Desarrolla Cuba fármaco que ofrece esperanza a pacientes de Alzheimer

Es seguro, bien tolerado y sin efectos adversos serios, explicó la líder del proyecto

La Habana. El fármaco neuroprotector NeuralCIM –de administración nasal– ofrece a los pacientes de Alzheimer de Cuba y otras latitudes una esperanza desde la ciencia.

En los resultados de los ensayos clínicos realizados fases II y III con el medicamento durante 48 semanas quedó demostrado que es seguro y bien tolerado, sin eventos adversos serios, destacó Teresita Rodríguez, gerente del proyecto.

Parte considerable de los pacientes mostró una reducción en el avance del deterioro cognitivo y mejoría de variables secundarias, agregó.

Ahora se prevé realizar dos ensayos clínicos: uno en La Habana, comparativo, y otro, en el resto de las provincias en la fase IV. En todos los casos, los participantes recibirán medicamentos para el Alzheimer, precisó Rodríguez, citada por el Observatorio Científico.

Del total de pacientes del estudio comparativo, unos serán tratados con NeuralCIM, mientras al grupo de control se le suministrará un fármaco de estándar internacional, aclaró la experta.

Los sitios específicos para estos ensayos se escogerán en reunión con especialistas del ministerio de Salud Pública de Cuba.

El Centro para el Control Estatal de Medicamentos, Equipos y Dispositivos Médicos aprobó el 8 de marzo, según constató Granma, el Registro Sanitario Condicional del fármaco NeuroEpo en la indicación del Alzheimer leve y moderado, informó ayer a través de su cuenta en Twitter Eduardo Ojito Magaz, director general del Centro de Inmunología Molecular, institución desarrolladora de esta molécula.

Según consta en el documento emitido por el Cecmed –compartido por Ojito Magaz–, el Registro para NeuralCim (nombre comercial de NeuroEpo) fue aprobado luego de evaluada la documentación presentada por el CIM.

Se precisó, también, que la condicionalidad del Registro de este producto se establece para la presentación de los resultados de un estudio confirmatorio de eficacia clínica fase III, que debe solicitar autorización en un plazo no mayor de seis meses.

Asimismo, el registro otorgado tendrá una vigencia de tres años, a partir de la fecha de emisión del certificado de inscripción.

NeuroEpo, desarrollado por el CIM en colaboración con otras instituciones de BioCubaFarma, se trata de una formulación nasal de eritropoyetina (EPO) humana recombinante con bajo contenido de ácido siálico, isoforma de composición similar a la que se produce en el sistema nervioso central.

Los resultados del ensayo clínico fases II y III con este producto en pacientes de Alzheimer leve y moderada fueron, como se dijo, alentadores, según se dio a conocer recientemente por autoridades del CIM.

El neoliberalismo autoritario y sus nuevas caras

“La desigualdad no solo es inevitable, sino que es necesaria para el progreso de la sociedad”

Ricardo Salinas, una de las diez personas más ricas de América Latina 

 

Frankenstein, zombi, mutante, 3.0, estos son algunos de los términos utilizados para caracterizar la evolución del neoliberalismo desde el periodo abierto en 2008 y luego durante la crisis pandémica. Con todo, más allá de las variantes que han podido aparecer, en todas ellas predominan unos rasgos cada vez más autoritarios y abiertamente defensores de una concepción individualista radical de la libertad que, sin embargo, ya estaban en sus mismos orígenes. 

En efecto, como se recuerda en diferentes trabajos, como en el de Chamayou (2020) y en artículos de este Plural, los principales referentes originales del neoliberalismo y del ordoliberalismo –como Hayek y Röpke– ya expresaron, bajo la influencia de Carl Schmitt, una creciente desconfianza frente al pluralismo democrático y al incipiente Estado social existentes bajo la República de Weimar. Fue a partir de 1938 y, sobre todo, tras la Segunda Guerra Mundial cuando fueron desarrollando su ideario como alternativa en defensa de la libertad… de mercado frente al keynesianismo fordista del bienestar entonces en ascenso en el centro del sistema-mundo. Frente a lo que consideraban una amenaza colectivista que a su vez sirviera de referencia a los nuevos Estados surgidos de los procesos de descolonización en marcha, su objetivo fue diseñar un proyecto internacionalista de un nuevo orden de mercado global que fuera imponiéndose por encima de las constituciones estatales. Esto no implicaba prescindir de los Estados-nación, sino todo lo contrario, ya que, como bien resume Quinn Slobodian (2021: 176): “Para salvaguardar la constitución económica del mundo haría falta un Estado fuerte, que fuese inmune a las presiones de la influencia democrática”. 

Ese fue el empeño de la corriente que Slobodian denomina ordoglobalismo y que en el marco europeo irá confluyendo con el ordoliberalismo germánico, dando este mayor centralidad al Estado en la puesta en pie de las políticas conocidas como neoliberales. Para quienes promovieron ese proyecto, cuya benevolencia con la Sudáfrica del apartheid y con el Chile de Pinochet es bien conocida, la prioridad que se fue imponiendo fue frenar la “sobrecarga de demandas” ante la que alertaba el famoso informe de la Comisión Trilateral publicado en 1975, en medio ya de un cambio de ciclo del capitalismo.

Será en ese contexto, en tanto que contrarrevolución preventiva tras la revuelta global del 68, cuando el neoliberalismo se irá asentando como mucho más que una política económica para llegar a convertirse en la nueva razón del mundo capitalista. A partir de entonces, podríamos convenir con William Davies (2016) en que va atravesando distintas fases: la primera fue la combativa, que iría de 1979 a 1989; la segunda, la normativa, de 1989 a 2008, y la tercera, la punitiva, abierta en 2008. Sin embargo, antes ya se habían producido los primeros experimentos con las dictaduras latinoamericanas de Chile, Argentina y Brasil, mostrando así la falta de escrúpulo moral alguno para combinar formas abiertamente antidemocráticas con un individualismo propietario como sinónimo de libertad.  

Esa beligerancia del neoliberalismo dio un salto adelante a partir de las victorias electorales de Margaret Thatcher y Ronald Reagan durante los años 80, en plena segunda guerra fría con la URSS. Fue entonces cuando Stuart Hall subrayó la dimensión político-ideológica del thatcherismo como populismo autoritario[01]. Se proponía así subrayar que se trataba de un proyecto dispuesto a luchar no solo en el plano económico, sino también en el de la construcción de un nuevo liderazgo capaz de lograr un cambio de mentalidad política y cultural entre las clases subalternas [02]. No es casualidad que la famosa frase de la ex primera ministra “No hay tal cosa como la sociedad. Lo que existe son hombres y mujeres individuales…, y sus familias”, se haya convertido en una sentencia recurrente de las variantes de neoliberalismo que la han seguido, reflejando todas ellas una convergencia entre neoliberalismo depredador, conservadurismo heteropatriarcal e individualismo radical que no ha dejado de extenderse desde entonces. Ese fue el sentido del carácter combativo que adquirió durante este periodo en su lucha por la hegemonía para entrar luego, tras la caída del bloque soviético y el nuevo salto adelante hacia la globalización capitalista, en la fase normativa, en cuyo marco se produce la progresiva incorporación de China. 

Es en esa nueva fase cuando la llamada tercera vía (con Mitterrand, Felipe González, Blair, Schroeder como principales promotores) viene a confirmar la pujanza del neoliberalismo y su verdadero triunfo como nuevo sentido común global. El proceso de integración europea también debe ser analizado en ese marco de consenso entre la derecha y la izquierda sistémicas en su propósito común de caminar hacia una constitución económica ordoliberal. Esta tuvo en el nuevo europeísmo del Acta Única de 1986 su palanca de lanzamiento para ir plasmándose luego en el Tratado de Maastricht y el Tratado de Lisboa, tras el fracaso del intento inicial de legitimar una Constitución europea que pretendía convertir en ley fundamental sus postulados neoliberales.

Guerra de clase, guerras culturales y nostalgia restauradora

Ese triunfalismo neoliberal llega, sin embargo, a su fin cuando estalla la crisis financiera global de 2008 y, con ella, la inauguración de la fase punitiva, entendida esta no tanto en su forma directamente represiva sino, sobre todo, en la de violencia financiera, teniendo en la crisis griega su manifestación más extrema mediante la imposición del credo neoliberal en contra de la decisión democrática del pueblo griego, expresada a través de un referéndum. La deudocracia pasaba así a estar por encima de la democracia, imponiéndose en las constituciones estatales (como ocurre en el caso español en septiembre de 2011) y tratando así de despolitizar la economía. Mientras tanto, el discurso de ganadores y perdedores se aplica no solo a los Estados, sino también a los individuos…, y a sus familias, haciendo recaer además en las mujeres más tareas de reproducción social.

Es a partir de entonces cuando la terapia de choque neoliberal se va extendiendo al centro del sistema-mundo, después de haberse impuesto en su periferia y en los nuevos capitalismos del Este, ahora criticados como iliberales. Un autoritarismo austeritario que, derrotado ya el movimiento obrero y desarticulado el social-liberalismo, no por ello deja de encontrar nuevas amenazas a su estrategia del shock, destinada a sentar las bases de un nuevo régimen de acumulación. En ese camino irá combinando la guerra de clase con las mal llamadas guerras culturales[03], dirigiéndolas contra los sectores más vulnerabilizados de la población, en particular contra la población de origen no occidental y especialmente la musulmana, asociándola al viejo discurso supremacista del choque de civilizaciones, resucitado tras el 11S de 2001. 

Unas guerras culturales que, como bien ha subrayado Rasmussen, “deben ser comprendidas como síntomas de una mayor culturalización de la lucha económica y social” (Rasmussen, 2018: 683), creando así el caldo de cultivo para el ascenso del posfascismo. El trasfondo de ese crecimiento es el conjunto de efectos sociales derivados de una crisis económica prolongada que han permitido a esa extrema derecha explotar su habilidad para convertir la desafección ante el sistema político y social de sectores de la ciudadanía –sobre todo, perdedores de la globalización, con un peso destacado de un sector de clase media imbuido ahora del miedo a su declive– en un resentimiento colectivo que encuentra en la nostalgia restauradora del viejo Estado protector de los nativos un imaginario alternativo.

