Noam Chomsky analiza el papel de los medios de comunicación en la guerra de Ucrania

Propaganda, información confusa, mentiras y engaños

El reconocido intelectual Noam Chomsky analiza quién está ganando la guerra comunicacional en Ucrania. Examina cómo las redes sociales dan forma hoy día a la realidad política y opina sobre el caso de Julian Assange, a punto de ser extraditado a EE.UU. por el “crimen” de revelar información acerca de las guerras de Afganistán e Irak.

De La Jornada de México, especial para Página/12

Desde la Primera Guerra Mundial, la propaganda ha tenido un papel crucial en la guerra. Los gobiernos lanzan campañas para ganar apoyo entre sus ciudadanos, influir en la opinión pública y en la conducta dentro de las naciones con las que están en guerra, así como en la opinión internacional. En esencia, la propaganda se refiere a técnicas de manipulación de la opinión pública basadas en información incompleta o confusa, mentiras y engaños. Durante la Segunda Guerra Mundial, tanto los nazis como los aliados emprendieron operaciones de propaganda.

La guerra en Ucrania no es diferente. Los líderes de Rusia y Ucrania han emprendido una diseminación sistemática de información bélica que puede fácilmente designarse como propaganda. Otros países con intereses en el conflicto, como Estados Unidos y China, también han lanzado campañas, que van de la mano con su aparente falta de interés en los esfuerzos diplomáticos por poner fin a la guerra.

En esta entrevista, el destacado académico y disidente Noam Chomsky, quien construyó junto con Edward Herman el concepto de “modelo de propaganda”, indaga en la pregunta de quién está ganando la guerra de propaganda en Ucrania. Adicionalmente examina cómo las redes sociales dan forma hoy día a la realidad política y analiza si el modelo de propaganda aún funciona. Por último, expresa su opinión acerca del caso de Julian Assange, que está a punto de ser extraditado a Estados Unidos por el “crimen” de revelar información acerca de las guerras de Afganistán e Irak.

La propaganda como arma de guerra

–La propaganda de guerra en el mundo moderno es un arma poderosa para ganar apoyo a la guerra y darle una justificación moral, por lo regular resaltando la naturaleza “maligna” del enemigo. También se usa para debilitar la voluntad de las fuerzas enemigas. En el caso de la invasión rusa a Ucrania, la propaganda del Kremlin parece hasta ahora estar funcionando dentro de Rusia y domina las redes sociales en China, pero al parecer Ucrania está ganando la guerra de información en la arena global, en especial en Occidente. ¿Está de acuerdo con esta evaluación? ¿Hay algunas mentiras o mitos de guerra significativos en torno a este conflicto?

–La propaganda de guerra ha sido un arma poderosa por mucho tiempo, sospecho que desde que tenemos registro histórico. Y a menudo un arma con consecuencias a largo plazo, que requieren atención y análisis.

“Para no ir lejos, en tiempos modernos, en 1898, el barco de guerra estadunidense Maine se hundió en el puerto de La Habana, probablemente por una explosión interna. La prensa del magnate Randolph Hearst logró crear una ola de histeria popular sobre la naturaleza maligna de España, que dio el sustento necesario a una invasión a la que en Estados Unidos se conoce como ‘la liberación de Cuba’. O, como debería llamarse, la prevención de la autoliberación de Cuba, que convirtió a la isla en una virtual colonia estadunidense. Así permaneció hasta 1959, cuando Cuba fue realmente liberada, y Estados Unidos, casi de inmediato, emprendió una perversa campaña de terror y sanciones para poner fin al ‘victorioso desafío’ cubano a los 150 años de dominio estadunidense sobre el hemisferio, como explicó el Departamento de Estado hace medio siglo.

“En 1916, Woodrow Wilson fue electo presidente con el lema ‘Paz sin Victoria’, que pronto se convirtió en Victoria sin Paz. Una oleada de mitos de guerra convirtió rápidamente a una población pacifista en una consumida de odio por todo lo alemán. La propaganda emanó primero del ministerio británico de información; sabemos lo que eso significa. Intelectuales estadunidenses del círculo liberal de John Dewey la sorbieron con entusiasmo y se declararon líderes de la campaña para liberar al mundo. Por primera vez en la historia, explicaron con sobriedad, la guerra no fue iniciada por élites militares o políticas, sino por los considerados intelectuales –ellos– que habían estudiado cuidadosamente la situación y después decidido racionalmente el curso correcto de acción: entrar en la guerra, llevar libertad al mundo y poner fin a las atrocidades inventadas por el ministerio británico.

“Una consecuencia de las muy efectivas campañas de odio a Alemania fue la imposición de una paz del vencedor, con un duro trato a la derrotada Alemania. Algunos objetaron con firmeza, entre ellos John Maynard Keynes. No les hicieron caso. El resultado fue Hitler.

“En una entrevista previa vimos cómo el embajador Chas Freeman comparó el acuerdo de posguerra de odio a Alemania con el triunfo de estadistas que no eran buenas personas: el Congreso de Viena de 1815. El Congreso buscó establecer un orden europeo después de que el intento napoleónico de conquistar Europa había sido derrotado. Con buen juicio, el Congreso incluyó a la derrotada Francia. Eso condujo a un siglo de relativa paz en Europa. Hay ciertas lecciones.

 “Para no quedarse atrás de los británicos, el presidente Wilson estableció su propia agencia de propaganda, el Comité de Información Pública (Comisión Creel), que prestó sus propios servicios.

“Estos ejercicios tuvieron también un efecto a largo plazo. Entre los miembros de la Comisión estaban Walter Lippmann, que llegó a ser el intelectual público más destacado del siglo XX, y Edward Bernays, que fue uno de los fundadores de la moderna industria de relaciones públicas, la mayor agencia propagandística del mundo, dedicada a socavar mercados al crear consumidores desinformados que tomaban decisiones irracionales: lo opuesto a lo que uno aprende de los mercados en los cursos de economía. Al estimular el consumismo rampante, la industria también empuja al mundo al desastre, lo que es otro tema.

“Tanto Lippmann como Bernays dieron crédito a la Comisión Creel por demostrar el poder de la propaganda para ‘manufacturar consenso’ (Lippmann) y ‘construir consenso’ (Bernays). Este ‘nuevo arte en la práctica de la democracia’, explicaba Lippmann, podría usarse para mantener pasivos y obedientes a los ‘elementos ajenos ignorantes y entrometidos’ –el público en general–, mientras los autodesignados ‘hombres responsables’ atendían los asuntos importantes, libres del ‘pisoteo y el rugido de un rebaño enloquecido’. Bernays expresaba opiniones parecidas. No estaban solos.

“Lippmann y Bernays eran liberales al estilo Wilson-Roosevelt-Kennedy. La concepción de democracia que elaboraron está muy a tono con las concepciones liberales dominantes, entonces y ahora.

“Esas ideas se extendieron ampliamente hacia las sociedades más libres, en las que ‘las ideas impopulares pueden ser suprimidas sin el uso de la fuerza’, como expresó George Orwell en su (inédita) introducción a Rebelión en la granja con respecto a la ‘censura literaria’ en Inglaterra.

Las fábricas de consenso

“Y así continúa. En particular en las sociedades más libres, donde los medios de violencia del Estado han sido constreñidos por el activismo popular, es de gran importancia idear métodos para fabricar consenso, y asegurar que sean interiorizados al volverse tan invisibles como el aire que respiramos, sobre todo en los círculos de personas de cierta cultura. Imponer mitos de guerra es un rasgo regular de estas empresas.

“A menudo funciona de manera espectacular. En la Rusia actual, según informes, una gran mayoría acepta la doctrina de que en Ucrania Rusia se defiende contra una embestida nazi reminiscente de la Segunda Guerra Mundial, cuando Ucrania, de hecho, colaboró en la agresión que por poco destruye a Rusia y causó bajas terribles.

“La propaganda es tan absurda como todos los mitos de guerra, pero, como otras, se basa en fragmentos de verdad, y al parecer ha tenido éxito en fabricar consenso. No podemos estar seguros del todo a causa de la rígida censura vigente, sello distintivo de la cultura política estadunidense desde hace tiempo: el ‘rebaño enloquecido’ debe ser protegido contra las ‘ideas equivocadas’. Conforme a ello, los estadunidenses deben ser ‘protegidos’ de propaganda que, según se nos dice, es tan ridícula que sólo personas a las que se ha lavado el cerebro podrían no reír de ellas. Según esta visión, para castigar a Vladimir Putin se debe evitar que cualquier material procedente de Rusia llegue a oídos estadunidenses. Eso comprende el trabajo de destacados periodistas y comentaristas políticos estadunidenses, como Chris Hedges, cuyo largo historial de valeroso periodismo incluye su servicio como jefe de la corresponsalía del New York Times en Medio Oriente y los Balcanes, y astutos y perceptivos comentarios de entonces a la fecha. Los estadunidenses deben ser protegidos de su influencia maligna, porque sus reportes aparecen en RT. Ahora han sido suprimidos.

 “Como es de esperar en una sociedad libre, es posible, con cierto esfuerzo, aprender algo sobre la posición oficial de Rusia sobre la guerra… o, como la llama Rusia, la ‘operación militar especial’. Por ejemplo, a través de India, donde el ministro del Exterior Sergéi Lavrov tuvo una extensa entrevista con India Today el 19 de abril.

"Invasión no provocada" en Ucrania y en Irak

“Constantemente observamos los instructivos efectos de este rígido adoctrinamiento. Uno de ellos es que es de rigor referirse a la criminal agresión de Putin a Ucrania como ‘invasión no provocada de Ucrania’. Una búsqueda de esta frase en Google encuentra ‘unos 2 millones 430 mil resultados’ (en 0.42 segundos).

“Por curiosidad, podemos buscar ‘invasión no provocada de Irak’. La búsqueda produce ‘unos 11 mil 700 resultados’ (en 0.35 segundos), al parecer de fuentes opuestas a la guerra, según sugiere una breve búsqueda.

“El ejemplo es interesante no sólo en sí mismo, sino por su total inversión de los hechos. La guerra de Irak no fue provocada en absoluto: Dick Cheney y Donald Rumsfeld tuvieron que luchar mucho, incluso recurrir a la tortura, para tratar de encontrar alguna partícula de evidencia que ligara a Saddam Hussein con Al Qaeda. Las famosas armas de destrucción masiva desaparecidas no habrían sido una provocación para agredir, aun si hubiera habido alguna razón para creer que existían.

“En contraste, la invasión rusa de Ucrania fue en definitiva provocada… aunque, en el clima actual, es necesario añadir la perogrullada de que la provocación no justifica una invasión.

“Un conjunto de diplomáticos de alto nivel y analistas políticos estadunidenses han advertido a Washington durante 30 años que era insensato e innecesariamente provocador hacer caso omiso de las preocupaciones de seguridad de Rusia, en particular sus líneas rojas: ni Georgia ni Ucrania, ubicadas en el corazón geoestratégico ruso, deberían ser miembros de la OTAN.

