Jueves, 21 Julio 2022 06:28

No existen las razas

No existen las razas

No existe juicio contemporáneo más común para definir al otro/los otros que el aspecto físico de la gente. Es una definición a veces pública, a veces soterrada, casi siempre cargada del aura y de la explosividad de un concepto asimétrico que parece moverse a una velocidad infinita, es decir, de manera impensada. El concepto de raza, que fija significados en tres niveles distintos (aunque simultáneos). 1) Desde Linneo, en el siglo XVIII, lo utilizan los lenguajes de la "ciencia" para categorizar y caracterizar a diferentes poblaciones humanas. 2) A partir del siglo XIX, ingresa en las constituciones políticas y documentos oficiales de todos los países del orbe para consagrar o dejar sin derechos a grupos sociales enteros. 3) Y en el sentido común, funge como arma inclemente de las ideologías y los discursos de élites dominantes para estigmatizar y sobrexplotar al mundo subalterno (y así cerrar su paso a las esferas del poder y la legitimación social).

En Estados Unidos, por ejemplo, no existe documento oficial que no contenga alguna forma de definición racial. En América Latina, las constituciones de nueve países lo emplean para categorizar sus cartografías sociales: Brasil, Perú, Colombia entre otros. En la Constitución mexicana aparece en el segundo apartado del artículo tercero, según la reforma de 2019.

Desde el siglo XIX, la historia del continente se escribe invariablemente desde las premisas de los lenguajes de la racialidad. En Estados Unidos para cartografiar a una nación de migrantes (principalmente europeos) que acabaron exterminando a los pueblos originarios y esclavizando a las poblaciones afroestadunidenses. En México, la triada indígenas/mestizos/peninsulares sirvió para crear los órdenes culturales que se preservan hasta hoy, en los que el criollismo y la pictocracia blanca dominan los centros del principio de politicidad. En Brasil, europeos, asiáticos, pobladores originarios y afrobrasileños habrían formado un supuesto crisol, en el que invariablemente se subyugan a estos dos últimos.

¿De dónde provienen estos discursos y lenguajes sociales?

En el siglo XVIII fue el botánico y naturalista Carl von Linneo el primero en dividir al género humano en cuatro razas: "blancos (inteligentes y pasionales), rojos (obsecados y rectos), amarillos (melancólicos, avaros), negros (indolentes, agresivos)". Hoy este mapa humano se antoja como la fábula de una casa del terror de alguna feria perdida en un poblado sueco del siglo XIX, pero que sirvió como método central para desarrollar los lenguajes de la expansión colonial y, finalmente, para enfrentar a Occidente contra sí mismo en el holocausto de la Segunda Guerra Mundial. A Linneo le siguió Friedrich Blumenbach con un estudio de la relación entre la "fisonomía de los grupos sociales y su adaptabilidad a las condiciones climáticas". Paradójicamente, Blumenbach medía la extensión de los cerebros para establecer sus investigaciones. Fue Ernst Haeckel quien llevó el método racial a su más patética consagración. Apoyado en la teoría de la evolución darwiniana, dividió a la humanidad en 12 especies y 32 razas. Al mismo tiempo, estableció las características de los diferentes grupos de su tipología. Muy abajo se hallaban "los papúes, los hotentotes y los xosas", que según Haeckel estaban más cerca de los mamíferos que de los europeos "civilizados". En la historia de las ideas de Occidente, otro capítulo de la historia universal de la infamia.

¿Pero existen realmente las razas?

En 2019, 500 científicos se dieron cita para debatir sobre el tema en la ciudad de Jena, precisamente donde vivió y trabajó Haeckel. Biólogos, genetistas, zoólogos, historiadores, un ensemble realmente multidisciplinario, llegó a la conclusión de que, dadas las ya abundantes pesquisas sobre el genoma y la genética humanas, las razas no existen. Desde los estudios que datan del descubrimiento del genoma, se puede inferir que todos los individuos del género humano cuentan con 99.99 por ciento de genes y ADN idénticos. Sólo sus configuraciones cambian. Y los rasgos que determinan el aspecto físico de las personas obedecen tan sólo a 0.01 por ciento del material genético. En principio existe sólo una raza: la especie humana. Y todas sus diferencias se deben a causas climáticas, de alimentación, sociales, políticas, económicas e ideológicas. Nunca biológicas, como explica Agustín Fuentes en el documental ¿Por qué la ciencia afirma que las razas no existen? (Deutsche Welle, 8/21).

La clave del mensaje del encuentro de Jena se expresa en su declaración central. Dice así: "No hay razas. Al menos, no en los humanos. Primero existió el racismo, es decir, la idea de que cada grupo de personas tienen un valor diferente, y luego la ciencia siguió el camino. El concepto de raza es el resultado del racismo y no su premisa."

La relevancia de esta conclusión es fundamental. Fue el racismo moderno, a partir del siglo XVIII, el que creó los lenguajes sobre las razas y no viceversa. Y sus derivas perduran con toda intensidad hasta la fecha. Las razas son construcciones sociales destinadas a afianzar la unidad de élites dominantes, y hacer preservar la sujeción de vastas mayorías de la población, a través de ontologías y discursos sobre el orden de los cuerpos y sus formas de actuar. El problema del cuerpo de los otros aparece aquí como una fábula y una teología política. La fábula de la autoselección redimida de un orden social y la teología del cuerpo deseado.

De ahí la demanda urgente, al menos, de erradicar el término de raza de toda documentación oficial.

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Más de 500 niños indígenas murieron en internados de EU, revela pesquisa federal

La cifra podría llegar a decenas de miles // Identifican 408 planteles

Nueva York. La primera investigación federal de escuelas-internados que durante 150 años operaron en Estados Unidos con el objetivo de anular la identidad cultural de miles de niños indígenas –los cuales fueron arrancados de sus familias y comunidades– ha identificado en su etapa inicial más de 500 muertes de alumnos en esas instituciones.

Según el informe emitido ayer por el Departamento del Interior, se han identificado 408 escuelas que operaron en 37 estados y territorios entre 1819 a 1969. Las cifras iniciales de las muertes de alumnos son sólo de 20 de estas instituciones.

El Departamento del Interior, entre cuyas funciones están las relaciones con la población indígena de Estados Unidos y que administró el sistema de internados, informó que al continuar con su investigación se espera que el número de muertes estudiantiles identificadas podría ascender a decenas de miles.

Las políticas federales de las escuelas-internados para indígenas aplicadas durante siglo y medio tenían "el doble objetivo de asimilación cultural y despojo territorial de pueblos indígenas a través de la remoción y reubicación forzada de sus hijos", reportó el Departamento del Interior al presentar el primer volumen de su investigación.

Las muertes de alumnos fueron resultado de abuso, enfermedades y accidentes, según el informe. Algunas de las escuelas fueron administradas directamente por el gobierno federal, y otras por organizaciones religiosas, católicas y protestantes, con financiamiento y supervisión federal.

“Las consecuencias de las políticas federales de los internados para indígenas –incluido el trauma intergeneracional causado por la separación de familias y la erradicación cultural infligida sobre generaciones de niños tan jóvenes hasta de 4 años– son desgarradoras e innegables”, declaró la secretaria del Interior, Deb Haaland, de Laguna Pueblo y primera indígena en un gabinete presidencial en la historia del país, al presentar el informe.

"Muchos estadunidenses podrían alarmarse al enterarse de que Estados Unidos también tiene una historia de arrancar a niños nativos de sus familias en un esfuerzo por erradicar nuestra cultura y borrarnos como pueblo. Es una historia de la cual tenemos que aprender si nuestro país busca curarse de esta era trágica", escribió Haaland en un artículo de opinión publicado ayer en el Washington Post, recordando que sus propios abuelos maternos y su bisabuelo fueron enviados a la fuerza a estos internados.

Informa que durante más de un siglo, decenas de miles de niños fueron arrancados de sus comunidades y colocados en estos internados, y hay cálculos de que para 1926, casi 83 por ciento de indígenas en edad escolar estaban en ese sistema. Muchos fueron castigados físicamente si se atrevían a hablar en su idioma o practicar sus tradiciones. Un fundador de una de estas escuelas resumió así la misión de este sistema: "mata al indígena, salva al hombre".

Nadie ha rendido cuentas

La investigación federal impulsada por Haaland es una respuesta al hecho de que nunca antes el gobierno ha rendido cuentas sobre este sistema para niños indígenas, incluidas las muertes de alumnos. Haaland también anunció que se iniciará una gira de funcionarios de su secretaría durante un año por el país, para que ex estudiantes de estos internados compartan sus memorias como parte de una colección de historia oral permanente.

Deborah Parker, de la Coalición Nacional de Saneamiento de los Internados Indígenas Estadunidenses, organización que ayudó al Departamento del Interior en la identificación de las escuelas, comentó a la agencia Ap que elogia el trabajo inicial, pero que se requiere más del gobierno. "Nuestros niños merecen ser regresados a cada familia. Estamos aquí para hacerles justicia y no vamos a dejar de abogar por ello hasta que Estados Unidos rinda cuentas plenas por el genocidio cometido contra los niños nativos".

