Unidades de la Guardia Nacional de Ucrania realizan ejercicios cerca de la frontera con Rusia en enero de 2022. Foto cortesía del Ministerio del Interior de Ucrania

Rusia manda 100.000 soldados a la frontera ucraniana y realiza maniobras militares en Bielorrusia. EEUU responde con 600 millones de dólares en armamento militar para Ucrania. Lo que se disputa detrás de esta crisis es el papel que deben jugar los países exaliados del Pacto de Varsovia y del espacio postsoviético: si deben aliarse con la OTAN, Rusia o permanecer neutrales.

 

La crisis ruso-ucraniana alcanzó una nueva dimensión el 17 de diciembre después de que Rusia enviara dos borradores de acuerdo a EE UU en los que Moscú exige detener la expansión de la OTAN hacia Europa del Este (incluyendo Ucrania y Georgia), devolver a las fuerzas armadas de la Alianza al lugar donde estaban estacionadas en 1997 y el compromiso de que ni EE UU ni Rusia desplieguen misiles de corto o medio alcances fuera de sus territorios. Tanto para Washington como para la OTAN, las demandas rusas son “inaceptables”.

Rusia no quiere que más países de la órbita postsoviética ingresen en una alianza militar contraria a sus los intereses geopolíticos y exige que los países bálticos y de los Balcanes, algunos de ellos exaliados del Pacto de Varsovia, salgan de la Alianza. Mijaíl Gorbachov asegura que recibió garantías de que esa expansión no se iba a producir (un acuerdo no plasmado por escrito) y ahora Putin reclama que esas garantías se firmen en sendos documentos.

Sin embargo, Jens Stoltenberg, secretario general de la OTAN, defiende que la organización “nunca ha prometido no expandirse” en torno a Rusia, y cita su texto fundacional en el que se establece que todos los Estados europeos pueden convertirse en miembros. Pese a ello, Rusia se siente amenazada y para hacer creíble su misiva; Putin incluso ha anunciado que negociará con Cuba y Venezuela la instalación de bases militares en dichos territorios. EE UU se ha comprometido a responder por escrito esta semana a las exigencias rusas.

Escalada de tensión

Durante los últimos dos meses, Rusia ha ido acumulando hasta 100.000 soldados en la frontera ucraniana, lo cual ha desatado el temor de Kiev, que recuerda el antecedente de 2014, cuando el Kremlin anexionó a su territorio la península de Crimea. Como respuesta, EE UU ha mandado en los últimos días armamento militar y de defensa por valor de 600 millones de dólares.

España también se ha sumado a la estrategia de Washington, con el envío de un cazabombarderos del Ejército del Aire a Bulgaria y la incorporación de la fragata Blas de Lezo a la flota de la OTAN que navegará por el mar Negro. Por su parte, el presidente Joe Biden acusa a Rusia de querer llevar a cabo algún tipo de ataque o invasión sobre el país ucraniano de manera inminente. Putin niega todas las acusaciones. En caso de que ocurriera, Washington, Londres y Bruselas amenazan con sanciones internacionales sin precedentes sobre Rusia y que, según El País, podrían abarcar desde la suspensión de cualquier tipo de cooperación económica con Moscú a un drástico recorte de las relaciones comerciales, incluida la importación de gas y petróleo ruso. Sin embargo, ninguno de los expertos y expertas consultados por El Salto cree que vaya a producirse una guerra en territorio europeo.

Posibles escenarios futuros

“Si Rusia se anexiona Donetsk y Lugansk, dos regiones del este de Ucrania relativamente pobres [aunque Donetsk sí que tiene algo más de riqueza por la industria del carbón y del acero], la comunidad internacional va a aplicar sanciones internacionales muy duras a Rusia y, de manera indudable, va a inclinar la balanza de Ucrania hacia el lado pro-occidental”, apunta a El Salto Fernando Arancón, director de El Orden Mundial. Además, según el analista, Suecia y Finlandia ya se están planteando entrar en la OTAN y, un nuevo enfrentamiento entre Ucrania y Rusia, podría empujarles definitivamente.

En palabras de Arancón, es una jugada poco rentable, pues el coste por conseguir dos regiones pequeñas y de poco valor, sería “inmenso”. Por eso, Arancón cree que Rusia no va a entrar, pero que si lo hace, tiene que tener una estrategia muy clara y definida, para que la victoria sea arrolladora. “Si entran, no ocupan toda Ucrania sino que llegan hasta el río Dniéper”, que es la zona, con muchos matices, “rusófila” del país, quedando a las puertas de Kiev.

Según esta hipótesis, por la dificultad de llevar a cabo una operación de semejante magnitud y que contaría con una gran resistencia por parte de Ucrania, la UE y EE UU, llegados a este punto, Rusia podría aprovechar esta posición para retirarse de la zona y negociar. “Si te pasas y luego cedes, tu planteamiento parece mucho más razonable. Me retiro del Dniéper si me dejáis quedarme con Donetsk y Lugansk”, plantea Arancón.

No obstante, las condiciones no parecen precisamente favorables a una invasión. Habría que tomar ciudades importantes y Rusia podría quedarse estancada en un asedio grande, prosigue Arancón. “Llegar a Kiev podría llevar medio año, Occidente daría armas a Ucrania y estos a lo mejor lanzarían un contraataque. Y en medio del verano, Rusia igual no ha llegado todavía a la capital, mientras mueren soldados suyos. Por eso, si entran, “lo tienen que tener clarísimo”, continúa Arancón, que apunta entre otros inconvenientes el hecho de que Ucrania no tiene buenas infraestructuras, hay muchos caminos de tierra y, a partir de marzo, el hielo se va a fundir, filtrándose y volviéndose barro.

Pese a la superioridad militar rusa, Arancón se plantea también la hipótesis de qué pasaría con las unidades pesadas y blindadas en caso de deshielo y barro y lanza un recordatorio: además de la insurgencia contraria a la invasión, Ucrania no es Georgia ni Chechenia. Así que la única manera de  reducir la tensión del conflicto, considera Arancón, es dejar a un lado las posiciones maximalistas y negociar una solución asumible para Moscú, Kiev y la OTAN.

Presión con las tropas

“No creo que nadie quiera la guerra, tampoco creo que la quiera Putin. Pero nadie renuncia tampoco a sus objetivos y ese es el problema”, explica a El Salto Pilar Bonet, corresponsal de El País durante 34 años en la URSS, Rusia y el espacio postsoviético, quien define el texto enviado por Rusia a EEUU en el que exige a la OTAN volver a sus fronteras de 1997 como “un ultimátum”. Cuando se le pregunta sobre cómo desescalar en el conflicto, se muestra frustrada. Sin embargo, el movimiento de tropas en la frontera ucraniana y el interior de Bielorrusia no necesariamente significa que Rusia vaya a invadir territorio ucraniano. “Es un elemento de presión y negociación, un constante mantenimiento de la tensión”, asevera. Entre las opciones: renunciar al Donbás (algo que cree que no puede hacer porque su electorado se le pondría en contra), declararlo independiente o anexionárselo, “lo que es una apuesta política arriesgada”. Cree que Putin necesita, de cara a las elecciones de 2024, una nueva victoria, que podría ser zamparse un trozo de Ucrania “en nombre de la reunificación de las tierras rusas”, creando un corredor entre Crimea y Donbás. El movimiento de tropas podría indicar eso, pero, “si lo hará o no, no lo sabemos”, insiste.

Después de la anexión de Crimea, Putin tuvo mucho apoyo popular en Rusia, pero Bonet no tiene claro que ahora sucediera lo mismo. Define a Rusia como un país con “una conciencia nacional muy clara que se pliega muy bien a las estructuras autoritarias”, y en este sentido, al frente del Estado ruso hay una élite con “mentalidad perversa”, que aprovechará “cualquier error” de Ucrania para “aplastar” al país. Sobre Crimea, Bonet explica que “no se puede discutir con un ruso que Crimea no es Rusia”. Sin embargo, recuerda, la península fue conquistada durante la Rusia zarista por Catalina La Grande en 1783. A día de hoy, la población local es mayoritariamente favorable a tender lazos con Rusia, sin embargo, insiste Bonet, eso no significa que Crimea sea rusa.  “La población es mayoritariamente prorrusa porque ahí están todos los jubilados de la flota del Mar Negro. Es una enorme población de carácter militar. El interior agrícola, en cambio, siempre ha estado ocupado por los ucranianos, que cultivaban la tierra”, concluye.

Limitación de los derechos lingüísticos

Por otro lado, critica con dureza al gobierno ucraniano, “tan ineficaz como el anterior o más”. Uno de los asuntos en los que el gobierno ucraniano comete errores es en su política lingüística. Partiendo de concepciones diferentes, Bonet ve ciertas similitudes en la política lingüística de Rusia y de Ucrania. En el caso ruso, “parte de la desconfianza y temor de las pequeñas lenguas nacionales de las repúblicas, que tenían estatus oficial en sus respectivos territorios”. Es decir, es un miedo que viene de “los fantasmas del separatismo” que rondan la cabeza de los dirigentes del Kremlin, pese a que, aclara Bonet, el ruso como idioma no tiene nada que temer. En el caso ucraniano, “parte de la necesidad de asentar y hacer arraigar un idioma que no está lo suficientemente arraigado, lo que se traduce en una política lingüística que conculca los derechos de las minorías reconocidos por el Consejo de Europa”, explica. 

Ucrania, sigue explicando Bonet, es un país con muchísima diversidad y muchas comunidades culturales, pero al igual que Rusia aunque en menor medida, en lugar de integrarlas, cercena sus derechos. “Los Estados que son débiles tienen problemas para aceptar la diversidad y el federalismo y tienden hacia un Estado unitario, porque piensan que así tendrán más controlada la situación. Hay que tener en cuenta también las diferencias entre Oeste y Este, por sus diferentes trayectorias históricas”, sostiene.

Estas tensiones empeoraron con dos hechos. Primero, la derogación de la ley de 2012, que declaraba oficial el ruso en las regiones donde el idioma formara parte de más de un 10% de los habitantes. “Turchínov (presidente ucraniano en febrero del 2014) abolió una ley que era bastante equilibrada y eso fue aprovechado por Rusia. Después de su abolición, no solo los rusos, otras muchas minorías se cabrearon, entre ellos los húngaros y los rumanos”, sostiene Bonet. Segundo, con la aprobación en el Parlamento ucraniano en abril de 2019 de una ley que convertía al ucraniano en el único idioma estatal y de uso obligatorio para los funcionarios del Gobierno.

