Baltodano denunció que el FMI, el Banco Mundial y el BCIE aún apoyan con recursos al régimen de Ortega, lo que le ha permitido sostenerse en el poder.  (Foto: Miriet Ábrego).

 

La activista refugiada en Costa Rica reconoció que no se vislumbra “un camino claro” para superar la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo.

 

Con franqueza admite la incertidumbre sobre el futuro de su país. Sin embargo, a su manera y dentro de sus posibilidades, Mónica Baltodano participa con convicción desde la Articulación de Movimientos Sociales de la resistencia contra la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo.

Baltodano no solo fue comandante guerrillera en el conflicto armado que culminó con el derrocamiento de Anastasio Somoza, sino que llegó a ser diputada bajo la bandera sandinista a finales de los años 90, cuando terminó de desencantarse con todo el proyecto político a raíz de los acuerdos a que Ortega llegó con el derechista Arnoldo Alemán.

En agosto de 2018, pocos meses después de la amplia insurrección que el régimen de Ortega aplacó de forma violenta, ofreció una entrevista a UNIVERSIDAD en la que analizó las estratagemas mediante las cuales Ortega ha buscado perpetuarse en el poder y la corrupción de los ideales sandinistas.

Ahora, tres años después, Baltodano se encuentra en Costa Rica en condición de refugiada, y de nuevo repasó la situación actual de su país, a pocas semanas de que el régimen lleve a cabo un proceso supuestamente electoral, de cara al cual desató una represión que ha llevado a la cárcel a personas activistas de la oposición, incluso candidatas a la Presidencia.

Hace tres años manifestó que “ese fervor de la sublevación fue resuelto por el orteguismo con un derramamiento de sangre que lejos de resolver políticamente su dilema ha significado la derrota estratégica de Ortega”. Desde entonces pareciera que más bien se ha consolidado en el poder.

—El orteguismo, como fuerza que intenta conseguir hegemonía, realmente fue derrotado. Lo que pasa es que a partir de la sublevación y de lo que aconteció posteriormente, se mantiene en el control del poder de forma absoluta exclusivamente por la fuerza de las armas y del control que él ejerce sobre las instituciones. Sin embargo, ha perdido completamente la posibilidad de tener mayoría dentro de la sociedad, y realmente hay un repudio de la mayoría. Por tanto, también sufrió una derrota desde el punto de vista de la opinión pública internacional.

En el plano internacional es muy generalizada esa opinión negativa, pero ¿debilita de alguna manera al régimen?

—La comunidad internacional no ha encontrado todavía la forma de ser eficaz contra el orteguismo. Organismos financieros internacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM) y, particularmente, el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE) lo siguen apoyando con recursos para su funcionamiento y, sobre todo, para su estabilidad macroeconómica.

En ese sentido, la dictadura sigue funcionando con alguna eficiencia a nivel nacional y puede pagar a la policía, que ha incrementado en número, en armamento y en la capacidad de comunicaciones. No solamente en la policía, sino también en el ejército.

Como decía, él se sostiene con base en las armas, de tal manera que aún con el control absoluto del Consejo Supremo Electoral (CSE) —que con una reforma a principios de año incrementó su control sobre las organizaciones políticas y, sobre todo, el proceso electoral— no pudo arriesgarse a realizar unas elecciones y tuvo que meter presos a todos los candidatos.

Eso demuestra que realmente su control del poder, el cual va a mantener a partir del 7 de noviembre con la supuesta reelección —que es como un atornillamiento en el poder a partir del fraude electoral, de la mentira y del engaño—, su prolongación en el gobierno va a ser de una gran fragilidad, porque con todo lo que ha pasado últimamente el repudio internacional es enorme y prácticamente él está prisionero dentro del territorio nacional; no puede salir a ningún lado con ninguna solvencia o seguridad, ni él ni su familia.

Menciona que el régimen se está sosteniendo básicamente con capital foráneo proveniente de organismos financieros, y está claro el papel de la policía. ¿Qué otros sectores de la sociedad nicaragüense apoyan al régimen en este momento?

– Hay sectores de la jerarquía evangélica que claramente han expresado su respaldo y han tratado de aprovechar las contradicciones con la iglesia católica para fortalecerse y recibir más apoyo institucional a través del presupuesto.

La conferencia episcopal mantuvo una postura sumamente crítica, han pasado, desde 2019, a una especie de observación bastante silenciosa, salvo algunos sacerdotes u obispos que mantienen una posición mucho más beligerante, como el obispo Álvarez en Matagalpa.

“Ortega se sostiene con base en las armas, de tal manera que aún con el control absoluto del Consejo Supremo Electoral, no pudo arriesgarse a realizar elecciones y tuvo que meter presos a todos los candidatos”.

Lo mismo ha pasado con el gran capital, pues de tener una actitud beligerante dentro de la alianza cívica, pasó en la última etapa, como resultado de los propios golpes represivos, a un mutismo absoluto. Están preocupadísimos por sus negocios y por la estabilidad de sus ingresos. Es un silencio que no contribuye en nada. Por ejemplo, ante esta última oleada represiva no han dicho una sola palabra, a pesar de que dentro de los presos está quien fue su principal dirigente durante más de diez años, José Adán Aguerri, ni tampoco se han referido a las capturas de otros empresarios o líderes de la banca, como el gerente general del Banpro (Grupo Promérica), pero tampoco han dicho absolutamente nada frente al proceso electoral.

Hay un silencio resultante también de los niveles brutales de la represión, la gente calla y sectores que antes hablaban, callan por temor a que les invadan las propiedades, por temor a que les congelen cuentas bancarias, que es lo que está haciendo el régimen.

En estos últimos meses se ha desatado la represión contra posibles candidatos y cantidad de personas que han sido detenidas. ¿Cómo está la situación de las personas presas políticas?

—Después de la presión internacional y los acuerdos adoptados en el marco del diálogo nacional, se liberó a unos 700 presos políticos en junio de 2019. Después, empezó a practicar lo que se llama la puerta giratoria, es decir, capturan a cien, liberan 80, quedan 20. Luego otras 50 capturas, 40 liberados, quedan diez. De cada oleada de captura va quedando detenida una cantidad de prisioneros hasta completar para junio de este año más o menos unos 130 presos políticos. Habría que incluir a los de antes de 2018, los cuales son diez.

En esas fechas inició una brutal oleada en donde, como se sabe, ya hay más de 25 presos, la mayoría candidatos a la Presidencia, líderes nacionales de organizaciones y hasta héroes de la Revolución, el caso de Dora María Téllez y Hugo Torres.

La diferencia es que estuvieron detenidos 90 días solo en el proceso de investigación para poderles formular cargos, durante los cuales no tuvieron contacto ni con sus abogados, y estuvieron en condiciones carcelarias brutales de aislamiento. Ahora sabemos que también estuvieron con poca comida, algunos incluso sin ningún tipo de contacto con nadie en absoluto, como el caso de Dora María Téllez, sin poder tener ni una revista, un lápiz, ni un papel, en condiciones que se consideran desde el punto de vista de los acuerdos internacionales de derechos humanos como tortura, como la oscuridad o luz excesiva todo el día y la noche, que son formas de tortura más sofisticada.

Por otro lado, han incrementado de forma exponencial su relato de que todo es un plan del imperialismo norteamericano contra una revolución, que de revolución nada tiene, es un gobierno que no tiene absolutamente nada de revolucionario, de izquierda, pero utiliza ese discurso para engañar a unos cuantos que todavía quedan, que son las izquierdas conservadoras del mundo.

Recientemente en Costa Rica se dio un hecho muy grave, el atentado contra la vida del activista opositor Joao Maldonado. ¿Hay alguna duda de parte suya de que se trató de una acción del régimen?

– No puedo tener absoluta seguridad mientras no concluyan las investigaciones, que espero las autoridades de Costa Rica realicen de la manera más profunda posible. Pero estoy convencida de que la mano de los órganos represivos del régimen de Ortega puede llegar más allá de la frontera, en medio de los refugiados y de los migrantes no deben de faltar esos agentes que sabemos que andan por acá. Por eso, es importante para todos los refugiados mantener la prudencia, las medidas de seguridad y tener claro que la represión también puede llegar acá.

Obviamente sentimos de parte de la sociedad costarricense —y lo digo como recientemente acogida a solicitud de refugio—, la solidaridad de los distintos actores de Costa Rica y la posición del gobierno ha sido clara, tal como quedó establecida en el discurso del Presidente en Naciones Unidas.

¿Qué significa ese proceso electoral del 7 de noviembre para la resistencia nicaragüense en estas condiciones?

—Había sectores que apostaban por la participación, aún después de la reforma a la Ley Electoral que endureció las condiciones para la oposición y que ya auguraba que lo que iba a haber era una farsa. Sin embargo, el régimen con estas capturas prácticamente terminó de ilegalizar a todos los demás partidos, incluso aquellos dispuestos a participar y, de alguna manera, legitimarlo.

Los sectores de la Articulación de Movimientos Sociales apostamos a que la participación en esas condiciones era legitimar al régimen.

Lo que va a haber es un circo, una total farsa peor que lo que hacía Somoza, que por lo menos le dio a la oposición los acuerdos famosos de minorías congeladas. Esto que va a ocurrir ahora es peor que esas farsas electorales de Somoza.

Creo que el régimen está tratando de ganar tiempo, porque saben que ese circo no le va a dar ninguna legitimidad y que, por el contrario, va a permitir que toda la comunidad internacional pueda cerrar filas para rechazarlo como ilegítimo.

