Finalizó la Constituyente en Chile: ¿nueva crisis para el Gobierno de Boric?

Este martes se realizó el último plenario. El Gobierno de Boric empieza a barajar la posibilidad de que sea rechazado en el plebiscito. La derecha aprovecha la disposición a ceder para limar el ya moderado texto.

 

Este martes se realizó el último plenario de la Convención Constituyente chilena. El 4 de julio se realizará la ceremonia oficial de cierre, cuando será presentado el texto definitivo que deberá ser sometido a plebiscito el 4 de septiembre.

Las encuestas no le son favorables. El Gobierno de Boric se juega mucho en ese resultado, y ya comienza a considerar un posible escenario de "rechazo" en el plebiscito. Es que el texto resultante terminó siendo demasiado moderado para las enormes expectativas que condensaba la constituyente surgida de la Rebelión Popular de 2019, cuyas demandas requerían cambios estructurales históricos.

Esta política de la coalición de Gobierno de ceder permanentemente, envalentonó a la derecha a buscar moderar todavía más el texto en la Convención, que intenta flexibilizar los procedimientos de reforma que le permitan limar los cambios más radicales, y a su vez avanzó en una ofensiva por la opción del rechazo en el próximo plebiscito.

Luego de semanas de reflexión, el Gobierno de Gabriel Boric se abrió a evaluar un posible escenario de rechazo el 4 de septiembre. En el comité político de este martes los dirigentes de los partidos en el Gobierno, Apruebo Dignidad y Socialismo Democrático, delinearon algunas estrategias de cara al inicio de la campaña.

Faltando solo unos pocos días para que la Convención Constitucional termine su trabajo, el gobierno y los sectores oficialistas vienen discutiendo los diversos escenarios luego del plebiscito del 4 de septiembre. El primero y que fue abierto por el propio secretario general de presidencia, el ministro Georgio Jackson, es que la suerte del Gobierno se juega a partir de una victoria del Apruebo ya que el Rechazo “dificultará llevar adelante el programa de gobierno” o que en cualquier caso, el 5 de septiembre (el día después del plebiscito) trabajarán por "hacer viable la mayor cantidad del programa de gobierno". Este escenario fue rápidamente cuestionado por el resto de los ministros, ministras y los partidos oficialistas, que buscaron instalar que “Gobierno” y “Constitución” son dos cosas distintas.

El ánimo más derrotista en el Gobierno viene instalándose con las constantes encuestas que salen semana a semana donde el Rechazo sigue arriba del Apruebo por varios puntos, que además se suma a otra ofensiva mediática de la derecha que busca instalar que puede haber un “plan B”: “rechazar para reformar”.

La derecha por décadas se aferró a los elementos más conservadores y antidemocráticos de la actual Constitución. Durante todo el proceso constituyente se dedicó a bloquear cualquier iniciativa progresiva por muy elemental que pudiera parecer. Ahora se viste de oveja, dice que quiere construir una “casa de todos”, cuando su único objetivo es evitar que se mueva un solo centímetro de los privilegios de su clase, de sus amigos empresarios y políticos a su servicio.

Pero el desencanto con el proceso constituyente no provino sólo de las “fake news” y otras maniobras de la derecha en estos 12 meses, sino sobre todo porque la Convención se volvió un espacio más de los mismos de siempre, no en término de las personas que la componían, sino de cómo se discutió y decidió finalmente.

Todo el entramado de la “sala de máquinas”, de los consensos con la derecha, de las reformas en la medida de lo posible y el alejamiento de las urgencias de la población, hicieron de la Convención un nuevo Parlamento, solo que con menos trajes y más pintoresco. Recordemos que el Parlamento chileno es una de las instituciones impugnadas por la rebelión popular y cuenta con una bajísima popularidad.

Esto fue en gran parte el porqué la clase trabajadora y los sectores populares, que habían puesto sus esperanzas en el proceso constituyente se decepcionaron tan rápido. Un proceso similar están viviendo los votantes de Gabriel Boric, que ven nuevamente a la Concertación en los ministerios y medidas represivas no tan distintas a las de los gobiernos de los últimos 30 años.

Por eso el Rechazo en la opinión pública no cayó del cielo y ahora, con la estrategia del “Plan B”, lo que se hace es reforzar esta idea de que incluso en caso de que se apruebe, esta Constitución que ya es “moderada” deberá ser más moderada aun, porque eso es lo que buscan sectores de la Democracia Cristiana y “socialismo democrático”.

El gobierno y sus partidarios se preparan para un escenario convulso de crisis económica y alta inflación, que suma la incertidumbre de la guerra y la pandemia. Boric y el oficialismo miran con preocupación la situación en Ecuador no por solidarizarse con el gobierno, sino porque puede abrirse una nueva oleada de protestas en el subcontinente producto de los padecimientos que comienzan a sufrir cada vez más amplias franjas de la población.

En un escenario de movilización, sirve tener una sociedad polarizada por un debate constituyente o comienzan desde ya a poner paños fríos, abrir espacios para amplios acuerdos o se la juegan por la fractura política con los sectores conservadores. Hasta ahora la opción pareciera ser la primera.

Antonio Paez. Dirigente Sindicato Starbucks Coffe Chile

Miércoles 29 de junio

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Jueves, 16 Junio 2022 07:23

Dignificando a los ausentes

Dignificando a los ausentes

que traspasan arena, ríos y montañas dejando florecer sus semillas en generaciones de pensamiento, política, arte y cultura

 

Desde una “perspectiva anacrónica” e “internacional”, Didi Huberman planteó una relación entre los distintos periodos históricos al demostrar que, aun teniendo las peculiaridades cada uno de su “historia precisa”, compartían un denominador común. Y es que, aunque la historia nunca se repite -escribía Trullén Floría- existe en ella “una tendencia circular a la rima”.

Si reflexionamos de la mano de estas premisas, observamos que con el paso de las décadas la violencia física y verbal contra la izquierda, y su proyecto social, ha sido diseñada, planificada y ejecutada de manera ininterrumpida. Explicaba el historiador Francisco Espinosa que el modelo de represión utilizado en las dictaduras latinoamericanas imitó al que se inauguró en España, donde los hallazgos de Serrulla Rech estiman que podrían existir alrededor de 14.755 fosas, en las que estarían inhumadas 130.000 víctimas de la represión franquista durante la guerra: maestras, jornaleros, menores de edad...

Siguen ahí, arrojados, frente al corazón encogido de las generaciones de sus seres queridos que continúan sin poder darles cobijo.

Fue en el territorio de la llamada Iberoamérica -designada recientemente como “Iberoesfera” por una ultraderecha española íntimamente vinculada a la extrema derecha latinoamericana-, que las desapariciones forzosas poblaron de pupitres vacíos las universidades, de madres velando en la oscuridad, y cuerpos bajo los montes.

Desafortunadamente, basta con cambiar el método: los modelos de opresión se adaptan; sobreviven vociferando una falsa libertad y aplican la represión de forma encubierta, aunque las prácticas de corte pinochetista que se ejercieron con sevicia contra los manifestantes de Colombia, retrocedieron décadas.

A sí mismo, en esta “tendencia circular a la rima”, la violencia verbal se nutre inyectando odio a través de campañas de desinformación -maquilladas de rigor periodístico por grandes grupos mediáticos-, que tergiversan las ideas de izquierda y difaman a quienes las llevan. Ya cuestionaban Noam Chomsky y Edward S. Herman en Los guardianes de la Libertad la supuesta actuación “desinteresada” del sistema periodístico al explicar su imbricación en las élites políticas y empresariales.

Otra “tendencia circular a la rima” es el plan de ocultación y negación de la verdad, que se erige como una violencia añadida al revictimizar a los ausentes y a sus seres queridos; una estrategia del olvido diseñada para borrar la historia de las víctimas, y acallar futuras canciones de libertad y justicia social.

Inmersos en este bucle de la historia, nos plantamos en una actualidad donde el atardecer sigue acariciando, sigiloso, las cunetas de las carreteras, las explanadas de los valles, el reflejo de los ríos, la hierba mojada: la tierra. Allí están, hablando a través del viento... “ven pasar árboles y pájaros”, el susurro de Benedetti se hace presente: “cuando empezaron a desaparecer como el oasis en los espejismos a desaparecer sin últimas palabras tenían en sus manos los trozos de cosas que querían”. Permanecen entre la savia, en algunos lugares más que en otros, aferrados a esos pequeños “trozos de cosas que querían”; destellos que perduran, entre la tierra y sus huesos, para hablarnos de ellos en vida: de su presente arrebatado y desahogar su verdad.

Son los ausentes, los desaparecidos, aquellos que vivieron la experiencia hasta el final, los que tocaron fondo y no sobrevivieron para contarlo, nombrados por Giorgio Agamben como “los verdaderos testigos”. Aquí o allá: están en todas partes, silenciados por defender los derechos del otro -que también fueron los suyos-, por querer construir solidaridad y caminar con una mirada inquieta, rebosante de dignidad.

Recuperar su voz rota, liberar su cuerpo atado y sacar a la luz lo negado, lo oculto, lo demasiado doloroso para ser creíble: los restos de quienes fueron sumergidos en un silencio obligado, en la profundidad de un hueco impersonal, con su cuerpo secuestrado y el esqueleto enraizado en un subsuelo que no eligió, se torna una responsabilidad social.

Dejar una rosa roja, amarilla y azul, o violetas, sobre ese pedazo de tierra fértil, sembrado de ideas, donde permanecieron los ausentes, demanda escucharlos y reivindicar su historia. De lo contrario, cobrarían vigencia las palabras de Walter Benjamin cuando pronosticó: “ni siquiera los muertos estarán seguros si el enemigo vence”. Efectivamente, la estrategia de negación y tergiversación de la verdad que impulsaron los victimarios, todavía, en algunos países: “no ha cesado de vencer”.

Si bien, la estela de los ausentes ha logrado traspasar la arena, los ríos y montañas, dejando florecer sus semillas en generaciones de pensamiento, política, arte y cultura: impulsando ese renacer perseverante y vivo, de conciencia social.

Hemos escuchamos a Francia Márquez animando a cambiar la historia con un lapicero: un objeto, de poderoso simbolismo, cuyo potencial ha demostrado ser el vehículo más eficaz contra la sumisión: aquel que tiene pálpito y pensamiento. Esos lapiceros que sueñan ideas y crean democracia quizás logren, con su voto, dignificar a los ausentes; a la bruma de aquellas hermosas y profundas montañas de Colombia donde tanto dolor merece ser arropado por el amor de todo un pueblo.

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Colombia, elecciones presidenciales  2022: emocracia, idocia y entrampamiento

Una política de las emociones

Es indudable: Colombia sufrió en las pasadas elecciones del 29 de mayo el triunfo de la emocracia política, social y cotidiana, no de la democracia moderna, racional, pensante, reflexiva. Triunfo de la emocracia o política de las emociones, concepto que acuño pensando en las sensibilidades, sobre todo colombianas, donde se manejan las ideologías con base a las pasiones inmediatistas y populistas.1 Espontaneísmo visceral, desprecio al pensamiento racional democrático, una pasión ideológica, enajenada, lo cual desafía cualquier sensatez, cualquier alteridad, cualquier respeto a la diferencia. Sus consecuencias son predecibles: odio combinado con fe y creencia, dogmatismos, persecuciones, acusaciones y, por ende, paranoias y atrocidades.Esto nos ubica en el punto álgido de las sensibilidades políticas actuales, donde se organizan las ideologías con base en la emoción pasional de los ciudadanos, gracias a los medios tradicionales, a las redes digitales y a las lógicas del mercado neoliberal. Pero aclaremos: la pasión estética e imaginativa, como sabemos, ha edificado y fundado las más grandes e inquietantes obras del espíritu. No es por esta pasión plena de poesía que disparamos nuestra alarma, sino por aquella masiva y adoctrinada, la cual en un instante puede destrozar, de forma sangrienta, las más poéticas obras.

