Evo Morales aclara que no comparte las recetas del FMI porque su disciplina fiscal para cuidar el déficit puede ser una forma de castigar a los pobres.Foto Guillermo Sologuren

Evo Morales Ayma está de excelente humor. Saluda afectuosamente a los periodistas y fotógrafos de La Jornada y bromea. Su breve estancia en México fue intensa y llena de reconocimientos. Recibió, sin toga ni birrete, el doctorado honoris causa de la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ), un pendiente de momentos más difíciles. Fue ovacionado por una multitud en el Zócalo capitalino durante la ceremonia del Grito de Independencia. Cantó México lindo y querido en La Ópera, al lado de José Mujica y el canciller Marcelo Ebrard.

Como si fuera una compensación para no extrañar la altura de La Paz, el piso 25 del hotel en el que se hospeda frente a la Alameda parece rascar las nubes. Lejos están aquellos días amargos del golpe de Estado en su contra, en noviembre de 2019, en los que encontró refugio y solidaridad en nuestro país. Está entusiasmado por el cobijo recibido y se nota.

Pero más allá del remanso de su última estancia en México, el ex presidente del Estado Plurinacional de Bolivia, que dirige ahora el gobernante Movimiento al Socialismo-Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos (MAS), vive una incesante tormenta política. Ni Estados Unidos, ni los organismos multilaterales, ni la derecha de su país le dan tregua. Sobre eso conversó con este diario.

–El presidente Biden acaba de decir que Bolivia "no ha cumplido con sus deberes en los compromisos de lucha en contra el narcotráfico". ¿Qué piensa de esas declaraciones?

–Estados Unidos usa la lucha contra el narcotráfico con intereses netamente geopolíticos. Para esa nación, los gobiernos que son de izquierda nunca cumplen. Ahora que Colombia tiene un nuevo gobierno, dirá que no ha cumplido. Pero cuando estaba allí la derecha, le daba reconocimiento.

Cuando esa doctrina estadunidense (de lucha contra el narcotráfico) se cae, comienzan a acusar a los gobiernos de izquierda de ser terroristas. ¿Y quiénes son para ellos los terroristas? Los movimientos sociales. ¿Cuántos dirigentes sociales somos o hemos sido presidentes en América Latina? Lula, Maduro, Petro, Pedro Castillo de Perú.

Estados Unidos sigue amenazando. Hace dos o tres semanas, Laura Richardson, la comandante del Comando Sur de Estados Unidos, dijo que les preocupaba el litio, y que América Latina es el barrio de Estados Unidos. En nuestra experiencia, cuando el imperio está en decadencia, acude a la violencia. No quiero pensar que lo que le pasó a Cristina sea parte de eso. Cuando el imperio pierde hegemonía, usa armas y bases militares.

El imperio está desesperado porque sus políticas se caen permanentemente. Hay una revuelta democrática, con el triunfo de Petro y en Chile. Próximamente vamos a estar festejando con Lula. Por eso las amenazas del presidente de Estados Unidos.

–El Fondo Monetario Internacional (FMI) acaba de darle recetas a Bolivia de cómo debe ser su economía.

–Felizmente nuestro ministro de Economía las rechazó. No aceptamos ninguna intromisión. ¿Qué recomendaciones vienen del FMI? Primero, las privatizaciones. Y nosotros somos nacionalizadores. Nacionalizando es como demostramos que Bolivia tiene futuro.

Segundo, ¿qué viene de Estados Unidos? El llamado Estado mínimo. Un Estado enano, que sólo regula y no invierte. Eso no resuelve los problemas del mercado nacional.

Además, defienden la disciplina fiscal para cuidar el déficit. Pero eso puede ser una forma de castigar a los pobres. Dicen que hay que cuidar la inflación, con contracción económica, pero eso no ayuda a resolver la economía de las familias.

No compartimos las recetas del FMI. Diga lo que diga el organismo, el pueblo se da cuenta de que, para seguir garantizando la liberación política y la social-cultural, hay que acompañarlas con la liberación económica y financiera.

–¿Ve un lugar para Estados Unidos en el proceso de unidad latinoamericana?

–Me ha sorprendido la participación de los jóvenes estadunidenses en la calles durante la última Cumbre de las Américas. Cuestionaron a su gobierno y buscaron una alianza de pueblo a pueblo. Además, en la Cumbre se expresó la rebelión de los pueblos de América Latina. El Presidente de México, el de Bolivia y varios más no fueron, en solidaridad con Cuba, Venezuela y Nicaragua

Recordamos en una conversación con el canciller de México, que 20 de las 22 intervenciones de países, dijeron al gobierno de Estados Unidos en su casa "¿por qué no está Cuba, Venezuela y Nicaragua? ¿Por qué el golpe de estado en Bolivia?" Eso no había antes. Antes daba miedo ser expulsado de la OEA. Ahora es digno de orgullo retirarse de la OEA. Esto va ir creciendo. No lo estoy inventando. Sólo estoy haciendo una pequeña evaluación de lo que está pasando en América Latina.

Un movimiento para toda Bolivia

–Un ministro en su país le hizo recientemente críticas, ¿hay una situación de división en el MAS?

–El MAS-IPSP es el movimiento político más grande de la historia boliviana. Es algo único en el mundo. No es un partido. Partido es una parte del pueblo. El MAS es un movimiento político para toda Bolivia a fin de garantizar la liberación política, económica, social, cultural. Yo mismo al inicio no estaba convencido. Pero, en corto tiempo, hemos demostrado que otra Bolivia es posible.

Sin embargo, a algunos integrantes de las nuevas generaciones les falta información. ¿Qué movimiento político o qué partido no tiene problemas? Lo que tenemos no es una diferencia de carácter ideológico. Algunos tienen que proyectarse. Es su derecho. No es la primera vez que sucede. En 1997 fue la primera vez que nos presentamos a las elecciones con Alejo Véliz Lazo. Él era un dirigente campesino respetado. Yo aprendí bastante de él. Era nuestra candidato a presidente. A mí me proclamaron y yo rechacé. Si el hermano Alejo se hubiera comportado bien, habría sido presidente. Pero se fue con un partido de la derecha. Lo suyo fue traición, no división. No faltan algunos que están en el MAS por ambición, no por convicción.

–Ahora es doctor honoris causa por la UAZ ¿Cómo fue eso?

–Doctor, por si acaso. Lo agradezco a la UAZ, a su Consejo Universitario, a los docentes y estudiantes. Es un reconocimiento a los movimientos sociales de Bolivia, pero fundamentalmente al movimiento indígena. Este reconocimiento es para mis hermanos y hermanas indígenas.

En la Colonia vivíamos amenazados con el exterminio; en la República éramos los más odiados, despreciados, discriminados, vilipendiados, económicamente explotados. Este sector social, soy testigo, soy parte de eso, gestó un movimiento político y refundó Bolivia.

Estoy muy contento y agradecido con la universidad por este reconocimiento a mi pueblo. Con mi pueblo, hemos hecho mucho por la vida y por la humanidad.

–En la ceremonia del Grito en el Zócalo miles de gargantas corearon su nombre. ¿Qué sintió?

–Me dieron ganas de llorar en ese momento. A mí me ha sorprendido. Cuando el Presidente se retiró era interesante ir a la fiesta y escuchar a la gente gritando "¡Evo, Evo!" Saludé y no sé cuántos de miles de personas decían "¡Evo, Evo!"

Agradezco al pueblo mexicano. Andrés Manuel López Obrador es inmortal en Bolivia. Nos salvó la vida junto con otros presidentes. Nos ayudó a recuperar la democracia. Y, ahora, Andrés nos invita para cuidarnos. Los antimperialistas estábamos en la mira permanente de Estados Unidos. La lucha no termina, sigue. Pero esta visita, el mensaje de Andrés, su invitación, es como brindar a Evo. Muchas gracias al presidente Andrés y a su pueblo.

Gracias a él, a México, ahora estoy acá con vida. También, gracias a Argentina, a Venezuela, a Cuba, el ex presidente Samper, a Rodríguez Zapatero. Si no hubiera sido por ellos no sé dónde habría estado.

–Estuvo ayer en La Ópera. ¿Le enseñaron donde dicen que disparó Pancho Villa?

–El hermano canciller nos invitó a almorzar con Pepe Mujica. Conversando y comiendo, me dijo: "En la Ciudad de México, en el año 1914, se reunieron Pancho Villa con Emiliano Zapata. Aquí, alguna gente insultaba. En ese momento, Villa sacó su revolver y disparó". Estaba ahí un pequeño agujero. De Pepe uno siempre aprende.

–¿Cantó usted ?

–Primero se acercó el grupo y se sorprendió. Estaban cantando en otras mesas y llegó a la nuestra. Nos dijo: "¡Hola, Evo! ¡Hola, Pepe! ¿Qué quieren cantar?" Yo pedí México lindo y querido y empecé a entonarla y a acompañar muy contento. Voy a buscar un cedé para aprendérmela bien.

Compañías digitales y datos personales

Alguien que se presenta como un joven de 18 años obtuvo acceso completo a los sistemas alojados en la nube (provistos por Amazon y Google) donde Uber almacena datos financieros y confidenciales de sus clientes, desde licencias de conducir hasta el registro de sus viajes y, potencialmente, sus tarjetas de crédito u otras formas de pago. Según se sabe, el hacker no requirió de sofisticados conocimientos informáticos, sino que recurrió a una táctica denominada "ingeniería social": se hizo pasar por un empleado de la compañía o de alguno de sus contratistas a fin de que sus "colegas" le entregaran las contraseñas necesarias para acceder a la red. Esta modalidad de ataque ya se ha usado para sustraer datos a empresas de tan alto perfil como Microsoft y Twitter, y una especialista señala que su uso se basa en "múltiples y enormes fallos sistémicos en materia de cultura e ingeniería de seguridad".

De acuerdo con filtraciones anónimas, el propio hacker informó a la empresa de transporte que había vulnerado su red debido a la falta de seguridad, además de hacer un llamado a mejorar los salarios de los conductores de la plataforma. Hasta ahora no está claro si el atacante sustrajo los datos de clientes o sólo tenía la intención de exhibir las fallas de seguridad y su capacidad para violar sus sistemas internos.

Las sustracciones o vulneraciones de datos confidenciales de usuarios de grandes empresas digitales se han vuelto casi rutinarias. Apenas este mes, un grupo de piratas informáticos afirmó haber robado nombres de usuario, contraseñas e incluso información de pagos realizados a través de TikTok y WeChat, la popular red social de videos cortos y el servicio de mensajería instantánea chinos. En julio pasado, Twitter tuvo que confirmar que al menos 5.4 millones de perfiles sufrieron el robo de su información privada, la cual fue puesta a la venta en un foro de piratería.

En ocasiones, ni siquiera es necesario acceder a los sistemas internos de las compañías para hacerse con gigantescos volúmenes de datos de los usuarios. Mediante una técnica llamada scraping (de "raspar"), los hackers recopilan información que aparece de manera pública en las cuentas de redes sociales, y que puede incluir el nombre, el correo electrónico, números telefónicos, lugar de trabajo y cargo que ocupa, e incluso la ubicación geográfica. Un solo pirata usó el scraping para reunir la información de 700 millones de usuarios de LinkedIn y 533 millones de Facebook, la cual ofreció a la venta en comunidades virtuales. Aunque todos los registros eran públicos, está claro que su circulación, juntos y en una cantidad tal, representa una amenaza de que sean usados para todo tipo de actividades ilegales.

Con estos incidentes, está claro que, pese a lo que digan sus voceros, las grandes compañías no han reaccionado a estos ataques adoptando medidas de seguridad suficientes para salvaguardar los datos y, con ellos, la integridad física y patrimonial de sus clientes, quienes viven la incertidumbre de cuánto peligro corren cada vez que se produce una filtración. Si bien es cierto que los piratas siempre parecen ir un paso delante de quienes diseñan los sistemas de protección, las empresas no deberían escatimar en la defensa de lo que hoy por hoy constituye una auténtica mina de oro para ellas: son estos datos los que les permiten a algunas (de manera destacada Alphabet y Meta, matrices de Google y Facebook) facturar cientos de miles de millones de dólares en publicidad dirigida, y los que dan a otras (como la propia Uber) una ventaja inestimable sobre sus competidores al revelarles los hábitos, preferencias y necesidades de sus usuarios.

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Celso Amorim en la vigilia Lula Libre de Curitiba. Foto: Ricardo Stuckert.

Entrevista con Celso Amorin

Celso Amorim, cinéfilo y exministro de Relaciones Exteriores y de Defensa de los gobiernos del PT, es uno de los principales consejeros del expresidente Lula. Conversamos con él sobre la posibilidad de un golpe en Brasil y sobre cómo la integración sudamericana y los BRICS pueden disminuir la tensión entre Estados Unidos y Rusia y la crisis de Taiwán.

Celso Amorim fue ministro de Relaciones Exteriores durante los dos mandatos de Luis Inácio Lula da Silva (2003-2010). Tuvo un desempeño destacado a la cabeza de la diplomacia brasileña y fue calificado como el mejor del mundo en su cargo. Eran tiempos de una política externa «altiva y activa», como decía nuestro entrevistado. Amorim había ocupado el cargo antes, brevemente entre 1993 y 1995, bajo la presidencia de Itamar Franco, pero fue sin duda su segundo paso por el comando de Itamaraty el que lo consagró.

También eran tiempos de crecimiento económico, de distribución de los ingresos y de una actuación  nunca antes vista de Brasil en la escena internacional, que conllevó la consolidación o incluso la creación de mecanismos multilaterales, la formalización de los BRICS —grupo que con Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica suma casi un tercio del PIB mundial—, la formación de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), el G20 —grupo ampliado con el fin de repartir el poder mundial en contra del selecto G7— y el fortalecimiento del MERCOSUR.

Amorim ocupó más tarde el cargo de ministro de Defensa durante el primer mandato del gobierno de Dilma Roussef y hoy destaca como uno de los principales consejeros del ahora candidato Lula. Acaba de presentar un nuevo libro con sus memorias sobre la relación entre Brasil y sus vecinos sudamericanos, Laços de confiança – O Brasil na América do Sul (Editoria Benvirá, 2022).

Hugo Albuquerque y James Hermínio Porto de Jacobin Brasil conversaron con él sobre la integración sudamericana, los BRICS en tiempos de tensión de Rusia y China con un Occidente liderado por los Estados Unidos de Joe Biden, las elecciones brasileñas, los peligros del bolsonarismo y hasta de sus vínculos con el cine, desde su pasaje por los sets del Cinema Nuovo hasta su amistad con Glauber Rocha y la presidencia de Embrafilme, la extinta «Petrobras del cine».

HA/JH

Usted es mundialmente conocido como un gran diplomático, pero hay un tema que suele escapar en su biografía y es su relación con el cine. Nos gustaría saber algo sobre esta relación con el cine, qué piensa del cine nacional hoy y, también, del legado que dejó su amigo Glauber Rocha en el cine y en la cultura nacional.

CA

Mi relación con el cine comenzó por mi involucramiento directo en el período del Cinema Nuovo. Fui asistente de dirección de Leon Hirszman y con Ruy Guerra trabajé como continuista, pero terminé siendo un poco asistente de dirección en Os Cafajestes.

Creo que el punto más álgido de mi biografía no es el que menciono en mis libros, sino el hecho de haberle entregado la toalla a Norma Bengell en el primer desnudo frontal del cine brasileño, precisamente en Os Cafajestes.

En esa época, Glauber estaba montando la película Barravento con ayuda de Nelson Pereira dos Santos, casi en simultáneo con el montaje de Os Cafajestes. Nos hicimos amigos y recuerdo haber tenido una conversión con él, un poco antes del golpe de 1964, una conversación que él cita en una de las cartas, en la que me dijo que Deus e o Diabo na Terra do Sol era mejor que O Bandido Giuliano de Francesco Rossi, director italiano.

A mí también me gustaba la política exterior. Incluso antes del golpe de 1964 me hice diplomático y unos quince o veinte años después era jefe de la División Cultural de Itamaraty y el ministro Eduardo Portela me postuló como presidente de Embrafilme, empresa de economía mixta vinculada al Ministerio de Educación y Cultura. Y una de las personas que apoyó mi nombre fue justamente Glauber Rocha.

Tuve una relación intensa con él, sobre todo cuando estábamos terminando la película A Idade da Terra. Fue muy generoso con sus comentarios sobre mi papel como presidente de Embrafilme. Glauber era un gran genio, y como sucede con los grandes genios no era una persona fácil. Nuestra relación era muy buena, no tenía ningún tipo de fricción, pero Glauber Rocha… Me parece que tenía dudas sobre A Idade da Terra, así que tuve que presionarlo un poco para terminar el montaje.

