La OMS y Unicef denuncian las prácticas abusivas de la comercialización de la leche artificial

Distintas organizaciones advierten de que las formas abusivas de comercialización de la leche artificial influyen negativamente en la lactancia materna.

 

En 1981, la Organización Mundial de la Salud y Unicef aprobaban el Código de comercialización de sucedáneos de leche materna para proteger a las familias y al personal sanitario de las prácticas comerciales abusivas y poco éticas de la industria de estos productos. Entre otras prohíbe la publicidad, los mensajes engañosos en cuanto a lactancia, la distribución de muestras gratuitas, las ofertas en los puntos de venta y la promoción a través de internet. Sin embargo, durante estas cuatro décadas se ha incumplido sistemáticamente el Código en la mayoría de países. De hecho, en la última década internet y las redes sociales han sido un escaparate de esta constante vulneración a través de influencers con un elevado poder prescriptor. Una vulneración que trata de influir en las decisiones de las madres y que tiene una repercusión en su salud y en la de los niños y niñas, como denuncia el informe Cómo influye la mercadotecnia de los sucedáneos de la leche materna en nuestras decisiones sobre la alimentación infantil, elaborado por la OMS y Unicef. Según el documento, más de la mitad de las embarazadas afirman haber recibido publicidad de leche artificial de una industria que obtiene 55.000 millones de dólares en ventas al año.

Este primer estudio se ha realizado en ocho países (Bangladesh, Marruecos, México, Nigeria, Reino Unido, Sudáfrica y Vietnam y China), pero los resultados apuntan a una tendencia mundial. “El estudio ha incluido países que representan una variedad de niveles de desarrollo y nivel socioeconómico, organización de sistemas de salud y mecanismos de regulación, así como diversidad de culturas. Los resultados muestran que las practicas poco éticas de la comercialización de la leche de fórmula están presentes en todos los países del estudio. El estudio no busca generalizar, pero sería razonable pensar qué situaciones similares existen en otros países”, explica a El País Leendert Nederveen, jefe de la Unidad Factores de Riesgo y Nutrición de la Organización Panamericana de la Salud de la OMS. Además, según Nederveen, todos los países que han llevado a cabo evaluaciones periódicas del cumplimiento del Código usando la herramienta NetCode han encontrado violaciones masivas. 

Un producto rentable

Nada más revelador que tener hijos para ser conscientes de nuestra fragilidad. La vulnerabilidad y el miedo caen sobre las madres y los padres recientes como una lluvia torrencial. Recuerda Paula Lalaguna, pediatra del Hospital de Barbastro y coordinadora nacional de la IHAN, que las empresas que fabrican leches artificiales son grandes multinacionales que tienen su mercado a nivel mundial, y que las madres y las familias son sus compradores potenciales, por lo tanto lanzan sus estrategias publicitarias en todos los países del mundo y les resultan muy eficaces para captar nuevos clientes, prueba de ello es el crecimiento exponencial de sus ventas como recoge el informe.

Entre las estrategias que se sostienen en la vulnerabilidad de esta etapa se sitúan que “la sociedad actual ha perdido la cultura de la lactancia. Las madres no cuentan con soporte familiar, ni social, para el amamantamiento y la crianza, además, en muchas ocasiones los profesionales que les atienden, no tienen formación sobre lactancia ni sensibilidad hacia el cumplimiento del Código de Comercialización de Sucedáneos de la Leche Materna. En esta situación, las madres se sienten vulnerables e inseguras. La crianza y la lactancia no se ajustan a las expectativas que la sociedad les impone y eso se ve reforzado por la publicidad de las leches artificiales donde todo son facilidades con la promesa de que sus hijos crecerán felices, sanos y bien nutridos sin problemas ni dificultades”, señala Lalaguna. 

Lo mismo indica Anaís Ferrández Rodríguez, presidenta de la Federación Española de la Asociaciones pro Lactancia Materna (FEDALMA), para quien está claro que el marketing busca posicionar este producto por encima del resto ante un público objetivo casualmente muy sensible por distintas circunstancias: los padres y madres de un bebé que en ocasiones son primerizos, con las inseguridades que ello conlleva. Precisamente son las asociaciones y agrupaciones de lactancia las que tratan de dotar de seguridad a las familias. Lo hacen a través de campañas informativas y a través de documentación, vídeos, estudios y testimonios, pero también con el acompañamiento “madre a madre” y con la formación de sanitarios y personas que acompañan a familias. “No podemos suplir la valiosa transmisión que antiguamente hacían nuestras madres, tías, vecinas, abuelas de la práctica de la lactancia, y que lamentablemente se ha perdido, pero al menos estamos acompañadas en estos momentos por madres expertas o profesionalizadas”, dice la presidenta de FEDALMA. 

Según los datos de la OMS y Unicef, la leche artificial reporta 55.000 millones de dólares en ventas. Otro asunto es el de la inversión que se hace para promover la lactancia materna frente al dinero que invierte la industria en la promoción de leche artificial. “Realmente es frustrante. Desde la federación no tenemos presupuesto para renovar la formación en lactancia anual, mientras que las empresas que fabrican sucedáneos de la leche materna, que afectan a la nutrición infantil y violan compromisos internacionales, invierten millones en promover sus productos. Necesitamos más apoyos del sector empresarial y la administración pública si tenemos que formar e informar sobre la lactancia materna”, lamenta Anaís Ferrández. 

La necesidad de un mayor compromiso

Para apoyar a las madres a tomar una decisión informada, Paula Lalaguna cree que es importante cambiar el discurso y no seguir demostrando los beneficios de la leche materna, ya de sobra conocidos, sino hacer énfasis en los riesgos de no amamantar. “La leche artificial conlleva riesgos económicos, ecológicos, afectivos y en salud de las madres y de los niños. Hay que hacer hincapié en esto”. Admite también que queda mucho trabajo por hacer en otros aspectos más allá del informativo. Por ejemplo, entre los profesionales sanitarios: “La difusión y formación sobre el Código de Comercialización de Sucedáneos de la leche materna es uno de nuestros grandes retos. Los profesionales tienen un papel fundamental a la hora de lanzar mensajes firmes de protección y promoción de la lactancia y de proteger a las madres de la publicidad. Sin embargo muy pocos son conocedores y conscientes de la importancia de cumplir el Código y del conflicto de intereses que supone recibir financiación para su formación por parte de casas comerciales de leches artificiales o repartir muestras de leche gratuitas en las consultas. Estas son prácticas habituales, totalmente normalizadas, en nuestros centros de salud y hospitales sobre las que no existe ningún tipo de sanción”. La IHAN garantiza que en los centros acreditados, el Código se cumple y en los que están en alguna de las fases de acreditación se trabaja para lograrlo. “Poco a poco la situación va mejorando, pero es imprescindible un compromiso político y una legislación contundente como promueve la OMS para que la situación cambie”. 

Y es que, muchas veces genera frustración querer pero no poder; bien, por no tener apoyo real (ni en los centros de salud, ni en el propio hospital, ni en el entorno familiar…), bien por encontrarse desprotegidas sin políticas que lo apoyen. ¿Qué supone promover la lactancia si no se acompaña de medidas valientes? Responde Lalaguna que la promoción de la lactancia supone mucho trabajo de colectivos comprometidos, profesionales y grupos de madres que poco a poco y trabajando contracorriente van consiguiendo que la situación mejore. Pero todo este trabajo consigue cambios pequeños y lentos, por lo que considera que “es absolutamente necesario el compromiso de los gobiernos, la adopción de políticas de protección de la lactancia y de cumplimiento del código y la inversión en estrategias de promoción”.  

Leendert Nederveen recuerda que para hacer frente a la comercialización poco ética de la leche de fórmula, la OMS, Unicef y sus socios hacen un llamado a los gobiernos, los trabajadores de la salud y la industria de alimentos para bebés para que implementen y cumplan plenamente los requisitos del Código: “El reporte recomienda aprobar, monitorear y hacer cumplir leyes para prevenir la promoción de la leche de fórmula. Esto incluye: hacer a las empresas responsables por sus prácticas; invertir en políticas y programas para apoyar la lactancia materna; lograr que la industria se comprometa públicamente con el pleno cumplimiento del Código; y rechazar la influencia comercial de la industria de fórmulas a profesionales de la salud, entre otros. La forma en que estas recomendaciones se aplican en cada país son decisiones que compete a cada gobierno”. Un reto enorme que exige un cambio de mirada hacia la maternidad y la infancia.