Las sensibilidades contemporáneas globales son su mejor ejemplo. La emocracia ha permeado toda la cultura formando ciudadanos obedientes que dan un sí a la destrucción de sus adversarios, un sí a su aniquilamiento y, lo peor, votan por la guerra.1 Convencidos de haber actuado correctamente, estos ciudadanos se muestran felices y triunfantes. Control continuo y permanente sin que el implicado se queje. Tal es nuestra actual cartografía mental y sensible; tal nuestro nuevo encierro histórico.

Bajo estas condiciones, la situación política, cultural, económica en Colombia es desastrosa, con gran parte de su población mutilada ideológicamente y que manifiesta apenas meras opiniones e impresiones gestadas global y localmente, a través de lo cual justifican la actuación de sus victimarios. Estos, a la vez, se sienten justificados como guardianes de la tradición religiosa y moral, del orden, la  nacionalidad, la obediencia y el poder, por lo que, sin vergüenza y con rampante cinismo pronuncian sin descanso a unísono con Adolfo Hitler: “quien quiere hacer la historia debe también poder hacer correr la sangre”,2blindando así, con esta tesis fascista, sus propuestas y apuestas de moldear de hacer creíbles y viables entre todos los colombianos sus antidemocráticas y violentas propuestas, transformar sus dogmas en creencias, su manipulada historia en verdades, su sangre en aplausos, el aniquilamiento del adversario en costumbre y ejemplo a seguir.

En vez de reflexionar el drama nacional, con lucidez y conciencia histórica, lo que las élites dominantes proponen es construir enfurecidas pasiones contra el inventado enemigo; incitar a odios, violencias, cizañas, desgarraduras a través de la sugestión y de la mentira. Una ‘’emoteca’’ visceral política de unos muchos contra unos pocos que piensan diferente, descartando toda alteridad. ¿Qué responsabilidad ética tiene el colectivo que apoya todas estas manifestaciones de una emocracia masificada? Es obvio que dicha situación no puede sobrevivir sin tener la complicidad de los medios y de las redes oficiales, de la ultraderecha local y mundial, de las oligarquías y de una comunidad votante  que apoya sus propuestas, a pesar de que conozca los horrores y errores de sus gobernantes. He aquí una de las demandas del autoritarismo en general: absorber a los individuos haciéndoles perder su autonomía crítica. De esto al fascismo no hay distancia alguna. La viralización del miedo en las redes ayuda a que esta propagación fóbica se agudice y con ella se masifique la ira, el repudio y el odio al que vive y piensa diferente. Con todos estos ingredientes la sociedad, dominada por una emotividad gestada y dirigida, se aproxima más a las tiranías autocráticas que a las democracias autocríticas y realmente participativas. Por lo mismo, la emocracia pasional fomenta el salvajismo, y ante la ley de la doctrina tiránica emocrática, se inclina una apasionada muchedumbre vehemente.

Estas pasiones ideológicas fueron las que llevaron a votar a más de cinco millones de colombianos por un candidato vacío de verdaderas propuestas, por un populachero que llega con astucia a una población acostumbrada a la obediencia, a la  violencia, el despojo y a escuchar a promeseros convirtiéndolos en culto y  en mediocres guías políticos. Así, entre el discurso de Rodolfo Hernández y el Uribista no hay mayor diferencia, ambos son clasistas, machistas, patriarcales, misóginos, dogmáticos, impulsores del terror, de la persecución y de las atrocidades sociales, lo que, con un simulado gesto de viejito buena persona, Rodolfo Hernández nos desea ocultar. Pura pasión de fascista, disfrazada de un hombre “bien intencionado”.

 La derrota del pensamiento

Pero esta emocracia también es producto de la idiocia cultural y social, o de la llamada por Alain Finkielkraut derrota del pensamiento. Muchos de los seguidores de Hernández podrían gritar sin remordimiento: “muera la inteligencia”. Tal frase recuerda las palabras que pronunció el general franquista José Millán Astray el 12 de octubre de 1936 frente a Miguel de Unamuno en el paraninfo de la Universidad de Salamanca, la cual parece cada vez más diciente, anunciada sin ninguna vergüenza por sus seguidores; más aún, con cierto orgullo cínico y amenazante ante los defensores del pensamiento humanista. Una gran mayoría de los colombianos puede decirse, que la confirman y la ponen en funcionamiento.

“Abajo la inteligencia”. ¿No se regocija y se enorgullece el mismo Rodolfo Hernández de su ignorancia libresca? ¿No será ese el perfil general de los que votaron por este millonario iletrado, manipulador, corrupto,  neofascista, explotador y maltratador, cuya ignorancia del país y de la cultura del mismo se une a la idiocia política que envuelve y ejercen una buena parte de sus electores?

Bajo estas circunstancias, la memoria histórica, el pensamiento crítico-creador, reflexivo, han pasado a ser considerados innecesarios, inútiles, pura especulación, ensoñación, fantasía. Pero, tanto a Hernández como a sus electores parece que estas apuestas críticas y de conocimiento no les interesan. Es, pues, la instalación efectiva de una idiocia efusiva y de un despotismo delicioso. Todo su discurso se centra entonces no en un proceso reflexivo sobre el contenido, sino en una palabrería emotiva, ligera, vacía de argumentos e impactante, cargada de odio, de venganza y rabia hacia el otro. Y de nuevo nos topamos con una frase de Hitler (entre otras, admirado por Rodolfo Hernández y según él “gran pensador alemán”): “Ante todo, es necesario desembarazarse de la idea de que las concepciones ideológicas podrían satisfacer a la multitud. El conocimiento es para la masa una base tambaleante, lo que es estable es el sentimiento, el odio…”3

 “Ganarse el corazón del pueblo” proclamaba Josef Goebbels, el Ministro de Instrucción Popular y Propaganda del Nazismo. Ganarse la pasión, la emoción guerrerista, masificada en red, a través de valores tradicionales, religiosos y patrioteros. Como tal es una influencia desproporcionada de la idiocia sobre las mentalidades. En ello podemos observar la exaltación al dominadorcomo modelo a seguir -e imitar-, la idolatría a la subordinación del individuo a los principios del jefe, padre modelo protector a la vez que autoritario. Es la imagen social de una cultura cerrada y provincial gozando de buena salud.

¿Cuáles son las consecuencias políticas?  Parálisis ideológica, la no acción frente al horror de los sucesos. Es como entrar a la “peste del olvido” macondiana, a una burbuja doctrinal. Parálisis mental, pues ya existe alguien quien piensa por todos, obediencia y silencio, ignorancia y colaboración.

La cultura del entrampamiento

Sí,  el uribismo fabricó un entrampamiento contra Gustavo Petro. Lo puso a debatir con dos supuestos rivales: con Sergio Fajardo, que no tenía ninguna opción, y con Federico Gutiérrez, el supuesto rival poderoso. Lo que poco se veía en panorámica era que había un gallo tapado, el verdadero competidor que puso Uribe y al que el establecimiento de la ultraderecha colombiana tenía que defender cuando ganara para segunda vuelta. He allí el entrampamiento, la “jugadita” uribista y de la oligarquía nacional. Se comprende entonces el por qué no asistía Rodolfo Hernández a los debates, pues Gutiérrez y Fajardo estaban encargados de atacar las tesis de Petro; su misión era desgastarlo–sin lograrlo, por supuesto-, mientras Hernández se camuflaba en el Tik-Tok y las redes, impactando con su idiocia y su emocracia a los incautos e ingenuos.

Claro, la atmósfera nacional desde hace tiempo se enrareció; dicho entrampamiento es producto de una cultura mafiosa: las mentiras, la trampa, el fraude electoral, el cinismo, el chiste hostil, los asesinatos al opositor, la corrupción, la ilegalidad, se oficializaron y legitimaron en Colombia. Hoy por hoy se ve normal la exaltación al réprobo, al malevo social; se aplaude al que hace trampa y comete la falta, pues se sabe que quedará impune. Legitimada la impunidad, se legitima su exhibicionismo vil pantallizado; más aún, se legaliza el delito. Véanse estas manifestaciones en los medios y en las redes sociales, donde los políticos victimarios se vuelven virales y famosos gracias a que se fetichiza al astuto, al vivo, al malandro.

Con una habilidad de ocultarse de la justicia y de violar leyes a través de astucias, actitudes ambiguas y de trampas, la mayoría de nuestros políticos corruptos y matones se ocultan, pasan impunes sin vergüenza, exponiendo su cinismo en público. La mentira se constituye así en una garantía de distinción, reconocimiento y ganancia. El hacer el mal, el ser malo, da estatus, puesto que quien lo ejerce ha sido capaz de pisotear al otro, a esos del montón, sin que nada pase. Si no se cumple con dichos procederes se corre el riesgo de estar en peligro, de ser excluido del clan de los astutos y audaces, de los supuestos vencedores. Por lo tanto, a cualquier pensamiento crítico, opositor y analítico se le observa como una perturbación que pone palos en la rueda a semejante maquinaria de ignominia patria.

Tal es el plan en un país diseñado para y por los trúhanes, los tramposos, los zafios, los réprobos; proyectado para los crápulas y ladrones; un país con una dictadura legalizada, asolapada, camuflada.Lo peor es que algunos delos votantes por Hernández y por Gutiérrez lo justifican, lo toleran, lo apoyan, lo ejercen y hasta piden su puesta en acción de manera urgente.

Aunque el ganador de la primera vuelta en esta contienda electoral ha sido El pacto Histórico, es a Hernández a quien los grandes medios elitistas y las redes consideran ganador, pues es él quien, unido a los clanes de la ultraderecha y al  uribismo, puede darle la pelea al Pacto histórico. ¿Apocalípticos? No. La actualidad nacional nos da la razón. Miremos a Colombia y esto se comprenderá. Un país que -y es difícil creerlo- se ha acostumbrado al horror, a los desmanes del poder, siendo indiferente ante su atroz destino, es un país que ha consentido su decadencia. Ello puede explicar en parte los resultados en la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Colombia.

Bogotá, mayo 30, 2022.

Carlos Fajardo Fajardo, poeta y ensayista colombiano.

 

1Estos ciudadanos que dan un sí a la destrucción de sus adversarios,tal como nos lo ilustra Michael Walser, “no son una sangre tranquila, sino que hierve, por eso son exagerados y apasionados, ansiosos como están por derramar la sangre de sus enemigos (…) Y los peores de ellos son los demagogos que se ponen a su cabeza, a los que no se concibe como cínicos manipuladores o príncipes maquiavélicos, sino como hombres y mujeres que comparten plenamente las pasiones de las personas a las que guían. Eso es lo que se quiere decir con ‘energía apasionada’: los sentimientos son genuinos, y por eso producen tanto miedo”. (Fajardo Fajardo, Carlos, 2017. La Emocracia global y otros ensayos. Bogotá: Ediciones Desde abajo, págs.11-12).

