Sábado, 21 Abril 2012 10:44

Una falla imperdonable

Una falla imperdonable
En 1980, el Gobierno se percató de que el salario de militares y policías era muy bajo con relación al resto de trabajadores, debido a la excesiva cantidad de retiros que estaban ocurriendo. Decidieron subir esa estructura salarial a un nivel acorde con su función social. Con ese propósito, en 1981 equipararon la remuneración de los generales a la de los parlamentarios. Siguieron este proceso hasta el grado de coronel, cuando lo suspendieron en 1986 sin haberlo efectuado a los grados de teniente coronel hasta adjunto 5°. Crearon una amplia brecha en perjuicio de este segmento. Las presiones gremiales de distinta índole revivieron este proceso mediante el artículo 13 de la Ley 4 de 1992, que dispone: “El gobierno nacional establecerá una escala gradual porcentual para nivelar la remuneración del personal activo y retirado de la fuerza pública […] la nivelación […] debe producirse en las vigencias fiscales de 1993 a 1996”. Pero esto nunca saltó del papel a la realidad, como se ve en el cuadro “Estructuras salariales pagadas”.

El artículo 13 de la referida norma tiene por objeto darle continuidad a la nivelación salarial de la fuerza pública y sus reservas, iniciada en 1981 y suspendida en 1986. No como afirman algunos falsos profetas, dando a entender que este proceso empezó en 1992, lo cual genera enormes perjuicios por soslayar el contexto histórico. Basta comparar las EGP del cuadro “Estructuras salariales pagadas” para comprender que todas son peores que la equitativa que rigió en 1980. Lo correcto consistía en reajustar el SB de todos los grados y empleados en la misma proporción que el del general. Conscientes de esta nociva intención, los integrantes de la reserva democrática de Colombia la repudiamos y permanecemos alertas, toda vez que somos víctimas del proceso interrumpido en 1986, momento en que empiezan a torcerlo. En especial, por pretender que la nivelación quedó consolidada con el Decreto 107 de 1996, que promulga una EGP que no acata lo dispuesto en la Constitución y las leyes.

Para quienes tuvimos que ver con el logro del artículo 13 de la Ley 4 de mayo 18 de 1992, lo más grave e indignante fue descubrir que 15 días después de su promulgación el gobierno nacional produjo el Decreto 921 de junio 2 de 1992, cuyo artículo 14 modifica la remuneración de general en tal forma que sólo perjudica a los demás grados y empleados de la FP. En efecto, recorta la base de cálculo de todos los SB a la asignación básica y los gastos de representación que devengan los ministros, monto muy inferior al que tuvo vigencia hasta mayo 31 de 1992.

Un desacierto del gobierno nacional privó al pueblo trabajador colombiano de los efectos benéficos resultantes de la Ley 4 de 1992. En el ámbito privado no se conoce el nivel de ingresos personales máximo ni mínimo, pero en el estatal debe tener una distribución conocida, razonable y justa, lo cual incide en el nivel global. Por eso carece de lógica y justificación haber acrecentado 3,8 veces los sueldos más elevados de los funcionarios del Estado entre enero de 1992 y enero de 1993, cuando pasaron de $906.000 a $3.456.376. Sobre todo porque los mismos son reajustados cada año a una tasa que fija la Contraloría General de la República, que siempre es superior al IPC que certifica el Dane y que, además, ello ocurre a través de actos administrativos producidos después de promulgada la referida Ley 4. Este ejemplo es particular del estamento castrense. Sin embargo, permite intuir que en otros campos tuvo similar comportamiento, pues el salario mínimo apenas fue reajustado un 25 por ciento en el aludido lapso en que se hizo el aumento de 3,8 veces.

A través del cuadro “Fuerza pública, evaluación salarial a pesos de 2011”, podemos apreciar el desbarajuste propiciado. Lo real del momento es que la remuneración total asignada a congresistas, ministros, generales y demás funcionarios de alto rango en 2011 es de $21’045.638, incluyendo la igualadora prima especial de servicios. Acatando los principios de igualdad, favorabilidad, debido proceso, legalidad y respeto a los derechos adquiridos, no se pueden modificar los parámetros puestos en práctica entre enero 1° de 1981 y mayo 31 de 1992, como es que el general devengue una remuneración igual a la del congresista en todo tiempo y por todo concepto, repartida 45 por ciento como SB y 55 como primas. Con base en la propuesta que le presentamos al Ministerio de Defensa Nacional en 1994, parto de un SB equivalente a $9’470.537, que es el punto de partida de la EGP y referencia indispensable para calcular todos los SB; el monto restante son primas por $11’575.101. La columna SB $ 21’ muestra esta absurda secuencia como producto de cumplir la normatividad legal vigente a la institución armada.

Por otro lado, la columna SB $ 13’ corrige el error garrafal cometido en 1993. Permite ver un reparto salarial justo y equilibrado que normaliza esta aberrante situación. Parte de una remuneración total asignada a los más altos funcionarios estatales de $ 13 millones, la cual lleva a que el 45 por ciento del SB del general sea de $ 5’850.000 y sus primas sean el 55 por ciento que asciende a $7’150.000.

La columna año 2011, del cuadro “Estructuras salariales pagadas”, deja ver el efecto nefasto de la burrada del 93, como es que los grados y empleados ubicados en el escalafón por debajo del general, estén devengando una retribución inferior a la de profesionales con análoga preparación y menores exigencias y riesgos, lo cual representa entre un 40 y un 25 por ciento de lo que merecen quienes están sometidos a una extensa y peligrosa jornada laboral, que impone el cumplimiento de la función social en que vive empeñada la FP.