“Con pleno conocimiento de lo que hacía, desde 2014 la OTAN (es decir, básicamente Estados Unidos) ha ‘brindado apoyo significativo (a Ucrania) con equipo y entrenamiento, decenas de miles de soldados ucranianos han sido entrenados, y luego, cuando vimos que la inteligencia indicaba una alta probabilidad de invasión, los aliados aumentaron el apoyo en el otoño pasado y este invierno’, antes de la invasión, según el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg.

“El compromiso estadunidense de integrar a Ucrania en el mando de la OTAN también se incrementó en el otoño de 2021, con las declaraciones políticas oficiales que ya hemos examinado, ocultas por la ‘prensa libre’ al rebaño enloquecido, pero sin duda leídas con cuidado por la inteligencia rusa. La inteligencia rusa no tenía que ser informada de que ‘antes de la invasión rusa a Ucrania, Estados Unidos no hizo ningún esfuerzo por atender una de las preocupaciones de seguridad que con más frecuencia expresaba Vladimir Putin: la posibilidad de que Ucrania entrara en la OTAN’, como concedió el Departamento de Estado, aunque poco se notó en este país.

“Sin entrar en mayores detalles, la invasión de Putin a Ucrania fue claramente provocada, en tanto que la invasión estadunidense de Irak no fue provocada. Esto es exactamente lo opuesto a la información y los comentarios convencionales, pero es también exactamente la norma de la propaganda de guerra, no sólo en Estados Unidos, aunque es más instructivo observar el proceso en las sociedades libres.

“Muchos creen que está mal plantear estos asuntos, que incluso son una forma de propaganda a favor de Putin; deberíamos más bien enfocarnos como láser en los crímenes actuales de Rusia. En contra de esta creencia, esa postura no ayuda a los ucranianos: los perjudica. Si se nos impidiera por decreto aprender acerca de nosotros mismos, no seríamos capaces de desarrollar políticas que beneficien a otros, los ucranianos entre ellos. Eso parece elemental.

“Un análisis más a fondo produce otros ejemplos instructivos. Hemos hablado del elogio de Lawrence Tribe, profesor de derecho de Harvard, a la decisión de George W. Bush en 2003 de ‘ayudar al pueblo iraquí’ al decomisar ‘fondos iraquíes depositados en bancos estadunidenses’ y, dicho sea de paso, invadir y destruir el país, demasiado poco importante para mencionarlo. Más aún, los fondos fueron decomisados ‘para ayudar al pueblo iraquí y compensar a las víctimas del terrorismo’, del cual el pueblo iraquí no tenía ninguna responsabilidad.

Sanciones y genocidio

“No preguntamos de qué manera esto iba a ayudar al pueblo iraquí. Es de suponerse que no es una compensación por el ‘genocidio’ estadunidense previo a la invasión en Irak.

“‘Genocidio’ no es término mío. Más bien, es el término usado por los distinguidos diplomáticos internacionales que administraron el ‘programa Petróleo por Alimentos’, el lado suave de las sanciones de Bill Clinton (técnicamente, por conducto de la ONU). El primero, Denis Halliday, renunció en protesta porque consideraba que las sanciones eran ‘genocidas’. Fue remplazado por Hans von Sponeck, quien no sólo renunció en protesta por el mismo motivo, sino también escribió un libro muy importante que aporta extensos detalles de la indignante tortura a que fueron sometidos los iraquíes por las sanciones de Clinton, A Different Kind of War (Una guerra de otro tipo).

 “Los estadunidenses no estamos del todo protegidos de esas revelaciones desagradables. Aunque el libro de Von Sponeck nunca fue reseñado, hasta donde puedo discernir, puede ser adquirido en Amazon por cualquiera que haya oído hablar de él. Y el pequeño editor que produjo la edición en inglés pudo incluso recabar dos comentarios para la contraportada: el de John Pilger y el mío, apropiadamente alejados de la corriente dominante.

“Existe, desde luego, un torrente de comentarios acerca del ‘genocidio’. Según las normas usadas, Estados Unidos y sus aliados son señalados como culpables de ese cargo una y otra vez, pero la censura voluntaria evita cualquier reconocimiento de esto, así como protege a los estadunidenses de conocer encuestas Gallup internacionales que muestran que Estados Unidos es con mucho percibido como la mayor amenaza a la paz mundial, o que la opinión pública mundial se opuso de manera abrumadora a la invasión estadunidense de Afganistán (también ‘no provocada’, si prestamos atención), junto con otra información inapropiada.

Los crímenes de los otros

“No creo que existan ‘mentiras significativas’ en la información de esta guerra. En general, los medios estadunidenses están haciendo un trabajo sumamente creíble al informar sobre los crímenes rusos en Ucrania. Eso es valioso, así como es valioso que se preparen investigaciones internacionales para posibles juicios de crímenes de guerra.

“Esa forma de proceder también es normal. Somos muy escrupulosos en desenterrar detalles de los crímenes de otros. Desde luego, hay invenciones, que a veces alcanzan el nivel de comedia, temas que el finado Edward Herman y yo documentamos en detalle. Pero, cuando los crímenes del enemigo se pueden observar directamente, en el terreno, es típico que los periodistas hagan un excelente trabajo de reportarlos y exponerlos. Y se les examina a fondo en la academia y en extensas investigaciones.

“Como hemos visto, en las muy raras ocasiones en que los crímenes de Estados Unidos son tan patentes que no se les puede descartar o ignorar, también se informa de ellos, pero a manera de ocultar crímenes mucho mayores, de los que aquéllos son apenas una nota al pie de página. La masacre de My Lai, por ejemplo.

“En cuanto a que Ucrania esté ganando la guerra de información, la calificación ‘en Occidente’ es exacta. Estados Unidos siempre ha sido entusiasta y riguroso en exponer crímenes con sus enemigos y, en el caso actual, Europa le sigue la corriente. Pero, fuera de Estados Unidos y Europa, el cuadro es mucho más ambiguo. En el Sur global, hogar de la mayor parte de la población mundial, la invasión se repudia, pero el marco de propaganda estadunidense no es adoptado de manera acrítica, hecho que ha conducido a considerable perplejidad acá en cuanto a que están ‘fuera de la sintonía’.

“Eso también es normal. Las víctimas tradicionales de violencia brutal y represión suelen ver el mundo de manera muy diferente de aquellos acostumbrados a sostener el látigo. Incluso en Australia, existe cierta medida de insubordinación. En la revista Arena, especializada en asuntos internacionales, el director, Simon Cooper, revisa y deplora la rígida censura e intolerancia de la disidencia incluso leve en los medios liberales estadunidenses. Concluye, con bastante razón, que ‘esto significa que es casi imposible, dentro de la corriente de opinión dominante, reconocer al mismo tiempo las insoportables acciones de Putin y forjar un camino de salida de la guerra que no implique el agravamiento del conflicto y una mayor destrucción en Ucrania’.

“No hay ayuda para el sufrimiento de los ucranianos, desde luego.

“Tampoco eso es nada nuevo. Esa ha sido la pauta dominante por mucho tiempo, de manera notable durante la Primera Guerra Mundial. Había unos cuantos que sencillamente no se conformaban a la ortodoxia establecida después de que Wilson se unió a la guerra. El principal líder laboral del país, Eugene Debs, fue encarcelado por atreverse a sugerir a los trabajadores que pensaran por sí mismos. Tanto lo detestaba el gobierno liberal de Wilson, que se le excluyó de la amnistía de posguerra decretada por el presidente. En los círculos intelectuales liberales que apoyaban a John Dewey, también había algunos desobedientes. El más famoso fue Randolph Bourne. No fue encarcelado, pero se le excluyó de los diarios liberales, de modo que no pudo difundir su mensaje subversivo de que ‘la guerra es la salud del Estado’.

“Debo mencionar que, unos años después, Dewey mismo dio marcha atrás a esa postura, lo cual es de ­reconocerse.

“Es comprensible que los liberales estén particularmente emocionados cuando hay oportunidad de condenar los crímenes del enemigo. Por una vez, están del lado del poder. Los crímenes son reales, y ellos pueden marchar en el desfile de los que los condenan y ser elogiados por su (correcta) conformidad. Es muy tentador para quienes a veces, aun con cierta timidez, condenan crímenes por los que compartimos la responsabilidad y son castigados por adherirse a elementales principios morales.”

El papel de las redes sociales

–¿La proliferación de redes sociales ha hecho más difícil tener un cuadro preciso de la realidad política, o menos?

–Es difícil decirlo. En particular lo ha sido para mí, porque evito las redes sociales y sólo cuento con información limitada. Mi impresión es que es un asunto mezclado.

“Las redes sociales aportan oportunidades de escuchar una variedad de perspectivas y análisis, y de encontrar información que a menudo no se ofrece en los medios dominantes. Por otro lado, no está claro cómo se explotan esas oportunidades. Ha habido un gran volumen de comentarios –confirmados por mi propia experiencia limitada– que aseguran que muchas tienden a gravitar hacia burbujas que se dan sustento a sí mismas, y que escuchan poco más allá de sus propias creencias y actitudes y, peor aún, que las arraigan con más firmeza y en formas más intensas y extremas.

“Haciendo eso a un lado, las fuentes básicas de noticias siguen siendo en general las mismas: la prensa dominante, que tiene reporteros y corresponsales en el terreno. La Internet ofrece oportunidades de muestrear una gama mucho más amplia de esos medios, pero mi impresión, nuevamente, es que esas oportunidades se utilizan poco.

“Otra consecuencia dañina de la rápida proliferación de redes sociales es el fuerte descenso de los medios tradicionales. Hasta tiempos recientes, había muchos excelentes medios locales en Estados Unidos. La mayoría han desaparecido. Pocos tienen hoy corresponsables incluso en Washington, ya no digamos en otras partes, como muchos tenían hasta hace poco. Durante las guerras de Ronald Reagan en Centroamérica, que alcanzaron extremos de sadismo, parte de la mejor información era aportada por reporteros del Boston Globe, entre ellos algunos amigos cercanos míos. Eso prácticamente ha desaparecido.

“La razón principal es la dependencia en los anunciantes, una de las maldiciones del sistema capitalista. Los fundadores de esta nación tenían una visión diferente. Ellos estaban a favor de una prensa realmente independiente y la fomentaron. La Oficina Postal se fundó en buena medida con este propósito, para permitir un acceso fácil a la prensa independiente.

“El hecho, hasta cierto punto poco usual, de que ésta sea una sociedad gobernada por las empresas, produce otro hecho poco usual: este país prácticamente no tiene medios públicos: nada como la BBC, por ejemplo. Los esfuerzos por desarrollar medios de servicio público –primero en la radio, luego en la televisión– fueron derrotados por intenso cabildeo empresarial.

“Existe excelente trabajo académico sobre este tema, que se extiende también a iniciativas activistas serias que buscan vencer estas graves violaciones a la democracia, en particular por Robert McChesney y Victor Pickard.

