay empresas que han detectado que en el sector educativo se puede abaratar costes a través de sustituir docentes por algoritmos; vender dispositivos, contenidos, software, mobiliario...; crear un relato de marketing pedagógico para influir en el sistema educativo. Así aparecen las escuelas tipo "Start-up", es decir, centros educativos enteros que, con la excusa de la innovación pedagógica, hablan de cambiarlo todo y consiguen grandes cantidades de ingresos económicos.

* La promoción del individualismo. Junto a este proceso de digitalización se ha unido a una "individualización extrema" de las personas; éstas manejan las nuevas tecnologías para su uso y provecho individual del que cada uno es responsable. Se deja de lado, sean cuales sean, las condiciones sociales, económicas, culturales del sistema en el que estamos insertos, ni se habla de posibles acciones para mejorarlo, ni se crean condiciones para que las personas compartamos visiones consensuadas para cambios convenientes.

* El futuro económico de las personas. Con la creación de supuestos valores como "el espíritu emprendedor", el emprendimiento, ser empresario de uno mismo, ser autónomo ... se busca la dependencia que implica el aislamiento, la soledad, la debilidad de las personas; se busca la desaparición de centros de socialización que limitaban "el mercado" (educación, familia, entorno, cultura...). En el terreno laboral se pretende imponer la lógica de la competencia para el funcionamiento del trabajo y de la economía; disfrazar los datos del paro en la población; y la desaparición del peso de los sindicatos en la negociación de las condiciones de trabajo.

El efecto de las nuevas tecnologías en el ámbito educativo

El uso de las nuevas tecnologías en el ámbito educativo se argumenta diciendo que se aprovecha más el tiempo lectivo; incrementa la motivación del alumnado; se consigue la inmediatez del acceso a los recursos y al trabajo realizado; se aumenta la autonomía del alumnado en su propio aprendizaje; y agiliza la comunicación entre toda la comunidad educativa. Se insiste, como se ha mencionado, en su carácter procedimental que no te compromete con una agenda institucional determinada o con un programa político, sino que establece una serie de procedimientos técnicos que darán unos resultados correctos.

Pero hay que decir que esta interpretación de las nuevas tecnologías conlleva posibles y serios peligros:

* La confusión entre información y conocimiento. Un error grave en la educación es confundir la información con el conocimiento pues se pervierte el saber. Informar recoge, básicamente, la significación de "dar noticia de..." y está sujeta al modo y a la intención con la que se hace, por lo que precisa o es plausible su comprobación y/o análisis. Por su parte el conocimiento tiene una significación de "tener una idea lo más completa de las cosas y las personas, de experimentación, de discernir, de tener conciencia de los actos y los hechos, de pros y contras, de examen e identificación cuidadosa de cualquier elemento constituyente "; este conjunto da el saber, es decir, la información completa, la verificación, el análisis, la crítica y la asimilación de lo aprendido por la información que se tiene.

* La creación de una nueva ignorancia, de un nuevo analfabetismo. Las nuevas tecnologías se han vinculado prioritariamente a la información y ésta, como se ha mencionado, no puede confundirse con el conocimiento. Hace casi 2000 años el filósofo chino Confucio había dicho "El verdadero conocimiento es conocer el alcance de nuestra ignorancia"; esta idea puede estar más vigente que nunca en una época, como la nuestra, en la que, incluso, se estudia cómo se fabrica para la población la ignorancia delo perdido, delo olvidado y delo ignorado. Siempre ha existido la creación de hechos falsos; tratar de convencer de la existencia de un hecho inexistente; dar un nuevo significado a una palabra; fragmentar la verdad; dar una visión parcial o sesgada de hechos o realidades... pero las nuevas tecnologías son un canal de distribución masiva que facilita su propagación y potencia su efecto. Si la persona no conoce el alcance de su ignorancia fácilmente puede caer en la radicalización, la polarización y la ausencia de empatía, un nuevo modo de analfabetismo.

