Los ricos se reúnen en Davos. “Beneficiarse del sufrimiento”: el brutal informe sobre el crecimiento de la desigualdad

Así se llama el informe de la Fundación Oxfam presentado este lunes, horas antes del Foro de Davos. Refleja con datos incuestionables cómo creció la riqueza en medio de la pandemia y la crisis alimentaria creciente. Antes del evento, el FMI adelantó que se vienen “más calamidades”. En los 4 días que durará, 60 mil personas morirán por falta de acceso a la salud.

 

El Foro Económico Mundial volverá a reunirse este lunes de forma presencial después de dos años. Como siempre será en Davos, Suiza. El evento reunirá a más de 2.000 líderes políticos, empresariales y distintas organizaciones de un mundo dominado por la pandemia del coronavirus y los efectos de la guerra en Ucrania.

Entre sus principales oradores estarán el canciller de Alemania, Olaf Scholz, el presidente ucraniano, Volodymyr Zelensky y la directora del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva. Fue ella la que, hace algunas horas, publicó un documento con definiciones preocupantes. "La economía global enfrenta quizás su mayor prueba desde la Segunda Guerra Mundial. Nos enfrentamos a una confluencia potencial de calamidades" dice.

La preocupación es cierta. La crisis internacional se profundiza con la guerra, los problemas energéticos, la inflación y otros problemas que arrastra la economía mundial. Pero los rostros de los líderes compartirán las muecas de preocupación con algunas sonrisas. Las calamidades son más tempano que tarde descargadas sobre los pueblos del mundo. Peor aún: para los capitalistas se transforman en oportunidades para hacer negocios.

Así lo confirma un informe de la ONG Oxfman publicado, justamente, en los inicios del Foro. El título resume los brutales datos que acumula la investigación: “Beneficiarse del sufrimiento”.

Allí desnuda, con datos incontrastables, cómo crece la pobreza extrema en el mundo, al mismo ritmo que la riqueza extrema. Si uno toma como parámetro la duración del Foro de Davos, 4 días, en ese tiempo las fortunas de los empresarios de la energía y de la alimentación aumentarán en dos mil millones de dólares. Si lo vemos del otro lado, 3 millones de personas caerán en la pobreza extrema. Morirán 60 mil personas por falta de acceso a los sistema de salud.

Todo eso pasará en solo 96 horas. Mientras los líderes proyectan sus power point sobre calamidades y precios de alimentos y energía. Mientras comen manjares reunidos en edificios luminosos y climatizados. “Qué bárbaro el aumento del trigo y el gas” dirán en 100 idiomas.

El informe de Oxfam retoma algo que se conoce: la pandemia significó una crisis sanitaria, social y económica, pero en ella se potenciaron las desigualdades entre las clases. El informe brinda nuevos datos que no dan otra cosa que bronca. Después de la pandemia:

  • · Solo 10 personas poseen más que el 40% de la población global
  • · Los multimillonarios se enriquecieron en los últimos 2 años lo que antes les había llevado 23 años
  • · Los multimillonarios de la alimentación y la energía son 453.000 millones de dólares más ricos que hace dos años
  • · 263 millones de personas cayeron en la "pobreza extrema" en 2022
  • · Surgieron 62 nuevos milmillonarios en la industria alimentaria
  • · Esas ganancias y concentración están contribuyendo a la subida de los precios; se estima que en EEUU han influido en un 60 % al aumento de la inflación

Para tener otra imagen concreta, Oxfam lo resume así: “una persona perteneciente a la mitad más pobre de la población mundial tardaría 112 años en ganar lo que alguien del 1 % más rico en un año”.

La pandemia es el capitalismo

Las crecientes fortunas no contradicen la preocupación de algunos de los líderes que estarán en Davos. Y de los que no estarán también. The Economist, uno de los diarios más conservadores e influyentes del mundo sacó estos días una editorial titulada: “La catástrofe alimentaria que se avecina”. Y agrega que “la guerra está inclinando a un mundo frágil hacia el hambre masiva”. Sin dejar de responsabilizar a Putin de toda la situación, olvidando el rol de la Otan en el conflicto, insiste en que “alimentar a un mundo frágil es asunto de todos”. Es que, con olfato de clase, sabe que todo puede convertirse en un combo explosivo. Las disputas comerciales pueden traer más tensiones geopolíticas, pero además desesperación y tensiones sociales: el hambre y los tarifazos han parido rebeliones a lo largo de la historia.

Al final del informe, Oxfam, sugiere que "los Gobiernos deben tomar medidas urgentes para poner freno a la riqueza extrema. Deben elevar sin demora la tributación sobre la riqueza, el capital y los beneficios “caídos del cielo” de grandes empresas, e invertir este dinero en la protección de la población con mayores necesidades y en la reducción de las desigualdades y el sufrimiento".

Es lo mismo que plantea la ONG cada Foro de Davos. Seguramente desde la buena voluntad. Pero siempre con el mismo resultado: Oxfam les habla con el corazón y los poderosos le contestan con el bolsillo. Tarifazos, inflación, hambre, precarización, guerras comerciales y ahora encima misiles.

La pandemia es el capitalismo. Las calamidades las genera el capitalismo. Un sistema basado, justamente, en la apropiación privada de todo lo que produce la humanidad. Que convierte en lucro los servicios básicos. Que transforma la salud en un negocio aún en la peor de las pandemias. Que le roba el tiempo y el fruto de su trabajo a trabajadoras y campesinos. Que llena barcos de alimentos delante de pibes hambrientos.

Los que enumera Oxfman son los mismos crímenes sociales que denunciaba Federico Engels en los inicios de la Revolución industrial: “cuando la sociedad quita a millares de seres humanos los medios de existencia indispensables entonces lo que se comete es un crimen”. A pesar del desarrollo de la ciencia y la tecnología, con servicios que podrían hacer mejor la vida de la población, del aumento de la productividad para alimentar al planeta, las desigualdades son tan criminales como hace un siglo y medio.

El contraste nos devuelve a un debate que generó el discurso de la vicepresidenta Cristina Kirchner, cuando afirmó que “el capitalismo se ha demostrado como el sistema más eficiente y eficaz para la producción de bienes y servicios”, solo hay que “regularlo, controlarlo”.

Como decíamos entonces, “es necesario plantear la perspectiva de un nuevo régimen económico y social, donde la propiedad de las grandes industrias, el transporte, la energía y el conjunto de los medios de producción deje de ser privada y pase a ser pública y social. Con esos medios de producción dirigidos por sus trabajadores y trabajadoras, de manera democrática, coordinando y planificando la producción y el funcionamiento en común con la población, en función de las necesidades de las mayorías. Una reorganización social de este tipo podría dar solución a problemas agudos, como el hambre que afecta a una gran porción de la sociedad”.

La clase trabajadora y los pobres del mundo necesita sus “foros”, reuniones y asambleas para discutir como terminar con este sistema criminal y pelear por esa nueva sociedad. Es la única salida.

Lucho Aguilar@Lucho_Aguilar

Publicado enEconomía
Prueba PCR en el albergue del estadio Indira Gandhi, en Nueva Delhi, India. Foto Afp

Ginebra. El covid-19 provocó entre 13 y casi 17 millones de muertes en el mundo de enero de 2020 a diciembre de 2021, alrededor del triple del total de los balances oficiales, estimó ayer la Organización Mundial de la Salud (OMS), al mostrar la devastación de la peor pandemia vivida en el planeta desde hace un siglo.

Nuevos datos de la OMS muestran que el balance total asociado directa o indirectamente con la pandemia en el lapso mencionado es de 14.9 millones de muertes (con un margen de variación de entre 13.3 y 16.6 millones). La recolección de datos fue irregular o incluso inexistente en algunos países, indicó la agencia Afp. La OMS consideró que seis de cada 10 muertes no son registradas a nivel mundial.

La sobremortalidad se calculó haciendo la diferencia entre el número de decesos reales en ese periodo y la cifra considerada normal sin que haya una pandemia, basándose en las estadísticas.

En el caso de México, el organismo reporta 626 mil 217 decesos. Al respecto, el gobierno de México ha informado sobre el exceso de mortalidad desde julio de 2020, afirmó Hugo López-Gatell, subsecretairo de Prevención y Promoción de la Salud, que a diciembre de 2021 reportaba 689 mil 298 muertes.

El funcionario destacó que el análisis de la OMS se realizó con la misma metodología utilizada por México, por lo que sus resultados son similares al trabajo de la Secretaría de Salud, el Instituto Nacional de Salud Pública, el Instituto Mexicano del Seguro Social y la Organización Panamericana de la Salud.

El número en el exceso de mortalidad se obtiene del registro de decesos confirmados con prueba de laboratorio y la revisión de actas de defunción. También están las pérdidas de vidas por causa de otras enfermedades no atendidas durante la emergencia sanitaria, sea por la "perturbación" que hubo en la prestación de servicios médicos o porque las personas decidieron no acudir a las unidades médicas, comentó el subsecretario de Salud.

El reporte oficial más reciente de la Ssa señala que las muertes esperadas desde el inicio de la pandemia, por diferentes causas, eran un millón 474 mil 338, y se registraron 2 millones 163 mil 636. De ahí se obtiene la cifra de 689 mil 298, que representa el exceso de mortalidad. De éstas, 70 por ciento se atribuyen al coronavirus.

En tanto, de acuerdo con el reporte semanal del 2 de mayo de 2022, suman 324 mil 334 decesos confirmados con prueba de laboratorio.

Desde el inicio de la pandemia, las cifras de los países miembros reunidas por la OMS daban un total de 5.4 millones de fallecidos por covid-19 en estos dos años, pero desde hace mucho, la agencia de la ONU advirtió que estas cifras estaban lejos de ser reales.

Del promedio de los 14.9 millones de muertos excedentes, de acuerdo con las estimaciones de la OMS, 5.99 millones están en el sudeste de Asia, 3.25 en Europa, 3.23 en América, 1.25 en África, 1.08 en el Mediterráneo oriental y 0.12 millones en el Pacífico occidental. Destacó que 84 por ciento se centraron en el sudeste en las tres primeras regiones.

India, Rusia, Indonesia y EU, con mayor mortalidad

Según las estimaciones de la OMS, 68 por ciento de este exceso de mortalidad se concentró en 10 países: India (4.7 millones), Rusia e Indonesia (más de un millón cada uno) y Estados Unidos (932 mil); siguen Brasil (681 mil 267), México (626 mil 217), Perú (289 mil 668), Turquía (264 mil 41), Egipto (251 mil 102) y Sudáfrica (238 mil 671).

