Colombia. El decorado de la paz se desmorona

Colombia ha vivido unos años en los que los decoradores de la paz –expertos en dramaturgia democrática han levantado una escenografía tan débil que ahora se desmorona ante los vientos uribistas.

 

Todos quisimos creerlo. Mejor expresado: todos necesitábamos creer que lo imperfecto era lo posible y que lo posible se haría realidad en medio de dificultades. Todos y todas pensamos que los procesos de paz que caminaban en Colombia tenían sentido, no para hacer la revolución siempre pendiente sino para sacar la violencia armada de la política, para desestigmatizar a los movimientos de base y para comenzar una larga y dura lucha en el terreno de lo político-institucional (aunque ese escenario sea un decorado vacío de contenido, una ficción consensual que permite la ficción democrática en el feudo colonial).

Apostamos, muchos, al posibilismo. Confiamos en empujar un poquito la Constitución de 1991 y sus derechos de ficción, habilitar espacios de debate y participación que no estuvieran mediados por la muerte, proponer las otras-muchas-colombias-posibles sin el temor inminente del tiro en la nuca. Los que llevaban más heridas a cuestas sabían que era casi imposible. Los fantasmas del genocidio de la Unión Patriótica, de la desmovilización del M-19, de los cientos de acuerdos incumplidos por el Estado tras las duras batallas libradas por los pueblos indígenas… Todas esas heridas recordaban que se pactaba y se daba un margen de confianza a quien nunca había hecho nada para merecerlo.

Pero aún así, quisimos creerlo e incluso algunos de los líderes y lideresas más curtidos le apostaron (y le apuestan) a la paz (sea lo que sea lo que signifique) porque la degradada guerra civil de la Colombia invisible es insoportable. Una compañera mexicana, curtida también en las negociaciones con estados genocidas, me decía que cuando el nivel de violencia contra la sociedad es tan extremo como en Colombia, las agendas políticas tendían a reducirse a un solo enunciado: “Dejen de asesinarnos, desaparecernos, torturarnos…”. Esa era, quizá, la agenda y desde ese punto de vista los procesos de paz recientes en Colombia ya han fracasado.

El gobierno saliente de Juan Manuel Santos, el Nobel de Paz cocinado desde la guerra sucia del Estado, construyó un decorado de la paz que, por un momento, podía parecer confiable: insuficiente, sí; pero posible. Primero los clásicos de todos postconflicto contemporáneo: comisión de la verdad, comisión de búsqueda de personas desaparecidas, sistema de justicia transicional. Después, la ñapa de comprometerse a lo que ya lleva escrito y aprobado hace 27 años en la Constitución Política. Era un decorado. La inmensa mayoría de los puntos consignados en el Acuerdo de Paz firmado con las FARC en noviembre de 2016 –después de un profundo peluqueado fruto de un innecesario y fallido plebiscito- no avanzan y el Estado sólo ha cumplido en lo que tiene que ver con el desarme y desmovilización de la guerrilla de las FARC. Ni siquiera está cumpliendo en lo relativo a la reintegración de los ex guerrilleros y guerrilleras en la vida civil.

Las comisiones avanzan en medio de la parálisis: o bien no tienen presupuesto, o bien no cuentan con el respaldo institucional necesario, o bien trabajan en un país ficticio porque el país real, desde que Uribe comenzara la formación de una nueva opinión pública a su medida, no está interesado en esta paz y gusta más de la victoria militar. De hecho, parece paradójico que tras cumplir las FARC con el 95% de sus compromisos en tiempo y forma, la mayoría de los colombianos (un 77% según las últimas encuestas) sigue desconfiando de lo que ahora es un movimiento político resquebrajado desde dentro.

El decorado de Santos debía completarse con la firma de algún tipo de acuerdo con la segunda guerrilla del país (el Ejército de Liberación Nacional –ELN-) y con el sometimiento a la justicia de la principal franquicia paramilitar de las muchas que operan en el país (el Clan del Golfo o también autodenominado como Autodefensas Gaitanistas de Colombia –AGC-).

En el primer caso, a los decoradores se les vio el plumero: siempre despreciaron y ningunearon al ELN y no estaban dispuestos a abrir un proceso masivo y nacional de participación ciudadana, que es lo que la guerrilla de origen guevarista siempre ha reclamado para repensar el país.

En el segundo caso, las improvisaciones de última hora del Gobierno Santos y el hecho de que haya llegado al poder un Gobierno neouribista (cuando las AGC no perdonan a Uribe las traiciones acumuladas tras su desmovilización fingida en 2005) han frustrado la disposición de ese grupo paramilitar a desmovilizarse de algún modo. Esta es la realidad cuando llevamos dos meses del Gobierno de Iván Duque, un advenedizo de la política elegido cuidadosamente por Álvaro Uribe después de la traición (una más) que supuso para el ex presidente paisa la gestión de Santos, quien fuera su ministro de Defensa.

Duque ha dejado el ministerio de Defensa a un uribista peligroso, el empresario Guillermo Botero, y ha dejado en el congelador todos los procesos de paz: apuesta así por la derrota militar del ELN y por la desaparición de las FARC gracias a sus divisiones internas y a su aparente aislamiento político. Con los ‘paras’…. con los ‘paras’ es otra cosa: puede negociar bajo cuerda con ellos un reparto de las economías ilegales y las violencias en el país, puede pedir ayuda a sus aliados en Washington (que siempre han tenido el control del interruptor del paramilitarismo), o puede verse tentado a iniciar una guerra improbable y de rumbo más que incierto.

Una vez tumbado el decorado de la paz con el primer monzón uribista… ahora sólo toca ver qué tan vigorosos son los movimientos de base para resistir y construir alternativas quizá, esta vez, totalmente al margen de la arquitectura institucional. Juegan con todo el contra: una comunidad internacional timorata, una clase media urbana inmune a los avatares de la guerra, y unos territorios codiciados por una hidra de organizaciones criminales que saben que la rentabilidad del control territorial es desproporcionada. La única esperanza es que comunidades y organizaciones de base han demostrado mil veces en Colombia su capacidad de resistencia y de reinvención. Nuestro apoyo, basado en el respeto absoluto de los procesos propios (con aciertos y errores) es más necesario que nunca.

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El drama de los desplazamientos forzados crece en Colombia tras el proceso de paz

En los ocho primeros meses del año, 38.490 personas se han visto forzadas a abandonar su hogar en Colombia. Con estos datos, CODHES confirma que el número de desplazados internos del país se ha vuelto incrementar mientras más de un centenar de líderes y lideresas sociales han sido asesinadas.

La Consultoría para los Derechos Humanos y el Desplazamiento en Colombia (CODHES) confirma que se ha vuelto a incrementar el número de personas desplazadas internas en ese país. En los primeros ocho meses del año, casi 40.000 personas han sido víctimas del desplazamiento forzado, y más de un centenar de líderes y lideresas sociales, asesinadas. 

El informe de la CODHES detalla que entre el 1 de enero y el 31 de agosto se han registrado 126 episodios de desplazamientos múltiples y forzosos, lo que ha obligado a abandonar sus casas a 38.490 personas, de las cuales 8.376 son afrodescendientes y 7.808 indígenas.


Entre las razones, esta organización civil destaca que en casi la mitad de los casos los desplazamientos se deben a enfrentamientos armados y, en menor medida, a amenazas e intimidaciones e, incluso, a la mera presencia activa de grupos armados en una determinada región.


ELN, EPL, GHP


Las responsabilidades recaen fundamentalmente en las actuaciones del Ejército de Liberación Nacional (ELN), el Ejército Popular de Liberación (EPL) y Grupos Herederos del Paramilitarismo (GHP), lo que da una idea de la complejidad de la situación del país sudamericano pese al proceso de paz firmado oportunamente por el Gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) hoy reconvertidas en partido político.


La mayoría de los episodios causantes de desplazamiento se han producido en la región de Antioquia (12.588 personas desplazadas en 36 episodios), Norte de Santander (11.962 en 30) y Nariño (6.090 en 27). “Otros departamentos donde se presentó un alto número de desplazamientos son Córdoba (8 eventos de desplazamiento, 2.127 personas desplazadas), Chocó (5 eventos, 1.361 personas desplazadas), en Valle del Cauca (4 eventos, 2.514 personas desplazadas) y Cauca (2 eventos, 1507 personas desplazadas)”, desgrana el informe de la CODHES.


En abril Naciones Unidas ya condenó la violencia creciente en algunas de las regiones donde se han registrado los mayores desplazamientos. Tal es el caso de Catacumbo, Norte de Santander. Según el organismo internacional, a principios de año ya se registraban 2819 desplazamientos, 144.000 personas sufrían graves restricciones de acceso a servicios y bienes básicos, y más de 40.000 niños y niñas llevaban al menos una semana sin poder asistir a clases.


“Hacemos un llamado de urgencia a todos los grupos armados a respetar la vida y la integridad de la población civil, respetar los derechos humanos, acatar el derecho internacional humanitario de manera inmediata y garantizar el acceso humanitario”, decía el comunicado de la ONU.
7,7 millones de personas


Si bien las cifras de desplazamientos anuales siguen siendo ostensiblemente menores a los años anteriores a los acuerdos de paz, Colombia continúa encabezando la lista de países del mundo con mayor cantidad de personas en situación de desplazamiento interno. Según el informe 2017 de la Agencia de la Organización de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), a finales del año pasado eran 7,7 millones de habitantes de ese país, es decir más del 15% de la población. Siria es la siguiente nación en la lista, con 6,1 millones de personas desplazadas internas (y 5,5 que han buscado refugio en otros países), para continuar con la República Democrática del Congo, con 4,5 millones y 685.000 personas, respectivamente.


Esta realidad no es nueva, la población colombiana sufre la situación del desplazamiento forzado desde hace décadas, no solo por los enfrentamientos armados, sino también a consecuencia de la guerra por los recursos naturales del país. Un proceso de privatización de las infraestructuras estatales y de extracción de recursos en el que la internacionalización de las empresas españolas ha jugado un papel determinante. Telefónica, Repsol, Gas Natural, Cepsa, Endesa, Unión Fenosa, BBVA, Banco Santander y ACS, Ferrovial son solo algunas de las multinacionales de capital español que han hecho millonarios negocios por allí.


