Uno de los últimos bloqueos de ruta en Santa Cruz. . Imagen: EFE

El proyecto que ya había sido retirado del Parlamento motivó nueve días de protesta

El presidente del Comité Cívico Pro Santa Cruz y uno de los principales impulsores del paro, Rómulo Calvo, anunció la suspensión de la medida de fuerza pero advirtió que "la lucha debe continuar".

 

Las actividades volvieron progresivamente a la normalidad en Bolivia luego de que sectores de la oposición, comerciantes y transportistas levantaran un paro que duró nueve días hasta la derogación de una resistida ley antilavado. El presidente del Comité Cívico Pro Santa Cruz, Rómulo Calvo, anunció la suspensión de la medida de fuerza pero advirtió que "la lucha debe continuar". La misma decisión adoptaron los cívicos del departamento de Potosí, el otro epicentro de las protestas que el gobierno de Luis Arce evaluó como un nuevo intento de golpe.

Emergencia y cuarto intermedio

La oriental Santa Cruz, la región boliviana que encabezó las movilizaciones contra la anulada ley de Estrategia Nacional de Lucha Contra la Legitimación de Ganancias Ilícitas y Financiamiento del Terrorismo, decidió levantar las presiones aunque se mantiene en estado de emergencia. "Hemos conseguido este logro del pueblo, pero es sólo una batalla, la lucha debe continuar", indicó Rómulo Calvo en rueda de prensa.

"Levantamos el paro indefinido desde este momento y nos declaramos en emergencia y movilización permanente", anunció Calvo antes de insistir en que la administración de Luis Arce "ha salido derrotada" porque "no han logrado doblegar a un pueblo que valientemente defendió con firmeza y convicción su derecho".

La decisión de suspender el paro no fue bien recibida por ciertos sectores y, durante la noche del martes, grupos identificados con la Unión Juvenil Cruceñista (UJC) cercaron el edificio que alberga al Comité Cívico Pro Santa Cruz para pedir la renuncia de Calvo, a quien tildaron de "traidor".

Por su parte, la Conferencia Episcopal de Bolivia (CEB) llamó a las autoridades a evitar la confrontación e ingresar a un "diálogo sincero, limpio y constructivo sobre una agenda nacional" porque la apertura hacia un "Estado autocrático" es el riesgo en caso de aprobarse proyectos y leyes de "dudosa constitucionalidad".

El tránsito en las calles cruceñas y la actividad económica se reestablecieron el miércoles luego del levantamiento del paro. Mientras tanto los cívicos de Potosí, el otro foco fuerte de las protestas, declararon un cuarto intermedio en sus movilizaciones hasta fin de año. Cabe recordar que en Potosí murió un campesino como consecuencia de los enfrentamientos entre cívicos y seguidores del MAS.

A pesar de la derogación de la ley 1386, algunos sectores en La Paz como la Asamblea de la Paceñidad adelantaron que se realizará una gran marcha a favor de la reposición de los dos tercios en las votaciones legislativas y el rechazo de algunas leyes en el marco del "regocijo" de la ley ya abrogada. En contrapunto, organizaciones sociales afines al gobierno también han convocado a cabildos y marchas en ciudades como El Alto, Santa Cruz y Chuquisaca en respaldo a la gestión de Arce.

Evaluación de pérdidas y nuevo proyecto

"Evaluamos las pérdidas causadas por el paro en algunas ciudades, y analizamos medidas para revertirlas", escribió en Twitter el presidente de Bolivia, Luis Arce, en una publicación en la que adjuntó fotografías de la reunión de gabinete ministerial de este miércoles. Por su parte, el expresidente Evo Morales aseguró: "Cada día, con esfuerzo y dignidad el pueblo trabajador derrota los afanes golpistas de cívicos racistas y derechistas que con paros violentos atentan contra la economía de Bolivia".

El gobierno boliviano promulgó en la noche del martes la norma que anula la ley 1386 y la publicó en la Gaceta Oficial, que era uno de los requisitos que exigían los sectores movilizados para levantar el paro. La medida de fuerza encarada por comerciantes, transportistas, cívicos y plataformas de opositores fue señalada por el gobierno como un nuevo intento de golpe de Estado similar al que se produjo durante la crisis de 2019. 

De todas formas, algunas voces críticas dentro del oficialismo admitieron que lo que falló fue la "socialización" que debió hacer el Ejecutivo y los ministerios antes de la aprobación de una ley que la oposición consideró que atentaba contra las libertades ciudadanas. En esa línea, el gobierno boliviano aseguró que trabajará, en colaboración con los sectores pertinentes, en una nueva ley contra la regularización de las ganancias ilegales, cuyo borrador espera tener para diciembre.

18 de noviembre de 2021

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Chile, entre la rebelión popular, las elecciones y una Constituyente descafeinada

La rebelión popular de octubre de 2019 marca el punto de inflexión en la política chilena. Su mayor éxito, lograr la convocatoria de un proceso constituyente que hoy se dirime entre el desencanto y la frustración. No olvidemos que el llamamiento fue hecho a regañadientes por los partidos del orden y su nuevo aliado el Frente Amplio, cuya cara es Gabriel Boric. El 15 de noviembre de 2019 firmaron el pacto por la "paz y una nueva Constitución" definiendo los límites sobre los cuales podría transitar la nueva Carta Magna. Una redacción capaz de mantener en pie el edificio neoliberal. Para lograrlo, se exigiría una mayoría de dos tercios de los convencionales para dar el visto a cada artículo propuesto. Así, bastaría un tercio de los delegados para rechazar una propuesta rupturista de los principios neoliberales. Las votaciones para la convención arrojaron unos resultados sorprendentes. La derecha obtuvo menos de un tercio de representantes, viéndose la posibilidad de formar consensos progresistas para romper el pacto de la traición. Pero la ilusión se ha ido al traste. Las alianzas en la convención recompusieron el cuadro. Lo impensable se hizo realidad. Los pactos se reditaron cuando los convencionales votaron su reglamento interno y mantener el quórum de los dos tercios. Así, la derecha, la ex concertación, el Frente Amplio, independientes no neutrales, logran el control real y cierran el paso a una redacción con efectos reales para la ciudadanía. Se podrán reconocer derechos, pero la economía de mercado pondrá límites al gasto público y de paso no permitirá la inversión en sanidad, vivienda, educación. Por otro lado, ni pensar que los convencionales determinen que las riquezas del país no puedan ser vendidas a extranjeros. Las trasnacionales tendrán carta blanca para explotar los yacimientos de cobre, litio y de paso repatriar sus beneficios vía tratados de libre comercio. La Constituyente camina desoyendo las voces que dieron lugar a la rebelión popular.

La rebelión plantea preguntas que a dos años siguen sin respuesta. La movilización no ha cuajado en un proyecto. La crítica a la corrupción, a los partidos políticos, a la represión del pueblo mapuche, al patriarcado, contra la violencia de género, el cambio climático, la privatización de la educación, la sanidad, la desigualdad social no ha sido suficiente para construir una alternativa; seguramente no era su objetivo. Pero la protesta, debió ser un punto de partida. Tal vez, las esperanzas se centraron en esa candidatura de independientes a la convención constituyente La Lista del Pueblo. Tuvo 24 constituyentes, hoy no existe. Se disolvió víctima de los males que combatía. El personalismo, la corrupción, la mentira, las malas artes políticas.

Las protestas en estos dos años, han tenido una constante, el grado de violencia con el cual se han empleado las fuerzas armadas y de carabineros contra los manifestantes. La gravedad de sus actuaciones se acrecienta. El uso indiscriminado del material antidisturbios ha significado decenas de muertos, lesiones oculares, violaciones y miles de detenidos. El Estado chileno no ha tenido límites para ejercer la represión. El mantenimiento del Estado de excepción, la militarización del Wallmapu, la aparición de paramilitares contratados por las empresas madereras para acosar e intimidar al pueblo mapuche, son los síntomas de la degradación y la perdida de legitimidad del gobierno. A pesar de ello, las protestas se han mantenido en medio de la pandemia. No es sólo Santiago, se desarrollan huelgas, paros de sanitarios, profesores, estudiantes, estibadores, pescadores, movimiento feminista y pueblos originarios. Es en toda su geografía.

La celebración de la rebelión popular busca mantener el sentido que llevó a millones de chilenos a tomar las calles clamando el fin de la Constitución pinochetista y una sociedad más justa. Hoy se suma a lo dicho, la demanda de libertad para los presos políticos detenidos durante la rebelión popular de 2019. Mientras, el partido del orden y sus nuevos aliados debaten sobre las elecciones presidenciales del 21 de noviembre, cuyos índices de abstención superan 50 por ciento. A pesar de ello, todo parece indicar que Gabriel Boric, candidato de Apruebo Dignidad y miembro del Frente Amplio, ocupará una plaza. Lo que se cuestiona es quién lo acompañará en segunda vuelta. La derecha se divide entre Sichel y el nazifascista José Antonio Kast. Por otro lado, está la democristiana Yasna Provoste, quien cuenta con apoyos entre las clases medias y sectores empresariales. En esta disyuntiva, es posible que una parte de la derecha apoye a Provoste para una segunda vuelta. En conclusión, a dos años de la rebelión popular, gane quien gane en las presidenciales, Chile seguirá bajo las leyes del mercado, gracias a una nueva Constitución que avalará su argumentario.

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De izquierda a derecha: Jorge Alberto Parra y Carlos Trujillo, ver entrevista completa: “Ex-trabajadores General Motors, Colmotores: Memorias de una década en lucha”

Ver cotidianamente una carpa en la acera de un barrio de clase media de Bogotá, al frente de la Embajada de los Estados Unidos, puede ser algo inusitado para las personas, pero podrían asombrarse aún más de saber que hace 10 años fue instalada ahí y que allí se han concentrado los sueños, luchas, propuestas, frustraciones, rabias, alegrías, rebeldías y dignidades de un grupo de trabajadores que a lo largo de esos años han exigido sus derechos laborales, a salud y seguridad social, ligados a que se reconozca que las enfermedades que adquirieron fueron producto de su trabajo.

 

El martes 2 de agosto de 2011, un grupo de trabajadores de la empresa automotriz General Motors Colmotores, decidió emprender una acción colectiva arriesgada: colocar una carpa al frente de la entrada a la Embajada de Estados Unidos para denunciar su situación laboral y de salud.

La realidad no daba para menos: todos estaban afectados por un conjunto de patologías adquiridas producto de su labor en la empresa automotriz General Motors Colmotores, pero no reconocidas así por la patronal. Patologías traducidas en incapacidades permanentes, que a la postre llevaron a la cancelación de su contrato laboral, quedando sin las indispensables protecciones laborales, económicas y de salud y por ello en unas condiciones de alta vulnerabilidad al no contar con salud, ni trabajo, imposible de conseguir de nuevo por sus incapacidades y por esta vía, perder sus viviendas y terminar desestructurándose sus familias.

Estaban ante una problemática que requería salidas efectivas y colectivas, e inicialmente la respuesta la dieron 63 trabajadores, que se dieron una identidad a través de Asotrecol (Asociación de trabajadores enfermos de Colmotores), organización desde la cual han impulsado múltiples acciones durante estos años de resistencia.

Jorge Parra, uno de los dirigentes de Asotrecol, expresa muy bien lo que les sucedió en su salud: “Nosotros trabajamos en las áreas de soldadura, mecánica, ensamble, y pintura con jornadas laborales de más 10 horas diarias. Trabajando durante 6 días la semana, con equipo y tecnología que no garantizaba una seguridad ocupacional mínima y con constante exigencia patronal para garantizar y superar las metas de producción. Estos factores sumados prácticamente garantizaban una epidemia laboral de enfermedades incapacitantes en pocos años: hernias discales, túnel de carpo, bursitis y manguito rotador en hombros se hicieron comunes”.

