Aborto, educación y reforma de pensiones, propuestas de los chilenos para Convención Constitucional

Nueve iniciativas alcanzaron las 15 mil firmas necesarias para que las debatan los constituyentes.  

A partir de enero de este año, la Convención Constitucional de Chile entró en la etapa en la que debe comenzar a discutir los temas que serán incluidos en la Carta Magna. 

Con un plazo máximo que no puede pasar julio de este año -aunque hay algunos constituyentes que quieren pedir una prórroga- los encargados de redactar la nueva Constitución, recibieron casi 4000 mil propuestas constitucionales a través de la plataforma denominada “iniciativa popular de norma”.

Este mecanismo permite que una persona o un grupo pueda presentar a la Convención una propuesta que podría llegar a ser incorporada en la nueva Constitución. Pero para que sean analizadas, las propuestas deben venir acompañadas con el respaldo de al menos 15.000 firmas.

Según el último informe de la Convención, los ciudadanos chilenos presentaron 3876 iniciativas para la nueva Constitución que reemplazará la elaborada por el dictador Auguto Pinochet. De estas, solo 1.522 fueron admitidas por la Secretaría de Participación Popular, mientras que el resto fueron rechazadas, declaradas inadmisibles o no pertinentes.

Pero, al momento, solo nueve lograron superar las 15.000 firmas requeridas para entrar a la Convención Constituyente. Estos articulados tratan temas presentes en debate público para los chilenos, pero que también fueron llevados al Legislativo en los últimos años: la interrupción del embarazo, la educación, el cannabis, la libertad religiosa, la explotación minera y una reforma a las pensiones.

El siguiente paso será que pasen a una comisión donde será discutida y votada. Si alcanza la mayoría simple, la propuesta pasará al pleno, donde necesitará un respaldo de dos tercios de los 155 integrantes para aprobarse.

Además de recibir las iniciativas populares, los constituyentes electos enviarán sus propias normativas que se someterán a votación. Sobre esto, algunos bloques ya adelantaron propuestas sobre el combate a la corrupción política y la reforma del Poder Legislativo a un sistema unicameral.

Los ahorros previsionales

Una de las iniciativas más votadas, que duplicó las firmas necesarias y alcanzó los 35.968 apoyos, trata uno de los temas más discutidos en el último año en la política chilena y que fue protagonista en la campaña electoral.

La propuesta busca garantizar el derecho a la seguridad social, por lo que establece una pensión básica universal que cubra a todos los chilenos en edad de retiro. Según indica, el financiamiento provendrá de la recaudación tributaria general.

“Las personas tendrán siempre el derecho a elegir libremente la entidad administradora o gestora de sus fondos previsionales acumulados, sea ella privada, estatal o mixta. En ningún caso la ley podrá establecer el monopolio estatal de la administración o gestión de las cotizaciones previsionales ni de dichos fondos”, continúa el texto.

La propuesta fue presentada por un grupo de trabajadores convocados a través de las redes sociales. Durante la campaña electoral, los candidatos “proponían destinar nuestras cotizaciones a fondos solidarios o cuentas ficticias, metiéndonos, una vez más, la mano al bolsillo. Esto ya pasó en Argentina donde el gobierno se apoderó de los fondos de pensiones y hoy el sistema está desfinanciado. No queremos que nos pase lo mismo”, argumentó el grupo.

“Será Ley” y "Derecho a la vida"

El avance de la interrupción del embarazo en América Latina divide a los ciudadanos chilenos en un país mayoritariamente católico y dos propuestas con objetivos opuestos lograron entrar en la Constituyente.

La actual legislación chilena permite el aborto bajo tres causales: inviabilidad fetal, violación o riesgo de la vida de madre. Fuera de estos casos, la pena es de hasta cinco años de prisión.

Un colectivo feministapresentó una propuesta, con 15.000 firmas de respaldo, que busca garantizar la despenalización del embarazo por voluntad de la mujer. La iniciativa que denominaron “Será ley” también abarca temas como la salud reproductiva, derecho a la información y a la educación sexual integral, acceso a la salud mental en temas de género y los derechos laborales de las personas gestantes.

Por otra parte, miembros de la fundación católica “Chile Siempre” piden a la Convención que “el derecho a la vida tenga protección constitucional, y que esta protección sea desde el momento de la concepción”. La propuesta que busca prohibir el aborto en todas las causales alcanzó los 19.850 apoyos, unos cinco mil menos que la iniciativa “Será Ley”.

"Banco Central Autónomo"

“La inflación es uno de los temas económicos más dañinos para las personas. No controlarla supone un deterioro para la calidad de vida de los hogares, especialmente los más pobres”, comienza la iniciativa que busca la creación de un Banco Central Autónomo en Chile.

La iniciativa elaborada por tres ingenieros civiles logró alcanzar las 15 mil firmas en menos de 48 horas. Entre los cambios para “mejorar y modernizar” la Constitución, detallan que “se debe indicar que la política monetaria es de uso exclusivo del BC”.

Además, rechazan que la entidad financiera pueda realizar préstamos al Estado o financiar el gasto público mediante créditos directos o indirectos y reclaman que se garantice la autonomía del consejo directivo “sin dependencia y alejada de toda presión político-electoral”.

"Derecho a la educación"

Durante la dictadura militar chilena, Pinochet introdujo la "municipalización de la enseñanza", una reforma para descentralizar el sistema de educación. A 30 años de su implementación, el sistema que acusan de generar segregación y de impulsar la educación privada continúa vigente aunque con cambios en el último gobierno de Michel Bachelet.

La educación es un tema presente en la agenda de los chilenos y dos propuestas que buscan abordar este tema lograron destacarse entre miles por la cantidad de apoyos recibidos. Ambas iniciativas suman más de 36 mil firmas, y buscan objetivos similares: “la libertad de enseñanza” y el “deber preferente de los padres”.

"La libertad religiosa y de conciencia"

En octubre de 2021, representantes de diversas religiones de Chile llegaron ante la Sala Convención Constitucional. A partir de este encuentro, nació la propuesta que, a través de tres artículos, busca garantizar “libertad de conciencia y religión”.

Además, el texto establece que los creyentes “podrán erigir templos, dependencias y lugares para el culto, los cuales estarán exentos de toda clase de contribuciones”, así como tendrán derecho a que sus hijos reciban la educación religiosa “de acuerdo con sus propias convicciones”.

Según argumentan, el texto fue firmado por un amplio espectro de representantes religiones entre los que menciona: la Iglesia Católica, grupos evangélicos, la Comunidad Musulmana, la Comunidad Judía de Chile, la Corporación mapuche ENAMA y el Consejo político Pueblos originarios.

Nacionalización de las empresas de la Gran Minería

Las últimas semanas, la explotación del litio se robó el protagonismo en la política chilena tras una polémica licitación del gobierno de Sebastián Piñera por 400.000 toneladas del metal.

La propuesta del presidente saliente fue criticada por buscar privatizar este tipo de minería, a dos meses de que el actual mandatario entregue la Presidencia.

En medio de este panorama que enfrentó a varios sectores chilenos, una iniciativa constitucional que busca nacionalizar el litio, cobre y oro, alcanzó los 15.000 apoyos y promete generar divisiones entre los constituyentes.

El articulado establece que solo podrán ser adjudicadas a empresas producciones de hasta 36.000 toneladas al año y que las licencias no tendrán una duración superior a 20 años. Además, deberán realizarse "en estricto cumplimiento de los derechos de los pueblos indígenas" y cuidando los recursos naturales.

En cuanto a las empresas que ya operan en Chile, la propuesta llama a la expropiación "por causa de utilidad pública o de interés nacional" y establece que las mineras privadas "podrán reclamar de la legalidad del acto expropiatorio ante los tribunales ordinarios y tendrán siempre derecho a indemnización por el daño patrimonial".

“Cannabis a la Constitución ahora”

El Estado debe respetar “el libre desarrollo de la personalidad, la privacidad y la búsqueda de bienestar, placer y salud integral, incluyendo los usos de cannabis y otras sustancias psicoactivas de origen vegetal o sintético”, subraya el texto que 43 colectivos sociales buscan agregar a la nueva Constitución.

La propuesta fue la última en superar los 15 mil apoyos y cuenta con patrocinio de más de 34 mil chilenos, incluidas la constituyente Manuela Royo y la diputada Ana María Gazmuri. En el país está permitido la comercialización del cannabis solo para su uso medicinal. 

 *Agencia Regional de Noticias

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El candidato opositor a la Gobernación de Barinas, Sergio Garrido, muestra la bandera del estado durante una rueda de prensa. Garrido se reconoció este domingo como ganador de la repetición de los comicios.

El triunfo en Barinas en un segundo intento fortalece a los opositores de cara a las presidenciales de 2024 o un posible revocatorio a Maduro, que algunos sectores promueven para este año

 

La oposición venezolana volvió a ganar en el estado de Barinas. El candidato de la Mesa de la Unidad Democrática, Sergio Garrido, resultó electo gobernador en la repetición de los comicios que ordenó el Tribunal Supremo tras anular la victoria del opositor Freddy Superlano en las regionales del pasado 21 de noviembre, una juagada que le ha salido mal al chavismo. El triunfo lo obtuvo con 57,6% de los votos, una ventaja de 16 puntos y una participación de más de la mitad del electorado, según el escueto reporte que dio el Consejo Nacional Electoral.

El resultado se conoció inicialmente por la declaración del perdedor Jorge Arreaza, exyerno de Hugo Chávez que fue promovido por el Gobierno. “Barinas querida. La información que recibimos de nuestras estructuras del PSUV indican que, aunque aumentamos en votación, no hemos logrado el objetivo. Agradezco de corazón a nuestra heroica militancia. Seguiremos protegiendo al pueblo barinés desde todos los espacios”, escribió en un tuit pasadas las 10 de la noche, cuando el CNE todavía no anunciaba los resultados.

Luego del reconocimiento de Arreaza, Sergio Garrido y Freddy Superlano dieron una conferencia de prensa en la que confirmaron su victoria. “Barinas ha dado un ejemplo de cómo podemos salir de los obstáculos en unidad”, dijo Superlano, quien asumió como jefe de breve campaña luego de que le despojaran el triunfo en noviembre y lo inhabilitaran.

La oposición venezolana logra una importante victoria, frente al apabullante poder del chavismo. No solo ha puesto fin a la dinastía de los Chávez, que gobernaban el Estado desde hace 20 años, sino que también ha desafiado al Gobierno en todas sus maniobras para intentar torcer los resultados que comenzaron con la anulación de la victoria de Superlano. Sergio Garrido ganó contra todo el derroche de recursos del Estado dirigido por varios ministros de Nicolás Maduro, que se instalaron en Barinas para empujar a su candidato. Las nuevas elecciones se celebraron un enorme despliegue militar y policial de más de 25 mil funcionarios para poco menos de mil mesas de votación, que fue considerado una intimidación. El chavismo repartió neveras y electrodomésticos y abasteció a la región con la gasolina y el gas que escasean en todo el país.

Barinas se suma a Zulia, Guárico y Nueva Esparta entre las gobernaciones ganadas por la oposición, más un tercio de las alcaldías. La elección en Barinas se convirtió en un objetivo común para la oposición, en medio divergencias en la plataforma de apoyos al liderazgo de Juan Guaidó. Dirigentes nacionales de distintos partidos opositores se sumaron a la campaña de Garrido.

Ahora el resultado sirve de base para un cambio de dirección en la estrategia opositora, debilitada por sus fracasos en la búsqueda de una transición política en Venezuela y desdibujada por abstenerse en los comicios de los últimos años. El triunfo de Barinas en un segundo intento los fortalece de cara al escenario electoral de las presidenciales de 2024 o un posible revocatorio a Maduro que algunos sectores promueven para este año.

Caracas - 09 ene 2022

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Una mujer sostiene un bote de humo naranja durante una manifestación convocada por el sindicato CGT contra las leyes represivas, el pasado 16 de octubre en Madrid. — Alejandro Martínez Vélez / EUROPA PRESS

Las protestas surgidas en los últimos años en distintas partes del mundo, incluyendo España, han centrado la atención de la filósofa política Jule Goikoetxea y del jurista Albert Noguera, quienes analizan esta realidad en el libro "Estallidos".