La economía política de los medios masivos

–Hace casi 35 años, usted y Edward Herman publicaron Manufacturing Consent: The Political Economy of the Mass Media (Fabricando consenso: la economía política de los medios masivos). El libro presentó el “modelo de propaganda” de la comunicación, que opera a través de cinco filtros: propiedad, publicidad, los medios de élite, la crítica y un enemigo común. ¿La era digital ha cambiado el modelo de propaganda? ¿Todavía funciona?

–Por desgracia, Edward –el autor principal– ya no está entre nosotros. Se le extraña mucho. Creo que él estaría de acuerdo en que la era digital no ha cambiado gran cosa, más allá de lo que acabo de describir. Lo que sobrevive de los medios convencionales en una sociedad gobernada en gran parte por las empresas sigue siendo la principal fuente de información y está sujeto a las mismas presiones que antes.

“Ha habido otros cambios aparte del que mencioné brevemente. Como muchas otras instituciones, incluso dentro del sector corporativo, los medios han sido influidos por los efectos civilizadores de los movimientos populares de la década de 1960 y su secuela. Es muy iluminador ver lo que ocurrió con la información y la opinión apropiadas en los primeros años. Muchos periodistas han pasado por estas experiencias liberadoras. Naturalmente, existe una gran corriente adversa, entre ellos los apasionados denunciantes de la cultura del ‘despertar’, la cual reconoce que existen seres humanos con derechos, aparte de los varones blancos cristianos. Desde la ‘estrategia del sur’ de Nixon, el liderazgo del Partido Republicano ha entendido que, como no puede ganar votos con sus políticas económicas de servir a los ricos y al poder corporativo, debe tratar de desviar la atención hacia ‘asuntos culturales’: la falsa idea un ‘Gran Remplazo’, es decir, armas, o cualquier otra cosa que oscurezca el hecho de que están trabajando duro para darnos una puñalada por la espalda. Donald Trump era un maestro de esta técnica, a veces llamada la técnica de ‘al ladrón, al ladrón’: cuando te pesquen con la mano en el bolsillo de alguien, grita ‘¡al ladrón, al ladrón!’ y señala a alguien más.

“Pese a estos esfuerzos, los medios han mejorado en este aspecto, reflejando cambios en la sociedad en general. Eso de ningún modo carece de importancia.”

–¿Qué piensa del “ustedes también”, que está generando una controversia estos días con respecto a la guerra en Ucrania?

–Aquí también hay una larga historia. En los inicios del periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial, el pensamiento independiente podía ser silenciado con acusaciones de defender los crímenes de Stalin. A veces se condena esa práctica como macartismo, pero esa no fue sino la punta del iceberg. Lo que ahora se denuncia como “cultura de la cancelación” era rampante y lo sigue siendo. Esa técnica perdió algo de su poder cuando el país empezó a despertar del letargo dogmático en la década de 1960. A principios de la década de 1980, Jeane Kirkpatrick, importante intelectual reaganista de las relaciones exteriores, ideó otra técnica: la equivalencia moral. Si uno revelaba y criticaba las atrocidades que ella respaldaba en el gobierno de Reagan, uno era culpable de “equivalencia moral”. Uno estaba afirmando que Reagan no era distinto de Stalin o de Hitler. Eso sirvió durante algún tiempo para disminuir la disidencia de la línea del partido.

“El ‘ustedes también’ es una nueva variante, apenas diferente de sus predecesoras.

“Para la mente verdaderamente totalitaria, nada de esto basta. Los líderes republicanos trabajan duro para limpiar las escuelas de cualquier cosa que sea ‘divisionista’ y cause ‘incomodidad’. Eso incluye virtualmente toda la historia, fuera de los lemas patrióticos aprobados por la Comisión 1776 de Trump, o cualquier otra cosa que sea ideada por esos lideres cuando asuman el control y estén en posición de imponer una disciplina más estricta. Vemos muchos signos de eso ahora, y hay todas las razones para esperar que vendrán más.

Las palabras "prohibidas"

“Es importante recordar lo rígidos que han sido los controles doctrinales en Estados Unidos, lo que tal vez refleja el hecho de que es una sociedad muy libre en términos comparativos, lo que plantea problemas a los directivos doctrinales, que deben estar alerta a los indicios de desviación. Por ahora, después de muchos años, es posible musitar la palabra ‘socialista’, queriendo decir un demócrata social moderado. En ese aspecto, Estados Unidos se ha zafado finalmente de la compañía de las dictaduras totalitarias. Remontémonos 60 años, e incluso las palabras ‘capitalismo’ e ‘imperialismo’ eran demasiado radicales para pronunciarlas. Paul Potter, presidente de Estudiantes por una Sociedad Democrática, hizo acopio de valor en 1965 para ‘nombrar al sistema’ en su discurso presidencial, pero no logró pronunciar las palabras.

“Hubo algunos avances en la década de 1960, lo que preocupó mucho a los liberales estadunidenses, que advirtieron de una ‘crisis de la democracia’, cuando muchos sectores de la población trataron de entrar en la arena política para defender sus derechos. Aconsejaron más ‘moderación en la democracia’, un retorno a la pasividad y a la obediencia, y condenaron a las instituciones responsables de ‘adoctrinar a los jóvenes’ por no cumplir con su deber. Desde entonces las puertas se han abierto un poco más, lo que sólo reclama medidas más urgentes para imponer disciplina.

“Si los autoritarios del Partido Republicano logran destruir la democracia lo suficiente para establecer el dominio permanente de una casta supremacista blanca cristiana que sirva a la riqueza extrema y al poder privado, es probable que disfrutemos actos grotescos como los del gobernador de Florida Ron DeSantis, quien prohibió 40 por ciento de los textos de matemáticas para niños en ese estado a causa de ‘referencias a la Teoría Crítica de las Razas, inclusiones del Común Denominador, y la adición no solicitada del Aprendizaje Social Emocional en las matemáticas’, de acuerdo con el decreto oficial. Bajo presión, el estado presentó algunos ejemplos aterradores, por ejemplo, un objetivo educacional de que ‘los estudiantes adquirirán eficiencia con la conciencia social al practicar la empatía con sus compañeros de clase’.

“Si el país en conjunto asciende a las alturas de las aspiraciones republicanas, será innecesario recurrir a artilugios como la ‘equivalencia moral’ y el ‘ustedes también’ para reprimir el pensamiento ­independiente.”

El caso Julian Assange

–Una última pregunta. El Reino Unido ha aprobado formalmente la extradición de Julian Assange a Estados Unidos, pese a las fuertes preocupaciones de que tal acción lo pondría en riesgo de “graves violaciones a sus derechos humanos”, como Agnès Callamar, ex relatora especial de la ONU sobre ejecuciones extrajudiciales, sumarias o arbitrarias, advirtió hace dos años. En el caso de que Assange sea realmente extraditado a Estados Unidos, lo cual parece muy seguro ahora, enfrenta hasta 175 años de prisión por revelar información al público acerca de las guerras en Irak y Afganistán. ¿Podría comentar sobre el caso de Assange, sobre la ley que se usó para perseguirlo y lo que su persecución dice acerca de la libertad de expresión y el estado de la democracia estadunidense?

–Assange ha sido retenido durante años bajo condiciones que equivalen a la tortura. Eso es evidente para cualquiera que haya podido visitarlo (yo fui una vez) y fue confirmado por el relator especial de la ONU sobre tortura (y otros tratos y castigos crueles inhumanos o degradantes), Nils Melzer, en mayo de 2019.

 “Días después, Assange fue consignado por el gobierno de Trump conforme a la ley de espionaje de 1917, la misma que el presidente Wilson utilizó para encarcelar a Eugene Debs, entre otros crímenes de Estado cometidos con esa ley.

“Haciendo a un lado las minucias legalistas, las razones básicas para la tortura y enjuiciamiento de Assange son que cometió un pecado mortal: dio a conocer al público información de los crímenes estadunidenses que el gobierno, por supuesto, hubiera preferido que permanecieran ocultos. Esto es una ofensa en particular para extremistas autoritarios como Trump y Mike Pompeo, quien inició los procedimientos conforme a la Ley de Espionaje.

“Sus preocupaciones son entendibles. Fueron explicadas hace años por Samuel Huntington, profesor de ciencia de gobierno en Harvard, quien observó que ‘el poder se mantiene fuerte cuando permanece en la oscuridad; expuesto a la luz comienza a evaporarse’.

“Esto es un principio crucial de la política de Estado y se extiende también al poder privado. Por eso la fabricación de consenso es una prioridad de los sistemas de poder estatales y privados.

“Esto no es un descubrimiento nuevo. En una de sus primeras obras de lo que hoy se llama ciencia política, hace 350 años, David Hume escribió, en sus Primeros principios de gobierno, que:

“‘Nada parece más sorprendente a quienes consideran los asuntos humanos con una mirada filosófica, que la facilidad con que los muchos son gobernados por los pocos; y la sumisión implícita, con que los hombres renuncian a sus propios sentimientos y pasiones a favor de los de sus gobernantes. Cuando preguntamos por qué medio se logra esta maravilla, encontraremos que, como la Fuerza siempre está del lado de los gobernados, los gobernantes no tienen nada que los soporte, más que la opinión. Por lo tanto, el gobierno se funda únicamente en la opinión; y esta máxima se extiende a los gobiernos más despóticos y militares, así como a los más libres y populares’.

“La fuerza, de hecho, está del lado de los gobernados, en particular en las sociedades más libres, y es mejor que no se den cuenta, o las estructuras de la autoridad ilegítima se derrumbarán, sea estatal o privada.

“Estas ideas han sido desarrolladas durante años, de manera importante por Antonio Gramsci. La dictadura de Mussolini entendía la amenaza que Gramsci representaba. Cuando fue encarcelado, el fiscal anunció: ‘Debemos evitar que este cerebro funcione 20 años’. Hemos avanzado considerablemente desde la Italia fascista. La persecución de Trump y Pompeo busca silenciar a Assange por 175 años, y los gobiernos de Estados Unidos y Gran Bretaña ya le han impuesto años de tortura al criminal que se atrevió a exponer su poder a la luz del día.”

* Esta nota fue publicada originalmente en Truthout. Traducción: Jorge Anaya

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Una persona sostiene una pancarta en apoyo a Julian Assange frente a la Corte de Westminster, en una imagen de archivo tomada en Londres en abril de 2022. — Tom Nicholson / REUTERS

La ministra británica de Interior, Priti Patel, ha firmado la orden necesaria para extraditar al fundador de WikiLeaks. Aún cabe la posibilidad de un nuevo recurso a esta decisión.

 

Llegó el día. El Gobierno británico ha dado el paso que faltaba en el caso Julian Assange. La ministra de Interior, Priti Patel, ha firmado la orden necesaria para extraditar al fundador de WikiLeaks a Estados Unidos.

Assange está requerido por cargos de espionaje por la filtración de documentos secretos, según informó este viernes la cartera de Interior. No obstante, cabe la posibilidad de un nuevo recurso a esta decisión.