Por su lado una abogada que en un momento dado estuvo apoyando a trabajadores enfermos de Colmotores a establecer demandas jurídicas, expresa: “La empresa tiende a expulsar a los trabajadores enfermos a manera tanto de retaliación como forma de eximirse de la responsabilidad de sus enfermedades […] los despidos masivos y sin justa causa son una de las estrategias que usa la empresa para atacar y desmoralizar a los trabajadores”.

Entre el conjunto de acciones colectivas que emprendieron los trabajadores de Asotrecol en los primeros meses en la carpa, incluyeron enterramientos, huelgas de hambre cociéndose los labios y crucifixiones. Tal tipo de acciones reflejó el nivel de desespero en que se encontraban, buscando ser escuchados y atendidos en sus demandas. Al comienzo los medios masivos de comunicación los visibilizaron, producto del manejo amarillista de los conflictos, después los olvidaron; igual que el conjunto de actores involucrados y responsables en este conflicto que han mantenido un margen conveniente a lo largo de esta década.

Internacionalización de la problemática

El acto de colocar la carpa al frente de la embajada sin duda fue osado, pero completamente estratégico. Partió de entender que el conflicto debía ganar un escenario internacional al ser General Motors Colmotores una empresa norteamericana y que, por lo tanto, era competencia del gobierno de los Estados Unidos involucrarse en la resolución de esta problemática, mucho más tras haberle inyectado una suma grande de dineros públicos para su salvamento.

De otro lado, por que estos trabajadores enmarcaron su conflicto en el Tratado de libre comercio (TLC) entre Estados Unidos y Colombia, y el plan de acción laboral que integró y por el cual los dos gobiernos se obligaban a respetar los derechos laborales en sus países. Con esto se presionó para que Estados Unidos interviniera en este conflicto y contribuyera a su solución.

Esta internacionalización trajo a la postre un hecho fundamental que ha sido el soporte y la razón de que la carpa y la acción de Asotrecol se haya sostenido estos diez años. Se configuró una red de solidaridad internacional, principalmente en Estados Unidos, pero que luego apareció en países de Europa y África. Cada vez que se ha intentado expulsarlos de la carpa, esta red ha presionado al gobierno de los Estados Unidos y al de Colombia, evitando que la acción se consuma.

Indolencia de los actores responsables para resolver el conflicto


En la concreción de su labor Asotrecol ha denunciado su caso ante instancias nacionales e internacionales. A nivel nacional han denunciado ante el Ministerio de Trabajo, la Procuraduría General de la Nación y la Defensoría del Pueblo. Igualmente, Asotrecol presentó su caso ante la Comisión Especial de Tratamiento de Conflictos –Cetcoit 1–, la cual no tuvo mayores efectos.

En el escenario internacional han logrado audiencias en el Congreso de los Estados Unidos, además de realizar un proceso para que su caso fuera presentado a la OIT en Ginebra, Suiza, en el marco de la Conferencia Internacional del Trabajo, la cual no prosperó.

En esas condiciones, luego de diez años de lucha y de su estadía en una carpa, no alcanzan ningún tipo de resolución a la situación y demandas de los extrabajadores de Colmotores, lo cual expresa la indolencia, negligencia e indiferencia de los actores involucrados en este conflicto.

La empresa, por su parte, ha buscado todo el tiempo quitarse la responsabilidad que le concierne y en los momentos que ha propuesto soluciones han encontrado el rechazo de los trabajadores de Asotrecol por considerarlas exiguas.

A su vez, las Administradoras de Riesgos Laborales –ARL– involucradas en el conflicto, no han reconocido el origen laboral de las patologías sufridas por los trabajadores, por lo cual sus derechos de salud y seguridad social no han sido garantizados. Tratados los casos en las juntas de calificación de invalidez regional y nacional, tampoco se ha logrado el reconocimiento del origen laboral de las patologías.

Como si fuera extraño, el Ministerio de Trabajo ha mostrado su constante falta de autoridad estatal laboral, por lo cual en estos diez años ha permanecido al margen del conflicto incumpliendo su deber para dirimir este ya largo conflicto laboral. Como hijas de igual familia, las instituciones del Ministerio Público han mostrado su baja capacidad de incidir en conflictos de este tipo.

En paralelo, el gobierno de los Estados Unidos, que en un momento dado atendió la situación de los trabajadores
–convocando a la empresa para hablar del tema–, con el paso del tiempo se desentendió de la situación.

Por su parte el movimiento sindical, en particular las centrales de trabajadores, que aunque no son actores responsables de esta situación y en algunos momentos han expresado su solidaridad con el caso, realmente han actuado muy poco o nada para presionar una negociación que permita se resuelva este conflicto.

Extensa problemática de salud en el trabajo


Simbólicamente esta carpa representa la lucha y resistencia de miles de trabajadores y trabajadoras en el país que padecen igual situación: enfermarse producto de su trabajo, desconocidos en sus derechos y sin trabajo, quedando en una situación enorme de vulnerabilidad de salud y social.

Una realidad que allí donde sucede y logra cohesión, se traduce en organización y resitencia. La configuración de estas asociaciones de trabajadores y extrabajadores enfermos por el trabajo se registra en el país desde el 2006. Hasta 2019 son 19 asociaciones las conformadas (ver tabla), las cuales cubren principalmente a trabajadores y extrabajadores vinculados con los sectores económicos minero-energético, agro-alimentario, automotriz, construcción, tabacalero, manufacturero, mantenimiento, hotelero, seguridad y de la salud; su presencia se registra en un número importantes de regiones del país.

Trabajo e incapacidad laboral, dolencias crónicas, invalidez y afines, una problemática que se explica en gran medida porque en el país existe una debilidad importante en las políticas y sistemas de gestión de la seguridad y la salud en el trabajo, lo que lleva a que se sigan produciendo altas cifras de accidentalidad, enfermedad y muerte de origen laboral. También porque se dan procesos de subregistro de los casos al no documentarse y subdiagnósticos al no pensarse clínicamente que muchas de las patologías que sufren las personas son a causa del trabajo, ejemplo contundente de ello son los cánceres que en el país no se registran en su origen laboral. Y a esto se suma el encubrimiento de los casos por parte de las empresas, la pretensión de las ARL de no reconocer el origen laboral de estos hechos, la falta de eficacia en la labor de las juntas de calificación de invalidez y el muy débil papel de inspección, vigilancia y control que ejerce el Ministerio de Trabajo, entidad que es la autoridad estatal en materia laboral y de riesgos profesionales.

 

 

Logros y enseñanzas de una década de lucha


Jorge y Carlos, quienes son los que más han estado al frente de la dinámica de la carpa a lo largo de los diez años transcurridos, hablan con tranquilidad, con fuerza argumentativa y con la sabiduría apartada por esta experiencia que ha curtido sus vidas.

Jorge dice, “lo más importante que debe considerar un trabajador es ser consciente de que tiene que defender sus derechos, es tal vez lo más importante que nosotros podemos decir después de diez años de lucha”.

Entre los alcances que destacan de lo liderado por Asotrecol está que la empresa, producto de sus acciones colectivas, se vio forzada a darle un tratamiento distinto a los trabajadores que se han enfermado, teniendo que gestionar procesos de rehabilitación y de reubicación, sin poder despedirlos. De manra adicional, interpretan que con su lucha también presionaron para que Colmotores hiciera inversiones tecnológicas con un enfoque ergonómico para prevenir las enfermedades entre sus trabajadores.

Otro alcance que reconocen fruto de su acción es la constitución de Asotrecol en referente para que otros trabajadores enfermos producto de su trabajo cotidiano tomasen como ejemplo su proceso de lucha y resistencia, razón por lo cual han sido buscados para pedirles orientaciones para sus casos, tanto por trabajadores de Colmotores, como de otras empresas de diversas regiones del país.

Tal como lo menciona Carlos Trujillo: “dentro de la empresa se ha generado la conciencia que tienen que defender sus derechos y muchos de ellos han llegado aquí, a pedir una asesoría y un acompañamiento en el proceso de ellos y eso es lo que de una u otra forma trata de hacer Asotrecol”.

Sin duda, una lucha de tantos años genera un proceso de decrecimiento y agotamiento, dado lo prolongado de la acción, pero no por eso la demerita, ni le quita sus propósitos, que para el caso de Asotrecol continúan siendo férreos y dignamente sostenidos por sus miembros.

Como gran enseñanza de su lucha, Jorge dice de forma recia en la conversación sostenido en la carpa: “realmente lo que vemos con nuestro caso particular es que si nosotros no hubiésemos tenido la convicción completa de defender nuestros derechos como la hemos tenido durante todo este tiempo, no hubiese servido de nada esto, porque esto es difícil”.

Y remata diciendo: “Nadie más va a venir a luchar por nosotros. El problema es nuestro, nosotros tenemos que tomarlo y enfrentarlo”.

Acá esta la gran enseñanza, sentada en las bases de la dignidad y resistencia del movimiento obrero, que recoge las experiencias internacionales y que recuerda la acción de los obreros italianos que a finales de los 60 y comienzos de los 70 del siglo XX defendieron y extendieron la idea que el actor protagónico en la defensa de la salud en el trabajo son los propios trabajadores y trabajadoras. Sin duda esta idea ha recorrido el mundo y se ha hecho presente con enorme dignidad y valentía en el escenario de esta carpa de la resistencia.

 

* Este artículo se apoya en la investigación doctoral en salud pública realizada por el autor, denominada “Luchas obreras por la salud en Colombia. El caso de las Asociaciones de trabajadores y extrabajadores enfermos por el trabajo”, Universidad Nacional de Colombia. https://repositorio.unal.edu.co/handle/unal/77727
** Profesor Universidad Nacional de Colombia
1 Organismo del Ministerio del Trabajo encargado de atender los conflictos relacionados con la liberta sindical regulados por los convenios ratificados por Colombia de la OIT.

 

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https://libreria.desdeabajo.info/index.php?route=product/product&product_id=179&search=suscri

Publicado enEdición Nº283
De izquierda a derecha: Jorge Alberto Parra y Carlos Trujillo, ver entrevista completa: “Ex-trabajadores General Motors, Colmotores: Memorias de una década en lucha”

Ver cotidianamente una carpa en la acera de un barrio de clase media de Bogotá, al frente de la Embajada de los Estados Unidos, puede ser algo inusitado para las personas, pero podrían asombrarse aún más de saber que hace 10 años fue instalada ahí y que allí se han concentrado los sueños, luchas, propuestas, frustraciones, rabias, alegrías, rebeldías y dignidades de un grupo de trabajadores que a lo largo de esos años han exigido sus derechos laborales, a salud y seguridad social, ligados a que se reconozca que las enfermedades que adquirieron fueron producto de su trabajo.

 

El martes 2 de agosto de 2011, un grupo de trabajadores de la empresa automotriz General Motors Colmotores, decidió emprender una acción colectiva arriesgada: colocar una carpa al frente de la entrada a la Embajada de Estados Unidos para denunciar su situación laboral y de salud.

La realidad no daba para menos: todos estaban afectados por un conjunto de patologías adquiridas producto de su labor en la empresa automotriz General Motors Colmotores, pero no reconocidas así por la patronal. Patologías traducidas en incapacidades permanentes, que a la postre llevaron a la cancelación de su contrato laboral, quedando sin las indispensables protecciones laborales, económicas y de salud y por ello en unas condiciones de alta vulnerabilidad al no contar con salud, ni trabajo, imposible de conseguir de nuevo por sus incapacidades y por esta vía, perder sus viviendas y terminar desestructurándose sus familias.