 

Una ola vuelve a recorrer el mundo. A veces coge forma de tsunami e inunda calles durante varias semanas. Otras veces son gotas incesantes, continuas, cayendo sin parar. Son lluvia y son tormenta. Son los estallidos sociales que enloquecen a gobiernos, enfurecen a policías y movilizan a cientos de miles de seres humanos en los más variados escenarios. Son las llamas que no se apagan.

El año que está por terminar no solo dejará imágenes de gente con mascarilla o o brazos al desnudo en salas de vacunación. 2021 también será el año de las protestas en Colombia y en Chile, de las movilizaciones por la libertad del rapero Pablo Hasél en España o del grito del 'Black Lives Matter' en EEUU. 

Estos y otros actos populares han merecido la atención de Jule Goikoetxea, profesora del Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad del País Vasco (UPV) e investigadora de la Universidad de Oxford, y del jurista y politólogo Albert Noguera. Del diálogo entre ambos ha surgido Estallidos, un libro recientemente publicado por Bellaterra Edicions que recoge precisamente un análisis sobre el impacto y significación de esas olas de protestas.

"Las imágenes de turbas, fuego, disturbios y barricadas son cada vez más habituales en todos lados", afirma Goikoetxea a Público. En tal sentido, la investigadora apunta precisamente hacia "las revueltas de Túnez, Turquía, Egipto y Libia", así como "las Mareas y el 15M, los procesos y manifestaciones independentistas", llegando incluso a "la batalla de Urquinaona de Barcelona seguida por las movilizaciones contra diversos encarcelamientos a raperos, militantes y políticos".

Distintas razones, similares características. "La mayoría de estos estallidos son imprevistos, aparecen y desaparecen y los sujetos que los protagonizan son heterogéneos y traen consigo viejas, pero también nuevas demandas no encuadrables dentro del esquema clásico", reflexiona la autora.

La pandemia sorprendió a un mundo en el que había varias calles ardiendo. Antes de que el coronavirus lo impregnara todo, en el agitado panorama internacional surgían imágenes de millones de personas movilizadas en lugares muy distantes: desde Hong-Kong a Colombia, pasando por Chile o la Francia de los Chalecos Amarillos, las reivindicaciones sociales, políticas y antirrepresivas recorrían el mundo. 

Con esos escenarios sobre la mesa, Goikoetxea y Nogueras se plantean la pregunta del millón. ¿Estamos ante simples revueltas o asistimos a algún tipo de revoluciones? "Para responder a eso, primero nos hacemos una serie de preguntas relevantes: ¿La revolución es un cambio estructural llevado a cabo mediante guerra, lucha armada y dictadura o cuentan los cambios estructurales realizados sin nada de eso? ¿Qué son cambios estructurales? Y por tanto, ¿qué es estructural?", plantea.

A su juicio, "están surgiendo nuevas contradicciones y nuevas formas de resistencia que obligan a repensar y redefinir los conceptos clásicos de la teoría política, de su práctica y de su organización". De hecho, el trabajo publicado junto a Noguera busca "pensar colectivamente sobre conceptos como el de revolución, revuelta, clase social, identidad, sujeto histórico, utopía, poder y cambio político".

En el caso concreto de España, Goikoetxea sostiene que "la crisis de gobernabilidad y deslegitimación del sistema político tiene otro eje añadido, que es la estructura territorial". Aparecen así las revueltas en Catalunya, con políticos encarcelados y manifestaciones que marcaron el día a día.

La investigadora habla así de "un tipo de neoliberalismo que, incluso en esta era supuestamente global, se compone de mimbres franquistas y nacional-católicos", marcado por una "élite corporativa" que necesita "controlar el Estado para convertirlo en una gestoría privada". 

La reacción de la izquierda

En su trabajo, Goikoetxea y Noguera buscan descifrar también cuál es la respuesta de la izquierda ante esos estallidos. "La izquierda es conservadora como el resto de la población en el sentido de que es obediente en general, es decir, reproducimos las normas, la moral, los deseos y las costumbres del sistema dominante", destaca la profesora de la UPV.  

Del mismo modo, cree que en este debate también está "la izquierda reaccionaria, esa a la que le molesta la diversidad porque siempre se sintió identificada con la unidad", una izquierda que "sigue creyendo que la heterosexualidad es una pulsión, no un régimen político, esa que cree que los hombres ni nacen ni se hacen, sino que los escupe la cigüeña en mitad de la meseta con derechos y con habilidades lingüísticas, racionales y productivas enganchadas a sus taparrabos". "La mitad de esta izquierda esencialista terminará en la derecha en unos pocos años", apunta Goikoetxea.

Los estallidos que vendrán

La ola de protestas en tiempos de pandemia no cesará. "Estamos en una época de estallidos continuos porque el sistema productor de mercancías sigue basándose en expropiar y explotar a la gran mayoría de la población mundial, pero a diferencia de la Europa del siglo XX llena de estados keynesianos, en este siglo ya no necesitarán las instituciones estatales puestas en marcha para crear sujetos productivos, que es para lo que servía la educación pública, la sanidad pública o los derechos a cambio del trabajo remunerado", pronostica.

Goikoetxea cree que "si hasta ahora expropiaban masivamente a mujeres, migrantes y personas racializadas a nivel mundial para poder explotar al proletario europeo a cambio de un sueldo, en este siglo la expropiación se expandirá en contraposición a la explotación". "La ciudadanía con derechos será una élite aún más reducida que hoy, por lo que son previsibles ciclos diferentes de estallidos", agregó.

25/12/2021 22:10

Danilo Albin@Danialri

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Foto: Daniel Quintero Alcalde de Medellín

La Registraduría Nacional del Estado Civil de Colombia anunció que fueron aprobadas las firmas para que sean los habitantes de la capital antioqueña quienes decidan si el burgomaestre continúa o no en su puesto

 

La Registraduría Nacional del Estado Civil de Colombia avaló, este viernes 24 de diciembre, 133.000 firmas de las 91.000 requeridas para iniciar el proceso de revocatoria del alcalde de Medellín, capital del departamento de Antioquia, Daniel Quintero.

La entidad señaló en el resumen del informe técnico sobre el procedimiento de verificación de firmas del proceso de revocatoria del mandatario de Medellín, que de las 383.685 firmas recolectadas, 133.242 fueron validadas, por lo que el proceso de revocatoria continuará su curso.

 “Esto es histórico, es un hecho único en la historia de esta ciudad. Quintero se va, se va por malo, por perverso, por bandido. Tenemos las firmas, quedamos en manos del gobernador encargado, Luis Fernando Suárez, para que fije las fechas de votaciones. Gracias a todos los ciudadanos que aportaron su firma”, señaló Andrés Rodríguez, presidente del grupo ciudadano ‘Medellín Cuenta Conmigo’, que lidera el proceso de revocatoria.

A su vez, el movimiento indicó que la Registraduría tiene dos meses para notificar a la Gobernación de Antioquia con el propósito de fijar la fecha en la que se realizará la votación en la que los ciudadanos de la capital antioqueña decidirán si el alcalde se queda o se retira de su puesto.

Asimismo, el líder de la revocatoria señaló que esperaban que la fecha de votación fuera el próximo el 13 marzo, en el que al menos 314.000 habitantes de Medellín deben asistir a las urnas y la mayoría debe decidir revocar al mandatario que ha sido crítico del proceso de recolección de firmas.

Daniel Quintero aseguró que comité revocatorio no alcanzó las firmas necesarias para continuar con proceso de destitución

En un episodio más entre el alcalde de Medellín, Daniel Quintero, y el comité de ciudadanos que buscan su revocatoria, el primero afirmó que las firmas obtenidas por dicho comité no son, en su mayoría, de Medellín.

El mandatario, quien cuenta con una copia de las firmas de los ciudadanos que se inscribieron para revocar su mandato, aseguró que los organizadores no alcanzaron los apoyos necesarios para continuar con dicho proceso.

Además, insistió, en que hubo un proceso sistemático de falsificación y uniprocedencias en la recolección de las firmas necesarias, un 30 % de la votación alcanzado o su equivalente a 92.000, entregadas a la Registraduría.

Para Quintero, es claro que, “el comité revocatorio no logró los apoyos necesarios” en la búsqueda por terminar anticipadamente su mandato.

Lo anterior, motivó al alcalde de Medellín a informar que procederá con la sistematización de las pruebas para entregarlas a las autoridades electoralescompetentes y ante la Fiscalía General de la Nación dentro de los cinco días siguientes al informe que sobre el caso presente la Registraduría Nacional del Estado Civil.

El pronunciamiento de Daniel Quintero fue realizado desde su cuenta de Twitter el pasado 22 de diciembre. Esto escribió el alcalde de Medellín:

Después de revisar las firmas de la revocatoria podemos afirmar que el comité revocatorio no logró los apoyos necesarios. En cambio sí, existió un proceso sistemático de falsificación, uniprocedencias y más del 60% de los ciudadanos reales ni siquiera eran de Medellín.

24 de Diciembre de 2021

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“La organización del mismo pueblo es lo más importante y de largo plazo en un proceso de resistencia”

Entrevista a Ángel Sulub, del Congreso Nacional Indígena

 

En el marco de la Gira por la Vida zapatista que este 2021 ha cruzado los mares y desarrollado amplias agendas en distintos países de Europa, nos encontramos con Ángel Sulub, delegado del pueblo maya originario de Quintana Roo, que acompaña la gira en representación del Congreso Nacional Indígena. Conversamos con él y repasamos los 25 años de lucha desde la constitución del CNI.

Maureen Zelaya: ¿Qué es el Congreso Nacional Indígena (CNI)? ¿Cómo está compuesto?

Ángel Sulub: El Congreso Nacional Indígena, el CNI, es un movimiento, una organización de los pueblos indígenas de México. Nosotros le llamamos la Casa de los Pueblos Indígenas de México pues participamos unos 58 pueblos indígenas de toda la geografía mexicana. Aún no hemos llegado a todos los pueblos indígenas, pero aspiramos a ello.

Después del levantamiento zapatista de 1994, se hace un llamamiento a todos los pueblos de México a encontrarnos, a dialogar, a reflexionar, a poner en común nuestras problemáticas. Después de algunos foros nacionales de pueblos indígenas, ese 12 de octubre del 1996, hace 25 años, se constituye el Congreso Nacional Indígena en la Ciudad de México y nace como el espacio político- organizativo de los pueblos. Desde entonces, a lo largo de los 25 años, el CNI camina junto con las y los zapatistas.

El CNI entonces está conformado por delegados y delegadas, hombres y mujeres de los diferentes pueblos indígenas de México que han sido nombrados por sus propias asambleas comunitarias. En este espacio lo que hacemos es dialogar, compartir y también organizarnos políticamente para la defensa de nuestro territorio, organizar las luchas y resistencias que tenemos como pueblos indígenas. Organizar la rebeldía que para nuestros pueblos es luchar por la vida.

M.Z.: ¿Cómo se ha avanzado en la lucha por la vida y las demandas de los pueblos indígenas en este tiempo?

A.S.: Como CNI entendemos que el camino hacia la dignificación de la vida de los pueblos indígenas es el fortalecimiento y la construcción de la autonomía indígena. Esto es lo que hemos identificado necesario para la reconstitución integral de los pueblos indígenas de México y de esto se ha ocupado el CNI en este tiempo: de la construcción de la autonomía, fortaleciendo las autonomías de los pueblos donde ya había un proceso iniciado y crear nuevos procesos autonómicos en donde nos habían arrebatado la autonomía indígena.

En estos 25 años, los procesos han sido muy diversos. Hay comunidades como Santa María de Ostula en Michoacán o San Lorenzo Atzqueltán en Jalisco, que son comunidades que viven sus autonomías políticas, administrativas, que tienen sus propias policías comunitarias, su propia organización política, etcétera. Otros pueblos apenas estamos iniciando esta construcción desde nuestros propios contextos locales, generando autonomías en la vida, la política, el autogobierno, los sistemas productivos, el comercio y la educación. Hay muchos procesos autonómicos de educación ante la necesidad de contrarrestar todas las políticas del Estado nacional, entre ellas la política educativa, que continúa siendo colonialista, asimilacionista, que desarraiga de su identidad indígena a la juventud y la infancia, alejándonos de la conexión con la tierra y el territorio. Esa política educativa nos impone un modelo de vida basado en esta idea de progreso, de desarrollo, que es totalmente ajena a la forma de pensamiento y de vida de los pueblos indígenas.