Las familias tienen un poder limitado

El informe lanzado por la OMS y Unicef encuentra que la comercialización de la leche de fórmula, no el producto en sí mismo, interrumpe la toma de decisiones informada y socava la lactancia materna y la salud infantil. ¿Qué podrían hacer las familias para protegerse de ello ante el desamparo institucional que se sufre en muchos países sin unas políticas de promoción y protección real de la lactancia? Según Leendert Nederveen los padres tienen un poder limitado para responder a estas tácticas de marketing poco éticas y generalizadas. “Los padres pueden rechazar obsequios como cupones gratuitos para obtener leche de fórmula, biberones gratuitos, o muestras gratuitas de leche en fórmula de la industria, familiares, o amigos. Esto es difícil de cumplir si el acceso a información confiable sobre la lactancia materna es limitado, y las medidas para proteger los derechos de los padres no están completamente implementadas”.

Paula Lalaguna también cree que es difícil escapar a esta publicidad, pero estima que la clave es poder manejar estos mensajes de forma crítica, buscar recursos fiables para poder tomar la decisión informada sobre como alimentar a sus bebés, conociendo los riesgos de no amamantar. “Para poder disfrutar de su lactancia y abordarla con seguridad en sí mismas y en su capacidad para amamantar es fundamental buscar instituciones que ofrezcan información y apoyo, talleres de lactancia, grupos de apoyo donde reforzarán sus deseos. En estos espacios les apoyarán en sus decisiones y les ayudarán en las dificultades”.

Anaís Ferrández sugiere a las madres que durante el embarazo lean lo que puedan sobre la lactancia materna para valorar qué desean hacer realmente y, si tienen oportunidad, participar en los talleres y reuniones que se organizan desde los grupos de apoyo. “El hecho de ir y conocer a otras madres, poder preguntarles dudas, participar en los talleres, puede ser una forma de escapar de este marketing salvaje”. 

Por Diana Oliver

2 may 2022

Publicado enSociedad
A pesar de los olores fétidos, la gente de Mosquera continúa su vida cotidiana. Foto Afp

Mosquera. Una inmensa capa de espuma que sale de un río contaminado ha llegado hasta la puerta de las casas de los habitantes de Mosquera, Colombia, un pueblo a 22 kilómetros de Bogotá, quienes están cada vez más angustiados por este fenómeno que, aunque no es nuevo, se ha incrementado en la temporada de lluvias que atraviesa el país.

El olor es fétido y el viento se encarga de dispersarlo rápidamente junto a la espuma contaminada, mientras los habitantes del barrio Los Puentes, ubicado a la ribera del río, continúan su vida cotidiana.

"Esto es producto de la contaminación, de la mala disposición de los residuos, materiales, animales muertos, basura, grasas y detergentes", explica a la agencia de noticias Afp Sergio Valero, director de gestión del riesgo de Mosquera, un municipio de la cuenca baja del río Bogotá, que recoge los desechos en su curso por el límite occidental de la capital.

Gonzalo Roa, habitante del sector desde hace 40 años, aseguró a la agencia Ap que la contaminación del río causa enfermedades respiratorias en los niños y la espuma estropea las puertas y ventanas de las casas. "Ya llevamos muchos años en esta situación".

La autoridad ambiental de la zona explicó que la espuma contaminada está aumentando por la cantidad de detergentes que se vierten en los ríos, sumados a las recientes lluvias. Ante la situación, se están "adelantando operativos de monitoreo, control y seguimiento a los vertimientos para disminuir la generación de éstos", dijo en un video Edwin García, director del Laboratorio Ambiental de la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca. Desde 2020, agregó García, funciona en Mosquera una planta de tratamiento de aguas residuales que tiene entre sus funciones disminuir "la generación de los agentes que puedan generar la espuma".

La autoridad ambiental recomienda a la población evitar el contacto con la espuma contaminada por posibles afectaciones a la salud. La exposición prolongada a estos químicos puede producir daños a la fauna acuática e irritación en la piel humana, según estudios.

Publicado enColombia
Sube la cifra de muertos por covid en Shanghái y Beijing comienza test masivos

Shanghái extrema las medidas de su confinamiento en medio de un repunte de la cifra de fallecidos mientras Beijing comenzó hoy a hacer test masivos y a cerrar urbanizaciones para evitar la propagación de covid en la capital china.

 

La metrópolis oriental anunció este lunes la muerte de otras 51 personas por covid, con lo que la ciudad suma un total de 138 fallecidos desde que decretó hace un mes un confinamiento masivo para atajar un abrupto aumento de casos.

El vicedirector de la comisión sanitaria de Shanghai, Zhao Dandan, enfatizó hoy en que la edad media de los decesos es de unos 81,1 años y que todos ellos tenían alguna enfermedad o patología previa a infectarse con el nuevo coronavirus.

Zhao avisó de que la situación epidémica sigue siendo "grave y compleja" en Shanghái y destacó que la cifra diaria de contagios sigue siendo "alta" después de que se anunciasen 2.472 nuevos positivos y 16.983 casos asintomáticos detectados el domingo.

El funcionario agregó que la ciudad hará otra ronda de test a sus 25 millones de residentes con el objetivo de frenar la curva de contagios "lo más rápido posible".

Entretanto, la última polémica en Shanghái la ha protagonizado el levantamiento de unas enormes vallas verdes -de unos dos metros de altura- en algunas urbanizaciones para impedir que los residentes salgan de sus casas.

Las redes sociales recogieron este fin de semana imágenes de personas confinadas que criticaban desde el balcón a los trabajadores que, enfundados en trajes blancos de protección, erigían estas cercas y protestaban ante la hipótesis de un incendio dado que no podrían salir de sus hogares de ninguna manera.

Algunas de estas vallas se levantaron en complejos residenciales en los que se han detectado positivos y la razón, según las autoridades municipales, es que algunas zonas deben activar un "confinamiento duro" y evitar a toda costa que la gente salga y así evitar nuevos contagios.

Pruebas masivas y confinamientos selectivos en Beijing

Entretanto, el resto del país continúa acumulando nuevos contagios, con casos de transmisión comunitaria en las provincias nororientales de Jilin (79) y Heilongjiang (26), en las surorientales Jiangxi y Zhejiang, ambas con 14, y la capital, Beijing, también con 14 positivos confirmados al margen de los asintomáticos.

Ahora, el número total de contagiados sintomáticos activos en la China continental asciende a 29.178 y la preocupación se ha extendido en Beijing, donde su mayor distrito, Chaoyang, que concentra desde embajadas a rascacielos de negocios, ha exigido a quienes vivan o trabajen en la zona que se sometan a tres pruebas de ácido nucleico durante esta semana.

En las calles del distrito se formaron hoy colas kilométricas para hacerse el test en las garitas designadas a tal efecto, y también se han cerrado ’de facto’ algunas urbanizaciones.

El miedo a que la capital china acabe de nuevo confinada o que llegue a los niveles de Shanghái ha provocado compras masivas en los supermercados -dejando algunos de ellos completamente vacíos- y consejos en las redes sociales sobre qué comprar en caso de cuarentena generalizada.

La ciudad también ha suspendido los grupos turísticos a partir de este lunes -a menos de una semana de cuatro días festivos por el puente del 1 de mayo- y exigido a las agencias de viajes que reembolsen el importe de los paquetes de viajes.

Pese a la alta transmisibilidad de la variante ómicron, China continúa aplicando su estricta política de "tolerancia cero" para atajar esta última oleada de casos, que está provocando cifras récord de contagios no vistas desde el inicio de la pandemia.

Con todo, los rebrotes están siendo muy diferentes al primer brote registrado en China en la ciudad de Wuhan, cuando la tasa de mortalidad sobrepasó el 5 por ciento, según explicó ayer en la televisión estatal el epidemiólogo chino Zhang Wenhong: "La tasa de mortalidad en Shanghái se mantiene en el 0,178 %", aseguró Zhang.

La prensa oficial reconoce que "China ha atestiguado un prominente incremento de rebrotes en todo el país", con más de 500.000 contagios desde marzo, pese a lo cual el país debe "insistir en la política de ’covid cero’ y garantizar la salud de la población en la mayor medida posible".

Según opina hoy el diario Global Times, "hay que actuar" y "ser lo más rápidos en la medida de lo posible" para impedir la propagación del virus, algo que, destaca el periódico, lograron ciudades como Cantón tras detectar sus primeros casos.

"Un confinamiento total solo se puede poner en marcha cuando la propagación está en una fase avanzada o si se detecta temprano pero no se controla de forma decidida. Debemos ser incisivos e identificar a tiempo las fuentes de infección para evitar repuntes", acota el rotativo.