Entre otros problemas que han acentuado el conflicto, Bonet critica fuertemente el bloqueo comercial que inició Ucrania en 2017 para impedir el tráfico de mercancías entre las autodenominadas repúblicas populares de Donetsk y Lugansk (RPD y RPL, que ocupan un tercio de las provincias) y el resto de Ucrania. “La gente que está en el poder en Ucrania no necesita la zona del Donbás (Donetsk y Lugansk) porque no les votan. Por tanto, no tienen ningún interés. Pero Rusia tampoco”, aclara. El Donbás es una zona con mucha cultura minera e industrial venida a menos que, según Bonet, necesita una reconversión industrial importante, que es muy costosa. Para destensar la situación, cree que Kiev debería intentar facilitar la vida de los ciudadanos del Donbás. Y pone un ejemplo. Hay familias de la región de Donetsk y Lugansk en las cuales parte de la familia vive en la zona ucraniana y otra parte en la rusa. Para cobrar la pensión, los jubilados ucranianos que viven en la zona rusa tienen que pasar al otro lado de la frontera, pero tardan mucho tiempo en hacerlo porque la frontera se ha endurecido todavía más con la crisis del covid.

En cuanto a una posible intervención rusa en la zona, Bonet considera que no necesitan tener tropas en el Donbás, solo controlar la situación y si se descontrolara, ya intervendrían. Por tanto, subraya, es muy importante que Ucrania actúe “con la máxima transparencia posible” y que haya “testigos y observadores” en la zona. Asimismo, recuerda los errores “garrafales” que Georgia cometió en 2008 y que condujeron a que Rusia reconociera como Estados independientes Osetia del Sur y Absajia.

Expansión de la OTAN al Este

Cuando se disuelve la URSS, la OTAN, aprovechando la debilidad del presidente ruso Boris Yeltsin, fue incorporando países de Europa del Este a su Alianza, remarca Jordi Calvo, investigador del Centre Delàs d'Estudis per la Pau. “Esto durante muchos años no ha sido un problema, pero ahora es uno de los elementos que está usando Putin, que simplemente quiere legitimar su liderazgo y conseguir apoyo popular para ganar las elecciones (de 2024)”, asegura. Para un personaje político como Putin, el nacionalismo y la identificación de un enemigo externo como la OTAN ayudan mucho, aunque no se puede perder de vista que en 1989 la OTAN estaba en un punto y en 2022 está en otro muy diferente.

“De una manera u otra, lo que está pasando también viene animado por una OTAN que no ha mirado de buscar soluciones que no pasen por una lógica militar”, argumenta. Y en el otro lado está la Organización de Cooperación de Shanghái (China, Rusia, Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán, Uzbekistán, India, Irán y Pakistán), que podría dar apoyo militar a Rusia en caso de conflicto. Sin embargo, Calvo descarta esta confrontación. “Este conflicto tiene una complejidad enorme, con intereses económicos muy concretos, entre ellos tener acceso a mayor cantidad de recursos y materias primas. No tendría ningún sentido que se embarcaran en un enfrentamiento militar en el sentido tradicional”, explica y puntualiza, que lo que sí que se está produciendo es el enfrentamiento en otros ámbitos, como en las fake news, influir a través de medios de comunicación e internet, desestabilizar la democracia o utilizar Bielorrusia para provocar una crisis migratoria en Polonia, sabiendo que estos acontecimientos crearán confrontación e inestabilidad entre los países de la UE. Del aspecto de las fake news alerta Bonet constantemente. “Uno de los grandes problemas de Ucrania es que la narrativa rusa cala muchísimo en Occidente”, advierte. Calvo coincide con Arancón y Bonet en que Rusia no puede aceptar perder el control del Donbás porque eso le sirve a Putin para mantener su discurso de la “Gran Rusia”, que tiene con todos los países del espacio postsoviético. Eso no quiere decir, aclara, que se anexione el territorio oficialmente.

Alemania, el gasoducto ruso y la posición europea

Otro de los elementos que juega un papel clave en esta crisis es el gasoducto Nord Stream II que conecta Rusia con Alemania sin pasar por Ucrania, pero que no ha entrado en funcionamiento todavía, a la espera de recibir las certificaciones para poder operar. Josep Borrell, Alto Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores, avisó hace unas semanas: “No se puede imaginar que, por un lado, pensamos en imponer sanciones y, por otro lado, abrir una infraestructura (Nord Stream II). Está ciertamente ligado a la situación militar de Ucrania”, advirtió. Un proyecto que estaría operado por el gigante gasístico estatal ruso Gazprom, y que Alemania necesita por su dependencia energética, pese a que no gusta a EE UU ni a los países del Este.

“Creo que puede ser una ventana de oportunidad para dejar de hablar de enfrentamiento militar y empezar a hablar más de intereses, de dependencia. Crear espacios de paz es generar interdependencia”, analiza Calvo. Cortar el gasoducto, argumenta, no interesa a nadie y es una postura que no durará mucho. Tal vez, detrás de todo este conflicto, también se esté negociando un acuerdo en torno a los precios del gas que satisfagan a todo el mundo. La política exterior alemana respecto a Rusia es diferente, sostiene Calvo, debido a esta dependencia energética y a la historia reciente, la Segunda Guerra Mundial y el Muro de Berlín.

Otros analistas, en cambio, creen que Rusia tiene poder con los gasoductos especialmente en invierno, pero cuando llega marzo empieza a hacer buen tiempo y los precios de la energía se empiezan a reequilibrar. “Evidentemente, puede afectar, pero Europa tiene otras herramientas que puede utilizar. A malas, Alemania puede poner en funcionamiento las centrales de carbón. Contaminan, pero al menos no das dinero a Rusia, si decide invadir Ucrania”, opina Arancón.

Por otro lado, Calvo cree que detrás de la retórica de la UE de tener más autonomía estratégica respecto a la OTAN y fijar sus propias posiciones, está “crear el consentimiento en la población de que es necesario tener un ejército europeo o una defensa europea reforzada”, que estaría controlado básicamente por Alemania y Francia. De este modo, Europa duplicaría esfuerzos y recursos destinados a la militarización, no solo a las Fuerzas Armadas, sino a la producción de armamento. “La industria armamentística europea es la que está detrás de este cambio de mentalidad”, asegura Calvo. A esta idea del hard power Calvo contrapone volver al soft power que hasta hace una década imperaba en la UE, es decir, conseguir sus objetivos de otra manera: crear una unión con avances democráticos, libertad de movimientos, ser un ejemplo en cuanto al respeto de los Derechos Humanos y promover la paz y el diálogo. Tanto Calvo como Bonet lamentan que la retórica belicista que estamos presenciando se parece demasiado al clima que había antes de la Primera Guerra Mundial. “La carrera armamentística, las capacidades militares, los presupuestos de defensa y las exportaciones de armamento están aumentando”, advierte Calvo.

Los meses del Maidán

El 21 de noviembre del 2013 comenzaron una serie de protestas en la Plaza de la Independencia de Kiev (Maidán), un día después de que el Gobierno ucraniano bajo el mando del presidente rusófilo Víktor Yanukóvich, suspendiera la firma del Acuerdo de Asociación y el Acuerdo de Libre Comercio con la UE. Las protestas, iniciadas por grupos de estudiantes universitarios a los que se fueron uniendo diferentes sectores de la población, empezaron siendo pacíficas. Sin embargo, en enero, grupos ultranacionalistas ucranianos y de extrema derecha empezaron a instigar a los disturbios y la violencia callejera. Entre estos grupos estaba el partido Pravy Sektor (Sector Derecho), ultra-nacionalista ucraniano y de extrema derecha y el partido parlamentario Svoboda (Libertad), ideológicamente similar, englobado en el ultranacionalismo ucraniano y la extrema derecha.

Como consecuencia de los disturbios y los enfrentamientos entre la policía, la oposición y los grupos paramilitares, el 22 de enero murieron cinco personas, que se empezaron a contar por decenas en las siguientes semanas. La noche del 19 al 20 de febrero hubo un intento de alto el fuego entre el Gobierno ucraniano y la oposición que se rompió a las pocas horas. El 20 de febrero fue considerado el día más violento de los disturbios, con más de 60 fallecidos. Un día después, Yanukóvich y la oposición llegan a un acuerdo, con la mediación de tres ministros de Exteriores de la UE (Radosław Sikorski, de Polonia, Laurent Fabius de Francia y Frank-Walter Steinmeier de Alemania) para formar un gobierno de coalición, elecciones anticipadas y volver a la Constitución de 2004 para frenar la violencia. Sin embargo, Yanukóvich no ratificó los acuerdos y huyó del el país.

La mañana del 22 de febrero los opositores ocuparon las principales instituciones de Kiev. La oposición acusa a Yanukóvich de dejación de sus funciones presidenciales y el Parlamento aprobó su destitución con una mayoría aplastante, haciendo presidente a Turchínov. Estos hechos crearon controversia, porque como describió Pilar Bonet en su crónica de El País de aquel día, desde el punto de vista constitucional, “la destitución del presidente es más que cuestionable, ya que, además de una mayoría de dos tercios de la cámara (450 diputados), se requiere también la formación de una comisión investigadora de los motivos por los que se pretende destituirlo. A todo eso se superponía la ambigüedad sobre el marco jurídico, entre la constitución de 2010 y la constitución de 2004, a la que Ucrania retorna en función de un acuerdo firmado la víspera entre los jefes del la oposición parlamentaria y Yanukóvich”. Rusia y el propio Yanukóvich denuncian un golpe de Estado, pero Turchínov cogió el cargo como presidente interino de un gobierno provisional. Meses después se celebraron elecciones en las que resultó ganador Petró Poroshenko, quien podría enfrentarse a 15 años de cárcel por “alta traición”, después de haber sido acusado por la fiscalía ucraniana el pasado 20 de diciembre. ¿La razón? Comprar carbón en los territorios de las repúblicas autónomas de Donetsk y Lugansk. Con esa compra, Ucrania sostiene que Poroshenko ha financiado la lucha de los rebeldes prorrusos.