“El conflicto colombiano es, sobre todo, un conflicto por la tierra. La seguridad de las inversiones del capital internacional, mediante una legislación que concede exenciones fiscales y facilita la repatriación de los beneficios, es simétrica a la inseguridad de la población, que comprueba cómo los territorios estratégicos —ricos en recursos naturales, aptos para la construcción de grandes infraestructuras energéticas, etc.— se militarizan y paramilitarizan, bajo la excusa de combatir las guerrillas y el tráfico de drogas”, destaca el libro de escritura colectiva Qué hacemos con las fronteras.


Más asesinatos y un nuevo grupo armado


El informe de la CODHES da cuenta de que en estos primeros ocho meses de 2018 han sido asesinados 98 líderes y 12 lideresas, de los cuales 40 pertenecían a pueblos étnicos: 23 eran afrodescendientes y 17 indígenas. Pero además se han producido 238 agresiones.


Un dato relevante es que el 30% de las personas asesinadas trabajaba en la defensa del territorio. “El 11% estaba vinculado a procesos de sustitución de cultivos de uso ilícito, y el 9% pertenecía al sector educativo y a medios de comunicación comunitarios. Se destaca que más del 5% de los líderes asesinados eran denunciantes de los efectos medioambientales de la represa de Hidroituango”, describe el informe. Otra vez la guerra por los recursos.


Por su parte el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) acaba de reconocer un nuevo grupo parte del conflicto armado que vive el país desde hace medio siglo, una fuerza derivada de las estructuras de las FARC-EP del antiguo bloque oriental que en noviembre de 2017 no se acogió a la firma de los Acuerdos de Paz con el Gobierno.


“Esta clasificación no supone en ningún caso la reanudación del conflicto armado que finalizó con el Acuerdo de Paz de 2016, ni otorga ningún estatus jurídico o político a este grupo”, ha aclarado el CICR. Su inclusión en la categorización de las partes del conflicto se debe a que cumple con los criterios establecidos a la luz del derecho internacional humanitario (DIH): que el grupo esté lo suficientemente organizado y que sus acciones armadas alcancen cierto nivel de intensidad.


La reconfiguración de los grupos armados vigentes y las peleas por apropiarse de las zonas abandonadas por las FARC luego de su paso a la política tras los acuerdos de paz de 2016, siguen dejando huella en la maltratada población colombiana.

publicado
2018-10-04 06:07:00

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Iván Márquez y Oscar Montero (El Paisa): Carta abierta a la Comisión de paz del Senado

Señores
COMISIÓN DE PAZ DEL SENADO
Congreso de la República
Bogotá

 

Pese a que el Acuerdo de Paz fue destrozado por depredadores sin alma, nuestro sueño sigue siendo la paz de Colombia.

 

Al menos tres actos de insensatez empujaron la esperanza tejida en La Habana al taciturno abismo de los procesos de paz fallidos: la inseguridad jurídica, las modificaciones al texto original de lo convenido y el incumplimiento de aspectos esenciales del Acuerdo.

 

Sin duda, la INSEGURIDAD JURÍDICA tocó techo con la detención de Jesús Santrich con fines de extradición mediante montaje judicial urdido por el Fiscal General, el embajador de los EEUU y la DEA. Esta decisión delirante concebida para sabotear la paz terminó ahuyentando la poca confianza que aún quedaba en los excombatientes. Debemos reconocer que la Fiscalía General de la Nación se ha convertido en una fábrica de mentiras para empapelar judicialmente a mucha gente, y en el caso que nos ocupa, a los principales negociadores de paz de la guerrilla, llegando hasta el asombro de elevar en el rollo de su montaje, la tentativa y el pensamiento mismo a la categoría de delito para justificar la extradición, buscando desesperadamente hundir sin remedio el anhelo colectivo de paz. Estamos frente a un descarado abuso en el ejercicio del poder, mezclado con una rendición inaceptable de nuestra soberanía jurídica a una potencia extranjera. No podemos dejar la Paz -que es el derecho más importante- en manos de personajes como Martínez y Whitaker. Carecen ellos de sentido común para trazar el destino de Colombia, que definitivamente no puede ser el de la guerra.


Pero, ¿qué gana EEUU aplastando la paz de Colombia? Muy poco ha contribuido a fortalecerla. Para reforzarla, por ejemplo, pudo haber liberado, luego de la firma del Acuerdo de La Habana, a Simón Trinidad, extraditado 14 años atrás a través de un montaje judicial del Gobierno de la época. John Kerry, ex Secretario del Departamento de Estado había abierto esta posibilidad en una reunión que sostuvimos
personalmente en la capital de la Isla. Esas buenas intenciones fueron arrastradas por el viento.

 

Por otra parte, las MODIFICACIONES AL TEXTO ORIGINAL DE LO CONVENIDO transfiguraron el Acuerdo de La Habana en un horroroso Frankenstein. Personajes que nunca fueron ungidos con el honor de ser plenipotenciarios de las partes, se dieron a la tarea de meterle mano para dañar lo construido con tanto esfuerzo y amor. Sucedió después de la entrega de las armas. Eso es perfidia, trampa y “conejo”. Mal hecho. No se puede traicionar la paz de esa manera. Los acuerdos, que fueron firmados solemnemente, son para cumplirlos.


¿En qué otra parte del mundo ha ocurrido algo semejante? El mismo Estado que firmó el Acuerdo, azuzó luego a su tronco y a sus extremidades a destruirlo aduciendo la independencia de poderes cuando tenía en sus manos el recurso constitucional de la colaboración armónica. Se produjo entonces el desconocimiento de una obligación internacional que descansa en el hecho notorio de que éste es un Acuerdo Especial del Artículo 3 de los Convenios de Ginebra y que ostenta al mismo tiempo el rango de Documento Oficial del Consejo de Seguridad de NNUU. A esto debe agregársele el fallo de la Corte Constitucional que estableció de manera clara y categórica que dicho Acuerdo no podía ser modificado por los próximos tres gobiernos. El ex Presidente y Nobel de Paz, Juan Manuel Santos, no tuvo ni el valor ni la convicción de hacer uso de las facultades que le otorgaba la Constitución para salvar el proceso. Prefirió no cruzar el Rubicón por temor a la jauría.

 

 "Finalmente, sin eufemismos y en lenguaje franco: lo esencial del Acuerdo de Paz de La Habana ha sido traicionado". 

 

Señores Senadores: la JEP no es la que aprobamos en La Habana, sino la que querían el Fiscal y los enemigos de la concordia; esta ya no es para todos los involucrados en el conflicto; sustrajeron de su jurisdicción a los terceros; rodearon de tinieblas la verdad, que es lo único que puede cerrar y sanar las profundas heridas causadas por el conflicto y generar al mismo tiempo un nuevo ambiente de convivencia. También ampliaron el universo de los aforados para asegurarle larga vida a la impunidad. Con sus propias manos el fiscal Martínez sembró en la Jurisdicción Especial para la Paz las minas de la reincidencia, el testaferrato y otras argucias para poder llevar encadenados a antiguos guerrilleros a la justicia ordinaria y saciar así su sed de odio y de venganza que comparte con ciertas élites del poder. Realmente el “fast track” legislativo fue aprovechado para destrozar a dentelladas rápidas aspectos sustanciales del Acuerdo de Paz con la bendición incoherente de la Corte. No debe olvidarse que la Ley de Procedimiento de la JEP fue aprobada unilateralmente sin tener en cuenta para nada la opinión de la CSIVI. Siempre quedamos con la impresión que la preocupación del Gobierno por las víctimas del conflicto fue una preocupación fingida adornada con palabras llenas de aire.

 

Finalmente, sin eufemismos y en lenguaje franco: lo esencial del Acuerdo de Paz de La Habana ha sido traicionado. El Congreso anterior hundió la Reforma Política y las Circunscripciones Territoriales Especiales de Paz. No se aplicó plenamente la amnistía; todavía quedan guerrilleros presos. Cinco años después de lograr el primer Acuerdo Parcial no hay titulaciones de tierras, ni fondo de 3 millones de hectáreas para los que no la tienen, ni nada que signifique dignificación de la vida en el campo. La sustitución está empantanada porque el Fiscal no permite el tratamiento penal diferencial para los campesinos cultivadores y mujeres pobres, y porque no hay formalización de la propiedad de la tierra ni proyectos económicos alternativos. El mismo personaje ha saboteado el funcionamiento de la Unidad Especial de lucha contra el paramilitarismo imponiendo con ello que más de15 mil imputaciones de paramilitarismo y de apoyo económico a esas estructuras criminales, que según Memoria Histórica han asesinado a 100 mil colombianos, duerman engavetas en la Fiscalía el sosegado sueño de la impunidad.

 

El Acuerdo tuvo una falla estructural que pesa como pirámide egipcia que fue haber firmado, primero, la Dejación de las Armas, sin haber acordado antes los términos de la reincorporación económica y social de los guerrilleros. Esa es la causa de los problemas que hoy afrontan los ETCR por incumplimientos del Estado. Ingenuamente creímos en la palabra y la buena fe del Gobierno, a pesar de que Manuel Marulanda Vélez siempre nos había advertido que las armas eran la única garantía segura de cumplimiento de los eventuales acuerdos. Hoy a los guerrilleros los están matando uno a uno en medio de la indiferencia de las autoridades, e igual sucede con los líderes sociales cuyo sacrificio parece no tener fin. Tengan en cuenta que hasta el sol de hoy no se ha producido ningún desembolso para financiar proyectos productivos en los Espacios Territoriales. Que alguien nos diga a qué bolsillos fueron a parar los recursos del post conflicto colocados tan generosamente por los países donantes.

 

Señores y señoras congresistas: nuestra principal preocupación es cómo sacar la paz de Colombia del abismo de los acuerdos fallidos a la que fue arrojada con desprecio, y nos gustaría conocer al respecto sus valiosas apreciaciones. Vale la pena intentar lo imposible, porque de lo posible se ocupan los demás todos los días.

 

Reciban de nuestra parte un saludo cordial.

