Sábado, 31 Marzo 2018 08:04

Gafas que lo ven todo

Gafas que lo ven todo

En la novela 1984 de G. Orwell (publicada en 1949) el Gran Hermano es una entidad omnipresente que observa a todos los ciudadanos, apoyada en una trama de instituciones de control, que vigilan acciones, pensamientos y lenguaje, instaurando el uso de una neolengua que reduce y elimina contenidos con el fin de vaciar las formas de pensar en libertad. La visión de la realidad está fuertemente distorsionada por los medios de comunicación.

Cualquier parecido con la realidad que vivimos no es coincidencia. Lo que denunciaba Orwell sigue siendo el objetivo de estados y empresas trasnacionales: conocer qué pensamos y qué hacemos para controlar a toda la población, sea para moldearla a consumir lo que vendan, para que voten a alguien, para que acepten condiciones de explotación, para adormecerla en mundos virtuales y distraerla de la realidad brutal que nos rodea, y si eso no alcanza, para reprimir a quien se rebele o no se adapte al statu quo dominante. El escándalo que sigue creciendo sobre el uso de información de millones de usuarios en Facebook y otras fuentes por Cambridge Analytica, es parte de ese contexto.
Orwell muestra una realidad opresiva, en la que los ciudadanos obedecen por miedo y formas de control agobiantes. Pero en realidad, la neolengua se está formando al castrar el lenguaje en mensajes hipersintéticos que eliminan vocales, sustituyen palabras por unas letras que evocan una frase. En el camino desaparecen tildes, eñes, signos que abren interrogación y admiración y quizá, al mismo tiempo, la apertura a interrogarnos y admirar el mundo real. Los sentimientos y el tejido infinito de compartirlos en palabras se sustituye por unas caritas estándar para todos los países, idiomas y culturas.


Orwell nunca imaginó que todo esto no sería impuesto, que usar esa neolengua y poner en público la información e imágenes de qué pensamos y hacemos, dónde estamos, qué comemos, con quién hablamos, lo que nos gusta y lo que opinamos de muchos temas no sería un proceso forzado y obligatorio, sino voluntario al participar en lo que paradójicamente se ha dado en llamar redes sociales. Muchísima gente en el planeta vivimos bajo la vigilancia e influencia de las empresas que manejan esas redes de comunicación indirecta, entre las mayores las llamadas GAFA: Google, Apple, Facebook y Amazon.


La información que reúnen Google y Facebook sobre cada usuario es mucho más de la que imaginamos. Un artículo reciente en The Guardian, enlista la cantidad enorme de datos que ambos cosechan al registrar y conservar históricamente, con indicación de tiempo y lugar, el uso que hacemos de sus sitios y otras aplicaciones, las páginas de Internet que vemos, los lugares donde estuvimos, dónde trabajamos, los mensajes que intercambiamos, el directorio de contactos, fotos, avisos que nos llaman la atención, la información que borramos y un largo etcétera. (https://tinyurl.com/y97q3mg4)


Google y Facebook juntos saben más de nosotros que nuestras parejas, familias y amigos. A esto se suma la información electrónica adicional que dejamos en instituciones, tiendas, bancos, etcétera. Todo lo que cargamos en Facebook va por defecto a la Agencia Nacional de Seguridad de Estados Unidos. Pero aunque no fuera así, el caso de Cambridge Analytica muestra que toda esa información puede ser vendida, comprada o conseguida para usarla con fines comerciales, políticos, militares o represivos. El manejo de datos masivos y el uso de inteligencia artificial es lo que permite conectar e interpretar tal cantidad de datos.


A esto se suma la omnipresencia de cámaras de seguridad en espacios abiertos, instituciones, lugares de trabajo y educativos, y el hecho de que las propias empresas como GAFA y similares, pueden vernos y escucharnos en nuestras casas mediante micrófonos y cámaras de teléfono, computadoras, pantallas de televisión y hasta drones, que en poco tiempo serán comunes para servicios de entrega a domicilio.


A nivel mundial, el líder de las tecnologías de vigilancia es China, que ha integrado el reconocimiento facial a las cámaras de vigilancia públicas y este sistema a su vez a lentes que usan policías en lugares públicos, que conectan imágenes con el historial de cada persona en archivos policiales y de instituciones públicas. China vendió a Ecuador en 2016 el sistema de cámaras de vigilancia Ecu911, que integra parte de estas herramientas.


El laboratorio de vigilancia extrema y control masivo de la población para China parece ser la provincia de Sinkiang, donde vive la población Uygur, mayoritariamente musulmanes, que han protagonizado protestas contra el gobierno desde 2009. Allí instalaron estrategias y tecnologías de vigilancia de punta. A la recolección de datos por cámaras y redes sociales –las permitidas en China, que no son de GAFA– han integrado la identificación de ADN, a partir de bancos genéticos recolectados y el muestreo obligatorio de los Uygur. Un dato significativo es que han cambiado su política de Internet y redes móviles. Mientras en 2009 silenciaron las redes por meses, ahora la estrategia es la opuesta. Necesitan que exista mayor conectividad para que la red de control pueda extenderse. (https://tinyurl.com/yars2nef)


El ejemplo de Sinkiang parece extremo, pero es el modelo que piensan seguir en el resto de China, además de venderlo a otros países. Estados Unidos, Europa, Rusia tienen ya opciones similares.


Ya conscientes, esta realidad se torna opresiva, como pensó Orwell, y eso es un buen paso. No es un ruta sin salida. Pero tenemos mucho que pensar y actuar para enfrentarla.


Por Silvia Ribeiro, investigadora del Grupo ETC

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Lunes, 26 Marzo 2018 06:20

2018

2018

La carrera es vertiginosa y desigual. Al tiempo que crece la acción de los gobiernos para proteger la identidad y los datos de las personas, éstos se fugan sin cesar. Nosotros mismos facilitamos gran cantidad de información que se hace pública, en unas ocasiones porque lo exigen múltiples trámites; en otras, porque pensamos que es inocuo hacerlo y de forma tácita damos nuestro consentimiento.

