De izquierda a derecha Manal Mohammad y Rawda Hasan. Anna Enrech Calbet

Rawda Hasan, Nariman (Evdikê) Mohammad y Manal Mohammad integran la delegación de mujeres de Rojava que ha visitado Catalunya y el País Vasco para consolidar vínculos de solidaridad y explicar los horizontes de su revolución.

Rawda Hasan es Co-ministra de Cultura de la Región de Jazira, en Rojava; Nariman (Evdikê) Mohammad es Co-presidenta de la Unión de Escritoras e Intelectuales del Norte y Este de Siria; Manal Mohammad es miembro de Kongreya Star (confederación de organizaciones de mujeres en Rojava). Las tres han formado parte de la comisión de mujeres de Rojava, el Kurdistan sirio, que ha visitado el País Vasco y Catalunya estas últimas semanas.

“En 2014 se hizo pública la Administración Autónoma del Norte y Este de Siria, Rojava. Para nosotras es importante estar aquí porque llevamos una mochila detrás de 10 años de lucha y más de 12.000 compañeras y compañeros mártires”, empieza Rawda Hasan. Unos años antes, en Rojava hubo un punto de inflexión. Fue durante el proceso revolucionario de 2011 en el norte de Siria, donde estalló un conflicto político-militar contra el régimen de Bashar al-Assad, principalmente. Antes de la revolución, toda expresión de cultura, lengua o identidad kurda estaba prohibida.

La delegación fue invitada por el Ayuntamiento de Durango (País Vasco), que está hermanado con la ciudad de Kobane (Rojava). En Catalunya, han sido acompañadas por la Associació Catalana per la Pau y Ciemen. Cabe destacar que en octubre de este año el Parlament de Catalunya reconoció oficialmente la Administración Autónoma del Norte y Este de Siria, convirtiéndose así en la primera cámara parlamentaria en reconocerla a nivel mundial.

¿La cultura e identidades kurdas se pueden practicar libremente?
Rawda Hasan: En Rojava hubo un antes y un después marcado por la revolución de 2011. Antes de ésta, el autoritarismo de al-Assad iba en contra tanto de la cultura kurda como de la cultura armenia, asiria y árabe. Se limitaba la libertad de todas las personas que no estaban de acuerdo con el régimen sirio: la cultura y la lengua kurdas estaban prohibidas en escuelas, administraciones… De hecho, hace 15 días que el régimen sirio aprobó la utilización del kurdo en las escuelas, pero solo dos horas a la semana. Aun así, dentro del territorio se hablan tres lenguas oficiales: el kurdo, el árabe y el asirio. Desde el Ministerio de Cultura de Rojava queremos fomentar las expresiones de las diferentes culturas.

Manal Mohammad: La revolución también supuso muchos cambios en la mentalidad de la ciudadanía, y sobre todo de las mujeres. Nuestra participación en la economía, en la política, a nivel militar, en la misma cultura…ascendió mucho. Antes de 2011 no se hablaba de los derechos de las mujeres, y a partir de entonces empezamos a movilizarnos y organizarnos.

Evdikê Mohammad: Antes del proceso revolucionario, podéis imaginaros qué pasaba con las mujeres que se identificaban o querían identificarse como mujeres combativas. En general, en la sociedad de Oriente Medio hay una marginación de las mujeres, y eso se refleja en todos los ámbitos. Fue a través de la revolución que conseguimos reivindicar nuestro espacio ante la sociedad. Y como decía la compañera, también en la cultura: en la escritura o el teatro, por ejemplo.

¿Cómo lo veis materializado?
EM: Antes de 2011, las mujeres teníamos miedo de publicar lo que escribíamos o trabajábamos, porque recibíamos muchísimas críticas e intentos de destruirnos. En la Unión de Escritoras e Intelectuales que represento nos centramos mucho en el tema de las publicaciones y la distribución de obras. Después de la revolución, las publicaciones de mujeres están aumentando mucho año a año, cada vez más. Y no solo en kurdo, sino también en árabe y asirio.

¿Los derechos de las mujeres son prioritarios para las políticas de Rojava?
RH: El sistema político vigente en el Norte y Este de Siria es la Nación democrática, o mandato entre pueblos. Esta política se utilizaba en la época de Mesopotamia, entre los diferentes pueblos y culturas que convivían en aquel entonces. Una de las cosas que nos distingue de otros países es que, en Rojava, tenemos un sistema de poder compartido entre hombres y mujeres: hay una presidencia colectiva en todas las regiones y también en los diferentes cargos. Este sistema implica que tenemos co-presidencias, es decir, hay un hombre y una mujer en todos los niveles de representación. En el mismo Parlamento y en las candidaturas hay un 50% de mujeres y un 50% de hombres. Así, garantizamos que haya siempre una perspectiva de género y representatividad de las mujeres en los espacios públicos y poder. Vemos que en muchos países de la Unión Europea no hay paridad representativa, y que es excepcional que una mujer sea presidenta, o incluso que sean ministras.

La Jineology es una de las ideologías oficiales de la Administración Autónoma…
MM: En árabe, Jineology significa ‘Ciencia de la Mujer’. Tiene el propósito de realizar una revisión de las ciencias sociales desde el pensamiento y análisis feminista en Kurdistan y en Rojava, concretamente. Para la Jineology, la cuestión de quién genera (y ha generado) conocimiento, cómo y para qué es el eje principal. El patriarcado y el sistema de dominación afectan directamente en qué se explica del mundo, de qué manera y con qué finalidad. El objetivo de la Jineology es crear propuestas que den soluciones a las opresiones y a los problemas de la sociedad: llegar a la raíz del problema y ver cuáles son las perspectivas para cambiarlas. Ahora, la Jineology es una carrera universitaria en la Universidad de Rojava. Esto es algo nuevo en Oriente Medio, pero poco a poco va entrando en la educación y en el ámbito académico. Existe el Comité Jineology, una comisión específica sobre este tema, tanto en Oriente Medio como también en Europa, y hacen conferencias y estudios sobre la Jineology.

Abdullah Öcalan, líder y fundador del PKK (Partido de los Trabajadores de Kurdistan), está preso en la isla Imrali, una isla-prisión turca, y está condenado a cadena perpetua desde el año 1999. ¿Qué pensáis sobre que el PKK esté considerado como una organización terrorista por la Unión Europea, la OTAN, Estados Unidos y Turquía?
MM: Nosotras consideramos lo contrario. Que el PKK se considere terrorista es porque hay un doble rasero. ¿Cómo va a ser una organización terrorista un partido que prioriza luchar por los derechos de las mujeres y por los derechos humanos? Conocemos el pensamiento del PKK, sus ideales y sus luchas. No solamente la población kurda simpatiza con este pensamiento, sino también población árabe y asiria.

Cuando Daesh intentó ocupar la ciudad de Kobane, las personas que estuvieron al frente tuvieron la ayuda del PKK para evitar la ocupación. ¿Por qué se considera al PKK, que ha ayudado a la población, una organización terrorista? Y, por lo contrario, no se consideran terroristas las organizaciones que ayudan a Turquía, que está cometiendo masacres en el este de Siria, y sigue recibiendo armas por parte de la OTAN. Turquía practica una ofensiva constante en y contra el territorio kurdo. Nos sigue atacando, también con armas prohibidas como las armas químicas, que vulneran los derechos humanos. Y las organizaciones que ayudan a perpetuar estas masacres a Turquía no se consideran terroristas.

¿Las Unidades de Defensa de Mujeres, las YPJ, construyen paz desde las armas?
MM: Las YPJ se fundaron el 3 de abril de 2013 con el objetivo de ser las fuerzas de protección de las mujeres. No tienen objetivos solamente militares, sino también políticos, sociales y feministas. Su objetivo es proteger a las mujeres en situaciones de guerra y defender los derechos de las mujeres en todos los niveles. Y en el futuro conseguir paz, construir la paz. De la mano de estas milicias se ha conseguido derrotar a Daesh y han ayudado a instalar, en el Norte y Este de Siria, una Nación democrática. En las YPJ no solo hay mujeres kurdas, sino que también hay mujeres árabes que han combatido en este grupo, por ejemplo, contra la invasión turca. Tomando como ejemplo a las YPJ, también se han conformado otras milicias de mujeres militares de otros grupos, como las asirias.

Estando ahora en Catalunya y los días anteriores en el País Vasco, ¿qué mensaje queréis dar?
EM: Desde que se instaló la Administración Autónoma de Rojava en 2014, se hace mucho seguimiento de quien nos da apoyo, y algunas de las primeras visitas que tuvimos para conocer nuestra experiencia fueron desde diferentes pueblos de España. A partir de esos encuentros y de visitas continuadas, uno de los resultados más positivos que hemos tenido es el reconocimiento de la Autonomía por parte del Parlament de Catalunya. Queremos agradecer al pueblo catalán todos los esfuerzos. Deseamos que otras comunidades autónomas del país tomen el mismo camino, y que las relaciones sigan constantes y permanentes. De izquierda a derecha Manal Mohammad y Rawda Hasan. Anna Enrech Calbet

RH: De nuestra visita al País Vasco y Catalunya queremos aprovechar para trasladar y aplicar todo lo que podamos a nuestra tierra. La experiencia sobre la Administración Autónoma es reciente. Queremos establecer relaciones para intercambiar esas experiencias y conocer otras que nos puedan beneficiar en temas de conocimiento y aplicarlo en Rojava. Sobre todo a nivel cultural: nuestro deseo es que la cultura no quede cerrada en el Norte y Este de Siria, sino que traspase fronteras.

MM: Después de 2011, muchas personas de aquí visitaron Rojava para conocer nuestra experiencia. Nosotras estamos aquí gracias a una trayectoria de relaciones, sobre todo entre mujeres y organizaciones de mujeres de ambos países, y queremos consolidarlas. Queremos fortalecer tanto las relaciones como las visitas mutuas, con Catalunya y el País Vasco pero también con otros pueblos de España, para aprovechar y sacar todos los intercambios posibles entre pueblos. Estamos muy orgullosas de estar aquí, porque estas relaciones empezaron a través de mujeres. La mujer es la vida, y es el futuro.

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Una mujer sostiene un bote de humo naranja durante una manifestación convocada por el sindicato CGT contra las leyes represivas, el pasado 16 de octubre en Madrid. — Alejandro Martínez Vélez / EUROPA PRESS

Las protestas surgidas en los últimos años en distintas partes del mundo, incluyendo España, han centrado la atención de la filósofa política Jule Goikoetxea y del jurista Albert Noguera, quienes analizan esta realidad en el libro "Estallidos".

 

Una ola vuelve a recorrer el mundo. A veces coge forma de tsunami e inunda calles durante varias semanas. Otras veces son gotas incesantes, continuas, cayendo sin parar. Son lluvia y son tormenta. Son los estallidos sociales que enloquecen a gobiernos, enfurecen a policías y movilizan a cientos de miles de seres humanos en los más variados escenarios. Son las llamas que no se apagan.

El año que está por terminar no solo dejará imágenes de gente con mascarilla o o brazos al desnudo en salas de vacunación. 2021 también será el año de las protestas en Colombia y en Chile, de las movilizaciones por la libertad del rapero Pablo Hasél en España o del grito del 'Black Lives Matter' en EEUU. 

Estos y otros actos populares han merecido la atención de Jule Goikoetxea, profesora del Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad del País Vasco (UPV) e investigadora de la Universidad de Oxford, y del jurista y politólogo Albert Noguera. Del diálogo entre ambos ha surgido Estallidos, un libro recientemente publicado por Bellaterra Edicions que recoge precisamente un análisis sobre el impacto y significación de esas olas de protestas.

"Las imágenes de turbas, fuego, disturbios y barricadas son cada vez más habituales en todos lados", afirma Goikoetxea a Público. En tal sentido, la investigadora apunta precisamente hacia "las revueltas de Túnez, Turquía, Egipto y Libia", así como "las Mareas y el 15M, los procesos y manifestaciones independentistas", llegando incluso a "la batalla de Urquinaona de Barcelona seguida por las movilizaciones contra diversos encarcelamientos a raperos, militantes y políticos".

Distintas razones, similares características. "La mayoría de estos estallidos son imprevistos, aparecen y desaparecen y los sujetos que los protagonizan son heterogéneos y traen consigo viejas, pero también nuevas demandas no encuadrables dentro del esquema clásico", reflexiona la autora.

La pandemia sorprendió a un mundo en el que había varias calles ardiendo. Antes de que el coronavirus lo impregnara todo, en el agitado panorama internacional surgían imágenes de millones de personas movilizadas en lugares muy distantes: desde Hong-Kong a Colombia, pasando por Chile o la Francia de los Chalecos Amarillos, las reivindicaciones sociales, políticas y antirrepresivas recorrían el mundo. 

Con esos escenarios sobre la mesa, Goikoetxea y Nogueras se plantean la pregunta del millón. ¿Estamos ante simples revueltas o asistimos a algún tipo de revoluciones? "Para responder a eso, primero nos hacemos una serie de preguntas relevantes: ¿La revolución es un cambio estructural llevado a cabo mediante guerra, lucha armada y dictadura o cuentan los cambios estructurales realizados sin nada de eso? ¿Qué son cambios estructurales? Y por tanto, ¿qué es estructural?", plantea.

A su juicio, "están surgiendo nuevas contradicciones y nuevas formas de resistencia que obligan a repensar y redefinir los conceptos clásicos de la teoría política, de su práctica y de su organización". De hecho, el trabajo publicado junto a Noguera busca "pensar colectivamente sobre conceptos como el de revolución, revuelta, clase social, identidad, sujeto histórico, utopía, poder y cambio político".

En el caso concreto de España, Goikoetxea sostiene que "la crisis de gobernabilidad y deslegitimación del sistema político tiene otro eje añadido, que es la estructura territorial". Aparecen así las revueltas en Catalunya, con políticos encarcelados y manifestaciones que marcaron el día a día.

La investigadora habla así de "un tipo de neoliberalismo que, incluso en esta era supuestamente global, se compone de mimbres franquistas y nacional-católicos", marcado por una "élite corporativa" que necesita "controlar el Estado para convertirlo en una gestoría privada". 

La reacción de la izquierda

En su trabajo, Goikoetxea y Noguera buscan descifrar también cuál es la respuesta de la izquierda ante esos estallidos. "La izquierda es conservadora como el resto de la población en el sentido de que es obediente en general, es decir, reproducimos las normas, la moral, los deseos y las costumbres del sistema dominante", destaca la profesora de la UPV.  

