El presidente de China, Xi Jinping, en la sede de la ONU en Ginebra en 2017. UN Photo / Jean-Marc Ferré

En los últimos diez años, el país ha realizado importantísimas inversiones en lo tecnológico y ambiental, pero lo social sigue siendo una asignatura pendiente, tanto que puede llegar a convertirse en un lastre

 

La persistencia de déficits sociales en China es harto conocida y constituye uno de los más significados aspectos que ensombrecen el despegue económico de las últimas décadas. La China maoísta, que a pesar de todos sus sinsabores, logró catapultar a un país que en 1949 tenía el PIB equivalente al de 1890 a la condición de 32ª potencia económica del mundo, elevó a los altares el igualitarismo. En 1978, el índice de Gini ascendía a 0,16. En el denguismo tardío, con Hu Jintao en la presidencia del país, este ascendía a su máximo histórico, el 0,49 (2008). No es de extrañar por tanto que Hu convirtiera el anhelo de una “sociedad armoniosa” en una guía de su mandato.

La clave de esa brusca transformación fue la apertura promovida por Deng Xiaoping a finales de los 70. El llamamiento al enriquecimiento orquestado por Deng incluía el reconocimiento de que no todos podrían lograrlo al mismo tiempo y ello agravó tanto las desigualdades sociales como también los desequilibrios territoriales. Xi Jinping, al frente del país desde 2012, apela ahora a la “prosperidad común”. Le endilgan por ello la etiqueta de maoísta recalcitrante. En verdad, el concepto procede de la época de Mao, en los años 50. Sin embargo, el contexto es bien diferente. En aquella China todo era escasez y penuria. Hoy hablamos de la segunda potencia económica del mundo (primera desde 2011 en términos de paridad de poder de compra) aunque ubicada en la posición 85 en el Índice de Desarrollo Humano. La asimetría es irritante.

El acento en la prosperidad común, dicen, está agravando las tensiones en el liderazgo chino por cuanto implica obligar a los grandes empresarios privados que en los últimos lustros de reforma y apertura han acumulado, con el aval del Partido, ingentes fortunas, a compartir su riqueza con las capas menos privilegiadas de la población. Gigantes como Tencent han invertido ya 50.000 millones de yuanes (aproximadamente 7.700 millones de dólares), mientras que Alibaba, el gigante del comercio electrónico, ha desembolsado el doble de ese monto. Uniendo esta campaña con la incentivación del propósito regulador de los grandes monopolios, la imposición de límites en los videojuegos, las limitaciones a las pasantías, etc., concluyen que la época de liberalización ha concluido. Lo que hace Xi va en contra de las leyes del mercado y puede derivar en una “pobreza común”, ha dicho Zhang Weiying, profesor de economía en la Universidad de Beijing.

Lo social por detrás de lo ambiental o tecnológico

El milagro económico chino es indiscutible. El milagro social, no tanto. Tras la crisis de Tiananmen, durante los 90, la primacía de la eficacia económica sobre la justicia social (o ambiental) derivó en un crecimiento de pésima calidad. No supuso el estallido de una gran crisis porque, quien más quien menos, veía mejorar su nivel de vida, pero la persistencia de esa evolución nos conduce a una China insostenible.

En el denguismo tardío, al pasar página de la “fábrica del mundo” y apostar por el cambio del modelo de desarrollo se privilegió un nuevo tridente: los factores ambientales, tecnológicos y sociales serían los nuevos pilares del desarrollo chino en detrimento de la inversión extranjera, la mano de obra barata o la orientación de la producción hacia el exterior. El cambio de paradigma abrió algunas expectativas, pero pronto menguaron. Con la llegada del xiísmo, el índice de Gini pasó del 0,45 en 2013 al 0,467 en 2017 (la media en los países OCDE es 0,3).

El Gobierno y el Partido han realizado en los dos últimos lustros importantísimas inversiones en lo tecnológico y ambiental, pero lo social sigue siendo una asignatura pendiente, tanto que puede llegar a convertirse en un lastre condicionante de la estabilidad social y política.

China es el único país del mundo en desarrollo que logró pasar de un IDH (Índice de Desarrollo Humano) bajo a alto. También erradicó la pobreza extrema en 2020, ha mejorado los ingresos per cápita de la población, multiplicó las inversiones en salud, educación, vivienda, etc., pero según Credit Suisse, si el 1% de la población poseía en 2000 el 20,9 por ciento de la riqueza nacional, en 2020, ese porcentaje ascendía al 30,6%. El rumbo no se ha torcido.

En marzo de 2021, el primer ministro Li Keqiang comentaba en las sesiones anuales de la Asamblea Popular Nacional que unos 600 millones de personas en China (dos veces la población de EE.UU.) sobreviven con unos 1.000 yuanes (unos 133 euros) al mes, la inmensa mayoría (76,5%) en las zonas rurales. La renta per cápita de China apenas supera los 10.000 dólares (frente a los más de 63.000 de EE.UU.) y el objetivo, muy ambicioso, es que en 2035 ascienda a 30.000 dólares. Cuando nos hablan de la “amenaza china”, estos datos son ignorados sistemáticamente. A China le falta aún un largo trecho. Lo saben y, por ello, los planes para lograr objetivos significativos en este campo nos remiten a otros treinta años más de desarrollo.

El experimento Zhejiang

Zhejiang ha sido designada como provincia piloto del “socialismo de mercado con características chinas”, bajo la aspiración de reducir las brechas de desarrollo y los abusos creados por los excesos del mercado.  El antiguo bastión político de Xi Jinping se convertirá en una “zona piloto para la prosperidad común”, ejemplo de la nueva agenda del “socialismo con características chinas” que ahora enfatiza la lucha contra los monopolios y el abuso de posición dominante a la par que promueve nuevos enfoques, más incisivos, a propósito de lo social. Los críticos de este impulso ponen el acento en el riesgo de que la intención correctora de las desigualdades acabe por debilitar y ahogar el espíritu empresarial que hizo rica a la provincia.

La hoja de ruta entregada a Yuan Jiajun, de 59 años, el exitoso secretario del partido de Zhejiang, ingeniero espacial formado en Alemania que fue vicedirector de China Aerospace y director del programa de vuelos espaciales tripulados, es extraordinariamente densa. Fue nombrado al frente de la provincia en 2020, tras haber sido su gobernador.

Abarcando un amplio abanico de áreas, la lista de objetivos es larga: promoción de la marca “producto de Zhejiang”; reducción de la huella de carbono; mejor circulación de la mano de obra mediante la abolición del hukou o permiso de residencia; mejorar la conectividad con las zonas de desarrollo adyacentes; luchar contra la especulación inmobiliaria y los monopolios; sin olvidar la panoplia de objetivos sociales que están en el centro de las preocupaciones de equilibrio presupuestario del Gobierno (salario mínimo, cobertura médica, pensiones, ayudas a las personas mayores y a las familias, a las que se puede añadir el apoyo a la natalidad mediante el aumento de la red de guarderías, última prioridad del Gobierno destinada a impulsar la demografía), etc.

Para llevar a cabo este proyecto piloto, que combina la planificación regional con los objetivos de desarrollo social y humano a una escala excepcional, la elección de Zhejiang como provincia líder, que ya es una de las cuatro más ricas de China tras las provincias de Guangzhou, Jiangsu y Shandong, no carece de relevancia. Zhejiang (64,5 millones de habitantes) ya se encuentra entre las menos desiguales del país, alberga numerosas pymes y una potente comunidad empresarial privada. En 2020, las empresas privadas representaban el 66,3% del PIB, el 74% de los ingresos fiscales, el 80% de las exportaciones y el 87% del empleo.

Según destaca la directiva de 12 puntos del Consejo de Estado, Zhejiang debe, de aquí a 2025, aumentar el PIB per cápita en un 30 por ciento hasta alcanzar el nivel de las economías “medianamente desarrolladas” (es decir, 20.000 dólares per cápita, acercándose al nivel medio europeo de 23.000 dólares –estadísticas de 2020) ; y haber reducido las desigualdades entre las zonas urbanas y rurales.

La directiva hace hincapié en la mejora significativa del bienestar social y en el aumento del nivel de vida de los grupos de bajos ingresos. Por último, para 2035, la provincia debería haber alcanzado “la prosperidad común mediante, dice la directiva, ‘un desarrollo de alta calidad’”.

Lo social y la lucha por el poder

Xi Jinping quiere alterar las reglas de sucesión instituidas por el denguismo asegurándose, al menos, un tercer mandato al frente del Partido Comunista y de China. Hay quien quiere ver en la inclusión de lo social en la agenda un argumento propicio para la lucha política interna como en todo tiempo lo es la corrupción, por ejemplo. Otro tanto podríamos decir de la crisis inmobiliaria (Evergrande) o las carencias energéticas derivadas de las exigencias para el cumplimiento de los objetivos de reducir las emisiones de carbono, que podrían interpretarse como dardos en manos de un rival primer ministro Li Keqiang.

¿Hasta qué punto nuestras conjeturas reflejan nuestras ínfulas conspirativas o se aproximan de verdad a la realidad? En un Partido de más de 90 millones de personas que vive horas decisivas, nadie puede imaginar que todo sea como una balsa de aceite, pero la urgencia de encarar el desafío social es, probablemente, uno de los asuntos que más unanimidad pueda concitar, y más en línea con una hipotética socialdemocratización de la agenda que con un rebrote de neomaoísmo en cualquiera de sus formas.

4/10/2021

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Xulio Ríos es director del Observatorio de la Política China. Acaba de publicar “La metamorfosis del comunismo en China (1921-2021)” (Kalandraka, 2021).

Publicado enInternacional
Sábado, 25 Septiembre 2021 16:46

Colombia. Brechas y pobreza multidimensional

https://www.flickr.com/photos/134769427@N03/32151980802/

La nueva entrega por parte del Dane de su encuesta sobre pobreza multidimensional permite visualizar la urgente necesidad de declarar el acceso a internet como derecho humano fundamental. En el país contamos con empresas aún públicas que facilitarían dar este paso de inmediato.

El Dane publicó durante la semana del 7-11 de septiembre los datos de la pobreza multidimensional, que ofrece una mirada más amplia que la pobreza monetaria, e incluye 5 dimensiones: educación, condiciones de la niñez y la juventud, trabajo, salud y vivienda.

Indica el informe del Departamento de Estadísticas, que entre 2019 y 2020 la incidencia de la pobreza multidimensional pasó de 17,5 a 18,1 por ciento. Este porcentaje es inferior al de 2018, que fue de 19,1. Estos cambios ligeros muestran que la pandemia no tuvo una repercusión significativa en el índice total.