Sin embargo, creo que apuestan todavía al respaldo de Rusia y a que la política de “no meterse en nada” de China les dará algún oxígeno. Pero lo que va a haber el 7 de noviembre no llega ni siquiera a mascarada, es un total circo. Por eso, la Articulación de Movimientos Sociales ha hecho un llamado a la huelga electoral: que el 7 de noviembre la gente se quede en su casa, que sea evidente la no participación, el silencio en las calles y que solo sea la mínima fuerza que todavía le respalda la que concurra para que no quede duda; es decir, un paro electoral que paralice completamente la movilización ciudadana en las calles y que sea evidente el repudio de la ciudadanía a esa farsa.

Una vez que se dé esa “farsa electoral”, ¿cuál va a ser la manera de concretar que efectivamente ese apoyo internacional que sostiene el régimen deje de hacerlo?

—Tenemos que decir con toda franqueza que el diagnóstico de lo que está pasando no nos permite definir o afirmar con absoluta claridad cuál es el camino, qué es lo que va a pasar en Nicaragua o cómo va a salir el pueblo de esta dictadura.

En otras épocas de dictaduras sangrientas en América Latina teníamos claro el camino de la lucha armada. Sin embargo, ahora las puertas de la lucha armada han sido cerradas por la propia ciudadanía que dice “a nada nos condujo” un germen revolucionario del que terminó surgiendo un árbol podrido, como el de Ortega.

La sublevación popular requiere de la presencia de los líderes y la mayoría están presos o en el exilio, y todas las redes que habíamos logrado construir están afectadas por la represión.

Estamos absolutamente seguros de que tienen que venir oleadas de nuevas formas de resistencia que van a resultar de la propia creatividad popular y que vamos a lograr salir principalmente con el esfuerzo de los nicaragüenses, porque apostar a que la comunidad internacional nos va a resolver creo que realmente es una apuesta equivocada. Somos los propios nicaragüenses los que tenemos que resolver, claro con solidaridad internacional, con solidaridad moral, con apoyo de organizaciones internacionales, sí, exigiendo respeto a los derechos humanos y la libertad de los presos políticos.

Pero ¿qué salida a avizoro? Solo sé de las posibilidades que tiene la resistencia popular, que tiene que pasar a un periodo de acumular fuerzas para protagonizar nuevas sublevaciones, esta vez con un horizonte mucho más claro, con liderazgo mucho más definido para que no se desperdicie la energía popular como de alguna manera pasó en la sublevación de 2018, pero un camino así de claro no lo tenemos.

4 octubre 2021

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La derecha peruana ya maniobra para destituir a Pedro Castillo

Parlamentarios fujimoristas y de otros grupos de extrema derecha conspiran para una destitución del mandatario recurriendo a la ambigua figura de la “incapacidad moral” ; aún no cuentan con los votos. 

El maestro rural Pedro Castillo lleva menos de dos semanas en el cargo y la derecha ya maniobra para destituirlo de la presidencia. Parlamentarios fujimoristas y de otros grupos de extrema derecha, como el partido fascista Renovación Popular, le han declarado una guerra abierta al recién estrenado gobierno de izquierda del sindicalista Castillo. Conspiran para una destitución del presidente recurriendo a la ambigua figura de la “incapacidad moral”, que da para deponerlo sin otro argumento que la fuerza de los votos. Ahora no tienen los dos tercios del Parlamento unicameral de 130 bancas para sacar al presidente, pero buscan generar un escenario de crisis que les permita sumar a otros grupos de derecha y de centroderecha para llegar a los votos que necesitan. Los medios hegemónicos le dan entusiasta cobertura a quienes promueven un golpe parlamentario. Errores iniciales del gobierno, como algunos cuestionados nombramientos, le ha dado armas a esa derecha golpista.

El nombramiento 

Castillo se ha abierto un flanco al nombrar como presidente del Consejo de Ministros al congresista del oficialista Perú Libre, Guido Bellido, cuestionado por la derecha, pero también por aliados del gobierno. Bellido es una figura que confronta y aleja posibles acuerdos que le permitan al gobierno ampliar su base de apoyo. Por el contrario, ha alejado a aliados iniciales. Ha tenido declaraciones homofóbicas y machistas, por lo que su designación no ha caído bien en los aliados progresistas del presidente. Ante las críticas, ha asegurado haber cambiado de opinión en estos temas y en un comunicado se comprometió a respaldar políticas de igualdad de género y de derechos para las minorías sexuales.

La derecha dispara contra Bellido por otras razones, y con otras intenciones. Con ese lenguaje macartista que exhibió en la campaña, y que ahora domina los medios, lo acusa de terrorista, por una investigación que le ha iniciado la fiscalía por supuesta apología al terrorismo -una cuestionada figura legal que condena las opiniones y se presta a abusos- por unas declaraciones consideradas por sus acusadores como “condescendientes” con el grupo armado maoísta Sendero Luminoso, derrotado hace más de dos décadas. Es una práctica común de la derecha peruana señalar como terrorista a quienes se identifican con la izquierda para buscar descalificarlos. Lanzan esa misma acusación contra otros miembros del gabinete. Ya se pide declarar la “incapacidad moral” del presidente y destituirlo por haber nombrado como ministros a supuestos “simpatizantes del terrorismo”. Esa es la estrategia golpista.

Sin luna de miel

“Ha sido un inicio del gobierno sin la luna de miel que se acostumbra dar a los nuevos gobiernos. Apenas llegado al gobierno, a Castillo no se le está dejando ni respirar. La derecha y los poderes fácticas, sobre todo la gran prensa, no aceptan el triunfo electoral de Castillo, no lo reconocen como presidente, y han formado una coalición para vacarlo (destituirlo). La derecha no quiere perder el gobierno, que siempre lo ha tenido. Y hay errores de saque del gobierno, como nombrar a Bellido. La situación es complicada, difícil”, le señaló a PáginaI12 el sociólogo Sinesio López, profesor de ciencias políticas de las universidades de San Marcos y Católica.

Bellido es muy cercano al fundador y secretario general de Perú Libre, Vladimir Cerrón, un marxista-leninista que ha atacado a la centroizquierda aliada de Castillo. Cerrón, que tiene una sentencia por corrupción por una pasada gestión como gobernador, es un factor que complica al gobierno. Es un blanco contra el que dispara la derecha para golpear a Castillo. El presidente se mueve entre las presiones de Cerrón por acumular poder y sus aliados progresistas ajenos a Perú Libre. El gabinete ministerial es expresión de esas tensiones internas.

“Bellido y Cerrón representan una estrategia de confrontar y de ir al choque, cuando la correlación de fuerzas en el Congreso no es favorable para el gobierno. Esa estrategia de ataque frontal, que supone medidas muy radicales y entrar al golpe, es equivocada. A esa estrategia se opone una de hacer grandes cambios sobre la base de formar una gran voluntad colectiva, una gran coalición basada en ciertos consensos. Este es uno de los países más conservadores de América Latina y es muy difícil que la izquierda sola pueda gobernar, tiene que armar alianzas y tener una apertura hacia el centro, pero desde la izquierda hacia el centro, no al revés, lo que le da un tono especial. El gobierno debe cambiar a Bellido y poner en su lugar a alguien de centroizquierda que convoque a sectores de centro, formar un gabinete que abra la posibilidad de ampliar la coalición de gobierno, lo que debilitaría la coalición para destituir a Castillo. Con Cerrón y Bellido se corta esa apertura desde la izquierda al centro y se apuesta a una izquierda radical. Eso lleva al aislamiento y a la derrota”, opina López. “Castillo no tiene experiencia política, pero es inteligente y creo va a terminar reubicándose bien. Ojalá tenga el tiempo para hacerlo”, agrega.

La complicidad de los grandes medios

Bellido debe pedir al Congreso, dominado por diversos grupos de derecha, un voto de confianza para el gabinete que encabeza. Si se lo niegan debe renunciar. La mayoría de legisladores no lo quieren, pero si niegan la confianza a dos gabinetes el presidente queda habilitado para disolver el Parlamento y convocar nuevas elecciones legislativas. La derecha teme que, si sacan a Bellido, Castillo podría reemplazarlo por alguien que les genere un fuerte rechazo para forzar una segunda negativa al voto de confianza del gabinete y así poder disolver el Congreso. Por eso, podrían darle la confianza a Bellido, pero operar para boicotear al gobierno y buscar su caída. Al boicot, la desestabilización y el golpe es a lo que apuesta la extrema derecha, con la complicidad de los grandes medios.

De los 87 votos que el golpismo parlamentario requieren para destituir al presidente, tendrían 43; hay otros 36 de tres grupos de derecha opositores al gobierno y que exigen el cambio del gabinete ministerial, pero que, al menos por ahora, no se han sumado al abierto golpismo; y hay otros nueve parlamentarios del centro y la centroderecha que respaldaron a Castillo, pero ahora se han alejado del gobierno por discrepar con el gabinete. El golpismo espera sumar todos esos votos para tumbar al gobierno. El oficialismo tiene solo 42 bancas, 37 de Perú Libre y cinco de sus aliados de izquierda de Juntos por el Perú.

Más allá de críticas legítimas contra Bellido y algunos otros integrantes del gabinete, para la derecha que busca la destitución de Castillo eso es una excusa para atacar al presidente. Los golpistas de hoy son los mismos que no reconocieron la victoria electoral del profesor andino e intentaron impedir su llegada al poder alegando un inexistente fraude electoral. No pudieron evitar que asuma la presidencia, ahora buscan sacarlo del poder. Gritando “no al comunismo”, la derecha golpista se moviliza por las calles. No son marchas masivas, pero sí con gran cobertura en los medios.