Estaban ante una problemática que requería salidas efectivas y colectivas, e inicialmente la respuesta la dieron 63 trabajadores, que se dieron una identidad a través de Asotrecol (Asociación de trabajadores enfermos de Colmotores), organización desde la cual han impulsado múltiples acciones durante estos años de resistencia.

Jorge Parra, uno de los dirigentes de Asotrecol, expresa muy bien lo que les sucedió en su salud: “Nosotros trabajamos en las áreas de soldadura, mecánica, ensamble, y pintura con jornadas laborales de más 10 horas diarias. Trabajando durante 6 días la semana, con equipo y tecnología que no garantizaba una seguridad ocupacional mínima y con constante exigencia patronal para garantizar y superar las metas de producción. Estos factores sumados prácticamente garantizaban una epidemia laboral de enfermedades incapacitantes en pocos años: hernias discales, túnel de carpo, bursitis y manguito rotador en hombros se hicieron comunes”.

Por su lado una abogada que en un momento dado estuvo apoyando a trabajadores enfermos de Colmotores a establecer demandas jurídicas, expresa: “La empresa tiende a expulsar a los trabajadores enfermos a manera tanto de retaliación como forma de eximirse de la responsabilidad de sus enfermedades […] los despidos masivos y sin justa causa son una de las estrategias que usa la empresa para atacar y desmoralizar a los trabajadores”.

Entre el conjunto de acciones colectivas que emprendieron los trabajadores de Asotrecol en los primeros meses en la carpa, incluyeron enterramientos, huelgas de hambre cociéndose los labios y crucifixiones. Tal tipo de acciones reflejó el nivel de desespero en que se encontraban, buscando ser escuchados y atendidos en sus demandas. Al comienzo los medios masivos de comunicación los visibilizaron, producto del manejo amarillista de los conflictos, después los olvidaron; igual que el conjunto de actores involucrados y responsables en este conflicto que han mantenido un margen conveniente a lo largo de esta década.

Internacionalización de la problemática

El acto de colocar la carpa al frente de la embajada sin duda fue osado, pero completamente estratégico. Partió de entender que el conflicto debía ganar un escenario internacional al ser General Motors Colmotores una empresa norteamericana y que, por lo tanto, era competencia del gobierno de los Estados Unidos involucrarse en la resolución de esta problemática, mucho más tras haberle inyectado una suma grande de dineros públicos para su salvamento.

De otro lado, por que estos trabajadores enmarcaron su conflicto en el Tratado de libre comercio (TLC) entre Estados Unidos y Colombia, y el plan de acción laboral que integró y por el cual los dos gobiernos se obligaban a respetar los derechos laborales en sus países. Con esto se presionó para que Estados Unidos interviniera en este conflicto y contribuyera a su solución.

Esta internacionalización trajo a la postre un hecho fundamental que ha sido el soporte y la razón de que la carpa y la acción de Asotrecol se haya sostenido estos diez años. Se configuró una red de solidaridad internacional, principalmente en Estados Unidos, pero que luego apareció en países de Europa y África. Cada vez que se ha intentado expulsarlos de la carpa, esta red ha presionado al gobierno de los Estados Unidos y al de Colombia, evitando que la acción se consuma.

Indolencia de los actores responsables para resolver el conflicto


En la concreción de su labor Asotrecol ha denunciado su caso ante instancias nacionales e internacionales. A nivel nacional han denunciado ante el Ministerio de Trabajo, la Procuraduría General de la Nación y la Defensoría del Pueblo. Igualmente, Asotrecol presentó su caso ante la Comisión Especial de Tratamiento de Conflictos –Cetcoit 1–, la cual no tuvo mayores efectos.

En el escenario internacional han logrado audiencias en el Congreso de los Estados Unidos, además de realizar un proceso para que su caso fuera presentado a la OIT en Ginebra, Suiza, en el marco de la Conferencia Internacional del Trabajo, la cual no prosperó.

En esas condiciones, luego de diez años de lucha y de su estadía en una carpa, no alcanzan ningún tipo de resolución a la situación y demandas de los extrabajadores de Colmotores, lo cual expresa la indolencia, negligencia e indiferencia de los actores involucrados en este conflicto.

La empresa, por su parte, ha buscado todo el tiempo quitarse la responsabilidad que le concierne y en los momentos que ha propuesto soluciones han encontrado el rechazo de los trabajadores de Asotrecol por considerarlas exiguas.

A su vez, las Administradoras de Riesgos Laborales –ARL– involucradas en el conflicto, no han reconocido el origen laboral de las patologías sufridas por los trabajadores, por lo cual sus derechos de salud y seguridad social no han sido garantizados. Tratados los casos en las juntas de calificación de invalidez regional y nacional, tampoco se ha logrado el reconocimiento del origen laboral de las patologías.

Como si fuera extraño, el Ministerio de Trabajo ha mostrado su constante falta de autoridad estatal laboral, por lo cual en estos diez años ha permanecido al margen del conflicto incumpliendo su deber para dirimir este ya largo conflicto laboral. Como hijas de igual familia, las instituciones del Ministerio Público han mostrado su baja capacidad de incidir en conflictos de este tipo.

En paralelo, el gobierno de los Estados Unidos, que en un momento dado atendió la situación de los trabajadores
–convocando a la empresa para hablar del tema–, con el paso del tiempo se desentendió de la situación.

Por su parte el movimiento sindical, en particular las centrales de trabajadores, que aunque no son actores responsables de esta situación y en algunos momentos han expresado su solidaridad con el caso, realmente han actuado muy poco o nada para presionar una negociación que permita se resuelva este conflicto.

Extensa problemática de salud en el trabajo


Simbólicamente esta carpa representa la lucha y resistencia de miles de trabajadores y trabajadoras en el país que padecen igual situación: enfermarse producto de su trabajo, desconocidos en sus derechos y sin trabajo, quedando en una situación enorme de vulnerabilidad de salud y social.

Una realidad que allí donde sucede y logra cohesión, se traduce en organización y resitencia. La configuración de estas asociaciones de trabajadores y extrabajadores enfermos por el trabajo se registra en el país desde el 2006. Hasta 2019 son 19 asociaciones las conformadas (ver tabla), las cuales cubren principalmente a trabajadores y extrabajadores vinculados con los sectores económicos minero-energético, agro-alimentario, automotriz, construcción, tabacalero, manufacturero, mantenimiento, hotelero, seguridad y de la salud; su presencia se registra en un número importantes de regiones del país.

Trabajo e incapacidad laboral, dolencias crónicas, invalidez y afines, una problemática que se explica en gran medida porque en el país existe una debilidad importante en las políticas y sistemas de gestión de la seguridad y la salud en el trabajo, lo que lleva a que se sigan produciendo altas cifras de accidentalidad, enfermedad y muerte de origen laboral. También porque se dan procesos de subregistro de los casos al no documentarse y subdiagnósticos al no pensarse clínicamente que muchas de las patologías que sufren las personas son a causa del trabajo, ejemplo contundente de ello son los cánceres que en el país no se registran en su origen laboral. Y a esto se suma el encubrimiento de los casos por parte de las empresas, la pretensión de las ARL de no reconocer el origen laboral de estos hechos, la falta de eficacia en la labor de las juntas de calificación de invalidez y el muy débil papel de inspección, vigilancia y control que ejerce el Ministerio de Trabajo, entidad que es la autoridad estatal en materia laboral y de riesgos profesionales.

 

 

Logros y enseñanzas de una década de lucha


Jorge y Carlos, quienes son los que más han estado al frente de la dinámica de la carpa a lo largo de los diez años transcurridos, hablan con tranquilidad, con fuerza argumentativa y con la sabiduría apartada por esta experiencia que ha curtido sus vidas.

Jorge dice, “lo más importante que debe considerar un trabajador es ser consciente de que tiene que defender sus derechos, es tal vez lo más importante que nosotros podemos decir después de diez años de lucha”.

Entre los alcances que destacan de lo liderado por Asotrecol está que la empresa, producto de sus acciones colectivas, se vio forzada a darle un tratamiento distinto a los trabajadores que se han enfermado, teniendo que gestionar procesos de rehabilitación y de reubicación, sin poder despedirlos. De manra adicional, interpretan que con su lucha también presionaron para que Colmotores hiciera inversiones tecnológicas con un enfoque ergonómico para prevenir las enfermedades entre sus trabajadores.

Otro alcance que reconocen fruto de su acción es la constitución de Asotrecol en referente para que otros trabajadores enfermos producto de su trabajo cotidiano tomasen como ejemplo su proceso de lucha y resistencia, razón por lo cual han sido buscados para pedirles orientaciones para sus casos, tanto por trabajadores de Colmotores, como de otras empresas de diversas regiones del país.

Tal como lo menciona Carlos Trujillo: “dentro de la empresa se ha generado la conciencia que tienen que defender sus derechos y muchos de ellos han llegado aquí, a pedir una asesoría y un acompañamiento en el proceso de ellos y eso es lo que de una u otra forma trata de hacer Asotrecol”.

Sin duda, una lucha de tantos años genera un proceso de decrecimiento y agotamiento, dado lo prolongado de la acción, pero no por eso la demerita, ni le quita sus propósitos, que para el caso de Asotrecol continúan siendo férreos y dignamente sostenidos por sus miembros.

Como gran enseñanza de su lucha, Jorge dice de forma recia en la conversación sostenido en la carpa: “realmente lo que vemos con nuestro caso particular es que si nosotros no hubiésemos tenido la convicción completa de defender nuestros derechos como la hemos tenido durante todo este tiempo, no hubiese servido de nada esto, porque esto es difícil”.

Y remata diciendo: “Nadie más va a venir a luchar por nosotros. El problema es nuestro, nosotros tenemos que tomarlo y enfrentarlo”.

Acá esta la gran enseñanza, sentada en las bases de la dignidad y resistencia del movimiento obrero, que recoge las experiencias internacionales y que recuerda la acción de los obreros italianos que a finales de los 60 y comienzos de los 70 del siglo XX defendieron y extendieron la idea que el actor protagónico en la defensa de la salud en el trabajo son los propios trabajadores y trabajadoras. Sin duda esta idea ha recorrido el mundo y se ha hecho presente con enorme dignidad y valentía en el escenario de esta carpa de la resistencia.

 

* Este artículo se apoya en la investigación doctoral en salud pública realizada por el autor, denominada “Luchas obreras por la salud en Colombia. El caso de las Asociaciones de trabajadores y extrabajadores enfermos por el trabajo”, Universidad Nacional de Colombia. https://repositorio.unal.edu.co/handle/unal/77727
** Profesor Universidad Nacional de Colombia
1 Organismo del Ministerio del Trabajo encargado de atender los conflictos relacionados con la liberta sindical regulados por los convenios ratificados por Colombia de la OIT.

 

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Jornada de paro nacional en Guatemala pide la renuncia del presidente Giammatei

Organizaciones sociales, indígenas, campesinas y estudiantiles de Guatemala se movilizaron y pidieron la renuncia del presidente Giammatei, entre otras cosas, por la destitución de Juan Francisco Sandoval como jefe de la Fiscalía Especial contra la Impunidad, informó la directora de Aministía Internacional para las Américas, Erika Guevara-Rosas.