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Lunes, 04 Abril 2022 05:41

El sueño peligroso

Martin Luther King pronunció hoy hace 55 años un discurso sobre la necesidad de una revolución en Estados Unidos, cuya vigencia es imponente, aunque es menos conocido que su célebre alocución sobre la igualdad racial: Tengo un sueño. Foto Archivo/AP

Hace justo 55 años este 4 de abril de 1967, se escuchó uno de los discursos más peligrosos de la historia de Estados Unidos. Es uno de los que, a pesar de que su autor ha sido elevado al Olimpo estadunidense donde viven las figuras heroicas del país y tiene su propio día oficial feriado, ningún presidente o líder político nacional (con un par de excepciones) se atreve a mencionar y menos citar.

Tanto en la nación como en el extranjero, se reduce a Martin Luther King a su versión oficialmente aprobada: un tipo de santo dedicado a los derechos civiles y su mensaje limitado casi exclusivamente a su famoso discurso sobre igualdad racial conocido como Yo tengo un sueño de 1963 en Washington. Pero cuatro años después de esa gran alocución, el reverendo Martin Luther King habló de otro sueño y convocó a la lucha por una revolución en Estados Unidos.

“Estoy convencido de que si queremos ponernos del lado acertado de la revolución mundial, debemos emprender como nación una revolución de valores. Tenemos que empezar de prisa el viraje de una sociedad orientada hacia las cosas a una sociedad orientada hacia las personas. Cuando las máquinas y las computadoras, el afán de lucro y los derechos de propiedad se consideran más importantes que la gente, es imposible conquistar los trillizos gigantescos del racismo, el materialismo extremo y el militarismo (…)”, declaró King desde el podio de la iglesia Riverside en Nueva York.

“La verdadera compasión es más que arrojar una moneda a un mendigo; no es algo caprichoso y superficial. Consiste en ver que un edificio que produce mendigos necesita restructuración. Una verdadera revolución de valores pronto verá con inquietud el patente contraste entre pobreza y riqueza. Con justa indignación, verá al otro lado de los mares y observará a capitalistas de Occidente invertir sumas enormes en Asia, África y Sudamérica, sólo para llevarse las ganancias sin ninguna preocupación por el mejoramiento social de los países, y dirá: ‘no es justo’. Verá nuestra alianza con los terratenientes de América Latina y dirá: ‘no es justo’. La arrogancia de Occidente de sentir que tiene todo que enseñar a los demás y nada que aprender de ellos simplemente no es justa (…) Nuestra única esperanza hoy día reside en nuestra habilidad de recuperar el espíritu revolucionario y salir a un mundo a veces hostil para declarar nuestra hostilidad eterna a la pobreza, al racismo y al militarismo”.

Al proclamarse en ese momento contra la guerra en Vietnam y las hazañas imperiales de su país –ante la oposición de sus propios asesores, críticas severas por los principales medios nacionales y amenazas de su gobierno– advirtió que Estados Unidos jamás podrá ser salvado mientras destruya las esperanzas más profundas del hombre por todo el mundo.

“Este llamado a una hermandad mundial que eleve la preocupación por el prójimo más allá de la tribu, raza, clase y nación de cada uno es en realidad un llamado a un amor incondicional, que abarque a toda la humanidad. Ya no podemos gastar más en adorar al dios del odio o hincarnos ante el altar de la represalia. Los océanos de la historia se vuelven turbulentos con las mareas cada vez más altas del odio (…) Hoy aún nos queda una alternativa: la coexistencia no violenta, o la coaniquilación violenta. Tenemos que pasar de la indecisión a la acción. Si no actuamos, seguramente seremos arrastrados por los largos, oscuros y vergonzosos pasillos del tiempo reservados para aquellos que tienen poder sin compasión, poderío sin moralidad, y fuerza sin visión…”.

Un año después, mientras impulsaba su campaña nacional vinculando la lucha por los derechos civiles a la justicia económica y el antimperialismo, King fue asesinado. Su discurso del 4 de abril de 1967 es cada vez más contemporáneo y, por lo tanto, su invitación, su sueño, a luchar por un cambio a fondo de su país sigue siendo cada vez más peligroso para los defensores de las pesadillas. El texto en: https://guides.lib.berkeley.edu/c.php?g=819842&p=5924547

Martin Luther King. Audio del discurso Beyond Vietnam. https://www.youtube.com/watch?v=AJhgXKGldUk

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Manifestaciones antirracistas toman las calles en Brasil para exigir justicia

El asesinato del refugiado congoleño Moïse Mugenyi Kabagambe reactiva en Brasil las movilizaciones sociales por la justicia social y contra el racismo estructural que modela las instituciones brasileñas. El país está a ocho meses de celebrar unas elecciones presidenciales que podrían sacar del poder a Jair Bolsonaro y su política genocida, etnocida y ecocida.

 

Desde finales de enero movilizaciones antirracistas han vuelto a tomar las calles de las principales ciudades de Brasil con los lemas “Justicia por Moïse” y “Vidas negras migrantes importan”. Denuncian la brutal muerte del refugiado congoleño de 24 años Moïse Mugenyi Kabagambe, asesinado a palos cuando fue a reclamar dos salarios no pagados en el chiringuito Tropicalia de Río de Janeiro. 

Los movimientos negros, unidos a los movimientos sociales migrantes, estudiantiles, sindicales y LGTBIQ+, vuelven a denunciar el racismo estructural de la sociedad. Exigen justicia, el fin de la impunidad policial, el cumplimiento de los derechos laborales, así como de todos derechos constitucionales que tienen las personas negras inmigrantes que viven y trabajan en Brasil procedentes de países africanos, en especial Congo, Angola y Senegal, así como del Caribe, en especial Haití. “Migrar es un derecho”, insisten desde la Orden de Abogados de Brasil (OAB).

Las acciones de protesta más numerosas tuvieron lugar el pasado sábado 5 de febrero. Río de Janeiro y São Paulo acogieron sendas manifestaciones multitudinarias. La Coalición Negra por Derechos, que integra más de 250 organizaciones antirracistas en todo Brasil, organizó una movilización histórica que une la cuestión racial, la cuestión migratoria y la cuestión laboral en un mismo eje de reivindicación. “La lucha de los migrantes africanos también es nuestro dolor. Nuestra lucha es acabar con el genocidio del pueblo negro. El racismo nos mata”, dice el Manifiesto contra el racismo xenófobo (xenorracismo) que fue repartido en las manifestaciones y que remite al Manifiesto escrito en 2020 “En cuanto haya racismo, no habrá democracia”.

En São Paulo más de 3.000 personas tomaron la Avenida Paulista a la altura del Museo de Arte de São Paulo. Durante casi cinco horas personas migrantes congoleñas, angoleñas, haitianas, bolivianas, venezolanas y palestinas, así como las organizaciones del movimiento negro en Brasil, del movimiento estudiantil, sindical y también diputadas y concejalas del PSOL y del PT manifestaron su repudio ante este nuevo asesinato racista y xenófobo y exigieron justicia.

Un activista haitiano denunciaba este sábado con la voz quebrada: “Vengo de un país (Haití) donde la esclavitud funcionó hasta hace 200 años. La justicia sigue siendo blanca. No pedimos que los blancos sean esclavizados también. Venimos a pedir justicia. Soy periodista y la manipulación mediática es enorme. ¿Quién mandó matar a Moïse? Los tres compañeros de trabajo recibieron órdenes”.  

Una activista congoleña agarró una bandera de la República Democrática del Congo y la señaló: “Aquel país que está en una guerra sin fin a causa del móvil y de los ordenadores que compráis. Yo escapé de tiros y de violencias para buscar vida en Brasil. Tengo conocimientos y diploma, soy abogada, médica, hablo varios idiomas, pero cuando busco trabajo solo encuentro trabajo de limpieza. Con todo el respeto a ese trabajo. Queremos hacer nuestra vida, pero no nos dejan. Hoy lloramos la muerte de Moïse y no vamos a olvidarlo ningún día”. 

La muerte de Moïse se suma a otros asesinatos de inmigrantes motivados por cuestiones raciales: João Manuel, Kerby Tingue, Fetiere Sterlin, Inolus Pierrelys, Falow Ndack, Zulmira de Souza Borges, Toni Bernardo Da Silva y Brayan Yanarico Capcha

Paulo Gomes Kumbo, de la Asociación de Inmigrantes por la Integración Comunitaria en São Paulo, denunció la desaparición de Celeo, otro compañero congoleño que lleva cuatro meses desaparecido. También en São Paulo fue denunciada la desaparición de Marcelo Mapala Daniel hace casi un año.

La muerte de Moïse se suma a otros asesinatos de inmigrantes motivados por cuestiones raciales: João Manuel, Kerby Tingue, Fetiere Sterlin, Inolus Pierrelys, Falow Ndack, Zulmira de Souza Borges, Toni Bernardo Da Silva y Brayan Yanarico Capcha.

Para Paula Nunes, del Movimiento Afronte, de la Marcha de Las Mujeres negras de São Paulo y co-concejala en la Bancada feminista-PSOL en São Paulo: “Es fundamental estar construyendo esta manifestación porque estamos perdiendo hermanos migrantes cada día. La policía mata a gente negra todos los días. El Parlamento es racista. Estando en la Cámara Municipal de São Paulo es muy importante señalar no sólo la violencia, sino también la precariedad a la que nuestros hermanos migrantes negros, y también los latinoamericanos, están sometidos aquí con trabajos precarios análogos a lo esclavo. La gente va a continuar esta lucha en la calle y en el Parlamento”.

En palabras de Carol Iara, activista negra travesti intersex, también co-concejala de la Bancada Feminista-PSOL: “Esta Policía Militar es asesina y tiene que ver con el caso de Moïse, porque persigue inmigrantes. El dueño del Tropicalia era de esa institución y por eso todo tardó tanto. Hay que repensar este Estado policial que tenemos y también la forma en cómo tratamos a la población negra y pobre, a la población negra LGTBIQ+ y a la población migrante. Moïse presente hoy y siempre”.