Contexto histórico del conflicto

“Son dos visiones (OTAN-Rusia) antagónicas, pero tienen una razón para ambos. El Imperio Ruso y la Unión Soviética después fueron un conglomerado multiétnico, incluyendo la zona este de Europa”, explica Arancón. El asunto es bien complejo y tiene muchos matices. Cuando se disuelve la URSS en 1991, todas las nacionalidades que estaban integradas en ella, y que no eran étnica y lingüísticamente rusos, quisieron formar sus propios Estados. Para conseguir su independencia, continúa Arancón, necesitaban aliados que les permitieran defenderse de las conquistas que habían sufrido históricamente por parte del Imperio ruso y, durante la Segunda Guerra Mundial, por la ocupación nazi-fascista. “Esa organización defensiva que les proteja, pensaron, es la OTAN”, añade Arancón. Así, entraron a formar parte de ella Estonia, Letonia, Lituania, Polonia, Eslovaquia, Eslovenia, Hungría, Rumanía y Bulgaria. No todos ellos formaban parte de la URSS, pero todos ellos formaban parte del espacio de influencia soviética, que llegaba hasta Alemania Oriental (República Democrática Alemana). Por este motivo, a Rusia no le gusta que esos países se estén alineando con Occidente, expone Arancón. “Confían en esa Rusia como un ente multiétnico: no es una cuestión de que los ucranianos tengan que ser rusos, sino que los lituanos, bielorrusos, letones, kazajos, tienen cabida dentro de Rusia”, prosigue. Según la cosmovisión rusa, su origen nacional es la Rus de Kiev (Estado que existió desde el año 882 —conquista de Kiev— hasta el año 1240 —invasión de los mongoles—), que comprendía territorios de Bielorrusia, Ucrania y Rusia.

En la cosmovisión rusa, tener líderes fuertes equivale a esplendor de Rusia. “Da igual que sea Pedro El Grande, Catalina La Grande, Stalin o Putin. Es cuando el país ha sido respetado internacionalmente. Y cuando el líder ha sido débil, como Yeltsin, el país ha sido un cachondeo”, sostiene Arancón. Si Ucrania o Bielorrusia empujan hacia Europa, ya solo quedarían ellos. “Y ellos, como se conciben a sí mismos como un imperio, con todo el esplendor y el orgullo que conlleva, ven una posible entrada en Europa como una cuestión absolutamente deshonrosa”, aclara Arancón.

Este conflicto se mantuvo, sin solución, durante el siglo XX y continuó después del colapso de la URSS, con periodos más pacíficos y otros más conflictivos. “La Ucrania más proeuropea, que tiene centros cosmopolitas como Kiev, intenta decantar la balanza hacia la UE y el este del país, más rusófilo, se decanta más hacia Rusia”, argumenta Arancón. Una inestabilidad que, concluye, continuó en el siglo XXI con la Revolución Naranja, una serie de protestas que tuvieron lugar en Ucrania desde finales de noviembre de 2004 hasta enero de 2005, en el contexto de las elecciones presidenciales, en las que hubo acusaciones de corrupción, intimidación y fraude electoral directo y en las que se impuso Víktor Yanukóvich, conservador-rusófilo, sobre Víktor Yúshchenko, conservador-europeísta. Después de una serie de manifestaciones y huelgas que tuvieron en Kiev su foco principal, el Tribunal Supremo de Ucrania ordenó convocar nuevas elecciones el 26 de diciembre 2004, dando la victoria al candidato pro-europeísta. Seis años después, Yanukóvich se convirtió en el sucesor de Yúshchenko, en unas elecciones que fueron calificadas como justas por las autoridades ucranianas y los observadores internacionales. 

Sobre el asunto de la corrupción, es interesante consultar el índice de percepción que elabora Transparency International. El último, que data del año 2020, sitúa a Ucrania en el puesto 117 y a Rusia en el 129.

Acuerdos de Minsk

El 11 de febrero de 2015 se celebró una cumbre en Minsk entre Ucrania, Rusia, Francia y Alemania, con la supervisión de la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE), para firmar un acuerdo que aliviara la guerra ruso-ucraniana en Donetsk y Lugansk. Todos los analistas consultados por El Salto coinciden en que no ha habido voluntad por parte de Rusia y Ucrania de respetar los acuerdos.

Entre otras medidas, el acuerdo plantea dotar de cierta autonomía a las regiones del Donbás por parte de Ucrania y la retirada de todas las formaciones armadas extranjeras, equipo militar, mercenarios y desarme de todos los grupos ilegales, bajo la supervisión de la OSCE. “Para conseguir esa autonomía hay que abrir un proceso constitucional en Ucrania y Ucrania no quiere”, apunta Arancón. Del mismo modo, prosigue, Rusia debería retirar tropas pero no quiere hacerlo, quiere proteger sus zonas de influencia del Donbás porque “teme que Ucrania incumpla como intentó hacer Georgia en el año 2008 invadiendo Osetia del Sur”. Es decir, que si Rusia se retira a su frontera y deja esas tropas de protección que disuaden a Ucrania de atacar a los paramilitares de las repúblicas populares autónomas de Donetsk y Lugansk, cree que los ucranianos podrían aprovechar para recuperar el control que está bajo dominio ruso. Por tanto, ninguna de las dos partes da un paso para que el otro pueda avanzar, debido a la desconfianza mutua.

“Estaba claro desde el primer día que no se iban a cumplir porque, ¿qué va primero, elecciones de acuerdo a los estándares de la OSCE o retirada de las tropas rusas de la frontera?”, plantea Bonet. Las partes llevan años discutiendo el texto, pero los acuerdos no se cumplen, tampoco el alto el fuego. Las direcciones políticas lo han aceptado debido a las presiones internacionales, pero sobre el terreno se da una dinámica de fronteras. En opinión de Calvo, los acuerdos son “papel mojado” porque Rusia no quiere renunciar a su influencia en los antiguos territorios de la URSS y en los países exaliados del Pacto de Varsovia.

Las negociaciones continuarán

Las negociaciones para evitar un conflicto de mayor gravedad en Ucrania continúan. La guerra de baja intensidad en el Donbás, también. Y en caso de que se agrave, los principales afectados serán los ucranianos. Entre los asuntos que los ucranianos consideran más importantes, un 45% señala la corrupción en las instituciones públicas; un 34% la inflación; un 31% el incremento de los precios de la energía; un 30% el desempleo; un 20% el conflicto militar del Donbás y otro 20% señala a su gobierno como incompetente, según recoge un estudio reciente elaborado por el Sociological Group “Rating” junto al Center for Insights and Survey Research (CISR) y el International Republican Institute (IRI). El estudio arroja otro dato muy importante: en los últimos diez años, el apoyo de los ucranianos a ingresar en la UE ha subido 22 puntos: pasando de un 36 a un 58%. En la misma medida, 22 puntos, ha caído el apoyo a establecer relaciones con Rusia: solo un 21 por ciento apoya una unión aduanera con Rusia, Bielorrusia y Kazajistán. Una ocupación en el país podría decantar definitivamente la balanza ucraniana en el lado europeo.

Como dice Pilar Bonet, de momento hablan, por lo tanto, “lo militar es un elemento más que forma parte de un conjunto presidido por la diplomacia”. Arancón asegura que la solución pasa por encontrar una postura asumible para Rusia, Ucrania y la OTAN. Y Calvo, opina que “para crear espacios de paz debemos generar interdependencia”. Esperemos que esa deseada diplomacia se imponga.

Publicado enInternacional
Asesinan a Albeiro Camayo, fundador de la Guardia Indígena Nacional

La noticia fue confirmada por la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca, que asegura que la guardia indígena se está movilizando para capturar a los responsables

En medio de un ataque armado, el fundador y excoordinador de la Guardia Indígena Nacional, Albeiro Camayo, fue asesinado en la noche de este 24 de enero en el resguardo de Las Delicias, ubicado en el municipio de Buenos Aires, Cauca. La Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca - Çxhab Wala Kiwe, que confirmó el suceso, señala como responsable a las disidencias de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) por el crimen.

“El Tejido de Defensa de la Vida y los Derechos Humanos informa a la comunidad en general y a la opinión pública nacional e internacional que en un ataque armado, perpetrado por el grupo autodenominado Columna Móvil Jaime Martínez, en el sector conocido como La Primavera, del territorio ancestral de Las Delicias (Buenos Aires, Cauca), fue asesinado el compañero Albeiro Camayo Güetio, excoordinador regional de la guardia indígena”, denunció la asociación.

Se detalló que alrededor de las 3:15 p. m. de este lunes los indígenas del resguardo Las Delicias denunciaron la presencia de un grupo de hombres armados que se identificaron como miembros de la autodenominada Columna Móvil Jaime Martínez de las disidencias de las Farc. Cuentan que los subversivos se movilizaron por los sectores de El Cabuyo y La Primavera y forzaron a la comunidad, haciendo uso de las armas, para que participaran de varias reuniones que organizaron.

Cuando los criminales se encontraban en La Primavera, la neeh we’sx (que se traduce como gobernadora indígena) de Las Delicias llegó al lugar a exigir el respeto por la población civil. De esta manera, en compañía con la comunidad y los kiwe thegnas (guardia indígena) se procedió a expulsar a los armados del territorio.

Como respuesta, los subversivos hicieron acusaciones contra las autoridades, la guardia y la comunidad. Amenazaron directamente a los comuneros y los intimidaron con armas de fuego.

Horas más tarde, aproximadamente a las 5:30 p. m., los criminales comenzaron a disparar contra la comunidad del sector La Primavera y de El Mandarino. En este momento es cuando una de las balas impacta a Camayo.

“Alrededor de las 5:30 p. m. los miembros del grupo comenzaron a disparar en contra de la comunidad reunida. El ataque armado se registró también por el sector de El Mandarino. Es el tercer kiwe thegnas que es asesinado en este territorio y por los mismos autores en menos de dos semana”, relató la Asociación.

Es importante mencionar que, según los indígenas caucanos, entre los subversivos que atacaron este lunes se encontraba alias el Paisa, responsable de los asesinatos del joven ambientalista Breiner Cucuñame y de Guillermo Chicame, quien era miembro del esquema de seguridad de la autoridad Uka We´ sx del resguardo de Las Delicias. Este episodio ocurrió solo hace 10 días, el pasado viernes 14 de enero alrededor de las 1:30 a. m., cuando los disidentes de la columna Jaime Martínez también incursionaron armados en el territorio ancestral.

Ante este recrudecimiento de la violencia que se vive al norte del Cauca, las comunidades indígenas solicitan el acompañamiento de las entidades del Estado, el Gobierno tanto regional como nacional y de la organizaciones en pro de los derechos humanos. En particular, pidieron ayuda a la Defensoría del Pueblo y la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas (ONU).

“Se hace la alerta máxima a todos los territorios indígenas del Cauca y a las organizaciones hermanas para acompañar a la familia Camayo Güetio y a la comunidad de Las Delicias en estos momentos de horror y muerte”, pidió la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca.