"Varias protestas pacíficas en el Paro Nacional 29J en Guatemala. El pueblo guatemalteco levanta su voz demandando rendición de cuentas, fin de la corrupción y la impunidad, y ejercicio de DDHH. Exigimos a Alejandro Giammattei respetar el derecho de protesta y atender las demandas", tuiteó Guevara-Rosas.

Los guatemaltecos también reclaman que el Estado disponga de políticas públicas para enfrentar a la pandemia de COVID-19, que hasta el momento ha provocado el contagio de 358.798 personas y la muerte de otras 10.224.

Parte de la columna de manifestantes se dirigió al Ministerio Público, donde exigieron la dimisión de la titular, la fiscal general Consuelo Porras.

La ciudad de Guatemala fue el epicentro de las protestas enmarcadas en la jornada de paro nacional, pero también se registraron caminatas, mítines y otras actividades en los 22 departamentos del país.

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Miércoles, 28 Julio 2021 10:49

Usmekistán: Guardianes de chaleco

Usmekistán: Guardianes de chaleco


«Usmekistán» le dicen por estos tiempos. La localidad de Usme –que casi cierra Bogotá por el suroriente– tiene un récord de 22 horas de confrontación entre la Fuerza Pública y las Primeras Líneas. Pero el lugar no sólo es casa de enemigos declarados: es casa, también, de un puñado de brigadistas que vinieron a poner el pellejo en un profundo acto de humanidad que salva vidas y mitiga los crueles dolores de los heridos.

 

«Usmekistán» porque de Oriente Medio ha venido llegando durante el Paro Nacional a la localidad de Usme el estrépito de guerras sin fin en países lejanos: un grito callado que resuena por entre las calles y hoy se vuelve campo de batalla en la tarde-noche del 20 de Julio de 2021. Este año la conmemoración de la independencia pasa de agache, pues desde hace tres meses en Colombia los ojos están puestos en guerras de ciudad que se ponen fecha y hora para enfrentar a quienes por ser hijos de una misma patria son hermanos.

En esta ocasión debo meter la cucharada hasta el fondo y hacer parte del relato porque, por ser la primera vez que asisto a un tropel, puedo, a través de mi absoluta perplejidad respecto de lo que vi y viví en Usme, a través del desmedido miedo que sentí al estar a escasos metros de lo que es un verdadero campo de batalla sin Dios ni ley en el que el Esmad y los chicos de Primera Línea pelean, venir a recordarnos que no debería ser normal una tanqueta en un barrio y que un gas lacrimógeno no es nada menos que un arma química.

Vine a por la historia de seres humanos que –me consta, mucho me consta–, deciden adentrarse en un bosque cementoso de enormes e inauditos peligros por una razón que sólo puede explicarse como un acto de profunda e insondable humanidad: son los brigadistas que salen a atender a los heridos de las jornadas de confrontación entre la Fuerza Pública y las Primeras Líneas, bandos enemigos plenamente establecidos durante el Paro Nacional. Aquí no le pagan a nadie. Los brigadistas son entera generosidad y todo corazón.

Hoy la confrontación es sobre la Caracas y se desplaza de sur a norte: inicia en la intersección de Yomasa (5.5 kilómetros al norte de donde empieza la Vía Bogotá-Villavicencio), pasará por los bordes de los barrios Gran Yomasa, La Andrea y Almirante Padilla (que nacen en el costado oriente de la Caracas y se despliegan montaña arriba) hasta llegar, al menos hasta que anocheció, al borde sur del barrio Santa Librada, donde está el Puente de la Dignidad: ese espacio ganado, ese símbolo de la Primera Línea de Usme que no sólo es confrontación: el puente, en el marco de la movilización social en la localidad, ha sido encuentro, conciertos, sancochos nocturnos en ollas comunitarias.

Los brigadistas del día son dos grupos de seres humanos que, sin duda, tienen el medidor de pánico calibrado distinto al de uno. Los de chaleco azul –16– pertenecen a la Misión Médica de REDPAS: la Red Popular de Primeros Auxilios sección Bogotá. Los de chaleco amarillo –22– son visita: muchachos que son parte del Bloque Popular de Salud de Medellín (BPS). Hoy hacen equipo en la tarea humanitaria y casi incomprensible de auxiliar a los heridos del tropel. Son grupos populares porque nacieron en el seno de los barrios y agrupan a ciudadanos del común con vocación de servicio y sentido de pertenencia por la comunidad que integran. También hacen presencia Derechos Humanos y los Gestores de Convivencia del Distrito, a quienes se distingue por sus chaquetas rojas.

Brigadista puede ser cualquier persona con la voluntad de salir a ayudar. No se necesita ser profesional de la salud para brindar primeros auxilios a los heridos de una jornada de confrontación: sólo se necesita tener compasión por el otro. Y volquetadas de valentía.

 

 

Antes que nada, entender el Nivel Jennifer


Las gafas de protección que había comprado en primera instancia en Homecenter para ir a hacer mi reportería no eran las adecuadas. Me lo dejó súper claro Jennifer Cardona –enfermera, cofundadora de REDPAS y Comandante de Incidente de las brigadas de Bogotá–, cuando le mandé foto de las gafas para cerciorarme que sí había comprado las indicadas:

“No, mujer, consigue unas de alto impacto. Esas gafas son de laboratorio, para trabajar sustancias químicas, y, si bien te ayudan a proteger del gas, si te llega a caer un proyectil en el ojo, te va a estallar la gafa y te va a lastimar más el ojo. Mientras que unas de alto impacto trancan el golpe”. Jennifer habla de potenciales heridas graves como si me estuviera explicando qué bus coger o cómo hacerme una trenza: domina el arte de mantener la calma.

La vi serena atendiendo a un chico que tenía impactos múltiples en la espalda y el pecho y que no se podía mover. Serena comunicándonos sin aspavientos que la razón por la cual, a pesar de que vemos dos tanquetas, Fuerza Disponible y Esmad parqueados en la intersección de Yomasa de cara a la Primera Línea y a pesar de que la Policía ya tiene orden de intervención, las cosas no arrancan aún porque falta por llegar un comandante y un escuadrón completo. Lo sabe porque integra el Puesto de Mando Unificado que fue instalado por la alcaldesa para la jornada.

Jennifer coordina los esquemas de la organización a lo largo de la ciudad en cada confrontación anunciada. Sutura y consigue donaciones para REDPAS. Puede llegar a desayunar a las 5 de la tarde porque se la pasó todo el día en reuniones interlocutando con el distrito. Jennifer atiende por igual a muchachos de Primera Línea y a policías.

Para Jennifer el esquema se acaba cuando todos y cada uno de los brigadistas reportan que llegaron a sus casas. Y es ella quien comunica a sus brigadistas tajantemente que las brigadas se recogen inmediatamente se comprueba que ha habido accionar de arma de fuego en el territorio.

Ya son las 3:30. Seguimos a la espera. Los bandos enfrentados parecen dos equipos de fútbol esperando a que el árbitro lance la pelota al aire para poder empezar el partido. Pasa un señor vendiendo cigarrillos. Hace calor. Llega la Minga.

 

No es un mal sueño: esto es real*

Claras y soleadas son las cuatro y treinta de la tarde que reciben a un tropel que se ha venido incubando todo el día. Julián –médico de la Universidad de Antioquia– se cerciora de que mis famosas gafas en efecto vayan a cumplir con su tarea: les echa Aceite Johnson’s en los lentes para que no se empañen, y pone Micropore™ sobre los malvados agujeros que trae el marco, listos a dejar penetrarse por vahos indeseables.

Es verdad que tengo un casco blanco que dice «prensa» y un chaleco azul que me “hace” brigadista con el propósito de que nadie arremeta contra mí. Es verdad que traigo puestas unas gafas de alto impacto y una máscara para gases lacrimógenos, ambas cosas una rareza entre los chicos de la Primera Línea: la gran mayoría tiene los ojos descubiertos y un insuficiente pedazo de tela negra cubriendo su nariz, boca y cuello. Mierda, es verdad que estoy aquí.

Esto es una batalla campal. Una nube pavorosa de disparos humeantes; una lluvia de piedras. Es por eso que Camilo y yo estamos medio escapados de la casa: porque en un tropel los milímetros son la diferencia entre perder un ojo o no; porque en un tropel la vida es dos veces frágil y la muerte puede asomar su nariz en un descuido.

El tropel es sobre la vía (sobre la Caracas misma). Los brigadistas (yo incluida) y los chismosos nos movemos sobre los andenes, procurando andar lo más pegados que podemos a las paredes de las casas y las tiendas. Cuando el Esmad arremete, la Primera Línea corre calle arriba en dirección al oriente huyendo así de la vía principal. Por momentos, caravanas de motos nos sorprenden llegando desde callejones por debajo de la Caracas, y los matrimonios zumban de aquí para allá sembrando temor.

Estoy recomendada a Cindy, que hoy es Comandante de Incidente de la Brigada Usme. Cindy es bióloga. Tiene la muy difícil tarea de velar por la integridad de los brigadistas y de tomar decisiones in situ bajo presión y bajo riesgo. Procuro caminar a su lado, pero el desplazamiento es frenético y accidentado y no siempre se hace fácil seguirle los pasos. Cuando la pierdo de vista me invade el miedo. ¿Es esto una balacera? Las aturdidoras suenan como tiros y no es obvio para mí que hacen parte de las consabidas “armas no letales” del Esmad.

 

 

¡Estamos a tan escasos metros del tropel! Y eso que hay grupos de brigadistas en aún más extremas condiciones de riesgo que hacen la labor de extracción de heridos desde el centro de la confrontación: las Avanzadas.

Los muchachos de Primera Línea no arremeten en lo absoluto contra las brigadas, pero recibir una pedrada por accidente no se descarta. Ahora bien: cada vez que los agentes del Esmad se acercan, mi corazón late pidiendo a gritos que no me salen que se respete mi vida. Por ridículo que parezca, la única manera que tenemos de proteger nuestra vida cuando todo es caos y se sobreviene la arremetida en dirección a nuestro andén, es alzar las manos en señal de desarme.

Por eso cuando siento que el peligro me husmea de cerca, cuando me siento cerca a desplomarme de la angustia, me cuelgo con abandono y desespero, o del brazo de Juan Pablo (su joven y hermosa mirada aun debajo de las gafas de protección me tranquiliza), o del brazo de El Profe de Química (sus canas me dan la sensación de papá que mi existencia necesita). Seguramente con el pasar de los días revisitaré mis recuerdos de Juan Pablo y de El Profe de Química, y suspiraré.

[*Nota: todos los personajes nombrados en este apartado son brigadistas de REDPAS Bogotá y del Bloque Popular de Salud de Medellín.]

 

De botiquines, menjurjes y gaseadas


Hay muchas personas bonitas entre el grupo de brigadistas: El Profe Alex, que dicta artes escénicas y teatro; Lina, estudiante de pedagogía infantil que en un momento del día apoyó el traslado que entre siete debieron hacer de un muchacho que cayó inconsciente y debió ser llevado al Punto Fijo de Salud; Juan, designado para coordinar las comunicaciones que le aseguran a las brigadas un desplazamiento seguro, y que hoy guía a la delegación de Medellín; Carol Natalia, una chica de 20 años que se encarga de la muy importante tarea de tomar fotos y datos de cada herido (sexo, edad y afectación) para llevar el registro del día; Laura, la estudiante de veterinaria que en la jornada alcanzó a rehabilitar a dos perros callejeros.

Los brigadistas cargan un botiquín básico para auxiliar a los heridos que contiene solución salina para el lavado de heridas y quemaduras, muchas gasas, vendas, guantes, esparadrapo o Micropore™, analgésicos para el dolor, agua, tijeras, cremas para quemaduras. Cargan, también, el líquido blanco insignia de quienes auxilian a víctimas de gases lacrimógenos: el neutralizador.