Otra representante de la Marcha de las Mujeres Negras de São Paulo pidió disculpas a todas las personas migrantes por lo que está pasando en Brasil: “Nadie cuestiona a una persona cuando es alemana o italiana. No están en la cuerda del sufrimiento que viven las personas inmigrantes negras. Hoy las batidas policiales se han convertido en algo normal en Brasil. Es una vergüenza. Llevamos 522 años y la cosa no cambia. Es absurdo que tengamos que sufrir esto todos los días. Que la memoria de Moïse sirva para dejarnos más unidas que nunca”. 

Una compañera del Movimiento Negro Unificado espetó: “Este país debe reparación a los negros de África y de la diáspora. Porque con ellos construimos este país durante más de 500 años. No podemos dejar pasar ninguna muerte más”.

El portavoz de la Unión Municipal de Estudiantes de Secundaria de São Paulo afirmó: “Hoy tenemos el mayor racista de Brasil sentado en la silla de la presidencia, creando muchísimos locos supremacistas blancos que tratan de matar a la gente negra. Nuestro pueblo sigue muriendo al ir a la panadería a comprar pan. ¡Basta ya! Con nuestras mentes vamos a hacer el cambio. El pueblo negro está en las calles y unido”.

Letícia Parks fundadora del Quilombo Vermelho cuya declaración está circulando por Abya Yala, y dirigente del Movimiento Revolucionario de Trabajadores (MRT) explicó cómo “este país, que fue construido por las poblaciones africanas secuestradas, por las manos del pueblo negro esclavizado y por las manos de los pueblos indígenas, desprecia y violenta a los hermanos africanos, que llegan aquí y conocen el racismo brasileño, que es cruel, cínico y extremadamente violento. ¡Con Bolsonaro estamos teniendo 20 muertes de personas negras cada día! Este gobierno no ha dicho una palabra del asesinato de Moïse. Ni una disculpa formal para la embajada de Congo en Brasil. Por el contrario, este Gobierno defiende a los milicianos que mataron a nuestro compañero”. 

“Hoy tenemos el mayor racista de Brasil sentado en la silla de la presidencia, creando muchísimos locos supremacistas blancos que tratan de matar a la gente negra”

Orlando Silva, vicepresidente de la Comisión de Derechos humanos y Minorías de la Cámara de Diputados en Brasilia aseguró en la manifestación que los diputados de la comisión van a desplazarse esta semana a Río de Janeiro para pedir justicia al gobernador. “La policía no ha sido investigada, sino protegida de nuevo. Hace cinco años redacté la Ley de Inmigración, terminando con el Estatuto del Extranjero que blanqueó este país. El pueblo negro es pasado, es raíz, es presente y es futuro en Brasil”.

A través del Alto Comisionado de las Naciones Unidas (ACNUR), la Coalición Negra por Derechos ya ha denunciado en la ONU el asesinato de Moïse Kabagambe.

Elaine Mineiro, del Mandato Colectivo Quilombo Periférico afirmó: “Este año empezamos la primera sesión plenaria de la Cámara Municipal de São Paulo con un caso de racismo, pero no hubo investigaciones. En ninguna cámara legislativa de este país se investigan los casos de racismo. Si nosotros, negros brasileños, no entendemos la importancia de la agenda del pueblo negro, nadie va hacerlo”.

Las activistas de la Asociación de mujeres inmigrantes Luz y Vida y de la Red MILBI de Mujeres Migrantes Lesbianas Bisexuales y Pansexuales se sumaron a las reivindicaciones: “Las personas inmigrantes en Brasil sufrimos muchas violencias y estamos en una situación de precarización laboral. Ahora es muy importante aprobar el proyecto de Ley 2699/2020 que solicita la regularización migratoria de todas las personas”.

Erika Hilton, concejala del PSOL en São Paulo explicó: “El pueblo congoleño, el pueblo africano y brasileño, unido y fortalecido, toma las calles de nuevo. Pero no queríamos estar en las calles porque significa que otro cuerpo negro ha sido abatido en este país racista y xenófobo que no tiene una legislación decente sobre migración. Lo que pasó con Moïse no es una excepción, sino una regla de cómo se trata al pueblo negro. Estamos cansadas de ver caer los cuerpos de los nuestros. Queremos reafirmar la vida del pueblo negro que construyó este país, un Brasil que no respeta su historia. Moïse es otro doloroso ejemplo del odio, del racismo y de la esclavitud. No aguantamos más. Es necesaria una respuesta. Por eso estamos aquí. La vida de Moïse vale mucho. Toda vida negra aniquilada vale mucho. Basta de genocidio, basta de racismo. Clamamos justicia. Viva la lucha del pueblo negro, viva nuestra ancestralidad. Seguiremos de pie”.

Eduardo Suplicy, concejal del PT en São Paulo, intervino ya en la parte final: “Estamos presentes con Zumbi dos Palmares, Martin Luther King, Nelson Mandela y todas aquellas personas que lucharon y luchan por la igualdad de derechos para que todas las personas puedan vivir con dignidad y libertad real. Para eso tenemos que conseguir la Renta Básica Ciudadana”.

En la Avenida Paulista se oían los gritos de dolor y rabia. E innumerables “Fora Bolsonaro!”. Una activista del movimiento estudiantil comentó que “el contexto y las razones de estas muertes en Brasil tienen que ver con el racismo estructural y estructurante de un país sustentado durante tres siglos sobre la esclavitud de las personas negras, algo que la blanquitud nativa no quiere ver”.

Para Adriana Moreira, integrante de la Coalición Negra por Derechos, “a partir de 2003 Brasil cambió sus relaciones económicas y construyó una relación Sur-Sur, pero solo cambió económicamente. Esa tan soñada relación Sur-Sur cambió el patrón económico, pero no cambió el patrón con los pueblos africanos, con los pueblos indígenas ni con los pueblos árabes. Los aeropuertos brasileños son espacios tenebrosos para las poblaciones africanas y árabes. La Ley de Refugiados empeoró desde que Temer asumió el poder tras el golpe. Los pueblos refugiados en Brasil no podían tener movilización política. Desde el movimiento negro entendemos que el racismo es un problema endémico de Brasil y también internacional, fruto del colonialismo. Por tanto, la solución es supranacional. “Justicia por Moïse es pedir justicia para los pueblos africanos del mundo, para los pueblos colonizados y para el pueblo negro de Brasil”.

“El regreso de Lula al juego político-electoral con una amplia ventaja en las encuestas ha fortalecido a las fuerzas progresistas de Brasil al unificar a la izquierda y reposicionar la perspectiva de retomar el gobierno federal”

Según la panafricanista Anin Urasse, el portugués “brasileño” es un portugués fundamentalmente kimbundu-kikongo, lenguas de los antiguos reinos de Congo y Angola. “El 80% de los negros brasileños viene de las tierras de Moïse y no lo sabe. Brasil es una extensión del Congo, pero no lo sabe o no quiere saberlo”, ha escrito en Jornalistas Livres.

Con el horizonte de elecciones presidenciales previstas para octubre de 2022, los movimientos sociales negros y migrantes exigen justicia, el fin de la violencia policial y la implementación de políticas públicas que garanticen los derechos de las personas negras y de las personas migrantes.

Como ha explicado el periodista Igor Felippe Santos en un análisis de coyuntura, “el regreso de Lula al juego político-electoral con una amplia ventaja en las encuestas ha fortalecido a las fuerzas progresistas de Brasil al unificar a la izquierda y reposicionar la perspectiva de retomar el gobierno federal”. 

¿Qué ocurrió con Moïse?

El 24 de enero en Barra de Tijica, Río de Janeiro, tres hombres asesinaron brutalmente al refugiado congoleño Moïse Kabagambe. Moïse tenía 24 años y había ido al quiosco Tropicalia para reclamar dos salarios no pagados. Allí recibió la paliza que le causó la muerte, mientras la policía no hacía nada para evitarlo. Durante estas semanas la familia de Moïse ha recibido amenazas e intimidaciones por parte de la policía al exigir investigar su asesinato. Una cámara lo grabó todo.

La familia de Moïse vive refugiada en Brasil desde 2011, año en el que huyeron de la guerra en la República Democrática del Congo. Ivana Lay, la madre de Moïse, declaró al periódico Globo: “A mi hijo le rompieron las costillas y el cuello. Hui del Congo para que no nos mataran. Y al final, mataron a mi hijo aquí, como matan en mi país, a golpes”.

El 2 de febrero, también en Río de Janeiro, Durval Teófilo Filho, de 38 años y padre de una niña de seis, fue asesinado por su vecino blanco, el sargento de la marina Aurélio Alves Bezerra, que creyó que “era un ladrón” al caminar rápido y meterse la mano en el bolsillo. Así que le dio tres tiros a las puertas del edificio donde ambos vivían. El militar permanece en prisión, pero ha sido acusado de “homicidio involuntario”. En Brasil, cada 23 minutos asesinan a una persona negra.

Algunas cifras

En los últimos tres años de gobierno bolsonarista, las licencias y posesión de armas en Brasil han aumentado un 325%, según el Instituto Sou de Paz. Para mayor gravedad, el Senado podría aprobar esta semana quitar el límite de compras de armas.