También hay robos. Este es el caso del serio conflicto en el que se ha metido Facebook en relación con los 50 millones de datos sobre usuarios de esa plataforma y que extrajo la empresa Cambridge Analytica para influir en la propaganda política y tratar de orientar el voto en las pasadas elecciones, en este caso, de Estados Unidos.

El poder se ha acumulado en quienes generan, acumulan, controlan y manipulan información. En una aproximación muy simple, Big Data, según la define IBM, es una tecnología para ordenar y describir enormes cantidades de datos, estructurados o no, y que permite un enfoque nuevo en el entendimiento de procesos y para tomar decisiones.

Lo que ha hecho Cambridge Analytica, con Steve Bannon incluido, pues fue vicepresidente de esa consultora, es precisamente reconocer el poder que tienen los datos masivos y la posibilidad que hay de usarlos mediante la minería, el análisis y la comunicación para fines específicos y muy diversos. En particular sirven para enfocarse con bastante precisión en los individuos, no en la masa.

Esto es muy similar a lo que hacen Netflix cuando sugiere a los suscriptores los programas que exhibe; Google cuando dirige la publicidad según las consultas que se hacen en su buscador o Amazon cuando enfoca la atención a ciertos productos según las preferencias de compra de los usuarios.

El robo de Cambridge Analytica fue posible debido al mismo negocio de Facebook que ha usado extensamente a los llamados desarrolladores para ampliar el uso de sus bases de datos. Según explica la misma empresa esos desarrolladores constituyen un programa guiado por las comunidades locales y cuyo objetivo es compartir el conocimiento que resulta de la acumulación de datos de quienes participan de la red.

Facebook, como no podía ser de otra manera, se concentra en el desarrollo de sus negocios y de sus crecientes posibilidades tecnológicas. Como Mark Zuckerberg ha dicho, las nuevas normas sociales con respecto a la privacidad están cambiando y sobre esa base cuando los ingresos de su empresa empezaron a crecer, se centró en el verdadero caudal que representan los datos; business is business.

Bannon ha sido más brutal como acostumbra y sin empacho ha dicho que ese negocio implica tomar gratis los datos de los usuarios y venderlos, luego se formulan los algoritmos para dirigir sus vidas. Debió añadir que también los ha sustraído, ante la pasividad de Facebook. Ante el escándalo, Zuckerberg afirmó que si su plataforma no puede proteger la información entonces no merecemos servirlos. En efecto, así es. ¡En buenas manos estamos!

Aquí destacan varias cuestiones acerca de la salvaguarda de la identidad y los datos personales que no acaban de ser protegidos en las áreas de los negocios y de las campañas políticas. Pero tampoco lo son en el campo más preciso del ejercicio del poder del Estado y de los gobiernos que ejercen una vigilancia de los ciudadanos mediante el espionaje, la intervención de las comunicaciones y hasta la promulgación de leyes que atentan frontalmente en contra del derecho a la privacidad.

Todo esto puede parecerle a muchos algo inocuo, ingenuo o trivial, pero no lo es. El uso de algoritmos cada vez más precisos puede provocarnos una sensación positiva como consumidores o como miembros de una colectividad en las redes sociales. Después de todo, la definición de cada uno se resume en un me gusta o sus derivaciones: me encanta, me entristece, me enfurece y me asombra. Un buen perfil sicológico es el que así se aporta sin contrapartida alguna y para el lucro de otros.

Pero, como nos damos cuenta cada vez más, esto es una invasión de la privacidad; la Real Academia Española la define como el ámbito de la vida privada que se tiene derecho a proteger de cualquier intromisión.

Admitamos pues que cambia la percepción sobre la privacidad en la sociedad. En efecto, eso parece desprenderse del crecimiento acelerado de las redes sociales y su influencia. Mucha gente se siente más identificada como parte de esa red aun a expensas de su individualidad.

Este es un asunto muy relevante y, sin embargo, la privacidad es un derecho que debería salvaguardarse a toda costa y no por otra razón sino porque en esencia cada uno de nosotros es un individuo.

Bienvenido al futuro, brother Orwell. Qué lejos y qué cerca está 1984 de 2018.

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Instagram modifica su algoritmo tras movimiento “Borra Facebook”

El movimiento “Borra Facebook”, que ha afectado en bolsa a Twitter y Snapchat, ha impulsado a Instagram a modificar su algoritmo para mantener a sus usuarios felices. A partir del cambio, las publicaciones más nuevas aparecerán primero en feed, en función de los intereses del usuario que haya detectado el algoritmo.
Actualmente, el timeline no es cronológico y recupera publicaciones antiguas todo el tiempo.


Se trata de un cambio que hizo la app en 2016 y que vuelve locos a los instagramers porque mezcla publicaciones de hace cuatro días, con las de las últimas horas y minutos. Parece ser que Instagram da un paso atrás para recuperar en parte esa versión cronológica, pero no cantemos victoria porque el algoritmo no dejará de decir sobre el orden de relevancia de cada una.


Aunque la fecha del cambio aún no es precesia, de momento solo han dicho que se está probando una opción de “nuevas publicaciones” que permitirá que cada uno elija cuándo desea actualizar, en lugar de que esto suceda automáticamente. De esta forma, la red social sale al paso de las quejas de los instagramers que se estaban perdiendo los post de la gente a la que siguen.