24 de Enero de 2022

Publicado enColombia
La 'yugoslavización' de Ucrania aún puede esperar

No hace mucho, los países de la OTAN destrozaron la vida de 25 millones de iraquíes al perseguir infames objetivos, mientras juraban que el país no solo poseía armas de destrucción masiva, sino que pretendía utilizarla contra el "mundo civilizado", o sea, el Occidente. También mintieron sobre Afganistán en 2011 para ocupar el país más estratégico del mundo: Bin Laden, agente de la CIA, se encontraba en Pakistán, país aliado de EEUU. Vertieron mentiras parecidas para desmantelar Yugoslavia, Libia, Siria, o Yemen, algunas de las víctimas de un militarismo insaciable, desenfrenado.

"La ocupación de Ucrania [por Rusia] es inminente", afirmó Biden el 19 de enero, a pesar de la insistencia de Moscú de no tener ninguna intención en hacerlo. EEUU y sus socios europeos están inventando una nueva y grave crisis bélica, y esta vez contra nada menos que Rusia, que teme que la OTAN esté preparando un "atentado de bandera falsa" para justificar una acción militar. El mes pasado, el ministro de defensa ruso Sergey Shoygu acusó a los mercenarios estadounidenses en Ucrania de preparar provocaciones con armas químicas.

La verdad siempre ha sido la primera víctima de todas las guerras, y la guerra declarada por la OTAN contra Rusia (o China) no es una excepción.

Decía el padre del terrorismo yihadista anticomunista Zbigniew Brzezinski que EEUU podrá consolidar su posición hegemónica sobre el mundo sólo si consigue impedir el surgimiento de una superpotencia en Eurasia. Se equivocaba: 1) Nunca un imperialismo decadente ha podido remontar, y 2) El nacimiento de la Organización de Cooperación de Shanghái, liderada por China y Rusia en julio del 2001 (meses antes de la agresión de la OTAN a Afganistán), puso fin a los únicos años de la hegemonía solitaria de EEUU (1991-2001).

EEUU, incapaz de asimilar esta realidad, desde la Doctrina Obama planeó: 1) Desmantelar la Federación Rusa, 2) Romper la alianza entre Rusia y China. A pesar de que, el presidente Xi no ha apoyado las acciones del Sr. Putin en Crimea ni en Dónbas, limitándose a condenar al "Occidente por causar la crisis", ha establecido las mejores relaciones con Moscú desde la muerte de Stalin, y 3) Contener a su principal rival China.

Joe Biden está cometiendo el mismo error que el intrépido Obama: pretender realizar varias tareas titánicas al mismo tiempo, con una estéril táctica nixoniana.

Los todólogos televisivos psicoanalizan al presidente Putin, presentándole como un psicópata (¡sí, ese es el nivel!) capaz de llevar al mundo al borde de una guerra nuclear, simplemente para paliar su complejo de ser dirigente de un insignificante país, el más grande y con mayores reservas de hidrocarburo y agua dulce del planeta. Sin embargo, la explicación más simple es la más acertada: Rusia ha desplegado sus tropas en la frontera con Ucrania porque la OTAN pretende destruirle desde los cuatro costados, y no porque las autoridades de Kiev, títeres de Washington, desde "su libre voluntad" pretendan ingresar en la alianza militar más grande, más agresiva y más inmoral de la historia, en cuyo armario esconde doscientos millones de vidas destrozadas en pocos años. Hoy, mientras las tropas rusas no han cruzado sus fronteras, las de la OTAN se encuentran a las puertas de Rusia (y de otros decenas de países).

El actual secretario de Estado de EEUU, Anthony Blinken, fue junto con el criminal de guerra el senador Joe MacCain, parte de la cabecilla que participó directamente en la revuelta de Maidan ("Plaza" en persa y en árabe) del 2014, provocando la muerte de alrededor de 14.000 civiles ucranianos.

Los 10 motivos de la OTAN

  1. Provocar una reacción rusa, anunciando la posible admisión de Ucrania en la Alianza Atlántica, para instalar bases militares en este país y apuntar con sus misiles a Kremlin, si no hubiera ido a la Isla Desolación para ampliar su zona de influencia. En septiembre pasado, Reino Unido envió al destructor Royal Navy al Mar Negro, en aguas rusas.
  2. La presión de los resucitados fascismos europeos, que siguen sin perdonar al Ejército Rojo (¡ya disuelto!) por haberles derrotado hace siete décadas. Curioso dato: en la era de la Unión Soviética la derecha le llamaban "Rusia" para borrar sus diferencias con el imperio zarista, y ahora que es Rusia no socialista le señala como "comunista", a sabiendas que, en 2000, V. Putin planeó la integración de Rusia en la OTAN, e incluso cooperó con la Alianza en la ocupación de Afganistán, le facilitó bases militares en Asia Central, y cerró las rusas en Cuba y Vietnam. Fue la codicia y la arrogancia de EEUU lo que convirtió a Rusia (que buscaba su lugar en el "nuevo mundo capitalista", y no convertirse en otro "chico de recados" de Washington) en un rival.
  3. Militarizar aún más las fronteras rusas. El gobierno de Obama-Biden pidió al congreso en 2014 una ayuda militar de unos 111,21 millones de dólares para Ucrania, que el mismo año recibió armas por el valor de 2.700 millones. La Industria militar de EEUU y Europa, tras cuatro años de sequía con Donald Trump, quien propuso la disolución de la OTAN y se negó a lanzar guerras, van a hacer su agosto. Los países de Europa Central y del Norte han anunciado un aumento en su gasto militar, dando significado al llamado "dilema de seguridad" y la carrera armamentística.
  4. Se trata de otra fase de la configuración del nuevo mapa del mundo, que tras el fin de la URSS representa una curiosa característica: que el triunfo (provisional) del capitalismo en 1992 no significó una victoria de EEUU, debido al surgimiento de otros Estados con economía de mercado que desafiaron su hegemonía: desde la propia Rusia, hasta Turquía, Brasil, Irán, India, Arabia Saudí, entre otros. Las constantes agresiones militares de EEUU a diferentes naciones del mundo reflejan esta frustración: ¿sabían que el principal destino del petróleo iraquí es China?
  5. Golpe de propaganda para elevar la popularidad de Biden, caída en un 46%. Desde el fiasco de la (no) retirada de Afganistán.
  6. Biden no solo ha aprobado un presupuesto militar de 740 mil millones de dólares en 2021, sino que con el robo del contrato de submarinos a Francia y la firma del acuerdo de AUKUS pretende demostrar que es el hombre de más y nuevas guerras.
  7. Los generales de la OTAN, que fabrican enemigos para justificar la existencia de la organización, apoyaron la candidatura de Biden, quien vendió su alma al demonio y ahora tiene que cumplir con su parte.
  8. EEUU va a utilizar su superioridad militar para recuperar su posición global al perder la guerra comercial (incluso tecnológica) a China.
  9. Subir la cotización de las acciones de las compañías de armas en la bolsa: las acciones de Raytheon (cuyo exjefe, Lloyd Austin, es secretario de Defensa de Biden), que en enero de 2021 se valoraban por 65,02 dólares, en octubre del mismo año Rusia advirtió a la OTAN sobre la integración de Ucrania, alcanzaron la cifra de 92,32 dólares. A los fabricantes de armas no les importa si "su país" participa en una guerra, la gana o la pierde. Sus beneficios proceden de 1) una simple tensión bélica, aún sin llegar a ser guerra, porque impedirá que el Congreso de EEUU vote en favor de reducir los gastos militares o desmantelar cientos de bases militares que tiene esparcidas por el mundo, y 2) que el conflicto armado sea interminable (Irak, Libia, Yemen, Siria): la guerra ha dejado de ser el último recurso entre dos Estados para atajar sus discrepancias, se ha convertido en sí en un negocio redondo, de probar armas nuevas, deshacerse de las viejas, trafico de droga, de mujeres, niños y de órganos, entre otros. Las compañías "contratistas", que gestionan a los ejércitos privados (compuestos por cientos de miles de delincuentes, desempleados y lumpen), necesitan "tensión militar" para justificar su existencia. Blackwater, por ejemplo (que tras su implicación en los crímenes contra civiles en Irak y Afganistán cambió de nombre a ACADEMI) fue fundado en 1997 por el ex Navy SEAL Erik Prince, y cuenta con al menos 100.000 hombres armados sirviendo al Pentágono.
  10. Justificar el aumento de los gastos militares de los países europeos, que en 2020 alcanzaron los 198.000 millones de euros, un 5% que el año anterior. Ucrania, además, es un gran mercado negro de armas.

Los 7 motivos de Rusia

  1. En el marco de la Doctrina Putin, esta situación se presenta como una oportunidad para que Rusia, de una vez por todas, reafirme su relevancia geopolítica, desmonte el orden posterior a la Guerra Fría que considera injusto, desde un escenario cualitativamente distinto al de Siria en 2015. Ante las negativas de EEUU de cumplir su compromiso de no ampliar la OTAN, Moscú no solo ha llegado a la conclusión de que los Cowboys solo entienden el lenguaje de la fuerza, sino que ahora sí que puede enseñarles dientes. El envío de las tropas a Kazajistán, hace unas semanas, y sin necesidad alguna, fue simplemente para demostrar que está listo para utilizarlas, en un momento en el que EEUU muestra claros signos de agotamiento, desde Afganistán, hasta en la gestión de la pandemia o en la amenaza de revueltas internas y no solo por las fuerzas fascistas.
  2. Exigir a EEUU que se otorgue a Ucrania el estatus del país neutral (y unirse a los Países No alineados), e impedir que la Alianza instale bases militares en Ucrania, país que podrá ser un Estado Tapón entre Occidente y Rusia, del mismo modo que lo es Turquía para la Unión Europea que deniega su ingreso en la Unión para evitar que sus fronteras llegasen a las zonas de conflicto como Irak, Siria, o Irán.
  3. Impedir el despliegue de misiles de la OTAN en las repúblicas bálticas o establecer unidades de combate en Polonia. Obviamente, instalar bases rusas en Cuba y Venezuela no eliminará las amenaza contra la integridad de Rusia.
  1. Prohibir el despliegue de armas nucleares más allá de los territorios nacionales de cada nación.
  2. Disuadir a Kiev de convertirse en una amenaza existencial para Rusia, sea mediante el envío de "tropas de mantenimiento de paz" a las regiones "prorrusas" de Donetsk y Luhansk, o cortando el acceso de Ucrania al Mar Negro, y  condicionar su retirada a que el país vecino cumpla con los Acuerdos de paz de Minsk. Moscú quiere enfrentarse a Kiev, que no a la OTAN.
  3. Enviar un mensaje a los mandatarios del espacio ex soviético que una cosa es independizarse de Moscú y otra bien distinta es pasarse al bando del enemigo.
  4. Sacar, a medio plazo, a Ucrania de la esfera de influencia occidental, como lo ha hecho, y sin fuerza militar, con los países de Asia central, de forma natural: por los lazos históricos económicos, culturales y políticos que les une, a pesar de la resistencia de EEUU. Puede que V. Putin sueñe con la unión de los Estados eslavos (Rusia, Ucrania y Bielorrusia), pero es bastante realista al respecto: con la tragedia de Afganistán en la retina ¡ni se le hubiera pasado por la mente enviar tropas a un país de 44 millones de habitantes, sin tener un gran apoyo por la mayoría, y lanzar una larga guerra contra la OTAN! (pues, Ucrania hoy tiene más apoyo del Occidente que en 2014), enfrentando sus soldados reclutas a los ejércitos profesionales y mercenarios contratados.