China a las puertas de una crisis sanitaria y social

El Gobierno ahora enfrenta una situación inédita de contagios desde el inicio de la pandemia, con un creciente malestar social que se puede convertir en una bomba de tiempo. Recientemente salieron a la luz las brutales condiciones laborales de los trabajadores chinos bajo el confinamiento. Un caso emblemático es el de Tesla y Foxxcon.

Según un informe del China Labour Bulletin mientras que millones están confinados en sus edificios y departamentos "Los trabajadores industriales viven en sus fábricas para seguir produciendo, los repartidores de alimentos duermen en la calle y trabajan todo el día y el personal médico muere por exceso de trabajo".

El mismo informe señala que en Shanghái, los trabajadores de la salud fueron llamados en medio de la noche y que trabajaron largas horas con equipo de protección insuficiente y sin descansos, administrando pruebas de PCR a la población.

Para los repartidores de entrega de alimentos la situación no fue diferente, se han enfrentado a decisiones difíciles: o encerrarse en sus casa y no tener ingresos o dormir en las calles para continuar trabajando. Se ha informado que estos trabajadores duermen en tiendas de campaña, debajo de puentes y en estaciones de autobuses, especialmente porque otras formas de refugio.

En otra localidad al sureste del país, Shenzhen, uno de los centros industriales más importantes del país y que había sido confinado el mes pasado, los trabajadores industriales han sido encerrados en su lugar de trabajo, viviendo y durmiendo allí para que la producción no se detenga. Los informes señalan que duermen en los terrenos de la fábrica, ya sea en carpas o en camas improvisadas hechas con elementos que tienen a mano, como cajas de cartón, en las instalaciones del gigante Foxconn, conocido por ser el mayor ensamblador mundial de los iPhone.

En las redes sociales chinas circularon algunos videos denunciando la situación que se vive. Tanto de los que se encuentran confinados bajo estricta vigilancia y sometidos a las arbitrariedades del Gobierno, como de los trabajadores esenciales, cada vez más, que trabajan y viven en condiciones denigrantes.

El confinamiento masivo de las estrégicas megaciudades chinas está generando enormes problemas al Gobierno chino que le teme más a un cataclismo económico y social que a la pandemia de coronavirus.

Lunes 25 de abril

Publicado enInternacional
En el Hospital Universitario del Caribe, el presidente de la República fue vacunado por el ministro de Salud, Fernando Ruiz Gómez, con la segunda dosis de Pfizer. https://www.minsalud.gov.co

Vivir de ilusiones, así podría resumirse otra de las características de los malos gobiernos, el de Iván Duque entre ellos, con un Minsalud que se tapa los ojos ante la realidad.

La experiencia global vivida con la pandemia por covid-19 a lo largo de más de dos años y que aún no concluye, ha servido en lo fundamental para revelar con contundencia, al retirar el velo de los ojos a la multitud, las situaciones que de tiempo atrás se viven de desigualdades e inequidades en materia económica, social, cultural, de género, laboral, alimentaria, entre otras.

Para el caso colombiano, en el tema de salud, reveló con mayor contundencia dos aspectos: la enorme debilidad de su sistema de salud, que bajo una orientación de mercado se encaminó principalmente a enfrentar a el covid-19 en sus fases críticas de la enfermedad y no en los procesos de promoción y prevención para cortar la cadena de trasmisión del virus; y de otro lado, volvió a demostrar lo que hace siglos sabemos: que son los sectores más empobrecidos, los subalternos, los más jodidos en sus condiciones de vida, los que más sufren las enfermedades y las muertes, es decir, que la enfermedad y la muerte no se distribuyen democráticamente, sino por condición de clase social.

Estos hechos están sustentados con los datos que el Dane publicó sobre los impactos diferenciados de la pandemia en el país. Llama la atención que sea esta agencia estadística, y no las agencias de salud (es decir el Ministerio de Salud o el Instituto Nacional de Salud), la que da cuenta de manera más detallada de esta situación.

Las cifras muestran desigualdades e injusticias

El Dane ha revelado que el covid-19 fue la primera causa de muerte en Colombia en el último periodo. En un informe del 14 de febrero sobre los nacimientos y defunciones que se reportaron durante el año 2021, parte del 2022 y el consolidado total del 2020, el Departamento de Estadísicas observó que durante el año 2021 ocurrieron 361.017 fallecimientos en el territorio nacional, de los cuales 204.155 fueron hombres, 156.787 del género femenino y 75 fueron de sexo indeterminado1.

El aspecto que resaltó esta institución gubernamental es que para 2021, tanto en hombres como en mujeres, la principal causa de muerte, con 52.648 defunciones (el 23,5% del total), fue el rubro resto de ciertas enfermedades infecciosas y parasitarias, donde se incluyen las muertes causadas por covid-192.

A esta le siguieron los fallecimientos por enfermedades isquémicas del corazón (infartos cardiacos), con 23.588 defunciones (el 15%), las enfermedades cerebrovasculares, con 8.968 defunciones (el 5,7%) y otros tipos con 52.648 (el 33,6%), porcentaje que incluye las muertes por violencia (en 2021, el número de homicidios en hombres se incrementó un 4,3% con relación al mismo periodo de 2020) y por accidentes de tránsito (un total de 1.624 de fallecimiento con un incremento del 3,8% frente al mismo periodo en 2020).

Frente a los fallecimientos por covid-19, entre el 16 de marzo del 2020 hasta el 6 de marzo del 2022, se reportaron 138.511 defunciones, de acuerdo con los datos suministrados por el Ministerio de Salud, siendo el grupo de personas de 85 años y más quienes tuvieron el mayor número de fallecimientos por esta causa, con 20.2843.

Menciona el informe que “según grupo de edad quinquenal, para las defunciones por neumonía e influenza, las personas de 60 años y más, concentran el 76,9% por esta causa. Por covid sospechoso, las personas de 55 años y más concentran el 81,7% del total; por covid confirmado, este mismo grupo concentró el 82,5% del total, y los fallecimientos en menores de 20 años representan el 0,3% de Covid confirmado y el 1,2% para covid sospechoso”4.

De otro lado, el coletazo de la pandemia golpeó de manera severas en la vida de la población colombiana, principalmente en los sectores sociales de bajos niveles económicos, que además de ser los que más han sufrido el covid-19, y donde se concentra el mayor número de muertes por esta causa, han empeorado ostensiblemente sus condiciones de vida, dadas las circunstancias sociales y económicas impuestas por la pandemia. Asunto que también corrobora el Dane al indicar que la distribución de la mortalidad en el año 2021 por covid-19 en el país, se concentró en los estratos socioeconómicos 1 y 2 con el 61,5 por ciento, mientras que para los estratos 6 y 5 fue de solo del 3,4 por ciento del total nacional5.

El sistema de salud: centrado en la enfermedad, no en la salud

Sin duda, no es posible afirmar, como recientemente lo hizo el Ministro de Salud, que el Sistema que el dirige salió robustecido tras la pandemia6.

Los cerca de 140.000 muertos por covid-19 en Colombia7, es un indicador que interpela desde el dolor y el sufrimiento de quienes perdieron sus familiares, a la aseveración hecha por el ministro. Y la muerte de más de 350 trabajadores/as del sector de la salud por covid-198, habla de un sistema de salud indolente que no ha cuidado, ni ahora, ni antes, a sus trabajadoras y trabajadores que son la columna fundamental para su funcionamiento.

La experiencia pandémica demostró que tenemos un sistema de salud centrado en la atención a la enfermedad y no a evitar su aparición o cortar su trasmisión, asunto posible en las enfermedades de carácter infeccioso como es la producida por el coronavirus. Prioridad realzada porque el negocio está en atender la enfermedad, y más aún si es de alto costo, como los miles de casos atendidos en Unidades de Cuidados Intensivos. Evitar la aparición de la enfermedad, en este modelo biomédico y en este tipo de sistema de salud mercantil, no es negocio.


Un sistema por demás inequitativo, que no atendió a quienes principalmente lo necesitaron, por lo cual no puede sostenerse que “[...] respondió por los colombianos con equidad y acceso equilibrado”, como lo afirmó el ministro.