Un efecto de incidencia importante en la educación también es el exceso de información que las nuevas tecnologías da y que exigiría un tiempo, un saber y una capacidad de reflexión para averiguar su veracidad y valía, además exigiría una capacidad de atención y de estudio, de evaluación, que se ve reducida por la sobrecarga de información en línea. Actualmente, sin embargo, la Administración educativa menosprecia, no valora, esta situación y nos dice que el sistema educativo debe pasar de "las TIC a las TAC", es decir, que de lo que se trata es que los aprendizaje estén mediados por las tecnologías de la información y la comunicación (Generalidad de Cataluña, El Plan TAC de centro); no se trata de utilizar las nuevas tecnologías para apoyar los contenidos, para vehicularlos, se trata de cambiar la metodología de cómo debemos enseñar. Las experiencias realizadas en otros países de este modelo (EEUU, Suecia, Francia, Reino Unido...) han mostrado las debilidades y contraindicaciones (fallos de las herramientas, contenidos limitados y superficiales, dispersión y desorientación del alumnado…), y, no se ha elevado el nivel de conocimiento del alumnado.

También habría que preguntarse si no nos estaremos equivocando construyendo una "sociedad CLIC", todo en un clic, donde niños/as y jóvenes creen que con ello se obtiene el resultado. Cada vez su mente se aleja más de conocer que todo tiene un proceso y se acerca más a que, de manera mágica, debe haber un resultado y ya está; ni observan los procesos, ni los conocen, ni los entienden, es decir, una nueva especie de ignorancia está apareciendo. Una sociedad de este tipo elimina la experimentación, las dudas, la curiosidad, la confrontación de ideas... todo aquello que conduce a los saberes y nos aleja de la ignorancia y del analfabetismo.

* El surgimiento de una innovación engaño. La llamada "nueva innovación" se presenta, en cierto modo, como causa o consecuencia de las nuevas tecnologías y como una gran aportación de éstas al mundo de la educación. Hoy en las escuelas está muy extendidas las ideas relacionadas con la innovación con tecnología. Pero, por otra parte, ha habido un aumento de metodologías prefabricadas, que vienen en kits tan prefabricadas como los libros de texto, ahora en forma de software, con la carga ideológica de la autoría; estamos en las mismas. Estas ideas de innovación educativa vienen de la mano de fundaciones, corporaciones, empresas, con o sin ánimo de lucro, bien para la elaboración de herramientas o para la creación de redes de profesorado; no se trata sólo de grandes corporaciones, sino de entidades de todo tipo que crean recursos, organizan planes de formación... siempre con TIC porque estas son neutras y nos permiten que nuestro trabajo sea eficiente. Ningún análisis crítico de su uso.

* El aumento de una dinámica segregadora. En los últimos años, a pesar de los problemas que afronta la educación, de lo único que se ha hablado es de tecnología, de las pizarras digitales o de dar un ordenador a cada niño, pero no de la dinámica segregadora que se introduce en el sistema educativo. La desigualdad en el acceso a las nuevas tecnologías entre el alumnado es obvio en función de las posibilidades económico-sociales de las familias y esto conlleva un aumento de la distancia que puede existir entre el alumnado.

* Un giro en la dirección que debe tener la educación. La educación tiene mucho que ver con la socialización de las personas. Esta socialización exige una educación, en todos los aspectos, de niños/as y jóvenes si queremos una sociedad cohesionada, responsable y justa. Por esta razón la educación no puede obviar las facultades físicas, morales, artísticas, e intelectuales de las personas y debe transmitir conocimientos, actitudes, valores y cultura, es decir, lo que se encarga de comprender y estimular todas las vertientes que formen un mejor ser humano. En definitiva una educación integral que busca que toda persona pueda encontrar su identidad, y el significado y sentido de su vida, a través de nexos con la comunidad, el mundo natural, y los valores humanos. Se trata, en definitiva, que la educación tome una dirección de ser completa e integradora, que busque despertar estima por la vida, y, el respeto por los asuntos individuales y comunes.