El equilibrio de fuerzas entre EEUU y Rusia hace posible que Kremlin logre parte de esta lista maximalista.

Las cartas de Moscú

Para lograr dichos propósitos, Rusia puede recurrir a "disuasión por castigo": evitar que el enemigo actúe por los altos costos de su posible acción:

  1. Desde el programa nuclear de Irán, en las negociaciones en curso de Viena entre las potencias mundiales e Irán, a Biden y a Jameneí les surge un acuerdo para "no ir a una catastrófica guerra", como afirman. Rusia está en condiciones de ofrecer su apoyo las exigencias de EEUU (e Israel y Arabia Saudí) y mantener a Irán fuera del club nuclear y ejercer un control sobre su programa de misiles a cambio de que Ucrania permanezca fuera de la OTAN.
  2. Poner a trabajar al "General Frío", jubilado desde que derrotó a las tropas invasoras nazis en el suelo soviético en 1941. Moscú, esta vez, sólo tendrá que cortar el suministro de gas que calienta los hogares de media Europa si la OTAN no se autocontrola.
  3. Trasladar las tropas a Bielorrusia, que además de compartir frontera con Ucrania, lo hace también con los países miembros de la OTAN: Polonia, Lituania y Letonia.
  4. Reactivar en Ucrania los combates de baja intensidad entre el ejército ucranianos y las fuerzas "prorrusas".

Las cartas de EEUU

  1. Un mayor aislamiento de Rusia, y más castigos económicos, aunque con ello beneficiaría justamente a China: a partir de las sanciones del 2017, Rusia se convirtió en el principal exportador de hidrocarburo a China desplazando a Arabia Saudí.
  2. Desconectar a Rusia del SWIFT, el sistema de pagos internacionales (como a Irán), lo cual es molesto, pero no es mortal.

Cálculo de riesgos y recompensas

"Regla de Pottery Barn" es una expresión comercial estadounidense que significa: "Si lo has destrozado, debes repararlo"Ninguna de las partes puede salir ilesa en esta pelea, todo lo contrario.

Rusia, obviamente, había calculado los costos de su acción antes de hacerla:

- Era consciente de que EEUU no iba a mandar tropas para salvar al gobierno de Kiev.

- Sabía que Europa se opondría a una acción de la OTAN, y no sólo por la crisis económica y la pandemia, sino también por impedir una nueva avalancha de personas refugiadas que en este caso ni podría vender su repatriación a Turquía u otro país traficante de seres humanos. Francia y Alemania temen más a EEUU -que en vez de materia gris en su cerebro tiene una pistola-, que a una Rusia previsible. Berlín ha detenido la entrega de misiles antitanques y obuses por Estonia a Ucrania. Por su parte, Emmanuel Macron se presenta para la reelección en el abril del 2022, y ya es bastante impopular para meterse en una guerra, y además en Europa.

- La subida del precio del petróleo de 85 dólares el barril de hoy a 150, que estiman los pronósticos si la tensión se alarga, hundiría aún más Europa, que ya se enfrenta a una seria crisis energética.

***

La OTAN perdió la razón de existir tras la disolución del Pacto de Varsovia, por lo que inventó la amenaza del "terrorismo islámico" para justificar las ganancias de una poderosa industria de armas que controla la política de EEUU -denunciado por los presidentes Dwight D. Eisenhower y Donald Trump, al que impidieron sacar las tropas de Siria, Irak y Afganistán-.

La crisis de Ucrania intensificará la rivalidad entre las dos potencias en todo el mundo, mientras la yugoslavización de Ucrania, romperla por imaginarias líneas divisorias étnico-lingüísticas (ruso/ucraniana) y religiosas (ortodoxa-católica), podrá volver a las agendas políticas de los que dirigen el mundo.

La diplomacia rusa con esta acción transita de una doctrina defensiva a una "contundente", frente a las amenazas de la OTAN. Ahora, puede que no consiga expulsarla de su vecindario, pero sí podrá conseguir que EEUU renuncie a llevarse a Ucrania, Bielorrusia y Georgia al pacto militar dirigido por el Pentágono.

La solución de este peligroso conflicto no debería estar en manos de los Estados implicados, sino en la Asamblea General de la ONU, respaldada por un movimiento antimilitarista, que vuelve a gestarse.

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Plan de EU para crear un "Afganistán" en Europa

Estados Unidos está anunciando que podría hacer en Ucrania contra Rusia "lo que ya hizo en Afganistán contra la (entonces) URSS. El papel que desempeñaron en Asia los yihadistas de Osama bin Laden lo harían" en Europa los neonazis de la plaza Maidan, denuncia el reconocido politólogo italiano Manlio Dinucci (https://bit.ly/3tNuCdx).

Al hablar –con propiedad– de neonazis, se refiere al ultranacionalista Sector Derecho, cuyos integrantes fueron los más activos y violentos protagonistas del golpe de Estado gestado por Washington en Ucrania en 2014 contra el presidente Viktor Yanukovich, que giró en torno a los disturbios en la mencionada plaza. Añade que "el objetivo estratégico del gobierno de Joe Biden es evidente: precipitar la crisis ucrania creada por aquel golpe, para que Rusia se vea forzada a intervenir militarmente en defensa de las poblaciones rusas del Donbass y acabar en una situación análoga a la que llevó a la Unión Soviética a empantanarse en Afganistán".

En el Donbass, situado en la parte oriental de Ucrania fronteriza con Rusia, habita una mayoría de población rusoparlante, muchos de origen ruso, y gobiernan las autoproclamadas repúblicas populares de Donetz y Lugansk, la cuales no reconocen al gobierno de Kiev. Añade Dinucci que según The New York Times, Estados Unidos ha anunciado a los demás miembros de la OTAN que "toda victoria rusa rápida en Ucrania sería seguida de una insurrección sangrienta similar a la que obligó la Unión Soviética a retirarse de Afganistán", insurrección que tendría el apoyo de la CIA y el Pentágono. Continúa: “El almirante estadunidense James Stavridis –ex jefe del Comando de la OTAN en Europa– recuerda que Washington sabe cómo hacerlo, pues a finales de los 70 y en los años 80 entrenó y armó a los muyahidines contra las tropas soviéticas en Afganistán. Pero ahora, según el almirante, "el nivel de apoyo militar de Washington a una insurrección ucrania haría parecer poca cosa lo que dimos contra la Unión Soviética en Afganistán". “

Mirar al Sur piensa que Washington es capaz de concebir un plan tan criminal e irresponsable. Pero Putin hace lo imposible por no caer en la trampa.

Twitter:@aguerraguerra

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Una foto del folleto proporcionada por el sitio web oficial del ejército iraní el 21 de enero de 2022 muestra a los soldados rusos durante un ejercicio conjunto en el Océano Índico. — EFE/EPA/IRANIAN ARMY

Las maniobras navales en curso a la entrada del golfo Pérsico refuerzan la alianza entre Irán, Rusia y China, tres países que se oponen a los dictados de Washington. Aunque las maniobras tienen un carácter simbólico, ponen de manifiesto el interés de Rusia y China por una zona que constituye el segundo círculo defensivo de esas dos grandes potencias.

 

 Con la crisis de Ucrania en plena efervescencia coinciden las maniobras militares que estos días realizan en el Océano Índico Irán, Rusia y China, cuyo objetivo declarado es proteger las rutas comerciales de navegación en la zona, y en las que participan más de una docena de buques de Irán, Rusia y China. Se trata de las terceras maniobras de esta naturaleza en las que intervienen los tres países mencionados en los últimos años.

Las maniobras hace tiempo que se anunciaron, de manera que no guardan una relación directa con la crisis en Ucrania, aunque es evidente que desde el punto de vista de Moscú son importantes en tanto que la zona del Índico donde se desarrollan, en el acceso al golfo Pérsico, se encuentra geográficamente en el segundo círculo defensivo de Rusia.

El acoso permanente de EEUU y sus aliados ha conducido a Rusia a una situación extrema que parece planificada desde Washington. El caso de Ucrania es justamente una vuelta de presión casi definitiva de la OTAN a Rusia, presión que viene de lejos y con la que se busca estrangular completamente a Vladimir Putin.

Otros países que, aunque sea desde su pequeñez, se han atrevido a plantar cara a los dictados de EEUU lo han pagado y lo siguen pagando caro, como es visible en Cuba, Venezuela, Irán o Siria, todos ellos aliados a la fuerza de Moscú y al mismo tiempo despreciados y castigados por la comunidad occidental.

Las maniobras del Índico tienen mucho de simbólicas puesto que no constituyen ninguna amenaza, ni siquiera pequeña, contra la hegemonía de EEUU en la región. Baste recordar que los americanos disponen de decenas de bases militares, varias de considerable tamaño en el golfo Pérsico.

La superioridad militar de los americanos es tal que con seguridad no se habrán inmutado por los ejercicios navales de Irán, Rusia y China. Naturalmente, el solo hecho de celebrar las maniobras constituye un amago de desafío que podría indicar una tendencia de futuro ahora que Washington está descuidando un poco Oriente Próximo y dejando que Israel tome el relevo como potencia directamente más influyente en la región.

Mientras en el primer círculo de Rusia, el más cercano, siguen avanzando EEUU y la OTAN, en el segundo círculo, dentro del cual hay que considerar el Golfo Pérsico, rusos y chinos realizan sus pinitos. Estrangulado política, económica y comercialmente por Occidente, Irán mantiene unas excelentes relaciones con ambos países.

Los chinos buscan incrementar su influencia en Oriente Próximo en una guerra soterrada que solo trasciende cuando se realizan maniobras militares o se firman acuerdos comerciales. Los americanos fiscalizan cada movimiento de Pequín pero Teherán tiene un gran interés en convertirse en su aliado estratégico con unas relaciones que van más allá del petróleo y prometen un futuro floreciente.