 

Iván Márquez                                                                                                                                                                                                                                                                                                             Oscar Montero (El Paisa)

 

Septiembre 22 de 2018, Octavo aniversario del asesinato de comandante Jorge Briceño

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Duque pasó el 7 de septiembre sin descartar la Mesa con el Eln

Profanó el tiempo de Santos, no cedió a la firma de un Acuerdo sin garantías. El Eln le anticipó a las Farc-ep …el que va de primero es a quien pican las avispas. Cual gato con varias vidas, el Eln con cara en territorios y agitación en un entorno, refuta y le planta a Duque: que cumpla con la paz, como Jefe de Estado y no solo de un partido. Que haga el protocolo de un cese bilateral de fuegos y no retroceda en los compromisos del Estado. Cuánta potencia suman el entorno del Eln y la movilización cívica y social, ¿es pequeña o a la medida, para sacar intacta la Agenda Gobierno-Eln? No será fácil.

 

Desdibujada está la Colombia que pospone el gozo de la paz tanto por efecto del poder de las fracciones del privilegio y las injerencias del Norte, como por los errores repetidos –que no son de poca monta– y que afectan la convocatoria de quienes aquí y en las vecindades acogemos postulados contra el poder del capital, sin rectificar en el momento justo. Por ahora, la situación general del país está caracterizada por el ascenso holgado de Duque a la Presidencia.

 

Hecho que no borra: i) la inconformidad con la política neoliberal, en el mismo electorado que eligió al nuevo Presidente, ii) la afirmación espontánea en porciones del tejido social, de una predisposición cívico social violenta, iii) aun con el uso de “operaciones encubiertas” contra la dirigencia social, la incapacidad del Estado y Fuerzas Armadas para aplicar la “consolidación” territorial, que deja un rango para la sobrevivencia de estructuras armadas. Trasfondo en el cual, Duque tiene que descomponer en efecto y número, los ocho millones de votos que titilaron el 17 de junio en la segunda vuelta. Menos que las Farc, pero sin estar intacto ante la opinión, el “Eln no le puede crear una nueva frustración al país”, dice Aureliano.

 

Omar Roberto Rodríguez (ORR). Vastos sectores de opinión y franjas de la izquierda, incluida la órbita de simpatizantes del Eln; ¿preguntan por qué esta guerrilla no aceleró un Acuerdo Final con el Gobierno Santos?
Aureliano Carbonel (AC). El origen de la guerra y su actual contexto no lo pone el Eln. La gente pregunta al Eln por qué demoramos tanto, pero deben preguntar es a las clases dominantes por su tardanza, y por qué mantienen las intransigencias y siguen en lo mismo. Si vamos a cambiar, debemos hacerlo las dos partes. A nosotros nos piden que dejemos de ser guerrilla, y a ellos qué, en qué. Su forma de pensar y de gobernar explica el por qué Colombia, a diferencia de otros países de América latina, ha estado sometido a la lucha guerrillera.

 

ORR. Hay temores de que el conflicto arrecie, ¿para impedir tal riesgo, el Eln firmaría la paz a cualquier costo y en cualquier momento?
AC. Mire todo lo que está pasando con las Farc. En el espejo está que las Farc entregaron las armas y se desmovilizaron, sin embargo no les cumplen los acuerdos. Pero hay más, sigue activo por parte de las clases dominantes el uso de la violencia para ejercer la política y excluir.

 

ORR. Santos esperó que el Ejército le asestara una o más bajas a la Dirección del Eln. Al respecto, el Comandante del Ejército dijo hace poco que la superioridad militar y aérea con la cual pusieron a las Farc a “firmar la paz”, no resulta útil en el caso del Eln. Entonces, el Ejército necesita entre tres meses y un año para ajustar su dispositivo contra ustedes, y mientras tanto ¿la Mesa podría tener un margen?
AC. En ese forcejeo llevamos más de cincuenta años y ellos no nos han logrado acabar, ¡y no es porque no quieran! En estos tres meses y en los seis o más que vienen estaremos en lo mismo. En una guerra son muchos los riesgos, pero nosotros también hemos readecuado nuestras tácticas operativas. Ahora andamos en unidades más pequeñas, más móviles. Hoy uno no puede concentrar un gran número de personal y nuestros mandos andan moviéndose, están evitando que los localicen. En eso andamos, durante más de cincuenta años.

 

ORR. La concesión del premio Nobel a una “paz” sin reforma agraria integral, sin reforma política ni logro de una libertad política y del derecho del pueblo a vida digna, ¿qué efectos tiene eso en las bases y en las orientaciones del Eln?
AC. Hay puntos básicos de los acuerdos que están embolatados y eso trae consecuencias. Además de los puntos que usted señala, están oscuros los mecanismos de participación de la sociedad, del tratamiento a los cultivos de uso ilícito, y hay problemas muy agudos con la reinserción de los combatientes de Farc. Eso nos crea mucha desconfianza. Eso obliga a no repetir el camino que siguieron los compañeros de las Farc, una vez el Gobierno decidió que las negociaciones fueran aparte. Incluso, nos inquieta ¿por qué está en crisis ese proceso?

 

ORR. ¿Por qué está en crisis el proceso con las Farc?
AC. Hay sectores que estuvieron en el acuerdo, que ante el incumplimiento y la posibilidad de que los vayan a judicializar, lo mismo que a Santrich, hoy están en una espera alerta. Nosotros le dijimos a las Farc, “el que va de primero es a quien pican las avispas” Ayer, el mismo Procurador dijo, “si no le cumplen a las Farc, le dan argumentos a aquellos que dicen que no van a seguir”. Así las cosas, el comportamiento de las clases dominantes nos indica que por ahí no es la cosa. Por tanto, el Eln no le puede crear una nueva frustración al país…

 

ORR. …el proceso con las Farc les advierte de una postura que no van a repetir…
AC. Claro. Por eso adquiere más relevancia el esfuerzo de darle participación a la sociedad en la construcción de una salida política. Por eso es el primer punto de la Agenda Gobierno-Eln, y por eso no nos cansamos de señalar que negarlo pone al proceso en condiciones imposibles.

 

ORR. ¿Es verdad que para ustedes, como organización, no piden nada?
AC. Eso está demostrado en los puntos de la Agenda que acordamos y en lo que hacemos. Nosotros no estamos en un proceso para conseguir una favorabilidad política y unos mecanismos de reinserción. ¡No! El Eln está levantado en armas porque tiene unos ideales y quiere que Colombia cambie, para que este país se encamine por otro rumbo

 

ORR. …el Eln no reclamaría la creación de un partido propio sino que se vincularía a las expresiones sociales y políticas de oposición y resistencia social?
AC. Este no es el momento para anticipar ese tipo de cosas.

 

ORR. Tras seis años de pasos previos y acuerdo en una Agenda que al final de 2017 logró un “cese bilateral de fuegos”, ¿en qué estado y dónde quedó la negociación?
AC. En los cinco ciclos de conversación el Punto Uno de la participación de la sociedad con un carácter protagónico y determinante no se pudo desarrollar y la secuencia de la Agenda está acordada. Dicha participación es el corazón del proceso, que no es para un acuerdo guerrilla-gobierno. Sin embargo, el Punto Uno sólo se comenzó a tratar hasta el pasado mes de mayo, porque el Gobierno, como representante del establecimiento, no quiso tratar este punto. Es muy visible: con estas clases dominantes es complejo llegar a acuerdos.

 

ORR. ¿Qué pone de su parte el Eln?
AC. Destaco los avances: Uno, pactar un cese bilateral de fuegos durante cien días, que no es algo simple, anticipaba cuestiones futuras. Dos, completar un apoyo de la comunidad internacional, que es fundamental. Y tres, darle más cuerpo a la mesa, con un método de trabajo.

 

ORR. ¿Hoy, qué clase de comunicación tienen con Miguel Ceballos?
AC. Con él tenemos un contacto telefónico. En calidad de Alto Comisionado de Paz –ahora con dos títulos más “para la legalidad y la convivencia”– llamó para informarnos que todo lo relativo a las liberaciones de personal de las Fuerzas Armadas, sorprendido en territorios con presencia nuestra, debemos manejarlo con el Ministerio de Defensa. Imagine los enredos y las dificultades que eso conlleva. La operación de las liberaciones en Arauca y Chocó nos tocó adelantarlas por nuestra propia cuenta y con mayor riesgo. Los protocolos siempre se hacen entre las dos partes militares del conflicto, para garantizar el éxito y la seguridad para los detenidos y el resto de personas que actúan, incluyendo la misma guerrilla.

 

ORR. ¿Puede dar detalles?
AC. En Arauca había una militarización impresionante e igual en el Chocó. Así y todo, en las liberaciones recientes, no hubo la posibilidad de acordar un protocolo para que no ocurriera nada grave. Es un riesgo en una operación que compromete a distintas comunidades, Afortunadamente salieron bien.

 

ORR. ¿El Eln enfrenta ahora un escenario mejor, igual o más estrecho del que manejaron las Farc-ep? Cabe esta pregunta, ya que a pesar de los asesinatos, de la deuda social que tienen las fracciones del poder, el triunfo de Iván Duque mantiene y hasta aumenta la iniciativa política y de opinión que tiene el poder desde hace lustros.
AC. Cada vez es más creciente en el país el respaldo a una salida de paz. Así, acaba de realizarse la Semana por la Paz con presencia de muchos sectores y organizaciones. Pero hay algo que es alentador. Hay otra opinión que crece y dio un salto de ocho millones que votó por una idea general: la paz y los cambios. Un punto a favor no del Eln sino de la paz y el cambio.

 

ORR. ¿Esos ocho millones no resultan opacados, dado que el candidato de la Calle, personero de la paz durante varios años, a la hora del voto no alcanzó ni 400.000?
AC. En la segunda vuelta el partido liberal apoyó a Duque, candidato del Centro Democrático (CD), sector que se le atravesó a Santos en las gestiones de paz. Aunque es un sentimiento en sentido general, difuso, la gente comienza a distinguir: vio otra opción, ya no sólo que las Farc dejaran las armas sino que el país coja otro rumbo. El voto por Petro posiciona ahora un querer distinto al tradicional.

 

ORR. Sectores del activismo social tienen la inquietud de que el Eln en aplicación de la “combinación de todas las formas de lucha”, tenga capacidad para proteger el aparato militar, pero no así las comunidades, expuestas al peligro paramilitar y del Ejército.
AC. El Eln siempre y más en los últimos años, ha tenido la política de promover la acción del pueblo. Esa es una regla de oro: fundirnos con la lucha popular. Pero mire las cosas que pasan con las Farc. En muchos lugares la gente está reclamando que vuelvan las Farc o que llegue el Eln. ¿Por qué? Porque sin las Farc a las zonas están llegando bandas, grupos paramilitares, inversionistas del narcotráfico, y hay un desorden impresionante. La gente nos pide estar ahí...