Cuando hablamos de nuestra resistencia y esta lucha, tenemos muy claro que es contra el colonialismo y por tanto contra el capitalismo, que lo hemos definido como el gran enemigo de los pueblos. Desde hace muchos años tenemos claro esto en el CNI, lo hemos debatido, con reflexiones de todos los pueblos y en especial, reflexiones de las mujeres. Porque también esta es una lucha antipatriarcal al mismo tiempo que anticolonial.

M.Z.: ¿Cómo se organiza y se construye la autonomía indígena a la que aspiran los pueblos?

A.S.: Lo más importante de las autonomías es la Asamblea Comunitaria. En nuestros pueblos las decisiones son asamblearias y el trabajo de la tierra es comunal, de tal manera que decidimos por nosotros mismos qué hacer con nuestro territorio desde lo más básico, que es dónde cultivar, qué hacer con los productos que obtenemos de la tierra, cómo distribuimos para todos y todas esos alimentos. Esta es una base de la autonomía indígena: la autosuficiencia alimentaria y eso lo defendemos. Somos nosotros y nosotras quienes cultivamos, sembramos y cosechamos para nuestros pueblos. Pero esta parte está en grave peligro, totalmente amenazada. Hay lugares como Quintana Roo en la península de Yucatán, el pueblo al que pertenezco, que la autosuficiencia y autonomía alimentaria nos fue arrebatada hace mucho tiempo. A los pueblos mayas nos han convertido en dependientes del turismo y han desplazado nuestro apego a trabajar la tierra. Y esto ha sido por las políticas del Estado federal, del Estado de Quintana Roo y de todos los niveles administrativos del Estado.

Ese desmantelamiento de nuestra autonomía es lo que queremos revertir, desde la autosuficiencia alimentaria hasta la educación, pasando por el tejido comunitario, el pensamiento y las formas de vida de los abuelos y las abuelas. Algo tan sencillo como que la infancia, la juventud, participen de los procesos comunitarios como son la siembra de la milpa, la cosecha, la ritualidad que gira en torno a la a la milpa, las fiestas tradicionales de los pueblos indígenas, que también todas están vinculadas a la tierra, a la cosecha, a la siembra. Y eso es parte de nuestros procesos educativos propios, autónomos. También es parte de otra manera de resistir: mantener nuestra vida tradicional y comunitaria.

Así, la Asamblea comunitaria es donde se toman y se democratizan las decisiones y la práctica de la autonomía. Ahí participan jóvenes, mujeres, toda la comunidad, normalmente a partir de 18 años que aún es una práctica tradicional del sistema político. A partir de esas decisiones, se elige a personas representantes. Y en esas asambleas, pues hay comisiones distintas: salud, educación, asuntos agrarios, comisiones que se encargan de los asuntos productivos de comercialización. Normalmente también hay cooperativas que se conforman en estas autonomías, y no son necesariamente cooperativas insertas en el sistema fiscal mexicano, sino formas cooperativas de trabajo y de producción del campo, para que sea redistribuido en la propia comunidad mientras que los excedentes son vendidos a otras comunidades. Y también esas son las formas propias de economía, pasos hacia la autonomía.

Cuando surgen conflictos, básicamente con relación al trabajo de la tierra o entre las familias, la base para dirimir es la asamblea, pero normalmente las asambleas comunitarias tienen una comisión según sea el caso. Sin embargo, las formas de estructura son muy diversas, como también lo es la ejecución de las decisiones de las autonomías, porque cada pueblo tiene sus propias formas. El zapatismo por un lado tiene su propia forma, tal como lo están dando a conocer en esta gira, cómo ha evolucionado todo su proceso de autonomía.

Por ejemplo, en San Lorenzo Atzqueltán ya han cumplido ocho años de autonomía. Recientemente, inauguraron una clínica comunitaria autónoma equipada y con medicamentos que utilizan la medicina tradicional, herbolaria. El personal médico que llega a estos centros autónomos de salud aporta su conocimiento a promotores de salud y de esa manera funcionan y se sostienen los centros. Así, hay diferentes grados de autonomía. Otros territorios no tienen aún esto, pero empiezan, por ejemplo, con clínicas comunitarias, como en mi territorio. O que empiezan con prácticas de autonomía política administrativa, o en la cuestión productiva y de comercialización.

También como CNI tenemos la Asamblea General como autoridad máxima que toma las decisiones, con la representación de las diferentes regiones y pueblos que forman la autonomía indígena.

M.Z.: ¿Cuál es la situación actual de la lucha política de los pueblos indígenas en relación con el Gobierno mexicano, los sectores empresariales y otros actores que ostentan el poder en México?

A.S.: Lo que ha sucedido con la llegada de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) en 2018 a la Presidencia de la República es la continuidad. Los pueblos indígenas vivimos con mayor fuerza el embate del sistema político asociado a la primacía de corporaciones y empresas multinacionales con proyectos de despojos para nuestros pueblos. El Gobierno mexicano hizo desaparecer por decreto el neoliberalismo en México, pero la realidad de lo que vemos y vivimos es que continúa todas las políticas neoliberales en la misma línea de continuidad de los gobiernos pasados. Entonces, que hayamos tenido un gobierno del PRI, luego otro del PAN y ahora un gobierno de MORENA para los pueblos no ha significado algo positivo, sino todo lo contrario.

El CNI y la resistencia indígena a la entrada de AMLO se debilitó, se dividió, se fracturó. Muchas personas que estaban en la lucha y en la resistencia están ahora como funcionarios en el gobierno federal. El mismo titular del Instituto Nacional de Pueblos Indígenas, Adelfo Regino Montes, fue uno de los fundadores del CNI y en su momento estuvo en la lucha. Pero no sólo eso, el Gobierno está arreciando el ataque contra los pueblos y lo vemos con la criminalización de la defensa de nuestros derechos, con las personas asesinadas, desaparecidas, encarceladas que son defensores y defensoras del territorio. Muchos de ellos integrantes del CNI, como el caso de Samir Flores que fue asesinado hace dos años.

Entonces, lo que estamos viviendo es la imposición de grandes megaproyectos que sirven al interés político del Estado mexicano, pero también al interés de otros países como Estados Unidos y a los intereses económicos de las corporaciones multinacionales. Por poner un ejemplo, hay dos grandes megaproyectos que se están imponiendo, que son el corredor interoceánico y el conocido como Tren Maya, en el sureste de México y forman parte del Plan Nacional del Desarrollo del gobierno, pero que también engarzan con la política migratoria.

Lo que nosotros hemos analizado como CNI es que estos dos megaproyectos serán esta nueva frontera entre Estados Unidos y Centroamérica. Es decir, la migración que viene de Centroamérica o del sur de México se quedaría en ese corredor industrial, ese corredor turístico. Es lo que se propone en el Plan Nacional de Desarrollo como mano de obra, por supuesto, y es parte de esa política migratoria mexicana que actúa como muro de contención. Cuando Trump dijo que los mexicanos pagaríamos el muro, no se refería al muro físico de la frontera norte de México, sino a todos estos megaproyectos, a todo este nuevo muro industrial y turístico que se está creando.

Estos megaproyectos sirven a estos intereses políticos de EE.UU., pero también a sus intereses comerciales, porque el corredor interoceánico es un paso entre el Océano Pacífico y el Atlántico, que será una nueva ruta comercial paralela al Canal de Panamá y que les resultará geopolíticamente más atractivo y económicamente más rentable tanto a multinacionales como a los gobiernos de Estados Unidos, independientemente de que sean republicanos o demócratas.

Poco importa que estos megaproyectos que se están imponiendo violen derechos humanos, despojen del territorio, extorsionen a campesinos para las ventas de sus ejidos. En Quintana Roo, que ya es turístico, ahora con el proyecto del Tren Maya lo que busca es, por una parte, potenciar el turismo masivo, replicar los ejemplos de Cancún y Riviera Maya en toda la región, que el gobierno y las empresas lo siguen presentando como un modelo de éxito, de desarrollo. Y para nosotros ha sido la muerte para nuestros pueblos. Y eso es algo que sucede todos los días, porque la criminalidad, los feminicidios, el narcotráfico, la trata de personas, el turismo sexual, es algo que ocurre todos los días.

M.Z.: Por favor, desarrolla más ¿qué implicaciones trae el Tren Maya para los pueblos indígenas de la región?

A.S.: Con el Tren Maya se pretende construir más de 16 nuevos centros urbanos, o sea, nuevas ciudades turísticas en torno a las estaciones del tren, con todas las consecuencias que traería tanto ambientales como ha sucedido en Cancún y Playa del Carmen, que ha sido una devastación ambiental completa, pero también y sobre todo de los impactos sociales y culturales para los pueblos. Es un verdadero infierno que se vive en Cancún y Riviera Maya, y entonces esos son los modelos que se quiere llevar a todo el corredor por el que pasará el tren Maya. Los turistas que visitan estos lugares compran una fantasía, se meten en una burbuja en la que parece que están en un paraíso. Pero estos proyectos turísticos, como el Tren Maya, es todo lo contrario a lo que quiere vender el gobierno mexicano y el desarrollismo.

Además, implica el impulso a la agroindustria, porque el tren no será nada más un tren turístico, sino un tren de carga. Y lo que se está impulsando es la agroindustria con la siembra de soja transgénica, de maíz transgénico, de sorgo y arroz. Toda esta producción no es para los pueblos, sino que forma parte de una cadena porque es el alimento de animales de macrogranjas, para empresas productoras de carne y toda esa carne tampoco es para los pueblos, sino para exportar principalmente a China. Todo este proyecto forma una cadena en la que los únicos beneficiados realmente son las empresas multinacionales. Mientras, lo que se queda en el territorio es la contaminación, la destrucción de la selva, la deforestación, el agua que se contamina con el uso de agrotóxicos y los desechos de las macrogranjas de cerdos que terminan en el manto freático.

Y así lo estamos viviendo en todos los megaproyectos: el proyecto Integral Morelos, la Refinería dos Bocas y muchos otros que están en marcha. La política del gobierno es abrir y facilitar la entrada de las multinacionales y, si hace falta, AMLO lanza decretos presidenciales determinando que estos megaproyectos son parte de la seguridad nacional para posibilitar a todas las dependencias públicas a facilitar la ejecución de estos megaproyectos.

M.Z.:¿Cómo se ha agudizado la militarización y paramilitarización en los contextos de resistencia a megaproyectos?

A.S.: Esto es algo muy alarmante. Toda la resistencia se acompaña de más militarización en nuestros territorios, que es algo que nos preocupa. Nunca como ahora se ha visto el fortalecimiento del presupuesto de la Secretaría de Defensa Nacional. En Quintana Roo ya se ha anunciado la creación del primer “batallón turístico”, un batallón turístico-militar cuya justificación es el combate al crimen organizado. Chiapas y Palenque están totalmente militarizadas, son las regiones donde pretenden imponer varios megaproyectos incluido el Tren Maya.

En Chiapas, además, está el grupo paramilitar llamado Orcao, que es una organización de tenedores cafetaleros y que fue armado por el gobierno de Ernesto Zedillo, por ejemplo, y que son los que en este momento están ejecutando ataques en contra de comunidades zapatistas. Recientemente quemaron una escuela autónoma zapatista, bodegas de café zapatista y están provocando directamente a los pueblos autónomos zapatistas. También hay otras organizaciones paramilitares en Oaxaca y en otros estados que de igual manera son parte de este brazo armado del poder político de México. Es sumamente grave lo que está poniendo en cuestión de paramilitarismo, militarización y la legitimación de la violencia de la policía, que es al nivel de las fuerzas militares.

Nosotros reflexionamos que la militarización también se suma a las políticas migratorias por desmantelar las caravanas de migrantes en el paso de Centroamérica a México rumbo a Estados Unidos. El sistema migratorio mexicano es delincuencial y solo provoca víctimas. Es común encontrar trailers llenos de personas migrantes, en ocasiones se han encontrado con personas muertas, miles de personas desaparecidas.