Fue el pasado 20 de abril cuando un juez de un tribunal británico emitió una orden de entrega del periodista australiano a EEUU para ser considerada por el Gobierno del Reino Unido.

"En virtud de la Ley de Extradición de 2003, el ministro del Interior debe firmar una orden de extradición si no encuentra argumentos para prohibir que se emita la orden", indicó un portavoz del ministerio en un comunicado divulgado este viernes.

En dicho escrito se añade que "las solicitudes de extradición solo se envían a la ministra del Interior una vez un juez ha decidido que se puede proceder tras haber valorado varios aspectos del caso".

"El 17 de junio, tras la valoración de los jueces de la Corte de Magistrados de Westminster y del Tribunal Superior, se ordenó la extradición de Julian Assange a Estados Unidos. Assange mantiene el derecho de apelación en un plazo de 14 días", continúa el comunicado.

"Las cortes británicas no han encontrado que el proceso de extraditar a Assange sea opresivo, injusto o suponga un abuso de proceso", ha asegurado el portavoz de Interior.

Asimismo, puntualiza que "tampoco han hallado que la extradición sea incompatible con sus derechos humanos, como el derecho a un juicio justo y a la libertad de expresión, y que mientras esté en Estados Unidos vaya a ser tratado de manera apropiada, como en lo referido a su salud".

A su vez, en relación con las alegaciones del acusado, Reino Unido espera que Assange reciba un trato "adecuado" por parte de EEUU también "en lo referente a la salud".

"Esto es solo el inicio de una nueva batalla legal"

Wikileaks ha reaccionado a esta decisión del Gobierno británico en un comunicado difundido en sus redes sociales. "Es un día oscuro para la libertad de prensa y para la democracia británica", arranca un texto que deja claro: "Hoy no es el final de la lucha, es solo el inicio de una nueva batalla legal". 

"Apelaremos a través del sistema legal, la próxima apelación será ante el Tribunal Superior. Lucharemos más fuerte y gritaremos más fuerte en las calles, nos organizaremos y haremos que la historia de Julian sea conocida por todos", anuncian.

"Julian no hizo nada mal. Él no ha cometido ningún crimen y no es un criminal. Es un periodista y un informador y es castigado por hacer su trabajo. Estaba en el poder de Priti Patel hacer lo correcto. En cambio, siempre será recordada como cómplice de Estados Unidos en su plan para convertir el periodismo de investigación en una empresa criminal", añaden. 

"Cualquiera en este país que se preocupe por la libertad de expresión debería estar profundamente avergonzado de que la ministra del Interior haya aprobado la extradición de Julian Assange a EEUU, el país que planeó su asesinato", apuntan.

El pasado mes de abril, el abogado Aitor Martínez, del bufete Iload que dirige Baltasar Garzón que ejerce la defensa de Assange, ya apuntaba a que en la "fase gubernativa pueden esgrimirse diversas causales que bloqueen la entrega, como es, por ejemplo, el principio de especialidad, es decir, el temor de que una vez fuese entregado a Estados Unidos pudiera proceder por otras causas penales que no hayan sido sometidas a extradición, algo que parece evidente".

Asimismo, señalaba que hay más elementos objeto de apelación, como "lo relativo al principio de proporcionalidad, atendiendo a que se dilucidan potenciales penas de 175 años de cárcel bajo la Ley de Espionaje contra un periodista que simplemente desplegó su labor o el abuso de la extraterritorialidad penal, ya que la jurisdicción norteamericana persigue a un ciudadano extranjero, por publicar en el extranjero; o diversos aspectos relacionados con el despliegue de herramientas brutales de espionaje contra Julian Assange en la Embajada de Ecuador en Londres".

Amnistía alerta del "gran riesgo" para Assange

En el mismo sentido que Wikileaks y su letrado se ha pronunciado la secretaria general de Amnistía Internacional, Agnès Callamard. "Permitir que Julian Assange sea extraditado a Estados Unidos lo colocaría ante un gran riesgo", ha asegurado en un comunicado.

Asegura además que esta decisión "envía un mensaje escalofriante a los periodistas de todo el mundo".

Callamard ha apuntado que "si la extradición procede, Amnistía Internacional está extremadamente preocupada porque Assange afronte un alto riesgo de confinamiento en solitario prolongado, que violaría la prohibición de ejercer tortura u otro tratamiento vejatorio".

Remarca además que "las garantías diplomáticas proporcionadas por Estados Unidos de que Assange no será puesto en confinamiento en solitario no pueden tomarse en serio dado su historial previo".

"Pedimos al Reino Unido que se abstenga de extraditar a Julian Assange, que Estados Unidos abandone los cargos, y que Assange sea liberado", ha zanjado


La tortura de Assange y la defunción del periodismo; sin ir más lejos, en Ucrania

por Víctor Sampedro Blanco, catedrático de Comunicación Política en la URJC

 

Un boceto de la artista Elizabeth Cook muestra al fundador de Wikileaks, Julian Assange (derecha), asistiendo a su juicio de extradición en el Tribunal Penal Central. Un juez dictaminó que Assange no puede ser extraditado a Estados Unidos. Foto: Elizabeth Cook/PA Wire/dpa

Por enésima vez los medios publicitan lo que la ONU calificó de tortura: el trato que recibe Julian Assange en el Guantánamo británico en el que está recluido. Debemos haber leído ya una decena de veces que el Reino Unido lo extraditará a EE.UU. Y que, una vez allí, le condenarían a 175 años de cárcel. Eso después de más de una década de confinamiento domiciliario y aislamiento carcelario. Las "noticias" sobre Assange apenas son notas judiciales. Dan cuenta del destrozo que le han provocado. Es un paria enajenado, un asperger deprimido al borde del suicidio.

A Assange lo ajustician en bucle. Los medios que se lucraron con sus filtraciones publicitan su castigo y encubren su gesta. Apenas ejercen de notarios correveidiles y perros falderos de los torturadores. Assange sería libre si tan siquiera uno de los directores que publicaron sus filtraciones – pongamos en El País,Le Monde, The New York Times o The Guardian – se hubiera auto-inculpado de los cargos que pesan sobre el hacker australiano. Asumir como propio el delito de investigar y revelar verdades habilita para ejercer el periodismo. Autoincúlpándose las feministas lograron el derecho al aborto y los insumisos acabaron con el servicio militar.

No abundan los periodistas activistas de la transparencia (algo que les va en el oficio), sino los relaciones públicas del poder. Las redacciones ya no hacen periodismo, sino publicidad corporativa y propaganda política disfrazada de noticias. Solo así se explica tanto silencio cobarde: la aquiescencia del cómplice. Y así también se entiende que la cobertura que recibieron las filtraciones de Wikileaks desactivase su carga crítica. Tras conocerlas, el periodismo y el mundo debieran ser otros: información fundamentada en bases de datos incontestables y una globalización de los derechos humanos defendidos desde un Cuarto Poder en Red.

Eso es lo que el castigo a Assange invisibiliza: la alianza entre filtradores anónimos y medios que colaboran entre sí. Se trata de blindar la privacidad de la ciudadanía con la encriptación. Y de aplicar la transparencia a los poderosos. El último libro de Assange fue la transcripción de su entrevista con Eric Schmidt, el CEO de Google. Una llamada a que la ciudadanía asumiese el control de sus comunicaciones y a que filtrásemos los bancos de datos que desnudan el poder.

La represión de Assange es proporcional a la grandeza de su gesta. No resulta sencillo enterrar la denuncia incontestable, sin réplica posible, de los crímenes de guerra del Pentágono. Tampoco el neo-imperialismo de la red diplomática más poderosa del mundo. Ese era el significado último de los cables de Irak y Afganistán y del Cable Gate. Y hacerlo desde Internet, desde una comunidad libre como es Wikileaks que crea una zona de autonomía insobornable e imparable. ¿Se los imaginan informando sobre Ucrania? ¿Creen que estaríamos en guerra? Ya les digo que no.

Wikileaks practica un periodismo que supera todo ejemplo previo o posterior: se erige en contrapoder mancomunado. Llevamos diez años postulando ese periodismo de código libre. Y Assange, purgando el haberlo hecho realidad.

No ladran, sino que le muerden la yugular, porque aún cabalgan. ¿Quiénes? Los criptopunks que han hackeado decenas de empresas y organismos gubernamentales rusos en represalia por la invasión de Ucrania. Y quienes denuncian la campaña prebélica de Putin y de la OTAN, los crímenes de guerra de ambos bandos, el negocio que generan para los traficantes de armas, los monopolios energéticos y de materias primas... la muerte y el hambre que todo ello provoca. Pero lo hacen sin poder aportar datos.

Las pantallas rusas ensalzan al carnicero Putin. Y las europeas y estadounidenses, al comediante Zelensky. Si es que esos roles no son ya intercambiables. Tampoco es casualidad que el mandato de Donald Trump sentara las bases para masacrar jurídicamente a Assange. Y que sea el gobierno de Boris Johnson (quizás el líder más belicista junto con Putin), el que dé luz verde a su extradición. Reivindicar a Assange es desnudarlos. Solo cabe retomar, ahora con Ucrania, el testigo que el australiano-ecuatoriano recogió. El asumió que el Vietnam de su generación eran Irak y Afganistán. Quien no siga su ejemplo, que entregue el carnet de periodista.

17/06/2022

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Sábado, 11 Junio 2022 08:19

Periodismo no violento

Periodismo no violento

El mundo del siglo XXI parece estar tan lleno de guerras como lo estuvo el XX, aunque muchas veces no sean conflictos declarados y armados y se libren más con propaganda que con tiros y contra estructuras sociales explotadas y excluidas. Está, como afirmaba Doménico Losurdo, 'lleno de violencias que afirman querer erradicar de una vez por todas el azote de la violencia'.

Se hace necesario denunciar las violencias, luchar contra las políticas que permiten o facilitan la guerra y promover la construcción de paz. Tal vez la paz sea el objetivo humano más perseguido de la historia y el menos logrado. También el concepto más debatido y menos consensuado, porque es posible que existan tantas paces como personas y que cada una tenga su propia visión de esta.

En esa búsqueda de la paz las palabras son armas poderosas, que sanan casi tanto como hieren. Pueden ser ventanas que nos abran miradas diversas a las múltiples realidades del mundo o puñales que se claven en los imaginarios y condicionen las maneras de entender el mundo. Las palabras pueden tanto construir la paz como provocar la guerra.

Y sobre palabras, sobre escribir y narrar, saben mucho las y los profesionales de los medios que deberían asumir, al igual que las empresas mediáticas, su papel en la construcción de paz. El libro Periodismo no violento. Hacia un enfoque humanizador de la comunicación es una invitación a producir información no violenta y una apuesta por una comunicación pacífica.

La edición colombiana del libro ha sido publicada en junio de 2022 por la agencia internacional de noticias Pressenza, algunos de cuyos miembros son los autores del contenido, por FES Comunicación y por ediciones desde abajo, tres entidades que gustan de compartir el conocimiento y ofrecerlo al público de la manera más accesible posible. El texto presenta los “fundamentos y principios, las herramientas y sugerencias que podrían configurar un enfoque no violento del quehacer comunicacional y periodístico” y cuenta con el prólogo de María Cristina Mata y una nota de Iñaki Chaves a esta tirada en Colombia.