 

ORR. ¿Qué le respoden ustedes a las zonas donde les dicen vengan para acá?
AC. Nosotros quisiéramos llegar a todas esas zonas, pero eso no es fácil. Donde podemos llegar, llegamos… Nosotros decimos que el país no puede llenarse de guerrillas, pero en la lucha por la vida y la dignidad, es un deber promover que la gente se organice, que adopte formas de protección, hacer e idear mecanismos de alerta.

 

ORR. ¿Duque dice que el Eln incumplió el “cese bilateral” y atacó el oleoducto?
A.C. Esa violación nunca sucedió. En cualquier revisión de prensa que usted haga, y de los mecanismos de veeduría y verificación con presencia de la ONU, de la Iglesia, del Gobierno y el Eln, es verificable que no se puede acusar al Eln de una sola voladura del oleoducto en el tiempo que rigió el cese de fuegos. Cuando Duque dice que fue en el primer mes de cese bilateral, no le dice la verdad al país. Posiblemente está mal informado.

 

ORR. En círculos exclusivos Juan Gabriel Uribe dice que oyó a Santos decir que “esta paz nos resultó barata”, frase que le aconsejó no repetir, ¿con el Eln, Duque la quiere gratis

AC. Duque puede contar con el Eln para avanzar en un proceso de solución política. Puede contar con el Eln para desarrollar la Agenda que en su quinto punto dice “terminación del conflicto”. También, para avanzar por la paz y los cambios, pero no para que esto sea un proceso de rendición y entrega. No, para que el Eln desaparezca como insurgencia y el país siga exactamente igual. Para eso no…

 

ORR. Así visto, ¿Duque tendría la oportunidad de articular a la Nación e integrar al mapa la totalidad del territorio, si no desconoce la conversación con el Eln?
AC. En todos estos años, la clase dominante ha tenido la oportunidad de avanzar hacia la paz. De inaugurar los días en que caminemos por otro país, con un quehacer distinto de la política, de la lucha y las contradicciones, sin la violencia de ellos y, por supuesto, sin la respuesta violenta y obligada de la Colombia excluida. Duque tiene en sus manos entregar otro país, sin sangre, si el Centro Democrático lo permite y varía su enfoque…

 

ORR. …y si un protagonismo popular varía la correlación de fuerzas del país…
AC. Una vez más, por la actitud de quienes detentan el poder, Colombia está perdiendo la posibilidad de superar más de setenta años de conflicto armado. Y los responsables son ellos. Mire cómo tratan a las Farc, que cumplieron, se desarmaron y desmovilizaron, sin que el Estado cumpla de la misma forma.

 

ORR. Y con el Eln, ¿Duque está en lo mismo?
AC. El Presidente quiere desconocer todo lo acordado con el Estado, a través del gobierno anterior. Nosotros queremos la solución política, y en esa dirección nos alienta el ambiente creciente por la paz de importantes sectores del pueblo y la Nación.

 

ORR. Las Farc admitieron y acordaron una agenda que incluyó el asunto del narcotráfico, y de fondo señalaron una dejación de armas –distinta a una “entrega”. Una fórmula que el Eln no acoge, ¿cuál es en términos públicos, el «sentido táctico» y la «proyección estratégica» del acumulado militar con el que cuenta el Eln?
AC. Debemos precisar primero, que el Eln no es sólo una organización de tipo militar. Su acumulado va más allá. Somos un acumulado de acción por el país, un acumulado social. En segundo lugar, el narcotráfico no está en la Agenda porque el Estado conoce y domina que el Eln no tiene cocinas ni participa en la comercialización. En las zonas donde el Eln está cobra un impuesto a todas las actividades económicas rentables, entre estas, la del narcotráfico.

 

ORR. En la diferencia político-militar del Eln que usted remarca, vuelvo a preguntar: ¿En el aspecto militar, ¿cuál es su objetivo táctico y cuál el de carácter estratégico?
AC. En el Eln nos levantamos en armas porque no había opción para la lucha política legal, así lo dijo Camilo. Por eso, cuando la clase en el poder no ejerza la violencia en la política, en ese momento el Eln no tendrá razón para seguir en armas. Ya veremos qué salida darle al asunto de las armas, ahí está en el punto quinto, una vez superemos los otros temas de la Agenda, con el debido respeto de su secuencia.

 

ORR. El gobierno Duque no cuenta con el beneplácito de la comunidad internacional para decapitar la Agenda. Aun con ese aspecto en contra, ¿la movilización cívica y social es suficiente, alcanzará para mantener intacta la Agenda?
AC. Las clases en el poder siempre incumplen los compromisos. En ese marco y a su manera existe una presión de los factores internacionales por sacar adelante la paz. De tal manera lo expresó la Directora del FMI. En estos días salió una encuesta Gallup con el 69 por ciento a favor de continuar el proceso con el Eln, y una buena parte del movimiento popular apoya la agenda y el punto de la participación social. En ese sentido, hace poco tuvo lugar una Semana por la Paz con la participación de muchos sectores. Es decir, estamos en esa lucha y hemos construido un diseño y una arquitectura del proceso, que no ha sido fácil.

 

ORR. La situación del pueblo salvadoreño era distinta a la del movimiento popular en Colombia. Allá las Organizaciones Políticas de Masas respaldaban el objetivo «ofensiva final» del Frente Farabundo Marti. Una condición bien distinta de organización popular y polarización política. ¿Cuál sería el desenlace del conflicto: sólo la incertidumbre electoral a cuatro años, con un Eln abocado a un repliegue prolongado?
AC. Con sus enseñanzas, cada pueblo y cada proceso tienen caminos diferentes. En este momento, nosotros estamos comprometidos y luchamos por lograr una salida política.

 

ORR. El día de su posesión Duque propuso una Ley con carácter constitucional para que el secuestro y el narcotráfico no sean “conexos” con el derecho de rebelión. ¿Es una medida deliberada, de cerco político contra el Eln?
AC. Sí. Aunque dicen que no será retroactivo, hace parte de la actitud del CD de oponerse al proceso de paz y conlleva una intencionalidad también contra los acuerdos con las Farc. En la Comisión de paz del Congreso, solo el CD no firmó que continúe la Mesa Gobierno-Eln.

 

ORR. Si el Presidente deja la “silla vacía” aquí, ¿qué respuesta han pensado ustedes?
AC. Seguimos luchando por una salida de paz Esperando que el país presione para que esta mesa no se rompa y haya cumplimiento y pacta sum servanda por parte del Estado. Pablo Beltrán respondió que …un armadillo dijo debajo de una palma ni me subo ni me bajo ni me quedo aquí.

 

En el horizonte

 

“Hay una mesa en receso”, es la frase de Aureliano que pone cierre a la entrevista. Desde el Gobierno, el Comisionado de Paz dijo que la delegación del Eln en La Habana sigue sin órdenes de captura. En Colombia sin excepción, está sobre el tapete que la solución política de un conflicto irregular depende de diversos factores económicos, políticos de gobernabilidad del régimen, diplomáticos e internacionales, pero ante todo –sin desproporción–, de los aspectos militares y su correlación operativa en los teatros militares. Al respecto, no es común hacer un recuento de las acciones que ejercita y podría adoptar el Eln, como son: i) tener el oleoducto como blanco, para afectar la economía, ii) usar el secuestro –no indiscriminado– con fines financieros (una guerrilla sin recursos, queda sujeta a firmar los papeles que le pongan) iii) adoptar sin propósito de canje, la retención de militares y policías, gota a gota, que es muestrario del conflicto, iv) como dolor de cabeza para el Ejército por los daños colaterales que puede acarrear, hay una porción de pueblo rebelde en las zonas que el Ejército declara rojas y objetivos, y v) la sorpresa de una acción mediana o grande de “propaganda armada”. En el horizonte, una paz total, anda perturbada.

 

* Periodista.

 

Publicado enColombia
Duque pasó el 7 de septiembre sin descartar la Mesa con el Eln

Profanó el tiempo de Santos, no cedió a la firma de un Acuerdo sin garantías. El Eln le anticipó a las Farc-ep …el que va de primero es a quien pican las avispas. Cual gato con varias vidas, el Eln con cara en territorios y agitación en un entorno, refuta y le planta a Duque: que cumpla con la paz, como Jefe de Estado y no solo de un partido. Que haga el protocolo de un cese bilateral de fuegos y no retroceda en los compromisos del Estado. Cuánta potencia suman el entorno del Eln y la movilización cívica y social, ¿es pequeña o a la medida, para sacar intacta la Agenda Gobierno-Eln? No será fácil.

 

Desdibujada está la Colombia que pospone el gozo de la paz tanto por efecto del poder de las fracciones del privilegio y las injerencias del Norte, como por los errores repetidos –que no son de poca monta– y que afectan la convocatoria de quienes aquí y en las vecindades acogemos postulados contra el poder del capital, sin rectificar en el momento justo. Por ahora, la situación general del país está caracterizada por el ascenso holgado de Duque a la Presidencia.

 

Hecho que no borra: i) la inconformidad con la política neoliberal, en el mismo electorado que eligió al nuevo Presidente, ii) la afirmación espontánea en porciones del tejido social, de una predisposición cívico social violenta, iii) aun con el uso de “operaciones encubiertas” contra la dirigencia social, la incapacidad del Estado y Fuerzas Armadas para aplicar la “consolidación” territorial, que deja un rango para la sobrevivencia de estructuras armadas. Trasfondo en el cual, Duque tiene que descomponer en efecto y número, los ocho millones de votos que titilaron el 17 de junio en la segunda vuelta. Menos que las Farc, pero sin estar intacto ante la opinión, el “Eln no le puede crear una nueva frustración al país”, dice Aureliano.

 

Omar Roberto Rodríguez (ORR). Vastos sectores de opinión y franjas de la izquierda, incluida la órbita de simpatizantes del Eln; ¿preguntan por qué esta guerrilla no aceleró un Acuerdo Final con el Gobierno Santos?
Aureliano Carbonel (AC). El origen de la guerra y su actual contexto no lo pone el Eln. La gente pregunta al Eln por qué demoramos tanto, pero deben preguntar es a las clases dominantes por su tardanza, y por qué mantienen las intransigencias y siguen en lo mismo. Si vamos a cambiar, debemos hacerlo las dos partes. A nosotros nos piden que dejemos de ser guerrilla, y a ellos qué, en qué. Su forma de pensar y de gobernar explica el por qué Colombia, a diferencia de otros países de América latina, ha estado sometido a la lucha guerrillera.

