“Los evangélicos se volvieron una parte importantísima del mundo popular al que el progresismo busca interpelar”

Pablo Semán (Buenos Aires, 1964) viene escribiendo hace años sobre el crecimiento de los grupos evangélicos y pentecostales. Desde cuando para las capas medias urbanas argentinas este fenómeno se reducía a unos pastores que seguían un modelo “electrónico”, primero el del Club 700 y luego el de unos pastores con acento brasileño que, después de la medianoche, aparecerían en las pantallas de la televisión con sus programas de curación, mostrando iglesias llenas pero que parecían de otro país… Antropólogo dedicado a las religiones, Semán también vivió en Brasil, donde pudo ver de cerca el papel de la Iglesia Universal del Reino de Dios, la que logró mayor proyección política en toda América Latina. 

Recientemente publicó Vivir la fe. Entre el catolicismo y el pentecostalismo, la religiosidad de los sectores populares en la Argentina (Siglo XXI) y habló con CTXT sobre evangelismo y política en América Latina. Él mismo progresista, al final interpela: “¿Qué piensa hacer el progresismo con todo esto?” 

¿Hasta qué punto el crecimiento evangélico desafía la imagen establecida de una América Latina católica? 

En Centroamérica, por ejemplo, los evangélicos son una minoría muy considerable que a veces está por encima del 40% y en algún caso ya están por ser mayoría. La dinámica y el origen de la evangelización de los evangélicos en Centroamérica es diferente a América del Sur. Pero en América del Sur también hay países con porcentajes de evangélicos arriba del 25% y no veo un techo inmediato. Esto, sumado al hecho de que los evangélicos son mucho más practicantes que los católicos. Entonces, como militancia religiosa van a ser la mayoría. Pero además, sus proyectos de evangelización se centran en problemáticas y espacios importantes para el despliegue de la vida social donde el catolicismo se muestra ineficaz –enraizamiento entre los pobres, acciones frente a la violencia doméstica y las adicciones, despliegue en las cárceles, en grupos de pequeños empresarios e incluso, algo más lento, en las fuerzas de seguridad–. La imagen de una América Latina católica ya es insostenible. La quiebra de la imagen católica también se ve en la debilidad de la reivindicación de la imagen de la América Latina católica. 

Cuando hablamos de evangélicos estamos hablando básicamente de evangélicos pentecostales… 

Sí. En el mundo evangélico, los pentecostales introdujeron dos grandes modificaciones en toda la demografía evangélica del planeta. Por un lado, un elemento cuantitativo: fueron el grupo que más creció. Y por el otro, a su propio peso cuantitativo hay que agregarle un elemento cualitativo: su predominio cultural. Antes, “evangélico” era un término analítico para analizar los grupos surgidos de la Reforma pero no era la identidad de cada uno de esos grupos (luteranos, metodistas, menonitas, etc.). Hoy “evangélico” funciona como término transdenominacional que abarca como mínimo al 80% de los descendientes de la Reforma protestante, que se han avenido más o menos a los parámetros de “avivamiento” religioso desplegados por los pentecostales. No es descabellado pensar un avance hacia una identidad post-denominacional en la que los evangélicos de diferentes denominaciones se asuman simplemente como “cristianos” en una zona de disputa con la mayoría católica.

Muy esquemáticamente: ¿qué es ser evangélico/pentecostal y cuáles son sus atractivos respecto del catolicismo?

Hay dos rasgos que se complementan y crean un círculo virtuoso. Y los dos están inscriptos en una teología que también está disponible en el mundo católico y protestante, solo que los pentecostales la tomaron en serio y la desplegaron al máximo. El primero es la actualidad de los dones del espíritu santo, que reencanta a la religión porque permite activar genéricamente una noción de milagro y de posibilidad de milagro en la vida cotidiana. Y hay un segundo elemento que es la universalidad del sacerdocio. Que cualquier creyente no solo es, sino que debe ser, pastor. Y para ser pastor, ese creyente va a movilizar la actualidad de los dones del espíritu santo creando un dialecto a la medida de su metro cuadrado, de su propio entorno. Eso estira enormemente la presencia evangélica y al mismo tiempo la diversifica. Se puede dialectizar ese lenguaje para adaptarse al minuto a minuto de los cambios socioculturales, de manera mucho más eficiente que la lenta burocracia celestial del catolicismo.

Durante años, el progresismo latinoamericano ignoró el crecimiento de los grupos evangélicos en el mundo popular (a excepción de sociólogos o antropólogos de la religión) y de pronto aparece como una especie de comodín analítico para explicar cualquier giro conservador o avance de la derecha… ¿Todos andan buscando evangélicos? 

Los progresistas pusieron a los evangélicos en una agenda negativa o de los enemigos pero sin ver el tamaño potencial. Y, al mismo tiempo, eso se articuló con la teoría católica progre de las sectas, de la denuncia de las sectas, y con la separación de la verdadera fe y la fe inauténtica. Hay ateos que se ponen en el rol de religiones y objetivamente coinciden con el camino ya trazado por el catolicismo hace 40 años. Y como el progresismo tiene un contacto social débil con el mundo popular, no fue viendo paso a paso cómo crecía. Yo publiqué ahora el libro Vivir la fe pero los datos sobre el 20% de evangélicos en el mundo popular son de 1995, no de 2020. Eso ya estaba ahí. La segunda cosa es que por ese contacto débil, sumado a las teorías conspirativas sobre el avance evangélico, no pudieron ver qué tipo de presencia constituía. Se actuaba como si eso fuera a dejar de existir. Hoy no solo  los evangélicos existen sino que existen cada vez más. Había muchos mecanismos renegatorios, en términos freudianos, de desconocimiento activo de la realidad para sostener certezas previas, para abordar este fenómeno. 

Además hoy hay un enfrentamiento más agudo entre evangélicos y progresistas porque el progresismo latinoamericano puso en el centro una agenda de género que, por otro lado, es bastante reciente. La verdad es que el matrimonio igualitario, igualdad de género y el aborto son bastante recientes en las izquierdas de la región, que además son en muchos casos izquierdas populistas. No es que no existieran núcleos militantes de larga tradición, pero no dominaban la agenda del progresismo, ni la del peronismo progresista en el caso argentino, ni eran el marcador decisivo de la identidad. El aborto muy pocos lo tenían como prioritario, la igualdad de género estaba pero tampoco se la militaba mucho y la diversidad sexogenérica a muchos les parecía una agenda sueca que sobraba. En 2015 hubo una performance post-porno en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires y la izquierda se opuso. Yo escribí para intervenir en esa polémica en favor de la performance pero mi posición  era disruptiva.

Por otro lado, en el mundo evangélico hubo una deriva relativamente inversa: los evangélicos en Argentina y en algunos países de América Latina en los 90 estaban delante del catolicismo en la agenda de igualdad de la mujer. Estaban a favor del preservativo y la Iglesia católica no, contenían y les daban a las mujeres un papel mucho más activo y central en la liturgia. No había un planteo ideológico de igualdad pero había una práctica relativa de igualdad. Había incluso facciones neopentecostales que se abrían a los temas del hedonismo sexual. En Brasil había, por ejemplo, una exmodelo evangélica que tenía una tienda de productos eróticos y aparecía en televisión. 

Respecto de la diversidad sexual, había una cosa muy interesante que era que evangélicos y disidentes sexuales tenían en común una experiencia que discutían que era la del rechazo. Incluso en la prensa evangélica salían entrevistas o diálogos entre un pastor y un disidente sexual. No era en un sentido de avanzar hacia la igualdad pero era darle un lugar bajo la premisa: “ellos son rechazados, nosotros también”. Todo eso, en estos últimos veinte años, fue desapareciendo. No tanto lo de la mujer, pero sí la apertura a elementos a la agenda de género que se intensificaron en la izquierda y desaparecieron en el mundo evangélico.

Esto demuestra que hay cuestiones históricamente constituidas e incluso contingentes. Hoy los evangélicos tienden a beneficiarse, y por eso hacen ese giro, de la reacción cristiana generalizada contra esa agenda progresista que incluye a los católicos. A veces la izquierda cree que el problema para la agenda de género son los evangélicos y no los cristianos en general, que capitalizan la imposibilidad de los católicos de poner la cara en estas cuestiones dada su trayectoria de abusos. Esta tensión se procesa de una manera diferente en los sectores populares. 

Cuando se piensa evangelismo y política se suele transferir el modelo brasileño a toda América Latina. Pero en verdad, en Brasil la iglesia exitosa fue la Iglesia Universal del Reino de Dios que para muchos evangélicos es la “menos evangélica” del subcontinente y si bien ahora es bolsonarista también fue muy pragmática en el pasado reciente. ¿Cómo pensar la articulación entre evangelismo y política?

En principio no hay un traslado inmediato de la identidad religiosa al campo político. En segundo lugar, cuando hay una activación política de una sensibilidad evangélica mayoritaria en favor de una opción política, eso ocurre siempre de una forma contingente, transitoria y variable. Mayoritariamente, los evangélicos votaron a Lula en Brasil y el Partido de los Trabajadores (PT) le dio dos veces las vicepresidencias de Lula a los evangélicos que también votaron a con Dilma Rousseff; en Perú hay un componente evangélico en la candidatura de Pedro Castillo (su mujer e hija son de la Iglesia del Nazareno y él se suma a menudo a las oraciones). En Centroamérica sí han apoyado más a la derecha pero esos proyectos conservadores se configuraron de manera tal que no todos los evangélicos los apoyan y hay católicos que los votan como reacción cristiana. Aparecen trasladando más “caudal religioso” del que en realidad trasladan. En el caso argentino, los evangélicos de sectores populares siguen votando al peronismo aunque viabilice agendas progresistas porque siguen dinámicas de voto de los sectores populares. Otros votan al macrismo por antiperonismo más que por conservadurismo o elementos religiosos. Y el crecimiento de una agenda de derecha es un fenómeno mucho más grande que el crecimiento evangélico. A la ultraderecha también se la vota contra “la catedral” (la religión, el atavismo y el estatismo) o con curiosos motivos neopaganos. 

Por otro lado, la Iglesia Universal es en efecto un caso verdaderamente excepcional en Brasil. No hay un partido político evangélico con tanta eficacia electoral como el Partido Republicano (que fundaron los pastores de esa iglesia) ni siquiera en sociedades con muchos más evangélicos que en Brasil. Y eso tiene que ver con la particularidad de la situación brasileña: un sistema de identidades políticas bastante débil, donde pesan mucho las novedades anticorrupción y el propio sistema electoral uninominal que permite maximizar minorías movilizadas. Y en tercer lugar, un sistema parlamentario hiperfragmentado donde los pequeños bloques consiguen una eficacia política sobredimensionada.

Lo que hizo la Iglesia Universal fue, más que movilizar el voto evangélico, armar una fuerte superestructura política que le permite subordinar a todas las otras tentativas de politización evangélica. De esa forma, por ejemplo, la Unión de las Asambleas de Dios termina a remolque de la Iglesia Universal en política, lo que nadie admitiría en la Unión de las Asambleas de Dios de ningún país de América Latina. Esa superestructura política tiene eficacia política propia, pero tampoco tanta si tenemos en cuenta que la Iglesia Universal finalmente llamó a votar a Bolsonaro pero quince días antes estaba negociando con Marina Silva, una evangélica de izquierda (ex ministra de Lula). Votaron a Bolsonaro porque los fieles estaban llamando a votar a Bolsonaro. Y los fieles estaban votando a Bolsonaro porque una parte importante de los sectores populares que habían sido lulistas se habían transformado en antilulistas por el tema de la corrupción.

Es posible que los pastores de la Iglesia Universal se sientan más cómodos con ese rumbo ultraderechista, pero no lo trabajaron tanto como se podría pensar. Y ahora ocurre al revés. Están viendo que muchos de sus fieles se están distanciando de Bolsonaro mientras los jerarcas de la iglesia tienen que defender intereses creados en el Estado. La dirigencia de la Iglesia Universal seguramente no tendrá opciones al golpismo. Pero los fieles no necesariamente acompañarán. 

Antes se pensaban siempre las identidades católica y evangélica en competencia, ahora vemos personajes como el propio Bolsonaro, también Castillo y otros, que mantienen cierta ambigüedad entre catolicismo y evangelismo. Por ejemplo Bolsonaro se fue a bautizar al río Jordán con un pastor pero se identifica católico… ¿Hay cambio ahí? 

Yo creo que los evangélicos están conscientes del rol que algunos de ellos llaman catalizador de una reacción cristiana antiprogresista. Esta involucra porcentualmente más a los evangélicos que a los católicos pero en números absolutos tal vez convoque a más católicos, pero bajo la centralidad evangélica. Esto ocurre por lo que pasa con los evangélicos pero también con los católicos. ¿Con qué cara los obispos católicos van a salir a defender a la familia, a los niños…? Entonces hay una suerte de pacto implícito en la cual el catolicismo le cede la iniciativa en eso y hay colaboración en la superestructura pero a la vez una convergencia de intereses en las bases católicas y evangélicas. Pero también hay que ver las prácticas. Hay mucha gente “en pecado” en las iglesias evangélicas y conviven con eso. 

¿Algo más que dejamos en el tintero?

Yo me pregunto qué piensa hacer el progresismo con todo esto. Los evangélicos se volvieron una parte importantísima del mundo popular al que el progresismo busca interpelar. ¿Va a haber zonas de cooperación? ¿Esas zonas de cooperación son posibles? En las organizaciones populares argentinas conviven evangélicos, católicos y progresistas. Incluso verdes (pro legalización del aborto) y celestes (“pro vida”) sin llamarse asesinas o antiderechos. Plantean sus agendas sin confrontar todo el tiempo. Hay mujeres evangélicas militando agendas progresistas en el plano económico y mujeres de sectores populares abrazando una agenda feminista a su modo, con un lenguaje propio. Ahora bien, por ejemplo, ¿no hay una convergencia cuando grupos de mujeres van a rezar en solidaridad con una mujer agredida por su pareja a su casa y rompen el círculo de agresiones?, ¿qué se genera ahí?, ¿hay o no sororidad? Claramente intervienen sobre una situación de violencia para pararla. Y así. Hay que salir del círculo de reactividad y mala sociología. No es fácil, no es lo soñado para el progresismo, pero dividir a los sectores populares es peor.

24/09/2021

Publicado enSociedad
Biden es más trumpista que Trump en Oriente Próximo

Los ocho meses transcurridos con el demócrata en la Casa Blanca no solo no han servido para resolver ninguno de los innumerables problemas que afectan a la región, sino que han agravado los ya existentes. 