Hay una complicidad entre los tres niveles de gobierno, porque al final es un negocio para la delincuencia organizada que también es, decimos nosotros, como un brazo armado del sistema político nacional. Hemos investigado y hemos encontrado vínculos estrechos entre gobernadores con el crimen organizado, presidentes municipales que son parte del crimen organizado. Aún así, con denuncias y recursos judiciales, no hemos podido hacer más que tratar de visibilizar esta situación y también la presencia de paramilitares.

M.Z.: Además de la construcción de la autonomía indígena, ¿Con qué otras estrategias cuentan para enfrentar esta situación?

A.S.: Cuando en 2001, que estaba Adelfo Regino, junto con Marichuy, la comandanta Ester, el Tata Juan Chávez, hablamos ante el Congreso de la Unión en México, lo hicimos exigiendo que, en la reforma de la Constitución Mexicana quedasen consagrados los Acuerdos de San Andrés que ya estaban firmados. Se había acordado previamente que estos Acuerdos se incorporarían a la Constitución y no fue así. Esto, que llamamos la Gran Traición, no solo por el Gobierno mexicano sino por los partidos políticos, fue un momento importante porque como pueblos del CNI decidimos que con o sin reconocimiento de la ley se iba a ejercer la autonomía. A partir de entonces, el hecho de ejercer nuestra propia autonomía nos ha llevado a tener una lucha frontal contra el Estado, y por tanto nosotros denunciamos al Estado desde sus propias prácticas de Estado.

La forma que nosotros pensamos que es más importante de lucha y resistencia es la construcción desde abajo, es decir, la organización del mismo pueblo es lo más importante y de largo plazo en un proceso de resistencia. Sin embargo, también tenemos otros frentes de lucha como CNI. Seguimos insistiendo en el marco jurídico que existe, que a pesar de que no nos garantiza un acceso efectivo de la justicia, presentamos denuncias, amparos, todo tipo de recursos judiciales que han logrado frenar, por ejemplo, en la península de Yucatán a Monsanto y a Bayer, que han logrado cerrar parques eólicos en Oaxaca, que hemos logrado cerrar granjas por cinco días en Yucatán. Pero al final esta lucha jurídica es muy desgastante, sobre todo en un país que no respeta las resoluciones de los jueces o las empresas tienen muchos más recursos para desplegar estrategias.

Por eso insistimos que lo más importante es el ejercicio de nuestra autonomía. Contra ellos, sin marco legal, porque el derecho es nuestro, nos asiste y defendemos nuestro legítimo derecho de existir, de decidir. También por eso tenemos alianzas puntuales con otros movimientos sociales que apoyan si es necesario. Al interior del CNI, sobre todo de los últimos años, nuestra idea es sumar las luchas, causas que nosotros reflexionamos que están aisladas o automatizadas y que al final nos damos cuenta de que se trata de una misma lucha. Es una lucha por la vida, por la libertad, por la dignidad. Entonces, desde hace ya varios años estamos trabajando en sumar causas y hacer alianzas con otras luchas donde compartimos fines.

Otra estrategia fue cuando el CNI participa en el proceso electoral mexicano a través del Consejo Indígena de Gobierno, que fue una propuesta colectiva de concejales y concejalas que conforman este Concejo Indígena de Gobierno y con la vocera Marichuy, que se inscribe como aspirante a una candidatura presidencial. Esa fue una estrategia también de los zapatistas para visibilizar qué está sucediendo en los pueblos indígenas, pero sobre todo para acercarnos a las comunidades y a otras luchas que también se vinculan con las luchas de los pueblos indígenas. Ese fue un momento muy importante porque el objetivo del CNI se logró, que fue acercarnos a otras luchas, nunca el objetivo fue llegar a la presidencia sino utilizar este mecanismo para visibilizar nuestras demandas, nuestra lucha. En ese caminar, también nos encontramos con gente de la ciudad, con jóvenes que defienden el medio ambiente, que están luchando por mejores condiciones laborales, por mejores condiciones de vivienda, etcétera. Y a partir de entonces se crearon redes que en su momento se llamaban redes de apoyo al Consejo Indígena de Gobierno y que después han tomado distintos nombres como Red de Resistencia y Rebeldía y otras con otros nombres, ahora vinculadas al CNI y de igual manera, con el zapatismo. Entonces hemos formado alianzas con grupos ecologistas, con grupos de mujeres, artistas, pero teniendo como base que sean luchas anticapitalistas, antipatriarcales y anticoloniales desde cuya base establecer un trabajo colaborativo.

Entonces esta gira también se enmarca en esta estrategia y es una oportunidad muy importante para seguir tejiendo alianzas con otras luchas en el marco de la Gira por la Vida, desde lugares muy distintos. Para nosotros como CNI, aceptar esta invitación de los zapatistas nos está dando la oportunidad de encontrarnos con otras resistencias, encontrarnos con otras organizaciones de distinto tipo, pero que están igual luchando contra lo mismo.

M.Z.: ¿Cuál ha sido vuestra principal propuesta en esta Gira?

A.S.: Cuando nos han preguntado algunas personas aquí en Europa cómo podemos ayudar a las luchas del CNI, algunas de las respuestas que hemos reflexionado son que, primero, tendríamos que como pensar que no se trata de ayudar a una lucha externa. Es necesario apropiarnos de las luchas, sentirnos parte de la misma lucha. Y lo importante para nosotros en estos encuentros es generar estos diálogos y entendimientos para poner sobre la mesa la reflexión de que al final la lucha de los pueblos indígenas no es solo para los pueblos indígenas, sino que es una lucha para la humanidad, la lucha por la conservación de la madre tierra y de los territorios.

Entonces, más allá de ayudar a los pueblos indígenas, es como humanidad que tenemos que organizarnos para desmontar este sistema porque nos está llevando a un colapso total. Y vemos que le llaman esta crisis civilizatoria, o cambio climático, calentamiento global, etc. Pero es solo el reflejo de lo que este sistema hace. Y cada pueblo lo vive de manera diferente y también lo enfrentamos de maneras distintas. Los pueblos originarios no le llaman calentamiento global o cambio climático, pero vemos en la producción de la tierra, con las siembras, las milpas, el reflejo de lo que está sucediendo, vemos el reflejo del sistema. Reconocemos que somos parte de una misma lucha. Y entonces la invitación que hemos traído desde el CNI es a continuar organizándonos, continuar utilizando estas dos grandes armas contra el capitalismo que son la solidaridad y la colectividad, entendida ésta como el sentido de lo común, lo que nos une.

Por Maureen Zelaya

17 diciembre 2021

Maureen Zelaya forma parte del Área de Antirracismo de Anticapitalistas

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Adiós a las cosas: el smartphone se  devora el mundo

El ensayista Nicolás Mavrakis analiza No-cosas, nuevo libro de Byung-Chul Han

En su nuevo ensayo, el filósofo surcoreano hace una crítica radical del smartphone y ve una disolución del mundo en “no-cosas”: del orden terreno al orden digital y la pérdida del ser desde la mirada heideggeriana.

 

El escritor y ensayista Nicolás Mavrakis es autor de Byung-Chul Han y lo político (Prometeo, 2021) donde recorre el pensamiento del famoso filósofo surcoreano. Lleva años estudiando los vínculos entre la cultura humanística y la tecnología digital en publicaciones como Una pregunta sobre internet (Letra Sudaca, 2017), Houellebecq, una experiencia sensible (Galerna, 2016) y #Findelperiodismo y otras autopsias en la morgue digital (Ediciones CEC, 2011).

--Según Byung-Chul Han, el mundo se vacía de cosas para llenarse de información: se descorporiza perdiendo la referencialidad y la facticidad. Los signos digitales, cada vez más, ya no representan a un objeto real. Y nos desmaterializamos como personas en dígitos: el “otro” va desapareciendo también. ¿Desde la perspectiva heideggeriana de Han avanzaríamos hacia una mayor pérdida del Ser?

--Sin dudas, el avance del “emplazamiento técnico” profundiza el olvido del ser. Nos reduce a la mera verdad del “ente”, cuya función en este “emplazamiento técnico” hoy liderado por Silicon Valley es demandar y consumir objetos, al punto tal que el hombre mismo se reduce a un objeto entre otros. Han menciona en este sentido la cuestión de la autoexplotación: “Ahora uno se explota a sí mismo y cree que está realizándose”. En No-cosas, estas premisas se afinan en una crítica precisa a algo que Heidegger intuyó pero no llegó a ver: el hecho de que, como escribe Han, “el mundo se torna cada vez más intangible”, lo cual no tiene tanto que ver con la melancolía por la materialidad de las cosas, sino con un eficiente traslado hacia la vida cotidiana de la lógica actual del capital. Este desarraigo del capital frente a toda acción económicamente productiva en beneficio de la pura financiarización especulativa lo vemos en marcha entre palabras vaporosas como “los mercados” o “las inversiones extranjeras”. Estamos hablando de ciclos financieros, no de ciclos productivos. Silicon Valley es un ejemplo de cómo se pueden crear las más grandes fortunas a partir de la especulación improductiva con “no-cosas” como los datos. Pero en este punto hay que recordar lo que Heidegger decía a través de Hölderlin: “Donde está el peligro, crece también lo que salva”. En la medida en que seamos conscientes de lo que pasa, es más probable que podamos reaccionar. Pero, ¿queremos reaccionar?

--El filósofo dice que las energías libidinales se apartan de las cosas para ir hacia las no-cosas: “nos hemos vuelto todos infómanos”, fetichistas de la información y no de las cosas. ¿Qué es un infómano?

--El “infómano” es la versión última del narcisista, cada vez más dependiente de lo que le da certezas afirmativas sobre el valor de sus opiniones, sus consumos y sus hábitos, expuestos a cada instante y sin sospechas de negatividad. Han repite una y otra vez que lo único que las redes sociales nos retribuyen a cambio del usufructo voraz de nuestros datos es narcisismo. Los “Me gusta”, los “corazones”, los “compartidos” y los “vistos” que intercambiamos no son más que narcisismo distribuido por usuarios que, al mismo tiempo, son cada vez más segmentados, filtrados y moldeados por la lógica narcisista de las redes. El círculo de confirmación mutua y celebratoria que nos repite que somos las mejores versiones posibles de nosotros mismos cierra a la perfección. Hay vidas, incluyendo carreras profesionales súbitas y exitosas, atadas a la reputación que se construye con el narcisismo digital.

--Sería el caso del derrumbe de la multinacional WeWork con el megalómano de Adam Neumann.

--Es un buen ejemplo. Tal vez Han no es tan popular en Twitter por señalar estas farsas. El punto es que el “fetichismo de la información y los datos” no es una conducta que se nos imponga por las malas, sino por las buenas.

--Han hace casi un llamado a aferrarnos al “orden terreno” compuesto por cosas físico-analógicas. Opina que lo firme y duradero estabiliza la vida, pero está siendo sustituido por el orden digital: cada vez más percibimos el mundo a través de pantallas y no tocamos las cosas. La mayor parte de la comunicación pasa por allí. El mundo va perdiendo solidez y “se torna cada vez más intangible, nublado y espectral... El smartphone irrealiza el mundo”. ¿Por qué lo alarma tanto a Han el que los dispositivos se estén devorando el mundo?