Es así cómo en muchos países se ha ido conformando un nuevo bloque interclasista hegemonizado por determinadas fracciones burguesas que se presentan ajenas al establishment dominante. El trumpismo sería su más clara y ascendente manifestación [04] y referencia a escala global, como estamos viendo en India, Brasil, Filipinas, El Salvador o… en el Estado español. Es en el seno de ese bloque donde las nuevas derechas radicales, si bien con distintas variantes en función de las especificidades nacionales y de las correlaciones de fuerzas respectivas, adquieren un peso político y electoral creciente. Se produce así una convergencia que aspira a construir una alternativa de recambio ante la crisis de la democracia liberal y la erosión de las bases sociales de los viejos partidos de la derecha y de la izquierda progresista.

La nueva huida adelante en medio de la crisis pandémica

La irrupción de la crisis pandémica a partir de 2020 ha venido a marcar una nueva fase de crisis de la globalización neoliberal para dar nuevos pasos, sobre todo en los viejos Estados imperialistas, hacia una confluencia cada vez mayor entre las derechas tradicionales y las nuevas derechas radicales. Una convergencia que está conduciendo a la adaptación de sus discursos al nuevo escenario de inseguridad y miedo al futuro, aumentados por esta crisis, mediante el refuerzo de los nacionalismos de Estado y la radicalización en torno a ejes de conflicto que han ido pasando a primer plano. Así ocurre con el conflicto entre salud y economía, entre libertad y solidaridad y apoyo mutuo, entre la lucha consecuente contra la crisis climática y la tendencia a volver al business as usual del capitalismo fosilista, entre la banalización del fascismo y el colonialismo y la reivindicación del antifascismo y el anticolonialismo, sin olvidar los nuevos negacionismos en auge.

Quizás lo más novedoso esté siendo el retorno al centro de la agenda de un discurso sobre la libertad por parte de esas derechas que, en sus versiones más extremas, no hace más que actualizar viejas máximas del anarcocapitalismo, como las predicadas por Robert Nozick (1974) –según el cual la libertad económica y de modo de vida era un valor que el Estado tenía que preservar por encima de los demás–; o las del paleolibertarismo de Murray Rothbard que ha recordado Pablo Stefanoni (2021: 117-125) y recoge Luisa Martín Rojo en este Plural. Una idea de libertad que aparece ahora abiertamente enfrentada a la de igualdad, incluso frente a cualquier intento moderadamente reformista de redistribución de la riqueza o de reforma fiscal progresiva, precisamente en unos tiempos en los que las desigualdades de todo tipo no han dejado de aumentar por todas partes, como no dejan de corroborar informes recientes, como el de Oxfam y, en el caso español, el de FOESSA. 

Sin embargo, como se explica en los artículos de este Plural, ahora esa idea de libertad aparece asociada al derecho al negocio, al enriquecimiento y al expolio, a divertirse, a la soberanía del consumidor, así como a la defensa de la objeción de conciencia individual frente a derechos civiles conquistados a lo largo de las pasadas décadas por diferentes movimientos sociales. Empero, no olvidemos que detrás de esto está, como bien resumen Benquet y Bourgeron (2020: 120), un nuevo libertarianismo financiero que “defiende un punto de vista ético sobre la libertad sin consideración alguna sobre sus efectos en el bien común (…). La libertad de acumular se convierte ella sola en su propia justificación”. 

Con todo, es importante subrayar que este libertarianismo no pretende prescindir del Estado, ya que pese a su retórica antiestatal necesita del mismo para garantizar la puesta en pie de su proyecto. Por eso parece adecuado caracterizarlo como expresión de la aspiración a un “Estado antiEstado” (Toscano, 2021): este tendría como tarea combinar la defensa de los intereses de fracciones burguesas significativas, especialmente los del capital fósil y del sector más especulativo del capital financiero, con guerras culturales desde la sociedad civil, las redes sociales y comunicativas y sectores del aparato estatal –especialmente el judicial con su lawfare– que permitan atraer a capas medias y populares nativas a su proyecto. 

Unas vías de persuasión y conquista ideológica que, a su vez, se apoyan en la extensión e intensificación de distintas formas de control social (junto con el capitalismo de vigilancia de los nueve gigantes tecnológicos) y coercitivo en nombre del orden y la seguridad, frente a la amenaza de revueltas populares que recorre el planeta. Procediendo así, en suma, a acelerar el tránsito del Estado de derecho al Estado penal contra los nuevos enemigos, principalmente las personas pobres no occidentales, con su peor expresión en la práctica creciente de la necropolítica migratoria por unos Estados cada vez más amurallados (Brown, 2015; Mellino, 2021).

En resumen, en la actualidad nos encontramos ante la radicalización de las derechas tradicionales en la mayor parte de los países, reflejando así la influencia que en ellas ejercen las que en el número 166 de esta revista definíamos como “Las nuevas derechas radicales”, con artículos de Judith Carreras, Martín Mosquera, Ugo Palheta, Enzo Traverso y Miguel Urbán, que siguen siendo de lectura muy recomendable. En este nuevo Plural hemos querido prolongar, ampliar y actualizar esos análisis con vistas a poder afrontar mejor los retos que se plantean en esta nueva fase:

Manuel Garí nos recuerda “la pertinaz pulsión autoritaria del neoliberalismo” y su “talón de Aquiles desde que se convirtió en política gubernamental”: la crisis de rentabilidad que le persigue y no logra superar. Subraya también la centralidad de las finanzas en la reproducción de un capitalismo neoliberal que necesita a su vez de más y no menos Estado, con mayor razón cuando aquel ha entrado una fase de “regulación caótica”, como ya la definió Michel Husson, y sin hoja de ruta estratégica común. 

Christian Laval considera que el periodo actual se caracteriza por la tendencia hacia “una nueva guerra civil mundial” que en realidad es una “guerra contra la igualdad en nombre de la libertad”..., de la competencia y del mercado. Constata, con ejemplos como el de Macron, que el extremo centro está asumiendo los discursos y las políticas de la extrema derecha, y alerta ante la creciente confluencia que se está dando entre el neoliberalismo y el populismo nacionalista más autoritario. A continuación, en otro breve texto, pronostica una pérdida de credibilidad del imaginario neoliberal tras la crisis pandémica para reivindicar la centralidad que está teniendo la defensa de los servicios públicos y, en particular, de la salud pública como bienes públicos, no estatales.

Miguel Urbán aborda la evolución de lo que se ha denominado convencionalmente iliberalismo en Hungría y Polonia. Para el autor, los regímenes vigentes en esos países representarían la “fase superior del neoliberalismo”, ya que están llevando al extremo su deriva autoritaria tanto en el plano económico como en el social o cultural. Una tendencia que no es ajena a los efectos negativos del ordoliberalismo de la UE y a la consiguiente frustración popular de las expectativas que generaron las llamadas “revoluciones rectificadoras”.

Luisa Martín Rojo nos ofrece un análisis del discurso de la presidenta de la Comunidad de Madrid dentro de su proyecto de construir una nueva hegemonía en su lucha por mantenerse en el poder. Para ello se centra especialmente en la crítica del uso repetido de la palabra libertad, resignificada como defensa de derechos individuales y de mercado, así como del autocuidado, funcionales ambos a su propósito claro de continuar avanzando en sus “políticas de desmantelamiento del Estado del bienestar”. 

Finalmente, Laura Camargo presta atención a la influencia creciente del trumpismo discursivo dentro del Partido Popular y especialmente en su líder, Pablo Casado. Su evolución reciente viene a confirmar que “una amalgama de neoliberalismo autoritario (…) se está convirtiendo en forma dominante del modelo neoliberal y que en ella encuentran especial acomodo las estrategias de comunicación del trumpismo discursivo”. 

Una tesis que creemos que ha quedado suficientemente demostrada en este Plural y que nos exige ser capaces de contrarrestar la ofensiva de ese neoliberalismo autoritario con discursos y estrategias rupturistas, no subalternas de las versiones progresistas y, sobre todo, mediante la construcción de solidaridades a través de las luchas. Recuperando así la vieja idea antiesclavista y republicana de libertad, entendida como derecho a una vida digna frente a toda forma de despotismo e inserta, como nos propone Luisa Martín Rojo, dentro de la tríada revolucionaria clásica en torno a un horizonte ecosocialista, radicalmente democrático, feminista y antirracista. 

3 marzo 2022 | VientoSur nº 180

Referencias

Benquet, Marlène y Bourgeron, Théo (2020) La finance autoritaire. Vers la fin du nélibéralisme. París: Raisons d’agir.

Brown, Wendy (2015) Estados amurallados, soberanía en declive. Barcelona: Herder.

Chamayou, Grégoire (2020) “1932, Naissance du libéralisme autoritaire”, en Carl Schmitt y Herman Heller, Du libéralisme autoritaire, París: La Découverte. Versión reducida en castellano en https://vientosur.info/sobre-el-liberalismo-autoritario

Davies, William (2016) “Neoliberalismo 3.0”, New Left Review, 101, pp. 129-143.

Hall, Stuart (1985) “Authoritarian Populism: A Reply to Jessop et al.”, New Left Review, 151, pp. 115-124.

Mellino, Miguel (2021) Gobernar la crisis de los refugiados. Madrid: Traficantes de Sueños.

Nozick, Robert (1974) Anarquía, Estado y utopía. Madrid: Siglo XXI.

Rasmussen, Mikkel Bolt (2018) “Postfascism, or the Cultural Logic of Late Capitalism”, Third Text, 32: 5-6, pp. 681-688.

Slobodian, Quinn (2021) Globalistas. Madrid: Capitán Swing.

Stefanoni, Pablo (2021) ¿La rebeldía se volvió de derecha? Madrid: Siglo XXI.

Toscano, Alberto (2021) “Editorial Perspective: Fascist, Freedom and the Anti-State State”, Historical Materialism, 29, 4, 3-21.

Publicado enSociedad
XVII Congreso Mundial de Neurocirugía. Bogotá 13 al 18 de marzo 2022

La World Federation of Neurosurgery Societies WFNS, bajo la organización de la Asociación Colombiana de Neurocirugía ACNC, celebrará su 17th World Congress of Neurosurgery del 13 al 18 de Marzo de 2022 en el Centro de Convenciones Ágora de Bogotá́.

Es el congreso internacional de Neurocirugía más importante del mundo. Se celebra cada 4 años y solo en dos ocasiones se ha celebrado en Latinoamérica: en 1977 en Sao Paulo y en 1993 en Acapulco. Su finalidad es presentar y discutir los avances científicos en el área de la neurocirugía, presentados por los más destacados investigadores en el campo. Bogotá compitió con Yokohama, Dubai, Ciudad del Cabo y Bali, y fue escogida como reconocimiento a la neurocirugía colombiana y a la ciudad de Bogotá.
Por fortuna la pandemia está siendo controlada y podremos reencontrarnos nuevamente en forma personal después de 2 años y medio. Hemos preparado este congreso con esmero y guardamos todos los cuidados y protocolos necesarios para el desarrollo seguro y confortable del evento. En su preparación hemos contado con el decidido apoyo de la Federación Latinoamericana de Neurocirugía FLANC y de los diversos comités de la WFNS.


