Kristalina Georgieva, directora gerente del Fondo Monetario Internacional.. Imagen: AFP

Documento del FMI con consejos para los países del G20

La titular del Fondo, Kristalina Georgieva, señaló que se necesita una acción conjunta para asegurar la recuperación. Además reclamó que el G20 debería liderar el intercambio de dosis de vacunas, ayudar financieramente a los países en desarrollo y comprometerse a alcanzar emisiones netas de carbono cero para mediados de siglo.

 

 “Los líderes mundiales deben tomar medidas audaces ahora para poner fin a la pandemia y crear un espacio para una economía más sostenible e inclusiva”. Así lo planteó la directora del FMI, Kristalina Georgieva, en la antesala de las reuniones del G20 celebradas en Roma. “Se necesita una acción conjunta para asegurar la recuperación y el G20 debería liderar el intercambio de dosis de vacunas, ayudar financieramente a los países en desarrollo y comprometerse a alcanzar emisiones netas de carbono cero para mediados de siglo”, consideró la titular del Fondo.

La funcionaria afirmó que las bases para la recuperación mundial siguen siendo sólidas, debido al efecto combinado de las vacunas y las medidas de política económica extraordinarias y sincronizadas. Sin embargo, alertó que la salida de la crisis se ve pausada especialmente por nuevas variantes de virus, sus consecuencias económicas y las interrupciones de la cadena de suministro.

 “El FMI recientemente redujo su pronóstico de crecimiento global al 5,9 por ciento para este año. Las perspectivas son muy inciertas y dominan los riesgos a la baja. Los niveles de inflación y deuda están aumentando en muchas economías”, mencionó. Agregó que “la diferencia en el rebote económico de los países es cada vez más persistente, ya que demasiados países en desarrollo carecen de vacunas y de recursos para respaldar en un esquema de mediano plazo su recuperación”.

Gerogieva con este diagnóstico planteó que el Fondo preparó un nuevo informe en el marco de las reuniones del G20 que exige acciones concretas a todas las economías. “Por ejemplo, la política monetaria debería poder contemplar aumentos transitorios de la inflación, pero al mismo tiempo estar preparada para actuar con rapidez si los riesgos de suba de las expectativas de inflación se vuelven tangibles”, dijo.

Consideró además que será una tarea de los países “calibrar cuidadosamente las políticas monetarias y fiscales, junto con marcos sólidos a mediano plazo, con el objetivo de aumentar el margen para el gasto en atención médica y personas vulnerables. Estas calibraciones pueden ofrecer beneficios rápidos hasta 2022”.

Brechas financieras y de vacunas

La titular del Fondo planteó la importancia de poner fin a la pandemia cerrando las brechas financieras y compartiendo dosis de vacunas. “La pandemia sigue siendo el mayor riesgo para la salud económica y su impacto se ve agravado por el acceso desigual a las vacunas y las grandes disparidades en la potencia fiscal”, afirmó.

Dijo que es imprescindible alcanzar los objetivos propuestos por el FMI, el Banco Mundial, la OMS y la OMC, que implican vacunar al menos al 40 por ciento de personas en todos los países para fines de 2021 y al 70 por ciento para mediados de 2022. Indicó que 75 naciones posiblemente no lleguen a cumplir este objetivo. Por eso el informe del FMI estimó que las economías del G20 deberían asistir con 20 mil millones de dólares en subsidios para suministros médicos y vacunas en los países pobres.

Planteó por su parte la necesidad que los países del G20 colaboren con las economías en desarrollo a hacer frente a las tensiones financieras. “La pandemia provocó un aumento en la pobreza y el hambre, elevando a más de 800 millones el número de personas desnutridas en 2020. En esta situación precaria, no se debe pedir a las naciones vulnerables que elijan entre pagar a los acreedores y brindar atención médica y salvavidas por una pandemia”.

Georgieva precisó que “los países con posiciones externas sólidas para que proporcionen voluntariamente parte de sus DEG asignados a nuestro Fideicomiso para el Crecimiento y la Reducción de la Pobreza, aumentando nuestra capacidad para otorgar préstamos sin interés a los países de bajos ingresos”.

Cerró mencionando que algunos de los países más pobres del mundo se han beneficiado de la suspensión temporal de los pagos de la deuda soberana a los acreedores oficiales, iniciada por el G20. “Ahora debemos acelerar la implementación del Marco Común del G20 para la resolución de la deuda”.

28 de octubre de 2021

Publicado enEconomía
Martes, 31 Agosto 2021 17:53

Ante la derrota de la humanidad (II)

Ante la derrota de la humanidad (II)

Decíamos hace varios meses (http://ow.ly/pmzl50FSwSw) que la certeza de los actuales poderes globales con respecto a la vacuna, como solución mágica para enfrentar y superar la actual crisis pandémica, resumía su convicción de que la especie humana puede seguir como hasta ahora ha vivido, convencida de que la naturaleza, con todo lo que en ella habita, es su pertenencia y su objeto.

Desde este prisma la vacuna, con el paso de los meses, quedó transformada en la pócima milagrosa que todo lo cura, a pesar de los interrogantes que su aplicación sigue suscitando por doquier, todo ello porque aún no son vacunas en propiedad sino simples biológicos en proceso de elaboración (ver “El covid, muchos interrogantes”), proceso en el cual la especie humana, por cientos de millones, con su hombro descubierto, está constituida en el ratón de laboratorio para verificar cualidades y potencialidades de todas y cada una de las que están aplicando por aquí y por allá.

En el primero de los editoriales con igual título decíamos que no reparar en el contexto, en lo estructural de la crisis pandémica, es condición fundamental para: 1. Dejar el espacio abierto para que otras de estas crisis, con igual o peor potencia, impacten sobre la sociedad global; y, 2. Perder la oportunidad para que esa misma sociedad advierta con toda propiedad las características fundamentales de un sistema socioeconómico que lleva a su propia especie hacia el precipicio, así como a la naturaleza íntegra.

Pero lo que no alcanzábamos a captar en ese momento era que, en su afán por recuperar la economía global, el capitalismo estuviera dispuesto a todo, incluso a cercenar derechos fundamentales, criminalizar segmentos sociales que no responden a su llamado a vacunarse y ahondar desigualdades, llevando a la sociedad a una polarización entre vacuna sí, vacuna no. No se puede desconocer que la problemática en curso y los retos abiertos para la especie humana, a lo largo de estos meses, son mucho más profundos (ver: “Vacuna covid-19: ¿protección, negocio o violación de derechos?”, “El covid-19 es algo más que el pinchazo”).

La respuesta no se ha dejado esperar y en muchos países la creciente crítica a tales medidas copa calles. Las protestas son satanizadas por algunos medios de comunicación que los reportan como si fueran una estrategia de la derecha para ganar audiencia social, sin percatarse de la pluralidad del rechazo, motivado por convicciones políticas, en unos casos, y en otros por visiones alternas sobre salud, unos más por no compartir el autoritarismo como proceder para gobernar, sin estar por fuera visiones de derecha que atizan y aprovechan en río revuelto.

Es así como ahora ganan nitidez problemáticas ocultas tras la ofensiva propagandística en favor de la vacuna, de multiplicación del miedo –que tan buenos resultados dispensa para quienes gobiernan–, potenciando la unilateralidad del saber, con una ciencia occidental que desconoce otros saberes y prácticas, y que, al igual que los monocultivos, mata toda variedad que pretenda vivir en paralelo.

Un proceder impositivo que lleva a que sus ojos pierdan la capacidad de percibir la gama de tonalidades brindadas por la naturaleza para solo ver blanco o negro. Habría que ser más sensatos y mirar e investigar, por ejemplo, las prácticas que en el campo de la salud sobreviven en infinidad de territorios y con las cuales las gentes, sin esperar el dictamen médico amparado en diploma universitario, se automedican y se curan. En esa praxis acuden en ocasiones a plantas de diversas especies y de las cuales están llenas las plazas de mercado; además de otras que aún no han sido domesticadas y siguen intactas en los bosques y selvas, y solo son manejadas con propiedad por las sanadoras reconocidas por sus comunidades.

Algunas de aquellas prácticas siguen sirviendo para resolver la crisis en el encierro a que están sometidos miles de presos, por ejemplo. Y no solo ellos: también en los barrios populares y otros territorios donde sus pobladores comparten conocimientos y experiencias, e intercambian saberes, y así van resolviendo con agüitas el azote del virus. ¿Cuántos miles de infectados han dejado de acudir a consultorio y hospital alguno y se han curado? ¿Cómo lo han logrado? ¿Por qué no acuden al consultorio y mucho menos al hospital? Si el poder estuviera abierto a comprender la cultura popular, lo mismo que los usos y costumbres descritos, con seguridad aceptaría que la vacuna no tiene que ser obligatoria, y difundiría por todos los canales la posibilidad de inyectarse en otras formas y opciones para salir airosos de esta situación.

Entonces, es legítimo plantear que hay otras formas y procederes en que la solidaridad es fundamental, la memoria popular es persistente y no son necesarias las antesalas de varias horas para ser atendido. Pero igualmente hay prácticas indispensables para poder seguir en el rebusque porque, si se asiste al hospital y te dejan internado, ¿quién lleva el diario a casa?

De suerte que las formas alternativas están extendidas, además, por reacción, porque en sus barrios la gente ve morir a los suyos a pesar de estar vacunados, y por eso teme que le suceda igual, lo que invita a explicarles que los biológicos sirven en lo fundamental para evitar la UCI pero no mucho más. En esa expresión de sensatez, resulta posible construir procesos sociales de todo orden para enfrentar y superar la actual realidad, abordando como prioridad no desdeñable el cuidado común, a la par de la golpeada economía popular.