Pero hoy podemos ver una redirección de la educación originada, por un lado, por este exceso de información muchas veces sin ser analizada y/o contrastada, que, junto con la minoración que padecemos del currículo educativo en lo que supone trabajar sólo por competencias básicas, hace que la educación de las personas sea incompleta para el objetivo que se ha indicado que debería conseguir la educación. Por otro lado la redirección es también visible observado la tendencia que promueven las nuevas tecnologías hacia la individualización, hacia trabajar para resultados de inmediata cuantificación y dando velocidad y automatismo en todo con lo cual se pierde la cimentación de los aprendizajes y el proceso analítico que conduce al conocimiento real y no a recibir información y memorizarla.

Otra visión de las nuevas tecnologías y de su uso.

Se define la tecnología como los conocimientos, desarrollos técnicos o prácticas que ayudan a mejorar la vida de las personas, pero es que en la vida de las personas "están las personas" y esto presupone que las personas mejoran. La tecnología dicen que permite modificar favorablemente el entorno o adaptarse a él, pero atención, adaptarse no presupone que será mejor; entonces esta adaptación es "sometimiento" y con ello no está claro que una persona mejore.

El discurso dominante valora las nuevas tecnologías porque dice que dan rapidez, estimulan la innovación, facilitan la comunicación, simplifican tareas, favorecen el emprendimiento..., pero obvia hablar de aspectos negativos como los problemas de privacidad digital, los dilemas éticos ( pela inteligencia artificial o el alcance de la biotecnología), la generación de desechos contaminantes... y de los que todavía no somos conscientes.

Que las nuevas tecnologías tengan carácter procedimental no quiere decir que no te comprometan con una visión parcial y particular o con una agenda política; todo dependerá del contenido que se trabaje con estas "herramientas procedimentales" o se ponga en sus manos y, evidentemente, del uso que se hace de ellas.

Hay que evitar que las nuevas tecnologías modelen las personas, determinen sus objetivos particulares y su vida, porque si las nuevas tecnologías están en manos de una visión y de un interés particular este controla la subjetividad y el designio de las personas. Las nuevas tecnologías son una herramienta; hay que insistir, lo que se haga con ellas será lo positivo o lo negativo para las personas.

Las nuevas tecnologías no pueden estar al servicio de las ganancias del poder económico, sino de las personas y no deben promover valores como el individualismo ni responsabilizar únicamente a la persona de su futuro económico, si no es el caso; las nuevas tecnologías pueden y deben estar al servicio de facilitar la conexión y la acción en el mundo común.

La confusión entre información y conocimiento no debe producirse. Las nuevas tecnologías facilitan el acceso a la información, pero el conocimiento, como se ha mencionado anteriormente, es el conocimiento completo, la verificación, el análisis, la crítica y la asimilación de lo aprendido por la información que se tiene. Se necesita no sólo tener las oportunidades que nos ofrecen las nuevas tecnologías si no, además, estar formado por tener la capacidad de aprovechar la información, de manera crítica, que de ellas podemos obtener.

Las nuevas tecnologías no tienen por qué crear un nuevo analfabetismo ni dinámica segregadora si son utilizadas como herramienta que nosotros utilizamos para contenidos deseados, no impuestos por la herramienta, y está al alcance de todos. Sí que hay que prestar atención a cómo el uso de las nuevas tecnologías puede dar un carácter a las personas de manera que piensen que con "un clic mágico" se han de obtener resultados, respuestas... y se pierda el del sosiego y la inteligencia para entender y captar que en todo hay, y debe haber, un proceso que hay que conocer, porque puede explicar mucho sobre el resultado o la respuesta obtenida.

Las nuevas tecnologías no debe variar la dirección de la educación si no es para que ésta llegue con más calidad y para todos/as; la dirección y el objetivo de la educación es abarcar y desarrollar todas las vertientes de la personalidad humana (individual y colectiva), y, conseguir una sociedad inclusiva, cohesionada, responsable y justa.

En el ámbito profesional no es sólo importante tener un buen manejo y destreza en las nuevas tecnologías, también se debe hacer un debate de fondo, ideológico y permanente, sobre qué es ser un/a buen/adocente en cada circunstancia y tiempo en función de cómo es la sociedad y de la situación específica de nuestro alumnado. En cualquier caso no se trata de negar el papel positivo que pueden tener las nuevas tecnologías para la educación, sino de controlar su uso y que sea la práctica docente la que indique cuáles y cuándo introducirlas.