En conclusión, queda claro que la violación de la Ley Marco de Salarios estatales y otras normas superiores acrecentó la desigualdad en el campo laboral y comprobó que, sin un cambio estructural, no será posible superar los desequilibrios y las injusticias endémicas a que estamos sometidos en Colombia.





Por JUAN JOSÉ NEIRA GÓMEZ, Capitán del Ejército en retiro. Economista, Universidad Externado de Colombia.

Publicado enEdición 179
Londres, 30 de junio. Cientos de miles de maestros, empleados y funcionarios públicos sindicalizados comenzaron hoy una huelga de 24 horas y marchas en calles y plazas públicas de Londres y otras 80 localidades británicas, como parte de una campaña para presionar al gobierno en el proceso de negociación de una reforma al sistema de pensiones.

El paro laboral afectó actividades en la mitad de 21 mil 500 escuelas públicas, 80 por ciento de las universidades, juzgados, puestos de migración en aeropuertos, oficinas de recaudación de impuestos, expedición de licencias de manejo, atención de llamadas a la policía londinense y museos, como el Británico, donde decenas de trabajadores participaron en un mitin frente al edificio.

Las medidas sindicales fueron criticadas por políticos de la coalición gubernamental formada por los partidos Conservador y Demócrata Liberal e incluso por el Laborista, en la oposición.

El primer ministro David Cameron dijo el miércoles que la huelga es un acto irresponsable y no se justifica porque las negociaciones para la reforma al sistema de jubilaciones y pensiones están todavía en curso.

Ed Miliband, líder de los laboristas, se puso del lado del gobierno en este punto al señalar que "estas huelgas, en un momento en el que las negociaciones están todavía en marcha, son una equivocación".

La iniciativa oficial de reformas se enmarca en un plan del gobierno para eliminar el déficit presupuestal en 2015, que equivale a 10 por ciento del PIB.

El ambiente económico generado por la crisis estadunidense que estalló entre 2007 y 2008 ha propiciado la congelación de salarios y la inseguridad laboral.

En caso de que se apruebe la reforma, los empleados deberán hacer mayores contribuciones a sus fondos de pensiones y la edad para la jubilación pasará de 60 a 66 años.

Asimismo, las pensiones de los funcionarios dejarán de calcularse a partir del último salario obtenido y se fijarán con base en el promedio de ingresos de todos los años trabajados en el servicio público.

Cameron ha argumentado en varias ocasiones que la mayor expectativa de vida en Gran Bretaña sirve de base para que las pensiones del sector público modifiquen su régimen y sean costeables.

La Oficina Nacional de Estadísticas informó este año que de 1981 a 2001 la expectativa de vida aumentó de 76.8 a 80.4 años en mujeres, y de 70.9 a 75.7 en hombres. No obstante, la dependencia aclaró que el alargamiento de la vida no implica siempre buena salud.

Los dirigentes sindicales informaron que unos 750 mil empleados y funcionarios se adhirieron al paro de 24 horas, pero el gobierno de Cameron consideró que la cifra es menor.

La movilización sindical de este jueves es la más importante desde 2006 y es la primera vez que Cameron enfrenta un desafío de las organizaciones de trabajadores desde que asumió la jefatura de gobierno, en mayo de 2006.

La Asociación de Maestros y Profesores Universitarios estimó que 80 por ciento de los centros de enseñanza superior suspendieron actividades.

El paro no afectó los servicios de transporte ferroviario ni portuario, y aunque los agentes migratorios sí secundaron la huelga de 24 horas, los inconvenientes en aeropuertos fueron menores.

El Sindicato de Servicios Públicos y Comerciales (PCS), que representa a funcionarios públicos, dijo que 200 mil de sus afiliados pararon actividades, pero según la administración de Cameron la ausencia fue de 100 mil.

"Esta es la huelga con más respaldo que hayamos tenido antes", declaró el secretario general del PCS. "Estamos enviando un mensaje claro al gobierno de que no toleraremos los ataques al derecho de las pensiones, duramente ganado", agregó.

La mayor manifestación callejera se realizó en Londres, con la asistencia de 20 mil personas. Los trabajadores portaron pancartas en las que adviritieron: "Detengan el robo de las pensiones".

Aunque la marcha se desarrolló en general de manera pacífica, algunos choques con la policía llevaron a la detención de 26 personas. Otras marchas se llevaron a cabo en Cardiff y Liverpool.

Las expresiones de repudio al paquete de reformas planteado por Cameron –quien actúa en consonancia con otros gobiernos de Europa– comenzaron a finales de 2010, cuando se supo de los planes para aumentar las cuotas de servicios de educación superior.

En marzo pasado, unas 250 mil personas marcharon en Londres contra los recortes presupuestales generales, la congelación de los salarios y la eliminación de 330 mil empleos públicos hacia 2015.

Analistas de prensa han señalado en este ambiente que los sindicatos de trabajadores del sector público carecen del apoyo popular que tuvieron movimientos laborales como el de los mineros entre 1972 y 1974, que se expresó en la pérdida de popularidad del gobierno y su consecuente caída.

Masivos despidos en Lloyds

El británico Lloyds Banking Group, socorrido por el Estado durante la pasada crisis, anunció el jueves que suprimirá 15 mil puestos para 2014, de los 106 mil que tiene actualmente, en el marco de un nuevo plan destinado a sanear sus cuentas.

Este banco, del cual el Estado británico posee más de 40 por ciento, señaló en un comunicado que pretende ahorrar unos 2 mil 400 millones de dólares anuales hasta 2014 con esta drástica restructuración.