Del mismo modo, cree que en este debate también está "la izquierda reaccionaria, esa a la que le molesta la diversidad porque siempre se sintió identificada con la unidad", una izquierda que "sigue creyendo que la heterosexualidad es una pulsión, no un régimen político, esa que cree que los hombres ni nacen ni se hacen, sino que los escupe la cigüeña en mitad de la meseta con derechos y con habilidades lingüísticas, racionales y productivas enganchadas a sus taparrabos". "La mitad de esta izquierda esencialista terminará en la derecha en unos pocos años", apunta Goikoetxea.

Los estallidos que vendrán

La ola de protestas en tiempos de pandemia no cesará. "Estamos en una época de estallidos continuos porque el sistema productor de mercancías sigue basándose en expropiar y explotar a la gran mayoría de la población mundial, pero a diferencia de la Europa del siglo XX llena de estados keynesianos, en este siglo ya no necesitarán las instituciones estatales puestas en marcha para crear sujetos productivos, que es para lo que servía la educación pública, la sanidad pública o los derechos a cambio del trabajo remunerado", pronostica.

Goikoetxea cree que "si hasta ahora expropiaban masivamente a mujeres, migrantes y personas racializadas a nivel mundial para poder explotar al proletario europeo a cambio de un sueldo, en este siglo la expropiación se expandirá en contraposición a la explotación". "La ciudadanía con derechos será una élite aún más reducida que hoy, por lo que son previsibles ciclos diferentes de estallidos", agregó.

25/12/2021 22:10

Danilo Albin@Danialri

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Más de 300 palestinos heridos en enfrentamientos con militares israelíes en Cisjordania

GAZA (Sputnik) — El número de palestinos que resultaron heridos en enfrentamientos con militares israelíes en Cisjordania superó los 300, informó la Media Luna Roja Palestina.

Al menos "301 sufrieron heridas esta noche en enfrentamientos con militares israelíes en las zonas de (la aldea de) Burqa, cerca de la ciudad de Nablus, en Cisjordania", dice el comunicado.

La nota indica que 19 personas resultaron heridas por balas reales, 91 fueron alcanzadas por balazos de goma y los demás inhalaron gases lacrimógenos.

Según los palestinos, los enfrentamientos fueron causados ​​por ataques de colonos israelíes.

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"El weichan (lucha) no parará ni con Piñera ni con Boric": la advertencia de una organización mapuche al presidente electo de Chile

La Resistencia Mapuche Lavkenche (RML), una de las organizaciones más radicalizadas de Chile, advirtió que no cederá en su pelea por la protección de territorios durante el próximo gobierno de Gabriel Boric, quien a partir del próximo 11 de marzo sustituirá en la presidencia a Sebastián Piñera.

"El weichan (lucha) no parará ni con Piñera ni con Boric", aseguró el grupo en un comunicado en el que se atribuyó una serie de atentados cometidos desde el mes pasado en varias localidades de la provincia del Arauco (región Biobío, ubicada en el centro del país).

El ataque más reciente fue el incendio de 31 inmuebles, pero antes quemaron decenas de vehículos, equipos y máquinas forestales. Por estas y otras protestas de colectivos mapuches, que el Gobierno considera como acciones "terroristas", Piñera decretó un estado de emergencia desde octubre que sigue vigente y que permite operativos de fuerzas de Seguridad y Armadas.

"Con la contundencia de nuestras acciones reivindicamos a nuestros presos y caídos. Y con paso firme seguimos avanzando hacia la liberación del Wallmapu. Sabemos que este caminar seguirá trayendo sacrificio y dolor. Cárcel y muerte. Pero no claudicaremos", señala el escrito en el que la RML repudia la sentencia que el próximo viernes se impondrá a ocho comuneros mapuches que ya fueron declarados culpables del asesinato de Eleodoro Raiman, un hombre de 69 años que falleció en diciembre del año pasado después de ser atacado a golpes.


Los acusados son Esteban, Manuel y Carlos Huichacura Leviqueo; Francisco Medina Huichacura, Matías Leviqueo Concha, Eliseo Raiman Colimán, Guillermo Camus Jara y Bernardo Camus Parra, quienes se consideran presos políticos.

En pie de guerra

En el comunicado, la organización afirma que los acusados del crimen de Raiman son "hombres de bien que deberán asumir el castigo del estado racista y opresor", y aseguran que los involucrados han sido víctimas de "las mentiras de traidores, fiscales y medios de comunicación".


"El gobierno y el payaso coordinador de la 'macro zona', Pablo Urquizar, insisten en hablar de un crimen a mansalva, pero eluden el fondo del asunto que hoy condenará a decenas de años de cárcel a nuestros peñi (hermanos), sabemos que el estado castigará a nuestros hermanos, humillará sus familias y hará ver de víctimas a los traidores", denuncian en el escrito.


No obstante, advierten que forman parte de un "pueblo rebelde" que avanza hacia su liberación, por lo que prometieron "expulsar a los usurpadores históricos" de sus territorios y rechazaron "los discursos de paz que intenta imponer esta falsa democracia".


Del mismo modo, insisten en que no soltarán sus armas mientras continúe la devastación de sus territorios, las empresas turísticas "se sigan lucrando" de los recursos en esos predios "y las cárceles del sur continúen llenas de mapuche".


El conflicto persiste en la zona, a pesar de que el izquierdista Gabriel Boric, quien el pasado domingo se convirtió en el presidente electo del país, ha prometido avanzar "hacia una nueva relación con los pueblos originarios".
En esa línea, Boric insistió en reconocer "el derecho de los pueblos originarios de mirar el mundo desde otras perspectivas lingüísticas y culturales".

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La resistencia indígena anticapitalista y la travesía zapatista

Hoy día, donde coloquemos la mirada sobre los pueblos indígenas, encontraremos la diversidad de sus resistencias. Cotidianas y puntuales, unas; estratégicas y de largo alcance, otras. A la vez observaremos, un patrón similar en las respuestas en curso por parte del Estado que, en general, hace caso omiso de la implicación que tendría respetar los derechos colectivos de dichos pueblos, en particular en los megaproyectos que ya han sido declarados de interés público y seguridad nacional.

Ubicando la resistencia de largo alcance, me refiero a la que durante este año inició el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), invitando al Congreso Nacional Indígena (CNI) y el Frente de Pueblos en Defensa del Agua y de la Tierra de Morelos, Puebla y Tlaxcala. Recordemos el anuncio en octubre de 2020, de una más de las iniciativas políticas zapatistas, en este caso para recorrer el mundo y escuchar y compartir con sus iguales las luchas en curso, según sus circunstancias, contra el enemigo común que es el capitalismo, más allá de los gobiernos en turno. Y se preguntaron: “¿A quién importa que un pequeño, pequeñísimo, grupo de originarios, de indígenas, viva, es decir, luche? Porque resulta que vivimos. Que a pesar de paramilitares, pandemias, ‘megaproyectos’, mentiras, calumnias y olvidos, vivimos. Es decir, luchamos. Y en esto pensamos: en que continuamos luchando. Es decir, seguimos viviendo…caminaremos o navegaremos hasta suelos, mares y cielos remotos, buscando no la diferencia, no la superioridad, no la afrenta, mucho menos el perdón y la lástima. Iremos a encontrar lo que nos hace iguales…” (5/10/20). 

Esa declaración, se concretó y primero cruzó el Atlántico, desde Isla Mujeres el Escuadrón 421, en el navío denominado La Montaña y tres meses después cerca de 200 delegados arribaron y recorrieron la Europa rebautizada como insumisa, ello no sin tropiezos y racismos que en su momento fueron denunciados en torno a la aparente imposibilidad de obtener un pasaporte para iniciar la travesía por ser extemporáneos en su registro de nacimiento. 

El pasado 14 de diciembre el subcomandante Moisés dio cuenta del retorno sanos y salvos a las comunidades zapatistas en Chiapas y de otras entidades y ante todo dieron GRACIAS, sí, con mayúsculas, a los numerosos colectivos europeos que los recibieron, compartieron, alimentaron , hospedaron y cobijaron, y señaló que ahora toca revisar nuestros apuntes para informar a nuestros pueblos y comunidades de todo lo que aprendimos y recibimos de ustedes: sus historias, sus luchas y su insumiso existir. Y, sobre todo el abrazo de humanidad que recibimos de sus corazones. Todo lo que les llevamos fue de nuestros pueblos. Todo lo que recibimos de ustedes, es para nuestras comunidades. Ya compartirán públicamente los zapatistas lo que consideren de esta importante e inédita experiencia, podemos imaginar lo que serán los relatos en las comunidades. Viene a mi memoria el testimonio de nuestro querido Ronco, Ricardo Robles (†), al regreso a la Sierra Tarahumara de la delegación rarámuri que acompañó al cierre de la marcha El Color de la Tierra en el Zócalo de la Ciudad de México, el 11 de marzo de 2001. Con gran sorpresa informaron que somos muchos; se referían a los pueblos de todo el país y con orgullo agregaron y nos mencionaron. Quien conozca ese pueblo y esa región entenderá la dimensión de esa noticia. Y dos meses después se reunieron de nuevo en la sierra para analizar la contrarreforma indígena; El Ronco aclaró que sólo entre ellos y concluyeron con una palabra: esperanza. Lo cual sólo puede emanar de la conciencia de que el camino es largo y confían en su decisión de luchar, en su fortaleza y resistencia ante adversidades que han sufrido a lo largo de la historia.

Es muy claro que los pueblos indígenas no utilizan la unidad de medida de tiempo de la clase política, no les preocupa si están o no a la mitad del camino; en contrapartida, encontramos que a la sociedad en general y de manera lamentable, no le importa lo que pasa con los pueblos si logran cooptarlos o desmovilizarlos en nombre del llamado desarrollo que bien traducen como despojo. Su narrativa es muy otra y pueden coincidir en que el actual gobierno no es identificable con Gustavo Díaz Ordaz y, sin embargo, no olvidan que tiene una espina clavada con el asesinato impune de Samir Flores Soberanes, que sigue sin esclarecer y no es del pasado.

Así, tenemos a la vista la evidencia de que los problemas de los pueblos y de todos son mundiales, porque el capital no tiene nacionalidad, si acaso domicilio y ya les hicieron la visita a algunas empresas europeas para que se enteren de que deben rendir cuentas de su participación en megaproyectos en tierras mexicanas. Esta estrategia es un eslabón más de la resistencia que en sus ya próximos 28 años de presencia pública, el EZLN ha impulsado bajo el horizonte anticapitalista.

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“La organización del mismo pueblo es lo más importante y de largo plazo en un proceso de resistencia”

Entrevista a Ángel Sulub, del Congreso Nacional Indígena

 

En el marco de la Gira por la Vida zapatista que este 2021 ha cruzado los mares y desarrollado amplias agendas en distintos países de Europa, nos encontramos con Ángel Sulub, delegado del pueblo maya originario de Quintana Roo, que acompaña la gira en representación del Congreso Nacional Indígena. Conversamos con él y repasamos los 25 años de lucha desde la constitución del CNI.

Maureen Zelaya: ¿Qué es el Congreso Nacional Indígena (CNI)? ¿Cómo está compuesto?

Ángel Sulub: El Congreso Nacional Indígena, el CNI, es un movimiento, una organización de los pueblos indígenas de México. Nosotros le llamamos la Casa de los Pueblos Indígenas de México pues participamos unos 58 pueblos indígenas de toda la geografía mexicana. Aún no hemos llegado a todos los pueblos indígenas, pero aspiramos a ello.

Después del levantamiento zapatista de 1994, se hace un llamamiento a todos los pueblos de México a encontrarnos, a dialogar, a reflexionar, a poner en común nuestras problemáticas. Después de algunos foros nacionales de pueblos indígenas, ese 12 de octubre del 1996, hace 25 años, se constituye el Congreso Nacional Indígena en la Ciudad de México y nace como el espacio político- organizativo de los pueblos. Desde entonces, a lo largo de los 25 años, el CNI camina junto con las y los zapatistas.

El CNI entonces está conformado por delegados y delegadas, hombres y mujeres de los diferentes pueblos indígenas de México que han sido nombrados por sus propias asambleas comunitarias. En este espacio lo que hacemos es dialogar, compartir y también organizarnos políticamente para la defensa de nuestro territorio, organizar las luchas y resistencias que tenemos como pueblos indígenas. Organizar la rebeldía que para nuestros pueblos es luchar por la vida.

M.Z.: ¿Cómo se ha avanzado en la lucha por la vida y las demandas de los pueblos indígenas en este tiempo?

A.S.: Como CNI entendemos que el camino hacia la dignificación de la vida de los pueblos indígenas es el fortalecimiento y la construcción de la autonomía indígena. Esto es lo que hemos identificado necesario para la reconstitución integral de los pueblos indígenas de México y de esto se ha ocupado el CNI en este tiempo: de la construcción de la autonomía, fortaleciendo las autonomías de los pueblos donde ya había un proceso iniciado y crear nuevos procesos autonómicos en donde nos habían arrebatado la autonomía indígena.

En estos 25 años, los procesos han sido muy diversos. Hay comunidades como Santa María de Ostula en Michoacán o San Lorenzo Atzqueltán en Jalisco, que son comunidades que viven sus autonomías políticas, administrativas, que tienen sus propias policías comunitarias, su propia organización política, etcétera. Otros pueblos apenas estamos iniciando esta construcción desde nuestros propios contextos locales, generando autonomías en la vida, la política, el autogobierno, los sistemas productivos, el comercio y la educación. Hay muchos procesos autonómicos de educación ante la necesidad de contrarrestar todas las políticas del Estado nacional, entre ellas la política educativa, que continúa siendo colonialista, asimilacionista, que desarraiga de su identidad indígena a la juventud y la infancia, alejándonos de la conexión con la tierra y el territorio. Esa política educativa nos impone un modelo de vida basado en esta idea de progreso, de desarrollo, que es totalmente ajena a la forma de pensamiento y de vida de los pueblos indígenas.

Cuando hablamos de nuestra resistencia y esta lucha, tenemos muy claro que es contra el colonialismo y por tanto contra el capitalismo, que lo hemos definido como el gran enemigo de los pueblos. Desde hace muchos años tenemos claro esto en el CNI, lo hemos debatido, con reflexiones de todos los pueblos y en especial, reflexiones de las mujeres. Porque también esta es una lucha antipatriarcal al mismo tiempo que anticolonial.

M.Z.: ¿Cómo se organiza y se construye la autonomía indígena a la que aspiran los pueblos?