Un libro intencional que toma partido por la paz, que no acepta como ´normal` la violencia y que cree necesaria una visión humanizadora de la realidad para contrarrestar la fuerza de la violencia que ejercen algunos sectores de la política, de la economía y de los medios.

En Colombia, esa revisión con un talante humanitario de la producción periodística es ineludible. De ahí la necesidad y la importancia de esta especie de guion o manual para entender y llevar a la práctica el periodismo no violento. Una obra que “pretende cosas simples y sencillas, pero no siempre fáciles, para construir otra comunicación y otro periodismo que cuenten con las bases sociales como fuentes de información; que se cuestionen sobre lo que narramos y cómo lo hacemos; que se alejen de la homogeneización que provoca el discurso dominante; que no simplifiquen ni reduzcan el valor de los contextos, y que busquen e informen sobre experiencias, proyectos y noticias que no exalten la violencia sino la diversidad y creatividad de los otros mundos que están dentro de este”.

 

Para adquirir el libro

 

https://libreria.desdeabajo.info/index.php?route=product/product&product_id=313

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La causa contra Assange y por la impunidad

El juez británico Paul Goldspring ordenó que el caso de extradición de Julian Assange se traslade a la ministra del Interior, Priti Patel, en lo que supone un paso más para la entrega del comunicador a Estados Unidos, donde se busca condenarlo a 175 años de prisión bajo cargos de espionaje. Afuera de la Corte de Magistrados de Westminster, en Londres, se llevó una protesta para exigir la liberación del fundador de Wikileaks, acto en el que participó el ex líder del Partido Laborista Jeremy Corbyn, una de las pocas voces dentro de la política occidental que ha tenido la entereza ética para posicionarse en torno a lo que probablemente sea el proceso más importante para la libertad de expresión y de prensa a escala global.

En marzo, la Corte Suprema del Reino Unido ya había rechazado el "permiso para apelar" solicitado por los abogados del australiano, por lo que ahora los recursos disponibles para su defensa son presentar alegaciones a Patel, intentar recurrir su petición si ésta es desfavorable, y apelar otros aspectos jurídicos. Sin embargo, el comportamiento de las autoridades británicas a lo largo de todo el proceso deja pocas esperanzas de un resultado positivo.

Assange se encuentra recluido en una prisión londinense desde abril de 2019, cuando el gobierno de Lenín Moreno lo expulsó de la embajada de Ecuador en la capital británica, donde permaneció refugiado durante siete años como único medio para ponerse a salvo de la persecución en su contra. En todo este tiempo e incluso antes, Estados Unidos ha dispuesto de todo su aparato de Estado, incluidas sus capacidades de persuasión y coerción diplomática, para llevar a Assange a su territorio y someterlo a una serie de acusaciones por espionaje que carecen de cualquier mérito jurídico y que mal esconden la inquina de Washington contra quien reveló al mundo los crímenes de lesa humanidad cometidos por sus fuerzas armadas en Afganistán e Irak, así como la descomposición, la inmoralidad y hasta las facetas criminales de la superpotencia en su proyección diplomática, económica y militar en el ámbito internacional.

En el caso del sistema judicial del Reino Unido, su embate contra Assange se basa en equiparar la Ley de Espionaje estadunidense con la Ley británica de Secretos Oficiales. De acuerdo con el fiscal James Lewis, "si un periodista o un periódico publica información secreta que probablemente cause daño a los intereses del Reino Unido, indudablemente está cometiendo un delito", argumento que deja pocas dudas sobre la verdadera naturaleza de la persecución contra Assange: lejos de responder al supuesto peligro en que se habría puesto a las fuentes al divulgar documentos sin editar, el propósito es aterrorizar a toda persona que investigue los hechos que los gobiernos y las grandes corporaciones desean mantener ocultos.

Esta postura significa que Washington y Londres consideran como acto de espionaje cualquier ejercicio periodístico que haga patentes abusos y violaciones a los derechos humanos perpetrados desde el poder, y que manifiestan su expresa voluntad de poner todo el aparato del Estado al servicio de la persecución y el silenciamiento de quien publique secretos oficiales. En suma, se criminaliza a quien desenmascare a los criminales y se pone la mesa para la impunidad de los funcionarios que cometan ilícitos al amparo de poder.

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Miércoles, 20 Abril 2022 05:20

El calvario de Julian Assange

El calvario de Julian Assange

El fundador de WikiLeaks lleva doce años privado de libertad y luchando en Londres contra su extradición a Estados Unidos

Julian Assange encara una nueva fase en la larga, dura y enconada batalla para recuperar su libertad. La solicitud de extradición emitida por Estados Unidos, que acusa al fundador de WikiLeaks de violar la ley de espionaje y de pirateo informático para acceder y publicar informes confidenciales, recibirá el visto bueno judicial en una audiencia prevista en Londres el 20 de abril. Salvo un vuelco inesperado, el caso pasará al Ministerio del Interior y la titular actual, Priti Patel, asumirá la decisión a favor o en contra de la entrega a Washington del programador y periodista australiano.

Hay precedentes de bloqueo ministerial de procesos de extradición en Reino Unido. El más notorio benefició al general Augusto Pinochet, quien fue detenido en Londres, en 1998, bajo una orden internacional firmada por el entonces juez Baltasar Garzón. Año y medio después, el ministro laborista Jack Straw revirtió el fallo judicial de entrega a España porque, según justificó, el dictador chileno estaría “incapacitado”, mental o físicamente, para afrontar los juicios planeados por genocidio y torturas. 

Garzón dirige ahora el equipo legal internacional de Assange. Y el paralelismo entre ambos procedimientos no pasa inadvertido para el abogado de su despacho, Aitor Martínez Jiménez, quien testificó en los tribunales en apoyo del australiano. La defensa ganó la ronda inicial, en enero de 2021, cuando la magistrada de Westminster, Vanessa Baraitser, frenó la extradición debido al “riesgo sustancial” de que Assange se suicidara en el estricto sistema penitenciario estadounidense. Por el contrario, el Supremo validó el pasado marzo el fallo anterior del tribunal de Apelación, que dio por satisfecho el aval ofrecido a última hora por EE.UU. de que el bienestar y la seguridad del reclamado se protegerían en todas las instancias penales del país. 

Crímenes de guerra

Esas garantías diplomáticas se extienden también a la posibilidad de que Assange cumpla en Australia parte de la sentencia, con una pena potencial de hasta 175 años de cárcel. Está imputado de dieciocho cargos relacionados con la obtención y divulgación de informes secretos, como el vídeo de la matanza de civiles iraquíes desde un helicóptero estadounidense Apache y otros documentos indicativos de graves abusos. “Mientras los militares norteamericanos que cometieron esos crímenes de guerra no han sido sometidos a ninguna investigación, el periodista que los reveló está viviendo una de las persecuciones judiciales más despiadadas que jamás se han visto. Es, sinceramente, un verdadero atentado jurídico”, denuncia Martínez.

“En el caso Pinochet”, puntualiza el abogado, “la justicia británica acordó su entrega a la Audiencia Nacional española, pero fue Jack Straw, precisamente el entonces ministro de Interior, quien paró la extradición y decidió que Pinochet pudiera ir a Chile por su estado de salud. Ahora estamos ante un periodista del que todos los organismos de derechos humanos del mundo afirman que su delicada situación de salud requiere parar definitivamente esta persecución. Quizá sería una oportunidad para que el Ejecutivo británico despliegue esa humanidad hacia Julian Assange y pare la extradición”.

El también profesor de la Universidad Nebrija y director del manual ‘Derecho Penal Internacional: Evolución histórica, régimen jurídico y estudio de casos’, de reciente publicación, canaliza en la Audiencia Nacional la querella del exdirector de WikiLeaks y otros afectados en la presunta operación de espionaje llevada a cabo en la embajada de Ecuador de Londres por la empresa andaluza de seguridad, Undercover Global (UC Global). El mes pasado visitó a su cliente en Belmarsh, el penal de máxima seguridad del sureste del Támesis, donde está preso desde abril de 2019.

Salud quebrada

“Está destrozado. La persecución le ha destrozado física y psicológicamente”, alerta Martínez. “Julian Assange tiene un estado de salud muy delicado, con graves daños tanto físicos como psíquicos, consecuencia de la inhumana situación que vive. Lleva más de una década sometido a un escenario muy duro”, añade el letrado en referencia a los casi siete años que pasó “recluido en el minúsculo piso, sin acceso a la luz solar y aire fresco”, de la legación diplomática ecuatoriana. Avanza ya el cuarto año de prisión preventiva, en régimen casi permanente de aislamiento debido a sus trastornos mentales y las restricciones de la pandemia de coronavirus.

Assange padece depresión recurrente, síndrome de Asperger y altibajos suicidas, de acuerdo con diagnósticos del neurosiquiatra y profesor emérito del King’s College, Michael Kopelman, y del doctor Quinton Deeley, especialista en trastornos del espectro autista. Llamados a declarar por la defensa en las audiencias de primera instancia, ambos coincidieron en la determinación del recluso, de 50 años, para poner fin a su vida si pierde el pulso de extradición. 

El relator en Tortura de Naciones Unidas, Nils Melzer, comunicó a Londres, Camberra, Estocolmo y Quito su inquietud por la exposición de Assange a un “severo dolor y sufrimiento, infligido mediante varias formas y grados de tratamiento o castigo cruel inhumano y degradante, que claramente constituye tortura psicológica”. El experto suizo y catedrático de la Universidad de Glasgow sacó su crítica conclusión después de examinar al patrón de WikiLeaks durante una acordada visita a Belmarsh, en mayo de 2019, en compañía de dos veteranos en la materia, el siquiatra Pau Pérez-Sales y el profesor en medicina forense Duarte Nuno Vieira. Los tres aguantaron “estoicamente” el “fino hostigamiento” de las autoridades británicas, aunque la experiencia resultó “más dura para el temperamento de mis colegas ibéricos”, según Melzer recuerda en su libro ‘The Trial of Julian Assange: A Story of Persecution’.

El académico desvela “errores sistémicos” en los procedimientos –tanto en Suecia a raíz de alegaciones de abuso sexual como en Reino Unido desde su arresto en diciembre de 2010– y denuncia la campaña “sin precedentes de difamación, intimidación, humillación y, últimamente, deshumanización” del activista electrónico. “No tratan de forzar una confesión ni de coaccionarle a cooperar, sino de intimidar y disuadir a otros editores, periodistas y filtradores que puedan verse tentados a seguir su ejemplo”, sostiene en su investigación. Y concluye: “Le castigan arbitrariamente por haber publicitado los secretos sucios de los poderosos. WikiLeaks desafía la impunidad del poderoso. Esa es su única amenaza real”.