No es algo caprichoso. En realidad es un proceder indispensable que trasciende la estrategia mediática de cifras de muertos e internados en UCI, de cacarear en las bondades irreales de una vacuna que no evita la muerte, aunque sí pueda reducir las posibilidades de llegar a tal límite; estrategia que deja en manos de cada cual la resolución de sus urgencias económicas, proceder en el cual es indispensable implementar un viraje radical si de verdad se pretende ganar la confianza de amplios sectores y para lo cual los gobiernos deben priorizar la vida cotidiana de las mayorías, lo que implica garantizar vida digna, empezando por ingresos fijos y suficientes sin los cuales cada cual trata de resolver por vía propia, exponiéndose al contagio pero también atomizando mucho más el tejido social; un resolver por vía propia posible de constatar en la multiplicación de la informalidad callejera así como en la disparada de la delincuencia, con actuares cada vez más violentos –un síntoma de inseguridad, temor e inexperiencia de quien asalta– que copa calles por todas las ciudades del país.

Estamos, pues, ante una realidad sumamente compleja, que no se resuelve con más policía, como lo pretende el establecimiento, lo que va llevando hacia –o profundizando– la militarización y el autoritarismo armado como canal predilecto para gobernar e imponer. Ese proceder, ‘justificado’, por decirlo así, expresa la capacidad del sistema de reformularse y ahoga muchos derechos que le significaron a la humanidad intensas y prolongadas jornadas de lucha, tapizadas por miles de víctimas que se batieron por ellos.

Ese proceder del poder invita a pensar, no sin inquietud, si el terreno ganado por el ejercicio de un poder unilateral que ahora multiplica sus señales no se mantendrá y extenderá, incluso una vez superada esta coyuntura de salud pública, concretando así la tendencia de anulación de democracia efectiva que ya comporta el sistema, y que se manifiesta sin reparos –entre algunas de sus señales más evidentes– en la concentración de la riqueza, la multiplicación de las inequidades y las desigualdades que campean por todo el globo, la contención violenta de las voces de protesta que disienten y la imposición en todos los planos de un discurso único.

Esas manifestaciones antidemocráticas, con autoritarismo efectivo, expresado como tantas veces los estudiosos del tema han llamado la atención, a través de los cada vez más preocupantes mecanismos de control y disciplinamiento social, van haciendo de la democracia una simple palabra de cajón recubierta por mallas y muros que oprimen, imponen y aíslan, así como balas que contienen a opositores, inconformes y disidentes.

Estamos ante una tendencia o una realidad contundentes, con riesgo de polarización y disputa radical entre sectores del propio cuerpo social, utilizados por el poder real para potenciar sus controles y afilar sus mecanismos de efectivo dominio. Mientras así ocurre, del lado alternativo la pasividad y la ausencia de opciones efectivas en todos los planos, que le muestren superior y más efectivo que sus contrarios, lo arrinconan en un grado de confusión mayor y que saca a flote el hecho de que, en diversos campos del saber y del hacer, a pesar de lo que expresa, no alcanza a diferenciarse del discurso dominante.

La ciencia, ahora en el centro del debate, con la vacuna y la manera de afrontar una crisis como la actual, así como el carácter cada vez más autoritario del régimen político son parte de ello.

 

 

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Publicado enEdición Nº283
Miércoles, 01 Septiembre 2021 05:47

Ante la derrota de la humanidad (II)

Ante la derrota de la humanidad (II)

Decíamos hace varios meses (http://ow.ly/pmzl50FSwSw) que la certeza de los actuales poderes globales con respecto a la vacuna, como solución mágica para enfrentar y superar la actual crisis pandémica, resumía su convicción de que la especie humana puede seguir como hasta ahora ha vivido, convencida de que la naturaleza, con todo lo que en ella habita, es su pertenencia y su objeto.

Desde este prisma la vacuna, con el paso de los meses, quedó transformada en la pócima milagrosa que todo lo cura, a pesar de los interrogantes que su aplicación sigue suscitando por doquier, todo ello porque aún no son vacunas en propiedad sino simples biológicos en proceso de elaboración (ver “El covid, muchos interrogantes”), proceso en el cual la especie humana, por cientos de millones, con su hombro descubierto, está constituida en el ratón de laboratorio para verificar cualidades y potencialidades de todas y cada una de las que están aplicando por aquí y por allá.

En el primero de los editoriales con igual título decíamos que no reparar en el contexto, en lo estructural de la crisis pandémica, es condición fundamental para: 1. Dejar el espacio abierto para que otras de estas crisis, con igual o peor potencia, impacten sobre la sociedad global; y, 2. Perder la oportunidad para que esa misma sociedad advierta con toda propiedad las características fundamentales de un sistema socioeconómico que lleva a su propia especie hacia el precipicio, así como a la naturaleza íntegra.

Pero lo que no alcanzábamos a captar en ese momento era que, en su afán por recuperar la economía global, el capitalismo estuviera dispuesto a todo, incluso a cercenar derechos fundamentales, criminalizar segmentos sociales que no responden a su llamado a vacunarse y ahondar desigualdades, llevando a la sociedad a una polarización entre vacuna sí, vacuna no. No se puede desconocer que la problemática en curso y los retos abiertos para la especie humana, a lo largo de estos meses, son mucho más profundos (ver: “Vacuna covid-19: ¿protección, negocio o violación de derechos?”, “El covid-19 es algo más que el pinchazo”).

La respuesta no se ha dejado esperar y en muchos países la creciente crítica a tales medidas copa calles. Las protestas son satanizadas por algunos medios de comunicación que los reportan como si fueran una estrategia de la derecha para ganar audiencia social, sin percatarse de la pluralidad del rechazo, motivado por convicciones políticas, en unos casos, y en otros por visiones alternas sobre salud, unos más por no compartir el autoritarismo como proceder para gobernar, sin estar por fuera visiones de derecha que atizan y aprovechan en río revuelto.

Es así como ahora ganan nitidez problemáticas ocultas tras la ofensiva propagandística en favor de la vacuna, de multiplicación del miedo –que tan buenos resultados dispensa para quienes gobiernan–, potenciando la unilateralidad del saber, con una ciencia occidental que desconoce otros saberes y prácticas, y que, al igual que los monocultivos, mata toda variedad que pretenda vivir en paralelo.

Un proceder impositivo que lleva a que sus ojos pierdan la capacidad de percibir la gama de tonalidades brindadas por la naturaleza para solo ver blanco o negro. Habría que ser más sensatos y mirar e investigar, por ejemplo, las prácticas que en el campo de la salud sobreviven en infinidad de territorios y con las cuales las gentes, sin esperar el dictamen médico amparado en diploma universitario, se automedican y se curan. En esa praxis acuden en ocasiones a plantas de diversas especies y de las cuales están llenas las plazas de mercado; además de otras que aún no han sido domesticadas y siguen intactas en los bosques y selvas, y solo son manejadas con propiedad por las sanadoras reconocidas por sus comunidades.

Algunas de aquellas prácticas siguen sirviendo para resolver la crisis en el encierro a que están sometidos miles de presos, por ejemplo. Y no solo ellos: también en los barrios populares y otros territorios donde sus pobladores comparten conocimientos y experiencias, e intercambian saberes, y así van resolviendo con agüitas el azote del virus. ¿Cuántos miles de infectados han dejado de acudir a consultorio y hospital alguno y se han curado? ¿Cómo lo han logrado? ¿Por qué no acuden al consultorio y mucho menos al hospital? Si el poder estuviera abierto a comprender la cultura popular, lo mismo que los usos y costumbres descritos, con seguridad aceptaría que la vacuna no tiene que ser obligatoria, y difundiría por todos los canales la posibilidad de inyectarse en otras formas y opciones para salir airosos de esta situación.

Entonces, es legítimo plantear que hay otras formas y procederes en que la solidaridad es fundamental, la memoria popular es persistente y no son necesarias las antesalas de varias horas para ser atendido. Pero igualmente hay prácticas indispensables para poder seguir en el rebusque porque, si se asiste al hospital y te dejan internado, ¿quién lleva el diario a casa?

De suerte que las formas alternativas están extendidas, además, por reacción, porque en sus barrios la gente ve morir a los suyos a pesar de estar vacunados, y por eso teme que le suceda igual, lo que invita a explicarles que los biológicos sirven en lo fundamental para evitar la UCI pero no mucho más. En esa expresión de sensatez, resulta posible construir procesos sociales de todo orden para enfrentar y superar la actual realidad, abordando como prioridad no desdeñable el cuidado común, a la par de la golpeada economía popular.

No es algo caprichoso. En realidad es un proceder indispensable que trasciende la estrategia mediática de cifras de muertos e internados en UCI, de cacarear en las bondades irreales de una vacuna que no evita la muerte, aunque sí pueda reducir las posibilidades de llegar a tal límite; estrategia que deja en manos de cada cual la resolución de sus urgencias económicas, proceder en el cual es indispensable implementar un viraje radical si de verdad se pretende ganar la confianza de amplios sectores y para lo cual los gobiernos deben priorizar la vida cotidiana de las mayorías, lo que implica garantizar vida digna, empezando por ingresos fijos y suficientes sin los cuales cada cual trata de resolver por vía propia, exponiéndose al contagio pero también atomizando mucho más el tejido social; un resolver por vía propia posible de constatar en la multiplicación de la informalidad callejera así como en la disparada de la delincuencia, con actuares cada vez más violentos –un síntoma de inseguridad, temor e inexperiencia de quien asalta– que copa calles por todas las ciudades del país.

Estamos, pues, ante una realidad sumamente compleja, que no se resuelve con más policía, como lo pretende el establecimiento, lo que va llevando hacia –o profundizando– la militarización y el autoritarismo armado como canal predilecto para gobernar e imponer. Ese proceder, ‘justificado’, por decirlo así, expresa la capacidad del sistema de reformularse y ahoga muchos derechos que le significaron a la humanidad intensas y prolongadas jornadas de lucha, tapizadas por miles de víctimas que se batieron por ellos.

