"A Dios no le gusta que nadie sufra (...) no creo que Dios, porque yo trate de dejar de sufrir, me vaya a castigar por eso", decía Víctor Escobar, quien murió ayer por eutanasia sin ser paciente desahuciado. En la imagen, las últimas horas con su familia. Foto Afp

Víctor Escobar fue uno de los primeros latinoamericanos en fallecer por eutanasia sin ser enfermo terminal y quiso "abrir una puerta" para que otros accedan a la muerte asistida amparados en una decisión de la justicia de Colombia.

Horas antes de su deceso, el hombre de 60 años celebró que "ganó una batalla legal" de más de dos años para descansar de la enfermedad pulmonar obstructiva crónica que le impedía respirar por sus propios medios. La diabetes y las secuelas de un accidente cardiovascular agravaron la condición de Escobar y lo obligaron a postrarse en una silla de ruedas.

"Quiero que mi historia se conozca porque abre un hilo para que pacientes como yo, que somos pacientes degenerativos, tengan una puerta abierta a que puedan solicitar su descanso."

Falleció en la ciudad de Cali, bajo asistencia médica, confirmó su abogado en Twitter. En las últimas imágenes se le vio risueño junto a su familia. "Se les estaba obligando a vivir en condiciones que no son dignas contra su voluntad", explicó Mónica Giraldo, directora de la Fundación Derecho a Morir Dignamente, quien agregó que otros tres pacientes no terminales ya accedieron a la eutanasia a raíz del fallo, pero sólo Escobar quiso hacer público su caso.

Según cifras oficiales, al menos 157 personas han recibido la muerte asistida en Colombia hasta octubre de 2021, tras la despenalización en 1997.

En Europa, sólo Bélgica, Países Bajos, Luxemburgo y España legalizaron la eutanasia.

A la fecha, Derecho a Morir Dignamente acompaña cinco casos que buscan la eutanasia en Bogotá

Domingo 9 de enero de 2022

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En imagen de archivo, aplicación de la vacuna cubana Abdala contra el covid-19, en La Habana.Foto Ap

- Tiene científicos de primer nivel: The Guardian

- El bloqueo de EU impide a la isla comprarlas en el mercado mundial

 

El portal de la Organización Panamericana de la Salud indicó: “la combinación de dos dosis del candidato vacunal Soberana 02 y una del Soberana Plus, en el esquema de 0-28-56 días, tiene eficacia de 91.2 por ciento, con lo cual supera los requisitos de la Organización Mundial de la Salud, que es de 50 por ciento.

Esta eficacia de Soberana se refiere a su capacidad de prevenir la enfermedad sintomática entre los inmunizados. Este mismo esquema de vacunación se prueba en niños y adolescentes cubanos, en el contexto del ensayo clínico Soberana-Pediatría, cuyo objetivo es evaluar la seguridad, la reactogenicidad y la inmunogenicidad de los candidatos vacunales profilácticos anti SARS-CoV-2.

“La idea de que Cuba, con apenas 11 millones de personas e ingresos muy limitados, pueda ser una potencia en biotecnología podría ser incomprensible para alguien que trabaja para Pfizer, pero en Cuba es posible señaló el profesor emérito de Estudios Lationamericanos John Kirk, entrevistado por The Guardian.

Como los países del hemisferio sur de América, Cuba sabía que no tendría capacidad de comprar vacunas en el mercado internacional, pero en el caso de la isla, además, pesaba que no sólo sus ingresos por el turismo se irían en picada por la pandemia, y desde luego, el bloqueo económico de más de 60 años de Estados Unidos contra la isla lo haría imposible.

The Guardian resaltó que Cuba es el país más pequeño del mundo que desarrolló y produjo exitosamente vacunas contra el covid-19 en sus laboratorios en los que trabajan, sin embargo, profesionales de la salud y científicos de primer nivel. Recordó que la isla cuenta con servicios sanitarios universales.

Aunque en este momento La Habana sufre un repunte de contagios, la semana pasada se reportaron sólo tres decesos por covid-19. Sin embargo, y debido al bloqueo, los antibióticos son escasos y por falta de yeso, los médicos se ven obligados a inmovilizar huesos rotos con cartón.

Gregory Biniowsky, abogado residente en La Habana, declaró: desde la revolución de 1959, los cubanos se han embarcado en cruzadas quijotescas que con frecuencia resultan exitosas, y menciona por ejemplo la decisión del presidente Fidel Castro de invertir mil millones de dólares en biotecnología, después de que se desintegró la Unión Soviética. Cualquier asesor le hubiera dicho que no era momento de invertir en algo que daría fruto 25 años después, pero hoy en día es eso lo que está salvando vidas, afirmó Biniowsky.

Ante el repunte de contagios, después de semanas de registrar menos de 100 nuevos casos al día durante semanas debido a la variante ómicron, los científicos cubanos anunciaron que adaptaran las vacunas ya en uso, Abdala y Soberana, para incrementar su protección contra la variante, al tiempo que la isla se prepara para aplicar la dosis de refuerzo, con la intención de que toda la población haya recibido ese esquema completo de inmunización al terminar enero.

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Israel identificó su primer caso de "flurona" que combina covid y gripe

El contagio simultaneo de coronavirus y el virus de la gripe en una misma persona fue confirmado por Israel el sábado. Conocido como "flurona" puede ser de riesgo para personas vulnerables.

Israel detectó su primer caso de contagio simultáneo de coronavirus y virus de la gripe, conocido como "flurona", en una mujer embarazada sin vacunar, confirmó el Ministerio de Sanidad israelí.

La mujer fue dada de alta el pasado 30 de diciembre después de ser tratada por síntomas leves derivados de esta doble infección, añadió el digital Times of Israel.

Los casos por "flurona" fueron detectados por primer vez en Estados Unidos durante el primer año de pandemia de coronavirus.

Expertos del Ministerio de Sanidad israelí creen que hay casos similares, todavía no identificados, cuando el país registra casi dos mil personas hospitalizadas por gripe, al tiempo que aumentan los positivos de coronavirus por la variante Ómicron.

La circulación de los virus de la gripe y de Covid-19 a la vez preocupa por el elevado riesgo para la población, sobre todo vulnerable, ya que las dos enfermedades afectan al sistema respiratorio superior, alertan los expertos.

“Hoy, estamos viendo casos tanto de coronavirus como de gripe que están comenzando a asomar la cabeza. Estamos viendo cada vez más mujeres embarazadas con gripe", declaró al digital Ynet el director del Departamento de Ginecología de los hospitales, Arnon Vizhnitser.

Israel viene apostado a combinar nuevas dosis de la vacuna con un un "modelo de contagio masivo" para lograr la inmunidad. Sin embargo, esto último es algo con lo que ya han coqueteado distintos gobiernos desde el inicio de la pandemia, como el de Johnson, Trump y Bolsonaro, con resultados terribles que se cobraron la vida de cientos de miles de personas. Por el contrario, como ya alertó parte de la comunidad científica desde el primer día la circulación masiva del virus en forma descontrolada puede dar lugar a nuevas mutaciones y hasta la aparición de nuevas cepas, de las que no se puede conocer por anticipado su peligrosidad.

Ese fue el caso de la aparición de la variante Delta en India y de Ómicron en el sur de África al combinar circulación masiva del virus y bajo nivel de vacunación. Una situación que solo se explica por la irracionalidad capitalista que a dos años de la aparición del virus y a uno de las vacunas ha impedido la liberación de las patentes que permitan fabricar estas últimas de forma masiva y a bajo costo para vacunar a toda la población mundial.

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Tutus Mobio, sin título (Cortesía del autor)

“[…] aquí nunca se acercaron unos médicos, nunca se acercó nadie a hacer unas estadísticas de cuál era la prioridad de esta UPZ, y en todo el Distrito se dio así y ya cuando empezaron a acercarse empezaron a dividir por UPZ y empezaron a ejercer unas restricciones […] esa no era la forma de haber manejado al pueblo, es más, los pobres tienen que salir a comer, necesitan” (1).


La voz segura de la lideresa no deja duda alguna sobre el tipo de enfoque que marcó la dinámica oficial a lo largo del país a la hora de atender la pandemia por covid-19. Una orientación que dejó en claro que quienes gobiernan ven el país a través del lente de los sectores más pudientes, como de los que tienen trabajo estable e ingresos fijos. De ahí las medidas de encierro generalizado.

Esta realidad se extendió por todo el país, llevando a muchas familias al dilema: morir por contagio por covid-19 o por efectos del hambre. Y el hambre no da espera.

Fue esta dinámica de pandemia la que marcó el tercer de año de gobierno de Iván Duque, quien en marzo de 2020 decretó el confinamiento generalizado, medida que no logró contener el avance del virus.