2Citado por Michaud, Eric. La estética nazi. Un arte de la eternidad. Buenos Aires: Ediciones Adriana Hidalgo, 2009, p.42.

3Op.cit., 64.

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El presidente Lacalle Pou votando en el referendo.. Imagen: Télam

El Frente Amplio no logra los votos necesarios para derogar 135 artículos de una ley que condensa el programa del Ejecutivo

 

Luis Lacalle Pou ha salido airoso, aunque con lo justo, de una dura disputa electoral con el Frente Amplio, la principal fuerza opositora de Uruguay. El 51,17% de los uruguayos votó en un referendo por no derogar 135 artículos de una ley ómnibus considerada vital por el Ejecutivo. La opción por el “no” superó por 50.000 votos a la opción por el “sí”, que pedía por la anulación de los artículos. “Etapa superada”, dijo el presidente Lacalle Pou el domingo por la noche, una vez conocidos los resultados.

Los uruguayos votaron por no derogar 135 artículos de los 476 que constituyen la llamada Ley de Urgente Consideración (LUC), enviada por Luis Lacalle Pou en el inicio de su Gobierno, hace dos años. La norma, considerada la base del programa de la derecha uruguaya, retoca decenas de artículos de otras leyes, que ven alterado su espíritu original.

El abanico de temas es muy amplio: desde las condiciones para ajustar el precio de los combustibles o nuevos límites al derecho de huelga hasta el rol del Estado en la economía, la educación, el trabajo o la seguridad. Entre otros puntos, establece, por ejemplo, la desmonopolización de algunos servicios estatales como internet, telefonía, electricidad o hidrocarburos. También aumenta las penas para delitos como la ocupación de espacios públicos, y pone límites a las protestas callejeas.

Lacalle Pou sostuvo este domingo que la ley “está pensada para el bien de todos los uruguayos”. Para la izquierda, reunida en el Frente Amplio, la fuerza que hasta la llegada del actual presidente conservador gobernó en Uruguay durante 15 años, la ley ómnibus vulnera derechos importantes de la población y fomenta los abusos policiales. Por eso se opuso a ella en el Congreso, pero sin poder quebrar la mayoría que ostenta la derecha. Perdida la batalla legislativa, el Frente Amplio logró entonces juntar casi 800.000 firmas, todo en récord en la historia del país sudamericano, para forzar el mecanismo constitucional de la impugnación de una ley y llevarla a las urnas.

El referendo se convirtió así en mucho más que la discusión sobre un centenar de artículos polémicos. La campaña viró hacia el apoyo o el rechazo de la gestión de Lacalle Pou, al frente de una alianza de cinco partidos que van desde una socialdemocracia de estilo europeo a las opciones nacionalistas más duras. El Frente Amplio puso en evidencia su poder de movilización en la calle con la recolección de firmas, pero no pudo trasladar ese éxito a las urnas. “Estuvimos muy próximos a alcanzar nuestro objetivo” de anular los 135 artículos de la LUC, dijo el comando por el “sí” en un comunicado en que el que reconoció la derrota.

Lacalle Pou ha salido finalmente fortalecido, aunque el resultado puso en evidencia que Uruguay está dividido en dos grandes coaliciones que representan al electorado casi en partes iguales. El presidente del Frente Amplio, Fernando Pereira, advirtió que Gobierno y la oposición deberán ahora “buscar consensos que puedan posibilitar leyes que tengan mayores apoyos que apenas una mitad”.

Por Federico Rivas Molina

Buenos Aires - 27 mar 2022 - 23:21 COT


Página12

 

Empate técnico en el referendum sobre la Ley de Urgente Consideración

Uruguay, dividido exactamente al medio

Por Gustavo Veiga

Desde Montevideo

Más allá del desenlace que tuvo el referéndum votado por el pueblo uruguayo, la sensación que queda es la de un país partido en dos. El resultado para definir el futuro de los 135 artículos de la Ley de Urgente Consideración (LUC) fue sintetizado por todos los analistas locales como un empate técnico entre el Sí y el No, la papeleta rosa y la celeste, la oposición del Frente Amplio más varios sectores sociales y una coalición gobernante de derecha liderada por el presidente Luis Lacalle Pou. Con guarismos para las dos opciones electorales muy semejantes (49,8 por ciento por el No y 48,8 por Sí), el mandatario declaró en conferencia de prensa: “En este momento se puede establecer claramente que no se ha llegado a los votos necesarios para la derogación de los 135 artículos” de la norma.

La constitución precisa en estas instancias que el ganador del referéndum se proclama sobre el total de sufragios válidos y eso incluye a los votos en blanco. El porcentaje de estos últimos resultó bajísimo (apenas por encima del 1 por ciento) y eso abrió una polémica sobre la resolución del acto electoral. La situación jugó a favor del oficialismo, que aspiraba a ratificar la norma sometida a escrutinio público en toda su extensión. Para los sectores que apoyaron el Sí, la primera parte de la campaña se cumplió con creces: se juntó más del 25 por ciento de los empadronados y se forzó el referéndum. Hacia el final de la jornada las cifras eran muy apretadas y ahora resta esperar la convalidación de la Corte Electoral y al segundo escrutinio que se prevé.

Una señal evidente de cómo se tomó en cada fuerza el resultado de la votación se vivió en la calle. La mesa que promovía el Sí a la derogación de los 135 artículos de la LUC convocó frente al monumento al Gaucho, sobre la tradicional avenida 18 de julio de esta ciudad. La militancia salió a festejar la remontada que se logró después de partir desde abajo en las encuestas previas. Muy gráfico, el dirigente Gustavo González, de la Federación Uruguaya de Cooperativas de Vivienda por Ayuda Mutua, dijo una frase futbolera desde el palco que definió el tono de su discurso: “Con 15 minutos más los cagábamos a pelotazos”.

En la vereda opuesta, el ex presidente de la nación e histórico dirigente colorado, Julio María Sanguinetti, declaró: “Acá lo que importa es si se deroga o no se deroga, y no se va a derogar". Ni el general Manini Ríos, de la ultraderechista fuerza oficialista Cabildo Abierto, se animó a tanto. Prefirió defender a la Policía y negar que había aumentado la represión. Y cuando se refirió a la LUC, agregó: “Esta ley no es mágica”.

El país dividido en dos mitades casi iguales también se sustenta en la distribución del voto. La macrocéfala condición del Uruguay, con un padrón concentrado entre los departamentos de Montevideo y Canelones, le dio una ventaja holgada a la opción por el Sí en los principales centros urbanos. Sucedió lo contrario en el interior donde fue la alternativa del No que apoyaba el gobierno, la vencedora. La diferencia contabilizada por la Corte Electoral al cierre del escrutinio fue de 48.350 votos a favor de la boleta celeste, pero incluyendo en esa cifra a los votos en blanco. Solo así se entiende la victoria final del No.

Fueron 1.053.199 votos para la propuesta de mantener la LUC como está y 1.030.673 para convalidar su derogación. Como fuere, en la oposición y de cara a los comicios de 2024 se percibió una cuestión. El Sí rondó los votos que obtuvo la fórmula encabezada por Daniel Martínez que sacó el 47,35 por ciento en 2019. Ese dato alimenta sus expectativas de recuperar el gobierno en dos años y medio.

La Corte Electoral

El presidente de la Corte Electoral, José Arocena, – donde tiene mayoría el oficialismo – remarcó apenas se cerró el referéndum que “fue una jornada ejemplar, sin ninguna denuncia, algo a lo que nos tiene acostumbrado el pueblo uruguayo”. Dio detalles de cómo se desarrolló el escrutinio que – destacó – “se realizó sin intervención humana” gracias a un software donde la recepción final de los votos se hizo en la ciudad de Pando.

El funcionario que preside la Corte desde 2014 señaló que “a las 16.30 ya había votado el 67 por ciento del padrón” de 2.684.131 uruguayos que estaban habilitados para participar en 7.060 circuitos electorales de todo el país.

Momentos después de cerrarse la votación a las 19.30, distintas expresiones de las dos fuerzas políticas más importantes del país, la coalición de derecha de cinco partidos en el gobierno y la oposición del Frente Amplio, coincidieron en resaltar el civismo con que transcurrió la jornada en todo el país. Un valor del que los uruguayos se ufanan más allá del sector que puedan representar.

La intendenta de Montevideo, la frenteamplista Carolina Cosse, posible candidata a la presidencia en 2024, reivindicó la participación popular: “Quiero saludar a los que votaron por el Si, a los que también lo hicieron por el No e incluso a los que votaron en blanco. Este es un fenómeno único en el mundo. Yo viví la campaña como una demostración de la avidez por participar. Una gran cantidad de ciudadanos se expresó y logró que se alcanzara esta demostración de democracia directa que es el referéndum. Percibo que ahora tenemos una democracia con más aire, más ágil, renovada y eso le hace muy bien a nuestro sistema electoral”.

La expresión más derechista del gobierno, Manini Ríos de Cabildo Abierto, dijo después de votar en el Colegio Inmaculado Corazón de María: “fue una fiesta de la democracia donde el pueblo uruguayo asumió por un día el papel de legislador”. Otro representante del oficialismo, el senador del sector herrerista del Partido Nacional, Gustavo Penadés, comentó: “Se vivió una jornada absolutamente normal. El gobierno va a respetar el resultado y esperamos que lo haga también el sector que promovió la papeleta del Sí”.

El presidente del Frente Amplio y ex líder de la central sindical PIT-CNT, Fernando Pereira, dijo que “el gobierno recibió un cimbronazo” y que “no podemos vivir obsesionados con 2024. El Frente Amplio llegó para transformar el Uruguay y lo transformó. Si hay algo para celebrar es la convivencia pacífica entre ciudadanos y que más allá del referéndum, dialogamos con cordialidad”. Gabriel Otero, diputado nacional del MPP en el FA, reivindicó la tarea militante que consiguió las firmas necesarias para alcanzar el referéndum: “Arrancamos a fines de 2020 con la junta de adhesiones y fue una cifra récord para todos los referéndums. La primera victoria fue esa, alcanzamos un triunfo claro en ese aspecto. Nosotros no pensamos: cuanto peor, mejor. Queremos que el pueblo uruguayo viva dignamente, como se merece”.

Las chicanas del oficialismo

Felipe Schipani, diputado del Partido Colorado, otra de las expresiones políticas del gobierno, fue una de las escasas voces discordantes con su mirada sobre el referéndum. Definió a la campaña electoral como la “más sucia en muchas décadas del Uruguay donde se han dicho muchas falsedades, se ha actuado con enorme deshonestidad intelectual en los planteos”, con una alusión obvia a la oposición del Frente Amplio.

En un plano más risueño, de chicana hacia quienes se quejaron de ciertos operativos policiales durante la veda, el propio presidente Lacalle Pou se involucró en uno de los hechos noticiosos del fin de semana. La requisa en el club Progreso que gobernó Tabaré Vázquez entre 1979 y 1989, el dos veces presidente uruguayo. Dijo que la denuncia contra el operativo parecía salida de la película Harry Potter. “¿A alguien le cabe en la cabeza que la Policía Nacional va a hacer una requisa de listas o de publicidad de un partido político en una cancha de fútbol? Parece Harry Potter eso”.