El número de pobres aumentó de 8,5 millones a 9 millones. El mayor incremento se presentó en la zona Pacífica, donde pasó de 26,3 a 30,9 por ciento. Las diferencias entre regiones son significativa. La menor pobreza se observa en Bogotá, que entre 2019 y 2020 creció de 7,1 a 7,5 por ciento.

El aumento de la pobreza multidimensional fue menor que el de la pobreza monetaria. El impacto no fue tan grande porque los indicadores que componen la medición de la pobreza multidimensional son más estructurales, y no fueron tan golpeadas por la pandemia como sí lo fue el ingreso. La mayoría de los indicadores no son tan sensibles al ciclo como el ingreso. Incluso, algunos componentes mejoraron, como el material del piso.

El cuadro muestra la diferencia (puntos porcentuales) de la incidencia de la pobreza entre 2020 y 2019. Se desagregó la variación para cada uno de los indicadores. Algunos de los componentes mejoraron (los de signo negativo).

El componente que más aumentó fue la inasistencia escolar. Con toda razón, el Dane consideró que en estos meses de pandemia, además de la matrícula se tienen que incluir en la medición otros factores como la conexión a internet y la existencia de aparatos (celulares, computadores, tablet, etc.) en el hogar. Si el hogar no tiene conexión se supone que está privado en materia educativa, y entonces se dice que presenta privación en la variable inasistencia escolar. En el área urbana, la incidencia aumentó 10,3 pp, y en la rural subió 25,5 pp. La diferencia es significativa y muestra que la brecha urbano/rural se ha ampliado. Los resultados no dejan duda sobre el deterioro de las condiciones educativas y, además, pone en evidencia la ampliación de la brecha urbano/rural.

Para corregir este daño estructural se requiere un cambio radical en la política educativa del país. Con razón, a nivel internacional se comienza a insistir en la necesidad de que el acceso a internet se considere como un derecho universal. Debe existir una conexión básica garantizada por el Estado. El acceso a internet cada vez adquiere mayor relevancia, y ello se hizo más evidente con la pandemia.

 

 

A nivel nacional, el porcentaje de hogares con inasistencia escolar de alguno de sus miembros pasó de 2,7 a 16,4 por ciento. En las ciudades los hogares que tuvieron inasistencia escolar pasaron del 2,1 al 12,4 por ciento, y en el campo del 4,6 al 30,1. Los problemas de conexión impidieron el acceso a la educación, sobre todo en las áreas rurales. Es inaceptable que la brecha continúe profundizándose.

El otro componente que más creció fue el desempleo de larga duración, que en las zonas urbanas subió 1,6 pp, y en las rurales 2,1 pp. El desempleo aumentó porque la pandemia obligó a cerrar la economía, con impactos negativos en la inversión y el empleo.

En la zona rural empeoró el cuidado de la primera infancia, pero mejoró en las ciudades. El resultado favorable podría explicarse porque en virtud de la pandemia los padres permanecieron en sus hogares. Los demás indicadores mejoraron entre el 2020 y el 2019, ya que no fueron impactados por la pandemia.

 

 


Brecha por regiones

No solamente existe una brecha entre lo urbano y lo rural, sino que también se constatan diferencias sensibles entre regiones.

La inasistencia escolar aumentó de manera relevante en las regiones Caribe y Pacífica. La inasistencia escolar llegó, respectivamente, a 27,9 por ciento y a 27,4 por ciento. El panorama fue menos crítico en Bogotá, donde la incidencia fue de 6 por ciento.

La medición más exigente que hizo el Dane de la inasistencia escolar puso en evidencia las enormes desigualdades existentes en el país en materia digital. La situación no solamente empeoró por la pandemia. Desde antes ya era notoria la falta de acceso a internet, y la ausencia de equipos en los hogares, sobre todo en los más pobres.

La diferencia entre regiones muestra que la política pública tiene un margen de maniobra importante, y que es posible contrarrestar, así sea de manera parcial, los efectos negativos derivados de la pandemia. Si los hogares hubieran tenido conexión a internet y equipos adecuados, el deterioro de la calidad educativa habría sido menor. En el futuro inmediato el acceso digital debería ser un derecho fundamental, como el agua.

 

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14 de septiembre de 2021

 

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Publicado enEdición Nº284
Domingo, 26 Septiembre 2021 05:31

Colombia. Brechas y pobreza multidimensional

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La nueva entrega por parte del Dane de su encuesta sobre pobreza multidimensional permite visualizar la urgente necesidad de declarar el acceso a internet como derecho humano fundamental. En el país contamos con empresas aún públicas que facilitarían dar este paso de inmediato.

El Dane publicó durante la semana del 7-11 de septiembre los datos de la pobreza multidimensional, que ofrece una mirada más amplia que la pobreza monetaria, e incluye 5 dimensiones: educación, condiciones de la niñez y la juventud, trabajo, salud y vivienda.

Indica el informe del Departamento de Estadísticas, que entre 2019 y 2020 la incidencia de la pobreza multidimensional pasó de 17,5 a 18,1 por ciento. Este porcentaje es inferior al de 2018, que fue de 19,1. Estos cambios ligeros muestran que la pandemia no tuvo una repercusión significativa en el índice total.

El número de pobres aumentó de 8,5 millones a 9 millones. El mayor incremento se presentó en la zona Pacífica, donde pasó de 26,3 a 30,9 por ciento. Las diferencias entre regiones son significativa. La menor pobreza se observa en Bogotá, que entre 2019 y 2020 creció de 7,1 a 7,5 por ciento.

El aumento de la pobreza multidimensional fue menor que el de la pobreza monetaria. El impacto no fue tan grande porque los indicadores que componen la medición de la pobreza multidimensional son más estructurales, y no fueron tan golpeadas por la pandemia como sí lo fue el ingreso. La mayoría de los indicadores no son tan sensibles al ciclo como el ingreso. Incluso, algunos componentes mejoraron, como el material del piso.

El cuadro muestra la diferencia (puntos porcentuales) de la incidencia de la pobreza entre 2020 y 2019. Se desagregó la variación para cada uno de los indicadores. Algunos de los componentes mejoraron (los de signo negativo).

El componente que más aumentó fue la inasistencia escolar. Con toda razón, el Dane consideró que en estos meses de pandemia, además de la matrícula se tienen que incluir en la medición otros factores como la conexión a internet y la existencia de aparatos (celulares, computadores, tablet, etc.) en el hogar. Si el hogar no tiene conexión se supone que está privado en materia educativa, y entonces se dice que presenta privación en la variable inasistencia escolar. En el área urbana, la incidencia aumentó 10,3 pp, y en la rural subió 25,5 pp. La diferencia es significativa y muestra que la brecha urbano/rural se ha ampliado. Los resultados no dejan duda sobre el deterioro de las condiciones educativas y, además, pone en evidencia la ampliación de la brecha urbano/rural.

Para corregir este daño estructural se requiere un cambio radical en la política educativa del país. Con razón, a nivel internacional se comienza a insistir en la necesidad de que el acceso a internet se considere como un derecho universal. Debe existir una conexión básica garantizada por el Estado. El acceso a internet cada vez adquiere mayor relevancia, y ello se hizo más evidente con la pandemia.

 

 

A nivel nacional, el porcentaje de hogares con inasistencia escolar de alguno de sus miembros pasó de 2,7 a 16,4 por ciento. En las ciudades los hogares que tuvieron inasistencia escolar pasaron del 2,1 al 12,4 por ciento, y en el campo del 4,6 al 30,1. Los problemas de conexión impidieron el acceso a la educación, sobre todo en las áreas rurales. Es inaceptable que la brecha continúe profundizándose.

El otro componente que más creció fue el desempleo de larga duración, que en las zonas urbanas subió 1,6 pp, y en las rurales 2,1 pp. El desempleo aumentó porque la pandemia obligó a cerrar la economía, con impactos negativos en la inversión y el empleo.

En la zona rural empeoró el cuidado de la primera infancia, pero mejoró en las ciudades. El resultado favorable podría explicarse porque en virtud de la pandemia los padres permanecieron en sus hogares. Los demás indicadores mejoraron entre el 2020 y el 2019, ya que no fueron impactados por la pandemia.

 

 


Brecha por regiones

No solamente existe una brecha entre lo urbano y lo rural, sino que también se constatan diferencias sensibles entre regiones.

La inasistencia escolar aumentó de manera relevante en las regiones Caribe y Pacífica. La inasistencia escolar llegó, respectivamente, a 27,9 por ciento y a 27,4 por ciento. El panorama fue menos crítico en Bogotá, donde la incidencia fue de 6 por ciento.

La medición más exigente que hizo el Dane de la inasistencia escolar puso en evidencia las enormes desigualdades existentes en el país en materia digital. La situación no solamente empeoró por la pandemia. Desde antes ya era notoria la falta de acceso a internet, y la ausencia de equipos en los hogares, sobre todo en los más pobres.

La diferencia entre regiones muestra que la política pública tiene un margen de maniobra importante, y que es posible contrarrestar, así sea de manera parcial, los efectos negativos derivados de la pandemia. Si los hogares hubieran tenido conexión a internet y equipos adecuados, el deterioro de la calidad educativa habría sido menor. En el futuro inmediato el acceso digital debería ser un derecho fundamental, como el agua.

 

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Viernes, 24 Septiembre 2021 15:56

Necoclí paso obligado. Migración sin tregua

Necoclí, 2021, vía twitter.

El municipio de Necoclí, ubicado en la subregión del Urabá antioqueño, ha sido noticia en los últimos meses por cuenta del gran flujo de migrantes procedentes de países como Haití, Cuba y algunas naciones africanas y asiáticas, un fenómeno que no es nuevo en la región o en nuestro país. El trasfondo: diferentes situaciones económicas, políticas y sociales que afrontan los migrantes en sus lugares de origen.

El recorrido que realizan para llegar a Necoclí es costoso y dispendioso, muchos de ellos ya han transitado por países como Ecuador o Brasil, que no se les piden visa para poder ingresar. Para unos su destino final son los países del cono sur –Chile o Argentina–, para otros su vista la tienen proyectada al norte, Estados Unidos o Canadá; en ambos casos les espera un largo viaje en el que pondrán sus vidas en riesgo.