También para ese año Lloyds Banking Group pretende abandonar "más de la mitad" de los 30 países donde tiene presencia.

LBG, un gigante en Gran Bretaña pero poco conocido en el extranjero, nació de la fusión a principios de 2009 entre Lloyds TSB, por entonces floreciente, y su rival HBOS (Halifax-Bank of Scotland), que estaba carcomido por créditos tóxicos.

Afp, Dpa, Reuters y The Independent

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El gobierno griego anunció que venderá "inmediatamente" las participaciones del Estado en la empresa de telecomunicaciones OTE, en el banco postal y en los puertos del Pireo cerca de Atenas y Salónica, para reducir la deuda del país. “No les obligaremos a vender la Acrópolis, aunque sí todo lo que puedan privatizar”, había avertido el ministro holandés de Economía, Jan Kees de Jage, al condicionar la ayuda europea.

El Gobierno griego decidió impulsar de forma urgente nuevos recortes en los sueldos de los empleados públicos y en las pensiones, un aumento de impuestos y privatizar puertos y empresas estatales para seguir recibiendo ayuda externa. Las medidas serán tramitadas por el Parlamento en las próximas semanas, de acuerdo con una decisión aprobada en una extensa reunión del Consejo de Ministros presidida por el jefe del Ejecutivo, Yorgos Papandreu.

Entre las medidas se incluyen la privatización de la Caja Postal de Ahorros, de los puertos de Atenas y Salónica, de los servicios de agua potable de Salónica y de Atenas, de la empresa telefónica nacional y del casino de Atenas. Además, se pretende prolongar el alquiler del aeropuerto internacional de Atenas "Elefterios Venizelos".

También se aumentarán los impuestos sobre el gas natural y las bebidas no alcohólicas y se reducirán pagas adicionales mensuales de los funcionarios públicos y las pensiones, al tiempo que se aumentará un 20 por ciento el precio de las licencias de circulación para los automóviles.
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La protesta social pierde fuelle en Francia, según datos del Ministerio de Interior. Unas 198.000 personas se han manifestado en Francia durante la jornada de hoy, clave clave para vislumbrar el futuro del movimiento contra la reforma de las pensiones. Esta cifra sería una fuerte caída "en comparación a los días anteriores (480.000 y 500.000 octubre 19 de octubre 12, respectivamente)", según ha informado el Ministerio.

Jean-Claude Mailly, secretario general de unos de los sindicatos franceses más combativos, FO, no esperaba a primera hora que la jornada de protesta convocada hoy en Francia no sería particularmente masiva: "Hay vacaciones en Francia, los estudiantes no tienen clase, hay un poco de cansancio también. Yo no me espero una participación récord". Hay cientos de manifestaciones convocadas en toda Francia en esta décima jornada de acción sindical desde que empezó el movimiento, la séptima desde que terminó el verano.

En las últimas, la participación basculó siempre entre los tres millones y los tres millones y medio. Pero algunas cosas han cambiado desde entonces: las refinerías ya vuelven al trabajo (aunque sin mucho petróleo que refinar debido a que el puerto de Marsella sigue cerrado), la gasolina vuelve a su vez las gasolineras gracias a los desbloqueos de los depósitos de combustibles y la ley fue aprobada, ayer, solemne y definitivamente, por el Parlamento, con 336 votos a favor y 233 en contra. Es decir, los sindicatos ya nadan muy a contracorriente: a pesar de las jornadas de protesta, el Gobierno no ha cedido en lo principal (el retraso en la edad de jubilación) y eso se refleja en cierto desgaste del movimiento.

Hoy, el metro en París funciona casi perfectamente, el tren de cercanías no tanto y los trenes y los transportes públicos en otras ciudades se ven afectados por los paros pero menos que otras veces. Es decir: también desde este punto de vista da la impresión de que el movimiento de protesta remite. El semanario Le Nouvel Observateur, en el número que sale hoy, aporta un titular significativo: "¿Cómo se sale de esto?".

Con todo, hasta que no terminen todas las manifestaciones y se contabilicen los asistentes no se podrá hablar de una protesta lastrada ya por el desánimo y el cansancio.

ANTONIO JIMÉNEZ BARCA | París 28/10/2010
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Domingo, 24 Octubre 2010 09:10

Francia. Que vivan los estudiantes

Un clamor juvenil, solidario y espontáneo flota sobre el cielo de París. La risa y el canto. En el corazón de la multitud que recorre el Boulevard Arago se respira una atmósfera de paz agitada, de hermandad instantánea, de carisma generacional. No hay violencia, ni gestos obscenos, ni agresividad en esas voces que piden a coro “la jubilación a los 60 años” en una coalición casi inédita de estudiantes y trabajadores del ferrocarril, de empleados públicos y privados, de profesores y alumnos del bachillerato, de empleados administrativos y estibadores del puerto, de jubilados y desempleados.

Las banderas de la CGT y los globos del Partido Socialista tapan el horizonte. París resucitó una forma de acción social que los tenebrosos analistas digitales decían muerta: masiva, constante, empeñada, pacífica y organizada según un régimen distinto del de otras protestas. Jean Michel emerge de un grupo de jóvenes que se burlan de Nicolas Sarkozy con consignas vivarachas. “No queremos que nuestros padres se mueran trabajando, y nosotros no nos queremos secar bajo el sol buscando casa y trabajo”, dice el muchacho de 19 años. A su alrededor, los estudiantes, en su mayoría bachilleres, gritan: “Los jóvenes en la pálida, los viejos en la miseria”. Aplausos y miradas cómplices.