--Acá podríamos dar vuelta la pregunta: ¿por qué no nos alarma tanto a nosotros que los dispositivos se estén devorando al mundo? Hay una zona en la argumentación de Han a la que se puede atacar por buenas razones. Porque son ideas que nos enfrentan al hecho de que nuestra propia identidad, a pesar de lo que muchas veces nos gustaría creer, es menos maleable, mutable y transformable que lo que pensamos, y por eso no podemos evitar ser cómplices conscientes del sistema. Ahora bien, cuando Han habla acerca de dispositivos como el teléfono inteligente, lo que se cuestiona es nuestra complacencia irrestricta a un sistema de explotación que nos riega con narcisismo. Si creemos que Han sólo está contra los teléfonos, nos queda la caricatura de un pesimismo anacrónico que, además, convalida nuestra propia fantasía autocomplaciente acerca del libre dominio que creemos tener sobre los objetos técnicos del siglo XXI. Pero Han no está contra los teléfonos inteligentes por lo que son, sino por lo que hacen y representan. Lo dice con claridad: el teléfono profundiza el cautiverio en un sistema que sólo nos da libertad para optar entre elecciones preestablecidas y consumos, pero empantana toda acción concreta. Gran parte de lo que consideramos “activismo político” no es más que una inútil “indignación digital”. Pero Han dice algo más: lo único “inteligente” del teléfono inteligente es que gracias a la complacencia narcisista con la que nos nutre cada interacción digital, este “capitalismo del Me gusta” no tiene que temer ninguna resistencia. Es la permisividad del “capitalismo del Me gusta” lo que anula cualquier confrontación. Fastidia un poco el hecho de que Han lo diga sin vueltas porque esto es un ataque directo a nuestro narcisismo, de repente asediado por el hecho de que aunque Silicon Valley nos haga creer que somos emperadores, estamos desnudos.

--Para Han, nos estamos “mudando” a la infósfera, donde no necesitamos las manos: el hombre del futuro “ni siquiera se dará cuenta de que no usa las manos”. Los trabajos físicos tienden a hacerlos máquinas y robots. Empuñamos el mouse o apretamos un botón y todo arranca. Aunque esas interfaces tienden a desaparecer ante los comandos de voz. Dice el filósofo que Heidegger parece haber intuido que el ser humano no tendría manos y que en lugar de trabajar, se inclinaría a jugar. El análisis de la mano por Heidegger puede usarse hoy como defensa del orden terreno frente al digital. Aquel pensador distinguía la mano de los dedos: en el uso de la máquina de escribir solo intervenían las yemas y esto “retira al hombre de la esfera esencial de la mano”. Plantea que es la mano la que nos abre el mundo circundante. La mano que toma la cosa, la experimenta más originalmente que la mera visualización. Martillar es lo que mejor nos descubre el martillo: la mano es la que tiene acceso a la esfera original del ser. Y la existencia humana hace pie en tierra: el pie para Heidegger representa la estabilidad del suelo que conecta al hombre con la tierra que le da sostén. Las manos y los pies nos ligan al orden terreno. Concluye Han: “El hombre sin manos del futuro es también un hombre sin pies. Abandona flotando la tierra hacia la nube digital”. ¿Qué es “el hombre sin manos que teclea”?

--Esto vuelve a la cuestión de cómo Han retoma ideas de Heidegger acerca de la técnica. Un punto importante es qué significan las “cosas” para Heidegger. En el contexto de Ser y tiempo, las “cosas”, en tanto que instrumentos, establecen la mundanidad del mundo: nos muestran que hay ciertos fines y efectos posibles, y el modo en que los empleamos definen tal o cual proyecto. Es por esto que el modo en que el hombre, como Dasein, decide qué hacer con estos instrumentos, define su sentido en términos de “efectividad de la existencia”. Pensemos en una “cosa” conocida como la noche. La noche ya no existe. Silicon Valley la está aboliendo con el “scrolling” hipnótico en redes sociales y el “binge watching” (las maratones de series). Para los trabajadores de la seguridad informática, hace un buen rato que no existe tal cosa como la noche porque internet nunca se apaga. Como sea, lo que Heidegger dice es que la relación inicial del hombre con el sentido del ser se da a partir de su alcance de las cosas, ¿pero qué pasa si las cosas se disuelven en bytes? Heidegger intuía que la “tierra”, aquello propio que fundamenta un arraigo inalienable, también quedaría dentro de la esfera de la “maquinación” y su mundo de puras ganancias y beneficios. A partir de ahí, si hoy usamos las manos, los dedos, la mirada o el pensamiento para controlar los dispositivos, no son más que tecnicismos. De lo que se trata es del desarraigo de todas las instancias conocidas de lo humano. Por supuesto, uno lee esto y no puede menos que pensar en el chasquido del guante de Thanos, el personaje de Marvel, pulverizando a la humanidad. Y esto puede ayudar a encasillar a Han como un oscuro nihilista. Sin embargo, él no describe algo que va a pasar, sino algo que está pasando. Esto es lo inquietante.

--Han concluye que “nos encaminamos hacia una era trans y poshumana de información. La digitalización es un paso consecuente en el camino hacia la anulación de lo humano”. Y habla de una pérdida del mundo. No sé si estamos ante la “pérdida del ser” en lo que respecta al humano. Se lo puede ver como evolución, cambio del ser, mutación no biológica sino tecnológica, buscada y consciente: la consolidación del cyborg. Vivimos rodeados de tecnología, los dispositivos se nos adosan al cuerpo y van entrando en la piel. También la percepción ha cambiado y nadie puede detener eso.

--¿Las redes no riegan nuestro narcisismo con reconocimientos virtuales en la medida en que contamos todo el tiempo lo que sentimos? ¿Y lo que sentimos no es casi siempre lo opuesto del pensar? Y si nuestro narcisismo es recompensado por sentir en lugar de pensar, ¿no tiene mucho sentido que en las redes haya una total ausencia de negatividad? Apenas asoma la negatividad, se la bloquea, silencia, deja de seguir o se la “cancela”. Y sin negatividad, dice Han, no hay lenguaje ni entendimiento. Como buen romántico, Han no propone qué hacer frente a la época, sino que simplemente se opone al “deber ser” de la época. No es poco. Y es, además, una posición crítica astuta: evade una discusión con el único filósofo contemporáneo al que nunca menciona en sus libros, el alemán Peter Sloterdijk. Sloterdijk explica que la esencia del hombre no ha sido nunca otra cosa que la técnica, y por eso oponerse a los gigantescos saltos tecnológicos no significa proteger al hombre de nada, sino negar lo que es: esa artificiosidad que llamamos “transhumanismo”.

--Para Han, el “Phono sapiens descubre la comunicación como su campo de juego. Es más Homo ludens que Homo faber”. ¿Qué significa esto?

--Han dice que el Phono sapiens, un hombre ligado en cuerpo y alma a su teléfono inteligente, deja de “actuar” ante el mundo y abandona el estado de Homo faber para convertirse en un Homo ludens, que es algo así como un hombre que, tal como ocurre en un juego, se limita a seguir reglas establecidas por otro para cumplir objetivos ajenos. ¿Y a cambio de qué? De gratificación narcisista. Han habla de un futuro cercano hecho de renta básica universal y juegos de video. La verdad, no creo que sea algo tan lejano de los planes de Mark Zuckerberg a partir de su presentación de Meta.

--Han parece renegar del smartphone: creo que ni tiene uno. Esa suerte de nostalgia analógica parece algo ingenua y conservadora. Para la acción política se necesita el smartphone: imaginemos el feminismo sin la ayuda práctica de redes sociales para las movilizaciones. El smartphone es una tecnología como las demás: su sentido está abierto, no viene dado. Renunciar a él sería renunciar a la política. Es evidente que se está convirtiendo en un opio, que potencia la fragmentación perceptiva y la pérdida de sentido, que nos tiene trabajando gratis para nuevos señores feudales digitales alimentando el big data, que diluye la “era de la verdad” dando paso a la sociedad posfactual de la fakenews, que es un campo de trabajo móvil y un informante que nos monitorea: nos sentimos libres y nos delatamos en un confesionario móvil. Es una herramienta de la derecha mundial, pero no podemos cedérsela en exclusividad. No está completo el diagnóstico si lo consideramos solo eso, puro veneno. Un arma puede servir para oprimir o liberar.

--Es un error pensar que el sentido de la tecnología está abierto y no viene dado. De hecho, el sentido de la tecnología sí viene dado, no está abierto y no es otro que la expansión del mundo en el que tal sentido es posible. Es lo que Heidegger llamaba “la esencia de la técnica”. Los usos de un teléfono pueden variar, pero su esencia no está abierta a discusión. Con menos filosofía y más pragmatismo: estamos hablando de la expansión de la lógica existencial del neoliberalismo. Lo mejor que podemos hacer es conocer esa esencia de la técnica para alcanzar una relación más “serena”. Aun así, tampoco creo que el smartphone haya ayudado a la emancipación de nada ni nadie. Toda adquisición de derechos es fruto del trabajo de la política, es decir, de los mecanismos y las convicciones de la política y de la sociedad que la interpela. Tuitear en favor de la vida o contra los incendios forestales nunca le salvó la vida a nadie ni apagó una sola hoja en llamas. En internet no hay ninguna libertad ni algún orden constitucional que garantice nada. Estas ilusiones son el subproducto de un negocio y de un modelo de vigilancia, nada más. Aun así, no se trata de apagar nuestros módems y tirar los teléfonos. Han no llama a pensar desde la negación sino desde la negatividad, es decir, desde cierto entendimiento crítico que pueda relampaguear en nuestra mente mientras madrugamos repartiendo “corazoncitos” en Instagram creyendo que nada tiene mayor sentido.

6 de diciembre de 2021

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Xiomara Castro ya festeja la presidencia.

Con el 40% de las actas escrutadas, la candidata de izquierda le saca casi 20 puntos al oficialismo

Los hondureños eligieron en las urnas al sucesor del presidente Juan Orlando Hernández, cuestionado por corrupción y cuyo partido sería desbancado tras 12 años del poder, al que llegó tras el "golpe blando" contra Manuel Zelaya.

En unas elecciones presidenciales que se desarrollaron sin mayores incidentes y con una importante participación en torno al 69 por ciento en Honduras, la candidata de izquierda Xiomara Castro, del Partido Libertad y Refundación (Libre), resultaba vencedora por casi 20 puntos de diferencia, de acuerdo a los primeros resultados oficiales del Consejo Nacional Electoral (CNE). Los resultados preliminares, que se demoraron casi una hora generando malestar en la población, le otorgaban a Castro  53,5 por ciento de los sufragios frente al 34 por ciento del candidato del Partido Nacional (PN) gobernante, el alcalde de Tegucigalpa, Nasry Asfura, con el 40 por ciento del total de las actas escrutadas.

Los primeros resultados oficiales coinciden con casi todos los boca de urna, que le daban a Castro una ventaja que se extendía hasta los 15 puntos de diferencia de acuerdo a la encuestadora LeVote. Ambos candidatos, que partían como favoritos a quedarse con la presidencia, se proclamaron ganadores antes de que se conozcan los resultados definitivos, que podrían llevar días en anunciarse. Los hondureños eligieron en las urnas al sucesor del presidente Juan Orlando Hernández, cuestionado por corrupción y cuyo partido sería desbancado tras 12 años en el poder.

Buena participación y tirón de orejas a los candidatos

Los comicios, en los que participaron 14 partidos y doce candidatos presidenciales, fueron observados por más de 400 enviados especiales de la Unión Europea, la Organización de Estados Americanos (OEA), la Unión Interamericana de Organismos Electorales (Uniore) y expresidentes latinoamericanos. No hubo "incidentes que lamentar" y participaron más de 3,2 millones de los 5,1 millones de votantes habilitados para votar, indicó Kelvin Aguirre, presidente del Consejo Nacional Electoral (CNE).

Aguirre pidió a los candidatos presidenciales no declararse ganadores hasta que el CNE divulgue los resultados oficiales de las elecciones, las undécimas consecutivas desde 1980, cuando el país retornó al orden constitucional. Pero unas tres horas antes de que se cerraran las mesas de votación, los partidos Libre y Nacional daban como ganadores a sus respectivos candidatos.

El gesto de Castro y Asfura generó la inmediata reacción del CNE y la OEA. "Ayudémonos todos a salir bien de este proceso electoral, el pueblo merece actuar con tranquilidad y prudencia hasta que se produzca el resultado final", reclamó la magistrada del consejo electoral, Rixi Moncada, al anunciar el comienzo del escrutinio. Asimismo, la misión de la OEA exhortó "a los candidatos y actores políticos a que tengan una actitud responsable y eviten proclamaciones y pronunciamientos anticipados", mientras que la coordinadora residente de la ONU en Honduras, Alice Shackelford, exhortó a los actores políticos a "mantener la calma".