Ese proceder del poder invita a pensar, no sin inquietud, si el terreno ganado por el ejercicio de un poder unilateral que ahora multiplica sus señales no se mantendrá y extenderá, incluso una vez superada esta coyuntura de salud pública, concretando así la tendencia de anulación de democracia efectiva que ya comporta el sistema, y que se manifiesta sin reparos –entre algunas de sus señales más evidentes– en la concentración de la riqueza, la multiplicación de las inequidades y las desigualdades que campean por todo el globo, la contención violenta de las voces de protesta que disienten y la imposición en todos los planos de un discurso único.

Esas manifestaciones antidemocráticas, con autoritarismo efectivo, expresado como tantas veces los estudiosos del tema han llamado la atención, a través de los cada vez más preocupantes mecanismos de control y disciplinamiento social, van haciendo de la democracia una simple palabra de cajón recubierta por mallas y muros que oprimen, imponen y aíslan, así como balas que contienen a opositores, inconformes y disidentes.

Estamos ante una tendencia o una realidad contundentes, con riesgo de polarización y disputa radical entre sectores del propio cuerpo social, utilizados por el poder real para potenciar sus controles y afilar sus mecanismos de efectivo dominio. Mientras así ocurre, del lado alternativo la pasividad y la ausencia de opciones efectivas en todos los planos, que le muestren superior y más efectivo que sus contrarios, lo arrinconan en un grado de confusión mayor y que saca a flote el hecho de que, en diversos campos del saber y del hacer, a pesar de lo que expresa, no alcanza a diferenciarse del discurso dominante.

La ciencia, ahora en el centro del debate, con la vacuna y la manera de afrontar una crisis como la actual, así como el carácter cada vez más autoritario del régimen político son parte de ello.

 

 

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Lunes, 30 Agosto 2021 15:42

El covid: muchos interrogantes

El covid: muchos interrogantes

Tras un año y medio de crisis pandémica propiciada por el covid-19 son muchas las sombras, ocultamientos y contradicciones desprendidas por la misma. Por ejemplo, el éxito de la crisis sanitaria causada por el covid, no se hubiera alcanzado sin 3 columnas que sostienen el discurso único sobre la pandemia: 1. Los gobernantes que recortan las libertades individuales y siguen la receta del FMI; 2. Los medios de comunicación que mediante un bombardeo propagandístico feroz aterrorizan a la población, hoy con la cepa Delta, mañana con la Lambda y así sucesivamente , 3. La OMS, que a modo de Ministerio de Salud Mundial, aporta el sustento “científico” que justifica un discurso único, que elimina todo debate, todo testimonio de autoridades sanitarias o científicos de reconocimiento mundial que cuestionan, o contradigan la versión oficial.

Estamos ante el imperio del discurso único. Se acallan todas las voces disidentes. Todos los médicos que aparecen en la televisión, acompañan la versión del “Ministerio de la Verdad”, muchos de los cuales no declaran el conflicto de intereses con la industria farmacéutica. La narrativa oficial no se cuestiona. Las instituciones no abren ningún debate: no hay contraste, no se visibiliza la diversidad de opiniones que surgen en la comunidad médico-científica. La “policía del pensamiento” está presta a actuar, los chequeadores de la verdad castigan sin piedad a quien se atreva a cuestionar la versión oficial.

Para llegar a este punto, el recorrido ha sido largo: empezando por la creación y control, por parte de las industrias farmacéuticas de las más importantes revistas médicas del mundo, convertidas en fuente académico-científica para las facultades de medicina del orbe. Y continuando con el logro invaluable para los intereses farmacéuticos hegemónicos, con el control de la educación médica en Estados Unidos por parte de David Rockefeller y Carneagie a partir de 1917 cuando su empleado Abraham Flexner produce un informe mediante el cual recomienda cerrar facultades de medicina enfocadas en la terapéutica con plantas medicinales o medicinas homeopáticas. Todo ello, aunado a la financiación de instituciones educativas le permite a la naciente industria farmacéutica monopolizar la producción científica médica.

Después de la Segunda Guerra Mundial se crea la OMS, financiada hoy en día por la todopoderosa Industria Farmacéutica (léase: Blackrock, Vanguard, State Street, Fidelity), y por extensión su control, con lo cual consiguen cambiar la definición de pandemia y logran la pauta para su manejo, la que termina aceptada y obedecida por todos los países del mundo con excepción de Suecia y algunos pocos estados africanos. Recuérdese que desde 2009 para la la OMS se “ llama pandemia a la propagación mundial de una nueva enfermedad”, pero que para antes de esa fecha además de la propagación –mundial– tenía en cuenta que la mortalidad fuera grave.

Como expresión de su poder, en enero de 2020, a una velocidad increíble, publican en una revista de investigación científica el trabajo sobre RT-PCR de Drosten en Berlín, sin ser revisado por pares, y acogido en pocos días por la OMS para ser utilizado en todo el mundo como prueba de la existencia de la enfermedad covid-19. Todo ello pese a que Mullis, creador del RT-PCR, merecedor del premio Nobel por su descubrimiento, fue enfático al declarar que no es útil para diagnosticar infecciones, ya que es un dispositivo de investigación; vale decir que sin esta prueba tampoco hubiera sido posible generar la crisis sanitaria. (ver recuadro, “La manipulación con las PCR”).

Con tratamientos opuestos poco afortunados. Es así como desde el punto de vista terapéutico el mandato de la OMS recomienda negar el tratamiento médico en los primeros días de la enfermedad, con ello, con el paso de los días, consiguen que los mayores de 60 años, los obesos, los hipertensos y los diabéticos, agraven su condición clínica, momento en el cual deben ser hospitalizados, con resultados desgraciadamente poco exitosos.

Un proceder médico decidido sin las correspondientes pruebas empíricas. Increíblemente en las primeras semanas de la pandemia en ningún país se hacían autopsias, confiados en las pocas que hicieron los médicos en Wuhan. Tocó esperar hasta que los patólogos italianos efectuaron estudios postmortem, descubriendo la fisiopatología de la enfermedad: se trata de una patología sistémica caracterizada por la inflamación y la coagulación de la sangre en los vasos sanguíneos.

Con esta verificación a la mano distintos grupos clínicos fueron conformando protocolos de tratamiento precoz, para hacer en casa, evitando las complicaciones de la enfermedad y, en consecuencia, evitando la hospitalización del paciente. Tal es el caso del Dr. Peter McCullough cuyo trabajo de investigación fue publicado en Reviews in cardiovascular medicine el 1 de enero de 2021, revista de gran reconocimiento científico pero, que si hablaba de su trabajo por medio de un video ‘colgado’ en Youtube, por ejemplo, sería censurado. Su protocolo se basa en medicamentos posibles de conseguir en cualquier farmacia.

Todo un avance para atender de manera efectiva la crisis de salud pública suscitada, reducir los padecimientos de los pacientes y obtener mejores resultados. Esto para no hablar de alternativas como el Dióxido de cloro (CDS), cuyo uso fue aprobado exclusivamente en Bolivia gracias a la presión de organizaciones populares y sindicales. En el resto del mundo el Dióxido fue satanizado gracias a la labor de los fact check financiados por el Instituto Poynter de la Florida que cuenta con el apoyo de Google, la Open Society de Goerge Soros, la Fundación Bill y Melinda Gates, entre otros “filántropos”.

Transcurridos estos meses, y observada la forma como las más poderosas instituciones han conducido esta crisis, es posible aseverar que toda la estrategia conduce a un relato oficial en el que no hay tratamiento para la enfermedad y la única salida posible es mediante la vacunación compulsiva de la mayor parte de la humanidad.

Las mal llamadas vacunas (mal llamadas porque no cumplen la definición de producir inmunidad), fueron fabricadas en un tiempo récord, se saltaron la experimentación en animales, el periodo de observación de sus efectos fue de unos pocos meses, así que nadie sabe, con toda seguridad, los efectos secundarios a largo plazo. Es necesario recordar que estas se encuentran aún en la fase 3 de experimentación, la cual finaliza en octubre de 2022 para la de Pfyzer y para otras en marzo de 2023, por lo cual ninguna vacuna ha sido aprobada por ente alguno de control; solamente se autorizó el uso de emergencia.

Al ser así, lo evidente es que el establecimiento está ocultando a la población los efectos secundarios inmediatos que pueden producir las ahora llamadas vacunas, tales como, infartos, trombosis, enfermedades del sistema nervioso, entre otros. Para las instituciones sanitarias estos eventos son mera coincidencia temporal, descartando toda relación causa-efecto en este tipo de biológicos.

Un efecto que no es de menor cuantía. Se calcula, por ejemplo, que el número de muertes en Estados Unidos por causa de las vacunas, y hasta julio del 2021, está entre 11.000 y 45.000. Muertes minimizadas: cuatro décadas atrás, en 1976, ante las 27 muertes causadas por la vacuna contra la gripe porcina (H1N1) se detuvo la vacunación y el presidente Gerald Ford tuvo que aceptar la renuncia de algunos de sus colaboradores; claro que en esa época habían periodistas de la talla de Mike Wallace, quien en su programa “60 minutes” denunció el fraude de la vacuna.

Estamos, por tanto, ante un proceder médico que reluce por sus maniobras poco claras, pero también por sus vaivenes, palos de ciego y contradicciones. Tómese en cuenta, como evidencia de ello, que las anunciadas dos dosis de algunas de las difundidas vacunas ahora, ante las nuevas formas que va asumiendo el virus, han pasado a ser tres. Como el virus en tanto agente patógeno no cejará en su evolución, y en tanto las vacunas no lo sean a plenitud, es necesario preguntar: ¿cuántas nuevas dosis aplicarán?, ¿cada seis meses habrá una nueva pócima? ¿o será cada año? ¿Por cuántos años?

Una realidad también extendida a lo conocido como inmunidad de rebaño, propósito ante el cual los expertos también fallaron: al comienzo decían que se lograría inoculando al 70 por ciento de la población, porcentaje ahora incrementado al 90. Lo cierto es que mientras las vacunas permitan la infección o no interrumpan la transmisión del virus, es evidente que este propósito nunca será logrado.