Durante seis días de intensa actividad científica, se analizarán las novedades y controversias de la neurocirugía actual, a través de un programa científico que presentará las últimas novedades clínicas y quirúrgicas abordando los temas de mayor relevancia de la especialidad ( tumores, enfermedades de la columna vertebral, neurotrauma, epilepsia, aneurismas,etc.)

 

 


Asimismo, se contará con un destacado equipo de coordinadores, líderes en cada una de sus respectivas disciplinas que participarán en las sesiones que se llevarán a cabo, desde cursos precongreso, sesiones plenarias, estado del arte, controversias, sesiones de videos y presentación de casos.


El congreso acogerá de forma presencial a más de 1.500 especialistas en neurocirugía de 85 países, con la misión de generar y promover la educación en neurocirugía y brindará a toda la comunidad mundial de neurocirujanos la oportunidad de compartir experiencias, conocimientos y seguir avanzando como comunidad médica.


Estos 6 días del congreso nos permitirán apreciar los avances recientes de nuestra especialidad y disfrutar de la cultura y la gastronomía colombiana, que se podrá apreciar durante los eventos sociales que hemos preparado especialmente. Durante la ceremonia de inauguración tendremos a la orquesta filarmónica de música colombiana de Bogotá con una muestra de lo mejor de nuestra música. Durante el coctel de bienvenida tendremos una muestra del famoso Carnaval de Barranquilla, el miércoles 16 ofreceremos un concierto de la orquesta sinfónica de Colombia en el emblemático teatro Colón de Bogotá y el jueves durante la cena de despedida disfrutaremos de una fiesta bailable con la participación de la reconocida orquesta de Juancho Torres. Contamos con tours muy especiales a distintos museos (el Museo del Oro - el museo más importante de oro del mundo-, el Museo Nacional, el Museo Botero,etc.) y a múltiples sitios turísticos de la ciudad.
Bogotá, como ciudad cosmopolita, acogedora y multicultural que es, ofrecerá el marco idóneo para celebrar un congreso mundial de esta relevancia en las mejores condiciones.

Enrique Osorio Fonseca
Presidente

 

Publicado enColombia
Hallan en la granada opción para tratar la depresión en la menopausia

La fruta es fuente de fitoestrógenos, los cuales permiten sustituir la terapia de remplazo hormonal, asociada al riesgo de desarrollar cáncer, señalan

 

Varias investigaciones sugieren que la vulnerabilidad para desarrollar trastornos depresivos se relaciona con la fluctuación y disminución de estrógenos antes y durante la menopausia, debido a que dichas hormonas participan en la regulación del estado de ánimo.

Para tratar la depresión durante la menopausia se utilizan antidepresivos y terapia de remplazo hormonal, que pueden producir efectos adversos y, además, algunas pacientes no muestran respuesta; esto hace necesario identificar opciones más eficaces y seguras, explicó Brenda Valdés Sustaita, graduada del Departamento de Farmacobiología del Centro de Investigaciones y Estudios Avanzados (Cinvestav), del Instituto Politécnico Nacional.

La terapia de remplazo hormonal con estrógenos se asocia al riesgo de desarrollar cáncer de endometrio o de mama cuando es administrada por más de cinco años, así como a afectaciones cardiovasculares (infarto o tromboembolismo venoso), por lo que se ha recurrido a tratamientos alternativos como los fitoestrógenos y la granada es una fuente de ellos.

Valdés analizó los efectos antidepresivos de un extracto de esa fruta (Punica granatum) en un modelo animal de menopausia, estudio bajo la dirección de Carolina López Rubalcava, investigadora del Departamento de Farmacobiología del Cinvestav, y Érika Estrada Camarena, del Instituto Nacional de Siquiatría.

Como parte de los resultados se encontró que el extracto de granada produce efectos tipo antidepresivos mediados por los receptores de estrógenos, lo cual sugiere que podría ser una alternativa a la terapia de remplazo hormonal.

En la investigación, parte de la tesis doctoral de Valdés, se determinó que el tipo de receptor a estrógeno involucrado en los efectos antidepresivos de la granada es el denominado beta, asociado principalmente a la regulación de procesos de aprendizaje, memoria y estado de ánimo.

Esto representa una alternativa más segura que la terapia de remplazo hormonal convencional, la cual produce la activación del receptor a estrógeno alfa, asociado con procesos de proliferación celular en tejidos como mama y endometrio que pueden contribuir al desarrollo de cáncer.

Adicionalmente, en las pruebas experimentales se identificó que, de forma similar a algunos fármacos antidepresivos, el efecto reportado para el extracto de granada está mediado por el sistema de neurotransmisión serotoninérgico. La información recabada contribuye a dilucidar algunos de los mecanismos de acción de los compuestos de esta fruta, comprender sus ventajas sobre los tratamientos actuales y establecer las condiciones adecuadas para su uso.

El trabajo se efectuó en un modelo animal de menopausia (ausencia de estrógenos). Para ello, se formaron varios grupos y de manera aleatoria les fue administrado el extracto de granada, vía oral o intraperitoneal, en diferentes dosis y tiempos.

Con la finalidad de evaluar el efecto tipo antidepresivo del extracto se empleó la prueba de nado forzado, que permite detectar cambios en la conducta de los animales (movilidad, nado y escalamiento) tras administrarles las moléculas a analizar. En el caso del extracto de granada aumentó la conducta de nado, lo cual se asocia al sistema serotoninérgico.

La granada tiene alto valor nutricional y, además de fitoestrógenos, posee propiedades antioxidantes, antinflamatorias y anticancerígenas. Por tanto, el efecto tipo antidepresivo podría ser resultado de la sinergia de cada uno de sus componentes y con ello beneficiar al organismo de forma integral, finalizó Valdés.

Los electrones juegan con el psicoanálisis

La escucha como campo gravitatorio

1. El psicoanálisis se ocupa de la roca viva de la castración, de la cosa freudiana --el das ding--. su ónix primordial, su piedra preciosa, su pedrería ligada a los fenómenos del inconsciente.

Como todo fenómeno de disrupción, se presenta como no identificado, como auténtica sorpresa. Un OVNI.

Un cierto tipo de fenómeno evanescente que guarda relación con la roca por las facetas determinantes que allí perviven, perseveran, se trasponen en piedra preciosa o alineación de objetos de joyería por las palpitaciones de magma desde esa roca viva primordial.

II. En las postrimerías de la roca y de sus vetas transgeneracionales, encontramos también ese carácter gravitatorio que tiene una condición negativa, del mismo modo que los electrones se comportan en los alrededores de la estructura del átomo. Giran produciendo saltos, son las vicisitudes de esas partículas --onda que el psicoanálisis tal vez delimitó, en el plano dela experiencia clínica, como objeto “a”-- tal como Lacan lo nombró e inauguró-, que es a un tiempo el “a” pero no precisamente “a”, no sólo eso.

Es más bien un devenir de las partículas de memoria ligadas a la conciencia como fenómeno cualitativo, más afín al principio de incertidumbre, y de los que el objeto “a” sería uno de sus componentes, entre otros.

En el aparato psíquico, este carácter evanescente, entre el comportamiento de la materia y la relación en que las partículas de memoria se ligan y entrelazan, allí mismo rige el principio de incertidumbre, sin poderse establecer un absoluto ni de la memoria, ni de la materia, ni de lo que creemos propio y relevado al nombrar “sujeto” en la experiencia de occidente.

III. Allí la transferencia psicoanalítica tiene algo que enseñarnos, en ese espacio que es una combinación entre escucha y tiempo.

La escucha se vuelve así una variante de los campos gravitatorios, esos que han apantallado el ónix de la materia y de cómo esta relación con lo real de la cosa y del síntoma hacen al desenvolvimiento de una cura.

De cómo en el significante se sitúan las partículas de goce cuerpo, de cómo la escucha hace entonces campo --gravitatorio-- y hace al espacio de la relación con el cuerpo deseante y el goce, en su dimensión real con lo real del cuerpo.

En esta tensión sutil se desenvuelve la transferencia psicoanalítica: por una parte, hace con la gravedad como espacio diseminado y transformado, por otra parte, hace al espacio por su condición de escucha temporalizada.

La escucha psicoanalítica se comporta de este modo como un campo gravitatorio.

IV. Un paciente relata un sueño que nombra “originario”. “Estaba jugando en mi habitación con mi padre, hacíamos volar unos avioncitos. Estábamos felices, disfrutando. Tenía tres o cuatro años cuando lo soñé. De pronto se abrió un agujero en una de las paredes de la habitación. Entraron unos hombrecitos y a mi papá se lo llevaron a otra dimensión, a través del agujero. ¿Por qué estaba tan contento de verlo desaparecer? El agujero se cerró y yo me quedé solo. Me desperté llorando y corrí a la habitación de mis padres para buscarlo. Era domingo por la mañana. Los domingos eran los únicos días que papá estaba en casa. Papá me dijo ese día al borde de su cama: si hubieras tenido este sueño cualquier otro día habrías tenido una de tus crisis respiratorias, habrías pensado que nunca más iba a volver”.

Este sueño de angustia se desenvuelve entre la desaparición, propia del deseo de muerte concomitante a la angustia de castración, y el padre incierto, el padre que no está en casa salvo los domingos, como si se tratara de un auténtico fenómeno en el que los electrones saltan entre posiciones del espectro en la estructura del átomo. Si ese sueño hubiera acontecido cualquier otro día, su padre augura que podría incluso haberlo dejado “sin respiración”, en una dimensión en que la muerte “salta” hasta el cuerpo real en la vigilia misma.

¿El padre, y tal como lo precisa el psicoanálisis, el padre muerto y el padre incierto, no son acaso un fenómeno OVNI por excelencia, como resultado de esos saltos?

Un OVNI: entre el efecto de pantalla del quehacer fantaseador --y onírico- - y las implicaciones --proyecciones-- sobre la posición del desvanecimiento subjetivo --faiding-- que posibilita situar la posición del sujeto del significante respecto de la división subjetiva. Entre la indeterminación de la partícula y el colapso de onda de la posición del hablante por efecto del significante, tal como lo presenta este sueño en el que el padre tanto está muerto como reaparecido, en una gama diversa de posiciones en el espectro.