"Estos números, que obligan a reflexionar, subrayan no solamente el impacto de la pandemia, sino la necesidad de todos los países de invertir en sistemas de salud más fuertes", declaró el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus.

Las causas indirectas pueden deberse a estructuras de salud sobrecargadas y forzadas, por ejemplo, a retardar procedimientos quirúrgicos o sesiones de quimioterapia para los enfermos de cáncer. No obstante, los confinamientos también evitaron muertes como las causadas por accidentes de tránsito.

Restringen vacuna J&J

Los reguladores estadunidenses limitaron estrictamente quién puede recibir la vacuna contra el covid-19 desarrollada por Johnson & Johnson, debido al riesgo persistente de que surjan coágulos sanguíneos raros, pero graves.

La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos anunció que la vacuna sólo debería ser administrada a adultos que no puedan recibir otra o soliciten específicamente la de J&J.

(Con información de Ángeles Cruz)

Publicado enInternacional
Fuentes: CTXT [Imagen: Acumulación de barcos frente al puerto de Shanghai el 25 de abril de 2022. MARINETRAFFIC]

El confinamiento de la macrourbe china paraliza su puerto, el mayor del mundo. Gigantes como Apple, Xiaomi y Tesla se han visto obligados a paros parciales

Todos los días nos acercamos a nuestros comercios y al consumir, sin darnos cuenta, consumamos auténticas proezas. Raramente pensamos en la tecnología y en la planificación que implica que nuestras estanterías estén llenas de uvas de Chile, carne irlandesa, trigo ruso, lino africano o teléfonos made in China. Raramente nos detenemos a pensar que nuestro móvil utiliza metales procedentes de Zaire, Ruanda, Bolivia, Rusia…, que todos estos componentes han sido enviados en trenes y barcos a China, donde han sido ensamblados en macrofactorías y posteriormente embarcados a su vez y distribuidos por todo el planeta. Hemos normalizado vivir en ciudades que importan más del 94% de sus insumos desde más de 100 kilómetros de distancia y en las que la más mínima falla, unas estanterías vacías durante unos pocos días, se convierte en una ofensa a nuestro modo de vida, un síntoma de desorden y caos social. Exigimos (coléricamente) el abastecimiento continuo.

Desde hace poco más de un cuarto de siglo nos sostiene una compleja cadena de extracción, producción, logística y distribución. Una cadena que en realidad es una red, en la que se extraen materias primas de países africanos o latinoamericanos, se transforman en productos en las fábricas del mundo (China, India, Bangladesh, Corea…) y se distribuyen mayormente en el occidente europeo y norteamericano. Todo este entramado se sostiene por una hiperproducción en lugares claves como China, por mano de obra barata en países como Bangladesh, Vietnam, China, y por un tráfico marítimo que incrementa sus volúmenes exponencialmente cada año. El “milagro” económico se basa en el aprovechamiento de los costes más baratos en cualquier espacio del mundo y en una circulación continua de los recursos. Es por eso que en Europa hemos asistido al cierre progresivo de nuestras fábricas y a su traslado a países más económicos para las grandes corporaciones: la externalización. Somos rentistas financieros, países de servicios o productores sobrecualificados, pero ya no somos la Europa industrial del siglo XX. Ya tuve ocasión de reflexionar con ustedes sobre la llamada crisis de suministros, en realidad, los síntomas de que toda esta red comienza a llegar a sus límites y no puede prometer un crecimiento perpetuo. Es en este contexto en el que asistimos a los cuellos de botella o al fallo de los eslabones débiles del sistema, como el provocado por el cierre de Shanghai.

Lo habrán oído, el Gobierno chino ha cerrado la mayor parte de Shanghai por la expansión de la covid en la macrourbe. Hablamos de más de 26 millones de personas confinadas en lo que es uno de los núcleos centrales de la producción y logística de la cadena de suministros mundial. El cierre, lógicamente, ha afectado al puerto de Shanghai-Yangshan, el mayor del mundo: más de 24 kilómetros de instalaciones y muelles que dan entrada y salida a más de 52 millones de contenedores TEU cada año. Shanghai procesaba en febrero el 20% del tráfico mundial de contenedores cada día.

El 19 de abril, cerca de 506 barcos portacontenedores gigantes, decenas de petroleros y un gran número de graneleros y barcos mineraleros esperaban su oportunidad de cargar o descargar en las aguas cercanas al puerto. Un mero síntoma de lo que estaba ocurriendo. Tras decretar el cierre parcial de la ciudad a finales de marzo y el cierre total el 15 de abril, los trabajadores de las principales macrofactorías y los trabajadores portuarios fueron confinados en sus centros de producción. Es decir, para varios millones de trabajadores la burbuja de confinamiento no es su hogar, sino su empresa, en la cual quedan anclados para que continúe la cadena de producción y exportación, muchas veces en condiciones de salubridad y vida cercanas a la esclavitud. Tesla corp. anunció que procedía a poner duchas y a garantizar tres comidas al día a sus trabajadores, lo que nos da un indicio de que no todas las factorías o instalaciones están cumpliendo con este “estándar” de humanidad. Aun así, el transporte terrestre no circula normalmente, por lo que las factorías de producción de gigantes como Apple, Xiaomi, Tesla y otros se han visto abocadas a paros parciales. Los barcos asumen incrementos de demoras de un 75%, días de retraso, lo que a su vez supone un aumento de los fletes, los seguros marítimos, los pagos por estadía en los muelles, las operaciones de estiba y el propio sostenimiento de las tripulaciones. Miles de contenedores refrigerados con productos perecederos o con químicos peligrosos se acumulan, constituyendo una amenaza creciente. Pese a todos los esfuerzos, el número de contenedores en espera es un 195% mayor que en el mes de febrero y la desviación a otros puertos no es solución, porque las fábricas están ahí, deseando verter en las bodegas sus excedentes. Ninguna flota de transporte terrestre puede compensar ese desplazamiento de volúmenes y ningún puerto cercano puede procesar la avalancha de demanda procedente de Shanghai.

Ninguna flota terrestre puede compensar ese desplazamiento de volúmenes y ningún puerto cercano puede procesar la demanda procedente de Shanghai

Algún día nos llegarán los relatos de qué ha supuesto para los trabajadores de Shanghai este confinamiento. Qué precio humano ha tenido que sigamos recibiendo nuestros teléfonos y televisores. Pero, de momento, en los núcleos financieros de Occidente se hacen cuentas sobre lo que nos va a costar el cierre de Shanghai. Las agencias internacionales más prestigiosas ya nos explican que sólo la gran ciudad china podría aportar de un 1 a un 2% de inflación anual a la economía global. Lo que es más difícil saber es si alguien está haciendo cuentas sobre si el sistema de externalización es sostenible. Sobre si es razonable continuar concentrando la producción lejos de su destino, alargando las líneas de transporte, incrementando el volumen de los puertos hasta el infinito y dependiendo de unas líneas de suministro que, al final, son frágiles y pueden verse afectadas por circunstancias imprevisibles: un barco atascado en el canal de Suez, una epidemia en una ciudad, una guerra o una catástrofe natural, quizás. Nuestro ingenio para resolver de manera eficiente el problema de poner una manzana en su supermercado quizás debería comenzar a considerar con más humildad nuestros límites y pensar que la naturaleza está ahí para recordárnoslos. Mientras tanto, asistimos al espectáculo de un atasco en el mar de China.

27/04/2022

Marina Echebarría Sáenz es catedrática de Derecho Mercantil.

Publicado enEconomía
Sube la cifra de muertos por covid en Shanghái y Beijing comienza test masivos

Shanghái extrema las medidas de su confinamiento en medio de un repunte de la cifra de fallecidos mientras Beijing comenzó hoy a hacer test masivos y a cerrar urbanizaciones para evitar la propagación de covid en la capital china.

 

La metrópolis oriental anunció este lunes la muerte de otras 51 personas por covid, con lo que la ciudad suma un total de 138 fallecidos desde que decretó hace un mes un confinamiento masivo para atajar un abrupto aumento de casos.

El vicedirector de la comisión sanitaria de Shanghai, Zhao Dandan, enfatizó hoy en que la edad media de los decesos es de unos 81,1 años y que todos ellos tenían alguna enfermedad o patología previa a infectarse con el nuevo coronavirus.

Zhao avisó de que la situación epidémica sigue siendo "grave y compleja" en Shanghái y destacó que la cifra diaria de contagios sigue siendo "alta" después de que se anunciasen 2.472 nuevos positivos y 16.983 casos asintomáticos detectados el domingo.

El funcionario agregó que la ciudad hará otra ronda de test a sus 25 millones de residentes con el objetivo de frenar la curva de contagios "lo más rápido posible".

Entretanto, la última polémica en Shanghái la ha protagonizado el levantamiento de unas enormes vallas verdes -de unos dos metros de altura- en algunas urbanizaciones para impedir que los residentes salgan de sus casas.

Las redes sociales recogieron este fin de semana imágenes de personas confinadas que criticaban desde el balcón a los trabajadores que, enfundados en trajes blancos de protección, erigían estas cercas y protestaban ante la hipótesis de un incendio dado que no podrían salir de sus hogares de ninguna manera.

Algunas de estas vallas se levantaron en complejos residenciales en los que se han detectado positivos y la razón, según las autoridades municipales, es que algunas zonas deben activar un "confinamiento duro" y evitar a toda costa que la gente salga y así evitar nuevos contagios.

Pruebas masivas y confinamientos selectivos en Beijing

Entretanto, el resto del país continúa acumulando nuevos contagios, con casos de transmisión comunitaria en las provincias nororientales de Jilin (79) y Heilongjiang (26), en las surorientales Jiangxi y Zhejiang, ambas con 14, y la capital, Beijing, también con 14 positivos confirmados al margen de los asintomáticos.

Ahora, el número total de contagiados sintomáticos activos en la China continental asciende a 29.178 y la preocupación se ha extendido en Beijing, donde su mayor distrito, Chaoyang, que concentra desde embajadas a rascacielos de negocios, ha exigido a quienes vivan o trabajen en la zona que se sometan a tres pruebas de ácido nucleico durante esta semana.

En las calles del distrito se formaron hoy colas kilométricas para hacerse el test en las garitas designadas a tal efecto, y también se han cerrado ’de facto’ algunas urbanizaciones.

El miedo a que la capital china acabe de nuevo confinada o que llegue a los niveles de Shanghái ha provocado compras masivas en los supermercados -dejando algunos de ellos completamente vacíos- y consejos en las redes sociales sobre qué comprar en caso de cuarentena generalizada.