A.S.: Lo más importante de las autonomías es la Asamblea Comunitaria. En nuestros pueblos las decisiones son asamblearias y el trabajo de la tierra es comunal, de tal manera que decidimos por nosotros mismos qué hacer con nuestro territorio desde lo más básico, que es dónde cultivar, qué hacer con los productos que obtenemos de la tierra, cómo distribuimos para todos y todas esos alimentos. Esta es una base de la autonomía indígena: la autosuficiencia alimentaria y eso lo defendemos. Somos nosotros y nosotras quienes cultivamos, sembramos y cosechamos para nuestros pueblos. Pero esta parte está en grave peligro, totalmente amenazada. Hay lugares como Quintana Roo en la península de Yucatán, el pueblo al que pertenezco, que la autosuficiencia y autonomía alimentaria nos fue arrebatada hace mucho tiempo. A los pueblos mayas nos han convertido en dependientes del turismo y han desplazado nuestro apego a trabajar la tierra. Y esto ha sido por las políticas del Estado federal, del Estado de Quintana Roo y de todos los niveles administrativos del Estado.

Ese desmantelamiento de nuestra autonomía es lo que queremos revertir, desde la autosuficiencia alimentaria hasta la educación, pasando por el tejido comunitario, el pensamiento y las formas de vida de los abuelos y las abuelas. Algo tan sencillo como que la infancia, la juventud, participen de los procesos comunitarios como son la siembra de la milpa, la cosecha, la ritualidad que gira en torno a la a la milpa, las fiestas tradicionales de los pueblos indígenas, que también todas están vinculadas a la tierra, a la cosecha, a la siembra. Y eso es parte de nuestros procesos educativos propios, autónomos. También es parte de otra manera de resistir: mantener nuestra vida tradicional y comunitaria.

Así, la Asamblea comunitaria es donde se toman y se democratizan las decisiones y la práctica de la autonomía. Ahí participan jóvenes, mujeres, toda la comunidad, normalmente a partir de 18 años que aún es una práctica tradicional del sistema político. A partir de esas decisiones, se elige a personas representantes. Y en esas asambleas, pues hay comisiones distintas: salud, educación, asuntos agrarios, comisiones que se encargan de los asuntos productivos de comercialización. Normalmente también hay cooperativas que se conforman en estas autonomías, y no son necesariamente cooperativas insertas en el sistema fiscal mexicano, sino formas cooperativas de trabajo y de producción del campo, para que sea redistribuido en la propia comunidad mientras que los excedentes son vendidos a otras comunidades. Y también esas son las formas propias de economía, pasos hacia la autonomía.

Cuando surgen conflictos, básicamente con relación al trabajo de la tierra o entre las familias, la base para dirimir es la asamblea, pero normalmente las asambleas comunitarias tienen una comisión según sea el caso. Sin embargo, las formas de estructura son muy diversas, como también lo es la ejecución de las decisiones de las autonomías, porque cada pueblo tiene sus propias formas. El zapatismo por un lado tiene su propia forma, tal como lo están dando a conocer en esta gira, cómo ha evolucionado todo su proceso de autonomía.

Por ejemplo, en San Lorenzo Atzqueltán ya han cumplido ocho años de autonomía. Recientemente, inauguraron una clínica comunitaria autónoma equipada y con medicamentos que utilizan la medicina tradicional, herbolaria. El personal médico que llega a estos centros autónomos de salud aporta su conocimiento a promotores de salud y de esa manera funcionan y se sostienen los centros. Así, hay diferentes grados de autonomía. Otros territorios no tienen aún esto, pero empiezan, por ejemplo, con clínicas comunitarias, como en mi territorio. O que empiezan con prácticas de autonomía política administrativa, o en la cuestión productiva y de comercialización.

También como CNI tenemos la Asamblea General como autoridad máxima que toma las decisiones, con la representación de las diferentes regiones y pueblos que forman la autonomía indígena.

M.Z.: ¿Cuál es la situación actual de la lucha política de los pueblos indígenas en relación con el Gobierno mexicano, los sectores empresariales y otros actores que ostentan el poder en México?

A.S.: Lo que ha sucedido con la llegada de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) en 2018 a la Presidencia de la República es la continuidad. Los pueblos indígenas vivimos con mayor fuerza el embate del sistema político asociado a la primacía de corporaciones y empresas multinacionales con proyectos de despojos para nuestros pueblos. El Gobierno mexicano hizo desaparecer por decreto el neoliberalismo en México, pero la realidad de lo que vemos y vivimos es que continúa todas las políticas neoliberales en la misma línea de continuidad de los gobiernos pasados. Entonces, que hayamos tenido un gobierno del PRI, luego otro del PAN y ahora un gobierno de MORENA para los pueblos no ha significado algo positivo, sino todo lo contrario.

El CNI y la resistencia indígena a la entrada de AMLO se debilitó, se dividió, se fracturó. Muchas personas que estaban en la lucha y en la resistencia están ahora como funcionarios en el gobierno federal. El mismo titular del Instituto Nacional de Pueblos Indígenas, Adelfo Regino Montes, fue uno de los fundadores del CNI y en su momento estuvo en la lucha. Pero no sólo eso, el Gobierno está arreciando el ataque contra los pueblos y lo vemos con la criminalización de la defensa de nuestros derechos, con las personas asesinadas, desaparecidas, encarceladas que son defensores y defensoras del territorio. Muchos de ellos integrantes del CNI, como el caso de Samir Flores que fue asesinado hace dos años.

Entonces, lo que estamos viviendo es la imposición de grandes megaproyectos que sirven al interés político del Estado mexicano, pero también al interés de otros países como Estados Unidos y a los intereses económicos de las corporaciones multinacionales. Por poner un ejemplo, hay dos grandes megaproyectos que se están imponiendo, que son el corredor interoceánico y el conocido como Tren Maya, en el sureste de México y forman parte del Plan Nacional del Desarrollo del gobierno, pero que también engarzan con la política migratoria.

Lo que nosotros hemos analizado como CNI es que estos dos megaproyectos serán esta nueva frontera entre Estados Unidos y Centroamérica. Es decir, la migración que viene de Centroamérica o del sur de México se quedaría en ese corredor industrial, ese corredor turístico. Es lo que se propone en el Plan Nacional de Desarrollo como mano de obra, por supuesto, y es parte de esa política migratoria mexicana que actúa como muro de contención. Cuando Trump dijo que los mexicanos pagaríamos el muro, no se refería al muro físico de la frontera norte de México, sino a todos estos megaproyectos, a todo este nuevo muro industrial y turístico que se está creando.

Estos megaproyectos sirven a estos intereses políticos de EE.UU., pero también a sus intereses comerciales, porque el corredor interoceánico es un paso entre el Océano Pacífico y el Atlántico, que será una nueva ruta comercial paralela al Canal de Panamá y que les resultará geopolíticamente más atractivo y económicamente más rentable tanto a multinacionales como a los gobiernos de Estados Unidos, independientemente de que sean republicanos o demócratas.

Poco importa que estos megaproyectos que se están imponiendo violen derechos humanos, despojen del territorio, extorsionen a campesinos para las ventas de sus ejidos. En Quintana Roo, que ya es turístico, ahora con el proyecto del Tren Maya lo que busca es, por una parte, potenciar el turismo masivo, replicar los ejemplos de Cancún y Riviera Maya en toda la región, que el gobierno y las empresas lo siguen presentando como un modelo de éxito, de desarrollo. Y para nosotros ha sido la muerte para nuestros pueblos. Y eso es algo que sucede todos los días, porque la criminalidad, los feminicidios, el narcotráfico, la trata de personas, el turismo sexual, es algo que ocurre todos los días.

M.Z.: Por favor, desarrolla más ¿qué implicaciones trae el Tren Maya para los pueblos indígenas de la región?

A.S.: Con el Tren Maya se pretende construir más de 16 nuevos centros urbanos, o sea, nuevas ciudades turísticas en torno a las estaciones del tren, con todas las consecuencias que traería tanto ambientales como ha sucedido en Cancún y Playa del Carmen, que ha sido una devastación ambiental completa, pero también y sobre todo de los impactos sociales y culturales para los pueblos. Es un verdadero infierno que se vive en Cancún y Riviera Maya, y entonces esos son los modelos que se quiere llevar a todo el corredor por el que pasará el tren Maya. Los turistas que visitan estos lugares compran una fantasía, se meten en una burbuja en la que parece que están en un paraíso. Pero estos proyectos turísticos, como el Tren Maya, es todo lo contrario a lo que quiere vender el gobierno mexicano y el desarrollismo.

Además, implica el impulso a la agroindustria, porque el tren no será nada más un tren turístico, sino un tren de carga. Y lo que se está impulsando es la agroindustria con la siembra de soja transgénica, de maíz transgénico, de sorgo y arroz. Toda esta producción no es para los pueblos, sino que forma parte de una cadena porque es el alimento de animales de macrogranjas, para empresas productoras de carne y toda esa carne tampoco es para los pueblos, sino para exportar principalmente a China. Todo este proyecto forma una cadena en la que los únicos beneficiados realmente son las empresas multinacionales. Mientras, lo que se queda en el territorio es la contaminación, la destrucción de la selva, la deforestación, el agua que se contamina con el uso de agrotóxicos y los desechos de las macrogranjas de cerdos que terminan en el manto freático.

Y así lo estamos viviendo en todos los megaproyectos: el proyecto Integral Morelos, la Refinería dos Bocas y muchos otros que están en marcha. La política del gobierno es abrir y facilitar la entrada de las multinacionales y, si hace falta, AMLO lanza decretos presidenciales determinando que estos megaproyectos son parte de la seguridad nacional para posibilitar a todas las dependencias públicas a facilitar la ejecución de estos megaproyectos.

M.Z.:¿Cómo se ha agudizado la militarización y paramilitarización en los contextos de resistencia a megaproyectos?

A.S.: Esto es algo muy alarmante. Toda la resistencia se acompaña de más militarización en nuestros territorios, que es algo que nos preocupa. Nunca como ahora se ha visto el fortalecimiento del presupuesto de la Secretaría de Defensa Nacional. En Quintana Roo ya se ha anunciado la creación del primer “batallón turístico”, un batallón turístico-militar cuya justificación es el combate al crimen organizado. Chiapas y Palenque están totalmente militarizadas, son las regiones donde pretenden imponer varios megaproyectos incluido el Tren Maya.

En Chiapas, además, está el grupo paramilitar llamado Orcao, que es una organización de tenedores cafetaleros y que fue armado por el gobierno de Ernesto Zedillo, por ejemplo, y que son los que en este momento están ejecutando ataques en contra de comunidades zapatistas. Recientemente quemaron una escuela autónoma zapatista, bodegas de café zapatista y están provocando directamente a los pueblos autónomos zapatistas. También hay otras organizaciones paramilitares en Oaxaca y en otros estados que de igual manera son parte de este brazo armado del poder político de México. Es sumamente grave lo que está poniendo en cuestión de paramilitarismo, militarización y la legitimación de la violencia de la policía, que es al nivel de las fuerzas militares.

Nosotros reflexionamos que la militarización también se suma a las políticas migratorias por desmantelar las caravanas de migrantes en el paso de Centroamérica a México rumbo a Estados Unidos. El sistema migratorio mexicano es delincuencial y solo provoca víctimas. Es común encontrar trailers llenos de personas migrantes, en ocasiones se han encontrado con personas muertas, miles de personas desaparecidas.

Hay una complicidad entre los tres niveles de gobierno, porque al final es un negocio para la delincuencia organizada que también es, decimos nosotros, como un brazo armado del sistema político nacional. Hemos investigado y hemos encontrado vínculos estrechos entre gobernadores con el crimen organizado, presidentes municipales que son parte del crimen organizado. Aún así, con denuncias y recursos judiciales, no hemos podido hacer más que tratar de visibilizar esta situación y también la presencia de paramilitares.

M.Z.: Además de la construcción de la autonomía indígena, ¿Con qué otras estrategias cuentan para enfrentar esta situación?

A.S.: Cuando en 2001, que estaba Adelfo Regino, junto con Marichuy, la comandanta Ester, el Tata Juan Chávez, hablamos ante el Congreso de la Unión en México, lo hicimos exigiendo que, en la reforma de la Constitución Mexicana quedasen consagrados los Acuerdos de San Andrés que ya estaban firmados. Se había acordado previamente que estos Acuerdos se incorporarían a la Constitución y no fue así. Esto, que llamamos la Gran Traición, no solo por el Gobierno mexicano sino por los partidos políticos, fue un momento importante porque como pueblos del CNI decidimos que con o sin reconocimiento de la ley se iba a ejercer la autonomía. A partir de entonces, el hecho de ejercer nuestra propia autonomía nos ha llevado a tener una lucha frontal contra el Estado, y por tanto nosotros denunciamos al Estado desde sus propias prácticas de Estado.

La forma que nosotros pensamos que es más importante de lucha y resistencia es la construcción desde abajo, es decir, la organización del mismo pueblo es lo más importante y de largo plazo en un proceso de resistencia. Sin embargo, también tenemos otros frentes de lucha como CNI. Seguimos insistiendo en el marco jurídico que existe, que a pesar de que no nos garantiza un acceso efectivo de la justicia, presentamos denuncias, amparos, todo tipo de recursos judiciales que han logrado frenar, por ejemplo, en la península de Yucatán a Monsanto y a Bayer, que han logrado cerrar parques eólicos en Oaxaca, que hemos logrado cerrar granjas por cinco días en Yucatán. Pero al final esta lucha jurídica es muy desgastante, sobre todo en un país que no respeta las resoluciones de los jueces o las empresas tienen muchos más recursos para desplegar estrategias.

Por eso insistimos que lo más importante es el ejercicio de nuestra autonomía. Contra ellos, sin marco legal, porque el derecho es nuestro, nos asiste y defendemos nuestro legítimo derecho de existir, de decidir. También por eso tenemos alianzas puntuales con otros movimientos sociales que apoyan si es necesario. Al interior del CNI, sobre todo de los últimos años, nuestra idea es sumar las luchas, causas que nosotros reflexionamos que están aisladas o automatizadas y que al final nos damos cuenta de que se trata de una misma lucha. Es una lucha por la vida, por la libertad, por la dignidad. Entonces, desde hace ya varios años estamos trabajando en sumar causas y hacer alianzas con otras luchas donde compartimos fines.