Israel juega a todas las cartas que se ponen delante con excepción de la de los palestinos, la que debería jugar con urgencia, pero sabe que el naipe con más valor es el de EEUU, de ahí que no le interese que decline el enorme despliegue americano en Oriente Próximo. Mientras los soldados americanos continúen allí para dar la cara cuando se tercie, Israel podrá seguir con sus lucrativos juegos con los países de la región.

Esta semana se ha dado una situación bastante curiosa, de la que han informado los medios hebreos. El presidente ucraniano ha solicitado a Israel que medie en la candente crisis entre Kiev y Moscú. Volodymyr Zelensky, cuya elección fue saludada por los medios de Israel destacando que es judío, no ha tenido mejor idea que recurrir a Israel como mediador (si es que la idea no ha salido directamente de Israel), una propuesta que Vladimir Putin ha rechazado ipso facto.

Las relaciones entre Rusia e Israel son correctas. El hasta hace poco primer ministro Benjamín Netanyahu cogió el hábito de volar con frecuencia a Moscú, y su sucesor, Naftalí Bennett, que asumió el cargo en junio, ya ha estado en Moscú. Pero aunque los intereses de Rusia e Israel se cruzan en muchos sitios, Putin desconfía de Tel Aviv en cuestiones profundas, como ha quedado manifiesto con el rechazo de su mediación en el conflicto de Ucrania.

Al haberse desentendido de una implicación directa en ciertos conflictos, Washington ha facilitado cierta penetración de Rusia, por ejemplo en Libia. Pero el caso más notorio es el de Siria, donde los rusos salvaron al presidente Bashar al Asad y a cambio han establecido un pie en el Mediterráneo oriental que obra como una válvula de escape en tanto la OTAN no para de acorralarlos en el perímetro de sus fronteras.

En Siria, donde hay una limitada presencia de tropas de EEUU, se ha hecho evidente que la política de Washington pasa por destrozar de arriba abajo a cualquier país que no se avenga a jugar con las reglas del juego que les impone. Pero por más interés que tenga, Putin no tiene capacidad para reconstruir un país como Siria que está siendo castigado por EEUU desde mucho antes que se iniciara la guerra civil en 2011.

22/01/2022 21:12

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Inmigrantes: el buen esclavo y el esclavo rebelde

Los inmigrantes más sufridos en Estados Unidos, los indocumentados.

En la Edad Media y en el Renacimiento europeo, el título de hidalgo pudo haber significado “hijo de algo” o “fiel a su amo”. Aunque su etimología es discutida, lo que está claro es que se trataba de un aspirante a noble, un aristócrata de segunda. Un noble hacía cosas nobles por herencia, mientras el vulgo era vulgar y los villeros eran villanos por naturaleza. Eran los hijos de nadie. Eran los peones sin rostro del ajedrez, sin corona, sin bonete, sin caballos y sin torres donde refugiarse. Eran los primeros en ir a morir en las guerras de los nobles, los primeros en defender al rey y a la reina, aunque nunca subían al castillo y menos entraban a palacio. En grupos de a mil, formaban las militias. Eran números. Como en las guerras modernas, iban a matar y a morir, con fanatismo, defendiendo una causa noble, en el doble sentido de la palabra. Dios, la patria, la libertad. Causas nobles que ocultaban los intereses de los nobles. 

Poco o nada ha cambiado desde entonces. Los soldados estadounidenses que vuelven de las guerras de sus nobles, bajan en el aeropuerto de Atlanta y son aplaudidos por los vasallos que luego los abandonarán a la locura de sus memorias. Los recuerdos y hasta los olvidos los persiguirán como el diablo. Muchos terminarán en la mendicidad, en las drogas o en el suicidio. Cuando ya no importen, serán honrados en tumbas sin nombres o les llevarán flores a un peón caído, tan abstracto como en el ajedrez, llamado Tumba del Soldado Desconocido. Sobre todo, si hay cámaras de televisión cerca. 

Por no hablar de las cifras mil veces mayores de los civiles muertos del otro lado, que ni siquiera son números claros sino estimaciones. Aproximaciones que nunca alcanzan la indignación de los grandes medios ni la conciencia confortable de los ciudadanos del Primer Mundo, porque los suprimidos pertenecen a razas inferiores, son categorías subhumanas que nos quieren atacar o amenazan con quitarnos nuestro way of life dejando de ser esclavos. Los ataques de los poderosos nobles son tan preventivos que suelen eliminar cincuenta niños en un solo bombardeo sin que provoque discursos ni marchas indignadas con lideres mundiales al frente. Ni siquiera un tímido 6 de enero a favor de la paz y de la justicia ajena.

Los peones y los vasallos medievales no tenían rostros ni tenían apellidos porque no tenían nada que dejarle a sus hijos como herencia. Apenas tenían un nombre y la referencia de dónde habían nacido o a qué se dedicaban, cuando trabajar era signo de vergüenza y, como ahora, signo no necesidad. Para decir que alguien no se puede dar el lujo de un descanso prolongado se dice que es un trabajador. Ser hijo de una familia de obreros es un eufemismo de ser pobre. No es tan grave, porque, como las razas inferiores, los pobres no tienen sentimientos. 

“Los pobres sienten también sus penas,” dice una empleada en La casa de Bernarda Alba, y Bernarda, la pobre aristocrática, responde: “Pero las olvidan delante de un plato de garbanzos”. 

El dolor de quien no está cerca del poder no importa, como no importan cincuenta niños suprimidos por una bomba en un país lejano. Como no importan cincuenta niños enjaulados en un recinto de inmigración. Como no importan los indocumentados pobres y de piel oscura, porque también son criminales que han violado Nuestras leyes trabajando para nosotros como esclavos y robando un salario que ningún esclavo se merece.

En la Antigüedad, los esclavos por deudas se conocían como “adictos”. Eran aquellos que decían, que hablaban en nombre de sus amos. Estaban atados a una servidumbre. Cuando siglos más tarde el invento de la esclavitud hereditaria y basada en el color de piel fue ilegalizado en el siglo XIX, la esclavitud volvió a ser cuestión de adictos. Ahora son pobres atados a una servidumbre por la necesidad de su pobreza, casi siempre hereditaria, como los pobres europeos que antes se vendían a sí mismos por cinco o por diez años como esclavos en Norteamérica. 

Pero los indentured laborers (“trabajadores sin salario”) de hoy no son sólo inmigrantes que deben venderse al bajo precio de la necesidad; también son aquellos que, sin hambre y sin una madre enferma del otro lado de la frontera, deciden vender su palabra a cambio de confort físico y moral. Como los esclavos en la antigua Roma, son “adictos”, no a una substancia sino a los valores, a la moral y a las ideas de sus amos, los millonarios a los cuales debemos agradecer la paz, el orden y el progreso, como en el siglo XIX los negros esclavos debían agradecerles a los esclavistas por la sombra de los árboles, por la lluvia y por la pócima que comían dos veces al día. Como en el siglo XIX, los esclavistas se expandieron con un fusil en una mano, con el discurso de la lucha por la libertad en la otra y con sus adictos detrás.

Como en su momento lo denunciaron el peruano González Prada y el estadounidense Malcolm X, estos adictos (“el buen indio”, “el negro bueno”) son los peores enemigos de la justicia y la liberación de sus propios hermanos. La lengua, que conserva una infinita memoria escondida, también sabe que la palabra lacayo era el nombre de los escuderos alcahuetes de sus amos, codiciosos mercenarios que caminaban detrás de sus amos como los peces remora viajan pegados a los tiburones.

Pero también están aquellos que no han vendido su libertad al precio de la necesidad y se resisten a inocularse el mito de “El país de la libertad” a donde “llegaron de forma voluntaria” y pueden irse, también “de forma voluntaria”, allanando el camino de las remoras y de los adictos. Son aquellos inmigrantes ilegales que ocupan los estamentos más bajo de las sociedades más ricas. Aquellos que deben vender sus cuerpos, pero no venden sus conciencias. 

Muchas veces me han preguntado si no tengo miedo de escribir contra las mafias imperiales desde las entrañas de la bestia, como decía José Martí. Cierto, no es fácil y mucho más ganaría adulando al poder y acomodando mis ideas a mis intereses personales. Pero hay cosas que no las compran ni todos los miles de millones de los nobles modernos. Ahora, si hablamos de coraje, el primer premio se lo llevan los inmigrantes indocumentados. Sobre todo, inmigrantes como Ilka Oliva-Corado. Empleada doméstica, talentosa pintora y escritora, valiente como un barquito de papel en la tempestad, mujer, guatemalteca, negra orgullosa y sin ataduras en la lengua. Una representante digna de los inmigrantes más sufridos en Estados Unidos, expulsados de sus países de origen, despreciados, explotados y deshumanizados por las sociedades que los usan y por las sociedades que los expulsan para luego recibir sus remesas.

 Por Jorge Majfud | 22/01/2022  

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Viernes, 21 Enero 2022 06:21

China socava el patio trasero de EEUU

China socava el patio trasero de EEUU

Un reciente informe publicado en Asia Times sobre las relaciones entre China y América Latina (un tema escasamente tratado en los medios orientales), permite hacerse una imagen bastante acertada de la importancia que va adquiriendo el Dragón en el continente latinoamericano.

El profesor David Arase, del Hopkins-Nanjing Center, asegura que "la cantidad y distribución de proyectos de inversión portuaria es impresionante y puede hacer que la Ruta de la Seda Marítima de China circunnavegue el mundo, desde el Pacífico Sur hasta América Latina, a través del Canal de Panamá y el Caribe hasta Brasil, y luego a los puertos del Cinturón y la Ruta en África Occidental".

La respuesta de Estados Unidos oscila entre la crítica y la histeria, porque es inocultable que el avance de China socava la noción de que América Latina es el patio trasero de EEUU. El almirante Craig Faller, jefe del Comando Sur de EEUU, dijo recientemente a NBC News: "La influencia china es global, y está en todas partes en este hemisferio, y avanza de manera alarmante".

Si se observa el largo plazo, los avances de China en el continente son notables. "En 1955, solamente 23 países del mundo mantenían relaciones diplomáticas con la República Popular China, fundada en 1949", nos recuerda Xulio Ríos, director del Observatorio de la Política China.

El resto de naciones mantenían su alianza con la República de China (Taiwán), trasladada a la isla tras la derrota del Kuomintang (KMT) en la larga guerra civil. Actualmente Taiwán cuenta en toda la región con 9 aliados del total de 15 que conserva actualmente en el mundo. De ellos, sólo Paraguay, en América del Sur.