Convendría también que desde las facultades de Educación se analizaran críticamente las posibles implicaciones y riesgos que puede conllevar la adopción de ciertas herramientas, servicios y relatos promovidos. No para descartar las aportaciones positivas de las nuevas tecnologías, sino para ser conscientes y tener herramientas para evitar que el futuro del sistema educativo acabe siendo colonizado por la "tecnología del control de las personas" y por los vendedores de humo de una pseudo-pedagogía.

Por Pep Barceló, miembro del Seminari Ítaca d’Educació Crítica (SIEC)

09/12/2021

 

Un maniquí en la Feria Internacional de Defensa y Seguridad (FEINDEF) que se celebró en IFEMA, Madrid, el pasado 3 de noviembre de 2021. — Marta Fernández / EUROPA PRESS

Un informe del Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI) establece que las ventas de material militar por parte de las 100 compañías más importantes ascendieron a 531.000 millones de dólares en 2020. Navantia está entre ellas.

La crisis mundial desatada por la pandemia no ha podido con el negocio armamentístico, que ha demostrado su capacidad de seguir facturando inmensas cantidades de dinero incluso en una recesión económica planetaria. Así se desprende del informe que acaba de dar a conocer el Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI) con datos de 2020, otro año de grandes beneficios para la industria militar mundial.  

Según consta en el dossier elaborado por este prestigioso centro de investigación, "las ventas de armas y servicios militares de las 100 empresas más importantes ascendieron a 531.000 millones de dólares en 2020, lo que supone un aumento del 1,3% en términos reales en comparación con el año anterior". 

En esa línea, señala que 2020 fue el sexto año consecutivo de crecimiento de las ventas de armas de las denominadas "Top 100". "Las ventas de armas aumentaron incluso cuando la economía mundial se contrajo un 3,1% durante el primer año de la pandemia", remarca el organismo en su informe.

Alexandra Marksteiner, investigadora del Programa de Gasto Militar y Producción de Armas del SIPRI, sostiene que "los gigantes de la industria se vieron protegidos en gran medida por la demanda sostenida de bienes y servicios militares por parte de los gobiernos".

"En gran parte del mundo, el gasto militar creció y algunos gobiernos incluso aceleraron los pagos a la industria armamentística para mitigar el impacto de la crisis de la covid-19", afirmó. 

En cualquier caso, el documento destaca que "operar en el mercado militar no garantiza la inmunidad a los efectos de la pandemia". Por ejemplo, el fabricante de armas francés Thales "atribuyó una caída en las ventas de armas del 5,8% a
las interrupciones inducidas por el cierre en la primavera de 2020". "Algunas empresas también informaron de interrupciones en la cadena de suministro y retrasos en las entregas", añade.

En cuanto al ranking de las 100 principales compañías de este sector, el informe señala que Estados Unidos "fue de nuevo el país con más empresas clasificadas en la lista Top 100". En conjunto, las ventas de armas de las 41 empresas estadounidenses ascendieron a 285.000 millones de dólares –un aumento del 1,9% en comparación con 2019– y representaron el 54% de las ventas totales de armas de ese listado. "Desde 2018, las cinco primeras empresas del ranking tienen su sede en Estados Unidos", subraya el SIPRI.

Por su parte, las empresas chinas representaron el 13% del total de las ventas de armas en 2020, "por detrás de las compañías estadounidenses y por delante de las del Reino Unido, las terceras más importantes".

Entre otros datos, el informe señala que Navantia es la única compañía española que figura en el ranking de los 100 grandes vendedores de equipamiento militar. El astillero español ha logrado consolidarse en ese sector al calor de los negocios alcanzados con el régimen de Arabia Saudí para la construcción de cinco corbetas. De acuerdo al listado del SIPRI, se ubica actualmente en el puesto 84 del Top 100.

El estudio indica que "las 26 empresas armamentísticas europeas de la Top 100 representaron en conjunto el 21% del total de las ventas de armas, con 109.000 millones de dólares", mientras que las siete empresas británicas registraron unas ventas de armas de 37.500 millones de dólares en 2020, un 6,2% más que en 2019.