El periodismo en peligro

Para el abogado español del activista, la situación supone un “gravísimo atentado al derecho a la libertad de prensa en el mundo”. “Assange y WikiLeaks recibieron información de fuentes anónimas relativa a la comisión de graves crímenes de guerra y simplemente procedieron a su publicación, en asociación con los grandes medios del mundo, que no han sido perseguidos. Por lo tanto, se está criminalizando la propia labor del periodismo”, arguye por correo electrónico.

Una decisión favorable a EE.UU. de la ministra Patel no activaría la deportación inmediata de Assange. Su equipo legal se reserva cartuchos en Reino Unido y, si fuera necesario, en la Corte Europea de Derechos Humanos. Los tribunales han escuchado hasta ahora el recurso de Washington a la sentencia de la corte de Westminster. Y los representantes de Assange planean lanzar una “contra apelación” a los argumentos desestimados por Baraitser. La magistrada bloqueó la extradición por motivos de salud y pasó por alto cuestiones de fondo, como el carácter político del procedimiento, la libertad de prensa y el derecho de todo periodista a publicar información veraz. Martínez también menciona el principio de “doble incriminación” respecto a la ley estadounidense de Espionaje de 1917 y su aplicación en Reino Unido a un periodista, además de la proporcionalidad de la posible condena. Otra cuestión de envergadura es la extraterritorialidad de la jurisdicción norteamericana para perseguir penalmente a un periodista extranjero, sin residencia ni lugar de trabajo en EE.UU.

Nadie del entorno de Assange cree que tendría un juicio justo en EE.UU. La Constitución estadounidense ampara el derecho y libertad de prensa, pero la familia y el personal de WikiLeaks temen que se le niegue el reconocimiento como periodista o le consideren fuera del amparo constitucional dada su residencia en Europa. “Si la Primera Enmienda es aplicable, que la apliquen y cierren la causa penal por la que reclaman la extradición”, razona el letrado de ILocad. Otro factor en contra es la probable ubicación del juicio en el estado de Virginia, sede de los servicios de Inteligencia cómplices en la trama de espionaje en la embajada de Ecuador, según indicios destapados en la investigación de la Audiencia Nacional.

La pelea continuará hasta la extenuación, aseguran fuentes legales. El más reciente episodio fue tan íntimo y personal como público y doloroso. Assange se casó con su prometida y madre de sus dos hijos pequeños, Stella Moris, en una ceremonia civil en Belmarsh. “Estoy muy contenta y estoy muy triste”, exclamó la abogada de herencia hispana antes de cortar la tarta nupcial frente a un grupo de simpatizantes que marcaron el extraordinario evento en la entrada del presidio. La novia vistió un elegante conjunto de dos piezas y velo diseñado por Vivienne Westwood, retando con su singular osadía a los gobiernos y autoridades de Reino Unido, EE.UU. y Australia. “Temen que la gente vea a Julian como un ser humano”, escribió el día de la boda en el diario ‘The Guardian’, “quieren que Julian permanezca invisible al público… que desaparezca de la conciencia pública”. 

Lourdes Gómez Londres , 18/04/2022

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Julian Assange hace un gesto a los medios de comunicación desde un vehículo policial a su llegada al tribunal de magistrados de Westminster el 11 de abril de 2019 en Londres, Inglaterra. (Jack Taylor / Getty Images)

La Corte Suprema del Reino Unido ha denegado a Julian Assange el permiso para recurrir la extradición a Estados Unidos, sentando un terrorífico precedente que pone en peligro a todos los periodistas cuyo trabajo amenaza los intereses del imperio.

Si Julian Assange hubiera sido condenado por homicidio involuntario, muy probablemente ya estaría fuera de la cárcel. Las condenas por homicidio involuntario pueden suponer tan solo dos años de cárcel. El máximo es de diez. Esas condenas no suelen cumplirse en una prisión de alta seguridad.

Pero Julian Assange, que no ha sido condenado por ningún delito, lleva más de una década sin salir en libertad y actualmente está a punto de entrar en su cuarto año de prisión en la cárcel más draconiana del Reino Unido, la prisión de alta seguridad de Belmarsh. La decisión de la Corte Suprema de rechazar la última apelación de Assange prácticamente garantiza que pasará al menos el próximo año en la cárcel. Durante ese tiempo sus abogados lanzarán otro intento de liberarlo.

La decisión de la Corte Suprema de hace algunas semanas impidió que Assange impugnara la última sentencia en el Tribunal Superior, en la que los abogados que actúan en nombre de Estados Unidos anularon con éxito una decisión anterior contra la extradición dictada al final de la única vista completa que ha tenido el caso en el Tribunal de Magistrados de Westminster.

En esa decisión, dictada a principios de 2021, el juez dictaminó que, aunque todos los motivos políticos por los que Assange había alegado que no debía ser extraditado eran inválidos, no debía ofrecerse para la extradición porque la naturaleza opresiva del sistema penitenciario estadounidense lo pondría en riesgo de suicidio.

Esta fue la decisión que Estados Unidos recurrió ante el Alto Tribunal. La Corte Suprema estimó el recurso de Estados Unidos y dictaminó que la extradición debía seguir adelante, basándose en que Estados Unidos había garantizado que Assange sería bien tratado en el sistema penitenciario estadounidense.

Los abogados de Assange lo impugnaron argumentando que las garantías no se habían dado en la vista principal y, por tanto, no se habían puesto a prueba con argumentos en el tribunal. La Corte Suprema acaba de dejar de lado este argumento y ha dictaminado que dichas garantías deben tomarse al pie de la letra siempre que se den, y que no es necesario argumentarlas ante un juez.

Esta decisión crea un peligroso precedente que puede ser utilizado por cualquier régimen, desde Arabia Saudí hasta China, para perseguir a los disidentes políticos en el Reino Unido. De un plumazo, hace que los opositores políticos de los regímenes autoritarios no estén seguros en Gran Bretaña.

Sin embargo, la causa de Assange todavía tiene una oportunidad de luchar en los tribunales. El ministro del Interior, Priti Patel, tiene que considerar las objeciones a la extradición por motivos limitados. E incluso si las desestima, como parece probable, los abogados de Julian Assange pueden lanzar un nuevo recurso ante el Tribunal Superior para anular las partes de la decisión original en las que perdieron.

Estas son en realidad las partes más políticas y sustantivas del caso. Tratan de si había o no una defensa del interés público para publicar el material que Assange puso en circulación pública. También tratan de si este es un caso político. Se supone que estos casos son inadmisibles según el tratado de extradición. Si no lo fueran, todas las dictaduras del planeta estarían persiguiendo a sus opositores utilizando el tratado para ponerles las manos encima. Se trata de las cuestiones más fundamentales de la libertad de prensa.

Los partidarios de Assange están bien acostumbrados a los procesos bizantinos del sistema legal. Reconocen que el lawfare se está utilizando para desgastar tanto a Assange personalmente como a la campaña para defenderlo. Esto no debe ocurrir. 

Durante el curso de esta apelación, el tribunal de la opinión pública se ha inclinado a favor de Assange. El testigo principal de la acusación ha admitido que mintió al tribunal, y los planes de la CIA para secuestrar o matar a Assange han sido expuestos públicamente. Mientras tanto, una extraordinaria subasta virtual recaudó enormes fondos de miles de partidarios para pagar los costes legales del caso. Ahora se ha lanzado un nuevo llamamiento de crowdfunding para sufragar los costes de la futura campaña política.

En un entorno político en el que se suprimen las voces disidentes y alternativas, es más importante que nunca que este caso emblemático no se pierda. La libertad de expresión y la prensa libre están amenazadas. Hay que defenderlas.

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El fundador de Wikileaks, Julian Assange, abandona el Tribunal de Magistrados de Westminster, donde compareció para una audiencia administrativa sobre su extradición a los Estados Unidos. — Dominic Lipinski / PA Wire / Europa Press

La decisión de extradición deberá ser ratificada ahora por la ministra del Interior británica, Priti Patel, aunque al fundador Wikileaks aún puede recurrir otras partes del proceso, lo que alargará los plazos.

 

El Tribunal Supremo, máxima instancia judicial del Reino Unido, desestimó este lunes un recurso presentado por el fundador de WikiLeaks, Julian Assange, lo que da luz verde asu extradición a Estados Unidos.

El caso pasa ahora a la ministra británica del Interior, Priti Patel, que debe autorizar la entrega, aunque se espera que la defensa recurra otras partes del proceso, lo que podría ralentizarlo.

Las autoridades estadounidenses quieren que Assange, de 50 años, se enfrente a un juicio por 18 cargos relacionados con la publicación por parte de WikiLeaks de grandes cantidades de registros militares y cables diplomáticos confidenciales de Estados Unidos que, según sostienen, han puesto vidas en peligro.

En diciembre, el Tribunal Superior de Londres anuló la decisión de un tribunal inferior de que no debía ser extraditado debido a sus problemas de salud mental, que presentaban un riesgo de suicidio.

Los jueces del Tribunal Superior londinense le denegaron a Assange entonces el permiso para recurrir directamente al Tribunal Supremo sobre su decisión, dejando en manos del propio Supremo la decisión sobre si debía atender su recurso.

"La solicitud ha sido rechazada por el Tribunal Supremo y la razón dada es que la solicitud no plantea un punto de derecho discutible", explicó un portavoz del Tribunal Supremo.

14/03/2022 18:48

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Stella Moris, pareja del fundador de Wikileaks, Julian Assange, pronuncia un comunicado ante el Tribunal Superior de Londres, tras conocerse el fallo que da vía libre a la extradición — Andy Rain / EFE

En su recurso contra la decisión del tribunal británico que avala la extradición, el equipo jurídico de WikiLeaks insistirá en el riesgo real de suicidio y en el deterioro psicológico que sufre Julian Assange, implorando razones humanitarias como las que llevaron a la liberación del dictador Pinochet por parte del Gobierno británico.

 

Tras el fallo del Tribunal de Apelación de Londres, este viernes, que da luz verde a la extradición de Julian Assange, fundador de WikiLeaks, para ser juzgado en Estados Unidos, aún cabe una mínima esperanza de que finalmente no se lleve a cabo su entrega a las autoridades estadounidenses, que le acusan de 17 delitos relacionados con la Ley de Espionaje y uno de piratería informática, por ayudar supuestamente a la militar Chelsea Manning; unos cargos que podrían suponerle a Assange hasta 175 años de condena

La defensa de Julian Assange, que tiene ahora 50 años, dispone de 14 días para presentar su apelación en la Corte Suprema, aunque, según ha informado su equipo jurídico a Público, el recurso estará listo en menos tiempo. 