En la actualidad más de 2.500 empresas chinas se encuentran en esta región. Según datos de la CEPAL, el intercambio entre América Latina y el Caribe y China creció 22 veces en los últimos 14 años.

La participación en la iniciativa china la Franja y la Ruta ya suma 19 países de los 33 países de ALC que han firmado memorándum o acuerdos de cooperación, mientras otros ocho se incorporaron al AIIB (Asian Infrastructure Investment Bank).

En los últimos años las "pérdidas" de aliados de Taiwán que pasan a engrosar los vínculos con la República Popular China, han sido importantes: República Dominicana, Panamá y El Salvador se sumaron a Costa Rica, que cambió su alineamiento unos años antes.

El último país en cambiar de lado fue Nicaragua, el pasado diciembre.

Según el ministro de Hacienda, Iván Costa, "la adhesión de Nicaragua a la iniciativa la Franja y la Ruta le permitirá, a mediano plazo, fortalecer las salida al océano Pacífico para establecer una comunicación marítima directa con China y acceder al mercado global que representa el gigante asiático".

La relación con China le permite a Nicaragua, el país más pobre de la región luego de Haití, desarrollar puertos sobre el Pacífico y el Caribe y una red ferroviaria que los una, como parte de "un sistema de servicios para las multinacionales que utilicen la infraestructura y comunicación de Nicaragua", según el ministro Costa.

El 3 de diciembre de 2021 se realizó la tercera reunión de ministros del Foro China-CELAC en forma de videoconferencia. El mencionado informe de Asia Times destaca que "durante la última década, la inversión de China en América Latina y el Caribe (ALC) ha aumentado sustancialmente en volumen y se ha diversificado más".

Quedaron atrás los tiempos en que las inversiones de China se centraban en hidrocarburos, minería y agricultura, o sea recursos naturales. Progresivamente sus inversiones se inclinan "hacia industrias de manufactura y servicios como transporte, electricidad, servicios financieros y tecnología de la información y las comunicaciones".

Asia y China representan casi un tercio del volumen de inversión extranjera directa que ingresa en América Latina y el Caribe. Entre ellas destacan las negociaciones para construir una nueva planta de energía nuclear en Argentina y las inversiones en puertos e instalaciones portuarias, con proyectos en México y Centroamérica, Bahamas y Cuba, Panamá, Perú, Brasil, Uruguay, Argentina y Chile.

Aunque aún faltan integrarse a la Franja y la Ruta las tres grandes economías de la región (Brasil, Argentina y México), China es ahora el socio comercial más importante de Brasil, Argentina y de la mayor parte de América del Sur, con las excepciones de Colombia, Ecuador y las Guayanas.

Uno de los objetivos centrales de la política de China hacia ALC —como sostiene el libro China y América Latina: Una asociación estratégica integral, recientemente publicado por el Centro Venezolano de Estudios sobre China—, consiste en "ocupar los espacios vacíos", erosionando indirectamente poder de EEUU en la región" (p. 326).

Por supuesto EEUU se empeña en frenar y hacer retroceder los crecientes lazos de China con los países latinoamericanos. Pero lo hace al estilo tradicional, imponiendo la militarización de los vínculos. En diciembre se realizaron los mayores ejercicios militares entre Brasil y EEUU, desde la segunda guerra mundial.

Las Operaciones Combinadas y Ejercicio de Rotación (CORE por sus siglas en inglés), son dirigidas por el Comando Sur de EEUU y comenzaron a planificarse en 2016 (año de la destitución de Dilma Rousseff). En su reciente edición desplegaron mil soldados durante diez días (200 de ellos estadounidenses) simulando incluso combates urbanos.

Debe recordarse que en septiembre de 2020, en plena pandemia, EEUU y las fuerzas armadas de Brasil realizaron un simulacro de guerra en la frontera con Venezuela. En esa ocasión utilizaron artillería brasileña como los proyectiles Astros 2020, en una de las maniobras militares más controvertidas de los últimos años.

El concepto clave, como señala el Departamento de Defensa de EEUU, es la "interoperabilidad" entre fuerzas de varios países, con el objetivo declarado de "responder rápidamente a cualquier contingencia del Comando Sur de EEUU en el hemisferio occidental".

Según la prensa brasileña, en los ejercicios participó la 101ª División Aerotransportada del ejército de EEUU, que " participó recientemente de operaciones de contraterrorismo en Irak y en Afganistán". Esto puede dar una idea más clara de qué tipo de operaciones está planificando el Comando Sur en la región.

El contraste entre las políticas de China y de EEUU hacia América Latina no puede ser mayor. El Dragón habla de "beneficio muto" y de "intereses comunes", proponiendo relaciones en las cuales las dos partes obtengan ventajas, lo que denominan la política de "ganar-ganar". En tanto, Washington sigue apostando por la contención militar, sin dejar margen para el desarrollo de naciones cuyas poblaciones padecen creciente pobreza.

Enero 21/22

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El conflicto de Ucrania y la nueva guerra fría

La confrontación con Rusia le interesa especialmente a EEU U pues con ella da sentido al organismo multilateral OTAN, que siempre ha utilizado para ejercer presión sobre Europa occidental frente a un competidor geopolítico como es Rusia.

 Para entender que pasa en Ucrania hay que retroceder a las grandes perturbaciones que atravesó este país y que son en buena parte las causantes del conflicto actual. Y es que la historia siempre cuenta, y, como en este conflicto, condiciona el presente. Conocer la historia de Ucrania es a la vez conocer los orígenes de la Rusia contemporánea. No se entiende Rusia sin los mitos que surgen del corazón de Ucrania y de la península de Crimea. El puerto de Odessa, la batalla de Balaklava, la base militar rusa de Sebastopol o los acuerdos de Yalta tras la Segunda Guerra, éstos son nombres en los que se asienta parte de la mitología de la nación rusa, una nación de naciones, la multicultural e inmensa Rusia que tiene varios millones de personas de procedencia rusa fuera de sus fronteras y una buena parte en Ucrania.

En la Ucrania de hoy, la población está dividida entre los partidarios de la Europa occidental y la oriental. Las barbaridades cometidas por unos y otros en suelo ucraniano condicionaban y mucho el posicionamiento de la población a la hora de inclinarse hacia uno u otro bando. No se puede olvidar que Stalin sometió a la población ucraniana a una hambruna, tras el despojo de sus cosechas en 1932, que mató de hambre a millones de personas y que deportó a diversas minorías, entre otras, judías y polacas, provocando un gran resentimiento entre la población ucraniana hacia Rusia. Tampoco se olvida que durante la 2ª Guerra Mundial los ejércitos de la Alemania nazi con la colaboración de grupos nacionalistas ucranianos exterminaron a varios millones de personas prorrusas, en parte, como represalia a las hambrunas infringidas por la URSS de Stalin.

Respecto a Crimea también sufrió dramáticas vicisitudes: una limpieza étnica por parte de Stalin, que deportó en 1944 a Asia central a la población tártara por el apoyo de sus dirigentes a los nazis, y repobló con rusos Crimea; y más adelante, en 1954, Nikita Jrushchov decidió regalar de forma arbitraria Crimea a Ucrania, sin pensar que algún día la URSS podía colapsar y desintegrarse y que Ucrania se convertiría en una república independiente.

Una vez mostrados estos antecedentes, seria pecar de ingenuos pensar que Rusia se cruzaría de brazos viendo cómo la revuelta de Maidán de 2014, en Kiev, auspiciada por el bloque euroatlántico, hacía caer un gobierno prorruso y se lanzaba en brazos de la UE y pedía la entrada en la OTAN. Sobre todo, pensando que la parte oriental el Donbás (Luganks y Donnetsk) y el sur de Ucrania, junto a Crimea, son de población mayoritaria rusa y que comparten lazos culturales y de lengua muy estrechos con Rusia. Además, en Crimea, Rusia tiene en Sebastopol una base militar para su armada desde donde tiene acceso al Mediterráneo. Una península de vital importancia para los intereses geoestratégicos de Rusia.

Obviar todo eso es no querer entender el conflicto de Ucrania. Un conflicto que en buena parte vienen provocado desde el exterior. Una UE que ha actuado con manifiesta mala fe intentando que Ucrania se incorporara a su bloque económico; Estados Unidos que deseaba su entrada en la OTAN; Rusia que no piensa abandonar unos territorios que considera por historia suyos. Cierto es que la respuesta rusa ocupando Crimea es una violación del derecho internacional, porque esta península formaba parte del Estado de Ucrania. Pero se debe recordar que nuestra OTAN hizo lo mismo en Kosovo y EE UU en Iraq. Por tanto, es de un enorme cinismo acusar a Rusia de violar la legalidad cuando EE UU lo ha hecho en innumerables ocasiones en el pasado. Y de una ingenuidad absoluta pensar que Rusia se quedaría de brazos cruzados ante los ataques del ejército ucraniano para recuperar el Donbás; o de que EE UU enviara ayuda militar a esta región sin que Rusia respondiera con la misma moneda. Aunque cierto es que el envío de un ejército de 100.000 militares a la frontera con Ucrania por parte de Rusia es una amenaza. Pero es insensato pensar que Rusia invadirá Ucrania pues la OTAN respondería ayudando a la Ucrania occidental, empezando una guerra en el centro de Europa de insospechadas consecuencias para todas las partes. Especialmente porque los intereses de Europa occidental y de Rusia son interdependientes, especialmente por la dependencia energética de Europa occidental de Rusia que hace inimaginable una confrontación armada.

Rusia, primero por pasiva y ahora por activa (la presión en la frontera de Ucrania) está reclamando a Europa Occidental y a EE UU que la OTAN no la amenace en sus fronteras. ¿Qué respuesta daría EE UU si Rusia instalará misiles o un escudo antimisiles en Cuba o Venezuela?

La confrontación con Rusia le interesa especialmente a EE UU pues con ella da sentido al organismo multilateral OTAN y que siempre ha utilizado para ejercer presión sobre Europa occidental frente a un competidor geopolítico como es Rusia. Como lo demuestran las varias crisis anteriores generadas por la instalación del escudo antimisiles en Polonia y Rumania (también está en Rota, Cádiz); o cuando Georgia inició un ataque militar en Osetia del Sur y pretendía incorporarse a la OTAN. Unas actuaciones que se deben considerar cómo una amenaza para la seguridad de Rusia y que explican su reacción de entonces y de ahora.

Lo deseable sería que los gobiernos europeos se distanciaran del alineamiento al lado los intereses particulares de EE UU, tampoco situándose al lado de Rusia, pero sí buscando una neutralidad que rebaje las tensiones entre ellas en Ucrania y en otros puntos. Pero escuchando las lastimosas declaraciones de José Borrell como representante de Exteriores de la UE y de otros cancilleres europeos, hay que temer que Europa occidental se alineará una vez más al lado de Estados Unidos para dar paso a una nueva guerra fría, aunque eso sí, de mucha menor gravedad que la anterior.