Brigadista que se respete tiene su propio envase de plástico con spray para administrar el líquido neutralizador en cara, ojos y boca a todo afectado por gases lacrimógenos. Tiene múltiples preparaciones (que hasta incluyen fécula de maíz), aunque el compuesto base e indispensable es el clásico hidróxido de aluminio que venden en el mercado como antiácido. Precisamente porque los gases lacrimógenos son altamente ácidos generan irritación en ojos, boca y vías aéreas. Los neutralizadores alcalinizan la zona afectada, mitigando así el daño y el ardor.

Más temprano, recién aterricé en el tropel, tuve una noción de lo que es un gas lacrimógeno: no me pareció fuerte y rápidamente se fue. Ahora atardece y Pedro Pablo -brigadista paisa, médico en formación- y yo estamos acurrucados alrededor de un chico que tiene una herida sangrando en la frente. Pedro Pablo lo auxilia. Yo me dispongo a tomar notas. Lo que pasa, o más bien lo que percibo después, es que no puedo respirar. Es una sensación silenciosa, desamparada: un tiquete a la película muda que alguien está viendo en algún lugar recóndito de la galaxia. A mí el gas lacrimógeno me huele a anestesia inhalada mezclada con pánico. Una sola frase aterriza en mi cabeza: “mi mamá me dijo que no viniera”.

 

 

Por cliché que les parezca, nos acaba de caer un gas lacrimógeno a un metro de distancia. Acabo de ser gaseada exactamente en la Avenida Caracas con Calle 78A Sur; sangre llamó gas y en un segundo hubo clorobenzilideno malononitrilo para nuestras ávidas narices. Si bajo la escandalosa máscara para gases lacrimógenos que parece de ingeniero de planta nuclear yo sentí morir, no quiero ni imaginar lo que siente un chico de Primera Línea que tiene sobre nariz, boca y cuello un pedazo de tela como única protección. Para muchos chicos de Primera Línea la único que mitiga los efectos del gas es el humo que despiden los fuegos construidos en mitad de calle. El humo absorbe el gas lacrimógeno y lo disipa.

Disipado el gas, me quito la máscara. Mocos por todas partes. Es un buen momento para recordar que, en cumplimiento de los estándares internacionales para el uso de armas no letales, el Esmad siempre debería tirar los gases para arriba en movimiento parabólico; nunca directamente a los manifestantes. Por las inscripciones en los casquetes de los gases que quedan como basura en la calle (fecha y lote) se sabe que algunos de los gases de hoy estaban vencidos. Los gases vencidos son más dañinos.

Lo único que quiero es toser y es lo que los brigadistas a mi alrededor me dicen que procure evitar. Es casi imposible no toser, aunque sería ideal no hacerlo cuando el gas no se ha terminado de disipar: toser es expulsar todo el aire de los pulmones, pero implica una inspiración posterior profunda por la boca que es un pasaje directo del gas hacia los pulmones. Y entonces Pedro Pablo me auxilia a mí. Me rocía neutralizador en los ojos y en la boca. La indicación es hacer gárgaras y escupirlo: así se barre el gas y se le ayuda al cuerpo a expulsar el ácido. Mamá: me gasearon.

 

 

Por la noche


Son las 7pm. Es verdaderamente heroico seguir siendo brigadista a estas horas, seguir prestando enteramente por voluntad un servicio a los heridos en medio de la confrontación, y claramente yo no tengo el valor para hacerlo. Decido moverme a Punto Fijo: el lugar a donde son llevados los enfermos de gravedad y que sirve de base de operaciones de REDPAS y del BPS.

Nos cae la noche encima y yo, la verdad, lo único que quiero es irme a mi casa. No es precisamente una pataleta: de noche los gatos son pardos, y las reporteras estrenando tropel dando vueltas por ahí son un despropósito. Hasta podrían ser una piñata para la Sijín, nunca se sabe. A esta hora la confrontación se congrega montaña arriba en el Barrio La Andrea. Hay fogata prendida junto a la Parroquia San Atanasio y la agitación en las calles no da noticias de que la jornada vaya a acabar pronto.

Lo común es que en jornadas de confrontación el Punto Fijo sea un área acordonada en la calle. Pero el Punto Fijo de la Brigada de Usme es el salón comunal Almirante Padilla ubicado en el barrio de nombre homónimo: un espacio en el que se hace un verdadero y bello ejercicio comunitario en el que varios actores de la comunidad se ponen al servicio de la Primera Línea y de los brigadistas. Parece que estuviera el barrio entero ayudando: el ambiente es de servicio, alegría y solidaridad. Este lugar es un auténtico hospital comunitario en territorio de confrontación.

Aquí Doña Marcela, la presidenta de la Junta de Acción Comunal, tiene mudas de ropa a disposición de los muchachos a los que las tanquetas les dieron un desagradable y helado “chapuzón”. Esta noche Don Polo se entrega a la importantísima tarea de custodiar la puerta en momentos en que se debe preservar el lugar de aglomeraciones, visitas indeseadas y hasta infiltraciones. En el día cocinó 100 almuerzos para los brigadistas y la comunidad: un sancocho vegetariano con tremendo recado -papa, yuca, plátano, arracacha que alcanzó hasta para nosotros los periodistas. Aquí Doña Rubi recibe a los pacientes más graves y se encarga de los trámites para trasladarlos a los centros de salud: es la cuidadora, la mamá de todos. Aquí la Cruz Roja interviene, diligente.

Los insumos de primeros auxilios en Punto Fijo con los que se atiende a los heridos son en su totalidad donaciones: hilo y agujas para suturar, Sulfaplata® (crema para quemaduras), solución salina, Isodine®, guantes, algodón, jeringas, gasas, vendas elásticas, Micropore™, mantas, pinzas, férulas, bolsas de plástico estéril (sirven para preservar dientes o miembros amputados), agua estéril, Xylocaína® (anestésico local).

 

Los heridos


A lo largo de la tarde vi, en la confrontación en calle, sobre todo quemaduras y fuertes irritaciones por impactos de gases lacrimógenos.

Estos son algunos de los chicos que esta noche están recuperándose en Punto Fijo:

Diego, un chico de 17 años a quien le explotó una granada en el pie izquierdo, causándole una quemadura de primer grado y que su zapato quedara inservible. “Le tocó estrenar tennis”, le dice en tono amable el voluntario de La Cruz Roja que lo atiende.
Christian, que no dilata pupilas y está completamente pasmado. No se sabe con certeza qué le pasó pero parece que está gaseado. “¿Qué día es hoy? ¿Dónde estás? ¿Cuántos dedos hay acá?”, le preguntan los brigadistas. No reacciona por un tiempo largo, pero le ponen oxígeno y poco a poco se va recuperando hasta salir del Punto Fijo por sus propios medios.


Juan David, uno de los heridos más graves de la noche: tuvo un impacto de gas lacrimógeno en la cabeza y necesita sutura. Lo atiende Patricia, voluntaria de la Cruz Roja.


Un vecino que recibió una pedrada de puro de malas: estaba lejos de la confrontación y simplemente pasaba por una de las calles del barrio. Tanto él como su esposa reaccionan al incidente con humor: el señor es vendado en la cabeza y dice que cuando llegue a la casa, sus hijos van a pensar que su papá se disfrazó de momia hoy.

Llega a Punto Fijo un hombre de 52 años que sufrió una caída, se pegó en el hombro y ahora tiene una luxación en el húmero, el hueso que se extiende brazo abajo desde los hombros hasta el codo. Quiere decir que el hueso se separó de la articulación que lo amarra al hueso contiguo y permite el movimiento. El señor es atendido por Michael, un brigadista del bloque de Medellín, fisioterapeuta de profesión, quien determina que para volver a encajarle la articulación al señor se debe ejecutar una maniobra de precisa quiropráctica: empujar el brazo hacia arriba y ligeramente hacia atrás para dejar bien sentado al hueso en la articulación y que el brazo no quede colgando.

“¡Juan Fernando!”. Michael se asoma al corredor y llama a su compañero, que resulta ser un fornido estudiante de enfermería de 1.93 metros de altura. No puedo pensar en nadie más en la existencia que pueda ejecutar la maniobra con más pericia que él. “Si este man no le acomoda el brazo, no se lo acomoda nadie”, le dice Michael al paciente. Juan Fernando hace dos intentos pero es una hazaña que no puede ser cumplida: pasó mucho tiempo desde el momento en que el señor sufrió el accidente hasta que los brigadistas tuvieron la oportunidad de auxiliarlo, y ahora que la inflamación ha crecido, no sólo resulta cada vez más doloroso ejecutar la maniobra, sino que los tendones circundantes ya han empezado a cerrar el espacio articular, lo cual hace difícil acomodar el hueso.

Lo doloroso es que el señor no tiene EPS sino Sisbén, razón por la cual Michael y Juan Fernando tratan a toda costa de remediar la luxación: saben que muy probablemente el Sisbén no le va a cubrir la radiografía que va a necesitar y que es muy posible que la tenga que pagar de manera particular con dinero que no sabemos qué tan fácil le vaya a quedar conseguir.

Lejos de estigmatizar y tildar de pobre a una persona que no conozco, decido poner las cosas de esta manera porque estuve desempleada por largos períodos de tiempo y sé perfectamente qué es no poder pagar la salud. Juan Fernando y Michael saben de sobra que no todas las historias clínicas tienen finales felices. Aún así amanecerá el día de la próxima movilización y saldrán de casa portando el chaleco amarillo. Gente con grandeza en esta vida.

 

[*Nota1: por confidencialidad médica me reservo los verdaderos nombres de los pacientes presentados a continuación. He escogido para ellos seudónimos con el propósito específico de proteger su identidad.]

[*Nota2: La delegación de brigadistas REDPAS Usme me autorizó relatar los casos médicos presentados a continuación bajo promesa de proteger la identidad de los protagonistas]

 

 

 

Epílogo

Son las 10:10 de la noche y de afuera llega el rumor de que “están echando bala”, y por eso la orden es que la Brigada de Usme, hoy conformada por 16 chalecos azules y 22 amarillos, se repliega. El comentario general es que hoy la cosa estuvo “suave”, y el registro de heridos lo comprueba: hoy, comparado con otros días de confrontación, no hubo tantos heridos de gravedad. Y yo que sentí pánico no una, sino varias veces.

El rango de edad de los muchachos atendidos por la Brigada de Usme está ente los 15 y los 24 años. El Profe de Química ha graduado a centenas de estudiantes que no logran llegar a la educación superior. A veces se los encuentra en la Primera Línea. Le duele verlos trabajando en cualquier cosa –o en nada– y sabe que los primeros auxilios que las brigadas les prestan es casi siempre el único servicio de salud al que pueden acceder.

A los agentes del Esmad los vi en la ceremonia bélica de siempre. Pero Michael, que hoy hizo extracción de un herido que quedó tendido en la mitad de la protesta entre la Primera Línea y el Esmad –un muchacho de 19 o 20 años que fue golpeado en el fémur por una granada de fragmentación-, me recuerda que las víctimas en este país son un río revuelto en el que todos los días se ahogan las oportunidades. “El problema es del pueblo y el pueblo son el empleado del estado y el que está en contra del estado”, puntualiza Michael.

Después de haber pasado el día con los brigadistas tengo la certeza de que quedarse cruzado de brazos siempre será una opción, y que, precisamente por eso, poner el pecho de la manera en que vi a estos seres humanos hacerlo por personas desconocidas, es un acto de una magnanimidad inconmensurable que incluso muchos criticarán.