Confirma, posiblemente, un principio de funcionamiento OVNI: más allá del viviente, y también en relación con las pulsaciones/palpitaciones de la roca viva en los alrededores del agujero desaparecedor.

V. ¿De qué testifica este sueño? No sólo de la preeminencia del padre para el psicoanálisis como fenómeno de lo muerto aparecido, como auténtico OVNI, sino de su más allá en ciernes, su lance en la cultura --por los efectos del sujeto del inconsciente-- hacia otro espacio.

Ese otro espacio se encuentra en la cultura y más allá de ella. Ese más allá no es inhumanidad, sino precisamente la constatación de que, en la estructura de lo humano y por efecto de su posición deseante que es excéntrica, es posible atravesar la fantasmática de los horrores de los que no fuimos advertidos.

Cristian Rodríguez (Espacio Psicoanálisis Contemporáneo. EPC). Este artículo forma parte de un texto en preparación sobre “Las perturbaciones de los campos gravitatorios en psicoanálisis”, para “NaturePhysics”. 

Publicado enSociedad
Afectadas por la vacuna contra el covid-19: “Solo pedimos que se investiguen nuestros casos”

No son negacionistas ni antivacunas. Tampoco tienen ansiedad, como son diagnosticadas la mayoría. Un grupo de personas que han enfermado tras recibir la dosis cuentan sus síntomas, que se enmarcan dentro del cuadro de un posible covid persistente, tal y como van a investigar los especialistas de CIR Long Covid.

 

A Estrella R. le suministraron la primera dosis de AstraZeneca el 7 de abril de 2021. Un día después, el Ministerio de Sanidad y las comunidades suspendían la administración de esta vacuna en menores de 60. La decisión se tomaba después de que la Agencia Europea del Medicamento (EMA) confirmara la relación entre esta vacuna y casos “raros” de trombos. Estrella, quien trabaja en una ONG que atiende a población vulnerable en Madrid, asegura que lanzó la propuesta para que la plantilla fuera incluida en la tanda de vacunación del sector sociosanitario. Y lo consiguió. Quería protegerse a ella y al resto.

Tras la vacuna, fueron apareciendo efectos secundarios que en un primer momento consideró “normales”. “Me pasé durmiendo toda la tarde y al día siguiente tenía un dolor de cabeza horroroso”. Luego llegaron los episodios de dismenorrea, esto es, dolor durante la menstruación. Y luego un gran cansancio. Desmayos en el centro de salud. Sospechas de hipotiroidismo, aunque analíticas en orden. Despistes en el trabajo. Hinchazón en el cuerpo. Incoherencia al hablar. Mar de dudas. “Mi médica de cabecera lo achacó a salud mental. Me mandaron antidepresivos. Pero yo no me encontraba deprimida”.

Estrella iba todos los días a trabajar en bicicleta. Tuvo que dejarlo. No podía ni bajar a comprar. El 15 de junio comenzó una baja de larga duración. Y no ha podido volver a trabajar. “Nunca relacioné los síntomas con la vacuna. El 30 de junio me puse la segunda dosis y ahí se desbocó todo. Me tienen que traer a Albacete con mis padres porque ya soy incapaz de salir de casa. En Albacete se recrudecen los síntomas con vómitos espontáneos, estreñimiento total y una inflamación de todo el cuerpo con un cansancio que me deja en la cama”.

Estrella denuncia que la incomprensión por parte de su médica de cabecera de Madrid fue total. “No entiende que esté en casa de mis padres y de manera unilateral me dice que yo tengo que estar en Madrid, porque yo tengo que estar a su disposición. Que a mí no me pasa nada, que coma más sano y beba mucha agua y me da el alta. Intento por todos los medios parar esto, estaba en una cama sin poder moverme, me tendría que presentar en mi puesto de trabajo. Lo intento y ahí es cuando acabo ingresada en el hospital”.

Después llegó el verano, un desequilibrio en su microbiota y, ante la desesperación, en septiembre, un intento autolítico. Gracias a las redes sociales, tuvo constancia de la existencia de un grupo de Whats App con personas afectadas por la vacuna. Hace dos meses que forma parte de esta comunidad compuesta por 43 mujeres y hombres que comparten sus estados y se apoyan. No son negacionistas ni antivacunas. Solo piden que se investiguen sus casos.

Datos de farmacovigilancia

Según el último informe de Farmacovigilancia de la vacuna contra el covid-19, desde el inicio de la campaña  hasta el 9 de enero se han administrado en España más de 80 millones de dosis y se han registrado un total de 55.455 notificaciones de acontecimientos adversos, un 74% registradas por mujeres. De ellas, 11.048 fueron consideradas graves.

Según este informe, y para los cuatro tipos de vacunas, además de trastornos generales como fiebre o dolor en la zona de la vacunación, se han notificado en su mayoría trastornos del sistema nervioso (cefaleas, mareos) y del sistema musculoesquelético (mialgia y artralgia). Para la vacuna de Moderna se reconoce además la notificación de casos de parestesia, un trastorno de la sensibilidad que se manifiesta con sensaciones anormales sin estímulo previo, como el hormigueo. En concreto hay notificados 158 casos. Para AstraZeneca y para Janssen, se reconocen la manifestación de casos de mielitis adversa —una inflamación de uno o ambos lados de la médula espinal con un único caso notificado en España—así como síndrome de trombosis con trombocitopenia —niveles bajos de plaquetas en la sangre—, con la notificación de 1.809 casos a escala mundial. No hay datos de sus notificaciones en España.

Cuadro de covid persistente

Visión borrosa es lo primero que experimentó Marta, de 25 años, tras recibir la vacuna de Pfizer el pasado 11 de julio. No habían pasado diez minutos cuando empezó a marearse. Hacía calor pero ella sentía frío. “Me eché la siesta con un edredón. Al día siguiente cuando me levanté me empezó a doler el pecho. Estaba muy fatigada y tenía palpitaciones”. Taquicardias que le acompañaron hasta la oficina donde su jefa la recetó teletrabajo. Tras cuatro días así decidió llamar al médico. “Tuve que agarrarme a las paredes para poder bajar a la consulta. Me hicieron un electro, todo estaba bien. Tenía la tensión alta, me mandaron al hospital con el corazón a 130 pulsaciones”.

Y así es como empezó su periplo médico en el que, además de ser diagnosticada con ansiedad como Estrella, ha sido derivada a diferentes especialistas. Del cardiólogo ha pasado al neurólogo y al médico internista. “Empezaron los síntomas neurológicos, las pérdidas de memoria. Estaba desubicada, me echaban la bronca en el trabajo. Tenía dificultades para decir palabras y espasmos musculares. Me hacen pruebas, me mandan de urgencias para descartar una trombosis porque me da un valor de coagulación altísimo. Me mandan a neurología y dicen que estoy perfecta”. Asegura que la mayoría de médicos han visto una posible relación con la vacuna. De hecho, la recomendaron paralizar la segunda dosis.

Marta, que también forma parte del grupo de Whats App de afectadas por la vacuna, ha recopilado diferentes investigaciones que vinculan sus cuadros clínicos con el covid persistente o Long Covid, enfermedad que atraviesan aproximadamente el 10% de individuos con antecedentes de haber pasado la infección por SARS-CoV-2. Entre ellos destaca un artículo publicado en la revista Science titulado “En casos raros, la vacuna contra el covid-19 puede producir síntomas de Long Covid”. En él se explica que el National Institutes of Health (NIH), en Estados Unidos, ya anda tras la pista.

Los síntomas más comunes del covid persistente casan muy bien con el cuadro clínico de las afectadas por la vacuna. En España, el Centro de Investigación y Difusión del covid persistente, CIR Long Covid, ya prepara ensayos clínicos al respecto. Lo confirma a El Salto el médico Francisco Mera Cordero, su presidente. “Los síntomas son muy similares a los de los pacientes con covid persistentes post infección. Astenia, niebla mental, dificultad para respirar, poca tolerancia al ejercicio, síntomas dermatológicos, neurológicos, dolor, hormigueos”, relata. Mera asegura que, si bien es necesario investigar el desencadenante, todo cuadra con una respuesta inmunitaria disfuncional, mediada por la proteína S, la proteína de la espícula, situada en la cubierta del virus.

Esta es la proteína que se inocula en el cuerpo con la vacuna, bien mediante fragmentos de ARN mensajero (Pfizer y Moderna) o bien mediante un vector viral atenuado (AstraZeneca y Janssen). Después de la vacunación, las células comienzan a producir las partes de la proteína de la espícula. Esto hace que el organismo produzca anticuerpos y, en estos pacientes, lo haría de manera descontrolada. “A veces la respuesta inmunitaria no es apropiada y muy probablemente inducirá una hiperestimulación con autoinmunidad cruzada”, asegura Mera. Esto puede ocasionar que los anticuerpos ataquen a células sanas del cuerpo y se desencadena lo que se conoce como reacción autoinmune.

Desde el CIR Long Covid han detectado pocos casos, algunos con síntomas asociados a la vacunación desde marzo de 2021. Quieren conocer sus causas para buscar la solución a la dolencia de estos pacientes, por lo que tienen en mente realizar estudios clínicos donde una de las ramas sean pacientes con clínica de covid persistente post vacunal.

Sin diagnóstico en papel

Yolanda A. L. es profesora de Educación Infantil en Valencia. Tiene 44 años y lleva desde abril del año pasado de baja. El 27 de marzo le pusieron una dosis de AstraZeneca. Desde entonces no ha hecho más que coleccionar síntomas. “Tras los primeros síntomas considerados normales, tuve tres días sin nada. Al quinto día empecé con taquicardias, mareos, ahogos. Empezaron mis visitas a urgencias. He pasado por fases de parestesias, de dificultad motora, mareos, fatiga muscular, lapsus de memoria y desorientación. Algunos días he temido no despertarme de las sensaciones tan extrañas que tenía. Hoy sigo igual, no puedo ni tender la ropa”, explica a El Salto.

Igual que con Estrella o con Marta, los médicos recurrieron al recurso de los problemas mentales como desencadenante. “En el hospital me trataban como histérica, sugestionada, me llegaron a decir que había leído mucho. Me mandaron antidepresivos y para casa. En la primera quincena de abril me da la primera bradicardia, una bajada de pulso hasta 38 pulsaciones”, explica quien no vio más salida que acudir a médicos privados y buscar otras alternativas.