Este fenómeno sanitario como social, conllevó implicaciones muy severas para la vida de la población colombiana, de manera inocultable para los sectores sociales de bajos niveles económicos, que además de ser los que más han sufrido esta pandemia en sus bolsillos también son quienes más la han padecido en sus cuerpos, registrando el mayor número de muertes, todo lo cual ha empeorado sus condiciones de vida. Medidas de salud pública, sin relación profunda con políticas de protección económica y social a la altura de las necesidades de la mayoría no funcionan, mucho menos para enfrentar una situación extrema de salud como la de una epidemia-pandemia.

Un manejo errado de la crisis en que entró el país que explica, en gran medida, el estallido y levantamiento social vivido en este tercer año de gobierno, dado que, frente a una de las peores crisis sanitarias y sociales de la historia del país, que sumó al acumulado traído de años atrás de precariedad social y económica y de falta de garantía del derecho a la salud, el gobierno legisló principalmente para la protección de los sectores con mayor poder económico e hizo un abordaje focalizado con subsidios económicos totalmente insuficientes para ayudar a superar las penurias padecidas por la población más pobre, y adicionalmente, buscó imponer una reforma fiscal enfocada principalmente sobre los bolsillos de los sectores sociales precisamente más afectados por este contexto.


Igualmente, este año de gobierno, evidencia deudas de asuntos que el gobierno nacional debió haber impulsado en el terreno de la salud y no lo ha hecho, como el Plan Nacional de Salud Rural; al mismo tiempo que la revela la falta de atención sobre otros problemas importantes de la salud de la población que quedaron marginados frente a la prioridad dada a la atención al covid-19 (2).


Las cifras del impacto de la pandemia

La cifra global de contagios por covid-19 se acerca a doscientos cuarenta y tres millones de personas y la de muertas por su causa a cinco millones (3). En Colombia el contagio bordea los cinco millones de personas y las muertes alcanzan a ciento treinta mil (4).
De acuerdo a lo indicado por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane), la distribución de la mortalidad por covid-19 ha impactado en el 61,5 por ciento de los casos en los estratos socioeconómicos 1 y 2, mientras que para el 6 y 5 ha sido solo del 3,4 por ciento del total nacional, evidencia que desestima la supuesta distribución democrática de la pandemia (5).


Impacto registrado a pesar de la inicial y difundida pretensión del gobierno nacional, en cabeza del Ministerio de Salud, de lograr un “achatamiento” o “aplanamiento” de la curva epidemiológica de los casos por covid-19, asunto que nunca ocurrió, y sí tomaron forma hasta octubre de 2021 tres picos de casos, siendo cada uno más intenso que el anterior.


Desde el comienzo del 2021 se llegó al escenario no deseado, que condujo a cifras diarias de más de quince mil personas contagiadas y más de doscientas muertos y para finales de junio la situación llegó a ser el doble de peor, con cifras diarias de más de treinta mil personas contagiadas y más de seiscientas muertes, lo que también llevó al colapso del sistema de salud por no tener la capacidad de atención para el conjunto de la población que lo demandaba, tanto por situaciones propias de la covid-19, como por otras patologías y por la insuficiencia de Unidades de Cuidados Intensivos (UCI) para atender todos los casos críticos que las demandaban.


Una dinámica de morbi-mortalidad de la pandemia que llevó a que Colombia ostentara el vergonzoso noveno puesto en el mundo, tanto por mayor número de casos de contagio como por mayor número de muertes por covid-19, revelando de esta manera el desastre epidemiológico que ha significado la pandemia para la población, en especial la más empobrecida, producto del inadecuado manejo brindado por que el gobierno de Duque de esta crisis de salud pública.


Manejo centrado en lo hospitalario


La creciente que registra el paso de un pico al otro, y sus funestos resultados, no es casual, toda vez que la orientación política del gobierno nacional para el manejo de la pandemia se concentró en el denominado Programa de Pruebas, Rastreo y Aislamiento Selectivo Sostenible (Prass) para el seguimiento de casos y contactos del Coronavirus Sars-CoV-2, establecido por medio del Decreto 1109 del 10 de agosto de 2020.


Este tipo de programas, clave en términos de control de una epidemia, contó en el país con un problema de base para su implementación: el modelo de atención, que no es territorializado. Es decir, la afiliación al sistema procede sobre la base de un aseguramiento, sin interés por el lugar dónde viven las personas que afilia, sin conocimiento de su entorno y condiciones de vida, que son las que determinan el proceso salud-enfermedad.


Una dificultad para la atención oportuna y efectiva a la que se suma el insuficiente número de pruebas de detección del Sars-CoV-2 y no entrega a tiempo, producto de una indolente inacción de las EPS.


Dificultad a la que se suma el insostenible aislamiento decretado desde la cúpula gubernamental, insostenible para un sector amplio de la población que no tiene protecciones económicas y está obligado a salir de sus casas para el rebusque diario, precisamente la gente de estratos 1, 2 y 3 que vive en lo fundamental de la informalidad; y por otro lado, a que algunos sectores de la población, sin duda asumen un comportamiento de riesgo, desestiman el peligro, se exponen y exponen a otros, asunto que se puede leer en parte por el individualismo que este modelo de sociedad consumista ha impuesto.


Todo esto explica por qué, a pesar del esfuerzo en algunos territorios por establecer una estrecha vigilancia en salud, realizar los denominados cercos epidemiológicos para identificar y aislar las personas positivas y sus contactos, ha sido tan débil la puesta en escena del Prass, y por qué la atención se concentró en las personas con enfermedad moderada y severa por el covid-19 que han requerido manejo hospitalario y un porcentaje de ellos de manejo en UCI.


Implementar una real estrategia de pruebas, rastreos, cercos y aislamientos, demanda necesariamente la constitución de equipos básicos de salud en cada uno de los territorios del país, asunto ni implementado por las EPS, ni por los entes territoriales de salud, producto de la lógica impuesta por el sistema de salud del país y la orientación nacional dada por el Gobierno al manejo de la pandemia. Sin duda, al revisar las experiencias de países que han logrado un manejo y control de la pandemia, su acierto radica en esto, como lo muestran diversos países asiáticos, donde también domina una valoración diferente de la vida y la salud, con sistemas sanitarios territorializados y en los que la salud no esta sometida a la dinámica de la economía.


Igualmente, y a pesar de colocar el énfasis en lo hospitalario, el mejoramiento de la atención para los casos moderados y graves de covid-19 tampoco fue la constante, porque ni se dotaron las suficientes camas de UCI, ni se formó el personal especializado necesario que requieren estos servicios, ni se establecieron los suficientes acopios de insumos, medicamentos, oxígeno y elementos de bioseguridad que demandan estas atenciones de alta complejidad.


Esta ha sido lo norma. Realidad agravada con el decreto 580 del 31 de mayo de 2021, con el que el gobierno nacional declaró la reactivación económica y trasladó la responsabilidad del cuidado a cada individuo a través del denominado aislamiento selectivo y distanciamiento individual responsable, decisión que se tomó en el momento en que había las peores cifras de morbilidad y mortalidad por covid-19 y que luego irían a empeorar reflejado en que la tasa de mortalidad pasaría de 1.762 muertos por millón de habitantes a finales de mayo a 2.339 por millón de habitantes a finales de julio (6), lo que sitúo al país en la vergonzosa novena posición de mortalidad en el mundo, producto precisamente de dejar de realizar los aislamientos selectivos de grupos poblacionales, medida importante en el manejo de las epidemias, quedando de esta manera al desnudo la prioridad del ente nacional por la economía por sobre la salud y la vida de millones de connacionales.


La vacunación no es varita mágica


A mediados de febrero del año en curso sonaron sirenas alrededor de un desfile de carros oficiales que recibían, como el mayor de los triunfos, el arribo al país del primer lote de vacunas, dejando claramente establecido que el afán era más por el espectáculo y los réditos políticos que por la transparencia y efectividad en el manejo de la pandemia.


Transcurridos ocho meses de su implementación el plan solo ha cubierto a cerca de 21 millones de personas con esquema completo (7), es decir más o menos el 40 por ciento de la población total, porcentaje muy lejano para alcanzar lo que se denomina inmunidad de rebaño (8), con lo cual se está muy distante de lograr un control de la pandemia con esta medida tecnológica de salud pública.


Entonces, aunque el gobierno propagandea estos niveles de vacunación como un logro, la realidad dista mucho de ello. Situación agravada por: la disponibilidad de las vacunas ha sido reducida por el control que de ellas tienen las multinacionales farmacéuticas que las han producido, el acaparamiento impuesto de ellas que han hecho los países centrales y el fallo del mecanismo Covax que creó la OMS para su distribución equitativa; y para varias de las vacunas deberá aplicarse una tercera a los seis meses, lo que demandará acceder a más dosis; la aparición de variantes genómicas del virus Sars-CoV-2, de las cuales aún a ciencia cierta no se sabe si son contenidas por las vacunas producidas, y en particular la denominada variante Delta, que ya se sabe tiene una alta capacidad de transmisibilidad, virulencia y de reducción de la eficacia de las vacunas.