Si antes creía tener mi criterio claro, atento y consciente de cara a este cruel conflicto entre hijos de una misma nación, hoy de camino a casa no puedo pensar en bandos: sólo deseo que nadie haya perdido la vista hoy.

Para lo normal, lo esperable, lo predecible, las manos sobran. “Lo imposible cuesta un poco más, y derrotados son sólo aquellos que bajan los brazos y se entregan” – Pepe Mujica.

Publicado enFotorreportajes
Miércoles, 28 Julio 2021 08:43

Usmekistán: Guardianes de chaleco

Usmekistán: Guardianes de chaleco


«Usmekistán» le dicen por estos tiempos. La localidad de Usme –que casi cierra Bogotá por el suroriente– tiene un récord de 22 horas de confrontación entre la Fuerza Pública y las Primeras Líneas. Pero el lugar no sólo es casa de enemigos declarados: es casa, también, de un puñado de brigadistas que vinieron a poner el pellejo en un profundo acto de humanidad que salva vidas y mitiga los crueles dolores de los heridos.

 

«Usmekistán» porque de Oriente Medio ha venido llegando durante el Paro Nacional a la localidad de Usme el estrépito de guerras sin fin en países lejanos: un grito callado que resuena por entre las calles y hoy se vuelve campo de batalla en la tarde-noche del 20 de Julio de 2021. Este año la conmemoración de la independencia pasa de agache, pues desde hace tres meses en Colombia los ojos están puestos en guerras de ciudad que se ponen fecha y hora para enfrentar a quienes por ser hijos de una misma patria son hermanos.

En esta ocasión debo meter la cucharada hasta el fondo y hacer parte del relato porque, por ser la primera vez que asisto a un tropel, puedo, a través de mi absoluta perplejidad respecto de lo que vi y viví en Usme, a través del desmedido miedo que sentí al estar a escasos metros de lo que es un verdadero campo de batalla sin Dios ni ley en el que el Esmad y los chicos de Primera Línea pelean, venir a recordarnos que no debería ser normal una tanqueta en un barrio y que un gas lacrimógeno no es nada menos que un arma química.

Vine a por la historia de seres humanos que –me consta, mucho me consta–, deciden adentrarse en un bosque cementoso de enormes e inauditos peligros por una razón que sólo puede explicarse como un acto de profunda e insondable humanidad: son los brigadistas que salen a atender a los heridos de las jornadas de confrontación entre la Fuerza Pública y las Primeras Líneas, bandos enemigos plenamente establecidos durante el Paro Nacional. Aquí no le pagan a nadie. Los brigadistas son entera generosidad y todo corazón.

Hoy la confrontación es sobre la Caracas y se desplaza de sur a norte: inicia en la intersección de Yomasa (5.5 kilómetros al norte de donde empieza la Vía Bogotá-Villavicencio), pasará por los bordes de los barrios Gran Yomasa, La Andrea y Almirante Padilla (que nacen en el costado oriente de la Caracas y se despliegan montaña arriba) hasta llegar, al menos hasta que anocheció, al borde sur del barrio Santa Librada, donde está el Puente de la Dignidad: ese espacio ganado, ese símbolo de la Primera Línea de Usme que no sólo es confrontación: el puente, en el marco de la movilización social en la localidad, ha sido encuentro, conciertos, sancochos nocturnos en ollas comunitarias.

Los brigadistas del día son dos grupos de seres humanos que, sin duda, tienen el medidor de pánico calibrado distinto al de uno. Los de chaleco azul –16– pertenecen a la Misión Médica de REDPAS: la Red Popular de Primeros Auxilios sección Bogotá. Los de chaleco amarillo –22– son visita: muchachos que son parte del Bloque Popular de Salud de Medellín (BPS). Hoy hacen equipo en la tarea humanitaria y casi incomprensible de auxiliar a los heridos del tropel. Son grupos populares porque nacieron en el seno de los barrios y agrupan a ciudadanos del común con vocación de servicio y sentido de pertenencia por la comunidad que integran. También hacen presencia Derechos Humanos y los Gestores de Convivencia del Distrito, a quienes se distingue por sus chaquetas rojas.

Brigadista puede ser cualquier persona con la voluntad de salir a ayudar. No se necesita ser profesional de la salud para brindar primeros auxilios a los heridos de una jornada de confrontación: sólo se necesita tener compasión por el otro. Y volquetadas de valentía.

 

 

Antes que nada, entender el Nivel Jennifer


Las gafas de protección que había comprado en primera instancia en Homecenter para ir a hacer mi reportería no eran las adecuadas. Me lo dejó súper claro Jennifer Cardona –enfermera, cofundadora de REDPAS y Comandante de Incidente de las brigadas de Bogotá–, cuando le mandé foto de las gafas para cerciorarme que sí había comprado las indicadas:

“No, mujer, consigue unas de alto impacto. Esas gafas son de laboratorio, para trabajar sustancias químicas, y, si bien te ayudan a proteger del gas, si te llega a caer un proyectil en el ojo, te va a estallar la gafa y te va a lastimar más el ojo. Mientras que unas de alto impacto trancan el golpe”. Jennifer habla de potenciales heridas graves como si me estuviera explicando qué bus coger o cómo hacerme una trenza: domina el arte de mantener la calma.

La vi serena atendiendo a un chico que tenía impactos múltiples en la espalda y el pecho y que no se podía mover. Serena comunicándonos sin aspavientos que la razón por la cual, a pesar de que vemos dos tanquetas, Fuerza Disponible y Esmad parqueados en la intersección de Yomasa de cara a la Primera Línea y a pesar de que la Policía ya tiene orden de intervención, las cosas no arrancan aún porque falta por llegar un comandante y un escuadrón completo. Lo sabe porque integra el Puesto de Mando Unificado que fue instalado por la alcaldesa para la jornada.

Jennifer coordina los esquemas de la organización a lo largo de la ciudad en cada confrontación anunciada. Sutura y consigue donaciones para REDPAS. Puede llegar a desayunar a las 5 de la tarde porque se la pasó todo el día en reuniones interlocutando con el distrito. Jennifer atiende por igual a muchachos de Primera Línea y a policías.

Para Jennifer el esquema se acaba cuando todos y cada uno de los brigadistas reportan que llegaron a sus casas. Y es ella quien comunica a sus brigadistas tajantemente que las brigadas se recogen inmediatamente se comprueba que ha habido accionar de arma de fuego en el territorio.

Ya son las 3:30. Seguimos a la espera. Los bandos enfrentados parecen dos equipos de fútbol esperando a que el árbitro lance la pelota al aire para poder empezar el partido. Pasa un señor vendiendo cigarrillos. Hace calor. Llega la Minga.

 

No es un mal sueño: esto es real*

Claras y soleadas son las cuatro y treinta de la tarde que reciben a un tropel que se ha venido incubando todo el día. Julián –médico de la Universidad de Antioquia– se cerciora de que mis famosas gafas en efecto vayan a cumplir con su tarea: les echa Aceite Johnson’s en los lentes para que no se empañen, y pone Micropore™ sobre los malvados agujeros que trae el marco, listos a dejar penetrarse por vahos indeseables.

Es verdad que tengo un casco blanco que dice «prensa» y un chaleco azul que me “hace” brigadista con el propósito de que nadie arremeta contra mí. Es verdad que traigo puestas unas gafas de alto impacto y una máscara para gases lacrimógenos, ambas cosas una rareza entre los chicos de la Primera Línea: la gran mayoría tiene los ojos descubiertos y un insuficiente pedazo de tela negra cubriendo su nariz, boca y cuello. Mierda, es verdad que estoy aquí.

Esto es una batalla campal. Una nube pavorosa de disparos humeantes; una lluvia de piedras. Es por eso que Camilo y yo estamos medio escapados de la casa: porque en un tropel los milímetros son la diferencia entre perder un ojo o no; porque en un tropel la vida es dos veces frágil y la muerte puede asomar su nariz en un descuido.

El tropel es sobre la vía (sobre la Caracas misma). Los brigadistas (yo incluida) y los chismosos nos movemos sobre los andenes, procurando andar lo más pegados que podemos a las paredes de las casas y las tiendas. Cuando el Esmad arremete, la Primera Línea corre calle arriba en dirección al oriente huyendo así de la vía principal. Por momentos, caravanas de motos nos sorprenden llegando desde callejones por debajo de la Caracas, y los matrimonios zumban de aquí para allá sembrando temor.

Estoy recomendada a Cindy, que hoy es Comandante de Incidente de la Brigada Usme. Cindy es bióloga. Tiene la muy difícil tarea de velar por la integridad de los brigadistas y de tomar decisiones in situ bajo presión y bajo riesgo. Procuro caminar a su lado, pero el desplazamiento es frenético y accidentado y no siempre se hace fácil seguirle los pasos. Cuando la pierdo de vista me invade el miedo. ¿Es esto una balacera? Las aturdidoras suenan como tiros y no es obvio para mí que hacen parte de las consabidas “armas no letales” del Esmad.

 

 

¡Estamos a tan escasos metros del tropel! Y eso que hay grupos de brigadistas en aún más extremas condiciones de riesgo que hacen la labor de extracción de heridos desde el centro de la confrontación: las Avanzadas.

Los muchachos de Primera Línea no arremeten en lo absoluto contra las brigadas, pero recibir una pedrada por accidente no se descarta. Ahora bien: cada vez que los agentes del Esmad se acercan, mi corazón late pidiendo a gritos que no me salen que se respete mi vida. Por ridículo que parezca, la única manera que tenemos de proteger nuestra vida cuando todo es caos y se sobreviene la arremetida en dirección a nuestro andén, es alzar las manos en señal de desarme.

Por eso cuando siento que el peligro me husmea de cerca, cuando me siento cerca a desplomarme de la angustia, me cuelgo con abandono y desespero, o del brazo de Juan Pablo (su joven y hermosa mirada aun debajo de las gafas de protección me tranquiliza), o del brazo de El Profe de Química (sus canas me dan la sensación de papá que mi existencia necesita). Seguramente con el pasar de los días revisitaré mis recuerdos de Juan Pablo y de El Profe de Química, y suspiraré.

[*Nota: todos los personajes nombrados en este apartado son brigadistas de REDPAS Bogotá y del Bloque Popular de Salud de Medellín.]

 

De botiquines, menjurjes y gaseadas


Hay muchas personas bonitas entre el grupo de brigadistas: El Profe Alex, que dicta artes escénicas y teatro; Lina, estudiante de pedagogía infantil que en un momento del día apoyó el traslado que entre siete debieron hacer de un muchacho que cayó inconsciente y debió ser llevado al Punto Fijo de Salud; Juan, designado para coordinar las comunicaciones que le aseguran a las brigadas un desplazamiento seguro, y que hoy guía a la delegación de Medellín; Carol Natalia, una chica de 20 años que se encarga de la muy importante tarea de tomar fotos y datos de cada herido (sexo, edad y afectación) para llevar el registro del día; Laura, la estudiante de veterinaria que en la jornada alcanzó a rehabilitar a dos perros callejeros.

Los brigadistas cargan un botiquín básico para auxiliar a los heridos que contiene solución salina para el lavado de heridas y quemaduras, muchas gasas, vendas, guantes, esparadrapo o Micropore™, analgésicos para el dolor, agua, tijeras, cremas para quemaduras. Cargan, también, el líquido blanco insignia de quienes auxilian a víctimas de gases lacrimógenos: el neutralizador.