Belén, que ofrece nombre ficticio ante la incredulidad que le rodea en su trabajo, es sanitaria en Euskadi. Muestra a El Salto como, en su caso, durante una visita a la médica de cabecera se recoge  en el informe “reacción a la vacuna” como diagnóstico. “Me vacuno en marzo, a la media hora de ponerme Pfizer tengo visión borrosa, sensación de mareo y nauseas. Llego a casa y no recuerdo cómo. Me caí en el sillón y me quedé dormida. Me despierto a las tres horas y no me puedo poner de pie, agarrada por las paredes. Me fui a la cama hasta el día siguiente. Y ya nunca volví a ser la misma”. Aquel fue el inicio de una cascada de síntomas que han convertido su vida en un ir y venir de consulta en consulta, la mayoría de la privada, ante las listas de espera y la poca recepción que ha tenido su caso en la pública.

 “Llevo once meses sin diagnóstico, sin tratamiento y no viviendo, sobreviviendo”, asegura Belén. “A las personas a las que nos ha sentado mal la vacuna nos han dejado solas. O nos diagnostican de ansiedad para quitarse el muerto de encima. Y qué casualidad que lo que tenemos en común todas es que nos han vacunado y que casualidad que todas estamos con ansiedad”.

Más investigación

“Varios médicos me han dicho que mis dolencias pueden ser por la vacuna, pero sobre el papel nunca ponen nada. Hay una especie de tabú o de miedo a reconocerlo”. Patricia, una joven almeriense de 30 años, y afectada tras la primera dosis de AstraZeneca, resume así su recorrido por consultas públicas y privadas.

“Tras la vacuna, primero tuve la garganta dormida durante dos días. Después dolor de cabeza y mareos durante un mes, mes y medio. Después dolores de piernas e hinchazón, quemazón y todo tipo de sensaciones desde marzo hasta agosto. Después molestias y dolores en el bajo vientre y vejiga”. Por este dolor estuvo de baja dos meses. “Soy profesora y estaba impedida para estar de pie”, asegura. Hace cuatro semanas se contagió por covid y las molestias en la vejiga y los dolores en las piernas se recrudecieron. “Hay algo en el virus que a mí me hace reaccionar así”, concluye mientras espera un diagnóstico.

 “Nosotras lo que pedimos es que se investigue” expresa Estrella que hoy empieza a superar sus problemas cognitivos aunque continúa con los físicos y arrastra un microtrombo. “Entendemos que la vacuna se ha realizado en un contexto de guerra para salvar vidas pero el contexto ha cambiado, la muestra de población en la que se ha inyectado las vacunas es mayor y hay efectos que no se tenían en cuenta, que no han salido hasta el momento. La vacuna se testó pero con una muestra de gente mucho menor. Queremos que evalúen la vacuna para mejorarla”, sentencia.

Y repite que las afectadas y afectados están lejos del negacionismo. “Siento que tengo que estar hilando muy fino porque al decir públicamente que me fui a vacunar y me enfermé me meten en un saco en el que yo no estoy. Yo no digo que la vacuna sea mala, no tengo evidencia científica para poder afirmarlo. Tampoco la hay para que yo enferme a raíz de la vacuna. Pero somos unas cuantas y queremos salir del sótano”, sentencia.

Por Sara Plaza Casares

@SPlazaque
Coordinadora de Sanidad
en El Salto.

16 feb 2022

Jueves, 10 Febrero 2022 05:52

Brasil le hace frente a Bolsonaro

Brasil le hace frente a Bolsonaro

A medida que se acerca la campaña electoral, muchos de los mitos que hicieron atractivo a Bolsonaro se van diluyendo frente a la triste constatación de lo que siempre ha sido: un charlatán, conocido por su agresividad y su postura autoritaria.

A poco más de tres años de la elección del presidente Jair Bolsonaro, Brasil ha pasado de ser una potencia emergente respetada por la mayoría a ser un Estado paria, repudiado por su terrible historial ambiental y de derechos humanos y por lo que Médicos Sin Fronteras ha llamado la peor respuesta del mundo al covid-19. A los brasileños les gusta decir, con humor, que los extranjeros solo conocen el país como una tierra de fútbol, samba y carnaval. Hoy se lo conoce como un importante nodo de teorías conspirativas transnacionales de extrema derecha y erosión democrática. Bolsonaro, quien accedió a la Presidencia de la nación más grande de América Latina impulsado por una ola de sangre reaccionaria reaccionaria, ignorancia obstinada y el optimismo de los actores del establishment convencidos de que podrían controlarlo, se asoma en la cobertura internacional de Brasil como un claro peligro presente.

Sin embargo, Bolsonaro pareció derrumbarse. A mediados de julio, terminó hospitalizado entre eructos y ataques de hipo crónicos. Su internación coincidió con el punto más bajo de su popularidad, sobre todo como resultado de graves acusaciones de corrupción y una investigación parlamentaria sobre su calamitoso manejo de la pandemia.

A medida que se acerca la campaña electoral, muchos de los mitos que hicieron atractivo a Bolsonaro en 2018 se han diluido por la triste constatación de lo que él siempre ha sido: un charlatán incompetente y corruptible, conocido sobre todo por su agresividad y su postura autoritaria. Ya ha habido más de 120 pedidos formales de impeachment contra Bolsonaro, presentados por diversos partidos políticos y organizaciones de la sociedad civil. Buena parte del país se ha vuelto contra este hombre conocido como «El Mito» entre sus simpatizantes.

Entre los críticos están muchos de los bolsonaristas de alto perfil de 2018, entre ellos los gobernadores de centroderecha de San Pablo y Río Grande del Sur. Su rechazo oportunista del presidente señala una pérdida más generalizada del apoyo de destacados líderes políticos partidarios del mercado, que alguna vez coquetearon con la extrema derecha. Millones de votantes de centroderecha que en 2018 votaron a regañadientes por Bolsonaro para impedir el regreso del Partido de los Trabajadores (PT), de centroizquierda, ahora están haciendo el cálculo opuesto al darle su apoyo al ex-presidente Luiz Inácio Lula da Silva como forma más segura de enterrar a Bolsonaro. La mayoría de las encuestas muestran a Lula con una cómoda ventaja sobre el presidente en ejercicio. Es un vuelco sorprendente; hace solo unos pocos años, la carrera política de Lula parecía terminada, luego de haber ido a prisión por cuestionables acusaciones de corrupción.

Lula da Silva terminó su segundo mandato una década atrás con un asombroso índice de aprobación de 80%, habiendo encabezado un gobierno que mejoró la vida de millones mediante políticas sociales redistributivas. En contraste, la política autoritaria y conspirativa del bolsonarismo se opone a la idea misma de un Estado eficaz, sensato y que deba rendir cuentas. Lo que está en juego en la próxima elección está claro. Y cualquier intento de comprender el futuro del bolsonarismo, aun sin su titular al timón, debe considerar cómo surgió y cómo gobernó Bolsonaro en los últimos tres años.

Durante la última campaña presidencial, se retrató a Bolsonaro como una persona franca, un outsider que no se deja intimidar por la corrección política y los negocios. Ignoró las críticas por su larga historia de comentarios homofóbicos, homicidas, sexistas, militaristas y racistas diciendo que sus opositores podrían llamarlo de cualquier modo menos corrupto. Cualquiera que estuviera familiarizado con la política sucia de Río de Janeiro sabía que esto era falso: Bolsonaro y su familia tenían muchos lazos conocidos con las mafias paramilitares que controlan buena parte de ese estado, y Bolsonaro y sus hijos, tres de los cuales ocupan cargos electivos, solían obligar a sus empleados a entregarles una parte de sus salarios para mantener sus empleos. Sin embargo, en 2018, luego de años de escándalos de corrupción muy publicitados, entre ellos la hoy desprestigiada investigación del Lava Jato que contribuyó a derrocar a Lula, la política en Brasil se había vuelto sinónimo de negocios sucios en favor del interés propio. El argumento de Bolsonaro de que él no había sido testigo de ninguna actividad ilícita en su larga carrera política encontró eco en muchos votantes.

Mientras que el ascenso de Bolsonaro indicaba la difusión de un nuevo e insidioso sentido común de derecha, también marcaba el triunfo de la antipolítica: la idea de que los problemas de la sociedad no pueden solucionarse a través de las instituciones, los actores y los sistemas de gobierno existentes. Tras cuatro victorias electorales consecutivas del PT, una porción considerable del electorado llegó a la conclusión de que se necesitaba un cuestionamiento más sólido del sistema político por parte de la derecha. En una encuesta de Latinobarómetro realizada en vísperas de las elecciones de 2018, solo 6% de los brasileños expresó alguna confianza en los partidos políticos existentes y apenas 12% en el Congreso. (A una significativa proporción de los brasileños nunca la convenció la democracia, para comenzar; de hecho, esta no recibió nunca más de 60% de apoyo en las encuestas de Latinobarómetro). Bolsonaro prosperó en medio de esta crisis de confianza.

En lugar postularse con una plataforma definida, Bolsonaro mostró un rechazo visceral a la izquierda, un compromiso de aflojar las restricciones a las matanzas extrajudiciales por parte de las fuerzas de seguridad del país y un vago esbozo de políticas anticorrupción. Muchos votantes recibieron su conducta retrógrada y su falta de pretensión performativa como una bocanada de aire fresco. Bolsonaro ofrecía una suerte de autenticidad pro-ley y orden que atraía a un país en el que los policías que matan a muchos «malvivientes» se convierten en héroes. La sociedad brasileña, todavía moldeada por la historia de la esclavitud, ha mantenido sus desigualdades abismales mediante una especie de apartheid informal. La violencia es esencial a este sistema. Brasil posee la fuerza policial más letal del mundo (mató a 6.416 personas en el último año, en comparación con 2.212 muertes en 2013). Los poderosos siempre han necesitado matones de la calaña de Bolsonaro para mantener a las masas bajo control.

A pesar de su burda afectación, el bolsonarismo se entiende mejor como una reacción virulenta de la elite contra el Estado intervencionista y la extensión de la ciudadanía social en un país profundamente desigual. Como lo plantéo el presidente durante una visita a Estados Unidos poco después de su asunción: «Brasil no es un espacio abierto donde planeamos construir cosas para nuestra gente. Debemos deconstruir muchas cosas. Deshacer muchas cosas para que podamos luego comenzar a hacer cosas. (…). Nuestro Brasil avanzaba hacia el socialismo, hacia el comunismo».