Las ventas de de BAE Systems –la única empresa europea que se ubica entre los 10 principales operadores– aumentaron un 6,6% hasta los 24.00 0millones de dólares. Asimismo "las ventas de armas de las seis empresas francesas que figuran en la lista de las Top 100 cayeron en su conjunto un 7,7%", afirma Lucie Béraud-Sudreau, directora del Programa de Gasto Militar y Producción de Armas del SIPRI.

06/12/2021 00:10

Por Danilo Albin@Danialri

Publicado enInternacional
Experto augura que el iPhone se volverá obsoleto y revela qué lo sustituirá y cuándo

El reconocido analista plantea la condición necesaria para que el nuevo dispositivo iguale las ventas del popular 'smartphone' de Apple.

Apple se está preparando para sustituir su móvil inteligente iPhone por otro dispositivo, que proporcionará las capacidades computacionales necesarias para satisfacer todas las exigencias del usuario del futuro.

El analista Ming-Chi Kuo, reconocido experto en la industria tecnológica, ha pronosticado la fecha en que aparecerá ese sustituto, e incluso prevé sus características.

En una carta a los inversores, a la que tuvo acceso el portal 9to5mac, Kuo señala que esto sucederá exactamente dentro de 10 años: en 2032 saldrá al mercado este dispositivo, y con mucha probabilidad consistirá en un casco o gafas de realidad aumentada, tecnología que superpone imágenes digitales en la visualización de la vida real.

Kuo subraya que el futuro dispositivo desplazará al 'smartphone' y contará, además, con capacidades de computación independiente comparables con la potencia del Mac, la legendaria computadora de Apple. En caso contrario, simplemente no podría igualar las ventas del iPhone.

"Actualmente hay más de 1.000 millones de usuarios activos de iPhone. Si el objetivo de Apple es sustituirlo en 10 años por una forma de realidad aumentada, esto significa que deberá vender al menos 1.000 millones de esos dispositivos en la siguiente década", explica el experto.

En caso de que el casco se posicione únicamente como un accesorio para el Mac o el iPhone, no se estaría favoreciendo el crecimiento del producto.

"Un casco de realidad aumentada que funcione de forma independiente significa que tendrá su propio ecosistema y proporcionará una experiencia de usuario más completa y flexible", detalla el experto.

En la misma carta, Kuo señala que una versión temprana de ese casco, que Apple prevé presentar ya el próximo año, contará con dos pantallas micro OLED 4K de Sony, lo que significa que soportará realidad virtual, tecnología de inmersión completa en el mundo digital.

Publicado: 27 nov 2021

Sábado, 27 Noviembre 2021 05:28

Netflix y la batalla ideológica

Netflix y la batalla ideológica

Consumir historias sutilmente ideologizadas, como las de las series, de forma inconsciente y constante, hace que interioricemos determinados pensamientos e ideas, e incluso que lleguemos a concebirlas como propias

 

Imagínate que llegas a casa después de un día de trabajo, universidad o simplemente de haber estado con tus amigos. Llegas, enciendes el ordenador o el televisor y abres Netflix. Después de estar un buen rato buscando una serie, quizás más tiempo que lo que dura un capítulo, decides poner un documental sobre la historia de la Segunda Guerra Mundial.

En él, se exponen los errores del expresidente de Reino Unido [qué errores], Arthur Neville Chamberlain, y cómo llevó a que Alemania pudiera aumentar su influencia en Occidente. De repente, tu percepción sobre quién fue culpable de algunos hechos que acontecieron a estos errores cambia totalmente. ¿Por qué actuó de esa manera? ¿cómo se creyó las mentiras de Hitler? ¿por qué no renunció antes? etc. Tu percepción sobre el papel de Reino Unido en la guerra cambia por completo. Días más tarde, y sin saber muy bien por qué, decides investigar sobre el director del documental: Alejandro Bernard. Buscando en sus redes sociales, hay algo que te da mala espina y comienzas a indagar sobre su vida. Entonces, leyendo unos cuantos artículos, encuentras que parte de ese documental está financiado directamente por el Gobierno de un país en concreto, el cual es rival ideológico y económico con Reino Unido. De pronto, caes en la cuenta de lo que ha pasado.