Según el Foro Brasileño de Seguridad Pública, el 79% de las víctimas que mueren en acciones policiales son personas negras.

Según el Instituto de Seguridad Pública de Rio de Janeiro (ISP-RJ), responsable de las estadísticas oficiales, los crímenes racistas solo en Río de Janeiro se han duplicado de 2019 (43 muertes) a 2021 (82 muertes).

Según el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), más del 56% de la población en Brasil es negra o parda. A pesar de ello, la población negra es tratada como una minoría, no está representada en el mercado de trabajo, ni en el ámbito educativo y sufre de forma diaria el racismo. Actualmente el 72,9% de las personas desempleadas en Brasil es negra.

“A mi hijo le rompieron las costillas y el cuello. Hui del Congo para que no nos mataran. Y al final, mataron a mi hijo aquí, como matan en mi país, a golpes”

En 2020, el Gobierno de Bolsonaro rebajó el presupuesto público para promover la igualdad racial de 37,7 millones de reales a 2,7 millones.

Según el Atlas de la Violencia de 2021, la posibilidad de una persona negra de ser asesinada en Brasil es 2,6 veces superior a la de una persona que no es negra.

En Brasil, en la última década el número de asesinatos de personas indígenas ha aumentado un 21%.

Transfeminicidio: La vida media de una persona trans en Brasil es de 35 años. En Brasil cada día matan a cuatro mujeres. 

Según el Comité Nacional para los Refugiados (Conare), en 2021, Brasil registró 29.400 solicitudes de asilo, la mayoría de personas de Venezuela, Angola, Haití y Cuba. 

Según el Observatorio de las Migraciones (Obmigra), con datos de finales de 2021, en Brasil reside más de un millón de personas inmigrantes.

Por menos que conte a história,
não te esqueço meu povo.
Se Palmares não vive mais,
faremos Palmares de novo

No importa lo poco que cuente la historia
porque no os olvido, mi gente
Si Palmares ya no vive,
haremos Palmares de nuevo.

Poeta bahiano José Carlos Limeira

 

Por Laura Corcuera

8 feb 2022 10:14

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Lunes, 04 Octubre 2021 05:53

A color

A color

Para un país fundado sobre la exterminación de los indígenas y la explotación de esclavos africanos y después inmigrantes para su desarrollo económico, el color sigue siendo factor determinante para explicar su presente.

Hoy día los defensores de un pasado definido por la hegemonía blanca tienen razón en estar alarmados. Según cifras recientes del Buró del Censo de Estados Unidos, el país se diversificó de manera significativa esta última década con todo crecimiento en población conformado completamente por latinos, asiáticos, afroestadunidenses y los que se identifican como de más de una raza. Más aún, la población blanca por primera vez se redujo durante esta última década. De acuerdo con el censo, el número de los que se identifican como blancos se desplomó en 8.6 por ciento, a sólo 58 por ciento de la población. Demógrafos calculan que aproximadamente para 2045 los blancos serán una minoría más en Estados Unidos.

A la vez, a pesar de conquistas y reformas logradas por luchas sociales, el racismo no ha sido superado, de hecho, algunos argumentan que la justicia racial ha retrocedido en años recientes. Proclamaciones políticas sobre la igualdad racial son contestadas por datos nada ambiguos: los afroestadunidenses son el grupo más grande de los encarcelados (33 por ciento, casi triple del 12 por ciento que representan en la demografía nacional); uno de cada tres hombres afroestadunidenses nacidos en 2001 será encarcelado por un tiempo durante su vida; uno de cada mil hombres y jóvenes negros morirán a manos de la policía; uno de cada tres niños negros viven en la pobreza, ocho de cada 10 adultos negros con algún nivel de estudio universitario reportan haber sido víctima de discriminacion racial. Para los latinos, los datos son sólo un poco menos terribles.

En casi cualquier rubro socioeconómico, los afroestadunidenses, latinos e indígenas están, como siempre, muy por debajo de todos los demás. Y el racismo sigue siendo una de las principales herramientas de políticos para dividir a los trabajadores.

Más aún, no se puede entender el debate sobre migración –ahora y a lo largo de la historia del país– sin el lente de raza. Es casi imposible recordar noticias sobre redadas, arrestos masivos, detenidos y deportados de migrantes blancos, y eso que existen, por supuesto (6 por ciento provienen de Europa y Canadá, según el Migration Policy Institute).

Más de 44 millones de residentes en Estados Unidos nacieron en otro país, el número más alto de inmigrantes en cualquier nación del mundo, según Pew Research Center. Pero los inmigrantes indocumentados de hoy, sobre todo latinos y otros de "color", padecen de un trato dramáticamente diferente al que recibieron la mayoría de los millones de inmigrantes blancos que ingresaron sin papeles entre 1900 y la década de los 60, los cuales no fueron sometidos a redadas y deportaciones (https://www.brookings.edu/blog/how-we-rise/ 2021/03/26/us-immigration-policy-a-classic -unappreciated-example-of-structural-racism/).

Los cientos de agrupaciones de odio –incluidos neonazis, el Ku Klux Klan y otros supremacistas blancos– son las tropas de choque de la derecha republicana, y las filas más fervientes de Trump, que sigue cultivando el racismo y el movimiento antimigrante. Las más de 250 medidas promovidas por republicanos en 45 estados están diseñadas para suprimir el voto de color –de afroestadunidenses, latinos e indígenas– así como de blancos pobres. Son los mismos que acusan que los migrantes indocumentados están votando de manera ilegal como parte del gran "fraude" inexistente que dicen haber robado la elección de Trump. Están asustados, incluso listos para destruir a a su propia democracia para "salvarse" y mantener “su America”.

El intento de golpe de Estado del 6 de enero, las maniobras para suprimir el voto, la cultivación del odio contra migrantes, son todo parte de una ofensiva derechista tal vez sin precedente en este país, una que representa la peor amenaza a lo que se llama democracia en Estados Unidos.

Pero el futuro de este país es a todo color.

Sly & The Family Stone. Everyday People.https://www.youtube.com/watch?v=YUUhDoCx8zc

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Imagen: AFP

El gobierno de Joe Biden comenzó las masivas deportaciones

En los últimos meses Haití atraviesa una crisis política por el magnicidio del presidente Jovenel Moise y los efectos del terremoto. 

 

Las deportaciones masivas de migrantes haitianos por parte de Estados Unidos despertaron la preocupación de la ONU, que advirtió que personas con solicitudes de asilo serias pueden estar en riesgo. El gobierno norteamericano comenzó a expulsar a cientos de miles de haitianos que llegaron hasta la frontera entre México y EE.UU tras un peligroso recorrido desde Sudamérica.

Expulsiones exprés

Unos 15 mil haitianos y haitianas que llegaron a la ciudad fronteriza de Del Río, en el estado de Texas comenzaron a ser deportados por Washington. Los migrantes han estado varados durante días bajo el puente que cruza el río Grande que divide a México de Estados Unidos. Muchos viajaron desde Chile o Brasil, donde residieron en los últimos años.

Según el secretario de Seguridad Interior estadounidense, Alejandro Mayorkas, los haitianos recibieron información errónea de que podían quedarse en EE.UU. como refugiados bajo el “Estatuto de Protección Temporal” (TPS) debido a la crisis política tras el asesinato de Jovenel Moise a principios de julio y el terremoto que devastó al país en agosto. El TPS alcanzaba a los haitianos que quedaron en EE.UU. después del terremoto de 2010 en el que murieron 200 mil personas en el país caribeño. Tras el magnicidio de Moise se extendió el TPS para los haitianos que estaban en suelo estadounidense antes del 29 de julio, pero no alcanzaba a los que llegaron después de esa fecha.

Patrullas ecuestres

"Hemos reiterado que nuestras fronteras no están abiertas y que la gente no debería emprender ese peligroso viaje", agregó. "Si usted entra ilegalmente a Estados Unidos, será devuelto", remarcó Mayorkas en conferencia de prensa desde la ciudad fronteriza. El funcionario llegó a Del Río tras la polémica desatada cuando fueron difundidas imágenes de los guardias fronterizos que recorrieron la frontera a caballo e hicieron retroceder a migrantes haitianos. Una de las fotografías tomadas por el reportero gráfico de la AFP, Paul Ratje, muestra a un policía montado a caballo atrapando a un hombre por la camisa.

"La situación era de tensión y los migrantes empezaron a correr alrededor de ellos (...) Muchos comenzaron a correr para intentar escapar de los jinetes y uno de los agentes agarró a un hombre de la camisa y lo hizo dar vueltas mientras el caballo trotaba en círculos", dijo Ratje sobre una de las fotos.

Las patrullas ecuestres fueron desplegadas en los últimos días cerca del río Bravo donde acampaban miles de migrantes, en su mayoría haitianos, según dijo a los medios el jefe de la patrulla fronteriza, Raúl Ortiz. "Les pedí que averiguaran si las personas estaban en peligro y que recopilaran información sobre los contrabandistas", agregó. "Controlar un caballo en un río es difícil". La portavoz de la Casa Blanca, Jen Psaki, calificó el hecho de “horrible”. "No tengo todo el contexto, pero no imagino en qué contexto eso sería apropiado", afirmó en una rueda de prensa.

Familias expulsadas

Al menos tres vuelos salieron de Texas para aterrizar en la capital Puerto Príncipe. Cerca de la mitad de los más de 500 migrantes expulsados por Estados Unidos eran menores de cinco años y nacieron fuera de Haití. Antes de cruzar el río Grande, los haitianos habían residido durante varios años en Chile y Brasil donde llegaron entre 2016 y 2017.