La ciudad también ha suspendido los grupos turísticos a partir de este lunes -a menos de una semana de cuatro días festivos por el puente del 1 de mayo- y exigido a las agencias de viajes que reembolsen el importe de los paquetes de viajes.

Pese a la alta transmisibilidad de la variante ómicron, China continúa aplicando su estricta política de "tolerancia cero" para atajar esta última oleada de casos, que está provocando cifras récord de contagios no vistas desde el inicio de la pandemia.

Con todo, los rebrotes están siendo muy diferentes al primer brote registrado en China en la ciudad de Wuhan, cuando la tasa de mortalidad sobrepasó el 5 por ciento, según explicó ayer en la televisión estatal el epidemiólogo chino Zhang Wenhong: "La tasa de mortalidad en Shanghái se mantiene en el 0,178 %", aseguró Zhang.

La prensa oficial reconoce que "China ha atestiguado un prominente incremento de rebrotes en todo el país", con más de 500.000 contagios desde marzo, pese a lo cual el país debe "insistir en la política de ’covid cero’ y garantizar la salud de la población en la mayor medida posible".

Según opina hoy el diario Global Times, "hay que actuar" y "ser lo más rápidos en la medida de lo posible" para impedir la propagación del virus, algo que, destaca el periódico, lograron ciudades como Cantón tras detectar sus primeros casos.

"Un confinamiento total solo se puede poner en marcha cuando la propagación está en una fase avanzada o si se detecta temprano pero no se controla de forma decidida. Debemos ser incisivos e identificar a tiempo las fuentes de infección para evitar repuntes", acota el rotativo.

China a las puertas de una crisis sanitaria y social

El Gobierno ahora enfrenta una situación inédita de contagios desde el inicio de la pandemia, con un creciente malestar social que se puede convertir en una bomba de tiempo. Recientemente salieron a la luz las brutales condiciones laborales de los trabajadores chinos bajo el confinamiento. Un caso emblemático es el de Tesla y Foxxcon.

Según un informe del China Labour Bulletin mientras que millones están confinados en sus edificios y departamentos "Los trabajadores industriales viven en sus fábricas para seguir produciendo, los repartidores de alimentos duermen en la calle y trabajan todo el día y el personal médico muere por exceso de trabajo".

El mismo informe señala que en Shanghái, los trabajadores de la salud fueron llamados en medio de la noche y que trabajaron largas horas con equipo de protección insuficiente y sin descansos, administrando pruebas de PCR a la población.

Para los repartidores de entrega de alimentos la situación no fue diferente, se han enfrentado a decisiones difíciles: o encerrarse en sus casa y no tener ingresos o dormir en las calles para continuar trabajando. Se ha informado que estos trabajadores duermen en tiendas de campaña, debajo de puentes y en estaciones de autobuses, especialmente porque otras formas de refugio.

En otra localidad al sureste del país, Shenzhen, uno de los centros industriales más importantes del país y que había sido confinado el mes pasado, los trabajadores industriales han sido encerrados en su lugar de trabajo, viviendo y durmiendo allí para que la producción no se detenga. Los informes señalan que duermen en los terrenos de la fábrica, ya sea en carpas o en camas improvisadas hechas con elementos que tienen a mano, como cajas de cartón, en las instalaciones del gigante Foxconn, conocido por ser el mayor ensamblador mundial de los iPhone.

En las redes sociales chinas circularon algunos videos denunciando la situación que se vive. Tanto de los que se encuentran confinados bajo estricta vigilancia y sometidos a las arbitrariedades del Gobierno, como de los trabajadores esenciales, cada vez más, que trabajan y viven en condiciones denigrantes.

El confinamiento masivo de las estrégicas megaciudades chinas está generando enormes problemas al Gobierno chino que le teme más a un cataclismo económico y social que a la pandemia de coronavirus.

Lunes 25 de abril

Publicado enInternacional
Banco Mundial: Mayoría de mercados emergentes y economías en desarrollo están mal preparados para crisis de deuda que se avecina

“En los próximos 12 meses, una decena de economías en desarrollo podría no estar en condiciones de atender el servicio de su deuda, lo que generaría la mayor oleada de crisis de la deuda en las economías en desarrollo en una generación”, advirtió el BM en un tuit. Foto: Tomada de bancomundial.org.

El Banco Mundial ha advertido que la depreciación monetaria y la inflación están golpeando con fuerza a los pobres, a lo que se suma que la deuda de los países en desarrollo ha aumentado marcadamente hasta alcanzar el nivel máximo de los últimos 50 años y hoy es alrededor del 250% de los ingresos públicos.

Durante un discurso este martes en Varsovia, previo a las Reuniones de Primavera de 2022, el presidente del BM, David Malpass, afirmó que, en un escenario agravado por la crisis de la covid, la guerra en Ucrania y sus consecuencias “también han generado una escasez repentina de energía, fertilizantes y alimentos (…) Incluso las personas que se encuentran geográficamente lejos de este conflicto sienten sus impactos”.

Malpass señaló que las alzas de los precios de los alimentos “afectan a todos y tienen consecuencias devastadoras para los más pobres y vulnerables. Se prevé que, por cada punto porcentual de aumento en los precios de los alimentos, 10 millones de personas caerán en la pobreza extrema”.

El presidente del BM advirtió que en 2022, antes del comienzo de la guerra en Ucrania, la recuperación ya estaba perdiendo impulso debido al aumento de la inflación y a los persistentes cuellos de botella en la oferta.

Según las previsiones, en 2023 las economías avanzadas prácticamente regresarían a las tasas de crecimiento anteriores a la pandemia, mientras que las economías en desarrollo están muy rezagadas.

“Las alzas de los precios de los alimentos afectan a todos y tienen consecuencias devastadoras para los más pobres y vulnerables (...) Las alteraciones en el comercio ya han provocado que los precios de los cereales y los productos básicos se disparen. Las exportaciones de trigo desde los puertos del mar Negro han mermado de forma abrupta. Y la intensa sequía de América del Sur está reduciendo la producción mundial de alimentos.

“(...) Hay otros factores que agudizan los actuales problemas en la oferta de alimentos: el suministro de fertilizantes, los precios de la energía y las restricciones a la exportación de alimentos impuestas por los propios países”, dijo el presidente del Banco Mundial.

“La violencia no se limita a Ucrania”, dijo el número uno del Banco Mundial, y precisó que este año, 39 de los 189 países miembros del Grupo Banco Mundial están atravesando situaciones de conflicto abierto o muestran niveles de fragilidad inquietantes.

“El número de personas que vive en zonas de conflicto casi se duplicó entre 2007 y 2020. En la actualidad, en Oriente Medio y Norte de África, una de cada cinco personas vive en una zona afectada por conflictos. Este deterioro de la seguridad ha provocado un aumento en el número de refugiados, que en la última década se elevó a más del doble hasta superar los 30 millones en 2020”.

Añadió que “cada una de las crisis en curso afecta más a las personas vulnerables, a menudo mujeres y niñas. Y, mientras tanto, seguimos padeciendo las consecuencias sanitarias, económicas y sociales de una pandemia mundial y de los cierres económicos. Se han perdido millones de vidas, y millones más sufren debido a los enormes retrocesos en el desarrollo, que afectaron especialmente a los pobres”.

Según Malpass, “nunca tantos países estuvieron en recesión al mismo tiempo, con las consiguientes pérdidas de capital, empleos y medios de subsistencia. Paralelamente, la inflación continúa acelerándose y reduce los ingresos reales de los hogares de todo el mundo, en especial de los pobres.

“Las políticas monetarias y fiscales de excepción que las economías avanzadas han estado implementando para estimular su demanda, combinadas con las limitaciones y alteraciones de la oferta, han impulsado los aumentos de precios y han agravado la desigualdad en todo el mundo”.

Mencionó la probabilidad de que la pobreza continúe aumentando en 2022 debido a los efectos de la inflación, la depreciación de la moneda y la suba de los precios de los alimentos, y alertó sobre la crisis de deuda que se avecina.

Según el presidente del BM, las vulnerabilidades derivadas de la deuda son particularmente graves en los países de ingreso bajo: el 60% de ellos ya se encuentra sobreendeudado o presenta un alto riesgo de caer en esa situación.

“La mayoría de los mercados emergentes y las economías en desarrollo están mal preparados para enfrentar la crisis de deuda que se avecina”, dijo.

“Las economías avanzadas con sistemas de protección social bien desarrollados están protegiendo a una parte de su población de los daños causados por la inflación y los bloqueos comerciales, pero los países más pobres cuentan con recursos fiscales limitados y sus sistemas para apoyar a los necesitados son deficientes.

“La depreciación monetaria y la inflación están golpeando con fuerza a los pobres, lo que está provocando rápidos aumentos de las tasas de pobreza en 2022”, añadió.

13 abril 2022

(Con información de Banco Mundial)

Publicado enEconomía
"Tsunami-hondakinak" (Residuos de tsunami), pintura acrílica sobre madera de Txaro Arrazola

Las guerras son parte de una normalidad capitalista que se enfrenta a sus límites estructurales prefigurando un futuro de control elitista de la escasez.

Un economista neoliberal, a preguntas de una periodista sobre las conexiones entre las tres grandes crisis del siglo XXI (la financiera, la pandemia y la guerra de Ucrania) contestó -sin despeinarse- que él no era supersticioso y que obviamente esas crisis no tienen nada que ver unas con otras. Se trataría entonces de una suma acumulada de mala suerte, una mala racha mundial y nada más. Una sucesión de cisnes negros, como llamó el libanés Nassim Taleb a casos atípicos fuera de las expectativas regulares, pero con un impacto extremo, como podían ser -según este autor- el atentado de las torres gemelas en Nueva York, o el asesinato del Archiduque de Austria en Sarajevo, que precipitó la primera guerra mundial.

Podría discutirse si la pandemia fue un suceso de este tipo, aunque ya había numerosos científicos del ramo que venían avisando; puede que la jugada de tahúr mafioso de Putin fuera poco predecible; incluso, podría decirse, que la explosión de la burbuja especulativa inmobiliaria en EEUU no fue prevista por la mayoría de economistas; aunque -seguramente- todo ello habla más bien de la ceguera e incompetencia de los economistas, las autoridades sanitarias o los líderes políticos que de la imprevisibilidad de estos acontecimientos. En todo caso, el hecho de que hayan sucedido de forma tan seguida, sin darnos respiro, ya debería hacernos sospechar de que algo no anda del todo bien en el mundo y que seguramente alguna relación habrá entre tanta catástrofe junta.