 

Tanto antes como después de entrar en la Casa Blanca el 20 de enero, el presidente Joe Biden y su equipo lanzaron al aire prometedoras declaraciones en las que la nueva administración americana anunciaba grandes cambios en la política exterior de Estados Unidos, suscitando un sentimiento de alivio entre la mayoría de sus socios.

Pero en los ocho meses transcurridos se observa que Washington no solo no ha realizado ninguno de los cambios de rumbo que prometió, sino que está reafirmando las políticas de Donald Trump en prácticamente todos los frentes, y en particular en Oriente Próximo, hasta el punto de que es imposible discernir diferencias notables entre el penúltimo y el último presidente.

xiste un margen para considerar que Biden está aplicando una política exterior práctica y pragmática, pero hay un margen más amplio para pensar que el equipo del que se ha rodeado, dirigido por el secretario de Estado Antony Blinken, no está a la altura de lo que se esperaba de él y anda perdido en un mar de dudas y contradicciones, y sin capacidad para tomar decisiones trascendentes.

Se aprecia en todos los frentes. En abril la administración aprobó casi en secreto una venta masiva de armas a los Emiratos Árabes Unidos por valor de 23.000 millones de dólares, y que incluye aviones F-35 y drones muy avanzados. Este negocio lo cocinó Trump durante los últimos días de su mandato, y entonces los demócratas levantaron el grito al cielo y prometieron revisarlo.

Biden no solo no lo ha revisado, sino que lo ha confirmado. Aunque es un negocio redondo para la industria armamentista y creará decenas de miles de empleos en EEUU, moralmente es un negocio siniestro dado que incrementa las tensiones, algo que no parece preocuparles a Biden y a Blinken, especialmente si se considera que los EAU están metidos en absolutamente todos los saraos más oscuros de la región, saraos que crean inestabilidad y merman la seguridad.

Aunque Biden dijo en su momento que el centro de su política exterior serían los derechos humanos, y desde entonces él y su equipo lo han venido repitiendo, la realidad es que es imposible distinguir entre las políticas de Biden y Trump, ni en el caso de los EAU, ni en el caso de Egipto, ni en otros casos similares, hasta el punto de que Biden parece más trumpista que Trump.

Los llamados Acuerdos de Abraham, mediante los que Trump forzó una normalización de relaciones entre algunos países árabes e Israel, han tenido como primera consecuencia crear una "feria de armamento" en Oriente Próximo, como señala The Washington Post, y esto también afecta a Marruecos, país que con el respaldo de Israel se está convirtiendo en un foco de desestabilización en el Mediterráneo occidental.

El peligro de Marruecos, a los que los americanos tienen previsto vender armas avanzadas y misiles por valor de 1.000 millones de dólares, incide en particular en Argelia y España. Argel ha suspendido sus relaciones con Marruecos y ha prohibido que sobrevuelen su territorio aviones comerciales y militares marroquíes. Sus dirigentes ya han acusado a Israel desestabilizar la región, mientras que España ve con preocupación las maniobras extranjeras a sus puertas.

Cuando el primer ministro Naftalí Bennett visitó Washington este mes de septiembre, lo primero que hizo fue pedir a Biden armamento sofisticado adicional por valor de 8 mil millones de dólares, y lo más correcto es pensar que a Biden no le quedará más remedio que asentir debido a la enorme influencia del lobby judío en EEUU, otro dato que refuerza la opinión de que entre las políticas de Trump y Biden no hay diferencias apreciables y que ambos han alimentado y siguen alimentando la carrera armamentista en Oriente Próximo.

The Washington Post ha publicado un artículo de Fareed Zakaria en el que se sostiene que Biden está "normalizando" las políticas de Trump. El discurso que el actual presidente pronunció ante la Asamblea General de la ONU el 21 de septiembre corrobora que Biden no está preparado para modificar las políticas de Trump.

Diplomáticos europeos han señalado que incluso Trump realizaba más consultas con Europa que Biden, como ha quedado de manifiesto con la retirada de Afganistán o con el fiasco de los submarinos franceses vendidos a Australia, donde Washington ha ido a su bola y ha presentado hechos consumados a pesar de que Biden proclamó que tras Trump EEUU volvería a ser un socio fiable de sus aliados.

Siendo como es el problema palestino el corazón de la inestabilidad en Oriente Próximo, Biden y Blinken han mostrado que no tienen el menor interés en resolverlo, lo que ha envalentonado más a Israel, que está multiplicando sus planes de construcción en los territorios ocupados sin que nadie se atreva a intervenir.

Otro caso que ilustra que no puede distinguirse entre Trump y Biden es el de Irán. Si el primero abandonó unilateralmente el acuerdo nuclear, el segundo ha roto su promesa de restaurarlo e incluso ha añadido nuevas sanciones a los iraníes en una política claramente sintonizada con Israel y su afán desestabilizador, que sobre todo están pagando los civiles.

Si prescindimos de las declaraciones de Biden y Blinken, puesto que no guardan ninguna relación con la realidad, se observa sin dificultad que la política de la administración demócrata está siendo más trumpista que la de Trump, y que no hay indicios de que vaya a cambiar, lo que significa que los grandes problemas se están ocultando debajo de la alfombra.

26/09/2021 09:18

Publicado enInternacional
El Salvador: en un año Nayib Bukele copó los tres poderes

En lo que va del año, Nayib Bukele tomó una serie de medidas que alarmaron a las organizaciones sociales salvadoreñas y provocaron un protesta masiva la semana pasada. Desde la reforma de la carrera judicial que implicaría la expulsión automática de un tercio de los casi 700 jueces de todo el país y la destitución de jueces para imponer magistrados afines al mandatario, hasta la decisión de no avanzar en proyectos de ley que podían significar la ampliación de derechos para las mujeres y la comunidad LGBTIQ en el país centroamericano, el avance sobre las instituciones del mandatario salvadoreño no parece tener límites.

Bicentenario salvadoreño

El año del bicentenario de la independencia centroamericana tuvo entre sus primeras marcas el triunfo del partido de Bukele, Nuevas Ideas, que consiguió una mayoría en la Asamblea Legislativa. La primera moción del congreso de mayoría oficialista resolvió la destitución de cinco jueces de la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia que fueron sustituidos por magistrados cercanos al mandatario.

Para Saúl Baños, el director ejecutivo de la Fundación de Estudios para la Aplicación del Derecho (FESPAD), el avance contra el modelo democrático comenzó en 2020 cuando Bukele buscaba la aprobación de un crédito de 109 millones de dólares para equipar a las fuerzas de seguridad. “Lo que ocurrió el nueve de febrero de 2020 cuando el presidente de la república y miembros del ejército y la policía irrumpieron en el palacio legislativo. Un intento de golpe prácticamente y no hubo sanción”, afirmó Baños a Página/12.

En 2021, con el triunfo electoral del partido Nuevas Ideas, el mandatario volvió a avanzar. “En la primera sesión plenario, un sábado, inusual, nos sorprendió a toda la población ya que con dispensa de trámite la primera moción fue la destitución de los magistrados propietarios y suplentes de la Sala de lo Constitucional. Los depusieron del cargo de manera inconstitucional y nombraron a los sustitutos”, explicó el experto. El paso siguiente fue la destitución del fiscal general y el nombramiento inmediato de un sustituto. “Con esa acción se hizo de buena parte del poder y con eso trastocó el régimen republicano”, subrayó.

Concentración de poderes

“Tienen el ejecutivo y la asamblea legislativa, que fue resultado de una elección pero que terminó cooptando la sala constitucional”, puntualizó Baños, quien también se refirió a las decisiones que tomó el congreso. “Van en retroceso de lo poco que se ha avanzado. Por ejemplo,aprobaron la ley Alabi, que da amparo de impunidad para que no se investiguen las compras estatales de 2020. Son decisiones que impiden que la ciudadanía solicite y conozca cómo se manejan los fondos públicos. La ley de bitcoin, (primer país delmundo que oficializa una criptomoneda) fue aprobada de manera inconsulta, sin discusión legislativa, en un madrugón”, recordó. Mientras que los nuevos magistrados le dieron luz verde a Bukele para que pueda aspirar a un nuevo mandato en 2024, a pesar de que la constitución salvadoreña prohibe expresamente las reelecciones presidenciales sucesivas.

“Tenían que transcurrir dos mandatos (10 años), pero con esa resolución de la sala impuesta permite la relección del presidente. Faltan dos años para que termine esta administración, pero la sala ya autorizó al presidente para que se pueda reelegir ignorando la jurisprudencia constitucional”, señaló Baños.

Reforma a la carrera judicial

Otra de las decisiones que preocupa a las organizaciones sociales fue la reforma de la ley de la carrera judicial, que según Baños también se introdujo con dispensa de trámite y sin deliberación. La semana pasada Bukele, de 40 años,  promulgó la ley que pasa a retiro a un tercio de los jueces y una normativa similar para los fiscales. El proyecto de ley fue aprobado por el Congreso -de mayoría oficialista- el pasado 31 de agosto.

“Se establece que por esa reforma todos los jueces y juezas que tengan 60 años o más o que cumplieron 30 años de servicio deberán ser reemplazados”, explicó. Entre los jueces que deberán dejar su cargo a partir del 25 de septiembre, cuando entra en vigencia la reforma, está el juez Jorge Guzmán que investiga la matanza de El Mozote en 1981. En 2020 Guzmán pidió a la Fiscalía investigar y determinar si Bukele cometió algún delito en el bloqueo de las inspecciones judiciales de archivos del Ejército. En los documentos el juez buscaba información sobre el operativo militar que derivó en la famosa masacre.

 “Hacer una reforma a la ley de la carrera judicial de esa manera no persigue hacer un proceso de depuración. Porqué únicamente a los jueces que tienen 60 años de edad, ahí se están yendo jueces con una experiencia enorme. Los propósitos son otros”, afirmó Baños. Los diputados de Nuevas Ideas habían promovido la reforma asegurando que la medida busca depurar el sistema judicial y combatir la corrupción. Pero en el texto no están mencionadas las presuntas prácticas de corrupción.

 “La corrupción es un argumento que les sirve. Pero hay un mecanismo para hacerlo, un debido proceso. Acá no se respetó lo que establece la Constitución. Distintas organizaciones como la que represento venimos planteando la necesaria depuración del sistema judicial, tanto altas cortes como jueces de primera instancia, pero se debe seguir respetando las normas para facultar el proceso”, indicó Baños.

Retroceso en derechos

Por otro lado, el presidente salvadoreño decidió eliminar la inclusión de la legalización del aborto, el matrimonio igualitario y la eutanasia del proyecto de reforma constitucional de su gobierno. "He decidido, para que no quede ninguna duda, no proponer ningún tipo de reforma a ningún artículo que tenga que ver con el derecho a la vida (desde el momento de la concepción), con el matrimonio (manteniendo únicamente el diseño original, un hombre y una mujer), o con la eutanasia", escribió el mandatario en sus redes sociales.

El país centroamericano cuenta con una de las legislaciones más restrictivas al prohibir totalmente la interrupción del embarazo incluso en casos de violación, incesto o peligro para la vida de la mujer. En este sentido, Morena Herrara, de la Colectiva Feminista para el Desarrollo Local y de la Agrupación Ciudadana por la Despenalización del Aborto, Terapéutico, Ético y Eugenésico, rechazó la decisión del mandatario salvadoreño. “Nosotras lamentamos la posición que ha expresado el presidente porque está negando los derechos de las mujeres y no advierte las consecuencias de una legislación draconiano y de unas políticas públicas que están condenando a niñas y a mujeres”, dijo en diálogo con Página/12. “Nosotras tenemos una visión de que las cosas no están cerradas, que este gobierno actúa por conveniencia política, por imagen en medios de comunicación y en redes sociales. Seguimos reivindicando la responsabilidad que tienen de garantizar la salud y la vida de las mujeres, niñas y adolescentes, así como los derechos de las personas que se identifican desde las disidencias sexo genéricas”, agregó.

Para Herrera es fundamental por un lado mantener vivas las demandas y aumentar la presión social y por otro lado la necesidad de que escuchen a la comunidad internacional. En este sentido explicó que en este momento hay dos demandas en el sistema interamericano de derechos humanos, una es la de una campesina llamada Manuela, condenada a 30añosdeprisión por abortar. La sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos por este caso se conocerá en los próximos meses. La otra causa se conoce como Beatriz vs El Salvador.

En el caso de Manuela está enfocada en la violación de derechos por la criminalización de mujeres que viven en situación de pobreza y que fueron acusadas de aborto y luego condenadas por homicidio agravado. Es un proceso que tiene relación con el contexto de penalización absoluta del aborto, pero no es específico sobre aborto. En el caso de Beatriz sí es una demanda específica sobre aborto y ahí pensamos que el carácter de obligado cumplimiento de las sentencias de la corte jugará un papel en las políticas y legislación de El Salvador”, afirmó Herrera, quien también reivindicó la necesidad de restablecer la institucionalidad democrática, de la separación de poderes.

“Vemos un panorama difícil en El Salvador, pero esta es la realidad en la que vivimos y en la que necesitamos construir alternativas. No es la primera vez que se cierran espacios y consideramos que no nos queda otro camino que continuar luchando, incidiendo y transformando la realidad, convenciendo a la población de la importancia de estos derechos”.

Protesta

El pasado 15 de septiembre entre 5000 y 8000 manifestantes salieron a las calles de San Salvador para intentar poner un freno a los abusos de poder en la primera protesta masiva del mandato de Bukele. "Más allá de la cantidad de gente," escribió el corrresponsal de El País de España.  "Bukele fue derrotado en dos escenarios en los que hasta ahora no tenía rival: la calle y las redes. La convocatoria se convirtió en tendencia desde el día anterior y terminó con el silencio después de varios meses de polémicas reformas que han suscitado el rechazo dentro y fuera del país; desde Estados Unidos, que lo comparó con Hugo Chávez, a Naciones Unidas, que pidió respeto a la independencia judicial."

La respuesta Bukele no se hizo esperar. Primero cambió la descripción de su cuenta de Twitter, autodefiniéndose como "dictador de El Salvador" y horas más tarde subió la apuesta: pasó a llamarse “el dictador más cool del mundo mundial”.

Publicado enInternacional
Foto: Roger Barba / Página Siete

Entrevista con Raúl Prada Alcoreza

 

Raúl Prada es filósofo y sociólogo boliviano, investigador docente de la Universidad Mayor de San Andrés, miembro del grupo de intelectuales militantes Comuna con sede en La Paz, y participa en la política nacional de Bolivia. Se define como “escritor crítico, activista ácrata, artesano de la poiesis y militante ecologista”. Pero sobre todo, es una persona comprometida con la lucha de las y los de abajo. Lo consultamos para conocer su impresión sobre la nueva marcha indígena de pueblos de tierras bajas, cuyo primer contingente llegó esta semana a San Cruz luego de 19 días de caminata.