Castillo se ha convertido en un líder popular que ha recogido y que expresa las esperanzas de cambio e inclusión. Los sectores históricamente marginados, desposeídos, se han identificado con el maestro rural y andino, a quien ven como uno de ellos, y han encontrado en él esa representación que nunca han tenido. Esa es la principal fuerza de Castillo para enfrentar las intenciones golpistas.

“El poder de Castillo está en los ciudadanos movilizados. Tiene que decirle a la población ‘no me dejan gobernar’ y movilizarla. Si moviliza al campo, a las provincias, a los barrios populares de Lima, entonces puede parar la intención de destituirlo. Para eso tiene que corregir el error en la formación del gabinete, cambiar a Bellido”, indica Sinesio López. 

Por Carlos Noriega

08/08/2021

Desde Lima

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Pedro Castillo, el humilde maestro rural que asume la Presidencia de Perú en el bicentenario de la independencia

Desde su independencia de la Corona española, de la que hoy se conmemoran 200 años, Perú no había sido gobernado por un hombre con una trayectoria tan humilde. Nacido en un pequeño poblado andino, educado en escuelas rurales y formado como maestro entre montañas antes de llegar al sindicalismo y la política, Pedro Castillo ha tomado las riendas del país sudamericano.

"Querido papito: te extraño mucho. Y todas las noches le ruego a diosito que te cuide y te proteja. Yo sé que tú vas a cambiar el país y después vas a regresar a la casa. Sé que tú vas a ser el presidente del Perú y después vamos a estar juntos para siempre". La pequeña Alondra, hija menor del presidente electo del Perú, le dedica estas palabras a su padre, apenas unos días después de que dejara su humilde vivienda en el poblado de Puña, Cajamarca, para recorrer el país y hacer campaña para la segunda vuelta de las elecciones presidenciales del 6 de junio. Aquellas inocentes palabras –registradas en el documental El profesor, de Álvaro Lasso- dibujan los sueños que han puesto millones de peruanos en el voto por este maestro de 51 años. Castillo nació en 1969, justo cuando el general Juan Velasco Alvarado, que había tomado el poder en un golpe de Estado, llevaba a cabo una reforma agraria que buscó acabar con el modelo feudal de control de la tierra heredado de la Colonia española.

El profesor es el documento audiovisual que más buscó acercarse y hacerle justicia al origen humilde y campesino de Castillo, y para ello recogió la voz de su esposa Lilia Paredes, sus padres, hijos y familia, además de compañeros de escuela, amigos y vecinos de Puña, localidad de apenas 400 habitantes y que apoyó la campaña presidencial de su hijo más célebre, frente al embate de los medios de comunicación y las élites limeñas, que lo vieron siempre como a un sospechoso extraño.

Castillo, tercero de nueve hermanos, con padres agricultores y analfabetos que respaldaron siempre el entusiasmo de su hijo por mejorar su educación, apareció por primera vez en los medios como líder de una huelga de maestros que se extendió entre junio y septiembre del 2017. Imperturbable y al grito de "¡La huelga no se vende, la huelga se defiende!", Castillo dirigió uno de sus primeros mítines en Lima, en agosto de ese año, frente a miles de maestros, en la emblemática Plaza de San Martín, demostrando las cualidades oratorias que ha hecho evidentes en esta campaña, a pesar de evitar entrevistas o cancelar con algunos periodistas conversaciones ya pactadas. "Hay que demostrarle al gobierno que éste es el momento para dignificar al maestro", aseguró aquel día, ante el aplauso de sus colegas.

Según el diario El Comercio (decano de la prensa sudamericana), más del 50% de docentes no acudieron a clases en algunas provincias de 18 regiones. En la huelga se exigían mejoras salariales, aumentar el presupuesto en educación y mejorar la enseñanza en zonas alejadas, como la suya; fue un intento de reducir las marcadas desigualdades entre la educación urbana y la rural. En medio de duras negociaciones, una parte de los peruanos empezó a verlo con resquemor.

Y no solo por exigir la derogación de la Ley de la Carrera Pública Magisterial, la paralización de las clases que perjudicaba a más de un millón y medio de estudiantes –según declaró la entonces ministra de Educación, Marilú Martens-, o por la supuesta vinculación de algunos dirigentes de la marcha con el Movimiento por la Amnistía y los Derechos Fundamentales (MOVADEF) –grupo que pide la excarcelación del líder de Sendero Luminoso, Abimael Guzmán-, sino porque Castillo y otros representantes de los sindicatos de maestros fueron recibidos en el Congreso por Héctor Becerril, uno de los más oscuros representantes del fujimorismo. La intención, al parecer, era solo perjudicar al gobierno del presidente Pedro Pablo Kuczynski. Pero tras ser destituido Kuczynski por el Congreso, los fujimoristas (con mayoría en el legislativo) no volvieron a prestar atención a las demandas de los maestros. No repararon, entonces, en que el monstruo que ellos avalaron les devoraría poco más de 40 meses después.

"A mí, de repente, por el lugar de mi procedencia, por el lugar de dónde vengo, me quieren mirar por encima del hombro. Que me miren así, que me ignoren, pero primero está mi país. Yo estoy aquí por el Perú", aseguró Castillo en Pregúntale al profe, otro trabajo audiovisual de Álvaro Lasso, en el que el originario de Puña, Tacabamba, responde a las preguntas sobre salud en pandemia, educación, trabajo o recursos naturales a los vecinos de una sencilla quinta de Comas, uno de los distritos más populosos de la capital peruana.

Una carrera como una lección

"Hay mucha gente que odia inexplicablemente a Castillo. Piensan que es Abimael Guzmán renacido", nos dice Álvaro Lasso, fundador de la editorial y librería Estruendomudo, quien viajó a Puña para conocer de cerca al entorno más cercano de Castillo. Sus palabras hacen referencia a la campaña de "terruqueo" emprendida por la ultraderecha que usa esa expresión para calificar de "terrorista" a cualquiera que aparente ser enemigo del establishment. Le pasó a Alejandro Toledo el año 2000, cuando la dictadura de Alberto Fujimori lo culpó del incendio y derrumbe del Banco de la Nación –que, más tarde se supo, fue responsabilidad del fujimorismo- y a Ollanta Humala, a quien finalmente la derecha domesticó, haciéndolo dejar de lado muchas de las promesas que lo llevaron a la presidencia en 2011, año en el que se produjo la primera derrota en una elección presidencial de Keiko Fujimori.

"Castillo siempre ha sido una persona luchadora –continúa Lasso-. Siempre se ha esforzado muchísimo por querer educarse. De niño, para ir al colegio, caminaba dos horas de ida y dos de vuelta. Cuando iba al instituto pedagógicoen Cutervo –pequeña ciudad ubicada en otra provincia cajamarquina-, donde estudió magisterio, caminaba ocho horas desde su pueblo hasta allí. Conocí a un amigo suyo, Julio Díaz, que caminaba con él. Su mamá les frotaba los pies con unas plantitas, como remedio natural para atenuar el dolor de los callos". En su ruta, Castillo conoció la realidad de otros caseríos como el suyo. Pequeños pueblos de montaña donde la belleza es tan impresionante como la pobreza. Zonas ganaderas y agrícolas ubicadas entre mesetas, quebradas y cerros. Según el Instituto Nacional de Estadística (INEI), en el departamento de Cajamarca se encuentran 16 de los 20 distritos más pobres de Perú. Muchos de estos lugares sufrieron el terrorismo en los años 80 y 90 del siglo pasado y, en medio de la ausencia del Estado, tuvieron que crear rondas campesinas para enfrentar la violencia. Castillo formó parte de ellas.

Según Lasso, uno de los pocos comunicadores que ha tenido la oportunidad de acercarse al círculo más cercano de Castillo –hermético para gran parte del periodismo limeño-, cuando era niño, el flamante presidente del Perú viajó con su padre a la selva para trabajar como agricultor y tener ingresos para comprarse el uniforme, los cuadernos o sus libros. "En su vida siempre hubo una relación entre esfuerzo y educación. Él no la ha recibido como quienes vivimos en las ciudades. Para nosotros, el uniforme escolar o el colegio aparecen nomás, pero a él le costó mucho sudor educarse".

Ya a mediados de los 90, en plena dictadura fujimorista, y a pesar de que había concluido su carrera de maestro en el pedagógico de Cutervo, la falta de trabajo lo llevó a Lima, donde no lo pasó mejor. Su primera experiencia laboral fue limpiando baños en un pequeño hostal del centro de la capital. Pedro Castillo caminaba extraviado por las calles y no entendía por qué no había oportunidades en una ciudad tan grande. A pesar de la dureza del trabajo, su empleador siempre lo trató con respeto y cariño. Curiosamente, era estudiante de Filosofía en la Universidad Católica, por lo que mantenía largas conversaciones con él sobre diversos temas, incluida la política. Aún hoy mantienen contacto y respeto. Luego, Castillo siguió trabajando de lo que pudo. Canillita, albañil o heladero, lo que le permitiera subsistir.