Brigadista que se respete tiene su propio envase de plástico con spray para administrar el líquido neutralizador en cara, ojos y boca a todo afectado por gases lacrimógenos. Tiene múltiples preparaciones (que hasta incluyen fécula de maíz), aunque el compuesto base e indispensable es el clásico hidróxido de aluminio que venden en el mercado como antiácido. Precisamente porque los gases lacrimógenos son altamente ácidos generan irritación en ojos, boca y vías aéreas. Los neutralizadores alcalinizan la zona afectada, mitigando así el daño y el ardor.

Más temprano, recién aterricé en el tropel, tuve una noción de lo que es un gas lacrimógeno: no me pareció fuerte y rápidamente se fue. Ahora atardece y Pedro Pablo -brigadista paisa, médico en formación- y yo estamos acurrucados alrededor de un chico que tiene una herida sangrando en la frente. Pedro Pablo lo auxilia. Yo me dispongo a tomar notas. Lo que pasa, o más bien lo que percibo después, es que no puedo respirar. Es una sensación silenciosa, desamparada: un tiquete a la película muda que alguien está viendo en algún lugar recóndito de la galaxia. A mí el gas lacrimógeno me huele a anestesia inhalada mezclada con pánico. Una sola frase aterriza en mi cabeza: “mi mamá me dijo que no viniera”.

 

 

Por cliché que les parezca, nos acaba de caer un gas lacrimógeno a un metro de distancia. Acabo de ser gaseada exactamente en la Avenida Caracas con Calle 78A Sur; sangre llamó gas y en un segundo hubo clorobenzilideno malononitrilo para nuestras ávidas narices. Si bajo la escandalosa máscara para gases lacrimógenos que parece de ingeniero de planta nuclear yo sentí morir, no quiero ni imaginar lo que siente un chico de Primera Línea que tiene sobre nariz, boca y cuello un pedazo de tela como única protección. Para muchos chicos de Primera Línea la único que mitiga los efectos del gas es el humo que despiden los fuegos construidos en mitad de calle. El humo absorbe el gas lacrimógeno y lo disipa.

Disipado el gas, me quito la máscara. Mocos por todas partes. Es un buen momento para recordar que, en cumplimiento de los estándares internacionales para el uso de armas no letales, el Esmad siempre debería tirar los gases para arriba en movimiento parabólico; nunca directamente a los manifestantes. Por las inscripciones en los casquetes de los gases que quedan como basura en la calle (fecha y lote) se sabe que algunos de los gases de hoy estaban vencidos. Los gases vencidos son más dañinos.

Lo único que quiero es toser y es lo que los brigadistas a mi alrededor me dicen que procure evitar. Es casi imposible no toser, aunque sería ideal no hacerlo cuando el gas no se ha terminado de disipar: toser es expulsar todo el aire de los pulmones, pero implica una inspiración posterior profunda por la boca que es un pasaje directo del gas hacia los pulmones. Y entonces Pedro Pablo me auxilia a mí. Me rocía neutralizador en los ojos y en la boca. La indicación es hacer gárgaras y escupirlo: así se barre el gas y se le ayuda al cuerpo a expulsar el ácido. Mamá: me gasearon.

 

 

Por la noche


Son las 7pm. Es verdaderamente heroico seguir siendo brigadista a estas horas, seguir prestando enteramente por voluntad un servicio a los heridos en medio de la confrontación, y claramente yo no tengo el valor para hacerlo. Decido moverme a Punto Fijo: el lugar a donde son llevados los enfermos de gravedad y que sirve de base de operaciones de REDPAS y del BPS.

Nos cae la noche encima y yo, la verdad, lo único que quiero es irme a mi casa. No es precisamente una pataleta: de noche los gatos son pardos, y las reporteras estrenando tropel dando vueltas por ahí son un despropósito. Hasta podrían ser una piñata para la Sijín, nunca se sabe. A esta hora la confrontación se congrega montaña arriba en el Barrio La Andrea. Hay fogata prendida junto a la Parroquia San Atanasio y la agitación en las calles no da noticias de que la jornada vaya a acabar pronto.

Lo común es que en jornadas de confrontación el Punto Fijo sea un área acordonada en la calle. Pero el Punto Fijo de la Brigada de Usme es un salón comunal de la zona: un espacio en el que se hace un verdadero y bello ejercicio comunitario en el que varios actores de la comunidad se ponen al servicio de la Primera Línea y de los brigadistas. Parece que estuviera el barrio entero ayudando: el ambiente es de servicio, alegría y solidaridad. Este lugar es un auténtico hospital comunitario en territorio de confrontación.

Esta noche Don Polo se entrega a la importantísima tarea de custodiar la puerta en momentos en que se debe preservar el lugar de aglomeraciones, visitas indeseadas y hasta infiltraciones. En el día cocinó 100 almuerzos para los brigadistas y la comunidad: un sancocho vegetariano con tremendo recado -papa, yuca, plátano, arracacha- que alcanzó hasta para nosotros los periodistas. Aquí Doña Rubi, brigadista de Redpas, recibe a los pacientes más graves y se encarga de los trámites para trasladarlos a los centros de salud: es la cuidadora, la mamá de todos. Aquí la Cruz Roja interviene, diligente.

Los insumos de primeros auxilios en Punto Fijo con los que se atiende a los heridos son en su totalidad donaciones: hilo y agujas para suturar, Sulfaplata® (crema para quemaduras), solución salina, Isodine®, guantes, algodón, jeringas, gasas, vendas elásticas, Micropore™, mantas, pinzas, férulas, bolsas de plástico estéril (sirven para preservar dientes o miembros amputados), agua estéril, Xylocaína® (anestésico local).

 

Los heridos


A lo largo de la tarde vi, en la confrontación en calle, sobre todo quemaduras y fuertes irritaciones por impactos de gases lacrimógenos.

Estos son algunos de los chicos que esta noche están recuperándose en Punto Fijo:

Diego, un chico de 17 años a quien le explotó una granada en el pie izquierdo, causándole una quemadura de primer grado y que su zapato quedara inservible. “Le tocó estrenar tennis”, le dice en tono amable el voluntario de La Cruz Roja que lo atiende.
Christian, que no dilata pupilas y está completamente pasmado. No se sabe con certeza qué le pasó pero parece que está gaseado. “¿Qué día es hoy? ¿Dónde estás? ¿Cuántos dedos hay acá?”, le preguntan los brigadistas. No reacciona por un tiempo largo, pero le ponen oxígeno y poco a poco se va recuperando hasta salir del Punto Fijo por sus propios medios.


Juan David, uno de los heridos más graves de la noche: tuvo un impacto de gas lacrimógeno en la cabeza y necesita sutura. Lo atiende Patricia, voluntaria de la Cruz Roja.


Un vecino que recibió una pedrada de puro de malas: estaba lejos de la confrontación y simplemente pasaba por una de las calles del barrio. Tanto él como su esposa reaccionan al incidente con humor: el señor es vendado en la cabeza y dice que cuando llegue a la casa, sus hijos van a pensar que su papá se disfrazó de momia hoy.

Llega a Punto Fijo un hombre de 52 años que sufrió una caída, se pegó en el hombro y ahora tiene una luxación en el húmero, el hueso que se extiende brazo abajo desde los hombros hasta el codo. Quiere decir que el hueso se separó de la articulación que lo amarra al hueso contiguo y permite el movimiento. El señor es atendido por Michael, un brigadista del bloque de Medellín, fisioterapeuta de profesión, quien determina que para volver a encajarle la articulación al señor se debe ejecutar una maniobra de precisa quiropráctica: empujar el brazo hacia arriba y ligeramente hacia atrás para dejar bien sentado al hueso en la articulación y que el brazo no quede colgando.

“¡Juan Fernando!”. Michael se asoma al corredor y llama a su compañero, que resulta ser un fornido estudiante de enfermería de 1.93 metros de altura. No puedo pensar en nadie más en la existencia que pueda ejecutar la maniobra con más pericia que él. “Si este man no le acomoda el brazo, no se lo acomoda nadie”, le dice Michael al paciente. Juan Fernando hace dos intentos pero es una hazaña que no puede ser cumplida: pasó mucho tiempo desde el momento en que el señor sufrió el accidente hasta que los brigadistas tuvieron la oportunidad de auxiliarlo, y ahora que la inflamación ha crecido, no sólo resulta cada vez más doloroso ejecutar la maniobra, sino que los tendones circundantes ya han empezado a cerrar el espacio articular, lo cual hace difícil acomodar el hueso.

Lo doloroso es que el señor no tiene EPS sino Sisbén, razón por la cual Michael y Juan Fernando tratan a toda costa de remediar la luxación: saben que muy probablemente el Sisbén no le va a cubrir la radiografía que va a necesitar y que es muy posible que la tenga que pagar de manera particular con dinero que no sabemos qué tan fácil le vaya a quedar conseguir.

Lejos de estigmatizar y tildar de pobre a una persona que no conozco, decido poner las cosas de esta manera porque estuve desempleada por largos períodos de tiempo y sé perfectamente qué es no poder pagar la salud. Juan Fernando y Michael saben de sobra que no todas las historias clínicas tienen finales felices. Aún así amanecerá el día de la próxima movilización y saldrán de casa portando el chaleco amarillo. Gente con grandeza en esta vida.

 

[*Nota1: por confidencialidad médica me reservo los verdaderos nombres de los pacientes presentados a continuación. He escogido para ellos seudónimos con el propósito específico de proteger su identidad.]

[*Nota2: La delegación de brigadistas REDPAS Usme me autorizó relatar los casos médicos presentados a continuación bajo promesa de proteger la identidad de los protagonistas]

 

 

 

Epílogo

Son las 10:10 de la noche y de afuera llega el rumor de que “están echando bala”, y por eso la orden es que la Brigada de Usme, hoy conformada por 16 chalecos azules y 22 amarillos, se repliega. El comentario general es que hoy la cosa estuvo “suave”, y el registro de heridos lo comprueba: hoy, comparado con otros días de confrontación, no hubo tantos heridos de gravedad. Y yo que sentí pánico no una, sino varias veces.

El rango de edad de los muchachos atendidos por la Brigada de Usme está ente los 15 y los 24 años. El Profe de Química ha graduado a centenas de estudiantes que no logran llegar a la educación superior. A veces se los encuentra en la Primera Línea. Le duele verlos trabajando en cualquier cosa –o en nada– y sabe que los primeros auxilios que las brigadas les prestan es casi siempre el único servicio de salud al que pueden acceder.

A los agentes del Esmad los vi en la ceremonia bélica de siempre. Pero Michael, que hoy hizo extracción de un herido que quedó tendido en la mitad de la protesta entre la Primera Línea y el Esmad –un muchacho de 19 o 20 años que fue golpeado en el fémur por una granada de fragmentación-, me recuerda que las víctimas en este país son un río revuelto en el que todos los días se ahogan las oportunidades. “El problema es del pueblo y el pueblo son el empleado del estado y el que está en contra del estado”, puntualiza Michael.

Después de haber pasado el día con los brigadistas tengo la certeza de que quedarse cruzado de brazos siempre será una opción, y que, precisamente por eso, poner el pecho de la manera en que vi a estos seres humanos hacerlo por personas desconocidas, es un acto de una magnanimidad inconmensurable que incluso muchos criticarán.

Hoy de camino a casa no puedo pensar en bandos: sólo deseo que nadie haya perdido la vista hoy.

Para lo normal, lo esperable, lo predecible, las manos sobran. “Lo imposible cuesta un poco más, y derrotados son sólo aquellos que bajan los brazos y se entregan” – Pepe Mujica.