Otra estrategia fue cuando el CNI participa en el proceso electoral mexicano a través del Consejo Indígena de Gobierno, que fue una propuesta colectiva de concejales y concejalas que conforman este Concejo Indígena de Gobierno y con la vocera Marichuy, que se inscribe como aspirante a una candidatura presidencial. Esa fue una estrategia también de los zapatistas para visibilizar qué está sucediendo en los pueblos indígenas, pero sobre todo para acercarnos a las comunidades y a otras luchas que también se vinculan con las luchas de los pueblos indígenas. Ese fue un momento muy importante porque el objetivo del CNI se logró, que fue acercarnos a otras luchas, nunca el objetivo fue llegar a la presidencia sino utilizar este mecanismo para visibilizar nuestras demandas, nuestra lucha. En ese caminar, también nos encontramos con gente de la ciudad, con jóvenes que defienden el medio ambiente, que están luchando por mejores condiciones laborales, por mejores condiciones de vivienda, etcétera. Y a partir de entonces se crearon redes que en su momento se llamaban redes de apoyo al Consejo Indígena de Gobierno y que después han tomado distintos nombres como Red de Resistencia y Rebeldía y otras con otros nombres, ahora vinculadas al CNI y de igual manera, con el zapatismo. Entonces hemos formado alianzas con grupos ecologistas, con grupos de mujeres, artistas, pero teniendo como base que sean luchas anticapitalistas, antipatriarcales y anticoloniales desde cuya base establecer un trabajo colaborativo.

Entonces esta gira también se enmarca en esta estrategia y es una oportunidad muy importante para seguir tejiendo alianzas con otras luchas en el marco de la Gira por la Vida, desde lugares muy distintos. Para nosotros como CNI, aceptar esta invitación de los zapatistas nos está dando la oportunidad de encontrarnos con otras resistencias, encontrarnos con otras organizaciones de distinto tipo, pero que están igual luchando contra lo mismo.

M.Z.: ¿Cuál ha sido vuestra principal propuesta en esta Gira?

A.S.: Cuando nos han preguntado algunas personas aquí en Europa cómo podemos ayudar a las luchas del CNI, algunas de las respuestas que hemos reflexionado son que, primero, tendríamos que como pensar que no se trata de ayudar a una lucha externa. Es necesario apropiarnos de las luchas, sentirnos parte de la misma lucha. Y lo importante para nosotros en estos encuentros es generar estos diálogos y entendimientos para poner sobre la mesa la reflexión de que al final la lucha de los pueblos indígenas no es solo para los pueblos indígenas, sino que es una lucha para la humanidad, la lucha por la conservación de la madre tierra y de los territorios.

Entonces, más allá de ayudar a los pueblos indígenas, es como humanidad que tenemos que organizarnos para desmontar este sistema porque nos está llevando a un colapso total. Y vemos que le llaman esta crisis civilizatoria, o cambio climático, calentamiento global, etc. Pero es solo el reflejo de lo que este sistema hace. Y cada pueblo lo vive de manera diferente y también lo enfrentamos de maneras distintas. Los pueblos originarios no le llaman calentamiento global o cambio climático, pero vemos en la producción de la tierra, con las siembras, las milpas, el reflejo de lo que está sucediendo, vemos el reflejo del sistema. Reconocemos que somos parte de una misma lucha. Y entonces la invitación que hemos traído desde el CNI es a continuar organizándonos, continuar utilizando estas dos grandes armas contra el capitalismo que son la solidaridad y la colectividad, entendida ésta como el sentido de lo común, lo que nos une.

Por Maureen Zelaya

17 diciembre 2021

Maureen Zelaya forma parte del Área de Antirracismo de Anticapitalistas

Publicado enSociedad
El curso de la Segunda Guerra Mundial cambia frente a Moscú

Octogésimo aniversario inicio del Batalla de Moscú, 5 de diciembre de 1941

 

Con motivo del octogésimo aniversario inicio del Batalla de Moscú el 5 de diciembre de 1941, una batalla que cambió el curso del Segunda Guerra Mundial, reproducimos el capítulo dedicado a este acontecimiento del libro de Jacques R. Pauwels, «Los grandes mitos de la historia moderna. Reflexiones sobre la democracia, la guerra y la revolución», Boltxe Liburuak, diciembre de 2021 [Traducido al castellano por Beatriz Morales Bastos].

El mito:

El curso de la guerra cambió en junio de 1944, cuando se produjo el desembarco de Normandía. A partir de entonces se hizo retroceder sistemáticamente a los alemanes, y los estadounidenses y sus aliados británicos, canadienses y de otros países liberaron la mayor parte de Europa. Éxitos de taquilla de Hollywood como El día más largo y Salvar a soldado Ryan han fomentado muy eficazmente esta idea.

La realidad:

El curso de la guerra empezó a cambiar despacio, de forma casi imperceptible, ya en el verano de 1941, apenas unas semanas después de que el aparentemente invencible ejército alemán invadiera la Unión Soviética. Una contraofensiva emprendida por el Ejército Rojo frente a Moscú el 5 de diciembre de ese año confirmó el fracaso del Blitzkrieg, es decir, la estrategia que supuestamente había sido la clave de la victoria alemana. Ese día los comandantes de la Wehrmacht informaron a Hitler que ya no era posible la victoria.

Al menos en lo que se refiere al «escenario europeo», la Segunda Guerra Mundial empezó con la invasión de Polonia por parte del ejército alemán en septiembre de 1939. Unos seis meses después hubo otras victorias aún más espectaculares, esta vez sobre los Países Bajos y Francia. Para el verano de 1940 Alemania parecía invencible y predestinada a gobernar indefinidamente el continente europeo (Gran Bretaña se negó a arrojar la toalla, pero no podía esperar ganar la guerra sola y temía que Hitler dirigiera pronto su atención a Gibraltar, Egipto y/o otras joyas de la corona del Imperio británico). Pero cinco años después Alemania experimentó el dolor y la humillación de la derrota total. El 20 de abril de 1945 Hitler se suicidó en Berlín mientras los buldóceres del Ejército Rojo entraban en la ciudad y el 8/9 de mayo Alemania se rindió incondicionalmente.

Está claro, por tanto, que el curso de la guerra había cambiado en algún momento entre finales de 1940 y 1944, pero ¿cuándo y dónde? En Normandía en 1944, según algunos, especialmente según Hollywood; en Stalingrado durante el inverno de 1942-1943, según otros. En realidad, ya había empezado a cambiar en el verano de 1941 y fue evidente a principios de diciembre, cuando el Ejército Rojo emprendió una contraofensiva frente a Moscú.

No debería sorprender que fuera en la Unión Soviética donde cambió el curso de la Segunda Guerra Mundial. La guerra contra la Unión Soviética era la guerra que Hitler había anhelado desde un principio, como dejó muy claro en las páginas de Mein Kampf, escrito a mediados de la década de 1920. Pero, como hemos visto en un capítulo anterior, los generales e industriales, y toda la clase alta de Alemania también deseaban un Ostkrieg, una guerra en el este, es decir, contra los soviéticos. De hecho, como ha demostrado de forma convincente el historiador alemán Rolf-Dieter Müller en una monografía muy bien documentada [1], lo que Hitler quería emprender en 1939 era una guerra contra la Unión Soviética y no contra Polonia, Francia o Gran Bretaña. El 11 de agosto de ese año Hitler explicó a Carl J. Burckhardt, un funcionario de la Liga de las Naciones, que «todo lo que emprendió estaba dirigido contra Rusia» y que «si Occidente [estos es, los franceses y los británicos] es demasiado estúpido y demasiado ciego para entenderlo, se vería obligado a llegar a un acuerdo con los rusos, volverse y derrotar a Occidente, y después volverse con toda su fuerza para atestar un golpe a la Unión Soviética» [2]. De hecho, eso es lo que ocurrió. Occidente resultó ser «demasiado estúpido y ciego», como Hitler había dicho, y le dio vía libre en el este, de modo que llegó a un acuerdo con Moscú (el «Pacto Hitler-Stalin») y entonces emprendió la guerra contra Polonia, Francia y Gran Bretaña. Pero su objetivo seguía siendo el mismo: atacar y destruir la Unión Soviética lo antes posible.

Hitler y los generales alemanes estaban convencidos de haber aprendido una lección fundamental de la Primera Guerra Mundial. Alemania era una importante potencia industrial, pero no tenía acceso a materias primas esenciales, especialmente desde que el Tratado de Versalles le había despojado de sus colonias. Sin un suministro constante de materias primas estratégicas, en particular petróleo y caucho, Alemania no podía ganar una guerra larga, interminable; el Reich tendría que ganar muy rápido.

Así es como nació el concepto de Blitzkrieg, es decir, la idea de una guerra (Krieg) rápida como un «relámpago» (Blitz). El Blitzkrieg requería ataques sincronizados de oleadas de tanques y aviones para romper las líneas defensivas, ejemplificadas por la Línea Maginot francesa, detrás de las cuales cabía esperar que se concentraran las tropas enemigas; una profunda penetración en el territorio hostil, seguida rápidamente de unidades de infantería que no se desplazaban a pie o en tren, como en la Gran Guerra, sino en camiones; y después regresar para contener y liquidar ejércitos enemigos enteros en gigantescas «batallas de cerco» (Kesselschlachten).

La estrategia Blitzkrieg funcionó perfectamente en 1939 y 1940. La Wehrmacht y la Luftwaffe lograron aplastar las defensas polacas, holandesas, belgas y francesas. Inevitablemente, a los Blitzkriege, «guerras rápidas como el relámpago» siguieron Blitzsiege, «victorias rápidas como el relámpago». Estas victorias fueron muy espectaculares, pero no proporcionaron a Alemania un gran botín en forma de los vitalmente importantes petróleo y caucho. En cambio, la «guerra relámpago» agotó las reservas acumuladas antes de la guerra. Afortunadamente para Hitler, en 1940 y 1941 Alemania pudo seguir importando petróleo de Rumanía (un país neutral que se iba a convertir en aliado en septiembre de 1940, después de un golpe de Estado fascista) y del todavía neutral Estados Unidos. De acuerdo con los términos del Pacto Hitler-Stalin, la Unión Soviética también suministró petróleo a Alemania aunque, como ya hemos visto, no se sabe bien en qué cantidades ni de qué calidad. Lo que es más importante es que a Hitler le preocupaba más que, a cambio del petróleo, Alemania tenía que suministrar a la Unión Soviética productos industriales de gran calidad y tecnología militar de vanguardia, que los soviéticos utilizaron para modernizar su ejército y mejorar su armamento [3].

Es comprensible que Hitler recuperara su anterior plan de guerra contra la Unión Soviética poco después de derrotar a Francia, en concreto en el verano de 1940. Unos meses después, el 18 de diciembre de 1940 se dio la orden formal de planificar dicho ataque, al que se dio el nombre clave de Operación Barbarroja [4]. Ya en 1939 Hitler había estado muy empeñado en atacar a la Unión Soviética y se había vuelto contra Occidente solo «para tener seguridad en la retaguardia cuando finalmente estuviera dispuesto a ajustar cuentas con la Unión Soviética», como señala Rolf-Dieter Müller, el cual concluye que para 1940 nada había cambiado en lo que concernía a Hitler: «El verdadero enemigo era el que estaba en el este» [5].

Hitler simplemente no quería esperar mucho más antes de cumplir la gran ambición de su vida, destruir el país al que había definido como su archienemigo en Mein Kampf. Era consciente de que los soviéticos estaban preparando frenéticamente sus defensas para un ataque alemán que, como muy bien sabían, se iba a producir tarde o temprano. Dado que los soviéticos eran más fuertes cada día, el tiempo no estaba, obviamente, de parte de Hitler. ¿Cuánto más podía esperar antes de que se despareciera la «oportunidad»?

Emprender un Blitzkrieg contra la Unión Soviética prometía proporcionar a Alemania los recursos casi ilimitados de ese vasto país, como el trigo ucraniano (para alimentar tanto a los civiles como a los soldados alemanes), minerales como carbón (a partir del cual se podría producir caucho sintético y lubricante) y, más importante, los ricos yacimientos de petróleo del Cáucaso, donde los Panzers y Stukas, grandes consumidores de gasolina, podrían llenar sus tanques hasta los topes en cualquier momento. Fortalecido con estas bazas, a Hitler le iba a resultar sencillo ajustar cuentas con Gran Bretaña, empezando por apropiarse de Gibraltar, por ejemplo, e incluso emprender una ofensiva desde el Cáucaso contra el rico en petróleo Oriente Próximo. Alemania sería por fin una verdadera potencia mundial, invulnerable dentro de una «fortaleza» europea que se extendería desde el Atlántico hasta los Urales, poseedora de recursos ilimitados y, por lo tanto, capaz de ganar incluso guerras largas e interminables contra cualquier enemigo, incluido Estados Unidos, en una de las futuras «guerras de los continentes» ideadas en la febril imaginación de Hitler.

Hitler y sus generales estaban seguros de que el Blitzkrieg que preparaban contra la Unión Soviética iba a tener el mismo éxito que sus anteriores «guerras relámpago» contra Polonia y Francia. Creían que la Unión Soviética era un «gigante con pies de barro» cuyo ejército, supuestamente decapitado por las purgas de Stalin a finales de la década de 1930, no era «nada más que una broma», como el propio Hitler afirmó en una ocasión [6]. Preveían que para ganar las batallas decisivas que iban a emprender se necesitaría una campaña de entre cuatro y seis semanas a la que posiblemente seguirían algunas operaciones de limpieza en las que lo que quedara de las huestes soviéticas «serían perseguidas por todo el país como a un puñado de cosacos vencidos». En todo caso, Hitler estaba sumamente confiado y la víspera del ataque «se alardeaba de estar a punto de obtener el mayor triunfo de su vida» [7].

Los expertos militares de Washington y Londres también creían que la Unión Soviética no podría ofrecer una resistencia importante al gigante nazi, cuyos éxitos militares de 1939 y 1940 le habían granjeado la reputación de invencible. Los servicios secretos británicos estaban convencidos de que la Unión Soviética sería «liquidada en un plazo de entre ocho y diez semanas» y el Jefe del Estado Mayor Imperial (el más alto cargo del ejército británico) afirmó que la Wehrmacht cortaría al Ejército Rojo «como un cuchillo caliente la mantequilla» y que el Ejército Rojo sería acorralado «como ganado». Según la opinión experta de Washington, «Hitler aplastaría Rusia [sic] como un huevo» [8].

El ataque alemán empezó el 22 de junio de 1941 a primera hora de la mañana. Tres millones de soldados alemanes y casi 700.000 soldados aliados de la Alemania nazi, incluidos finlandeses y rumanos, cruzaron la frontera. Su equipamiento consistían en 600.000 automóviles, 3.648 tanques, más de 2.700 aviones y algo más de 7.000 piezas de artillería.