Pienso que Glauber dejó una marca en el cine mundial. Cuando pensamos en el cine alemán, y hasta en las películas de Copolla, cuando pensamos en aquella escena de la cabalgata de las valquirias en Apocalypse Now… Es imposible no recordar el uso que Glauber Rocha hizo de la música clásica de Villa-Lobos en una de las escenas igualmente dramática de Deus e o Diabo na Terra do Sol. En fin, Glauber fue un gran cineasta, y como suele suceder con muchos genios, sus mejores películas fueron las primeras, cuando brotó, digámoslo así, cuando explotaron su talento y su creatividad.

Seguí siendo su amigo, lo acompañé en sus últimos pasos, fui a visitarlo a Portugal, a Sintra, un poco antes de que viniera para Brasil prácticamente a morir. Pero, en síntesis, un gran genio que abrió caminos en el cine brasileño.

Hace poco tuve la oportunidad de leer un libro extraordinario de otro genio, una persona distinta a Glauber, Ariano Suassuna, de quien leí A Pedra do reino, donde encontré muchas similitudes con Glauber. Es probable que Glauber nunca haya conocido a Ariano, pero las similitudes en la manera de tratar el sertón brasileño son innegables.

HA/JH

Una pregunta caprichosa: ¿tiene una favorita entre las películas del Cinema Nuovo?

CA

Es difícil decidir. Trabajé en Os Cafajestes, trabajé con Leon. Pero si tuviera que elegir tres o cuatro películas, no mencionaría Os Cafajestes, que me parece muy buena pero que no deja de ser una película de iniciación. Si tuviera que elegir tres o cuatro diría: Deus e o Diabo na Terra do Sol, por supuesto, Vidas secas, de Nelson Pereira dos Santos. De las películas de Rui Guerra elegiría Os Fuzis, en la que no trabajé, aunque yo había sido convocado para ser asistente, pero resolví cambiar Os Fuzis por la diplomacia.

Y de las películas extraordinarias de Leon Hirszman —que no es propiamente parte del Cinema Nuovo, pero pude participar en sus películas como productor porque yo era director general de Embrafilme—, elegiría Eles não usam black-tie. En fin, con esto tenemos cuatro películas de gran importancia.

Por supuesto que hay muchas otras. No mencioné a ninguno de los hijos, porque no sería adecuado, pero veo sus películas con mucha alegría, sobre todo del más viejo, porque hizo más películas, Vicente. Están en MUBI y en muchas proyecciones, entre comillas —o sin ellas—, clásicas.

HA/JH

El tema de su último libro, Laços de confiança, es América del Sur. Aquí, en nuestro continente, asistimos en los últimos años al abandono de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), que había surgido como una buena alternativa de integración regional. Imaginamos que con el posible retorno de Lula, la UNASUR volverá a tener un papel protagónico. ¿Qué piensa de esto desde un punto de vista realista?

CA

Pienso que tenemos que trabajar en varios frentes y en cosas bastante prácticas. Porque estamos trabajando aquí sobre una realidad que tiene varias dimensiones. Los franceses hablaban mucho de una cosa llamada integración de geometría variable. Esto implica los papeles de la UNASUR y del MERCOSUR en la integración sudamericana.

Y el caso, por ejemplo, del MERCOSUR como una unión aduanera, que es muy importante desde el punto de vista del comercio interno, pero que también permite que formemos un bloque y negociemos con conjunto a nivel internacional, como intentamos hacer con el ALCA —evitando, por lo menos, un acuerdo negativo— o en el día a día de la OMC, y como hacemos obviamente en los acuerdos comerciales con la Unión Europea.

En estos días, Lula mencionó que debemos concretar el ingreso de Bolivia en el MERCOSUR. Esto sería un proceso muy simple, porque Bolivia está prácticamente dentro del bloque, pero hay otros países de América del Sur que tienen acuerdos de libre comercio con Estados Unidos y con otros países, y esto dificulta su integración.

Pero la UNASUR tiene un peso muy importante en muchas otras áreas. Prestaría mucha atención a lo que hizo en el área de la salud, de la infraestructura, donde la cercanía física es un elemento importante, y a cómo puede actuar, incluso en cuestiones ambientales, el cambio climático y en cuestiones de defensa, dado que el consejo de defensa sudamericano es uno de sus órganos.

Sé que hay cierta resistencia en algunos sectores, incluso progresistas, frente a la UNASUR por sus eventuales defectos. El principal es la forma de elección del secretario general, y esto fue utilizado como un pretexto para que muchos países la abandonaran. Pero creo que la UNASUR debe volver. Si quieren cambiarle el nombre, no tengo ningún problema. Para mí lo importante es mantener la unidad sudamericana, aunque nunca haya sido tan profunda en este caso como dentro del MERCOSUR, pero es suficientemente fuerte como para posibilitar que la UNASUR tenga un rol importante en el mundo.

Ahora bien, después de las elecciones en Colombia, por ejemplo, la nueva vicepresidenta Francia Márquez estuvo aquí: es una mujer negra, muy vinculada a las raíces africanas y a la ancestralidad, que tienen un peso muy fuerte en la visión que tiene del mundo. La vicepresidenta se entusiasmó con la idea de poder trabajar junto a Brasil en una relación con África. Esto converge con una antigua propuesta que hizo el presidente nigeriano Olusegun Obansanjo a Lula de hacer cumbres Brasil-África, pero pensamos que, para fomentar la integración de América del Sur, era mejor hace cumbres América del Sur y África.

Prácticamente nos encargamos solos de la relación entre América del Sur y África, aunque el presidente Hugo Chávez tuvo cierto interés en esta integración, interés que obedecía a cuestiones más geopolíticas. Hoy también lo tiene Colombia. Es evidente que otros países también lo tendrán en distinto grado. Y también hay cuestiones geográficas, porque tenemos otros mecanismos de cooperación con África, la zona de paz y de cooperación del Atlántico Sur.

Pienso que la UNASUR tiene una importancia muy grande. Cuando hablamos, por ejemplo, de cuestiones de seguridad, la verdad es que yo, como ministro de Defensa, por lo menos, nunca me interesé mucho por las iniciativas del Atlántico, porque decía: Atlántico Norte es una cosa, Atlántico Sur es otra. El Atlántico Norte es un área de conflicto, la propia OTAN es una organización defensiva, o ofensiva, depende del punto de vista que adoptemos, pero que de cualquier manera opera en función del conflicto. En cambio, en el Sur lo que queremos es una zona de paz y de cooperación. Por lo tanto, no tenemos que mezclar el Atlántico Norte con el Atlántico Sur. Son realidades geopolíticas muy distintas.

A nivel interno, la UNASUR sirve para discutir el Amazonas. Incluso los países de la cuenca del Plata están muy interesados en ella, porque hoy sabemos que lo que ocurre en el Amazonas tiene una influencia directa y objetiva en la cuenca del Plata por cuestiones hidrológicas, meteorológicas y geológicas.

En otros asuntos quedó claro que en el G20 es perfectamente posible actuar en coordinación con México, todavía más ahora que tiene un gobierno progresista. Pero incluso desde antes teníamos el mecanismo de G8+2 en el que México participaba con Brasil.

Tenemos que tener esta noción de geometría variable. La integración más profunda es la del MERCOSUR, y es la que nos permite hacer acuerdos comerciales, económicas; en un área de mayor cooperación, pero con muchas cosas en común, tenemos la UNASUR. Después, están América Latina y el Caribe como un todo.

Específicamente sobre la UNASUR, me parece que tenemos que conversar con otros. Brasil no puede imponerse, tiene que conversar con Argentina, Chile y los demás países. Una de las características de la UNASUR es que es plural. La expresión «lazos de confianza», que está en el título de mi último libro, vino a mi cabeza después de una conversación con el expresidente colombiano Álvaro Uribe, que pensaba de manera muy distinta a nosotros, pero con quien tenía una relación de confianza que permitió que muchas veces actuáramos de forma pacificadora en la región.

HA/JH

Una de las grandes conquistas del gobierno del presidente Lula, con usted a cargo de nuestra diplomacia, fue la creación del BRICS. Hoy vivimos en un mundo en gran medida polarizado entre Norte-Sur y Oriente-Occidente. ¿Qué sucederá con el BRICS en este mundo dividido, en medio de esta disputa extremadamente violenta y preocupante? ¿Y qué será de la participación de Brasil en el BRICS en este contexto?

CA

No solo polarizado, lo peor de todo es que está en guerra. Sin paz nada es posible. Pero también está la cuestión climática, la de las pandemias, etc. El mundo necesita cooperación y está en guerra, que es todo lo contrario. La pregunta no es tanto qué será del BRICS. Tenemos que preguntarnos qué será del mundo.

Creo que el BRICS seguirá teniendo un papel muy importante. En realidad, cuando creamos el BRICS, era un foro, como habíamos hecho antes con IBAS que incluía a India, Brasil y a Sudáfrica) y que era muy importante.

En el caso específico del BRICS, contribuirá enormemente a sostener un mayor equilibrio en las discusiones económicas, sobre todo después de la crisis de Lehman Brothers. Todo el mundo piensa que el BRICS fue creado en 2009, cuando fue la primera cumbre, pero el grupo ya existía. Fue creado en 2006, en 2008 tuvo la primera reunión ministerial y en 2009 la primera cumbre.

Pero ya estaba muy activo a fines de 2008, es decir antes de la primera cumbre, celebrada en Ekaterimburgo, en la reunión del G20, y que contribuyó efectivamente a hacer notar los intereses de los países en vías de desarrollo, de los países emergentes, dentro del conjunto de medidas necesarias para salir de la crisis. Por ejemplo, fue la primera vez que hubo una reforma, aunque fuera modesta, del sistema de pagos del FMI y del Banco Mundial.

Hoy lo peor es la guerra. Y la destrucción, la muerte que provoca el ser humano contra otros seres humanos. Estados contra Estados. Tenemos una situación de guerra entre Rusia y Ucrania, pero en realidad, en el fondo es una guerra que involucra a Rusia y a Occidente.

Cuando hablo de Rusia y de Occidente recuerdo inevitablemente a Arold Toynbee, gran historiador británico que no era en absoluto un hombre de izquierda, no simpatizaba para nada con la Unión Soviética, pero reconocía la importancia de Rusia y la preocupación que tenía Rusia con Occidente.

Esto es todo lo que tenemos que pensar hoy. Es necesario pensar porque nosotros, el presidente Lula y yo, condenamos la acción rusa de iniciar una operación militar.

Es una línea roja que no podemos pasar. No hay cómo pasarla porque lo que tenemos hoy, los esfuerzos que venimos haciendo desde comienzos del siglo pasado para limitar, contener o no tener guerras, están centrados en esto: en renunciar al uso de la fuerza, salvo en situaciones especiales cuando lo autoriza el Consejo de Seguridad o en legítima defensa.

Quién soy yo para juzgar a mi amigo [Sergey] Lavrov, con quien trabajé mucho tiempo… Pero Rusia no podía hacer esto. Para resolver el problema hay que entender sus raíces profundas, que tienen que ver con la expansión de la OTAN y con muchos otros factores. Pero me parece que, a pesar de que hubiera sido difícil, Rusia debería haber llevado todo esto por el camino de la negociación. No obstante, solo podemos terminar con la guerra de dos maneras: la rendición total, como en el caso de la Segunda Guerra Mundial, o la negociación, que puede surgir del cansancio o de otros factores. Pero para una negociación es preciso que las dos partes hagan concesiones, y esto es lo que no pueden aceptar todos los que están a favor de uno de los bandos. Es necesario tener alguien capaz de persuadir a la otra parte, y en este sentido pienso que el BRICS podría ser importante.

Por supuesto que Rusia está directamente involucrada en el conflicto, pero China puede tener una influencia muy grande, y esta influencia sería mejor recibida y más aceptada si Rusia no estuviese aislada, y si la solución implicara involucrar a otros países en vías de desarrollo, y no solo el BRICS, sino también, por ejemplo, Turquía y hasta la Unión Africana, que también tiene un interés muy grande en resolver el problema de esta guerra.

Aclaro que mencioné la guerra, pero también podría haber mencionado el clima, las pandemias, etc. Todo esto exige mucha cooperación y no conflicto.

HA/JH

Hace poco fuimos testigos de la visita de Nancy Pelosi a la isla de Taiwán. Por tratarse de la presidenta de la cámara de diputados de los Estados Unidos, la visita generó mucha incomodidad en Pekín. La pertenencia de Taiwán a China está pacificada por el derecho internacional y por la propia relación bilateral chinoamericana. Los chinos no respondieron igual que los rusos, aunque tampoco lo hicieron de una manera absolutamente distinta, y fueron acosados en el tablero geopolítico. ¿Qué piensa de todo esto?

CA

Los chinos mostraron sus músculos. No llegaron a tomar ninguna medida inmediatamente bélica, pero mostraron que son capaces de hacerlo en el futuro. Por supuesto, pienso que todo esto es peligrosísimo. Me concentré más en Ucrania y en Rusia porque tienen un conflicto abierto, pero creo que, hasta cierto punto, el propio conflicto de Rusia y de Ucrania está involucrado en esta cuestión más amplia: la postura de confrontación de Occidente ampliado, liderado por Estados Unidos, contra Eurasia. No sabemos bien en qué posición deja esto a India, que tiene conflictos y disputas fuertes con China, pero que también, en tanto país en vías de desarrollo que sufrió el colonialismo, tiene una percepción distinta.

Nada es tan simple porque siempre hay divisiones internas, pero Occidente, liderado por Estados Unidos, está expandiéndose. Está convocando a foros de la OTAN, por ejemplo, a países que no tienen nada que ver con el Atlántico Norte, como sucedió hace poco en la conferencia de Madrid.

Respeto muchas cosas que hizo internamente el presidente Biden en Estados Unidos. Pueden no ser perfectas, pero hay avances en términos de la utilización de las capacidades del Estado, cuestiones sociales, etc. Pero tengo dudas sobre algunos aspectos de la política exterior. Uno de estos aspectos es que concibe el mundo como una disputa, o peor, como una lucha por la hegemonía entre un lado bueno y un lado malo. Es peligroso.

China no tiene pretensiones expansionistas, desde ningún punto de vista, solo defiende sus intereses. Pero en el pasado, incluso las disputas de este tipo llevaron a la guerra, como sucedió en los casos de Inglaterra contra España o de los conflictos entre Occidente y el Imperio Otomano. En aquella época no había conflicto ideológico, como en la Guerra Fría, pero aun así hubo guerras.

Y la ideologización de estos conflictos estratégicos los torna más peligrosos, porque es más difícil recular y actuar de manera razonable. En vez de que la disputa sea un tablero de ajedrez, se convierte en una batalla de gallos. Creo que terminará prevaleciendo el buen sentido, pero estamos viviendo un riesgo enorme. Tengo suficiente edad, tengo ochenta años y viví, por ejemplo, la crisis de los misiles en Cuba y cómo se resolvió todo, pero no es fácil, no es simple.

HA/JH

¿Usted ve con buenos ojos la ampliación del BRICS?

CA

Sí. Creo que tiene que ser gradual. Tiene que estar bien ejecutada porque también plantea problemas.

Por ejemplo, ¿por qué creamos IBAS? En aquella época, había un grupo llamado G15 que, en realidad, incluía a 17 o a 18 países y que no conseguía consensos sobre cosas importantes, solo sobre cosas generales. Por esto nadie hablaba mucho de él. Entonces Sudáfrica, que no había entrado en el G15, planteó una idea distinta, la de tener un grupo de seis o siete países.

En el segundo día del gobierno de Lula, la ministra de relaciones exteriores de Sudáfrica, Nkosazana Dlamini-Zuma, propuso que Brasil participara de este nuevo grupo, que incluiría a países en vías de desarrollo, pero no a Rusia ni a China.

Y yo le dije, «pero ministra, hagamos lo siguiente, hagamos un grupo menor que sea eficiente». Entonces sugerí que hiciéramos un grupo pequeño, adecuado a la realidad de la época, tres democracias, tres países multiétnicos, multicelulares, y uno en cada región del mundo en vías de desarrollo. Y así lo hicimos.

Volviendo a la pregunta, el BRICS tiene mucho más poder, pero tenemos que notar, incluso en cuestiones importantes, en políticas de seguridad, no estuvieron siempre de acuerdo. Incluso, obviamente, por tener visiones distintas sobre la ampliación del Consejo de Seguridad. India, Brasil y Sudáfrica tienen visiones muy semejantes sobre este tema, pero Rusia y China, sobre todo esta última, por motivos que no tienen que ver directamente con Brasil, no las tienen. China, por ejemplo, no fomenta la ampliación del Consejo de Seguridad, en la práctica, aunque no lo diga. Hace todo para que no ocurra. Y esto tiene más que ver con una reforma que lleva a la entrada de Japón.