Detrás de ellos avanza un grupo de trabajadores del ferrocarril. Son corpulentos, tienen las manos y el rostro marcados por el trabajo. Cuatro de ellos, con brazaletes rojos en los brazos, escrutan los movimientos anormales de la multitud. “Estamos aquí para encuadrar a los violentos, para explicar que en la democracia no se golpea”, dice André, un aparatoso miembro de la CGT. La juventud baila, la clase obrera exulta. La soñada convergencia entre trabajadores y estudiantes se plasmó en un par de semanas.

Pero no responde al sueño de un socialismo de museo, sino a un estilo renovado de oponerse a las medidas de un gobierno. La prensa anglosajona describió las manifestaciones que estallaron en Francia en el primer trimestre del año y se prolongaron hasta hoy como una curiosidad arqueológica. “Creían que en la economía inmaterial ya no había más trabajadores, ni manos curtidas, ni estudiantes en la miseria, ni responsabilidad colectiva a la hora de defender los derechos”, explica Arnauld, un estudiante de segundo año de química. “Somos la parte que los especialistas en estadísticas no tomaron en cuenta”, agrega Michel, otro estudiante de la misma materia. “Aquí está la realidad analógica”, comenta con picardía. Ambos tienen plena razón. Francia siempre nos sorprende.

En estas calles empapadas de pasos no hay ideologías, ni reclamos metafóricos, ni pedidos imposibles, sino una concentrada oposición a una reforma de las jubilaciones, que la sociedad asimila a la injusticia, impulsada por un Ejecutivo que, para la gran mayoría, gobierna para los privilegiados. Se trata de un movimiento de una indisciplina práctica, y en ello es plenamente moderno, y no “prehistórico”, como lo sugieren los detentores del pensamiento “Power Point”. “Aquí, los chicos no están alentando o patrocinando ninguna revolución. Sólo quieren justicia, equidad, y que los tomen en cuenta”, afirma Roselyne, una jubilada del correo francés que acudió con su hija. Michel describe en una frase veloz los dos “insostenibles” que los movilizaron: “Hay 25 por ciento de desempleo entre los jóvenes, y el gobierno quiere hacer trabajar a la gente hasta los 70 años. ¡Una locura!”.

Martine, una hermosa muchacha de 24 años, estudiante de derecho internacional, dice, enojada: “La juventud ha sido sacrificada, no queremos esta sociedad donde sólo hay lugar para los recomendados, los privilegiados, los ladrones, los hijos de ricos. Queremos justicia, igualdad, posibilidades de progresar para todos”.

Entre grupo y grupo, a lo largo de cuatro horas de marcha, se puede hacer una radiografía tan espontánea como precisa de los desalientos de la juventud ante un Ejecutivo que la ignora y un presidente a quien los jóvenes tratan como ególatra: la reforma de la jubilación, la política inmigratoria, el escándalo L’Oreal, que golpea de lleno al ministro de Trabajo, a cargo de llevar adelante la reforma de las jubilaciones, el desempleo, el escudo fiscal impulsado por el gobierno y mediante el cual los muy ricos recuperan mucha plata, la carestía de barrio rico de la noche, la ausencia de política ecológica, los controles policiales constantes, la falta de ayudas y, sobre todo, de una política “objetiva” orientada a los jóvenes así como una sensación general de que el sistema capitalista, tal como está gestionado, sólo beneficia a una estrechísima minoría.

La polifonía generacional de la protesta y el carácter sociocultural y socioprofesional mixto le dieron una identidad tanto más peculiar cuanto que los jóvenes se sumaron a la protesta en las últimas dos semanas. El levantamiento de los liceos fue facilitado por el rumor de que el plan de reforma de las jubilaciones iba a crear un millón de desempleados entre la juventud, por las iniciativas ridículas de muchos directores de bachilleratos que escribieron a los padres para que no permitieran que los chicos vayan a manifestar o a bloquear los colegios y, de manera general, porque el poder político infantilizó el movimiento juvenil.

“Nos tomaron por tontos irresponsables, por nenitos de jardín de infantes sin capacidad de entendimiento”, dice con cierto enojo Audrey, una bachiller de 17 años que se pasea con una pegatina que dice “je lutte de classes” (un juego de palabras que quiere decir “hago la lucha de clases”). Dominique Dupont, sindicalista de la CGT del gremio de los estibadores portuarios, observa a los jóvenes que se deslizan bajo las banderas de los estibadores con melancólica admiración. “Me llenan de ternura, tan jóvenes, tan frágiles, tan expuestos a la violencia de este mundo asqueroso, y tan convencidos de lo que hacen, de la razón por la que están aquí.”

Algunos días más tarde, en la Universidad de Jussieu, los estudiantes organizaron una manifestación antes de las vacaciones. Michel, Aurelie, Jean Pierre, Stephane, todos caminaban cantando “Sarko, estás jodido, la juventud está en la calle”. Llevaban un cartelón inspirado de un manifestante de la localidad de Nantes, que decía: “Sarko, mira tu Rolex, la hora de la revolución ha sonado”.

Francia descubrió en un abrir y cerrar de ojos la pertinencia militante de su juventud y algunos rostros nuevos. El de Viktor Colombani, 16 años, dirigente de la UNIL, Unión Nacional de Bachilleres. Un pibe certero, que habla de “solidaridad intergeneracional” y de la imposibilidad de aceptar “que se rompa el derecho al porvenir”. A pesar de la posición privilegiada de Francia, la juventud vive mal. Un desempleo enorme, dificultades titánicas para encontrar vivienda, un discurso de Estado en el que la juventud y sus problemas suelen ser invitados ocasionales. Los analistas reconocen que los jóvenes han funcionado como “una variable del ajuste” (Louis Chauvel, autor del Destino de las generaciones).