Al principio todo transcurrió según lo planeado. Se abrieron enormes brechas en las defensas soviéticas, rápidamente se conquistaron partes impresionantes de territorio y cientos de miles de soldados del Ejército Rojo murieron, resultaron heridos o fueron hechos prisioneros. El camino a Moscú parecía abierto. Sin embargo, pronto fue evidente que el Blitzkrieg en el este no iba a ser tan sencillo como se había supuesto.

Enfrentado a la maquinaría militar más poderosa que existía, el Ejército Rojo recibió una buena paliza, como cabía esperar, pero también opuso una dura resistencia, tal como el ministro de propaganda Joseph Goebbels reconoció en su diario ya el 2 de julio, y devolvió el golpe con mucha fuerza. El general Franz Halder, en muchos sentidos el «padrino» del plan de ataque de los alemanes, reconoció que la resistencia soviética era mucho más fuerte que todo aquello a lo que se habían enfrentado en Europa Occidental. Los informes de la Wehrmacht citaban una resistencia «dura», «tenaz» e incluso «salvaje», que provocaba grandes pérdidas de hombres y equipos en el bando alemán [9]. Con más frecuencia de lo esperado las fuerzas soviéticas lograron lanzar contraataques que ralentizaron el avance alemán. Algunas unidades soviéticas se ocultaron en los vastos pantanos de Pripet y en otros lugares, y organizaron una mortífera guerra de guerrillas para la que se habían hecho intensos preparativos durante el tiempo ganado gracias al Pacto y que amenazó las largas y vulnerables líneas alemanas de comunicación [10]. También resultó que el Ejército Rojo estaba mucho mejor equipado de lo que se esperaba. Un historiador alemán escribe que los generales alemanes estaban «asombrados» por la calidad de armas soviéticas como el lanzacohetes Katyusha (también conocido como «órgano de Stalin») y el tanque T-34. Hitler estaba furioso porque sus servicios secretos no hubieran tenido conocimiento de la existencia de algunas de estas armas [11].

Lo que más preocupaba a los alemanes era que el grueso del Ejército Rojo lograra retirarse en relativo buen orden y esquivara el cerco y la destrucción, con lo que evitaba una repetición de Cannae o Sedán con la que Hitler y sus generales habían soñado. Parecía que los soviéticos habían observado y analizado minuciosamente los éxitos de los Blitzkrieg alemanes de 1939 y 1940, y sacado lecciones útiles. Debieron haberse dado cuenta de que en mayo de 1940 los franceses habían concentrado el grueso de sus fuerzas justo en la frontera y en Bélgica, lo que permitió que la maquinaria de guerra alemana las encerrara (las tropas británicas también se vieron atrapadas en este cerco, pero lograron escapar a través de Dunkerque). Por supuesto, los soviéticos habían dejado algunas tropas en la frontera y como era de esperar fueron las que más pérdidas sufrieron en las primeras etapas de la Operación Barbarroja. Pero, al contrario de lo que afirman historiadores como Richard Overy [12], el grueso del Ejército Rojo se quedó en la retaguardia, y evitó quedar atrapado. Esta «defensa en profundidad» (facilitada por la adquisición en 1939 de un «glacis», un «respiro» territorial, es decir, «Polonia Oriental») fue lo que frustró la ambición alemana de destruir totalmente el Ejército Rojo. Como escribió el mariscal Zhukov en sus memorias, «la Unión Soviética habría sido aplastada si hubiéramos organizado todas nuestras fuerzas en la frontera» [13].

Para mediados de julio, a medida que la guerra de Hitler en el este empezaba a perder sus cualidades de Blitz, algunos dirigentes alemanes empezaron a expresar su enorme preocupación. Por ejemplo, el almirante Wilhelm Canaris, jefe de los servicios secretos de la Wehrmacht, la Abwehr, confesó el 17 de julio a un colega en el frente, el general von Bock, que no veía «más que negro». En el frente doméstico, también muchos civiles alemanes empezaron a pensar que la guerra en el este no iba bien. En Dresde, Victor Klemperer, un lingüista judío que llevaba un diario, escribió el 13 de julio que «nosotros [los alemanes] sufrimos pérdidas inmensas, hemos subestimado a los rusos» [14].

Más o menos en ese mismo momento el propio Hitler abandonó su sueño de una victoria rápida y fácil, y rebajó sus expectativas; ahora mencionaba la esperanza de que para octubre sus tropas llegaran al Volga y de que más o menos un mes después se apoderaran de los yacimientos de petróleo del Cáucaso [15]. Para finales de agosto, cuando la Operación Barbarroja se debería haber ido reduciendo paulatinamente, un memorando del Alto Comando de la Wehrmacht (Oberkommando der Wehrmacht, OKW) reconoció que no sería posible ganar la guerra [16].

Un problema fundamental era que cuando empezó la Operación Barbarroja el 22 de junio se calculó que los suministros de los que se disponía de petróleo, neumáticos, piezas de recambio, etc., no iban a durar mucho más que uno o dos meses. Se había considerado suficiente porque supuestamente solo iba a costar unas seis semanas doblegar a la Unión Soviética y entonces los victoriosos alemanes podrían disponer de los recursos prácticamente ilimitados de este país (tanto productos industriales como petróleo y otras materias primas [17]. Pero a finales de agosto de 1941 las puntas de lanza de la Wehrmacht estaban lejísimos de esos distantes confines de la Unión Soviética en los que se iba a conseguir petróleo, el más precioso de todos los artículos marciales. Si los tanques consiguieron seguir circulando, aunque cada vez más despacio, hacia las aparentemente interminables extensiones ucranianas y rusas, fue en gran medida gracias al petróleo rumano y al combustible importado de Estados Unidos, vía la neutral España y la ocupada Francia.

Las llamas del optimismo se avivaron de nuevo en septiembre, cuando las tropas alemanas capturaron Kiev y, más al norte, avanzaron en dirección a Moscú. Hitler creía, o al menos pretendía creer, que ahora se acercaba el final para los soviéticos. En un discurso público en el Palacio de Deportes de Berlín pronunciado el 3 de octubre declaró que prácticamente había terminado la «guerra oriental». Y se ordenó a la Wehrmacht dar el golpe de gracia lanzando la Operación Tifón (Unternehmen Taifun), una ofensiva destinada a tomar Moscú.

Sin embargo, las probabilidades de éxito parecían cada vez más exiguas, porque los soviéticos se afanaban en traer unidades de reserva del Lejano Oriente. Su espía principal en Tokio, Richard Sorge, les informó de que los japoneses, cuyo ejército estaba estacionado en el norte de China, ya no consideraban la posibilidad de atacar las vulnerables fronteras de los soviéticos en la zona de Vladivostok [18] (como hemos visto, les había enfadado que Hitler firmara un Pacto con Stalin y habían cambiado a una «estrategia meridional» que los iba a hacer entrar en conflicto con Estados Unidos).

Para empeorar las cosas, los alemanes ya no eran superiores en el aire, en particular sobre Moscú. No se podían llevar suficientes suministros de munición y comida desde la retaguardia al frente, ya que la actividad guerrillera había obstaculizado gravemente las extensas líneas de suministro [19]. Por último, empezaba a hacer frío en la Unión Soviética, aunque probablemente no más que lo habitual en esa época del año. El alto mando alemán, que tenía plena confianza en que su Blitzkrieg habría terminado para el final del verano, no había considerado necesario proveer a las tropas de equipamiento apropiado para luchar bajo la lluvia, con barro, nieve y las gélidas temperaturas del otoño e invierno rusos.

Tomar Moscú era un objetivo extremadamente importante para Hitler y sus generales. Se creía, probablemente de forma equivocada, que la caída de su capital «decapitaría» a la Unión Soviética y provocaría así su colapso. También parecía importante evitar repetir lo ocurrido en verano de 1914, cuando el aparentemente imparable avance alemán dentro de Francia había sido detenido in extremis a las afueras del este de París en la Batalla del Marne. Este desastre (desde la perspectiva alemana) había robado a Alemania una victoria casi segura en el primer momento de la Primera Guerra Mundial y la había obligado a librar una larga lucha que, al carecer de suficientes recursos y debido al bloqueo de la Armada Británica, estaba condenada a perder. Esta vez, en una nueva Gran Guerra contra un nuevo archienemigo no iba a haber un nuevo «milagro del Marne», es decir, no iba a haber el menor titubeo a las afueras de la capital enemiga. Era imprescindible que Alemania no se encontrara sin recursos y bloqueada en un conflicto largo y prolongado que estaba condenada a perder. A diferencia de París, Moscú iba a caer, la historia no se iba a repetir y Alemania iba a acabar victoriosa. O eso era lo que se esperaba en el cuartel general de Hitler.

La Wehrmacht siguió avanzando, aunque lentamente, y a mediados de noviembre algunas unidades estaban ya a solo treinta kilómetros de la capital, pero las tropas estaban totalmente exhaustas y se estaban quedando sin suministros. Sus comandantes sabían que, por muy tentadoramente cerca que estuviera Moscú, era simplemente imposible tomar la ciudad y que ni siquiera hacerlo les daría la victoria. El 3 de diciembre varias unidades abandonaron la ofensiva por propia iniciativa. En unos días se obligó a todo el ejército alemán situado frente a Moscú a pasar a la defensiva. En efecto, el 5 de diciembre a las tres de la madrugada, en medio del frío y de una nevada, el Ejército Rojo lanzó de pronto un importante y bien preparado contraataque. Se abrieron brechas en muchos puntos de las líneas de la Wehrmacht y los días siguientes se hizo retroceder a los alemanes entre 100 y 280 kilómetros, además de sufrir graves perdidas de hombres y de equipamiento. Solo con grandes dificultades se evitó un cerco catastrófico. El 8 de diciembre Hitler ordenó a su ejército abandonar la ofensiva y pasar a posiciones defensivas. Culpó de este revés a la supuestamente inesperada llegada temprana del invierno, se negó a retroceder más hacia la retaguardia, como sugerían algunos de sus generales, y propuso volver a atacar en primavera [20].

Así acabó el Blitzkrieg de Hitler contra la Unión Soviética, la «guerra oriental» que, de haberla ganado, no solo habría realizado la gran ambición de su vida, destruir la Unión Soviética, sino también, y más importante, habría proporcionado a la Alemania nazi recursos suficientes para convertirse en un gigante casi invulnerable.

Se suponía que un triunfo contra la Unión Soviética habría hecho imposible una derrota alemana y probablemente lo habría hecho. Quizá sea justo afirmar que si la Alemania nazi hubiera derrotado a la Unión Soviética en 1941, Alemania sería todavía hoy la potencia hegemónica de Europa y posiblemente también de Oriente Próximo y el Norte de África. La derrota en la Batalla de Moscú en diciembre de 1941 significaba que la guerra relámpago de Hitler no produjo la esperada victoria relámpago. En la nueva «Batalla del Marne» justo al oeste de Moscú la Alemania nazi sufrió la derrota que hizo imposible su victoria no solo contra la propia Unión Soviética, sin también contra Gran Bretaña y en la guerra en general. Hay que señalar que en aquel momento Estados Unidos todavía no estaba ni siquiera involucrado en la guerra contra Alemania.

Hitler y sus generales creían, no sin razón, que para ganar una nueva edición de la Gran Guerra Alemania tenía que ganarla a la velocidad del relámpago. Pero el 5 de diciembre de 1941 fue evidente para todos los presentes en el «cuartel general del Führer» que no iba a haber un Blitzsieg contra la Unión Soviética y que Alemania estaba condenada a perder la guerra antes o después. Según el general Alfred Jodl, jefe del Estado Mayor de Operaciones del OKW, Hitler se dio cuenta entonces de que ya no podía ganar la guerra [21], de modo que se puede afirmar que el éxito del Ejército Rojo frente a Moscú fue sin lugar a dudas el «punto de inflexión» [Zäsur] de toda la guerra mundial», como afirma Gerd R. Ueberschär, un experto alemán en la guerra contra la Unión Soviética [22].

En otras palabras, el curso de la Segunda Guerra Mundial cambió el 5 de diciembre de 1941. Sin embargo, del mismo modo que los verdaderos cursos no cambian repentinamente, sino de forma gradual e imperceptible, en realidad el curso de la guerra no cambió en un solo día, sino a lo largo del período de los al menos cuatro meses transcurridos entre el verano de 1941 y principios de diciembre de ese mismo año.

El curso de la guerra en el este había ido cambiando de manera extremadamente lenta, pero no tan imperceptiblemente. Ya en julio de 1941, menos de un mes después de que se emprendiera la Operación Barbarroja, observadores bien informados habían empezado a dudar de que todavía fuera posible una victoria alemana, no solo en la Unión Soviética sino en la guerra en general. Ese mes los generales del régimen colaborador francés del mariscal Pétain reunidos en Vichy discutieron acerca de los informes confidenciales que habían recibido de sus colegas alemanes sobre la situación en el frente oriental. Se enteraron de que el avance en el interior la Unión Soviética no iba tan bien como se esperaba y llegaron a la conclusión de que «Alemania no iba a ganar la guerra sino que ya la había perdido». A partir de ese momento una cantidad cada vez mayor de miembros de la élite militar, política y económica francesa se preparó discretamente para abandonar el condenado Vichy; esperaban que su país fuera liberado por los estadounidenses, con quienes habían establecido contactos a través de intermediarios simpatizantes, como el Vaticano y Franco [23].

En septiembre, cuando se suponía que debía haber terminado el Blitzkrieg en el este, un corresponsal del New York Times que trabajaba en Estocolmo se mostró convencido de que la situación en el frente oriental era tal que Alemania «podría colapsar totalmente». Acababa de volver de visitar el Reich donde había sido testigo de la llegada de trenes cargados de soldados heridos. Y el siempre bien informado Vaticano, que al principio estaba muy entusiasmado con la «cruzada» de Hitler contra la patria soviética del «impío» bolchevismo, a finales del verano de 1941 estaba muy preocupado por la situación en el este; a mediados de octubre llegó a la conclusión de que Alemania iba a perder la guerra [24] (evidentemente, no se había informado a los obispos alemanes de las malas noticias, puesto que un par de meses después, el 10 de diciembre, declararon públicamente que «observaban con satisfacción la lucha contra el bolchevismo»). Igualmente, a mediados de octubre los servicios secretos suizos informaron de que «los alemanes ya no pueden ganar la guerra» [25].