Enseñanzas para avanzar por otro camino

Las enseñanzas que deja la pandemia van en dos caminos: uno, hay que fortalecer los procesos comunitarios territoriales donde se expresó con claridad la solidaridad a través del cuidado, tanto actuando para que el virus no se trasmitiera, como cuidando a aquellos que se enfermaron recuperando saberes y prácticas populares en salud, que sin duda son valiosas. Dos, entender que si hay un sistema de salud de carácter mercantil su objetivo no es preservar la salud de las comunidades, sino lucrarse a partir de atender las enfermedades que sufren las personas y no evitar su aparición, razón por la cual se requiere un cambio de fondo del sistema de salud para que realmente tenga como eje central el cuidado de la salud y la vida, contando con los saberes científicos, pero también con los ancestrales y populares, para colocarlos al servicio de la gente y no del lucro particular.

 

1 El Espectador (febrero 14 de 2022). El Covid-19 fue la principal causa de muerte en 2021 en Colombia. https://www.elespectador.com/salud/el-covid-19-fue-la-principal-causa-de-muertes-en-2021-en-colombia-noticias-colombia/
2 Ídem.
3 www.minsalud.gov.co
4 El Espectador (febrero 14 de 2022).
5 DANE - Departamento Administrativo Nacional de Estadística (2021). Estadísticas Vitales – EEVV. Defunciones por COVID-19 2 de marzo de 2020pr al 9 de mayo de 2021pr. Bogotá.
6 El Nuevo Siglo (marzo 30 de 2022). Sistema de salud salió robustecido tras pandemia: Minsalud. https://www.elnuevosiglo.com.co/articulos/03-30-2022-el-sistema-de-salud-salio-robustecido-de-la-pandemia-minsalud
7 http://www.ins.gov.co/Noticias/Paginas/Coronavirus.aspx
8 http://www.ins.gov.co/Noticias/Paginas/coronavirus-personal-salud.aspx

 

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Publicado enColombia
En el Hospital Universitario del Caribe, el presidente de la República fue vacunado por el ministro de Salud, Fernando Ruiz Gómez, con la segunda dosis de Pfizer. https://www.minsalud.gov.co

Vivir de ilusiones, así podría resumirse otra de las características de los malos gobiernos, el de Iván Duque entre ellos, con un Minsalud que se tapa los ojos ante la realidad.

La experiencia global vivida con la pandemia por covid-19 a lo largo de más de dos años y que aún no concluye, ha servido en lo fundamental para revelar con contundencia, al retirar el velo de los ojos a la multitud, las situaciones que de tiempo atrás se viven de desigualdades e inequidades en materia económica, social, cultural, de género, laboral, alimentaria, entre otras.

Para el caso colombiano, en el tema de salud, reveló con mayor contundencia dos aspectos: la enorme debilidad de su sistema de salud, que bajo una orientación de mercado se encaminó principalmente a enfrentar a el covid-19 en sus fases críticas de la enfermedad y no en los procesos de promoción y prevención para cortar la cadena de trasmisión del virus; y de otro lado, volvió a demostrar lo que hace siglos sabemos: que son los sectores más empobrecidos, los subalternos, los más jodidos en sus condiciones de vida, los que más sufren las enfermedades y las muertes, es decir, que la enfermedad y la muerte no se distribuyen democráticamente, sino por condición de clase social.

Estos hechos están sustentados con los datos que el Dane publicó sobre los impactos diferenciados de la pandemia en el país. Llama la atención que sea esta agencia estadística, y no las agencias de salud (es decir el Ministerio de Salud o el Instituto Nacional de Salud), la que da cuenta de manera más detallada de esta situación.

Las cifras muestran desigualdades e injusticias

El Dane ha revelado que el covid-19 fue la primera causa de muerte en Colombia en el último periodo. En un informe del 14 de febrero sobre los nacimientos y defunciones que se reportaron durante el año 2021, parte del 2022 y el consolidado total del 2020, el Departamento de Estadísicas observó que durante el año 2021 ocurrieron 361.017 fallecimientos en el territorio nacional, de los cuales 204.155 fueron hombres, 156.787 del género femenino y 75 fueron de sexo indeterminado1.

El aspecto que resaltó esta institución gubernamental es que para 2021, tanto en hombres como en mujeres, la principal causa de muerte, con 52.648 defunciones (el 23,5% del total), fue el rubro resto de ciertas enfermedades infecciosas y parasitarias, donde se incluyen las muertes causadas por covid-192.

A esta le siguieron los fallecimientos por enfermedades isquémicas del corazón (infartos cardiacos), con 23.588 defunciones (el 15%), las enfermedades cerebrovasculares, con 8.968 defunciones (el 5,7%) y otros tipos con 52.648 (el 33,6%), porcentaje que incluye las muertes por violencia (en 2021, el número de homicidios en hombres se incrementó un 4,3% con relación al mismo periodo de 2020) y por accidentes de tránsito (un total de 1.624 de fallecimiento con un incremento del 3,8% frente al mismo periodo en 2020).

Frente a los fallecimientos por covid-19, entre el 16 de marzo del 2020 hasta el 6 de marzo del 2022, se reportaron 138.511 defunciones, de acuerdo con los datos suministrados por el Ministerio de Salud, siendo el grupo de personas de 85 años y más quienes tuvieron el mayor número de fallecimientos por esta causa, con 20.2843.

Menciona el informe que “según grupo de edad quinquenal, para las defunciones por neumonía e influenza, las personas de 60 años y más, concentran el 76,9% por esta causa. Por covid sospechoso, las personas de 55 años y más concentran el 81,7% del total; por covid confirmado, este mismo grupo concentró el 82,5% del total, y los fallecimientos en menores de 20 años representan el 0,3% de Covid confirmado y el 1,2% para covid sospechoso”4.

De otro lado, el coletazo de la pandemia golpeó de manera severas en la vida de la población colombiana, principalmente en los sectores sociales de bajos niveles económicos, que además de ser los que más han sufrido el covid-19, y donde se concentra el mayor número de muertes por esta causa, han empeorado ostensiblemente sus condiciones de vida, dadas las circunstancias sociales y económicas impuestas por la pandemia. Asunto que también corrobora el Dane al indicar que la distribución de la mortalidad en el año 2021 por covid-19 en el país, se concentró en los estratos socioeconómicos 1 y 2 con el 61,5 por ciento, mientras que para los estratos 6 y 5 fue de solo del 3,4 por ciento del total nacional5.

El sistema de salud: centrado en la enfermedad, no en la salud

Sin duda, no es posible afirmar, como recientemente lo hizo el Ministro de Salud, que el Sistema que el dirige salió robustecido tras la pandemia6.

Los cerca de 140.000 muertos por covid-19 en Colombia7, es un indicador que interpela desde el dolor y el sufrimiento de quienes perdieron sus familiares, a la aseveración hecha por el ministro. Y la muerte de más de 350 trabajadores/as del sector de la salud por covid-198, habla de un sistema de salud indolente que no ha cuidado, ni ahora, ni antes, a sus trabajadoras y trabajadores que son la columna fundamental para su funcionamiento.

La experiencia pandémica demostró que tenemos un sistema de salud centrado en la atención a la enfermedad y no a evitar su aparición o cortar su trasmisión, asunto posible en las enfermedades de carácter infeccioso como es la producida por el coronavirus. Prioridad realzada porque el negocio está en atender la enfermedad, y más aún si es de alto costo, como los miles de casos atendidos en Unidades de Cuidados Intensivos. Evitar la aparición de la enfermedad, en este modelo biomédico y en este tipo de sistema de salud mercantil, no es negocio.


Un sistema por demás inequitativo, que no atendió a quienes principalmente lo necesitaron, por lo cual no puede sostenerse que “[...] respondió por los colombianos con equidad y acceso equilibrado”, como lo afirmó el ministro.

Enseñanzas para avanzar por otro camino

Las enseñanzas que deja la pandemia van en dos caminos: uno, hay que fortalecer los procesos comunitarios territoriales donde se expresó con claridad la solidaridad a través del cuidado, tanto actuando para que el virus no se trasmitiera, como cuidando a aquellos que se enfermaron recuperando saberes y prácticas populares en salud, que sin duda son valiosas. Dos, entender que si hay un sistema de salud de carácter mercantil su objetivo no es preservar la salud de las comunidades, sino lucrarse a partir de atender las enfermedades que sufren las personas y no evitar su aparición, razón por la cual se requiere un cambio de fondo del sistema de salud para que realmente tenga como eje central el cuidado de la salud y la vida, contando con los saberes científicos, pero también con los ancestrales y populares, para colocarlos al servicio de la gente y no del lucro particular.