Ahora bien, me pronuncié explícitamente —personalmente, no estoy hablando en nombre del PT ni de Lula— a favor de la entrada de Argentina en el BRICS. No tomé la iniciativa, pero creo que fue una buena idea. Pienso que la entrada de Argentina en el BRICS fortalecería la presencia sudamericana, en un grupo de gran importancia. Pero me opongo a la entrada de países que traigan una cuota de conflicto.

HA/JH

El bolsonarismo mostró ser bastante resistente y muy reaccionario frente a la perspectiva de derrota electoral. ¿Piensa que en el caso de un intento de golpe conseguiría apoyo internacional? ¿Qué piensa de esta posibilidad?

CA

Pienso que el cuadro internacional impedirá que se intente una locura, pero además pienso que esta locura difícilmente podría durar. Suelo decir esto recordando el pasado de Brasil. Un golpe de Estado requiere, a mediano plazo, la participación militar, sea directa o sea por omisión. Y en Brasil nunca hubo un golpe sin el apoyo de tres sectores unidos, que son la élite económica, los grandes medios de comunicación y el país hegemónico del capitalismo mundial, Estados Unidos.

En 1964 todos estos sectores apoyaban totalmente el golpe. Estados Unidos llegó hasta a mandar una parte de su ejército a la costa brasileña para que actuara en el caso de una hipotética guerra civil, que no descartaban.

Hoy no hay nada de esto. Por el contrario, vemos que el secretario de Defensa de Estados Unidos, aun si lo hizo para mantener un mínimo de coherencia con este discurso de las democracias, dijo que «hay que respetar el proceso electoral y el sistema electoral brasileño».

Y no fue solo él, fue una nota oficial del Departamento de Estado. El sistema electoral brasileño es un ejemplo para el hemisferio y para todo el mundo, y es un ejemplo incluso para Estados Unidos. El pensamiento dominante en Estados Unidos repite que el sistema electoral brasileño es mucho menos vulnerable a algo como lo que intentó Trump porque es rápido. Alguien podría intentarlo, pero no creo que suceda nada.

Pienso que, aun en el caso de que lo intenten, de que ocurra algo, las fuerzas armadas no querrán entrar en el conflicto, y aun si lo hicieron no tendrían, desde mi punto de vista, ningún respaldo.

Y en esta cuestión del respaldo entra el marco internacional. Porque está claro que los empresarios están enloquecidos, están pagando caravanas que hacen manifestaciones en Brasilia. Pero creo que esto es representativo de que no tienen el mismo nivel de apoyo en la sociedad que los empresarios que apoyaron el golpe de 1964. En 1964, si miramos rápidamente la posición que adoptó el poder judicial, aunque haya tenido ministros que después fueron expulsados por el régimen, en principio no se manifestó. Hoy la situación es muy distinta también en este sentido.

Para decirlo en términos simples, lo que podríamos definir como clase dominante está muy dividida —esto hace que sea muy difícil pensar en un golpe de Estado— y los que apoyarían un golpe de Estado están en una posición muy frágil.

HA/JH

¿Qué piensa de la campaña de Lula en términos generales? ¿Qué piensa de este momento particular de la campaña? ¿Es optimista?

CA

Miren, la verdad es que yo soy optimista, pero mi optimismo es cauteloso, porque vimos lo que pasó en el pasado, con las redes sociales. Vimos lo que pasó en Chile, donde a pesar de que las encuestas apuntaban a un probable rechazo de la nueva constitución, esto sucedió con un margen mucho mayor del esperado. Pienso que debemos ser cautelosos y que no podemos dejar de trabajar.

Creo que ya tenemos una gran victoria en la campaña, que se llama Luiz Inácio Lula da Silva. Es la persona que sabe hablar con el pueblo y con muchos sectores oprimidos de la sociedad brasileña. Y, al mismo tiempo, es una persona que sabe conciliar y buscar soluciones negociadas, como viene haciendo desde que era dirigente sindical.

Lula tampoco asusta a los sectores del empresariado más conscientes, o por lo menos más comprometidos con el desarrollo nacional. Por lo tanto, pienso que este triunfo es importante. Demostró esta flexibilidad a priori, habiendo elegido al exgobernador Alckmin como compañero de fórmula, que también tranquiliza a una buena parte del empresariado.

HA/JH

Muchas gracias, ministro. ¿Una última palabra?

CA

Me gusta relacionarme con los jóvenes que siempre nos ayudan a pensar y a enfrentar situaciones nuevas. No tenemos que pensar que el futuro es solo repetir el pasado. El pasado es importante, pero tiene que estar siempre adaptado a los nuevos desafíos. Me gustaría mencionar un tema que definitivamente interesa a todos los jóvenes. Hablamos mucho de la guerra, que es importante, pero hoy la cuestión climática tiene una centralidad que no tenía.

Con Lula tuvimos una actuación positiva en Copenhague, y es la mayor demostración de que nos interesa, pero en ese momento no tenía la centralidad que tiene hoy. Como ministro de Relaciones Exteriores yo estaba más preocupado por la OMC que por el clima. Hoy pienso que esto tiene que cambiar.

Traducción: Valentín Huarte

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Soldados ucranianos en el asentamiento recientemente liberado de Shevchenkove, en una imagen publicada por el servicio de prensa de las Fuerzas Armadas de Ucrania. — REUTERS

El revés bélico ruso de la última semana en Ucrania ha sacado a la luz crecientes fisuras entre los halcones que hasta ahora defendían la estrategia de Vladímir Putin en la guerra.

 

Las críticas abiertas al presidente ruso, Vladímir Putin, y su cadena de mando en Ucrania se extienden según se van conociendo detalles sobre la contraofensiva del ejército ucraniano y la retirada de las tropas rusas en el noreste, en la frontera con el Donbás. Mientras, las fuerzas ucranianas continúan su avance sin una aparente respuesta de las tropas enviadas por el Kremlin para invadir el país vecino.

Aunque las informaciones que llegan desde el Gobierno ucraniano hablan de más de 6.000 kilómetros cuadrados recuperados en menos de una semana y del caos en la retirada de los soldados rusos, Rusia está muy lejos de haber sido derrotada en Ucrania.

El triunfalismo en Kíev y las capitales occidentales que arman y ayudan a las fuerzas del presidente Volodímir Zelenski no muestra mucha cautela ante la posibilidad muy real de una dura respuesta rusa en las próximas jornadas.

Esto es una guerra, no una operación especial

En todo caso, las victorias proclamadas por el ejército ucraniano, coreadas en Europa y Estados Unidos, e incluso reconocidas de manera abierta en diversos ámbitos de Rusia, están ya haciendo mucho daño a la supuesta cohesión mostrada hasta ahora en Moscú en torno a la despiadada estrategia de Putin en Ucrania.

Desde líderes políticos afines al Kremlin, que piden una respuesta contundente y un endurecimiento de la ofensiva rusa, a periodistas destacados que hasta ahora eran defensores de la "operación militar especial" de Putin en Ucrania, como se llama eufemísticamente a la guerra en Rusia, las críticas se extienden, ya sin miedo a ser acalladas por la fuerza y la ley autocrática como había ocurrido hasta ahora con todas las voces disidentes y contrarias a la invasión.

Quienes hasta ahora en la opinión pública rusa solo hablaban de la necesidad de desnazificar y desmilitarizar Ucrania, en esa "operación militar especial", ahora pronuncian sin ambages la palabra "guerra" y refieren lo ocurrido en torno a Járkov como un "desastre" que reclama la cabeza de los dirigentes principales del Ministerio de Defensa ruso, incluido el propio ministro, Serguéi Shoigú.

En San Petersburgo, un grupo de al menos 84 concejales y diputados municipales ha perdido el miedo a levantar la voz y ha reclamado la dimisión de Putin por haber comenzado la guerra de Ucrania. Los ediles acusan al presidente ruso de "alta traición" por poner en riesgo la seguridad de Rusia.

Sin llegar a esta virulencia, el exdiputado Borís Nadezhdin, en un debate televisado, afirmó que Putin había sido engañado por sus asesores en la cúpula de poder ruso, que le habrían "convencido" de que los ucranianos no se opondrían a la invasión, que "se rendirían, huirían y que todos ellos querían unirse a Rusia".

"Tenemos que comprender que no se puede derrotar a Ucrania utilizando los recursos y métodos de una guerra colonial, con soldados contratistas, mercenarios y sin la movilización" de la población, dijo Nadezhdin. Según el político, "hay un ejército fuerte que se está enfrentando a las tropas rusas totalmente apoyado por los países más poderosos, incluidos los europeos, en los ámbitos económico y tecnológico", de ahí los errores que se están cometiendo en el estamento militar del Kremlin.

Llamadas a la movilización total en Rusia

"No puede ser y no debería ser que nuestros muchachos estén muriendo hoy (en Ucrania) y que pretendamos que no ha pasado nada", aseguró en un mensaje de Twitter Serguéi Mirónov, diputado en la Duma (Parlamento ruso) y líder del partido Rusia Justa.

Mirónov, una de las personalidades rusas castigadas por las sanciones occidentales, llamó a la movilización total contra Ucrania. Mirónov reconoció que existe una "guerra real" con Occidente en el territorio ucraniano. 

También se manifestó a favor de la movilización bélica de la población rusa Mijaíl Sheremetev, miembro del Comité de Seguridad de la Duma, quien urgió al Kremlin a dejarse de medias tintas y a movilizar al país entero contra Ucrania. Sin esa opción, que incluya una economía al servicio de la guerra, "no se conseguirán los resultados adecuados", aseguró en una entrevista a URA.RU.

En una respuesta al respecto a ese mismo canal de noticias de internet, el secretario de Prensa del Kremlin, Dmitri Peskov, indicó que "por el momento no se considera la movilización en el territorio de Rusia".

Uno de los presentadores más populares de la televisión rusa, Dmitry Kiseliov, subrayó la necesidad de reconocer que las tropas rusas habían pasado la semana pasada uno de los momentos más difíciles de la campaña en Ucrania y que se habían visto obligadas a retroceder "ante el embate de fuerzas enemigas superiores".

La declaración de guerra a Ucrania llevaría a esa movilización de centenares de miles de soldados más en Rusia, y de nuevo pondría bajo la mirilla de los misiles rusos a ciudades como Kíev o Lvov, en el oeste ucraniano. También podría llevar a los militares rusos a considerar el ataque a Odessa, el último gran puerto que le queda a Ucrania en el Mar Negro.

Kiev ha tomado la iniciativa

Nadie en Rusia cree que Ucrania haya ganado ya la guerra o que el ejército ruso se desplomará en las próximas semanas. Pero sí que Kíev ha tomado la iniciativa y este paso está poniendo muy nerviosos a los halcones del Kremlin, que ya no ven nada claro el final de esta crisis ni sus consecuencias.

Entre los errores que han llevado a perder localizaciones clave para el reabastecimiento y la logística del ejército ruso al este de Járkov, incluida la ciudad y nudo ferroviario de Izium, aparecen enormes fallos en la obtención y comunicación de inteligencia estratégica al Kremlin desde el teatro bélico. Ello devino en una desorganización en el repliegue que demostró que no se trataba de una reorganización sino una retirada caótica. 

La inteligencia occidental aliada con la ucraniana se ha impuesto, en este sentido, a la hasta ahora todopoderosa inteligencia militar rusa, como ya ocurrió en la invasión soviética de Afganistán o en las guerras de Yugoslavia, al contrario de lo que ocurrió recientemente en la guerra de Siria. Ahora, los sistemas de misiles Himars, suministrados por Estados Unidos a Ucrania y tan importantes para abrir paso a este avance ucraniano, habrían sido inútiles sin la inteligencia aportada por los satélites militares de la Alianza Atlántica.

El territorio recuperado debe ser consolidado

A pesar del éxito de la contraofensiva ucraniana en el nordeste, las cosas no se muestran sencillas para consolidar este avance, a pesar de que en Occidente hayan crecido los ánimos para seguir enviando armas al ejército ucraniano.

En el sur, donde también ha habido avances ucranianos, pero mucho más modestos, los combates en campo abierto no son favorables a las fuerzas del país ocupado, que debería poner en juego muchos más efectivos, mucha logística, mucha munición y una mayor potencia de fuego,

En esa zona, de momento, Rusia tiene la ventaja con su captura de la ciudad de Jersón en las primeras etapas de la guerra, considerada por el Kremlin como un bastión esencial para la defensa de la península de Crimea, anexionada en 2014.

Que Rusia se esté precisamente centrando en la defensa de Jersón debería poner nerviosos a los mandos de la OTAN, en buena parte responsables del éxito de la contraofensiva ucraniana. El enroque ruso en Jersón, en la orilla occidental del río Dniéper, apunta a eventuales planes del ejército invasor para abrirse camino por la llanura ucraniana hacia el noroeste y hacia la propia Odessa. Cerrada ya la vía diplomática para resolver este conflicto, la guerra puede ser muy larga y con otros escenarios, no solo el Donbás o el sur de Ucrania.

El propio ministro ucraniano de Defensa, Oleksii Reznikov, ya lo ha advertido. Con este alargamiento hacia el este, el ejército de Ucrania puede ser ahora mucho más vulnerable a una respuesta contundente de Rusia, si es que pueden dar ese contragolpe las fuerzas invasoras.

No solo es necesario capturar territorio al enemigo. Hay que mantenerlo y para ello se precisa el apoyo de la población local, que no será muy amistoso en la zona del Donbás o en las cercanías de Crimea. Esos riesgos se incrementan si la ofensiva se prolonga en el tiempo, con el otoño a la vuelta de la esquina y el gélido invierno ucraniano no mucho más lejos.

La baza nuclear

Hay una cuestión que nadie se atreve a poner encima de la mesa. Se está advirtiendo sobre el riesgo de un desastre nuclear en la central de Zaporiyia, tomada por los rusos y en medio de un escenario de combates continuos entre los dos contendientes. Pero no se mencionan las cabezas nucleares tácticas de Rusia, con una capacidad de destrucción "moderada", pero que, de entrar en juego, tumbaría la balanza hacia el lado ruso sin duda alguna.

Sería preciso recordar que fue el propio Vladímir Putin quien, al poco de comenzar la guerra, afirmó que su país recurriría a todos los medios a su alcance, incluidas las armas nucleares tácticas, si se viera en peligro la "supervivencia" de Rusia y la integridad del territorio ruso. ¿Está cerca ese momento?

13/09/2022  

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Cocaína, Amazonia y Paz Colombia: un mes del gobierno de Petro

En diciembre de 2020, la Comisión sobre Política de Drogas del Congreso de Estados Unidos delimitó el camino antinarcóticos para Colombia, México y Centroamérica. En particular para el país sudamericano, este informe inauguró una estrategia que tituló "holística", propuso implementar un plan "más integral" que impactara las causas y condiciones de existencia de este tráfico de drogas ilegalizadas y mitigara sus consecuencias adversas. Sus recomendaciones fueron muy cercanas a lo firmado en los acuerdos de paz y lo que Joe Biden denomina la Paz Colombia, basada en la idea de descriminalizar la estrategia antinarcóticos y vender la idea de "atacar los eslabones más fuertes del narcotráfico". Con estas propuestas, "la lucha contra las drogas" se disfrazó con una máscara "holística", paradójicamente la misma palabra que usaron para ufanarse de los logros de una de las estrategias contrainsurgentes con fachada antinarcótica más violentas en el país, el plan de consolidación de La Macarena, en el sur de Colombia.

Posteriormente, las comunicaciones de la Casa Blanca proclamaron los tres pilares de la estrategia antinarcóticos entre Colombia y Estados Unidos: la reducción de la oferta de drogas, seguridad y desarrollo rural integral –alineado con el informe de su Congreso–, y agregó una nueva, la protección ambiental, específicamente en la Amazonia colombiana. El gobierno de Iván Duque (2018-22) aplicó esta línea de intervención con la militarización de puntos estratégicos en esta región colombiana, principalmente alrededor de los parques nacionales Tinigua, Chiribiquete y Sierra de La Macarena, a través de la Operación Artemisa, serie de operativos militares que vienen ocurriendo desde 2019, que atentaron contra la vida y propiedad de campesinos asentados hace décadas en esta región o nuevos colonos. Estas operaciones dinamitaron casas campesinas y les quemaron sus animales. El control militar de áreas estratégicas de la Amazonia colombiana y las rimbombantes promesas del gobierno de Juan Manuel Santos e Iván Duque para la agenda de cambio climático contrastaron con los bajos presupuestos dedicados al sector ambiental en el país y la significativa dependencia presupuestal de éste a la cooperación, principalmente de Estados Unidos y Alemania, como lo han mostrado recientes informes.