Por ahora arriban a un punto intermedio para seguir hacia Panamá y desde allí dirigirse bien al sur o al norte. Necoclí es, por tanto, un paso obligado en su migración. En esta travesía, la única manera de poder cruzar a Panamá es por medio de lanchas, para transportarse hacía Capurganá o Acandí, y desde allí hacia Panamá. Un recorrido por agua en tanto esta zona se encuentra rodeada por dos grandes reservas naturales: el Parque Nacional Natural Paramillo y el Parque Nacional el Darién, lo cual ha implicado que no se cuente con vía terrestre entre ambos países.

Emigrar en medio de una pandemia

En el municipio de Necoclí se ha incrementado la migración desde el año pasado, en medio de la declaratoria de cuarentena en todo el país producto de la emergencia sanitaria por covid-19, medida que provocó que muchas personas quedaran represadas por varios meses en carpas cerca al muelle de Necoclí. Aunque desde hace algunos años el municipio se acostumbró a este ir y venir de migrantes, nunca estuvo preparado para albergar 10.000 o más migrantes, quienes lo llenan todo: hoteles, casas, apartamentos y locales, además de requerir alimentos, atención médica y el mismo transporte, infraestructura inexistente para cada una de estas necesidades.

En el caso particular del hospedaje, muchos migrantes acuden a casas o locales que les alquilan con colchones tendidos en el piso; diez o quince personas se ubican en estos pequeños e incómodos lugares, está claro que en estos espacios se encuentran hacinados. La obligación los somete a estas condiciones, en las que la preocupación por los posibles impactos de la pandemia quedan en segundo plano.

La tragedia de unos es la bonanza de otros


Van en búsqueda de mejor vida, propósito que les llena de energía y por el cual invierten sus ahorros y en no pocas ocasiones el de toda su familia. Esfuerzo descomunal en el cual enfrentan un sinnúmero de dificultades que deben superar, entre ellas enfermedades de todo tipo, la xenofobia de las personas residentes en los países que transitan, el sobrecosto de hospedajes y alzas en el transporte, las malas condiciones en el saneamiento básico de algunos lugares y el control que tienen algunos grupos armados en diferentes zonas de nuestro país.

Al ser uno de los pasos obligados para este largo viaje, las dinámicas en Necoclí se han transformado a tal punto de develar diversos comportamientos adoptados por sus pobladores: para algunos, esto se ha convertido en una bendición, pues han encontrado en este fenómeno una oportunidad de ingresos, nuevos o acrecentados; un claro ejemplo es el aprovechamiento del cambio de moneda el cual ha sido un negocio redondo para algunos necoclisenses, demostrando que económicamente el municipio se está beneficiando por la llegada de una masa tal de migrantes.

 

 

Por otro lado, algunos habitantes utilizan esta bonanza para aprovecharse de las personas que desconocen la región, realidad también favorecida por las barreras idiomáticas existentes, producto del encuentro de poblaciones con culturas dispares. La escasez de efectivo propicia que a los no residentes les cobren la alimentación en dólares; de igual manera, las empresas de transporte aprovechan para la reventa de tiquetes, y el hospedaje escala sus tarifas. A este problema se le suma el sobrecosto de algunos alimentos de la canasta familiar debido a la alta demanda.


Escasez de transporte, de agua, desalojos…


Esta ola migratoria no da tregua. Hace días distintos medios de comunicación nacionales e internacionales mostraban el gran represamiento de migrantes, producto de la existencia de una sola empresa de transporte, pero también al creciente flujo de personas que llegan no solo desde otros países sino también desde el interior del país, a lo que se suman las malas condiciones climáticas y el reducido número de lanchas que salen a diario para los municipios chocoanos.

En los últimos días se realizó una reunión con autoridades locales y regionales, en la que se acordó hacer uso de algunas empresas de transporte del municipio de Turbo para poder reducir el número de migrantes en Necoclí y al mismo tiempo poder frenar el paso de transportes ilegales que no poseen ningún tipo de seguridad vital para los migrantes. Pese a esto los migrantes siguen llegando, y con ellos se recrudecen los problemas con los servicios públicos, en particular con el agua, y el costo de vida sigue por las nubes.

 

 

La sobrepoblación ha propiciado la intensificación de algunos problemas de fondo preexistentes en Necoclí: los pobladores responsabilizan de la escasez de agua al alto flujo de migrantes, incluso hay algunos barrios del municipio que no disponen de su suministro desde hace más de 15 días, sin embargo, esta es una realidad presente cada vez que hay un alto flujo de personas en el pueblo.

A su vez, muchos residentes históricos del municipio y que viven en arriendo, ahora afrontan presiones de desalojo producto del apetito de sus arrendadores que ven en la demanda de habitación de los migrantes una oportunidad para ganar unos pesos de más. Insolidaridad, individualismo y ausencia de ética, todo junto como evidencia de la cultura del capital profundamente enraizada en la mentalidad de muchos de sus pobladores.

 

 


El camino sigue

Al llegar a la frontera entre Colombia y Panamá, los migrantes prosiguen con su odisea al intentar cruzar el Tapón del Darién. Un inmenso esfuerzo, sumado a los muchos que han tenido que realizar al pasar por nuestro país, esfuerzos que también han debido afrontar en la vida diaria en sus países de origen donde el desempleo, la precariedad diaria, la falta de vivienda y la negociación de sus derechos fundamentales terminó por animarlos a partir en procura de mejor futuro.

Ahora están ante un viaje que tal vez no tenga regreso, o si alguna vez lo tiene, piensan unos y otras, sea con el suficiente ahorro para no revivir en su tierra natal los padecimientos que los motivaron a semejante odisea.

Al final, como cantara Facundo Cabral, una realidad va marcando sus mentes, , la de los empobrecidos y negados del mundo: “no soy de aquí, ni soy de allá, no tengo edad, ni porvenir y ser feliz es mi color de identidad”.

 

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Publicado enEdición Nº284
Viernes, 24 Septiembre 2021 15:37

Necoclí paso obligado. Migración sin tregua

Necoclí, 2021, vía twitter.

El municipio de Necoclí, ubicado en la subregión del Urabá antioqueño, ha sido noticia en los últimos meses por cuenta del gran flujo de migrantes procedentes de países como Haití, Cuba y algunas naciones africanas y asiáticas, un fenómeno que no es nuevo en la región o en nuestro país. El trasfondo: diferentes situaciones económicas, políticas y sociales que afrontan los migrantes en sus lugares de origen.

El recorrido que realizan para llegar a Necoclí es costoso y dispendioso, muchos de ellos ya han transitado por países como Ecuador o Brasil, que no se les piden visa para poder ingresar. Para unos su destino final son los países del cono sur –Chile o Argentina–, para otros su vista la tienen proyectada al norte, Estados Unidos o Canadá; en ambos casos les espera un largo viaje en el que pondrán sus vidas en riesgo.


Por ahora arriban a un punto intermedio para seguir hacia Panamá y desde allí dirigirse bien al sur o al norte. Necoclí es, por tanto, un paso obligado en su migración. En esta travesía, la única manera de poder cruzar a Panamá es por medio de lanchas, para transportarse hacía Capurganá o Acandí, y desde allí hacia Panamá. Un recorrido por agua en tanto esta zona se encuentra rodeada por dos grandes reservas naturales: el Parque Nacional Natural Paramillo y el Parque Nacional el Darién, lo cual ha implicado que no se cuente con vía terrestre entre ambos países.

Emigrar en medio de una pandemia

En el municipio de Necoclí se ha incrementado la migración desde el año pasado, en medio de la declaratoria de cuarentena en todo el país producto de la emergencia sanitaria por covid-19, medida que provocó que muchas personas quedaran represadas por varios meses en carpas cerca al muelle de Necoclí. Aunque desde hace algunos años el municipio se acostumbró a este ir y venir de migrantes, nunca estuvo preparado para albergar 10.000 o más migrantes, quienes lo llenan todo: hoteles, casas, apartamentos y locales, además de requerir alimentos, atención médica y el mismo transporte, infraestructura inexistente para cada una de estas necesidades.

En el caso particular del hospedaje, muchos migrantes acuden a casas o locales que les alquilan con colchones tendidos en el piso; diez o quince personas se ubican en estos pequeños e incómodos lugares, está claro que en estos espacios se encuentran hacinados. La obligación los somete a estas condiciones, en las que la preocupación por los posibles impactos de la pandemia quedan en segundo plano.

La tragedia de unos es la bonanza de otros


Van en búsqueda de mejor vida, propósito que les llena de energía y por el cual invierten sus ahorros y en no pocas ocasiones el de toda su familia. Esfuerzo descomunal en el cual enfrentan un sinnúmero de dificultades que deben superar, entre ellas enfermedades de todo tipo, la xenofobia de las personas residentes en los países que transitan, el sobrecosto de hospedajes y alzas en el transporte, las malas condiciones en el saneamiento básico de algunos lugares y el control que tienen algunos grupos armados en diferentes zonas de nuestro país.

Al ser uno de los pasos obligados para este largo viaje, las dinámicas en Necoclí se han transformado a tal punto de develar diversos comportamientos adoptados por sus pobladores: para algunos, esto se ha convertido en una bendición, pues han encontrado en este fenómeno una oportunidad de ingresos, nuevos o acrecentados; un claro ejemplo es el aprovechamiento del cambio de moneda el cual ha sido un negocio redondo para algunos necoclisenses, demostrando que económicamente el municipio se está beneficiando por la llegada de una masa tal de migrantes.

 

 

Por otro lado, algunos habitantes utilizan esta bonanza para aprovecharse de las personas que desconocen la región, realidad también favorecida por las barreras idiomáticas existentes, producto del encuentro de poblaciones con culturas dispares. La escasez de efectivo propicia que a los no residentes les cobren la alimentación en dólares; de igual manera, las empresas de transporte aprovechan para la reventa de tiquetes, y el hospedaje escala sus tarifas. A este problema se le suma el sobrecosto de algunos alimentos de la canasta familiar debido a la alta demanda.


Escasez de transporte, de agua, desalojos…


Esta ola migratoria no da tregua. Hace días distintos medios de comunicación nacionales e internacionales mostraban el gran represamiento de migrantes, producto de la existencia de una sola empresa de transporte, pero también al creciente flujo de personas que llegan no solo desde otros países sino también desde el interior del país, a lo que se suman las malas condiciones climáticas y el reducido número de lanchas que salen a diario para los municipios chocoanos.

En los últimos días se realizó una reunión con autoridades locales y regionales, en la que se acordó hacer uso de algunas empresas de transporte del municipio de Turbo para poder reducir el número de migrantes en Necoclí y al mismo tiempo poder frenar el paso de transportes ilegales que no poseen ningún tipo de seguridad vital para los migrantes. Pese a esto los migrantes siguen llegando, y con ellos se recrudecen los problemas con los servicios públicos, en particular con el agua, y el costo de vida sigue por las nubes.