Un avance parcial que no permite asegurar que con el desarrollo del plan nacional de vacunación contra covid-19 el país superará esta pandemia, dado que se continúa en un escenario de mucha incertidumbre, común denominador en este tiempo pandémico, desconociendo aspectos relevantes en lo que tiene que ver con la efectividad de la vacuna, sus efectos adversos, los costos y la capacidad de vacunar al conjunto de la población, más aún en un escenario en el que es claro que tal desarrollo tecnológico lucra a las multinacionales farmacéuticas, convertida por tanto en un bien de consumo particular y no, como debiera ser, un bien común de la humanidad.


Otra reforma de salud: ¿para qué y para quiénes?


El gobierno nacional, en cabeza del Ministro de Salud Fernando Ruiz, sobre la base de lo vivido por el sistema de salud en el contexto de la pandemia, justificó la iniciativa de presentar un proyecto de Ley para una nueva reforma al sistema de salud. La iniciativa tomó cuerpo y en el segundo semestre de 2020 quedó radicada como el proyecto 010 en Senado y 425 en Cámara, y finalmente archivado producto de una de las derrotas políticas sufridas por el gobierno en el marco del paro nacional iniciado el 28 de abril de 2021.


Pese a su entierro, valga resaltar que el mismo no tocaba los problemas estructurales base de la crisis crónica del sector salud, relacionados con la intermediación financiera del aseguramiento privado, la organización de los servicios de salud en la lógica de costos-beneficios del mercado y la flexibilización laboral del personal de salud.


Aunque el proyecto enunciaba aspectos importantes por implementar en un sistema de salud garante de esta como derecho, como es la territorialización (9) de su intervención, el establecimiento de redes integradas e integrales de servicios, la puesta en escena de la atención primaria, formas de contratación estables del personal que la garantiza, realmente su apuesta apuntaba al afinamiento del aseguramiento en salud establecido claramente como un proceso empresarial (por eso incorporaba el concepto de conglomerados empresariales en salud), al que había que reconocerlo, darle garantías y protecciones financieras (por eso la creación de un fondo de garantías del sector salud) y avanzar en su depuración a partir de procesos de inspección, vigilancia y control, para dar otro paso central en el proyecto privatizador originario de la Ley 100: depurar el mercado del aseguramiento en salud para dejar solo un oligopolio (10).


Movilización y estallido social: no más privatización de la salud


Este tercer año se caracterizó por la reactivación de la movilización social, obligada a un paréntesis por el confinamiento impuesto como medida para controlar la pandemia, sin desconocer que las expresiones de protesta social no se detuvieron aun en medio del confinamiento, bien de forma virtual o de manera directa con las protestas, principalmente en sectores populares demandando apoyos económicos para sobrevivir en el contexto de la pandemia.
Es así como tomaron forma en este periodo protestas y movilizaciones por demandas sociales y de salud derivadas de la situación de la pandemia, así como por demandas no resueltas desde años anteriores, todo ello en un contexto continuo de represión y violencia socio-política que no ha cesado (11).


Sin duda, el manejo dado a los asuntos sanitarios, sociales y económicos de la pandemia por parte del gobierno Duque ahondaron los problemas sociales y económicos de la población, que sumados a las problemáticas sanitarias por un sistema de salud ineficiente, desencadenaron las movilizaciones y protestas sociales más sostenidas en las últimas décadas que recuerde el país, junto a un estallido y levantamiento social como hecho inédito, que obligó al gobierno a renunciar a pretensiones en los campos tributario, educativo, salud e inversión social.

La economía debe estar en función de la vida y la salud

Lo evidenciado hasta ahora por la pandemia y las formas que asume es que su control no es posible lograrlo solo con medidas de higiene individual, ni con aislamientos selectivos o con la vacunación. Se requiere mejorar la calidad de vida de toda la población, en especial las condiciones de saneamiento básico y de alimentación; establecer protecciones sociales universales; desarrollar un sistema de salud público de base territorial que genere potentes procesos de promoción y prevención, de atención primaria y de solida vigilancia en salud; configurar una cultura de cuidado, conteniendo las posiciones altamente individualistas que ha desarrollado el actual tipo de sociedad.


Una perspectiva y unas acciones que no encuadran con la visión del gobierno de Duque que considera como lo prioritario para superar la actual situación retornar a la “normalidad” de la dinámica económica de mercado. Una visión que refuerza la que por décadas ha primado en el país y el mundo, con la que la lógica de la economía, centrada en la acumulación de capital, subordina a la salud y desprecia la vida.


Una visión opuesta a las enseñanzas y retos desprendidas de esta inédita experiencia de salud pública, en la que realza el valor y cuidado de la vida, la misma que debe ser el objetivo de toda política económica. Obrar por vía contraria, como ha sido lo actuado en este tercer año de gobierno de Duque es desoír a la naturaleza, decisión que no dejará de producir funestas consecuencias en los meses y años por venir.

** Una versión más amplia de este análisis apareció en: Plataforma Colombiana de Derechos Humanos, Democracia y Desarrollo (2021). Lecciones del aprendiz. Autoritarismo y desigualdad. Balance del tercer año de gobierno de Iván Duque Márquez. Bogotá: Ediciones Ántropos Ltda.
1. Entrevista hecha a una lideresa social de la Localidad de Usme de Bogotá, en el marco de un proyecto de investigación sobre participación social en la pandemia, desarrollado por un equipo de la Universidad Nacional de Colombia, sede Bogotá.
2. Torres-Tovar, Mauricio. (2020). Limitada respuesta a la pandemia y a los otros problemas sanitarios. En Plataforma Colombiana de Derechos Humanos, Democracia y Desarrollo (PCDHDD), El Desgobierno del Aprendiz. Autoritarismo, guerra y pandemia. Balance del segundo año de gobierno de Iván Duque (pp. 81-89). Bogotá: Ediciones Antropos.
3. https://covid19.who.int/
4. http://www.ins.gov.co/Noticias/Paginas/Coronavirus.aspx
5. Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane). (2021). Estadísticas Vitales – EEVV. Defunciones por COVID-19 2 de marzo de 2020pr al 9 de mayo de 2021pr. Bogotá.
6. Datos tomados de https://datosmacro.expansion.com/otros/coronavirus/colombia
7. https://www.minsalud.gov.co/salud/publica/Vacunacion/Paginas/Vacunacion-covid-19.aspx
8. Es un fenómeno que se observa cuando entre un 80 a 90% de la población total de un territorio ha sido vacunada, que lleva a que se interrumpa la cadena epidemiológica de trasmisión del agente infecciosos entre los miembros de dicha comunidad, lo que previene que personas no inmunizadas se contagien.
9. Aunque luego le hicieron una variante para referirse a regionalización.
10. Torres-Tovar, Mauricio. (2021a, 26 de marzo). Otra reforma más en salud ¿al servicio de quién? Momento Médico. ASMEDAS Antioquia. Recuperado de https://asmedasantioquia.org/2021/03/26/otra-reforma-mas-en-salud-al-servicio-de-quien/
11. Torres-Tovar, Mauricio. (2021b). La movilización social no cesa en tiempos de pandemia. En: Cuidados Intensivos. Derecho a la salud y pandemia en Colombia. Bogotá: Plataforma Colombiana de Derechos Humanos, Democracia y Desarrollo.

 

**Profesor Asociado, Facultad de Medicina, Universidad Nacional de Colombia

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Publicado enColombia
Ana Unhold, sin título (Cortesía de la autor)

La particularidad de la pandemia del covid-19 consistió en que es la primera de su tipo en la hora de la total globalización, facilitada por medios de transporte rápidos, una enorme migración, turismo y viajes prácticamente sin límites. Desde luego que existen otras pandemias: las más importantes son la del ébola, de origen viral, y la de la malaria (o paludismo), de origen parasitario (por contagio de la mosca Anopheles). La diferencia es que el ébola está confinado (con éxito) –por ahora al África– y la malaria a las regiones tropicales. No constituyen un motivo serio de preocupación para el llamado primer mundo. Por su parte, por lo demás, la gripa española de comienzos del siglo XX –otra seria pandemia– tuvo lugar cuando los viajes por barco, avión y automóvil estaban bastante restringidos o eran inexistentes en escala masiva. Vale siempre distinguir una pandemia de una epidemia. El tema de base es demográfico.


En cualquier caso, la pandemia del covid-19 obligó a los ciudadanos del mundo a encerrarse. Y muchas veces fueron obligados a hacerlo. En muchos lugares durante cerca de dos años. En la mayoría de los países, dos, tres, cuatro, cinco olas de contagio. Y a la fecha el tema no se detiene. Hace rato ya se está hablando, con toda razón, acerca de la próxima pandemia.