Según Prada, “la actual marcha indígena de tierras bajas expresa las causas profundas del conflicto de las naciones y pueblos indígenas con el gobierno neopopulista y el Estado Plurinacional, que de ‘plurinacional’ sólo lleva el nombre”.

– ¿Podrías describir brevemente las principales características de la actual marcha indígena, en cuanto a sus razones y demandas?

– La marcha indígena del CIDOB1 orgánico – porque hay un “CIDOB” espurio, conformado por el gobierno después del conflicto del TIPNIS en 2011, VIII y IX marchas indígenas en defensa del territorio, la Constitución, los derechos de las naciones y pueblos indígenas, en defensa de la vida – se da lugar ante los avasallamientos de tierras en los territorios indígenas, parques nacionales y áreas protegidas, por parte de los mal llamados “interculturales”, que siguen siendo colonizadores, como eran nombrados antes del cambio de nombre. Se trata de un estrato social campesino, contingente demográfico campesino trasladado, en un principio, como consecuencia de la reforma agraria de 1953 con objeto de la colonización de la Amazonia, que se consideraba vacía de población humana por parte de la oligarquía gamonal de la flamante república, constituida después de la guerra de la independencia. La jerarquía del MNR, partido nacional popular, heredó esta concepción y la usó para poblar y abrir la frontera agrícola en la Amazonia.

Como puede verse, la oligarquía gamonal y la casta política liberal y nacionalista ignoraron a las naciones y pueblos indígenas de la Amazonia y el Chaco; hicieron como si no existiesen, cuando las misiones jesuitas emprendieron la colonización religiosa de la Amazonia y el Chaco, fundando parroquias y misiones, transcribiendo las lenguas de multitudes de pueblos, distribuidos en los ecosistemas amazónicos y chaqueños, moviéndose fluidamente por la Cuenca Amazónica y la Cuenca del Río de la Plata. En la contemporaneidad las castas políticas neoliberales y neopopulistas, de la misma manera que antes, ignoran taxativamente a las poblaciones nativas, como si no existieran las naciones y pueblos indígenas de tierras bajas. Esto es más grave que antes, pues la Constitución del Estado Plurinacional Comunitario y Autonómico consagra los derechos de las naciones y pueblos indígenas de tierras bajas y de tierras altas. Derechos territoriales; derechos institucionales, al autogobierno; derechos culturales, legua propia y cultura propia; derechos jurídicos, normas y prácticas propios, Justicia Originaria; derechos plurinacionales, conformar la representación de la Asamblea Legislativa Plurinacional, en las proporciones correspondientes, de acuerdo a sus propias formas de elección comunitaria.

– Hablas de una re-colonización del Estado realizada por el gobierno de Evo Morales y Álvaro García. ¿Cómo se relaciona este proceso fallido y tergiversado de descolonización con la actual marcha?

– Paradójicamente, después de la promulgación de la Constitución (2009) por parte del presidente Evo Morales Ayma, la misma fue sistemáticamente vulnerada y desmantelada por el autonombrado “gobierno indígena y de los movimientos sociales”. En vez de realizar transformaciones estructurales e institucionales en aras de la construcción y conformación del Estado Plurinacional Comunitario y Autonómico, se restauró el Estado Nación, colonial y subalterno al dominio del orden mundial y de la geopolítica del sistema del mundo capitalista. Sólo se cambian los nombres. Todos los órganos de poder del Estado siguen la misma lógica de restauración y, es más, de recolonización. Por ejemplo, el Congreso, en vez de conformarse como un Congreso de naciones y pueblos, se conforma liberalmente como un parlamento bicameral, de senadores y diputados.

La secuencia de los conflictos políticos y sociales que enfrenta el régimen neopopulista, en la historia reciente, expresa palmariamente el carácter anti-indígena de las gestiones de gobierno, de la forma de gubernamentalidad clientelar, además de develar el carácter subordinado de este gobierno al dominio efectivo de las empresas transnacionales: la desnacionalización de los hidrocarburos, con los Contratos de Operaciones; la supuesta suspensión de la subvención a los carburantes, con la medida, llamada popularmente, del “gasolinazo”; el conflicto del TIPNIS, después de la ratificación y legitimación oficial del avasallamiento de más de 250 mil hectáreas del territorio indígena y parque nacional, por parte de contingentes cocaleros, cultivadores de la hoja de coca excedentaria, sobre todo, una vez acordado con el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva, de la República Federativa del Brasil; la construcción inconsulta de la carretera que atravesaría el bosque primario del TIPNIS; el conflicto de Mallku Cota – tierras altas -, después de la firma del presidente de un contrato minero con una empresa transnacional, sin haber hecho la consulta previa, libre e informada a los ayllus. Al respecto, sigue la secuencia de conflictos del gobierno neopopulista con los pueblos indígenas, particularmente de tierras bajas, donde se pretende perpetrar la ampliación violenta y desmesurada de la frontera agrícola, ganadera, maderera, petrolera y minera.

Recientemente han estallado conflictos en los territorios indígenas y áreas protegidas de los entornos del Río Madidi, Parque Nacional y Área Natural de Manejo Integrado Madidi, además de la Reserva de la Biósfera y Territorio Indígena Pilón Lajas, debido al Proyecto Hidroeléctrico Chepete-El Bala. Este proyecto hidroeléctrico destrozaría el ecosistema irreparablemente, afectando dramáticamente a fauna y flora, abundantes en biodiversidad, además de desplazar a las comunidades indígenas, arrancándolas de sus territorios. El conflicto más reciente ha estallado en el Yungas tucumano de Tariquía, Reserva Nacional de Flora y Fauna, del Departamento de Tarija, ante la concesión para exploración petrolera, inconsulta del gobierno neopopulista de las gestiones de Evo Morales, del gobierno neoliberal de “transición” de Jeanine Añez Chávez y del gobierno neopopulista actual de Luis Arce Catacora.

Como se puede ver, la colonialidad y el modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente han continuado por los caminos que la forma de gubernamentalidad clientelar ha abierto.

– A 41 años de la primera Marcha Indígena por el Territorio y la Dignidad, que representó un importante viraje en las luchas bolivianas, la impresión que se tiene a la distancia es que estamos ante un nuevo cambio, en el cual los pueblos ponen en primer plano las autonomías. ¿Crees que esta marcha representa una viraje histórico como la primera?

– La primera marcha indígena de tierras bajas, en 1990, abre un nuevo horizonte de luchas anticoloniales, descolonizadoras y sociales, después de la apertura, retrospectiva, del proyecto político y cultural del movimiento katarista, que emerge de la crisis del Estado nación y de la República en el contexto del período de dictaduras militares y en la coyuntura de la masacre del Valle, perpetrada por la dictadura del general Hugo Banzer Suárez. Su consecuencia inmediata fue la ruptura del Pacto Militar Campesino, y la consecuencia mediata fue la ruptura indígena con el Estado boliviano. Para el imaginario político, la marcha indígena de las naciones y pueblos de tierras bajas se da como irrupción y develamiento de las dinámicas y problemáticas políticas y culturales del oriente boliviano, las tres cuartas parte de la geografía política del país.

Las siguientes marchas ratifican el ingreso al escenario político de las naciones y pueblos indígenas de la Amazonia y el Chaco. Las dos grandes organizaciones indígenas, de tierras bajas y de tierras altas, el CIDOB y el CONAMAQ2, marcan la agenda de las resistencias y las movilizaciones sociales. El proceso constituyente y la Asamblea Constituyente no podrían explicarse sin su participación. Se incorporó al Cabildo de Cochabamba, en plena guerra del agua, la convocatoria a la Asamblea Constituyente, y se incorporó a la Agenda de Octubre esta convocatoria por iniciativa primordial de las mentadas organizaciones matrices de las naciones y pueblos indígenas.

La actual marcha indígena de tierras bajas, principalmente del departamento del Beni, expresa patentemente la causas profundas del conflicto de las naciones y pueblos indígenas con el gobierno neopopulista y el Estado Plurinacional, que de “plurinacional” sólo lleva el nombre. La primera causa tiene que ver con que la colonialidad persiste, el carácter colonial del Estado continuó sus dominaciones polimorfas a través del discurso neopopulista y la forma de gubernamentalidad clientelar y corrupta. La clara muestra de que esto ocurre lo evidencian las talas indiscriminadas de bosques, la ampliación demoledora de las fronteras agrícolas, ganaderas, petroleras y mineras; lo devela el avasallamiento de tierras por parte de los colonizadores, mal llamados “interculturales”, traficantes de tierras, principalmente chapareños, que se hicieron entregar tierras a nombre de comunidades fantasmas. El gobierno, corroído institucionalmente, empantanado en corrupciones galopantes, dispositivo del conglomerado burgués, compuesto por la antigua burguesía y los nuevos ricos, la burguesía rentista y la burguesía de la coca excedentaria y la industria de la cocaína, impulsa la quema de bosques, la destrucción de los ecosistemas, los avasallamientos violentos, favoreciendo a la reproducción de la burguesía mafiosa. Para perpetrar tamaña destrucción desmantela la Constitución, suspendiendo las generaciones de derechos consagrados en la Carta Magna, cometiendo crímenes constitucionales y políticos, etnocidios, ecocidios y democracidios.

La actual marcha indígena es la oportunidad no solamente de resistir a los avasallamientos, defendiendo los territorios indígenas y las territorialidades de los ecosistemas, sino también de retomar las luchas descolonizadoras y de liberaciones múltiples del pueblo boliviano y de los pueblos del continente de Abya Yala. El Parlamento Indígena, aplicación inmediata de la Constitución, del ejercicio de la democracia participativa, directa, comunitaria y representativa, puede convertirse, con ampliaciones e incorporaciones, en la Asamblea efectiva y plenamente democrática de los pueblos de Bolivia. Por este camino, el de la democracia directa y comunitaria, se pueden conformar los autogobiernos, que es uno de los objetivos enunciados en la marcha.

– Hasta ahora la reacción del gobierno Arce Catacora-David Choquehuanca fue minimizar la marcha, pero el MAS de Evo moviliza a sus militantes en contra. ¿Qué crees que puede suceder en los próximos días?

– ¿De qué depende lo que pase con la marcha indígena de tierras bajas? A partir de la secuencia dramática y, a la vez, alentadora de la marcha y de su impacto en la formación social y política de Bolivia. ¿De la correlación de fuerzas, del alcance de la crisis múltiple del Estado y de la sociedad, de las condiciones de posibilidad histórico políticas económicas y culturales? En el contexto mismo de la realidad efectiva del acontecimiento dinámico, de la composición móvil de la complejidad, sinónimo de realidad, cuya configuración es de la integralidad articulada de los planos de intensidad y de los espesores de intensidad, que hacen a la realidad efectiva, en este caso, atendiendo más a su densidad social. ¿Cómo se puede evaluar la fortaleza de una movilización? No tanto después, retrospectivamente, cuando ésta ha concluido y se conocen sus logros, sus alcances, sus limitaciones, sus frustraciones o, en su caso, sus alegrías, sino en el mismo momento del despliegue de la marcha, de su dinámico desenvolvimiento, del mismo trazo que se dibuja en la geografía política, inventando el camino al andar. ¿Acaso tenemos que detenernos en las razones y en la justeza misma de las demandas de la marcha de las naciones y pueblos indígenas? ¿Acaso hay un tribunal superior que va a atender de manera justa las pretensiones de uno y otro bando en pugna, y va a dirimir con razón, sabiduría y justicia? Conscientes de que no hay tal tribunal, ni mucho menos se puede esperar de los tribunales ordinarios del sistema de administración de justicia, corroído por dentro, corrompido en sus prácticas, derrumbado ética y moralmente en su propia interioridad subjetiva, recordemos que la revolución es, al final de cuentas, una acto heroico. Que los pueblos se enfrentan a la realidad y a la historia. La revolución es victoriosa, entonces, por lo menos, en un instante; los pueblos en rebelión, insurrectos, inventan otra realidad y otra historia. De esta manera, nos situamos en el núcleo intenso de energía, de deseo y de voluntad de la acción multitudinaria de los pueblos que liberan su potencia social. Se trata de la fuerza de la voluntad, este deseo social que usa la razón crítica para interpretar y convertir el deseo en voluntad política, convertir la voluntad política en acción. Es la voluntad colectiva la que puede abrir horizontes de visibilidad, de decibilidad, de enunciabilidad y de experiencia, inventando el porvenir. Entonces, todo el peso y la responsabilidad queda en los cuerpos de los protagonistas, de las y los movilizados, de las y los marchistas, en su capacidad de lucha, en su capacidad de combate. No ceder a las presiones del poder, a los chantajes del Estado, a la represión del terrorismo de Estado y del Estado terrorista de una casta política gobernante, que lo único que sabe hacer es optar por la violencia cuando es interpelada. Se defiende de la única manera que sabe hacerlo, destruyendo, descalificando, reprimiendo, encerrando, torturando y hasta asesinando. La casta política gobernante se defiende de una manera paranoica.

En consecuencia, la posibilidad del cambio, de la ruptura, de un nuevo comienzo, se encuentra en las manos, en los pies, en el cuerpo sensible y apasionado de los y las marchistas, de los y las movilizadas, en los flujos de fuga de las naciones y pueblos indígenas. Así también de los convocados, de los que apoyan a la marcha indígena, como ocurrió con la marcha indígena en defensa del TIPNIS. La defensa de la vida se encuentra en la capacidad creativa de la potencia social. Se halla en la convicción de los que se rebelan, de los que se movilizan, de los que marchan. La posibilidad de lograrlo se halla no solamente en las razones y en la justeza de la marcha, no solamente en las reivindicaciones valiosas de la marcha, sino, sobre todo, en esa capacidad estética volitiva de transformar el mundo, de trastrocar las composiciones mismas de las realidad social, composiciones definidas institucionalmente. Realidad capturada por el poder. De lo que se trata es de liberar la potencia social, liberando, a su vez, la energía misma, inherente, inmanente, en las formas institucionales, que se mueven en la superficie de los eventos y sucesos. Entonces es cuando se logra efectuar y realizar la voluntad social, se hace efectiva.

En resumen, podemos decir que los y las movilizadas, los y las marchistas, los convocados, que corresponden no solamente al pueblo boliviano, sino a todos los pueblos del continente y, también, por qué no, a todos los pueblos del mundo, en el momento en que se inicia la marcha de interpelación contra un Estado, que sigue siendo colonial, que está al servicio del modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente, han vencido. Vencen porque rompen el silencio cómplice, vencen porque mueven el suelo donde se aposentan los pies de los titiriteros y marionetas del poder, porque hacen temblar el suelo de los que gobiernan, de los que se creen la representación del pueblo. Los y las marchistas vencen porque existen, de la manera como existen, rebelándose, insubordinándose, insurreccionándose; por eso, podemos decir que la marcha indígena ha vencido.