Dicho de otro modo, cuando en un estanque todos los nuevos cisnes nacen negros, son los blancos quienes se van convirtiendo en rara avis. En ese sentido, parece bastante obvio, que aun siendo acontecimientos muy diferentes, lo que los hace similares es el marco en el que se producen: un mundo envuelto en profundas crisis, donde la resiliencia del sistema es tan baja que permite -cuando no provoca- situaciones agudas de inestabilidad de distinto tipo cada vez más frecuentes. Hay que ser muy miope para no ver esto, o bien ser un teólogo de la economía de mercado y la globalización neoliberal, que no ve más allá de sus números y cuentas (sólo sumas y multiplicaciones por cierto) confundido por su fe ciega en el poder mágico de la mano invisible y el crecimiento económico infinito.

En todo caso, a pesar de lo que podría parecer, la pregunta sobre cisnes blancos o negros, lejos de ser baladí es clave; yo diría incluso que es “la pregunta”. Si estamos ante ocasionales cisnes negros bastará con actuar de la manera habitual en estos casos: cambios de los tipos de interés, vacunas y misiles stinger. Si por el contrario el problema es un estanque contaminado, casi seco, y superpoblado de cisnes tiznados y furiosos luchando por las escasas migajas de pan, las soluciones tendrán que ser otras. Si es así -y todo parece indicar que lo es- no habrá más remedio que drenar y sanear el estanque, pues en nuestro caso la posibilidad de volar a lugares menos inhóspitos no existe más allá de locas fantasías delirantes de multimillonarios dementes.

Planteando la pregunta de otra manera ¿Estamos ante acontecimientos que preceden y aceleran el colapso global que anuncian cada vez más expertos e intelectuales críticos? ¿Vivimos en momentos pre y pro colapso? Carlos Taibo (y no es el único) intuye que estamos ya en las primeras fases del derrumbe global y relativamente rápido del sistema neoliberal globalizado, o Incluso del sistema capitalista tal y como lo conocemos.

La disyuntiva entre decadencia o colapso, que plantea Taibo, podría estar dilucidándose ahora mismo a favor del segundo. Aunque, seguramente, la caída no será en todas partes igual, ni necesariamente al mismo tiempo en todas partes. Además, en la realidad, las dicotomías nunca son tan absolutas como sobre el papel, y una decadencia rápida o un colapso paulatino no se distinguen tanto al fin y al cabo. Esto se entiende mejor si estudiamos otros colapsos anteriores, como el ineludible del Imperio Romano, donde vemos -como ahora- estas diferencias de tiempos y lugares (oriente y occidente), pero también descubrimos que las nuevas relaciones sociales-económicas-políticas del futuro ya se prefiguraban durante los tiempos del colapso/decadencia.

Es difícil diagnosticar el huracán desde su ojo, pero cada vez más voces autorizadas avisan de que las fuerzas desatadas del colapso en marcha prefiguran un nuevo sistema, que sin saber muy bien cómo será, llamamos de forma preventiva ecofascismo, o gestión autoritaria de la escasez en beneficio de las élites, y esto tiene mucho que ver con las guerras que vivimos, también la de Ucrania.

Para empezar, debemos entender que el estado-guerra es el estado natural del ecofascismo. Es decir, las guerras son funcionales a este sistema, que no podría existir sin ellas: sin un enemigo (externo o interno) contra el que combatir y al que culpar de todos los males. Sería entonces la forma política dominante de un capitalismo oligopólico, que algunos llaman neo-feudal, basado en el Estado-empresa, altamente financiarizado y digitalizado, que se alimenta del expolio de personas, pueblos y bienes comunes para continuar creciendo. Un sistema que está llegando a sus límites estructurales.

Las nuevas guerras del siglo XXI: periféricas, continuas, latentes, digitalizadas, interpuestas, privatizadas, hibridas… buscan el posicionamiento de las potencias globales y regionales -incluidas transnacionales y poderes corporativos- con alianzas a menudo cambiantes y agendas propias. Con el objetivo del control de los recursos escasos en sus zonas de producción y distribución, estableciendo para ello contratos y alianzas con agentes locales armados. Tal vez las guerras de hoy no sean más que el estado natural de las cosas en esta fase del capitalismo.

Algunos analistas han dicho que la guerra de Ucrania es una rara avis (un cisne negro) que nos retrotrae a las guerras del siglo XX, pero ese análisis no deja de ser muy superficial, basado en estudios de estrategia militar sin profundizar en su contexto. No hay más que ver sus características, como guerra interpuesta para dirimir conflictos de intereses de las grandes potencias globales, su fase de “latencia” desde 2014 hasta ahora, la utilización de milicias, mercenarios y nuevas armas robóticas…, la guerra financiera, estados policía sancionando a nacionales extranjeros, sanciones o sobornos a países implicados, la utilización de flujos migratorios como arma, el papel activo de grandes multinacionales en el conflicto, la exhibición comercial armamentística en el mercado mundial… para darse cuenta de que estamos en una guerra del siglo XXI.

Sin embargo, tal vez sea la visión del gas y el petróleo ruso, surcando con normalidad el campo de batalla hasta llegar a los consumidores europeos, la imagen más gráfica de la esencia de la guerra de Ucrania; es decir, entendida como parte de la economía-guerra posmoderna y no como economía de guerra, en la acepción tradicional del concepto, que supone siempre una cierta excepcionalidad frente a una normalidad de relativa paz. Desde luego, en el capitalismo se ha utilizado siempre la guerra como elemento regenerador de la economía, pero en esta fase de su desarrollo, la guerra: permanente, periférica y privatizada… tiende a constituirse como su estado natural, en un ecosistema propicio de estados fallidos y explosión del desorden social.

Obviamente, todo ello no descarta la posibilidad de una gran conflagración mundial, incluso nuclear, pues como bien dice el refrán quien juega con fuego al final se quema, y desde luego -como apunta Noam Chomsky- evitarlo debería ser ahora mismo nuestra máxima prioridad. Deberíamos hacerlo sin dejar de lado la construcción de las bases de una alternativa democrática, equitativa e igualitaria -es decir ecofeminista- frente al ecofascismo que viene, que debe ser combatido en todos los frentes: político, ideológico, cultural, económico…

Todo ello no puede obviar, sin embargo, la necesidad urgente de crear una corriente mundial antibelicista transversal, que se deje pelos en la gatera si es necesario, pero que consiga acumular la fuerza y la unidad de acción necesaria para oponernos a la deriva suicida de la humanidad, pues, como dijo Rosa Luxemburgo: la paz es la revolución del proletariado mundial.

Por Juan Ibarrondo

Escritor

13 abr 2022

Publicado enEconomía
EE.UU: Récord inflacionario y peligro de estanflación en la mayor economía del mundo

Con el nuevo récord inflacionario registrado por Estados Unidos, podría generarse una estanflación, definida como una mezcla de recesión económica, inflación elevada y creciente desempleo, afirmó hoy un analista.

Los precios al consumidor en la norteña nación reportaron en marzo su mayor aumento en 16 años y provocaron un avance de la inflación anual, informó el Departamento de Trabajo.

Ese indicador subió un 1,2 por ciento durante el tercer mes de 2022, marcado por la subida en los costos en los alimentos y la gasolina, que representó más de la mitad del incremento.

Sobre el tema el economista mexicano y experto en temas energéticos del Centro de Investigación y Docencia Económicas, Rodrigo Benedith recordó que hasta febrero, los precios al consumidor habían aumentado un 7,9 por ciento, también un máximo de 40 años, luego de un récord de cuatro décadas de 7,5 por ciento en enero.

Al respecto señaló que la alta inflación que experimenta actualmente Estados Unidos, su tasa de crecimiento negativa, así como los bonos del Tesoro que traen tendencia negativa son indicadores de que el país podría experimentar una crisis económica.

En una entrevista publicada por Sputnik, Bendith puntualizó que si bien hubo una recesión por la pandemia, a diferencia de ésta, la mayor economía mundial muestra una inflación elevada lo cual conllevaría a una estanflación.

Aclaró que la alta inflación estadounidense se compone de tres elementos básicos: el aumento en el precio de los alimentos, de la vivienda y de los combustibles, este último ligado a las sanciones económicas que Washington impuso a Moscú, específicamente en el sector energético.

Con esas penalidades está considerablemente reducida la importación de petróleo, gas y energía, procedentes de Rusia, precisó el experto.

La medida fue parcialmente aplicada, pues si Estados Unidos saca completamente del mercado al petróleo ruso, las consecuencias económicas podrían ser aún más catastróficas, explicó Benedith.

Si el bloqueo al crudo ruso se aplica como se hizo con Venezuela e Irán, el precio del barril podría elevarse a más de 200 dólares, y si se les ocurre sancionar el gas va a ser peor, sentenció el economista.

Entre las medidas de Washington contra Moscú también están la prohibición de nuevas inversiones en el sector energético de Rusia, y la financiación o habilitación de empresas extranjeras con negocios para producir energía en el país euroasiático.

Senador demócrata culpa a Biden por cifra récord de inflación en EEUU

El senador demócrata Joe Manchin culpó hoy a la administración de Joe Biden y a la Reserva Federal por el aumento de la inflación.

De acuerdo con la publicación The Hill, el anuncio ocurrió después de que los datos del Departamento de Trabajo revelaran que dicho parámetro aumentó un 8,5 por ciento en los últimos 12 meses, una cifra récord.

La Reserva Federal y la Administración no actuaron con la suficiente rapidez, y los datos de hoy son prueba de las consecuencias que se están sintiendo en todo el país, dijo Manchin en un comunicado.

En lugar de actuar con valentía, nuestros líderes electos y la Reserva Federal respondieron con medias tintas y fracasos retóricos, mientras buscaban a quien echarle la culpa. El pueblo estadounidense merece la verdad sobre la crisis y qué debe hacerse para controlarla, añadió.

Manchin calificó los datos como una historia escalofriante sobre cómo los impuestos están fuera de control, mientras los bolsillos de los estadounidenses se vacían en las compras de productos básicos y combustibles, y pago de impuestos.

Cifras oficiales muestran que los precios de los alimentos aumentaron un 8,8 por ciento en los últimos 12 meses y en uno por ciento solo en marzo, mientras que el valor de la gasolina creció en un 48 por ciento.

Para The Hill, los números son una mala noticia para los demócratas y Biden de cara a las elecciones de mitad de mandato de este otoño, ya que los republicanos se aprovechan de la inflación para abogar por un cambio de liderazgo.

La Casa Blanca culpa del aumento de los costes, especialmente de los precios de la gasolina y la energía, al presidente ruso Vladimir Putin por la crisis bélica en Europa del Este, pero algunos políticos estadounidenses opinan lo contrario.