Los jóvenes activos conocen tasas de desempleo alrededor del 24 por ciento. La pobreza los acorrala en situaciones impensables para un país central. “Por eso hemos venido con los sindicatos”, comenta Lucie, una joven recién ingresada a la Universidad. “Estamos hartos del cinismo, de la arrogancia del gobierno, de las injusticias permanentes, de ver cómo hacia arriba se viola la ley y hacia abajo nos ponen presos por cualquier insignificancia.” Tantos jóvenes en la calle vinieron a resaltar la fragilidad del modelo social francés.

Sindicatos y estudiantes coincidieron en un punto: el no a la Francia de los privilegios reservados, al costo de reformas soportadas por la mayoría más expuesta. Esa “bronca” se cristalizó en una suerte de sublevación mansa, muy bien organizada a través de la conciencia colectiva. Los paros no penalizaron a los usuarios porque los sindicalistas pactaron para que unos vayan a las protestas y otros garanticen un servicio mínimo. Lo mismo se constató en las seis manifestaciones y huelgas convocadas desde septiembre. Cada vez hubo entre dos y tres millones y medio de personas, dos veces por semana.

Catherine, una empleada de una empaquetadora, cuenta: “No podíamos ir todos al mismo tiempo a las manifestaciones, cada día de huelga es un día menos de sueldo, entonces nos turnamos. Una semana iba yo, la otra una colega”. El sociólogo Philippe Corcuff comentó al diario Le Monde que en este movimiento “la gente va a veces a las manifestaciones, otras no. Se puede entrar y salir del movimiento a su antojo. Es una suerte de guerrilla social, duradera y pacífica”. Alegre también, con más humor que odio, con más inventividad que pesadumbre. Sin consignas de ruptura radicales, ni delirios mesiánicos, la sociedad francesa elaboró un bello mensaje colectivo tejido entre varias generaciones, entre distintos gremios, entre diferentes sensibilidades.

Caroline, una aguerrida militante del NPA (Nuevo Partido Anti Capitalista, extrema izquierda), reconoce que este movimiento no puede romper ni agredir porque, fundamentalmente, “lo que hemos venido a pedir es respeto, respeto al ser humano, al modelo que construimos, respeto a la historia y los valores de Francia, a la ecología, respeto a la igualdad, a la dignidad”.

Por Eduardo Febbro
Desde París
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Tras tres semanas extenuantes de debate, añagazas por parte de la oposición para alargar las sesiones y trucos legales por parte del Gobierno para acelerarlas, los senadores franceses votaron hoy (y aprobaron gracias a la mayoría de centro derecha de Nicolas Sarkozy) el proyecto de ley de la reforma de las pensiones. El resultado fue de 173 votos a favor por 153 en contra.

Una carambola del destino (o una acertada forma de de apurar los tiempos por parte del Gobierno) ha hecho que la votación coincida casi exactamente con el inicio de las vacaciones de Todos los Santos lo que, según los asesores de Sarkozy, adormecerá el movimiento de protesta.

No será fácil ni es tan seguro: los sindicatos, adelantándose al resultado cantado de la votación de ayer (el enigma era el cuándo no el qué) ya avisaron el jueves de que las manifestaciones y las huelgas continuarán: el jueves que viene, 28 de octubre, fecha en que, previsiblemente, el texto de la ley que sale del Senado será votado, a la vez, nueva y definitivamente, por las dos Cámaras, hay ya convocada otra nueva jornada de protesta. Y el sábado seis de noviembre habrá otra: para entonces, estará cerca el día de la promulgación, por el presidente de la República, de esta ley sobre la que gira, exclusivamente, la vida política de Francia. Todo se resume al pulso entre los sindicatos decididos a continuar y un Nicolas Sarkozy convencido de no ceder.

El último discurso en el Senado perteneció al ministro de Trabajo, Eric Woerth, que insistió en la necesidad de esta reforma y añadió, entre los gritos y los abucheos de la oposición: "Algún día vendrá en que todos los que han criticado esta ley reconozcan el coraje del presidente de la República". Tras la votación, añadió, refiriéndose a la protesta callejera: "Las instituciones han hablado".

A pesar de las varias y crecientes manifestaciones sucedidas mientras se debatía la ley, el Gobierno no ha cedido en lo principal: la edad legal de la jubilación se retrasará de los 60 a los 62 años y la jubilación para aquellos que no hayan cotizado los años pertinentes se retrasará de los 65 actuales a los 67. Ese tiempo necesario de cotización también se alarga: de 40 años pasa a 41,5.

Cuando empezó el debate la votación se antojaba definitiva para ahogar la protesta. Entonces, eso sí, ni había escasez de gasolina ni los jóvenes se habían sumado a las manifestaciones. Ahora, debido a las nuevas convocatorias sindicales y a la continuación de la huelga de las refinerías, este paso no liquidará la crisis social. Queda por ver si la aplacará.

Por ANTONIO JIMÉNEZ BARCA | París 22/10/2010
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Los sindicatos quieren seguir dando batalla en Francia. La policía antidisturbios ha tomado por la fuerza el control de una gran refinería al este de París, la de Grandpuits, una de las 12 que hay en el país y que está en huelga desde hace 10 días. En Grandpuits, Charles Foulard, responsable del sindicato CGT para cuestiones de combustible, ha asegurado: "vamos a seguir hasta la victoria".

Ante esta situación, el Gobierno francés ha reconocido que "la normalidad tardará varios días en llegar".