 

1 El Espectador (febrero 14 de 2022). El Covid-19 fue la principal causa de muerte en 2021 en Colombia. https://www.elespectador.com/salud/el-covid-19-fue-la-principal-causa-de-muertes-en-2021-en-colombia-noticias-colombia/
2 Ídem.
3 www.minsalud.gov.co
4 El Espectador (febrero 14 de 2022).
5 DANE - Departamento Administrativo Nacional de Estadística (2021). Estadísticas Vitales – EEVV. Defunciones por COVID-19 2 de marzo de 2020pr al 9 de mayo de 2021pr. Bogotá.
6 El Nuevo Siglo (marzo 30 de 2022). Sistema de salud salió robustecido tras pandemia: Minsalud. https://www.elnuevosiglo.com.co/articulos/03-30-2022-el-sistema-de-salud-salio-robustecido-de-la-pandemia-minsalud
7 http://www.ins.gov.co/Noticias/Paginas/Coronavirus.aspx
8 http://www.ins.gov.co/Noticias/Paginas/coronavirus-personal-salud.aspx

 

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Publicado enEdición Nº290
Sábado, 23 Abril 2022 06:11

Nuevos impactos del glifosato

Nuevos impactos del glifosato

Una serie de estudios científicos publicados recientemente muestran nuevos impactos nocivos en la salud humana, animal y vegetal del glifosato y otros agroquímicos usados en la producción agrícola y alimentaria. Además de las graves consecuencias ya conocidas por exposición directa a estos agrotóxicos, varias investigaciones se enfocan en el efecto de los residuos que quedan luego de su aplicación en cultivos. Por ejemplo, la presencia de glifosato en el cuerpo humano debido a la ingestión de residuos en alimentos y agua y también los efectos de residuos del agroquímico que permanecen en los suelos. Uno de los impactos del glifosato que se muestran es la muerte de microbios benéficos dentro de los organismos y el desequilibrio que esto ocasiona en los sistemas digestivo e inmunológico de seres humanos, animales e insectos. Otro aspecto muy preocupante es que genera consecuencias negativas intergeneracionales.

Luego de que la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer de la OMS revisara cientos de artículos científicos y que a partir de ello declarara en 2015 que el glifosato es cancerígeno en animales y probablemente en humanos, se ha publicado un volumen importante de artículos científicos que lo confirman y que agregan otros aspectos.

Un estudio canadiense publicado en 2022 estudia la asociación de enfermedades neurológicas y siquiátricas con la disrupción de la flora intestinal en humanos debido al glifosato, disrupción que además tendría impactos intergeneracionales. Es un enfoque nuevo que plantea resultados muy preocupantes. Se interroga sobre los impactos de la alteración a largo plazo de la relación saludable del eje intestino-cerebro-microbioma y la persistencia de estas alteraciones en generaciones siguientes (Barnett et al, https://tinyurl.com/5n8p2h2b).

Otro estudio señala que, además de los efectos ya conocidos de disrupción hormonal, la presencia de residuos de glifosato y/o sus metabolitos en mujeres en periodo de post-menopausia se asocia a la metilación de ADN, una alteración molecular que puede causar cáncer y acelerar el envejecimiento celular (Lucia et al, 2022, https://tinyurl.com/3frabwbc).

En el caso de las abejas, además de los impactos conocidos de muerte en las colmenas por deriva de agrotóxicos, dos estudios publicados en 2022 encontraron que el glifosato produce desregulación del sistema inmune de las abejas. Ya se había notado lo mismo en ratas de laboratorio. Un equipo de investigadores de la Universidad de Texas encontró que, al igual que con los antibióticos, el glifosato mata parte de la flora intestinal de las abejas, lo cual debilita su sistema inmunológico y aumenta la vulnerabilidad ante enfermedades (Motta et al, 2022 https://tinyurl.com/2p9fysek).

Otro estudio de investigadores de universidades de Canadá analizó el efecto del glifosato y otros herbicidas, fungicidas y plaguicidas, que afectan tanto a abejas como a otros insectos que entran en contacto con esos agrotóxicos por su presencia en plantas y suelos. Encuentran que esto deteriora seriamente la microbiota de insectos y animales, además de disminuir la presencia de microbios benéficos en suelos y ambiente (Daisley et al, 2022 https://tinyurl.com/3m2f8ve6).

En estos y otros estudios, hay mucha preocupación por la devastación de la diversidad microbiana debido a los agrotóxicos, algo que otras investigaciones han comprobado en seres humanos, derivando en mayor vulnerabilidad inmunológica.

Por su parte, un estudio finlandés mostró que los residuos de glifosato presentes en el suelo afectan la producción de fitohormonas de cultivos no-objetivo, alterando su rendimiento y defensas naturales (Fuchs et al, 2022, https://tinyurl.com/2s4jtfc4).

El glifosato es el agrotóxico más usado de la historia de la humanidad, ya que además de la agricultura las empresas promovieron su uso en jardinería, en parques y bordes de caminos y carreteras, entre otros usos, lo cual aumentó su diseminación geográfica y la presencia de residuos en suelos y fuentes de agua. Pero el aumento exponencial del uso se debe a los cultivos transgénicos, que en su casi totalidad son tolerantes a este herbicida, ahora en conjunto con varios otros agroquímicos de gran toxicidad, debido a que el uso intensivo generó resistencia en más de 250 plantas invasoras, lo cual llevó a las empresas a adosarle cada vez más sustancias de alto riesgo.

Lo que explica esta escalada tóxica, con enormes consecuencias negativas en la salud de todas y todos, en las plantas, animales y ecosistemas, es que son unas pocas empresas trasnacionales las que dominan más de dos terceras partes del mercado global de semillas y agrotóxicos. Pese a que la agricultura sin químicos es viable, más sana y más nutritiva, consiguieron imponer el uso de tóxicos y generar dependencia de los agricultores industriales, medianos y hasta chicos, con la connivencia y apoyo de gobiernos. En México existe un decreto, limitado, pero que al menos exhorta a la eliminación del uso de glifosato para 2024. Pese a las maniobras y falsedades de las empresas de venenos y sus representantes como Proccyt, que defienden sus ganancias a costa de la salud de todos, es imprescindible avanzar hacia una agricultura sin agrotóxicos y sin dependencia de las trasnacionales.

Por  Silvia Ribeiro, investigadora del Grupo ETC

Publicado enMedio Ambiente
"Epidemia de sobredosis" de narcóticos sin precedente, alertan en EU

Washington. La Casa Blanca presentó y envió al Congreso su primera Estrategia Nacional de Control de Drogas en medio de lo que califica de una "epidemia" de sobredosis de narcóticos sin precedente, proclamando que representa un nuevo giro en la materia aunque es difícil detectar lo novedoso en su enfoque en reducción de consumo, tratamiento de adicción y cooperación internacional –con México y otros– en "combatir" el trasiego ilegal de enervantes.

La estrategia enfatiza el objetivo de superar la "epidemia de opiaceos", por la que se han registrado 105 mil 752 muertes –66 por ciento de éstas por opiaceos sintéticos incluyendo fentanilo– en los recientes 12 meses, un nivel sin precedente, y de 1999 a la fecha las sobredosis han causado el fallecimiento de casi un millón de estadunidenses.

Por lo tanto, declaró el presidente Joe Biden, la nueva política se enfocará "en los dos grandes impulsores de la invasión de opiaceos: la adicción no atendida y el narcotráfico". Agregó que "es hora de que tratemos la falta de control en el consumo de estupefacientes como cualquier otra enfermedad, y al mismo tiempo estamos irrumpiendo en las redes financieras de los narcotraficantes, sus cadenas de suministro, y las rutas de entrega, incluyendo en Internet".

La atención a la salud se enfoca en la prevención, tratamiento y “reducción de daños. A la vez, se intensifica el "combate a la producción doméstica de cultivo y producción de drogas sintéticas y su comercio".

Tal vez una novedad en esta estrategia inaugural de este gobierno es el reconocimiento explícito de que las políticas locales antinarcóticos han impactado más a comunidades minoritarias. Datos oficiales indican que los negros tienen cinco veces más probabilidad de ser encarcelados por delitos de droga que los blancos.

El documento afirma que "la mayoría de las drogas ilícitas consumidas en Estados Unidos son producidas en el extranjero por organizaciones criminales trasnacionales" (TCO, siglas en inglés), las cuales "amenazan la salud y seguridad de nuestras comunidades al exponer a nuestros ciudadanos a sustancias ilícitamente fabricadas". Más aún, dichas agrupaciones "representan una amenaza a la seguridad nacional" y "la mayor amenaza criminal a Estados Unidos", afirma la estrategia al abordar la dimensión internacional de la lucha antinarcóticos.