En numerosas ocasiones, el encierro estuvo acompañado de medidas policivas y militares; se trató de toques de queda, correajes policiales, y otras medidas punitivas. Ciertamente que el distanciamiento social era necesario. Precisamente de eso se trata a propósito de contagios. Ciertamente que el encierro forzado permitió un aprendizaje inusitado: la incorporación cotidiana de las tecnologías de la información en las formas de teletrabajo, educación virtual, telemedicina y otras expresiones semejantes. La venta de computadores y tabletas, principalmente obedeció al uso de plataformas de conexión grupales. Si la tercera revolución industrial, formulada en el 2011, consistió en el reconocimiento público de internet, la red que ella significa e implica se convirtió en una realidad cotidiana para jóvenes, adultos y ancianos, lo que pasa, naturalmente, por un tema político y económico: la división o la brecha digital.


Una realidad sobre la que, valga decirlo, los gobiernos en general, y el colombiano en particular, han avanzado muy poco en dos frentes puntuales pero fundamentales. Uno, el incentivar a la industria para que los precios de los computadores y tabletas se reduzcan a la vez que aumentan su capacidad computacional. Sencillamente los gobiernos no han entrado para nada en el tema. Y el segundo frente es justamente el de los servicios de internet, que siguen siendo ampliamente privados. No existe a la vista ninguna política que promueva el uso del wimax sobre el wifi; esto es, el suministro de wifi libre, abierto y gratuito para la ciudadanía, financiado por los gobiernos, local, regional o nacional.


Lo que se ha avanzado en este plano es muy poco, asimismo, en dos planos importantes: de un lado, la promoción en gran escala de datos abiertos (open data) y de Open Access a material educativo, científico y académico para la ciudadanía. Sin ambages, el respeto a los derechos humanos pasa en el marco de la sociedad de la información por una política de Open Access y de open data. La pandemia no les ha permitido a los Estados y gobiernos aprender nada al respecto. Todo continúa en este plano igual que antes de la pandemia.


En contraste, la verdad es que numerosos gobiernos aprovecharon la inmovilidad social para corruptelas, crímenes de Estado, y desfalco a los dineros públicos. En Europa y en Estados Unidos, en América Latina y en África, por ejemplo.

La pandemia fue eso: un asunto de salud pública


Alrededor del mundo se planteó un falso problema: economía o salud. Y la respuesta fue evidente por parte de los gobiernos: la economía prima sobre la salud. Más allá de si se trata de países liberales, conservadores, son sistemas unicamerales, monarquistas, bicamerales, dictadoras o democracias y demás. Un hecho de suma gravedad.


Vale insistir en esto (1). Las crisis, se afirma en general, constituyen oportunidades; específicamente, oportunidades de aprendizaje. Justamente en este marco se habló –y aún se discute al respecto, aunque cada vez más– acerca de la “nueva normalidad”, que es el título genérico para designar justamente los aprendizajes posibles ganados durante y gracias a la pandemia.


Pues bien, antes, durante y después de la pandemia –hoy ya se empieza a hablar de la postpandemia, sin que absolutamente ningún país haya logrado superarla por completo– la economía fue lo más importante, y la vida y la salud fueron dejadas de lado.
Algo que no sorprende. Ni el capitalismo, ni el sistema de libre mercado, ni Occidente han sabido verdaderamente nunca acerca de vida y de salud; solo de ganancia y enfermedad, que es un gran negocio; la salud no lo es (2). En eso exactamente consisten las políticas públicas de salud, a saber: en políticas acerca de la enfermedad. El colofón y la expresión mejor acabada de este estado de cosas son los estudios acerca de la carga mundial de enfermedad (3).


Como expresión de ello, definieron e impusieron la falsa creencia, que la solución a la pandemia era el aislamiento, el encierro y la vacuna. Un sofisma total, pues ninguna de estas medidas atacó el problema verdadero que es el sistema de atención en salud: la seguridad social.


En el caso particular de América Latina, ampliamente, la atención en salud está privatizada. Es el abandono de la salud y la vida por parte de Estado y la privatización de la salud –para no mencionar la seguridad, la educación y en el contexto de la pandemia, de los servicios funerarios–, los que constituyen el verdadero problema. Ni el Estado, ni los gobiernos aprendieron, por las razones que sea, este asunto. Lo peor que le puede suceder a un sistema vivo es que no aprenda: entonces opera la selección natural, pues termina por extinguirse.


Pretender que la solución a la pandemia son las vacunas es lo mismo que atender, literalmente, a un paciente en urgencias con una aspirina, una curita (bandita) o un placebo. La crisis del covid-19 no la generó el virus, sino el hecho de que histórica y sistemáticamente los gobiernos desplazaron las políticas sociales a lugares secundarios en nombre, fundamentalmente, del gasto en seguridad y defensa; el negocio de la muerte, el negocio de la guerra.
Como se aprecia sin dificultad, el negocio de la enfermedad está perfectamente vinculado al negocio de la muerte y de la guerra. Eso exactamente es el capitalismo.


Un sistema que no aprende


Occidente ha conocido en tiempos recientes varias epidemias y pandemias. Sin ir muy lejos, la gripe española, la pandemia del ébola, la pandemia de la malaria (o paludismo), la pandemia misma del VIH, para mencionar los ejemplos más conspicuos. Sólo que la pandemia del covid-19 ha resultado importante por su carácter global.


Estas pandemias ponen de manifiesto que Occidente, el liberalismo, el capitalismo, el sistema de libre mercado o como se lo quiera denominar, tiene una capacidad muy baja o nula de aprendizaje, específicamente cuando se trata de atender a temas como salud, vivienda, educación, naturaleza (medio ambiente) y vida. Su prioridad es el crecimiento económico, las ganancias, la ampliación del mercado, la productividad, la competitividad, el consumo nunca la salud y la vida. Precisamente por ello, alrededor del mundo existe un profundo malestar –en Francia y en Estado Unidos, en Japón y en la India, en España y en Italia, en México y en Colombia, por ejemplo–; en cada país, los grandes medios de comunicación se encargan de ocultar esta situación de orden mundial, y a lo sumo presentan, editadas, las noticias acerca de la situación nacional.


En otras palabras, mientras que los gobiernos y los Estados no han aprendido nada durante la pandemia, las comunidades y las sociedades, las culturas y los pueblos no han desaprovechado la exigencia, transformada en oportunidad. Asistimos a un magnífico cambio civilizatorio que pretende ser ocultado por la gran prensa, pero que ciertamente apenas comienza a unificarse y a desplegarse de manera orgánica. Los ritmos de la historia no siempre son necesariamente vertiginosos. Tanto menos en el contexto de un sistema panóptico, manipulador y controlador a escala sistémica y sistemática.


Ser modernos, en general, significa ser miopes, con una mirada de corto alcance. Occidente, tradicionalmente sólo estuvo mirando su propia imagen o su propio ombligo.


La naturaleza nos habla en múltiples lenguajes. Hoy, literalmente, nos está hablando en la forma de volcanes (La Palma en España y Etna en Italia); en la forma de tifones y huracanes (Mar Caribe, Océano Índico); en la forma de temblores y terremotos (China, México, Haití o Japón); en la forma de incendios incontrolables (California, España, Brasil, Venezuela); en la forma de sequías terribles (Armenia, Timor Oriental, Madagascar); en fin, en la forma de virus (covid-19), por ejemplo. Occidente, una civilización distintivamente antropocéntrica, no puede leer ni entender los lenguajes con los que está hablando la naturaleza. Lo mejor que acaso alcanza a decir es que las crisis ambientales son de origen antropogénico, en general. Occidente no aprende, el capitalismo no aprende. Pero los movimientos sociales, políticos y ecologistas alternativos –entre muchos otros–, sí aprenden que Occidente no aprende. Un aprendizaje singular.


La biología en general, la teoría de la evolución en particular y la ecología sin la menor duda, han puesto ya suficientemente de manifiesto que lo peor que le puede suceder a cualquier sistema vivo es que no aprenda. Porque entonces el camino a la extinción es irreversible.


La verdad es que la crisis profunda ocasionada por el covid-19 permitió la constitución, emergencia y consolidación de numerosos movimientos autogestionarios (4) alrededor del mundo. Una breve lista de estos incluye la alimentación y nutrición, el trueque, los cuidados de salud, acciones de solidaridad sin límites, sistemas de educación, en fin, la ayuda mutua y la cooperación (5). Una nueva civilización está emergiendo. Este es un aprendizaje sin igual en la historia de la humanidad.

Los temas de salud mental: una enseñanza importante

El principal problema de salud pública en el mundo, hoy, es la salud mental. En promedio cada treinta segundos se suicida una persona en el mundo, por diferentes causas (6). La crisis del covid-19 vino a acentuar la tasa de problemas de salud mental y el aumento de suicidios. Con una advertencia puntual: los suicidios son contagiosos, ni más ni menos que cualquier otro contagio.


La muy alta tasa de suicidios alrededor del mundo significa, simple y sencillamente, que hay un modelo civilizatorio en crisis que no ha sido suficiente para generar esperanzas, producir alegría, optimismo, y razones para vivir. En las políticas públicas de salud usualmente se habla mucho de la salud mental en general, pero se omiten estas particularidades. Se termina por culpar a la sociedad, sin que los gobiernos y los Estados asuman su responsabilidad. También hemos aprendido esto.