23 septiembre 2021

1 Confederación de Pueblos Indígenas del Oriente, Chaco y Amazonía de Bolivia.

2 Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qullasuyu.

Publicado enInternacional
Miércoles, 22 Septiembre 2021 06:08

La ONU ciega ante su irrelevancia

Guterres interviene en la apertura del debate general del 76º período de sesiones de la Asamblea General de la ONU. - UN Photo/Cia Pak

El secretario general de la ONU, António Guterres, intervino ayer en el 76 periodo de sesiones de la Asamblea General queriendo encender todas las luces de alarma… menos la instalada en las propias Naciones Unidas. "Estoy aquí para hacer sonar la alarma (…) Nuestro mundo nunca ha estado más amenazado. O más dividido. Nos enfrentamos a la mayor cascada de crisis de nuestra vida", aseguró mientras el organismo internacional se hunde cada vez más en la irrelevancia internacional.

El discurso de Guterres buscaba remover conciencias, alertando sobre la crisis climática, advirtiendo del peligro de la desinformación y los ataques a la ciencia, sentenciando que "los derechos humanos (DDHH) están bajo fuego" y que "la solidaridad está ausente, justo cuando más la necesitamos".

Todo ello en mitad de un escenario de pandemia global que no ha sido tratada como tal, con países sin haber recibido siquiera las primeras dosis de vacunas COVID mientras en otros como España terminan en la basura viales caducados sin usar. "Hemos aprobado el examen de Ciencias, pero estamos suspendiendo en Ética", resumió.

Desde su punto de vista, las seis grandes brechas a las que se enfrenta el mundo son las divisiones de la paz, del clima, entre ricos y pobres, de género, digital y generacional.

El problema de la intervención de Guterres es que ésta pierde fuerza cuando no viene respaldada por hechos, cuando el fracaso de la ONU se constata año a año sin que mueva ficha para resolverlo. Hablando en plata, no se puede salir a barrer la calle cuando el desorden reina en la casa. No parece coherente hablar de "la agitación desde Afganistán hasta Etiopía, pasando por Yemen" cuando esos conflictos llevan años sin mediación alguna, cuando la guerra ha vuelto al Sáhara Occidental tras más de tres décadas de incumplimientos de las resoluciones de la ONU. Si el papel de las Naciones Unidas es ausente en conflictos de antigüedad, ¿alguien de veras espera que en los de nuevo cuño, como el golpe de Estado de Myanmar, tenga algún efecto?

Las limitaciones políticas y operativas de la ONU cada vez son más evidentes, a pesar de que las voces que reclaman una profunda reforma del organismo llevan años resonando en todo el mundo. Asistimos a cómo sus programas mundiales únicamente tienen éxito allá dónde no tienen implicación política alguna o en regiones olvidadas por las superpotencias por carecer de interés geoestratégico. El caso de Palestina y la constante violación de los DDHH por parte de Israel representa un perfecto ejemplo de ello, con EEUU posicionado del lado israelí, independientemente de que republicanos o demócratas habiten la Casa Blanca, aunque sí lo hagan con diferentes modos y grados.

El Consejo de Seguridad bloquea más que actúa; su imagen dividida, con EEUU por un lado y China y Rusia por otro con Reino Unido y Francia sumidos en la impotencia, cada vez resta más confianza en la ONU, vista como un pelele en el contexto internacional. No es capaz de mediar en los conflictos, ni tan siquiera de mantener la paz en los que en el pasado medió, como evidencia el clamoroso fracaso en el Sáhara Occidental donde, tras 30 años de alto el fuego, Marruecos ha vuelto a la guerra con total impunidad, sin la menor crítica internacional, más bien lo contrario, su bendición silenciosa. Las ocasiones en las que el Consejo de Seguridad termina centrando el debate en la ayuda humanitaria se multiplican y ese no es el cometido para el que fue creado, pues para esos menesteres existen otros mecanismos.

La inoperancia del Consejo de Seguridad es la gran carga de profundidad que mina el correcto funcionamiento de la ONU, con un secretario general al que, pese al discurso de ayer, continúa faltándole coraje, enfundándose el traje diplomático que desactiva cualquier acción que entrañe el más mínimo riesgo, quedándose en el mejor de los casos en pronunciamientos aislados. Poco ruido y menos nueces, especialmente cuando sobre esas nueces está posada la mirada de alguno de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad.

Tanto piensa la ONU en el largo plazo que el corto se la merienda, imposibilitando ese horizonte que deviene en una mera ensoñación. Abordar cuestiones como el cambio climático o la revolución digital, aun siendo relevantes, es mucho más sencillo que meterle mano a los conflictos bélicos, a los abusos neocoloniales, a la sistemática violación de DDHH. La consecuencia directa de ello es, por ejemplo, el incontestable fracaso en Afganistán, donde el organismo estaba presente desde 2001 a través de su Misión de Asistencia de la ONU en Afganistán (UNAMA).

Se escucharán muchos buenos propósitos durante la Asamblea General, pero o la ONU adopta un papel más audaz o todo quedará en agua de borrajas. Para poder hacer eso, el organismo ha de autodiagnosticarse; antes de encender las luces de alarma mundial, Guterres debería poner negro sobre blanco los males endémicos de la ONU que, aun ayudando a asegurar el actual escenario de inestabilidad mundial, sus apuntalamientos pueden terminar cediendo a la creciente presión.

22/09/2021

Publicado enInternacional
La amenaza científica de la Cumbre sobre los Sistemas Alimentarios

KUALA LUMPUR – Las oportunas intervenciones de la sociedad civil, incluidos los científicos preocupados, han evitado muchos posibles abusos de la Cumbre sobre los Sistemas Alimentarios de las Naciones Unidas, el 23 de este mes. El secretario general de la ONU debe evitar ahora que el organismo mundial secunde la agenda corporativa de los líderes políticos.

La amenaza de la Cumbre

La narrativa sobre los desafíos alimentarios ha cambiado en los últimos años. En lugar del derecho a la alimentación, la seguridad alimentaria, la eliminación del hambre y la malnutrición, la agricultura sostenible y etcétera, se están promoviendo soluciones sistémicas que suenan neutrales. Estas fomentarán la influencia, los intereses y los beneficios de las empresas transnacionales.

La convocatoria de la Cumbre, que finalmente sesionará mayormente en forma virtual, provino supuestamente de la oficina del secretario general de la ONU (Organización de las Naciones Unidas), António Guterres. La consulta previa con los responsables de las agencias alimentarias de la ONU, con sede en Roma, fue escasa o nula.

Sin embargo, este aparente descuido fue rápidamente abordado por Guterres y dio lugar a la reunión preparatoria de la Cumbre, realizada en Roma entre el 26 y el 28 de julio.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) fue creada por el sistema multilateral dirigido por la ONU tras la Segunda Guerra Mundial para hacer frente a los problemas alimentarios. Posteriormente, el Programa Mundial de Alimentos (PMA) y el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (Fida) también se establecieron en Roma bajo los auspicios de la ONU.

El unilateralismo soberanista impuesto en Estados Unidos por el presidente Donald Trump (2017-enero 2021) aceleró las tendencias anteriores que socavaban el multilateralismo liderado por la ONU, especialmente tras la invasión de Iraq dirigida por Washington.

La proliferación de iniciativas supuestamente multisectoriales, financiadas normalmente por empresas agrícolas transnacionales y fundaciones filantrópicas, también ha marginado el multilateralismo dirigido por la ONU y las agencias alimentarias de Roma.

Hasta ahora, el proceso de la Cumbre se ha resistido a las acciones multilaterales de seguimiento dirigidas por la ONU. Sin duda, la marginación del sistema de las Naciones Unidas ha sido sutil y tampoco ha sido un obstáculo.

Además del trío de Roma, el Comité de Seguridad Alimentaria Mundial (CSA) de la ONU y su Grupo de Alto Nivel de Expertos en Seguridad Alimentaria y Nutrición (Ganesan) han sido otras víctimas de esa marginación.

El CSA ha evolucionado en los últimos años para implicar a un amplio abanico de actores del sistema alimentario, incluidos los intereses empresariales privados y la sociedad civil. Esta última incluye a los movimientos sociales de los agricultores, otros productores de alimentos y partes interesadas de la sociedad civil que en gran medida han sido dejadas de lado por los procesos de la Cumbre.

A través de la Cumbre, el Foro Económico Mundial (FEM) y otras iniciativas similares se han presentado como de la ONU. De hecho, estas han involucrado mínimamente a los líderes del sistema de la ONU, y menos aún a los Estados miembros. Muchos se refieren a la Cumbre sin el prefijo de la ONU para rechazar su legitimidad, ya que cada vez más personas la llaman cínicamente el FEM-FSS (sigla en inglés de Cumbre sobre los Sistemas Alimentarios).

Toma de posesión del nexo ciencia-política

La propuesta de un nuevo nexo entre ciencia y política, ya sea “ampliando el mandato del Grupo Científico de la Cumbre o estableciendo un nuevo panel permanente o un mecanismo de coordinación a su molde”, es especialmente preocupante.

El Grupo Científico de la Cumbre está compuesto en su mayoría por científicos y economistas elegidos por los principales impulsores de la Cumbre, integrantes del FEM. Además de marginar a muchas otras partes interesadas en el sistema alimentario, sus prejuicios son contrarios a los valores de la ONU y a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

Sus evaluaciones apenas tienen en cuenta las consecuencias de las innovaciones para los más vulnerables. Al dar prioridad a las innovaciones técnicas sobre las sociales, no han sido transparentes, y mucho menos han rendido cuentas públicamente.

Su enfoque pretenciosamente científico es condescendiente y, por lo tanto, es poco probable que aborde eficazmente los complejos retos del sistema alimentario contemporáneo que implican a múltiples partes interesadas.

Extender el mandato de su Grupo Científico más allá de la Cumbre, o hacerlo permanente, traicionaría el compromiso de que la SFS apoyaría y fortalecería, no socavaría, al CSA. El CSA debe ser el lugar donde se discutan y evalúen en última instancia los resultados de la Cumbre, utilizando sus mecanismos de participación inclusiva.

Un nuevo organismo de este tipo socavaría directamente la función establecida del Ganesan y su cometido de proporcionar orientación científica a los Estados miembros a través del CSA. En julio, cientos de científicos advirtieron que un nuevo panel científico socavaría tanto la gobernanza del sistema alimentario como al propio CSA.

Salvar el multilateralismo liderado por la ONU

Al igual que los preparativos de la Cumbre han desplazado al CSA, la propuesta de interfaz científico-normativa marginaría al HLPE – la sigla en inglés por la que también se conoce al Ganesan-, socavando la reforma del sistema de la ONU que más éxito ha tenido hasta la fecha en el avance significativo y productivo del multilateralismo inclusivo.

Tras la crisis de los precios de los alimentos en el bienio 2007-2008, el CSA se reformó en 2009 para proporcionar una plataforma inclusiva que garantizara la legitimidad de un amplio abanico de grupos de interés y mejorara la coherencia de diversas políticas relacionadas con la alimentación.

Al igual que el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), el Grupo de Alto Nivel consulta amplia y abiertamente a las partes interesadas sobre sus evaluaciones de investigación y sus prioridades de trabajo.

Sus informes se someten a extensas revisiones por pares para garantizar que responden a las necesidades de los constituyentes del CSA, siguen siendo relevantes para las políticas y abordan diversas perspectivas.

Este mismo mes, varios líderes cruciales de la sociedad civil, que trabajan estrechamente con el sistema de la ONU, advirtieron que los resultados de la Cumbre podrían erosionar aún más el apoyo público y la legitimidad de la ONU, así como la capacidad de las agencias de Roma para guiar la necesaria reforma del sistema alimentario.

En el llamamiento también participaron el relator especial de la ONU sobre el Derecho a la Alimentación, Michael Fakhri, a su predecesor Olivier De Schutter, actual relator especial de la ONU sobre la Extrema Pobreza y los Derechos Humanos, al presidente del CSA, Thanawat Tiensin, y al presidente del Ganesan, Martin Cole.

Sus preocupaciones reiteran las de cientos de científicos, expertos en gobernanza global, grupos de la sociedad civil y el Panel Internacional de Expertos en Sistemas Alimentarios Sostenibles (IPES-Food), entre otros.

La principal preocupación es “la amenaza que supone para el papel de la ciencia y el conocimiento en la toma de decisiones del sistema alimentario”, plantean.

Conscientes de la controversia que rodea a la Cumbre desde el principio, los cuatro instan a Guterres a que una vez que se realice, “será imperativo restablecer la fe en el sistema de la ONU… Por lo tanto, sería inestimable un compromiso claro de apoyar y reforzar el HLPE y el CSA”.

Subrayan también que hay mucho que hacer para garantizar que el Ganesan del CSA esté equipado para seguir desempeñando su papel crucial en la interfaz de la ciencia y la política del sistema alimentario.

Tras estos reveses previos a la Cumbre, el secretario general de la ONU debe defender el progreso que el CSA y el HLPE representan para un multilateralismo significativo dirigido por la ONU y que valorice el compromiso con la sociedad civil.

22/09/2021

Por Jomo Kwame Sundaram, profesor de economía y antiguo secretario general adjunto de la ONU para el Desarrollo Económico.

T: MF / ED: EG

Publicado enEconomía
La voladura controlada de Evergrande, el gigante inmobiliario chino

El movimiento del gobierno chino dejando que Evergrande caiga, debe leerse entonces, como un doble aviso, tanto a sus clases capitalistas internas como

 

La gigantesca empresa inmobiliaria china Evergrande llevaba meses anunciando sus problemas de liquidez para hacer frente a una montaña de deuda cercana a los 300.000 millones de dólares. Los repetidos anuncios de falta de liquidez han terminado por provocar una serie de bruscas caídas bursátiles de los bonos privados chinos denominados en dólares que se negocian en uno de los tres sistemas financieros paralelos que mantiene el gobierno Chino: el llamado mercado chino offshore en dólares. De ahí la crisis, en un patrón más o menos típico, ha saltado a los valores inmobiliarios chinos y de Hong Kong y a los mercados globales, en tanto muchos grandes fondos de inversión transnacionales tienen fuertes posiciones precisamente en ese mercado. 