Este ejemplo ficticio solo ilustra una guerra que se da cada día, cada hora y a cada segundo en nuestras vidas: la batalla ideológica. En resumidas cuentas, podríamos decir que la batalla ideológica es una constante por el pensamiento, donde las armas son los relatos y el objetivo es tu mente. Al igual que en el ejemplo del documental, esta batalla se da en casi la totalidad de nuestra vida: series, redes sociales, personajes influyentes, etc. Pero donde más se da esta batalla es, sin duda, en la política e su sentido más clásico.

En política, se lleva años realizando campañas ideológicas a través de los relatos; de hecho, en mi opinión, la política es esencialmente una batalla de relatos con el fin de construir realidades materiales. Porque, a fin de cuentas, si algo lo cree todo el mundo es más fácil que otros lo puedan llevar a cabo. Estas batallas pueden llegar a ser más o menos perceptibles. Todos estaremos de acuerdo, en que en el periodo de la Guerra Fría se enfrentaban dos modelos: el comunismo y el capitalismo. Propaganda, discursos e intromisión de mensajes en las líneas enemigas (y sobre todo en las propias), son las principales armas para esta batalla.

Pero no todas estas batallas se dan a la luz. De hecho, nuestra rutina está plagada de mensajes y relatos con el fin de cambiar nuestras percepciones. Ya sea qué marca compro, qué opino de la nueva medida del gobierno, o qué votaré el día de mañana.

Las formas de consumo ideológico se han ido transformando a lo largo de los años. Hollywood, por ejemplo, fue concebido como parte de la maquinaria ideológica de Occidente, con una efectividad innegable, moldeando el pensamiento y la visión de: qué fue, qué es y qué será el mundo. De hecho, plataformas como Netflix o HBO, parecen haber tomado su legado adaptándose a las nuevas formas de “entretenimiento” (audiovisuales). Es por eso que, muchos actores políticos, ya intentan acaparar el mercado del relato con el fin de construir no solamente una visión nacional, sino también internacional.

Higher Ground Productions, una productora estadounidense creada en 2018, ha firmado varios contratos para producir tanto series y películas como documentales exclusivos para Netflix. Lo curioso es que, esta productora, pertenece al ex presidente Barack Obama y a la ex primera dama, Michelle Obama; y es que, si hay alguien que haya entendido a la perfección cómo funciona la batalla ideológica son los Obama. A través de la firma de tres películas, cuatro series y varios documentales, no sólo buscan entretener a la audiencia de esa plataforma. Para Obama esto supone un paso más, no solamente para llevar su mensaje a nivel nacional, ligado a los intereses de su partido, sino también para construir una narrativa de alcance internacional. Recordemos que, actualmente, la plataforma cuenta con más de 208 millones de abonados, con el alcance y la influencia que esto supone. Y es que, en palabras de Ted Sarandos, director de contenido de Netflix: “Higher Ground están construyendo una compañía centrada en contar historias que ejemplifiquen sus valores”.

Además de la intervenciones directas de perfiles políticos, podemos observar como incluso las series denominadas “progres” o “anti establishment”, sucumben también a intereses partidistas. Es el caso de Broad City, una serie en la que dos estadunidenses veinteañeras viven aventuras relacionadas con sexo, drogas y alcohol. En uno de sus capítulos (3x05) no dudaron en hacer aparecer y dar publicidad electoral a la entonces candidata Hilary Clinton. Una intervención duramente criticada por los fans de la serie y una muestra más del interés que suscita el poder narrativo del audiovisual actual.

Pero si hay una narrativa que colma la mayoría de los productos de “entretenimiento”, esa es sin duda alguna la narrativa neoliberal. Historias de éxito, donde lo único que importa e influye parece ser el individuo. “O pisas o te pisan”, “la moral no te llega a ningún lado” o “si fracasas será por tu culpa'', son algunos de los mantras que se repiten una y otra vez. Se mitifica a personajes como Pablo Escobar en Narcos, a Frank Underwood en House of Cards o a Heisenberg en Breaking Bad. Estos son algunos de los muchos ejemplos de personajes manipuladores, egoístas y ruines que solo buscan su propio beneficio y son endiosados por los fans de las series. Una narrativa individualista y amoral que trata de centrar la visión y la comprensión de los hechos en el individuo.