Estos dramáticos aumentos de la inflación no han sido causados por Putin, sino son resultado de las malas decisiones del presidente y los demócratas que controlan el Congreso, comentó el senador Lindsey Graham (R. Carolina del Sur).

Si quieren que los precios bajen, los estadounidenses tendrán que cambiar de liderazgo, apuntó el principal republicano de la Comisión de Presupuestos del Senado.

12 abril 2022

(Información de Prensa Latina)

Publicado enEconomía
Franco 'Bifo' Berardi. Cedida por la editorial

El autor conversa con Franco Berardi ‘Bifo’ sobre la pandemia y la guerra. El escritor y filósofo italiano concluye que la única vacuna eficaz contra el

pánico es el pensamiento colectivo

¿Qué ha pasado con el deseo –íntimo y social– durante la pandemia? La mirada política tradicional de la izquierda, que relega todo lo relativo a la subjetividad al ámbito privado, no se hace la pregunta. Es entonces la extrema derecha quien canaliza los malestares que recorren hoy los cuerpos.

La pandemia ha provocado un fenómeno generalizado de apagón libidinal, una retirada del deseo de los lugares, los objetos, las actividades en las que estaba cargado. Esa retirada es ambivalente: por un lado, falta de ganas, abatimiento, depresión. Pero también fuga de la competitividad, de la búsqueda de éxito, del consumo. Esa ambivalencia atraviesa hechos como la “gran dimisión”, el éxodo de las grandes ciudades o lo que se oculta bajo la etiqueta mediática del “síndrome de la cabaña”.

No estamos ante movimientos políticos evidentes, como podía ser la fuga del trabajo alienado durante los años sesenta y setenta. ¿Seremos capaces de escuchar estos fenómenos impuros y ambivalentes? Es la apuesta del pensador italiano Franco Berardi (Bifo) en su último libro, El tercer inconsciente; la psicoesfera en la época viral (Caja negra editores).

Ello nos requiere un cambio de mirada: desplazarse desde los saberes dominantes de la sociología o la geopolítica hacia una psicopatología o psicopolítica, es decir, construir una nueva razón sensible capaz de sintonizar con las corrientes de deseo que atraviesan la sociedad.

Apocalipsis, pandemia y guerra

Bifo: Quería decir dos palabras sobre el libro y su contexto, para empezar. En septiembre de 2020, leí una declaración de la directora de la Agencia de Salud de Cánada que decía: “Skip kisses” (evitad los besos), “in any case you have sexual relations don´t forget to wear sanitary masks” (en el caso de tener relaciones sexuales, no olvidar usar la máscara sanitaria), “anyway in the present condition the best is going solo” (en las condiciones presentes lo mejor es ir solo), una expresión que nunca había escuchado antes.

Cuando leí estas palabras, me dí cuenta de que estaba aconteciendo una mutación que iba a afectar la vida social comunitaria a un nivel muy profundo, que va a modificar la percepción del cuerpo del otro, de la piel del otro, de los labios del otro; los labios no son sólo un lugar de acceso al placer, sino también donde el sentido, el significado, se produce y se comunica.

El viejo hippie que soy tuvo primero una reacción de preocupación y pesimismo. Pero después me dije: intentemos no juzgar, no sacar conclusiones apresuradas, sino vivir este proceso, este pasaje, lo que yo he vislumbrado como un umbral, un largo umbral de transformación, intentemos verlo como el pasaje hacia un terreno desconocido.

Durante los dos años de pandemia, mi actividad principal ha sido tratar de entender las mutaciones psíquicas, las mutaciones de la subjetividad social; sobre todo de la generación que está creciendo ahora, que está descubriendo el mundo, que está descubriendo el cuerpo del otro. En esta investigación me he sentido acompañado por un grupo que se reúne dos veces a la semana desde primeros de abril de 2020, el Grupo de Investigación Intercontinental sobre la Pandemia, un colectivo de amigos y amigas, la mayoría de ellos psiquiatras y psicoanalistas, pero también trabajadores sanitarios y psicoterapeutas.

He intentado responder a esta cuestión con la imagen del “tercer inconsciente”, la idea de que estamos entrando en la era del tercer inconsciente. Quien se ocupa seriamente de estas cosas puede reírse de mis palabras, porque el tercer inconsciente no significa nada. No hay un primer inconsciente, un segundo inconsciente, el inconsciente no tiene historia. Pero sí hay diferentes psicoesferas, campos de cruce entre lo social y la psique. Una primera psicoesfera es el inconsciente del que habla Freud, cuando dice que el inconsciente es efecto de una represión y que se manifiesta a través de un malestar de tipo neurótico. Una segunda psicoesfera sería el inconsciente neoliberal producto de la aceleración extrema del universo económico, social, lingüístico, comunicativo y, especialmente, el universo de los estímulos informativos y psíquicos. Ahí pasamos de la neurosis a la psicosis como manifestación privilegiada del malestar.

El libro se plantea si hay una tercera psicoesfera, el inconsciente de la pandemia. En estos años la aceleración se ha detenido y ha ocurrido una “psicodeflación”: una disminución de la energía de aceleración que ha caracterizado los últimos cuarenta años. ¿Cuáles serán los efectos de esta psicodeflación? Es la pregunta sobre la que indago en el libro.

Pero ahora, con permiso del editor, me parece que este libro nace ya viejo, porque hemos superado el umbral en una nueva dirección: la guerra. ¿Qué relación hay entre pandemia y guerra? Entiendo la guerra actual como una reacción agresiva a la psicodeflación pandémica, una respuesta a la depresión global.

Amador: Quería traer a colación, para empezar, un texto que leí recientemente de un autor que no frecuento mucho y es el pensador judío Emmanuel Lévinas. Es un artículo de 1946 donde reflexiona sobre la experiencia de los campos de concentración en los que estuvo internado durante la guerra. En un momento dice: “En los campos conocimos la expectativa del fin del mundo”. No se refiere al fin del mundo físico, sino al estallido de las categorías que organizan el sentido de nuestra experiencia del mundo. Y citando al profeta Isaías afirma: “Esperábamos, para después de la guerra, un cielo nuevo y una tierra desconocida”. Lo llama una “sensibilidad apocalíptica”. La palabra apocalipsis tiene dos sentidos: fin del mundo y desvelamiento o revelación. La sensibilidad apocalíptica es la sensación de que lo que hay no se sostiene más y es preciso “un cielo nuevo y una tierra desconocida”.

Pero lo sorprendente, dice Lévinas, es que después de la guerra volvió la normalidad, el mundo se rehizo como si nada. No sólo en la banalidad cotidiana, sino en la repetición de lo peor: en 1946 tiene lugar el progromo anti-judío de Kielce. Lévinas se pregunta entonces: “¿Todo fue vanidad?” (es el título del texto).

Y su respuesta es que no, que hay que trabajar para recoger los efectos del desvelamiento, para que no se desvanezcan y todo sea vanidad de vanidades. Es necesaria una “ingenuidad superior” para no dar por cancelada la experiencia y que los muertos engrosen simplemente la estadística. Es el trabajo de toda una vida registrar y pensar los efectos de revelación.

Este libro nace también de una sensibilidad apocalíptica. Bifo tiene visiones en el confinamiento de la pandemia. Ve el fin de un mundo, la posibilidad de otro. Es un libro lleno de signos de interrogación. ¿Será la crisis del coronavirus la ocasión perfecta para un perfeccionamiento del sistema o el punto de arranque de una deriva existencial, cultural, política?

El libro de Bifo es un libro ingenuo en el mejor de los sentidos posibles. Hemos visto a los pensadores más conocidos estos últimos años simplemente reconfirmando sus posiciones previas, sin dejarse interrogar por lo que pasaba. El caso de Giorgio Agamben es el más conocido, pero no el único. Los pensadores no se animan por lo general a esta ingenuidad de no saberlo todo de antemano.

La experiencia que hemos atravesado está aún por contar y pensar. No ha pasado ya porque, aunque no vuelva a haber ninguna mutación del virus, ha dejado marcas profundas en nuestros cuerpos. Marcas de terror, de distancia social, de obediencia, pero también de desvelamiento. Todo eso es lo que está pensando Bifo.

¿Cómo no va entonces a tener actualidad? No hay que ceder al tiempo de la coyuntura, hay que resistir a la vanidad de vanidades, registrar los destellos de revelación, y el libro de Bifo es una herramienta estupenda para ello. 

 ¿Geopolítica o psicopatología?

La primera cuestión que quería plantearte es una pregunta de método o de mirada. En un texto reciente sobre la guerra en Ucrania dices algo que me interesó mucho: “No necesitamos una geopolítica, sino una psicopatología o una psicopolítica”. No necesitamos tanto un pensamiento de las determinaciones macro que nos definen, determinaciones sociológicas, determinaciones políticas, determinaciones históricas, sino también un pensamiento, una sensibilidad, capaz de aprehender las fluctuaciones de deseo, los estados de ánimo, la producción de subjetividad. Otra manera de pensar. Entonces, la primera pregunta sería esta: ¿qué sería una mirada psicopolítica o psicopatológica?

Bifo: ¿Geopolítica o psicopatología? Por supuesto que la geopolítica tiene un papel para entender el mundo contemporáneo, pero el problema es que se limita a describir efectos de superficie. Tenemos que entender qué está pasando a un nivel mucho más profundo: el nivel de las inversiones de deseo, el nivel de la mutación psíquica frente a una aceleración caótica de los procesos sociales.

Para entender la genealogía del nazismo hitleriano hay que captar el sentimiento de humillación que se difundió en Alemania tras el Tratado de Versalles. El miedo y la depresión fueron compensados por una sobre-reacción agresiva. Hay una película de Ingmar Bergman llamada El huevo de la serpiente que narra justamente la genealogía del nazismo, desde el punto de vista de una situación psicótica cotidiana. Al comienzo de la película vemos una muchedumbre en blanco y negro que parece como adormecida, al final esta muchedumbre se transforma en una masa agresiva y lista para la guerra.

Creo que estamos en una situación de depresión epidémica similar. En Italia, entre los quince y los treinta años, hay una multiplicación de los suicidios. Hay una predisposición a la depresión de la que tenemos que hablar si queremos entender lo que pasa. No quiero decir que la guerra en Ucrania pueda ser reducida a un asunto de psicoanalistas. Pero la psique de los rusos, de los ucranianos, de todo el mundo, se encuentra hoy en una situación de depresión y de posible reacción guerrera compensatoria. La geopolítica no explica nada de esto.