Para entender mejor el periplo que hizo Castillo entonces -y que repitió ahora para llegar al Palacio de Gobierno-, la distancia por tierra entre Lima y Chota (Cajamarca) es de más de 16 horas. De Chota a Tacabamba se necesitan tres horas más y de allí a Chugur –donde estudio secundaria- se suman dos horas de camino. De Chugur a Puña son 30 minutos adicionales y de allí a San Luis de Puña, el caserío en el que pasó su infancia, son 10 minutos. Sin apreciar el recorrido o el esfuerzo, su rival en estas elecciones, Keiko Fujimori, abrió su participación en el primer debate que tuvo lugar en Chota -a petición del propio Castillo- con la desafortunada frase: "He tenido que venir hasta aquí". Algunos debieron intuir que, desde aquel momento, perdió cualquier posibilidad de ganar en esa y otras zonas remotas del país.

El 'outsider' que nadie esperaba

"No más pobres en un país rico" ha sido su lema de campaña, coronado con la frase "palabra de maestro". Su experiencia como dirigente del Sindicato Único de Trabajadores de la Educación del Perú (Sutep), que lo hizo notorio por primera vez en la capital, no es, sin embargo, su primera experiencia política. Tras los difíciles años noventa, en 2002 postuló a la alcaldía del distrito de Anguía –en la provincia de Chota- por Perú Posible, la hoy extinta agrupación del entonces presidente Alejandro Toledo, un hombre con el que comparte origen humilde y trabajo desde niño, pero que nunca izó como bandera propia las necesidades de los más humildes, a diferencia de Castillo. Su paso por Harvard y su militancia en la derecha neoliberal, marcan distancia en sus rumbos.

Castillo planeaba formar un partido político integrado por profesores, pero la llegada de la pandemia frenó sus aspiraciones. Apareció entonces la posibilidad de sumarse a Perú Libre, partido fundado por el exgobernador regional de Junín Vladimir Cerrón. Él es, precisamente, el talón de Aquiles de Castillo. Apartado de la elección por sus acusaciones de corrupción –que incluyen una sentencia por negociación incompatible y aprovechamiento del cargo, que le costó una sentencia de 4 años de prisión suspendida- y un marxista-leninista confeso, Cerrón diseñó el ideario original de su partido, en el que se aspiraba a una nueva Constitución, mayor presencia del Estado, renegociación de contratos con las empresas y nacionalización de sectores estratégicos, lo que causó alarma en una parte importante de la población y sirvió como argumento de ataque del fujimorismo y la ultraderecha. Castillo, sin embargo, preparó nuevos lineamientos, conocidos como el Plan Bicentenario, eso sí, haciendo también suya la propuesta de una nueva Constitución, para la cual se propone convocar un referéndum y posteriormente una Asamblea Constituyente. Cabe recordar que la vigente carta magna data de 1993, durante la dictadura de Alberto Fujimori.

La presencia de Cerrón, un político tan frontal como ególatra, es diariamente utilizada para atacar a Castillo. A pesar de que este aseguró que "El señor Cerrón está impedido judicialmente y no lo van a ver ni siquiera de portero en ninguna de las instituciones del Estado", sus constantes exabruptos vía Twitter, su presencia en reuniones cruciales o su reciente recibimiento al ex presidente boliviano Evo Morales, causan zozobra alrededor de Perú Libre. No son pocas, además, las voces que temen que un gobierno de izquierda convierta a Perú en una suerte de émulo de Cuba o Venezuela, cosa que Castillo ha negado en reiteradas oportunidades. Aunque es progresista en varios frentes, socialmente es un conservador que se opone a la legalización del aborto, la eutanasia, el enfoque de género en el currículum escolar y el matrimonio entre personas del mismo sexo. Esto, posiblemente, a causa de su fe cristiana.

En una victoria épica, contra viento y marea, Pedro Castillo dejó al fujimorismo fuera del gobierno. Este miércoles fue investido como presidente en el Congreso de la República, fiel a la costumbre chotana, con su típico atuendo andino. Independientemente de cómo vaya a ser su gestión, postales como esta marcan la historia y se instalan en el imaginario colectivo de una nación. Este jueves realizará otro acto simbólico sin precedentes: juramentará el cargo de presidente constitucional del Bicentenario en la Pampa de la Quinua, en Ayacucho, el lugar donde una heroica batalla sirvió para revalidar la independencia peruana, el 9 de diciembre de 1824. Lo hará, además, ante la presencia del rey Felipe VI de España y otros mandatarios.

No tan lejos queda ese diciembre de 2020, cuando el periodista Marco Sifuentes, uno de los pocos que ha logrado una extensa entrevista con él, le dijo, ante sus aspiraciones a llegar a una segunda vuelta: "Pero usted tiene 0,001% de apoyo en las encuestas, ¿Cómo va a hacer?"

Lo hizo contra todo pronóstico 200 años después de la independencia, en un Perú que sigue siendo una caja de sorpresas.

28/07/2021 18:57 Actualizado: 28/07/2021 22:27

Ricardo Hinojosa Lizárraga

Publicado enInternacional
Miércoles, 28 Julio 2021 06:31

Palabra de maestro

Pedro Castillo en un acto en Juliaca.. Imagen: Santiago Andrade

La campaña de Pedro Castillo desde adentro

Llegué a Lima un mes antes de la elección presidencial. Primera vez en Perú. Enseguida me sentí en familia: estaba San Martín por todos lados. Desde calles, plazas y monumentos me daba la bienvenida.

La maquinaria de marketing político de la derecha se desplegaba en toda la ciudad. Inmediatamente se me vino a la memoria Néstor advirtiéndonos que “Mauricio es Macri”, porque "Keiko" aparecía huérfana de apellido también.

De Pedro Castillo me impactó la emoción profunda que le causa hablar del dolor de su pueblo, que él conoce muy bien. Escuché a un hombre movido por profundas convicciones, sin especulación personal, con total consciencia de la magnitud de la responsabilidad histórica que estaba asumiendo. La fraternidad de las historias de militancia política hizo que el entendimiento sea inmediato.

En el primer acto al que asistí ese mismo día, en las afueras de Lima, vi a un pueblo alzando como símbolo un lápiz negro. Perú tiene uno de los índices de analfabetismo más altos de América del Sur, más aún entre las mujeres. 

Una mujer humilde, que portaba un enorme lápiz, me explicó: "Él es como nosotros, habla como nosotros, siente como nosotros". Me recordó a Cristina cuando decía, allá por el 2008, que nunca en la historia habíamos tenido en el continente tantos presidentes tan parecidos a sus pueblos.

Al grito de “¡Prensa mermelera!”, la gente repudiaba la presencia de periodistas del establishment mediático en los actos. Esa expresión de soberanía en la conciencia colectiva me sorprendió y me llenó de esperanza. Había, evidentemente, otras alfabetizaciones muy activas. La de la lectura crítica de la comunicación hegemónica era una.

“Palabra de maestro” era el lema que rubricaba las afirmaciones del candidato. Un maestro rural podría ser presidente de ese pueblo. Un hombre que de pibe caminaba dos horas para llegar a la escuela, a veces con vianda y otras no, buscando algo que no podía describir, con una fuerza inquebrantable.

Ya en el terreno de la comunicación, había tantas páginas en Facebook de Perú Libre, de Pedro, de las comunidades, que nadie sabía cuál era la oficial. Facebook es la red social de mayor uso en el país, como en todos nuestros países, pero en Perú duplica a Youtube y cuadruplica a Instagram.

La falta de recursos era un problema grave. La página oficial no transmitía en vivo hasta hacía poco, no habían tenido spots de TV en la primera vuelta, no tenían canción-shingle, no tenían un equipo oficial de comunicación digital, no tenían organizada la comunicación con la prensa, no tenían agenda diaria del candidato, no tenían big data ni estudios cuantitativos ni cualitativos propios…

A menos de un mes de la elección, todo eso se estaba gestando mientras se conformaban los equipos técnicos y se consolidaban las alianzas políticas.

¿Y qué era lo que sí tenían?

Tenían un proyecto político, un líder y un símbolo que despertaba una épica. Tenían, literalmente, miles de colectivos de militancia en todo el país haciendo comunicación política, tan caóticos como vitales, organizados en el territorio físico y en el digital. Tenían infinidad de canciones de campaña de los más diversos estilos musicales, que sonaban en actos, radios y redes. Tenían una identidad gráfica expresada en miles de formatos diferentes, apropiados y recreados por la gente, siempre en base al lápiz.

Tenían decenas de transmisiones simultáneas de los actos, tenían volantes caseros que circulaban por WhatsApp y pegados en los postes de luz para convocar a los actos. Tenían tantos hashtags como para volver imposible cualquier coordinación de campaña o no tenían ninguno, pero no dejaban de tomar la palabra.

Nos propusimos hacer un aporte a la organización de la sinergia de todas esas fortalezas dispersas para potenciar su comunicación.

Desde la vereda de enfrente el “anticomunismo”, con todas sus voces y canales al unísono, convencía a una empleada de maxiquiosco de que iban a venir las hordas izquierdistas-chavistas-guevaristas a expropiarle su “propiedad privada”, mientras Mario Vargas Llosa explicaba desde Europa que lo que estaba en juego era el sistema democrático y explicitaba su apoyo a la hija de Fujimori para salvaguardar la libertad de la prensa y la independencia de poderes…

La memoria que hace futuro

Mientras veíamos emerger las raíces identitarias que hermanaban al líder con su pueblo, tomábamos testimonios a sobrevivientes de las mutilaciones sufridas durante el gobierno de Fujimori padre, cuando les ligaron las trompas a trescientas mil mujeres sin avisarles, muchas veces sin anestesia, en el marco de un plan de “planificación familiar”.

Necesitábamos potenciar la sinergia entre esas fortalezas y trascender las cámaras de eco en las que nos escuchamos solo a nosotros mismos sin alcanzar a empatizar con los sectores más alejados de la política.