Recordemos que el discurso político, en todas sus variantes, no se centra solo en los intereses construidos, sino que se emplea como herramienta para construir nuevos intereses, donde estos últimos siempre están guiados por la ideología. El entretenimiento se convierte en una batalla por el sentido y la percepción. “Siembra vientos y recogerás tempestades'', decía la Biblia, y es que, el poder constructor de realidades puede llegar a ser peligroso. Consumir historias sutilmente ideologizadas, como las de las series, de forma inconsciente y constante, hace que interioricemos determinados pensamientos e ideas, e incluso que lleguemos a concebirlas como propias, aún yendo en contra de nuestros principios o intereses.

Y aunque los medios para difundir el relato cambien, los instrumentos ideológicos se adaptan: desde Netflix y HBO hasta Facebook e Instagram, desde Twitter a los memes. Una batalla política, ideológica y de lucha por las percepciones que, por lo visto, resulta ser infinita. Y, al igual que en nuestra historia sobre Netflix, la observaremos y seremos víctimas de esta lucha desde la comodidad del sofá de nuestra casa.

26 nov 2021

Publicado enCultura
Que el presidente haya terminado llorando frente a las cámaras de televisión nos da una idea del fracaso de esta Cumbre

COP26. Entrevista al ecologista Antonio Elio Brailovsky

 

M.H: Acuerdos finales en la Cumbre del Clima en Glasgow. 

A.B: Digamos que la mejor síntesis fue el discurso del presidente de la Cumbre del clima que cuando hizo el resumen pidió perdón y se largó a llorar. Es difícil decir algo más claro, más nítido, una síntesis más expresiva que el presidente de la Cumbre llorando ante las cámaras del planeta entero.  

Lo que se logró son promesas que nadie sabe si van a cumplir y que nadie cree que se vayan a cumplir. Nos comprometemos a dejar de usar el carbón no lo firmaron, nos comprometemos a ir eliminando el petróleo no lo firmaron, y en vez de decir vamos a reducir las emisiones de gases invernadero siguen diciendo vamos a compensar las emisiones de gases de efecto invernadero por algún mecanismo que mientras contaminamos por un lado absorbe la contaminación por el otro y nadie cree que esos mecanismos funcionen. 

M.H: ¿De qué se trata el Fondo Verde por el clima, de 100.000 millones de dólares, prometido en 2009 para que estuviera provisto en 2020?  

A.B: Hace mucho que están prometiendo apoyar a los países del sur pero en principio el apoyo no deja de postergarse. Lo que están financiando es el apoyo a las grandes empresas del norte, pero lo que hace falta además de apoyar lo que quieran a sus propias empresas, es financiar infraestructura para aquellos que están sufriendo cada vez más inundaciones y sequías. Infraestructura o la migración porque ya son refugiados climáticos.  

Hay varias islas del Pacifico que ya dicen ‘no vamos a existir en pocos años’. Mientras están discutiendo cuestiones de dinero hay países que desaparecen y hay zonas donde se esperan miles o ciento de miles de refugiados climáticos.  

M.H: Son 100.000 millones de dólares que tengo entendido que son en carácter de préstamos. 

A.B: Y tampoco hay un compromiso de los que tenemos plata se la damos a los que les falta, porque además el enorme peso que tienen que hacer los pobres, que además han sido saqueados por la deuda externa, por las maniobras financieras y ese tipo de cosas ¿cómo lo van a financiar?  

Nadie sabe cómo van a financiar los pobres su adaptación a condiciones que son cada vez peores. Lo que uno espera del cambio climático es que los países pobres van a tener menos cosechas, justamente lo países con economías agropecuarias van a tener menos cosechas, su productividad va a bajar porque o van a tener poca agua o van a tener demasiada.  

Países que tenían un cierto nivel económico lo están perdiendo, y no se puede esperar que financien algo que va a ser realmente caro. 