El folclore electoral de este pequeño país permite pensar que todo pleito en las urnas se resuelve a la uruguaya. Con una marcada civilidad y la percepción de que su sistema electoral funciona más allá de los diferentes modelos que cada uno defienda.

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El candidato de la izquierda Gustavo Petro aparece como el favorito.. Imagen: AFP

La politóloga Daniela Castillo, experta en el proceso de paz colombiano, responde las principales preguntas planteadas por el resultado de las elecciones del domingo pasado. El papel de la izquierda y la derecha, la ola de cambio latinoamericana y las posibilidades de cada candidato

 

La derecha colombiana está “desgastada, agotada” y la población ya no les cree, evaluó la politóloga Daniela Castillo horas después de las elecciones legislativas y de las tres internas interpartidarias que definieron los candidatos de Pacto Histórico, Equipo por Colombia y Centro Esperanza.

Sobre el congreso que sale de la elección del domingo, afirmó que es un poco “más equilibrado” que el actual y destacó que eso se debe en parte a las consecuencias de las movilizaciones sociales de 2019-2020.

Observa que Petro tiene grandes posibilidades de ganar, pero advierte que debe enviar señales rápidas a los empresarios del país, anunciando quiénes integrarán su equipo económico. Castillo señala que el empresariado colombiano se jacta de que pone presidentes.

Petro corre con ventaja aunque, según Castillo, la derecha puede resolver juntarse para vencerlo. Hasta ahora, los candidatos confirmados para la elecciones presidenciales del 29 de mayo son: Gustavo Petro (Pacto Histórico), Federico Gutiérrez (Equipo por Colombia), Sergio Fajardo (Centro Esperanza), Rodolfo Hernández (se presentó sin partido luego de conseguir las firmas necesarias), Luis Pérez (también obtuvo las firmas necesarias), John Milton Rodríguez (Colombia Justa Libres), Enrique Gómez (Movimiento de Salvación Nacional), Ingrid Betancourt (Verde Oxígeno), Luis Gilberto Murillo (Movimiento Colombia) y Germán Córdoba (Cambio Radical).

Castillo es politóloga por la Universidad del Rosario, con una maestría en Derechos Humanos y Justicia Transicional de Ulster University y actualmente doctoranda en Ciencias Políticas y de la Administración y Relaciones Internacionales en la Universidad Complutense de Madrid. Es experta y asesora en temas de construcción de memoria histórica después del conflicto, con experiencia en sector público y privado para la implementación del Acuerdo de Paz en Colombia, asesora política y técnica en temas de paz y experiencia en investigación.

Ganadores y perdedores de la elección 

-¿Quiénes son los ganadores de las elecciones del domingo 13?
-
Entre los ganadores hay que ubicar obviamente a Gustavo Petro, Federico Gutiérrez y Sergio Fajardo. Pero también a Francia Márquez, que tuvo una votación en el Pacto Histórico que nadie imaginaba; ella ganó representatividad y credibilidad. Por otro lado, también ganó Carlos Amaya, de Coalición por la Esperanza, porque nadie pensaba que iba a lograr una votación de ese calibre (quedó en tercer lugar de la interna, con casi 450 mil votos). Fajardo ya había ganado y tiene experiencia, y (Juan Manuel) Galán tiene toda una herencia (su padre es el exsenador Luis Carlos Galán, asesinado por sicarios en 1989) y un partido (Nuevo Liberalismo) que está renaciendo. Pero lo de Amaya resultó más sorprendente; él fue gobernador de Boyacá, es un campesino y visibilizó las necesidades de esa comunidad.
Finalmente, el Pacto Histórico ganó como partido en las legislativas. El Congreso históricamente ha tenido mayorías de derecha y de partidos tradicionales; entonces la votación del Pacto Histórico fue muy importante.

-¿Y entre los perdedores?
+Creo que Álex Char (exalcalde de Barranquilla, segundo en Equipo por Colombia) es uno de los grandes perdedores, por la maquinaria que tenía alrededor. Hay que recordar que él recogió 2.300.000 firmas para inscribirse como candidato para la consulta y uno se pregunta dónde fueron esas firmas (sacó 706 mil votos). Otro perdedor es Alejandro Gaviria (cuarto en el Centro Esperanza), un académico que perdió una oportunidad muy importante. Creo que su error fue apuntar el discurso para un círculo muy chico dentro de la academia, no logró conectar con más gente. Recogió casi un 1,5 millones de firmas pero tampoco se vieron reflejadas en la elección (logró 336 mil votos). Y también el Centro Democrático es otro gran perdedor, ya que perdió cinco bancas en el Senado y ocho en Diputados. Para decirlo de una manera contextual, se podría decir que en Colombia perdió la derecha. La derecha en Colombia está desgastada y agotada; la gente ya no les está creyendo como antes.

- La votación global de la Coalición Centro Esperanza fue más baja de la esperada, a pesar de que un porcentaje importante la población colombiana se define como de centro. ¿Cómo se explica?
-Creo que ellos desaprovecharon una oportunidad gigante. Desde septiembre hasta la elección del domingo, tuvieron muchas peleas internas que desdibujaron su propio discurso. Hablaban de unidad y de aceptar al que piensa diferente, pero tuvieron muchas peleas públicas y ataques en redes. El Centro Esperanza queda desdibujado como espacio. En las encuestas Invamer se veía que mucha gente dice estar cansada de los extremos, pero ellos no pudieron capitalizarlo.

Cómo queda el Congreso

- ¿La nueva composición del Parlamento puede ayudar a evitar esa polarización?
- A nivel presidencial vamos a un escenario similar al de hace cuatro años, con opciones muy nítidas de izquierda y derecha. Pero a nivel legislativo tengo otra mirada, más positiva, porque el Congreso después de esta elección quedó más colorido, más equilibrado. Es cierto, el Partido Conservador, Partido Liberal, Cambio Radical, Partido de la U y el Centro Democrático suman una mayoría. Pero si uno mira en detalle, verá que el Partido Liberal está dividido y muchos de ellos apoyaron la campaña de Petro. Eso ya tiende a ser un posible balance. Luego, la coalición Centro Esperanza tiene 14 senadores y eso puede ser un contrapeso importante. Lo mismo Alianza Verde, que subió sus curules en relación a la elección pasada. Mi sensación es que quien gane la Presidencia, ya sea Fico (Gutiérrez) o Petro, tiene que pensar muy bien cómo hará para negociar con un Congreso tan plural. Petro tiene a la bancada de Pacto Histórico, pero enfrente sigue teniendo una bancada potente de la derecha. Y viceversa pasa lo mismo, si el presidente fuera Fico. Tienen que ser muy inteligentes para negociar porque por primera vez en la historia tendrán un congreso más plural y equilibrado. Lo cual me parece muy bueno.

La debilidad de la derecha

- Recién decías que la derecha colombiana está agotada. ¿Qué provocó ese desgaste?
- Es la primera vez en la historia que la derecha se divide, siempre había pasado lo contrario, la izquierda no lograba unirse detrás de un solo candidato y la derecha terminaba ganando. Esta vez la derecha se empezó a dividir: estaba Oscar Iván Zuluaga (aunque ahora se bajó), Fico Gutiérrez, Rodolfo Hernández. Lo de Zuluaga se veía venir y uno podía pensar que bajaría la candidatura en abril, pero creo que la derecha se asustó tanto con el resultado del Pacto Histórico -hay que pensar que sacó casi seis millones de votos, una cantidad increíble- que decidió apurar la unidad para evitar que Petro gane en primera vuelta. Pero volviendo a la pregunta, creo que hay tres factores importantes que explican el agotamiento. Primero, la desaparición de la figura de Álvaro Uribe Vélez, que sale del Senado y deja de ser referente, después de muchos años de estar en el centro de la escena (y además enfrentando un proceso penal por compra de testigos). En segundo lugar, el fracaso del gobierno de Iván Duque, que fue algo muy evidente en estos cuatro años, no solo por la pandemia sino por su ineficiencia general. Hasta los propios uribistas admiten que Duque fue un pésimo presidente. Tiene niveles de desaprobación del 78%, lo que refleja un gobierno totalmente fracasado.

Por último, también han impactado fuertemente los llamados “falsos positivos” (bajas civiles que el Ejército de Colombia hacía pasar como caídos en combate), un tema que pega mucho en la discusión sobre el proceso de paz. Impacta fuerte también en la imagen "heroica" de la fuerza pública que durante muchos años intentó construir el uribismo. Cuando se empieza a confirmar que la fuerza pública no es esa cosa hermosa que dicen, la credibilidad en ese discurso cae mucho. Todos estos factores llevan a que la derecha y el uribismo estén en una situación de desplome total.

El lugar de Francia Márquez

- Recién hablabas de la necesidad de que Petro actúe con inteligencia, incluyendo la apuesta por ensanchar su base electoral. ¿Debería cerrar la fórmula con Francia Márquez o buscar la vicepresidencia fuera del Pacto Histórico?
-Petro dejó muy claro en un debate público que no estaba resuelto de antemano que la vicepresidencia sea para el segundo lugar de la consulta, en este caso Francia Márquez. Lo que pasa es que hay una presión social gigante para que ella sea la candidata a la vicepresidencia, porque su votación fue histórica, nadie la esperaba. No sé cómo va a manejar Petro esa presión, pero lo tiene que hacer inteligentemente. Va a estar muy condicionado. Hay que recordar que Petro desde el año pasado viene haciendo alianzas que han sido muy criticadas, incluso con exparamilitares o con César Gaviria (expresidente, jefe del Partido Liberal), que tiene una maquinaria electoral muy buena, pero que no llegaría solo ni lo va a acompañar exclusivamente por sus ideas. Una hipótesis es que Petro no quiere llevar a quien salió segunda en la consulta porque ya tenía algo acordado de antes. Creo que Petro es la primera vez que entiende el valor de estas alianzas, aunque no le gusten.

- ¿Tiene riesgos de fractura o división el Pacto Histórico si no incluye a Francia Márquez en la fórmula?
- Francia es una mujer muy inteligente y se ha manifestado públicamente cuando no le gusta una alianza o un movimiento de Petro. Pero eso no la ha hecho desistir del Pacto Histórico ni se ha acercado por eso a los sectores de centro. Ella manifiesta malestar, se pone brava, pero hasta ahí. Le preguntaron en la radio si estaba asustada de que no le dieran un lugar en la fórmula y ella respondió que no, que lo que la asusta es que sigan la pobreza y el conflicto armado. Es una persona inteligente. Cuando la escuchas queda la sensación de que este tema ya está hablado y que de pronto no estará en la fórmula. Pero ella no se va a ir, seguirá apostando al Pacto Histórico como proyecto. Muchos la perfilan incluso como posible ministra de Ambiente, que es un tema importante para ella.

- Si Petro avanza en la negociación con Gaviria. ¿Quién sería la persona para la vicepresidencia?
-Algo que está muy claro es que tiene que ser una mujer y joven. Pero creo que Petro va a estar muy condicionado por César Gaviria, que mueve muchas fichas y también muchos votos. Pero es un hecho que va a ser mujer.