Una pandemia, por tanto, con fundamento real pero propiciada, potenciada y manejada de tal manera que ha terminado por ser instrumento para favorecer ciertos intereses y someter a la población global. Un proceder y un logro imposible de alcanzar sin la docilidad de infinidad de gobiernos, sin la complacencia de las grandes cadenas de comunicación y sin la pasividad en que cayeron la mayoría de aquellas posiciones políticas autocalificadas como de izquierda y/o alternativas.


 La manipulación con las PCR

 

¿Dónde está el engaño de las PCR? De manera breve y simple:

El procedimiento

- Te cogen una muestra de moco de la nariz con un hisopo.
- En esa muestra hay ADN tuyo y, si estuviste en contacto con el virus, también habrá ADN del virus.
- Introducen todo en una máquina.
- La máquina le aplica a la muestra ciclos de frío-calor.
- Con esos ciclos van duplicando la cantidad de ADN vírico.
- Con 1 ciclo hacen dos copias. Con 2 ciclos hacen 4 copias. Con 3 ciclos hacen 8 copias. Y así sucesivamente.
- Cuando lleguen a los 35 ciclos tendrán (textualmente) 35.000 millones de copias de ADN del virus.
- Lo que están haciendo es buscar el virus aumentando la cantidad de ADN.
- En alguno de los ciclos lo van a encontrar.

El fraude

Hay 3 cosas que es importante entender, ya que ahí está la clave de todo el tinglado:
1. Si encuentran el virus con pocos ciclos (menos de 20) se supone que eres positivo y que tienes una buena cantidad de virus en el cuerpo (puedes enfermar y contagiar).
2. Si para encontrar el virus necesitan muchos ciclos (más de 30) se supone que eres positivo pero que no tienes capacidad infectiva (ni te vas a enterar que tienes el virus, ni vas a contagiar a nadie). Así lo recoge el propio Gobierno en sus documentos oficiales.
3. La PCR es una prueba que puede encontrar una aguja en un pajar. Estas ampliaciones se pueden seguir haciendo indefinidamente y a 60 ciclos (aproximadamente) todos seríamos positivos porque todos en algún momento estuvimos en contacto con el virus.

Resumiendo

- No es lo mismo ser positivo con 20 ciclos que serlo con 40.
- Ahí es donde está la trampa: los laboratorios están haciendo las PCR a 40 ciclos o más, es decir, eres positivo pero ni enfermas ni contagias.
- Si quieren crear una nueva ola suben los ciclos y todos positivos.
- ¿Que quieren crear una ola entre los jóvenes?, hacen un cribado masivo en esas edades y las PCR a 40 ciclos. Resultado: la inmensa mayoría positivos.
- Si nos quieren vender que las vacunas funcionan, bajan los ciclos de las PCR y disminuyen los positivos. Así de fácil.

Conclusión

- La PCR es una prueba que no está diseñada para lo que la están usando.
- Visto que está plagada de falsos positivos (algunos científicos hablan del 97 por ciento de falsos positivos) me parece importante negarse a realizarlas.
- Y, si no te queda más remedio que pasar por el aro, exigir que te digan a cuántos ciclos la están haciendo.

 

Nota 1: En este post se trata de desmontar la trampa de las PCR desde la “oficialidad”, solo razonando, por eso ya no voy a entrar en si se consiguió aislar el SarsCov2 ni en otros temas como la teoría del contagio.
Nota 2: Solo he tratado de dar unas pautas para que cada uno realice su propia investigación, así que científicos, médicos, biólogos y demás entendidos sabrán disculpar las incorrecciones.
https://t.me/PLANDEMIA_MUNDIAL_COVID

 

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Publicado enEdición Nº283
Vacuna covid-19: ¿protección, negocio o violación de derechos?

La regulación legal, base para la vacunación en Colombia, es la ley 2064 del 9 de diciembre de 2020, en la cual se declara de interés general la estrategia para la inmunización de la población colombiana contra el covid-19, la lucha contra cualquier pandemia y se dictan otras disposiciones. Es importante resaltar que en ningún momento se regula en esta Ley sobre la obligatoriedad de participación en el proceso de vacunación; lo que especialmente aclará la misma es el principio de gratuidad, particularidad que se menciona expresamente en el artículo nueve; otro principio fundamental que deja en claro es la Universalidad.

La Ley 2064, es una previsión del proceso de vacunación que en efecto se desarrolla desde la tercera semana de febrero de 2021, y la que no previó un desafío posterior, presentado justo en el momento que se desarrolla la vacunación por etapas, y sí contemplado en múltiples decretos que desarrollan la norma: la apatía, o el temor o el rechazo directo que puede tener un sector de la población y que los lleva a la decisión de no aceptar el biológico.

Un desafió que no es menor. Según cifras del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane) 44,2 por ciento de los colombianos dijo no estar interesado en aplicarse la vacuna, situación que genera tensión frente a los espacios de la convivencia común e incluso en el ámbito laboral. Algo que para algunos eran impensable sucediera en esa magnitud. El quid del asunto es que poco a poco se llega a una obligatoriedad encubierta que ni siquiera la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha recomendado, salvo insistir en la necesidad de lograr inmunidades de rebaño a partir de coberturas masivas en la población.


¿Vacunación obligatoria o no? Derechos involucrados

Para establecer una hipotética obligatoriedad de la vacunación, es necesario establecer de manera somera los derechos que se encuentran involucrados en tensión, para decidir si se obliga o no, y nos vamos a referir a derechos fundamentales desde la Constitución en un Estado Social y Democrático de Derecho.

El derecho a la vida (art. 11), libre desarrollo de la personalidad (art. 16), libertad de conciencia (art. 18), el derecho al trabajo (art. 25), esto en relación con algunos derechos fundamentales involucrados conforme el capítulo I, del título II de nuestra Constitución, y también entra en tensión uno muy importante del capítulo II, de los Derechos Sociales, económicos y culturales: Derecho a la Salud (art. 49).


La valoración de los citados derechos involucrados, nos puede llevar al mismo tiempo a decisiones contradictorias, porque sobre la base de estos mismos derechos podría negarse o imponerse la obligatoriedad. De antemano obsérvese que la balanza la puede inclinar básicamente el derecho a la salud, frente a los fundamentales de la vida, la libertad de conciencia, libre desarrollo de la personalidad, etcétera.

En este proceso hay que tener en cuenta que la vacunación requiere la introducción de una sustancia ajena al cuerpo, por lo que en principio necesita la voluntad de la persona que acepta o da su consentimiento para recibir el biológico. Desde este primer punto de vista, la vacunación nunca podría ser obligatoria ya que requiere una expresión voluntaria y libre de la personalidad del sujeto. En sentido contrario, al entenderse la vacunación como parte de un tratamiento que incluso puede considerarse preventivo, en libre expresión de su personalidad el sujeto también puede negarse a ser innoculado, blandiendo objeción de conciencia frente. Pero acá aparece otro importante derecho como obstáculo a este tipo de determinación: la salud pública, que como derecho colectivo podría imponerse sobre todo cuando es un sector amplio de la población el que se vería en riesgo frente a la actitud o el derecho de un solo individuo o en todo caso de un grupo minoritario. Consideramos entonces que esta podría ser la única excepción fuerte a la no obligatoriedad.

 

 

Que la OMS y todos los Estados hayan declarado que estamos en medio de una pandemia denominada covid-19 y que todos los Estados estén tomando medidas para contenerla, entre ellos la vacunación, y que ello obedezca a un riesgo ostensible para la salud de la mayoría deja en evidente ventaja el derecho a la salud frente a los derechos individuales en cuestión, ante una hipotética obligatoriedad de la vacuna que ya están aplicando o proyectando entre las medidas que toman los diferentes Estados.

En los derechos involucrados mencionamos expresamente el derecho al trabajo, porque este vive una tensión particular frente a los efectos de la pandemia, porque es en la población trabajadora que la tensión entre la obligatoriedad de la vacuna ha tomado un tono más fuerte, pues la consigna parece ser que la necesidad de trabajar cede frente a la voluntad de querer o no aceptar la vacunación; de hecho, es común que la empresa pública o privada envíe permanentemente links en plataformas digitales para que los empleados reporten en que momento se encuentra su proceso de vacunación.

Expertos en el área de derecho laboral se oponen abiertamente a que pueda amenazarse o derivarse algún tipo de sanción para los trabajadores que no accedan a la vacunación de forma “voluntaria” ya que atentarían contra la estabilidad laboral, y ni siquiera aceptan la imposición de otras modalidades como pasarlos a teletrabajo o a áreas que impliquen menor exposición a contagios, lo cual podría ser considerado un “castigo”. Sin embargo, en la práctica triunfa otra premisa y es que si el Gobierno o la empresa determinan que la vacunación es obligatoria, el empleado prácticamente no puede abstraerse de la obligación pues el Estado o la empresa privada resaltarán que deben garantizar un servicio no para el privilegio de uno sino de toda una comunidad. Por lo mencionado hasta este punto, todo indica que la tensión está a favor de los derechos colectivos y no de los individuales, y en tal punto podría prevalecer la obligatoriedad.


Vacunación y medias sanitarias: otro paso a la obligatoriedad


A medida que avanza la pandemia, y sobre todo la estrategia de vacunación mundial, con consecuentes desafíos y diferencias abismales entre Estados y poblaciones del primer y el tercer mundo, no hay duda que los países que imprimen la marcha en el orden mundial también van imponiendo poco a poco sus políticas públicas de obligatoriedad “velada” de la vacunación, como es el caso de la Unión Europea que a partir del 1 de julio de 2021 oficializó el Certificado covid digital de la UE, con la aplicación del reglamento acordado por los principales organismos de la UE (Comisión, Parlamento y Consejo Europeo), lo que han dado en llamar implementación de los pasaportes sanitarios, que incluso ofrecen un reparo desde la cantidad de información personal que recaban de los ciudadanos pero que ellos aseguran “no realizaran tráficos indebidos con los datos personales” ya que solo es con fines de autenticación de la información sobre el estado de vacunación o cantidad de dosis aplicadas.