Gigantes financieros que nos son familiares como BlackRock o HSBC son propietarios de distintos fondos de alto rendimiento que han estado comprando grandes cantidades de bonos basura de Evergrande, y del sector inmobiliario chino, con primas de riesgo los suficientemente altas como para llegar a sus objetivos de rentabilidad, en un entorno en que las enormes cantidades de liquidez puestas por los bancos centrales occidentales en manos de los agentes financieros no encuentran rentabilidades suficientes. Semanas antes, otro viejo conocido, el mega fondo de gestión de activos inmobiliarios Blackstone, se desprendió apresuradamente de una buena parte de sus bonos inmobiliarios chinos. Acrecentando, sin embargo, la que es su principal apuesta en China, la compra masiva de instalaciones logísticas para el comercio online.

Las comparaciones con el crash de octubre de 2008 y las reminiscencias de la quiebra de Lehmann Brothers se han repetido en los últimos días al calor de la mayor bajada de las bolsas desde la aprobación del mega rescate al mercado de bonos privados americanos por parte de la Reserva Federal en marzo de 2020. En su editorial de ayer martes, el Financial Times, en una de sus frecuentes arrancadas de pundonor neoliberal, zanjaba el asunto diciendo que Evergrande no es Lehmann Brothers porque la casa de finanzas neoyorkina operaba en un mercado libre mientras que Evergrande no lo hace. Solo pensar en la cola interminable de rescates al sector financiero americano y europeo, y en las aún más largas consecuencias políticas de estos rescates, hace que el comentario del FT sea más patético que irritante, y da la medida de la indigencia política en que se encuentran actualmente los partidarios de la globalización neoliberal.

Pero más allá de mantener viva la llama doctrinal del libre mercado, esta declaración, y en la misma línea otras del Wall Street Journal en su editorial, marca las dos grandes posiciones contradictorias que las finanzas occidentales mantienen sobre China: por un lado, se elimina de un plumazo el riesgo de una verdadera quiebra tolerada por el gobierno chino de sus múltiples gigantes inmobiliarios que sería absolutamente devastadora para los grandes fondos occidentales, asumiendo que el rescate de Evergrande y el resto de valores inmobiliarios chinos está hecho. Es decir, se salvan las posiciones de alto beneficio en China de los grandes actores financieros de Wall Street. 

Pero, a la vez, se redobla el ataque ideológico a una China que ha salido ganadora indiscutible de la pandemia, y que hoy simplemente, concentra la inmensa mayoría del capital productivo global. De alguna manera, las casas de finanzas globales tienen clara la visión de la magnitud del pastel chino pero les puede la frustración de estar sometidos a las formas y ritmos de acceso al beneficio que marca el PCCh. En ese terreno ideológico-político antes que financiero es donde la caída bursátil de Evergrande ha sido más impactante. Frente a la creciente evidencia del dominio chino de la producción global, se lanza la sombra de la duda acerca del futuro de la economía china.

La verdadera “crisis”

Esto no quiere decir que la economía china no tenga problemas, que los tiene, sino más bien que hay poca comparación posible entre las gigantescas burbujas inmobiliarias estadounidense y española que pincharon estrepitosamente en 2008 dejando a la vista que buena parte del modelo económico dependía de los precios de la vivienda, y la burbuja inmobiliaria en un país que acaba de coronar su ascenso a la categoría de primera potencia económica mundial. En el que para colmo, aunque la cifra crece rápido, no más de un 3% de sus bonos privados están en manos de fondos extranjeros.

China sigue teniendo un problema gigantesco con sus niveles de endeudamiento en la moneda nacional: el renminbi (RNB) y, en concreto, en su principal mercado de bonos privados, el mercado onshore en renmimbis. Hasta hace poco más de un año, la infinidad de empresas estatales y locales chinas se financiaban en este mercado interno sin riesgo de quiebra; una reminiscencia del comunismo chino. En los años anteriores a la crisis del coronavirus, el Gobierno chino se ha visto enfrentado progresivamente a un dilema aún no resuelto: el crecimiento indefinido de la deuda en RNB provoca salidas de capital hacia el dólar en masa y, en la medida en que el renminbi se devalúa, provoca también un crecimiento inmediato del servicio de las deudas en dólares. Se daña aquí uno de los principios centrales que han guiado el camino de China a la hegemonía productiva global: la acumulación de reservas en dólares durante más de treinta años. Pero una revalorización del renminbi tampoco es una posición satisfactoria para los dirigentes económicos chinos en la medida en que daña sus exportaciones, y en este caso, desvaloriza las inmensas reservas chinas en dólares que le dan el poder último sobre las finanzas estadounidenses.

La solución que desde hace un año ha puesto en marcha Xi Jinping consiste precisamente en abrir parcialmente, los mercados de bonos onshore en Renminbis, el sancta sanctorum de los mercados financieros chinos, a los flujos financieros transnacionales. En concreto, la entrada de los fondos de ahorro mutuo chinos en la órbita financiera global, ha hecho que, en un mundo en crisis abierta, todos los grandes nombres de bancos y casas de finanzas internacionales consideren este mercado como su gran apuesta. Un movimiento en absoluto exento de riesgos para China. El movimiento del gobierno chino dejando que Evergrande caiga relativamente, debe leerse entonces, como un doble aviso, tanto a sus clases capitalistas internas como a los grandes agentes financieros, a los que se ha mostrado el poder de intervención en los mercados financieros del nuevo país con mayor poder poder económico de la tierra.

a los grandes agentes financieros.

Isidro López

Es miembro de la Fundación de los Comunes. 

22 sep 2021 10:16

Publicado enEconomía
“La Cumbre de la ONU sobre alimentación no beneficiará a los millones de personas con hambre”

Entrevista a Michael Fakhri, relator especial sobre el Derecho a la Alimentación de las Naciones Unidas

 

El Relator sobre el Derecho a la Alimentación de la ONU, Michael Fakhri, denunció que la Cumbre responde a los intereses de multinacionales que son, en gran parte, responsables de la crisis alimentaria. En una entrevista con Tierra Viva, advirtió sobre los posibles impactos en los territorios y propuso alternativas. La agroecología como herramienta de cambio.

Promovida por el Foro Económico Mundial, empieza este 23 de septiembre la Cumbre sobre los Sistemas Alimentarios de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Desde su anuncio, en octubre pasado, llueven las críticas desde diferentes sectores, entre ellos, integrantes de la propia ONU. Relatores especiales y ex funcionarios del organismo internacional advierten sobre la influencia cada vez más preocupante del sector privado concentrado -empresas como Unilever, Bayer, Nestlé, Coca Cola, Pepsico, Google, Amazon, Microsoft- en este tipo de cumbres, donde se acuerdan líneas generales que luego inciden en las políticas públicas de los países.

Una de esas voces críticas es la de Michael Fakhri, relator especial sobre el Derecho a la Alimentación de las Naciones Unidas. Para Fakhri esta Cumbre será una pérdida de tiempo y dinero para los Estados miembros de la ONU, y no beneficiará en absoluto a los pueblos del mundo, menos aún a las millones de personas que padecen hambre. En cambio, sí sacarán provecho un puñado de multinacionales que buscan garantizar sus negocios en el futuro, algunas ONG y los grupos de consultores que trabajan como asesores y en la organización de este tipo de eventos internacionales.

Lo que sí sentirán las personas comunes, tanto en las ciudades como en el campo, son los impactos de esta cumbre en los próximos años. Para Fakhri, lo que se acuerde en la Cumbre influirá en los futuros planes alimentarios que pongan en práctica gobiernos nacionales. Planes que, de acuerdo a cómo se vienen dando los acontecimientos, “es muy probable que violen los derechos humanos”, advirtió el relator.

Le preocupa que la ONU ceda a las multinacionales el poder de influencia y decisión sobre cómo enfrentar la crisis alimentaria en un mundo donde el hambre aumenta desde 2015, según datos de la FAO. Y en un momento en que la pandemia por Covid empeoró todo: se calcula que en 2020, entre 700 y 800 millones de personas pasaron hambre.

Junto a dos relatores anteriores, Fakhri denunció que los organizadores de la Cumbre pasaron por alto órganos ya establecidos y más transparentes para debatir los sistemas alimentarios, como el Comité de Seguridad Alimentaria Mundial. “De manera flagrante -y quizás deliberada-, la Cumbre desvía la atención de los gobiernos hacia fuera del Comité”, sostuvieron. Y señalaron que las reglas y la agenda de la Cumbre fueron establecidas por un pequeño sector que responde a los intereses de las multinacionales. Por lo tanto, las propuestas que salgan de allí serán “sistemas agrícolas controlados por Inteligencia Artificial, edición génica y otras soluciones de alta tecnología orientadas a la agroindustria a gran escala”, advirtieron.

Desde el anuncio de la Cumbre, por parte del secretario general de la ONU, Antonio Guterres, en octubre pasado, Fakhri produjo varios documentos en los que insistió en la falta de una perspectiva de derechos humanos para abordar los sistemas alimentarios. Uno de ellos fue un informe presentado al Consejo de Derechos Humanos de la ONU, otro destinado en especial a los organizadores de la Cumbre, y un reciente reporte para la Asamblea General de Naciones Unidas.

Agencia Tierra Viva conversó desde Buenos Aires, Argentina, con Fakhri, quien vive en los Estados Unidos, donde es profesor en la Facultad de Derecho de la Universidad de Oregon.

-¿Tuvo alguna respuesta por parte de las autoridades de la Cumbre a sus críticas y propuestas?

No. Lo último que intenté fue comunicarme con las autoridades y sugerir cómo incluir a organizaciones y movimientos sociales que hasta ahora vienen oponiéndose a la Cumbre. Porque hasta el momento, si bien la Secretaría (autoridad) de la Cumbre se reunió con ellos, en realidad no escuchó sus demandas ni modificó en nada lo que venían haciendo. Pensé que esta era la última oportunidad y les entregué una propuesta, pero la rechazaron. Luego de de esa conversación, mi mensaje es: No es una cumbre de la gente, del pueblo (como había anunciado el Secretario General de la ONU). Esto es una pérdida de tiempo. La Cumbre lleva dos años de organización, aproximadamente 24 millones de dólares gastados y miles de personas que trabajaron de manera voluntaria. Y al final el resultado no va a servir a las personas en los territorios, en el campo, en las fábricas y las ciudades. Las personas que más lo necesitan no se van a beneficiar de esa cumbre.

-¿Y quién se va a beneficiar con la Cumbre?

-Desde el comienzo estuvo claro que las principales personas que idearon la Cumbre estaban todas conectadas con el Foro Económico Mundial. No son necesariamente las multinacionales de manera directa, ninguna empresa figura entre los líderes de la Cumbre. Sino que son organizaciones que trabajan en estrecha colaboración con ellas, que sirven a esas corporaciones y dicen que éstas son parte de la solución. Les pregunté a los organizadores de la Cumbre cómo pueden decir que las multinacionales son parte de la solución cuando en realidad son parte del problema. Y su respuesta fue: ‘Los gobiernos también son parte del problema’. Y esto te dice mucho. Porque los gobiernos no son lo mismo que las corporaciones. Los gobiernos, si bien son parte del problema, al menos en la teoría tienen que rendir cuentas, son responsables. Las multinacionales, no. Por el contrario, tratan de limitar la responsabilidad y generar ganancias. Sabemos lo difícil que es responsabilizar a una multinacional por violaciones a los derechos humanos. Por lo tanto, los sectores que se van a beneficiar son algunos productores agrícolas y de alimentos que quieren dar más poder a las multinacionales y se sienten bien trabajando con ellas. Y las mismas empresas. Lo que no me queda claro es por qué los gobiernos están dispuestos a otorgar poder, a través de las Naciones Unidas, a los asesores, científicos y expertos que trabajan junto a las multinacionales. Quienes también se van a beneficiar son los organizadores de la Cumbre, ese grupo de gente que va a continuar con sus trabajos de consultoría y seguirán siendo tratados como expertos.

-¿Puede dar ejemplos de esas ONGs y empresas, y las soluciones que proponen?

-El presidente de la Vía de Acción 2 (las vías de acción son una especie de comisión dentro de la Cumbre) es Lawrence Haddad, director Ejecutivo de la ONG GAIN (Global Alliance for Improved Nutrition). Lo que él quiere es crear una iniciativa para que las empresas hagan promesas. Esa es la solución. Que las corporaciones digan: ‘Prometemos arreglar el sistema alimentario y hacer un mundo mejor’. Otro ejemplo: los organizadores de la Cumbre crearon algo llamado palancas (o mecanismos) de cambio transversales… quién sabe lo que significa. Pero en fin, son cuatro: Finanzas, Innovación, Género y trataron de crear una sobre Derechos Humanos pero no funcionó. Finanzas está liderada por el Banco Mundial e Innovación por el Foro Económico Mundial. Por lo tanto, ellos pueden destinar todos sus recursos y ser la palanca transversal que pueda influir sobre toda la Cumbre. Y van a escribir el reporte final que va a influir sobre lo que gente piense acerca de esos temas. Lo otro que hizo el Foro Económico Mundial es organizar una reunión justo antes de que se abra la Cumbre. Esa reunión fue casi un espejo de toda la Cumbre. Los que asistieron fueron todas las multinacionales: Coca Cola, Unilever, Monsanto -o como sea que se llamen ahora-, Bayer y todos los líderes de la Cumbre, y sentaron las pautas antes de que el proceso comience oficialmente. Más allá de esto, es difícil dar ejemplos concretos de las soluciones que proponen porque, a tres semanas de empezar la cumbre, nadie sabe bien cuáles son los resultados que se esperan.

“Compromiso Hambre Cero”. Así se llama la iniciativa de la ONG GAIN a la que hace referencia Fakhri, y que es una de las soluciones que promueve la Cumbre. “El compromiso es una declaración no vinculante de las operaciones y planes de inversión propuestos por las compañías. No tiene la intención de crear ningún derecho u obligación legalmente exigible para las empresas”, explica GAIN en su sitio web. Entre los principales financiadores de la ONG figuran las multinacionales BASF, Unilever y Arla Foods así como la Fundación Bill y Melinda Gates y la Fundación Rockefeller.

 

Impacto en los territorios

-¿Cuál será el impacto de la Cumbre en la gente común, en trabajadores, familias campesinas, pueblos indígenas?

-Los impactos no se van a ver de inmediato y eso ya es un problema. El hecho de que no haya impactos positivos inmediatos en una pandemia es un problema. De hecho, la cumbre no se ocupa del Covid de ninguna manera, sino que asume el mundo después del Covid, por lo tanto es una fantasía. Lo que hace la Cumbre es influir sobre los gobiernos nacionales. La mayor parte de las actividades están dedicadas a que los gobiernos anuncien planeas generales de cómo van a cambiar sus sistemas alimentarios. La Cumbre va a conectar a esos gobiernos con inversores y consultores interesados en trabajar con las multinacionales. Y van a asesorar a los gobiernos sobre cómo cambiar sus sistemas alimentarios. Por lo tanto, lo que va a empezar a pasar es que cada vez más países van a desarrollar planes alimentarios.