Hicimos muchas cosas en esas semanas de militancia e insomnio que son las campañas electorales de nuestro lado, pero elijo contar la que fue mi preferida, la que me traje enredada en el pecho para siempre.

"Préstale atención a la flor de retama, esos manojitos de florcitas amarillas que lleva la gente a las marchas. Remite a una de las historias más emblemáticas de la memoria colectiva de este pueblo", me dijo Manuel Robles, periodista de Prensa Latina durante 30 años, tipo sensible a las causas populares.

En 1969 el gobierno de Juan Velasco Alvarado decretó la eliminación de la gratuidad de la enseñanza. El rechazo creció en todo Perú, pero particularmente en Huanta, Ayacucho. Hubo una gran represión, más de veinte estudiantes y campesinos fueron asesinados. 

El 25 de junio, dos días después de la masacre en Huanta, Velasco Alvarado restableció la educación gratuita. El huayno "Flor de retama", del músico ayacuchano Ricardo Dolorier Urbano, homenajea a las y los mártires de la gratuidad de la educación en el Perú, especialmente a dos muchachas de las que el autor era profesor. 

Esta canción fue prohibida, pero el pueblo la guardó en su memoria por más de cincuenta años. Y ahora la estaban cantando nuevamente, cuando otro maestro tomaba la palabra para luchar por los derechos del pueblo. Hicimos un video con esa canción, que pronto se hizo viral. Nos iluminó la frase de César Vallejo: “Ya va a venir el día, ponte el alma”.

Quizá San Martín hubiera adherido a esa certidumbre mientras emprendía el Pacífico desde Chile. Quizá Perú nos lo haya dicho como promesa en su apoyo a nuestra lucha por la soberanía sobre las Islas Malvinas. Lo que es seguro es que hoy es un día de victoria para este pueblo que eligió ese lápiz para reescribir su historia, que es la de toda la Patria Grande.

* María Fernanda Ruiz es docente y especialista en comunicación política, convergencia de medios y tecnologías de la comunicación para la soberanía de los pueblos. Integra la comisión de Comunicación del Instituto Patria y es una de las creadoras del colectivo Mueve América Latina.

 

Por María Fernanda Ruiz

27/07/2021

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Castillo aseguró que no traicionará las esperanzas que los sectores más pobres. . Imagen: AFP

Primer discurso como  presidente electo

La derecha derrotada afila las armas contra el gobierno que asumirá este miércoles y busca tomar la presidencia del Congreso, que se elegirá este lunes.

 

 “El pueblo es el gobierno. Esta lucha no puede ser traicionada”, exclamó el presidente electo Pedro Castillo ante una entusiasta multitud en un mitin realizado la noche del viernes. Poco antes había recibido formalmente de las autoridades electorales sus credenciales como ganador de las elecciones y presidente electo. En la ceremonia oficial y en la manifestación popular, el profesor rural y dirigente sindical insistió en sus llamados “a la más amplia unidad”. A pesar de esas exhortaciones a la unidad, la derecha derrotada en las urnas afila las armas contra el gobierno de izquierda que asumirá este miércoles. Esa derecha radical y golpista busca tomar la presidencia del Congreso, que se elegirá este lunes.

Desde el balcón de la plaza

Castillo habló a sus seguidores desde un balcón que da a la céntrica plaza San Martín, ubicada a pocas calles de Palacio de Gobierno y tradicional escenario de manifestaciones políticas y protestas sociales. Cuando apareció en el balcón se soltaron globos rojos y blancos, los colores patrios, se lanzaron fuegos artificiales y resonaron los aplausos y las consignas de apoyo al futuro gobierno de izquierda. Fue una noche de júbilo popular. El maestro y campesino que viene de una de las zonas andinas más pobres del país y que en unos días asumirá la presidencia del Perú, recordó su participación en las luchas gremiales en esa misma plaza, que esta vez lo recibía como presidente electo. “Yo aprendí a luchar en esta plaza del pueblo junto con ustedes, con los obreros y campesinos. El recuerdo más grato es la lucha con los maestros de todo el país. Gracias a la lucha tenemos ahora un proyecto político, una alternativa para el país”, comenzó su discurso, que como ya es costumbre fue breve. Duró diez minutos.

El presidente electo aseguró que no traicionará las esperanzas que los sectores más pobres y excluidos han puesto en él y le pidió a la población que sea vigilante a su gestión. “Les pido ser vigilantes. Ustedes han sido vigilantes antes, durante y también lo serán después en este camino que hemos emprendido. No solo vengo a pedirles que sean vigilantes del gobierno, sino que sean integrantes del gobierno. Ustedes son el gobierno. El pueblo es el gobierno. Ayúdennos hermanos a encaminar este trabajo. Este es el trabajo del pueblo peruano. Esta es la lucha de ustedes. No traicionaremos al pueblo. Esta lucha no puede ser traicionada”. La multitud rompió en aplausos y gritos de respaldo.

Castillo convocó a los distintos sectores políticos y sociales a trabajar juntos: “Desde este espacio abrimos las puertas a los que no piensan como nosotros, a las otras fuerzas políticas. Hoy es el momento de unir los esfuerzos. Hago la convocatoria al pueblo peruano, a toda la clase política sin distinción, a los gremios, a los colegios profesionales, a los universitarios, a la clase obrera, al magisterio, a todo el pueblo peruano, para que hagamos el esfuerzo más inmediato en el marco de la más amplia unidad para terminar con estas brechas que tiene el pueblo peruano”.

En el Congreso

Mientras Castillo llama a la unidad, la derrotada Keiko Fujimori y sus aliados, donde la extrema derecha marca el rumbo, mantienen su discurso golpista que le niega legitimidad a la elección del nuevo presidente alegando sin pruebas un fraude electoral inexistente. Este lunes será un día clave en la confrontación entre el gobierno elegido democráticamente y la extrema derecha golpista. Se disputarán la conducción del Congreso unicameral de 130 bancas.

En un Parlamento fragmentado en diez bancadas no está claro lo que vaya a ocurrir este lunes. Hasta el sábado, ninguno de los dos bloques tenía los votos necesarios para hacerse con la presidencia del Legislativo. El bloque oficialista de izquierda tiene 42 votos: 37 del partido de gobierno Perú Libre y cinco de sus aliados de la coalición progresista Juntos por el Perú. Según diversas versiones, para la elección de la mesa directiva del Congreso ya habrían sumado otros nueve votos de agrupaciones de centro y centroderecha. El oficialismo no ha hecho público quién sería su candidato a presidir el Congreso. Del otro lado, el bloque de extrema derecha suma 43 votos: 24 del fujimorismo, 12 de los fascistas de Renovación Popular (RP) y siete de otra agrupación de derecha. Su candidato a presidir el Congreso es el almirante en retiro Jorge Montoya, de RP, que ha exigido anular las elecciones y ha pedido una intervención militar para evitar que Castillo asuma la presidencia.

Ambos bloques negocian contra la hora con tres bancadas que no se han definido para conseguir los votos que les faltan. Estas tres agrupaciones que suman 36 curules se mueven entre la centroderecha y la derecha. La izquierda la tiene complicada. En medio de esta disputa, la centroderechista Acción Popular, que tiene 16 legisladores, busca convertirse en una tercera alternativa y presidir ellos el Congreso.

Si la derecha golpista logra hacerse con la presidencia del Legislativo se abriría un complicado escenario para la estabilidad del gobierno Castillo. 

25/07/2021

Desde Lima

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Fujimorismo: enfermedad infantil del fascismo

A unos días de la proclamación del nuevo presidente de Perú –por primera vez en su historia un auténtico representante de las clases subalternas– hay algunas cuestiones que hay que intentar explicar si no se quiere que se vuelvan misterios.

Antes que todo, cómo es posible que más que 8 millones de electores –o sea casi la mitad de los votantes– hayan votado por una candidata tan desacreditada, tramposa y manifiestamente hambrienta de poder como Keiko Fujimori, cuyo único currículo político es ser la hija de un dictador que está purgando 25 años de cárcel por los graves crímenes que cometió.

A pesar de haber ordenado matanzas de civiles y campesinos, orquestado robos multimillonarios al patrimonio de la nación, reprimido o comprado a la oposición, infiltrado la magistratura, sujetado al ejército, rediseñado las instituciones a su antojo, Alberto Fujimori ha sabido crear una mitología alrededor de sí mismo, sobre todo gracias al trabajo incesante de una prensa mercenaria, que perdura aún hoy.

Esta narrativa chicha (o sea chayotera) celebra la victoria del estado sobre el terrorismo de Sendero Luminoso, el salvamento de la economía, desastrosa en el quinquenio de Alan García, la construcción de grandes obras y el interés hacia el Perú profundo.

Todos estos argumentos pueden ser fácilmente rebatidos apoyándose en la realidad histórica: la derrota de Sendero Luminoso se debe a la actividad autónoma de la Dirección contra el Terrorismo (Dincote) y no a las directivas de Fujimori; la recuperación de la economía aconteció motu proprio y gracias al FMI luego de que la inflación rebasó 7000 por ciento, o sea los precios se duplicaban cada dos semanas; las grandes obras y las privatizaciones sirvieron sobre todo para enriquecer monstruosamente al dictador y a su círculo íntimo; el interés para las comunidades más remotas se reducía a unas limosnas –mayormente láminas y cemento– con fines ­clientelares.