 

 

La sobrepoblación ha propiciado la intensificación de algunos problemas de fondo preexistentes en Necoclí: los pobladores responsabilizan de la escasez de agua al alto flujo de migrantes, incluso hay algunos barrios del municipio que no disponen de su suministro desde hace más de 15 días, sin embargo, esta es una realidad presente cada vez que hay un alto flujo de personas en el pueblo.

A su vez, muchos residentes históricos del municipio y que viven en arriendo, ahora afrontan presiones de desalojo producto del apetito de sus arrendadores que ven en la demanda de habitación de los migrantes una oportunidad para ganar unos pesos de más. Insolidaridad, individualismo y ausencia de ética, todo junto como evidencia de la cultura del capital profundamente enraizada en la mentalidad de muchos de sus pobladores.

 

 


El camino sigue

Al llegar a la frontera entre Colombia y Panamá, los migrantes prosiguen con su odisea al intentar cruzar el Tapón del Darién. Un inmenso esfuerzo, sumado a los muchos que han tenido que realizar al pasar por nuestro país, esfuerzos que también han debido afrontar en la vida diaria en sus países de origen donde el desempleo, la precariedad diaria, la falta de vivienda y la negociación de sus derechos fundamentales terminó por animarlos a partir en procura de mejor futuro.

Ahora están ante un viaje que tal vez no tenga regreso, o si alguna vez lo tiene, piensan unos y otras, sea con el suficiente ahorro para no revivir en su tierra natal los padecimientos que los motivaron a semejante odisea.

Al final, como cantara Facundo Cabral, una realidad va marcando sus mentes, , la de los empobrecidos y negados del mundo: “no soy de aquí, ni soy de allá, no tengo edad, ni porvenir y ser feliz es mi color de identidad”.

 

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Durante la presentación del proyecto de la Cepal en la cancillería, Alicia Bárcena (cuarta de izquierda a derecha) estuvo acompañada por funcionarios de los gobiernos de El Salvador, Guatemala, Honduras y México. Foto Yazmín Ortega Cortés

Con el objetivo de que para los pueblos centroamericanos del llamado Triángulo Norte y los estados del sur-sureste mexicano "la migración sea una opción y no una necesidad impuesta por las carencias", la secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), Alicia Bárcena, presentó ayer en la cancillería el Plan de Desarrollo Integral, un conjunto de estrategias, políticas públicas y proyectos que contemplan el agravado desplazamiento de multitudes del sur hacia el norte no como un fenómeno coyuntural sino como una condición estructural.

En el diseño y para la ejecución de este plan, que fue descrito por Bárcena como "un marco de nuevo estilo", participan las 19 agencias de desarrollo de la Organización de Naciones Unidas y los cuatro gobiernos involucrados: Honduras, El Salvador, Guatemala y México.

Contempla 15 programas temáticos, 14 proyectos listos para ser aplicados y requerirá una inversión de 45 mil millones de pesos en cinco años. Está diseñado para beneficiar a 70 millones de personas en la región.

La idea de crear opciones para arraigar en sus tierras a las poblaciones que hoy migran empujadas por la necesidad, en lugar de muros para frenarlas, fue planteada por primera vez en un plan suscrito por los mandatarios de Honduras, Guatemala y El Salvador que asistieron a la toma de posesión del presidente Andrés Manuel López Obrador el primero de diciembre de 2018.

Los problemas estructurales de pobreza y desigualdad, de destrucción ambiental y vulnerabilidad frente a los desastres que existían entonces, que producían migraciones forzadas e inseguras, se han agravado sustancialmente en el contexto de la pandemia, reconoció la diplomática.

En el documento presentado por la Cepal se estima que las economías de los cuatros países tendrán un crecimiento negativo y un gran aumento de la pobreza en toda esta subregión. Además de los centroamericanos, se incluye a Veracruz, Puebla, Guerrero, Oaxaca, Tabasco, Chiapas, Campeche, Yucatán y Quintana Roo.

Ante esta realidad, la movilidad humana tiene "las más alta prioridad" en las agendas.

A pesar de la importancia del proyecto y de la presencia del cuerpo diplomático que asistió a su presentación, los países involucrados no enviaron representantes de alto nivel. Sólo por el gobierno de El Salvador asistió su vicepresidente Félix Ulloa. En representación del presidente hondureño, Juan Orlando Hernández, asistió su esposa Ana García. Y el ministro de Relaciones Exteriores de Guatemala, Pedro Brolo.

Según el documento del PDI, este plan se basa en cuatro pilares: el desarrollo económico, el bienestar social, la sustentabilidad, la atención al cambio climático y la reducción de riesgos de desastre y la gestión integral del ciclo migratorio.

Cada gobierno eligió su conjunto de prioridades. En el caso de los ocho estados mexicanos, los proyectos que se atenderán son: el corredor multimodal del Istmo de Tehuantepec, Sembrando Vida y Jóvenes Construyendo el Futuro.

Todo lo que se haga quedará reflejado en un geoportal del PDI que permitirá ubicar en esta geografía mesoamericana cada uno de los proyectos, qué instituciones participan en ellos y cuáles son sus niveles de avance.

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Sábado, 18 Septiembre 2021 06:15

Ayuda en ruinas

Ayuda en ruinas

Cuando hace 11 años el terremoto pulverizó a Haití, junto con miles de casas –y más de 200 mil víctimas– cayó, como un castillo de naipes, todo el Estado haitiano. Literalmente. Todas las sedes de los ministerios –junto con el emblemático Palacio Presidencial– quedaron en ruinas, salvo una. Más allá de lo anecdótico, la verdad es que el mundo nunca estuvo interesado en que en Haití existiera un organismo estatal fuerte. Sólo un servil “centro colonial”.

Por eso desde hace décadas –ya cuando finalmente se aceptó la sola existencia de este país– se privilegiaba “la ayuda internacional” canalizada por fuera del Estado mediante el incontable número de organismos internacionales y oenegés. Así, éstas, al ir suplantando las funciones que correspondían al Estado, lo minaban aún más. Y cuando se le daba el dinero a los gobiernos “útiles” –para el “desarrollo”, para la “infraestructura”, etcétera– como el de Jean-Claude Baby Doc Duvalier (1971-1986) o los de los “neo-duvalieristas”, como Michel Sweet Micky Martelly (2011-2016) y el recientemente asesinado Jovenel The Banana Man Moïse (bit.ly/3CgTgEo), el mundo cerraba los ojos cuando éstos se forraban los bolsillos (bit.ly/3zdK7uj).

Cuando hablé hace unos años de esto con Alex Dupuy, el sociólogo haitiano, autor de un estudio denominado Haiti and the world economy, the fault of the Haitian underdevelopment, éste apuntaba a razones estructurales del subdesarrollo: “no es que ‘el mundo le haya dado la espalda al país’; todo lo contrario: la pobreza haitiana es consecuencia directa de los intereses de los imperios –Francia, Estados Unidos– y de los perversos vínculos con los mercados internacionales: desde la colonia hasta la desregulación neoliberal”. Durante esta última, iniciada por Baby Doc, se alentó p.ej. migración masiva del campo a las ciudades para proporcionarles a las maquiladoras mano de obra barata, la misma “solución” que fue ofrecida después del terremoto de 2010 (bit.ly/2XkaIsw).

Se forzó la privatización de casi todas las áreas de economía y esfera social, junto con la abolición de aranceles, algo que ató a Haití completamente a la importación de granos desde Estados Unidos. Cuando hacía falta –cuando al poder llegaba una fuerza que en ojos de los haitianos representaba el cambio, como Jean-Bertrande Aristide con su Fanmi Lavalas (1991 y 2004)–, el mundo literalmente sacudía al Estado haitiano. Venían los coups d’etat.

De hecho, la “oenegenización” de Haití fue diseñada antes como estrategia de asfixia y bullying, “para no darle chance a Aristide” (bit.ly/3nxOiiD). “Si sólo en décima parte el mundo estuviera tan eficiente en (re)construcción del Estado en Haití, como lo ha sido en su destrucción...”, decía Dupuy.

La prometida, tras 2010, por la “comunidad internacional” reconstrucción –ideada por Paul Collier, el “especialista en combate a la pobreza” e implementada por... Bill Clinton– que privilegió el modelo de la exportación por encima p.ej. de la reactivación del campo para garantizar la seguridad alimenticia, era en sí misma, una catástrofe.

Los esquemas de “ayuda” diseñadas desde una lógica neolocolonial marginalizaron a los haitianos. De cada 100 dólares que donó el gobierno estadunidense, 98.40 regresaron a Estados Unidos en forma de contratos o sueldos. “Tras el terremoto, Haití se convirtió en una ‘Republica de las oenegés’, dónde el inexistente Estado no tenía ninguna capacidad para responder a las necesidades de sus ciudadanos”, decía Dupuy. El argumento de la “corrupción” –para no financiar al gobierno–, tras el caso de Duvalier (cuando p.ej. el Fondo Monetario Internacional sabía que sus fondos acababan directamente en bolsillos de los tonton macoutes), –y luego Martelly o Moïse–, sonaba aún más hueco ante el escándalo que involucró a los empleados de Oxfam en una red de prostitución (bit.ly/2XkI62a).

Así que cuando el mes pasado, cuando todavía no bajó el polvo después del asesinato del presidente, otro terremoto golpeó al país –esta vez con “apenas”algo más de 2 mil víctimas (bit.ly/3kcZLlF)– nuevamente han sido expuestos todos los puntos ciegos del modelo dominante de “ayuda” (bit.ly/3960Ntn).

“Haití necesita ayuda, pero no de los oenegeros que no bajan de sus camionetas blancas” era una de las críticas más suaves (bit.ly/3CjdcGX).

A pesar de que ahora –como las veces pasadas– los haitianos han sido siempre los primeros en organizar y brindarla (bit.ly/3k9PkPM), el mundo, por más increíble que parezca, seguía ignorando la necesidad de articularse con organizaciones locales –viendo al país como un “desierto social”, cuando en realidad cuenta con riquísima experiencia de autorganización desde abajo– y mostrándose incapaz de abandonar el modelo de asistencia que prioriza las ganancias de los que la ofrecen.