Sin embargo, con asombro puede observarse como en la aplicación de políticas dominantes, también desde el punto de vista sanitario, este bloque de países se da el gusto de aceptar o rechazar, para efectos de permitir la circulación en el territorio Schengen, entre las vacunas homologadas; según lo cual las autorizadas por la Agencia Europea del Medicamento (EMA), son: BionTech/Pfizer, Moderna, AstraZeneca y Johnson&Johnson.


Tras establecer el pasaporte que en principio no es obligatorio, pero que es un requisito a cumplir esté o no vacunado el ciudadano, muchos de los países europeos lo están considerando prácticamente obligatorio para poder realizar muchas actividades de ocio y turismo, en teoría con una finalidad absolutamente preventiva ante posibles contagios masivos en las actividades descritas.

Un protocolo que están retomando los demás países del orbe, incluso en nuestra realidad, ya es común exigir el certificado de vacunación covid 19 para poder asistir a espectáculos masivos como el fútbol, conciertos, entre otras actividades. Incluso se exige un esquema de vacunación ya completo, dejando cada vez más en entredicho la no obligatoriedad de la vacuna.

Estrategia que apunta a fomentar la vacunación masiva, con el objetivo de lograr la denominada “inmunidad de rebaño”, todo ello sin tener en cuenta la afrenta que implica frente a la violación de otros derechos fundamentales, como los ya listados supra, poniendo de presente la tensión entre la reactivación económica y la posibilidad que los “desjuiciados”, sobre todo población joven, hagan valer sus derechos y se sometan a los designios de las mayorías.

Estas medidas de política pública, de restricción de ciertos derechos y resumidas en los pasaportes sanitarios, o como se les quiera denominar, ante el privilegio alcanzado por la necesaria reactivación económica, lo que pretenden es evitar los confinamientos, lastre de la producción y el mercadeo. En este punto el Tribunal Europeo de Derechos Humanos ya ha dictaminado que las vacunas obligatorias no violan las leyes de derechos humanos e incluso podrían considerarse necesarias en una sociedad democrática donde la salud pública, como derecho colectivo, está por encima de unos de carácter meramente individual.


Vacunación y Bioética: qué dice la ciencia


Otro punto de vista que necesariamente debe tenerse en cuenta en este debate, es la posición de la ciencia desde la bioética, que aborda asuntos de fondo que muy posiblemente no tienen una respuesta segura en este momento, como: ¿Sí son eficaces las vacunas para prevenir la transmisión? ¿Hay en realidad acceso igualitario a la vacunación en el mundo?

Para ambientar brevemente esta discusión, nos parece oportuno referenciar al experto en Bioética Julian Savulescu, profesor de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Oxford en el Reino Unido, quien en su artículo: “Good reasons to vaccinate: mandatory or payment for risk?”* considera que sólo cabe proceder a la vacunación obligatoria cuando se dan cuatro condiciones fundamentales:

a. Hay una amenaza grave para la salud pública.
b. La vacuna es segura y efectiva.
c. Las políticas de vacunación obligatoria muestran una ratio de coste/beneficio superior a otras alternativas.
d. El nivel de coerción impuesto es proporcionado.

Responder a cada uno de estos puntos que correctamente plantea el experto, podría llevarnos a otra columna sobre la materia, pero a groso modo podemos decir que prácticamente la única premisa que se cumple es la grave amenaza para la salud pública, porque sobre la seguridad y efectividad de las vacunas por ahora no hay estudios científicos unívocos; menos sobre el coste-beneficio de la obligatoriedad, y en cuanto a la coerción de derechos de manera proporcionada, en realidad está por verse.

Recordemos, incluso que, frente a la efectividad, recientemente nos enfrentamos a la “proposición” de una tercera dosis por parte de las farmacéuticas, como es el caso de la estadounidense Pfizer, con la justificación de proteger contra la nueva variante delta del coronavirus y según datos preliminares de un estudio, que como siempre son preliminares y en desarrollo.

Sobre lo anterior obliga decir que existen numerosas variantes del virus: Cepa alfa (Reino Unido), Beta (África), Gamma (Japón) Delta (India) y Delta Plus (varios países), por lo cual otras farmacéuticas propietarias de la vacuna Moderna, AstraZeneca, Sinovac, también están “sugiriendo” tercera dosis. En Colombia, y según datos del ministerio de Salud, con la variante Delta el país completó 61 linajes covid.

El problema de las variantes, advierte la OMS, es que las mismas están asociadas a un aumento de la transmisibilidad o cambio en la epidemiología del covid-19, aumento de la virulencia o cambio en la presentación clínica de la enfermedad, o disminución de la efectividad de las medidas sociales y de salud pública o de los diagnósticos disponibles.

Lo anterior indica que ni el virus está resuelto, ni está completamente diagnosticado, pero que alguien está tomando ventaja en el comercio “obligado” de las vacunas, y que lo que podrían ser solo dos dosis para obtener un “pasaporte sanitario” podría convertirse en dosis periódicas y necesarias siempre frente a las nuevas fuentes de riesgo biológico y, por lo tanto, los derechos siempre estarán en permanente tensión frente a la obligatoriedad.

A todo lo expresado, el tema nos obliga volver al origen y preguntarnos sobre todo en estos países del trópico de una fuerte tradición ancestral indígena: ¿Por qué no volvemos a las hierbas y a las raíces de los árboles? ¿Por qué, aunque sin el supuesto sustento científico (como tampoco lo tienen ciertamente las vacunas hasta ahora homologadas) no ayudamos a enfrentar la pandemia con las recetas tradicionales y sus propiedades que también han salvado vidas, y sin obligar a nadie?

Es una opción viable, junto con otro tipo de medicinas, que ha evidenciado efectividad en barrios populares, penales, comunidades indígenas y campesinas en general, incluso aplicada de distinta manera por galenos de amplia trayectoria que actúan en silencio ante el temor de perder su licencia profesional. Todo lo cual evidencia que la solución no puede ser solo la obligatoriedad a la que nos conducen los intereses de las multinacionales farmacéuticas, del empresariado y de los gobernantes para obtener pasaportes sanitarios, que por lo visto y por el nivel de dificultad que ofrece el virus en cuanto a desarrollo y variantes, nunca serán suficientes.

* Good reasons to vaccinate: mandatory or payment for risk? Disponible en: https://jme.bmj.com/content/47/2/78 BMJ Journal of Medical Ethics. Consultado 8(08/2021.

 

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Publicado enEdición Nº283
El misterio con los precios de las vacunas

Certificación, pasaporte digital, registro de vacunación, poco a poco se consolida la obligatoriedad de estar vacunado para poder ingresar a ciertos recintos como para ser contratado o conservar el puesto de trabajo.

Decisiones y presiones desprendidas desde instancias del poder que llevan a interrogar: ¿Por el bien de la humanidad? ¿Por el bien del país? En realidad que está en juego: ¿la salud en general o los beneficios particulares de las farmacéuticas? ¿La salud de la sociedad en general o el afán por recuperar la economía?¿Qué hay detrás de los precios de las vacunas y la soberanía de cada país?

Interrogantes que es necesario dirimir. Y parte de los mismos ganan luz en lo resuelto por el Consejo de Estado colombiano, que como respuesta a lo ordenado por fallo judicial publicó los contratos firmados con dos farmacéuticas y en los cuales puede leerse el precio acordado por las dosis de Pfizer y AstraZeneca para lograr la supuesta inmunidad contra el virus y las concesiones otorgadas por la nación a estas multinacionales en diferentes aspectos.

Información también difundida por el Instituto Internacional de Estudios Anticorrupción, que a través de su cuenta de Twitter publicó los precios pagados por Colombia a cambio del envío de las vacunas contra el covid-19: 12 dólares por dosis en el caso de Pfizer, y 6 dólares por dosis en el caso de AstraZeneca. De las otras vacunas hasta ahora compradas aún no hay detalles. Teniendo en cuenta que de las primeras se compraron 15.000.570, y de las segundas 9.984.000, el país habría desembolsado 180.006.840 dólares y 59.904.000 dólares, respectivamente. Todo ello bajo confidencialidad impuesta por las multinacionales, y así aceptada por el gobierno nacional.

La reacción del Gobierno ante esta “filtración” fue de preocupación por el supuesto riesgo de que las multinacionales no les sigan vendiendo vacunas o no cumplan con los compromisos mercantiles hasta ahora adquiridos, y que ello rompa el proceso de vacunación hasta ahora implementado en el país. Una preocupación que desdice de la soberanía de todo Estado y que evidencia el poder que ahora ostentan las multinacionales.

¿Acaso no es derecho publico conocer los negocios que hace el Estado a nombre de sus representados? La información debe ser accesible para todos más aún cuando se trata de un tema de salud colectiva y de compras y contratos con dineros públicos. ¿Cuál es el misterio?

Pero lo sucedido también hace aún más evidente realidades que deben ser superadas: 1. Que las multinacionales, que en muchas ocasiones funcionan con dineros públicos, se han apropiado y controlan conocimientos y recursos que son de interés común, por lo cual deben ser declaradas patrimonio de la humanidad; 2. Como un particular de esto, que el conocimiento es patrimonio común al cual deben acceder todos los seres humanos, cuyo cultivo es responsabilidad de todos/as; 3. Que las vacunas no pueden ser el único recurso para enfrentar y tratar de superar el covid-19, mucho más cuando aún no producen inmunidad y sus efectos de todo tipo no están claramente establecidos, entendiendo, además, que ninguna de ellas ha superado la fase experimental y por ahora lo que han obtenido es autorización para uso por emergencia. Una realidad ante la cual se protegen obligando a los distintos gobiernos a exculparlos por muertes, enfermedades u otro tipo de incidentes que genere su inoculación.