A quién votará la franja del centro

-Hablabas de la mala votación de la coalición Centro Esperanza. ¿Eso descarta la posibilidad de que Fajardo pase a segunda vuelta?
- El Centro Esperanza, como les decía, perdió una gran oportunidad de hacer historia y tener un centro potente en Colombia. Pero personalmente creo que Fajardo (el ganador de la interna), en lugar de sumar votos, resta. En las elecciones pasadas (de 2018) se desentendió totalmente de una responsabilidad política que tenía, no solo como candidato sino como ciudadano y es algo que todavía le están cobrando. De ahí salió una frase que todavía le recuerdan, porque (tras caer derrotado en primera vuelta ante Duque y Petro) dijo que prefería irse a ver ballenas. Fue una cosa muy desafortunada. En este escenario, dudo que Fajardo vaya a ser una opción fuerte y creo que tanto Fico (Gutiérrez) como Petro van a intentar moderar sus discursos para disputar ese electorado de centro. En la elección pasada ese electorado de centro fue importante para el triunfo de Duque, sobre todo por el discurso de miedo contra Petro, que terminó calando, a pesar de la falta de argumentos reales.

- En esta elección, ¿ese electorado de centro está más afín al cambio o seguirá apostando por la continuidad?
- Esa disyuntiva será terrible. Mi impresión es que este centro es más bien de centroizquierda, algo que no pasaba en 2018. En muchos debates, Alejandro Gaviria, el académico, coincidía mucho con Petro, al punto que se hacían el chiste, como si fueran ojitos de coqueteo. Petro le decía "esto puede ser una alianza", en tono de broma. También pasó con otro candidato de Coalición Centro Esperanza, Galán, que tiene un discurso anticorrupción, del Sí a la Paz y la defensa del campesinado. Hay muchas alianzas que se pueden dar a ese nivel. Mi impresión es que este votante se volcó más a la centroizquierda.

Las dos caras de la derecha

-¿Y la disputa ahora entre Gutiérrez y Hernández, hay un favorito ahí? ¿Gutiérrez tiene ventaja por haber participado en una interna?
-Lo que he visto es que Rodolfo Hernández tiene dos o tres procesos de corrupción y su discurso es “no más corrupción”. Lastimosamente, en Colombia no leemos, no nos informamos y solo repetimos. Entonces, es irónico que esté hablando de corrupción y tenga procesos en la Fiscalía. Rodolfo lo que tiene a su favor es que se acercó a la gente, algo que le faltó al centro. Acercar a la gente no es estar en la calle repartiendo volantes, es hablarles para que entiendan. Rodolfo es muy inteligente, muy estratégico en eso. Si ustedes escucharon su discurso, no tiene ninguna propuesta, sólo habla de “no más corrupción y vamos a bajar a los corruptos” y juega con las emociones.

Fico Gutiérrez es una persona que sí tiene propuestas. Habla de agradecer y respetar a las fuerzas militares y a la fuerza pública. También habla de meterle al tema derechos humanos, pero ahí no hay propuesta, simplemente lo dice para ganar votantes del centro. Entre esos dos, veo un poco más favorito a Fico, y más ahora que tiene el apoyo total del Centro Democrático de manera pública, con el respaldo de Zuluaga. Petro tiene muchas chances de ganar en primera vuelta porque la derecha está fragmentada, pero a este ritmo -faltan dos meses-, la derecha puede llegar a un acuerdo y tener un único candidato.

La elección y el proceso de paz

-Una de tus especialidades es el tema de los procesos de paz, ¿cómo impactó eso en esta elección?
-En las elecciones pasadas evidenciamos que la narrativa era paz y guerra.Si escogíamos un lado era la paz y si escogíamos el otro era la guerra. Al final ganó la guerra. Demostraron que querían hacer trizas la paz, pero no lo lograron, porque la paz está muy bien blindada. Creo que la gente se empezó a dar cuenta que si cumplimos lo que pactamos, Colombia puede bajar un poco a la violencia y a la violencia armada, que son dos violencias distintas. Desde la firma del acuerdo (en 2016) hasta el año pasado, hubo más de 238 masacres, más de 300 ex combatientes asesinados, y más de 668 líderes sociales asesinados. Estas cifras no solo alteraron a la gente, sino también a la comunidad internacional. Alterando a la comunidad internacional, nos ponen en foco. La gente, incluso de derecha, empezó a entender que tenemos que cumplir. El discurso de Fico es que él no va a cambiar nada. De hecho el tema de la paz no se tocaba mucho en los debates. Hoy no está esa narrativa de guerra y paz, pero siento que todos entendemos que el próximo gobierno tiene que sí o sí cumplir el acuerdo de paz sino va a ser muy difícil la convivencia. Estos cuatro años fueron desastrosos en incumplimiento del proceso de paz.

La ola de cambio latinoamericana

-Mirado desde afuera, la tentación es pensar que las protestas sociales conducen directamente a que Petro llegue al gobierno. ¿Qué hay de esto?
-Me gustaría comenzar por otro tema y es la ola latinoamericana que viene pidiendo a gritos un cambio. Comenzó en México y ahora siguió en Chile, donde Petro estuvo con (Gabriel) Boric. Todo comienza con un cambio de ola en la región y luego el estallido social termina por definir muchas cosas que se vieron reflejadas en las votaciones. Hay un cansancio enorme, no solo con la derecha, sino con las ineficiencias de las políticas que se crean en el Congreso. Los gobiernos no han identificado las problemáticas y necesidades de Colombia. Veníamos por un camino de la paz y diálogo, de cambio de dinámicas, y luego llegan Duque y la pandemia, y se reportan 22 millones de personas en situación de pobreza, una cifra que nunca habíamos tenido. El desempleo está en el 13% y el poder adquisitivo está totalmente abajo. Todas estas inconformidades reflejan una deuda que viene desde hace mucho tiempo y muestran que la sociedad colombiana no da más.

Otra consecuencia es que hubo una pluralidad de candidatos para todo. Siento que al final el estallido social valió la pena, porque hoy tenemos un congreso un poquito más balanceado. De todas maneras, el abstencionismo siguió siendo muy alto. Eso también nos hace pensar un poco, porque a la calle salió mucha gente y muchos jóvenes. Y uno se pregunta ¿dónde están? Porque al inicio del estallido social, sí tenía una causa. Eso duró casi seis a ocho meses y luego se desdibujó totalmente, ayudó a fortalecer el discurso de derecha de que salieron vándalos a la calle.

-¿Quién encarna mejor el concepto del uribismo en esta campaña?
-Yo creo que Fico es el que mejor representa a lo que podríamos llamar uribismo porque tiene una línea muy clara en tema de empresarios y en temas de fuerza pública e incluso de la paz. Maneja un discurso muy similar. Rodolfo es una persona que no cuenta con propuestas, es una persona que maneja emociones.

Fico va más hacia el lado del uribismo porque tiene el tema empresarial muy presente. Una jugada fundamental que debería hacer Petro en este mes es decir quienes integrarán su equipo económico: quién va al ministerio de Hacienda, quien va para Crédito Público, quien va para todo lo relacionado con la economía. En Colombia existe una "cláusula Petro", que es algo que utilizan los empresarios para condicionar ciertos negocios en caso de que gane Petro. El sector empresarial no confía en alguien como Petro. Si voy a arrendar o comprar un apartamento, lo firmo pero hay una “cláusula Petro” que dice que si gana Petro este negocio se deshace y me voy. Por eso es que al final aquí se dice que los empresarios ponen el presidente. Con que un empresario grande avale a Petro, ya con eso generaría un poquito más de fuerza. 

*De la Agencia Regional de Noticias, especial para Página/12.

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La oposición de Venezuela ganó el simbólico estado de Barinas: razones y consecuencias

Sergio Garrido fue electo gobernador en un bastión del chavismo

Se trató de la reedición de la contienda del 21 de noviembre tras la inhabilitación del candidato Freddy Superlano. Es el estado natal de Hugo Chávez y donde gobernaron su padre y sus dos hermanos. Barinas es también un estado marcado por numerosas dificultades materiales. 

 

La oposición venezolana ganó el domingo la elección a gobernador en el estado Barinas. Su candidato, Sergio Garrido, de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), venció a Jorge Arreaza, excanciller y ministro de Industria y Producción Nacional. El primero alcanzó 55.37% del apoyo, contra 41.26% del segundo, más de 13 puntos de diferencia, en una elección de la cual participó el 52.23% del padrón. El tercero, Claudio Fermín, también parte de la oposición, obtuvo el 1.77% de los votos.

El resultado fue reconocido por Arreaza, quien, antes que el Consejo Nacional Electoral (CNE) emitiera el boletín oficial twitteó: “Barinas querida. La información que recibimos de nuestras estructuras del PSUV (Partido Socialista Unido de Venezuela), indican que, aunque aumentamos en votación, no hemos logrado el objetivo”. Garrido, por su parte, anunció su victoria desde su comando de campaña: “ganó Barinas, ganó Venezuela, ganó la Unidad”, afirmó, acompañado de diferentes dirigentes de la oposición.

La elección en estado llanero de palma y sol fue particularmente importante por varias razones. En primer lugar, se trató de la reedición de la contienda del 21 de noviembre, cuando, luego de que la oposición asomara como vencedora sobre el chavismo por un escaso margen, la Sala Electoral del Tribunal Supremo Justicia declaró que la elección debía repetirse. La razón esgrimida fue la inhabilitación del opositor Freddy Superlano desde el año 2019, una decisión que resultó cuestionada por la oposición, así como por algunas figuras públicas del chavismo.

La historia de los Chávez

La nueva fecha anunciada por el CNE estuvo luego acompañada por denuncias de la inhabilitación de otros candidatos opositores, como Aurora Silva de Superlano, esposa del expostulante, y el candidato del Partido Comunista de Venezuela, Aldemaro Sanoja. En ese contexto tuvo lugar la campaña para una elección en un estado de fuerte carga simbólica por ser el de nacimiento de Hugo Chávez, y por haber sido gobernado por el chavismo durante 23 años seguidos: primero por su padre, Hugo de los Reyes Chávez, luego por su hermano Adán Chávez -actualmente embajador en Cuba-, y finalmente por su otro hermano Argenis Chávez, quien renunció a su intención de ser gobernador luego de la derrota del 21 de noviembre.

Barinas, el pueblo de Sabaneta donde nació y se crío Hugo Chávez, es uno de los puntos fundacionales de la historia del chavismo, parte de su mitología, como, en términos de acontecimientos históricos lo es el caracazo del 27 de febrero de 1989 o el levantamiento del 4 de febrero de 1992 en el cual Chávez apareció en la escena pública. Pero Barinas es también un estado marcado por las numerosas dificultades materiales, de servicios gasolina, gas o luz -como gran parte del país-, así como por las críticas a las gestiones de los gobernadores, algo repetido y conocido desde varios años atrás. Una organización popular chavista, con trabajo en el estado, atribuyó, por ejemplo, la derrota a “una parte, no toda, de la dirigencia, que practica una forma de hacer política autocrática, distanciada de las bases, sin contenido ideológico, meramente asistencialista, que trata al pueblo como reservorio de dádivas”.