El retorno de la Tierra

Amador: Me gustaría preguntarte sobre la distinción que haces entre Tierra y Mundo. El Mundo sería ese “objeto” que la política clásica creyó dominar desde descartes hasta Maquiavelo. Pero la Tierra es algo muy diferente, lo indomesticable. El virus sería una manifestación de la Tierra. ¿Lo podrías desarrollar?

Bifo: Tomo esa distinción de un pensador japonés que se llama Sabu Kosho. Sabu escribió un libro titulado Radiation and Revolution. Es el relato de la experiencia de un activista, y filósofo a la vez, que vivió la catástrofe de Fukushima trabajando entre las personas golpeadas por el tsunami. Sabu analiza la reacción después de un acontecimiento tan horroroso y destructivo. Somos en esos momentos, dice, como extraños en un planeta ajeno que no conocemos y donde intentamos sobrevivir.

Propone distinguir entre Mundo y Tierra. ¿Qué es el Mundo? Es el producto de nuestra actividad lingüística, política, económica, productiva, la evolución de la civilización y de lo que podríamos llamar cultura en un sentido filosófico, antropológico. El mundo se encuentra cada vez más desafiado por la Tierra, por el retorno de fuerzas que no podemos dominar: los incendios que destrozan áreas enormes del planeta, las aguas del océano y todo lo que conocemos como catástrofe ecológica, un proceso acelerado hoy por la guerra. Eso es la Tierra, la naturaleza que hoy retorna, incluyendo la naturaleza humana.

El neoliberalismo se afirma desde el principio como darwinismo social, según este pensamiento esencialmente falso, ideológico, de que en la naturaleza sólo sobrevive el más fuerte y hay que aceptar la economía como naturaleza donde los más fuertes ganan. Pero aquí hay una mistificación. Si nos definimos como humanos es porque ha habido una ruptura cultural que nos permite considerar la naturaleza como algo muy hermoso y amable, pero también violento y peligroso. Por eso hemos inventado cosas como el lenguaje, la solidaridad social o el Estado, que odiamos con razón pero que nace ante el problema de la naturaleza como peligro mortal.

La agresividad de la naturaleza volvió porque el neoliberalismo nos dijo que el más fuerte debe ganar. Y el más fuerte es el ganador neoliberal, el más fuerte es Vladimir Putin, la fuerza de los fuertes es la guerra.

Psicodeflación

Amador: Me recuerda todo lo que habla Isabelle Stengers sobre la “intrusión de Gaia”. Me gustaría pasar al tema del tercer inconsciente, el que provoca –¿acelera, radicaliza, manifiesta?– la crisis del coronavirus: un apagón libidinal en toda regla, la psicodeflación. ¿Qué nos puedes contar sobre ese tercer inconsciente? Aunque sea aún un territorio desconocido, magmático, en ebullición, ¿qué tendencias detectas? ¿Qué nos puedes compartir de ese trabajo junto a psicoanalistas y terapeutas que llevas desarrollando durante dos años?

Bifo: El tercer inconsciente se define con respecto a la inflación psíquica de la época neoliberal: una aceleración extrema del cuerpo y de la mente colectiva con el objetivo de un aumento continuo de la productividad, sobre todo de la productividad intelectual, del trabajo cognitivo, una exaltación de la energía como fuerza productiva y capacidad de dominio sobre la realidad. Evidentemente el virus rompe con esta carrera, con esta aceleración.

¿Qué es el virus? El virus es una concreción matérica invisible, un retorno de la materia que la abstracción del capitalismo financiero ha intentado olvidar, suprimir, cancelar. La materia vuelve y rompe la continuidad de las cadenas productivas, de las cadenas de distribución, provocando el great supply chain disruption que dicen los americanos, pero también de las cadenas afectivas.

El efecto de esta desaceleración o psicodeflación es un efecto que se presenta como depresivo desde el punto de vista psíquico, es la sensación de haber perdido algo. Hemos perdido, en primer lugar, la fuerza política de gobierno de la realidad. El virus es un caotizador universal, diría Félix Guattari, un productor masivo de caos. ¿Y qué es el caos? El caos no es una realidad acotada, sino una relación entre la mente humana y el ambiente, el ambiente físico, comunicativo, lingüístico. Hay caos cuando el cerebro no logra elaborar una realidad que se vuelve más rápida y compleja de lo que podemos procesar.

Pero cuando entramos en una dimensión caótica siempre hay estúpidos que dicen “guerra al caos”: guerra al virus, a las drogas, al terrorismo. ¿Y qué pasa entonces? El caos se multiplica por cien. El narco, las mafias, el terrorismo, las catástrofes. El caos se alimenta de la guerra. Guattari nos sugiere aprender a escuchar el caos, a escuchar la voz del caos, aprender un ritmo nuevo, porque eso es el caos, un ritmo nuevo. La psicodeflación ha sido una reacción sana, entre comillas, al caos. Ralentizamos, desaceleramos.

El mundo blanco, el mundo cristiano, lo que llamamos Occidente es muy extenso e incluye a Rusia. Rusia es Occidente desde un punto de vista cultural. La fuerza que mueve la historia y la cultura rusa es la misma fuerza que mueve a los EE.UU. y Europa: la fuerza de la dominación agresiva, la fuerza de la expansión, la fuerza del futuro. La palabra futuro es central para comprender lo que estoy intentando decir. Futuro significa expansión en el pensamiento occidental y el problema es que la expansión se agotó, hoy se ha vuelto imposible, solo podemos expandirnos a través de la masacre, en primer lugar de la naturaleza. El crecimiento económico, este mito total, central, del pensamiento económico, compartido por todos los políticos de derecha e izquierda, hoy significa sólo catástrofe, destrucción, muerte.

El futuro se acabó y estamos envejeciendo. El envejecimiento es un hecho absolutamente central en Occidente (también en China ciertamente). ¿Qué es el envejecimiento? Una pérdida de energía, de potencia, de futuro, obviamente. Pero el cerebro occidental no puede tolerar la idea del fin de la expansión. Nuestra civilización siempre ha reprimido el envejecimiento y la muerte como experiencia esencial de la vida humana, lo que en el libro llamo el “devenir nada”. Tenemos que hablar de este devenir nada si queremos salir de la locura de la guerra, de la destrucción total, de la bomba nuclear; porque los viejos prefieren llevarse el mundo entero con ellos al infierno antes que aceptar la muerte y el devenir nada.

¿Qué he aprendido de la experiencia del Grupo de Investigación Internacional sobre la pandemia? Una cosa esencial: contra el pánico solo hay una vacuna y esta vacuna es pensar juntos. Pensar y más aún pensar juntos tiene una potencialidad terapéutica y política enorme. Lo único que podemos hacer en este mundo en el que se confunde el Mundo con la Tierra, en el que no entendemos dónde estamos ni cómo sobrevivir, lo único que podemos hacer para escapar del pánico y la depresión es pensar juntos.

Amador: Qué difícil hacerlo cuando se prohibe el encuentro entre los cuerpos. Lo más duro de llevar en este tiempo ha sido para mí esta dificultad para inventar los modos de pensar juntos. El terror atomiza; y contra Descartes hay que decir que no hay un yo que piense sin un tú que responda. El campo del pensamiento crítico se ha estrechado muchísimo, cualquier duda con respecto al discurso oficial es inmediatamente tachada de delirio negacionista. Y ahora, en la situación de guerra, también impera esta especie de obligación de tomar posición en un tablero previo, de tener que escoger entre Putin o la idea occidental de libertad, que son fundamentalmente lo mismo, como has explicado.

Resignación contra la abstracción

Quería volver a la experiencia del primer confinamiento. Una experiencia ambivalente. Por un lado, el terror y la distancia social; por otro lado los aplausos, la solidaridad y la sensación de que lo que hay no se sostiene más. La consigna que circuló entonces, de balcón a balcón, fue que no había que volver a la normalidad porque la normalidad era el problema. En el silencio, en la ralentización, tuvimos destellos de otra vida posible.

Pero mi impresión es que no hemos sabido prolongar ese momento, abrir esa bifurcación. A la salida de ese primer confinamiento, nos quedamos sin voz. Hay un momento en el libro donde dices que si no emerge una nueva subjetividad, lo posible se pierde, se desvanece. Es vanidad de vanidades. Pero, ¿de qué tipo es esa nueva subjetividad? ¿Qué tipo de fuerza puede empujar un pasaje de umbral diferente, prolongar el acontecimiento, impedir que sus marcas se desvanezcan, abrir una bifurcación existencial, otra deriva civilizatoria?

Bifo: Para mí, el primer confinamiento fue una experiencia bastante alegre, pero para muchos jóvenes no lo fue para nada. Los medios atacaron a los jóvenes, les dijeron de todo, les descalificaron y criminalizaron por querer tomarse una cerveza. Pero eran los jóvenes los que pagaban el precio más alto por salvar a los viejos. Como abuelo se lo agradezco mucho, pero no puedo reprocharles que se tomen una cerveza.

De golpe el pensamiento de un cambio de paradigma social se diseminó. En Italia es evidente para todos que la catástrofe sanitaria ha sido sobre todo un efecto de la destrucción neoliberal del sistema sanitario público. Todos pensamos que íbamos a asistir a una vuelta a un keynesianismo, a un pensamiento social de la economía, pero no ha ocurrido así. La idea de que el capitalismo puede ser racional y humano es una ilusión. Lo que ha ocurrido es la radicalización del empobrecimiento y el enriquecimiento privado de los súper-ricos.

¿Por qué ha pasado esto? ¿Cómo podemos evitar las consecuencias catastróficas que ya se están desarrollando? Mi respuesta está contenida en la palabra psicodeflación, pero con una evolución lingüística muy interesante: la palabra “resignación”. Cuando pensé en ella por primera vez me pareció una blasfemia. Mi formación materialista y marxista se rebelaba contra ella. Pero luego leí en un periódico norteamericano la expresión great resignation” (gran dimisión). Como sabemos, cuatro millones y medio de norteamericanos decidieron no volver al trabajo después de la pandemia y lo mismo sucede en China, cada vez hay más personas jóvenes y no tan jóvenes que se preguntan: ¿por qué tengo que tengo que trabajar por un salario de mierda, en condiciones humillantes, inaceptables, idiotas?

La palabra resignation tiene dos sentidos. El primero es aceptar lo inaceptable. Pero el otro es dimitir, abandonar el campo social, el campo productivo, irse para siempre. Este segundo significado me hizo pensar en un tercero: re-signation, la resignificación. Hay que resignificar nuestra relación con la necesidad, con la naturaleza, con nuestras formas de vida cotidiana, resignificar la relación entre lo concreto, lo útil y la productividad.