Miles de seguidores se suman al movimiento “Borra Facebook”

Borrar el perfil de Facebook es una acción que no pocos usuarios se ha planteado alguna vez, pero tras conocerse la filtración de datos de la red social a una consultora vinculada a la campaña del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, toma ahora forma de movimiento, con etiqueta incluida: #deletefacebook (#borrarfacebook).
Esta propuesta está sumando seguidores en su rival Twitter, donde miles de usuarios expresan este miércoles preocupación por su privacidad y debaten sobre los retos que supone abandonar una de las redes sociales más utilizadas del mundo, en la que muchos han vertido sus datos desde hace años.


Uno de los mensajes más sonados ha sido el “Ya era hora” de Brian Acton, cofundador de la aplicación de mensajería Whatsapp, que pertenece al abanico de servicios de Facebook desde que el gigante tecnológico la adquirió por 19 mil millones de dólares en 2014, lo que ha llevado a que le acusen de “incoherente”.


“Adiós” a Facebook Muchos usuarios comparten instrucciones, publicadas por los medios, sobre cómo decir “adiós” a su cuenta de la red social y preservar fotografías o textos, y otros consideran que hay que ser “ingenuos” para creer que Facebook respetaba su privacidad desde el principio, como ReiElizabeth29.


“Durante años he dado acceso a Mark Zuckerberg a una gran cantidad de datos sobre mí a cambio de mantener a 342 personas, a muchas de las cuales apenas conozco, al tanto de mi vida. Según los hechos recientes, no me parece un buen trato”, escribió Chrisallday.


Las críticas a Facebook llegan después de las revelaciones hechas el pasado sábado por los diarios The New York Times y The Observer sobre la empresa británica Cambridge Analytica, que obtuvo en 2014 datos de más de 50 millones de usuarios de la plataforma en Estados Unidos a través de la aplicación de un tercero.
Vinculación con el presidente estadounidense Cambridge Analytica, que fue contratada por la campaña electoral de Trump en 2016 por más de 6 millones de dólares, presuntamente utilizó esa información para construir un programa informático destinado a predecir las decisiones de los votantes e influir en ellas.


“Facebook es un servicio de recopilación de datos para aquellos que quieren venderte productos. Es el canal definitivo para tenerte como objetivo según tu edad, sexo, localización, opinión política, intereses y estado civil”, escribió el programador y periodista John Biggs en el portal tecnológico TechCrunch para explicar sus razones.
Una investigación abierta En ese mismo sentido han dirigido su investigación conjunta las fiscalías de Nueva York y Massachusetts, en Estados Unidos, que quieren llegar “al fondo del asunto” porque, afirmaron en un comunicado, “compañías como Facebook tienen una responsabilidad fundamental de proteger la información personal de sus usuarios”.


Entre las demandas de explicaciones por parte de legisladores estadounidenses y británicos y el escrutinio hacia las políticas de Facebook, la Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos también ha abierto una investigación, que le podría costar a la plataforma creada por Mark Zuckerberg una multa millonaria.


El castigo a la red social no se limita solo a sus usuarios y a las autoridades: este lunes, los inversores estuvieron vendiendo sus títulos en Wall Street hasta el punto que casi cayó un 7%, borrando sus ganancias del año. Aunque ha repuntado en Bolsa, en lo que va de semana ha perdido casi 50 mil millones de valor y algunos de sus accionistas han acudido a querellarse colectivamente contra la firma en una corte federal de San Francisco por cometer “actos ilegales” que les provocaron pérdidas bursátiles.


A través de su vicepresidente, Paul Grewal, Facebook aseguró estar “escandalizada” por las acusaciones de que podría haber facilitado la información de sus usuarios y argumentó que fue víctima de un engaño por las partes implicadas, a las que investiga.


(Tomado de 20minutos)

 

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Sábado, 24 Marzo 2018 06:51

¿Por qué vendemos nuestros datos?

¿Por qué vendemos nuestros datos?

En la actualidad el 51 por ciento de la población mundial accede a Internet, el 41 lo hace a través de computadoras personales y existen más de 5052 millones de usuarios con dispositivos móviles. A la vez, es más común tener presencia en redes sociales y compartir millones de datos “inocentemente” en la nube. En este escenario, Facebook te pregunta constantemente en qué pensamos y diligentemente respondemos. ¿Nos espían o vendemos nuestros datos?


Al comentar sobre este fenómeno que “hemos asumido como natural”, Gabriel Zurdo, del Grupo San Francisco Internacional, expuso en Informática 2018 que “la nube es el elemento que propició que estemos amenazados constantemente. Muchas veces no pensamos en quién administra esos datos ni qué uso se les da. La conectividad total llegó y es directamente proporcional a la adquisición de conocimientos. Sin embargo el principal problema está en el factor humano”, expresó.
La ciberseguridad es una de las principales obsesiones para las grandes compañías y empresas, y tienen motivos. El coste de los ataques a nivel global ha subido casi un 62% desde 2013, según un estudio realizado.


“Apilar tecnología en este mundo conectado no nos indemniza de tener en cuenta al factor humano. Invertir grandes cantidades de dinero en desarrollar e implementar nuevas tecnologías para detener a los hackers parece ser una medida básica y obvia. A pesar de nuestra predilección por usar tecnología para resolver lo que parecen ser problemas tecnológicos, estamos pasando por alto una de las amenazas más persistentes de la ciberseguridad: el comportamiento humano“.


En el caso argentino, explicó el también CEO de BTR Consulting, el 83 % de la población dedica 8 horas a sus computadoras, mientras que el 70 % de los argentinos están vinculados a redes sociales.


“Dónde está el problema, en el uso que le damos a nuestros datos. Se estima que el 58 % de las personas publica su teléfono en redes sociales. El 30% de la población menciona el lugar y hora de trabajo, el 22 % comparte información de su domicilio y un 20 % comparten fecha y lugar de vacaciones. Eso es información de inteligencia. No hace falta hackeo, la mayoría de los casos de suplantación de identidad y delitos económicos vienen de acá”, advirtió Gabriel Zurdo.