Esa situación de desgaste en Barinas fue reconocida implícitamente por Arreaza que levantó la antigua consigna de Chávez, “revisión, rectificación y reimpulso”, en el marco de una campaña que puso al expresidente en el centro, a diferencia de otras apuestas electorales del chavismo que, para el 21 de noviembre, optaron por dejar de lado, o poner en segundo plano, la simbología roja más tradicional. Arreaza apostó a un despliegue de elementos del chavismo, desde la música hasta la espada de Simón Bolívar. “Logramos reconectar con el sentimiento, logramos reconectar con el Chávez que llevamos dentro (…) hubo una desconexión, pero hemos logrado reconectar”, afirmó en una rueda de prensa el día lunes.

Arreaza señaló que se trató por un lado de una “derrota cuantitativa”, pero, por el otro, de una “victoria cualitativa de la revolución bolivariana en un escenario difícil y adverso”. La dimensión cuantitativa fue visible en la diferencia de Garrido y el crecimiento de votos: entre la elección del 21 de noviembre y la del domingo 9 de enero la MUD pasó de 103.809 votos a 172.693, un 66% más, mientras que el chavismo creció de 103.693 a 128.583 votos, es decir un 24% más. Garrido, oriundo de Barinas y militante de Acción Democrática en el sector de Henry Ramos Allup, no era, hasta entonces, un dirigente de gran fuerza o trayectoria reconocida nacionalmente.

El resultado abre diferentes puertas de interpretación y posibles cursos de acción política para cada lado. Por el lado del chavismo, la nueva derrota en Barinas confirma el escenario adverso en el estado de Chávez, que no logró ser revertido aún con un candidato de envergadura nacional y el gran despliegue de fuerzas y recursos. Una pregunta podría ser si ese cuadro es extensible a otros estados del país o no. Si bien visto en términos de mapa el chavismo tiene 19 de las 23 gobernaciones, en las alcaldías ganó en cambio 205 de 322, y, en términos de votos su tendencia es, como se vio en los últimos años, a una disminución. El chavismo, con un núcleo duro y en gran parte organizado, se encuentra ante la pregunta de cómo volver a crecer en un marco de fuerte desgaste político generalizado, donde la división de la oposición no le es, como se vio el domingo, una garantía de victoria.

¿Qué estrategia encarará la oposición?

Del lado de la oposición, el panorama sigue, a pesar de los festejos por Barinas, marcado por la fragmentación y la falta de certeza sobre las estrategias a seguir. El resultado del domingo fue utilizado, por ejemplo, para posicionar en redes sociales la idea del referéndum revocatorio presidencial, cuyo camino podría ser iniciado este año. Sin embargo, esa apuesta no aparece como compartida en las filas de una oposición que puede subdividirse en cerca de cuatro sectores, atravesada por disputas públicas dentro de algunos de ellos, con la figura Juan Guaidó que volvió a ser reconocido como “presidente interino” por Washington, pero que dentro del país se encuentra reducido a una virtualidad por momentos grotesca.

¿Buscará la oposición un proceso de unificación y acumulación de fuerza en el horizonte de las presidenciales del 2024? ¿Intentará antes el revocatorio? ¿Optará nuevamente por un atajo? Las preguntas, que tienen varias de sus respuestas en el departamento de Estado, ocurren en el marco de la que aparece como el freno a la caída económica que se mantuvo desde el 2014, un posible nuevo crecimiento del PIB, con una visible mayor circulación de dinero, dólares, consumo, zonas de opulencia en el este caraqueño, que conviven con las dificultades crónicas de falta de agua, luz, gasolina o gas en numerosas partes del país. 

11 de enero de 2022

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El candidato opositor a la Gobernación de Barinas, Sergio Garrido, muestra la bandera del estado durante una rueda de prensa. Garrido se reconoció este domingo como ganador de la repetición de los comicios.

El triunfo en Barinas en un segundo intento fortalece a los opositores de cara a las presidenciales de 2024 o un posible revocatorio a Maduro, que algunos sectores promueven para este año

 

La oposición venezolana volvió a ganar en el estado de Barinas. El candidato de la Mesa de la Unidad Democrática, Sergio Garrido, resultó electo gobernador en la repetición de los comicios que ordenó el Tribunal Supremo tras anular la victoria del opositor Freddy Superlano en las regionales del pasado 21 de noviembre, una juagada que le ha salido mal al chavismo. El triunfo lo obtuvo con 57,6% de los votos, una ventaja de 16 puntos y una participación de más de la mitad del electorado, según el escueto reporte que dio el Consejo Nacional Electoral.

El resultado se conoció inicialmente por la declaración del perdedor Jorge Arreaza, exyerno de Hugo Chávez que fue promovido por el Gobierno. “Barinas querida. La información que recibimos de nuestras estructuras del PSUV indican que, aunque aumentamos en votación, no hemos logrado el objetivo. Agradezco de corazón a nuestra heroica militancia. Seguiremos protegiendo al pueblo barinés desde todos los espacios”, escribió en un tuit pasadas las 10 de la noche, cuando el CNE todavía no anunciaba los resultados.

Luego del reconocimiento de Arreaza, Sergio Garrido y Freddy Superlano dieron una conferencia de prensa en la que confirmaron su victoria. “Barinas ha dado un ejemplo de cómo podemos salir de los obstáculos en unidad”, dijo Superlano, quien asumió como jefe de breve campaña luego de que le despojaran el triunfo en noviembre y lo inhabilitaran.

La oposición venezolana logra una importante victoria, frente al apabullante poder del chavismo. No solo ha puesto fin a la dinastía de los Chávez, que gobernaban el Estado desde hace 20 años, sino que también ha desafiado al Gobierno en todas sus maniobras para intentar torcer los resultados que comenzaron con la anulación de la victoria de Superlano. Sergio Garrido ganó contra todo el derroche de recursos del Estado dirigido por varios ministros de Nicolás Maduro, que se instalaron en Barinas para empujar a su candidato. Las nuevas elecciones se celebraron un enorme despliegue militar y policial de más de 25 mil funcionarios para poco menos de mil mesas de votación, que fue considerado una intimidación. El chavismo repartió neveras y electrodomésticos y abasteció a la región con la gasolina y el gas que escasean en todo el país.

Barinas se suma a Zulia, Guárico y Nueva Esparta entre las gobernaciones ganadas por la oposición, más un tercio de las alcaldías. La elección en Barinas se convirtió en un objetivo común para la oposición, en medio divergencias en la plataforma de apoyos al liderazgo de Juan Guaidó. Dirigentes nacionales de distintos partidos opositores se sumaron a la campaña de Garrido.

Ahora el resultado sirve de base para un cambio de dirección en la estrategia opositora, debilitada por sus fracasos en la búsqueda de una transición política en Venezuela y desdibujada por abstenerse en los comicios de los últimos años. El triunfo de Barinas en un segundo intento los fortalece de cara al escenario electoral de las presidenciales de 2024 o un posible revocatorio a Maduro que algunos sectores promueven para este año.

Caracas - 09 ene 2022

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Hillary Clinton, candidata demócrata a la presidencia de Estados Unidos en 2016, advirtió que una probable relección de Trump en 2024 tendría graves consecuencias para su país. En la imagen, durante un acto de campaña en Cleveland, Ohio.Foto Afp

Una explosiva encuesta de The Wall Street Journal (WSJ) que (en)marca el futuro demográfico-electoral de EU arroja que “los votantes latinos (sic) ahora están igualmente repartidos” entre los dos partidos, cuando los “republicanos han obtenido rápidas (sic) ganancias con un crucial voto demográfico (sic) que había favorecido ampliamente a los demócratas”.

Según WSJ, los recientes hallazgos constituyen un “perturbador (sic) desarrollo para el partido demócrata, que había contado por mucho tiempo con un descomunal apoyo latino” (https://on.wsj.com/3IOd3PG). Un año después de que los demócratas obtuvieron la mayoría en la Cámara de Representantes con más de 60 por ciento del voto latino, ahora "37 por ciento latino apoyaría al candidato camaral republicano y 37 por ciento al demócrata".

WSJ No lo dice, pero en el mismo bastión demócrata de California, con el popular gobernador Gavin Newsom y la vicepresidenta Kamala Harris (KH) –cuya aceptación se ha derrumbado a 28 por ciento–, en la elección del año pasado, los republicanos reiniciaron su inesperado reflujo electoral. Más asombrosa aún ha sido la espectacular captura de 30 por ciento de los votantes latinos de Biden que ahora han girado a favor de Trump.

En un solo año, la dupla Biden-Kamala ha sufrido los embates de la humillante salida de Afganistán, la hiperinflación, el radicalismo wokenista, la parálisis de la enmienda a la infraestructura en el Senado, las nuevas variantes del Covid-19 y, sobre todo, la desastrosa política migratoria, que afecta e infecta la sique de los latinos y que es explotada exitosamente por los estrategas del Partido Republicano, quienes proyectan triunfar en las elecciones intermedias de noviembre de 2022 con el retorno del trumpismo, con o sin Trump.

Tales prolegómenos afloraron en la reciente elección a la gubernatura de Virginia con Glenn Youngkin, moderado plutócrata republicano (https://bit.ly/3ISO5yw), quien capturó la mayoría del voto latino en detrimento de su contrincante Terry McAuliffe, (TM): máximo estratega de la pareja Clinton (Bill-Hillary).

Habría que matizar: aún en la coalición del llamado Partido Demócrata, sin contar los sicalípticos escándalos de Bill Clinton y su intimidad con el "suicidado" Jeffrey Epstein, es la marca del "clintonismo" la que se ha desplomado en la opinión pública y, en particular, con el voto latino.

Dos días después de la explosiva encuesta del WSJ, Hillary Clinton (HC) –quien ha visto en un año el derrumbe electoral de sus grandes aliados, la vicepresidenta KH y TM– vaticina que Trump intentará relegirse en 2024, lo que sería un "punto decisivo" para el país y la oportunidad para frenar sus "mentiras" y “desinformación (https://bit.ly/3oUs7U7)”. HC agregó en forma catastrofista que un triunfo de Trump tendría "graves consecuencias para EU".

Tres días posteriores a su entrevista a Today y después de que una encuesta dio empatados a Trump y a Biden para la elección presidencial de 2024, HC volvió a la carga contra su némesis Trump, de quien dijo sentirse "fatal" por no haberlo derrotado en 2016.

La ex Secretaria de Estado sentenció que un potencial triunfo de Trump en 2024 "significaría el aniquilamiento de la democracia". HC todavía se lamenta de no haber sido la "primera presidenta" de EU y aprovechó la oportunidad de arremeter contra el ex director del FBI James Comey, quien en caso de no haber “sacado su truco (sic) días antes de la elección, hubiera triunfado”.

Con o sin latinos, la mayoría prefiere las "políticas de Trump" a las de Biden: "señal ominosa" (sic) para los demócratas más allá de 2022 (Daily Mail, 12/12/21). En un intervalo de 52 años, la demografía, en particular la de los mexicanos –más de 62 por ciento de los latinos–, ha propinado un dramático vuelco en los dos principales estados del Colegio Electoral y con los dos primeros PIB: California y Texas, lo cual fue epitomizado por el último presidente demócrata en Texas, Johnson (periodo 1963-1969) y los dos últimos presidentes republicanos en California, Nixon (1969-1974) y Reagan (1981-1989). En la democracia posmoderna, la demografía es destino.