Familias enteras viajaron hasta México para intentar solicitar asilo en Estados Unidos, como el caso de Jeanne, que habló bajo condición de anonimato. Ella, su esposo y su hijo Mael de tres años que cuenta con pasaporte chileno viajaron durante dos meses hasta llegar a Del Río y gastaron cerca de 10 mil dólares. "En Santiago tenía un pequeño negocio, mi esposo trabajaba. Logramos ahorrar dinero: esto es lo que nos permitió viajar hasta Estados Unidos", relata.

"Es una cosa inexplicable. Nadie puede realmente transmitir lo que es este horror", dijo Jeanne. "Si hubiera sabido por lo que iba a pasar, nunca hubiera hecho este viaje", lamentó. La pareja contó que gastó 7.000 dólares para llegar a México y 2.000 más para alcanzar la frontera de Texas. Jeanne dejó su país tras finalizar sus estudios de administración de empresas en 2016. "Si hubiera podido encontrar trabajo, nunca me hubiera ido. Ahora la situación en el país ha empeorado mucho", dice.

"Biden sabe lo que está haciendo"

Cientos de haitianos se mostraron frustrados tras su expulsión y luego de haber gastado miles de dólares para llegar hasta EE.UU. "Biden sabe lo que está haciendo, pero no le importa. Nos trata a nosotros y a nuestros hijos peor que a las bestias", gritó una mujer desde la terminal aérea en Puerto Príncipe. Otro de los migrantes deportados se refirió a las condiciones en el centro gestionado por la agencia migratoria estadounidense tras haber cruzado el río Bravo.

"No teníamos camas para dormir, dormíamos solo con una fina sábana de plástico para cubrirnos, en un espacio con demasiado aire acondicionado. Y dormíamos en el piso de concreto", cuenta Garry Momplaisir, de 26 años, quien pasó cinco días en el lugar. "No podíamos ducharnos. Había baños pero no había lugar para lavarnos", agrega Momplaisir, expulsado junto a su esposa y su hija de cinco años.

Políticas trumpistas

Por su parte, el líder de la mayoría del Senado estadounidense, Chuck Schummer, del partido demócrata, instó al presidente Joe Biden a terminar con las deportaciones masivas de migrantes haitianos, una política que advirtió tenía actitudes “detestables y xenófobas” similares a las que se vieron durante le gestión del exmandatario republicano Donald Trump.

"Insto al presidente Biden (...) a poner fin inmediatamente a estas expulsiones, y a terminar con esta política del Título 42 en nuestra frontera sur. No podemos continuar con estas políticas detestables y xenófobas de Trump que ignoran nuestras leyes de refugiados", dijo Schumer en el pleno del Senado. La oficina de Aduanas y Protección de Fronteras de Estados Unidos anunció que la mayoría de los migrantes serán expulsados bajo el Título 42, una política del gobierno que restringe la inmigración debido a la pandemia de coronavirus.

"Todos hemos visto estas horribles imágenes procedentes de nuestra frontera sur, con solicitantes de asilo haitianos, que simplemente buscan escapar de la tiranía (...) siendo recibidos en nuestras puertas con una (indignidad) inimaginable", añadió Schumer. "Las imágenes de migrantes haitianos siendo golpeados con látigos y otras formas de violencia física son completamente inaceptables. Este comportamiento debe ser abordado y debemos rendir cuentas. Las imágenes revuelven el estómago", sostuvo.

Desde la ONU se sumaron a la preocupación por las expulsiones masivas. "Estamos seriamente preocupados por el hecho de que parece que no ha habido ninguna evaluación individual en los casos (de Haití)", señaló la vocera del organismo internacional, Marta Hurtado. "Quizás algunas de estas personas no han recibido la protección que necesitaban", agregó y subrayó que todos los solicitantes de asilo tienen derecho a que sus demandas sean consideradas

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Lunes, 30 Agosto 2021 05:07

Tres aniversarios

El reverendo William Barber (al centro) después de un mitin en el Lincoln Memorial el fin de semana en Washington, donde resaltó que las mismas fuerzas que quieren suprimir el voto en Estados Unidos, también "suprimen los salarios dignos, la salud universal, los derechos de los inmigrantes..."Foto Afp

“La feroz urgencia del ahora. Este no es momento para empeñarnos en el lujo de la calma o de tomarnos la droga tranquilizante del gradualismo. Ahora es el tiempo de hacer realidad las promesas de la democracia”, declaró el reverendo Martin Luther King Jr, desde las escalinatas del Monumento a Lincoln al culminar la histórica Marcha a Washington Por Empleo y Libertad en 1963.

Justo 58 aÑos después, el sábado pasado miles marcharon hacia ese mismo lugar y en unas 40 ciudades del país, con veteranos del gran movimiento por la justicia racial encabezado por King –el cual evolucionó a incorporar la lucha contra la injusticia económica del capitalismo y el militarismo imperial– abrazados de nuevas generaciones, haciendo eco de sus palabras y su compromiso moral.

La demanda central y unida del mosaico de esta movilización fue algo que no deja de ser asombroso dentro del propio país que no deja de proclamarse el "faro de la democracia" en el mundo: el derecho pleno al voto.

El reverendo William Barber, quien con otros resucitó la Campaña de los Pobres –la última iniciativa de King antes de ser asesinado– comentó en los actos del aniversario que “todo estadunidense debería estar pre-ocupado… puede ser que ya es una oligarquía civil y no una democracia, y el próximo paso es una autocracia”. Al encabezar marchas, manifestaciones y acciones de desobediencia civil por todo el país para defender el derecho al voto ante casi 400 iniciativas promovidas por republicanos para suprimir el voto sobre todo de minorías y pobres en 48 estados (por lo menos 18 estados ya han implementado leyes con ese propósito). Barber resaltó que las mismas fuerzas que están suprimiendo el voto, “están suprimiendo los salarios dignos, la salud universal, los derechos de los inmigrantes… todo está vinculado”.

A la vez, está por marcarse el 20 aniversario del 11-S y la proclamación de la "guerra contra el terror". Como en su momento advirtió Howard Zinn, el término es absurdo, ya que "toda guerra es terrorismo". Más aún, la declaración bélica aparentemente eterna fue también una declaración de guerra contra libertades civiles y derechos humanos dentro de este país y en cualquier parte del mundo donde deseaba operar Washington al realizarse detenciones masivas arbitrarias, lanzar nuevos sistemas de espionaje masivo de ciudadanos, desapariciones, tortura, y campos de concentración (Guantánamo), asesinatos y más –todo supuestamente prohibido por ley. Y el temor empleado para justificar todo.

Viente años después, todos son testigos al desastroso fin de la aventura bélica estadunidense en Afganistán, el primer frente de esa guerra contra el "terror". Circula una broma: "si alguna vez te sientes inútil, recuerda que tomó 20 años, billones de dólares y cuatro presidentes estadunidenses para remplazar al Talibán con el Talibán".

A la vez, en otro rudo recordatorio más de la emergencia del cambio climático, el mega-huracán Ida está azotando la región devastada por el huracán Katrina hace exactamente 16 años este domingo.

A diferencia de Katrina, Ida llega ahora a un territorio sitiado por el Covid-19. En Nueva Orleáns, los hospitales no podían evacuar pacientes a otras partes de la región porque no hay cupo, reporta Ap. Si la tormenta obliga a la gente a refugiarse en centros masivos como la vez pasada, los expertos de salud pública pronostican una pesadilla de contagios. Como siempre, las consecuencias más severas del cambio climático, como de la pandemia, son padecidas por los más pobres y vulnerables.

Tres aniversarios marcan la coyuntura estadunidense. Es como que los fantasmas del pasado se unieron para enviar un mensaje claro y directo al presente: los ataques contra los derechos democráticos, las guerras y el cambio climático están poniendo en jaque al futuro de todos.

Los que siempre han rescatado a este país desde abajo necesitan más que nunca de la solidaridad de fuerzas progresistas alrededor del mundo para actuar ante esta "feroz urgencia del ahora".

The Rolling Stones. Gimme Shelter. https://www.youtube.com/watch?v=clGX_J19_9o

Tom Morello, Bruce Springsteen, Eddie Vedder. Highway to Hell. https://www.youtube.com/watch?v=ZuNlA6BB28E

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Lunes, 23 Agosto 2021 05:24

¿Cuánto compran “30 monedas”?

¿Cuánto compran “30 monedas”?

 

No es obediencia ciega. No es necedad obtusa de valores pétreos contra toda lógica y toda transformación histórica. No es heroísmo de la quietud, ni épica de la esclavitud. No es un mérito de feligreses ni apología de la inmovilidad. No es lealtad a la obsecuencia. Es muy otra cosa. Algunos se niegan a emplear el término “lealtad”, imbricado en las relaciones humanas, porque le adjudican una estatura conceptual muy reducida. Aquí entenderemos a una forma específica del comportamiento humano, individual o colectivo, que se da realmente, aunque no suficientemente, porque implica compromiso reflexivo y práctico.

La lealtad debe ser democrática, democratizada y democratizante. Todo acuerdo de lealtad tiene fuerzas y debilidades que sólo se morigeran en el crisol de la práctica diaria, minuciosa y evidente. Ahí está la fuerza mayor de sus verdades en abstracto no sirve ni para diccionario.  La lealtad no suspende el libre albedrío por el contrario lo expresa y lo ratifica. Es irreductible al subjetivismo, en su carácter esencialmente social, la lealtad busca sus reflejos, es decir su objetivación, en todas las formas y niveles de las relaciones humanas, de sus modos de producción y del enriquecimiento de los principios o fines que son causa suprema de las lealtades.