El especialista subrayó la existencia de una falta de conciencia de lo que representan estos datos y muchas veces facilitamos información innecesaria que solo conlleva a que se realice “con nosotros” un estudio de mercado.


Ejemplo de ello es el escándalo que envuelve la violación de datos extensiva que realizó la empresa Cambridge Analytica, la cual se dedicó a recolectar información para procesos electorales, a través de Facebook.


La empresa de Mark Zuckerberg actualmente enfrenta procesos legales en diversos países de la Unión Europea, donde incluso ha recibido multas millonarias por recopilar datos sobre ideologías, sexo, gustos personales, navegación y creencias religiosas.


Al comentar sobre los casos de hackeos masivos acaecidos durante 2017, Gabriel Zurdo dijo que no se trata de una casualidad, sino que parten de las vulnerabilidades presentes en la nube.


“Wannacry fue emblemático. En el caso de España, por ejemplo, algunas compañías telefónicas tuvieron que apagar sus servicios, y en el Reino Unido se paralizó la atención médica en todos los hospitales. Este ataque afectó a 150 países y se registraron unas 450 mil violaciones”, comentó.
Otro de los ciberataques más sonados el año pasado fue el de Equifax, donde 143 millones de registros sufrieron daños y los datos fueron usados para fraudes de identidad.


Números que debe conocer sobre los ataques cibernéticos:


50 % de las compañías son víctimas de ciberataques.
22 % de las compañías perdieron clientes por ciberataques
29 % de las compañías perdieron ingresos
22 % de las compañías perdieron oportunidades de negocios
Durante la conferencia magistral de este viernes, se advirtió que aunque en 2017 aumentó en un 22.7 % el gasto en ciberseguridad también crecieron en un orden del 27.4 % los ataques.


“Los estados y los gobiernos deben crear estrategias nacional para enfrentar los delitos informáticos. Hay falta de regulación, políticas de estado y existen legislaciones débiles. Debemos crear una cultura y una conciencia de ciberseguridad”, enfatizó.


Cuando es sabido por todos que “nuestros datos valen dinero, que nuestros hábitos y nuestras preferencias son algo muy valioso para empresas a la hora de conocer, en última instancia, qué productos promocionarnos, se hace más necesario que nunca concientizar qué datos ofrecemos. No se trata de aislarnos, pero sí de asumir los nuevos retos que implica vivir en una sociedad interconectada”, concluyó.

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Edward Snowden afirma que Facebook es una “empresa de vigilancia”

Edward Snowden, ex analista de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA, por sus siglas en inglés), se ha hecho eco de la reciente polémica por la violación de datos masiva que se realizó por parte de Cambridge Analytica, una firma de análisis de datos para procesos electorales, a través de Facebook, y ha tildado a la compañía de Mark Zuckerberg de ‘empresa de vigilancia’.


A través de su cuenta de Twitter, el también director de Free of the Press Foundation aseguró: Las empresas que ganan dinero recolectando y vendiendo registros detallados de sus vidas privadas fueron una vez descritas claramente como “empresas de vigilancia”. Su rebautizo como “redes sociales” es el engaño más exitoso desde que el Departamento de Guerra se convirtió en el Departamento de Defensa.


Como informamos anteriormente, una publicación realizada por la periodista Carol Cadwalladr, del medio The Guardian, mostró las declaraciones de Christopher Wylie, ex empleado de Cambridge Analytica, quien asegura que esta firma recopiló datos sensibles de los usuarios de Facebook para crear anuncios personalizados en pro de favorecer la tendencia política de Donald Trump durante las elecciones presidenciales de 2016.


Snowden ha aprovechado este histórico robo de información para sugerir que Facebook gana dinero recopilando y vendiendo los registros detallados de la vida privada de las personas. Si tenemos en cuenta que los datos personales de más de 50 millones de usuarios estadounidenses fueron estudiados a nivel psicológico para crear anuncios individuales con el fin de promover una tendencia política, las declaraciones de Snowden no resultan tan aberradas.


Además, Facebook actualmente enfrenta procesos legales en diversos países de la Unión Europea, donde incluso ha recibido multas millonarias por recolectar datos sobre ideologías, sexo, gustos personales, navegación y creencias religiosas sin dar información clara a los usuarios sobre el uso que se le dará a los mismos.


La polémica a la que actualmente se enfrenta Facebook comenzó el pasado viernes, cuando la compañía anunció que la cuenta de Cambridge Analyticaestaba suspendida por violar sus políticas de privacidad. Al parecer, esta firma utilizó sin autorización los datos de los usuarios de la red social para desarrollar un software de predicción de la intención de voto del electorado, con el fin de influir en su decisión final.


La publicación de The Guardian, muestra pruebas de Cambride Analytica y Global Science Research (GSR), pagaron a 270.000 usuarios para hacerse pruebas de personalidad con fines académicos. Pese a ello, ambas entidades recopilaron datos sensibles de los usuarios a través de Facebook, ampliando su alcance a más de 50 millones de usuarios de EE.UU.

Miércoles, 21 Marzo 2018 06:45

El liberalismo coloniza en la red

El liberalismo coloniza en la red

La crisis de la primera red social del planeta es un acto de justicia que la humanidad se merece. El oportunismo delirante de los responsables de Facebook, el revitalizado proyecto político de la derecha radical y la complicidad alucinante de los usuarios configuraron uno de los robos y violaciones más desastrosas de la historia de la humanidad. Mal les pese a los tecnogenéticos, Facebook y las demás empresas del ramo se robaron una idea maravillosa, internet, con el único fin de extender la dominación liberal del mundo. Occidente creció a la par de la colonización y ahora las redes modernas reinventaron una nueva forma de colonización: ya no se trató más de colonizar un territorio sino que la red es el territorio mediante el cual el liberalismo extendió la nueva colonización. Silicon Valley es un sistema dictatorial cerrado y no un paraíso desde donde salen los conceptos de una humanidad renovada. Los algoritmos de Facebook tienen dos fines: formatear, censurar, manipular, dirigir, expandirse y hacer dinero. Poco le importan al señor Mark Zuckerberg (foto) nuestras alegrías, nuestros llantos o nuestros secretos: solo lo mueve el hambre de ver sus acciones subir y subir. En la red, nuestras vidas son monedas que se acumulan y no perfiles de una humanidad que comparte sus pasiones y relaciones. 