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Viernes, 03 Diciembre 2021 05:32

Una nueva dirección

Militantes del partido Libertad y Refundación festejan la victoria de Xiomara Castro, el 28 de noviembre, en Tegucigalpa AFP, LUIS ACOSTA

La victoria de Xiomara Castro en Honduras

Detrás de la elección como presidenta de la líder opositora –luego de 12 años de autoritarismo y represión– asoma el hastío popular frente a un régimen vinculado al narcotráfico, las grandes empresas y el extractivismo.

Los hondureños salieron a votar masivamente contra la continuidad del prolongado régimen autoritario de Juan Orlando Hernández. Los resultados preliminares de las elecciones generales del 28 de noviembre perfilan a Xiomara Castro como la próxima presidenta de Honduras, con una ventaja de 20 puntos (53,61 por ciento) sobre el candidato oficialista Nasry Asfura (33,87 por ciento). La coalición de partidos que la acompaña tiene ante sí el desafío de cumplir con las expectativas de una ciudadanía esperanzada en encontrar soluciones a las crisis sociales y políticas que viene enfrentando el país.

POLÍTICAMENTE INESTABLE

Honduras, uno de los países más pobres y desiguales de América Latina, se ha caracterizado por una permanente inestabilidad política. Durante la segunda mitad del siglo XIX y el primer cuarto del siglo XX, la sucesión gubernamental se dirimió primordialmente a través de la guerra civil y, de tanto en tanto, por elecciones amañadas en las que se obstaculizaba el voto opositor. Luego de la dictadura de Tiburcio Carías Andino (1933-1949), el golpe de Estado fue la técnica de cambio de gobierno por excelencia, hasta que en 1981 –y por presiones externas– comenzó un período de alternancia democrática dominado por los partidos Liberal y Nacional. Esta forma de bipartidismo se vio bruscamente interrumpida por el golpe de Estado de 2009 contra Manuel Zelaya, lo que creó las condiciones para un reacomodamiento del tablero político a partir de 2012. Sin embargo, el Partido Nacional ganó las elecciones de 2009 y los comicios generales de 2013 y 2017, que llevaron al Poder Ejecutivo al nacionalista Hernández y volvieron a poner en escena las «elecciones estilo Honduras» (véase «Malos recuerdos», Brecha, 1-XII-17). Diputado entre 1998 y 2014 y presidente del Congreso Nacional entre 2010 y 2014, Hernández fue el primer mandatario hondureño en lograr la reelección. Su padrino político fue el expresidente Porfirio Lobo (2010-2014), ahora relegado a una posición marginal y adversario suyo.

El régimen de Hernández, émulo confeso del viejo dictador Tiburcio Carías, ha significado un profundo retroceso para el país. Ha minado las bases del Estado de derecho y de la mutua vigilancia de los poderes. Se considera a sus titulares como hombres leales al presidente que, junto con el alto mando militar, forman parte del Consejo Nacional de Defensa y Seguridad que lo sostiene (véase «Lo que lleva a la revuelta», Brecha, 12-VII-19). Su gobierno ha enriquecido a sus aliados de la banca privada al otorgarles la administración de fondos públicos en forma de fideicomisos y les ha cedido el control de la Comisión Nacional de Bancos y Seguros. Además, ha debilitado de manera severa la capacidad de maniobra de las empresas de servicios públicos, así como los sistemas de salud y educación. La pandemia también mostró con claridad cómo se maneja el régimen del todavía presidente. Y es que las posibilidades de sobrevivir al covid-19 han estado ligadas a la capacidad de pagar los altos precios requeridos para el tratamiento, en un contexto en el que el Partido Nacional ha puesto en cuestión los derechos laborales consagrados por el Código de Trabajo, al emitir una ley de trabajo por hora. Las cosas no terminan ahí. Bajo el gobierno de Hernández se ha aplicado una política de neto corte extractivista, con sus consabidas depredaciones de bosques, minería a cielo abierto y entrega de los bienes comunes como el agua (véase «Criminalizados», Brecha, 17-III-16). Con el aparato estatal bajo su control, Hernández ganó las elecciones de 2013 y de 2017, pero lo hizo contaminado por una fuerte impopularidad.

Pese a todo, el clan Hernández ha sabido beneficiarse y hegemonizar el sistema de negociaciones cupulares imperante en Honduras, respetando las «reglas del juego» al responder cuidadosamente a los intereses de todas las elites prominentes, que son, en esencia, las facciones mayoritarias de los sectores empresariales, de las Fuerzas Armadas y de las iglesias. La embajada estadounidense ha jugado un papel tutelar en ese sistema (véase «La ingeniería del Estado de sitio», Brecha, 8-XII-17). El prolongado régimen de Hernández se ha desenvuelto en medio de una cultura política de acuerdos entre pares, en la que juegan un rol fundamental los grandes pactos entre quienes se consideran caciques de los partidos políticos.

LA SEDUCCIÓN POPULISTA

Las elecciones del domingo marcan un cambio de rumbo de la política hondureña. Perteneciente a una familia de hacendados y empresarios de la madera, vinculada históricamente al liberalismo, Xiomara Castro lidera una coalición que ha sido la revelación de la campaña. Sus críticas al gobierno de Hernández le granjearon parte del apoyo popular y la ubicaron en la primera línea política. Autoidentificada como una persona de izquierda, afirmó que su lucha es por desarrollar en Honduras un modelo basado en el «socialismo democrático».

Castro es esposa de Manuel Zelaya, el presidente depuesto por un golpe de Estado en 2009. Antes miembro del Partido Liberal, Zelaya fue víctima de un golpe tras evidenciar un giro al estilo del «populismo refundador» sudamericano, para usar la expresión del sociólogo Carlos de la Torre. Las críticas a los tratados de libre comercio con Estados Unidos, el acercamiento a Venezuela y al llamado bloque de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América y la tentativa de modificar la Constitución le atrajeron la enemistad de una parte de la elite tradicional. Con el golpe consumado, su esposa saltó a la palestra y se ganó la simpatía de un sector de la ciudadanía hondureña. Cuando Zelaya fundó el partido Libertad y Refundación (LIBRE), Castro se convirtió en la primera figura de la organización. En 2012, apenas un año después, se lanzó como candidata presidencial, pero en 2013 quedó en segundo lugar, con 28,8 por ciento de los votos. Quiso volver a intentarlo en 2016, pero acabó por abandonar la carrera en favor de Salvador Nasralla, líder de la Alianza de Oposición contra la Dictadura y entonces el candidato mejor posicionado para enfrentar a Hernández. Nasralla perdió la elección por un escasísimo margen y denunció un «descomunal fraude electoral» (véanse «Democracia rematada» y «El fraude casi consolidado», Brecha, 8-XII-17 y 22-XII-19).

Castro volvió a lanzarse como candidata en enero de 2020. Con la venia de su marido, derrotó a sus tres oponentes internos dentro de LIBRE con el apoyo de seis de las nueve corrientes internas del partido e inició el camino hacia la presidencia. Su campaña estuvo centrada en la crítica a las leyes destinadas a sostener el juanorlandismo, en la promesa de convocar a una Asamblea Nacional Constituyente para redactar una nueva carta magna, en la crítica a las Zonas de Empleo y Desarrollo Económico –a las que calificó como una entrega de la soberanía popular a empresas internacionales–, y en el rechazo al modelo neoliberal y a la corrupción. Además de su promesa de vender el avión presidencial –al que consideró un lujo que el país no puede permitirse cuando buena parte de la población atraviesa severos problemas sociales–, afirmó que Honduras buscará relaciones con China, con lo que marcó una agenda alejada del histórico «norteamericanismo» de la dirigencia política local. Castro prometió, asimismo, terminar con el régimen de «narcodictadura» que, según su perspectiva, encarna Hernández.

Su discurso también tuvo un eje de especial importancia: el referido al rol de las mujeres. La candidata se manifestó contra la violencia de género y el acoso sexual, aunque ha sido ambivalente en relación con el aborto. Ha hecho declaraciones favorables cuando se trata de ciertas causales, pero también ha sostenido posiciones más ambiguas. Por otro lado, la virtual presidenta electa ha sido duramente criticada por sus pasadas manifestaciones en favor del chavismo. Sus detractores la han acusado de querer implantar el comunismo en el país y de generar un clima de desconfianza en el mundo empresarial. Ella ha respondido que es una «socialista democrática» que busca una política que tenga a los seres humanos en el centro de las preocupaciones. Tras conocerse los resultados preliminares, que dejaron a Castro 20 puntos por encima de Asfura y más de 40 por encima de Yani Rosenthal, del Partido Liberal, la futura presidenta resaltó la importancia de llamar a un diálogo con todos los sectores para la puesta en marcha de una democracia directa y participativa. El Ejecutivo adquiere, sin lugar a dudas, una nueva dirección.

LOS PARTIDOS Y SUS PERSPECTIVAS

Las elecciones del domingo despertaron gran afluencia e interés gracias a los efectos que supone la salida de Hernández, en un país en que las tasas de abstención tradicionalmente se ubican en la mitad del censo electoral. El partidizado Consejo Nacional Electoral registró una participación histórica de 68,09 por ciento, aun cuando las novedades son escasas: los actores en contienda cuentan con décadas de experiencia en el sistema político de negociaciones cupulares, en el que han colaborado en la construcción de una cultura de la ineficiencia y de la corrupción, donde la carrera política aparece ante todo como un medio para el enriquecimiento. El lenguaje político de los competidores se inscribe en la tradición personalista de las lealtades y los vínculos partidarios en beneficio de prebendas y favoritismos clientelares.

Esta figura del Estado como «botín de los triunfadores» quedó evidenciada con nitidez en el trabajo de las instituciones judiciales estadounidenses. Frente a la debilidad de la justicia en Honduras, Estados Unidos ha extraditado y arrestado en su territorio a reconocidos políticos y gánsteres hondureños que violaron las leyes estadounidenses. En este contexto, la justicia de Estados Unidos sentenció en marzo a cadena perpetua al hermano del presidente y exdiputado Antonio Hernández, a causa de su implicación en el tráfico de cocaína hacia ese país, en complicidad con el cártel de Los Cachiros, liderado por Devis Maradiaga, cuyas declaraciones fueron una pieza clave en varios juicios. Maradiaga afirma haber colaborado con conocidos profesionales de la política local, lo que lo ha vuelto uno de los narcotraficantes más célebres del país. Preso en Estados Unidos, reveló en el juicio a Antonio Hernández haber pagado sobornos por varios cientos de miles de dólares al presidente actual, a su vicepresidente Ricardo Álvarez y a los expresidentes Zelaya y Lobo.

El candidato del Partido Liberal, el banquero Yani Rosenthal, guardó prisión por tres años en una cárcel estadounidense por lavado de activos para Los Cachiros. Es hijo del banquero Jaime Rosenthal, quien fuera vicepresidente (1986-1990) y diputado por el departamento industrial de Cortés (2002-2006). En su dilatada carrera política, Yani ocupó cargos de dirección en el Partido Liberal, fue ministro de la presidencia (2006-2008) en el gobierno de Zelaya, diputado en el Congreso Nacional entre 2010 y 2014, y precandidato a la presidencia en 2012. Ganó las primarias en 2021, pero no funge como dueño de partido. Los Rosenthal fueron propietarios del diario Tiempo, del Banco Continental y de Canal 11, un medio privilegiado para su campaña. Su emporio comenzó a decaer tras el escándalo internacional que lo vinculó con la banda de Maradiaga. La condición de exconvicto le restó credibilidad a su intento de presentarse como «el centro» frente a «una derecha corrupta y una izquierda radical», tal como declaró en su campaña.