Desde días antes de que el gobierno Petro-Márquez se posesionara en Colombia, representantes del gobierno de Estados Unidos han mantenido una intensa agenda con funcionarios hasta en reuniones regionales y que tiene como objetivo implementar esa "política holística antinarcóticos". Primero fueron visitados por una comisión de la Casa Blanca liderada por el secretario adjunto de seguridad de Estados Unidos, Jonathan Finer, y tras la posesión llegaron Rahul Gupta, director de la Oficina de Política de Control de Drogas de la Casa Blanca, y una delegación en la que participó el encargado de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, institución que también participó en reuniones regionales acerca de desarrollo rural. Una semana después hubo un encuentro de una comitiva de la CIA y la DEA, y en esta última semana ocurrió el encuentro de la comandante del Comando Sur de Estados Unidos, Laura Richardson, con el ministro de Defensa y el presidente Petro, en la cual se discutió la conformación de una fuerza antincendios que conjugara esfuerzos del país del norte y Colombia en la Amazonia colombiana.

La "lucha contra las drogas y contra la deforestación" son dos ejes de intervención geopolítica y contrainsurgente que expresan un provisional alineamiento de los intereses de Estados Unidos y Colombia articulando acuerdos de paz, Paz Colombia y estrategia antinarcóticos. Esto se nota en la terquedad por usar los ineficaces programas de "sustitución de coca" y en concebir la protección de la Amazonia como tema de seguridad nacional. En otra dirección, para lograr la paz en Colombia, la Comisión de la Verdad recomienda transitar a la regulación legal estricta de los mercados de drogas, transparentar el papel de las agencias internacionales en el país y desmilitarizar las relaciones Estado-comunidades, un paso adelante a los acuerdos de La Habana y claves en el debate global.

En discursos públicos, Gustavo Petro ha dicho que va a cumplir a rajatabla estas recomendaciones aunque no ha sido claro cómo. Todas las cartas están sobre la mesa en este primer mes de posesión Petro-Márquez que empieza a pilotear en la turbulencia, en un trayecto que dura apenas cuatro años pero en el que un día es un mes y un mes un año. La movilización del campo popular aún espera.

 

Por Estefania Ciro, economista y socióloga, Premio Unesco Juan Bosch (2018). Ex coordinadora del equipo de narcotráfico y política de drogas en la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad (Colombia). Autora del libro Levantados de la selva.

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Domingo, 11 Septiembre 2022 06:05

Gran Bretaña: el retorno de la geopolítica

Gran Bretaña: el retorno de la geopolítica

Según se desprende de “El retorno de la geopolítica”, discurso Del pasado 27 de abril de 2022 en Londres, cuando todavía era canciller del gobierno de Boris Johnson, el enfoque de la nueva Primera Ministra del Reino Unido Liz Truss (foto, con la reina Isabel) se basa en tres ideas-fuerza: una fuerza militar más poderosa, una seguridad económica más amplia y la conformación alianzas globales más profundas.

El conflicto en Ucrania

El eje principal de su proyecto geopolítico se centra hoy en el conflicto en Ucrania: la defensa de esta nación, es la defensa del “mundo libre”, de “la libertad y la autodeterminación”. Según ella, resulta imperioso contribuir así a la supervivencia de Ucrania, porque “si Putin tiene éxito, habrá una miseria incalculable en toda Europa y terribles consecuencias en todo el mundo”.

En su lectura, no se trata de impedir que los agresores desistan, sino de que fracasen. De lo contrario, nada menos que la “seguridad global” se verá resquebrajada: “nunca más nos sentiremos seguros”.

Por ende, resulta claro que el principal enemigo del Reino Unido bajo su conducción será Rusia, a la que acusa de haberse alejado de la Unión Soviética, una potencia que “pese al daño causado en el mundo”, logró actuar “con algún grado de racionalidad” en el escenario mundial. Además, su reputación actuaba como un limitante para su desempeño a nivel internacional.

Hoy Rusia, según Truss, no conserva los valores de la antigua Unión Soviética: ha violado múltiples medidas sobre el control de armas y se ha convertido en una real amenaza para los países de la OTAN. Incluso, su mal desempeño económico llega a afectar el funcionamiento del G20.

En esta misma línea de pensamiento, Vladimir Putin es sólo un “operador deshonesto” sin ningún interés en el cumplimiento de las normas internacionales. Su aparente fortaleza sólo radica en el petróleo y el gas, utilizados como recursos para ganar poder hacia el exterior.

Ahora bien, desde el punto de vista de la fuerza militar, Truss considera que el Reino Unido deberá hacer mucho más que lo que hizo hasta entonces, más allá de sus sustanciales aportes de armamento y de la capacitación efectuada a las tropas ucranianas desde mucho antes de que el conflicto estallara.

Así, en medio de la crisis energética en que se encuentra la nación, la nueva Primera Ministra apoyará un sensible aumento en el presupuesto destinado a la defensa.

Cambio de estrategia

De igual modo, planteará un cambio de estrategia, ya no para la defensa de Ucrania, sino directamente para el ataque contra Rusia, el que deberá ser efectuado de manera tradicional, por tierra, mar y aire, y también con técnicas más vanguardistas, con ataques provenientes del espacio y del ciberespacio.

Por ello, y frente a Rusia, el Reino Unido deberá tener un papel de responsabilidad y de resguardo frente aquellas naciones del “flanco oriental” que más sufren el avance de Putin en Ucrania. Por ende, Londres se comprometerá a defender a Polonia con una mayor cooperación militar, y el mismo nivel de compromiso se alcanzará frente a los Balcanes Occidentales y a países como Moldavia y Georgia.

Para prevenir futuros conflictos, Londres apuntará a la idea de una “OTAN global”, extendiendo la membresía de la organización a otros países, del Atlántico, y sobre todo del Pacífico, teniendo en cuenta la existencia de “amenazas globales”. No será extraño que se activen renovadas alianzas con Japón y con Australia, entre otros motivos, para “asegurarnos de que democracias como Taiwán puedan defenderse”.

Además del aspecto puramente militar, el Reino Unido y las principales potencias occidentales deberán golpear a Rusia desde lo económico, con nuevas y más profundas sanciones. Así, Truss se enorgullece de pertenecer al país que ha sancionado a “más personas y organizaciones que cualquier otra nación, afectando a los bancos, los oligarcas, las empresas de defensa, las reservas del Banco Central y los suministros de petróleo y gas de Rusia”.

El factor China

Pero desde el gobierno británico son conscientes de que la dureza del ataque a Rusia no podrá ser mayor si China sigue cooperando con Moscú. En este sentido, reconoce el enorme potencial económico de la potencia asiática y su papel cada vez más importante a nivel global, pero llega a advertir que si no sigue las “reglas”, China podría detener un ascenso que muchos asumen como inevitable. Según su opinión, Beijing debería tomar nota de las consecuencias que hoy se ciernen sobre Rusia.

Por otra parte, el gobierno de Truss se muestra interesado en ampliar las relaciones económicas con el mundo libre, estableciendo nuevos mercados en naciones que también se encuentran en ascenso y que deberían quedar bajo el paraguas comercial británico, como son los casos de India e Indonesia.

En todo caso, el profundo credo neoliberal de la nueva Primera Ministra resulta elocuente cuando afirma que “El libre comercio y los mercados libres son el motor más poderoso del progreso humano”, por lo que “siempre defenderemos la libertad económica”.

Un tercer punto a tener en cuenta en el nuevo gobierno de Liz Truss se centrará en la conformación de “alianzas globales más profundas”, que contribuyan a la generación de mayor prosperidad y una más amplia seguridad. O lo que la nueva mandataria concibe como la “Red de la Libertad”.

Ante lo que considera como la avanzada rusa contra el mundo libre, Londres incentivará a las instituciones multilaterales como una suerte de estrategia defensiva a nivel global cuyos principales puntales serán la OTAN, el G7 y la Commonwealth, a las que considera como “vitales”.

De igual modo, el esquema de alianzas deberá ser reforzado no sólo a partir de la relación histórica con Estados Unidos, sino también con naciones como Australia, Japón, India, Corea del Sur y Sudáfrica. En tanto que el G7 deberá ser definido como una “OTAN económica” y debería establecerse una amplia red política y comercial con los 141 países, de todos los continentes, que votaron por sancionar a Rusia en la ONU.

Al menos en esta primera aproximación, en el proyecto geopolítico de Liz Truss no hay mención alguna a Américas Latina: apenas un señalamiento sobre México, como integrante del TLC que comparte con Estados Unidos y Canadá y al que buscaría acercar al Reino Unido. Obviamente, no hay tampoco ninguna mención a Argentina ni mucho menos al conflicto con Malvinas.

Sus intenciones son claras desde un primer momento e implican un enfrentamiento mayor con Rusia, su enemigo declarado, y un involucramiento todavía más profundo en el conflicto en Ucrania, ya que se trata de “nuestra guerra”, cuya victoria es “un imperativo estratégico para todos nosotros”.  

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Posibles lecciones del referéndum constitucional en Chile

Organizar el descontento

Nadie organiza los levantamientos, los estallidos, las revueltas. Su lógica es más la del caos (una regla desconocida e impredecible) que la del orden (guiado por una mecánica lineal).

Un día Mohamed Buazzizi, un joven que tenía un tenderete de fruta en Túnez, se prende fuego desesperado por el maltrato de la policía. Estalla la primavera árabe. En Madrid, reprimen por la noche una concentración de jóvenes que han decidido acampar en la Puerta del Sol reclamando democracia real ya. Estalla el 15M. En Chile suben 30 centavos el metro y se despiertan treinta años acumulados de cansancio. Y lo mismo en la revolución rusa, la sandinista y las que vengan.

La represión suele ser la gota que desborda el vaso. Los revolucionarios profesionales de los que hablaba Lenin no crean la revolución, sino que la preparan y, llegado el caso, organizan el nuevo orden. Pero antes han llenado las calles de sustantivos y adjetivos. La antesala de toda revolución siempre es una gran conversación. Y antes de cualquier estallido, en las sociedades se ha ido larvando una gran conversación.

Los estallidos hay que organizarlos, como había que hacer con el desconcierto. Si no se organizan, suelen ver cómo su rebeldía se disuelve en el éter. Las aves cuando emigran siempre tienen alguna marcando la ruta, aunque se vayan turnando en esa tareas.

Los momentos de protesta son eso, momentos. En Chile, el estallido de octubre de 2019 fue el levantamiento popular de un pueblo cansado con el poder y su brutalidad cotidiana. Cansados ante un poder agotado al que no le quedaba más recurso que disparar a la gente. Los bandos eran claros. En un lado, supuestamente, el pueblo (que siempre está en construcción). En otro, más real, más concreto, más organizadas, las élites. En esa confrontación de las élites contra todos los que tienen alguna demanda insatisfecha, alguna reclamación o un enfado indefinido, se encuentras todos los enojados, sea cual sea su grado de impaciencia. El cemento que les une es la insatisfacción. Y como lo único que cuenta en ese momento es el acuerdo en quiénes son las víctimas y quiénes los verdugos, no hace falta mucho más.

Después de la tormenta, poner rumbo

Después de esa fase destituyente viene la fase constituyente, la de crear un nuevo edificio. Ahí todo lo que estaba unido empieza a separarse. Porque para derribar un edificio basta con que cada uno agarre un pico y un martillo. Pero para levantar uno nuevo, o hay organización o es bastante probable que el edificio se levante torcido.

La Constituyente chilena tenía todos los requisitos teóricos para ser el ejemplo por excelencia de cómo debe hacerse una Constitución democrática. De alguna manera recordaba el intento constitucional en la República Democrática Alemana en 1990, cuando cayó el muro de Berlín, impulsado por los movimientos sociales que tumbaron el régimen comunista. Pero la arrogancia de la Guerra Fría prefirió anexionar a la Alemania comunista a golpe de talonario y esa promesa democrática se apagaría, poniendo a Europa camino de la guerra de Ucrania.

En Chile, la convención constituyente nació de un estallido social contra un gobierno autoritario que se reclamaba admirador del dictador Pinochet. El derechista Presidente Piñera tuvo que aceptar el referéndum sobre una nueva Constitución y el 80% de los chilenos (de los que votaron) dijeron que querían salir de la herencia pinochetista. Los electos satisfacían los paladares democráticos más exigentes. De los 155 miembros de la Convención Constituyente, 103 no respondían a ningún aparato partidista. La composición era paritaria, del mismo color intenso que Chile y con los pueblos originarios teniendo el papel que la historia siempre les negó. La victoria del referéndum abrió un gran debate y muchas expectativas. Seis meses después, Gabriel Boric, un activista estudiantil, era nombrado Presidente de Chile. En su toma de posesión dijo que se volvían a abrir las grandes alamedas. Allende regresaba a decirle a Pinochet que ellos, el pueblo, habían ganado. Pese a la represión, la muerte, las gafas de sol de torturador, sus robos y la capa de maleante. En su lugar, pura democracia horizontal abigarrada, desconcertada, múltiple y caótica.

Cuando te ocupas del árbol y te olvidas del bosque

Cada demanda, expresada en cada constituyente, en cada miembro de la convención, era compartida por la asamblea en un cuaderno de quejas asumido sobre la base de una regla (los dos tercios) que prometía acuerdo pero generó componendas no siempre bien trabadas. Con una terrible amenaza: el poder nunca deja de jugar sus bazas.

Cada error, salida de tono, ofensa a los símbolos patrios, mentira (como la del doliente enfermo de cáncer, el Pelao Vade, que resultó ser un fraude), idiotez o maximalismo iba a cargarse al conjunto de la Constitución. Ya se encargaba la oposición, con su control de los medios, de presentar cualquier extravagancia como la esencia del proyecto constitucional. No había una voz con auctoritas para decir qué era sensato y qué no iba. La horizontalidad no tiene algunas ventajas de la verticalidad (y viceversa).

Las razones de por qué la izquierda ha perdido el referéndum constitucional son variadas. Y la derrota ha sido sin paliativos, incluidas las comunas de Santiago donde es más difícil explicar por qué el Apruebo no ha ganado por goleada. Muchas de las razones se han señalado y tienen que ver con la escasa explicación de asuntos que vienen de largo y que tienen que ver con la identidad de los chilenos y chilenas, con medio siglo de neoliberalismo, con su individualismo y su "sálvese quien pueda", con el peso del racismo propio de buena parte de las sociedades latinoamericanas, con el peso de las diferentes iglesias (católicas y evangelistas), con la socialización conservadora y, no menor, con la capacidad de fuego mediático de las élites.

Así que el aborto, el papel de la justicia indígena, el mantenimiento de la unidad del país, el respeto a la propia vivienda, dejar las pensiones en herencia, la reelección del Presidente, la disolución del Senado y su sustitución por una cámara regional, el supuesto papel primordial de la justicia indígena sobre la estatal se mezclaron y tergiversaron en una campaña feroz de la derecha, que escondió a sus pinochetistas y encargó a expertos la campaña.

Una campaña donde todo lo que pudiera hacer daño iba a ser utilizado. A la derecha le sumaban las estridencias de una Convención que no siempre parecía seria (y a la que le ha faltado técnica constitucional); le sumaba el enfado con el gobierno de Boric, fuera por la inflación y la violencia urbana y rural como realidades novedosas, o por su supuesta moderación. Le sumaba que algunos les molestara apenas uno,o dos o tres artículos de una Constitución que en general les parecía bien pero que, pensaban, podía mejorarse. Todo acumulando para que primara el No sobre el Sí. Si encima se planteaba que el texto nada más aprobarse iba ya a ser reformado, o que en el horizonte inmediato estaba una nueva redacción de otra Constitución, ¿quién con alguna duda no iba a preferir ganar algo de tiempo? La obligatoriedad del voto, por vez primera desde 2012, era igualmente una invitación al rechazo. Si no lo veo claro y me obligan a votar, gano tiempo rechazando ahora y ya veremos después.

Hemos visto esta semana esposado y camino de la cárcel a Steve Bannon, el artífice de la victoria de Donald Trump y gran creador de las fake news junto al cerebro gris de la FOX, Roger Ailes. Bannon ha enseñado a toda la derecha occidental a mentir. Grandes adelantados han sido las derechas chilena y española. La magnitud de las mentiras de los partidarios del rechazo en Chile no ha tenido tasa. Se iba a romper Chile, les iban a quitar las casas y los carros, el país iba a convertirse en Venezuela... No eran solo los titulares, las tertulias, los informativos mintiendo: imprimieron decenas de miles de falsas constituciones imitando a la verdadera pero incorporando barbaridades, como que se podía abortar hasta unos días antes de dar a luz. Y una vez que la Convención terminó su trabajo, quienes tomaron el mando fueron los medios de comunicación.

Una explicación a explorar: ¿puede aprobarse una Constitución sin liderazgo?

Hay una explicación de la perdida del referéndum poco explorada que tiene que ver con la falta de liderazgo del proceso. Vinculado a esta ausencia, también la desaparición en el proceso constituyente de los partidos de izquierda (por su juventud, su fragmentación, su vaciamiento por la llegada al gobierno, por la falta de democracia interna, por su falta de debate a medio y largo plazo).