Ya sea despanzurrando las reglamentaciones ambientales, avanzando en la privatización del servicio de correo o debilitando la educación pública, el gobierno de Bolsonaro ha buscado en forma sistemática nuevos mercados y oportunidades para actores privados con buenas conexiones. Según el filósofo Rodrigo Nunes, «el bolsonarismo no solo apoya abiertamente el emprendedorismo, sino que es un fenómeno emprendedor en sí mismo. El bolsonarista por excelencia no es ni rico ni pobre, sino un miembro de la ‘clase media alta inferior’ en movilidad descendente». La habilidad de Bolsonaro para llegar a este segmento de la población explica por qué triunfó donde otros candidatos de derecha recientes –indisociablemente unidos a los estrechos intereses de la elite– fracasaron. En el corazón de este proyecto político están los electorados conocidos como «buey, Biblia y bala», que ejercen un enorme control en el Congreso.

El primero de ellos, la agricultura a gran escala, es uno de los principales impulsores de la deforestación que ha alcanzado niveles alarmantes durante el gobierno de Bolsonaro. Los intereses de la agroindustria buscan constantemente pasturas para alimentar al ganado y cultivos comerciales como la soja. Bolsonaro jamás se enfrentaría a los intereses de la explotación forestal ilegal y los ganaderos rapaces que impulsan la deforestación en la actualidad. ¿Qué bien económico proviene de la selva tropical?

En segundo lugar, está la bancada de la Biblia, una fuerza poderosa en un país que es mayoritariamente cristiano y cada vez más evangélico. En 2018, Bolsonaro ganó 11 millones más de votos entre quienes se reconocen evangélicos de los que logró Fernando Haddad del PT. En un estudio dado a conocer días antes de que Bolsonaro y Haddad se enfrentaran en las urnas, 59% de los evangélicos estaba a favor de Bolsonaro, contra 26% a favor de Haddad. Entre los católicos, que son todavía el grupo religioso mayoritario en Brasil, los candidatos estaban prácticamente empatados. Bolsonaro debió su victoria a esta ventaja decisiva entre los evangélicos. En 2019, se comprometió a nombrar un juez «terriblemente evangélico» para la Supremo Tribunal Federal. En julio de 2021 cumplió su promesa, nominando al pastor y jurista André Mendonça para el más alto tribunal de Brasil. Dado el grado involucramiento de destacados pastores evangélicos en escándalos políticos en los últimos años, su alianza con Bolsonaro parece menos enraizada en un compromiso compartido con la moral cristiana que en una búsqueda mutuamente beneficiosa de control social.

El tercer grupo, la bancada de la bala, representa más directamente la cosmovisión de Bolsonaro. Compuesta por funcionarios surgidos de elecciones con antecedentes en cuerpos de seguridad o en las Fuerzas Armadas, este grupo presiona por leyes menos rigurosas en relación con las armas, sentencias de prisión más duras y mayor libertad de acción para la policía. Bolsonaro mismo ha proclamado a viva voz su apoyo a la tortura y a los asesinatos extrajudiciales a lo largo de su carrera política. Por ejemplo, durante una entrevista televisiva en 1999, exclamó que «las elecciones no van a cambiar nada en este país. Cambiará solo el día que aquí estalle una guerra civil y hagamos el trabajo que el régimen militar no hizo: matar a 30.000. Si muere alguna gente inocente, está bien. En todas las guerras muere gente inocente».

Bolsonaro lanzó su carrera política en 1988 como un ex-capitán insatisfecho del Ejército que se autoproclamó vocero de los intereses de los soldados rasos, policías y bomberos. Hoy estos sectores ultraconservadores integran la base de apoyo más fuerte del presidente en el Congreso y fuera de él. En una posible señal de problemas futuros, se han producido numerosos levantamientos de la policía local en nombre de Bolsonaro, en especial en los estados donde gobernadores opositores implementaron medidas de confinamiento. Estas protestas han tenido hasta ahora un limitado poder de permanencia, pero no es difícil imaginar a los agentes policiales como soldados de infantería del presidente si este decidiese impugnar una derrota en las elecciones de este año. Un coronel de la policía con 5.000 oficiales a su mando que obligó públicamente a funcionarios de seguridad a concurrir a una manifestación en favor de Bolsonaro organizada en San Pablo para el 7 de septiembre, Día de la Independencia de Brasil, fue destituido por el gobernador. Podría resultar más difícil controlar la politización de la policía brasileña a medida que se acerque la elección.

A pesar de su propia mitología como defensores moderados del orden constitucional, los militares brasileños han sido siempre una fuerza corrupta y autoritaria. Muchos de sus líderes comparten la visión conspirativa del presidente. Bajo Bolsonaro, los militares han ideado un sigiloso regreso al gobierno. Ostentan un poder significativo: hay más militares en el gabinete de Bolsonaro de los que hubo en algunos gabinetes de la propia dictadura militar. Parte de su apoyo a Bolsonaro tiene que ver con los beneficios económicos que los oficiales han recibido del gobierno, incluyendo la eliminación de topes salariales para funcionarios públicos, una medida que permite a los oficiales retirados cobrar la totalidad de sus salarios además de sus pensiones militares extremadamente generosas.

Aunque las Fuerzas Armadas han hecho esfuerzos ocasionales para distanciarse públicamente del extremismo de Bolsonaro, están directamente implicadas en los crímenes más atroces del gobierno, entre ellos la acelerada destrucción de la Amazonia, la corrupción generalizada y, sobre todo, la fallida respuesta a la pandemia. Eduardo Pazuello, el general en servicio activo que actuó como ministro de Salud en el pico de la pandemia, contribuyó a promover las curas con aceite de serpiente de Bolsonaro al tiempo que fracasaba en asegurar la provisión de vacunas. Esperó con los brazos cruzados mientras la ciudad de Manaos se quedaba sin oxígeno en medio de la segunda ola en enero de 2021.

El poder de las bancadas del buey, la Biblia y la bala está conectado con la cambiante demografía de la clase política brasileña. En las elecciones de 2014, 2016 y 2018, juró una multitud de nuevos diputados de derecha. 85% de los senadores y 51% por ciento de los diputados nacionales elegidos en 2018 entraban en el Congreso por primera vez, y la mayoría repetía el discurso de outsider de Bolsonaro. Entre ellos se encontraban 72 integrantes de la Policía o el Ejército, un actor porno retirado y un heredero de la familia real brasileña. En su libro Beef, Bible and Bullets [Buey, Biblia y balas] (Manchester UP, 2021), Richard Lapper presenta el perfil de una de las nuevas figuras políticas brasileñas, Katia Sastre, cabo de policía que se hizo famosa por matar a un hombre en la periferia de San Pablo. La nueva clase política se basó más en la influencia een las redes sociales que en el clientelismo político tradicional para acceder a cargos electivos, aun si se ha mostrado más que ávida de disfrutar del tradicional botín disponible para los funcionarios luego de asumir.

El bolsonarismo representa un esfuerzo por debilitar no solo las políticas recientes del PT, sino el Estado moderadamente redistributivo e inclusivo construido con dificultad en Brasil durante el último siglo. Este Estado ha sido en diversas ocasiones autoritario y excluyente, en particular para los pobres de las zonas rurales y los habitantes de la periferia de las principales ciudades del país. Pero se basó en la extensión de una forma limitada de ciudadanía social para la clase obrera brasileña, y casi todos los gobiernos desde 1930, incluyendo la dictadura militar (1964-1985), intentaron construir sobre este legado. Para 2018, sin embargo, un nuevo sentido común conservador había reducido las funciones redistributivas del Estado brasileño a una forma demoníaca de corrupción o comunismo ejercida por el PT para mantener el poder a toda costa. Bolsonaro y sus aliados describían los logros de Lula y su sucesora, Dilma Rousseff, como corruptos e inmorales. La victoria de Bolsonaro vino así a significar no solo la ruina de un legado socialdemócrata moderado, sino también la neutralización de su premisa básica, a saber, que el gobierno federal puede y debería actuar para mejorar la vida de la mayoría de la población.

La elección de Bolsonaro estuvo precedida por un incendio dantesco que destruyó el Museo Nacional en Río de Janeiro, una de las grandes obras emprendidas durante el gobierno de Getúlio Vargas, el líder populista autoritario que sentó las bases del Brasil moderno entre las décadas de 1930 y 1950. El fuego, que consumió piezas de perdurable orgullo nacional e importancia –una gran parte de la herencia cultural del país–, no tuvo demasiada repercusión entre la elite de Brasil. Cuanto mucho, el incendio sirvió como una metáfora patética de lo que la agenda de Bolsonaro, un proyecto esencialmente elitista embozado en un populismo encendido, buscaba lograr: la destrucción completa del legado del Estado post 1930. Uno de los primeros actos de Bolsonaro tras asumir fue cerrar el Ministerio de Trabajo, que estaba en el centro del proyecto político de Vargas. En ese sentido, el proyecto de Bolsonaro continúa el que implementó el gobierno no electo e ilegítimo de Michel Temer, quien llegó al poder mediante un golpe parlamentario que destituyó a Rousseff en 2016. Temer lanzó un ataque abierto a los cimientos del Estado de Bienestar brasileño, destruyendo el código laboral y aprobando una enmienda constitucional que limitaba el gasto federal, junto a otras medidas extremas de austeridad. Los avances sociales logrados con esfuerzo desde el fin del gobierno militar bajo la Constitución de 1988 están hoy en la mira.

El problema para el presidente y sus aliados es que este no es un proyecto político popular, en parte porque no ofrece nada a los que han perdido su empleo o a sus seres queridos a causa del covid-19. El encanto inicial del outsider Bolsonaro se ha desvanecido. Ya no es una incógnita. Brasil ha aprendido dolorosamente quién es y qué representa a través del desastre en curso que es su presidencia. 

Es imposible exagerar el impacto de la pandemia en la decreciente base de apoyo de Bolsonaro. Más de 550.000 personas murieron de covid-19 en Brasil, solo superado en cifras por Estados Unidos y los expertos predicen que superará las cifras estadounidenses en esta métrica nefasta en los meses por venir. El país tiene uno de los sistemas de salud pública más grandes del mundo. Ha respondido en forma rápida y efectiva en pandemias anteriores, estableciendo la capacidad necesaria de producción de vacunas junto con las estrategias de comunicación y distribución requeridas para una crisis. El país tuvo los medios para responder con eficacia a la pandemia –y las autoridades estatales y locales en general actuaron en forma responsable–, pero esa respuesta fue saboteada de manera deliberada por el gobierno de Bolsonaro.