20 ene 2022 06:03

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Lunes, 17 Enero 2022 05:37

De espectros y vencidos

De espectros y vencidos

 

Tres espectros se encontraron en Colombia en la conmemoración de los cinco años de la firma de los acuerdos de paz, a finales de 2021. Un primer espectro viene del pasado y llegó como un comentario reiterado de los ex combatientes de las FARC: "¿Y todos los que cayeron en esta guerra?¿Los muertos que dieron su vida para terminar en esto?". La primera vez que lo escuché fue con un ex guerrillero que recordó a su compañera asesinada en un bombardeo del que él se salvó por minutos. La última vez, en diciembre, como en forma de autorreproche, cómo se iba a justificar toda la sangre de sus camaradas que habían caído en combate ante esto.

Un segundo espectro llegó en forma de unas FARC acusadas de "esclavismo" por la justicia transicional, cuando la Sala de Reconocimiento de la Justicia Especial para la Paz concluyó que esta guerrilla había obligado a trabajos forzados a secuestrados y poblaciones que estaban en zonas donde operaban.

El tercer espectro llegó del futuro en forma de un laboratorio de guerra recreado por ejércitos contrainsurgentes conformados por ex combatientes desertores, entrenados por militares nacionales y extranjeros, ubicados estratégicamente en áreas de interés geopolítico, como Arauca, Cauca o Putumayo. En unas áreas sería el petróleo, en otras las economías de la cocaína, en una más proyectos económicos como los puertos privados en el Urabá colombiano. Nacidos como una escisión política a los acuerdos, posteriormente aprovechados como una fuerza paramilitar, éstos disputan no sólo con los insurgentes que quedan, sino con la población, aplastada en la mitad. En el futuro, más que nunca, se sentían como ejércitos invasores.

En el libro Melancolía de izquierda, de Enzo Traverso, transitamos de la utopía a la memoria. Vamos leyendo cómo, tras la última gran derrota encarnada en la caída del Muro de Berlín, parece haberse aplastado el horizonte de expectativa de la izquierda, por lo menos de la europea. Y surge, en este escenario, un nuevo sujeto histórico: la víctima. Ese maniquí despolitizado, amorfo, limpio de contradicciones, carente de agencia, objeto de inversión. Bajo esta sombra, se enterró la discusión antifascista, anticolonial, revolucionaria, arrodilladas ante el "deber de la memoria", advierte. Yo agrego que apareció el otro actor, "el terrorista".

El tema es que en un país como Colombia, donde el humanitarismo internacional ya es un rubro del PIB y la injerencia de Estados Unidos ha transformado la narrativa y el oficio de la guerra, la comprensión de la nuestra, como una pelea entre buenos y malos, es insuficiente.

Se ha discutido que lo que se negoció no fue tan radical como se creía, cómo lo que se negoció no se cumplió, cómo el país se rearma y sigue habiendo botas para la guerra, cómo la paz no importa en el debate electoral, lo que no fue, lo que no será. Urge alejarse de la nostalgia de la guerra perdida, sin sentido y cultivar un proyecto revolucionario en una era no revolucionaria –como dice Traverso–, o en este caso, en una transición adversa en la que la izquierda –la armada, la no armada o la desmovilizada–, vuelve a recibir tratamiento de "terrorista". Pensar en tiempos del pos-Muro de Berlín, en el que la búsqueda de una paz justa es revolucionaria y la agenda imperial es la guerra.

Aún hay guerra en los campos en Colombia y tres actores tienen responsabilidades diferentes. Una institucionalidad transicional que parece sembrar los cimientos de la siguiente confrontación al estrechar los espacios de comprensión del conflicto armado y volver al marketing del "terrorismo". Intentar aplastar y negar desobediencias siempre será una forma de alimentarlas.

En otra orilla, pienso en el relato de Walter Benjamin cuando rememora los disparos contra los relojes en las torres que hacen los revolucionarios de la Comuna de París. Los espectros del tiempo pasado, presente y futuro de una u otra forma requieren ser demolidos. La izquierda armada y no armada sabrá que eso no pasa con un disparo, sino con reconocer que el horizonte de la expectativa seguirán siendo las luchas. Y éstas no están representadas en la víctima abstracta y negociada, sino desde la intensidad del duelo concreto, el despertar de unos vencidos y vencidas emancipadas, invencibles.

Estefanía Ciro*

* Doctora en sociología, investigadora del Centro de Pensamiento de la Amazonia Colombiana AlaOrillaDelRío. Su libro más reciente es Levantados de la selva

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Imagen de febrero de 20290 de la toma de posesión del presidente tunecino, Kais Saied, en el palacio presidencial de Cartago, en las afueras de la capital, Túnez. — Fethi Belaid/Pool / REUTERS

Esta semana se han revelado más detalles del papel que Egipto está jugando en el proceso tunecino que se inició con el golpe de estado de julio y con el que el presidente Kais Said, respaldado por la alianza que lideran Israel y los Emiratos Árabes Unidos.

Ya puede decirse que todo el norte de África, con excepción de Argelia, se haya bajo la tutela de la coalición que lideran Israel y los Emiratos Árabes Unidos, y de la que también son elementos clave Egipto y Arabia Saudí. El caso de Túnez es un ejemplo claro de esta ofensiva, como el caso de Líbia, cuyo primer ministro acaba de entrevistarse con el director del Mosad, David Barnea, según han informado medios árabes y hebreos.

La coalición que dirige Israel tiene por principal enemigo el islam político, que en Túnez representa el partido Ennahda. Lo que está tratando de hacer la coalición es descoyuntar el movimiento islámico tunecino, a pesar de que desde el reciente golpe del presidente Kais Said, Ennahda, como ocurrió en 2013 tras el golpe egipcio, ha demostrado que descarta la violencia.

El veterano periodista David Hearst, de The Middle East Eye (MEE), desvela en su último artículo que el coronel egipcio Ali Mohamed al Farran es el contacto de la coalición israelí para "replicar (en Túnez) la experiencia egipcia", es decir para desarticular a los islamistas.

En su informe Hearst, citando fuentes que no descubre, indica que Farran ha preparado planes para acabar con Ennhada. En su calidad de miembro de los servicios de inteligencia egipcios, Farran quiere replicar lo sucedido en Egipto después del golpe militar de Abdel Fattah al Sisi en 2013, al que siguió una fuerte represión contra los Hermanos Musulmanes.

Como en Túnez, los islamistas egipcios decidieron no recurrir a la violencia y desde entonces han sufrido los embates continuados de los servicios de inteligencia de El Cairo. Said estaría imitando al presidente Sisi con el objetivo de aplastar las estructuras islamistas más básicas en Túnez.

Hearst añade que Farran, que tiene a su cargo el "Expediente tunecino", está trabajando estrechamente con Khaled al Yahyaoui, director de la Seguridad Presidencial además de consejero del presidente Kais Said. En esta misión Farran ha obtenido un "acceso sin restricciones" a lo que sucede en Túnez con el fin de aplastar a los islamistas.

El partido Ennahda obtuvo una mayoría relativa en el parlamento en las últimas elecciones. Durante la gobernanza cometió errores de bulto, y su programa fue finiquitado definitivamente en julio, cuando Said dio el golpe. Hasta ese momento Ennahda se había comportado como un partido democrático, y de hecho ha mantenido esta misma actitud tras el golpe.

Said justificó el golpe aduciendo que era necesario combatir el elevado desempleo, la corrupción y la pandemia de coronavirus. Para ello suspendió el Parlamento y destituyó al primer ministro al tiempo que se atribuía prácticamente todos los poderes constitucionales.

"Numerosas fuentes" confirmaron a The Middle East Eye que funcionarios de la seguridad egipcios aconsejaron al presidente Said desde antes del golpe y estuvieron presentes en el palacio presidencial, dirigiendo las operaciones desde antes del golpe y colaborando con Said en esa dirección.

Esta circunstancia confirma otra vez que hubo intervención extranjera en el golpe tunecino. En este mismo sentido, con anterioridad al golpe de julio, la administración de Facebook suspendió varias cuentas que se dedicaban a "crear opinión" política desde internet en Túnez, es decir a fomentar la desestabilización y el malestar social preparando el golpe, una operación en la que estuvieron implicados directamente elementos israelíes, información que apareció en su momento en las páginas del Yediot Ahronot y Haaretz.

Una de las fuentes mencionadas por MEE, que se publicó en julio, el mes del golpe de estado, señalaba que el presidente egipcio Sisi "se ofreció para proporcionar a Said todo el apoyo que necesitara para el golpe, y Said lo aceptó".

"Personal militar y de la seguridad egipcia se trasladó a Túnez con el respaldo absoluto de Mohammad bin Zayed, el príncipe de la corona de Abu Dabi", según MEE, que citaba una fuente al respecto. El príncipe Bin Zayed es la personalidad árabe más implicada en todos los conflictos árabes y colabora estrechamente con Israel.

David Hearst añade que desde que Said elaboró el plan para el golpe en mayo, ha seguido fielmente lo que había previsto para declarar una "dictadura constitucional", "concentrando todos los poderes en manos del presidente de la república". El plan también preveía poner bajo arresto domiciliario a dirigentes de Ennahda, como después ha sucedido.

Uno de ellos, Noureddine Bhiri, número dos de Ennahda, fue detenido por agentes de paisano el 31 de diciembre, que le acusaron de "terrorismo", una acusación calcada de las que hizo Sisi a los islamistas de los Hermanos Musulmanes detenidos tras el golpe de 2013. Bhiri, que está enfermo, fue ingresado dos días después en un hospital.

Esta semana, por segunda vez en menos de dos meses, el ministro del Interior tunecino ordenó el martes la jubilación de altos responsables de la seguridad, lo que en el país se interpreta como una purga política. El ministro del Interior, Tawfiq Sharaf al Din, no ha dado ninguna explicación satisfactoria que explique esa orden, y algunos medios indican que a los cesados se les considera próximos a Ennahda y que a quienes los sustituyen se les exige lealtad política.

En noviembre sucedió algo parecido cuando una veintena de responsables de la seguridad fueron cesados por el ministro, y algunos de ellos se encuentran bajo arresto domiciliario. El presidente Said sigue ignorando las protestas que se celebran en el país y parece determinado a no ceder y consolidar el golpe de julio con el apoyo de la coalición israelo-emiratí.

 13/01/2022 23:52

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