Por otro lado, la estrategia propone redoblar la cooperación internacional y abordar el asunto como "una responsabilidad compartida" (frase resucitada después de su entierro temporal durante el gobierno de Donald Trump). Enfatiza el esfuerzo dedicado a combatir a las redes y mecanismos financieros de las TCO como prioridad.

El perfil hacia la frontera sur

La estrategia nacional afirma que las organizaciones criminales de México suministran la mayoría de la cocaína (proveniente de Colombia), metanfetaminas, heroína, fentanilo ilícitamente fabricado (con químicos precursores provenientes de China) y mariguana.

"Los gobiernos de Estados Unidos y México han desarrollado un entendimiento común sobre el impacto económico adverso, en seguridad y en salud pública" de las TCO, afirma el documento en el que se agrega "los gobiernos estamos de acuerdo que reducir el suministro de drogas lícitas es una responsabilidad compartida".

Detalla algunos de los mecanismos de cooperación existentes, y sólo en una referencia muy general indica algunos conflictos: "A pesar de los desafíos resultado de la ley de seguridad nacional de México de 2020", los esfuerzos estadunidenses emplearán "nuestra asociación con oficiales de seguridad pública, analistas, químicos, investigadores, fiscales y personal militar mexicanos para identificar y desmantelar de manera segura los laboratorios clandestinos de droga y llevar ante la justicia a los responsables".

Buscará implementar un programa acordado para la erradicación de amapola así como también para abordar el tema de la seguridad en los puertos marítimos, entre otros rubros de cooperación binacional.

"Respetando la soberanía de México, impulsaremos esfuerzos más allá de iniciativas de construcción de capacidad con México para poner en práctica la responsabilidad compartida de nutrir el desarrollo regional igualitario", como también emplear el Marco Bicentenario a fin de "modernizar la alianza sobre seguridad" bilateral, tanto para combatir la producción y traslado de drogas, reducir la demanda en ambos países, así como para disminuir las armas ilícitas en la frontera común.

Sin embargo, casi todos estos elementos han sido parte de la estrategia antinarcóticos de Estados Unidos desde que proclamó la "guerra contra las drogas" hace medio siglo.

A pesar de los datos confirman que los problemas de adicción, sobredosis, oferta y demanda son cada vez peores, esta versión de la estrategia oficial no reconoce que estas tácticas de "reducción de consumo" doméstico y de interdicción e intervenciones internacionales –todo parte de un marco prohibicionista– han fracasado hasta ahora.

De hecho, las pretensiones en pro de desmantelar el modelo prohibicionista de la lucha antinarcóticos se extienden por todo el país –situación que no se menciona en el documento– y ahora son 18 estados y la capital federal de Washington que han legalizado la mariguana para usos recreativos, incluyendo Nueva Jersey, que ayer comenzó la venta legal de cannabis; en 37 estados es legal el uso medicinal de los derivados de la hierba. Sin embargo, el canabis sigue siendo calificado como una droga ilegal en el código penal federal.

El documento esta disponible en: https://www.whitehouse.gov/wp-content/uploads/2022/04/National-Drug-Control-2022Strategy.pdf.

Publicado enInternacional
Miércoles, 20 Abril 2022 05:25

La próxima pandemia

Los mismos factores que impulsan la crisis climática, especialmente la destrucción ecológica, están directamente relacionados con un mayor riesgo de pandemia. (Jason Colston / Getty Images)

Estamos a tiempo de emprender acciones para detener la próxima pandemia: desde evitar la destrucción del medio ambiente hasta financiar adecuadamente los sistemas sanitarios de todo el mundo. Pero hay pocos indicios de que los gobiernos estén dispuestos a hacerlo.

Los trabajos de modelización basados en datos históricos muestran que, para muchos de nosotros, el coronavirus no es la última pandemia que viviremos. El COVID-19 ni siquiera es la única pandemia de las últimas décadas. Tan solo en los últimos veinte años hemos asistido a una avalancha de acontecimientos epidemiológicos.

Las pandemias recientes han abarcado desde enfermedades tropicales infecciosas y desatendidas hasta enfermedades no transmisibles. Entre ellas se encuentran el brote de ántrax de 2001, el brote de SARS de 2003, la pandemia de H1N1 (gripe porcina) de 2009, la crisis del ébola de 2014 en África Occidental y el brote de Zika de 2015 en América Latina, y esta es una lista no exhaustiva.

Mucha gente parece olvidar que, antes de la pandemia de COVID-19, las pandemias eran algo medianamente habitual, especialmente en el Sur Global. Por ejemplo, todavía estamos atravesando la epidemia de cólera que comenzó en Indonesia en 1961 y que ha reaparecido en toda Asia, Oriente Medio y África en el transcurso de cada década. En la década de 1990 también se produjeron brotes de cólera en Sudamérica por primera vez en más de un siglo. Y la epidemia de VIH/SIDA aún está lejos de terminar.

El riesgo de pandemia se subestima en gran medida, y se invierte demasiado poco en acciones para prepararse para los brotes. La permanente insistencia en una «vuelta a la normalidad» tras el virus del sida sitúa ese riesgo en un nivel superior. En realidad, el hecho es que, a pesar de los enormes avances científicos y médicos, hoy en día el potencial de propagación de las enfermedades es cada vez mayor, a lo que el modo en que funciona el capitalismo global no contribuye en absoluto.

De dónde viene el riesgo

 

Diferentes factores pueden influir en la probabilidad de que una infección se convierta en una pandemia en toda regla. Uno de ellos es la tasa de transmisión de virus de animales a humanos, que va en aumento. En los últimos treinta años, el 75% de las enfermedades emergentes han sido por zoonosis.

Al igual que el virus de COVID-19, otros patógenos están saliendo del circuito de producción. Algunos existen en el eje de la agricultura industrial que, al talar el bosque, aumenta la interfaz entre la fauna silvestre (que constituye el reservorio natural de esos patógenos) y el ganado o los trabajadores locales. Por ejemplo, cada año circulan nuevas cepas de gripe aviar en las aves silvestres de todo el mundo. La agricultura industrial produce por miles el ganado genéticamente similar, así como también aves de corral. Esto facilita que los patógenos infecten y muten, dado que no existe ninguna línea de inmunidad.

Esto significa que los mismos factores que impulsan la crisis climática, especialmente la destrucción ecológica, están directamente relacionados con un mayor riesgo de pandemia. La invasión de «bosques vírgenes» para la minería y la madera puede exponer a los seres humanos a patógenos propensos a las pandemias, como el ébola. El aumento de las temperaturas permite que los mosquitos, las garrapatas y otros insectos portadores de enfermedades proliferen, se adapten a las diferentes estaciones e invadan nuevos territorios. Las inundaciones debidas a condiciones meteorológicas extremas también crean nuevos caldos de cultivo para los mosquitos, lo que hace más probable la propagación de enfermedades tropicales desatendidas, como el dengue. En consecuencia, los países de bajos ingresos que experimentan lo peor de la crisis climática son también los que se ven desproporcionadamente afectados por la propagación de enfermedades infecciosas.

La situación no se ve favorecida por el cambiante panorama de la prestación de servicios sanitarios. Los trabajadores sanitarios se encuentran entre los que emigran a través de las fronteras y en particular fuera del Sur Global, a menudo como resultado de la inestabilidad social, económica y política facilitada y mantenida por los países del Norte Global. Esta «fuga de cerebros» significa que los países más afectados por futuras pandemias pueden carecer de los recursos necesarios para hacerles frente.

En la base de estos procesos está el enfoque de la maximización de los beneficios. La agroindustria se enfrenta a la salud pública mundial y al bienestar del planeta, y la primera mantiene la ventaja. Por lo tanto, para evitar los contagios, los países de todo el mundo deberían abandonar el modelo empresarial en el que se basa gran parte de la agricultura industrial y tratar la agricultura como una economía natural.

La próxima pandemia

 

Los expertos en salud mundial han sugerido que la próxima pandemia provendrá de las familias de los coronavirus o de la gripe. Otros posibles culpables son los virus que se encuentran bajo el subtítulo de Enfermedades Tropicales Desatendidas, como el virus del Nilo Occidental, los filovirus —como el virus del Ébola— y los alfavirus, conocidos por estar asociados a una serie de enfermedades de encefalitis humana. Al igual que el COVID-19, las pandemias que podrían producirse a partir de estos patógenos no se producirían de forma aislada; a su vez, también aumentan la probabilidad de que se produzcan pandemias de enfermedades no transmisibles, como los problemas de salud mental.