La única vía –como bien apuntaban en este contexto unos activistas– es: i) parar “la pornografía del desastre”; ii) invertir en la capacidad de los haitianos; iii) apoyar las prioridades identificadas localmente; iv) enfocar los proyectos en los contrapartes locales y la relación con ellos; v) coordinar o notificar sus pasos a los oficiales locales y al ministerio correspondiente (bit.ly/3hvMz9J). El hecho de que su sede –como el propio Palacio Presidencial, el mejor ejemplo del fracaso de las promesas de hace 11 años– pueda continuar aún en ruinas, no es ninguna excusa para no hacerlo.

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¿Cuál es el verdadero significado de la política de “prosperidad común” en la China de Xi Jinping?

Xi Jinping, jefe de la burocracia de Pekín, ha encendido la señal de alarma llamando la atención de los factores de poder en China, y en el mundo. La prensa extranjera se apresuró a colorear sus últimas declaraciones en nombre de la estabilidad social y política: pidiendo la regulación de los altos salarios y patrocinando la noción de “prosperidad común” nacional. Los medios de comunicación estatales chinos informaron de que la Comisión Central de Asuntos Económicos y Financieros, presidida por Xi en el seno del Partido Comunista Chino, consagró en agosto la necesidad de “regular los ingresos excesivamente elevados y animar a los grupos y empresas de altos ingresos a devolver más a la sociedad”. En una de las sociedades más desiguales del planeta, cortesía del PCCh que ha capitaneado la restauración capitalista durante las últimas cuatro décadas y ha preservado su poder político en el Estado como administrador del “capitalismo con características chinas”, los temores aumentan. La orden es reducir gradualmente el abismo de beneficios materiales y económicos que separa a la burocracia dirigente de los cientos de millones de obreros, estudiantes y campesinos privados de los beneficios de su trabajo.

La Comisión de Asuntos Económicos y Financieros del PCCh aclaró que, si bien el Partido había difundido entre los chinos la orden de “enriquecerse primero” en las primeras décadas del periodo de reforma y apertura de la era Deng Xiaoping, ahora daba prioridad a la “prosperidad común para todos”. “Hay un cambio en la forma en que el Partido Comunista Chino ve su legitimidad”, dijo Yu Jie, un investigador de Chatham House, un think-tank con sede en Londres. “Si el PCCh defiende el actual statu quo que es descaradamente injusto en su distribución de la riqueza y las oportunidades, la confianza de la gente de a pie se derrumbará”.

Xi, a punto de iniciar un tercer mandato en 2022, está preocupado por la creciente desigualdad en China, que se disparó con la crisis mundial de 2008 y ha aumentado con la pandemia. El curso de esa tendencia podría desestabilizar el país, en un momento en que Xi ha hecho propaganda de que ha completado una campaña para eliminar la pobreza absoluta. El impulso a la prosperidad compartida abarca, según el discurso oficial, políticas que van desde el freno a la evasión fiscal y la limitación de las horas que pueden trabajar los empleados del sector tecnológico hasta la prohibición de las clases particulares con fines lucrativos en materias escolares básicas y la limitación estricta del tiempo que los menores pueden dedicar a los videojuegos.

Estas medidas siguen la campaña llevada a cabo por el gobierno para disciplinar a algunas grandes empresas tecnológicas para que colaboren con el PCCh, como Alibaba de Jack Ma y Meituan de Wang Xing, y regular estrictamente la recolección de datos personales sensibles para la seguridad del Estado, como en el caso de Didi Chuxing y Caocao, empresas de viajes equivalentes a Uber. Empresas digitales como Tencent (propiedad de Ma Huateng, que al igual que Jack Ma es miembro del PCCh) y Pinduoduo también han sido puestas en el radar de la disciplina estatal. Los reguladores multaron a Alibaba con 2.800 millones de dólares como resultado de una investigación antimonopolio (después de haber prohibido la oferta pública inicial de Ant Group, su brazo financiero, en EE. UU.), y abrieron una investigación de ciberseguridad contra Didi, días después de su oferta pública inicial de 4.400 millones de dólares en la Bolsa de Nueva York en EE. UU., que hizo que sus acciones se desplomaran. También siguen las represalias de algunos funcionarios de la ciudad de Hangzhou, en la provincia de Zhejiang, que tuvieron relaciones promiscuas con Jack Ma, en particular el secretario del partido local, Zhou Jiangyong.

Sobre la base de estos hechos, las especulaciones de supuestos “expertos” en la situación china han versado sobre lo que parece ser la voluntad del PCCh de “expropiar a la burguesía china”; otros, menos audaces pero igualmente incautos, utilizan unilateralmente el aspecto del "control" para exagerar los efectos de la regulación de los altos salarios empresariales. Sin embargo, la cuestión es bastante más compleja. China ha alcanzado en 2020 el rango de país con mayor número de multimillonarios del mundo: con 1.058 magnates del gran capital, supera incluso a Estados Unidos (que tiene 696). Los habitantes de la quinta parte de los hogares chinos disfrutan de una renta disponible más de diez veces superior a la de la quinta parte inferior, según las cifras oficiales. La renta disponible en las ciudades es dos veces y media mayor que en el campo. Y el 1 % más rico posee el 30,6 % de la riqueza de los hogares, según el banco Credit Suisse (frente al 31,4 % en Estados Unidos). Se trata de una de las sociedades más desiguales del mundo, sobre la que el propio Primer Ministro, Li Keqiang, admitió que en China todavía hay 600 millones de pobres que viven con apenas 1.000 renminbi al mes (154 dólares). La marca básica del riesgo a atacar está ahí, en el marco de las consecuencias de la crisis global. La retórica “social” que acompaña a los discursos oficiales pretende desactivar esta bomba de relojería en el gigante asiático.

Al mismo tiempo, el primer ministro aclaró que el plan de “prosperidad común” no significa un ataque a los capitalistas. Han Wenxiu, funcionario de la Comisión presidida por Xi, subrayó que el gobierno no quiere nada parecido a una persecución de los ricos en favor de los pobres, y que China debe protegerse del “riesgo de caer en el estado del bienestar” . El mismo Li Keqiang, jefe del Consejo de Estado, emitió una declaración oficial del gobierno chino en la que afirmaba que “seguiremos promoviendo un entorno empresarial orientado al mercado, en línea con los estándares mundiales, y el gobierno debe levantar todas las restricciones innecesarias a las entidades privadas para facilitar la competencia leal”, como “apoyar el empleo flexible a través de múltiples canales y el desarrollo de nuevas formas de empleo, exigiendo la eliminación de restricciones injustificadas”. La profundización de la precariedad y la flexibilidad laboral en China, lo que explica la restricción parcial, en el sector tecnológico, del régimen laboral servil 996 (trabajo de 9 a 21 horas, seis días a la semana –de hecho, el componente de represalia a Jack Ma, que había dicho que el modelo era una “bendición”, supera cualquier supuesta piedad laboral–. Estas declaraciones oficiales del gobierno chino desacreditan las precipitadas declaraciones de algunos “intelectuales”.   

La idea de “prosperidad común” no es nueva en China. Se remonta a milenios atrás, y fue apropiado por los líderes del PCCh tras la fundación de la República Popular en 1949 (fue utilizado por Mao Zedong en los años 50, y por Deng en los 80). En efecto, Xi citó una conocida frase de las Analectas de Confucio, que dice algo así como que a un líder sabio no le preocupa la pobreza, sino la desigualdad; no que su pueblo sea demasiado pequeño, sino que esté demasiado dividido. De hecho, la respuesta a la esencia de la razón que motiva este movimiento político en Pekín puede encontrarse mejor en Confucio que en los portavoces de la burocracia china: “donde hay satisfacción, no habrá revueltas”, decía el sabio. Sin necesidad de mucha sabiduría, miles de magnates en Estados Unidos anticiparon en 2019 el sentimiento que ahora inquieta a Xi. El multimillonario Alan Schwartz, de la firma de inversiones estadounidense Guggenheim, decía entonces, empapado de las luchas internacionales en América Latina y Oriente Medio, durante una reunión del Milken Institute que “Si miramos a la derecha y a la izquierda del espectro político, lo que estamos viendo es la llegada de la lucha de clases [...] A lo largo de los siglos, cuando las masas identifican que la élite tiene demasiada riqueza, sólo ha habido dos alternativas: una legislación para redistribuir la riqueza... o una revolución para redistribuir la pobreza”.

Como veremos, el plan de la burocracia china no se explica por una supuesta “voluntad socializadora” de Xi Jinping, sino por la necesidad de robustecer el mercado interno y la capacidad de consumo de la nueva clase media china, buscando generar un sector relativamente mejor remunerado de la clase trabajadora. Estratégicamente, se trata de preservar la fuerza del capitalismo ascendente chino y estabilizar los choques sociales en el marco de la disputa tecnológico-industrial con Estados Unidos en los marcos de la crisis global.

¿Por qué ahora?

El anuncio de las medidas coincidió con unos resultados económicos preocupantes en China, que vuelve a estar acechada por el regreso de la pandemia. En junio, uno de los indicadores más importantes de la actividad manufacturera de China registró una contracción por primera vez desde las primeras etapas de la pandemia. El índice de gestores de compras de la industria manufacturera Caixin, una encuesta independiente sobre la actividad manufacturera en China, alcanzó los 49,2 puntos en agosto, cayendo por debajo de la marca de 50 puntos que separa la medición mensual de la expansión y la contracción de la industria manufacturera por primera vez desde abril de 2020. Además, El producto interior bruto de China se expandió un 7,9 % en el trimestre abril-junio desde 2020, desbaratando las expectativas de un aumento del 8,1 %.

Pero las peores noticias provienen del consumo interno. El gasto de los consumidores en China se ha retrasado en gran medida con respecto a la recuperación económica general del país tras la pandemia, y esa lentitud se debe al menor crecimiento de los ingresos de los hogares. “Los datos sobre el estancamiento del consumo interno en China han dejado claro que es urgente aumentar los ingresos de la población y centrarse más en la equidad de la distribución”, dijo Wang Jun en el Centro de Intercambios Económicos Internacionales de China, en Pekín.

Los organismos gubernamentales informaron en junio que las ventas minoristas de China volvieron a incumplir las expectativas. Las ventas al por menor aumentaron un 12,4 % en mayo con respecto a hace un año, menos que el aumento del 13,6 % previsto. Estos son vientos en contra para Pekín, ya que el gobierno chino espera promover su política de “doble circulación”, que pone mayor énfasis en el consumo como motor económico clave. Chang señaló que los salarios de los trabajadores inmigrantes tampoco se han recuperado, mostrando un crecimiento de sólo el 2,5 % en comparación con el 6,5 % anterior a la pandemia.