El conocimiento de esos contratos debería servir para que nuestra sociedad discutiera a profundidad el tema de la pandemia por covid-19, la manera cómo ha sido encarada, los costos de todo tipo que ha implicado para amplios segmentos sociales, su utilización como instrumento de control y disciplinamiento social, la ciencia, en sus diferentes variables, el saber popular sobre usos y prácticas con todo tipo de plantas con aplicación efectiva en infinidad de enfermedades, y con prácticas certeras en la actual coyuntura, el real desarrollo de las vacunas y el por qué de su actual limitada eficacia.

Es positivo que los contratos firmados con las farmacéuticas sean de conocimiento público, es positivo que en este y otros temas no rija el secreto de Estado, pero también lo es que se corra el velo con el que han cubierto y manejado la pandemia por covid-19, con seguridad ello redundará en mejor salud para todos y todas, así como en el respeto de variedad de derechos fundamentales que han quedado bajo el yunque de la excepcionalidad.

Publicado enColombia
Martes, 20 Julio 2021 09:42

Alguien calla, alguien manipula

Augusto Pacheco, https://www.a-pache.co/ (Cortesía del autor)

Terror. Las cifras lo potencian. Desde el solo anuncio del comienzo de la pandemia por covid-19 y sus efectos letales, el pánico afectó a poblaciones enteras. Temor, sobrecogimiento. Sobre ese pánico expandido, poblaciones enteras cedían al Estado el control total sobre cada uno para que “salvara sus vidas”, sin demora de los gobiernos que, atentos a la respuesta ciudadana, procedieron imponiendo confinamientos y otros controles sociales. Privacidad y derechos humanos quedaron en suspenso.


Transcurridos más de quince meses desde aquellas primeras noticias y las medidas de control social desplegadas, el ambiente, aunque no es idéntico, en el fondo funciona sobre iguales parámetros: temor a perder la vida y gobiernos con manos libres para hacer y deshacer. Y deshacen en su afán por una economía aceitada y con ritmo, por lo menos pre-marzo 2020. No es para menos: temen más a la quiebra de los empresarios que a la muerte de los sin nada.

Y actúan en consecuencia, así digan lo contrario –con excepción de cínicos, Bolsonaro y Trump, por ejemplo. Los reportes diarios dan cuenta de ello y así refuerzan el espectro que alimenta el temor, con las UCI siempre al límite y todo reforzado con mensajes que descargan en cada persona la responsabilidad del posible contagio y la muerte. ¿Irresponsabilidad de unas y otros o ausencia de una intervención pública a la altura de las existencias?

Las cifras de miles de muertos, antes reportadas por otros países, desde hace meses no dejan de ser cascada en el nuestro, ocupando puestos de (des)honor en el concierto global de los decesos, los que, con corte al último día de junio 2021, suman 106.544 y los contagio 4.240.982. Como si los anteriores picos nada hubieran enseñado, el tercero ha sido el más letal, sumando en los 30 días de junio 17.770 decesos.

Estamos ante una letalidad recordada a diario por todos los noticieros, que retoman sin contexto alguno cantidad de muertos y de infectados, sin considerar porcentajes de población, enfatizando que el covid-19 “no es un juego” y por tanto cada persona no debe olvidar lo de “conservar el distanciamiento”, “poner en práctica todas las normas de bioseguridad” y “quedarse en casa, que es el mejor aporte para controlar el virus”.

En la más reciente etapa de la pandemia, los informativos incorporaron un nuevo indicador: cantidad de vacunados, con una y con dos dosis, resaltando, también sin contexto alguno, el “deber de la vacunación”. Las referencias a cantidad de infectados y muertos, pese a las dos inoculaciones, no existe, aunque sí acentuando en que “[…] tapabocas, distanciamiento, lavado de manos y demás normas de bioseguridad, pese a la vacuna, se deben seguir aplicando en estricto cumplimiento”.

Al final, el mensaje es uno: “Sálvese quien pueda”, conclusión de terror, de miedo, que aconseja no salir, aislarse, no reunirse, todo ello como palabras al viento, por fuera de la realidad, mucho más cuando es el propio gobierno nacional y los municipales quienes motivan salir, reunirse y no aislarse, pues no implementan una política social que permita a unos y otros el tranquilo refugio del hogar. Además, como se puede concluir por sus últimas recomendaciones, la economía es lo primero; la vida que espere… ¡a la muerte!

Miedo. Y el ambiente concluyente en la mente de cada cual no puede ser diferente, aunque sí el comportamiento. El temor ante la evidente posibilidad de contagiarse y morir late por doquier, pero la economía no permite “meter la cola entre las piernas” y la inmensa mayoría termina actuando como el temerario en el oeste gringo.

La ruleta de la vida dando vueltas cada día en el casino del capital, que en su altar solo acepta sacrificios, no importa la edad de quien cae en su frío mármol: un sacrificio que cada quien también abona a lo largo de su existencia, por cuotas, por días, en jornadas de 8 y más horas, en un intercambio/venta de fuerza de trabajo y tiempo por billetes para poder comer, dormir con alguna tranquilidad, cancelar el ‘derecho’ a los servicios públicos, además de poder cubrir otras muchas necesidades, propias o familiares.

Miedo con gambetas, como las realizadas por quienes integran una clase media alta que aún conserva ahorros, en billete o en propiedades, incluso rurales, adonde se ha retirado como respuesta al “sálvese quien pueda”, espacio desde donde ejerce, si aún no tiene jubilación, el teletrabajo o la coordinación de sus negocios cuando cuenta con empresa propia. La clase alta hace lo propio, en mejores refugios y con más placer.

Temor, latente por doquier, transmitido, por ejemplo, por las voces que responden la llamada al otro lado de la línea y con pudor enuncian “[…] recuerda que tengo varias comorbilidades”. Es una realidad entre quienes pueden jugar al escondite con la parca, que recuerda que el covid-19 es clasista, más allá de todo lo que se diga, aunque bajo su guadaña también caigan personas adineradas, con atención médica personalizada.

Estamos en un prolongado aislamiento que con el paso de los meses va dejando marca imborrable en la mente de todas las personas que así han procedido: en su capacidad de concentración, en comportamientos huraños o irascibles, en desazón y conformismo, en hábitos alimentarios, en perdida de sueño, en alcoholismo, en desesperanza, y en un prolongado agotamiento que terminará por complacer a la huesuda sin el combate frontal al que estuviera dispuesto si la defensa no fuera individual sino colectiva. Pareciera que asistimos al eclipse de una generación que va saliendo del escenario sin pena ni gloria.


Remedio. Según el establecimiento global, con eco prolongado por el agudo tono de voz de los gobiernos, sin la excepción del que integra Duque, la solución para erradicar la pandemia está a la mano: ¡Vacúnese! No importa la marca. ¡Vacúnese! No juegue con su vida ni con la de los demás. ¡Vacúnese! No pregunte sobre la efectividad del biológico. ¡Vacúnese!


La vacuna no inmuniza, aunque sí reduce las posibilidades de terminar cremado, dicen, aunque no del todo, pues al horno siguen llegando quienes han recibido, incluso, el esquema completo de supuesta inmunidad. ¿Quién, sin aceptar que la vacuna aún no es tal, explica por qué sucede esto?


Los biológicos, en la mayoría de sus marcas, exigen dos inoculaciones, y aún más, como lo reconoce Pfizer, por ejemplo (1), al informar que serán tres, ya que el virus en su continua evolución, como la vida, adquiere nuevas y potentes resistencias que anuncian que la pandemia tal vez dure más de lo calculado por los gobiernos, y que estos inmunizantes, mientras no alcancen el desarrollo necesario, como producto de un ampliado ejercicio de prueba y error, serán solo un remedio, tal vez con mayor efectividad.


El proceso científico siempre estará detrás de la cepa de moda, la plus o la ultraplus…, y los millones que poblamos el planeta continuaremos como animalillos de laboratorio, un test sin costo para las multinacionales, que con el poder que les brinda el monopolio de “la solución” arrodillan a gobiernos, pequeños y grandes, que los exoneran de cualquier responsabilidad por las consecuencias que puedan derivarse de la inoculación de su población.


La vida en juego, la muerte al acecho; el capitalismo en crisis pero sin necesidad de ceder algo de su esencia, y millones arrinconados por el pánico y por el deseo de que todo vuelva a la ‘normalidad’. Así lo entienden comerciantes y otros mercaderes: por ejemplo, ofrecen en restaurantes “espacios exclusivos para personas vacunadas” (2). Otros anuncian que existirá un pasaporte covid sin el cual no será posible ingresar a ciertos países. Y si alguien trabaja como empleado del sector privado, no podrá interponer objeción de conciencia ante la demanda de vacunarse: simplemente “se vacuna o sale de la empresa”. Así, la Carta de Derechos, por ejemplo, la de San José de Costa Rica, quedó como simple recuerdo.


Hay negación de derechos pero también enajenación, que les servirá a las multinacionales para obligar a miles de millones en todo el mundo a continuar con el refuerzo en pro de una ampliada ‘inmunidad’, un proceder que tal vez termine en un rito anual como el celebrado hoy por personas mayores con la vacuna contra la influenza, proceder que no estimula ni permite que las gentes, desde su saber y su propia comprobación, apliquen todo aquello que saben que actúa como remedio, previniendo, reforzando defensas pero también meditando sobre las causas y las soluciones estructurales para enfrentar una enfermedad que “[…] llegó para quedarse”, según el decir de distintos conocedores (3). Y si así es, si no es posible erradicarla, lo más inteligente es aprender a convivir con ella, en medio de un proceso que privilegie la vida sobre la muerte y, por ello, asuma como reto estructural la superación del capitalismo, causa central de la crisis.


Conformismo, ¿facilismo? Un reto inmenso que llevaría a millones a romper con rutinas, hábitos y consumos, pero también con valores, poniendo sobre la competencia y el afán de lucro la solidaridad, por ejemplo, y, en el caso de la enfermedad que nos ocupa, la protección colectiva sobre la individual, que es lo definido por el poder.