El riesgo está en constante evolución. La mejor manera de prepararse es crear una infraestructura de salud pública, que cuente con datos fiables y con la capacidad de emprender contramedidas médicas de uso cotidiano, especialmente en los países más vulnerables. Los grupos de preparación para pandemias del Norte Global, como la Autoridad de Preparación y Respuesta ante Emergencias Sanitarias de la UE, no cuentan con el mismo nivel de recursos en América Latina, Asia o África, a pesar de que para los países con sistemas de salud pública más débiles la preparación es literalmente la diferencia entre la vida y la muerte.

Ya han pasado más de dos años desde que el COVID-19 apareció por primera vez a finales de 2019, y los países de todo el mundo no han logrado unirse con una respuesta cohesionada al virus. En lugar de proteger a las poblaciones más vulnerables, en su gran mayoría han optado por proteger sus propios intereses. El apartheid de las vacunas resultante basta para poner de manifiesto la vulnerabilidad social que se deriva de los sistemas sanitarios que dan prioridad al capital monopolista. Solo la búsqueda de una alternativa independiente de la manipulación política puede demostrar un compromiso con la atención sanitaria mundial y crear una defensa contra futuras pandemias.

A nivel mundial, necesitamos un ecosistema conjunto de preparación para las pandemias, que no dependa de los beneficios y que agilice los procesos de regulación de una forma que, en esta ocasión, los gobiernos no han conseguido. Las soluciones futuras deben tener en cuenta la naturaleza interconectada de los efectos del capitalismo en el clima, en nuestros medios de vida y, especialmente, en nuestra salud.

Publicado enSociedad
Edgar Antonio Villaseñor González, “Pandemia?”, https://www.flickr.com/photos/eantoniovg/3498774363/

A la memoria de Luis Ignacio Sandoval, intelectual honesto, comprometido profundamente con la paz, la democracia y la justicia social. Personas como tú, siempre le harán falta a nuestro país.

 

Hace dos años, cuando transcurría el mes de marzo, en Colombia se declaró oficialmente el primer caso de contagio por el coronavirus Sars-Cov-2 que produce la covid-19. Este fenómeno sanitario de nivel global, desencadenó una gran ola de miedo, producto, de un lado, de la capacidad de daño que se le atribuyó, pero también por la gran incertidumbre frente al mismo dado el desconocimiento de su contagiosidad y letalidad.

La alarma cundió, y el miedo también creció fruto de su exacerbación por los medios de comunicación, asuntos que llevó a tomar medidas tanto gubernamentales, como familiares e individuales, que generaron un cambio profundo en la dinámica de la vida social, cultural y económica.

Los efectos sin duda han sido dispares y la pandemia no se distribuyó “democráticamente” como se planteó a su inicio y como suele suceder con las enfermedades y su ampliación en forma de epidemias y pandemias. Como en la economía, y en la vida cotidiana en general, fueron los sectores más empobrecidos los más afectados en todos los órdenes.

Transcurridos estos dos años, vale la pena preguntarse como sociedad, como especie, por los aprendizajes y por los retos que pudo dejar una experiencia como esta, que nos impuso, durante un largo periodo, apartarnos de la forma “normal” en que habitamos el planeta.

No más el miedo para orientar las actuaciones

Un aspecto que guió el comportamiento de la gente fue el miedo: a contagiarse y morir, miedo a contagiarse e infectar a otros que terminaran muriendo. Asunto fuertemente estimulado por la gobernanza de la pandemia en cabeza de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y muy propagado por los medios de comunicación.

La reacción primaria, ante tal sentimiento, llevó a un aislamiento en muchos casos extremos: la gente se negó a entrar en contacto con otros seres humanos, incluso familiar. Reacción con situaciones angustiantes y dolorosas como la vivida por muchos trabajadores del sector salud que optaron por irse de sus casas por varios meses, aislándose de sus hijos, parejas, padres.

Reacción temerosa, estigmatizadora, que propició en diversidad de sectores el rechazo social, inculpación por posible contagio de los trabajadores de la salud, señalamiento ampliado incluso al transporte público. Actitud hipócrita pues mientras por un lado alababan la heroicidad de los miles que bregaban a diario con infectados por el covid-19, en el contacto directo fluia no la gratitud sino el rechazo.

El miedo es un mecanismo ampliamente utilizado para el control de la población. En lo político, lo conocemos muy bien en el país, lo han potenciado, de manera sistemática, por medio de actos violentos para crear un clima de inseguridad y de esta manera llevar al respaldo social a salidas de mano dura, de base fascista.

El aprendizaje desprendido de este particular, es reconocer muy bien cómo se utiliza el miedo como mecanismo de control y paralización de grupos poblacionales y de orientación de sus decisiones, predisposición que lleva a asumir posturas fuertemente individualistas que rompen lazos de reconocimiento humano y de solidaridad.

Sin desconocer el hecho que un fenómeno sanitario infeccioso que se extiende de manera amplia requiere en ciertos momentos de aislamientos, no puede admitirse quedar paralizados como sociedad por el miedo, perdiendo capacidad de respuestas de cuidado de base solidaria.

Todas las vidas deben importar

La pandemia de covid-19 volvió a mostrar que la salud y la enfermedad tienen una distribución profundamente desigual entre los grupos sociales, dependiendo de la condición económica que prima en ellos.

En Colombia la mayor tasa de infección por covid-19, y las muertes provocadas por ella, la sufrieron principalmente los sectores que padecen precariedad económica. Realidad que resalta al ver la distribución de la mortalidad por covid-19, y que según estadísticas del Dane, se agrupa en los estratos 1 y 2 con el 61,5 por ciento, mientras que en los estratos 6 y 5 solo alcanzó al 3,4 por ciento.

Una realidad, de exposición al virus que no es casual toda vez que quienes más se vieron impactados viven su cotidianidad obligados a salir, sin poder implementar adecuadamente las medidas de bioseguridad, quedando expuestos, en alto grado, al contagio. Si a esto se agregan los problemas de nutrición que tienen, las condiciones precarias de sus viviendas y las dificultades de acceso a los servicios de salud, queda integrado el cuadro de determinaciones que les impone la enfermedad y la muerte.

Es una realidad a la que también se suma el hecho que los impactos de orden socioeconómico producto de la pandemia los padecen en principal grado los sectores subalternos. Y su impacto no es menor: la pobreza creció en más del 10 por ciento, la capacidad adquisitiva de amplios grupos sociales disminuyó enormemente, el desempleo creció y muchas de las alternativas económicas de estos sectores a través de las micro y pequeñas empresas se quebraron, al no recibir ayuda económica del gobierno, contrario al tratamiento dado a la gran empresa.

El mecanismo de subsidio económico, utilizado desde hace varias décadas en el país, volvió a demostrar sus limitaciones para ayudar a que sus beneficiarios capoteen la pobreza. A pesar del clamor y la demanda social expresada con los trapos rojos ondeando en sus ventanas, y de la propuesta desde sectores académicos y sociales de implementar la renta básica universal, el gobierno no quebró su modelo económico ni social y hoy los empobrecidos de siempre lo están más, viviendo muchos de ellos en la miseria, padeciendo hambruma, tal como recientemente lo expresó la FAO, la agencia para la alimentación de la Naciones Unidas.

Entonces, el aprendizaje acá es hacer norma ética que todas las vidas importan, que no solo importan las vidas de los más pudientes, de quienes están en el poder o gozan de sus mieles de manera directa o indirecta, sino que cada ser humano debe ser protegido, cuidado, sanado.

La salud debe orientar la dinámica económica

A la luz del confinamiento general de la población, sin duda duda una decisión apresuada o sin valoración suficiente de los signos que iba arrojando la pandemia en sus primeros días de circulación y la mejor manera de contenerla, se propició una crisis del sistema económico en su conjunto.

Es claro. La producción quedó frenada, la circulación de mercancías reducida a un mínimo, el consumo también quedó alicaido, y con todo ello la acumulación de capital, eje central del sistema capitalista, entró en schok.

Alguién podría decir que la decisión fue altruista, sin embargo, tras percatarse los administradores de diversas piezas del andamiaje mundial de lo errado de su decisión evidenciaron que lo fundamental para ellos era la economía, no la salud ni la vida de las mayorías.


Esta paradoja se vio contradicha en el país, dado que cuando se presentó la peor dinámica epidemiológica de la pandemia, con el mayor número de casos de contagio y de muerte, el gobierno nacional tomó la decisión de abrir totalmente la dinámica económica.