Estos indices fueron uno de los signos más claros de la pérdida de impulso de la economía china, que ahora se enfrenta a una menor demanda de exportaciones, a los altos precios de las materias primas y a la ralentización del sector inmobiliario. En este contexto se inscribe el plan de "prosperidad compartida" de Xi.

Li Keqiang, en el comunicado oficial del Consejo de Estado en 2020, había descifrado algunas coordenadas de la preocupación gubernamental, vinculadas a la importancia del consumo y de las pequeñas y medianas empresas en China: “Debemos ser creativos en el diseño y ejecución de nuestras políticas. Como he dicho antes, nuestras políticas, que son de gran envergadura, están diseñadas para proporcionar un alivio vital a las empresas y revitalizar el mercado, con especial atención a la estabilización del empleo y la garantía de los medios de vida de las personas. No se centran en grandes proyectos de infraestructuras. Esto se debe a que se han producido importantes cambios en la estructura económica de China, donde el consumo es ahora el principal motor del crecimiento, y las micro, pequeñas y medianas empresas proporcionan ahora más del 90 % de todos los puestos de trabajo en China. [...] Uno de los principales retos a los que nos enfrentamos en la lucha contra el COVID-19 es que los esfuerzos de contención han tenido un efecto moderador sobre el consumo. Por tanto, las medidas en este sentido también forman parte de nuestra reforma orientada al mercado”. También confesó que el problema del desempleo es real para millones de trabajadores urbanos, y que el gobierno “lanzará programas para estimular al sector privado a colaborar en el fortalecimiento del consumo”, estipulando que unas 100 millones de personas están empleadas en nuevas formas de negocio e industria, y unos 200 millones trabajan en la economía de plataforma. Aquí está la clave de la cuestión. El plan de regulación de los altos salarios y de redistribución de la riqueza, con todas las exageraciones terminológicas propias de la burocracia, pretende aumentar la capacidad de consumo de la población, reducir el desempleo (mediante la flexibilización laboral también), aumentando parcialmente los salarios de ciertas categorías (rama tecnológica). Esto se haría con la contribución financiera de los grandes monopolios, sin perjuicio de su propiedad y capacidad de explotación del trabajo, debilitando a través de mecanismos estatales ciertas prácticas monopólicas que estrangulan el surgimiento de nuevas, pequeñas y medianas empresas, que juegan un papel crucial en la ocupación de la fuerza de trabajo y la búsqueda de la innovación.

Observando las exigencias que se plantean a los grandes conglomerados económicos, generan poca preocupación desde el punto de vista de la preservación de su propiedad. Como escribe Kevin Yao, los dirigentes chinos se han comprometido a utilizar los impuestos y la financiación “colaborativa” (de hecho, condicionada) en forma de donaciones; y cualquier observador agudo sabe que la caridad capitalista nunca ha sido un tema de pesadilla para la clase dominante. Tanto es así que la respuesta de los magnates prudentes ha sido alinearse detrás de la agenda de Pekín. Wang Xing, de Meituan, ha donado 2.300 millones de dólares a un fondo filantrópico que apoya la educación y la ciencia. Tencent anunció un fondo de 7.700 millones de dólares dedicado a la “prosperidad común”, que definió como el aumento de los ingresos familiares de los grupos de bajos ingresos, la ampliación de la cobertura sanitaria, el desarrollo económico rural y la educación de los estudiantes desfavorecidos. "Como empresa tecnológica china bendecida por la reforma y la apertura de China, Tencent siempre ha pensado en cómo ayudar al desarrollo social con sus propias tecnologías y su poder digital." Alibaba se ha comprometido a donar 15.500 millones de dólares a lo largo de cinco años, y Pinduoduo se ha comprometido a donar 1.500 millones de dólares a los agricultores a partir de sus ganancias futuras en el segundo trimestre.

Para tener una dimensión de lo que se trata, el compromiso de Alibaba equivale a sólo el 15 % del beneficio neto que la empresa obtendrá en 2025, basándose en los beneficios de 2020. Los multimillonarios en su conjunto, si son más disciplinados, no pueden quejarse de una intrusión agresiva en sus intereses privados. La propuesta de imposición se trata como una leyenda en los círculos gubernamentales chinos; en 2015 se aplicó un plan piloto en Shanghái y Chongqing, sin ningún resultado plausible. Así, la fiscalidad de las grandes fortunas se trata en China como en Occidente. El aumento salarial para determinadas categorías debería elevar el nivel medio de ingresos, según los planes oficiales, de la provincia oriental de Zhejiang, que no es una de las más pobres, pero que ahora sólo ocupa el sexto lugar entre las provincias con mayor PIB per cápita, según el censo de 2020. La ruptura con el modelo de trabajo 996, una demanda de sectores cada vez más amplios de jóvenes trabajadores, que suscitaba peligrosos conflictos sociales, se presentaba como un objetivo para la rama tecnológica, y no se generalizaría frente a los agotadores ritmos de trabajo del proletariado del campo que opera en las plantas de montaje.

Como dijo Li Keqiang, este proyecto está dentro de las reformas orientadas al mercado, no en contra. “Se seguirá mejorando el entorno de las empresas, se promoverá la reforma administrativa y se construirá un entorno empresarial orientado al mercado y basado en la ley. Se fomentará la creación de empresas por parte de distintos grupos y se mejorarán los sistemas y plataformas de servicios empresariales”, según el comunicado del Consejo de Estado de agosto de 2021 tras la reunión de la Comisión presidida por Xi.   

El periódico oficialista Global Times, que responde a las estrictas directrices de Pekín, aseguró al capital extranjero que las medidas no supondrán ningún perjuicio para sus negocios. “Para las empresas extranjeras, independientemente de su origen y tamaño, deben respetar y cumplir las leyes y reglamentos de China y alinear activamente sus negocios con el desarrollo social y económico general de China si quieren operar y tener éxito en el mercado chino. Sin embargo, esto no quiere decir que las empresas extranjeras vayan a ser un objetivo. Las medidas reguladoras se dirigen a las prácticas comerciales ilegales, no a ninguna empresa en particular, ya sea extranjera o nacional. Esta actitud debe ser acogida con satisfacción por las empresas, ya que así se promoverá un entorno de mercado mejor y más justo. Y lo que es más importante, para las empresas extranjeras que operan en China o que buscan oportunidades de negocio en el país, deben estar tranquilas porque, a pesar de los recientes cambios importantes y de las medidas reguladoras, las políticas de reforma y apertura de China, de larga data, no cambiarán”.

Aquí podemos resumir lo que es realmente el difuso plan del gobierno chino aclarando lo que no es en primer lugar. Como explica el periódico británico The Economist: “El PCCh ha aclarado lo que no implica la "prosperidad común”: no significa que todos acaben disfrutando de la misma prosperidad. Hay que animar a los empresarios que crean su propia riqueza, “trabajan duro con integridad y tienen el valor de crear sus propias empresas”. El giro igualitario tampoco será brusco. Debe llevarse a cabo “paso a paso” de forma “gradual”, reiteró la Comisión este mes”. Se trata de ajustes dentro de las reformas capitalistas en la economía china, no a costa de ella.

Qué fundamentos generales tiene la política de “prosperidad común”

Como hemos dicho, el plan sin contornos claros de "prosperidad común" está lejos de apuntar a pérdidas estratégicas para el capitalismo chino. Podemos resumir la estrategia del Partido Comunista Chino en cuatro puntos: 1) Disminuir la pronunciada desigualdad social en China para evitar explosiones sociales que socaven la estabilidad política en un momento delicado de conflicto entre Pekín y Washington; 2) ampliar la capacidad de consumo de la nueva clase media y el potencial mercado interno chino; 3) dividir las filas de los trabajadores registrando ciertos derechos salariales y laborales para un sector en detrimento de los demás; 4) disciplinar a ciertos grandes monopolios a los designios políticos del PCCh, para que no ahoguen la aparición de nuevos capitales en el campo de la innovación tecnológica (las start-ups), con el fin de desbloquear el desarrollo de las pequeñas y medianas empresas, responsables de la inmensa mayoría de los empleos en China, y hacerlos convivir con los mismos multimillonarios que conservarán su riqueza, sin las mismas facilidades monopolísticas anteriores (es decir, de determinar la rentabilidad de las pequeñas empresas en función de su fidelidad a sus plataformas, en el caso de Alibaba y Tencent).

Lo más importante para el gobierno es desarrollar su mercado interior, la verdadera columna vertebral de la economía china. Xi Jinping necesita consumidores capaces de enfrentarse a la caída de la economía mundial y a la fragilidad del comercio internacional, que impide a China mantener su ritmo de crecimiento centrado en el “esquema exportador”. Un esquema que, recordemos, mantenía una relación simbiótica con Estados Unidos que se ha visto especialmente reforzada desde que China entró en la OMC en 2001. Esta contradicción es la que impulsa a China hacia un complejo y tortuoso giro hacia el mercado interior, hacia una complicada y contradictoria política de liberalización del renminbi (la moneda china), así como hacia la necesidad de acelerar el cambio en el contenido de su producción y de competir más agresivamente por los espacios mundiales de acumulación de capital –o de exportación de capital– y las áreas de influencia. Entre ellas, la creación del Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras y la Nueva Ruta de la Seda.

Esta situación implica el inicio de la crisis de complementariedad chino-estadounidense, por la que se exporta de China a Estados Unidos una producción masiva con un valor añadido relativamente bajo, lo que refuerza la balanza comercial china, mientras que China contribuye a sostener los crecientes déficits de Estados Unidos. La crisis económica de 2008 rompió esta simbiosis relativamente armoniosa, sin poner fin a la dependencia mutua de las economías, que sostienen el destino de la otra en un escenario mucho más complejo de choques y fisuras geopolíticas (como vemos en Afganistán, donde a la humillante derrota de Estados Unidos le sigue la alianza de China con los reaccionarios fundamentalistas talibanes para incluir el país en la Nueva Ruta de la Seda y la extracción de minerales preciosos para Pekín). China, que en décadas anteriores se había presentado como un motor clave del crecimiento de la inversión, empezó a perder ese papel a partir de 2013-14. Deja de poner a disposición del capital internacional amplias fuentes de plusvalía absoluta –garantizando una alta tasa de rentabilidad interna y externa– y se convierte gradualmente en un competidor por el espacio de inversión mundial y el liderazgo en tecnología de punta con una producción cada vez más competitiva con la de Estados Unidos.