Si la Corte Suprema admitiera el recurso, se prevé otra batalla judicial con Estados Unidos; si lo rechazara --lo más previsible--, el último paso en el recorrido del caso es el Tribunal de Magistrados de Westminster, competente en las solicitudes de extradición, donde un juez de distrito trasladará el expediente al secretario de Estado de Interior para decidir si se

La defensa del fundador de WikiLeaks no tira la toalla, cree que aún hay margen para impedir la entrega a Estados Unidos y está dispuesta a agotar todas las posibilidades, por lo que el proceso podría durar algunos meses más. En todo caso, la última palabra no la tendrá la Justicia británica sino el Gobierno de Boris Johnson, como indican a este medio fuentes jurídicas. En caso de ser extraditado finalmente, Assange será entregado a la Corte del Distrito Este de Virginia (Estados Unidos), un órgano judicial que reside en la misma localización que las grandes agencias de inteligencia norteamericanas.

La principal baza en la defensa de Julian Assange es el peligro para su salud psicológica, e incluso para su vida, que entrañaría la decisión de extraditarle a Estados Unidos. El periodista australiano lleva encarcelado en Reino Unido desde abril de 2019, cuando fue detenido a raíz del asalto a la embajada de Ecuador en Londres, donde llevaba refugiado siete años. Un informe forense del psiquiatra Michael Kopelman acredita el alto riesgo de suicidio que existe en el caso de que Assange sea finalmente extraditado.

Descartada la motivación política

Pese a que la jueza Vanessa Braitser se basó en ese informe pericial para denegar la petición de extradición el pasado 4 de enero, no tuvo en consideración el argumento principal para oponerse a la entrega a Estados Unidos esgrimido por la defensa de Assange, coordinada por el abogado y exjuez español Baltasar Garzón: la motivación política que denuncia el fundador de Wikileaks respecto a su persecución como periodista por el Gobierno de EEUU.

En 2010, el portal de Julian Assange publicó cientos de cables del Departamento de Estado estadounidense en los que se demostraba la vulneración de los derechos humanos en Guantánamo y durante las invasiones norteamericanas de Irak y Afganistán tras los atentados del 11 de septiembre. En los documentos secretos desvelados por Wikileaks quedaba en evidencia el abuso del ejército estadounidense en cuanto a las muertes de civiles.

El antecedente más directo del caso Assange es el que frenó la extradición del dictador chileno Augusto Pinochet en el año 2000, cuando el entonces ministro del Interior inglés Jack Straw decidió liberarlo por razones humanitarias, pese a que la Justicia británica había acordado su extradición a España para ser juzgado por una treintena de delitos de torturas. Precisamente este caso, impulsado desde la Audiencia Nacional en España por el entonces juez Baltasar Garzón, será tenido en cuenta en el recurso de apelación de los abogados de WikiLeaks, coordinados por el propio despacho de Garzón, según ha podido saber Público.

El caso Pinochet

En octubre de 1999 el juez británico Roland Bartle aceptó la extradición del exdictador chileno a España, después de su detención en Londres hacía casi un año en virtud de la orden de detención internacional impulsada por el entonces juez Garzón desde la Audiencia Nacional. Se daba así el primer paso para que Pinochet fuera finalmente juzgado por genocidio en España, en aras a la entonces vigente jurisdicción universal.

Sin embargo, tres meses después, el ministro del Interior británico, Jack Straw, cambió el signo de los acontecimientos, al admitir una serie de informes periciales sobre la salud del dictador. "No está en estos momentos en condiciones de someterse a juicio y no es de esperar que se produzca un cambio en su situación actual", dijo Straw para rechazar la extradición. Finalmente el 2 de marzo de 2000, el ministro decidió liberar a Pinochet, que ese mismo día regresó a Chile. Pinochet falleció en diciembre de 2006 sin ser juzgado por los crímenes de lesa humanidad cometidos durante la dictadura chilena (1973-1990). 

El caso de Assange sólo se parece al de Pinochet en el deterioro de la salud como exigencia para pedir la liberación; en el caso del periodista, su salud mental, después de llevar privado de libertad desde 2012, cuando se refugió en la embajada de Ecuador en Londres. El Gobierno británico está obviando conscientemente, según opinan fuentes jurídicas, que Assange y su medio ejercieron su libertad de prensa en aras del derecho a la información, que nada tiene que ver con la protección a un dictador como Pinochet. 

En el caso Assange, ha sido el juez Timothy Holroyde el que, ante una sala abarrotada, ha pronunciado este viernes la fatal frase: "El tribunal admite el recurso [de Estados Unidos]". El juez ha indicado que el Gobierno estadounidense "ha ofrecido suficientes garantías de que Assange recibirá el trato adecuado para proteger su salud mental". En la balanza, han primado esas supuestas garantías ofrecidas por Estados Unidos de un juicio justo y una estancia en prisión provisional garantista sobre el riesgo real de suicidio y de problemas psicológicos acreditados por informes periciales. 

Derecho a la información

El portal WikiLeaks ha anunciado que recurrirá la decisión del Tribunal de Apelación británico. El visto bueno a la extradición afecta en primer lugar a  Assange, pero también al resto de componentes de WikiLeaks y de otros medios y plataformas que informan sobre asuntos sensibles de Estados Unidos y desvelan información secreta. Está en juego la integridad de cientos de periodistas; en definitiva, la libertad de información. Por eso, cada paso judicial es fundamental. 

Así lo ha manifestado este viernes la abogada Stella Moris, pareja de Assange, con el que tiene dos hijos. Moris ha descrito el fallo judicial como "peligroso y equivocado" y un "grave error judicial". "¿Cómo puede ser justo, cómo puede ser correcto, cómo puede ser posible extraditar a Julian al mismo país que conspiró para matarlo?". 

Como ya informó Público, en 2017, tras la llegada al poder de Donald Trump y con Mike Pompeo como director de la CIA, se planeó secuestrar o asesinar a Julian Assange. A esos planes se ha referido este viernes Stella Moris frente al tribunal de Londres, donde se han congregado decenas de defensores de WikiLeaks. 

Las organizaciones de derechos humanos claman contra la extradición de Julian Assange. Amnistía Internacional incide en que las llamadas "garantías" en las que se basa el Gobierno de Estados Unidos "dejan a Assange en riesgo de malos tratos", son "intrínsecamente poco fiables" y "deben rechazarse". Amnistía alega que los cargos contra Assange tienen "motivos políticos". 

La aportación de WikiLeaks en España

WikiLeaks ha desvelado a lo largo de los años numerosas informaciones cruciales que afectan a los secretos de Estado de varios países. En España, entre marzo de 2012 y diciembre de 2015, Público dio a conocer cerca de cuarenta informaciones exclusivas gracias a los archivos de la plataforma dirigida por Julian Assange. Una de ellas, difundida el 23 de marzo de 2012, revelaba que la compañía privada de espionaje Stratfor, conocida como la CIA en la sombra, había dirigido su mirada hacia el movimiento español 15-M. 

Los cables de Wikileaks que Público difundió en exclusiva en España también aportaron datos sobre el ahora rey emérito y sus relaciones con las estructuras de poder de Estados Unidos. Este periódico dio a conocer, entre otras cosas, que la diplomacia estadounidense apostaba por Juan Carlos de Borbón como sucesor de Franco pese a que la monarquía no contaba con apoyo popular en España. Así constaba en un documento secreto del Departamento de Estado fechado el 23 de octubre de 1975, con Francisco Franco al borde de la muerte.

10/12/2021 21:36

Joan Cantarero / Ana María Pascual


Estas son las revelaciones de Wikileaks por las que EEUU quiere juzgar a Assange

Desde las violaciones a los derechos humanos en las guerras de Irak y Afganistán hasta quién está detrás del nacimiento de Vox, pasando por los vínculos del emérito con EEUU: repasamos los hitos informativos de la plataforma.

10/12/2021 15:16 Actualizado: 10/12/2021 15:39

Público

Con un vídeo y más de 90.000 documentos militares estadounidense revelados en julio de 2010 echaba a andar Wikileaks. Las primeras filtraciones se publicaron de manera coordinada en varios medios internacionales y mostraban con crudeza el fracaso de las guerras de Irak y Afganistán.

El fundador de la organización responsable de la filtración, Julian Assange, que ahora se enfrenta a un proceso de extradición a Estados Unidos acusado de 18 delitos relacionados con la Ley de Espionaje y la piratería informática, aportó luz en ese y otros asuntos sobre los que algunos buscaban que reinase la oscuridad. Repasamos algunos de los hitos informativos de Wikileaks.

Soldados de Estados Unidos acribillando a gente desarmada

El 5 de abril de 2010 Wikileaks filtró el vídeo Collateral Murder. Era la narración visual completa de cómo los tripulantes de un helicóptero de combate Apache aniquilaban a 12 civiles iraquíes en un suburbio de Bagdad. Entre ellos estaba el fotógrafo de la agencia Reuters Namir Noor-Eldeen.

Violaciones de los derechos humanos en Irak y Afganistán

En julio de 2010 más de 90.000 documentos desclasificados sobre la guerra en Afganistán vieron la luz gracias a Wikileaks. En ellos se demostraban las graves violaciones a los derechos humanos cometidas en el marco de la intervención militar en ese país.

Tres meses más tarde, en octubre, una filtración de otros 400.000 documentos destapaban la atrocidades ocultas en Irak, otro territorio en el que EEUU cometió –y escondió– crímenes contra civiles, al tiempo que consintió las ejecuciones sumarias perpetradas por las fuerzas aliadas iraquíes. En ellos se admitía que el 60% de las personas fallecidas en Irak entre 2003 y 2009 eran civiles.

Correos del director de la CIA en los que habla de tortura

Wikileaks también publicó los correos electrónicos de la cuenta privada del que en 2015 era director de la CIA, John Brennan, que revelan el limbo legal de los interrogatorios a los sospechosos de terrorismo. En concreto, dos de ellos hacían alusión a presuntos casos de tortura.

Los archivos del 'Cablegate'

Las comunicaciones del Ejecutivo de Estados Unidos con sus delegaciones diplomáticas en distintas partes del mundo también vieron la luz con Wikileaks. Un total de 250.000 documentos del Departamento de Estado se hicieron públicos. 

Así se conoció que la embajada estadounidense en España presionaba al Gobierno de José Luis Rodríguez Zapateropara evitar que se esclareciera el asesinato del cámara José Couso en Irak. Y se difundió información sobre el paso de los vuelos de la CIA por territorio español. A bordo viajaban presos con destino a la cárcel secreta de Guantánamo.

Guantánamo y Abu Ghraib

El 25 de abril de 2011 Wikileaks difundió fotografías y detalles inéditos sobre los interrogatorios en la cárcel de Guantánamo. Los informes revelaban que 150 personas afganas y pakistaníes habían sido detenidas sin ningún tipo de juicio. Además, se supo que el preso más joven tenía 14 años y el mayor había cumplido ya 89. Previamente, en 2007, Wikileaks había dado a conocer un manual del Ejército de EEUU para los soldados en Guantánamo

Wikileaks también difundió revelaciones sobre la cárcel iraquí de Abu Ghraib, otro lugar donde se violaban los derechos humanos bajo absoluta impunidad. Entre los documentos difundidos entonces figuraban los denominados "Procedimientos Operativos Habituales" de Abu Ghraib, Bucca (otro campo de detención en suelo de Irak) y Guantánamo.