En pleno pico epidemológico el gobierno impuso el retornó a la “normalidad” de la dinámica económica de mercado, esgrimiendo como sustento de tal giro el supueso de que la economía es esencial para la vida. Una visión que refuerza la lógica que por décadas ha primado en el país y el mundo, producto de la cual la economía, centrada en la acumulación de capital, subordina la salud y desprecia la vida.

A la luz de lo sucedidio y padecido por millones, debe quedar como aprendizaje que lo fundamental es el cuidado y protección de la vida, la cual debe orientar el curso de la dinámica económica; es decir, la economía al servicio de la vida y no la vida y la salud al servicio de la economía.


La salud pública debe orientar intervenciones integrales

El tiempo permite leer mejor lo sucedido. El manejo de la pandemia, desde el sector de la salud, se concentró en medidas clásicas de salud pública, utilizadas hace varios siglos en el control de las epidemias: aislamiento con cierre de territorios, higiene de manos, uso de mascarillas, distanciamiento físico, uso de medicamentos y vacunas.

Dos años después de iniciada esta pandemia, se evidencian los desaciertos de su manejo, con cifras muy altas de enfermos y de muertos. El manejo centrado en aislar no dio sus frutos y por el contrario sí trajo otros efectos deletéreos como el empobrecimiento de la gente, e impactos sobre la salud mental.

En estas circunstancias la pandemia reveló la gran debilidad del sistema de salud para enfrentar una crisis de salud de dimensiones especiales. Por ejemplo, desnudó su énfasis en la visión de atención hospitalaria y de gran complejidad, que está ligada a la visión de mercado profundizada con la Ley 100, dejando al margen la visión promocional y preventiva, así como la intervención territorial comunitaria, piezas claves para el desarrollo de una respuesta adecuada en el componente de salud pública.

A su vez, los agentes privados involucrados en el sistema de salud, mostraron su talante, reflejado en la desidia y despreocupación por el diagnóstico, tratamiento y seguimiento a las personas que desarrollaron covid-19.

De igual manera, la apuesta centrada en lo tecnológico para el enfrentamiento de la pandemia, colocando por largos meses todo el acento en habilitar unidades de cuidado intensivo (UCI) y luego en las vacunas, dos años después mostró su limitación, en tanto la pandemia no ha desaparecido como se pretendía y la vacuna, más que cumplir su labor de generación de inmunidad que es su razón de ser, quedó en el campo de disminuir el efecto deletéreo del virus, que no es cosa menor, pero a grandes costos financieros y también humamos por su capacidad de generar efectos adversos y por incorporar un nuevo elemento sociocultural de estigmatización hacia los no vacunados.

Acá el aprendizaje está en reconocer que el control de una epidemia-pandemia no es posible lograrlo solo con medidas de higiene individual, con aislamientos selectivos, con gran tecnología médica o con la vacunación. Se requieren medidas de salud amplias e integrales, que orientadas a mejorar la calidad de vida de toda la población, en especial las condiciones de saneamiento básico y de alimentación; establecer protecciones sociales universales; desarrollar un sistema de salud público de base territorial, que genere potentes procesos de promoción y prevención, de atención primaria y de solida vigilancia en salud; configurar una cultura de cuidado, conteniendo las posiciones altamente individualistas desarrolladas por el actual tipo de sociedad.


Un gran reto: miradas integradoras, que vean el todo no solo la parte

Entender esta pandemia con la enfermedad respiratoria generada por la propagación global de un nuevo tipo de coronavirus, se torna una explicación simplista e insuficiente, que no da pistas para enfrentar estos fenómenos epidémicos que cada vez se van haciendo más frecuentes en nuestro sistema mundo.

Una realidad propiciada y que tiene como causa de base, el tipo de relación establecido por la humanidad con la naturaleza, producto de las formas como se produce y consume de formas intensivas. En especial, las formas como estamos desplazando y entrando en interacción con especies animales, producto del avance de procesos agroindustriales y extractivos que depredan los bosques y las selvas y sacan de sus hábitats naturales a muchas especies, generando nuevas condiciones en ecosistemas para la replicación de vectores y microorganismos que entran con mayor facilitad en contacto con los seres humanos.

A su vez, las formas masivas como hoy se reproducen animales para el consumo humano, entre ellos cerdos, aves, reses y otras especies exóticas, reproducidas y alimenentadas en hacinamiento para engorde en procesos de tiempo cada vez más reducidos, propician y facilitan la incubación y transmición de virus entre ellas y su mutación, de fácil propagación a la especie humana vía consumo.

Por lo tanto, la pandemia coloca de nuevo el reto de mirar los problemas de forma profunda e integral, para ir a las causas últimas y poder tener capacidad de frenar próximas epidemias. Si no cambiamos de fondo las formas intensivas de producir y consumir impuestas por el capitalismo, y con ello generar una relación respetuosa y equilibrada con la naturaleza, nos veremos enfrentados a nuevas epidemias que podrán ser más devastadoras.

Oportunidad desaprovechada

Con la situación de la guerra en el territorio ucraniano, que abre las posibilidades a una guerra nuclear o ampliada en lo territorial, con armas tácticas de destrucción masiva, pero con efectos globales inmediatos, necesariamente surge la pregunta de si realmente aprendimos algo con la pandemia.

Y con sinsabor toca afirmar que aprendimos muy poco, que teníamos un gran afán de retornar a la “normalidad” para continuar produciendo y consumiendo, para seguir en el acelere angustioso de la vida que hoy tenemos, para seguir “salvándonos” individualmente y para continuar en la lógica del tener y no del ser, sin entender que esta “normalidad” es la que nos ha traído al abismo como especie.

Una realidad contradictoria que evidencia que como humanidad estamos ciegos y no logramos comprender la magnitud de fenómenos de alto impacto propiciados por modelos de desarrollo contra natura, como el cambio climático, las pandemias, las guerras nucleares, de ahí que actuamos en sentido contrario a la vida, a riesgo de extinguirnos, con la paradoja que la especie sapiens, al autodestruirse al acabar su hábitat, quedará registrada como la más estúpida de todas las que han pasado por el planeta Tierra.

Ojalá los rayos de solidaridad y de respeto por la naturaleza que también han brillado a lo largo de la pandemia, para cuidar la vida de forma integral, logren ganar espacio en medio de la sordera y estupidez del grueso de la humanidad, actitud potenciada en todos los planos por los agentes del capital, sustento y motor de la realidad que vivimos, y del siniestro futuro que se avecina, posible de evitar si sumamos imaginación, brazos, solidaridad, cooperación, y mucho más.

 

* Profesor Facultad de Medicina, Universidad Nacional de Colombia.

Publicado enColombia
Cientos de toneladas de envases de plástico y microplásticos en una planta de reciclaje. — Gian Ehrenzeller / EFE

El 80% de los individuos analizados tenían partículas de polímero en su sangre, según una investigación de 'Environment International'.

 

Un estudio científico ha encontrado por primera vez restos de microplásticos en la sangre humana. Los resultados demuestran, además, que el nivel de contaminación sanguínea ascendía al 80% de los individuos analizados. Además, las partículas pueden viajar por el cuerpo y alojarse en los diferentes órganos,  lo que podría incrementar los riesgos de mutaciones cancerígenas, tal y como revela una investigación de Environment International.

"Nuestro estudio es la primera indicación de que tenemos partículas de polímero en la sangre; es un resultado innovador", ha dicho a The Guardian Dick Vethaak, ecotoxicólogo de la Vrije Universiteit Amsterdam en los Países Bajos. "La gran pregunta es ¿qué está pasando en nuestro cuerpo? ¿Se retienen las partículas en el cuerpo? ¿Son transportados a ciertos órganos? ¿Y estos niveles son lo suficientemente altos como para desencadenar la enfermedad? Necesitamos urgentemente financiar más investigaciones para poder averiguarlo".

La contaminación plástica genera un impacto ambiental de dimensiones desconocidas. Se han hallado restos de micropartículas, invisibles a la vista del ser humano, en la naturaleza –incluso en la cima del Everest– y en el 75% de las aguas continentales de España. También se han encontrado restos en el organismos de seres vivos como pescados, lo que incrementaba las posibilidades de que pasaran al ser humano a través de la cadena trófica.

Tanto es así, que algunos estudios ya han constatado la presencia de los microplásticos en la orina de niños y adultos, además de agua potable de grifo con restos tóxicos de polímeros, según un prestigioso estudio de Orb Media. La ingesta de microplásticos por parte del ser humano puede afectar directamente a las células, según constató a finales de 2021 una investigación publicada en Journal of Hazardous Materials

madrid

24/03/2022

Publicado enMedio Ambiente