La masiva afluencia de votantes registrada en la capital hondureña se repitió en varias ciudades y municipios del país centroamericano. De hecho, los colegios electorales lucían repletos desde la primera hora del domingo. Xiomara Castro votó por la mañana en la ciudad de Catacamas, departamento de Olancho, en el este del país, y exhortó a sufragar de forma masiva. "Tengamos paz, no atendamos provocaciones, sabemos que van a intentar provocar al pueblo, hay desesperación, especialmente de aquellos que han estado gobernando estos 12 años", expresó.

Antes de votar en Tegucigalpa, Nasry Asfura, quien fue acusado en 2020 de malversar fondos públicos, nombrado en los Pandora Papers y vinculado al tráfico de influencias en Costa Rica, abogó por destacar la participación popular. "Lo que el pueblo hondureño quiere al final es el respeto", declaró Asfura y agregó, acaso abriendo el paraguas de lo que vendría luego: "Debemos, como caballeros y como hombres, aceptar las cosas, pero hasta que se cuente el último voto".

Por su parte el presidente Juan Orlando Hernández, luego de emitir su voto en su municipio natal de Gracias en el oeste de Honduras, manifestó: "Estoy optimista con los resultados, yo recibí al país más violento en la faz de la tierra, ya no lo somos, nos entregamos un país quebrado y dejamos un país con unas finanzas robustas". Ortega logró la reelección cuatro años atrás en unas polémicas elecciones en las que enfrentó a un candidato de una alianza coordinada por el exmandatario Manuel Zelaya (2006-09), esposo de Castro, pese a acusaciones de fraude de la oposición y de observadores, lo que desató una ola de protestas y represión estatal que dejó una treintena de fallecidos.

"Hemos experimentado este gobierno por 12 años y hemos ido de mal en peor. Tenemos la expectativa de algo nuevo", consideró el comerciante Luis Gómez. "Esperemos que no haya violencia. Independientemente de quien gane, todos somos hondureños y tenemos que respetarnos unos a otros. Lastimosamente no entendemos eso", dijo por su parte Leonel Peña, un carpintero de 57 años, tras votar en el barrio de Nueva Suyapa, periferia de la capital.

Castro, quien asegura promover un "socialismo democrático" con una agenda progresista, ha sido tildada de comunista por sus rivales más reaccionarios, y ese discurso ha calado hondo en una parte de la sociedad. "Muchas características de Venezuela las quieren traer aquí a Honduras y no las aceptamos", decía Rosa Díaz, una ama de casa de 26 años que votó por Asfura porque cree que "es diferente". "¿Cuál comunismo, si aquí en Honduras el que no trabaja no come? Yo nunca he vivido por un partido", replicaba por su parte Guadalupe Rodríguez, una vendedora ambulante de comida de 54 años.

Jornada tranquila pese a los temores

Aunque existe un alto nivel de desconfianza hacia la política y muchos hondureños temen que vuelva a haber violencia gane quien gane, la jefa de la Misión de Observación Electoral de la Unión Europea, Zeljana Zovko, destacó que la jornada se desarrolló en un ambiente "tranquilo" y que la afluencia a los centros de votación fue "alta". Por su parte Estados Unidos envió al jefe de su diplomacia para América latina, Brian Nichols, a reunirse con los candidatos: no quiere que una nueva crisis aliente aún más las olas migratorias que constantemente llegan de Centroamérica.

Durante la jornada se registraron algunas denuncias de irregularidades como la caída del sitio web del CNE, el cierre temporal de al menos un centro de votación y una demora en la apertura de las mesas. Horas más tarde, el portal volvió a estar en funcionamiento y accesible al público, aunque el comité electoral prometió investigar lo sucedido.

Medios locales reseñaron también el cierre temporal por parte de las Fuerzas Armadas de un colegio electoral en Tela, en el departamento norteño de Atlántida, debido al movimiento ilegal de un escáner de huellas digitales, un sistema de identificación biométrica que se utiliza por primera vez en el país.

Además del nuevo presidente, los hondureños también debían elegir a los 128 miembros del Congreso Nacional y 20 representantes del parlamento centroamericano. Los resultados de estos comicios serán definitivos, ya que en Honduras no hay posibilidad de ballotage y se consagra presidente el candidato que más votos obtenga en una única vuelta.

Los temores de fraude y los reportes de al menos 31 muertos como parte de la violencia política en esta campaña avivaron las tensiones, mientras el país experimentó un salto del desempleo de 5,7 por ciento en 2019 a 10,9 por ciento en 2020, según la Universidad Nacional Autónoma, y tiene al 59 por ciento de sus diez millones de habitantes sumidos en la pobreza.

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¿Quién ganó, quién perdió y qué se jugó en las elecciones argentinas?

Aunque la coalición peronista Frente de Todos logró mejorar su performance electoral respecto de las primarias, fue derrotada ampliamente por el frente opositor Juntos por el Cambio. Emergen nuevos actores a la izquierda y a la derecha del escenario político. Aunque con algo de aire adicional, el gobierno de Alberto Fernández y Cristina Kirchner tiene menos margen para la inconsistencia. 

El peronista Frnte de Todos sufrió este domingo una derrota por nueve puntos porcentuales frente a la alianza conservadora Juntos por el Cambio en las elecciones de medio término en Argentina. Con 42% de los votos nacionales en la categoría de diputados frente a 33,6% del oficialismo, la coalición fundada por el ex-presidente Mauricio Macri volvió a cosechar una ventaja abismal en Córdoba —tercera provincia en cantidad de electores— y ratificó amplios triunfos en Santa Fe, Mendoza, Entre Ríos y la ciudad de Buenos Aires; todos ellos, entre los distritos más habitados del país. 

El resultado determina que la bancada de senadores del oficialismo se reducirá de 41 a 35 asientos, dos menos de los necesarios para tener la mayoría absoluta del cuerpo de 72, ya que el Frente de Todos perdió en seis de las ocho provincias que renovaron bancas. Desde diciembre, el oficialismo deberá negociar mayorías en la Cámara Alta con representantes de partidos provinciales, fuerzas en general pragmáticas, accesibles para quien ocupa la Casa Rosada.

A la espera del recuento final, el reparto de bancas en la Cámara de Diputados no tendrá variaciones sustanciales. El Frente de Todos no tenía mayoría absoluta en la Cámara Baja y ahora quedará levemente por encima del principal bloque opositor. Otros datos salientes de la jornada fueron que la derecha extrema, que en el país se denomina «liberal-libertaria», logró notables resultados y diputados por la ciudad y la provincia de Buenos Aires, mientras que el trotskista Frente de Izquierda y los Trabajadores Unidad (FIT-U) sumó representantes en esos mismos distritos y en la norteña Jujuy, en un apreciable avance nacional.

A simple vista, la caída del frente que conducen Alberto Fernández y la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner se percibe categórica, a tan solo dos años de su contundente victoria en la primera vuelta presidencial de 2019. Entonces, Macri dejaba la Casa Rosada con un balance signado por el aumento de la pobreza y la desigualdad, una deuda externa tomada en tiempo récord que amenazaba con volverse una lápida y el enseñoreamiento en el seno del Estado de prácticas institucionales intoxicadas (espionaje ilegal, persecuciones judiciales). Los peronistas se habían entusiasmado con la posibilidad de dar vuelta la página del neoliberalismo por largo rato, pero mucho antes de lo previsto un proyecto de ese cuño se puso nuevamente en carrera.

Sin embargo, los rostros del comando del frente peronista de centroizquierda montado en el barrio de Chacarita de Buenos Aires parecían, si no de festejo, al menos de alivio. Al presidente se le escapó la palabra «triunfo» cuando se dirigió a sus partidarios en la noche electoral. Ese lapsus de Fernández dialogaba con miradas en las instalaciones sobre la costanera de la capital argentina elegidas por Juntos por el Cambio. Aunque dirigentes y candidatos claves de esa alianza liderada por el conservador Propuesta Republicana (PRO) y la tradicional Unión Cívica Radical (UCR) tenían motivos para festejar, a algunos la victoria les dejó un sabor amargo.

La razón que explica por qué unos parecían celebrar una derrota y otros tramitaban con decepción una victoria se encuentra en el contraste con las primarias del 12 de septiembre, cuando el peronismo unido se topó con el peor resultado de su historia. El mapa de hace dos meses ratificó el dominio de la centroderecha en el eje central del país, de los Andes al Río de la Plata, que incluye la región más habitada y de mayor capacidad productiva, pero también mostró debacles de hasta 30 puntos porcentuales para el Frente de Todos en uno de sus bastiones, la Patagonia, y retrocesos en provincias del norte. El macrismo había recuperado en las primarias la provincia de Buenos Aires, que alberga por sí sola 37% de los votantes habilitados.

Ante ese vuelco, líderes políticos, analistas y la prensa afín a Juntos por el Cambio —muy mayoritaria— se precipitaron a decretar el final del kirchnerismo y, en particular, de Cristina Fernández de Kirchner, en línea con pronósticos por el estilo barajados en media docena de oportunidades en los pasados 15 años. Las evaluaciones habían dado por terminadas ciertas seguridades de la política argentina, entre ellas, la adhesión al peronismo de una parte significativa de los sectores populares. Alberto Fernández fue descripto en la prensa como un dirigente acabado, desprovisto de luces y de poder de mando, que solo por inercia podría completar sus últimos dos años de mandato presidencial.

Lecturas del escrutinio

El mapa de este domingo habilitó interpretaciones distantes de las prenunciadas. El Frente de Todos logró revertir las derrotas de septiembre en dos provincias (Chaco, en el noreste, y Tierra del Fuego, extremo sur), sumó votos en general y redujo a poco más de un punto el resultado adverso en la provincia de Buenos Aires, casi un «empate». Quedó configurada una distribución electoral algo más reconocible para la tradición reciente: el eje central agroindustrial del país para Juntos por el Cambio, el norte con dominio del Frente de Todos, la Patagonia variopinta y la provincia de Buenos Aires, en paridad.

Entre los líderes de Juntos por el Cambio que quedaron algo descolocados por los resultados se encuentra el jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta. Estratega electoral y orfebre de su propia candidatura presidencial para 2023, Rodríguez Larreta usó un lápiz preciso para relegar en las listas a referentes de los dos principales «halcones» de su propia coalición: Mauricio Macri y Patricia Bullrich. Con amabilidad, les mostró la puerta de salida a su ex-jefe y a la ex-ministra se Seguridad.

La candidatura presidencial de Rodríguez Larreta parecía un trámite, al amparo de una preferencia indisimulable del establishment. Aunque con un muy buen resultado, las legislativas dejaron a la lista encabezada por María Eugenia Vidal en la capital argentina, bastión de Juntos, por debajo de las expectativas (obtener 50%), mientras que el virtual empate en provincia de Buenos Aires terminó por aguar la fiesta del alcalde de Buenos Aires.

Bullrich, en cambio, comprobó victorias nítidas de aliados en varias provincias que recelan de Rodriguez Larreta, quien procura mostrar un enfoque moderado del espacio macrista. La ex-ministra y Macri no muestran objeción alguna en ampliar la propuesta electoral hacia la derecha «libertaria»; pero esa vía, para el proyecto de apariencia «centrista» del alcalde porteño, sería un problema. Javier Milei, la estrella libertaria, considera a Rodríguez Larreta un «zurdo» y hasta «comunista», y no dudó en insultarlo durante la campaña.

El resultado general, no obstante, es inequívoco: el gobierno perdió por amplio margen.

Una razón de primer orden, ineludible para el análisis, fue el trauma de la pandemia. El Ejecutivo no estuvo muchas veces a la altura de una respuesta coherente ante las urgencias. Se embarcó en una retórica grandilocuente hasta que la gastó y llevó a cabo aperturas y restricciones contradictorias e injustificadas. La falta de ejemplaridad en la conducta de funcionarios —empezando por el presidente, que incumplió protocolos y organizó un festejo ilegal del cumpleaños de su pareja en plena cuarentena— jugó un papel en el descrédito, mientras que la asistencia económica a las familias que perdieron su fuente de ingresos fue más bien limitada. La recesión desatada en 2018, la falta de dólares en el Banco Central y la imposibilidad de endeudamiento —porque el gobierno de Macri superó con creces los límites permitidos con el Fondo Monetario Internacional (FMI)— marcaron un techo para las ayudas. Las prioridades fijadas por el propio Fernández, que mantuvo y hasta expandió algunos de los privilegios forjados por su predecesor, hicieron el resto.