La primera página de El Capital explica que el corazón del capitalismo es la abstracción, el capitalismo es un proceso de acumulación de valor abstracto, que significa ex-tracto, extraído, el valor que el capital extrae de la vida concreta, de las necesidades concretas, de las potencias concretas de la humanidad. El retorno de lo útil y lo concreto es lo que más me interesa hoy.

La muerte como condición de libertad

Amador: Una última pregunta. Hay una frase famosa de Spinoza que dice: “En nada piensa menos un hombre libre que en la muerte”. Sin embargo, tú dices que hoy, para recuperar la libertad, tenemos precisamente que amistarnos con la muerte, volver a pensarla y hacernos amigos del devenir nada.

Bifo: Puede que Spinoza se equivoque, ¿no? Un hombre libre no piensa en la muerte, bien, pero ¿acaso somos hombres libres? Y además, ¿qué significa libertad? La asociación entre libertad y potencia acaba en formas histéricas del pensamiento de la política.

La histeria de toda la modernidad es la identificación entre libertad y potencia, la idea de que la potencia se manifiesta en el interior de la dimensión de libertad y esta es ilimitada. Pues no, queridos míos, tienes la libertad de lanzarte desde el quinto piso pero te matas. No es verdad que la potencia se manifieste al interior de la libertad, sino al revés: la libertad se manifiesta al interior de la potencia y esta no es ilimitada. La muerte se plantea entonces como un problema que tiene una dimensión filosófica, psicoanalítica y política muy importante.

La modernidad blanca e imperialista ha rechazado el pensamiento de la muerte porque ha pensado la potencia en la dimensión de libertad ilimitada. Esta libertad ilimitada ha sido la máscara de la esclavización de la mayoría de la humanidad, la libertad neoliberal, la libertad norteamericana, la libertad de la constitución americana, una constitución escrita por negreros, por esclavistas. Cuando en la convención que escribió la declaración constitucional americana se planteó el problema de la esclavitud se decidió posponer la discusión. ¿Resultado? Hoy el neoliberalismo reproduce un efecto de esclavitud masiva y generalizada.

Ahora estamos al borde de la muerte de la civilización blanca. Eso nos parece un abismo espantoso y catastrófico, ¡pero no lo es! Porque la muerte es una experiencia de vida. Hay que pensar la muerte como límite, como condición de libertad, la libre muerte, la libertad de morir. Pero estamos fascinados por una pretensión histérica de ilimitación de nuestra potencia, romántica y fascista. Pensar la muerte, ironizar sobre ella, como hace Salman Rushdie en su última novela Quijote, es la única posibilidad de salir de la historia de Occidente, de la histeria asesina y suicida de Occidente, de la idea de la ilimitación de la potencia.

La base de este texto es la conversación que tuvo lugar entre Franco Berardi (Bifo) y Amador Fernández-Savater en La Maliciosa (Madrid) el 24 de marzo de 2022.

Amador Fernández-Savater 10/04/2022

Publicado enSociedad
China informa nuevo récord de casos de coronavirus y crece el descontento

La política de "covid cero" del Gobierno chino, que incluye cierres totales en ciudades y mayor represión, está generando malestar en centros como Shanghai. Mientras que millones están confinados en sus edificios y departamentos, los trabajadores industriales viven en sus fábricas para seguir produciendo, los repartidores de alimentos duermen en la calle y trabajan todo el día y el personal médico muere por exceso de trabajo.

 

El Gobierno chino anunció este lunes un nuevo récord de contagios por coronavirus, llegando a 27.595 en las últimas 24 horas. Se trata de una cifra sin precedentes desde que comenzó la pandemia.

Los expertos señalaron que a diferencia de la forma en que la pandemia se trata en otros países la variante "Ómicron no es una gripe", y por lo tanto descartaron relajar las restricciones que se toman en el país.

Esas restricciones, conocidas con el nombre de "covid cero" implican cierres de ciudades enteras, incluyendo las megalópolis como Shanghai con 27 millones de habitantes, y una política crecientemente represiva sobre la población, que incluye vigilancia extrema y amedrentamiento, a la vez que condiciones penosas de trabajo para los "esenciales" que mantienen la salud y los servicios básicos.

Así trabajan "los esenciales"

Como señala un informe del China Labour Bulletin mientras que millones están confinados en sus edificios y departamentos "Los trabajadores industriales viven en sus fábricas para seguir produciendo, los repartidores de alimentos duermen en la calle y trabajan todo el día y el personal médico muere por exceso de trabajo".

Cuenta el informe que en Shanghai, los trabajadores de la salud fueron llamados en medio de la noche y que trabajaron largas horas con equipo de protección insuficiente y sin descansos, administrando pruebas de PCR a la población. Por su parte los repartidores de entrega de alimentos se han enfrentado a decisiones difíciles: o encerrarse en sus casa y no tener ingresos o dormir en las calles para continuar trabajando. Se ha informado que estos trabajadores duermen en tiendas de campaña, debajo de puentes y en estaciones de autobuses, especialmente porque otras formas de refugio, como los cibercafés que se encontraban abiertos las 245 horas están cerrados por la pandemia.

En Shenzhen, uno de los centros industriales más importantes del país y que había sido confinado el mes pasado, los trabajadores industriales han sido encerrados en su lugar de trabajo, viviendo y durmiendo allí para que la producción no se detenga. Los informes señalan que duermen en los terrenos de la fábrica, ya sea en carpas o en camas improvisadas hechas con elementos que tienen a mano, como cajas de cartón.

Shenzhen, es la ciudad en la que se encuentra el gigante Foxconn, conocido por ser el mayor ensamblador mundial de los iPhone. Cuando el Gobierno anunció el confinamiento de la ciudad el mes pasado, Foxconn presentó un esquema de "ajustes" en sus líneas de producción para "minimizar el impacto del confinamiento de la ciudad" de 17 millones de habitantes.

Así, en lugar de realizar cuarentena como el resto de la ciudad, los cerca de 200.000 trabajadores de Foxconn en sus dos complejos de Shenzhen debieron someterse a pruebas de covid, junto con otras medidas destinadas a tratar de impedir que se contagien, pero no que dejen de trabajar, llegando al extremo de vivir directamente en la fábrica.

Récord de casos y malestar social

El protocolo de "cero Covid" impulsado por el Gobierno chino implicó desde el principio un aumento de las políticas represivas y liberticidas contra la población en general. Sin embargo, hasta el momento no habían tenido que lidiar con un aumento de contagios significativo en algunas de las principales ciudades como ocurrió en el último mes, y en medio de una situación económica compleja y de la que pensaban empezar a salir este año.

El pasado martes, las autoridades de la megalópolis de Shanghai prolongaron indefinidamente el confinamiento que habían decretado para frenar el alza de contagios con una campaña masiva de pruebas entre el 28 de marzo y el 5 de abril.

Este lunes, las autoridades anunciaron que empezarán a permitir gradualmente que los habitantes de las zonas con menos casos abandonen sus domicilios, aunque no estaba claro cuántas personas podrán salir de sus casas ni cuándo.

En las redes sociales chinas aparecieron algunos videos denunciando la situación que se vive. Tanto de los que se encuentran confinados bajo estricta vigilancia y sometidos a las arbitrariedades del Gobierno, como de los trabajadores esenciales, cada vez más, que trabajan y viven en condiciones denigrantes.

El Gobierno ahora enfrenta una situación inédita de contagios desde el inicio de la pandemia con un creciente malestar social que se puede convertir en una bomba de tiempo.

Por Redacción sección internacional

Lunes 11 de abril

Publicado enInternacional
Edgar Antonio Villaseñor González, “Pandemia?”, https://www.flickr.com/photos/eantoniovg/3498774363/

A la memoria de Luis Ignacio Sandoval, intelectual honesto, comprometido profundamente con la paz, la democracia y la justicia social. Personas como tú, siempre le harán falta a nuestro país.

 

Hace dos años, cuando transcurría el mes de marzo, en Colombia se declaró oficialmente el primer caso de contagio por el coronavirus Sars-Cov-2 que produce la covid-19. Este fenómeno sanitario de nivel global, desencadenó una gran ola de miedo, producto, de un lado, de la capacidad de daño que se le atribuyó, pero también por la gran incertidumbre frente al mismo dado el desconocimiento de su contagiosidad y letalidad.

La alarma cundió, y el miedo también creció fruto de su exacerbación por los medios de comunicación, asuntos que llevó a tomar medidas tanto gubernamentales, como familiares e individuales, que generaron un cambio profundo en la dinámica de la vida social, cultural y económica.

Los efectos sin duda han sido dispares y la pandemia no se distribuyó “democráticamente” como se planteó a su inicio y como suele suceder con las enfermedades y su ampliación en forma de epidemias y pandemias. Como en la economía, y en la vida cotidiana en general, fueron los sectores más empobrecidos los más afectados en todos los órdenes.

Transcurridos estos dos años, vale la pena preguntarse como sociedad, como especie, por los aprendizajes y por los retos que pudo dejar una experiencia como esta, que nos impuso, durante un largo periodo, apartarnos de la forma “normal” en que habitamos el planeta.

No más el miedo para orientar las actuaciones

Un aspecto que guió el comportamiento de la gente fue el miedo: a contagiarse y morir, miedo a contagiarse e infectar a otros que terminaran muriendo. Asunto fuertemente estimulado por la gobernanza de la pandemia en cabeza de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y muy propagado por los medios de comunicación.

La reacción primaria, ante tal sentimiento, llevó a un aislamiento en muchos casos extremos: la gente se negó a entrar en contacto con otros seres humanos, incluso familiar. Reacción con situaciones angustiantes y dolorosas como la vivida por muchos trabajadores del sector salud que optaron por irse de sus casas por varios meses, aislándose de sus hijos, parejas, padres.

Reacción temerosa, estigmatizadora, que propició en diversidad de sectores el rechazo social, inculpación por posible contagio de los trabajadores de la salud, señalamiento ampliado incluso al transporte público. Actitud hipócrita pues mientras por un lado alababan la heroicidad de los miles que bregaban a diario con infectados por el covid-19, en el contacto directo fluia no la gratitud sino el rechazo.

El miedo es un mecanismo ampliamente utilizado para el control de la población. En lo político, lo conocemos muy bien en el país, lo han potenciado, de manera sistemática, por medio de actos violentos para crear un clima de inseguridad y de esta manera llevar al respaldo social a salidas de mano dura, de base fascista.