Una Constitución no son la suma de todos sus artículos, sino la lógica común que emana del conjunto. Los movimientos sociales representados en la Convención defendían cada cual su árbol. ¿Quién defendía el bosque? La derecha aprovechaba y decía que el bosque ardía. En esa falta de liderazgo –la legislación chilena impedía que el Presidente se decantara por una opción en el referéndum-, la izquierda se dejó robar la identidad chilena. Y se la dejó a los que asesinaron a Allende. Quizá fuera exagerada, pero no le faltaba razón a Gustavo Petro cuando veía cierta victoria de Pinochet en el triunfo del rechazo. No porque todos los que votaran No fueran pinochetistas, sino porque las "tres comunas" fueron los que tuvieron desde el comienzo clara la estrategia. Y porque el Plan Cóndor, del que participó Pinochet, persiguió a demócratas como Petro.

Pero la derecha se equivoca: los ocho millones que han votado en contra ni son de su cuerda ni comulgan con los planes reaccionarios de la derecha. La condición paritaria, los derechos de las mujeres y de los pueblos originarios, la comprensión de Chile como un Estado social y democrático de derecho han venido para quedarse. Una parte importante de esos ocho millones que han votado por el Rechazo, junto a los cinco millones que han votado por el apruebo, quieren un Chile diferente y la izquierda les tiene que dar una nación que vuelva a hacerles vibrar porque les cuida.

Es imposible que un proyecto de Constitución triunfe a día de hoy sin una gran conversación en la sociedad civil y por supuesto en los movimientos sociales–para lo que hace falta dar respuesta al control mediático por parte de la derecha-, no puede triunfar tampoco sin organización –para lo que hacen falta partidos-movimiento que estén en las instituciones, en las calles y en los movimientos, que sean democráticos internamente y que entiendan el momento que vivimos de crisis del modelo neoliberal- y por último y no menor, sin un claro liderazgo que tiene la función de sumar coherentemente las piezas del puzle. Un liderazgo que exprese el nuevo Chile y todos los nuevos derechos que le han sido hurtados durante medio siglo.

Y la constituyente sigue

Chile quiere una nueva Constitución y en ese país de experimentos hay que seguir siendo creativos. El Presidente Boric ya ha dicho que comienza a trabajar en esa dirección. Es de pura lógica que la discusión constitucional arranque desde el texto construido en la Convención, apoyado por cinco millones de chilenos, mientras que la Constitución de Pinochet es la de una dictadura. Igual que debe atenderse a la experiencia constitucional acumulada después y más allá del texto reaccionario de 1980.  No debe tampoco desperdiciarse la participación popular y las iniciativas populares (que son un salto de inteligencia democrática), pero ha faltado mucha técnica constitucional. Una Constitución no es un reglamento prolijo y detallado. Por eso hará falta acompañarla con experticia parlamentaria y de los partidos. La democracia en el siglo XXI es una suma entreverada constantemente entre los adentros y los afueras de las instituciones.

La derrota en el plebiscito no debe significar ceder la voluntad de cambio que expresó el pueblo chileno y tampoco correr el gobierno a la derecha esperando así cualquier indulgencia. Porque no la habrá. Pactar con la antigua convergencia no significa abandonar el estado social. Quizá todo lo contrario. Puedes hacer más plural el gobierno pero mantener las propuestas. Gustavo Petro está ensayando esa posibilidad. Ocho de cada diez chilenos, al margen de lo que votaran, apoyan una universidad superior gratuita y la defensa del agua como un bien inapropiable. Siete de cada diez quieren el Estado social y democrático de derecho y una democracia participativa e inclusiva, así como el reconocimiento constitucional de los pueblos originarios. Seis de cada diez quieren un sistema de pensiones público y el derecho al aborto y la mitad del país apuesta por un sistema de salud universal y público. Todo esto son logros, pese a cincuenta años de propaganda neoliberal, que deben estar en el nuevo texto constitucional.

El gobierno de Boric, al que sigue mirando todo el continente, debe aprovechar eso que solo enseñan las derrotas: no repetir los errores.

11/09/2022

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Xulio Ríos no seu estudo en Galiza. Alma López Figueiras

El meteórico ascenso chino hace saltar todas las alarmas en Occidente, mientras que en Pekín siguen concentrados en una cuestión: crecimiento y más crecimiento. ¿Realmente se debe temer al gigante asiático?

 

Un viejo proverbio chino dice que si en un camino de cien pasos llevas noventa, todavía te queda la mitad del camino. Y en ese punto se encuentra la República Popular China en la actualidad. A pocos años de superar a Estados Unidos como primera potencia económica mundial. De hecho, en algunos índices ya lo ha hecho, como el PIB a paridad de poder adquisitivo en 2014. Sin embargo, los retos y las amenazas que China deberá gestionar para garantizar su ascenso son de gran envergadura, especialmente por la reacción de Estados Unidos y sus aliados ante el cuestionamiento de su hegemonía. Charlamos con Xulio Ríos Paredes (Moaña, 1958), director del Observatorio de Política China y autor de numerosos libros sobre China.

¿Por qué China es concebida desde Occidente como una amenaza?

Lo podemos disfrazar de muchas maneras, que si comportamiento asertivo, expansionismo, mesianismo autoritario, etc., etc., pero la razón de fondo no es otra que el hecho de que su desarrollo y modernización amenaza la hegemonía de Occidente de los dos últimos siglos. A ello hay que sumar, claro, el hecho de que China defiende un proyecto soberano, es decir, no sometido a las redes de dependencia de Occidente, y que reafirma, con todas sus contradicciones, un sesgo ideológico de signo también marxista y no liberal.

Quizá no sería un problema de igual naturaleza una China en el G7, por ejemplo, pero una China que postule como ahora una hegemonía compartida y no excluyente, que promueva un patrón socioeconómico, político o ideológico diferenciado y alternativo al liberal hegemónico y con una fuerte singularidad cultural, no inspira confianza en un Occidente liderado por fuerzas en su mayoría netamente conservadoras.

Esta narrativa de la amenaza se agrandará en los próximos años en un escenario de demonización creciente que pueda justificar ante la opinión pública la adopción de medidas de respuesta a cualquier nivel, recuperando, de ser necesario, los contornos de una nueva guerra fría con la esperanza de ganar en ella de nuevo.

Y para darle la vuelta a la moneda, ¿qué es lo que percibe China como amenaza? ¿qué es lo que les preocupa?

Lógicamente que esa interpretación occidental lleve a los países más inquietos y dispuestos a trazar una estrategia de confrontación que pueda hacer descarrilar su proceso. Es lo que deduce cuando se promueven guerras comerciales, boicots tecnológicos con el argumento de la seguridad nacional, alianzas militares y de inteligencia como el AUKUS o los Cinco Ojos, o plataformas como el IPEF, etc., estrategias todas que tienen como denominador común sumar países a una confrontación que defienda la hegemonía de EEUU como clave para preservar ese “orden internacional basado en normas” (nuestras normas), y la primera de todas es que quien manda es quien es.

La OTAN parece llamada también a asumir un papel creciente en la respuesta occidental a China. Los riesgos de un conflicto grave van en aumento a medida que otras alternativas de debilitamiento o cerco no cuajan en la forma deseada. Y mientras China prima el empoderamiento económico como clave para su consolidación y la expansión de su influencia en el mundo, desde Occidente el factor seguridad pasa a primer plano. Y a mayores, no debemos pasar por alto tampoco las estrategias orientadas a quebrar la cohesión interna, ya nos refiramos al propio PCCh o al Estado, con la variable territorial (Hong Kong, Xinjiang, Tibet, e incluso Taiwán) como exponentes claros de una hipotética desestabilización.

¿Cómo puede China compaginar su cambio de modelo económico hacia el consumo interno (subida de salarios, mejores derechos laborales, más tiempo libre) con seguir siendo la competitiva fábrica del mundo que ha sido hasta ahora?

Es que China no quiere ser la fábrica del mundo. Ese tiempo, muy conveniente para las multinacionales occidentales que tanto se beneficiaron de su mano de obra de barata, pasó. China sabe que ese modelo de desarrollo que le permitió convertirse en la segunda potencia económica del mundo, no la hará primera. Por eso apuesta por el cambio de modelo, incorporando variables como la justicia social, el medio ambiente o las nuevas tecnologías.

A lo que realmente aspira hoy día es a convertirse en la vanguardia tecnológica mundial y a superar las graves taras causadas por un desarrollo, ascendente sí, pero también pletórico de contradicciones, con daños considerables en el medio ambiente, un incremento sustancial de las desigualdades o importantes desequilibrios territoriales. No olvidemos que China, la segunda economía del mundo, en términos de IDH se encuentra en la posición 85 (de 189) y que cientos de millones de personas no pasan de los 1.000 yuanes al mes como ingreso. Progresan, pero les falta. Esta transición es en extremo compleja, pero no tiene vuelta atrás

El Partido Comunista de China (PCCh) ha sabido hasta el momento controlar y gestionar el proceso de acumulación de capital pero, ¿la creación gigantes tecnológicos como Alibaba o Huawei puede poner en riesgo el control que el partido tiene sobre la economía?

El PCCh apuesta por una economía con mercado, híbrida y con amplia participación del sector privado, pero dejando en claro quién dirige la economía. Cuenta con un fuerte sector público instalado en sectores estratégicos para garantizar esa preeminencia. Es el Partido quien dicta el rumbo, no el sector privado quien se lo impone. La apertura hacia el sector privado no se ha traducido en China en una pérdida de músculo del Estado sino en una redefinición de los papeles de cada cual. La economía privada es muy importante en términos de empleo, de aportación al PIB, etc., pero quien gobierna la economía es el Partido y son sus políticas las que orientan la gestión. Ese modelo, no exento naturalmente de tensiones, es el vigente e incluso diría que se ha reafirmado ante quienes abogaban por una mayor liberalización en línea con la propuesta China 2030, una estrategia convenida con el Banco Mundial para avanzar en la homologación con las economías más desarrolladas de Occidente.

La intensificación de los conflictos con Occidente (la guerra comercial, por ejemplo) ha servido también de argumento para enfatizar el papel del sector público como mejor garante de la resistencia del país ante las presiones exteriores. El PCCh, imitando quizá al viejo mandarinato que durante siglos impidió el surgimiento de una clase burguesa hostil, apuesta por perseverar en esta vía, es decir, cuidando mucho de que el auge del sector privado sirva de complemento, importante pero no sustitutivo del sector público. En esa línea, el Partido aprieta, pero no ahoga. Algo similar a lo que acontece con el mercado, cuyo papel se reconoce, pero no considera pleno sustitutivo de la planificación, que aun sigue trazando la dirección principal de la economía china.

¿Cuáles son las fuentes de legitimación del PCCh? ¿Siguen siendo las mismas que en el siglo pasado?

Indudablemente, no. Acostumbro a mencionar tres fases sucesivas, en paralelo a las tres fases principales del proceso chino: maoísmo, denguismo y xiísmo. La primera radica en el propio hecho revolucionario, que Mao culminó contra pronóstico. La segunda, bajo la égida de Deng Xiaoping tras los severos cataclismos del periodo anterior, alentó una legitimidad basada en la capacidad del sistema para procurar el desarrollo y mejores condiciones de vida a la población.

Ahora, estamos inmersos en una de esas inflexiones en la que el xiísmo aspira a establecer las bases de una nueva legitimidad, instituyendo un diseño político de alto nivel basado en la gobernanza a través de la ley o el Estado con derecho, de forma que más que acercarse a la doctrina liberal en este sentido, expresamente rechazada si nos referimos al pluralismo político, independencia de la justicia o división de poderes, pongamos por caso, profundiza en la tradición legista que inspiró el nacimiento de la propia China. Esa ósmosis del PCCh con un pensamiento tradicional que siempre denostó, constituye una de las novedades más importantes de su evolución ideológica, que influye sobremanera en la construcción de una legitimidad alternativa y que blinda en gran medida su constructo político frente a esas presiones exteriores que le conminan a cambiar su sistema.

En octubre se celebra en China el XX Congreso Nacional. ¿La continuidad de Xi está asegurada? ¿Se va a rodear de gente diferente en este nuevo mandato?

Todo apunta a que Xi tiene la intención de alterar la regla de los dos mandatos. Esto va a suponer una quiebra de la institucionalidad denguista, que con sus estipulaciones pretendía evitar una reiteración de los desmanes del maoísmo, la concentración del poder, el culto a la personalidad, etc. Muchos temen y desconfían de los cambios por esa razón. Oficialmente se justifican por la complejidad de las tensiones que se avecinan.

El relevo “natural” de Xi era Sun Zengcai, que fue condenado a cadena perpetua por corrupción. Hoy Xi no tiene sucesor “visible”. A diferencia, por ejemplo, del primer ministro Li Keqiang, quien debiera ser relevado por Hu Chunhua. Atendiendo a la regla de edad, figuras como Li Zhanshu o Han Zheng, estarían fuera. Otros como Wang Yang, Wang Huning o Zhao Leji, podrían seguir. Y hay una nómina importante de candidatos con aspiraciones a figurar en el Comité Permanente del Buró Político. La composición final va a depender, probablemente, de cómo se resuelva la agenda inmediata (pandemia, economía, Ucrania y otras tensiones exteriores, etc.). Pero el xiísmo parece llamado a presidir el rumbo político de China en los próximos lustros.

¿Cuáles son los pasos que dará China para revertir el estado actual de las cosas en Taiwán? ¿Podrá llegar un punto en el que la vía armada resulte inevitable?

Taiwán es un asunto muy preocupante. De los más delicados en el horizonte inmediato porque sobre la isla se está configurando una tormenta perfecta: gobierno independentista, mayoría social renuente a la reunificación, apoyo de EEUU a la estrategia de Taipéi… Mucho tendrían que cambiar las cosas para que el PCCh renunciara a Taiwán que asocia no solo con una guerra civil inconclusa (con el Kuomintang) sino con el propio hecho colonial y la debilidad que le condujo a la postración (tratado de Shimonoseki).

No hay modernización sin unificación y Taiwán se inserta en la misma senda que Hong Kong o Macao. En 2005, cuando aprobó la Ley Antisecesión, estableció la cooperación con el KMT para cerrar el paso a la independencia facilitando la integración económica. Era una reunificación por la vía de facto a la espera de la formal. Ese esquema voló por los aires con el Movimiento Girasol de 2014. La pérdida de influencia en el curso de la isla y el creciente de apoyo de EEUU a la estrategia soberanista avivan las tensiones. Taipéi habla hoy más con Washington que con Beijing. Un escenario de guerra no puede descartarse.

¿Hasta cuándo seguirá China con la política de cero casos? ¿Qué es lo que les empuja a seguir con ella y no seguir la vía de la convivencia con el virus?

No parece que se avizoren cambios en el horizonte inmediato. Si nos atenemos a la cifra de contagios o, más aun, de muertos, el balance comparativo con la estrategia de la mayoría de países occidentales es descomunal, incluso no creyéndonos en su literalidad las cifras chinas. Esto ha tenido y tiene costes importantes en materia social o económica. Abrir la mano, para China, con su volumen poblacional y las limitaciones de recursos sanitarios, muy especialmente en el campo, ocasionaría una catástrofe, como muchos epidemiólogos advierten. Políticamente, eso también supondría para el PCCh perder la cara y una quiebra de lo que hasta ahora ha sido su política pondría en cuestión la idoneidad de su gobernanza y esa insistencia en que lo primero es la vida de las personas antes que la economía.

La postura china en la guerra de Ucrania se ha caracterizado por su pseudoneutralidad, ¿qué se juega el país en esta guerra? ¿les conviene?

En absoluto les conviene. La primera afectación, por ejemplo, es su impacto en la Iniciativa de la Franja y la Ruta, en esos cientos de trenes con destino a Europa. China se ha posicionado “comprendiendo” la inquietud de Rusia y a la vez defendiendo la integridad territorial de países soberanos como Ucrania, el agredido en este caso. Beijing sigue sin reconocer oficialmente la anexión de Crimea por parte de Moscú. En la visión china, desde el punto de vista estratégico, esta guerra, cuya duración, podría alargarse solo beneficia a EEUU que logra con ella debilitar a Rusia, atar más en corto a la UE, reforzar la dependencia energética y armamentística… nada de eso beneficia a China. A mayores, sea cual sea el resultado, Rusia, con quien ha establecido un importante entendimiento estratégico, saldrá debilitada.

¿China se plantea para sí misma una gobernanza mundial como lo hizo Estados Unidos en el siglo XX?

No lo creo. La apuesta de China es la multipolaridad. China tiene serias dificultades para ejercer una hegemonía similar a la estadounidense, en primer lugar, por razones culturales. Su civilización es única, poco conocida y menos exportable. Por otra parte, tampoco ambiciona ese tipo de hegemonía, sino básicamente su preocupación primordial —y lo será aun por bastantes años— es el desarrollo, y a nivel global su propuesta pasa por la coordinación de las estrategias. Este discurso está ganando terreno en entornos geopolíticos donde antes Occidente prácticamente no tenía competencia, ya hablemos de América Latina, África, e incluso, ahora, llegando hasta el Pacífico Sur, por ejemplo.