Hidrógeno verde: prometieron una inversión de 8.000 millones de dólares para una tecnología que todavía no tienen 

M.H: Parece que a la Argentina le fue muy bien en esa Cumbre climática con un anuncio de inversiones que tienen que ver con el hidrógeno verde. ¿De qué se trata el hidrógeno verde? 

A.B: El hidrógeno es una forma limpia de combustible porque digamos que cuando uno quema gas natural uno está emitiendo gases tóxicos como residuo, cuando uno quema hidrógeno lo que emite es vapor de agua como residuo.  

El tema es cómo se produce hidrogeno, se produce como aprendimos en la escuela primaria poniendo un cable a cada lado con electrólisis del agua, pero producir hidrógeno consume muchísima electricidad y la electricidad está hecha con hidrocarburos, y es como inútil porque es cambiar la contaminación de lugar.  

Hidrógeno verde sería hacer electricidad con energía solar o eólica que sirva para producir hidrógeno. Esto está resuelto en teoría, en teoría estaba resuelto cuando usted y yo íbamos a la escuela primaria, el problema es que no están resueltos los costos.  

En este momento es escandalosamente caro la empresa que prometió tantos miles de millones de dólares en inversión, lo prometió para dentro de 4 años, y no tiene la tecnología desarrollada porque los costos en ningún lugar del mundo dan.  

Lo que sorprende es que prometieron una inversión de 8.000 millones de dólares para una tecnología que todavía no tienen. Para dar una comparación el mayor proyecto de hidrógeno verde en América latina son varias empresas que están radicadas en Chile y que se suponen van a invertir 50 millones de dólares.  

Entonces 50 millones los que están trabajando en eso contra 8.000 millones que están prometiendo estos tipos, uno dice va en serio o están tratando de blanquear la imagen de un conglomerado de empresas mineras que están entre las más contaminantes del mundo. 

Agreguemos que lo primero que pidieron fue un puerto franco, un lugar para importar lo que quieran sin que el Estado controle qué traen. Se parece mucho a un pedido de legalizar el contrabando, y se parece mucho a un intento de blanquear la imagen de un conjunto de empresas con muy mala imagen por contaminar.  

Yo no sé si a Argentina le fue bien. Creo que en eso hay un problema a discutir y es que hay que cuidar más al presidente, no puede ser que se le crea a un tipo que sabe de rugby que es el gestor de esta empresa.  

Lo que nos falta es un procedimiento institucional por el cual si alguien le acerca una carpeta al presidente se llama al Conicet y se le pide que haga una evaluación científico técnica de esto, ¿es viable no es viable? ¿Le creemos no le creemos? ¿Es una trampa?  ¿Es un engaño? ¿Va en serio? Y esto es lo que nos falta, que se incorpore a estas cosas el sistema científico argentino, obviamente el sistema científico estatal.   

M.H: ¿Podría hacer una síntesis de esta COP26?  

A.B: Empiezo por quiénes fueron. Tendrían que haber ido todos los países, pero para que fueran todos los países Inglaterra se comprometió a organizarse para mandar vacunas a los países que no tenían y flexibilizar las visas de los delegados de aquellos países que no tenían vacunas y se organizaran para que entren vacunados o se los vacunara ahí. Eso no se cumplió y entonces lo primero que hicieron fue sacarse de encima a los negros y a los pobres.  

Es la Convención del clima número 26 y nunca hubo tantos blancos y tan pocos negros, nunca hubo tantos países ricos y tan pocos países pobres. La delegación más grande no es la de ningún país sino la de los lobistas de las empresas contaminantes, principalmente las empresas petroleras que fueron a hablar con todas las delegaciones para convencer, para amenazar o para sobornar.  

Fue de esas cosas escandalosas, vergonzosas, donde empiezan prometiendo de todo y después no firman nada. Vuelvo a la parte inicial de esta conversación, que el presidente haya terminado llorando frente a las cámaras de televisión del mundo entero nos da una idea del nivel de fracaso de esta Cumbre.  

Por Mario Hernandez | 23/11/2021

Publicado enMedio Ambiente
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