 

ORR. Hay temores de que el conflicto arrecie, ¿para impedir tal riesgo, el Eln firmaría la paz a cualquier costo y en cualquier momento?
AC. Mire todo lo que está pasando con las Farc. En el espejo está que las Farc entregaron las armas y se desmovilizaron, sin embargo no les cumplen los acuerdos. Pero hay más, sigue activo por parte de las clases dominantes el uso de la violencia para ejercer la política y excluir.

 

ORR. Santos esperó que el Ejército le asestara una o más bajas a la Dirección del Eln. Al respecto, el Comandante del Ejército dijo hace poco que la superioridad militar y aérea con la cual pusieron a las Farc a “firmar la paz”, no resulta útil en el caso del Eln. Entonces, el Ejército necesita entre tres meses y un año para ajustar su dispositivo contra ustedes, y mientras tanto ¿la Mesa podría tener un margen?
AC. En ese forcejeo llevamos más de cincuenta años y ellos no nos han logrado acabar, ¡y no es porque no quieran! En estos tres meses y en los seis o más que vienen estaremos en lo mismo. En una guerra son muchos los riesgos, pero nosotros también hemos readecuado nuestras tácticas operativas. Ahora andamos en unidades más pequeñas, más móviles. Hoy uno no puede concentrar un gran número de personal y nuestros mandos andan moviéndose, están evitando que los localicen. En eso andamos, durante más de cincuenta años.

 

ORR. La concesión del premio Nobel a una “paz” sin reforma agraria integral, sin reforma política ni logro de una libertad política y del derecho del pueblo a vida digna, ¿qué efectos tiene eso en las bases y en las orientaciones del Eln?
AC. Hay puntos básicos de los acuerdos que están embolatados y eso trae consecuencias. Además de los puntos que usted señala, están oscuros los mecanismos de participación de la sociedad, del tratamiento a los cultivos de uso ilícito, y hay problemas muy agudos con la reinserción de los combatientes de Farc. Eso nos crea mucha desconfianza. Eso obliga a no repetir el camino que siguieron los compañeros de las Farc, una vez el Gobierno decidió que las negociaciones fueran aparte. Incluso, nos inquieta ¿por qué está en crisis ese proceso?

 

ORR. ¿Por qué está en crisis el proceso con las Farc?
AC. Hay sectores que estuvieron en el acuerdo, que ante el incumplimiento y la posibilidad de que los vayan a judicializar, lo mismo que a Santrich, hoy están en una espera alerta. Nosotros le dijimos a las Farc, “el que va de primero es a quien pican las avispas” Ayer, el mismo Procurador dijo, “si no le cumplen a las Farc, le dan argumentos a aquellos que dicen que no van a seguir”. Así las cosas, el comportamiento de las clases dominantes nos indica que por ahí no es la cosa. Por tanto, el Eln no le puede crear una nueva frustración al país…

 

ORR. …el proceso con las Farc les advierte de una postura que no van a repetir…
AC. Claro. Por eso adquiere más relevancia el esfuerzo de darle participación a la sociedad en la construcción de una salida política. Por eso es el primer punto de la Agenda Gobierno-Eln, y por eso no nos cansamos de señalar que negarlo pone al proceso en condiciones imposibles.

 

ORR. ¿Es verdad que para ustedes, como organización, no piden nada?
AC. Eso está demostrado en los puntos de la Agenda que acordamos y en lo que hacemos. Nosotros no estamos en un proceso para conseguir una favorabilidad política y unos mecanismos de reinserción. ¡No! El Eln está levantado en armas porque tiene unos ideales y quiere que Colombia cambie, para que este país se encamine por otro rumbo

 

ORR. …el Eln no reclamaría la creación de un partido propio sino que se vincularía a las expresiones sociales y políticas de oposición y resistencia social?
AC. Este no es el momento para anticipar ese tipo de cosas.

 

ORR. Tras seis años de pasos previos y acuerdo en una Agenda que al final de 2017 logró un “cese bilateral de fuegos”, ¿en qué estado y dónde quedó la negociación?
AC. En los cinco ciclos de conversación el Punto Uno de la participación de la sociedad con un carácter protagónico y determinante no se pudo desarrollar y la secuencia de la Agenda está acordada. Dicha participación es el corazón del proceso, que no es para un acuerdo guerrilla-gobierno. Sin embargo, el Punto Uno sólo se comenzó a tratar hasta el pasado mes de mayo, porque el Gobierno, como representante del establecimiento, no quiso tratar este punto. Es muy visible: con estas clases dominantes es complejo llegar a acuerdos.

 

ORR. ¿Qué pone de su parte el Eln?
AC. Destaco los avances: Uno, pactar un cese bilateral de fuegos durante cien días, que no es algo simple, anticipaba cuestiones futuras. Dos, completar un apoyo de la comunidad internacional, que es fundamental. Y tres, darle más cuerpo a la mesa, con un método de trabajo.

 

ORR. ¿Hoy, qué clase de comunicación tienen con Miguel Ceballos?
AC. Con él tenemos un contacto telefónico. En calidad de Alto Comisionado de Paz –ahora con dos títulos más “para la legalidad y la convivencia”– llamó para informarnos que todo lo relativo a las liberaciones de personal de las Fuerzas Armadas, sorprendido en territorios con presencia nuestra, debemos manejarlo con el Ministerio de Defensa. Imagine los enredos y las dificultades que eso conlleva. La operación de las liberaciones en Arauca y Chocó nos tocó adelantarlas por nuestra propia cuenta y con mayor riesgo. Los protocolos siempre se hacen entre las dos partes militares del conflicto, para garantizar el éxito y la seguridad para los detenidos y el resto de personas que actúan, incluyendo la misma guerrilla.

 

ORR. ¿Puede dar detalles?
AC. En Arauca había una militarización impresionante e igual en el Chocó. Así y todo, en las liberaciones recientes, no hubo la posibilidad de acordar un protocolo para que no ocurriera nada grave. Es un riesgo en una operación que compromete a distintas comunidades, Afortunadamente salieron bien.

 

ORR. ¿El Eln enfrenta ahora un escenario mejor, igual o más estrecho del que manejaron las Farc-ep? Cabe esta pregunta, ya que a pesar de los asesinatos, de la deuda social que tienen las fracciones del poder, el triunfo de Iván Duque mantiene y hasta aumenta la iniciativa política y de opinión que tiene el poder desde hace lustros.
AC. Cada vez es más creciente en el país el respaldo a una salida de paz. Así, acaba de realizarse la Semana por la Paz con presencia de muchos sectores y organizaciones. Pero hay algo que es alentador. Hay otra opinión que crece y dio un salto de ocho millones que votó por una idea general: la paz y los cambios. Un punto a favor no del Eln sino de la paz y el cambio.

 

ORR. ¿Esos ocho millones no resultan opacados, dado que el candidato de la Calle, personero de la paz durante varios años, a la hora del voto no alcanzó ni 400.000?
AC. En la segunda vuelta el partido liberal apoyó a Duque, candidato del Centro Democrático (CD), sector que se le atravesó a Santos en las gestiones de paz. Aunque es un sentimiento en sentido general, difuso, la gente comienza a distinguir: vio otra opción, ya no sólo que las Farc dejaran las armas sino que el país coja otro rumbo. El voto por Petro posiciona ahora un querer distinto al tradicional.

 

ORR. Sectores del activismo social tienen la inquietud de que el Eln en aplicación de la “combinación de todas las formas de lucha”, tenga capacidad para proteger el aparato militar, pero no así las comunidades, expuestas al peligro paramilitar y del Ejército.
AC. El Eln siempre y más en los últimos años, ha tenido la política de promover la acción del pueblo. Esa es una regla de oro: fundirnos con la lucha popular. Pero mire las cosas que pasan con las Farc. En muchos lugares la gente está reclamando que vuelvan las Farc o que llegue el Eln. ¿Por qué? Porque sin las Farc a las zonas están llegando bandas, grupos paramilitares, inversionistas del narcotráfico, y hay un desorden impresionante. La gente nos pide estar ahí...

 

ORR. ¿Qué le respoden ustedes a las zonas donde les dicen vengan para acá?
AC. Nosotros quisiéramos llegar a todas esas zonas, pero eso no es fácil. Donde podemos llegar, llegamos… Nosotros decimos que el país no puede llenarse de guerrillas, pero en la lucha por la vida y la dignidad, es un deber promover que la gente se organice, que adopte formas de protección, hacer e idear mecanismos de alerta.

 

ORR. ¿Duque dice que el Eln incumplió el “cese bilateral” y atacó el oleoducto?
A.C. Esa violación nunca sucedió. En cualquier revisión de prensa que usted haga, y de los mecanismos de veeduría y verificación con presencia de la ONU, de la Iglesia, del Gobierno y el Eln, es verificable que no se puede acusar al Eln de una sola voladura del oleoducto en el tiempo que rigió el cese de fuegos. Cuando Duque dice que fue en el primer mes de cese bilateral, no le dice la verdad al país. Posiblemente está mal informado.

 

ORR. En círculos exclusivos Juan Gabriel Uribe dice que oyó a Santos decir que “esta paz nos resultó barata”, frase que le aconsejó no repetir, ¿con el Eln, Duque la quiere gratis

AC. Duque puede contar con el Eln para avanzar en un proceso de solución política. Puede contar con el Eln para desarrollar la Agenda que en su quinto punto dice “terminación del conflicto”. También, para avanzar por la paz y los cambios, pero no para que esto sea un proceso de rendición y entrega. No, para que el Eln desaparezca como insurgencia y el país siga exactamente igual. Para eso no…

 

ORR. Así visto, ¿Duque tendría la oportunidad de articular a la Nación e integrar al mapa la totalidad del territorio, si no desconoce la conversación con el Eln?
AC. En todos estos años, la clase dominante ha tenido la oportunidad de avanzar hacia la paz. De inaugurar los días en que caminemos por otro país, con un quehacer distinto de la política, de la lucha y las contradicciones, sin la violencia de ellos y, por supuesto, sin la respuesta violenta y obligada de la Colombia excluida. Duque tiene en sus manos entregar otro país, sin sangre, si el Centro Democrático lo permite y varía su enfoque…

 

ORR. …y si un protagonismo popular varía la correlación de fuerzas del país…
AC. Una vez más, por la actitud de quienes detentan el poder, Colombia está perdiendo la posibilidad de superar más de setenta años de conflicto armado. Y los responsables son ellos. Mire cómo tratan a las Farc, que cumplieron, se desarmaron y desmovilizaron, sin que el Estado cumpla de la misma forma.