La pasividad de los usuarios ante las continuas revelaciones sobre el quebrantamiento masivo de la intimidad y la monetización de sus datos personales, la inoperancia de los sistemas jurídicos de mastodontes auto congratulados como la Unión Europea, la incapacidad o la vagancia ante el reto de crear redes sanas y alternativas, la debilidad de los Estados del Sur y el atraso de las izquierdas cuando se trata de reflexionar sobre las nuevas tecnologías y los desafíos que estas introducen en la libertad humana y en la reformulación del modelo social, la fascinación ante el juguete tecnológico y el proyecto de la derecha planetaria se mezclaron en una danza mortífera.


En la crisis de Facebook se combinan todos los ingredientes que demuestran su pusilanimidad y su indiferencia ante quienes fueron los arquitectos de su riqueza, es decir, los usuarios. Las revelaciones que el ex agente de la NSA (Agencia Nacional de Seguridad) Edward Snowden difundió en 2013 en el diario de The Guardian ya habían probado hasta el hartazgo la connivencia de Google, Apple, Facebook, Yahoo! o Microsoft con los servicios de inteligencia o los sectores privados que hacen dinero con los datos personales o promueven ideologías retrógradas. Todo terminó en un gran silencio que este escándalo saca de las catacumbas de la indiferencia. El caso es de una gravedad destructora: se trata nada más y nada menos de empresas privadas que usaron los datos de 50 millones de usuarios de Facebook con la meta de manipular políticamente a los ciudadanos. La derecha más añeja le ganó a los progresistas de las tecnologías y a los poetas de las ideologías. En Estados Unidos, la consultora Cambridge Analytica obtuvo y se sirvió de los datos como arma de influencia en la campaña electoral de Donald Trump. En Gran Bretaña, la filial de Cambridge Analytica, Strategic Communication Laboratories (SCL), especializada en las acreditadas “estrategias de influencia” destinadas a organismos gubernamentales y sectores militares, procedió igual. Se apoyó en los datos para volcar el referéndum sobre la permanencia de Gran Bretaña en el seno de la Unión Europea del lado del “Leave”, o sea, el ya conocido Brexit. Si se miran bien las cosas, Facebook y el Big Data presiden la reconfiguración de la política mundial, marcada en los últimos dos años por el Brexit y la elección de Trump. La ultraderecha navega a su antojo. Cambridge Analytica usa la masa de los Big Data para confeccionar un pastel de mensajes y formateos de mucho alcance. En 2014, el investigador Aleksandr Kogan (Cambridge), tuvo la idea de crear un test de personalidad al que respondieron casi 300 mil usuarios de Facebook. Esos datos y todos los “links” que van con ellos fueron remitidos por Kogan a Cambridge Analytica. Esta empresa desempeñó un papel igualmente preponderante en las elecciones en Kenia y luego en las primarias del partido Republicano en Estados Unidos a favor de Ted Cruz. Y si aún quedan inocentes que persisten en cerrar los ojos ante la victoria aplastante de la derecha mundial con el puente de las nuevas tecnologías, bastaría con agregar que el principal accionista de Cambridge Analytica no es otro que Robert Mercer, un multimillonario de perfil muy bajo que es, también, accionista del portal de extrema derecha Breitbart News. Y no es todo: en el consejo administrativo de Cambridge Analytica aparece otro ultraderechista distinguido: Steve Bannon, el nuevo ídolo de los populistas globalizados y ex director de la campaña electoral de Trump.


Los apóstoles del racismo, la xenofobia, de la identidad nacional como declaración de guerra, de la soberanía excluyente, de la censura, del cierre de las fronteras y de la guerra comercial se deslizaron en las infinitas sábanas de la tecnología para ofrecernos la pesadilla del Brexit, de Trump, de la violencia contra el otro y de las visiones más atrasadas y tóxicas que la humanidad ha podido diseñar desde principios del siglo XX. La derecha ha obtenido una brillante victoria apocalíptica gracias, también, no sólo a Facebook y sus aliados, sino, también, a nuestra pereza cuando se trata de introducir en nuestro análisis y utilización de las tecnologías la variante política. Hemos actuado como niños con un regalo de Navidad mientras el monstruoso Papá Noel conquistaba y manipulaba nuestra inocencia. Facebook ha dado sobradas pruebas de su inmovilidad, negligencia o complicidad. Los algoritmos de Facebook tienen una repercusión perversa y plantean la pertinencia de la relación entre democracia y red social. La redes nos venden y delinean una suerte de relación que alienta compromisos cuyos resultados son luego reutilizados por otros sectores en la siempre reactualizada cruzada colonizadora de la conciencia humana. Rob Sherman, jefe adjunto del departamento de Privacidad de Facebook, dijo que la empresa se compromete “fuertemente con la protección de los datos de los usuarios”. Una broma retórica de mal gusto. Prueba de ello, Facebook no era inocente: hace tres años se “percató” del robo de los datos de Cambridge Analytica …pero no cerró la cuenta de hasta pasado 17 de marzo.


No cabe ni la más remota duda de que en la Argentina Facebook ha servido y sirve con los mismos fines al liberalismo gobernante. El primer acto de resistencia moral y política de un progresista digno del siglo XXI consistiría en cerrar inmediatamente su cuenta en Facebook. Esto, sin embargo, parece ser más arduo que obligar a los directivos de la red social a ser más responsables. Estamos ante una alianza liberal ultra conservadora pactada entre sectores políticos y compañías tecnológicas. Es una guerra ideológica sin bombas y debemos dejar de ser los corderos inocentes que contribuyen a las victorias de sus verdugos.