A la lealtad no se la puede desvincular del plano fáctico-dinámico, que no son para ella excluyentes. Es fundamental entender y desarrollar la lealtad para comprender, interpretar o explicar la moral de una época. Se trata de una posibilidad extraordinaria para entender lo humano en tanto que reflejo de sí y estado de situación histórica en sus relaciones con determinados grupos sociales. En el cultivo (la cultura) de la lealtad se expresa un sentido propio de la moral y de la crítica a la moral realmente existente, así como la crítica a la que deben someterse otros tipos de lealtad como el campo político, el estético, el religioso, el lúdico o el económico. Nada escapa.

También la lealtad es un tejido social dinámico, dialéctico, que en tanto es social, es hija de sus tensiones y su coherencia a la luz de cómo asciende, permanentemente, a la praxis. Está claro que las lealtades sólo se rompen con legitimidad cuando medía una argumentación capaz de clarificar los cómo, los por qué y los cuándos de su existencia y permanencia. Siempre y cuando no se confundan las tácticas con los principios… y eso no admite ambigüedades.

No se puede alentar el dogmatismo de la lealtad ciega y sorda. No siempre cambiar implica deslealtad y no pocas veces es todo lo contrario. Ser leal con los principios de un frente social, de un liderazgo o una lucha… a veces exige romper con quienes se alejan de los paradigmas centrales en la totalidad del vínculo o en algunas de sus partes. Es decir, la lealtad puede permanecer intacta y debe hacerlo en lo esencial de los pactos, aunque admita si hay acuerdo, debates internos abiertos y transparentes. No admite juegos a espaldas ni secretos de secta. Ya estamos hartos de traiciones.

Bajo las condiciones inclementes que el capitalismo impone a la inmensa mayoría de los seres humanos, y ante las evidencias científicas sobre la destrucción mercantilizada de los recursos naturales, es imperativo de sobrevivencia reconfigurar las lealtades con un marco ético humanista de nuevo género: 1) Hoy son inaceptables las lealtades con cualesquiera de las expresiones del nazi-fascismo y su diversidad de disfraces. 2) Es inaceptable cualquier forma de explotación del trabajo, del saqueo de los recursos naturales, con la marginación o el racismo, con las humillaciones, las burlas o los desprecios de género, de peso, de color, de etnia… ninguna lealtad con la desigualdad ni con la injusticia.

Que la lealtad florezca en la dinámica histórica, cualesquiera sean sus escalas, en las parejas enamoradas o en las organizaciones políticas amantes de la igualdad humana con sus oportunidades y en sus condiciones concretas. Que la lealtad se multiplique con los principios colectivos y con los representantes que los pueblos designen sin chantajes, sin emboscadas, sin las trampas de la democracia burguesa. Y que la lealtad sea una práctica para su propia revocación si se la fractura desde arriba. La lealtad de los pueblos comporta una sabiduría estructural que ha sido traicionada inclementemente. Revocación de la lealtad cuando se traicionan los principios. “Las masas revolucionarias en alza nunca perdonan la cobardía y la traición” Trotsky.

Semejante tarea político-ético-cultural no está huérfana de ejemplos y cuenta con herencias extraordinarias que han sido paridas por las luchas más profundas de nuestros pueblos en todo el planeta. Esa es su fuente primigenia y su destino táctico y estratégico. Lealtad revolucionaria que se refrenda en el combate diario, que se hace carne, músculo y motor en la dialéctica de las batallas que laten en los corazones como laten en los territorios. La lealtad ha de ser conciencia revolucionaria que debe violentar constantemente al dogmatismo para desprendernos de las nomenclaturas ideológicas esclerotizadas. Un modelo de constatación de las certezas que habrá de sepultar el viejo modelo del tributo ciego a la personalidad y a los sofismas de ocasión.

Desde este enfoque, la lealtad, en su estado pleno, es una actitud política que repudia a todo lo que rebaja o anula la dignidad humana. Por eso urge reorganizar la democracia de la lealtad, reponerla en el amor consensuado y dignificante, reponer la lealtad a la igualdad y la lealtad a la justicia social. Expandir la lealtad humanista en una ética revolucionaria que no sea sólo declarativa y sí sea organizativa y transformadora. Urge la lealtad como conducta crítica, como praxis emancipadora y como dinámica de construcción para una revolución de los valores consensuales en la confianza y en la solidaridad inquebrantables. Por lealtad a la humanidad toda. Por lealtad a la juventud, a la ciencia no mercantilizada, a la filosofía no reducida a “gurús” ni puramente contemplativa.

La lealtad que necesitamos, renovada siempre, exige voluntad crítica a toda hora. Se expresa en la constancia y la perseverancia. Se niega a los espasmos del capricho o del chantaje. Obliga a dar pruebas fehacientes en horas de interrogación, tentaciones, dudas o debates como los que se vive a diario contra las maquinarias de guerra ideológica hegemónicas. Tal lealtad es un peldaño de la escalera que conduce a lo más alto que puede subir un ser humano. Nuestra militancia por la humanidad debe florecer en lealtades para la esperanza, para la alegría, para el compromiso, para la lucha. Lealtad contra “el estiércol del diablo” y contra todos los Judas Iscariote que desfilan con disfraces de “lealtad” y puñales escondidos. Una de las deslealtades más estruendosas de la historia costó treinta monedas. Dicen.

Por Fernando Buen Abad Domínguez | 23/08/2021

 “Irreverencia en el debate, lealtad en la acción” Toby Valderrama

Dr. Fernando Buen Abad Domínguez, Director del Instituto de Cultura y Comunicación y Centro Sean MacBride, Universidad Nacional de Lanús. Miembro de la Red en Defensa de la Humanidad. Miembro de la Internacional Progresista. Rector Internacional de la UICOM. Miembro de REDS (Red de Estudios para el Desarrollo Social

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Sábado, 10 Julio 2021 06:42

El sueño del país sin indios

El sueño del país sin indios

Los internados para niños indígenas de Canadá

Para los sobrevivientes, el hallazgo de restos de casi un millar de niños desaparecidos en Kamloops y Cowessess es apenas la punta del iceberg. Hasta la década de 1990 el Estado y la Iglesia dirigieron un sistema escolar dedicado a erradicar las culturas originarias del país.

 

Roberta Hill era apenas una niña cuando ella y cinco de sus hermanos fueron inscritos a la fuerza en un internado para menores indígenas. Con 70 años, la impactó enterarse del reciente descubrimiento de los restos de 215 niños, enterrados en el área de la Escuela Residencial India de Kamloops, en la provincia de Columbia Británica.1 El hallazgo fue comunicado a comienzos de junio por la nación originaria Tk’emlúps te Secwépemc. «¿Cómo no ibas a saber que tenías 215 personas enterradas», se pregunta Hill, «cuando los padres te decían “no me han devuelto a mi niño, quiero saber dónde está”?». «¿Quiénes son los responsables?», cuestiona.

Hill y otros activistas piden una investigación masiva acerca del destino de otros niños desaparecidos en los internados de Canadá, mientras el país se enfrenta a su historia de genocidio cultural contra los pueblos indígenas. Recientemente, el primer ministro Justin Trudeau pidió un mayor apoyo a los sobrevivientes del sistema de internados y ordenó que las banderas estuvieran a media asta en todos los edificios federales de Canadá.  Manifestantes colocaron cientos de pares de zapatos en los escalones de esos mismos edificios y en torno a monumentos de todo el país, en honor a los niños que murieron en la escuela de Kamloops. Ninguna de estas muertes había sido registrada oficialmente. «Lamentablemente, esta no es una excepción o un incidente aislado», dijo a la prensa Trudeau luego de conocido el hallazgo en Kamloops. «Tenemos que reconocer la verdad. Los internados eran una realidad», aseguró.

Durante más de un siglo se obligó a los niños indígenas de Canadá a ingresar a estas escuelas residenciales. De las 139 que existieron en el país, más de la mitad fueron administradas por la Iglesia Católica, incluida la de Kamloops, una escuela inaugurada en 1890 que llegó a tener hasta 500 inscritos en sus momentos de mayor actividad. Como sobreviviente de este sistema, Hill compartió sus experiencias con la Comisión de la Verdad y la Reconciliación de Canadá (CVR). Establecido en 2008, este organismo tuvo entre sus fines crear un registro histórico de lo que debieron enfrentar los niños indígenas. Recopiló miles de documentos y entrevistó a 6.750 supervivientes.

Hill y sus hermanos asistieron al Instituto Mohawk, un internado dirigido por la Iglesia Anglicana de Canadá, en la ciudad de Brantford. Contó a la comisión que allí fue abusada sexualmente entre los 6 y los 10 años. «Había dos sacerdotes. A uno le gustaban las niñas y a otro los niños, por lo que los varones tampoco se salvaban. El trato era brutal, y cuando no los golpeaban, los violaban», dice. Para Hill está claro que la investigación llevada a cabo por la comisión no fue lo suficientemente profunda. «A pesar de lo triste y desgarrador que es, realmente no sorprende», sostiene. «Creo que habrá más si la gente busca», agrega. Hill y muchos pueblos originarios, incluidas las Seis Naciones del Gran Río, están ansiosos porque se haga una investigación seria sobre los niños desaparecidos.