Más allá del coronavirus, una mirada sobre el comportamiento electoral en décadas recientes permite vislumbrar continuidades en el carácter cambiante de los liderazgos políticos argentinos.

El argumento de que el kirchnerismo no vence en una elección legislativa de medio término desde 2005 (perdió las de 2009 y 2013, cuando gobernaba Cristina Fernández, y la de 2017, con Macri en la Presidencia) tuvo amplio recorrido en los prolegómenos de los comicios. Si se extiende la mirada, desde 1995 —cuando la pelea bipartidista entre el peronismo y el radicalismo quedó desbaratada por la irrupción de escisiones y terceras fuerzas— solo se registró una victoria consecutiva de un mismo signo entre las legislativas de 1997 y las presidenciales de 1999 (Alianza UCR-Frepaso), entre 2003 y 2005 (inicio de los años de Néstor Kirchner), y en 2015 y 2017, con Macri.

La secuencia da la pauta de la alta competitividad electoral entre los campos políticos que en este siglo se fueron configurando entre una centroizquierda y una centroderecha «a la argentina», y el corto plazo del crédito dado a propuestas capaces de perder un tercio de sus apoyos en el término de dos años. Para un segmento de la sociedad, el sufragio parece ser antes que nada un elemento de castigo, incluso a costa de premiar a quien había sido penalizado dos años antes.

Urgencias hacia 2023

En este sentido, precipitar la condena y la consagración de figuras políticas en función del resultado de una elección de medio término sería, una vez más, un error. El resultado de 2021 no dice demasiado sobre las presidenciales de 2023, por los antecedentes, pero más todavía por el marco de una pandemia que determinó un periodo singularísimo e irrepetible, que trastrocó las condiciones en que se percibieron, pensaron y debatieron los temas públicos y se ejerció el derecho a voto.

De por sí, la vida de hoy no es la de septiembre, cuando tuvieron lugar las primarias y los argentinos recién estaban empezando a asomarse a su vida «normal» tras año y medio de confinamiento y restricciones, gracias a la vacunación masiva y la baja de casos. En estos dos meses, todos los niños pudieron volver a clases y comenzaron a ser vacunados a gran escala, las reuniones familiares y sociales se volvieron frecuentes y la vida urbana fue dejando de lado protocolos y limitaciones. La disminución del agobio acaso haya sido uno de los motivos que generó un aumento de la participación electoral hasta 71,8% del padrón —todavía por debajo de los estándares históricos—, elemento clave de la morigeración de la derrota del kirchnerismo.

En los pasados dos meses, el gobierno implementó medidas de urgencia, algunas meramente ornamentales, para reparar en algo la frustración de muchos sectores que vieron incumplida la promesa de recuperación del poder adquisitivo de los salarios y las jubilaciones perdido entre 2015 y 2019. Quedan por delante reformas de mucho mayor calado que requieren decisión y capacidad de gestión, dos aspectos en los que el presidente no se destacó hasta ahora.

Argentina enfrenta una realidad social crítica. Su economía vivió un serrucho de alzas y bajas que redundó en estancamiento entre 2011 y 2017, y de caída desde 2018. La debacle del PIB de 9,9% del primer año de la pandemia podría revertirse casi en su totalidad este año. Los números de la pobreza indican que, durante la gestión de Macri, el porcentaje pasó de 28% a 35%, y en el registro del primer semestre de 2021 llegó a 40,2% (no son números comparables con otros países de América Latina dado que varían los umbrales estadísticos).

Tras una baja consistente entre 2003 —a la salida del derrumbe del modelo de la convertibilidad y apertura económica— y 2013, la línea de pobreza es ascendente. Con recetas a veces antagónicas y otras similares, ni el último gobierno de Cristina Fernández de Kirchner (2011-2015) ni el de Macri (2015-2019) acertaron a superar lastres recurrentes de la economía argentina. De allí que se entienda el agobio de ciudadanos sometidos a una dura realidad cotidiana que no puede modificar su propio esfuerzo frente a estructuras y gobiernos que no solo yerran el diagnóstico, sino que además demuestran una praxis precaria y micro y macrocontubernios a la hora de implementar políticas públicas.

Con necesidades sociales acuciantes, compromisos de pago con el Fondo Monetario Internacional (FMI) por 46.000 millones de dólares hasta diciembre de 2024 (esquema firmado por Macri en 2018) y dólares disponibles en el Banco Central para menos de 15% de esos compromisos, Fernández se dispone a transitar la segunda mitad de su mandato.

En 2019, el Frente de Todos prometió cambiar la tendencia y, pandemia mediante, no lo hizo. La recuperación que exhibe la economía argentina este año, que sería superior a 9%, duplica los pronósticos de hace un año del propio FMI, los bancos internacionales y la inmensa mayoría de los economistas argentinos que son consultados por los medios. El presidente conoce esa historia, porque cuando fue jefe de Gabinete de Néstor Kirchner (2003-2007) se topó con predicciones que desacertaban año tras año. Con Macri en la Casa Rosada, esos mismos diagnosticadores también se equivocaban, pero en sentido inverso, al sobreestimar un crecimiento que terminó siendo caída.

La reversión del derrumbe de 2020 se proyectará hacia un crecimiento el año próximo, aunque, otra vez, hay disparidad de visiones sobre su magnitud. Sería el primer bienio de alza de la economía desde 2010-2011. La administración de buenas noticias podría mejorar el ánimo colectivo, en contraste con el primer año y medio del frente peronista de centroizquierda en la Casa Rosada, que consistió en un cúmulo de prohibiciones de circulación, paliativos insuficientes y explicaciones sobre el empeoramiento de las condiciones de vida.

Sin más espacio para la inconsistencia

La sustentabilidad del crecimiento está por verse. Por lo pronto, los Fernández se ven obligados a solucionar una característica esencial de su gobierno: la inconsistencia.

En el seno del Frente de Todos se suele presentar un debate que ubica a Alberto Fernández como continuador de la política de su predecesor. De hecho, la vicepresidenta lo dejó por escrito en una dura carta publicada tres días después de la derrota de las primarias. La oposición mayoritaria, en cambio, apunta la crítica a un intervencionismo que describe de mala calidad y poco racional, que logra lo contrario de lo que dice proponerse.

Un ejemplo de un dilema estéril que atasca al gobierno es el de las tarifas de servicios públicos. En la emergencia de su búsqueda de reelección, Macri congeló las tarifas de agua, luz y gas en 2019, tras haberlas aumentado en porcentajes de cuatro cifras durante los tres años previos. Las empresas de generación y distribución de gas y electricidad habían multiplicado los márgenes de ganancia en forma obscena a costa del bolsillo de las familias. Fernández, como era esperable, prorrogó el esquema no bien asumió.

Pero el Frente de Todos eternizó el congelamiento u otorgó aumentos módicos en un país con una inflación anual de 50%; en consecuencia, las tarifas de servicios quedaron reducidas a precios muy bajos incluso para las familias con alto poder adquisitivo: departamentos cotizados en los selectos barrios de Palermo o Recoleta de la ciudad de Buenos Aires pagan un quinto que sus similares de Pocitos en Montevideo, Las Condes en Santiago o el Jardim paulista.

Funcionarios «albertistas» y «cristinistas» se enzarzan en internas de largo aliento sobre si corresponde segmentar y aumentar tarifas, o si ello sería contraproducente en el contexto de la recuperación. Las empresas prestadoras, privatizadas en la década de 1990, encuentran motivos para no invertir y se deteriora el servicio.

Mientras tanto, la diferencia entre el costo «real» y el abono de las familias es afrontada por el Estado mediante subsidios, que crecieron al menos 113% en términos reales desde diciembre de 2019, según la consultora PxQ. Los subsidios cuestan 1,8% del PIB, más de la mitad del déficit primario previsto para 2022. Sin acceso al crédito, el Banco Central emite los pesos necesarios para mantener las tarifas congeladas, que redundan en inflación que a su vez termina erosionando el poder adquisitivo de los salarios.

El supuesto debate sobre las tarifas intracoalición oficialista mantiene intocable un aspecto crucial: el precio de la generación en plantas termoeléctricas y renovables. Parte de las empresas responsables de generar energía pertenecen o fueron creadas por quienes Fernández denunciaba en la campaña de 2019 como «los amigos de Macri», beneficiados por los contratos forjados por los ministros Juan José Aranguren (ex-ejecutivo de la petrolera Shell) y Javier Iguacel (ex-Pluspetrol). Con sus ingresos en dólares a prueba de crisis sociales y pandemias, los «amigos de Macri» participan de inauguraciones y de licitaciones por nuevos negocios, como si hoy fueran amigos de los Fernández (Alberto y Cristina).

La lista de inconsistencias del Frente de Todos podría extenderse a los espasmódicos cambios en políticas de seguridad, la gestión en educación o la decisión de elevar el piso de eximición del impuesto a la renta, que en Argentina pagan menos de 10% de los trabajadores.

En un discurso pronunciado en la noche del domingo, el mandatario argentino anticipó que en diciembre enviará al Congreso un plan con metas plurianuales que contendría las negociaciones acordadas con el FMI para reprogramar los pagos por 46.000 millones de dólares. Afirmó que el proyecto fue consensuado con la vicepresidenta y que no implicará más privaciones para una población sin margen para más penurias. Por ahora, se desconoce quién y cómo pagará la cuenta.

Sobrevivir a los medios

Un capítulo aparte merece la política de comunicación y el abordaje de los medios. El actual presidente dejó el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner en 2008, cuando el kirchnerismo y el Grupo Clarín acababan de romper los puentes. Ya con Fernández afuera, el Ejecutivo de entonces logró aprobar una Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual con principios regulatorios favorables a la diversidad informativa como los vigentes en países como Alemania o Canadá. La ley aprobada en 2009 quedó atenazada entre el poder de lobby de Clarín en los tribunales, que postergó la aplicación durante cuatro años, y la implementación arbitraria por parte del gobierno de Fernández de Kirchner. Cuando asumió la Presidencia, en diciembre de 2015, Macri se tomó menos de tres semanas para desmontar los aspectos centrales de la ley mediante un decreto y resoluciones administrativas.

Antes, durante y después del debate sobre la ley de medios, Alberto Fernández se manifestó contrario a la regulación de políticas de comunicación. Es un político propenso a negociar tensiones y ello quedó comprobado en su vínculo con Clarín durante su paso por la Jefatura de Gabinete, entre 2003 y 2008. Puesto de candidato presidencial, repitió aquel abordaje con algunas precarias definiciones sobre libertad de expresión y el papel de los medios públicos, y desconocimiento cabal de la legislación internacional.

Con el Grupo Clarín consolidado como un actor primordial de las telecomunicaciones y el avance de los gigantes globales y las redes en el territorio comunicacional, el debate hoy es más complejo y empinado que hace diez años.

El presidente parece haber tomado de su propia medicina. No abundan ejemplos en países democráticos ni en la historia argentina desde el fin de la dictadura en que los medios de mayor difusión muestren una preferencia tan marcada por un sector político. Las vertientes de Juntos por el Cambio se ven eximidas de abordar aspectos críticos. Por el contrario, las multipantallas de los grupos Clarín y La Nación, y, en general, las web, radios, diarios y canales de televisión con más audiencia actúan como explicadores, anestesistas o enterradores de los temas que pueden afectar a las principales figuras de Juntos por el Cambio, sean Macri, Bullrich o Rodríguez Larreta.

La alquimia mediática permite que las consecuencias de la deuda en dólares con el exterior contraída por Macri, quien quebró el récord de emisión de bonos internacionales para mercados emergentes en 2016 y 2017, y contrajo el mayor préstamo en la historia del FMI en 2018, sean corridas de la escena. Incluso es puesto en debate si fue Cristina o es Alberto el principal impulsor de la deuda argentina.

El partidismo mediático adquiere posturas extremistas que dejan en segundo plano a los sectores moderados de Juntos por el Cambio. Así, por esas pantallas circulan insultos a los referentes del gobierno proferidos por opositores y presentadores de canales de noticias.