El desafío implicaría la reflexión común, entre pueblos de distintos países, sobre las enseñanzas que va arrojando la pandemia, y con estas las rupturas de todo tipo que de ello se desprende. Un proceder que enfrentaría de manera radical la llamada por algún tiempo “nueva normalidad”, nada distinto de lo ya conocido, y de su mano el afán del capital por retomar sus niveles de acumulación, con el turismo en plena recuperación, con transportes aéreos y terrestres de nuevo a toda marcha, con el consumo en alza, con la acumulación sin par de algunos y la miseria de millones.


Una continuidad, con ojos tapados y conciencia sometida, que continúa reivindicando la megaminería, el extractivismo y todo aquello conocido como “desarrollo”. Todo esto como si nada estuviera sucediendo, como si nada hubiera estallado en la naturaleza, como si estos meses y los que siguen fueran parte de una simple anécdota para animar guiones de futuras películas. ¡Un proceder demencial, insensato, como lo es el capital!


La defensa de la vida nos reta como humanidad a mucho más, empezando por superar la lógica de la razón y su insostenible modelo de desarrollo.

 

1. La vacuna contra el covid-19 de Pfizer requerirá una tercera dosis entre 9 y 12 meses después de la primera, https://www.bbc.com/mundo/noticias-56935476
2. https://www.pagina12.com.ar/351368-libres-de-covid-o-mixtos-grecia-creara-espacios-exclusivos-p.
3. https://www.canalinstitucional.tv/noticias/el-coronavirus-llego-para-quedarse-esto-dicen-los-expertos.

Publicado enColombia
Sábado, 17 Julio 2021 11:41

Alguien calla, alguien manipula

Augusto Pacheco, https://www.a-pache.co/ (Cortesía del autor)

Terror. Las cifras lo potencian. Desde el solo anuncio del comienzo de la pandemia por covid-19 y sus efectos letales, el pánico afectó a poblaciones enteras. Temor, sobrecogimiento. Sobre ese pánico expandido, poblaciones enteras cedían al Estado el control total sobre cada uno para que “salvara sus vidas”, sin demora de los gobiernos que, atentos a la respuesta ciudadana, procedieron imponiendo confinamientos y otros controles sociales. Privacidad y derechos humanos quedaron en suspenso.


Transcurridos más de quince meses desde aquellas primeras noticias y las medidas de control social desplegadas, el ambiente, aunque no es idéntico, en el fondo funciona sobre iguales parámetros: temor a perder la vida y gobiernos con manos libres para hacer y deshacer. Y deshacen en su afán por una economía aceitada y con ritmo, por lo menos pre-marzo 2020. No es para menos: temen más a la quiebra de los empresarios que a la muerte de los sin nada.

Y actúan en consecuencia, así digan lo contrario –con excepción de cínicos, Bolsonaro y Trump, por ejemplo. Los reportes diarios dan cuenta de ello y así refuerzan el espectro que alimenta el temor, con las UCI siempre al límite y todo reforzado con mensajes que descargan en cada persona la responsabilidad del posible contagio y la muerte. ¿Irresponsabilidad de unas y otros o ausencia de una intervención pública a la altura de las existencias?

Las cifras de miles de muertos, antes reportadas por otros países, desde hace meses no dejan de ser cascada en el nuestro, ocupando puestos de (des)honor en el concierto global de los decesos, los que, con corte al último día de junio 2021, suman 106.544 y los contagio 4.240.982. Como si los anteriores picos nada hubieran enseñado, el tercero ha sido el más letal, sumando en los 30 días de junio 17.770 decesos.

Estamos ante una letalidad recordada a diario por todos los noticieros, que retoman sin contexto alguno cantidad de muertos y de infectados, sin considerar porcentajes de población, enfatizando que el covid-19 “no es un juego” y por tanto cada persona no debe olvidar lo de “conservar el distanciamiento”, “poner en práctica todas las normas de bioseguridad” y “quedarse en casa, que es el mejor aporte para controlar el virus”.

En la más reciente etapa de la pandemia, los informativos incorporaron un nuevo indicador: cantidad de vacunados, con una y con dos dosis, resaltando, también sin contexto alguno, el “deber de la vacunación”. Las referencias a cantidad de infectados y muertos, pese a las dos inoculaciones, no existe, aunque sí acentuando en que “[…] tapabocas, distanciamiento, lavado de manos y demás normas de bioseguridad, pese a la vacuna, se deben seguir aplicando en estricto cumplimiento”.

Al final, el mensaje es uno: “Sálvese quien pueda”, conclusión de terror, de miedo, que aconseja no salir, aislarse, no reunirse, todo ello como palabras al viento, por fuera de la realidad, mucho más cuando es el propio gobierno nacional y los municipales quienes motivan salir, reunirse y no aislarse, pues no implementan una política social que permita a unos y otros el tranquilo refugio del hogar. Además, como se puede concluir por sus últimas recomendaciones, la economía es lo primero; la vida que espere… ¡a la muerte!

Miedo. Y el ambiente concluyente en la mente de cada cual no puede ser diferente, aunque sí el comportamiento. El temor ante la evidente posibilidad de contagiarse y morir late por doquier, pero la economía no permite “meter la cola entre las piernas” y la inmensa mayoría termina actuando como el temerario en el oeste gringo.

La ruleta de la vida dando vueltas cada día en el casino del capital, que en su altar solo acepta sacrificios, no importa la edad de quien cae en su frío mármol: un sacrificio que cada quien también abona a lo largo de su existencia, por cuotas, por días, en jornadas de 8 y más horas, en un intercambio/venta de fuerza de trabajo y tiempo por billetes para poder comer, dormir con alguna tranquilidad, cancelar el ‘derecho’ a los servicios públicos, además de poder cubrir otras muchas necesidades, propias o familiares.

Miedo con gambetas, como las realizadas por quienes integran una clase media alta que aún conserva ahorros, en billete o en propiedades, incluso rurales, adonde se ha retirado como respuesta al “sálvese quien pueda”, espacio desde donde ejerce, si aún no tiene jubilación, el teletrabajo o la coordinación de sus negocios cuando cuenta con empresa propia. La clase alta hace lo propio, en mejores refugios y con más placer.

Temor, latente por doquier, transmitido, por ejemplo, por las voces que responden la llamada al otro lado de la línea y con pudor enuncian “[…] recuerda que tengo varias comorbilidades”. Es una realidad entre quienes pueden jugar al escondite con la parca, que recuerda que el covid-19 es clasista, más allá de todo lo que se diga, aunque bajo su guadaña también caigan personas adineradas, con atención médica personalizada.

Estamos en un prolongado aislamiento que con el paso de los meses va dejando marca imborrable en la mente de todas las personas que así han procedido: en su capacidad de concentración, en comportamientos huraños o irascibles, en desazón y conformismo, en hábitos alimentarios, en perdida de sueño, en alcoholismo, en desesperanza, y en un prolongado agotamiento que terminará por complacer a la huesuda sin el combate frontal al que estuviera dispuesto si la defensa no fuera individual sino colectiva. Pareciera que asistimos al eclipse de una generación que va saliendo del escenario sin pena ni gloria.


Remedio. Según el establecimiento global, con eco prolongado por el agudo tono de voz de los gobiernos, sin la excepción del que integra Duque, la solución para erradicar la pandemia está a la mano: ¡Vacúnese! No importa la marca. ¡Vacúnese! No juegue con su vida ni con la de los demás. ¡Vacúnese! No pregunte sobre la efectividad del biológico. ¡Vacúnese!


La vacuna no inmuniza, aunque sí reduce las posibilidades de terminar cremado, dicen, aunque no del todo, pues al horno siguen llegando quienes han recibido, incluso, el esquema completo de supuesta inmunidad. ¿Quién, sin aceptar que la vacuna aún no es tal, explica por qué sucede esto?


Los biológicos, en la mayoría de sus marcas, exigen dos inoculaciones, y aún más, como lo reconoce Pfizer, por ejemplo (1), al informar que serán tres, ya que el virus en su continua evolución, como la vida, adquiere nuevas y potentes resistencias que anuncian que la pandemia tal vez dure más de lo calculado por los gobiernos, y que estos inmunizantes, mientras no alcancen el desarrollo necesario, como producto de un ampliado ejercicio de prueba y error, serán solo un remedio, tal vez con mayor efectividad.


El proceso científico siempre estará detrás de la cepa de moda, la plus o la ultraplus…, y los millones que poblamos el planeta continuaremos como animalillos de laboratorio, un test sin costo para las multinacionales, que con el poder que les brinda el monopolio de “la solución” arrodillan a gobiernos, pequeños y grandes, que los exoneran de cualquier responsabilidad por las consecuencias que puedan derivarse de la inoculación de su población.


La vida en juego, la muerte al acecho; el capitalismo en crisis pero sin necesidad de ceder algo de su esencia, y millones arrinconados por el pánico y por el deseo de que todo vuelva a la ‘normalidad’. Así lo entienden comerciantes y otros mercaderes: por ejemplo, ofrecen en restaurantes “espacios exclusivos para personas vacunadas” (2). Otros anuncian que existirá un pasaporte covid sin el cual no será posible ingresar a ciertos países. Y si alguien trabaja como empleado del sector privado, no podrá interponer objeción de conciencia ante la demanda de vacunarse: simplemente “se vacuna o sale de la empresa”. Así, la Carta de Derechos, por ejemplo, la de San José de Costa Rica, quedó como simple recuerdo.


Hay negación de derechos pero también enajenación, que les servirá a las multinacionales para obligar a miles de millones en todo el mundo a continuar con el refuerzo en pro de una ampliada ‘inmunidad’, un proceder que tal vez termine en un rito anual como el celebrado hoy por personas mayores con la vacuna contra la influenza, proceder que no estimula ni permite que las gentes, desde su saber y su propia comprobación, apliquen todo aquello que saben que actúa como remedio, previniendo, reforzando defensas pero también meditando sobre las causas y las soluciones estructurales para enfrentar una enfermedad que “[…] llegó para quedarse”, según el decir de distintos conocedores (3). Y si así es, si no es posible erradicarla, lo más inteligente es aprender a convivir con ella, en medio de un proceso que privilegie la vida sobre la muerte y, por ello, asuma como reto estructural la superación del capitalismo, causa central de la crisis.