La complejidad de la sociedad internacional requiere de mayor diálogo y cooperación en la búsqueda de soluciones a los graves dilemas a los que se enfrenta. EEUU tendría que asumir que su actual estrategia de alentar la confrontación para salvar su hegemonía no hará sino agravar las tensiones. Es lamentable que Europa, y España en primer lugar, se apunte a esa política disfrazada de la defensa a ultranza de nuestros valores que claramente nos sujeta a dinámicas en las que el belicismo pasa a primer plano. Son alternativas viejas que nos conducen de cabeza a un conflicto que hace imposible una gobernanza global basada en la Carta de Naciones Unidas, que justamente debiera ser nuestra mayor fuente de inspiración.

Por Jon Salvador Iñarga

@jon_salva

9 sep 2022 06:08

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Nada parece detener la marcha de Trump de regreso a la Casa Blanca.

El pasado 8 de agosto agentes del FBI allanaron la mansión del ex presidente ubicado en Mar-a-Lago, en el sector más exclusivo de Palm Beach, ubicado en el estado de La Florida. Mientras se realizaba el procedimiento, trascendió que Trump estaba bajo sospecha de haber violado la Ley de Espionaje al haber sustraído cuando todavía era presidente todo un conjunto de documentos vinculados a la seguridad nacional.

Una vez producido el allanamiento, el FBI declaró la captura de once bloques de documentos confidenciales, existiendo incluso información marcada como “ultrasecreta”. Varios analistas afirmaron que algunos de estos documentos podrían tener vinculación con la actual capacidad nuclear de los Estados Unidos.

Sin que hasta el momento se conocieran detalles precisos sobre el contenido de este archivo, por información brindada por el Washington Post trascendió que un documento se refería a las capacidades nucleares de un gobierno extranjero, sin que hasta el momento se conozca de qué país se trata.

En tanto que otra parte del material requisado tendría relación con el presidente Emmanuel Macron, lo que derivaría en una tensión mayor entre los países miembros de la OTAN en caso de comprobarse que existió algún tipo de espionaje sobre la figura del gobernante francés.

La investigación sobre este caso la llevará adelante el fiscal Merrick Garland, un jurista de alta reputación, ideológicamente moderado, pero finalmente alineado con el gobierno demócrata, lo que generó previsibles críticas por parte del ex mandatario, a quien de todos modos será juzgado por Aileen Mercedes Cannon, una jueza federal del distrito sur de la Florida, cuya designación promovió en 2020.

Nacida en Colombia e hija de madre cubaba, la jueza Cannon es ahora objeto de fuertes críticas por su presunta parcialidad al haber accedió a un pedido de los abogados de Trump para que un perito independiente revise los documentos obtenidos por el FBI. El experto en cuestión tendrá la facultad, incluso, de desechar aquellos documentos que afecten directamente cuestiones de privilegio de las que actualmente goza el ex presidente.

Para Trump éste es un caso que viene a sumarse a otros procesos actualmente en curso en torno al intento por falsear los resultados electorales en las presidenciales de 2020 (particularmente en el Estado de Georgia) y, con más repercusión política que jurídica, sobre su relación con el asalto al Capitolio el 6 de enero de 2021.

Ahora bien, si el gobierno de Biden mantenía alguna esperanza de que el caso Mar-a-Lago contribuiría a diluir la imagen pública de Trump, las primeras encuestas muestran que, por el contrario, su ponderación del ex presidente ha aumentado en los últimos días.

En efecto, y antes que presentarse como el responsable de una inquietante red que podría atentar contra la seguridad nacional, Trump aparece como una víctima de los atropellos de un gobierno que siembra la sospecha en contra de aquellos dirigentes con posibilidades de ganar las próximas presidenciales.

En su propia red, Truth Social, Trump afirmó que todo se trata de una persecución y de un intento deliberado por parte de los poderes del establishment para que no vuelva a presentarse en las próximas elecciones presidenciales.

En un clima creciente de polarización política (según algunos analistas, como no se veía en Estados Unidos desde los tiempos de la Guerra de Secesión), una nueva encuesta de NBC confirmó que mejoraron las chances de Trump en una posible primaria presidencial republicana de 2024.

Así, si en el mes de mayo un 34% de los votantes republicanos afirmaron que apoyaban al ex presidente más que al propio partido, luego del allanamiento a su mansión, el número de respaldo había aumentado al 41 por ciento.

Sin embargo, y en contexto, la misma encuesta también mostró que el 57% de los estadounidenses pensaba que las investigaciones sobre las posibles irregularidades del ex presidente debían continuar, en tanto que el 40% evidenció su rechazo al procedimiento porque éste tenía motivaciones políticas y podía dividir, aún más al país.

En consecuencia, y sin que varíen sustancialmente los alcances del voto demócrata y republicano en torno a la siempre controversial figura de Trump, lo que se puede observar desde los sucesos en Mar-a-Lago es que el ex presidente tendría más chances de ganar una eventual primaria en la que, además, abundan pre candidatos con un perfil similar al suyo, como son los casos del actual gobernador de La Florida, Ron DeSantis, y mucho más atrás, el senador por Texas Ted Cruz y hasta el ex secretario de Estado Mike Pompeo.

En las internas del partido, el voto republicano contrario a Trump sobrevive tímidamente en la figura de Mike Pence, su ex vicepresidente, quien se diferenció del ex gobernante al reconocer el triunfo electoral de Biden y al repudiar la toma del Capitolio. En menor medida, aunque con una proyección que genera cada vez más interés, debe tenerse en cuenta a la representante Liz Cheney, hija de Dick Cheney, quien fuera vice de George W. Bush (2001-2009).

En consecuencia, el peso específico de Trump hoy es prácticamente incuestionable dentro de su propio partido, incluso, pese a que algunos de sus candidatos más visibles fueron derrotados en las primarias para conformar las listas electorales en la próxima contienda parlamentaria en el mes de noviembre.

Pero más allá de lo que ocurra dentro del Partido Republicano, lo cierto es que hoy ya se encuentra en plena consolidación el “trumpismo” como una línea política de características cada vez más autónomas.

Así, conservadores, cristianos, y distintos representantes de la derecha se han congregado en el America First Policy Institute (AFPI) con el objetivo de trazar un plan de gobierno no sólo ante la eventual llegada de Trump al poder sino, y por primera vez, pensando en la posibilidad de institucionalizar un programa político a futuro. Se busca garantizar de este modo la supervivencia del “trumpismo” más allá de Trump.

Uno de los puntos que más controversia ha generado es que el futuro gobierno pueda despedir a funcionarios estatales que no le resulten leales, reemplazando así a miles de funcionarios públicos con militantes propios y de su corriente política, America First. Se trata de un proyecto que eliminaría (o que “drenaría el pantano”) en áreas altamente estratégicas como el departamento de justicia, el FBI, la seguridad nacional, la inteligencia, el Departamento de Estado y el Pentágono.

Seguramente, en las filas del “trumpismo”, el allanamiento a la mansión del ex presidente sólo agregó certezas en la necesidad de avanzar y de ir a fondo en el proyecto de lucha contra el así llamado “Deep State”.

En este sentido, distintos analistas notaron que desde Mar-a-Lago se percibe un notorio incremento en la actividad de los grupos y organizaciones de extrema derecha que siguen a Trump como su máximo líder. En tanto que el llamado del presidente Biden por intentar que los republicanos no trumpistas voten por los demócratas en las próximas elecciones no hizo sino agregar más gasolina al fuego.

De ahí que la reciente caracterización formulada por Trump de que el actual presidente es el “enemigo del Estado” y de que el Departamento de Justicia y el FBI se comportan como “monstruos viciosos” son sólo algunas muestras de un clima político cada vez más enrarecido. 

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El plan de “autosuficiencia” tecnológica chino tambalea frente a la redoblada presión norteamericana

En los últimos meses, Estados Unidos ha aumentado la presión sobre la industria china de fabricación de chips, que ya está lidiando con los controles de exportación de Estados Unidos desde la época de Trump, que fueron mantenidos y aumentados con el actual presidente Biden. La conversión, a principios de agosto, de un enorme programa de subvenciones a los semiconductores de Estados Unidos, sumada al intento de Washington de aislar al país con una propuesta de "Alianza Chip 4" con las potencias de semiconductores de Taiwán, Corea del Sur y Japón, complicarán aún más los esfuerzos de China de alcanzar la “autosuficiencia” tecnológica deseada por su presidente, Ji Xinping.

Relocalizar la producción de “fabs” e impedirla en China

Aunque Estados Unidos lidera el mundo en segmentos clave de la industria de los semiconductores, como el diseño de chips y los equipos de fabricación de chips, su cuota de fabricación real ha disminuido constantemente en las últimas décadas. Su participación en la fabricación mundial de semiconductores se redujo del 37 % en la década de 1990 a alrededor del 12 % en 2021, según un reciente informe de la Semiconductor Industry Association (SIA), un grupo de presión (lobby) estadounidense. Mientras tanto, la cuota de China en la capacidad mundial de fabricación de semiconductores podría alcanzar el 24 % en 2030, frente al 15 % actual, aunque la mayoría de estos chips son relativamente menos avanzados, según la SIA.

La Ley de Chips y Ciencia, aprobada en agosto con apoyo bipartidista en el Congreso busca invertir esta tendencia incitando a las empresas a construir plantas de fabricación nacionales, también conocidas como "fabs". De los 52.700 millones de dólares en incentivos para el sector, 39.000 millones se destinan a ayudas financieras directas para la construcción y ampliación de fábricas. Los 13.000 millones restantes se destinarán a otros fines, como la investigación y la formación de personal [1]. Esta importante suma viene a reforzar la ya considerable ventaja de EE. UU. en el ámbito de la Investigación y Desarrollo (I+D). Las empresas estadounidenses de semiconductores gastan entre 35.000 y 40.000 millones de dólares anuales en I+D, mientras que sus rivales chinos gastan unos 2.000 millones de dólares, aunque es probable que esta última cifra aumente rápidamente. A su vez, autoriza más de 200.000 millones de dólares en fondos científicos adicionales.
Es improbable que estas medidas resuelvan todos los problemas estratégicos de Estados Unidos ligados a décadas de desindustrialización y relocalización en el extranjero, siendo difícil que estas subvenciones induzcan a las empresas taiwanesas y coreanas a llevar sus tecnologías más avanzadas a Estados Unidos. Incluso con las nuevas instalaciones, Estados Unidos seguirá dependiendo sustancialmente de China para el envasado de chips y para la producción de la mayoría de los productos electrónicos. Pero por la positiva, la financiación ayudará indudablemente a Intel, que es el único productor de chips avanzados con sede en Estados Unidos, a tratar de recuperar su posición tecnológica respecto a la taiwanesa TSMC, lo que le otorgaría a Estados Unidos una capacidad sustancial para fabricar chips avanzados. A la vez, lo haría menos dependiente de la producción en Taiwán, uno de los focos de las tensiones geopolíticas a nivel mundial y sometido a la extorsión política y militar constante de China.

Pero la Ley de Chips y Ciencia no se limita a aumentar la capacidad de producción en Estados Unidos, sino que también pretende poner trabas a China. Los fabricantes de chips sólo podrán recibir las subvenciones si renuncian a invertir o ampliar cualquier instalación avanzada en China -es decir, las que produzcan chips con nodos inferiores a 28 nanómetros [2]- durante una década. Esta difícil elección será especialmente grave para las empresas no estadounidenses, como los líderes del sector Taiwan Semiconductor Manufacturing Co. Ltd. y la surcoreana Samsung Electronics Co. Ltd. - Ltd., que ya han invertido ampliamente en el mercado chino. Según fuentes de la industria, Samsung y la también coreana SK Hynix, que cuentan con una fábrica y una planta de empaquetado en Estados Unidos respectivamente, están reevaluando sus planes para China [3].

Endurecimiento de las restricciones a las exportaciones de equipos de fabricación de chips

Junto a la incorporación de esta nueva política industrial como arma tecnológica contra el gigante asiático, Estados Unidos ha endurecido las restricciones al acceso de China a los equipos de fabricación de chips. De esta manera, el presidente Joe Biden ha mantenido y perfeccionado el régimen de control de las exportaciones de Donald Trump para frenar el avance de los chips de China.


Washington había ya prohibido la venta de la mayoría de los dispositivos que pueden crear chips de 10 nanómetros o menos sin una licencia. Esta medida afectaba específicamente al principal fabricante por contrato chino, Semiconductor Manufacturing International Corp. (SMIC). Ahora, según Tim Archer, presidente y director ejecutivo de Lam Research Corp., el Departamento de Comercio ha ampliado esa barrera a equipos que pueden producir cualquier cosa más grande, más compleja que 14nm. Archer dijo que es probable que la prohibición se aplique no sólo a SMIC, sino también a otras instalaciones de fabricación dirigidas por fabricantes de chips por contrato que operan en China, incluida la Taiwan Semiconductor Manufacturing Company [4]. Por su parte, Rick Wallace, director ejecutivo de KLA Corp., también confirmó que su empresa había sido informada por el gobierno estadounidense del cambio en los criterios de autorización de las exportaciones de chips fabricados en China. Aunque hay un grupo de empresas chinas emergentes en el ámbito de la fabricación de chips, ninguna puede sustituir a los productos de Lam o KLA. Sin acceso a los avanzados equipos de fabricación de chips de Estados Unidos, las empresas de semiconductores chinas tardarán más en empezar a producir en masa chips de menos de 14 nanómetros, según los expertos del sector.

A su vez, en agosto de este año, EE. UU. impuso requisitos de licencia a tres tecnologías relacionadas con los chips, definidas de forma muy precisa: sustratos de óxido de galio y diamante [5], software de automatización de diseños electrónicos para el desarrollo de determinados chips avanzados [6] y tecnología de combustión por ganancia de presión (PGC, por sus siglas en inglés) [7]. Última vuelta de tuerca del torniquete tecnológico, la empresa californiana de alta tecnología Nvidia ya no podrá vender su último chip, el modelo A100, a China. Como explica el analista económico del diario francés Le Monde, Philippe Escande:

El procesamiento de imágenes es ahora la piedra angular de los sistemas de inteligencia artificial. El último chip de Nvidia, el modelo A100, contiene 54.000 millones de transistores en un pequeño cuadrado del tamaño de una uña. Puede realizar cinco millones de operaciones por segundo. Lanzado en 2020, equipó los superordenadores del laboratorio Argonne (Illinois) del Departamento de Energía de EE. UU., y luego, muy rápidamente, los sistemas de reconocimiento de imágenes en China. Esto ya no será posible. La empresa anunció el jueves 1 de septiembre que el gobierno estadounidense le prohibía ahora vender el A100 a los chinos, así como sus otros modelos en desarrollo. La administración Biden sabe que Pekín es incapaz de producir un componente tan sofisticado y no podrá hacerlo durante mucho tiempo. Pretende frenar el avance chino en inteligencia artificial [8].

Por su parte, la norteamericana AMD también dijo que recibió nuevos requisitos de licencia que impedirán que su chip de IA avanzada MI250 se exporte a China [9].

Está intensificación de los controles pensada de forma casi milimétrica, tiene el objetivo de dejar que los proveedores estadounidenses ganen dinero vendiendo tecnologías más antiguas a China, mientras se impide la exportación de cualquier cosa que pueda permitir a China avanzar hacia la vanguardia mundial. Junto con estas medidas de extorsión económica y, con el mismo objetivo, los EE. UU. han redoblado la presión a los aliados para que realicen una campaña coordinada que niegue a China el acceso a las herramientas de fabricación de semiconductores más avanzadas: la litografía ultravioleta profunda (DUV), que se fabrica principalmente en EE. UU., los Países Bajos y Japón, y la litografía ultravioleta extrema (EUV) de gama alta, que es prácticamente un monopolio de la empresa holandesa ASML. En este punto, sigue habiendo mucha resistencia, ya que China es un mercado importante para estas empresas de equipos. Los Países Bajos no están dispuestos a firmar una prohibición de la tecnología DUV, pero probablemente se unirán a EE. UU. y Japón en una prohibición de la tecnología EUV a finales de este año. Esto formalizaría una restricción que los Países Bajos han puesto en práctica bajo una intensa presión diplomática de EE. UU. para evitar que el EUV llegue a China. En parte, esto refleja una convergencia gradual de la Unión Europea hacia la posición de EE. UU. sobre China, especialmente en lo que respecta a los controles tecnológicos, facilitado en gran parte por la reciente guerra en Ucrania.