Agentes procedentes de la capital han llegado a la refinería a primera hora de la mañana y han desalojado a los huelguistas -contrarios a la reforma de las pensiones- que la mantenían bloqueada, cumpliendo las órdenes del presidente de la República, Nicolas Sarkozy, que el martes ordenó el fin de los bloqueos que impiden el funcionamiento de refinerías o depósitos de combustible y que tienen a un 25% de las gasolineras del país sin existencias.

Cuatro furgonetas de la policía han llegado sobre las tres de la madrugada y se han encontrado con un piquete de "una quincena de personas", que han indicado que no iban a desalojar la instalación por su cuenta. Una hora y media después, unos 50 huelguistas han llegado al lugar para reforzar a sus compañeros. La policía ha cargado contra los huelguistas cuando estos han intentado impedir la entrada de 20 trabajadores obligados a trabajar por ley. Una vez dentro de la refinería, estos empleados solo están llenando camiones.

La refinería de Grandpuits, a unos 50 kilómetros de París, es clave para el suministro de combustible a la ciudad y a sus aeropuertos, el de Orly y el Roissy-Charles de Gaulle. Los seis principales sindicatos han mostrado reiteradas veces su determinación a seguir con las protestas pese a que hoy acabe convertido en ley el retraso de la edad de jubilación y han llamado a dos nuevas jornadas de huelga para el 28 de octubre y el 6 de noviembre. Ayer, el propio presidente justificó el recurso a la fuerza para acabar con los bloqueos en el sector petrolero diciendo que no se puede permitir que "una minoría tome como rehén la vida cotidiana de los franceses".

La actuación de la policía se produce justo en el día en que el Senado debe dar su visto bueno a la norma que ha desencadenado una enorme ola de protestas en toda Francia: la reforma de las pensiones, que incluye, entre otras cosas, el retraso de 60 a 62 de la edad de jubilación. Aunque los senadores debían haber emitido su voto el miércoles, las maniobras de los electos de la oposición, que han presentado cientos de enmiendas, ha retrasado hasta hoy la votación.

Por ANTONIO JIMÉNEZ BARCA / AGENCIAS - Grandpuits / París - 22/10/2010
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Viernes, 22 Octubre 2010 06:23

Sarko, inmutable a la protesta

Presionado por el calendario, las manifestaciones, la falta de combustible y una guerrilla de enmiendas presentada por el bloque de izquierda en el Senado, el Ejecutivo francés recurrió a una argucia constitucional para apurar la adopción de la reforma de las jubilaciones. Al mismo tiempo, sustentados por la respuesta masiva de la sociedad al movimiento de protesta contra Nicolas Sarkozy, los ocho sindicatos franceses, en vez de marcar una pausa o dividirse mantuvieron vivo el bloque y convocaron a dos nuevas movilizaciones, una con huelga, prevista para el 28 de octubre, y otra sólo con manifestaciones, agendada el 6 de noviembre.

La batalla continúa entonces a pesar de que el gobierno decidió recurrir a un artículo de la Constitución, el 44, mediante el cual la adopción de un texto se realiza con un voto único, lo que excluye el examen completo de las numerosas enmiendas presentadas por la oposición. Ello permite prever que, a más tardar mañana, la reforma será adoptada. La metodología gubernamental fue denunciada con encono por los senadores de la izquierda y por la primera secretaria del Partido Socialista, Martine Aubry. Imperturbable ante las críticas y la densa marea social que se va gestando, el presidente francés prometió ayer mano dura contra los responsables de los disturbios y aclaró que los violentos no tendrán la última palabra.

El jefe del Estado también evocó la controvertida reforma que eleva la edad de la jubilación a los 62 años, contra los 60 actuales, y de 65 a 67 la edad necesaria para cobrar una jubilación entera. Sarkozy explicó que no procedía “por motivos ideológicos, lo hago porque es mi deber”. El presidente se dirigió –¡al fin!– a los jóvenes y dijo: “Lo que se les está diciendo a estos estudiantes es que la reforma se hace por ellos”. Según el mandatario, con la reforma de la jubilación “los jóvenes no tendrán que pagar dos veces, una por ellos, otra por sus padres”. La juventud estuvo de nuevo en las calles, cantando consignas hostiles a un presidente cuyo desprestigio entre los jóvenes podía medirse en la insolencia de los cánticos y en los carteles a lo largo de las numerosas manifestaciones que volvieron a agitar las calles del país. La última edición del semanario Les Inrockuptibles –hecho para la juventud– testimonia el abismo que hay entre el mandatario y las nuevas generaciones. Con la foto de un policía vestido de negro y con una pistola flash ball en la mano, la tapa del semanario dice: “El presidente anti jóvenes”.

En vísperas de las vacaciones, Francia seguía buscando una gota de combustible entre las más de 2500 estaciones de servicio cerradas –hay 12.500 en total–. La nueva convocatoria lanzada por los sindicatos sorprendió a muchos analistas, tanto como el mantenimiento de la unidad sindical entre las ocho organizaciones. El Ejecutivo no tendrá el respiro con el que contaba. A pesar de la inminente aprobación de la reforma y de la llegada de las vacaciones escolares, los sindicatos están seguros de que una parte considerable de la sociedad está sensibilizada y que la lucha contra la reforma seguirá incitando a la gente a salir a la calle.