Por su parte, el candidato nacionalista Asfura era percibido como la continuación del régimen de Hernández. De haber ganado, se habría visto en la incómoda situación de tener que proteger al actual mandatario, quien es acusado en la fiscalía del distrito sur de Nueva York de haber recibido del Chapo Guzmán un aporte de 1 millón de dólares para financiar su candidatura en 2013. Para ese mismo propósito, los nacionalistas saquearon los fondos del seguro social y de la Secretaría de Agricultura. La candidatura de Asfura, quien ha sido incondicional al presidente, heredó el legado de un gobierno que es muy corrupto y que está políticamente desgastado. Su principal activo fueron los recursos públicos y de la cooperación internacional, que se manejan a través de la más importante estructura clientelar del Partido Nacional: el programa Vida Mejor. El oficialismo también dispone de abundantes recursos financieros obtenidos por el robo de fondos públicos durante la pandemia y de los onerosos préstamos aprobados por la mayoría mecánica de que disponen en el Congreso.

Castro tiene, por su parte, otros condimentos que se agregan a los ya explicados. En primer lugar, fue promovida por su marido, quien busca recuperar las riendas del Estado desde que fue expulsado por un golpe en 2009. La familia Zelaya formó parte de un grupo de ricos hacendados, históricos empresarios de la depredación del bosque, y es parte de la clase política que maneja el Estado desde la década de 1980. Por eso fue sorprendente su giro a la izquierda como presidente. Su larga trayectoria de militancia en el Partido Liberal y una década de coordinación general de LIBRE le permitió al matrimonio Castro-Zelaya acumular un capital político considerable, con el que tienen un papel decisivo en los vaivenes del sistema. Zelaya fue expulsado momentáneamente del juego político debido a sus proclamadas simpatías con el castrismo y el chavismo y a la tentativa de amañar a su favor la elección de los miembros de la Corte Suprema de Justicia y convocar a una «consulta popular de la cuarta urna» con pretensión hegemónica. Pero la forma de la asonada en su contra, mediante un golpe de Estado, marcó la política hondureña durante estos 12 años de autoritarismo.

Zelaya se reintegró al tablero gracias a los acuerdos de Cartagena firmados en 2011 con el gobierno de Lobo. Frente a la aún inhabilitada figura de la reelección, decidió promover la candidatura de Castro en 2013 con el partido LIBRE, básicamente un desprendimiento del otrora poderoso Partido Liberal y que dispone de una pequeña ala de izquierda organizada. LIBRE le arrebató al liberalismo alrededor de la mitad de sus adherentes. El perfil carismático de Castro ha sido exitoso entre su militancia, aun cuando su presencia parece limitarse al período electoral y pese a que sus apariciones mediáticas son escasas. Ha sabido aprovechar la herencia simbólica y material de su esposo, pero evitó esta vez vociferar, como en campañas anteriores, que «votar por Xiomara es votar por Mel». Aunque todavía en 2016 Zelaya apostaba abiertamente por su retorno a la presidencia, el malestar general que el Partido Nacional le imprimió a esta perspectiva lo ha convencido de que esa no es la mejor estrategia, al tiempo que redujo sus apariciones públicas con Castro.

UNA CAMPAÑA DESESPERADA

El proceso electoral adquirió un giro inesperado el 13 de octubre cuando, tras una reunión con el expresidente Zelaya, Salvador Nasralla anunció su afiliación a la fórmula presidencial de LIBRE en calidad de vicepresidente. Nasralla es el presentador de televisión más conocido del país y ha atraído la simpatía de los electores más jóvenes por su lucha abierta contra la corrupción del régimen actual. Obtuvo el segundo lugar en las elecciones de 2017 como candidato de LIBRE, luego de ser expulsado del Partido Anticorrupción, con el que participó por primera vez en 2013. Desde el 12 de noviembre, la coalición la compone adicionalmente el excandidato del movimiento Honduras Humana Milton Benítez, conductor del programa El perro amarillo, que ha ganado reputación por sus denuncias contra la corrupción y la banca.

La súbita suspensión de la enemistad que perduraba desde el comienzo de la crisis poselectoral de 2017 entre Nasralla y los Zelaya permitió que nasrallistas, indecisos e independientes se sumasen progresivamente a LIBRE y optaran por el voto de castigo contra el régimen de Hernández. La coalición despierta expectativas al prometer un desmonte del proyecto gubernamental desarrollado por el Partido Nacional, al que critica sin ambages como «pandilla de ladrones». Pese a la multiplicidad de identidades políticas que componen la coalición, su estrategia populista fue exitosa. En una muestra de desesperación, el oficialismo aceleró la entrega del Bono de Vida Mejor del Bicentenario, decretado hace un mes y equivalente a 7 mil lempiras en efectivo por beneficiario (289 dólares), con lo que acudió de manera descarada al mecanismo de compra de votos.

En un país con un pasado anticomunista visceral, el Partido Nacional se ha servido de los elogios de Zelaya hacia el régimen cubano, al igual que hacia el venezolano y el nicaragüense, para intensificar una campaña anticomunista contra Castro. En busca de afianzar su posición con las iglesias, los nacionalistas concentraron su campaña en sacar provecho de la postura un tanto ambigua de los Zelaya sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo y el aborto. Asfura llegó a firmar un acuerdo provida con la Confraternidad Evangélica de Honduras y orientó su discurso a la defensa de los valores tradicionales.

A pesar de estas querellas de orden ideológico, Hernández mantuvo buenas relaciones con su vecino Daniel Ortega, y los principales líderes de la oposición nunca dejaron de acudir a las reuniones a puerta cerrada con el oficialismo. Poco después de una reciente reunión con Ortega en Managua, las autoridades hondureñas encarcelaron al candidato independiente y excapitán de las Fuerzas Armadas Santos Orellana, quien ganó notoriedad por denunciar el involucramiento de los militares en el narcotráfico. Existe un aproximado de 26 militantes asesinados entre el 23 de diciembre de 2020 y el 25 de octubre de este año.

Pero las elecciones no se focalizaron en contrastar alternativas para resolver estas y otras problemáticas urgentes que enfrenta el país. Por el contrario, buena parte de las campañas se basaron en la solicitud del «voto en plancha», en desprestigiar a las adversarias y los adversarios o, en el mejor de los casos, en proponer soluciones mágicas sustentadas en el cortoplacismo electoral. Para los grandes jefes de los partidos, sus clanes internos, sus fieles lugartenientes y quienes participan en sus redes clientelares –en particular, para los familiares y amigos de los candidatos–, lo esencial es ocupar un lugar en el sistema de negociaciones cupulares. Honduras es una suerte de democracia oligárquica.

Con todo, gran parte de la ciudadanía decidió ejercer su derecho al voto de manera pacífica. Aunque los caudillos tradicionales de los partidos políticos declararon ganadores a sus candidatos antes de tiempo, los competidores han respetado tácitamente los resultados. No se registraron mayores disturbios, protestas o conflictividad social similares a las conocidas en 2017. La calidad del espinoso avance democrático alcanzado está por verse en este país de tradiciones políticas autoritarias.

Por Daniel Vásquez*
3 diciembre, 2021

*   Daniel Vásquez es profesor de Teoría Política en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales de Honduras.

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Honduras: pierde Taiwán, gana China y empata Biden

El resultado de la elección presidencial en Honduras se escenificó como planteé: 19 por ciento de ventaja de Xiomara Castro –aquí avancé 17 por ciento–, además de que “en medio de una vecinal ambientación hostil a los demócratas y más favorable al trumpismo, a Biden le conviene paradójicamente más el triunfo de Castro, pese a su mayor afinidad con China. De paso, Biden podría resarcirse del golpe de Estado teledirigido contra el ex presidente Manuel Zelaya, esposo de Castro (https://bit.ly/3phg9mi)”.

Más allá de la dicotomía que se maneja de un triunfo de la candidata Castro de "izquierda", no pocas veces banalmente reduccionista, mediante las trascendentales dicotomías geopolítica y geoeconómica se deducen hallazgos muy ilustrativos que colocan en su justa dimensión y su nueva correlación de fuerzas a la novedosa situación emergente que trasluce el abordaje multidimensional del país centroamericano, sin soslayar el reflejo de la lucha intestina entre Biden y Trump cuando los republicanos juegan en forma maximalista la carta migratoria para recuperar el control de la Cámara de Representantes y del Senado en 2022.

Honduras –asolado por la miseria (catalogado por el Banco Mundial como el tercer país más pobre de América Latina), el desempleo, la violencia, el narcotráfico y la perturbadora corrupción del gobierno posgolpista de 12 años de grave retroceso del Partido Nacional (gran aliado del PAN calderonista en México y del uribismo en Colombia)– en el año fiscal reciente fue el país latinoamericano que más migrantes envió a EU: 320 mil, casi 3 por ciento de la población total de Honduras, de más de 10 millones.

Si definiera en la clásica dicotomía topográfica de "izquierda-derecha" a la presidenta Castro, la colocaría como centroizquierda moderada y de apertura a la empresa privada, además del diálogo constructivo con EU, como refirió el ex presidente Manuel Zelaya, depuesto teledirigidamente por Obama/Biden/Hillary Clinton (https://bit.ly/3EcPjSB).

Deng Xiaoci y Wan Hengyi del Global Times, portavoz del Partido Comunista Chino, asientan que “los secesionistas de Taiwán, los injerencistas de EU sufren un ‘golpe severo’ en medio de una votación ‘masiva’ en la elección de Honduras (https://bit.ly/3pbqu3j)”.

Mientras la isla renegada de Taiwán sigue perdiendo adeptos en Centroamérica y ahora sólo contaría con 14 países en el mundo, a Honduras se le abre la oportunidad de la llegada de inversiones de los pudientes comunistas de China continental cuando EU prosigue su declive geoeconómico que le impide "ayudar" masivamente al "triángulo norte" de Guatemala/Honduras/El Salvador con el fin de frenar la masiva migración a la transfrontera de México y EU. Las inversiones chinas en Honduras ayudarían paradójica e involuntariamente a Biden, quien no ha sabido lidiar con esta inhumana situación. Desde el punto de vista geoeconómico, la derrota de Taiwán la deslegitiman humillantemente a escala universal, mientras la probable llegada de inversiones chinas aprovecharía logísticamente el singular atributo bioceánico de Honduras desde el golfo de Fonseca hasta el Puerto de Cortés.

Los pudientes comunistas chinos continentales resultarían vencedores con su política diplomática de "una sola China", mientras EU restañe sus heridas para invertir en su abandonada infraestructura que sacrificó, en aras de su globalismo neoliberal financierista. Desde el punto de vista geopolítico, hasta donde se sabe y se percibe, China no tiene ningún interés en colocar bases en Latinoamérica como las que ostenta ya EU en Colombia y Honduras.

Veo sumamente difícil que el gobierno de coalición de Castro/Salvador Nasralla modifique o desmantele la omnipotente presencia militar de EU que cuenta con una base aérea en Soto Cano/Palmerola, además de sus búnkers diplomático-militares.

Vale la pena señalar que la cotización de la divisa local, la lempira, se mantiene significativamente estable a 24.17 por dólar: un barómetro nada despreciable.

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