El rol de la Iglesia

No está claro cuándo fueron enterrados los cuerpos ahora descubiertos en Kamloops. El Estado canadiense se hizo cargo de los internados en 1969. El de Kamloops cerró en 1978. Antes de que el Estado asumiera el control, la mayoría de las escuelas estaban a cargo de varias instituciones religiosas. La Iglesia Anglicana de Canadá emitió una disculpa en 1993 por su papel en el sistema de internados. Un año después, se disculparon los presbiterianos. También lo han hecho los metodistas y la Iglesia Unida de Canadá.

«No hay duda de que la Iglesia estuvo involucrada en esto», dice el reverendo Larry Lynn, sacerdote católico de la Arquidiócesis de Vancouver. «La Iglesia estaba a cargo de esa institución.» Trudeau solicitó una disculpa al papa Francisco durante una visita al Vaticano en 2017. Entre las 94 llamadas a la acción incluidas en el informe final de la CVR se encuentra un pedido de perdón oficial del jefe de la Iglesia Católica. Pero si bien los obispos locales se han disculpado, el Papa se ha negado.

El 2 de junio, el arzobispo Michael Miller emitió una declaración en nombre de la Arquidiócesis de Vancouver en la que reflexionó sobre una disculpa pública que hizo en 2013 ante la CVR. «Si las palabras de disculpa por hechos tan atroces son para traer vida y sanación, deben ser acompañadas de acciones tangibles que fomenten la revelación plena de la verdad», afirmó Miller. La arquidiócesis ha ofrecido apoyo psicológico y de salud mental a las familias que perdieron a sus hijos y se encuentra ahora proporcionando asistencia financiera y expertos para ayudar a la identificación de los fallecidos en Kamloops.

El caso es observado con atención desde Estados Unidos. Entre 1869 y la década de 1960, ese país financió más de 350 internados para niños indígenas bajo administración de las iglesias. Las historias de los sobrevivientes estadounidenses son similares a las de Canadá, e incluyen torturas, hambre, abuso sexual y físico.

«En Estados Unidos necesitamos cuanto antes una comisión de la verdad», afirma Christine McCleave, directora ejecutiva de la Coalición Nacional de Sanación por los Internados Indígenas. «Necesitamos que el gobierno federal dé un paso adelante y revele el daño causado.» La organización de McCleave está trabajando en una versión estadounidense de la CRV. El año pasado se presentó un proyecto de ley en este sentido en la Cámara de Representantes de Estados Unidos, pero no prosperó.

Hill, en tanto, cree que aún queda mucho por revelar. Con lo sucedido en la escuela de Kamloops ahora a la vista, espera que no tome mucho tiempo descubrir la verdad.

(Publicado originalmente en Public Radio Exchange como «Gruesome boarding school discovery forces Canada to reckon with its cultural genocide history». Traducción al español de Brecha.)

  1. Luego del hallazgo del 28 de mayo en tierras del antiguo internado de Kamloops, 751 tumbas de niños sin identificar fueron encontradas el 24 de junio junto a lo que fuera el internado de Marieval, en la actual localidad de Cowessess, en el centro sur del país. La Escuela Residencial India de Marieval funcionó desde 1899 a 1997 y, al igual que la de Kamloops, también estaba bajo la dirección de la Iglesia Católica (N. de E.).

 La historia de los internados canadienses

Asimilación forzada y expolio

… [Si] se va a hacer algo con el indio, debemos agarrarlo muy joven. Los niños deben ser mantenidos constantemente dentro del círculo de las condiciones civilizadas.

Nicholas Flood Davin, «Informe sobre escuelas industriales para indios y mestizos», 1879

Quiero deshacerme del problema indio. De hecho, no creo que el país deba proteger continuamente a una clase de personas que se mantienen aparte … Nuestro objetivo es continuar hasta que no haya un solo indio en Canadá que no haya sido absorbido en el cuerpo político y no haya ya una «cuestión india», ni un Departamento Indio. Es este el único objetivo de este proyecto de ley.

Duncan Campbell Scott, Departamento de Asuntos Indígenas de Canadá, 1920

El gobierno canadiense persiguió esta política de genocidio cultural porque deseaba deshacerse de sus obligaciones legales y financieras con los aborígenes y hacerse con el control de sus tierras y recursos. Si todas las personas aborígenes hubieran sido «absorbidas en el cuerpo político», no habría reservas, tratados ni derechos aborígenes.

Comisión de la Verdad y la Reconciliación de Canadá, Honoring the Truth, Reconciling the Future: Summary of the Final Report of the Truth and Reconciliation Commission of Canada, pág. 3

Los internados para niños indígenas operaron en Canadá durante más de 160 años, y más de 150.000 niños pasaron por sus puertas. Cada provincia y territorio –con la excepción de la Isla del Príncipe Eduardo, Terranova y Nuevo Brunswick– albergaba escuelas administradas por la Iglesia y financiadas con fondos federales. La última de ellas cerró en 1996, en Saskatchewan. Los niños de las Primeras Naciones, Métis e Inuit fueron apartados de sus familias y comunidades, a menudo contra su voluntad. Se los llevó a escuelas donde se vieron obligados a abandonar sus tradiciones, prácticas culturales e idiomas.

El sistema de internados fue solo una herramienta en un plan más amplio de «asimilación agresiva» y de colonización de pueblos y territorios indígenas. Si bien el sistema federal de internados comenzó alrededor de 1883, sus orígenes se remontan a la década de 1830, cuando la Iglesia Anglicana estableció un internado en Brantford, Ontario. Antes de eso, las iglesias habían construido escuelas para niños indígenas desde mediados del siglo XVII. Durante ese período inicial, estas escuelas misioneras se ubicaron principalmente en el este de Canadá. A medida que las misiones y los esfuerzos coloniales se trasladaron al oeste de los Grandes Lagos, también lo hicieron las escuelas. El gobierno canadiense y las iglesias desarrollaron el sistema de internados como un medio para resolver la «cuestión india»: la amenaza y el obstáculo que en su opinión planteaban los pueblos indígenas a la construcción en curso de la nación de Canadá.

Para ello, llevaron adelante un sistema que imitaba las escuelas construidas en Estados Unidos y en las colonias británicas, donde los gobiernos y las potencias coloniales usaban grandes escuelas industriales que funcionaban como internados para convertir a las masas de niños indígenas y pobres en católicos y protestantes y volverlos «trabajadores laboriosos». Estas escuelas se desplegaron a lo largo de Irlanda, Sudáfrica, Australia y Nueva Zelanda, así como en Suecia con los niños indígenas sami, con el fin de que los nuevos colonos pudieran reclamar las tierras tradicionalmente ocupadas por los pueblos originarios. Canadá adoptó este modelo para imponer a los niños de las Primeras Naciones, Métis e Inuit la adopción de tradiciones, idiomas y estilos de vida europeos.

Originalmente, el sistema de internados estaba enfocado en el desarrollo de escuelas de trabajo industrial y de escuelas agrícolas. Para 1900, en Canadá había 22 escuelas industriales y 39 internados. En 1931, en el apogeo de este sistema, había 80 escuelas en funcionamiento y, aunque la mayoría de ellas se llamaban residential schools (escuelas residenciales o internados), mantenían a menudo el trabajo industrial a través de grandes jardines, graneros, talleres y salas de costura. Las iglesias católica y protestante proporcionaron gran parte de las directivas originales acerca de dónde ubicar estas escuelas y cómo debía crecer el sistema. Los agentes y funcionarios gubernamentales de los diversos «departamentos indios» desempeñaron un papel central en su desarrollo y mantenimiento. Muchos de los primeros internados se construyeron cerca de escuelas misioneras ya existentes.

La calidad de la educación y la de los propios edificios fue deficiente durante gran parte de la historia. Los primeros internados estaban notoriamente mal financiados y mal administrados. Los relatos de sobrevivientes y del personal de las instituciones indican que los edificios a menudo se encontraban en mal estado y que, en algunos casos, eran incluso peligrosos. Los incendios los arrasaron con frecuencia. Algunas escuelas del norte se quedaban sin carpas ni refugios temporales. Posteriormente, se construyeron nuevas escuelas con una arquitectura pesada, ladrillos y cemento, en un esfuerzo por mostrar la permanencia de las políticas educativas del Estado hacia los pueblos indígenas. Estos nuevos internados, si bien representaban una mejora con respecto a los anteriores, seguían caracterizándose por la baja calidad de los alimentos que brindaban y las pésimas condiciones de vida de sus estudiantes.

Por Emily Schwing
9 julio, 2021

(Historia de las Escuelas Residenciales, Atlas de los Pueblos Indígenas de Canadá. Disponible en inglés y francés en indigenouspeoplesatlasofcanada.ca. Traducción de Brecha.)
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Miles de manifestantes se congregan en el Monumento a los Héroes para conmemorar un mes de protestas en el país, en Bogotá. EFE/Carlos Ortega

A 170 años de la abolición de la esclavitud en el país suramericano, las comunidades negras e indígenas levantan la voz ante una historia de discriminación racial. Cali, la segunda ciudad con mayor población afrodescendiente en América Latina, se convierte en centro y símbolo de la frustración ciudadana

 

En el marginal barrio Marroquín de Cali conocen a la perfección el significado de la palabra resistencia. Mucho antes de que el país entrara en paro que lleva ya más de un mes, este suburbio, compuesto casi en su totalidad por vecinos negros, ya se las ingeniaba para sacudirse de las miserias cotidianas. Por eso las movilizaciones -que por momentos se han transformado en auténticas orgías de violencia- han hecho las veces de catarsis social para una población agobiada desde hace generaciones.