La mayoría de los países tienen planes agropecuarios, pero no alimentarios. Entonces, habrá cada vez más planes alimentarios diseñados e implementados de una manera que, teniendo en cuenta cómo se han dado las cosas, muy probablemente violarán los derechos humanos. Por lo tanto, vamos a comenzar a ver los efectos en los territorios en un par de años.

Mientras tanto, la pregunta es cómo las personas que están comprometidas con los derechos humanos van a continuar con la lucha a nivel internacional mientras, al mismo tiempo, animan a las personas a manifestarse a nivel local. Porque hay una esperanza y una oportunidad: si hay suficiente presión a nivel nacional sobre los gobiernos para crear planes alimentarios basados en los derechos humanos, eso puede neutralizar a la Cumbre. Al final, el poder local es siempre el más efectivo.

-En varias oportunidades sostuvo que la Cumbre no se ocupa seriamente de la pandemia. ¿Por qué cree que eso sucede?

-No lo sé. Esa es la pregunta que le hice todo el tiempo a la Secretaría de la Cumbre. Les planteé este punto hace un año y medio, pero evitaron responder. Puedo suponer una razón. El hecho de que no hayan incluido al Covid en la agenda ni hayan explicado públicamente el motivo habla de lo desconectados que están de la realidad, de lo lejos que están de las necesidades inmediatas de las personas. Esto habla de que son una elite que puede darse el lujo de no poner el Covid en la agenda. Porque al resto del mundo, si les preguntás cómo lidian con los problemas alimentarios, tienen que enfrentar el Covid, no tienen elección. Por lo tanto, el hecho de que hayan sentido que podían elegir no ocuparse del tema me da a entender que no tienen idea de las luchas reales de la gente.

Responsables del hambre

-Usted afirma, en declaraciones e informes, que el problema del hambre es más complejo de abordar que la pandemia. Y que no es un problema de escasez de comida sino de fracasos políticos. ¿Puede dar algún ejemplo de esos fracasos?

-El hambre siempre es un fracaso político. Y no es sólo del gobierno del país en donde está ocurriendo. Nuestros sistemas alimentarios, incluso los más locales, son parte del mundo, por lo tanto la economía mundial los afecta. Por ende, el fracaso político puede ser de ese gobierno nacional, pero también de otros países que ejercen influencia. En ese sentido, el hambre siempre es un problema global. Y tiene múltiples responsables. A nivel global, el sistema entero de ONU es responsable en este sentido: la gente está tratando de que los gobiernos se junten y coordinen sus respuestas ante la crisis alimentaria, agudizada por la pandemia. Pero un pequeño número de países poderosos se niega a utilizar los foros multilaterales para hacerlo. El foro más grande, el Comité de Seguridad Alimentaria Mundial de Naciones Unidas, es el lugar ideal para que gobiernos, sociedad civil y otros actores puedan sentarse y coordinar respuestas a la crisis, es muy inclusivo. Pero hay un continuo bloqueo político de los países poderosos que no quieren trabajar con otros. Quieren mantener el poder para ellos mismos. Esto es un ejemplo de un fracaso político.

¿En qué medida las multinacionales del agronegocio son responsables por el hambre?

-Desde 1960 hasta ahora hemos aumentado la producción de alimentos en un 300 por ciento y, sin embargo, el hambre aumenta. El agronegocio se ha enfocado en producir más, más y más comida sin hacerse ninguna otra pregunta: ¿cómo están produciendo la comida? ¿qué daños están causando? Lo que han hecho, con una influencia creciente sobre los sistemas alimentarios, es promover prácticas con pesticidas, semillas transgénicas y monocultivos. Y condujeron a la reducción de la biodiversidad, que es uno de los principales problemas del cambio climático, no sólo del sistema alimentario. Porque se centran principalmente en las ganancias y en concentrar poder. Ahora están tratando de adaptarse, de ser más “sustentables”, según sus palabras. Pero no hay razón para confiar en que van a solucionar el problema.

Al final el problema no es lo que están haciendo sino el poder, quién tiene el poder. Si le das poder a un pequeño grupo de personas, en cualquier situación, nada va a salir bien. Si se mantiene el poder en manos de la gente, la gente sabe lo que necesita, lo saben mejor que nadie, son capaces de adaptarse a su contexto particular y sus ecosistemas.

La dificultad está en lograr que las personas trabajen juntas, en colaboración. Pero eso siempre es un problema en democracia, y es un buen problema. Un mal problema es tener que enfrentar al poder concentrado. Porque, de nuevo, quienes lo concentran están desconectados de la realidad. Ese es el mayor problema. Por lo tanto, la Cumbre refleja muchos de los problemas de los sistemas alimentarios.

Resistencia y caminos posibles

-¿Cuál es su opinión sobre la contra-cumbre Sistemas Alimentarios para los Pueblos, organizada por activistas y movimientos sociales que denuncian que la Cumbre responde a la agenda de las multinacionales?

-Es una inspiración. Porque estos grupos que se unieron, y que representan a millones de personas, no piensan igual e, incluso, tienen posiciones contrarias. Pero han logrado negociar y superar sus diferencias, y encontrar los puntos en común en solidaridad. Ese espíritu de solidaridad debería ser una inspiración también para los gobiernos. Porque si la gente puede hacer esto por sí misma, los gobiernos tienen que ser capaces de unirse, superar sus diferencias y servir a las necesidades de la gente. Por lo tanto, esta contra-movilización, que la gente está haciendo en circunstancias increíblemente difíciles, en medio de una pandemia, lo veo como una inspiración.

-¿Qué caminos propone como Relator para solucionar los problemas de los sistemas alimentarios?

-En primer lugar, si las personas todavía no están involucradas, que lo hagan. En cada ciudad, comunidad y país, hay movimientos de soberanía o justicia alimentaria, organizaciones campesinas, sindicatos, cooperativas. Cuanta más gente participe activamente en las luchas locales, mejor. En cuanto a los gobiernos, hay que tratar de obtener liderazgos. Necesitamos sólo un pequeño grupo de gobiernos que se unan y presionen contra la agenda de las multinacionales. Que sean los defensores de sistemas alimentarios que respeten los derechos humanos. Hay gobiernos que pueden hacerlo pero todos están esperando que otro se mueva primero. Creo que hay esperanza en convocar a esos países a conformar alguna especie de coalición que inspire y lidere a los otros. Por mi experiencia de trabajo, sé que la mayor parte de los gobiernos quieren hacer las cosas bien. Pero, de nuevo, un pequeño grupo de poderosos bloquean todo. El sistemas de las Naciones Unidas tiene fortalezas y debilidades. Una de sus fortalezas es que cuando una mayoría de países encuentran la forma de unirse, pueden influir en la agenda y pueden hacerlo en el buen sentido. Esto ya ha funcionado en el pasado y puede funcionar de nuevo. Lo tercero, que la gente construya nuevas relaciones. El cambio ocurre a partir de la creación de nuevas relaciones y amistades. Lo que me inspiró, por ejemplo, son los movimientos en la India. Estuvieron liderados por organizaciones de agricultores que luchaban por sus derechos humanos. Y lo que ocurrió fue que los trabajadores y los sindicatos se les unieron en solidaridad. Los agricultores y los trabajadores no siempre se llevan bien, es una relación complicada. Pero fueron capaces de desarrollar un nuevo vínculo. Por lo tanto, creo que nuevas relaciones conducen a una nueva política, nuevas ideas, y así es como sucede el cambio.

-En Sudamérica el modelo de agronegocio que combina cultivos transgénicos, agrotóxicos y concentración de la tierra lleva más de tres décadas y los gobiernos siguen promoviéndolos como una forma de desarrollo. ¿Qué opina sobre eso?

-Hay una desconexión entre las políticas alimentarias y las políticas de comercio. Y esto impacta en cómo los países usan la tierra. Si el país está principalmente orientado a la exportación, hace que la tierra se oriente a la producción de commodities, no de alimentos. Esto responde a un modelo de desarrollo: producimos commodities –como si fuéramos una fábrica-, vendemos al mercado internacional, ganamos dinero, lo ingresamos al país y con eso comemos mejor y mejoramos la calidad de vida. Eso es un modelo económico de los años 50. El mundo entero lo implementó. Lo que hemos visto, especialmente en los países del hemisferio sur, es que reorientar el sector agropecuario hacia las exportaciones dio como resultado tres cosas. Lo primero, se reduce la biodiversidad, lo que afecta al ambiente y la salud de las personas, su salud física. Segundo, que no mejoró la condición socioeconómica; solamente algunas personas ricas del país se hicieron más ricas. Vemos esto en la Organización Mundial de Comercio: los países en desarrollo no están conformes con las políticas internacionales de comercio. Y tercero, deja inseguridad alimentaria en el país: exportás alimento, importás dinero, pero la gente pasa hambre. Se crea un absurdo. Tenés un sector agrícola que manda alimentos al exterior mientras tu gente tiene hambre al lado tuyo. Ningún país está haciendo un buen trabajo para conectar el sistema alimentario con el de comercio. Sudamérica puede ser un buen lugar para hacerlo, porque tiene agricultura, tiene una historia de movimientos populares y el comercio siembre ha sido un tema de debate, más que en otras regiones.

Invertir en agroecología

-Tanto usted como relatores anteriores proponen a la agroecología como una de las soluciones a la crisis alimentaria. ¿Qué les diría a quienes sostienen que la agroecología es algo del pasado, primitivo?

-La agroecología se basa en largas tradiciones de cómo cultivar los alimentos. Tiene el poder del conocimiento de las personas que hacen el trabajo: agricultores, pescadores, pastores, campesinos. Proviene de una tradición particular, pero es dinámica. Y está orientada hacia el futuro. El mundo que vivimos hoy comenzó en 1970, cuando comenzó la Revolución Verde y la agricultura pasó a ser un negocio de grandes multinacionales. Es un fenómeno reciente, pero miren la destrucción que generó en sólo 50 años. Por lo tanto, la agroecología es nueva en el sentido de que todavía no nos hemos comprometido a nivel global para, de forma consciente, desarrollar nuestras políticas alimentarias de una manera integrada a los procesos ecológicos. La agroecología tiene una historia, pero todo tiene una historia. El agronegocio es parte de la historia de la industria. Tomaron la agricultura y la pusieron en la historia de las fábricas, de la industria. No fue cualquier avance tecnológico, fue un avance tecnológico para producir commodities con el propósito de generar ganancias. Traigamos de vuelta a la agricultura a la tradición del conocimientos locales, de los agricultores, de los pueblos indígenas. Pero, de nuevo, se trata de una tradición que es nueva, actualizada. Tenemos que crear nuevas tecnologías, invertir dinero, científicos, escuelas y todo eso, y será algo nuevo. La agroecología tiene técnicas que ya se ha probado que funcionan. Debido al cambio climático, los ecosistemas están cambiando muy rápido. En ese sentido, la agroecología por definición es moderna, porque responde directamente a un ecosistema que será nuevo para nosotros. Es más dinámica y más resiliente que la agricultura industrial.

-En su último reporte usted hace hincapié en la necesidad de invertir en agroecología.

-Hay que dirigir la inversión a aquello que está alineado con los derechos humanos, con la preocupación ecológica, y poner el poder en manos de la gente. No hay suficiente inversión en agroecología. En mi trabajo he visto que muchos gobiernos están interesados. Muchos gobiernos quieren hacer la transformación y es casi una cuestión de cuán rápido quieren hacerlo. Esa es realmente la pregunta. Creo que el problema con la agroecología es que el agronegocio trata de hacer dos cosas a la vez: decir que es irrelevante o no productivo mientras que, al mismo tiempo, dicen: ‘Ah, pero nosotros podemos hacer agroecología’. La redefinen para que sirva a sus propósitos y eso confunde. Pero creo que cuánto más claras tengamos las cosas, más gobiernos haya involucrados y más se invierta en agroecología, más rápido se va a dar el cambio. Se está construyendo, sólo que me gustaría que fuera más rápido.

20/09/2021

Publicado enInternacional
“La Cumbre de la ONU sobre alimentación no beneficiará a los millones de personas con hambre”

Entrevista a Michael Fakhri, relator especial sobre el Derecho a la Alimentación de las Naciones Unidas

 

El Relator sobre el Derecho a la Alimentación de la ONU, Michael Fakhri, denunció que la Cumbre responde a los intereses de multinacionales que son, en gran parte, responsables de la crisis alimentaria. En una entrevista con Tierra Viva, advirtió sobre los posibles impactos en los territorios y propuso alternativas. La agroecología como herramienta de cambio.

Promovida por el Foro Económico Mundial, empieza este 23 de septiembre la Cumbre sobre los Sistemas Alimentarios de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Desde su anuncio, en octubre pasado, llueven las críticas desde diferentes sectores, entre ellos, integrantes de la propia ONU. Relatores especiales y ex funcionarios del organismo internacional advierten sobre la influencia cada vez más preocupante del sector privado concentrado -empresas como Unilever, Bayer, Nestlé, Coca Cola, Pepsico, Google, Amazon, Microsoft- en este tipo de cumbres, donde se acuerdan líneas generales que luego inciden en las políticas públicas de los países.

Una de esas voces críticas es la de Michael Fakhri, relator especial sobre el Derecho a la Alimentación de las Naciones Unidas. Para Fakhri esta Cumbre será una pérdida de tiempo y dinero para los Estados miembros de la ONU, y no beneficiará en absoluto a los pueblos del mundo, menos aún a las millones de personas que padecen hambre. En cambio, sí sacarán provecho un puñado de multinacionales que buscan garantizar sus negocios en el futuro, algunas ONG y los grupos de consultores que trabajan como asesores y en la organización de este tipo de eventos internacionales.

Lo que sí sentirán las personas comunes, tanto en las ciudades como en el campo, son los impactos de esta cumbre en los próximos años. Para Fakhri, lo que se acuerde en la Cumbre influirá en los futuros planes alimentarios que pongan en práctica gobiernos nacionales. Planes que, de acuerdo a cómo se vienen dando los acontecimientos, “es muy probable que violen los derechos humanos”, advirtió el relator.

Le preocupa que la ONU ceda a las multinacionales el poder de influencia y decisión sobre cómo enfrentar la crisis alimentaria en un mundo donde el hambre aumenta desde 2015, según datos de la FAO. Y en un momento en que la pandemia por Covid empeoró todo: se calcula que en 2020, entre 700 y 800 millones de personas pasaron hambre.