Espionaje de la Agencia de Seguridad Nacional de EEUU

La Agencia de Seguridad Nacional de EEUU (NSA, por sus siglas en inglés) llegó a realizar escuchas secretas de un encuentro entre la canciller alemana Ángela Merkel y el entonces secretario general de la ONU Ban Ki-Moon. Estas operaciones de espionaje vieron la luz gracias a Wikileaks.

Además, el Gobierno de Estados Unidos también espió una reunión privada entre el ex primer ministro italiano Silvio Berlusconi, el expresidente francés Nicolás Sarkozy y Merkel. Hubo además escuchas de una conversación entre Berlusconi y el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu.

Los correos de Hillary Clinton

Hillary Clinton ostentaba el cargo de secretaria de Estado en la Administración de Barack Obama cuando, en marzo de 2016 llegó la filtración de más de 30.000 correos electrónicos recibidos y enviados por ella misma. También vieron la luz 27.000 comunicaciones del Comité Nacional Demócrata (CND) y 50.000 correos electrónicos de John Podesta, jefe de la campaña presidencial de Clinton.

En ellos se dibujaban casos de disputas y maniobras internas o, incluso, una dura acusación de Clinton contra Arabia Saudí y Qatar, a quienes señalaba en un correo enviado a Podesta por suministrar apoyo de forma clandestina a la organización terrorista Estado Islámico (Dáesh).

Quién financió el nacimiento de Vox en España

Las filtraciones de Wikileaks no solo salpican a Estados Unidos y su Ejecutivo. En ellas también hay espacio para partidos políticos españoles. En concreto, la organización filtró quiénes fueron las grandes fortunas y altos ejecutivos españoles financiaron el nacimiento de Vox a partir del grupo ultracatólico Hazte Oír

Público desveló en exclusiva para España 17.000 documentos internos de Hazte Oír y CitizenGo previos al despegue meteórico del partido de Santiago Abascal incluidos los listados y aportaciones de los "grandes-grandes donantes" que hicieron posible el auge electoral de la ultraderecha.

Los vínculos del rey emérito con EEUU

Este periódico dio a conocer, entre otras cosas, que la diplomacia estadounidense apostaba por Juan Carlos de Borbón como sucesor de Franco pese a que la monarquía no contaba con apoyo popular en España. Así constaba en un documento secreto del Departamento de Estado fechado el 23 de octubre de 1975.

A través de distintos informes secretos revelados por Wikileaks fue posible saber que el entonces príncipe –que ya había sido elegido por Franco como su sucesor– actuaba como confidente de la Casa Blanca en las fechas previas al fallecimiento del dictador, convirtiéndose en la gran apuesta de EEUU para la España posfranquista.

Suárez y Fraga contra el PCE

Los archivos de Wikileaks difundidos en España por Público también permitieron conocer que EEUU había realizado un pormenorizado seguimiento de la actividad del Partido Comunista de España antes de su legalización. "Compartimos el escepticismo del Gobierno sobre que el PCE no es digno de confianza y que su legalización en este momento sería arriesgada", decía un cable de la diplomacia estadounidense fechado el 12 de marzo de 1976.

En ese contexto, Wikileaks recogió un cable en el que se destacaba que tanto el ministro Manuel Fraga como el presidente Adolfo Suárez habían prometido al embajador de EEUU, Well Stabler, que "los comunistas no serán legalizados ni se les permitirá tener un papel en este proceso evolutivo".

Manuales de la CIA

Las exclusivas de Público sobre los papeles de Wikileaks también trajeron otras historias, como la guía secreta que empleaban los agentes de la CIA para infiltrarse en Europa bajo identidades falsas. Allí se detallaba cómo traspasar las fronteras de España, remarcando que se trataba de uno de los países que "puede requerir datos biométricos" a los ciudadanos estadounidenses a la hora de obtener pasaportes especiales para representantes gubernamentales o personas que viajan en misión oficial.

De hecho, Wikileaks descubrió además que los espías de EEUU manejaban el manual de control de fronteras de la Unión Europea (UE). Tales datos figuraban en uno de los informes del programa 'Checkpoint' de la CIA filtrados por Wikileaks y a los que tuvo acceso este periódico.

TiSA, el tratado secreto

Asimismo, los archivos obtenidos por esa organización dejaron al descubierto el denominado Trade in Services Agreement (TiSA), un acuerdo de intercambio de servicios entre 50 países, incluida España, que se negociaba bajo absoluto secreto.

Los documentos de la negociación secreta del TiSA apuntaban hacia la eliminación de controles y obstáculos para favorecer la liberalización global de los mismos servicios financieros "innovadores" que provocaron la crisis global de 2007-2008, al tiempo que se buscaba condicionar a los estados firmantes a la hora de efectuar regulaciones o aprobar leyes que afecten a empresas multinacionales. Wikileaks reveló además que el tratado permitirá a las corporaciones financieras exportar los datos sensibles de los consumidores.

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Cámara de Representantes aprobó “mico” contra la libertad de prensa en Colombia

El artículo 68, o de “Injuria y calumnia contra funcionarios públicos”, tuvo luz verde en la plenaria para castigar con cárcel y con multas a quienes critiquen a funcionarios públicos

 

Fue negada en la plenaria de Cámara de Representantes la proposición para eliminar el polémico artículo 68 del proyecto de ley anticorrupción por 73 votos por el no sobre 51 votos por el sí.

Los promotores de eliminar el artículo, encabezados por los representantes Gabriel Santos, Germán Navas Talero, Juan Fernando Reyes Kuri, Ángela Robledo, María José Pizarro y David Racero, entre otros, alertaron que este “mico” le daba “dientes a la censura en Colombia”, según expresó Santos (Centro Democrático).

De qué trata el polémico artículo 68, o el “mico” contra la libertad de prensa en Colombia

Como parte del articulado del proyecto de ley anticorrupción que busca adoptar medidas en materia de transparencia, prevención y lucha contra la corrupción en Colombia, el “mico” que limita la libertad de expresión y de prensa en el país, fue incluido de última hora en la plenaria del Senado, por iniciativa de congresistas de la bancada de gobierno que presentaron esta proposición, al parecer, con el visto bueno de la Procuraduría y del Gobierno nacional.

Los autores de esta propuesta son los senadores Efraín Cepeda, Mauricio Gómez Amín, Ana María Castañeda, Guillermo García Realpe, Fabián Castillo, Miriam Paredes, quienes votaron por el “no” en Plenaria.

Al detalle, al artículo 68 se le añadió el 221a titulado de “Injuria y calumnia contra funcionarios o exfuncionarios públicos”, según el cual “el que mediante injuria o calumnia debidamente comprobada pretenda atacar u obstruir las funciones constitucionales y legales de algún funcionario público, denunciando hechos falsos sobre él o sobre su familia, incurrirá en prisión de sesenta (60) a ciento veinte (120) meses y multa de trece punto treinta y tres (13.33) a mil quinientos (1.500) salarios mínimos legales mensuales vigentes, sin que sea procedente algún beneficio o subrogado penal”.

Asomedios, FLIP y organizaciones a favor de la libertad de prensa elevaron sus voces en rechazo a esta proposición que, aprobada mayoritariamente por la bancada de gobierno, sienta un histórico precedente negativo para el ejercicio de la prensa y los derechos democráticos en Colombia.

7 de Diciembre de 2021

Publicado enColombia
Martes, 26 Octubre 2021 05:48

Assange: que cese la venganza

Assange: que cese la venganza

La jueza británica Vanessa Baraister deberá iniciar mañana miércoles la revisión de la apelación presentada por Washington a la negativa judicial a extraditar a Julian Assange a Estados Unidos, emitida en enero pasado por esa misma magistrada. El informador australiano permanece en una prisión de Londres desde abril de 2019, luego de que el gobierno ecuatoriano de Lenín Moreno decidió expulsarlo de su embajada en la capital británica, en donde estuvo refugiado durante casi siete años.

La persecución contra Assange ha durado más de una década. Se inició con una investigación de la policía sueca por supuestos delitos sexuales tan insustanciales que nunca dieron lugar a una imputación formal, pero que fueron el pretexto para detenerlo en Londres, en respuesta a una petición de Estocolmo para someterlo a un interrogatorio. Temiendo que la demanda fuese una coartada para llevarlo a Suecia y extraditarlo de allí a Estados Unidos; Assange buscó refugio en la mencionada representación diplomática y ofreció comparecer allí ante representantes legales de Suecia. Su sospecha se vio confirmada por el hecho de que Estocolmo cerró definitivamente la pesquisa policial y desechó los cargos.

Sin embargo, para entonces el Departamento de Justicia ya había formulado imputaciones graves en su contra, una de ellas por “espionaje”, debido a que el fundador de Wikileaks divulgó en 2010 documentos secretos que demostraban la comisión de crímenes de lesa humanidad por parte de las fuerzas armadas de Estados Unidos en Afganistán e Irak.

Posteriormente, al año siguiente, la organización de Assange distribuyó entre varios medios del mundo –entre ellos, La Jornada– cientos de miles de reportes enviados al Departamento de Estado desde las representaciones diplomáticas de Estados Unidos en el mundo. Tales documentos revelaron la falta de escrúpulos con la que las autoridades de Washington se conducían en otros países, pero también la supeditación y la corrupción, si no es que el carácter llanamente delictivo, de numerosos gobiernos.

Es claro, pues, que el informador australiano no puede considerarse espía, porque no entregó información alguna a un tercer gobierno sino que la divulgó para la opinión pública internacional. Es evidente también que ha sido víctima de una vasta venganza de Estado por haber dado a conocer a la sociedad la descomposición, la inmoralidad y hasta las facetas criminales de la superpotencia en su proyección diplomática, económica y militar en el ámbito internacional.

Con esas consideraciones en mente, es ine-ludible concluir que el encarnizado acoso judicial de tres presidentes estadunidenses contra Assange –Barack Obama, Donald Trump y Joe Biden– reviste el carácter de escarmiento para cualquier informador que pretenda revelar documentación clasificada del gobierno estadunidense y es, en tal medida, un bárbaro e injustificable ataque a la libertad de expresión de los periodistas y al derecho a la información de las audiencias. Resulta desolador, por lo demás, que tres gobiernos que se presumen defensores de esa libertad y de ese derecho –Estados Unidos, Suecia y Reino Unido– se hayan conjurado para imponer un castigo ejemplar a un individuo que no cometió más delito que revelar la verdad.

Es exasperante, además, que se haya mantenido en prisión a una persona a todas luces inocente a pesar de su salud precaria y de los riesgos que corre en el encierro. Su encarcelamiento no es sólo una injusticia y un atropello inexcusable a los derechos humanos sino también una afrenta a los principios elementales de la democracia, la transparencia y la libertad de expresión.

Cabe esperar, en suma, que la jueza Baraister ratifique mañana su negativa a otorgar la extradición del fundador de Wikileaks, que con ello Washington se desista de buscar venganza contra Assange y que éste obtenga una pronta e incondicional liberación.

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