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Viernes, 16 Febrero 2018 06:05

El siglo del control de las masas

El siglo del control de las masas

Desde que los sectores populares desbordaron los centros de encierro y de ese modo neutralizaron las sociedades disciplinarias, el gran desorden social que sobrevino impulsó la búsqueda de nuevas formas con el fin de controlar grandes aglomeraciones humanas para, de esa manera, recuperar la capacidad de gobernarlas. Sin ello, cualquier sistema, y en particular éste basado en la explotación y la opresión, naufragarían en un caos profundo.

Desde los años que siguieron al estallido de 1968, esa búsqueda ha sido incesante. De lo que se trata es de sustituir al caducado panóptico: una herramienta capaz de controlar multitudes con la misma eficacia que el control individualizado. Las tecnologías que se han desarrollado en los últimos años, muy en particular la inteligencia artificial, van en esa dirección. No "aparecen" nuevas tecnologías que facilitan el control; se desarrollan prioritariamente aquellas que son más adecuadas para el control de grandes masas. Los resultados son estremecedores y debemos conocerlos para adquirir las capacidades necesarias para neutralizar estos dispositivos.

Las policías de los principales países, China, Estados Unidos, Rusia y la Unión Europea, adoptaron las modernas tecnologías para controlar mejor a sus ciudadanos. Días atrás los medios difundieron cómo la policía china controla multitudes en las estaciones de trenes, utilizando gafas dotadas de pequeñas cámaras para la identificación facial, conectadas a la base de datos policial que les permite identificar a las personas en segundos ( goo.gl/3QdfBT ).

Estamos hablando de grandes concentraciones humanas, lo que implica la utilización de tecnologías muy precisas y, además, la creación de una base de datos que está llegando a los mil 400 millones de personas, o sea la totalidad de la población de la nación más poblada del planeta. China ya instaló 176 millones de cámaras de seguridad, que para 2020 serán 400 millones (goo.gl/YXerFW). En las regiones más conflictivas, las bases de datos policiales incluyen escaneo de iris, ADN y fotos de caras, apretando el cerco a los disidentes.

En los países occidentales ya se puede hacer la foto de un vecino de asiento en el autobús, y en segundos conocer su identidad. Si eso pueden hacer los usuarios de iPhoneX, podemos imaginar los niveles de sofisticación que han alcanzado los servicios de seguridad del Estado.

Un aspecto que merece ser reflexionado lo propone el Centro de Derecho de la Privacidad y Tecnología de Georgetown. Álvaro Bedoya, su director, reflexiona: "Las bases de datos de ADN y huellas dactilares se conformaban con personas con antecedentes penales. Se está creando una base biométrica de gente que respeta la ley" (goo.gl/7ak3ES).

Los datos anteriores muestran el increíble avance del Estado para controlar a las personas, pero también las grandes empresas que cuentan con sistemas similares para "facilitar" las relaciones con sus clientes. El resultado es que estamos siendo vigilados a cielo abierto (antes sólo se podía vigilar en espacios cerrados), todo el tiempo y en todo lugar, como nunca antes en la historia de la humanidad. Es parte de la brutal concentración de poder y riqueza en los estados, que son controlados por el 1 por ciento más rico.

Es evidente que este desarrollo –producto de la neutralización y desborde de los centros de encierro y disciplina, algo que no debemos olvidar– afecta los modos y maneras de resistir y de luchar contra el sistema. En la historia, cada tipo de opresión ha sido respondida con nuevas estrategias. Me parece necesario trazar algunas reflexiones de cara al futuro.

La primera es que estamos apenas en el comienzo de formas cada vez más minuciosas de control de las poblaciones. Se está inaugurando una nueva era de control de masas, estructural, no coyuntural, que durará tanto tiempo como nos lleve a los sectores populares desbordarla o neutralizarla. La tarea primordial en este momento es identificarlas.

La segunda es que debemos aprender del pasado, en concreto de las luchas contra los centros de encierro, en particular las fábricas y las escuelas, que fueron los espacios de disciplinamiento más poblados y, por lo tanto, los más conflictivos. En rigor, no fue una lucha para apropiarse del centro de mando, el panóptico, sino para destruirlo o esquivarlo, de las maneras más insólitas pero siempre en base a la cultura popular: trabajo a desgano, usar la salida a los baños como tiempo de fuga, robarle segundos y minutos al cronómetro de la productividad, y así.

No fue una resistencia organizada desde los sindicatos o partidos, y esto es fundamental. Fueron los propios obreros y obreras, los internos de los centros de estudio y los estudiantes, los que ganaron milímetros en cada contienda, algo que los dirigentes raras veces comprendieron pero nunca orientaron. Estas culturas para sobrevivir a las opresiones, como las que relata James Scott en Los dominados y el arte de la resistencia, son poco estimadas y mal comprendidas por los que apuestan todo al marco institucional, tan vacío como inconducente.

La tercera cuestión es: los más variados modos de resistir la inteligencia artificial aplicada al control masivo de las poblaciones tendrán una característica común: el control sobre los cuerpos, nos está diciendo que esos cuerpos son y serán los campos de batalla. No desestimo los análisis, ni las ideologías. Pero los cuerpos son el núcleo de la emancipación; por lo tanto, alegrías y dolores, celebraciones y angustias, modelan las rebeldías, como nos vienen enseñando los pueblos indios y las feministas de abajo.

Puede parecer poco concreto. Lo es, sin duda. No se trata de estudiar para definir una estrategia, sino de poner en marcha acciones pequeñas y medianas, para neutralizar el control. Finalmente, la creatividad humana, que es la clave de nuestra sobrevivencia como especie, es una aventura sin certezas, con final impredecible. Sólo nos queda confiar en nuestras fuerzas colectivas y en la terca tenacidad de la vida.