El gigante asiático siente la necesidad de basar su crecimiento cada vez más en el mercado interno, con la producción de bienes de alto valor añadido, mediante la aparición de un poderoso sector de clase media, de cientos de millones de personas, capaz de mover la economía y mantenerla relativamente a salvo de los choques de la demanda externa, que hacen a China excesivamente vulnerable. Como dijo Trotsky en vísperas de la Segunda Guerra Mundial, el volumen de producción de la economía capitalista tiene numerosos componentes, y está vinculado no sólo al desarrollo relativo de las fuerzas productivas, sino que también está limitado por el poder adquisitivo de la población. Siendo la segunda economía del mundo, en términos de PBI per cápita China está muy por detrás de las potencias centrales (lo cual es comprensible por el exorbitante tamaño de la población, pero también por la continua pobreza relativa de los estratos mayoritarios). Es este problema el que busca ser atacado por la burocracia, no en nombre de la clase obrera, sino en nombre de la revigorización del capitalismo nativo.

Según The Economist, en China hay unos 400 millones de personas que pertenecen a la clase media (o estrato de renta media, como la denominaba el anterior gobierno de Hu Jintao) y que viven con unos ingresos de entre 100.000 y 500.000 yuanes (aproximadamente entre 15.000 y 77.000 dólares) para una familia de tres miembros o su equivalente. Eso ya constituye una cifra notable. El gobierno central ha anunciado que quiere duplicar esa cifra hasta los 800 millones de personas en aproximadamente una década, según el Centro de Investigación del Desarrollo, un grupo de expertos adscrito al Consejo de Estado de China. El camino está plagado de dificultades internas, que tienen que ver con la compleja transformación del modelo de crecimiento económico de China, durante muchas décadas vinculado a los bajos salarios y a una mano de obra intensiva con inversión estatal. Por no hablar de la lucha de clases, el factor decisivo: el aumento de las aspiraciones de las masas chinas podría convertirse en combustible para la conflagración social de una nueva generación que no tiene mucho apego político o emocional al PCC. Sin embargo, si la hipótesis se cumpliera, en mayor o menor medida, es innegable que tal logro situaría a China en otro nivel de competitividad.

El mismo Global Times reflexiona sobre los beneficios que supone para las grandes multinacionales capitalistas occidentales el aumento del mercado interno chino: “El poder adquisitivo de los consumidores chinos ya ha sido un importante motor para muchas empresas extranjeras, desde los fabricantes de automóviles en Alemania hasta los agricultores en Francia y los productores de soja en Estados Unidos. En 2020, en medio de una pandemia mundial, los consumidores chinos gastaron 39,2 billones de yuanes (6 billones de dólares) en bienes de consumo. China ya está preparada para superar a Estados Unidos como mayor mercado de consumo del mundo. Si el grupo de renta media de China se amplía y los ingresos de todos los residentes aumentan en el marco del plan de prosperidad común, el mercado chino será aún más irresistible para cualquier empresa de tamaño considerable”. El atractivo para el capital extranjero es evidente.

“Prosperidad común”... en el capitalismo, ¿o su superación en la lucha de clases?

La dialéctica del proceso que se opuso, en su forma, a ciertas tendencias de los monopolios chinos en los intereses políticos particulares de la burocracia de Pekín, también desvela su verdadero contenido. En la lucha por salvaguardar la estabilidad política del régimen bonapartista del PCCh, que depende estratégicamente del rápido ascenso capitalista al que también sirve de soporte, la burocracia de Xi Jinping se ha visto obligada a ir en contra de ciertos intereses inmediatos de una parte de la clase dominante. ¿Qué intereses inmediatos? La rentabilidad a corto plazo, que carece de proyección y está separada de la compleja situación económica, no sólo nacional sino internacional, en la que se encuentra China. El encuadramiento, dentro de ciertos límites, del impulso al enriquecimiento de los grandes monopolios, para ciertas ramas, puede llevarse adelante en beneficio de los intereses estratégicos del propio gran capital chino. En efecto, es con la ayuda del sector privado más poderoso que el gobierno chino quiere promover el fortalecimiento del mercado interno y el poder de consumo de las nuevas clases medias, lo que debería servir de base para el creciente poder de estos conglomerados económicos. La proyección internacional de China depende de la estabilidad social interna y, en primer lugar, de la asfixia de la lucha de clases, una amenaza real para la política burocrática del PCCh. Ésta es una primera dimensión del problema. A esto se añade una segunda dimensión, necesariamente interrelacionada: el choque entre la burocracia del PCC y ciertos sectores reticentes del gran capital, en el sector de los gigantes tecnológicos, que podría representar una amenaza para el control estatal de los aspectos más sensibles de la administración capitalista. El “contrato social” entre la burocracia bonapartista de Pekín y el gran capital chino, que se nutre de ella y se beneficia de su riqueza, depende del respeto de la clase dominante al poder político indiscutible del PCCh. Para preservar este contrato –que Xi ve como la colaboración del sector privado con el proyecto de “rejuvenecimiento nacional de China”– el gobierno ha tenido que frenar ciertas extrapolaciones, como las críticas de Jack Ma al "arcaico" sistema financiero estatal en nombre de la primacía de las fintechs (empresas digitales que prestan servicios financieros). Una vez que la simbiosis entre la riqueza y el poder se “armonice” bajo el mando del PCCh, no habría impedimentos para los negocios de siempre de esos mismos magnates que ahora se pliegan a las exigencias de Xi.

El principal efecto de la medida, al fin y al cabo, era el examen minucioso de la lealtad de los grandes monopolios al régimen encabezado por Xi, que les pedía lealtad empresarial a cambio de la garantía de sus enormes beneficios. De hecho, el presidente chino, unos meses antes, había tomado una de las medidas más antiobreras y proempresariales de la historia reciente de China, cuando autorizó al gobierno municipal de Shenzhen a permitir que los capitalistas locales redujeran el pago de las horas extras y ampliaran el plazo de pago de los salarios, que pueden retrasarse durante un tiempo más generoso. El objetivo es reducir los crecientes costes laborales y frenar el éxodo de las empresas a mercados más baratos del sudeste asiático. Una medida que apenas tiene en cuenta la “prosperidad común”, salvo ... de los propios empresarios. Es esencial comprender que en la medida en que los trabajadores traten de combatir la explotación de estos magnates chinos, se encontrarán con el muro del gobierno autoritario de Xi Jinping y la burocrática Federación China de Sindicatos. La lucha de clases es la única forma de enfrentarlos.

Un buen número de los multimillonarios señalados son miembros del Partido Comunista, o tienen una relación indirecta con él. Los "capitalistas rojos" pueblan los niveles dirigentes del Partido, en las distintas regiones y provincias, algunos de los cuales se convirtieron en propietarios en el proceso de restauración capitalista que les permitió hacerse con los bienes públicos, y otros que ascendieron a las filas del partido habiéndose incorporado ya a la empresa privada antes de pertenecer al Partido, que ahora sirve de puente ineludible para influir en el sistema político, como analiza Bruce Dickson en su Wealth Into Power: the Communist Party’s Embrace of China’s Private Sector. Elias Jabbour, uno de los exóticos especímenes que ofician de portavoces oficiosos de la burocracia china, imagina un poder político suspendido en el aire, y olvida que el gobierno que lleva a cabo estas reformas se fundamenta en la propiedad capitalista de los medios de producción (aunque un capitalismo sui generis, distinto del occidental, resultado de la apropiación de las conquistas sociales de la revolución de 1949). Además, agrava el papel de los multimillonarios “en la construcción del socialismo en China”: como “estamos lejos” del socialismo que defendía Marx, con el poder de los trabajadores sobre las fuerzas productivas, la expropiación del capital y la planificación racional de la economía y la vida, más vale ajustarse a un “socialismo” que “se acerca a eso”, y que en realidad es lo contrario de todo lo que el marxismo caracterizó como socialista: un país de multimillonarios, de esclavización salvaje de la clase obrera por parte de capitalistas nativos y extranjeros, y de una burocracia autocrática que ahoga cualquier tipo de libertad de pensamiento y opinión. A nadie se le puede negar el derecho a la ignorancia, y la tradición estalinista siempre ha salido a buscar sumisamente las supuestas “alas progresistas” de la burguesía; si en los años 1920 querían integrar al campesino rico (kulak) en el socialismo, ahora quieren integrar al multimillonario en la fantasía del socialismo que en realidad es el capitalismo salvaje. El nombre de Marx no tiene ninguna relación con la filosofía de los “pragmáticos”. El socialismo no tiene nada que ver con que la “Razón” (un poder suprahistórico por encima de las clases, como en la vieja filosofía de la Ilustración del siglo XVIII) comande un proceso de producción fundado en la propiedad privada. Para el fundador del socialismo científico, su premisa básica es la superación revolucionaria de la propiedad privada por parte de la clase obrera, y no la comunión con ella, por mucho que duela a los oídos pragmáticos del postulado ilustrado del estalinismo...

Un viejo general prusiano solía decir que un salto corto es más fácil de realizar que un gran salto, pero no por ello, cuando se trata de superar un abismo, se empieza saltando por el medio. Los cortesanos del mandarinato chino están en la categoría de esos empíricos que se lanzan a la nada.

Yendo al grano: la política del Partido Comunista Chino debe inscribirse en su marco global, el de una burocracia capitalista de Estado que busca participar en el reparto de los espacios de acumulación mundial, aún sin poder definir los destinos de otros países como Estados Unidos. Frente a los enfrentamientos geopolíticos reaccionarios que se preparan entre Pekín y Washington, lo decisivo serán los enfrentamientos en la lucha de clases. El modelo laboral 996 ya ha provocado el enfado de los trabajadores del sector tecnológico, y de una juventud que se opone ferozmente a la ideología neoliberal de Alibaba y los gigantes del comercio electrónico. Las huelgas y los conflictos laborales tienen lugar en algunas de las provincias más ricas, donde la industria y la construcción son fuertes: de las 1.082 protestas laborales registradas por China Labour Bulletin desde julio de 2020, 120 (11 %) tuvieron lugar en la provincia de Henan, seguida de Guangdong con 95 (8,6 %) y Shandong (7 %).

Las protestas contra los atrasos salariales en Xian y Pucheng, en la provincia de Shaanxi, o en Wuchuan y Guangzhou, en la provincia de Guangdong, se combinan con las protestas de los trabajadores inmigrantes en la provincia de Henan, que ha experimentado un importante cambio demográfico con un enorme salto en la “población flotante” (流动人口), predominantemente trabajadores rurales migrantes que viven y trabajan lejos de sus ciudades de origen (Henan tenía una población flotante de 21,2 millones en 2020, un 164 % más que en 2010). Esto es ilustrativo de las nuevas generaciones de trabajadores, que o bien no tienen su inscripción en el partido en el mismo lugar en el que trabajan o ni siquiera tienen relación con el PCCh, y pretenden ganar sus derechos contra la explotación patronal.