Conformismo, ¿facilismo? Un reto inmenso que llevaría a millones a romper con rutinas, hábitos y consumos, pero también con valores, poniendo sobre la competencia y el afán de lucro la solidaridad, por ejemplo, y, en el caso de la enfermedad que nos ocupa, la protección colectiva sobre la individual, que es lo definido por el poder.


El desafío implicaría la reflexión común, entre pueblos de distintos países, sobre las enseñanzas que va arrojando la pandemia, y con estas las rupturas de todo tipo que de ello se desprende. Un proceder que enfrentaría de manera radical la llamada por algún tiempo “nueva normalidad”, nada distinto de lo ya conocido, y de su mano el afán del capital por retomar sus niveles de acumulación, con el turismo en plena recuperación, con transportes aéreos y terrestres de nuevo a toda marcha, con el consumo en alza, con la acumulación sin par de algunos y la miseria de millones.


Una continuidad, con ojos tapados y conciencia sometida, que continúa reivindicando la megaminería, el extractivismo y todo aquello conocido como “desarrollo”. Todo esto como si nada estuviera sucediendo, como si nada hubiera estallado en la naturaleza, como si estos meses y los que siguen fueran parte de una simple anécdota para animar guiones de futuras películas. ¡Un proceder demencial, insensato, como lo es el capital!


La defensa de la vida nos reta como humanidad a mucho más, empezando por superar la lógica de la razón y su insostenible modelo de desarrollo.

 

1. La vacuna contra el covid-19 de Pfizer requerirá una tercera dosis entre 9 y 12 meses después de la primera, https://www.bbc.com/mundo/noticias-56935476
2. https://www.pagina12.com.ar/351368-libres-de-covid-o-mixtos-grecia-creara-espacios-exclusivos-p.
3. https://www.canalinstitucional.tv/noticias/el-coronavirus-llego-para-quedarse-esto-dicen-los-expertos.

 

 

 

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Viernes, 16 Julio 2021 08:26

La venganza de los virus

La venganza de los virus

Uno de los problemas que aquejan al pensamiento crítico en este periodo de caos sistémicos, se relaciona con el tiempo y, de modo particular, con cierta fijación en las coyunturas y en los acontecimientos, o en el tiempo corto, según el historiador Fernand Braudel. Como si lo decisivo fuera el último discurso del candidato, la nueva ley aprobada o la genial iniciativa de algún dirigente.

Para el historiador, los acontecimiento son polvo, sucesos que se los lleva el viento y que no dejan más que vagos recuerdos; si los dejan. Braudel no desestimó ninguno de los tres tiempos que estudió, pero siempre se mostró fascinado por la larga duración, el tiempo largo, el de las estructuras y las continuidades, al que llegó a definir como “el tiempo de los sabios”.

De algún modo, es el tiempo de los pueblos originarios. Mayores se refieren casi siempre a los cinco siglos con los que nombran el inicio de una nueva era, plagada de desastres. Raras veces se enfocan en las coyunturas, a las que suelen abordar, casi, como meras anécdotas.

En 1995, Immanuel Wallerstein que se decía inspirado por Braudel, escribió un texto que hoy tiene rabiosa actualidad: “Así como hace 25 años al parecer alcanzamos un pico en el fortalecimiento de las estructuras estatales, es posible que también hayamos alcanzado un pico en el ataque mundial, que ya duraba dos siglos, contra las enfermedades infecciosas y contagiosas. Es posible que la arrogante utilización de soluciones dramáticas haya dañado algunos mecanismos ecológicos de protección, posibilitando la aparición de enfermedades epidémicas terribles antes desconocidas”*.

Una cita que daría para un seminario. En efecto, en esas dos frases aparecen varios conceptos fuertes.

Sabemos que dos siglos de ataque a virus y bacterias, incluyendo la sobreutilización de antibióticos y el consumo masivo de comida chatarra, han dañado las defensas del organismo humano, de los no humanos y del planeta Tierra. Wallerstein se refiere a dos siglos que coinciden con la aparición de las primeras vacunas y del comienzo del ataque sistemático, equiparable a bombardeos, contra virus y bacterias.

Lo más notable, desde mi punto de vista, es su capacidad de emparejar el devenir de los estados con el del combate a las enfermedades, lo que evidentemente sugiere que estamos ante dos facetas ineludiblemente entrelazadas. Existe un solo planeta y lo que suceda con una de las variables se relaciona, inevitablemente, con las demás. Esta realidad sólo la podemos aquilatar si la miramos con los lentes de la larga duración, que disuelve los compartimentos estancos que está reproduciendo el pensamiento crítico.

El segundo aspecto que me parece necesario destacar, es el que menciona como “soluciones dramáticas” que, a la larga, no solucionan nada. ¿Qué conclusiones podemos sacar de estos dos siglos de guerra contra los virus? Una fundamental es que los virus vuelven, retornan porque pueden mutar pero, sobre todo, porque son parte de la vida, esa que no se puede eliminar sin provocar algo así como el suicidio de la especie.

En este punto entran las vacunas, que empiezan a ser obligatorias en algunos países y que se proponen como la solución única a la pandemia. Debo aclarar que quien esto escribe está vacunado de dos dosis, de modo que no milito entre los antivacunas, aunque tenga dudas sobre su eficiencia y su conveniencia. El punto es otro.

Administrar vacunas masivamente puede ser un modo de atajar la pandemia, puntual y coyuntural, pero que no elimina las futuras pandemias y, como señala Wallerstein, puede estar agravando el daño a los “mecanismos ecológicos de protección”. Aquí aparecen dos cuestiones. Una, que si no se abordan las causas profundas de la pandemia, como la deforestación y los gigantescos criaderos de animales para el consumo de carne, los virus volverán y serán más dañinos.

Dos, que al parecer no hemos aprendido nada de estos dos siglos: el bombardeo sistemático a virus y bacterias para combatir infecciones y enfermedades ha dañado nuestro sistema inmunitario, quizá de forma irremediable. Pero seguimos insistiendo en la misma receta, sin hacer balance de lo que nos puede enseñar la larga duración.

La arrogancia de la humanidad, profundizada por gobernantes ególatras (de derecha y de izquierda), atontada con la zanahoria del consumo, utilizada y fomentada por el capital, hace muy difícil desandar el camino de la autodestrucción. Sólo pueblos originarios enseñan caminos diferentes, precisamente porque no han abandonado la cultura de la larga duración. Se vacunan pero además cultivan sin agrotóxicos, por poner un ejemplo.

Por último, confiar en los estados es tan ingenuo como confiar la salud colectiva a las multinacionales farmacéuticas, que sólo piensan en ganancias gigantes por su control monopólico del mercado. Una salud autónoma que se construya a contrapelo del mercado y del Estado, es tan posible como urgente.

* En Después del liberalismo, Siglo XXI, pp. 69 y 70.

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Un doctor da el visto bueno a un paciente de coronavirus que le enseña el oxímetro, en un hospital privado de Montevideo, Uruguay, país que en los últimos 14 días ha mantenido el mayor número de muertes per cápita en el mundo. Foto Afp

Londres. Erradicar del mundo el Covid-19 no es actualmente un "objetivo razonable", afirmó el doctor David Nabarro, enviado especial de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre el coronavirus.

Nabarro agregó en entrevista con Sky News que la gente tendrá que aprender a vivir con la enfermedad, informó el diario inglés The Guardian. En comentarios de los que se hizo eco Dame Anne Johnson, profesora de epidemiología de enfermedades infecciosas en el University College London.

"La humanidad va a tener que aprender a coexistir con este virus, al evitar que repunte, aumente y cause focos de enfermedad. Tenemos que ser capaces de hacer esto en el futuro previsible", señaló el doctor, uno de los seis representantes especiales de la OMS para responder a la pandemia.

"La erradicación no es actualmente un objetivo razonable para el mundo".

Apuntó que "cada vez que hay un aumento repentino (de casos), se piensa que podría estar apareciendo una nueva variante. Eso no sería sorprendente". Explicó que ese será "el patrón para el futuro" y agregó: "Este virus no desaparecerá pronto, habrá variantes emergentes".

Además, Nabarro afirmó que ningún país "se libra" de la OMS cuando se trata de investigar la pandemia.

La variante Delta del coronavirus, descubierta en India, es 40 por ciento más contagiosa que las versiones ya existentes, según Gran Bretaña, que considera aplazar la reapertura debido al repunte de los contagios.

El ministro británico de Salud, Matt Hancock, reconoció que la propagación de esa variante podría obligar al gobierno a postergar el levantamiento de las restricciones, pautado para el 21 de junio.

Pese al aumento en el número de nuevos casos de Covid-19 en los últimos días, que supera 5 mil casos registrados cada día, el número de hospitalizaciones permanece estable, añadió Hancock.

En tanto, Francia trata de contener la propagación de la nueva variante mientras recibe a turistas que están vacunados y ha logrado reducir las tasas de contagios y hospitalizaciones.

El ministro francés de Salud, Olivier Veran, declaró que el país ha detectado múltiples focos de infección de la variante Delta.

Israel comenzó ayer a inmunizar contra el Covid-19 a menores de entre 12 y 15 años; más de 55 por ciento de la población está completamente inmunizada, informó el periódico Yediot Ajronot.

Una delegación de tres senadores estadunidenses llegó ayer a Taiwán, donde anunciaron que Washington donará a su aliado 750 mil dosis de vacunas contra el coronavirus.

El saldo por la pandemia en todo el mundo es de 173 millones 147 mil 311 contagios y 3 millones 725 mil 22 muertes, de acuerdo con el conteo de la Universidad Johns Hopkins.

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