En una moción común adoptada por los ocho sindicatos, éstos explican que “fortalecidos por el apoyo de los asalariados, de los jóvenes y de una mayoría de la población, y frente a una actitud intransigente del gobierno y del jefe de Estado, las organizaciones sindicales deciden continuar y ampliar la movilización”. Ello significa en lo concreto que la distensión del clima social por la que apostó el gobierno una vez que se apruebe la ley no se plasmará en lo inmediato. La postura de los sindicatos es también una forma de posicionarse y mostrar su fuerza de cara a las futuras negociaciones con el próximo gabinete. Se espera que Nicolas Sarkozy cambie de primer ministro y reemplace a buena parte de su equipo actual con un matiz más de centro. El presidente espera con ello armar su navío de campaña que lo llevará a la reelección en 2012. No obstante, el desgaste y el descrédito que le acarreó la batalla por la reforma trastornó las reglas de un juego que parecía responder al pie de la letra a las intenciones del presidente. De pronto, la realidad se hizo más inescrutable, los movimientos de la calle más incontrolables y las fulgurancias rebeldes de la juventud mucho más complejas de domesticar. En la batalla táctica e ideológica entre los sindicatos, la izquierda socialista y el gobierno los opositores a la reforma cometieron menos errores que el Ejecutivo y rompieron la hegemonía del discurso oficial.

Por Eduardo Febbro
Desde París
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Frente a la sordera y la arrogancia del gobierno, Ignacio Ramonet, presidente de la Asociación Memoria de las Luchas, apela a la legitimidad social de las mismas y a la democracia participativa.

¿Qué expresa, en su opinión, la amplitud de la movilización por la defensa del sistema actual de jubilación ?
Ignacio Ramonet.- Poco a poco, cada uno se va dando cuenta de que el proyecto gubernamental le va a afectar y de qué manera, esto se va a pagar en años de vida. Más allá de lo cual, hay un malestar social más global, que no ha podido expresarse desde el inicio de la crisis, primero financiera y luego económica, en 2008. Se observa igualmente el rechazo a una manera de gobernar, llena de arrogancia, de soberbia, de suficiencia. Lo que se puede llamar “el espíritu de Fouquet”, del que el caso Woerth es una de las muestras más recientes. El poder se obstina en negar la implicación de un ministro en un asunto que lo vincula a multimillonarios, a las clases extremadamente favorecidas. Lo que suscita un verdadero hartazgo en la población. Y tengo la impresión de que al hilo de la protesta, cada ciudadano toma conciencia de que él puede asociarse al movimiento. De esta manera, éste toma amplitud. Progresivamente, el movimiento traduce el conjunto de malestares de cada uno.

Ayer, Nicolás Sarkozy estimaba que el asunto de las jubilaciones estaba cerrado. ¿Qué hacer ante tal sordera ?
Ignacio Ramonet.- En el plano de la legalidad parlamentaria, el plazo es relativamente corto, ya que se estima que de aquí al miércoles o jueves, el Senado acabará votando esta ley, que volverá entonces a la Asamblea. Y de aquí a unos diez días, desde el punto de vista de la legalidad parlamentaria, el asunto estará concluido. Pero en democracia, existen también otras legitimidades. En este momento vemos expresarse la legitimidad social, por otra parte reconocida en la Constitución a través del derecho de huelga y del derecho de manifestación. Aunque el poder permanezca sordo, esta legitimidad es mayoritaria en el país, como lo muestran los sondeos. Sería imprudente para el gobierno obstinarse, no teniendo en cuenta sólo una legitimidad y no reconociendo las otras, completamente legales en democracia. Por otra parte, nadie ignora que el presidente de la República había afirmado, en su programa presidencial, que no tocaría la jubilación a los 60 años. Él ha roto unilateralmente el contrato moral que había hecho con los franceses. En consecuencia, se está en el derecho de reclamar también otra legitimidad, la de la democracia participativa : ya que el presidente cambia su programa, debe someter su propuesta a los electores. Por ello algunos reclaman, con todo derecho, un referéndum.

Actualmente se desarrollan en Europa otros movimientos contra los planes de austeridad. ¿El desenlace del pulso actual en Francia hay que buscarlo por el lado de las movilizaciones a escala europea ?
Ignacio Ramonet.- Hay manifestaciones muy importante en un gran número de países, en España, en Portugal, en Italia, en Rumania… En Grecia ha habido seis huelgas generales. Así pues, efectivamente, sería necesaria una jornada de acción europea. Añado que en algunos países donde las protestas son más fuertes son gobernados por la socialdemocracia. Y por tanto, muchos ciudadanos se preguntan si la socialdemocracia, cuando está en el poder, no termina por aceptar ella misma las consignas del Fondo Monetario Internacional (FMI), él mismo, dirigido por un socialdemócrata. Hay por tanto una hipoteca, que los partidos socialdemócratas deben cancelar. A este respecto, podemos alegrarnos de que en Francia, el PS anuncia que, si llega al poder, restablecerá la edad legal a los 60 años. Aunque no descarta hacer una reforma del sistema de pensiones.

¿En qué sentido puede decirse que la cuestión de las jubilaciones es una apuesta de civilización?
Ignacio Ramonet.- Se han construido sociedades más avanzadas, más civilizadas, en la medida en que la puesta a punto de sistemas de pensiones permite eliminar uno de los grandes miedos de Occidente, a saber, el desamparo de los ancianos. Es necesario también subrayar que, en algunos países, una de las medidas que toma la izquierda, cuando llega al poder, es precisamente bajar la edad de jubilación. ¡Evo Morales en Bolivia ha aprobado rebajarla de 65 a 58 años ! Responde a una aspiración profunda de los pueblos.