A finales de noviembre un cierto derrotismo había empezado a contagiar a los altos rangos de la Wehrmacht y del Partido Nazi. Incluso mientras urgían a sus tropas a avanzar hacia Moscú, algunos generales opinaban que sería preferible hacer propuestas de paz y terminar paulatinamente la guerra sin lograr la gran victoria que tan segura parecía al empezar de la Operación Barbarroja. Y poco después de terminar noviembre el ministro de Armamento Fritz Todt pidió a Hitler que buscara una manera diplomática de salir de la guerra puesto que estaba perdida tanto desde el punto de vista puramente militar como desde el industrial [26].

Es un mito que los invasores alemanes de la Unión Soviética fueran derrotados por el «general Invierno». Los alemanes fueron derrotados por el Ejército Rojo, con el apoyo de toda la nación soviética, excepto, por supuesto, los colaboracionistas que, por desgracia, existen en todos los países. Como los alemanes se enfrentaron a una resistencia tan férrea, al final del verano la Operación Barbarroja no estaba ni mucho menos terminada, tal como Hitler y sus generales habían esperado. Esto significa que a más tardar en septiembre de 1941 había fallado la estrategia Blitzkrieg, que se suponía iba a ser la clave de la victoria alemana. Costó unos pocos meses más, hasta el 5 de diciembre, a principios del inverno, certificar este fracaso con el inicio de la contraofensiva soviética frente a Moscú; pero en lo que respecta a Alemania, el daño fatal ya estaba hecho en verano. El mito que se lo atribuye al «general Invierno» lo idearon los nazis para explicar el fracaso de la Operación Barbarroja y después de 1945, en el contexto de la Guerra Fría, se mantuvo vivo como parte de la campaña para minimizar la contribución soviética a la derrota de la Alemania nazi.

Cuando el Ejército Rojo emprendió su devastadora contraofensiva el 5 de diciembre, el propio Hitler se dio cuenta de que su causa estaba perdida, pero no estaba dispuesto a permitir que lo supiera la opinión pública alemana. Los portavoces nazis presentaron las desagradables noticias del frente cerca de Moscú como un revés temporal, del que culparon a la supuestamente inesperada temprana llegada del «general Invierno» y/o a la incompetencia o cobardía de algunos comandantes. Fue solo un año después, tras la calamitosa derrota en la Batalla de Stalingrado en el invierno de 1942-1943, cuando la opinión publica alemana y todo el mundo se iba a dar cuenta de que Alemania estaba condenada, razón por la cual todavía hoy muchos historiadores creen que el curso de la guerra cambió en Stalingrado.

Resultó imposible mantener en secreto total las catastróficas implicaciones de la debacle frente a Moscú. Por ejemplo, el 19 de diciembre de 1941 el cónsul alemán en Basilea informó a sus superiores en Berlín que el (abiertamente pronazi) jefe de una misión de la Cruz Roja suiza, que había sido enviado al frente en la Unión Soviética para ayudar a los heridos aunque solo en el bando alemán, lo que contravenía las normas de la Cruz Roja, había vuelto a Suiza con la noticia, que había sorprendido mucho al cónsul, de que «ya no creía que Alemania pudiera ganar la guerra» [27].

En su cuartel general situado en las profundidades de un bosque de Prusia oriental Hitler seguía cavilando acerca del desastroso cambio de rumbo cuando recibió otra sorpresa. En la otra punta del globo los japoneses habían atacado la base naval estadounidense de Pearl Harbor, en Hawai, el 7 de diciembre de 1941. Los acuerdos en vigor entre Berlín y Tokio eran de naturaleza defensiva y habrían exigido que el Reich se uniera al bando de Japón si este hubiera sido atacado por Estados Unidos, pero ese no era el caso. Hitler no tenía esa obligación, como se ha afirmado o al menos insinuado en las historias y documentales sobre ese dramático acontecimiento. Tampoco los dirigentes japoneses se habían sentido obligados a declarar la guerra a los enemigos de Hitler cuando este atacó Polonia, Francia y la Unión Soviética. En cada ocasión Hitler ni se había molestado en informar a Tokio de sus planes, sin duda por temor a los espías. Del mismo modo, los japoneses tampoco informaron a Hitler de sus planes de entrar en guerra con el Tío Sam (en realidad, estos planes eran el resultado de una «estrategia meridional» a la que, como hemos visto, Tokio había cambiado porque Hitler había firmado un pacto con Stalin).

Con todo, el 11 de diciembre de 1941 el dictador alemán declaró la guerra a Estados Unidos. Esta decisión aparentemente irracional solo se puede entender a la luz del aprieto en el que se encontraba Alemania en la Unión Soviética. Es casi seguro que Hitler supusiera que este gesto totalmente gratuito de solidaridad iba a llevar a su aliado del Lejano Oriente a declarar en reciprocidad la guerra al enemigo de Alemania, la Unión Soviética, lo que habría llevado a los soviéticos a la extremadamente peligrosa situación de una guerra en dos frentes (el grueso del ejército japonés todavía estaba estacionado en el norte de China y, por tanto, habría podido atacar inmediatamente a la Unión Soviética en la zona de Vladivostok).

Parece que Hitler creyó que podía exorcizar el espectro de la derrota en la Unión Soviética, y en la guerra en general, emplazando a una especie de deus ex machina japonés a acudir la vulnerable frontera siberiana de la Unión Soviética. Efectivamente, según el historiador alemán Hans W. Gatzke, el Führer estaba convencido de que «si Alemania no se unía a Japón [en la guerra contra Estados Unidos], sería […] el fin de toda esperanza de que Japón le ayudara contra la Unión Soviética» [28]. Pero Japón no picó el anzuelo de Hitler. Tokio también despreciaba al Estado soviético, pero el País del Sol Naciente, que ahora estaba en guerra contra Estados Unidos, se podía permitir el lujo de una guerra en dos frentes tan poco como los soviéticos. Tokio prefería apostar por una estrategia «meridional», con la esperanza de ganar el gran premio del Sudeste de Asia (incluidas la rica en petróleo Indonesia y la rica en caucho Indochina) a tener que embarcarse en una incursión en los inhóspitos confines de Siberia. Solo muy al final de la guerra, tras la rendición de la Alemania nazi, se iban a producir hostilidades entre la Unión Soviética y Japón. En el próximo capítulo nos centraremos en la guerra en el Lejano Oriente en la que participaron Japón y Estados Unidos, y finalmente también la Unión Soviética.

Y de este modo, por culpa del propio Hitler, entre los enemigos de Alemania ahora no solo estaban Gran Bretaña y la Unión Soviética, sino también el poderoso Estados Unidos, cuyas tropas se podía esperar que aparecieran en las costas de Alemania, o al menos en las costas de la Europa ocupada por los alemanes, en un futuro inmediato. En efecto, los estadounidenses iban a enviar tropas a Francia, pero solo en 1944 y este acontecimiento sin duda importante a menudo se presenta todavía como el punto de inflexión de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, merece la pena preguntarse si los estadounidenses habrían desembarcado en Normandía o, para el caso, si habrían declarado la guerra a la Alemania nazi, si Hitler no les hubiera declarado la guerra el 11 de diciembre de 1941. Y habría que preguntarse si Hitler habría tomado la decisión desesperada, incluso suicida, de declarar la guerra a Estados Unidos si no se hubiera encontrado en una situación desesperada en la Unión Soviética. Así pues, la entrada de Estados Unidos en la guerra contra Alemania que, por muchas razones, no se veía venir antes de diciembre de 1941 y para la que Washington no había hecho preparativo alguno, como pronto veremos, también fue una consecuencia del revés que sufrió Alemania frente a Moscú.

La Alemania nazi estaba condenada, pero la guerra aún iba a ser larga. Hitler ignoró los consejos de sus generales, que le recomendaban encarecidamente buscar una salida diplomática, y decidió seguir luchando con la escasa esperanza de sacarse de algún modo la victoria de la manga. La contraofensiva rusa iba a perder ímpetu a principios de enero de 1942, la Wehrmacht iba a sobrevivir al invierno de 1941-42 y en primavera de 1942 Hitler iba a reunir trabajosamente todas las fuerzas disponibles para una ofensiva en dirección a los yacimientos de petróleo del Cáucaso denominada «Operación Azul» (Unternehmen Blau). El propio Hitler reconoció que «si no conseguía el petróleo de Maikop y Grozny, tendría que terminar esta guerra» [29].

Pero para entonces había desaparecido el factor sorpresa y los soviéticos disponían de inmensas cantidades de hombres, petróleo y otros recursos, además de un equipamiento excelente, en su mayoría producido en fábricas que habían sido trasladadas detrás de los Urales entre 1939 y 1941. La Wehrmacht, en cambio, no se pudo resarcir de las enormes pérdidas que había sufrido en 1941. Entre el 22 de junio de 1941 y el 31 de enero de 1942 los alemanes habían perdido 6.000 aviones y más de 3.200 tanques y vehículos similares. Nada menos que 918.000 hombres habían muerto, resultado heridos o estaban desaparecidos en combate, lo que equivale al 28,7% de la dotación media del ejército, 3,2 millones de hombres [30]. Alemania perdió en la Unión Soviética no menos de 10 millones del total de los 13,5 millones de sus hombres muertos, heridos o hechos prisioneros a lo largo de toda la guerra y el Ejército Rojo reivindicó haber matado al 90% de todos los alemanes muertos en la Segunda Guerra Mundial [31].

Por consiguiente, las fuerzas disponibles para avanzar hacia los yacimientos de petróleo del Cáucaso era muy limitadas. Resulta sorprendente que en esas circunstancias los alemanes lograran llegar tan lejos en 1942. La bestia estaba herida de muerte, pero iba a tardar mucho tiempo en exhalar su último aliento e iba a seguir siendo poderosa y peligrosa hasta el final, como descubrirían los estadounidenses en el invierno de 1944-1945 en la Batalla de las Ardenas. Pero cuando en septiembre de ese año su ofensiva se fue agotando inevitablemente, las debilitadas líneas alemanas se extendían a lo largo de muchos cientos de kilómetros y presentaban un objetivo perfecto para un contraataque soviético. Cuando llegó el ataque consiguió encerrar a todo el ejército alemán y destruirlo en Stalingrado. Después de esta gran victoria del Ejército Rojo fue obvio que la derrota alemana en la Segunda Guerra Mundial era inevitable, pero la condición previa de la sin duda más espectacular y más evidente derrota alemana en Staligrado fue el fracaso del Blitzkrieg oriental en la segunda mitad de 1941, que culminó en una derrota frente a Moscú a principios de diciembre de ese año.

Todavía hay más razones para considerar diciembre de 1941 el punto de inflexión de la guerra. La contraofensiva soviética acabó con la reputación de invencible de la que había disfrutado la Wehrmacht desde sus éxitos contra Polonia en 1939 y levantó así la moral de los enemigos de Alemania en todas partes. En Francia, por ejemplo, la Resistencia se hizo más grande, más audaz y mucho más activa. A la inversa, el fracaso del Blitzkrieg desmoralizó a los finlandeses y a otros aliados de Alemania. Y los países neutrales que habían simpatizado con la Alemania nazi se volvieron ahora complacientes respecto a los «anglo-estadounidenses». Franco, por ejemplo, esperaba congraciarse con ellos mirando hacia otro lado cuando los aviadores aliados derribados, ayudados por la Resistencia francesa, violaban técnicamente la neutralidad española al cruzar el país desde Francia a Portugal en su camino de regreso a Gran Bretaña. Portugal, que también era neutral oficialmente aunque mantenía relaciones amistosas con Gran Bretaña, incluso permitió a los británicos y a los estadounidenses utilizar una base aérea en las Azores, que iba a demostrar ser extremadamente útil en la Batalla del Atlántico.

Lo que es más importante, la batalla de Moscú también garantizó que el grueso de las fuerzas armadas alemanas estuviera ligado a un frente oriental de aproximadamente 4.000 kilómetros durante un periodo de tiempo indefinido y, por tanto, requiriera la mayor parte de los recursos estratégicos disponibles, sobre todo petróleo. Esto eliminaba casi por completo la posibilidad de nuevas operaciones de Alemania contra Gran Bretaña e incluso hizo cada vez más difícil suministrar suficientes hombres y material a Rommel en el norte de África, lo que llevó finalmente a su derrota en la Batalla de El Alamein en otoño de 1942.

Fue frente a Moscú en diciembre de 1941 cuando cambio el curso de la guerra. Allí fue donde se acabó con el Blitzkrieg, que ya llevaba varios meses moribundo, y donde, por consiguiente, se obligó a la Alemania nazi a luchar sin recursos suficientes el tipo de guerra prolongada que Hitler y sus generales sabían que no podían ganar. Fue también en ese momento cuando el Tío Sam se vio arrastrado a la guerra contra la Alemania nazi. Los estadounidense iban a estar preocupados durante mucho tiempo por su guerra contra Japón, así que solo después del desembarco de Normandía, esto es, menos de un año antes del final de la guerra, iban a empezar a contribuir de forma significativa a la derrota de la Alemania nazi [32]. ¿Por qué tardaron tanto?

Los dirigentes políticos y militares estadounidenses y británicos, representantes de las clases altas de sus países, siempre habían sido intrínsecamente antisoviéticos, mucho más que antinazis; de hecho, habían sido filofascistas, es decir, miraban con buenos ojos el fascismo porque el fascismo era enemigo del comunismo. Es una ironía de la historia que acabaran entrando en guerra contra el fascismo, personificado por Hitler (y también por Mussolini), y se encontraran así siendo aliados de la Unión Soviética. Pero se trataba de una alianza que no era natural, destinada a durar únicamente hasta derrotar al enemigo común (como dijeron algunos generales estadounidenses en una ocasión, estaban luchando una guerra «con el aliado equivocado contra el enemigo equivocado») [33]. Esto explica por qué, después de que Estados Unidos entrara en la guerra, los «anglo-estadounidenses» se comportaron en la medida de lo posible como un tertius gaudens, encantados de dejar a los soviéticos y a los nazis matarse mutuamente mientras ellos miraban desde la barrera.

El hecho de que el Ejército Rojo suministrara la carne de cañón necesaria para vencer a Alemania permitió a los aliados occidentales minimizar sus pérdidas. También les permitió fortalecerse para intervenir de forma decisiva en el momento adecuado, cuando ambos, el enemigo nazi y el aliado soviético, estuvieran exhaustos. Entonces iban a poder decidir cómo iba a ser Europa (y gran parte del resto del mundo) después de la guerra.