Junto a dos relatores anteriores, Fakhri denunció que los organizadores de la Cumbre pasaron por alto órganos ya establecidos y más transparentes para debatir los sistemas alimentarios, como el Comité de Seguridad Alimentaria Mundial. “De manera flagrante -y quizás deliberada-, la Cumbre desvía la atención de los gobiernos hacia fuera del Comité”, sostuvieron. Y señalaron que las reglas y la agenda de la Cumbre fueron establecidas por un pequeño sector que responde a los intereses de las multinacionales. Por lo tanto, las propuestas que salgan de allí serán “sistemas agrícolas controlados por Inteligencia Artificial, edición génica y otras soluciones de alta tecnología orientadas a la agroindustria a gran escala”, advirtieron.

Desde el anuncio de la Cumbre, por parte del secretario general de la ONU, Antonio Guterres, en octubre pasado, Fakhri produjo varios documentos en los que insistió en la falta de una perspectiva de derechos humanos para abordar los sistemas alimentarios. Uno de ellos fue un informe presentado al Consejo de Derechos Humanos de la ONU, otro destinado en especial a los organizadores de la Cumbre, y un reciente reporte para la Asamblea General de Naciones Unidas.

Agencia Tierra Viva conversó desde Buenos Aires, Argentina, con Fakhri, quien vive en los Estados Unidos, donde es profesor en la Facultad de Derecho de la Universidad de Oregon.

-¿Tuvo alguna respuesta por parte de las autoridades de la Cumbre a sus críticas y propuestas?

No. Lo último que intenté fue comunicarme con las autoridades y sugerir cómo incluir a organizaciones y movimientos sociales que hasta ahora vienen oponiéndose a la Cumbre. Porque hasta el momento, si bien la Secretaría (autoridad) de la Cumbre se reunió con ellos, en realidad no escuchó sus demandas ni modificó en nada lo que venían haciendo. Pensé que esta era la última oportunidad y les entregué una propuesta, pero la rechazaron. Luego de de esa conversación, mi mensaje es: No es una cumbre de la gente, del pueblo (como había anunciado el Secretario General de la ONU). Esto es una pérdida de tiempo. La Cumbre lleva dos años de organización, aproximadamente 24 millones de dólares gastados y miles de personas que trabajaron de manera voluntaria. Y al final el resultado no va a servir a las personas en los territorios, en el campo, en las fábricas y las ciudades. Las personas que más lo necesitan no se van a beneficiar de esa cumbre.

-¿Y quién se va a beneficiar con la Cumbre?

-Desde el comienzo estuvo claro que las principales personas que idearon la Cumbre estaban todas conectadas con el Foro Económico Mundial. No son necesariamente las multinacionales de manera directa, ninguna empresa figura entre los líderes de la Cumbre. Sino que son organizaciones que trabajan en estrecha colaboración con ellas, que sirven a esas corporaciones y dicen que éstas son parte de la solución. Les pregunté a los organizadores de la Cumbre cómo pueden decir que las multinacionales son parte de la solución cuando en realidad son parte del problema. Y su respuesta fue: ‘Los gobiernos también son parte del problema’. Y esto te dice mucho. Porque los gobiernos no son lo mismo que las corporaciones. Los gobiernos, si bien son parte del problema, al menos en la teoría tienen que rendir cuentas, son responsables. Las multinacionales, no. Por el contrario, tratan de limitar la responsabilidad y generar ganancias. Sabemos lo difícil que es responsabilizar a una multinacional por violaciones a los derechos humanos. Por lo tanto, los sectores que se van a beneficiar son algunos productores agrícolas y de alimentos que quieren dar más poder a las multinacionales y se sienten bien trabajando con ellas. Y las mismas empresas. Lo que no me queda claro es por qué los gobiernos están dispuestos a otorgar poder, a través de las Naciones Unidas, a los asesores, científicos y expertos que trabajan junto a las multinacionales. Quienes también se van a beneficiar son los organizadores de la Cumbre, ese grupo de gente que va a continuar con sus trabajos de consultoría y seguirán siendo tratados como expertos.

-¿Puede dar ejemplos de esas ONGs y empresas, y las soluciones que proponen?

-El presidente de la Vía de Acción 2 (las vías de acción son una especie de comisión dentro de la Cumbre) es Lawrence Haddad, director Ejecutivo de la ONG GAIN (Global Alliance for Improved Nutrition). Lo que él quiere es crear una iniciativa para que las empresas hagan promesas. Esa es la solución. Que las corporaciones digan: ‘Prometemos arreglar el sistema alimentario y hacer un mundo mejor’. Otro ejemplo: los organizadores de la Cumbre crearon algo llamado palancas (o mecanismos) de cambio transversales… quién sabe lo que significa. Pero en fin, son cuatro: Finanzas, Innovación, Género y trataron de crear una sobre Derechos Humanos pero no funcionó. Finanzas está liderada por el Banco Mundial e Innovación por el Foro Económico Mundial. Por lo tanto, ellos pueden destinar todos sus recursos y ser la palanca transversal que pueda influir sobre toda la Cumbre. Y van a escribir el reporte final que va a influir sobre lo que gente piense acerca de esos temas. Lo otro que hizo el Foro Económico Mundial es organizar una reunión justo antes de que se abra la Cumbre. Esa reunión fue casi un espejo de toda la Cumbre. Los que asistieron fueron todas las multinacionales: Coca Cola, Unilever, Monsanto -o como sea que se llamen ahora-, Bayer y todos los líderes de la Cumbre, y sentaron las pautas antes de que el proceso comience oficialmente. Más allá de esto, es difícil dar ejemplos concretos de las soluciones que proponen porque, a tres semanas de empezar la cumbre, nadie sabe bien cuáles son los resultados que se esperan.

“Compromiso Hambre Cero”. Así se llama la iniciativa de la ONG GAIN a la que hace referencia Fakhri, y que es una de las soluciones que promueve la Cumbre. “El compromiso es una declaración no vinculante de las operaciones y planes de inversión propuestos por las compañías. No tiene la intención de crear ningún derecho u obligación legalmente exigible para las empresas”, explica GAIN en su sitio web. Entre los principales financiadores de la ONG figuran las multinacionales BASF, Unilever y Arla Foods así como la Fundación Bill y Melinda Gates y la Fundación Rockefeller.

 

Impacto en los territorios

-¿Cuál será el impacto de la Cumbre en la gente común, en trabajadores, familias campesinas, pueblos indígenas?

-Los impactos no se van a ver de inmediato y eso ya es un problema. El hecho de que no haya impactos positivos inmediatos en una pandemia es un problema. De hecho, la cumbre no se ocupa del Covid de ninguna manera, sino que asume el mundo después del Covid, por lo tanto es una fantasía. Lo que hace la Cumbre es influir sobre los gobiernos nacionales. La mayor parte de las actividades están dedicadas a que los gobiernos anuncien planeas generales de cómo van a cambiar sus sistemas alimentarios. La Cumbre va a conectar a esos gobiernos con inversores y consultores interesados en trabajar con las multinacionales. Y van a asesorar a los gobiernos sobre cómo cambiar sus sistemas alimentarios. Por lo tanto, lo que va a empezar a pasar es que cada vez más países van a desarrollar planes alimentarios.

La mayoría de los países tienen planes agropecuarios, pero no alimentarios. Entonces, habrá cada vez más planes alimentarios diseñados e implementados de una manera que, teniendo en cuenta cómo se han dado las cosas, muy probablemente violarán los derechos humanos. Por lo tanto, vamos a comenzar a ver los efectos en los territorios en un par de años.

Mientras tanto, la pregunta es cómo las personas que están comprometidas con los derechos humanos van a continuar con la lucha a nivel internacional mientras, al mismo tiempo, animan a las personas a manifestarse a nivel local. Porque hay una esperanza y una oportunidad: si hay suficiente presión a nivel nacional sobre los gobiernos para crear planes alimentarios basados en los derechos humanos, eso puede neutralizar a la Cumbre. Al final, el poder local es siempre el más efectivo.

-En varias oportunidades sostuvo que la Cumbre no se ocupa seriamente de la pandemia. ¿Por qué cree que eso sucede?

-No lo sé. Esa es la pregunta que le hice todo el tiempo a la Secretaría de la Cumbre. Les planteé este punto hace un año y medio, pero evitaron responder. Puedo suponer una razón. El hecho de que no hayan incluido al Covid en la agenda ni hayan explicado públicamente el motivo habla de lo desconectados que están de la realidad, de lo lejos que están de las necesidades inmediatas de las personas. Esto habla de que son una elite que puede darse el lujo de no poner el Covid en la agenda. Porque al resto del mundo, si les preguntás cómo lidian con los problemas alimentarios, tienen que enfrentar el Covid, no tienen elección. Por lo tanto, el hecho de que hayan sentido que podían elegir no ocuparse del tema me da a entender que no tienen idea de las luchas reales de la gente.

Responsables del hambre

-Usted afirma, en declaraciones e informes, que el problema del hambre es más complejo de abordar que la pandemia. Y que no es un problema de escasez de comida sino de fracasos políticos. ¿Puede dar algún ejemplo de esos fracasos?

-El hambre siempre es un fracaso político. Y no es sólo del gobierno del país en donde está ocurriendo. Nuestros sistemas alimentarios, incluso los más locales, son parte del mundo, por lo tanto la economía mundial los afecta. Por ende, el fracaso político puede ser de ese gobierno nacional, pero también de otros países que ejercen influencia. En ese sentido, el hambre siempre es un problema global. Y tiene múltiples responsables. A nivel global, el sistema entero de ONU es responsable en este sentido: la gente está tratando de que los gobiernos se junten y coordinen sus respuestas ante la crisis alimentaria, agudizada por la pandemia. Pero un pequeño número de países poderosos se niega a utilizar los foros multilaterales para hacerlo. El foro más grande, el Comité de Seguridad Alimentaria Mundial de Naciones Unidas, es el lugar ideal para que gobiernos, sociedad civil y otros actores puedan sentarse y coordinar respuestas a la crisis, es muy inclusivo. Pero hay un continuo bloqueo político de los países poderosos que no quieren trabajar con otros. Quieren mantener el poder para ellos mismos. Esto es un ejemplo de un fracaso político.

¿En qué medida las multinacionales del agronegocio son responsables por el hambre?

-Desde 1960 hasta ahora hemos aumentado la producción de alimentos en un 300 por ciento y, sin embargo, el hambre aumenta. El agronegocio se ha enfocado en producir más, más y más comida sin hacerse ninguna otra pregunta: ¿cómo están produciendo la comida? ¿qué daños están causando? Lo que han hecho, con una influencia creciente sobre los sistemas alimentarios, es promover prácticas con pesticidas, semillas transgénicas y monocultivos. Y condujeron a la reducción de la biodiversidad, que es uno de los principales problemas del cambio climático, no sólo del sistema alimentario. Porque se centran principalmente en las ganancias y en concentrar poder. Ahora están tratando de adaptarse, de ser más “sustentables”, según sus palabras. Pero no hay razón para confiar en que van a solucionar el problema.

Al final el problema no es lo que están haciendo sino el poder, quién tiene el poder. Si le das poder a un pequeño grupo de personas, en cualquier situación, nada va a salir bien. Si se mantiene el poder en manos de la gente, la gente sabe lo que necesita, lo saben mejor que nadie, son capaces de adaptarse a su contexto particular y sus ecosistemas.

La dificultad está en lograr que las personas trabajen juntas, en colaboración. Pero eso siempre es un problema en democracia, y es un buen problema. Un mal problema es tener que enfrentar al poder concentrado. Porque, de nuevo, quienes lo concentran están desconectados de la realidad. Ese es el mayor problema. Por lo tanto, la Cumbre refleja muchos de los problemas de los sistemas alimentarios.

Resistencia y caminos posibles

-¿Cuál es su opinión sobre la contra-cumbre Sistemas Alimentarios para los Pueblos, organizada por activistas y movimientos sociales que denuncian que la Cumbre responde a la agenda de las multinacionales?

-Es una inspiración. Porque estos grupos que se unieron, y que representan a millones de personas, no piensan igual e, incluso, tienen posiciones contrarias. Pero han logrado negociar y superar sus diferencias, y encontrar los puntos en común en solidaridad. Ese espíritu de solidaridad debería ser una inspiración también para los gobiernos. Porque si la gente puede hacer esto por sí misma, los gobiernos tienen que ser capaces de unirse, superar sus diferencias y servir a las necesidades de la gente. Por lo tanto, esta contra-movilización, que la gente está haciendo en circunstancias increíblemente difíciles, en medio de una pandemia, lo veo como una inspiración.

-¿Qué caminos propone como Relator para solucionar los problemas de los sistemas alimentarios?

-En primer lugar, si las personas todavía no están involucradas, que lo hagan. En cada ciudad, comunidad y país, hay movimientos de soberanía o justicia alimentaria, organizaciones campesinas, sindicatos, cooperativas. Cuanta más gente participe activamente en las luchas locales, mejor. En cuanto a los gobiernos, hay que tratar de obtener liderazgos. Necesitamos sólo un pequeño grupo de gobiernos que se unan y presionen contra la agenda de las multinacionales. Que sean los defensores de sistemas alimentarios que respeten los derechos humanos. Hay gobiernos que pueden hacerlo pero todos están esperando que otro se mueva primero. Creo que hay esperanza en convocar a esos países a conformar alguna especie de coalición que inspire y lidere a los otros. Por mi experiencia de trabajo, sé que la mayor parte de los gobiernos quieren hacer las cosas bien. Pero, de nuevo, un pequeño grupo de poderosos bloquean todo. El sistemas de las Naciones Unidas tiene fortalezas y debilidades. Una de sus fortalezas es que cuando una mayoría de países encuentran la forma de unirse, pueden influir en la agenda y pueden hacerlo en el buen sentido. Esto ya ha funcionado en el pasado y puede funcionar de nuevo. Lo tercero, que la gente construya nuevas relaciones. El cambio ocurre a partir de la creación de nuevas relaciones y amistades. Lo que me inspiró, por ejemplo, son los movimientos en la India. Estuvieron liderados por organizaciones de agricultores que luchaban por sus derechos humanos. Y lo que ocurrió fue que los trabajadores y los sindicatos se les unieron en solidaridad. Los agricultores y los trabajadores no siempre se llevan bien, es una relación complicada. Pero fueron capaces de desarrollar un nuevo vínculo. Por lo tanto, creo que nuevas relaciones conducen a una nueva política, nuevas ideas, y así es como sucede el cambio.

-En Sudamérica el modelo de agronegocio que combina cultivos transgénicos, agrotóxicos y concentración de la tierra lleva más de tres décadas y los gobiernos siguen promoviéndolos como una forma de desarrollo. ¿Qué opina sobre eso?