El aprendizaje desprendido de este particular, es reconocer muy bien cómo se utiliza el miedo como mecanismo de control y paralización de grupos poblacionales y de orientación de sus decisiones, predisposición que lleva a asumir posturas fuertemente individualistas que rompen lazos de reconocimiento humano y de solidaridad.

Sin desconocer el hecho que un fenómeno sanitario infeccioso que se extiende de manera amplia requiere en ciertos momentos de aislamientos, no puede admitirse quedar paralizados como sociedad por el miedo, perdiendo capacidad de respuestas de cuidado de base solidaria.

Todas las vidas deben importar

La pandemia de covid-19 volvió a mostrar que la salud y la enfermedad tienen una distribución profundamente desigual entre los grupos sociales, dependiendo de la condición económica que prima en ellos.

En Colombia la mayor tasa de infección por covid-19, y las muertes provocadas por ella, la sufrieron principalmente los sectores que padecen precariedad económica. Realidad que resalta al ver la distribución de la mortalidad por covid-19, y que según estadísticas del Dane, se agrupa en los estratos 1 y 2 con el 61,5 por ciento, mientras que en los estratos 6 y 5 solo alcanzó al 3,4 por ciento.

Una realidad, de exposición al virus que no es casual toda vez que quienes más se vieron impactados viven su cotidianidad obligados a salir, sin poder implementar adecuadamente las medidas de bioseguridad, quedando expuestos, en alto grado, al contagio. Si a esto se agregan los problemas de nutrición que tienen, las condiciones precarias de sus viviendas y las dificultades de acceso a los servicios de salud, queda integrado el cuadro de determinaciones que les impone la enfermedad y la muerte.

Es una realidad a la que también se suma el hecho que los impactos de orden socioeconómico producto de la pandemia los padecen en principal grado los sectores subalternos. Y su impacto no es menor: la pobreza creció en más del 10 por ciento, la capacidad adquisitiva de amplios grupos sociales disminuyó enormemente, el desempleo creció y muchas de las alternativas económicas de estos sectores a través de las micro y pequeñas empresas se quebraron, al no recibir ayuda económica del gobierno, contrario al tratamiento dado a la gran empresa.

El mecanismo de subsidio económico, utilizado desde hace varias décadas en el país, volvió a demostrar sus limitaciones para ayudar a que sus beneficiarios capoteen la pobreza. A pesar del clamor y la demanda social expresada con los trapos rojos ondeando en sus ventanas, y de la propuesta desde sectores académicos y sociales de implementar la renta básica universal, el gobierno no quebró su modelo económico ni social y hoy los empobrecidos de siempre lo están más, viviendo muchos de ellos en la miseria, padeciendo hambruma, tal como recientemente lo expresó la FAO, la agencia para la alimentación de la Naciones Unidas.

Entonces, el aprendizaje acá es hacer norma ética que todas las vidas importan, que no solo importan las vidas de los más pudientes, de quienes están en el poder o gozan de sus mieles de manera directa o indirecta, sino que cada ser humano debe ser protegido, cuidado, sanado.

La salud debe orientar la dinámica económica

A la luz del confinamiento general de la población, sin duda duda una decisión apresuada o sin valoración suficiente de los signos que iba arrojando la pandemia en sus primeros días de circulación y la mejor manera de contenerla, se propició una crisis del sistema económico en su conjunto.

Es claro. La producción quedó frenada, la circulación de mercancías reducida a un mínimo, el consumo también quedó alicaido, y con todo ello la acumulación de capital, eje central del sistema capitalista, entró en schok.

Alguién podría decir que la decisión fue altruista, sin embargo, tras percatarse los administradores de diversas piezas del andamiaje mundial de lo errado de su decisión evidenciaron que lo fundamental para ellos era la economía, no la salud ni la vida de las mayorías.


Esta paradoja se vio contradicha en el país, dado que cuando se presentó la peor dinámica epidemiológica de la pandemia, con el mayor número de casos de contagio y de muerte, el gobierno nacional tomó la decisión de abrir totalmente la dinámica económica.

En pleno pico epidemológico el gobierno impuso el retornó a la “normalidad” de la dinámica económica de mercado, esgrimiendo como sustento de tal giro el supueso de que la economía es esencial para la vida. Una visión que refuerza la lógica que por décadas ha primado en el país y el mundo, producto de la cual la economía, centrada en la acumulación de capital, subordina la salud y desprecia la vida.

A la luz de lo sucedidio y padecido por millones, debe quedar como aprendizaje que lo fundamental es el cuidado y protección de la vida, la cual debe orientar el curso de la dinámica económica; es decir, la economía al servicio de la vida y no la vida y la salud al servicio de la economía.


La salud pública debe orientar intervenciones integrales

El tiempo permite leer mejor lo sucedido. El manejo de la pandemia, desde el sector de la salud, se concentró en medidas clásicas de salud pública, utilizadas hace varios siglos en el control de las epidemias: aislamiento con cierre de territorios, higiene de manos, uso de mascarillas, distanciamiento físico, uso de medicamentos y vacunas.

Dos años después de iniciada esta pandemia, se evidencian los desaciertos de su manejo, con cifras muy altas de enfermos y de muertos. El manejo centrado en aislar no dio sus frutos y por el contrario sí trajo otros efectos deletéreos como el empobrecimiento de la gente, e impactos sobre la salud mental.

En estas circunstancias la pandemia reveló la gran debilidad del sistema de salud para enfrentar una crisis de salud de dimensiones especiales. Por ejemplo, desnudó su énfasis en la visión de atención hospitalaria y de gran complejidad, que está ligada a la visión de mercado profundizada con la Ley 100, dejando al margen la visión promocional y preventiva, así como la intervención territorial comunitaria, piezas claves para el desarrollo de una respuesta adecuada en el componente de salud pública.

A su vez, los agentes privados involucrados en el sistema de salud, mostraron su talante, reflejado en la desidia y despreocupación por el diagnóstico, tratamiento y seguimiento a las personas que desarrollaron covid-19.

De igual manera, la apuesta centrada en lo tecnológico para el enfrentamiento de la pandemia, colocando por largos meses todo el acento en habilitar unidades de cuidado intensivo (UCI) y luego en las vacunas, dos años después mostró su limitación, en tanto la pandemia no ha desaparecido como se pretendía y la vacuna, más que cumplir su labor de generación de inmunidad que es su razón de ser, quedó en el campo de disminuir el efecto deletéreo del virus, que no es cosa menor, pero a grandes costos financieros y también humamos por su capacidad de generar efectos adversos y por incorporar un nuevo elemento sociocultural de estigmatización hacia los no vacunados.

Acá el aprendizaje está en reconocer que el control de una epidemia-pandemia no es posible lograrlo solo con medidas de higiene individual, con aislamientos selectivos, con gran tecnología médica o con la vacunación. Se requieren medidas de salud amplias e integrales, que orientadas a mejorar la calidad de vida de toda la población, en especial las condiciones de saneamiento básico y de alimentación; establecer protecciones sociales universales; desarrollar un sistema de salud público de base territorial, que genere potentes procesos de promoción y prevención, de atención primaria y de solida vigilancia en salud; configurar una cultura de cuidado, conteniendo las posiciones altamente individualistas desarrolladas por el actual tipo de sociedad.


Un gran reto: miradas integradoras, que vean el todo no solo la parte

Entender esta pandemia con la enfermedad respiratoria generada por la propagación global de un nuevo tipo de coronavirus, se torna una explicación simplista e insuficiente, que no da pistas para enfrentar estos fenómenos epidémicos que cada vez se van haciendo más frecuentes en nuestro sistema mundo.

Una realidad propiciada y que tiene como causa de base, el tipo de relación establecido por la humanidad con la naturaleza, producto de las formas como se produce y consume de formas intensivas. En especial, las formas como estamos desplazando y entrando en interacción con especies animales, producto del avance de procesos agroindustriales y extractivos que depredan los bosques y las selvas y sacan de sus hábitats naturales a muchas especies, generando nuevas condiciones en ecosistemas para la replicación de vectores y microorganismos que entran con mayor facilitad en contacto con los seres humanos.

A su vez, las formas masivas como hoy se reproducen animales para el consumo humano, entre ellos cerdos, aves, reses y otras especies exóticas, reproducidas y alimenentadas en hacinamiento para engorde en procesos de tiempo cada vez más reducidos, propician y facilitan la incubación y transmición de virus entre ellas y su mutación, de fácil propagación a la especie humana vía consumo.

Por lo tanto, la pandemia coloca de nuevo el reto de mirar los problemas de forma profunda e integral, para ir a las causas últimas y poder tener capacidad de frenar próximas epidemias. Si no cambiamos de fondo las formas intensivas de producir y consumir impuestas por el capitalismo, y con ello generar una relación respetuosa y equilibrada con la naturaleza, nos veremos enfrentados a nuevas epidemias que podrán ser más devastadoras.

Oportunidad desaprovechada

Con la situación de la guerra en el territorio ucraniano, que abre las posibilidades a una guerra nuclear o ampliada en lo territorial, con armas tácticas de destrucción masiva, pero con efectos globales inmediatos, necesariamente surge la pregunta de si realmente aprendimos algo con la pandemia.

Y con sinsabor toca afirmar que aprendimos muy poco, que teníamos un gran afán de retornar a la “normalidad” para continuar produciendo y consumiendo, para seguir en el acelere angustioso de la vida que hoy tenemos, para seguir “salvándonos” individualmente y para continuar en la lógica del tener y no del ser, sin entender que esta “normalidad” es la que nos ha traído al abismo como especie.

Una realidad contradictoria que evidencia que como humanidad estamos ciegos y no logramos comprender la magnitud de fenómenos de alto impacto propiciados por modelos de desarrollo contra natura, como el cambio climático, las pandemias, las guerras nucleares, de ahí que actuamos en sentido contrario a la vida, a riesgo de extinguirnos, con la paradoja que la especie sapiens, al autodestruirse al acabar su hábitat, quedará registrada como la más estúpida de todas las que han pasado por el planeta Tierra.

Ojalá los rayos de solidaridad y de respeto por la naturaleza que también han brillado a lo largo de la pandemia, para cuidar la vida de forma integral, logren ganar espacio en medio de la sordera y estupidez del grueso de la humanidad, actitud potenciada en todos los planos por los agentes del capital, sustento y motor de la realidad que vivimos, y del siniestro futuro que se avecina, posible de evitar si sumamos imaginación, brazos, solidaridad, cooperación, y mucho más.

 

* Profesor Facultad de Medicina, Universidad Nacional de Colombia.

Publicado enColombia
Página 1 de 24