Por Laurent Etre
Humanité
Traducido por J.A. Pina

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Un viejo sindicalista de La Poste, plantado en medio del Boulevard du Temple, al paso de la manifestación parisina, razonaba este sábado en voz alta: "Si paralizamos el país, Sarkozy cederá. Si no, no". A falta de tres días imprevisibles para que el Senado francés vote el miércoles su polémico proyecto de la reforma de las pensiones, el jefe del Estado francés encajó ayer una nueva y multitudinaria jornada de protesta que confirma la incesante presión callejera. Sarkozy también acusa la inquietante amenaza de falta de gasolina por la huelga, que afecta a todas las refinerías, y que empuja a su vez a los franceses a las estaciones de servicio para llenar el depósito, incrementando el consumo y contribuyendo así a que crezca el fantasma del desabastecimiento y la parálisis a la que aludía el empleado de La Poste.

Los sindicatos aseguran que ayer salieron a la calle en toda Francia cerca de 3 millones de personas; la policía los rebaja a 825.000. En cualquiera de los casos, menos que en la pasada manifestación, celebrada el martes 12 de octubre. Pero, como reconoció también el ministro de Trabajo, Eric Woerth, "mucha gente" que rechaza a gritos una reforma que se ha convertido en la medida emblema de Sarkozy. Éste, en horas bajas, hundido en los sondeos, con medio Gabinete amortizado a la espera de recibir la orden de destitución, confía en aprobarla de una vez para mover ficha, cambiar el Gobierno y pasar a la ofensiva.

Los sindicatos no se lo van a poner fácil. "Podemos ganar. Puede que retire la ley. No dejará que el país se quede sin gasolina, sin energía que se paralice. Sus amigos los empresarios le dirán que se rinda", aseguraba ayer Alain Depoilly, un jubilado de 61 años, militante comunista.

La ministra de Economía, Crhistine Lagarde, aseguró en una entrevista radiofónica que hay reservas "para varias semanas" y pidió a los franceses que no se dejen gobernar por el pánico a la hora de acudir a las estaciones de servicio. Con todo, la situación de los aeropuertos parisinos, privados del oleoducto que les alimentaba, es inquietante. El de Orly cuanta con reservas para 17 días pero el Roissy sólo hasta el "lunes o el martes", según un portavoz del ministerio de Ecología, que añadió que el Gobierno está buscando soluciones.

La manifestación parisina arrancó con un aguacero de esos que a veces se abaten sobre París sin previo aviso. Pero luego salió el sol. Una de las primeras pancartas ("Por una vida después del trabajo"), situada cerca de la cabeza, resumía bien el espíritu de una marcha concebida para oponerse a una medida que, entre otras cosas, retrasará la edad de jubilación de los franceses de los 60 a los 62 años.

Muy cerca, un joven profesor de colegio repartía folletos de una central sindical y se paraba para explicar: "Con la huelga de las refinerías, con los aeropuertos amenazados por la falta de combustible, con los jóvenes a nuestro lado, podemos ganar. Y si no lo hacemos el miércoles, pues seguiremos. No nos vamos a parar: seguiremos manifestándonos hasta la victoria".

No está tan claro: entre los ocho sindicatos convocantes, ya hay formaciones, CFDT y UNAS, que sugieren ya que, con la ley aprobada el miércoles, habría que empezar a darse por vencido e ir pensando en una retirada honrosa. Otros sindicatos prometen continuar y forzar el movimiento. Desde junio, ya se han organizado ocho jornadas de protesta, cinco de ellas después del verano.

"Va a ser difícil" reconocía Bruno Habbas, de 38 años, trabajador en los trenes de cercanías de París. "La policía custodia los depósitos principales de combustible del país para que los sindicatos no los puedan bloquear y los estudiantes se van de vacaciones el 25 de octubre, con lo que la protesta corre el riesgo de desinflarse en su momento decisivo", añadía.

La manifestación se llenó de padres con sus hijos pequeños enarbolando pancartas diminutas, de jubilados solidarios con los trabajadores que ven cómo su retiro se aleja. También de sindicalistas, de empleados en los hospitales, de La Poste o de colegios, omnipresentes siempre en las anteriores convocatorias. Todos corearon un lema que se repite en todas las marchas: "Luchamos por conseguir la jubilación a los 60 años; lucharemos para conservarla".

Pero a la manifestación acudieron miles de estudiantes de bachillerato y de universidad, novatos en esta protesta, que se manifestaban por primera vez o segunda vez y que han insuflado un oxígeno necesario a un movimiento que corría el riesgo de agotarse. Al término de la manifestación, en la plaza de la Bastilla, se produjeron algunos enfrentamientos entre la policía y un grupo de jóvenes violentos que rompieron algunos escaparates. Hubo 30 detenidos.

El secretario general de uno de los sindicatos más importantes, la CGT, Bernard Thibault, aseguró, al terminar la manifestación, a modo de resumen: "Los trabajadores están determinados a que se les oiga". Pidió al Gobierno que retire el proyecto de Ley. También el Partido Socialista francés (PS) reclamó que se suspenda la discusión en el Senado que, por cierto, continuaba ayer. De hecho, el ministro de Trabajo Woerth abandonó la cámara para salir al pasillo y responder que el Gobierno, por ahora, no afloja: "La reforma es necesaria y justa", afirmó.

Así, todo se acelera. Este martes hay convocada otra jornada de protesta, con manifestaciones incluidas. Será la última oportunidad de los sindicatos para doblegar al Gobierno antes de la aprobación de la ley en el Senado. Mientras, la huelga prosigue, estrangulando poco a poco las reservas de combustible. Desde el otro lado, Sarkozy se apresta a resistir tres días más.

Por ANTONIO JIMÉNEZ BARCA | París 16/10/2010

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