-Hay una desconexión entre las políticas alimentarias y las políticas de comercio. Y esto impacta en cómo los países usan la tierra. Si el país está principalmente orientado a la exportación, hace que la tierra se oriente a la producción de commodities, no de alimentos. Esto responde a un modelo de desarrollo: producimos commodities –como si fuéramos una fábrica-, vendemos al mercado internacional, ganamos dinero, lo ingresamos al país y con eso comemos mejor y mejoramos la calidad de vida. Eso es un modelo económico de los años 50. El mundo entero lo implementó. Lo que hemos visto, especialmente en los países del hemisferio sur, es que reorientar el sector agropecuario hacia las exportaciones dio como resultado tres cosas. Lo primero, se reduce la biodiversidad, lo que afecta al ambiente y la salud de las personas, su salud física. Segundo, que no mejoró la condición socioeconómica; solamente algunas personas ricas del país se hicieron más ricas. Vemos esto en la Organización Mundial de Comercio: los países en desarrollo no están conformes con las políticas internacionales de comercio. Y tercero, deja inseguridad alimentaria en el país: exportás alimento, importás dinero, pero la gente pasa hambre. Se crea un absurdo. Tenés un sector agrícola que manda alimentos al exterior mientras tu gente tiene hambre al lado tuyo. Ningún país está haciendo un buen trabajo para conectar el sistema alimentario con el de comercio. Sudamérica puede ser un buen lugar para hacerlo, porque tiene agricultura, tiene una historia de movimientos populares y el comercio siembre ha sido un tema de debate, más que en otras regiones.

Invertir en agroecología

-Tanto usted como relatores anteriores proponen a la agroecología como una de las soluciones a la crisis alimentaria. ¿Qué les diría a quienes sostienen que la agroecología es algo del pasado, primitivo?

-La agroecología se basa en largas tradiciones de cómo cultivar los alimentos. Tiene el poder del conocimiento de las personas que hacen el trabajo: agricultores, pescadores, pastores, campesinos. Proviene de una tradición particular, pero es dinámica. Y está orientada hacia el futuro. El mundo que vivimos hoy comenzó en 1970, cuando comenzó la Revolución Verde y la agricultura pasó a ser un negocio de grandes multinacionales. Es un fenómeno reciente, pero miren la destrucción que generó en sólo 50 años. Por lo tanto, la agroecología es nueva en el sentido de que todavía no nos hemos comprometido a nivel global para, de forma consciente, desarrollar nuestras políticas alimentarias de una manera integrada a los procesos ecológicos. La agroecología tiene una historia, pero todo tiene una historia. El agronegocio es parte de la historia de la industria. Tomaron la agricultura y la pusieron en la historia de las fábricas, de la industria. No fue cualquier avance tecnológico, fue un avance tecnológico para producir commodities con el propósito de generar ganancias. Traigamos de vuelta a la agricultura a la tradición del conocimientos locales, de los agricultores, de los pueblos indígenas. Pero, de nuevo, se trata de una tradición que es nueva, actualizada. Tenemos que crear nuevas tecnologías, invertir dinero, científicos, escuelas y todo eso, y será algo nuevo. La agroecología tiene técnicas que ya se ha probado que funcionan. Debido al cambio climático, los ecosistemas están cambiando muy rápido. En ese sentido, la agroecología por definición es moderna, porque responde directamente a un ecosistema que será nuevo para nosotros. Es más dinámica y más resiliente que la agricultura industrial.

-En su último reporte usted hace hincapié en la necesidad de invertir en agroecología.

-Hay que dirigir la inversión a aquello que está alineado con los derechos humanos, con la preocupación ecológica, y poner el poder en manos de la gente. No hay suficiente inversión en agroecología. En mi trabajo he visto que muchos gobiernos están interesados. Muchos gobiernos quieren hacer la transformación y es casi una cuestión de cuán rápido quieren hacerlo. Esa es realmente la pregunta. Creo que el problema con la agroecología es que el agronegocio trata de hacer dos cosas a la vez: decir que es irrelevante o no productivo mientras que, al mismo tiempo, dicen: ‘Ah, pero nosotros podemos hacer agroecología’. La redefinen para que sirva a sus propósitos y eso confunde. Pero creo que cuánto más claras tengamos las cosas, más gobiernos haya involucrados y más se invierta en agroecología, más rápido se va a dar el cambio. Se está construyendo, sólo que me gustaría que fuera más rápido.

20/09/2021

Publicado enInternacional
El periodista Daniel Mendoza Leal, en una manifestación contra la llegada del presidente de Colombia a Madrid, en la Puerta de Alcalá, a 12 de septiembre de 2021, en Madrid. — Isabel Infantes / Europa Press

Amenazado de muerte, Daniel Mendoza (Bogotá, 1978) se escondía en el maletero de los coches de sus amigos para trasladarse de un lugar a otro y concedía entrevistas de forma clandestina. Se refugió en la embajada francesa y finalmente huyó de Colombia antes de que una bala pudiera acabar con su vida. Este abogado, criminalista y periodista, había asombrado al país desde mayo de 2020 con el lanzamiento de la serie web Matarife, en la que se narra de una manera innovadora y audaz el contubernio entre políticos, narcotraficantes y paramilitares.

Apoyado en investigaciones propias y de otros periodistas colombianos, Mendoza desgrana en Matarife las oscuras relaciones entre el poder y el hampa, y señala con el dedo a quien, a su juicio, es el capo dei capi de la narcopolítica: el expresidente (2002-2010) y hoy senador Álvaro Uribe, protagonista de una serie que ha convulsionado los cimientos de la política colombiana. Con un pulso narrativo vibrante, cercano al thriller psicológico, y un formato de breves píldoras audiovisuales, el documental ha llegado a los móviles de millones de colombianos (unos 35 millones de visitas en YouTube).

Con Mendoza como hilo conductor, por la pantalla desfilan testimonios e imágenes de la historia reciente de Colombia, los asesinatos de activistas sociales, la ejecución de miles jóvenes en el caso de los "falsos positivos", las vendettas de los narcotraficantes y sus alianzas con la élite política y económica del país... No es una ficción de Netflix. Es Colombia al desnudo. En Matarife se dan la mano la investigación, la denuncia y la estética en una experiencia subversiva y creativa, en palabras de su autor. Antes de abandonar Madrid, donde ha promocionado la segunda temporada de la serie, Mendoza recibe a Público.

Con sus tatuajes, su apariencia le acerca más a la farándula que al Derecho penal. Mide cada palabra que dice, no en vano ya le han caído varias denuncias por sus investigaciones, mientras recapitula sobre el vértigo de sus últimos años y sueña ya con la tercera temporada de la serie.

'Matarife' es todo un fenómeno audiovisual en Colombia, con millones de visitas en YouTube. ¿Qué se encuentra el espectador en la serie?

La primera temporada está basada en tres artículos (sobre la carrera política de Uribe y sus presuntas relaciones con el narcotráfico) que publiqué en el medio digital La Nueva Prensa y que fueron virales en Colombia. Esos artículos formaron el esqueleto de la primera temporada, que también se nutre de las investigaciones de periodistas como Gonzalo Guillén. Al principio pensamos en que yo fuera una sombra, con otro nombre, porque nos estábamos enfrentando a un aparato de poder, a una fábrica criminal, pero luego pensé que una sombra iba a asustar más a la gente. Decidí entonces exponerme y poner la cara. Todos me dijeron que estaba loco y yo les contesté que era la única forma de que funcionara el proyecto. Un proyecto, Matarife, cuya principal finalidad era que Colombia le perdiera el miedo a Uribe. Hasta ese momento todo el mundo se refería a él como El Innombrable para evitar las denuncias al acusarlo en redes. Pero yo necesitaba que la gente empezara a decir lo que es: un narcotraficante, un mafioso y un genocida. En mi artículo Uribe, el asesino que nos puso la mafia se ofrece una visión de lo que fue desde su nacimiento hasta su último periodo presidencial.

El propio rodaje de la serie y la promoción de la primera temporada es material digno de una película de suspense.

Para protegerme de Uribe, tuve que inventar que la serie había sido realizada por una productora australiana y que contaba con apoyos de afuera. En realidad, al proyecto de la primera temporada le dimos forma cuatro personas durante tres o cuatro meses. Fue una estrategia de engaño al Gobierno, y, en cierta forma, nos resultó. Ellos pensaban que toda la serie ya estaba hecha al lanzar el primer capítulo y que contábamos con apoyos internacionales, pero lo que hacíamos César Andrade [cineasta mexicano] y yo era ir grabando y editando cada capítulo poco a poco. En la segunda temporada despejo las dudas y explico nuestro vía crucis mientras hacíamos la primera parte. Yo pensaba que Matarife me iba a cubrir, pero lo que hizo fue echarme los sicarios encima. Pensaba que me iban a matar sin haber visto la reacción de la gente al ver la serie.

¿Y se fue de Colombia por ese temor a que lo mataran?

Recibí una serie de amenazas después de que en La Nueva Prensa se denunciara la compra de votos en las elecciones que llevaron a Iván Duque [actual mandatario] a la presidencia por medio de Uribe, en asociación con el cártel de la costa caribeña, del narcotraficante Marquitos Figueroa. Esas denuncias iniciaron una serie de amenazas [contra varios periodistas] después de que Uribe me acusara de ser un subversivo de la izquierda internacional y llamara a sus seguidores a tomar acciones en mi contra. Un senador de la República grabó una llamada en la que un informante le decía que la Oficina de Envigado [una organización criminal] había dado la orden de ejecución de varios periodistas de La Nueva Prensa. Entonces empiezan a buscarme para matarme a mí también en Bogotá. La Fundación para la Libertad de Prensa y varios senadores progresistas pidieron mi protección y ahí empieza mi huida en los baúles [maleteros] de los carros de mis amigos. Yo vivía cada día para dar una entrevista y decirle a la gente que Uribe era un narcotraficante y un genocida. Me buscaba la Policía, el Gobierno y los peores cárteles del narcotráfico y del paramilitarismo. Sabía que no iba a durar mucho tiempo antes de que me encontraran y me mataran. A través de Amnistía Internacional y una amiga abogada, me contactó la embajada de Francia y me dijeron que estaban dispuestos a salvarme la vida. Me refugié en la embajada y poco después me sacaron del país en un vuelo humanitario.

¿Qué pensó al tener que abandonar Colombia de forma forzada mientras millones de ciudadanos veían su serie?

Lo primero que pensé cuando se cerraron las puertas del avión fue que ya no me iba a morir. Y el segundo pensamiento que me vino a la cabeza fue hacer la segunda temporada y cómo carajo iba a hacerla en Francia. Lo único que se me ocurrió es que tenía que seguir contando la historia, pero ubicando escenas en Francia, y la segunda temporada se desarrolla allí con un formato y una narrativa más digerible para el público internacional. Se puede ver sin haber visto la primera, más centrada en el público colombiano. Esa primera temporada tuvo una difusión de más de 25 millones de visitas. Hoy, juntando las dos temporadas, hay casi 35 millones de visitas solo en el canal oficial.

Usted nació en el seno de una familia de la élite colombiana y fue miembro del selecto club El Nogal, objeto de sus denuncias

Sí, nací en una familia de la élite, no sé si afortunada o desafortunadamente para mí. En el club El Nogal empecé a observar algunas cosas y esto, unido al hecho de que yo era abogado penalista y que tenía conocimiento de expedientes de la parapolítica, me llevó a ver las relaciones que había entre la élite colombiana, el paramilitarismo y el narcotráfico. En el centro de todo eso estaba Álvaro Uribe. Eso me hizo escribir una serie de artículos que involucraban al club El Nogal como una institución que reunía a peligrosos delincuentes, corruptos, lavadores de activos, narcos y paramilitares, y tras esas denuncias me expulsaron del club. Después de cuatro años, gané un proceso judicial que anula esa expulsión, lo que significa un triunfo para la libertad de expresión en Colombia.

'Matarife' presenta hechos que ya se conocen en Colombia, pero de una manera original y dinámica. ¿Es ése el secreto de su éxito?

Yo quiero que la gente goce también viendo Matarife, en cierto sentido. Que sufra, pero que también goce con una fotografía bella, una música linda, un buen guion. Las artes sirven para eso. Matarife utiliza la información para disparar un misil que llegue al inconsciente colectivo de una sociedad como la colombiana. Para que eso ocurra, tiene que generar emociones individuales en las personas a través del arte. En este sentido, es un arma revolucionaria, lo que yo llamo la "subversión creativa", que para mí hace más daño que las armas reales. Se trata de una propuesta audiovisual que nutre al pueblo de una información que le llega al alma, convirtiéndose así en un mecanismo revolucionario muy efectivo. Yo ya no me considero abogado ni periodista. Ni tampoco director ni guionista ni actor. No soy nada de eso, sino un subversivo creativo que disparo sin herir físicamente a nadie y trato de violentar un sistema que riega de dolor y sangre a mi país.

La segunda temporada, de formato más extenso, no ha tenido la resonancia de la primera. ¿Por qué cree que ha sucedido esto?

Es cierto que la primera temporada se masificó más. El formato fue uno de los factores de que llegara a mucha gente. En la segunda temporada [de la que ya se han emitido ocho de sus diez capítulos] los episodios son más largos, pero la razón principal de que no haya tenido la misma difusión es porque ha habido un pacto de silencio entre los grandes medios colombianos, que no han hablado de la serie como sí lo hicieron de la primera parte. No les está funcionando del todo porque el pueblo colombiano está compartiendo la serie en redes, y la gente que la ha visto dice que la segunda temporada es más sólida desde el punto de vista estético. Los guiones están mucho más trabajados.

¿Qué reacción espera de ese público internacional al que va dirigido la nueva temporada?

Yo me pregunto: ¿qué le pasa al mundo? Están viendo que están matando a los jóvenes, que los están descuartizando, y llevan haciéndolo muchos años. La organización Human Rights Watch (HRW) ya lo verificó [como el caso de los "falsos positivos", ejecuciones sistemáticas de más de 6.000 jóvenes durante el mandato de Uribe para engrosar la lista de bajas de supuestos guerrilleros y dar la impresión de que se estaba ganando la guerra]. Hay que decirle al mundo que hay un genocidio en Colombia.

¿Cómo ve el futuro de su país ante las elecciones presidenciales del año que viene?

Yo creo que Colombia tiene dos opciones ahorita, y creo que la sociedad colombiana las está viendo y las encuestas lo dicen, porque ahorita la sociedad colombiana no se debate entre izquierdas y derechas, no se debate entre partidos políticos o colores políticos. Se debate entre la vida y la muerte. Esas son las dos opciones que tiene la sociedad colombiana. O la vida o la muerte. Yo espero que escoja la vida.

Madrid

18/09/2021 22:42

César G. Calero

Publicado enColombia