La alianza Chip 4 y las nuevas cadenas de suministro

Estados Unidos también propuso recientemente la Alianza Chip 4 –que incluye a Taiwán, Corea del Sur y Japón–, que crearía una cadena de suministro de semiconductores centrada en Estados Unidos y que excluye a la China continental. Su objetivo estratégico es romper o disminuir cualitativamente la actual dependencia de las cadenas de suministro asiáticas. Pero la unidad de estos socios estará sometida a grandes desafíos. Por el momento, Japón es el más activo a la hora de alinear sus intereses con los de EE. UU. Ambos anunciaron a finales de julio que establecerían un centro de investigación de semiconductores encargado de realizar avances en el desarrollo de nodos de procesamiento de 2 nanómetros para 2025. Los dos países también anunciaron un nuevo sistema de diálogo ministerial como parte del esfuerzo por aumentar la comunicación. Por su parte, Corea del Sur y Taiwán tienen una actitud más ambivalente respecto a la adhesión a la alianza, ya que China continental sigue siendo un mercado y una base de producción especialmente importantes para ambos. Más del 40 % de los chips NAND producidos por Samsung Electronics se fabrican en China continental. También es un mercado clave para el otro fabricante de chips de memoria líder de Corea del Sur, SK Hynix. Sin embargo, la presión es muy fuerte: un alto funcionario coreano citado por el Financial Times afirma que:

[C]on el tiempo, es probable que se “abandonen” varias inversiones coreanas en la fabricación de chips en China. “Las barreras contra China acelerarán el cambio de los fabricantes de chips coreanos de China a EE. UU.”, dijo Kim Young-woo, jefe de investigación de SK Securities en Seúl y asesor del gobierno coreano sobre la política de semiconductores. “Se han replanteado sus estrategias debido a la guerra tecnológica entre Estados Unidos y China y ahora se inclinan más hacia Estados Unidos debido a los riesgos geopolíticos”. Kim añadió que grupos coreanos como Samsung y SK Hynix “construirán más plantas en EE. UU. porque no pueden producir en masa chips de última generación sin equipos y tecnología estadounidenses. Si tienen que elegir entre Estados Unidos y China, no tienen más remedio que optar por Estados Unidos” [10].

Si estos movimientos se concretan los esfuerzos de Washington por animar a los principales fabricantes de chips a alejarse de China y acercarse a Estados Unidos estarían dando sus frutos [11]. Pero Estados Unidos debe calibrar muy bien sus golpes, cuidándose de no endurecerse más allá de la cuenta. Sus esfuerzos por restringir el acceso a los equipos más antiguos a China podrían fracturar la alianza [12].

El camino de la autosuficiencia proclamado por Xi Jinping y los reveses recientes

Para colmo de males, esta brutal ofensiva norteamericana se combina con el estallido de escándalos de corrupción y sobornos, que ponen en duda las ambiciones de China en la fabricación de chips. Efectivamente, varios altos ejecutivos relacionados con el mayor fondo de inversión de la industria de los semiconductores de China y un destacado fabricante de chips han sido investigados por casos de sobornos, conmocionando al sector que está en el centro de la búsqueda de la autosuficiencia tecnológica del país. Como informa Dan Macklin, desde mediados de julio:

la agencia anticorrupción del Partido Comunista Chino (PCC) ha investigado al menos a ocho altos ejecutivos de la industria china de los semiconductores, todos ellos vinculados al Fondo Nacional de Inversión en la Industria de Circuitos Integrados de China, apodado el "Gran Fondo». Entre los ejecutivos investigados se encuentran Ding Wenwu (ex presidente del Gran Fondo), Diao Shijing (ex presidente del Gran Fondo) y Zhao Weiguo (ex presidente de la empresa de cartera del Gran Fondo, Tsinghua UniGroup). También se investigó a varios ex empleados de Sino IC Capital (la entidad gestora del Gran Fondo). Mientras tanto, Pekín ha purgado a Xiao Yaqing, antiguo jefe del Ministerio de Industria y Tecnología de la Información (MIIT), donde Diao y Ding fueron funcionarios. Xiao se convirtió en el primer ministro en funciones investigado en muchos años, y en el mayor "tigre" que cae antes del 20º Congreso Nacional del Partido de este año [13].

El Gran Fondo ha desempeñado un papel central en el desarrollo de la industria china de fabricación de chips al proporcionar financiación estable y respaldo estatal a empresas incipientes que tenían dificultades para acceder al capital de otras fuentes, en una industria donde el ciclo de inversión es muy largo y requiere una gran cantidad de dinero y en donde el mercado puede ser reacio a invertir. El Fondo realizó inversiones que impulsaron a la industria china de memoria a la primera fila mundial, ampliaron enormemente la capacidad de fabricación de China en nodos maduros (especialmente el de 28 nm, que es el nodo de muchos chips de uso común) y crearon una vibrante cadena de suministro nacional y un ecosistema de diseño. Sin embargo, la serie de escándalos ha suscitado dudas sobre la eficacia del fondo y su valor futuro. Las críticas han aumentado en los últimos años después de que varios proyectos de alto perfil en los que invirtió el fondo tuvieran problemas. Así, como dice Macklin, “…la industria se ha visto asolada por varios fracasos de gran repercusión, como el de Tsinghua UniGroup [14], que tuvo que ser rescatado este año tras una prolongada crisis de insolvencia. Otra debacle fue el colapso en 2020 de Wuhan Hongxin Semiconductor Manufacturing; sus ejecutivos se fugaron, al parecer, tras acumular deudas por valor de 19.600 millones de dólares y producir poco más que una cáscara de hormigón inacabada”.

Aunque las detenciones, podrían expresar la culminación de un esfuerzo de dos años para limpiar el despilfarro y el fraude en el sector, algo que no sorprende en un programa de política industrial tan profusamente financiado, hay dudas de que las mismas reflejen un mayor descontento con la forma en que se está llevando a cabo la política industrial de los semiconductores. Es que, a pesar de algunos éxitos [15], las inversiones de los grandes fondos no han logrado reducir significativamente la dependencia de China de la tecnología importada. Como he explicado en mi artículo “La ubicación de China en la jerarquía del capitalismo global”, los semiconductores son el talón de Aquiles de las ambiciones chinas en Inteligencia Artificial. Peor aún, las restricciones tecnológicas adoptadas por Estados Unidos pueden ralentizar aún más el avance de estas empresas hacia una verdadera competitividad en tecnologías de vanguardia. De esta manera, la nueva política norteamericana al tiempo que permite a los fabricantes de chips chinos ampliar su capacidad de producción de chips de generaciones anteriores, de manera tal que las empresas estadounidenses puedan seguir vendiendo equipos en ese lucrativo mercado, trata de impedir o frenar que las empresas chinas produzcan semiconductores de alta gama, asegurándose de que haya una brecha permanentemente grande entre el nivel tecnológico de Estados Unidos y sus aliados y el de China. En resumen, un golpe abierto al progreso tecnológico de China, una batería de medidas que actúan de contragolpe después de años de acople entre las grandes firmas tecnológicas norteamericanas y el centro de producción manufacturero de China, pero que pueden ser letales: después de que la administración Trump introdujera restricciones a las exportaciones de chips en 2020, el negocio mundial de smartphones de Huawei quedó devastado [16].

Visto globalmente, el conjunto de los elementos planteados en este artículo, ponen un gran signo de interrogación en el empeño del país en ser tecnológicamente autosuficiente. Como dice Li Yuan en el New York Times:

La industria de los chips es muy compleja y está interconectada. Depende de una cadena de suministro mundial integrada y se nutre de la experiencia de diferentes regiones: el diseño en Estados Unidos; la fabricación en Taiwán y Corea del Sur; el montaje, el embalaje y las pruebas en China; y los equipos en los Países Bajos. Las ventajas comparativas de cada región se construyeron con décadas de gastos de capital e investigación y desarrollo. ‘Cualquier gobierno que considere la posibilidad de ser autosuficiente en el sector de los semiconductores tiene que enfrentarse a la dura realidad’, dijo en una entrevista Christopher A. Thomas, investigador principal no residente de la Brookings Institution y antiguo director general de Intel en China. ‘Los semiconductores representan la forma más elevada de los logros de la ingeniería humana. Son lo más difícil que creamos como especie. ¿Cómo puede un país ’ganarlo todo’ por sí mismo? [17].

Por su parte, la misma articulista cita a Charles Kau, un veterano taiwanés del sector de los semiconductores que ha trabajado a ambos lados del estrecho de Taiwán, dijo en una reciente entrevista en un periódico que había intentado decir muchas veces a los ejecutivos de la tecnología continental que China podría tardar 30 –o incluso 50– años en convertirse en líder del sector.

Los obstáculos casi insuperables a la autosuficiencia tecnológica china muestran los enormes obstáculos a la emergencia de nuevas potencias imperialistas en el siglo XXI. La historia dirá si China será una única excepción que va contra esta “ley de hierro” que ha primado en todo el siglo pasado. En lo inmediato lo que es claro, es que en un nuevo frente más el panorama de China se ha oscurecido (ver aquí, aquí, aquí y aquí). No es el mejor escenario para la reelección por tiempo indefinido de su secretario general en el tan ansiado 20º Congreso del Partido Comunista Chino que se abrirá el próximo 16 de octubre. ¡Estén alertas!

NOTAS AL PIE


[1] Se trata de cantidades considerables, pero no gigantescas según los estándares de la industria. Los 39.000 millones de dólares de ayudas directas a la inversión bastarían para construir dos fábricas de vanguardia o quizá cuatro fábricas ordinarias de gran volumen; actualmente se están construyendo 29 fábricas de gran volumen en el mundo, incluidas seis en Estados Unidos, con una inversión total de entre 80.000 y 100.000 millones de dólares.


[2] En la fabricación de circuitos integrados, cuanto más bajo es el índice de nanómetros, más avanzada es la tecnología.


[3] “Samsung and SK Hynix rethink China exposure following US chips act”, Financial Times 03/08/2022.


[4] Según este ejecutivo, los nuevos requisitos se dirigen a los fabricantes de contratos y excluyen los chips de memoria.


[5] “US ramps up China tech sanctions faster than expected », Asia Times 02/09/2022


[6] “Inside the software that will become the next battle front in US-China chip war”, MIT Technology Review, 18/8/2022.


[7] “Semiconductors and Chips: The 21st Century Arms Race”, S&P Global, 1/9/2022. La tecnología PGC puede utilizarse tanto en aplicaciones terrestres como aeroespaciales, incluyendo cohetes y sistemas hipersónicos. Esta tecnología tiene el potencial de aumentar la eficiencia de los motores de turbina de gas en más de un 10 %.


[8] “Les puces et le jeu de la guerre”, Le Monde, 2/9/2022.


[9] “AMD says U.S. told it to stop shipping top AI chip to China”, Reuters 1/9/2022.


[10] Ídem nota 3.


[11] Según informa el Financial Times, Samsung Electronics, el mayor fabricante de chips de memoria del mundo, anunció el año pasado que iba a invertir 17.000 millones de dólares en una nueva planta en Texas en un intento de alcanzar a su rival taiwanés TSMC en el sector de la fundición. Por su parte, Joe Biden visitó las instalaciones de Pyeongtaek del conglomerado coreano durante un viaje a Corea del Sur en mayo. En julio, Chey Tae-won, presidente de SK Hynix, empresa matriz de SK Group, mantuvo una reunión virtual con el presidente de EE. UU. para anunciar inversiones de 22.000 millones de dólares en semiconductores, baterías para vehículos eléctricos y tecnología verde en EE. UU., incluida una nueva planta de empaquetado de chips avanzados. En este nuevo contexto, la planta de chips de memoria Dram de SK Hynix en Wuxi, al este de China, se considera la instalación de propiedad coreana más vulnerable a los efectos de las restricciones estadounidenses.


[12] Como decíamos, la empresa holandesa ASML, el principal fabricante de equipos de litografía del mundo, se ha mostrado hasta ahora dispuesta a renunciar a las ventas de EUV a China, dado el exceso de pedidos de otros clientes, pero presionarla para que detenga las ventas de DUV a China podría ser una petición mucho más problemática. Al mismo tiempo, las principales empresas de fundición de chips, como TSMC y Samsung Electronics, podrían encontrar repentinamente que vale la pena crear fábricas avanzadas libres de tecnologías estadounidenses para servir al mercado chino si Washington sigue adelante con más controles en todos los segmentos del mercado.


[13] “What’s Driving China’s Chip Sector Crackdown?”, The Diplomat, 29/08/2022.


[14] Tsinghua Unigroup, es el mayor holding de semiconductores en China.


[15] Las empresas chinas han estado promocionando sus avances tecnológicos: recientemente SMIC, la principal fundición china, afirma que ahora puede fabricar chips en un nodo de proceso de 7 nm. YMTC, el campeón de la memoria en China, está alcanzando a los líderes tecnológicos en memoria flash. Ambas afirmaciones deben tratarse con cuidado, ya que no es lo mismo ser capaz de producir chips a pequeña escala en series experimentales que producirlos en grandes volúmenes con altos rendimientos libres de defectos.


[16] Recientemente, su Ren Zhengfei en un memorando dirigido a los empleados declaró que la supervivencia es el principal objetivo de la firma. “Con la supervivencia como principio principal, los negocios marginales se reducirán y cerrarán”, escribió Ren. “El escalofrío lo sentirá todo el mundo”. Preparando los espíritus para una nueva reestructuración dramática para el gigante tecnológico con sede en Shenzhen, afirmo que los próximos 10 años serán probablemente dolorosos debido a los impactos de la guerra de Rusia con Ucrania y el "continuo bloqueo" de Estados Unidos. Junto con los efectos de la pandemia de Covid-19, no habrá "ningún punto brillante en el mundo" en los próximos tres a cinco años, escribió.


[17] “Xi Jinping’s Vision for Tech Self-Reliance in China Runs into Reality”, New York Times, 29/08/2022

Domingo, 04 Septiembre 2022 06:49

El desastre Gorbachov

El desastre Gorbachov

Un desinteresado anuncio

 Instituto Smolny. Petrogrado, antigua San Petersburgo. Invierno de 1918. Treinta y siete días después de arrancar la revolución de Octubre. Los ayudantes del presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo, el camarada Lenin, bajan preocupados al jardín al ver por la ventana a su líder medio enterrado en la nieve, con cara de extraña felicidad y lanzando al aire copos como un niño. ¡Camarada! ¿Se encuentra bien? Nunca estuve mejor. Pero... ¿qué hace ahí? Disfrutando. Estoy muy contento. ¿Por? ¿Cómo que por? Ay camaradas... Hoy hemos cumplido un día más de lo que duró la Comuna de París de 1871.

  1. Séptimo Aniversario de la disolución de la Unión Soviética. Mijail Gorbachov anuncia en televisión Pizza Hut. En Rusia no se emite el comercial.

¿El peor presidente de la Unión Soviética?

Todos los que conocieron a Gorbachov recuerdan su cordialidad, su frescura frente al hieratismo de las últimas décadas de la Unión Soviética, su mayor benevolencia con las críticas, con los presos políticos y su compromiso con el desarme nuclear. En Occidente le vinculan con la "apertura". Como si la cortina de hierro se hubiera hecho de pronto de algodón. En Rusia, con la decadencia.

Gorbachov abrió la economía soviética intentando inyectar capitalismo a las empresas públicas y a las cooperativas (como habían hecho en China con éxito material), abrió los medios de comunicación a la disidencia y también la puerta de las cárceles a los detenidos por el régimen. Fue a Reikiavik en 1986 a pactar con Reagan un mundo más amable y sin armas nucleares. Pero para Reagan y los halcones de Washington, la URSS era el imperio del mal. Cómo vas a pactar con el diablo. Al diablo se le machaca.

La amabilidad, aun siendo una palanca en las relaciones políticas, especialmente en las internacionales, no basta para evaluar una etapa. Gorbachov abrió la caja de los truenos y no supo cómo cerrarla. Las fuerzas centrífugas lanzaron los pedazos de la URSS al espacio.

Desde Beiging miraban lo que pasaba en la Unión Soviética con suspicacia. Deng Xiaopin no comulgó nunca con el líder soviético. Después de su visita a China le llamó imbécil. Luego disparó a la gente que pedía libertad en Tiananmen. Tenía el apoyo económico de los EEUU que querían ajustar cuentas con los comunistas rusos. Hoy, Deng Xiaopin es considerado en su país como un estratega a la altura de Mao. China ha sobrepasado económicamente a los Estados Unidos. Gorbachov terminó anunciando Pizza Hut. En Rusia nadie le quiere. Sin Gorbachov no hubiera existido Yeltsin. Sin Yeltsin, no hubiera existido Putin.