Como declaró a la BBC Pedro Hallal, un epidemiólogo que lidera el estudio más grande sobre covid en Brasil, «Brasil ha hecho todo lo que no se debería hacer». Hallal culpó en particular al presidente por minimizar el riesgo que representaba el virus. A lo largo de la pandemia, Bolsonaro no ofreció apoyo explícito a ninguna medida, desestimando el covid-19 como tan solo «una gripecita». En el pico de la pandemia, Bolsonaro organizó actos masivos casi en forma semanal, llamando a la disolución del Congreso y atacando al Supremo Tribunal Federal. Mientras la pandemia escalaba, el presidente visitaba centros comerciales y mercados al aire libre en Brasilia para sugerir que no había peligro. Intercedió en nombre de las iglesias, permitiéndoles permanecer abiertas como «servicios esenciales» a pesar del alto riesgo de extender el contagio. Su campaña en redes sociales «Brasil No Puede Parar», lanzada justo después de que la pandemia llegara a Brasil en marzo de 2020, impulsó a la gente a volver a sus puestos de trabajo, hasta que un juez federal prohibió rápidamente su difusión. Señaló en varias ocasiones que los gobernadores que tomaban medidas drásticas contra el virus carecían de coraje, y hasta amenazó con desplegar tropas federales para desbancar su autoridad. Los funcionarios del gobierno erraron sistemáticamente por falta de acción, y cuando fueron cuestionados por ese motivo, exageraron la falta de certeza sobre cómo detener la expansión del virus. En lugar de asegurar la provisión de vacunas, Bolsonaro, los militares y sus simpatizantes gastaron sumas incalculables de dinero y tiempo promoviendo remedios inútiles como la cloroquina y la ivermectina como «tratamientos preventivos».

Los observadores extranjeros se han preguntado en forma repetida por qué Bolsonaro se mantuvo tan firme en su negacionismo. Incluso más que Donald Trump, Bolsonaro se ha destacado por su negativa empecinada a tomar con seriedad la pandemia. Una de las razones para esta actitud displicente del presidente es su personaje de macho. Admitir vulnerabilidad sería admitir debilidad. Nunca ha temido expresar su indiferencia frente a la muerte y su sociopatía ocasional está bien documentada. Más allá de estas cuestiones de personalidad, las teorías conspirativas y la mentalidad de asedio paranoica son las marcas distintivas de la administración Bolsonaro. El presidente siempre ha apostado a intensificar la crisis y dejar que sus adversarios traten de razonar con los efectos. En el abordaje de la pandemia, se apoyó en el mismo repertorio de disimulo al que recurrió en crisis de relaciones públicas pasadas. Para esquivar las críticas provenientes del extranjero, el gobierno advierte sobre un intento de debilitar la legitimidad de un presidente debidamente elegido. En el plano nacional, considera que cualquier ataque es una ventaja para la oposición. En ocasiones, Bolsonaro parece deleitarse con su condición de paria.

Esta estrategia se topó con una pared cuando la pandemia se extendió en el tiempo. Los votantes se cansaron de las incesantes guerras culturales y de la politización de la ciencia básica por parte del presidente, mientras sus familiares y amigos morían. Y a fines de abril el Congreso abrió formalmente una investigación sobre el manejo presidencial de la pandemia, lo que resultó en incendiarias revelaciones que erosionaron su posición. La pesquisa reveló múltiples incidentes de supuesta corrupción y un grosero desmanejo que podrían servir como bases para nuevos cargos en un impeachment. Se reveló, por ejemplo, que el gobierno de Bolsonaro no respondió a 53 de los 81 correos electrónicos enviados por Pfizer cuando el gigante farmacéutico estadounidense se puso en contacto para ofrecer vacunas a fines de 2020. Algo quizás más escandaloso, funcionarios del gobierno habrían reclamado un retorno de un dólar por dosis de vacuna comprada a un potencial proveedor. Afortunadamente para Bolsonaro, el vocero de la Cámara Baja del Congreso, un aliado clave, es la única persona que puede iniciar el procedimiento de impeachment. Mientras el presidente mantenga aceitados los engranajes de las partes más corruptibles y turbias del Congreso con fondos federales y la tradicional política clientelista, el impeachment seguirá siendo una posibilidad remota. Sin embargo, la pretensión de altura moral de Bolsonaro parece haberse perdido para siempre.

En el New York Times, Vanessa Barbara describió el abordaje de la pandemia por parte del gobierno –la búsqueda de inmunidad de rebaño y el rechazo de los ofrecimientos de Pfizer y otros fabricantes de vacunas durante muchos meses– como «un clásico plan de supervillano, a la vez perverso y absurdo, mortal y espantoso». Es el resultado inevitable del vaciamiento del Estado bajo Bolsonaro. De hecho, la aparente alergia del presidente a un manejo real del gobierno es el tema en que Lula ha hecho más hincapié desde que fue habilitado para buscar un tercer mandato en las elecciones de 2022. En su discurso de regreso del 10 de marzo de 2021 en la sede central del Sindicato de Metalúrgicos de San Bernardo del Campo, el centro industrial de la región metropolitana de San Pablo de donde surgió por primera vez como figura nacional en la década de 1970, Lula declaró indignado: «¡Este país no tiene gobierno!». A continuación, delineó todos los pasos que habría tomado si hubiera estado a cargo del gobierno cuando estalló la pandemia, cada medida más sensata que la anterior. Más recientemente, comparó a Bolsonaro con la reina de Inglaterra, una figura que toma muy pocas decisiones efectivas.

Desde su regreso a la contienda política, Lula ha resultado ser un adversario formidable para Bolsonaro. Algunas encuestas han mostrado al ex-presidente muy cerca de ganar de manera rotunda en un campo presidencial muy poblado. La resiliencia política de Lula se debe a su capacidad de articular un mensaje conciliatorio basado no en una confrontación ideológica, sino en un reclamo de los valores republicanos básicos que Bolsonaro desdeña en forma manifiesta. También indica el fracaso tanto de la centroderecha como de la izquierda que no es parte del PT para formar una oposición creíble al calamitoso gobierno de Bolsonaro. Los brasileños parecen ansiosos de un retorno a la inclusividad progresista y sobria de Lula luego de años de arrebatos violentos y malintencionados por parte de Bolsonaro que empujaron al país al borde de la catástrofe.

Con su posible desaparición política en el horizonte, Bolsonaro se ha dedicado a poner en duda que las autoridades lleven a cabo elecciones justas en octubre próximo. Hay incluso noticias sobre varias figuras militares experimentadas que repiten las teorías conspirativas paranoicas de Bolsonaro sobre la confiabilidad del voto electrónico, que según los expertos ha virtualmente eliminado el fraude de las elecciones brasileñas. En una democracia saludable, no debería importar lo que pensaran los uniformados sobre el modo en que se desarrollan las elecciones. Pero los militares de Brasil están hoy en el gobierno, con miles de integrantes de las Fuerzas Armadas en puestos civiles. No es claro qué tan dispuestos estarán a dejar el poder si hay un cambio de gobierno este año.

Si el bolsonarismo es una fuerza perdurable en la política brasileña, es probable que se deba al retorno de los militares a la política y al surgimiento de una clase política de derecha que comparte la misma visión del presidente. Parece que el futuro de la política brasileña será una batalla entre la centroizquierda y la extrema derecha. La centroderecha todavía mantiene el poder en algunas regiones, pero por el momento ya no es una fuerza nacional. Al aferrarse a los faldones de Bolsonaro en 2018, abrió la puerta a un conservadurismo radical nunca visto desde el regreso de la democracia en la década de 1980. Estos autoproclamados moderados cargan con una porción enorme de la culpa por el estado deplorable de Brasil.

Teniendo en cuenta que enfrenta un número creciente de dificultades legales, perder las elecciones podría ser la menor de las preocupaciones de Bolsonaro. Pero aun si cae, los efectos sociales a largo plazo de la muerte masiva que Bolsonaro facilitó persistirán muchos años después de que abandone el gobierno. Su arremetida contra la educación pública, el ambiente, las convenciones internacionales y las normas democráticas ha sido traumática. Y muchos de los que terminen votando contra Bolsonaro en una elección nacional bien podrían emitir un voto que lleve al Congreso a ex-policías chiflados que creen en disparar contra los vagabundos, luchar contra el globalismo, erradicar la ideología de género del sistema escolar y destruir la Amazonia a cambio de dinero fácil. En otras palabras, es mucho más difícil eliminar el veneno cívico del bolsonarismo de la Legislatura que de la Presidencia. El mismo Bolsonaro integró el Congreso durante décadas antes de ser elegido para el cargo supremo de su país, y es probable que sus hijos, que en la actualidad cumplen funciones en el gobierno, también ocupen cargos electivos después de 2022. Aun si la posición nacional del presidente es insalvable para el momento de las elecciones, la marca Bolsonaro se mantendrá sólida en el nivel local y de los estados. Más que ser un fin en sí mismo, una victoria de Lula marcaría el comienzo de un arduo esfuerzo por imaginar cómo debería verse un Brasil más justo, igualitario y solidario.

Publicamos este artículo como parte de un esfuerzo común entre Nueva Sociedad y Dissent para difundir el pensamiento progresista en América. Puede leerse la versión original en inglés aquí

Traducción: María Alejandra Cucchi

Publicado enInternacional
Policía con parte de la droga incautada en el asentamiento Puerta 8. ELIANA OBREGON (AFP)

El Gobierno de la provincia de Buenos Aires lanza un aviso a los consumidores: “Quienes compraron droga en las últimas 24 horas tienen que descartarla”

La distribución de cocaína adulterada en el conurbano de Buenos Aires ha provocado una tragedia. Al menos 20 personas han muerto y más de 70 han tenido que ser hospitalizadas debido al consumo de droga que había sido procesada con alguna sustancia “con alto nivel de toxicidad” aún por identificar. Las autoridades sanitarias de la provincia bonaerense han lanzado una alerta epidemiológica mientras que la policía rastrea el origen de la droga envenenada y ha detenido hasta el momento a diez personas.

Las detenciones se han producido en un búnker del asentamiento conocido como Puerta 8, en la periferia de Buenos Aires. Era el lugar señalado como el punto de venta de la cocaína envenenada, según el ministro de Seguridad de la provincia de Buenos Aires, Sergio Berni. “Hemos encontrado el mismo envoltorio que familiares de víctimas nos dieron para investigar”, dijo Berni al canal de noticias TN. “Es muy importante que nos ayuden a mostrar el envoltorio. Es de nailon y de color rosa. Parecería que estuvieron cerrados a termo fusión”, agregó al hablar ante las cámaras sobre la droga incautada.