 

ORR. Y con el Eln, ¿Duque está en lo mismo?
AC. El Presidente quiere desconocer todo lo acordado con el Estado, a través del gobierno anterior. Nosotros queremos la solución política, y en esa dirección nos alienta el ambiente creciente por la paz de importantes sectores del pueblo y la Nación.

 

ORR. Las Farc admitieron y acordaron una agenda que incluyó el asunto del narcotráfico, y de fondo señalaron una dejación de armas –distinta a una “entrega”. Una fórmula que el Eln no acoge, ¿cuál es en términos públicos, el «sentido táctico» y la «proyección estratégica» del acumulado militar con el que cuenta el Eln?
AC. Debemos precisar primero, que el Eln no es sólo una organización de tipo militar. Su acumulado va más allá. Somos un acumulado de acción por el país, un acumulado social. En segundo lugar, el narcotráfico no está en la Agenda porque el Estado conoce y domina que el Eln no tiene cocinas ni participa en la comercialización. En las zonas donde el Eln está cobra un impuesto a todas las actividades económicas rentables, entre estas, la del narcotráfico.

 

ORR. En la diferencia político-militar del Eln que usted remarca, vuelvo a preguntar: ¿En el aspecto militar, ¿cuál es su objetivo táctico y cuál el de carácter estratégico?
AC. En el Eln nos levantamos en armas porque no había opción para la lucha política legal, así lo dijo Camilo. Por eso, cuando la clase en el poder no ejerza la violencia en la política, en ese momento el Eln no tendrá razón para seguir en armas. Ya veremos qué salida darle al asunto de las armas, ahí está en el punto quinto, una vez superemos los otros temas de la Agenda, con el debido respeto de su secuencia.

 

ORR. El gobierno Duque no cuenta con el beneplácito de la comunidad internacional para decapitar la Agenda. Aun con ese aspecto en contra, ¿la movilización cívica y social es suficiente, alcanzará para mantener intacta la Agenda?
AC. Las clases en el poder siempre incumplen los compromisos. En ese marco y a su manera existe una presión de los factores internacionales por sacar adelante la paz. De tal manera lo expresó la Directora del FMI. En estos días salió una encuesta Gallup con el 69 por ciento a favor de continuar el proceso con el Eln, y una buena parte del movimiento popular apoya la agenda y el punto de la participación social. En ese sentido, hace poco tuvo lugar una Semana por la Paz con la participación de muchos sectores. Es decir, estamos en esa lucha y hemos construido un diseño y una arquitectura del proceso, que no ha sido fácil.

 

ORR. La situación del pueblo salvadoreño era distinta a la del movimiento popular en Colombia. Allá las Organizaciones Políticas de Masas respaldaban el objetivo «ofensiva final» del Frente Farabundo Marti. Una condición bien distinta de organización popular y polarización política. ¿Cuál sería el desenlace del conflicto: sólo la incertidumbre electoral a cuatro años, con un Eln abocado a un repliegue prolongado?
AC. Con sus enseñanzas, cada pueblo y cada proceso tienen caminos diferentes. En este momento, nosotros estamos comprometidos y luchamos por lograr una salida política.

 

ORR. El día de su posesión Duque propuso una Ley con carácter constitucional para que el secuestro y el narcotráfico no sean “conexos” con el derecho de rebelión. ¿Es una medida deliberada, de cerco político contra el Eln?
AC. Sí. Aunque dicen que no será retroactivo, hace parte de la actitud del CD de oponerse al proceso de paz y conlleva una intencionalidad también contra los acuerdos con las Farc. En la Comisión de paz del Congreso, solo el CD no firmó que continúe la Mesa Gobierno-Eln.

 

ORR. Si el Presidente deja la “silla vacía” aquí, ¿qué respuesta han pensado ustedes?
AC. Seguimos luchando por una salida de paz Esperando que el país presione para que esta mesa no se rompa y haya cumplimiento y pacta sum servanda por parte del Estado. Pablo Beltrán respondió que …un armadillo dijo debajo de una palma ni me subo ni me bajo ni me quedo aquí.

 

En el horizonte

 

“Hay una mesa en receso”, es la frase de Aureliano que pone cierre a la entrevista. Desde el Gobierno, el Comisionado de Paz dijo que la delegación del Eln en La Habana sigue sin órdenes de captura. En Colombia sin excepción, está sobre el tapete que la solución política de un conflicto irregular depende de diversos factores económicos, políticos de gobernabilidad del régimen, diplomáticos e internacionales, pero ante todo –sin desproporción–, de los aspectos militares y su correlación operativa en los teatros militares. Al respecto, no es común hacer un recuento de las acciones que ejercita y podría adoptar el Eln, como son: i) tener el oleoducto como blanco, para afectar la economía, ii) usar el secuestro –no indiscriminado– con fines financieros (una guerrilla sin recursos, queda sujeta a firmar los papeles que le pongan) iii) adoptar sin propósito de canje, la retención de militares y policías, gota a gota, que es muestrario del conflicto, iv) como dolor de cabeza para el Ejército por los daños colaterales que puede acarrear, hay una porción de pueblo rebelde en las zonas que el Ejército declara rojas y objetivos, y v) la sorpresa de una acción mediana o grande de “propaganda armada”. En el horizonte, una paz total, anda perturbada.

 

* Periodista.

 

Publicado enEdición Nº250
Kim Jong-un firma acuerdos con Seúl para eliminar su arsenal nuclear

El presidente de Corea del Sur, Moon Jae-in, y el líder norcoreano, Kim Jong-un, anunciaron este miércoles un amplio conjunto de acuerdos tras el segundo día de conversaciones en Pyongyang, que incluyen la promesa de Kim de desmantelar de forma permanente su principal complejo nuclear si Estados Unidos adopta medidas correspondientes, la aceptación de inspectores internacionales para vigilar el cierre de un sitio clave de pruebas y lanzamiento de misiles y el compromiso de trabajar juntos para organizar los Juegos Olímpicos de 2032.

Los acuerdos fueron celebrados por separado en Estados Unidos, Rusia y la Unión Europea. Más aún, el secretario de Estado estadunidense, Mike Pompeo, manifestó la disposición de su gobierno para negociar "de inmediato" con Corea del Norte.

Al declarar que habían dado un paso importante hacia la paz en la península coreana, los dos mandatarios anunciaron el resultado de la cumbre a un grupo de reporteros de los dos países luego de reunirse a puerta cerrada el miércoles por la mañana.

"Hemos acordado hacer de la Península de Corea una tierra de paz libre de la amenaza nuclear", dijo Kim, al lado de Moon en la casa de huéspedes en la que se aloja el gobernante sudcoreano.

Ambos sonrieron y conversaron mientras se dirigían a una reunión para ultimar detalles de la declaración conjunta, que incluye el compromiso bilateral para "eliminar todo peligro de guerra". Además, se acordó que Kim visitará Corea del Sur en breve.

Kim Jong-un está sometido a una creciente presión de Washington para lograr la desnuclearización de Corea del Norte.

Aunque contiene algunas ofertas tentadoras, el documento conjunto parece carecer de los grandes gestos exigidos por Washington, como el compromiso de Pyongyang de dar un listado de sus instalaciones nucleares y un calendario para que inspectores internacionales evalúen el progreso o descubran violaciones en el proceso de la eliminación de sus armas nucleares.

Publicado enInternacional
Domingo, 16 Septiembre 2018 05:37

La ruta a la paz nunca estuvo tan empantanada

La ruta a la paz nunca estuvo tan empantanada

Fue el gran momento de la diplomacia internacional liderada por EE.UU. y consagrada ante la historia por el apretón de manos entre el primer ministro israelí Yitzhak Rabin y el líder palestino Yasser Arafat.

El gran intelectual palestino Edward Said fue uno de los más firmes críticos de los acuerdos de Oslo firmados el 13 de septiembre de 1993 en los jardines de la Casa Blanca luego de que fueran negociados en secreto en la capital de Noruega por israelíes y palestinos. Un cuarto de Siglo después, la paz entre ambas partes nunca estuvo tan empantanada y la expansión israelí en los territorios palestinos jamás fue tan aplastante. Aquel gran momento de la diplomacia internacional liderada por Estados Unidos y consagrada ante la historia por el apretón de manos entre el entonces Primer Ministro israelí Yitzhak Rabin y el líder palestino Yasser Arafat con el ex presidente norteamericano Bill Clinton como garante ha quedado en el recuerdo como lo que fue: un momento de lucidez y esperanza para terminar con uno de los conflictos más injustos de la historia de la humanidad. En varias ocasiones, Edward Said había manifestado su oposición a los acuerdos. En un célebre artículo (El Precio de Oslo), Said escribió: “El pueblo palestino está pagando un precio desorbitado por Oslo, que, tras 10 años de negociaciones, le dejó con unos trozos de tierra sin coherencia ni continuidad, con unas instituciones de seguridad destinadas a garantizar el sometimiento a Israel y con una vida que le empobrecía para que el Estado israelí pudiera prosperar.”