Pues bien, al respecto, es importante rescatar, una vez más, la Declaración de Lyon, del año 2011. Dicho negativamente, la globalización enloquece a la gente (7), literalmente. Y dicho en forma positiva, una señal de salud mental consiste en la capacidad para decir no.
No a un sistema violador de derechos humanos, un sistema que es incapaz de aprender, generador de inequidades, injusticia e impunidad galopantes. La pandemia del covid-19 le ha permitido a los pueblos y sociedades reconocer que la capacidad de decir no a las autoridades y los poderes no es simplemente un rasgo de resistencia, de oposición, de alternatividad y demás. Se trata, simple y llanamente de una señal de salud mental.


Dicho en una palabra, la capacidad de decirle no al poder es la más evidente señal de salud mental. Y entonces, claro de vitalidad y resistencia.


Desde luego que la capacidad de decir no al maltratador, al explotador, al asesino, al torturador, al violento, al corrupto, al falaz y al hipócrita, por ejemplo, debe ir acompañado de acciones y formas de organización. El tema entonces es el de la acción colectiva. Decir no debe dar paso a acciones, movimientos, decisiones y formas de organización. A escala individual y colectiva. Esto es salud. Y de salud y de vida el capitalismo nada sabe. Por ello mismo sus planes y programas de control y manipulación.
De esta suerte, la ecuación economía o vida se revela, manifiestamente, como falsa. La pandemia permitió a todos reconocer que sin salud no existe nada más, y que perder la vida es el mayor dolor. No simplemente un dato estadístico, un costo colateral, una baja casual.


Los aprendizajes de la pandemia están en proceso de consolidación alrededor del mundo, y un tejido sólido lo están elaborando las comunidades y organizaciones sociales alternativas. Existen serios motivos para un optimismo fundamentado; esto es, con información. Pues bien, estos aprendizajes están siendo consolidados y compartidos.


Hemos aprendido también que la gran prensa no dirá jamás ni una palabra al respecto. No importa: otros medios de comunicación y de experiencia emergen, saben unos de otros, y se consolidan orgánicamente.

 

1. Véase (2021) “Fenomenología de la pandemia”, en: Le Monde diplomatique, Nº207, febrero, pp. 8-9; (2020) “Los engaños de la estadística. A propósito de la crisis del coviv-19”, en: Le Monde diplomatique, Nº 199, pp. 4-6; (2020) “¿Qué significa la crisis del coronavirus?”, en: Le Monde diplomatique, Nº 198, pp. 4-6; (2021) “Covid-19 y necropolítica: cuando los países ricos dejan morir a los pobres”, periódico desdeabajo, julio-agosto, Nº 210, pp. 10-11; (2021) “La pandemia reveló lo mejor y lo peor de cada quien”, periódico desdeabajo, Nº 276, pp. 24-25.
2. Cfr. Ruelas Barajas, E., Mansilla, R., Rosado J. (Coords.), (2006). Las ciencias de la complejidad y la innovación médica. Ensayos y modelos. México, D.F.: Unam
3. Cfr. http://www.healthdata.org/
4. En un próximo artículo nos ocuparemos de un panorama tan sugestivo, con casos y experiencias puntuales alrededor del mundo
5. Entre otras informaciones, véase: https://www.restosducoeur.org/;https://www.awesomefoundation.org/en/projects/66523-barter-market;https://asia.nikkei.com/Economy/The-truth-behind-India-s-new-barter-economy;https://en.wikipedia.org/wiki/List_of_alternative_universities;https://zad.nadir.org/?lang=es
5. Cfr. https://ourworldindata.org/suicide
6. file:///C:/Users/cemca/Downloads/chantal,+Journal+manager,+documento_interes-vol2_num2.pdf

* Filósofo, integrante del Consejo de redacción de Le Monde diplomatique, edición Colombia.

 

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MÁS LEÍDOS 2021: Productos comestibles ultraprocesados (PCUs): Urge su regulación

De acuerdo con el informe “Un país que se hunde en el Hambre, sobre la situación del derecho humano a la alimentación y nutrición adecuadas” lanzado por Fian Colombia el 21 de octubre de 2021, el país pasa por una situación alimentaria cada vez más crítica, resultado vergonzoso dadas las características de riqueza y diversidad alimentaria del territorio nacional.

 

De acuerdo con el más reciente censo agropecuario realizado en Colombia, contrastado con información proveniente de la FAO y otras instituciones internacionales, nuestro país ocupa el infame primer lugar de desigualdad en concentración de la tierra en Latinoamérica, ya que el “1% de las explotaciones de mayor tamaño, maneja más del 80% de la tierra, mientras que el 99% restante se reparte del 20%”1.

Es una realidad de injusticia que no es única. De acuerdo a las cifras oficiales de la Encuesta Nacional de Situación Nutricional (2015), lo alcanzado en 30 años (1990-2015) solo alcanza para una reducción porcentual en el retraso de talla de apenas 15,3 por ciento. La brecha se profundiza cuando se trata de la población indígena, cuyos niños y niñas padecen casi 3 veces mayor al promedio nacional (29,6%)2. En la adultez no es menos grave la situación, pues el exceso de peso se ha vuelto la situación más compleja por las consecuencias que genera en enfermedades crónicas no transmisibles (ECNTs), ya que en la última década (2005-2015) se ha tenido un aumento de más de 10 puntos porcentuales en la prevalencia de exceso de peso, con mayor registro en las mujeres y en población afrodescendiente.

Este lamentable panorama predomina en la región, con un aumento drástico de la inseguridad alimentaria que afecta al 41 por ciento de la población, porcentaje que era del 32 en el 20193. Además de las causas estructurales, la situación empeoró con la pandemia por covid, en la que las medidas tomadas por los Estados, incluido el colombiano, dejaron al descubierto las desigualdades y discriminaciones, con un marcado sesgo hacia el sistema alimentario corporativo frente a las y los productores familiares y a pequeña escala: “Mientras que los mercados campesinos e informales se cerraron, las grandes corporaciones alimentarias pudieron permanecer abiertas, y las exportaciones de productos básicos fueron apoyadas y clasificadas como esenciales”4. Asimismo, una reducida visión de lo que son tanto la alimentación como la salud marcaron las medidas tomadas.

Frente a este panorama preocupante, el Estado ha sido muy débil, pues poco avanza en materia alimentaria, un derecho humano, que implica al Estado como titular de obligaciones, entre ellas garantizarlo a toda la población, más allá de la seguridad alimentaria que se restringe, en pocas palabras, a garantizar que al día se tenga el estómago lleno, sin involucrar políticas de sostenibilidad y sustentabilidad, es decir, sin cuestionarnos qué vamos a comer en los próximos días y de dónde viene lo que comemos. Al igual que otros Derechos Económicos, Sociales y Culturales, los Estados contraen obligaciones que se resumen en tres bloques: “Respetar (abstenerse de interferir con el disfrute de un derecho), proteger (evitar que otros interfieran con el disfrute de un derecho) y cumplir (adoptar las medidas adecuadas para hacer posible la plena realización del derecho)”5. En este sentido, podemos decir que el Estado colombiano esta fallando en sus obligaciones, tanto por la falta de medidas como por la inadecuación de las que toma.

Uno de los motivos que explican y profundizan esta situación es la captura corporativa de los sistemas alimentarios, que muestra la debilidad y/o complicidad del Estado frente a las grandes corporaciones.
La captura de los sistemas alimentarios y el paso a la dieta corporativa

La realización de la Cumbre de Sistemas Alimentarios de la FAO, es uno de los eventos más elocuentes realizados durante lo corrido del 2021 y el cual permitió comprobar, una vez más, como la captura corporativa llega incluso a espacios de toma de decisión internacionales. Esto suscitó la organización de una “contra Cumbre” por las organizaciones sociales y pueblos, bajo el nombre de la Cumbre de los Pueblos, donde se denunció el papel predominante tomado por las corporaciones transnacionales en estos escenarios, con todas las consecuencias que esto conlleva en términos de falta de transparencia en los procesos, conflictos de interés y promoción de agendas de acuerdo a intereses económicos privados, en lugar de derechos humanos y de hacerle frente a las múltiples crisis que enfrentamos6. Realidad particularmente grave ya que los resultados de esta Cumbre influenciarán la dirección que tomaran las decisiones desde los gobiernos nacionales, espacios que de por si ya están bajo la influencia de las transnacionales.

De acuerdo al último informe del grupo Global Health Advocacy: “Las narrativas de la industria son problemáticas porque están diseñadas para impregnar y neutralizar cualquier oposición a sus intereses, a menudo influyendo en las opiniones de la población de maneras sutiles que no se alinean con el interés público”. Esto se manifiesta concretamente en las políticas públicas que son –o no– promovidas, resultando tanto de presiones económicas como por las narrativas impuestas que centran la discusión en la responsabilidad individual y autorregulación7.