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20 de julio. En las calles, en demanda de vida digna

Tal como estaba anunciado desde semanas atrás, el 20 de julio inocultables grupos de personas salieron por todo el país a expresar su inconformidad con el actual gobierno, al tiempo que a reclamar mejor vida.

El notable descontento con el gobierno y su modelo económico/social que ebulle por todo el país alcanzó expresiones por medio de decenas de congregaciones, manifestaciones, actos culturales, marchas, de manera tan variada como lo es nuestra sociedad. Según el reporte gubernamental entregado por Daniel Palacios Martínez, ministro del Interior, en esta jornada, convocada por el Comité Nacional de Paro (CNP) tomando como fecha simbólica el 211 aniversario de la primera independencia, el país nacional alzó su voz por medio de "195 actividades de manifestación pública, 119 concentraciones, 58 marchas y 18 movilizaciones. Estas actividades se han presentado en 95 municipios de 26 departamentos…".

La jornada de protesta nacional del 20 de julio, que retoma el espíritu del paro nacional que alcanzó forma en Colombia el pasado 28 de abril y se extendió a lo largo de dos meses, fue confrontada desde el Ministerio de Defensa y todas las oficinas gubernamentales con una intensa campaña de guerra política que anunciaba que el Eln desplegaría una ofensiva en distintas ciudades del país. Según el ente oficial, los alzados en armas financiarían todo tipo de operaciones y provocaría desórdenes en medio de las marchas por realizarse. La campaña alcanzó tal intensidad que incluso desde algunos hogares se denunció que recibieron llamadas de conocidos del ejército que las invitaban a no salir el 20 de julio pues “van a suceder cosas tremendas”.

El miedo, como mecanismo de disuasión y como expresión de una soterrada guerra política que busca a todo trance que la protesta en Colombia no retome el protagomismo alcanzado en días pasados, vuelve a ganar el epicentro nacional. Antes, también pretendieron imponer igual objetivo por medio de una ofensiva “de desconocidos” que terminó con la quema de varios buses en Cali, la destrucción de parte importante de su sistema de transporte y numerosos saqueos.

En consonancia con este mecanismo de control social, en la apertura de las sesiones del Congreso de la República el presidente enfatizó en un propósito tras el cual andan hace varias semanas, al que le han buscado apoyo social y legitimidad política; un propósito para el cual estigmatizaron la protesta social como “vandalismo” y a los manifestantes como “vándalos”. Es así como Duque afirmó que nuestra sociedad debe tener claro que las manifestaciones deben ser siempre pacíficas. Según él, en clara respuesta a la CIDH en su reciente informe sobre la violación de derechos humanos en el maco de las protestas que dieron pie a su reciente visita al país, "Los bloqueos no son cortes de ruta; son cortes de vida, no hacen valer ningún derecho, solo hacen valer la ambición de los agitadores que se quieren beneficiar del caos".


Según su manera de ver el país y defender los privilegios de unos pocos, "Sabemos y entendemos que hay deudas históricas que saldar, que son muchas las frustraciones que como sociedad sentimos, pero la solución la encontramos trabajando en equipo", lo que no explicó es cómo se conformaría ese equipo ni como funcionaría, pues el que ellos siempre defienden, que es el equipo de la imposición, del autoritarismo, terminó por arrinconar al país bajo el peso de una descomunal crisis que ahora refleja mayores indicadores de empobrecidos y marginados, sin que se vislumbre una iniciativa económica y social de choque para solucionarla, una iniciativa que vaya más allá de programar medidas en beneficio del gran y mediano empresariado. Es claro que trabajar en equipo implicaría un gobierno de coalición nacional, lo cual está lejos de ser el propósito de una presidencia de ricos y en beneficio de los ricos.


Los proyectos de Ley


Como estaba proyectado, el 20 de julio el CNP dio a conocer en su totalidad los proyectos de ley elaborados a la luz de algunas de las principales demandas emanadas en los anteriores dos meses de protesta, y que de alguna manera también retoman exigencias ya incluidas en el pliego de exigencias entregadas al Ejecutivo en el 2019. La lista da cuenta de aspiraciones del país nacional, pero también de sectores sociales específicos, veamos:


1. Renta básica de emergencia de un salario mínimo mensual por un año para 7,5 millones de hogares.
2. Gratuidad universal de la educación superior pública.
3. Fortalecimiento de la red pública de salud.
4. Apoyo a la reactivación económica de la pequeña y mediana industria y la generación de empleo.
5. Apoyo para la reactivación del sector agropecuario.
6. Derogatoria del decreto 1174, de 2020, sobre el piso de protección social.
7. Acciones de promoción, prevención y capacitación para luchar contra las violencias basadas en el género.
8. Garantías para el ejercicio del derecho a la protesta pacífica.
9. Reforma al estatuto de juventud, para hacer más eficaz su participación política.
10. Reforma de la Policía.


Esta iniciativa, en todo caso, deja en el aire dos aspectos que le corresponde dilucidar al activismo en general, como en particular al CNP: 1. ¿Por qué acudir al Congreso a tramitar unas demandas que desde ya se sabe no serán avaladas, y si encuentran algún eco serán reivindicadas como de la cosecha oficial. Con una inquietud más, ¿Por qué acudir a una de las instituciones más desprestigiadas del país, con la cual la sociedad no tiene empatía y sí desconfianza, para buscarle apoyo a este decálogo? ¿Al así proceder no se aportaría a su legitimidad? O será que alguién cree que “[…] ustedes –los congresistas– están convocados por la historia para ser los voceros de un país en plena transformación”, como lo afirmó Duque en la instalación de la nueva legislatura, agregando que este gobierno sordo sí escucha las “voces de la calle”.


Pero, la mismo tiempo, inquieta que otras reivindicaciones de especial afecto para las mayorías nacionales no estén allí recogidas, reivindicaciones que una y otra vez estuvieron presenten en la protesta social: el servicio público de transporte, su propiedad, tarifas y calidad; la privatización de las autopistas nacionales, uso que tiene que pagar quienes las transitan vía peajes; funcionamiento del sistema financiero, por retomar algunos temas fundamentales para las mayorías.

Las voces

Los reportes llegados desde distintos puntos del país indican que las principales manifestaciones de protesta alcanzaron realce en Bucaramanga, Cali, Medellín, Bogotá, Popayán, Barranquilla, Pereira, Manizales, Cartagena, Montería, Valledupar. En varias de ellas la represión del Esmad propició el desorden y el ardor social, prolongado en defensa propia y en defensa del derecho a la protesta.


Represión y provocación policiva que alcanzó en Cali su mayor expresión, ciudad en la cual, en particular en el punto conocido como la Loma de la Cruz y según reporte del Canal 2, la comunidad estaba congregada de manera pacífica, con expresiones culturales, esperando la llegada de marchas procedentes desde diferentes lugares de la ciudad, cuando civiles entremezclados con la policía activaron sus armas con pretensión de asesinar. Luego el Esmad arremetió de manera demencial contra los allí reunidos, y sin reparo alguno volvieron a operar su disparador múltiple conocido como Venom, con disparos dirigidos incluso contra la humanidad de los allí congregados, evidencia de ello, como la denuncia José Alberto Tejada, director del Canal 2, un joven –de unos treinta y tantos años– al cual impactaron en su rostro, destruyendo su dentadura, pero también otro cúmulo de personas entre las cuales están sus tres “guardaespaldas”. Otros reportes confirman 19 heridos.


La pretensión, según este reportero, es la de crear condiciones política, sociales y militares para justificar la prolongación del actual gobierno más allá de su periodo constitucional. Irrespeto del derecho a la vida de los connacionales que lleva a José Alberto a pedir la cabeza de Iván Duque, “[…] que se anticipen elecciones, que la comunidad internacional presione a sus gobiernos para que no sigan vendiendo armas al colombiano…”.


Por otras fuentes también se conoce la denuncia de un joven que finalmente perdió la vida en esta desigual refriega, con una agravante: su cuerpo, secuestrado por el personal que lo atacó, aún no aparece.

Es una evidencia de represión y violencia que en otras ciudades también produjo heridos de diferente gravedad, y que según reportes oficiales también arrojó 22 personas capturas “por daño en bien ajeno, obstrucción en vía pública, daño en bien público…”.

Es un nivel de violencia y represión que permite coligar que a lo largo del final de los próximos días las protestas volverán a cubrir distintos barrios, tanto de Cali, como Popayán, Bucaramanga, Medellín, Bogotá y otras ciudades.

El ambiente de rebeldía popular y juvenil está vivo. Tal vez la concreción de la exigencia del director del Canal 2 de Cali sea el paliativo para dar respuesta a la misma.

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Domingo, 16 Mayo 2021 14:24

Sin ética ciudadana

Manifestante durante las marchas de enero de 2020 en Bogotá (foto: Iñaki Chaves)

La realidad sigue superando a la ficción en los sucesos que se viven estos días en Colombia

 

A la falta de ética de los poderes públicos y de las fuerzas del orden se suma la ausencia de la misma entre una parte de la población, mínima pero poderosa, que con sus acciones fomenta el odio y los enfrentamientos.

Mientras la población más vulnerable y vulnerada del país se manifiesta firmemente, desde hace ya viente días, por sus derechos ignorados desde la colonia, existe esa otra parte de gente que aplaude las actuaciones asesinas del esmad y que quisiera acabar no solo con los paros y las manifestaciones, sino con las personas que los realizan y apoyan.

Dos casos de extrema gravedad se han dado en el país en este fin de semana.

En Barranquilla, capital del departamento del Atlántico, un grupo de personajes en el anonimato ha hecho circular un panfleto en el que piden incendiar sedes de organizaciones sociales, a líderes y lideresas civiles y a docentes que se hayan manifestado a favor de la Minga indígena y del paro nacional en marcha. Entre las instituciones señaladas y en peligro está el Foro Costa Atlántica.

En Cali, departamento del Valle del Cauca, una doctora ha tuiteado su deseo de que las autodefensas, grupos paramilitares al margen de la ley pero que históricamente han actuado con la connivencia del Estado, maten a unos mil indios, unos poquitos según esta docta señora, para acabar con las marchas indígenas.

Después de que Noticias Unolo denunciara, la galena ha pedido que se respete su intimidad y no se difunda su nombre. Pero no se ha retractado. Olé su código deontológico (por cierto, se ha sabido que su apellido es Rojas, para que no pidan cita con ella).

Mientras tanto, la Policía, el Ejército y los escuadrones antidisturbios siguen actuando impunemente y con excesos de todo tipo frente a la población desarmada y pacífica. Y el Gobierno continúa haciendo mutis por el foro e ignorando su responsabilidad en todos estos actos desproporcionados e incívicos más propios de cualquier dictadura de esas a las que les gusta señalar y que no quieren que contamine su “limpia y pura” democracia.

Internacionalmente algo se está moviendo, con marchas ciudadanas y acciones, hasta ahora con poca repercusión, de personajes públicos que piden parar estas masacres. Estados Unidos, el único ente al que los gobernantes colombianos rinden pleitesía y que podría parar todo esto, y Gran Bretaña han pedido suspender parte de la ayuda que destinan a Colombia. Pero no es suficiente, hay que seguir denunciando estas situaciones (también la que se vive en Palestina), presionando a los países y organizaciones internacionales y promoviendo una ética mundial y una paz verdadera, que es mucho más que la ausencia de guerra.

 

Una vez más la ciudadanía da una lección de madurez, de inteligencia colectiva y de compromiso con la vida, las libertades y los derechos. A ver si los gobiernos aprenden.

A parar para avanzar, ¡viva el paro nacional! Aunque en Colombia protestar sea de alto riesgo.

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