Por ese motivo Washington y Londres no abrieron un «segundo frente» desembarcando tropas en Francia en 1942 (se puede definir como un «fracaso intencionado» el desembarco de una pequeña fuerza de tropas, en su mayoría canadienses, en Dieppe el 19 de agosto de 1942, que fue rechazada con grandes pérdidas por unos defensores alemanes fuertemente atrincherados; el objetivo de esta idea de Churchill era demostrar a los partidarios británicos de un segundo frente y a Stalin que los aliados occidentales todavía no estaban preparados para una empresa de esa envergadura en Francia) [34].

A pesar de lo que han afirmado algunos historiadores, sin lugar a dudas ya era factible desembarcar un ejército en Francia en 1942, el año en el que el grueso de las fuerzas alemanas estaba dedicado a un intento desesperado aunque condenado al fracaso de conquistar los yacimientos de petróleo de la Unión Soviética. En vez de ello, los responsables de Washington y Londres optaron por una operación igualmente complicada desde el punto de vista logístico: en noviembre de 1942 se enviaron tropas al norte de África para ocupar las colonias francesas situadas allí, lo que proporcionó poca o ninguna ayuda al Ejército Rojo, como la habría proporcionado la apertura de un «segundo frente» en Francia.

Solo después de la catastrófica derrota que sufrió la Wehrmacht en la Batalla de Stalingrado, es decir, en febrero de 1942, fue obvio que la Alemania nazi estaba condenada a perder la guerra. Eso hizo que Washington y Londres cambiaran su política y se implicaran directamente en la titánica lucha contra la Alemania nazi donde realmente hacía falta, es decir, en Europa.

A Roosevelt y Churchill no les gustaba en absoluto que, después de Stalingrado, el Ejército Rojo se estuviera abriendo paso de forma lenta pero segura hacia Berlín y posiblemente hacia lugares situados más al oeste, así que desde la perspectiva de la estrategia angloestadounidense «se hizo imperativo enviar tropas a Francia y adentrarse en Alemania para mantener la mayor parte de ese país fuera de las manos [soviéticas]», como han escrito dos historiadores estadounidenses, Peter N. Carroll y David W. Noble [35]. Por consiguiente, se decidió enviar tropas a Francia lo antes posible, pero era demasiado tarde para llevar a cabo una operación tan compleja desde el punto de vista logístico en 1943, especialmente porque había que trasladar desde el norte de África el equipo necesario para el desembarco, de modo que hubo que esperar hasta la primavera de 1944. Y cuando finalmente desembarcaron no fue para provocar la derrota de la Alemania nazi, sino para impedir que la Unión Soviética lo hiciera sola.

En todo caso, cuando los estadounidenses, los británicos y otros aliados occidentales desembarcaron en Normandía en junio de 1944 quedaba menos de un año de una guerra cuyo resultado ya se había decidido realmente tres años antes, en el verano de 1941. La idea de que ese desembarco constituyó una especie de punto de inflexión no es más que un mito, inventado para ocultar el papel fundamental que había desempeñado la Unión Soviética en la derrota de la Alemania nazi. También nació un mito menor y menos importante, útil para el mismo propósito: la idea de que los soviéticos solo habían logrado sobrevivir a la arremetida nazi gracias al importante apoyo material que les había prestado el Tío Sam en el contexto del famoso Programa de Préstamo y Arriendo de ayuda a los aliados de Estados Unidos. Varios hechos demuestran que aunque esta historia se ha tejido en torno a algunos hechos históricos, como suele ocurrir con los mitos, tampoco refleja la realidad histórica [36].

En primer lugar, antes de Pearl Harbor, es decir, a principios de diciembre de 1941, la Unión Soviética no era aliada del Tío Sam. Estados Unidos era un país neutral y su clase alta simpatizaba más con los nazis que con los soviéticos, un tema que abordaremos en los dos próximos capítulos. Una cantidad considerable de estadounidenses ricos, poderosos y muy influyentes (industriales, banqueros, congresistas, generales, líderes religiosos, etc.) esperaba con impaciencia la derrota de la patria del anticapitalista e «impío» bolchevismo. Solo cuando debido a la gratuita declaración de guerra a Estados Unidos por parte de Hitler el 11 de diciembre de 1941 Estados Unidos se encontró con que era enemigo de la Alemania nazi y, por lo tanto, aliado no solo de los británicos, sino también de los soviéticos, las llamas del antisovietismo estadounidense por lo menos disminuyeron sin extinguirse del todo.

En segundo lugar, por lo que se refiere a la ayuda estadounidense a la Unión Soviética, no hubo ninguna ayuda en 1941, el año que terminó con la inversión del curso de la guerra. Moscú pidió suministros estadounidenses en cuanto empezó la Operación Barbarroja, pero no recibió una respuesta afirmativa. A fin de cuentas, también en Estados Unidos se suponía que la Unión Soviética iba a colapsar pronto. El embajador estadounidense en la URSS incluso desaconsejó tajantemente el envío de ayuda argumentando que, en vista de la inminente derrota soviética, estos suministros caerían en manos alemanas [37].

La situación cambió a finales del otoño de 1941, cuando cada vez estaba más claro que los soviéticos no iban a ser «aplastados como un huevo». De hecho, su firme resistencia demostró que probablemente iban a ser un aliado continental muy útil para los británicos, con quienes los empresarios y banqueros estadounidenses podían participar en el muy rentable negocio del Préstamo y Arriendo. Ampliar a los soviéticos la ayuda del Programa de Préstamo y Arriendo (que significaba la venta, no el regalo, de equipamiento) prometía ahora generar más beneficios todavía. La Bolsa de Nueva York empezó a reflejar esa realidad: las cotizaciones ascendieron a medida que se ralentizaba el avance nazi en Rusia. En este contexto es en el que Washington y Moscú firmaron un acuerdo de Préstamo y Arriendo en noviembre de 1941, pero iban a pasar muchos más meses antes de que las entregas empezaran a llegar. Un historiador alemán, Bernd Martin, insiste en que a lo largo de 1941 la ayuda estadounidense a la Unión Soviética siguió siendo meramente «imaginaria» [38].

Así pues, la ayuda material estadounidense solo fue significativa en 1942 o probablemente en 1943, es decir, mucho después de que los soviéticos hubieran destruido sin la ayuda de nadie las posibilidades de una victoria de la Alemania nazi utilizando sus propias armas y equipamiento. Según el historiador británico Adam Tooze, «el milagro soviético no debía nada a la ayuda occidental [y] los efectos del Programa de Préstamo y Arriendo no influyeron en el equilibrio de fuerzas en Europa del este antes de 1943» [39].

En tercer lugar, la ayuda estadounidense nunca representó más del 4% o 5% de la producción soviética total en época de guerra, aunque hay que admitir que en una situación de crisis incluso un porcentaje tan pequeño puede ser crucial. En cuarto lugar, los propios soviéticos fabricaron todas las armas ligeras y pesadas de gran calidad que hicieron posible su éxito contra la Wehrmacht.

En quinto lugar, y probablemente lo más importante, la muy publicitada ayuda del Programa de Préstamo y Arriendo a la URSS quedó neutralizada en gran medida por la ayuda no oficial, discreta, aunque muy importante, que proporcionaron fuentes corporativas estadounidenses a los alemanes, enemigos de los soviéticos, un tema en el que nos centraremos en el capítulo 11. En 1940 y 1941 empresas y trust petroleros estadounidenses participaron en lucrativos acuerdos comerciales con la Alemania nazi y le suministraron enormes cantidades de petróleo a través de países neutrales como España. Por ejemplo, la parte proveniente de Estados Unidos de las importaciones que hizo Alemania de aceite de vital importancia para lubricar motores aumentó rápidamente durante el verano de 1941, concretamente de un 44% en julio a nada menos que un 94% en septiembre. En vista del agotamiento de sus reservas de productos petrolíferos en aquel momento, es justo decir que los Panzer alemanes probablemente nunca habrían llegado hasta las afueras de Moscú sin el combustible suministrado por los trusts del petróleo estadounidenses, como ha argumentado el historiador alemán Tobias Jersak, una autoridad en el ámbito del «combustible estadounidense para el Führer» [40].

Es indudable que no careció de importancia la muy publicitada ayuda del Programa de Préstamo y Arriendo tanto a la Unión Soviética como a Gran Bretaña. Pero la enorme ayuda que proporcionó entre bastidores (sin que lo supiera la opinión pública y ni siquiera, al parecer, la mayoría de los historiadores actuales) no el Estado estadounidense sino las corporaciones estadounidenses fue por lo menos igual, y más probablemente superior.

04/12/2021

Notas:

[1] Rolf-Dieter Müller, Der Feind steht im Osten: Hitlers geheime Pläne für einen Krieg gegen die Sowjetunion im Jahr 1939.

[2] Citado en Müller, p. 152.

[3] Soete, pp. 289-290, incluida la nota de la página 289.

[4] Véase, por ejemplo, Ueberschär (2011a), p. 39.

[5] Müller, p. 169.

[6] Ueberschär (2011b), p. 95.

[7] Citas de Müller, pp. 209, 225.

[8] Pauwels (2015), p. 66; Losurdo (2008), p. 29.

[9] Overy (1997), p. 87.

[10] Ueberschär (2011b), pp. 97-98.

[11] Ueberschär (2011b), p. 97; Losurdo (2008), op. cit., p. 31.

[12] Overy (1997), pp. 64-65.

[13] Furr (2011) p. 343: Losurdo (2008), p. 33; Soete, p. 297.

[14] Citado en Losurdo (2008), pp. 31-32.

[15] Wegner, p. 653.

[16] Ueberschär (2011b), p. 100.

[17] Müller, p. 233.

[18] Hasegawa, p. 17.

[19] Ueberschär (2011b), pp. 99-102, 106-107.

[20] Ueberschär, (2011b), pp. 107-11; Roberts, p. 111.

[21] Hillgruber, p. 81.

[22] Ueberschär (2011b), p. 120.

[23] Este acontecimiento se describe detalladamente en Lacroix-Riz (2016), p. 220 y siguientes.; la cita es de la p. 246.

[24] Lacroix-Riz (1996), p. 417; Baker, p. 387.

[25] Bourgeois, pp. 123, 127.

[26] Ueberschär (2011b), pp. 107-108.

[27] Bourgeois, pp. 123, 127.

[28] Gatzke, p. 137.

[29] Wegner, pp. 654-656.

[30] Ueberschär (2011b), p. 116.

[31] Ponting, p. 72.

[32] Es cierto que su guerra en el aire había comenzado antes, pero su programa de bombardeos estratégicos hizo relativamente poco daño a Alemania, como concluyeron los estudios de posguerra.

[33] Pauwels (2015), p. 199; Canfora (2008), pp. 288-289.

[34] La historia de Dieppe se relata detalladamente en Pauwels (2012).

[35] Carroll y Noble, p. 354.

[36] Para más detalles, véase Pauwels (2017), pp. 197-198.

[37] Mayers, p.131.

[38] Martin, pp. 459, 475.

[39] Tooze, p. 589.

[40] Estadísticas de Jersak, que utilizó documentos «top secret» elaborados por la Werhmacht Reichsstelle für Mineralöl, que se pueden consultar en la sección militar del Bundesarchiv, los archivos federales de Alemania, expediente RW 19/2694.

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Evo Morales (izq.), Luis Arce y su vice, David Choquehuanca, encabezan la marcha. . Imagen: AFP

La bautizada "Marcha por la Patria" llegará el próximo lunes a La Paz

"El pueblo tiene la palabra siempre y lo dijimos: si no quieren respetar el voto en las urnas lo haremos respetar en las calles", advirtió un presidente eufórico. Por su parte, el exmandatario de Bolivia aseguró que la derecha "quiere volver al Estado colonial".

 

Entre banderas multicolores, música y rituales andinos, el presidente de Bolivia, Luis Arce, y el exmandatario, Evo Morales, encabezaron este martes el primer tramo de una masiva movilización a favor del gobierno que recorrerá casi 200 kilómetros. "El pueblo boliviano marcha para reivindicar y decir que su apuesta es la democracia. Quienes han perdido en las urnas quieren ganar de otra manera", dijo Arce aludiendo a la oposición de derecha, que mantuvo un paro de nueve días en rechazo a una ley antilavado promovida por el oficialismo.

Miles de partidarios del Movimiento al Socialismo (MAS), liderado por Morales, iniciaron la denominada "Marcha por la Patria" en el poblado de Caracollo, al oeste del país, y esperan llegar el próximo lunes a La Paz. Con las montañas de los Andes de fondo, integrantes de sindicatos afines al MAS y otras organizaciones sociales emprendieron a paso ligero la larga caminata por la ruta ondeando banderas de Bolivia y wiphalas, estandarte de los pueblos del altiplano.

Lucían trajes típicos de telas coloridas, sombreros ornamentados, cascos de mineros y los tradicionales sacos tejidos donde indígenas aimaras y quechuas cargan sus pertenencias e incluso a sus bebés. En la caravana de más de un kilómetro resaltaban enormes pancartas, algunas con imágenes de Arce y Morales, mientras la multitud gritaba consignas a favor de sus líderes.

Arce, quien encabezó los primeros kilómetros de la marcha, pidió fortaleza y unidad a los manifestantes recordando antiguas movilizaciones entre Caracollo y La Paz que fueron hitos de la construcción de la democracia en Bolivia, incluyendo las que derrotaron a las dictaduras en el siglo pasado y las que dieron vida al actual Estado Plurinacional hace poco más de una década.

"El pueblo boliviano tiene la palabra siempre y lo dijimos: si no quieren respetar el voto en las urnas lo haremos respetar en las calles", advirtió un Arce eufórico, quien también destacó que "el pueblo boliviano es sabio" porque "resolvió el problema de 2019 en las urnas". 

El mandatario dijo que, por el contrario, "quienes han perdido en las urnas, quienes no han tenido la capacidad de generar mayoría quieren ganarla de otra manera, por eso el pueblo boliviano hoy marcha para reivindicar" y para decir que la "apuesta" es por la "democracia". En medio de aplausos y vítores de "Lucho no está solo", Arce dijo que "no se sentía solo" porque "el pueblo estaba con él".

"La derecha quiere volver al Estado colonial"

El expresidente Morales, también presente en el acto, hizo un largo recuento de hechos con los que la oposición derechista trató de impedir primero la asunción presidencial de Arce, y se empeñó luego en desestabilizarlo. "El tema de fondo es que la derecha no quiere el Estado Plurinacional, quiere volver al Estado colonial", afirmó Morales en ese sentido.