La sobrevivencia de esta mitología es indicativa de cuánto el monopolio de la información –y a escala nacional 80 por ciento está en manos del Grupo El Comercio– puede dinamitar el pluralismo informativo y envenenar las consciencias. Que estos mismos grupos se yergan en paladines de la libertad de expresión e información a nivel internacional es algo realmente grotesco.

La campaña electoral de Keiko Fujimori, respaldada por la gran prensa y la mayoría de las televisoras, donde han sido invertidas sumas enormes, producto de lavado de dinero sin algún control, ha fracasado por la tercera vez: la primera contra Ollanta Humala en 2011, la segunda en 2016 contra Pedro Pablo Kuczynski. Lo irónico de la actual tercera derrota es que ha sido por el mismo, minúsculo porcentaje que la segunda: 0.24 por ciento, lo que ha enfadado la heredera del otrora poderoso shogun, truncando sus aspiraciones ­presidenciales.

La segunda derrota de Keiko, en 2016, le ha costado a Perú cinco años de parálisis política, un constante boicot al Ejecutivo, la remoción de tres presidentes y el descrédito y la extrema impopularidad del Congreso. Sin embargo, todo esto no podría explicarse como la pataleta de una mala perdedora que tiene subyugada la voluntad de la mitad de la nación, si no fuera que la Señora K, como la llamaban en jerga sus financiadores, es una especie de Juana de Arco de los corruptos –políticos y no– , los narcos, los poderes fácticos, los aspirantes golpistas, los mercenarios, lo que aquí se llama la derecha “bruta y achorada”y, last but not least, el gran capital, como se ve, en buena compañía.

Falta también considerar que al menos la mitad de los que han votado por ella –a pesar de saber que es imputada de asociación criminal, lavado de dinero y obstrucción a la justicia con un pedido de 30 años de cárcel– lo han hecho "tapándose la nariz", considerándola un mal menor frente al candidato "con olor a pueblo", el maestro rural Pedro Castillo.

Keiko Fujimori, financiada por sus futuros patrones, ha tenido la última astucia de abrazar el espantapájaros del anticomunismo, muy radicado en un país aún lastimado por las secuelas de una guerra civil, y de explotar los sentimientos racistas que atraviesan la sociedad peruana y determinan la férrea exclusión de la "raza cobriza"de los niveles más altos del poder.

Aun apelando a dos sentimientos negativos muy difundidos, la "eterna perdedora", como ha sido rebautizada por sus desertores, no ha logrado superar el rechazo a su entera dinastía. "¡Fujimori nunca más!" ha sido el grito recurrente en las manifestaciones de noviembre pasado, que en cinco días frustraron el intento golpista de Manuel Merino. Eran sobre todo jóvenes, que se han hecho llamar "la generación del Bicentenario" y que, justo en la conmemoración de los dos siglos de la Independencia, celebrarán la victoria de un verdadero candidato del pueblo, con gran disgusto de la oligarquía.

Sin embargo, la lucha continúa. A pesar de que muchos de los que la apoyaron, a partir del propio Vargas Llosa, se están retirando, Keiko espera apadrinar a los 8 millones de electores anti-Castillo para sacarlo de la presidencia en los próximos meses.

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 Una persona posa junto a una pancarta del presidente electo de Perú, Pedro Castillo, en Lima. — Paolo Aguilar / EFE

Impugnaciones, denuncias de fraude sin pruebas, manifestaciones, amenazas, insultos, acoso, violencia contra funcionarios, periodistas y críticos. Así ha sido, y seguirá siendo, la guerra sucia del fujimorismo contra el recién proclamado presidente de Perú. El maestro rural de izquierdas tomará posesión el 28 de julio.

 

"Iremos a Palacio con el voto popular. Quiero que quede bien claro, que me escuche el señor Castillo, el señor Cerrón y el señor Sagasti. ¡Este partido recién empieza!". La voz de Keiko Fujimori retumbaba a través del sistema de sonido frente a algunos cientos de personas y dejaba claro que no aceptaba la derrota. La hija del dictador Alberto Fujimori (1990-2000), encarcelado por corrupción y violaciones de los derechos humanos, se dirigía así en el centro de Lima a sus seguidores el 10 de julio, más de un mes después de que tuviera lugar la segunda vuelta de las elecciones presidenciales y con el conteo oficial de votos concluido: el ganador era su contrincante, Pedro Castillo.

Solo el lawfare al que Fuerza Popular, el partido de Keiko Fujimori, sometió a los organismos electorales, con petición de nulidades e impugnaciones de los votos –ninguna de las cuales prosperó– y acusaciones de fraude –sobre las que no presentó una sola prueba irrefutable–, pospuso la proclamación de Castillo más de lo debido, hasta este martes. Pero, en su realidad paralela, la candidata seguía comportándose como si aún estuviera en campaña y fuera posible su victoria.

"¡Vamos a defender la democracia en el Perú!", "¿Se van a rendir?", gritaba o preguntaba alternativamente a sus seguidores en aquella y otras movilizaciones. Mientras Keiko seguía con el micrófono en la mano, sus operadores políticos trabajaban contrarreloj para ensuciar –o evitar– la más que segura proclamación de Castillo. Recordemos que, tras conocerse los primeros resultados del conteo rápido, Keiko salió ya salió a denunciar irregularidades.

En ese escenario, Fujimori se remitió al manual de Goebbels y a su principio del método de contagio y reunió a varios adversarios en uno solo: Pedro Castillo, Vladimir Cerrón (el polémico líder del partido Perú Libre) y el presidente saliente,  Francisco Sagasti, tenían que convertirse, ante su público, en una suma, en un solo villano que representara el "fraude", el "comunismo" o la "dictadura", según fuera el caso.

Mientras tanto, en otro mundo paralelo al juego sucio del fujimorismo, ese mismo 10 julio, el Ministerio de Salud confirmaba que 194.249 peruanos habían fallecido de covid. Este país ha sido uno de los más afectados por la pandemia en el mundo.

El fujimorismo y sus malas artes

"La defensa de la democracia no termina con la promulgación ilegítima de Pedro Castillo. Esta defensa recién empieza". Como si fuera un déjà vu de junio de 2016, cuando también perdió la carrera presidencial, esta nueva frase de Fujimori recordó al momento en el que una altiva Keiko aseguraba, de la boca para afuera, que aceptaba los resultados "democráticamente", pero mostraba una simbología opuesta: ella, de pie, con sus 73 congresistas detrás, mostrando al entonces presidente electo, Pedro Pablo Kuczynski, el poder que lo amenazaría desde ese mismo momento. "Esta defensa recién empieza" volvió a decir hace dos días, horas antes de la proclamación de Castillo, con una actitud de perdedora hostil.

Desde aquella declaración, hace ahora cinco años, Perú "pagó" no haber elegido presidenta a Keiko Fujimori con la mayor inestabilidad política de las dos últimas décadas. ¿Cómo le mostró su poder a PPK?: humilló y censuró ministros, obstruyó con alevosía las propuestas del Ejecutivo desde el Congreso y terminó sacándole del poder pese a que había ganado en las urnas. En 2016, el fujimorismo había obtenido la mayoría de los asientos en el Congreso.

El primero que derrotó a Keiko fue Ollanta Humala, en 2011. Curiosamente, los tres (Humala y Kuczynski –PPK–) comparten un rasgo común: enfrentan procesos judiciales por sus vínculos con Odebrecht, la constructora brasileña que pagó coimas a diestro y siniestro en Latinoamérica (también Keiko Fujimori está acusada de corrupción y se encuentra en libertad provisional). Pero la crisis de los últimos años queda latente en que, desde 2016, en Perú han juramentado cinco presidentes (PPK, Martín Vizcarra, Mercedes Aráoz, Manuel Merino y Francisco Sagasti), aunque solo los dos primeros y el último han sido considerados oficialmente jefes de Estado. Y, para colmo, llegó la covid y las protestas sociales, todo junto. Nadie sabe qué le espera a Perú en esta nueva revancha fujimorista.

La semana pasada, mientras Pedro Castillo seguía esperando que se hiciera oficial su victoria para iniciar la transición con el gobierno de Sagasti, el abogado de Fuerza Popular Julio César Castiglioni aseguró a la emisora RPP que tenía derecho a "seguir apelando", a pesar de que el número de votos en las actas impugnadas no fuera a cambiar los resultados finales. Preguntado sobre el perjuicio y la demora que eso estaba causando en la transición entre las distintas carteras ministeriales, Castiglioni respondió: "No es mi tema". La lectura que hicieron millones de peruanos fue que la grave crisis económica, la mortal pandemia y el proceso de vacunación no era, para el fujimorismo, "su tema".

Regresando al pasado siempre se encuentran paralelismos: En 2017, la excongresista fujimorista Yesenia Ponce aseguró que Keiko le había dicho, sobre la postergación de un proyecto de irrigación que beneficiaría a miles de pobladores de Ancash: "No me importa si se perjudican diez mil, cien mil personas, si favorece al Ejecutivo no va". Para el psicoanalista Jorge Bruce, la frase "No es mi tema" ha ingresado "sin lentitudes burocráticas a la historia universal de la infamia".

El acoso de los violentos

Como parte de su campaña por el "fraude", la candidata fujimorista y sus aliados organizaron diversas manifestaciones en el centro de Lima. La del miércoles 14 de julio mostró la peor cara de los grupos violentos que apoyan a Fuerza Popular y manejan su misma retórica. Los miembros de una de esas organizaciones ultraderechistas, que se hace llamar ‘La Resistencia’, realizan el saludo fascista, difunden fake news y atacan a fiscales, periodistas o funcionarios que consideran "enemigos", "caviares" o "comunistas" –aunque no lo sean– desde hace meses. Esta vez, las víctimas fueron tres periodistas, incluso de canales que le han otorgado una generosa cobertura a cada movimiento o declaración de Fujimori.