Las tácticas de la industria agroalimentaria, y la debilidad o incluso complicidad de los Estados frente a ella, nos llevan al panorama actual: con las dietas tradicionales reemplazadas por productos comestibles ultraprocesados y bebidas endulzadas, con consecuencias nefastas tanto para nuestra salud, como para el medio ambiente y el tejido social.


El rol de los PCUs y sus efectos en la salud y medio ambiente

Durante las últimas décadas somos testigos de un consumo acelerado de comestibles y bebibles ultraprocesados, lo que se conoce comúnmente como comida chatarra. De acuerdo con la OPS/OMS los PCUs son formulaciones industriales que “están nutricionalmente desequilibrados. Tienen un elevado contenido en azúcares libres, grasa total, grasas saturadas y sodio, y un bajo contenido en proteína, fibra alimentaria, minerales y vitaminas”. Por sus características, y las intenciones con las que son creados, estos productos sacian menos que los alimentos verdaderos y tienen tendencia a provocar un consumo excesivo. Este mismo informe señala que “El aumento de las ventas (y del consumo relacionado) se asoció con el aumento del peso corporal, lo que indica que estos productos son un importante impulsor de las crecientes tasas de sobrepeso y obesidad” (OPS y OMS 2019). Diagnóstico particularmente preocupante dado que hoy en día las ECNT, ligadas a malos hábitos alimenticios, causan 71 por ciento del total de muertes8, y nuestra región se está convirtiendo en la principal consumidora. En Colombia, por ejemplo, las ventas per cápita entre 2009 y 2014 aumentaron 7,7 por ciento y se prevé un aumento en la región de otro 7,8 por ciento9. Es motivo de alarma el hecho que el consumo de PCUs sea mayor en adultos jóvenes, niñas, niños y adolescentes, que pese a ser población de protección especial, son el target del marketing de la industria, que orientan sus estrategias comerciales a este sector10.

Una realidad y una problemática, que en el caso de los PCUs no se limita a su consumo, sino que también atañe a las técnicas de la agroindustria que genera los insumos para su elaboración. El sistema agroindustrial se caracteriza por utilizar técnicas como los monocultivos, el uso excesivo de agrotóxicos y fertilizantes químicos con efectos desastrosos como son la deforestación, pérdida de biodiversidad, acaparamiento de tierras, contaminaciones, que afectan tanto al medio ambiente como a las comunidades, y en últimas, al conjunto de seres que habitamos este planeta. Además de ser uno de los principales contribuyentes a las emisiones de Gases de Efecto Invernadero, el sistema agroindustrial impulsa la homogeneización de los cultivos y dietas, lo cual, en palabras de Miguel Altieri “aumenta las preocupaciones sobre la nutrición humana y también sobre la capacidad de resiliencia del sistema alimentario mundial, ya que la diversidad de cultivos es clave para la adaptación al clima”11.


Las propuestas y alternativas desde la sociedad civil


Para hacerle frente a este flagelo y ausencia de políticas estatales, muchas organizaciones llevan a cabo una diversidad de acciones desde distintos frentes, desde lo local y autónomo hasta escenarios nacionales e internacionales. Desde la declaración de territorios libres de agrotóxicos y transgénicos, la aparición de mercados campesinos locales, proyectos agroecológicos, y las luchas por promover políticas públicas que frenen la captura corporativa y protejan nuestros derechos humanos y medio ambiente. Contrariamente a las respuestas estatales que se mostraron incapaces de hacerle frente a la pandemia, los sistemas alimentarios campesinos, basados en la agroecología, mostraron una gran resiliencia y adaptabilidad, fortaleciendo lazos sociales y evidenciando los vínculos entre salud y alimentación12.

Una de las luchas impulsadas por la Fian Colombia en los últimos años ha sido buscar regular a los PCUs y la técnicas para fomentar su consumo, en especial aquellos destinados a la población más joven. Entre las medidas están el etiquetado frontal de PCUs, los impuestos a bebidas endulzadas, la “ley comida chatarra” Nº 2120 de 2021, así como articulaciones con gobiernos locales para asegurar que los ambientes escolares estén libres de estos productos dañinos. Estas medidas, además de haber sido implementadas en otros países (por ejemplo el etiquetado en Chile y México), son parte tanto de las recomendaciones de organismos internacionales de derechos humanos y personalidades como el asesor regional en nutrición de la OPS, Fabio da Silva Gomes, quien señala que “Necesitamos que los gobiernos establezcan políticas para restringir las ventas de estos productos. Los ultraprocesados no pueden ser la base de nuestra alimentación, no pueden ser un producto esencial en nuestras dietas”13. Asimismo, estas medidas van en línea con los reclamos que se alzan desde la sociedad civil que exige el respeto de sus derechos y territorios.

En el caso de nuestro país, asistimos hace pocos meses al despliegue de intensas campañas en el Congreso de la República por parte de representantes de las grandes empresas que producen bebidas endulzadas, así como todo tipo de comida chatarra, para impedir la aprobación del etiquetado frontal de advertencia, con información precisa que brinde los datos indispensables para que el consumidor sepa que el comestible que le ofertan es alto en sodio, azúcares, calorías o grasas saturadas, como que desestimulen el consumo de bebidas endulzadas al incrementar la carga fiscal para quienes las producen y, como consecuencia de ello, un mayor precio de venta al púbico.

En el primer caso no lograron su propósito, pero en el segundo sí y en el texto final de la recién expedida reforma tributaria no incluyeron nada sobre el particular. La aprobación, en un caso, y el bloqueo en el otro, dejan abierto un inmenso camino por recorrer para lograr que, en efecto, el consumo de comida chatarra comience a decaer y, por el otro, para seguir dando la batalla para lograr en próximas legislaturas la aprobación de un incremento de la carga fiscal sobre quienes producen tales líquidos.

Pero, más allá de ello, está a la orden del día el despliegue de campañas educativas para informar sobre el daño que produce sobre nuestros cuerpos el consumo de bebidas endulzadas, tarea a cargo del Estado. Y sin conformarse con ello, los actores sociales deben liderar cambios culturales sobre usos y consumos, a favor de dietas saludables, pero también, de protección del medio ambiente, de estímulo a la producción campesina libre de agrotóxicos, con la adopción de un efectivo mercadeo, con precios al alcance de los sectores populares, y tejido de redes solidarias en todos estos planos.

El referente es básico: Por nuestra salud, la del medio ambientes y nuestras sociedades, tenemos que defender y promover las dietas tradicionales, basadas en alimentos campesinos, saludables y culturalmente apropiados, que nos permitan realizar nuestro derecho humano a la alimentación y nutrición adecuadas.

 

1 Citado en: “Un País que se hunde el hambre. Situación del derecho humano a la alimentación y nutrición adecuadas”, p. 74. Ver en: Oxfam, Radiografía de la desigualdad lo que nos dice el último censo agropecuario sobre la distribución de la tierra en Colombia, p. 13.
2 Fian Colombia, 2021. “Un País que se hunde el hambre. Situación del derecho humano a la alimentación y nutrición adecuadas”, p. 313.
3 Fian Internacional. 2021. “Informe sobre el estado del Derecho a la Alimentación y a la Nutrición 2021”. 2021. https://www.righttofoodandnutrition.org/es/informe-sobre-el-estado-del-derecho-la-alimentacion-y-la-nutricion-2021.
4 Ibídem.
5 Acnudh. S/F. “Acnudh: ¿Cuáles son las obligaciones de los Estados respecto de los derechos económicos, sociales y culturales?” Consultado el 16 de octubre de 2021. https://www.ohchr.org/sp/issues/escr/pages/whataretheobligationsofstatesonescr.aspx.
6 Para más información consultar artículo de Alejandro Calvillo, “Poder del Consumidor”: https://www.sinembargo.mx/29-07-2021/4007281
7 Global Health Advocacy Incubator. 2021. “Narrativas de la industria: De qué manera las empresas de bebidas y alimentos ultraprocesados socavan las políticas de alimentación saludable para proteger su imagen corporativa”. Fagran (blog). 2021. https://fagran.org.ar/documentos/seccion/organismos-internacionales/2021/07/narrativas-de-la-industria-de-que-manera-las-empresas-de-bebidas-y-alimentos-ultraprocesados-socavan-las-politicas-de-alimentacion-saludable-para-proteger-su-imagen-corporativa/.
8 Ibídem.
9 OPS, y OMS. 2019. “Alimentos ultraprocesados ganan más espacio en la mesa de las familias latinoamericanas”. Pan American Health Organization / World Health Organization. el 23 de octubre de 2019. https://www3.paho.org/hq/index.php?option=com_content&view=article&id=15530:ultra-processed-foods-gain-ground-among-latin-american-and-caribbean-families&Itemid=1926&lang=es.
10 Ibídem.
11 Altieri, Miguel, y Clara Nicholls, 2020, “La agroecología en tiempos del covid-19”. Clacso (blog). el 6 de abril de 2020. https://www.clacso.org/la-agroecologia-en-tiempos-del-covid-19/.
12 Fian Internacional 2021, op. cit.
13 OPS y OMS, op. cit.