El presidente y la vicepresidenta suelen ser mencionados en términos delictivos, y ello tiene un correlato en la simpatía con que son tratadas las figuras emergentes de la alt right. Los libertarios José Luis Espert y Javier Milei, algún artista y hasta algún periodista tienen vía libre para verter amenazas de golpizas, reivindicación de asesinatos contra delincuentes y proclamas negacionistas poco solapadas sobre el terrorismo de Estado y la pandemia.

Allí radica una diferencia. En la mayoría de los países de Europa y en Estados Unidos, los medios del mainstream, incluidos muchas veces los conservadores, levantaron alertas contra la irrupción de la rebeldía de ultraderecha, en sus diferentes versiones. En Brasil, Folha de S. Paulo y el Grupo Globo pasaron de la desconfianza a la oposición a Jair Bolsonaro. En Argentina, Milei es descripto por los medios dominantes como un rebelde pintoresco que expresa el sentido común ante los abusos de los políticos tradicionales.

Tal escenario debería llevar a Alberto Fernández a emprender políticas que garanticen la libertad de expresión y la diversidad, y que administren con mirada en el derecho a la información la modificación del ecosistema de la comunicación que llevan a cabo sin pedir permiso las oligopólicas plataformas digitales.

En la democracia argentina no hay espacio para la censura directa de contenidos, de modo que ese riesgo en nombre de medidas intervencionistas parece aventado. A su vez, la experiencia de Néstor y Cristina Kirchner demostró el vuelo corto del manejo partidista de los medios estatales y la conformación de multimedios oficialistas con fondos o favores públicos con el fin de rivalizar con los opositores, aunque esa parece ser la vertiente a baja escala por la que optó el actual presidente.

La agitación del debate sobre la pandemia (las restricciones de circulación hicieron proliferar denuncias sobre características dictatoriales, nazis y estalinistas del Frente de Todos) dejó expuesto el riesgo de un campo mediático tan desnivelado, pero el gobierno ni siquiera atina a un sistema de comunicación oficial que aclare las reales posturas del presidente y sus funcionarios ante tergiversaciones de la agenda. Por el contrario, hasta las primarias, prevaleció un abordaje frívolo y arbitrario de la comunicación pública, que proveía de respuestas extemporáneas y mal enunciadas ante chispazos con la prensa.

Para los argentinos, la implementación de políticas eficientes de comunicación se presenta como una necesidad para mejorar la democracia. Para los Fernández, es una cuestión de supervivencia. 

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Jueves, 11 Noviembre 2021 05:28

La angustia del retorno a la presencialidad

La angustia del retorno a la presencialidad

El regreso a la vida en sociedad

El trabajo de desarticular el acostumbramiento y la comodidad de la virtualidad. La tarea del analista.

La pandemia suscitada por el Sars Cov-2 instaló a gran parte del planeta en el encierro y el aislamiento con sus secuelas de depresión, insomnio, angustia y otros males anímicos. La hora impone extraer algún aprendizaje de la durísima experiencia causada por este virus que hoy insinúa, vacunación masiva mediante, aminorar el daño hasta ahora infligido. Por lo pronto, vale preguntarse si nuestros cuerpos son los mismos que poseíamos antes de la pandemia. Con probabilidad, la distancia respecto del semejante, las horas de encierro, la prolongada postura sedente, la protección del tapabocas ante la mirada del Otro, la influencia del mundo digital, cierta estereotipia en los gestos y la repetición de circuitos de movimiento limitados nos han influido lo suficiente como para experimentar cierta alarma ante el desafío que insinúa el encuentro de los cuerpos en otros ámbitos diferentes al hogareño.

Es aquí donde se insinúa un cruce por demás decisivo: nos referimos a la articulación entre cuerpo y tiempo, la cual arroja la pregunta por la cuestión del movimiento, no sólo el efectivo desplazamiento motriz sino en lo que hace a su faz subjetiva. Al respecto basta recalar en la organización témporo-espacial que el mundo digital impone con su contraste entre el vértigo de la “comunicación” digital y la pasmosa quietud de los cuerpos frente a los artefactos del ciberespacio.

De esta manera se hace oportuno traer una instancia clínica de eminente relevancia en el corpus teórico freudiano: la inhibición, ese "asunto de cuerpo"[1] , tal como lo aborda Lacan durante el dictado de su seminario “RSI” y al que le brinda un pormenorizado abordaje durante el seminario no por nada dedicado a La Angustia, cuando señala “que si Fulano tiene el calambre del escritor es porque erotiza la función de su mano”[2]. Es decir: es el interés psíquico alojado en el cuerpo el que produce la inhibición. No por nada, tras destacar que “de lo que se trata es de la detención del movimiento” se pregunta: “¿Significa esto que la palabra 'inhibición' deba sugerirnos tan sólo detención?” [3]. En otros términos: lejos de remitirse a una detención en el desplazamiento motriz, la inhibición bien puede producir escándalos en la vía pública o encerrar al sujeto entre las cuatro paredes de su casa.

Lo cierto es que, como si fuere necesario probar el carácter contradictorio que distingue a la condición humana, una vez más se hace evidente que las personas solemos acostumbrarnos al sufrimiento para así disimular los inquietantes enigmas que impone la existencia, a saber: ¿en qué soy responsable del momento que atraviesa mi entorno social ? ¿cuál es mi deseo? ¿cuál es mi actitud ante el amor? y otras cruciales preguntas de similar calibre y tenor.

En muchísimos casos la pandemia instituyó una suerte de intervalo en que todos esos acuciantes interrogantes de alguna u otra manera se vieron eximidos de ser respondidos. Había que cuidarse y punto. ¿Para qué preocuparme sobre qué voy a hacer con mi vida si la hora sólo me exige sobrevivir? La consigna era no arriesgar. Así, de alguna manera nos vimos exceptuados de salir a buscar nuestro horizonte y asumir las responsabilidades que como sociedad compartimos. El porcentaje de ausencias en las Paso lo demuestra. La pandemia cubrió todo el monitor, no se hablaba de otra cosa.

En otros términos, si es cierto que todo lo personal es político, la desestimación por hacerse cargo de la insatisfacción sexual en virtud de que: “¿Para qué preocuparme porque no consigo pareja si no está permitido el contacto?” o “¿para qué preguntarme qué hago con este partenaire si hoy por hoy tengo poca chance de conseguir algo mejor?” termina redundando en un desinterés por la suerte de la comunidad a la que sin embargo pertenecemos.

De esta forma hemos estado eximidos de responsabilidad frente a nuestra existencia, lo cual de ninguna manera supone quedar exceptuados de resentimiento o frustración por el encierro, aunque sí ampararnos en nuestra condición de víctimas y aún más, punto clave y decisivo de nuestra condición de seres hablantes que vale destacar: gozar ante el sufrimiento. No por nada, un aviso de la televisión belga retrata la angustia de los adultos en su vuelta al trabajo presencial. Lo divertido es que el video muestra a los niños llevando de la mano a sus padres en su “primer día” de trabajo. Síndrome de la cueva llamó un psiquiatra a este padecimiento cuyo origen no es otro que el rasgo conservador y narcisista de la pulsión que Freud bien supo detectar.

Desde ya, la fobia social cuadra perfectamente en este panorama que estamos trazando, pero lejos está de cubrir el campo de la experiencia humana ante la pandemia. De una u otra manera todes hemos transitado una suerte de alivio malsano ante la suspensión de los deberes más elementales que impone nuestra condición de seres de relación, dotados con un cuerpo que exige y al mismo tiempo teme el contacto.

El consultorio es testigo de la angustia por esta presencialidad en ciernes : “no sé si voy a poder” es la frase que resume como pocas las ansiedades que sobrevienen ante las diversas variantes del efectivo encuentro de los cuerpos. Sea el trabajo: “ Me hacen ir a la oficina y otra vez a ver este tipo que no lo aguanto”; la familia: “otra vez a discutir qué hacemos con las vacaciones o en las fiestas”; o el estudio: “ ¿ir a la facultad? ...con lo bien que estaba con la camarita”; testimonian este oscuro costado de la nueva normalidad, cualquiera sea la forma y la manera en que ésta finalmente adopte. Ni qué hablar de las quejas por el tiempo insumido en transporte, reuniones presenciales o, incluso, el riesgo que supone todo encuentro con un nuevo partenaire a cambio del engañoso confort que presta la masturbación.

De allí que si es cierto, como decía Freud, que “el motor más directo de la terapia es el padecer del paciente y el deseo, que ahí se engendra, de sanar”[4], la intervención de proponer el retorno a las sesiones presenciales por parte del analista puede constituir, según los casos, un efectivo recurso para que la angustia, en lugar de paralizar, motorice el trabajo psíquico necesario para salir de la inhibición y así cortar una inercia tan inconducente como nefasta.

 

11 de noviembre de 2021

Por Sergio Zabalza es psicoanalista. Doctor en Psicología de la Universidad de Buenos Aires.

Referencias:

[1] Jacques Lacan, El Seminario: Libro 22, “ RSI”, clase del 10 de diciembre de 1974. Inédito.

[2] Jacques Lacan (1962-1963) , El Seminario: Libro 10, “ La Angustia”, Buenos Aires, Paidós, 2006, pp. 341-342.

[3] Jacques Lacan, op. cit, p. 18.

[4] Sigmund Freud; “Sobre la iniciación del tratamiento”, en Obras Completas, A. E: tomo XII, p. 143. 

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Louis Rosenberg cree que desconectarse de la nueva multiplicidad virtual no será una opción, de tal forma que la realidad podría desaparecer por completo, pues los límites con lo ficticio serían imperceptibles

Louis Rosenberg, el científico informático que desarrolló el primer sistema de realidad aumentada cuando trabajaba en el Laboratorio de Investigación de la Fuerza Aérea de EE.UU., advierte en un artículo publicado en Big Think de los peligros potenciales que representa el metaverso.

El científico cree que la realidad aumentada se convertirá en esta década en el epicentro de todos los aspectos de la vida y se muestra preocupado por las consecuencias negativas del uso de esa enorme potencialidad por parte de los proveedores de plataformas. Una de sus mayores preocupaciones radica en el eventual uso de las potencialidades de la realidad aumentada para manipular el sentido de la realidad, reforzar las diferencias que ya nos dividen e imbuirnos cada vez más en una burbuja individual que nos aparte de la realidad colectiva.

"La realidad aumentada y el metaverso —explica Rosenberg— son tecnologías de medios que tienen como objetivo presentar contenido de la forma más natural posible, integrando a la perfección imágenes, sonidos e incluso sentimientos simulados, en nuestra percepción del mundo real". "Nuestro entorno se llenará de personas, lugares, objetos y actividades que, en realidad, no existen y, sin embargo, nos parecerán profundamente auténticos", pronostica el científico.

Una de las alertas se justifica porque el metaverso, al igual que las demás plataformas, funcionaría a través de filtros que controlarían la información que podemos ver o no, de manera que podría haber globos de texto flotando sobre las cabezas de las personas, a la manera de etiquetas, como "alcohólico" o "inmigrante", "ateo" o "racista", "demócrata" o "republicano", que serían manejadas incluso sin el conocimiento de esas personas. Este tipo de superposiciones virtuales podría utilizarse, según él, para amplificar males ya existentes en la sociedad actual, como la división política, el aislamiento de grupos e incluso para impulsar el odio y la desconfianza.

A la pregunta de por qué serían mayores los peligros del metaverso, que los de las plataformas que conocemos hasta ahora, el experto explica que, si bien las tecnologías de los medios nos han hecho vulnerables, aún tenemos la opción de apagar nuestros teléfonos y de tener experiencias auténticas en un mundo real. En cambio, desconectarse del metaverso no va a ser una opción, pudiendo la realidad desaparecer por completo, ya que los límites con lo ficticio serían imperceptibles. De hecho, el universo digital podría incluso bloquear la realidad, a voluntad de quienes manejen las plataformas.

"La realidad aumentada puede ser una fuerza para el bien, para hacer del mundo un lugar mágico y expandir lo que significa ser humano. Pero para protegernos contra los peligros potenciales, debemos proceder con cuidado y consideración, anticipándonos a los problemas que podrían corromper lo que debería ser una tecnología edificante", advierte el Rosenberg.

Publicado: 10 nov 2021

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