Marroquín está situado en un distrito oriental de la ciudad, donde el simple hecho de entrar resulta una temeridad para muchos. Se trata de Aguablanca, un enclave con unos 800.000 habitantes, el 70% de ellos afrocolombianos, y que año tras años acumula las mayores tasas de homicidio, los mayores índices de falta de empleo y las cifras más altas de contagio por coronavirus en la tercera ciudad del país.

“La mayoría de jóvenes desaparecidos y muertos (se habla de 27) durante este paro en Cali son negros”, asegura Vicenta Moreno, una docente y activista social que dirige La casa cultural del chontaduro (un fruto tropical), un proyecto centrado en las artes como herramienta para arrebatarle chicos perdidos a la violencia. De la misma forma lamenta que hasta ahora no haya habido una “lectura de los hechos” donde se evidencie el “empobrecimiento y el olvido desde una óptica racial”.

Las protestas, que en principio detonaron como respuesta a una reforma tributaria que afectaba con fuerza a las clases medias, han reflotado una realidad tan poco abordada como lo es el racismo. Y es que, a pesar de que alrededor del 13% de la población colombiana está compuesta por ciudadanos negros (10%) e indígenas (3%), la representación social y política de estas comunidades ha sido minúscula. 

El profesor Edward Telles, de la Universidad de California, lo caracterizó en un trabajo académico de 2012 como una “pigmentocracia”. Es decir, una sociedad donde el color de piel determina el lugar en el mundo y las oportunidades en el transcurso de la vida. Otros estudios, de investigadores como la socióloga y doctora en filosofía Aurora Vergara, lo sustentan. “Está demostrado”, explica Vergara, “que los hombres afro en Colombia viven en promedio 66 años, una década menos que en el resto de la nación, que es de 75”.

Y subraya que nada tiene que ver con la “predisposición genética”, sino con los “determinantes sociales de un país que posibilita que la muerte se apresure para algunos de sus habitantes”, acaba. 

Cali, una urbe de 2,2 millones de habitantes, concentra la mayor población afrodescendiente de Latinoamérica, detrás de la brasilera Salvador de Bahía. El grueso de la comunidad negra de Cali se ha asentado en los márgenes orientales de la ciudad. Muchos de ellos han sido desplazados por la violencia de pueblos remotos de la costa Pacífica, a tan solo un centenar de kilómetros de Cali.

A pesar de la promesa de un panorama mejor, el ascensor social no ha funcionado para la gran mayoría. La profesora Vergara cuenta que hay estudios que han establecido vínculos directos entre las personas negras que viven en situación de extrema pobreza hoy en Cali y algunas familias esclavizadas en las haciendas azucareras durante la colonia. Al cruzar la información, es evidente la coincidencia entre la miseria moderna y los peores vejámenes de antaño. 

Silencio racial

A mediados de mayo, en pleno auge de las protestas, un telediario publicó una conversación de una cirujana caleña en WhatsApp donde sugería como solución al caos la intervención de escuadrones de “autodefensa” para que “acaben literalmente con unos 1000 indios, asi (sic) poquitos nada más para que entiendan”, escribió.  

El epidemiólogo Yoseth Ariza confiesa que se sintió conmovido al constatar el desinterés en las discusiones sobre el tema con algunos colegas. Para Ariza, que coordina la línea de estudios étnico raciales en la universidad ICESI de Cali, detrás de ese tipo de discursos violentos, y su consiguiente banalización, se hallan algunas claves para comprender el racismo en Colombia.

El médico encuestó a más de 3.000 alumnos de 72 colegios públicos en Cali para examinar la agresividad en el lenguaje. Entre los hallazgos, elaborados para un encargo oficial, recogió una “nube de apodos” que “sexualizaban” y “animalizaban” a las personas negras. Según Eduardo Bonilla-Silva, doctor en Sociología por la Universidad de Wisconsin, tanto en Colombia como en el resto de América Latina hay un racismo “solapado”.

Sostiene que los países de la región asumieron que la discriminación racial había desaparecido una vez abolida la esclavitud (en 1851, para el caso colombiano). “Nos inventamos una historia”, apunta Bonilla-Silva, “y glorificamos la idea de que como somos mayoría mestiza, la raza cósmica de la que hablaba el mexicano Vasconcelos, entonces no había que profundizar mucho más”. 

Lo cierto es que tanto la mentalidad como las prácticas colectivas variaron muy poco. El académico retrata un desequilibrio evidente en pleno 2021: “Los negros tienen peores salarios, menor representación en la industria, el Gobierno o la banca, hay menos profesionales, el acceso a la salud es más limitado y la presencia en las cárceles es mayor”.

La discriminación hacia los indígenas en Colombia, con algunos matices históricos y políticos, gira sobre las mismas lógicas, a pesar de que la Constitución de 1991 reconoció que el Estado colombiano es “pluriétnico y multicultural”. Pero para la antropóloga dominicana Ochy Curiel, afincada hace 15 años en Colombia, las jerarquías del “racismo estructural siguen intactas”.

Y la crisis sanitaria por el coronavirus, que suma más de 90.000 muertos en el país, se ha encargado de dar el último golpe a un andamiaje ya de por sí vulnerable. Cali pasó de tener 558.360 personas en situación de pobreza, a 934.350, según cifras oficiales. Hoy, una tercera parte de los caleños -de los cuales un 20% son negros- carecen de los recursos para los elementos básicos de la cesta de la compra. 

“El paro está desnudando todo eso”, reconoce la académica dominicana, “lo que el resto de la sociedad no quería ver: el dolor que surge de una segregación racial profunda, de un sistema económico, político, religioso que sigue excluyendo a la gente indígena y a la gente afro de la participación real en la construcción de un Estado que sobre el papel se dice multicultural”.

También es cierto que la discriminación se oculta con frecuencia en comportamientos diarios que se han normalizado. Es un fenómeno algo taimado, más blando que en el caso estadounidense, donde la confrontación y la violencia suelen desembocar en episodios más descarnados como el de George Floyd.

Por eso la investigación de Yoseth Ariza se centró en desgranar las sutilezas en el uso del lenguaje. Entre las frases más repetidas por los estudiantes, por ejemplo, se hallaba un dicho popular: “hay que mejorar la raza’”. El médico explica que se trata de una fórmula que los padres utilizaban para sugerirles a los chicos que “se deben buscar un novio, o novia de piel más clarita, más ojizarco y con el cabello más liso”.

Ariza lo describe como una actitud “decimonónica”, que refleja un viejo anhelo por “blanquear y homogenizar”. Así mismo cuenta que en el curso de su trabajo tuvo diferencias “muy desafortunadas” con rectoras de colegios públicos que discriminaron a las encuestadoras: ¿Usted si es estudiante de maestría?, o ¿usted de verdad trabaja en una universidad?, fueron algunas de las preguntas formuladas por docentes que “no se imaginaban que una negra pudiera trabajar en una universidad como el ICESI”.

La historia de muchas criadas

El caso de las empleadas domésticas, que según una investigación académica en el caso caleño son en un 90% negras, es contundente. La mayoría se emplean desde niñas en las casas de los barrios más pudientes, en un ejercicio que hasta hace muy poco, debido a vacíos legales, se prestaba para todo tipo de abusos laborales.

El politólogo Sergio Sierra, autor del trabajo, explica que “se trata de mujeres que se ven expuestas a un sistema de desigualdad enorme”, con remuneraciones injustas y repercusiones emocionales importantes. También menciona situaciones frecuentes de acoso sexual, invisibles, a todas luces, por la falta de datos. 

Es una forma de “reproducir un sistema de desigualdad enorme”, afirma el politólogo. En su trabajo describe cómo ciertas casas privilegiadas empleaban a jóvenes mujeres negras de una misma familia, a través de varias generaciones, en un acto casi hereditario. Por eso, no era raro escuchar que las trabajadoras se convirtieran en casi “parte de la familia”. Aquel diminuto artículo “de”, asevera Sierra, marcaba toda la diferencia.

La revista Hola de Colombia publicó en 2011 una imagen en la que aparecen unas mujeres distinguidas de la sociedad caleña posando junto a la piscina de su casa, con dos empleadas negras de fondo, vestidas de inmaculado blanco y que sostienen sendas bandejas de plata. La foto despertó una pasajera y vaga indignación, bastante tímida en comparación a los debates que surgieron años más tarde en México por el rol de las criadas indígenas en la película Roma, del director mexicano Alfonso Cuarón.

En cualquier caso el problema, por acuciante y profundo que sea, nunca ha ocupado un lugar importante en el debate público colombiano. Se trata, como afirma el sociólogo Eduardo Bonilla-Silva, de un “silencio racial” absoluto. Así mismo lamenta que aún no haya siquiera voluntad de reconocerlo: “Se suele limitar lo racial a una serie de sucesos inconexos e individuales, aislados, que no son representativos de la realidad de la mayoría de la población. Especialmente desde las élites. Y eso es obviamente falso”.

El profesor puertoriqueño concluye la entrevista telemática con una pregunta retórica, a medio camino entre lo serio y lo mundano: “Acaso ¿cuándo has visto a un negro o a un indígena como galán de televisión? ¡Nunca!”.

Por Camilo Sánchez

Bogotá — 5 de junio de 2021 22:23h

@CamilSanc

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