 

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México aprobó la vacuna cubana Abdala contra la covid

México autorizó el uso de emergencia de la vacuna cubana Abdala contra la covid-19. La Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris), el ente regulatorio mexicano informó en un comunicado que "dictaminó procedente la autorización para uso de emergencia de la vacuna Abdala" al considerar que el fármaco "cumple requisitos de calidad, seguridad y eficacia".

Con la decisión de las autoridades sanitarias, Abdala se convierte así en el biológico anticovid número 10 aprobado por Cofepris para su aplicación en México. El país además ya había aprobado las vacunas de Pfizer-BioNTech, AstraZeneca, CanSino Biologics, Sputnik- V, Sinovac, Covaxin, Janssen (de la farmacéutica Johnson and Johnson), Moderna y Sinopharm.

 

El ente regulador informó que tras examinar la opinión de su Comité de Nuevas Moléculas (CMN) ingresaron la solicitud de autorización para uso de emergencia. Luego de que especialistas analizarán los expedientes, certificaron que la vacuna Abdala cumple los requisitos necesarios para su aplicación.

El gobierno federal de México todavía no indicó si planea adquirir este fármaco. México, de 126 millones de habitantes, registraba hasta este miércoles 3,9 millones de contagios y casi 300.000 muertes, según datos oficiales.

Abdala, Soberana 02 y Soberana Plus


En tanto, desde la farmaceútica BioCubaFarma, aseguraron que con la reciente aprobación del uso de emergencia de la vacuna Abdala "avanza la inserción internacional" de las vacunas producidas en la isla.

"Con esta aprobación, México puede importar la vacuna Abdala, para su uso en la Política Nacional de Vacunación contra el virus SARS-CoV-2 en personas mayores de 19 años", detalló BioCubaFarma en Twitter.

Junto a Abdala, Cuba creó otras dos fórmulas contra la covid-19: Soberana 02 y Soberana Plus, ambas cuentan con la autorización del Centro para el Control Estatal de Medicamentos, Equipos y Dispositivos Médico para su uso de emergencia. El ente regulador en Cuba es de referencia en la región y además fue precalificado en materia de vacunas por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Las tres vacunas cubanas tienen una eficacia superior al 90 por ciento, según las autoridades cubanas. Aunque las tres vacunas todavía no fueron homologadas por la OMS.

El presidente de BioCubaFarma, Eduardo Martínez, recientemente informó que hay interés de "someterlas al proceso de precalificación" internacional para que expertos independientes revisen su efectividad y sean aprobadas a nivel internacional por la OMS.

Esto daría validez externa a las fórmulas cubanas para que otros países las adquieran y supondría una fuente de divisas internacionales para la economía cubana, que atraviesa un grave crisis.

Cómo es la vacuna cubana Abdala


Las vacunas cubanas se basan en una proteína recombinante, la misma técnica con la que trabaja la estadounidense Novavax y la francesa Sanofi, y tienen una eficacia superior al 90 por ciento para prevenir la enfermedad con síntomas, según científicos cubanos. La vacuna Abdala ya fue aprobada en Nicaragua, Vietnam y Venezuela. Este último firmó con la isla un contrato de suministro de 12 millones de unidades.

 

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Viernes, 31 Diciembre 2021 07:21

MÁS LEÍDOS 2021: Dictadura digital

Adriana Gómez, En balde, de la serie “Algo pendiente” (Cortesía de la autora)

¡Bienvenidos a China occidental! La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda a los Estados que se esfuercen por convencer de la utilidad –indiscutible– de la vacuna contra el Covid-19 antes que recurrir a la coerción. Pero Emmanuel Macron tomó la decisión contraria. Este Presidente que se la pasa combatiendo el “iliberalismo” sólo concibe las libertades públicas como una variable de ajuste. Insignificante, por otra parte, y condenada a desdibujarse ante todas las urgencias del momento –médicas, securitarias, bélicas–. Prohibir a millones de personas tomar el tren, pedir un plato de comida en una terraza, ver una película en salas sin haber demostrado que no estaban infectadas presentando llegado el caso, diez veces por día, un documento de identidad que el comerciante deberá a veces verificar por su cuenta, nos lleva a otro mundo. Que ya existe. En China, precisamente. Los agentes de policía disponen allí de anteojos de realidad aumentada que, vinculados a cámaras térmicas instaladas en sus cascos, les permiten identificar una persona afiebrada en una multitud**. ¿Es eso lo que nosotros también queremos?


En todo caso, validamos ingenuamente la invasión galopante de lo digital y de la trazabilidad de nuestras vidas íntimas, profesionales, de nuestros intercambios, de nuestras elecciones políticas. Interrogado acerca de las maneras de evitar que nuestros datos, una vez pirateados nuestros teléfonos móviles, se conviertan en armas apuntadas hacia nosotros, Edward Snowden declaró: ¿Qué pueden hacer las personas para protegerse de las armas nucleares? ¿De las armas químicas o biológicas? Hay industrias, sectores, contra los cuales no existe protección alguna, y es por esa razón que se intenta limitar su proliferación.


“Territorios perdidos de la República”


Todo lo contrario de lo que alienta Macron al precipitar el reemplazo de las interacciones humanas por un embrollo de sitios administrativos, robots, buzones de voz, códigos QR, aplicaciones a descargar. De ahora en más, reservar un pasaje, comprar en línea, exige tanto una tarjeta de crédito como la comunicación de su número de teléfono móvil, o incluso su estado civil. Hubo un tiempo, que no fue la Edad Media, en el que se podía tomar el tren conservando el anonimato, cruzar una ciudad sin ser filmado, sentirse tanto más libre cuanto que no se dejaba ningún rastro al paso. Y, sin embargo, ya había secuestros de niños, atentados terroristas, epidemias... e incluso guerras.


El principio de precaución ya no tendrá límite alguno. ¿Acaso es prudente, por ejemplo, codearse en un restaurante con una persona que habría un día viajado a Medio Oriente, sufrido delirios, participado en una manifestación prohibida, frecuentado una librería anarquista? El riesgo de no terminar su almuerzo por culpa de una bomba, de una ráfaga de Kalashnikov o de un puñetazo en la cara no es enorme, pero tampoco es inexistente... Será entonces necesario pronto que todos los pasantes presenten un “pase cívico” que garantice su ficha judicial virgen y el aval de la policía. Luego no les quedaría más que vagar tranquilos en un museo de las libertades públicas, devenidas en “territorios perdidos de la República”.

 

** Véase Félix Tréguer, “La sofisticación totalitaria”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, Buenos Aires, mayo de 2020.

*Director de Le Monde diplomatique.
Traducción: Micaela Houston

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MÁS LEÍDOS 2021: Ante la derrota de la humanidad (II)

Decíamos hace varios meses (http://ow.ly/pmzl50FSwSw) que la certeza de los actuales poderes globales con respecto a la vacuna, como solución mágica para enfrentar y superar la actual crisis pandémica, resumía su convicción de que la especie humana puede seguir como hasta ahora ha vivido, convencida de que la naturaleza, con todo lo que en ella habita, es su pertenencia y su objeto.

Desde este prisma la vacuna, con el paso de los meses, quedó transformada en la pócima milagrosa que todo lo cura, a pesar de los interrogantes que su aplicación sigue suscitando por doquier, todo ello porque aún no son vacunas en propiedad sino simples biológicos en proceso de elaboración (ver “El covid, muchos interrogantes”), proceso en el cual la especie humana, por cientos de millones, con su hombro descubierto, está constituida en el ratón de laboratorio para verificar cualidades y potencialidades de todas y cada una de las que están aplicando por aquí y por allá.

En el primero de los editoriales con igual título decíamos que no reparar en el contexto, en lo estructural de la crisis pandémica, es condición fundamental para: 1. Dejar el espacio abierto para que otras de estas crisis, con igual o peor potencia, impacten sobre la sociedad global; y, 2. Perder la oportunidad para que esa misma sociedad advierta con toda propiedad las características fundamentales de un sistema socioeconómico que lleva a su propia especie hacia el precipicio, así como a la naturaleza íntegra.

Pero lo que no alcanzábamos a captar en ese momento era que, en su afán por recuperar la economía global, el capitalismo estuviera dispuesto a todo, incluso a cercenar derechos fundamentales, criminalizar segmentos sociales que no responden a su llamado a vacunarse y ahondar desigualdades, llevando a la sociedad a una polarización entre vacuna sí, vacuna no. No se puede desconocer que la problemática en curso y los retos abiertos para la especie humana, a lo largo de estos meses, son mucho más profundos (ver: “Vacuna covid-19: ¿protección, negocio o violación de derechos?”, “El covid-19 es algo más que el pinchazo”).