En términos de ocupación territorial, el balance de los Acuerdos de Oslo cabe en las cifras suministradas por la ONG israelí Paz Ahora: en 1995 había poco más de 110 mil colonos judíos en Cisjordania, hoy son más de 400 mil. El incremento de los colonos en las colonias ya existentes y la multiplicación de las llamadas “colonias salvajes ilegales” o outpost explican esta expansión. Nadie festeja hoy los acuerdos de Oslo, considerados por ambas partes, por diferentes razones, como un error monumental: los israelíes le reprochan con justa razón a Arafat su incapacidad para evitar la expansión del grupo Hamas (Gaza) y también para frenar la ola de atentados que sacudieron a Jerusalén y otras ciudades: los palestinos consideran que Oslo significó un cheque en blanco que le permitió al Estado hebreo ampliar la colonización en Cisjordania y Jerusalén Este. Ambos se hacen los mismos reproches en lo que atañe a la violencia: Israel le incrimina a Arafat la violencia desatada por Hamas en la Franja de Gaza y en Israel mismo por las Las Brigadas de los Mártires de Al-Aqsa (grupo armado surgido con el estallido de la Segunda Intifada en el año 2000), mientras que los palestinos recuerdan que los acuerdos de Oslo fueron sepultados cuando el extremista judío Yigal Amir asesinó a Yitzhak Rabin en 1995 con el argumento de impedir la “traición de la entrega de Israel”. El asesinato de Rabin precipitó la realización de elecciones anticipadas (1996) donde Simón Peres fue derrotado por el actual jefe de gobierno, Benjamin Netanyahu.


Oslo sirvió sin embargo para cambiar definitivamente el estatuto de lo que se siempre se consideró como una organización terrorista, la OLP (Organización para la Liberación de Palestina). El pacto noruego le dio a la OLP una reconocimiento internacional de interlocutor del pueblo palestino al tiempo que desembocó en la creación de una entidad autónoma representada por la Autoridad Palestina dotada de atributos muy amplios. A partir de los acuerdos, la OLP modificó su carta con el reconocimiento del derecho de Israel a existir como Estado y con garantías de seguridad. A su vez, Israel hizo de la OLP el representante legítimo del pueblo palestino. El pacto estableció el retiro de las tropas israelíes de Gaza y Jericó así como una forma de autonomía palestina con autoridad para administrar, por medio de la Autoridad Nacional Palestina, el territorio de Cisjordania. Según el texto inicial del acuerdo, en un plano de cinco años se plasmaría un acuerdo final mediante el cual se zanjarían los problemas pendientes: la extensión de las colonias, el retorno de los refugiados, las fronteras entre los dos Estados y, desde luego, el antagonismo en torno a Jerusalén, la cual hubiese debido convertirse en la capital de dos Estados.


Oslo abrió el camino para que Arafat regresara a Palestina en 1994 y formara una gobierno para administrar una Cisjordania recortada pero sin capacidad para imponer su autoridad en Gaza, siempre en manos de Hamas y hoy cercada por el bloqueo israelí después de varias guerras contra Hamas. Las últimas negociaciones directas entre israelíes y palestinos tuvieron lugar en 2013,pero al cabo de 9 meses concluyeron sin resultados. La llegada de Donald Trump a la presidencia norteamericana parece significar el fin de la solución planteada en Oslo, es decir, la existencia de dos Estados. El reconocimiento por parte de Trump de Jerusalén como capital de Israel con el consiguiente traslado de embajada norteamericana de Tel Aviv a Jerusalén ha sido la última piedra colocada sobre la sepultura de los acuerdo de Oslo y de quienes los firmaron.

Publicado enInternacional
El paradero desconocido de líderes de las FARC despierta la preocupación en Colombia


La justicia para la paz exige conocer las actividades de Iván Márquez y otros miembros de la cúpula de la exguerrilla


El misterio que rodea el paradero de varios líderes de la exguerrilla de las FARC deberá resolverse en los próximos 10 días. Este es el plazo que la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), el tribunal constituido para juzgar los crímenes de la guerra en Colombia, otorgó este jueves a Iván Márquez y otros miembros de la antigua cúpula para entregar informes detallados sobre sus actividades y refrendar su compromiso con el acuerdo de paz.


El requerimiento está relacionado con el primer proceso de la JEP, sobre secuestros cometidos por la insurgencia entre 1991 y 2002, e implica a un total de 31 personas, varias de ellas ahora a la cabeza del partido político Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común. Pero, debido al delicado momento que atraviesa la reintegración de los exguerrilleros en la vida civil, es particularmente significativo por incluir a Márquez y otros exjefes, cuyo destino actual es incierto.


La antigua guerrilla, desarmada y convertida en partido político, ya se sienta en el Congreso de Colombia. Pero el primer aniversario de la colectividad nacida del acuerdo de paz ha sido todo menos festivo. El paradero desconocido de varios de sus líderes, que abandonaron los espacios de reincorporación en los que se encontraban, ha encendido las alarmas sobre el futuro de los excombatientes en medio de mutuos reclamos de incumplimiento frente a lo pactado en las negociaciones de La Habana.


Si bien los antiguos jefes guerrilleros no están obligados a permanecer confinados a los espacios de reincorporación, ni su ausencia contempla ningún tipo de sanción penal, sí tienen un compromiso explicito de colaborar en el tránsito a la vida civil de los excombatientes. La Misión de Verificación de la ONU en Colombia ya había advertido que en las últimas semanas seis dirigentes en cuatro de esas zonas en el sur de Colombia “tomaron la decisión de dejar estos espacios y abandonar sus responsabilidades con aproximadamente 1.500 excombatientes que residen allí".


En ese ambiente enrarecido, los mayores temores apuntan a que alguno de los líderes emblemáticos de las extintas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia termine por salirse del proceso de paz y alimente el fuego de las disidencias que ya operan en distintas regiones, o huir en busca de refugio a la vecina Venezuela. En la otra cara de la moneda, varios miembros de la FARC han reclamado con insistencia por incumplimientos estatales que van desde los recursos prometidos para la reincorporación hasta las garantías de seguridad.


El presidente Iván Duque, que en campaña prometió hacer correcciones a lo pactado sin llegar a “hacer trizas” los acuerdos, pidió recientemente prolongar el acompañamiento de la ONU en el proceso de reincorporación de los excombatientes. Su alto consejero para el posconflicto, Emilio José Archila, ha defendido el compromiso con la implementación del nuevo Gobierno, que tomó posesión el 7 de agosto, pero asegura que heredaron de la administración de Juan Manuel Santos carencias en muchos frentes, que incluyen el “precario estado de las instalaciones” en los espacios y la inadecuada estructuración de los proyectos productivos que deben facilitar el tránsito de los exguerrilleros a la vida civil.


En busca de Iván Márquez


Una comisión de senadores –entre ellos el congresista de la FARC Pablo Catatumbo– viajaron esta semana hasta uno de esos espacios de reincorporación, el de Miravalle en San Vicente del Caguán, para revisar el estado de la implementación e indagar en particular por el paradero de Iván Márquez y Hernán Velázquez, El Paisa, dos de los antiguos jefes de la insurgencia. Al no encontrarlos, el propio Catatumbo les pidió públicamente que "se pronuncien y ayuden a esclarecer esa situación de incertidumbre".


Los testimonios recogidos, explicó por su parte el senador Roy Barreras –un férreo defensor del acuerdo que incluso viajó a La Habana como parte del equipo negociador del Gobierno–, afirman que los dirigentes ausentes no se han sumado a las disidencias y permanecen en el proceso de paz, pero se quejan de la inseguridad física, jurídica y económica que les despierta tanto el incumplimiento del Estado, como la posición de Fiscalía y la DEA. Tanto Márquez como El Paisa, según versiones de prensa, mantienen el temor a ser extraditados.


Aunque todos los abandonos de las zonas despiertan preocupación, el caso de Iván Márquez es especialmente significativo, ya que fue el jefe negociador durante los cuatro años de diálogos en La Habana y su liderazgo en la FARC competía con el de Rodrigo Londoño, Timochenko, el presidente del partido. Márquez –cuyo verdadero nombre es Luciano Marín–, renunció al escaño como senador que la garantizaba el acuerdo y se internó en Miravalle tras la captura de Jesús Sántrich, excomandante de la guerrilla acusado de narcotráfico en una corte de Nueva York. El sobrino de Márquez, Marlon Marín, es informante de la DEA en el caso de Sántrich, aunque la Fiscalía colombiana ha sido clara en que no tiene ninguna orden de captura en su contra.


Otros dos de los líderes de las FARC de los que se temía se declararan en disidencia, Henry Castellanos -conocido como Romaña- y Fabián Ramírez, reaparecieron esta semana en sendas cartas en las que reafirmaron su compromiso con el cumplimiento del acuerdo, aunque también hicieron reclamos sobre la implementación. Los senadores que viajaron a Miravalle pidieron un pronunciamiento similar de Márquez y El Paisa, desde donde sea que se encuentren. El requerimiento de la JEP le ha puesto un plazo concreto a ese reclamo.

Bogotá 13 SEP 2018 - 16:18 COT

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Duque ve insuficiente la liberación de seis secuestrados para reanudar el diálogo con el ELN

El presidente colombiano exige a la guerrilla "la suspensión de todas las actividades criminales"

 

El Ejército de Liberación Nacional (ELN), la guerrilla activa más grande Colombia después de la desmovilización de las FARC, liberó este miércoles a seis personas secuestradas la primera semana de agosto. Se trata de un grupo formado por tres militares, dos contratistas y un policía. Así lo confirmó el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), que participó en el operativo. "Hoy en Chocó acompañamos la comisión humanitaria que facilitó la liberación de seis personas que estaban en poder del ELN desde agosto. Nos alegra saber que pronto podrán reencontrarse con sus familias", informó. La entrega se realizó en uno de los departamentos de la costa del Pacífico donde la organización insurgente sigue cometiendo secuestros y atentados.


Esta liberación era precisamente una de las condiciones condiciones centrales que el presidente colombiano, Iván Duque, fijó para reanudar el diálogo, que el pasado mes de mayo se trasladó a La Habana (Cuba), tras más de un año de conversaciones celebradas en Quito (Ecuador) sin apenas avances. El mandatario celebra el gesto del grupo armado, sin embargo, no lo considera suficiente para volver a negociar. "Si hay genuina voluntad de paz, ahí estará el Gobierno, pero el principio de una genuina voluntad de paz empieza con la liberación de todos los secuestrados", enfatizó en un acto con jueces. Exigió al ELN que "informe con precisión del estado de esas personas, indique cuándo regresarán a sus casas" y agregó: "Si queremos construir una paz con ese grupo armado organizado, ellos mismos deben empezar por la más clara de las voluntades, que es la suspensión de todas las actividades criminales".