Una capacidad enormemente cínica del sistema mediático consiste en anular la capacidad transformadora de cualquier actor político hasta el punto de que, una vez desactivada su carga, termina siendo presentado como lo contrario de lo que fueron o debieron ser. Cuando no consiguen revertir esa lectura, los actores políticos siguen siendo atacados diariamente. Pero cuando triunfa esa voluntad de cortarle el pelo a lo Sansón, la hipocresía es estratosférica. Mandela, que pertenecía al partido comunista de Sudáfrica, que siempre fue señalado como terrorista, fue ensalzado en su entierro incluso por la derecha. Al Che Guevara –como a Lenin, como a Ho Chi Min, como a Tito, a Negrín, Durruti o Largo Caballero-, por el contrario, nunca han pretendido apropiárselo sus adversarios. Con Gorbachov, en cambio, siempre quisieron considerarle "uno de los suyos". Gorbachov fue un gran líder para los que celebraron la victoria en la guerra fría y hoy están llevando a la OTAN hacia el Este. Una vez dijo Gorbachov que Kohl le prometió que la OTAN nunca llegaría más allá de la frontera de Alemania. Nadie encuentra los documentos.

Un circo con demasiadas pistas

En 1993, unos en aquel entonces jóvenes investigadores de la Universidad Complutense de Madrid, que habían hecho sus posgrados en Heidelberg, Moscú, Florencia y Sao Paulo publicaron un libro que implicaba una novedad en el análisis hispano de los acuerdos internacionales. En El retorno a Europa. De la perestroika al Tratado de Maastricht (UCM, 1993), rompían la dependencia de los internacionalistas españoles con el derecho internacional público –de donde provenía en España la disciplina- y regresaban el análisis de Europa al ámbito de la Ciencia Política. Esa vinculación les permitió trazar un línea evidente de causalidad entre la disolución de la Unión Soviética, la unificación alemana, la guerra de Yugoslavia y el Tratado de Maastrich. Aquel Tratado de la Unión Europea de 1992 no era un acuerdo entre juristas, sino la consecuencia de decisiones políticas que no se agotaban en la letra de aquellos textos.

La conclusión política de ese momento de aceleración de la historia tenía una clave repetida: el apresuramiento traía más males que ventajas.

Pese a las comparaciones exageradas con Mandela o el Che Guevara, motivadas por simpatías personales bienintencionadas -aún más si se compara a Gorbachov con cualquier otro líder soviético después de Lenin- es de pura lógica concluir que Mijail Gorbachov no solamente no fue un buen presidente de la URSS sino que fue, sin duda alguna, el peor. Quizá por eso le entregaron el Premio Nobel de la paz. ¿Qué buen presidente tiene la capacidad de disolver su propio país y hacer, en este caso, que la federación desapareciera? El mejor presidente de un país no es el que lo dinamita.

Gorbachov siempre fue un burócrata soviético de provincias. Con cuarenta años aún era presidente de las juventudes del partido (el Konsomol) en Stávropol (Ucrania). Toda una vida dedicada al partido que culminaría con su elección, quince años después, como Secretario General del Comité Central del PCUS. Corría el año de 1985 y con 55 años Gorbachov era "un muchacho" comparado con sus adversarios de la gerontocracia, todos por lo general condecorados por haber estado en los hitos históricos del país (el último la guerra patria contra los nazis). La ausencia de elecciones que crearan legitimidad se suplía con la legitimidad histórica de la revolución y la guerra. Los valedores de Gorbachov, Yuri Andropov y Konstantin Chernenko, eran el ejemplo claro de que ancianidad y dirigencia eran sinónimos en el mundo soviético. Los dos murieron antes de completar sus mandatos.

Es evidente que Gorbachov tenía impulsos reformadores seguramente genuinos (muchos señalan la influencia de Raisa, su mujer fallecida en 1999), pero en verdad las transformaciones urgían. Los impulsores de Gorbachov sabían que la URSS estaba implosionando (Andropov había sido antes que Secretario General, máximo responsable del KGB e información no le faltaba). No solamente por los cuellos de botella económicos, sino que la Iniciativa de Defensa Estratégica (la "guerra de las galaxias") les estaba dejando exhaustos –en realidad, esa guerra era por el control de los satélites y, por tanto, de las comunicaciones, carrera que la URSS ya no podía ganar porque no tenía capacidad de inversión-. Además, como predijo la historiadora francesa Hélène Carrère d'Encausse, las tensiones nacionales y religiosas en el imperio soviético abrían más frentes de los que podían pelear. Algo en lo que colaboró EEUU. Recordemos que el halcón Zbigniew Brzezinski​, consejero de Seguridad Nacional del Gobierno del presidente de Estados Unidos Jimmy Carter, fue quien inventó y financió a los muyahidines precisamente para acorralar a los soviéticos.

La falta de determinación de Gorbachov, especialista en creer que los problemas se solventaban por sí solos, le impedía ser el líder que inaugurara una nueva etapa que reinventara un socialismo democrático lejos del autoritarismo y del imperialismo soviético. Aunque seguramente, se sentara quien se sentara en el trono del Kremlin, ya era demasiado tarde.

Gorbachov enfrentó desde el primero momento el que era quizá el mayor problema para la economía soviética: la falta de productividad laboral. Que se resumía en el lema "yo hago como que trabajo y tú haces como que me pagas" (malos salarios, mal resolución). Que tenía como correlato la ineficiencia económica, el alcoholismo y la corrupción. Paradójicamente, el éxito soviético en la industrialización era en los años 80 un estigma. La ausencia de campesinado en un país que tuvo éxito económico antes y después de la Segunda Guerra Mundial –el gran factor diferencial con una China con enormes bolsas de trabajadores en el campo- impedía que hubiera un ejército de reserva que se incorporara a la nueva economía de servicios y a la digitalización. Ningún malabarista podía estar en tantas pistas haciendo bailar correctamente los platos.

La dura política contra el alcoholismo –que incluyó en paralelo el fusilamientos de presidentes corruptos de empresas públicas – generó consecuencias no deseadas, como el auge de un enorme mercado negro de alcohol que creó a su vez una estructura financiera ilegal que ayudarían a la crisis que llevó a la disolución de la URSS. La planificación histórica hacía que cuando se tocaba alguna pieza, todas las demás se desestabilizaban.

La perestroika y la glasnot que iban a acabar con el frío

El reformista Gorbachov familiarizó al mundo con dos conceptos: la perestroika –esto es, la reestructuración o liberalización económica- y la Glasnot –la transparencia informativa-. Si la primera ayudó a que la oxidada economía soviética se coagulara por la corrupción (no eran posibles islas virtuosas de mercado en una economía estancada desde los tiempos de Breznev), la voluntad de decirle la verdad al pueblo fue, con bastante probabilidad, la responsable final del hundimiento de la URSS.

Una anécdota y una catástrofe narran este declive. La anécdota fue la orden de Gorbachov de dejar de ocultar en los medios la mancha en la piel que tenía en la cabeza. Que se tradujo en que los ciudadanos empezaron a pensar que tenían un líder enfermo y débil (de aquellas manchas vendrían después las viriles borracheras de Yeltsin o las escenas de caza neandertal protagonizadas por Putin).

La catástrofe no permite bromas. Cuando el joven presidente decidió contar al pueblo soviético, a raíz del desastre de Chernobil (1986), que las centrales nucleares, hasta la fecha celebradas como la joya tecnológica del avance soviético, eran bombas de relojería, la autoestima del país se vio mermada (otros desastres nucleares en Estados Unidos, como el de Three Mile Island en 1979, nunca recibirían tanta atención en los medios ni contarían después con una película e incluso con una serie. En honor a la verdad, Chernobil, como Fusushima, fueron de nivel 7, y el de Three Mile Island de nivel 5). Gorbachov había recibido un país en franca decadencia y no tenía un plan para salvarlo que no fuera venderlo a los antiguos enemigos de la guerra fría.

La traición al partisano Tito y el triunfo del neoliberalismo

Puede señalarse igualmente a Gorbachov como el responsable de la sangrienta disolución de Yugoslavia. Le correspondía a él, como presidente de la URSS, haber previsto esa jugada de la OTAN. Una mayor voluntad hubiera hecho valer una Europa desmilitarizada, pero no estuvo a la altura. Y en la misma dirección, la deriva neoliberal de la Unión Europea es una consecuencia de no haberse exigido desde la URSS un comportamiento diferente a Alemania.

Todos los historiadores serios (Hobsbawm, Fontana, Judt, Casanova) han corroborado que la falta de libertades y de bienestar en la Unión Soviética tuvieron como correlato el Estado social en Europa. El papel de la URSS como faro de la izquierda, reafirmado por la importancia crucial de la URSS en la derrota de Alemania en la Segunda Guerra Mundial (los nazis empezaron a perder la guerra en Stalingrado, no en Normandía), llevó a las élites europeas a ceder como forma de evitar la bolchevización de unos países europeos con fortísimos partidos y sindicatos comunistas. No es concebible la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 sin la derrota de la derecha en la guerra mundial y la existencia de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas haciendo valer un discurso y una práctica de izquierda.

De hecho, la implosión de la URSS en 1991 (cuando Yeltsin, junto al presidente de Ucrania y el de Bielorrusia decidieron dar por muerta la Unión) abrió paso a la neoliberalización dura de la Unión Europea. De la misma manera que marcó el fin de la lucha armada. Las últimas dos revoluciones victoriosas, la de Nicaragua y la de Irán, ambas en 1979, nunca hubieran tenido éxito sin el apoyo soviético.

La desaparición de la URSS desató la codicia de las élites europeas. Cuando el peligro soviético ya no era tal, ni siquiera la izquierda socialdemócrata hacía ya falta para "frenar" a un comunismo que tenía los pies de barro. Era el momento de que los partidos socialistas y comunistas europeos abandonaran el marxismo, el leninismo e, incluso, el socialismo y optaran por los gatos incoloros. Esa socialdemocracia de Blair, Felipe González y todos los partidos de la Internacional Socialista, no solamente abrazaron los postulados neoliberales sino que serían también los principales valedores de la OTAN y de las guerras, aunque fueran guerras de rapiña como la de Irak. Fue el mismo error de Gorbachov: le contó demasiado rápido a EEUU y a Alemania que ya no eran los chicos malos de antaño. Y Churchill se murió otra vez, en esta ocasión de risa, desde su tumba.

La unificación alemana: una gran ocasión perdida

La falta de un tratado de paz en 1945 le jugó una mala pasada a la Unión Europea. La unificación alemana era la principal política de las autoridades de Bonn (capital antes de trasladarse de nuevo a Berlín) desde 1949. Helmut Kohl estaba dispuesto a pagar a Gorbachov con tal de permitir la caída del Muro de Berlín y, para ello, de no repetir un Tiananmen en el Muro de Berlín (recordemos que la matanza en China fue en agosto y la "caída" del Muro fue en noviembre). El dinero sustituyó a la política. Si Lenin se montó en el tren que los alemanes le pusieron para llegar a Finlandia y dirigir la revolución, Gorbachov aceptó considerables sumas de dinero para la URSS, incluido pagar los salarios de los 338.000 soldados rusos que estaban en la República Democrática Alemana y que iban a seguir cobrando de vuelta a casa (entre ellos Vladimir Putin).

A Gorbachov le faltó mucha visión política. Haber negociado de otra manera la unificación de Alemania no hubiera desatado los viejos fantasmas en el país germano. A cambio de dinero, la URSS abandonó cualquier prurito ideológico. La suerte de la izquierda europea no estaba en su radar. Es probable que con una mayor visión geopolítica de Gorbachov, Europa presentaría hoy unos contornos más sociales y, seguramente, no habría una guerra en Ucrania. La codicia germana (cansados de ser "un gigante económico y un enano político", como se quejaba Willy Brandt) les llevó a caminar la senda de la arrogancia. Antes de poner de rodillas a Tsipras con la palanca de la Troika, Alemania reconoció, al margen de sus socios europeos, la independencia de Croacia, uno de los desencadenantes de todo lo que pasó después en la disolución de Yugoslavia y en el avance de la OTAN hacia el Este. Por supuesto, las mentiras que después se propagarían en Irak, Libia, Afganistán, Irán o Ucrania ya se ensayaron contra Serbia.

El Tratado de Maastricht es consecuencia de la forma en que Gorbachov se desentendió de la geopolítica de una manera imperdonable, algo que llevó la URSS al agujero (hoy Putin vive de superar esas humillaciones) y a la Unión Europea a su peor momento (apenas recuperado por la ola de solidaridad europea con la pandemia). La opinión que Fidel Castro tenía de la perestroika y de Gorbachov iban en la misma dirección. El mundo árabe se preparó para lo peor. Desmembrar un imperio como la URSS con tanta aceleración iba a reventar las costuras del mundo.

Francia, que no quería la unificación ("Quiero tanto a Alemania que prefiero que haya dos", decía el escritor y político francés François Mauriac), exigió a Alemania compartir con los franceses su más preciado bien: el marco alemán. De lo contrario, no habría tratado de paz y, por tanto, no habría reunificación. Helmut Kohl, que quería pasar como el canciller de la Reunificación (después de la de 1871 con Bismarck) aceptó, escuchando también la voluntad unificadora de Thatcher, Reagan y acompañantes como Felipe González. Pero puso un requisito durísimo: los criterios de estabilidad que le entregarían el poder a la Troika, vaciarían de contenido político a la Unión Europea y convertirían a Europa en una sucursal alemana.

Putin es el líder con el que Rusia se quita la espina de Gorbachov

La disolución acelerada de la URSS convirtió al país en un experimento donde pudieron desarrollar sus juegos los dementes del FMI. Igual que los chicago boys habían hecho su sala de despiece en el Chile de Pinochet), personas como Jeffrey Sachs, luego devenidos en expertos contra la pobreza, se comportaron como gangsters en la extinta URSS, aprovechando la falta de democracia para convertir a los inescrupulosos burócratas comunistas en inescrupulosos burócratas de la dictadura económica y financiera. Cayó la esperanza de vida en la URSS, se desestabilizó oriente medio, el mundo árabe explosionó, creció la extrema derecha, la OTAN destrozó cada país en el que intervino, la derecha europea y norteamericana se creyeron con derecho para desmantelar cualquier política social y la ONU se convirtió en un sitio irrelevante.

Eso sí, Gorbachov terminó anunciando Pizza Hut en las televisiones occidentales.

No es sencillo imaginar a los grandes líderes de la izquierda que pasaron por la cárcel, la tortura y la muerte celebrando, pongamos por ejemplo, las bondades de una cadena de hamburguesas. Gorbachov, a fin de cuentas, ¿fue un cobarde o tuvo mala suerte? Si desmantelas un proyecto político que transformó el mundo y generó la tercera gran oleada de derechos que alcanzó a todos los rincones del planeta con mayor o menor fortuna –los derechos sociales-, no terminas anunciando Pizza Hut ni tolerando los destrozos que tus errores políticos generaron.

Nadie puede pedirle a Gorbachov que se jugará coherentemente la vida como hizo Allende, pero esa falta de coherencia explica que en su muerte le hayan celebrado más los que están reventando el mundo que las víctimas de sus malas decisiones. EEUU utilizó a China para acabar con la Unión Soviética, ayudando a que prosperara económicamente y le sirviera en sus planes de agotamiento económico de Rusia. Hoy, EEUU utiliza a Rusia como plataforma para intentar frenar el "monstruo" chino que han creado. La política norteamericana, que nunca entendió Gorbachov, hizo de la guerra fría una fábrica de monstruos: yihadistas contra el panarabismo, evangélicos neopentecostales contra teología de la liberación, neoliberales contra keynesianos, neconservadores contra socialistas, chinos contra rusos y rusos contra chinos. En un mundo que amenaza con dinamitar todo lo construido en el último siglo. Y que una voluntad más decidida de Gorbachov a cargo del segundo país más poderoso del mundo podría haber delimitado unos contornos menos amargos. Gorbachov no creía en dios. Si así fuera, estaría paradójicamente más cerca del dios de Juan Pablo II, que tanto combatió a la Unión Soviética, que del Papa Francisco.

Epílogo

Cuando sus malas políticas llevaron a algunas zonas de la URSS a intentar secesionarse, Gorbachov respondió con violencia. Las provincias bálticas vieron cómo sus calles se llenaban de muertos en 1991 bajo balas soviéticas. Una política de dureza cuando la violencia ya no servía para nada.

En 1996 Gorbachov se presentó a las elecciones en Rusia. Recibió el 5% de los votos. Con motivo de su fallecimiento, la BBC escribió: "Su forma elegante de vestir y su manera directa de hablar lo distinguían de sus predecesores, y su esposa, Raisa -quien falleció en 1999-, parecía más una primera dama estadounidense que la esposa de un secretario general".

El calentamiento global hace que haya menos nieve en Moscú. Putin no sabe nada de la Comuna de París. No parece que nadie baile contento bajo ninguna nieve en el Kremlin porque el camino de la emancipación siga su rumbo liberador. Descanse en paz el enterrador de la URSS y de un futuro más halagüeño para la humanidad.

04/09/2022

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