Ante la llegada de la policía montada al lugar de los disturbios, los grupos profujimoristas llegaron al extremo de azuzar para que se matara a los caballos. Otros grupos violentos intentaron acceder a la Plaza de Armas de Lima e, incluso, llegar hasta la sede de Gobierno. El objetivo, según el periodista Marco Sifuentes, era "tomar Palacio", en un intento de imitar a los seguidores de Donald Trump que tomaron el Capitolio de EEUU en enero pasado, cuando también alegaron, sin pruebas, un fraude contra el candidato republicano.

En el momento más tenso de la jornada del miércoles 14 de julio, los vehículos oficiales en los que viajaban, por un lado, el ministro de Salud, Óscar Ugarte y, por otro, la ministra de Vivienda, Solangel Fernández, fueron atacados por una turba con palos y piedras, y retenidos en una avenida por varios minutos. La noche del jueves 15, una cuenta de Twitter asociada a esos grupos radicales, "La resistencia Reporteros", publicó un video de una nueva escena de acoso contra el jefe de la Organización Nacional de Procesos Electorales (ONPE), Piero Corvetto, esta vez en la puerta de su domicilio. Unas 80 personas se plantaron allí a gritarle durante más de dos horas. Los insultos, que incluían ofensas contra su madre, iban desde "ladrón" hasta "terrorista".

El presidente saliente, Francisco Sagasti, condenó los ataques y anunció medidas. Justo acababa de rechazar intervenir en el pedido de convocar a una "auditoría internacional", tal y como le exigía el fujimorismo. "Estaría violando la Constitución (...), pedir una intervención de esta naturaleza no tiene ningún sentido", afirmó. Desde ese día, troles fujimoristas crean hashtags diarios en redes sociales atacando a Sagasti con términos como "genocida", a pesar de que cumplió una de sus misiones más importantes: cerrar contratos por más de 98 millones de vacunas hasta enero del 2022.

Si bien Keiko Fujimori rechazó los actos de violencia a través de un tuit, las reacciones a su pronunciamiento fueron, en su mayoría, negativas. Hay abundante material fotográfico que prueba la cercanía de ‘La Resistencia’ con el fujimorismo –además de con Renovación Popular, partido del ultraderechista Rafael López Aliaga– y, en sus arrebatos de violencia, el grupo maneja el mismo discurso de la candidata, con el "fraude", el "comunismo" y el "terruqueo" como mantras.

La Fiscalía ha anunciado que les abrirá investigación a los responsables de los ataques. Audios, afiches y cuentas de Twitter y Facebook llamando a la violencia prueban que se trató de una estrategia coordinada.

¿Qué le espera a Perú?

El viernes 16, fujimoristas y aliados dieron un manotazo de ahogado –y es de esperar que no sea el último–, al presentar en los instantes finales del plazo legal nuevas apelaciones para seguir postergando la proclamación de Castillo. El pasado lunes, a primera hora de la mañana, todas las solicitudes fujimoristas habían sido declaradas improcedentes de forma unánime por el Jurado Nacional de Elecciones (JNE). Tras la proclamación, sus seguidores viralizaron el hashtag #CastilloPresidenteIlegitimo, a pesar de que la ONU, la Organización de Estados Americanos (OEA), la Unión Europea y mandatarios de diversos países ya habían saludado la elección democrática del profesor de Cajamarca.

Tras las falsas denuncias de fraude, impugnaciones y otras argucias legales que incluyeron un gasto millonario, Keiko solo logró variar 205 votos en su diferencia con Castillo. Curiosamente –y según ha contado el programa independiente La Encerrona, del periodista Marco Sifuentes–, estos fueron 205 votos más, pero para él. Su ventaja ascendió, finalmente, a 44.263 votos sobre Fujimori. En definitiva, Fuerza Popular presentó más de 1.300 recursos legales y gastó  en ello alrededor de un millón de soles (más de 200.000 euros), según medio digital independiente Ojo Público.

Sin precedentes en la historia de Perú, ahora el presidente electo sólo tiene una semana –hasta el 28 de julio– para realizar la transición en los distintos departamentos y ministerios.

El capítulo de esta historia que acaba de concluir se llamaba suspenso. El que comienza hoy, con Castillo al mando, se llama incertidumbre. Y así entra Perú en una nueva era marcada por el bicentenario de la independencia, que se celebrará el mismo día en que Castillo será investido presidente

Lima

21/07/2021 22:12 Actualizado: 22/07/2021 10:03

Ricardo Hinojosa Lizárraga@
santoschilcano

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Perú: danza de nombres para el gabinete de Pedro Castillo

El presidente electo convocó a técnicos de todos los espacios sociales a formar parte de su gobierno

El maestro rural y sindicalista pasó la mayor parte de su primer día como presidente electo armando su gabinete ministerial.

 

 “La responsabilidad no es solo del gobierno, es de todos los peruanos”, dijo este martes el profesor Pedro Castillo en sus primeras declaraciones a la prensa luego de su proclamación como presidente electo en la noche del lunes. Pidió “tranquilidad” al “pueblo peruano” y “a los empresarios”. “Estamos haciendo una convocatoria a todos los técnicos y a las personas más comprometidas con el país. Estamos estructurando un equipo de trabajo. Todos los espacios sociales son bienvenidos, todos van a tener oportunidad”, señaló el presidente electo en breves declaraciones a la prensa. Destacó que en medio de la pandemia que tiene al Perú como el país con la mayor tasa de mortalidad en el mundo lo “más importante” es la salud. El maestro rural y sindicalista que la próxima semana asumirá la presidencia del país pasó la mayor parte de su primer día como presidente electo reunido con sus principales colaboradores terminando de armar su gabinete ministerial. Tuvo una reunión en el sindicato de trabajadores mineros.

Los reclamos sin fundamento de la derrotada Keiko Fujimori para buscar anular votos de Castillo para intentar voltear el resultado electoral fracasaron, pero han demorado semanas la proclamación del presidente electo, lo que afecta seriamente el proceso de transferencia de gobierno, que usualmente toma un mes o más y que en esta ocasión apenas tendrá ocho días. Esto complicará los inicios del nuevo gobierno. El presidente Francisco Sagasti llamó por teléfono a Castillo para felicitarlo e invitarlo a Palacio de Gobierno para ver los temas relacionados a la transferencia. “Tuvimos un diálogo muy cordial”, reveló Sagasti.

Desafíos

Castillo deberá enfrentar un escenario complicado. Asumirá en medio de una masiva campaña de la derecha para desacreditarlo y buscar restarle legitimidad a su triunfo. Deberá enfrentar las maniobras desestabilizadoras del fujimorismo y de sus aliados de la extrema derecha, que estas últimas semanas han venido buscando un golpe para evitar que asuma la presidencia. Quedan pocas dudas que la estrategia de esa derecha será boicotear al nuevo gobierno de izquierda para buscar su caída.

El primer reto de Castillo será hacerle frente a esas maniobras desestabilizadoras y golpistas y darle estabilidad a su gobierno. Algo que deberá hacer con un Congreso en el que no tiene mayoría y con una prensa hostil. Sus otros grandes retos para el inicio de su gestión serán la vacunación contra el coronavirus, que ya ha tomado buen ritmo, enfrentar una posible nueva ola de la pandemia con un sistema de salud precario que tendrá que mejorar aceleradamente y trabajar por una reactivación económica y la recuperación del empleo, muy afectados por la pandemia. Satisfacer las demandas de cambio y mejora de los sectores populares debe ser la principal tarea de su gobierno. Salud, educación y agricultura serán los sectores priorizados por su gestión, según ha anunciado Castillo.

Han circulado varios nombres para la jefatura del gabinete ministerial, entre ellos el de Dina Boluarte, vicepresidenta de Castillo. Quién ocupará este cargo sigue siendo una incógnita en medio del hermetismo sobre el tema en el equipo de Castillo.

Economía

Para el Ministerio de Economía se vocea como la primera opción al economista Pedro Francke, quien fue jefe del equipo económico de la excandidata presidencial Verónika Mendoza, de la coalición progresista Juntos por el Perú. Francke se incorporó como asesor de Castillo para la segunda vuelta de las elecciones luego de un pacto entre Juntos por el Perú y Perú Libre, el partido por el que postuló Castillo. En estas últimas semanas se ha convertido en una de las personas más cercanas al presidente electo y ha venido reuniéndose con empresarios y representantes de organismos financieros. Ha descartado  estatizaciones, y ha anunciado que se renegociará con las transnacionales mineras para un aumento de impuestos.

Salud

Otra de las personas muy cercanas a Castillo en estas últimas semanas es el médico y excongresista Hernando Cevallos, considerado casi seguro próximo ministro de Salud, cargo clave en esta coyuntura. Cevallos, quien fue elegido legislador en 2016 por el izquierdista Frente Amplio, ha trabajo en la salud pública y ha sido dirigente sindical. Ha señalado que la prioridad del nuevo gobierno debe ser aumentar la inversión en salud y asegurar la vacunación de toda la población para fin de año.

Educación y diplomacia

En el Ministerio de Educación, un sector de especial interés para el profesor Castillo, asumiría el reconocido maestro Juan Cadillo, profesor, como Castillo, de una pequeña escuela primaria pública del interior del país. Por su labor docente, Cadillo ha recibido premios a nivel nacional e internacional. En 2017 fue elegido como uno de los 50 mejores profesores del mundo por The Global Teacher Prize.