La preocupación de las autoridades por el caso es muy elevada, lo que ha llevado al ministro de Seguridad provincial a hacer un pedido a todos los consumidores de estupefacientes: “Quienes compraron droga en las últimas 24 horas tienen que descartarla”. Se trata, según dijo, de una sustancia con “alto nivel de toxicidad”.

Los investigadores aguardan el resultado de las pericias toxicológicas para conocer la sustancia letal con la que se mezcló la cocaína. “Esto es excepcional, no tenemos ningún antecedente, lo cual lleva a pensar que la sustancia que sea ha sido incluida intencionalmente. No es un error en el procesamiento del material, o no parece serlo porque todavía la pericias no están”, ha declarado el fiscal general de la localidad bonaerense de San Martín, Marcelo Lapargo.

Los principales síntomas de los consumidores internados son “signos de shock, depresión del sensorio, dificultad respiratoria y excitación psicomotriz”, según la alerta epidemiológica emitida por el Ministerio de Salud al personal médico. Las autoridades sanitarias sospechan que “podría tratarse de cuadros de intoxicación por opiáceos y se desconoce la existencia de otro producto vinculado”, aunque están a la espera de las pericias toxicológicas para confirmar o descartar esa hipótesis.

Los investigadores buscan esclarecer también en qué eslabón de la cadena de distribución de la droga se adulteró y cuáles fueron las razones para hacerlo. Según fuentes citadas por el diario La Nación, una posibilidad es que esté vinculado a una guerra entre bandas de narcotraficantes. “Una hipótesis sugiere que un lote de estupefacientes sufrió una adulteración por parte de un narco para arruinar el negocio de un rival y despejar el territorio de competidores. No hay dudas de que la sustancia tóxica fue puesta a propósito”, dijeron las citadas fuentes.

Las autoridades temen que la cifra de víctimas aumente con el paso de las horas, ya que algunos de los pacientes hospitalizados están en grave estado y llegan aún nuevos intoxicados.

Buenos Aires - 02 feb 2022 - 18:06 COT

Publicado enInternacional
Suicidio y covid: Del fatalismo a la prevención

Si bien el vínculo entre el suicidio y los trastornos mentales está documentado, muchos suicidios se producen en momentos de crisis que limitan la capacidad de afrontar las tensiones inevitables de la vida. Múltiples estudios señalan que el aumento de los suicidios durante esta pandemia ha adquirido cifras alarmantes. En nuestro país hay que agregar el maltrato social (especialmente a los jubilados), la pobreza creciente, la desocupación, el avance arrollador del narcotráfico y la no inclusión social. Todos factores que incrementan en forma exponencial el riesgo de suicidio.

Según cifras provistas por la OMS, aproximadamente 800.000 personas se suicidan anualmente (sin considerar estos 20 meses de catástrofe sanitaria, económica y política). Entre 10 y 20 millones de personas intentan suicidarse cada año. En 1995 murieron más jóvenes por suicidio que por sida, cáncer, apoplejía, neumonía, influenza, defectos congénitos y enfermedades cardíacas sumadas. Algunos estiman aproximadamente 23 intentos por cada suicidio consumado.

En el inicio de mi formación profesional fui becado para trabajar en el Suicide Prevención Center de Los Ángeles. Centro pionero en el abordaje de la prevención y tratamiento del suicidio que desarrolló la autopsia psicológica (que estudia los seis últimos meses de los suicidas “exitosos”). Mediante un extenso estudio epidemiológico elaboraron un cuestionario que permitía diagnosticar con cierta precisión el riesgo suicida. Desde entonces seguí con atención las cifras que evidencian el incremento de suicidios. En este texto pretendo difundir elementos que contribuyan a su prevención.

El proceso suicida suele atravesar tres fases: 

  1. Aparición de la idea suicida ante una situación conflictiva o un estado de humor deprimido. 
  2. En la fase de duda el individuo pasa de la idea a la posibilidad de llevar a cabo la idea. 
  3. En la fase de decisión aparecen los preparativos para pasar al acto.

Múltiples motivaciones pueden llevar a un intento de suicidio: 

  1. Desesperación por no alcanzar ciertas objetivos, lo que se considera un fracaso. 
  2. Huida ante ciertas situaciones. 
  3. Una forma de llamar la atención. 
  4. El sufrimiento crónico propio de las depresiones graves. 
  5. La soledad y el aislamiento.

Además de describir los factores sociales implicados en el suicidio, los estudios epidemiológicos han demostrado que casi el 50% están afectados por una forma u otra de depresión. Los trastornos fronterizos así como el abuso o adicción a sustancias psicoactivas, incluyendo el alcohol, favorecen la conducta suicida. Las situaciones conflictivas de pareja o familiares, los duelos, el aislamiento social, la pérdida del status socioeconómico, aumentan el riesgo suicida.

Los intentos son más frecuentes en las mujeres, mientras que la consumación es más probable en los varones. Las tentativas son más frecuentes en los jóvenes (con menos de 35 años), mientras que la consumación es más frecuente en personas mayores de 65 años.

Los problemas económicos son el principal factor para el grupo con edades comprendidas entre los 40 y los 65 años. En pacientes con más de 65 años, las enfermedades desempeñan un papel protagónico y es el factor mas frecuente en los mayores de 80 años.

La tasa de suicidios aumenta en pacientes mayores de 65 años. Inciden factores como el aislamiento social, la pérdida del cónyuge, la inestabilidad económica y el tratamiento inadecuado de las depresiones. Las características de esta población, incluyendo la depresión enmascarada (múltiples quejas somáticas o temores sin fundamento de padecer una enfermedad somática) y la seudodemencia (disminución ficticia de la capacidad cognitiva por un trastorno depresivo primario).

La manera más eficaz de prevenir la conducta suicida es la detección precoz de la depresión, instaurando un tratamiento adecuado, valorando el potencial suicida del paciente y si éste es elevado, tomando medidas de contención como la psicoterapia, los antidepresivos, la internación psiquiátrica o domiciliaria.

Las depresiones constituyen la categoría diagnóstica más frecuente entre las personas que se suicidan. Aproximadamente el 15% de los pacientes acabará consumando el suicidio. La más alta incidencia de suicidios se presenta en trastorno depresivo mayor así como en la fase depresiva de la forma bipolar.

Si aproximadamente el 15% de los pacientes depresivos cometen suicidio, la convierte en una de las enfermedades más letales. El trastorno depresivo mayor tiene un riesgo de suicidio 20 veces mayor al de la población general, así como los pacientes bipolares tipo I tienen un riesgo 15 veces mayor.

La dependencia de sustancias (alcohol o drogas) aumenta hasta cinco veces el riesgo de suicidio. Después de las depresiones, la dependencia de sustancias constituye el diagnóstico más frecuente en las personas que cometen suicidio. Además del riesgo de suicidio que comporta la dependencia del alcohol, la intoxicación alcohólica aguda lo aumenta. Además, la desinhibición y la escasa capacidad de juicio asociadas al estado de intoxicación pueden provocar comportamientos de alto riesgo, como accidentes de tránsito y sobredosis.

La desesperanza y la desesperación sin ser específicas de las depresiones pueden acompañar a otros síndromes: esquizofrenia, trastornos de ansiedad y enfermedades médicas. La vergüenza y la humillación son factores que subyacen al suicidio.

*Luis Hornstein es médico psicoanalista. Premio Konex de Platino a la trayectoria en psicoanálisis (década 1996-2006). Su útimo libro es Ser analista hoy (Paidós, 2018).

Publicado enSociedad
Robot ejecuta con éxito la primera cirugía laparoscópica para unir dos extremos del intestino de un cerdo sin requerir de ayuda humana

 El autómata cuenta con características que aumentan la autonomía y precisión en una cirugía, entre las que destacan herramientas especializadas para la sutura, además de un sistema de visualización exacta.

Un robot diseñado por científicos de la Universidad Johns Hopkins (EE.UU.) ha realizado la primera cirugía laparoscópica completamente automatizada en el tejido blando de un cerdo, según informó la institución en comunicado oficial.

El autor principal de la investigación, que fue publicada este miércoles en la revista Science Robotics, fue el científico Axel Krieger, profesor asistente en la Escuela de Ingeniería de la Universidad John Hopkins, quien comentó que el robot autónomo de tejido inteligente (STAR, por sus siglas en inglés) realizó el procedimiento quirúrgico en cuatro animales, donde los resultados son "significativamente mejores que los realizados por los seres humanos".

"Nuestros hallazgos muestran que podemos automatizar una de las tareas más complejas y delicadas de la cirugía: la reconexión de dos extremos de un intestino", declaró Krieger, ya que el STAR tuvo un buen desempeño al momento de realizar un procedimiento quirúrgico conocido como anastomosis intestinal, donde se requirió un alto nivel de precisión y consistencia de los movimientos al momento de realizar la sutura para unir dos extremos del intestino de los objetivos de prueba.

¿Cuáles son las novedades de este robot?

El STAR cuenta con nuevas características que aumentan la autonomía y precisión en una cirugía, además de incluir herramientas especializadas para realizar las suturas, así como un sistema de imágenes de última generación que permitirán tener visualizaciones más precisas.

"Creemos que un sistema avanzado de visión artificial tridimensional es esencial para hacer que los robots quirúrgicos inteligentes sean más inteligentes y seguros", dijo Jin Kang, profesor de ingeniería eléctrica e informática de Johns Hopkins, responsable del desarrollo de un endoscopio tridimensional basado en luz estructural, el cual cuenta con un algoritmo de seguimiento basado en aprendizaje automático.  

"Lo que hace que STAR sea especial es que es el primer sistema robótico en planificar, adaptar y ejecutar un plan quirúrgico en tejido blando con una intervención humana mínima", expresó Hamed Saeidi, investigador visitante en la Universidad Johns Hopkins y uno de los autores del estudio, puesto que el STAR cuenta con un novedoso sistema que puede ajustar el plan quirúrgico en tiempo real, como lo haría un cirujano profesional.

Krieger dijo que a medida que el campo de la medicina va avanzado hacia procedimientos quirúrgicos con enfoques laparoscópicos será imprescindible contar con un sistema robótico automatizado para ayudar a realizar tales intervenciones, añadiendo que "la anastomosis robótica es una forma de garantizar que las tareas quirúrgicas que requieren alta precisión y repetibilidad se puedan realizar con más exactitud y precisión en cada paciente, independientemente de la habilidad del cirujano".

"Presumimos que esto dará como resultado un enfoque quirúrgico democratizado para la atención del paciente con resultados más predecibles y consistentes", concluyó Krieger.