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Lunes, 12 Febrero 2018 06:31

Alguien te espía

Alguien te espía

La policía china empezó a usar anteojos que identifican delincuentes. El accesorio empezó a ser utilizado el 1 de febrero en las estaciones ferroviarias y permite reconocer si hay pasajeros acusados de haber cometido un crimen. El sistema no solamente busca a presuntos criminales, sino que permite verificar la identidad de todas las personas que escanea. Críticas por la invasión a la privacidad.


Anteojos negros. Con ese único y polémico accesorio los agentes de la policía china son capaces de identificar a los pasajeros que circulan por las estaciones de tren del país. Mirándolos a través de los vidrios oscuros, pueden reconocer si están acusados de haber cometido un crimen, pero también pueden acceder a su información personal. La controversia por su lanzamiento no tardó en llegar, ante la preocupación de la población por la invasión del Gobierno en su privacidad.


El sistema se puso a prueba esta semana por primera vez en Zhengzhou, capital de la superpoblada provincia de Henan. A los anteojos de los agentes se les incorporó una pequeña cámara, capaz de captar las caras de los transeúntes para luego cruzar esa información con la base de datos policial. Los resultados se conocen de forma prácticamente inmediata en un dispositivo móvil. Si se logra una coincidencia, al instante el policía recibe un informe detallado de la persona, que entre otras cosas incluye su nombre y dirección del domicilio.


Desde el 1 de febrero, los agentes han detenido con el uso de estas gafas -con una estética parecida a las que lanzó Google- a siete personas acusadas de delitos como tráfico de personas o de haberse dado a la fuga después de un atropello, según detalló el portal El País.


El sistema no solamente busca a presuntos criminales, sino que permite verificar la identidad de todas las personas que escanea. Las críticas llovieron, ya que se argumenta que es un paso más hacia el Estado policial, en el que la tecnología, al servicio de los gobiernos, desempeñará un papel crucial para coartar libertades.
Según un artículo de la cadena Caracol, la sociedad china es una de las más vigiladas del mundo, en un país con alrededor de 176 millones de cámaras de seguridad operativas. Lo cual aporta al gobierno un gran control sobre sus habitantes.

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Totalitarismo en internet carece de futuro

 

El 10 de junio de 1963, John F. Kennedy pronunció uno de los discursos más famosos de la historia contemporánea. En dicha intervención, Kennedy enfatizó que la convivencia pacífica entre las personas no puede basarse en el uso de la fuerza, sino en la consideración de intereses comunes y en la prevalencia de la diversidad. Hoy estas ideas cobran especial significado al considerarse la situación por la que atraviesa el internet.

La Red surge en un ámbito científico a partir de la necesidad de compartir datos e intercambiar ideas de manera libre. Con el tiempo, este recurso se convirtió en un enorme facilitador de actividades, que van desde la realización de una transferencia bancaria, hasta la convivencia en tiempo real con familiares que pueden encontrarse a miles de kilómetros de distancia. Internet es una fuente invaluable de información para miles de millones de personas en el planeta, y ha hecho obsoletos a modelos tradicionales de comunicación y publicidad basados en la televisión tradicional.

La primavera árabe sorprendió a gobiernos totalitarios que terminaron derrumbándose como resultado de un internet libre, que en momentos decisivos permitió la organización de movimientos sociales eficientes y bien informados. Asimismo, los hábitos de consumo de las poblaciones han cambiado gracias a la Red, provocándose una revolución comercial que ha puesto en jaque a mercados que hace algunos años parecían intocables. No es de extrañar que numerosos poderes fácticos estén intentando controlar el internet haciendo uso de la fuerza económica.

Las disposiciones de numerosos gobiernos para controlar a la Red equivalen al cobro de un derecho de piso y a la generación de cuotas extras impuestas por proveedores para tener acceso rápido a servicios básicos. Más aún, nuestros datos personales son subastados al mejor postor para que éste pueda adquirir ventajas competitivas en un mercado turbulento anticipándose a su competencia, de manera desleal, con base en información privilegiada.1

Algoritmos de inteligencia artificial mal encaminados, sumados a las regulaciones legales, amenazan a la integridad de la Red, intentando convertirla en un ente predecible al servicio de las grandes fuerzas políticas y económicas.2 Afortunadamente, es extremadamente improbable que estas iniciativas puedan prosperar.

Es evidente que las disposiciones legales que intentan limitar acceso a recursos de la Red por medio de cobros artificiales están condenadas al fracaso. Este hecho ha sido comprendido por gigantes informáticos tales como Amazon, Google y Facebook, que recientemente han anunciado que se sumarán a los movimientos que se oponen a la eliminación de la neutralidad de la Red.3

Más allá de una postura mediática, el anuncio corresponde a una comprensión de la esencia de internet, cuya dinámica obedece certezas matemáticas derivadas de la teoría de información. La complejidad derivada del proceso de toma de decisiones de los miles de millones de usuarios de internet hará imposible hacer de la Red un universo orwelliano.

En el clímax de su discurso de 1963, Kennedy mencionó que todos los seres humanos habitamos el mismo planeta, todos respiramos el mismo aire, todos valoramos el futuro de nuestros hijos y todos somos mortales. La realización de objetivos por parte de los seres humanos requiere equidad, de información legítima y de libertad en la toma de decisiones. La batalla por la neutralidad de internet se ha convertido en un parteaguas de carácter histórico cuyo desenlace es plenamente previsible.


Referencias


1 “Qué es la neutralidad de internet y por qué importa que Estados Unidos haya acabado con ella”, Redacción BBC Mundo, 14 de diciembre de 2017 http://www.bbc.com/mundo/noticias-42347631

2 A. Sandoval Villalbazo, “Bots contribuyen a manipular a la opinión pública”, Prensa Ibero, 4 de octubre de 2016 http://noticias.ibero.mx/prensa/detalle_comunicado.php?id_noticia=3270&f...