"No nos perdonan, esa pequeña oligarquía, que hayamos nacionalizado, recuperado los recursos naturales", advirtió el expresidente de Bolivia entre 2006 y 2019, quien dijo que la marcha era una suerte de "calentamiento" para la concentración del 29 de noviembre en La Paz, sobre la que pronosticó que será tan grande que "hará reventar" a la capital política del país.

"Esta marcha es por la patria, quienes amamos a Bolivia vamos a hacer un esfuerzo de siete días de marcha, todo por la nueva Bolivia que vamos a empezar a reconstruir", señaló y destacó desde una tarima, visiblemente emocionado, la "gran sorpresa de ver miles y miles de hermanos concentrados". Morales finalizó su discurso diciendo que "gracias al voto de ustedes estoy acá de nuevo con vida" e invitó al "pueblo boliviano" a defender al presidente Arce.

En una pausa de la extensa caminata, el dirigente petrolero Rolando Borda dijo que el inicio de la marcha "superó las expectativas" y que se han adherido más personas de las que inicialmente estaban previstas. La dirigenta indígena Flora Aguilar aseguró por su parte que "hoy más que nunca estamos unidos" en "defensa de la democracia" y que ahora la "tarea fundamental" es cuidar también al gobierno.

Desde primeras horas del martes miles de personas se desplazaron hasta Caracollo convocadas por el MAS y por organizaciones afines como la Central Obrera Boliviana (COB), que instruyó de manera "obligatoria" a todas las bases campesinas, indígenas y cívicas a sumarse a la marcha.

La distancia entre Caracollo y La Paz se suele recorrer en unos siete días, por lo que está planificado llegar a la ciudad sede del gobierno el próximo lunes, haciendo escalas en pueblos intermedios que se han organizado para preparar ollas comunes. La marcha en apoyo a la gestión de Arce fue convocada por Morales el pasado 12 de noviembre, luego de una huelga de casi una semana impulsada por la oposición contra una ley de blanqueo de capitales que el gobierno finalmente derogó.

El país sudamericano vive una profunda división política desde 2019, cuando Morales se vio forzado a renunciar a la presidencia luego de perder el respaldo de las Fuerzas Armadas y la policía, en medio de protestas masivas en su contra y acusaciones de fraude electoral cuando buscaba la reelección a un cuarto mandato. De nuevo en el poder desde 2020, el MAS considera que las últimas protestas opositoras fueron un "pretexto" y que en realidad lo que se buscaba era un "segundo golpe de Estado".

24 de noviembre de 2021

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Miércoles, 24 Noviembre 2021 05:20

Masacre que no se filtra, no existe

Masacre que no se filtra, no existe

 Si las guerras pueden comenzar con mentiras, la paz bien puede comenzar con la verdad”.  Julian Assange.

El 8 de marzo de 2019, los analistas de un comando militar estadounidense localizado en la millonaria península de Catar se encontraban observando una calle de un pueblo pobre en Siria a través de imágenes de alta definición captadas por un dron inteligente. En la conversación que quedó grabada, los analistas reconocieron que la multitud estaba compuesta mayormente por niños y mujeres. A un costado, un hombre portaba un arma, pero todo parecía desarrollarse de forma tranquila. Hasta que una bomba de 220 kilogramos fue arrojada desde un poderoso F-15E, justo sobre la multitud. Doce minutos más tarde, cuando los sobrevivientes de la primera bomba comenzaban a correr o a arrastrarse, el mismo avión arrojó dos bombas más, esta vez de una tonelada de explosivos cada una y a un costo de un millón de dólares por explosión.

A 1870 kilómetros, en el Centro de Operaciones Aéreas Combinadas del ejército estadounidense en la base de Al Udeid en Catar, los oficiales observaron la masacre en vivo. Alguien en la sala preguntó, sorprendido, de dónde había partido la orden.

Al día siguiente, los observadores civiles que llegaron al área encontraron casi un centenar de cuerpos destrozados de niños y mujeres. La organización de derechos humanos Raqqa Is Being Slaughtered publicó algunas fotos de los cuerpos, pero las imágenes satelitales sólo mostraron que donde cuatro días atrás había un barrio modesto sobre el río Eufrates y en un área bajo el control de la “coalición democrática”, ahora no quedaba nada. La Oficina de Investigaciones Especiales de la Fuerza Aérea de Estados Unidos se negó a explicar el misterio.

Luego se supo que la orden del bombardeo había procedido de un grupo especial llamado “Task Force 9”, el cual solía operar en Siria sin esperar confirmaciones del comando. El abogado de la Fuerza Aérea, teniente coronel Dean W. Korsak, informó que muy probablemente se había tratado de un “crimen de guerra”. Al no encontrar eco entre sus colegas, el coronel Korsak filtró la información secreta y las medidas de encubrimiento de los hechos a un comité del Senado estadounidense, reconociendo que, al hacerlo, se estaba “poniendo en un serio riesgo de represalia militar”. Según Korsak, sus superiores se negaron a cualquier investigación. “La investigación sobre los bombardeos había muerto antes de iniciarse”, escribió. “Mi supervisor se negó a discutir el asunto conmigo”.

Cuando el New York Times realizó una investigación sobre los hechos y la envió al comando de la Fuerza Aérea, éste confirmó los hechos pero se justificó afirmando que habían sido ataques necesarios. El gobierno del presidente Trump se refirió a la guerra aérea contra el Estado Islámico en Siria como la campaña de bombardeo más precisa y humana de la historia.

El 13 de noviembre el New York Times publicó su extensa investigación sobre el bombardeo de Baghuz. De la misma forma que esta masacre no fue reportada ni alcanzó la indignación de la gran prensa mundial, así también será olvidada como fueron olvidadas otras masacres de las fuerzas de la libertad y la civilización en países lejanos.

El mismo diario recordó que el ejército admitió la matanza de diez civiles inocentes (siete de ellos niños) el 10 de agosto en Kabul, Afganistán, pero este tipo de reconocimiento público es algo inusual. Más a menudo, las muertes de civiles no se cuentan incluso en informes clasificados. Casi mil ataques alcanzaron objetivos en Siria e Irak solo en 2019, utilizando 4.729 bombas. Sin embargo, el recuento oficial de civiles muertos por parte del ejército durante todo el año es de solo 22. En cinco años, se reportaron 35.000 ataques pero, por ejemplo, los bombardeos del 18 de marzo que costaron la vida a casi un centenar de inocentes no aparecen por ninguna parte.

En estos ataques, varias ciudades sirias, incluida la capital regional, Raqqa, quedaron reducidas escombros. Las organizaciones de derechos humanos informaron que la coalición causó miles de muertes de civiles durante la guerra, pero en los informes oficiales y en la prensa influyente del mundo no se encuentran, salvo excepciones como el de este informe del NYT. Mucho menos en los informes militares que evalúan e investigan sus propias acciones.

Según el NYT del 13 de noviembre, la CIA informó que las acciones se realizaban con pleno conocimiento de que los bombardeos podrían matar personas, descubrimiento que podría hacerlos merecedores del próximo Premio Nobel de Física.

En Baghuz se libró una de las últimas batallas contra el dominio territorial de ISIS, otro grupo surgido del caos promovido por Washington en Medio Oriente, en este caso, a partir de la invasión a Irak lanzada en 2003 por la santísima trinidad Bush-Blair-Aznar y en base a las ya célebres mentiras que luego vendieron como errores de inteligencia. Guerra que dejó más de un millón de muertos como si nada.

Desde entonces, cada vez que se sabe de alguna matanza de las fuerzas civilizadoras, es por alguna filtración. Basta con recordar otra investigación, la del USA Today que hace dos años reveló los hechos acontecidos en Afganistán el 22 de agosto de 2008. Luego del bombardeo de Azizabad, los oficiales del ejército estadounidense (incluido Oliver North, convicto y perdonado por mentirle al Congreso en el escándalo Irán-Contras) informaron que todo había salido a la perfección, que la aldea los había recibido con aplausos, que se había matado a un líder talibán y que los daños colaterales habían sido mínimos. No se informó que los habían recibido a pedradas, que habían muerto decenas de personas, entre ellos 60 niños. Un detalle.

Mientras tanto, Julian Assange continúa secuestrado por cometer el delito de informar sobre crímenes de guerra semejantes. Mientras tanto los semidioses continúan decidiendo desde el cielo quiénes viven y quiénes mueren, ya sea desde drones inteligentes o por su policía ideológica, la CIA. Este mismo mes, la respetable cadena de radio estatal de Estados Unidos, NPR (no puedo decir lo mismo de la mafia de las grandes cadenas privadas), ha reportado que hace un año la CIA debatió entre matar o secuestrar a Julian Assange.

La conveniente, cobarde y recurrente justificación de que estos ataques se tratan de actos de “defensa propia” es una broma de muy mal gusto. No existe ningún acto de defensa propia cuando un país está ocupando otro país y bombardeando inocentes que luego son etiquetados como “efectos colaterales”.

Está de más decir que ninguna investigación culminará nunca con una condena efectiva a los responsables de semejantes atrocidades que nunca conmueve a las almas religiosas. Si así ocurriese, sólo sería cuestión de esperar un perdón presidencial, como cada mes de noviembre, para Acción de Gracias, el presidente estadounidense perdona a un pavo blanco, justo en medio de una masacre de millones de pavos negros.

Nadie sabe y seguramente nadie sabrá nunca los nombres de los responsables de esta masacre. Lo que sí sabemos es que en unos años volverán a su país y lucirán orgullosas medallas en el pecho que sólo ellos saben qué significa. Sabemos, también, que al verlas muchos patriotas les agradecerán “por luchar por nuestra libertad” y les darán las gracias “por su sacrificio protegiendo este país”. Muchos de estos agradecidos patriotas son los mismos que flamean la bandera de la Confederación en sus 4x4, el único grupo que estuvo a punto de destruir la existencia de este país en el siglo XIX para mantener “la sagrada institución de la esclavitud”.

Tradición que nunca murió. Sólo cambió de forma.

Jorge Majfud es escritor uruguayo-estadounidense. Profesor en la Jacksonville University. 

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Uno de los últimos bloqueos de ruta en Santa Cruz. . Imagen: EFE

El proyecto que ya había sido retirado del Parlamento motivó nueve días de protesta

El presidente del Comité Cívico Pro Santa Cruz y uno de los principales impulsores del paro, Rómulo Calvo, anunció la suspensión de la medida de fuerza pero advirtió que "la lucha debe continuar".

 

Las actividades volvieron progresivamente a la normalidad en Bolivia luego de que sectores de la oposición, comerciantes y transportistas levantaran un paro que duró nueve días hasta la derogación de una resistida ley antilavado. El presidente del Comité Cívico Pro Santa Cruz, Rómulo Calvo, anunció la suspensión de la medida de fuerza pero advirtió que "la lucha debe continuar". La misma decisión adoptaron los cívicos del departamento de Potosí, el otro epicentro de las protestas que el gobierno de Luis Arce evaluó como un nuevo intento de golpe.

Emergencia y cuarto intermedio

La oriental Santa Cruz, la región boliviana que encabezó las movilizaciones contra la anulada ley de Estrategia Nacional de Lucha Contra la Legitimación de Ganancias Ilícitas y Financiamiento del Terrorismo, decidió levantar las presiones aunque se mantiene en estado de emergencia. "Hemos conseguido este logro del pueblo, pero es sólo una batalla, la lucha debe continuar", indicó Rómulo Calvo en rueda de prensa.

"Levantamos el paro indefinido desde este momento y nos declaramos en emergencia y movilización permanente", anunció Calvo antes de insistir en que la administración de Luis Arce "ha salido derrotada" porque "no han logrado doblegar a un pueblo que valientemente defendió con firmeza y convicción su derecho".

La decisión de suspender el paro no fue bien recibida por ciertos sectores y, durante la noche del martes, grupos identificados con la Unión Juvenil Cruceñista (UJC) cercaron el edificio que alberga al Comité Cívico Pro Santa Cruz para pedir la renuncia de Calvo, a quien tildaron de "traidor".

Por su parte, la Conferencia Episcopal de Bolivia (CEB) llamó a las autoridades a evitar la confrontación e ingresar a un "diálogo sincero, limpio y constructivo sobre una agenda nacional" porque la apertura hacia un "Estado autocrático" es el riesgo en caso de aprobarse proyectos y leyes de "dudosa constitucionalidad".

El tránsito en las calles cruceñas y la actividad económica se reestablecieron el miércoles luego del levantamiento del paro. Mientras tanto los cívicos de Potosí, el otro foco fuerte de las protestas, declararon un cuarto intermedio en sus movilizaciones hasta fin de año. Cabe recordar que en Potosí murió un campesino como consecuencia de los enfrentamientos entre cívicos y seguidores del MAS.

A pesar de la derogación de la ley 1386, algunos sectores en La Paz como la Asamblea de la Paceñidad adelantaron que se realizará una gran marcha a favor de la reposición de los dos tercios en las votaciones legislativas y el rechazo de algunas leyes en el marco del "regocijo" de la ley ya abrogada. En contrapunto, organizaciones sociales afines al gobierno también han convocado a cabildos y marchas en ciudades como El Alto, Santa Cruz y Chuquisaca en respaldo a la gestión de Arce.

Evaluación de pérdidas y nuevo proyecto

"Evaluamos las pérdidas causadas por el paro en algunas ciudades, y analizamos medidas para revertirlas", escribió en Twitter el presidente de Bolivia, Luis Arce, en una publicación en la que adjuntó fotografías de la reunión de gabinete ministerial de este miércoles. Por su parte, el expresidente Evo Morales aseguró: "Cada día, con esfuerzo y dignidad el pueblo trabajador derrota los afanes golpistas de cívicos racistas y derechistas que con paros violentos atentan contra la economía de Bolivia".

El gobierno boliviano promulgó en la noche del martes la norma que anula la ley 1386 y la publicó en la Gaceta Oficial, que era uno de los requisitos que exigían los sectores movilizados para levantar el paro. La medida de fuerza encarada por comerciantes, transportistas, cívicos y plataformas de opositores fue señalada por el gobierno como un nuevo intento de golpe de Estado similar al que se produjo durante la crisis de 2019. 

De todas formas, algunas voces críticas dentro del oficialismo admitieron que lo que falló fue la "socialización" que debió hacer el Ejecutivo y los ministerios antes de la aprobación de una ley que la oposición consideró que atentaba contra las libertades ciudadanas. En esa línea, el gobierno boliviano aseguró que trabajará, en colaboración con los sectores pertinentes, en una nueva ley contra la regularización de las ganancias ilegales, cuyo borrador espera tener para diciembre.

18 de noviembre de 2021

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