Son estos signos, en el marco de las dificultades económicas y la escasa recuperación industrial desde abril en China, los que encienden las señales de alarma de Xi. En esto nos basamos para vislumbrar las perspectivas de China, que puede aprovechar las disputas en la superestructura político-económica para emerger. Parafraseando lo que dijo Marx en 1850 en la Carta al Comité Central de la Liga de los Comunistas, también en China "para el proletariado no se trata de reformar la propiedad privada, sino de abolirla; no se trata de paliar los antagonismos de clase, sino de eliminar las clases; no se trata de mejorar la sociedad existente, sino de establecer una nueva".

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El crecimiento económico de China ha generado más multimillonarios que EE.UU.: ¿por qué Pekín comienza ahora su regulación?

800 millones de chinos han salido de la pobreza, sin embargo, todavía hay 600 millones viviendo con 150 dólares al mes.

El Partido Comunista Chino (PCC) está intentando reestructurar la sociedad del país mediante la regulación de los nuevos multimillonarios y la redistribución de la riqueza de forma más equitativa entre sus habitantes, lo que algunos expertos consideran es un plan de autolegitimación.

Durante la décima reunión del Comité Central de Finanzas de China, encabezada el 17 de agosto por el presidente chino Xi Jinping, se reiteró la necesidad de fortalecer en el país la regulación de los ingresos "excesivamente altos" y de alentar a los grupos y empresas de altos beneficios a "regresar más a la sociedad" para garantizar "la prosperidad común".

"La prosperidad común es la prosperidad de todo el pueblo. Es la vida tanto material como espiritual de las personas. No es la prosperidad de unos pocos, ni tampoco es un igualitarismo uniforme", defendió el líder chino. 

¿Funcionaría la "prosperidad común" en Occidente?

Algunos observadores argumentan que el objetivo de la "prosperidad común" es una misión sin precedentes que solo podría alcanzarse en China bajo el liderazgo del PCC, mientras que otros países occidentales, aunque generen cierto aumento del bienestar social de los trabajadores, están condenados al fracaso.

"La naturaleza del sistema capitalista de los países occidentales es la búsqueda de beneficios y, como resultado, la riqueza solo se concentra en las manos de los capitalistas que acumulan activos explotando a los trabajadores. Esta forma de gestionar los recursos sociales solo conducirá a ampliar la brecha de la riqueza", declaró Wang Yiwei, director del Instituto de Asuntos Internacionales de la Universidad Renmin de China en Pekín, al Global Times.

Cong Yi, decano de la Escuela de Marxismo de la Universidad de Finanzas y Economía de Tianjin, indicó que cualquier país o región que supere la trampa de la renta media y entre en el 'ranking' de la renta media se enfrentará a la cuestión de la prosperidad común de su población, y no abordarla provocará graves contradicciones sociales que envenenarán el desarrollo económico.

En este sentido, "en EE.UU., su política de impuestos para los ricos no pudo arreglar la creciente brecha en un sentido fundamental, lo que significa que la sociedad estadounidense está acelerando sus divisiones", dijo Cong. "En China, podemos ver una serie de medidas marcadas por ajustes institucionales flexibles para abordar los problemas, lo que constituye nuestra mayor ventaja".

"Una oportunidad para presentarse como un gobierno con visión de futuro" 

Algunos expertos afirman que, para el PCC, detrás del objetivo de una mayor igualdad de ingresos hay una lógica de autopreservación: "El Gobierno chino es consciente de que tanto el público nacional como el internacional lo está observando", dijo Austin Strange, profesor asistente de política en la Universidad de Hong Kong. "Es una oportunidad para presentarse como un gobierno con visión de futuro que se preocupa por sus ciudadanos, incluidos los que están en la parte inferior de la distribución de la riqueza".

En los últimos años se ha producido una desaceleración general del estratosférico crecimiento económico del país, que había sido un "pilar crucial de la legitimidad política del Partido Comunista Chino", agregó Strange.

En China, más de 800 millones de personas han salido de la pobreza extrema desde 1978, según el Banco Mundial, y más de la mitad de la población se considera de clase media. El año pasado había 1.058 multimillonarios viviendo en China, frente a los 696 de Estados Unidos, afirma Hurun.

Sin embargo, alrededor de 600 millones de personas, casi el doble de la población estadounidense, viven con el equivalente a unos 150 dólares al mes, según declaró el año pasado el primer ministro Li Keqiang.

Ryan Hass, investigador de la Brookings Institution de Washington, indicó que ahora que "la era del desarrollo económico vertiginoso ha terminado, los líderes chinos están cambiando su enfoque hacia la mejora de la calidad de vida como una nueva fuente de legitimidad en su desempeño".

Objetivos alcanzados 

Anteriormente, Pekín declaró que la pobreza extrema en el país había sido erradicada a finales del año pasado, lo que supuso un paso más para cumplir el objetivo del primer centenario del PCC, que era "construir una sociedad moderadamente próspera en todos los aspectos". 

Ahora, según el informe del comité, el gigante asiático sigue avanzando hacia la meta del segundo centenario, que es "convertir China en un gran país socialista moderno en todos los aspectos", dijo Xi Jinping en julio en el marco de las celebraciones por los 100 años del partido.

Publicado: 7 sep 2021

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Las mayores fortunas subieron de 284 mil millones a 483 mil millones de dólares.. Imagen: AFP

Los mega ricos aumentaron su patrimonio en 200 mil millones de dólares

La tragedia de la covid aumentó la desigualdad en América latina. Ahora hay más empresarios con grandes fortunas y éstas crecieron un 70 por ciento.

 

La fortuna de los multimillonarios latinoamericanos creció un 70 por ciento durante 2020. En marzo del año pasado, cuando recién se empezaban a tomar medidas contra la covid en la región, integraban la lista 76 personas con un patrimonio de 284.000 millones de dólares. A un año y cuatro meses, ya hay 106 con fortunas acumuladas de 483.200 millones de dólares. 

Más de la mitad de los multimillonarios (66) tienen nacionalidad brasileña, aunque también hay 14 mexicanos, 9 chilenos, 6 peruanos, 5 argentinos, 5 colombianos y 1 venezolano. Solo 12 son mujeres.

La riqueza latinoamericana está concentrada en cuatro sectores: financiero, telecomunicaciones, medios digitales de pago y salud: “Estos son sectores intensivos en capital, que generan pocos puestos de trabajo”, explica Luis Felipe López-Calva, director regional del Programa de Naciones Unidas (PNUD) para América latina, que realizó un análisis de los datos que publica la Revista Forbes. 

Incluso entre los multimillonarios existen grandes disparidades. Mientras que el 40 por ciento tiene un patrimonio neto individual de entre 1 y 2 mil millones de dólares, los tres más ricos superan los 20 mil millones de dólares cada uno. El 80 por ciento del patrimonio lo acumulan los millonarios de México y Brasil.

La lista está encabezada por el mexicano Carlos Slim, dueño de América Móvil, que acumula una fortuna de 71.500 millones de dólares. Slim ocupa el número 15 del ranking mundial y es desde hace años quien concentra la mayor riqueza del continente. Le sigue el también mexicano Germán Larrea (Grupo México) que acumula un patrimonio de 26.100 millones de dólares. En tercer lugar se ubica la chilena Iris Fontbona que dirige la minera Antofagasta Plc y cuenta con una riqueza de 20.200 millones de dólares.

Los argentinos que integran el ranking son el fundador de Mercado Libre, Marcos Galperin, con una fortuna de 6.200 millones de dólares. Con 3.400 millones de dólares, le sigue el empresario petrolero Alejandro Bulgheroni, fundador de Pan American Energy. En tercer lugar se encuentra la familia Perez Companc, con 2.600 millones de dólares. Después aparece el dueño mayoritario de Laboratorios Roemmers, Alberto Roemmers, y por último Eduardo Eurnekian, con 1.400 millones de dólares.

El análisis lo realizaron técnicos del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), quienes aseguran que la concentración de recursos en las manos de unos pocos es un problema que impacta en muchos frentes: “Cuando la concentración de recursos se traduce a una concentración del poder político, como muchas veces es el caso, puede provocar un círculo vicioso que perpetúa estos resultados y que distorsiona tanto las políticas como la asignación de recursos”, recuerdan.

Mientras las cuentas bancarias de los ricos suben, los pobres se empobrecen aún más: la Cepal afirmó que en 2020 la tasa de pobreza alcanzó al 33,7 por ciento de la población, y la de pobreza extrema al 12,5 por ciento, niveles que no se observaron en los últimos 12 y 20 años, respectivamente. En un contexto de encarecimiento de los productos básicos, este empeoramiento provocó, además, que el número de personas en situación de inseguridad alimentaria se haya triplicado desde el inicio de la crisis sanitaria y económica.

Gravar a los mas ricos

"Gravar a los más ricos podría proporcionar algunos de los recursos necesarios para promover ganancias sociales y económicas generalizadas", recomienda el PNUD. Las recomendaciones de política tributaria para evitar la brecha cada vez más grande entre ricos y pobres en la segunda región con más desigualdad del mundo suma cada vez más adherentes: el FMI, la Cepal, el Banco Mundial y la Ocde.

Un estudio reciente de investigadores de la Universidad de San Pablo encontró que, en Brasil, una política de protección social de transferencias monetarias mensuales de 23 dólares al 30 por ciento más pobre de la sociedad, financiado con impuestos al 1 por ciento más rico, podría generar un impacto positivo del 2,4 por ciento sobre el PIB a través de efectos multiplicadores del consumo. Otro ejemplo más cercano en el país fue el resultado del aporte de las grandes fortunas.

"A medida que la pandemia continúa en la región, esta ejerce una presión cada vez mayor sobre nuestros sistemas fiscales y expone las grietas existentes en nuestras redes de seguridad social. Ahora debemos reinventar un nuevo camino a seguir, uno que sea más equitativo y sostenible que aquel en el que nos encontrábamos antes" , explican desde el PNUD que aseguran que “necesitamos sistemas de salud y seguridad social universales, evitar que las empresas digitales se lleven todas las rentas y poner impuestos no solo a los flujos sino también a la riqueza acumulada. Pero la pregunta es cómo, porque donde se está intentando se ve que no es tan sencillo”.

20 de julio de 2021

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