Este artículo está reproducido en las direcciones electrónicas: http://www.consumotic.mx/notas/bots-amenazan-integridad-de-redes-sociales/ y en https://www.la-prensa.com.mx/ciencia-y-tecnologia/95285-bots-manipulan-a...

3 El comunicado de la Asociación de Internet que agrupa a los gigantes informáticos se encuentra en la dirección electrónica: https://internetassociation.org/statement-restoring-internet-freedom-order/

*Dr. Alfredo Sandoval Villalbazo, coordinador del Programa de Servicio Departamental de Física del Departamento de Física y Matemáticas de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México. Investigador Nacional Nivel II (SNI).

 

 

Martes, 16 Enero 2018 06:08

Espionaje masivo, también con Trump

Trump está a favor de mantener la norma aprobada en 2008 por Bush hijo.

 

El Congreso de EE.UU. prolongará la ley de vigilancia FISA por otros seis años

Los detractores de la ley argumentan que permite recolectar información sin una orden judicial y que avanza sobre el derecho a la privacidad de los ciudadanos. Se da por hecho que el Senado aprobará la extensión de su vigencia.

 

El Senado de Estados Unidos tratará hoy la Ley de Vigilancia de Inteligencia Extranjera, conocida como FISA por sus siglas en inglés. Si aprueba la extensión de su vigencia –que ya obtuvo el voto favorable de la Cámara de Representantes la semana pasada– se prolongará el espionaje masivo por otros seis años, como se descuenta. La norma permite la recolección de información sobre extranjeros afuera de EEUU, por medio de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) o el FBI con el declamado propósito de combatir al terrorismo. Una de las críticas más fuertes que recibió es que también avanza sobre el derecho a la privacidad de los ciudadanos norteamericanos. Sus correos electrónicos o mensajes en las redes sociales pueden ser interceptados en forma indiscriminada si están en comunicación con personas que viven en otros países.

El Senado está obligado a votar la ley antes del próximo viernes 19, porque ese día expira su validez. Ahí el Partido Republicano tiene una mayoría estrecha, al contrario de la Cámara Baja donde impuso su mayoría por 256 a 164 con el respaldo de medio centenar de demócratas. En rigor, lo que se tratará es el artículo 702 (o sección, como lo denominan en EEUU) de la FISA. Esta parte de la norma fue aprobada en 2008 durante el gobierno de George W. Bush.

La Ley de Vigilancia de la Inteligencia Extranjera tiene una historia curiosa. Fue una iniciativa del senador demócrata Ted Kennedy que la presentó el 18 de mayo de 1977 y quedó vigente durante la presidencia de James Carter en 1978. Desde hace cuarenta años ha sufrido varias modificaciones que transformaron su objetivo original.

Había surgido como una iniciativa del Senado contra el uso del espionaje interno durante la presidencia de Richard Nixon. El caso Watergate fue el más difundido, pero no el único que hubo contra opositores y activistas. Estados Unidos tiene una larga tradición de espiar a grupos y líderes de la sociedad civil en su propio territorio y también en el exterior. El Programa de Contrainteligencia Cointelpro (1956-1971) le permitió al FBI seguir los pasos de Martin Luther King –ayer fue feriado en EEUU porque se cumplió el 89º aniversario de su nacimiento– o el preso político más antiguo del país, Leonard Peltier, un referente de los pueblos originarios condenado en 1977 por dos crímenes que niega haber cometido hasta hoy.

La FISA se extenderá seis años más por lo que Paul Ryan, el presidente de la Cámara de Representantes, definió como “poder enviar información a las autoridades para prevenir ataques terroristas”. El dirigente republicano la justificó por un caso que ubicó en marzo de 2016: “Nos dio la inteligencia que necesitábamos para perseguir y matar al ministro de finanzas del Estado Islámico (EI). Gracias a la información recabada bajo este programa, un terrorista extranjero en suelo extranjero, el número dos del EI, que estaba en línea para convertirse en el próximo líder...”.

Uno de los críticos de la ley, el senador republicano por Kentucky, Rand Paul, dijo que “ningún estadounidense debería perder su derecho a la privacidad”. Con palabras similares viene pidiendo cambios en la norma el ex precandidato a presidente demócrata y también senador, Bernie Sanders: “Está claro que debemos reformar significativamente la FISA para evitar el espionaje al por mayor en el pueblo estadounidense”. Para Paul “recolectamos una gran cantidad de información sobre extranjeros. Pero ellos hablan con los estadounidenses. Entonces, después de reunir millones y miles de millones de bits de información, resulta que hay muchos estadounidenses en la base de datos”.

Los detractores de la ley argumentan también que permite recolectar información sin una orden judicial. El sitio libertario It’s Going Down que tiene más de 32 mil seguidores en su cuenta de twitter, remarcó que la norma fue aprobada en la Cámara de Representantes con el voto de unos cincuenta demócratas: “Aunque la FISA está redactada para implicar a ciudadanos no estadounidenses, la NSA barre de forma rutinaria las comunicaciones de millones de estadounidenses y permite a los agentes del FBI buscar a través de sus datos”.

El sistema de búsqueda de información privada quedó expuesto en 2013 por una denuncia de Edward Snowden. Filtró a los medios de comunicación que una orden basada en la FISA requería a la compañía Verizon entregar datos telefónicos diariamente –incluyendo los domésticos– a la NSA. En el pasado, él había trabajado como contratista para esa agencia. Hoy se encuentra asilado en Rusia. Sus declaraciones dejaron a la intemperie cómo un programa secreto le permitió a aquel organismo de espionaje ingresar directamente a los servidores de Google, Facebook, Skype, Microsoft y Apple.

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