La brújula de Duque en este proceso difiere de los principios empleados por el Gobierno de Juan Manuel Santos. Este aceptó negociar "en medio del conflicto", lo que él mismo bautizó como doctrina Rabin, en referencia al ex primer ministro israelí. El actual Ejecutivo, que asumió las riendas hace poco más de un mes, lo rechaza. "Si no empezamos por ahí", continuó Duque incidiendo en sus peticiones, "lo que terminamos es validando la violencia como un medio de acceso a la negociación con el Estado. Ese ha sido un error histórico que se ha cometido en Colombia, pero no estoy aquí para reprocharlo". Con esta aproximación, si el ELN no cede y accede a dar los primeros pasos hacia una desmovilización, es posible que las conversaciones, que por el momento se encuentran aplazadas sin fecha, queden definitivamente atrás.


La organización guerrillera liberó la semana pasada a tres soldados secuestrados en agosto en el departamento de Arauca, en la frontera con Venezuela. Sin embargo, todavía hay algunas personas en su poder y, sobre todo, esta guerrilla, que cuenta con alrededor de 1.500 hombres armados, continúa perpetrando ataque contra las autoridades. Según un informe realizado por el alto comisionado para la paz, Miguel Ceballos, en los últimos 17 mese, durante esa negociación que durante el mandato de Juan Manuel Santos se desarrolló "en medio del conflicto", se registraron 462 acciones del ELN y 148 atentados contra las infraestructuras petroleras que causaron alrededor de 100 muertos.
A los episodios de violencia se añaden los problemas habituales de control jerárquico de este grupo, menos cohesionado que las FARC y todavía dependiente de una lógica bélica. Nació en 1964 -al mismo tiempo que la antigua guerrilla- con una ideología que en sus inicios trató de fusionar postulados del cristianismo y del marxismo, aunque con el paso del tiempo el pretexto ideológico quedó difuminado. Actualmente, opera en un contexto en el que se disputa el control de algunos territorios rurales y de la producción de hoja de coca con otras bandas armadas y mafias de narcotraficantes.

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Martes, 11 Septiembre 2018 08:09

Se empantana el diálogo con el ELN

Se empantana el diálogo con el ELN

La guerrilla ELN acusó ayer al presidente de Colombia, Iván Duque, de acabar con el proceso de paz, al desconocer acuerdos y plantear “condiciones inaceptables” para retomar la mesa de diálogos en Cuba. “Al desconocer los acuerdos hechos con el Estado y colocar unilateralmente condiciones inaceptables, este gobierno está cerrando esta mesa, acabando el proceso de diálogos y los esfuerzos hechos desde hace varios años por el ELN, la sociedad, el anterior gobierno y la comunidad internacional”, dijo en un comunicado. El Alto Comisionado para la Paz, Miguel Ceballos, respondió más tarde que el gobierno no reanudará las charlas para superar medio siglo de conflicto armado hasta que la guerrilla cumpla con unos mínimos: liberación de todos los secuestrados y fin de las acciones criminales de los insurgentes. “El gobierno colombiano sigue expresando voluntad de paz, pero con hechos concretos y no con retórica”, dijo. 

Duque, quien asumió la presidencia hace un mes, había dicho el sábado que las conversaciones que se desarrollan en La Habana con el Ejército de Liberación Nacional (ELN) solo continuarían si se liberan antes a “todos los rehenes”, que su gobierno calcula en al menos 16. De esta forma, el gobernante ató la suerte de las negociaciones iniciadas por su antecesor, el Nobel de Paz Juan Manuel Santos, a que el ELN no solamente libere a seis secuestrados de un grupo de nueve que había ofrecido devolver. “Esto no es un tema de fechas fatales, es un tema de expresiones concretas de paz y de expresiones concretas de compromiso”, indicó Ceballos. Los rebeldes se oponen a estas condiciones por considerarlas imposiciones del gobierno y porque en la mesa se acordó que las conversaciones se desarrollarían en medio de los enfrentamientos en Colombia. Reconocida oficialmente como la última guerrilla de Colombia, el ELN ofreció liberar por su cuenta, y pese a la falta de acuerdos, a nueve policías, militares y civiles capturados en agosto, al término de los diálogos que mantuvo durante año y medio con Santos. El miércoles devolvió a tres militares cerca de la frontera con Venezuela y ayer informó que “está en plan de liberación unilateral” de cuatro miembros de la fuerza pública y dos civiles raptados en el departamento del Chocó. “Hay una posibilidad de que esas liberaciones se den hoy”, apuntó Ceballos, quien aseguró que el proceso se realiza junto con la Defensoría del Pueblo y la Iglesia católica.


Duque deja en suspenso la negociación de paz con el ELN en Colombia

El presidente supedita el diálogo a la liberación de todos los secuestrados. El Gobierno asegura que los atentados de la guerrilla causaron 100 muertos en 17 meses

El diálogo con el Ejército de Liberación Nacional (ELN) está a punto de entrar en un callejón sin salida. El enfoque del nuevo Gobierno colombiano ha dado un giro sustancial con respecto al Ejecutivo de Juan Manuel Santos, que en febrero de 2017 inauguró las conversaciones en Quito, capital de Ecuador, aceptando negociar "en medio del conflicto". Los contactos apenas registraron avances, con la excepción de un cese al fuego bilateral de 101 días declarado hace un año en vísperas de la visita del Papa. El presidente Iván Duque dejó en suspenso este fin de semana el diálogo hasta que la guerrilla, el grupo armado más grande activo en el país andino después de la desmovilización de las FARC, libere todos los secuestrados en su poder y deje de cometer atentados.


"Si esa premisa se cumple, se dan por terminadas esas actividades criminales estamos listos a empezar una exploración [del diálogo], pero esa exploración debe tener una agenda clara y unos tiempos definidos por el bien de la sociedad colombiana. Es por eso que, hasta que no se cumpla esa premisa, nosotros no vamos a designar a nadie para que se siente en esa mesa a tener ningún tipo de aproximación", afirmó el mandatario. Hace un mes, al asumir el cargo, Duque pidió al alto comisionado para la paz, Miguel Ceballos, un informe sobre la mesa de negociación, que en mayo se trasladó a La Habana (Cuba). "Durante esos 17 meses de conversaciones que tuvo el Gobierno anterior con el ELN se adelantaron por parte de ese grupo armado organizado 462 actividades criminales, que cobraron cerca de 100 víctimas fatales, se adelantaron 148 atentados contra la infraestructura petrolera, que ha generado realmente un ecocidio, y se han presentado cerca de 16 secuestros", señaló el presidente durante un acto. "Es importante que la ciudadanía entienda que no se puede hablar de paz mientras se está apelando a la violencia como mecanismo de presión al Estado y a la sociedad colombiana".


El ELN liberó la semana pasada a tres soldados secuestrados en agosto en el departamento de Arauca, en la frontera con Venezuela, y uno de sus portavoces, conocido como comandante Uriel, aseguró a través de Twitter que habrá nuevas liberaciones "a pesar de las declaraciones de Iván Duque". No obstante, el sucesor de Santos no se limita, como ya prometió en campaña electoral, a exigir la suspensión de esas actividades -un chantaje recurrente que la guerrilla trata de utilizar como moneda de cambio para negociar- sino que insta a abandonar todas las acciones criminales. "Yo celebro en los últimos días que varias personas han regresado a sus hogares. Celebro que en las próximas horas lo hagan más personas, pero aquí se necesita un gesto contundente hacia todos los colombianos [...]. Yo le quiero decir a ese grupo armado organizado que acá tiene toda la voluntad, pero la voluntad más importante en ese momento parte de los que quieren por la violencia seguir ganando espacios con el Estado. Si suspenden esas actividades criminales y están dispuestos a fijar esa agenda, acá tendrán un Gobierno dispuesto a empezar esas exploraciones", aseguró.


Uno de los obstáculos al que se ha enfrentado el proceso de diálogo, encabezado por el negociador Pablo Beltrán, es la desconexión entre la cúpula de la organización y sus bases, a menudo descontroladas y sujetas a una disciplina más laxa que la de las FARC. El ELN nació en 1964 casi a la par que la antigua guerrilla con una ideología que mezclaba marxismo y cristianismo. Los analistas coinciden en que el último grupo insurgente activo en Colombia tiene una estructura más federal de la que tenían las FARC, y eso pone en entredicho su unidad de mando.


Actualmente cuenta con alrededor de 1.500 combatientes que siguen secuestrando. Esa cuestión ha sido la más espinosa a lo largo de los dilatados acercamientos con el Gobierno. La negociación que ha sufrido constantes retrasos e interrupciones desde que se inició. Con todo, hace un año, en vísperas de la visita del papa Francisco a Colombia, las partes anunciaron el primer alto al fuego bilateral en más de medio siglo de conflicto armado. En plena tregua, el exvicepresidente Gustavo Bell relevó a Juan Camilo Restrepo como jefe negociador, pero el diálogo no consiguió retomar el impulso. El logro más tangible de los diálogos tuvo una vigencia de poco más de cien días, y expiró a comienzos de año. Aunque la guerrilla anunció un cese unilateral para los comicios del primer semestre, las negociaciones languidecieron en medio del calendario electoral. Desde los noventa, el ELN ha tenido acercamientos con todos los presidentes de Colombia. Ha sostenido diálogos preliminares de paz con los gobiernos de César Gaviria (1990-94), Ernesto Samper (1994-98), Andrés Pastrana (1998-2002), y Álvaro Uribe (2002-2010), pero solo con el de Santos llegó a instalar una mesa formal.


Su Gobierno, sin embargo, no logró concretar una nueva tregua antes del final de su mandato, el pasado 7 de agosto, y dejó en manos de Duque decidir si continuaba con las conversaciones, que enfrentaron el obstáculo adicional de trasladarse a La Habana desde su sede original en Quito. El pasado abril, el presidente ecuatoriano Lenín Moreno se retiró como garante de la negociación en medio de un clima de tensión por las actividades criminales de disidencias de las FARC, bandas de narcotraficantes y el propio ELN en la frontera entre los dos países. Al tema de los secuestros el Ejecutivo colombiano ha añadido el de la presencia del ELN en Venezuela. El jueves, Miguel Ceballos le pidió a la guerrilla aclarar si sus tropas se refugian del otro lado de la frontera. “Es imposible llegar a siquiera considerar un cese al fuego cuando parte (...) de la tropa o de los miembros de la contraparte están en un país ajeno", dijo en declaraciones a periodistas.

Por F. MANETTO / S. TORRADO

Diario EL País –España–

Bogotá 10 SEP 2018 - 09:27 COT

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