La respuesta no se ha dejado esperar y en muchos países la creciente crítica a tales medidas copa calles. Las protestas son satanizadas por algunos medios de comunicación que los reportan como si fueran una estrategia de la derecha para ganar audiencia social, sin percatarse de la pluralidad del rechazo, motivado por convicciones políticas, en unos casos, y en otros por visiones alternas sobre salud, unos más por no compartir el autoritarismo como proceder para gobernar, sin estar por fuera visiones de derecha que atizan y aprovechan en río revuelto.

Es así como ahora ganan nitidez problemáticas ocultas tras la ofensiva propagandística en favor de la vacuna, de multiplicación del miedo –que tan buenos resultados dispensa para quienes gobiernan–, potenciando la unilateralidad del saber, con una ciencia occidental que desconoce otros saberes y prácticas, y que, al igual que los monocultivos, mata toda variedad que pretenda vivir en paralelo.

Un proceder impositivo que lleva a que sus ojos pierdan la capacidad de percibir la gama de tonalidades brindadas por la naturaleza para solo ver blanco o negro. Habría que ser más sensatos y mirar e investigar, por ejemplo, las prácticas que en el campo de la salud sobreviven en infinidad de territorios y con las cuales las gentes, sin esperar el dictamen médico amparado en diploma universitario, se automedican y se curan. En esa praxis acuden en ocasiones a plantas de diversas especies y de las cuales están llenas las plazas de mercado; además de otras que aún no han sido domesticadas y siguen intactas en los bosques y selvas, y solo son manejadas con propiedad por las sanadoras reconocidas por sus comunidades.

Algunas de aquellas prácticas siguen sirviendo para resolver la crisis en el encierro a que están sometidos miles de presos, por ejemplo. Y no solo ellos: también en los barrios populares y otros territorios donde sus pobladores comparten conocimientos y experiencias, e intercambian saberes, y así van resolviendo con agüitas el azote del virus. ¿Cuántos miles de infectados han dejado de acudir a consultorio y hospital alguno y se han curado? ¿Cómo lo han logrado? ¿Por qué no acuden al consultorio y mucho menos al hospital? Si el poder estuviera abierto a comprender la cultura popular, lo mismo que los usos y costumbres descritos, con seguridad aceptaría que la vacuna no tiene que ser obligatoria, y difundiría por todos los canales la posibilidad de inyectarse en otras formas y opciones para salir airosos de esta situación.

Entonces, es legítimo plantear que hay otras formas y procederes en que la solidaridad es fundamental, la memoria popular es persistente y no son necesarias las antesalas de varias horas para ser atendido. Pero igualmente hay prácticas indispensables para poder seguir en el rebusque porque, si se asiste al hospital y te dejan internado, ¿quién lleva el diario a casa?

De suerte que las formas alternativas están extendidas, además, por reacción, porque en sus barrios la gente ve morir a los suyos a pesar de estar vacunados, y por eso teme que le suceda igual, lo que invita a explicarles que los biológicos sirven en lo fundamental para evitar la UCI pero no mucho más. En esa expresión de sensatez, resulta posible construir procesos sociales de todo orden para enfrentar y superar la actual realidad, abordando como prioridad no desdeñable el cuidado común, a la par de la golpeada economía popular.

No es algo caprichoso. En realidad es un proceder indispensable que trasciende la estrategia mediática de cifras de muertos e internados en UCI, de cacarear en las bondades irreales de una vacuna que no evita la muerte, aunque sí pueda reducir las posibilidades de llegar a tal límite; estrategia que deja en manos de cada cual la resolución de sus urgencias económicas, proceder en el cual es indispensable implementar un viraje radical si de verdad se pretende ganar la confianza de amplios sectores y para lo cual los gobiernos deben priorizar la vida cotidiana de las mayorías, lo que implica garantizar vida digna, empezando por ingresos fijos y suficientes sin los cuales cada cual trata de resolver por vía propia, exponiéndose al contagio pero también atomizando mucho más el tejido social; un resolver por vía propia posible de constatar en la multiplicación de la informalidad callejera así como en la disparada de la delincuencia, con actuares cada vez más violentos –un síntoma de inseguridad, temor e inexperiencia de quien asalta– que copa calles por todas las ciudades del país.

Estamos, pues, ante una realidad sumamente compleja, que no se resuelve con más policía, como lo pretende el establecimiento, lo que va llevando hacia –o profundizando– la militarización y el autoritarismo armado como canal predilecto para gobernar e imponer. Ese proceder, ‘justificado’, por decirlo así, expresa la capacidad del sistema de reformularse y ahoga muchos derechos que le significaron a la humanidad intensas y prolongadas jornadas de lucha, tapizadas por miles de víctimas que se batieron por ellos.

Ese proceder del poder invita a pensar, no sin inquietud, si el terreno ganado por el ejercicio de un poder unilateral que ahora multiplica sus señales no se mantendrá y extenderá, incluso una vez superada esta coyuntura de salud pública, concretando así la tendencia de anulación de democracia efectiva que ya comporta el sistema, y que se manifiesta sin reparos –entre algunas de sus señales más evidentes– en la concentración de la riqueza, la multiplicación de las inequidades y las desigualdades que campean por todo el globo, la contención violenta de las voces de protesta que disienten y la imposición en todos los planos de un discurso único.

Esas manifestaciones antidemocráticas, con autoritarismo efectivo, expresado como tantas veces los estudiosos del tema han llamado la atención, a través de los cada vez más preocupantes mecanismos de control y disciplinamiento social, van haciendo de la democracia una simple palabra de cajón recubierta por mallas y muros que oprimen, imponen y aíslan, así como balas que contienen a opositores, inconformes y disidentes.

Estamos ante una tendencia o una realidad contundentes, con riesgo de polarización y disputa radical entre sectores del propio cuerpo social, utilizados por el poder real para potenciar sus controles y afilar sus mecanismos de efectivo dominio. Mientras así ocurre, del lado alternativo la pasividad y la ausencia de opciones efectivas en todos los planos, que le muestren superior y más efectivo que sus contrarios, lo arrinconan en un grado de confusión mayor y que saca a flote el hecho de que, en diversos campos del saber y del hacer, a pesar de lo que expresa, no alcanza a diferenciarse del discurso dominante.

La ciencia, ahora en el centro del debate, con la vacuna y la manera de afrontar una crisis como la actual, así como el carácter cada vez más autoritario del régimen político son parte de ello.

 

 

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Publicado enColombia
Martes, 28 Diciembre 2021 07:18

Aprender a morir

Aprender a morir

Propaganda mata ciencia.

 

A partir del informe Flexner, publicado en 1910 y patrocinado por John D. Rockefeller, en Estados Unidos y luego en el resto del mundo occidental se erradicó la medicina natural o tradicional, dejando sólo la alopatía como método válido y legal para hacer negocio con los enfermos, bajo el argumento de que "no era creíble" curar con plantas o con espíritus, que eso eran "creencias absurdas", forzando a que "las creencias sociales" se alinearan con su negocio.

Si alguien no cree en el médico y su medicamento sólo se cura a 5 por ciento, confirmando que lo que más cura es la creencia. Por muchos alópatas es aceptado que 90 por ciento de las enfermedades tienen un origen emocional. Se genera un desequilibrio que termina generando el desbalance físico; es decir, "la mente es la causa principal de tu enfermedad", incluso una infección se entiende como "darle mayor permiso" a los patógenos que siempre están en nuestro organismo. Para el médico alópata, aunque la mente te enferme el químico te cura, no la mente al restablecer el orden original.

Si la versión oficial, tanto de medicina como de pandemia, estuvieran equivocadas, y de hecho lo están, es debido a creencias falsas como que las vacunas sirven para algo (1), que la baja en los contagios se debió a unas inyecciones que no protegen del contagio (2) en lugar de al proceso de inmunidad colectiva natural, así como a que los medios han difundido productos milagro: cubrebocas, distanciamiento e inyecciones de grafeno más proteína spike, todos ellos sin sustento científico (3), por eso son "milagro", pues provienen de quien debiera ser una fuente científica como la OMS.

El engaño se consumó y vamos rumbo a un control fascista digital-farmacéutico sin que en el mundo la izquierda se entere o intente defenderse de la peor derecha internacional: Black Rock-Pfizer-Fauci-Darpa-OMS-Gates. Se puede pensar que esto es una locura, pero no lo es. Existen numerosas pruebas de esta conspiración, incluido el amplio expediente del doctor David Martin (4). Anthony Fauci, asesor médico del gobierno estadunidense, y todos sus secuaces terminarán en la cárcel por esto, como apunta Carlos Fazio en su artículo del viernes 24; sin embargo, los gobiernos que lo siguieron están en grave peligro mientras la derecha internacional gana terreno contra los regímenes progresistas. ¡Hay que despertar! Referencias: fabver.org; Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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