Para Relaciones Exteriores suenan los nombres de los embajadores Manuel Rodríguez Cuadros y Harold Forsyth. Rodríguez Cuadros fue canciller en el gobierno de Alejandro Toledo. Forsyth fue hasta hace unas semanas embajador en Japón, antes lo fue en Estados Unidos. Es padre del excandidato presidencial George Forsyth, un exfutbolista que postuló en estas últimas elecciones al frente de una agrupación de centroderecha. Para el gobierno de Castillo la prioridad en la política exterior será la apuesta por la integración latinoamericana.

Por Carlos Noriega

20/07/2021

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Perú: la justicia electoral confirmó el triunfo de Pedro Castillo

Asumirá el 28 de julio, pese a las maniobras dilatorias del fujimorismo

Por sus falsas denuncias de fraude electoral buscando anular mesas de votación en las zonas rurales donde Castillo ganó con amplitud, la fiscalía le ha iniciado a Fujimori una investigación por presuntos delitos contra el derecho al sufragio y falsa declaración.

a justicia electoral terminó de revisar y rechazó, por falta de sustento, todos los reclamos de la derechista Keiko Fujimori para anular votos del profesor Pedro Castillo, con lo que pretendía arrebatarle la victoria al candidato de la izquierda. De esta manera, después de una larga espera de más de un mes, quedó confirmado que el maestro rural y sindicalista que viene de una las zonas andinas más pobres del país será proclamado en esto días como presidente electo. Asumirá el cargo el 28 de julio. La derecha ha respondido con violencia en las calles y con una última maniobra para demorar la proclamación de Castillo, pero que no podrá impedirla.

Rechazadas todas sus demandas, el viernes los abogados fujimoristas presentaron nuevas apelaciones sobre un grupo de actas, alegando esta vez supuestos errores de conteo. El número total de votos de esas actas apeladas es significativamente menor a la ventaja de más de 44 mil votos que Castillo le sacó a Fujimori, con lo que cualquiera sea el destino de esas apelaciones, que los expertos estiman muy probablemente también sean rechazadas, no cambiará el resultado de las elecciones.

Por sus falsas denuncias de fraude electoral buscando anular mesas de votación en las zonas rurales donde Castillo ganó con amplitud, la fiscalía le ha iniciado a Fujimori una investigación por los presuntos delitos contra el derecho al sufragio y falsa declaración. Con todo consumado, la derecha aglutinada alrededor de la actual jefa del clan Fujimori juega ahora la carta de deslegitimar al próximo gobierno y boicotear su gestión. Si no pueden evitar que asuma como presidente, intentarán sacarlo del poder. Desde la victoria de Castillo la derecha ha venido promoviendo un golpe para anular las elecciones. Confirmada en la última instancia electoral la victoria de la izquierda, el fujimorismo y sus aliados han pasado de la violencia verbal a la violencia en las calles.

Esta semana, enfurecidos fujimoristas, armados con palos, intentaron llegar a Palacio de Gobierno, en el centro de Lima, gritando insultos contra el presidente Francisco Sagasti, repitiendo las acusaciones lanzadas por Keiko contra el jefe de Estado acusándolo de haber tomado partido por Castillo. Las evidencias, sin embargo, demuestran la neutralidad del gobierno. La turba fujimorista descargó su furia contra los negocios de las calles cercanas. Un fotógrafo del diario La República, uno de los pocos medios que no han respaldado las pretensiones de la derecha de desconocer el triunfo de Castillo, fue arrojado al piso y golpeado por varios sujetos. En su frustración y desbocada ira, los fujimoristas la emprendieron contra todos, incluyendo periodistas de medios que han venido apoyando el falso discurso del fraude. Una reportera de televisión y su camarógrafo fueron rodeados, insultados y amenazados. Otra reportera fue atacada por la espalda por una mujer, que le cubrió la cabeza con una bandera y comenzó a jalonearla. La turba rodeó el automóvil del ministro de Salud, Oscar Ugarte, que iba a una reunión del Consejo de Ministros, y comenzó a zarandearlo y golpearlo con palos. Lo mismo le ocurrió a la ministra de Vivienda, Solange Fernández. Pasaron unos quince minutos hasta que la policía disolvió a los agresores y los ministros pudieran reanudar la macha para llegar a Palacio de Gobierno.

El grupo que desató la violencia se hace llamar “La Resistencia” y desde hace años ha venido actuando como fuerza de choque del fujimorismo. Ahora se han rebautizado como “La Insurgencia”. En el pasado han atacado al fiscal que ha investigado a Keiko y la ha acusado por lavado de dinero y organización criminal, y a periodistas críticos del fujimorismo. A los de “La Resistencia” les gusta tomarse fotos haciendo el saludo nazi. En los actos de violencia de esta semana algunos llevaban chalecos con el lema fascista “Dios, Patria, Familia” escrito en la espalda.

Keiko Fujimori pretendió desmarcarse de la violencia desatada por sus seguidores con un tuit en el que rechazó esas acciones, pero su larga relación con ese grupo extremista es inocultable. Sus discursos llamando a sus seguidores a movilizarse contra un supuesto fraude electoral que es inexistente y para “enfrentar el comunismo” han creado las condiciones para el estallido de esta violencia. Otro personaje cercano a las cabezas de este grupo violento, el excandidato presidencial de ultraderecha Rafael López Aliaga, conocido como “Porky”, ahora aliado de Keiko, incentiva permanentemente la violencia. “Muerte a Castillo”, “muerte al comunismo”, “comunistas malditos lárguense de aquí”, son algunas de las amenazas que el fascista López Aliaga vocifera en cada manifestación pública en respaldo a Keiko.

Lo ocurrido esta semana es el mayor estallido de violencia desde las elecciones y la negativa de la derecha a aceptar su derrota y sus llamados contra la legalidad democrática, pero no el único. Anteriormente, los extremistas de “La Resistencia” atacaron con palos a un grupo de simpatizantes de Castillo que hacían una vigía pacífica frente al local del Jurado Nacional de Elecciones (JNE) esperando la proclamación del presidente electo. Seguidores fujimoristas se han manifestado en repetidas ocasiones frente a los domicilios de los magistrados del JNE y del jefe de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), la encargada del conteo de votos, gritando amenazas si no favorecían los intereses fujimoristas. En las calles se han visto marchas con símbolos fascistas lanzando gritos de muerte contra todos los que no estén alineados con ellos. Son pequeñas, pero muy agresivas.

 En redes sociales abundan los mensajes racistas contra Castillo y sus electores, entre los que son mayoría los habitantes de las zonas rurales y sectores populares. “Lo que ha sucedido marca un quiebre. Respetamos las manifestaciones pacíficas, pero lo sucedido se pasa de la raya. No lo permitiremos”, señaló el presidente Sagasti, refiriéndose a los últimos actos de violencia.

De otro lado, este sábado miles volvieron a movilizarse pacíficamente por las calles de Lima y de otras ciudades en respaldo a Castillo. Exigen su pronta proclamación como presidente electo, que se había anunciado para esta semana, pero que últimas maniobras dilatorias ha retrasado unos días.     

17 de julio de 2021 

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Sábado, 17 Julio 2021 06:41

Inédita situación

Inédita situación

En una situación inédita desde que se proclamó independiente en 1991, la república ex soviética de Moldavia –que ostenta el tristemente célebre récord de ser el país más pobre de Europa– tendrá presidenta, gobierno y mayoría en el parlamento unicameral sin contrapesos de ningún tipo.

Las recientes legislativas así lo determinaron. El partido liberal Acción y Solidaridad de la presidenta Maia Sandu tendrá 63 de los 101 diputados del Congreso y podrá nombrar primer ministro y gabinete sin tener que negociar con otras fuerzas políticas ni, como pasaba casi siempre, verse obligado a repartir las cuotas de poder entre europeístas y pro rusos, al margen de quién ocupase la presidencia o la jefatura del gobierno nombrado por el parlamento, lo cual bloqueaba cualquier iniciativa de ley de unos y otros, mientras los clanes mafiosos –simbiosis de empresarios y funcionarios corruptos– saqueaban el país.

La coalición de socialistas y comunistas, que promueve mayor acercamiento con Rusia, será minoría con 32 escaños, y apenas seis ocupará el partido conservador Shor. Los llamados unionistas, que buscan la reunificación con Rumania, carecerán de representación parlamentaria al no sacar ni 2 por ciento del voto.

Las regiones separatistas de Transdniester y Gagauzia, que forman parte de Moldavia pero no reconocen el gobierno de Chisinau, votaron más por la coalición de socialistas y comunistas, sin poder influir en esta ocasión en equilibrar los resultados.

Sandu, quien se jugó su permanencia en el cargo al forzar el adelanto electoral para poner fin a la paralizante convivencia de proyectos de país antagónicos, obtuvo una victoria abrumadora para sacar adelante su propuesta de integración con la Unión Europea. Su meta es lograr el respaldo de 70 por ciento de la población y la más reciente encuesta sobre un hipotético referendo arrojó 57 por ciento en favor de solicitar el ingreso a la UE frente a 28 por ciento que prefiere la integración económica con Rusia.

Por lo pronto, la mayoría oficialista permitirá a Sandu gobernar cuatro años sin sobresaltos y, al mismo tiempo, es insuficiente para modificar la Constitución, eventualidad que sólo podrá llevar a la realidad sumando al menos los votos de cinco diputados de oposición, los que le faltan para alcanzar los dos tercios requeridos.

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